"Ollanta Humala pasó de un nacionalismo proclamado a una posición de derecha"

Mario Hernandez (MH): Ya está con nosotros Ricardo Napurí. Hace algún tiempo que quería comunicarme contigo porque a comienzos de diciembre en una nota firmada por el analista internacional Jorge Castro en Clarín da cuenta de una serie de datos en referencia a Perú, tema que nosotros hemos abordado en más de una oportunidad.

 

Señala que la inversión extranjera directa aumentó 60% en los primeros 6 meses de 2012, arrastrada por un porcentaje mayor en la industria minera donde creció un 75%. Perú crecería en 2012 un 6.5% tras haberse expandido un 6.9% en 2011, creciendo sostenidamente por 35 meses consecutivos con una tendencia al alza, sin inflación.

 

Habla de una nueva clase media centrada en los 500.000 emprendedores que han surgido en los últimos 20 años, sobre todo en la economía informal. Es el segundo productor de cobre detrás de Chile pero los costos de producción son un 30% menores que en ese país y la tasa de ganancia es el doble, de ahí que la inversión de las transnacionales mineras que son alrededor de 330 compañías, ascienda a U$S 50.000 millones a ejecutar en los próximos 10 años, lo que implica que la exportación de cobre se multiplicará por cuatro en la próxima década convirtiendo a Perú en el primer exportador mundial.

 

Una situación económica floreciente la que describe Jorge Castro que recordarás fue asesor del ex presidente Carlos Menem y que contrasta con comentarios que hemos hecho de la realidad peruana en más de una oportunidad por estos micrófonos.

 

Me gustaría que pudieras clarificar a nuestros oyentes sobre la lectura de estas cifras.

 


Ricardo Napurí (RN): Las cifras son reales, lo cual no quiere decir que el análisis político sea correcto porque lo que hace Jorge Castro es econometría ya que mide la realidad de un país solo por el crecimiento económico.

 

Perú es quizás el tercer país minero más importante del mundo. El 80% de sus exportaciones son de minerales, algunos de punta como el cobre, la plata y el oro. La producción minera es muy diversificada. Eso es totalmente cierto. Lo que no menciona es que en la concepción liberal estas inversiones millonarias no producen ningún derrame. La explotación minera es de tajo abierto, es decir, no es de socavón, se hace con poca gente y el deterioro de la naturaleza es muy grande.


Detrás de estas cifras de crecimiento hay una depredación humana y de la Naturaleza

 


MH: Tema del que hablás con el conocimiento que te da haber sido minero en tu juventud.

 


RN: No solo fui minero sino también organizador en el sur del país a través de la mina de Cuajone de un movimiento de resistencia al acuerdo que había hecho el gobierno militar con una empresa multinacional para hacer una explotación estratégica de la zona. La recontraconozco.

 

En la zona de Moquegua fue destruido todo. El agua se secó, la agricultura desapareció, de tal manera que la lucha ecologista en el Perú es muy antigua. Ahora en Conga, tema del que te has ocupado en varias oportunidades, están protestando los naturales, incluso las regiones, porque la inversión es minera pero lo que no dicen es que detrás viene la desolación.

 

En Perú no hay prescripciones en el sentido de exigir condiciones técnicas, de tal manera que las compañías mineras vienen a depredar. Perú es visto como una zona de depredación de la naturaleza por las mineras que tienen altos rendimientos.

Hay 30 muertos por resistir a la minería y alrededor de 60 heridos graves en los 3 ó 4 enfrentamientos que hubo por la defensa del medio ambiente. Esa es la realidad.

 

Tampoco se dice, porque a las clases dirigentes no les interesa, que en Perú el 60% de la gente es pobre. Esos 10 años de crecimiento al 8/9% del PBI y la inversión minera no han producido derrame ni bienestar social. Hace 20 años que no aumentan las jubilaciones. El salario no ha variado fundamentalmente y es la cuarta parte del valor calculado de la canasta familiar. Del 60% pobre, la mitad vive por debajo de la línea de la pobreza. No varió un ápice su situación y tengamos en cuenta que el gobierno actual levantó como bandera, llamándose nacionalista, chavista, en los primeros momentos de su gestión política, la lucha contra el neoliberalismo y la explotación minera de tipo genocida. También levantó otras banderas reformistas importantes pero, ¿por qué estos gobiernos o personajes que tienen conciencia de la depredación que produce la inversión minera abandonan esas postulaciones para capitular ante las compañías?

 

En otras entrevistas que me hiciste te dije que Ollanta Humala sentaba prácticamente todo su programa de gobierno en una política asistencialista sobre la idea de rescatar entre 3000/5000 millones de dólares de las compañías mineras de los contratos firmados por sus antecesores, Fujimori y Alan García, de carácter depredador. Se comprometió a obtener ese dinero y de eso dependía gran parte de su gestión de gobierno asistencialista. Llegado a la presidencia las transnacionales lo pararon en seco y le dijeron que no había ninguna garantía que los precios no bajaran y lo más importante era mantener Perú como país minero y que la inversión minera no había que rechazarla, entonces Ollanta capituló y se convirtió en un gobierno que de un nacionalismo proclamado pasó a una posición de derecha alineándose con los gobiernos de Chile, Colombia, Panamá y México en el Frente del Pacífico con EE. UU. y abandonando su programa electoral.

 

Los análisis económicos no se pueden hacer fuera de la realidad social y política de un país, mucho más si es andino y minero como Perú, donde hay que preguntarse si la minería es favorable o no a las grandes mayorías populares.

 

La clase media ha crecido en forma exponencial porque se ha beneficiado como en Argentina y otros países del boom económico, en el caso del Perú, minero, pero los sectores postergados son más pobres y marginados que nunca. Pero a ellos no les interesa la realidad social, solo el crecimiento económico, por eso tenemos que alertar que detrás de las cifras que ubican a Perú como un país de punta en el crecimiento, seguramente garantizado por muchos años, hay una depredación humana y de la naturaleza de tal magnitud que la resistencia popular ya es muy fuerte y todo anuncia una radicalización mayor ante la exclusión de las grandes mayorías populares de todo proyecto de bienestar.   


Ollanta Humala y Keiko Fujimori son dos personajes extraños a la política

 


MH: Estaba leyendo que en relación a las futuras elecciones de 2016, aunque me parece un poco anticipado, las dos personalidades que encabezan las encuestas son mujeres: Keiko Fujimori y la esposa de Ollanta Humala, Nadine Heredia.

 


RN: Ollanta no puede ser reelecto y prepara a su mujer para que lo suceda asesorada por Favre, un analista político, hermano del argentino Jorge Altamira, que trabaja para Brasil, preparándola pacientemente para que sea una especie de nueva Evita o Cristina en la realidad peruana, a los efectos de poder derrotar a Keiko Fujimori que sorprendentemente tiene un 25% de votos cautivos. Su padre hizo un gobierno depredador, asesino y entreguista pero se cuidó muy bien de hacer un populismo en un país miserable como Perú donde la gente no tiene nada y darle un poco de agua, comida y alguna cosita más es una novedad. El lo hizo y por eso su hija tiene un 25% de votos cautivos, sobre todo en Lima.

 

Ollanta Humala trata de construir la figura de su esposa para ganarle. El telón de fondo es la realidad peruana, la crisis política brutal, social, el retroceso de las izquierdas, después de la derrota de Sendero Luminoso y de la izquierda institucional parlamentaria que ha determinado que aparezcan personajes como Humala, un oscuro mayor del ejército incluso sospechado de crímenes de lesa humanidad o Keiko, que es la hija de un presidente corrupto y asesino, que se han colado por la brecha y son votados. En el caso de Keiko porque puede apoyarse en los votos cautivos de su padre y en el de Ollanta porque prometió a los pobres y a las provincias una posición nacionalista y de rescate de la soberanía del pueblo en materia de los derechos fundamentales. Estos dos personajes son extraños desde el punto de vista de lo que podría ser un análisis culto de la política, pero son la expresión de la realidad presente.

 

En Perú hubo una derrota histórica importante después del gran ascenso de masas de los ‘70/80 que permitió que se cuelen estos personajes. Todo indica que los de abajo no tienen muchas opciones y se apoyan en quienes les prometen algo. El resto de los candidatos son oligarcas confesos y terribles. Hay un divorcio entre la conciencia popular mínima y esos liberales de ultraderecha, por eso se apoyan en estos dos personajes que hacen populismo, como lo llaman ahora, demagogia y les prometen el maná del cielo a los efectos de capturar sus votos. Por eso estamos presenciando la posibilidad de la disputa entre estos dos candidatos. El problema de la esposa de Ollanta es que la Constitución no le permite candidatearse por ser pariente del actual presidente, por eso se mueven en el sentido de un pacto político con el APRA y el fujimorismo para modificar la Constitución y poder ser candidata.

 

Ese es otro capítulo de la oscuridad de la vida política del país que ha devenido, como en otros casos en América Latina, en una ética política de baja estofa por la cual un pacto permitiría la reforma constitucional para que la mujer de Ollanta pueda aspirar a la presidencia.

 


Ollanta está calculando con lápiz y papel fino el momento para indultar a Fujimori


MH: ¿Sería moneda de cambio el indulto a Fujimori?

 


RN: Por supuesto, está cantado. Lo han intentado varias veces, lo que pasa es que están negociando el momento y los tiempos para no pagar un costo político muy alto. Tienen que hacerlo en el momento oportuno, lo están calculando con lápiz y papel fino pero para los analistas políticos está perfectamente determinado que estos acuerdos ya existen sobre todo en el Parlamento y tendrían coronación en el momento de definir la reforma constitucional.

 

Sería un indulto sin sanciones para que Fujimori tenga la posibilidad de participar de la contienda política, es decir, un ladrón, asesino y genocida. Volvería como ya lo hiciera Banzer en Bolivia que de dictador pasó a ser presidente por vía democrática.

 


Bachelet fue una administradora de la herencia pinochetista

 


MH: Es indudable que en los últimos tiempos América Latina a partir de sus gobiernos progresistas, populistas o neo-desarrollistas ha estado a la vanguardia política mundial, sin embargo, empiezan a haber ciertas turbulencias, una zona peligrosa donde podría desperdiciar una vez más esta situación favorable que se le ha presentado en los últimos años. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

 


RN: Tu pregunta es buena porque hay una tendencia exitista de aceptar de la realidad lo que nos da. Todo el mundo repite gobiernos progresistas como loros pero no aclaran qué problemas enfrentan estos gobiernos en la realidad cambiante y cuál es el porvenir.

 

Por ejemplo, dicen que Bachelet puede ser presidente, pero ya lo fue, reprimió a los estudiantes y fue una administradora de la herencia pinochetista, nunca se integró al Mercosur y Chile siguió perteneciendo al Bloque del Pacífico. No hay nada de progresivo, salvo que hiciera un cambio revolucionario si fuera presidente nuevamente.

 

En Argentina no se sabe qué puede ocurrir porque la derecha está muy activa. En Uruguay, Pepe Mujica y el Frente Amplio han administrado sin cambiar nada más que un tibio asistencialismo y la derecha puede volver al poder. Evo Morales siempre está jaqueado por la posibilidad de golpes diversos y la propia limitación de un país mediterráneo. En Ecuador la figura nacionalista de Correa no ha podido salir de la dolarización de la economía que se basaba en la venta de petróleo y las remesas del exterior que eran la segunda fuente de ingresos. Por la crisis europea las remesas prácticamente han desaparecido y el petróleo no es garantía, por eso está buscando desesperadamente inversión minera pero ya se encontró con la resistencia de los defensores del medio ambiente y los movimientos sociales lo cuestionan.

 

Todos estos gobiernos tienen problemas en el cuadro de una realidad económica donde casi todos los analistas coinciden en que la crisis mundial va a durar mucho tiempo todavía. No hay para ninguna economía la garantía de un período de ascenso. En ese cuadro los problemas nacionales vana a ser múltiples. Uno no puede analizar a estos gobiernos progresistas fuera del contexto de la realidad mundial y de las relaciones de clase porque se van a encontrar con resistencias de los de abajo porque en casos como los de Perú o Chile el reparto de la riqueza es totalmente desigual. Van a ser un sándwich entre la presión de la derecha, los mercados y el imperialismo y los sectores populares. No hay ninguna garantía que estos gobiernos puedan mantenerse.

 

El caso de Venezuela es notable porque se ha mantenido con una política de reformas avanzadas pero es un país al que han ingresado 70.000 millones de dólares por petróleo. También su economía depende de los juegos del mercado mundial. Si hay un retroceso en los precios se va a acusar internamente.

 

El otro hecho que le ha costado prácticamente la vida a Chávez fue ganar una elección porque la derecha tiene casi la mitad de los votos, o sea que por esa vía de la reacción democrática, en la medida que estos gobiernos reformistas no cambian las instituciones, pueden recapturar el poder democráticamente como lo perdió Daniel Ortega en Nicaragua en manos de Violeta Chamorro en su momento.

 

No hay que ponerse contento diciendo ¡qué lindo que hay gobiernos progresistas frente a los liberales! Sino que la realidad compleja del mundo indica que vienen momentos graves y hay que analizar qué porvenir tienen y si serán capaces o no de satisfacer las demandas populares cada vez más urgentes en un mundo capitalista que se derrumba.

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Guatemala y Honduras: ¿bantustanes para ricos? (I)

Con mirada retronostálgica, aún es posible caminar por el centro de ciudad de México y los barrios con historia” de Buenos Aires, Quito, Montevideo, La Paz, Río de Janeiro. En cambio, los de Lima, Bogotá, Santiago, Panamá, Caracas, apenas conservan vestigios de añejas lozanías urbanas.

 

Tampoco hay que idealizar, pues las “encantadoras” ciudades coloniales, virreinales y republicanas de América Latina trasuntan la historia de sus clases dominantes. En la primera mitad del siglo pasado, los urbanistas ya bosquejaban sus proyectos en función de la imparable producción de automóviles para uso particular, y hacia 1980, con la imposición del modelo neoliberal, empezaron a brotar espacios urbanos enemigos de lo público y de acceso restringido para el ciudadano corriente.

 

Hace unos días, por ejemplo, visité a un funcionario en un barrio exclusivo. Al entrar, un cartel colgado del grueso portón metálico: “Deténgase. Apague el motor. Encienda las luces. Identifíquese”. Y al salir, la inevitable bronca con un guardia malencarado que me ordenó abrir el baúl para cerciorarse de que no había secuestrado a mi anfitrión, con fines inconfesables.

 

En las antípodas de la utopía urbana anarcosocialista, la distopía anarcocapitalista empieza a concretar sus ideales: ciudades “sin Dios, Estado ni ley” y administradas por magnates que, en el caso de países como Guatemala y Honduras y así como sus abuelos, delegan en el Comando Sur la “resolución” de los problemas sociales del país. Y donde sus exclusivas y excluyentes “cartas constitucionales” se rigen invariablemente por un solo principio: “seguridad”.

 

¿Ciudades sin ciudadanos? Visitemos Paseo Cayalá, plástico y artificial remedo de urbe “colonial” situada a escasos kilómetros de la ciudad de Guatemala. Por ahora, Cayalá tiene 14 hectáreas. Según el corresponsal de Associated Press en Guatemala, la élite de Cayalá está compuesta por jóvenes profesionales y parejas recién casadas que viven detrás de grandes muros para sentirse “seguras” frente a la inaudita pobreza, delincuencia y criminalidad del país centroamericano.

 

El único acceso a Cayalá se realiza mediante un garaje subterráneo, donde los residentes y visitantes usan escaleras mecánicas decoradas al estilo art nouveau de las paradas del Metro de París. El cronista observó calles empedradas, clubes nocturnos, restaurantes, cafeterías, boutiques de lujo y policías con armas ocultas que se movilizan en patinetas motorizadas Segway.

 

En caso de una denuncia, la policía nacional de Guatemala necesita orden judicial para ingresar a la “ciudad”. Y todos los problemas son tratados por la asociación de propietarios, que discuten en un “edificio de columnas inspiradas en el Monumento a Abraham Lincoln de Washington y en el Partenón griego”.


Los constructores de Cayalá compraron la tierra en la década de 1980, época en que las matanzas y despojos de tierras de indígenas fueron más despiadadas que las narradas por el cronista Bernal Díaz del Castillo. Y luego de los “acuerdos de paz” con la guerrilla, las castas divinas de la oligarquía guatemalteca volvieron, por vía “democrática”, a los mejores años de la Mamita Yunai y la invasión yanqui de 1954.

 

Mientras, en la vecina Honduras (patria de Francisco Morazán), el espíritu del mercenario William Walter (“presidente” de Nicaragua en 1856-57) y del rey de la banana Sam Zemurray (1911) resucitaba en los políticos que en Tegucigalpa derrocaron al presidente Manuel Zelaya en septiembre de 2009.

 

Los arquitectos guatemaltecos y hondureños enrolados en el llamado “nuevo urbanismo” (que promueve la creación de barrios por donde se pueda caminar) hablan de impulsar “estilos de vida más cosmopolitas”.

 

¿Cuáles serían? ¿Los de Singapur, Hong Kong, Macao, Eurovegas, Jerusalén este? Porque en Estados Unidos y Europa existen férreos marcos regulatorios que desalientan las prácticas especulativas asociadas a la compraventa de tierras urbanas.

 

Los anarcocapitalistas pescan en los ríos revueltos de los estados débiles, o en países “asegurados” por el Pentágono que, como en el caso de Honduras, registran un largo y crónico historial de corrupción institucional, entreguismo y cesión de soberanía.

 

Y allí pusieron el ojo seudoempresas como Free Cities Group, de Paul Thiel (fundador de PayPal), la Future Cities Development Corporation, de Patri Friedman (nieto del gurú neoliberal Milton Friedman), o inversionistas virtuales, como el economista Paul Romer, quien después de fracasar en Madagascar y Mauritania consiguió que los políticos hondureños prestaran oídos a sus proyectos para construir charter cities (ciudades modelo).

 

Las distopías urbanas de las charter cities serían el revés de los “bantustanes” concebidos por los racistas de Sudáfrica y Namibia para los negros. Reservas con independencia nominal (Transkei, Venda, Ciskei), que alojaban y concentraban en su interior poblaciones étnicamente homogéneas, y que los sionistas de Israel prevén para los palestinos de Gaza y Cisjordania.

 

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Domingo, 20 Enero 2013 06:59

La mayor amenaza a la paz mundial

Al informar sobre el debate final de la campaña presidencial en Estados Unidos, The Wall Street Journal observó que “el único país más mencionado (que Israel) fue Irán, al cual la mayoría de naciones de Medio Oriente ven como la mayor amenaza a la seguridad de la región”

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Los dos candidatos estuvieron de acuerdo en que un Irán nuclear es la mayor amenaza a la región, si no al mundo, como Romney sostuvo explícitamente reiterando una opinión convencional.

 

Acerca de Israel, los candidatos rivalizaron en declararle su devoción, pero ni así los funcionarios israelíes se dieron por satisfechos. Esperaban “un lenguaje más ‘agresivo’ de Romney”, según los reporteros. No fue suficiente que Romney exigiera que no se permitiese a Irán “alcanzar un punto de capacidad nuclear”.

 

También los árabes estaban insatisfechos, porque los temores árabes acerca de Irán se “debatieron desde la óptica de la seguridad israelí, no de la región”, y las preocupaciones de los árabes se pasaron por alto: una vez más, el tratamiento convencional.

 

El artículo del Journal, como incontables otros sobre Irán, deja sin respuesta preguntas esenciales, entre ellas: ¿quién exactamente ve a Irán como la amenaza más grave a la seguridad? ¿Y qué creen los árabes (y la mayor parte del mundo) que se puede hacer ante esa amenaza, la vean como la vean?

 

La primera pregunta es fácil de contestar. La “amenaza iraní” es abrumadoramente una obsesión de Occidente, compartida por dictadores árabes, aunque no por las poblaciones árabes.

 

Como han mostrado numerosas encuestas, aunque los ciudadanos de los países árabes en general no simpatizan con Irán, no lo consideran una amenaza muy grave. Más bien perciben que la amenaza son Israel y Estados Unidos, y muchos, a veces importantes mayorías, ven en las armas nucleares iraníes un contrapeso a esas amenazas.

 

En altas esferas de Estados Unidos algunos están de acuerdo con la percepción de las poblaciones árabes, entre ellos el general Lee Butler, ex jefe del Comando Estratégico. Él dijo en 1998: “Es en extremo peligroso que en el caldero de animosidades que llamamos Medio Oriente”, una nación, Israel, deba contar con un poderoso arsenal de armas nucleares, “que inspira a otras naciones a tenerlo también”.

 

Aún más peligrosa es la estrategia de contención nuclear de la que Butler fue diseñador principal por muchos años. Tal estrategia, escribió en 2002, es “una fórmula para una catástrofe sin remedio”, y llamó a Estados Unidos y otras potencias atómicas a aceptar los compromisos contraídos dentro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) y hacer esfuerzos de “buena fe” para eliminar la plaga de las armas atómicas.

 

Las naciones tienen la obligación legal de tomar en serio esos esfuerzos, decretó la Corte Mundial en 1996: “Existe la obligación de avanzar de buena fe y llevar a término las negociaciones orientadas al desarme nuclear en todos sus aspectos, conforme a un control internacional estricto y efectivo”. En 2002, el gobierno de George W. Bush declaró que Estados Unidos no está comprometido por esa obligación.

 

Una gran mayoría del mundo parece compartir la opinión de los árabes sobre la amenaza iraní. El Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) ha apoyado con vigor el derecho de Irán a enriquecer uranio; la expresión más reciente fue en la reunión cumbre en Teherán, en agosto pasado.

 

India, el miembro más populoso del Mnoal, ha encontrado formas de evadir las onerosas sanciones financieras de Estados Unidos a Irán. Se llevan a cabo planes para vincular el puerto iraní de Chabahar, reacondicionado con asistencia india, con Asia central a través de Afganistán. También se informa que las relaciones comerciales se incrementan. Si no fuera por las fuertes presiones de Washington, es probable que estos vínculos naturales tuvieran una mejoría sustancial.

 

China, que tiene estatuto de observadora en el Mnoal, hace lo mismo en buena medida. Expande los proyectos de desarrollo hacia occidente, entre ellos iniciativas para reconstituir la antigua Ruta de la Seda hacia Europa. Una vía férrea de alta velocidad conecta a China con Kazajstán y más allá. Es probable que llegue a Turkmenistán, con sus ricos recursos energéticos, y que se conecte con Irán y se extienda a Turquía y Europa.

 

China también ha tomado el control del importante puerto de Gwadar, en Pakistán, que le permite obtener petróleo de Medio Oriente evitando los estrechos de Ormuz y Malaca, saturados de tráfico y controlados por Estados Unidos. La prensa paquistaní reporta que “las importaciones de crudo de Irán, los estados árabes del Golfo y África podrían transportarse por tierra hacia el noroeste de China a través de este puerto”.
En su reunión de agosto en Teherán, el Mnoal reiteró su vieja propuesta de mitigar o poner fin a la amenaza de las armas nucleares en Medio Oriente instaurando una zona libre de armas de destrucción masiva. Los pasos en esa dirección son, sin duda, la manera más directa y menos onerosa de superar esas amenazas, la cual es apoyada por casi el mundo entero.

 

El mes pasado se presentó una excelente oportunidad de aplicar esas medidas, cuando se planeó una conferencia internacional sobre el tema en Helsinki.

 

Se realizó una conferencia, pero no la que estaba planeada. Sólo organizaciones no gubernamentales participaron en la reunión alternativa, organizada por la Unión por la Paz, de Finlandia. La conferencia internacional planeada fue cancelada por Washington en noviembre, poco después de que Irán accedió a asistir.

 

La razón oficial del gobierno de Obama fue “la turbulencia política en la región y la desafiante postura de Irán sobre la no proliferación”, según la agencia Associated Press, junto con una falta de consenso sobre “cómo enfocar la conferencia”. Esa razón es la referencia aprobada al hecho de que la única potencia nuclear de la región, Israel, se negó a asistir, alegando que la solicitud de hacerlo era “coerción”.

 

En apariencia, el gobierno de Obama mantiene su postura anterior de que “las condiciones no son apropiadas a menos que todos los miembros de la región participen”. Estados Unidos no permitirá medidas para someter las instalaciones nucleares de Israel a inspección internacional. Tampoco revelará información sobre “la naturaleza y alcance de las instalaciones y actividades nucleares israelíes”.

 

La agencia de noticias de Kuwait informó de inmediato que “el grupo árabe de estados y los estados miembros del Mnoal acordaron continuar negociando una conferencia para instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, así como de otras armas de destrucción masiva”.

 

El mes pasado, la Asamblea General de la ONU aprobó por 174-6 una resolución en la que llama a Israel a adherirse al TNPN. Por él no votó el contingente acostumbrado: Israel, Estados Unidos, Canadá, las Islas Marshall, Micronesia y Palau.

 

Días después, Estados Unidos realizó un ensayo nuclear, impidiendo una vez más a inspectores internacionales el acceso al sitio de la prueba, en Nevada. Irán protestó, al igual que el alcalde de Hiroshima y algunos grupos de paz japoneses.

 

Desde luego, instaurar una zona libre de armas atómicas requiere de la cooperación de las potencias nucleares: en Medio Oriente, eso incluiría a Estados Unidos e Israel, que se niegan a darla. Lo mismo ocurre en otras partes. Las zonas de África y el Pacífico aguardan la aplicación del tratado porque Estados Unidos insiste en mantener y mejorar las bases de armas nucleares en las islas que controla.

 

Mientras se llevaba a cabo la conferencia de ONG en Helsinki, en Nueva York se realizó una cena bajo los auspicios del Instituto sobre Políticas sobre el Cercano Oriente, de Washington, ramificación del cabildo israelí.

 

Según una nota entusiasta sobre esa “gala” en la prensa israelí, Dennis Ross, Elliott Abrams y otros “ex consejeros de alto nivel de Obama y Bush” aseguraron a los presentes que “el presidente atacará (a Irán) si la diplomacia no funciona”: un muy atractivo regalo de fiestas decembrinas.

 

Es difícil que los estadunidenses estén enterados de cómo la diplomacia volvió a fallar, por una sencilla razón: virtualmente no se informa nada en Estados Unidos sobre el destino de la forma más obvia de lidiar con la “más grave amenaza”: instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente.

 

El nuevo libro de Noam Chomsky, Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US empire (Sistemas de poder: conversaciones sobre los levantamientos democráticos globales y los nuevos retos al imperio estadunidense) se publicará en enero. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.

 

Traducción: Jorge Anaya

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Nueva York, 19 de enero. El programa de “democracia” para Cuba promovido por el gobierno estadunidense es una “actividad operacional” que requiere “discreción continua” en el marco de varios “planes de transición” que Washington contempla en su esfuerzo contra el régimen del presidente Raúl Castro, según documentos oficiales estadunidenses divulgados hoy por el National Security Archive.

 

Los escritos oficiales dados a conocer hoy fueron presentados ante un tribunal como parte de un caso legal promovido por Alan Gross, el contratista encarcelado en Cuba en 2009 por intentar trasladar de manera clandestina equipo de comunicaciones a Cuba. Gross y su esposa Judy interpusieron una demanda el año pasado contra la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el Development Alternatives Inc (DAI), este último su empleador cuando fue arrestado en la isla y uno de los principales contratistas de la Usaid, acusándolos de que fallaron en prepararlo, capacitarlo y supervisarlo de manera adecuada ante los peligros de las actividades a que fue enviado a la isla.

 

Los textos fueron presentados ante el tribunal por el DAI la semana pasada. Uno, marcado como “confidencial”, revela que en una reunión entre el DAI y la Usaid, en agosto de 2008, funcionarios del Programa para la Democracia en Cuba y Planeación de Contingencias relatan a la empresa contratista que la “Usaid no está informando a los cubanos cómo o por qué necesitan una transición democrática, sino que la agencia desea otorgar la tecnología y los medios para comunicar la chispa que podría beneficiar a la población”, y que el programa tenía la intención de “establecer una base desde donde los cubanos podrían ‘desarrollar visiones alternativas del futuro’”.

 

En el mismo documento se señala que “el gobierno de Estados Unidos tiene entre cinco y siete diferentes planes de transición” para Cuba, y que el programa no contempla redactar otro. Agrega que ello “no es un proyecto analítico, sino una actividad operacional”.

 

Según otro documento, la convocatoria de la Usaid para propuestas de contratistas para el programa en Cuba, fechado en 2008, sostiene que el “objetivo principal del gobierno de Estados Unidos es acelerar la transición pacífica (en Cuba) a una sociedad democrática y orientada al mercado, al otorgar asistencia humanitaria adicional y apoyo a la sociedad civil. Desarrollar y, si así lo permiten las condiciones legales y otras circunstancias, activar planes para lanzar una plataforma programática de respuesta rápida que atienda los intereses de la Usaid para tener y coordinar una presencia de programación en la isla”.

 

Los documentos divulgados hoy por el National Security Archive, organización independiente de investigación dedicada a transparentar las actividades de política exterior del gobierno, también incluyen comunicaciones de la Usaid con el DAI sobre el programa y las propuestas de Gross para trasladar computadoras, teléfonos celulares y sistemas de comunicación satelital a la isla.

 

En los escritos figura el testimonio de un ejecutivo del DAI ante el tribunal en torno a la demanda civil de los Gross, en el cual afirma que funcionarios de la Usaid “enfatizaron” que el programa sobre Cuba tenía “riesgos”, particularmente “en términos de construir la red requerida de promotores de democracia y derechos humanos en Cuba”. (Los documentos se pueden revisar en el sitio del National Security Archive: www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB411/).

 


Peter Kornbluh, analista del National Security Archive encargado del programa sobre Cuba, entre otros, comentó que durante una reunión que sostuvo con Gross en noviembre de 2012, en Cuba, el estadunidense le insistió en que “mis metas no son las mismas que las del programa que me envió”, e instó al gobierno de Barack Obama a negociar y resolver su caso con las autoridades cubanas, entre otros asuntos bilaterales.

 

Kornbluh consideró que la decisión del DAI de presentar esos documentos ante el tribunal tiene un tinte chantajista contra el gobierno estadunidense. En su solicitud ante el tribunal para que descarte el caso, la empresa afirma que “está profundamente preocupada porque el desarrollo del historial, en este caso a lo largo del litigio, pudiera crear riesgos significativos a los intereses de seguridad nacional, políticas exterior y de derechos humanos del gobierno de Estados Unidos”. O sea, según Kornbluh, se trata de un aviso al gobierno de que si no intensifica sus esfuerzos para liberar a Gross el caso legal podría revelar aún más detalles de los programas de intervención estadunidense en la isla.

 

Para el abogado José Pertierra, experto en asuntos jurídicos y políticos en la relación Cuba-Estados Unidos y cercano al asunto legal de Los cinco (cubanos encarcelados en Estados Unidos que realizaban actividades antiterroristas para La Habana en Florida), “estos documentos confirman que todo ese asunto es parte de un plan para desestabilizar Cuba clandestinamente” y, a la vez, comprueban que “Gross es culpable de lo que está acusado”.

 

En entrevista con La Jornada, Pertierra comentó que ello es sólo el inicio de una serie de documentos que van a salir a la luz pública demostrando que “esto no se trata simplemente de otorgar equipo a la pequeñísima comunidad judía en Cuba, sino de establecer una red alternativa de disidentes operada en torno a los intereses de Estados Unidos”. El abogado subrayó que “eso es ilegal en Cuba y en todos los países del mundo –ningún gobierno soberano acepta que un poder extranjero se involucre en actividades internas, cuyo propósito es promover un cambio de régimen”.

 

Pertierra concluyó que “ojalá, por razones humanitarias, liberen a Gross. Igual, por razones humanitarias, Estados Unidos libere a Los cinco. Claro que los dos casos no son iguales. Tal como se argumenta aquí, tienen razón. El programa de Gross tenía la intención de desestabilizar Cuba; Los cinco no tenían el objetivo de desestabilizar Estados Unidos, sino estaban trabajando para evitar actos de terrorismo contra Cuba lanzados desde y protegidos por Estados Unidos”.

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Domingo, 20 Enero 2013 06:42

Europa va a la guerra en el Sahel

Europa va a la guerra en el Sahel

Malí, uno de los 25 países más pobres del mundo, nacido en 1960 como Federación de Malí a raíz de la independencia de Sudán y Senegal, era hasta hace apenas 12 meses un modelo de democracia africana. Con 15,5 millones de habitantes y una extensión vastísima, más del doble que Francia —con el Sáhara al norte, la sabana saheliana en el centro y los cultivos en el sur sudanés regado por el Níger—, el país donde Miquel Barceló pasaba varios meses cada año investigando con la arcilla y las termitas, y pintando sus acuarelas resonaba en los oídos occidentales como el último —o en fin, el penúltimo— paraíso perdido.


 
Músicos dotados de duende, talento y conciencia como Toumani y Mamadou Diabaté —los genios mandingas de la kora—, Ali Farka Tuoré y Salif Keita creaban marca Malí en todo el mundo; el gran Kanouté goleaba y ganaba títulos en España, los turistas fluían a millares hacia la milenaria Tombuctú para visitar los santuarios y las casas de adobe, y los musulmanes —el 90% de la población— acataban sin problemas el sistema constitucional laico moldeado en París para Alpha Konaré (ganador de las elecciones de 1992 y 1997) y prolongado luego por Amadou Touré, que fue investido presidente en unos comicios homologados por la comunidad internacional en 2002 y reelegido en 2007.


 
Todo cambió en 2011, cuando acabó la guerra de Libia. Los milicianos independentistas tuaregs de Ansar Dine, que habían permanecido marginados pero más o menos tranquilos durante décadas, lucharon como mercenarios para las tropas leales a Gaddafi, y regresaron a casa en sus veloces camionetas sin techo, armados hasta los dientes con trastos de todos los calibres y pesos posibles (metralletas, cañones, blindados, baterías antiaéreas…), adquiridos a buen precio en el enloquecido bazar libio.


 
Tras aliarse con los yihadistas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), que controlan un círculo inmenso de arena que va desde el Atlántico hasta Chad y desde Níger al sur de Túnez, y con el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), los tuaregs lanzaron la rebelión en enero de 2012; en unas semanas conquistaron tres regiones del norte y declararon la sharía, la ley islámica. Enseguida empezaron las lapidaciones, las amputaciones y la destrucción del patrimonio histórico. Cientos de miles de malienses huyeron al sur y a los países vecinos, agudizando así la hambruna de millones de personas en el Sahel.


 
Descontentos con la débil respuesta del presidente, soldados del Ejército regular, que habían sido entrenados por Estados Unidos, que invirtió 500 millones de euros en su formación, se pasaron al enemigo con armas y bagajes, y depusieron a Touré. La mediación de la CEDEAO, la Comunidad Económica de Estados del África Occidental, consiguió en abril colocar al civil Dioncounda Traoré como presidente de un Gobierno de unidad nacional provisional. Pero una turba atacó al nuevo líder, que tuvo que volar hasta París y necesitó dos meses para recuperarse del susto y las heridas antes de volver a Bamako.

 

En septiembre, Traoré pidió ayuda a la comunidad internacional alegando que los rebeldes seguían ganando posiciones. La ejemplar democracia maliense no controlaba su territorio. Había sucumbido al terror.


 
Mientras todo esto pasaba, en Francia hubo elecciones. Y ganó François Hollande.


 
La doctrina de François Hollande sobre África es una especie de revolución que trata de sanear las muy corruptas y podridas alcantarillas del neocolonialismo francés. Consiste en afirmar que la Administración ha dejado atrás para siempre los hábitos de la Françafrique, ese término despectivo que describe la complicidad de Francia con los dictadores títere para esquilmar a conciencia las materias primas de la zona y financiar luego bajo cuerda las necesidades, personales o partidarias, del sistema político de París. El mensaje es que la larga fase histórica marcada por las maletas llenas de billetes llegando al Elíseo es cosa del pasado. Que África es adulta y debe gestionar y decidir su futuro. Y que las intervenciones más o menos caprichosas de las tropas francesas asentadas en las bases de Chad, Burkina Fasso, Níger o Costa de Marfil, por citar solo algunas, son cosa del pasado.

 


al Gobierno de Malí a frenar el avance de la rebelión “terrorista” con tropas estrictamente africanas, reclutadas por la CEDEAO y puestas bajo el mando de un general nigeriano asesorado por un puñado de oficiales franceses. Estas tropas se unirían al desmoralizado y muy impopular Ejército regular maliense para reconquistar el norte, y en vez de ser instruidas por EE UU —visto el éxito obtenido— estarían formadas por 450 instructores europeos. La UE, la ONU, la Unión Africana, e incluso Rusia y China, consideraron que podía servir, y el Consejo de Seguridad aprobó en diciembre la resolución 2.085 autorizando el despliegue.


 
Pero todo se precipitó de nuevo el 10 de enero. Ese día, los grupos islamistas y otros parientes tomaron Konna. Situada en el centro del país y a escasos kilómetros de un aeropuerto, se trata de un lugar demasiado peligroso y estratégico como para haber sido elegido al azar. La ofensiva de los terroristas hacia Bamako había empezado.

 


Tras debatir con su Estado Mayor y los jefes de los servicios de inteligencia interior y exterior, Hollande reunió el día 11 al Consejo de Defensa en el Elíseo y dio la orden de ataque a los aviones Mirage aparcados en la base de Chad, muy cerca de la capital, Djamena. En ese momento, según ha escrito Christophe Barbier en L’Express, Hollande decidió “ser comandante en jefe para convertirse, finalmente, en jefe de Estado”.


 
En unas horas, la metamorfosis del presidente al que muchos apodan Flanby por su blandura asombra a los franceses. No solo rectifica su flamante política africana no intervencionista sobre la marcha para “asegurar la existencia del Estado de Malí”. También, explica con determinación ante las cámaras, ha dado la orden de enviar un comando de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE) a Somalia.


 
Francia tiene allí a un espía (seudónimo Denis Allex) secuestrado por la milicia yihadista Al Shabab desde hace tres años y medio. El asalto de las fuerzas especiales, cinco helicópteros y 50 militares, fracasa en el intento de liberar al rehén. Mueren dos soldados franceses, otros seis resultan heridos, y Allex es asesinado por sus captores. Según París, el asalto acaba también con la vida de 17 terroristas. El mismo día, Francia sufre la primera baja en Malí, un piloto de helicóptero del regimiento de Pau.


 
Pese al desastre inicial, Hollande envía un doble o triple mensaje de firmeza. Al “islamogansterismo”, a los socios euroatlánticos que se permiten menospreciar a Francia en la ONU o la UE, y a sus asustados conciudadanos que temen haber elegido a un jefe de Estado incapaz de gestionar las crisis importantes. El recado dice: “No nos chantajearéis con los secuestros, no os dejaremos destruir las precarias democracias africanas, Francia sigue siendo mucha Francia”, y su Ejército, señala Barbier, “está preparado para adaptarse a los peligros contemporáneos y las nuevas amenazas”.


 
Si hace diez años Jacques Chirac prefirió eximir a sus paisanos de la guerra de Irak, Hollande, asesorado ahora por el nuevo equipo de comunicación del Elíseo, fichado en diciembre para tratar de remontar la popularidad hundida en los primeros meses de su mandato —un 35%—, comparece ante el país solemne, firme, determinado. Los partidos, sin excepción, aprueban sus decisiones, se forma un raro clima de unidad nacional —durará apenas una semana—. Pero pronto queda claro que su nuevo traje no gusta en Europa. Alemania, Reino Unido y España prefieren mirar hacia otro lado ante la petición de colaboración francesa y se convierten en el enemigo en casa.

 


Dos medios conservadores, Financial Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung, lideran la corriente de opinión. Al intervenir en solitario en Malí, afirman: Hollande ha cambiado sus principios sobre la marcha, resucita viejas actitudes colonialistas y defiende intereses económicos más o menos ocultos, además de lo obvio, intentar ganar popularidad con una intervención armada.


 
Hollande replica a las críticas. Afirma que Francia no tiene la menor intención “de quedarse” en su excolonia, y asegura que la operación en Malí, que solo busca defender a los ciudadanos franceses, será “una excepción” a la regla general. Ese nuevo Hollande, que parece menos sincero de lo habitual, desdeña incluso las afirmaciones que señalan que la intervención busca proteger a las compañías que, como el gigante nuclear Areva, extraen materias primas baratas en la zona, entre otras el uranio de la vecina Níger, tan útil para las centrales francesas.


 
“No estamos en Malí para defender a nuestras empresas”, afirma el presidente, que se pliega a la versión oficial de los tres objetivos: “Primero, frenar la agresión terrorista, que buscaba hacerse con el control de todo el país, incluida Bamako. Después proteger la capital, donde viven varios miles de ciudadanos franceses. Y finalmente, permitir a Malí recuperar la integridad territorial”.


 
El especialista en África occidental René Otayek, profesor de Science Po en Burdeos, cree que “no es absurdo decir que Francia ha actuado para defender a los miles de franceses que viven en Bamako, aunque no es menos cierto añadir que gran parte de esos ciudadanos trabaja para empresas francesas asentadas en la zona y que es lógico que Francia las defienda. Las minas de Areva en Níger suponen el mayor suministro de uranio para Francia, pero también hay explotaciones petroleras y muchas otras compañías que operan en Mauritania, Malí, Burkina Faso… El Sahel es un lugar estratégico para Francia, y es incontestable que intente impedir que los terroristas amenacen las minas de uranio y sus otros intereses”.


 
Aunque sea incontestable, esta realidad política, comercial y económica parece estar en la raíz de la escasa implicación de los socios naturales en la primera aventura bélica de Hollande. El eurodiputado ecologista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit resumió con toda crudeza el malestar por la deserción europea al decirle a Catherine Ashton: “Madame Ashton, usted ha dicho que nos concierne a todos. Todos nos dicen lo mismo. Pero no hay más que soldados franceses allí. Y lo que se nos está diciendo es: "Nosotros os mandamos unas enfermeras, y a vosotros que os maten”.


 
Le Monde reveló que en la reunión de ministros de Exteriores celebrada el jueves en Bruselas, el francés Laurent Fabius se sintió también molesto porque sus homólogos español y alemán le preguntaron “qué busca exactamente Francia en Malí”. En cuanto a la Administración de Barack Obama, su lenguaraz embajadora Susan Rice ha dejado claro que París es el único responsable directo de la intervención al afirmar que la petición de ayuda enviada a Naciones Unidas por el presidente maliense se podía resumir con la expresión “¡socorro, Francia!”.
 


Así, a pesar de la oleada de apoyo moral que Francia ha recibido estos días, Hollande deberá conformarse, de momento, con formar una coalición eminentemente francófona y europea. Hoy por hoy, solo Bélgica entre los 27 países de la UE se ha comprometido a enviar tropas —unos 70 soldados que colaborarán en tareas de transporte y mantenimiento— a la zona. Los compañeros de viaje de Francia estarán en la fuerza multinacional de países africanos occidentales, la Misión Internacional de Apoyo a Malí (MISMA, en francés). Ese contingente de 3.300 soldados, de los que 2.200 deberían estar sobre el terreno hoy domingo, y los 2.000 soldados que enviará Chad serán por ahora el único consuelo a la soledad de los 2.500 militares franceses que lucharán contra un enemigo formado, según los cálculos del ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, por unos 3.000 yihadistas y tuaregs.

 


La MISMA estará liderará por la anglófona y no siempre eficaz Nigeria (la excepción a la regla francófona aportará 900 soldados y el general al mando), y en ella militan también Togo (540 soldados), Níger (500), Senegal (450), Burkina Faso y Benín (300 cada uno), Ghana (180) y Guinea, que enviará 145 militares.


 
Solo un miembro secundario del Gobierno, el ministro de Relaciones con el Parlamento, Alain Vidalies, se ha atrevido a deplorar en público “la mínima movilización de Europa”. Vidalies citó “algunas ausencias lamentables”, sin dar nombres, y enfatizó que “Francia no ha decidido actuar en solitario sino que han sido los acontecimientos los que han dictado la respuesta”. Pero el sabio profesor Gilles Kepel ha escrito esta semana en Le Monde que “la soledad de Francia no es sostenible salvo que se vacíe de sentido a la UE”.


 
Y el problema es que la actitud de sus principales socios, Alemania y Reino Unido, parece revelar que Europa todavía no es consciente de que este episodio de la guerra de las democracias contra el terrorismo es el más europeo de los que se han librado hasta ahora. Con Canarias a 1.800 kilómetros del teatro de operaciones y Argelia a tiro de piedra de España, las deserciones europeas del frente han causado estupor y escozor en Francia. Algunos diputados socialistas han criticado con dureza la negativa de Berlín a enviar tropas. “La crisis de Europa parecía financiera, pero es política”, afirmó Malek Boutih, que acusó a los alemanes de “debilitar la solidaridad europea”.


 
El profesor Otayek cree que no es momento de dramatizar sino de sumar. “Es verdad y mentira a la vez que Francia esté sola en el Sahel. Alemania solo envía tropas al exterior de forma excepcional, aunque es verdad que si lo hiciera ahora sería un apoyo político muy simbólico. España y Gran Bretaña también han dado apoyo moral y logístico, como Estados Unidos... De momento, la guerra de Malí es quizá la intervención francesa más consensuada de la historia, incluso en la opinión pública nacional. Pero eso puede cambiar si la operación terrestre causa muchas bajas, si el conflicto se alarga y se afganistaniza”, advierte.


 
Lo que todo el mundo parece tener claro es que la guerra de Malí será larga. El profesor René Otayek recuerda que “terminar la operación en el Sahel requerirá varios años y enormes medios humanos, logísticos y materiales, que exceden con mucho la capacidad de un solo país”.


 
El impresionante ataque terrorista a la planta de BP en el sur de Argelia, que ha conmocionado al mundo esta semana, ha resonado como un aviso palmario de que el Sahel y sus ramificaciones son demasiado grandes y peligrosas como para que Francia pueda ocuparse sola de todo. Otayek piensa que “el secuestro habrá convencido a algunos, al menos a Reino Unido, Noruega y Holanda, de que van a tener que ayudar mucho más a Francia de lo que querían”.


 
“El contexto de esta guerra es totalmente distinto del pasado”, dice el profesor de Science Po. “Francia tiene por primera vez el apoyo de toda la región, y también es la primera vez que se forma una coalición panafricana para luchar sobre el terreno, aunque la UE y la Unión Africana trabajaban en esta idea desde hace tiempo. Pero creo que Europa y Estados Unidos entenderán que Occidente se juega en el Sahel mucho más que una guerra y que la inestabilidad de esa zona no se puede conjurar solo con las armas. Para quitar el espacio a los traficantes de toda índole hace falta política, energía, dinero. Y también mano izquierda para integrar a las minorías tuaregs. Si no, nunca habrá paz”.
 


El imperio colonizado
 
Malí se convirtió en territorio colonial francés en 1898. El que fuera corazón de varios imperios, con Tombuctú, como resplandeciente centro intelectual, artístico y religioso hasta el siglo XVI, fue considerado por sus dominadores como un territorio muy inferior económica y políticamente a otros bajo su influencia, como Senegal y Costa de Marfil. En 1960 el país se independizó y llegaron décadas convulsas. Un cruento golpe militar dirigido por Moussa Traoré dio al traste en 1968 con el Gobierno socialista radical del líder marxista Modibo Keita. Una dictadura militar rigió el destino del país por 23 años, que estuvieron plagados de revueltas sociales, sequías y tres intentos de acabar con el régimen. A principios de los noventa, los tuaregs del norte iniciaron una rebelión en reclamo de su cultura y de su tierra. En 1991 el clamor por la democracia tomó las ciudades del país. La respuesta fue otro golpe de Estado y un Gobierno militar que facilitó la celebración de elecciones en 1992. La lacra de una débil economía y la rebeldía tuareg fueron los caballos de batalla de los sucesivos Gobiernos democráticos. En 2007, el conflicto de los hombre azules se exacerbó y ganó fuerza en 2011, con el flujo de armas y de combatientes que lucharon en la Guerra Civil libia. Mientras tanto, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM) se hacía cada vez más fuerte en Malí y en países del entorno.
 
Malí ocupa el puesto 175º en el Índice de Desarrollo Humano.
 
La esperanza de vida es de 51,4 años.
 
El 90% de los 15,5 millones de habitantes es musulmán.
 
El 65% de su territorio es desértico o semidesético.
 
En PIB per capita ocupa el puesto 160º de 181 países.

 


Por Miguel Mora 20 ENE 2013 - 00:00 CET

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Confusión, sangre y horror en suelo argelino

Un poder dictatorial como el argelino surgido de un golpe de Estado (1992), una nebulosa islamista oriunda en sus inicios de la lucha contra esa dictadura, una potencia colonial, Francia, que se toma el derecho de intervenir militarmente en otro país con bases legales difusas y la eterna excusa del terrorismo islamista, un montón de armas y de odio dispersados por toda la región provenientes de los arsenales del difunto coronel Khadafi, todos los ingredientes se combinaron para converger en el dramático asalto y la toma masiva de rehenes en la planta de gas situada en Tigantourine, cerca de la localidad argelina de Amenas. Dos días después de que Argel decidiera, sin prevenir ni a Francia ni a los demás países concernidos, que iba a tomar por la fuerza la planta de gas la situación está lejos de ser transparente. En contra de lo que el poder argelino anunció anteayer, cuando dijo que el operativo estaba “terminado”, éste sigue en curso, se desconoce la cifra exacta de muertos, su nacionalidad, y el número preciso de las personas liberadas. Confusión, sangre y horror. Argelia comunicó por ahora que el intento de recuperación de la planta de gas dejó un saldo provisorio de 25 muertos, 18 extranjeros y siete terroristas.

 

El último comunicado de la seguridad interior argelina da cuenta de la liberación de 573 argelinos y de un abanico que va de 100 a 132 rehenes extranjeros liberados. Pero el complejo industrial de Tigantourine no está aún bajo el control total de los comandos argelinos y no se sabe aún cuántos islamistas siguen adentro, ni cuántos rehenes se encuentran en manos de los terroristas, ni cuántos están muertos o escondidos. Todavía hay 10 japoneses y ocho noruegos que no fueron localizados por ningún lado. El jefe de gobierno noruego, Jens Stoltenberg, dijo ayer que el país debía prepararse “para malas noticias”. En París, el primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, confirmó que “la operación continuaba” y que no se conocía “ni la cantidad, ni la nacionalidad” de los rehenes muertos. El ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, anunció anoche que un rehén francés murió durante el asalto de las tropas especiales argelinas.

 

La televisión francesa France 24 reveló, basándose en fuentes argelinas, que hay entre siete y 10 miembros del comando islamista escondidos en un sector de la planta y que éstos amenazan con hacer explotar todo. Varias fuentes coincidentes aseguran que los islamistas mantienen a varios rehenes como escudos humanos. Prueba de ello, el primer ministro británico, David Cameron, dijo en el Parlamento que “estamos siempre confrontados a una situación movediza y peligrosa en la cual una parte de los terroristas fue eliminada en un sector, pero otros representan siempre una amenaza en otra zona”. La agencia oficial de Mauritania ANI reveló que los terroristas propusieron a Estados Unidos liberar a dos rehenes norteamericanos a cambio de la liberación de dos islamistas encarcelados en Estados Unidos. Se trata de la paquistaní Aafia Siddiqui y del sheik egipcio Omar Abdel Rahman, ambos condenados por terrorismo. La portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, aclaró que “Estados Unidos no negocia con terroristas”. El cruce de informaciones es contradictorio. Las agencias y los corresponsales avanzan informaciones no siempre verosímiles. Hay quienes aseguran que Abu al Baraa, el jefe del comando del grupo “Los que firman con sangre”, murió, otros, en cambio, que está atrincherado. El diario argelino Al Watan adelantó que los servicios especiales argelinos interrogaron a uno de los islamistas capturados y que éste aseguró que el comando estaba compuesto por 32 hombres. Por lo pronto, el jefe del grupo islamista autor del operativo, Mojtar Belmojtar, alias el Tuerto, pidió a Francia “negociar” el fin de la guerra en Mali. Es él quien habría propuesto el intercambio de rehenes por los islamistas condenados en Estados Unidos.

 

Con el correr de las horas empiezan a circular en los medios los testimonios desgarradores de los rehenes liberados. La radio francesa France Info difundió varios testimonios que muestran claramente cómo el comando islamista entró a la planta con un solo objetivo: tomar como rehenes a los extranjeros. Un ex rehén contó que, en cuanto el comando ingresó en el sector en el que él se encontraba, uno de los secuestradores dijo: “Sólo buscamos extranjeros, los argelinos pueden irse”. La polémica del asalto decidido en secreto por Argelia tapa por ahora la cuestión de la intervención francesa. Argel actuó con la misma estrategia brutal que emplea con los islamistas desde el golpe de Estado de 1992. Cabe recordar que ese golpe de Estado tuvo como objeto impedir que los islamistas del Frente Islámico de Salvación, FIS, accedieran legítimamente al poder luego de haber ganado las elecciones legislativas, proceso que el golpe interrumpió.

 

Kader Abderrahim, un investigador especializado en el Magreb y el islamismo, explicó al matutino Libération que “Argelia volvió a caer en sus males de antes: la opacidad, el secreto. Lamentablemente, el ejército no está formado para este tipo de operación, muy arriesgada. Ahora vemos las consecuencias trágicas”. El especialista acota que, con esta acción, Argelia rompió “el círculo virtuoso” internacional que había formado en los últimos años: “Es una catástrofe en términos de imagen, una catástrofe en términos económicos y, también, un fracaso flagrante en la lucha contra el terrorismo”.

 

Lo cierto es que casi todos los protagonistas de esta crisis están ligados a la historia reciente de Argelia –golpe de Estado y eliminación de los islamistas– y a la caída del régimen libio de Muammar Khadafi. Los terroristas que ingresaron en la planta de Tigantourine llegaron a través de la frontera con Libia, distante de unos 100 kilómetros. Por esas zonas se arraigó el líder de la brigada “Los que firman con sangre”, el argelino Mojtar Belmojtar, luego de haber transitado por el Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC), una rama disidente de otro grupo terrorista argelino, el GIA, el Grupo Islámico Armado cuyos brazos, en los años ’90, llegaron hasta Francia. La guerra argelina entre los grupos islamistas y el gobierno surgido del golpe de Estado dejó un saldo de más de 150.000 muertos. Otro de los protagonistas centrales es Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), una célula nacida en el seno del Grupo Salafista de Predicación y Combate. La presencia de los grupos islamistas radicales en el norte de Mali, una zona atravesada a la vez por el Sahel y el Sahara y donde instalaron sus bastiones, motivó la intervención militar francesa. Esos grupos se unieron entre sí para avanzar progresivamente hacia el sur de Mali una vez que el Estado maliense quedó debilitado tras el golpe de Estado de marzo de 2012. Cuando los occidentales importaron a bombazos una apariencia de democracia en Libia, los mercenarios que trabajaban para Khadafi se dispersaron en la amplia frontera sur (4000 kilómetros de desierto). Las armas, incluidas las que Occidente suministró a la oposición libia durante la guerra, fueron a parar en manos de esos grupos islamistas. Negocio fructífero y bomba de tiempo.

 


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A sangre y fuego en el corazón del desierto argelino

La guerra que Francia azuzó en Mali con la intervención directa de sus tropas repercutió en Argelia con, todavía, un incierto baño de sangre. El ejército argelino intervino ayer para liberar a los más de 600 empleados argelinos y los cerca de 50 extranjeros secuestrados por un comando de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) en una planta de gas situada en la localidad argelina de Amenas, al sureste del país y próxima a la frontera con Libia. Las informaciones que circulaban anoche sobre el saldo final de víctimas son muy confusas: la agencia oficial argelina APS aseguró que seis rehenes y ocho jihadistas habían muerto en el asalto. En cambio, la agencia mauritana ANI y el canal Al Jazeera evocan la muerte de 34 rehenes y 15 secuestradores. En París, otras fuentes adelantaban la cifra de 30 muertos, entre ellos siete de los 41 extranjeros secuestrados por el comando islamista que actuó en represalia contra la intervención del ejército francés en Mali decidida hace exactamente una semana por el presidente socialista François Hollande. Hasta ahora trascendió que entre las víctimas hay dos británicos, un francés y dos japoneses.


El Ejército argelino bombardeó la planta con helicópteros en momentos en que los jihadistas intentaban trasladar a los secuestrados. Argelia intervino de manera unilateral, sin avisar a los países concernidos por el secuestro. “Los argelinos son conscientes de que hubiéramos preferido ser avisados con antelación”, dijo un portavoz de la cancillería británica luego de que el primer ministro, David Cameron, se comunicara con las autoridades argelinas. Tanto Japón como Noruega protestaron por la forma en que se decidió la toma de la planta por parte de Argelia. En París, el presidente François Hollande reconoció que la crisis de los secuestros atraviesa “condiciones terribles, dramáticas”. Pese a este baño de sangre y a la libertad que Francia se tomó para entrar en Mali sin base legal internacional alguna, François Hollande recalcó que este episodio “justifica todavía más la decisión de acudir en ayuda de Mali”. Un testimonio de uno de los secuestrados obtenido por el vespertino Le Monde detalla las condiciones del secuestro: según la fuente, que mantiene el anonimato, “los terroristas estaban perfectamente preparados y conocían muy bien el lugar”. En otro testimonio telefónico difundido por el canal France 24, uno de los rehenes contó que los secuestradores obligaron a varios rehenes a ponerse cinturones cargados de explosivos.


El grupo que protagonizó el ataque a la planta de gas, autodenominado Los que Firman con su Sangre, secuestró el miércoles a 41 extranjeros y 150 argelinos y planteó dos condiciones para dejarlos en libertad: que Argelia liberara a 100 islamistas presos y que Francia ponga término a la operación militar asumida por París para cortar el avance de los islamistas hacia el sur con el tímido y poco visible apoyo de varios países africanos. En un comunicado emitido el miércoles por la noche, el grupo exigió “el fin inmediato de la agresión contra nuestros hermanos en Mali”.


El ministro argelino de Interior, Dahou Ould Kablia, descartó desde el vamos cualquier negociación con los terroristas. El diario digital TSA reveló, no obstante, que el gobierno de Argel estaba dispuesto a dejar salir a los terroristas si éstos dejaban a los rehenes sanos y salvos. Nadie se explica aún de qué manera el comando que perpetró el ataque organizó con tanta facilidad el operativo, que sorprendió a todo el mundo. Las instalaciones petroleras y gasíferas de Argel están ultraprotegidas por servicios de seguridad privados y fuerzas de seguridad locales. Las autoridades argelinas revelaron anoche que el jefe del comando resultó muerto en el ataque. Interrogado por el semanario Le Nouvel Observateur, Louis Caprioli, ex responsable de la lucha antiterrorista en el contraespionaje francés, DST, explicó que “el grupo terrorista que llevó a cabo esta operación, y sobre todo su líder, es un zorro del desierto: logró escapar a todas las operaciones que condujo en los últimos años”. Al igual que otros observadores, Caprioli está convencido de que la relación entre el operativo en la planta de gas y la participación del ejército francés en Mali no es tan directa, incluso si fue usada como pretexto del secuestro.


“Creo –dice el responsable– que esta operación fue preparada hace bastante tiempo, mucho antes del intento de invasión del sur de Mali (por parte de los tres grupos islamistas que operan en la zona, el Movimiento para la unicidad de la Jihad en Africa del Oeste, Mujao, Al Qaida en el Magreb Islámico, AQMI, y Ansar Eddine) y de la reacción francesa. Se necesita una planificación logística importante para intervenir en esa zona, ya que los argelinos tratan de controlarla muy bien.” Interrogado por el matutino Liberation, el experto en Jihad internacional Dominique Thomas juzgó que la meta de esta acción consistió en “internacionalizar el conflicto y golpear a todos los enemigos de la Jihad, tanto los occidentales como los países vecinos que respaldan la ofensiva en Mali”.


Por lo pronto, las operaciones militares que Francia lleva a cabo en Mali prosiguen rodeadas de cierto misterio informativo. El Operativo Serval se lanzó con la meta de cortar el avance de los jihadistas del norte hacia el sur luego de que éstos lograron tomar el control de la estratégica localidad de Koma. Por ahora, sólo el ejército francés y el de Mali asumen la responsabilidad de las operaciones. No hay un balance preciso de los enfrentamientos, ni reportes claros sobre las localidades que fueron o no recuperadas.


Hasta ahora, los efectivos franceses ascienden a 1400 y se espera que lleguen a 2500. Los países miembros de la Comunidad de Estados de Africa del Oeste, Cedao, deben enviar un total de 5000 hombres. Se calcula que este nuevo despliegue llevará una semana. Los refuerzos llegan en cuentagotas: 200 hombres provenientes del Chad, 40 de Togo, están hoy en Bamako. En cuanto a los demás países de la Unión Europea, éstos aportan granitos de arena y respaldan a Francia con fórmulas diplomáticas carentes de compromiso. Francia está pagando sola el tributo de una intervención militar delicada, hecha en nombre de la sempiterna y dudosa “lucha contra el terrorismo” (François Hollande) junto a un ejército, el de Mali, acusado de las más espantosas violaciones a los derechos humanos. Amnistía Internacional recopiló un copioso catálogo de crímenes imputables a todos los actores de esta guerra, ejército e islamistas. La Corte Penal Internacional, presidida por el argentino Luis Moreno Ocampo, anunció hace dos días el inicio de una investigación sobre los crímenes cometidos en Mali por cada una de las partes en conflicto, institucionales o no.

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Viernes, 18 Enero 2013 07:27

La sombra del uranio sobrevuela Malí

La sombra del uranio sobrevuela Malí

Hace tan sólo unos días, el presidente de Francia, François Hollande, aseguraba tajantemente en una de sus comparecencias ante la prensa que las motivaciones del país galo para intervenir en Malí eran puramente pacificadoras. El presidente socialista afirmó que "Francia es un país libre, tiene valores", subrayando que "no estamos defendiendo ningún tipo de interés político o económico en Malí, defendemos simplemente la paz".
En palabras de Hollande, la intervención militar de Francia era necesaria "porque si no, hubiera sido demasiado tarde, porque Malí habría sido conquistado por completo". Así, la operación cuenta con el apoyo de la Unión Europea (UE) y la ONU.


Sin embargo, no todos los expertos son de la misma opinión. Gilles Labarthe, fundador de la agencia de noticias suiza DATAS y, probablemente, uno de los mayores expertos en la neocolonización africana, asegura que "parece claro que Francia y el resto de los países implicados en Malí también se están moviendo por el interés de asegurar los yacimientos mineros de la región, como ya sucediera hace dos años con Libia".

 

Labarthe admite que "es más complicado identificar qué lobby industrial es el que está detrás de todo", pero apunta hacia compañías como la francesa Areva, con importantes explotaciones de uranio en Níger -apenas a unos 200 kilómetros de la frontera con Malí-, que podrían estar peligrando. Este gigante mundial del uranio, con minas a más de 700 metros de profundidad, aseguró a finales del año pasado que sus actividades nucleares cerrarían 2012 con un crecimiento en su facturación de entre un 4 y un 6 %, con perspectivas positivas para 2013, lo que podría torcerse de poner en riesgo sus tres importantes yacimientos en Níger.


Según la Asociación Nuclear Mundial, tres cuartas partes de la electricidad que genera Francia provienen de la energía nuclear, habiéndose convertido en uno de los grandes exportadores, con cerca de 3.000 millones de euros al año de facturación. El propio Labarthe indica en esta línea que Malí podría estar en el punto de mira de las prospecciones de uranio, "sobre todo en el centro del país, así como de gas en el norte".
Desde la organización para la investigación de la globalización Global Research apuntan que los yacimientos de uranio que se encuentran en la región de Faléa, cubriendo unos 150 kilómetros de la cuenca Faléa-Norte de Guinea, podrían albergar hasta 5.000 toneladas de mineral. Precisamente allí, la canadiense Rockgate lleva años realizando prospecciones. Asimismo, el yacimiento de Samit, en la región de Gao, podría alcanzar las 200 toneladas de uranio.


Unas reservas que el año pasado llevó a la organización de Físicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW, por sus siglas en inglés), a organizar en Bamako una conferencia sobre Uranio, salud y medio ambiente, al considerar que era su responsabilidad "proporcionar con la debida información a las personas que se ven directamente afectadas por la explotación de uranio, desde representantes de ONG a responsables políticos, médicos y científicos, de sus impactos en la salud, así como sobre sus impactos ambientales y socio-económicos".
No son los únicos minerales sobre los que Global Research llama la atención, puesto que también destacan las reservas en Malí de cobre, litio, bauxita, fosfatos, plomo, zinc o, incluso, petróleo.


Toneladas de oro


Paralelamente, el oro es el otro gran atractivo de Malí para Occidente, más aún en plena crisis cuando el mineral vuelve a destacar como un valor seguro de inversión, moviendo alrededor de 70.000 millones de dólares al año. Sólo Malí exporta anualmente cerca de cuatro toneladas de oro, encontrando en Suiza y Emiratos Árabes a sus mayores compradores.


Además, al atractivo que ello supone se suma, según apuntan diversos expertos, la posibilidad de que los grupos rebeldes se hicieran con el control de los yacimientos, ganando una capacidad de financiación sin precedentes, algo que no parece está dispuesto a consentir la comunidad internacional que ya cuenta con diversas multinacionales mineras, como las canadienses Barrick Gold, Iamgold o Aviongold; Amara Mining (hasta el año pasado conocida como Cluff Gold), con sede en Londres; o Randgold Resources, con sede en el paraíso fiscal de la Isla de Jersey.

 

En este sentido, Labarthe, autor del libro El oro africano. Saqueo, tráfico y comercio internacional, explica que "la mayor parte de las explotaciones de oro de Malí se encuentran al sur del país, en el sureste (Morila) o en la franja occidental, ya en la frontera con Senegal (Kéniéba, Faléa). Así, algunas de estas minas prácticamente no han sufrido ninguna consecuencia negativa del conflicto desde "‘el Golpe de Estado' de marzo de 2012, "hasta el punto de que, incluso, han incrementado su producción desde el verano del año pasado".


El periodista suizo lamenta no sólo el impacto negativo que están teniendo estas explotaciones en el continente africano, que posee la mitad de las reservas de oro mundialmente registradas, sino también las condiciones laborales de los trabajadores locales donde las multinacionales ven su margen de beneficio muy superior a cualquier otro punto del planeta. Los grandes beneficiados, tal y como señala Labarthe, son entidades como la francesa Société Générale, el suizo UBS (Union des Banques Suisses), el Royal Bank de Canadá o J. P. Morgan.


Una de las grandes preocupaciones derivadas de la extracción del oro viene de la contaminación por mercurio, tal y como denuncia desde hace años Human Rights Watch (HRW). En muchos casos, sobre todo en la minería más artesanal, se emplea el mercurio para separar el oro de la mena -la parte mineral tal como se extrae-, por lo que la investigadora de HRW Juliane Kippenberg advierte de "la necesidad dramática de incrementar las medidas de prevención y tratamiento de la intoxicación por mercurio".

 

Malí no es una excepción a este riesgo, afectando incluso a los más pequeños que trabajan en estas explotaciones, según ha documentado HRW tras haber entrevistado a niños de apenas 11 años que manipulan a diario mercurio. La cifra de niños que podrían estar trabajando en minas de este tipo en Malí ronda entre los 20.000 y 40.000, según HRW, que denuncia que "niños de hasta seis años excavan en pozos mineros, trabajan en el subsuelo, levantan pesadas cargas del mineral, y transportan, machacan y criban oro".

 

En la presentación del informe, hace un año aproximadamente, Kippenberg relataba cómo "un chico de unos seis años describe el dolor que siente cuando excava pozos con un pico durante horas y horas. Otro dice que "le duele todo" cuando llega a casa después de un día de trabajo bajo tierra". Dolores continuados en la espalda, cabeza, cuello, brazos y articulaciones, así como enfermedades respiratorias y tos fueron otros de los síntomas manifestados.


Publico ha contactado con varias ONG desplegadas desde hace años en Malí pero todas ellas han rehusado hacer cualquier tipo de declaración que pudiera enrarecer sus relaciones con el Gobierno maliense; alguna de ellas, incluso, sugirieron que esta cautela se ha acentuado tras la publicación en este diario del reportaje Las ONG, topos de Occidente para la neocolonización.


No obstante, la directora de una de las organizaciones contactadas sí ha apuntado que "del mismo modo que siempre se critica a España por desviar casi toda su Cooperación a Latinoamérica, que son países de renta media, por tener intereses comerciales con las ex colonias, Francia hace lo mismo con el África Occidental"; a lo que han denominado "FrancAfrique". Estas mismas fuentes sostienen que "seguramente habrá intereses políticos y económicos en esta incursión, pero son valoraciones en las que nosotros no vamos a entrar".

 

DAVID BOLLERO Londres 18/01/2013 07:15 Actualizado: 18/01/2013 08:43

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Viernes, 18 Enero 2013 07:22

Argelia: una matanza predecible

El ejército argelino, según nos dijeron la tarde de este jueves los sospechosos de costumbre –en la televisión francesa, al igual que en la estadunidense– “no es blando con los terroristas” y tiene “experiencia” en “combatir el terrorismo”. Demasiado cierto, pero sólo a medias. Porque tampoco es “blando” con los rehenes. Es tan despiadado con los cautivos como con los captores.
El asesinato de buenos y malos por igual en la planta de gas de In Amenas, este jueves, era, por tanto, del todo predecible, porque los militares argelinos –los verdaderos gobernantes de la nación– se “llenaron de sangre” en una guerra civil que les enseñó a preocuparse tan poco de los inocentes como de los culpables.


Fueron los militares argelinos quienes enviaron oficiales de inteligencia a Damasco en 1993 para aprender cómo Hafez Assad destruyó a los islamitas de Hama 11 años antes, y luego usaron las mismas tácticas para liquidar a la insurgencia islamita en la propia Argelia.
Se dice que el año pasado oficiales argelinos visitaron Siria para devolver el cumplido, enseñando a los militares sirios –que ahora combaten un levantamiento mucho más peligroso– cómo los argelinos ganaron su guerra “sucia” contra el Grupo Armado Islámico y sus socios de Al Qaeda.
Los argelinos aportaron su “experiencia” al tunecino Ben Alí poco antes de que fuera derrocado y ofrecieron lo mismo a los esbirros de Mubarak en Egipto.


Por opacos que puedan parecer los militares argelinos a los extranjeros, sus mitos fundacionales –de brutalidad extrema hacia sus enemigos, a cualquier costo– han atraído al Pentágono y a los franceses, que mantuvieron su colaboración con la élite del ejército en Cherchell, en las afueras de Argel, en la década de 1990, cuando sabían bien que los soldados y fuerzas paramilitares del país se entregaban a una orgía de tortura contra insurgentes y civiles.


Tres cosas fueron ciertas la noche de ayer con respecto al baño de sangre argelino: que los argelinos echarían toda la culpa de la matanza de rehenes a los secuestradores inspirados por Al Qaeda; que los gobiernos occidentales cuyos ciudadanos perecieron aceptarían esa versión –sin emitir una sola palabra de condena a los militares argelinos–, y que para el mediodía de este viernes toda la historia quedará irreconocible. Primeros ministros, ministros extranjeros y redacciones de noticias, están avisados.


La ignorancia total de David Cameron con respecto a la crueldad inherente del gobierno de Argelia llevó a Downing Street a musitar este jueves algunos comentarios en verdad estúpidos. Los argelinos, dijo, “parecían decididos a encabezar el esfuerzo”.


Y vaya que lo estaban. Hablar con secuestradores es anatema para ellos; cuando mucho es un medio para desgastarlos antes de aniquilarlos. El primer ministro del país, Abdelmalek Sellal, es un hombre brillante que resulta atractivo para gente como Cameron y François Hollande: relajado, bien educado, veterano del servicio civil argelino. Es fácil, por tanto, olvidar que era ministro del Interior en 1998-9, cuando supuestamente se destruyó el alzamiento islamita.


Uno de sus predecesores, Abderrahmane Meziane-Chérif, me comentó alguna vez cuáles eran sus principios al tratar con “terroristas”. “Un campesino puede ser erradicador cuando arranca la maleza de los campos –me dijo–. Y a veces un hombre necesita purificar el agua y limpiar de insectos y bichos las cosas…” A Meziane-Chérif le decían el eradicateur.


Y sí, claro, los islamitas que retuvieron a tantos rehenes en Argelia son los principales culpables de la masacre. Ninguno de los bandos ofrece cuartel; por lo tanto, rehenes, curiosos y civiles son “daño colateral” –de nuevo esa frase odiosa– para ambos lados.


Tampoco es para sorprender, porque el verdadero matrimonio de Al Qaeda con los militares argelinos comenzó luego de la ocupación rusa de Afganistán. Es una historia en gran parte secreta que aun ahora no se ha revelado del todo. Desesperado por reducir sus pérdidas, el gobierno soviético pidió ayuda de inteligencia a sus aliados socialistas argelinos, y los servicios argelinos de inteligencia despacharon a sus hombres a Afganistán para hacerse pasar por mujaidines junto con verdaderos islamitas argelinos que combatían por Osama Bin Laden.


La información de esos espías militares argelinos permitió el contrataque de las fuerzas soviéticas. Pero cuando los rusos se fueron y los argelinos regresaron a su país, el ejército ordenó a sus hombres que permanecieran encubiertos entre los grupos islamitas. Así, cuando la terrible guerra civil comenzó, oficiales individuales participaron en la masacre de civiles para mantener su cobertura, y así se contaminaron de las atrocidades. Este relato sombrío no es reconocido por el gobierno argelino, ni Occidente se pondrá a ahondar en él.


Pero la realidad es que las verdaderas cobras del mundo de la inteligencia viven dentro del poder militar argelino. En comparación, las cobras de Downing Street –el famoso “comité” de seguridad de David Cameron– son unas humildes y muy adormiladas culebras.

Traducción: Jorge Anaya

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Antecedentes: antes de su reciente relación creativa en el seno de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) –tan vilipendiados por la propaganda negra de los multimedia anglosajones–, en la etapa de la guerra fría, la ex URSS e India (man)tuvieron una excelente reciprocidad debido tanto al acercamiento militar de EU con Pakistán como a la guerra sino-india de 1962 (cuando empezó el alejamiento de los dos gigantes comunistas, que acabó perjudicando a Moscú y beneficiando a China y a EU).

 

Tanto en los ámbitos militar como energético, la profunda relación entre Rusia e India –interrumpida parcialmente durante una generación debido a la “catástrofe geopolítica” de la URSS (Putin dixit)–, se ha reanudado intensamente conforme EU sufre un franco declive en la región euroasiática y concentra sus alicaídas fuerzas –desadaptadas para las “guerras asimétricas” de Irak y Afganistán– en el Este asiático con el fin de cercar a China (la política del “pivote” de la doctrina Obama).

 

Hechos: Stratfor (29/12/12), centro de la propaganda goebbeliana) de EU –célebremente hackeado por Anonymous–, aduce que los “desarrollos en lugares como China (sic) y Afganistán (sic) colocan nuevo énfasis a la relación” entre Rusia e India. Es notorio el amarre de navajas anglosajón por Stratfor para descarrilar las relaciones intra-BRICS con China, además del montaje del pantano yihadista en Afg/Pak: el inextricable binomio Afganistán/Pakistán.

 

Anatoly Medetsky (The St. Petersburg Times, 26/12/12) explaya la relevancia del acuerdo de compra de armas por casi 3 mil millones de dólares de India (el “aliado añejo”) a Rusia durante la reciente cumbre bilateral del presidente ruso Vlady Putin con el primer indio Singh en Nueva Delhi: mil 600 millones de dólares para el ensamble de 42 aviones Sukhoi-30, y mil 300 millones de dólares para 71 helicópteros Mi-17. Hoy, fuera del “México neoliberal itamita”, casi nadie en el mundo (en particular en el G-20) compra algo sin “transferencia de tecnología”, lo cual es moneda corriente en las compras militares, no se diga en las “asociaciones estratégicas” mercantiles (joint ventures), que cuenta implementar Hal Corp de India al planear construir otros 140 a finales de 2015.

 

Rusia e India fabrican ya conjuntamente el crucero misil supersónico BrahMos (Stratfor, 9/5/07) y, según Interfax, Rusia ha vendido un total de 230 aviones de los apetecibles superjets Sukhoi-30 por 8 mil 500 millones de dólares. India es el principal comprador de material militar ruso para la modernización de sus fuerzas armadas, que busca al mismo tiempo diversificar con otros materiales compatibles, como señala Alexander Kadin, embajador de Rusia en Nueva Delhi, muy consciente de la feroz competencia por venir entre los abastecedores potenciales (Francia, EU, Brasil, etcétera). Por lo pronto, Embraer de Brasil compite con el superjet Sukhoi-100 que acaba de sufrir un percance por error humano en Indonesia (rbth.ru 26/12/12). ¿Comprará India los superjets de Embraer?

 

A mi juicio, los BRICS –si sus adherentes desean su vigencia individual/grupal– deben repartirse los papeles “constructivos” y de “cooperación” en el ámbito militar y cesar de competir absurdamente para beneficio del complejo-militar de la OTAN. La ruta no ha estado exenta de escollos cuando Rusia se atrasó en la entrega de un tercer portaviones a India cuando la compra de armas fue la mitad de lo previsto por Putin.

 

Pero no todo en la relación entre Moscú y Nueva Delhi se suscribe a lo militar; no hay que soslayar los acuerdos energéticos y financieros con la creación de un fondo común de hasta 2 mil millones de dólares entre el Banco Estatal de India y el gubernamental Russian Direct Investment Fund para desarrollar cooperación económica y comercial –a mi juicio, muy raquítico, dadas sus proporciones gigantescas del PIB y sus reservas de divisas (ambos entre los cinco principales sitiales globales) que hasta se me hace timorato. La dependencia energética de India es aún más dramática que la de China y no oculta su deseo de comprar petróleo y gas natural licuado de Rusia (hoy la superpotencia global).

 


No todo es color de rosa. Existen contenciosos delicados que deberán ser subsanados convenientemente, como la revocación por el gobierno indio de la licencia del conglomerado industrial ruso que incluye las codiciadas telecomunicaciones.

 

Según Stratfor –que no dice ni pío sobre los BRICS–, con “desafíos en sus respectivas regiones” (léase: balcanizaciones muy cantadas en Asia Central, ver “10 conflictos a seguir en 2013”, Foreign Policy, 27/12/12), Rusia e India “incrementarán su cooperación en tres rubros”: militar, energético y en Afganistán.

 

El rubro de Energía: pronto India superará a Japón como el tercer consumidor energético global. Hoy Oil and Natural Gas Corp.de India posee 20 por ciento en los yacimientos rusos del proyecto Sakhalin-I y ha comprado activos en otros proyectos energéticos en Kazajistán y Turkmenistán. Grave problema de la interconectividad energética de India con Asia Central: se atraviesan en su proyecto y trayecto las erupciones volcánicas teledirigidas de Afg/Pak.

 

Cuando la energía atómica ha sido puesta en la picota global debido a la misantropía cataclísmica del nefario “lobby nuclear”, India considera expandir este rubro controvertido hasta en 400 por ciento de aquí a 2030 cuando Rusia le ayudaría a construir plantas y le abastecería del uranio necesario (como ha sido el caso en Kudankulam).

 

Sobre Afg/Pak: Rusia e India apostaron a la Alianza del Norte, mientras EU juega, a mi juicio, mil bandas con los Talibanes para desestablizar al triángulo RIC (Rusia, India y China).

 

Según Stratfor, tanto la retirada de EU de Afg/Pak, concomitante a la trashumancia de yihadistas a Asia Central como la “creciente influencia de Pakistán en Afganistán” preocupan a Rusia e India.

 

A este respecto, lo peor es que India, no se diga Rusia, sucumba a la trampa pantanosa tendida por EU mediante la muy barajada “carta islámica” y su huntingtoniano choque de civilizaciones.

 

Conclusión: la visión cíclope cuan daltónica de Stratfor, amén de texano-israelí-centrista, sigue siendo nostálgicamente caduca de la era de la guerra fría bipolar, no se diga de la efímera fase unipolar estadunidense, y aplica recetas lineales a “un solo nivel” en la hipercomplejidad no-lineal de “varios niveles” (multilayered) donde se forja el incipiente orden multipolar, el cual, a mi juicio, más que su consolidación inexorable, tiene la delicada tarea de lidiar con la sepultura civilizada de la fenecida pax americana. Más allá de la intoxicación de propaganda negra, carente de sindéresis, del oligopolio multimediático anglosajón, recomiendo ampliamente la lectura del libro Edad oscura de EU: la fase final del imperio, de Morris Berman, para ubicar el contexto real de las relaciones internacionales que tiene que ajustarse a la doble implosión externa e interna de la otrora superpotencia unipolar: pecado capital por omisión que cometen publicaciones publicitarias del corte de Stratfor.

 

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