Foto: Soldados israelíes toman posición mientras los manifestantes palestinos se reúnen en protesta contra la expansión de los asentamientos israelíes en la aldea cisjordana de Beita, 2 de marzo de 2020. Majdi Mohammed, AP

¿De qué tiene miedo el campo de centro izquierda de Israel cuando se trata de anexión? ¿Por qué la Unión Europea y otros países fingen tal clamor contra este próximo plan?

La anexión siempre se ha presentado como la madre de todos los desastres, pero tenemos que dejar de temerla, e incluso decir que sí. Se perfila como la única forma de salir del punto muerto, la única sacudida posible que podría terminar con este statu quo de desesperación en el que nos hemos quedado atrapados y que ya no puede llevar a ningún lado bueno.

La anexión es, de hecho, un premio intolerable para el ocupante y un castigo escandaloso para los ocupados. Legitima los crímenes más graves y destruye los sueños más justos, pero la alternativa es aún peor. Eternizaría la situación criminal que se perpetúa desde hace mucho tiempo. Asentaría la realidad del apartheid que ya existe desde hace bastante tiempo.

Pero la anexión también pondría fin a las mentiras y exigiría que todos miraran la verdad a los ojos. Y la verdad es que la ocupación llegó para quedarse, nunca hubo intenciones de hacer lo contrario. Ya ha creado una situación irreversible, unos 700.000 colonos,  incluidos los de Jerusalén Este, que nunca serán removidos y sin su remoción los palestinos no tendrán más que bantustanes, ni un Estado ni siquiera una caricatura de un Estado.

Esto es lo que temen los opositores a la anexión, sin un proceso declaratorio y legal, sería posible continuar sembrando engaños siempre. La anexión amenazaría la vida falaz de la Autoridad Palestina, que continúa comportándose como si fuera un Estado libre con soberanía a la vuelta de la esquina; del campo de paz israelí, que sigue creyendo que todavía existe la posibilidad de una solución de dos estados y de la Unión Europea, que cree que es suficiente emitir (¡Fuerte!) condenas a Israel y luego sentarse y no hacer nada contra el apartheid, financiarlo, armarlo y declamar sus «valores comunes» con Israel. La anexión desafiaría a los negadores de la realidad que nunca han sido desafiados en sus vidas. Por lo tanto, deberíamos estar a favor a pesar de la injusticia y los desastres que puedan surgir. A largo plazo el precio será menor que el de la situación existente.

Es precisamente el acérrimo opositor de la anexión Shaul Arieli quien mejor describió sus ventajas. En un artículo reciente (Haaretz, edición hebrea, 24 de abril), señaló cómo colapsaría la Autoridad Palestina, se cancelarían los Acuerdos de Oslo, la imagen de Israel sufriría daños y es probable que estallase otro ciclo de derramamiento de sangre. Estos son peligros reales que no se pueden tomar a la ligera, pero dice: «El paso de la anexión sería un gran golpe para los puntos de apoyo de la situación actual y alteraría su frágil equilibrio». ¿Y qué más podemos pedir, Shaul Arieli? La estabilidad que ha creado la ocupación, su rutina de normalidad, son los grandes enemigos de cualquier esperanza para ponerle fin. No tienes que ser anarquista o marxista para ver la oportunidad latente en esta terrible visión. Después de todo la anexión es más reversible que las colonias, la política de anexión puede algún día convertirse en democracia.

Hemos estado esperando este golpe para aterrizar. Es nuestra última esperanza. Quien conoce a Israel sabe que no hay posibilidad de que se despierte una mañana por su propia voluntad y diga: La ocupación no es agradable, acabemos  con ella.  Quien conoce a los palestinos sabe que nunca han estado tan débiles, aislados, fragmentados y desprovistos de cualquier espíritu de lucha. Y quien conoce el mundo sabe lo cansado que está del conflicto. Así que ahora Israel vendrá y con el aliento del conocido pacificador de Washington despertará esta realidad desde su sueño, la anexión. Es igual. En las colinas y en los valles, en el Área C y al final en toda Cisjordania.

Como nadie tiene la intención de otorgar los mismos derechos a los palestinos, Israel se declarará un Estado de apartheid. Dos pueblos, uno con todos los derechos y el otro sin ninguno, desde el podio de la Knéset y la ONU también. ¿Es demasiado ingenuo u optimista creer que la mayor parte del mundo no permanecería en silencio, así como un gran número de israelíes? ¿Hay alguna alternativa realista? Entonces dejad de tener miedo y dejad que se anexen.

Por Gideon Levy | 15/05/2020

Traducido del inglés para rebelión por J. M

Fuente: https://www.haaretz.com/opinion/.premium-let-israel-annex-the-west-bank-it-s-the-least-worst-option-for-palestinians-1.8833755

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Protección contra la propagación del coronavirus, ayer en La Habana.Foto Ap

Washington. Estados Unidos y Cuba intercambiaron ayer acusaciones de apoyo al terrorismo que derivaron en nuevas presiones a la isla, un día después de que La Habana exigió una "investigación exhaustiva" del reciente ataque contra su embajada en Washington.

El gobierno de Donald Trump incluyó a Cuba en su lista negra "por no cooperar plenamente" en la lucha antiterrorista, alejándose más de los esfuerzos de reconciliación propiciados por su antecesor, Barack Obama.

Cuba se agregó a otros cuatro adversarios (Irán, Siria, Corea del Norte y Venezuela) que no obtuvieron en 2019 la "certificación" requerida por una ley estadunidense contra el terrorismo, paso previo para cualquier venta de armas de Estados Unidos.

Es la primera vez que Cuba aparece en este listado desde 2015, cuando fue retirada en la administración de Obama, quien dio el histórico paso de restablecer las relaciones diplomáticas, rotas desde la revolución de Fidel Castro.

El gobierno de Trump acusó a Cuba de acoger a negociadores del Ejército de Liberación Nacional (ELN), última guerrilla activa de Colombia, quienes viajaron a La Habana en 2017 para sostener conversaciones de paz con emisarios de Bogotá, pero no han regresado.

"La negativa de Cuba a comprometerse de manera productiva con el gobierno colombiano demuestra que no está cooperando con el trabajo de Estados Unidos para apoyar los esfuerzos de Colombia para garantizar una paz, seguridad y oportunidades justas y duraderas para su pueblo", indicó el Departamento de Estado en su informe anual.

La certificación es diferente a la designación de patrocinio estatal del terrorismo, que tiene efectos legales de gran alcance. Cuba fue eliminada de la lista de estados que patrocinan el terrorismo en 2015, aunque la administración Trump ha insinuado que puede volver a ingresarla.

La nación caribeña, que no importa armas de Estados Unidos, se verá poco afectada en la práctica por esta nueva medida. Pero esto no impidió que La Habana rechazara la decisión.

"El Departamento de Estado pone a Cuba en lista espuria de países que no cooperan en la lucha contra el terrorismo, pero no impidió, ni condena, el ataque terrorista del 30 de abril", sostuvo el canciller Bruno Rodríguez, en referencia al ataque a la embajada cubana en Washington, y a la impunidad de grupos violentos en territorio estadunidense.

Alexander Alazo, cubano residente en Estados Unidos, fue arrestado por haber disparado contra la sede diplomática, donde sólo provocó daños materiales. El Servicio Secreto estadunidense, encargado de proteger a funcionarios extranjeros, explicó que a Alazo le habían recetado medicamentos siquiátricos después de quejarse de escuchar voces.

El director general de Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossio, tuiteó ayer que Cuba era "víctima del terrorismo", al aludir a acciones de los fallecidos anticastristas Luis Posada Carriles, Orlando Bosch y Guillermo Novo Sampolla.

Desde Bogotá, Miguel Ceballos, el alto comisionado para la paz del gobierno de Iván Duque, celebró la decisión de Estados Unidos.

Duque, aliado de Estados Unidos, interrumpió el diálogo con el ELN después de un ataque con coche bomba en enero de 2019 en una academia de policía de Bogotá que dejó 22 cadetes muertos. Desde entonces exige a Cuba la entrega del equipo negociador del ELN.

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J.J. Rendón, el oscuro personaje detrás de la trama para derrocar a Maduro

La trastienda de la Operación Gedeón en Venezuela

Juan José Rendón, quien se presenta como “responsable del comité de estrategia de Guaidó”, reconoce haber firmado un contrato en octubre del 2019 con la contratista militar estadounidense Silvercorp. 

 

La Operación Gedeón provocó numerosas interpretaciones y dejó preguntas sin responder. Al igual que sucedió el 30 de abril del 2019, cuando Juan Guaidó y Leopoldo López simularon la toma de una base militar en Caracas para activar un golpe, la confusión fue parte central de la escenografía.

Sin embargo, algo quedó claro en este caso: Juan José Rendón, quien se presenta como “responsable del comité de estrategia de Guaidó”, reconoce haber firmado un contrato en octubre del 2019 con la contratista militar estadounidense Silvercorp por un monto de 212 millones de dólares.

Ese contrato, publicado por el Washington Post , planteaba tres fases. En primer lugar, la preparación de quienes debían llevar adelante las acciones. Luego, la realización del “objetivo primario” que era “capturar/detener/remover a Nicolás Maduro, eliminar el régimen actual e instalar al presidente venezolano reconocido, Juan Guaidó”. Finalmente, la participación de Silvercorp en un período de 450 días -prolongable- de “restablecimiento de la estabilidad en el país”.

La “estabilización del país” significaba que la contratista militar sería parte del ataque y persecución de militares, “elementos no militares del mando y control del régimen anterior”, represiones, detenciones, el cumplimiento de toques de queda, controles de frontera, con autorización para “usar la fuerza, hasta e incluyendo la fuerza mortal, para eliminar la amenaza”.

Todo está escrito en un anexo de 41 páginas con precisiones sobre, por ejemplo, cuándo y cómo utilizar minas antipersonales M18A1 claymore, las cadenas de mando, las formas de pago, donde, en caso de “insolvencia en efectivo”, Silvercorp cobraría “en barriles de petróleo”.

Rendón reconoce haber armado y firmado ese contrato como parte del “gobierno de Guaidó”, y sostiene que era y es parte de sus tareas como “estratega” para lograr el “cese de la usurpación”, es decir el derrocamiento. Afirma que no hizo efectivo el contrato, pero el escenario planificado es una de las posibilidades sobre las que siguen trabajando -para lo cual consultaron con otras contratistas más.

Así, entre tantas hipótesis, mentiras e interpretaciones sobre la Operación Gedeón, queda claro un punto: existe un intento de capturar/asesinar a Maduro, los principales dirigentes del gobierno y perseguir al chavismo en sus diferentes niveles en un escenario que abre puertas a un enfrentamiento armado interno. Ese intento no se detendrá.

No es nuevo, pero, ahora tomó -nuevamente- forma pública, innegable, y llegó al punto en que un grupo de cerca de sesenta personas, ex integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, civiles y ex miembros de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos que estuvieron en Irak y Afganistán, arribaron armas en mano a las costas del país.

No se trata de un hecho desconectado. La Operación se enmarca dentro del precio puesto por el Departamento de Justicia estadounidense a la cabeza de Maduro y Diosdado Cabello -otro objetivo militar marcado en el contrato- el bloqueo económico abiertamente reconocido, el anuncio de la pronta caída de Maduro realizada por la administración de Donald Trump, y una trama sostenida de este tipo de acciones encubiertas, relacionadas unas con las otras.

¿Cómo se gobierna en ese contexto? ¿Qué ingenierías de defensa son necesarias para evitar la ejecución de planes de esa naturaleza? ¿Cómo afecta al gobierno, la forma de gobernar y al conjunto de la política?

Es un escenario bélico, una excepcionalidad permanente que ha envuelto la dinámica política en lo últimos años. Se trata de una dialéctica de trincheras, un asalto continuado y un gobierno en permanente desmontaje de operaciones, sorteo de bloqueo, y aplicación de claves de la excepcionalidad a gran parte de la política.

La Operación Gedeón buscó quebrar este escenario, es decir lograr el derrocamiento con mercenarios a través de una acción que abriría las puertas a un posterior enfrentamiento armado. La figura de Gedeón, además de la religiosidad, remite a una táctica de guerra: un ataque nocturno en inferioridad numérica para sembrar confusión en las filas del enemigo.

La Operación fue derrotada, parcialmente. Quienes desembarcaron eran parte de un conjunto mayor: según los detenidos estadounidenses, Luke Denman y Airan Seth, el plan era tomar aeropuertos, para que, una vez capturado Maduro -en caso de secuestro y no de asesinato- aterrizara un avión para extraerlo. ¿De dónde vendrían los aviones? ¿Colombia, Estados Unidos?

Los hombres que llegaron eran parte de un plan mayor que no terminó. ¿Cómo seguirá? Es necesario leer con precisión las reacciones en Estados Unidos y dentro de la administración de Donald Trump que, como era predecible, negó toda participación y contestó con arrogancia y amenaza: “Si quisiera ir a Venezuela no lo haría en secreto, lo haría y no podrían hacer nada, no mandaría un grupo pequeño (…) sería un ejército, se llamaría una invasión”.

En cuanto a la dinámica nacional la ecuación es clara: la oposición enfrenta otro efecto derrota con sus consecuentes enfrentamientos, pérdidas de credibilidad y fuerza, y el gobierno envía un mensaje de fortaleza tanto a los sectores golpistas opositores como a potenciales traidores internos, y sostiene su unidad y mando.

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China decidió multiplicar su arsenal nuclear

Días atrás trascendió que el Ministerio de Seguridad de China instaba al Gobierno a prepararse incluso para una guerra, en vistas de la presión de la Casa Blanca y de Occidente, con renovadas acusaciones sobre su responsabilidad en la pandemia, que alcanzaron "un nivel de histeria".

 

En efecto, trascendió que "un documento fue presentado a principios de abril por el Ministerio de Seguridad chino a los principales líderes de Pekín, entre ellos el presidente de la República, y en él se asegura que la hostilidad hacia China está en su punto más alto desde las sanciones internacionales que sufrió China tras la matanza de la Plaza Tiananmen de 1989".

El citado informe habría sido elaborado por los Institutos de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China (CICIR), expertos del Ministerio de Seguridad del Estado, que es el principal órgano de inteligencia de China. Además de contener el ascenso de China, los especialistas estiman que EEUU pretende debilitar el Gobierno del Partido Comunista socavando la confianza de la población.

Frente a esta situación, Pekín tiene entre sus planes dos armas pesadas. Una de ellas consiste en "reducir sus vastas tenencias de bonos del Tesoro de Estados Unidos".

"China podría desencadenar una caída del dólar estadounidense y de los mercados financieros inundando el mercado con bonos del Tesoro de EEUU a la venta, lo que empujaría a la baja los precios de los bonos estadounidenses", sostiene el periódico de Hong Kong South China Morning Post, citado por Sputnik.

Es cierto que la venta masiva de sus bonos del Tesoro causaría una catástrofe financiera global, que también perjudicaría al dragón, por lo cual no es la mejor opción, aunque este tema está sobre la mesa desde tiempo atrás.

Lo realmente novedoso, es que los medios oficialistas están llamando a incrementar seriamente el armamento nuclear. El editorial de Global Times del 8 de mayo se pregunta: "¿Esta ola anti-China está diseñada específicamente para que Trump gane la reelección? ¿Se disipará una vez que terminen las elecciones?". E inmediatamente se responde: "No podemos estar bajo tal engaño".

En suma, la dirección china tiene muy claro que gane quien gane las elecciones presidenciales de noviembre, la campaña "responsabilizar a China" seguirá su curso.

"El ascenso de China está causando que algunas élites políticas estadounidenses abandonen el pensamiento racional. Su juicio básico ha sido distorsionado", sostiene el editorial oficialista. "Atacar a China se ha convertido gradualmente en la nueva "corrección política" en los Estados Unidos, que afecta seriamente la comprensión objetiva de la sociedad estadounidense de los problemas relacionados con China", concluye.

El resultado de este análisis parece obvio: "China necesita prepararse para un desafío a largo plazo. Primero, debemos fortalecer y mejorar nuestra tecnología científica central y nuestro poder estratégico militar".

En la misma edición, el editor jefe de Global Times, Hu Xijin, titula su análisis: "China necesita aumentar sus ojivas nucleares a 1.000". Agrega que el país asiático debe tener al menos 100 misiles estratégicos Dongfeng-41, porque "necesitamos un arsenal nuclear más grande para frenar las ambiciones estratégicas e impulsos estadounidenses hacia China. Quizás tengamos que enfrentar desafíos con una determinación más fuerte en el futuro cercano, lo que requiere el apoyo de los misiles Dongfeng y Julang".

Aunque el medio oficioso del Partido Comunista defiende las buenas relaciones con EEUU, no se llama a engaño. "No seas ingenuo. No asumas que las ojivas nucleares son inútiles. De hecho, se están utilizando todos los días como un elemento disuasorio para dar forma a las actitudes de las élites estadounidenses hacia China".

En 2006 la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EEUU estimaba que China poseía unas cien ojivas nucleares, aunque otras fuentes estimaban que ascienden a 400. En cualquier caso, se plantea un aumento importantísimo del arsenal nuclear y, sobre todo, se lo proclama abiertamente cuando el dragón había sido muy cuidadoso hasta ahora al abordar estos temas.

La impresión que se recoge es que la dirigencia china está muy preocupada con la deriva de agresividad que está tomando forma a raíz de la pandemia de coronavirus. Por lo que se puede recordar, desde que Mao Tse Tung afirmara, antes del triunfo de la revolución, que "la bomba atómica es un tigre de papel", a la que no debía temerse, los sucesivos gobiernos chinos no habían abordado el tema nuclear de esta forma tan clara y transparente.

Es evidente que la República Popular China se viene reforzando de manera formidable, como lo demuestra la botadura de dos nuevos submarinos nucleares portadores de misiles balísticos intercontinentales, además del segundo navío de asalto anfibio en apenas siete meses, un portahelicópteros de 35,000 toneladas.

Por último, el analista Xulio Rios del Observatorio de la Política China, estima que Xi Jinping está promoviendo un hondo viraje en los asuntos internos. "Asistimos en las últimas semanas a una acusada recentralización de los asuntos de Hong Kong que amenaza con pulverizar la autonomía local". Agrega que el Gobierno tiene urgencia en promover la estabilidad interna, pues en el marco de "una pésima situación económica por el impacto de COVID-19, ya ha adelantado que la estabilidad social será crucial para la recuperación".

Parece evidente que el Gobierno chino se está preparando para una guerra que no desea, pero que considera tal vez inevitable. Para eso extrema el control interno, evitando así posibles estallidos sociales que —como en el período imperial debilitarían al país.

Por otro lado, sigue adelante con lo que los especialistas denominan como "ritmo frenético" en la construcción y modernización de su flota de guerra, que está llamada a jugar un papel muy destacado en la defensa del Mar del Sur de China, aguas estratégicas para el dragón, por donde pasa buena parte del comercio internacional y, de modo muy particular, las gigantescas cisternas que lo aprovisionan de petróleo.

Es probable que las altas esferas chinas estén convencidas de que las elites estadounidenses ya se hayan decidido por desatar un conflicto armado, probablemente localizado, para contener su inevitable decadencia imperial.

17:16 GMT 08.05.2020(actualizada a las 17:25 GMT 08.05.2020) URL corto

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Qué pasará con la brasileña Embraer después de la patada en el trasero de Boeing

La alianza estratégica entre el Gobierno cívico-militar de Brasil y EEUU sufrió un serio revés con la decisión de Boeing de cancelar el acuerdo de compra de Embraer, la tercera empresa de construcción de aviones comerciales del mundo. Ahora la joya de la corona de los militares brasileños no encuentra su rumbo y puede caer en una crisis demoledora.

La empresa estadounidense "no ha recibido ni un solo pedido nuevo de suministro de aeronaves en enero" por primera vez en más de medio siglo. La crisis es tan profunda que en 2019, "los suministros de aviones comerciales Boeing se redujeron a la mitad en comparación con el mismo período de 2018".

El negocio consistía en la compra del 80% de la división comercial de la brasileña por unos 4.200 millones de dólares y la creación de una joint venture para la búsqueda de nuevos mercados para el avión militar de carga C-390 y el desarrollo de aerotaxis para la movilidad aérea urbana. En la tercera semana de abril, Boeing rescindió el Master Transaction Agreement (MTA) firmado con Embraer, en virtud del cual las dos compañías buscaron establecer un  "nuevo nivel de asociación estratégica".

"Es decepcionante. Pero hemos llegado a un punto en que la negociación no va a resolver los problemas", afirmó el vicepresidente senior de Boeing, Marc Allen. La fecha límite para llegar al acuerdo era el 24 de abril y un día después Boeing hizo el anuncio. Del lado brasileño se asegura que "Boeing ha finalizado injustamente la alianza y ha inventado pretextos para evitar pagar los 4.200 millones de la compra".

Las razones no expresadas por Boeing hay que buscarlas en la crisis provocada por la paralización de la producción del 737 MAX, a lo que debe sumarse la situación creada por la pandemia de coronavirus en la industria aeronáutica.

Boeing tuvo un déficit de 633 millones de dólares en 2019, con la consecuente crisis financiera, ya que el fin de la producción del MAX implica pérdidas de 19.000 millones de dólares. La empresa estadounidense debió pedir ayuda a la administración Trump por 60.000 millones de dólares para sobrevivir en la situación actual de paralización del sector aéreo. 

Según el periódico El Economista, la crisis de Boeing arrancó cuando dos aviones 737 MAX se estrellaron en menos de cinco meses, obligando a la firma a dejar en tierra durante más de un año el modelo, que estaba llamado a ser su nuevo superventas.

El objetivo de la compra de Embraer era competir en el segmento del mercado de aviones medianos (90-120 asientos) que actualmente domina Airbus con el A220. Para la europea es una excelente noticia, pero para la brasileña es algo así como una monumental patada en el trasero, ya que la continuidad de la empresa queda en entredicho.

Apenas se conoció la cancelación de la venta, las acciones de Embraer cayeron un 14%, pero a lo largo de este año sus acciones se desvalorizaron hasta un 60%. Ahora Embraer busca un plan B que no parece nada sencillo.

Según analistas citados por la revista Veja, la ruptura con Boeing "no podía haber sucedido en un momento peor: la ventas están paradas, la demanda global de aviones desapareció y la caída de los precios del petróleo debilita aún más al sector".

Boeing presenta el concepto de su nuevo helicóptero | Vídeo

Fracasado el acuerdo y a la espera de la demanda que interpondrá Embraer contra su exsocia, las miradas se dirigen hacia China. "Desde el punto de vista estratégico, es una opción, pero puede ser políticamente problemático", destaca la consultora estadounidense Lundquist Group, especializada en el sector aeroespacial.

La dificultad mayor viene por el lado del Gobierno de Jair Bolsonaro, que mantiene un largo y peligroso contencioso con Pekín, a quien acusa de querer "comprar Brasil" más que hacer negocios. Pedir un préstamo de socorro en estos momentos sería casi imposible por la delicada situación que atraviesa la economía brasileña.

Un relatorio del banco suizo UBS estima que será muy difícil para Embraer seguir adelante sin socios en un mercado cada vez más complejo en el cual su mayor competencia, la canadiense Bombardier, mantiene una alianza con Airbus para la producción de aviones de 70 a 120 asientos, el mismo rango en el cual se destaca la brasileña. 

"No sería una sorpresa ver a otras empresas iniciando conversaciones con Embraer. Creemos que China aún aspira a liderar el mercado aeroespacial global, y en nuestra opinión, Embraer aportaría talento para el diseño y el desarrollo, y lo más importante, conocimiento y capacidad en servicios globales y redes de apoyo", señala UBS.

Dentro del equipo económico de Bolsonaro, algunas voces se inclinan por abrir negociaciones con China. "Una posibilidad que pone los pelos de punta a los generales, ya que el sector aeroespacial es considerado muy sensible porque entrama riesgos para la soberanía nacional", estima al columnista de UOL Thaís Oyama.

Lo sucedido con la relación entre Embraer y Boeing es apenas una señal del naufragio estratégico de Brasil, incluyendo al sector militar del Gobierno. Los hechos demuestran que la alianza con Estados Unidos es un callejón sin salida que, además, obtura la posibilidad de Brasil de erigirse como un país relativamente autónomo en la región sudamericana, capaz de liderarla y de servir como referencia a los demás.

Lo que está en juego es mucho más que el futuro de Embraer. Por cierto, la única empresa brasileña que exporta tecnología punta, ya que un país no puede prosperar vendiendo granos de soja y mineral de hierro.

Quizá por eso, el vicepresidente y general retirado Hamilton Mourao calificó el giro de los acontecimientos como una "bendición disfrazada". En referencia a una posible alianza con China, fue muy claro: "Tenemos los conocimientos, ellos tienen la demanda. Esto muestra una vez más que un matrimonio [con China] debe continuar, porque es un matrimonio inevitable".

Si el sector militar llegara a inclinarse por China, sería un desastre para la estrategia del Pentágono y un revulsivo interno fenomenal en Brasil. Todo indica, empero, que la situación del país debería descender aún varios peldaños antes de que se abriera camino una opción tan radicalmente opuesta a la que predomina todavía en Brasilia.

18:34 GMT 04.05.2020URL corto

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El dilema de Vladimir Putin en Siria no tiene una resolución fácil

En los últimos días algunos medios han publicado que Vladimir Putin está tratando de que Asad haga concesiones a la oposición. Aunque no está claro qué es exactamente lo que quiere, el presidente ruso no parece dispuesto a renunciar a su presencia en Siria.

 

Desde que se inició la intervención de Rusia en el conflicto sirio en 2015, el presidente Bashar al Asad ha pasado de una situación claramente perdedora a consolidar su dominio en la mayor parte del país. A cambio, Vladimir Putin ha obtenido una presencia significativa en Oriente Próximo, una región que ha estado sometida históricamente a la hegemonía de Estados Unidos y en la que últimamente Israel juega un papel central.

Algunas noticias aparecidas recientemente en medios de comunicación rusos, y de las que se han hecho eco medios occidentales como la agencia alemana DPA y la americana Bloomberg, señalan que la luna de miel entre Putin y Asad atraviesa por un momento crítico y que el primero desea resolver de una manera rápida y satisfactoria para los intereses de Moscú una situación que le causa quebraderos de cabeza.

El problema es que Putin no ve ninguna figura que pueda sustituir a Asad. La imagen del líder sirio se ha deteriorado mucho con el conflicto que comenzó en 2011 espoleado y alimentado por potencias occidentales y regionales, que derivó en una guerra civil abierta con la muerte de cientos de miles de personas y con el desplazamiento interno y externo de millones de refugiados.

Según distintos medios rusos, Putin estaría presionando a Asad para que mostrara una mayor flexibilidad en las negociaciones con la oposición con el fin de lograr un arreglo político al conflicto, una posición que Asad rechazaría por verla inviable, al considerar que Siria no puede arriesgarse a una reanudación de la guerra civil, un peligro que es muy evidente.

Las mismas potencias que incendiaron el conflicto jaleando a los insurgentes e invirtiendo dinero, armas e inteligencia a manos llenas, ahora indican al gobierno de Siria que la única manera que tiene de obtener inversiones para la reconstrucción es echando a Asad. Esas mismas potencias, por supuesto no tienen otro plan de salida y parecen seguir creyendo que las cosas se arreglarán e irán como la seda si Asad desaparece de la escena de un día a otro por arte de magia.

El enorme sufrimiento causado con sus injerencias no les importa lo más mínimo, ni tampoco el sufrimiento que pueden causar a partir de ahora. La idea que acarician, ya sea por ingenuidad o por ambiciones hegemónicas, es establecer en Siria una democracia liberal que sirva de modelo a la región, con la inversión de miles de millones de dólares para la reconstrucción que ahora niegan a Asad: es decir, exactamente las mismas promesas que hicieron a Irak, país que ya goza de una vibrante democracia y de gran bienestar gracias a George Bush y sus aliados occidentales, y donde todos cenan perdices escabechadas por la noche.

Si acepta ese viejo juego, Putin podría tener la última palabra. No está claro que el presidente ruso vaya a aceptarlo, entre otras cosas porque acabaría con la presencia de Rusia en Siria, y porque va en contra de los intereses regionales de Moscú. Crear en la zona otro país fallido al lado de Irak no redundaría en beneficio de Rusia y sí en beneficio de las potencias occidentales.

Aunque el portavoz del Kremlin Dmitry Peskov ha negado que Putin esté descontento con la resistencia de Asad a alcanzar un compromiso con la oposición, en varios medios moscovitas se dice lo contrario, sin aportar pruebas sólidas que lo demuestren.

Un reciente artículo en la Agencia de Noticias Federal de Moscú, a quien algunos analistas vinculan con el Kremlin, decía que Asad es corrupto y que no cuenta con un apoyo mayoritario entre su pueblo. El artículo fue recogido por varios medios pero pronto desapareció de la página de la agencia, una indicación de que probablemente no fue del agrado del Kremlin.

Días después apareció otro artículo crítico con Asad en un grupo de presión vinculado al Kremlin, el Consejo Ruso para Asuntos Internacionales, donde se afirmaba que el gobierno de Damasco no tenía una política de futuro y no era flexible con la oposición. Tanto uno como otro artículo se interpretan en Occidente como indicaciones de un posible descontento de Putin.

En cualquier caso, los dos presidentes, Putin y Asad, se hallan hundidos en un pantano y a corto o medio plazo no se vislumbra que vayan a salir a flote. Esto significa sobre todo que los sirios van a seguir viviendo en una economía de guerra en la que no entrará dinero y por lo tanto no se producirá la urgente reconstrucción que necesita el país.

Además, si Putin arroja al líder de Damasco a los leones, la posición rusa en Oriente Próximo sufrirá las consecuencias y se iniciará un periodo de grandes incertidumbres, máxime si se tiene en cuenta que la "oposición" moderada son cuatro gatos mal contados, aunque cuenten con el apoyo incondicional de Occidente para establecer una "democracia liberal modélica" que parece una utopía irrealizable, directamente un delirio.

Por otra parte, si es cierto que Putin está presionando a Siria, también podría ser para que Asad adoptara algunas decisiones puramente cosméticas que le permitieran al presidente ruso decir a Occidente que se han hecho las concesiones razonables que podían hacerse, y hasta ahí hemos llegado. En esta lectura quedaría claro que Putin no quiere ni puede abandonar a su aliado sencillamente porque no existe ninguna alternativa viable a Asad.

30/04/2020 07:43

por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Cushing (Oklahoma): encrucijada de la muerte del petróleo en EU

En mi libro Los cinco precios del petróleo (https://bit.ly/2YlrqpI) de 2006, expuse que el "precio especulativo" era uno de sus principales componentes que beneficia el financierismo del petrodólar controlado por Wall Street y sus megabancos, como demostró el economista en energéticos Philip Verleger (https://bit.ly/2KDFkM6).

Los cinco precios del petróleo exhiben el dominio geoestratégico casi absoluto de las "cuatro hermanas" petroleras anglosajonas que mediante su "creatividad especulativa" controlan, todavía, el máximo ingreso "económico" del planeta.

Hace 14 años asombró la forma en que, frente a la extracción real de un solo barril de petróleo, existiesen 500 (¡mega-sic!) barriles "derivados" en papel especulativo.

Hoy, debido a la baja de 30 por ciento de la producción global del "oro negro", concomitante al desplome anunciado (https://bit.ly/3f2EYfK) del petróleo/gas lutita (shale oil/gas), se han puesto de manifiesto tanto la frenética especulación financierista –ahora con los "futuros" ETF’s ( Exchange Trade Funds: Fondos de Intercambio Comercial)– como el desacoplamiento en el precio de las variedades anglosajonas del WTI (West Texas Intermediate) y el Brent del Mar del Norte.

La conjunción de la expiración de los "futuros" de los ETF’s y el embotellamiento del "oro negro" en los almacenes de la encrucijada de oleoductos en Cushing (Oklahoma) resultaron en un insólito desplome de menos (¡sic!) 40 dólares el barril (https://bit.ly/35d3Ddb).

Más que los pletóricos tankers flotantes en los océanos, de la variedad Brent, el problema radica en la trampa de la muerte que se conjugó en Cushing debido a la casi saturación de su almacenamiento y a la expiración de los "futuros" de los ETF’s (https://bit.ly/2WavfeX).

USO (United States Oil Fund) –con un valor de 3 mil millones de dólares (https://bit.ly/3aF4nZK)–, principal mercader de los "futuros" oleosos de ETF’s en EU que ostenta el 30 por ciento doméstico, fue el causante de la espiral negativa del precio (https://bit.ly/2VLol0P).

A la par del contagio viral, hoy las especulativas intoxicaciones financieristas son de carácter exponencial.

Un año antes de la grave crisis financierista de 2008, los ETF’s representaban 807 mil millones de dólares que en 2019 se dispararon a 6.18 millones de millones de dólares ( trillions en anglosajón) de los cuales EU detenta 4 millones de millones de dólares (https://bit.ly/2KILJ8U).

El holandés Cyrill Widdershoven, muy cercano a los sauditas, comenta que "EU creó una trampa de la muerte para su propia industria petrolera en Cushing" y juzga que la carnicería energética "reconfigurará los mercados petroleros globales, pero también el futuro (sic) de la industria petrolera de Estados Unidos en los años por venir" (https://bit.ly/2SiLJjV).

Cyrill Widdershoven critica que los productores de petróleo/gas lutita en EU "no recortaron voluntariamente (sic) su producción", y avizora que "en los próximos años la OPEP (sic), Arabia Saudita y Rusia (sic) regresarán al pináculo del petróleo global, exhibiendo su liderazgo en el mercado".

A Cyrill Widdershoven le falta vislumbrar el determinante factor geopolítico que diagnosticar la identidad de los productores de petróleo que sobrevivirán al Covid-19.

A mi juicio, Estados Unidos cavó su propia tumba del petróleo/gas lutita que lo colocó en forma efímera como el "primer productor global" arriba de su aliado Arabia Saudita y Rusia”.

Trump llegó a jactarse del "dominio energético de Estados Unidos": alucinación cruelmente desmentida por la cruda realidad del crudo.

La quiebra muy anunciada del petróleo/gas lutita puede generar un efecto dominó y afectar a los megabancos de Wall Street cuando Trump navega contra las corrientes turbulentas al intentar rescatar a la industria petrolera de Texas –que ostenta 38 votos electorales imprescindibles para su relección– mediante la compra de millones de barriles (para colmar las "reservas estratégicas" de Estados Unidos), una mayor baja en la producción global –que tendría que ser de 30 millones de barriles al día (MBD) y no los 20 MBD que propone en total– y un muy polémico rescate financiero que no le causa gracia al antidemocrático Partido Demócrata.

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Covid-19, el petróleo, el virus de Wall Street y Estados Unidos

El reciente desplome del precio del petróleo es una oportunidad para advertir de nuevo sobre el inexorable declive de los combustibles fósiles y denunciar la dinámica destructiva de los mercados financieros.

 

La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda mundial de petróleo en abril estará en un nivel visto por última vez en 1995. Lo que podría ser una buena noticia para el clima. Aún así, se prevén temperaturas récord este año por el calentamiento global. Los mercados anuncian un batacazo descomunal del precio de los hidrocarburos porque fallaron las apuestas financieras sobre los futuros del petróleo, un gigantesco mercado especulativo. Probablemente, llega el estallido de la burbuja de la industria del fracking en Estados Unidos que podría dañar severamente a sus bancos. 

Más allá de la coyuntura de estas últimas semanas, en realidad, el precio de las materias primas en lo que va de siglo, y entre ellas destaca claramente el petróleo, se ha caracterizado por ser alto y fluctuante. Además, la industria petrolera ha jugado históricamente un papel decisivo en las crisis económicas y políticas.

¿Qué ha pasado?

El 20 de abril de 2020 ha sido uno de los días más asombrosos en el comercio de carburantes. El precio futuro del petróleo de EE UU, el West Texas Intermediate (WTI), cayó a terreno negativo por primera vez en su historia. El WTI es un índice de crudo producido en Texas y el sur de Oklahoma que sirve como referencia para fijar el precio de otras corrientes de crudo. En vez de pagar por la mercancía, los inversores llegaron a cobrar 37,63 dólares por comprar un barril en EE UU para su entrega en mayo. 

Para ser exactos, lo que ha caído un 305% en realidad son los precios de futuros que expiraban —derechos de compra con una fecha de vencimiento fijada—. Los propietarios tenían que vender los contratos o llevarse el petróleo. La demanda ha bajado y, además no tenían sitio donde almacenarlo.

Vale la pena aclarar que en este suceso no son las grandes compañías extractivistas las que han anotado menores beneficios sino aquellos especuladores que tenían esos contratos y no consiguieron venderlos por la sobreoferta. En las gasolineras, los precios no se han desmoronado tanto.

¿Por qué ha caído el precio del petróleo? 

En este momento confluyen varios factores. La fuerte reducción de la demanda de petróleo fruto de las medidas de confinamiento y la crisis económica que la pandemia ha acelerado, la sobreoferta de crudo y los límites en el almacenamiento, la especulación financiera, el sobreendeudamiento de las empresas, los problemas estructurales de la industria del fracking en EE UU y las tensiones geopolíticas (Rusia vs. Arabia Saudí, EE UU vs China e Irán, intentos de golpe de Estado en Venezuela, Rusia vs Turquía). Todos ellos han generando presión a la baja sobre los precios. 

Un problema de fondo es la falta de control público sobre los mercados financieros y la especulación con el petróleo, que nos lleva a una situación de sobreextracción. De hecho, se ha empezado hablar del mayor exceso de petróleo de la historia. Igualmente, hay una gran incertidumbre respecto al futuro inmediato para el capital transnacional, fundamentalmente el financiero. 

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Como consecuencia del coronavirus ha descendido el transporte en las ciudades, el tráfico aéreo —en EE UU -60%, en España -95%— y gran parte de la producción industrial. Las medidas implementadas para frenar la crisis sanitaria han disminuido la demanda de petróleo y productos derivados a nivel mundial. El confinamiento que empezó en China se ha ampliado a 3.000 millones de personas en 187 países. Muchas actividades económicas no esenciales pararon. 

Así, el consumo de petróleo en los EE UU se ha caído más del 30%, a los niveles más bajos en al menos 30 años. En el mundo, en el mes de abril la demanda de gasolina y diésel se ha reducido un 33% y el combustible para aviones en 64% comparada con 2019. La demanda de carburantes en Europa es 33% menor de lo que era hace un año. 

Al mismo tiempo, los principales extractores —EE UU, Arabia Saudí, Rusia— han seguido bombeando, lo que ha precipitado una mayor caída de los precios del petróleo. Ahora mismo sobran 30 millones de barriles al día y los lugares donde se almacena —refinerías, depósitos, buques— están a punto de llenarse. Esto ha provocado que se dispare también la especulación con el coste de alquiler de los petroleros que ha pasado de los 15.000 dólares diarios en febrero a los 200.000 y 300.000 dólares en marzo.

¿Por qué hay un exceso tan grande de crudo?

La pandemia global llegó justo cuando la extracción de petróleo había alcanzado sus máximos. La organización de los países exportadores de petróleo y otros estados como Rusia llevan meses negociando el recorte en la producción para apuntalar los precios del petróleo porque, entre otras razones, EE UU había inundado el mercado con crudo en los últimos años. 

Entre febrero y marzo, cuando Rusia y Arabia Saudí no habían llegado todavía a un acuerdo, Arabia Saudí abrió sus grifos profundizando una “guerra de precios” contra su antiguo aliado Rusia, según la narrativa oficial. ¿O tal vez fue una maniobra para hundir al sector en EE UU?

En el mes de marzo se empezó a avisar que la pandemia estaba llevando el mercado de las materias primas “hacia lo desconocido”. Se informó de la llegada del mayor exceso de suministro de petróleo que el mundo haya conocido. Analistas financieros reconocieron que “el valor marginal de un barril de petróleo, en este contexto, tiende a cero”. Hubiera sido lógico reducir drásticamente la extracción, pero el “mercado autorregulado” se rige por la avaricia.

Los precios del petróleo se desmoronaron a gran velocidad, justo cuando a finales de febrero se registró el récord histórico de extracción en EE UU: 13,1 millones de barriles al día. A pesar del descenso de los precios que lleva meses asentándose, las empresas petroleras estadounidenses no redujeron la velocidad de su extracción.

Las corporaciones petroleras habían pedido mucho dinero prestado por los bancos en los últimos años para perforar miles de pozos, construir tuberías y mantener una maquinaria costosa. Todo ello, sin haber conseguido en ningún momento ser rentables por los altos costes del petróleo extraído mediante fracking frente a otros crudos. Cada vez se requiere invertir más energía y capital para extraer petróleo. Parar esa maquinaria significaba no poder devolver, al menos en parte, esas deudas. Además, dejar de explotar un pozo no es sencillo y puede conllevar que este colapse y no se pueda seguir utilizando en el futuro. Bajo estas premisas, las compañías no podían permitirse dejar de bombear y se ha producido de este modo una loca huida hacia adelante. 

Pero a finales de marzo los precios del petróleo se habían reducido a una tercera parte de los de enero. El delirio se hizo insoportable. Empezaron a caer el número de perforaciones en Canadá y Estados Unidos, y las empresas recortaron sus presupuestos. El uso de plataformas de perforación empezó a bajar a toda velocidad. El conteo de las plataformas es considerado como uno de los indicadores más importantes del apetito de inversión y de su confianza en el sector, estrechamente relacionada con la evolución de los precios.

Claramente, el pacto de la OPEP y Rusia del 12 de abril para recortar la producción en unos 12 millones de barriles al día en mayo se va a quedar corto. Los precios del crudo siguen tambaleando.

¿Seguirá disminuyendo la demanda mundial?

Según la Agencia Internacional de la Energía, se espera que la demanda de petróleo mundial caiga en el segundo trimestre de 2020 en 23,2 millones de barriles diarios (Mb/d) con respecto al mismo período de 2019 —esto es una caída del 25%— y se reduzca en una cifra récord de 9,3 millones de barriles al día en 2020. Si se mantiene la reducción del consumo de esta magnitud podría tener una repercusión sobre el capitalismo global de enorme calado. Algunos investigadores apuntan que se trata de una “caída brutal” comparada con la que se produjo con la crisis de 2008 cuando la producción de petróleo cayó un 4%. Antes de la pandemia se extraían cada día unos 100 millones de barriles. 

¿Dónde guardar tanto petróleo sobrante?

La capacidad mundial de almacenar crudo está a punto de llegar al máximo. No hay datos oficiales sobre la capacidad de almacenamiento global de crudo. Según la Agencia Internacional de la Energía es de 6.700 millones de barriles, pero resulta muy complicado saberlo porque muchos datos no son públicos. Por ejemplo, hay unos 800 megapetroleros navegando por los mares capaces de albergar conjuntamente unos 1.800 millones de barriles. Las empresas comercializadoras se están gastando una fortuna para acopiar una cantidad récord de crudo en estos buques esperando precios más altos. Algo similar, pero en mucho menor escala ocurrió el año pasado tras los ataques contra instalaciones petrolíferas en Arabia Saudí. 

En algunos meses surgirán más dificultades cuando el crudo empieza a degradarse o inducir la corrosión de las instalaciones. 

Otro aspecto a tener en cuenta es la geopolítica asociada a la capacidad de almacenamiento del petróleo. Aunque la información no es muy clara al respecto. Destacan EE UU (1.499 millones de barriles), China (1.440 millones) y Arabia Saudita (329 millones). Ahora lo que va a ser crucial es quién llena antes sus depósitos, es decir quién acaba antes con la capacidad de almacenamiento. Este será el que perderá en el juego geopolítico. Y en este escenario los EE UU están ya al borde del precipicio, lo que podría profundizar aún más la quiebra del “american way of life” y del régimen de Wall Street. 

Mirando al bosque, ¿está realmente barato el crudo?

Si tomamos perspectiva histórica, en realidad los precios del petróleo, que están en niveles de 20 dólares el barril ahora mismo se sitúan dentro de la horquilla en el que han fluctuado a lo largo del siglo XX, descontando las crisis del petróleo. No están tan baratos. En el contexto en el que sí están baratos es en el de la historia reciente, pues desde el inicio del siglo estos precios se caracterizan por ser muy volátiles y, en término medio, mucho más caros que los del siglo XX. Esto es consecuencia de tres factores: haber atravesado el pico del petróleo convencional —y probablemente ya de todos los tipos de crudo—, la crisis económica recurrente y la comercialización del crudo a través de los mercados financieros.

Las consecuencias de este escenario de precios volátiles son muy importantes para la industria petrolera en un contexto en el que la extracción cada vez es más cara.

¿Estados Unidos, origen de una nueva crisis? 

La crisis financiera de 2007-2008 tuvo su origen en EE UU, y específicamente en Wall Street, por la ruina del sector inmobiliario, activada por la quiebra del mercado de las hipotecas basura, los denominados subprime —entre otras razones—, aunque el epicentro del terremoto se desplazó luego a la UE. Desde hace años, se lleva inflando otra burbuja financiera vinculada a los combustibles fósiles en EE UU y se ha empeorado con la administración de Donald Trump.

En 2010, la extracción de petróleo y gas en rocas poco porosas —como esquisto o pizarra— en los EE UU era mínima. Si bien en 2018, el bombeo mediante la técnica ultracontaminante de la fractura hidráulica —fracking en inglés— había aumentado en 2,2 millones de barriles por día y en 2019 alcanzó los siete millones de barriles por día —sin incluir el petróleo convencional de Alaska, Texas o el Golfo de México—. El país pasó de ser importador neto durante decenios a ser exportador neto de energía en septiembre de 2019. La Agencia Internacional de la Energía llegó a plantear que los EE UU representarían el 70% del aumento de la capacidad de extracción mundial hasta 2024 y colocó a EE UU en el trío de cabeza petrolero junto a Arabia Saudí y Rusia. 

La jugada de Trump y el lobby de los multimillonarios con el “make America great again” [Hacer América grande de nuevo] significaba más petróleo estadounidense para aumentar el consumo doméstico, reducir las importaciones y desestabilizar sus competidores internacionales —Irán, Rusia y Venezuela— principalmente. 

Pero para sostener una extracción mucho más cara que la saudí y la rusa, el precio del petróleo debía mantenerse en una horquilla que iría entre los 40$/barril —precio mínimo para que las compañías de fracking empiecen a anotar beneficios— y un máximo en torno a los 120$/barril —cifra a partir de la cual se desencadenaría una escalada de precios que acabaría arrastrando a la economía de los EE UU—. Los últimos datos indican que para cubrir costes se requería un mínimo de 39,2 $/barril, frente a los 2,8$/barril en Arabia Saudí y los 5$/barril de Rusia

La clave para explicar el crecimiento en la extracción de petróleo y gas de esquisto no ha sido en el campo productivo, sino en el financiero. Muchos pozos no fueron rentables para operar. La mayoría de empresas centradas en fracking gastaron más dinero del que ingresaron. Según un estudio de IEEFA las compañías estadounidenses gastaron 189.000 millones de dólares más en perforación y otros gastos de capital en la última década de lo que generaron al vender petróleo y gas. De hecho, entre 2012 y 2017 las compañías de fracking sumaban unas pérdidas de unos 9.000 millones de dólares trimestrales. Fue el capital financiero y las políticas monetarias del Gobierno —con la tasa de interés a casi cero es barato endeudarse— que permitieron el boom del fracking que en realidad ha sido un fracaso económico, social y ambiental. 

Desde 2015, más de 200 productores de petróleo y gas se han declarado en bancarrota, dejando una deuda de 129.000 millones de dólares sin pagar. Solo entre 2020 y 2022, las empresas tendrían que afrontar el vencimiento de sus deudas por una valor de 137.000 millones de dólares. En el tercer trimestre de 2019, el 91% de los impagos de deuda corporativa estadounidense se debía a las empresas de petróleo y gas. 

Con la volatilidad y los precios de petróleo tan bajos muchas empresas de fracking no son más que un cadáver. Se cree que la cifra de las quiebras aumentará y la situación empeorará. Para remate, en EE UU se alcanzó el pico de extracción de petróleo de roca porosa. 

Trump y el fiasco relativo de controlar el grifo del petróleo

A lo largo de la historia, los vínculos de los gobiernos estadounidenses con la industria petrolera son muy estrechos. El petróleo es un asunto de Estado. 

La crisis de hegemonía de los EE UU está estrechamente unida al declive de los hidrocarburos. Sus élites han intentado revertirla mediante, por ejemplo, el proyecto de un “Nuevo Siglo Americano” que propugnaba incrementar la presencia militar en el sureste y centro de Asia para controlar el grifo mundial de petróleo y gas, bajo el pretexto de la “guerra (global permanente) contra el terrorismo”, continuó con la invasión de Iraq y Libia, las sanciones contra Irán y Venezuela y la militarización de América Latina y el Caribe. Pero estos intentos han sido infructuosos. Es más, la Gran Recesión, a partir de 2008, ha acelerado la tendencia.

Los subsidios públicos a los combustibles fósiles alcanzan los 649.000 millones de dólares en 2015, diez veces el gasto federal para la educación. Pero Trump dio un salto más. Colocó un gran número de abogados y ejecutivos de la industria petrolera y automotriz en puestos de alto rango de la administración. Nombró como primer Secretario de Estado (Ministro de Exteriores) a Rex Tillerson, ex presidente de Exxon Mobil, multinacional acusada de haberse beneficiado de la guerra contra Iraq para la venta de petróleo o haber financiado el negacionismo del cambio climático siendo una de las empresas del mundo que más ha contribuido al calentamiento global. 

En la reciente pugna entre Rusia y Arabia Saudí, Trump, empujado por la industria petrolera, anunció que llenaría la Reserva Estratégica de Petróleo y tras el desplome de precios de abril dio la orden de comprar hasta 75 mIllones de barriles. 

La Administración estadounidense también estaría estudiando pagar a las empresas de petróleo por no extraerlo y dejar en el subsuelo unos 365 millones de barriles a disposición del Gobierno. Aunque esto es más complicado de lo que parece. Parar la extracción es caro e implica la posibilidad física de que el campo no se pueda reabrir. Esta secuencia de acontecimientos da entender que el Gobierno de EEUU, a pesar de su apuesta petrolera, en realidad tiene poca capacidad de maniobra. 

El anuncio de Trump en Twitter que “Nunca dejaremos caer a la gran industria de petróleo y gas de EE UU. ¡He dado instrucciones al secretario de Energía y al secretario del Tesoro para que formulen un plan que ponga a disposición fondos para que estas empresas y empleos tan importantes estén asegurados en el futuro!”, suena a respuesta desesperada por su pésima gestión de la crisis sanitaria y su miedo a perder las próximas elecciones presidenciales. Incluso pretende usar los programas de alivio económico del coronavirus, cuando millones de estadounidenses están desempleados y con necesidades vitales sin cubrir.

Si Trump subió al poder con su eslogan “make America great again”, que resumía su alianza con las petroleras estadounidenses, la crisis de covid-19 le puede pasar factura. La incidencia de la pandemia en los EE UU y sus efectos económicos, como la quiebra de empresas del fracking, se está traduciendo ya en un aumento terrible del desempleo. Además, esas quiebras y el desempleo asociado se produce en zonas donde Trump ganó las elecciones de 2016. Ese apoyo estaba condicionado, entre otras cosas, a la promesa de nuevos empleos. Muchos de esos empleos estaban, directamente o indirectamente, vinculados al “Big Oil”. Así pues, podría perder votos en Texas, Dakota del Norte, Virginia Oriental, Pensilvania y Ohio. Además, en algunos de estos estados Trump ganó de manera muy ajustada.

¿Otra vez Wall Street?

Se sabía desde hace años que la burbuja financiera de las empresas del fracking podría explotar y provocar un nueva crisis financiera global

Las políticas de los bancos centrales ha permitido que muchas empresas hayan seguido funcionando. Se trata del proyecto político de las élites de los EE UU en el escenario postcrisis subprime, reforzado por Trump. Entre la Casa Blanca, las altas finanzas y la compañías energéticas han puesto en marcha los mecanismos financieros necesarios para sostener todo el entramado de la industria fósil con el objetivo de reducir importaciones y enriquecer aún más —si cabe— a la clase de multimillonarios que pusieron a Trump en el poder. Esto se ha complementado con el desmontaje de políticas de protección ambiental, los planes de transición energética y el hostigamiento a los Estados díscolos, como Irán o Venezuela.

Aún sabiendo que la quiebra de las petroleras podría provocar unas enormes pérdidas o incluso una nueva crisis, las mayores entidades financieras estadounidenses, JP Morgan Chase, Bank of America, Citgroup y Wells Fargo, han financiado cada una con más de 10.000 millones de dólares este peligroso negocio.

Sin embargo, ahora los principales bancos, que han financiado esta industria contaminante, están explorando la posibilidad de retirar la financiación y embargar los activos de las compañías del fracking que no están devolviendo los préstamos. El petróleo y el gas que pretendían extraer no desaparece. Los bancos pretenden quedarse con las reservas de los productores que han puesto como garantía, creando sociedades de cartera e intentando esperar que pase la tormenta y se recuperen los precios. Aunque esto está por ver. 

Otros actores financieros, que también tienen una posición fuerte en el sector, como BlackRock, están pensando en una estrategia de desinversión. El mayor gestor de fondos del mundo contaba con importantes participaciones en las grandes corporaciones petroleras del mundo —ExxonMobil, Shell, BP y Chevron— y en el verano de 2019 presentaba unas pérdidas de 90.000 millones de dólares por sus inversiones en combustibles fósiles. Por ello se postula de repente como nuevo paladín del Pacto Verde Europeo (Geen New Deal) gracias a la ayuda de la Comisión Europea.

El impago de la deuda de las empresas de petróleo y gas en EE UU es un ejemplo flagrante de un sistema económico altamente financiarizado y un modelo empresarial basado en el endeudamiento a bajos tipos de interés. En el mundo, el volumen de la deuda de las empresas alcanzó un máximo histórico en términos reales de 13,5 billones de dólares a finales de 2019, impulsado por políticas monetarias. En todo este tiempo, la calidad general de la deuda corporativa se derrumbó, según un nuevo informe de la OCDE.

¿Cómo puede afectar la caída del precio del petróleo? 

El impacto de los “bajos” precios del petróleo se sentiría sobre todo en los EE UU. Lo que valida la estrategia saudí: el colapso de los precios por la sobreoferta eliminará a muchos productores estadounidenses del mercado, obligando a la Casa Blanca a contribuir al ajuste a la baja de la producción mundial.

¿Habrán conseguido Rusia y Arabia Saudí debilitar a la extracción estadounidense? ¿Se hundirá allí gran parte de la industria petrolera? ¿Se verá un diálogo global sobre la producción del petróleo y el precio como hace tiempo no se ha había visto? 

Según la Administración de Información Energética de EE UU (EIA), el país podría volver a convertirse en un importador neto de petróleo crudo y productos petrolíferos en el tercer trimestre de este año y continuar así hasta la mayor parte de 2021. Aunque unos precios “bajos” también podrían debilitar los regímenes autoritarios de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes lo que tendría secuelas para todo el Oriente Medio.

¿Cómo es la “nueva normalidad”?

El problema político que se nos plantea en el corto y medio plazo es el siguiente: a medida que la demanda mundial de petróleo se tropieza y sectores como el turismo o transporte aéreo sigan teniendo restricciones, las empresas ligadas a los combustibles fósiles pedirán la intervención del Estado. Como ya está ocurriendo con los rescates para los sectores vinculados al capitalismo fósil: compañías petroleras y automovilísticas, líneas aéreas, turismo, etc.

En EE UU se aprobó un paquete de estímulo económico de dos billones de dólares. De ellos 500.000 millones para salvar grandes corporaciones. La Reserva Federal ha anunciado que comprará deuda de empresas por 750.000 millones de dólares y existe el riesgo que una gran parte de todo este dinero beneficie a “Big Oil”. La UE también está dirigida por tecnócratas y gobiernos fuertemente capturados por los intereses que ponen el rescate de empresas contaminantes antes que el interés general. El Banco Central Europeo, por ejemplo, favorecerá a las grandes corporaciones, que son las que más han contribuido a la gran crisis socioambiental a la que se enfrenta el planeta, con su compra los bonos de deuda bajo el paraguas de la expansión cuantitativa (Quantitative Easing en inglés). 

¿Qué oportunidades alberga un declive energético?

Después de las crisis del precio del petróleo de la década de 1970 siguieron décadas en las que aumentó el consumo de petróleo, así que no podemos esperar ningún cambio progresista de esta caída del precio de petróleo. De hecho, desde la última crisis global hace diez años no se ha hecho casi nada para reducir la demanda de petróleo.

Las élites del poder económico y financiero intentarán aprovechar la situación actual para poner en práctica el conocido manual del capitalismo del desastre. Los gobiernos y muchos medios seguirán fingiendo que los fondos de "reconstrucción” en respuesta a la covid-19 servirán para recuperar el crecimiento a toda costa, cuando en realidad empeoran las perspectivas. Tipos de interés negativos fruto de enormes burbujas monetarias, rescates “trillonarios” con dinero público sin los mínimos criterios medioambientales o sociales —más bien lo contrario—, especuladores pagando porque no les entreguen las materias primas que han comprado, etcétera. Son tantas disfunciones que es inevitable buscar un sistema diferente antes de que el actual implosione. El reciente episodio de especulación financiera por un lado y de límites físicos por otro explica muy bien la necesidad de decrecer económicamente.

El desorden global refuerza los argumentos que se plantearon durante numerosas movilizaciones sociales. El covid-19, como detonante de una crisis global que viene de lejos, nos aporta nueva vida y urgencia a las luchas de larga data contra la globalización, desde las políticas de comercio e inversión hasta la especulación financiera, la agricultura industrial y la deuda externa, para reivindicar la protección de la vida como eje central de nuestras sociedades.

En definitiva, como sociedad tenemos la gran tarea de evitar que se vuelva a repetir la “salida” de la Gran Recesión que ha sostenido las tasas de beneficios de los grandes capitales a costa de incrementar la explotación de las mayorías sociales, y especialmente de las mujeres y las clases populares —rescates del capital financiero con ayudas públicas, recortes sociales y salariales, reformas laborales— y de la naturaleza.

Los movimientos por la justicia climática deben hacer la máxima presión para evitar estos rescates de la industria fósil y conseguir que todas las ayudas públicas por la covid-19 estén condicionadas a una profunda transformación socioambiental. 

Si se cumplen las previsiones y la demanda de carburantes se reduce este año en 9,3 millones de barriles al día respecto a 2019 esto sería bueno para el clima. Aun así, se seguirán quemando a diario cerca de 89 millones de barriles que emitirán unos 270 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera cada día. Además, el sector tiene previsto gastar otros 335.000 millones de dólares en nueva exploración y extracción de crudo. ¿No sería deseable dedicar este dinero a una transición energética justa? Si de verdad queremos frenar la emergencia climática y evitar nuevas pandemias, hay que dejar la mayor parte del petróleo —y gas, carbón y uranio— bajo tierra

En vez de salvar nuevamente a la industria petrolera, los gobiernos deberían aprobar planes para su cierre paulatino. Hay estudios señalando que la juventud apoyaría medidas en este sentido. 

Otra buena medidas sería prohibir la inversión en combustibles fósiles, como sugiere el informe "Banking on Climate Change" en el que se denuncia que 35 bancos —entre ellos BBVA y Santander— han financiado dicha industria con más de 2,7 billones de dólares en los cuatro años transcurridos desde el acuerdo climático de París de 2015. 

Preparémonos ante el colapso fosilista

Aunque cueste hacernos la idea, esta nueva crisis es la antesala del declive de la era fósil y en esta década se producirá una quiebra energética mucho más profunda. Los datos nos indican que no hay ninguna fuente energética alternativa que pueda sustituir el petróleo convencional y, muchos menos, el conjunto de los combustibles fósiles.

Tanto la emergencia sanitaria y climática son una oportunidad para impulsar cambios profundos. No sólo hay que invertir más en los servicios públicos y revertir las privatizaciones, también relocalizar las economías, reducir el consumo, volver a la planificación, regular y gravar fuertemente las corporaciones y actores financieros, e incluso expropiar sectores vitales, recortar el gasto militar y restituir nuestras deudas con el Sur global.  

Para garantizar una vida digna para todo el mundo, hay que redistribuir de arriba a abajo, tanto los ingresos como la riqueza. Y este proceso debe ir acompañado de una fuerte reducción y redistribución del tiempo de trabajo remunerado, y un reparto equitativo de los trabajos de cuidados. Hay que erradicar la pobreza como el factor más importante que crea miedo e incertidumbre. Por eso también necesitamos un impuesto a las rentas altas para financiar la renta básica.

27 abril 2020

Publicado enEconomía
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu

Hasta la llegada de Donald Trump al poder, la Casa Blanca reconocía Cisjordania como territorio palestino ocupado en el que debía crearse el futuro Estado de Palestina

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha afirmado este domingo estar "confiado" en poder anexionar partes de Cisjordania ocupada en dos meses, en el marco de la propuesta de paz de Estados Unidos, según ha indicado en un mensaje grabado para un grupo evangélico estadounidense.

"Hace tres meses, el plan de paz de (Donald) Trump reconoció el derecho de Israel sobre todo Judea y Samaria (Cisjordania) y el presidente Trump prometió reconocer la soberanía israelí sobre las comunidades judías allí y en el Valle del Jordán", ha recordado Netanyahu.

"Dentro de un par de meses –ha agregado– confío en que esa promesa será honrada y que podremos celebrar otro momento histórico en la historia del sionismo". Aunque el plan estadounidense popularmente conocido como el Acuerdo del Siglo sí prevé la anexión de las colonias en territorio cisjordano y coincide con muchas de las posiciones del Gobierno de Netanyahu, su texto no reconoce el derecho de Israel sobre toda Cisjordania.

Hasta la llegada de Donald Trump al poder, la Casa Blanca reconocía Cisjordania como territorio palestino ocupado, en el que debía crearse el futuro Estado de Palestina, y consideraba los asentamientos judíos en la zona como ilegítimos.

El mensaje de Netanyahu llega a menos de una semana de la firma de un acuerdo en Israel para un Ejecutivo de unidad entre Netanyahu y el centrista Beny Gantz, que denominaron "Gobierno de emergencia nacional" y que, durante los próximos seis meses, solo podrá tomar medidas vinculadas a la lucha contra el coronavirus y la anexión de territorios en Cisjordania.

La comunidad internacional ha reacionado con severidad en los últimos días al conocerse la voluntad de Israel de avanzar unilateralmente hacia la anexión de Cisjordania. Francia, el Reino Unido y Alemania fueron algunos de los países que cuestionaron la decisión, sumándose a las declaraciones del enviado de Naciones Unidas para Oriente Medio, Nickolay Mladenov, que la describió como "una creciente amenaza" para la paz en la región.

Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, advirtió también esta semana de los peligros que supondría la anexión, que dijo "constituiría una seria violación a la ley internacional", y reiteró la posición de la Unión Europea de no reconocer la soberanía de Israel sobre los territorios ocupados desde 1967.

Hanán Ashrawi, miembro del Comité Ejecutivo de la OLP, agradeció hoy las declaraciones de la comunidad internacional contra la anexión, aunque dijo también que "es momento de tomar medidas concretas y preventivas" para "restaurar la relevancia y efectividad de la responsabilidad internacional".

El pacto entre Netanyahu y Gantz, firmado el pasado lunes, estipula el 1 de julio de este año como la fecha en que se llevará la cuestión de la anexión de Cisjordania al Parlamento. Esta deberá contar también con el aval de Estados Unidos, que parece garantizado tras una declaración esta semana del secretario de Estado, Mike Pompeo, en apoyo al pacto mediante el cual se formará el nuevo Ejecutivo.

EFE - Jerusalén

26/04/2020 - 19:42h

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La caída del precio del petróleo afecta la aspiración releccionista de Donald Trump.Foto Ap

Las terapias esotéricas de Trump para lidiar con la pandemia lo tienen arrinconado. Pero no hay que subestimarlo cuando le quedan varios ases bajo la manga de aquí al 3 de noviembre (bit.ly/2VQOiuo).

Estrategas del Partido Republicano y el connotado politólogo Walter Russell Mead consideran que la “mejor apuesta de Trump para su relección es irse contra China ( on.wsj.com/3bDxrCb)”, al menos, de forma retórica.

Durante la guerra de precios entre su aliado Arabia Saudita (AS) y Rusia, las medidas contradictorias que tomó Trump –más bien, su yerno talmúdico Jared Kushner, quien maneja de manera ineficaz la triple agenda de: 1. AS/Medio Oriente, 2. México y 3. El combate al Covid-19, lo que resultó contraproducente y puso en agonía a la industria del petróleo/gas lutita (shale oil/gas) de Estados Unidos (EU), cuya viabilidad es sostenida con artificios por Wall Street (bit.ly/2yMahuY).

Los 38 votos electorales de Texas –segundo estado con el mayor PIB de EU, tras California–, sumados de la demografía mexicana, son demasiado importantes para descuidarlos sin rescatar a la industria del petróleo/gas lutita.

Se desprenden dos hipótesis: 1. La del célebre Scott Ritter (SR), que vislumbra una guerra de EU contra Irán para elevar el precio del barril a niveles donde sea viable la extracción del petróleo/gas lutita, entre 40 y 60 dólares el barril (bit.ly/3eQ9ucS); y 2. La de un servidor que contempla una teatral tensión paroxística sin llegar a la guerra.

SR, ex espía de los marines e inspector de la ONU en la guerra del Golfo, quien desmintió la posesión de "armas de destrucción masiva" de Irak, aduce que "en tiempo de la pandemia, EU se prepara para la guerra", cuando "la debilidad (sic) de Irán es gravemente exagerada".

Más allá de la vulgar "propaganda de guerra", SR comenta que "Irán está preparado para defenderse" y "cualquier movimiento de EU podría ser un pésimo cálculo con resultados devastadores".

SR refiere que el hoy secretario de Estado, Mike Pompeo, ex director de la CIA y "evangelista sionista" que defiende más los intereses de Israel que los de EU y Robert O’Brien, consejero de Seguridad Nacional, pugnan por una guerra contra Irán y su "cambio de régimen" cuando alucinan que las sanciones y la "máxima presión de EU" han desangrado al país persa.

Un operativo de EU contra las milicias chiítas en Irak, apoyadas por Teherán, pudiera ser el atractivo fatal para aniquilar a Irán.

En contraste, el comandante en Irak, Robert White, quien sí sabe de teatros de guerra, emitió una brutal advertencia para no desviarse de los objetivos primarios de EU en Irak (bit.ly/35gjd85).

A diferencia de los blufs de Trump y Pompeo, los iraníes aún no se emplean a fondo con sus nuevos misiles furtivos y sus novedades tecnológicas como su satélite militar Nur-1.

SR arguye que una nueva guerra de EU en Irak para atraer a Irán sería una "carnicería para todos" que, a mi juicio, el misticismo chiíta está dispuesto a tolerar, a diferencia de la sociedad hedonista de EU, que castigaría a Trump en las urnas funerarias y electorales.

Sólo bastaron las amenazas de Trump de represalias por un supuesto amago de embarcaciones iraníes en el Golfo Pérsico –que según la prensa iraní no existieron– para repuntar en 20 dólares el barril y romper su letal espiral, en medio de la hazaña tecnológica del país persa al irrumpir en la élite del Club Espacial de 10 países con la colocación en órbita de su satélite militar Nur-1 (bit.ly/2VVpbqE).

Ni a EU ni a Irán les conviene una guerra. Las posturas son prístinas: EU se encuentra a la ofensiva en el Golfo Pérsico, mientras Irán se ubica a la defensiva (bit.ly/2W0juYa).

A EU e Irán les conviene más una tensión paroxística de corte teatral/hollywoodense en el Golfo Pérsico para elevar geopolíticamente el precio del barril: uno de “los cinco precios del petróleo (bit.ly/3aEEU2C)”.

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