Colombia recupera las polémicas fumigaciones con glifosato contra los cultivos de coca

El Gobierno quiere volver a este método para erradicar la producción que, según la Oficina de Drogas de Estados Unidos, se estancó

 

 

A casi un año de mandato, con problemas en varios frentes internos y sin éxito en su cruzada para sacar a Nicolás Maduro de su cargo, el Gobierno de Iván Duque enfila su discurso al problema de las drogas en Colombia con un debate que promete ser álgido. Desde que Duque anunció la reactivación de las fumigaciones aéreas con glifosato, suspendidas desde 2015 como respuesta a un fallo de la Corte Constitucional colombiana, académicos y ambientalistas se han manifestado en contra por los riesgos que pudiera traer el uso de este herbicida potencialmente cancerígeno.

Colombia mantiene el deshonroso título de productor del 70% de la cocaína mundial. Y aunque la Oficina Nacional para las Políticas sobre el Control de Drogas (ONDCP, por sus siglas en inglés) de la Casa Blanca acaba de revelar que existe un “estancamiento”, no hay mucho que celebrar. De acuerdo con la ONDCP, durante el 2018 fueron detectadas 208.000 hectáreas, una reducción de apenas 0,5 % frente a las 209.000 hectáreas del 2017. Lo mismo ocurrió con la “producción potencial de cocaína pura”, que bajó apenas de 900 a 887 toneladas métricas puras en ese mismo período.

“Aunque el cultivo de coca en Colombia se mantuvo en niveles históricamente altos en 2018, fue el primer año (desde 2012) en que la cosecha no aumentó”, dijo el director de la ONDCP, Jim Carroll, a través de un comunicado. El Gobierno de Duque se lo adjudicó como un reconocimiento a su labor. Falta, sin embargo, conocer las cifras del Sistema de Monitoreo de Naciones Unidas, que se publicarían en julio.

Con ese panorama, Duque apuesta por una política antidroga fundada en dos ejes: la aspersión aérea con glifosato; y el prohibicionismo. Una doble apuesta que busca, por un lado, mantener tranquilo a Estados Unidos, que ha sido su aliado estratégico; y por el otro, estar en consonancia con su partido, el Centro Democrático, para el cual la problemática de drogas debe resolverse desde la prohibición.

Desde que Donald Trump dijo de Duque que “es un buen tipo, pero no ha hecho nada para solucionar el problema de las drogas”, se afianzó el fantasma de la descertificación, es decir, una sanción, y que es una decisión que tomará la Casa Blanca en septiembre próximo y que afectaría el acceso del país a créditos del Banco Mundial. Según Luis Felipe Cruz, investigador de la Línea de Política de Droga del centro de estudios Dejusticia, es en ese contexto internacional que se entiende la determinación de reanudar la aspersión aérea. “Pero también, en cuanto a política interna, esta decisión se lee como una apuesta por la mano dura, para mejorar los niveles de popularidad del presidente”.

Dudan de efectividad

Colombia fumiga cultivos ilícitos con glifosato desde 1984 y a pesar de esto la presencia de coca ha sido constante. La aspersión aérea con este herbicida se mantuvo hasta finales de 2015 cuando el gobierno de Juan Manuel Santos la interrumpió como respuesta a un fallo de la Corte Constitucional que apela al principio de precaución y ante las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que califican el glifosato como potencialmente cancerígeno.

Por eso, el debate sobre el uso de este agroquímico tiene al menos tres aristas: la salud, el medio ambiente y su efectividad para reducir los cultivos ilícitos, esta última puesta en duda por varios expertos.

En cuanto a sus efectos en la salud, el gobierno confía en que los estudios no son concluyentes y que, como señaló Duque, contemplarían “técnicas de aspersión con precisión para no producir efectos dañinos de las personas”. Para el Gobierno, la aspersión es la vía más rápida de derrotar la siembra de coca, pero las cifras indican que no existe una correlación de efectividad. El 2007 fue uno de los años de mayor fumigación, y a pesar de esto, las hectáreas llegaron a 150 mil. Por otro lado, el fallo de la Corte prohíbe que las aspersiones se hagan en zonas de reserva forestal o parques naturales, lugares donde los grupos armados han ubicado los cultivos. Una razón más para dudar de la efectividad de las fumigaciones aéreas.

Jerry McDermott, cofundador del centro de investigación de crimen organizado, InSight Crime, dice que las fumigaciones podrían atomizar los cultivos ; pero no tendrían un impacto a largo plazo y sí alimentarían el conflicto armado. “Históricamente, la fumigación aérea fue una de las mejores herramientas de reclutamiento de la guerrilla. Esto es grave porque hay jefes guerrilleros como Iván Márquez o El paisa, que en cualquier momento podrían salir del proceso de paz y si ellos salen y la fumigación regresa, nosotros creemos que hasta mil guerrilleros podrían irse con ellos”.

La aspersión aérea con glifosato no es el único método que ha utilizado Colombia para erradicar los cultivos ilícitos. Actualmente, el gobierno hace erradicación manual a través de auxiliares de policía y campesinos de bajos recursos contratados para retirar la mata de coca. Pero ante la presencia de minas en las zonas de cultivos, instaladas por grupos armados y disidencias, tan solo en 2018 murieron seis de estos erradicadores y otros 66 resultaron heridos.

Los otros mecanismos son la fumigación terrestre con glifosato; fumigación con drones a baja altura y el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos, que se creó durante los acuerdos de paz con las Farc y que involucra a cien mil familias campesinas que reciben subsidios para cambiar la coca por otros productos. Dejusticia le pide a Duque que refuerce este último para “incentivar el desarrollo rural”.

Pero el gobierno está decidido a la aspersión y se propone reiniciarla en 16 semanas. El debate promete ser largo y aún no es claro cómo se reactivarán las fumigaciones pues para hacerlo, Duque tendrá que demostrarle a la Corte que ha cumplido con seis protocolos exigidos que garanticen que no habrá riesgos sobre la salud y el medio ambiente.

Por Catalina Oquendo

Bogotá 29 JUN 2019 - 20:02 COT

Publicado enColombia
Marcelo Ebrard, ministro de Relaciones Exteriores de México, durante una conferencia de prensa en el Palacio Nacional en la Ciudad de México, junto a Andrés Manuel López Obrador / Foto: AFP, Alfredo Estrella

 

México desplegó esta semana unos 15 mil miembros de la Guardia Nacional en su frontera norte, que se suman a los cerca de 6 mil ya apostados en el sur. El objetivo: contentar a Donald Trump y su electorado antinmigrante. Al ritmo de las amenazas y las extorsiones de Washington, la legalidad humanista cede terreno a la noción de seguridad nacional. Nuevo estilo de negociación para la vieja empresa de control colonial.

 

El pasado 30 de mayo, cuando el presidente Donald Trump amenazó en un tuit a México con imponerles aranceles punitivos a todas sus exportaciones en un plazo de 11 días si no frenaba el éxodo de refugiados hacia Estados Unidos, las relaciones bilaterales entraron en la más grave crisis político‑diplomática desde los años ochenta.

En la coyuntura, el autócrata de la Casa Blanca necesitaba otra guerra. Inmerso en un conflicto global de tarifas y financiero con China, amenazó a India, a Turquía y a las 28 naciones de la Unión Europea; fintó con Corea del Norte, después con una invasión y un golpe de Estado en Venezuela, y luego el objetivo fue y sigue siendo Irán, al que amenazó con la aniquilación total. Como encontró resistencias, adelantó su campaña por la reelección y, abusando de la asimetría de poder, eligió a México como blanco de una guerrita económica espléndida a golpes de tuits, dislates verbales y amenazas mediáticas. Fabricó una crisis y obligó a su contraparte a sentarse a la mesa con una pistola en la cabeza. Es decir, utilizó una lógica de “negociación” mediante chantaje. Una guerra sin misiles, con aranceles punitivos virtuales, que, de concretarse, podrían destruir industrias y 900 mil puestos de trabajo del lado mexicano.

En rigor, la guerra de migrantes por aranceles fue política: el mitómano de la oficina oval necesitaba consolidar su imagen de supremacista blanco y xenófobo para exacerbar las actitudes chovinistas de su base electoral. Como en su campaña de 2015‑2016, México y los centroamericanos que huyen del horror y quieren ingresar a Estados Unidos vuelven a ser parte de la estrategia de la presidencia imperial y la extrema derecha en el poder; son consustanciales a la narrativa nativista fundacional de campaña del populista Trump, de cara a los comicios del 3 de noviembre de 2020.

MÉXICO, UN EXTRAÑO ENEMIGO.

Las razones esgrimidas para lanzar esa ofensiva coercitiva no fueron comerciales. Trump insistió en que el éxodo méxico‑centroamericano  a Estados Unidos constituye un problema de seguridad nacional. Justificó su guerra de aranceles contra México con base en la ley de poderes económicos de emergencia internacional (Ieepa, por sus siglas en inglés), que desde 1977 permite a los inquilinos de la Casa Blanca intervenir de manera extraordinaria en asuntos económicos en caso de una “amenaza internacional inusual y extraordinaria”. Es una ley que se aplica contra países considerados “enemigos”. Jimmy Carter la utilizó contra Irán cuando la crisis de los rehenes de la embajada de Estados Unidos en Teherán, en 1979. Se ha empleado contra Corea del Norte, Siria y Sudán, y varias órdenes ejecutivas de Trump para sancionar y desestabilizar a Venezuela han sido justificadas con base en la Ieepa.

Así, México pasó de aliado y socio comercial subordinado de Estados Unidos a país enemigo, que pone en riesgo la seguridad nacional de la superpotencia. Un exabrupto. Además, para imponer su agenda a los enviados del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington, Trump usó trampas de crupier de casino, donde la casa siempre gana. Lo que fue combinado con una estrategia de máxima presión: el viernes 7 de junio, durante una reunión de 12 horas en el tercer día consecutivo de “negociaciones”, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, y su comitiva fueron despojados de laptops, celulares y otros aparatos electrónicos, para evitar grabaciones secretas (que, por lógica, sí hicieron funcionarios del Departamento de Estado).

¿Resultado? México aceptó enviar 6 mil efectivos de la Guardia Nacional (en formación) a ejercer funciones de vigilancia, control y verificación migratoria en la frontera de 240 quilómetros con Guatemala; criminalizar y perseguir a quienes huyen del terror y buscan asilo o refugio, y acelerar la instrumentación del programa Remain in Mexico (Quedate en México) para combatir los flujos migratorios (lo que viola la ley de asilo estadounidense y el principio de la no devolución), con la condición de que si en 45 días estos no decrecen de manera significativa, el “tercer país seguro” regresa a la mesa junto con la imposición de aranceles punitivos.

En el corto plazo, Trump –a la cabeza de un Estado canalla (rogue state), que no se considera obligado a actuar de acuerdo con las normas internacionales– coaccionó a México para que hiciera el trabajo sucio al interior de sus fronteras. Y ahora, el eslabón más débil de la relación tiene una presión migratoria en forma de pinza: en la frontera norte con Estados Unidos, por la devolución de unos 60 mil centroamericanos, que deberán esperar en México mientras se tramita su asilo en tribunales estadounidenses, y, en la frontera sur, por el ingreso de unos 100 mil refugiados guatemaltecos.

Trump pretende un Acuerdo de Tercer País Seguro (Atps) con México, para que resuelva su ineficiente y lento sistema de asilo –que, como ha sido documentado, incluye virtuales campos de concentración para niños, niñas y mujeres–, ante la falta de republicanos y demócratas para reformarlo. Se estima que 80 por ciento de los casos de asilo son negados después de un año o más de espera. Estados Unidos está negociando un Atps con Guatemala, para crear de jure un cerco jurídico internacional que lo aísle del éxodo de refugiados centroamericanos. México es la otra pieza clave.

Pero no deja de ser contradictorio que Estados Unidos nombre a México como tercer “país seguro” (véase Brecha, 14‑VI‑19), cuando el propio Trump considera la frontera sur del imperio como una de las más peligrosas del mundo. Al respecto, cabe consignar que la migración no es la única carta que tiene Trump. En abril pasado difundió una serie de tuits en los que decía que estaba buscando una sanción económica para “los 500.000 millones de dólares en drogas ilegales que son enviadas y contrabandeadas a través de México” por la frontera sur de Estados Unidos. Dio un año para revertir esa situación. A mediados de junio volvió a insistir en que 90 por ciento de la droga que ingresa a Estados Unidos lo hace desde México y que en 2018 hubo 60 mil muertos por sobredosis de opiáceos, de los cuales 15 mil fallecieron por sobredosis de heroína o sus derivados ingresados desde México.

 No queda duda de que la política de estilo macartista de Trump pegó en la línea de flotación del discurso humanista de Andrés Manuel López Obrador. Y aunque, como reveló The New York Times, el acuerdo migratorio del 7 de junio contiene acciones que México ya había aceptado previamente, resulta evidente que el gobierno mexicano expandió y aceleró su ejecución con un despliegue de personal y equipo sin precedentes en la zona sur del país, en particular en la porosa, desordenada y violenta frontera con Guatemala, donde para los lugareños, a ambos lados de una línea divisoria surcada de aldeas, ejidos y caseríos, el Estado es un concepto difuso.

MIGRACIÓN, REFUGIO, DERECHOS HUMANOS Y TERRITORIOS.

La migración es un derecho humano reconocido en el derecho internacional. A su vez, el derecho internacional de refugiados se rige por la Convención de 1953 de la Organización de las Naciones Unidas, que aplica dicho estatus a toda persona que tenga “un temor fundado por su vida”, debido, principalmente, a la persecución de orden político, étnico, racial o religioso. Otras motivaciones para tipificar la condición de refugiado, recogidas en la Declaración de Cartagena de 1984, son la violencia generalizada, la hambruna, el cambio climático y la violencia intrafamiliar, preceptos que fueron incorporados por México en la nueva ley de refugiados de 2011. A su vez, según el artículo 2 de la ley de migración mexicana, “en ningún caso una situación migratoria irregular preconfigurará por sí misma la comisión de un delito”.

No obstante, las acciones ordenadas por López Obrador indican una visión de migración basada en una noción de seguridad nacional. Es decir, una política migratoria de corte militar, punitiva y violatoria de derechos humanos. Según Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados y correligionario de Amlo, con su “nativismo histérico” Trump logró “desplazar el muro de la frontera norte (de México) hasta Chiapas y utilizar a la Guardia Nacional como border patrol. Y agregó: (Trump) quisiera exhibir a nuestro país como una jaula frente al electorado estadounidense”.

En ese contexto, López Obrador considera que el fenómeno migratorio responde a carencias materiales y a la inseguridad en regiones marginadas de México y Centroamérica. Cierto. Pero nunca dice que la pobreza, la marginación y la violencia extrema –delincuencial y estatal– son generadas por el sistema capitalista, clasista y expoliador. Un capitalismo criminal y militarizado, que en el marco de políticas de “libre comercio” (¡vaya eufemismo de ocasión!) convirtió a México, Guatemala, El Salvador y Honduras en países extractivistas y maquiladores, que de manera masiva expulsan seres humanos de sus territorios.

Los territorios son el centro estratégico de la competencia mundial (doctrina Monroe 2.0) y las relaciones de poder. La historia de la colonización es a la vez la del reparto de territorios. No obstante, el colonialismo actual ocurre también mediante un adoctrinamiento integral neosocialdarwinista y el sometimiento violento de quienes oponen resistencia; abarca tanto los territorios como los sentidos o las percepciones y las construcciones semióticas y culturales. México y Centroamérica son parte de los territorios de las guerras interimperialistas, de las guerras por territorios, bienes naturales, mercados y mano de obra barata. Y para la guerra se necesita soldados, marinos y guardias nacionales militarizadas, y, más importante aun, ganar “las mentes y los corazones” mediante la guerra psicológica.

ÉMULO DE AL CAPONE EN LA CASA BLANCA.

Según el Financial Times, críticos estadounidenses de Donald Trump lo comparan a menudo con un gángster. El propio ex jefe del Fbi James Comey, despedido por Trump, dijo que su trato con él le recordó su empleo anterior “como fiscal antimafia”. Y en verdad los gestos y el estilo gansteril de Trump recuerdan a los personajes de El padrino y Los Soprano. En particular, su tendencia a tratar las alianzas como una forma de estafa de protección: pagás o dejo de proteger el vecindario. Pero también su forma de conducir la política exterior, con énfasis en las relaciones personales y una disposición a cambiar de manera repentina de las palabras cálidas a las amenazas, y viceversa.

¿Un ejemplo? Ante las amenazas del don de la Casa Blanca, el 17 de junio México ya había sellado su frontera con Guatemala con la Guardia Nacional. Tres días después, durante una entrevista con Telemundo, Trump dijo que López Obrador “le gusta” y quisiera reunirse con él. Interrogado sobre si consideraba a México un país aliado o enemigo, riéndose, respondió: “Esta semana lo considero amigo”. Negó que México haga el “trabajo sucio” y añadió que “han estado haciendo un trabajo excelente”. “Firmamos un acuerdo hace una semana y media, colocaron 6 mil efectivos en la frontera sur… Hasta ahora están haciendo un buen trabajo. Si no hubiera sido así, hubiéramos impuesto sanciones.”

Dicho eso, y apenas a dos semanas de haber alcanzado un acuerdo migratorio preliminar con México, filtraciones anónimas del Departamento de Seguridad Nacional reproducidas en medios estadounidenses dieron cuenta de la próxima puesta en marcha de un operativo (“megarredadas” lo llamaron) para deportar a familias completas de migrantes que residen en las principales ciudades del país. Para complacer a sus bases retrógradas, Trump amenazó con una nueva cacería antinmigrante. Mientras tanto, a López Obrador le está corriendo su tiempo de gracia. Y si algo exhibe la coyuntura, son los nexos del padrino Donald Trump con los magnates (robber barons), los banqueros de Wall Street y el Estado profundo, dominado por los servicios de inteligencia y el Pentágono. Por lo que, por donde se las mire, en el largo camino hacia las elecciones de noviembre de 2020 en Estados Unidos, las relaciones entre Trump y López Obrador estarán llenas de sobresaltos y no terminarán bien.

Por Carlos Fazio

27 junio, 2019

Publicado enInternacional
Cómo Israel planea concretar su anexión de Cisjordania

En la mayor parte de la Cisjordania ocupada ya hay una situación de anexión de facto. Casi dos tercios del territorio palestino, incluyendo la mayoría de sus tierras más fértiles y ricas en recursos, están bajo completo control de Israel. Cerca de 400 mil colonos judíos que viven allí disfrutan la totalidad de los derechos y privilegios de los ciudadanos israelíes.

 

Al menos 60 dispositivos legales ya fueron preparadas por miembros de derecha del parlamento de Israel durante la última legislatura para pasar de un estado de anexión de facto a uno de jure, de acuerdo a la base de datos de Yesh Din, un grupo israelí de derechos humanos. Yesh Din apunta que el solo hecho de que algunos de estos borradores hayan sido presentados como leyes constituye una forma de anexión: “el parlamento de Israel se considera (ahora) a sí mismo como la autoridad legislativa y el soberano de Cisjordania”.

Paradójicamente, el primer ministro, Biniamin Netaniahu, se opuso a muchos de esos proyectos de ley, aunque fueron redactados por su propia coalición de gobierno. Netaniahu argumentó que sería equivocado adelantarse al proceso de paz del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que de por sí implica que la anexión es una prioridad en la agenda. Detalles filtrados sugieren que Washington se prepara a dar luz verde a la anexión formal de al menos un trozo de ese territorio como parte de su acuerdo, aunque las dificultades políticas de Netaniahu y su decisión de convocar otra elección en setiembre podrían poner otra vez algunos detalles en el freezer.

EL ANTECEDENTE DEL GOLÁN.

Tres acontecimientos recientes también han puesto sobre la mesa la anexión de parte o de toda Cisjordania por Israel. En marzo, el presidente de Estados Unidos reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, capturados a Siria durante la guerra de 1967 y anexados a Israel en 1981 violando el derecho internacional. Esa decisión de Estados Unidos sugiere un precedente de cómo podría aprobarse la anexión de Cisjordania.

En abril, en la previa a las elecciones generales israelíes, Netaniahu dijo que usaría la próxima legislatura para “extender la soberanía” a todos los asentamientos judíos en Cisjordania. “Extender la soberanía” es una expresión que los políticos israelíes prefieren a la palabra “anexión”. Cerca de 400 mil colonos viven en ese territorio en 150 asentamientos oficiales y en otros 120 puestos de avanzada “no autorizados” que han sido patrocinados de manera encubierta por el Estado israelí desde la década del 90. Estos asentamientos tienen jurisdicción sobre un 42 por ciento del territorio de Cisjordania.

A comienzos de junio el embajador estadounidense en Israel, David Friedman, un partidario incondicional de los asentamientos y uno de los arquitectos del supuesto “acuerdo del siglo” de Trump, dijo a The New York Times que para él Israel estaba “del lado de Dios”, y agregó: “Bajo ciertas circunstancias, pienso que Israel tiene el derecho de retener parte –aunque es poco probable que la totalidad– de Cisjordania”.

CRECE EL APOYO EN ISRAEL.

En Israel el apoyo a la anexión está creciendo. En una encuesta reciente se detectó un 42 por ciento a favor de distintas opciones de esta, en oposición al 34 por ciento que respalda una solución de dos estados. Sólo un 28 por ciento de los israelíes rechaza la anexión explícitamente.

Tras bambalinas, los debates sobre anexar formalmente los territorios palestinos abundan en Israel desde que este país ocupó Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza en 1967. Los sucesivos gobiernos israelíes, sin embargo, han puesto objeciones a una decisión de ese tipo, en vista de que habría fuertes objeciones internacionales (la mayoría de los miembros de la Onu se opondría a la anexión de un territorio que el derecho internacional reconoce como ocupado de forma ilegal), y que Israel se vería presionado a darles la ciudadanía a los palestinos de las áreas anexadas, incluyendo el derecho a votar, lo que minaría su mayoría judía.

Veteranos de la alta política israelí, como Moshe Dayan e Yigal Allon, estuvieron entre los primeros en proponer la anexión de partes de Cisjordania. Proyectaron mapas para un programa de asentamiento permanente que permitiría a Israel quedarse con porciones de Cisjordania, en especial con las tierras más fértiles y los acuíferos. Desde fines de los setenta y durante los ochenta una funcionaria del Ministerio de Justicia, Plia Albeck, declaró “tierra estatal” extensas áreas de Cisjordania, lo que permitió que el gobierno las trate como partes de Israel y que se construyan asentamientos allí.

MULTAS DE TRÁNSITO Y COMISARÍAS.

Israel no sólo ha aplicado sus leyes sobre los colonos, sino que docenas de delegaciones policiales ubicadas en Cisjordania operan como si el territorio ya hubiera sido anexado, cobrando multas de tránsito y controlando otras infracciones de los palestinos. En materia legal, el último recurso para los palestinos es la Suprema Corte de Israel. En 2011 esa corte decidió que Israel tenía permitido explotar más de una docena de canteras, uno de los recursos clave de los palestinos, en el entendido de que la ocupación se había convertido en “prolongada”. Evidentemente fue una sentencia que trató a Cisjordania como si hubiera sido anexada de facto.

Desde los acuerdos de Oslo los líderes israelíes tienden a comprometerse de la boca para afuera con la creación de un Estado palestino, que surgiría en algún futuro lejano. Pero en la práctica han alentado la rápida expansión de los asentamientos. Esta política es a veces denominada “anexión progresiva”. La derecha israelí ha propuesto un número de variantes, desde la anexión de todos los territorios palestinos, incluida Gaza, hasta una anexión limitada a ciertas áreas de Cisjordania.

CÓMO OSLO DIO EL CONTROL A ISRAEL.

El principal marco para el debate israelí sobre la anexión es el proceso de paz de Oslo, que dividió temporalmente la Cisjordania ocupada en las áreas A, B y C, como preludio –se consideró– a una eventual transferencia de soberanía a la Autoridad Palestina. El área C, 62 por ciento de Cisjordania, está bajo completo control israelí y es donde están ubicados los asentamientos. Es también donde se encuentra la mayoría de los recursos hídricos, agrícolas y minerales. El área B, un 20 por ciento, está bajo control de la seguridad israelí, mientras las autoridades civiles son palestinas. Y el área A (más que nada espacios palestinos edificados en el 18 por ciento de Cisjordania) está, nominalmente, bajo completo control palestino.

La opción preferida por la mayoría del Likud de Netaniahu es la anexión de las áreas pobladas con colonos, alrededor de un 40 por ciento de Cisjordania, en su mayoría territorios localizados en el área C. Esta opción mantendría a los palestinos de Cisjordania fuera de las áreas anexadas y haría más fácil evitar tener que darles cualquier derecho de residencia o ciudadanía. La Autoridad Palestina tendría “autonomía limitada” –una suerte de rol municipal glorificado– sobre los restantes fragmentos de Cisjordania.

A la derecha del Likud las opiniones varían desde anexar toda el área C hasta incluir toda Cisjordania y la Franja de Gaza, hasta la creación de bantustanes palestinos a la manera del sistema de apartheid de Sudáfrica. Algunos proponen un método según el cual Israel iría incorporando gradualmente “rebanadas” de Cisjordania.

La centroizquierda israelí teme que la anexión formal no sólo violará el derecho internacional, sino que además dañará la imagen de Israel en el exterior, al alentar comparaciones con la Sudáfrica del apartheid. En ausencia de un Estado palestino, una minoría judía podría pronto gobernar sobre una mayoría de palestinos. Este sector del espectro político israelí también está preocupado por los costos de la anexión. Comandantes por la Seguridad de Israel, un grupo de oficiales de seguridad retirados, argumenta que la anexión conducirá al inevitable colapso de la Autoridad Palestina. Como resultado, cree que Israel incurriría en costos anuales de entre 2.300 y 14.500 millones de dólares, dependiendo de la extensión del área anexada. También habría una pérdida de 2.500 millones de dólares en inversiones extranjeras. Los levantamientos palestinos podrían costarle hasta 21.000 millones de dólares a la economía de Israel.

Economistas de derecha, como Amatzia Samkai, del Caucus por Eretz Israel, dicen, sin embargo, que su país se beneficiará económicamente. Si se anexa el área C, sólo un pequeño número de palestinos tendrá derecho a políticas sociales israelíes, afirma Samkai. Las pérdidas, agrega, pueden ser más que compensadas por una fuerza laboral ampliada y una caída en los costos inmobiliarios luego de que Cisjordania quede disponible para la industria de la construcción israelí.

por Jonathan Cook. Periodista independiente británico, residente en Nazaret y autor de varios libros sobre el conflicto israelí-palestino. Publicado por Middle East Eye el 18-VI-19. Brecha publica fragmentos (titulación también de Brecha).

27 junio, 2019

 

 

Publicado enInternacional
La guerra comercial entre China y EE UU acapara el G20

Según el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, "ya tenemos cerca del 90% del camino" hacia un acuerdo comercial entre las dos potencias

 

 

Las banderolas ya están colgadas en el aeropuerto de Osaka, en Japón. Las azafatas esperan, sonrientes. El aparato de seguridad ya está desplegado. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido el primero en llegar. Todo está preparado para la 14 cumbre del G20, las economías que agrupan el 85% de la riqueza mundial. Un evento que, según el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, será “muy importante”. Pero cuyo acto principal, en el que estarán puestas todas las miradas, será una reunión fuera de programa: la que celebren los presidentes de EE UU, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, para tratar de solventar una guerra comercial y tecnológica mutua que amenaza con arrastrar a toda la economía global.

Según ha declarado Mnuchin en una entrevista con la cadena de televisión CNBC este miércoles, dos días antes del pistoletazo oficial para la cumbre, “ya tenemos cerca del 90% del camino” hacia un posible acuerdo entre Washington y Pekín “y creo que hay una vía para completarlo”. “El mensaje que queremos oír es que ellos quieren regresar a la mesa de negociaciones y seguir. Creo que se nos presenta un buen resultado para su economía y la nuestra para conseguir un comercio equilibrado y seguir desarrollando esta relación”, ha dicho Mnuchin.

Las palabras de Mnuchin —uno de los principales negociadores en las conversaciones que se quebraron en mayo pasado, cuando todo parecía apuntar a un acuerdo entre las dos potencias, por desacuerdos fundamentales entre las dos capitales— abren un nuevo optimismo sobre la posibilidad de que los dos presidentes puedan llegar a algún tipo de entente cordial en Osaka. Ambos tienen prevista una reunión, confirmada por ambos gobiernos y la primera en más de seis meses. Probablemente ocurra el sábado, una vez hayan concluido las reuniones multilaterales.

En los últimos días, y después de casi dos meses de deterioro continuo en la relación, han resurgido las señales para el optimismo. Habían pasado casi ocho semanas en que Washington acusaba a Pekín de haber renegado de compromisos ya acordados para reformar sus leyes y permitir la competencia en igualdad de condiciones en el mercado chino. El Gobierno de Xi Jinping, por su parte, acusaba a Washington de acoso y de exigir términos que ponían en riesgo su soberanía nacional.

Pero los dos presidentes conversaron por teléfono la semana pasada, en un indicio de que ninguno de los dos países quiere ver un deterioro mayor de las relaciones al que ya han sufrido. Los negociadores jefes de las dos capitales, el vice primer ministro chino Liu He, Mnuchin y el representante de comercio exterior de EE UU, Robert Lighthizer, han conversado por teléfono esta misma semana.

A Trump no le conviene mantener una pelea prolongada con Pekín, ahora que ha lanzado su campaña para la reelección en los comicios del año próximo. Después de que en mayo los dos países elevaran sus aranceles mutuos, por 200.000 millones de dólares en el caso de EE. UU. y por 60.000 en el de China, el sector agrícola y los Estados tradicionalmente votantes republicanos han comenzado a sentir los efectos. Las encuestas no van todo lo bien que el antiguo magnate de la construcción esperaba. Y se siente apremiado, especialmente con otros frentes no solo abiertos, como los de Siria o Corea del Norte, sino en carne viva, como el de Irán.

Xi, por su parte, tampoco, necesita ahora un enfrentamiento comercial o tecnológico que pueda afectar a la buena marcha de su economía o a la creación de empleo. Según indicó en la conversación con Trump la semana pasada, citada por la agencia oficial china Xinhua, “la cooperación es algo que interesa tanto a China como a EE UU, mientras que la confrontación nos perjudica a los dos”.

Ninguna de las partes quiere hacer gestos demasiado sustanciales. Ni Trump aparecer como blando hacia China ante su electorado, ni Xi perder la cara ante Washington tras haber caracterizado la ruptura de las conversaciones como un paso necesario para defender su soberanía.

China, por boca del viceministro de Comercio Wang Shouwen, expresó este lunes en una rueda de prensa en Pekín su intención de hacer concesiones —no ha especificado cuáles— siempre y cuando se vean correspondidas.

El influyente blog Notas de Taoran, del periódico China Economy Daily y disponible en la red social Weixin, insiste en que “algunas personas” en EE UU no entienden la determinación de China a mantener su posición. “Si la parte estadounidense no cambia su manera de pensar y sus métodos, entonces todo lo que ocurrirá en los asuntos comerciales entre EE UU y China será que continuará el intercambio de puntos de vista y el mantenimiento de las posiciones, y no se lograrán progresos”.

Pese al optimismo de Mnuchin, la mayoría de los analistas considera como resultado más probable que Xi y Trump no cierren un acuerdo y se limiten a pactar una mera tregua, similar a la adoptada en la cumbre anterior del G20 en Buenos Aires, cuando acordaron un plazo de tres meses para negociar antes de imponerse nuevos aranceles mutuamente.

Según el presidente del Consejo Empresarial China-EE UU, Craig Allen, “el problema es que no hay tiempo suficiente para tratar un acuerdo completo, más bien solo para tratar sobre los próximos pasos a dar sobre cómo, cuándo, dónde y por qué volver a la mesa de negociaciones”.

Sí es posible, quizá, que los dos líderes lleguen a algún acuerdo sobre Huawei, la joya de la corona tecnológica china y a la que Washington amenaza con embargar su tecnología a partir del 19 de agosto por razones de seguridad nacional.

Una repetición de Buenos Aires sería lo más probable, apunta Matthew Goodman, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (Csis, en sus siglas en inglés) en Washington. “Los dos líderes se reunieron, acordaron que tenían que retomar algún tipo de conversaciones comerciales y encargaron a sus ministros de Comercio que presentaran un acuerdo en un cierto plazo de tiempo”.

Acuerden lo que acuerden, “no resolverá los problemas inmediatos”, cree Goodman. Tampoco los de fondo. Son demasiado amplias las “profundas diferencias estructurales”. Aunque, si no cosas más tangibles, las dos partes sí ganarán algo que quieren: tiempo.

 

Por Macarena Vidal Liy

Osaka (Japón) 27 JUN 2019 - 03:59 COT

Publicado enInternacional
¿Cambiará el mundo acéfalo en Osaka: del G-20 al G-2 o al G-3 o al G-4 o al G-0?

La cumbre del disfuncional G-20 en Osaka será histórica, más que por las medidas que se adopten o no en su seno, por las cumbres separadas que se sostendrán al margen y que es probable imprimirán el sello del nuevo orden multipolar.

 

Japón se desvivirá para lubricar su cumbre con dos temas trascendentales que le importan un comino al unilateralismo proteccionista de Trump: el cambio climático y el manejo de los desechos de plástico.

 

El G-20 cada vez más disfuncional, debido a su estructura de corte economicista, fue producto a nivel cupular de la grave crisis de 2008 después de la quiebra de Lehman Brothers.

 

Ahora el G-20 sirve como "punto de contacto" de las potencias del Olimpo que se reúnen al margen, como será el caso de dos cumbres bilaterales de alto nivel: la del mandarín Xi con Trump; y la de éste con el zar Vlady Putin.

 

Si solamente la cumbre de Osaka procura la reunión de Trump con sus homólogos de China y Rusia –que podrá tener resultados espectaculares o también desembocar en rotundos fracasos, como tiene acostumbrado al mundo el presidente número 45 de EU–, entonces habrá valido la pena.

 

Llamará profundamente la atención la cumbre trilateral del corazón euroasiático del RIC (Rusia/India/China) que fue acordada en la reciente cumbre del Grupo de Shanghái en Bishkek (Kirguistán), nulamente publicitada en "Occidente". ¡Obviously!

 

La cumbre trilateral del RIC va más allá del bloque pentapartita alicaído de los BRICS: cuando tanto Brasil – a fortiori, en la fase fascistoide del "evangelismo sionista" de Bolsonaro y su santa alianza con Netanyahu– (https://bit.ly/2COnHG5) como Sudáfrica padecen estragos de toda índole.

 

El RIC se topará ante una ineludible bifurcación: se consolida para confrontar la soledad infatuada de Trump o comparten sus respectivas esferas de influencia con EU para crear un G-4 como eje fundacional del nuevo orden mundial.

 

Dada la evolución de las cosas y la coyuntura, suena difícil la implantación de las tres variables bipolares: un G-2 de EU y China, como deseaba Brzezinski; otro G-2 de EU y Rusia, como anhela(ba) Kissinger; y la realidad actualizada de un G-2 de Rusia y China para confrontar el irredentismo de EU, que no solamente es atribuible a Trump, sino que se manifestó a plenitud con Obama.

 

La "estabilidad estratégica" del planeta ha dependido del triángulo conformado por EU/Rusia/China que sería loable se asentase en un Nuevo Orden Tripolar, pese a que las relaciones de EU, en su fase trumpiana, tanto con Rusia como con China, se encuentran a su más bajo nivel.

 

Joshua Walker, colaborador de Japan Times y de la consultoría Eurasia Group (de fuertes vínculos con el mega-especulador George Soros) invita a observar tres reuniones en la cumbre del G-20: 1. La de Trump y Xi; 2. La de Trump y Putin; y 3. La de Trump y Erdogan (https://bit.ly/2FrArne). Esta última, sin duda, es relevante, dado que el sultán neo-otomano, quien acaba de perder la elección en Estambul (la ciudad más importante de Turquía en términos poblacionales y económicos), pese a su pertenencia a la OTAN, negocia comprar el avanzado sistema misilístico ruso S-400, lo cual ha enfurecido a Trump y al Pentágono.

 

La cumbre de Erdogan y Trump no es tan relevante como la de éste con el mandarín Xi y el zar Putin para conformar la estructura del nuevo orden mundial del siglo XXI.

 

En forma anómala, Joshua Walker no toma en cuenta la reunión de Trump y Narendra Modi de India y menos la cumbre trilateral del RIC que puede constituir el andamiaje de un nuevo orden mundial en el que sería mejor incorporar a EU en un G-4.

 

El proteccionismo unilateral y el aislacionismo del supremacismo trumpiano de America First and the Rest of the World Last (EU Primero y el Resto del Mundo al Final) paradójicamente conduce al mundo a compartamentalizaciones y regionalismos, por lo que, dada la dinámica de los eventos, no sería descabellado vislumbrar un G-4 entre el RIC y EU que corre el riesgo de quedar confinado a su neo-monroismo neo-pinochetista en el continente americano.

 

¿Dónde quedará la Unión Europea? ¿ Chi lo sa?

 

AlfredoJalife.com

 

Twitter: @AlfredoJalifeR_

 

Facebook: AlfredoJalife

 

Vk: id254048037

 

Publicado enInternacional
Estados Unidos aumenta la presión contra Irán

Trump describió las sanciones como una respuesta fuerte y proporcionada a los actos de Irán que calificó como provocativos, como el derribo de un dron.

 

El presidente estadounidense, Donald Trump, impuso ayer sanciones contra el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y la cúpula militar del país. Además, Estados Unidos planea sancionar esta semana al ministro de Exteriores iraní, Mohamad Yavad Zarif, una figura clave en la negociación y el impulsor del acuerdo nuclear de 2015, adelantó el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin. Washington aumenta así la presión contra la República Islámica, a quien ya amenazó con destruir si busca la guerra. 

 “Las sanciones negarán al líder supremo, su oficina y a aquellos más cercanos a él el acceso a recursos financieros clave”, prometió Trump. “Esta medida responde a una serie de comportamientos agresivos del régimen iraní en las últimas semanas, incluido el derribo de un dron estadounidense el pasado jueves”, afirmó el mandatario. “El líder supremo de Irán es el responsable último de la conducta hostil del régimen. En su país lo respetan, y su oficina supervisa los instrumentos más brutales del régimen, incluidos los Guardianes de la Revolución”, subrayó. Este cuerpo es la organización militar más grande del país.

No obstante, Trump reiteró que le encantaría poder negociar con Jamenei para rebajar las tensiones bilaterales, una oferta que el líder supremo iraní ha rechazado hasta ahora. “Jamenei tiene el potencial de tener un gran país, y pronto, muy pronto (si negocia con Estados Unidos)”, subrayó. El gobierno iraní no está tan seguro, sin embargo, de que la oferta del mandatario estadounidense sea sincera. El embajador permanente de Irán en la ONU, Majid Takht-Ravanchi, aseguró ayer que su Gobierno no puede entablar un diálogo directo con Estados Unidos mientras su país está siendo amenazado. “Nadie puede aceptar un diálogo con alguien que te está amenazando con más sanciones”, dijo Ravanchi en paralelo a la reunión que el Consejo de Seguridad llevaba a cabo para abordar la situación de Irán. “Mientras dicha amenaza exista, Estados Unidos e Irán no empezarán un diálogo”, ahondó.

Trump describió las sanciones como una respuesta fuerte y proporcionada a los actos de Irán que calificó como provocativos, días después de asegurar que frenó en el último momento un ataque selectivo al país persa por considerar que no habría sido proporcionado respecto al derribo de un dron (avión no tripulado) estadounidense en el golfo Pérsico. Sin embargo, al ser preguntado por si las sanciones son una represalia por ese hecho, Trump replicó: “Esto es algo que iba a pasar de todas formas”. Mnuchin precisó después que las sanciones a Jamenei ya estaban preparándose de forma previa al incidente con el avión no tripulado, pero dijo que ese suceso –y los recientes ataques a cargueros en el golfo Pérsico– sí motivaron algunas de las medidas anunciadas ayer por el Departamento del Tesoro. 

El ministro de Exteriores iraní, a quien el Tesoro incorporó en su lista negra, afirmó ayer que las personas cercanas a Trump están sedientos de guerra. “Donald Trump tiene 100 por ciento de razón respecto a que el ejército de Estados Unidos no tiene nada que hacer en el golfo Pérsico, la retirada de las fuerzas estadounidenses (de la zona) está totalmente en línea de los intereses de Estados Unidos y el mundo”, dijo Zarif, en un mensaje publicado en su cuenta de la red social Twitter. “Pero ahora está claro que el Equipo B no está preocupado por los intereses de Estados Unidos. Ellos desprecian la diplomacia y están sedientos por una guerra”, agregó. Como “equipo B”, el canciller se refiere al asesor de seguridad nacional estadounidense, John Bolton; al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman. El domingo, Zarif en otro tuit, había señalado que el “equipo B” casi conduce al presidente estadounidense, Donald Trump, a desatar una guerra.

Además del líder supremo, también se impusieron ayer restricciones financieras a ocho comandantes iraníes, entre ellos el de la Fuerza Naval del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución, Ali Reza Tangsirí, quien lidera, según se indica en un comunicado del Tesoro, la estructura responsable del sabotaje de barcos en aguas internacionales. Las sanciones también afectan a Amirali Hayizadeh, comandante de la división aeroespacial de los Guardianes de la Revolución iraní, “cuya burocracia fue responsable del derribo” del dron de Estados Unidos, y a Mohamad Pakpur, comandante de la fuerza terrestre de ese cuerpo de elite, por sus acciones en Siria, según los argumentos del Tesoro. Además, quedan sujetos a las restricciones los comandantes de los cinco distritos navales de la Armada de los Guardianes de la Revolución responsables de las operaciones navales en provincias costeras como Bushehr, adyacentes al estrecho de Ormuz, entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico, donde se produjeron los recientes incidentes.

La tensión entre Washington y Teherán, sin relaciones diplomáticas desde 1980, se intensificó el jueves pasado con la destrucción de un avión no tripulado estadounidense por un misil iraní en el Golfo. En medio de este clima de tensión, Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos exhortaron a soluciones diplomáticas para reducir la espiral con Irán. Rusia, aliado de Teherán, por su parte, calificó de ilegales las sanciones firmadas por Trump.

Publicado enInternacional
Martes, 25 Junio 2019 06:38

El plan de los millonarios

Palestinos queman una figura con la bandera de Israel y la imagen del rey de Baréin en Hebron, Cisjordania.

 

La pequeña isla de Baréin se convertirá a partir de hoy en espacio de promoción del proyecto de inversiones de Estados Unidos para Palestina, una iniciativa que forma parte de su “acuerdo del siglo” para el conflicto palestino-israelí, pero que no tendrá representación institucional de ninguno de ellos. Dirigido por el yerno y consejero del presidente estadounidense Donald Trump, Jared Kushner, este encuentro bautizado “De la paz a la prosperidad” es el capítulo económico de un plan para resolver el conflicto entre israelíes y palestinos, cuya presentación fue aplazada varias veces. La reunión arrancará esta noche con una cena en un lujoso hotel en Baréin que, como otros Estados árabes del Golfo, empieza a hacer causa común con Israel debido a su compartida hostilidad por Irán. La administración estadounidense busca movilizar más de 50.000 millones de dólares para los palestinos para grandes proyectos de infraestructuras, educación, turismo y comercio.

Los ministros de Finanzas de los países árabes del Golfo, el secretario estadounidense del Tesoro, Steven Mnuchin, y la directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, figuran entre los invitados. La Autoridad Palestina boicotea el encuentro, ante la ausencia de una mención al fin de la ocupación israelí. “Esta conferencia económico no tiene sentido”, declaró el lunes el primer ministro Mohammad Shtayyeh durante una reunión del gobierno. “Lo que Israel y Estados Unidos intentan hacer ahora es simplemente normalizar sus relaciones con los árabes a expensas de los palestinos”. 

A su vez, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas subrayó: “Necesitamos el apoyo económico, el dinero y la asistencia, pero antes que nada hace falta una solución política (...) No podemos aceptar que Estados Unidos circunscriba todo (el conflicto) a una cuestión económica”, subrayó.

La presentación el pasado fin de semana del tan esperado y controvertido plan de 50.000 millones de dólares de Estados Unidos para Palestina ha generado más indiferencia que comentarios en los países árabes. A falta de conocer más detalles sobre el proyecto de inversiones, algo que se espera se produzca en el foro, los palestinos han rechazado la reunión y la opinión pública israelí lo considera irrelevante. Ninguna de las dos partes tendrá representación institucional en el encuentro de Baréin, aunque sí habrá empresarios e instituciones privadas y exfuncionarios israelíes.

Además, seis periodistas de Israel están entre los escasos informadores afortunados que han recibido acreditación para acceder a las sesiones y no un mensaje inventándolos a seguirlas por internet. La representación oficial será escasa. El Líbano, un país clave en el conflicto, no estará presente, como tampoco lo estarán otros países árabes, como Irak o Kuwait.

Dos actores fundamentales de la región, Jordania y Egipto, han optado por enviar delegaciones encabezadas por viceministros. Los que sí han respaldado la iniciativa estadounidense son Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, países que visita en estos momentos el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo. 

Según el programa de la reunión, está previsto que Kushner haga la presentación inicial en la noche de hoy y que el grueso de las intervenciones y paneles tengan lugar mañana. Tomarán la palabra desde el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, hasta el ex primer ministro británico Tony Blair, pasando por representantes de organismos multilaterales de crédito, como la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y de grandes corporaciones y medios árabes. También asistirá, aunque como moderador, el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, uno de los responsables de finanzas que estarán en el foro.

 Todo esto pasará frente a un país que apenas conoce los detalles de la reunión. La prensa de este reino de apenas un millón y medio de personas, escenario de una dura represión contra la oposición tras la primavera de 2011 y que hace tres años ilegalizó a los principales partidos de la oposición, no ha publicado mucho sobre el evento. La poca información de los preparativos sale de la agencia estatal.

En una de las contadas referencias directas, un importante diario bareiní publicó ayer una columna del embajador estadounidense, Justin Hicks Siberell, en la que agradece al país por ser anfitrión por del evento, además de servir de base para la V Flota estadounidense.

Aunque la seguridad aparentemente no ha experimentado un aumento sustantivo, activistas han denunciado en las últimas semanas un incremento de las redadas contra jóvenes líderes opositores. En las redes sociales también se han multiplicado los llamamientos a exponer símbolos palestinos en rechazo a la reunión, y los grupos políticos opositores que están en el exilio han organizado actividades para criticar el foro.

“Hay un consenso nacional entre el oficialismo y la oposición de rechazo al taller”, indicó desde El Líbano, Bager Darwish, el presidente del Foro de Baréin para los Derechos Humanos. En ese sentido, indicó que si no fuera por la represión, la disolución de los partidos políticos y la prohibición tácita de la protesta, habría manifestaciones en contra del foro.

Publicado enInternacional
Integrantes de la coalición Answer se manifiestan frente a la Casa Blanca en rechazo a una guerra contra Irán y que no se interfiera en Venezuela.Foto Ap

Mike Pompeo anuncia que viajará a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos para crear una coalición global contra la república islámica

 

Jerusalén. El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, advirtió ayer a Irán que no confunda la prudencia de su país con debilidad, en momentos en que el secretario de Estado, Mike Pompeo anunció que viajará a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos a fin de construir una coalición global ante Irán.

 

“Ni Irán ni ningún otro actor hostil deben confundir la prudencia y la discreción de Estados Unidos con debilidad (…) Nadie les ha dado (a los iraníes) licencia de caza en Oriente Próximo”, declaró Bolton antes de reunirse en Jerusalén con el primer ministro israelí, el ultraderechista Benjamin Netanyahu.

 

Como dijo el presidente (Donald) Trump, nuestro ejército está reconstruido, nuevo y listo para partir, añadió Bolton al aludir que declaraciones del mandatario cuando explicó el viernes pasado que dio la orden de atacar a la república islámica en represalia por el derribo de un dron el jueves pasado, y canceló a última hora cuando le dijeron que morirían 150 iraníes.

 

Sin embargo, Bolton, un antiguo promotor de políticas más enérgicas contra Irán, enfatizó que Estados Unidos se reservó el derecho de atacar en un momento posterior. También dijo que se espera que hoy se anuncie una nueva serie de sanciones contra Irán.

 

Antes de viajar a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos para organizar una coalición global ante Irán, Pompeo acusó a Teherán de sembrar desinformación pura y evidente sobre el derribo de un dron de vigilancia estadunidense RQ-4A Global Hawk, el jueves pasado.

 

Pompeo añadió que el mapa tuiteado ayer por el canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif, que pretendía mostrar la trayectoria del dron estadunidense dentro del espacio de Irán es infantil y que los servicios de inteligencia estadunidenses “no deben dejar lugar a ninguna duda sobre la localización real del vehículo.

 

Requerimos que cada servicio de noticias y quienes estén observando esto, distingan qué es verdadero y qué es lo que el régimen iraní desea hacernos creer, indicó Pompeo.

 

El funcionario estadunidense recordó que habrá nuevas sanciones contra Irán a partir de hoy, reconoció que 80 por ciento de la economía de Teherán ya fue sancionada, y reiteró que Estados Unidos desea negociar con la república islámica sin precondiciones.

 

Les negaremos los recursos que necesitan para construir un arma nuclear “de este modo mantendremos seguros los intereses americanos y a los estadunidense alrededor del mundo”, añadió Pompeo.

 

El emisario estadunidense para Irán, Brian Hook, exhortó desde Kuwait a todos los países a convencer a Irán de desactivar la tensión en el Golfo. En conferencia de prensa, el diplomático aseguró que Estados Unidos no tiene ningún interés en una confrontación militar con Irán. Reforzamos nuestro dispositivo en la región por razones sólo defensivas.

 

En tanto, funcionarios estadunidenses revelaron que las fuerzas militares cibernéticas de Estados Unidos lanzaron un ataque contra los sistemas informáticos militares iraníes, en respuesta al derribo del dron de vigilancia estadunidense por parte de Teherán.

 

Al citar a fuentes cercanas al asunto, The Washington Post reportó que los ataques cibernéticos que fueron aprobados por Trump, paralizaron los sistemas de computadores iraníes usados para controlar lanzamientos de cohetes y misiles.

 

Dos funcionarios bajo anonimato dijeron a la agencia Associates Press que el ataque, dirigido específicamente contra el sistema informático del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, fue adoptado como opción después de que fuerzas iraníes detonaran artefactos explosivos en dos barcos petroleros a principios de mes. Por otra parte, Yahoo! News, aseguró que uno de los ataques apuntó a una red de inteligencia iraní encargada de vigilar el paso de barcos en el estrecho de Ormuz.

 

El Pentágono rehusó realizar cualquier comentario al respecto.

 

En Irán, la agencia de prensa Fars indicó que Teherán no había reaccionado a estas informaciones de prensa estadunidenses.

 

No está claro si los ataques han sido o no realizados, agregó Fars, dando a entender que estas informaciones desde Estados Unidos podrían ser un farol destinado a la opinión pública para mejorar la imagen de la Casa Blanca tras la destrucción del dron estadunidense por parte de Teherán.

 

Irán informó ayer de la intrusión de un avión espía sin tripulación en su espacio aéreo en mayo.

 

En un nuevo tuit, el canciller Zarif escribió que el primer incidente de intrusión fue protagonizado por un aparato MQ9 (código del dron de vigilancia y ataque estadunidense Predator B), el 26 de mayo y publicó un mapa del itinerario del dron espía MQ9 en esa fecha.

 

“Más pruebas –incluyendo la incursión de un dron espía MQ9 el 26 de mayo, la compra de lanchas rápidas y las llamadas telefónicas que buscan atribuir los ataques contra buques a Irán– muestran que el ‘equipo B’ sólo estaba a unos instantes de conducir a Donald Trump a una guerra”, añadió Zarif, quien constató que la prudencia lo evitó y advirtió que el terrorismo económico causa tensión.

 

Zarif incluye en el llamado ‘equipo B’ a Bolton; Netanyahu; el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, y el príncipe heredero de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed al Nahyan.

 

En ese contexto, la vicepresidenta iraní para Asuntos Legales, Laya Yoneidi, informó que su país emprenderá acciones legales contra Estados Unidos por violar su espacio aéreo el pasado jueves cuando derribó un dron estadunidense en el estratégico estrecho de Ormuz.

 

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, instó a evitar cualquier escalada de tensión en el golfo Pérsico.

Publicado enInternacional
Síndrome Carter: ¿Trump evita una catástrofe con Irán por temor a perder su reelección?

 

Al demócrata Jimmy Carter y el republicano Daddy Bush, ex director de la CIA, no se pudieron reelegir debido a que el primero fracasó con un operativo destartalado en Irán –Operación Garra de Águila, que intentó rescatar a 55 rehenes de Estados Unidos– y al segundo lo aniquiló la recesión.

 

Hoy Trump va viento en popa en los dos objetivos que se ha planteado para su reelección: la migración y la economía.

 

Trump piensa ya en un tercer (sic) mandato (https://bit.ly/2L9Ll4H) cuando ha insinuado permanecer más en el poder si la gente se lo pide y que, ahora sugiere, puede ser “por siempre (bit.ly/2KvdVOj)”.

 

Su obsesión, para no decir fijación sicológica, se centra en su reelección, que bien pudo haber puesto en peligro con el síndrome Carter, por lo que quizá Trump se haya retractado 10 minutos antes de las represalias al humillante derribo de un mega-dron de 220 millones de dólares (bit.ly/2XmIz2t).

 

La máxima presión de Trump y su contrapartida de máxima resistencia de Irán comportan también su exquisito cronograma estratégico. No solamente hubieran sido un desastre las represalias de Trump, con un Congreso reticente y el vacío del Pentágono sin un secretario aprobado, sino, más que nada, se hubieran adelantado con exagerada antelación a 17 meses de la crucial elección presidencial cuando el óptimo momento, dependiendo de otras variables en desarrollo, sería la sorpresa de octubre de 2019.

 

A cada quien su teoría y su jerarquía geoestratégica sobre la insólita retractación de Trump.

 

Para la narrativa popular, que aboga The New York Times (nyti.ms/2WT1L3y), aunque ya se había adelantado dos días antes Zero Hedge (bit.ly/2XqfuTL), Tucker Carlson, el conductor estrella de Fox News, convenció a Trump de abjurar por estar cometiendo un error costoso. ¡Ahora resulta que los conductores de los massmedia ya saben geoestrategia!

 

La justificación menos creíble es la que dio el mismo Trump: de que las represalias no serían proporcionales (sic) y de estar preocupado por la probable muerte de 150 iraníes durante los bombardeos programados cuando justamente sus sanciones, que forman parte de una verdadera guerra económica, han cobrado màs vidas persas en forma subrepticia.

 

Ante la legendaria resiliencia iraní, Trump puede perorar las bravatas que quiera cual su costumbre, como señaló en una entrevista a NBC: “No quiero una guerra con Irán, pero si ésta se produce habrá destrucciones nunca antes vistas (https://bit.ly/2RxCNWf)”.

 

A través de varios intermediarios –Oman, Qatar, Japón y Suiza– es probable que a Trump le haya llegado el mensaje que luego explayó el comandante iraní de que se abstuvieron “de derribar un avión espía con 35 personas a bordo que acompañaba al dron de Estados Unidos (bit.ly/2IS6IEA)”.

 

Nadie duda del inmenso daño material y humano que puede infligir Trump a Irán, que tampoco está manco y pudiera golpear severamente los intereses de Estados Unidos y sus aliados en la región, como asevera Richard Haass, director del influyente CFR (on.cfr.org/31LtCq9), lo cual, a mi juicio –como aduje antier a CNN desde Beirut (bit.ly/2IxCGXY)–, incendiaria toda la región (bit.ly/2Y62BLI) y dispararía el barril del crudo a niveles estratosféricos con una consecuente crisis económica global o, por lo menos, empinaría a Trump a una indeseable recesión que le pudiera costar su reelección por siempre.

 

Sin desear ir tan lejos, la primera guerra de Trump en Irán podría ser catalizador de la Tercera Guerra Mundial (bit.ly/2Rt9NyU).

 

A nivel de la seriedad geoestratégica, más allá de conductores influyentes y bravatas de cantina, a mi juicio, pesó mucho la advertencia del zar Vlady Putin, presidente de la máxima potencia militar del mundo (bit.ly/2CbHXjy), quien comentó que un ataque de Estados Unidos contra Irán sería catastrófico para la región como mínimo (¡mega-súper-sic!) y escalaría las hostilidades con resultados impredecibles (bit.ly/2Y6Foc7).

 

www.alfredojalife.com

 

Facebook: AlfredoJalife

 

Vk: alfredojalife

Publicado enInternacional
Sábado, 22 Junio 2019 05:58

Y al final, Irán sí estaba armado

Los restos del dron rescatados por los iraníes. Imagen: AFP

Un detalle pasó desapercibido en las interminables especulaciones sobre dónde y por qué Irán derribó un sofisticado dron norteamericano. Tanto mapa con la ubicación del avión robot, tanto cálculo sobre el "mensaje" de Teherán a Washington, dejó de lado un dato que los militares norteamericanos si entendieron: se suponía que Irán no tenía la tecnología para derribar un dron de esos. Pero resultó que sí la tenía.

El dron derribado es un monstruo tecnológico y uno de esos elefantes blancos que la industria armamentística norteamericana le encaja a su mercado cautivo, los militares de EE.UU. El RQ-4 Global Hawk es fabricado por la Northrop Gruman, una empresa que en sus tiempos producía aviones de combate y perdió la competencia con la McDonnell Douglas. El Global Hawk es del tamaño de un avión de pasajeros, de cuarenta metros de punta de ala a punta de ala.

El monstruo está cargado de sensores, interceptores y computadoras, además de enormes cámaras, lo que lo define como una plataforma de espionaje, o para usar la más cortés expresión militar, de inteligencia. No extraña que cada uno cueste 120 millones de dólares.

Este dron no sirve para el combate, porque no tiene ni armas, ni velocidad, ni capacidad de hacer maniobras evasivas para evitar a un enemigo. De hecho, es una muy cara pieza de equipo diseñada para hacer "barridos" sobre territorio a estudiar, en este caso el estrecho de Hormuz y la costa sur de Irán. Su única defensa, el único changüí que tiene el Global Hawk, es que vuela muy alto, con un techo de hasta veinte mil metros.

Y aquí entra la sorpresa iraní. El dron volaba tranquilo porque se suponía que ni los Guardias Revolucionarios, tan bien equipados ellos, tenían misiles de ese alcance. Según parece, la inteligencia norteamericana se creía que sólo tenían misiles antiaéreos de los que se lanzan desde un tubo al hombro, guiados por calor, o a lo sumo baterías rusas SA-6, que no llegan a semejantes alturas.

Pero el dron fue derribado, lo que alarmó a los expertos: ¿los iraníes tienen baterías SA-17? ¿Los rusos los equiparon con eso? El gobierno de los ayatolás contestó que habían derribado al monstruo usando un misil Khordad de fabricación propia, con un radar con radio de 150 kilómetros, un alcance efectivo de cincuenta kilómetros y un techo operativo de 27.000 metros. Si esto es cierto, y puede ser propaganda iraní, Teherán está produciendo una familia de armas mucho más avanzada de lo que esperaban en el Pentágono.

Lo que lleva a recalcular los riesgos de una guerra. Un viejo y sabio chiste en Washington es que la base de la política exterior norteamericana es "nunca te metas con alguien de tu tamaño". Esto explica las constantes prepeadas a países militarmente débiles y el extraordinario respeto a los rusos -con un arsenal de 6500 bombas atómicas-y a los chinos.

Irán, por supuesto, no es del tamaño de EE.UU., pero es la 14 potencia mundial según el medio especializado Global Fire Power. Los ayatolás comandan un ejército de medio millón de hombres, con 350.000 reservistas. La fuerza aérea es relativamente pequeña, con 142 aviones de combate y apenas doce helicópteros de ataque, pero la infantería cuenta con el apoyo de 1600 tanques de combate, una herencia de las batallas con Irak.

Pero la estrategia real, el desbalance relevante en esta geografía, es que los iraníes invirtieron en dos sistemas de armamentos que le permitirían hacer un daño terrible a un invasor. Por un lado, la pequeña armada iraní tiene nada menos que 34 submarinos, perfectamente capaces de bloquear la principal vía marítima de exportación petrolera del mundo. Por otro lado, Teherán dispone de nada menos que 1600 plataformas de lanzamiento de misiles, la cuarta fuerza de su tipo en el planeta. Sólo EE.UU., Rusia y China tienen más de esas.

Un paréntesis para argentinos es que Irán no es un país desarrollado sino que tiene una economía que apenas pasa los dos tercios de la nuestra. Pero el petróleo hace una enorme diferencia: la deuda externa iraní es ínfima y su banco central tiene reservas declaradas de 120.000 millones de dólares. Por algo, son clientes mimados de los rusos, que les transfieren todo tipo de tecnología.

Si Donald Trump termina tropezando con la última piedra y arranca una guerra con Irán, se va a encontrar con mucho más que otro Irak. Al contrario que con Saddam Hussein, no está garantizado que los iraníes se dejen bombardear desde el aire, cediendo esa superioridad desde el vamos, que para algo están los tantos misiles. Y tampoco se van a dejar bloquear por mar, que 34 submarinos no son un chiste.

Publicado enInternacional