Viernes, 27 Marzo 2020 06:42

Un precio para la cabeza de Maduro.

Un precio para la cabeza de Maduro.

 Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares para capturarlo

El nuevo paso dado por EE.UU. coincide con la acusación del gobierno venezolano de la activación de un nuevo plan golpista.

 

Desde Caracas.15 millones de dólares, es el precio ofrecido por la justicia norteamericana para quien brinde información “que puedan llevar a la detención y arresto” del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. 10 millones son ofrecidos en el caso de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, y otros dirigentes actuales, como Tareck El Aissami, y ex funcionarios.

Han quedado así procesados por el Departamento de Justicia norteamericano, un anuncio que fue hecho por el Fiscal General, William Barr, junto a fiscales federales de tribunales de, entre otros, Nueva York y Florida. “Tengo un mensaje para los altos cargos del chavismo: la fiesta se les está acabando”, dijo, por ejemplo, Ariana Fajardo, fiscal para el sur de Florida.

Dentro de los acusados se encuentran también Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.

La acusación es por narcoterrorismo. Barr señaló que el gobierno venezolano busca “inundar a Estados Unidos (EEUU) con cocaína”, y que ha enviado entre 200 y 250 toneladas de cocaína, lo que equivale, explicó, a 30 millones de dosis. Esa operación de “inundación” estaría coordinada, según explicó, con el sector de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que retomaron las armas.

La acusación, sin embargo, no se sostiene según datos internos a EEUU, donde aparece que alrededor del 90% de la cocaína con destino a los EEUU se trafica a través de las rutas del caribe occidental y el pacífico oriental, y no a través de los mares del caribe oriental de Venezuela.

La razón esgrimida para ponerle precio a la cabeza del presidente venezolano y a Cabello, con un rol de liderazgo central dentro del chavismo, cumple el rol de argumento formal para justificar una declaración de nuevo punto de no retorno en el ataque contra el gobierno venezolano.

El nuevo paso dado por EEUU sucede en simultáneo con la acusación del gobierno venezolano del intento de activación de un nuevo plan golpista. El presidente denunció que el 23 de marzo había sido incautado un cargamento de armas en Santa Marta, Colombia, que iba con destino a Venezuela.

Esa denuncia tuvo un giro inesperado pocas horas después del anuncio del Departamento de Justicia norteamericano: Cliver Alcalá, un mayor general prófugo en Colombia señalado varias veces por su participación en tramas golpistas, reconoció públicamente estar detrás de las armas incautadas que iban a ser “para hacer una unidad militar que se conformó con la idea de libertar al país y eliminar quirúrgicamente los objetivos”.

Las declaraciones de Alcalá revelaron no solamente su participación protagónica, sino la de Juan Guaidó que, según explicó Alcalá, “firmó un contrato en Colombia con asesores norteamericanos” para la compra de las armas. El prófugo afirmó que el gobierno colombiano estaba al tanto de la operación.

La particularidad de la declaración de Alcalá es que se trata de una de las personas a las cuales el gobierno norteamericano puso precio a su cabeza junto con la de Maduro y Cabello. Es decir, que luego de la denuncia del Departamento de Justicia en su contra, decidió revelar la existencia del plan y de varios de sus actores.

Al respecto, Jorge Rodríguez, ministro de comunicación, explicó que Alcalá habría sido incluido en la lista por no haber logrado acelerar los objetivos de las operaciones militares. En cuanto a su confesión, se debió, explicó Rodríguez, al temor de ser asesinado, como el mismo Alcalá denunció: “estoy en mi casa, no estoy huyendo, me informaron de la posibilidad de un falso positivo”, es decir un asesinato.

Esta serie de acontecimientos pusieron entonces sobre la mesa tres puntos. En primer lugar, que EEUU profundizó la apuesta en el intento de derrocamiento contra Maduro a través de acciones de fuerza. En segundo lugar, que esas operaciones están en marcha, tienen a Colombia como territorio principal de preparación y asesores norteamericanos en el mando. Y, por último, que una de esas operaciones centrales logró ser frenada.

Esa política norteamericana sucede a contracorriente de las voces internacionales que piden que, ante el escenario de pandemia, exista una descompresión contra Venezuela. Así, por ejemplo, la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, afirmó: “en este momento decisivo, las sanciones sectoriales deberían atenuarse o suspenderse”.

En ese mismo sentido, Josef Borrell, canciller de la Unión Europea, sostuvo: “Hemos acordado apoyar la solicitud de Irán y también de Venezuela al FMI para tener apoyo financiero (…) se encuentran en una situación muy difícil especialmente debido a las sanciones estadounidenses que les impiden obtener ingresos por la venta de petróleo”.

Sin embargo, en un cálculo de crisis de coronavirus, disputas geopolíticas, y campaña electoral, la política norteamericana encabezada por Donald Trump no solamente no descomprime el bloqueo, sino que acelera y pone precio público a la cabeza de la dirección del gobierno venezolano. 

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Crash del fracking a la vista, según Bloomberg

Antes de la "era del coronavirus", estaba cantada la declinación del caníbal fracking (fracturación hidráulica; https://bit.ly/2WIq3AO).

David Wethe, de Bloomberg, informa la “advertencia de los gigantes de fracking” de que el “crash del shale (gas/petróleo lutita) será más rápido esta vez”: “mucho mayor que el de hace cinco años que golpeó a EU y Canadá (https://bloom.bg/2QGB9SU)”, según las depredadoras Schlumberger/Halliburton, que tanto daño causaron a México en su etapa neoliberal con su fétida secuencia de entreguistas directores de Pemex (https://bit.ly/3bo0d9d).

La dupla Schlumberger/Halliburton podó sus gastos en forma significativa cuando Wall Street decidió no seguir sosteniendo a la industria del shale en sus cuidados financieros intensivos.

Halliburton, líder del caníbal fracking, planifica cerrar los dos tercios de sus pozos en los últimos tres meses del año, mientras Schlumberger, mayor proveedor de servicios petroleros del mundo, empezó a recortar sus gastos hasta 30 por ciento para lo que queda del año.

No faltan quienes calculan que el cierre de los pozos en EU para extraer shale pueda alcanzar 70 por ciento en los próximos seis meses.

Se trata de un juego de los tres grandes del mundo petrolero/gasero: EU/Rusia/Arabia Saudita (AS), donde el vencedor será quien pierda menos.

Sputnik, de Rusia, evalúa que “los precios del crudo se dispararon tras el anuncio de la Reserva Federal de su plan ‘agresivo’” –que a su vez resucitó a Wall Street de manera artificial mediante la "técnica Bernanke" del lanzamiento de dólares desde los helicópteros (https://bit.ly/3doikhn).

El holandés Cyril Widdershoven –analista de "defensa de energía" en Medio Oriente– en el portal saudita Al Arabiya rechaza los "análisis" de la guerra de precios entre Rusia y AS, que dan como perdedor a AS. Alega en forma muy debatible que "en brusco contraste a Riad, Moscú no es capaz de acceder a las finanzas y a los servicios petroleros al mismo nivel que AS", debido a las sanciones de EU (https://bit.ly/33J2nxx).

Es muy discutible, ya que habrá que ver cuánto perdurarán las sanciones de EU en la "era del coronavirus" cuando Rusia cuenta con el respaldo financiero de China que ostenta las mayores reservas de divisas del mundo (https://bit.ly/39iuWDo).

A juicio de Widdershoven, el bluff de Putin, con cobertura ajedrecista, ha sido expuesto por el revire saudita "Tawila": "inmensos picos de producción".

El "error" de Putin, según este acrobático análisis, es haber mirado únicamente al shale de EU.

Anómalamente, Widdershoven no toma en cuenta la sensible dependencia geopolítica de AS con EU, antes y después del coronavirus, por lo que la inminente visita de Mike Pompeo a Riad definirá el piso y/o las tendencias del mercado.

Llama la atención el artículo en Al Arabya de Robin Mills, ejecutivo de Qamar Energy, donde baraja la hipótesis de una unión de “Texas (¡megasic!) y Rusia con la OPEP para evitar el colapso del mercado petrolero (https://bit.ly/3bqPFWO)”.

Para beneficio del análisis dialéctico y holístico, vale la pena destacar la audaz postura del francés Thierry Meyssan, de Red Voltaire, que puede erizar los cabellos de neófitos/ignaros/cándidos, quien advierte el inicio de la balcanización de AS, Yemen y Turquía.

A juicio de Meyssan, el Pentágono planea balcanizar Turquía y AS debido a que el primero busca(ba) una guerra con Rusia, y el segundo colapsó la industria shale del fracking.

Según el geopolitólogo francés, la respuesta del Pentágono no se hará esperar mas allá de 3 meses (https://bit.ly/2UyYpUb).

Afirma que la disección de AS había sido contemplada por el Pentágono desde 2002 y destaca un artículo del Wall Street Journal (https://bit.ly/2wDaUpE) y otro del NYT (https://nyti.ms/2xoT49W), donde se escenificó un complot para derrocar al príncipe heredero Mohammed bin Salman, quien hasta hace poco era íntimo de Jared Kushner, yerno de Trump.

Otros multimedia mediorientales traslucen que el golpe abortado en AS fue diseñado por el secretario de Estado Mike Pompeo, "evangelista sionista" y ex director de la CIA.

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China, cada vez más segura de sí misma ante un mundo en crisis

Las expulsiones de corresponsales estadounidenses evidencian cómo la confianza de China aumenta mientras el mundo se enfrenta al coronavirus

El 18 de marzo, Pekín anunció la expulsión de los corresponsales de los periódicos más importantes de Estados Unidos, concretamente The New York Times, The Wall Street Journal (WSJ) y The Washington Post. A simple vista, la decisión adoptada por el Gobierno de Xi Jinping forma parte del pulso entre China y Estados Unidos por el control de los periodistas extranjeros. Pero hay algo más.

La medida cogió a los periódicos por sorpresa. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China decretó la expulsión de los corresponsales de los medios anteriormente citados cuyas acreditaciones expirasen a finales de 2020. Pekín actuaba en represalia, tal y como explicó, por una decisión tomada a principios de año por la Administración Trump, que limitó el número de periodistas de medios estatales chinos autorizados a trabajar en Estados Unidos. Los obligó a registrarse como empleados de una administración pública extranjera.

Sin embargo, estas expulsiones van más allá del tira y afloja habitual entre las superpotencias que suele jugarse en la imposición de tarifas aduaneras o en la ejecución de maniobras militares. Es la primera vez que implica a la prensa. Por tanto, estas expulsiones suponen una declaración firme y asertiva por parte de China, que se siente fuerte y se crece de cara a una competencia geopolítica que definirá las próximas décadas.

Hace un mes, con millones de ciudadanos chinos confinados en sus casas, el partido parecía resuelto. El Gobierno chino capitulaba arrodillado ante una inmensa ola de críticas internas y externas a su gestión de la crisis provocada por el estallido del coronavirus en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en el centro de China.

Semanas después, mientras el número de personas contagiadas no deja de crecer en Estados Unidos, Pekín se frota la manos ante el caos en el que se está sumiendo el país y los errores de la Admistración Trump para gestionar la expansión de la pandemia. Respondiendo al cambio de tornas a una velocidad sorprendente y con un descaro que pocos gobiernos podrían igualar, China dona equipamiento sanitario a países de la Unión Europea, publicitando al máximo esa generosidad espontánea.

Algunos diplomáticos chinos incluso han contribuido a extender teorías conspiranoicas en Twitter, sugiriendo que el virus fue creado por el ejército de Estados Unidos en lugar de explicar que el origen del contagio entre animales y humanos estuvo en un mercado de la ciudad de Wuhan.

Los mensajes lanzados por el Partido tienen como objetivo mejorar la deteriorada imagen que los ciudadanos chinos tienen de su propio Gobierno. Inciden en cómo la estrategia de adoptada por China no solo funcionó, sino que se está convirtiendo en el guion a seguir por los Gobiernos de todo el mundo a la hora de responder al incremento de infecciones en la mayoría de países. Según Neican, un boletín de noticias chino que se edita en Australia, "todo sucede como corresponde. Todo va bien. La gente en China es feliz y fuera de China, el caos".

El Partido no se tomó bien la cobertura que hizo la prensa extranjera del confinamiento decretado en China para combatir la infección, pero eso no explica la expulsión de corresponsales de los principales medios estadounidenses. Por lo general y durante décadas, el Partido ha tolerado a los reporteros extranjeros. Los veía como un mal necesario en el contexto de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y el fomento de la inversión extranjera.

Pero la China que Xi Jinping diseña ya no los necesita. El país es mucho más rico y poderoso que hace unos años y ya puede permitirse usar a los corresponsales como moneda de cambio entre potencias. Además, con respecto a la prensa, la hostilidad es profunda, casi personal. The New York Times investigó y publicó con detalle la riqueza acumulada por algunos miembros de la dirección del partido Comunista de China y sus familias. En 2012 destapó la fortuna de Wen Jiabao. El equipo de Bloomberg en China y Hong Kong informó sobre la fortuna de la familia Xi. The Wall Street Journal también ha publicado numerosos artículos sobre Xi, tanto sus páginas de información como en las de opinión.

Lo que ha descolocado a muchos no es el enfrentamiento de ambos Gobiernos sobre la prensa. Eso ya viene de largo. En realidad, los analistas se preguntan por el error cometido por Washington por servirle en bandeja a China la oportunidad de vengarse con por apuntar a los reporteros chinos en Estados Unidos.

El trabajo de los reporteros de medios estatales chinos en el extranjero aporta pocas novedades con respecto a lo que ya se sabe de los países en los que trabajan. Sin embargo, los reporteros extranjeros en China, sobre todo los que trabajan cabeceras importantes y bien financiadas de Estados Unidos, juegan un papel crucial traspasando el secretismo y la opacidad del régimen chino. 

Muchos de ellos han pasado años aprendiendo el idioma, estudiando y labrándose experiencia y fuentes. Todo ese capital intelectual se va de un plumazo. Y no solo de China sino de Hong Kong, pues la expulsión se extiende fuera de China continental, afectando tanto a Hong Kong como a Macao.

Nadie notará que hay menos periodistas chinos en el extranjero. Pero la ausencia de esos tres rotativos estadounidenses en China será palpable. El Partido y sus líderes llevaban tiempo deseando el final del escrutinio de la prensa extranjera. Una vez que se ha superado lo peor de la crisis del coronavirus, China se siente fuerte para tomar una decisión que tenía preparada hace tiempo, deshacerse de gran parte de los periodistas extranjeros. No es en represalia por lo que ha hecho Estados Unidos. El motivo real es que China ha tomado conciencia de su poder.

Por Richard McGregor* - Analista político en el Lowy Institute de Sidney

24/03/2020 - 22:16h

  • • Richard McGregor trabaja en el Lowy Institute de Sidney y ha escrito varios libros y artículos sobre política y diplomacia chinas.
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Putin felicita a China por su “Ruta Sanitaria Global de la Seda” y Foreign Affairs se preocupa por EU

El Covid-19 no trastoca el nuevo (des)orden global tripolar (https://bit.ly/2U6Fq4h); sólo lo profundiza.

Breitbart, íntimo de Trump, expone que "en una llamada a Xi Jinping, Putin alaba la respuesta de China al coronavirus" (https://bit.ly/33DxVoQ).

TASS elogia el éxito del gobierno y pueblo chinos para contrarrestar la difusión de la pandemia (https://bit.ly/3dm2xiL). El zar Vlady Putin apreció la contribución de China para "salvaguardar la salud y seguridad de los pueblos en el mundo" (https://bit.ly/33A59oM).

EU y China se culpan del origen del Covid-19 (https://bit.ly/3djyY1k), mientras la comunicación pública del zar Vlady Putin y el mandarín Xi demuestra que Rusia adopta la postura de Pekín (https://bit.ly/2WzHyDs).

China salió beneficiada, en medio de la grave pandemia, por la brutal caída del petróleo que afectó en forma severa a la industria del petróleo/gas lutita ( shale oil/gas) de EU (https://bit.ly/2QCWMDT).

El mandarín Xi ha estado muy activo en sus llamadas telefónicas y el 16 de marzo charló con el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, con el fin de "combatir la epidemia y contribuir a la construcción de la Ruta Sanitaria Global de la Seda" (https://bit.ly/2J48RO7).

China parece haber controlado la pandemia y ahora aporta su ayuda, tanto en equipo como en personal, a varios países: Italia, España, Irán, Panamá, Serbia, etcétera.

En EU, Trump rectificó su displicencia inicial y ya pasó a una contraofensiva espectacular decretando la guerra al Covid-19, a grado tal de arrojar un millón de millones de dólares desde los helicópteros, al estilo extravagante de Ben Shalom Bernanke, ex gobernador de la Reserva Federal, y ha invocado "poderes de guerra" –la Enmienda de Producción de Defensa (https://bit.ly/2WyRMDO)– con la firma de su Orden Ejecutiva del 18 de marzo sobre la "Jerarquía(sic) y la Asignación de Recursos Médicos y a la Salud" (https://bit.ly/3acFqW3).Llama la atención su énfasis jerárquico a la salud antes que a la economía.

Trump ha de encontrarse aterrado por la información privilegiada sobre el desempeño del Covid-19 cuando cabe señalar que su secretario del Tesoro, el israelí-estadunidense Steven Mnuchin, muy cercano a su yerno Jared Kushner, proviene de la correduría Goldman Sachs que acaba de publicar un reporte dantesco sobre el demoledor impacto a la economía de EU (http://dailym.ai/2Ubbc05).

Asombra que la aceptación de Trump haya incrementado a 55 por ciento, pese al desplome salubre/económico/petrolero/bursátil (https://abcn.ws/2Uxn4sq).

El portal Politico, muy cercano a Soros y al Partido Demócrata, constata que "el virus empuja la relación de EU con China a una fractura", lo cual "puede socavar el futuro de la estabilidad global" (https://politi.co/2WxIEQ3). Inclusive, no faltan los enemigos de Trump quienes aducen que usa la pandemia para avanzar su agenda contra China y reducir los impuestos con fines electoreros.

Kurt Campbell –anterior secretario asistente de Estado para el Este de Asia y los asuntos del Pacífico durante la presidencia de Obama– publica en la revista Foreign Affairs, portavoz del influyente Council on Foreign Relations (https://www.cfr.org), que "el coronavirus puede reconfigurar el orden global" cuando "China maniobra para su liderazgo internacional, mientras EU desfallece" (https://fam.ag/2QAs2mU).

Kurt Campbell alega que "conforme Washington desfallece (sic), Pekín se mueve rápida y expertamente (sic) para tomar ventaja por la grieta creada por los errores de EU, llenando el vacío para posicionarse como el líder global en la respuesta a la pandemia", por lo que "trabaja para ofrecer su propio sistema, proveer asistencia material a otros países y aún organizar a otros gobiernos".

Acepta la exhibición muy bien publicitada del material de asistencia apabullantemente fabricado en China –cubrebocas, respiradores e ingredientes farmacéuticos activos.

En contraste, EU carece del abasto y la capacidad, y ahora compite con Alemania y China para fabricar la vacuna del Covid-19.

La vacuna no va a reconfigurar el orden mundial. La llamada entre Xi y Putin sí.

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La hora de la condonación de la deuda para AL

Ahora que el mundo ha asumido un tono más humano y cooperativo en lo económico ante la pandemia del Covid-19, desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) solicitamos la condonación de la deuda externa soberana de los países de América Latina por parte de FMI y de otros organismos multilaterales (BID, BM, CAF) e instamos a los acreedores privados internacionales a que acepten un proceso inmediato de restructuración de la deuda que contemple una mora absoluta de dos años sin intereses.

La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo prevé una pérdida de ingresos globales de 2 billones de dólares como consecuencia de esta crisis. Y, por su parte, la Organización Internacional del Trabajo estima que 25 millones de empleos en el mundo están en riesgo. Sigue la salida de capitales de los países emergentes; ya está en valor récord: 60 mil millones de dólares en menos de dos meses, según el Instituto Internacional de Finanzas. Ante tantas dificultades, la condonación de la deuda externa es una acción tan justa como necesaria. Al igual que ocurriera en otros momentos históricos marcados por grandes catástrofes naturales, como guerras o enfermedades y pandemias, esta es una oportunidad única para evitar que el peso de la deuda sea un escollo aún mayor que añadir al complejo reto de superar este momento social y económico tan crítico.

Uno de los ejemplos más conocidos es el que se produjo después de que Alemania fuera devastada en la Segunda Guerra Mundial. En la Conferencia de Londres de 1953 se acordó perdonar cantidades sustanciales de la deuda alemana. No fue la única vez que esto se llevó a cabo a lo largo de nuestra historia más reciente. Hay infinitos casos en los que las deudas externas fueron perdonadas.

Nadie puede dudar que ahora es un momento oportuno para hacerlo si se quiere afrontar con éxito esta situación tan difícil. No podemos exigir a los países que hagan políticas efectivas en materia de salud pública para afrontar la actual pandemia y, al mismo tiempo, pretender que sigan cumpliendo con sus obligaciones de deuda. No podemos exigirles que implementen políticas económicas que compensen los daños de esta catástrofe mientras deben seguir pagando a sus acreedores. Es absolutamente incompatible hacer efectivo un plan de restructuración económica en el futuro próximo con los actuales niveles de endeudamiento externo (en promedio, supone 43.2 por ciento del producto interno bruto en América Latina).

Tal como se hiciera con la resolución aprobada el 10 de septiembre de 2015 sobre los Principios Básicos de los Procesos de Restructuración de la Deuda Soberana, ahora debemos dar un nuevo paso y, por eso, desde el Celag solicitamos a las Naciones Unidas que, a la mayor urgencia, convoque a la Asamblea General para discutir una resolución que proporcione el marco legal internacional para llevar a cabo esta estrategia efectiva de condonación de la deuda externa de América Latina y fomentar el proceso de restructuración (con mora de dos años) con los acreedores privados.

También instamos al resto de organizaciones internacionales a que se sumen a esta iniciativa de solicitud de la condonación de la deuda.

Invitamos a otros centros de pensamiento, a universidades, instituciones religiosas, sindicatos, patronales y gobiernos a que se unan a este pedido.

No sólo es una cuestión de solidaridad, sino también de eficiencia.

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El presidente ruso Vladimir Putin y el rey Salman de Arabia Saudií, en un encuentro en el Kremlin, en Moscú, en octubre de 2017. REUTERS/Alexei Nikolsky

El 6 de marzo, Rusia sorprendió a la OPEP al rechazar la propuesta del Reino de Arabia Saudí (RAS) de disminuir la producción en millón y medio de barriles por día (mbd) ante la desaceleración de la economía en Europa y EEUU y la brusca caída de la demanda en China, hasta un 20%, agravadas por el brote del coronavirus. Como resultado, los precios se derrumbaron en un 30%, la mayor caída desde la segunda guerra del Golfo Pérsico en 1991, situándose en torno a los 32 dólares.

Los jeques saudíes enfadados reaccionaron de modo aún más sorprendente, casi "antinatural": anunciaron inundar el mercado, con más crudo y más barato, ofreciendo un descuento de 5 dólares a los compradores asiáticos, 6 a los estadounidenses y 8 a los europeos, clientes tradicionales de Rusia; anunciando además que a partir del 1 de abril los miembros de la OPEP pueden producir la cantidad de petróleo que deseasen(¡otra cosa es venderla!), a pesar de que el mercado está sobre abastecido y las posibilidades de almacenar -conocido como "contango"- tampoco son infinitas.

Así, Moscú apuso fin (provisional) al juego de la "Ruleta rusa" de cooperar con la OPEP, iniciada en 2016, cuando pactaron recloratr la producción para subir los precios, que habían caído de unos 80 dólares a la mitad. Lo cierto es que, ayunque Moscú hubiera aceptado estos recortes, los precios no habrían subido mucho.

Tenido en cuenta que el precio del petróleo lo determina la política que no la ley de oferta y demanda del mercado, veamos los motivos de las dos superpotencias energéticas que juntos producen 21 mbd de crudo.

Los motivos reales de los saudíes

  1. Arruinar la economía rusa, beneficiando, de paso, al petróleo esquisto de su aliado estadounidense, que tuvo compasión con RAS tras el vil asesinato de Khashoggie, y cumplió con su gran petición que fue imponer sanciones de su archienemigo Irán. Riad hizo lo mismo en noviembre del 1986, bajando los precios en un 75%, ¡10 dólares el barril!, asestando un golpe mortal a la economía soviética que en parte por ser planificado no puedo reaccionar. Para ver hasta qué punto este mercado es político, el 5 de julio del 2018, un Donald Trump preocupado por los votos en las elecciones parlamentarias del noviembre y el precio del barril 85 dólares, ordenó al rey Salman "¡Bajad el precio del petróleo ahora!", y ante la negativa de Riad le amenazó: "Podría no estar [en el trono] en dos semanas". Y su majestad tuvo que bajarlo a 67 dólares.
  2. Ante la crisis económica actual y la volatilidad del mercado, Ras pretende recuperar su liderazgo.
  3. Reducir el espacio del petróleo esquisto de un EEUU, que ya produce 13.1 mbd de los que exporta 4.15 mbd.
  4. Hundir aún más a su archienemigo Iraní, que encima sufre una brutal sanciones de EEUU sobre su industria petrolífera.

Los motivos de Rusia

  1. Mandar a la quiebra la industria del esquisto bituminoso de EEUU, que con la actual tecnología no podrá sobrevivir con precios por debajo de 45 dólares.
  2. Capturar los clientes de EEUU.
  3. Reducir la capacidad de Washington en imponer sanciones a Rusia: la construcción casi terminada del gaseoducto Nord Stream 2, que llevaría el gas ruso a Europa, sigue paralizada.
  4. Ampliar su clientela, tener en cuenta la ausencia de Irán y Venezuela en el mercado, así como las interrupciones en los suministros desde Nigeria y Libia.

Consecuencia de esta guerra de precios

  1. Esta guerra de precios puede provocar la quiebra y/o la fusión forzada de los productores del petróleo esquisto de EEUU, y enviar al paro de miles de sus trabajadores en un año electoral para Donald Trump, cuya política energética difiere de sus antecesores. El presidente ha ordenado al Departamento de Tesoro comprar abundantes cantidades del petróleo barato para la Reserva Estratégica de Petróleo con el fin de asegurarse el apoyo de los multimillonarios Chevron y ExxonMobil, que no a cientos de pequeños y medianos inversores de esquisto altamente endeudada o en bancarrota sólo en Tejas. Para más inri, lo ha hecho cuando el coronavirus está atacando y una mayoría de la población de su país carece de un seguro médico. Según Greenpeace esta compra podría costar los 2.6 mil millones de dólares cuando la ayuda para las familias trabajadoras que serán afectadas por el COVID-19 serían unos 1.7 mil millones.
  2. Un mayor déficit presupuestario en el RAS: Aunque el coste de la producción del petróleo del país ronda sobre 3 dólares por barril, el reino -que ya sufre un déficit fiscal de 50.000 millones de dólares-, necesita un precio de curdo de al menos 80 dólares no sólo para equilibrar su presupuesto, sino también para continuar con la matanza de los yemeníes. Es más, tendrá que enfrentarse con un descontento social que va en aumento. La detención de la semana pasada de unas 300 personas, entre príncipes, militares y funcionarios, muestra la frágil poder de los jeques.
  3. La caída libre de las acciones de Saudí Aramco (que el año pasado sufrió un extraño atentado) en un 9%, situándose por debajo de su precio de oferta pública inicial. Entre sus efectos: a) el descontento de miles de ciudadanos, un 20% de la población, que compraron las acciones, algunos pidiendo incluso préstamo para convertirse en el inversor de la empresa; b) tener que prolongar las medidas de austeridad en los salarios de los trabajadores; c) golpe al prestigio, si lo tuvo alguna vez, del heredero Mohammad Bin Salman, promotor de la ambiciosa Vision 2030, proyecto de grandes infraestructuras que iba a reducir la dependencia del país al petróleo y ahora se queda sin ingresos suficientes para su financiación. Este movimiento pormovido por un príncipe gafe y perdedor, que destruye todo lo que toca, contra un veterano y astuto ajedrecista como V. Putin ha sido una estrategia demasiada arriesgada: a ver se sobrevive a ello.
  4. A pesar de que Rusia ha reducido parte de su dependencia a la renta del petróleo, y desde el 2018 basa su presupuesto en los 45 dólares el barril (RAS lo habia hecho sobre los 65 dólares), los precios bajos no sólo perjudicarán a su economía sino a la propia persona del presidente Putin; fue gracias al auge del precio del petróleo en la década de 2000 que consiguió importantes reformas económicas y el apoyo de su pueblo. Ahora que aspira gobernar hasta 2036 necesita un barril por encima de 60 dólares.
  5. Perjudica enormemente a Irán, que sufre unas brutales sanciones de EEUU sobre su industria petrolífera. Ha solicitado 5.000 millones de dólares al FMI para luchar contra el coronavirus que si los obtiene, serán parte de la maldita deuda de un país inmensamente rico a las instituciones financieras.
  6. Asesina directamente a la OPEP, por tres razones: a) Ahora, cada miembro podrá ir por libre, b) sus miembros perderán miles de millones de beneficio y c) Separa a Rusia del cartel.
  7. Benéfica a China, que consume 13% de los barriles de petróleo que produce el mundo, y tiene tanto a Rusia como a RAS entre sus proveedores.

La guerra de Arabia Saudí contra Rusia, y la de Rusia contra EEUU pueden intensificarse provocando nuevos cambios en el mapa geopolíticos de energía hasta establecer un "nuevo orden petrolero" que se presenta lleno de incógnitas.

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Martes, 17 Marzo 2020 15:59

Loros de la Casa Blanca

Édgar Insuasty, Bóveda patera , óleo sobre tela, 200 x 200 cm. (Cortesía del autor)

La decisión británica de dejar la Unión Europea llega demasiado tarde. La partida de un Estado que fue encarnando el libre cambio desde la Revolución Industrial del siglo XVIII, el alineamiento con Washington desde la “relación especial” anglo-estadounidense alabada por Winston Churchill, la financiarización desde que la economía y la política británicas están dominadas por la City de Londres, el neoliberalismo puro y duro desde Margaret Thatcher, habría podido constituir una excelente noticia para la Unión. Sobre todo, si recordamos que no es una cárcel. Si algunos Estados todavía pueden entrar, otros deberían poder salir algún día. En este plano, al menos, los representantes británicos, tras haber dado vueltas durante mucho tiempo, respetaron el veredicto de su pueblo. Este tipo de lección democrática tiene su valor en los tiempos que corren.


Relaciones públicas


Sin embargo, quienes esperan que la salida del Reino Unido libere a la Unión Europea, y a Alemania en particular, de sus inclinaciones liberales y atlantistas podrían verse decepcionados. La “comunidad atlántica colosal bajo dependencia y dirección estadounidense” que temía el general De Gaulle en 1963 ya no necesita a los británicos para dictar su ley en el Viejo Continente. En particular desde que, a partir de 2004, la Unión recibió a una docena de Estados suplementarios, de los cuales la mayoría acababa de enviar soldados a Irak a pedido de Washington. Algunos de estos nuevos miembros siguen siendo incapaces de balbucear dos palabras en otra lengua que no sea el inglés –y, preferentemente, palabras escritas por el Departamento de Estado estadounidense–.


¿Se trata de una exageración? No realmente, a juzgar por la reacción de los europeos al “plan de paz” entre Israel y Palestina presentado el pasado 28 de enero en la Casa Blanca. Justo después de haber formulado propuestas que violan el derecho internacional –anexión israelí de Jerusalén y del valle del Jordán, colonización de Cisjordania (ver página 10)–, Washington preparó los elementos de un comunicado que sus aliados debían difundir para anunciar su entusiasmo: “Agradecemos al presidente Trump por sus esfuerzos en pos de hacer avanzar este viejo conflicto”; “Una propuesta seria, realista y de buena fe”; “Esperamos que, gracias a esta visión, este conflicto pueda encontrar una solución”. Ahora bien, al comparar estas “recomendaciones” estadounidenses con las reacciones de las cancillerías occidentales tras el anuncio del plan, Le Figaro identificó “numerosas similitudes en el lenguaje que ponen de manifiesto –como si hiciera falta– la influencia de Washington sobre sus aliados”*.


Como es habitual, el Reino Unido fue uno de los más dóciles. Pero varios Estados –que, por su parte, siguen siendo miembros de la Unión Europea– le disputaron el rol de loros de la Casa Blanca. Y la reacción de París sorprendió a muchos. Ciertamente, Francia no “le agradeció al presidente Trump”, pero sí... “saludó los esfuerzos del presidente Trump”. ¿Tenemos que pensar entonces que, decididamente, con o sin Londres, la independencia de la Unión Europea no tendrá lugar?

 

* Georges Malbrunot, “Comment les États-Unis ont demandé à la communauté internationale de soutenir leur plan israélo-palestinien”, Le Figaro, París, 1 de febrero de 2020.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Aldo Giacometti

 

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Bolsonaro y Trump firman acuerdo militar

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el de Estados Unidos, Donald Trump, se reunieron esta semana en Miami. Entre los temas principales tratados estaba la situación actual de Venezuela y firma de un acuerdo de cooperación en el sector de la industria militar, llamado Acuerdo de Investigación, Desarrollo, Prueba y Evaluación de Defensa (RDT&E, por sus siglas en inglés). El mandatario brasileño también mantuvo encuentro con el líder del Comando Sur de la Marina de Estados Unidos, el almirante Craig Feller.

Pero, ¿cuáles son los principales intereses que están detrás de ese acuerdo? ¿Y qué representa esto para la América Latina (AL)? Lo primero que hay que saber es que la industria armamentística fue la principal donante de la campaña electoral de Bolsonaro, en los últimos comicios de Brasil. Y el presidente brasileño tiene como promesa de campaña aumentar las inversiones a la industria militar. El año pasado el sector recibió un incremento de 16 por ciento de las inversiones públicas.

Brasil hoy tiene la industria de armas más potente de AL. Exporta para 85 países y ha ganado 255 millones de dólares, en 2019. Pero aun así con absoluta desventaja delante de la gigante industria militar de Estados Unidos, que representa 39 por ciento de todos los gastos militares del mundo.

Como se trata de un acuerdo que prevé cambio de tecnología y fabricación de productos en conjunto, Estados Unidos vislumbra grandes intereses y el principal es desvelar la tecnología que utilizan los militares brasileños en la fabricación de turbinas nucleares.

En el mundo existen tres tipos de tecnologías en el tema de propulsión nuclear. La primera de ellas es liderada por los alemanes, conocida como técnica de Zippe, que utiliza un proceso mecánico para provocar la explosión de las partículas atómicas. Esta es la más utilizada hoy día en el mundo. El programa ruso lo ha usado durante años y Estados Unidos lo ha adoptado en la última década, porque ha demostrado ser más eficiente.

Pero, Brasil en los años 60 decidió desarrollar su propia tecnología y seguir un camino distinto. Es el único que utiliza la técnica con energía magnética, altamente sofisticada, donde la principal pieza dentro de la turbina queda flotando. Por eso es estratégico para el país mantener este secreto tecnológico. De hecho, el programa tecnológico brasileño más desafiante del momento es la construcción de su primer submarino de propulsión nuclear, utilizando esta técnica en la turbina de la embarcación. Es algo totalmente diferente de lo que tiene cualquier submarino nuclear en el mundo. El proyecto empezó durante el gobierno de Lula da Silva y hoy día se encuentra en etapa avanzada.

En 2017 el científico responsable del proyecto de creación y expansión de la tecnología nuclear brasileña, el almirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, fue preso, acusado de corrupción, en un proceso cuestionado por políticos progresistas nacionalistas. Sus defensores afirman que él es víctima de persecución política por sectores cercanos a EU.

Brasil es el primer país latino a mantener este tipo de acuerdo con EU y permitirá el intercambios de información sobre tecnología de defensa y patentes conjuntas en relación con "productos binacionales". Por tanto, el sector político más nacionalista prendió las alarmas sobre el peligro de que Brasil pierda su secreto tecnológico mejor guardado hasta el momento.

Además, hay un tercer interés detrás del acuerdo militar Brasil-EU: el tema Venezuela. A pesar de que el gobierno de Jair Bolsonaro ha reconocido al diputado Juan Guaidó como presidente interino, la verdad es que Brasil ha hecho poco y nada para desgastar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Para la reunión con Trump, Bolsonaro llevó la primera acción concreta contra Venezuela. La semana pasada anunció el rompimiento diplomático con el gobierno Maduro y dio el plazo de dos meses a los diplomáticos venezolanos para salir de Brasil. Dijo que en el mismo plazo Brasil retirará su cuerpo diplomático de Venezuela.

Donald Trump dijo en la primera reunión con Bolsonaro, el año pasado, y lo reiteró ahora, que quiere un Brasil más activo en el combate al gobierno bolivariano de Venezuela. Bolsonaro encuentra fuerte resistencia entre los militares brasileños, que a pesar de tener una doctrina militar de derecha, son profundamente nacionalistas. No les interesa un conflicto en la frontera norte de Brasil, donde está la Amazonia, niña de los ojos de los militares brasileños. Este territorio salvaje sólo lo conocen las fuerzas armadas de Brasil.

Por tanto, este acuerdo es también un gesto de Trump para militares brasileños, puesto que el gobierno de EU está prometiendo financiar grandes proyectos tecnológicos en sector de la industria militar de Brasil.

Después de conocer estas implicaciones, los diputados y senadores progresistas ahora presionan para que el acuerdo pase por votación en el Congreso Nacional, pues alegan que Bolsonaro coloca el proyecto de defensa nacional a servicio de los intereses geopolíticos estadunidenses. Es que con esta firma, Brasil pasa también al grado de "socio preferencial extra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)".

Por Fania Rodrigues, periodista brasileña

 

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Domingo, 15 Marzo 2020 06:25

Coronavirus, una pandemia muy oportuna

Coronavirus, una pandemia muy oportuna

La radiografía del momento son hospitales colapsados, personal sanitario exhausto y un sistema de salud pública resquebrajado por las privatizaciones. El Covid-19 destapa las vergüenzas de una gestión destinada a transformar la medicina en un gran negocio para empresarios ávidos de ganancias. Como suele ocurrir en estos casos, la iniciativa privada se frota las manos. Cualquier circunstancia es buena para hacer caja. Así, juegan con el miedo mientras ven aumentar sus beneficios. Han llegado a cobrar 300 euros por las pruebas del Covid-19. Su costo normal no supera los 25 euros. Son los empresarios quienes piden exenciones de impuestos, rebajas en el IVA, facilitar despidos y recibir ayudas para paliar la crisis abierta por la pandemia.

El Covid-19 es una buena excusa para especular. Dejar de ganar no es lo mismo que perder. Si lo valoramos en coyuntura, es una parálisis efecto de una situación extraordinaria. El cierre temporal puede no tener incidencia en el cuadro anual de resultados. Así lo hizo saber el ex ministro de Industria, Comercio y Turismo del PSOE (2008-2011) Miguel Sebastián: “Las parálisis económicas no tienen por qué ser una crisis económica… es un paréntesis… la clave (es) que no duren mucho… puede ser un mes o menos, y luego recuperar la actividad”.

Mientras tanto, la población es sometida a medidas que desatan la histeria colectiva y cuyo objetivo es frenar la acción del virus. El llamado a no salir de las casas deja un paisaje de ciudades semidesiertas. El gobierno y las autoridades solicitan comprensión y responsabilidad a los ciudadanos, la que ellos no tuvieron cuando firmaron los decretos de privatización, el despido de personal auxiliar y la amortización de médicos especialistas motivada por jubilación. Han sido cientas las plazas perdidas, lo cual ha dejado un sistema de salud en mínimos, disminuyendo el número de camas, los servicios especializados y de urgencias. En 2012, el Servicio Madrileño de Salud tenía 15 mil 531 camas funcionando, en 2018 eran 12 mil 565. Todos los inviernos la gripe común satura las áreas de urgencias de los hospitales públicos, pero no se hace nada, sólo ocultar los déficits.

Este año se suman los afectados por el virus Covid-19. La rapidez con la cual se expande en pacientes con patologías crónicas supone la imposibilidad material de gestionarlo hospitalariamente. Entender la salud como un negocio tiene consecuencias. No resulta extraño que en medio de la caída de valores en la bolsa, dos compañías farmacéuticas que trabajan en una vacuna, la anglofrancesa Novacyt y la estadunidense Aytu BioScience, vean subir su cotización. La primera, en 600 por ciento, y la segunda, en 80 por ciento. Nada sobre los avances del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba, donde los cuatro pacientes italianos en la isla han sido tratados con el nuevo antiviral interferón alfa 2B recombinante (IFNrec), elaborado en la planta mixta cubano-china desde enero en la localidad de Changchún, provincia de Jilin.

Si el virus y su tratamiento son un problema que desconcierta a la comunidad científica (¿nuevo, una mutación, llegó para quedarse?), aconsejar el aislamiento total y evitar contacto humano para frenar su propagación resulta, al menos, sospechoso. Algo no cuadra. Podemos estar viviendo el mayor teatro de operaciones jamás creado para elevar el grado de sumisión y obediencia apelando al miedo-pánico, a fin de reorganizar los mecanismos represivos y coercitivos. Una visión primaria, pero efectiva. Ante una amenaza que se expande, cerrar ciudades, suspender la actividad comercial salvo alimentación, quioscos de prensa, estancos y farmacias, estaría justificado. El relato no puede ser más maniqueo. Es el momento de obedecer sin rechistar. Será cuestión de meses encontrar el antídoto. Así se consolida el comportamiento socialconformista, cuyo rasgo característico es la adopción de conductas inhibitorias de la conciencia en el proceso de construcción de la realidad. Se presenta como un rechazo a cualquier tipo de actitud que suponga enfrentarse al poder constituido. El conformismo social es asumido y presentado a los ojos de todos nosotros como actitud responsable. Un comportamiento que busca paralizar la acción colectiva y desarmar el pensamiento crítico. La guerra neocortical ha comenzado.

No se trata de negar, menospreciar ni buscar explicaciones en teorías conspiratorias. La realidad parece señalar que los motivos epidemiológicos para declarar una pandemia no están justificados, aunque sí desde una perspectiva política. Desde hace unos años, analistas pronostican una recesión en el interior del neoliberalismo y su fetiche, la economía de mercado. Su reacomodo requiere mayor grado de violencia, aumento de la desigualdad social, exclusión y sobrexplotación bajo un neoliberalismo militarizado. Contener las revueltas populares, desarticular los movimientos sociales y plantear un nuevo escenario se antoja necesario para evitar el colapso. Los ejemplos sobran. En Chile, Francia o Colombia, por citar tres casos, el coronavirus es una “bendición”. Por primera vez, si exceptuamos las dos guerras mundiales, la especie humana es sometida a una tensión donde el miedo, el control social y una información manipulada comparten el espacio. Todo aderezado con un relato sobre caos económico y las cuantiosas pérdidas. Seguramente, dentro de unos meses, las empresas habrán recuperado sus beneficios, las bolsas retomarán el pulso especulativo y el miedo-pánico desaparecerá. La factura, como de costumbre, la pagarán las clases trabajadoras.

Publicado enSociedad
Viernes, 13 Marzo 2020 05:51

La dimensión política del coronavirus

La dimensión política del coronavirus

 

Tras unas semanas en las que abundaron las críticas a China por su gestión de la crisis, varios países del mundo occidental han entrado en pánico por la gestión de la crisis provocada por el coronavirus.

En un momento en el que los esfuerzos de los estados están concentrados en la contención de la pandemia mundial de coronavirus (covid19), puede parecer una frivolidad preguntarse por sus repercusiones políticas. Sin embargo, a nadie se le escapa que antes o después llegarán. Por lo pronto, el impacto económico ya se está dejando notar: los principales índices bursátiles han registrado caídas —el jueves Wall Street cerró después de que el Dow Jones se dejase 1.700 puntos en la apertura— y sectores enteros de la economía y las cadenas de suministro se han visto golpeados.

El director de Foreign Policy In Focus, John Feffer, recogía en un artículo reciente algunos datos que no está de más reproducir aquí: se ha calculado que el tráfico mundial de contenedores de transporte se reducirá un 9,5% este mes de marzo, y del sector industrial al turístico —reservas hoteleras, restauración, aerolíneas y cruceros— e incluso el entretenimiento —cancelación de conciertos, exposiciones en museos, funciones de teatro y estrenos cinematográficos— las consecuencias ya se dejan notar.

China ha ajustado su previsión de crecimiento, que ha rebajado a un 5% del PIB del 6% previsto, y se espera una caída similar para Italia, cuyo gobierno ha anunciado ya una inversión adicional de 25.000 millones de euros. Según fuentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), Italia podría necesitar un rescate de 500 a 700 mil millones de dólares. El pasado martes la Unión Europea adelantó que activará un fondo de 25.000 millones de euros para hacer frente a la crisis, un día antes de que el Banco Central Europeo (BCE) alertase de la posibilidad de una crisis como la de 2008 si no se toman medidas cuanto antes.

Bloomberg presentaba hasta cuatro escenarios, en el peor de los cuales la economía global perdería 2,7 billones de dólares y algunas de las principales economías industriales verían caer su PIB hasta un 3%. Según sus autores, “las históricos bajos niveles de las tasas de interés y los elevados niveles de deuda” limitan el margen de maniobra de los estados europeos, haciendo que la “caja de herramientas sea poco adecuada para la tarea” de enfrentarse al daño económico que causará la pandemia.

“Si algo con una tasa de mortandad relativamente baja como el coronavirus, de entre un 1 y un 4%, en comparación con el 50% del ébola, puede ocasionar semejante daño a la economía global, quizá es que el paciente estaba sufriendo ya de algún tipo de dolencia previa”, observa Feffer. “Puede parecer ridículo esperar que un patógeno, incluso uno que se propaga al ritmo de una pandemia, pueda revertir una trayectoria que lleva desarrollándose un siglo, pero el estallido de coronavirus coincide con los ataques a la globalización económica desde diferentes sectores”, añade el director de Foireng Policy in Focus, quien cita el ejemplo de los ecologistas que cuestionan desde hace décadas la política de crecimiento y la mundialización.

En este sentido, el covid19, “como la pandemia de gripe de 1918, puede contribuir a una mayor fragmentación” o puede “servir como recordatorio de cómo la salud de la humanidad ha dependido de allende de las fronteras durante milenios” —las pandemias, recuerda el autor, siempre han estado relacionadas con los desplazamientos comerciales y militares— conduciendo a replantarse “cómo funciona el mundo”.

Quizá no se equivocaba del todo el editor del Global Times, Hu Xijin, al afirmar que “nos encontramos ante la primera fase de un enorme cambio”, ni tampoco exageraba el sociólogo Jósczef Böröcz al decir que “la humanidad se encuentra a prueba […] ¿Cómo reaccionan las culturas, clases e individuos a un desafío colectivo de esta importancia? ¿Qué culturas, clases e individuos son capaces de ajustarse a las respuestas colectivas adecuadas? ¿Qué produce reacciones sociales absolutamente antisociales? ¿Quién se dedica a pseudoactividades irrelevantes? Y la mayor pregunta de todas: ¿Qué culturas, clases e individuos serán capaces de sobrevivir o cuáles se irán por el desagüe?”

Primero Schadenfreude, luego pánico

Como se ha señalado ya en varios lugares, y el propio Feffer recoge, la primera reacción de muchos comentaristas occidentales al brote de covid-19 en Wuhan fue de Schadenfreude, un término alemán de uso frecuente en los medios con el que se describe el sentimiento de alegría por la desgracia ajena. ¿Cuántos medios no hablaron de un ‘Chernóbil chino’? Se lo

preguntó The Guardian, lo afirmó la revista Newsweek y, como por desgracia acostumbra a suceder, en España se repitió acríticamente en diarios como el ABC y en todos los telediarios de importancia. Foreign Policy llegó a acusar a China de haber “puesto en riesgo al mundo” con su “incompetencia”.

Muy diferente era el juicio de las autoridades sanitarias competentes: después de visitar el país, el director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para brotes epidémicos y emergencias sanitarias, Bruce Aylward, elogió en una rueda de prensa a finales de febrero la respuesta china y señaló que el resto de países no están preparados, “pero pueden estar listos rápidamente si hay un cambio de mentalidad sobre cómo vamos a manejar la enfermedad”.

En una entrevista con el medio estadounidense Vox publicada a comienzos de este mes, Aylward desarrollaba sus conclusiones. “La cuestión es la velocidad, todo se reduce a la velocidad: cuanto más rápido se puedan encontrar los casos, aislarlos y rastrear sus contactos, más éxito se tendrá”, exponía. Lo que demuestra la respuesta de China en 30 provincias, continuaba, “es que si uno se lo propone, se arremanga y comienza el trabajo sistemático de encontrar los casos y rastrear los contactos, se puede modificar la forma del estallido, reducir la presión y prevenir que mucha gente enferme y que los más vulnerables mueran”.

o se trata solamente de medidas comunes como el aislamiento de casos y la suspensión de reuniones públicas, sino de construir instalaciones hospitalarias especializadas, acelerar las pruebas —los resultados se conocen en un espacio de cuatro a siete horas— y garantizar su gratuidad, agilizar las recetas de medicamentos y crear una red para su distribución a las poblaciones afectadas, así como adquirir aparatos de respiración asistida, oxígeno, material de laboratorio. E incluso a pesar de ese esfuerzo hercúleo “hubo problemas con los suministros en algún punto”. ¿Y qué hay del aislamiento de ciudades enteras o del seguimiento de ciudadanos a través de sus teléfonos móviles? “Los aislamientos a los que se refiere, las preocupaciones por los derechos humanos, reflejan la situación en lugares como Wuhan, [los aislamientos] se concentraron en Wuhan y otras dos o tres ciudades que explotaron [con casos de COVID-19], estos lugares se descontrolaron al comienzo [de la epidemia] y China tomó la decisión de proteger a China y al resto del mundo.”

Ahora que el covid19 se extiende por Europa y Estados Unidos, la comparación en la gestión de la pandemia ha dejado en evidencia la “dolencia previa” de la que hablaba Feffer. En EEUU, hogar de 28 millones de personas sin seguro médico, las enfermeras se han quejado por la falta de equipos y también lo ha hecho el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) por la escasez de material de laboratorio para las pruebas de detección después de haber sufrido retrasos y errores.

En Nueva York el cierre de escuelas se ha considerado como “la última opción”, ya que significaría dejar a 114.000 estudiantes sin hogar sin la posibilidad de recibir atención médica o comida. En Counterpunch resumía bien la situación JP Sottile al escribir que estos últimos cuatro años la Casa Blanca “ha estado privando de oxígeno a las agencias federales, reduciendo sus recursos y su personal”, avanzando en el programa neoliberal de tres décadas que convierte así a Donald Trump en “el omega al alfa de Ronald Reagan”. “Cualquier ‘incompetencia’ relacionada con el coronavirus que veáis en las noticias es una característica intrínseca de todo ello, no un error”, denunciaba Sottile.

Cabe recordar que todo esto sucede mientras China clausuraba recientemente 16 hospitales de emergencia en Wuhan, enviaba 250.000 mascarillas y cuatro expertos en el control de la epidemia a Irán —donde las sanciones estadounidenses agravan la crisis— y un millar de ventiladores pulmonares, dos millones de mascarillas ordinarias y 100.000 mascarillas de alta tecnología a Italia.

En un artículo en Politico, el representante permanente de Italia ante la UE, Maurizio Massari, volvía a reclamar a Bruselas que relajase el acceso al crédito y difícilmente podía ocultar su indignación ante la respuesta de sus socios europeos: “Italia ya ha pedido que se active el Mecanismo de Protección de la Unión Europea para el suministro de equipos médicos para protección individual, pero por desgracia ni un solo país europeo ha respondido a la llamada de la Comisión, únicamente China ha respondido bilateralmente”. “Ciertamente, esto no es un buen signo de solidaridad europea”, apostillaba Massari.

El jueves la embajada china en Madrid informaba de la llegada de un cargamento de 1,8 millones de mascarillas y 100.000 reactivos. Alemania ya ha prohibido la exportación de material médico, provocando la indignación de Suiza y Austria. Berna ha llamado al embajador alemán a consultas en protesta por el bloqueo de un cargamento de 240.000 mascarillas médicas en la frontera, mientras que la ministra de Economía austríaca, Margarete Schramböck, ha exigido a Berlín que deje de retener los suministros.

“No puede ser que Alemania esté reteniendo productos destinados a Austria por el simple hecho de encontrarse almacenados en un Alemania”, declaró Schramböck, “estos productos son para el mercado austríaco, y los movimientos unilaterales de Alemania lo único que hacen es causar problemas a otros países”. Tan poco para tantos valores europeos.

China ha donado más de un millón de máscaras y otro material médico a Corea del Sur, 5.000 trajes protectores y 100.000 máscaras a Japón y 12.000 kits de detección a Pakistán, pero a pesar de todo ello algunos medios occidentales parecen concentrarse en atacar al país que más ayuda.

En España es digna de mención la rápida progresión del economista Juan Ramón Rallo quien, desde su columna en El Confidencial —programáticamente titulada Laissez faire— ha pasado de calificar de “extralimitación liberticida” la decisión de Francia de requisar los stocks de mascarillas para evitar el acaparamiento y la especulación a explicar a sus lectores por qué las medidas adoptadas por China para contener el Covid-19 son un ejemplo a seguir.

Aunque este cambio ha dado pie a numerosas bromas, pocos lectores parecen haber reparado en el último parágrafo de su artículo: “Pero, a la vez, los casos de Hong Kong y Singapur también nos recuerdan que, con restricciones muchísimo menores a las de China pero con un seguimiento exhaustivo de los contagiados y de sus contactos y una extrema responsabilidad individual hacia los demás (tomarse en serio la higiene y minimizar las salidas innecesarias de casa), también es posible frenar el ritmo de contagio. No hace falta hacer como China para obtener resultados chinos: pero sí es imprescindible actuar con profesionalidad y diligencia. Si no lo hacemos, confundiremos la inoperancia, pasividad y negligencia de un partido político específico con la inoperancia de un régimen amplio de libertades. Y la epidemia vírica será seguida por una epidemia autoritaria.”

Beijing vs. Singapur

Después del crack del 29 millones de personas en el mundo quedaron fascinadas por la capacidad de resistencia a la crisis —supuesta o relativa, dependiendo del observador— de dos países de políticas diametralmente opuestas: Italia, donde se aceleró el corporativismo con la nacionalización de bancos y la creación de empresas mixtas y estatales, y la URSS, donde el sistema de economía planificada protegía relativamente al país de los shocks de la Gran Depresión.

Con la crisis del Covid-19 podría ocurrir algo parecido, salvando por descontado todas las distancias. La derecha ya parece haber tomado como ejemplo Singapur, como atestiguan algunos artículos publicados hasta la fecha. Pocas sorpresas: la combinación de una economía de libre mercado, por una parte, y de un longevo gobierno autoritario del Partido de Acción Popular (PAP) que se encarga de vigilar su cumplimiento, por la otra, convierte a la ciudad-estado en un modelo atractivo para la derecha.

Singapur, con todo, no llega a los seis millones de habitantes. China, en cambio, tiene más de 1.400 millones, lo que la convierte en el país con más población del mundo. A diferencia de Singapur, su sistema político es una evolución del que existía en los estados del “socialismo realmente existente” antes de su desintegración, y mantiene, a pesar de la liberalización de buena parte de su economía, elementos socialistas. Los muchos comentarios que ha provocado la respuesta china a la crisis del coronavirus estos días traen a la memoria ¿Comunismo sin crecimiento? (1975) de Wolfgang Harich.

Este libro —una larga conversación entre el filósofo alemán y Freimut Duve, un socialdemócrata germano-occidental— abordaba el replanteamiento del marxismo a la luz de la crisis ecológica desde una óptica pesimista, partiendo de la tesis que aquélla establecía límites a la abundancia material con la que el marxismo tradicionalmente había vinculado la libertad comunista y la consiguiente extinción (o abolición) del Estado. En palabras de Harich, “mi creencia en la superioridad de modelo soviético de socialismo se ha hecho inquebrantable desde que he aprendido a no considerarlo ya desde el punto de vista de la —por otra parte absoluta— competencia económica entre el Este y el Oeste, sino a juzgarlo, ante todo, según las posibilidades que ofrece su estructura para sobreponerse a la crisis ecológica, para el mantenimiento de la vida en nuestro planeta, para la salvación de la humanidad”. Según Harich, únicamente un sistema comunista, con su centralización administrativa y economía planificada, permitiría combinar medidas de emergencia como la limitación del consumo y de la población o el racionamiento de productos de acuerdo a un principio de igualdad.

El libro de Harich fue ampliamente debatido en su momento en España, donde Manuel Sacristán le achacó tres defectos: “En primer lugar, es inverosímil si se tiene en cuenta la experiencia histórica, incluida la más reciente, que es la ofrecida por la aristocracia de los países del llamado ‘socialismo real’; en segundo lugar, el despotismo pertenece a la misma cultura del exceso que se trata de superar; en tercer lugar, es poco probable que un movimiento comunista luche por semejante objetivo. La conciencia comunista pensará más que bien que para ese viaje no se necesitaban las alforjas de la lucha revolucionaria. A la objeción (repetidamente insinuada por Harich) de que el instinto de conservación se tiene que imponer a la repugnancia al autoritarismo, se puede oponer al menos la duda acerca de lo que puede hacer una humanidad ya sin entusiasmos, defraudada en su aspiración milenaria de justicia, libertad y comunidad.”

A la luz de la crisis del Covid-19, los argumentos de Wolfgang Harich merecen reflexión. En una entrevista concedida en 1979 al semanario Der Spiegel, Harich defendía “que hay parámetros de alcance global que sólo pueden resolverse con un poder centralizado”, y añadía que “éste, en mi opinión, debe contar con plenos poderes dictatoriales” (aquí conviene matizar que Harich hablaba de una dictadura fideicomisaria y no de un despotismo soberano). “No soy un sádico, no me gustan las dictaduras duras, no me despiertan ninguna simpatía”, aseguraba, “sólo anticipo que si todo sigue como hasta ahora, entonces revertir las consecuencias sólo será posible con una tiranía terrible, temible”.

La pandemia de coronavirus ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la eficacia de un sistema centralizado como el chino para frente hacer los graves problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI. Las llamadas que han hecho algunos desde las redes sociales y desde la nueva izquierda a la política de curas durante la pandemia son loables, pero quedan empequeñecidas ante la magnitud del problema. La autoorganización o los movimientos sociales, por encomiables que sean, pueden servir para crear una red barrial de distribución de alimentos o tareas —que no es poco, en los tiempos que corren—, pero no para la organización y traslado de personal médico, y menos aún para fabricar aparatos de respiración, material de laboratorio o mascarillas en una crisis como ésta: de eso se encarga el Estado. El tiempo corre, y a medida que avanza la única alternativa, advertía Harich en la entrevista, “será entonces la autodestrucción en libertad, democracia y economía de mercado o un golpe de timón con medidas muy duras”. Entonces “quizá vendría, como teme el socialdemócrata Richard Löwenthal, un nuevo cesarismo con una nueva guardia pretoriana, que destruye todo lo que se cruza a su paso”. “El riesgo”, terminaba un sombrío Harich, “está ahí”. Si el dilema económico en los veinte se planteó, por tomar una conocida expresión de Thomas Mann, como una elección entre “Roma o Moscú”, el de este siglo XXI podría acabar siendo —si no se encuentra una solución socialista democrática a tiempo— entre Beijing o Singapur. El tiempo corre.

Por Àngel Ferrero

13 mar 2020 07:16

Publicado enPolítica