MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Lluvia de bombas en Gaza y de cohetes en Israel

El Consejo de Seguridad de la ONU se reune para tratar de frenar el conflicto.

En la conmemoración de Al Nakba, que recuerda la expulsión de árabes de sus territorios con la creación de Israel en 1948.

El sexto día de tensiones entre el gobierno israelí y Hamas llegó a un punto álgido con el derrumbe de la torre Al Jara donde funcionaban las oficinas de la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) y de la televisión qatarí Al Jazeera. También sobrevolaron aviones de combate israelíes que en uno de los ataques mataron a 10 integrantes de una familia. Según el Ministerio de Salud de Gaza ya son 145 los muertos ymás de 1100 en la Franja de Gaza. Israel a su vez informó10 muertes por cohetes incluyendo un niño y decenas de heridos.

"Estamos conmocionados y horrorizados por el hecho de que el ejército israelí apunte y destruya el edificio que alberga la oficina de AP y otros medios de comunicación en Gaza", dijo el jefe de la agencia, Gary Pruitt, en un comunicado. Por su parte, la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, afirmó que el mandatario estadounidense, Joe Biden, pidió que se garantice la seguridad de los medios extranjeros.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu se refirió al derrumbre de la torre de medios a través de un comunicado de su oficina. "Israel está haciendo todo lo posible para evitar cualquier daño a los que no están involucrados. La prueba es que los edificios que tienen locales de terroristas son evacuados de gente no involucrada antes de ser atacados", afirmó

El matutino israelí Haaretz informó que las fuerzas israelíes bombardearon la casa de un jefe de Hamas, Yahwa Sinwar, en Gaza durante la madrugada del domingo. Mientras que tres palestinos murieron en un ataque aéreo de las fuerzas israelíes, según informaron las autoridades sanitarias.

En la frontera, tanques israelíes dispararon decenas de proyectiles de artillería contra casas y propiedades palestinas al sur y al norte de la Franja de Gaza. En el caso de la familia de diez integrantes que fue abatida este sábado en el campo de refugiados Al Shati, ocho de los fallecidos eran niños y el único sobreviviente es un bebé rescatado entre los escombros del edificio que fue derribado por un proyectil.

 Netanyahu habló en una conferencia de prensa el sábado por la noche y afirmó que la operación actual continuará durante el tiempo que sea necesario. “Cualquiera que actúe como un terrorista será tratado como tal", sostuvo. El primer ministro también agradeció el apoyo inquebrantable del presidente estadounidense, Joe Biden.

Hamas

Desde el ala militar de Hamas, reivindicaron este sábado el lanzamiento de múltiples cohetes contra Tel Aviv y contra varias zonas céntricas en Israel como respuesta por la muerte de la familia palestina. La ofensiva de Hamas dejó al menos un israelí fallecido, un hombre de 58 años en un ciudad cerca de Tel Aviv, según informó el vocero de la Cancillería israelí, Lior Haiat, en conferencia internacional. El vocero del ejército israelí Jonathan Conricus explicó que se trata de un hombre que estaba dentro de su casa en la zona de Ramat Gan y que falleció en el acto. Además estos ataques también alcanzaron la zona metropolitana en Tel Aviv, incluyendo las inmediaciones del aeropuerto internacional de Ben Gurion.

Historia en las protestas

Cisjordania continua como escenario de protestas. Este sábado vivió una nueva jornada de manifestaciones que dejó dos muertos y cerca de 80 personas heridas, todas palestinas. Durante el día las autoridades israelíes estuvieron alerta a las manifestaciones de Al Nakba, ya que cada 15 mayo los palestinos conmemoran la catástrofe que llevó a la expulsión de árabes de sus territorios en 1948 con la creación de Israel. El ministro israelí de Defensa, Benny Gantz, amenazó con anular las medidas de ayuda económica a la sociedad palestina si continuan los disturbios en Cisjordania.

Preocupación en la ONU

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo estar consternado por las muertes de civiles en Gaza y profundamente afectado por el ataque israelí contra un edificio que albergaba oficinas de medios de comunicación internacionales. El secretario general le recordó a las partes que cualquier ataque indiscriminado contra estructuras civiles y de medios de comunicación viola el derecho internacional y debe evitarse a toda costa.

Por la noche otro edificio de 12 pisos, la torre Al Andalus, resultó dañado en nuevo bombardeo, según consignaron periodistas de la agencia AFP. Cerca de la medianoche, Hamas volvió a lanzar misiles contra ciudades israelíes, entre ellas Tel Aviv.

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Una mujer palestina asoma desde la puerta de su casa. — REUTERS 15/05/2021 21:55

La Franja de Gaza sufre la tercera guerra de la última década. Esa zona diminuta y poblada por dos millones de personas está acostumbrada a ataques israelíes cada vez más sofisticados, como más sofisticada es la resistencia de las milicias palestinas. En las actuales circunstancias, dormir en Gaza no es fácil, especialmente para las familias con niños pequeños.

Los bombardeos de la aviación son sistemáticos y masivos desde el lunes y no se detienen durante la noche. Israel asegura que se dirigen contra objetivos militares pero durante esta semana han destruido centenares de edificios, incluidas tres de las torres más altas de la Ciudad de Gaza, donde vivían decenas de familias.

"Los bombardeos son mucho más intensos por la noche", dice Kayed Hammad en una conversación telefónica. "Por la noche son verdaderamente locos, mucho más locos que durante el día. Comienzan a intensificarse a partir de las 12 de la noche o la 1 de la madrugada y suelen continuar a ritmo frenético hasta las 5 de la mañana. Luego no paran, pero ya no son tan intensos".

En toda la ciudad ocurre lo mismo, como si los israelíes buscaran el insomnio de los gazatíes. "No he podido dormir por la noche desde el lunes. Por las mañanas duermo un poco, cuando ya no aguanto más". Lo mismo les ocurre a su esposa y sus hijos en el alto edificio donde residen, no muy lejos de la costa oriental del Mediterráneo, en el barrio Al Naser. El edificio "baila" algunas noches, dice Kayed, algo que sucede cuando los proyectiles caen más cerca.

Entre los miembros de su familia no ha muerto nadie, ni tampoco nadie ha resultado herido hasta ahora. Sin embargo, unos antiguos vecinos, al norte de la ciudad de Yabaliya, no han tenido la misma suerte. Su edificio fue bombardeado y en todo el edificio han muerto cuatro personas y ocho han resultado heridas, todos civiles.

Hasta primera hora del sábado, el ministerio de Sanidad de Gaza había contado 140 muertos y 950 heridos. Cuarenta de los fallecidos eran niños. Es el balance oficial, aunque algunos lo disputan, especialmente en Israel, donde afirman que el número de víctimas es muy superior y resaltan que muchos muertos son "terroristas".

"Algo que viene ocurriendo esta semana, y que no sucedió en anteriores guerras, es que los aviones israelíes están bombardeando las calles, concretamente el centro de las calzadas, y especialmente los cruces. Creen que hay túneles subterráneos que utiliza Hamás por toda la ciudad. Dicen que quieren cortar y destruir la red de túneles", explica Kayed.

Uno de los barrios más castigados ha sido Sheij Zayed, entre Beit Lahiya y Yabaliya, al norte de la Ciudad de Gaza, pero los bombardeos se han repartido equitativamente por esta ciudad y por otras localidades distribuidas a lo largo de los 40 kilómetros de longitud que tiene la Franja.

"En el norte de Yabaliya hay zonas que recuerdan a Shuyaiya en 2014, aunque no es exactamente lo mismo", explica Kayed. "En 2014 los tanques fueron los que causaron toda la destrucción de Shuyaiya y ahora son los aviones". La diferencia es que en aquella guerra los tanques arrasaron todo a su paso, casa a casa, mientras que ahora el objetivo de los aviones son edificios que no necesariamente están contiguos.

Kayed, que tiene 56 años, vive con su mujer y sus cuatro hijos. Debido a la desastrosa situación en la Franja de Gaza no tiene empleo pero sus hermanos ayudan a la familia. Muchas familias de Gaza viven en condiciones similares puesto que la Franja está aislada por Israel y Egipto y muy pocos gazatíes son los que pueden emigrar. Otros, sin embargo, están dispuestos a quedarse pase lo que pase y haya las estrecheces que haya.

Los hijos de Kayed "lo pasan bastante mal con los bombardeos", especialmente por la noche. La población de cierta edad está acostumbrada, si es que alguien puede acostumbrarse a las bombas, a que periódicamente los aviones israelíes sobrevuelen la Franja y descarguen proyectiles aquí y allá. Puede decirse que en gran medida los bombardeos son un sorteo. Los israelíes dicen que antes de destruir un edificio avisan a los ocupantes, pero los gazatíes aseguran que no siempre hay avisos.

Una de las consecuencias de los bombardeos es la destrucción de los servicios públicos, algo a lo que Israel parece contribuir con gran dedicación. En la Franja los servicios son escasos. El mismo suministro de agua procedente de acuíferos subterráneos contaminados por el agua del mar es escaso. En todo caso el agua no es potable, de manera que las familias que pueden permitírselo compran agua embotellada.

Eso sin contar con los cortes de agua. Las familias que residen en zonas privilegiadas pueden recibir hasta ocho horas de agua al día, mientras que en otras aéreas no reciben nada o una o dos horas al día. El alcalde de la Ciudad de Gaza dijo el viernes que el tratamiento de las aguas residuales es muy deficiente y que hay cloacas que han sufrido grandes desperfectos.

15/05/2021 21:55

Por Eugenio García Gascón

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El humo y las llamas aumentan a medida que aumentan las hostilidades entre Israel y Hamas. — Ibraheem Abu Mustafa / EFE

La cifra de muertos en Gaza asciende a 119, entre ellos 31 niños, tras la masiva ofensiva, según el Ministerio de Sanidad del enclave. El número de heridos palestinos sube hasta los 830.

 

La mayor operación israelí sobre Gaza, desde el inicio de la escalada bélica, consistió en 50 rondas de bombardeos por tierra y aire en 40 minutos, detalló hoy el Ejército. El ataque se realizó desde el exterior sin que las tropas entraran en la Franja de Gaza, aclaró el Ejército tras las informaciones que apuntaron al inicio de una ofensiva terrestre.

La cifra de muertos en Gaza sube a 119, entre ellos 31 niños, tras la masiva ofensiva, según el Ministerio de Sanidad del enclave. El número de heridos palestinos asciende ya a 830, informó hoy el portavoz del Ministerio de Sanidad del enclave, Ashraf Al Qedra.

En la masiva operación que comenzó a primera hora de la madrugada, 160 aviones, artillería e infantería bombardearon intensamente a lo largo del enclave contra objetivos, según el Ejército, pertenecientes a las milicias palestinas, principalmente, la red de túneles subterráneos donde sus miembros se protegen durante los bombardeos israelíes.

Desde el inicio de los enfrentamientos, las milicias han lanzado más de 1.800 proyectiles hacia Israel, 430 de ellos fallidos que cayeron en el enclave costero, y de los cuales la mayoría fue interceptada por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro.

Siete personas han muerto en Israel, entre ellas un adolescente y un niño de 6 años, y anoche una anciana falleció al caer cuando corría a protegerse de los cohetes a un refugio. El Ejército adelantó que hoy continuará atacando objetivos en el enclave y que "tienen intención" de llevar a cabo una ofensiva terrestre: "Estamos preparados para hacerlo", dijo el portavoz.

"Lo estamos haciendo y lo seguiremos haciendo con mucha intensidad. Esta no es la última palabra y esta operación continuará el tiempo que sea necesario", advirtió el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en un vídeo difundido por sus redes sociales mientras se producían esta madrugada los bombardeos. 

jerusalén

14/05/2021 09:05 Actualizado: 14/05/2021 10:34

EFE

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La tragedia de Jerusalén y el apartheid israelí

La escalada de violencia que comenzó en Jerusalén ya provocó más de 40 muertos. El histórico conflicto entre israelíes y palestinos retorna con fuerza y pone en debate la política israelí en los territorios ocupados. Las alternativas frente al conflicto existen, pero son pocos quienes están dispuestos a apoyarlas y los pirómanos parecen estar ganando la batalla.

La semana pasada la situación en Israel empezó a descarrilarse hacia una tragedia anunciada. En Jerusalén Este (la zona árabe), más precisamente en el barrio de Sheikh Jarrah, los habitantes palestinos de la ciudad encontraron la excusa perfecta para protestar ante la discriminación continua que sufren a manos del gobierno de Israel. Allí, cientos de palestinos –con la presencia solidaria de un puñado de activistas israelíes– elevaron su voz ante la orden de desalojo que recibieron varias familias árabes de parte del Poder Judicial de Jerusalén, el cual argumentó que familias palestinas se encontraban ocupando ilegalmente viviendas que antes de que se conformara el Estado de Israel en 1948 (y Jerusalén se dividiera entre control israelí al oeste y jordano al este) eran de propiedad judía.

Los ocupantes palestinos explicaron una y otra vez que la mayoría de ellos también eran refugiados que, a su vez, habían sido expulsados de poblados que habían quedado bajo dominio israelí con posterioridad al establecimiento del Estado hebreo, y que las autoridades jordanas los habían reacomodado en viviendas que antes eran de judíos. La pregunta que se hacían los damnificados ante la decisión judicial era clara y estaba dirigida hacia el corazón de una cuestión aún no saldada: ¿por qué familias judías pueden presentar reclamos por propiedades que debieron abandonar por la conflagración de 1948, pero ningún palestino puede hacer lo mismo con sus antiguas viviendas hoy ocupadas por israelíes después la guerra, a lo largo y ancho de todo Israel?

Las llamas actuales comenzaron a avivarse hacia un punto de no retorno cuando Haram Al Sharif (la explanada elevada donde se encuentran el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa y que los judíos también reverencian, pues allí se encontraba el Templo de Salomón), repleto por la festividad musulmana de Ramadán, protestó masivamente en solidaridad con el barrio de Sheikh Jarrah. Los disturbios incluyeron el lanzamiento de piedras y cánticos palestinos en favor de la independencia, y las fuerzas israelíes contestaron con una violenta represión, que si bien no causó muertos aún en Jerusalén por la notoria decisión de la policía israelí de no usar fuego vivo, incluyó imágenes delicadas para el sentimiento palestino, como lo fue el lanzamiento de granadas de estruendo y humo dentro de la mezquita de Al Aqsa (el tercer lugar más sagrado para el islam).

A partir de entonces, todo estuvo servido para la ganancia de los piromaníacos: la organización fundamentalista Hamas –que controla una Franja de Gaza bloqueada por Israel– aprovechó la oportunidad e hizo su entrada triunfal para posicionarse como protectora de los palestinos y así avanzar su disputa interna contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) (que administra algunas ciudades de Cisjordania bajo supervisión israelí y trató de contener las protestas). Para ello lanzó ataques con cohetes contra Israel. Hamas sabe muy bien –de igual manera que lo comprenden los extremistas judíos– que cualquier disturbio acontecido en Haram al Sharif potencia su discurso nacional-religioso a expensas de la posición mayoritaria palestina de llegar a un acuerdo con los israelíes.

A esto se debe que los fundamentalistas de ambos lados anhelen la violencia en Jerusalén, pues los problemas pueden empezar en la mítica ciudad santa pero nunca terminan dentro de sus límites. La realidad es que Hamas le hizo un flaco favor a la causa palestina al entrar en un intercambio violento con Israel, que, al fin y al cabo, mueve el escenario de una lucha de resistencia civil en Jerusalén –que Israel no sabe manejar– a una disputa armada que Israel dominará tarde o temprano.

De esta manera, y desde la noche del lunes, Hamas lanzó 500 cohetes desde Gaza hacia Israel: 150 cayeron dentro de la Franja, otros 200 fueron interceptados por el Domo de Hierro (el escudo antimisiles israelí) y el resto impactó principalmente en ciudades sureñas israelíes causando tres muertes. Israel reaccionó con rapidez y bombardeó masivamente la Franja de Gaza, una de las zonas más densamente pobladas del mundo, lo que provocó más de 30 muertos, entre ellos varios niños.

Para hacer más complicada la cuestión, Israel se encuentra en una impasse política: el actual primer ministro Benjamin Netanyahu no pudo formar una coalición de gobierno luego de las elecciones y hoy la oportunidad de hacerlo la tiene una heterogénea alianza que integran derechistas e izquierdistas israelíes junto con islamistas árabes israelíes. La escalada violenta sin dudas beneficia al líder del Likud, pues será muy difícil para sus rivales políticos, encabezados por el nacionalista religioso Naftali Bennett y el centrista secular Yair Lapid, conformar en los días por venir una coalición para la cual necesitan el apoyo de los partidos árabes israelíes (un eufemismo para denominar a los palestinos con ciudadanía de Israel). Y cualquier colaboración de los partidos palestinos dentro de Israel en el medio de un conflicto violento será vista como una traición a su pueblo.

Volviendo a Jerusalén, la actual disputa en la ciudad encuentra su origen en el problema irresuelto de su estatus legal y a la fallida partición del territorio de Palestina en un Estado judío y otro árabe. Bajo el plan de partición de las Naciones Unidas, aprobado en noviembre de 1947, Jerusalén –como Belén– se convertiría en un Corpus Separatum, es decir, bajo control internacional y sin manejo efectivo ni del Estado judío ni de los árabes. La tutela internacional –que habría implicado que varios países tuvieran una representación diplomática separada en Jerusalén– nunca llegó a implementarse debido a la guerra que pelearon, en primer lugar, israelíes contra palestinos y, a partir de la Declaración de Independencia israelí, en mayo de 1948, el naciente Estado judío contra cinco países árabes. Hoy, el estado legal de Jerusalén, según las Naciones Unidas y casi todos los países del mundo, no está resuelto y sigue en disputa. Asimismo, la amplia mayoría de la comunidad internacional nunca reconoció la decisión israelí de coronar a Jerusalén Oeste como la capital de Israel en 1949 o la anexión de Jerusalén oriental (luego de la conquista israelí en la Guerra de los Seis Días de manos de Jordania) en 1967. La anexión puso a Jerusalén Este dentro de los límites de Israel, pero no les otorgó derechos plenos a sus ciudadanos árabes, quienes pueden votar para seleccionar al alcalde de la ciudad, pero no así para elegir a los diputados del Parlamento israelí o al mismísimo primer ministro de Israel.

Mientras tanto, hace solo dos semanas, la organización humanitaria Human Rights Watch publicó un exhaustivo trabajo de investigación de 213 páginas titulado Un umbral cruzado, en el que afirma que Israel gobierna un régimen de «apartheid y persecución» sobre los palestinos, lo que fue definido como un crimen de lesa humanidad en la década de 1970.

Durante años, siempre que Israel ha sido acusado de mantener un régimen de apartheid en los territorios ocupados palestinos ha contestado con el argumento de que se trata de una situación «temporal» (producto de la guerra de 1967) y que el futuro de Cisjordania se determinará mediante negociaciones que se han estancado –según los argumentos israelíes– como resultado de la negativa de la parte palestina a participar. Es decir: la responsabilidad es de los palestinos y no del propio Estado israelí, el cual ha motorizado que hoy en día 8% de su población civil –cerca de 700.000 personas– se haya asentado en territorio ocupado en un conflicto militar  (violando una Convención de Ginebra que permite el movimiento de tropas a la zona conquistada pero no así el de civiles) y construido allí más de 120 asentamientos (hay otros 100 en proceso de legalización) que controlan de una forma u otra entre 20% y 30% del territorio total de Cisjordania. 

Antes de la publicación del informe, la cancillería israelí reaccionó defensivamente sosteniendo que se trataba de un «panfleto de propaganda» no relacionado «con los hechos o la verdad sobre el terreno» y escrito por una organización impulsada «durante mucho tiempo por una agenda antiisraelí». Por su parte, el ministro de Asuntos Estratégicos israelí, Michael Biton, sostuvo que «no hay conexión entre el informe de HRW y las verdades legales, sociales y morales [sic] que prevalecen en todo Israel». «El propósito de este informe espurio –sostuvo– no está relacionado de ninguna manera con los derechos humanos, sino un intento de socavar el derecho del Estado de Israel a existir como el Estado-nación del pueblo judío».

El trabajo –y sentencia– de Human Rights Watch no es nuevo y continúa el detallado análisis publicado en enero de este año por la organización israelí B’Tselem, titulado: «Un régimen de supremacía judía desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo: esto es apartheid». En ese documento, la institución sin fines de lucro con sede en Jerusalén, cuyos objetivos declarados son documentar las violaciones de derechos humanos en los territorios ocupados por Israel, declara: «Toda el área entre el mar Mediterráneo y el río Jordán está organizada bajo un solo principio: avanzar y cimentar la supremacía de un grupo, los judíos, sobre otro, los palestinos. (…) El régimen israelí ha dividido el área en varias unidades que define y gobierna de manera diferente, otorgando a los palestinos derechos diferentes en cada una. Esta división es relevante solo para los palestinos. El espacio geográfico, que es contiguo para los judíos, es un mosaico fragmentado para los palestinos. (…) Israel otorga a los palestinos un conjunto diferente de derechos en cada una de estas unidades, todos los cuales son inferiores en comparación con los derechos otorgados a los ciudadanos judíos. El objetivo de la supremacía judía avanza de manera diferente en cada unidad, y las formas de injusticia resultantes difieren: la experiencia vivida por los palestinos en la Gaza bloqueada es diferente de la de los súbditos palestinos en Cisjordania, los residentes permanentes en Jerusalén Este o los ciudadanos palestinos dentro del territorio soberano de Israel. Sin embargo, estas son variaciones del hecho de que todos los palestinos que viven bajo el gobierno israelí son tratados como inferiores en derechos y estatus a los judíos que viven en la misma área».

La decisión de HRW de utilizar el término «apartheid» y de calificar de «persecución» las políticas israelíes hacia los palestinos también se produce semanas después de que la Corte Penal Internacional (CPI) anunciara la apertura de una investigación sobre presuntos crímenes cometidos por Israel (y también de Hamas) desde 2014 en los territorios ocupados. Una decisión que el por ahora primer ministro israelí, el investigado por corrupción Netanyahu, calificó burdamente como de «antisemita».

La pregunta que se impone entonces es la siguiente: ¿es comparable la situación en Israel/Palestina a la Sudáfrica del apartheid? En 1927, el líder sionista Haim Arlosoroff (quien posiblemente hubiese ocupado el lugar de David Ben Gurion de no haber caído asesinado por rivales sionistas de derecha), mucho antes de la creación del Estado de Israel y la instauración legal del apartheid sudafricano, escribía: «Creo que vale la pena encontrar un equivalente a nuestro problema en los anales de asentamiento de otros países». Según Arlosoroff, las comparaciones con Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda estaban equivocadas, pero «Sudáfrica es casi el único caso en el que hay similitud, con nuestras condiciones y problemas, para permitirnos una analogía». Aquellos familiarizados con la historia sudafricana saben que el régimen de permisos para la población «de color» fue uno de los aspectos más notorios del apartheid y procedimientos similares (pero no por eso idénticos) son una parte inherente al orden al que están sometidos millones de no ciudadanos palestinos.

Si bien la caracterización de Israel como un estado de apartheid deja de lado algunos aspectos únicos de la ocupación israelí, en muchas otras cuestiones las similitudes son sorprendentes: Israel controla todo el registro de la población en los territorios ocupados, todos los palestinos deben llevar tarjetas de identificación emitidas por Israel y su identidad está sujeta a verificación por parte del ejército israelí en todo momento. Existe un complicado sistema de permisos y regulación tanto del movimiento dentro de Cisjordania como de los desplazamientos fuera de la zona: hay más de 100 tipos de permisos para entrar en Israel desde Cisjordania, en lo que constituye el sistema más sofisticado de control de una población en todo el mundo. El grado de cooperación de un palestino con el ejército israelí es directamente proporcional a su capacidad para viajar libremente, y solo una pequeña parte de la población –un par de decenas de miles entre casi tres millones– tiene permisos para trabajar en Israel, al oeste de la Línea Verde, límite internacionalmente reconocido entre los israelíes y los palestinos.

Al día de hoy, solo existen dos opciones en el conflicto israelí-palestino: la primera es dos Estados para dos pueblos, lo que implica una contienda palestina por la independencia nacional y la aceptación israelí de que ese Estado palestino se establezca en la totalidad de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. La segunda alternativa es un Estado para todos, en el que la disputa palestina se concentre en una lucha para alcanzar derechos civiles y humanos plenos. Hay un tercer proyecto que incluye una federación israelí y palestina, pero nadie aún la ha puesto en agenda. La segunda y tercera opción parecen muy lejanas al día de hoy simplemente porque no cuentan con un masivo apoyo en los respectivos pueblos.

Es probable que el punto más cuestionable para aquellos que definen a Israel como un Estado de apartheid radique en presentar los deseos palestinos solamente como una lucha de derechos humanos o de igualdad ante la ley. Incluso si los palestinos pudiesen construir sus casas en cualquier espacio de Tierra Santa o si la cantidad de derechos que poseen no estuviesen supeditados al lugar en el que residen (los palestinos de Israel tienen más derechos que los palestinos de Jerusalén, los de Jerusalén más que los de Cisjordania y los de Cisjordania más que los de Gaza), el combate palestino continuaría, pues el deseo de la mayoría es la independencia nacional y no un Estado para todos. Asimismo, es sorprendente que no esté en el principal interés de Israel conformar un Estado palestino para que exista a su lado: esta es la única alternativa para que el Estado de Israel pueda seguir manteniendo su carácter judío, pero también ser un Estado democrático. 

En 2007, el ex-primer ministro Ehud Olmert dijo que si la solución de dos Estados para dos pueblos colapsara, Israel «enfrentaría una lucha al estilo sudafricano por la igualdad de derechos de voto, y tan pronto como eso suceda, el Estado de Israel habrá terminado». Tres años después, el militar más condecorado del Estado hebreo, el también ex-primer ministro Ehud Barak, expresó el mismo parecer. Y en 2015 lo hizo, para sorpresa de más de uno, el propio ex-jefe del Mossad, el fallecido Meir Dagan. Ya un par de años antes Yuval Diskin, el destacado jefe del sigiloso servicio secreto interno israelí, el Shin Bet, lo había puesto con estas palabras: «Si no deseamos seguir gobernando a otro pueblo y convertirnos así en un Estado de apartheid condenado al ostracismo, no hay más alternativa que otorgar plenos derechos, incluido el derecho al voto, a los palestinos. En tal escenario, no hay necesidad de mantener más discusiones sobre el futuro de la visión judía y democrática tal como la plantearon nuestros padres fundadores, la misma visión en la que fuimos criados y educados. La misma se derretirá y desaparecerá».

Por lo tanto, y más que nunca, los líderes israelíes actuales deberían recordar las antiguas palabras esgrimidas por el aclamado escritor, poeta y crítico social afroestadounidense James Baldwin: «No todo lo que se enfrenta se puede cambiar. Pero nada se puede cambiar hasta que se enfrente». 

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Jueves, 13 Mayo 2021 06:02

No es un conflicto, es colonialismo

No es un conflicto, es colonialismo

Mientras asistimos a una nueva escalada de violencia en Medio Oriente, es imposible no tener en mente que el próximo sábado se cumplen 73 años de la creación del Estado de Israel y de la Nakba o “catástrofe” palestina. Este acontecimiento, celebrado por algunos y lamentado por otros hasta hoy, es el germen del estado de cosas en la región y por ello el necesario punto de partida para comprender la situación actual.

Ya unos años antes de ese 15 de mayo de 1948, se promovió la inmigración a Palestina con la intención de constituir allí un Estado con mayoría judía. En busca de legitimar tal proyecto colonial, desde un primer momento se procuró “indigenizar” a los primeros inmigrantes, marginando a la población nativa histórica. Utilizando la geografía para reforzar el etno-nacionalismo, a las nuevas generaciones se les enseñó a verse como los dueños legítimos de la tierra, sus recursos y pobladores, así como a aumentar la dominación judía y su expansión.

Para concretar este plan, desde el comienzo la expulsión de la población originaria fue central y años antes de que se desatara la primera guerra entre árabes y judíos, 300.000 nativos fueron desterrados con la complicidad del entonces poder colonial británico. Luego de la guerra, 450.000 más fueron expulsados a los países vecinos donde aún viven como refugiados, otros fueron desplazados internos y unos pocos lograron quedarse en el ahora Estado de Israel, convirtiéndose en una minoría de la que siempre se desconfía y a la que se margina. Conocidos como los palestinos del 48, son el 20 por ciento de la población israelí y viven en ciudades “mixtas” como Haifa, Nazaret o Yafa. El resto de la población palestina quedó del otro lado de la denominada línea verde, bajo administración de Jordania y Egipto que gobernaron Cisjordania-Jerusalén Oriental y Gaza respectivamente. En junio de 1967, tras el triunfo israelí en la Guerra de los Seis Días, este Estado ocupó militarmente los tres territorios mencionados, extendiendo su proyecto colonial a base de expulsiones, detenciones arbitrarias, matanzas e instalación de colonias ilegales: la colonización nunca se detuvo.

Israel buscó no sólo sostener su supremacía militar en la región sino también, como todo proyecto colonial, presentarse como una población superior y más civilizada. La identificación de los palestinos como una plebe primitiva y violenta contrapuesta a la sofisticada, culta y europea sociedad israelí abona este sentimiento de superioridad, a la vez que refuerza el lazo inequívoco con su origen europeo y el aval estadounidense. A fin de cuentas, son estos Estados los que financian la política militar israelí. De ahí la inmanencia del discurso de seguridad, que habilita a su vez las prácticas de opresión, discriminación y asesinato transformándolas en prácticas de defensa y venganza.

En diciembre de 1987 los ojos del mundo se posaron por primera vez en la realidad palestina y la desigual correlación de fuerzas. Ante la simpatía internacional que despertaban los niños que tiraban piedras a los tanques, la sustitución del movimiento social de base por una dirigencia servil fue un paso necesario para la despolitización de la población palestina y la continuidad de la ocupación. Así, la Intifada, un levantamiento popular y transversal contra la ocupación, luego de unos años decantó en los Acuerdos de Oslo entre la Organización para la Liberación de Palestina y el Estado de Israel. La flamante Autoridad Palestina se ocupó desde entonces de administrar la ocupación israelí del otro lado de la “línea verde” asfixiando a las nuevas generaciones y manteniendo el statu quo.

En este contexto, la expulsión de los habitantes de Sheij Jarrah es tan sólo un microcosmos de un estado de cosas instalado hace poco más de 70 años, de la Nakba continua que aún busca fragmentar, dispersar y oprimir a la población palestina para borrar todo rastro de su identidad a través de expulsiones, desplazamientos forzados, matanzas y la imposición de un sistema de apartheid. Todos estos esfuerzos han tenido un costo muy alto para colonizadores y colonizados y no hicieron más que reforzar la desigualdad intrínseca que divide a opresores de oprimidos.

Al tiempo que escribo estas líneas los enfrentamientos y ataques en todo el territorio de la Palestina histórica se intensifican (foto, Ciudad de Gaza) y seguramente en los próximos días la violencia continuará escalando, pero no habrá guerra. Para que haya guerra se necesitan dos partes iguales; para que haya paz, también. 

Por Carolina Bracco

13 de mayo de 2021

Politóloga y Doctora en Culturas Árabe y Hebrea. Profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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Los ataques aéreos del Ejército de Israel contra la Franja de Gaza. | Fuente: AFP

Alrededor de 130 cohetes han sido disparados este martes contra el área metropolitana de Tel Aviv desde Gaza tras el bombardeo de la aviación israelí en represalia por el lanzamiento de cohetes con dirección a Jerusalén este lunes.

 

Las autoridades de la Franja de Gaza, controlada por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), han elevado este martes a 26 los palestinos muertos en los bombardeos ejecutados por Israel desde la tarde del lunes contra el enclave palestino, en el marco de un nuevo recrudecimiento de la violencia en la zona.

El Ministerio de Sanidad gazací ha indicado que entre las víctimas mortales hay al menos una decena de niños, al tiempo que ha cifrado en 122 el total de heridos. Asimismo, el Ministerio de Educación gazací ha pedido a la comunidad internacional que "condenen, denuncien y detengan los crímenes de la ocupación", según ha informado la agencia palestina de noticias Maan.

El movimiento islamista Hamás disparó este martes 130 cohetes contra el área de Tel Aviv, uno de las principales núcleos urbanos de Israel, y el centro del país, que hicieron sonar las sirenas antiaéreas.

Hamás había amenazado previamente con disparar a esta zona de Israel si atacaba el conocido edificio Hanide de 14 plantas, en la Ciudad de Gaza, que esta tarde fue bombardeado por aviones de combate en un fuerte ataque.

El propio brazo militar de la formación palestina indicó que tres de sus miembros habrían muerto a causa de los bombardeos israelíes contra la Franja de Gaza, si bien otros ocho habrían resultado heridos.

Hamás, por su parte, ha advertido de que los ataques continuarán hasta que Israel "cambie su política" y ha confirmado que varios miembros de las Brigadas de Ezeldín al Qassam, su brazo armado, también habrían fallecido en los ataques israelíes contra un túnel.

El ataque contra el área de Tel Aviv –a 60 kilómetros de Gaza– se produce después de que Hamás ya lanzara el día anterior siete cohetes contra Jerusalén, a raíz de las protestas y disturbios entre palestinos y fuerzas israelíes que fueron el detonante de esta escalada, la más agresiva de los últimos años. Hasta ahora se ha saldado con la muerte de 28 palestinos del enclave y dos mujeres en Israel.

Israel autoriza el despliegue de 5.000 reservistas

Por su parte, el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz, ha autorizado el despliegue de 5.000 reservistas en el marco de los bombardeos. Si bien estos no serán llamados de forma inmediata, las autoridades han solicitado que estén atentos para ser movilizados cuando sea necesario.

Tal y como ha explicado la oficina de Gantz, con esta medida se pretende continuar con las misiones que se enmarcan en la operación Guardián de los Muros para "defender el fuerte principal". Pocas horas antes, el propio ministro dio luz verde a las FDI para seguir adelante con las operaciones contra "objetivos terroristas".

Desde este lunes, las alarmas no han dejado de sonar en las comunidades israelíes colindantes con la franja, en máxima alerta. A su vez, el primer ministro israelí en funciones, Benjamín Netanyahu, advirtió de que el Ejército aumentará "la intensidad y cantidad" de bombardeos de represalia contra Gaza.

Guterres pide un cese inmediato de la escalada de violencia

El secretario general de la ONU, António Guterres, exigió este martes un "cese inmediato" de la escalada violenta entre israelíes y palestinos, que ya ha dejado víctimas mortales en ambos bandos.

Según su portavoz, Guterres está "profundamente triste por conocer el creciente número de víctimas, incluidos niños, por los ataques aéreos israelíes en Gaza y las muertes israelíes por cohetes" lanzados desde la franja.

"Las fuerzas de seguridad israelíes tienen que ejercer máxima contención y calibrar su uso de la fuerza", señaló el portavoz, Stéphane Dujarric, quien añadió que el "lanzamiento indiscriminado de cohetes y morteros hacia centros de población israelíes es inaceptable", en referencia a los ataques llevados a cabo desde Gaza

11/05/2021 21:25 Actualizado: 11/05/2021 21:32

Agencias

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¿Una nueva intifada? Israel y los palestinos están al borde de una 'guerra sagrada'

Por Denis Lukyanov

 

Las últimas semanas han estado marcadas por una escalada de la violencia entre Israel y los manifestantes palestinos. Bombardeos, víctimas civiles y enfrentamientos sangrientos en las calles han capturado la atención de la comunidad internacional. Hay quienes temen que esta escalada desencadene una nueva intifada contra el Estado judío.

Las relaciones entre los israelíes y los palestinos siguen siendo muy tensas. Recientemente Tel Aviv echó más leña al fuego cuando un tribunal israelí ordenó el desalojo de 28 familias palestinas de Sheij Jarrah, un pequeño distrito de Jerusalén Este. Estas familias han vivido en esa localidad desde hace décadas.

Las familias palestinas recibieron alojamiento en este distrito en 1956, tras huir de Jerusalén Oeste. Jordania, que en aquel entonces ejercía el control sobre Cisjordania, alojó a los refugiados palestinos en la zona, pero no les dio documentos que confirmaran su derecho a las viviendas. Como consecuencia, décadas después Israel, que ahora controla grandes territorios de Cisjordania, usa este pretexto para expulsar a los palestinos de sus casas.

El 9 de mayo, Jordania entregó a Israel una nota de protesta por el "desalojo forzado" de los palestinos en Jerusalén. La ONU, por su parte, llamó a Israel a detener esta acción y cumplir con el derecho internacional humanitario. Sin embargo, Israel no detiene sus planes, mientras que el fallo del tribunal israelí sigue vigente.

La Corte Suprema de Israel tenía previsto realizar el 10 de mayo una audiencia sobre el caso de las viviendas palestinas, pero esta fue suspendida a causa del brote de violencia entre las fuerzas de seguridad israelíes y los palestinos.

En los enfrentamientos en Jerusalén Este los judíos usaron cañones de agua, granadas paralizantes y otras medidas especiales. Los violentos choques hicieron que la mezquita de Al Aqsa, que se encuentra en la Explanada de las Mezquitas, un lugar considerado sagrado tanto por los judíos como por musulmanes, prohibiera la entrada de los hebreos.

El 11 de mayo los medios locales informaron que más de 600 palestinos resultaron heridos tras los choques. Mientras tanto, el movimiento islamista Hamás, que ejerce el control sobre la Franja de Gaza, lanzó misiles contra el territorio israelí. Israel, a su vez, bombardeó la franja y mató a al menos 20 personas.

¿Viene una nueva guerra sin cuartel?

Israel no descarta realizar una operación terrestre en Gaza para tratar de detener el lanzamiento de misiles contra su territorio por parte de Hamás. Tel Aviv ya llamó a la comunidad internacional a condenar las acciones de la organización islamista. La escalada de tensiones entre los dos bandos podría tener consecuencias muy amargas para ambos.

Estas son las lecciones de la historia que los palestinos e Israel deberían haber aprendido, pero en realidad cometen los mismos errores una y otra vez. Algunas de las anteriores escaladas en las últimas décadas resultaron en operaciones militares contra los palestinos. En particular, se trata de las incursiones del Ejército israelí en la Franja de Gaza.

Los palestinos, por su parte, proclamaron su primera intifada contra Israel en 1987. Esta duró hasta 1993. A esta le siguió una época de relativa paz entre ambas partes que duró hasta el año 2000 cuando los palestinos lanzaron la segunda intifada que concluyó en 2005. Desde hace años los palestinos tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania hablan de la tercera intifada, pero todavía no ha habido un catalizador para una nueva rebelión.

Israel todavía no ha pasado un punto de no retorno en su nuevo conflicto con los palestinos. No obstante, si osa lanzar una ofensiva militar contra la Franja de Gaza, apenas se podrá evitar una guerra a gran escala. Esta, sin duda, provocaría numerosas víctimas en ambos bandos. No solo militares, sino también civiles.

La pregunta aquí es si los israelíes y los palestinos están dispuestos a pagar este precio por una posibilidad fantasmagórica de triunfar en un conflicto armado sin cuartel.

Para Israel la cuestión territorial siempre ha sido una de las piedras angulares de su existencia como Estado. Precisamente por eso persigue una política de expansión agresiva. El reciente caso de las familias palestinas en Jerusalén Este agrava una situación que ya era demasiado tensa.

Los palestinos no quieren ceder ni un ápice más de tierra, mientras que Israel no tiene previsto detenerse y busca nuevos asentamientos para sus colonos.

El estado actual de las cosas se ve agravado también por el hecho de que los enfrentamientos tienen lugar durante el Ramadán, el mes sagrado para los musulmanes. Los israelíes cometieron dos errores muy graves en su relación con los palestinos.

En particular, con la llegada del Ramadán la Policía israelí prohibió a los palestinos congregarse cerca de la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Este sitio ha sido uno de los principales lugares de congregación de los palestinos durante el mes sagrado.

El 10 de mayo las fuerzas de seguridad del Estado judío se introdujeron en la mezquita Al Aqsa y empezaron a dispersar a los creyentes. Estos hechos enfurecieron a los árabes y resultaron en enfrentamientos muy duros.

Por ahora no queda claro si habrá una tercera intifada, pero la situación actual es muy poco prometedora. La guerra puede estallar en cualquier momento.

Fuente: Sputnik

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Sábado, 08 Mayo 2021 05:48

El gasto militar y el hambre mundial

El gasto militar y el hambre mundial

La más baja reducción desde la Segunda Guerra Mundial del Producto Interno Bruto (PIB) global ocurrida en 2020 y la continuidad de esa tendencia en 2021 debido a la pandemia de coronavirus, se contrapone a los enormes gastos dedicados a la carrera armamentista que en ese período alcanzaron cifras récord.

La Covid-19 ha puesto en vilo a la economía del orbe al perderse millones de puestos de trabajo; quiebras de empresas y negocios; enormes gastos para atender la salud de los contagiados; caída del comercio y la proliferación de la miseria y la pobreza en gran parte de la población sobre todo en los países en desarrollo.

Los expertos catalogan la situación de catastrófica en la que muy pocos países han salido incólumes ante tamaña enfermedad que ha demostrado la incapacidad del sistema capitalista neoliberal para enfrentar y proteger a la mayoría de sus poblaciones de los graves efectos del flagelo. 

El Instituto Internacional de Finanzas (IIF por su siglas en inglés) en un reciente informe indicó que la deuda de hogares, empresas, bancos y gobiernos de todo el planeta sumaba al cierre del tercer trimestre de 2020, 272 billones de dólares y a finales del año llegó a un máximo histórico de 277 billones de dólares, que representan el 365 % del PIB mundial.

Pese a esta gran problemática, el gasto militar continuó incrementándose, pues según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (CEPRI), la crisis generada por la pandemia no ha impedido que el capital colocado en la defensa siga en alza.

Por quinto año consecutivo afirma, subió hasta los 1,98 billones de dólares, 74 000 millones más que en 2019, es decir, 2,6 % interanual, mientras que el PIB mundial cayó un 4,4 %. El hecho de que el gasto militar aumente en un año de recesión económica, significa que la proporción de este tipo de inversiones en el PIB total también creció.

De acuerdo al CEPRI, solo cinco países ostentan el 62 % del gasto militar: Estados Unidos ascendió a 4,4 % en 2020 hasta los 778 000 millones de dólares, o sea, 39 % del total; China 1,9 % en el año para 252 000 millones; India, 2,1 % para 72 000 millones; Rusia 2,5 % hasta 61 700 millones; Reino Unidos, 2,9 %, o sea, 59 200 millones.

Con respecto a los países integrantes de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) se elevó a 1,1 billones, lo que representa el 56 % global.

Pero analicemos otros datos, como el del Banco Mundial, donde indica que en 2020 cayeron en la pobreza extrema entre 88 millones y 115 millones más por lo que las personas que sobreviven con solo 1,98 dólares al día ha aumentado entre 703 millones y 729 millones. La tasa de pobreza extrema sería entre 9,1 y 9,4 % lo que equivale a un retroceso de tres años pues se volvió a los niveles que se registraron en 2017.

Durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, señaló en múltiples foros internacionales la necesidad de poner coto a los monumentales gastos en que incurrían las naciones más poderosas con el objetivo de mantener la carrera armamentista.

En uno de sus discursos, pronunciado el 12 de octubre de 1979 ante el XXXIV período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Fidel denunció:

«El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia».

Expertos de Naciones Unidas aseguran que solo se necesitan 160 dólares por persona al año para minimizar la extrema pobreza. Si se multiplica por los 729 millones que están en esa frágil categoría, la cifra llegaría a 116 640 millones de dólares, cantidad suficiente para minimizarla.

Pero la ONU va más lejos al asegurar que se necesitan 1,5 billones para erradicar la pobreza humana para siempre y para que los más necesitados pueden tener a su alcance programas de alimentación, salud y educación.

Aunque la cifra parece grande, la cantidad solo equivale al 1 % del PIB global anual o 23 meses de gasto militar de Estados Unidos. Si en los últimos años la inversión social hubiera crecido en vez de la carrera armamentista, el mundo estaría mejor, con menos desigual, más próspero y humano.

Las políticas realizadas en los últimos tiempos por la anterior administración estadounidense de Donald Trump y al parecer, continuada por la actual de Joe Biden al impulsar una nueva guerra fría, esta vez contra China y Rusia,  indiscutiblemente que incrementará aun más el hambre y la pobreza mundial. Esperemos que esta situación no se prolongue por el bien de la humanidad.

Por Hedelberto López Blanch | 08/05/2021  

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Jueves, 06 Mayo 2021 06:19

Crisis capitalista y control social

Crisis capitalista y control social

La decisión del presidente Joe Biden, el pasado 15 de abril, de expulsar a 10 diplomáticos del Kremlin y de imponer nuevas sanciones contra Rusia por su alegada injerencia en las elecciones presidenciales estadunidenses de 2020 –a lo cual ya contestó Rusia– se produjo pocos días después de que el Pentágono realizara ejercicios navales frente a costas de China. Las dos acciones representan una escalada de las agresiones con el afán de Washington de intensificar la "nueva guerra fría" en contra de Rusia y China, llevando al mundo cada vez más hacia la conflagración político-militar internacional.

La mayoría de los observadores atribuyen esta guerra, instigada por Estados Unidos, a la rivalidad y la competencia sobre la hegemonía y el control económico internacional. No obstante, estos factores sólo explican en parte esta guerra. Hay un cuadro más amplio –que ha sido pasado por alto– que impulsa este proceso: la crisis del capitalismo global.

Esta crisis es económica, de estancamiento crónico en la economía global. Pero también es política, una crisis de la legitimidad del Estado y de la hegemonía capitalista. En Estados Unidos, los grupos dominantes se esfuerzan por desviar la inseguridad generalizada producida de la crisis hacia chivos expiatorios, como los inmigrantes o enemigos externos como China y Rusia. Las crecientes tensiones internacionales legitiman el aumento en presupuestos militares y de seguridad y abren nuevas oportunidades lucrativas mediante los conflictos y la extensión de los sistemas trasnacionales de control social y represión.

Los niveles de polarización social global y la desigualdad registrados en la actualidad están en niveles sin precedente. En 2018, el uno por ciento más rico de la humanidad controló más que la mitad de la riqueza del mundo mientras el 80 por ciento más pobre tuvo que conformarse con apenas 5 por ciento. Estas desigualdades socavan la estabilidad del sistema, mientras crece la brecha entre lo que el sistema produce o podría producir y lo que el mercado puede absorber.

Las corporaciones trasnacionales registraron niveles récord de ganancias entre 2010 y 2019, al mismo tiempo que las inversiones corporativas disminuyeron. El monto total de dinero en reservas de las 2 mil corporaciones no financieras más grandes en el mundo pasó de 6.6 billones de dólares a 14.2 billones entre 2010 y 2020 –cantidad por encima del valor total de todas las reservas en divisas de los gobiernos centrales del planeta– al mismo tiempo que la economía global se quedó estancada.

La economía mundial ha llegado a depender cada vez más del desarrollo y despliegue de los sistemas de guerra, de control social trasnacional, y de represión, simplemente como medio para sacar ganancia y seguir acumulando el capital de cara al crónico estancamiento y la saturación de los mercados globales. Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 marcaron el inicio de una era de guerra global permanente en que la logística, la guerra, la inteligencia, la represión, el monitoreo y rastreo, y hasta el personal militar son cada vez más el dominio privado del capital trasnacional.

El presupuesto del Pentágono creció 91 por ciento en términos reales entre 1998 y 2011, mientras a escala mundial, el conjunto de los presupuestos militares estatales creció 50 por ciento entre 2006 y 2015, de 1.4 billones de dólares, a 2.03 billones. Durante este lapso, las ganancias del complejo militar-industrial se cuadruplicaron.

Los múltiples conflictos y campañas del control social en el mundo entrañan la fusión de la acumulación privada con la militarización estatal. En esta relación, el Estado facilita la expansión de las oportunidades para que el capital privado acumule ganancias, como facilitación de la venta global de armamentos por parte de compañías del complejo militar-industrial-seguridad. Las ventas globales de armamentos por parte de los 100 fabricantes más grandes aumentaron 38 por ciento entre 2002 y 2016.

En 2018, el entonces presidente estadunidense, Donald Trump, anunció la creación de un sexto servicio de sus fuerzas armadas, la llamada "Fuerza Espacial", con el pretexto de que era necesario para que Estados Unidos enfrentara crecientes amenazas internacionales. Pero tras bastidores, un pequeño grupo de ex funcionarios gubernamentales con fuertes lazos con la industria aeroespacial hicieron cabildeo para su creación con el fin de ampliar el gasto militar en satélites y otros sistemas espaciales.

En febrero pasado, la Federación de Científicos Estadunidenses denunció que detrás de la decisión de Washington de invertir no menos de 100 mil millones de dólares en una renovación del arsenal nuclear, se dio un constante cabildeo por parte de las compañías que producen y mantienen dicho arsenal. La administración Biden anunció con fanfarrias a principios de abril que iba a retirar todas las tropas estadunidenses en Afganistán. Sin embargo, sus 2 mil 500 soldados en ese país palidecen en comparación con los más de 18 mil contratistas de auxilio privados desplegados por Estados Unidos, entre ellos al menos 5 mil soldados bajo la planilla de las corporaciones militares privadas.

Pero si bien la ganancia de capital trasnacional y no la amenaza externa es la explicación para la expansión de la maquinaria estadunidense de guerra estatal y corporativa, esta expansión necesita ser justificada por la propaganda oficial del Estado y la nueva guerra fría cumple con esa finalidad.

El afán del Estado capitalista de externalizar las consecuencias políticas de la crisis incrementa el peligro de que las tensiones internacionales conduzcan a la guerra. Los presidentes estadunidenses históricamente registran el índice de aprobación más alto cuando lanzan las guerras. El de George W. Bush alcanzó el máximo histórico de 90 por ciento en 2001, en el momento en que su administración se alistaba para invadir a Afganistán, en tanto el de la administración de su padre, George H. W. Bush, alcanzó un índice de 89 por ciento en 1991, a raíz de su declaración de que concluyó exitosamente la (primera) invasión a Irak y la "liberación de Kuwait".

Por, William I. Robinson* Profesor de sociología y estudios globales de la Universidad de California, en Santa Bárbara. Siglo XXI recién publicó su libro El capitalismo global y la crisis de la humanidad

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EE.UU. aprueba un multimillonario proyecto de armas nucleares pero insta a Irán a reducir su propio programa nuclear

Se construirán al menos 30 núcleos de plutonio por año para "satisfacer las necesidades de seguridad nacional", según un comunicado de la agencia federal a cargo.

La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA), la agencia federal de EE.UU. responsable del desarrollo y producción de armas nucleares, aprobó la primera fase de diseño de un nuevo proyecto.

Según un comunicado de la institución emitido este miércoles, se construirán al menos 30 núcleos de plutonio por año para "satisfacer las necesidades de seguridad nacional".

El proyecto, que se lleva a cabo en el Laboratorio Nacional de Los Álamos (Nuevo México), costará entre 2.700 y 3.900 millones de dólares y podría finalizar entre 2027 y 2028.

Los núcleos de plutonio, también conocidos como pozos, tienen el tamaño y la forma de una bola de boliche y son un componente crucial en las ojivas nucleares que actúa como disparador de armas termonucleares.

La medida para incrementar la producción de plutonio fue propuesta por la Administración de Joe Biden para compensar el déficit de casi tres décadas en la cantidad de material que, según la NNSA, se requiere para el arsenal nuclear de EE.UU.

Además de trazar los planes para aumentar sus propios activos nucleares, el Gobierno estadounidense ha pedido repetidamente a Irán que restrinja su programa nuclear y retome los términos del pacto de 2015.

Las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán para relanzar el acuerdo, oficialmente conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), se han llevado a cabo en Viena durante las últimas tres semanas.

Según el pacto, Irán acordó frenar su programa nuclear a cambio del levantamiento de una serie de sanciones en su contra, pero en 2018, el expresidente de EE.UU. Donald Trump abandonó el acuerdo y volvió a imponer sanciones a la República Islámica, desatando el incumplimiento de los compromisos.

Biden ha expresado que EE.UU. está dispuesto a retomar el acuerdo nuclear pero bajo la condición de que Irán reduzca la cantidad y pureza de uranio que produce y almacena. Teherán, por su parte, ha afirmado que no lo hará hasta que Washington levante las sanciones.

Publicado: 30 abr 2021 08:36 GMT

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El comerciante de armas búlgaro Emilian Gebrev, que fue envenenado dos veces en 2015, habla con la prensa en Sofia en 2019.DIMITAR KYOSEMARLIEV / Reuters

La Fiscalía sospecha de seis ciudadanos rusos, “muy probablemente” espías, y relaciona el caso con otra detonación en República Checa y el envenenamiento de un comerciante de armas búlgaro

La Fiscalía búlgara investiga una serie de explosiones en cuatro depósitos de armas y municiones entre 2011 y 2020 y la posible implicación de Rusia. Los almacenes guardaban material de defensa que iba a exportarse a Georgia y Ucrania, según el Ministerio Público, que ha anunciado este miércoles que investiga a seis ciudadanos rusos “muy probablemente” miembros del servicio de inteligencia militar ruso (GRU), que estaban en Bulgaria en el momento de las detonaciones.

Las autoridades búlgaras creen que el caso de las explosiones está relacionado con los dos intentos de envenenamiento del comerciante de armas búlgaro Emilian Gebrev en 2015, su hijo y uno de sus empleados, en los que ya habían implicado al GRU, y también con la detonación en un depósito de armas en 2014 en República Checa del que Praga acusó hace 10 días al espionaje ruso. Un incidente que las autoridades checas vinculan con el GRU, y más en concreto con su unidad de élite 29155 —la misma implicada en el envenenamiento del ex espía ruso Serguéi Skripal en 2018—, en el que murieron dos empleados del arsenal y que en las últimas dos semanas ha tensado todavía más las relaciones entre Rusia y Occidente y derivado en una oleada de expulsiones diplomáticas. Moscú niega todas las acusaciones, ha definido los casos como “absurdos” y ha acusado a la Unión Europea de descontrol en los depósitos de armas privados.

El Ministerio Fiscal búlgaro investiga ahora a los seis ciudadanos rusos por “crimen grave”, según ha explicado en una rueda de prensa este miércoles la portavoz de la Fiscalía, Siyka Mileva. “De las pruebas reunidas hasta ahora, se puede concluir con un alto grado de fiabilidad que el propósito de las acciones de los ciudadanos rusos era cortar el suministro de productos especiales a Georgia y Ucrania”, ha remarcado Mileva, que ha señalado que están en contacto con las autoridades de República Checa para trazar la vinculación entre ambos casos en lo que puede ser otra pieza más del gran puzle de las operaciones del espionaje ruso en Europa. Tras las declaraciones de la Fiscalía, el ministro de Exteriores búlgaro ha convocado al embajador ruso este jueves.

Las autoridades búlgaras señalan que una de las explosiones se produjo en un depósito de armas de la empresa EMCO, propiedad del comerciante Emilian Gebrev, en 2011; dos en la empresa estatal de armas VMZ, en 2015; y una cuarta en la empresa Arsenal, el año pasado. Ninguna de las detonaciones, que se activaron de forma remota y aparentemente programada para que no hubiese personal en los almacenes, tenía causas técnicas obvias, ha precisado la portavoz de la Fiscalía búlgara. “En las cuatro explosiones se destruyó la producción destinada a la exportación a Georgia y Ucrania”, dijo. Rusia ha mantenido tensiones con el primero de los países después de la guerra del 2008. Y apoya militar y políticamente a los separatistas prorrusos en la guerra del Donbás desde 2014.

EMCO, la empresa de Gebrev, ha asegurado este miércoles que las municiones destruidas en las explosiones no estaban destinadas a la exportación “a ninguna parte, incluido Georgia”. Sin embargo, el comerciante Gebrev, que siempre se había mostrado reacio a hablar del tema, incluso sobre sus dos intentos de asesinato, admitió este fin de semana a The New York Times que había hecho tratos con Ucrania.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha cargado contra Bulgaria por divulgar sus acusaciones solo ahora y de tratar de “superar a los checos”. El ministro ruso ha insinuado también que la Unión Europea no supervisa el cumplimiento de los tratados de comercio de armas de sus miembros.

La escalada de tensiones diplomáticas se ha agudizado este miércoles cuando Rusia ha expulsado a otros siete enviados más de embajadas europeas en Moscú, en represalia por las expulsiones de diplomáticos rusos iniciadas por Praga la semana pasada y a la que se han ido sumando Eslovaquia y los países bálticos. Rusia ha acusado a Letonia, Letonia y Lituania de seguir “un curso abiertamente hostil” hacia Moscú y de esconderse “detrás de la pseudo solidaridad con República Checa y sus acciones indiscriminadas hacia Rusia.

Por  María R. Sahuquillo

Moscú - 28 abr 2021 - 22:40 COT

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