Instalan Mesa Pública para diálogos de paz entre gobierno colombiano y ELN

El gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) instalaron este martes la fase pública de la mesa de diálogo para terminar con cinco décadas de conflicto armado. La mesa de diálogo busca seguir encaminando el país hacia una nueva era de paz, luego del acuerdo del Gobierno logrado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP).


La instalación de la mesa de negociaciones se realizó en la Hacienda Cashapamba, propiedad de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, ubicada en la parroquia Sangolquí, al sur de Quito.


En el acto, el canciller ecuatoriano Guillaume Long expresó que su país abre sus puertas para que se celebren los diálogos de paz y felicitó a ambas partes (el Gobierno colombiano y el ELN) “por haber llegado con voluntad y tesón hasta este momento”.


“La paz de Colombia es la paz de Ecuador, es la paz de nuestra región”, afirmó Long.


Por su parte, el jefe de la delegación del equipo de paz del Gobierno de Colombia, Juan Camilo Restrepo aseguró que “Colombia hoy no es el mismo país, es un laboratorio de construcción de la paz”.


Insistió en la necesidad de “poner la paz por encima de las diferencias, que son las que nos enriquece como nación”.
“El objetivo de esta mesa es suscribir un Acuerdo Final para búsqueda de una Colombia en paz”, agregó.


La agenda, definida desde marzo del año pasado en un encuentro en Caracas, Venezuela, consta de seis puntos: Participación de la sociedad en la construcción de paz, Democracia para la paz, Transformaciones para la paz, Víctimas, Fin del Conflicto e Implementación.


El equipo negociador del gobierno del presidente Juan Manuel Santos estará liderado por el exministro Juan Camilo Restrepo e integrado por la extitular de Ambiente Luz Helena Sarmiento, el mayor general (r) Eduardo Herrera Berbel, así como los especialistas Alberto Fergusson, Jaime Avendaño y María Alejandra Villamizar.


Por el ELN estará como jefe negociador Pablo Beltrán, a quien acompañarán Aureliano Carbonel, Gustavo Martínez, Bernardo Téllez y Consuelo Tapias.


En las conversaciones participan, además del anfitrión Ecuador, otros cuatro países en condición de garantes: Chile, Cuba, Noruega y Venezuela.


Los diálogos fueron pactados, luego de solucionar diferencias y cumplir condiciones impuestas de ambos lados desde octubre pasado, cuando estaban inicialmente previstas las negociaciones.


Cuando todo parecía estar en orden para iniciar la fase pública, el Gobierno colombiano condicionó las reuniones a la liberación del excongresista Odín Sánchez, mientras que los guerrilleros pidieron el indulto de algunos de sus miembros.
El 2 de febrero, Sánchez fue puesto en libertad y el Gobierno indultó a dos guerrilleros y ordenó la suspensión de la pena de prisión en el caso de otros dos miembros del ELN, que se sumarán a las negociaciones como gestores de paz.

 

7 febrero 2017
(Tomado de TeleSur)

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Martes, 31 Enero 2017 06:32

La última marcha de las FARC

La última marcha de las FARC

Un paso de la guerrilla colombiana hacia el abandono de las armas

Las filas guerrilleras se están desplazando por centenares desde el fin de semana para llegar hoy a más tardar a las “zonas de normalización” en cumplimiento con el acuerdo de paz negociado con el gobierno de Santos.

 

Hoy culmina, en 26 puntos de Colombia, la última marcha de la guerrilla de las FARC. Este 31 de enero llegarán a los sitios de agrupamiento todos los bloques y frentes rebeldes en cumplimiento del Acuerdo de Paz firmado en Bogotá a finales del año pasado y que establece la ruta para la dejación de armas y el tránsito de esa guerrilla a partido político. Aunque muchos de los nuevos campamentos no están construidos y no cuentan aún con agua o vías de acceso, las filas guerrilleras se están desplazando por centenares desde el fin de semana para llegar hoy a más tardar a las llamadas Zonas y Puntos Transitorios de Normalización.


Imágenes de soldados farianos con banderas blancas cruzando ríos, bajando de las montañas nubladas, o atravesando zonas desérticas se observan de norte a sur conmoviendo a su paso por olvidados caseríos donde los campesinos aplauden el fin de la guerra. De acuerdo con Carlos Córdoba, gerente de las Zonas Veredales Transitorias “el balance es que los movimientos que arrancaron el domingo se culminaron en la madrugada, otros que son de dos días están en su último tramo y los que estaban programados para el lunes (por ayer) iniciaron. Hay algunas demoras por el clima y las vías, pero estamos avanzando sobre las rutas establecidas”. También la jefa de prensa se refirió a los imprevistos. “Hay que tener en cuenta los imponderables pero esa es la idea”, dijo “Olga” a la prensa ante la pregunta de PáginaI12 sobre si todas las filas guerrilleras estarían hoy concentradas en zonas y puntos del país.


Según la presidencia de Colombia, unos 4 mil guerrilleros estarían ya concentrados en diversas zonas que el acuerdo estableció para que, durante seis meses que empezaron a contar el 1 de diciembre, éstos entreguen a Naciones Unidas su armamento y se conviertan en ciudadanos. Unos 1500 de ellos estarán encargados de la construcción de las zonas.


En el caso de la zona veredal de Tumaco, pacífico colombiano, el comandante Henry Castellanos alias Romaña dijo a la radio que no encontraron construcción alguna en el punto pactado para su estadía hasta mayo. También el Frente 60, que partió de Argelia hacia Buenos Aires, Cauca, asegura que las obras están bastante retrasadas. Por su parte el Bloque Martín Caballero que opera en La Guajira y costa Caribe, dijo mediante un comunicado de prensa que se desplazarán en cumplimiento del compromiso de su comandancia de estar reunidos en las zonas el 31 de enero, pero que en la Zona Pondores no hay condiciones para alojamiento aún.


El que será el último recorrido de los guerrilleros y guerrilleras en armas “representa la marcha hacia la construcción de la esperanza y la paz estable y duradera firmada en los acuerdos de La Habana”, según lo expresó el Bloque agregando que “dejamos constancia que el sitio de llegada no tiene condiciones de vivienda básica, salud, agua potable para cerca de 300 integrantes de las FARC” que están marchando al lugar.


De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, en el país hay ahora 36 operaciones para movilizar a cerca de 4.394 hombres y mujeres a las zonas. Centenares más se encuentran ya en las zonas veredales. El domingo por ejemplo casi 1000 guerrilleros se movieron por las provincias de Meta, Putumayo y Antioquia realizando recorridos de hasta ocho horas a pie, en bus, camionetas o pequeñas lanchas.


Las zonas de normalización están ubicadas en 25 municipios de Colombia. Al mismo tiempo, se dio inicio a la plan de sustitución de cultivos ilícitos en 40 localidades de Colombia, en el marco de los acuerdos de paz, punto dos: solución al problema de las drogas ilícitas. En este Plan el gobierno colombiano invertirá 1 billón de pesos colombianos que equivalen a unos 500 mil millones de dólares.

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Fidel: encarnación de símbolos y sueños

Sierra Maestra es hoy un lugar tan mítico como Macondo, pero no ciertamente por ser un producto de la imaginación, sino por la riqueza de interpretaciones y significados a los que da lugar. Y como todo sitio legendario también cuenta con personajes excepcionales que en su caso están presididos por dos seres que ya le pertenecen a la historia: Fidel Castro y el Che Guevara. Ahora, dado que todos los hitos alegóricos encierran una moraleja, una advertencia o un camino a un ideal, bien vale la pena preguntarse ¿Cuáles son los dispositivos que convierten a Sierra Maestra en un arquetipo en el inconsciente colectivo de la humanidad? Pues bien, más allá de respuestas taxativas, la explicación seguramente está contenida en el entorno global en el que la gesta de Sierra Maestra surgió envuelta, y que con el tiempo encarnó como símbolo de los valores que la impulsaron.

 

En una primera mirada saltan ante nuestros ojos hechos como que el descenso victorioso de los guerrilleros desde ese icónico paraje en 1959 tiene lugar, por ejemplo, cuando la guerra de independencia de Argelia -sucedida entre 1954 y 1962-, alcanza cotas elevadas de brutalidad represiva por parte de Francia, la potencia ocupante, desnudando ante el mundo las realidades de un capitalismo que en el Centro exhibía orgulloso la cara de un consumismo lujurioso que, por contraste, tenía su contracara en la miseria de las regiones que proporcionaban las materias básicas con las que las élites y las clases medias de ese Centro ostentaban registros de derroche material que ni siquiera esos mismos países han vuelto a experimentar. Sierra Maestra queda así convertida en un emblema, por ser una de las primeras muestras exitosas de la última oleada de descolonización, que si bien en el caso de Cuba no es formal, sí representa un proceso de liberación de los nuevos yugos impuestos por el capital transnacional.

 

De otro lado, en los Estados Unidos, el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos -periodizado por los historiadores entre 1955 y 1968-, traslucía el interior de una sociedad segregada que en medio del derroche consumista de la población blanca negaba la condición humana a una parte importante de sus connacionales, por el color de su piel. Nombres como los de Martin Luther King y Malcom X, pero fundamentalmente éste último, que empieza a ocupar un lugar protagónico desde 1959 cuando presenta en la televisión de Nueva York el programa “El odio que produce el odio” -donde ensalza los ideales de la Nación del Islam y denuncia a los supremacistas blancos-, son un ejemplo de los esfuerzos de descolonización interior que en los países multiculturales emprenden los grupos étnicos subordinados. Malcom X reclamó, con soberbia, un papel protagónico para su gente y el derecho de los suyos a decidir su propio destino, ilustrando ese aspecto macabro del capital que implica que el bienestar de unos tiene como consecuencia la marginación del “Otro”. Malcom X y Fidel Castro tuvieron la oportunidad de conocerse y reunirse en Nueva York, cuando Fidel viajó a la asamblea de las Naciones Unidas en 1960, y coincidieron en que sus luchas formaban parte de los mismos sueños.

 

La matanza de al menos 200 argelinos durante una manifestación pacífica en París, en octubre de 1961, y que como reacción dio lugar a la creación de movimientos estudiantiles como el Comité Anticolonialista y el Frente Universitario Antifascista, fueron los gérmenes en los que incubó el gran movimiento de Mayo del 68, quizá la más grande revuelta estudiantil que el mundo haya visto, y que derivó en una huelga general de trabajadores con la participación de al menos 9 millones de obreros. La réplica del 68 en América Latina tuvo en la matanza de estudiantes de Tlatelolco, ese mismo año, la muestra de lo que fue la respuesta a los reclamos populares y a las manifestaciones de rebeldía de los jóvenes en nuestro continente. Las dictaduras militares del Cono Sur que la sucedieron, enmarcadas en una represión generalizada de tintes violentos, fueron los instrumentos que prepararon el terreno a la aplicación de las políticas ultraliberales -que aún siguen siendo doctrina convencional-, iniciadas en la década del setenta, por esos mismos gobiernos militares. De tal suerte, que la aureola de la revolución cubana, hija del triunfo de los guerrilleros de Sierra Maestra, no puede entenderse sin conocer el ambiente anticolonialista y de resistencia a los poderes centrales del que hizo parte, pues como es archiconocido, Cuba había sido convertida en el centro del juego y la prostitución regentados por las mafias norteamericanas, con la anuencia tácita del poder político de ese país.

 

La presencia del Che como guerrillero en el Congo, entre abril y noviembre de 1965, y los contactos que en esa ocasión estableciera con el Movimiento Popular para la Liberación de Angola y su líder Agostinho Neto, fueron el antecedente de la llamada Operación Carlota de 1975, en la que Cuba intervino de forma directa, desde noviembre de ese año, para sostener el gobierno de Luanda que encabezaba Neto. Es pues la coherencia y solidaridad con el compromiso anticolonialista un hecho innegable de la revolución cubana y de sus principales actores, y un símbolo de su entereza.

 

El movimiento contracultural y el anticapitalismo

 

En 1956 -año del arribo de los rebeldes a bordo del Granma a las costas cubanas- Allen Ginsberg, escritor norteamericano y una de las figuras centrales del movimiento Beatnik, publica el poema El aullido, que ya en su título refleja lo que fue la estentórea reacción de una generación que descubrió el desencanto de una vida burguesa aherrojada en las bodegas de las fábricas o en los cubículos de las oficinas, y cuyo mayor entretenimiento consistía en cegar el prado de su casa suburbana de madera y lavar el carro particular los fines de semana. El aullido es simultáneamente queja y amenaza, pero también comunicación estridente entre congéneres que en la inauguración del grito contracultural, en la meca del consumo, denunció el lado más oscuro de las vidas grises de la uniformidad masiva y acompasada de los horarios sincronizados del capital.

 

En el poema, Ginsberg hace desfilar la bencedrina y el peyote al lado del zen, Plotino y San Juan de la Cruz, el jazz y el sexo, los paisajes duros de Denver y Nueva York, la adoración al dólar, a la electricidad y los bancos, así como la búsqueda incesante de ignorar los lloros de los más jóvenes en los ejércitos y de los más viejos en los parques, en un mosaico de imágenes que reflejan lo absurdo de una heterogeneidad de situaciones contradictorias. En fin, ese grito encarnó masivamente en el hipismo que terminó representando, en algunos aspectos, el rechazo a esa vida falsamente complaciente de las clases medias y que tuvo en la denuncia de la guerra colonialista de Vietnam su acusación más trascendente a la faceta más oscura de la era industrial.

 

El rock como ruptura con los lentos y sincrónicos ritmos del pasado, y la anticoncepción como instrumento de domesticación de los efectos no deseados del encuentro de los cuerpos, permitió a las mujeres una mayor apropiación de sus vidas que ahora el capital introducía masivamente en las fábricas, sumando a la desconexión cultural con el pasado inmediato, comportamientos poco convencionales que significaron un giro radical en las costumbres. El sacrificio, como consecuencia del aullido contracultural no fue una excepción, Jimmy Hendrix, Janis Joplin muertos el mismo año y Jim Morrison, entre los más brillantes, son quizá las victimas más conocidas de los intentos de liberación que fueron confundidos con el escape temporal provocado por el consumo de sicotrópicos. La contracultura terminó limitando, de esa manera, su anticapitalismo, tan sólo a lo formal.

 

El pelo largo y las barbas, imagen con la que descendieron los insurgentes de Sierra Maestra, y que llevarían hasta el fin de sus días, fueron símbolo de ese periodo que contrariaba los rostros rasurados y el pelo al rape, distintivos de la asepsia de una época que como el primer período de la segunda postguerra había alcanzado en la sincronía de los movimientos masivos y en los códigos de la “higiene” de todo tipo, el ideal de la convivencia. Los sublevados de la Sierra, también en ese aspecto, coincidieron en reforzar los juveniles gritos de denuncia de una época que no pocos consideran el epítome de las múltiples rebeldías, de las que los intentos de construir sociedades desde parámetros distintos a la subordinación del trabajo por el capital aún provocan admiración por considerarse de las más radicales.

 

Las grandes amenazas son grandes desafíos

 

El terror sicológico de la amenaza nuclear como desenlace de la llamada Guerra Fría y que hizo decir a Albert Einstein “No sé cómo será la tercera guerra mundial, lo que sí se es que la Cuarta será con piedras y palos”, condujo a la proliferación de movimientos pacifistas, luego de la llamada crisis de los misiles. Pero, lamentablemente, fue la noción de equilibrio nuclear entre las potencias, es decir la construcción de un arsenal atómico cada vez más grande y sofisticado, lo que terminó imponiéndose como la mejor garantía de la no repetición de Hiroshima y Nagasaki en escala ampliada. En ese balanceo, la figura de Fidel Castro como el único actor occidental del juego que no vestía la camiseta de Occidente fue crucial, como también es sabido, por la cercanía geográfica de la isla a las costas del imperio y su lejanía ideológica. La retirada de los misiles nucleares de Cuba que hiciera la Unión Soviética y la operación análoga del desmantelamiento de armas similares instaladas por la Otan en Turquía, son quizá el ejemplo más elocuente de la búsqueda de ese “equilibrio” del terror en el que fue sumida la humanidad desde finales de la Segunda Guerra Mundial y que aún pende sobre todos nosotros como espada de Damocles, en una muestra clara de los lazos de prolongación entre modernidad y postmodernidad que develan su hilo común: los principios competitivos y totalizantes del capital.

 

La publicación de la Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, en 1962, y del informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts “Los límites del crecimiento”, de 1972, significaron un importante golpe contra las quimeras del capital no sólo acerca de la inocuidad de un aumento sin descanso de la riqueza material, sino de la posibilidad que tal aumento puede ser indefinido. La obra de Georgescu-Roegen, La ley de la entropía y el proceso económico, que vio la luz en 1971, dio argumentos sólidos, desde la academia, a la falsedad de las ilusiones de un capitalismo ilimitado, y así el movimiento ambientalista entró a formar parte de las advertencias más serias sobre las graves consecuencias del modo de vida impulsado en la modernidad. Y si bien es cierto que la revolución cubana abrazó con retraso relativo las reflexiones sobre las amenazas a los equilibrios ecosistémicos, no es menos cierto que, cuando en Rio de Janeiro, en junio de 1992, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, al expresar Fidel que “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”, remarcó una arista de la amenaza no poco esquivada: que el problema del ambiente no es del ambiente, es de los seres humanos que dependen de la trama de la vida tal y como la conocemos.

 

Sin embargo, la adscripción de Cuba al campo del “socialismo realmente existente” hizo que no pocas corrientes de los llamados nuevos movimientos sociales (algunas expresiones del feminismo, del ambientalismo, de la etnicidad, etcétera), en la búsqueda de divorciarse de esa realidad, al querer sacar el agua sucia de la bañera, terminaran arrojando con ella al niño. Olvidaron que la estructura social tiene unas lógicas centrales, y que esas lógicas son las del capital. Es cierto que la ganancia, y la contradicción entre el capital y el trabajo no lo explican todo, como es el caso del patriarcado, por ejemplo, que ha sido transversal a muchas épocas históricas, pero tampoco es menos cierto que una sociedad sin patriarcado, valga el caso, pero dividida en clases antagónicas, aún si fuera posible, no haría justicia completa a los sueños de un mundo más amable. Y, pese a todo, la revolución cubana ha buscado introducir las múltiples facetas de la liberación, a pesar de las grandes limitaciones aún existentes, que le han permitido seguir simbolizando la esperanza de la confluencia de todas las emancipaciones pendientes.

 

Sí, la confusión de socialismo con Estado-centrismo es una deuda aplazada y una realidad que merece balances más serios de los que hasta ahora han sido hechos, incluso desde la izquierda. Pero, lo que no puede negarse es que el mito del pequeño David derrotando a Goliath llama, hoy más que nunca, a seguir el ejemplo de asumir los riesgos de iniciar caminos propios, y que la frase del Che “Hasta la victoria, siempre” -escrita en su carta de despedida, cuando inicia la aventura boliviana que lo conducirá al sacrificio y lo convertirá en una figura legendaria-, más allá de su sintaxis enrevesada, transmite la sensación de que definida la meta, lo importante es caminar hacia ella, y que hacerlo es de por sí, independientemente de los resultados inmediatos, una conquista. Hoy, cuando el pragmatismo hunde al mundo en un supuesto realismo posibilista, que no es más que resignación y aceptación del “no hay alternativa”, que como loza fúnebre sembrara Margaret Thatcher en el espíritu del planeta -incluso en el ánimo de muchos de los que sueñan con un mundo mejor-, ese lema del Che, que hiciera suyo la revolución cubana, señala otro aspecto que la ha incrustado en el inconsciente colectivo: el de la acción permanente y desinteresada hacía lo que otros consideran imposibles.

 

Las cenizas de Fidel ya comienzan a enfriarse, pero también a hacer parte indisoluble de esa gigantesca roca que es Sierra Maestra, que sigue creciendo como símbolo de lo que puede hacer un grupo de jóvenes decididos que a lo único que temen es a la inacción, a la indiferencia y a la incapacidad para soñar. Que despierten, pues, de nuevo, las utopías y la voluntad de hacer caminos que nos acerquen a su realización. La persistencia y el espíritu alerta para reiniciar cada vez que sea necesario, para reinventarse y continuar soñando al andar no es cualquier ejemplo, y los jóvenes de Sierra Maestra seguirán representando eso, más allá del deseo de unos pocos que insistirán, en nombre de una sedicente objetividad, en proseguir atentando contra Fidel, ahora contra su memoria, y en disparar contra el Che, aunque cada vez con balas más débiles e inofensivas, pues ciertos mitos los construyen los pueblos, precisamente como rocas, para protegerse de quienes buscan despojarlos de sus ilusiones.

Publicado enEdición Nº231
Lunes, 02 Enero 2017 08:47

La paz territorial en Antioquia.

La paz territorial en Antioquia.

La construcción territorial de la paz ya está en curso, como parte de la misma el gobierno nacional expidió 27 decretos (Ver http://bit.ly/2i1ykZm ) para organizar los espacios de ubicación de los integrantes de las Farc en su transición a la movilización política y social con el fin de hacer realidad la “paz positiva” con derechos y justicia social efectiva para las comunidades y las familias campesinas, que supere el enfoque de la simple “paz negativa” como ausencia de guerra y la “paz imperfecta”.


Para el departamento de Antioquia han sido expedidos los decretos 2010, 2016 y 2025, que trazan las regulaciones de los territorios de paz en Ituango, Remedios, Yondo y Anorí.


Pero como la aplicación de los acuerdos de paz presenta demoras, la llegada de los combatientes guerrilleros ha registrado dificultades debiendo conformarse, por el momento, 11 Puntos de Preagrupamientos Temporal/PPT, en el caso de la región antioqueña.


La paz y su implementación, tiene en el enfoque territorial un elemento bastante sensible. Es en los espacios geográficos en los que la realidad de la paz se visualiza mejor usando conceptos como terreno, bloque, región, localidad, vereda, municipio, departamento, que simbolizan el espacio donde se juega la hegemonía popular y nacional. Hablar de topografía es hacerlo de clases sociales, de formas de propiedad, de enclaves militares, de medios de comunicación, de rebaños religiosos y de grupos culturales.


En esos espacios se dan procesos que conforman la correlación de fuerzas en los ámbitos social, normativo y político.


Es en los espacios regionales donde se asientan los dominios políticos, ideológicos y militares de las oligarquías tradicionales. Es allí donde se despliega con mucha eficacia la violencia, la coerción, la manipulación y subordinación del pueblo.


En este caso concreto, nos referimos a un departamento con 63.600 kilómetros cuadrados; casi 7 millones de habitantes; 125 municipios; un Área Metropolitana de 4 millones de habitantes; y 9 sub regiones.


Con un enorme dispositivo militar centralizado en la Séptima División del Ejército que tiene bajo su mando las brigadas 4, 11, 17, Brigada de Selva 15, la Fuerza de Tarea del Nudo del Paramillo y la Fuerza de Tarea Conjunta Titán. A lo que se agregan los dispositivos de policía, Marina y Fuerza Aérea con una base estratégica en Rio Negro.


La transformación de las Farc en una fuerza política y civil en Antioquia está ocasionando un alto impacto regional, provocando el nerviosismo de una elite política bastante reaccionaria y corrupta que se niega a la democracia ampliada y la paz.


Su rechazo a los desarrollos de la paz se está expresando por boca del gobernador Luis Pérez, quien aún no se acostumbra a la democracia ampliada, y por eso acude a la mentira y difamación para lanzar acusaciones falsas sobre prostitución infantil, desorden público, con consumo desproporcionado de licor, e intimidaciones a la población civil y a las autoridades municipales por los militantes de las Farc, aseveraciones que los propios alcaldes han rechazado y el Mecanismo de Monitoreo y Verificación de la ONU ha desmentido con investigaciones profesionalmente documentadas.


Luis Pérez está utilizando la democracia y los medios de comunicación para engañar, para insultar y agredir, evitando la controversia y el debate pluralista sobre el histórico proceso de paz y sus proyecciones en el departamento de Antioquia.


Rectifique gobernador, sigue usted con el mismo lenguaje politiquero de los últimos 100 años. Juéguele limpio y con transparencia a la paz.
Para evitar esta grotesca manipulación politiquera, en la que ya se infiltro, obviamente el caballista del Ubérrimo, con sus consabidas intrigas, varias organizaciones sociales, científicas, universitarias, religiosas, empresariales, académicas, sindicales, femeninas y democráticas, hemos organizado una Veeduría de control ciudadano al proceso de paz en Antioquia para acompañar su correcta implementación mediante propuestas e iniciativas que hagan una realidad la paz para los antioqueños.


Pedimos tener presencia en la Comisión que desde este martes 3 de enero/2017 ira a los 11 Puntos de Preagrupamiento de Paz de Antioquia, integrada por Victoria Eugenia Ramírez, Secretaria Departamental de Gobierno, Luis Guillermo Pardo, Asesor de Paz, Tatiana Gutiérrez, Gerente de Paz de la Gobernación y el Coronel de la Policía Nacional, Wilson Pardo, comandante de la Policía, quien de acuerdo con los Protocolos debe ir de civil a las zonas de localización de las Farc.


En ese sentido, para que no se diga que nos oponemos a todo con el fin de sabotear el funcionamiento del gobierno departamental, encontramos oportuna y acorde con los pactos agrarios de paz, el proyecto de Luis Pérez de conformar una Empresa de Desarrollo Agroindustrial para Antioquia (Ver http://bit.ly/2i1ykIO ), como parte del actual Plan de Desarrollo de Antioquia “Pensar en Grande” (Ver http://bit.ly/1QYp6wx ); es muy buena idea que esperamos tenga un gran énfasis en la Innovación social con importantes avances en Medellín y el Área Metropolitana del Aburra (Ver http://bit.ly/1LS0DAm ).


En igual sentido nos parecen oportunas las medidas proyectadas para resolver los graves problemas financieros de SaviaSalud (Ver http://bit.ly/2ioQpDZ ), arruinada por el saqueo de los politiqueros de Antioquia, pues su hueco fiscal es casi de un billón de pesos afectando hospitales, médicos, enfermeros y, por supuesto, a miles de personas en condiciones de extrema pobreza, con graves problemas de salud.
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@duque_2016

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"Un pacto de paz no se puede limitar a la sola negociación entre la insurgencia y el gobierno de turno"

Entrevista concedida a Rebelión por Bernardo Téllez y Aureliano Carbonell, miembros de la Delegación de dialogo del ELN

-1. Hay expectativa por el inicio oficial de las negociaciones en Quito... ¿cuál es la situación actual tras la cancelación por parte del gobierno de la reunión inicial del 27 de Octubre?

-BT: El Ejército de Liberación Nacional, mantiene una firme convicción de paz. La dificultad actual de la Mesa está en el tema de los indultos pactados. Aún con las restricciones que la legislación colombiana le ha hecho al Delito político y sus conexos y especialmente a la luz del DIH, son indultables las acciones que estamos planteando en la Mesa. El gobierno se niega a considerar estos casos dándole una estrecha interpretación al delito político y a sus códigos y haciendo abstracción de que estamos emprendiendo un proceso de paz. El conflicto armado y social es complejo. Requiere de voluntad política de las partes para encontrar caminos de paz. Esperamos que ambas partes reflexionemos y le encontremos salidas a la situación actual.


-2. Uno de los grandes problemas que hubo en la negociación de las FARC-EP fue la escasez de canales de comunicación con los movimientos populares y la sociedad en general, aparte del secretismo de las negociaciones y la falta de una pedagogía de paz real... ¿cómo enfrentarán ustedes esta dificultad y cómo creen que podría ser posible aumentar la participación popular y la información de la sociedad sobre el proceso?

-AC: La oligarquía colombiana nunca ha estado ni estará interesada en la participación de la sociedad y en especial de la participación de los que siempre han estado excluidos de las decisiones políticas y económicas importantes para el país y los colombianos. Esa participación hay que conquistarla. Habrá que arrebatarla. Pero la conquistan principalmente las masas, la gente, el movimiento popular y democrático, la sociedad misma, mediante la fuerza de la opinión, de la movilización, de la unidad, de sus sueños y esperanzas. Claro está que quienes estamos en la Mesa, también tendremos que forcejear y pelearla. Pero teniendo claro dónde está la fuerza principal. El haber logrado en la agenda, incluir el punto de participación, será de gran ayuda para la mayor conexión del proceso con la sociedad y para no dejarlo preso de la secretividad. Pero eso habrá que lucharlo en la Mesa y en especial por parte de la misma sociedad.

-3. Otro de los graves problemas que se enfrentó fue la negociación en medio de las hostilidades... ¿tienen ustedes una propuesta o es viable que el gobierno acepte un cese al fuego con el ELN al iniciar las negociaciones?

-BT: Hemos planteado insistentemente, desde el inicio de los diálogos exploratorios, la necesidad de adelantar las conversaciones en medio de un cese bilateral de fuegos. Para ello hemos planteado que con las acciones y dinámicas humanitarias bilaterales que se trabajaran desde el principio de la Mesa pública, podamos ir construyendo un clima que favorezcan un ambiente de paz, en donde se busque alivio al sufrimiento, pero no solo al de una parte si no al de todas las partes afectadas por el conflicto social y armado. Es necesario recordar y enfatizar que ha sido el gobierno el que siempre ha insistido en negociar en medio de la confrontación armada. Esperamos que las dinámicas y acciones humanitarias bilaterales logren consolidar la posibilidad de acordar un cese bilateral del fuego.

-4. Para nadie es un secreto que está arreciando la violencia en contra de dirigentes populares en Colombia. ¿Qué evaluación hacen ustedes del panorama y cuáles son las garantías que exigirán al gobierno para proteger a los dirigentes y representantes que respalden su esfuerzo por el diálogo?

-AC: Si. Efectivamente. Es paradójico. Estamos en un proceso de paz, se acaban de firmar unos acuerdos entre el gobierno y las FARC, se está trabajando por la instalación de la Mesa con el ELN y la palabra paz anda en los grandes medios de comunicación. Pero precisamente en ese contexto está arreciando la guerra sucia y la actividad paramilitar, preanunciándose una nueva oleada de terrorismo de estado y de exterminio. Le doy estos datos que entregó recientemente la cumbre de paz realizada entre el 7 y el 10 de Diciembre. Este año se han presentado noventa (90) homicidios en contra de defensores de Derechos Humanos y dirigentes sociales. Veintisiete más que el año anterior. Se presume que 71 de ellos fueron causados por paramilitares y 7 por Ejército y policía. La cumbre también registra 302 amenazas individuales o colectivas y 46 atentados este 2016. En el día de ayer, los medios de comunicación informaron de amenazas contra el arzobispo de Cali, monseñor Jesús Monsalve, a través de un panfleto que fue arrojado en la casa de uno de los obispos auxiliares de la ciudad y que dice: "muerte a FARC, Muerte a Santos, muerte a clérigos comunistas".
Todo esto expresa con claridad el carácter tradicionalmente violento y mafioso que ha caracterizado las elites dominantes en Colombia e indica las particularidades que explican por qué en Colombia se ha mantenido la Insurgencia.
Estas elites o su sector dominante, se niegan a sacar el ejercicio de la violencia (institucional y extra-institucional), y el terror mismo, en su actuación frente a las luchas y las esperanzas de las mayorías que en Colombia buscamos transitar hacia otro momento político y hacia un país de mayor justicia y equidad social.


Para presionar hacia otra situación y tener la fuerza para hacerlo, tenemos que convocarnos todas las fuerzas populares, los sectores democráticos, todos los patriotas, a una gran confluencia, a fortalecer lo que nos une y a conformar un gran bloque de pueblo y nación que bloquee la histórica violencia de los de arriba y que empuje a Colombia en otra dirección. También en esta dirección será valiosa la solidaridad y el respaldo internacional.

-5. Se han hecho acusaciones gravísimas, sin entregar mayores datos del quién, cuándo y cómo, en contra del ELN -incluso por parte de dirigentes de izquierda- de atentar en contra de otros militantes de izquierda... ¿son efectivas estas acusaciones?

-BT: Eso no hace parte de nuestra política ni de nuestros criterios. Los grandes medios siempre le han estado haciendo eco a las falsas imputaciones que en contra nuestra, se hacen desde los organismos de inteligencia y otras instituciones del Estado. En el Cauca, es una de las regiones, en las que nos hicieron este tipo de acusaciones. Dijeron que una banda llamada "los monos" y que está responsabilizada del asesinato de varios activistas sociales, estaba en relación con la organización. Ello es totalmente falso. Esa banda trabaja al servicio de la mina "el Ruiz" y asesinó a los dirigentes sociales por que atendiendo a su comunidad, se oponían a la explotación de esa mina en su territorio, por los daños ambientales que ello causa. Son grupos que, al igual que en muchas otras regiones del país, actúan al servicio de las multinacionales mineras y de empresas privadas, sacando de por medio a los dirigentes de las comunidades que se oponen a sus intereses. Eso lo han utilizado en todo el país, por encima de la población que habita en donde están esas riquezas. El interés principal del gobierno nacional y la empresa privada, es facilitar la entrega de las llamadas concesiones mineras a capitales nacionales y extranjeros. En estos días en el departamento de la Guajira han amenazado a una dirigente de la organización de mujeres fuerza Wayuu, (Jakeline Romero) porque se están oponiendo a la desviación del caño Bruno en los territorios donde las multinacionales están explotando el carbón.


Es política de las multinacionales, asesinar y amenazar a quienes sean obstáculo para sus intereses, como si no les fuese suficiente el saqueo que han hecho, son más de 30 años en los que solo han dejado ruina y miseria, hambre, sed y violencia, en la Guajira y a toda Colombia.

6. ¿Qué rol conceden ustedes al movimiento popular y las llamadas organizaciones de la sociedad civil en su propuesta del diálogo nacional?

-AC: Ya lo hemos expresado en respuestas anteriores. En la construcción de un acuerdo de paz ha de ser protagónica la sociedad y en especial los que nunca han tenido voz, ni participación, los excluidos de siempre. Un pacto de paz para que tenga futuro y perspectivas de cambio, no se puede limitar a la sola negociación entre la insurgencia y el gobierno de turno.


-7. ¿Qué rol creen que tienen las mujeres en este proceso de paz?


-BT: Las mujeres han sido una de las mayores víctimas en el conflicto armado colombiano, de las más de seis millones de víctimas, cuatro millones son mujeres, además de eso se suman otras violencias que son propias del modelo capitalista patriarcal, como son la discriminación salarial, el convertirlas en objeto del mercado, la violencia intrafamiliar, los feminicidios, las violaciones de muchos de sus derechos, la explotación y esclavitud sexual, entre otros tantos maltratos machistas a las que son sometidas. Por eso su papel es fundamental en este proceso de paz. Es necesario que las mujeres se empoderen como sujetos políticos relevantes para el futuro de Colombia, ellas como sector social están llamadas a la lucha por enterrar al capitalismo y a construir una sociedad más justa e igualitaria en donde la mujer sea dignificada.


-8. Existe una cierta tendencia a encadenar el proceso de paz al proceso electoral del 2018... ¿Cómo se posicionan ustedes ante esta visión?

-AC: Indudablemente. En los avances o NO hacia un proceso de paz, incidirá de manera importante quien y sobre todo que sectores logren la presidencia. Con los sectores que encabeza el Centro Democrático y que sólo le apuntan a la paz de los sepulcros y a la continuidad de la guerra y el fundamentalismo de la ultraderecha, todo se hará más difícil. Las fuerzas que encabeza Santos están por la continuidad del proceso y quizás por abrir la Mesa con el ELN. Pero ellos no van más allá de lo que podríamos llamar un enfoque de pacificación, en el que las guerrillas dejen las armas y en el que los cambios sean meramente cosméticos. Que algo cambie para que todo siga igual. Si tuviese fuerza una opción de cambios y de construcción de paz, con transformaciones, las condiciones para la solución política mejorarían cualitativamente y Colombia se enrumbaría por otros caminos. Pero eso sólo tendría posibilidades, si se lograse una gran confluencia popular y democrática en la que estuviésemos las principales fuerzas de izquierda, gran parte del movimiento popular y sectores intermedios que pueden acompañar un proyecto de nación, de soberanía y nuevos rumbos.
Pero en cualquiera de las variantes anteriores, lo central para darle continuidad a un proceso de paz y arribar a nuevas situaciones de progreso y futuro, será la fuerza de masas y de nación que logre un movimiento social y de amplio respaldo, por la paz y los cambios. Hacia allá habría que buscar las convergencias y la unidad popular y de nación para que actuase en todos los planos y escenarios.

-9. Para nadie es un secreto las dificultades que ha habido en las relaciones entre las diversas insurgencias colombianas... ¿por qué no se pudo coordinar las negociaciones de paz de ustedes con las FARC-EP e incluso con el EPL? ¿Cuáles serían las circunstancias en las cuáles un entendimiento político en pos de la superación del conflicto armado pudiera ser una realidad?


-BT: Si bien han existido diferencias entre las organizaciones insurgentes, también es cierto que existen caminos comunes, uno de estos caminos comunes es la búsqueda de la paz y la justicia social. Hace algún tiempo desde las FARC y el ELN, veníamos trabajando porque se dieran las dos Mesas y confluyéramos en un solo proceso para trabajar una agenda común de paz, porque ambas Mesas son complementarias en la búsqueda de la solución política al conflicto social y armado, pero el gobierno de Santos no permitió que se instalara la Mesa con el ELN.


Es por eso que el gobierno no cumple con lo pactado el 30 de marzo en Caracas- Venezuela, para evitar la confluencia de las dos Mesas y obligarnos a dialogar por separado, ahora corresponde al movimiento social y a la sociedad colombiana lograr presionar para que se logre un solo proceso que consolide los cimientos de una paz completa.


-10. ¿Alguna última palabra para los lectores de rebelion.org?


-AC: Como estamos terminando este 2016 y llega el nuevo año, desearles logros en el 2017 en la lucha por otro mundo que si es posible. Vienen los años de Trump en la presidencia de los Estados Unidos y quizás una política aún más agresiva del Imperio y de mayor desprecio frente a la destrucción de nuestro propio hábitat. Ya Fidel, como gran visionario y humanista, alertó sobre el grave peligro de la destrucción de la naturaleza para la sobrevivencia de la humanidad. En el continente vendrán nuevas batallas para retomar los senderos que recientemente nos dejaron Chávez y Fidel.

En Brasil y Argentina difícilmente se impondrá una vez más el modelo del pasado, de subordinación a los intereses y a la política imperial, que hoy encabezan Temer y Macri. Vamos marchando hacia un mundo menos unipolar, dada la presencia de China y Rusia y las dificultades de la política y el modelo imperial que encabezan los Estados Unidos.

En Colombia, va un mensaje de aliento para las esperanzas de cambio y un abrazo de hermanos y de lucha, para todos aquellos que desde diversas posiciones, estamos por otro país, por las transformaciones y la paz.

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Viernes, 25 Noviembre 2016 07:11

Santos y Timochenko firmaron el nuevo acuerdo

Santos y Timochenko firmaron el nuevo acuerdo

En apenas 40 días, luego del rechazo en el plebiscito, los negociadores de ambas partes concretaron un nuevo pacto, indispensable para sacar del limbo a quienes desean terminar con el conflicto armado e iniciar la lucha dentro del sistema democrático.

 

En silencio los asistentes escucharon el himno de Colombia. El acto tardó poco y la emoción no llegó al tope. El segundo round del acuerdo de paz con la guerrilla se selló ayer, cuando, una vez más, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño “Timochenko” firmaron un acuerdo de paz. Esta vez, el Teatro Colón fue el escenario para un acto sencillo, corto y emotivo donde ochocientas personas presenciaron un evento solemne acompañado de música del Caribe, entre ellas los congresistas que legitimarán el tratado de paz la semana próxima.


Con saco y pantalón formales, el líder de las FARC fue el primero en depositar su firma en el papel con el “balígrafo”, una birome elaborada con balas, para después pronunciar un discurso ovacionado en la Plaza de Bolívar. A pocos metros del teatro, en el corazón del poder en Bogotá, cientos de personas esperaban el nuevo anuncio en pantallas gigantes, algunos con la tristeza por el reciente desalojo del Campamento por la Paz que estuvo allí hasta el fin de semana pasado. Otros, con la preocupación por los homicidios a líderes promotores de la paz, que continuaron esta semana. Casi todos, con banderas blancas y globos de colores, aunque cansados por un año de maratón defendiendo el acuerdo de paz con marchas, charlas y toda clase de expresiones no violentas, conservan la esperanza de encontrar la salida al laberinto del conflicto colombiano.


Los jóvenes de iniciativas como Paz a la Calle coreaban con emoción “Sí, se pudo”, cuando los negociadores ofrecían sus palabras en el acto, mesurado, al cual le siguió la entrega del Acuerdo Final de Paz renovado en el Congreso de la República, contiguo al Teatro y la Plaza de Bolívar. “Reiteramos nuestra solidaridad con todas las víctimas de esta larga guerra. Así como nuestra petición de perdón por las consecuencias que hayan podido provenir de nuestras manos”, dijo el número uno de la guerrilla acompañado por otros negociadores, quienes estuvieron día a día en las jornadas de renegociación del acuerdo, el cual tuvo que incorporar propuestas de los detractores de derecha al resultar derrotado en el plebiscito.


Al lado de los negociadores de gobierno, se encontraban Jesús Santrich, Pastor Alape, Joaquín Gómez, Victoria Sandino, Carlos Antonio Losada, Mauricio Jaramillo y otros reconocidos comandantes guerrilleros a quienes el mundo empieza a conocer ahora sin camuflaje ni armas al hombro y por fuera de las trincheras de la selva donde han combatido durante más de 50 años.


Con sus habituales trajes de paño y corbatas, estaban los negociadores de gobierno Humberto De La Calle, Sergio Jaramillo, el general del Ejército ( r ) Jorge Enrique Mora, Gustavo Restrepo, Elena Ambrosí y todo el equipo que hizo posible que, apenas en 40 días, las partes concretaran un nuevo acuerdo de paz para poner a fin a una guerra de medio siglo, en medio de la gran incertidumbre en que quedó Colombia tras el sorpresivo triunfo de los promotores del No en el Plebiscito.


Manifestaciones públicas y coros en redes sociales impulsaron la pronta firma que se dio ayer en la capital de Bogotá, y cuyo futuro será exitoso sólo si el Congreso aprueba el documento la semana próxima. Ayer mismo, en Senado y Cámara de Diputados se aprobó que el próximo 30 de noviembre el documento sea debatido con presencia incluso de la sociedad civil para después someterlo a voto.


El gobierno y los impulsores de la paz esperan que la mayoría vote Sí en los próximos días, con el apoyo de los partidos que siempre han respaldado del proceso de paz, como el Polo Democrático, el Partido de la U, el Verde, y el Liberal, y que se sume plenamente el Partido Cambio Radical. Además, para ganar, el acuerdo deberá contar con el apoyo del Partido Conservador, que fue escuchado en las reformas hechas recientemente.


También están confiados en esta aprobación los guerrilleros y guerrilleras que, en las montañas del país, tienen en silencio sus fusiles desde hace un año esperando la salida jurídica a una decisión que como rebeldes ya tomaron: abandonar la lucha armada para continuar disputando el poder por la vía política. Carolina Alzate, artista, le dijo a PáginaI12 que este acuerdo renovado, aunque no le parece mejor, era indispensable para sacar del limbo a quienes desean deponer las armas y así lograr una transformación necesaria para Colombia.


En palabras de Timochenko, han sido 33 años de proceso de paz y 5 de negociaciones en La Habana para llegar al consenso firmado ayer. Todo esto dará un giro en 150 días, tiempo en el que según el presidente Juan Manuel Santos las Farc dejarán de ser un grupo alzado en armas. “Todos sabemos, en el fondo del alma, que el conflicto armado tiene un costo demasiado alto. Es demasiado doloroso, como lo son todas la guerras”, recordó el primer mandatario, quien ha puesto todos sus esfuerzos como jefe de Estado para sacar adelante este proceso de paz, lo cual lo hizo merecedor del Premio Nobel de Paz que le será entregado este próximo 10 de diciembre.


“Ese gran objetivo común nos ha sido esquivo a pesar de múltiples intentos hechos a lo largo del más de medio siglo de guerra”, agregó Santos, declarando que espera que la semana próxima quede refrendado el acuerdo de paz. Los Defensores del Pueblo de Iberoamérica manifestaron que “la consolidación de los diálogos y la construcción participativa de la paz en la República de Colombia contribuyen a la democracia y a la vigencia de los derechos humanos en toda la región”.


Tanto el presidente como Timochenko agradecieron y aplaudieron las múltiples expresiones ciudadanas en respaldo a los acuerdos de La Habana que renovaron el aliento en medio de la sorpresa y el dolor por el rechazo del pueblo al pasado acuerdo de paz. Mientras daban sus discursos en el Teatro Colón, víctimas como Fabiola Perdomo, quien perdió a su marido a manos de la guerrilla, o las personas que buscan aún a sus seres desaparecidos y veían la transmisión en Plaza de Bolívar, se conmovían como el 26 de septiembre en Cartagena. Esta vez con la certeza de tener un acuerdo más incluyente, y la misma firmeza de quienes han sufrido y perdonado en todo el país y están dispuestos a la reconciliación.

Alan Jara, quien en carne propia vivió el horror de perder la libertad por años en campamentos de las Farc, alzó la mirada e instó a las instituciones del Estado y a toda la sociedad a comprometerse para “hacer realidad lo pactado y generar condiciones para que tanto la ley como el acuerdo se desarrollen con la implementación de acciones para una paz estable y duradera, donde las víctimas son el centro del acuerdo”.


Los firmantes introdujeron casi todas las objeciones de los opositores

Cambios en el tratado de paz

La participación política de los guerrilleros, un tema que generó controversias entre oficialistas y opositores, se mantiene. Los insurgentes pueden entonces presentarse a cargos de elección popular, aunque ya no tienen bancas aseguradas en el Congreso.


El camino que el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia emprendieron para llegar al nuevo acuerdo de paz que firmaron ayer fue largo, sinuoso y obligó a los negociadores, tras el triunfo de la oposición en el último plebiscito, a repensar el rumbo de las negociaciones. El primer acuerdo, firmado el 26 de septiembre en Cartagena, debía refrendarse con un plebiscito que se realizó el 2 de octubre y en el que el No ganó por 53.894 votos. El gobierno y la guerrilla colombiana elaboraron un nuevo texto que obligó a implementar una serie de cambios, donde se incluyeron propuestas después del rechazo en las urnas del pacto original.


Entonces las partes acordaron refrendar el nuevo documento en el Congreso, donde la mayoría descansa en manos oficialistas. El derechista Centro Democrático, fuerza política del ex presidente Alvaro Uribe, dijo que eso constituye un golpe a la democracia. Sus legisladores votarán contra el texto por considerar que los cambios son insuficientes.


La primera versión debía anexarse a la Constitución colombiana una vez refrendada. Ahora, en cambio, sólo se incorporará un artículo transitorio, vigente por tres períodos presidenciales (es decir, por unos 12 años), que señala que las instituciones y autoridades del Estado tienen la obligación de cumplir de buena fe con el acuerdo.


El acuerdo al que se arribó en septiembre esbozaba la Jurisdicción Especial para la Paz, un sistema de justicia transicional encargado de juzgar los delitos cometidos durante el conflicto, que plantea penas alternativas a la cárcel, pero cuyo alcance en el tiempo no había quedado delimitado. Ahora, por el contrario, se establece un período de 10 años para presentar acusaciones, que podría extenderse hasta llegar a los 15 años. Además, se aclaró que los fiscales encargados de llevar adelante las medidas judiciales deberán ser colombianos.


En materia de narcotráfico, el objetivo del nuevo acuerdo busca aclarar la conexión con los delitos políticos. A partir de ahora, este delito sólo será aceptado como crimen conexo a la rebelión –por lo que sería sujeto de amnistía– en caso de que “no haya derivado en enriquecimiento personal”. Pese a estos cambios, los opositores mantuvieron su disconformidad porque, argumentaron, la comisión de este delito se mantendrá impune.


Por otra parte, la guerrilla colombiana aceptó hacer un inventario de sus bienes, que servirán para reparar a las víctimas, y entregará una lista de todos sus miembros, incluidos los que fungieron como milicianos. La participación política de los guerrilleros, un tema que generó controversias entre el gobierno colombiano y quienes apoyaron el No en el plebiscito, se mantuvo sin mayores cambios y constituye la principal objeción de los opositores, que rechazaron toda posibilidad de que los insurgentes que sean culpables de crímenes atroces puedan presentarse a cargos de elección popular antes de pagar con la cárcel por los delitos cometidos.


En la firma del primer acuerdo participaron 15 jefes de Estado y otros 2500 invitados. La oposición, entonces, criticó la ceremonia por considerarla un derroche de recursos públicos. El acto de ayer, por el contrario, se llevó a cabo en el tradicional Teatro Colón, ubicado en el centro de Bogotá, cuya capacidad en su sala principal es de 785 personas. Participaron ex presidentes colombianos, congresistas, magistrados y representantes de organizaciones sociales.


La apertura oficial de las negociaciones de paz se conoció el 4 de septiembre de 2012, cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció el inicio formal de los diálogos, mediante la discusión de seis puntos. Un mes después, en Noruega se dio apertura oficial a las conversaciones y en noviembre se realizó la primera sesión en La Habana. En la Navidad de 2012, las FARC informaron de la primera tregua unilateral, que luego extendieron en los años posteriores por cortos períodos hasta que en 2015 decretaron un alto el fuego indefinido.


Pese a gestos dados por las partes a lo largo de los tres años y medio de negociaciones, la paz estuvo en vilo por ataques, secuestros, ofensivas militares y desatinos políticos. La situación más crítica se vivió el 17 de noviembre de 2014, cuando el gobierno suspendió el proceso de paz tras el secuestro de cuatro personas en el sur del país, incluido un general del Ejército.


La crisis se superó un mes después, luego de que fueran liberados los retenidos, lo que sirvió de plataforma para bajar la tensión del conflicto, y acordar la entrega de armas y las zonas de ubicación de los guerrilleros una vez firmada la paz. El 26 de septiembre Santos y el jefe de las FARC, Timochenko, firmaron el acuerdo en un acto que convocó en Cartagena de Indias a decenas de jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo, pero el pacto quedó en el limbo político el domingo 2 de octubre por la noche, cuando el escrutinio del plebiscito sorprendió a todo el mundo con el triunfo del No por un escaso margen.

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Martes, 08 Noviembre 2016 06:21

Las muertes de Daniel

Las muertes de Daniel

Daniel Ortega falleció en combate a una edad precoz. No había cumplido 22 años cuando participó en la tentativa del Frente Sandinista de Liberación Nacional de implantar un foco guerrillero en las montañas de Matagalpa. Un error de los rebeldes hizo posible que la Guardia Nacional de Anastasio Somoza los ubicara y los aniquilara en el cerro de Pancasán. Allí cayeron, entre otros, el legendario Pablo Úbeda, maestro de profesión; Silvio Mayorga, nativo de Nagarote; el obrero Carlos Reyna y un muchacho aún más joven que Daniel, Otto Casco, quien apenas cursaba la secundaria. El médico Óscar Danilo Rosales fue capturado vivo y torturado a muerte en una mazmorra del tirano. La dictadura somocista parecía eterna por entonces y nada permitía presagiar su caída, y mucho menos el triunfo de una revolución armada.


Dos años después de aquellos sucesos, la Guardia Nacional cayó sobre una casa de seguridad del Frente ubicada en el que se llamaba por entonces Barrio Maldito de Managua. Allí murieron combatiendo Julio Buitrago y Daniel Ortega. El segundo volvió a ser asesinado por la dictadura en 1970 al lado de Luisa Amanda Espinoza y junto a María Castil. Cayó en combate o huyendo de la represión en las mismas fechas en las que mataron a la chinita Arlen Siu, a Julia Herrera, a Mildred Abaunza, a Mercedes Avendaño, a Claudia Chamorro, a Ángela Morales, a Genoveva Rodríguez, a Pilú Gutiérrez, a Mercedes Peña, a Martina Alemán, a la enfermera Clotilde Moreno, a la mexicana Araceli Pérez, a Idania Fernández, a Laura Sofía Olivas, a Nydia Espinal, a la bailarina Ruth Palacios, y a tantas otras que lucharon por una patria libre, pero también por un país en el que se respetaran los derechos de las mujeres y en el que ningún gobierno acabara prohibiendo el aborto.


Pero uno de los pocos sobrevivientes de la gesta de Pancasán, Bernardino Díaz, fue detenido por los esbirros de Somoza y su cadáver fue encontrado con huellas de tortura cerca de Wasaka. Otro cuerpo fue identificado como perteneciente a Daniel Ortega, un todavía joven sandinista que había estado en la cárcel por asaltar un banco con el propósito de recuperar fondos para la lucha y que había escapado de la prisión. Su muerte heroica lo salvó de contemplar el vomitivo espectáculo que tuvo lugar dos décadas más tarde, cuando unos comandantes derrotados en las urnas se repartieron la propiedad de todos en un acto de pillaje conocido como la piñata.


El comandante Daniel Ortega Saavedra fue capturado cerca del río Zinica junto con Carlos Fonseca Amador, fundador y dirigente máximo del FSLN, cuando se realizaban esfuerzos por reunificar al Frente, que por entonces estaba partido en tres tendencias; ambos fueron ejecutados por un soldado borracho. Pero además, Daniel murió en vísperas del triunfo revolucionario al lado de Germán Pomares, El Danto, y cayó combatiendo en Rivas al mismo tiempo que el cura asturiano Gaspar García Laviana, quien se había unido a la lucha sandinista años atrás, y junto a tantos otros que dieron su vida por la democracia, la igualdad, la libertad, el estado de derecho, la probidad y, sobre todo, la decencia.


El general Daniel Ortega Saavedra murió de tristeza el 25 de febrero de 1990, cuando perdió las elecciones presidenciales frente a lo que era entonces la derecha, y falleció en la década pasada por la vergüenza que le causó el haber sometido al poeta Ernesto Cardenal a una persecución judicial injustificada y vesánica.


El émulo de finquero presidencial, el dictadorzuelo tropical que fue relecto en Nicaragua hace unos días no tiene nada que ver con aquel comandante guerrillero que peleó por su país y que luego encabezó un intento de transformación social durante 11 años. El hombre abotagado y grotesco que exhibe la jefatura de Estado en la Nicaragua de hoy se llama igual y algunos de sus gestos y de sus rasgos evocan vagamente al joven Daniel Ortega Saavedra, pero fuera de eso no hay nada en común entre ambos. Daniel Ortega falleció en combate.


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Jueves, 03 Noviembre 2016 06:55

Contacto en Quito con el ELN

Contacto en Quito con el ELN

El canciller ecuatoriano informó que el último domingo se había reunido con los delegados de los países garantes del proceso de diálogo de paz, cuya primera mesa de negociación en Quito había sido suspendida por el Ejecutivo colombiano.

 

El canciller de Ecuador, Guillaume Long, suspendió una visita que tenía programada a Bolivia por indicios de que el diálogo de paz entre el gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) podría iniciar su fase pública hoy en Quito.
Long prefirió permanecer en Quito a la espera de noticias sobre el proceso de diálogo entre el gobierno de Colombia y la guerrilla del ELN, porque existen indicios de que éstos puedan empezar hoy, informó una fuente de la Cancillería ecuatoriana. El ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador tenía previsto visitar Bolivia para mantener conversaciones con el presidente Evo Morales y parlamentarios de ese país que investigan a firmas bolivianas que figuran en paraísos fiscales en los Panama Papers. Ello, en el marco de una propuesta lanzada por Ecuador para que se prohíban en el mundo los llamados paraísos fiscales, a los que considera fuente de corrupción, evasión fiscal y un perjuicio para las economías de los países.


Las fuentes indicaron que aún se desconoce una nueva fecha para que Long visite Bolivia, pues el canciller ecuatoriano permanecerá en Quito ante la posibilidad de que se reanude el proceso para la primera mesa de negociación pública entre el gobierno de Colombia y ELN, según reportó el diario paceño La Razón. Al respecto, el propio canciller ecuatoriano informó que el último domingo se había reunido con los delegados de los países garantes del proceso de diálogo de paz, cuya primera mesa de negociación pública debió instalarse el pasado jueves en Quito, pero que fue suspendida por el Ejecutivo colombiano hasta nuevo aviso.


Long agradeció a los delegados de los países garantes, Venezuela y Noruega, así como a los de los Estados acompañantes, Chile, Cuba y Brasil, que permanecieron en Quito pese a la suspensión temporal del inicio de los diálogos. “Acabo de reunirme con garantes del diálogo de paz entre gobierno colombiano y ELN. Agradecí su permanencia en Ecuador y compromiso con el proceso”, escribió Long en su cuenta de la red social Twitter, sin dar más detalles.


El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, dijo por su parte que no iniciará la fase pública de los diálogos de paz con el ELN hasta que no vea en libertad al ex congresista Odín Sánchez, en manos de esa guerrilla desde hace seis meses. “El tema del ELN es claro: hasta que yo no vea Odín Sánchez libre, sano y salvo, no va haber reunión. Así de claro y así de sencillo”, puntualizó Santos. Por su parte, el ELN dijo en su cuenta de Twitter: “No hubo fecha explícita para la liberación del ex congresista” y aseguró que el compromiso exacto en el caso de Odín Sánchez fue liberarlo durante el transcurso de la primera ronda en Quito.


Por informaciones de prensa, parece que están avanzados los protocolos para la liberación de Sánchez, según indicó la fuente de la Cancillería, y dijo que por esa razón Long permanecerá en la capital ecuatoriana. El ministro indicó entonces que se calculaba que la primera mesa de diálogo tenga una duración de 45 días, tiempo en el que los negociadores del gobierno y de la guerrilla estarán reunidos en instalaciones de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador (PUCE) en el Valle de los Chillos, aledaño a Quito.


Por otro lado, Santos dijo ayer en Gran Bretaña que en un futuro muy próximo habrá un acuerdo de paz con las FARC, y que él tendrá la facultad de implementarlo a través del Congreso, afirmación que generó fuerte polémica, por lo que luego aclaró que también podrá ser refrendado por otro plebiscito o congresos municipales. “Hemos logrado avanzar y en futuro muy próximo tendremos un acuerdo. Yo tendré la facultad de implementarlo a través del Congreso”, aseveró el mandatario ante decenas de inversionistas británicos, según reportó el diario colombiano El Espectador.


Lo cierto es que aún no había tomado una decisión, pese a tener potestad para hacerlo, y su preocupación sobre la forma en la que fueron acogidas sus declaraciones en Colombia fue tal que se vio obligado a salir a explicar, en pleno encuentro con la primera ministra británica, Theresa May, que cuando tengan un nuevo acuerdo de paz, habrá diferentes alternativas.

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Miércoles, 26 Octubre 2016 09:56

Ejercicio de Cronopolítica

Ejercicio de Cronopolítica

Caracterizar cualquier gobierno tiene un doble propósito: a) reconocer el campo de opciones establecido por la coyuntura para la toma de decisiones y, b) reconocer las restricciones que limitan ese campo de opciones. Al caracterizar el gobierno de Juan Manuel Santos es necesario tener en cuenta esta dialéctica. En la globalización es necesario atender de modo especial las condiciones internacionales en las cuales tiene que actuar el gobierno. Sobre este aspecto presento las siguientes consideraciones sobre el gobierno de Santos y de Uribe.

 

La elección de Uribe en el 2002 tuvo como horizonte el acontecimiento del 11 de septiembre de 2001. La necesidad de un castigo a quienes organizaron el acto suicida contra las torres gemelas en Nueva York, fue asumido por la ciudadanía internacional como un sencillo acto de justicia. La intervención contra el gobierno de los talibanes en Afganistán tuvo un respaldo internacional sin reservas.

 

Sin embargo, el gobierno de Bush asumió el reconocimiento como un respaldo para cometer desafueros sin antecedentes en la historia reciente. El peor de ellos fue la invasión de Iraq. Se apeló a burdas mentiras para justificar esa decisión bélica. La expectativa de alcanzar una victoria rápida y un control político de largo plazo en Oriente Medio no se cumplió, y en un lapso relativamente breve el gobierno se empantanó con esa aventura.

 

Así las cosas, lo que fue un respaldo internacional casi unánime se convirtió en un rechazo creciente. El campo de opciones creado por el acontecimiento del 11 de septiembre paulatinamente se fue transformando en un campo de restricciones. El gobierno de Bush, en esas condiciones, tuvo que enfrentar sin éxito la crisis de la burbuja inmobiliaria de 2007 y el efecto en cadena que afectó todo el sistema financiero norteamericano, expandiéndose hasta la comunidad económica europea en el 2010.

 

Los republicanos perdieron la confianza de los norteamericanos, situación que derivó en el relevo presidencial. Los demócratas, contra todos los pronósticos, ganaron con un candidato de raza negra, gobierno de nuevo tinte que tuvo que enfrentarse a una crisis sistémica sin antecedentes. La guerra contra el terrorismo heredada de Bush, se convirtió en un lastre de difícil superación en el corto plazo. Las medidas extremas de carácter económico tomadas por Bush también pesaron como un yunque que le colgó a Obama restricciones muy fuertes para desarrollar su política.

 

Por último, así como el 11 de septiembre de 2001 fue un punto de inflexión en la política internacional, el 15 de abril del 2010 se produce otro punto de inflexión. Ese día colapsó en el Golfo de México la plataforma petrolera llamada “Macondo”, acontecimiento sin antecedentes en la historia de la humanidad, y de consecuencias hasta ahora impredecibles, que desbordó al gobierno de Obama y a la British Petroleum, propietaria de ese complejo de explotación petrolera.

 

Sucesos, políticas globales y locales, crisis e intentos de recuperación, todos los cuales van conjugando un sentimiento de impotencia que se apodera de los norteamericanos. El éxito como experiencia valorativa fundamental en es cultura está en crisis, situación que aprovechan los republicanos. Sara Palin, su candidata a la vicepresidencia en la campaña del 2008, levanta la bandera del racismo y la xenofobia y llama a recuperar el orgullo de potencia hegemónica.

 

 

Los republicanos, directos responsables de esta crisis, se presentan entonces como salvadores y en la lógica de buscar un chivo expiatorio convierten el asunto de la inmigración en un problema que puede profundizar la crisis sistémica en curso. La problemática de los migrantes puede llegar a tocar las premisas mismas de la nación norteamericana al actualizar acontecimientos que se daban por definitivamente clausurados, como las anexiones de territorios de México llevadas a cabo en el siglo XIX.

 

Sucesos que no pasan sin dejar huella social. Por ejemplo, la crisis económica empobreció a millones de norteamericanos, desatando un crecimiento acelerado de la delincuencia y el consumo de sustancias sicotrópicas. Con coletazos. La política republicana de guerra contra el narcotráfico se tornó irrelevante. En este contexto, el informe de los expresidentes Zedillo, Gaviria y Cardozo sobre el narcotráfico, adquiere una importancia sin antecedentes.

 

Un forastero en la casa

 

Esta dinámica macro engloba el proceso político colombiano de lo que podemos llamar el intervalo Uribe, quien en el 2002 logró canalizar los sentimientos de impotencia y de rabia por el colapso de los esfuerzos de paz en el Caguán. Fue así como Uribe Vélez pasó de ser un candidato marginal, apoyado por sectores de extrema derecha con nexos con las autodefensas, a convertirse en presidente.

 

Triunfo con claras consecuencias. Las Farc fueron responsabilizadas por el fracaso del Caguán, y de insurgentes con finalidades políticas pasaron a ser caracterizados como terroristas puros. El pulso de ocho años entre el gobierno de Uribe y la dirección de las Farc gravitó como asunto decisivo en las decisiones gubernamentales. El grupo uribista fue paulatinamente mostrando una pretensión inesperada: restaurar las formas culturales, sociales y políticas que acompañaron el proceso centenario de la Constitución de 1886; tarea restauradora que llevó a la primera reelección, e intentar una segunda reelección. En sus presupuestos temporales el uribismo se planteó un proceso que debía prolongarse hasta el año 2019 para culminar la tarea de desmontar la Constitución de 1991.

 

Los desafueros de tal Gobierno, guardadas las especificidades nacionales, son del mismo tipo que las llevadas a cabo por Bush. En el caso criollo, el cristalizado más evidente de esos desafueros fue la creación de lo que algunos llamaron la formación de un para-estado, para acallar toda oposición. Pero así como en Norteamérica la lucha contra el terrorismo se fue convirtiendo en razón de los abusos totalitarios, un verdadero campo de restricciones a las libertades individuales y derechos colectivos, así también sucedió en Colombia.

 

Uribe, que había logrado modificar la Constitución para hacerse reelegir en el 2006, fracasó en su intento de imponer una segunda reelección: 2010-2014. En el debate electoral, el candidato del uribismo, el actual presidente Juan Manuel Santos, tuvo que enfrentar una dura crítica del legado de su antecesor. En el curso de la campaña se creó una situación política que puso en peligro su elección. La llamada ola verde mostró un horizonte distinto para la ciudadania, pero ese acontecimiento no pudo transformarse en opción de gobierno. Antanas no tuvo la pericia política de Obama.

 

El candidato uribista y hoy presidente, Juan Manuel Santos, logró superar la amenaza creada por la ola verde. Santos entendió que el deslinde respecto del gobierno de Uribe tenía como premisa las nuevas condiciones internacionales. En su propuesta de gobierno redujo a un segundo plano la lucha contra el terrorismo, resaltando como idea fuerza de su futuro gobierno la búsqueda de la prosperidad económica, teniendo en cuenta los recursos de la bonanza minera. Uribe confrontó a Santos, planteando que las Farc representaban el mayor peligro terrorista para la seguridad continental, y acusó al gobierno de Chávez de ser aliado de esa guerrilla y del Eln.

 

Santos, una vez posesionado, puso en marcha una política internacional de distancia frente a la doctrina de Bush, e incluso del gobierno de Obama. Tomó dos decisiones de fondo: recomponer las relaciones diplomáticas con el gobierno de Chávez, y adelantar su primera gira internacional por Europa. En su reciente intervención ante la ONU, planteó un protagonismo estatal en política internacional sin antecedentes en la historia reciente del país.

 

Tener en cuenta tales hechos era indispensable para poder establecer las opciones y restricciones del aún Gobierno Santos y, en consecuencia, poder definir con mayor precisión sobre cuales asuntos ejercer la oposición y las políticas por respaldar.

 

Septiembre de 2010

 

Enero 9 de 2012, retomo el ejercicio de cronopolítica. En el curso del año 2011, el expresidente Uribe y su grupo asumieron que Juan Manuel Santos los traicionó, valoración que muestra el carácter primitivo de la llamada doctrina uribista. En los últimos días del año 2010, el calificativo de traidor adquirió vehemencia especial. El personaje encargado de sostener tal acusación fue el excomisionado de paz Luis Carlos Restrepo.

 

Los uribistas consideran que la política global sigue funcionando con arreglo a la lógica impuesta por el expresidente Bush después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. La doctrina uribista, como la califica José Obdulio Gaviria, es incapaz de captar y valorar los contundentes acontecimientos en curso: la llamada Primavera Árabe, el surgimiento de los indignados en España, la profundización de la crisis económica en Europa, el movimiento ocupa Wall Street en Estados Unidos y las movilizaciones y paros generales en Inglaterra, Portugal e Italia.

 

Esta falta de visión frente a los hechos es altamente significativa y la oposición, que de allí se deriva al gobierno de Santos, está destinada al fracaso. Situación altamente preocupante para quienes pertenecemos al Polo, no por la ceguera de los uribistas, sino por la que evidenció una y otra vez, la dirección del PDA, con una incompetencia total en el ejercicio de la oposición. Los resultados de las elecciones lo dejaron en una situación de extrema debilidad. Sin embargo, en el discurso se afirma que todo se debe a una conspiración contra el Polo. No existe una sola línea escrita por esa dirección que busque avanzar en una valoración sensata de lo ocurrido, y de las tareas por emprender. La convocatoria del Comité Ejecutivo a la Conferencia Programática es de una pobreza insuperable. Se requiere, pues, un cambio de rumbo, y la conferencia programática y el posterior Congreso del Polo son dos escenarios para producirlo. Pero es necesario un horizonte distinto al propuesto por el Comité Ejecutivo.

 

Septiembre 1 de 2012

 

El 26 de agosto el Gobierno y las Farc-ep firmaron un documento guía para iniciar conversaciones en busca de la paz. El título: “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera". La noticia, si bien sorpresiva, resulta inteligible si se tienen en cuenta las decisiones políticas tomandas por el presidente Santos. Los uribistas han levantado el fantasma del Caguán.

 

 

 

 

Febrero 6 de 2016

 

Los presidentes Santos y Obama celebraron los quince años del Plan Colombia, acordado por Clinton y Pastrana en 1999. Era el momento político más singular de la historia contemporánea. Manuel Marulanda Vélez, jefe histórico de las Farc, había sido una persona definitiva en la elección del presidente Andrés Pastrana. El proyecto de una solución negociada al conflicto armado y la perspectiva de la paz había volcado el respaldo ciudadano a favor de Pastrana. La consecuencia de ese acontecimiento político fue la negociación del Caguán. La negociación fracasada se resolvió cuatro años después con la elección de Álvaro Uribe.

 

Para entonces (septiembre de 1998) Álvaro Vásquez, dirigente del Partido Comunista, escribió un documento titulado: “Sobre el conflicto armado y su solución política” (borrador de trabajo) y con un subtítulo: “En la antesala del Caguán”, el cual es pertinente retomar con el favor del paso del tiempo.

 

El autor enfoca, desde la teoría política de Marx y Lenin, los posibles desenlaces de esa negociación. Sobre la salida política anotó: “No se parte de cero. Ya la burguesía ha recorrido, bajo la presión múltiple de la opinión, del crecimiento de la guerrilla y de los repetidos fracasos de los cuerpos militares, un contradictorio camino que ha desembocado en la conveniencia de la negociación. A su vez, un sector de la clase dominante considera que es posible hacer determinadas concesiones”. Y agregaba: “De allí que hayan surgido sobre todo propuestas de financiación de la paz. Fondos de paz, ayudas de gobiernos amigos, colaboración de las Naciones Unidas, nuevo Plan Marshall para Colombia, etcétera, son algunas muestras de la preocupación de ciertos dirigentes empresariales y estatales con vistas a las soluciones sociales. Pero todas ellas tienen una intención contrainsurgente. Sin condenar esas iniciativas, lo principal hay que buscarlo en la calidad de los posibles acuerdos en cuanto a los cambios políticos incluyendo la propia política económica del sistema”.

 

Reconocidas esas condiciones generales de la negociación, en un parágrafo titulado: “Opciones del movimiento armado”, escribió lo siguiente: “Sintetizando sus opciones podrían concretarse las siguientes:

 

a) priorizar la lucha armada y avanzar por esa vía como única opción.
b) consolidar el dominio de determinadas zonas que sirvan de bases territoriales a una larga confrontación.
c) buscar un acuerdo con el sistema para arrancarle en esta etapa, determinadas posiciones y logros”.

 

Decía sobre cada una de las opciones, y lo que llamó modelos que las sustentaban, lo siguiente: “El primero es el modelo cubano; el segundo (una forma a mayor plazo y en varios periodos del primero) es el modelo chino o vietnamita; el tercero se asemeja a los modelos surafricano o centroaméricano”.

 

¿Cuál de esas opciones asumir? La decisión, sostenía, “[...] sólo puede ser el resultado de un análisis maduro que rebase los enfoques militares y tenga en cuenta el porvenir de todo el movimiento popular, como las condiciones nacionales y externas”.

 

Establecidas estas premisas, planteó lo siguiente sobre la primera opción: (priorizar la lucha armada y avanzar por esa vía como única opción): “En nuestra experiencia, el movimiento armado, que cuenta con un largo periodo de desarrollo, y que ha pasado por diferentes etapas, incluyendo las negociaciones, los ceses de fuego, las treguas, etcétera, aún cuando ha tenido avances cada vez más significativos, está lejos de un desenlace definitivo inmediato. Tampoco puede decirse que ha logrado imponer un poder revolucionario completo en un determinado territorio, como el de las zonas liberadas en Vietnam, o las llamadas zonas fronterizas de la revolución china. En cambio, la experiencia colombiana se caracteriza por su duración y por la extensión del conflicto a prácticamente todo el territorio nacional, lo que la diferencia de otras formas, incluyendo la cubana.

 

En la prolongación del enfrentamiento actual es necesario tener en cuenta, además de las aspiraciones revolucionarias, otros factores. Uno de ellos es la fatiga de la población por la confrontación. Otro es la dificultad para atraer a las posiciones políticas de la lucha armada a diversos sectores progresistas. La influencia política del movimiento guerrillero no avanza en la proporción en que sería necesario para tender un puente sólido entre las guerrillas y el resto de la población. Está bastante generalizada la tesis de que la lucha social y política no tiene que ver con la armada. Es decir, hay un cierto grado de distanciamiento de las luchas sociales del movimiento guerrillero. Mientras las guerrilla decretó la abstención, no sólo aumentó la votación sino que la repercusión de una tal actitud no fue significativa”.

 

Sobre la segunda opción, señaló: “En cuanto al modelo chino-vietnamita, caracterizado por la dominación creciente de un territorio importante, exigiría que la organización guerrillera pasara a crear la base de poder en tal territorio, realizar una reforma agraria decidida por los campesinos, se establecieran órganos de poder y se elaborara una estrategia para defender las posiciones territoriales, organizando dentro de sus fronteras la vida social y laboral. Una tal variante implicaría un enorme gasto de energías tanto militares como políticas”. Y concluía: “Esta formulación tiene varios puntos débiles: implicaría un difícil equilibrio con el poder nacional, que trataría de hegemonizar la situación; dependería también de la financiación nacional en lo fundamental; estaría expuesta a los cambios políticos generales; y seguramente que no tendría capacidad de expansión y de arraigo permanente. En la práctica, congelaría un determinado momento de la situación, cuyo cumplimiento y respeto serían inviables para el gobierno y las guerrillas”.

 

La tercera opción se presentaba así: “La negociación en las condiciones actuales, podría lograr posiciones y beneficios democráticos, avances en la integración del poder, reconstrucción del movimiento obrero y popular, desarrollo y fortalecimiento de la alianza progresista, diversificación de la organización en todos sus aspectos y acumulación de fuerzas para nuevos desarrollos revolucionarios. Desde luego sería necesario un nivel de seguridad y garantías para los cuadros revolucionarios y modificaciones estructurales del ejército y la policía”. Y agregaba: “El proyecto político de una salida democrática y popular a la crisis nacional no podrá lograrse en Colombia, en ésta etapa, por la sola acción del movimiento guerrillero. Tal proyecto implica la acción de masas en todas sus posibilidades, las alianzas de los diversos frentes de la lucha social y revolucionaria, el surgimiento de un tipo de organización popular, cualquiera sea el nombre que se le dé, que trabaje con un programa de profundos cambios y que logre atraer a la lucha a las masas en su conjunto”. En conclusión decía: “Por eso, parece más racional y efectiva una formulación que mantuviera la idea de la pluralidad de poder en nuevas condiciones de amplitud democrática y que permitiera a los sectores obreros y populares luchar en el futuro por posiciones y hegemonía en el conjunto nacional”.

 

Clausurada la experiencia del Caguán, esta elaboración conceptual muestra cómo la opción que se impuso y fracasó fue la de un incipiente modelo vietnamita o chino de cerco de la ciudad por el campo.

 

Ahora que la élite celebra los quince años del Plan Colombia, tenemos que esa conmemoración se presenta al mismo tiempo como la condición de un nuevo plan que Obama llamó “Paz Colombia”. Es una situación parecida a la presentada al inicio de la negociación en el Caguán, cuando se hablaba de una especie de Plan Marshall para la paz, pero ahora como remate de un proceso de negociación exitoso.

 

Esta declaración de Obama hay que valorarla desde una visión retrospectiva de la política exterior de los Estados Unidos, y del modo como ella ha influido en el diseño de la política exterior de los gobiernos colombianos. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Truman presidente de los Estados Unidos y Churchill, primer ministro de Inglaterra, declararon la llamada Guerra fría. El asesinato de Gaitán (9 de abril de 1948) se interpretó en clave de Guerra Fría: una conspiración del comunismo internacional. La participación del ejército colombiano en la guerra de Corea (1950-1952) fue una consecuencia del alineamiento del gobierno de Laureano Gómez con la política exterior norteamericana.

 

El acontecimiento de la caída de Batista (31 de diciembre de 1959) y la instalación de un gobierno dirigido por Fidel Castro en Cuba, llevó al presidente Eisenhower a una política de intervención que fue avalada por los gobiernos del Frente Nacional (1958-1974). La guerra contra las drogas declarada por Nixon llevó a la fundación de la DEA en 1973, agencia federal que terminaría por convertirse en un recurso intervencionista en la definición de la política del gobierno colombiano. El último movimiento de ese proceso histórico fue el alineamiento del gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) con el de Bush (2000-2008) y su guerra contra el terrorismo.

 

El gobierno de Barack Obama (2008-2016) desarrolló los lineamientos de una nueva política exterior de los Estados Unidos. En ese diseño, el cierre del ciclo de la Guerra Fría es un propósito que tiene en el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, su punto culminante. Asimismo, el gobierno de Obama planteó que el daño causado por los actos terroristas no puede asumirse como actos de guerra. El terrorismo es un tema de inteligencia, de policía y de intervenciones militares acotadas. La política de guerra contra las drogas está siendo revaluada.

 

La clausura de esas tres políticas de guerra: contra las drogas, contra el terrorismo y contra el comunismo, es un proceso gubernamental que todavía no se constituye en política del Estado norteamericano, pero que crea un campo de opciones privilegiadas en el desarrollo de las negociaciones para la terminación del conflicto armado en Colombia. La clausura de esas tres guerras crea premisas inéditas para la tarea de construcción de una paz estable y duradera en nuestro país, con el impacto que ese hecho tendrá para todo el continente americano.

 

 

 

 

Octubre 2 de 2016

 

El No gana el plebiscito contra todos los pronósticos. ¿Y qué se hace en esos casos? Esta fue la pregunta de un joven pariente en una reunión familiar. ¿A quién echarle la culpa y a quién atribuirle la victoria? Claro: a Santos y a Uribe.

 

Aquí es necesario que recordemos algunos acontecimientos. El expresidente Uribe decidió, desde que fue público el inició de la negociación con las Farc, enfrentar con beligerancia esa opción. Su tesis central –ampliamente difundida y conocida por cualquier persona con una mínima información del proceso en Colombia y en el exterior–, sostenía que no debía negociarse con bandidos y narcotraficantes. La tarea del ejército era eliminarlos y esa tarea estaba prácticamente cumplida cuando él respaldó a Juan Manuel Santos para que lo reemplazara en la presidencia. La iniciativa de negociar para superar el conflicto armado, y construir una paz estable y duradera, la presentó como una traición y una entrega de la república a un enemigo a punto de ser eliminado.

 

Esa retórica la mantuvo durante los primeros dos años de la negociación, pero luego fue matizando su postura. Uribe comenzó a pregonar que él también quería la paz y que quienes lo acompañaban eran amigos de la paz pero no a cualquier costo. El viraje fue cristalizando en la tesis de que la negociación era un tratado de concesiones inadmisibles a las Farc. La razón de esas concesiones inconcebibles era el deseo insensato del Presidente de pasar a la historia o de ganarse el Premio Nobel de Paz, y esa debilidad presidencial era hábilmente manipulada por los jefes de las Farc, a quienes calificaba del mayor cartel de narcotraficantes. Luego enriqueció su retórica con el pronóstico de una inminente sustitución de la democracia por el castrochavismo. En los días en que el acuerdo, producto de las negociaciones, llegaba a su elaboración final, incorporó en el arsenal de sus alegatos que la ideología de género y la homosexualidad se convertirían en política de estado, maltratando los sentimientos religiosos de las diferentes iglesias y cambiando la definición eterna de la familia.

 

El partido de Uribe, el Centro Democrático, asumió esa retórica con una vehemencia y una perseverancia sorprendente. En las semanas que precedieron al 2 de octubre, día de las elecciones, agregó a su retórica que en los acuerdos se establecía una policía política y una justicia parcializada para perseguir a la “gente de bien”. La jurisdicción especial para la paz se caracterizó como un golpe de estado a la Constitución de 1991, y así lo proclamó el expresidente Andrés Pastrana quien se sumó al uribismo. El compromiso con la verdad, la justicia y la reparación que sostiene la jurisdicción especial, fue tergiversada por el uribismo y presentada como una herramienta policíaca contra las libertades ciudadanas. Al final, el alegato de Uribe y de sus seguidores, concluyó en que el acuerdo era un contrato entre los jefes guerrilleros de las Farc y un señor llamado Juan Manuel Santos, en consecuencia un papel sin valor ninguno. Las personalidades políticas y los representantes de las instituciones que asistieron en Cartagena a la firma del acuerdo, contemplaban desconcertados las declaraciones de los uribistas y con discreción de huéspedes evadían un juicio negativo y saludaban con esperanza el casi seguro triunfo del Sí en el plebiscito.

 

La valoración del acuerdo como un acontecimiento espurio fue asimilado por sectores que durante el periodo 2014-2017 se sintieron lesionados con la política económica del presidente Santos: los campesinos paperos, los cafeteros agrupados en dignidad cafetera, los camioneros que sostuvieron un paro durísimo, los taxistas que rechazan el servicio Uber y que asumieron que serían expropiados para beneficiar a guerrilleros desmovilizados, los pequeños y medianos propietarios que creyeron que iban a ser sometidos a una expropiación por la dictadura castrochavista que seguiría después de firmado el acuerdo.

 

La derrota del Sí, fue alimentada por las mentiras del expresidente Uribe y por el malestar de quienes sintieron que el presidente Juan Manuel Santos no atendía sus intereses y, al contrario, los lesionaba. El triunfo de Uribe parece inexplicable pero existen antecedentes de líderes como él. Hanna Arend en un texto titulado La mentira en política. Reflexiones sobre los documentos del Pentágono, planteó la siguiente tesis: “El mentiroso que puede salir adelante con cualquier número de mentiras individualizadas, hallará imposible imponer la mentira como principio. Esta es una de las lecciones que cabe extraer de los experimentos totalitarios y de la aterradora confianza que los líderes totalitarios sienten en el poder de la mentira, en su habilidad, por ejemplo, para reescribir la Historia una y otra vez con objeto de adaptar el pasado a la “línea política” del momento presente o para eliminar datos que no encajan en su ideología”.

 

La experiencia que estamos viviendo en Colombia con un personaje como Álvaro Uribe, muestra que el experimento que él intentó en sus dos gobiernos, y que ahora nos presenta como la opción frente al acuerdo, es de una gravedad extrema.

 

Retornemos a la pregunta de nuestro joven pariente: ¿Qué se puede hacer en estos casos? Movilizarse y promover la discusión democrática para impedir que la mentira en la política se consolide como principio. Esa tarea es condición para poder defender el acuerdo logrado y para asumir con alegría la obra de construir una paz estable y duradera con verdad, justicia y reparación. Afortunadamente la coyuntura internacional nos es favorable. El interés que hoy existe sobre el futuro del proceso de paz en Colombia está vinculado con la posibilidad de clausurar un conjunto de guerras hoy agotadas.

 

En la sociedad planetaria en proceso de configuración es posible decir No a la Guerra Fría y Sí a la diplomacia entre los Estados para resolver los conflictos. No a la guerra contra las drogas y Sí a políticas de salud pública que prevengan y reparen el daño que causan las adiciones. No a la guerra contra el terrorismo y Sí a políticas de seguridad humana que neutralicen los atentados de terrorista desesperados que se proclaman mártires.

Martes, 25 Octubre 2016 17:32

Crece el porcentaje

Crece el porcentaje

La foto del momento en el cual delegados del Gobierno y del Eln informan la etapa pública de su agenda negociadora, desde el próximo 27 de octubre en Quito, es una buena noticia. La exigencia con actores juveniles en varias ciudades –que el Acuerdo con las Farc no se dilate–, evidencia un brote de disposición social para la discusión pública acerca del presente y futuro del país, es justo: esencia del método a tres bandas puesto en puja por el Eln. La foto pone de presente la ausencia de dos caras: Frank Pearl, del Gobierno, y Antonio García, del Eln.

 

En el tema de paz, Santos pone basa con la familia. En el caso de las Farc, la avanzada fue su hermano, con el Eln es su cuñado Mauricio Rodríguez, quien asumió los gajes de un segundo acercamiento. En tanto, la firma anunciada en marzo pasado de una agenda guía de la negociación quedó congelada, ante la intempestiva exigencia oficial de que la conversación no tomaría curso sino hasta cuando el Eln liberara a los civiles que tenía bajo su poder. Imposición no aceptada por los insurgentes, ya que no era parte de la hoja de ruta firmada entrado el tercer mes del 2016.

 

Seis meses debieron pasar para que el Gobierno aceptara la postura del Eln: “los gestos de buena voluntad deben ser de las dos partes, no solo de una de ellas”. Entre tensiones y conversaciones reservadas, asumidas por Mauricio Rodríguez, con la encomienda de Santos de recomponer el ambiente producto de la emboscada por él liderada, Rodríguez buen componedor, en condición provisional, encabezó la idéntica delegación gubernamental, junto con el general (r) Eduardo Herrera Berbel, José Noé Ríos y Jaime Arévalo. Pablo Beltrán –tercero en jerarquía del Eln, tras Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino (Comandante, encargado político) y Antonio García (Comandante, encargado militar)– encabeza el lado insurgente, acompañado por Aureliano Carbonel, Gustavo Martínez, Bernardo Téllez y Consuelo Tapia. Uno de ellos, responsable militar en la Serranía de San Lucas y otro, con responsabilidad en el frente internacional. El ambiente lució distensionado.

 

Tal vez, el resultado del plebiscito y el Acuerdo logrado con las Farc por parte del gobierno Santos y la comunidad internacional, así obliga. O tal vez, el igual a igual en cuanto a la liberación por parte del Eln de los arroceros Pablo Emilio Sánchez Vargas y Ricardo Castellanos, y de presos de la fuerza levantada en armas por parte del gobierno, así lo permitía. Avance por redondear antes del 27 de octubre, con la puesta en libertad, entre otros, por parte del Gobierno, de Juan Carlos Cuellar Victoria y Eduardo Martínez, detenidos en la cárcel de Bellavista de Medellín.

 

De esta manera, aunque así no se reconozca en público, el primero de los ítems acordados para iniciar la negociación en Ecuador –gestos humanitarios– ya tomó un inicio. El otro acordado –participación ciudadana–, tendrá concreto, a través de un itinerario y mapa que indique temáticas, municipios, y fechas donde se concite a la sociedad civil a discutir y presentar propuestas. Ideas y medidas para resolver y avanzar en la concreción de vida digna en sus territorios.

 

Discordias en Palacio

 

Cuando el pasado 1 de abril Frank Pearl llegó a la Casa de Nariño para presentarle a Santos el texto de agenda suscrito con el Eln, quedó frío. El Primer mandatario manoteó de inconformidad. Entre razones, explicaciones e interrogantes, el desautorizado delegado oficial dejó sentada su renuncia a encabezar la delegación oficial. Desde aquel día, hasta el pasado 10 de octubre, cuando de nuevo las partes comparecieron en público, las veces que Pearl respondió a preguntas sobre esta negociación, fue de manera esquiva y personal.

 

Esta realidad, sumada al desconocimiento –de hecho– por parte del Gobierno del acuerdo firmado el 30 de marzo en Caracas, llevó al Eln a cambiar la cabeza de su delegación. Reservó a Antonio García para otro momento. ¿Aparecerá de nuevo el 27 de este mes? ¿Así lo exigirá su contraparte? ¿Mantendrá su cautela la organización insurgente?

 

Puede preverse que en Quito habrá rostros nuevos. Al menos, en la delegación oficial. El bajo perfil de la delegación que asistió el 10 de este mes, permite preverlo. ¿Vencerá Humberto de La Calle sus reticencias, ante la reiterada oferta de Santos? ¿Asumirá esta delegación Gustavo Bell? ¿A quién pondrá Santos para desprevenir a su contraparte. Para convencerla de que la negociación no caerá en los juegos comunicativos a que la sometió el Gobierno en los últimos seis meses?

 

La iniciativa

 

Sea cual sea la decisión y maniobra oficial, es conocido el contrato que firmó con una firma especializada para que diseñe una propuesta que de curso al ítem de participación ciudadana. La pretensión de Juan Manuel Santos con este contrato es agresiva: estructurar un plan para concretar tal participación en no menos de 1.000 municipios. Un plan que aboque a su contraparte a un esfuerzo imposible de cumplir. Aventajar con la realización de asambleas ciudadanas que superen y no coincidan con las que emanen de los municipios donde los insurgentes tengan alguna ascendencia. Confrontadas las memorias de unos y otros eventos, ¿cuál lectura prevalecerá? El pulso no será ni simple ni sencillo.

 

El tiempo durante el cual sesionará la Mesa, tampoco es posible determinarlo. Santos aspira a precisar acuerdos en el menor tiempo. Para él, con el sol a cuestas, parte del avance en La Habana debe refrendarse y reducir la discusión a pocos puntos. El deseo puede más que la razón, ¿qué dirá el Eln?

 

Son conocidas sus críticas al acuerdo firmado por las Farc, de lo cual puede deducirse, por tanto, que hará respetar todos y cada uno de los puntos de la agenda. La parte oficial está obligada a una nueva discusión sobre justicia, verdad, víctimas, armas, etcétera, que, sumada a la agenda ciudadana, permite concluir que la discusión ni será sencilla ni de pocos meses. En el correr de los mismos, con las luces que arroje la renegociación de los Acuerdos de La Habana, exigidos por los promotores del No en el plebiscito del pasado 2 de octubre, podrá visualizarse si el 2017 será el año definitivo para la paz en Colombia, o si el mismo vaya más allá, incluso del año 2018, año electoral y por lo tanto obstáculo politiquero para un suceso tal. En medio de esos avances, tensiones y porvenires, un sector de la Iglesia Católica hace gestiones para que la agenda con el Eln no sufra más interrupciones, y para que se abran otras negociaciones.

 

Los tiempos del deseo no parecen coincidir con los de la realidad, en la cual también existe el Epl, con una posible agenda de negociación, así como la necesaria discusión para el sometimiento de los paramilitares. Paquete por resolver en algún momento. En estas circunstancias, tal vez la exploración de la paz llegue hasta el 19, con una memorable conmemoración del Bicentenario. Doscientos años atrás las armas sentaron la base para la independencia, la soberanía, la libertad, proceso de difícil concreción. Doscientos años después, las armas dan paso al diálogo para cerrar el ciclo de confrontación armada abierto desde hace varias décadas, por acción de la exclusión y represión oficial, y por reacción y lucha por su vida y derechos el campo popular.

 

¿Podrán encontrar piso real, ahora sí, la independencia, la soberanía, la libertad, pero además, la justicia, la democracia, y un liderazgo regional necesario para impulsar la integración en pos de otra oportunidad para Nuestra América?

Publicado enEdición Nº229