Lunes, 29 Julio 2013 05:54

El Papa se fue, ¿y ahora qué?

El Papa se fue, ¿y ahora qué?

Terminada la semana en que Brasil y especialmente su ciudad más emblemática, Río de Janeiro, vivieron la fiebre de la “papamanía”, un balance inicial señala una constatación preocupante y un alivio evidente. La constatación: todo lo que se refirió a la organización y a la preparación para un evento de esas dimensiones se revelaron un desastre olímpico. El alivio: no ocurrió ninguna manifestación violenta cerca del Papa de los católicos.

 

Hubo, en estos días, lo que los brasileños llaman “un baño de multitud”. La visita del Papa reunió en Río a alrededor de 3 millones de personas solamente ayer. Otro tanto se había reunido el sábado. Francisco ya es un Papa Pop.

 

Los números no están cerrados, pero los primeros cálculos indican que la ciudad recibió poco más de dos millones de turistas, de los cuales unos 350 mil llegaron del exterior. En total, los visitantes inyectaron en el comercio local unos 800 millones de dólares.

 

Para semejante contingente, es poco. Pero, al fin y al cabo, más que turistas fueron peregrinos. Y los peregrinos, sabemos todos, suelen tener hábitos (y gastos) muy austeros.

 

La organización de las Jornadas Mundiales de la Juventud primó por sus fallas. Ya en el primer día, y por una confusión entre los servicios de organización e inteligencia, ni organizados y mucho menos inteligentes, el automóvil que conducía a Su Santidad se vio atascado en un embotellamiento en pleno centro de Río. Como prueba de que Dios existe y es brasileño, no le pasó nada al Papa argentino. Pero el riesgo corrido supera los límites del absurdo.

 

Los tickets de alimentación no eran aceptados por los restaurantes, el transporte público entró en colapso y el tránsito se hizo una muestra de lo que será el infierno. Las comisarías de la policía registraron un robo a turistas cada diez minutos. Nada grave, dicen los responsables por la seguridad. Claro: ellos no fueron robados. Los turistas piensan diferente.

 

Los violentos choques entre manifestantes y policía pudieron ser mantenidos lejos de Su Santidad. Y el desfile de mujeres semidesnudas y parejas del mismo sexo besándose desaforadamente, defendiendo el matrimonio igualitario, el derecho al aborto y el uso de métodos anticonceptivos que vayan más allá de la castidad impuesta por el Vaticano como único permitido, no hizo más que asombrar a los peregrinos: el Papa ni se enteró.

 

Su Santidad deja, como líder espiritual, un poco de renovado aliento a los creyentes del país de mayor población católica en el mundo. Y como se trató de una visita oficial –el Papa es también jefe de Estado del Vaticano– es natural que se busquen vestigios de resultados en el campo de la política, de la economía o de las relaciones entre él y el gobierno brasileño. Dadas las peculiaridades del Estado que el papa Francisco representa –en realidad, un espacio geográfico que se resume a una plaza y algunas construcciones imponentes, y cuya población permanente no supera la capacidad de un par de estos aviones que todas las noches cruzan el Atlántico–, lo más razonable es intentar analizar las consecuencias de su visita en el ámbito político local.

 

El Papa llegó a Brasil en un momento delicado, con el país sacudido por una insólita secuencia de multitudinarias marchas de protesta, la economía titubeante y la presidente Dilma Rousseff enfrentando presiones de todos los lados y defecciones entre sus aliados. Una palabra de Su Santidad proferida fuera de tono podría servir de munición para la oposición y muy especialmente para los grandes medios de comunicación, que hostigan un día sí y el otro también al gobierno.

 

Bueno, el Papa incitó a los jóvenes a seguir protestando y creyendo en la posibilidad de cambiar la realidad. Dilma había reiterado que las protestas son legítimas, y aseguró que sabría oír la voz de las calles. El Papa exigió de los políticos que trabajen por los verdaderos intereses del pueblo, especialmente de los más necesitados. Dilma pelea con uñas y dientes para lograr una reforma política que el Congreso resiste en admitir. El Papa denunció la corrupción y demandó que sea combatida de manera cabal. Dilma advierte que seguirá atenta a cualquier desvío de conducta en su gobierno.

 

Es lícito suponer que el discurso del gobierno dirá que el Papa reconoce sus esfuerzos y que están juntos en su lucha, y es igualmente lícito suponer que la oposición dirá todo lo contrario. O sea, que el Papa puso en relieve los errores y las fallas del gobierno.

 

La verdad es que, por ahora, nada de eso tendrá mayor importancia. La cuestión será el año que viene, en la campaña electoral. Seguramente no sólo católicos sino, también, las sectas evangélicas que se reproducen a cada semana se lanzarán con ganas contra el aborto, el matrimonio homosexual o la adopción de niños por parejas del mismo sexo.

 

Entonces, católicos y pastores electrónicos se darán las manos, y el blanco preferencial serán los candidatos progresistas.

 

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Martes, 23 Julio 2013 06:30

¿Qué hará el Papa en Brasil?

¿Qué hará el Papa en Brasil?

Estaba en la programación del Papa anterior, que el nuevo cumple, visitar Brasil. Es parte, claramente, de un plan del Vaticano para intentar recuperar el terreno perdido en las recientes décadas en el continente considerado el más católico del mundo.

 

El papa Juan Pablo II tomó la decisión de alinearse con Estados Unidos y el Reino Unido para protagonizar, junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la ofensiva final contra la Unión Soviética y provocar un desenlace favorable al bloque imperialista en la guerra fría. Formó parte de eso la represión y el fundamental adelgazamiento de la Teología de la Liberación, que podría haber sido la versión popular del catolicismo.

 

La fuerte ofensiva del Vaticano contra la Teología de la Liberación mató a la gallina de los huevos de oro del catolicismo y abrió el camino para todas las variantes evangélicas, que ocuparon un espacio que bien podría haber sido llenado por la teología reprimida. En lugar de fortalecerse, la Iglesia católica entró en una profunda y probablemente irreversible decadencia.

 

La visita del Papa a Brasil –considerado el mayor país católico del mundo– tiene como propósito intentar recuperar el espacio perdido en las pasadas décadas, a contramano de las tendencias de adhesión a otras religiones y de expansión de varias corrientes evangélicas.

 

Pero el Papa no trae ningún discurso atractivo, en particular para las nuevas generaciones, que son mayoría en Brasil y América Latina.

 

Más allá de la participación de una relativa cantidad de jóvenes en las manifestaciones de su llegada, nada indica que Francisco pueda recuperar el prestigio y la adhesión al catolicismo en Brasil ni en nuestro continente. En los temas que preocupan a los jóvenes y al mundo contemporáneo, el Papa no tiene nada que decir. Su discurso se ha revelado conservador en los temas básicos que interesan a la juventud y en los que podría renovarse el mensaje de la Iglesia: el papel de las mujeres en esa comunidad, aborto y divorcio, entre otros.
Hay una campaña publicitaria que intenta proyectar una imagen simpática del nuevo Papa, una acción contra la antipatía y la falta de recursos del anterior. Pero ningún otro cambio, además de su imagen.

 

Con el nuevo Papa nacido en Argentina se preveía, ilusoriamente, que a su visita asistirían ya no 2 millones de personas, sino 2.5 millones, esperanza que rápidamente naufragó. Ahora se habla de menos de la mitad y, con certeza, más de 90 por ciento proceden de Brasil.

 

La visita del Papa tendrá un efecto instantáneo, y nada más que eso, producto de la campaña publicitaria de proyectar a un líder conservador en un mundo en el que los estadistas del bloque occidental –Obama, Merkel, Hollande, Rajoy y Cameron, entre otros– tienen imágenes muy deterioradas.

 

Pero, a falta de un discurso atractivo –además de las alusiones demagógicas y vacías sobre la miseria, la paz, la vigorización de la espiritualidad, etcétera–, nada duradero se puede esperar de la visita de Francisco, quien se irá como vino, sin ninguna capacidad de fortalecer a la Iglesia católica brasileña con autoridades oficiales conservadoras e inexpresivas. La derecha sólo conseguirá episódicamente proyectar la imagen simpática del Papa actual, sin ninguna injerencia en la situación de Brasil o de América Latina.

 

Emir Sader, Secretario general de Clacso. Traducción: Ruben Montedónico

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Dilma y el Papa están llamados a entenderse

Será la segunda comunión de Dilma. Cuando la presidenta brasileña reciba esta tarde aproximadamente a las 16, horario de Río de Janeiro y Buenos Aires, al papa Francisco, estará completando un recorrido religioso imperfecto iniciado en los años ’50 al tomar su primera comunión en el estado de Minas Gerais, donde era alumna del colegio confesional Sion, frecuentado por los hijos de la elite local. Fue su madre, la católica practicante Dilma Jane, quien la indujo a tomar el sacramento, un asunto ajeno a las inquietudes más políticas que religiosas de su padre Pedro, un comunista búlgaro amante de la ópera.

Aunque la visita del Papa a la Jornada Mundial de la Juventud es formalmente pastoral, para Dilma reviste la importancia de un viaje de Estado. Tanto es así que le dedicó horas de trabajo este fin de semana, en reuniones con el ministro de Defensa, Celso Amorim, para ultimar aspectos de la seguridad del visitante que optó por recorrer Río en un vehículo sin blindaje, y con el canciller Antonio Patriota, el encargado de modificar el termostato de las relaciones con el Vaticano: que pasaron del frío polar al clima cálido, desde la jubilación de Joseph Ratzinger.

En marzo la memoriosa Dilma soltó una nota burocrática para saludar (antes bien celebrar) el fin del papado de Benedicto XVI, quien en las elecciones presidenciales de 2010 se había asociado explícitamente a la derecha brasileña, en una campaña recordada por las bajezas que incluyeron hasta insinuaciones sexuales contra la entonces candidata del Partido de los Trabajadores.

En cambio Rousseff recibió con simpatía a Jorge Mario Bergoglio, y pese a ser una católica nominal, que casi no volvió a la iglesia desde su primera comunión, viajó al Vaticano el 20 de marzo para saludarlo por su elección y reforzar la invitación para ser el anfitrión de la Jornada Mundial de la Juventud que comenzará formalmente mañana.

En el Palacio del Planalto y en círculos católicos del Partido de los Trabajadores evalúan que Francisco puede ser un buen aliado de las políticas sociales agresivas, la principal de ellas la Bolsa Familia, implementadas desde 2003 con la llegada al gobierno del ex presidente Luiz Lula da Silva, y continuadas por Dilma.

El ministro y ex seminarista Gilberto Carvalho, petista de paladar negro, está entre los abanderados de esta posición por entender, además, que a través del acercamiento con la Iglesia Dilma podrá establecer puentes hacia los bien organizados y populosos movimientos sociales, tan importantes en Brasil y generalmente más representativos que los partidos. El gobierno brasileño está haciendo una apuesta política ambiciosa al estrechar el diálogo con este Vaticano de perfil “franciscano”, que habla en español y posiblemente adoptará el portuñol a partir de hoy, como lo anticiparon algunos asesores del pontífice.

En los próximos siete días los jefes de Estado Rousseff y Bergoglio pronunciarán discursos (posiblemente ricos en señales sobre lo que cada uno espera cosechar de esta primavera diplomática), además de reunirse al menos dos veces, la primera hoy y la segunda el próximo domingo en una misa a cielo abierto en la que se espera alrededor de un millón de fieles.

Claro que el Papa también considera importante trabar una relación armónica con el gobierno de la mayor potencia católica del mundo, con cerca de 120 millones de fieles, a pesar de la sangría de católicos que emigran hacia las corrientes evangélicas, en expansión, que ya representan el 19 por ciento de la población, de acuerdo con una encuesta publicada ayer por el diario Folha de Sao Paulo. Y para contener ese éxodo hacia el mercado de fe pentecostal, la Iglesia necesita del Estado brasileño y de una concordata, acordada por Lula y Ratzinger, que autoriza la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, norma denunciada ante la Corte por ser anticonstitucional.

En suma, Dilma y Francisco están condenados a entenderse y, si fuera el caso, hasta a quererse. Y de los dos es la presidenta quien estaría ciertamente más urgida, debido a la difícil coyuntura política que atraviesa luego de las manifestaciones que estremecieron al país el mes pasado. En la única entrevista sobre la visita del Papa, concedida a este cronista, Rousseff reconoció que aún no se disipó el alarmante telón de fondo de las protestas causantes de la caída a pique de su popularidad, que ahora está en la banda del 30 por ciento. “Nuestro país, que recientemente asistió al clamor de los jóvenes en las calles por el perfeccionamiento de la democracia, tendrá oportunidad de tener una amplia reflexión sobre valores espirituales de la tolerancia, la solidaridad y la fraternidad”, declaró Dilma.

“Estoy segura de que en su primer viaje a América latina, (un hecho) de un valor sin presidentes”, el Papa demostrará su “sensibilidad ...frente a temas sensibles para nuestra región, como el combate al hambre, la pobreza y el (impulso) al desarrollo con justicia e inclusión social”, reforzó en la nota publicada por la agencia ANSA.

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Crece el debate sobre el matrimonio igualitario en Colombia

Aún no está claro cómo responderán las parejas del mismo sexo en Colombia cuando les pregunten sobre su estado civil tras formalizar sus uniones. Lo que sí se sabe es que por ahora no podrán decir que están casados, así la Corte Constitucional haya ordenado que desde hoy las parejas homosexuales pueden acudir a notarías y juzgados a solicitar sus uniones.


 
El debate por las bodas gay en Colombia está lejos de terminar. En abril se hundió en el Congreso un proyecto de ley que buscaba legalizar estas uniones y ahora que pueden acudir a notarías y juzgados, sigue sin saberse qué figura se utilizará, ya que el gremio de notarios ha interpretado la sentencia de la Corte (la C-577 de 2011) como un “vínculo contractual solemne” y no como matrimonio, algo que la comunidad LGBTI rechaza ya que considera que este tipo de contrato no garantizaría ni los derechos ni la misma validez que un matrimonio civil.


 
“No aceptamos una figura distinta. Además, jurídicamente los notarios no pueden hacerlo. Lo pudo haber hecho el Congreso, pero no lo hizo. Entonces ante la ausencia de una nueva reglamentación, la que queda por usar es la del matrimonio civil, no hay otra”, dijo a EL PAÍS, Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa, la ONG más visible en Colombia que trabaja en la defensa de los derechos de la población LGBTI. Para Sánchez, los notarios interpretaron literalmente la orden de la Corte y elaboraron un contrato que no existe en la legislación actual. “No cambia el estado civil, no se sabe cómo se disuelve y si uno lo firma no sabe qué derechos tiene. No es matrimonio”, agregó. Por su parte, los jueces no se han pronunciado sobre si casarán o no a estas parejas.


 
La Corte Constitucional ha reconocido que las parejas gay en Colombia constituyen una familia y desde 2007 también les reconoce el derecho a seguridad social, a pensión y a la herencia. Pero ahora, cuando ha dicho que los notarios y jueces tendrán que “formalizar y solemnizar estas uniones”, sin mencionar la palabra matrimonio, se ha generado toda una controversia jurídica.


 
No son pocas las voces que se oponen al matrimonio de parejas del mismo sexo y que han pedido a los notarios que no los casen. El superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, ha insistido en que será a través del contrato que diseñó la Unión Colegiada del Notariado Colombiano y que habla de la "formalización y solemnización del vínculo contractual", que celebrarán estas uniones, descartando que se trate de un matrimonio. Álvaro Rojas, presidente de ese gremio, también ha dicho que “todo matrimonio civil es un contrato pero no todo contrato es matrimonio”.


 
Por eso, Colombia Diversa también elaboró un documento, que no es otra cosa que una solicitud de matrimonio como lo haría cualquier persona heterosexual, pero en este caso “nosotros la hicimos sustentada, con los argumentos de la Corte”, explicó la directora de la ONG, que ha pedido a las parejas que decidan formalizar sus uniones que se rehúsen a firmar un contrato distinto al matrimonio. Si los notarios se niegan a celebrarlo, la idea es que estas parejas presenten tutelas, el mecanismo de protección de los derechos fundamentales que se utiliza en Colombia, para que sea finalmente la misma Corte quien resuelva la controversia.


 
La Iglesia también se ha pronunciado fuertemente contra el matrimonio igualitario afirmando que la comunidad LGBTI no tiene derecho ni al matrimonio ni a la familia. “¿Qué es lo que se le está negando a la comunidad homosexual?, se le está negando algo que no le compete, algo a lo que no tienen derecho, porque el matrimonio y la familia están basados por leyes naturales fundamentales”, dijo en rueda prensa el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Rubén Darío Salazar. También invitó a los notarios a alegar objeción de conciencia para no formalizar estas uniones, un argumento al que ha recurrido el Procurador General, Alejandro Ordóñez, quien además ha advertido que podría abrir investigación y sancionar a los notarios que celebren estos matrimonios, algo que el Fiscal General, Eduardo Montealegre, descartó por completo.


Por Elizabeth Reyes L. Bogotá 20 JUN 2013 - 23:41 CET

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Domingo, 07 Abril 2013 11:05

El Papa de todas las ambigüedades

El Papa de todas las ambigüedades

Mirando al pasado de Jorge Mario Bergoglio y a las primeras declaraciones del papa Francisco, la ambigüedad parece una clave para entender a este complejo personaje.

 

Un jesuita más cercano al Opus Dei. Seco, tosco, sabe ser accesible y afable. A menudo dice una cosa en privado y otra en público. Hoy paga por su hotel, como arzobispo iba en Metro, pero como provincial de jesuitas no se movía unas cuadras sin coche ni chofer.

Su postura durante la dictadura (1976-1983) fue muy ambigua –así dijo el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, rezando por que éste no llegara a ser papa en 2005.

 

Como provincial hacía una limpieza ideológica entre sus súbditos y fustigaba al mismo general Pedro Aruppe por permitir las infiltraciones marxistas en la compañía.

 

Criticaba a los curas que se adherían a la teología de la liberación por meterse en la política, aunque, claro, no hacía lo mismo con los que hacían la política uniéndose a la junta y dándole un respaldo teológico a la exterminación de unas 30 mil personas (Rubén Dri, teólogo y ex cura libertario, lo tachó de teología de la muerte).

A los jesuitas que trabajaban en las villas de miseria veía igual que los militares:comunistas, subversivos y terroristas.

 

Su papel en el secuestro y encarcelación de dos de ellos –Orlando Yorio y Francisco Jalics– en mayo de 1976 es confuso (véase: Horacio Verbitsky, El silencio, Bs. As. 2005, pp. 256, y Página/12, 17/3/2013). La hermana de Yorio no le perdona la doble cara: mostraba compasión, pero fue él quien denunció a Orlando. Su hermano añade: Conozco gente a quien él ayudó. Esto sólo confirma su doble cara (...) Siempre fue un maestro de ambigüedad.

 

Verbitsky, respondiendo a los que lo acusaron de difamar al Papa y reaccionando a los testimonios de la gente salvada por Bergoglio, subraya que esto no significa que en aquella ocasión no pudo haber hecho algo malo (Página/12, 21/3/2013). No es una contradicción; es una ambigüedad.

 

Ahora Pérez Esquivel dice que en los 70 le faltó valor a Bergoglio, no colaboró con la dictadura y prefería una diplomacia silenciosa. ¿Será que fue tan silencioso que Yorio, Jalics o sus familiares lo confundieron con un verdugo? (El primero nunca retiró sus acusaciones; el segundo lo hizo apenas ahora, en dos pronunciamientos contradictorios).

 

Jon Sobrino, jesuita vasco-salvadoreño, ícono de la teología de la liberación, dijo:Bergoglio no fue un Romero. Se alejó de los pobres durante el genocidio argentino, pero destacó algunos gestos sencillos del nuevo Papa (Deia, 16/3/2013).

 

Todos ya han hecho gala de ellos y del nombre elegido. Se hizo de buen tono darle el beneficio de la duda, como han hecho casi todos los teólogos de la liberación (Boff, Betto, Gebara, et al.), que esperan que trabajara por los pobres. Los analistas también prefieren esperar "para ver a qué tradición de la Iglesia se adherirá (Página/12, 31/3/2013)".

 

Sólo la hermana de Yorio sigue engañada: ¿Cómo puede ser un Papa de pobres alguien que entregó a los que verdaderamente trabajaban con los desposeídos?

 

Francisco insiste: Quiero una Iglesia pobre y para pobres. Jmm... ¿Y no será que para eso habría que liquidar el Vaticano?

 

Según Michael Löwy, su enfoque hacia la pobreza es muy tradicional, carece de referencias históricas, no pasa por la política ni por el empoderamiento de los oprimidos: los pobres se consideran objeto de compasión y caridad, no sujetos que deben liberarse (Le Monde, 15/3/2013).

 

Rubén Dri añade: "Nunca escuchamos al Papa apoyar los gobiernos progresistas que han hecho tanto para los pobres (...) para él la pobreza se resuelve siguiendo las directivas de la Iglesia. Para que ello sea posible es necesaria la derrota de los movimientos populares (Miradas al sur, 17/3/2013)".

 

En cambio, se conocen sus ataques a los gobiernos kirchneristas por abrir la brecha de la desigualdad (¡sic!), su apoyo al paro agrícola (cuando las regalías que se negaban a pagar los paristas eran claves para irla nivelando...) o su declaración deguerra santa por la ley del matrimonio igualitario (cuando a la junta no le declaró ninguna y menos una santa...).

 

A nadie se puede exigir una postura valiente en una dictadura, pero en la democracia sí. Y la postura de Bergoglio al respecto de la búsqueda de justicia fue igualmente ambigua.

 

Cuando se reabrieron los juicios de militares dudó que fuera buena idea; las Abuelas de la Plaza de Mayo temen que de Papa puede influir para terminar con ellos.

 

Declarando como testigo en los casos de la ESMA y sobre el robo de bebés negó saber algo, por ejemplo de la isla El silencio (ex propiedad de la Iglesia, dónde hubo un campo de concentración, caso en el que no estuvo involucrado, pero que conocía y se lo contó una vez a Verbitsky) o de la apropiación de los niños (aunque a la familia De la Cuadra, que en 1977 buscaba un bebé nacido en cautiverio, contestó que ésteya estaba con una buena familia y que la situación de su madre era irreversible –usando un lenguaje típico de la junta).

 

Para Nancy Scheper-Hughes, antropóloga que estudió aquellos estenogramas, lo más perturbador incluso no era lo que Bergoglio decía o no, sino como: usando un lenguaje ambiguo, hasta sarcástico, relativizando las atrocidades y suavizando la historia (Counterpunch, 20/3/2013).

 

Al escucharlo, el procurador que lo interrogaba soltó: ¡No hay duda. Él denunció a Yorio y a Jalics!

 

"Mother of all... ("La madre de todos/as...) es una expresión popular en inglés para referirse a un ejemplo más grande o característico de una cosa.

 

Se vale dar el beneficio de la duda y/o esperar los primeros pasos para juzgar, pero por lo visto estamos ante un Papa de todas las ambigüedades, único de su clase.

 

* Periodista polaco

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Domingo, 24 Marzo 2013 07:01

El Papa de las crisis

El Papa de las crisis

ALAI AMLATINA, 22/03/2013.- Las crisis se suceden y sus efectos se acumulan, en lo económico y también --en sus más amplias acepciones- en lo político, social y ambiental. Una civilización, la del "capitalismo industrial", está transformándose en un retrogrado sistema plutocrático, en un sistema financiero-rentista de explotación que se ha apoderado del poder y que utiliza sin empacho alguno todos los medios necesarios --incluyendo la violencia y la corrupción-, para destruir los avances y conquistas logrados desde finales del siglo 19 por las luchas de los pueblos.


 
Basta mirar lo que desde hace años sucede en la Unión Europea (UE), donde uno tras otros los pueblos --Irlanda, España, Portugal, Grecia, Italia y ahora Chipre, sin contar lo sucedido en los países Bálticos, en los Balcanes y Europa Central-, son despojados de las conquistas sociales, económicas y políticas en nombre de la austeridad fiscal que favorece a los acreedores, a la plutocracia dominante. Lo mismo en Estados Unidos (EE.UU.), Canadá y otras "países del capitalismo avanzado".


 
Todas las herramientas de contestación que los pueblos tenían a su alcance, como ser los partidos políticos, los sindicatos, el sistema mismo de la democracia representativa, los tribunales, la prensa, etcétera, han sido inutilizadas por el "nuevo orden".


 
Nadie puede sorprenderse que los resultados electorales que no coinciden con las directivas del "nuevo orden" --que serán cada vez más frecuentes- sean descalificados y que los pueblos que "votaron mal", como hace pocas semanas en Italia, o las legislaturas que no aceptan los dictados, como ahora en Chipre, se vean amonestados o directamente amenazados por los tecnócratas y gobernantes de la UE, por el FMI y los centros financieros, que exigen seguir el dictado y callarse la boca.


 
Nada funciona como antes, el sistema está atascado. La inseguridad social, por el desempleo, la baja de salarios y pensiones, la "flexibilidad laboral" y el aumento de la extracción rentista, entre otras cosas más, está disolviendo el "tejido" social de los "países avanzados", y en particular de los países de la periferia, donde el catolicismo tiene antiguas raíces.


 
Es imposible no constatar que vivimos en un desestabilizador "estado permanente de excepción", donde las certitudes anteriores ya no son o pronto dejarán de ser válidas, y en el cual las nuevas exigencias del presente son social e individualmente inaceptables. Un mundo dirigido por políticos y tecnócratas y amparado por instituciones creadas para servir exclusivamente a las empresas e intereses de las oligarquías que forman la plutocracia dominante.


 
En fin, y no para terminar, hoy nosotros y el nuevo Papa vivimos en un mundo que está siendo empujado --como escribieron Thomas Leif y Chris Hedges- hacia la distopía (antiutopía) que constituye la mezcla del totalitarismo absoluto de George Orwell con los "paraísos artificiales" de Aldous Huxley (1).


 
**


 
*La constante Capital-Trabajo en las encíclicas papales*


 
Desde las primeras décadas del siglo 19, cuando la Primera Revolución Industrial revela su potencial y las secuelas destructivas en el terreno social en Inglaterra, Alemania y Francia, clérigos y laicos de las iglesias cristianas comenzaron a denunciar la situación de explotación y miseria de los trabajadores, y a plantear la necesidad de una doctrina social cristiana (2).


 
En 1891, cuando en Europa aun se sentían los efectos de las sucesivas crisis económicas, financieras y monetarias del capitalismo industrial que conforman la llama "Larga Depresión" -1873 a 1896-, con el desempleo y las hambrunas de millones de europeos alimentando tanto los movimientos socialistas, anarquistas y comunistas, como la emigración masiva hacia las Américas, el papa León XIII dio a conocer su encíclica Rerum Novarum, también conocida como Derechos y Deberes del Capital y el Trabajo, o sea la Doctrina Social de la Iglesia.


 
Esa Larga Depresión fue producto (como la que vendrá en los años 30 del siglo 20) del derrumbe de una fase de liberalismo económico, de mercados autorregulados que por las revoluciones tecnológicas (en los años 30 está en su apogeo la Segunda Revolución Industrial) incentivaron las especulaciones y burbujas financieras, que llevó a rapiñas coloniales, guerras e inmensos desastres sociales, al proteccionismo comercial y al corporativismo.


 
Enfrentada a esa gran crisis del capitalismo industrial y a una crisis interna por el desfase de la Iglesia con la transformación económica, social y política de la época, la encíclica de León XIII recoge y extiende las reformas que Otto von Bismarck, Canciller del Imperio Alemán, había adoptado bajo el consejo de asesores y clérigos cristianos entre 1883 y 1889 con el objetivo de frenar el creciente movimiento socialista (2).


 
A partir de Rerum Novarum y por medio de otras encíclicas se establecen en la Doctrina Social de la Iglesia los principios de conciliación entre los patronos y los obreros que --para frenar el ascendente movimiento socialista y comunista- marcarán el rumbo de los partidos reformistas hasta la llegada del neoliberalismo: derechos de los trabajadores a un salario justo; al descanso; a un ambiente de trabajo y a procesos de manufactura que no sean dañinos para la salud física o la integridad moral; al respeto en los lugares de trabajo de la conciencia o la dignidad del trabajador; a los apropiados subsidios que son necesarios para la subsistencia de los trabajadores desempleados y de sus familias; a pensiones y a seguros para la vejez, la enfermedad y de los accidentes de trabajo; a la seguridad social en los casos de maternidad; y, finalmente, el derecho a reunirse y a formar asociaciones.


 
León XIII, que en 1878 había emitido una encíclica para denunciar el socialismo como "una peste moral", porque reclamaba la igualdad de todos y atentaba como la inviolable naturaleza del derecho a la propiedad, en 1891 estableció de facto "una Carta de Derechos de la clase trabajadora en todos los países, derechos que están basados en la naturaleza del ser humano y de su trascendental dignidad" (3).


 
No se debe subestimar los impactos de Rerum Novarum y de las legislaciones de Otto von Bismarck sobre las sociedades y las nuevas responsabilidades de los Estados en esa fase del capitalismo industrial (y de la carrera inter-imperialista para apropiarse de colonias), pero definitivamente nunca solucionaron el problema de fondo en la inherentemente contradictoria relación entre el capital y el trabajo.


 
Cuarenta años más tarde, en 1931, cuando Pío XI da a conocer su encíclica Quadragesimo Anno, el problema ha empeorado por las luchas revolucionarias en la década y media que la antecede, y por la polarización política que se produce cuando los partidos políticos tradicionales fracasan en dar soluciones a la crisis monetaria, económica y financiera. Son las fuerzas de extrema derecha que avanzan para enfrentar al creciente movimiento de izquierda que propone la revolución social.


 
Para lograr el "orden social", es decir los términos de conciliación en la relación Capital-Trabajo e impedir revoluciones sociales y los avances del comunismo y del socialismo, Pío XI predica la conciliación y da su apoyo al corporativismo (Estado-patronos-sindicatos) que el fascista Benito Mussolini estaba implantando en Italia.


 
De Pío XI a Benedicto XVI, todos los Papas reafirmaron y reacomodaron un poco los principios de la Doctrina Social de la encíclica de León XIII sobre la relación Capital-Trabajo, tratando de adaptarse a los cambios que el desarrollo tecnológico y la concentración del capital fue imponiendo en el modo de producción capitalista, y que modificaban la fundamental relación Capital-Trabajo.
 


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*¿Un Papa para la crisis estructural del capitalismo industrial?*


 
Pero si el objetivo compartido del Vaticano y el Capital ha sido la conciliación para "domesticar" la naturaleza brutal de la relación Capital-Trabajo y así impedir la revolución social que nace de la explotación, la naturaleza del capitalismo lo lleva, por su parte, a traicionar constantemente ese objetivo porque su esencia es revolucionar constantemente los medios de producción para reducir el empleo de la fuerza de trabajo humana y aumentar la plusvalía, e inevitablemente aumentar la producción y el desempleo, mudar la producción a países o regiones con mano de obra más barata, y así de seguido en un proceso que inevitablemente lleva a crisis económicas y financieras cada vez más graves, a una mayor concentración monopólica, a ampliar la utilización de la automatización y a más desempleo...


 
Como reconocen algunos analistas y economistas, entre ellos Paúl Krugman, ha llegado el momento de pensar que en la relación Capital-Trabajo son los robots los que les están ganando la guerra a los trabajadores.


 
El desolador panorama que describimos al comienzo es el producto de esa revolución en el modo de producir, que no solamente reduce de manera creciente la cantidad de fuerza de trabajo necesaria --y por lo tanto la masa salarial-, sino que al proceder así está creando un obstáculo cada día más grande para ampliar el consumo y, de esta manera, la conversión de los "valores de uso" producidos en mercancías, y por lo tanto incapacidad de realizar la tasa de plusvalía, con el inevitable descenso en la tasa de ganancia de las empresas.


 
Este proceso existe, en grados de desarrollo diferente, en los "países avanzados" del capitalismo industrial y en la periferia cercana, como es el caso en la UE.


 
Por lo tanto la realidad de la relación Capital-Trabajo que existía en 1891 o en 1931 no corresponde, al menos desde hace dos décadas, con la realidad en los "países centrales", con Japón como primer ejemplo porque fue el país que más avanzó en la automatización de la producción y el primero en caer en una "depresión controlada" desde la crisis de comienzos de los años 90 del siglo 20.


 
Lo que ahora se define como "desempleo estructural" es, para ponerlo con otras palabras, un desempleo permanente acompañado de la total inseguridad laboral, y por consiguiente inseguridad de ingresos, de vivienda, etcétera, para el resto de la sociedad. Por esa razón ya se abrió la válvula de escape que es la emigración: 20 mil españoles emigran mensualmente a otros países, por citar un caso.


 
Esta realidad, que defino como un "proceso de disolución social", no tiene solución dentro del capitalismo. No hay receta económica que permita reactivar las economías en términos de creación de empleos dentro del sistema actual, y por lo tanto tampoco es posible ya la conciliación Capital-Trabajo pregonada desde León XIII.


 
Esta es la realidad que en los países del "capitalismo avanzado" enfrentará el Papa Francisco, quien curiosamente proviene de un país y una subregión donde la realidad económica, política y social es muy diferente, y eso debido tanto al desfase de los países sudamericanos respecto al desenvolvimiento del capitalismo industrial como al saldo de la experiencia neoliberal aplicada a partir de mediados de los 70 (Chile y Argentina), que provocó el nacimiento de fuertes movimientos sociales de protesta donde colaboraban masivamente y codo a codo cristianos y no cristianos, marxistas y no marxistas.


 
En la mayoría de países sudamericanos la experiencia neoliberal terminó en un desastre total a finales del siglo 20, llevando a comienzos de este siglo a la elección de gobiernos nacionalistas y progresistas, al rechazo de las políticas neoliberales y, en los últimos años, a la adopción de políticas de desarrollo económico nacional destinadas a combatir la pobreza y crear empleos, y en lo regional a la creación de organismos de cooperación para el desarrollo, como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).
 


Así pues, Habemus Papa que viene de una región que trabajosamente busca salir de los desastres del neoliberalismo y que en pocos años, con políticas contrarias a las promulgadas por la UE, el FMI y EE.UU., ha logrado reducir sustancialmente la pobreza y mejorado la calidad de vida de millones de ciudadanos. Una región, además, donde la mayoría de los países están tomando en serio la democracia, al punto que nuestro querido Hugo Chávez nunca dijo no a un reto referendario o electoral, con gobiernos que bregan para hacerla efectiva para todos, no solo para los ricos.


 
¿Usará el Papa Francisco la experiencia de su país y de la región --que él mismo designa como la Patria Grande, lo que me cae muy bien-, y sus propias vivencia como "villero" para abrir un debate sobre los cambios que hay que hacer a la Doctrina Social de la Iglesia? Un debate de la Iglesia y en el sentido más amplio, incluyendo a curas y laicos que viven la situación real, y no solo entre la cúpula ¿Lo hará? Hay algo más que este Papa tiene naturalmente, porque ya dejó de ser pecado en Sudamérica, y es el potencial de ser un caudillo, un dirigente de masas, y así de poder explicarle al mundo de los feligreses de manera sencilla, llanamente, con sentimiento y convicción, los urgentes cambios que deben ser efectuados, y en los cuales deberán ser llamados a participar.


 
En realidad no tiene mucho que escoger, ya que el futuro de la Iglesia católica está seriamente comprometido sin esos cambios que permitan reubicarla en un mundo que está experimentando grandes cambios económicos, sociales, y de genero, un mundo que más pronto que tarde deberá contemplar una transformación social inédita, el comienzo de la construcción de sociedades pos-capitalistas.


 
Para ello el Obispo de Roma --como él quiere que lo nombren-, en tanto que jefe de Estado deberá también sacudir con fuerza el aparato del Vaticano para que caigan los corruptos y bandidos, podarlo para que no le quite sol y nutrientes a las iglesias que tienen raíces locales, y hacer que quienes queden practiquen la humildad a la cual él mismo está acostumbrado.

 
La Vèrdiere, Francia.


 
*/- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense./*
 
Notas
 
1.- Esta distopía es formulada, entre otros, por Thomas Leift
 
Enter the Fifth Estate http://www.eurozine.com/articles/2010-12-31-leif-en.htmly tambien por Crhis Hedges en "2011: A Brave New Dystopia"
 
http://www.truthdig.com/report/item/2011_a_brave_new_dystopia_20101227/
 
2.- Para combatir al emergente movimiento socialista y reducir la emigración de los jóvenes alemanes hacia las Américas, el Canciller Otto von Bismarck hizo adoptar las leyes que establecieron el seguro de salud, el seguro para los accidentes y la incapacitación laboral, y un fondo de pensiones para los trabajadores.
 
3.- Ver "Catholic Social Teaching and the Welfare State",
 
http://the-american-catholic.com/2009/03/23/catholic-social-teaching-and-the-welfare-state/
 
y el muy detallado análisis titulado "Strengths and Weaknesses of the Tradition Around Rerum Novarum", de Bruce Duncan, en http://www.frbruceduncan.com/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=38&limit=10&limitstart=0&order=hits&dir=ASC&Itemid=30

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Miércoles, 20 Marzo 2013 05:58

¿Quién asesora a Dios en el Vaticano?

¿Quién asesora a Dios en el Vaticano?

En asuntos celestiales, mi campo es finito. Y en los terrenales, más allá de los desmanes causados por los milicianos de la "banda de Loyola", que en el siglo XVI fueron autorizados por el Papa para luchar contra… (toc-toc-toc)… ¡Joder!…Justo cuando me estaba cayendo el veinte. ¿Quién será?

 

–Ah… ¿cómo le va, vecino?

 

–Permítame darle un abrazo.

 

–Pero mi santo es el 19...

 

–Pues que sea por anticipado…

 

–¿Y a cuento de qué?

 

–¡El nuevo Papa, vecino! ¡El nuevo Papa es argentino!

 

–Mire usted, yo…

 

–¿A poco no es usted argentino?

 

–Y mexicano.

 

–¡Pero de la tierra del Papa!

 

–Y de la "mano de Dios".

 

–Caray… tiene usted razón.

 

Toc-toc-toc… (La esposa del vecino y la perrita histérica que ladra cuando asomo por el balcón.)

 

–Buena tardeeeee… Debe sentirse orgulloso ¿verdá…?

 

–Gracias, gracias… muy amables, pero yo…

 

Dirigiéndose a la perrita que no dejaba de husmear y de gruñirme, le dijo:

 

–Calma, Preciosa… ¡hazte amiga del señor, que el Papa es argentino!

 

Pletórica de dicha y armonía vecinal, la tertulia fue breve y acabó cuando la perrita se meó sobre una pila de periódicos. Al despedirse, frunciendo el entrecejo, el vecino asumió un porte más serio:

 

–Tenemos que platicar. ¿En qué periódico dijo que trabaja? –Y la señora, meneando con suavidad su cabeza, me miró con redoblada ternura:

 

–Un Papa argentino… ¡Que Dios le dé más!

 

Cerré la puerta, tomé aire, y sacudiéndome el confeti de congratulaciones me dije: ¿Y ahora? ¿Cómo sigo? En su primer mensaje del "ángelus", el papa Francisco pidió a los católicos ser más indulgentes y que no se apresuren a condenar los errores de los demás. ¿Y los que no lo son?

 

Quizá peco de sentimental, pero siempre me costó enfriar la inocencia y la fe de la gente. ¿Con qué derecho? Sin embargo, y en comparación con otros siglos, las creencias religiosas y dogmas de toda índole se hallan en retirada o a la defensiva, Incluyendo los fanatismos que, en el fondo, son manifestaciones de intrínseca debilidad.

 

Tampoco me caen los que se erigen en predicadores del aristotélico "justo medio", sugiriéndonos condenar la violencia "provenga de donde provenga" y permaneciendo equidistantes de los "extremos de uno y otro signo". Pues ambas expresiones son las favoritas de los hipócritas que lavan su complicidad con la violencia y el extremismo para salvaguardar sus miserables cuotas de poder terrenal… o celestial.

 

La designación de Jorge Mario Bergoglio fue causa de alegría en cientos de millones de creyentes, y motivo de esperanza en cientos de millones que no lo son porque se cansaron de esperarla. Por consiguiente, hay que sopesar. Porque en esta "alegría" participaron encumbrados "teólogos de la liberación", y 44 defensores de la "civilización occidental y cristiana" que están siendo juzgados en la provincia argentina de Córdoba, acusados por delitos de lesa humanidad cometidos en el campo clandestino de La Perla.

 

El día del Ungido, los genocidas entraron en la sala del tribunal luciendo en sus solapas cintas con los colores amarillo y blanco: la bandera del Vaticano. Gesto más que simbólico que seguramente también hizo suyo el ex capellán de la policía Christian von Vernich, a quien la Iglesia no excomulgó ni le prohibió impartir misa en el penal donde purga condena.

 

Ahora bien. Sería injusto igualar a Bergoglio (el "simple" que viaja en Metro) con los curas que supervisaban la picana de 220 voltios. Pero el ex asesor espiritual de "Guardia de Hierro" (capítulo argentino de la fascista y ultracatólica de origen rumano) no acompañó a obispos comprometidos como Miguel Hesayne, Vicente Zazpe o Jaime Nevares. A más de guardar silencio luego de los asesinatos de los obispos Carlos Ponce de León, Enrique Angelelli, y el padre Carlos Mugica, entre cientos de seminaristas caídos en la lucha.

 

Recordemos las palabras de Victorio Bonamín, provicario general de las fuerzas armadas, antes del golpe: "Cuando hay derramamiento de sangre, hay redención. Nuestra religión es terrible: se nutre de la sangre de Cristo y se sigue alimentando de nuestra sangre" ( La Nación, 23/9/1975). Y la bendición impartida a las tropas del ejército tres meses después del golpe por el cardenal Pio Laghi, patrono de la Soberana Orden Militar de Malta y nuncio apostólico en Buenos Aires:

 

“El país tiene una ideología tradicional. Y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño, la nación reacciona como un organismo con anticuerpos ante los gérmenes, generándose así la violencia. Los soldados cumplen con el deber prioritario de amar a Dios y a la patria que está en peligro…” ( La Nación, 27/6/1976).

 

Lo importante: El papa "Francisco" no es un hombre de escritorio, y proviene de la única institución argentina que no pidió perdón ni mostró arrepentimiento por su complicidad con el terrorismo de Estado. Y como no hay dos sin tres, hincha de San Lorenzo de Almagro: el equipo favorito del embajador yanqui James Cheek cuando el país se fue al descenso, y los argentinos padecieron el infierno del llamado consenso de Washington.

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Sábado, 16 Marzo 2013 11:01

Un papa en el patio trasero

ALAI AMLATINA, 15/03/2013.- La jerarquía del Vaticano posó sus ojos en América del Sur, la región donde combatió a muerte (textualmente) a los teólogos de liberación. Alineada con los poderosos, lo que no le impide hacer guiños populistas hacia los pobres, está a punto de tomar posición ante la integración regional y los gobiernos progresistas.

 

“Lo peor que podría pasarle a Sudamérica sería la elección de un papa de aquí”, escribía el periodista Martin Granovsky horas antes de que los cardenales ungieran a Jorge Bergoglio para ocupar el sillón de Pedro. En la medida que los progresistas han sido barridos de las jerarquías eclesiales, si el nuevo pontífice fuera sudamericano, especulaba el periodista, no sería “un estímulo para los cambios que se producen en los dos grandes países de Sudamérica desde 2003” (Página 12, 13 de marzo de 2013).

 

Pocas cosas hay más terrenales que el gobierno de la iglesia católica. Muchas páginas se han escrito sobre las estrechas relaciones del Vaticano con el fascismo y el nazismo, con el régimen de Francisco Franco, sobre sus millonarias inversiones en negocios turbios, por no decir mafiosos, de la ligazón de algunos de sus más encumbrados jerarcas con la Logia P-2, y del cogobierno de facto que ejercieron con la última dictadura militar argentina.

 

Existe una geopolítica vaticana que no ha sido enunciada, que no cuenta con encíclicas que la avalen, pero que se puede rastrear por su actuación en algunos momentos decisivos de la historia. En se sentido, existen datos suficientes que confirman la intervención vaticana en la misma dirección que lo hacían los poderosos del mundo. La elección de Bergoglio tiene un tufillo de intervención en los asuntos mundanos de los sudamericanos, a favor de que el patio trasero continúe en la esfera de influencia de Washington y apostando contra la integración regional.

 

Antecedentes no faltan: en la década de 1950 la actitud del Vaticano hacia el régimen de Franco coincidió, con notable exactitud, con la apertura de Washington hacia el dictador; en la década de 1980, los intereses de la superpotencia en una Centroamérica sacudida por guerras internas fueron acompañados y acompasados por la diplomacia vaticana, con notable sincronía.

 

Pio XII, el anticomunista

 

Es ya un lugar común recordar la profesión de fe democrática del Vaticano cuando agonizaba el régimen fascista de Benito Mussolini, al que Pío XI había dado su bendición (animando a los católicos italianos a votarlo en 1929) al señalar que fue “un hombre enviado a nosotros por la Providencia”. Su sucesor, Pío XII, el papa de la guerra fría, profundizó el anticomunismo y defendió la excomunión de los católicos que votaran por los comunistas.

 

Lo más notable de ese período es el profundo viraje del Vaticano hacia la potencia hegemónica que nació con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Viraje y convergencia que tienen en el año 1953 un nudo más que simbólico.

 

El triunfo de Franco en la guerra civil española, con el apoyo de las fuerzas armadas de Mussolini y de Adolfo Hitler, provocó un agudo aislamiento de España luego de la derrota del Eje en 1945. La posguerra española fue particularmente penosa para su población ya que ese aislamiento la dejó fuera del Plan Marshall con el que Estados Unidos lubricó, con miles de millones de dólares, la recuperación de la devastada Europa.

 

Pero la península ibérica es un espacio geopolítico decisivo para el control del Mediterráneo y del norte de África, ya que el Estrecho de Gibraltar es la puerta de entrada a dos continentes. El desmoronamiento de las potencias coloniales en Asia y África, que detonó la guerra de Argelia desde 1954, sumada a la tradicional independencia de Francia que bajo la influencia de Charles de Gaulle tomó distancias de a política militar de Estados Unidos, llevó a Washington a buscar un acercamiento con la dictadura de Franco.

 

En 1953 se firmaron convenios hispano-estadounideses que diseñaron una alianza militar que se plasmó en la instalación de tres bases militares en Rota, Morón y Torrejón de Ardoz. En 1955 España ingresó en la Naciones Unidas y en 1959 el presidente Dwight Eisenhower visitó a Franco para afianzar las relaciones. A cambio, España recibió ayuda económica y el apoyo para salir de su aislamiento internacional.

 

El mismo año, 1953, el Vaticano puso su granito de arena para ayudar al régimen a superar su aislamiento. Pío XII firmó un concordato con Franco que daba base jurídica al llamado nacional-catolicismo, la ideología del régimen peninsular que de hecho lo legitimaba ante los católicos del mundo. Esta convergencia de acciones entre la máxima autoridad católica y el nuevo hegemón global habría de ser moneda corriente en los años siguientes, de modo muy particular en América Latina.

 

Juan Pablo II, la guerra contra el sandinismo

 

En 1983 Juan Pablo II realizó una gira por Centroamérica, cuando en la región arreciaban guerras de alta intensidad entre regímenes dictatoriales aliados de Washington y fuerzas sociales y políticas de izquierda. En Guatemala el régimen de Efraín Ríos Montt perpetró esos mismos años un gigantesco genocidio contra la población indígena y en El Salvador los escuadrones de la muerte de la ultraderecha asesinaban opositores, entre ellos al arzobispo de San Salvador monseñor Óscar Arnulfo Romero. En Nicaragua gobernaba el sandinismo desde el triunfo de la revolución en 1979, duramente acosada por los Estados Unidos que financiaban bandas terroristas, conocidas como la contra, para desestabilizar al gobierno.

 

En Guatemala el papa se reunió con el dictador genocida que pocas horas antes de su llegada había mandado fusilar a cinco guatemaltecos y un hondureño. En El Salvador también se reunió con los gobernantes, aunque fue a rezar a la tumba de Romero. Sin embargo, sus palabras más duras no estuvieron dirigidas a los asesinos sino a los sacerdotes de la teología de la liberación. “No vale la pena dar la vida por una ideología, por un evangelio mutilado, por una opción partidista”, dijo en clara alusión a algunos sacerdotes que se habían enrolado en la oposición.

 

En todas sus vistas, estuvo también en Honduras y Costa Rica, entre otros países, habló a favor de la paz. Menos en Nicaragua. El país estaba conmovido por la primera acción importante de la contra que asesinó a 17 jóvenes. Por el contrario, la imagen del papa Juan Pablo II reprochando a Ernesto Cardenal por ser ministro del gobierno sandinista, arrodillado frente a su santidad en señal de respeto, dio la vuelta al mundo y se ha inscrito en el imaginario de muchos cristianos latinoamericanos.

 

Ernesto Cardenal consideró que Juan Pablo II “lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano, y por lo tanto una revolución muy popular. Y lo peor de todo para él que fuera una revolución con sacerdotes”.

 

La misa campal fue un desastre. El papa se permitió criticar al sandinismo abiertamente y los asistentes, se estima que había medio millón de personas, lo terminaron abucheando. “El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo”, escribió luego Cardenal quien enfatizo que se negó a condenar los crímenes de la contra.

 

En Centroamérica volvieron a coincidir las estrategias del Pentágono y del Vaticano, punto por punto, lugar por lugar. Mención especial merece la convergencia de intereses contra el clero progresista y de izquierda. El Documento Santa Fe I, emitido en mayo de 1980 por un think tank ultraderechista dirigido a influenciar en la presidencia de Ronald Reagan, tiene entre sus principales propuestas atacar a la teología de la liberación. “La política exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la teología de la liberación”.

 

Geopolítica regional

La elección de un papa latinoamericano puede ser interpretada, desde un punto de vista geopolítico, como reflejo del ascenso de las potencias emergentes y de la consolidación del papel de la región sudamericana en el mundo. Sin embargo, el nuevo pontificado tiende a reforzar la política de los Estados Unidos en la región, parece destinado a colocar un palo en la rueda de la integración regional y aislar así a Brasil y a Venezuela.

 

Lo que está en juego en la región, lo que habrá de marcar su futuro, no es el destino de los curas pederastas, ni la permanente disminución de la cantidad de católicos, ni el matrimonio igualitario ni el aborto, sino la afirmación de Sudamérica como un polo de poder en un mundo cada vez más caótico. Eso pasa, inevitablemente, por una integración orientada por Brasil en base a dos alianzas estratégicas decisivas con Argentina y Venezuela.

 

El capital transnacional hizo su apuesta hace tiempo por la desestabilización de Argentina, objetivo compartido por la Casa Blanca. En este caso no se trata del petróleo como sucede con Venezuela, sino de una lectura correcta por parte del poder estadounidense de los objetivos trazados por Brasil para la integración regional. El punto neurálgico, como señala el diplomático Samuel Pinheiro Guimaraes en su libro Desafíos brasileiros na era dos gigantes, es la alianza entre los dos principales países de la región, porque juntos tienen la capacidad de arrastrar al resto y de neutralizar las injerencias externas.

 

Ese punto lo ha comprendido el presidente José Mujica, quien ha hecho esfuerzos por alinear al Uruguay en la alianza que hoy encarna el Mercosur. También la entendió derecha argentina que echó las campanas al vuelo y pronostica que el papel de Bergoglio en la región será similar al de Juan Pablo II en la caída del comunismo. “El impacto que tiene para un país que un conciudadano sea elegido sumo pontífice no requiere demostración. Basta recordar lo que significó la coronación de Karol Wojtyla para Polonia y, en general, para el socialismo real. Un tsunami”, escribió en La Nación el columnista Carlos Pagni, un ultraderechista que fue acusado por la Delegación Argentina de Asociaciones Israelitas (DAIA) de representar “una clara expresión antisemita asociable a la peor tradición del nazismo” a raíz de un artículo en el que aludía a la descendencia judía de un alto funcionario gubernamental.

 

El nuevo papa está en condiciones darle a la derecha argentina la legitimidad popular e institucional que nunca tuvo, en un momento decisivo para la región, cuando la última apuesta de Washington para recuperar protagonismo, la Alianza del Pacífico, naufraga sin rumbo. Su pontificado no incidirá sólo en su país natal; aspira a influir en toda la región. Uno de los primeros viajes de Francisco I será a Brasil en julio, pero puede convertirse en una gira regional. Será el momento de aquilatar la estrategia vaticana en este período de transición hegemónica.

 

Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

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Sábado, 16 Marzo 2013 10:34

La vatidesmentida

La Santa Sede salió a la ofensiva y, por primera vez desde que Jorge Bergoglio fue designado Papa por los cardenales, salió al paso de la polémica sobre la actitud de Jorge Bergoglio durante los años de la dictadura. El afable portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, barrió con un revés de la mano los indicios y sospechas que pesan sobre la Iglesia y el papa Francisco, a propósito de su actuación blanda durante la última dictadura argentina. Lombardi dijo en conferencia de prensa que esas acusaciones contra Bergoglio provienen de “una izquierda anticlerical” cuya meta consiste en “atacar a la Iglesia”. Defendiendo al Papa, Lombardi extendió su argumento al resto de la Iglesia como si ya no estuviese más que probada la implicación de la jerarquía católica argentina y vaticana en el ocultamiento de las violaciones a los derechos humanos y la colusión con los crímenes de la dictadura. El portavoz de la Santa Sede dijo en Roma que esas acusaciones derivadas de las investigaciones de Horacio Verbitsky eran llevadas “a cabo por una publicación que lanza, a veces, noticias calumniosas y difamatorias. El cariz anticlerical de esta campaña y de otras acusaciones en contra de Bergoglio es notorio y evidente”. Se trata, desde luego, de Página/12. El vocero del Vaticano aclaró que las sospechas que recaen sobre el hoy papa Francisco datan de la época en que era superior de la Compañía de Jesús en la Argentina, en 1976. En ese período fueron secuestrados dos misioneros jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Ambos trabajaban en la villa porteña del Bajo Flores y fueron torturados y liberados cinco meses más tarde. Horacio Verbitsky llevó a cabo varias investigaciones a partir de las cuales estableció un lazo entre Bergoglio y la desaparición de los dos curas jesuitas: Yorio, ya fallecido, y Jalics, que reside en Alemania desde 1978. Varios testimonios recogidos por Verbitsky dieron cuenta de que Yorio nunca perdonó el papel que habría jugado Bergoglio, sobre quien tenía sospechas de que los había delatado. Federico Lombardi dijo que “jamás hubo una acusación verosímil contra el Papa. La Justicia argentina lo interrogó pero como persona informada de hechos y jamás fue imputado por algo. El negó de forma documentada las acusaciones”. El vocero se refirió luego al texto que publicó ayer uno de los interesados, Francisco Jalics, quien rompió el silencio por medio de la pagina web de los jesuitas alemanes (http://www.jesuitas.org/aktue lles/details/article/erklarung-von-pater-franz-jalics-sj.HTML).


En una declaración personal aparecida en dicha página, Jalics escribe: “No puedo pronunciarme sobre el papel del padre Bergoglio en aquellos hechos”. Jalics cuenta luego que, tal como lo mencionó el vocero del Vaticano en su declaración, tuvo “la ocasión de hablar sobre ese tema con el padre Bergoglio. (...) Estoy reconciliado con los acontecimientos y considero que ha llegado la hora de dar el caso por terminado”, escribe el jesuita. La edición digital del semanario Der Spiegel difundió a su vez una declaración del portavoz jesuita, Thomas Busch, quien cuenta que, invitado por el Arzobispado de Buenos Aires, Jalics viajó a la Argentina hace varios años (2000) y que, luego de hablar con él, “está en paz con Bergoglio”. Federico Lombardi argumentó que el Papa “hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura”. También puntualizó que una vez que fue nombrado arzobispo de Buenos Aires “pidió perdón en nombre de la Iglesia por no haber hecho lo suficiente durante el período de la dictadura”. Sin embargo, el testimonio que aporta Francisco Jalics esclarece un poco más el doble juego de la Iglesia en aquellos años. Jalics anota que “la Junta Militar mató a unas 30.000 personas en uno o dos años, tanto guerrilleros de izquierda como civiles inocentes”. En esa mezcla cayeron también ellos dos: ni él ni Yorio tenían contactos “ni con la Junta ni con los guerrilleros”. Sin embargo, Jalics deja claro en su relato que “informaciones deliberadamente falsas”, surgidas incluso “dentro de la Iglesia”, indujeron a que se sospechara sobre las supuestas relaciones que Yorio y Jalics mantenían con los grupos armados. Eso les costó el secuestro. En realidad, el testimonio de Jalics no dice gran cosa sobre la actitud de Bergoglio. Ni lo disculpa, ni tampoco lo acusa: solo alega que se reconcilió con él y que no puede pronunciarse sobre el papel que desempeñó.


Página/12 no es el único que se interesó en lo que Jorge Bergoglio podía o no saber de lo ocurrido a partir de 1976. La Justicia francesa también puso sus ojos en él. En 2011, la magistrada francesa del Tribunal de Gran Instancia de París, Sylvia Caillard, remitió a Buenos Aires una comisión rogatoria internacional para que el entonces cardenal Bergoglio prestase declaración en calidad de “testigo” en torno del asesinato del padre francés Gabriel Longueville. La abogada francesa Sophie Thonon confirmó en París que las “autoridades argentinas nunca respondieron positivamente a la comisión rogatoria correspondiente a Bergoglio”. El sacerdote francés trabajaba en la Argentina para la Orden de las Misiones de Francia. En la noche del 18 de julio de 1976, los padres Gabriel Longueville y Carlos Dios Murias fueron secuestrados en la localidad de Chamical, provincia de La Rioja, por civiles armados que se identificaron como miembros de la Policía Federal. Al día siguiente, sus cuerpos, con evidentes signos de tortura, fueron encontrados a 5 kilómetros de Chamical, tirados al lado de la vía. Las condiciones del secuestro y el asesinato de Murias y Longueville llevaron a otro religioso a investigar y pagar con su vida esa intervención. Se trata del arzobispo de La Rioja, monseñor Angelelli, quien llevó a cabo una investigación para esclarecer el crimen. Su trabajo le fue fatal: el 4 de agosto de 1976, 17 días después del asesinato de Murias y Longueville, monseñor Enrique Angelelli murió en circunstancias dudosas. La primera versión oficial estableció que Angelelli falleció en un accidente automovilístico. Sin embargo, las pruebas aportadas más tarde confirmaron que se trató de un atentado. El día de su muerte, el obispo de La Rioja regresaba de Chamical, donde había celebrado una misa y pronunciado la homilía en la cual denunció el asesinato de los dos padres. En la camioneta que conducía Angelelli había un testigo, el padre Arturo Pinto, y un elemento central: un portafolio que contenía las pruebas recabadas por Angelelli sobre el asesinato de Murias y Longueville. Pinto contó que apenas dejaron Chamical, otro auto comenzó a seguirlos. El obispo se dio cuenta, aceleró, pero a la altura de Punta de los Llanos surgió otro coche que lo encerró hasta hacer volcar la camioneta. El cuerpo de Angelelli fue encontrado con la nuca destrozada a golpes.


En 2011, fecha en que se remitió la comisión rogatoria, la abogada Sophie Thonon juzgó que la audiencia de Bergoglio como “testigo” era necesaria para que el entonces arzobispo de Buenos Aires aportara información sobre la posible existencia de archivos ligados con este caso. Sophie Thonon dijo que “seguramente este Papa no es una gran figura de la defensa de los derechos humanos. Al contrario, está bajo sospecha de no haber denunciado los crímenes de la dictadura, de no haber pedido cuentas y, por consiguiente, de haber cubierto esos actos con su silencio”. La instrucción del caso del padre Longueville sigue siempre activa en Francia, pero podría quedar en la nada debido a las condenas que ya se pronunciaron en la Argentina contra los implicados en el asesinato del padre Longueville. En este contexto, Sophie Thonon consideró que “la Justicia argentina está haciendo un trabajo excepcional sobre los crímenes cometidos en la Argentina durante la dictadura”. Federico Lombardi evacuó el viernes la cuestión del papa Francisco sin hacer la más mínima mención a lo ya probado: la trama montada por la Iglesia para sustentar la dictadura argentina. Una mención, aunque fuese de disculpas o reconocimiento, o el anuncio de alguna futura audiencia con las Madres de la Plaza de Mayo o los defensores de los derechos humanos, hubiese sido sin dudas más noble y acertado: habría probado que el cambio en las esferas vaticanas empezaba al menos por ese camino. Pero la Iglesia es tan hermética a la hora de admitir sus pecados como lo es para administrar los fondos a través del Banco del Vaticano.

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Jueves, 14 Marzo 2013 07:04

Un ersatz

Un ersatz

Entre los centenares de llamados y mails recibidos, elijo uno. “No lo puedo creer. Estoy tan angustiada y con tanta bronca que no sé qué hacer. Logró lo que quería. Estoy viendo a Orlando en el comedor de casa, ya hace unos años, diciendo ‘él quiere ser Papa’. Es la persona indicada para tapar la podredumbre. Es el experto en tapar. Mi teléfono no para de sonar, Fito me habló llorando.” Lo firma Graciela Yorio, la hermana del sacerdote Orlando Yorio, quien denunció a Bergoglio como el responsable de su secuestro y de las torturas que padeció durante cinco meses de 1976. El Fito que la llamó desconsolado es Adolfo Yorio, su hermano. Ambos dedicaron muchos años de su vida a continuar las denuncias de Orlando, un teólogo y sacerdote tercermundista que murió en 2000 soñando la pesadilla que ayer se hizo realidad. Tres años antes, su íncubo había sido designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires, lo cual preanunciaba el resto.

 

Orlando Yorio no llegó a conocer la declaración de Bergoglio ante el Tribunal Oral Federal 5. Allí dijo que recién supo de la existencia de chicos apropiados después de terminada la dictadura. Pero el Tribunal Oral Federal 6, que juzgó el plan sistemático de apropiación de hijos de detenidos-desaparecidos, recibió documentos que indican que ya en 1979 Bergoglio estaba bien al tanto e intervino al menos en un caso a solicitud del superior general, Pedro Arrupe. Luego de escuchar el relato de los familiares de Elena de la Cuadra, secuestrada en 1977, cuando atravesaba el quinto mes de embarazo, Bergoglio les entregó una carta para el obispo auxiliar de La Plata, Mario Picchi, pidiéndole que intercediera ante el gobierno militar. Picchi averiguó que Elena había dado a luz una nena, que fue regalada a otra familia. “La tiene un matrimonio bien y no hay vuelta atrás”, informó a la familia. Al declarar por escrito en la causa de la ESMA, por el secuestro de Yorio y del también jesuita Francisco Jalics, Bergoglio dijo que en el archivo episcopal no había documentos sobre los detenidos-desaparecidos. Pero quien lo sucedió, su actual presidente, José Arancedo, envió a la jueza Martina Forns copia del documento que publiqué aquí, sobre la reunión del dictador Videla con los obispos Raúl Primatesta, Juan Aramburu y Vicente Zazpe, en la que hablaron con extraordinaria franqueza sobre decir o no decir que los detenidos-desaparecidos habían sido asesinados, porque Videla quería proteger a quienes los mataron. En su clásico libro Iglesia y dictadura, Emilio Mignone lo mencionó como paradigma de “pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”. Bergoglio me contó que en una de sus primeras misas como arzobispo divisó a Mignone e intentó acercársele para darle explicaciones, pero que el presidente fundador del CELS alzó la mano indicándole que no avanzara.

 

No estoy seguro de que Bergoglio haya sido elegido para tapar la podredumbre que redujo a la impotencia a Joseph Ratzinger. Las luchas internas de la curia romana siguen una lógica tan inescrutable que los hechos más oscuros pueden atribuirse al espíritu santo, ya sean los manejos financieros por los que el Banco del Vaticano fue excluido del clearing internacional porque no cumple con las reglas para controlar el lavado de dinero, o las prácticas pedófilas en casi todos los países del mundo, que Ratzinger encubrió desde el Santo Oficio y por las que pidió perdón como pontífice. Ni siquiera me extrañaría que, brocha en mano y con sus zapatos gastados, Bergoglio emprendiera una cruzada moralizadora para blanquear los sepulcros apostólicos.

 

Pero lo que tengo por seguro es que el nuevo obispo de Roma será un ersatz, esa palabra alemana a la que ninguna traducción hace honor, un sucedáneo de menor calidad, como el agua con harina que las madres indigentes usan para engañar el hambre de sus hijos. El teólogo brasileño de la liberación Leonardo Boff, excluido por Ratzinger de la enseñanza y del sacerdocio, tenía la ilusión de que fuera elegido el franciscano de ancestros irlandeses Sean O’Malley, que carga con la diócesis de Boston, quebrada por tantas indemnizaciones que pagó a niños vejados por sacerdotes. “Se trata de una persona muy vinculada a los pobres porque trabajó mucho tiempo en América Latina y el Caribe, siempre en medio de los pobres. Es una señal de que puede ser un papa diferennte, un papa de una nueva tradición”, escribió el ex sacerdote. En la Silla Apostólica no se sentará un verdadero franciscano sino un jesuita que se hará llamar Francisco, como el pobrecito de Asís. Una amiga argentina, me escribe azorada desde Berlín que para los alemanes, que desconocen su historia, el nuevo papa es tercermundista. Menuda confusión.

 

Su biografía es la de un populista conservador, como lo fueron Pío XII y Juan Pablo II: inflexibles en cuestiones doctrinarias pero con una apertura hacia el mundo, y sobre todo, hacia las masas desposeídas. Cuando rece su primera misa en una calle del trastevere o en la stazione termini de Roma y hable de las personas explotadas y prostituidas por los poderosos insensibles que cierran su corazón a Cristo; cuando los periodistas amigos cuenten que viajó en subte o colectivo; cuando los fieles escuchen sus homilías recitadas con los ademanes de un actor y en las que las parábolas bíblicas coexisten con el habla llana del pueblo, habrá quienes deliren por la anhelada renovación eclesiástica. En los tres lustros que lleva al frente de la Arquidiócesis porteña hizo eso y mucho más. Pero al mismo tiempo intentó unificar la oposición contra el primer gobierno que en muchos años adoptó una política favorable a esos sectores, y lo acusó de crispado y confrontativo porque para hacerlo debió lidiar con aquellos poderosos fustigados en el discurso.

 

Ahora podrá hacerlo en otra escala, lo cual no quiere decir que se olvide de la Argentina. Si Pacelli recibió el financiamiento de la Inteligencia estadounidense para apuntalar a la democracia cristiana e impedir la victoria comunista en las primeras elecciones de la posguerra y si Wojtyla fue el ariete que abrió el primer hueco en el muro europeo, el papa argentino podrá cumplir el mismo rol en escala latinoamericana. Su pasada militancia en Guardia de Hierro, el discurso populista que no ha olvidado, y con el que podría incluso adoptar causas históricas como la de las Malvinas, lo habilitan para disputar la orientación de ese proceso, para apostrofar a los explotadores y predicar mansedumbre a los explotados.

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