Un 8M sin fronteras: Chile, Turquía o Reino Unido se suman a la huelga feminista

Cada vez son menos países los que dudan a la hora de definir su plan de actuación para el Día Internacional de la Mujer. A ellas ya no les basta con manifestarse, con salir a clamar a favor de sus derechos y en contra de los abusos, de la violencia en todos los ámbitos y de los feminicidios. Quieren hacer ver que el mundo se para si no están ellas ocupando sus puestos habituales, y este 8 de marzo va a ser testigo de esta motivación: la lista de países que se suman a las huelgas feministas de carácter general no ha hecho más que aumentar desde las movilizaciones de 2018.

Al grito de “Ni una menos, vivas nos queremos”, las mujeres de Argentina rompieron en 2017 con el miedo a oficializar un paro general, algo a lo que solo se había atrevido Polonia el año anterior e Islandia 40 años atrás. Trasladaron su lema a los países vecinos y consiguieron internacionalizarlo, animando al resto del mundo a sumarse a la convocatoria. En esa ocasión, las interrupciones fueron de una o dos horas en la mayoría de sitios. En 2018, las españolas pasaron del paro simbólico del año anterior a una huelga con respaldo sindical de 24 horas en la que se fijaron los ojos del mundo. De hecho, la movilización aquí ha servido de inspiración para otros países, que se han sumado con demandas muy explícitas y manifestaciones convocadas en alrededor de 170 territorios.


Hay algunos, como Chile, que llevan organizando la huelga desde que culminó el 8M del año pasado. “Desde marzo de 2018, haciendo balance de la marcha, iniciamos el camino para hacer huelga feminista en el territorio”, afirma Alondra Carrillo, portavoz de la Coordinadora Feminista 8M del país sudamericano. Con más de 50 encuentros y 1.300 mujeres de todo el país participando en el comité, han conseguido sacar adelante un paro de carácter nacional, además de todas las movilizaciones que tienen preparadas para inundar las calles de morado. A él están llamadas por los sindicatos nacionales todas las trabajadoras de la salud primaria y los profesores.


“El año pasado teníamos la sensación de estar haciendo algo por primera vez, pero este año llegamos a este momento con mucha historia en el cuerpo, mucha actividad que durante todo el año le ha dotado de contenido a lo que va a ser esta huelga”, comenta Carrillo. “A la segunda fila no vamos a volver más”.


De esa posición quieren salir en Turquía, donde también se estrenan con la convocatoria de una huelga general. El 5 de enero se decidió en Estambul que las mujeres turcas y kurdas seguirían el ejemplo de sus compañeras de países latinoamericanos y europeos, principalmente. Bajo el lema “Women are strong together” (Las mujeres son fuertes estando juntas), 165 organizaciones feministas y LGTBI reunieron en esa jornada a alrededor de un millar de mujeres. “Queremos ser parte de la rebelión y apuntamos a paralizar la vida aunque sea durante un día”, asevera Seda Can, de Asambleas de Mujeres Socialistas (SKM) de Turquía.


Las feministas turcas apuntan al presidente Erdogan y su gobierno. “El Estado trata de instaurar forzosamente a las mujeres en el rol tradicional de ser madre, obediente y sometida. Bajo el régimen del AKP [partido que lidera Erdogan] la violencia hegemónica masculina en todas sus formas ha aumentado de forma extrema. No es coincidencia”. Es un país que, según Can, tiene muchas razones por las que defender la libertad de los derechos de sus mujeres, y por eso llaman a parar “no solo en las áreas de producción sino en todos los ámbitos de la vida”.


¿Sin apoyo sindical? Paran igual


“We strike”. Nosotras paramos. Con tal contundencia presenta Reino Unido su posición para este 8M. Avalan el paro 36 organizaciones presentes en el país, como la Cuarta Ola Feminista, la Asamblea de Mujeres Kurdas y la Marcha de Mujeres de Londres. “El 8 de marzo hablaremos, resistiremos, atacaremos y nos negaremos a trabajar (…), estaremos en huelga por el trabajo que hacemos, sin importar si nos pagan o no”, aseguran en la página de Women’s Strike. En 2018, la convocatoria no tuvo un impacto laboral notable, pero las manifestaciones fueron multitudinarias. Es por eso que han depositado toda su confianza en que este viernes sean muchas más personas las que decidan ausentarse de su puesto de trabajo.


Otra de las sorpresas de este año es la movilización masiva que han convocado las mujeres de Alemania. Probablemente, sea uno de los países europeos con más actividades emergentes para este 8M y es tal la lucha que han propiciado contra los sindicatos para que estos avalen el paro que han terminado por declarar la jornada como día festivo para poder acudir a las manifestaciones.


En otros sitios, si la huelga no es una realidad no es precisamente por falta de ganas o de medios. En Irlanda, la Asamblea 8M de Dublín se constituyó a partir de las concentraciones de 2018 y de las mujeres extranjeras (especialmente latinoamericanas movidas por el Ni Una Menos) que residen en el país. Pese a que en el país no hay una “acción feminista organizada”, se ha contagiado del movimiento. “El 8M sencillamente sucede y si se es feminista, hay que estar”, dice Ana Rosa, integrante de la Asamblea.
“El derecho a la huelga no tiene el estatus de derecho constitucional como sucede en España. En la legislación laboral se reconocen algunas protecciones para trabajadores sindicados, pero la mayoría de las que vamos a parar el 8M hemos cambiado turnos o cogido días libres para poder ‘hacer huelga'”, explica. Han conseguido programar una mesa informativa para la víspera de ese paro simulado y varias lecturas de manifiestos y ‘acampada feministas’ para el propio 8. Aun así, asegura que sienten que “todavía hay mucho camino por recorrer en Irlanda”.


En Austria, el movimiento sufragista de la década de los 70 ha tenido que enfrentarse a los sindicatos para transmitirles su deseo de sumarse a la convocatoria de huelga internacional. Estos no han cedido, pero no por ello han desistido de organizar movilizaciones entre las mujeres más conservadoras. Otra ola algo más joven, bautizada con el lema “Take Back The Streets” (Recuperar las calles), tiene preparada una manifestación a favor de las mujeres racializadas. Con tambores, vestidos originarios y coreografías con esa temática, visibilizarán en las calles a las mujeres que residen en el país europeo y sufren la discriminación.


Ni feminicidios ni “niñas madres”


“Es aberrante lo que está sucediendo en Argentina”. Ada Rico, presidenta de una de las organizaciones feministas más conocidas de ese país, La Casa del Encuentro, se refiere a los últimos casos de menores embarazadas que han salido a la luz. En la provincia noroeste de Tucumán se negaron a practicar un aborto a una niña de 11 años, que tuvo por cesárea a un bebé tras ser violada. Este caso se suma al de otra menor de 12 años, a la que le hicieron una cesárea en la semana 24 de gestación. Son hechos que han desatado el agravio entre las ya enfurecidas feministas argentinas: “Todo el movimiento activista está con el reclamo de estas niñas”.


Por ellas y contra el concepto de “niñas madres” que se viene denunciando en el país, marcharán este 8M. El derecho a decidir, una vez más, aparece implícito en el discurso feminista, que casi consigue despenalizar el aborto más allá de los casos excepcionales que contempla la legislación actual. “Uno de los temas principales va a seguir siendo el aborto, más allá de que nos vamos a manifestar por los feminicidios y todo tipo de violencia sexual”, dice Rico. El año pasado, el país arrojaba una proporción devastadora: una mujer asesinada cada 30 horas.


En Australia, el foco está puesto en el ámbito laboral, desde donde opinan que se tienen todas las herramientas para empoderar a la mujer. “Desde ahí se puede pelear”, dice Flavia Guardia, componente del movimiento Ni Una Menos en Melbourne. Ha movilizado a la comunidad latina de esa urbe y a mujeres nativas que sufren agresiones sexuales en el trabajo para unirse al grito global. “En Australia hay muchas leyes que se llegan a aplicar, pero si no las conoces, pasan por arriba de ti” en el trabajo, dice. “Se pelea por el sueldo igualitario y respetar a sus aborígenes, reivindicar la lucha y que ellos son los dueños de la tierra”.


India lleva protestando semanas en una reunión inusual y cambiante: la Mahila Suraksha Padyatra (Marcha por la Seguridad de las Mujeres). Swati Maliwal, la presidenta de la Comisión de Mujeres de Delhi, se encuentra a la cabeza de una marcha de 13 días a pie para conocer a mujeres de todos los rincones de la capital india, atendiendo a sus problemas y reclamos, y que culminará el 8 de marzo en una manifestación multitudinaria.


Un 8M silenciado


No obstante, no en todo el mundo se escuchará el grito feminista. En Nicaragua, ha sido literalmente silenciado. El pasado 25 de noviembre, las mujeres que salieron para manifestarse en el Día Internacional contra la Violencia de Género fueron duramente reprimidas. El Gobierno de Daniel Ortega ha contenido todas las movilizaciones y este 8M goza precisamente de ese tono agitador de demanda que el presidente quiere abolir a toda costa. Las compañeras turcas, por su parte, también sufrieron una represión similar el pasado 25N, según recuerda Seda Can.


Queda pocos días para que el mundo vuelva a retumbar con las batucadas feministas y para que las calles se llenen con mujeres que han dejado su casa y su silla vacía o sus puestos libres en el trabajo. El 8M volverá una vez más a demostrar que la huelga feminista ya tiene un empuje internacional.

Por Naiara Bellio
7 marzo 2019 

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Una cita de J. R. Tolkien: "Incluso la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro" en la marcha de mujeres sobre Washington de 2017

Destacadas feministas de todo el mundo se unen en un manifiesto para convocar encuentros y asambleas transnacionales

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Por tercer año consecutivo, la nueva ola feminista transnacional convoca a un día de movilización global para el 8 de marzo: huelgas “legales” en el trabajo asalariado –como las cinco millones de huelguistas del 8M de 2018 en España– y miles más el mismo año en Argentina e Italia; huelgas “salvajes” de las mujeres sin derechos laborales ni protección social; huelgas del cuidado y del trabajo no remunerado; huelgas estudiantiles, pero también boicots, marchas, y bloqueo de calles. Por tercer año consecutivo, mujeres y personas queer en todo el planeta se movilizan contra los feminicidios y contra todas las formas de violencia de género, por la autodeterminación de los cuerpos y por el acceso al aborto seguro y gratuito, por iguales salarios para iguales trabajos, por sexualidades libres, pero también contra los muros y las fronteras, el encarcelamiento en masa, el racismo, la islamofobia y el antisemitismo, el despojo de las comunidades indígenas y la destrucción de los ecosistemas y el cambio climático. Por tercer año consecutivo, el movimiento feminista nos da esperanza y una visión de un futuro mejor en un mundo que se desmorona. El nuevo movimiento feminista transnacional es impulsado desde el Sur, no solo en un sentido geográfico sino en un sentido político, y se nutre de cada territorio en conflicto. Esta es la razón por la cual es anticolonial, antiracista y anticapitalista.


Vivimos un momento de crisis general. Esta crisis no es solo económica; es también política y ecológica. Lo que nos jugamos en esta crisis es nuestro futuro y nuestras vidas. Las fuerzas políticas reaccionarias están creciendo y se presentan a sí mismas como la solución de la crisis. Desde Estados Unidos a Argentina, de Brasil a India, Italia y Polonia, los gobiernos de extrema derecha y los partidos políticos construyen muros y vallas en las fronteras, atacan libertades y derechos LGBTQ+, niegan a las mujeres autonomía sobre sus cuerpos y promueven la cultura de la violación, todo en nombre de un retorno a los “valores tradicionales” y con la promesa de proteger los intereses de las familias de los sectores dominantes. Su respuesta a la crisis neoliberal no es abordar la raíz de sus causas, sino apuntar contra las más oprimidas y explotadas de entre nosotras.


La nueva ola feminista es la primera línea de defensa frente al ascenso de la extrema derecha. Hoy, las mujeres están liderando la resistencia a los gobiernos reaccionarios en varios países.


En septiembre de 2018, el movimiento “Ele Não” reunió a millones de mujeres que se levantaron contra la candidatura de Jair Bolsonaro, quien se ha convertido en todo el mundo en el símbolo de los planes de la ultra derecha para la humanidad y en el catalizador de las fuerzas reaccionarias en América Latina. Las protestas se dieron en más de trescientas ciudades de Brasil y en todo el mundo. Hoy Bolsonaro está librando una guerra contra los pobres, mujeres, personas LGBTQ+ y las comunidades negras. Ha promulgado una reforma de la seguridad social draconiana y relajado las leyes de control de armas. Los feminicidios están disparándose en un país que ya en 2018 tuvo uno de los índices más altos del mundo, y donde el 70% de las mujeres asesinadas eran negras. En 2019 ya se han producido 126 feminicidios. El movimiento feminista en Brasil está respondiendo a estos ataques y se prepara para movilizar el 8M y el 14M, en el aniversario del asesinato político de Marielle Franco, mientras circula la información de los fuertes lazos entre los hijos de Bolsonaro y uno de los integrantes de la milicia responsable del asesinato.


De modo similar, “Non Una di Meno” en Italia es hoy el único movimiento organizado confrontando con las políticas misóginas y antimigrantes del gobierno derechista de la Liga y Cinco Estrellas. En Argentina, es también el movimiento feminista el que lidera la resistencia contra las políticas neoliberales del Gobierno de Macri. Y en Chile, el movimiento feminista está peleando contra la criminalización de las luchas indígenas y el sexismo sistemático de un sistema educativo carísimo.


El movimiento feminista está también redescubriendo el significado de la solidaridad internacional y la iniciativa transnacional. En los últimos meses, el movimiento feminista argentino usó el evocativo nombre de “Internacional Feminista” para referirse a las prácticas de solidaridad internacional reinventadas por la nueva ola feminista, y en varios países, como Italia, el movimiento está discutiendo la necesidad de encuentros transnacionales para coordinarse mejor, compartir miradas, análisis y experiencias.


Frente a una crisis global de dimensiones históricas, las mujeres y las personas LGBTQ+ nos estamos levantando con el reto de articular una respuesta global. Después del próximo 8 de marzo, ha llegado el momento de que el movimiento vaya un paso más allá y pase a convocar encuentros y asambleas transnacionales: para convertirnos en el freno de emergencia capaz de parar el tren capitalista que corre desbocado, conduciendo a la humanidad y al planeta en que vivimos hacia la barbarie.

Firmas: Justa Montero / Monica Benicio / Kavita Krishnan / Y 20 FIRMAS MÁS

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Un estado de India realizará el mayor experimento del mundo con renta básica universal

Sikkim, uno de los estados más pequeños de India, está a punto de emprender un experimento social de relevancia global: su partido gobernante ha anunciado que introducirá una renta básica universal para sus 610.577 habitantes.


Si ese territorio nororiental indio tiene éxito, esta medida representará la mayor prueba en el mundo para implantar un concepto destinado a aliviar la pobreza, informa el diario estadounidense The Washington Post.


Esa región ya fue una de las primeras en prohibir los sacos plásticos en 1998 y la primera en dejar de utilizar pesticidas y fertilizantes. Con un nivel de alfabetización del 98 %, Sikkim ha reducido al 8 % la proporción de habitantes que viven bajo el umbral de pobreza en comparación con el casi 30 % de India.


"Con la agravación de la desigualdad global, queremos asegurar que cerramos esa brecha", ha asegurado Prem Das Rai, el único representante de Sikkim en el Parlamento de India, quien no ha revelado los costes potenciales de este programa anunciado de cara a las elecciones de la próxima primavera boreal.
Ese plan se apoyará en los ingresos del turismo —la mayor fuente de ganancias del lugar, con más de 2,5 millones de visitantes anuales— y la generación eléctrica: Sikkim vende el 90 % de su electricidad.


Por el momento, el Gobierno local consulta con expertos y accionistas el modo de llevar a cabo su plan y espera completar los preparativos para 2022, ha detallado Rai.
La renta básica universal es una forma de seguridad social, que supone que todos los ciudadanos reciban por parte del Gobierno un pago, regular y sin condiciones. La suma que recibirán los residentes del estado indio por el momento no se precisa.

Publicado: 23 ene 2019 07:20 GMT | Última actualización: 23 ene 2019 08:07 GMT

La experiencia de otros países
Distintos países del mundo ya realizaron intentos de implementar esta medida. Por ejemplo, un proyecto piloto de la renta básica universal empezó en abril de 2017 en Ontario (Canadá), con participación de 4.000 personas, en el marco del cual recibían hasta 16.989 dólares canadienses al año. Sin embargo, terminó al cabo de un año con el cambio del Gobierno local: las nuevas autoridades estimaron que el programa era costoso y desalentaba a los participantes a buscar trabajo.
En Finlandia, un programa parecido ―con 560 euros mensuales― fue probado durante dos años y se completó el pasado mes de diciembre. Por el momento, las autoridades no planean continuarlo.
En 2016, en un referéndum en Suiza la mayoría de los ciudadanos rechazó la idea de implementar una renta básica universal de 2.300 euros al mes.

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Fabián Salvioli: “No se puede trabajar en derechos humanos sin ser feminista”

El expresidente del comité de Derechos Humanos de la ONU afirma que la falta de voluntad política ralentiza la justicia universal

Examinar los procesos de transición en el mundo. En eso consiste la actual tarea del expresidente del Comité de Derechos Humanos de la ONU, el abogado Fabián Salvioli (Argentina, 1963), relator de la ONU para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Analizar la salida del conflicto armado de un país o el paso de regímenes autoritarios a democráticos es el cometido de este experto, cuyo próximo informe para Naciones Unidas trata sobre las reparaciones y el acceso a la justicia de víctimas por violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos en todo el mundo. Salvioli ha participado esta semana en el Congreso Internacional 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que se ha celebrado en la Universitat de València.

Pregunta. Usted dice que la paz no es un valor a mantener sino a construir de forma cotidiana.


Respuesta. Mantener la paz es ficticio en un mundo en el que no existe. En un mundo en el que las tres cuartas partes no tienen satisfechos sus derechos básicos y elementales no se puede decir que hay paz. La construcción de la paz se da sobre la garantía de los derechos humanos. No hay que mantener el statu quo, hay que lograr un mundo mejor.
P. ¿Cómo se consigue? ¿Lo estamos haciendo bien o mal?


R. Lo estamos haciendo mal, pero la historia es cíclica, y, por supuesto, hay avances y retrocesos. Los derechos humanos tienen que ser el programa de todo Gobierno, de toda institución pública. El Estado está para respetar y garantizar los derechos humanos. En caso contrario, no cumple la función para la que fue creado. Las organizaciones internacionales deben de tener los derechos humanos como punto central de su agenda. Esa es la manera de construir un mundo mejor.


P. ¿Cómo se comporta el mundo en este aspecto tan importante?


R. Se observan avances importantes. ¿Quién iba a pensar que los máximos responsables de crímenes contra la humanidad iban a poder ser llevados ante un tribunal para rendir cuentas? Hoy contamos con la Corte Penal Internacional, existen tribunales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que otorgan justicia a víctimas que por decenios no han sido escuchadas; está el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y está el órgano de Naciones Unidas. Pero, al mismo tiempo, hay un gran déficit sobre el que hay que hacer hincapié. Una de las tareas más grandes que tenemos es trabajar contra la discriminación.


P. ¿Se refiere a la que sufren las mujeres?


R. Especialmente. La discriminación es la violación más masiva y sistemática que hay en el mundo. Tras examinar más de 120 Estados tras mi paso por el Comité de Derechos

Humanos, ninguno tenía efectiva paridad de hecho ni de derecho.
P. ¿Ni Estados Unidos?


R. Ninguno. Claro, hay situaciones que son peores, pero no se puede trabajar en derechos humanos sin tener perspectiva de género. No se puede trabajar en derechos humanos sin ser feminista. No ser feminista nos hace malas personas.


P. Con esas cifras será usted pesimista.


R. Por eso trabajo. Si el mundo fuera bien no haría falta trabajar en derechos humanos. Cuando peor está el mundo más entusiasmo tengo por trabajar. No hay otra ideología mejor que la de los derechos humanos. ¿Quién puede estar en contra de que en todo el mundo, todas las personas gocen de salud, educación, trabajo, de que nadie sea denigrado ni sufra discriminación? Es un ideario extraordinario. Es la mejor ideología que conozco, que no es de derechas ni de izquierdas; es el legado más extraordinario que el siglo XX ha dado a la humanidad. Hasta que encuentre algo que supere esa ideología voy a abrazar los derechos humanos hasta el último día.


P. ¿España debería derogar los aspectos de la ley de Amnistía que impiden juzgar los delitos antes del 15 de diciembre de 1976? Algunos juristas afirman que la Constitución lo impide.


R. No hay ninguna duda. Lo que hay es falta de voluntad. El derecho internacional es claro como el agua, no prescriben, y la Constitución española, en su articulo 10.2 indica el marco aplicable. Además, es de sentido común. ¿Cómo va a prescribir una desaparición forzada? ¿Desde cuándo se va a contar la prescripción?


P. ¿Por qué tantos impedimentos, incluso del poder judicial, como señala usted, si todos los organismos internacionales reclaman lo contrario?


R. El camino de la justicia siempre es largo, sobre todo, frente a este tipo de situaciones, y cuando los Gobiernos no lo abordan debidamente, no se terminan de superar nunca. Por eso todavía seguimos hablando de ello. Si se hubieran esclarecido como corresponde y reparado a la víctimas, estaríamos en otro estadio. Vamos retrasados 40 años.


P. ¿Qué le parece el reciente decreto que aprobó el Gobierno de Pedro Sánchez?


R. Contiene algunas medidas valiosas que hay que aplaudir, pero son insuficientes. Hay que cumplir con el esclarecimiento de la verdad, juicio de las personas responsables y reparaciones integrales a las víctimas. Esas son las medidas para que el tema se resuelva.


P. ¿Qué opina del conflicto sobre la exhumación de Franco?


R. ¿Cómo vamos a mantener un monumento que simbólicamente representa a una dictadura que ha masacrado y torturado a personas a las que debió garantizarles derechos? Pero esto no es solo un problema de España. Es así en todo el mundo. No es que la sociedad civil española está empeñada en eso. Hasta que no se abordan estas cuestiones no se terminan de superar.


P. Los familiares de fusilados en Paterna se han sumado a la querella argentina contra el franquismo.


R. Siempre recuerdo lo valioso que ha sido para hacer justicia el ejercicio de la jurisdicción universal en España, que llevó adelante crímenes cometidos durante la dictadura argentina y en otros lugares. Ha servido decididamente para que se haga justicia. Y a la inversa, pasa igual. Al no avanzar aquí los casos, en Argentina se abrió jurisdicción universal para juzgar y procesar responsables de crímenes contra la humanidad, y la obligación del Estado es cooperar plenamente con la querella argentina.


P.¿Lo está haciendo?


R. No. Y hay dos alternativas. O se juzga en España conforme a los estándares internacionales, sin aplicar los incomprensibles eximentes de responsabilidad, como prescripciones y amnistías. O se coopera con el ejercicio de la justicia en el exterior porque sino estos casos van a seguir abiertos aquí o allá. Y sería mejor resolverlos en España, claro.


P. ¿Qué otros países se encuentran en este proceso?


R. En Guatemala y El Salvador hay bastantes deficiencias a pesar de los esfuerzos realizados. Colombia es el gran cliente en materia de justicia transicional en el mundo. Nepal y Sri Lanka tienen también procesos con luces y sombras. En Túnez se presenta ahora la comisión de la verdad y la dignidad, pero todavía hay que avanzar muchísimo en cuanto a juzgamiento de las personas responsables y ver cómo establecer las reparaciones a las víctimas. Es un mundo con muchas complejidades y el desafío es hacer justicia frente a esto. No es lógico que cuando alguien comete un robo, todo el peso de la ley caiga sobre esa persona, y que quien ha asesinado a 300 personas, camine libremente por la calle. ¿Cuál es la ética y la lógica que guía ese tipo de razonamientos?


P. ¿Sobre qué versará su próximo informe?


R. Sobre reparaciones y acceso de víctimas por violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos en todo el mundo. Estoy reuniendo información e investigando.


P. ¿Hay mucha diferencia entre los países más avanzados y los menos desarrollados?


R. No necesariamente. El mayor problema no es de desarrollo. Es de voluntad política.


P. ¿Por ejemplo?


R. Argentina. Mi país tuvo una situación de altísima impunidad. Al recuperar la democracia fue una extraordinaria decisión del presidente Raúl Alfonsín impulsar el juicio a los responsables de la dictadura. Luego vinieron leyes de impunidad que mantuvieron una situación sin resolver hasta que se derogaron en el 2003 y se recuperó el enjuiciamiento de las personas responsables y los programas de reparaciones a las víctimas. La historia no es estática, es dinámica.

Por Maria Josep Serra
Valencia 14 DIC 2018 - 15:05 COT

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Derechos humanos y derechos de la naturaleza, un aliento de esperanza

“Levántate, en pie, defiende tus derechos. 

Levántate, en pie, no dejes de luchar”


Bob Marley


Setenta años de la Declaración de los Derechos Humanos parecen nada; tal como los siglos transcurridos desde la Revolución Francesa, cuando se asumieron los Derechos del Hombre y del Ciudadano (por no mencionar el trágico destino de quien, en aquel momento, pidiera los Derechos de la Mujer y la Ciudadana). Basta abrir cualquier periódico del planeta para constatar -ya desde la primera página- (casi) siempre noticias sobre alguna violación a dichos derechos. Y eso sin mencionar las violaciones estructurales de los derechos a la vida (derechos fortalecidos no solo en los derechos políticos, sino en los derechos sociales, culturales y ambientales de individuos y pueblos, todos igualmente violados casi a diario).


A pesar de tantos discursos escuchados y acciones desplegadas por años, falta muchísimo para la real vigencia de los derechos humanos. Más allá de las buenas intenciones, las organizaciones y las instituciones especializadas, la actualidad de tales derechos es sombría más aún en el mundo empobrecido. Pero si bien la realidad induce a un pesimismo profundo, el derrotismo es inadmisible. Los avances civilizatorios son lentos, a ratos imperceptibles, pero existen y debemos evaluarlos y analizarlos, sin caer tampoco en triunfalismos de ocasión. El objetivo es redoblar esfuerzos para que los derechos humanos sean una realidad que trascienda las meras proclamas.


Pensarlos como mecanismo de medición de procesos en marcha no ha dado resultados satisfactorios. Apenas un ejemplo: medir los impactos sociales y ambientales de las políticas económicas no basta para detener la irracionalidad del capital. El saldo será siempre lúgubre y frustrante si la humanidad y su madre -la naturaleza- no son el centro de atención de la política y la economía. No bastan las políticas sociales paliativas de los impactos de la acumulación capitalista…


Buscar imposibles equilibrios macroeconómicos sacrificando y empobreciendo a poblaciones enteras debe condenarse de entrada. Siempre las políticas económicas -agrarias, industriales, comerciales, etc.- deberían diseñarse bajo el respeto pleno de los derechos humanos. A la postre el asunto no es solo económico, sino fundamentalmente de ética política. Sin olvidar las expresas restricciones en la legislación nacional e internacional sobre derechos humanos, urge dar al menos dos pasos adicionales.


Un primer paso implica superar la lógica mercantil -todo se vende y se compra, desde escrúpulos y principios hasta la propia vida- que ha penetrado en todas las esferas de la existencia incluso mercantilizando la naturaleza: se establece bancos de semen o vientres de alquiler; comercializa el clima; se construye el mercado de la información genética (que sueña con transformarnos en “maquinas inteligentes” que vuelvan irrelevante a lo “humano”)... La experiencia humana se transforma profundamente y hasta puede extinguirse, a menos que rompamos radicalmente la actual globalización del capital. A pesar de eso hay logros en temas de equidad de género, participación de la sociedad civil… avanzamos lentamente en el derrocamiento del dominio patriarcal y de la colonialidad. Pero toda esa lucha será inútil si no detenemos al desenfrenado tren de la Modernidad y sus delirios de auto-aniquilación.


Nos falta entender a plenitud -y con humildad- que la experiencia humana emerge de relaciones, significados y practicas entre seres humanos y no-humanos, todos constitutivos de la misma naturaleza de quien somos apenas una pequeñísima extensión. Todos -humanos y no humanos- somos actores indispensables en el teatro de la vida, pero no somos los únicos y menos aón los principales protagonistas. Por eso al primer paso, debe seguir un segundo: entendamos que la naturaleza es sujeto de derechos (recuperando experiencias como de la Constitución de Ecuador).


Ambos pasos, cual vigorosas alas, pueden llevarnos a la discusión y el abordaje de cuestiones vitales para la humanidad y por ende la naturaleza. Nos toca organizar la sociedad y la economía asegurando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, preservando siempre la biodiversidad del planeta. En estricto, los derechos a un ambiente sano para individuos y pueblos son parte de los derechos humanos, pero no son derechos de la naturaleza. Las formulaciones clásicas de derechos humanos como los derechos a un ambiente sano o calidad de vida son antropocéntricas, y deben entenderse separadamente de los derechos de la naturaleza. Tampoco cabe aceptar que los derechos humanos se subordinan a los derechos de la naturaleza, como afirmó algún solemne ignorante. Al contrario, ambos tipos de derechos se complementan y potencian.


Entender los alcances civilizatorios de los derechos de la naturaleza demanda liberarnos de dogmas y de viejos instrumentarios analíticos. En el tránsito hacia una civilización biocéntrica no solo cuenta el destino, sino también los caminos que lleven a una vida en dignidad. Garantizando a todo ser, humano y no humano, del más pequeño y humilde al más grande y majestuoso, un presente y un futuro, aseguraremos la supervivencia humana en el planeta. Supervivencia hoy amenazada por las ambiciones de lucro y de poder. Así, los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, complementarios como son, sirven de hoja de ruta y aliento de esperanza.


Vistas así las cosas nada nos puede conducir al desánimo. Aspiremos siempre a más derechos, nunca dejemos de luchar.-


El autor es economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República del Ecuador.

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El 24 de octubre de 2016, miles de empleadas de toda Islandia abandonaron sus puestos de trabajo a las 14:38 en portesta por el hecho de que sus salarios eran inferiores al de los hombres. (Arnþór Birkisson)

Islandia es un gran lugar para ser mujer. Cada año desde 2009 encabeza el Informe sobre la Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial. En 1980 eligió a la primera presidenta del mundo, Vigdís Finnbogadóttir y, en 2009, eligió a la primera ministra abiertamente lesbiana, Jóhanna Sigurðardóttir. La primera ministra actual, Katrín Jakobsdóttir, también es una mujer.


El 1 de enero de 2018, Islandia se convirtió en el primer país del mundo en aplicar oficialmente la Ley de igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, una ley histórica que exige a las empresas con, por lo menos 25 personas en nómina, que demuestren que pagan a hombres y mujeres por igual, si no quieren exponerse a un multa.


Los empleadores con 250 empleados o más deberán haber implementado el estándar de igual remuneración para el 31 de diciembre de este año. Según el número de trabajadores en nómina, otro grupo de empresas deberán proceder a la implementación de la legislación para finales de 2019, de 2020 o de 2021, de ahí que los efectos no sean inmediatos.


Lo que ha llevado a las mujeres de toda Islandia a acordar dejar de trabajar el día de hoy (24 de octubre) exactamente a las 14:55 para sumarse a la Huelga de las Mujeres de 2018y exigir la igualdad de ingresos y el fin de la violencia de género, bajo el lema “No cambiemos a las mujeres, cambiemos la sociedad”. El momento es trascendente y la hora de inicio de la huelga simboliza que, de media, las mujeres islandesas ganan el 74% de los salarios de los hombres. Si aplicáramos ese porcentaje a las horas trabajadas en un empleo de 9 a 5 estándar, las mujeres estarían trabajando sin recibir remuneración a partir de las tres menos cinco minutos de la tarde.


Las profesiones en las que predominan mujeres, como las maestras de jardín de infancia y de primaria, las comadronas o las enfermeras, ocurre que, los salarios son inferiores al de otras profesiones que requieren cualificaciones similares. Estas diferencias sistemáticas sólo se hacen patente cuando se comparan los salarios de todas las mujeres con los salarios de todos los hombres.


Una de las organizadoras de la Huelga de Mujeres, Maríanna Traustadóttir, asesora especial sobre igualdad de género de la Confederación del Trabajo de Islandia (ASÍ), que también participó en la creación y aplicación de la Ley de igualdad de remuneración, señaló a Equal Times que “las marchas de protesta de Kvennafrí [o ’Día de huelga de la mujer’] en Islandia se han centrado tradicionalmente en las diferencias salariales entre los hombres y las mujeres, y las mujeres se manifiestan para exigir la igualdad salarial. Por supuesto, a través de los años, las manifestantes también han aprovechado la oportunidad para exigir igualdad en otros ámbitos, y llevan carteles de protesta contra la violencia contra las mujeres y la cultura de la violación”.


La primera Huelga de Mujeres se celebró en 1975, coincidiendo con el inicio del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer. El 90% de las trabajadoras de Islandia –25.000 personas– participaron en la huelga para exigir la igualdad de derechos. Las mujeres de todo el país se negaron a trabajar, a realizar tareas domésticas o a cuidar a los niños durante el día.


La siguiente Huelga de Mujeres tuvo lugar diez años después, en 1985, y comenzó a las 14:00 horas. Alrededor de 18.000 mujeres participaron bajo el lema “Mujeres, unámonos”.
En 2005, la hora de inicio de la protesta –14:08– se calculó sobre la base del tiempo que las mujeres tendrían que dejar el trabajo para obtener el salario equivalente al de los hombres, y más de 50.000 mujeres marcharon bajo el lema “¡Mujeres, digámoslo en voz alta!”. En 2010, el paro de las mujeres comenzó a las 14:25, y se incluyó entre los objetivos de la protesta sensibilizar sobre el problema de las agresiones sexuales. Una vez más, 50.000 personas secundaron la huelga. En 2016, entre 15.000 y 20.000 personas comenzaron a manifestarse a las 14:38. Este año se convoca la sexta Huelga de Mujeres en la historia de Islandia. Las mujeres dejarán de trabajar más cerca de las 15:00 horas que de las 14:00 horas de antaño, dejando patente el logro alcanzado a lo largo de estos años.


Guðný Guðbjörnsdóttir, profesora de la Universidad de Islandia y exdiputada de la Alianza de Mujeres, considera que la Huelga de Mujeres de 1975 supuso un “antes y un después” y dice que planea participar en la huelga de 2018. “Este momento es muy importante, sobre todo por el #MeToo. Tenemos una oportunidad única de hacer algo al respecto. También debido a la diferencia salarial y al acto simbólico de dejar el lugar de trabajo a las 14:55, ya que de media las mujeres ganan el 74% del salario de los hombres. El empoderamiento que siento al manifestarme junto a otras mujeres es una parte importante de mi vida”.


“El sexismo cotidiano está lejos de desaparecer”


Ya se han obtenido muchas victorias en favor de los derechos de la mujer, como el acceso a los anticonceptivos y a los abortos gratuitos. Islandia también tiene permisos de maternidad y paternidad, así como guarderías asequibles. La mayoría de las mujeres regresa a su puesto de trabajo después del parto, y es muy raro que una mujer islandesa se convierta en ama de casa. Pero el movimiento feminista dominante ha sido criticado por no hacer lo suficiente por las mujeres más vulnerables, como las que viven de empleos mal pagados o las inmigrantes.


Las mujeres islandesas participaron de forma destacada en el movimiento #MeToo y miles de ellas compartieron sus experiencias de acoso sexual y agresión en las redes sociales. Estos testimonios mostraron que muchas mujeres todavía tienen miedo de volver a casa solas por la noche y esperan comentarios inapropiados en el lugar de trabajo.


“Todavía nos pagan menos en muchas profesiones y estamos un poco atrás en los papeles principales. Además, el sexismo cotidiano está lejos de desaparecer, como dejó patente el movimiento #MeToo. Llevo mucho tiempo denunciando públicamente la desigualdad en el negocio de la música y, cada vez que lo hago, al menos un hombre me dice que no es realmente así. En este sentido, me parece que nos quedan años hasta que las mujeres podamos hablar de nuestras experiencias sin ser ‘corregidas’ o ‘cuestionadas’”, relata a Equal Times Hildur Kristín Stefánsdóttir, artista de música pop y feminista islandesa, en relación a la situación de los derechos de la mujer en Islandia.


Bára Mjöll, maestra de jardín de infancia, cree que a los islandeses les queda un largo camino por recorrer hasta eliminar los estereotipos: “Por ejemplo, la gente espera que sea buena en mi trabajo porque soy mujer, como si cuidar de los niños fuera algo innato. Y se sorprende cuando un hombre elige este trabajo”.


Las mujeres tienen el mismo acceso a la educación en Islandia. En 2016, el 66% de los graduados de las universidades islandesas eran mujeres. Desde hace 20 años se graduan más mujeres que hombres. Lamentablemente, esto no se traduce en que más mujeres ocupen puestos directivos que hombres.


Las mujeres sólo representan el 11% de los cargos de directores ejecutivos, y sólo el 24% de las empresas de entre 50 y 249 empleados tienen presidentas en sus consejos de administración, según la Asociación de Mujeres Líderes Empresariales de Islandia (FKA).


En teoría, los nuevos padres tienen el mismo derecho al permiso parental que las madres, pero son las mujeres las que pasan más tiempo de baja por maternidad. Cuando las parejas tienen hijos tienen derecho a tres meses de baja cada uno y otros tres meses más que pueden repartirse entre ellos como mejor les parezca, lo que hace un total de nueve meses. Las parejas heterosexuales y homosexuales tienen exactamente los mismos derechos a la licencia parental. Las familias monoparentales pueden disfrutar de nueve meses de permiso si el otro progenitor fallece, o si han concebido mediante FIV o adopción.


Pero aunque los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos sobre el papel, en la realidad no se toman el mismo tiempo de baja. En 2017, los hombres se tomaron 78 días libres mientras que las mujeres se tomaron 182 días, según la Oficina de Estadística de Islandia. Los hombres generalmente se toman alrededor de tres meses de licencia, mientras que las mujeres se toman seis.


Hay muchos factores en juego, incluidas las preferencias personales, pero hay que tener en cuenta que se anima a las mujeres a amamantar hasta que el bebé cumpla los seis meses y que las prestaciones de la licencia parental son del 80% del salario normal de los trabajadores y se limitan a 520.000 coronas islandesas (3.834 euros) al mes. Esto significa que si uno de los progenitores gana más o tiene un salario superior a 650.000 coronas islandesas (4.804 euros), su permiso parental ejercerá una mayor presión sobre el presupuesto familiar. Y los hombres siguen teniendo salarios más altos que las mujeres.


El cuidado de los hijos está disponible a partir del año, si los padres pueden pagar alrededor de 65.000 coronas islandesas (480 euros) al mes a un centro de día. A la edad de dos años, los niños empiezan el jardín de infancia y el coste desciende a 30.000 coronas islandesas (222 euros) al mes por ocho horas de atención infantil diaria, cinco días a la semana, incluidas las comidas. Disponer de cuidado infantil asequible es un paso especialmente importante para los derechos de las mujeres y su capacidad de reincorporarse al mercado laboral en igualdad de condiciones con los hombres.


Muchas cosas han cambiado para mejor desde 1975, pero eso no significa que todo sea perfecto. “Islandia puede ser un modelo a seguir, pero la lucha por la igualdad sigue en pie aquí, no hemos llegado al final del camino”, dice Maríanna. “En Islandia predicamos con el ejemplo; no nos limitamos a ’hablar por hablar’, como demostraremos en la Huelga de Mujeres del 24 de octubre”.

 

Por Kamma Thordarson
24 octubre 2018

 

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Angela Davis: la libertad como campo de batalla

Angela Davis invita a llevar el feminismo a las mujeres de clase obrera, a las negras, a las trans, a las pobres e indigentes, en definitiva, a las olvidadas, porque no se ha generado un espacio político lo suficientemente amplio para relatar la vida de estas mujeres cuyas vidas han sido excluidas de la historia universal.


Cierren los ojos y piensen en lo que significa ser mujer, ser negra, ser lesbiana y ser comunista”, es el ejercicio que propone en silencio Angela Davis, un ejemplo de lucha y de superación que camina de la abolición carcelaria a las luchas de Black Lives Matter, de los movimientos sociales y lucha por la justicia global a condenada a pena de muerte por la reivindicación contra la segregación estadounidense en los años 70.


Ella es, quizá, una feminista sin feminismo tradicional, una revolucionaria sin revolución al uso porque el feminismo, pese a las reivindicaciones —pasadas y presentes— es un feminismo blanco y burgués que olvida de manera consciente los problemas de raza y clase “privilegiando a las que ya tienen privilegios a priori”.


Angela Davis invita a llevar el feminismo a las mujeres de clase obrera, a las negras, a las trans, a las pobres e indigentes, en definitiva, a las olvidadas, porque no se ha generado un espacio político lo suficientemente amplio para relatar la vida de estas mujeres cuyas vidas han sido excluidas de la historia universal.


Según Angela Davis, hay una falsa concepción de feminismo en nuestra actualidad compuesta por mujeres que sí pueden tocar el “techo de cristal” y ver sus privilegios, pero que son capaces de segregar y explotar laboralmente a otras mujeres.


Angela Davis defiende la interseccionalidad también teorizada por Kimbelé Williams Crenshaw, rompiendo los llamados “techos de cristal”, ya que siguiendo los preceptos de su maestro Marcuse, con el que inició una tesis doctoral antes tutorada por Adorno, “es un deber del individuo luchar contra el sistema”, en este caso contra el statu quo y las modas del feminismo tradicional que no han avanzado demasiado desde los años 70, y que como afirma Silvia Federici, aún no es lo suficientemente fuerte y no se ha configurado una verdadera subjetividad libre sobre su significado pues siguen siendo en su mayoría mujeres las discriminadas, las dedicadas al cuidado, a la limpieza, al hogar.


Como profesora de Filosofía, considera que esta es la única disciplina donde pueden cuestionarse todas las estructuras del mundo ya que la ciencia, que presume de tal poder, no es más que un ensamblaje dentro de las teorías dominantes. Davis, incansablemente, defenderá la Filosofía como un contrapoder y una forma de resistencia capaz de remover toda la geografía del pensamiento establecido por el poder.


Por esa razón Davis cuestiona: “¿Y las mujeres que están abajo? Queremos un feminismo que represente el interés de todas y que se amplíe a todo el ámbito político para concebir un mundo más justo”. Sin embargo, continúa diciendo que cuando le preguntan qué es ser una mujer en este periodo hay que dejar claro que la categoría “mujer” no es una categoría unitaria ya que es una categoría tradicionalmente reducida a “mujer blanca de clase media” y que es un concepto que hay que modificar.


En ese mismo sentido, ha afirmado que la revolución consiste en trastocar los procesos de lo asimilado socialmente como lo normal ya que el principio de inclusión y diversidad no es suficiente. Lo que necesitamos, según Angela Davis, es un “feminismo integrador”, pues cuando se aborda el problema del feminismo hay que ser tan amplio y espacioso como sea posible, afirma Davis, ya que algunos feminismos no solo abordan temas de género sino que reivindican la estructura binaria del sexo y de lo que se presenta como normativo cuestionando también qué significa ser hombre en la actualidad y cuáles son las nuevas formas de masculinidad que se están creando fuera de las establecidas por el patriarcado.


Actualmente, Angela Davis aborda los problemas de las personas migrantes como una de las lacras más graves en términos de Derechos Humanos de la que todos somos cómplices desde la no denuncia. “Los que denunciamos el racismo tenemos que solidarizarnos con los que huyen de la violencia estatal en Centroamérica y exigir el asilo político entre Guatemala, Honduras y México y luchar contra él porque está siendo utilizado por la administración Trump para acabar, no solamente contra los indocumentados, sino con toda la gente de color en Estados Unidos”.


En un momento muy emotivo, Angela Davis recuerda sus años como estudiante en Alemania donde subraya que las plazas de estudiantes de intercambio extranjeros eran en su mayoría ocupadas por españoles y españolas migrantes de la España franquista que sufrían discriminación y tratos de vejación racial. Angela Davis invita a recuperar la memoria pues la lucha de los derechos civiles no ha terminado y puede ser relevada por la lucha de los migrantes que EE UU y la administración de Donald Trump quieren oprimir de una manera abierta.


Una pregunta surge en este punto, ¿hemos ido asimilando como normales posiciones totalitarias a lo largo de los años? El racismo siempre ha estado en el centro del problema político, afirma Angela Davis, y representa una confluencia de factores históricos que no varían mucho de una época a otra. Por supuesto, no estamos viendo retornos muy fuertes porque en realidad nunca se marchó. La demagogia y el racismo pueden conducir de nuevo al totalitarismo y es algo sobre lo que tenemos que mostrar la mayor resistencia.


Si miramos la situación en Brasil, el candidato a las elecciones apela directamente a la homofobia, racismo, al ataque de género… Sin duda es significativo que la presencia de alguien como Donald Trump que ocupa el principal puesto en EE UU sea un referente para otros países como Filipinas, afirma Davis, sin embargo, subraya que con la administración de Obama hubo una gran cantidad de deportaciones y persecuciones raciales “que no podemos dejar caer en el olvido”.


No obstante, pese a la dificultad de la lucha, la libertad para Davis es una batalla constante donde se tienen que extraer fuerzas de su afirmación en la Universidad De Santiago de Chile: “Si acabamos con la segregación racial en EE UU, ¿cómo no vamos a acabar con el patriarcado racista y de clase?”.

Por Belén Quejigo 

2018-10-24 15:00:00

 

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‘Mejor sola que con Maluma’, la última campaña en redes contra el cantante de reguetón

Las críticas a Maluma no han cesado desde que publicó la primera imagen de su nuevo videoclip, Mala Mia. En la foto, el artista aparece en el centro de una cama rodeado de siete mujeres. Todas ellas chicas jóvenes, delgadas y semidesnudas, presentadas como meros cuerpos sin valor al servicio del deseo sexual del artista.

 

En apenas un día el cantante de reguetón consiguió más de 31.000 comentarios. Muchos de ellos le acusaban de machista: "Qué horrible que uses a las mujeres como objeto sexual", "Maluma te estas convirtiendo en un cerdo", "Este supuesto cantante no para de tratara a las mujeres como si fuesen 'zorras". Ahora, han creado una campaña en Twitter bajo el hasgtag #MejorsolaqueconMaluma para denunciar la portada de su disco, ya publicado.

 

 

La usuaria @calcetesbrutes lanzó la iniciativa: "Os animo a haceros una foto en la cama y compartirla en las redes" como respuesta a la imagen de Maluma. "Para todas las mujeres y también a aquellos hombres que entienden que somos algo más que un cuerpo y que somos una parte muy importante de este mundo" insistía la creadora de la campaña, que comenzó el 17 de agosto, y a la que se han sumado muchos twitteros.

"Capitalismo febril, machismo rancio y cosificación de la mujer. Hay que vender al palurdo que canta el yoquesé qué", con estas palabras resumió un usuario de Facebook en una publicación, que superó las 28 millones de reacciones, el debate por el videoclip del cantante. Pero, esta no es la primera vez que el cantante está en el centro de la polémica por sus letras machistas.

 

 

Con la letra y el videoclip de Cuatro Babys el artista colombiano también fue duramente criticado. Y con razón. "Todas maman bien, todas me los hacen bien, todas quieren chingarme encima de billetes de cien”, dice en su canción. Incluso se creó una petición en Change.org para exigir la retirada: "tanto la letra como las imágenes hacen apología de la violencia directa hacia las mujeres", recogía la iniciativa.

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Alberto Acosta: “La izquierda debe hacer una profunda autocrítica”

Crítico con los gobiernos progresistas, el expresidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador Alberto Acosta plantea una etapa de balance para América Latina, sin desdeñar variables como la corrupción y las prácticas autoritarias. Luego avizora una izquierda con nuevos componentes en la agenda como el feminismo y el medio ambiente.

En setiembre se cumplen diez años de vigencia de la nueva Constitución de Ecuador, ¿cuál es su balance?


Tenemos diez años de una Constitución que despertó muchas expectativas, tanto por su contenido como por la forma en que fue elaborada. Desde 1830 hemos tenido 21 constituciones. Todas fueron elaboradas por el sistema tradicional: desde los asambleístas y con una muy escasa participación ciudadana. Esta Constitución de Montecristi se caracterizó por una amplísima participación. Es la Constitución más ecuatoriana de todos los tiempos. En contenido, esta es una Constitución que sintetiza una suerte de proyecto de vida en común. Es una herramienta democrática para la construcción de una sociedad democrática.


¿Y cuánto se avanzó en economía social y solidaria?


A pesar de que esta Constitución fue defendida por el entonces presidente de la República (Correa), no ha sido puesta en práctica. La Constitución decía con claridad que el ser humano está sobre el capital. Correa se llenaba la boca hablando de que el ser humano está sobre el capital, pero, en su gobierno, terminó favoreciendo a los grandes grupos económicos. A Correa no le interesó nunca la nueva Constitución de Montecristi, fue una herramienta para concentrar el poder del caudillo.


Usted hace énfasis en la condición de caudillo de Rafael Correa. ¿Cuánto de esto hay también en otros gobiernos de izquierda, como Evo Morales o Cristina Kirchner o Lula?


A mí me preocupa mucho que los procesos progresistas, que en realidad no son procesos de izquierda, hayan consolidado las viejas formas y prácticas caudillistas. Esta ha sido una historia latinoamericana. Los caudillos latinoamericanos marcan la historia de todos nuestros países, con sus matices y características. Las historias están marcadas por figuras de caudillos y con insuficientes procesos de democratización. Esto se repite con los gobiernos progresistas. Es una de las explicaciones de por qué estos progresismos no pudieron avanzar. No profundizaron la democracia. Si a los progresismos tuviéramos algo que criticarles en el ámbito político es el debilitamiento de los movimientos sociales. Eso va a permitir ahora que el neoliberalismo recupere espacios con mucha más fuerza.


Estuvimos antes en una etapa de viraje hacia la izquierda en América Latina, ¿se ha culminado esa etapa?


Yo creo que sí. Hay varias explicaciones. Una explicación de fondo es que los gobiernos progresistas no intentaron afectar la matriz de acumulación capitalista. Y, dos, tampoco afectaron la modalidad de acumulación primario exportadora de nuestras economías. Todos los países de América Latina, con gobiernos liberales o neoliberales, o los progresistas, todos sin excepción, han profundizado la dependencia de sus economías del mercado mundial. Somos cada vez más dependientes de exportaciones de recursos primarios. Sean productos agrícolas, petróleo o minerales, al final son materia prima. Ha habido un proceso de desindustrialización y de reprimarización de nuestras economías.


¿Tampoco hubo experiencias de fondo en materia de diversificación productiva?


Seguimos siendo exportadores de materia prima. Los países lo único que hacen es vender productos primarios. No hemos sido capaces de diversificar nuestras exportaciones, ni siquiera de procesar de nuestras materias primas.


¿Qué futuro ve para la izquierda en los próximos quince o veinte años?


La izquierda, inclusive los progresismos, tienen que hacer un proceso profundo de autocrítica. Hay que analizar cuáles fueron los avances, si es que lo hay y, sobre todo, cuáles fueron los graves errores. Errores económicos, errores políticos, errores sociales, que impidieron las grandes transformaciones. Había expectativa, diagnósticos, propuestas, había constituciones como la del Ecuador, que pudo haber sido el marco referencial para una gran transformación.


¿Y qué piensa sobre el régimen de Venezuela?


Venezuela parecería estar en una interminable crisis terminal en el ámbito económico y político. Hay causas internas y también las presiones imperialistas. El imperio está haciendo su tarea para debilitar cualquier proceso que sea alternativo.


Pero Maduro tampoco ha hecho mayores esfuerzos para legitimarse…


Por eso digo: causas internas. Veamos los graves errores de Venezuela: Un país con tantos recursos económicos no ha sido capaz de resolver la demanda de los servicios sociales básicos. Eso no es un tema del imperialismo. Es un mal e irresponsable manejo. La consolidación de regímenes caudillescos y autoritarios es también una de las grandes explicaciones de esta realidad. Ese es uno de los grandes mensajes para la izquierda. Por eso tenemos que ser autocríticos.


Y en la autocrítica también está el tema de la corrupción que golpeó duro a la izquierda.


A todos. Y en el caso de la izquierda eso es intolerable. Porque gobiernos como el de Correa, que levantaron la tesis de una revolución ética y de lucha frontal contra la corrupción, terminaron embarrados en corrupción por los cuatro costados. Eso es terrible.


Y Brasil…


Brasil siguió con la lógica de su subimperialismo, con Odebrecht, que es un solo ejemplo; podríamos contar situaciones de Petrobras y otras realidades, porque Odebrecht no es el único caso. Eso, en gobiernos progresistas, es intolerable. La izquierda tiene que hacer una autocrítica y tiene que buscar la verdad cueste lo que cueste. Es preferible que se repliegue, que aprenda y, de ser el caso, desaprenda. Y si realmente busca transformar la sociedad, la izquierda debe partir por nuevos planteamientos básicos.


¿Como cuáles?


Una izquierda feminista, que enfrente el patriarcado; una izquierda ecologista, que garantice los derechos de la madre tierra; una izquierda socialista, que permita la equidad social, y una izquierda decolonial, que nos permita superar todos los atisbos de racismo, de exclusión y de marginación, que son una lacra de la sociedad en América Latina.

 

Por Wilber Huacasi
La República (Lima)

 

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Un hombre puede –y debe– ser feminista

Sí. Un hombre puede –y debe– ser feminista. Por supuesto, debemos serlo en el marco que entiende al feminismo como una lucha por la igualdad para mujeres y hombres, erradicando la opresión, la explotación y el sexismo que ellas llevan sufriendo histórica, social y culturalmente a lo largo de los siglos. Pero debemos hacerlo desde la posición que nos corresponde: un papel secundario en una lucha que jamás debemos liderar ni pretender comprender del todo –porque no hemos vivido en nuestras carnes lo que significa ser mujer–, en la que debemos trabajar de forma activa no para ser vistos ni aplaudidos por nuestra descubierta sensibilidad, sino para reconstruirnos a nosotros mismos desde el feminismo, entendiendo que es un proceso que jamás estará completo, porque estaremos constantemente aprendiendo.

De ahí que el hecho de ser feministas no nos convierte ni de cerca en líderes de opinión ni en cabecillas del feminismo. Sería lo mismo que una persona heterosexual pretendiese liderar las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ… ¡Imposible! Primero, porque a pesar de su magnífica sensibilidad y empatía, jamás sabrá lo que es sentir miedo de decir “te quiero” o “me gusta esa persona”, o de ir de la mano por la calle con la persona que quiere sin preocuparse por el sitio, la hora o si hay más gente o no; segundo, porque jamás ha sentido ni vivido dentro de su cuerpo las sensaciones, pensamientos o emociones de una persona del colectivo, que no es que sean distintas, pero muchas se viven de forma diferente; tercero, porque no ha sentido la presión de ocultarse o de esconder sus sentimientos… Y podría seguir, pero creo que queda claro el concepto: podemos ser feministas, pero como aliados de la causa; con la idea certera y convencida de que somos apoyo en una lucha que, si bien nos interesa y nos beneficia como personas y como sociedad, no es nuestra y nunca lo será. Al menos no en exclusiva.

Los hombres tenemos algunas ventajas adquiridas simplemente por el hecho de ser leídos socialmente como hombres, por mucho trabajo de equidad que se esté haciendo desde distintos ámbitos de la sociedad. Todavía recuerdo el impacto que me provocó el testimonio de un hombre trans que, desde que comenzó a hormonarse con testosterona, ya no sentía miedo al ir por la calle de noche, porque el temor a una violación se desvanecía simplemente por el hecho de ser hombre. Eso nos demuestra la inmensa labor que tenemos por delante.

Esos privilegios de los que hablábamos podemos constatarlos en muchas experiencias: más libertades para chicos que para chicas, que ellas deben cuidarse más y ser más delicadas, no porque necesariamente lo sean, sino porque es lo que se supone que deben ser; más peligros para ellas en un sistema que permite sin pudor la cosificación de las mujeres, su explotación sexual, donde la prostitución está instaurada como una institución y que, además, es incapaz de erradicar la mutilación, la violencia, el asesinato sistemático, el acoso sexual, entre otras. Pero también se ve en el entorno laboral, en el universitario, en las salidas profesionales, en las carreras escogidas, en el cine, la televisión, los museos, la literatura… Y también lo palpamos en la sociedad y en esos arraigados estereotipos que persisten pese a todos los esfuerzos.

Sobre todo quedan en evidencia en la negación del machismo vigente, en la simulada ignorancia de quien dice no comprender la importancia del lenguaje, de los comportamientos sociales, de la publicidad y de los medios de comunicación en todo esto. Y más visibles son esos privilegios cuando hay personas que hablan de feminazismo como una corriente real, o de la imposición de la ideología –o últimamente también llamada dictadura– de género, una idea aberrante que no hay cómo cogerla, difundida con la única intención de minar, despreciar y desdibujar el motivo por el que estamos aquí: el fin de la opresión machista y del heteropatriarcado.

¿Suena apocalíptico? Seguro que más de alguien ha sentido correr un sudor frío por la espalda. Pero, si quitamos el populismo barato y la visión terrorífica de este motivo que nos ocupa, nos quedamos con algo que realmente no debería tener ningún tipo de contestación: la igualdad y el respeto a los demás sin importar su origen, su expresión, su ser. Es decir, una sociedad en la que los seres humanos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Es así de sencillo.

El primer paso para ser un hombre feminista, entonces, es aprender que la lucha no es nuestra y apoyarla. Después, vendría el largo y eterno proceso de desaprender los estereotipos, deshacerse de los privilegios y de enfrentarse a todo lo que se supone y se espera de nosotros por el simple hecho de ser hombres. Y el camino para conseguirlo está precisamente al lado de las mujeres, aprendiendo de ellas y, a través del cuestionamiento interno y compartido, replantearnos todo el sistema vigente para construir uno más equilibrado e igualitario.

 

http://tomasee.blogspot.com

 

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