Fue especialmente significativo para el mundo, que poco y mal nos miraba, el hecho de que, desde lo femenino, hubiesen venido el golpe moral y la acusación más irrefutable contra la última dictadura cívico-militar en la Argentina. Juntando retroactivamente símbolos, todo ese impulso y lo que lo movió podrían condensarse en aquellos versos de John Donne, el mayor poeta metafísico inglés del siglo XVII: “For graves have learn’d that Woman-head / To be to more then one a Bed” (“Pues las tumbas han aprendido esa condición femenina / De ser lecho para más de uno”).
 
Desglosándolos, y recogiendo de ellos sólo la alusión a la función materna, la circunstancia de que fueran madres las que reclamaran por la ausencia de signos de los secuestrados por la Junta multiplicó, sin duda, el ya enorme horror de la represión de un Estado en situación de ilegalidad absoluta, y marcó para siempre a sus detentadores con la señal del genocidio. Constituyó un alerta, un punto de partida, un sacudón imprescindible para nuestra propia sociedad (no siempre consciente ni siempre atenta a las atrocidades que se cometían), y para la sociedad internacional: aquella imagen de las Madres dando vueltas en silencio en la Plaza de Mayo recorrió el planeta, desbarató cualquier maniobra publicitaria de la Junta, desnudó el oprobio, ayudó de modo primordial, en fin, a su desenmascaramiento, a su impopularidad, a su caída.
 
La participación de la mujer en la vida civil argentina databa de largo tiempo antes, y en los últimos se había registrado una inmersión casi masiva de jóvenes que, verbal y corporalmente, fueron engrosando agrupaciones sociales, estudiantiles y políticas y pagando también su tributo frente a la represión. La presencia femenina, pues, no era ya especialmente novedosa. Sin embargo, nunca un hecho que no podía dejar de ser político (el reclamo y la acusación a gobernantes) había alcanzado tan alta dimensión moral. Podría agregarse que en la historia de la humanidad han sido contadas las veces en que política y ética han confluido naturalmente, y que esta ocasión puede figurar entre ellas.
 
Nuevas Antígonas reclamando por el derecho a enterrar a sus muertos o, como no dejaron de exigirlo durante mucho tiempo, su aparición con vida, encerraban en sus demandas, si no la posibilidad fáctica de que su satisfacción fuese ya posible, los únicos términos adecuados para la alta dignidad que investían. Por ser las “Madres” (también, hoy, las “Abuelas”), y por cubrir y asumir con ello la conciencia huérfana de toda una sociedad que, a veces cómplice, otras indiferente, no siempre demasiado democrática ni respetuosa del otro, había permitido la entronización de la barbarie.
 
Intuyendo que tan profundo y vasto movimiento tenía que representar y ser consecuencia de procesos internos muy significativos en el seno de una sociedad y, a su vez, que arrastrar otros cambios, supuse alguna vez que se encontraría en la literatura escrita por mujeres la visión más cabal de lo que había sucedido durante estos años.
 
Hace bastante tiempo, en octubre de 1989, al escribir todavía desde Francia para la revista Babel, de Buenos Aires, una columna que titulaban “La mesa de luz”, y comentar mis lecturas del momento (entre otras, la del libro de George Steiner, justamente titulado Les Antigones), decía respecto de éste: “Varios cientos de páginas que no agotan, claro está, todas sus repercusiones, pero que dan sólidas pautas para empezar a comprender a nuestras Madres, clamando por esos cuerpos fuera del tiempo y de la tierra, del territorio que a ellos les pertenece y al que deben todavía recuperar con la debida inhumación, la consustanciación en humus, la justicia”. Y luego de formularme la pregunta de siempre (“¿Cómo entender, cómo entender?”), y de intentar contestarla por distintas vías, concluía: “Celebro también que, por diversos azares, se hayan concentrado últimamente libros escritos, en su mayoría, por mujeres. Trato de leerlos y de entenderlos en su casual conjunto, como si el ojo femenino, detenido en la ficción, fuese el único capaz de darme claves que en otro caso escaparían. Canon de alcoba, de Tununa Mercado (el eros cotidiano tratado con un lenguaje espléndido); Ciudades, de Noemí Ulla (viajes poco compulsivos por el difícil terreno de las formas); Abisinia, de Vlady Kociancich (misterioso relato en el cual el manejo de los pronombres y del procedimiento construye prácticamente “el tema”); La sueñera, de Ana María Shua (juegos nada inocentes con la palabra, donde su soberanía lo confunde todo); La rompiente, de Reina Roffé (la historia que nunca podrá, realmente, ser contada)”.
 
Han venido a sumarse desde entonces tantos y tantos otros libros que siguen dibujando esa cartografía interior: los de poemas de Diana Bellessi, de María Negroni, de Laura Klein; los textos de Griselda Gambaro; numerosos relatos y novelas (de la misma Tununa Mercado, de Rosalba Campra, de Luisa Valenzuela, de Liliana Heer, de Perla Suez). Seguramente en aquella nota, y aun ahora, omito, por injusto olvido, algunos nombres, pero este conjunto me parece suficientemente representativo de lo que estoy tratando de entender, que no es una antología literaria más o menos reciente, sino un proceso de vinculación muy íntima entre política y literatura, entre feminidad e historia.
 
Como decía, en estilos diferentes, con voces diferentes, con pertenencias políticas ciertamente diferentes, nuestras escritoras trabajan sobre una herencia y un destino comunes. Tal vez el significante que más las vincula, la memoria, represente el núcleo conceptual, ideológico y simbólico alrededor del cual giran muchas de las vicisitudes de esta trama. Un núcleo que, además, parece bien asentado en lo femenino. Depositarias, diría antropológicas, de la memoria (porque son las que engendran, porque son las que alimentan y guardan el fuego, las que continúan la especie, las que quedan cuando casi nada queda), las mujeres estarían destinadas a cumplir, entre muchos otros, este papel. La memoria, entonces, se presenta como su patrimonio: ese ejercicio de salvación y de conservación de restos, fragmentos del pasado, de recuperación de vivencias, de figuras, en un señalamiento inapelable de responsabilidades. La memoria como lo que se rescata en la lucha, para asegurar una permanencia sin la cual nada nuevo puede siquiera empezar a construirse.
 
La memoria, pues, cual lo incanjeablemente femenino. Porque, para volver al principio de la reflexión, debería recordar que, como tan bien ha señalado alguna vez Charles P. Segal, conocido estudioso del mundo antiguo, “el conflicto entre Creonte y Antígona no solamente opone la ciudad a la casa, también opone el hombre a la mujer. Creonte identifica su autoridad política con su identidad sexual”. Y el propio Steiner agrega en Les Antigones: “En última instancia, se trata entonces de un conflicto entre las concepciones masculinas y las femeninas, entre la manera como cada sexo conduce la vida humana, conflicto hecho, como ningún otro, de semejanzas paradójicas y de contradicciones implacables. Antígona habla, casi literalmente, “a partir de la matriz”, desde un punto central atemporal de impulsión carnal y de intimidad con la muerte”. Y es, me parece, desde ese centro que la madre siente la necesidad de hacer entender a los otros el valor de los gestos, de las actitudes, de las palabras y, sobre todo, de la vida.

Por Mario Goloboff, escritor, docente universitario.
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Adam Przeworski es uno de los más reconocidos politólogos contemporáneos que estudian los sistemas democráticos en Latinoamérica y Europa del Este. Su preocupación central son los mecanismos que poseen los ciudadanos para fiscalizar a sus gobernantes. Aquí, el investigador debate sobre el significado actual de la democracia, sus límites, los conflictos, sus actores. El papel de los gobiernos en América latina.

–En su libro ¿Qué esperar de la democracia?, usted plantea que la democracia no se caracteriza por la igualdad y que, además, no fue creada por “demócratas”. ¿Cómo conceptualiza la idea de democracia en la actualidad?

–Para mí, la democracia es un sistema que constituye un terreno de conflictos, que se pueden resolver de manera pacífica y con libertad. Eso es la democracia. No es algo que, en sí mismo, genera igualdad. Es un campo de luchas organizadas, que crean incentivos a las fuerzas políticas para obedecer las reglas. Cuando la democracia funciona, procesa varios conflictos en paz y sin violar demasiado la libertad.

–¿A una democracia que no ha sido capaz de resolver las desigualdades socioeconómicas le es posible generar igualdades políticas?

–El mecanismo político más igualitario es, después de todo, el de las elecciones. Otros mecanismos de competencia política son aún más desiguales que las elecciones. Porque los recursos económicos y los recursos organizacionales e ideológicos juegan un papel más importante. Por eso, creo que la instancia de elecciones es el mecanismo más igualitario. Aunque no creo que puedan ser completamente igualitarias, porque en una sociedad desigual –desde el punto de vista social y económico–, el dinero siempre encuentra modos de infiltrarse en la política.

–¿En qué sentido?

–En una sociedad de mercado, en la cual existe desigualdad social y económica, siempre habrá algún nivel de desigualdad política. Quizá los países donde hay menos desigualdad son aquellos que tienen sindicatos fuertes, donde la clase obrera está organizada en un sindicato que tiene recursos, que tiene sus diarios y sus instituciones. Hablo, sobre todo, de los países escandinavos, donde los sindicatos tienen mucho peso frente a las empresas. En otros países hay un grado de desigualdad política inevitable.

–¿Con la institucionalidad y el poder de los sindicatos como actor político alcanza para lograr una real igualdad en el terreno político?

–A partir de la Primera Guerra Mundial, en Europa Occidental se armó algo que se llamó “el compromiso de clase”. El compromiso de clase consistía en que los obreros organizados en sindicatos no empujaban sus acciones hacia demandas salariales o de otro tipo al límite. Es decir, no utilizaban totalmente su poder monopolístico en el mercado, porque sabían (pensaban) que mientras la propiedad de medios de producción fuera privada y que las decisiones de inversión las tomaban las empresas, entonces los sindicatos sabían que los salarios de hoy día constituyen un costo en la inversión y, por ende, en el empleo y los salarios de mañana. Un país en Europa en el que no hubo huelgas entre 1936 y 1978 fue Suecia. Porque los sindicatos eran muy fuertes.

–¿Por qué los sindicatos suecos no hicieron medidas de fuerza siendo tan fuertes? ¿Acaso la huelga no era un mecanismo de presión?

–Tenían poder y calculaban sacar lo que era óptimo para ellos. Y esto era un compromiso de clase. En el período que va entre los años ‘50 y los ‘80 fue característico que los aumentos de salarios siguiesen los aumentos de productividad, en una relación de uno a uno. Esto se agotó con el neoliberalismo. Yo creo que ese conflicto de clase habilitó la democracia.

–Con la llegada del neoliberalismo, a partir de la crisis del Estado en los años ’80, la flexibilización que se instaló en el sector laboral conllevó un debilitamiento del sindicalismo en su sentido tradicional. ¿Qué características debe tener el actor que reivindique los derechos de los trabajadores en el nuevo escenario de relaciones laborales precarizadas?

–Creo que esta pregunta no tiene una respuesta general. Porque aunque los sindicatos en los países escandinavos no son esencialmente lo que eran, y si bien el sistema de negociación salarial no es exactamente lo que era –en el sentido de que se descentralizó y aumentó la desigualdad–, sin embargo, los sindicatos tienen peso en esos países. Por otro lado, en países como Estados Unidos, Ronald Reagan los destruyó en el ’82. Había una huelga de los controladores de tránsito aéreo, y él echó a todos los huelguistas. Margaret Thatcher también destruyó a los sindicatos en dos años, el número de afiliados cayó a la mitad, entre 1979 y 1981.

–Menciona dos casos muy paradigmáticos, pero ¿qué sucede en el resto de las sociedades?

–Salvo en algunos países, no hay una fuerza organizada que se pueda contraponer al poder de las grandes empresas. Los movimientos u ONG son “fuercitas” (usa el término como diminutivo de “fuerzas”). La lucha se fragmentó. Un movimiento lucha por esto, otra OGN lucha por esto otro... ya no hay una fuerza centralizada y poderosa, que agrupe al 90 por ciento de los empleados.

–Usted mencionó las elecciones como el momento de mayor igualdad política, pero entre elección y elección pasa mucho tiempo, ¿por qué los sistemas democráticos no han generado mecanismos de accountability en los períodos entre elecciones?

–Un aspecto de la cuestión es el diseño institucional de los sistemas democráticos. Hay una herencia histórica que siempre me llama la atención. Yo creo que una parte de la sensación de impotencia política es que no tenemos instituciones para hacer accountable. La burocracia está en falta, es decir, las organizaciones públicas que ofrecen estos servicios. Para esto no tenemos mecanismos. Imagina que los maestros no van a la escuela, que los dineros de la jubilación no llegan, que la policía toma coimas, ¿qué puede hacer uno?

–¿Qué cree usted que puede hacer uno?

–Puede votar contra los representantes que deben controlar las cúpulas de la burocracia que, a su vez, controla los rangos más bajos de la burocracia. Es una cadena muy larga que no funciona. Hoy es en la calle que se da la accountable. Este diseño se debe al hecho de que cuando se formaron las instituciones representativas modernas no había democracia. El gobierno no ofrecía servicios.

–¿Qué caso podría mencionar como ejemplo de instituciones representativas sin democracia?

–El gobierno norteamericano, en 1789, tenía 4500 empleados. Ahora, cualquier barrio de Buenos Aires tiene 4500 empleados. Había un poco de discusión en la Convención Norteamericana sobre la posibilidad de controlar la República y, de vez en cuando, aparecían intentos de hacerlo. Una investigadora chilena ha trabajado sobre los intentos en América latina de crear este tipo de mecanismos de control local sobre la burocracia local, pero las sociedades no han desarrollado ese aspecto. Creo que mucho del sentido de impotencia proviene de este diseño.

–¿Usted cree que es una limitación estructural de la democracia?

–No. Creo que eso sí requiere reformas. Y el lenguaje de participación está abusado por muchos gobiernos y, en lugar de pensar cómo habilitar a la gente para que pueda controlar el Estado, se lo hace desde arriba. A mí me huele sospechoso cuando un gobernante dice “aumentamos la participación”. Pero este aspecto está dentro de mi lista de reformas factibles.

–¿Qué grado de efectividad tiene la participación en la calle en términos de ejercer una accountability que tenga estabilidad y se pueda mantener en el tiempo?

–No es tan fácil. La calle es algo costoso, muchas veces peligroso y puede llevar a cosas muy desagradables, como lo que pasó acá con las tomas (N. de la R.: se refiere a los episodios de diciembre). Creo que todos los gobiernos temen la calle porque es la posibilidad de rompimiento del orden público, es algo que todos los gobiernos tienen que tomar en cuenta. Y siempre surgen negociaciones tratando de debilitar o calmar a la gente en la calle. Están fuera del marco institucional, pero son efectivas.

–¿Por qué cree que no son los mejores mecanismos?

–Duran menos, son menos estables. Se pueden calmar ahora y luego no hacer nada. Y son peligrosas porque pueden generar una espiral de violencia. Ningún gobierno puede tolerar un desorden que dure. Norberto Lechner, un investigador alemán-chileno, en su análisis sobre la caída de Allende, su primera conclusión fue que ningún gobierno puede tolerar un desorden cotidiano. Entonces, en un primer momento, los gobiernos tienen la tentación de reprimir. Una vez que el gobierno reprime, otra parte responde con violencia y se arma algo muy feo que puede desbordar.

–Teniendo en cuenta que usted estuvo en Buenos Aires durante los episodios de las tomas de distintos predios, ¿cuál es su evaluación sobre cómo se dio este proceso?

–Yo no sé si en este caso la democracia es lo decisivo. Aparece el fenómeno. En el caso de cualquier gobierno, las estrategias son las mismas. Un gobierno democrático tiene que preocuparse de las elecciones y quizás algunos de los disturbios son promovidos pensando en las elecciones. Sin embargo, ¿qué hacer? ¿Conceder y reprimir? ¿Reprimir y conceder? Creo que es una respuesta general, no depende de que el gobierno sea o no democrático. En China, se estima que hay entre 4000 y 5000 disturbios públicos por año, y los chinos no tienen un método y una institución para resolver estos asuntos, deben resolver uno por uno. En algunos casos, conceden y nada más. En otros casos, reprimen y nada más. Sin embargo, tienen que manejarlo caso por caso. Por eso yo creo que el gobierno chino está caminando sobre una piedra minada, que un día va a estallar. Tienen suerte de que el país es grande y estos disturbios son bastante aislados. Sin embargo, si un día se arma una ola, van a tener problemas. Pero estos problemas no tienen una receta general.

–Y en el caso de Buenos Aires, ¿cómo evaluó el manejo que las autoridades hicieron de las tomas, teniendo en cuenta que había diferencias entre el gobierno nacional y el porteño, respecto de cómo resolver esta cuestión?

–A mí me impresionó que, al final, en el caso de estas tomas, el gobierno nacional, es decir, la presidenta (Cristina Fernández) lo manejó bastante bien. Yo detecto un idioma muy machista en algunos análisis y comentarios políticos. Y me impresionó que ella no entró en la trampa.

–¿Cuál trampa?

–En el sentido de pensar: yo soy mujer, me acusan de débil, entonces voy a entrar y pegar con todo. No hizo eso. Lo manejó pacientemente.

–Y además, puso a una mujer en el Ministerio de Seguridad.

–Exactamente. Eso me impresionó.

–Las políticas de estabilización restrictivas y regresivas que se están implementando en algunos países de Europa, en el marco de la crisis mundial, ¿cree que afectan en algún grado a las democracias?

–No. Yo creía hace unos años y sigo creyendo –aunque debo advertir que algunos colegas no piensan igual– que esta crisis va a aumentar la intensidad de los conflictos y que, en realidad, por primera vez en 30 años, ahora se están dando conflictos de clases en Europa. Creo que la dimensión principal que tienen estos conflictos es que son de clase, son conflictos distributivos y de clase, como los que se daban en los años ‘20 y comienzos de los ‘30. Sin embargo, no me imagino que esto incida sobre la dimensión democrática. No me imagino. Yo creo que en Europa, la democracia es como la naturaleza. No es algo que se pueda cuestionar o pensar en alternativas. Es algo de facto. Está ahí.

–¿Pero es una democracia con qué características? Si esta crisis hace aflorar conflictos de clase que remiten a cien años atrás, ¿se puede hablar de una democracia que ha madurado?

–Esto no sólo lo creo sino que lo sé, porque tengo datos sistemáticos: lo que cambió en los últimos cuarenta años es que los gobiernos pierden elecciones. Antes era muy raro que los gobiernos perdieran elecciones. Viene un gobierno y después otro de distinto signo político. En algún sentido, esto hace que la gente siga creyendo que la democracia es un mecanismo que permite controlar (a los gobiernos). Muchas veces se decepcionan, se desencantan. Sin embargo, siguen creyendo. Votan a un gobierno en el que creen, aparece el desencanto, votan al partido contrario. Es una muestra de que la alternancia en el gobierno es mucho más intensa de lo que era hace cincuenta años. Esto es un cambio, es una madurez de la democracia. Porque nadie piensa que el cambio de gobierno es algo peligroso. Todo el mundo piensa que es natural. Es el instrumento democrático que tenemos.

–Usted menciona en uno de sus trabajos que las prescripciones neoliberales de los años ‘90 debilitaron las democracias en América latina. ¿Cree que hubo algún grado de madurez en estas democracias, a partir de la recuperación de las distintas crisis que estallaron en la región?

–América latina es difícil de analizar. Creo que en Argentina, Chile, Uruguay o Brasil, las instituciones democráticas funcionan tan bien como pueden funcionar. Pienso que funcionan mejor que en Estados Unidos, pero también, que funcionan mejor que en varios países europeos. El hecho de que Luiz Inácio Lula de Silva haya podido ganar elecciones en Brasil demuestra que las instituciones democráticas son fuertísimas. Ahora, en Brasil hay movimientitos feos, fascistas. Sin embargo, eso era impensable. O pensar que Michelle Bachelet haya podido ser presidenta en Chile... con los antecedentes de ese país, no de clase sino de represión y de idiosincrasia. Esto indica que estas democracias funcionan.

–¿Y el caso argentino, cómo lo ve?

–Aun con la crisis que hubo en Argentina en el 2001, que fue una crisis profunda a nivel económico, social y político, donde hubo cinco o seis presidentes en cuestión de días, sin embargo todos fueron seleccionados obedeciendo a las reglas institucionales. Nunca se agotó la institucionalidad. Y eso para mí es una demostración de que la democracia funciona. Respecto de la administración de las elecciones, creo que en Brasil o Chile el sistema funciona mucho mejor que en los Estados Unidos.

–Si seguimos en el orden de “lo impensable” en países de América latina, como usted ejemplificó, tal vez era más impensable que un señor como Evo Morales lograra ser presidente en un país como Bolivia, donde antes había funcionarios que, por caso, hablaban en inglés.

–También.

–¿Eso para usted entra dentro del orden de lo democrático? Porque no lo nombró junto con los otros casos de países democráticos de América latina.

–Sí. Claramente. La elección de Evo Morales es una revolución democrática. Es un sistema fuerte. Claramente es conflictivo, varias veces ha llegado al punto de estallar. Y, de hecho, estallaron conflictos violentos, con los movimientos secesionistas. Y con todo, es un sistema que funciona.

–¿Hasta qué punto es posible lograr una distribución más progresiva y equitativa, una mayor igualdad socioeconómica y un mayor sentido de participación democrática mediante los mecanismos institucionales-representativos? ¿O es necesario recurrir a acciones más radicales?

–Creo que en el caso boliviano, la entrada de las organizaciones indígenas en la escena política fue un hecho revolucionario, y varias de las reformas que implementaron tienen un impacto sobre la distribución económica y el status social. ¿Pero cuánta igualdad esto ha producido? En ese punto soy más escéptico. Si Bolivia llega a parecerse a la Argentina, será mucho. Gente pobre, sin recursos, sin poder acercarse a actividades productivas que generen ingresos decentes. Es algo difícil, porque son muchos años.. 

Por Natalia Aruguete
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Londa Schiebinger (Nebraska, 1952) es asesora de la ONU y de la Comisión Europea para asuntos de ciencia y mujer. La semana pasada estuvo en Madrid invitada por el Festival Ellas Crean.

¿Qué presencia tienela mujer en la ciencia?

Se debería incrementar el número, tanto en la ciencia como en la ingeniería.

¿Por qué hay tan pocas?

Es complicado saberlo. Por un lado, debemos ver cuántas mujeres hay en la ciencia y quiénes son. También debemos analizar a qué tipo de problemas hacen frente las féminas en las instituciones donde se hace investigación. Y hay un tercer tipo de análisis, para comprender cómo el género influye en el conocimiento científico. No sólo hablamos de mujeres, también de qué deben hacer las instituciones.

¿Y qué deben hacer?

En Estados Unidos, el Gobierno trabaja duro para transformar las instituciones. Por ejemplo, un estudio puso de manifiesto que entre dos currículum idénticos, uno con un nombre masculino y el otro con uno femenino, el elegido para cubrir un puesto era el del hombre. Estudios como este son muy importantes para detectar la discriminación en las instituciones. Para que haya más mujeres en la ciencia se necesita cambiar las instituciones y enseñar a hombres y mujeres cómo investigar sobre género. En este sentido, la recién aprobada Ley de la Ciencia española es un modelo a seguir. Si se cumple, España irá por delante del resto de países del mundo.

¿Cree que son necesarias las cuotas?

En Europa, las cuotas funcionan, por tanto, creo que deben continuar aplicándose. En cambio, en EEUU no tenemos cuotas pero se insta a la sociedad a que contrate a mujeres. Esto ha hecho que en EEUU todo el mundo quiera contratar a mujeres científicas. Incluso existe una especie de competición entre las universidades por ver en cuál hay más presencia femenina.

Las cuotas son criticadas por parte de la sociedad al considerar que si la mujer es válida debe acceder a un trabajo sin ayuda...

Es absurdo. Nunca se contrata a alguien que no está cualificado. Y las mujeres lo están. Esas personas críticas asumen que las mujeres no están cualificadas. Un famoso estudio sueco muestra que las mujeres necesitaban 2,5 más publicaciones que los hombres para ser consideradas iguales. El caso de Marie Curie es ejemplo de ello. Es la primera persona que ganó dos premios Nobel, en Química y en Física, pero nunca fue admitida en la Academia francesa de la Ciencia.

¿Se ha adaptado el discurso feminista a los avances de los últimos años?

Por supuesto. Ya no se reclama el derecho de una mujer a abrir una cuenta bancaria, por ejemplo. En mi campo, ya no se trata sólo de ser iguales, sino de mejorar la ciencia. Por ejemplo, sabemos que muchos medicamentos a menudo no hacen efecto a las mujeres. Y esto se da porque los fármacos se crean en ratones masculinos y se testan sobre todo en hombres. Si la investigación médica se hiciera correctamente, habría fármacos mejores para todo el mundo.

¿Realmente son tan diferentes el cerebro femenino y el masculino?

Los neurólogos hablan ahora de la neoplasticidad del cerebro, de cómo el entorno le da forma. Hombres y mujeres tienen diferentes experiencias en la sociedad y, por tanto, tienen cerebros diferentes. Observado con máquinas de resonancia magnética, la imagen del cerebro no es relevante, por tanto los estudios que se hagan en este sentido no son relevantes.

Por VANESSA PI MADRID 28/03/2011 08:00
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Jueves, 04 Noviembre 2010 06:27

La ONU llama a cerrar la brecha de género

La ONU insiste  en la necesidad de que los países intensifiquen sus esfuerzos para cerrar la brecha entre géneros y prevenir las muchas formas de violencia que sufren las mujeres, cuya cifra en el mundo es inferior en 57 millones a la población masculina.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, subrayó que aunque se han realizado muchos progresos para asegurar la igualdad entre hombres y mujeres en muchas áreas, como el acceso a las escuelas, la salud y la participación económica, todavía queda mucho por hacer.

Ban reaccionaba así al informe sobre “Las mujeres en el mundo en 2010: Tendencias y Estadísticas”, que  publicó el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU y que  recopila datos globales sobre población y familia, salud, educación, trabajo, proceso de decisiones, violencia contra las mujeres, medio ambiente y pobreza.

“Espero que esta publicación ayude a asegurar la igualdad en el trato de hombres y mujeres y a mejorar significativamente el estatus de ellas”, señaló el subsecretario general de Asuntos Económicos y sociales, Sha Zukang.

En cuanto a la violencia contra las mujeres, uno de los temas que más preocupa a la ONU, el documento señala que ellas sufren diferentes tipos de violencia física, sexual, psicológica y económica dentro y fuera de sus casas.

Según los datos de las Naciones Unidas, el 59% de las mujeres sufre, dependiendo del lugar del mundo en el que se desarrolle su vivir, algún tipo de violencia.
En este documento, de más de 250 páginas, se señala que hay 57 millones más de hombres que de mujeres en el mundo, y que, según las estadísticas globales, hay 102 hombres por cada 100 mujeres, aunque en el caso de Europa son mayoría las féminas.

Así, en los países de Europa del Este hay 88 hombres por cada 100 mujeres, y en los del resto del Viejo Continente el ratio es de 96 mujeres por cada cien varones, cifras muy similares a las que se dan en casi todos los países de América Latina y el Caribe. En esa región hay más hombres que mujeres, en Venezuela (101), Panamá (102), Paraguay (102) y Costa Rica (103).

Esa proporción es mucho mayor en países como Arabia Saudí, en donde hay 121 varones por cada 100 mujeres; Omán (129), Bahrein (134), Kuwait (146), Emiratos Árabes Unidos (204) y Qatar (307), mientras que en China la proporción es de 108 hombres, en India de 107, Pakistán 106 y Bangladesh 102. En el terreno de la salud, la publicación de las Naciones Unidas  señala que hay más fallecimientos de mujeres por enfermedades cardiovasculares que afectan al 32% de ellas y al 27% de ellos. En cuanto a otras enfermedades se indica, por ejemplo, que en Panamá y México, el 36 y el 34% de las mujeres son consideradas como obesas, frente al 28 y 24%, respectivamente de los hombres, aunque se advierte que ambas cifras son igualmente altas.

Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en  2015 habrá en el mundo 2.300 millones de personas con sobrepeso y 700 millones de obesos.

En educación, las estadísticas del organismo muestran que las niñas inscritas en escuelas de educación primaria aumentaron del 79 al 86% entre 1999 y  2007, pero las tasas más bajas de escolarización están en  África subsahariana, en donde solo acude a colegios el 60% de las niñas.

“En este nuevo milenio se estima que hay 105 millones de niños y niñas sin escolarizar en todo el mundo”, dice el documento, que manifiesta que esa cifra se ha ido reduciendo en los últimos años y que apunta a los países árabes como los lugares en los que las niñas están menos escolarizadas, en particular en Egipto, Irak y Yemen.

Las mujeres con edades de 25 a 54 años tienen ahora una mayor participación en la fuerza laboral global que en la década de los noventa, precisa  el documento, que destaca que los salarios de las mujeres representan entre el 70 y el 90% de los que reciben los varones.

En cuanto a participación política, el informe  de la ONU afirma que el acceso a la jefatura del Estado o a la presidencia de los gobiernos sigue siendo difícil para las mujeres, pues en  2009 solo habían 14 en todo el mundo ocupando cualquiera de esas posiciones, además de que solo en 23 países las mujeres ocupan el 30% de la representación parlamentaria.

Agrega la ONU que de las 500 corporaciones mayores del mundo, en  2009 únicamente habían 13 en que los consejeros delegados fueran ellas. 

Además, los hogares en los que las madres son las cabeza de familia son más pobres que en los que ese rol lo ejerce un hombre, y así la tasa de pobreza es el 5% mayor en los hogares dirigidos por mujeres en Colombia, República Dominicana, Jamaica o Venezuela, y superan ese porcentaje en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú. 

La ONU ha difundido estos datos relativos a la situación de la mujer en el mundo en coincidencia con la primera vez que se celebró un día dedicado a las estadísticas, consideradas como una herramienta vital para el desarrollo económico y social.

EFE
Ginebra, Suiza
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Nació este viernes el Estado Plurinacional de Bolivia y empezó a regir la nueva Constitución. En ella se reconoce la igualdad entre aborígenes y mestizos y la defensa férrea de los recursos naturales. Morales prometió un "socialismo comunitario". 

"El Estado colonial murió. Está naciendo el nuevo Estado plurinacional, autonómico y solidario". Con esas palabras recibió Evo Morales, por segunda vez, la banda presidencial para un nuevo mandato de cinco años, avalado por el 64% de los votos. 

Para reforzar la idea de refundación no se ahorró en escenificaciones. La antigua banda y medalla presidenciales, "símbolos de la República liberal", fueron trasladadas, cual pieza de museo, a la bóveda del Banco Central por una guardia del batallón Colorados, y se las reemplazó por un nuevo diseño con marcas andinas. 

Evo ya no juró por Dios sino por los "próceres de la liberación, por los héroes que dieron la vida por la patria y por el pueblo boliviano y la igualdad de todos los seres humanos". Y gigantescos retratos de los líderes anticoloniales Túpac Katari y su esposa Bartolina Sisa, que se rebelaron contra los españoles en 1781, fueron colocados en la fachada del Palacio Quemado, la casa de gobierno, junto a los tradicionales Sucre y Bolívar.

"Hasta 2005, la República Liberal fue de casta, apellido y chequera", dijo el vicepresidente Álvaro García Linera, quien citó al marxista italiano Antonio Gramsci para explicar el pasaje del Estado aparente al Estado integral. 

En su discurso de investidura ante el Parlamento, el copiloto de Morales definió como socialista la meta del "proceso de cambio", aunque aclaró que ese tránsito "puede llevar años, décadas o siglos". Y él mismo se autodefinió como "un viejo bolchevique y tupackatarista" antes de dejarle la palabra a Morales.

Luego habló el mandatario boliviano. Cuando Evo anunció que haría un informe de gestión se supo de inmediato que su discurso sería largo. Y en dos hora resumió con puntos y comas todas las medidas tomadas, incluyendo la cantidad de lámparas de bajo consumo distribuidas.

El líder boliviano pidió a la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional que apruebe, como primera norma, la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz de investigación de fortunas mal habidas e ironizó entre vivas de sus seguidores: "¿Acaso quienes no aplauden (los opositores) piensan votar en contra?"

Evo dijo luego que ojalá pudiera trabajar 30 horas por día y subrayó varios de sus récords. Su preferido: la holgada cantidad de reservas internacionales, que pasaron durante su mandato de 1.400 a casi 9.000 millones de dólares. 

"La derecha creía que la inflación iba a ser la tumba del indio", se jactó al resaltar la salud de la macroeconomía boliviana y la baja inflación, al tiempo que resaltó las políticas sociales y pedía paciencia a quienes se dormían. 

"Con la renta Dignidad, el problema que tenemos con el compañero Álvaro es que las viejitas no paran de besarnos y abrazarnos", siguió en tono jocoso. 

Añadió, además, que el Estado entregará tierras a los emigrados bolivianos que quieran retornar de países receptores como Argentina, Brasil o España.

Más serio prosiguió: "Felizmente, sin la DEA estadounidense, hemos interceptado un mayor número de fábricas de cocaína que en años anteriores".

Los palos a EE.UU. fueron una marca de su discurso, justo cuando se intentan normalizar las relaciones bilaterales, sin embajador luego de la expulsión de Philip Goldberg en 2008. 

Barack Obama envió a la ceremonia a la ministra de Trabajo Hilda Solís y a la subsecretaria para la Democracia y Asuntos Globales María Otero, nacida en Bolivia. En Nueva York, el embajador adjunto de EE.UU. ante la ONU, Alejandro Wolff, calificó de retrógrado a Morales, luego de que este acusara a Washington de aprovechar el terremoto en Haití para invadir la isla.

En su largo discurso, Evo Morales también envió un mensaje al recién elegido presidente chileno, Sebastián Piñera, frente a la actual mandataria Michelle Bachelet, quien escuchaba en el palco de invitados especiales junto a Rafael Correa (Ecuador), Hugo Chávez (Venezuela) y Fernando Lugo (Paraguay), Mohamed Abdelaziz (Saharaui) y Felipe de Borbón, príncipe de Asturias.

"Así es la democracia, felicitamos, pero también esperamos que se respete la agenda de 13 puntos para seguir discutiendo el asunto del mar", dijo el presidente.

También hubo palabras para los militares. Al tiempo que destacaba estar equipando a las FF.AA., lanzó sorpresivamente: "Lamentablemente, en muchos institutos militares se sigue enseñando que el enemigo es el socialismo. Hay que cambiar eso, el verdadero enemigo es el capitalismo, no el socialismo". El Alto Mando aplaudió. Y el acto terminó con un largo desfile indígena-militar.

Pablo Stefanoni
Clarín.com

Análisis:

El Presidente boliviano, entre el imaginario desarrollista y las expectativas desmesuradas  


Basta ver una foto de la composición de la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional para captar el dato más importante del proceso político y social que vive Bolivia: los ponchos, las polleras y los cascos mineros que en 2002 comenzaron a poblar el Congreso pero hoy le dan la "personalidad" al nuevo órgano legislativo. Y la autoestima indígena se puede ver también en los mercados, entre las vendedoras "de pollera" y las compradoras de clase media, y en las quejas más privadas de las élites de que "los indígenas ya no son como antes".

Con todo, y pese a los esfuerzos del gobierno por diferenciarse del nacionalismo revolucionario de los años 50 -evidente en el reciente reemplazo del busto del ex presidente Víctor Paz Estenssoro por Túpac Katari en el Senado- resulta difícil ocultar los parecidos. Los llamados a construir el socialismo, una posibilidad que el vicepresidente Álvaro García Linera negaba hasta hace poco y ahora asume pero en un período de "años, décadas o siglos", no parecen reflejarse en las políticas públicas, ni en el debate de los movimientos sociales. Y el discurso eco-comunitarista tiene como correlato un modelo económico sostenido en el extractivismo de materias primas: gas y minería, y en un imaginario fuertemente desarrollista. 

Lo que parece unir a la enorme diversidad que contiene el "evismo" es el nacionalismo popular. No es casual que la medida más aplaudida hasta ahora de Morales, junto con las políticas sociales, haya sido la nacionalización de los hidrocarburos (y la inclusión de una cláusula constitucional por la cual se iguala la privatización de recursos naturales con la traición a la Patria).

Modernización del país, integración física, económica y social, Estado fuerte que controle los recursos naturales y reemplace a la inexistente burguesía nacional como motor del desarrollo, son la marca de fábrica de todos los gobiernos nacionalistas que tuvo Bolivia desde el siglo XIX, y que fueron muchos. Así como los desfiles indígena-mineros-militares que ayer volvieron a repetirse como tributo del pueblo al líder, que saludaba desde el balcón.

Ni la onda new age-cósmica, ni las visiones para las cuales desde Katari hasta Evo no pasó nada, parecen explicar un complejo proceso de fuertes rupturas y sorprendentes continuidades, con un Evo que se apoya en conquistas de procesos de cambio y revoluciones anteriores. Pero la visualización romántica de los indígenas como una alternativa fácil a la "decadente modernidad occidental" alienta, por momentos, una serie de expectativas desmesuradas, como cuando la intelectual mexicana Ana Esther Ceceña se pregunta: "¿Será Bolivia el espacio de gestación de un nuevo sistema de organización de la vida planetaria? ¿Será Bolivia quien ofrezca la clave para comenzar esa nueva era de la humanidad, la era del vivir bien en el no-capitalismo?".

Quizás sea cargar mucho sobre los hombros de esta pobre y sufrida nación que busca cosas más terrenales, como dignidad, salud y educación de mayor calidad, igualdad entre indígenas y mestizos, salir de la miseria, tener carreteras para sacar los productos de las zonas rurales.

En síntesis, un Estado digno de ese nombre y un modelo económico que hace medio siglo hubiera sido calificado de "socialdemócrata". 


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Lunes, 26 Octubre 2009 09:47

Migrantes concluyen marcha contra ley

Cientos de personas recibieron ayer, en Madrid, a un grupo de inmigrantes que el 23 de septiembre emprendió en Barcelona (noreste) la denominada “Marcha por la igualdad”. Ellos caminaron 700 km para llegar  a la capital española.

Los extranjeros de diversas nacionalidades, en particular africanos y latinoamericanos, concluyeron su recorrido con una manifestación en contra de la reforma a la Ley de  Extranjería.

Con lemas como “somos personas”, “libertad, democracia y trabajo para todos” y “fuera la ley de extranjería”, la manifestación discurrió de forma pacífica desde la Plaza de Legazpi hasta la Estación de Atocha. También estaban previstas manifestaciones en Barcelona, Bilbao, Tenerife, Gran Canaria, Alicante, Murcia y Málaga.

Entre los aspectos más polémicos del proyecto, presentado en junio pasado por el Gobierno español, está que se amplía de 40 a 60 días el plazo de retención de los indocumentados en los centros de internamiento.

La modificación limita, además, la reagrupación familiar para los ascendientes (padres y abuelos), quienes solo podrán llegar a España si son mayores de 65 años y si el inmigrante que lo solicite acredita 5 años de residencia legal. A cambio, los hijos reagrupados recibirían un permiso de trabajo a partir de los 16 años.  Además, las mujeres inmigrantes irregulares que denuncien violencia de sus parejas podrán obtener un permiso de residencia.

Ante ello, la marcha denunciaba una reforma que supondrá un “grave retroceso” en los derechos de los inmigrantes que viven en España, y “consolida una visión eminentemente policial de la gestión de las migraciones vinculando peligrosamente crisis con inmigración”, según los convocantes.

Durante la manifestación, los migrantes pidieron el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros, la regulación y renovación de la tarjeta de Extranjería sin necesidad de contrato de trabajo, la reagrupación familiar sin recortes y que no se penalice la solidaridad con los extranjeros.

Uno de los coordinadores de la campaña y participante en la marcha, Hugo Colacho, señaló  que no se puede construir una sociedad democrática en paz y libertad si se sancionan derechos a una parte de la sociedad.

“No se puede hablar en los foros internacionales de alianzas de civilizaciones cuando se reducen derechos de los inmigrantes que hemos venido a trabajar y que no somos responsables de esta crisis”, afirmó el activista.  En España, el 12% de una población de 46 millones de habitantes es inmigrante.

 La manifestación concluyó con la lectura de un manifiesto que detalla las razones por las que estas organizaciones se oponen a la nueva Ley de Extranjería, actualmente en trámite parlamentario. “El proyecto de reforma contempla a las personas emigradas únicamente como medios de producción, no como seres humanos con plenos derechos, entre ellos, el de la libertad de movimientos”, indica el texto.

En declaraciones anteriores, el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, señaló que la normativa remitida al Parlamento pretende crear un marco adecuado para una política migratoria sostenible.

“En este país no vamos a echar a nadie y menos si está desempleado”, señaló.   Tras agregar que la inmigración debe ser ordenada  y vinculada a las necesidades del mercado de trabajo.
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Fue una propuesta innovadora y revolucionaria en su momento. Hoy, hablar de la Renta Básica (RB) en el contexto de la crisis que padecemos, despierta el interés de un gran sector social. Nadie mejor que el economista, Daniel Raventós, presidente de la Red Renta Básica para aproximarnos al tema.

-Háblame de la propuesta de “Renta Básica” en el contexto de crisis económica que actualmente vivimos. ¿Qué simplificaría y qué cobertura tendría?

-Empezaré por el final de la pregunta, la cobertura. Por definición una RB tendría una cobertura universal en el lugar geográfico donde se implantase. La cobertura abarcaría a toda la ciudadanía y residentes desde la cuna a la tumba. Si no fuera así estaríamos hablando de otras propuestas, quizás interesantes también, pero no de la RB. Lo que la RB simplificaría depende de la forma de cómo se financiase. Una RB puede financiarse de distintas maneras y, en realidad, a lo largo de los últimos 20 años ha habido propuestas al respecto de lo más variadas. Pero una forma de financiación que creo realmente interesante porque contribuía junto con otros compañeros a diseñarla es a partir de una reforma del IRPF. Se simplificaría muchísimo en un sentido muy preciso: el IRPF sería diáfanamente claro hasta para la persona más alérgica a querer entender el sistema impositivo, se ahorrarían algunos costos administrativos y se simplificaría la tremenda maraña de subvenciones.

-¿Qué aportaría la RB en un momento como éste?

En un contexto de crisis económica como la que ya vivimos desde hace dos años, algunas de las características generales de la RB cobrarían mayor relieve. Me referiré para abreviar a tres aspectos. En primer lugar, si se pierde el puesto de trabajo pero se dispone de una RB, la situación se presenta de forma menos inquietante. Si bien, ésa es una característica destacada de la RB para cualquier coyuntura económica, en una de crisis, en donde la cantidad de desempleo es mucho mayor (la cifra de 5 millones de posibles parados oficiales no está lejana), cobra mayor importancia social.

En segundo lugar, la RB supondría, en caso de huelga, una especie de caja de resistencia incondicional, cuyos efectos para el fortalecimiento del poder de negociación de los trabajadores son fáciles de calibrar. Efectivamente, el hecho de que en caso de conflicto huelguístico los trabajadores dispusiesen de una RB permitiría afrontar las huelgas de una forma mucho menos insegura: a día de hoy. Dependiendo de los días de huelga, los salarios pueden llegar a reducirse de forma difícilmente soportable si, como acostumbra a ocurrir para la inmensa mayoría de la clase trabajadora, no se dispone de otros recursos. La actual crisis económica puede desembocar en un gran retroceso de conquistas sociales duramente conseguidas. La RB puede ser vista en este punto como el medio material para buena parte de la clase trabajadora para resistir a este retroceso.

En tercer lugar, como es sabido, el porcentaje de pobres en el Reino de España no ha cambiado significativamente en las últimas décadas hasta el inicio de la crisis económica. Cuando el crecimiento económico ha sido importante, y en ocasiones muy vigoroso, la proporción de personas pobres, casi un quinto exacto del total de la población, no ha variado a lo largo de las últimas décadas. La crisis económica está comportando, en contraste, un aumento rápido y significativo de la pobreza. Así, mientras que tasas de un crecimiento económico substancial han sido necesarias para mantener la proporción de pobres, unas tasas negativas o positivas muy pequeñas comportarán un crecimiento espectacular de la pobreza.

-¿Podría entonces ayudar a frenar el índice de pobreza?

-Una RB equivalente al menos al umbral de la pobreza sería una forma de acabar con la pobreza, si no completamente, cuanto menos de dejarla en porcentajes muy marginales. En una situación de depresión económica la pobreza aumentará mucho, y pronto se llegará a una proporción de un pobre cada cuatro habitantes (antes de la crisis era de uno a cinco). La RB representaría un buen dique de contención de esta oleada de pobreza que crece y crecerá.

-¿Cómo calcular esa cantidad?

-La cantidad de la RB y la forma de financiarse son indisociables. Puede financiarse una RB a costa de la sanidad y educación públicas, por poner el peor modo de hacerlo en mi opinión. Puede financiarse una RB bajando los salarios, por citar otra forma que consideraría políticamente horrible. Y puede financiarse la RB de forma que haya una distribución de la renta de los ricos a los pobres. Para mi ésta es la forma que considero políticamente interesante. La cantidad exacta propuesta depende del criterio que elijamos. Se han propuesto, a lo largo de los últimos años, distintos criterios: umbral de la pobreza, 90% del salario mínimo interprofesional, pensión media, etc. Todas estas referencias que, como puede observarse, variarían de un año a otro (efectivamente, el umbral de la pobreza o la pensión media varían cada año aunque no de forma muy marcada) han sido defendidas con argumentos más o menos sólidos. Personalmente, creo que un buen criterio es el del umbral de la pobreza.

-Ese salario ¿no alteraría el mapa del mercado productivo? ¿Qué sentido tendría el trabajo? ¿Trabajar para qué?

-Podría alterar el mercado de lo que llamas “mercado productivo” y, no tengo la menor duda, para mejor. Algunos aspectos de alteración a buen seguro serían los siguientes que en mi libro Las condiciones materiales de la libertad (El Viejo Topo, 2007) explico con cierto detalle. En las economías capitalistas, las personas que no disponen de la propiedad de tierras o de medios de producción deben vender su fuerza de trabajo en el mercado laboral a un propietario de tierras o de medios de producción, llamado empleador, para poder adquirir todos aquellos medios que permitirán su subsistencia. Esta situación ha recibido el nombre de “mercantilización de la fuerza de trabajo” (a veces, directamente, “mercantilización del trabajo”), puesto que esta capacidad de trabajar de los que no tienen otra propiedad que les permita eludir el trabajo asalariado, es tratada como una mercancía. Los trabajadores pueden tener sus necesidades de subsistencia cubiertas fuera del mercado mediante algunos mecanismos de provisión social. En este caso, su fuerza de trabajo es desmercantilizada. Podemos así hablar de grados distintos de mercantilización (y de desmercantilización) de la fuerza de trabajo. La RB tendría un efecto importante como herramienta para la desmercantilización de la fuerza de trabajo, siempre que fuera al menos de una cantidad que permitiera “la libertad de no ser empleado”, por utilizar una expresión afortunada de la filósofa Carole Pateman.

-Esa cantidad de dinero también daría más libertad a la persona a la hora de negociar en el mercado de trabajo...

-La RB tendría otro interesante efecto sobre la clase trabajadora: el aumento del poder de negociación frente al empresario o empleador. La seguridad en los ingresos que la garantía de una RB comportaría, impediría que los trabajadores se viesen impelidos a aceptar una oferta de trabajo de cualquier condición. Desde el momento en que su salida del mercado de trabajo resultara practicable, supondría una posición negociadora (o de resistencia, como a veces se ha llamado) mucho mayor que la que los trabajadores poseen ahora. No es lo mismo llevar las negociaciones laborales al límite de la ruptura cuando se cuenta, como es el caso de los empresarios, con la posibilidad real de reemplazar a los trabajadores contendientes por maquinaria o por trabajadores actualmente en paro -los que engrosan las filas del otrora llamado “ejército industrial de reserva”-, que hacerlo a sabiendas de que la subsistencia depende de forma directa, y prácticamente exclusiva, de las retribuciones obtenidas de los individuos sentados en el otro lado de la mesa de negociación, como les ocurre a los trabajadores y trabajadoras hoy en día. La relación laboral bajo el capitalismo es, por decirlo eufemísticamente, claramente asimétrica. Una RB haría practicable no sólo la posibilidad de negarse de forma efectiva y convincente a aceptar situaciones no deseadas por parte de muchos trabajadores, sino también plantearse formas alternativas de organización del trabajo que permitieran aspirar a grados de realización personal más elevados.

-Estás hablando de una forma más amplia de entender el concepto trabajo...

-No hay espacio para desarrollar lo que simplemente dejo indicado. Cuando hablamos de trabajo, si lo hacemos con propiedad, debemos hacerlo al menos abarcando tres tipos: el remunerado, el doméstico y el voluntario. Pensar y actuar como si el único trabajo existente fuera el remunerado es un grave error.

-¿Hay algún país que haya puesto en marcha la RB?

-En Alaska y desde 1982 existe una RB. Toda persona que lleve residiendo legalmente en Alaska un mínimo de 6 meses recibe una RB desde hace más de un cuarto de siglo. Los resultados han sido tan buenos que ni tan sólo sus más fervientes críticos de sus inicios se aprestan ahora a pedir la supresión de la RB. Lo interesante es que esta simple medida ha comportado para los residentes en Alaska una distribución de la riqueza muy diferente a los otros Estados de EEUU. Alaska es hoy el Estado menos desigualitario de aquel país.

-Llevas varios años apostando por esta idea y muchos os siguen tachando de utópicos o locos. ¿Desde entonces han cambiado en algo las cosas? ¿En qué situación se encuentra este debate?

-La acusación de “locos” a los defensores de la RB no la profiere hoy en día nadie que esté mínimamente informado de la propuesta de la RB. Y si alguien lo hace, se expone al ridículo. Por cierto, mayor “locura” que la que se ha practicado en el mundo a lo largo de estos últimos lustros, provocando la actual crisis económica, mayor locura que ésta, digo, es difícil de imaginar.

Sí, las cosas han cambiado a lo largo de los últimos años en relación a la RB. Sería difícil exponer en pocas palabras la situación actual del debate pero me limitaré a indicar que hace tan solo 7 años, había cinco secciones de la asociación internacional Basic Income European Network, entre ellas la nuestra, la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org). Y todas eran europeas. Actualmente, ya somos 16 secciones oficiales repartidas por varios continentes, mayoritariamente por América y Europa.

En las Cortes se ha creado una subcomisión parlamentaria -ya hace algunos meses- para estudiar la viabilidad de la RB. No se ha puesto aún a trabajar, pero es un síntoma del interés por la propuesta. La reforma fiscal que acaba de realizar el Gobierno a finales de septiembre hubiera podido ser mucho más interesante y beneficiosa para la mayoría de la población si hubiera estudiado la posibilidad de la RB, junto con otras medidas fiscales, pero se ha desperdiciado una gran oportunidad.

Revista fusión

Fuente: http://www.revistafusion.com/200910021172/Nacional/Tema/renta-basica-y-crisis-economica.htm

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A la memoria de José Ángel Valente,
cómplice de estas conversaciones


Conozco a Juan Goytisolo (Barcelona, España, 1931) desde hace más de ocho años, y casi siempre me cita en el Hotel Oriente donde se hospeda cuando para en Barcelona, o en el restaurante Amaya, en plena rambla cerca de los lugares donde ha pasado gran parte de su vida. “En el Raval –dice Goytisolo– hago un viaje de mil vueltas alrededor del mundo sin moverme de mi sitio.” Autor de una obra narrativa absolutamente singular dentro del ámbito de las letras, y que siempre ha sabido salirse de los caminos trillados de la literatura, a la que contribuyó a sacudir con su trilogía formada por Señas de identidad , Don Julián y Juan sin tierra , con otras atípicas que se han vuelto fundamentales: Paisajes después de la batalla, Las virtudes del pájaro solitario, Telón de boca, Las semanas del jardín, o con su díptico autobiográfico formado por Coto vedado y En los reinos de Taifa . La idea de publicar sus obras completas es de la editorial española Galaxia Gutenberg, que la ha comenzado a editar con los primeros cuatro tomos de obra narrativa, y uno de ensayos políticos y literarios, donde se recupera su excelente libro Paisajes de guerra. Sarajevo, Argelia, Palestina, Chechenia. A finales de 2008 fue galardonado con el Premio Nacional de Letras Españolas y publicó la novela El exiliado de aquí y allá (Galaxia Gutenberg), donde rescata al protagonista de Paisajes después de la batalla, obra que retrata con humor sulfúrico la vida en el barrio mestizo del Sentier, en París. En ese afán siempre polémico, Goytisolo visita y revisa temas que le son afines desde sus obras primeras: revisiones críticas de la historiografía española, la reivindicación de la tradición cervantina, la apuesta por el mestizaje de las culturas y la oralidad de la escritura, la inserción en la tradición occidental de las voces del Oriente Próximo y la recuperación de las formas heterodoxas de abordar el conocimiento literario: “A mis casi setenta y ocho años, sigo aprendiendo palabras y más palabras como un estante, aun a sabiendas de que desaparecerán inexorablemente conmigo. No sé si ello es un síntoma de inquietante inmadurez o el resultado de la divisa socrática grabada en el frontón de Delfos, y que traducida dice simplemente: conócete a ti mismo”

– En sus casi ochenta años de vida y de viajar por casi todo el mundo, de haber ido y venido de diferentes guerras como la de Chechenia y Sarajevo, ¿considera que la única igualdad que ha visto es la de los muertos entre sí?

–Sí, desde luego. Es la única igualdad; hay que tenerlo claro, para poder dar ese paso. Aunque se maltrata mucho a los muertos. He tenido bastantes experiencias en zonas de guerra para ver cómo los vencedores maltratan a los muertos de los vencidos. Y creo que eso hoy se debería de entender, de tener más claro. Incluso, hay que tener en cuenta que una de las memorias históricas más maltratas es la de los muertos y ese concepto hay que cambiarlo.

– Al pasar por múltiples territorios difíciles no sólo de la vida, sino también de la creación ¿cree que Juan Goytisolo se conoce y reconoce bien?

–Creo que todas las existencias son brillo y oscuridad, no sólo la mía. Esta es la triste realidad con la que me enfrento hoy a mis casi ochenta años. Por ejemplo, en el texto de Telón abierto hubo mucha amargura al comienzo de la redacción, pero esa redacción me llevó seis años, y al final creo que simplemente hay lucidez. Lo que procuré en su tiempo, quizás como homenaje a ella [se refiere a la muerte de su esposa, Monique Lange ] es buscar la belleza del texto, a través de las palabras. La poesía es un vehículo del lenguaje que tal vez es más profundo que la filosofía. Pienso, por ejemplo, en Hölderlin o Nietzsche. La novela debe buscar un equilibrio muy difícil entre la poesía y el argumento o trama. Hay novelas que están escritas para ser adaptadas al cine, son simple argumento. Pero las novelas que me interesan se decantan más hacia la música de las palabras, la belleza del lenguaje, hacia algo que no es simplemente el argumento. Pero hay que lograr un equilibrio, y este equilibrio en verdad es complicado.

– En estos primeros tomos de sus obras completas, se reedita una de sus novelas más críticas Don Julián (1966), ¿cómo ve la evolución histórica, cultural y política de la España de esos años a la de estos momentos?

–Desde luego hay muchos cambios, no sólo en España, sino en el mundo entero. Todo va cambiando, aunque muchas cosas sean para mal. Don Julián , más que una crítica a la historia general de España, es una crítica de la mitología española. Yo lo que pretendía era explicar el contra mito de la historia española. No hay datos históricos que hablen de la invasión árabe. Un historiador asturiano mostró que el primer testimonio sobre la batalla de Covadonga fue de un monje franco que lo tomó de la leyenda de Palas Atanea. Se trata de volver la leyenda al revés, como hicieron Zorilla o Espronceda. El episodio de la Biblioteca de Tánger, en la novela, no era un ataque a los clásicos, sino a la interpretación neventayochista y retrocastellanista de los clásicos, que hoy es muy diferente y diverso.

– ¿Considera que esta trilogía fue un experimento constante con el lenguaje?

–Sí, lo fue en un momento de escritura; es decir, en ese tiempo yo trataba de hacer un tipo de escritura difícil y muy diferente a la literatura de mi generación, no sólo española, sino europea. Hay escritores poco conocidos que están haciendo lo que yo entiendo por literatura y no encuentran salida. Yo les digo que no se preocupen, porque si yo me llamara Juan López y hubiese enviado el texto de Don Julián ahora a cualquier editor, estoy seguro que lo rechazarían. Estoy convencido de que nadie se atrevería a publicarlo.

– Usted es un viajero incansable y ha vivido en diversas ciudades de Europa, pero creo que las ciudades que más le gustan son París y Marrakech. Ahora también se reedita Carajicomedia , quizás su comedia más irreverente y provocadora, una autobiografía de su experiencia en los barrios de París ¿ Le siguen gustando los “bajos fondos” de sus ciudades favoritas?

–Creo que fue Severo Sarduy quien, en su última aparición pública en el Instituto del Mundo Árabe, en un homenaje que se me realizó, intervino con ese humor que tenía y dijo que yo debía ser proclamado san Juan de Barbés-Rochechouart, el santo del barrio árabe de París. Después del Evangelista, del Bautista y de San Juan de la Cruz , yo quiero pasar a la historia como san Juan de Barbés-Rochechouart, pues me fascinan los barrios y su mundo urbano, clandestino. Ahora estoy en Barcelona y me encanta.

Por, Miguel Ángel Muñoz

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Sábado, 16 Mayo 2009 08:18

Cuba. 50 años de Reforma Agraria

La Constitución de 1940 contemplaba una reforma agraria, pero hasta 1959 ningún gobierno cumplió con su obligación de llevarla a cabo. Comportamiento comprensible -aunque inaceptable- ya que más del 80% de las mejores tierras cubanas estaban en manos de un grupo de compañías norteamericanas, y, desde 1902, todos los gobiernos de la Isla –excepto el llamado “de los Cien Días”, que por eso mismo fue derrocado- siempre fueron proyanquis. Hubo de triunfar la Revolución, pues, para que la Ley de Reforma Agraria se pusiera en marcha.

Aprobada diez días antes, fue firmada el 17 de mayo de 1959, tres meses y medio después del triunfo, en La Plata, Sierra Maestra. Y supuso la eliminación de la cruel y enajenante explotación del campesinado cubano por parte de los terratenientes. Esta ley tuvo su antecedente, sin embargo, ya que Fidel firmó la Ley No. 3 sobre el derecho de los campesinos a la tierra. Todavía en guerra, ésta entró en vigor en todos los territorios liberados, como ejemplo vivo de lo acordado por las masas campesinas representadas en el Congreso en Armas.

En aquella primera ocasión, los campesinos beneficiados fueron 340, que, junto a sus familias, se convirtieron en propietarios de la tierra que trabajaban. Obviamente, acabada la guerra, la Reforma Agraria del 17 de mayo supuso una mejora infinitamente superior en todos los sentidos; aquí estaríamos refiriéndonos a más de 200.000 campesinos los beneficiados con el reparto de las tierras -cuatro millones de hectáreas aproximadamente-. Además las mejoras no se limitaron a la entrega de éstas, sino que también supusieron el acceso por parte del campesinado a servicios tan elementales como la asistencia médica, las escuelas y los maestros, entre otros, que antes siempre se les había negado.

La Ley de Reforma Agraria fue un compromiso recogido en el Programa del Moncada que, cumplido en la fecha indicada tras quedar nacionalizadas todas las propiedades de más de 420 hectáreas, supuso la desaparición definitiva del latifundio. Posteriormente, una segunda Ley de Reforma Agraria -1961- limitó el tamaño de las propiedades a un máximo de 66 hectáreas, con lo que la burguesía de este sector quedó prácticamente eliminada. Ese mismo año nació la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños –ANAP-, que tan importante papel jugó –y juega- en la organización de los campesinos.

De más está decir que la puesta en vigor de la ley que nos ocupa chocó frontalmente con los intereses económicos de los norteamericanos. No en vano, como consecuencia de aquella medida revolucionaria, las compañías azucareras perdieron más de 674.000 hectáreas de tierras, así como varios millones de dólares por futuras exportaciones del cultivo comercial.

De todos modos, las medidas adoptadas por el gobierno a través del Instituto Nacional de la Reforma Agraria –INRA-, creado en 1959 para ejecutar las políticas económicas y sociales relacionadas con la reforma agraria, no fueron discriminatorias, ya que fueron dirigidas contra todos los terratenientes, sin importar su nacionalidad; y además, como ya ha quedado dicho, estaban amparadas por la Constitución de 1940. Por otra parte, la forma de indemnización fue bastante más generosa que en la ley agraria impuesta por Estados Unidos a Japón en la postguerra: ésta sólo otorgaba el 2,5% de interés anual y los pagos en veinticinco años; y con la Ley de Reforma Agraria cubana la amortización pagadera se situó en veinte años y un 4,5 % de interés anual.

Por si fuera poco, el gobierno revolucionario planteó repetidas veces su disposición a renegociar estos términos, pero Estados Unidos declinó la propuesta renegociadora –no así el resto de los países afectados- y prefirió mantener las indemnizaciones como una deuda aún no pagada.

Conviene recordar que las tierras fueron compradas por los capitalistas yanquis a precios irrisorios. En 1901, por ejemplo, un tal Preston llegó a comprar 75.000 hectáreas en la zona de la Bahía de Nipe –hoy provincia de Holguín- por 400.000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la hectárea. Amparado en la Ley de Reforma Agraria, las tierras del central Preston fueron expropiadas por el gobierno revolucionario el 14 de mayo de 1960. Entregadas a los campesinos, esta zona adoptó el nombre de Guatemala en homenaje al pueblo al que, en 1954, la propia United Fruit Company había frustrado la reforma agraria mediante el derrocamiento del gobierno legítimo y popular de Jacobo Arbenz.

Quizá porque la familia de Fidel poseía miles de hectáreas de tierra en Birán, provincia de Holguín y pueblo natal del Comandante, muchos enemigos se hicieron falsas ilusiones pensando que triunfada la Revolución sus dirigentes no se atreverían a tanto. Pero se equivocaron. Fidel cumplió su promesa de llevar a cabo la Ley de Reforma Agraria, y las tierras de su familia fueron igualmente entregadas a los campesinos, tras ser nacionalizadas por el propio Fidel con su firma como Primer Ministro, primero, y como Presidente del INRA después.

El 19 de mayo de 1960, el periódico Sierra Maestra publicó en una de sus páginas lo siguiente: “Los maledicentes que siempre pensaron que la Ley de Reforma Agraria no alcanzarían los predios de Sabanilla de Birán, por el hecho de ser de la familia del máximo líder, tendrán ahora que morderse la lengua al contemplar cómo la primera tierra que se reparte en el municipio de Mayarí, es la del propio Fidel Castro”. Expropiadas las citadas tierras, éstas fueron repartidas entre 204 familias.

Ante la necesidad de elevar la producción y con el propósito de relanzar al sector agrícola, el pasado año se aprobó el Decreto-Ley 259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo. La iniciativa está teniendo buena acogida; hasta el momento ya se han entregado más de un millón de hectáreas entre los miles de solicitantes; muchos de los cuales nunca antes habían tenido contacto laboral con el campo. A partir de 1959, pues, el 17 de mayo siempre está presente en la memoria del campesinado cubano, y también en la del resto del pueblo.

Paco Azanza Telletxiki
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Domingo, 04 Enero 2009 10:36

La digna rabia y la otra política

Para algunos, el levantamiento del EZLN en 1994 se inscribe dentro de los proyectos fracasados. El adormecimiento de las conciencias y creer vivir en el mejor de los mundos posibles arranca este perfil de crítica fácil, llena de resentimiento. No había motivo para la insurrección y si los hubo se perdieron en el camino. En quince años han cometido muchos errores, han perdido apoyo y mueren de éxito. El mayor, el enfrentamiento entre su dirigencia y el candidato Andrés Manuel López Obrador en las pasadas elecciones presidenciales. No prestaron su colaboración, su militancia no hizo campaña y además utilizó un lenguaje soez. Por ello, son responsables de su derrota. ¿Pero había que apoyarlo? El PRD, junto al PAN y el PRI, traicionó los acuerdos de San Andrés, pero tal acontecimiento pasa desapercibido.

Sin embargo, al EZLN se le acusa de todos los males existentes en México. Desde el narcotráfico hasta la violencia terrorista. Para sus detractores, el EZLN ya gozó de sus quince minutos de gloria. Hoy se ha convertido en un tour político para ONG europeas. En esta dirección la ristra de exabruptos es variada y confluyen en un tópico: la obligada disolución. Sólo intelectuales desfasados creen en el colonialismo interno. La lucha de clases está en la mente calenturienta de subversivos, nostálgicos del comunismo o terroristas. Las esperanzas de un mundo sin explotación no forman parte del horizonte histórico de los mensajeros de la derrota.

Entre quienes defienden esta postura se afianza la idea mayoritaria de vivir en un mundo tolerante. Nada impide dialogar. Hoy, todo es negociable. Póngale precio a la dignidad, se dice. Los sicarios y las meretrices de la política se especializan en buscar acuerdos. En caso de no hacerlo se bombardea y se aniquila el problema. Gaza, sin ir más lejos. La tolerancia es cero con el diferente.

Mientras tanto, la vía para encauzar la paz, son los partidos políticos atrápalo todo, y el espacio reconocido, las instituciones dependientes de la división de poderes. Así, los regímenes liberal-representativos se enorgullecen de poseer un Legislativo que legisla, un Judicial que administra la ley y un Ejecutivo con poder de mando. Por ello, cuando hay conflictos se articulan consensos. Para eso están los entresijos del sistema. No hace falta recurrir a la fuerza bruta; está reservado para los insumisos, los inconformistas. Es de mal gusto, de indios incivilizados, no aceptar acuerdos, aunque después no se cumplan. Por ese motivo se les pueden ningunear sus derechos durante más de quinientos años. Son ariscos, broncos, no atienden a razones; en definitiva, necesitan látigo. Así se justifican matanzas como Acteal, el acoso militar, y se puede imputarles ser indignos de considerarse mexicanos.

Es más, son autonomistas, y por ello pueden ser objeto de legítima persecución. Es cuestión de miras. Estos argumentos se utilizan en muchos países. En Chile se aplica la ley antiterrorista impuesta por la dictadura de Pinochet en 1984. Hay doscientos cincuenta mapuches presos en 2008, víctimas de esta ignominia por defender su territorio de la esquilma de las papeleras y las empresas hidroeléctricas. En Colombia, bajo el concepto de la democracia preventiva, el presidente Álvaro Uribe utiliza a las fuerzas armadas para disolver una gran marcha de protesta en diciembre de 2008; la muerte de una decena de dirigentes indígenas del Valle del Cauca es su resultado. En Perú, desde el gobierno de Fujimori, pasando por Toledo y ahora con Alan García, un tercio del territorio amazónico, 25 millones 456 mil 843 de hectáreas son cedidas a Shell, Repsol, Elf, Mobil, para la prospección de hidrocarburos, afectando a los pueblos indios hasta condiciones de hambruna e migración. En Guatemala, los pueblos mayas siguen siendo víctimas de la represión militar y de los ganaderos oligarcas coadyuvados por los partidos, y los sindicatos blanco-mestizos. En Honduras se les desconocen derechos y en Panamá se les considera un reducto para el turismo, no menos que en Costa Rica. En Brasil, la colonización los expulsa y los arrincona. La exportación de los agrocombustibles es la moneda de cambio. En Argentina los mapuches son perseguidos como en la guerra de la pampa a mediados del siglo XIX. Todo en nombre del progreso técnico. Se reproduce el lema: civilizar es poblar y no hay mejor poblador que el hombre blanco y su tecnología. La soya, el gas, el petróleo, el agua. El etnocidio no escandaliza si hay una razón de peso. Y la acumulación de capital es suficiente. Lo fue la explotación de plata en Potosí y Zacatecas introduciendo la mita y la encomienda, y lo es hoy el saqueo y la expoliación de sus riquezas, sus reservas y la destrucción de su hábitat. Ello forma parte del control ejercido por las transnacionales de la agroalimentación y los fertilizantes, los bancos que monopolizan los créditos y las grandes empresas distribuidoras de supermercados en las ciudades. Un circuito donde se observa con claridad la consolidación de la flexibilidad laboral, el despido libre y la semi-esclavitud inherente a la economía de mercado.

La lucha es desigual. Las promesas realizadas desde el poder central, o regional, caciquil o terrateniente han terminado siempre en traición. Nunca se han respetado los acuerdos. Siempre han existido inconvenientes para ponerlos en práctica. Demasiado pronto o demasiado tarde. Es la ley de los conquistadores. Pero hay que seguir peleando, de ahí nace la digna rabia. No es un berrinche, un enfado, no es envidia. Es coraje, es pundonor. No se confundan. La rabia emerge como una opción, una oportunidad, en una acción que reivindica el fin del colonialismo. Primero se manifestó contra los españoles y hoy se enfrenta a los criollos oligarcas y terratenientes apoyados en sus aliados, las empresas trasnacionales farmacológicas, de comestibles, de agroquímica, de biotecnología. Hoy 10 de las cien primeras controlan entre 35 y 40 por ciento de las ventas de alimentos.

Marcos Roitman Rosenmann / I

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