Domingo, 07 Septiembre 2014 05:26

La era selfie

La era selfie

Con la expansión de los celulares con cámara y conectividad a Internet se impuso y consolidó este año la moda de las selfies. Desde el papa Francisco y el presidente Obama, líderes políticos, celebrities, gente sin fama y hasta astronautas en misión espacial, cada vez más personas registran su aquí y ahora, a solas o acompañadas, para luego subir y hacer circular su autofoto por las redes sociales al instante. El fenómeno llegó hasta tal punto que en 2013 fueron publicadas en el mundo cerca de un millón de selfies al día, según reveló un reciente informe. Una de las últimas tendencias son las selfies extremas, una imagen desde un lugar inhóspito y bien peligroso. Varias empresas ya usan este furor de las autofotos para promocionar sus productos. Ya no es necesario espiar por el ojo de la cerradura: la puerta se abre sola para exhibir escenas que antes quedaban en el ámbito de la privacidad. Pero no son pocas las personas –y más varones que mujeres– que retocan siempre sus selfies antes de publicarlas, en búsqueda de construir una identidad, un perfil, un cuerpo deseado. En la era de la intimidad como espectáculo, "construyo mi imagen y la publicito", reflexiona Belén Igarzábal, directora del área de Comunicación y Cultura de Flacso. "Y ahí hay algo muy fuerte que tiene que ver con la exposición constante del yo y con la mirada del otro. Hoy esa mirada se vuelve exponencial. No sólo por lo que yo publico, también por lo que publican de mí. Así es como la selfie viene a dar justo con el problema del yo, del otro y de esa mirada que me completa", agrega la investigadora. Porque la autofoto no sería tal sin los comentarios que se espera que aparezcan inmediatamente. ¿Qué expresa la irrupción y apogeo de las selfies sobre nuestra cultura? ¿Son signo de una sociedad cada vez más narcisista o sólo se trata de una moda pasajera? Igarzábal analiza y desmenuza el tema, en una entrevista con Página/12 que, como no podía ser de otra forma, se registró en una autofoto.


Igarzábal es psicóloga, hizo una Maestría en Periodismo y está terminando su tesis de doctorado sobre Psicología y Comunicación. Investiga, entre otros enfoques, el devenir de las redes sociales. "Las fotos tomadas como autofoto o autorretrato existen desde que nacieron las cámaras de fotos. El registro de sacarse una foto a uno mismo con alguien o con un lugar determinado detrás no es algo nuevo. Lo que es nuevo es la capacidad de circulación inmediata de esas fotos. De ahí, que las selfies son las autofotos que pueden subirse y circular por las redes sociales en el instante. El auge tiene que ver con los teléfonos celulares, dispositivos portátiles que nos acompañan a cada momento y que tienen más del ciento por ciento de penetración en nuestro país. Y más aún, con el aumento en penetración de los smartphones. Jóvenes y adultos, todos, tienen un celular con posibilidad de sacar fotos y hacerlas circular en Internet y redes sociales en el mismo momento que se saca la foto", señala Igarzábal.


Una infografía de Techinfographics.com mostró días atrás algunos datos sobre esta tendencia. Del millón de selfies subidas por día a lo largo del año pasado, un 14 por ciento fueron retocadas digitalmente. Un 36 por ciento de las personas admitió que alteró sus selfies. Pero fueron más varones que mujeres los que admitieron que apelan a ese truco siempre antes de subirlas a las redes sociales: 34 por ciento de ellos dijo que retoca cada selfie mientras que ese porcentaje llega apenas al 13 por ciento en las mujeres. En relación con las redes sociales por donde circulan más autofotos, Facebook encabeza el ranking, con el 48 por ciento de las selfies, seguida por WhatsApp (27 por ciento), Twitter (9 por ciento) e Instagram (8 por ciento). El estudio destacó que las selfies representan el 30 por ciento de las fotos tomadas por las personas con edades entre los 18 y 24 años.


–Algunos hablan del fenómeno social del año, ¿le parece que es tan así?


–Sí, podría ser. Un año fue Facebook; en el 2012 se dice que Twitter. Este año, la moda de las selfies. Podría ser, pero no me parece un fenómeno tan novedoso que implica un cambio en las formas de comunicación. Es algo que existía que se puso de moda y que se hizo masivo. Eso sí. Es una moda que explotó. De todas maneras, no significa que no sea un fenómeno totalmente representativo de nuestra cultura actual –opina Igarzábal.

La selfie grupal más famosa y retuiteada en la historia de esa red social fue tomada en la última gala de los premios Oscar por la presentadora de televisión Ellen DeGeneres. Delante de la cámara de su celular se apiñaron estrellas de Hollywood como Meryl Streep, Brad Pitt, Angelina Jolie o Julia Roberts. En unos segundos, la imagen estaba en Twitter y menos de 50 minutos después ya se había batido el record de retuiteos, superando la marca que ostentaba hasta entonces la selfie que subió el presidente estadounidense, Barack Obama, al ganar en 2012 por segunda vez las elecciones de Estados Unidos, en la que abrazaba a su esposa, Michelle Obama, y que, hasta ese momento había sido retuiteada 778.329 veces. La mañana siguiente de la entrega de los Oscar, la imagen había sido retuiteada más de dos millones y medio de veces.

Otra selfie famosa y que generó bastante polémica en la Casa Blanca fue una que tomó también Obama, en el funeral de Nelson Mandela, junto con el primer ministro británico, David Cameron, y su par danesa, Helle Thorning-Schmidt.
Selfies de los pies, con boca seductora, con ojos de sorpresa, cara de rana, en granjas y áreas rurales, individuales o grupales, la moda de las autofotos fue variando vertiginosamente. La última moda parece ser sacarse autofotos en lugares extremos: sobrepasar los límites es la consigna para mostrarse al mundo.

Para Igarzábal, esta tendencia está relacionada con un fenómeno mayor que tiene que ver con las características de nuestra sociedad actual. "A partir de la modernidad, de la constitución de las grandes ciudades se estableció una división mucho más rígida entre el espacio público y el privado. Comenzó a haber una división más marcada entre lo público y lo privado y consecuentemente un retraimiento hacia el interior del hogar y un debilitamiento de la participación del espacio público real... aunque la división real/virtual no me gusta, porque lo virtual también es real. Y también habría una pregunta previa que es ¿qué es la realidad? Y cómo todo es recorte, relato. Pero es otro tema más extenso. Entonces, a partir de las nuevas tecnologías y de Internet las paredes de los hogares, de las instituciones, de la escuela, se vuelven porosas y la 'realidad externa' comienza a penetrar y la realidad 'interna'/privada comienza a filtrarse y mostrarse en el espacio público", señala la investigadora de Flacso, titular del área de Comunicación y Cultura.


Incluso, no sólo por Internet, ya desde la televisión, desde los medios masivos, comienza a exhibirse la intimidad. El éxito de los reality shows tiene que ver con eso, apunta. "Por una parte, por cuestiones más psicológicas del placer de mirar y de exhibirse, pero también con este fenómeno de mirar por el ojo de la cerradura, lo que hace el vecino al que no tengo acceso en esta forma de vida urbana que se masificó. El reality muestra al 'hombre común' desde su cotidianidad –aunque sea en una casa artificial–. Luego, las redes sociales vienen a permitir esa exhibición de la intimidad a todos los que dispongan de un dispositivo de registro y distribución. Esto se complementa con este fenómeno que también permiten las tecnologías e Internet, donde todos somos productores de contenidos. Entonces, son varios factores: lo tecnológico que permite ser productor de contenido, y en ese contenido exponerme y mostrarme... y por supuesto, mirar al otro", analiza Igarzábal.


–¿En mucha gente hay una necesidad de registro de todo...?

–Sí, claro. El afán por el control del mundo –desde la ciencia moderna hasta el servicio meteorológico– tiene que ver también con la posibilidad de registro e inmortalización de todo momento. Si lo registro, es mío y es eterno.


–¿Qué se pone en juego en una selfie?


–Una selfie es un recorte de mi identidad. Es algo que quiero contar. Todo es recorte. Tanto lo que digo, como lo que escribo como lo que muestro. La selfie es una narración en imagen y cuenta algo de mí. Lo que importa es mostrar un estado de ánimo, el registro de haber estado en un lugar o con una persona determinada. No es un paisaje sólo, es el registro de que la persona estuvo ahí. Y hay algo de sacar en el momento mismo en que está aconteciendo una experiencia. La práctica de sacar la foto atraviesa la experiencia y la modifica, especialmente a través del compartirla –recibir comentarios o exponer comentarios–. La foto se hace parte de la experiencia. No es como antes que se registraba un hecho que se mostraba después. Hoy, el registro de esa situación forma parte y modifica la situación misma. Incluso la complementa con lo ausente, en ese mismo momento. Con otro que en ese momento no está físicamente presente pero que comenta, retuitea o pone un me gusta.


De todas formas, advierte Igarzábal, hay diferencias en los tipos de selfies. Se podría decir que está la selfie de registro de un lugar, donde puede aparecer la cara, pero también los pies o las manos. Es el registro de que la persona estuvo allí. También está el autógrafo visual con el famoso. "Y también la autofoto solamente por la exposición del yo, de un estado de ánimo, de una sonrisa, de un beso. Y ahí hay algo muy fuerte que tiene que ver con la exposición constante del yo y con la mirada del otro", dice.

–Es como si esa mirada terminara de retocar la autofoto.

..
–La mirada del otro es fundamental en la constitución del yo. Desde la madre, padre o tutor que mira al niño a los ojos para darle de comer, y luego cuando va creciendo lo mira para reafirmarlo. Esas miradas se multiplican y van conformando la autoimagen y la autoestima. Hoy esa mirada se vuelve exponencial. No sólo por lo que yo publico, también por lo que publican de mí. Y especialmente, por lo que comentan de esa foto que publico, los me gusta o lo que dicen de mí. Esa mirada también es muy fugaz hoy, cambia como cambia de rápido el timeline. Y por eso, también se necesita de más registros. Para alimentar constantemente esa mirada, esa opinión del otro sobre uno mismo y con retroalimentación positiva para el yo. Así es como la selfie viene a dar justo con este "problema", con el problema del yo, del otro y de esa mirada que me completa.


Aunque tiene más eco entre los jóvenes, no es una moda que se limite a ellos. "Es propio de todos los que disponen de un dispositivo y conectividad. En los jóvenes se ve más, porque tiene que ver con que nacieron con estos dispositivos y están acostumbrados. Pero además, la adolescencia y la juventud son una etapa donde está en efervescencia el tema de la propia imagen, del duelo por el cuerpo y las formas de vincularse infantiles y la reafirmación de esta nueva identidad. En este sentido, este fenómeno encaja justo con esa época. Pero creo –concluye la especialista– que las selfies atraviesan todas las edades."

Publicado enCultura
Martes, 20 Julio 2010 08:16

Incendio en la cultura digital

¿Cómo se explica la poca gente que conoce que tenga un CD de Lady Gaga y, en cambio, la de gente que sabe perfectamente quién es Lady Gaga? O, en otros términos, ¿cómo se explica que la saga Crepúsculo se haya convertido en tan solo cuatro años en una las franquicias culturales más rentables de los últimos tiempos cuando, en principio, solo era un producto cultural de consumo rápido para adolescentes?

La llave para entender estos dos fenómenos está en dos palabras: fans y convergencia. Dos conceptos que en la era de la digitalización, de los iPads y de las redes sociales se han convertido en los factores que explican y decidirán los caminos que la cultura del siglo XXI tomará tanto a nivel de su producción como de su distribución y consumo. Un camino de repercusiones estéticas, sociales y políticas de difícil predicción pero por el que ya se han materializado una serie de síntomas que marcarán la pauta de los próximos fenómenos culturales. Unos síntomas en el epicentro de un seísmo cultural solo comparable al de la irrupción de la fotografía a principios del siglo XX.

Una tarde de verano, el comercial de telefonía Francisco Manuel Gutiérrez Barrachina, alias Paco, se aburría y, con un sencillo software de edición, decidió mezclar el vídeo de la cantante Beyoncé para el tema Single ladies con el tema clásico de flamenco pop Paco, Paco, Paco de la cantante y actriz Encarnita Polo. "A ver lo que pasa...", dice. Colgó el resultado en el portal de vídeos YouTube y, meses más tarde, se convirtió en una celebridad virtual al conseguir más de dos millones de visitas. Además, relanzó la carrera de la Polo y provocó, a su vez, otra serie de vídeos paródicos como el de, por ejemplo, el dúo de humoristas canarios Rudy y Ruymán, que consiguieron dos millones y medio de visitas con su versión travestida de la mujer de Jay-Z.

"Antes, los canales para acceder a la popularidad estaban mediados. Seguía vigente el concepto tú vales o tú lo mereces. Internet cambia eso. Ya no existe un gatekeeper. Ahora quien decide es la comunidad", comenta Jordi Sánchez Navarro, profesor de comunicación en la Universitat Oberta de Cataluña, al ser preguntado sobre la producción cultural proveniente de fans que puebla Internet. Y es que productos como la saga de La guerra de las galaxias o Harry Potter, o la ya mencionada Lady Gaga, son considerados como productos culturales "catalizadores", mientras sus hermanos "bastardos" pueblan la red haciendo del producto original la simple excusa para que fans de todo el mundo den rienda suelta a su imaginación con sencillas herramientas digitales (PhotoShop, AfterEffects, Final Cut...).

En el apartado audiovisual, Lady Gaga ha inspirado vía YouTube a soldados de misión en Afganistán y a universitarios de extrarradio estadounidenses . Eso por no hablar de grupos como los Black Eyed Peas, que han hecho de las flashmobs patrimonio cultural planetario y su música, de paso, también. En la web FanFiction.net , dedicada a agrupar textos y libros originales sobre personajes, series o películas, solo Harry Potter cuenta con 465.000 textos. Pero hay más: El señor de los anillos tiene 43.000 y Piratas del Caribe 18.000. "Todo esto no sería posible sin las redes sociales", explica Sánchez Navarro: "antes de la web 2.0. era difícil encontrar cosas en Internet. Ahora te llegan". Y lo llaman viralidad.

Muchas veces mencionada y pocas veces comprendida, la viralidad da de comer a Jonah Peretti. El cofundador de uno de los referentes de la prensa digital mundial, el Huffington Post , creó también una web llamada Buzzfeed.com con la intención de comprender ese desconocido que democratiza el plató de televisión o la Redacción de una cabecera en cada salón o en cada habitación.

"A la gente le gusta la pornografía pero no la comparte porque en comunidad es reprochable. Pero, en cambio, cuando se trata de gatitos o de Obama, la cosa cambia. Compartimos cosas que nos hacen ser percibidos mejores en comunidad...", cuenta Josh desde su oficina en Nueva York, donde lleva más de diez años estudiando lo que él llama "la psicología de la viralidad". Es decir, lo que hace que, por ejemplo, un vídeo de un hámster sea un éxito planetario a través de Facebook o MySpace y un vídeo de Soraya, no.

¿Alguna conclusión? "Es apasionante que la gente haga vídeos pensado en YouTube y no en la MTV o en otro canal de televisión. Con la web 2.0 el potencial humano se ha desbloqueado y la viralidad ya forma parte de la cultura mainstream [dominante]. Hoy, lo más interesante, es que se está integrando en otros medios por lo que sus implicaciones son aún mayores", explica.

Javier Ruescas estudiaba hace cuatro años el funcionamiento de las páginas web cuando cayó en sus manos el primer libro de la saga Crepúsculo. "Como no había nada al respecto, decidí crear una web en la que los fans pudieran comentar la obra". Hoy, con 22 años, Javier es asesor editoral en Alfaguara, la editora española de los vampiros de Stephenie Meyers, cuenta en la web crespusculo.net con más de 5.000 visitas diarias, más de 80.000 usuarios registrados y un foro al que Aurum, la distribuidora de la taquillera adaptación al cine de la saga, acude con frecuencia para saber qué piensan los fans de la saga.

Internet en general, y las redes sociales, en particular, serían entonces la clave para conocer de primera mano al potencial cliente y dar a conocer el producto ya sea película, disco, DVD o artista. En ese sentido la figura del community manager ya es común en las distribuidoras y en las productoras. Un puesto de trabajo en plena explosión: véase, si no, Infojobs.net sección comunicación, cuya finalidad es mover la marca donde están los clientes (foros, redes sociales, webs, blogs...), cambiar la percepción de un producto en la red y, de paso, ver cuáles son las preferencias de los usuarios.

Los hay también que exploran nuevas vías de comunicar su producto en Internet. El último ejemplo lo ha dado Disney que, ante el estreno en Estados Unidos de su última apuesta, The sorcerer's apprentice , ha sorprendido con una curiosa estrategia de marketing: regalar entradas vía el canal comercial de Twitter. Fernando Pérez, de la agencia digital Netthink que trabaja para Walt Disney Studios Motion Pictures Spain en su comunicación digital, precisa: "Hoy por hoy todas las películas intentan encontrar algo que enganche con los usuarios y que ellos decidan compartir dentro de su red de amigos. Esto provoca que se creen tanto contenidos interesantes o divertidos para que se compartan, como que se usen perfiles en redes sociales para hacer partícipes a los fans de todo lo relacionado con la película que vas a estrenar".

Convergencia en el sector cultural significa que con la digitalización de la cultura (libros, películas, música, fotos...) dichos productos se pueden reproducir, consumir, compartir, comentar, modificar en un mismo soporte. El ordenador, sí, pero también la televisión con la introducción en el mercado de cadenas por Internet, la cada vez más compleja telefonía móvil, el desarrollo de los libros electrónicos y la creación de soportes nuevos como el iPad.... La implicación principal es que el producto cultural ya no se puede definir a través de su soporte si no a través de su consumidor. Y la segunda sería el desarrollo de nuevas narrativas que abarcan tanto en lo creativo como en lo comercial diferentes plataformas.

"Los fenómenos más impactantes son transmedia. Abarcan diferentes medios o diferentes tipos de narrativas. Tienes que tener lo digital listo porque no sabes por dónde va a explotar. Pero en todos los canales, televisión, DVD, MySpace, Vivo, Facebook...", comenta Juan Paz, consultor en Music Ally, una empresa que aconseja desde Londres a empresas como Universal, Orange o Macintosh en sus políticas digitales. "En ese sentido Lady Gaga es sintomático del nuevo producto cultural del siglo XXI, igual que Vampire Weekend o Nine Inch Nails . Grupos de música presentes en todas las plataformas imaginables y con una relación directa con el consumidor. Puede que las empresas no vendan tantos discos, pero ahora saben perfectamente cuál es su consumidor".

En televisión, uno de los grandes éxitos transmedia ha sido la serie Perdidos. Por un lado contó con el apoyo de activas comunidades de fans virtuales por todo el mundo y, por el otro, la participación activa de su productora en la elaboración de contenidos que daban valor añadido a los capítulos de la serie vía blogs con exclusivas para dichas bitácoras pero, también, novedosos conceptos como miniseries para móviles, también conocidas como mobisodes.

Así, mientras la industria se recicla en este nuevo abanico de plataformas, los hay que lo aprovechan de forma creativa y se adentran en el incipiente campo de las narrativas transmedia. Como la ya mencionada Disney, que lanzará las próximas navidades la secuela de Tron , su clásico de 1982. Tron legacy se podrá ver en salas de cine en diciembre de este año y su lanzamiento estará acompañado de un videojuego: Tron evolution . Hasta aquí, nada nuevo. La novedad reside en que el espectador que quiera saber lo que pasó entre las dos películas, tendrá que jugar al videojuego. Una apuesta narrativa transmedia del que el máximo exponente mediático es, en la actualidad, el norteamericano Lance Weiler . En el mundillo es conocido por ser el primero en distribuir en 1998 una de sus películas, The last broadcast , directamente en digital a las salas cinematográficas. Años más tarde, ha sido nombrado por la revista Wired "una de las 25 personas que ayudan a reinventar el entretenimiento y la cara de Hollywood".

En el baile de la cultura digital pocas son las certidumbres. Tal vez una: que los fans han vuelto a tomar protagonismo decidiendo lo que vale y lo que no vale. Lo que es negocio y lo que no es negocio. Otra: que ya no tiene demasiado sentido concebir una película solo para salas cuando lo más probable es que se consuma en un portátil u otro dispositivo digital. Tal vez, en este baile, lo que se esté realmente poniendo a prueba es nuestra capacidad para seguir su ritmo. Citando a Pablo Picasso, "la calidad de un pintor depende de la cantidad de futuro que lleve consigo".

Por JORDI MINGUELL - Madrid - 20/07/2010
Publicado enInternacional
Jueves, 14 Mayo 2009 06:57

Compre Obama

Barack Obama es una marca diseñada para que nos sintamos bien con el gobierno mientras los señores feudales de las corporaciones saquean las arcas públicas, nuestros dirigentes reciben sobornos de legiones de grupos de presión corporativos, nuestras grandes empresas de comunicación nos entretienen con chismes y trivialidades y nuestras guerras imperialistas se extienden por Oriente Próximo. La marca Obama es sinónimo de consumidores felices. Nos tienen entretenidos. Tenemos esperanzas. Nos gusta nuestro presidente. Creemos que es como nosotros. Pero, al igual que todos los productos de marca surgidos del manipulador mundo de la publicidad corporativa, nos están embaucando para que hagamos y respaldemos muchas cosas que no nos interesan.

¿Qué hemos recibido de la marca Obama a cambio de toda la fe y la esperanza que hemos depositado en ella? Su administración ha entregado, prestado o avalado con 12,8 billones de dólares de los contribuyentes a Wall Street y a los bancos insolventes en un ruinoso intento de volver a inflar la burbuja económica, táctica que, en el mejor de los casos, hace presagiar una catástrofe y nos dejará en la ruina en medio de una profunda crisis. La marca Obama ha invertido cerca de un billón de dólares en defensa y en mantener nuestros fallidos proyectos imperialistas en Irak, donde los estrategas militares calculan ahora que habrá que mantener 70.000 soldados durante los próximos 15 a 20 años. La marca Obama ha ampliado la guerra en Afganistán e incluso ha utilizado drones para atravesar las fronteras y bombardear Paquistán, con lo que el número de víctimas civiles se ha duplicado en los tres últimos meses. La marca Obama se ha negado a levantar las restricciones para que puedan organizarse los trabajadores, y no contempla la posibilidad de implantar un sistema de sanidad pública para todos los estadounidenses. Tampoco va a juzgar a la administración Bush por crímenes de guerra o por el uso de la tortura, además de rechazar la abolición de las leyes de confidencialidad de Bush o la restauración del habeas corpus.

La marca Obama nos ofrece una imagen que parece radicalmente individualista e innovadora. Nos ha cegado para que no veamos que los viejos motores del poder empresarial y el amplio complejo militar-industrial siguen saqueando el país. Las grandes corporaciones, que son las que controlan nuestra política, han dejado de fabricar productos realmente diferentes para empezar a crear marcas diferentes. La marca Obama no supone una amenaza para la esencia del estado corporativo en mayor medida que lo hizo la de George W. Bush. Ésta última se vino abajo: nos hicimos inmunes a su estudiado aire campechano, empezamos a ver más allá de su artificio. Pero este proceso de desgaste es habitual en el mundo de la publicidad. Por eso nos han dado una nueva marca con un atractivo excitante e incluso ligeramente erótico. Benetton y Calvin Klein fueron los precursores de la marca Obama, utilizando sus anuncios para que se les asociara con imágenes artísticas subidas de tono y políticas progresistas, lo que ha dado ventaja competitiva a sus productos. Pero el objetivo, al igual que en todas las marcas, era lograr que los consumidores pasivos confundieran esa marca con una experiencia.

"El abandono de los principios económicos radicales de los movimientos feministas y de defensa de los derechos civiles debido al conjunto de causas que se ha dado en llamar corrección política ha formado con éxito una generación de activistas en política de la imagen, no de la acción", escribe Naomi Klein en "No Logo".

Obama, que se ha convertido en una celebridad mundial, ha sido fácil de moldear para crearle una marca. Apenas tenía experiencia, salvo los dos años que pasó en el Senado, carecía de base moral y se le podía maquillar como la opción ideal para todos. Su breve historial de voto en el Senado revela una patética sumisión a los intereses corporativos. Se mostró dispuesto a promover la energía nuclear como si fuera “verde”. Votó por continuar con la guerra en Irak y Afganistán. Reautorizó la Patriot Act antiterrorista. No respaldó un proyecto de ley destinado a limitar los abusivos tipos de interés de las tarjetas de crédito. Se opuso a otro que habría reformado la infame Ley Minera de 1872. Tampoco apoyó el proyecto de ley HR676 sobre la creación de un sistema de sanidad pública, promovido por los congresistas Dennis Kucinich y John Conyers. Votó a favor de la pena de muerte. Por si esto fuera poco, respaldó un proyecto de ley para “reformar” el sistema de acciones populares que no era más que una descomunal medida de presión impulsada por las entidades financieras. Dicha ley, conocida como Class Action Fairness Act, habría supuesto en la práctica cerrar las puertas de los tribunales del Estado a la mayoría de los pleitos surgidos de acciones populares y suprimir las indemnizaciones en muchos de los tribunales donde estas acciones tuvieran posibilidades de desafiar al poder corporativo.

Mientras Gaza era objeto de bombardeos y ataques aéreos en las semanas previas a la toma de posesión de Obama, "su equipo hizo saber que no se plantearía objeción alguna al reabastecimiento previsto de ‘bombas inteligentes’ y otro material de artillería de alto nivel tecnológico que ya se estaba enviando a Israel", según Seymour Hersh. Incluso su cacareado discurso antibelicista como senador del estado (que tal vez haya sido su único acto real de rebeldía), fue modificado rápidamente. El 27 de julio de 2004 declaró en el Chicago Tribune que "no existe tanta diferencia entre mi postura y la de George Bush en este momento. En mi opinión, la diferencia está en quién se halla en condiciones de ponerla en práctica". Por otra parte, a diferencia de los antibelicistas a ultranza como Kucinich, que ha pronunciado centenares de discursos contra la guerra, Obama mantuvo un obediente silencio hasta que la guerra de Irak empezó a ser impopular.

La campaña de Obama ha recibido el voto de cientos de especialistas en márketing, directores de agencias y empresas de servicios publicitarios que se reunieron en la conferencia anual de la Association of National Advertisers celebrada en octubre. Fue nombrada Campaña del año por Advertising Age en 2008, tras desbancar a competidores como Apple y Zappos.com. Los profesionales saben de lo que hablan. La marca Obama es el sueño del publicista. El Presidente hace una cosa y la marca consigue que creamos otra. Es la esencia del éxito publicitario. Compramos o hacemos lo que quiere el publicista en función de lo que nos hace creer.

La cultura de la celebridad se ha infiltrado en todos los aspectos de nuestra sociedad, incluida la política, para dar paso a lo que Benjamin DeMott denomina "política basura". Se trata de una política que no exige justicia ni la restitución de derechos; se dedica a personalizar y a moralizar sobre los asuntos en lugar de aclararlos. "Es impaciente ante los conflictos articulados, entusiasta acerca del optimismo y la moralidad estadounidenses, y depende enormemente del uso de lenguajes y gestos para demostrar comprensión", señala DeMott. La consecuencia de la política basura es que no cambia nada: "supone una interrupción nula de los procesos y prácticas que refuerzan los actuales sistemas interrelacionados de ventaja socioeconómica". Redefine los valores tradicionales, convirtiendo "el valor en fanfarronería, la comprensión en sensiblería, la humildad en falta de respeto por uno mismo, la identificación con los ciudadanos de a pie en la descalificación de los expertos". La política basura "minimiza los grandes problemas complejos del país mientras amplifica las amenazas del extranjero. También es muy dada a revertir bruscamente y sin ninguna explicación sus propias posturas ante el público, a menudo inflando de forma espectacular problemas que antes minimizaba". Por último, "trata en todo momento de aniquilar la consciencia de los votantes sobre las diferencias socioeconómicas y de otros tipos que pueda haber en su entorno".

Las culturas basadas en la imagen y dominadas por la política basura comunican por medio de historias, imágenes, espectáculos y seudoteatro cuidadosamente orquestados y preparados. Los escándalos, los huracanes, los terremotos, las muertes prematuras, los nuevos virus letales o los accidentes de tren quedan muy bien en las pantallas de los ordenadores y en televisión. Sin embargo, la diplomacia internacional, las negociaciones sindicales y los enrevesados paquetes de rescate no generan historias personales interesantes ni imágenes atractivas. Un gobernador que frecuenta los prostíbulos se convierte en una gran noticia. Un político que propone una reforma legislativa importante, la asistencia sanitaria universal o reducir el derroche resulta aburrido. Reyes, reinas y emperadores utilizaban las intrigas palaciegas para entretener a sus súbditos. Hoy en día son las celebridades del cine, la política y el periodismo las que nos distraen con sus flaquezas personales y escándalos. Crean nuestra mitología pública. Actores, políticos y deportistas son ahora, al igual que en tiempos de Nerón, intercambiables.

En una era de imágenes y entretenimiento, de gratificación emocional instantánea, no se intenta ver la realidad. La realidad es complicada y aburrida. Somos incapaces o no estamos dispuestos a abordar su complejidad. Pedimos que nos satisfagan y reconforten con tópicos, estereotipos y mensajes inspiradores que nos digan que podemos ser quienes queramos, que vivimos en el mejor país de la Tierra, que poseemos unas cualidades morales y físicas superiores, y que nuestro futuro siempre será glorioso y próspero, ya sea por nuestras cualidades, por nuestro carácter nacional o porque nos ha bendecido Dios. No aceptamos la realidad porque es un impedimento para conseguir nuestros deseos. La realidad no nos hace sentir bien.

En su libro "Public Opinion", Walter Lippmann establecía una distinción entre "el mundo exterior y la imagen que tenemos en la cabeza". Definía el término "estereotipo" como un patrón enormemente simplificado que nos ayuda a dar sentido al mundo. Lippmann mencionaba ejemplos de los burdos "estereotipos que tenemos en la cabeza" acerca de colectivos enteros, como "los alemanes", "los del sur de Europa", "los negros", "los de Harvard", "los agitadores" y otros. Estos estereotipos, apunta Lippmann, proporcionan una gratificante y falsa coherencia al caos existencial. Proporcionan explicaciones fácilmente comprensibles de la realidad y están más próximos a la propaganda, ya que simplifican en lugar de complicar.

Sin embargo, los montajes a base de seudoacontecimientos teatrales que orquestan publicistas, maquinarias políticas, la televisión, Hollywood o los anunciantes son muy distintos. Tienen, según decía Daniel Boorstin en "The Image: A Guide to Pseudo-Events in America", la capacidad de parecer reales aun cuando sepamos que están preparadas. Al provocar una fuerte respuesta emocional, son capaces de superar la realidad y sustituirla por un relato de ficción que a menudo se convierte en una verdad aceptada. El desenmascaramiento de un estereotipo deteriora y a menudo destruye su credibilidad. Sin embargo, los seudoacontecimientos, independientemente de si muestran al presidente en una fábrica de coches, en un comedor de beneficencia o dirigiéndose a las tropas destacadas en Irak, son inmunes a este desgaste. El descubrimiento de los complejos mecanismos que están detrás de los seudoacontecimientos no hace más que incrementar su capacidad para fascinar y su poder. En esto se basan los intrincados reportajes de televisión sobre la eficacia con que se maneja la puesta en escena de los políticos y sus campañas. Los periodistas, especialmente los de televisión, ya no se preguntan si el mensaje es cierto, sino si el seudoacontecimiento ha funcionado o no como teatro político. Se juzga a los seudoacontecimientos por su capacidad para manipularnos a través de una ilusión. Se valora y elogia los acontecimientos que parecen reales; los que, por el contrario, no logran crear una ilusión creíble se consideran un fracaso. La verdad es irrelevante. El político de éxito, como en buena parte de nuestra cultura, es aquel capaz de crear marcas y seudoacontecimientos que ofrezcan las fantasías más convincentes. Y Obama es un maestro en este arte.

Un público que ya no es capaz de discernir entre realidad y ficción posiblemente interpretará la realidad a través de las ilusiones. Se utilizan hechos aleatorios o datos abstrusos y banalidades para reforzar la ilusión y darle credibilidad, o bien se desechan si interfieren en el mensaje. Cuanto peor se vuelve la realidad (por ejemplo, cuanto más se disparan las ejecuciones hipotecarias y el desempleo), más gente busca refugio y confort en ilusiones. Cuando no dejan de distinguirse las opiniones de los hechos, cuando no existe una norma universal que establezca lo que es cierto en la legislación, la ciencia, la investigación o la comunicación de los sucesos del día, cuando la habilidad más valorada es la capacidad de entretener, el mundo se convierte en un lugar en el que la mentira se transforma en verdad, donde la gente cree lo que quiere creer. Éste es el verdadero peligro de los seudoacontecimientos y el motivo por el cual son mucho más perniciosos que los estereotipos. No explican la realidad, como intentan los estereotipos, sino que la reemplazan. Los seudoacontecimientos redefinen la realidad de acuerdo con los parámetros establecidos por sus creadores, que obtienen grandes beneficios traficando con estas ilusiones y desean mantener las estructuras de poder que controlan.

La antigua cultura de la producción requería lo que el historiador Warren Susman denominaba “carácter”. La nueva cultura del consumo requiere lo que ha dado en llamar “personalidad”. Este cambio de valores constituye un giro desde una moralidad inmutable al artificio de la presentación. Los viejos valores culturales de frugalidad y moderación elogiaban el trabajo duro, la integridad y el valor. Por el contrario, la cultura del consumo se rinde ante el encanto, la fascinación y la capacidad de agradar. "El papel social que se exige a todos en la nueva cultura de la personalidad es el de intérprete", escribe Susman. "Todo estadounidense ha de convertirse en intérprete de sí mismo".

La política basura que practica Obama es un fraude para el consumidor. Está hecha de interpretaciones y mentiras. Trata de mantenernos en un perpetuo estado de infantilismo. Pero cuanto más tiempo vivamos en esa ilusión, peor será la realidad cuando acabe resquebrajando nuestras fantasías. Quienes no comprenden lo que sucede a su alrededor y se ven abrumados por una realidad brutal no esperaban ni preveían tener que buscar salvadores desesperadamente. Piden a los demagogos que acudan en su ayuda. Y éste es último peligro de la marca Obama, que consigue enmascarar esta destrucción interna sin sentido y el expolio que está llevando a cabo nuestro estado corporativo. Cuando estas grandes empresas hayan robado billones de dólares de los contribuyentes, dejarán a decenas de millones de estadounidenses desvalijados, confusos y sedientos de ilusiones aún más potentes y letales que logren sofocar rápidamente lo que queda de nuestra sociedad cada vez menos abierta.

Chris Edges*
truthdig.com
Traducido por Ana Atienza, miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

Fuente: http://www.truthdig.com/report/item/20090503_buying_brand_obama/

*Chris Hedges es columnista habitual de Truthdig.com. Es titulado por la Harvard Divinity School y durante casi dos décadas ha sido corresponsal en el extranjero para The New York Times. Ha publicado numerosos libros, entre los que se encuentran: War Is A Force That Gives Us Meaning, What Every Person Should Know About War y American Fascists: The Christian Right and the War on America. Su último libro, Empire of Illusion: The End of Literacy and the Triumph of Spectacle, saldrá a la venta en julio.

 

 

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Han pasado 20 años desde que naciera oficialmente la Red. A ritmo vertiginoso, Internet ha ocupado espacios que antes ni siquiera existían en el día a día. Hay Internet en los bolsillos, gracias a los teléfonos de nueva generación. Está presente en los asientos traseros de los taxis de las grandes ciudades, informando de las noticias de última hora o de cuál es el estado del tiempo. Internet conecta despachos distantes, cada uno en una parte del globo, enlazados en videoconferencia. Está presente en las pantallas del hogar, en las de las oficinas. Pero hay una pantalla a la que la Red no ha podido llegar. La televisión, presente en muchos hogares del mundo, tótem del entretenimiento desde su generalización a finales del siglo XX, se le resiste a la Red de redes.
 
Hasta ahora no ha habido forma de que Internet se establezca de forma permanente en las pantallas televisivas de los hogares. Ha habido distintas iniciativas, como la de ofrecer navegación por Internet a través del descodificador de las plataformas de televisión digital y por cable. Pero ha sido inútil. Al espectador no le ha interesado la presencia de la Red en la pantalla donde ve sus programas favoritos.
 
"Ver televisión requiere un grado menor de interactividad", explica Federico Casalegno, director del Laboratorio de Experiencias Móviles del Massachusetts Institute of Technology. "El hecho de ver televisión se percibe más como un entretenimiento, algo que requiere una menor implicación del espectador desde el punto de vista psicológico. Sin embargo, sentarse en un despacho frente a una pantalla de ordenador es otra cosa. Se es más proactivo, hay un esfuerzo consciente para interactuar con el dispositivo. Esto ha hecho que uno, de hecho, pueda ver contenido televisivo en un ordenador, en canales como YouTube o Hulu, pero ha ralentizado la llegada de Internet a las pantallas de televisión".
 
Es innegable que algo ha cambiado en la forma de ver televisión desde la generalización de las conexiones a Internet. Los hábitos no son lo que eran. Hasta hace unos años, ver la televisión era un acto eminentemente pasivo. En España, con dos canales de televisión, no había mucho donde elegir. Hoy en día, poco a poco, el espectador va tomando el poder. Primero llegó la multiplicidad de canales, gracias a las nuevas tecnologías digitales. Y ahora el mando es una verdadera arma que permite diseñar una programación a la propia medida.
 
"En la era de YouTube, al telespectador le gusta tener control sobre lo que ve. Ya no vemos programas en directo, vemos los fragmentos de lo que nos gusta", explica Dan Gillmor, director del Center for Citizen Media y del Knight Center for Digital Media Entrepreneurship. "Podemos grabar distintos programas y diseñar el tipo de programación que nos gustaría ver. Podemos almacenar los programas en un disco duro y verlos a nuestro antojo, si es que llegamos a verlos. Tenemos el control casi total".
 
TiVo tuvo mucho que ver en esta revolución del mando. Este pequeño dispositivo digital, creado en EE UU en 1999, cumple las funciones de un vídeo, pero con las atribuciones de un verdadero ordenador de última generación. Graba cualquier contenido televisivo en un disco duro de 500 gigas, que acepta hasta 600 horas de vídeo. Pero no como un VHS antiguo, programado en función de las horas asignadas, sino según la información que ofrecen los canales de televisión: título de la serie o película, género, actores, director, duración... En el disco se pueden almacenar y reproducir, a lo largo de una temporada, todos los episodios de una serie, si se desea. Se puede grabar hasta dos canales a la vez, para no perderse el partido de fútbol y la serie que dan al mismo tiempo. Por ahora sólo está disponible en EE UU, Canadá, México, Australia, y Taiwan, pero sus creadores estudian comercializarlo en otros países.
 
En tiempo de crisis económica, TiVo acumula triunfo tras triunfo. En enero, el 50% de los estrenos de las nuevas temporadas de series televisivas se vieron en emisión en diferido, a través de TiVo, según un comunicado de la misma empresa. La gran mayoría de los espectadores, más de un 60%, decidió ver los estrenos de series como Perdidos o 24 no cuando las cadenas los emitieron, sino cuando a ellos les vino bien. Lo mismo sucedió con realities como American Idol.
 
Si uno no quiere pagar los 13 dólares (10 euros) mensuales que cuesta TiVo, siempre quedan las opciones más baratas: las páginas web que ofrecen contenido de vídeo. Hay muchas ilegales, que logran ofrecer series completas hasta que llega la correspondiente demanda. Y también están los que han visto la oportunidad de negocio de ofrecer vídeo de forma legal y cobrando por emitir publicidad, como Hulu.com, una página web creada por NBC y NewsCorp, que ofrece todo tipo de series y películas, como House, Family Guy, Los Simpson o El Equipo A, con no menos de dos interrupciones publicitarias por episodio.
 
Hasta el momento, ofrece 40.000 episodios, sólo accesibles desde direcciones de conexión a Internet de EE UU. La de Hulu ha sido una verdadera revolución. En febrero, un mes en que la gran mayoría de portales de vídeo descendió en número de visitas, este sitio web ha ganado terreno, creciendo casi un 33%, hasta obtener 308 millones de accesos únicos, según datos de la consultora Nielsen. YouTube está a años luz todavía, con 5.000 millones de visitas, pero ha perdido casi un 12% de tránsito en 30 días.
 
En la era del reinado de YouTube y su modelo de negocio, hay viejos titanes de Internet que todavía no se resignan a olvidarse de la idea de una pantalla televisiva que permita navegar en la Red. Yahoo se ha lanzado a una arriesgada aventura para la que cuenta con el apoyo tecnológico de los chips de Intel. La aplicación TV Widgets, que se comercializará a mediados de este año, permitirá a los espectadores poder consultar información en Internet mientras ven televisión.
 
La palabra widget significa, en inglés, chisme, aparato. En su primera versión, TV Widgets contará con una veintena de estos chismes: una aplicación que informará del tiempo; otra con resultados deportivos, e información de última hora y actualizaciones de las páginas personales de aplicaciones sociales como MySpace, por ejemplo.
 
Lo que los espectadores recibirán en las pantallas de sus casas serán versiones reducidas de esas páginas web, para que habiten de forma armoniosa con la programación habitual del televisor. Los primeros televisores en disponer de la tecnología necesaria para incluir este servicio serán una serie de pantallas de cristal líquido creadas por Samsung, Sony, VIZIO y LG Electronics.
 
"Con sólo pulsar un botón del mando, los usuarios podrán ver el portal de acceso a los Widgets, seleccionar un Widget que les guste, y acceder a contenido de Internet modificado para la pantalla de televisión", explica Patrick Barry, vicepresidente de Yahoo. "Podrán seguir los resultados de su equipo deportivo favorito, compartir fotos con la familia, hacer compras, jugar juegos y ver películas o vídeos online a la vez que ven su programa favorito en televisión".
 
Precisamente esta multiplicidad de contenidos es lo que puede haber puesto en riesgo la convivencia de contenido televisivo e Internet en una misma pantalla. Demasiadas cosas para hacer en una sola pantalla cuya función principal durante décadas ha sido la de ocupar horas y horas de ocio. Pero, si ha sucedido con el mercado del alquiler de vídeos, ¿por qué no va a suceder con el de la televisión?
 
Blockbuster, la que durante años fue marca de referencia del alquiler de vídeos y DVD, antes de la era de Internet, ha decidido crear un widget para Yahoo que permitirá a los espectadores alquilar películas directamente en su televisor a través de esta conexión a Internet. "La interfaz será sencilla y facilitará a los usuarios el acceso a las películas y a otro tipo de contenido de entretenimiento de Blockbuster", explica Keith Morrow, jefe de información de Blockbuster. "Este nuevo concepto casa a la perfección con nuestra estrategia de proporcionar acceso a contenido de entretenimiento en una plataforma con muchos canales como ésta", asegura.
 
Hasta ahora, diversas plataformas norteamericanas de cable, como Comcast o Verizon, ofrecen la posibilidad de alquilar películas a través de sus descodificadores. Blockbuster sigue su estela, poniendo al alcance de los espectadores todo su catálogo de películas. Es un paso hacia delante de una empresa a la que casi ha hundido la gran tormenta de Internet.
 
La némesis digital de Blockbuster se llama Netflix. Desde 1997, esta compañía californiana ha acumulado 100.000 títulos de películas, con una media de 550 copias de cada una, que distribuye entre unos 10 millones de suscriptores. Éstos crean una cuenta en un portal de Internet, y por una suscripción semanal que ronda los 10 euros, reciben las películas por correo y en el buzón de su domicilio. Cuando las devuelven, también por correo, reciben las que se encuentran en su lista de espera online, siempre en el plazo de alrededor de dos días. Sin tiendas. Sin plazos de devolución. Sin multas por devolver un DVD tarde.
 
De lleno en el nuevo siglo, esta forma de organizar el alquiler de DVD a través de Internet le ha permitido a Netflix alcanzar los más de mil millones de envíos, con unos beneficios anuales de 115 millones de euros. En una reciente entrevista con la agencia Reuters, el director de esta empresa, Reed Hastings, reveló sus planes de ampliar el negocio a otras partes del globo: "Cuando uno se da cuenta de que casi todas las empresas de Internet son empresas globales, y cuando uno se da cuenta de que hay oportunidades muy grandes para nosotros, se ve obligado a decir: ¿No habría oportunidades de negocio en China, Brasil, India o Europa? No tenemos planes específicos de momento, pero es algo sobre lo que vamos a trabajar en los próximos años".
 
Mientras, en las oficinas de Blockbuster se trata de espantar el fantasma de la bancarrota. Sus más de 7.500 videoclubs, repartidos en unos 30 países, llevan meses esperando la temida noticia del cierre, entre rumores de deudas, descenso constante de alquileres y un mercado que zozobra. La empresa deberá pagar parte de un crédito de 350 millones en agosto. Recientemente, el inversor Mark Wattles compró un paquete de acciones equivalente a 5,7% del total, 6,8 millones de acciones a través de los fondos Wattles Capital Management y HKW Trust.
 
Junto con Blockbuster, se han unido a la iniciativa de los TV Widgets otras empresas que quieren ganar terreno a los nuevos competidores: los canales de noticias de CBS y ABC; las plataformas musicales de MTV y VH1; la productora Disney; el portal de compra y venta EBay, y aplicaciones sociales como MySpace o Twiter. Los expertos, sin embargo, dudan de que al final el sofá sea el lugar adecuado para navegar en Internet. Muchos apuntan a nuevos modelos de negocio, como el de integrar contenido televisivo, Internet y capacidad de comunicarse en el bolsillo.
 
Tal es la intención del nuevo experimento del Laboratorio de Experiencias Móviles, liderado en Massachusetts por el profesor Casalegno. "Desde el punto de vista del usuario, en momentos del día en que uno viaja en metro o autobús, puede acceder a contenido televisivo a través de su teléfono o dispositivo portátil", explica Casalegno. "Uno está más dispuesto a interactuar con el dispositivo que cuando está simplemente viendo la tele".
 
"Hemos encontrado que hay dos tipos generalizados de escenario: uno en que el espectador puede tratar de buscar información sobre sus equipos deportivos, o informaciones sobre el tiempo y las noticias locales. Es un tipo de información que depende mucho del lugar y del momento en que el espectador se encuentra. Otro escenario es el del aprendizaje. Uno puede utilizar su dispositivo móvil para aprender, para practicar materias como los idiomas, un contenido audiovisual que podría producirse y emitirse en breves espacios de tiempo, para que el usuario acceda a ellos desde su teléfono o dispositivo mp3 en el tiempo que pasa viajando al trabajo o a casa".
 
Ése es el futuro: pantallas que se solapan, que convergen y se unen en lugares antes no imaginados, como el bolsillo del pantalón, el salpicadero del coche o la puerta de la nevera. Pero eso no significa que Internet vaya a conseguir penetrar de lleno en el salón de casa a través de la pantalla televisiva. Parece que, hasta la fecha, el telespectador ha preferido limitarse a ver contenido televisivo y a decidir qué es lo que ve y cuándo lo deja de ver. Pero pasar de controlar el mando a navegar en la Red puede ser un paso demasiado grande como para que los fabricantes de televisores vean una oportunidad de negocio fiable.

DAVID ALANDETE 09/04/2009
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Domingo, 28 Diciembre 2008 11:56

Anorexia, bulimia. La red del vómito

Consumidas por el mercado, Ana y Mía se agigantan en la impunidad cibernética, donde cada vez más adeptos les rinden tributo con rezos, alabanzas y oraciones, a través de innumerables blogs. La anorexia nerviosa y la bulimia, camufladas en sus nombres artísticos, tienen en la web sus sitios de encuentro y propagación con miles y miles de adolescentes de la Argentina y de cada rincón donde la globalización fecundó el óvulo de la industria de la moda, la vorágine del consumo y la cultura de la imagen.

La primera encuesta que se lee en una de las páginas pro-Ana y Mía requiere una opinión, pero no respecto de su contenido, sino de su apariencia. De eso se trata. Según un gráfico, el blog resulta “Súper” para 2485 visitantes, muchos de los cuales han de padecer precisamente la distorsión psicológica de su propia imagen y la pérdida de la percepción de su propio peso. Guiando hacia abajo el texto, aparece la segunda encuesta, y los escalofríos. “¿Te gusta que se noten tus huesitos? ¿Cuáles?” Las opciones son “La clavícula”, “Los de la espalda”, “Las costillas”, o “Los de la cadera”, que encabezan la lista con 2703 votos.

Se trata de un blog, apenas uno, de los miles que fomentan la bulimia y la anorexia, en una arenga avasallante que reclama caminar por esa senda hasta la muerte, reivindicando las patologías y “nuestro estilo de vida”. Un estudio realizado por la consultora europea Optenet, a partir de más de 3 millones de páginas web seleccionadas de modo aleatorio, indica que los sitios que más crecieron son los que ofrecen trucos y secretos para anas y mías, que aumentaron un 470 por ciento en un año. Viviana Pizarro, directora del Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA), asegura que “los blogs son terribles, porque si bien las personas que llegan a desarrollar una patología tienen una predisposición genética, de este modo la idea está mucho más al alcance de la mano”.

Las primeras páginas pro-bulimia y anorexia surgieron en inglés, hace unos 15 años, y posteriormente en Barcelona nacieron las más fuertes en Español. Mabel Bello, fundadora y directora médica de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), considera que “los americanos crearon una industria del adelgazamiento que debería ser vigilada. Hay publicidades comerciales que son una incitación a la enfermedad, como los blogs, pero como no hay una legislación al respecto, ahí se alaban a famosas anoréxicas y hasta se hacen campeonatos para adelgazar. Es patético”. Campeonatos no es un modo de decir. La enorme creatividad puesta al servicio de Ana y Mía deriva en una convocatoria virtual a “La Carrera”. Con fotos actuales, acompañadas de datos personales, las participantes compiten en períodos de dos semanas para determinar cuál adelgaza más kilos. Se establece un peso de largada y un peso de llegada, antes del cierre de la inscripción. “Anas y mías hablan de un derecho a la delgadez, y lo celebran como un estado de gracia –-explica Bello–, convocando a otras personas. Dicen que así como podés ser gay, podés ser Ana o Mía, pero la diferencia es que éstas son enfermedades y, entonces, es una locura.”

Resultan irreproducibles los foros entre los usuarios de los blogs por la precisión de los “tips”, consejos tenebrosos carentes de todo fundamento científico, para purgarse, eludir el hambre y engañar a los familiares. Además, los sitios funcionan como centros de descarga para vomitar en la web: “¡Me da bronca que me quieran engordar!”, escribe una chica, impotente frente a un horizonte imposible que cada vez se aleja más. “La anoréxica está marginada y cree que siendo flaca podrá triunfar –asevera Bello–. Pero yo nunca conocí a una anoréxica feliz, porque nunca alcanzan su meta. Chicas de 23 kilos están convencidas de que son gordas.”

Una de las razones del crecimiento de la temática en Internet se desprende de uno de los tips de Ana: “Crea tu propio diario online, para subir ahí todo lo que comes y avergonzarte si eres una cerda”. No obstante, la mayoría de los blogs, lejos de ruborizarse, exhiben un rechazo por la comida que genera fascinación en adolescentes obesas, como lo explica la psicóloga Soledad Catalano, de la Clínica Cormillot. “Una nena con sobrepeso me confesó que admiraba a esas chicas, porque ella no podía restringirse. Luego de ver los blogs, dijo que le gustaría ser bulímica y, en plena construcción de la identidad, es muy duro remover esas creencias.”

Duro resulta lidiar con los patrones culturales instalados y desparramados por el mundo, con el alcance de Internet. “Después de la Argentina y Estados Unidos, en trastornos alimentarios está Japón –remarca Bello–, donde antes la cultura oriental exhibía cuerpos distintos y hoy se expandieron la bulimia y la anorexia por los intereses comerciales. Con tantas mujeres que quieren ser eternamente jóvenes, hay un gran aumento de cirugías y más gastos en belleza. Es la materialización del consumo. Y si esto no cambia, va a matar a muchas personas más.” La muerte por trastornos alimentarios no tiene mucha prensa, puesto que la causa del deceso en una guardia se asienta como paro cardiorrespiratorio, pero la estadística marca que pierden la vida 3 de cada 10 anoréxicas, y un alto porcentaje indefinido apenas sobrevive.

La sensibilidad, entre olas de histrionismo y sarcasmo, sólo se percibe en un aparente reparo de algunos blogs: “Si sos menor de 15 años, este sitio no es para ti”, alerta un cartel de stop, que bien puede funcionar como una jerarquización del grupo de pertenencia, similar al código de las barras de fútbol o de los grupos de las plazas, cuya estructura vertical se jacta de cierta valentía y propone algún derecho de piso a los novatos: “Aquí no se incita a nadie a convertirse en algo que no es, ya que esto no se elige, ni es un juego. Es algo que está en tu mente distorsionada. Si querés bajar 5 kilos que te molestan, andá a un nutricionista. Nadie quiere que se le caigan las uñas y los cabellos, ni odiarse por ser lo que es. No digas que no te lo advertí”.

La provocación y la invitación permanente desde el ciberespacio conducen a resistir hasta la sensación de desmayo, que varias confiesan gratificante. “Con dos minutos de televisión, ya se advierte que los ideales de belleza y éxito están ligados a la delgadez. Aunque sea una enfermedad que depende de diferentes factores, genéticos, culturales y hereditarios, muchas chicas entran en el círculo vicioso a partir de los blogs. Por eso, debería haber mayor control”, sugiere Catalano.

Un televisor, una computadora o alguna revista basta como espermatozoide para fecundar anas y mías, si son fértiles para estructurar la patología. En una comunidad aborigen de Neuquén se detectó anorexia en la hija de un cacique que sólo había tenido contacto con algunas publicaciones de moda y se había propuesto adelgazar como fuera. Y tampoco es un fenómeno que responda netamente a una cuestión generacional. “Vienen nenes de 3 años que se meten los dedos en la garganta o se estiran la piel del estómago y dicen que están gordos, porque ven a sus madres. Este año, más que nunca, han venido muchos hijos preocupados por los padres. Y el caso más impresionante que tratamos fue el de una mujer que medía 1,78 y pesaba 23 kilos, a los 45 años. Era un esqueleto forrado”, afirma Bello.

Como en un programa de capacitación, existe en algunos blogs una tabla de útiles, compuesta por la calculadora de calorías quemadas, el medidor del Indice de Masa Corporal y la tabla de calorías. “Cuando el IMC es menor a 18, hay desnutrición. Hoy la sociedad protege y produce estas enfermedades, que son una respuesta biológica a una falta de adaptación, porque hay un marketing del cuerpo delgado que hace vender productos y gastar poca tela, al costo de marginar a la juventud. Pareciera ser que la raza humana ha descubierto que hay demasiada gente y se ha despreocupado del futuro”, destaca la fundadora de Aluba.

En la guerra de guerrillas virtual por acaparar los espacios de concientización, el sitio anay mia.com quedó en manos de quienes pretenden luchar contra quienes llaman “Princesas” a las enfermas, pero el mano a mano en la web no parece un contrapeso sólido al bombardeo mediático. La raíz está demasiado profunda, como señala Pizarro: “Hace falta modificar cuestiones sociales, porque hay importantes intereses económicos en torno de la industria dietética. Por eso, hay que apuntar a desarrollar un espíritu crítico, que les permita a las chicas no comprar todo lo que les venden”.

Obstáculos para la felicidad y para esa lucha nutricional, psíquica, familiar, individual y social, brotan desde los blogs, uno de los cuales reza que “la comida es como el arte, porque existe sólo para mirarla”. Un poco más abajo, en la portada del mismo sitio, alguien celebra que “hace 4 días sólo tomo café con leche”. Y a la cabeza del foro, sobre la plataforma del mismo modelo que mata de hambre a millones de niños por año, se asoma un mensaje del 24 de diciembre, a las 16.05: “Mi casa está repleta de bombones, turrones, chocolates... Quiero llorar”.

 Por Nacho Levy
 

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Miércoles, 26 Agosto 2009 19:55

Siluetas que coquetean

Un color y otro: una propuesta, un mensaje. Una forma tras otra: diálogo urbano. Siluetas que bordean la ciudad. Se plasman pensando en el transeúnte de a pie, aquel que puede pararse a observar, a preguntarse sobre el porqué y el para qué, pero, además, sobre ¿quién será desde abajo?

Desde hace varias años, una y otra vez, el equipo desde abajo ha emprendido diversas campañas de embellecimiento urbano: contra el medio salario para los jóvenes; por la acción conjunta de los desempleados; recordando que hay otra manera de leer, desde abajo. No grafitis, sí murales. Una reflexión y un compartir con todos los que habitan el pavimento. Un mensaje que se construye entre varios, pensando en muchos.

Mural como estilo. Mural como propuesta. Desde México, más allá y más acá, ensayando, buscando, representando, las manos de los artistas dan vida en las paredes, los lienzos urbanos, a imágenes variopintas, unas más directas, otras insinuantes.

La propuesta no es una sola ni única, como varias son las manos que llevan y traen la brocha, el pincel y el aerosol. Así ven a Colombia: unos con rostro indígena, otros con sentido más urbano. Pero, al final, la invitación es la misma: desde abajo, la otra posición para leer.


Y en la frase se confunden el periódico y la propuesta política, con la mayoría de quienes habitan el país, todos los y las que no caben en los circuitos más ‘dinámicos’ del capital, expulsados a la periferia o al afuera, al abajo, desde donde levantan banderas de esperanza. Sueños por construir entre los negados.

Son ellos y ellas quienes han hecho el país, así no se les reconozca. Y son ellas y ellos quienes, sin quererlo, continúan soportando con su esfuerzo el acceso a la abundancia por parte de los pocos, defendiéndolos, tal vez sin quererlo o sin percatarse de ello, en el acceso a esos privilegios.

Los de abajo, en la periferia, en el rincón, en la calle, selva adentro, en la cúspide de las cordilleras, orillados, vistos con odio por quienes miran el país con ojos ajenos (gringos o europeos), sin acceso a los estudios superiores, desempleados, rebuscándose por cuenta propia, vendiendo lo ajeno, persiguiendo el peso para poder sobrevivir.


Los muchos. Treinta y más millones de connacionales que esperan el momento del desquite para poder satisfacer la necesidad y la esperanza. Para muchos de ellos, “cada día depara la solución”; para otros es dios. Para unos, cada vez más, es la suerte que rodea cada rebusque, cada ‘emprendimiento’ callejero.

Con ellos y con ellas. Abajo y arriba. A un lado y al otro. Con las luces que salen del arco iris, desde abajo se abre camino.
Publicado enEdición 149
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