El juez Brett Kavanaugh se victimizó e imputó al "clan de los Clinton" de montar una campaña de desprestigio.F

Parafraseando a Clausewitz, la pornocracia de Estados Umidos es la continuación de la política por medios sicalípticos.La guerra civil en EU se manifiesta ahora en salvajes escándalos sexuales donde salen afectados sus dos partidos, Demócrata y Republicano: desde Harvey Weinstein (https://bit.ly/2xKv8va), pasando por la vida disoluta de Trump, hasta las acusaciones de acoso sexual contra el juez Brett Kavanaugh de hace 36 años cuando era estudiante a sus 16 años de edad.

Más que la dúctil confirmación del juez ultraconservador Neil Gorsuch, nominado por Trump, llama la atención la ferocidad del Partido Demócrata que usa todos los inmundos medios a su alcance para torpedear la llegada del juez Brett Kavanaugh a la Suprema Corte.

El "clan de los Clinton", que cuenta con enorme influencia con los demócratas del Senado, se cobra una venganza de 20 años atrás con el ya mancillado juez Kavanaugh .

El sulfuroso escándalo sexual de Bill Clinton del hediondo vestido azul de la becaria Mónica Lewinsky, que estuvo a punto de defenestrarlo, tuvo como uno de los principales actores judiciales, tras bambalinas, nada menos que a Brett Kavanaugh quien redactó la acusación del fiscal especial Kenneth Starr.

NYT arguye que "al haber aceptado el retardo de la nominación del juez Kavanaugh en el corto plazo, el presidente Trump y los republicanos del Senado operan dos apuestas en el largo plazo" (https://nyti.ms/2NQYkuF): asegurar una mayoría conservadora en la Suprema Corte y tener mejores oportunidades para conservar el control del Senado el 6 de noviembre.

Los estrategas republicanos dan por descontado que la confirmación del juez Kavanaugh provocará una reacción del voto "femenino e independiente" en las competidas elecciones de la Cámara de Representantes donde, al corte de caja de hoy, lleva ventaja el Partido Demócrata en las encuestas.

El juez Brett Kavanaugh se victimizó e imputó al "clan de los Clinton" de montar, 36 años más tarde, una campaña de desprestigio y linchamiento.

Los estrategas del Partido Republicano arremeten contra la "izquierda radical" del Partido Demócrata y su "caterva (sic) liberal en colusión con los multimedia".

La actriz pornográfica Stormy Daniels ofrece su versión erótica de su affaire en su explosivo libro Plena Revelación” (https://amzn.to/2xISVvq) donde humilla la virilidad del presidente Trump.

Más allá de su descripción urológica del presidente, Stormy Daniels alega el carácter pueril y la inseguridad de Trump.

El implacable abogado italo-estadunidense Michael Aventtis –nada casualmente del Partido Demócrata del que pudiera ser candidato a la presidencia en 2020– agita paroxísticamente los alegatos sexuales contra Trump y Brett Kavanaugh.

Quizá lo más relevante sea que Trump le confesó a Stormy Daniels que no quería ser presidente, lo cual es más que dudoso cuando hoy busca como fiera herida su relección.

The Washington Post analiza cómo #MeToo –movimiento "viralizado" en las redes sociales por el acoso sexual del cineasta israelí-estadunidense Harvey Weinstein, gran aliado de los Clinton– "ha transformado la estructura de poder en la capital de EU" (https://wapo.st/2xO5Vjw).

La comediante Chelsea Handler fustiga que “la violación sexual es correcta para todos (sic) los blancos (sic) del Partido Republicano con el fin de tener sometidas a las minorías y a las mujeres (https://bit.ly/2y3LRcm)”, mientras que la jerarquía del Partido Republicano desecha el "circo" que han montado los demócratas, comparable a la "era de McCarthy" (https://bit.ly/2R5amOZ).

En vísperas del 6 de noviembre se ha desatado una guerra civil de los sexos: las mujeres volcadas con el Partido Demócrata y los "machos blancos" con el Partido Republicano –sin contar la condena sexual del actor afroestadunidense Bill Cosby con 60 denuncias de mujeres a cuestas (https://usat.ly/2FoRaV8), escamoteadas por los demócratas.

La degradación de la pornocracia de EU derrapa en una dicotomía atroz: el Partido Demócrata pintado como andrófobo y el Partido Republicano como misógino.

Lo peor sería creer que los acusadores de hoy, acusados ayer, son menos pecaminosos 20 años después.

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Miércoles, 19 Septiembre 2018 06:02

Mientras los de abajo soñaban…

Mientras los de abajo soñaban…

Cuando los partidos progresistas llegaron al poder a principios del siglo, estaban demasiado ocupados en revertir una situación económica y social de plena y brutal catástrofe. A pesar de que América Latina estaba acostumbrada a las desigualdades obscenas, a las hambrunas, a la corrupción masiva, al robo de guante blanco, y a todo tipo de injusticia, los gobiernos progresistas no se centraron en promover el brazo judicial para poner en la cárcel a una plétora de políticos que no sólo habían sido culpables de fundir países enteros sino de corrupción tradicional. 

La izquierda fue terriblemente ingenua asumiendo que todas aquellas fuerzas reaccionarias, formadas en una mentalidad de siglos, iba a rendirse a la popularidad de los nuevos gobiernos. ¿Acaso los asesinatos de Martin Luther King y Bob Kennedy no fueron una jugada maestra de las fuerzas conservadoras que, de esa y otras formas, aniquilaron la rebelión de los sin poder en los sesenta y aún hoy gobiernan en Estados Unidos? El modus operandi es el mismo, pero por alguna razón no se alcanza a visualizarlo.


La ingenuidad de la izquierda en América latina, salvo poquísimas excepciones, no hizo lo que están haciendo las fuerzas conservadoras: estimulando y aprovechándose del brazo judicial como antes lo hacían con el ejército, para acusar y promover procesos y juicios a los presidentes progresistas como Rousseff, Lula, Correa, Cristina Fernández, como si todos necesariamente fuesen corruptos por su ideología, como si no existieran corruptos del otro lado, como si los poderosos hombres de negocios, aquella micro minoría que posee la mayor parte de los beneficios de cualquier economía de esas todavía repúblicas bananeras, fuesen miembros de las carmelitas descalzas.


La lección es clara: nunca subestimes a las fuerzas conservadoras, a los asumidos dueños de los países por moralina y por poder económico, por la simple razón que es esa facción de la sociedad la que tiene el poder económico y mediático.
Y no van a renunciar a él tan fácilmente.

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Martes, 18 Septiembre 2018 11:15

Uribe-Farc: vidas paralelas**

Hernando Carrizosa, de la serire “Referentes” (Cortesía del autor)

No es posible que un hombre de dimensión histórica como Uribe vaya a parar a la cárcel, mientras los criminales de las Farc estén en el Congreso, reclaman 1.057 “ciudadanos colombianos”, en un comunicado de página entera, en todos los diarios del país, el domingo 5 de agosto. “Es una osadía”, inculpan los más inspirados y lúcidos columnistas de esos mismos diarios. A pesar del escándalo y las marrullerías, si las pruebas que posee la Corte son tan sólidas, como se presume, Uribe no la tiene fácil.

 

El llamamiento a indagatoria al senador Álvaro Uribe Vélez por la Corte Suprema de Justicia les ha parecido un exabrupto a algunos periodistas, a personas de cierta relevancia en la sociedad y activistas en las redes sociales. Mil cincuenta y siete de los más fieles seguidores de Uribe, entre quienes se encuentran muchos congresistas y empresarios del Centro Democrático, publicaron en todos los diarios del país una declaración de apoyo a su jefe. Todos los firmantes y defensores oficiosos de Uribe consideran que es una persecución política de sus enemigos, porque él “liberó a Colombia de ser un Estado fallido”. Es inconcebible, argumentan, que Uribe deba ir a la cárcel, mientras que los reclutadores y violadores de niñas, torturadores, secuestradores y autores de las más sangrientas masacres ocupen las sillas del Congreso.


Llamar a indagatoria a Uribe, una osadía


La narrativa oficial, como verdad única, contada por los medios de comunicación y los dirigentes políticos y gremiales –y escuchada, vista y leída día y noche, a mañana y tarde, por quienes comenzaron a tener uso de razón a partir de los años ochenta del siglo XX–, presentan a Uribe y a las Farc, como vidas paralelas, sin ningún estudio ni análisis.


Por una parte, ha existido un prohombre, el “gran colombiano de todos los tiempos”, que además de haber sido presidente de la República, fue funcionario de las Empresas Públicas de Medellín y del ministerio del Trabajo, director de la Aeronáutica Civil, alcalde y concejal de Medellín, gobernador de Antioquia y senador. Y, por otra parte, han tenido presencia en Colombia unos terroristas, sin Dios y sin ley que le han causado mucho daño a la sociedad: las Farc. Y un dato más dice la narrativa: Uribe arrinconó y estuvo a un paso de derrotar para siempre a los bandidos de las Farc.


¿Cómo es posible que el prohombre tenga que ir a la cárcel y los terroristas de las Farc puedan sentarse en las curules del Congreso y pavonearse orondos por las calles y los campos de Colombia? Es la pregunta que se formulan los 1.057 que pagaron el comunicado de prensa el domingo 5 de agosto, y columnistas tan reconocidos por el establecimiento, como María Isabel Rueda, Mauricio Vargas y Saúl Hernández de El Tiempo y Luis Carlos Vélez y Mauricio Botero Caicedo de El Espectador. Hernández sintetiza en un trozo lapidario el pensamiento de todos: “El clima de concordia y reconciliación que quiere promover el presidente Duque se irá a pique si los honorables magistrados incurren en la osadía de dictarle medida de detención preventiva al expresidente Uribe” (1). Conclusión: la única manera de que haya concordia nacional, es asegurándole la impunidad al senador Uribe.


Dos historias de Uribe


Es un exabrupto el llamamiento a indagatoria a Uribe, dicen sus seguidores, porque la única verdad para todos ellos es que “él es un hombre de dimensión histórica, por su rectitud, su interés en hablar siempre con la verdad y su espíritu combativo, virtudes que lo enaltecen y que el país debe agradecer” (2).


A pesar de esa declaración tan conmovedora, circulan otras verdades, según las cuales no ha pasado un solo día del siglo XXI sin que se deje de hablar de un prontuario criminal de Álvaro Uribe Vélez. Y, como si los 18 años del presente siglo no fueran suficientes para contar esas historias criminales, quienes le han seguido el rastro a Uribe y han buceado en su biografía, dicen que sus enredos con el código penal hunden sus raíces en las dos últimas décadas del siglo XX. Aquí dos ejemplos de esos primeros tiempos.


En 1981, Uribe en su condición de director de la Aeronáutica Civil, le otorgó licencia a Jaime Cardona, para que el beneficiario operara la ruta aérea Medellín-Turbo. Cuando el gobernador de Antioquia, Iván Duque Escobar se enteró de esa licencia montó en cólera, porque Cardona era un empresario vinculado estrechamente a la mafia. Ese lance tuvo un final feliz para Uribe, pues convenció al gobernador de que estaba mal informado, porque Jaime Cardona “era un hombre honorable”. Quien no tuvo un final feliz fue precisamente Cardona: al poco tiempo fue condenado por narcotráfico y más tarde murió en un accidente aéreo, en el momento en que su avión particular despegaba de la pista privada, construida en la hacienda de su propiedad (3).


En 1982 Álvaro Uribe no tuvo la misma suerte. Fue nombrado alcalde de Medellín por el gobernador Álvaro Villegas, pero solamente ocupó ese cargo durante cinco meses, porque el presidente de la República, Belisario Betancur, llamó a su despacho al gobernador y le exigió que le pidiera la renuncia al burgomaestre, por cuanto tenía noticias de que tanto Álvaro Uribe, como su padre, Alberto Uribe Sierra, estaban vinculados con las mafias del narcotráfico. A pesar de la violenta reacción, el joven alcalde no tuvo otro camino que renunciar.


Desde entonces, estos treinta y ocho años han estado marcados por una doble historia en la vida de Uribe. Por un lado está la historia de sus cargos, de sus haciendas, de sus caballos y potrancas, en cuyo lomo es capaz de galopar sin que se le derrame una gota de tinto del pocillo que lleva en su mano derecha, mientras con la izquierda conduce el animal. Al lado de esa historia bonita del poder y del dinero, propio de las celebridades, marcha en forma paralela otra, muy agitada y turbulenta, que lo persigue como su propia sombra.


No se trata de simples habladurías que van de boca en boca, en voz baja y de manera clandestina entre los presuntos enemigos del hoy senador. También es pública, está escrita y hace parte de los cerca de 300 procesos que cursan en distintos despachos: tribunales superiores de distrito, Comisión de Acusaciones, Fiscalía General de la Nación y Corte Suprema. En esta última corporación cursan 28, de los cuales10 han sido archivados, pero podrían ser reabiertos, dependiendo como se desenvuelva el ovillo que ha comenzado a desenredarse con el llamamiento a indagatoria, por los presuntos delitos de soborno y fraude procesal. Entre los que cursan en la Corte están los relacionados con las masacres de La Granja y El Aro –cuando Uribe era Gobernador de Antioquia–, que fueron declarados por el alto tribunal crímenes de lesa humanidad, razón por la cual no prescriben.


De esa historia documentada y pública hacen parte los debates que Gustavo Petro e Iván Cepeda han hecho en el Congreso de la República sobre el paramilitarismo en Antioquia. Asimismo, los artículos de muchos periodistas –como Daniel Coronell–, y más de media docena de libros. Sólo a manera de ejemplo, cito de memoria algunos: Los jinetes de la cocaína, Fabio Castillo; Biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez, Joseph Contreras; Por las sendas del Ubérrimo, Iván Cepeda y Alirio Uribe; El clan de los doce apóstoles, Olga Behar; El narcotraficante #82, Sergio Camargo; Colombia feroz, Martín Madem; La pequeña política de Uribe, Rafael Ballén.


En esa historia –de cuatro décadas–, paralela a la bonita, que cuentan únicamente Uribe y sus incondicionales, hay muchas cosas que lo comprometen: sentencias condenatorias de los más cercanos colaboradores de sus dos gobiernos, de miembros de la fuerza pública por los miles de falsos positivos, y de muchos paramilitares, con compulsa de copias; mutilación de folios de expedientes en la Aeronáutica Civil y barrido de audios acusatorios de la Fiscalía General de la Nación; muerte de testigos que habían declarado o pensaban declarar contra Álvaro Uribe Vélez y su hermano Santiago. Las crónicas y las redes hablan de un total de 12 testigos asesinados, siendo el más reciente el de Carlos Enrique Areiza, acaecido el 14 de abril de 2018.


Ahí están los hechos, a la espera de que el periodismo de investigación cumpla con su deber: escudriñar y hacer público lo que el poder de un solo hombre se ha empeñado en ocultar. Con simetría ética, objetiva e imparcial, con rigor científico-social, ese periodismo investigativo debería formularse al menos dos preguntas: ¿En cuántos procesos, cada uno de los voceros del partido Farc, han gritado, humillado y amenazado a sus jueces? ¿Cuántos testigos que hayan declarado en contra de esos líderes han sido amenazados o asesinados? Contrastar hechos y conductas de las vidas paralelas, es pertinente.


La vida de las Farc


Las Farc, en la vida paralela a la de Álvaro Uribe Vélez, como se ha contado en la narrativa oficial, es una banda de forajidos, que un día, hace más de medio siglo, se alzó en armas y durante 52 años puso en peligro la democracia más sólida y antigua de América. En su plan terrorista esos bandidos violaron niñas, secuestraron, masacraron inocentes y cometieron los más horrendos crímenes. Y, sí. Así fue en el devenir del tiempo, en la degradación de la guerra, porque ninguna guerra es limpia, ninguna guerra es justa y ninguna guerra es humanitaria. Todas son sucias, injustas e inhumanas.
Sin embargo, el comienzo de la guerra no fue así, en las circunstancias de tiempo y de modo. Su origen no se encuentra en un levantamiento en armas en 1964. Eso no es verdad. El 7 de agosto de 1946 asumió la presidencia de la República el conservador Mariano Ospina Pérez, y a partir de entonces, se inició la más feroz persecución contra el pueblo liberal.


El 7 de febrero de 1948 Gaitán encabezó la marcha del silencio y pronunció la Oración por la paz: “Señor Presidente: en esta oración no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen [...]. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización! Os pedimos que cese la persecución de las autoridades; así os lo pide esta inmensa muchedumbre”. Dos meses después de ese certamen Gaitán fue asesinado.


Como consecuencia de ese crimen, el régimen conservador arreció la persecución al pueblo liberal: incendios, saqueos, desplazamientos forzados, violación de mujeres, torturas y masacres indiscriminadas. A los líderes liberales y a sus hijos se les cazaba como a un jabalí viejo (4). Uno de esos jovencitos, a quien se le dio cacería fue a Pedro Antonio Marín Marín (5), en las localidades de Génova y La Primavera, en el departamento del Quindío y en Ceilán, en Valle del Cauca. En las selvas de este último lugar, tuvo que ocultarse durante seis meses en la más absoluta soledad. Privado de su familia, de sus amigos y de su trabajo. El joven Marín, a pesar de su corta edad, era un próspero comerciante, primero en La Primavera y luego en Ceilán. Pero todo quedó a la deriva cuando se le vino encima la inhumana cacería: todos los caminos legales quedaron cerrados (6).


Después de seis meses de ocultamiento para salvar su vida, Pedro Antonio Marín no tuvo ante sí sino dos alternativas: o permanecer allí para siempre, convertido en un montaraz solitario o salir a la civilización, continuar su trabajo y resistir la agresión oficial. Escogió la última opción: era el año de 1949. Convocó a trece primos –con él 14– y organizó la resistencia. Así, de ceros, con sólo quinto de primaria, comenzó un proceso de trabajo agrícola y de resistencia a la violencia ejercida por las tropas del Estado. Unos años después serían 44 familias campesinas asentadas en Marquetalia. Allí, pese a las limitaciones de créditos, asesoría técnica y de vías que facilitaran el mercadeo de sus productos, esos campesinos eran autosuficientes.


Con la asesoría norteamericana (7), el gobierno colombiano organizó, en mayo de 1964, lo que se conoce como la “Operación Marquetalia”. 16.000 soldados fueron desplegados por aire y tierra para darles cacería a las 44 familias campesinas, que a pesar del poderío oficial, quedaron intactas. Más tarde fue creado un pequeño ejército insurgente, que su fundadores denominaron Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc–.


Ese pequeño ejército, inicialmente de 44 familias fue creciendo paulatinamente. Diez años después tenía 1.000 hombres y mujeres, y al cabo de tres décadas se convirtió en un ejército de 25.000 unidades. Fue perseguido por 12 presidentes de la República y por tres ejércitos, con todo el poderío, el dinero y la tecnología: el oficial de Colombia, el de los Estados Unidos y el paramilitar, que a través de la historia política tomó diversos nombres: chulavitas, pájaros, auto defensas unidas de Colombia, bacrim o simplemente paras.


En esas vidas paralelas –Uribe-Farc–, hay un período de la historia política de Colombia, que en la dialéctica de la guerra, es de antología: el ejército insurgente se hace invencible; Uribe, siendo gobernador de Antioquia, en los años noventa del siglo XX, impulsa el paramilitarismo mediante la creación de las convivir; la insurgencia y sus bases sociales resisten hasta el sacrificio; en el cenit de ese holocausto, Uribe no habría logrado tanto apoyo popular, ni habría sido presidente de la República sin la presencia de las Farc en todo el territorio colombiano.


Por eso, la fortaleza de las Farc durante el primer lustro del siglo XXI, fue para Uribe una bendición. Es más: si Uribe, a la cabeza de los tres ejércitos, con toda la tecnología y con el impuesto de guerra hubiera derrotado a las Farc durante su primer cuatrienio, en 2006 no habría sido reelegido. Muchos recordarán que el principal argumento para su reelección no fue alcanzar mejores índices de desarrollado del país, sino, “la culebra está viva”. Y, claro, tenía disculpas para un tercer período, que lo intentó hasta el final, porque la “culebra continuaba viva”. Pero la Corte Constitucional no le dio el aval, porque la sociedad ya estaba hastiada.


Ese ejército que surgió de la nada, de la simple resistencia para defender la vida; que creció y se hizo invencible, fue invitado por el presidente Santos a sentarse a negociar la paz. Ese ejército que ante la adversidad y el poderío militar del Estado resultó invicto, por voluntad propia se sometió a la Constitución y la ley, entregó sus armas a cambio de que a sus excombatientes les permitan hacer política sin que los maten. Hoy, sus máximos voceros están en el Congreso, excepto Timochenko, que voluntariamente prefirió hacer política desde el terreno llano.


Estado actual de las vidas paralelas


Una vez dejó la presidencia de la República, Uribe creó un partido político para hacerle la más feroz oposición a Juan Manuel Santos, su sucesor, en vista de que este no aceptó ser su títere. Y, como siempre, recurrió a la simulación, dándole a ese partido un nombre que es la antítesis de la realidad: Centro Democrático. Todo el mundo sabe, que no es de centro ni mucho menos democrático. Es un partido de extrema derecha y caudillista, hasta el punto de que su símbolo no es un escudo, una bandera o unas letras, sino la efigie del propio Uribe.


Con ese partido intentó en 2014 poner presidente de la República y tomarse todo el Congreso, con el argumento de “la amenaza terrorista”. En plena negociación entre el Estado y las Farc, el símbolo de su lucha fue Timochenko, el comandante en jefe de esa guerrilla. “¡Ayúdenme! No me dejen solo en el Senado, al lado de Timochenko”, le pedía a sus seguidores, entre suplicante y mordaz. Y agregaba: “Imagínense ustedes a Timochenko en el Senado”. La hazaña que no alcanzó con Zuluaga en el 2014, la logró con Duque en 2018.


En pocas palabras, la ecuación de las vidas paralelas hoy, es sencilla. Uribe, que se ha aprovechado del Estado en todas las estructuras del poder, está sub judice en cientos de procesos, por violar la Constitución y la ley. Y, hasta este momento ningún juez lo ha juzgado, entre otras razones, porque amenaza a todos sus jueces grita, humilla y asusta. En suma, aunque no parezca, Uribe es el terrorista.


En cambio, los miembros de las Farc, comenzaron huyendo a la acción criminal del Estado, hasta que lo enfrentaron militarmente, pese a la desigualdad descomunal. Pero después de muchas acciones de guerra, en las que incurrieron en múltiples crímenes, se sometieron a la Constitución y la ley, entregaron sus armas voluntariamente, se desmovilizaron y están haciendo política y legislando. Y, lo más importante: se han sometido, rigurosamente, a la Justicia Especial para la Paz –JEP–, sin desconocer a ninguna autoridad.


¿A dónde pueden conducir estas vidas paralelas? ¡Ho ironía! ¡Ho casualidad! Si la sociedad se come el cuento y los tribunales lo aceptan, no es nada extraño que los antiguos miembros de las Farc vuelvan a ser la salvación de Uribe, con una pregunta sencilla: ¿Por qué el héroe tiene que ir a la cárcel y los villanos al Congreso?


A pesar de todas las marrullerías, incluyendo el asesinato de testigos, la mutilación de expedientes y el barrido de los audios de la Fiscalía, si las pruebas que posee la Corte para llamarlo a indagatoria son tan sólidas, como se presume, el “presidente eterno” no la tiene fácil. Muchos piensan –y muchos más desean–, que Uribe terminará pidiendo pista en la JEP. Entonces, quienes así piensan y desean, podrán decir, como dice el que dijo Uribe: “El que la hace la paga”.

 

** “Decidí comparar y cotejar al fundador de la bella y cantada Atenas con el padre de la invicta y gloriosa Roma”. Así comienza Plutarco sus diez biografías paralelas: Teseo-Rómulo; Licurgo-Numa; Solón-Publícola; Temístocles-Camilo; Pericles-Fabio Máximo. En su célebre obra Vidas paralelas, son más homogéneas las vidas que él compara en cada pareja, que el símil que existe entre Uribe, el hombre del poder absoluto, y las Farc, como movimiento político-militar que lo enfrentó como gobernador de Antioquia, presidente de la República y enemigo acérrimo del proceso de paz que el Estado firmó con esa guerrilla. Sin embargo, son vidas que devienen en un mismo contexto geográfico, histórico y político.
1. Saúl Hernández Bolívar. “A la llegada de Iván Duque”, en El Tiempo, Bogotá, martes 7 de agosto de 2018, p.1.15.
2. “Comunicado en apoyo al expresidente Álvaro Uribe Vélez”, en El Tiempo. Domingo 5 de agosto de 2018, p. 1.13.
3. Joseph Contreras, Biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez. (El señor de las sombras), Bogotá, Oveja Negra, 2002, pp. 7 y siguientes.
4. El jabalí viejo es animal más audaz y difícil de cazar, según concepto de sus depredadores.
5. En una ceremonia, digna de Don Quijote, Pedro Antonio Marín Marín fue rebautizado con el nombre de Manuel Marulanda Vélez, en homenaje a un líder sindical torturado y asesinado por los servicios secretos.
6. Carlos Arango Z, FARC. Veinte años. De Marquetalia a la Uribe, Bogotá, Ediciones Aurora, 1984, p. 95.
7. Entre el 2 y 13 de febrero de 1962 el general William Yarborough, impartió instrucciones contrainsurgentes en 4 de las 8 brigadas del ejército que existían entonces en Colombia.

 

*Profesor investigador y escritor. Autor, entre otras obras, de La pequeña política de Uribe, y de las novelas Cenizas y La vida ejemplar de Constantina. Ph.D en derecho público por la Universidad de Zaragoza-España. Exmagistrado y Exprocurador Delegado para la Vigilancia Judicial y para las Fuerzas Militares.

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El trato a los animales no humanos, una consideración moral

El dualismo filosófico de autores como Descartes ha servido históricamente para desarrollar una lógica del dominio sobre los animales no humanos ajena a su sufrimiento. La consideración empática de este, sin embargo, puede servir de fundamento a una ética animalista que acabe con su explotación.

Desde la filosofía en particular y desde la sociedad en general debe llevarse a cabo una reflexión profunda sobre los valores que rigen nuestra forma de ser, pensar y sentir para desenmascarar aquellos provenientes de una ideología dominante e interesada que se imponen sobre aquellos que son construidos desde la reflexión y el sentir. En consecuencia, algunos filósofos y filósofas consideran que cualquier ética actual debe replantearse la relación que los seres humanos establecemos con el resto de animales y el lugar que ocupamos unos y otros en el mundo. No deja de ser sorprendente cómo en la actualidad se ha logrado un gran avance, al menos teórico, en aspectos morales referentes a las relaciones entre los seres humanos y entre éstos con el medio ambiente, pero en cambio, apenas se cuestiona nuestra relación con los animales no humanos. Es necesario no sólo desarrollar una conciencia exclusivamente ecologista sino también animalista, puesto que el sufrimiento ocasionado a los animales se ha visto multiplicado a un ritmo alarmante en las últimas décadas a causa de la ganadería industrial -que concibe al animal como una máquina de producir carne- y de la investigación tanto militar como farmacéutica.
Filosofía y objetualización de los animales no humanos


Si analizamos esta temática siguiendo un recorrido histórico-filosófico -tal y como hace Alicia Puleo en su obra Ecofeminismo para otro mundo posible- podemos abordarla desde dos perspectivas antitéticas. Por un lado, una visión animalista (1) que considera a los animales no humanos como seres sintientes con capacidad para sufrir, por lo que no puede existir ningún tipo de justificación moral que acepte su sufrimiento; y por otro lado, una visión no animalista y por lo tanto, antropocéntrica y especista (basada, consecuentemente, en la exaltación exclusiva de los rasgos humanos) fundamentada en una contraposición entre lo humano y lo no-humano, degradando y sometiendo a este último y, por tanto, privilegiando al primero.


Esta segunda visión, que es la que ha prevalecido históricamente sobre la primera, se basa en lo que la filósofa australiana Val Plumwood denomina la “lógica del dominio” y que ha ido construyéndose y desarrollándose en diferentes estadios y momentos históricos. Comienza con la asimilación de los dualismos opuestos y jerarquizados mente/cuerpo,

razón/naturaleza teorizados por Platón. Para el filósofo ateniense existen dos tipos de realidades: las Ideas que forman el mundo inteligible (un mundo autónomo y sólo perceptible por la razón) y el mundo de los objetos sensibles y materiales que se captan mediante los sentidos, tal y como lo expone metafóricamente en su conocido mito de la caverna. Según esta alegoría, el mundo que captamos no es más que una caverna donde vivimos como prisioneros creyendo que las sombras que percibimos son los objetos reales. Esta diferenciación entre los dos mundos conlleva una valoración positiva del mundo racional y espiritual frente a una valoración negativa del mundo material y natural percibido por los sentidos.


Este dualismo se radicaliza con Descartes despojando a lo no humano de cualquier capacidad de pensar y de sentir. Este autor racionalista delimita tres ámbitos de la realidad: el yo, Dios y el mundo. El yo o alma (sólo existente en el ser humano) es una sustancia cuya esencia es el pensar, diferente del cuerpo, cuyo atributo es la extensión, el cual forma parte del tercer ámbito de la realidad, el mundo. Con esta delimitación, Descartes considera que las leyes que se aplican al mundo material son unas (leyes mecanicistas), y las aplicadas al mundo del yo son otras. La filosofía cartesiana “des-anima” por completo a la naturaleza y a todos los cuerpos que la componen, considerándola pura extensión y materia cuyo movimiento sirve para explicarlo todo como si del funcionamiento de una máquina se tratara.


El último estadio diferenciado por Plumwood es la completa instrumentalización de la naturaleza, cuya apropiación y desmesurada explotación por parte de los humanos la ha reducido a una posición de mera mercancía.


Esta razón instrumental de dominio y control total sobre la naturaleza ya fue cuestionada en los años 40 por Horkheimer y Adorno en su Dialéctica de la Ilustración, para quienes los fines científicos, técnicos y económicos son perseguidos por un tipo de racionalidad -la instrumental- despojada de cualquier atisbo de criterio moral puesto que no tiene en cuenta los medios e implicaciones éticas utilizados para alcanzar tales fines.


Si filosóficamente el dualismo iniciado por Platón favorecerá una concepción de dominio sobre la naturaleza, históricamente la oposición entre lo humano y lo no-humano se remonta a las culturas antiguas occidentales asimiladas posteriormente por el cristianismo, desplazando a los animales no humanos al puesto más bajo de la Creación. Tal y como observa Alicia Puleo, esta concepción jerarquizada y de superioridad del humano hace que éste sienta un poder sin límites sobre aquellos y que, además, pueda llevar a cabo cualquier acto de crueldad sin ningún tipo de carga moral, sobre todo a partir del terreno allanado por la concepción cartesiana del animal-máquina incapaz de sentir placer ni dolor.


Filosofía y animalismo


Desde una perspectiva animalista podemos remontarnos filosóficamente al hilozoísmo de la escuela jónica presocrática, posteriormente asumido por la escuela estoica, quienes defendían la existencia de una fuerza intrínseca en los seres naturales que hacía que los organismos vivos se desarrollasen al tiempo que constituían una perfecta armonía con el resto de los seres. Las cosmovisiones renacentistas asumirán está concepción animista presocrática y estoica, percibiendo una Naturaleza reconciliada con el ser humano y no opuesta al mismo. Pero esta percepción renacentista pronto será sustituida por el mecanicismo del siglo XVII, al considerar al universo como un máquina, como un reloj sin vida, reducido a una mera extensión.


No obstante, esta concepción mecanicista generará una controversia que trasciende el propio siglo de Descartes. Pensadores como Maupertuis, Bentham y Mill argumentan que los animales son seres sensibles con capacidad de sentir dolor o placer, por lo que causarles el más mínimo dolor sin necesidad es una crueldad y una injusticia, y en esto radica su exigencia ética. Para Jeremy Bentham, por ejemplo, la capacidad para sufrir debe ser tenida en cuenta, ya que si un ser vivo sufre, su sufrimiento debe ser considerado como el sufrimiento de cualquiera y no puede existir ningún tipo de justificación moral que rechace que ese ser sufre y que permita por tanto este sufrimiento. El dolor y el sufrimiento ocasionado a cualquier ser deberían ser evitados para estos autores, independientemente de la especie que sufra o sienta dolor. Un dolor o un sufrimiento es igual de perjudicial para el ser que lo padece, independientemente de si es humano o no humano, por lo que ha de tomarse en consideración.


Este razonamiento ha sido utilizado en la actualidad por autores como Peter Singer o Tom Regan basándose en lo que denominan el principio moral básico de la igualdad de consideración. Para estos autores la igualdad entre animales humanos y no humanos no se fundamenta en la igualdad de características asociadas a la capacidad moral y racional o a cuestiones físicas como la fuerza, sino a su capacidad de sentir dolor y placer. El hecho de que otros animales no formen parte de nuestra especie no nos da derecho ni a explotarlos ni a que podamos ignorar sus intereses como seres sintientes.


La reflexión actual en torno al trato ético a los animales debe liberarse de prejuicios y reflexionarse como un problema ético más. Para estos autores, defender una vida digna de los animales sin ocasionarles sufrimiento no es una cuestión de querer equiparar al ser humano con los animales, pero sí de reconocer que son seres sintientes y apelar a la capacidad de empatía que poseemos tomando en consideración ese sufrimiento, pues no existe justificación moral ni racional para ocasionarles un sufrimiento innecesario. Esta reflexión debe partir de la realidad en la que nos situamos y elegimos. O bien nos situamos en una realidad basada en la idea del dominio, o bien en la idea del respeto. Tal y como expresa Angélica Velasco en su obra, La ética animal ¿Una cuestión feminista?: “Está en nuestras manos el mundo que queremos construir. Elegiremos entre un mundo en el que prevalezca la dominación, la explotación de los Otros, humanos y no humanos, o un mundo en el que nuestros actos estén guiados por la actitud ética de respeto y compasión por todos aquellos con los que compartimos el planeta”.

 

Clara E. Paniego Burillo
Profesora de Filosofía

publicado
2018-09-18 10:00:00


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(1) El “animalismo” como movimiento social se desarrolla a partir de la publicación Animal liberation de Peter Singer en 1975, aunque no hay que olvidar que encontramos predecesores teóricos y filosóficos que han sido invisibilizados u olvidados.

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Un nuevo eje autoritario requiere un frente progresista internacional

Bernie Sanders hace un llamamiento global a la reacción contra la regresión en muchos países hacia una nueva derecha nacionalista

Debemos examinar honestamente cómo ese orden ha fracasado en cumplir muchas de sus promesas y cómo los autoritarios han explotado hábilmente esos fracasos


Se está llevando a cabo una lucha global que traerá consecuencias importantísimas. Está en juego nada menos que el futuro del planeta, a nivel económico, social y medioambiental.


En un momento de enorme desigualdad de riqueza y de ingresos, cuando el 1% de la población posee más riqueza que el 99% restante, estamos siendo testigos del ascenso de un nuevo eje autoritario.


Si bien estos regímenes tienen algunas diferencias, comparten ciertas similitudes claves: son hostiles hacia las normas democráticas, se enfrentan a la prensa independiente, son intolerantes con las minorías étnicas y religiosas, y creen que el gobierno debería beneficiar sus propios intereses económicos. Estos líderes también están profundamente conectados a una red de oligarcas multimillonarios que ven el mundo como su juguete económico.
Los que creemos en la democracia, los que creemos que un gobierno debe rendirle cuentas a su pueblo, tenemos que comprender la magnitud de este desafío si de verdad queremos enfrentarnos a él.


A estas alturas, tiene que quedar claro que Donald Trump y el movimiento de derechas que lo respalda no es un fenómeno único de los Estados Unidos. En todo el mundo, en Europa, en Rusia, en Oriente Medio, en Asia y en otros sitios estamos viendo movimientos liderados por demagogos que explotan los miedos, los prejuicios y los reclamos de la gente para llegar al poder y aferrarse a él.


Esta tendencia desde luego no comenzó con Trump, pero no cabe duda de que los líderes autoritarios del mundo se han inspirado en el hecho de que el líder de la democracia más antigua y más poderosa parece encantado de destruir normas democráticas.


Hace tres años, quién hubiera imaginado que Estados Unidos se plantaría neutral ante un conflicto entre Canadá, nuestro vecino democrático y segundo socio comercial, y Arabia Saudí, una monarquía y estado clientelar que trata a sus mujeres como ciudadanas de tercera clase? También es difícil de imaginar que el gobierno de Netanyahu de Israel hubiera aprobado la reciente "ley de Nación Estado", que básicamente denomina como ciudadanos de segunda clase a los residentes de Israel no judíos, si Benjamin Netanyahu no supiera que tiene el respaldo de Trump.


Todo esto no es exactamente un secreto. Mientras Estados Unidos continúa alejándose cada vez más de sus aliados democráticos de toda la vida, el embajador de Estados Unidos en Alemania hace poco dejó en claro el apoyo del gobierno de Trump a los partidos de extrema derecha de Europa.


Además de la hostilidad de Trump hacia las instituciones democráticas, tenemos un presidente multimillonario que, de una forma sin precedentes, ha integrado descaradamente sus propios intereses económicos y los de sus socios a las políticas de gobierno.


Otros estados autoritarios están mucho más adelantados en este proceso cleptocrático. En Rusia, es imposible saber dónde acaban las decisiones de gobierno y dónde comienzan los intereses de Vladimir Putin y su círculo de oligarcas. Ellos operan como una unidad. De igual forma, en Arabia Saudí no existe un debate sobre la separación de intereses porque los recursos naturales del país, valorados en miles de billones de dólares, le pertenecen a la familia real saudita. En Hungría, el líder autoritario de extrema derecha, Viktor Orbán, es un aliado declarado de Putin. En China, el pequeño círculo liderado por Xi Jinping ha acumulado cada vez más poder, por un lado con una política interna que ataca las libertades políticas, y por otro con una política exterior que promueve una versión autoritaria del capitalismo.


Debemos comprender que estos autoritarios son parte de un frente común. Están en contacto entre ellos, comparten estrategias y, en algunos casos de movimientos de derecha europeos y estadounidenses, incluso comparten inversores. Por ejemplo, la familia Mercer, que financia a la tristemente famosa Cambridge Analytica, ha apoyado a Trump y a Breitbart News, que opera en Europa, Estados Unidos e Israel, para avanzar con la misma agenda anti-inmigrantes y anti-musulmana. El megadonante republicano Sheldon Adelson aporta generosamente a causas de derecha tanto en Estados Unidos como en Israel, promoviendo una agenda compartida de intolerancia y conservadurismo en ambos países.


Sin embargo, la verdad es que para oponernos de forma efectiva al autoritarismo de derecha, no podemos simplemente volver al fallido status quo de las últimas décadas. Hoy en Estados Unidos, y en muchos otros países del mundo, las personas trabajan cada vez más horas por sueldos estancados, y les preocupa que sus hijos tengan una calidad de vida peor que la ellos.


Nuestro deber es luchar por un futuro en el que las nuevas tecnologías y la innovación trabajen para beneficiar a todo el mundo, no solo a unos pocos. No es aceptable que el 1% de la población mundial posea la mitad de las riquezas del planeta, mientras el 70% de la población en edad trabajadora solo tiene el 2,7% de la riqueza global.


Los gobiernos del mundo deben unirse para acabar con la ridiculez de los ricos y las corporaciones multinacionales que acumulan casi 18 billones de euros en cuentas en paraísos fiscales para evitar pagar impuestos justos y luego les exigen a sus respectivos gobiernos que impongan una agenda de austeridad a las familias trabajadoras.


No es aceptable que la industria de los combustibles fósiles siga teniendo enormes ingresos mientras las emisiones de carbón destruyen el planeta en el que vivirán nuestros hijos y nietos.


No es aceptable que un puñado de gigantes corporaciones de medios de comunicación multinacionales, propiedad de pequeño grupo de multimillonarios, en gran parte controle el flujo de información del planeta.


No es aceptable que las políticas comerciales que benefician a las multinacionales y perjudican a la clase trabajadora de todo el mundo sean escritas en secreto. No es aceptable que, ya lejos de la Guerra Fría, los países del mundo gasten más de un billón de euros al año en armas de destrucción masiva, mientras millones de niños mueren de enfermedades fácilmente tratables.


Para poder luchar de forma efectiva contra el ascenso de este eje autoritario internacional, necesitamos un movimiento progresista internacional que se movilice tras la visión de una prosperidad compartida, de seguridad y dignidad para todos, que combata la gran desigualdad en el mundo, no sólo económica sino de poder político.


Este movimiento debe estar dispuesto a pensar de forma creativa y audaz sobre el mundo que queremos lograr. Mientras el eje autoritario está derribando el orden global posterior a la Segunda Guerra Mundial, ya que lo ven como una limitación a su acceso al poder y a la riqueza, no es suficiente que nosotros simplemente defendamos el orden que existe actualmente.


Debemos examinar honestamente cómo ese orden ha fracasado en cumplir muchas de sus promesas y cómo los autoritarios han explotado hábilmente esos fracasos para construir más apoyo para sus intereses. Debemos aprovechar la oportunidad para reconceptualizar un orden realmente progresista basado en la solidaridad, un orden que reconozca que cada persona del planeta es parte de la humanidad, que todos queremos que nuestros hijos crezcan sanos, que tengan educación, un trabajo decente, que beban agua limpia, respiren aire limpio y vivan en paz.


Nuestro deber es acercarnos a aquellos en cada rincón del mundo que comparten estos valores y que están luchando por un mundo mejor.


En una era de rebosante riqueza y tecnología, tenemos el potencial de generar una vida decente para todos. Nuestro deber es construir una humanidad común y hacer todo lo que podamos para oponernos a las fuerzas, ya sean de gobiernos o de corporaciones, que intentan dividirnos y ponernos unos contra otros. Sabemos que estas fuerzas trabajan unidas, sin fronteras. Nosotros debemos hacer lo mismo.


Le pedimos a Yanis Varoufakis que comente el artículo Bernie Sanders. Aquí está la respuesta:


Bernie Sanders tiene toda la razón. Los inversores hace tiempo que han formado una "hermandad" internacional para garantizarse rescates internacionales cuando sus pirámides de cartón se derrumban.


Hace poco, fanáticos de la derecha xenófoba también formaron su propia Internacional Nacionalista, llevando a que los pueblos orgullosos luchen entre sí y así ellos puedan controlar las riquezas y el poder político.


Ya es hora de que los demócratas de todo el mundo formen una Internacional Progresista, que luche por los intereses de la mayoría de cada continente, de cada país. Sanders también tiene razón cuando dice que la solución no es volver al status quo cuyo fracaso estrepitoso dio lugar al ascenso de la Internacional Nacionalista.


Nuestra Internacional Progresista debe llevar adelante una visión de prosperidad compartida y ecológica que podemos lograr gracias a la ingenio humano, siempre que la democracia le dé la oportunidad de desarrollarse.


Para eso, debemos hacer más por unirnos. Debemos formar un consejo común que escriba el borrador del New Deal Internacional, un nuevo acuerdo de Bretton Woods progresista.

14/09/2018 - 21:27h

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El jefe de campaña de Trump se declaró culpable

Manafort firmó un acuerdo de cooperación con Mueller para reducir los cargos que surgieron del trabajo no declarado que realizó como consultor para las fuerzas políticas pro rusas en Ucrania por el que recibió pagos millonarios.

 

Paul Manafort, el ex jefe de campaña del presidente estadounidense Donald Trump, se declaró ayer culpable en un nuevo juicio en su contra, después de haber sido condenado por fraude fiscal, informaron ayer medios locales.


El asesor político Rick Gates se declaró culpable el pasado febrero de los delitos de conspiración y mentir al FBI, y decidió cooperar con Mueller. Es algo que también hicieron el exconsejero de seguridad nacional Michael Flynn, y el exasesor electoral George Papadopoulos, quien trató de concertar una cita entre Trump y el presidente ruso Vladimir Putin. Papadopou

los fue condenado el pasado viernes a 14 días de prisión por mentir al FBI sobre sus contactos con intermediarios rusos durante la campaña electoral de 2016.
Un representante de la parte demandante aseguró que Manafort firmó un acuerdo para cooperar con el asesor especial Robert S. Mueller III como parte de un trato en el que se declaró culpable para reducir los cargos que surgieron del trabajo que realizó como consultor para las fuerzas políticas pro rusas en Ucrania sin haberlo declarado. Los ingresos obtenidos por ese trabajo, de varios millones de dólares, fueron lavados a través de varias empresas dentro y fuera de EstadosUnidos, indicó la demanda.


A primera hora de la mañana de ayer, el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, registró un nuevo escrito de acusación contra Manafort de un delito de conspiración contra Estados Unidos por fraude y otro de conspiración para obstruir la Justicia, de acuerdo a documentos judiciales, de los que se declaró culpable.
El exasesor de Trump, acusado de delitos que podrían acarrearle pasar el resto de su vida en prisión, alcanzó así un acuerdo con la Fiscalía especial de la trama rusa en busca de una reducción de la condena final.


Poco después, la fiscalía anunció que el juez había cambiado el motivo de una audiencia sobre el caso prevista esta mañana, pasando de ser preparatoria del juicio del 24 de septiembre a versar sobre un acuerdo entre ambas partes.


Al declararse culpable Manafort cambia su estrategia judicial y aumenta los riesgos para Trump, que lo ha defendido y elogió porque no se declaró culpable inicialmente aunque también ha tratado de minimizar su papel en la campaña electoral. La reacción de la Casa Blanca no se hizo esperar y desvinculó a Trump de la causa de Manafort. “Esto no tiene absolutamente nada que ver con el presidente o con su exitosa campaña presidencial de 2016. No está relacionado en absoluto”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders.


Mueller investiga desde mayo de 2017, de manera independiente al Gobierno, los posibles lazos entre miembros de la campaña de Trump y el Kremlin, al que las agencias de Inteligencia acusan de interferir en los comicios de 2016.


Manafort supuestamente trabajó entre 2006 y 2017 para Gobiernos extranjeros, incluido el Ejecutivo prorruso del expresidente ucraniano Víktor Yanukóvich (2010-2014), y para oligarcas rusos, a los que ayudó a mejorar su imagen en Washington sin comunicárselo a las autoridades, lo que constituye un crimen.
El proceso contra él es producto de la investigación de Mueller, pero no está relacionada directamente con las actividades que desempeñó entre marzo y agosto de 2016 en la campaña de Trump, donde llegó a ser el jefe hasta que se vio obligado a dimitir por ocultar el cobro de 12,7 millones procedentes de Yanukóvich.


De los 32 imputados por Mueller, Manafort es el que tiene los lazos más estrechos entre el entorno de Trump y Rusia que tanto interesa al fiscal especial. Su principal objetivo es determinar si hubo algún tipo de coordinación entre la campaña del republicano y la sofisticada estrategia de piratas informáticos y espías rusos para ayudar a Trump a ser presidente mediante la difusión de propaganda e información robada al Partido Demócrata.


Manafort dirigió entre junio y agosto de 2016 la campaña de Trump y estuvo presente en el congreso del Partido Republicano en el que fue nominado el hoy presidente. En sus cinco meses como jefe de campaña de Trump, incluida la convención republicana en la que fue designado candidato a la Casa Blanca, Manafort tuvo contacto con varios oligarcas cercanos al Kremlin. Y participó en la misteriosa reunión de junio de 2016, a cinco meses de los comicios, que mantuvieron miembros de la campaña de Trump con una letrada rusa que les había ofrecido material comprometedor sobre su rival electoral, Hillary Clinton.

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El paradero desconocido de líderes de las FARC despierta la preocupación en Colombia


La justicia para la paz exige conocer las actividades de Iván Márquez y otros miembros de la cúpula de la exguerrilla


El misterio que rodea el paradero de varios líderes de la exguerrilla de las FARC deberá resolverse en los próximos 10 días. Este es el plazo que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal constituido para juzgar los crímenes de la guerra en Colombia, otorgó este jueves a Iván Márquez y otros miembros de la antigua cúpula para entregar informes detallados sobre sus actividades y refrendar su compromiso con el acuerdo de paz.


El requerimiento está relacionado con el primer proceso de la JEP, sobre secuestros cometidos por la insurgencia entre 1991 y 2002, e implica a un total de 31 personas, varias de ellas ahora a la cabeza del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Pero, debido al delicado momento que atraviesa la reintegración de los exguerrilleros en la vida civil, es particularmente significativo por incluir a Márquez y otros exjefes, cuyo destino actual es incierto.


La antigua guerrilla, desarmada y convertida en partido político, ya se sienta en el Congreso de Colombia. Pero el primer aniversario de la colectividad nacida del acuerdo de paz ha sido todo menos festivo. El paradero desconocido de varios de sus líderes, que abandonaron los espacios de reincorporación en los que se encontraban, ha encendido las alarmas sobre el futuro de los excombatientes en medio de mutuos reclamos de incumplimiento frente a lo pactado en las negociaciones de La Habana.


Si bien los antiguos jefes guerrilleros no están obligados a permanecer confinados a los espacios de reincorporación, ni su ausencia contempla ningún tipo de sanción penal, sí tienen un compromiso explicito de colaborar en el tránsito a la vida civil de los excombatientes. La Misión de Verificación de la ONU en Colombia ya había advertido que en las últimas semanas seis dirigentes en cuatro de esas zonas en el sur de Colombia “tomaron la decisión de dejar estos espacios y abandonar sus responsabilidades con aproximadamente 1.500 excombatientes que residen allí".


En ese ambiente enrarecido, los mayores temores apuntan a que alguno de los líderes emblemáticos de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia termine por salirse del proceso de paz y alimente el fuego de las disidencias que ya operan en distintas regiones, o huir en busca de refugio a la vecina Venezuela. En la otra cara de la moneda, varios miembros de la FARC han reclamado con insistencia por incumplimientos estatales que van desde los recursos prometidos para la reincorporación hasta las garantías de seguridad.


El presidente Iván Duque, que en campaña prometió hacer correcciones a lo pactado sin llegar a “hacer trizas” los acuerdos, pidió recientemente prolongar el acompañamiento de la ONU en el proceso de reincorporación de los excombatientes. Su alto consejero para el posconflicto, Emilio José Archila, ha defendido el compromiso con la implementación del nuevo Gobierno, que tomó posesión el 7 de agosto, pero asegura que heredaron de la administración de Juan Manuel Santos carencias en muchos frentes, que incluyen el “precario estado de las instalaciones” en los espacios y la inadecuada estructuración de los proyectos productivos que deben facilitar el tránsito de los exguerrilleros a la vida civil.


En busca de Iván Márquez


Una comisión de senadores –entre ellos el congresista de la FARC Pablo Catatumbo– viajaron esta semana hasta uno de esos espacios de reincorporación, el de Miravalle en San Vicente del Caguán, para revisar el estado de la implementación e indagar en particular por el paradero de Iván Márquez y Hernán Velázquez, El Paisa, dos de los antiguos jefes de la insurgencia. Al no encontrarlos, el propio Catatumbo les pidió públicamente que "se pronuncien y ayuden a esclarecer esa situación de incertidumbre".


Los testimonios recogidos, explicó por su parte el senador Roy Barreras –un férreo defensor del acuerdo que incluso viajó a La Habana como parte del equipo negociador del Gobierno–, afirman que los dirigentes ausentes no se han sumado a las disidencias y permanecen en el proceso de paz, pero se quejan de la inseguridad física, jurídica y económica que les despierta tanto el incumplimiento del Estado, como la posición de Fiscalía y la DEA. Tanto Márquez como El Paisa, según versiones de prensa, mantienen el temor a ser extraditados.


Aunque todos los abandonos de las zonas despiertan preocupación, el caso de Iván Márquez es especialmente significativo, ya que fue el jefe negociador durante los cuatro años de diálogos en La Habana y su liderazgo en la FARC competía con el de Rodrigo Londoño, Timochenko, el presidente del partido. Márquez –cuyo verdadero nombre es Luciano Marín–, renunció al escaño como senador que la garantizaba el acuerdo y se internó en Miravalle tras la captura de Jesús Sántrich, excomandante de la guerrilla acusado de narcotráfico en una corte de Nueva York. El sobrino de Márquez, Marlon Marín, es informante de la DEA en el caso de Sántrich, aunque la Fiscalía colombiana ha sido clara en que no tiene ninguna orden de captura en su contra.


Otros dos de los líderes de las FARC de los que se temía se declararan en disidencia, Henry Castellanos -conocido como Romaña- y Fabián Ramírez, reaparecieron esta semana en sendas cartas en las que reafirmaron su compromiso con el cumplimiento del acuerdo, aunque también hicieron reclamos sobre la implementación. Los senadores que viajaron a Miravalle pidieron un pronunciamiento similar de Márquez y El Paisa, desde donde sea que se encuentren. El requerimiento de la JEP le ha puesto un plazo concreto a ese reclamo.

Bogotá 13 SEP 2018 - 16:18 COT

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Jueves, 13 Septiembre 2018 17:10

Uribe-Farc: vidas paralelas**

Hernando Carrizosa, de la serire “Referentes” (Cortesía del autor)

No es posible que un hombre de dimensión histórica como Uribe vaya a parar a la cárcel, mientras los criminales de las Farc estén en el Congreso, reclaman 1.057 “ciudadanos colombianos”, en un comunicado de página entera, en todos los diarios del país, el domingo 5 de agosto. “Es una osadía”, inculpan los más inspirados y lúcidos columnistas de esos mismos diarios. A pesar del escándalo y las marrullerías, si las pruebas que posee la Corte son tan sólidas, como se presume, Uribe no la tiene fácil.

 

El llamamiento a indagatoria al senador Álvaro Uribe Vélez por la Corte Suprema de Justicia les ha parecido un exabrupto a algunos periodistas, a personas de cierta relevancia en la sociedad y activistas en las redes sociales. Mil cincuenta y siete de los más fieles seguidores de Uribe, entre quienes se encuentran muchos congresistas y empresarios del Centro Democrático, publicaron en todos los diarios del país una declaración de apoyo a su jefe. Todos los firmantes y defensores oficiosos de Uribe consideran que es una persecución política de sus enemigos, porque él “liberó a Colombia de ser un Estado fallido”. Es inconcebible, argumentan, que Uribe deba ir a la cárcel, mientras que los reclutadores y violadores de niñas, torturadores, secuestradores y autores de las más sangrientas masacres ocupen las sillas del Congreso.


Llamar a indagatoria a Uribe, una osadía


La narrativa oficial, como verdad única, contada por los medios de comunicación y los dirigentes políticos y gremiales –y escuchada, vista y leída día y noche, a mañana y tarde, por quienes comenzaron a tener uso de razón a partir de los años ochenta del siglo XX–, presentan a Uribe y a las Farc, como vidas paralelas, sin ningún estudio ni análisis.


Por una parte, ha existido un prohombre, el “gran colombiano de todos los tiempos”, que además de haber sido presidente de la República, fue funcionario de las Empresas Públicas de Medellín y del ministerio del Trabajo, director de la Aeronáutica Civil, alcalde y concejal de Medellín, gobernador de Antioquia y senador. Y, por otra parte, han tenido presencia en Colombia unos terroristas, sin Dios y sin ley que le han causado mucho daño a la sociedad: las Farc. Y un dato más dice la narrativa: Uribe arrinconó y estuvo a un paso de derrotar para siempre a los bandidos de las Farc.


¿Cómo es posible que el prohombre tenga que ir a la cárcel y los terroristas de las Farc puedan sentarse en las curules del Congreso y pavonearse orondos por las calles y los campos de Colombia? Es la pregunta que se formulan los 1.057 que pagaron el comunicado de prensa el domingo 5 de agosto, y columnistas tan reconocidos por el establecimiento, como María Isabel Rueda, Mauricio Vargas y Saúl Hernández de El Tiempo y Luis Carlos Vélez y Mauricio Botero Caicedo de El Espectador. Hernández sintetiza en un trozo lapidario el pensamiento de todos: “El clima de concordia y reconciliación que quiere promover el presidente Duque se irá a pique si los honorables magistrados incurren en la osadía de dictarle medida de detención preventiva al expresidente Uribe” (1). Conclusión: la única manera de que haya concordia nacional, es asegurándole la impunidad al senador Uribe.


Dos historias de Uribe


Es un exabrupto el llamamiento a indagatoria a Uribe, dicen sus seguidores, porque la única verdad para todos ellos es que “él es un hombre de dimensión histórica, por su rectitud, su interés en hablar siempre con la verdad y su espíritu combativo, virtudes que lo enaltecen y que el país debe agradecer” (2).


A pesar de esa declaración tan conmovedora, circulan otras verdades, según las cuales no ha pasado un solo día del siglo XXI sin que se deje de hablar de un prontuario criminal de Álvaro Uribe Vélez. Y, como si los 18 años del presente siglo no fueran suficientes para contar esas historias criminales, quienes le han seguido el rastro a Uribe y han buceado en su biografía, dicen que sus enredos con el código penal hunden sus raíces en las dos últimas décadas del siglo XX. Aquí dos ejemplos de esos primeros tiempos.


En 1981, Uribe en su condición de director de la Aeronáutica Civil, le otorgó licencia a Jaime Cardona, para que el beneficiario operara la ruta aérea Medellín-Turbo. Cuando el gobernador de Antioquia, Iván Duque Escobar se enteró de esa licencia montó en cólera, porque Cardona era un empresario vinculado estrechamente a la mafia. Ese lance tuvo un final feliz para Uribe, pues convenció al gobernador de que estaba mal informado, porque Jaime Cardona “era un hombre honorable”. Quien no tuvo un final feliz fue precisamente Cardona: al poco tiempo fue condenado por narcotráfico y más tarde murió en un accidente aéreo, en el momento en que su avión particular despegaba de la pista privada, construida en la hacienda de su propiedad (3).


En 1982 Álvaro Uribe no tuvo la misma suerte. Fue nombrado alcalde de Medellín por el gobernador Álvaro Villegas, pero solamente ocupó ese cargo durante cinco meses, porque el presidente de la República, Belisario Betancur, llamó a su despacho al gobernador y le exigió que le pidiera la renuncia al burgomaestre, por cuanto tenía noticias de que tanto Álvaro Uribe, como su padre, Alberto Uribe Sierra, estaban vinculados con las mafias del narcotráfico. A pesar de la violenta reacción, el joven alcalde no tuvo otro camino que renunciar.


Desde entonces, estos treinta y ocho años han estado marcados por una doble historia en la vida de Uribe. Por un lado está la historia de sus cargos, de sus haciendas, de sus caballos y potrancas, en cuyo lomo es capaz de galopar sin que se le derrame una gota de tinto del pocillo que lleva en su mano derecha, mientras con la izquierda conduce el animal. Al lado de esa historia bonita del poder y del dinero, propio de las celebridades, marcha en forma paralela otra, muy agitada y turbulenta, que lo persigue como su propia sombra.


No se trata de simples habladurías que van de boca en boca, en voz baja y de manera clandestina entre los presuntos enemigos del hoy senador. También es pública, está escrita y hace parte de los cerca de 300 procesos que cursan en distintos despachos: tribunales superiores de distrito, Comisión de Acusaciones, Fiscalía General de la Nación y Corte Suprema. En esta última corporación cursan 28, de los cuales10 han sido archivados, pero podrían ser reabiertos, dependiendo como se desenvuelva el ovillo que ha comenzado a desenredarse con el llamamiento a indagatoria, por los presuntos delitos de soborno y fraude procesal. Entre los que cursan en la Corte están los relacionados con las masacres de La Granja y El Aro –cuando Uribe era Gobernador de Antioquia–, que fueron declarados por el alto tribunal crímenes de lesa humanidad, razón por la cual no prescriben.


De esa historia documentada y pública hacen parte los debates que Gustavo Petro e Iván Cepeda han hecho en el Congreso de la República sobre el paramilitarismo en Antioquia. Asimismo, los artículos de muchos periodistas –como Daniel Coronell–, y más de media docena de libros. Sólo a manera de ejemplo, cito de memoria algunos: Los jinetes de la cocaína, Fabio Castillo; Biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez, Joseph Contreras; Por las sendas del Ubérrimo, Iván Cepeda y Alirio Uribe; El clan de los doce apóstoles, Olga Behar; El narcotraficante #82, Sergio Camargo; Colombia feroz, Martín Madem; La pequeña política de Uribe, Rafael Ballén.


En esa historia –de cuatro décadas–, paralela a la bonita, que cuentan únicamente Uribe y sus incondicionales, hay muchas cosas que lo comprometen: sentencias condenatorias de los más cercanos colaboradores de sus dos gobiernos, de miembros de la fuerza pública por los miles de falsos positivos, y de muchos paramilitares, con compulsa de copias; mutilación de folios de expedientes en la Aeronáutica Civil y barrido de audios acusatorios de la Fiscalía General de la Nación; muerte de testigos que habían declarado o pensaban declarar contra Álvaro Uribe Vélez y su hermano Santiago. Las crónicas y las redes hablan de un total de 12 testigos asesinados, siendo el más reciente el de Carlos Enrique Areiza, acaecido el 14 de abril de 2018.


Ahí están los hechos, a la espera de que el periodismo de investigación cumpla con su deber: escudriñar y hacer público lo que el poder de un solo hombre se ha empeñado en ocultar. Con simetría ética, objetiva e imparcial, con rigor científico-social, ese periodismo investigativo debería formularse al menos dos preguntas: ¿En cuántos procesos, cada uno de los voceros del partido Farc, han gritado, humillado y amenazado a sus jueces? ¿Cuántos testigos que hayan declarado en contra de esos líderes han sido amenazados o asesinados? Contrastar hechos y conductas de las vidas paralelas, es pertinente.


La vida de las Farc


Las Farc, en la vida paralela a la de Álvaro Uribe Vélez, como se ha contado en la narrativa oficial, es una banda de forajidos, que un día, hace más de medio siglo, se alzó en armas y durante 52 años puso en peligro la democracia más sólida y antigua de América. En su plan terrorista esos bandidos violaron niñas, secuestraron, masacraron inocentes y cometieron los más horrendos crímenes. Y, sí. Así fue en el devenir del tiempo, en la degradación de la guerra, porque ninguna guerra es limpia, ninguna guerra es justa y ninguna guerra es humanitaria. Todas son sucias, injustas e inhumanas.
Sin embargo, el comienzo de la guerra no fue así, en las circunstancias de tiempo y de modo. Su origen no se encuentra en un levantamiento en armas en 1964. Eso no es verdad. El 7 de agosto de 1946 asumió la presidencia de la República el conservador Mariano Ospina Pérez, y a partir de entonces, se inició la más feroz persecución contra el pueblo liberal.


El 7 de febrero de 1948 Gaitán encabezó la marcha del silencio y pronunció la Oración por la paz: “Señor Presidente: en esta oración no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen [...]. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización! Os pedimos que cese la persecución de las autoridades; así os lo pide esta inmensa muchedumbre”. Dos meses después de ese certamen Gaitán fue asesinado.


Como consecuencia de ese crimen, el régimen conservador arreció la persecución al pueblo liberal: incendios, saqueos, desplazamientos forzados, violación de mujeres, torturas y masacres indiscriminadas. A los líderes liberales y a sus hijos se les cazaba como a un jabalí viejo (4). Uno de esos jovencitos, a quien se le dio cacería fue a Pedro Antonio Marín Marín (5), en las localidades de Génova y La Primavera, en el departamento del Quindío y en Ceilán, en Valle del Cauca. En las selvas de este último lugar, tuvo que ocultarse durante seis meses en la más absoluta soledad. Privado de su familia, de sus amigos y de su trabajo. El joven Marín, a pesar de su corta edad, era un próspero comerciante, primero en La Primavera y luego en Ceilán. Pero todo quedó a la deriva cuando se le vino encima la inhumana cacería: todos los caminos legales quedaron cerrados (6).


Después de seis meses de ocultamiento para salvar su vida, Pedro Antonio Marín no tuvo ante sí sino dos alternativas: o permanecer allí para siempre, convertido en un montaraz solitario o salir a la civilización, continuar su trabajo y resistir la agresión oficial. Escogió la última opción: era el año de 1949. Convocó a trece primos –con él 14– y organizó la resistencia. Así, de ceros, con sólo quinto de primaria, comenzó un proceso de trabajo agrícola y de resistencia a la violencia ejercida por las tropas del Estado. Unos años después serían 44 familias campesinas asentadas en Marquetalia. Allí, pese a las limitaciones de créditos, asesoría técnica y de vías que facilitaran el mercadeo de sus productos, esos campesinos eran autosuficientes.


Con la asesoría norteamericana (7), el gobierno colombiano organizó, en mayo de 1964, lo que se conoce como la “Operación Marquetalia”. 16.000 soldados fueron desplegados por aire y tierra para darles cacería a las 44 familias campesinas, que a pesar del poderío oficial, quedaron intactas. Más tarde fue creado un pequeño ejército insurgente, que su fundadores denominaron Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc–.


Ese pequeño ejército, inicialmente de 44 familias fue creciendo paulatinamente. Diez años después tenía 1.000 hombres y mujeres, y al cabo de tres décadas se convirtió en un ejército de 25.000 unidades. Fue perseguido por 12 presidentes de la República y por tres ejércitos, con todo el poderío, el dinero y la tecnología: el oficial de Colombia, el de los Estados Unidos y el paramilitar, que a través de la historia política tomó diversos nombres: chulavitas, pájaros, auto defensas unidas de Colombia, bacrim o simplemente paras.


En esas vidas paralelas –Uribe-Farc–, hay un período de la historia política de Colombia, que en la dialéctica de la guerra, es de antología: el ejército insurgente se hace invencible; Uribe, siendo gobernador de Antioquia, en los años noventa del siglo XX, impulsa el paramilitarismo mediante la creación de las convivir; la insurgencia y sus bases sociales resisten hasta el sacrificio; en el cenit de ese holocausto, Uribe no habría logrado tanto apoyo popular, ni habría sido presidente de la República sin la presencia de las Farc en todo el territorio colombiano.


Por eso, la fortaleza de las Farc durante el primer lustro del siglo XXI, fue para Uribe una bendición. Es más: si Uribe, a la cabeza de los tres ejércitos, con toda la tecnología y con el impuesto de guerra hubiera derrotado a las Farc durante su primer cuatrienio, en 2006 no habría sido reelegido. Muchos recordarán que el principal argumento para su reelección no fue alcanzar mejores índices de desarrollado del país, sino, “la culebra está viva”. Y, claro, tenía disculpas para un tercer período, que lo intentó hasta el final, porque la “culebra continuaba viva”. Pero la Corte Constitucional no le dio el aval, porque la sociedad ya estaba hastiada.


Ese ejército que surgió de la nada, de la simple resistencia para defender la vida; que creció y se hizo invencible, fue invitado por el presidente Santos a sentarse a negociar la paz. Ese ejército que ante la adversidad y el poderío militar del Estado resultó invicto, por voluntad propia se sometió a la Constitución y la ley, entregó sus armas a cambio de que a sus excombatientes les permitan hacer política sin que los maten. Hoy, sus máximos voceros están en el Congreso, excepto Timochenko, que voluntariamente prefirió hacer política desde el terreno llano.


Estado actual de las vidas paralelas


Una vez dejó la presidencia de la República, Uribe creó un partido político para hacerle la más feroz oposición a Juan Manuel Santos, su sucesor, en vista de que este no aceptó ser su títere. Y, como siempre, recurrió a la simulación, dándole a ese partido un nombre que es la antítesis de la realidad: Centro Democrático. Todo el mundo sabe, que no es de centro ni mucho menos democrático. Es un partido de extrema derecha y caudillista, hasta el punto de que su símbolo no es un escudo, una bandera o unas letras, sino la efigie del propio Uribe.


Con ese partido intentó en 2014 poner presidente de la República y tomarse todo el Congreso, con el argumento de “la amenaza terrorista”. En plena negociación entre el Estado y las Farc, el símbolo de su lucha fue Timochenko, el comandante en jefe de esa guerrilla. “¡Ayúdenme! No me dejen solo en el Senado, al lado de Timochenko”, le pedía a sus seguidores, entre suplicante y mordaz. Y agregaba: “Imagínense ustedes a Timochenko en el Senado”. La hazaña que no alcanzó con Zuluaga en el 2014, la logró con Duque en 2018.


En pocas palabras, la ecuación de las vidas paralelas hoy, es sencilla. Uribe, que se ha aprovechado del Estado en todas las estructuras del poder, está sub judice en cientos de procesos, por violar la Constitución y la ley. Y, hasta este momento ningún juez lo ha juzgado, entre otras razones, porque amenaza a todos sus jueces grita, humilla y asusta. En suma, aunque no parezca, Uribe es el terrorista.


En cambio, los miembros de las Farc, comenzaron huyendo a la acción criminal del Estado, hasta que lo enfrentaron militarmente, pese a la desigualdad descomunal. Pero después de muchas acciones de guerra, en las que incurrieron en múltiples crímenes, se sometieron a la Constitución y la ley, entregaron sus armas voluntariamente, se desmovilizaron y están haciendo política y legislando. Y, lo más importante: se han sometido, rigurosamente, a la Justicia Especial para la Paz –JEP–, sin desconocer a ninguna autoridad.


¿A dónde pueden conducir estas vidas paralelas? ¡Ho ironía! ¡Ho casualidad! Si la sociedad se come el cuento y los tribunales lo aceptan, no es nada extraño que los antiguos miembros de las Farc vuelvan a ser la salvación de Uribe, con una pregunta sencilla: ¿Por qué el héroe tiene que ir a la cárcel y los villanos al Congreso?


A pesar de todas las marrullerías, incluyendo el asesinato de testigos, la mutilación de expedientes y el barrido de los audios de la Fiscalía, si las pruebas que posee la Corte para llamarlo a indagatoria son tan sólidas, como se presume, el “presidente eterno” no la tiene fácil. Muchos piensan –y muchos más desean–, que Uribe terminará pidiendo pista en la JEP. Entonces, quienes así piensan y desean, podrán decir, como dice el que dijo Uribe: “El que la hace la paga”.

 

** “Decidí comparar y cotejar al fundador de la bella y cantada Atenas con el padre de la invicta y gloriosa Roma”. Así comienza Plutarco sus diez biografías paralelas: Teseo-Rómulo; Licurgo-Numa; Solón-Publícola; Temístocles-Camilo; Pericles-Fabio Máximo. En su célebre obra Vidas paralelas, son más homogéneas las vidas que él compara en cada pareja, que el símil que existe entre Uribe, el hombre del poder absoluto, y las Farc, como movimiento político-militar que lo enfrentó como gobernador de Antioquia, presidente de la República y enemigo acérrimo del proceso de paz que el Estado firmó con esa guerrilla. Sin embargo, son vidas que devienen en un mismo contexto geográfico, histórico y político.
1. Saúl Hernández Bolívar. “A la llegada de Iván Duque”, en El Tiempo, Bogotá, martes 7 de agosto de 2018, p.1.15.
2. “Comunicado en apoyo al expresidente Álvaro Uribe Vélez”, en El Tiempo. Domingo 5 de agosto de 2018, p. 1.13.
3. Joseph Contreras, Biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez. (El señor de las sombras), Bogotá, Oveja Negra, 2002, pp. 7 y siguientes.
4. El jabalí viejo es animal más audaz y difícil de cazar, según concepto de sus depredadores.
5. En una ceremonia, digna de Don Quijote, Pedro Antonio Marín Marín fue rebautizado con el nombre de Manuel Marulanda Vélez, en homenaje a un líder sindical torturado y asesinado por los servicios secretos.
6. Carlos Arango Z, FARC. Veinte años. De Marquetalia a la Uribe, Bogotá, Ediciones Aurora, 1984, p. 95.
7. Entre el 2 y 13 de febrero de 1962 el general William Yarborough, impartió instrucciones contrainsurgentes en 4 de las 8 brigadas del ejército que existían entonces en Colombia.

 

*Profesor investigador y escritor. Autor, entre otras obras, de La pequeña política de Uribe, y de las novelas Cenizas y La vida ejemplar de Constantina. Ph.D en derecho público por la Universidad de Zaragoza-España. Exmagistrado y Exprocurador Delegado para la Vigilancia Judicial y para las Fuerzas Militares.

EU procesará a jueces de la CPI si actúan contra sus soldados en Afganistán

Estados Unidos amenazó este lunes con arrestar y procesar a jueces y a otros funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI) si el tribunal emprende acciones por crímenes de guerra contra estadunidenses que lucharon en Afganistán, afirmó que esa instancia “está muerta para nosotros” y la calificó de ilegítima.

“Vamos a impedir a esos jueces y fiscales la entrada a Estados Unidos. Vamos a aplicar sanciones contra sus bienes en el sistema financiero estadunidense y vamos a entablar querellas contra ellos en nuestro sistema judicial”, advirtió John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos.


“Haremos lo mismo con cualquier compañía o Estado que ayude a una investigación de la CPI en contra de los estadunidenses”, dijo ante la organización conservadora Federalist Society, en Washington.
Bolton acusó a la corte internacional encargada de juzgar principalmente crímenes de guerra y de lesa humanidad de ser “ineficaz, irresponsable y francamente peligrosa para Estados Unidos, Israel y otros aliados”.


Para Estados Unidos cualquier iniciativa sobre las acciones de efectivos de seguridad suyos sería “una investigación completamente infundada e injustificable”.


A principios de noviembre de 2017, la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, anunció que pediría a los jueces la autorización para investigar crímenes de guerra cometidos presuntamente en el conflicto armado afgano, principalmente por el ejército estadunidense.


En Afganistán, Estados Unidos sigue a la cabeza de una coalición militar que depuso al régimen talibán en 2001.


“En cualquier momento la CPI podría anunciar la apertura de una investigación formal contra esos patriotas estadunidenses”, explicó el consejero de Donald Trump.


Y le dirigió un mensaje sin ambigüedad a la corte: “Estados Unidos utilizará todos los medios necesarios para proteger a nuestros conciudadanos y los de nuestros aliados, de enjuiciamientos injustos por parte de esta corte ilegítima”.


La Corte Penal Internacional se rige por el Estatuto de Roma, un tratado ratificado por 123 países. Su fiscal puede abrir sus propias investigaciones sin permiso de los jueces, siempre y cuando impliquen a un país miembro, en este caso, Afganistán.


Bolton, quien fue embajador de Washington en la ONU durante el gobierno de George W. Bush, dijo que la principal objeción de la administración Trump es la idea de que la CPI podría tener mayor autoridad que la Constitución de Estados Unidos y su soberanía.

 

 

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Domingo, 02 Septiembre 2018 09:34

Una impugnación express para el líder del PT

 Los abogados lulistas basaron su alegato en la jurisprudencia local, por la cual el TSE ya autorizó a cientos de condenados a que disputaran elecciones y en la recomendación formulada hace dos semanas por el Comité de DD.HH. de la ONU.

Desde Brasilia

Apenas trece horas. Ese fue el tiempo que dedicaron los siete miembros del Tribunal Superior Electoral (TSE) a la lectura de la defensa de Luiz Inácio Lula da Silva, antes de impugnar su candidatura para las elecciones del 7 de octubre. Una sentencia “express” fulminante contra el líder preso que parece engarzada a otras medidas de este golpe continuado iniciado con la caída de Dilma Rousseff.

Los abogados lulistas basaron su alegado en la jurisprudencia local por la cual el TSE ya autorizó a cientos de condenados que disputen elecciones y en la recomendación formulada hace dos semanas por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Según la defensa el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, invocado por el Comité de la ONU, tiene fuerza de ley interna dado que fue rubricado en 2009 por el Parlamento brasileño.

El fallo en tiempo record del TSE contra Lula fue “otro caso de violencia judicial” denunció ayer la Mesa Ejecutiva de Partido de los Trabajadores (PT). Paralelamente Fernando Haddad, el vice de la fórmula petista, viajó a Pernambuco donde reiteró que el líder preso sigue siendo candidato a la presidencia a pesar del fallo de TSE. Este lunes Haddad se reunirá con Lula en la superintendencia de la Policía Federal en Curitiba para diseñar los próximos pasos en esta guerra de posiciones.

Durante aquellas trece horas trabajo a paso redoblado de los jueces, iniciadas minutos antes de la medianoche del jueves, los miembros del TSE además de leer (en la madrugada) las doscientas páginas de la defensa redactaron pareceres extensos justificando el veto del candidato a quien la encuestadora Datafolha acaba de ubicar primero con el 39 por ciento a veinte puntos de distancia de su principal adversario Jair Bolsonaro.

El juez Roberto Barroso, instructor del caso, “atropelló los plazos porque en Brasil hay un sistema legal para los poderosos y otro de excepción para Lula (...) esto es una casación política basada en arbitrariedades como ocurría en la dictadura”, cargó la Ejecutiva del PT.

Por cierto los expedientes del aspirante a la presidencia y capitán retirado del Ejército Bolsonaro son analizados sin la urgencia aplicada al jefe petista arrestado en una celda en la que está prohibido grabar videos para su campaña proselitista. Las anomalías judiciales son evidentes.

El martes pasado el Supremo Tribunal Federal incluyó en su orden del día una denuncia por racismo contra Bolsonaro que había recibido hace cuatro meses, a partir de dichos del ex capitán realizados el abril del año pasado. Al promediar esa sesión del martes uno de los jueces de la más alta Corte solicitó vistas para analizar la denuncia contra Bolsonaro - que también tiene un proceso por incitación al estupro- con la debida parsimonia.

La sesión urgente del TSE del viernes que impugnó a Lula coincidió con el segundo aniversario del la caída de Dilma Rousseff víctima de un golpe de Estado al que puede definirse provisoriamente como “híbrido” , adjetivo que remite a ciertas semejanzas con las conjuras ocurridas en países árabes a partir de protesta espontáneas posteriormente capitalizadas por sectores de los poderes judicial, financiero y mediático bendecidos, o consentidos, por Washington.

El caso brasileño también tiene sus puntos de contacto con las destituciones de presidentes latinoamericanos como el hondureño Manuel Zelaya en 2009 o el paraguayo Fernando Lugo, en 2012. Una de las particularidades observadas en Brasil es el efecto retardado consistente en voltear a Dilma para instalar un régimen tapón, el de Michel Temer, a fin de imposibilitar el retorno de Lula en los comicios del mes que viene.

En esa estrategia se daba por cierto que una vez preso. el ex tornero mecánico se deshidrataría políticamente y, con él se iría a pique el PT luego de la pésima perfomance del partido en los comicios municipales de octubre de 2016.

Sin embargo no se confirmó la debacle anunciada del “lulopetismo”, una expresión acuñada por la prensa más radical de derecha. Las encuestas demostraron que Lula creció el nueve por ciento en las dos últimas mediciones de Datafolha, la más reciente de las cuales indicó que el PT tiene el por 24 ciento de adhesiones, número superior a la suma de los otros partidos con aspiraciones reales de victoria.

Ese apoyo de Lula y, en menor grado del PT, son el activo con el que se espera catapular al ex alcalde de San Pablo Fernando Haddad, como posible candidato cuando se acaben las apelaciones ante la Justicia. La apuesta es que Haddad logre un lugar en el balotaje del 28 de octubre probablemente contra Bolsonaro, en un duelo de resultado imprevisible. Esa eventual disputa Haddad-Bolsonaro será no sólo entre un candidato de izquierda ay otro de derecha. También representará un choque entre el retorno a la democracia y la deriva hacia una dictadura encubierta legtimida por los votos.

 

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