Deberían escuelas ser las "últimas en cerrar y las primeras en abrir": Unicef

Al menos un tercio de los menores en edad escolar no tienen condiciones de acceso al aprendizaje a distancia en regiones como América Latina, Asia y África. En total, 600 millones de niños y adolescentes aún se ven afectados por el cierre de las escuelas, advierte el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en un nuevo llamado a abrir los centros escolares.

En la región, advierte, 18 países y territorios mantienen los cierres totales o parciales, aunque reconoce que los gobiernos enfrentan una "disyuntiva imposible: cerrar sus comunidades o ayudar a facilitar la propagación masiva de una enfermedad peligrosa".

Sin embargo, subraya, las escuelas deberían ser las "últimas en cerrar y las primeras en abrir" y los planteles de primaria y secundaria "no están entre las principales impulsoras de la transmisión".

Por ello, el organismo multinacional instó a los estados miembros a aplicar diversas medidas, entre ellas abrir los centros de enseñanza “lo antes posible, y su reapertura no ha de depender de la vacunación de todos los profesores y alumnos.

"La vacunación de los trabajadores de primera línea y de quienes corren más riesgo de sufrir enfermedades graves y de morir continuará siendo una prioridad".

Pide a los gobiernos y los donantes garantizar los presupuestos destinados a la educación, pues –destaca– en la medida en que las escuelas vuelven a abrir sus puertas, "es necesario ampliar el número de niños matriculados e incluir a los que no asistían a clase antes de la pandemia de Covid-19".

Esta acción, afirma, puede realizarse eliminando las barreras financieras, proporcionando recursos de aprendizaje, ajustando los requisitos de inscripción y ofreciendo programas flexibles, tanto en los planteles como en los programas no formales, y advierte que matricular a todos los nuevos alumnos en la escuela, independientemente de su edad, "es una estrategia clave".

 

No se inscribieron 5.2 millones de alumnos: Inegi

 

En su Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación (Ecovid-ED), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) estimó que al menos 5.2 millones de alumnos de tres a 29 años no se inscribieron en el ciclo escolar 2020-2021 debido a la pandemia de Covid-19 y por la falta de recursos. De ellos, 2.5 millones son mujeres.

Agrega que entre la población de seis a 12 años, en edad de cursar la primaria, 217 mil estudiantes abandonaron las aulas por la pandemia, 50 mil más por falta de dinero o recursos y 258 mil por otras razones.

Entre los adolescentes de 13 a 15 años que cursaban la secundaria, 306 mil dejaron de ir a clases por el Covid-19, 71 mil por falta de dinero o recursos, 37 mil porque debían trabajar y 285 mil por otras razones.

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Protestas antigubernamentales en Bogotá, Colombia, el 20 de julio de 2021.Santiago Mesa / Reuters

El ministro de Defensa colombiano Diego Molano precisó que se llevaron a cabo 34 operaciones en 18 ciudades del país.

La Policía Nacional de Colombia ha capturado a 134 miembros de la llamada 'primera línea' de las manifestaciones antigubernamentales, por supuestos actos de violencia y vandalismo, informó este domingo el ministro de Defensa colombiano, Diego Molano.

El titular de la cartera señaló que se llevaron a cabo 34 operaciones en 18 ciudades del país dando como resultado la detención de personas que han protagonizado algunas de las acciones delictivas de las últimas semanas. "Mantenemos acciones por una democracia segura", apuntó el ministro.

Bogotá, Cali y Soacha son las ciudades donde se realizaron la mayor cantidad de aprehensiones, todas con orden judicial, según la Fiscalía. Algunos de los delitos que se les imputan son vandalismo, bloqueos de vías, atentado contra la autoridad y la propiedad.

Los últimos arrestos se producen pocos días después de que la Policía colombiana detuviera a otras 12 personas, también de la 'primera línea', por posesión de materiales explosivos con los que supuestamente pretendían atentar contra las fuerzas de seguridad.

La denominación de 'primera línea' se ha atribuido al grupo de jóvenes que se ha colocado al frente de las manifestaciones contra del Gobierno en Colombia, usando por lo general escudos de fabricación casera y máscaras antigás. Los integrantes, según sostienen, buscan defenderse de las agresiones de los uniformados.

Sin embargo, las autoridades consideran que comenten actos delictivos con el financiamiento del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las FARC, por lo que el presidente Iván Duque ha defendido su captura y judicialización.

Por otro lado, el tema de la violencia policial contra los manifestantes adquirió mayor relevancia internacional luego de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que recomendó en su informe separar al Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) del Ministerio de Defensa, en vista de las denuncias de "graves violaciones a los derechos humanos" en el contexto de las manifestaciones.

Publicado: 26 jul 2021 04:03 GMT

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Las semillas de la emancipación están intactas

Las juventudes protagonistas de la revuelta colombiana, en particular las que generaron 25 “puntos de resistencia” en la ciudad de Cali, espacios auto-controlados de libertad y resistencia a la represión, provienen de los sectores populares más afectados por el neoliberalismo.

Estamos ante generaciones que han sufrido décadas de bloqueo de sus vidas: desde un no futuro instalado al calor de la desindustrialización que vive la ciudad desde hace tres décadas, hasta la humillación racista empuñada por las clases medias, la discriminación por color de piel, la criminalización de la pobreza y la represión de sus manifestaciones culturales y espacios sociales.

Por eso llama la atención que estas jóvenas y jóvenes hayan sido capaces de poner en pie una enorme variedad de iniciativas, desde bibliotecas populares en locales policiales tomados hasta el ya célebre anti-monumento “Resiste”, pasando por espacios de alimentación, de salud y deporte, además de mantener debates abiertos con la comunidad sobre el tipo de sociedad que sueñan.

En diálogo permanente con el periodista Felipe Martínez, del medio Desdeabajo, aparecen algunas características de estas juventudes que resultan notables: “Jóvenes universitarios, de barras de fútbol antes enfrentadas, pandilleros y delincuentes que estuvieron en la cárcel, gente que ha vivido la exclusión y la pobreza y que ahora conviven en las barricadas y en los puntos de resistencia”.

Lo que el sistema se empeña en separar para dividir, durante la revuelta se convierte en comunidad de vínculos solidarios. Felipe asegura que en los espacios de resistencia se dice una y otra vez: “aquí nadie manda, nadie está por encima de nadie”. En su opinión, se trata de “una experiencia zapatista en la ciudad”, en la que pueden observarse cocinas comunitarias, el centro médico, la biblioteca popular y “vecinos muy tranquilos con la presencia de los jóvenes”, porque controlan robos y ofrecen una seguridad inexistente cuando ellos no están.

La convivencia entre la comunidad de vecinos y los jóvenes se ha vuelto tan profunda, que “la comunidad les avisa cuando viene la policía y los vecinos abren las puertas de sus casas para que los jóvenes se bañen y puedan comer”. Un tipo de vínculos que antes de la revuelta eran, literalmente, imposibles.

Más aún, en Puerto Resistencia, un sector muy pobre de la comunidad “salió con banderas blancas a proteger a los jóvenes que los policías estaban matando”, en lo que define como “una comunidad defendiéndose unos a otros”.

Lo más notable es la construcción material y simbólica de lo nuevo. En las asambleas multitudinarias “empezaban a plantear discusiones muy profundas”, sin necesidad de caudillos y de dirigentes. En los puntos de resistencia no hubo vanguardias ni fueron necesarias, entre otras razones porque las y los jóvenes se muestran cansadas y desconfiadas con la política tradicional, sea de derecha o de izquierda.

En la revuelta colombiana estuvieron ausentes, comenta Felipe, los movimientos sociales, que podrían haber aportado acompañamiento sin pretender dirigir, algo que sólo la Guardia Indígena nasa supo hacer, llegando por miles a Cali para proteger y cuidar colectivamente.

Sin embargo, durante semanas funcionó una democracia asamblearia multitudinaria, diversa, capaz de afrontar los conflictos internos sin apelar a los viejos modos de “mandar mandando”.

Algunas reflexiones se imponen. Los sectores populares necesitan espacios en los que puedan dialogar unos con otras en relación de igualdad y horizontalidad, donde desplegar sus iniciativas, crear comunidad para enfrentar la dramática situación que viven. Lo realizado nos indica que la posibilidad de construir mundos nuevos está intacta, que las semillas de la emancipación siguen vivas, sólo necesitan el espacio-tiempo para desplegarse, ese que el sistema les niega por las bravas en todo momento y en cualquier rincón de esta sociedad.

Para que estos mundos nuevos florezcan no hacen faltan vanguardias, sino decenas, cientos de colectivos empeñados en abrir espacios para que sean habitados por la gente común, limitándose a acompañar sin imponer, debatir según los tiempos y modos de la cultura de abajo. Lo que hace falta es un nuevo tipo de activistas y de grupalidades, que no aspiren a dominar ni a subir, sino a servir.

Por Raúl Zibecfhi

12 julio 2021 0

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Fotografía: Ariel Arango, Cali 2021.

Lo que estamos presenciando desde el pasado 28 de abril –28A– es un acontecimiento histórico que marcará los años venideros en Colombia. Aunque la coyuntura es nacional, es innegable que en la ciudad de Cali se presentó un levantamiento juvenil popular urbano nunca antes vivido en el país y que no tiene punto de comparación con otros referentes de lucha social, como el recordado 14 de septiembre de 1977, toda vez que en esta ocasión se trata de actores de nuevo tipo como es el caso de la juventud popular excluida y sin posibilidades de futuro.

Un suceso de nuevo tipo que es el resultado de una realidad nacional variopinta:

1. El paro nacional convocado el 21 de noviembre de 2019 –21N–.
2. El levantamiento de odio contra la Policía Nacional desatado en septiembre de 2020 tras el asesinato del abogado Javier Ordoñez.
3. Los diversos paros y jornadas de movilización concretadas por estudiantes universitarios a lo largo de los últimos diez años.
4. Los paros agrarios vividos en el país en la pasada década.
5. El covid-19 y el ahondamiento de la crisis económica en el país, con sus secuelas multiplicadoras de quiebras de pequeños y medianos empresarios, desempleo y hambre, resumido de alguna manera en la colgada de trapos. rojos en barriadas populares del país.
6. La inconformidad con la estrategia económica y social implementada por el gobierno nacional para enfrentar la crisis pandémica que no se sintió en la calidad de vida de millones de hogares.
7. La transformación de Cali de ciudad industrial en ciudad de servicios y, con ello, el cierre de puestos de trabajo y el deterioro de condiciones de vida de miles de familias.
8. El hastío social con el nivel de desigualdad reinante en el país, con la infuncionalidad de la buracracia estatal, con el autoritarismo y violencia encontrada, así como con un gobierno que no oculta que es de ricos y para ricos.

Todo esto también está anclado a las luchas que desde el 2019 se presentan en diversos países de nuestra región y el mundo, entre ellas destacan:

1. Chile, con una prolongada protesta social de varios meses que llevarían a elecciones constituyentes, cuyos elegidos deberán darle trámite a una nueva Constitución y enterrar, por fin, el legado de la dictadura.
2. Ecuador, y el levantamiento indígena y popular de octubre de 2019 en contra del paquetazo neoliberal de Lenin Moreno.
3. Bolivia, y el rechazo de su sociedad al golpe de Estado y en defensa de la democracia.
4. Francia, y la constancia de los Chalecos Amarillos en su denuncia y confrontación de las políticas neoliberales, concretadas en la privatización de los bienes comunes.
5. Hong Kong con la lucha de los jóvenes universitarios en contra del autoritarismo chino.
6. Estados Unidos, y la lucha de los afrodescendientes en contra de la brutalidad policial y el racismo, resistencia desatada por el asesinato de George Floyd.

Un cúmulo de antecedentes y referentes de lucha, formas de actuar y defender los derechos de todas y todos que evidencia que la sociedad empieza a tener aprendizajes de acción, superación y denuncia de lo que acontece en sus realidades a partir del manejo del internet y las redes sociales. Y con ello, que estas sociedades ganan en politización, así ello no se traduzca en el entierro de las formaciones políticas tradicionales.

De esta manera, y como producto de todo ello, tenemos ante nuestros ojos claras evidencias de la crisis que sobrelleva la democracia realmente existente, formal y no integral, y con ella de la fase de acumulación capitalista abierta 40 años atrás.

Pero también tenemos, contrario a lo anterior, expresiones de otra democracia, directa y participativa, radical y plebiscitaria, materializada en los bloqueos extendidos a lo largo y ancho del país, alrededor de los cuales la comunidad participante delibera y decide qué y cómo hacer, tanto para sostenerlos como para interpelar al gobierno, aprobando para ello agendas reivindicativas, unas mínimas otras más amplias.

Expresión de otra democracia que sí es posible, extendido incluso hasta la concreción de asambleas populares de ciudad y regiones, como sucede en Pasto y en Nariño, pero también en asambleas territoriales como ocurre por otras muchas ciudades y municipios.

Es así como tenemos ante los ojos del país la conjunción de dos dinámicas, cruzadas y fortalecidas entre sí, aunque ello no sea el producto de una meta pretendida: por un lado, la acción desprendida desde el Comité Nacional de Paro (CNP) y concretada en la citación a la protesta en fecha concreta –28A–, así como las posteriores convocatorias, también en fechas concretas, de una cascada de días de parálisis y lucha.

Al mismo tiempo, el potente levantamiento juvenil/popular, traducido en acciones de control territorial, estimulados para su prolongación en agendas reivindicativas con demandas tanto nacionales como regionales y locales.

Pero también tenemos, aunque no es tan notable al ojo ciudadano pues no ha estado realzado por confrontaciones duras con la policía ni el ejército, la movilización y bloqueos materializadas por variedad de comunidades y pueblos originarios, cada uno con su agenda particular, aunque en algunos casos sintiéndose parte de las organizaciones que integran el CNP, aunque en otras no sea así. Infinidad de bloqueos que terminaron por hacer del tejido vial nacional un extenso laberinto.

Entre estos bloqueos, también destacan los concretados por el gremio de camioneros, los cuales aprovecharon la ocasión para presionar por lo suyo, en lo cual tampoco existió una sola agenda, producto de la atomización gremial que los caracteriza.

Una variedad de expresiones sociales que dejan en claro la inexistencia de un único y potente referente nacional organizativo y el tránsito hacia un amplio y variopinto movimiento social que deberá resolver en los meses y años por venir las formas políticas que asumirá o profundizará.

Ahora, la prolongación de la jornada de paro citada en primera instancia para el 28A y alargada más allá de todo cálculo, permite concluir que la sociedad aprendió a luchar y ya entiende que una convocatoria a movilizaciones debe ir más de un día para tener algún verdadero efecto.
Sucursal de la resistencia

Vivimos el surgimiento de un nuevo actor político y social popular en Cali y posiblemente el Valle del Cauca. Desde el 28A inició un momento nunca visto en la ciudad, con la concreción de cerca de 25 puntos de resistencia a lo largo y ancho de la ciudad, de los cuales han logrado sostenerse alrededor de 20.

En estos puntos la cohesión social construida implica la juntanza de vecinos y vecinas, artistas, deportistas, estudiantes, desempleados, liderazgos comunitarios y sociales, integrantes de pandillas, “barras bravas”, entre otros, que comparten ollas comunitarias para la alimentación, agendas de programación de eventos culturales y deportivos. Así mismo, están quienes bregan por construir centros de salud populares, materializado en las brigadas constituidas para atender a quienes son heridos en medio de las refriegas con la mal llamada “fuerza pública”.

Nace en este marco un nuevo actor; las primeras líneas, posicionado como un actor legítimo del conjunto de la sociedad. Ellos y ellas van tejiendo mecanismos de comunicación y coordinación a nivel local, pero con el paso de los días comienzan a verse propuestas de articulación nacional. Solo el paso de los meses dirá si logran articularse y la prolongación que alcancen como formas, por ejemplo, de guardia ciudadana o similares.

Por su parte la reacción del establecimiento para contener el estallido social en la hoy denominada “sucursal de la resistencia”, expresión nítida del autoritarismo que lo marca, connota un tratamiento de guerra en este caso con la mezcla de varias de sus estructuras armadas: policía, ejército y paramilitares. Su actuar lo determinaba cada escenario, pero lo bestial de sus prácticas permitió recordar las formas más brutales de represión vividas, por ejemplo, en países como Haití en tiempo de Papa Doc y sus fuerzas paramilitares, los terribles Tonton Macoutes, con los cuales pudo extender su reinado por décadas.

Como equipo desdeabajo entregamos a la ciudadanía caleña y al cojunto de expresiones sociales en todo el país, la presente edición, con carácter de especial, producto del trabajo periodístico sobre el terreno. Esperamos la misma se traduzca en un aporte colectivo para comprender el momento que vivimos y brindar luces para el futuro cercano que nos reta.

 

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Fotografía: Felipe Martínez

“A mí no me azara su pistola,
yo también tengo hambre de matar.
Pero a mí esos fierros no me gustan,
yo saco las uñas pa’ pelear […]”.
Canción “No azara”–La Muchacha

 

Puerto Resistencia –PR– es el lugar insignia de lo que la juventud popular logró levantar a pulso en la ciudad de Cali. En sus cuadras cientos de personas se han mantenido cohesionadas por deseos de cambio durante más de 47 días (a la fecha de escribir esta nota), en un ejercicio obstinado que busca alcanzar para la totalidad que hoy no tiene nada, y que no exigen más que lo que se merecen y necesitan, vivir dignamente.

No es nueva la lucha en estas barriadas. Lo que hoy se denomina Puerto Resistencia fue el antiguo “Puerto rellena”, un sector popular fundado en la década de 1960 por personas empobrecidas, muchas provenientes de las zonas rurales del Cauca y Valle del Cauca, en su huida de la violencia bipartidista desatada en el país posterior al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, y que en su urgencia de techo deciden tomarse los terrenos para construir sus viviendas; uno de los barrios icónicos de esta lucha fue el bautizado como Mariano Ramos1.

Con el paso de los años, en el sector empiezan a habitar múltiples actores sociales de la ciudad popular, por tanto, hoy no es raro ver la presencia de pandillas, “barras bravas”, consumidores de sustancias psicoactivas, “oficinas de cobro”, como también presencia de organizaciones comunales, sociales, eclesiales y comunitarias. Desde el 21 de noviembre de 2019 –21N–, este punto reflejaba el potencial de inconformismo que reunía, erigiéndose como el escenario de organización juvenil popular más importante de la ciudad.

Este icónico punto se ubica en un paso estratégico del oriente de la hoy llamada “sucursal de la resistencia”, donde confluyen varias vías principales que conectan múltiples barrios, incluida la Avenida Simón Bolívar que conecta el norte y sur de la ciudad. Al día de hoy puede decirse que Puerto Resistencia es el punto de concentración y resistencia más grande alcanzado en Cali, superando cualquiera de las plazas públicas que tradicionalmente sirven como escenario de encuentro de las movilizaciones sociales.


Caminando Puerto Resistencia

Cuando entramos a PR era la 1 de la tarde, el escenario era increíble, tan amplio que contaba con múltiples accesos por las calles de los barrios y en cada uno de los puntos de bloqueo había jóvenes –hombres y mujeres– vigilando lo que sucedía. La mayoría de ‘muchachos’ descansaban y conversaban. En las paredes se veían murales de gran calidad. Un camión pequeño cargado con frutas y verduras que posiblemente se iban a perder y que prefirieron donar a la causa de los jóvenes, estaba siendo descargado y en el suelo se separaban los alimentos que servían de los que estaban descompuestos.

Para ingresar tuvimos que pasar unas barricadas construidas con partes de árboles, piedras, postes, llantas, separadores de avenidas y cualquier elemento que encontraron a la mano. Nadie nos preguntó para dónde íbamos ni qué buscábamos, sin embargo el sonido de los radios de comunicación era continúo, seguramente informando lo que ocurría en cada uno de los bloqueos. Al llegar al punto donde se conectan varias calles y crean una especie de plaza principal, estaba una barricada con apariencia inquebrantable. En el espacio muchos jóvenes caminaban permanentemente, protegiendo sus rostros con sus capuchas.

“Hagan silencio, no ven que no nos dejan escuchar los radios”, es lo que nos cuentan que dijo un joven aireado –minutos antes de nuestra llegada– a alguna persona del sindicato de maestros del Valle –Sutev– que pretendía que sonara música de Quilapayun o Inti Illimani, para comenzar a cantar las clásicas arengas de su época. Una actitud no correspondiente con lo que ahí estaba ocurriendo. El conjunto de docentes, seguramente “reprendidos”, permanecían sentados en sus sillas observando a los jóvenes como si estuvieran contemplando una película de ensueño.

Después de presentarnos con los ‘muchachos’, nos llevaron a conocer los diferentes puntos de bloqueo (Ver recuadro: Monedita, un primera línea de PR); la experiencia nos quedó imborrable en nuestra mente, pues la organización social allí concretada y la decisión de lucha de estos jóvenes deja profundas enseñanzas.


PR, vida comunitaria y organización juvenil

Crear lo imaginado. En Puerto Resistencia fue la juventud que ha vivido las inclemencias del hambre y la miseria, quienes lograron construir un ejercicio organizativo nunca visto en nuestras ciudades, el cual, seguramente quedará registrado en la historia del país y en la memoria de las luchas comunitarias y populares de los pueblos.
La organización de estos jóvenes en resistencia se basa en la horizontalidad, allí todo el mundo tiene claro que nadie manda a nadie, nadie está por encima de nadie, no hay líderes, pero sí voceros. Su manera de relacionarse es sorprendente, pues su diversidad evidencia que en el mismo espacio confluyen artistas, estudiantes universitarios, integrantes de organizaciones sociales y comunitarias, pero también están quienes son trabajadores informales, desempleados, o simplemente personas que han tenido que vivir en carne propia la experiencia de la delincuencia.

De esta manera, la resistencia popular consolidó el escenario del autocontrol a través de centenares de jóvenes a quienes muchas veces la sociedad ve como indeseables, es decir, aquellas personas a quienes no han podido dominar-controlar, los sin futuro, quienes, bregando por su sobrevivencia, seguramente siempre tendrán que romper la normatividad y pasar por encima de los demás.

Algo que no sucede aquí. El respeto que se tienen entre sí, y la convicción de lo que están haciendo por exigir sus derechos es tan evidente que en Puerto Resistencia no se presentan peleas o golpes entre las diversidades allí reunidas, no está permitido el hurto –aunque entienden que más allá de PR los robos no dejan de ocurrir porque el pueblo está hambriento–, los unos cuidan de los otros, llegando al punto que personas de barras futboleras o pandillas opuestas, conviven concentrando sus cinco sentidos, más el sexto, el de la vivacidad que potencia la calle, en un solo contrario.

Esta comunidad construye nuevas referencias de vida, y en su trajinar moldean la cultura de la cual son producto, dándole base a nuevas simbologías y referencias para la ciudad y el país, como quedó plasmado en “Resiste”2 el monumento con que “celebran para no olvidar” estas semanas de lucha, con sus muertos, con sus referentes de resistencia, con sus significantes de futuro.
Una noche llena de vida

Luego del recorrido diurno, salimos de este territorio para visitar otros, pero llegada la noche decidimos retornar, el reloj marcaba las 10 y la ciudad estaba poco transitada. Al bajarnos del vehículo en que nos trasladamos percibimos de inmediato que el ambiente era muy distinto a la tarde que habíamos vivido. Luces de láseres verdes nos apuntaban la cara. Pasamos una de las barricadas y llegaron varios jóvenes a interpelarnos, “¿quiénes son ustedes? ¿qué hacen aquí?” fueron las primeras preguntas que nos increparon.

Después de explicarles nuestra procedencia decidieron dejarnos entrar, eso sí advirtiéndonos que la noche estaba pesada. Por cuestiones de seguridad no nos permitieron sacar cámaras ni registrar en imágenes lo que viéramos.

Caminamos sobre la misma calle que recorrimos horas antes, ahora se veían menos personas que en la tarde. Los jóvenes sentados en las aceras, en pequeños grupos, escuchaban música en sus celulares o parlantes pequeños, principalmente se escuchaba rap (Canserbero, Alcolirykoz, entre otros), algunas canciones de trap de Bad Bunny y en la lejanía sonaban canciones clásicas de salsa brava de la Fania. Nos sentamos cerca de la caseta principal, junto al CAI que ahora es una biblioteca popular y allí comenzamos a detallar todo lo que sucedía en la tensa calma.

Simba, un joven primera línea que toda la vida ha vivido en el barrio Siloé, se nos acercó y todo el tiempo nos acompañó, lo que nos permitió sostener a lo largo de varias horas una conversación bastante informal. Sin timidez alguna nos contó que en Puerto Resistencia se alimentaba mejor que en su casa, así mismo nos dijo con contundencia “a nosotros nos amenazan con que nos van a llevar a la cárcel por hacer esto, pero hermano eso no nos asusta, muchos ya la pisamos”.

Otro joven que prefiere ser anónimo pero que también compartió la noche junto a nosotros nos advertía lo que estábamos por vivir: “Mirá, lo que vas a ver hoy es ese país que no te imaginás, ni que conocés”, mientras decía esto nos contaba sus razones para estar allí: “A mi hermano me lo mataron y yo sé que él murió y tenía en la cabeza esa deuda que lo hacía sufrir con el Icetex. ¿Quién me paga a mi hermano? –para responderse de inmediato– ¡nadie! Cuando me lo mataron no llegó la policía y ahora que estamos aquí, ahí si tienen policía para mandar por miles.

–Nos mira fijamente y continúa– Los jóvenes que pasan las noches acá salen de sus casas echándose la bendición. Muchos son los jóvenes que no saben a dónde van con la vida, muchos ya están cansados de vivir. Te digo una cosa, yo amo la salsa como un hp y esta es mi ciudad, la que más quiero en el mundo y por eso lucho, lucho por darle estudio a mi hija, porque yo sé que ella si tiene futuro. A quienes dicen que están aguantando hambre por los bloqueos quiero decirles algo: coman solo uyucos, coman solo arroz, coman solo chontaduro o pasen uno que otro día sin comer, finalmente así nos ha tocado vivir a nosotros toda la vida”.

La tensa calma se rompió, en medio de la oscuridad, al momento que un día da paso a otro. En ese instante comenzaron a escucharse gritos que indicaban que ya habían llegado. Todo el mundo se preparó, cada persona sabía lo que tenía que hacer. La experiencia de quienes han vivido escenarios similares a lo largo de otras muchas noches, no solo ahora sino en otros momentos de sus vidas, agarrados a su capacidad para evadir a sus perseguidores, nos decía que debíamos estar tranquilos, que nada iba a suceder.

La primera de las cuatro balaceras que vivimos había empezado. Aunque nunca vimos lo que ocurría, según nos trasmitían, eran personas en motos y camionetas que empezaban a disparar indiscriminadamente. En medio del crujir de armas de distinto calibre, lo que vivimos fue prácticamente un escenario de guerra, con un caos que una y otra vez se prolongaba por 15 minutos, sin detenerse. Los gritos de los jóvenes, la organización para ir a acompañar los puntos por donde hostigaban quienes pretendían romper uno u otro bloqueo era de no creer. Verlos llegar después con sus rostros congestionados por la adrenalina potenciada por la reacción corporal, por esos sentidos desarrollados por los humanos que se desfogan y te avisan que estás en riesgo de perder la vida, que si te descuidas no podrás contar lo vivido, es una imagen difícil de olvidar. Mientras esto sucedía, Simba y otros jóvenes nos decían “tranquilos, aquí no les va a pasar nada, nosotros estamos aquí por su seguridad”, nosotros simplemente agradecíamos.

La unión, el barrio y la familia de la línea es lo primero. Sin duda lo que vivimos será inolvidable. Pero lo que viven estos jóvenes, y lo que Puerto Resistencia ha construido como experiencia social, con arraigo territorial, no lo han vivido en ninguna otra ciudad del país, allí existe hoy una experiencia que difícilmente se volverá a presentar.

En ese devenir, sabiendo el pasado vivido y el futuro que les ofrece esta sociedad, quienes allí resisten están imbuidos de convicción, y envían un mensaje toda la sociedad: no se venden ante las insinuaciones del poder, no se rinden ante las estrategias del terror y no claudican a su objetivo de conseguir vida digna aquí y ahora.

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur.
1 Ver: http://lapalabra.univalle.edu.co/cronica-puerto-resistencia-punto-de-referencia-para-la-resistencia-en-cali/?fbclid=IwAR3M33I4D_xf6JOYr3rSUZe37Ub4nYc-0Z91Q4WuWClsm-Rzb3AsC6uasvY y libro: PENSAR LA RESISTENCIA: MAYO DEL 2021 EN CALI Y COLOMBIA. DOCUMENTOS ESPECIALES CIDSE No.6. En: https://drive.google.com/file/d/12qIcO8EhwA98LmwSJf3T2_lhtrF_eK6m/view
2 Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/42672-resiste-el-monumento-construido-por-la-resistencia-en-cali.html

 


 Monedita, un primera línea de PR

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Mientras nos hacían un recorrido por todos los puntos que componen la primera línea de Puerto Resistencia conocimos a Monedita, un joven sonriente, quien se la pasaba chanceando y riendo con sus compañeros de línea. Nos ofreció pan con gaseosa y mientras comíamos aceptó darnos una entrevista. Al hacerle la pregunta ¿cuáles son las razones para estar aquí?, contestó:


“Nosotros empezamos a luchar desde el 28 de abril. Primero empezamos por tumbar todas las reformas que habían impuesto y que eran injustas. Ahora ya vamos porque tiremos a reducir el Congreso, solo uno por departamento está bien. También buscamos otros beneficios que necesitamos, que la salud ya quede bien, la educación y todo, por eso es que estamos luchando”.


En ese momento se queda en silencio, pensativo, como organizando sus ideas, ahí le preguntamos ¿y cómo ha sido su experiencia aquí?:


“He visto caer a los de al lado. Por esas personas muertas también estamos aquí luchando, no podemos dejar eso impune, tenemos que ganar esta guerra que es muy desigual porque esa gente tiene armas y disparan contra nosotros y los escudos no son blindados y ahí nos atraviesan las balas. Contra la policía siempre nos toca correr, porque ¿quién se va a enfrentar a esos fusiles? Nosotros apenas tenemos piedras para lanzarles, si tuviéramos armas pues haríamos frentes como las Farc que están en las montañas, pero no, tenemos piedras nomas, entonces no tenemos el poder para hacerle frente a la policía, nos toca es defendernos y por eso es que nos han matado tantas personas”.


A nuestro alrededor estaban cuatro jóvenes primera línea almorzando junto a sus carpas que hoy son sus casas. Le preguntamos a Monedita ¿cómo es vivir en esta resistencia? y nos contestó:


“En la resistencia aguantamos con las ayudas de los vecinos, si llueve pues nos toca mojarnos, si hace sol pues nos toca chupar sol. Siempre tenemos un techito donde bañarnos, la gente nos colabora. La comunidad también se preocupa, desde sus casas nos dicen ‘cuidado que ahí viene un carro’, también si viene la Policía, que siempre viene a hostigar. Por lo menos en este sector de acá, todos los días nos vienen a disparar, todos los días hay bala, siempre es de 12 de la noche a 4 de la mañana, ya de día todo es relajado como lo ves, tranquilo.


Hay gente que dice que cerramos las calles, pero eso es mentira, lo que tenemos son meros reductores de velocidad, las calles siguen activas, circula la comida normal, la gente tiene su transporte a su trabajo, todo el mundo entra y sale. Cerramos a las 8 de la noche porque después de esa hora ya empiezan a andar los carros raros.


La gracia de esto es tener a la comunidad como amistad, no estamos peleando contra el pueblo, sino que estamos con el mismo pueblo, estamos defendiendo los derechos del pueblo, de nuestros abuelos, de nuestros hijos, de la generación que viene después de nuestros hijos, eso es lo que estamos luchando todos nosotros”.


Al apagar su voz escuchamos las historias de los compañeros de Monedita que se cuentan cómo vivieron la balacera la noche anterior, alguno dice que la bala le rozó la cara y que ni siquiera la vio, en ese momento preguntamos ¿hasta cuándo va a ir todo esto? “Hasta que nos cumplan nuestros derechos, hasta ahí vamos”, nos responde Monedita.


Mientras hacemos la entrevista suenan radios todo el tiempo informando lo que sucede en los otros puntos de bloqueo extendidos por todo el sector. Entran y salen personas de sus casas como si nada estuviera pasando, lo que nos lleva a preguntar, ¿cómo es la cotidianidad acá?:


“Como te digo, la gente nos colabora, los vecinos, la comunidad vienen y nos dicen “¿Muchachos necesitan arrocito o algo? Cuenten con mi casa, yo les preparo”, entonces sin preocupación nos llevan a sus casas. Muchas veces nosotros les damos los insumos para cocinar o ya está la comida lista; de ahí nos repartimos en los puntos, nosotros llevamos una coordinación, aquí nadie manda, solamente llevamos una coordinación y ya, el punto que tiene la comida pues viene y recoge. A la caseta principal van y almuerzan muchos y también se hacen ollas comunitarias como la que está en el primer bunquer, donde van los vecinos y la primera línea, así aguantamos la resistencia.


Como podés ver, estamos marchando por lo mismo, pero a veces la comunicación entre nosotros es difícil, porque hay pensamientos e ideas diferentes, entonces tratamos de llevarnos bien, aunque hay errores, pero tratamos de solucionarlos, siempre tratamos de manejar bien sintonizados lo que hacemos, para así coordinar con el público y a la gente que nos colabora. Lo importante es dialogar, en el diálogo está todo”.


Agradeciendo la generosidad y confianza con que nos han tratado nos despedimos de Monedita y sus compañeros de línea. Salimos del barrio y seguimos nuestro camino asombrados de la capacidad organizativa y la convicción de estos jóvenes. Sin duda hay un renacer de las formas de organización social y popular, de las formas para tallar otro país.

 

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Biblioteca Popular La Dignidad,antes CAI Loma de la Cruz.

En La Loma de La Dignidad, en el centro de Cali, convergen distintos procesos, recién organizados por la comunidad en el marco del Paro Nacional que desde el 28A alcanza eco en Colombia. Aunque las personas tienen temor ante el riesgo de ser asesinados o desaparecidos, su motivación y organización está proyectada para largo aliento.

 

Resignificar espacios de poder en medio de las recientes movilizaciones en Colombia ha sido una de las expresiones espontáneas de los y las manifestantes. Tomas culturales y artísticas que durante los más de 50 días que suma el llamado a paro iniciado el 28A toman forma y con mayor fuerza.

En particular, en la ciudad de Cali ya se han resignificado 4 distintos Comandos de Atención Inmediata (CAI), así: el situado en el Barrio Metropolitano del Norte, ahora Biblioteca Popular Nicolás Guerrero, el de Puerto Rellena, renombrado como Biblioteca Popular Marcelo Agredo, el ubicado en el Paso del Comercio conocido por quienes habitan el sector como La biblio-huerta del Aguante, y el correspondiente a la Loma de la Cruz llamado Biblioteca Popular de La Dignidad. Y también está la Biblioteca Móvil Mil Caras de la Literatura - Punto de Resistencia Meléndez.

La Biblioteca Popular La Dignidad fue la primera que resignificó un espacio de poder en Cali. El espacio donde está ubicad es el mismo donde antes funcionaba el CAI de La Loma, y el cual fue tomado luego de dos días de duros enfrentamientos acaecidos entre los días 28 y 29 de abril.

 

Biblioteca Popular La Dignidad, una re-significación de espacios de poder

 

El 1 de Mayo, con el deseo de compartir saberes y disposiciones, llegó Jonathan Valencia con demás integrantes del Colectivo La Dignidad, limpiaron y barrieron el lugar y empezaron a colocar libros. El colectivo está integrado por 14 personas entre hombres y mujeres, que espontáneamente fueron llegando y se fueron quedando. La mayoría tienen formación humanística.

“Creemos que esa re-significación artística y cultural que se le ha dado a un espacio de poder es digno. Digno en el momento en el que estamos tratando de visibilizar los cuerpos, que somos las personas, que integran el Colectivo La Dignidad pronunciándose políticamente ante un aparato represor y cuerpos de poder, como los policías y militares. Cuerpos de poder que nos han intimidado persiguiendo a algunxs compañerxs”, contó Jonathan, uno de los voceros de la Biblioteca Popular La Dignidad e integrante del equipo dinamizador del paro de La Loma de La Dignidad.

En La Loma de La Dignidad convergen distintos procesos como poesía al viento, danza, el mercado comunitario, la primera línea y el cabildo abierto. Además, desde la primera semana de mayo en La Dignidad se reúnen una vez por semana y delegan las tareas de las varias comisiones: insumos, agenda cultural, biblioteca, gobernanza, punto violeta, ambiental y comunicaciones. El equipo desdeabajo con el apoyo periodístico de Sebastián N. entabló una entrevista con Jonathan en torno al proceso de la Biblioteca Popular y esto fue lo que nos contó:

desdeabajo (da): ¿Por qué el nombre de Biblioteca Popular La Dignidad?
Jonathan Valencia (JV): Ese nombre no lo dimos nosotros, tiene una relación muy cercana al inicio del Paro Nacional del 28 de abril. Se empezó a re-significar los espacios. Ya no se llama Loma de La Cruz sino Loma de La Dignidad. Entonces, como el concepto ya estaba la Biblioteca se llamó igual para darle consecutividad. Lo mismo pasó con la zona Paso del Comercio que ahora es Paso del Aguante, o el Puente de los Mil Días ahora conocido como el Puente de las Mil Luchas, o Puerto Rellena se resignificó como Puerto Resistencia y así.

da: ¿Qué ha dicho la comunidad?
JV: La comunidad no se ha pronunciado.Este CAI tiene la particularidad de ser un punto de atención turístico. Entonces, un sector de la comunidad siempre ha querido la biblioteca y otro sector tiene una relación simbólica con la presencia del CAI y la sensación de seguridad. Realizamos una Asamblea Popular el día 11 de mayo a las 5 de la tarde, en la que intervino la comunidad, la Secretaría de Cultura, la Sub-Secretaría de Artes y la Red de Bibliotecas Públicas y el consenso general que arrojó la misma fue que quieren tanto la biblioteca como el CAI.

da: ¿Cuál ha sido la respuesta de la Policía después de la toma del CAI y la apertura de la biblioteca popular?
JV: La Policía no se ha pronunciado al respecto. Nos ha intimidado. El viernes 14 de mayo vinieron 8 policías, sin identificación en sus chalecos o placas de las motos, y nos tomaron fotos y vídeos. No se ha establecido con la Policía ningún diálogo. Con los militares sí tuvimos un encuentro el 2 de mayo. Llegamos y estaban en la Biblioteca Popular con armas y explosivos. Les dijimos que íbamos a entrar y no nos dejaron. Sin embargo, colocamos los libros afuera del CAI y convivimos con ellos toda una tarde.

da: ¿Qué actividades desarrollan en la Biblioteca?
JV: Hacemos recitales de poesía, circo, talleres de dibujo para infantes o lecturas con la primera línea. Como las bibliotecas públicas están cerradas, promotores de lectura han venido a realizar eventos. Hemos creado un Comité Pedagógico, articulado con el Comité del Paro de La Loma, espacio a partir del cual hemos logrado entablar conversación con la comunidad, sin condicionar a que estén de acuerdo con el proceso, para invitarlos a participar en la Asamblea Popular que se realiza todos los sábados en la rotonda de la Loma de La Dignidad y conversar sobre quiénes somos, cuáles han sido los aciertos y desaciertos del proceso.

da: ¿Hasta cuándo creen que esta situación dure?
JV: Esto lo respondo como miembro del Comité del Paro de La Loma, y es que no sabemos. No sabemos hasta cuándo va el bloqueo, ni sabemos hasta cuándo va el decreto que expidió el Alcalde Jorge Iván Ospina con la Unión de Resistencias de Cali. No sabemos a quiénes de los que estamos acá nos van a desaparecer o matar. Nada de eso está claro, ni tampoco para las otras compañeras y compañeros de las demás bibliotecas con quiénes hemos creado la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña. En ese sentido estamos pensado en actividades colectivas a corto plazo, sin embargo tanto el Comité del Paro de La Loma como la Biblioteca Popular la Dignidad son de largo aliento, sin importar que el Paro Nacional siga o termine. Creo que es muy importante proyectarse para las próximas elecciones, para que todo este proceso tenga una calada en el incremento de la conciencia política de las personas.

da: Cuéntenos más de esta Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña
JV: Estas no son actividades aisladas, sino que es un movimiento artístico y cultural que sin articularse en un principio todas las bibliotecas, nos hemos dado cuenta que la espontaneidad ha llevado a reconsiderar las bibliotecas como un espacio pre-dilecto para la democratización del conocimiento. Una ciudad como Cali, golpeada por tanta desigualdad, los sectores populares están en un alto nivel de inasistencia escolar, y creemos que a través de estas bibliotecas se puede impactar positivamente en la asistencia, para bien.

En los primeros días de funcionamiento de la Biblioteca Popular la Dignidad nos percatamos que estábamos pensando muy individual, y tocaba darle tuerca al asunto a un sentido más colectivo, por lo cual buscamos y entablamos conversación con las demás bibliotecas y así creamos la Unión. Entonces, así después nos saquen a todas las bibliotecas de los CAI, la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña seguirá actuando. Yo siento, puede ser uno de los caminos, que a largo plazo se terminará concretando una co-acción con la institucionalidad, porque la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, a diferencia de la de Medellín o Bogotá, nació fruto de procesos de bibliotecas comunitarias y populares que luego se convirtieron en bibliotecas públicas.

 

Integrantes Colectivo Mal-Hablar, Universidad Pa’l Barrio y Biblioteca Popular la Dignidad
 


Universidad Pa’l Barrio y Colectivo Mal-Hablar

Al terminar la entrevista, al frente de la Biblioteca empezó un evento de Universidad Pa’l Barrio, un proyecto en alianza con colectivos y profesores de distintas universidades que llevan las clases a las calles. Karen Sofía Camacho, estudiante de la Universidad del Valle, contó que este proceso tiene como intención aportar con actividades pedagógicas y académicas a la movilización social en el marco del Paro Nacional en los distintos puntos de resistencia en Cali. “Nos articulamos con los voceros de cada punto y con las bibliotecas populares. Creemos que como ciudadanos y academia podemos tener un papel protagónico en la construcción de un país. Y estamos aprovechando el despertar de la conciencia colectiva. La idea es también trascender después de la coyuntura que estamos viviendo”, puntualizó Karen.

Al instante empezó una mesa de escucha del Colectivo Mal-Hablar, un evento articulado con Universidad Pa’l Barrio. Con el ejercicio de escucha colectiva se trata de que las personas reaccionen creativamente a ello e identifiquen dónde se aloja corporalmente su escucha y también reflexionen sobre las preguntas que les genera el Paro Nacional.

Andrea Martínez, una de sus integrantes, contó que la idea del colectivo es romper los significados de los conceptos que se utilizan en el cotidiano del Paro Nacional. El colectivo escoge una palabra que les parece pertinente y recogen las definiciones que sobre la misma les da la gente.La idea es hablar con todo tipo de personas: infantes, personas de acuerdo y en desacuerdo con la movilización. Y después, procesar esta información, ponerle música, y a circular.

“Nos sucede con frecuencia que hablamos mucho y casi no nos escuchamos. Reconocer la diferencia es muy importante para la transformación que queremos en Colombia. Hasta el momento nuestras series de palabras han sido: paro, vándalo y desaparecidos. Palabras que empiezan a habitar en nuestra cotidianidad, no tradicionalmente sino reformuladas por la gente” concluyó Andrea.

Diversas personas participaron de esta mesa de escucha. Ciclistas de paso, artesanas, estudiantes y adultos mayores. Una vendedora informal, que no sabía escribir, le pidió el favor a una mujer que le escribiera una carta para la primera línea. Amarraron una cuerda de un poste a un tubo anclado en el suelo, y colgaron las cartas. “Que Dios los proteja y ojalá todo cambie para una Colombia mejor”,terminabadiciendo la carta de la señora.

* Texto y fotografías.

 

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Fotografía: Ariel Arango, Cali 2021.

Lo que estamos presenciando desde el pasado 28 de abril –28A– es un acontecimiento histórico que marcará los años venideros en Colombia. Aunque la coyuntura es nacional, es innegable que en la ciudad de Cali se presentó un levantamiento juvenil popular urbano nunca antes vivido en el país y que no tiene punto de comparación con otros referentes de lucha social, como el recordado 14 de septiembre de 1977, toda vez que en esta ocasión se trata de actores de nuevo tipo como es el caso de la juventud popular excluida y sin posibilidades de futuro.

Un suceso de nuevo tipo que es el resultado de una realidad nacional variopinta:

1. El paro nacional convocado el 21 de noviembre de 2019 –21N–.
2. El levantamiento de odio contra la Policía Nacional desatado en septiembre de 2020 tras el asesinato del abogado Javier Ordoñez.
3. Los diversos paros y jornadas de movilización concretadas por estudiantes universitarios a lo largo de los últimos diez años.
4. Los paros agrarios vividos en el país en la pasada década.
5. El covid-19 y el ahondamiento de la crisis económica en el país, con sus secuelas multiplicadoras de quiebras de pequeños y medianos empresarios, desempleo y hambre, resumido de alguna manera en la colgada de trapos. rojos en barriadas populares del país.
6. La inconformidad con la estrategia económica y social implementada por el gobierno nacional para enfrentar la crisis pandémica que no se sintió en la calidad de vida de millones de hogares.
7. La transformación de Cali de ciudad industrial en ciudad de servicios y, con ello, el cierre de puestos de trabajo y el deterioro de condiciones de vida de miles de familias.
8. El hastío social con el nivel de desigualdad reinante en el país, con la infuncionalidad de la buracracia estatal, con el autoritarismo y violencia encontrada, así como con un gobierno que no oculta que es de ricos y para ricos.

Todo esto también está anclado a las luchas que desde el 2019 se presentan en diversos países de nuestra región y el mundo, entre ellas destacan:

1. Chile, con una prolongada protesta social de varios meses que llevarían a elecciones constituyentes, cuyos elegidos deberán darle trámite a una nueva Constitución y enterrar, por fin, el legado de la dictadura.
2. Ecuador, y el levantamiento indígena y popular de octubre de 2019 en contra del paquetazo neoliberal de Lenin Moreno.
3. Bolivia, y el rechazo de su sociedad al golpe de Estado y en defensa de la democracia.
4. Francia, y la constancia de los Chalecos Amarillos en su denuncia y confrontación de las políticas neoliberales, concretadas en la privatización de los bienes comunes.
5. Hong Kong con la lucha de los jóvenes universitarios en contra del autoritarismo chino.
6. Estados Unidos, y la lucha de los afrodescendientes en contra de la brutalidad policial y el racismo, resistencia desatada por el asesinato de George Floyd.

Un cúmulo de antecedentes y referentes de lucha, formas de actuar y defender los derechos de todas y todos que evidencia que la sociedad empieza a tener aprendizajes de acción, superación y denuncia de lo que acontece en sus realidades a partir del manejo del internet y las redes sociales. Y con ello, que estas sociedades ganan en politización, así ello no se traduzca en el entierro de las formaciones políticas tradicionales.

De esta manera, y como producto de todo ello, tenemos ante nuestros ojos claras evidencias de la crisis que sobrelleva la democracia realmente existente, formal y no integral, y con ella de la fase de acumulación capitalista abierta 40 años atrás.

Pero también tenemos, contrario a lo anterior, expresiones de otra democracia, directa y participativa, radical y plebiscitaria, materializada en los bloqueos extendidos a lo largo y ancho del país, alrededor de los cuales la comunidad participante delibera y decide qué y cómo hacer, tanto para sostenerlos como para interpelar al gobierno, aprobando para ello agendas reivindicativas, unas mínimas otras más amplias.

Expresión de otra democracia que sí es posible, extendido incluso hasta la concreción de asambleas populares de ciudad y regiones, como sucede en Pasto y en Nariño, pero también en asambleas territoriales como ocurre por otras muchas ciudades y municipios.

Es así como tenemos ante los ojos del país la conjunción de dos dinámicas, cruzadas y fortalecidas entre sí, aunque ello no sea el producto de una meta pretendida: por un lado, la acción desprendida desde el Comité Nacional de Paro (CNP) y concretada en la citación a la protesta en fecha concreta –28A–, así como las posteriores convocatorias, también en fechas concretas, de una cascada de días de parálisis y lucha.

Al mismo tiempo, el potente levantamiento juvenil/popular, traducido en acciones de control territorial, estimulados para su prolongación en agendas reivindicativas con demandas tanto nacionales como regionales y locales.

Pero también tenemos, aunque no es tan notable al ojo ciudadano pues no ha estado realzado por confrontaciones duras con la policía ni el ejército, la movilización y bloqueos materializadas por variedad de comunidades y pueblos originarios, cada uno con su agenda particular, aunque en algunos casos sintiéndose parte de las organizaciones que integran el CNP, aunque en otras no sea así. Infinidad de bloqueos que terminaron por hacer del tejido vial nacional un extenso laberinto.

Entre estos bloqueos, también destacan los concretados por el gremio de camioneros, los cuales aprovecharon la ocasión para presionar por lo suyo, en lo cual tampoco existió una sola agenda, producto de la atomización gremial que los caracteriza.

Una variedad de expresiones sociales que dejan en claro la inexistencia de un único y potente referente nacional organizativo y el tránsito hacia un amplio y variopinto movimiento social que deberá resolver en los meses y años por venir las formas políticas que asumirá o profundizará.

Ahora, la prolongación de la jornada de paro citada en primera instancia para el 28A y alargada más allá de todo cálculo, permite concluir que la sociedad aprendió a luchar y ya entiende que una convocatoria a movilizaciones debe ir más de un día para tener algún verdadero efecto.
Sucursal de la resistencia

Vivimos el surgimiento de un nuevo actor político y social popular en Cali y posiblemente el Valle del Cauca. Desde el 28A inició un momento nunca visto en la ciudad, con la concreción de cerca de 25 puntos de resistencia a lo largo y ancho de la ciudad, de los cuales han logrado sostenerse alrededor de 20.

En estos puntos la cohesión social construida implica la juntanza de vecinos y vecinas, artistas, deportistas, estudiantes, desempleados, liderazgos comunitarios y sociales, integrantes de pandillas, “barras bravas”, entre otros, que comparten ollas comunitarias para la alimentación, agendas de programación de eventos culturales y deportivos. Así mismo, están quienes bregan por construir centros de salud populares, materializado en las brigadas constituidas para atender a quienes son heridos en medio de las refriegas con la mal llamada “fuerza pública”.

Nace en este marco un nuevo actor; las primeras líneas, posicionado como un actor legítimo del conjunto de la sociedad. Ellos y ellas van tejiendo mecanismos de comunicación y coordinación a nivel local, pero con el paso de los días comienzan a verse propuestas de articulación nacional. Solo el paso de los meses dirá si logran articularse y la prolongación que alcancen como formas, por ejemplo, de guardia ciudadana o similares.

Por su parte la reacción del establecimiento para contener el estallido social en la hoy denominada “sucursal de la resistencia”, expresión nítida del autoritarismo que lo marca, connota un tratamiento de guerra en este caso con la mezcla de varias de sus estructuras armadas: policía, ejército y paramilitares. Su actuar lo determinaba cada escenario, pero lo bestial de sus prácticas permitió recordar las formas más brutales de represión vividas, por ejemplo, en países como Haití en tiempo de Papa Doc y sus fuerzas paramilitares, los terribles Tonton Macoutes, con los cuales pudo extender su reinado por décadas.

Como equipo desdeabajo entregamos a la ciudadanía caleña y al cojunto de expresiones sociales en todo el país, la presente edición, con carácter de especial, producto del trabajo periodístico sobre el terreno. Esperamos la misma se traduzca en un aporte colectivo para comprender el momento que vivimos y brindar luces para el futuro cercano que nos reta.

 

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Publicado enColombia
Biblioteca Popular La Dignidad,antes CAI Loma de la Cruz.

En La Loma de La Dignidad, en el centro de Cali, convergen distintos procesos, recién organizados por la comunidad en el marco del Paro Nacional que desde el 28A alcanza eco en Colombia. Aunque las personas tienen temor ante el riesgo de ser asesinados o desaparecidos, su motivación y organización está proyectada para largo aliento.

 

Resignificar espacios de poder en medio de las recientes movilizaciones en Colombia ha sido una de las expresiones espontáneas de los y las manifestantes. Tomas culturales y artísticas que durante los más de 50 días que suma el llamado a paro iniciado el 28A toman forma y con mayor fuerza.

En particular, en la ciudad de Cali ya se han resignificado 4 distintos Comandos de Atención Inmediata (CAI), así: el situado en el Barrio Metropolitano del Norte, ahora Biblioteca Popular Nicolás Guerrero, el de Puerto Rellena, renombrado como Biblioteca Popular Marcelo Agredo, el ubicado en el Paso del Comercio conocido por quienes habitan el sector como La biblio-huerta del Aguante, y el correspondiente a la Loma de la Cruz llamado Biblioteca Popular de La Dignidad. Y también está la Biblioteca Móvil Mil Caras de la Literatura - Punto de Resistencia Meléndez.

La Biblioteca Popular La Dignidad fue la primera que resignificó un espacio de poder en Cali. El espacio donde está ubicad es el mismo donde antes funcionaba el CAI de La Loma, y el cual fue tomado luego de dos días de duros enfrentamientos acaecidos entre los días 28 y 29 de abril.

 

Biblioteca Popular La Dignidad, una re-significación de espacios de poder

 

El 1 de Mayo, con el deseo de compartir saberes y disposiciones, llegó Jonathan Valencia con demás integrantes del Colectivo La Dignidad, limpiaron y barrieron el lugar y empezaron a colocar libros. El colectivo está integrado por 14 personas entre hombres y mujeres, que espontáneamente fueron llegando y se fueron quedando. La mayoría tienen formación humanística.

“Creemos que esa re-significación artística y cultural que se le ha dado a un espacio de poder es digno. Digno en el momento en el que estamos tratando de visibilizar los cuerpos, que somos las personas, que integran el Colectivo La Dignidad pronunciándose políticamente ante un aparato represor y cuerpos de poder, como los policías y militares. Cuerpos de poder que nos han intimidado persiguiendo a algunxs compañerxs”, contó Jonathan, uno de los voceros de la Biblioteca Popular La Dignidad e integrante del equipo dinamizador del paro de La Loma de La Dignidad.

En La Loma de La Dignidad convergen distintos procesos como poesía al viento, danza, el mercado comunitario, la primera línea y el cabildo abierto. Además, desde la primera semana de mayo en La Dignidad se reúnen una vez por semana y delegan las tareas de las varias comisiones: insumos, agenda cultural, biblioteca, gobernanza, punto violeta, ambiental y comunicaciones. El equipo desdeabajo con el apoyo periodístico de Sebastián N. entabló una entrevista con Jonathan en torno al proceso de la Biblioteca Popular y esto fue lo que nos contó:

desdeabajo (da): ¿Por qué el nombre de Biblioteca Popular La Dignidad?
Jonathan Valencia (JV): Ese nombre no lo dimos nosotros, tiene una relación muy cercana al inicio del Paro Nacional del 28 de abril. Se empezó a re-significar los espacios. Ya no se llama Loma de La Cruz sino Loma de La Dignidad. Entonces, como el concepto ya estaba la Biblioteca se llamó igual para darle consecutividad. Lo mismo pasó con la zona Paso del Comercio que ahora es Paso del Aguante, o el Puente de los Mil Días ahora conocido como el Puente de las Mil Luchas, o Puerto Rellena se resignificó como Puerto Resistencia y así.

da: ¿Qué ha dicho la comunidad?
JV: La comunidad no se ha pronunciado.Este CAI tiene la particularidad de ser un punto de atención turístico. Entonces, un sector de la comunidad siempre ha querido la biblioteca y otro sector tiene una relación simbólica con la presencia del CAI y la sensación de seguridad. Realizamos una Asamblea Popular el día 11 de mayo a las 5 de la tarde, en la que intervino la comunidad, la Secretaría de Cultura, la Sub-Secretaría de Artes y la Red de Bibliotecas Públicas y el consenso general que arrojó la misma fue que quieren tanto la biblioteca como el CAI.

da: ¿Cuál ha sido la respuesta de la Policía después de la toma del CAI y la apertura de la biblioteca popular?
JV: La Policía no se ha pronunciado al respecto. Nos ha intimidado. El viernes 14 de mayo vinieron 8 policías, sin identificación en sus chalecos o placas de las motos, y nos tomaron fotos y vídeos. No se ha establecido con la Policía ningún diálogo. Con los militares sí tuvimos un encuentro el 2 de mayo. Llegamos y estaban en la Biblioteca Popular con armas y explosivos. Les dijimos que íbamos a entrar y no nos dejaron. Sin embargo, colocamos los libros afuera del CAI y convivimos con ellos toda una tarde.

da: ¿Qué actividades desarrollan en la Biblioteca?
JV: Hacemos recitales de poesía, circo, talleres de dibujo para infantes o lecturas con la primera línea. Como las bibliotecas públicas están cerradas, promotores de lectura han venido a realizar eventos. Hemos creado un Comité Pedagógico, articulado con el Comité del Paro de La Loma, espacio a partir del cual hemos logrado entablar conversación con la comunidad, sin condicionar a que estén de acuerdo con el proceso, para invitarlos a participar en la Asamblea Popular que se realiza todos los sábados en la rotonda de la Loma de La Dignidad y conversar sobre quiénes somos, cuáles han sido los aciertos y desaciertos del proceso.

da: ¿Hasta cuándo creen que esta situación dure?
JV: Esto lo respondo como miembro del Comité del Paro de La Loma, y es que no sabemos. No sabemos hasta cuándo va el bloqueo, ni sabemos hasta cuándo va el decreto que expidió el Alcalde Jorge Iván Ospina con la Unión de Resistencias de Cali. No sabemos a quiénes de los que estamos acá nos van a desaparecer o matar. Nada de eso está claro, ni tampoco para las otras compañeras y compañeros de las demás bibliotecas con quiénes hemos creado la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña. En ese sentido estamos pensado en actividades colectivas a corto plazo, sin embargo tanto el Comité del Paro de La Loma como la Biblioteca Popular la Dignidad son de largo aliento, sin importar que el Paro Nacional siga o termine. Creo que es muy importante proyectarse para las próximas elecciones, para que todo este proceso tenga una calada en el incremento de la conciencia política de las personas.

da: Cuéntenos más de esta Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña
JV: Estas no son actividades aisladas, sino que es un movimiento artístico y cultural que sin articularse en un principio todas las bibliotecas, nos hemos dado cuenta que la espontaneidad ha llevado a reconsiderar las bibliotecas como un espacio pre-dilecto para la democratización del conocimiento. Una ciudad como Cali, golpeada por tanta desigualdad, los sectores populares están en un alto nivel de inasistencia escolar, y creemos que a través de estas bibliotecas se puede impactar positivamente en la asistencia, para bien.

En los primeros días de funcionamiento de la Biblioteca Popular la Dignidad nos percatamos que estábamos pensando muy individual, y tocaba darle tuerca al asunto a un sentido más colectivo, por lo cual buscamos y entablamos conversación con las demás bibliotecas y así creamos la Unión. Entonces, así después nos saquen a todas las bibliotecas de los CAI, la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña seguirá actuando. Yo siento, puede ser uno de los caminos, que a largo plazo se terminará concretando una co-acción con la institucionalidad, porque la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, a diferencia de la de Medellín o Bogotá, nació fruto de procesos de bibliotecas comunitarias y populares que luego se convirtieron en bibliotecas públicas.

 

Integrantes Colectivo Mal-Hablar, Universidad Pa’l Barrio y Biblioteca Popular la Dignidad
 


Universidad Pa’l Barrio y Colectivo Mal-Hablar

Al terminar la entrevista, al frente de la Biblioteca empezó un evento de Universidad Pa’l Barrio, un proyecto en alianza con colectivos y profesores de distintas universidades que llevan las clases a las calles. Karen Sofía Camacho, estudiante de la Universidad del Valle, contó que este proceso tiene como intención aportar con actividades pedagógicas y académicas a la movilización social en el marco del Paro Nacional en los distintos puntos de resistencia en Cali. “Nos articulamos con los voceros de cada punto y con las bibliotecas populares. Creemos que como ciudadanos y academia podemos tener un papel protagónico en la construcción de un país. Y estamos aprovechando el despertar de la conciencia colectiva. La idea es también trascender después de la coyuntura que estamos viviendo”, puntualizó Karen.

Al instante empezó una mesa de escucha del Colectivo Mal-Hablar, un evento articulado con Universidad Pa’l Barrio. Con el ejercicio de escucha colectiva se trata de que las personas reaccionen creativamente a ello e identifiquen dónde se aloja corporalmente su escucha y también reflexionen sobre las preguntas que les genera el Paro Nacional.

Andrea Martínez, una de sus integrantes, contó que la idea del colectivo es romper los significados de los conceptos que se utilizan en el cotidiano del Paro Nacional. El colectivo escoge una palabra que les parece pertinente y recogen las definiciones que sobre la misma les da la gente.La idea es hablar con todo tipo de personas: infantes, personas de acuerdo y en desacuerdo con la movilización. Y después, procesar esta información, ponerle música, y a circular.

“Nos sucede con frecuencia que hablamos mucho y casi no nos escuchamos. Reconocer la diferencia es muy importante para la transformación que queremos en Colombia. Hasta el momento nuestras series de palabras han sido: paro, vándalo y desaparecidos. Palabras que empiezan a habitar en nuestra cotidianidad, no tradicionalmente sino reformuladas por la gente” concluyó Andrea.

Diversas personas participaron de esta mesa de escucha. Ciclistas de paso, artesanas, estudiantes y adultos mayores. Una vendedora informal, que no sabía escribir, le pidió el favor a una mujer que le escribiera una carta para la primera línea. Amarraron una cuerda de un poste a un tubo anclado en el suelo, y colgaron las cartas. “Que Dios los proteja y ojalá todo cambie para una Colombia mejor”,terminabadiciendo la carta de la señora.

* Texto y fotografías.

 

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Publicado enColombia
Fotografía: Felipe Martínez

“A mí no me azara su pistola,
yo también tengo hambre de matar.
Pero a mí esos fierros no me gustan,
yo saco las uñas pa’ pelear […]”.
Canción “No azara”–La Muchacha

 

Puerto Resistencia –PR– es el lugar insignia de lo que la juventud popular logró levantar a pulso en la ciudad de Cali. En sus cuadras cientos de personas se han mantenido cohesionadas por deseos de cambio durante más de 47 días (a la fecha de escribir esta nota), en un ejercicio obstinado que busca alcanzar para la totalidad que hoy no tiene nada, y que no exigen más que lo que se merecen y necesitan, vivir dignamente.

No es nueva la lucha en estas barriadas. Lo que hoy se denomina Puerto Resistencia fue el antiguo “Puerto rellena”, un sector popular fundado en la década de 1960 por personas empobrecidas, muchas provenientes de las zonas rurales del Cauca y Valle del Cauca, en su huida de la violencia bipartidista desatada en el país posterior al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, y que en su urgencia de techo deciden tomarse los terrenos para construir sus viviendas; uno de los barrios icónicos de esta lucha fue el bautizado como Mariano Ramos1.

Con el paso de los años, en el sector empiezan a habitar múltiples actores sociales de la ciudad popular, por tanto, hoy no es raro ver la presencia de pandillas, “barras bravas”, consumidores de sustancias psicoactivas, “oficinas de cobro”, como también presencia de organizaciones comunales, sociales, eclesiales y comunitarias. Desde el 21 de noviembre de 2019 –21N–, este punto reflejaba el potencial de inconformismo que reunía, erigiéndose como el escenario de organización juvenil popular más importante de la ciudad.

Este icónico punto se ubica en un paso estratégico del oriente de la hoy llamada “sucursal de la resistencia”, donde confluyen varias vías principales que conectan múltiples barrios, incluida la Avenida Simón Bolívar que conecta el norte y sur de la ciudad. Al día de hoy puede decirse que Puerto Resistencia es el punto de concentración y resistencia más grande alcanzado en Cali, superando cualquiera de las plazas públicas que tradicionalmente sirven como escenario de encuentro de las movilizaciones sociales.


Caminando Puerto Resistencia

Cuando entramos a PR era la 1 de la tarde, el escenario era increíble, tan amplio que contaba con múltiples accesos por las calles de los barrios y en cada uno de los puntos de bloqueo había jóvenes –hombres y mujeres– vigilando lo que sucedía. La mayoría de ‘muchachos’ descansaban y conversaban. En las paredes se veían murales de gran calidad. Un camión pequeño cargado con frutas y verduras que posiblemente se iban a perder y que prefirieron donar a la causa de los jóvenes, estaba siendo descargado y en el suelo se separaban los alimentos que servían de los que estaban descompuestos.

Para ingresar tuvimos que pasar unas barricadas construidas con partes de árboles, piedras, postes, llantas, separadores de avenidas y cualquier elemento que encontraron a la mano. Nadie nos preguntó para dónde íbamos ni qué buscábamos, sin embargo el sonido de los radios de comunicación era continúo, seguramente informando lo que ocurría en cada uno de los bloqueos. Al llegar al punto donde se conectan varias calles y crean una especie de plaza principal, estaba una barricada con apariencia inquebrantable. En el espacio muchos jóvenes caminaban permanentemente, protegiendo sus rostros con sus capuchas.

“Hagan silencio, no ven que no nos dejan escuchar los radios”, es lo que nos cuentan que dijo un joven aireado –minutos antes de nuestra llegada– a alguna persona del sindicato de maestros del Valle –Sutev– que pretendía que sonara música de Quilapayun o Inti Illimani, para comenzar a cantar las clásicas arengas de su época. Una actitud no correspondiente con lo que ahí estaba ocurriendo. El conjunto de docentes, seguramente “reprendidos”, permanecían sentados en sus sillas observando a los jóvenes como si estuvieran contemplando una película de ensueño.

Después de presentarnos con los ‘muchachos’, nos llevaron a conocer los diferentes puntos de bloqueo (Ver recuadro: Monedita, un primera línea de PR); la experiencia nos quedó imborrable en nuestra mente, pues la organización social allí concretada y la decisión de lucha de estos jóvenes deja profundas enseñanzas.


PR, vida comunitaria y organización juvenil

Crear lo imaginado. En Puerto Resistencia fue la juventud que ha vivido las inclemencias del hambre y la miseria, quienes lograron construir un ejercicio organizativo nunca visto en nuestras ciudades, el cual, seguramente quedará registrado en la historia del país y en la memoria de las luchas comunitarias y populares de los pueblos.
La organización de estos jóvenes en resistencia se basa en la horizontalidad, allí todo el mundo tiene claro que nadie manda a nadie, nadie está por encima de nadie, no hay líderes, pero sí voceros. Su manera de relacionarse es sorprendente, pues su diversidad evidencia que en el mismo espacio confluyen artistas, estudiantes universitarios, integrantes de organizaciones sociales y comunitarias, pero también están quienes son trabajadores informales, desempleados, o simplemente personas que han tenido que vivir en carne propia la experiencia de la delincuencia.

De esta manera, la resistencia popular consolidó el escenario del autocontrol a través de centenares de jóvenes a quienes muchas veces la sociedad ve como indeseables, es decir, aquellas personas a quienes no han podido dominar-controlar, los sin futuro, quienes, bregando por su sobrevivencia, seguramente siempre tendrán que romper la normatividad y pasar por encima de los demás.

Algo que no sucede aquí. El respeto que se tienen entre sí, y la convicción de lo que están haciendo por exigir sus derechos es tan evidente que en Puerto Resistencia no se presentan peleas o golpes entre las diversidades allí reunidas, no está permitido el hurto –aunque entienden que más allá de PR los robos no dejan de ocurrir porque el pueblo está hambriento–, los unos cuidan de los otros, llegando al punto que personas de barras futboleras o pandillas opuestas, conviven concentrando sus cinco sentidos, más el sexto, el de la vivacidad que potencia la calle, en un solo contrario.

Esta comunidad construye nuevas referencias de vida, y en su trajinar moldean la cultura de la cual son producto, dándole base a nuevas simbologías y referencias para la ciudad y el país, como quedó plasmado en “Resiste”2 el monumento con que “celebran para no olvidar” estas semanas de lucha, con sus muertos, con sus referentes de resistencia, con sus significantes de futuro.
Una noche llena de vida

Luego del recorrido diurno, salimos de este territorio para visitar otros, pero llegada la noche decidimos retornar, el reloj marcaba las 10 y la ciudad estaba poco transitada. Al bajarnos del vehículo en que nos trasladamos percibimos de inmediato que el ambiente era muy distinto a la tarde que habíamos vivido. Luces de láseres verdes nos apuntaban la cara. Pasamos una de las barricadas y llegaron varios jóvenes a interpelarnos, “¿quiénes son ustedes? ¿qué hacen aquí?” fueron las primeras preguntas que nos increparon.

Después de explicarles nuestra procedencia decidieron dejarnos entrar, eso sí advirtiéndonos que la noche estaba pesada. Por cuestiones de seguridad no nos permitieron sacar cámaras ni registrar en imágenes lo que viéramos.

Caminamos sobre la misma calle que recorrimos horas antes, ahora se veían menos personas que en la tarde. Los jóvenes sentados en las aceras, en pequeños grupos, escuchaban música en sus celulares o parlantes pequeños, principalmente se escuchaba rap (Canserbero, Alcolirykoz, entre otros), algunas canciones de trap de Bad Bunny y en la lejanía sonaban canciones clásicas de salsa brava de la Fania. Nos sentamos cerca de la caseta principal, junto al CAI que ahora es una biblioteca popular y allí comenzamos a detallar todo lo que sucedía en la tensa calma.

Simba, un joven primera línea que toda la vida ha vivido en el barrio Siloé, se nos acercó y todo el tiempo nos acompañó, lo que nos permitió sostener a lo largo de varias horas una conversación bastante informal. Sin timidez alguna nos contó que en Puerto Resistencia se alimentaba mejor que en su casa, así mismo nos dijo con contundencia “a nosotros nos amenazan con que nos van a llevar a la cárcel por hacer esto, pero hermano eso no nos asusta, muchos ya la pisamos”.

Otro joven que prefiere ser anónimo pero que también compartió la noche junto a nosotros nos advertía lo que estábamos por vivir: “Mirá, lo que vas a ver hoy es ese país que no te imaginás, ni que conocés”, mientras decía esto nos contaba sus razones para estar allí: “A mi hermano me lo mataron y yo sé que él murió y tenía en la cabeza esa deuda que lo hacía sufrir con el Icetex. ¿Quién me paga a mi hermano? –para responderse de inmediato– ¡nadie! Cuando me lo mataron no llegó la policía y ahora que estamos aquí, ahí si tienen policía para mandar por miles.

–Nos mira fijamente y continúa– Los jóvenes que pasan las noches acá salen de sus casas echándose la bendición. Muchos son los jóvenes que no saben a dónde van con la vida, muchos ya están cansados de vivir. Te digo una cosa, yo amo la salsa como un hp y esta es mi ciudad, la que más quiero en el mundo y por eso lucho, lucho por darle estudio a mi hija, porque yo sé que ella si tiene futuro. A quienes dicen que están aguantando hambre por los bloqueos quiero decirles algo: coman solo uyucos, coman solo arroz, coman solo chontaduro o pasen uno que otro día sin comer, finalmente así nos ha tocado vivir a nosotros toda la vida”.

La tensa calma se rompió, en medio de la oscuridad, al momento que un día da paso a otro. En ese instante comenzaron a escucharse gritos que indicaban que ya habían llegado. Todo el mundo se preparó, cada persona sabía lo que tenía que hacer. La experiencia de quienes han vivido escenarios similares a lo largo de otras muchas noches, no solo ahora sino en otros momentos de sus vidas, agarrados a su capacidad para evadir a sus perseguidores, nos decía que debíamos estar tranquilos, que nada iba a suceder.

La primera de las cuatro balaceras que vivimos había empezado. Aunque nunca vimos lo que ocurría, según nos trasmitían, eran personas en motos y camionetas que empezaban a disparar indiscriminadamente. En medio del crujir de armas de distinto calibre, lo que vivimos fue prácticamente un escenario de guerra, con un caos que una y otra vez se prolongaba por 15 minutos, sin detenerse. Los gritos de los jóvenes, la organización para ir a acompañar los puntos por donde hostigaban quienes pretendían romper uno u otro bloqueo era de no creer. Verlos llegar después con sus rostros congestionados por la adrenalina potenciada por la reacción corporal, por esos sentidos desarrollados por los humanos que se desfogan y te avisan que estás en riesgo de perder la vida, que si te descuidas no podrás contar lo vivido, es una imagen difícil de olvidar. Mientras esto sucedía, Simba y otros jóvenes nos decían “tranquilos, aquí no les va a pasar nada, nosotros estamos aquí por su seguridad”, nosotros simplemente agradecíamos.

La unión, el barrio y la familia de la línea es lo primero. Sin duda lo que vivimos será inolvidable. Pero lo que viven estos jóvenes, y lo que Puerto Resistencia ha construido como experiencia social, con arraigo territorial, no lo han vivido en ninguna otra ciudad del país, allí existe hoy una experiencia que difícilmente se volverá a presentar.

En ese devenir, sabiendo el pasado vivido y el futuro que les ofrece esta sociedad, quienes allí resisten están imbuidos de convicción, y envían un mensaje toda la sociedad: no se venden ante las insinuaciones del poder, no se rinden ante las estrategias del terror y no claudican a su objetivo de conseguir vida digna aquí y ahora.

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur.
1 Ver: http://lapalabra.univalle.edu.co/cronica-puerto-resistencia-punto-de-referencia-para-la-resistencia-en-cali/?fbclid=IwAR3M33I4D_xf6JOYr3rSUZe37Ub4nYc-0Z91Q4WuWClsm-Rzb3AsC6uasvY y libro: PENSAR LA RESISTENCIA: MAYO DEL 2021 EN CALI Y COLOMBIA. DOCUMENTOS ESPECIALES CIDSE No.6. En: https://drive.google.com/file/d/12qIcO8EhwA98LmwSJf3T2_lhtrF_eK6m/view
2 Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/42672-resiste-el-monumento-construido-por-la-resistencia-en-cali.html

 


 Monedita, un primera línea de PR

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Mientras nos hacían un recorrido por todos los puntos que componen la primera línea de Puerto Resistencia conocimos a Monedita, un joven sonriente, quien se la pasaba chanceando y riendo con sus compañeros de línea. Nos ofreció pan con gaseosa y mientras comíamos aceptó darnos una entrevista. Al hacerle la pregunta ¿cuáles son las razones para estar aquí?, contestó:


“Nosotros empezamos a luchar desde el 28 de abril. Primero empezamos por tumbar todas las reformas que habían impuesto y que eran injustas. Ahora ya vamos porque tiremos a reducir el Congreso, solo uno por departamento está bien. También buscamos otros beneficios que necesitamos, que la salud ya quede bien, la educación y todo, por eso es que estamos luchando”.


En ese momento se queda en silencio, pensativo, como organizando sus ideas, ahí le preguntamos ¿y cómo ha sido su experiencia aquí?:


“He visto caer a los de al lado. Por esas personas muertas también estamos aquí luchando, no podemos dejar eso impune, tenemos que ganar esta guerra que es muy desigual porque esa gente tiene armas y disparan contra nosotros y los escudos no son blindados y ahí nos atraviesan las balas. Contra la policía siempre nos toca correr, porque ¿quién se va a enfrentar a esos fusiles? Nosotros apenas tenemos piedras para lanzarles, si tuviéramos armas pues haríamos frentes como las Farc que están en las montañas, pero no, tenemos piedras nomas, entonces no tenemos el poder para hacerle frente a la policía, nos toca es defendernos y por eso es que nos han matado tantas personas”.


A nuestro alrededor estaban cuatro jóvenes primera línea almorzando junto a sus carpas que hoy son sus casas. Le preguntamos a Monedita ¿cómo es vivir en esta resistencia? y nos contestó:


“En la resistencia aguantamos con las ayudas de los vecinos, si llueve pues nos toca mojarnos, si hace sol pues nos toca chupar sol. Siempre tenemos un techito donde bañarnos, la gente nos colabora. La comunidad también se preocupa, desde sus casas nos dicen ‘cuidado que ahí viene un carro’, también si viene la Policía, que siempre viene a hostigar. Por lo menos en este sector de acá, todos los días nos vienen a disparar, todos los días hay bala, siempre es de 12 de la noche a 4 de la mañana, ya de día todo es relajado como lo ves, tranquilo.


Hay gente que dice que cerramos las calles, pero eso es mentira, lo que tenemos son meros reductores de velocidad, las calles siguen activas, circula la comida normal, la gente tiene su transporte a su trabajo, todo el mundo entra y sale. Cerramos a las 8 de la noche porque después de esa hora ya empiezan a andar los carros raros.


La gracia de esto es tener a la comunidad como amistad, no estamos peleando contra el pueblo, sino que estamos con el mismo pueblo, estamos defendiendo los derechos del pueblo, de nuestros abuelos, de nuestros hijos, de la generación que viene después de nuestros hijos, eso es lo que estamos luchando todos nosotros”.


Al apagar su voz escuchamos las historias de los compañeros de Monedita que se cuentan cómo vivieron la balacera la noche anterior, alguno dice que la bala le rozó la cara y que ni siquiera la vio, en ese momento preguntamos ¿hasta cuándo va a ir todo esto? “Hasta que nos cumplan nuestros derechos, hasta ahí vamos”, nos responde Monedita.


Mientras hacemos la entrevista suenan radios todo el tiempo informando lo que sucede en los otros puntos de bloqueo extendidos por todo el sector. Entran y salen personas de sus casas como si nada estuviera pasando, lo que nos lleva a preguntar, ¿cómo es la cotidianidad acá?:


“Como te digo, la gente nos colabora, los vecinos, la comunidad vienen y nos dicen “¿Muchachos necesitan arrocito o algo? Cuenten con mi casa, yo les preparo”, entonces sin preocupación nos llevan a sus casas. Muchas veces nosotros les damos los insumos para cocinar o ya está la comida lista; de ahí nos repartimos en los puntos, nosotros llevamos una coordinación, aquí nadie manda, solamente llevamos una coordinación y ya, el punto que tiene la comida pues viene y recoge. A la caseta principal van y almuerzan muchos y también se hacen ollas comunitarias como la que está en el primer bunquer, donde van los vecinos y la primera línea, así aguantamos la resistencia.


Como podés ver, estamos marchando por lo mismo, pero a veces la comunicación entre nosotros es difícil, porque hay pensamientos e ideas diferentes, entonces tratamos de llevarnos bien, aunque hay errores, pero tratamos de solucionarlos, siempre tratamos de manejar bien sintonizados lo que hacemos, para así coordinar con el público y a la gente que nos colabora. Lo importante es dialogar, en el diálogo está todo”.


Agradeciendo la generosidad y confianza con que nos han tratado nos despedimos de Monedita y sus compañeros de línea. Salimos del barrio y seguimos nuestro camino asombrados de la capacidad organizativa y la convicción de estos jóvenes. Sin duda hay un renacer de las formas de organización social y popular, de las formas para tallar otro país.

 

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Publicado enColombia
Laura Guerrero, madre de Nicolás: “Él era muy soñador con todo eso...”

Perder un hijo o un familiar por exigir un país mejor no debería suceder, sin embargo, en Colombia esta realidad parece la norma. Son cientos de familias que han perdido a sus seres queridos desde el 28A, ya sea por la muerte o la desaparición. Laura Guerrero es una madre víctima del terrorismo de Estado, también es ejemplo de dignidad y fortaleza para toda la sociedad.

 

Su semblante está tranquilo, a pesar del dolor que con seguridad la embarga. Ella está allí, recibida con cariño por unos y otras, y a pesar de la nostalgia, de los recuerdos de madre y amiga, expresa alegría por lo que ve.

En realidad, la juventud la llena de confianza de que vendrán días de cambio, días de esperanza, días de mejor vida, con seguridad los mismos anhelos que inspiraban a su hijo Nicolás para plasmar en paredes antes abandonadas y deterioradas, en compañía de compañeros, grandes murales para alegrar la ciudad, para llenar de color la vista de quienes por allí transitarán.

Cuando la saludamos y le pedimos la entrevista no duda, accede de una, y no demora en responder a nuestra primera pregunta: –“Mi nombre es Laura Guerrero, soy la mamá de Nicolás. Vengo hoy a la biblioteca porque un amigo muy cercano de mi hijo me cuenta que van a pintar lo que era el CAI, que fue quemado y quedó muy dañado. Me dicen que el proyecto es que esto sea una biblioteca…”.

Al expresar esta palabra parece rememorar algo y enfatiza: –“La idea me pareció muy buena, y me llevó a recordar a mi hijo que le gustaba mucho leer y que se hizo a una llave del saber para poder estar yendo a la biblioteca con su niña pequeña y con su hermanito menor. Por eso le entré de una al proyecto, porque vi que era algo bueno y cuando ya llego y me encuentro con esta cantidad de jóvenes maravillosos, con tantas ideas, empieza a formarse una lluvia de ideas y veo que una es más encantadora que le otra; realmente, digamos, que también me metí en el cuento”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Mientras Laura, como de una la llamamos con confianza, al sentir su espíritu y ver su joven semblante, así como al sentir su afinidad con la juventud, atiende a nuestras preguntas, el espacio gana más concurrencia y una y otra expresión artística encuentra lugar para compartir con toda la gente allí convocada. Hay lugar para la creación y para fraternizar, y todos están felices de que así sea.

Ella nos cuenta que el espacio apenas tiene con ocho días de existencia, y prosigue con la entrevista: –“Todo lo vivido en estos pocos días de construcción de la biblioteca es la muestra de que la gente tiene necesidad de contar con sitios y oportunidades para satisfacer su sed de cultura, que hay una aceptación de la comunidad, que la gente quiere y necesita este espacio para que haya una oferta cultural más cercana”.

Hay alegría en su narración, pero también nostalgia, no es para menos. Aprovechamos los segundos de meditación en lo que nos está compartiendo para dirigir nuestra mirada hacia los músicos que se presentan con alegría ante la multitud de comunidad. Pero solo tras unos segundos más su palabra convoca de nuevo nuestra atención: –“Esto es como un oasis en medio de tanta tensión; aún estamos a la defensiva, en muchos momentos de tranquilidad igual no deja de pasar la policía, no dejamos de sentirnos merodeados, pero hemos podido permanecer y la compañía de tanta comunidad ha sido increíble, han traído muchos libros, han donado dinero y pintura; el dinero se ha invertido en reparaciones y en seguridad, en candados, y en otras muchas cosas.

En este momento nos vemos respaldados por la comunidad, que tenía la biblioteca más cercana realmente lejos: entonces, la gente ha podido acercarse al picnic literario y ha encontrado muchísima oferta cultural”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


¿Cómo era Nicolás?

Del presente para el pasado, el inmediato y el más lejano. A pesar de las fibras que pudiera sensibilizar no podíamos dejar de preguntar por el ser humano, y ante la pregunta, con serenidad, la madre cuenta: –“Era un joven con muchos sueños, sueños de una mejor ciudad y por consecuencia, de un mejor país. Soñaba con traer a su hija al país, soñaba con que existiera, a menor costo, muchísimo material para que los jóvenes pudieran expresarse culturalmente, porque él sentía que dentro de las escuelas y colegios había un vacío en cuanto a lo que muchos jóvenes quieren; entonces, pensaba en talleres, en muchos momentos especiales con los muchachos más pequeños para que pudieran aprender.

Mucho de estas cosas que a él le gustaban, como era el arte de pintar, el grafiti, no se lo patrocinan sino las mamás, y a veces nos vimos en dificultades para poder comprar materiales, por lo costosos, mucho más para él que le gustaba pintar piezas grandes y eso demanda muchos aerosoles.

En medio de sus anhelos él pensaba en todas las personas que tienen capacidades artísticas, para pintar, pero que no pueden explotarlas porque precisamente no tienen los recursos. Era muy soñador con todo eso, tenía esperanzas de que la ciudad y el país podía ser habitado por personas civilizadas que respetaran, porque muchas veces se sintió agredido, irrespetado por parte de la misma fuerza pública que llegaba simplemente a atropellarlos; cuando así sucedía regresaba aburrido a la casa y decía ‘mamá estábamos pintando un lugar bien feo, estábamos tratando de dejarlo bien y no faltó quien llegara a importunar, a impedir’, y muchas veces me dijo que les quitaban materiales; algunos de sus amigos me decían: ‘la policía nos quitó la cámara, la policía nos robó el celular’. Entonces, eso es muy triste, así que él esperaba que no tuvieran ese tipo de situaciones para vivir libres y en paz.

A él y a ellos lo motivaba, los motiva, sus manifestaciones artísticas, querían hacerlo simplemente sin ninguna oposición, no tanto por vandalizar y rayar y dañar, sino porque querían recuperar muchos espacios de la ciudad abandonados, que de hecho ya nadie pintaba, lugares donde la Alcaldía no lo hacía.

Él estaba con un colectivo, tenían muchas ideas, incluso para presentarlas a la Alcaldía. Él, digamos, que murió esperando esa oportunidad porque había que presentarlos como un proyecto y él no sabía hacerlo, entonces en alguna ocasión le dije mándemelo y lo revisamos y me decía: no mamá, yo quiero aprender a hacerlo porque a muchos se los van a pedir y quizás pueda enseñarles a otros cómo hacerlo”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

 


El asesinato

Su relato avanza sin voces de duda o inseguridad, lo que denota confianza en los proyectos de su hijo, en sus gustos artísticos, en su amor por lo que hacía y quería entregar a toda la ciudad. Agarrados por su voz y gestos, de madre, pero también de amiga de quienes estuvieron con su hijo, seguimos atentos a su testimonio:

–“Era una persona completamente independiente, ya vivía aparte, tenía su familia, sus ideas muy claras de lo que quería y quizá por eso el día que suceden los hechos estaba lleno de frustración y también de rabia por el momento que se estaba viviendo alrededor. Ese día ellos habían estado en una velatón por los muertos; él también estuvo llevando ayudas humanitarias para los puntos, lo que respecta a alimentos y a insumos médicos.

Así que en la noche estaba cansado, tomó su última comida y se iba a ir a dormir, pero en algún momento escuchó que había pocas personas aquí para resistir y se vino otra vez hacía este lado; entiendo que la velatón estuvo pacífica hasta que llegó el Esmad a intimidarlos, luego hay gases; dicen que había un sentimiento de mucha rabia, impotencia y frustración por el gas que lo cubría todo –las unidades residenciales están ahí cercanas–, así que él toma la decisión de ir adelante; la verdad no puedo saber en ese último instante las cosas que hayan pasado por su cabeza, pero ellos estaban haciendo resistencia y la policía no tuvo ningún problema en dispararle a mi hijo en su cabeza y pues cayó inconsciente, no tuvieron en ningún momento la más mínima consideración hacía mi hijo y parar, por el contrario, estando en el piso no lo dejaban auxiliar sino que tiraban más gases sobre los muchachos, ellos aguantaron y lo cogieron como pudieron y se lo llevaron para que fuera atendido, pero solo resistió unas horas conectado a aparatos y finalmente no pudo más. Esa fue la situación, bastante triste, que derivó en la muerte de mi hijo ese día después de haber estado en paz.

Tuve la oportunidad de regresar al día siguiente al lugar donde murió y era una escena de guerra, había cualquier cantidad de indicativos de que era una guerra. Revisando los videos grabados de lo sucedido, estoy segura que, si la fuerza pública se hubiera parado a evitar cualquier desmán, simplemente no hubiera pasado de allí porque los muchachos no estaban en son de pelear con nadie, y ese es el común denominador en todos estos lados, no hay afán por impedir, por cerrar la vía, como muchos dicen”.
¿Qué ha pasado con el caso?

–“Nada. Hasta el día de hoy solo vi unas declaraciones mentirosas del Ministro diciendo que el caso estaba siendo investigado y que había unas personas comprometidas, lo cual es falso.

Para reunir pruebas me ha tocado caminar la misma escena, los mismos escenarios, para poder buscar la información, porque en su momento también atrevidamente afirmaron que ese día habían vandalizado el D1, cuando mi hijo cae es en el TCC, y entre ambos puntos hay una distancia bien pronunciada; además, los daños en el D1 fueron muchos días después”.

¿Qué ha sucedido después de la muerte de su hijo?

–“Perder a Nico ha sido muy doloroso y cada día hay algo más que liberar, pero siento que me ha fortalecido muchísimo caminar al lado de los muchachos, verlos, conocerlos, escucharlos, saber el por qué están ahí, porque ellos la tienen clara y saben por qué están allí: sus pretensiones de que todo sea mejor, de no pedir nada regalado, pues es falso que aquí estén pidiendo cosas regaladas, por el contrario, acá estamos regalando arte, cultura y todo esto no ha costado un peso a ninguna institución, todo lo ha donado la comunidad, todos nosotros; el acompañamiento y la solidaridad que se ha encontrado es increíble.

Más allá de que sea mi hijo, su muerte ha sido algo que ha unido también en pensamiento a muchos, ha transformado el pensamiento de otros, porque habían personas que pensaban que el gobierno estaba haciendo lo que tenía que hacer y en el momento en el que ven que es Nicolás, al que conocían como persona, como ser humano, creo que fue un despertar para muchos que pensaron: mire, si están matando a los jóvenes, si están matando a los artistas, si están matando y queriendo callar a todas las voces que se levantan a pedir un mundo mejor es porque estamos muy mal.

Y esa es como parte de las razones que llevan a todos estos jóvenes a protestar. Una realidad en la que es muy triste que se hayan perdido vidas de lado y lado, tanto de la fuerza pública como de nuestros jóvenes, como personas que ahora están desaparecidas, de las jóvenes violadas, todo esto se suma en un indicativo muy grande de que nuestra sociedad no está bien, de que es necesario un cambio. Tenemos que pensar, más allá del dolor de cada uno, más allá de saber que he perdido a Nicolás, pues no soy la única madre que sufre o que llora por la pérdida de un hijo, de un familiar, entonces, si yo lo miro desde ahí también hago parte de ese resurgir de esta sociedad, porque realmente como sociedad estamos muy mal, muy mal, y si esto no cambia en este momento de la historia, realmente no sé cuándo será”.

Al concluir esta idea nos miramos mutuamente y reconocemos en su rostro el dolor pero también la esperanza en que esta sociedad logre el necesario cambio que los marginados, que son mayoría, han exigido desde siempre, deseo y exigencia que ahora mantiene en la calle a miles, cerrando vías o alzando su voz de protesta y de esperanza.

Y como eco de voces y tonos de luz que así lo presagian, llegan a nuestros oídos las palabras de quienes en los talleres de lectura comparten con quienes se han animado a congregarse allí, así como los alegres tonos desprendidos por las gargantas de quienes comparten su saber musical, así como las sombras que se proyectan desde los malabaristas. Las familias allí reunidas, con sus hijos, así como los jóvenes de distintas edades y sexos que llenan el espacio, le brindan a Laura, la madre de Nicolás Guerrero confianza en que así será. A nosotros también.


Las dos muertes

Julián Malatesta. Santiago de Cali, 20 de mayo de 2021

 

La tarde caía vertiginosa,
los estallidos y la pólvora le hurtaban la luz.
Los muchachos con sus escudos de lata y trozos de madera,
se ejercitaban como legionarios antiguos
en las tácticas del repliegue y la ofensiva.

Josué levantó la mano e imploró al sol que se detuviera,
ansiaba ponerle el tatequieto a la noche
que se les venía encima con sus densas manos negras.
A empellones me abrí paso hasta la barricada
y me puse en la primera línea.

Ese es mi muchacho, me dije,
y halé a Josué de la camisa, ordenando:
Nos vamos ya, es hora de irse.

¿Usted quién es? Contestó airado.
Soy tu muerte, la tuya, la propia.
Mi hermana, que trabaja a sueldo con las tropas,
La mercenaria, la traidora, te tiene en la lista.
Es hora de irse…
La vida del muchacho alucinaba con el brillo de los explosivos,
Lo sacudí con fuerza y grité:
¡Hasta que tu vida y yo cerremos el último umbral,
soy tu muerte, carajo!
¡Ese es nuestro pacto!

Pero mi hermana,
la mercenaria, la ajena, la súbita,
del otro lado ultima los detalles,
esos hombres de negro le pagan a destajo.

Estaba yo en estas, encontrando palabras…
Usted me entiende, señora,
cuando un balazo dobló a Josué entre mis brazos
y ya no pude traerlo a casa.

 

 

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