El Sinn Fein, la sorpresa de las elecciones en Irlanda

Un ascenso histórico del antiguo brazo político del ya inactivo IRA

La propuesta del partido de izquierda logró captar el voto joven, en un país con un notable crecimiento económico donde sin embargo persisten las desigualdades.

El partido Sinn Fein lidera las elecciones legislativas celebradas el pasado sábado en Irlanda por un estrecho margen, según las primeras cifras oficiales. El antiguo brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA) logró instalarse en una pelea voto a voto junto a los dos partidos que tradicionalmente dominan la política irlandesa, Fine Gale y Fiana Fáil. 

La propuesta del partido de izquierda logró captar el descontento de la juventud irlandesa, en un país con un notable crecimiento económico donde sin embargo persisten las desigualdades. Independientemente del resultado final, cualquiera de los partidos deberá formar alianzas para gobernar, un escenario que por el momento asoma complicado.

En concreto, el Sinn Fein logró bajo el liderazgo de Mary Lou McDonald un 23,94 por ciento de los votos, según las primeras proyecciones, mientras que el Fiana Fáil obtendría un 21,27 por ciento de votos y el Fine Gael del primer ministro saliente, Leo Varadkar, lograría un 21,08 por ciento del total de los sufragios. El recuento se inició a las 9 horas locales (las 6 en Argentina), pero los resultados definitivos podrían tardar días en darse a conocer.

Si se mantiene la tendencia, el izquierdista Sinn Fein, antiguo brazo político del ya inactivo IRA, terminaría con el bipartidismo en Irlanda gracias al apoyo de los más jóvenes y de aquellos a los que la recuperación económica dejó atrás. Su líder, la dublinesa Mary Lou McDonald, supo movilizar a los afectados por las desigualdades que han creado nueve años de gobierno del democristiano Fine Gael y de su primer ministro, Leo Varadkar, quien llegaba a estos comicios con viento de cola: la economía nacional crece al ritmo más alto de Europa y roza el pleno empleo.

El lento recuento de votos de los comicios, que comenzó el domingo, determinará el reparto final de escaños en la Cámara Baja de Dublin, de 160 diputados, si bien las primeras proyecciones dejan a cualquiera de las tres fuerzas (Sinn Fein, Fiana Fáil y Fine Gael) lejos de la mayoría absoluta.

En ese contexto, los partidos deberán buscar apoyos para formar gobierno con diputados independientes y formaciones minoritarias, como los verdes o laboristas. Por el momento, los tradicionales democristianos y centristas aclararon que no formarán Ejecutivo con el Sinn Fein por su pasado violento y sus políticas económicas, que tachan de populistas.

McDonald, que representa a una nueva generación de republicanos sin relación con el IRA, recogió rápidamente el guante. Sostuvo que el bipartidismo "sigue negando" la evidencia e "ignoran" el mensaje del electorado en estos comicios. "Quiero tener un gobierno para el pueblo. Lo ideal sería un gobierno en el que no estén ni Fine Gael ni Fianna Fáil. He empezado a contactar con los otros partidos para explorar durante los próximos días nuestras posibilidades", expuso la líder del Sinn Fein, actual tercera fuerza de la legislatura.

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Millennials con el socialista Bernie a quien temen más demócratas que republicanos

El 70 por ciento de los "millennials y/o generación Y", quienes nacieron después de 1980, tienden a votar por un socialista, pese a que el término socialismo es anatema en EU y del que el renergizado Trump, después del fallido impeachment, ha hecho su tiro al blanco propagandístico para enarbolar las bondades del capitalismo de Wall Street que ha llevado sus acciones a la estratósfera, en contraste con su economía que exhibe una patente mediocridad –exceptuando la aristocrática "economía digitálica" de Silicon Valley.

Los jóvenes de EU han perdido la fe en el capitalismo y ahora abrazan al socialismo, mientras que la principal propuesta de "cuidados médicos" de Bernie Sanders, confeso socialista demócrata, quien ondea la bandera de "Cuidados médicos para todos" que ha atraído a los millennials y "ha movido a la izquierda al Partido Demócrata en forma significativa" (https://bit.ly/3bllP72).

El 50 por ciento de los millennials y el 51 por ciento de la generación Z "sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra" y tienen una "mayor vista desfavorable del capitalismo".

Muchos de los jóvenes se encuentran abrumados con sus deudas colegiales, mientras que "el socialismo y comunismo" no aportan las mismas asociaciones negativas y memorias que sus generaciones previas.

Según Market Watch, los millennials representan 40 por ciento de los desempleados cuando más de 40 por ciento de los universitarios recién graduados son subempleados: sus empleos no cubren los créditos de sus costosos títulos universitarios (https://bit.ly/2SaqgtR).

El 19 por ciento de millennials y 12 por ciento de la generación Z juzgan que el Manifiesto Comunista "garantiza mejor la libertad y la igualdad para todos" que la Declaración de Independencia, en contraste a los baby boomers (nacidos después 1945 hasta 1960) y a la generación X.

El "socialista Demócrata" Bernie, de 77 años, es quien más atrae a los millennials (https://bit.ly/39dxXVM).

El desastre de los "cuidados médicos" y sus "seguros" en EU angustia a los estudiantes quienes adeudan 1.5 millones de millones de dólares, en comparación a 200 millones de dólares del año 2000 (https://bit.ly/3bl98Jr): ¡7 mil 500 veces más en 20 años: una monstruosidad!

Entre los estratosféricos pagos de los seguros médicos y el adeudo de sus préstamos colegiales, los millennials se han refugiado con Bernie, admirable judío progresista que choca con sus correligionarios de Wall Street: tanto de George Soros como de Jared Kushner.

El "socialismo democrático" de Bernie apela a la reforma de Wall Street mediante impuestos para beneficios sociales, más que en "la propiedad social de la producción".

Es notorio el choque electoral y cosmogónico entre los millennials (73 millones) y los baby boomers (76 millones).

Un problema del entusiasmo de los millennials es que en la elección de 2016 sólo votó la mitad –ahuyentados por el fraude del establishment demócrata a favor de Hillary contra Bernie–, en comparación de las 2/3 partes de sus mayores de edad.

El mafioso establishment del Partido Demócrata no sabe cómo contener a Bernie y busca impulsar al multimillonario Mike Bloomberg, ex alcalde de Nueva York con una fortuna de 61 mil millones de dólares, para literalmente comprar la convención demócrata.

Bloomberg todavía no aparece en los debates ni en las primarias de arranque de New Hampshire, pero ha gastado millones en publicidad para prepararse a contender en el famoso supermartes y así obtener un sustancial número de delegados (https://washex.am/2ODIoKi).

El desastre electoral "ciber-antidemocrático" de Iowa fue diseñado para debilitar a Bernie y favorecer a Bloomberg, mediante el ascenso artificial del racista Pete Buttigieg, de 38 años y anterior espía del Pentágono en Afganistán (https://bit.ly/2H72mJt).

La pandilla de los Clinton/Obama/Biden/Buttigieg fue expuesta en el caucus en Iowa mediante el manoseo digitálico del conglomerado empresarial de Shadow/Acronym/Pacronym y cuya primera víctima ha sido el ex vicepresidente Joe Biden. (https://bit.ly/39kVdkY).

¿Podrá detener a los millennials el arcaico Partido Demócrata?

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Lunes, 03 Febrero 2020 05:47

Rebelión antineoliberal

Rebelión antineoliberal

La noticia principal de la contienda electoral presidencial que arranca este lunes con elecciones internas en Iowa –y que seguirá durante los próximas meses en cada estado para culminar con la coronación de los candidatos presidenciales de ambos partidos nacionales– es que Bernie Sanders, el senador socialista democrático, va ganando.

Se sabe que va ganando no sólo porque ya alcanzó al precandidato demócrata de la cúpula, Joe Biden, en las encuestas nacionales y está adelante en varias encuestas estatales claves, ha acumulado más donaciones que todos los además y triunfa sobre Trump en cada sondeo, sino porque las cúpulas se están alarmando, y mucho.

Algunos señalan que la dirección del Partido Demócrata está más obsesionada ahora en frenar a Sanders que en derrotar a Trump, elaborando mecanismos para obstaculizar su triunfo en la convención demócrata mientras Hillary Clinton, Barack Obama y John Kerry, entre otras figuras del partido, alertan sobre su “amenaza” y advierten, a pesar de indicaciones contrarias, que el electorado no apoyará sus “ideas radicales” y menos el “socialismo”.

Para Sanders y sus seguidores sólo comprueba el potencial real de su movimiento. “Somos su peor pesadilla”, señaló el senador esta semana, recordando que su campaña está fomentando una “revolución política” para un rescate popular de esta democracia de las manos del uno por ciento más rico y sus políticos que la han secuestrado.

Aquí continúa una pugna que se inició en 2016 entre el futuro y el presente del Partido Demócrata, con candidatos como Joe Biden y el multimillonario Michael Bloomberg –quien ha indicado que se lanzó en parte para evitar la candidatura de Sanders (no es un misterio de que uno de los representantes más reconocidos del uno por ciento esté preocupado)– ofreciendo un retorno a la era pre-Trump. Pero el movimiento de Sanders (y parte de las filas en apoyo de Elizabeth Warren) están invitando a otro futuro, no a un retorno.

Y es que esto es más que sólo una batalla dentro de un partido, es una rebelión antineoliberal. Tiene sus antecedentes inmediatos en los movimientos altermundistas que originaron contra el TLCAN y el llamado “consenso de Washington” en los 90, pasando por expresiones como Ocupa Wall Street, pero también con algunas raíces aún más antiguas con el movimiento socialista de hace un siglo, pasando por los grandes movimientos sindicales y culturales durante la Gran Depresión, como también en las luchas de los años 60, donde Martin Luther King, poco antes de ser asesinado, declaró que la esencia de la lucha social no se limitaba al racismo, sino que se necesitaba una “revolución moral” contra la injusticia económica y el poder imperial de su país.

Desafiando a las cúpulas políticas y económicas de este país, Sanders, con su consigna “no yo, nosotros”, resume una campaña electoral basada en las solidaridad social, algo que explica por qué el candidato presidencial más viejo goza del mayor apoyo entre los jóvenes, quienes, si participan en grandes números, podrían determinar la elección. También hay otras señales de que esta campaña es diferente: el candidato judío goza del apoyo de las únicas dos diputadas federales musulmanas, el único que resalta que es hijo de inmigrantes (https://www.youtube.com/watch?v=xuYR1dwPzJE), quien habla abiertamente de la clase trabajadora, y quien ha votado siempre en contra de guerras, acuerdos de libre comercio (incluyendo el T-MEC) y otros asuntos promovidos por las cúpulas. (Para más información sobre sus propuestas específicas: https://berniesanders.com/es/?nosplash).

Los jóvenes con Sanders son sólo parte de una coalición multirracial que se está rencontrando con luchadores sindicales, granjeros, ambientalistas, indígenas, veteranos militares antiguerra, y todos los que enfrentan ahora las consecuencias de un experimento neoliberal que fue impulsado por ambos partidos, desde Reagan hasta Obama.

Ante ello, esta es la vanguardia de una potencial rebelión electoral que busca no sólo derrotar a Trump o revertir sus políticas, sino transformar al país más poderoso del mundo. (https://www.youtube.com/watch?v=Ikgh4JbAWUU).

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Policías militares registran a un joven en una favela de Río en enero. FABIO TEIXEIRA GETTY

Especialistas brasileños en seguridad pública advierten de que la letalidad de los agentes y el descenso de los crímenes están desvinculados

 La letalidad policial fue récord en Río de Janeiro en 2019 mientras los delitos tuvieron una caída histórica, tendencia esta última que se extiende al resto de Brasil, uno de los países más violentos del mundo. En el Estado murieron 1.810 personas en intervenciones policiales, la cifra más alta en dos décadas. Los 3.995 asesinados en el mismo tiempo suponen un dato histórico, el menor desde 1991, según datos oficiales del Gobierno estatal. Aunque los políticos partidarios de la mano dura presumen de eficacia, numerosos especialistas brasileños en seguridad pública advierten de que ambos fenómenos no están vinculados.

Al conocerse el balance anual de la violencia, el gobernador de Río, Wilson Witzel, tuiteó la semana pasada: “Nuestra política de seguridad viene generando resultados positivos mes a mes”. Es el mismo que cuando hacía campaña para el puesto que ostenta hace un año proclamó “la policía va a apuntar a la cabecita y…. fuego” contra los sospechosos armados con fusiles. En sus tuits, Witzel, que fue juez y militar, enumeró las estadísticas, que también reflejan notables caídas de las muertes en robos y de aprensiones de armas. El experto de la Red de Observatorios de la Seguridad Pablo Nunes explica que “es improbable que las variaciones en las tasas de homicidios y muertes por policías estén relacionadas. Cuando analizamos los barrios y ciudades del estado de Río, en la mayoría de los casos, donde aumentaron las muertes policiales aumentaron o se estabilizaron los homicidios y viceversa”.

Ilona Szabó, especialista en seguridad pública, advierte de que “a veces las reducciones de delitos son utilizados para legitimar el abuso de la fuerza. La relación, sin embargo, es falsa”, escribe este miércoles en Folha de S.Paulo. Daniel Cerqueira, del Forum Brasileño de Seguridad Pública, coincide: “Esa retórica del gobernador es falsa. Estadísticamente no vemos relación”. Añade este experto que, en todo caso, “la violencia policial estimula la violencia en general”.

La caída de los asesinatos a lo largo del año pasado, también el primero del exmilitar Jair Bolsonaro en el poder, se extiende por Brasil en general. Es uno de los datos de los que el ultraderechista más presume y que influye en el reciente aumento de su popularidad en este país que está desde hace años entre los más violentos del mundo, guerras al margen. La experta Szabó alerta de que existen “líderes que están reduciendo problemas complejos a discusiones binarias y reforzando la violencia como solución”. Justo este miércoles el Gobierno ha autorizado que los dueños de armas legales puedan comprar cuatro veces más munición al año que antes.

Río de Janeiro –Estado donde viven 17 millones de brasileños– destaca en el ámbito nacional e internacional por lo mucho que su policía mata. Para hacerse una idea, las 1.810 personas muertas en intervenciones policiales en 2019 suponen más del doble de las 800 personas asesinadas por la organización terrorista ETA en España durante cuatro décadas o la mitad de las víctimas mortales del conflicto de Irlanda del Norte.

Los tiroteos son tan frecuentes en Río de Janeiro que cuatro niños han sido alcanzados por disparos desde que empezó 2020. El último, de cinco años, veía un partidillo de fútbol. Una bala le dio este lunes en la cabeza después de perforar la mano de su padre, que intentaba protegerlo del intercambio de tiros entre policías y criminales. El crío sobrevivió pero está gravísimo. El asunto ha alcanzado tal magnitud que la ONU expresó su preocupación en septiembre pasado. Y también tiene su reflejo en la cultura popular. La telenovela más vista ahora mismo en Brasil Amor de mãe tiene entre sus villanos a un policía corrupto que mata a un policía limpio.

En la comparación nacional las fuerzas de seguridad de Río también destacan, como indica la comparación con São Paulo. La tasa de muertes en el primer Estado a manos de la policía solamente es superior a los perpetrados en São Paulo por criminales y agentes de policía juntos, según el diario Folha. Uno de los factores que lo explica esa diferencia es que el grupo criminal más poderoso de São Paulo, el Primer Comando de la Capital (PCC), prohíbe matar sin autorización en el territorio que domina.

Es muy poco probable que un policía sea denunciado en Brasil por abatir a un sospechoso, mucho menos juzgado o condenado. Ni un solo agente de Río fue llevado ante la justicia en 2019, según una investigación del semanario Época, que analizó los casos de los 195 muertos a manos de la policía en julio, el mes más letal. Revela que se abrieron 151 investigaciones, que 11 casos han sido archivados y que no encontraron información sobre otros 19. La revista descubrió que los informes policiales muestran un patrón: incursiones en favelas de patrullas de entre 2 y 6 policías con fusiles para reprimir el tráfico de drogas, son atacados, responden, registran el lugar, localizan a la víctima y la trasladan al hospital. Resalta Época que en el 60% de los casos los agentes no regresaron al lugar del suceso a investigar. La inmensa mayoría de las víctimas de violencia policial son varones, negros, pobres de favela.

El profesor Cerqueira recalca que las muertes violentas vienen disminuyendo en Río de Janeiro desde 2003 con la única excepción del bienio 2016-2017, cuando se registró un repunte coincidiendo con el declive socio-económico generalizado que vivió la ciudad tras los Juegos Olímpicos.

Por NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR

São Paulo 29 ENE 2020 - 17:16 COT

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Una grupo de personas sin trabajo, a las puertas de una feria de empleo en Río de Janeiro. Mario Tama

 La OIT enciende una "señal de alarma" sobre el presente y el futuro de "millones de jóvenes que no encuentran oportunidades". Uno de cada cinco busca trabajo y no lo encuentra

El estancamiento económico de América Latina hace mella en su mercado de trabajo y se ceba con el segmento más joven de la población. El desempleo entre los menores de 25 años —junto con la informalidad, el gran caballo de batalla de los países de la región en los últimos años—, se ha convertido en “un rasgo estructural de las economías”, según el Panorama Laboral de América Latina y el Caribe publicado este martes por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Son varias las señales de alarma en este flanco: la tasa de desocupación juvenil creció en tres décimas en 2019, hasta el 19,8%, el triple que la de la media de la población adulta —en otras palabras: uno de cada cinco menores de 24 años que busca trabajo no lo encuentra— y el máximo desde el año 2000, cuando se empezaron a publicar datos agregados; y la mayoría de quienes sí están contratados sufren condiciones precarias: informalidad, salarios bajos en relación con el coste de la vida, escasa estabilidad en el empleo y sin apenas programas formativos por parte de su empleador.

 “Queda claro, a la luz de las estadísticas de este año, cuán difícil es ser joven en Latinoamérica y el Caribe”, señala el organismo dependiente de Naciones Unidas. En el año recién terminado, el aumento en la desocupación juvenil arrastró consigo la tasa general, mientras que en el colectivo de 25 años o más se mantuvo estable. “Esto debe ser una señal de alarma en la medida en que amenaza el presente y el futuro de millones de jóvenes que no encuentran oportunidades de empleo y cuyas aspiraciones de movilidad social se ven truncadas. (…) A la luz de la ola de protestas en diversas ciudades de la región, se requieren acciones inmediatas e inclusivas”, apremia la OIT. “La crisis de expectativas que se vislumbra en la región demanda acciones urgentes”. El empleo juvenil se contrajo en 11 países que representan casi el 90% de la fuerza de trabajo ocupada en la región —Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Paraguay, Perú y Uruguay—.

Los grandes números ayudan a comprender la magnitud del problema: en la región viven 110 millones de personas de entre 15 y 24 años, una cifra que se ha triplicado desde la década de los cincuenta del siglo pasado. Y estos jóvenes, a pesar de haber recibido una mayor educación que las generaciones previas —en buena medida porque nacieron y crecieron en una época marcada por el crecimiento económico, mientras duró el auge de las materias primas—, enfrentan una inserción en el mercado laboral caracterizada por "una elevada precariedad". De los que trabajan, seis de cada diez lo hacen en la informalidad, y el 22% ni estudia ni tiene empleo (los llamados ni-nis), "una situación que es aún más crítica entre las mujeres".

Leve aumento de la desocupación general, que podría ser mayor

Con el crecimiento económico latinoamericano encadenando revisiones a la baja con el paso de los meses —a cierre de 2018 el FMI preveía el 1% para 2019 y todo apunta a que esta cifra acabará superando por muy poco la barrera del 0%—, la tasa de desocupación borró la mejora registrada en 2018 y pasó del 8% al 8,1%. Esa es, sin embargo, una estimación “conservadora” —apuntan los técnicos del organismo con sede en Ginebra— que podría aumentar “si se confirma el impacto de los movimientos de protesta que irrumpieron en la región en los últimos meses de 2019 y la creciente presión que genera una situación económica de incertidumbre”. A cierre del ejercicio, 26 millones de personas en la región buscaban empleo sin éxito.

Con todo, la paleta de colores con la que está pintado el cuadro laboral latinoamericano dista mucho de ser homogénea: el Caribe angloparlante logró una reducción de 0,5 puntos porcentuales en la desocupación, los países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) registraron también una caída mínima, Centroamérica sufrió un aumento del 0,2% en el desempleo y las naciones andinas (Colombia, Ecuador y Perú), del 0,5%.

2019 fue un año malo en lo laboral para el conjunto de la región, pero el futuro no apunta hacia un entorno mucho mejor. A la vista del “crecimiento lento” (1,4%) proyectado para la economía de América Latina y el Caribe por la media de los organismos internacionales, la OIT avisa de la alta probabilidad de que la demanda laboral se vea golpeada y presione al alza la tasa de desocupación hasta el entorno del 8,4%, tres décimas más que a cierre del año pasado. De cumplirse ese pronóstico —y sus técnicos no suelen pasarse de pesimistas—, 2020 terminaría con 27 millones de latinoamericanos buscando empleo.

Informalidad y salarios al alza

Aunque el estudio de la OIT no ofrece datos concretos de evolución de la informalidad, sus firmantes sí vinculan el menor crecimiento del empleo asalariado respecto al de por cuenta propia registrado el año pasado con “una tendencia al aumento” de los empleados que no tienen un contrato de trabajo ni las prestaciones de ley. Sí dan cuenta con certeza sobre el incremento del subempleo (personas que trabajan menos horas de las que desearían) en prácticamente todos los países del área, “resultados que redundan en la precarización relativa de los empleos creados en 2019”.

El contrapunto lo ponen el salario medio y el salario mínimo. El primero creció en 2018 —aún no hay datos para 2019—, aunque con divergencias entre los diferentes grupos de trabajadores: creció más en el sector público y en el caso de los empleados domésticos que en el de los asalariados del sector privado. Por sexos, las percepciones de las mujeres subieron más rápido que las de los hombres, reduciendo —aunque solo “de forma paulatina”— la brecha salarial. En cuanto al salario mínimo, las políticas de recuperación puestas en marcha en 14 de los 16 países analizados por el organismo —y, muy especialmente, en México, donde el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha impulsado una revaluación sin precedentes—, resultaron en un incremento total de cerca del 4% en el año recién concluido, el doble que en el lustro 2013-2018. Es la mejor noticia que deja un Panorama Laboral para América Latina y el Caribe acorde al estancamiento económico regional: crecer es condición sine qua non para crear empleo.

Por Ignacio Fariza

Madrid 28 ENE 2020 - 12:02 COT

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La ministra de Educación de Finlandia, Li Andersson, fotografiada en el Parlamento en noviembre de 2019. manuel vázquez

La ministra responsable de un sistema educativo modélico en el mundo defiende aprendizaje de habilidades creativas y la originalidad en la resolución de problemas

 

A Finlandia peregrinan docentes y gestores educativos de todos los países desde que el todopoderoso informe PISA (la prueba de la OCDE que mide la destreza de los estudiantes de 15 años en ciencias, matemáticas y comprensión lectora) encumbrara a sus escolares entre los mejores del mundo. Al frente del estandarte de la nación nórdica está Li Andersson, que con 32 años es casi la benjamina de un gabinete de centro izquierda con altísimo peso de mujeres (12 frente a siete hombres). La entrevista tiene lugar en la última semana de noviembre en la sede del parlamento, días antes de la difusión del último informe PISA. Con su aprendizaje por proyectos, pocas horas lectivas y escasas tareas que llevar a casa, el sistema educativo finlandés permanece en los puestos de cabeza del mundo, codeándose con los países asiáticos, que por el contrario, aplastan a los alumnos con deberes ingentes y largas jornadas escolares. Pero desde 2006 Finlandia empeora paulatinamente sus marcas. En los últimos años, los recortes impuestos por el gobierno conservador saliente han impactado el sistema. Algo que Andersson planea revertir.

Pregunta. ¿Por qué la educación en Finlandia es una de las mejores del mundo?

Respuesta. Hay varias cosas importantes, pero una de ellas es, definitivamente, la educación de nuestros profesores. Todos, independientemente de que enseñen en primaria o secundaria han de tener un título universitario y además poseen un alto grado de autonomía y de elección de los métodos con los que enseñan. Algo que enfatizaría también es la equidad. El sistema finlandés es casi completamente público. Hemos conseguido asegurar una organización por la que los padres pueden confiar en que cualquier colegio es uno de los mejores del mundo, no hay diferencias entre un centro y otro. Eso es muy importante porque en muchos países ves esa especie de división donde el sistema educativo empieza a ser más desigual y entonces maestros y padres comienzan a escoger los colegios a los que quieren ir. Es muy difícil para los gestores revertir esa situación.

Pregunta. ¿A qué se debe el progresivo empeoramiento del país en los resultados del informe PISA?

Respueta. Hay varias razones. Sin duda una de ellas es que los cambios más rápido sen PISA es que el entorno familiar de los estudiantes afecta su aprendizaje más que antes. [En 2009 la diferencia en el aprendizaje entre alumnos de familias ricas y pobres era la menor de toda la OCDE] Las diferencias socioeconómicas están creciendo y creo que no les hemos dado a los colegios las herramientas suficientes para responder a los cambios que se dan en la sociedad cuando crece la desigualdad. Pienso que en Finlandia, igual que en otros países nórdicos, aunque a la mayoría de la población le va bien y hay una clase media amplia, no hemos conseguido ni con las políticas educativas ni con las sociales romper esa tendencia. Otra cosa que estamos viendo es un declive en las habilidades lectoras, especialmente en la comprensión.

Pegunta. Aunque ustedes tienen los niveles de alfabetización más altos del mundo.

Respueta. Sí, la lectoescritura es importante porque afecta al aprendizaje en todas las asignaturas en la escuela y no solamente en niños. Tiene que ver con grandes cambios en la sociedad, cambios en lo que leemos y cómo pasamos nuestro tiempo en comparación de como lo hacíamos antes. Creo que es importante que podamos reforzar más que antes la lectoescritura en escolares que provienen de familias con bajo nivel educativo.

Pregunta. Se ha rebajado la financiación para la educación en los últimos años y la ratio de alumnos por profesor ha crecido. ¿Qué va a hacer?

Respuesta. Finlandia no se ha recuperado tras la crisis del euro, pero eso ha cambiado con los primeros presupuestos de este Gobierno. Por primera vez desde hace muchos años el gasto en educación crecerá con 400 millones para 2020. Inyectaremos financiación a cada uno de los tramos educativos, desde la educación infantil hasta las universidades. Esta era la promesa electoral más importante de todos los partidos que forman parte del Gobierno.

La ministra de Educación ha lanzado el día de la entrevista un programa dotado de 180 millones para eliminar y prevenir las desigualdades en el aprendizaje en la educación básica (de 7 a 16 años), sean estas regionales, por la procedencia socioeconómica de los alumnos o por su condición de inmigrantes. El plan rebajará los ratios de alumnos en primaria y reforzará la formación de profesores. Andersson, graduada en Sociología, ostenta también la presidencia de la Alianza de la Izquierda, uno de los cinco partidos que conforman el primer ejecutivo de centro izquierda en 20 años. En una situación inédita en el mundo porque todas esas formaciones políticas están lideradas por mujeres, menores de 35 años en su mayoría. Una de ellas, al frente de los socialdemócratas vencedores de las elecciones de mayo, es Sanna Marin, la primera ministra más joven del mundo, llegada al poder tras la dimisión de su correligionario Antti Rinne, enfrentado a una moción de censura. Rinne declaró a EL PAÍS que para 2020 quería que todos los alumnos cursen obligatoriamente la enseñanza secundaria superior, hasta los 18 años, La empleabilidad, según sus datos, mejora con la educación.

Pregunta. Han cambiado el currículo de tal manera que los alumnos deciden qué quieren estudiar y cómo.

Respuesta. Ha habido malos entendidos con esto. El currículo se modifica cada 10 años, no queremos hacer cambios veloces para estar seguros de que el sistema educativo no está en un proceso de mutación continuo, primero necesitas saber como están funcionando ciertas cosas. El último currículo comenzó a aplicarse en 2016. Las asignaturas son las mismas pero hay algunas competencias transversales que los niños aprenderán como parte de la metodología de enseñanza de todas las materias y una de ellas es enseñarles a tener más seguridad, más autonomía como educandos. Pero no es algo que se espere que los niños sepan de antemano, así que no puedes darles a ellos la responsabilidad de escoger la manera en la que aprenden, por ejemplo. Realmente necesitan un maestro que les enseñe cómo asumir la responsabilidad individual de su aprendizaje. La razón de que se implantara esta competencia tiene que ver con la sociedad actual y el mercado de trabajo. No se trata de realizar determinadas tareas cuando te las piden, sino poseer habilidades conectadas con la creatividad o la originalidad en la resolución de problemas. También tenemos una semana en cada periodo lectivo en el que se aprende y analiza un fenómeno que no puede ser estudiado a través de asignaturas aisladas como Matemáticas o Geografía, se necesita combinar contenidos de diferentes áreas…

Pregunta. ¿Como el cambio climático?.

Respuesta. Sí, es un buen ejemplo. El mundo de hoy y sus problemas son tan complejos que no puedes enseñarlos solo con el punto de vista de una asignatura o dos.

Preguntya. Finlandia no es el país que más gasta en educación [6,9% del PIB] pero obtiene resultados excelentes. ¿Por qué?

Respuesta. Debo enfatizar el papel de los profesores porque además tenemos programas de formación continua para ellos, pueden aprender nuevas habilidades durante toda su carrera. No se quedan con la formación inicial. Eso tiene realmente grandes implicaciones para todo el sistema y también cuando hemos examinado los resultados de Finlandia hay diferencias basadas en cuántos profesores con titulaciones universitarias hay en determinados colegios, por lo que puedes probar científicamente que la educación de los profesores tiene un gran impacto en el aprendizaje de los alumnos.

Pregunta. ¿Cuáles son las debilidades del sistema educativo finlandés?

Respuesta. Los recortes de financiación han sido muy destructivos. Es importante que nos aseguremos de que la profesión de profesor siga siendo atractiva, porque estas rebajas también afectan al hecho de que convertirse en enseñante sea atrayente. Otra cosa con la que estamos luchando tiene que ver con la participación en la enseñanza de los niños pequeños, que es menor que en otros países nórdicos y que la media europea. Aquí la educación obligatoria comienza a los siete años. Estamos trabajando para que haya más participación en la etapa preescolar porque especialmente para los niños de familias más desfavorecidas o inmigrantes es muy importante la educación temprana. Desarrollan habilidades sociales que necesitarán luego en el colegio, y también las destrezas de lenguaje fundamentales para aprender.

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Manifestantes en las escaleras de la mezquita Mohammed Al Amin, en la Plaza de los Mártires de Beirut, en las protestas a favor de la dimisión en bloque del gobierno de Hariri y por la formación de un Gobierno de tecnócratas independientes. Joan Cabasés Vega

El descontento con la formación de un ejecutivo al que muchos consideran atado a los partidos tradicionales e incapaz de solucionar las crisis del país saca a la calle a decenas de miles de libaneses mientras las protestas suben de tono y acumulan heridos.

El Líbano tiene nuevo gobierno y al primer ministro que lo lidera, Diab Hassan, le ha faltado tiempo para intentar acercar posiciones con los manifestantes que llevan meses pidiendo cambios estructurales. Hassan asegura que su gabinete representa las aspiraciones de los manifestantes y avanza que él y el resto de ministros trabajarán para cumplir con las demandas expresadas en la calle, como redactar una nueva ley electoral, garantizar la independencia judicial o recuperar los fondos públicos saqueados por la clase política. Pero el saludo que Diab Hassan mandó expresamente a los que están secundando las revueltas no le ha sido devuelto.

“¿Cómo se supone que debemos dar apoyo a este gobierno? Nos dicen que les demos una oportunidad, ¡pero es que ya han empezado mal!”. Aline, trabajadora de unos 50 años de edad, está plantada enfrente del cordón policial que protege el parlamento libanés, en Beirut. Llueve y no lleva paraguas, pero dice que no se moverá de la protesta. Y añade: “¿Has visto cómo se han repartido los ministerios entre ellos? Dos para tí, tres para mí... ¡Es lo mismo de siempre!”.

Aline y muchos otros en el Líbano desaprueban el nuevo Gobierno, al que consideran “una falta de respeto hacia nosotros y hacia nuestras demandas”. Desde el pasado 17 de octubre, el mayor consenso de las protestas ha sido deshacerse de la clase política que lleva décadas ocupando el poder y reemplazarla por un gabinete de especialistas independientes. Según los manifestantes, un ejecutivo formado por expertos a los que se elija por su conocimiento y no por su afiliación a los partidos tradicionales podría mejorar el futuro y reparar el pasado: acercaría el país a las políticas públicas necesarias para superar la grave crisis en la que se encuentra, y tendría la capacidad de rendir cuentas con los antiguos hombres de la guerra, en el poder desde el final de la guerra civil en 1990 y a quienes la mayoría responsabiliza del mal momento por el que pasa el país. Se les acusa de ineptos y de corruptos hasta el punto de haber dejado el Líbano en la bancarrota.


Hassan Diab, el nuevo primer ministro de un equipo que pone fin a tres meses de gobierno en funciones, asegura que el reclamado gabinete de expertos independientes es ya una realidad: “Este es un gobierno que no aspira a participar de tratos de favores y que no se verá afectado por la lucha política de los partidos”. Muchos se preguntan, sin embargo, hasta dónde puede llegar la libertad de movimientos de unos ministros que han sido elegidos a dedo por los partidos tradicionales.

Durante las negociaciones para formar gobierno, los seis partidos que han dado apoyo a la candidatura de Hassan Diab se repartieron la nominación de ministros para el nuevo ejecutivo. Las formaciones eligieron directamente a sus candidatos y ahora hay dudas de que estos puedan ejercer su función de forma independiente, anteponiendo los intereses de la nación a los de sus avaladores. Declaraciones como las del nuevo ministro de Obras Públicas, Michel Najjar, refuerzan esos temores: sus primeras palabras tras asumir el cargo las dedicó a Sleiman Frangieh, su avalador, antiguo líder militar durante la guerra civil y actual cabeza del partido derechista y cristiano Marada, agradeciéndole que lo hubiera nominado durante las negociaciones.

Los manifestantes pedían un gobierno con caras nuevas, y en cierta manera las han tenido. Pero que vengan patrocinadas por la misma clase política a la que se le pide que se vaya, hace temer que trabajen con las manos atadas y que no tengan la habilidad de rendir cuentas con los que habrían saqueado el estado durante 30 años.

Un gobierno con poca esperanza de vida

Puede que los ministros del Gobierno de Hassan Diab no tengan la posibilidad de actuar libremente —hay quien los define como empleados de los partidos tradicionales—, pero este nuevo ejecutivo tiene otras características que de buen comienzo le hacen prever un camino inestable. Muchos ven su mayor escollo en su composición: las seis formaciones que han acordado impulsar este Gobierno —y que han nominado a los supuestos ministros independientes— son parte de un único lado del dividido espectro político libanés. Es la vertiente liderada por Hezbolá, grupo político y militar de confesión musulmán chií, en alianza con otras formaciones, tanto chiíes como de otras confesiones.

Al Gobierno anterior, que pasó a estar en funciones cuando el 29 de octubre su primer ministro Saad Hariri renunció ante las primeras semanas de protestas, se le conocía como un gobierno de unidad. Contaba con representación de Hezbolá y de sus aliados, que de hecho llevaban la voz cantante del ejecutivo, pero también de formaciones que ahora han quedado fuera y que pertenecen a la otra gran alianza. Con la exclusión de partidos como el Movimiento Futuro o el Partido Socialista del Progreso, el nuevo Gobierno de Hassan corre el riesgo de perder apoyos tanto dentro como fuera del país. Internamente, muchos ciudadanos de confesión musulmana sunní y drusa pueden dejar de respaldar un Gobierno en el que ya no participan los partidos con los que se sienten identificados. De puertas afuera, el Líbano puede perder conexión con Occidente y Arabia Saudí, zonas hacia donde proyectan su influencia algunos partidos salientes.


Este puede ser un hecho determinante en un momento en el que las autoridades libanesas reclaman una inyección extranjera de varios miles de millones de dolares para que el país tire para adelante. Con la tensión entre Estados Unidos e Irán todavía en un punto alto, se percibe difícil que Washington se anime a colaborar con un gobierno liderado —hoy todavía más que antes— por Hezbolá, grupo político inspirado en Teheran.

De todos modos, muchos manifestantes se niegan a pedir ayuda a donantes internacionales. “¿Ahora queréis traer dinero de fuera después de habérnoslo robado?”, decía un hombre de unos 40 años en unas protestas recientes. “No queremos dinero extranjero, ¡queremos que nos devuelvan el nuestro!”. A finales del mes de diciembre saltó una noticia que no ayudó a calmar los ánimos: el poder judicial libanés iniciaba una investigación para comprobar si es cierta una supuesta transferencia por valor de dos mil millones de dólares a una cuenta suiza. La notificó un funcionario suizo asegurando que iba a cargo de “nueve políticos libaneses”. De confirmarse el movimiento, el capital transferido sería la mitad de los cuatro mil millones de dólares que el nuevo Gobierno libanés pide hoy a la comunidad internacional para financiar la compra de trigo, combustible y medicamentos.

La economía del Líbano, mientras tanto, va en caída libre: en los últimos meses, la lira libanesa ha perdido un 40% de su valor en relación al dólar y los trabajadores del sector privado han dejado de percibir alrededor de la mitad de su salario. Los bancos aplican control de capitales —se pueden extraer 300 dólares semanales como máximo— y el Banco Mundial advierte que de seguir así las cosas, la cantidad de libaneses que viven por debajo del umbral de la pobreza podría escalar del 30% al 50%.

Y un dato más: según la Base de Datos de la Desigualdad Mundial, el 0,1% de ciudadanos libaneses tiene el mismo dinero que la mitad más pobre del país.

Las protestas suben el tono

El sábado 25 de enero, las fuerzas de seguridad y el ejército se desplegaron ampliamente y volvieron a disparar gases lacrimógenos y cañones de agua contra manifestantes para dispersarlos tanto en el centro como también en otros puntos de Beirut. En su cuenta de Twitter, y ante la presencia de algunos disturbios, la policía libanesa advirtió que “los manifestantes pacíficos” debían abandonar la zona donde se celebraba la concentración “por su seguridad”, para más tarde anunciar que cualquier persona que permaneciera en el lugar sería arrestada.

La tensión alrededor del nuevo Gobierno llega justo después de lo que podría ser un punto de inflexión en las calles. En el pasado fin de semana se dieron las escenas de más violencia desde que las manifestaciones empezaron hace tres meses. La policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma directamente contra manifestantes, mientras que muchos de estos asistían a las protestas con piedras y palos. El domingo terminó con más de 400 personas heridas y organizaciones como Amnistía Internacional documentaron “diversas violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad: uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, torturas y otro tipo de maltratos”. Entre las personas heridas hubo asfixias y extremidades rotas y al menos dos personas perdieron la visión en un ojo.

Los periodistas también denunciaron. Durante esos mismos días anteriores al anuncio del nuevo Gobierno, organizaciones de defensa de la libertad de prensa, como Samir Kassir Eyes o el Comité de Protección de Periodistas, registraron una veintena de ataques contra periodistas y fotógrafos que estaban cubriendo las protestas. La entonces ministra de Interior en funciones del anterior ejecutivo, Raya El Hassan, aseguró que no había dado ordenes de atacar a los manifestantes ni a la prensa y que tampoco sabía quién lo había hecho. Tal cosa preocupa a los sindicatos periodísticos, ya que aseguran que “refuerza el temor relacionado con la ausencia de atribución de responsabilidades en un país en el que la impunidad de los perpetradores de crímenes contra periodistas es la norma”.

Los que se manifiestan tampoco comparten una misma visión y eso podría complicar las cosas. Algunos dicen que no dejarán de protestar hasta que el Líbano sea un estado civil; otros están descontentos con la banca porque la acusan de aplicar el control de capitales para aumentar la tensión contra Hezbolá y sus aliados; hay quien está disconforme porque su partido ha quedado fuera del nuevo Gobierno y aún hay diversas sensibilidades más.

Lo dice el analista Heiko Wimmen en su publicación en Crisis Group: “Que unas fuerzas de seguridad cabreadas y con un sueldo a la baja tengan que controlar multitudes de ciudadanos cabreados y con un sueldo también a la baja —especialmente después de los recientes enfrentamientos que han encendido el resentimiento mutuo— es una receta para el desastre”.

Por Joan Cabasés Vega

2020-01-27 10:09

Publicado enInternacional
Lunes, 30 Diciembre 2019 07:17

Luces

Luces

Las luces que irrumpen, interrumpen, enfrentan la oscuridad que inunda este país, deben ser la noticia más importante en esta coyuntura estadunidense.

Aunque se tiene que usar la palabra “neofascismo” para describir de manera objetiva lo que sucede en esta nación, sorprendentemente también se tiene que usar la palabra “socialismo” (en las tres décadas de reportar sobre este país, nunca me imaginé que algún día tendría que usar esas dos palabras para informar sobre una coyuntura aquí).

La labor periodística de cubrir al régimen trumpista es incesante, pero esa no es la única nota. La otra igual, o tal vez, más importante, es sobre aquellas luces que desafían el asalto más siniestro y cruel en tiempos recientes, y que en gran medida brotan como respuesta a dos problemas fundamentales de nuestros tiempos: la desigualdad/injusticia económica producto de políticas neoliberales y el cambio climático.

Algo inédito este año es que la mayoría de los jóvenes y un amplio sector de la población aquí dicen favorecer el “socialismo”, y ahora hasta las cúpulas políticas y mediáticas admiten que ya no pueden descartar que Bernie Sanders, quien se define como un “socialista democrático”, gane la nominación como candidato presidencial del Partido Demócrata.

El fenómeno de Sanders es nutrido por diversos movimientos y luchas anteriores, que se suman a su llamado por una “revolución política” para recuperar esta democracia de las manos del uno por ciento más rico y devolverla a las mayorías.

Este fenómeno ya está ganando a nivel local y estatal, y en elecciones recientes una nueva generación de políticos, no pocos de ellos llamándose “socialistas”, fueron electos a gobiernos locales en varios puntos del país (en Chicago, seis concejales socialistas ganaron escaños).

A la vez, movimientos encabezados o impulsados por jóvenes están cambiando la dinámica política de Estados Unidos. Sorprendió a todos: adolescentes encabezaron y organizaron una de las movilizaciones más grandes del año, con más de 250 mil en las calles de Nueva York, y millones más en el mundo, inspirados por Greta Thunberg. A la vez, otras vertientes de esa expresión se organizaron en el Sunrise Movement, que está obligando a candidatos y políticos a definirse en torno a la crisis ecológica y adoptar una agenda progresista sobre la propuesta de un New Deal Verde (https://www.sunrisemovement.org). En las últimas semanas, artistas como Jane Fonda y Lily Tomlin se han sumado a las acciones de desobediencia civil de estos movimientos para denunciar la falta de respuesta al cambio climático por las cúpulas políticas y empresariales del país.

March for our Lives, encabezado por jóvenes que han sobrevivido tiroteos masivos en sus escuelas, no han dejado de asustar a políticos con su perseverancia y esfuerzos de organización nacional para exigir controles sobre las armas en manos privadas en Estados Unidos, en alianza con otras agrupaciones contra la violencia (https://marchforourlives.com).

Durante 2019 continuó un resurgimiento sindical en este país, y por segundo año una de sus vanguardias fue el magisterio, con los sindicatos de maestros de Chicago, Los Ángeles, Oakland, Denver y West Virginia en huelgas no sólo en busca de sus beneficios y salarios, sino por el “bien común”, al defender las escuelas públicas. En el sector privado, más de 30 mil trabajadores de una cadena de supermercados en Nueva Inglaterra realizaron una huelga de 11 días, otros 20 mil hicieron lo mismo en el noroeste poco después, mientras 49 mil trabajadores automotrices de General Motors realizaron la huelga más grande de ese sector en décadas durante seis semanas, entre otras luchas.

Y ante la ofensiva antimigrante más agresiva en décadas, el mosaico de organizaciones inmigrantes y sus aliados no han descansado en confrontar al régimen que ha colocado a niños y familias en campos de concentración y generado un clima de persecución en toda comunidad inmigrante.

De todas estas luces, se alumbra la esperanza para el Año Nuevo.

https://www.youtube.com/watch?v=d6szT5NnwTY

https://www.youtube.com/watch?v=UJJ8y4lQru

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 La profesora estadounidense Ann Cook en la Fundación Bofill de Barcelona. Juan Barbosa

La profesora ha creado una red de centros que no están obligados a presentarse a la Selectividad estadounidense en busca de un sistema menos academicista

Ann Cook (Chicago, 1940) ha cambiado las reglas del juego del sistema educativo en el Estado de Nueva York. Esta profesora de historia consiguió hace 10 años que los alumnos de 39 institutos públicos de esa región no tengan que enfrentarse a exámenes. En el resto de centros del Estado, los estudiantes deben realizar cinco pruebas al final de la secundaria —Matemáticas, Historia Global, Historia Estadounidense, Ciencias y Lengua Inglesa—para hacerse con el título y poder acceder a la Universidad. La lucha de Cook es contra el llamado teaching to the test, una tendencia cada vez más extendida en Estados Unidos que consiste en medir el éxito de las escuelas y la efectividad de los profesores en función de las notas de los alumnos. Ahora, los resultados de su experimento empiezan a ser visibles: el 90% de los alumnos de su red de institutos —28 están en la ciudad de Nueva York y 11 repartidos por el estado— accede a la Universidad, frente al 58% de media del resto de centros públicos de la región.

 “La obsesión por medir el conocimiento con exámenes estatales externos —que elaboran las autoridades y no los profesores— nos está desviando del propósito de educar ciudadanos; estamos enseñando a los chavales trucos para superar un examen y eso no les motiva en absoluto”, lamenta Cook, impulsora de la red de centros conocida como New York Performance Standards Consortium, que esta semana impartió un seminario sobre métodos de evaluación alternativos organizado por el centro Unesco de Cataluña y la Fundación Jaume Bofill en Barcelona, al que este diario acudió invitado.

En las aulas de los 39 institutos hay adolescentes que provienen, en su mayoría, de familias desfavorecidas con bajos ingresos. El 75% de ellos son negros o latinoamericanos. El gran problema del sistema, señala Cook, es que los centros públicos se han convertido en guetos —cuando el nivel de concentración de alumnado con bajos recursos en un mismo centro supera el 50%—.

“Las expectativas con esos chavales son muy bajas, muchos profesores han tirado la toalla y los institutos obtienen cada vez menos puntuación en los rankings; el gran peligro es que cuando son catalogados de bajo rendimiento pueden acabar cerrados por la Administración o traspasados a empresas privadas”, explica la docente. Un cambio radical en las metodologías de enseñanza, con la base en lecturas masivas, redacción de ensayos y presentaciones orales, ha llevado a reducir la tasa de abandono escolar, que ahora está en el 5%, frente al 30% del resto de institutos. Otro de los grandes logros del que Cook presume es la tasa de retención del profesorado: un 80% frente a un 72%. “Hemos conseguido autonomía para los docentes, que ya no viven con el miedo a que sus alumnos saquen malas notas y eso pueda repercutir en sus salarios o estabilidad laboral”, cuenta.

Una encuesta a 1.500 profesores de la Asociación Nacional de Educación, reveló que el 72% de ellos sentían una presión “extrema” por parte de los equipos directivos por mejorar los resultados en los llamados standardized test, los exámenes externos impuestos por la Administración. Solo en ocho de los 50 Estados del país —como California— se han aprobado leyes que permiten a las escuelas escoger entre presentarse o no a las pruebas.

¿Cómo consiguió Cook convencer a los senadores y miembros de la Asamblea de que hiciesen una excepción con sus centros? “La negociación fue muy dura, nos llevó unos ocho años y cuando lo conseguimos había mayoría demócrata... entendieron que el modelo academicista no siempre funciona”, cuenta. Tuvieron que ceder en un punto: los estudiantes tendrían que enfrentarse a uno de los cinco exámenes finales de secundaria. “Escogimos el de Inglés porque es el que conlleva una instrucción menos dirigida, no hay que memorizar tanto y es más libre”. Los alumnos del consorcio obtienen igualmente un diploma de secundaria pero son evaluados de forma distinta. Se miden sus competencias a través de trabajos y las actitudes también cuentan. “Hemos conseguido crear una nueva narrativa, subir la autoestima de los chicos y que no rechacen la escuela”, zanja Cook, que a sus 79 años sigue liderando la lucha. 

 Las universidades cambian su sistema de admisión

El acceso a la Universidad en Estados Unidos es extremadamente competitivo. Los alumnos deben tener el título de Secundaria y presentarse al SAT, un examen tipo test que mide los conocimientos y que funciona como la Selectividad española; es un filtro para entrar en la carrera y la universidad deseadas. El acuerdo alcanzado entre la Administración y la red de instititutos New York Performance Standards Consortium, exime a los estudiantes de presentarse al SAT. “Les valoran con las calificaciones obtenidas en Secundaria y con su portfolio, donde recogen sus mejores trabajos y ensayos”, explica Ann Cook.

“El SAT está en desuso y ya son cerca de mil las universidades que no lo piden en todo el país, se empieza a valorar más el pensamiento crítico y las recomendaciones, ese es otro de los grandes cambios del sistema”, añade. 18 meses depués de graduarse de Secundaria, el 83% de los alumnos del Consorcio sigue matriculado en la universidad, frente al 59% del resto de institutos públicos neoyorquinos.

Por Ana Torres Menárguez

Barcelona 12 OCT 2019 - 17:41 COT

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Domingo, 08 Septiembre 2019 05:25

La razón y el perreo

Yung Beef y La Zowi, en el videoclip de la canción ‘Cocinando filete’ (2018).

Banda sonora del capitalismo rampante o denuncia del sistema en primera persona, el trap es el nuevo punk. Un ensayo analiza el fenómeno musical que ha cambiado la cultura urbana

 

Los artistas se parecen menos a sí mismos que a su época”, leemos en uno de los atinados aforismos de este libro. Y en nuestra época, el trap ¿es cómplice de las dinámicas del capital? ¿Es su banda sonora? La crítica musical de izquierda ortodoxa así lo cree, y añade a ese reproche algunos otros, como el sexismo o el síndrome del blanco negro —y del blanco gitano—. Vistos así, los traperos serían trepas, apropiacionistas de baratillo; sus vídeos y mixtapes, síntomas de la desproletarización de la generación más reciente. En otras palabras, se le echa la culpa a Bad Gyal de que Podemos, por ahora, no haya podido.

A lo largo del último año se han publicado dos aportaciones que matizan esas ideas y proponen otra perspectiva. En Trapologia, Max Besora y Borja Bagunyà contextualizaron el género en el marco de los debates sobre lengua y estilo, y defendieron su informalismo como una alternativa al pop de habitación y al letrismo poético. Ambos son intelectuales de la hornada precedente, como lo es Ernesto Castro, con quien mantienen un fructífero diálogo. En él, y en las entrevistas realizadas por el pensador madrileño en su canal de YouTube, se comprueba que esas miradas transgeneracionales permiten considerar bajo otra luz los modos en que la economía y la cultura se relacionan.

Castro había dado ya muestras de su talento para los estudios de estética en su anterior ensayo, Un palo al agua. Expuso allí una idea que resulta clave para su monumental análisis del género: la manera en que la subjetividad, en la era comunicativa, se diluye y el yo se codifica como producto. Este proceso no lo interpreta a la manera humanista; muy al contrario, se detiene con minuciosidad en sus ambivalencias y da cuenta de su “compleja simplicidad”. Perreando por fuera y razonando por dentro traza un mapa de la eclosión del trap y localiza sus focos irradiadores. Principalmente en Granada —cuyo papel en las alternativas a la industria quizás hubiera merecido mayor desarrollo— y también en Valencia, Badalona, Mallorca y Tenerife, así como en las festividades de San Isidro y la Mercè. A la vez establece una convincente cronología de las sonoridades urbanas. En 2013, el pico de la crisis: el paro juvenil llega al 55%. En 2014, el gran cisma entre la escena rapera y la trapera.

Esa escisión permite entender algunos rasgos distintivos del género. Si en España la corriente principal del rap siempre fue políticamente comprometida y musicalmente virtuosa, los traperos, puestos de MDMA y drogas de farmacia, oponen a este paradigma el artificio del Auto-Tune y una hiperproductividad que tiene tanto de háztelo tú mismo como de adicción al trabajo. Y basta ya de“shows perfectamente ejecutados”: un concierto es fiesta y karaoke, man. El trap es el nuevo punk porque, como ocurrió en su día con la reacción punk contra la canción protesta, a una actitud proletaria y artística le contrapone una pose amateur y lumpen.

Si para los veinteañeros, veintegenarios, no hay mañana tras la caída de Bankia, el comportamiento de los músicos se volverá, simultáneamente, conformista y aceleracionista, integrado e implosivo. Dará lugar a actuaciones y performatividades que constituyen una “autodenuncia del sistema en primera persona” (en Yung Beef), un “desmantelamiento de las ideas de competición y fama” (en Cecilio G.) o una reescritura de los códigos de feminidad (impagable el pasaje acerca de las uñas postizas de La Zowi). A decir de Castro, quien advierte contra la costumbre de tomarse las letras al pie de la letra, no se trata solo de una caricatura de iconos y actitudes neoliberales, pero la contiene, aun cuando parece celebrarlos.

Es el caso de C. Tangana: describir su carrera como una teogonía es una de las audacias que el libro nos regala. Pues el asunto no es cómo se define el trap, sino hasta dónde llega su onda expansiva. Y llega lejos. Rompe la barrera que separaba el mainstream del underground. Determina el reconocimiento de los productores y la deriva profesional de las cuentas de memes. Asume una problemática desgitanización del flamenco, pero también politiza el twerking. O más bien lo impolitiza, pues, como sostiene el autor, el trap es un potencial que oscila entre el nihilismo sucio y el ascenso místico, entre rendirse a la moda y dictarla. Entre la autenticidad y el ful. Este proceso eclosiona en 2017, cuando el término, saturado, se difumina y el género, más poroso, se va orientando hacia el melódico consenso del pop.

Decir que este es un buen estudio de historia de la música sería pecar de omisión. Es asimismo un recital de sagacidad filosófica, un certero tratado de sociología, una gramática de la nueva estética audiovisual y una mina de conceptos —la metamúsica, la ley de la obsolescencia, la memetización— que, sin duda, habrán de sobrevivir al movimiento que tan concienzudamente describe.

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