Sábado, 13 Abril 2019 06:48

Una filtración que no ocurrió

Una filtración que no ocurrió

Los argumentos de Estados Unidos para pedir la extradición del fundador de WikiLeaks. Lo acusan de un crimen informático.

Finalmente Estados Unidos puso sus primeras cartas sobre la mesa. Después de investigar durante años a Julian Assange, fundador del sitio de megafiltraciones WikiLeaks, después de presionar al gobierno ecuatoriano para que lo expulsara de su embajada en Londres, donde estuvo asilado casi siete años, después de que la justicia británica lo detuviera por asilarse en la embajada estando en libertad condicional, después de que el juez del caso emitiera un comunicado anunciando que Assange permanecería detenido por un pedido de extradición de Estados Unidos, después de todo eso el Departamento de Justicia estadounidense dio a conocer una acusación formal en contra de Assange realizada por un Gran Jurado de Alexandria, Virginia, que había permanecido secreta o “sellada” durante años, a la espera de que Assange perdiera la protección de Ecuador.


El documento, firmado por los fiscales Kellen S. Dwyer y Thomas W. Traxler, acusa al editor y ciberactivista de un solo delito, “conspiración para cometer intrusión de computadora”, cargo que conlleva una pena máxima de cinco años de prisión. No es un delito grave, pero alcanza para pedir una extradición. Si dicho proceso llegara a prosperar, agotar todas las instancias previstas en el sistema judicial británico puede demandar años. Solo entonces la fiscalía podría agregar acusaciones, por ejemplo de espionaje, para elevar la eventual sentencia si fuera hallado culpable.


El texto presentado a las autoridades británicas ofrece algunas pistas de las intenciones de la fiscalía del norte de Virginia, localidad en la que se concentra buena parte de las familias de militares, agentes de inteligencia y fuerzas de seguridad que rodean a la capital estadounidense. El texto señala que Assange conspiró para robar documentos “relacionados con la defensa nacional, incluyendo algunos con la calificación de ´secreto’, teniendo razones para suponer que la información así obtenida podría ser usada para lesionar a los Estados Unidos en favor de cualquier país extranjero”.


En concreto, la acusación se refiere a un hecho que apareció cuando los expertos informáticos lograron desencriptar los chats entre Assange y Chelsea Manning, la oficial de inteligencia condenada y luego perdonada por filtrar documentos sensibles a WikiLeaks. La acusación afirma que después de mandarle los partes de guerra de Irak y Afganistán, los documentos sobre la cárcel de Guantánamo y los cables diplomáticos del Departamento de Estado, Manning le advirtió a Assange que había otros documentos interesantes almacenados en el servidor del Departamento de Defensa pero que solo tenía una parte de la clave de acceso. Assange, entonces, según la acusación se ofrece a intentar obtener la otra parte de la clave. Para la fiscalía de Virginia, la oferta de Assange constituye el eje central de una conspiración.


Lo interesante del caso, o preocupante, desde el punto de vista del ejercicio del periodismo, es que los demás elementos citados en la acusación como parte de la conspiración no difieren para nada de una práctica habitual de los periodistas en todo el mundo. A saber:


“Fue parte de la conspiración que Manning y Assange usaran el servicio de chat online ‘Jabber’ para adquirir y difundir documentos clasificados.” Hoy en día es práctica habitual de los periodistas de investigación el uso del chat encriptado para obtener documentos secretos.


“Fue parte de la conspiración que Assange y Manning adoptaran medidas para ocultar que Manning era la fuente de la transmisión de documentos clasificados a WikiLeaks, inclusive haber borrado el nombre del usuario en la transmisión de datos y haber borrado los chats entre Assange y Manning.”


Digamos que si no revelar la fuente y proteger su identidad forma parte de una conspiración, el mundo está lleno de periodistas conspiradores.


“Fue parte de la conspiración que Assange alentara a Maning a que le proveyera información y archivos de agencias y departamentos de los Estados Unidos.”


Otra vez: si alentar a una fuente a darnos información secreta constituye un delito, millones de periodistas deberíamos estar presos. Y los que no será porque son malos periodistas.
El documento afirma que Manning le pasó a Assange 400.000 documentos sobre la guerra de Irak, 490.000 sobre la guerra de Afganistán, 800 sobre la cárcel de Guantánamo y 250.000 cables diplomáticos. Pero no lo acusan por eso, sino al mejor estilo del juicio contra Al Capone lo acusan por una filtración que nunca ocurrió, ya que la clave del servidor del Departamento de Defensa, según la acusación, no pudo ser descifrada. En su último considerando, el documento de la fiscalía informa:


“El 10 de marzo de 2010 o alrededor del 10 de marzo, Assange le pide más información a Manning acerca de la clave en cuestión y le comenta había intentado obtenerla “pero hasta ahora no tuve suerte”.

Publicado enInternacional
Jueves, 14 Febrero 2019 08:01

¿Periodismo?

Fabio Manosalva, de la serie  “Sobre la derrota” (Cortesía del autor)

Los cínicos no sirven para este oficio.
Ryszard Kapuscinski

La renovada disputa por el poder en Venezuela, con una nueva escalada a partir de enero de 2019, deja al descubierto diversidad de intereses en juego, en lo internacional y en lo local, así como el sentido profundo del periodismo.

Para comprobarlo, en relación al periodismo, varias perlas: en la edición matutina del radionoticiero Caracol, a cuya cabeza aparece Darío Arizmendi, figura connotada de lo que pudiéramos denominar periodismo oficioso, al referirse el 25 de enero a la situación en el país vecino, sentencia: “Lo que hay allí es un régimen militar presidido por un civil chafarote que es el dictador Maduro” (franja 5 am–6 am: 41’52”–41’56”).


¿Ayudan al periodismo bien argumentado los adjetivos y los calificativos sin soporte previo? Como es conocido, para no volverse propagandista y perder su misión de informar, el periodista está obligado a explicar, entregándole a quien lo escucha –en este caso–, o a quien lo lee o ve, elementos de contexto, argumentos, soportes de diverso tipo (por qué, para qué, tras de qué…), permitiendo así que puedan formarse un criterio propio y, de ser necesario, tomar partido por una u otra posición que esté en pugna como en el caso de Venezuela. Llenar de epítetos y calificativos una realidad, en que la noticia queda sometida a la subjetividad y los intereses de quien la brinda –y del grupo de poder que representa–, no aporta a informar… aunque sí a desinformar.


En el mismo noticiero, al aludir a una foto en la cual aparecen varios generales de aquellas fuerzas armadas, el mismo personaje sentencia: “[…] aparecen todos los chafarotes, todos los generales, son más de mil que ha nombrado Maduro, con las mejores prebendas, salarios y gabelas, la mitad del gabinete está en manos de generales ineptos, incapaces, cómplices, empezando por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, que tiene en los Estados Unidos un prontuario lleno de cargos y acusaciones por todos los delitos que se le puedan imputar […] (9’36”–10’10”).


Como todos sabemos, las fuerzas armadas son un factor decisivo del poder y de la correlación de fuerzas en todo país; como brazo armado del poder tradicional, hacen parte de la casta dominante, en Venezuela y en Colombia, en China y en Estados Unidos. Y como factor decisivo, la clase que los unge les garantiza beneficios de todo tipo, comprando así su lealtad. Para el caso de Colombia, sueldos altos, sistema de salud y de seguridad social especial, casas fiscales para ellos y sus familias, administración de las empresas adscritas al Ministerio de Defensa, protección legal, esquemas de seguridad especiales, en no pocas ocasiones impunidad, etcétera. Los militares –oficialidad–, que en la mayoría de nuestros países, para ascender, deben cursar estudios en los centros de entrenamiento de los Estados Unidos, quedan desde entonces bajo su lupa.


Lo que corresponde ante esta realidad no es despacharla con un calificativo sino preguntarse: ¿Qué hacer con las fuerzas armadas y con el aparato represivo de que están dotados los Estados? ¿Cómo hacer para que no funcionen como brazo del poder sino, realmente, como instrumento de protección de la sociedad toda?


En todo caso, queda una inquietud: ¿Qué se diría de ellos si hubieran dado el golpe de Estado que desde hace meses-años pretenden diversos sectores de la comunidad internacional?


De igual manera, al referirse a la votación surtida en la OEA sobre el caso Venezuela el día 24 de enero: herido en honor propio porque se suponía que tal organismo ya estaba inclinado ante la coyuntura del país vecino, y al recibir una noticia contraria a lo que ya daba por hecho, luego de desnudarse como propagandista de una causa al expresar que “[…] se necesitaban 18 votos y lamentablemente sólo se lograron 15 […], al aludir a quienes inclinaron la balanza para el lado contrario al que a él le parece correcto, Arizmendi descarga tamaña perla: […] esto sucedió porque esos paisitos del Caribe y Centro América…” (franja 6 am–7 am, 36’53”).


De acuerdo al criterio periodístico de quien está al frente de este informativo, ¿cuáles son los países dignos de ser llamados como tal y cuáles “paisitos”? ¿Los grandes? ¿Los pequeños? ¿Los administrados de acuerdo a su parecer? ¿Cuáles factores son los que determinan que un país sea “país” y no “paisito”? De ser así, ¿quienes habitan el “país” son más capaces genéticamente que quienes habitan en el “paisito”?. El borde de racismo y chovinismo en que transita esta expresión es claro, cargado de un profundo peso eurocéntrico y anglosajón, racista. Es claro que, en periodismo, al referirnos a un país u otro, debemos hacerlo como iguales. Esto a pesar de su PIB y otras características que cada uno haya acumulado en el curso de su historia.


Claro. A un periodista le puede parecer que la mayor democracia del mundo es Estados Unidos y los demás simples caricaturas, pero por ello no puede taparse los ojos ante los hechos de cada día ni borrar de su mente la realidad histórica, esa que indica que tal ‘democracia’ queda quebrada cuando leemos una constante de racismo defendida allí por los grupos de poder, o cuando revisamos sucesos, crímenes de lesa humanidad, cometidos por aquella ‘democracia’, como los de las bombas arrojadas sobre poblaciones japonesas por el simple afán de obligar a la URSS a no proseguir su avance sobre esa parte del Pacífico, lo que le hubiera asegurado su dominio sobre tal región, en alianza con el Partido Comunista Chino, que ya estaba venciendo al Kuomitang. Para no refrescar la memoria con la barbaridad extendida sobre el territorio vietnamita con guerra química, sin diferenciar, además, entre combatientes y población civil, por no relacionar más ejemplos.


Antes de él, valga enfatizar, una periodista que lo acompaña en tal emisión, al referirse a estos mismos países, expresa: (votaron así porque) “[…] dependen de Venezuela en temas petroleros, entonces reciben órdenes también de Venezuela, deciden no votar o no reconocer al señor Juan Guaidó como presidente” (36’40”–36’53”). ¿Y los que votaron reconociéndolo serán autónomos respecto a los Estados Unidos? No es posible ‘informar’ con una visión tan chata de la realidad, en ella la geopolítica y sus signos reales.
Hay que insistir y recordar: más allá de sus gustos y sus deseos, el periodista se debe a la realidad y está obligado, por tanto, a poner en el fiel de la balanza los sucesos tal y como ocurren, sin matizarlos con su opinión, relacionando allí los pros y los contras de cada circunstancia, siempre pensando en las personas a las que informa, quienes –hay que recordarlo– son su razón de ser. Hacer lo contrario es actuar no como periodista sino como opinador, por lo general pagado por algún grupo de poder. De ahí sus opiniones insistentes.
Siquiera este señor no es médico, pues, al recibir un paciente, lo pasaría por el tamiz de su ideología, de tal manera que quien no pensara igual que él ahí quedaría, a merced de la enfermedad o de la muerte.

 

C.G.

Publicado enCrisis Venezuela
Lunes, 11 Febrero 2019 19:26

¿Periodismo?

Fabio Manosalva, de la serie  “Sobre la derrota” (Cortesía del autor)

Los cínicos no sirven para este oficio.
Ryszard Kapuscinski

La renovada disputa por el poder en Venezuela, con una nueva escalada a partir de enero de 2019, deja al descubierto diversidad de intereses en juego, en lo internacional y en lo local, así como el sentido profundo del periodismo.

Para comprobarlo, en relación al periodismo, varias perlas: en la edición matutina del radionoticiero Caracol, a cuya cabeza aparece Darío Arizmendi, figura connotada de lo que pudiéramos denominar periodismo oficioso, al referirse el 25 de enero a la situación en el país vecino, sentencia: “Lo que hay allí es un régimen militar presidido por un civil chafarote que es el dictador Maduro” (franja 5 am–6 am: 41’52”–41’56”).


¿Ayudan al periodismo bien argumentado los adjetivos y los calificativos sin soporte previo? Como es conocido, para no volverse propagandista y perder su misión de informar, el periodista está obligado a explicar, entregándole a quien lo escucha –en este caso–, o a quien lo lee o ve, elementos de contexto, argumentos, soportes de diverso tipo (por qué, para qué, tras de qué…), permitiendo así que puedan formarse un criterio propio y, de ser necesario, tomar partido por una u otra posición que esté en pugna como en el caso de Venezuela. Llenar de epítetos y calificativos una realidad, en que la noticia queda sometida a la subjetividad y los intereses de quien la brinda –y del grupo de poder que representa–, no aporta a informar… aunque sí a desinformar.


En el mismo noticiero, al aludir a una foto en la cual aparecen varios generales de aquellas fuerzas armadas, el mismo personaje sentencia: “[…] aparecen todos los chafarotes, todos los generales, son más de mil que ha nombrado Maduro, con las mejores prebendas, salarios y gabelas, la mitad del gabinete está en manos de generales ineptos, incapaces, cómplices, empezando por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, que tiene en los Estados Unidos un prontuario lleno de cargos y acusaciones por todos los delitos que se le puedan imputar […] (9’36”–10’10”).


Como todos sabemos, las fuerzas armadas son un factor decisivo del poder y de la correlación de fuerzas en todo país; como brazo armado del poder tradicional, hacen parte de la casta dominante, en Venezuela y en Colombia, en China y en Estados Unidos. Y como factor decisivo, la clase que los unge les garantiza beneficios de todo tipo, comprando así su lealtad. Para el caso de Colombia, sueldos altos, sistema de salud y de seguridad social especial, casas fiscales para ellos y sus familias, administración de las empresas adscritas al Ministerio de Defensa, protección legal, esquemas de seguridad especiales, en no pocas ocasiones impunidad, etcétera. Los militares –oficialidad–, que en la mayoría de nuestros países, para ascender, deben cursar estudios en los centros de entrenamiento de los Estados Unidos, quedan desde entonces bajo su lupa.


Lo que corresponde ante esta realidad no es despacharla con un calificativo sino preguntarse: ¿Qué hacer con las fuerzas armadas y con el aparato represivo de que están dotados los Estados? ¿Cómo hacer para que no funcionen como brazo del poder sino, realmente, como instrumento de protección de la sociedad toda?


En todo caso, queda una inquietud: ¿Qué se diría de ellos si hubieran dado el golpe de Estado que desde hace meses-años pretenden diversos sectores de la comunidad internacional?


De igual manera, al referirse a la votación surtida en la OEA sobre el caso Venezuela el día 24 de enero: herido en honor propio porque se suponía que tal organismo ya estaba inclinado ante la coyuntura del país vecino, y al recibir una noticia contraria a lo que ya daba por hecho, luego de desnudarse como propagandista de una causa al expresar que “[…] se necesitaban 18 votos y lamentablemente sólo se lograron 15 […], al aludir a quienes inclinaron la balanza para el lado contrario al que a él le parece correcto, Arizmendi descarga tamaña perla: […] esto sucedió porque esos paisitos del Caribe y Centro América…” (franja 6 am–7 am, 36’53”).


De acuerdo al criterio periodístico de quien está al frente de este informativo, ¿cuáles son los países dignos de ser llamados como tal y cuáles “paisitos”? ¿Los grandes? ¿Los pequeños? ¿Los administrados de acuerdo a su parecer? ¿Cuáles factores son los que determinan que un país sea “país” y no “paisito”? De ser así, ¿quienes habitan el “país” son más capaces genéticamente que quienes habitan en el “paisito”?. El borde de racismo y chovinismo en que transita esta expresión es claro, cargado de un profundo peso eurocéntrico y anglosajón, racista. Es claro que, en periodismo, al referirnos a un país u otro, debemos hacerlo como iguales. Esto a pesar de su PIB y otras características que cada uno haya acumulado en el curso de su historia.


Claro. A un periodista le puede parecer que la mayor democracia del mundo es Estados Unidos y los demás simples caricaturas, pero por ello no puede taparse los ojos ante los hechos de cada día ni borrar de su mente la realidad histórica, esa que indica que tal ‘democracia’ queda quebrada cuando leemos una constante de racismo defendida allí por los grupos de poder, o cuando revisamos sucesos, crímenes de lesa humanidad, cometidos por aquella ‘democracia’, como los de las bombas arrojadas sobre poblaciones japonesas por el simple afán de obligar a la URSS a no proseguir su avance sobre esa parte del Pacífico, lo que le hubiera asegurado su dominio sobre tal región, en alianza con el Partido Comunista Chino, que ya estaba venciendo al Kuomitang. Para no refrescar la memoria con la barbaridad extendida sobre el territorio vietnamita con guerra química, sin diferenciar, además, entre combatientes y población civil, por no relacionar más ejemplos.


Antes de él, valga enfatizar, una periodista que lo acompaña en tal emisión, al referirse a estos mismos países, expresa: (votaron así porque) “[…] dependen de Venezuela en temas petroleros, entonces reciben órdenes también de Venezuela, deciden no votar o no reconocer al señor Juan Guaidó como presidente” (36’40”–36’53”). ¿Y los que votaron reconociéndolo serán autónomos respecto a los Estados Unidos? No es posible ‘informar’ con una visión tan chata de la realidad, en ella la geopolítica y sus signos reales.
Hay que insistir y recordar: más allá de sus gustos y sus deseos, el periodista se debe a la realidad y está obligado, por tanto, a poner en el fiel de la balanza los sucesos tal y como ocurren, sin matizarlos con su opinión, relacionando allí los pros y los contras de cada circunstancia, siempre pensando en las personas a las que informa, quienes –hay que recordarlo– son su razón de ser. Hacer lo contrario es actuar no como periodista sino como opinador, por lo general pagado por algún grupo de poder. De ahí sus opiniones insistentes.
Siquiera este señor no es médico, pues, al recibir un paciente, lo pasaría por el tamiz de su ideología, de tal manera que quien no pensara igual que él ahí quedaría, a merced de la enfermedad o de la muerte.

 

C.G.

Martes, 04 Septiembre 2018 09:02

“Yo soy éste”

“Yo soy éste”

Los muros y paredes de la ciudad llevan consigo mensajes y símbolos que muchas veces no logramos entender. ¿Cuál es la razón para plasmarlos? ¿Quiénes los plasman? ¿Qué diferencias existen entre las formas de expresarse tomando como lienzo los muros?

 

La fuerza de los jóvenes, la rebeldía de la edad, la necesidad de pertenencia y de confrontación del mundo, nutre la intención del grafitero. Mientras que lo efímero, nocturno, corto, clandestino, contestario y eficaz hace del grafiti la herramienta ideal para expresar esa fuerza y encontrar ese espacio.

 

El grafiti tiene muchas gamas y, actualmente, hay tantas tendencias dentro de él, tantas sub-ramas, que inclusive algunos grafiteros desconocen muchas de las herramientas que se utilizan en la calle.

 

De la conversación con El poeta, grafitero bogotano, logramos recopilar y entender parte de su mundo y razón de ser. Según él, la motivación para los jóvenes es inicial y principalmente la expresión. Posteriormente, están los distintos grupos con mayor adquisición económica que buscan la reputación, el poder, ser admirados y respetados, el poder ser, como ellos lo llaman, “el rey de la línea”. La línea tiene los conceptos del estilo plástico del grafiti.

 

Periscopio


Uno de los primeros y más importantes movimientos del grafiti es el Under Ground, un movimiento subterráneo nacido en N.Y., como forma de arte urbano del Bronx, que surgió en los años 70, formado por artistas de la calle de origen hispano o afrocaribeño.

 

En su acción, sus actores se tomaban los metros para hacer sus grafitis móviles, buscando así que sus mensajes circulen por toda la ciudad. Éste fue un grupo muy contrahegenómico, antisistémico, de raíces contestarias. Este grupo desarrolló un código de escritura propio llamado tag y dibujaba grafitis con un estilo único underground.

 

Esta tendencia grafitera llegó a Colombia en los años ochenta por medio del hip hop y de los movimientos sociales estudiantiles universitarios que incluyeron el grafiti como expresión artística y de protesta. Otros movimientos, como Grafite Write, el Scrich Art, el Cartel y el Stiker son los más conocidos en el país y los explicaremos más adelante.

 

El dinero como potenciador


Como en otras muchas actividades, acá el dinero también marca pautas y posibilita concretar sueños. Para el caso de Colombia, la marca dinero permite que, por ejemplo, y según nos dice El poeta, Usaquén sea en la actualidad una de las capitales grafiteras. Muchos de los mejores grafiteros de Bogotá salen de esta localidad, por la capacidad adquisitiva que tienen para comprar implementos, materiales. Además, cuentan con espacios para pintar y muchas veces la comunidad es muy proactiva y los apoya. Sin embargo, a ellos también los persiguen.

 

El caso de Diego Felipe Becerra, asesinado el 19 de agosto del 2011, que se convirtió en un caso de falso positivo, es un ejemplo de ello, pues era un grafitero que contaba con una familia de buen estatus económico. Diego tenía una conciencia social muy activa, y la expresaba pintando las paredes. Su asesinato evidencia el prejuicio que existe sobre los jóvenes que pintan en la calle, pues según nos cuenta uno de sus compañeros, el policía que le disparó pareció confundirlo con un “hamponcito más”.

 

Hace unos días en Buenos Aires, un policía también le disparó por la espalda a un grafitero, el joven pintor era colombiano y estaba haciendo High Roof (altura de techo).

 

La otra cara de la moneda son aquellos amantes del grafiti, que también buscan expresarse pero que no tienen capacidad adquisitiva, como tampoco espacios para concretar sus sueños artísticos, pero que sí cuentan con facilidades para expresarse manualmente. Como no tienen espacios, los buscan en lotes baldíos, en potreros, en muros abandonados o en donde les brinden la oportunidad para pintar. Aprovechan para ello distintos eventos –como los conciertos–; entre ellos destacan muchos con gran potencial y muchas ganas de hacer. Ellos también pintan por reputación, como todos sus pares, pero mayormente lo hacen por expresión.

 

También están los artistas callejeros que no cuentan con las facilidades para acceder a un espacio para plasmar su obra. Algunos no son grafiteros, son artistas urbanos, pintan en las paredes porque no tienen un museo donde exponer, porque en los barrios marginados de sus localidades no hay galerías ni espacios para los artistas. Para ellos no es justo pintar en las paredes con aerosoles, pero de todos modos lo hacen. A ellos también los persiguen. Generalmente, son jóvenes con causas políticas, que pertenecen a organizaciones o son líderes sociales.

 

La raíz

 

El grafiti es de la cultura hip-hop, con sus cuatro elementos: rap, grafiti, break dance, y dj, y cuatro sub-ramas: el lenguaje callejero, la moda callejera, el entendimiento callejero y el conocimiento.

 

De acuerdo con ello, en nuestro país se mueven fuertemente cuatro movimientos de grafiteros.

 

1) Los escritores (Grafite Write), que vienen directamente de la cultura hip-hop; son aquellos que escriben su nombre por todas partes, no tienen temáticas transversales, no manejan contenidos sociales ni ecológicos, ni nada, simplemente su nombre con mucho estilo, estéticamente muy bien elaborado. Generalmente, el escritor es el creador de los grafitis de riesgo. Son grafitis en vallas, en techos, en cornisas, en puentes, en zonas en las que es muy difícil o arriesgado estar ahí y, mucho más pintar. Lograr tales pinturas genera un disparo elevadísimo de la reputación entre grafiteros, un disparo en el prestigio del grafitero frente a su calle porque, aunque en el lenguaje institucional la calle es pública, en el lenguaje de los write hay batallas internas y brutales por una pared. Y no son batallas de sangre, sino batallas en las que hacen los grafitis, porque en muchas partes de la ciudad, por una pared, pueden estar en disputa artistas de dos o tres localidades.


Cuando se alcanza el reconocimiento, nadie tapa tu nombre. Se conoce el nombre del artista, pero no se conoce al artista. Muchas veces son enfrentamientos invisibles. Uno pinta su grafiti y corona su pared, y a la semana está pintada por otra y, claro, viene la pregunta: ¿quién será?

 

Los dos jóvenes que el pasado domingo 22 de julio murieron atropellados por el metro de Medellín eran ya muy reconocidos, viajaron por Latinoamérica. Se llamaban VSK, generalmente estas iniciales son las primeras letras de los nombres de cada uno. A los grafiteros reconocidos los invitan a eventos, y marcas prestigiosas los llaman a realizar exposiciones, desplegando con ello campañas de expectativas sobre algún producto que va a ingresar al mercado. Algunos de ellos son muy preparados académicamente, por ejemplo, diseñadores; para ellos el grafiti, es un sueño. Para otros no, para otros es una acción de resistencia. Para el artista urbano, en cambio, es más de contenido, sacan permisos, gestionan espacios y eventos para que pinten los escritores.

 

2) Está también Scrich Art, otra de sus expresiones que consiste en caricaturizar el ambiente y hacer crítica social, pero usan espacios pequeños, ven una persona en la calle durmiendo y hacen una caricatura de esa persona en la pared.


3 y 4) Las últimas tendencias fuertes son el Cartel y el Stiker. No hacen intervenciones gráficas en la pared, sino diseños preestablecidos en sus casas, en sus computadores y los convierten en afiches, en posters y los pegan por la ciudad.

 

Muchos de ellos saltan de una tendencia a otra, aunque los más radicales no. Pero todos aprueban que el pintor disfrute de los espacios de la ciudad, y si hay una justificación lógica para pintar cualquier espacio, sienten que deben pintarlo. Se trata de ir en contra de la homogenización de los espacios, de evitar la masificación de la cultura. Los jóvenes empiezan a sentir su acción, a reflexionar y comprender la ciudad, como a resistirla en sus cotidianidades masificantes y unificantes, y al pintar y sentir lo que hacen reaccionan diciendo: “yo soy éste”, y “ese soy yo”; lo marcan tantas veces como puedan hacerlo. Es como una autojustificación de ser.

 

Publicado enColombia
Jueves, 23 Agosto 2018 15:20

“Yo soy éste”

“Yo soy éste”

Los muros y paredes de la ciudad llevan consigo mensajes y símbolos que muchas veces no logramos entender. ¿Cuál es la razón para plasmarlos? ¿Quiénes los plasman? ¿Qué diferencias existen entre las formas de expresarse tomando como lienzo los muros?

 

La fuerza de los jóvenes, la rebeldía de la edad, la necesidad de pertenencia y de confrontación del mundo, nutre la intención del grafitero. Mientras que lo efímero, nocturno, corto, clandestino, contestario y eficaz hace del grafiti la herramienta ideal para expresar esa fuerza y encontrar ese espacio.

 

El grafiti tiene muchas gamas y, actualmente, hay tantas tendencias dentro de él, tantas sub-ramas, que inclusive algunos grafiteros desconocen muchas de las herramientas que se utilizan en la calle.

 

De la conversación con El poeta, grafitero bogotano, logramos recopilar y entender parte de su mundo y razón de ser. Según él, la motivación para los jóvenes es inicial y principalmente la expresión. Posteriormente, están los distintos grupos con mayor adquisición económica que buscan la reputación, el poder, ser admirados y respetados, el poder ser, como ellos lo llaman, “el rey de la línea”. La línea tiene los conceptos del estilo plástico del grafiti.

 

Periscopio


Uno de los primeros y más importantes movimientos del grafiti es el Under Ground, un movimiento subterráneo nacido en N.Y., como forma de arte urbano del Bronx, que surgió en los años 70, formado por artistas de la calle de origen hispano o afrocaribeño.

 

En su acción, sus actores se tomaban los metros para hacer sus grafitis móviles, buscando así que sus mensajes circulen por toda la ciudad. Éste fue un grupo muy contrahegenómico, antisistémico, de raíces contestarias. Este grupo desarrolló un código de escritura propio llamado tag y dibujaba grafitis con un estilo único underground.

 

Esta tendencia grafitera llegó a Colombia en los años ochenta por medio del hip hop y de los movimientos sociales estudiantiles universitarios que incluyeron el grafiti como expresión artística y de protesta. Otros movimientos, como Grafite Write, el Scrich Art, el Cartel y el Stiker son los más conocidos en el país y los explicaremos más adelante.

 

El dinero como potenciador


Como en otras muchas actividades, acá el dinero también marca pautas y posibilita concretar sueños. Para el caso de Colombia, la marca dinero permite que, por ejemplo, y según nos dice El poeta, Usaquén sea en la actualidad una de las capitales grafiteras. Muchos de los mejores grafiteros de Bogotá salen de esta localidad, por la capacidad adquisitiva que tienen para comprar implementos, materiales. Además, cuentan con espacios para pintar y muchas veces la comunidad es muy proactiva y los apoya. Sin embargo, a ellos también los persiguen.

 

El caso de Diego Felipe Becerra, asesinado el 19 de agosto del 2011, que se convirtió en un caso de falso positivo, es un ejemplo de ello, pues era un grafitero que contaba con una familia de buen estatus económico. Diego tenía una conciencia social muy activa, y la expresaba pintando las paredes. Su asesinato evidencia el prejuicio que existe sobre los jóvenes que pintan en la calle, pues según nos cuenta uno de sus compañeros, el policía que le disparó pareció confundirlo con un “hamponcito más”.

 

Hace unos días en Buenos Aires, un policía también le disparó por la espalda a un grafitero, el joven pintor era colombiano y estaba haciendo High Roof (altura de techo).

 

La otra cara de la moneda son aquellos amantes del grafiti, que también buscan expresarse pero que no tienen capacidad adquisitiva, como tampoco espacios para concretar sus sueños artísticos, pero que sí cuentan con facilidades para expresarse manualmente. Como no tienen espacios, los buscan en lotes baldíos, en potreros, en muros abandonados o en donde les brinden la oportunidad para pintar. Aprovechan para ello distintos eventos –como los conciertos–; entre ellos destacan muchos con gran potencial y muchas ganas de hacer. Ellos también pintan por reputación, como todos sus pares, pero mayormente lo hacen por expresión.

 

También están los artistas callejeros que no cuentan con las facilidades para acceder a un espacio para plasmar su obra. Algunos no son grafiteros, son artistas urbanos, pintan en las paredes porque no tienen un museo donde exponer, porque en los barrios marginados de sus localidades no hay galerías ni espacios para los artistas. Para ellos no es justo pintar en las paredes con aerosoles, pero de todos modos lo hacen. A ellos también los persiguen. Generalmente, son jóvenes con causas políticas, que pertenecen a organizaciones o son líderes sociales.

 

La raíz

 

El grafiti es de la cultura hip-hop, con sus cuatro elementos: rap, grafiti, break dance, y dj, y cuatro sub-ramas: el lenguaje callejero, la moda callejera, el entendimiento callejero y el conocimiento.

 

De acuerdo con ello, en nuestro país se mueven fuertemente cuatro movimientos de grafiteros.

 

1) Los escritores (Grafite Write), que vienen directamente de la cultura hip-hop; son aquellos que escriben su nombre por todas partes, no tienen temáticas transversales, no manejan contenidos sociales ni ecológicos, ni nada, simplemente su nombre con mucho estilo, estéticamente muy bien elaborado. Generalmente, el escritor es el creador de los grafitis de riesgo. Son grafitis en vallas, en techos, en cornisas, en puentes, en zonas en las que es muy difícil o arriesgado estar ahí y, mucho más pintar. Lograr tales pinturas genera un disparo elevadísimo de la reputación entre grafiteros, un disparo en el prestigio del grafitero frente a su calle porque, aunque en el lenguaje institucional la calle es pública, en el lenguaje de los write hay batallas internas y brutales por una pared. Y no son batallas de sangre, sino batallas en las que hacen los grafitis, porque en muchas partes de la ciudad, por una pared, pueden estar en disputa artistas de dos o tres localidades.


Cuando se alcanza el reconocimiento, nadie tapa tu nombre. Se conoce el nombre del artista, pero no se conoce al artista. Muchas veces son enfrentamientos invisibles. Uno pinta su grafiti y corona su pared, y a la semana está pintada por otra y, claro, viene la pregunta: ¿quién será?

 

Los dos jóvenes que el pasado domingo 22 de julio murieron atropellados por el metro de Medellín eran ya muy reconocidos, viajaron por Latinoamérica. Se llamaban VSK, generalmente estas iniciales son las primeras letras de los nombres de cada uno. A los grafiteros reconocidos los invitan a eventos, y marcas prestigiosas los llaman a realizar exposiciones, desplegando con ello campañas de expectativas sobre algún producto que va a ingresar al mercado. Algunos de ellos son muy preparados académicamente, por ejemplo, diseñadores; para ellos el grafiti, es un sueño. Para otros no, para otros es una acción de resistencia. Para el artista urbano, en cambio, es más de contenido, sacan permisos, gestionan espacios y eventos para que pinten los escritores.

 

2) Está también Scrich Art, otra de sus expresiones que consiste en caricaturizar el ambiente y hacer crítica social, pero usan espacios pequeños, ven una persona en la calle durmiendo y hacen una caricatura de esa persona en la pared.


3 y 4) Las últimas tendencias fuertes son el Cartel y el Stiker. No hacen intervenciones gráficas en la pared, sino diseños preestablecidos en sus casas, en sus computadores y los convierten en afiches, en posters y los pegan por la ciudad.

 

Muchos de ellos saltan de una tendencia a otra, aunque los más radicales no. Pero todos aprueban que el pintor disfrute de los espacios de la ciudad, y si hay una justificación lógica para pintar cualquier espacio, sienten que deben pintarlo. Se trata de ir en contra de la homogenización de los espacios, de evitar la masificación de la cultura. Los jóvenes empiezan a sentir su acción, a reflexionar y comprender la ciudad, como a resistirla en sus cotidianidades masificantes y unificantes, y al pintar y sentir lo que hacen reaccionan diciendo: “yo soy éste”, y “ese soy yo”; lo marcan tantas veces como puedan hacerlo. Es como una autojustificación de ser.

 

Publicado enEdición Nº249
México es un cementerio lleno de periodistas

El año pasado se registraron 426 agresiones contra la prensa en México, incluidos 11 asesinatos de periodistas, parte de los 104 homicidios de reporteros, fotógrafos y editores desde el 2000, casi todos impunes. En 2017 mataron a cuatro y 23 siguen desaparecidos.


México está convertido en un cementerio de periodistas, dice Pedro Canché, un reportero maya, para resumir en una imagen la vulnerabilidad de la prensa en un país donde matar periodistas es gratis. Con una impunidad de 90,75% de los casos de ataques contra la prensa, que generan censura y autocensura, México se está quedando ciego, sordo y mudo ante la descomposición política y social en que se hunde.


En el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa, organismos nacionales e internacionales exigieron ayer al presidente Enrique Peña Nieto acciones eficaces para proteger a los periodistas y para resolver la abultada lista de crímenes en su contra, y hasta la Embajada de Estados Unidos en México alertó sobre las graves consecuencias de la ineficacia gubernamental para salvaguardar uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia.


Solamente el año pasado, la organización Artículo 19 registró 426 agresiones contra la prensa en México, incluidos 11 asesinatos de periodistas, parte de los 104 homicidios (119, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos) cometidos contra reporteros, fotógrafos y editores en el país desde 2000, casi todos impunes. En lo que va de este 2017, ya han matado a cuatro periodistas. A ello se debe sumar 23 periodistas que permanecen desaparecidos.


“La impunidad endémica permite a los grupos criminales, los funcionarios corruptos y los carteles de la droga silenciar a sus críticos, denunció el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), una organización no gubernamental con sede en Nueva York, al presentar ayer un informe especial sobre “uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo”.


El CPJ responsabilizó al gobierno de Peña Nieto y a sus instituciones de seguridad por el clima de impunidad e hizo una serie de recomendaciones para investigar exhaustivamente los asesinatos de periodistas, “enjuiciar a los autores y hacer que recaiga sobre ellos todo el peso de la ley”.


Simbólicamente, el CPJ presentó su informe en Veracruz, “donde los ataques contra la prensa permanecieron impunes durante el mandato del exgobernador Javier Duarte de Ochoa”, hoy preso en Guatemala. En ese estado, como en el resto del país”, la justicia sigue ausente y la impunidad es la norma”.


En la misma sintonía, la embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, publicó este miércoles un atípico artículo en el diario izquierdista La Jornada en el que puso el foco en las consecuencias de vivir con una prensa bajo ataque en México: “Es bien sabido que existen zonas de silencio. Zonas de la República en las que los medios no pueden ejercer un periodismo real. Tierra de nadie donde todo puede pasar”.


No es común que un diplomático estadounidense estacionado en México se refiera abiertamente a temas de seguridad interior del país, pero la crisis de libertad de expresión en México (parte, a su vez, de una desbordada crisis de derechos humanos) se ha convertido en un riesgo demasiado alto para una democracia tan endeble como la mexicana.


Ante la evidente incapacidad e indolencia del Estado mexicano para contener (ya no se diga controlar y mucho menos erradicar) al narcotráfico, Estados Unidos prende la alarma ante una de sus manifestaciones más claras: el amordazamiento de la prensa.


“Percibo también un silencio atemorizado; un silencio que crece”, dijo Jacobson, a fuerza de amenazas, secuestros, desapariciones y asesinatos que quedan impunes. De la mano va la autocensura, que se ha expandido por todo el país. Lo peor es que, como recordó Jacobson, “la impunidad empodera al crimen”.


A eso mismo se refirió Pedro Canché la semana pasada, durante un acto de desagravio en Chetumal, la capital de Quintana Roo, estado del caribe mexicano donde el periodista maya pasó nueve meses encarcelado entre 2014 y 2015 con cargos falsos. Al responder a la disculpa pública que le ofrecieron el gobierno del estado y la alcaldía de Felipe Carrillo Puerto, Canché cuestionó: “¿Quién le pedirá disculpas públicas y reconocimiento como víctimas que lo son a los 104 periodistas asesinados en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto? Ellos no pueden defenderse ya. El Estado mexicano le debe mucho a sus familias. El Estado Mexicano no tiene a nadie en prisión por estas bajas en la libertad de expresión. La Presidencia de la República tiene una deuda de sangre con los periodistas en México, no solo por permitir a sus virreyes los gobernadores abusar del poder, sino por alentar la impunidad desde los pinos al no parar este cementerio de periodistas en que se ha convertido México. Un cementerio que lastima nuestro gremio. Y este fantasma mortal no para contra los periodistas. No hay voluntad de los pinos para parar la impunidad contra los delitos de la libertad de expresión”.


En estas condiciones, “aún falta ver cómo los periodistas se convierten en actores para la democracia”, dijo Ana Ruelas, directora de Artículo 19 para México y Centroamérica, quien recordó que sin plena libertad de prensa, transparencia y verdadero acceso a la información “no habrá democracia y en ningún momento los ciudadanos podremos participar”.


El desagravio a Canché “es un primer paso”, reconoció Ruelas, pero recordó que aún falta enjuiciar a los responsables de la violación de los derechos humanos del periodista y la reparación económica del daño, para que la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en este caso no sea burlada por tercera vez y siga engrosando el expediente de impunidad en México y provocando más ataques a la prensa.


Según la embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, la situación es incluso más grave. En su artículo publicado ayer en La Jornada, la diplomática llega a una conclusión que es, al mismo tiempo, una grave advertencia: “Envalentonados con este grado de impunidad, los criminales y los agresores sienten que pueden continuar silenciando a periodistas”.


Como reflejo de la preocupación de la clase política estadounidense, Jacobson lanzó la alarma: en México “hay que alzar la voz, decir ‘ya basta’, De lo contrario el silencio será ensordecedor”.

 

Por Gerardo Albarrán de Alba
Páginai12 En México
Desde Ciudad de México

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Lunes, 27 Marzo 2017 07:04

Enemigos (para nuestra compañera)

Periodistas de Guadalajara expresaron ayer su indignación por el asesinato de reporteros en el país. El más reciente es el de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua. Un grito imperó en el mitin: no nos callarán

 

Los que se atreven a enfrentar la mentira, la corrupción, la impunidad, los abusos y la violencia del poder y sus redes de complicidad siempre son enemigos de los que dependen de la oscuridad para su poder y sus intereses.

El saldo mortífero mundial de los dedicados a revelar verdades a la sociedad asciende a más de mil 234 desde 1992, según las cifras más recientes del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), donde México ocupa el lugar 11 entre los países más mortíferos para periodistas (https://cpj.org/killed/).

Según otro conteo, el de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), 2 mil periodistas han perdido la vida por su trabajo entre 1990 y 2016; México es el tercer país más mortífero para informadores al contabilizar más de 120 asesinatos. Una de las conclusiones recurrentes de nuestros informes es que se registran muchos más asesinatos en situaciones de paz que en países golpeados por la guerra, algo que tiene que ver en gran media con que los periodistas son víctimas de los barones del crimen organizado y de funcionarios corruptos, afirmó Anthony Bellanger, secretario general de la FIP. Subrayó que la impunidad es un agente catalizador de la violencia contra periodistas. (www.ifj.org/fileadmin/documents/ 25_Report_Final_sreads_web.pdf)

Hoy día, reporta el CPJ, existen 259 periodistas encarcelados en el mundo, una cifra sin precedente desde 1990, cuando la organización empezó a registrar ese dato. https://cpj.org/2016/12/a-record-number-of-journalists-are-in-jail-cpj-cen.php

No somos cifras. Tenemos nombre y apellido, por ejemplo, Miroslava Breach.

A veces rehusar ser anónimos es justo lo que nos puede costar mucho, hasta la vida. Más que todo, los que tienen un compromiso con el periodismo de conciencia ante el poder –esa búsqueda constante de notas que sirven a la autodeterminación de los ciudadanos, eso de contar qué nos pasa, de intentar revelar toda mentira– rehúsan quedarse callados o portarse bien. Pero los buenos periodistas (aunque hay algunas excepciones notables, para bien y para mal) nunca desean ser noticia, y, opino yo, casi nunca deben de usar el yo; son las voces de los demás las que cuentan, las que hay que contar, esa voz colectiva ante el poder exclusivo.

En tiempos recientes a los periodistas nos han vuelto noticia, y demasiadas veces en nota roja. Declaran que somos enemigos, a veces nos amenazan, a veces nos encarcelan, a veces nos matan. Y eso no se limita a países como México o Turquía o Irak, sino aquí mismo.

En Estados Unidos el presidente Trump ha declarado a todo periodista que no se subordine a sus mentiras y engaños como enemigo del pueblo. Desde el inicio de su campaña presidencial con sus llamados a sus bases a atacar a los medios no alineados, generó un clima tan peligroso que varios periodistas de algunos de los grandes medios nacionales tuvieron que contratar seguridad privada para acompañarlos a cubrir al candidato. Como presidente no ha dejado de atacar a periodistas, y a sus medios, por nombre y apellido, cada vez que se atreven a criticarlo o publicar información que lo daña. En la retórica, esto supera lo que los periodistas enfrentaron durante la peor época de Richard Nixon en los años 70, o del macartismo en los 50. Esto apenas empieza, y las consecuencias pueden ser peligrosas no sólo para los periodistas, sino para lo que se llama democracia.

El presidente anterior hablaba más bonito y afirmaba que era el campeón de la libertad de expresión y la transparencia, pero en los hechos persiguió a los que se atrevieron a divulgar secretos oficiales al público por los medios. De hecho, Obama promovió más casos –ocho incluido Edward Snowden, el más conocido– según la Ley de Espionaje de 1917 contra filtradores y periodistas que el total (tres) de todos sus antecesores. (Vale recordar que esa ley se aplicó a disidentes de la Primera Guerra Mundial, tanto al líder socialista y candidato presidencial Eugene Debe, quien fue encarcelado, como a inmigrantes alemanes que eran sospechosos sólo por su origen nacional, entre otros).

Un reporte del CPJ en 2013 concluyó que el gobierno de Obama ha sido el más agresivo en control de información en tiempos modernos. El ex editor Leonard Downie, quien encabezó la investigación, escribió que “la guerra de este gobierno contra filtraciones y otros esfuerzos para controlar la información son los más agresivos que he visto desde el gobierno de Nixon, cuando yo era uno de los editores involucrados en la investigación de Watergate por el Washington Post”. Aunque Obama se comprometió a hacer el gobierno más transparente, la editora pública del Times, Margaret Sullivan, afirmó: está resultando ser el gobierno de secretos sin precedente y de ataques sin precedente contra la prensa libre. (https://cpj.org/reports/2013/10/obama-and-the-press-us-leaks-surveillance-post-911.php).

Joel Simon, director ejecutivo del CPJ escribió el mes pasado en el New York Times que los ataques incesantes (de Trump) contra los medios de noticias están dañando la democracia estadunidense. Advirtió que el ataque de Trump contra el uso de fuentes anónimas mina el trabajo de periodistas que reportan notas delicadas en ambientes represivos y peligrosos, desde Irak hasta México, donde la protección de fuentes es asunto de vida o muerte.

Nos tocó ser noticia la semana pasada. Nuestra compañera ya no puede reportar las verdades que descubría ni sumarse con todos en su periódico dedicados a la misión básica de informar al público para que ese público decida actuar o no ante la realidad que vivimos. Ahora a ese público, o sea, a todos nosotros, nos toca responder. Tenemos que decidir si esto que nos duele tanto hoy día sólo se vuelve en una cifra más en esa espantosa lista de inmensa tristeza, o si defendemos de manera colectiva a los que se atreven a ser enemigos. Esta casa, y en buena medida lo que dice ser, o debería ser, democracia en cualquier parte de este planeta, dependen de nuestra respuesta.

 

 

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Martes, 07 Marzo 2017 07:06

Publicar la verdad sin miedo

Publicar la verdad sin miedo

 

En el libro de Proverbios dice que /una casa se construye con sabiduría, y se establece por medio de entendimiento. Sus cuartos se llenan de hermosos tesoros a través del conocimiento/. Pero hay algo más en todo esto.

El siguiente verso es “Los sabios son más poderosos que los fuertes”.El conocimiento es poder.

Tengo el gran honor de dirigirme a ustedes en este aniversario por la muerte de un hombre que ha luchado amplia y aguerridamente contra el imperialismo, el neocolonialismo y otras formas de opresión a los pueblos, especialmente en América Latina.

Chávez tuvo el papel más importante en el escenario global con sus incansables esfuerzos para seguir avanzando en la integración y cooperación regional y construir un mundo multipolar.

Denunció las injusticias tal y como él las veía y en el 2001 fue el único líder que denunció el asesinato de civiles inocentes en Afganistán, cometido por Estados Unidos. “Ustedes no pueden pelear el terrorismo con terrorismo”, indicó Chávez. Poco después de seis meses Estados Unidos apoyó un golpe de estado en su contra que fue revertido cuando cientos de miles de venezolanos tomaron las calles, muchos de ellos con la constitución en sus manos. Como todos nosotros, él no estaba libre de pecado, pero sus virtudes sacudieron la tierra.

Como director de Wikileaks sacamos a la luz los secretos de los poderosos y además construimos una Biblioteca distinta y poderosa, una biblioteca que contiene la información sobre cómo realmente funciona nuestro mundo y sus instituciones, que contiene información que por siglos ha estado solamente en manos de las élites y que ahora –no sin correr riesgos y persecuciones– hemos democratizado y puesto a disposición del pueblo, sin distinción de orientación política o credo.

Es para todos y todas, para que la sociedad de todo el mundo abra los ojos, y con datos irrefutables en la mano, confronte a los poderosos y saque sus propias conclusiones, sin filtros mediáticos, sobre los eventos y decisiones políticas que afectan sus vidas.

El objetivo de Wikileaks, de buscar la verdad en nombre de la humanidad, es hoy más importante que nunca, un objetivo que seguimos buscando a pesar del alto precio que pagamos por ello.

El costo, en mi caso, ha sido alto. He estado perseguido judicialmente y detenido por casi siete años, sin que pese cargo alguno en mi contra.

La persecución se ha extendido a mi familia, a mis hijos, a quienes no he podido ver durante todo este tiempo.

Tanto Naciones Unidas, como numerosas organizaciones de Derechos Humanos y personalidades a nivel mundial han hecho un llamado a Suecia y al Reino Unido para que respeten sus obligaciones internacionales, para que respeten y reconozcan la soberanía del Estado de Ecuador y por tanto reconozcan mi asilo y dejen de bloquear el ejercicio de este derecho humano. Es inconcebible que la actitud imperialista de Reino Unido y de Suecia, en pleno siglo XXI, les permita, con total impunidad, ignorar un acto soberano de un país independiente, Ecuador.

Recuerdo a los presentes que Ecuador pagó y sigue pagando un alto precio al otorgarme el asilo para protegerme de la persecución política por haber expuesto los secretos del imperio. Su embajada en Londres sufrió amenazas de ataque por la policía británica y hasta el día de hoy, es sujeta a niveles de vigilancia que no tienen comparación alguna.

Denegar el salvoconducto para que yo pueda ir a América latina es un acto de imperialismo puro, de países que ocupan altos cargos en Naciones Unidas, y, sin embargo, se rehúsan a reconocer y habilitar el ejercicio de un derecho universal, y lo hacen en total impunidad, burlándose, además, de la soberanía de un país del Sur y de toda la región latinoamericana que respaldó unánimemente mi asilo, constituyendo un grave insulto a la dignidad de nuestros pueblos y al mismo sistema de Naciones Unidas. Hacer esto por años muestra el deterioro y grave retroceso del sistema internacional de protección de derechos humanos para todos.

Ni hablar de mi país, Australia, un sirviente más de los intereses imperialistas, que en siete años no ha abogado por mí ni una sola vez y que además busca criminalizarme para que yo no pueda volver a casa. A pesar de una Resolución firme de la más alta autoridad en temas de Detención Arbitrarias que después de analizar detenidamente mi caso, estableció que mi detención ha sido arbitraria e ilegal y el deber de dejarme en libertad de inmediato e indemnizarme, tanto Suecia como el Reino Unido la ignoran por completo.

Pero a pesar de todo, el imperio no ha logrado silenciarme. Soy libre simplemente porque soy libre de expresarme. Y disfruto de esta libertad gracias al coraje de Ecuador y otros Estados, entre ellos Venezuela, que se han unido para apoyarme. Mi lucha puede convertirse en una historia exitosa para la libertad de expresión y los derechos humanos.

Por lo tanto la concesión de un salvoconducto sería un acto de justicia y dignidad para la región. Permaneceremos fieles a la promesa de publicar la verdad sin miedo o negociaciones bajo la mesa. Seguiremos esforzándonos en nuestro compromiso con la verdad y la justicia social.

La liberación de los pueblos depende de la liberación de la mente de los pueblos. Para ello, necesitamos que esfuerzos revolucionarios pacíficos como el de Wikileaks, florezcan alrededor del mundo. Por esta razón necesitamos detener la persecución contra WikiLeaks y su gente.

Hagámoslo juntos hoy. Mañana puede ser tarde.

 

* Mensaje dirigido a Amigos de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales por la Humanidad reunidos en Caracas.

 

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Simpatizantes del presidente estadunidense que participaron este viernes en la Conferencia de Acción Política Conservadora. En el acto, el magnate prometió elevar el gasto para las fuerzas armadas. Con ello, subrayó, nadie se atreverá a cuestionar nuestro poder militar otra vez

 

Admite la Casa Blanca que habló con la FBI sobre supuestos nexos entre trumpistas y Moscú

 

 

Washington.

 

Declarando de nuevo que algunos medios de información son enemigos del pueblo y generan noticias fabricadas, el presidente Donald Trump continuó ayer con su ataque a la libertad de expresión, mientras la Casa Blanca excluyó por vez primera en tiempos modernos a reporteros de algunos de los principales periódicos y noticiarios del país.

A la vez, la Casa Blanca fue obligada a admitir que el jefe del gabinete, Reince Priebus, en posible violación a las normas, había hablado con altos oficiales de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) sobre la pesquisa de esa agencia respecto de los vínculos entre asesores y socios de Trump con el gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin.

Trump, hablando en la reunión anual de la Conferencia de Acción Política Conservadora, comenzó su discurso con un ataque contra los medios de información, a los que ahora llama el partido de oposición. Recordó que hace días había calificado a los que producen noticias fabricadas de “enemigos del pueblo, y sí lo son. Sí, son el enemigo del pueblo.

“Son –continuó– gente muy deshonesta”. Sin embargo, expresó que sólo estaba hablando de la noticia fabricada, no de todos los medios. Insistió: Amo la Primera Enmienda (en la cual se garantiza la libertad de expresión y de prensa en la Constitución).

Acusó que reporteros inventan notas y fuentes, y destacó que a los medios no se les debería permitir usar fuentes a menos de que usen el nombre de alguien.

No mencionó que horas antes su Casa Blanca había ofrecido una sesión de información con altos funcionarios a condición de que no fueran identificados por sus nombres. Tampoco que esta semana, cuando se anunciaron las nuevas medidas antimigrantes, altos funcionarios del Departamento de Seguridad Interna ofrecieron una teleconferencia bajo la condición de que no se usaran sus nombres. Ese tipo de briefings han sido práctica rutinaria en este y otros gobiernos anteriores.

Trump enfatizó que los medios que fabrican noticias no representan al pueblo. Nunca representarán al pueblo y nosotros vamos a hacer algo al respecto. Pero no detalló qué.

Poco después, reporteros de medios nacionales fueron excluidos de una de las sesiones informales de información que realizan la oficina de prensa y el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, cuando no se programa un briefing diario más formal.

Los nueve medios a los que se negó la entrada a esa sesión en las oficinas de Spicer incluyeron, entre otros, a The New York Times, Los Angeles Times, CNN, Politico, The Guardian y BBC. La agencia Ap y la revista Time optaron por no participar, en protesta por la decisión de excluir a esos medios.

Varios medios conservadores, como Breitbart News, The Wall Street Journal (que después expresó objeciones y afirmó que no hubiera participado en la sesión si hubiera contado con información sobre lo que había sucedido en el momento) y The Washington Times fueron invitados, junto con las cadenas de televisión ABC, NBC, CBS y Fox, pero sin cámaras.

Nada como esto había ocurrido jamás en la Casa Blanca en nuestra larga historia de cubrir múltiples administraciones de diferentes partidos, declaró Dean Baquet, editor ejecutivo del New York Times, en un comunicado. “Protestamos firmemente por la exclusión del New York Times y de otras organizaciones de noticias. El libre acceso a medios, a un gobierno transparente, es obviamente crucial para el interés nacional”.

El editor ejecutivo del Washington Post, Marty Baron, calificó la situación de algo vergonzoso y acusó que el gobierno está viajando por un camino antidemocrático.

CNN tildó la decisión de algo inaceptable y señaló que toman represalias cuando uno reporta hechos que no les gustan.

El Comité de Protección de Periodistas expresó su preocupación por esa decisión. Su director ejecutivo, Joel Simon, declaró: Estados Unidos debería estar promoviendo la libertad de prensa y acceso a la información.

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca también condenó el hecho. Dijo que rechazaba la manera en que se manejó dicha sesión.

Voceros de la Casa Blanca intentaron pormenorizar el evento. Declararon que invitaron al llamado pool (grupo reducido de reporteros que se turna bajo el acuerdo de que ellos transmitan lo ocurrido a los otros corresponsales que cubren la fuente) y, por tanto, todos estaban representados.

Pero el problema, se señaló, es que nunca antes la Casa Blanca había seleccionado a los medios, y varios indicaron que sospechaban que la manera en que se manejó esto era en represalia por difundir lo que algunos estaban informando. El Washington Post recordó que hace sólo dos meses Spicer había insistido en que el libre acceso a los medios “es lo que hace que una democracia sea una democracia versus una dictadura”.

 

Sigue en campaña

 

Ante el foro conservador más importante, Trump retomó su tono de campaña con una ferviente defensa de su primer mes en la Casa Blanca, de coronarse como el líder de ese sector y prometer cambios dramáticos, desde la anulación de la reforma de salud de Barack Obama hasta la renegociación de acuerdos de libre comercio y la construcción del muro fronterizo.

Prometió uno de los aumentos militares más grandes en la historia de Estados Unidos, con lo cual nadie se atreverá a cuestionar nuestro poder militar otra vez. Prometió que se logrará la obliteración total del Estado Islámico.

Indicó que la coalición de votantes que lo llevó al triunfo, sobre todo los hombres y las mujeres olvidados de Estados Unidos, son el corazón de este nuevo movimiento y el futuro del Partido Republicano, y reafirmó que el mundo nunca ha visto un movimiento como este.

 

Los rusos

 

En lo que sigue como un escándalo de consecuencias potencialmente severas para la presidencia, poco después de que la Casa Blanca criticó reportajes de CNN y Ap de que Priebus había tenido un intercambio con los jefes de la FBI sobre la investigación en curso de los vínculos entre asesores y socios de Trump con el gobierno ruso, tuvo que admitir que eran ciertos. Que un alto funcionario de la presidencia sugiriera que la FBI cesara una investigación oficial en curso parecería ser una violacion a las normas que rigen la relación entre la Casa Blanca y el Departamento de Justicia para asegurar la certeza de las investigaciones y evitar la apariencia de algún tipo de influencia política en una pesquisa oficial.

Más aún: el Washington Post reportó ayer que funcionarios de la Casa Blanca también buscaron reclutar a legisladores federales y altos oficiales de inteligencia para participar en un esfuerzo para cuestionar y minimizar en los medios de información la historia de las relaciones entre la campaña de Trump y sus socios con la inteligencia rusa a lo largo del año pasado.

 

 

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Martes, 07 Junio 2016 07:11

La escucha que potencia la palabra

La escucha que potencia la palabra

No resulta fácil reflexionar hoy sobre el periodismo, aunque la conmemoración invite a hacerlo. Poco hay, sin embargo, para celebrar. Toda celebración se obnubila por la disminución de los puestos de trabajo, por los despidos en los medios y por la precarización del trabajo de los periodistas. Pero eso requeriría un tratamiento especial y específico por aparte y en sí mismo.


El periodismo atraviesa una etapa difícil de su historia. Hay reconfiguraciones que provienen de las transformaciones en la industria de la comunicación, pero simultáneamente existe un desplazamiento de la política al ámbito de la comunicación con todas las connotaciones que ello suma a la labor profesional de los periodistas. No habría que perder de vista que el escenario político argentino, dada la polarización de las posiciones, le agrega algunos ingredientes que hacen especialmente complejo este último aspecto.


Para no entrar en el debate sobre el periodismo independiente o no, habría que comenzar recordando que antes que periodistas (se aplica de la misma manera para abogados, arquitectos, médicos...) quienes ejercemos esta profesión somos ciudadanos y como tales tomamos opciones –tenemos la responsabilidad de hacerlo– que son también políticas. Entonces es casi ridículo seguir pretendiendo la independencia y mucho menos la objetividad. Abandonemos de una vez y para siempre este debate estéril y sin sentido. Somos ciudadanos políticos y el ejercicio de nuestra profesión no puede alejarnos de esta condición.


Lo único que se nos puede exigir y demandar es veracidad y honestidad en el manejo de la información. Aunque usemos criterios de selección que, sin duda, responden a nuestro discernimiento político. No nos debemos arrepentir de ello; sí transparentarlos con honestidad. Lo triste es que muchos y muchas que niegan actuar de esta manera, utilizan el periodismo para generar operaciones o se prestan a ellas. Mienten a sabiendas. Esa sí es una conducta reprochable y reñida con la ética. Dejo por su cuenta, estimado lector, hacer una lista –que puede llegar a ser extensa– de quienes en nuestro medio incurren en esas conductas. Lamentablemente lejos de haber sanciones éticas para quienes así proceden, vastos sectores de la sociedad siguen calificando a estas personas como “profesionales reconocidos”.


Es indudable que la información es fuente de poder y que quienes trabajamos con la información como materia prima ejercemos una cuota de poder. No se trata de negar esta realidad evidente. Sí de preguntarnos honestamente qué hacemos con ese poder, en favor de quien lo jugamos, sabiendo que cada noticia se divulga tiene un potencial pedagógico y educativo, para promover el cambio o para perpetuar la injusticia. Aquí está el verdadero dilema ético. No en manifestarse independiente sino, por el contrario, en comprometernos como ciudadanos-periodistas en la construcción de una sociedad cada día más justa, más igualitaria en la que el ejercicio del derecho a la comunicación es un eje fundamental.


Y esto último solo se logra haciendo de la profesión de periodistas y comunicadores una vocación volcada hacia la participación, un modo de facilitar circuitos virtuosos de diálogo entre actores diferentes en la sociedad. Para hacerlo, quienes nos desempeñamos en este oficio, tenemos que aprender cada día que, aún más importante que decir, es escuchar. Solo si abrimos nuestros oídos mediante la escucha atenta de todos los actores sociales, plurales y diversos, nuestra labor como periodistas y comunicadores podrá responder a las necesidades de los actores ciudadanos y transformarse en un aporte valioso a la sociedad y al sistema democrático.

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