Viernes, 24 Agosto 2018 07:20

La simple lógica de la inequidad

La simple lógica de la inequidad

Existe una relación directa, ampliamente estudiada (Derek Epp, Enrico Borghetto, etc.) entre el aumento las desigualdades sociales y la disminución del debate social sobre el aumento las desigualdades sociales.
Esta distracción se logra, principalmente, desviando la atención a temas menos importantes pero mucho más apasionantes, casi ancestrales, razón por la cual, cada vez que aumenta la inequidad social, también aumentan las apasionadas discusiones sobre la inmigración, la invasión de otras razas y otras culturas, el patriotismo, la bandera, el himno nacional (un futbolista es silbado por arrodillarse en protesta, un político pone la mano en el corazón, y todas esas masturbaciones colectivas), la fe contra la razón, el crimen callejero en lugar del crimen legal, la inseguridad y la necesidad de un poder concentrado que ponga orden (que en realidad significa “confirmación del status quo”), como un padre justo pone orden entre sus niños desobedientes, aunque para ello haya que ceder aún más poder, más recursos y más riqueza.


No importa que el incremento de todos esos problemas también tenga su raíz en las mismas desigualdades sociales, astronómicas a esta altura, en la misma cultura que crea (de forma creciente, neurótica e ilimitada) necesidades que son imposibles de satisfacer por la amplia mayoría de cualquier sociedad y del planeta mismo. Desde un punto de vista psicológico, estas diferencias relativas, sin importar los ingresos absolutos de los individuos en una sociedad determinada, disparan los índices de ansiedad, de alcoholismo, de depresión, de adicciones, de suicidio, como también lo muestran diversos estudios referidos a los países ricos.


Esta distracción es una consecuencia de un proceso lógico: quienes aumentan cada día su poder económico, político y social, controlan una parte crítica de la narrativa social que se escribe no sólo en los grandes medios de comunicación que les son funcionales, sino por una clase política que es, a un tiempo, causa y consecuencia de esas narrativas.


Por esto, no es casualidad que las micro minorías que concentran una macro proporción de los recursos del mundo no sean consideradas beneficiarias del sistema que los produce y protege, sino benefactoras del resto (son ellos, los ricos inversores, quienes crean trabajo, quienes inventaron el cero, los algoritmos, la penicilina, la computación, los derechos humanos, nuestra modernidad, todo nuestro progreso, y otros absurdos tan comunes en nuestra civilización adicta a la pornografía política y religiosa).


No es casualidad que, al mismo tiempo que aumentan los desequilibrios sociales, aumentan las ideologías que los sustentan, como el fascismo y otras variaciones de la extrema derecha.
Claro que toda esa lógica es insostenible y siempre llega un momento de quiebre que, al final, termina por golpear a todos, los de arriba y los de abajo, los de derecha y los de izquierda, en diferente grado, según el momento histórico.


Claro que el nuestro es un problema aún mayor. No se trata de que la Humanidad esté preparando su próxima gran crisis. Se trata de saber cómo sobreviviremos como especie en las próximas generaciones.
Claro que los ancianos más egoístas del planeta, generalmente aquellos que se encuentran en el poder político de la mayoría de los países más poderosos del mundo, tienen poco que perder y, a juzgar por sus acciones, poco les importa más allá de la breve borrachera de sus millonarias y miserables existencias.


* Escritor uruguayo-estadounidense.

 

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Al menos 43 marcas de cereal contienen pesticida cancerígeno

El Grupo de Trabajo Ambiental (EGW, por sus siglas en inglés) analizó 45 productos de marcas reconocidas de cereal y determinó que en 43 hay rastros de glisofato, un herbicida que puede provocar cáncer en animales y “probablemente” en humanos.


Algunos productos identificados con el pesticida son Granola con miel de Nature’s Path Organic, Avena Quaker con granola, miel, pasas y almendras, Avena instantánea original de Great Value, Cereal de avena Cracklin ‘Oat Bran de Kellogg’s, todas las avenas convencionales de Bulk Bin y la Avena clásica Bob’s Red Mill.


Las únicas dos marcas en las que no se encontraron restos de glisofato fueron la Avena instantánea orgánica de Simple Truth y la Avena orgánica de 365 Organic Old-Fashioned.


Los productos analizados, en su mayoría hechos con avena, tenían niveles de glisofato por encima de lo que los científicos de EWG consideran seguros para los menores, que es de 0.01 miligramos por día, de acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer.


El 10 de agosto pasado, Monsanto, dedicado a la producción de transgénicos y pesticidas, fue condenado por un jurado de California a indemnizar con 289 millones de dólares a un hombre que aseguró que su cáncer terminal se debe a su exposición a un producto con glifosato.


Sin embargo, la corporación asegura que el herbicida es seguro y que no representa ningún riesgo para el ser humano.

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Edición genómica: riesgos inminentes e innecesarios

La biotecnología de nueva generación se ha orientado hacia la edición genómica de organismos o a la elaboración de productos basados en una herramienta de la biología molecular conocida como CRISPR-Cas9 que a grandes rasgos permite en el laboratorio eliminar, sustituir o añadir nucleótidos (bloques de los que está hecho el ADN de los seres vivos) a una o varias secuencias de información genética determinada (genes, ADN) haciendo cortes en la secuencia genética y uniéndola luego con alto grado de precisión para generar alguna modificación en el organismo intervenido (por ejemplo, inducir la infertilidad en individuos de una especie animal, modificar las características de un cultivo o, teóricamente, curar o prevenir alguna enfermedad humana con componente genético).


La edición genómica difiere de las técnicas clásicas de ingeniería genética en diversos aspectos: capacidad de modificar genes específicos in vivo; teóricamente aumentar la eficiencia y especificidad en la introducción de la modificación genética deseada; incrementar el tipo o número de especies en los cuales se pueden aplicar los dos aspectos citados. Esta técnica ha generado gran expectativa en las áreas de la biotecnología y la biomedicina, acompañada de un capital financiero especulativo de enormes dimensiones. Aunque ya existen en el mercado productos de la tecnología CRISPR-Cas9 y se realizan experimentos en líneas celulares humanas en China y Europa desde 2017, a escala internacional se discute si los organismos modificados mediante esta tecnología son transgénicos y si deben ser liberados al ambiente.


Recién han aparecido evidencias científicas que fortalecen las posturas críticas sobre los riesgos no previstos por la utilización de la edición genómica. Un estudio publicado en la revista Nature Medicine mostró que la edición del genoma en algunos tipos de células humanas podría derivar en la aparición de cáncer. Muchas células humanas poseen un mecanismo natural de reparación del ADN, mediado por la proteína p53, que actúa como alarma celular ante el ADN cortado o roto (¡lo que precisamente hace la herramienta CRISPR-Cas9!)


La ausencia de la proteína p53 aumenta la probabilidad de que las células se tornen cancerosas debido a que el daño al ADN no puede ser reparado o por la aparición de mutaciones potencialmente generadoras de tumores. Cerca de la mitad de los tipos de cáncer conocidos carecen de tal proceso de reparación o está alterado. La interpretación de esta investigación va en el sentido de que el uso de la edición genómica mediante CRISPR-Cas9 en humanos seleccionaría células en los cuales la vía p53 esté alterada o inhibida, provocando la aparición de mutaciones en el ADN que posiblemente derivarían en cáncer. A mediano plazo, la edición genómica en humanos podría probablemente causar más daños que beneficios.


Otra investigación que buscó sin éxito generar plantas de yuca (mandioca) resistentes a virus que atacan a este cultivo mediante edición genómica con CRISP-Cas9, mostró que la edición genómica de las plantas, orientada a controlar la infección por el virus, generó cepas virales estables resistentes a la edición genómica, o sea que los virus no pueden ser controlados por la planta modificada genómicamente. La teoría básica de virología molecular indica que ante una presión de selección (aquí la edición genómica de las plantas modificadas), los virus evolucionarán por medio de la introducción de mutaciones que les permitan sobrevivir a dicha presión y eventualmente se dispersará y prevalecerá el rasgo adquirido, lo cual tiene implicaciones importantes para la bioseguridad de los organismos genéticamente modificados en la contención y eventual dispersión de virus resistentes, reduciendo las estrategias de control. Además de la yuca, se está buscando generar plantas modificadas mediante edición genómica, como el caso del cacao.


Otra aplicación directa de la edición genómica está relacionada con la tecnología llamada impulsores genéticos ( gene drives): construcciones genéticas que pueden ser insertadas en algunos organismos con el fin controlar o eliminar especies no deseadas, luego de reorientar las leyes de la herencia en la reproducción sexual. Esta aplicación está siendo criticada por científicos y conservacionistas debido al potencial invasivo de los organismos genómicamente editados en el ambiente.


Los ejemplos prueban que las nuevas herramientas moleculares no han contemplado escenarios de riesgo potencial (a veces básico) para la salud humana y la naturaleza, y de que las entidades encargadas de la bioseguridad y comités éticos en biomedicina a nivel nacional e internacional se han dejado embelesar por promesas poco sustentadas de los avances tecnológicos de las nuevas tecno-ciencias y las ganancias económicas proyectadas. El principio de precaución debe marcar la pauta en cualquier rama de la investigación científica.

 

Por EMMANUEL GONZÁLEZ-ORTEGA, Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad

Un jurado de EEUU ordena a Johnson & Johnson a pagar 4.690 millones por presencia de amianto en los polvos de talco desde los años 70

La justicia ha condenado a la compañía a indemnizar a 22 mujeres que responsabilizan a los productos de haberles causado cáncer de ovarios
Las demandantes acusan a la empresa de que sus polvos de talco tienen amianto desde los años 70
Johnson & Johnson tiene cerca de 9.000 casos similares abiertos

Un jurado en Estados Unidos ha ordenado este viernes a Johnson & Johnson indemnizar con 4.690 millones de dólares a 22 mujeres y sus familias que culpan a los productos de talco de la compañía de haberles causado cáncer de ovarios.


La indemnización, dictada por un jurado en San Luis (Misuri), se divide en 550 millones de dólares en daños compensatorios y otros 4.140 en daños punitivos.


Se trata de la mayor indemnización que afronta hasta la fecha Johnson & Johnson, que tiene cerca de 9.000 casos similares abiertos.


Las demandantes, seis de las cuales ya fallecieron, acusaron al fabricante de productos de cuidado personal y para bebés de haber contribuido al desarrollo de su cáncer de ovarios con sus polvos de talco con amianto desde los años 1970.


Johnson & Johnson, que ya anunció que recurrirá al veredicto, defiende que sus productos de talco ni contienen amianto ni son causantes de cáncer.

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Sondeo: Estadounidenses la tienen difícil para distinguir hechos y opiniones en las noticias

En medio de la preocupación y el creciente debate sobre las llamadas fake news o noticias faltas, el Centro de Investigaciones Pew publicó esta semana los resultados de una encuesta según la cual solo una cuarta parte de los adultos estadounidenses distinguen separadamente información objetiva y opiniones en espacios noticiosos.


Como parte del sondeo, Pew entrevistó a 5 035 mayores de 18 años entre febrero y marzo últimos. Los encuestados pudieron apreciar cinco declaraciones factuales u objetivas, entre ellas la de que “el gasto en seguridad social, Medicare y Medicaid constituye la mayor parte del presupuesto federal de Estados Unidos”.
A la vez, recibieron cinco declaraciones de opinión o subjetivas, como la de que “el gobierno es siempre derrochador e ineficiente” o “el aborto debería ser legal en la mayoría de los casos”.


Tras analizar las imágenes que contenían las cinco declaraciones factuales y las cinco de opinión, los sujetos del estudio debieron identificar cuáles eran hechos y cuáles opiniones.


Solo el 26% fue capaz de identificar sin fallos las cinco declaraciones factuales u objetivas. En el caso de las subjetivas o de opinión, fueron señaladas correctamente por el 35% de los encuestados. Del total de personas, el 25% erró en la mayoría o en todo al intentar diferenciar hechos y opiniones.


Al analizar los resultados, Pew concluyó que aquellos estadounidenses con mayor conocimiento político, comprensión del mundo digital y confianza en los medios de comunicación son más capaces de identificar con exactitud declaraciones de opinión y factuales en las noticias.


Igualmente, tanto republicanos como demócratas son más inclinados a clasificar una afirmación aparecida en las noticias como factual u objetiva cuando favorece a su lado político.


Pew también concluyó que cuando los estadounidenses consideran una declaración “objetiva”, también creen en su mayoría que se trata de un hecho real y preciso. En cambio, tienden a estar en desacuerdo con las declaraciones fácticas que incorrectamente clasifican como opiniones.


A inicios de mes, Pew publicó los resultados de otro estudio según el cual casi siete de cada diez estadounidenses (el 68%) se sienten “exhaustos” por la cantidad diaria de noticias.


Aunque la mayoría de republicanos y demócratas sienten esa “fatiga noticiosa”, el sentimiento es más extendido entre los primeros (77%), mientras que en los segundos alcanza al 61% del total.

24 junio 2018
(Con información de agencias y Pew Research Center)

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La farsa del “arroz dorado” transgénico

La FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos) de Estados Unidos, acaba de declarar que el “arroz dorado” transgénico, del cual sus promotores alegan que solucionaría la falta de vitamina A de los más pobres, “no presenta cualidades nutricionales que se puedan etiquetar como beneficios a la salud”.

Los defensores de los transgénicos, como Bolívar Zapata y otros científicos amigos de las trasnacionales, enarbolan el llamado arroz dorado como el arquetipo del transgénico bueno. Esto pese a que este arroz manipulado para contener provitamina A, después de dos décadas, varias versiones y cientos de millones de dólares en investigación no existe en la realidad agrícola: sólo hay versiones de laboratorio que no logran llegar a un nivel mínimo de aporte de provitamina A, además de varias otras dificultades, como bajo rendimiento y que produce plantas atrofiadas. (https://tinyurl.com/y7rzxgvg)

En un reciente artículo, Allison Wilson y Jonathan Latham, de Independent Science News, explican que la idea central del arroz dorado es que aporte betacaroteno (precursor de la vitamina A), por tanto la afirmación de la FDA es una grave fractura en este proyecto que todo el tiempo revela nuevas fallas. (https://tinyurl.com/yd55yyo2)

La afirmación de la FDA se dio en respuesta a una solicitud del Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) en Filipinas, que considerara el evento GR2E para su importación a Estados Unidos. IRRI trabaja actualmente en la investigación de la segunda generación de arroz dorado (GR2), evento que comenzó Syngenta y que ahora es financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates.

IRRI aclaró que no tiene intención de sembrar este arroz en Estados Unidos, pero como en años anteriores han habido varios casos de ingresos de eventos transgénicos no aprobados en Estados Unidos que entraron con arroz importado contaminado, querían asegurarse que estuviera aprobado. En 2006-2008 este tipo de contaminación de arroz transgénico no autorizado causó enormes costos para retirarlo del mercado.

La FDA publicó su respuesta sobre el evento de arroz dorado GR2E, el 24 de mayo de 2018. Aprueba de hecho la importación –aunque no con fines de consumo animal ni humano–, pero en la misma nota destaca que el contenido de betacaroteno del GR2E es muy bajo para presentarlo como si tuviera este beneficio para la salud.

El GR2E es el único evento de arroz dorado que se ha sometido a algún tipo de análisis regulatorio, y ha sido aprobado recientemente para importación (en condiciones similares a las de FDA) por Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

Wilson y Latham detallan que en un anexo de la FDA a la carta, el contenido de betacaroteno del del arroz dorado GR2E es de apenas 0.50 a 2.35 µg/g (microgramos por gramo). Es muy bajo y además variable. Por comparación, los niveles medidos en 2017 por varios autores en alimentos no transgénicos son enormemente mayores, por ejemplo en zanahoria 13.8 – 49.3 µg/g , en vegetales verdes asiáticos 19.74 – 66.04 µg/g y en espinaca 111 µg/g. (https://tinyurl.com/yd55yyo2)

La FDA agrega que el valor promedio de betacaroteno en el arroz GR2E, es de 1.26 µg/g. Esto es aún menor que la primer versión del arroz dorado (GR1), que según sus desarrolladores era de 1.60 µg/g, por lo que tuvieron que considerarlo inviable. En ese entonces, Greenpeace calculó que a niveles tan bajos, una persona necesitaría comer 3.75 kilos de arroz por día para recibir una cantidad adecuada de betacaroteno y en consecuencia de vitamina A. (https://tinyurl.com/y7yssll9)

En el mismo anexo, la FDA afirma que según información del IRRI, el contenido de betacaroteno disminuye con el tiempo y en almacenamiento. Un artículo científico publicado en 2017 por Patrick Shchaub et. al., mostró que el contenido de betacaroteno en el arroz dorado al momento de la cosecha es de corta vida. El estudio encontró que después de 3 semanas sólo tenía 60 por ciento del valor inicial y después de 10 semanas apenas 13 por ciento.

La inestabilidad se debe a la degradación al entrar en contacto con oxígeno. En las condiciones reales de campesinos pobres en Asia, esta degradación sería mayor y más rápida, dejando un contenido casi nulo de la provitamina.

Parece evidente que la idea de solicitar permiso de importación de arroz dorado en algunos países (donde las autoridades son protransgénicas) es una movida solamente propagandística, porque el arroz dorado está muy lejos de ser viable, ni en campo ni en alimentación. Es destacable que en el mismo acto de pedir el permiso, acepten que necesariamente habrá contaminación, algo que afectará muy negativamente a variedades buenas y probadas de arroz en Asia, su centro de origen. Hay muchas alternativas sanas, sin riesgo y accesibles para aportar vitamina A en la alimentación de los más pobres. Si tuvieran algo de honestidad, quienes defienden este adefesio transgénico deberían reconocer que definitivamente el arroz dorado no es una de ellas.

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Lunes, 11 Junio 2018 07:57

Periodismo honesto

Periodismo honesto

La campaña mediática contra el candidato de la Colombia Humana saca a la luz lo peor del rancio y godo periodismo colombiano

 

El periodismo debe ser, al menos, honestamente subjetivo, pero nunca torticeramente tendencioso. La posición declarada del grupo editorial El Tiempo es una muestra de que cada vez es más raro el periodismo honesto y que muchas y muchos profesionales se venden por un plato de sopa. Que si hay hambre es comprensible, pero si no es difícilmente justificable.


El medio históricamente liberal de la prensa colombiana ha girado su rumbo para pegarse sectariamente a las filas de uno de los candidatos para las elecciones presidenciales del próximo domingo. Solamente hay que echarle un vistazo a la portada, el editorial y las columnas de opinión de la edición del domingo 10 de junio de este medio impreso, uno de los periódicos de mayor difusión y mayor poder en la información nacional colombiana.


Este medio no tomó tan claramente partido por la paz, cuando el plebiscito de octubre de 2016, como ahora lo hace, y de manera descarada, por el candidato del Centro Democrático, un rótulo eufemístico alejado de la verdadera posición ideológica del partido y sus miembros. El CD es una agrupación política a imagen y semejanza de su principal ideólogo, que es quien realmente lo gobierna. Los de la mano firme y el corazón grande tienen la mano grande para dar hostias a todo lo que no case con sus pretensiones y el corazón duro para no dejar entrar a lo que no sea blanco, capitalista, heterosexual y cristiano, todo ello a su manera.


Dice el editorial que apoya a la marioneta “uriduque” porque su “programa de gobierno es serio y quien representa una esperanza de moderación y cambio generacional, deseable en la coyuntura”. Añadiendo que “Solo alguien con poco equipaje será capaz de tender puentes y enterrar odios que entorpecen la marcha hacia un futuro mejor”. ¿Ceguera?, ¿hipocresía?, ¿ignorancia? En cualquier caso, desinformación. Parece que tenía razón Kapuscinski cuando decía que los periodistas modernos, el periodismo, parece no tener problemas éticos ni profesionales y ya no se hacen preguntas.


El periódico de Bogotá ha perdido el Sur, ese que alguna vez tuvo. Como cuando libraba batallas editoriales a favor del liberalismo de Olaya Herrera, o contra la censura que le llevo a ser clausurado por el Gobierno de Rojas Pinilla, o cuando conformó aquel “Frente Unido” para denunciar la violencia contra el periodismo en los años 80 del siglo pasado.
Un medio que hoy está en poder de la fortuna más grande de Colombia, el señor Sarmiento Ángulo, y cuyos intereses, sobre todo económicos, han incidido sobremanera en su línea editorial. El Tiempo es el diario de información general más leído de Colombia y fue, durante siete años, los que duró la crisis de El Espectador, el único de circulación nacional. Pueden hacerse una idea de su poder de construir imaginarios sociales a semejanza de sus utilidades espurias.


Si bucean en sus intríngulis verán que la organización empresarial de Sarmiento Ángulo controla el ciento por ciento del periódico a través de sus variadas empresas: Inversiones Vistahermosa, Inversegovia, Seguros de Vida Alfa, Liinus Van Pelti e Inverprogreso. Entre sus propiedades, las ediciones de ADN de las principales ciudades colombianas, las revistas Portafolio y Aló, el canal televisivo City TV.


No voy a discutir que la libertad de expresión, recogida por la Constitución Política colombiana de 1991 en su artículo 20, les permite decir lo que quiera sin censura previa, pero apuesta tan terciada y desvergonzada por el candidato de la guerra, el que no aprueba los acuerdos de paz de La Habana; el que no defiende la diversidad, de ningún tipo, en un país tan diverso; el que sigue llamando públicamente presidente a quien ya no lo es, dejando claro que él es un títere en manos del otro; el que recibe sin reparos el respaldo de asesinos paramilitares; al que solamente le cabe un tipo de familia; el que se mueve con un elenco de corruptos y sindicados; el que mantendría el extractivismo que está acabando con los recursos naturales del país y que cada vez más están en manos de multinacionales extranjeras; el que quiere acabar con la judicatura y concentrar todos los poderes en sus manos, esa apuesta es una jugada contra la paz y una vuelta a la “seguridad democrática” que trajo los falsos positivos y otro montón de injusticias y delitos. Es jugarle sucio a la democracia.


El periodismo honesto le debe apostar a la paz


Señoras y señores de El Tiempo, ustedes podrán ser lo que quieran, pero con ediciones como la que han publicado nunca podrán llamarse un medio de información serio y decente. Y sus profesionales, opinadores sin escrúpulos, nunca podrán tildarse de periodistas. También era el fallecido periodista polaco quien afirmaba que el verdadero periodismo es una manera de y una razón para vivir, una identidad que ustedes parecen haber perdido.


Señores y señoras de El Tiempo, periodistas fueron y son Antonio Nariño, García Márquez, Alfredo Molano, Castro Caycedo, Guillermo Cano, María Jimena Duzán, María Teresa Herrán, Javier Darío Restrepo, Patricia Lara, Antonio Caballero, Gloria Pachón de Galán, Jineth Bedoya, Daniel Samper, María Teresa Ronderos, Gloria Castrillón o Juanita León, entre otras y otros muchos en un país de cronistas alimentados por el realismo mágico para narrar.


Gente de El Tiempo, por supuesto que éste es tan solo mi punto de vista. Habrá quienes estén de acuerdo con su propaganda. Pero intenten construir país, dar cabida a todas las tendencias y presentar todas las propuestas aunque se casen con alguna.


Casa Editorial El Tiempo, voten por quien quieran, es su derecho, pero intenten informar y formar decentemente, es un derecho que tiene la ciudadanía colombiana. Es un deber del periodismo honesto.


Esperemos que sus portadas, editoriales y columnas de opinión no provoquen más violencia y extremismos. Siempre será mejor que nos pase como a García Márquez cuando se dio cuenta y escribió que con los Beatles había cambiado todo. En mi opinión, con el delfín todo seguirá igual o peor. El día 17 de junio no será uno más en la vida, será un día en el que deberemos intentar hacer algo para que esto funcione (“we can work it out”).


Como García Márquez con el cambio que supusieron los Beatles, demos una opción a esa posibilidad de transformar el país, esperando que sus mujeres y hombres,mayoritariamente, le den una oportunidad a la paz (“give peace a chance”); que imaginen (“imagine”) otra Colombia posible; que le entreguen el poder a la gente (“power to the people”); porque es el momento de abrir las alas y volar para empezar de nuevo (“starting over”); porque es tiempo de poder envejecer juntos (“grow old with me”) y reconciliados; porque podremos, como ese “beautiful boy” (chico bonito), cerrar los ojos, sin tener miedo y pensar que el monstruo de la guerra se ha ido; pensar que los verdaderos héroes sean las y los colombianos, todas y todos, incluidos los de la clase obrera (“working class hero”), el campesinado y las poblaciones afro e indígenas, y que se puedan soñar con que las próximas navidades sean felices (“happy Christmas!”), en paz, con esperanza y sin miedo, para los débiles y los fuertes, para los ricos y los pobres, al negro y al blanco, al amarillo y a los rojos, y que termine de una vez el conflicto armado.


Con el cambio tendrán sentido e importancia de verdad palabras como paz, mujer, imaginación, madre, amor, dios…


La verdadera maquinaria es la gente, así que voten por el cambio, para no decepcionar (“don´t let me down”) a la población ni al país.

 

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Sábado, 09 Junio 2018 05:05

Piratas en el Pacífico

Piratas en el Pacífico

Los piratas de la geoingeniería marina no se rinden. Aunque la fertilización oceánica está bajo moratoria en Naciones Unidas, la compañía Oceaneos –que busca hacer experimentos con esta riesgosa técnica en Chile y Perú, donde no tiene permiso de las autoridades– se presentó en 2018 en una cena de inversores de la agencia Open Angel, en Vancouver, Canadá, buscando fondos para esos experimentos contaminantes, como si fueran una simple inversión más (https://tinyurl.com/ybeorhpd ver pág. 3).


Dar información falsa a comunidades, autoridades e inversores parece ser lo usual en el grupo detrás de Oceaneos. Varios de sus integrantes eran antes parte de la empresa Haida Salmon Restoration Corporation (HSRC), que en 2012 realizó el mayor experimento ilegal de fertilización oceánica en un territorio indígena en Haida Guaii, Columbia Británica, Canadá, engañando a la comunidad indígena residente. El mal afamado geoingeniero Russ George, quien antes intentó hacer el experimento en Galápagos, fue director científico de HSRC


Convencieron a la comunidad de Old Masset de aportar un millón de dólares a la empresa HSRC, con la promesa de aumentar la población de salmones con fertilización oceánica y además cobrar créditos de carbono por ello.


No les informaron, como tampoco ahora a las autoridades en Chile y Perú ni a los potenciales inversores reunidos por Open Angel, que la fertilización oceánica, por sus altos riesgos sobre ecosistemas y cadenas alimentarias marinas, está desde 2009 bajo moratoria en el Convenio de Biodiversidad (CDB) o que desde 2013 el Protocolo de Londres sobre vertidos en el mar, decidió prohibirla. En ambos casos, con excepción de experimentos a pequeña escala con fines científicos, que no permiten obtener créditos de carbono.
Cuando organizaciones de la sociedad civil denunciaron el experimento ilegal en Haida Gwaii, las autoridades ambientales de Canadá iniciaron un proceso legal de investigación, aún abierto. El experimento creó conflictos en la Nación Haida, pero cuando ésta entendió el contexto y riesgos, rechazaron al proyecto y a la empresa (https://tinyurl.com/yayujozt).


Quien gestionó el apoyo económico de la comunidad indígena a la empresa HSRC fue John Disney, actualmente parte del equipo de Oceaneos, del cual también forma parte Peter Gross, otro miembro de HSRC. El actual presidente de Oceaneos, Michael Riedijk, estaba a cargo de monetizar los créditos de carbono que generaran las actividades de fertilización oceánica de HSRC, desde su empresa Blue Carbon Solutions.


Para intentar desvincularse de ese turbio pasado, en el cual HRSC está interpelada legalmente, Oceaneos cambió nombre de empresa y actividad. A la geoingeniería con fertilización océanica la rebautizaron siembra oceánica, ya no hablan de créditos de carbono, sino solamente de una técnica para aumentar poblaciones de peces. Antes era una solución mágica para el cambio climático, ahora es la técnica que resolverá el problema del decline de peces en los oceános. No obstante, se aluden al experimento ilegal en Haida Guaii, como referencia exitosa de su tecnología.


Se presentan en Chile como Fundación de Investigación Marina Oceaneos, pero provienen de la empresa con fines de lucro Oceaneos Environmental Solutions, que posee varias patentes sobre técnicas de fertilización oceánica para secuestro de carbono.


En Perú, se presentaron directamente como empresa Oceaneos Perú S.A.C y solicitaron hacer experimentos de fertilización oceánica en los departamentos de Ica, Arequipa y Moquegua, lo cual no fue aprobado por objeciones del Instituto del Mar de Perú (https://tinyurl.com/ybp4f7sp).


Chile y Perú son signatarios del CBD y del Convenio de Londres, que Oceaneos violará si lleva a cabo sus experimentos.


En 2017, seis institutos científicos y académicos relacionados a la investigación marina en Chile se pronunciaron firmemente contra este tipo de iniciativa, haciendo público un documento con las 10 razones principales por las que se oponen a los proyectos de fertilización oceánica con fines comerciales (https://tinyurl.com/y8kkrvzn).


Entre otras cosas, explican que los riesgos son altos y los resultados son inciertos; que no existe evidencia científica de que la fertilización con hierro aumente las poblaciones de peces (tampoco de que secuestre carbono en forma permanente); que todo el proceso de Oceaneos es turbio y parece conectado a fines de lucro, no de investigación. Entre otros riesgos, señalan el desequilibrio de la cadena alimentaria y la creación de zonas oceánicas intermedias donde faltará oxígeno, con grave afectación a la vida marina, así como el potencial surgimiento de algas tóxicas. Coincide con los estudios científicos sobre los que se basan las moratorias en Naciones Unidas (https://tinyurl.com/y95wqsgv).


Peter von Dassow, investigador del Instituto Milenio de Oceanografía en Chile, explica también que experimentos recientes con botellas de agua tomadas en la surgencia oceánica cerca de Coquimbo, comprobaron que la fertilización con hierro aumentó el ácido domoico, que indica la formación de algas tóxicas, algo que aumentará si se hace un experimento a escala como pretende Oceaneos. Esta biotoxina es altamente riesgosa para la vida marina y también humana si se consumen peces o moluscos que hayan ingerido esas algas.


La línea roja que une a estos piratas desde Canadá a Chile es el engaño a comunidades, autoridades y al público, con argumentos seudocientíficos, que intentan disimular su verdadero objetivo: lucrar con experimentos de geoingeniería que dañan al medio ambiente y la vida marina.


*Investigadora del Grupo ETC

Engaños sobre los alimentos transgénicos

Al contrario de lo que se difunde, la aventura de alterar el ADN de nuestros cultivos alimenticios mediante las técnicas de la llamada "ingeniería genética" (IG), no ha estado sustantada en ciencia, más bien, la ha deshonrado. Sus ingenieros y quienes los apoyan, con frecuencia han ignorado, y hasta ocultado o destruido, evidencias científicas. También han violado los estándares de la ciencia. Inclusive han ocultado esas infracciones mediante el engaño. Más aún, el proceso de IG; en particular de cultivos, ha sido descrito de tal manera que parezca más natural y preciso de lo que en realidad es, y aún los hechos más básicos de la biología contemporánea han sido distorsionados para minimizar los verdaderos riesgos de los cultivos transformados mediante IG.

La aventura de los alimentos modificados por IG ha dependido de manera crucial de esos engaños y no habría sobrevivido sin ellos. Por tanto, es imprescindible exponer esos engaños y que se conozca la verdad.

En mi artículo publicado en La Jornada del pasado 18 de mayo revelé cómo los engaños clave provinieron del gobierno de Estados Unidos –y cómo este país ha promovido a los cultivos transgénicos, de empresas semilleras mediante técnicas de IG y ha impulsado su negocio en los mercados mundiales. En los siguientes párrafos explico cómo otras destacadas instituciones han contribuido a este engaño.

Una de las mayores ficciones es que hay consenso entre los expertos científicos sobre la inocuidad de los cultivos transgénicos. Por tanto, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia ha declarado que "cualquier organización respetable" que haya examinado la evidencia científica ha concluido que los alimentos derivados de estos cultivos no involucran "mayor riesgo" que los alimentos convencionales. Sin embargo, varias organizaciones respetables, como la Sociedad Real de Canadá, la Asociación Médica Británica y la Asociación de Salud Pública de Australia no comparten tal acuerdo; más bien, alertan sobre sus posibles riesgos.

Además, aquellas organizaciones que proclaman la inocuidad de los transgénicos se apoyan básicamente en el engaño. Consideremos el caso de las toxinas novedosas no previstas que la IG puede generar. Para sostener el argumento de que los alimentos transgénicos no implican riesgos adicionales o novedosos, en un importante reporte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos se argumenta que con el mejoramiento genético convencional también se puede incurrir en riesgos similares. Sin embargo, los autores sólo pudieron citar un caso para la agricultura convencional (que involucra a la papa), y que más adelante se demostró que era falso. Aseveraron que la nueva papa, obtenida mediante métodos convencionales no transgénicos, contenía una molécula tóxica novedosa que no se encontraba en ninguno de los progenitores, a pesar de que éstos sí la producían; pero este tipo de sustancias tóxicas fueron encontrados en otras papas.

La Sociedad Real Británica también ha torcido la verdad para hacer creer al público que los cultivos transgénicos no presentan riesgos con respecto a los alimentos convencionales. Por ejemplo, argumentan que estos últimos pueden también producir efectos inesperados. En una publicación de 2016 de la misma organización, muestran que "todos" los genomas de plantas "con frecuencia presentan inserciones de ADN viral y/o bacteriano" –y que esas inserciones son "similares" a las que se generan mediante técnicas de ADN recombinante de la IG. Ambas aseveraciones son falsas. Mientras los genes insertados en el genoma vía IG siempre son integrados al genoma de las plantas, rara vez ocurre esto con los genes de virus y bacterias. Además, las infrecuentes inserciones de genes virales en el genoma de plantas permanecen inactivas y no están combinadas con otras secuencias de virus o bacterias, como ocurre en las construcciones recombinantes de la IG. La presencia de genes bacterianos también es restringida en los genomas de plantas, y tampoco están activos. En cambio, los genes y sus combinaciones insertados mediante IG además de impactar de diversas maneras en el fenotipo, son artificialmente impulsados a una hiper actividad que puede causar desbalances riesgosos.

La referida publicación también ha engañado sobre los resultados de investigación. Proclama que "no ha habido evidencias de daño" ligado a algún cultivo transgénico aprobado, a pesar de varios estudios publicados en revistas arbitradas que mostraban lo contrario. Es más, la misma sociedad está enterada de un estudio que demuestra daño y que la propia Sociedad Real trató de desacreditar. Ese estudio, realizado en el reconocido Instituto Rowett, puso en duda la inocuidad de los alimentos transgénicos, al reportar que el proceso de ingeniería genética mismo puede causar problemas. Tal descompostura animó al editor de la prestigiosa revista The Lancet a rechazar la iniciativa de la sociedad, calificándola de "impertinencia insólita". The Lancet consideró el estudio como científicamente adecuado y lo publicó. La sociedad obvió este estudio y aseveró que no había investigación alguna que mostrara que el proceso de IG en sí puede causar diferencias en los cultivos transgénicos que puedan implicar daños.

Mi libro Genes alterados, verdad adulterada contiene muchos ejemplos de este tipo de conductas inaceptables de importantes revistas y sociedades científicas que han intentado ocultar o minimizar los posibles impactos negativos de los cultivos transgénicos. Los proponentes de los cultivos transgénicos han estado subvirtiendo a la ciencia, a la vez que dicen actuar en su nombre.

 

Por Steven Druker, director ejecutivo de Alliance for Bio-Integrity, una ONG basada en EU. Es autor de Genes alterados, verdad aduterada: Cómo la empresa de los alimentos modificados genéticamente ha trastocado la ciencia, corrompido a los gobiernos y engañado a la población.

Narcotráfico, comodín de la guerra y la paz

El narcotráfico es una actividad inmersa en la política nacional e internacional donde están en juego miles de millones de dólares, además de una manipulada estrategia de control social. Sin embargo, las políticas antidrogas vigentes no solucionan el fenómeno; es momento de plantear estrategias más allá de la fumigación y la militarización de los territorios.

 

El narcotráfico no es un delito conexo con el político, es una actividad inmersa en la política. Así sucede desde que Richard Nixon declaró la llamada “guerra contra las drogas”, según lo reveló su asesor de política interna, John Ehrlichman, en una entrevista con el periodista Dan Baum, publicada en Harper’s Magazine:

 

“¿Quieres saber realmente de qué se trata todo esto?”, me dijo con la franqueza de un hombre que, después del oprobio público y una temporada en una prisión federal, tiene poco que proteger. “La campaña de Nixon de 1968, y la Casa Blanca de Nixon, tenían dos enemigos: la izquierda antiguerra y los negros. ¿Entiendes lo que te digo? Sabíamos que no podíamos hacerlos ilegales por ser negros o estar en contra de la guerra, pero al hacer que el público asociara a los negros con la heroína y a los hippies con la marihuana, y luego criminalizar ambas sustancias fuertemente, podíamos fragmentar sus comunidades. Podríamos arrestar a sus líderes, redar sus casas, disgregar sus reuniones y vilificarlos todas las noches”.

 

Y pronto se agregó a la lista la cocaína, completando así la coartada perfecta para la intervención de los cruzados y su agencia estandarte, la DEA, en la arena internacional, con toda la parafernalia de Convenciones Internacionales y Tratados de Extradición, que supuestamente auguraban un triunfo seguro del prohibicionismo sobre el “flagelo” del narcotráfico, como si este fuera una maldición inexorable. Una moderna cruzada de puritanos contra malvados narcotraficantes, que amenazan la inocente e indefensa juventud norteamericana y europea.

 

El “Bien” contra el “Mal”

 

Una nueva guerra emprendida por el Norte, virtuoso y emprendedor, contra el Sur pagano y corruptor. Y así, el Bien, con Tratados de Extradición, combatiría sin fronteras ni limitaciones al Mal, encarnado en el polo de la oferta, para proteger a la multitudinaria demanda, cada vez más adicta y víctima de los malvados narcotraficantes del Sur. Desde entonces la extra-adicción de su juventud, su emprendedora elite de lobos de Wall Street, los altos círculos sociales y artísticos, han pretendido evadir su irresponsable hedonismo con sólo la extradición de criminales y codiciosos narcotraficantes del Sur. Al parecer, los únicos responsables de tanto vicio. Incluso se llegó al extremo de criminalizar a nuestra portentosa naturaleza y se la sindicó de ser asesina: “La mata que mata”, para justificar el ecocidio impune de bombardearla y fumigarla con glifosato. Había que convertir en tierra arrasada cientos de miles de hectáreas de bosque tropical, porque albergaba “cultivos ilícitos”. Semejante expoliación y depredación de la naturaleza fue motivo de orgullo nacional para los entonces Presidentes, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, que tuvieron el cinismo de llamar a esa política “Plan Colombia” y “Plan Patriota”, respectivamente. Una política que diezmaba y desplazaba, como peligrosos delincuentes, a miles de campesinos marginados, sin consideración alguna a su salud y dignidad, pues eran cómplices de la mortífera industria del narcotráfico.

 

A fin de cuentas, “raspachines” que proveían a los malvados narcotraficantes de su materia prima, no campesinos y mucho menos ciudadanos. “Raspachines” condenados a ser carne de cañón de organizaciones criminales que se disputaban sus vidas y territorios, desde ejércitos privados con membrete antisubversivo: Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), pasando por la Fuerza Pública Nacional, un escuadrón de extranjeros y mercenarios fumigadores de glifosato y la misma insurgencia, Farc y ELN, que contaba así con recursos ilimitados para el avituallamiento de sus ejércitos y la “guerra anti-imperialista”.

 

Para completar el perfecto teatro de operaciones, combatió sin tregua a la criminal “narcoguerrilla”, mientras negociaba y elevaba a la condición de delincuentes políticos a los narcoparamilitares de las “AUC”, expidiendo para ellos la ley 975 de 2005, liderada por Uribe y el doctor Luis Carlos Restrepo, pura ternura. Posteriormente, cuando la cúpula de los “paras” empezó a revelar los pactos con el entorno político uribista y develar así la quintaesencia criminal de dicha gobernabilidad, serían inmediatamente extraditados. Tales fueron, muy resumidos, los principales abusos políticos de la “exitosa guerra” contra el narcotráfico y la extradición, que comparten orgullosos Pastrana y Uribe y, todo parece indicar, profundizará su hijo político adoptivo, Iván Duque, sumiso continuador de la fracasada guerra contra las drogas.

 

¿Narcoguerreros vs. narcopolíticos?

 

Lo que ahora llama a la estupefacción –incluso más que la generada por las combatidas drogas– es que quienes han politizado a tal extremo el narcotráfico, haciendo de la extradición una delegación casi total de la soberanía judicial del Estado colombiano y del “Plan Colombia” una estrategia militar contrainsurgente exitosa, nieguen en trance presidencial la esencia política del narcotráfico, para poder así extraditar en forma expedita a la antigua cúpula de la extinta Farc, haciendo trizas el Acuerdo de Paz y prolongando indefinidamente la absurda y criminal “guerra contra las drogas”, que cumple 50 años de fracasos continuos. Sin duda, la extradición es sustracción de soberanía judicial y de paz política. Nada importan las más de 220.000 víctimas mortales del conflicto armado interno, arrasadas por ese torbellino de violencia, en nombre de una falsa y maniquea moral, muy rentable para los mercaderes de la guerra y la muerte, tanto los legales como los ilegales, en Estados Unidos y en Colombia.

 

De consolidarse el anterior escenario, estaríamos frente al triunfo de los que con ironía pueden ser considerados “narcoguerreros” pura sangre, pues sus políticas antinarcóticas lo corroboran (en EU desde Nixon hasta Clinton y ahora Trump; en Colombia: Belisario, Barco, Pastrana y Uribe), frente a quienes han buscado salidas políticas al problema de las drogas ilícitas, que podrían denominarse cáusticamente “narcopolíticos” (Obama, Gaviria, Samper y Santos), con sus diferentes estrategias gubernamentales de negociación y confrontación, insuficientes para desarticular dicho entramado criminal. Entre ellas, la prohibición de la extradición de colombianos por nacimiento (artículo 35 de la Constitución, ya derogado); la política de “sometimiento a la justicia” Gavirista y su frustrada aplicación Samperista a los Rodríguez (abortada por el acuerdo de Pastrana-DEA con el proceso 8.000) y, el más reciente apoyo norteamericano, con Obama y su delegado en La Habana, que validó el cuarto punto del Acuerdo de Paz: “Solución al problema de las drogas ilícitas”. Punto que consagró la política de sustitución voluntaria de los cultivos de uso ilícito, en lugar de la depredadora y criminal de la erradicación forzada, a cambio de proporcionar las Farc las condiciones para que el Estado recobrara su precaria soberanía y la regulación de dichos territorios, reincorporando a los campesinos a su condición plena de ciudadanos, integrándolos legalmente al mercado nacional e internacional. Responsabilidad que el Estado no ha tenido la capacidad de asumir y hoy deja esos territorios en un limbo de cultivos de uso ilícito, anegado en sangre de líderes sociales asesinados por bandas narcotraficantes y de familias campesinas inermes, abandonadas o incluso masacradas por agentes de la Policía Nacional, como aconteció en Tumaco.

 

Contra una guerra perdida una política responsable

 

Pero también hay que resaltar que, en el plano internacional, en forma tardía y tímida, algunos ex-presidentes latinoamericanos que han padecido y experimentado la impostura de tan absurda guerra, se expresaron en la “Declaración Latinoamericana sobre Drogas y Democracia”, el 11 de febrero de 2009, bajo el título: “Drogas y Democracia: Hacia un Cambio Paradigmático”:

 

“Convocada por los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso de Brasil, César Gaviria de Colombia, y Ernesto Zedillo de México e integrado por 17 personalidades independientes, la Comisión evaluó el impacto de la “guerra contra las drogas” y presentó recomendaciones para políticas más seguras, eficientes y humanas. Sus tres recomendaciones principales son: 1) tratar el uso de la droga como una cuestión de salud pública; 2) reducir el consumo a través de medidas de información y prevención; y 3) enfocar los esfuerzos de la aplicación de la ley en el combate al crimen organizado”.

 

No obstante, la sensatez de dichas propuestas, hoy resultan insuficientes. Ya es hora de dar pasos más audaces en el ámbito internacional y de promover, como bloque latinoamericano, en las Naciones Unidas, el fin del prohibicionismo, matriz de la “guerra contra las drogas”, adoptando curiosamente la misma política que el Estado norteamericano aprobó en 1933, al derogar la enmienda que prohibió y penalizó el consumo del licor en 1914. Al respecto, cabe recordar el siguiente argumento a favor de la derogatoria de la Enmienda de la Prohibición, expuesto por el vocero de la Cámara, Oscar W. Undelwood, por considerar el prohibicionismo un “esquema tirano que pretende establecer por ley la virtud y la moralidad”, en contra de su colega prohibicionista de Alabama, Richmond Pearson Hobson, quien la defendía con argumentos como:

 

“Una investigación científica ha demostrado que el alcohol es un veneno narcótico”, es una “droga creadora de hábito”, “veneno protoplásmico, asquerosa excreción de un organismo viviente que convertía al negro en un bruto haciendo que este cometa delito no naturales”. El hombre blanco tiene la misma tendencia, salvo que “por el hecho de estar más evolucionado, le toma más tiempo llegar al mismo nivel”1.

 

Según lo anota el historiador Martin Short: “La prohibición había originado un horrible daño moral. Había convertido en ilegal un negocio de dos mil millones de dólares y se lo entregó a los gánsteres. La carretera del crimen organizado estaba pavimentada con las buenas intenciones del movimiento de templanza. Eso era bastante malo. Pero era mucho peor ese regalo de riqueza ilimitada que revolucionaría al crimen organizado, convirtiéndolo en un rasgo indestructible de la vida norteamericana. El sindicato de gánsteres llegaría a ser la quinta fortuna de la nación. La prohibición fue la causante de la banda”2.

 

Por eso es la hora de la regulación estatal, tal como lo está haciendo Uruguay con el control oficial de la producción, distribución y el consumo de la marihuana, para arrebatarle al crimen organizado tan violento como lucrativo negocio. Pero también es la hora de la prevención, la educación y la responsabilidad personal (como lo promueven con éxito las campañas contra el consumo del tabaco y el alcohol) que es lo propio de toda persona adulta y del ejercicio de la ciudadanía. Lo contrario, es reconocer que no se puede prescindir del Estado Policivo y terapéutico (Thomas Szasz), que trata a sus ciudadanos como siervos y menores de edad, carentes de autonomía personal, por lo cual deben ser vigilados y castigados, como lo propone el joven Iván Duque con mentalidad retardataria. Sigue así fielmente los preceptos de sus padres políticos adoptivos, Pastrana y Uribe, tan amigos de la templanza del fuego y las aspersiones con glifosato, totalmente inicuas y toxicas, pero electoralmente muy exitosas, sustentadas en los prejuicios y los miedos de quienes añoran un padre castigador y su brutal pedagogía de la “letra con sangre entra”. Así, Duque pretende disuadir y disminuir el consumo de sustancias estupefacientes con persecución policial, incautación de dosis personal y eventuales multas draconianas, que sólo promoverán mayor corrupción y descomposición de la convivencia y el tejido social. Tal como sucedió durante la prohibición del licor en Estados Unidos. Ya lo decía Al Capone, con fina ironía:

 

“Hago mi dinero satisfaciendo una demanda pública. Si yo rompo la ley, mis clientes, que se cuentan por cientos de entre la mejor gente de Chicago, son tan culpables como yo. La única diferencia es que yo vendo y ellos compran. Todo el mundo me llama traficante ilegal. Yo me llamo a mí mismo hombre de negocios. Cuando yo vendo licor es tráfico ilegal. Cuando mis clientes lo sirven en bandeja de plata es hospitalidad”3.

 

Un “Bien” que estimula el “Mal”

 

Con la templanza y la virtud de Duque, sus asociados y potenciales electores, estaremos condenados a medio siglo más de heroica lucha contra el “flagelo de las drogas”, no sólo como consecuencia de la codicia de los narcotraficantes sino también del “celo y la rectitud moral” de gobernantes que los combaten en nombre de valores superiores que ellos mismos ignoran o desprecian: la libertad, la dignidad humana, la paz y la democracia, convirtiéndolos en una coartada perfecta para prolongar su dominación y perpetuar una guerra pérdida. Una guerra que sólo se ganará cuando se abandone el paradigma prohibicionista y asuma el Estado su rol regulador, preventivo y formativo, dejando atrás el policivo, represivo y punitivo, que sólo eleva los precios de las drogas ilícitas y aumenta las ganancias de los narcotraficantes, además del presupuesto de las agencias antidroga, que medran y subsisten en el mundo de la ilegalidad, la corrupción y el crimen. Sólo basta mirar, sin celo extraditable, la celada montada por la DEA en el caso Santrich, con la participación de varios de sus agentes, cuya trama deberá ser examinada y valorada por la JEP, pues la Fiscalía y la Justicia ordinaria parecen haber perdido, lamentablemente, su independencia y autonomía judicial.

 

1 Citado por Muso F, David Md, (1993) en su libro La enfermedad americana. Bogotá, Ed. Tercer mundo. p. 331.
2 Short, Martin (1986), Mafia, la sociedad del crimen, Barcelona, Ed. Planeta. p. 75.
3 Ibíd., p. 70.

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