La justicia chilena ordenó el cierre del megaproyecto minero Pascua Lama por daño ambiental

Pertenecía a la canadiense Barrick Gold, que ahora deberá pagar 9 millones de dólares

 

La justicia chilena cerró definitivamente el proyecto aurífero Pascua Lama por los daños ambientales causados en la frontera entre Chile y Argentina, enterrando así la intención de la minera canandiense Barrick Gold de construir la mina de oro y plata a cielo abierto más grande del mundo.

El Tribunal del Medio Ambiente de Chile determinó "la clausura total y definitiva de Pascua Lama" y una multa equivalente a unos 9 millones de dólares para la minera Barrick Gold, que en 2019 era el segundo productor mundial de oro.

"La magnitud del peligro de daño en la salud de las personas hace necesario el cierre del proyecto minero Pascua Lama al no parecer viables otras alternativas de funcionamiento seguro para el medioambiente y la salud de la población", indicó el tribunal.

El fallo confirma la decisión que anunció en 2018 la Superintendencia de Medio Ambiente de cancelar este proyecto por no cumplir con la licencia ambiental que se le había otorgado, y que Barrick Gold impugnó ante el tribunal medioambiental chileno.

El proyecto aurífero estaba ubicado a unos 4.500 metros de altitud en una zona de glaciares en la Cordillera de Los Andes, en la frontera norte entre Chile y Argentina. Era fuertemente resistido en ambos países debido a los problemas medioambientales provocados.

Según el ente regulador chileno, Pascua Lama violaba 33 normativas medioambientales, con monitoreo incompleto de los glaciares y la descarga de aguas ácidas en un río cercano, el Estrecho, que abastecía a comunidades indígenas diaguitas. Además, causó daños a especies de fauna y flora nativa.

"La Superintendencia obró dentro del ámbito de la legalidad ponderando correctamente los elementos de la proporcionalidad al optar por la sanción de clausura definitiva y no por una clausura parcial o temporal acotada", sostuvo el fallo.

El tribunal determinó también que Pascua Lama implementó una metodología de cálculo para alertas de calidad de aguas no autorizada, que utiliza niveles más permisivos que los contemplados en la calificación ambiental.

El proyecto se encontraba suspendido desde 2013, luego de que la Superintendencia considerara insuficientes las obras realizadas por Barrick Gold para resguardar los cursos de agua aledaños al yacimiento, por lo que le quitó la licencia ambiental.

La noticia fue celebrada por Greenpeace Chile, quien destacó la sentencia por ser "un importantísimo triunfo de las comunidades locales que por años han denunciado y realizado acciones legales por la grave afectación que la minería ha tenido en sus territorios."

La organización ecologista internacional señaló en un hilo de Twitter que Pascua Lama "es un referente nacional de la destrucción de glaciares por la minería y evidencia de manera clara todos los impactos e irregularidades de esta industria en sobre glaciares y ecosistemas de montaña, especialmente importantes en contexto de crisis de agua en Chile.

"Es el momento de aprobar una Ley de Glaciares que proteja a todos y cada uno de los glaciares en Chile. A estas alturas se trata de una legislación estratégica no solo para el cuidado del medioambiente, sino para la provisión futura de agua del país", remarcó en el descargo.

Y concluyó: "Chile enfrenta una grave crisis hídrica que no hará más que profundizarse en el futuro. Ante esta situación debemos cuidar cada gota de agua disponible. Por eso es que resulta clave y de vital importancia proteger los glaciares".

Publicado enMedio Ambiente
El imperialismo estadounidense, la catástrofe climática y la nueva Guerra Fría

Entrevista a Paul Oquist

 

Es evidente que la humanidad se enfrenta a varias amenazas extremadamente graves. Lo que está en juego en las luchas que definirán la próxima década tendrá implicaciones sísmicas para el futuro de nuestra especie.

Me reuní con el Dr. Paul Oquist, representante de larga data de Nicaragua ante las Naciones Unidas en materia de cambio climático, para entrevistarlo con motivo del lanzamiento de su nuevo libro Equilibra: la filosofía y la economía política de la existencia y la extinción, en el que se exploran las múltiples amenazas existenciales a las que se enfrenta la humanidad.

La pandemia mundial de coronavirus -que ya se ha cobrado la vida de más de 800.000 personas en los primeros ocho meses de 2020- sigue propagándose de manera incontrolada en muchas partes del mundo, en particular en los Estados Unidos, el Brasil y la India. Al mismo tiempo, la perspectiva de una catástrofe humana mucho más grande se avecina a medida que las temperaturas mundiales siguen aumentando hacia el punto crítico de 1,5°C. Si se supera este umbral, se producirán cambios drásticos en el clima, lo que dará paso a una era de sufrimiento humano con condiciones meteorológicas extremas, hambrunas, inundaciones, huracanes, sequías y olas de calor a una escala que amenazaría la vida de millones de personas.

Oquist sostiene que los Estados Unidos son un gran obstáculo para que la humanidad logre la cooperación para resolver nuestros problemas. Los EE.UU. se han fijado el objetivo de lograr la “dominación del espectro completo”, argumenta. Es esta mentalidad de “América primero” la que está impulsando la política exterior estadounidense hacia una constante agresión contra los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina, incluida Nicaragua, y hacia un gran ataque a China, a través del lanzamiento de una nueva Guerra Fría.

Frente a estas inmensas amenazas a la humanidad, Oquist está reclamando un movimiento global de “supervivencia” para desafiar la dominación de los EE.UU. y hacer frente a los problemas urgentes que enfrenta la humanidad, desde el cambio climático hasta las armas nucleares.

Lo que está en juego: las amenazas existenciales a las que se enfrenta la humanidad

Empecé preguntando al Dr. Oquist cuáles son los principales mensajes que intenta transmitir en su nuevo libro, Equilibra. Su respuesta es franca y al punto: “Estamos realmente en un estado de cosas mucho más precario de lo que pensamos. Vivimos en una falsa estabilidad”.

Sostiene que el equilibrio a largo plazo del planeta, un equilibrio vital que sostiene y hace posible la vida humana, es ahora inestable y se enfrenta a múltiples amenazas a corto plazo que podrían desequilibrarlo.

La razón de esto, sostiene Oquist, es debido a los “puntos de inflexión” – puntos de inflexión a los que nos acercamos después de 170 años de emitir carbono desde la revolución industrial, más allá de los cuales “los ecosistemas básicos que mantienen la vida humana y la vida en general” se enfrentan a un “impacto permanente e irreversible”.

El enfoque en la acumulación de capital a toda costa, y un sistema económico dominante que “se basa en tomar ganancias a corto plazo a pesar de las consecuencias negativas a largo plazo” es fundamental para el problema, dice Oquist.

“El uso continuado de los combustibles fósiles es un ejemplo de ello”, dice, y “la creencia de que el crecimiento de la producción, el consumo y la acumulación de capital puede continuar sin cesar, sin pensar, sin límite alguno en un planeta con recursos finitos, degradados y limitados”.

El riesgo de un intercambio nuclear es otro escenario en el que el equilibrio de la Tierra, y los ecosistemas que sostienen a los humanos podrían ser expulsados en un corto espacio de tiempo: “Es un triste comentario sobre nuestra especie que estemos jugando a la ruleta rusa con nuestra propia existencia, que estemos jugando con un suicidio potencial de las especies al tener estas 4.000 armas nucleares operativas desperdigadas por ahí; y si continúan desperdigadas algún día serán usadas, así que deshagámonos de ellas mientras podamos”.

Los Estados Unidos son el “desafío número uno” para resolver el cambio climático

Le pregunté al Dr. Oquist cuáles son los principales desafíos para detener la catástrofe climática en la próxima década. Su respuesta fue enfática: “El desafío número uno es los Estados Unidos de América… Los EE.UU. son un gran problema. El resto del mundo tiene que hacer el trabajo pesado porque los EE.UU. se llevan la palma en este tema.”

Oquist procedió a explicar cómo los EE.UU. han desempeñado un papel destructivo en los debates internacionales sobre el cambio climático durante dos décadas, comenzando con el Protocolo de Kyoto en 1997:

“El Protocolo de Kyoto era un buen acuerdo, era legalmente vinculante, tenía objetivos para el mundo… Los EE.UU. eran signatarios del Protocolo de Kyoto y luego el Senado de los EE.UU. no lo ratificó, así que los EE.UU. quedaron fuera”.

Caracteriza el próximo período de la política internacional de cambio climático en el período previo al Acuerdo de París de la ONU en 2015 en los siguientes términos:

“Los europeos y el derecho latinoamericano hicieron concesión tras concesión tras concesión a los EE.UU. con el fin de que se sumaran al Acuerdo de París.” Una de las concesiones importantes hechas a los EE.UU. fue hacer que el Acuerdo de París no fuera “legalmente vinculante” sino “voluntario”.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos europeos y de los gobiernos de derecha de América Latina, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció en 2017 que los Estados Unidos se retirarían del Acuerdo de París. Oquist dice:

“Así que, dada toda esta historia, se puede imaginar el trago amargo que fue para los europeos y la derecha latinoamericana que, habiendo hecho todas las concesiones del mundo, los EE.UU. se retiraran del Acuerdo de París. Así que una vez más los EE.UU. están fuera del acuerdo. La mayor economía del mundo no va a participar en el Acuerdo de París y actualmente basa su modelo económico en los combustibles fósiles. Los EE.UU. son el mayor productor y exportador de petróleo y gas del mundo.”

Por qué Occidente debe pagar por la crisis climática

La clase dirigente de los Estados Unidos está decidida a bloquear una demanda vital que ha sido presentada constantemente por los países en desarrollo en las negociaciones internacionales sobre el cambio climático: que los países y las empresas más responsables de causar el cambio climático paguen por las pérdidas y los daños causados por el cambio climático. Esto tal vez no sea sorprendente, ya que los EE.UU. son responsables de un cuarto de todas las emisiones de carbono jamás liberadas.

Oquist explica por qué la demanda de los países en desarrollo por pérdidas y daños es justa:

“Sabemos, desde la revolución industrial, quiénes son los grandes países emisores y quiénes son las grandes empresas emisoras. Se les debe hacer responsables de las pérdidas y daños en la medida de su responsabilidad por haber causado el problema. Algunas personas dicen que eso es muy radical. No, no es radical en absoluto”.

Señala que la idea de que si se causa daño a otra persona se debe pagar por ello es una parte central del derecho común. “Es la única manera científica de decidir quién debe pagar por la pérdida y los daños… preguntándose histórica y actualmente quién lo ha causado y en qué medida. Entonces pueden contribuir proporcionalmente al costo.”

Para Oquist, la negativa de los EE.UU. y Occidente a pagar por la crisis climática es una continuación de la explotación de los pueblos y recursos del mundo en beneficio del capital. Señala que el capital en Occidente se enriqueció utilizando un recurso común, el presupuesto mundial de carbono.

Dominio de todo el espectro: desde el cambio de régimen en América Latina hasta la nueva guerra fría de los EE.UU. contra China, lo que significa para el mundo “América primero”.

Oquist cree que “hay un bajo nivel de conciencia sobre el hecho de que América Latina este siglo ha sido objeto de acciones muy viciosas de cambio de régimen por parte de los EE.UU.”.

“Hubo el golpe de estado en Venezuela en 2002 en el que Hugo Chávez fue detenido y llevado a una isla. Sólo después de 3 manifestaciones, de una gran presión de algunos sectores del ejército y de una cierta presión internacional, eso se resolvió. Jean-Bertrand Aristide ganó las elecciones presidenciales en Haití con el 92% de los votos, pero eso no fue suficiente. Los EE.UU. lo depusieron en 2004; incluso hubo una breve intervención militar en ese momento. En 2009 el presidente electo Zelaya en Honduras es depuesto en un golpe de estado, seguido por Paraguay donde el presidente electo Lugo es depuesto por un golpe de estado. Luego tenemos a Dilma en Brasil con el golpe de estado”.

“Y luego, para completar esta lista tan triste, tenemos el golpe de Estado boliviano de 2019, que derrocó a un movimiento social y una revolución muy poderosa que había llevado por primera vez a los grupos indígenas a encontrar su independencia. Porque la independencia antes de eso no había sido para los grupos indígenas, había sido para los grupos de descendencia europea no para los indígenas que nunca fueron reconocidos”.

Sobre el fallido intento de golpe de estado respaldado por los Estados Unidos en Nicaragua en 2018, Oquist dice que la realidad de lo que realmente ocurrió no se entiende en los Estados Unidos y Europa debido a la distorsionada cobertura de los medios de comunicación occidentales. Dice que:

“24 oficiales de policía fueron asesinados por disparos en ese golpe. Tomaron las carreteras del país e hicieron un gran daño a la economía del país porque querían estrangular la capital impidiendo la entrada de alimentos. Estos bloqueos en la autopista fueron muy, muy violentos, se impusieron violentamente, se mantuvieron violentamente y de ellos se obtuvieron secuestros, torturas, asesinatos”.

“Los EE.UU. usaron el mismo manual que en las revoluciones de color”, afirma. Como en muchos otros casos en el continente donde los EE.UU. intentan cambiar de régimen, cualquier acción tomada para controlar la violencia extrema y los intentos de golpe de Estado por parte del gobierno se presenta entonces en los medios de comunicación occidentales como la represión gubernamental de los manifestantes pacíficos. “Lo cual es ridículo” dice, claramente frustrado por la facilidad con la que tan obvias mentiras no son cuestionadas.

Me resulta difícil entender por qué los europeos tienen tanta dificultad para entender que hubo un intento de golpe de estado. Cuando todo lo que tienen que hacer es escuchar al Presidente Trump, al Vicepresidente Pence y al Secretario de Estado Pompeo que declaran explícitamente que quieren un cambio de régimen, que quieren derrocar los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua”.

La política de EE.UU. de “dominio del espectro completo” está llevando al mundo hacia una nueva guerra fría, según Oquist. Los EE.UU. están “tratando de imponer su voluntad a todo el mundo con su política de ‘América primero’”.

“La etapa actual del imperialismo es la política de EE.UU. de dominación del espectro completo. No sólo dominar el mundo militar y políticamente, sino también dominar los medios de comunicación, dominar los medios sociales, dominar la ciencia y la tecnología. Es por eso que tienes esta segunda guerra fría inminente, esta vez entre los EE.UU. y China, porque los EE.UU. quiere seguir siendo hegemónico en lo que respecta a la ciencia y la tecnología – y sucede que en términos de inteligencia artificial y 5G está detrás de China.

“Los EE.UU. y sus aliados no tienen sistemas que puedan competir con el Huawei. EEUU es muy explícito en contra del socialismo – lo combatirá internacionalmente dondequiera que se encuentre, como declaró Trump. Pero parece que tampoco cree mucho en el capitalismo, porque en lugar de competir con Huawei en un mercado libre quiere excluirlo del mercado”

Un nuevo movimiento para la supervivencia

Con las amenazas de una guerra permanente, una nueva guerra fría, armas de destrucción masiva, calentamiento global y degradación ambiental identificadas en Equilibra, ¿qué soluciones ve Oquist como un camino a seguir para la humanidad? Sus esperanzas están puestas en la gente.

“Si se mira la historia de los últimos siglos, un cambio social importante, realmente profundo, un cambio transformador ha venido de los movimientos sociales.”

Cree que se necesita un movimiento para la supervivencia, que una a los movimientos sociales y a los gobiernos progresistas que resisten la presión de los Estados Unidos en todo el mundo, para superar el cambio climático y las demás amenazas urgentes a las que se enfrenta la humanidad.

Sin esta presión, las negociaciones de la ONU seguirán sin llegar a ninguna parte. “Las negociaciones de la ONU pueden prolongarse durante otro siglo sin resolverlo. Lo que puede resolverlo es la gente – tiene que ser la gente organizada en un movimiento social para la supervivencia que obligue a los políticos y obligue a los países en sus votos y en sus acciones en las organizaciones internacionales a tomar las medidas para abolir los combustibles fósiles, para abolir las armas nucleares, para controlar nuestra ciencia y tecnología”.

Oquist considera que las elecciones de noviembre en EE.UU. son críticas en su potencial para romper la “coalición de negación del clima” que crece alrededor de Trump. Si Trump pierde las elecciones “los EE.UU. volverán al Acuerdo de París”.

También ve esperanza en el grupo de estados y ciudades de EE.UU. que dicen “todavía estamos en el Acuerdo de París”. “Son muy influyentes y estas ciudades pueden tomar acciones muy importantes y los estados también porque tienen poder sobre la energía y las emisiones y por lo tanto eso es una señal positiva dentro de los EE.UU.”.

Sin embargo, es en la gente joven en la que más confía. “Quedé muy impresionado en Madrid, una tarde saliendo tarde de la reunión de la COP de la ONU. Greta había tenido una gran manifestación. Se veían esos jóvenes de 16 y 17 años allí con sus carteles yendo a casa. Y luego vi a niños de 10, 11, 12 años que se iban a casa con sus carteles. Partiendo de eso se puede obtener un cambio generacional muy profundo… Podemos ver un giro de oleaje más rápido de lo que pensamos cuando esta generación tome posiciones en su activismo que obliguen a los políticos y las organizaciones internacionales a tomar medidas.”

“A los 67 años de edad esa es mi esperanza – ver que algo suceda mientras aún estoy en este planeta y mi esperanza es que la juventud venga al rescate con un movimiento de supervivencia.”

Por Fiona Edwards | 02/09/2020 

Traducido del inglés por Alexandre Anfruns. Fuente original Eyes on Latin America

Publicado enInternacional
Noam Chomsky: “Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá"

El pensador norteamericano habla de una crisis climática, económica y humanitaria

 

No ha habido otro momento de estas características en la historia de la Humanidad. Así lo asegura el prestigioso intelectual y activista estadounidense Noam Chomsky, quien dijo que la pandemia del coronavirus ha hecho de estos tiempos los más oscuros de los que se tenga memoria. Chomsky explicó que el presente representa un "punto de confluencia de distintas crisis muy graves", entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclearcambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos.

“Este es un momento único en la historia de la humanidad, no solo en mi vida. Nunca ha habido un momento en el que haya surgido tal confluencia de crisis y las decisiones al respecto que deban tomarse muy pronto, no se pueden retrasar", afirmó el pensador que tal vez sea el lingüista vivo más importante del mundo.

Chomsky, activista pacifista desde hace mucho tiempo, criticó al presidente Donald Trump por "desmantelar sistemáticamente las protecciones que ofrecían algún tipo de defensa contra la guerra nuclear".

“Los principales expertos como William Perry, exsecretario de Defensa, una persona que no puede ser considerado un exagerado y que muy conservador y a la vez está muy bien informada sobre estos temas, argumenta que la amenaza nuclear hoy es todavía mayor que durante la Guerra Fría”, dijo Chomsky.

Chomsky dijo además que las iniciativas que los gobiernos lleven adelante para hacer frente a la pandemia de coronavirus serán importantes a corto plazo, pero que sus decisiones sobre el cambio climático serán aún más duraderas.

“Saldremos de alguna manera de la pandemia pero a un costo terrible, que tiene en su mayoría causas evitables”, dijo el autor de Hegemonía o supervivencia y Estados fallidos, entre muchos otros títulos, en una entrevista concedida al sitio The Hill. "No saldremos del derretimiento de las capas de hielo polar, eso es permanente".

“Tenemos tiempo por delante para decidir si la vida humana organizada sobrevivirá en la Tierra o sucumbirá a la amenaza de un desastre ambiental”, agregó Chomsky.

No es la primera vez que el intelectual norteamericano se refiere públicamente al tema en estos términos. En abril de este año advirtió que los gobiernos están siendo “el problema y no la solución” y sobre la situación puntual de Estados Unidos sostuvo que se ve agravada por la condición de “bufones sociópatas” que manejan la administración de ese país con Donald Trump a la cabeza. Sobre los cambios que pueden llegar a producirse alerta que “esto nos podría llevar a estados altamente autoritarios y represivos que expandan el manual neoliberal incluso más que ahora”, aunque aclara que “eso depende de la gente joven” y “de cómo la población mundial reaccione”.

Recientemente, en junio, se refirió al bochornoso rol adoptado por Trump en la gestión de la pandemia y no dudó en calificarlo como "el peor criminal de la historia, sin lugar a dudas”. “Nunca ha habido una figura en la historia política que se haya dedicado tan apasionadamente a destruir los proyectos para la vida humana organizada en la tierra en el futuro cercano”, sentenció el reconocido catedrático.

Publicado enInternacional
Captura de video del diáogo entre Gore (izq.) y Bolsonaro.

Durante un encuentro filmado en el foro de Davos

El documental "The Forum" que se estrenó esta semana en plataformas digitales muestra un diálogo entre el presidente brasileño y el exvicepresidente estadounidense. 

 

La escena se produjo hace un año en el Foro de Davos pero cobra una vigencia inusitada en este momento en que la Amazonia vuelve a ser arrasada por el fuego. La filmó el director de cine alemán Marcus Vetter para su documental "The Forum". La película se estrenó esta semana en plataformas digitales y en ella Jair Bolsonaro protagoniza un diálogo insólito con el ex vicepresidente de EE.UU Al Gore. El militar ultraderechista le dice: “Tenemos mucha riqueza en la Amazonía y me encantaría explorar esa riqueza con Estados Unidos”. El político norteamericano abandonó el gobierno hace casi veinte años y abrazó la causa ecologista, un tema alejado de las prioridades del brasileño. Por eso es probable que éste no supiera con quién hablaba.

La definición del presidente sobre una cuestión tan sensible ya genera polémicas y críticas hacia su comentario en el país vecino. Su visión mercantilista sobre el principal pulmón del planeta y la circunstancia en que se produjo la conversación reavivan una problemática en la que el jefe de Estado siempre se colocó en una posición negacionista sobre la deforestación. El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil, al que criticó con dureza en 2019, registró más de 10 mil incendios en los primeros diez días de agosto.

En la película que retrata el Foro de Davos se ve cómo departen los presidentes de los países más ricos del mundo. Vetter siguió durante dos años la agenda de su fundador, el economista alemán Klaus Schwab. El documental es sobre el evento. Con su cámara el director toma imágenes imponentes donde se ve el despliegue de helicópteros que llevan a Donald Trump hasta el pequeño pueblo de Davos en las montañas nevadas de Suiza. En dos foros sucesivos – los últimos de 2018 y 2019, ya que el de este año se postergó por la pandemia hasta 2021 -, el cineasta alemán capta momentos inéditos como el que protagonizaron Gore y Bolsonaro. En un determinado momento se cruza ante la lente el ex ministro de Economía argentino, hoy procesado, Nicolás Dujovne, como si buscara salir filmado cuando Vetter hacía foco en el presidente brasileño.

Lo más curioso del diálogo entre el ex vicepresidente de Bill Clinton y el militar es que el primero se le acerca para transmitirle su preocupación por la Amazonia e intérprete mediante se presenta: “Soy un gran amigo de Alfredo Sirkis, un exdiputado federal que ayudó a fundar el Partido Verde”. Impávido, Bolsonaro lo mira y le responde: “Fui enemigo de Sirkis en la lucha armada” ya que durante la extensa dictadura brasileña combatió en el bando contrario al del fallecido legislador. Sirkis murió el 10 de julio de este año en un accidente automovilístico en Nova Iguaçu, estado de Río de Janeiro. A fines de los años 60 ingresó en la guerrilla que lideraba el militar Carlos Lamarca, ejecutado por sus propios compañeros de armas.  Después de intervenir en algunas operaciones el exdiputado partió hacia el exilio, pasó por Chile – donde lo sorprendió el golpe contra Salvador Allende – y también vivió casi un año en la Argentina, donde trabajó como corresponsal del diario francés Libération. Recién en 1979 y con la ley de amnistía en su país pudo regresar a Brasil. En su libro "Os Carbonarios" contó su experiencia en la lucha armada contra el régimen militar que Bolsonaro todavía reivindica.

Gore en su breve intercambio con el presidente brasileño llegó a decirle: “Todos estamos muy preocupados por la Amazonía, algo que me toca profundamente”. El ultraderechista ni mosqueó. Estaba acompañado por su canciller Ernesto Araújo, un funcionario estrambótico que sostiene la existencia de otra peste planetaria, el “comunavirus”, después de que leyera "Pandemia", el último libro del filósofo esloveno Slavoj Zizek.

La principal reserva ecológica del planeta que Bolsonaro abriría a una exploración conjunta con Estados Unidos no es un lugar que algunos sectores de las fuerzas armadas brasileñas vean con la misma mirada. El coronel retirado e historiador militar brasileño Manoel Soriano Neto le dijo a Página/12 en una entrevista de noviembre de 2017: “Brasil tiene plena conciencia de que la defensa de la Amazonia propia, es un problema exclusivo de los brasileños. Las fuerzas armadas vienen haciendo todos los esfuerzos para la defensa militar de la región. Para ello están siendo utilizadas tropas, como las Brigadas de Infantería de la Selva y cuyos efectivos son entrenados para el combate en la zona tropical. El Centro de Instrucción de Guerra en la Selva (CIGS), en Manaos, capital del Amazonas, es una referencia militar para esa misión. Durante la Segunda Guerra Mundial, Brasil cedió temporalmente bases en el Nordeste a Estados Unidos, que las devolvieron tan pronto terminó el conflicto. En mi opinión, no se puede concordar con las tesis de soberanía restringida, limitada o compartida, dando lugar a que instalaciones militares extranjeras se instalen, en tiempos de paz, en el territorio nacional”.

Después de las palabras de Bolsonaro en las que invitaba a los Estados Unidos a explorar la Amazonia, el ex vicepresidente Gore le respondió: “No entiendo qué quiere decir”. El improvisado diálogo entre los dos terminó cuando se alejó del lugar, no sin antes escuchar que Bolsonaro le dijera “yo gusto mucho del pueblo americano, Brasil eligió a un presidente que gusta de los Estados Unidos”. La cámara del alemán Vetter tomó el encuentro hasta en los pequeños detalles que dejaron en evidencia cuál es el propósito del presidente brasileño para el pulmón del planeta.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Mayoría de asesinatos de ambientalistas en 2019 se registraron en América Latina: Global Witness

De acuerdo con un nuevo informe de la ONG Global Witness, 212 defesores de la tierra y el medio ambiente fueron asesinados en 2019, un incremento del 30 por ciento con respecto al año anterior. Cerca de un 40 por ciento eran indígenas y defensores de tierras ancestrales.

Más de dos terceras partes de los asesinatos tuvo lugar en América Latina.

El aumento de los crímenes es parte de una tendencia más amplia. Un estudio publicado por Nature, en 2019, indica que en 15 años, entre 2002 y 2017, fueron asesinados más de 1.558 defensores del medio ambiente.

Mary Menton, investigadora de justicia ambiental de la universidad de Sussex y coautora del informe, dijo a DW que no le sorprendería que el número real fuera el doble, debido a los problemas para reportar e investigar esos casos. Según Menton, solo el 10 por ciento de los autores de los crímenes han tenido que responder ante la Justicia.

El creciente conflicto en torno a las tierras está forzando a indígenas y líderes comunitarios a proteger más decididamente sus territorios, señala Rachel Cox, de Gobal Witness. «Los miembros de pueblos indígenas son desproporcionadamente vulnerables a ataques”, dice, refiriéndose a las minorías que ofrecen resistencia contra proyectos mineros, forestales o agrícolas.

Pero los asesinatos son solo la punta del iceberg. «Muchos más activistas son atacados, apresados o difamados por su trabajo”, dice Cox. Estos cinco países fueron los que registraron tasas especialmente altas de muertes de activistas en 2019.

  1. Colombia

La situación en Colombia se ha agravado. El país, que en 2018 ocupaba el segundo lugar de la lista de defensores de la tierra y el medioambiente asesinados, con 24 casos, escaló ahora al tope de este trágico escalafón. Colombia encabeza la lista de 2019 con 64 muertos, víctimas de una violencia que en parte se atribuye a la deficiente implementación del Acuerdo de Paz de 2016 y a la falta de protección de campesinos en la pugna por sus tierras.

  1. Filipinas

El segundo país más mortífero para defensores del medio ambiente fue Flipinas, donde fueron asesinados por lo menos 46 ambientalistas el año pasado, lo que representa un aumento del 53 por ciento. 26 asesinatos tuvieron relación con el agronegocio.

Leon Dulce, coordinador nacional del Kalikasan People’s Network for the Environment, señaló que se están produciendo oleadas de violencia debido a los esfuerzos del gobierno de expandir la minería y la industria forestal, bajo la consigna de la «recuperación económica tras la crisis del COVID-19”. El presidente Duterte también está recurriendo a draconianas leyes antiterroristas para neutralizar a los activistas, catalogándolos de criminales.

El sur de la isla de Mindanao sigue siendo un foco candente, con 19 asesinatos relacionados con la defensa medioambiental, debido a la oposición contra la plantación de palmas aceiteras y a otras actividades de la agroindustria.

  1. Brasil

El agresivo impulso que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quiere darle a la minería a gran escala y a la agroindustria en la Amazonía, ha puesto a las comunidades indígenas en la primera línea de la lucha contra el cambio climático, especialmente porque la deforestación de territorios indígenas  aumentó un 74 por ciento entre 2018 y 2019. El 94 por ciento de los 24 asesinatos de activistas cometidos en Brasil tuvo lugar en la Amazonía.

La violencia en la región se incrementó cuando el gobierno de Bolsonaro presentó un controvertido proyecto para legalizar la minería comercial en territorios indígenas.

Según Mary Menton, el propio Bolsonaro está «alentando activamente la violencia» contra activistas indígenas, con un discurso de odio.

  1. México

En 2019 fueron asesinados 18 defensores de la tierra y el medio ambiente en México, entre ellos Otilia Martínez Cruz, de 60 años, y su hijo Gregorio Chaparro Cruz, de 20. Ambos fueron encontrados muertos fuera de su hogar, en la localidad de El Chapote, el 1 de mayo de ese año. Se estima que estos asesinatos están relacionados con sus esfuerzos por detener la tala ilegal de árboles en sus tierras ancestrales.

Dos meses antes, en febrero de 2019, Samir Flores fue asesinado. El día anterior a su muerte, el campesino nahuatl y activista ambiental de Amilcingo había hablado públicamente contra el Proyecto Integral Morelos, dirigido a desarrollar la infraestructura para la energía de carbón y gas.

  1. Honduras

En Honduras, los asesinatos aumentaron de cuatro, en 2018, a 14, el año pasado. Los ataques letales contra ambientalistas han apuntado preponderantemente contra mujeres, y han continuado su tendencia ascendente desde el brutal asesinato de la dirigente Berta Cáceres. La activista fue asesinada en 2016, meses después de haber ganado el prestigioso premio Goldman, por oponerse a la construcción de una represa en su región.

«Las mujeres tienen un importante liderazgo en la lucha” contra compañías de la industria extractiva y «grupos criminales que quieren quitarles sus tierras”, afirma Marusia López, de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos, que documentó 1.233 ataques contra estas activistas entre 2017 y 2018. 

 

Aencias

29 julio 2020

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 26 Julio 2020 06:09

La trampa del capitalismo verde

La trampa del capitalismo verde

Los apologistas del sistema aseguran que el libre mercado puede solucionar todos los problemas, incluida la crisis ecológica. Pero conocían la magnitud de la tragedia y no hicieron nada. Desde Kyoto, en 1997, se han generado más del 50% de las emisiones

 

Marco Licinio Craso era el hombre más rico de la antigua Roma. Tal era su fortuna que, tras morir combatiendo en Asia Menor, entre los ciudadanos de la República se corrió el rumor de que sus enemigos lo habían matado haciéndole tragar oro fundido para saciar su sed de riqueza. En vida, Craso había utilizado su poder e influencia para acrecentar obscenamente su patrimonio. Una de las maneras fue crear el primer cuerpo de bomberos de la historia, aprovechando que los incendios eran frecuentes entre los edificios de la capital. Pero este cuerpo de bomberos distaba mucho del concepto que tenemos hoy. Cuando se declaraba un incendio, los efectivos se desplazaban al lugar del siniestro y exigían al propietario del inmueble que se lo vendiera a Craso por un precio ridículo si quería que apagaran las llamas. Cuanto más avanzaba el fuego, más bajaba el precio.

Han pasado más de 2.000 años y lo que está ardiendo esta vez es el planeta entero. Las primeras décadas del siglo XXI han sido testigos de la práctica desaparición del casquete polar Ártico y de cómo, año tras año, se baten todos los récords de temperaturas extremas. Como los bomberos de Craso, un grupo de compañías promete ahora arreglar el desastre, eso sí, previo pago. Pero a diferencia de los hombres de Craso, quienes ahora alargan la mano a cambio de apagar las llamas son los mismos que han provocado el incendio

Durante décadas, las grandes corporaciones energéticas negaron que el cambio climático antropogénico fuese una realidad. Para ello no dudaron en gastar miles de millones en sobornar, perdón, hacer lobbying, a políticos para impedir regulaciones medioambientales, sabotear cualquier avance que amenazara su hegemonía en el sector y utilizar los medios de comunicación de su propiedad para sembrar la duda y la desconfianza. Pero hoy, metidos hasta la barbilla en una crisis climática sin precedentes, la realidad del calentamiento global es innegable para todos salvo para los más fanáticos. Y con la opinión pública finalmente concienciada de la magnitud del problema, buena parte de esas mismas compañías que durante décadas lo negaron o minimizaron ahora se revisten de una pátina de ecologismo y adoptan el discurso de la “responsabilidad compartida”, en la que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena. Y cuando dicen “todos” se refieren, claro, a los ciudadanos en forma de subvenciones públicas para que sus empresas rebajen los niveles de emisiones.

Hay un punto ya no cínico, sino plenamente obsceno en el discurso de la “responsabilidad compartida”. Nadie puede negar que nuestros hábitos de vida provocan emisiones de gases de efecto invernadero y que podemos y debemos hacer todo lo posible por nuestra parte para reducir nuestro impacto ecológico. Pero es igualmente innegable que las grandes corporaciones energéticas y los individuos más acaudalados han sido y son los principales culpables de la crisis. Sólo 100 compañías son responsables del 70% de las emisiones, y el 10% de los hogares con mayores ingresos generan varias veces más emisiones per cápita que el 50% de los hogares con menores ingresos. Pero el discurso ha empezado a calar entre la población, y vemos cómo, por ejemplo, los países europeos aumentan los impuestos a los conductores de vehículos diesel, al tiempo que subvencionan con miles de millones de euros de dinero público a las empresas que los fabrican. Vemos cómo, mientras que los hogares europeos son responsables del 25% de todas las emisiones (y aquí está incluída la energía que utilizan), pagan el 49% del total de impuestos medioambientales. Esto no es responsabilidad compartida, es entrar en un restaurante y que uno pida bogavante para comer y otro un café con leche y pretender que se pague la factura a medias. Una cosa es tomar conciencia y responsabilizarse del impacto que tienen nuestras acciones y nuestro estilo de vida sobre el ecosistema, y otra muy diferente pagar por los excesos de quien, pudiendo haber evitado el desastre, no quiso hacerlo.

Los apologistas del capitalismo, como zelotes fundamentalistas, aseguran que sólo el libre mercado puede dar solución a todos los problemas, incluido este. Pero lo cierto es que las corporaciones energéticas conocían la magnitud de la tragedia que se avecinaba desde los años 80, y no hicieron nada. Ninguna mano invisible bajó del cielo para hacer que las compañías empezaran a recortar sus emisiones y a realizar la transición hacia fuentes de energía renovables y no contaminantes. Muy al contrario, pisaron el pedal de la polución a fondo. Desde que se creó el Protocolo de Kyoto, allá por 1997, se han generado más del 50% de todas las emisiones antropogénicas de CO2 de la historia. Si en 1987 el 81% de toda la energía del mundo provenía de los combustibles fósiles, treinta años después ese porcentaje es… el 81%. En ese lapso de tiempo, las cuatro mayores compañías energéticas amasaron unos beneficios de más de 2 billones de dólares. Y ahora se aprestan a exigir subvenciones a cambio de transformar su modelo energético. No sólo eso, algunas presumen de ello mientras afean al ciudadano de a pie sus hábitos de consumo.

El coste que supondría acabar con la mayoría de emisiones de gases de efecto invernadero es alto. Se estima que pasar a un modelo energético en el que las energías renovables proveyeran el 80% de la energía costaría unos 15 billones de dólares. En total, la factura resultante de reducir las emisiones netas a cero podría ascender hasta los 50 billones de dólares, según un estudio de Morgan Stanley. Puede parecer una suma extraordinaria, pero palidece ante la cifra de lo que supondría no hacerlo. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Nature, reducir las emisiones hasta alcanzar el objetivo de los Acuerdos de París de mantener la temperatura a 1,5-2º C por encima de niveles preindustriales tendría un coste económico de aquí hasta 2100 de más de 600 billones de dólares, pero no hacer nada (bussiness as usual) supondrá un montante que ascendería hasta los 2.197 billones. Para que se hagan una idea, el PIB mundial es de algo más de 87 billones.

La pregunta que toca hacerse ahora no es si hay que pagar esa cifra por arreglar el entuerto, sino quién debe hacerlo. Las grandes corporaciones no dudarán en usar su influencia para presentarse ante el mundo como la única tabla de salvación ante la catástrofe, hablándonos de cómo sólo el sector privado está capacitado para emprender la ardua tarea de la transición energética. Eso sí, utilizando el discurso de la “responsabilidad compartida” para que los estados les rieguen con dinero en forma de subvenciones públicas, y encima les tendremos que dar las gracias por salvar el planeta. Es insultante.

Quienes se hicieron de oro destruyendo el planeta son quienes deben pagar la factura por arreglar lo que todavía se pueda arreglar. Y sí, tienen el dinero para hacerlo. Según el informe de Riqueza Global de Credit Suisse, el 0,6% más rico del planeta acumula casi el 45% de toda la riqueza. Casi 160 billones de dólares. Más que de sobra para lograr los objetivos propuestos sin dejar de ser los más ricos. Y si no quieren quizá sea hora de que los estados tomen de una vez por todas las riendas y nacionalicen las empresas contaminantes, obliguen a quienes más tienen a pagar sus impuestos y creen una alternativa a ese capitalismo salvaje que amenaza ya no nuestro estilo de vida, sino nuestra mismísima existencia. Es cuestión de vida o muerte, literalmente.

Me gustaría ser optimista. Quiero creer que tal alternativa es posible. Pero mucho me temo que volveremos a caer en la enésima trampa de un capitalismo vestido de verde pero con el corazón negro como el carbón.

Por Ernesto H. Vidal 24/07/2020

Publicado enSociedad
Un planeta saludable, un nuevo derecho humano

Expertos en derecho ambiental y en gobernanza explican que puede suponer que las Naciones Unidas incluya el derecho a un medio ambiente sano dentro de la Carta Universal de Derechos Humanos.

 

Cada hectárea devorada por las motosierras supone una amenaza contra los derechos humanos. Lo mismo ocurre con las partículas de polvo que infectan atmósfera y pulmones; con los bloques de hielo que se desprenden hacia el terrorífico estado líquido; con las especies que se adentran en la extinción; o con los vertidos químicos que terminan en el cauce de los ríos. Así lo entiende el propio relator de la Organización de las Naciones Unidas, David R. Boyd, que hace unos días señaló la necesidad de incluir el "derecho a un planeta sano" en un nuevo artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

"El derecho a un medio ambiente saludable ya proporciona la base para gran parte del progreso que estamos viendo en diferentes naciones de todo el mundo. Lo que tenemos que hacer ahora es aprovechar este momento de crisis ecológica mundial para asegurar el reconocimiento de este derecho por parte de las Naciones Unidas, de modo que todos, en todas partes, se beneficien. El derecho humano a un planeta sano, si es reconocido por todas las naciones, podría ser el derecho humano más importante del siglo XXI", comentaba.

Estas declaraciones han sido recogidas con entusiasmo por algunas organizaciones sociales como BirdLife que, desde hace décadas, llevan advirtiendo de la evidente relación que existe entre la degradación de los entornos naturales y la vulneración de los derechos humanos. Front Line Defenders aporta un dato relevante que apoya esta teoría: el 40% de los 304 activistas que fueron asesinados en 2019 eran defensores de la tierra. Las muertes asociadas a la degradación del planeta no son sólo las de aquellos que, desde la lucha social, se enfrentan a proyectos extractivistas. Tanto es así, que miles de defunciones prematuras tienen que ver con enfermedades que derivan del maltrato que las sociedades dan a los entornos. Cáncer, cardiopatías, accidentes cerebrovasculares o diarreas son algunas de las causas de muerte que se relacionan con la mala calidad del aire, o el mal estado de las aguas. Según la propia Organización Mundial para la Salud (OMS), el 28% de los óbitos globales tienen que ver con cuestiones ambientales.

"El medio ambiente muchas veces se ve cómo algo vinculado a políticas sectoriales y de menor peso frente a la industria o la economía. Sin embargo, se trata de algo transversal y un asunto relacionado con la gobernanza global", opina Juan Carlos Atienza, portavoz de SEO/BirdLife, organización que ha iniciado una recogida de firmas para incluir el derecho a un planeta sano en un nuevo artículo de las Declaración Universal de Derechos Humanos. "El hecho de que se incluya este nuevo derecho, obligará a miles de países a incluirlo en sus leyes y dará una mayor cobertura a aquellos ciudadanos o colectivos que tengan que ir a los tribunales", agrega.

Ana Barreira, directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), señala los beneficios que podría tener este acontecimiento, ya que agilizaría los procedimientos judiciales relacionados con el medio ambiente. "En España, el derecho al medio ambiente sano no está recogido exactamente como un derecho fundamental, sino como un principio rector de la política económica y social, lo que hace que no se pueda alegar la vulneración de este derecho de manera directa, sino que se tienen que utilizar otras vías, lo que retrasa mucho los procedimientos", explica la abogada. Ella misma pone recuerda como el IIDMA interpuso un recurso por la moratoria de Madrid Central que tuvo que basarse en la vulneración del derecho a la integridad física.

El posible nuevo artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, sin embargo, puede servir para dar un mayor amparo legal a las comunidades y sociedades que necesiten denunciar la degradación de sus entorno. Sin embargo, del mismo modo que en muchos lugales se ignorar derechos fundamentales como la libertad de expresión y de prensa, se podrá seguir pasando por alto la protección de los ecosistemas. Es por ello que Barreira hace hincapié en la necesidad de "fortalecer los mecanismos para que se cumplan todos los convenios ambientales".

"Existen herramientas jurídicas y tribunales internacionales, pero hace falta ampliar su capacidad de acción"

"La Carta Universal abarca toda una serie de cuestiones y derechos, culturales, económicos, sociales o religiosos, sin embargo, no se profundiza en cómo se ponen en práctica después", critica Víctor Barro, experto en justicia económica de Amigos de la Tierra. No se trata, a juicio de este experto, de crear nuevas instituciones, sino de potencias los mecanismos de vigilancia sobre los que descansa el multilateralismo de las Naciones Unidas. "Existen herramientas jurídicas y tribunales internacionales, pero hace falta ampliar su capacidad de acción", expone. 

"Los tratados internacionales y las declaraciones universales son vinculantes jurídicamente, pero ¿quién hace el seguimiento de qué se están cumpliendo?", se pregunta la abogada del IIDMA. Buen ejemplo de esta falta de recursos para vigilar es el principio de "quien contamina, paga" que rige en Europa desde 1986 sin tener apenas repercusiones. "Las administraciones no tienen muchos medios para vigilar y, cuando se da con algún caso, se inicia un procedimiento judicial en el que las sentencias se alargan mucho en el tiempo. La Unión Europea legisla muchísimo y crea nuevas normas, pero no se le dedica muchos recursos para vigilar que se cumplen", denuncia.

No en vano, la llegada de este nuevo derecho fundamental supondrá, al menos un elemento más al que la ciudadanía se pueda acoger para denunciar ataques contra ecosistemas y contra la propia vida, además de dar respuesta a multitud de conflictos ambientales que superan las capacidades de los juzgados nacionales. "Muchos de los grandes retos ambientales exceden las fronteras nacionales. El cambio climático o la pérdida de biodiversidad no son problemas que se puedan resolver en solitario o de manera local. Necesitamos, si queremos conservar el medio ambiente, que exista un respaldo global", concluye Atienza.

MADRID

15/07/2020 22:44

Por ALEJANDRO TENA

Publicado enMedio Ambiente
El capitalismo acomoda sus peones ante la crisis sistémica y del trabajo

A pesar de las medidas extraordinarias adoptadas en todo el mundo, con frecuencia de una forma que no tiene precedentes, la crisis de la Covid-19 ha repercutido de forma muy adversa en los mercados laborales y obligará a los encargados de la formulación de políticas a afrontar retos políticos de gran alcance.

Un reciente Informe el Observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que los resultados que se logren en el mercado laboral en el resto de 2020, y en años sucesivos, dependerán de las decisiones que adopten, así como de la evolución de la pandemia en el futuro, y podrían repercutir en el mundo del trabajo a largo plazo.

No todos los países deberán afrontar la misma situación. La gravedad de las dificultades que deban subsanar y los instrumentos y recursos que puedan utilizar al respecto variarán sustancialmente. No obstante, la mayoría de los países tendrán que hacer frente a una serie de dificultades fundamentales, como la armonización de las intervenciones políticas en los planos sanitario, económico y social, a fin de lograr resultados satisfactorios sostenibles para los mercados laborales.

Desde el comienzo de la pandemia ha sido necesario prioriza medidas de contención y erradicación de la propagación del virus y, pese a que ello ha redundado en costos económicos y sociales sustanciales, constituye una condición previa necesaria para impulsar una recuperación sostenible.

Por otro lado, se pide cada vez más a los encargados de la formulación de políticas que establezcan claramente un calendario para la reapertura de los lugares de trabajo y los protocolos sanitarios que deben observarse a tal efecto, y que determinen si se seguirá brindando apoyo a las empresas y a los trabajadores que no pueden retomar su actividad habitual.

La adopción de ese tipo de decisiones es compleja, habida cuenta de los costos que conllevan para los sectores público y privado la prolongación de las restricciones, la inquietud asociada a intervenciones prematuras susceptibles de propiciar una segunda fase de la pandemia y la presión cada vez mayor de la opinión pública.

Por otro lado, la aplicación y el mantenimiento de las intervenciones políticas a la escala necesaria, habida cuenta de que los recursos son cada vez más insuficientes.

El reconocimiento general de la obligación de adoptar «todas las medidas necesarias» para mantener la actividad económica, el empleo, la actividad empresarial y los ingresos a lo largo de la pandemia ha llevado a los gobiernos a fijar objetivos fiscales y monetarios de antemano.

Muchos países tendrán que afrontar un elevado nivel de deuda externa y aplicar medidas políticas monetarias muy restrictivas, aun si la pandemia remitiera en los próximos meses.

Pero los efectos adversos en los mercados de trabajo y la compleja coyuntura económica a escala mundial que se prevé a largo plazo subrayan la necesidad de seguir aplicando políticas que fomenten la recuperación, si bien ello tendrá lugar en condiciones fiscales y monetarias sin precedentes.

Una consolidación fiscal anticipada, como la que siguió a la crisis financiera de 2008-2009, podría conllevar el riesgo de desestabilización de los mercados laborales, ya menoscabados por la covid 19.

La pandemia ha puesto de manifiesto amplias deficiencias y desigualdades en el mundo del trabajo, y las ha acentuado. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores del sector informal, que se encontraban en una situación muy desfavorable antes de que comenzara la crisis, han padecido algunas de sus peores consecuencias.

Por otro lado, ha aumentado la concienciación pública sobre la labor, a menudo compleja e infravalorada, de determinados grupos, en particular los trabajadores de los sectores sanitario y de atención social y los servicios de limpieza, así como los trabajadores domésticos, cuya labor ha sido y sigue siendo primordial para superar la pandemia.

Obviamnte, si no se hace hincapié de forma explícita en la mejora de la situación de los grupos más desfavorecidos y vulnerables, los procesos de recuperación podrían agravar las actuales situaciones de injusticia.

Además, la OIT exhortó al mantenimiento de la solidaridad y del apoyo internacionales, en particular con respecto a los países emergentes y en desarrollo, ya que la respuesta general a la crisis mundial de la Covid-19 se ha caracterizado por una cooperación internacional deficiente: la gran cantidad de recursos utilizados por los países de ingresos elevados para hacer frente a la pandemia no ha estado al alcance de otros países.

Ello ha incidido ampliamente en la capacidad de los países en desarrollo y emergentes para proteger a sus ciudadanos y afrontar la pandemia, lo que a su vez condicionará la evolución de la situación en todos los países en el futuro.

La retórica sobre la necesidad de aplicar medidas de respuesta a escala mundial frente a la crisis de la Covid 19 debe sustituirse por acciones específicas que permitan brindar asistencia a los países que gocen de menor espacio fiscal, en particular mediante la adopción de medidas multilaterales encaminadas a facilitar la financiación y el pago de deuda.

Los debates estériles, una absurdidad dialéctica

Es obvio que la preocupación de la OIT, por advertir sobre las consecuencias nefastas de una determinada realidad no es nuevo. Pero son lo que son, recomendaciones. En realidad el debate se sitúa en otro escenario, entre los partidarios del capitalismo que atribuyen la crisis a la mala gestión de banqueros, gobiernos, empresas, o el Covid 19 el cual piensan superar, a cualquier costo y por el otro los opuestos al capitalismo, que vinculan la crisis a su existencia misma.

El sistema capitalista es caótico, y en su seno conlleva una crisis tras otra, que a su vez sólo aparece a los ojos comunes en el instante en que la gran burguesía empieza a hallar dificultades de rentabilidad y por consecuencia se ahonda la contracara natural de la inmensa riqueza que se genera en el sistema, que en el fondo no es otra que las hambrunas, miserias, precariedad y violencia desquiciante.

El mencionado funeral del capitalismo no puede ser otra cosa que el fin de una época, puesto que lo fracasado no es un orden de desarrollo económico o social sino el fin del desarrollo de un orden conocido. Por ello, toda respuesta o sugerencia a la situación por venir al interior del sistema adquiere caracteres absurdos. Encubrir la crisis, y hacerla ver como un episodio externo al sistema es un éxito de los economistas de la burguesía.

Entre sus defensores hay quienes piensan que es la última de las crisis cíclicas del moderno sistema de explotación, que acabará venciéndola y que incluso lo fortalecerá, no obstante, su extrema gravedad, como en 1929, con una refundación del capitalismo para salvarlo de su sepultura.

Otros sostienen que es la crisis integral y final de ese sistema y que el único modo de salir de ella es establecer el modo de producción, no capitalista de desarrollo. Una visión optimista de quienes piensan que este hundimiento del sistema , este fracaso sistémico, acabará con el capitalismo como por arte de magia: se haría pedazos no tanto por una presión subversiva o revolucionaria sino como resultado de la fractura de su propio organismo.

La crisis del capitalismo es integral por abarcar las crisis financiera, la real cíclica, la energética, la del sector alimentario, la ecológica, la de la agresiva política exterior imperialista, la ideológica, la moral, de gobernabilidad, la del consumismo desenfrenado, la de su conomía política, que mezcla neoliberalismo y recetas de Keynes, antes desechadas. Desde que estas crisis se hicieron una sola, querer examinarlas por separado es el más grave error.

El sistema está diseñado para la acumulación de capital, no para la satisfacción de las necesidades de quienes trabajan. La ganancia es el único motor de la actividad económica, por ello al burgués con virus o sin él, le es indiferente invertir en medicinas, drogas o tráfico de seres humanos; es un negocio como cualquier otro.

El proceso de competencia va ahogando a millones de empresas, concentrando y centralizando la producción para aprovechar economías a escala. Esa es la única forma de fructificar los recursos técnicos para aumentar los beneficios, abaratar los salarios e incrementar la tasa de ganancia.

La realidad nos muestra que a medida que se desarrolla el sistema, agudiza todas sus contradicciones y se muestra más reaccionario y salvaje.

El empleo, especie en vías de extinción en el mundo de las promesas

Antes de la pandemia, la comunidad internacional ya se había comprometido a realizar transformaciones de gran alcance en los procesos de desarrollo a escala mundial. Y también en el mundo del trabajo, a través de la adopción de la Agenda 2030 de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y la Declaración del Centenario de la OIT sobre el futuro del trabajo, respectivamente.

Mientras tanto, la realidad, nos enseña que los trabajadores son echados a la calle por millones, las empresas quiebran por miles, la inflación se dispara y hace imposible la subsistencia. La burguesía con sus órganos propagandísticos se dedica a explicitar subidas y bajadas de la bolsa de valores, lo que muestra la imbecilidad y mistificación ilimitada de ese «análisis».

Tras la superación de la pandemia, en el mundo habrá un mayor nivel de desempleo, desigualdad, pobreza, deuda y frustración política. Ante ello, no queda más que develar la gravedad de la crisis, porqué nos afecta profundamente, entender que no existen salidas capitalistas a la misma.

Y que tampoco hay retorno a la socialdemocracia populista, para salvar un sistema que hace aguas en las crisis ecológicas, energéticas, éticas, alimenticia, cultural, que juntas se arrullan en el cuadro sistémico de la crisis.

Pero por más que le pese a los organismos internacionales plenos de buenas intenciones, no es ni será la burguesía -clase social portadora de la acción de valorización del capital- la que, en su dinámica de acumulación y reproducción de riquezas, favorezca la apertura y creación de espacios.

Por el contrario, frente a las demandas de las clases más oprimidas siempre se ha respondido con violencia y represión. La paradoja es que sin horizonte revolucionario, ¿quien detiene la marcha del capitalismo?.

Por Eduardo Camín | 16/07/2020 |

Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente: http://estrategia.la/2020/07/15/el-capitalismo-acomoda-sus-peones-ante-la-crisis-sistemica-y-del-trabajo/

Publicado enSociedad
Sobre colapsos, ecosocialismos y coronavirus (y II)

En 1988, a instancias de los compañeros “europeístas”, viajé a Estrasburgo para conocer mejor la realidad europea. Querían los compañeros que el presidente de nuestro grupo parlamentario, denominado Comunistas y Asimilados, Gianni Cervetti, me ilustrara sobre la nueva idea que redimiría a Europa. En una cena ad hoc aquel hombre me habló de “la Europa de la igualdad, la de la convergencia social, la Europa de la paz que iba a interponerse entre Estados Unidos y otras potencias”. Una cosa preciosa, rotunda, perfecta. Cuando terminó su exposición le hice la pregunta más elemental: “Todo esto, ¿con quién va a ser posible hacerlo? ¿Con los obreros, con los intelectuales, con los militares… con qué capas sociales?”. Y aquel hombre genial me contestó: “Ah, eso no lo hemos pensado”. Gianni Cervetti estaba vendiendo humo.

Julio Anguita entrevistado por Julio Flor en Contra la ceguera

En la primera parte de este artículo se abordaron las consecuencias de la pandemia del coronavirus (como manifestación del colapso) en colectivos que actúan en conflictos sociales y ecológicos en clave sectorial. En esta segunda parte se analizan en colectivos con perspectiva global.

Cinco aportaciones de la pandemia al conocimiento del colapso

  • • Su naturaleza. La pandemia ha permitido conocer diferentes niveles de gravedad y respuesta según territorios, clases sociales, sistemas políticos, áreas geográficas… Todas comparten características: devastación y muertes focalizadas, personas débiles y/o ya damnificadas entre la mayoría de las víctimas, ausencia de respuestas globales y graves carencias en mecanismos de información e intervención.
  • • El factor sorpresa. La pandemia ha demostrado que un solo elemento, del amplio catálogo de catástrofes activas o potenciales, puede desencadenar una cascada de consecuencias imprevisibles, afectando a la economía, las finanzas, la producción y el consumo de petróleo, los alimentos, los materiales sanitarios básicos, etc. La pandemia no ha sido la única manifestación del colapsodurante estos meses; coincidiendo con la pandemia, y hasta el momento de redactar este artículo, una gigantesca plaga de langostas está destruyendo parte de las cosechas de regiones de diez países de nordeste de África y dos del sudoeste de Asia; el incremento de la intensidad y frecuencia de estas plagas tiene relación con las alteraciones del régimen de lluvias causadas por el cambio climático. Y varios millones de personas podrían morir de hambre en esas zonas en los próximos meses. Para quienes abordábamos el análisis del colapsodesde la visión más mediática (el cambio climático y sus secuelas físicas) o la más oculta (la escasez de energía y sus implicaciones), el factor sorpresa agrega nuevas incertidumbres.
  • • El factor respuesta. Oficialmente, en Europa y parte del mundo estamos ya en la etapa post-pandemia. Estamos en el umbral de otra muestra de sumisión de las instituciones políticas a los intereses de las élites. El dilema personas frente a economíases la manifestación de un conflicto múltiple y más profundo. Cuando los portavoces de las clases dominantes proclaman que la vida es secundaria frente a la economía, invocan sin tapujos la realidad que impera en la periferia del sistema y plantean la exigencia de que las clases acomodadas de los países ricos la asuman completamente; se preparan para el futuro. Mientras, mantienen el discurso oficial del todas y todos.
  • • El factor tiempo. Dos variables, 1) tiempo para que se haga patente la destrucciónen curso y 2) tiempo de reacción socialante la devastación. Pregunta derivada de 1): ¿hay tiempo para mitigar el colapso? Respuesta: no.

Dos ejemplos de ese “no”: el conflicto sobre la velocidad del cambio climático; entre los informes globales y consensuados del IPCC y los informes de centros de investigación locales hay diferencias sobre la aceleración del proceso. La aceleración está reconocida por la ONU, pero los datos sobre liberación de gases retenidos en el permafrost indican que incluso los modelos más alarmantes se quedan cortos. El factor tiempo también se aplica al coronavirus: existe consenso en que no es la primera pandemia del siglo XXI, en que todas surgen de la destrucción de hábitats (algo intrínseco a la lógica del sistema), pero existen conflictos en cuanto a la duración, la evolución o el tiempo que pasará hasta que aparezca la siguiente.

Pregunta derivada de 2): ¿hay tiempo para la reacción social adaptativa al colapso? Respuesta: depende. Las clases dominantes disponen de tiempo y recursos (llevan años preparándose y tienen todo lo necesario, como se ha podido comprobar); las clases acomodadas tienen un cierto margen (según el nivel de recursos), y para las clases subalternas sin recursos casi no hay tiempo. Si se traslada esta cuestión a las llamadas regiones ganadoras o perdedoras por el cambio climático, o a las gradaciones de áreas vulnerables, encontramos la misma respuesta en clave territorial: depende.

  • • El principio de precaución. De lo anterior se deduce que a mayor convicción de que aún se dispone de tiempo para mitigar el colapso, menor posibilidad hay de que se haga algo eficaz. O, a la inversa, que la condición para un trabajo eficaz de resiliencia ante el colapsoes asumir que está sucediendo ya y olvidarse de plazos. Concretemos todo esto desde los enfoques globales.

Respuestas globales

En 1991 se produjo la primera reacción a un colapso global, el ecosocialismo [1], que planteó las implicaciones de la ciencia ecológica en la política y la economía. Más adelante, a mediados de los 2000, mientras la evidencia del cambio climático se abría paso entre los sectores más conscientes de las clases acomodadas, surgieron los decrecimientos [2]. El ecosocialismo y el decrecimiento siguen siendo, aún hoy, social y políticamente minoritarios, aunque están asumidos por la gran mayoría de las numerosas minorías que impugnan el actual sistema.

A partir de 2012, la abrumadora evidencia de la degradación ambiental y el sucesivo vencimiento de los supuestos plazos para frenarla sin obtener resultados tangibles (exceptuando la publicación de una cantidad ingente de documentos, artículos y libros) provocaron que el ecosocialismo y el decrecimiento generasen dos líneas de análisis que comparten diagnóstico: ya no hay tiempo. La adaptación profunda proviene del decrecimiento y el colapsismo marxista, del ecosocialismo. Ambas parten de la necesidad de afrontar la peor hipótesis, es decir, la única razonable.

Consideremos el siguiente texto:

La Revolución ha muerto. El Socialismo moderno ha fracasado y el comienzo de una era post-moderna de colapso civilizatorio y derrumbe social planetario es inevitable. Tal como en el caso de una enfermedad mortal imposible de detener, nada puede impedir este pronto desenlace. Ni la globalización económica, ni la tecnología o la planificación socialista de la economía pueden ya evitar lo que, si se tiene en cuenta la real gravedad que poseen las actuales crisis ecológica y energética, se presenta hoy como ineludible: el pronto colapso de la sociedad contemporánea.

“¡Patrañas! —responderá ante esta afirmación el defensor de la libre competencia—. ¡Solamente necesitamos invertir en nuevas tecnologías!” “¡Derrotismo! —increpará desde la otra vereda el militante marxista—. ¡Esto lo solucionamos con la conquista del poder por los trabajadores!” “¡Determinismo! ¡Un ecosuicidio planetario es ciertamente posible —dirá el ecosocialista—, pero asumir su inevitabilidad es puro pesimismo!” ¡Falta de enfoque! —replicará a su vez el defensor del ‘decrecimiento’—. ¡Un colapso no tiene por qué ser algo negativo, sino que aquel puede ser ‘administrado’ en pos de un modelo alternativo de sociedad, constituyendo entonces una ‘oportunidad’!”

¿Pero es cierto que el peligro de un colapso civilizatorio inminente […] efecto de la combinación catastrófica de las contradicciones […] del sistema capitalista actual y el avance (ya imparable) de la crisis ecológica, energética y los futuros escenarios de sobrepoblación mundial y escasez planetaria de recursos, puede ser conjurado, esto ya sea mediante el desarrollo tecnológico, la implementación de un sistema económico planificado, el ecosocialismo o el impulso de “modelos alternativos” de sociedad basados en el “decrecimiento”?

Parte de este debate tiene lugar entre los grupos políticos de América Latina, escenario de los únicos intentos de corregir desigualdades profundas en este siglo XXI. El texto anterior corresponde a un artículo de marzo de 2019 del historiador y antropólogo marxista chileno Miguel Fuentes [3], el más conocido divulgador del marxismo colapsista. A pesar del esquematismo y ausencia de matices, tiene el mérito de la síntesis.

Para captar los matices que faltan es útil seguir el debate entre Michael Löwy, Antonio Turiel y Miguel Fuentes, desarrollado entre el 14 y el 26 de junio de 2019 (cuya primera y segunda partes se pueden encontrar aquí y aquí). Es ilustrativo el contraste entre las intervenciones breves y evasivas del ecosocialista Löwy, las extensas, agresivas y detalladas respuestas del marxista colapsista Fuentes, y los documentados apuntes del decrecentista Turiel (apoyando con matices a Fuentes). La otra respuesta rupturista, la adaptación profunda, proviene de algunas cátedras universitarias del Norte geopolítico, como veremos más adelante.

Ahora bien, ninguna de las cuatro líneas (ecosocialismo, marxismo colapsista, decrecentismo y adaptación profunda) integra los conflictos derivados de las desigualdades sociales. Su discurso tiene como destinatario al todas y todos. Es la conocida falacia del somos el 99%, que elude el análisis de las clases acomodadas y de unas clases subalternas definidas por la falta de cobertura de las necesidades materiales básicas.

Fatalidad no significa parálisis o impotencia

Variables de la clásica pregunta “¿qué hacer?”. El artículo más difundido de Michael Löwy en los últimos meses (“XIII tesis sobre la catástrofe ecológica y cómo evitarla”) se ciñe al modelo dominante: marco global, recomendaciones genéricas, sin destinatario concreto ni propuestas detalladas; lo mismo sucede, en otro campo, con los cinco principios para la recuperación de nuestra economía y la creación de una sociedad justa del Degrowth New Roots Collective. Como contraste, encontramos la deriva práctica sin reflexión de fondo de Antonio Turiel, en sus apuntes a raíz del coronavirus (“¿Qué puedo hacer yo? II” y su “Hoja de ruta IV”), y las visiones apocalípticas del post-colapso de Miguel Fuentes y sus compañeras y compañeros de web. Ahora bien, para los poderes que mandan sin haber sido elegidos todos esos discursos son humo. Y para quien valore la importancia de las desigualdades sociales también lo son, pero por diferente motivo.

Acotemos algunas variables del “¿qué hacer?” siguiendo la conversación entre Jorge Riechmann, Emilio Santiago Muiño y Jaime Vindel recogida en “Debate ecologista desde la desesperación”; la conversación continúa el 3 y 4 de mayo, cuando Santiago Muiño plantea la inevitable concreción práctica de lo debatido hasta entonces [4]. Ello provoca un apunte de respuesta en el blog de Jorge Riechmann, el 6 de mayo, en el que desarrolla una postura ética. Veamos:

Cuando nos percatamos de que ya no hay tiempo, y no obstante no renunciamos a intentar actuar para evitar lo peor de lo peor, ¿qué hacer? Dos grandes opciones:

  1. a) Hacer como si hubiese tiempo, razonando a partir de la incertidumbre: no tenemos bola de cristal, puede haber más margen de acción del que percibimos, etc. (En mi opinión, por aquí se llega rápidamente a la ilusión de solución).
  2. b) Actuar fuera del tiempo, lo que en la práctica quiere decir: dejar de pensar (al menos parcialmente) en términos de eficacia y hacer lo que se debe porque debemos hacerlo, no porque confiemos en que se logrará el éxito.

[…]

Actuar “fuera del tiempo” tiene además, allende la dimensión moral, una enorme ventaja: permite conectar directamente con las ecoespiritualidades, así tengan base religiosa confesional u otras más laicas. Y esto es importantísimo en un tiempo tan sombrío, tan inductor de desesperanza, como el que vamos a vivir. No me cansaré de recomendar Esperanza activa, el libro de la teórica de sistemas y practicante budista Joanna Macy (junto con Chris Johnstone).

Pero todo no se puede reducir a la disyuntiva entre un a) y un b) con consuelo espiritual para clases acomodadas. Aquí incide la reflexión de Jem Bendell que, a partir del decrecimiento, introduce su agenda de Adaptación Profunda. He aquí un párrafo:

En mi trabajo con estudiantes adultos, he encontrado que invitarles a considerar el colapso como algo inevitable, la catástrofe como algo probable y la extinción como algo posible, no ha llevado a la apatía ni a la depresión. En cambio, en un entorno propicio, en el que hemos disfrutado de la comunidad entre nosotros, hemos honrado a ancestros y disfrutado de la naturaleza antes de pasar a ver esta información y sus posibles planteamientos, sucede algo positivo. He sido testigo de una pérdida de la preocupación por ajustarse al statu quo, y de una nueva creatividad sobre la que centrarse para seguir adelante. A pesar de eso, se produce cierto desconcierto que permanece a lo largo del tiempo, a medida que se intenta encontrar un camino para avanzar en una sociedad donde estas perspectivas son poco comunes. Es importante el intercambio continuo sobre las implicaciones a medida que hacemos la transición en nuestro trabajo y nuestras vidas (p. 20).

Jem Bendell es catedrático de la Universidad de Cumbria (Reino Unido) y el fundador del Instituto de Liderazgo y Sostenibilidad (IFLAS) de esa universidad. Tras varios años participando en eventos de alto nivel para afrontar la crisis ecológica ha acabado siendo crítico sobre su utilidad.

En resumen, la experiencia aportada por la pandemia apoya una actitud de escepticismo frente a los absolutos; la conciencia de un colapso irreversible, presente, cercano e inmediato, no implica escapismo o parálisis, ni abandono de la búsqueda de una respuesta eficaz con la mirada puesta en el tiempo.

Conclusiones

  1. Reducir factores de incertidumbre

Una vez asumida la realidad del colapso, la pregunta es: ¿cómo se materializará? Descartando una catástrofe global tipo guerra nuclear (general o limitada) entre potencias (EE.UU., Rusia, China, India, Pakistán, etc.) cuyas consecuencias son casi imposibles de imaginar, la realidad puesta en evidencia por la pandemia es que las clases dominantes aprovechan el colapso para apuntalar sus intereses geopolíticos. Así pues, afrontar el colapso desde las clases subalternas implica delimitar, concretar y cuantificar impactos territoriales, sectoriales y sociales, que recaen sobre ellas. En el caso más documentado, el del cambio climático, se impone un trabajo de contabilidad de los recursos necesarios para cubrir necesidades básicas [5]. Es el mismo trabajo que se impone en el ámbito de la energía, las materias primas, la reutilización de materiales, etc.; un trabajo en que cada análisis y cada medida se ha de considerar englobando factores como la Tasa de Retorno Energético, las implicaciones de la paradoja de Jevons y el equilibrio producción-destrucción en todo ciclo de materiales, entre otros.

Reducir incertidumbres supone no dar por asegurada la cobertura futura de ninguna de las necesidades básicas actuales, situarse en lo concreto y cuantificable y considerar posibles carencias futuras.

  1. El papel vital del Estado

El trabajo que hay que abordar es, lógicamente, colectivo, y una de las urgencias consiste en mejorar y preservar la función del Estado, como garantía básica de que las necesidades de las clases subalternas podrán ser atendidas. Porque al margen de vuelos imaginativos, más o menos bucólicos, sobre la bondad intrínseca de comunidades de base adaptadas y autosostenibles, o de rancios tópicos neoliberales sobre las rigideces del Estado, las enseñanzas que brindan los casos de Vietnam y Kerala durante la pandemia ilustran lo importante que es disponer de un Estado que garantice y canalice unos mínimos de supervivencia (sin que ello suponga establecer analogías que están fuera de lugar). Y no hay que olvidar el caso del papel clave jugado por el Estado en el colapso provocado por el período especial en Cuba.

Si no existe un Estado plenamente operativo, se llega a lo que desde el discurso dominante llama Estado fallido, es decir, aquel en el que las clases subalternas sufren la violencia arbitraria de grupos armados (mafias o señores de la guerra) mientras las clases dominantes aseguran sus privilegios mediante violencia privada.

  1. El papel vital de la geopolítica

Dejando a un lado la hipótesis bélica global, se impone afrontar el papel de la geopolítica en un doble sentido: como análisis de los recursos de los que debe disponer el Estado para cubrir las necesidades materiales básicas y como análisis de las estrategias de otros estados en la misma línea. Conocer estudios realizados hasta el momento, manteniendo siempre un punto de vista crítico sobre su contenido [6], permite una visión más realista y de conjunto que la que ofrecen los clásicos documentos sobre alternativas sectoriales.

  1. Líneas de incidencia

No vender humo, según el acertado diagnóstico de Julio Anguita que encabeza este artículo, requiere una implicación de todas las partes conscientes del colapso global más allá de los discursos. El nivel de ignorancia sobre el colapso es enorme (basta revisar lo que aún se desconoce del y sobre el coronavirus), y las clases subalternas lo afrontan desde una situación que supera las clásicas —y estériles— discusiones entre las izquierdas sobre la denominada línea correcta. El diagnóstico de Miguel Fuentes, aunque esquemático, contiene un gran fondo de verdad.

Y es que la ausencia de certezas impide discernir un curso de acción correcto que invalide a los otros; la única opción es una reflexión que marque criterios. Desde ese enfoque, tanto el ecosocialismo como el marxismo colapsista, el decrecimiento o la adaptación profunda ofrecen posibilidades de incidencia real, si superan lo que han venido haciendo hasta ahora.

Así que no limitarse a vender humo exige: a) difundir documentos de elaboración y compromiso colectivo, no un agregado de brillantes artículos de opinión o respuestas individuales con adhesiones entre personas afines que lo apoyan, y que ahí quedan; b) ir más allá del nosotras/nosotros y el para todas y todos, definiendo un vosotras/vosotros y un ellas/ellos; c) detallar las denuncias más allá de cómodas generalizaciones, es decir, interpelar con nombres y apellidos a personas responsables y grupos implicados; d) plantear propuestas concretas de adaptación y contención, señalando responsabilidades de personas u organismos para su puesta en práctica, y yendo más allá de la política profesional aunque sin excluirla; e) no limitarse a redactar y publicar manifiestos que ahí quedan, sino hacer que el manifiesto sea el punto de partida de una campaña de seguimiento concreto, tenaz, reiterativa, perseverante en las denuncias y propuestas, evitando denunciar o proponer para retirarse luego, con toda dignidad, a un confortable “ya os lo dije” o al “llevo años explicándolo”; f) plantear todo lo anterior en el marco de los intereses materiales comunes de personas de las clases subalternas, no en un agregado de diversidades fragmentadas; g) incorporar y dar participación, en este proceso de preparación, desarrollo y seguimiento, a personas de dichas clases subalternas, considerando las contradicciones a corto y medio plazo que ello implica.

Incidir es no situarse al margen de la política partidista o institucional y de las y los profesionales que viven de ella, pero no dejarse arrastrar por todo ello. Superar la dualidad entre izquierdas progresistas y derechas reaccionarias, huir de patriotismos o banderas. Significa interpelar desde lo concreto y lo social.

  1. Concreciones y amenazas

Intervenir política y socialmente, tanto si se hace desde los países del centro del sistema como si se hace desde los de la periferia, significa tener presente siempre la reacción hostil de las clases dominantes a todos los niveles. Por tanto, limitarse sólo a reivindicar medidas que deben ser aplicadas por gobiernos y administraciones, sin disponer de sólidos mecanismos de participación e intervención arraigados en las clases subalternas, no tiene recorrido: los casos de Bernie Sanders y su estructura de apoyo y de Jeremy Corbyn y el sabotaje de su estrategia; el aprovechamiento de las desviaciones del gobierno de Bolivia para dar cobertura a nuevos modelos de golpe de Estado; el uso de interpretaciones de la “democracia” y del poder político para blindarse apartando a quienes no apoyan el modelo, los neogolpes de Estado usando a conveniencia interpretaciones de las leyes, etc., son ejemplos de que en el colapso juegan intereses que van mucho más allá de pedagogías inocentes o llamamientos sentimentales a “salvar el planeta”.

Intervenciones

Se trata de superar desconciertos, resistir la presión de las políticas inmediatas que imponen los miles de personas que viven de ella, superar apelaciones al pluralismo o la complejidad como justificación de estrategias para no moverse más allá del confort de las certezas compartidas, y afrontar conflictos que no se limitan al enunciado genérico de vías [7].

Las implicaciones prácticas de la oposición a todo esto son fáciles de imaginar: resistencia a los cambios y discurso de distracción (como se ha comprobado también durante la pandemia), un discurso que se adapta a cada contexto político y social, que no permite traslaciones de experiencias de un país o región a otro.

Desde el ecosocialismo, intervenir significa ir más allá de los manifiestos genéricos y entrar en lo enunciado en el punto 4 de este texto dentro del marco jurídico que corresponda. Desde el colapsismo marxista, intervenir es vincularse a las clases subalternas desarrollando actividades concretas para prevenir o mitigar los impactos del colapso y medios de cubrir variables de supervivencia básica (agua potable, alimento, cobijo, calor, frío, luz, movilidad, información y servicios sanitarios). Desde el decrecimiento, la intervención significa ir más allá de los éxitos, analizar también límites, insuficiencias y errores…, difundirlos y abrirse al debate sobre ellos. Desde la adaptación profunda, intervenir es no limitarse al aspecto espiritual, sino llevarla a la realidad material, mucho más dolorosa y desagradable.

Y, en cada uno de los cuatro ámbitos globales, intervenir significa no cerrarse a los otros tres, debatir abiertamente entre todos, buscar un lenguaje común y entender que, ante el colapso global, no hay certezas, sino sólo aciertos parciales.

Conclusión

La especie humana no va a desaparecer a causa del colapso, pero millones de personas sufren y mueren todos los días en condiciones atroces, y muchas más sufrirán y morirán en tiempos inmediatos. La vida no se va a extinguir a causa del colapso, pero millones de especies y seres vivos serán destruidos. Las condiciones de vida en la Tierra cambiarán a causa del colapso, pero el planeta no se convertirá en inhabitable. Ante esta situación, intervenir significa una cosa diferente para cada persona o colectivo consciente de lo mucho que hay en juego.

Para el autor de este texto significa, ante todo, dejar de publicar y pasar a actuar.

Notas

[1] Ecosocialismo: véanse “El ‘manifiesto ecosocialista’ treinta años después”, de Joaquim Sempere (referido al documento original de 1990) y Joel Kovel y Michael Löwy, “Manifiesto ecosocialista” (2001).

[2] Decrecimiento: tras unas primeras formulaciones pintorescas y provocativas durante los años noventa, por parte de Serge Latouche, se concreta el movimiento internacional Degrowth y es objeto de un tratamiento sistemático y riguroso por parte del economista Tim Jackson en Prosperidad sin crecimiento (Icaria, 2009).

[3] Miguel Fuentes, 9/3/2019. Para una lectura más cómoda (sin inserciones de publicidad), recogido en

http://www.sirenovablesnuclearno.org/zportada/marxcolap/marxcolappresdebat2.html, pero publicado originalmente en https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/09/marxismo-y-colapso-la-ultima-frontera-teorica-y-politica-de-la-revolucion/. Para la deriva catastrofista de brocha gruesa, véase la serie de pinturas Pesadillas, de Zdzisław Beksiński, o The Fall of Rome, de Thomas Coleque, que ilustran algunos de sus textos.

[4] Véase la nota a pie de página n.º 70 del artículo “La crisis del coronavirus como momento del colapso ecosocial”, de Jorge Riechmann.

[5] En el caso del cambio climático la contabilidad implica analizar la documentación existente a nivel de regiones y conectarla con los datos económicos y sociales sobre cobertura de necesidades básicas. Los informes del IPCC y de otras entidades (AEMETRIEMITECO, etc.).

[6] En clave interna se puede comenzar por https://lastrescrisis.blogspot.com/ o https://transecos.files.wordpress.com/2014/04/pedro-garcia-bilbao-geopolc3adtica-peak-oil-colapso-global.pdf, o por “Los españoles ante el cambio climático” (24/9/2019). En tendencias globales, por “Panorama de tendencias geopolíticas horizonte 2040”.

[7] Véanse Carmen Molina Cañadas, “Política agroalimentaria para un mundo saqueado” (2/5/2020), Álvaro García Linera, “Pánico global y horizonte aleatorio” (5/4/2020), y “La crisis del coronavirus como momento del colapso ecosocial” (9/6/2020).

Por Miguel Muñiz Gutiérrez | 11/07/2020

[Miguel Muñiz Gutiérrez mantiene la web sobre energía y colapso http://www.sirenovablesnuclearno.org/]

Publicado enSociedad
La industria del fracking de EU podría enfrentar pérdidas por 300 mil mdd.Foto Ap

Hace dos años expuse el “Fracaso financiero de la Reserva Federal con el Espejismo del fracking” (https://bit.ly/3gbCBqU), lo cual aceleró el C-19 y el insólito desplome a -40 dólares el barril, cuya explicación anticipé en mi libro Los cinco precios del petróleo (https://bit.ly/2VsDzqT).

La quiebra de la industria del caníbal fracking era la crónica de una muerte anunciada mucho antes del C-19 (https://bit.ly/2Vwu9L5).

La excesiva y abusiva financiarización del gas lutita (shale gas) y su fracking caníbal, al unísono de las 190 quiebras que iniciaron en 2010, ahora alcanzaron a la icónica empresa pionera del fracking Chesapeake, con sede en la ciudad de Oklahoma, la cual, según el portal Sputnik, solicitó el amparo del capítulo 11 para lidiar con su quiebra en la Corte del Distrito Sur de Texas, que le permitirá seguir operando a cambio de la restructuración de su balance de pagos (https://bit.ly/31vdefy).

Su excéntrico fundador, Aubrey McClendon, que hizo de Chesapeake el segundo mayor productor de gas natural en EU, fue defenestrado en 2013 y luego de haber sido perseguido judicialmente por licitaciones fraudulentas, murió en un extraño accidente al día siguiente (https://cnb.cx/3igK9dN).

Según la firma contable global Deloitte, la industria del fracking de EU entró a un periodo de "gran compresión (sic) que puede enfrentar pérdidas por 300 mil millones de dólares" y una "ola de quiebras" (https://bit.ly/2NFQIsn).

De acuerdo con Deloitte existen cuatro factores que empujan a la "gran compresión": 1. La Nueva Norma de Tele-Conmutación (sic): "el movimiento a labores remotas con 37 por ciento de los trabajos en EU realizados en el hogar que puede impactar la demanda del transporte asociado"; 2. El Nuevo Orden de los Combustibles: "la convergencia del petróleo con el precio del gas y la fuerza relativa de los precios del gas natural"; 3. La Transición Acelerada de Energía: “los retornos de los proyectos de nueva energía ahora se encuentran al mismo nivel ( at par) con los retornos actuales de las empresas petroleras (del 5 al 10 por ciento), propulsando la transición energética”; y 4. La Evolución del Comercio y las Cadenas de Valor: "la nueva ola potencial de proteccionismo y la reducción de las cadenas de abasto como amenaza al transporte global y a la demanda de combustibles marinos".

Conforme a Deloitte, "la tercera parte de los operadores de gas lutita en EU se encuentran prácticamente insolventes (sic) al precio de 35 dólares el barril, y alrededor de 50 por ciento a 20 dólares el barril".

Se colapsa así toda la industria del caníbal fracking en EU, pese a que la cotización del barril en la variedad WTI rasguña 40 dólares.

A mi juicio, el colapso del caníbal fracking se debe a su enorme endeudamiento, propiciado por la Reserva Federal con el fin geopolítico del sacar del mercado a Rusia y Arabia Saudita.

La Agencia Internacional de Energía anunció que la producción de petróleo de EU se encamina a caer casi un millón de barriles al día este año,con un mayor decaimiento de 280 mil barriles al día para el año entrante debido a "bajos precios del petróleo, una demanda débil y una asequibilidad limitada de almacenamiento".

The Financial Times (28/06/20) revela que Chesapeake, "pionera de la revolución (sic) del gas lutita en EU", no pudo pagar los intereses este mes y que sus bonos que vencen este año fueron comercializados a sólo 5 centavos (sic) de un dólar.

Los "consejeros" para la quiebra de Chesapeake son la firma legal Kirkland & Ellis, Alvarez & Marsal y los bancos de inversiones Rothschild (¡mega-sic!) e Intrepid Financial Partners: extraño banco mercante de reciente creación en 2015.

Desde la derrota de Napoleón en Waterloo hace 205 años, la esclavista banca Rothschild representa la clásica banca carroñera que se beneficia de las tragedias ajenas.

¿Cómo afectará la quiebra de la industria del fracking caníbal de EU a las 10 principales reservas de gas lutita (shale gas) del mundo (https://bit.ly/31w6aiF), entre ellos México: con la Cuenca de Burgos, bajo el dominio catastral del cártel de Los Zetas, y la Cuenca Sabina en Coahuila?

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

Publicado enEconomía
Página 1 de 60