Viralizar la exploración interior y explorar lo viral en tiempos de kairós

Ciertamente vivimos, aunque de formas diferenciadas, una suerte de kairós, a menudo llamado “crisis” con un tono alarmante. Kairós, antiguo dios griego, se distingue de Cronos en que sus poderes hacen alusión a un tiempo cualitativo, imposible de contener en la fragmentación y sucesión cronológica donde nos acostumbramos alojar. Vivir en kairós significa habitar la incertidumbre, allí lo viejo no perece y lo nuevo no ha nacido. Se trata de experimentar eones enteros revueltos en un instante. Cronos suele aparecer como una fuerza avasallante, inevitable, al punto que lo solemos convertir en destino: “debía suceder”. Pero la hiperbolización de Cronos no es nada distinto al engañoso efecto producido por la obliteración cotidiana de Kairós. A fin de cuentas, desde la inmensidad del coliseo romano quién iba a pensar que el imperio no era eterno.

Al habitar el kairós experimentamos un momento sublime. Las categorías del entendimiento intentan capturar, sin éxito, aquello que acontece. No basta un nombre, pero tampoco un saber ni una sola sensación. Todo transcurre como si n vidas vivieran la vida propia,… Y así es. ¿Crisis sanitaria, crisis ecológica, crisis capitalista? Sí y no, eso y mucho más: kairós. De ahí que no necesitemos tecnócratas instruidos o gobernantes iluminados, sino panales u hormigueros de médicos, veterinarios, biólogos, teólogos y chamanes. Kairós, como momento de la experimentación que experimenta de formas desiguales con nos/otros, con lo que hay en nosotros, exige afinar la atención, un poco a la manera del Buda meditativo que, en medio de la vorágine ontológica, encuentra paz. Porque kairós es caos, pero también armonía.

Sin embargo, no se trata de descalzarse y cerrar los ojos en la tranquilidad de nuestro aislado departamento, ya que el Buda, el “iluminado”, puede ser cualquier homeless urbano, selvático, marino o rural. De hecho, a menudo la pobreza económica se ha identificado con la riqueza de espíritu, y también de virus y bacterias. Aquella atención puede exigir quietud o aceleración cinéticas: dime cuál es tu cuerpo y te diré qué política necesitas. El objetivo es acometer desplazamientos en intensidad y no en mera extensión. ¿Qué forma más hábil tendríamos de esquivar cada autoridad, cada voz teorética, por muy práctica que se presente, en tiempos en que los ejércitos de expertos, o legos devenidos expertos, quieren ver el rostro de Cronos en Kairós a través de una crisis incesantemente adjetivada?

Ahora bien, no en virtud de la desapropiación constitutiva de kairós este tiempo presente/ausente, fantasmagórico, deja de ser asimismo crisis. Kairós, como los sofistas ya afirmaban en su época, la cual no deja de ser nuestra, también es el “momento oportuno”. No se medita para alcanzar un nirvana extra-terrestre parecido a un sencillo “morir en paz”, a la manera de los últimos hombres sobre la Tierra, que suelen ser los mismos que fantasean con terraformar Marte y patentar la píldora de la vida eterna, sino con el fin sin teleología de organizar las fuerzas y componer los cuerpos. Kairós puede ser aterrador, pero también fuente inagotable de alegría o esperanza sin espera. No obstante, todo depende del lugar en el que nos encontremos. En el horizonte entonces sobresale una precaución: Buda no quiere huir de su cuerpo hacia un lugar sin lugar y un tiempo uniforme, homogéneo, sino localizar(se) (en) las fuerzas que lo recorren y desbordan, allí donde esté, sea cruzado de piernas sobre la alfombra mágica o pedaleando como domiciliario expuesto a las inclemencias del tiempo, es decir, a la contaminación de los cuerpos que para él o ella no podrán llamarse nunca “ajenos”.

Te propongo, así, sin más, un viaje al centro de la Tierra allí donde te encuentres,… En tiempos de kairós.

Margarita Porete, mística beguina de finales del siglo XIII, fue asesinada por la Iglesia Católica tras haber hecho un viaje al centro de la Tierra, o luego de percatarse, afectivamente, de que el verdadero mensaje de Cristo no es otro que el de la mundanidad de Dios. Porete descubrió, a través de sus prácticas cotidianas, que todo lo existente, cualquier ente, humano o no, es expresión de una misma substancia divina, de una misma fuente de vida. La vida eterna siempre ha estado “bajo nuestros pies”, Dios ha sido el nombre imperfecto para esa energía común, inagotable, que se expresa infinitamente de diversos modos, en diversos cuerpos. Primera ley de la termodinámica. Nuestra muerte es la vida de otros, es expresión del devenir de una Vida sin nombre ni finalidad, pero perfecta, armónica en su andar. El Buda y los viajes chamánicos lo confirman: somos el fluir del agua, el águila sobrevolando y el jaguar acechando. La vitalidad, la potencia de nuestros cuerpos es solo una cantidad intensiva de la energía infinita de Dios, que en Porete vendría a ser lo mismo que decir “Tierra”.

Substancialmente hablando, todos los existentes, trátese de máquinas, humanos, cristales, virus, hongos o bacterias, somos expresión de un mismo impulso vital. La Tierra, esa Diosa de Porete, es a la vez caos y cosmos, orden y desorden. Nuestro viaje al centro de la Tierra nos permite percibir sus múltiples estratos infinitesimalmente organizados, pero también su necesaria esquizofrenia que todo lo revuelve, despedaza y pone a aparear. La Tierra es la Gran Sodomita Universal que pone en contacto reinos disímiles, que nos recuerda constantemente la farsa llamada “identidad”. Antonin Artaud, el actor de la Vida y poeta demente, propuso un nombre para esa Vida que nos vive, para ese cuerpo no endurecido que también somos: CsO o “cuerpo sin órganos”. Años más tarde un par de muchachos franceses popularizarán la idea de Dios o la Tierra como gran CsO, a la par que una abuela yanqui comenzará a pensar lo que luego llamaría Chthuluceno: ese espacio a/morfo, rizomático o tentacular donde todo lo existente se des/compone, a la manera de un baile eterno o del fuego de Heráclito que no cesa de jugar consigo mismo.

Pero basta de referencias grandilocuentes, esta es nuestra primera y última estación de viaje. Nadie logrará arrebatárnosla. Las indicaciones, como es de esperarse, se vuelven confusas. En kairós no se sabe sobre qué estrato de la Tierra nos hallamos. Somos niños vagabundos en busca de un hogar perdido. Gamines ontológicos. Sin embargo, una vez alcanzada la demencia o esquizofrenia característica de la meditación del Buda, es posible discernir cada estrato imbricado sobre el otro en la Gran Sodomita Universal:

El estrato físico-químico, con moléculas jugando y librando batallas entre ellas, componiendo y descomponiendo preciosos cristales.

El estrato orgánico, con sus danzas incansables entre nucleótidos (ADN y ARN) y aminoácidos, fuente de las proteínas y, por ende, néctar de la organización de toda la vida biológica sobre la Tierra.

El estrato aloplástico o antropomorfo, esa suerte de tecnoceno caracterizado por ser una fuerza capaz de modificar radicalmente su medio, su exterior, a través de lo que a menudo se denomina lenguaje y técnica, cuestión que se suele identificar con lo humano, pero lo cierto es que lo humano y lo no humano son quienes lo habitan, aunque a veces lo humano pretenda pastorearlo o domesticarlo.

Y en medio de esa pretensión se forman otros dos estratos: el faloceno y, según enseña Cronos, el más reciente capitaloceno.

Si no poseyéramos la distinción y claridad del Buda confundiríamos los estratos aloplástico, faloceno y capitaloceno con el llamado “Antropoceno” o Época del Hombre, en la cual una indiferenciada humanidad ha devenido fuerza geológica (¡¿cuándo no lo ha sido?!). Tampoco podríamos discernir que todo acontece en el gran Cuerpo sin Órganos de la Tierra y reintroduciríamos las envejecidas dicotomías naturaleza/cultura, humano/animal, masculino/femenino y otras aberraciones “antinaturales” por el estilo que, como demonios espectrales, no dejan de condicionar nuestras vidas diarias. Porque, en efecto, esa naturaleza que no es la Tierra se tiende a ver como una fuerza arrolladora que castiga al ser humano dado su brío posesivo y dominador. ¿No suena esto a un típico castigo del Dios Padre judeo-cristiano, pero invertido? “Pachamama, no los perdones porque saben lo que hacen”, así reza la inversión perfecta, la voluntad agustiniana del siglo XXI, el neoconservadurismo de todos los días. No, los desastres “naturales”, virus y bacterias no son la expresión de una madre colérica ante la rebeldía de sus hijos. Madre que en realidad es la madre del Padre, su contracara o envés.

Tomemos el caso de un virus, uno cualquiera, sin corona ni soberanía. Un virus es la máxima expresión del cruce entre los estratos físico-químico y orgánico en el CsO de la Tierra. No se encuentra ni vivo (orgánicamente hablando) ni muerto. No es una célula, pero tampoco un cristal. Es información (ADN o ARN) en continua mutación con una protoestructura lipídica (grasosa) y de proteínas, esencialmente obtenida de las células a partir de las cuales se replica. Los virus son los culpables, en buena parte, de la diversidad genética que compone los cuerpos orgánicos, sean humanos o no, lo cual ha posibilitado, a su vez, su adaptación. No son existencias arcaicas, fósiles vivientes, sino acorazados paquetes de información que respetan algunos de los principios de la biología evolutiva sin ser entes orgánicamente vivos.

Los virus no son “parásitos”, como los biólogos acostumbran interpretar. Desde el punto de vista de cada virus, él simplemente busca componer su cuerpo con el cuerpo de cierta célula para replicar nuevos cuerpos que, a su vez, difieren de sí mismos. Algunas células rechazan la cópula sodomita, pero otras no se resisten a sus encantos, frenan la apoptosis (muerte programada) y hacen un cuerpo común. A través de ese nuevo cuerpo viro-celular la célula se reproduce y los virus se replican o iteran, es decir, se alteran en la continua repetición. En el caso del virus rey por estos días, el coronavirus SARS-CoV-2, esos nuevos cuerpos resultan entrar en relaciones de descomposición con los demás cuerpos que componen el cuerpo humano, pero no necesariamente es así. Los virus han sido para los humanos, al igual que las bacterias (por ejemplo, las que constituyen la flora bacteriana), fuente de potencia, de vitalidad. El baile de la Vida es en buena parte impredecible, pero sin el caos no habría cosmos posible.

Ahora bien, ¿qué cuerpos mueren y qué cuerpos sobreviven a las bacanales entre el Sars-CoV-2 y las células que no se resisten a su llamado de amor? Cuerpos con particularidades físico-químicas y orgánicas, por supuesto, pero también aloplásticas, falocénicas y capitalocénicas. El Sars-CoV-2 no se replica solo en dos estratos, lo hace en un mundo donde los animales llamados silvestres y domésticos se producen y circulan guiados por la ley del Capital, que no es otra cosa que la continua reorganización de cuerpos y de límites entre la vida y la muerte dada la prisa por inaugurar nuevos ciclos de acumulación o proliferación indefinida de valor. En otras palabras, el Sars-CoV-2 no se puede abstraer de los dispositivos especistas que actualmente se encuentran al servicio del Capital y que tienen un papel activo en la proliferación de esta y muchas otras epidemias y pandemias: “gripe porcina”, “gripe aviar”, “vacas locas” (causada por priones), Ébola, VIH, etc. Pero tampoco se puede abstraer del faloceno o estrato patriarcal, el cual inauguró, de diversos modos, la producción de “naturalezas baratas” y la posibilidad de su posesión, empezando por los cuerpos de las mujeres y extendiéndose a todos los seres históricamente “naturalizados”: niños, indígenas, proletarios, dementes, perversos, lumpen, animales, plantas, ríos y bosques. Faloceno y Capitaloceno son los estratos de Dios Padre, en ellos mueren prematuramente, sobre todo, los de siempre, y se genera la ficción de que las propiedades aloplásticas (técnicas) no son sino instrumentos para el control de la Tierra. No es casual, pues, que las tecnologías de disciplinamiento y control adquieran un papel protagónico en estos tiempos de “crisis”.

Este viaje, de repente, se ha tornado demasiado largo, algo pesado y tedioso, temo no poder retornar. Ya no estoy en capacidad de continuar. La voz teórica se empieza a apropiar de la experiencia en medio del kairós y de eso ya tenemos bastante, lo cual está muy bien. Te propongo que inicies tu propio viaje al centro de la Tierra, y que juntos organicemos las fuerzas y compongamos las alegrías para el presente por-venir.

*Una Anémona de Mar, Año 0 d.C.

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

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Viralizar la exploración interior y explorar lo viral en tiempos de kairós

Ciertamente vivimos, aunque de formas diferenciadas, una suerte de kairós, a menudo llamado “crisis” con un tono alarmante. Kairós, antiguo dios griego, se distingue de Cronos en que sus poderes hacen alusión a un tiempo cualitativo, imposible de contener en la fragmentación y sucesión cronológica donde nos acostumbramos alojar. Vivir en kairós significa habitar la incertidumbre, allí lo viejo no perece y lo nuevo no ha nacido. Se trata de experimentar eones enteros revueltos en un instante. Cronos suele aparecer como una fuerza avasallante, inevitable, al punto que lo solemos convertir en destino: “debía suceder”. Pero la hiperbolización de Cronos no es nada distinto al engañoso efecto producido por la obliteración cotidiana de Kairós. A fin de cuentas, desde la inmensidad del coliseo romano quién iba a pensar que el imperio no era eterno.

Al habitar el kairós experimentamos un momento sublime. Las categorías del entendimiento intentan capturar, sin éxito, aquello que acontece. No basta un nombre, pero tampoco un saber ni una sola sensación. Todo transcurre como si n vidas vivieran la vida propia,… Y así es. ¿Crisis sanitaria, crisis ecológica, crisis capitalista? Sí y no, eso y mucho más: kairós. De ahí que no necesitemos tecnócratas instruidos o gobernantes iluminados, sino panales u hormigueros de médicos, veterinarios, biólogos, teólogos y chamanes. Kairós, como momento de la experimentación que experimenta de formas desiguales con nos/otros, con lo que hay en nosotros, exige afinar la atención, un poco a la manera del Buda meditativo que, en medio de la vorágine ontológica, encuentra paz. Porque kairós es caos, pero también armonía.

Sin embargo, no se trata de descalzarse y cerrar los ojos en la tranquilidad de nuestro aislado departamento, ya que el Buda, el “iluminado”, puede ser cualquier homeless urbano, selvático, marino o rural. De hecho, a menudo la pobreza económica se ha identificado con la riqueza de espíritu, y también de virus y bacterias. Aquella atención puede exigir quietud o aceleración cinéticas: dime cuál es tu cuerpo y te diré qué política necesitas. El objetivo es acometer desplazamientos en intensidad y no en mera extensión. ¿Qué forma más hábil tendríamos de esquivar cada autoridad, cada voz teorética, por muy práctica que se presente, en tiempos en que los ejércitos de expertos, o legos devenidos expertos, quieren ver el rostro de Cronos en Kairós a través de una crisis incesantemente adjetivada?

Ahora bien, no en virtud de la desapropiación constitutiva de kairós este tiempo presente/ausente, fantasmagórico, deja de ser asimismo crisis. Kairós, como los sofistas ya afirmaban en su época, la cual no deja de ser nuestra, también es el “momento oportuno”. No se medita para alcanzar un nirvana extra-terrestre parecido a un sencillo “morir en paz”, a la manera de los últimos hombres sobre la Tierra, que suelen ser los mismos que fantasean con terraformar Marte y patentar la píldora de la vida eterna, sino con el fin sin teleología de organizar las fuerzas y componer los cuerpos. Kairós puede ser aterrador, pero también fuente inagotable de alegría o esperanza sin espera. No obstante, todo depende del lugar en el que nos encontremos. En el horizonte entonces sobresale una precaución: Buda no quiere huir de su cuerpo hacia un lugar sin lugar y un tiempo uniforme, homogéneo, sino localizar(se) (en) las fuerzas que lo recorren y desbordan, allí donde esté, sea cruzado de piernas sobre la alfombra mágica o pedaleando como domiciliario expuesto a las inclemencias del tiempo, es decir, a la contaminación de los cuerpos que para él o ella no podrán llamarse nunca “ajenos”.

Te propongo, así, sin más, un viaje al centro de la Tierra allí donde te encuentres,… En tiempos de kairós.

Margarita Porete, mística beguina de finales del siglo XIII, fue asesinada por la Iglesia Católica tras haber hecho un viaje al centro de la Tierra, o luego de percatarse, afectivamente, de que el verdadero mensaje de Cristo no es otro que el de la mundanidad de Dios. Porete descubrió, a través de sus prácticas cotidianas, que todo lo existente, cualquier ente, humano o no, es expresión de una misma substancia divina, de una misma fuente de vida. La vida eterna siempre ha estado “bajo nuestros pies”, Dios ha sido el nombre imperfecto para esa energía común, inagotable, que se expresa infinitamente de diversos modos, en diversos cuerpos. Primera ley de la termodinámica. Nuestra muerte es la vida de otros, es expresión del devenir de una Vida sin nombre ni finalidad, pero perfecta, armónica en su andar. El Buda y los viajes chamánicos lo confirman: somos el fluir del agua, el águila sobrevolando y el jaguar acechando. La vitalidad, la potencia de nuestros cuerpos es solo una cantidad intensiva de la energía infinita de Dios, que en Porete vendría a ser lo mismo que decir “Tierra”.

Substancialmente hablando, todos los existentes, trátese de máquinas, humanos, cristales, virus, hongos o bacterias, somos expresión de un mismo impulso vital. La Tierra, esa Diosa de Porete, es a la vez caos y cosmos, orden y desorden. Nuestro viaje al centro de la Tierra nos permite percibir sus múltiples estratos infinitesimalmente organizados, pero también su necesaria esquizofrenia que todo lo revuelve, despedaza y pone a aparear. La Tierra es la Gran Sodomita Universal que pone en contacto reinos disímiles, que nos recuerda constantemente la farsa llamada “identidad”. Antonin Artaud, el actor de la Vida y poeta demente, propuso un nombre para esa Vida que nos vive, para ese cuerpo no endurecido que también somos: CsO o “cuerpo sin órganos”. Años más tarde un par de muchachos franceses popularizarán la idea de Dios o la Tierra como gran CsO, a la par que una abuela yanqui comenzará a pensar lo que luego llamaría Chthuluceno: ese espacio a/morfo, rizomático o tentacular donde todo lo existente se des/compone, a la manera de un baile eterno o del fuego de Heráclito que no cesa de jugar consigo mismo.

Pero basta de referencias grandilocuentes, esta es nuestra primera y última estación de viaje. Nadie logrará arrebatárnosla. Las indicaciones, como es de esperarse, se vuelven confusas. En kairós no se sabe sobre qué estrato de la Tierra nos hallamos. Somos niños vagabundos en busca de un hogar perdido. Gamines ontológicos. Sin embargo, una vez alcanzada la demencia o esquizofrenia característica de la meditación del Buda, es posible discernir cada estrato imbricado sobre el otro en la Gran Sodomita Universal:

El estrato físico-químico, con moléculas jugando y librando batallas entre ellas, componiendo y descomponiendo preciosos cristales.

El estrato orgánico, con sus danzas incansables entre nucleótidos (ADN y ARN) y aminoácidos, fuente de las proteínas y, por ende, néctar de la organización de toda la vida biológica sobre la Tierra.

El estrato aloplástico o antropomorfo, esa suerte de tecnoceno caracterizado por ser una fuerza capaz de modificar radicalmente su medio, su exterior, a través de lo que a menudo se denomina lenguaje y técnica, cuestión que se suele identificar con lo humano, pero lo cierto es que lo humano y lo no humano son quienes lo habitan, aunque a veces lo humano pretenda pastorearlo o domesticarlo.

Y en medio de esa pretensión se forman otros dos estratos: el faloceno y, según enseña Cronos, el más reciente capitaloceno.

Si no poseyéramos la distinción y claridad del Buda confundiríamos los estratos aloplástico, faloceno y capitaloceno con el llamado “Antropoceno” o Época del Hombre, en la cual una indiferenciada humanidad ha devenido fuerza geológica (¡¿cuándo no lo ha sido?!). Tampoco podríamos discernir que todo acontece en el gran Cuerpo sin Órganos de la Tierra y reintroduciríamos las envejecidas dicotomías naturaleza/cultura, humano/animal, masculino/femenino y otras aberraciones “antinaturales” por el estilo que, como demonios espectrales, no dejan de condicionar nuestras vidas diarias. Porque, en efecto, esa naturaleza que no es la Tierra se tiende a ver como una fuerza arrolladora que castiga al ser humano dado su brío posesivo y dominador. ¿No suena esto a un típico castigo del Dios Padre judeo-cristiano, pero invertido? “Pachamama, no los perdones porque saben lo que hacen”, así reza la inversión perfecta, la voluntad agustiniana del siglo XXI, el neoconservadurismo de todos los días. No, los desastres “naturales”, virus y bacterias no son la expresión de una madre colérica ante la rebeldía de sus hijos. Madre que en realidad es la madre del Padre, su contracara o envés.

Tomemos el caso de un virus, uno cualquiera, sin corona ni soberanía. Un virus es la máxima expresión del cruce entre los estratos físico-químico y orgánico en el CsO de la Tierra. No se encuentra ni vivo (orgánicamente hablando) ni muerto. No es una célula, pero tampoco un cristal. Es información (ADN o ARN) en continua mutación con una protoestructura lipídica (grasosa) y de proteínas, esencialmente obtenida de las células a partir de las cuales se replica. Los virus son los culpables, en buena parte, de la diversidad genética que compone los cuerpos orgánicos, sean humanos o no, lo cual ha posibilitado, a su vez, su adaptación. No son existencias arcaicas, fósiles vivientes, sino acorazados paquetes de información que respetan algunos de los principios de la biología evolutiva sin ser entes orgánicamente vivos.

Los virus no son “parásitos”, como los biólogos acostumbran interpretar. Desde el punto de vista de cada virus, él simplemente busca componer su cuerpo con el cuerpo de cierta célula para replicar nuevos cuerpos que, a su vez, difieren de sí mismos. Algunas células rechazan la cópula sodomita, pero otras no se resisten a sus encantos, frenan la apoptosis (muerte programada) y hacen un cuerpo común. A través de ese nuevo cuerpo viro-celular la célula se reproduce y los virus se replican o iteran, es decir, se alteran en la continua repetición. En el caso del virus rey por estos días, el coronavirus SARS-CoV-2, esos nuevos cuerpos resultan entrar en relaciones de descomposición con los demás cuerpos que componen el cuerpo humano, pero no necesariamente es así. Los virus han sido para los humanos, al igual que las bacterias (por ejemplo, las que constituyen la flora bacteriana), fuente de potencia, de vitalidad. El baile de la Vida es en buena parte impredecible, pero sin el caos no habría cosmos posible.

Ahora bien, ¿qué cuerpos mueren y qué cuerpos sobreviven a las bacanales entre el Sars-CoV-2 y las células que no se resisten a su llamado de amor? Cuerpos con particularidades físico-químicas y orgánicas, por supuesto, pero también aloplásticas, falocénicas y capitalocénicas. El Sars-CoV-2 no se replica solo en dos estratos, lo hace en un mundo donde los animales llamados silvestres y domésticos se producen y circulan guiados por la ley del Capital, que no es otra cosa que la continua reorganización de cuerpos y de límites entre la vida y la muerte dada la prisa por inaugurar nuevos ciclos de acumulación o proliferación indefinida de valor. En otras palabras, el Sars-CoV-2 no se puede abstraer de los dispositivos especistas que actualmente se encuentran al servicio del Capital y que tienen un papel activo en la proliferación de esta y muchas otras epidemias y pandemias: “gripe porcina”, “gripe aviar”, “vacas locas” (causada por priones), Ébola, VIH, etc. Pero tampoco se puede abstraer del faloceno o estrato patriarcal, el cual inauguró, de diversos modos, la producción de “naturalezas baratas” y la posibilidad de su posesión, empezando por los cuerpos de las mujeres y extendiéndose a todos los seres históricamente “naturalizados”: niños, indígenas, proletarios, dementes, perversos, lumpen, animales, plantas, ríos y bosques. Faloceno y Capitaloceno son los estratos de Dios Padre, en ellos mueren prematuramente, sobre todo, los de siempre, y se genera la ficción de que las propiedades aloplásticas (técnicas) no son sino instrumentos para el control de la Tierra. No es casual, pues, que las tecnologías de disciplinamiento y control adquieran un papel protagónico en estos tiempos de “crisis”.

Este viaje, de repente, se ha tornado demasiado largo, algo pesado y tedioso, temo no poder retornar. Ya no estoy en capacidad de continuar. La voz teórica se empieza a apropiar de la experiencia en medio del kairós y de eso ya tenemos bastante, lo cual está muy bien. Te propongo que inicies tu propio viaje al centro de la Tierra, y que juntos organicemos las fuerzas y compongamos las alegrías para el presente por-venir.

*Una Anémona de Mar, Año 0 d.C.

 

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Publicado enEdición Nº267
Greenpeace alerta del aumento del riesgo de transmisión de enfermedades por la destrucción ambiental

Entre los años 2001 y 2018 la cubierta arbórea se ha reducido un 9%, con la pérdida de 361 millones de hectáreas, según los datos del observatorio Global Forest Watch. Una destrucción de ecosistemas que está acelerando la sexta extinción masiva de especies, con más de un millón de especies en peligro de extinción, como alertaba hace más de un año la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) de Naciones Unidas.

Esa destrucción de la biosfera, cuyas consecuencias en cadena derivan en la aniquilación de grupos de especies completas, además de suponer la emisión a la atmósfera 98,7 gigatoneladas de dióxido de carbono que en nada ayudan a frenar la emergencia climática, tiene consecuencias en la vida microscópica que afecta a los humanos, virus y bacterias incluidas.

La tala y la deforestación, en particular en los bosques tropicales de la Amazonia y la Cuenca del Congo, con una biodiversidad muy superior a la media del planeta, está permitiendo que los seres humanos entren en contacto con poblaciones de fauna silvestre portadoras de virus, bacterias y otros microorganismos (patógenos zoonóticos) a los que generalmente no habían estado expuestos. Así lo advierte Greenpeace, una organización que añade que “el deterioro ambiental está agravando la permanencia entre la población de estas enfermedades zoonóticas, al mismo tiempo que se espera que la deforestación aumente los brotes de enfermedades zoonóticas”.

“Si no asumimos el valor de los servicios que nos ofrecen los ecosistemas, la necesidad de gestionar correctamente los recursos naturales y el hecho de que vivimos en un planeta con límites biofísicos, nos veremos abocados a crisis cada vez más frecuentes y más severas, a las que pondremos el adjetivo de sanitarias, climáticas o migratorias, pero que tienen como elemento común un problema sistémico”, expone Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

El 58% de las enfermedades infecciosas proceden de los animales; así como el 73% de los patógenos emergentes o reemergentes. “Más de dos tercios de esas patologías se originan en la fauna silvestre y, en el último medio siglo, se ha producido un gran aumento de las enfermedades emergentes que se han atribuido a la invasión humana del hábitat, en particular en los ‘puntos calientes’ de las enfermedades en las regiones tropicales”, indican desde Greenpeace. 

Además, un estudio afirma que alrededor del 30% de los brotes de enfermedades nuevas y emergentes, como los virus Nipah, Zika y el Ébola, están relacionados con estos cambios de uso de la tierra realizado por el ser humano.

Soja, palna, ganadería e industria

Los principales motores actuales de deforestación global son la transformación de bosques en cultivos, especialmente grandes áreas de monocultivos de plantas como la soja o la palma aceitera para las industrias alimenticia y de biocomubustibles, pero también para otras producciones industriales como el caucho o la pasta de papel; la creación de pastos para ganado a costa de inmensas zonas arbóreas; y la explotación maderera.

El modelo de consumo incide especialmente en esta problemática. “El sector cárnico español, de manera especial la ganadería estabulada en régimen intensivo, demanda gran cantidad de piensos, para los que es necesario importar ingentes cantidades de soja”, denuncian desde Greenpeace. España es líder en la producción de piensos ganaderos y en importación de soja dentro de la UE, con un un 40% de la soja importada en 2017 perocedente de Brasil y un 32% de Argentina, países afectados por intensos procesos de deforestación, precedidos por la quema de la selva. 

Según fuentes del sector de fabricación de piensos, recogidas en el informe Enganchados a la Carne, publicado por Greenpeace España en junio de 2019, una tonelada de esa soja se ha importado con un certificado de sostenibilidad. Asimismo, la organización añade que, el pasado mes de febrero, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dio a conocer los resultados de una investigación del Seprona donde se ponía de manifiesto la complicidad del sector de la madera en España con los graves problemas de la tala ilegal y el contrabando mundial de maderas preciosas.

21 marzo 2020 

Este material se comparte con autorización de El Salto

Publicado enMedio Ambiente
Barrios en Mumbai. Foto cortesía de @johnny_miller_photography

Un nuevo estudio de la Universidad de Leeds calcula la distribución de la huella energética entre distintos países y grupos de ingresos.

En tiempos de crisis climática -y en estos momentos, sanitaria- los que más sufren son los que menos responsables del desastre y los que menos recursos tienen. La energíael sector que más contribuye en España al calentamiento global de la atmósfera, es el ejemplo perfecto para mostrar la enorme disparidad entre los que más tienen y los que menos: el 10% más rico consume aproximadamente 20 veces más energía que el 10% más pobre.

Así lo concluye un estudio publicado este lunes en la revista científica Nature Energy. Realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Leeds, combinaron los datos de la Unión Europea y del Banco Mundial para calcular la distribución de las huellas energéticas y conocer en qué bienes y servicios de alto consumo energético tienden a gastar su dinero los diferentes grupos de ingresos. En total, se analizaron 86 países, desde los muy industrializados hasta los que están en vías de desarrollo, revelando una extrema disparidad en los resultados, tanto dentro de los países como a nivel mundial.

A medida que aumentan los ingresos, apunta el estudio, la gente gasta más de su dinero en bienes de alto consumo energético, como paquetes de vacaciones o vehículos, lo que conduce a una gran desigualdad energética. En este sentido, los autores hallaron que el 10% más rico de los consumidores con más recursos utilizan 187 veces más energía de combustible para vehículos que el 10% más pobre.

Enorme brecha energética en el transporte

Aunque las desigualdades son patentes en todos los sectores de consumo, es en el transporte donde se hace más evidente. Según la investigación, el 10% de los consumidores más ricos usaron más de la mitad de la energía relacionada con la movilidad, estando la gran mayoría basada en combustibles fósilesEstos últimos generan el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas a nivel global. En cuanto a aquellos combustibles usados en el hogar, ya sea para cocinar, la calefacción o la electricidad, se distribuyen de forma mucho más equitativa: el 10% más rico consume aproximadamente un tercio del total.

«Sin reducir la demanda de energía» de sectores como el transporte, «ya sea mediante gravámenes a los viajeros frecuentes, la promoción del transporte público y la limitación del uso de vehículos privados, o la tecnología alternativa como los vehículos eléctricos, el estudio sugiere que a medida que los ingresos y la riqueza mejoren, nuestro consumo de combustibles fósiles en el transporte se disparará», señala Yannick Oswald, autor principal del estudio. En el caso de la calefacción y la electricidad, el estudio apunta a que podría reducirse mediante programas de inversión pública a gran escala para la rehabilitación de viviendas.

Desigualdad energética entre países

El estudio pone también en relieve la distribución desigual de la huella de energía entre los distintos países analizados. Mientras que el 20% de los población española y británica pertenece al 5% de los principales consumidores de energía, en Alemania esta cifra asciende hasta el 40%, y en el caso de Luxemburgo al 100%. Estos datos contrastan con los de China, donde sólo el 2% de la población está en ese 5%, y con lo de India, donde la cifra se sitúa en el 0,02% de la población.

Estas grandes diferencias se hace aún más palpables al constatar que el 20% más pobre de la población del Reino Unido sigue consumiendo más de cinco veces más energía por persona que el 84% más pobre de la India. 

Asegurar una transición energética justa

Durante la última Cumbre de Clima celebrada en Madrid, un informe de Oxfam Intermon ponía en evidencia cómo la desigualdad extrema y la crisis climática van de la mano, siendo imposible entender la una sin la otra. Así, la investigación señalaba que solo el 10% más rico del planeta es 60 veces más responsable de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera que el 10% más pobre. En el caso de España, las emisiones por consumo del 10% de los hogares más ricos superan en 2,3 veces las del 10% más pobre.

En esta línea se manifiesta la doctora Anne Owen, coautora de la investigación. «El crecimiento y el aumento del consumo siguen siendo objetivos centrales de la política y la economía actuales», afirma. Para ella, «la transición a una energía con cero emisiones de carbono se verá facilitada por la reducción de la demanda, lo que significa que los principales consumidores desempeñarán un papel importante en la reducción de su consumo excesivo de energía».

Desde el equipo investigador advierten de que si no se reducen el consumo y no se realizan intervenciones políticas de calado, para 2050 -cuando el mundo debe alcanzar la neutralidad de emisiones- la huella de energía podría duplicarse con respecto a las de 2011, aunque mejore la eficiencia energética.

En esta línea, podría haber un aumento del 31% del consumo atribuido sólo al combustible de los vehículos, y otro 33% a la calefacción y la electricidad. Si el transporte sigue dependiendo de los combustibles fósiles, «este aumento sería desastroso para el clima«, señala el estudio.

Otra de las autoras del estudio, la profesora de Ecología Social y Economía Ecológica Julia Steinberger, incide en la idea de adoptar medidas detalladas sobre esta desigualdad para garantizar una transición energética equitativa y justa. Por ello, apunta a la necesidad de «considerar seriamente» el hecho de cómo «cambiar la distribución sumamente desigual del consumo mundial de energía y hacer frente al dilema de proporcionar una vida decente para todos y al mismo tiempo proteger el clima y los ecosistemas». 

Si bien es crucial pensar en términos de emisiones para la mitigación del cambio climático, esto pasa a ser secundario cuando se piensa en los niveles de vida, remarcan los autores.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/el-10-mas-rico-consume-aproximadamente-20-veces-mas-energia-que-el-10-mas-pobre/

Por Eduardo Robaina | 17/03/2020

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Miércoles, 04 Marzo 2020 06:13

En guerra con la vida

Descontaminación de algodón en una hilandería en India.

Cuanto de forma más veloz se destruyen y se ponen en riesgo las bases materiales que sostienen la vida, más sanas están las economías

Los informaciones colaterales a la crisis del coronavirus arrojan cuestiones interesantes desde la perspectiva del ecologismo social y me animan a compartir con vosotros y vosotras algunas reflexiones.

Un informe de Carbon Brief destaca que las emisiones de CO2 de China se han reducido un 25% en las últimas dos semanas y el tráfico en la ciudad ha caído en torno a un 40% en Shanghái. Se debe, sobre todo, a la bajada de la demanda eléctrica, que ha  arrastrado a la baja el uso de carbón en centrales térmicas. Tanto las refinerías de petróleo como los fabricantes de acero presentan una significativa caída y el número de vuelos domésticos ha decrecido un 70%. 

El informe también desvela que el coronavirus ha reducido las emisiones globales de CO2 en 100 millones de toneladas, un 6% del total en ese período, y ha desencadenado una disminución considerable de los niveles de otros contaminantes atmosféricos, hasta un 36% en el caso del dióxido de nitrógeno.

Por supuesto, se trata de un proceso esporádico que desaparecerá en cuanto se resuelva  la emergencia sanitaria y se retome la actividad económica.

Si merece la pena detenerse un rato a pensar en esto, es porque nos enfrenta al dilema crucial de nuestra crisis civilizatoria: la economía convencional está en guerra con la vida. Cuando va bien, la vida corre peligro, cuando entra en crisis se recrudecen los procesos de desposesión pero es cuando tenemos que aprovechar para respirar. O dicho de otra manera, cuanto peor, mejor. Cuanto de forma más veloz se destruyen y se ponen en riesgo las bases materiales que sostienen la vida, más sanas están las economías.  

Javier Padilla en su libro ¿A quién estamos dejando morir? recuerda un hecho que sorprende por lo contraintuitivo: son las épocas expansivas más que las recesivas las que tienden a tener efectos nocivos sobre la salud. A mí me llamó la atención esta afirmación y busqué documentación al respecto. Así me encontré con un artículo de José A. Tapia en la revista Papeles en el que afirmaba que este fenómeno se ha comprobado en Estados Unidos, Japón, Alemania, España, Finlandia y los 28 países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tomados en conjunto, y también en países de menor nivel de ingreso como Argentina, México y Corea del Sur.

Esta situación también afecta con frecuencia a los derechos sociales y laborales en la era del neoliberalismo. La llamada recuperación económica, la reanimación de la economía después de la última gran crisis, ha ido acompañada de un proceso de fragilización del derecho del trabajo, de las dificultades de muchas personas para conseguir una vivienda digna o mantener la que tiene, la pobreza energética o, de nuevo, el endeudamiento. Para recuperar la economía, es preciso empobrecer a la gente y a sus territorios.

Tenemos un problema civilizatorio: el haber construido la organización material de las sociedades en contra de la naturaleza de la que formamos parte y en contra de los vínculos y las relaciones que sostienen la vida.

En un texto que me encanta, hace ya diez años, Fernando Cembranos decía:

“Si se mira la realidad, sin dejarse llevar por la valoración de la economía convencional, se observa que una enorme máquina (formada por autopistas, fábricas, urbanizaciones, parkings, excavadoras, antenas, pegotes de chapapote, grúas, monocultivos, vertederos, centrales térmicas y residuos radiactivos entre otros), crece y crece comiéndose la riqueza ecológica (base de la vida) que encuentra a su paso: la capacidad de realizar la fotosíntesis, los ríos limpios, las relaciones comunitarias, las variedades de semillas, los bosques autóctonos, las relaciones cara a cara, la biodiversidad, los juguetes autoconstruidos, los caminos de tierra, los animales de los que tuvimos noticia en nuestra infancia, las maneras poco costosas (energéticamente) de calentarnos y enfriarnos, las aguas subterráneas no contaminadas, la fertilidad del suelo, etc. El metabolismo de la sociedad tecno-industrial se alimenta de los elementos que generan la vida mientras y va dejando atrás residuos tóxicos, desiertos, suelos pobres y contaminados, riberas muertas, superficies cementadas, radiactividad, mentes homogéneas y un futuro incierto para la mayor parte de las personas y las especies de la Tierra.”

La racionalidad económica dominante camufla las pérdidas y destrozos de las bases materiales que sostienen la vida como desarrollo. La extracción y degradación de materiales finitos de la corteza terrestre, la apropiación y privatización de los bienes comunes y, por tanto, la desposesión y generación de escasez para la mayor parte de la gente, la emisión de residuos y la ruptura de los ciclos de materiales de la naturaleza, la pérdida de biodiversidad y la alteración de los ciclos naturales son la contrapartida del crecimiento económico en un planeta con límites.

Los intereses económicos crecen con frecuencia a costa del miedo y la inseguridad. El abordaje de las migraciones como una amenaza convierte a las personas migrantes en la materia prima de un negocio boyante de la seguridad de fronteras; la pobreza relacional y comunitaria y la crisis de cuidados ofrecen “oportunidades” y crea nuevos nichos de negocio ante los que determinados intereses se frotan las manos. Incluso para que el negocio de la estética del cuerpo crezca, la economía y el aparato publicitario nos tiene que convencer previamente de nuestra fealdad y de la obligación de que los cuerpos, como las mercancías, tengan que estar siempre nuevos y flamantes. 

La sacralidad del crecimiento económico, la concepción de la economía actual como la única posible se ha transformado en una verdadera religión civil. La mejora de los indicadores bursátiles, el crecimiento del PIB y sobre todo las cuentas de resultados de fondos de inversión y el reparto de dividendos exigen sacrificios. Merece la pena sacrificar todo con tal de que crezcan. Solo las ocasiones en las que la economía fracasa, los indicadores biofísicos mejoran. El problema es que se ha conseguido implantar en la cabeza de mucha gente que el interés de los dueños de las grandes compañías y fondos de inversión es lo mismo que el interés general.

Durante décadas, afrontar esta contradicción esencial ha sido el empeño de parte del movimiento ecologista y desde hace siglos la lucha central de pueblos originarios y sociedades que en las zonas que han sido históricamente utilizadas como minas y vertederos tratan de defenderse ante ella. 

De forma más reciente, una parte cada vez mayor de la comunidad científica está refrendando lo que las economías ecológica y feminista, que son dos visiones heterodoxas que se inscriben en la economía crítica, han venido señalando desde hace tiempo. 

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El fantasma del colapso recorre el mundo

Las noticias que se acumulan estos días, traspasando la sobreexposición del coronavirus, son estremecedoras y nos llevan a imaginar que el colapso del sistema está comenzando.

El presidente de Turquía Reccep Tayyip Erdogan, abrió la frontera luego que un bombardeo sirio se cobró la vida de 50 soldados que están atacando la provincia de Idlib, que ese país quiere apropiarse. De ese modo, utiliza la desesperación de los civiles que huyen de la guerra como “arma geopolítica” (https://bit.ly/2TdPJTW).

En tanto, la policía griega dispara gases a los niños en la frontera para disuadir a toda la familia de ingresar a la Unión Europea (https://bit.ly/2TusNyr). Unos 15 mil refugiados, hasta el 2 de marzo porque las cifras crecen en horas, tiritan de frío en una zona de nadie entre Turquía y Grecia, mientras otros intentan ganar la orilla griega en pequeños botes, arriesgando la vida. En se marco, Grecia decidió suspender temporalmente el derecho de asilo (https://bit.ly/2TrVZpQ).

Esta vez no voy a hablar de los feminicidios en México, que según autoridades internacionales conforman una “crisis humanitaria” de la que culpan al Estado, porque “no hace prácticamente nada por paliar la situación”, como señaló la integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Rita Canto.

Desde Grecia, las compañeras nos informan que el Estado decidió prohibir los carnavales con la excusa del coronavirus. En respuesta, la población salió a la calle en masa para celebrar la festividad, ante el inevitable acoso policial, como puede observarse en estas imágenes (https://bit.ly/32Jrq3l). En el decreto se prevé dos años de cárcel para quienes no obedezcan.

La militarización del agua en Brasil merece un párrafo aparte. Un informe del diario Estado de Sao Paulo, destaca que los canales que desvían el agua del río San Francisco hacia las grandes haciendas de la fruticultura en el Nordeste, están siendo vigilados por guardias armados y drones, mientras se levantan muros para proteger el agua, convertida en negocio para exportar frutas al mundo.

“En Petrolina, Pernambuco, guardias armados al estilo Robocop, apoyados por drones se mueven en motocicletas vigilando el canal para que la población no tenga acceso al agua. Los habitantes de la zona necesitan arriesgarse, furtivos, para paliar la sed. Agricultores que están a menos de cien metros del canal, no tienen acceso” (https://bit.ly/38cnb1j).

Brasil posee el 12% de toda el agua dulce del mundo. El acceso al agua, abundante y limpia, fue libre durante siglos. Hasta los años 90 del siglo pasado casi no había conflictos por el agua. Pero en los últimos cinco años, fueron registrado 63.000 confrontaciones con intervención de la policía, mientras surgieron 223 “zonas de tensión” por el agua.

Aunque los casos son muy diversos, hay un patrón común: “El poder económico, el agronegocio, la administración de las hidroeléctricas, industrias y taladores ilegales, que quieren apropiarse de tierras fiscales, intentan de muchas maneras restringir el acceso a ríos y represas”. El mismo informe establece que el Estado los apoya y siempre salen perjudicados los pueblos originarios y negros, agricultores familiares y comunidades tradicionales.

A lo anterior habría que sumar los millones de personas aisladas en cuarentena en el mundo, particularmente en China, pero cada vez más en Europa. ¿De qué normalidad podemos hablar cuando los migrantes centroamericanos son golpeados, encarcelados o expulsados cuando cruzan la frontera hacia México?

No tengo claro si las personas que leen estas líneas tienen clara la gravedad de la situación. No es cualquier momento el que estamos viviendo, sino el más grave desde, pongamos, el año 1347. Sí, desde hace casi siete siglos. Ese año comenzó la Peste Negra, que en apenas cinco años se llevó a dos tercios de la población europea y creó las condiciones para el ascenso del capitalismo, ante la neutralización de las trabas sociales que le impedían independizarse y alzar vuelo.

Al final de su exhaustivo libro, Ole Benedictow escribe: “La peste negra aceleró la evolución y transformación de la sociedad y la civilización europeas medievales hacia su forma histórica moderna”. Y concluye: “También aceleró el hundimiento de las estructuras y mentalidades económicas feudales y la aparición de una dinámica economía de mercado predominantemente capitalista y de las actitudes y mentalidades innovadoras que la acompañaron” (La Peste Negra, p. 521).

En esas estamos. “Ellos” conocen la historia y saben que estamos en un momento de viraje que cambiará el mundo. Mientras, nos toca a “nosotras” decidir qué haremos.

2 marzo 2020

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Bogotá, Sendero de las Mariposas. Comunicado contra las declaraciones de la Administración Distrital, gobierno nacional y CAR

Desde la Mesa de Cerros Orientales, denunciamos públicamente ante los habitantes de Bogotá y Colombia, así como ante las instituciones competentes, la vulneración de derechos de las comunidades de los Cerros Orientales por parte del proyecto Sendero de las Mariposas, en cabeza de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Dicho proyecto, impulsado por la anterior administración distrital de Enrique Peñalosa, pone en riesgo a los ecosistemas de los Cerros Orientales y a las distintas comunidades que históricamente los han habitado, cuyos derechos fueron reconocidos con el fallo del Consejo de Estado de 2013. En él se ordenó la consolidación de la Franja de Adecuación, donde se contempla una zona de consolidación de borde urbano (allí se encuentran nuestros barrios), para la contención de la expansión de la ciudad; y una zona de Aprovechamiento Público Prioritario cuyo suelo es de carácter rural y donde se propone desde el Fallo, que existan zonas de parques, de restauración ecológica, avistamiento de aves, huertas agroecológicas, entre otras, que sean de acceso público.

Como comunidades, hemos denunciado que el Sendero de las Mariposas se encuentra plagado de irregularidades frente al fallo del Consejo de Estado. Además de destinar un multimillonario presupuesto para su construcción, desviando los recursos públicos que deberían corresponder a la gestión del riesgo en los Cerros Orientales y la adaptación al cambio climático de la ciudad. Dispone, asimismo, de recursos provenientes de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, poniendo en riesgo financiero dicha entidad, pues los recursos provienen de un cupo de endeudamiento, como fue denunciado ampliamente por los trabajadores de la EAAB ESP.

A pesar de las graves irregularidades y falencias de fondo, el miércoles 26 de febrero, el Ministro de Ambiente, el director de la CAR y la Alcaldesa Mayor de Bogotá, emitieron declaraciones sobre el Sendero en las que dan a entender que su construcción será un hecho. Estas declaraciones desconocen el proceso de licenciamiento ambiental ante la ANLA, cuyo trámite no puede avanzar sin que antes se realice la Audiencia Pública Ambiental que, como comunidades de los Cerros Orientales, solicitamos el año pasado y que fue suspendida por las irregularidades del proyecto y la falta de participación de las comunidades afectadas, reconocidas por la tutela T- 003333 del 2019 del Juzgado primero Administrativo Oral del Circuito Judicial de Bogotá y confirmada por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, toda vez que se demostró que se violó el derecho al acceso a la información en conexidad con el derecho a la Participación Ciudadana, en la medida que para el trámite de la Audiencia de Información y la misma Audiencia Publica Ambiental, requiere que las comunidades tengan acceso a la información en los tiempos oportunos.

Lo anterior, respecto a la información que se requiere en el trámite de licenciamiento, pero, se tienen más elementos probatorios junto con los hechos jurídica y socialmente relevantes, que, en su debido momento se presentarán y ante las instancias legales y de control pertinentes, tanto en el trámite que cursa, el juzgado de la tutela, el mismo tribunal y el Magistrado que está haciendo el seguimiento, como a otros entes y vigilancia desde el control social.

Si bien la secretaria de Ambiente, Carolina Urrutia, hizo la aclaración señalando que están pendientes de la licencia para ver de qué forma proceder, la declaración de las otras instituciones y de la propia alcaldesa, deja ver que se están ignorando las denuncias que se han hecho sobre el Sendero. Pasado por encima del contenido del Compromiso Ambiental Por Bogotá, que ella misma firmó en septiembre del año pasado en campaña, cuyo numeral cinco (5) se compromete a cumplir con el Fallo del Consejo de Estado y no construir el Sendero de las Mariposas.

5. Iniciar en 2020 el cumplimiento de la orden de la orden de la sentencia del Consejo de Estado de poner en marcha gradualmente un área de aprovechamiento ecológico con fines recreativos en la Franja de Adecuación de los Cerros Orientales, de acuerdo con el Plan de Manejo del Área de Ocupación Pública Prioritaria de la Franja de Adecuación (Decreto 485 de 2015), formulado conjuntamente por la CAR, el Ministerio de Ambiente y la Alcaldía de Bogotá. Se mantendrá la clasificación del suelo rural de esa área, para evitar nuevas construcciones. El área de aprovechamiento ecológico reemplazará el Sendero de las Mariposas, que no tiene nada que ver con la sentencia, y los recursos serán direccionados a su financiación. En el Área de Consolidación del Borde Urbano, con participación de las comunidades de los Cerros, culminar los procesos de legalización y mejoramiento integral, así como adelantar investigaciones sobre tecnologías alternativas para la gestión del riesgo.”

Por lo anterior, exigimos que se respeten los derechos de las comunidades de los Cerros Orientales y de la ciudadanía en general. Exigimos que se brinde toda la información del Sendero de las Mariposas para la realización de la Audiencia de información y la Audiencia Pública Ambiental correspondiente, con garantías de participación y asistencia de las comunidades afectadas. Exigimos que se reconozcan las propuestas de los pactos de vida, los ecobarrios, los caminos ancestrales, los viajes de barrio y demás alternativas que desde los cerros proponemos para que como ciudadanía bogotana nos reconectemos con la naturaleza. Exigimos, por último, a la alcaldesa Claudia Nayibe López, que cumpla el Compromiso Ambiental por Bogotá, sea consecuente con lo manifestado públicamente durante la campaña electoral y proteja la Estructura Ecológica Principal de la ciudad.

Invitamos a medios de comunicación y periodistas a que participen en la rueda de prensa sobre él Sendero de las Mariposas que realizaremos el próximo 4 de marzo a las 3 pm en las oficinas de Planeta Paz Calle 30 A No 6 – 22 Of. 2701.

 

#MariposasSíSenderoNo

¡Ninguna decisión sobre [email protected], sin [email protected]!>

 

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Publicado enColombia
Malnutrición y cambio climático amenazan la salud infantil: ONU

La infancia está desprotegida en todo el mundo frente a la amenaza inmediata que suponen para su salud el cambio climático y la mala alimentación, de acuerdo con un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) publicado ayer en la revista médica británica The Lancet.

Los avances de los últimos 20 años en el ámbito de la salud infantil se encuentran "en punto muerto" e incluso "amenazados", afirman los autores del informe encargado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El grupo de 40 expertos independientes en salud infantil sostuvo que ningún país está protegiendo a estas generaciones de los nocivos impactos de las emisiones de dióxido de carbono, la destrucción de la naturaleza y de los alimentos procesados y altamente calóricos.

El calentamiento global, provocado esencialmente por los países ricos, "amenaza el futuro de todos los menores", al suponer una nueva amenaza para su salud que va desde las olas de calor hasta la propagación de enfermedades tropicales.

El informe también denuncia la publicidad de los alimentos grasos, azucarados, del alcohol y del tabaco y su efecto pernicioso entre el público infantil.

"El mensaje principal es que ningún país está protegiendo la salud de los niños ni hoy ni en el futuro", según Anthony Costello, director del Instituto de Salud Global del University College de Londres.

El informe incluye una clasificación de 180 países en función de los índices de mortalidad infantil, educación y alimentación. República Centroafricana y Chad se sitúan al final de la lista, mientras Noruega y Holanda la encabezan.

Sin embargo, este escalafón se invierte cuando se analiza el impacto de la contaminación del aire respecto de las emisiones de dióxido de carbono per cápita.

"Los líderes mundiales están fallando a los niños y a la juventud: no protegen su salud, sus derechos ni su planeta", denunció el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Unos 250 millones de niños menores de cinco años en países con ingresos bajos y medios corren el riesgo de sufrir retraso debido a malnutrición, sostienen los autores del informe.

Al mismo tiempo, el número de niños obesos en el mundo se multiplicó por 11 desde 1975 y alcanzó 124 millones.

En algunos países, los niños ven hasta 30 mil anuncios en televisión cada año y pese a las regulaciones, un estudio mostró que, por ejemplo, los niños en Australia están expuestos a 51 millones de anuncios de bebidas alcohólicas.

"Y la realidad podría ser peor con la enorme expansión de la publicidad en las redes sociales."

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 Un indígena guaraní fuma una pipa junto a un árbol talado por desarrolladores en Sao Paulo. Andre Penner AP

La norma propuesta debe ser aprobada por el Congreso y enfrenta el rechazo de los pueblos originarios y los ambientalistas, quienes la consideran "genocida"

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció esta semana que presentará un proyecto de ley en el Parlamento que permitiría la explotación de recursos en tierras indígenas protegidas. La iniciativa —que incluye la minería, la extracción de petróleo y gas, la construcción de hidroeléctricas y la exploración de tierras para agricultura, ganadería y el extractivismo forestal— será enviada al Congreso para su tramitación, donde se enfrentará al rechazo de la comunidad indígena y de los ambientalistas, que califican la propuesta de “genocida”. La Constitución de Brasil prevé la minería en estas reservas, pero hasta el momento no se ejecuta porque prescinde de un desarrollo normativo que la regule y además debe contar con la aprobación de la población indígena. Por estas causas, no hay declarada ninguna mina oficial en las 619 áreas indígenas localizadas en el país, aunque esté probada la existencia ilegal de decenas de ellas, principalmente en la región amazónica, donde mineros que practican la actividad de forma ilícita han asesinado a indígenas de la región.

El proyecto de Bolsonaro también prevé que se permita la exploración de tierras de los pueblos originales para el turismo, la agricultura, la ganadería o el extractivismo forestal. Y sugiere que el Parlamento consulte a los indígenas sobre su propuesta, pero que se les impida ejercer su derecho a veto, una solicitud que iría en contra de la Constitución del país.

El presidente, que anunció la incitativa durante la celebración de sus 400 días en el poder, presionó al Legislativo para que apruebe su propuesta y declaró que, si pudiera, encerraría a los ambientalistas en la Amazonia. “Este gran paso depende del Parlamento, que sufrirá la presión de los ambientalistas. Esos del medio ambiente”, dijo con su habitual estilo de desprecio a los defensores de la naturaleza. “Si un día pudiera, los encierro en la Amazonia, ya que les gusta tanto el medio ambiente, así dejan de molestar a los amazónicos aquí desde dentro de las áreas urbanas”, señaló.

En su discurso alegó que los indígenas son “seres humanos”. “Exactamente iguales que nosotros. Tienen corazón, sentimientos, tienen alma, deseos, y son tan brasileños como nosotros”, añadió. La frase refuerza la idea del actual Gobierno —que evoca al pasado de la dictadura militar— de que los indígenas deben “integrarse” a la sociedad no indígena.

Según el comunicado emitido por el Ministerio de la Casa Civil, las comunidades indígenas afectadas por la industria minera percibirían indemnizaciones de las empresas que exploten las áreas y se contaría con consejos de vigilantes que estarían compuestos únicamente por indígenas. El texto prevé también que los indígenas puedan explorar las áreas en las que residen. El pasado enero, el Ministerio de Minas y Energía brasileño ya había realizado una reunión para presentar el proyecto a todos los embajadores europeos en Brasilia y dejar claro que Bolsonaro va a insistir en su objetivo.

Entidades vinculadas a las comunidades indígenas protestaron contra la medida y recordaron que Bolsonaro está obligado a respetar los derechos constitucionales de los indígenas, incluido el de mantener las particularidades de sus modos de vida. La ONG Observatorio do Clima advirtió a los presidentes de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia; y del Senado, David Alcolumbre, de que rechazarían este tipo de propuestas. “Esperamos que cumplan sus palabras y no acepten este proyecto genocida. Ambos se habían comprometido a no someter a votación aquellas propuestas que amenazasen a los bosques ni a los pueblos tradicionales. Es hora de poner a prueba esa determinación”, escribió la asociación en una nota.

Desigualdad

Para estas poblaciones, la explotación económica traerá como consecuencia la desigualdad en las comunidades, la devastación forestal acelerada y la desaparición de especies nativas del planeta. El último informe de la ONU, de 2019, sobre la velocidad con la que las especies se están extinguiendo —una de cada ocho está amenazada—, subraya que esta destrucción de la naturaleza es más lenta en las tierras donde viven los pueblos indígenas.

El proyecto de exploración de áreas indígenas no es el único punto del Gobierno de Bolsonaro que preocupa a los indigenistas. Las últimas semanas, su gestión fue objeto de varias críticas por haber designado al exmisionero evangélico Ricardo Lopes Dias como nuevo coordinador de indígenas aislados. En un comunicado, el Consejo Indigenista Misionario (CIMI) afirmó que el presidente ha dejado de respetar la existencia libre de los pueblos indígenas y que fomenta el genocidio de dicha población.

Por Afonso Benites

Brasilia 6 FEB 2020 - 22:36 COT

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Los activistas climáticos deben evitar "la enfermedad de Davos"  Jem Bendell

Cuando el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF) anunció el tema para Davos 2020, explicó que: “La gente se está rebelando contra las ‘élites’ económicas porque creen que les han traicionado…

Por si no te diste cuenta, el profesor Klaus Schwab no recibió bien la noticia. No estaba celebrando el levantamiento de la gente pidiendo un sistema económico diferente frente a las crisis climática y ecológica causadas por la sociedad industrial consumista. En su lugar, estaba alertando a los delegados de Davos de la amenaza al sistema que sustenta sus privilegios. Es importante entender esto, ya que enmarca cualquier respuesta potencial que el WEF y sus delegados puedan dar a los activistas climáticos que participan en la cumbre este año. Puede parecer razonable comprometer a las elites mundiales en la búsqueda de un cambio rápido, pero después de que yo mismo lo he estado intentado durante años, las pruebas que apoyan esta estrategia son escasas. Explicaré por qué, antes de abordar lo que los activistas podrían plantearse en su lugar.

Recuerdo cuando en 2013 el profesor Schwab me recibió en Davos como uno de los “jóvenes líderes mundiales”, diciéndonos que no había nada malo en ser elite. Recuerdo que pensé que depende de cuánta explotación, injusticia y degradación medioambiental nos mantiene en ese lujo y si tenemos la clase de influencia equivocada en el mundo. ¿Por qué alertaría a las elites de la reacción negativa actual? Es en parte una invitación a que intenten abordar los problemas mundiales con más intensidad. A medida que la ciencia y los efectos del cambio climático empeoran cada mes, el profesor Schwab dijo “...nuestros intentos de mantener el calentamiento global a 1,5º C se están quedando peligrosamente cortos”. Dibujó un escenario preocupante como contexto para lanzar un nuevo “Manifiesto de Davos” sobre el papel de las empresas en la sociedad. Échale un vistazo al texto y el manifiesto parece positivo al invitar a los ejecutivos de las empresas a centrarse más en los problemas globales como el cambio climático que en la maximización de beneficios. Sin embargo una lectura más profunda revela que el Foro y su estrategia hacia el desastre climático mundial no es inefectivo ni, lo que es peor, realmente antitransformador porque distrae de lo que se necesita realmente.

En el Manifiesto de Davos no se declara nada sobre cambiar el sistema que nos está llevando a una pesadilla ecológica. No hay nada en el Manifiesto sobre que las empresas no socaven la democracia o el papel del Estado para hacer las intervenciones necesarias en los mercados, para promover la justicia social, mientras reducen la desigualdad y la destrucción medioambiental. Por ello, el Manifiesto de Davos ignora la causa de los problemas a los que supuestamente está respondiendo. La sección final del manifiesto llama a que las corporaciones globales se impliquen de manera más positiva en los asuntos globales. Pero demuestra cómo sus autores no tuvieron en cuenta que creer en la representación política significa que hay un problema con que las empresas globales ejerzan más influencia global.

¿Puede cambiar algo si las elites se dan cuenta de que hace falta cambiar el sistema económico? Algunos lo pueden esperar. Podrían apuntar a cómo Davos está dando la bienvenida este año a algunos representantes de los movimientos de protesta. Los activistas primerizos pueden, por un momento, verse seducidos por la idea de que pueden salvar a la humanidad usando las palabras correctas a la hora del canapé. Sin embargo la WEF siempre ha dado la bienvenida a activistas y contrarios para ayudar a legitimar sus paneles sobre asuntos globales. Esos mismos paneles ofrecen a los jefes corporativos y a los economistas neoliberales otra plataforma más para hacer girar sus limitadas narrativas sobre cualquiera que sea la preocupación pública que acapare las noticias ese año.

Los activistas necesitan aprender de lo que no ha funcionado. Podrían hablar con activistas que durante décadas han intentado que las elites se comprometan. Cuándo fui esa vez a Davos el secretario general de Amnistía, Kumi Naidoo, me dijo que los activistas necesitan entender que el acceso no implica influencia. Los activistas también podrían mirar a los precedentes de si aquellos en el poder normalmente cambian o no cambian los sistemas que sustentan sus privilegios. En particular, los activistas climáticos necesitan aprender sobre economía y poder con la rapidez suficiente para encontrar caminos para el cambio que tienen más trayectoria que pedir a los jefes de grandes organizaciones que cambien lo que no tienen poder para cambiar. No tenemos tiempo para que los activistas climáticos cojan la “enfermedad de Davos” y piensen que pueden cambiar el mundo pidiéndoselo a las élites actuales.

Una vez dentro de los pasillos del poder, los activistas pueden escuchar lo que yo escuché a menudo en los eventos de Davos. “Oh, a los críticos les gusta quejarse, pero no tienen soluciones que ofrecer”. Esa es una mentira conveniente, mientras los delegados intentan asegurarse los unos a los otros que son personas decentes y capaces, a medida que el mundo en el que tuvieron éxito comienza a desmoronarse a su alrededor. Había muchas más soluciones políticas para los problemas mundiales de pobreza, desigualdad y conservación cuanto teníamos un clima estable. Mira cualquier manifiesto del Partido Verde de finales de los 80 y con esas políticas quizá no hubiésemos llegado ahora a esta crisis. En su lugar, organizaciones como el WEF y sus miembros apostaron por un Estado menos influyente, extendiendo los mercados y facilitando el capitalismo financiero global, con el mantra de que el crecimiento económico nos salvaría de todos los problemas. Recuerdo un evento de Davos en el que se nos dieron unas pequeñas tarjetas que nos preguntaban que reflexionásemos seriamente sobre una cosa que podríamos hacer “para contribuir al crecimiento económico”. Ahora que ha pasado el tiempo me puedo reír de esto, pero en ese momento la tarjeta me apuñaló el alma.

¿Cuáles son las soluciones ahora, a medida que el clima cambiante amenaza con desestabilizar nuestras sociedades? Es claramente más difícil después de décadas perdidas con la ideología neoliberal. Todavía necesitamos una transformación económica, pero no para detener el desastre, simplemente para ayudar a reducir los daños y comprar algo de tiempo extra para la humanidad. Expliqué en un blog de Extinction Rebellion (XR) algunas de las ideas sobre políticas para esa transformación. La clase de cambios para conseguir rápidamente unas emisiones de carbono cero son tan drásticos que tienen que venir acompañados de fuertes políticas de redistribución de riqueza si no queremos que deriven en revueltas generalizadas.

Sin embargo también necesitamos admitir que la amenaza de perturbaciones a las que ahora se enfrenta la humanidad no tiene precedentes. Se necesita un paradigma de debate político completamente nuevo, al que llamo Adaptación Profunda. ¿Podrían las elites en el poder unirse a ese proceso sin traer sus ideologías obsoletas de crecimiento, progreso, emprendimiento heroico y supremacía tecnológica? Después de haber debatido con ellos en cumbres durante las décadas pasadas lo dudo seriamente. Como escribí a los ejecutivos que expresaban su apoyo a XR, les dije que el mejor manifiesto de los lideres económicos debería comenzar con “hemos fracasado, estamos equivocados”.

Así que ¿por qué molestarse en hablar sobre Davos?

Creo que los debates en Davos ofrecen una prueba de fuego para ver qué harán las elites en el poder cuando despierten a la escala del desastre al que se enfrenta la humanidad. Los resultados iniciales sugieren que seguirán reinventando los mismos mensajes autoapaciguadores sobre cómo usar su poder con más empatía. Quizá mientras construyen un bunker en secreto, con la vana esperanza de que sus guardas de seguridad acudirán a trabajar si la sociedad comienza a desmoronarse.

Cualesquiera que sean las iniciativas verdes del WEF, nuestro creciente caos climático prueba que el modelo corporativo de dirigir el mundo ha fracasado. El único manifiesto que necesitamos de Davos es sacar el dinero de sus miembros de la política y de los medios y dejar que la gente ordinaria decida cómo responder a la crisis global que han presidido las elites actuales.

Si algún activista está leyendo esto ahora desde Davos le recomiendo que olvide cualquier esperanza de ver alguna medida significativa de los delegados actuando como una “clase” de personas que trabajan juntos para responder a tus preocupaciones. No sucumbas a esa “enfermedad de Davos”. En su lugar, busca desobedientes potenciales que podrían ayudarte a hacer lo que ya has decidido que es importante. Así que dirígete directamente a los billonarios y pídeles una donación totalmente desinteresada para tu activismo de base. Si ellos piden influenciar de alguna manera lo que estás haciendo, diles que vayan a masajear su ego con otros. Luego, después de eso, encuentra algún líder de alguna organización benéfica importante, de un sindicato o un líder espiritual que aparezca en Davos y debate sobre los pasos a seguir para una huelga general global que demande que todas las empresas coloquen la mitigación y la adaptación climática antes que el crecimiento de sus negocios y de la maximización de beneficios.

jembendell.com

Traducido por Eva Calleja

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