Lunes, 11 Febrero 2019 06:51

Un crimen ambiental en el río Cauca

Tres personas intentan rescatar peces en el río Cauca

El cierre de compuertas del embalse ocasiona un ecocidio. “Dejen vivir al río”, exclama Richard Sierra, consejero de la Organización Indígena de Antioquía. Son 12 los pueblos afectados por el proyecto.

 

“El mono” rugía, “el mono” danzaba. Ahora “el mono” agoniza. Los campesinos le llaman “mono” al río Cauca, el segundo más importante de Colombia y del cual dependen de manera directa unos diez millones de colombianos. El cierre de compuertas ordenado por Empresas Públicas de Pública (EPM) y la Sociedad Hidroeléctrica Ituango que construye un embalse a su paso –el mismo que desvió por la fuerza y llenó de cemento ahuyentando flora y campesinos por décadas– ocasionó el ecocidio actual. “El crimen ambiental más grande en la historia de Colombia”, recalcan desde el Movimiento Ríos Vivos que, además de soportar los embates del desarraigo de la tierra desde que empezó el proyecto hace 20 años y la hambruna que llegó con la muerte de los peces, esquiva las balas y amenazas que recibe por ser una de las pocas voces que se levantaba hasta hace unos días en Antioquia contra el proyecto HidroItuango. 

Esta semana, el horror cometido tras cerrar las compuertas del embalse en plena sequía nacional, no pudo oculturse más que este megaproyecto está acabando con la vida. Y por eso, a una voz casi solitaria en Colombia hasta ahora y estigmatizada como la de Ríos Vivos, se sumaron los más reconocidos líderes de opinión, columnistas, abogados, profesores universitarios, jóvenes y gentes de toda clase que condenan las imágenes que muestra un río seco y miles de peces y especies animales muertos. “Lo advertimos, no solo hace un año cuando empezó la última crisis, sino desde siempre, cuando metieron los paramilitares a hacer masacres para desocupar las montañas y montar este proyecto sin gentes que les estorbaran, este llamado desarrollo es sinónimo de muerte”, cuenta una voz desde Puerto Valdivia, una mujer que pide omitir su nombre mientras la llamada celular se cae y vuelve a caer pues está intentando ubicarse lejos de la ribera del río pues, tras la sequía, este viernes EPM anunció que se alejaran por seguridad. Están intentando una nueva maniobra para que el caudal suba aún más y detener el daño que están causando y ya no pueden evitar. No son los años 90 cuando las masacres de “paras” eran denunciadas apenas por unos valientes sin Twitter ni whatsapp. Jesús María Valle y otros tantos defensores de derechos humanos fueron señalados de mentirosos y luego condenados a muerte, sí, por atreverse a hablar. Del movimiento Rios Vivos, varios líderes también han recibido esa sentencia, al igual que esos que esperan bajo los sedimentos del río que encuentren sus cuerpos y que, estarían en el cañón del Rio Cauca que EPM pretendía inundar a finales de 2018 sin lograrlo gracias a una serie de errores técnicos que aún no se conocen en detalle.


Pérdidas de vidas humanas a lo largo de años de guerra entre paras, guerrillas y Estado en esta zona hermosa de Colombia, no ha sido la única tragedia de los 12 pueblos afectados por HidroItuango. Las pérdidas de dinero son millonarias y la Casa de Máquinas que inundaron el año anterior en un acto “heroico”, según sus voceros de prensa, está siendo hoy descubierta de nuevo de agua, tras el cierre de compuertas. Secaron pues el río para salvar la casa de máquinas. Mataron las especies para, quizá, salvar algo de los costosísimos objetos que inundaron por su propia torpeza cuando el año anterior –tras desviar de manera forzada el caudal del río– una amenaza de avalancha obligó a tomar decisiones apresuradas que hoy le cuestan la vida al ecosistema y por ende a las personas.


“Dejen vivir al río”, es el mensaje de Richard Sierra consejero de la Organización Indígena de Antioquia en los medios de comunicación que reciben de EPM millonarias pautas y han cubierto el tema hasta ahora de manera favorable al supuesto “heroísmo” que está intentando salvar el proyecto. Esta semana, ante la avalancha de fotos de campesinos en redes sociales –no precisamente de agencias de prensa internacionales– el país se conmovió ante la tragedia ambiental y voces independientes empezaron a exigir el desmantelamiento del Proyecto. Que desmonten este mega embalse cuyo futuro es incierto es el pedido de Rios Vivos desde años pues, además, la inundación amenaza la búsqueda y el hallazgo de los desaparecidos que, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, serían 400 a lo largo de los 12 municipios según registros de las últimas dos décadas.


Los derechos de las víctimas que buscan sus desaparecidos, además de quienes perdieron su territoria, sus aguas, sus prácticas culturales ancestrales por la llegada de EPM están en riesgo desde hace décadas. Esta situación es más grave hoy pues el comercio cesó, la continua amenaza y zozobra han llevado a la gente a salir de sus casas, a refugiarse en las ciudades o pueblos vecinos, a los niños a suspender estudios, a los transportadores a no poder andar las vías, y a toda una comunidad a verse confinada ente el riesgo de que el río los ahogue, o como esta semana, sea secado por orden de un gerente y un alcalde que se siente orgullosos, pese a todo la evidencia de tragedia, de su megaproyecto. “Sabíamos que iba a ocurrir el daño del rio pero nos pareció el mal menor”, dijo Jorge Londoño gerente de EPM en declaraciones que levantaron todo tipo de rechazos. “Se secó el río, sí, pero logramos recuperar parte de la casa de máquinas”, aseveró el alcalde de Medellín Federico Gutiérrez poniéndose también medio de la crítica. Desde Rios Vivos hicieron circular este mensaje en rechazo a las pasadas y recientes actuaciones y decisiones de EPM, en medio del dolor que siente al ver su mono agonizar.


“Contrario a lo dicho en rueda de prensa por el gerente de EPM (Jorge Londoño de la Cuesta) en presencia del gobernador de Antioquia ( Luis Pérez) y el alcalde de Medellín(Federico Gutiérrez) el río no volverá a ser el mismo y nosotros tampoco porque su vida y la fuerza que hoy le arrebataron, los sedimentos que están quedando represados, su abundante caudal, la temperatura de sus aguas y las riberas hidratadas que hoy sufren erosión con tantas fluctuaciones; todo esto se da por su insensatez, porque no conocen no tienen ni idea que es un río, un ecosistema muy complejo para que se entienda con los ojos de la avaricia y la destrucción”.

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La descolonización sentipensante desde las rondas campesinas de Perú

Las históricas rondas campesinas de Perú son una forma de organización y resistencia que, desde sus sentires y pensares, nos ayudan a seguir trazando caminos descolonizadores para los pueblos de nuestra América Latina.

Uno de los grandes problemas que actualmente enfrentan los pueblos latinoamericanos se ve reflejado en el gran nivel de conflictividad con los estados debido a la imposición de proyectos extractivos de manera violenta. En este sentido, Lander nos dice que, a pesar del ascenso de gobiernos -autodeclarados- de izquierda o progresistas en parte de Latinoamérica, no hubo cambios en términos de mercantilización y privatización de la naturaleza sino que, independientemente del tipo de gobierno, la destrucción de la Madre Tierra se ha acelerado.

En medio de ello, gran parte de los pueblos originarios y campesinos más vulnerables son los que se ven más afectados ya que se encuentran en lugares donde las grandes empresas mineras transnacionales realizan sus actividades. Prueba de ello es el caso del Megaproyecto Minero Conga situado en la región de Cajamarca en Perú donde la empresa minera Yanacocha, cuyos capitales son transnacionales, pretende operar pese al gran rechazo expresado por la población afectada. Gracias a las luchas, resistencias y formas de organización se pudo detener este megaproyecto en el año 2012 aunque, lamentablemente, costó la vida de cinco personas debido a la represión del Estado peruano, el cual empleó fuerzas policiales y del ejército de una manera desproporcionada.


Por la defensa del agua y de la vida: ¡Conga no va!


Tanto daño, tanto engaño, no más minería en Cajamarca, no más contaminación, seamos libres como el agua, como el viento. ¡Jallalla Pachamama! ¡Jallalla!
GRUPO TINKARI, 2012


“¡Agua Sí, Oro No!”, “¡Conga No Va!” o “el agua es un tesoro que vale más que el oro” son algunas de las arengas que retratan parte de las luchas y resistencias contra el Megaproyecto Minero Conga. Éste fue impuesto de manera violenta a los pueblos originarios de Cajamarca en el año 2011 por parte del Estado y la empresa minera. Cada una de las expresiones citadas enaltece y recuerda, como si fuera ayer, uno de los episodios de lucha y resistencia histórica más conocidos en América Latina, con venas abiertas todavía. En medio de todo, gran parte de las mujeres, hombres, niños, niñas, jóvenes, ancianos y ancianas, y la sociedad civil, nacional e internacional, han venido manifestándose firmemente en contra de la minería de las formas más originales y valiosas.


En especial, en estas líneas nos gustaría alabar e indagar mejor el aporte de las rondas campesinas en esta región del Perú. Ellas constituyen la base de la organización comunal de defensa que surgió de manera autónoma en las zonas rurales del norte del Perú en los años de 1970 frente al frecuente robo de ganado (abigeato). Así, ejercían su derecho consuetudinario en el cuidado de su territorio al “rondar” y/o cuidar sus territorios. Esa es la misma forma que emplean hoy en día al ser guardianes y guardianas de las lagunas, las cuales se ven amenazadas por la destrucción de la empresa minera.


Asimismo, estas organizaciones de autoprotección del campo y de las ciudades se autodenominan democráticas, patrióticas, justas y moralizadoras, guiadas por sus prácticas, tal como lo señala la Central Única Nacional de Rondas Campesinas del Perú CUNARC-P, la cual es su instancia legítima de representación política. Es por ello que esta significativa experiencia, muy semejante a otras resistencias de los pueblos del Perú y de Latinoamérica, nos ayuda a continuar construyendo las alternativas descolonizadoras desde esta parte del Sur del continente.


Sentir y pensar desde América Latina: la descolonización sentipensante


Entendemos la descolonización como un conjunto de alternativas y proyectos necesarios que cuestionan las estructuras elementales de las problemáticas latinoamericanas. Para Fanon es una noción referida a trasformaciones en el plano epistémico y ético-político. Autoras feministas como Galindo contribuyen a pensarla como el ejercicio de poner en cuestión las estructuras, lógicas y sentidos coloniales de todas y cada una de las instituciones. En el análisis de Quijano, se trata de irrumpir y atacar a la colonialidad del poder, la cual es entendida como un conjunto de patrones de dominación que se ven expresados en la conformación estructural de las sociedades latinoamericanas. He ahí la importancia de mapear alternativas descolonizadoras desde diferentes aspectos.


Tras haber estudiado las experiencias de lucha y resistencia frente al extractivismo protagonizadas por las rondas campesinas es de gran importancia tomar y rescatar los conocimientos que ellas traen para la comprensión de sus realidades. Es así que esas experiencias expresan, por ejemplo, sus visiones propias del Buen Vivir.


El intelectual indígena Javier Lajo, nos dice que este paradigma (que en términos andinos-amazónicos sería el Sumaq Kawsay-ninchick) plantea un distanciamiento entre la visión occidental y la indígena de la relación de la persona y la naturaleza, donde el cuidado de la vida es lo más importante. Para las rondas campesinas esta noción permea su modo de vida y existencia donde se enaltece el respeto a la Madre Naturaleza, especialmente, a la Yacumama o Madre Agua. Ejemplo de ello es la manera de organizarse frente a megaproyectos extractivos como la minería donde una de las acciones fue cuidar y/o rondar las fuentes de agua que serían impactadas de forma irreversible por la empresa Yanacocha. En ese sentido, como señala Yrigoyen, las rondas campesinas son sujetos colectivos que hacen uso legítimo de su derecho consuetudinario en la protección de sus territorios jurisdiccionales. Esto quiere decir que conciben y practican el derecho desde sus conocimientos ancestrales, lo cual es amparado por la propia Constitución Política del Perú, la cual reconoce ese sistema jurídico al mismo nivel que el sistema jurídico ordinario. Por lo tanto, las rondas campesinas nos ayudan a ver cómo esta forma de organización abre caminos para repensar la propia descolonización del derecho en América Latina.


Lucha contra la minería y descolonización


El papel de las mujeres ronderas es, sin duda, uno de los pilares más importantes en el gran camino de lucha y resistencia. Ellas afirman que siempre se han dedicado a actividades como la agricultura, la ganadería o el comercio, por ello el impacto de las actividades extractivas les afecta como mujeres, pues son ellas las que utilizan el agua y ven cómo su carencia puede afectar a sus familias. Del mismo modo, la organización como rondas campesinas femeninas vienen a ser espacios donde ellas mismas se ven representadas con sus mismas pautas y propuestas al reivindicar sus derechos como mujeres. Todo ello podría considerarse como parte de las múltiples miradas propias de una descolonización despatriarcalizadora.
Rescatamos también que las experiencias de lucha y resistencia frente a la minería constituyen procesos de descolonización, pues son en estos escenarios donde se visibilizan los conocimientos ancestrales sobre el control de sus territorios que las rondas campesinas poseen. Ellas mismas lo expresan señalando que sus conocimientos ancestrales, sus múltiples saberes y las capacidades de los pueblos tienen de unirse para construir otro mundo basado en la defensa de la dignidad humana, el respeto a los derechos ambientales y de todos los seres vivos acogidos por la Madre Tierra o Pachamama.


Otro aspecto interesante es que los episodios de lucha y resistencia resignifican las propias prácticas que como sujetos colectivos poseen. Valores como la solidaridad, reciprocidad y organización comunal cada vez forman parte de un pensamiento local que se expande a otras experiencias similares, por ejemplo en la formación de redes a nivel nacional e internacional donde la defensa del agua y de la vida son el centro de la lucha. Por ejemplo, podemos citar a la Vía Campesina como una red de resistencia a nivel mundial en la defensa del agua, el territorio y la vida. Todo ello con un trabajo conjunto entre hombres y mujeres donde la descolonización también vaya de la mano de senderos despatriarcalizadores.

Por Shyrley Tatiana Peña Aymara
Docente en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y encargada de Relaciones Internacionales del Instituto Internacional de Derecho y Sociedad (IIDS)

publicado
2019-02-08 10:00:00

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Monólogo del río Cauca No. 2 en La(mento) mayor

  Yo no diré qué mano me lo arranca,
ni de qué piedra de mi pecho nace:
Yo no diré que él sea más hermoso...
¡Pero es mi río, mi país, mi sangre!
DULCE MARÍA LOYNAZ

 

Yo río
de tus cóleras inútiles, oh Río,
oh tú Bredunco, oh Cauca de fragoroso
peregrinar por chorreras y vocales
atormentado, indómito y bravío
y de perezas infinitesimales
en los remansos de absintias aguas quietas,
y de lento girar en espirales
Y de cauce luminoso!
Oh Cauca, oh Cauca Río.
RELATO DE ERIK FJORDSSON. LEÓN DE GREIFF.

 

¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Piedad! ¡No me abandonen, ciudadanos de este hermoso suelo! Hoy, más que nunca, clamo, imploro, ruego: ¡Derriben ese muro antes de que sea tarde! Me llamo el Cauca. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! Los convoco a que se unan a mi rugido —cada minuto más débil— y entonemos, al unísono, un glorioso cántico de batalla, en un frente unido: «¡Yo soy el Cauca!»
Esos hombres… no los quiero nombrar… —ingenieros y burócratas, trúhanes modernos y majaderos antiguos, tejidos de villana y grosera tela, echacuervos, corazón de mantequilla, con ánimo de ratón casero, de alma endurecida y pan mal empleado— desean, en su fuero interno, que yo diga, ¡ay de mi!... yo fui el Cauca. No será así.

 

Cañon del Río Cauca, antes de la construcción de Hidroituango.
 

 

Pero, ¡ay!, desfallezco en mi debilidad. ¿Quién puede sobrevivir así? Se me va el oxígeno, se me van las aguas, mi acuífero se vacía sin remedio. Y aún así, lucho, pervivo, resisto, aniquilado atrozmente a manos de tan notables cobardes, mentirosos infinitos, incumplidores de promesas y amos de ninguna cualidad que faltan a la verdad tantas veces como horas tiene el día. Soy el Cauca: portentoso, amplio, profundo, sereno y amoroso. Soy el Cauca, acompañado, nutrido, a mi izquierda, del vertiginoso Timba, del pedregoso Rioclaro, del brioso Jamundí, del manso Lilí, del helado Meléndez, del apretado Cañaveralejo, del agreste río Cali; también del Arroyohondo, del Vijes, del Mediacanoa, del río Pie-dras, del Riofrío y del Pescador; a mi derecha: del Desbaratado, del río Frayle, del Párraga, del Amaime, del Cerrito, de la cristalina e impetuosa Zabaletas, del Guabas, del apacible Sonso, del añoso Guadalajara, y del Tuluá; y también del Bugalagrande, La Paila y La Vieja. No es posible que tantos afluentes vengan a mi, a verter sus aguas cargadas de vida y en-cuentren que no hay esperanza, que todo es en vano.

 

Hoy agonizo. Muero, y conmigo, muere la vida. ¿Para qué sirven estas venas que me nutren si igual aniquilan mi corriente? Mis aguas son detenidas, estancadas por ese in-fame murallón. ¡Atrás, idiotas de cascos blancos, engendros de tres centímetros de estatura! ¡Quiero vivir! Al igual que quieren la vida las especies de la flora y la fauna a las que otorgo el hálito vital; al igual que perviven en mi cuenca los minerales que la nutren: el carbón, la piedra caliza, el mármol, el oro, la plata, el platino, el hierro y el amianto. Por otra parte, de mi dependen los cultivos de arroz, sorgo, yuca, café, cacao, algodón, maíz, frijol, caña de azúcar y banano; los he parido desde tiempos inmemoriales, desde antes de que llegaran esos ingenieros de cascos blancos ilustrados de una inteligencia más espesa que el engrudo de una horrible bazofia. Me enferma el solo verlos acercarse a mis aguas. En verdad, quisie-ra ahogarlos, pero no quiero contaminar más mis aguas.

Foto parcial de Cañon del Río Cauca, luego de su secamiento inducido por Hidroituango.
 
 

Sí, hablo desde la rabia y desde la ira y desde el dolor que me causa el ecocidio que ellos, hombrecitos de poca valía, se empeñan en sacar adelante a cualquier precio. A ellos —el ingenioso hidalgo los llamaría traidores, descompuestos, villanos, infacundos, deslen-guados, atrevidos, desdichados, maldicientes, canallas, rústicos, patanes, malmirados, be-llacos, socarrones, mentecatos y hediondos— no parece importarles las comunidades asen-tadas aguas abajo de ese paredón de la muerte. A ellos —diría el florido bardo inglés que no son más que tumores, llagas que supuran, úlceras inflamadas en la sangre corrompida de su propio país—, no les interesa las innumerables especies de peces, entre ellas, la sardinata, el barbudo, la picuda, la cucha, el mazorco, el bocachico, el jetudo, el chango, la sabaleta, la guabina, el guachilejo y la dorada, que han muerto y siguen muriendo en las orillas desecadas de mis riberas. A ellos —sus mentes más secas que un mendrugo de bizcocho después de un largo viaje—, no les importa que un río, el segundo río de este sufrido país —pero hermoso y espléndido—, muera impunemente. Todo por la codicia infinita y arrogancia sin límites que los carcome como el orín a las latas de un carromato abandonado al salobre trópico. No sigan, por favor, dando explicaciones ni justificaciones: que la compuerta tal, que no sé qué cuarto de máquinas, que el túnel sí se cuantos, que el rebosadero tal; sus explicaciones técnicas infectan mi entendimiento y mi serena sabiduría.

Muestra parcial de peces muertos por la sequía inducida del Río Cauca.
 
 

¡Silencio! Solo admito hechos; solo concedo que mis aguas corran libremente, que ese muro sea derribado y deje de existir; que ninguna pared me detenga. Suficiente mal han hecho, dejen de empecinarse, como el más ponzoñoso de los venenos, en sacar adelante una hidroeléctrica que no tiene pies ni cabeza, que nació fallida y sigue fallida por la inmensa soberbia de querer detenerme, a la brava, a toda costa.


¡Apártense! ¡Aléjense! Ustedes huelen mal. Me repugna su hedor, el más horrible que alguna vez haya ofendido un noble olfato, sepan que sobre mis aguas, mis riberas y mis valles sobrenadan los dulces aromas que despiden camias, guayacanes, sarrapias, balsaminas y samanes; que, de mis laderas encañonadas, sobresalen mil especies de orquídeas, que en mi cuenca revolotean las mariposas multicolores y cantan las tórtolas, la mirlas, los periquitos, los carpinteros y graznan los patos pico de oro; que de mis arenales surge la vida, la armonía, la belleza de la naturaleza indómita.

Aquí han vivido, antes de estos tiempos aciagos, numerosas tribus autóctonas; recuerdo, cómo, hace quinientos años, habitaban estas tierras los liles, los gorrones, los chancos, los quimbaya, los carrapa, los picara, los paucura, los pozo, los arma, los anserma, los buriticá, los dabeiba, los catío. Poco o nada queda de ellos. El hombre blanco los aniquiló, los ahuyentó, los desplazó. Ahora hay poblaciones mestizas, mulatas, afrodescendientes, indígenas: gente pobre, gente honesta, gente trabajadora, gente necesitada, a lado y lado de mis riberas, que viven de lo que proveo; de lo que otorgo en mi munificencia infinita. Pero esta gente buena no puede vivir si mis aguas no bajan; no puede sobrevivir si de mí no puede sacar agua para su subsistencia; no puede comer si se acaba la pesca artesanal en mis aguas; ni tampoco puede regar sus sembradíos si, simplemente, el agua no está.

Río Cauca, a la altura de Caucasia, luego de entrar en funcionamiento la compuerta Nº2 de Hidroituango.
 
 

Es posible matar los ríos; en el mundo asesinan ríos todos los días. Yo no quiero ser uno de más de ellos. ¡Por favor! ¡Detengan a esos malvados! La acidez de su actitud des-compone las más dulces de las mandarinas, granadillas, y naranjas que se cultivan en mis riberas. Ni siquiera ellos —amos de la insolencia—, creen en la viabilidad de su proyecto. Entonces, ¿por qué tanta perversidad? Han dicho, farfullando, mascando las palabras, des-de la primera emergencia, hace ya tantos meses, que su hidroeléctrica no es viable, por tan-to, tiene más fe un coco cocido que sus cabecitas huecas; sus rostros descoloridos, forrados de mentiras, no merecen siquiera la resolana de mediodía.

Y, el país ¿qué hace? ¡Por qué tanto silencio? ¡Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué tanta connivencia de la gran prensa con aquellos señores de cascos blancos en sus oficinas inteligentes? ¿Dónde están las corporaciones regionales, la autoridad nacional de licencias ambientales, el tal ministerio del Medio Ambiente? ¿Por qué tanto mutismo? ¿Por qué la prensa hegemónica distorsiona la realidad de la catástrofe ambiental, la mengua, la empe-queñece y la niega? ¿Acaso no es este el peor crimen ecológico que se ha cometido en el país? Acaso soy yo, un río que agoniza, quien tiene que recordarles el lamento de aquel hombre que dijo, en medio del desamparo: «Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista… Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.» ¿Cuántos ríos más hay que asesinar en este país, cuántos páramos más hay que aniquilar, cuántos pueblos más deben quedar sin agua, cuántos sembradíos más deben marchitarse para que alguien se levante y me ayude a derribar ese muro de la obstinación? ¿Debo recordar —¡yo, qué ironía!—, que sin agua no hay vida?


¡Oh, dolor! ¡Oh, desesperanza! ¡Oh, cólera infinita! Recuerdo antaño, cuando re-montaban mis dulces aguas caucanas en sus falúas, andaluces y extremeños, barbudos, allende cuidadores de cerdos, villanos y analfabetas, llegados ávidos de riqueza inmediata. A su encuentro, salían de los caños escuadrones de veloces canoas que pirueteaban en torno a las naves comandadas por los españoles. A las ballestas, arcabuces y los juramentos se oponían miles de indios emplumados que hacían llover sobre los hombres vestidos de latón —no por ello invulnerables—, las flechas, las lanzas de chonta, el polvo de ají, las hondas de majagua, las macanas de guayacán; adormilaban y confundían a los que salva-ban de la flecha envenenada con vapores y humos, provenientes de columnas de fuego encendidas con maderas verdes, o con sahumerio de ají y pimienta quemada que les provocada quemazón en los ojos. Y el ají, bajo la forma de polvo molido, lo arrojaban a los ros-tros de los españoles, ocasionándoles —hasta risa me da—, un intenso estornudo. Buscaban, los arteros indígenas, que los españoles descuidaran sus rodelas para ofrecer un fácil blanco a las fechas envenenadas. Aupados, además, por su tenebroso vocerío y el zumbido de las trompetas de balso, caían sobre los conquistadores y hundían sus naves. Mis aguas, revoltosas, tornasoladas de ocre-sepia-marrón, se los tragaban para castigar su osadía.


Oh, tiempos aquellos donde el hombre originario de esas latitudes era invicto, valiente y temerario ante la afrenta civilizadora. Hoy no hay —¿o me equivoco?— flechas envenenadas, ni lanzas de chonta, ni hondas de majagua; pero no soy yo, el Cauca, quien debe listar los recursos y acciones legales, sociales, populares, disponibles para desafiar la apocalíptica bestia de siete cabezas y diez cuernos que llaman dizque Hidroituango. Y, si por desventura, el derecho de los hombres, lo que llaman la ley positiva, no es suficiente, que entonces sea la ley divina, la ley eterna, la ley de la naturaleza, la ley de origen, aquella misma que asistió a Antígona, y que nunca caduca, la que se encargue de que se haga justicia.


¿Es demasiada osadía o altanería, pregunto, pedir que a un río —el segundo del país—, se le permita vivir? ¿Acaso es mi clamor un clamor egoísta e interesado? ¡No! Si vi-vo, viven las comunidades aledañas; si vivo, viven las aves, los peces, las flores, los árboles, los arbustos; si vivo, viven los cultivos de mi cuenca; si vivo, viven y vuelan las aves. Por eso, cuando hablo, cuando decido no callarme, lo hago porque me atormenta, mucho más que mi lecho seco y maltrecho, la vida y la alegría que se extingue en mi entorno por el súbito desecamiento al que me someten esos señores de cascos blancos desde sus supuestas oficinas inteligentes.


Amenazas más grandes ha enfrentado el pueblo colombiano para que se amilane hoy ante un adversario no pequeño, pero tampoco invencible. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! ¿Quién no es el Cauca? ¡Que nadie me deje solo! ¡Que todos expresen su indignación frente a lo que ocurre ante sus ojos! ¡Qué todos exijan justicia y reparación! Que todos sepan, también, en su generosidad infinita, perdonar, a quienes me han querido aniquilar. Mi madre, la Señora Naturaleza, sabrá lo que debe venir.

 

A los 9 días de febrero de 2019

 

*Escritor, novelista, periodista. Miembro del Consejo de Redacción de Le Monde Diplomatique, edición Colombia. Su más reciente novela es La sembradora de cuerpos, (Seix Barral, 2019).

 

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Jueves, 07 Febrero 2019 06:08

América Latina, más allá de Venezuela

América Latina, más allá de Venezuela

Todos los partidos y medios parecen muy preocupados por las libertades y los derechos de la población venezolana, sin embargo poco se dice de esa otra América Latina, que está sufriendo el avance de los Gobiernos autoritarios con discursos genocidas y de las multinacionales que violan los derechos humanos de poblaciones enteras.

 

“Es una vergüenza que la caballería brasileña no fuera tan eficaz como los estadounidenses, que exterminaron a sus indios”. Desde luego la sentencia rezuma por todas partes militarismo, racismo y xenofobia. Pues bien, no es autoría de algún anónimo, sino frase literal del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Y parece que este hombre está determinado a ser esa caballería que tanto admira, porque uno de sus primeros decretos, al asumir la presidencia el 1 de enero, amenaza directamente los territorios indígenas al poner estos bajo la dirección del Ministerio de Agricultura, dirigido ahora por la líder de los terratenientes brasileños. A lo que se debe añadir, va en el mismo lote, la amenaza bastante real de acabar con la Amazonia en beneficio de garimpeiros, madereros, ganaderos o petroleras varias.

En Colombia, solo en 2018, fueron asesinados 35 líderes indígenas en un proceso en el que la construcción casi imposible de la paz se salpica diariamente con nuevas muertes, llegando a superar ampliamente las dos centenas en ese mismo año y la decena ya en las primeras semanas que han transcurrido del 2019. Aquellos liderazgos sociales que defienden que esa paz, para ser verdadera, debe cargarse de justicia y dignidad para las grandes mayorías del país, hoy siguen regando con su sangre campos y cunetas.


En Guatemala y Honduras se criminaliza y asesina, por tratar de ejercer los derechos humanos frente a oligarquías y transnacionales, y ello de forma especial en los territorios mayas, xincas o lencas, tal y como le ocurrió a la dirigente Berta Cáceres y a tantas otras mujeres y hombres. Toda la estructura de estos Estados se ha puesto al servicio de unas pocas familias, élites corruptas que manejan la totalidad del poder político y, por supuesto, el económico. Oligarquías que entregan estos países a la explotación desenfrenada de sus recursos naturales (agronegocios, mineras, hidroeléctricas…), en detrimento de quienes por siglos ahí vivieron.


En este mismo año 2019, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha recomendado a Chile que cese en su discriminación a los indígenas. En especial, para el caso mapuche, discriminación siempre acompañada de represión y muertes de aquellos que reclaman el derecho a definir su presente y su futuro, así como a seguir defendiendo sus territorios. Estos espacios son, entre otros, continuamente invadidos por hidroeléctricas y forestales que los explotan y agotan en la búsqueda permanente del máximo de beneficio al menor costo posible despojando a este pueblo de sus derechos sobre los mismos.


Y así podríamos seguir alargando este listado de ataques e injusticias contra los pueblos indígenas en la mayoría de los países del continente. Mismo caso si hablamos del campesinado, de las mujeres, de los barrios pobres de las ciudades latinoamericanas. Es esta una constante hoy, cuando el neoliberalismo en sus versiones más duras vuelve, abiertamente aliado a posiciones de extrema derecha, para dominar en la mayoría de gobiernos de la región. Lo que supone que se reabren tierras y territorios a la explotación ciega de transnacionales madereras, mineras o hidroeléctricas, entre otras, o que se retorna a la privatización de servicios y sectores estratégicos y a la restricción de derechos.


Pero un repaso a los medios de comunicación en estas semanas nos llevará, si reparamos en ello, a constatar la invisibilidad de estas situaciones que, sin embargo, se repiten en una sucesión sin fin. No son Venezuela y los aparentes ideales de justicia, democracia y derechos humanos que tanto preocupan a algunos para este país, desaparecen en estos otros casos. Pueden olvidarse, no interesan.


En prácticamente la misma línea podemos recuperar una reciente declaración Ana Botín, presidenta del Banco Santander, en la que llamaba al orden a cierta prensa por sus consideraciones y crónicas sobre la gran banca. Decía que “a los periodistas les gusta contar lo negativo”. Claro que esto se podría considerar simplemente la opinión de una persona, pero todo cambia cuando pensamos que esa persona es una de las más poderosas y ricas del Estado español y que su banco, entre otras cuestiones, posiblemente retiene gran parte de las deudas de la mayoría de los medios de comunicación, además del negocio que para éstos supone recibir (o no) la publicidad de un banco de estas características. Aviso a navegantes, que dice el refranero popular y toque de atención para que los medios sepan lo que interesa a las élites que se publique y lo que no es conveniente.


Podríamos entonces, más allá de hablar de las relaciones entre la banca y los medios de comunicación, buscar un sentido más profundo a la frase de Ana Botín y decir abiertamente que a las transnacionales no les gusta que se hable de lo negativo que hacen. Dominan y controlan medios y gobiernos para que todo sea el buen hacer de estas empresas en pro del desarrollo de los países, sin decir que, en realidad, hablan del desarrollo y crecimiento de sus negocios a costa de los países y pueblos.


Se entiende así que presidentes de gobierno, como por ejemplo Pedro Sánchez viaje a México y declare a su inmediata llegada que las empresas españolas “sólo crean prosperidad y empleo”. Mientras tanto oculta, por ejemplo, que en ese mismo país, principalmente en territorios indígenas del estado de Oaxaca, en el llamado Corredor Eólico del Istmo de Tehuantepec varias empresas españolas como Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Acciona y Renovalia, están generando desde hace años toda una serie de impactos socioecológicos y vulneración de derechos humanos, sistemáticamente denunciados por la población, que sigue sin ver llegar el desarrollo que constantemente se les promete.


Y en todo este contexto, se comprenden mejor exabruptos como uno de los últimos del Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno español, José Borrell, cuando dijo, en forma y fondo claramente racista y de desprecio absoluto hacia “el otro”, que los Estados Unidos tenían poca historia y que, básicamente, lo que habían hecho fue “matar a cuatro indios”.


Podemos dejarlo pasar, podemos entenderlo como el comentario insultante o un simple desliz de un señor. Pero así le quitaríamos importancia al hecho dramático que fue ese auténtico genocidio contra la población indígena de lo que hoy es el territorio estadounidense, y que ahora se califica como una cuestión menor por un ministro de Asuntos Exteriores. O, por el contrario, nos podemos preguntar si no es también una forma de justificar o minimizar tropelías, criminalizaciones y asesinatos que hoy, un siglo y medio después, se siguen cometiendo en ese mismo continente a fin de defender intereses económicos de oligarquías locales y transnacionales.


Recuperamos así la primera frase que abre este escrito del presidente brasileño, planteada en el mismo sentido de esta última, y podemos comprender entonces la comunión entre ambas de visiones, estereotipos y desprecio hacia los derechos humanos individuales y colectivos. Pronunciadas por aquellos que tienen, oficialmente, muy altas responsabilidades y que deberían tener como principal preocupación la mejora de las condiciones de vida de todas las personas y no solo de las minorías enriquecidas.


Cuesta así, cada día más, creer a estas élites políticas cuando nos hablan de la libertad, la democracia y los derechos humanos en determinados países mientras que, con sus relaciones estrechas con las élites económicas, siguen tejiendo y alimentando injusticias continuas contra países y pueblos enteros. Ocultan y se aprovechan ambas de esa otra América Latina sin atender a sus preocupaciones y dando a entender que ésta parte del continente no tiene derecho a la libertad, como si dicho derecho quedara reservado y cada día más restringido solo para aquellos y aquellas que están en la cúspide del sistema dominante.

Por JESÚS GONZÁLEZ PAZOS
MIEMBRO DE MUGARIK GABE

PUBLICADO
2019-02-06 13:19:00

Publicado enCrisis Venezuela
Brasil vuelca su indignación contra la empresa minera Vale y exige justicia

Cinco ingenieros que evaluaron en diciembre la presa que se quebró fueron detenidos por orden de una juez que se plantea acusarles de homicidio, crimen ambiental y falsedad

El impacto inicial por la catástrofe de la mina de Brumadinho, en Brasil, ha ido derivando con el paso de los días en una creciente indignación e ira de los familiares, los ambientalistas, los políticos, sus propios accionistas y la ciudadanía en general hacia Vale, la empresa propietaria que ya estuvo implicada en un desastre similar en 2015. La exigencia para que se haga justicia, esta vez sí, es ya un clamor. Cinco ingenieros que evaluaron en diciembre la presa que se quebró fueron detenidos cautelarmente este martes por orden de una juez que se plantea acusarles de homicidio, crimen ambiental y falsedad. Tres de ellos, empleados de Vale, estuvieron directamente implicados en la última autorización de la mina Córrego do Feijão, en diciembre. Los otros dos trabajan para la auditora alemana Tuv-Sud, encargada de evaluar el riesgo de la instalación. Todos los permisos estaban en regla.


El rastreo en busca de las víctimas prosigue mientras tanto en Brumadinho, en el estado de Minas Gerais, donde el 10% del PIB depende de la minería. Las autoridades sostienen que es probable que no todos los cadáveres puedan ser recuperados, dada la extensión que alcanzó la marea de lodo y su densidad. Los muertos son ya 84, según el último balance oficial, pero aún permanecen desaparecidas 276 personas, en su mayoría empleados de Vale o de subcontratas que trabajaban en la instalaciones en el momento en que el dique cedió y surgió una lengua de barro que devoró todo y a todos.


Las detenciones, a primera hora de la mañana, se produjeron después de que la víspera arreciaran las críticas a la cúpula de la mayor empresa minera de Brasil por la magnitud de la tragedia y porque es reincidente. Inmediatamente después de conocerse el desastre de este viernes, esta compañía, un gigante de 100.000 empleados entre directos e indirectos, empezó a ser castigada en la Bolsa en la de Nueva York. Ese día, la de São Paulo estaba cerrada porque la ciudad celebraba su 465 aniversario, pero el lunes las acciones llegaron a caer un 22% en el índice Bovespa.


El presidente de Vale, Fabio Schvatsman, ha anunciado a última hora de la tarde que la firma va a acabar con las represas como las de Brumadinho y de la mina Mariana, a la que la compañía Vale también estaba vinculada. Esta sufrió un desastre similar hace tres años. En ambos casos cedieron los diques que contenían inmensas balsas de residuos de la actividad minera generando un tsunami de lodo devastador. Menos de 100 kilómetros separan a una mina de la otra. El impacto ambiental fue entonces mucho mayor; murieron 19 personas. En Brasil existen unas 4.000 represas que están oficialmente consideradas de “alto potencial dañino”, de esas 205 contienen residuos minerales, según ha explicado el ministro de Desarrollo Regional, Gustavo Canuto. El ministro ha precisado que, como el Gobierno no tiene capacidad de auditarlos todos, va a dar prioridad a los que entrañan mayores riesgos.


Vale había echado mano antes de diversos recursos para parar el golpe y aminorar el dolor de los afectados. Ha anunciado una donación de 100.000 reales (27.000 dólares, 23.000 euros) para las familias de cada uno de los fallecidos y de las personas que no han sido localizadas independientemente de si trabajaban en la mina o no, ha anunciado la contratación de médicos del hospital Albert Einstein —precisamente donde el presidente, Jair Bolsonaro, se recupera de la operación para retirarle la bolsa de colostomía tras el atentado sufrido en la campaña electoral— para atender a los afectados y el pago de más tasas a los municipios donde desarrolla sus actividades mineras.


Un grupo de inversores ha presentado una demanda civil en Estados Unidos contra Vale a la que acusan de la pérdida de valor de sus acciones ADR, que el lunes perdieron el 27% de su valor en ese país.

NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR
São Paulo 30 ENE 2019 - 04:30 COT

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Tres tablas periódicas que explican el irracional consumo de muchos aparatos electrónicos

En el Año Internacional de la Tabla Periódica, estas tres versiones analizan la escasez de muchos materiales clave, su impacto en la minería y su porcentaje de reciclaje

 

Estas son tres representaciones diferentes de la tabla periódica que muestran el consumo irracional de muchos materiales utilizados en aparatos electrónicos: la primera muestra el riesgo de escasez de cada elemento químico, la segunda el impacto en la minería y la tercera cuánto se reciclan. Este 2019 fue designado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, pues se cumplen 150 años de su creación por parte del científico ruso Dmitri Mendeleev.


La tabla periódica de la escasez


Esta primera tabla ha sido diseñada por la Sociedad Química Europea (EuChems) y muestra los 90 elementos químicos naturales con los que se hace todo (la tabla actual tiene 118 elementos, pero se han excluido los sintéticos creados por el ser humano). Su particularidad es que el área de cada elemento se ha dibujado más o menos grande en función de la cantidad aproximada existente en la Tierra. Además, se ha utilizado un código de colores para identificar aquellos con los que puede haber más problemas por la forma en que se están utilizando. En color rojo aparecen aquellos con los que puede haber un grave riesgo de escasez en los próximos 100 años (como el galio (Ga) o el indio (In). En naranja, los que muestran un riesgo en aumento por su uso creciente (como el cobalto (Co). En amarillo, con los que puede haber riesgo futuro de abastecimiento (como el litio (Li)).

 

La tabla también señala los materiales usados para fabricar un smartphone. Uno solo de estos teléfonos contiene cerca de 30 minerales. Sin embargo, con 17 de ellos puede haber problemas en el futuro a causa de su escasez. Por ello, la EuChems critica que solo en la Unión Europa se tiren o reemplacen 10 millones de estos teléfonos todos los meses.

 

La tabla periódica del impacto en minería

La segunda tabla muestra la contaminación causada por cada elemento en su extracción minera. Los colores van del azul (el impacto más bajo) al rojo (el más alto). El oro (Au) es el que aparece con un impacto más alto, seguido de otros materiales como el mercurio (Hg), el platino (Pt)...

Esta representación aparece en un informe que acaba de hacer público el Foro Económico Mundial de Davos sobre basura electrónica, titulado ‘Una nueva visión circular para la electrónica’.

 

La tabla periódica del reciclaje

A excepción del helio (He), que es tan ligero que puede escaparse de la Tierra, los elementos químicos no desaparecen. Sin embargo, sí pueden dispersarse y volverse demasiado complicados de recuperar. Es lo que ocurre con los minerales usados en aparatos electrónicos que acaban en un vertedero.

 

La última tabla periódica también aparece en el mismo trabajo del Foro Económico Mundial. Esta vez, lo que se muestra es el porcentaje de reciclaje de cada uno de estos materiales. Como se ha visto, existe un riesgo creciente de escasez y muchos de ellos tienen un alto impacto en su extracción. Sin embargo, gran parte de la tabla está coloreada de rojo, que corresponde a menos de 1 por ciento de reciclaje. Es lo que ocurre con el galio (Ga), el indio (In), el itrio (Y)…

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Al menos nueve muertos y 300 desaparecidos tras romperse una represa minera en Brasil

El dique de contención se ha quebrado y el lodo ha sumergido el comedor de las instalaciones, según el presidente de la empresa propietaria

 

Al menos nueve personas han muerto y casi 300 permanecen desaparecidas después de que la rotura de un dique de contención de residuos de una mina brasileña inundara este viernes una amplía extensión de terreno de lodos férreos. La catástrofe ha ocurrido en el municipio de Brumadinho, en Minas Gerais (sudeste de Brasil) y las probabilidades de encontrar vivos a los desaparecidos son "mínimas", según aseguró el gobernador del Estado, Romeu Zema antes de que se diese a conocer el último balance oficial de víctimas. 

La compañía propietaria del complejo minero, Vale, ha precisado que el accidente sucedió a primera hora de la tarde en la conocida como mina Judía. El presidente de Vale, Fabio Schwartsman, ha explicado en una rueda de prensa que había algo más de 400 empleadas de la mina (propios y subcontratados) en el momento del colapso. Las primeras imágenes muestran la zona convertida en un mar de barro.


La rotura del dique de contención se produce poco más de tres años después de la tragedia ambiental de Mariana, la más grave de la historia del país sudamericano. Schwartsman ha asegurado que la empresa desconoce por qué ha colapsado la presa, que está vigilando otros diques en la mina. El máximo directivo de Vale ha añadido que "el impacto ambiental puede ser menor que aquel pero el coste humano, mayor".


El presidente brasileño, Jair Bolsonaro,lamentó la catástrofe en nota compartida en sus redes sociales. "Nuestra mayor preocupación en este momento es atender eventuales víctimas de esta grave tragedia", afirmó. El Gobierno activó un gabinete de crisis, coordinado por los ministerios de Desarrollo Regional y de Medioambiente.


La empresa minera Vale movilizó al cuerpo de bomberos y activó su plan de emergencias. “La prioridad total de Vale, en este momento, es preservar y proteger la vida de empleados y de miembros de la comunidad”, explicó la compañía en un comunicado. La catástrofe de Brumadinho hizo caer un 8% las acciones de la minera en la Bolsa de Nueva York este viernes.
La rotura de la presa de Vale en Brumadinho sucede tres años después del desastre de Mariana, la mayor tragedia ambiental del Brasil, ocurrida en noviembre de 2015. Entonces, la presa de Fundão, de la Samarco (propiedad también de Valle y de BHP Billiton), se rompió, matando a 19 personas y provocando un tsunami de barro que avanzó sobre el río Doce hasta llegar al litoral de Espírito Santo.


Alrededor de la 13.30 (hora local) el Ayuntamiento de Brumadinho alertó en sus redes sociales a la población de que se mantuvieran alejados del lecho del río Paraopeba.
El Instituto Inhotim, un museo a cielo abierto de arte contemporáneo localizado en Brumadinho, informó a través de sus redes sociales que fue evacuado por precaución. “Debido a la rotura en Brumadinho (MG), el Instituto Inhotim comunica que evacuó el área de visitas del museo" siguiendo las recomendaciones de las autoridades, explicó la institución. Inhotim es uno de los principales destinos turísticos del Estado de Minas Gerais y recibe miles de turistas todos los meses.


También a través de una nota, el Ministerio de Desarrollo Regional informó de que está "en contacto constante con los equipos de Defensa Civil".

 

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Luxemburgo será el primer país del mundo donde el transporte público será gratuito

El país centroeuropeo ha tomado la medida para reducir los niveles de contaminación e incentivar el uso de transporte público. Es el primer Estado que regula de esta forma este tipo de transporte y se pone a la cabeza a nivel mundial.


Luxemburgo se ha convertido en el primer país de todo el mundo en el que el transporte público será gratuito sin ningún tipo de distinción. Recogiendo el testigo de la ciudad francesa de Dunkerque, a partir del 1 de marzo de 2020 ningún autobús, tren o tranvía tendrá coste para los ciudadanos del país europeo, siempre y cuando viajen en clase turista.
François Bausch, ministro de movilidad y trabajos públicos del Estado centroeuropeo, anunció en su Twitter que también habrá fuertes inversiones para mejorar las infraestructuras del transporte público que empezará por los trenes, ya que serán gratuitos para aquellos que no viajen en primera clase a partir de este domingo.

La medida entrará en vigor a partir de marzo del próximo año debido a la caducidad de los abonos de los ciudadanos que son anuales o temporales, por lo que el último día de validez de los tickets será el 29 de febrero de 2020, consiguiendo así aunar los abonos diarios, mensuales y anuales.


Por otra parte, Luxemburgo puede enorgullecerse de ser el país con la red de transporte público más barata de toda Europa, ya que toda persona con menos de 20 años viaja gratuitamente y un billete de 24 horas tiene un coste de tan solo cuatro euros.

Esta medida también tendrá repercusión en sus países vecinos, ya que entre Bélgica, Francia y Alemania son 200.00 trabajadores los que cruzan diariamente a Luxemburgo, según afirman en The Independent.

24/01/2019 17:48 Actualizado: 24/01/2019 18:23
PÚBLICO

 

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Venezuela: la disputa es por los territorios

Desde semanas atrás, ya se anunciaban turbulencias a partir de enero-2019 en Venezuela, con la instalación de la Asamblea Nacional y la toma de posesión de Nicolás Maduro para un hoy incierto período presidencial 2019-2025. De nuevo, saltan una serie de jugadas políticas y geopolíticas de corto y mediano plazo, movimientos, alianzas y decisiones que avivan las tensiones ya existentes y buscan generar nuevos puntos de inflexión y cambios de escenario. El dramático avance de la devastación económica y de la descomposición política e institucional del país, sumado al hostil panorama internacional, nos han llevado a tiempos de mucha mayor volatilidad, en comparación con el muy conflictivo 2017.

Sin embargo, todo esto va mucho más allá de los reacomodos del poder institucional y los potenciales cambios de mandatario. Ante el colapso del rentismo, del Petro-Estado y toda su institucionalidad, la disputa por la renta ha ido perdiendo centralidad y se va dirigiendo con más fuerza hacia la apropiación directa de los recursos y el control de los territorios.

Mientras casi toda la atención se centra en la llegada de un ‘desenlace’ en las cúpulas del poder, lo cierto es que desde hace ya varios años se viene produciendo un intenso proceso de des-territorialización1 y re-colonización a lo largo y ancho de la geografía venezolana, que está teniendo un extraordinario impacto no sólo en los tejidos sociales, en la correlación de fuerzas y en los ecosistemas y la reproducción de la vida socio-ecológica; sino en la propia forma de la soberanía política en el país.

Es claro que el Estado/Gobierno de Nicolás Maduro está jugando un rol clave en este complejo proceso de recolonización, al intensificar la lógica extractivista, aplicando un brutal ajuste económico sobre los territorios (zonas económicas especiales, mega-proyectos como el Arco Minero del Orinoco A.M.O., entre otros), al tiempo que se vuelve políticamente muy agresivo y autoritario, y ha suprimido de facto el estado de derecho (estado de excepción permanente, zonas militares especiales, etc.).

No obstante, por más que algunos análisis quieran omitirlo, no es el único actor en el juego. En realidad ni siquiera es un actor homogéneo y sólido. La crisis hegemónica que se produce desde 2013 con la muerte de Chávez y la metástasis de la corrupción, se unen a la extraordinaria crisis económica que colapsa y caotiza al país, lo que ha hecho que el Petro-Estado venezolano no sea hoy más que una colección de grupos de poder (que pueden tener conflictos y tensiones entre sí) y un conjunto de instituciones precarias y discontinuas.

El impacto de esta Gran Crisis (2013-2019) ha sido tan profundo, que ha removido y redimensionado las múltiples contradicciones y tensiones territoriales ya existentes, al tiempo que los territorios quedan abiertos ante los flujos salvajes de la actual globalización tardía y descompuesta. Lejos de ser homogénea, estamos ante una cartografía política fragmentada, muy movible y volátil: una parte de la sociedad venezolana, precarizada, migra desde la hueca economía formal hacia estas dinámicas de apropiación directa de los recursos y el control de los territorios; prolifera el paramilitarismo en sus diversas formas; bandas criminales y sindicatos mineros; sectores militares corrompidos que ejercen poder feudal; frentes de las guerrillas colombianas ‘desmovilizados’ (exFARC) o no (como el ELN); poderosos sectores ganaderos y terratenientes; y la creciente influencia/presencia, directa o a través de intermediarios, de las corporaciones transnacionales; entre otros. Es el capitalismo global 2.0 al desnudo.

Estos procesos no se pueden comprender en código binario/lineal, polarizado o sólo como los intereses de la Nación contra el Imperio. Los grupos en disputa pueden actuar basados en sus intereses particulares/locales o articularse hasta hacer parte de redes regionales, nacionales e internacionales, que conectan con mercados globales de recursos primarios, legales o ilegales. En estas múltiples escalas engranándose podemos hablar también de una geopolítica de la Región Guayana, una geopolítica de Los Llanos, una geopolítica de la Amazonía, etc.

En cualquier caso, todos estos actores mencionados son agentes de la acumulación por desposesión y de una u otra manera operan bajo lógicas bélicas. En esto, aunque no se articularan entre ellos, coinciden. Constituyen las diversas estructuras de poder que promueven una re-territorialización del despojo y la expoliación, y parecen llevar a Venezuela a re-configurarse como una o un conjunto de economías de enclave.

Cartografías del despojo, guerras y resistencias: algunas coordenadas

Es imposible dar cuenta de todas las múltiples tonalidades y rasgos de estas disputas territoriales a nivel nacional. Apenas si podemos mencionar algunas de ellas y sus tendencias de manera general.

Además del colapso del capitalismo rentístico, las zonas de enclaves petroleros han entrado en decadencia (al igual que las propias ciudades). Esto ha propiciado que las economías informales de extracción hayan tomado un muy importante auge. Las lógicas de apropiación y poder se van dirigiendo con mucha fuerza al control de las tierras, el territorio y las posibilidades de la extracción de materiales (oro, diamantes, coltán, madera, especies protegidas, etc) e incluso agua, así como al de la movilidad social, de mercancías, corredores estratégicos y de comercios transfronterizos.

En la región Guayana y la Amazonía –las que consideramos las nuevas fronteras de los commodities venezolanas– son tal vez las áreas donde presenciamos estas dinámicas con mayor crudeza. Las principales zonas del oro, en la Reserva Forestal de Imataca (al oriente del estado Bolívar), están siendo atravesadas por lógicas de guerra y se han creado feudos mineros dominados por bandas criminales, militares corruptos y/o sectores de la guerrilla colombiana, lo que no excluye la existencia de enfrentamientos armados con componentes de las Fuerzas Armadas, principalmente a través de operativos. Las nuevas fronteras de los commodities son claves en la reformulación del proyecto extractivista venezolano, pero al mismo tiempo lo son para el enriquecimiento y consolidación de intereses particulares y el posicionamiento territorial en relación al conflicto político nacional. Por eso es tan importante el devenir de lo que vaya ocurriendo en estas áreas.

Estos procesos han hecho metástasis en la zona, expandiéndose con mucha fuerza desde mediados de la década pasada, y en especial en este período de crisis actual. Se han intensificado en la cuenca del Caroní, en el Parque Canaima, en la cuenca del río Paragua, en el sur oriente de Bolívar (frontera con Brasil) y en el Caura, así como en los territorios Yanomami y en los municipios nor-orientales del estado Amazonas. Del mismo modo ha ocurrido con el coltán desde el nor-occidente de Bolívar hasta el eje carretero, y en la frontera de Amazonas con Colombia hasta el sur (oro).

Las disputas entre grupos armados y la instalación del proyecto del A.M.O. han generado violencia, muertes y desplazamientos. Varios pueblos indígenas han puesto resistencia, como han sido los pemón, yekwana, yabarana, wótjüja, yanomami, entre otros, aunque varias de estas comunidades se han también incorporado crecientemente a la actividad minera informal. En el caso de los pemón, desde hace varios años han luchado férreamente contra los desplazamientos y el despojo de estos grupos, y constituyen hoy uno de los principales bastiones de resistencia en estos territorios.

Estas operaciones de extracción se están expandiendo aceleradamente por todo el país, bajo una lógica de saqueo. No solo en el sur: minas metálicas (como las de oro en el estado Carabobo o en Yaracuy) o no metálicas (areneras, caliza, entre otras) proliferan en la geografía nacional, estas últimas también impulsadas en buena parte por militares corruptos que dan un usufructo personal de estas, generando deforestación, desvío de ríos y conflictos con poblaciones locales. Situación similar está ocurriendo con la madera.

En la extensa región de los Llanos, se han venido recrudeciendo las disputas por la tierra, que desde 2001 y hasta la fecha ha dejado un saldo de más de 350 campesinos asesinados. En el período de crisis, han venido arreciando situaciones de desalojos arbitrarios de tierras que habían sido recuperadas por comunidades campesinas, para así ser re-apropiadas por latifundistas. Los campesinos señalan que han sido abandonados desde instancias gubernamentales, que son asediados y perseguidos, criminalizados, judicializados, amenazados y en muchos casos asesinados a través de paramilitares y sicarios pagados por terratenientes y latifundistas. Las agresiones se han registrado al menos en los estados Barinas, Portuguesa, Monagas, Anzoátegui, sur del lago de Maracaibo (Zulia), Apure, Cojedes, Trujillo, Guárico o Mérida. En los últimos meses se han registrado asesinatos de campesinos, como el caso de dos de ellos pertenecientes al predio Hato Quemao (Barinas), el dirigente campesino del Partido Comunista de Venezuela, Luís Fajardo (sur del Lago) o recientemente (12/01/19) el de José "Caballo" de La Cruz Márquez, también en el sur del Lago.

El 12 de julio de 2018, un grupo de 200 campesinos que hacen parte de La Plataforma de la Lucha Campesina, inició una marcha desde Guanare (estado llanero de Portuguesa) recorriendo 430 kms a pie durante 21 días hasta llegar a la capital Caracas, en lo que representa una movilización inédita en Venezuela, y de grandes repercusiones políticas para los movimientos populares. Los campesinos exigen justicia por los asesinatos y denuncian cómo organismos de seguridad como la Guardia Nacional o la Policía Nacional Bolivariana habían participado de agresiones hacia ellos. A su vez, plantearon la necesidad de redireccionar el modelo agrícola, reconociendo a los campesinos como eje central de la soberanía alimentaria en el país. Estas movilizaciones revelan la necesidad de reorganización y relanzamiento del movimiento campesino, ante las crecientes amenazas a las que se ven expuestos.

Estados como Zulia y Táchira, como ya es sabido, son zonas sobrecargadas de intereses económicos y conflictos, claves en el mil millonario comercio ilegal de contrabando y extracción transfronterizo entre Venezuela y Colombia, pero además tienen incidencia en la dinámica de las conflictivas relaciones entre estos dos países. Numerosos actores armados –en buena parte, provenientes del conflicto colombiano– han incursionado y se han posicionado en diversos territorios, y hacen parte de intensas disputas por el control de los mismos, así como de los negocios de la gasolina, alimentos, entre otros. Quisiéramos destacar, para el caso del Zulia, el asedio en los últimos años que han sufrido los indígenas en la Sierra de Perijá (yukpas) y La Guajira (wayuu), siendo que esto se ha intensificado con las familias del asesinado cacique Sabino Romero y la cacica Carmen Fernández, lo cual se evidenció con el secuestro y tortura que sufrió la docente yukpa Mary Fernández, hija de Carmen, y el desplazamiento forzado del que fue objeto la comunidad de Kuse –liderada por la mencionada cacica.

Por último, las zonas urbanas, atravesadas por la precariedad, son áreas donde se producen intensas disputas por el control de barrios, comercio y corredores estratégicos. Bandas criminales han logrado ampliar su capacidad de organización y fuego, e incluso se han logrado articular con sectores corruptos de los cuerpos de seguridad del Estado. Estos últimos llevan adelante frecuentes operativos de choque en barrios populares (como ha sido la Operación para la Liberación del Pueblo) y el despliegue de fuerzas especiales a lo largo y ancho de las ciudades, los cuales actúan sin mayor regulación.

El juego está bastante abierto y la geografía venezolana cruje, jaloneada por múltiples actores del despojo y la re-colonización. Cuando de a ratos, en la escena de la política partidista las cosas parecen estacionadas, en la materialidad de las localidades, estos procesos avanzan vertiginosamente, evidenciado que, en buena medida, en Venezuela la disputa es por los territorios.

Epílogo. ¿Re-pensar un proyecto emancipatorio, en tiempos muy conflictivos?

Es difícil no analizar estos escenarios y hacer parangones con otras experiencias, como la colombiana, Centroamérica, o algunos casos africanos como el de Congo. En este caso, la pregunta es si presenciamos la instalación territorial de estructuras, y sobre todo, lógicas de poder mediadas por la guerra. Y de ser cierto, la consiguiente pregunta sería cómo revertirla. Es fundamental, no desmayar en los intentos de la construcción de una alternativa política para el país, que vaya más allá de los dos grandes proyectos neoliberal/autoritarios en disputa (Gobierno de Maduro y Frente Amplio/Voluntad Popular et al), y que pueda permitir el re-surgimiento de las potencialidades populares y el nacimiento de nuevas culturas políticas que tributen a la vida socio-ecológica. Si el escenario no es reversible en los próximos plazos, es evidente que los pueblos tienen derecho a la defensa propia. En ese caso, esto supone re-pensar un proyecto emancipatorio, en tiempos muy conflictivos.

Emiliano Terán Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela e investigador asociado al Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES)


1 Entendiendo ‘desterritorialización’ como un proceso de ruptura y trastocamiento de una territorialidad determinada, de sus configuraciones socio-culturales, metabólicas y ecológicas. La desterritorialización en el sistema capitalista suele estar determinada por la apertura forzada y violenta de nuevos procesos de despojo y acumulación de capital, y para los países del Sur Global puede comprender formas de pérdida de territorio.

15/01/2019

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321 activistas de los derechos humanos fueron asesinados en 2018

Los asesinatos tuvieron lugar en 27 países y el 77% de ellos se perpetraron contra activistas ambientales, según Front Line Defenders. La organización destaca que el uso de la violencia contra defensores de los derechos humanos es generalizado, además de una tendencia hacia legislaciones restrictivas que entorpecen y limitan el trabajo activista

 

La lucha por los derechos humanos, la tierra, el medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas se cobra sus víctimas a punta de pistola. Y no son caso aislados. Nada menos que 321 defensoras de los derechos humanos, en al menos 27 países, fueron asesinadas en 2018, tal como indican los datos recopilados por Front Line Defenders, una organización especializada en la protección de “las personas que trabajan, de forma no violenta, por cualquiera o todos los derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.


La cifra real de asesinatos, sin embargo, “casi con certeza, es superior a esta”, como aseguran desde la organización. Y tres de cada cuatro de esos asesinatos han tenido como blanco activistas ambientales, según destaca la federación Ecologistas en Acción.


El último informe de la Front Line Defenders, titulado Basta de Asesinatos, destaca que estos ataques no son hechos aislados, sino que van precedidos de acoso judicial, amenazas y ataques físicos. En concreto, el 49 % de las personas asesinadas habían recibido previamente amenazas de muerte y, tal como destacan desde Ecologistas, “en la mayoría de los casos, las activistas no recibieron ni la protección ni el apoyo necesario por parte de las autoridades estatales”.


Para Front Line Defenders, “el uso de la violencia mortal para silenciar a quienes defienden los derechos de las personas más vulnerables sigue siendo generalizado y endémico en varios países”. De hecho, 2018 es el año en el que la organización ha recopilado un número mayor de asesinatos, nueve más que el pasado año.


La persecución y criminalización de activistas tiene, además, el agravante de género. Activistas y defensoras del medio ambiente “sufren agresiones sexuales por parte de actores estatales y no estatales”, incluso dentro dentro de sus movimientos sociales, destaca el informe. Violaciones, abusos sexuales, hostigamiento y persecución de sus hijos, campañas de desprestigio cuestionando su compromiso con sus familias o su eliminación e imposibilidad de acceder a cargos de alto rango en ONG, estructuras públicas o sindicatos son algunas de las realidades recopiladas en el informe.


UN MUNDO MÁS RESTRICTIVO


Por si no bastaba con todo esto, el análisis global de Front Line Defenders remarca una tendencia hacia “una legislación restrictiva dirigida a limitar el trabajo de las personas defensoras de derechos humanos”. Como indican desde Ecologistas en Acción, “los gobiernos legislan en torno a las amenazas a la ‘seguridad nacional’ como una excusa para censurar y criminalizar movimientos sociales”. Asimismo, “las autoridades utilizan con frecuencia la vigilancia telefónica y electrónica centrándose en activistas ambientales y defensoras LGBTIQ”, añaden.


Serlinda Vigara, portavoz de la federación ecologista, señala que “los asesinatos son solo la cara más visible de un sistema que pretende silenciar a todas aquellas personas que se enfrentan a los intereses corporativos y estatales al defender, día tras día, modos de vida alternativos frente a la crisis social y ecológica que afrontamos”.
Por ello, desde el colectivo muestran su “máxima preocupación” por los datos del informe y exigen “la implicación de gobiernos e instituciones internacionales en la lucha contra estos crímenes y hostigamientos”. En concreto, instan a “impulsar y establecer marcos normativos nacionales e internacionales jurídicamente vinculantes sobre empresas transnacionales y derechos humanos, que establezcan regulaciones de obligado cumplimiento e impongan sanciones frente a las violaciones de derechos humanos”.

Por REDACCIÓN EL SALTO

PUBLICADO
2019-01-15 11:25:00

 

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