¿Está matando al planeta nuestra implacable busca de crecimiento económico?

¿Está matando al planeta nuestra implacable busca de crecimiento económico? Los climatólogos han visto los datos y están llegando a algunas conclusiones incendiarias.


Diciembre de 2012. Un investigador de sistemas complejos, de cabellos rojos, llamado Brad Werner pasó entre la multitud de 24.000 climatólogos y astrofísicos en la Reunión de Otoño de la Unión Geofísica Estadounidense, celebrada anualmente en San Francisco. La conferencia de este año incluía algunos participantes de gran renombre, desde Ed Stone, del proyecto Voyager de la NASA explicando un nuevo hito en el camino al espacio interestelar, hasta el cineasta James Cameron, quien habló de sus aventuras en sumergibles de aguas profundas.


Pero fue la propia sesión de Werner la que atrajo gran parte del alboroto. Se titulaba "¿Está jodida la tierra? (título completo: ¿Está jodida la tierra? Futilidad dinámica del manejo del medioambiente y posibilidades de sustentabilidad a través del activismo de acción directa").
De pie frente a la sala de conferencias, el geofísico de la Universidad de California San Diego presentó a la multitud el avanzado modelo informático que iba a utilizar para responder a esa pregunta. Habló de límites del sistema, perturbaciones, disipación, atractores, bifurcaciones y toda una serie de asuntos que en gran parte eran incomprensibles para nosotros, los no iniciados en la teoría de sistemas complejos. Pero el resultado final era suficientemente claro: el capitalismo global hace que el agotamiento de los recursos sea tan rápido, conveniente e irrestricto, que los "sistemas tierra-humanos" se están haciendo peligrosamente inestables como reacción. Cuando un periodista lo presionó para que diera una respuesta clara a la pregunta "¿estamos jodidos?, Werner dejó la jerga a un lado y respondió: "Más o menos".


Había, sin embargo, una dinámica en el modelo que ofrecía alguna esperanza. Werner la llamó "resistencia", movimientos de "gente o grupos de gente" que "adoptan un cierto conjunto de dinámicas que no se ajustan a la cultura capitalista". Según el resumen de su presentación esto incluye "acción directa ecológica, resistencia proveniente desde afuera de la cultura dominante, como en protestas, bloqueos y saboteos por parte de pueblos indígenas, trabajadores, anarquistas y otros grupos activistas".


Las reuniones científicas serias no destacan usualmente llamados a la resistencia política, mucho menos acción directa y saboteo. Pero por otra parte, Werner no estaba llamando a emprender cosas semejantes. Simplemente estaba observando que los levantamientos masivos de la gente, siguiendo las líneas del movimiento por la abolición, del movimiento de derechos civiles u Ocupa Wall Street, representan la fuente más probable de "fricción" para ralentizar una maquinaria económica que se está saliendo de control. Sabemos que los movimientos sociales del pasado han "tenido tremenda influencia sobre... cómo se desarrolló la cultura dominante", señaló. Por lo tanto es razonable que, "si estamos pensando en el futuro de la tierra y el futuro de nuestra conexión con el medio ambiente tenemos que incluir la resistencia como parte de esa dinámica". Y eso, argumentó Werner, no es un tema de opinión, sino "realmente un problema de geofísica".


Numerosos científicos han sido motivados por los resultados de su investigación a emprender la acción en las calles. Físicos, astrónomos, médicos y biólogos han estado a la vanguardia de los movimientos contra las armas nucleares, la energía nuclear, la guerra, la contaminación química y el creacionismo. Y en noviembre de 2012, Nature publicó un comentario del financista y filántropo ecológico Jeremy Grantham instando a los científicos a sumarse a esa tradición y "ser arrestados si es necesario", porque el cambio climático "no es solo la crisis de vuestras vidas, es también la crisis de la existencia de nuestra especie".


Algunos científicos no necesitan que los convenzan. El padrino de la climatología moderna, Hames Hansen, es un formidable activista, ha sido detenido una media docena de veces por resistir la minería de remoción de cima de montaña y los oleoductos de arenas bituminosas (incluso abandonó su puesto en la NASA este año en parte para tener más tiempo para las campañas). Hace dos años, cuando fui arrestada frente a la Casa Blanca en una acción masiva contra Keystone XL, el oleoducto de arenas bituminosas, una de las 166 personas esposadas ese día era un glaciólogo llamado Jason Box, un experto de reputación mundial sobre la placa de hielo de Groenlandia que se derrite.


"No podía mantener mi autorespeto si no iba", dijo Box entonces, y agregó que "solo votar no parece suficiente en este caso. También tengo que ser un ciudadano".


Esto es laudable, pero lo que Werner hace con sus modelos es diferente. No dice que su investigación lo impulsó a tomar acción para detener una política en particular, dice que su investigación muestra que todo nuestro paradigma económico es una amenaza para la estabilidad ecológica. Y por cierto que cuestionar ese paradigma económico –mediante la presión contraria del movimiento de masas– es el mejor intento de la humanidad para evitar la catástrofe.


Es un argumento pesado. Pero no es el único. Werner forma parte de un grupo pequeño pero cada vez más influyente de científicos cuya investigación de la desestabilización de sistemas naturales –en particular el sistema climático– los lleva a conclusiones similarmente transformadoras, incluso revolucionarias. Y para cualquier revolucionario de armario quien nunca ha soñado con derrocar el orden económico actual a favor de otro que sea menos probable que lleve a jubilados italianos a ahorcarse en sus casas, este trabajo debería ser de particular interés. Porque hace que el abandono de ese cruel sistema a favor de algo nuevo (y tal vez, con mucho trabajo, mejor) ya no sea cosa de simple preferencia ideológica, sino más bien una necesidad existencial para la especie.


En la dirección de ese grupo de nuevos revolucionarios científicos se encuentra uno de los principales expertos en el clima de Gran Bretaña, Kevin Anderson, vicedirector del Centro Tyndall de Investigación del Cambio Climático, que se ha establecido rápidamente como una de las principales instituciones de investigación del clima del Reino Unido. Dirigiéndose a todos, desde el Departamento de Desarrollo Internacional al Consejo Municipal de Manchester, Anderson ha pasado más de una década traduciendo pacientemente las implicaciones de la última ciencia climatológica a políticos, economistas y activistas. En lenguaje claro y comprensible, presenta un camino riguroso para la reducción de emisiones, que asegura un intento decente de mantener el aumento de la temperatura global a bajo 2º Celsius, un objetivo que la mayoría de los gobiernos han determinado que conjuraría la catástrofe.


Pero en los últimos años, los escritos y presentaciones visuales de Anderson se han hecho más alarmantes. Con títulos como "El cambio climático: más allá de peligroso... Cifras brutales y tenue esperanza", señala que las probabilidades de mantenerse dentro de algo semejante a niveles seguros de temperatura disminuyen rápidamente.


Con su colega Alice Bows, experta en mitigación del clima en el Centro Tyndall, Anderson señala que hemos perdido tanto tiempo debido a atolladeros políticos y débiles políticas climáticas –mientras el consumo (y las emisiones) globales aumentaban vertiginosamente– que ahora estamos enfrentando recortes tan drásticos que cuestionan la lógica fundamental de dar prioridad al crecimiento del PIB por sobre todas las cosas.


Anderson y Bows nos informan de que el objetivo de mitigación a largo plazo mencionado frecuentemente –un recorte de las emisiones de un 80% bajo los niveles de 1990 para 2050– ha sido seleccionado exclusivamente por motivos de conveniencia política y no tiene "ninguna base científica". Esto se debe a que los impactos del clima no tienen lugar solo por lo que emitimos hoy y mañana, sino por las emisiones que se acumulan en la atmósfera con el paso del tiempo. Y advierten de que al concentrarse en objetivos a tres décadas y media de distancia en el futuro –en lugar de lo que podemos hacer para reducir el carbono fuerte e inmediatamente– existe un serio riesgo de que permitamos que nuestras emisiones sigan aumentando durante años, gastando demasiado de nuestro "presupuesto de carbono" y colocándonos en una posición imposible en el resto del siglo.


Por eso Anderson y Bows argumentan que si los gobiernos de países desarrollados son serios en alcanzar el objetivo internacional acordado de mantener el calentamiento por debajo de 2º Celsius y si las reducciones han de respetar algún tipo de principio de equidad (básicamente que los países que han estado expeliendo carbono durante gran parte de dos siglos tienen que recortar antes que los países donde más de mil millones de personas todavía no tienen electricidad), entonces las reducciones tienen que ser mucho más profundas y tendrán que ocurrir mucho antes.


Para tener incluso una probabilidad de 50/50 de alcanzar el objetivo de 2ºC (que, advierten ellos y muchos otros, ya involucra una serie de impactos climáticos inmensamente dañinos), los países industrializados tienen que comenzar a reducir sus emisiones de gases invernadero en algo como 10% al año y tienen que hacerlo ahora mismo. Pero Anderson y Bows van más lejos, al señalar que este objetivo no se puede alcanzar con la serie de soluciones de bonos de carbono o de tecnología verde usualmente propugnadas por grandes grupos verdes. Estas medidas ciertamente ayudan, sin duda, pero simplemente no bastan: una baja de las emisiones de un 10%, año tras año,virtualmente no tiene precedentes desde que comenzamos suministrando energía a nuestras economías con carbón. De hecho, recortes de más de 1% por año "han sido asociados históricamente solo con recesión económica o agitación", como dijo el economista Nicholas Stern en su informe de 2006 para el Gobierno británico.


Incluso después del colapso de la Unión Soviética no hubo reducciones de esta duración y profundidad (los antiguos países soviéticos tuvieron reducciones anuales promedio de aproximadamente 5% durante un período de diez años). No tuvieron lugar después del crac de Wall Street en 2008 (algunos países ricos tuvieron una baja de 7% entre 2008 y 2009, pero sus emisiones de CO2 se recuperaron con ganas en 2010 y las emisiones en China e India siguieron aumentando). Solo durante las consecuencias inmediatas del gran crac del mercado de 1929, por ejemplo, EE.UU. tuvo una baja de emisiones durante varios años consecutivos de más de un 10% por año, según datos históricos del Centro de Análisis de Información sobre Dióxido de Carbono. Pero esa fue la peor crisis económica de los tiempos modernos.


Si queremos evitar ese tipo de matanza mientras cumplimos nuestros objetivos de emisiones basados en la ciencia, la reducción de carbono debe ser administrada cuidadosamente mediante lo que Anderson y Bows describen como "estrategias radicales e inmediatas de "decrecimiento" en EE.UU., la UE, y otras naciones ricas". Lo que está bien, con la excepción de que sucede que tenemos un sistema económico que hace un fetiche del crecimiento del PIB por sobre todo, sin que importen las consecuencias humanas o ecológicas, y en el cual la clase política neoliberal ha abdicado del todo su responsabilidad de administrar algo (ya que el mercado es el genio invisible al que hay que confiarlo todo).


Por lo tanto, lo que realmente dicen Anderson y Bows es que todavía queda tiempo para evitar un calentamiento catastrófico, pero no dentro de las reglas del capitalismo tal como están construidas actualmente. Lo que podría ser el mejor argumento que hayamos tenido para cambiar esas reglas.


En un ensayo de 2012 que apareció en la influyente revista científica Nature Climate Change, Anderson y Bows presentaron una especie de desafío, acusando a muchos otros científicos de no decir la verdad sobre el tipo de cambios que el cambio climático exige de la humanidad. Al respecto vale la pena citarlo en extenso:


...al desarrollar escenarios de emisiones los científicos subestiman repetida y severamente las implicaciones de sus análisis. Cuando se trata de evitar un aumento de 2ºC, "imposible" es traducido como "difícil pero factible", mientras "urgente y radical" aparece como "retador", todo para apaciguar al dios de la economía (o, para ser más precisos, de las finanzas). Por ejemplo, para evitar de exceder la reducción de la tasa de emisión máxima dictada por los economistas, se asumen picos "imposiblemente" tempranos, junto con nociones ingenuas sobre "gran" ingeniería y las tasas de despliegue de infraestructura de bajo carbono. A medida que disminuyen los presupuestos de emisiones, se propone cada vez más geoingeniería para asegurar que el dictado de los economistas no se cuestione.


En otras palabras, a fin de parecer razonables dentro de los círculos económicos neoliberales, los científicos han estado suavizando dramáticamente las implicaciones de su investigación. En agosto de 2013, Anderson estuvo dispuesto a ser aún más directo y escribió que ya era demasiado tarde para el cambio gradual. "Tal vez en los días de la Cumbre de la Tierra de 1992, o incluso al principio del milenio, los niveles de mitigación de 2ºC podrían haber sido logrados mediante cambios evolutivos significativos dentro de la hegemonía política y económica. ¡Pero el cambio climático es un problema acumulativo! Ahora, en 2013, en las naciones (post) industriales de altas emisiones enfrentamos una perspectiva muy diferente. Nuestro continuo y colectivo libertinaje con el carbono ha desperdiciado toda oportunidad del 'cambio evolucionista' permitido por nuestro anterior (y mayor) presupuesto de carbono de 2ºC. Actualmente, después de dos décadas de fanfarronadas y mentiras, el presupuesto de 2ºC restante exige cambios revolucionarios de la hegemonía política y económica".


Probablemente no debería sorprendernos que algunos científicos especialistas en clima estén un poco asustados ante las implicaciones radicales incluso de su propia investigación. En su mayoría solo estaban haciendo tranquilamente su trabajo midiendo muestras de hielo, preparando modelos del clima global y estudiando la acidificación de los océanos, solo para descubrir, como describe el experto en clima y autor australiano Clive Hamilton, que estaban "involuntariamente desestabilizando el orden político y social".


Pero hay mucha gente muy consciente de la naturaleza revolucionaria de la ciencia climática. Por eso algunos gobiernos que decidieron descartar sus compromisos climáticos a favor de excavar más carbón han tenido que encontrar maneras cada vez más "matonescas" para silenciar e intimidar a los científicos de sus naciones. En Gran Bretaña esta estrategia es cada vez más abierta e Ian Boyd, asesor científico jefe del Departamento del Entorno, Alimentación y de Asuntos Rurales, escribió recientemente que los científicos deberían evitar "sugerir que las políticas son correctas o equivocadas" y expresar sus puntos de vista "trabajando con asesores empotrados (como yo mismo) y siendo la voz de la razón, en lugar del disenso, en la arena pública".


Si queréis saber adónde lleva esto comprobad lo que sucede en Canadá, donde vivo. El Gobierno conservador de Stephen Harper ha realizado un trabajo tan efectivo silenciando a los científicos y eliminando proyectos de investigación crítica que en julio de 2012 un par de miles de científicos y sus partidarios efectuaron un simulacro de funeral en Parliament Hill en Ottawa, deplorando "la muerte de la evidencia". Sus pancartas decían, "No a la ciencia, no a la evidencia, no a la verdad".


Pero la verdad sale a la luz a pesar de todo. Ya no es necesario leer en publicaciones científicas que la búsqueda de beneficios y crecimiento de los negocios como si tal cosa está desestabilizando la vida en la tierra. Las primeras señales se despliegan ante nuestros ojos. Y más y más de nosotros reaccionamos correspondientemente: bloquear la actividad del fracking e Balcombe; interferir en los preparativos para perforaciones en aguas rusas en el Ártico (a un enorme coste personal); demandar a los operadores de arenas bituminosas por violar la soberanía indígena; e innumerables actos más de resistencia grandes y pequeños. En el modelo informático de Brad Werner, esta es la "fricción" requerida para ralentizar las fuerzas de desestabilización; el gran activista del clima Bill MbKibben los llama "anticuerpos" que se alzan para combatir la "fiebre de adulteración" del planeta.


No es una revolución, pero es un comienzo. Y podría darnos suficiente tiempo para encontrar una manera de vivir en este planeta que sea claramente menos jodida.


Naomi Klein es una periodista galardonada, columnista publicada en numerosos periódicos y autora del éxito de ventas internacional del New York Times, La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre (septiembre de 2007); y de un éxito de ventas internacional anterior: No logo: El poder de las marcas; y de la colección: Vallas y Ventanas: Despachos desde las trincheras del debate sobre la

 

Traducido para Rebelión por Germán Leyens.

 

globalización (2002). Lea más en Naomiklein.org. La puede seguir en Twitter: @naomiaklein
Fuente: http://www.newstatesman.com/2013/10/science-says-revolt

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Las reservas de hidrocarburos podrían convertir a Israel en el principal exportador de gas natural y cambiar la situación geopolítica en Oriente Medio.


Tras la sentencia de la Corte Suprema de Israel, que legitimó la decisión unilateral (sin mediación del Knesset) del primer ministro Benjamin Netanyahu de exportar una cuota de 40% de la producción de gas natural, Israel se lanza a la conquista de los mercados energéticos.


Se estima que las reservas de los yacimientos de hidrocarburos Tamar y Leviatán, ubicados cerca de Haifa, ascienden a más de 30 billones de pies cúbicos de gas natural, lo que, según el ministro de energía israelí, Silvan Shalom, le ahorraría al país unos 300 millones de dólares al mes, cifra que podría llegar a los mil millones de dólares.


La explotación del campo Tamar con las reservas de unos 10 billones de pies cúbicos de gas, la encabeza el gigante energético estadounidense Noble Energy, en colaboración con el grupo israelí Delek.


Ambas empresas planean diversificar las exportaciones de gas y entrar en los mercados de Turquía, Grecia, Cisjordania o incluso Egipto, que sufre escasez de hidrocarburos tras la inestabilidad política derivada de la 'primavera árabe'.
"Para Israel y los países vecinos este es un juego en el que todos ganan", señala Yossi Abu, jefe ejecutivo de la empresa Delek, en una entrevista con 'Financial Times'.


Las reservas de Israel podrían ser menos impresionantes en comparación con otros países exportadores de gas a nivel mundial, pero la combinación de dos factores importantes –el volumen de los yacimientos y su proximidad al mayor consumidor de recursos energéticos, es decir, a Europa– convierten al estado judío en un jugador importante del sector, según Tyler Crowe, colaborador de la empresa 'The Motley Fool'.


Asimismo, Israel también puede invertir en la construcción de terminales de gas natural líquido (GNL), lo que le abriría a Tel Aviv las puertas de mercados tan lejanos como el de Asia y podría afectar a las posiciones de los principales actores del sector como Qatar, Estados Unidos y Australia.


En este contexto, el desarrollo de la red de gasoductos israelíes, así como la exploración de campos petroleros como Meged 5 podría, de una parte, mejorar las relaciones políticas y económicas con países dependientes de hidrocarburos de la región, como Turquía y, de otra, convertirse en otro factor de desestabilización en Oriente Medio.

 

9 NOVIEMBRE 2013

 

(Con información de AFP)

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Miércoles, 06 Noviembre 2013 14:45

El mar esconde el calentamiento

El mar esconde el calentamiento

El océano mundial, en los últimos 60 años, absorbe calor 15 veces más rápido que en los 10.000 años anteriores, afirman unos científicos estadounidenses que han logrado estimar la temperatura de las aguas intermedias (entre 450 y mil metros d eprofundidad) en el Pacífico, en el pasado, gracias a los análisis químicos de microfósiles presentes en sedimentos marinos. La mayor parte del calentamiento del planeta provocado por el efecto invernadero reforzado por la actividad humana lo está almacenando el mar... de momento. Y esto "puede darnos un poco de tiempo —no sabemos cuánto— para afrontar el cambio climático, pero no lo va a parar", dice Yari Rosenthal, científico de la Universidad Rutgers. "Estamos haciendo una especie de experimento al meter todo este calor en el océano sin saber realmente cómo va a devolverse y afectar al clima, y lo alarmante de ese cambio no es tanto la magnitud como la velocidad a la que se está produciendo", dice Braddock Lindsey (Universidad de Columbia), coautor del estudio sobre las aguas del Pacífico en los últimos 10.000 años, que se presenta en el último número de Science.

 

El océano no solo es una despensa eficaz del calentamiento del planeta inducido por las emisiones crecientes de gases de efecto invernadero, también, y unido a este aumento de la temperatura del agua, es protagonista de uno de los efectos más notables del cambio climático: la subida del nivel del mar. Una elevación del nivel de las aguas que no será igual en todo el planeta y que incluso en algunas zonas bajará. "A finales del siglo XXI, es muy probable que el nivel del mar habrá subido en aproximadamente el 95% del área oceánica" respecto al presente, señala el último informe (AR5) del Panel Intergubernamental sobre Cambio climático (IPCC). El 70% de las costas del planeta experimentarán un cambio del nivel del agua, añade. "La variabilidad regional va a ser muy grande: un 80% de las zonas registrarán cambios de +/- el 20% sobre la media global", explica Íñigo Losada, director de investigación del Instituto de Hidráulica de Cantabria y experto en los estudios de impacto de cambio climático.

 

Más de un 60% del incremento de energía neta en el sistema climático está almacenada en la capa superior del océano (hasta 700 metros de profundidad) y un 30% en las aguas más profundas, indica el AR5. La capa más superficial, hasta 75 metros, se ha calentado 0,11 grados centígrados por década entre 1971 y 2010. El nivel del mar ha subido en torno a 0,19 metros de media, a lo largo del siglo XX. Y el proceso se está acelerando: la elevación promedio fue de 1,7 milímetros al año entre 1901 y 2010, pero de 2,0 milímetros desde 1971, y de 3,2 milímetros entre 1993 y 2010, siempre según las conclusiones del AR5.

 

La causa principal de esta subida del nivel del mar es la expansión térmica del agua (que se dilata con el calor), pero también hay otros factores: el deshielo de Groenlandia y, en menor medida, de la capa helada antártica, la fusión de glaciares en tierra y el incremento del vertido al mar de agua dulce continental.

 

En cuanto a lo que sucederá en el futuro, el AR5 indica que la elevación promedio será, en 2081-2100, respecto a 1986-2005, de entre 26 centímetros en el escenario más favorable de contención de emisiones de gases de efecto invernadero, hasta 98 centímetros en el más desfavorable.

 

"Pero el calentamiento del mar no es uniforme y la subida del nivel del mar va a estar condicionada por la redistribución dinámica de las masas de agua (más calientes, más frías, más salinas, etcétera), por los cambios en los vientos y en la presión atmosférica y por las alteraciones en los grandes flujos de agua dulce", señala Manuel de Castro, catedrático de la Universidad Castilla La Mancha. Además, hay que tener en cuenta que esos cambios se producen en escalas de tiempo diferente, de manera que, a finales de siglo unos tendrán más peso que otros, añade. ¿Qué zonas? ¿Qué impactos? "La fiabilidad de nuestros modelos climáticos a escala regional es menor que a escala global", advierte De Castro.

 

Aún así, se vislumbran las grandes tendencias: "En Europa la subida del nivel del mar estará en torno al promedio mundial, y en torno a la península Ibérica subirá algo más el Atlántico que el Mediterráneo, por la dinámica de los vientos en el océano, la evaporación, el vertido de agua dulce... En general, el nivel del mar aumentará algo más que la media en el hemisferio Sur que en el Norte debido, sobre todo, a los vientos, pero en cualquier caso estamos hablando de diferencias de unos pocos centímetros", señala este climatólogo.

 

 

Para conocer los impactos locales de la variación del nivel del mar hay que tener en cuenta, primero, la variabilidad natural en la zona tanto del agua como del terreno (hay zonas donde se está elevando y otras donde se hunde, como los deltas de los grandes ríos), los efectos de la extracción de aguas subterráneas o gas, así como de los terremotos y los tsunamis, señala Losada. "En cuanto al océano mismo, también hay que tener en cuenta la variabilidad natural regional, como los efectos las mareas y los huracanes (a corto plazo), los cambios a escala de un año a una década (en como el fenómeno El Niño) y luego estos mismos cambios pero a muy largo plazo, que puede ser acumulativos", continúa.

 

Losada cita procesos como la prevista disminución del nivel del mar en torno a Groenlandia porque la disminución de la capa helada afecta al sistema gravitatorio con el agua y disminuye el nivel en la zona cercana a la costa mientras que aumenta más lejos. Además, en las regiones donde el terreno ha soportado grandes cantidades de hielo, se produce el llamado rebote isoglacial cuando se derrite: al disminuir la presión sobre el suelo, la tierra se eleva.

 

De los impactos del cambio climático se ocupa el segundo grupo de trabajo del IPCC, cuyo informe correspondiente al AR5 todavía no está terminado. Pero se van haciendo estudios sobre países y regiones, donde no solo influye la subida del nivel del mar sino también fenómenos asociados, como las tempestades, con el consiguiente incremento del oleaje, la destrucción de playas o la salinización de acuíferos.

 

Lo que está claro es que la extensión y volumen del océano mundial ha variado en la historia del planeta: durante las eras glaciales, la acumulación de agua en extensas capas heladas restaron líquido al océano y bajó el nivel del mar, mientras que, en los períodos templados se funde gran parte del hielo continental, interviene la expansión térmica y sube el nivel medio del mar. Ahora, con el cambio climático inducido por la actividad humana, el proceso es muy rápido.

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Sábado, 02 Noviembre 2013 08:19

Estado del clima: de mal en peor

Estado del clima: de mal en peor

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), panel científico de referencia en el tema, publicó en septiembre de 2013 la primera parte de su nuevo reporte mundial sobre el estado del clima. Muestra un panorama sumamente preocupante y afirma con mayor contundencia que en su informe anterior de 2007, que el cambio climático es causado por "influencia humana". Claro que en realidad la causa no somos los humanos como especie, sino el modelo industrial capitalista de producción y consumo. Por evitar la confrontación con empresas y gobiernos causantes de la crisis climática –como es su responsabilidad por el conocimiento del que disponen– el IPCC comienza a considerar falsas "soluciones" como geoingeniería, aunque reconocen los grandes riesgos que conlleva. Es todo un síntoma que estas propuestas altamente especulativas hayan sido incluida en el resumen del IPCC, y una muestra muy preocupante de lo que podrían hacer unos pocos, con dinero y tecnología, para manipular y desequilibrar aún más el clima de todos, base de toda la vida en la Tierra.

 

El nuevo informe del IPCC sostiene que desde 1950, los cambios observados en el clima no tienen precedente en "los últimos decenios o hasta milenios". Constatan que "la atmósfera y el océano se han calentado, el volumen de nieve y hielo [en Ártico y glaciares] ha disminuido, el nivel medio global del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado".
Cada una de las tres décadas pasadas han sido sucesivamente más calurosas que cualquier década precedente desde 1850. En el hemisferio norte, el periodo 1983 a 2012 ha sido el más cálido en mil 400 años.


En el periodo 1901-2010, el nivel del mar medio global aumentó en 0.19 m. En el escenario futuro más optimista, esta cifra podría "solamente" duplicarse en este siglo.


La concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso –los tres gases de efecto invernadero más graves– aumentó a niveles sin precedentes en 800 mil años. Según el IPCC "la concentración de CO2 aumentó 40 por ciento desde la era preindustrial, en primer lugar debido a emisiones de combustibles fósiles y en segundo lugar debido a emisiones por cambios netos en el uso de la tierra" (deforestación y agricultura industrial). Las emisiones fueron mayores, pero los océanos absorbieron cerca de 30 por ciento del dióxido de carbono, causando su acidificación, una crisis global tan grave como el cambio climático en sí mismo. La acidificación ya significa un problema serio para los corales y crustáceos que no pueden formar sus caparazones. Y ambos están al inicio de la cadena alimenticia marina.


Esto ha llevado a un aumento de la temperatura media de 0.85 grados en el último siglo. En los escenarios del IPCC, el más optimista indica que a final del siglo la temperatura aumentará en promedio 1.5 grados y los más pesimistas un mínimo de 4.8 grados o más, lo cual sería catastrófico por las afectaciones gravísimas en cultivos, aumento de nivel del mar, fenómenos climáticos extremos, desaparición de glaciares y fuentes de agua, etcétera. Pero aún el escenario de 1.5-2 grados, significa que habrá mucho más y peores impactos como lo que ya sufrimos, inundaciones, huracanes, sequías, etcétera.


Este informe corresponde al Grupo I del IPCC, que evalúa la ciencia sobre el clima y el cambio climático. El grupo II evalúa la vulnerabilidad y las posibilidades de adaptación y el Grupo III las posibilidades de limitar las emisiones de gases y mitigar el cambio climático. Por ello es aún más sorprendente que el del Grupo I haya incluido en su resumen dirigido a responsables de políticas, a la geoingeniería, o sea la manipulación tecnológica, deliberada y a mega escala del clima con el supuesto objetivo de contrarrestar los efectos del cambio climático.
Pese a incluir esta propuesta extrema y especulativa, el informe no discute energías alternativas, transporte público o producción agrícola ecológica ni ninguna otra medida, ya que su mandato es evaluar datos científicos recientes para actualizar el diagnóstico del cambio climático, no analizar formas para enfrentarlo, que es tarea de los Grupos II y III que presentarán sus informes en 2014.


Aunque pasa de contrabando la geoingeniería, el IPCC reconoce que ésta tiene altos impactos y "conlleva efectos laterales y consecuencias de largo plazo a escala global". Sin embargo, sugiere que las técnicas de manejo de la radiación solar (geoingeniería para crear inmensas nubes volcánicas artificiales para tapar la luz del sol) "si son factibles, tienen el potencial para revertir el aumento global de la temperatura" –una absurda simplificación que esconde la naturaleza especulativa y la complejidad práctica de estas propuestas–, que podrían tener inmensos impactos, alterando los patrones de lluvia y viento de toda Asia y África, lo cual pondría en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 mil millones de personas.


Es notable que el IPCC, por evitar confrontar los intereses de trasnacionales y gobiernos poderosos, no asuma su responsabilidad de señalar sin tapujos las causas y los responsables del caos climático, dejando claro que éstas son las que tienen que cambiar radicalmente para avanzar realmente en la reducción de emisiones. En su lugar, especulan (nada científicamente) sobre el uso de geoingeniería, que dejaría intactas las causas, calentando cada vez más el planeta, mientras enfriarlo será un negocio de esas mismas empresas y gobiernos.
*Investigadora del Grupo ETC

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CIA: Enfriar el planeta y calentar la guerra fría

Una investigación financiada por la CIA (1), apunta a usar la geoingeniería como instrumento para limitar el cambio climático. Su puesta en marcha, suscita consideraciones ecológicas y políticas. Está en estudio lanzar partículas a la estratósfera que reflejen la luz solar hacia fuera del planeta, un procedimiento que reduciría la temperatura promedio. También, remover partículas de dióxido de carbono en el ambiente para reducir los niveles de contaminación, un tema crucial cuando hoy el dióxido de carbono en la atmósfera llega a 400 partes por millón, indicador de un volumen de «gases de efecto invernadero» no visto en millones de años (2).

 

La entrada de los organismos de seguridad e inteligencia militar en proyectos de intervención climática, pueden cambiar las coordenadas de la guerra, la política y el control de los territorios. Más aún hoy, cuando la mayoría de los conflictos armados a nivel mundial están ligados al control de bienes de la naturaleza, especialmente aquellos recursos estratégicos para la generación de energía (3).

 

El cambio climático drástico puede generar una modificación de los paisajes, los territorios y los ecosistemas en tal magnitud, que haga variar las estrategias para controlar los recursos. No es casual, que el Consejo Nacional de Inteligencia Militar de Estados Unidos identifique el cambio climático como una de las tendencias claves para la planificación militar, junto con la alimentación, la energía y el agua (tesis que planteó hace algunos meses el documento Mundos alternativos (4)). Tampoco es casual que el Departamento de Defensa redactara una hoja de ruta para responder a los retos de las operaciones militares frente al cambio climático, que menciona la competencia global por el control de las fuentes de energía y el agua (5).

 

Héroes y villanos

 

Durante nuestra niñez, Indiana Jones y James Bond fueron dos héroes favoritos. Luego, comprendimos que el primero era un profesional en el saqueo del patrimonio de los pueblos indígenas, mientras el segundo, era un espía al servicio de una monarquía colonialista. Así los dos héroes de los años de niño, pasaron al bando de los villanos al llegar la vida adulta. En las películas, algunos de los enemigos de James Bond buscaban una tecnología capaz de controlar los recursos naturales o la energía disponible para así dominar el mundo, mientras la labor del estilizado agente de la inteligencia británica era frustrar esos planes. Parece que en nuestro tiempo, el verdadero papel de los bandos vuelve a cambiar.

 

Según documentos de denuncia y de un primer anuncio sobre la investigación en 2009 la Central de Inteligencia Americana (CIA) financia un proyecto de investigación cuyo eje principal es la posibilidad de alterar el ambiente de la tierra para controlar el cambio climático. El proyecto tiene un costo de US$ 630.000 y será ejecutado por la Academia Nacional de Ciencias. Tiene al menos, tres objetivos conocidos: 1. Investigar cómo la geoingeniería puede ayudar a que los humanos puedan influir sobre los patrones meteorológicos. 2. Analizar los posibles peligros resultado del cambio climático; y 3. Investigar las posibles implicaciones de la geoingeniería para los asuntos de la seguridad nacional. Recientemente, las preocupaciones asociadas a dicha investigación han dejado de ser exclusivas de blogueros con manía y de expertos en teorías de la conspiración, ahora, ya son reseñadas en publicaciones fiables.

 

La edición digital de la prestigiosa revista Slate publicó hace un par de semanas el artículo Climate Intelligence Agency (6) mientras, el periódico inglés The Independent citó en una entrevista a un vocero de la CIA que rehusó comentar el proyecto, pero admitió que la agencia tenía interés en trabajar de la mano con los científicos para entender el cambio climático y evaluar su implicación en seguridad nacional (7).

 

Estos artículos de prensa son simultáneos con la publicación del más reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del clima global entre los años 2001 y 2011 (8). En un comunicado de prensa del 3 de julio, la OMM afirmó que desde 1850 año en que empezaron las mediciones, dicho período fue el más caluroso en ambos hemisferios. También, que el aumento de la temperatura global sucede junto con "una rápida disminución del hielo marino del Ártico y una aceleración de la pérdida de la masa neta de las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia y de los glaciares del mundo" (9). En suma, ante las mayores evidencias científicas sobre el cambio climático, crecen las alarmas acerca de la extrema gravedad del problema.

 

Dudas ecológicas

 

Ante las informaciones y desde el punto de vista ecológico, resulta clave recordar el famoso proverbio chino citado por los manuales de autoayuda: El aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado el mundo. El efecto mariposa adquirió relevancia científica gracias al trabajo del meteorólogo y matemático Edward Lorenz, quien intentó construir un modelo matemático para el pronóstico fiable sobre, precisamente, el comportamiento del clima.

 

La dificultad de predecir el clima radica en la sensibilidad a las condiciones iniciales, es decir, en cómo pequeños errores en la atribución de valores matemáticos reducen la posibilidad de pronósticos exactos. El trabajo de Lorenz fue fundamental para delinear los sistemas no lineales, aquellos donde pequeñas influencias pueden transformar todo un sistema complejo. El clima es el sistema no lineal por excelencia, pues un mínimo aumento de temperatura, de la velocidad del viento o de la presión del aire, pueden generar consecuencias imprevisibles. Por esto, cualquier procedimiento que procure alterar el clima podría traer consecuencias catastróficas para el planeta y para sus habitantes.

 

Interrogantes de política y estrategia militar

 

La publicación en la revista Science (10) de los estudios del científico Solomon Hsiang –postdoctorado en la Universidad de Princeton y quien trabaja en la Universidad de California, Berkeley–, en torno a la posible influencia del cambio climático en los conflictos armados; sostiene que cada desviación climática estándar puede aumentar en un 14 por ciento la frecuencia de los conflictos entre grupos sociales, y que de seguir la tendencia de cambio climático hacia el 2050, la amenaza de conflicto puede aumentar a un 50 por ciento en algunos lugares. Como ejemplo, el actual conflicto en Siria donde las sequías de 2006 generaron un aumento en los precios de los alimentos, situación que constituyó un catalizador de la guerra en ese país.

 

Aunque el debate científico está lejos de llegar a un consenso, pues la atribución causal sobre los conflictos tiende a generar polémica, resulta plausible que la modificación de los paisajes por el cambio climático obligue a variaciones en el manejo de la economía, la regulación de precios de los alimentos y la competencia por el control de los recursos naturales (11).

El cambio climático está generando un rediseño de la estrategia militar de los grandes ejércitos en un contexto de disputa global entre las viejas y las nuevas potencias por el control de recursos y bienes de la naturaleza. La pregunta crucial es si un posible control del clima global pueda ser en sí mismo un arma de guerra. Varios comentaristas recuerdan que en la Guerra de Vietnam la Fuerza Aérea de Estados Unidos intentó inducir lluvias para bloquear caminos usados por el Viet Cong.

 

¿Será la geoingeniería la nueva arma global?

 

* Director de la Corporación para la Educación y el Desarrollo de la Investigación Popular-Instituto Nacional Sindical, CED-INS.
1 Ver el artículo "Conspiracy theorists, rejoice!" de Dana Liebelson y Chris Mooney, disponible en: http://www.motherjones.com/politics/2013/07/cia-geoengineering-control-climate-change
En noviembre de 2012 Mother Jones había publicado la nota de Kate Sheppard "Farewell, CIA Climate Center": http://www.motherjones.com/blue-marble/2012/11/farewell-cia-climate-center-we-hardly-knew-ye
El proyecto puede consultarse en: http://www8.nationalacademies.org/cp/projectview.aspx?key=49540
2 Puede consultarse el anuncio en: https://www.cia.gov/news-information/press-releases-statements/center-on-climate-change-and-national-security.html
3 El artículo de Liebelson y Mooney se publicó en Slate con algunas modificaciones, disponible en: http://www.slate.com/articles/technology/future_tense/2013/07/cia_funds_nas_study_into_geoengineering_and_climate_change.html
4 http://www.independent.co.uk/news/world/americas/cia-backs-630000-study-into-how-to-control-global-weather-through-geoengineering-8724501.html
5 OMM, "El Estado del clima mundial 2001-2011. Un decenio de fenómenos climáticos extremos", 2013. Cabe aclarar que la OMM es bastante cauta frente a la relación entre cambio climático y los extremos meteorológicos de los últimos tiempos: "Si bien los climatólogos consideran que aún no es posible atribuir fenómenos extremos individuales al cambio climático, sus conclusiones apuntan cada vez más a que muchos fenómenos recientes habrían ocurrido de forma diferente o no habrían ocurrido en absoluto si no existiera el cambio climático".
6 https://www.wmo.int/pages/mediacentre/press_releases/pr_976_es.html
7 Ver: "Concentración de CO2 en el aire supera máximo histórico". Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/articulo-421411-concentracion-de-co2-el-aire-supera-maximo-historico
8 Ver Michael T. Klare, "Guerras por los recursos", Barcelona, Urano, 2013.
9 http://www.dni.gov/index.php/about/organization/national-intelligence-council-global-trends
10 http://www.acq.osd.mil/ie/download/green_energy/dod_sustainability/2012/Appendix%20A%20-%20DoD%20Climate%20Change%20Adaption%20Roadmap_20120918.pdf
11 Ver "Quantifying the Influence of Climate on Human Conflict", en: http://www.sciencemag.org/content/early/2013/07/31/science.1235367#aff-1

Recuadro

Calentamiento global y retorno de la guerra fría

Aunque aún es temprano para hacer aseveraciones serias sobre los alcances del proyecto, las revelaciones sobre los nuevos objetivos de la CIA y los departamentos de seguridad de Estados Unidos coinciden con el escándalo generado por el programa de espionaje global ventilado por Edward Snowden, situación que muestra los posibles alcances de la nueva etapa de la inteligencia y la seguridad1. Parece que en la era Obama la tecnología juega un papel predominante en la seguridad, el espionaje y la guerra, como es el uso de aviones no tripulados (drones) en varios lugares del mundo.

Por otro lado, las nuevas tecnologías no traen consigo el abandono de los viejas fórmulas usadas por la seguridad estadounidense. En un reciente documental presentado por Fareed Zakaria en CNN, el ex jefe de la CIA y ex Secretario de Defensa de la administración Obama, Leon Panetta sugiere que parte de la información usada para matar a Osama Bin Laden se obtuvo mediante tortura2. No es casual que el discurso de Obama varió de la defensa irrestricta de las libertades civiles, a sugerir la posibilidad de recortar la libertad para obtener seguridad3, recordando los tiempos de la guerra fría. La mejor caricatura de la situación retrata una viñeta donde Martin Luther King dice I have a dream, mientras Obama pronuncia I have a drone.

Las implicaciones del escándalo Snowden son tan grandes que un blog de The Economist afirmó que la guerra contra el terrorismo es el Vietnam de Obama4, y que al actual mandatario, igual o parecido que a Lyndon B. Johnson en su momento: la guerra contra el terrorismo amenaza con debilitar la agenda interna y quitarle gobernabilidad. Agrega la publicación que, a pesar de la retórica, hoy el terrorismo no es una amenaza importante para la seguridad nacional de Estados Unidos. El riesgo a la libertad en ese país, es el propio programa de espionaje y sus consecuencias institucionales.

Si el espionaje global, los aviones no tripulados e incluso la tortura son los ejes de la política de seguridad de Obama, ronda la pregunta de cuál es el rol de la investigación que busca incidir en el clima global. Los analistas de The Economist no consideran que la historia reciente enseña, que la agenda externa de una potencia es a la vez su agenda interna. En un contexto de crisis económica, energética y ambiental, el control de recursos naturales es crucial para la estabilidad de la economía, que repercute en la agenda interna. Pero, dicha estabilidad solo tendrá garantía mediante la expansión externa o imperialismo.

El posible uso de la geoingeniería por los organismos de inteligencia puede ser un arma decisiva en la competencia por los recursos, en un contexto donde la CIA desarrolla planes de control territorial y vigilancia global con instrumentos de alta tecnología, que pueden acarrear graves consecuencias para el ambiente, los pueblos y las naciones, e incluso, pueden redefinir las coordenadas de las guerras.

Por ahora solo hay referencia de un proyecto de investigación, pero dado el discurrir de la guerra en el siglo XX, la ciencia y la tecnología de alto nivel, unidas a proyectos militares no arrojaron buenas experiencias. Valen las palabras de Günther Anders en la primera carta enviada a Claude Eatherly, el piloto del Enola Gay que arrojó la bomba sobre Hiroshima: "...en cierto modo, podemos producir más de lo que somos capaces de representarnos; el hecho de que los efectos resultantes de los instrumentos que nosotros mismos hemos producido son tan grandes que ya no estamos preparados para representárnoslos. Tan grandes que ya no podemos hacerles frente".

1 Ver al respecto el artículo de Tim McDonell "Global Warming Could Cause 50 Percent Increase in Violent Conflict", en: http://www.motherjones.com/blue-marble/2013/07/climate-change-violence También puede verse el artículo de Rebecca Morelle "Rise in violence 'linked to climate change'" disponible en http://www.bbc.co.uk/news/science-environment-23538771
2 Para un dossier completo sobre el caso Snowden puede consultarse: http://www.guardian.co.uk/world/edward-snowden
3 La transcripción de los audios del documental puede encontrarse en: http://transcripts.cnn.com/TRANSCRIPTS/1305/12/fzgps.01.html Las palabras textuales de Panetta fueron: "I often get criticized for saying this, but it is the fact we got information, even though you may not like the approach that was used. The fact was, it was information".
4 Aquí puede verse un comparativo del cambio en el discurso de Obama: http://irregulartimes.com/2013/06/08/obama-vs-obama-on-the-choice-between-security-and-freedom/

Publicado enEdición N°196
Fracking exacerba "calentamiento global", según IPCC/Unión Europea

Un reporte demoledor del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) puede significar el sepelio de la exploración del shale gas (gas esquisto/lutitas) y su nocivo fracking (fracturación hidráulica) en la Unión Europea (UE), al exponer que su emisión del tóxico metano (10 por ciento de la extracción total del shale gas) "es 86 veces más dañino que el CO2 en un periodo de 20 años" con los riesgos de desencadenar una ominosa "asa de retroalimentación (feedback loop)" para el calentamiento global (Ambrose Evans-Pritchard, The Daily Telegraph, 10/10/13).

 

El director general de la Comisión Europea de las Divisiones del Clima, Jos Delbeke, fustiga que "el metano es un gas invernadero más poderoso que el CO2", lo cual, a mi juicio, puede enterrar la polémica extracción del shale gas en la UE, que es muy sensible a la preservación del medio ambiente.

 

Evans-Pritchard cita una explosiva declaración de Delbeke al rotativo británico The Daily Telegraph: "el nivel de las emisiones de metano inclinará la balanza a favor o en contra del desarrollo del shale gas: es el tema central. No queremos copiar (¡supersic!) y pegar lo que ha sucedido en EU, queremos hacer las cosas diferentes en Europa". ¡Ohlala!

 

¿Por qué, entonces, la polémica "reforma energética Peña/Videgaray/Aspe" se obstina en "copiar" y "pegar" ciegamente el controvertido proyecto del shale gas de EU para su discriminativo proyecto de "seguridad energética de Norteamérica" que engloba a Canadá (con canadienses) y a México (sin mexicanos)?

 

Más que por el bien de la humanidad, el británico Evans-Pritchard se preocupa por el unilateralismo energético de Gran Bretaña (GB), en detrimento del bienestar ciudadano y el medio ambiente de Europa continental, ya no se diga global: "las ambiciones del fracking en GB amenazadas por la advertencia de la UE sobre las emisiones de metano".

 

¿A poco la toxicidad del metano actúa diferente en el archipiélago británico que en el continente europeo?

 

Basta y sobra con que el tóxico metano exacerbe el calentamiento global para abolir definitivamente cualquier proyecto de extracción del fracking en cualquier parte del mundo con el fin de explorar/producir el cada vez más repelente shale gas, que puede constituir uno de los máximos venenos del siglo 21 debido a la inyección secreta de más de 90 sustancias químicas desconocidas (literal), a su contaminación de los pocos mantos freáticos que quedan en el mundo, de su probable provocación de sismos (no se diga en un país altamente telúrico como México) y del daño a la salud pública: graves riesgos que no toma en cuenta en absoluto la entreguista/masoquista "reforma energética Peña/Videgaray/Aspe".

 

En forma incongruente, para no decir esquizofrénica, España ha prohibido correctamente la exploración del shale gas en la región de Cantabria, mientras sus depredadoras empresas gaseras neocoloniales en México la promueven sin importar su daño humano y ambiental. Estas dos pesas y dos medidas no las toma tampoco en cuenta la entreguista/masoquista "reforma Peña/Videgaray/Aspe", que opta por la política del avestruz frente a la prohibición del tóxico shale gas en Francia, Bulgaria, Dinamarca y Republica Checa, ya no se diga la "profunda hostilidad (sic) de los ciudadanos alemanes", según confiesa el mismo Evans-Pritchard, quien reconoce que "la nueva (sic) preocupación sobre el metano transforma el panorama, ya que provee un caso poderoso (¡supersic!) para quienes desean frenar de tajo el fracking". Obviuosly! Los ciudadanos del mundo no deseamos que nos envenenen las depredadoras petroleras anglosajonas.

 

Por pureza dialéctica, expongo la antítesis de Bruno Waterfield, corresponsal de The Daily Telegraph (9/10/13), quien aduce que la "UE desea descarrilar el fracking para salvar a las granjas eólicas". Este punto de vista muy debatible es interesante porque exhibe el choque de los intereses tecnoindustriales entre el fracking y su contraparte eólica Waterfield fustiga que la agenda de la UE es doblemente ambientalista y, por ende, "tecnofóbica". Bueno, la entreguista/masoquista "reforma Peña/Videgaray/Aspe" peca de todos los males porque es simultáneamente "tecnofóbica" (desprecia la "transferencia de tecnología") y notoriamente "antiambientalista" (participa insensatamente en el shale gas para beneficio unilateral de EU y gratifica a las depredadoras del Golfo de México: BP, Halliburton y Schlumberger).

 

Waterfield arremete contra los "catastrofistas ambientalistas" quienes "han asesinado (sic) los transgénicos, exagerado el uso de los energéticos renovables y disminuido la energía nuclear (especialmente en la fase post-Fukushima) y ahora han puesto en su mira al fracking". ¿Y a poco no gozan de toda la razón en esos polémicos cuatro temas los excelsos ambientalistas que por lo menos se preocupan de la salud pública en la biosfera, a diferencia de la depredación consubstancial del modelo neoliberal financierista que hoy promueve a ciegas el nihilismo a todos los niveles biológicos/geológicos?

 

Russia Today, que maneja información que "Occidente" oculta, ha realizado un catálogo de las protestas masivas en todo el mundo en contra del tóxico fracking.

 

La depredadora petrolera estadunidense Chevron –favorita de Condy Rice y del Instituto (sic) México del pirata Wilson Center (Ver Bajo la Lupa, 31/07/13) y de la entreguista/masoquista "reforma Peña/Videgaray/Aspe", como han divulgado The Wall Street Journal y Bloomberg– fue obligada a "suspender el plan de exploración de shale gas en una ciudad de Rumania después de las protestas ( The Guardian, 21/10/13)".

 

El rechazo en Rumania ha llegado a niveles "espirituales" cuando el sacerdote Vasile Laiu considera el fracking como un desafío bíblico (sic) de "los invasores (sic) contemporáneos": un "ejército invasor y de trasnacionales foráneas; caciques y mánagers; traidores (¡supersic!) y cabilderos". ¡Hasta parece describir el entreguismo del "México neoliberal itamita"!

 

¿Por qué la entreguista/masoquista "reforma energética Peña/Videgaray/Aspe" desprecia las evidencias de IPCC/UE sobre la grave emisión de metano que provoca el fracking que exacerba el calentamiento global?

 

La entreguista/masoquista "reforma energética Peña/Videgaray/Aspe" padece otros defectos graves aunados a sus "siete pecados capitales" (Ver Bajo la Lupa, 16/10/13): podría ser controvertidamente "legal" (aunque los eminentes juristas Diego Valadés, Jaime Cárdenas y John Ackerman sustenten su ilegalidad), pero el vigoroso rechazo ciudadano en más de 70 por ciento la convierte en una "contrarreforma" ilegítima, anticiudadana y, por ende, antidemocráticamente fascistoide, sin contar que promueve los intereses personales muy "privados" de ciertos miembros del gabinete Peña vinculados a la nomenclatura fracasada de ex directores de Pemex (ver Reporte Índigo) y a sus conocidos intereses plutocráticos trasnacionales ligados al financierismo del 11/9 (Ver mi conferencia magistral en IIEc/UNAM). Amén.

 

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Medio ambiente, protesta social y democracia en América del Norte

El jueves de esta semana, en un país del continente americano, el gobierno envió policías federales y francotiradores para desplazar a las comunidades indígenas y locales que protestaban de manera predominantemente pacífica en contra de las pruebas sísmicas para extraer gas esquiso o shale gas, lo que se realiza a través de la fracturación hidráulica o fracking. Lo anterior derivó en el arresto de 44 personas, quienes se expresaban en contra de este proyecto de explotación de recursos naturales, los cuales tienen importantes efectos negativos en la salud y el medio ambiente.

 

La descripción de tal escenario pareciera encontrarse en algún lugar de un país latinoamericano donde existe una larga tradición de represión en contra de la protesta social y violaciones a las libertades políticas y civiles. Sin embargo, esto ocurrió en la provincia de New Brunswick, localizada al este de Canadá, país que ha sido considerado modelo de democracia y líder en cuestiones de seguridad humana en la agenda internacional.

 

El análisis de este caso nos lleva a las siguientes reflexiones respecto de cuestiones medioambientales y derechos sociales y civiles. Por un lado, las comunidades locales del este de Canadá están preocupadas por los efectos negativos de la extracción del gas de esquiso o shale gas a través de la fracturación hidráulica. Este método extrae el gas acumulado en poros y fisuras de ciertas rocas a través de la perforación de cientos de pozos que ocupan áreas extendidas, y en ellos se inyecta millones de litros de agua (entre 9 mil y 29 mil metros cúbicos por pozo) cargados de un cóctel químico y tóxico. Los efectos de esta explotación son la contaminación de las aguas subterráneas, la emisión de gases, como el metano, y terremotos, entre otros. Estos efectos ya se han sentido en diversas partes de Estados Unidos donde se ha utilizado ese método de extracción. Sus consecuencias se han visto en parte del estado de Pensilvania, donde el agua que sale de las tomas domésticas en cientos de hogares contiene metano, gas inflamable que ha causado no sólo daños a la salud, sino hasta explosiones. En el estado de Texas lugares de ese territorio que no eran sísmicos se han convertido en zonas de terremoto después de que se ha realizado la extracción de gas por fracking.

 

Debido a la reciente promoción de extracción de este recurso a través de dicho método en México, es importante conocer los efectos negativos del fracking y concientizar a la sociedad de sus desventajas e impacto social. Según la página de Internet de la Secretaría de Energía (Sener) de México, "Petróleos Mexicanos (Pemex) inició los trabajos exploratorios de shale gas-oil a principios del año 2010; identificando cinco zonas geológicas con potencial para producir hidrocarburos contenidos en el gas shale: 1) Chihuahua, 2) Sabinas-Burro-Picachos, 3) Burgos, 4) Tampico-Misantla y 5) Veracruz". La página de la Sener justifica la extracción de ese tipo de gas basada en argumentos sobre la creación de empleos. No obstante, el Centro para la Investigación de Políticas y la Economía (CEPR, por sus siglas en inglés), ubicado en Washington, asegura que este sector genera muy pocos empleos, de ahí que los costos en salud y medio ambiente, especialmente los costos de contaminación de agua, son demasiado altos en relación con sus beneficios.

 

Por otra parte, desde el ámbito de los derechos civiles la experiencia de represión de la protesta social en la provincia canadiense de New Brunswick pone de manifiesto la expansión de la criminalización de la protesta social en países que han sido considerados modelos de democracia. Esto pone en evidencia la forma en que la agenda neoliberal, apoyada por el poder gubernamental, privilegia las ganancias de unos cuantos conglomerados a expensas de los derechos civiles de la libertad de expresión y los derechos sociales como el de la salud. A pesar de que ello refleja una panorama pesimista, la expansión de la criminalización de la protesta social en cualquier tipo de régimen, presenta a los movimientos sociales con experiencias comunes que les permitan formular estrategias de colaboración internacional que avancen la defensa de los derechos civiles y sociales y del medio ambiente.

(*) Profesora del Departamento de Historia Política de la Universidad de New Brunswick

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Viernes, 18 Octubre 2013 07:50

¿Es posible derrotar a Monsanto?

¿Es posible derrotar a Monsanto?

Una de las mayores multinacionales del mundo está siendo asediada por diversos movimientos y múltiples acciones, programadas y espontáneas, a través de denuncias, movilizaciones de todo tipo que convergen contra una empresa que representa un serio peligro para la salud de la humanidad. Constatar la variedad de iniciativas existentes y aprender de ellas puede ser un modo de comprender un movimiento de nuevo tipo, transfronterizo, capaz de articular activistas de todo el mundo en actividades concretas.

 

El campamento en las puertas de la planta de semillas que Monsanto está levantando en Malvinas Argentinas, a 14 kilómetros de Córdoba, es uno de los mejores ejemplos de la movilización en curso. La multinacional planifica instalar 240 silos de semillas de maíz transgénico con el objetivo de llegar a 3.5 millones de hectáreas sembradas. La planta usará millones de litros de agroquímicos para el curado de semillas y una parte de los efluentes se liberarán al suelo y al agua, provocando un grave perjuicio, como sostiene Medardo Ávila Vázquez de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

 

El movimiento contra Monsanto consiguió victorias en Ituzaingó, un barrio de Córdoba cercano al lugar donde se pretende instalar la planta de semillas de maíz. Allí nacieron una década atrás las Madres de Ituzaingó que descubrieron que 80 por ciento de los niños del barrio tienen agroquímicos en la sangre y que es una de las causas de las muertes y malformaciones de sus familiares. En 2012 ganaron por primera vez un juicio contra un productor y un fumigador condenados a tres años de prisión condicional sin cárcel.

 

El campamento en Malvinas Argentinas ya lleva un mes, sostenido por la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida. Consiguieron ganar el apoyo de buena parte de la población: según encuestas oficiales 87 por ciento de la población quiere una consulta popular y 58 por ciento rechaza la instalación de la multinacional, pero 73 por ciento tiene miedo de opinar en contra de Monsanto por temor a salir perjudicado ( Página 12, 19/09/13).

 

Los acampantes resistieron un intento de desalojo del sindicato de la construcción (UOCRA) adherido a la CGT, el acoso policial y de las autoridades provinciales, aunque cuentan con el apoyo del alcalde, sindicatos y organizaciones sociales. Recibieron apoyo del Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo. Consiguieron paralizar la construcción de la planta al impedir el ingreso de camiones.

 

El asedio a Monsanto llegó hasta un pequeño pueblo turístico del sur de Chile, Pucón, en el lago Villarrica, donde 90 ejecutivos de la trasnacional provenientes de Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile llegaron hasta un lujoso hotel para realizar una convención. Grupos ambientalistas, cooperativas y colectivos mapuche de Villarrica y Pucón se dedican estos días a escrachar la presencia de Monsanto en el país ( El Clarín, 13/10/13).

 

Son apenas dos de las muchas acciones que se suceden en toda la región latinoamericana. A mi modo de ver, las variadas movilizaciones en más de 40 países nos permiten sacar algunas conclusiones, desde el punto de vista del activismo antisistémico:

 

En primer lugar, las acciones masivas en las que participen decenas de miles son importantes, pues permiten mostrar al conjunto de la población que la oposición a empresas como Monsanto, y por tanto a los transgénicos, no es cuestión de minorías críticas. En este sentido, jornadas mundiales, como la del 12 de octubre, son imprescindibles.

 

Las movilizaciones de pequeños grupos, decenas o cientos de personas, como las que suceden en Pucón y en Malvinas Argentinas, así como en varios empendimientos mineros en la cordillera andina, son tan necesarias como las grandes manifestaciones. Por un lado, es un modo de estar presentes en los medios de forma permanente. Por encima todo, es el mejor camino para forjar militantes, asediar a las multinacionales y difundir críticas a todas sus iniciativas empresariales.

 

Es en los pequeños grupos donde suele aflorar el ingenio y en su seno nacen las nuevas formas de hacer capaces de innovar la cultura política y los métodos de protesta. Allí es donde pueden nacer vínculos comunitarios, vínculos fuertes entre personas, tan necesarios para profundizar la lucha. Después de un mes acampando en Malvinas Argentinas, los manifestantes comenzaron a levantar paredes de adobe, construyeron un horno de barro y armaron una huerta orgánica a la vera de la ruta ( Día a Día de Córdoba, 13 de octubre de 2013).

 

En tercer lugar, es fundamental sustentar las denuncias con argumentos científicos y, si fuera posible, involucrar autoridades en la materia. El caso del biólogo argentino Raúl Montenegro, premio Nobel Alternativo en 2004 (Right Livelihood Award), quien se comprometió con la causa contra Monsanto y con las Madres de Ituzaingó, muestra que el compromiso de los científicos es tan necesario como posible.

 

La cuarta cuestión es la importancia de las opiniones de la gente común, difundir sus creencias y sentimientos sobre los transgénicos (o cualquier iniciativa del modelo extractivo). La subjetividad de las personas suele mostrar rasgos que no contemplan los más rigurosos estudios académicos, pero sus opiniones son tan importantes como aquellos.

 

Por último, creo que es necesario poner en la mira no sólo a una multinacional como Monsanto, una de las más terribles de las muchas que operan en el mundo. En realidad, ésta es apenas la parte más visible de un modelo de acumulación y desarrollo que llamamos extractivismo y que gira en torna a la expropiación de los bienes comunes y la conversión de la naturaleza en mercancía. En este sentido, es importante destacar lo que hay en común entre los monocultivos transgénicos, la minería y la especulación inmobiliaria que es el modo que asume el extractivismo en las ciudades. Si derrotamos a Monsanto, podemos vencer a las otras multinacionales.

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onfirman que la contaminación ambiental causa cáncer de pulmón

En una confirmación de lo que muchos suponían, se llegó a la conclusión científica de que la contaminación ambiental causa cáncer pulmonar.

 

La Agencia Internacional de Investigación Oncológica (IARC, por sus siglas en inglés) declaró el jueves que la contaminación aérea es un carcinógeno junto con peligros conocidos como el asbesto, el tabaco y la radiación ultravioleta. A esa conclusión se llegó después de la consulta de un panel experto organizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede en Lyon, Francia.
"Consideramos que es el carcinógeno ambiental más importante, más que el tabaquismo pasivo", afirmó Kurt Straif, titular del departamento de la IARC que evalúa las sustancias causantes de cáncer.


La IARC ya había determinado como carcinógenos algunos de los componentes de la contaminación ambiental, como las emanaciones del diésel, pero es la primera vez que considera la contaminación ambiental en general como causante de cáncer.
El riesgo al individuo es escaso, pero Straif dijo que las principales causas de la contaminación son numerosas, incluso el transporte, las plantas de energía y las emisiones industriales y agrícolas.


Es una mezcla compleja que incluye gases y partículas, y la IARC dijo que uno de sus principales riesgos son las pequeñas partículas que pueden depositarse en los pulmones.


"Esto es difícil de evitar", dijo, y señaló las nubes oscuras de fábricas cercanas a su oficina en Lyon. "Cuando camino por una calle con fuerte contaminación de emanaciones de diésel, trato de alejarme", dijo. "Eso es algo que uno puede hacer".


El hecho de que casi todo ser humano esté expuesto a la contaminación ambiental podría hacer que los gobiernos y otras agencias adoptaran controles más estrictos sobre las emanaciones. Straif señaló que la OMS y la Comisión Europea revisan sus límites recomendados para la contaminación aérea.


Hasta ahora, se consideraba que la contaminación aumentaba las probabilidades de enfermedades cardiacas y respiratorias.
La clasificación del panel de expertos se efectuó después de que los científicos analizaron más de mil estudios en el mundo y llegaron a la conclusión de que había evidencias suficientes de que la exposición a la contaminación ambiental en espacios abiertos causa cáncer pulmonar.


En 2010, la IARC dijo que se registraban más de 220 mil muertes por ese cáncer asociado a la contaminación ambiental. La agencia también notó un vínculo con un riesgo ligeramente mayor de cáncer vesicular.


Straif señaló que había notables diferencias en la calidad del aire en distintas ciudades del mundo y que las metrópolis más contaminadas estaban en China e India, donde mucha gente usa máscaras protectoras en la calle.


"Esto es algo que tienen que atender los gobiernos y las agencias ambientales", afirmó Straif. "La gente, por cierto, puede contribuir haciendo cosas como no conducir un automóvil grande de diésel, pero esto requiere políticas mucho más amplias de las autoridades nacionales e internacionales".
Inevitable


Otros expertos enfatizaron que el riesgo de cáncer de la contaminación para el común de las personas era muy escaso, pero virtualmente inevitable.


"Uno puede escoger no beber ni fumar, pero no puede controlar si va a estar expuesto o no a la contaminación ambiental", opinó Francesca Dominici, profesora de bioestadística en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. "Uno no puede decidir no respirar", agregó. Ella no participó en el panel de la IARC.


El riesgo de cáncer de una persona depende de numerosas variables, incluso la genética, la exposición a sustancias peligrosas y opciones sobre estilos de vida relacionados con consumo de alcohol, tabaquismo y la práctica de ejercicio.


Dominici dijo que los científicos todavía tratan de calcular qué proporción de contaminación es la más letal y propuso un enfoque más preciso.


"El nivel de contaminación ambiental en Estados Unidos es mucho, mucho menor que el que solía ser, pero todavía hallamos evidencias de cáncer y defectos de nacimiento", advirtió. "La cuestión es ¿cómo vamos a limpiar todavía más el aire?"

 

Ap

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En el negocio de las renovables, las economías de América Latina se están convirtiendo en un importante foco de inversión mientras Europa y Estados Unidos se toman un respiro. El 6% del dinero movilizado el pasado año para financiar proyectos a escala global fue a la región, sobre un total de 268.700 millones de dólares destinados a las denominadas energías limpias.

 

Pese a que América Latina aumentó en un año su peso relativo frente a otras regiones, también se observa que la inversión se contrajo casi un 4% entre 2011 y 2012, según un estudio elaborado por el Fondo Multilateral de Inversiones y Bloomberg New Energy Finance. En cualquier caso, es algo menor si se compara con el declive del 11% reigstrado en el negocio global de las fuentes renovables.


Los técnicos hablan de "nueva frontera" para las inversiones en energías de bajas emisiones de carbono, gracias a que "los marcos legales se expanden y fortalecen" en América Latina. Como señala Greg Watson, del Banco Interamericano de Desarrollo, "el rápido descenso de los costos y el mejor clima de inversión lo hacen un mercado interesante y asequible".


El Fondo Multilateral de Inversiones proporciona asistencia técnica al sector privado en los países latinoamericanos. También da ayudas indirectas, préstamos e invierte en proyectos. Bloomberg New Energy Finance es su socio en Climacopio, una herramienta de evaluación de las energía limpias. Se lanzó el año pasado y pretende ayudar a inversores extranjeros a "navegar" por el sector.


La capacidad total de las energías renovables en los 26 países de América Latina y el Caribe pasó de 11,3 gigavatios en 2006 a 26,6 gigavatios en 2012. Sólo en 2012, la región incorporó 3,3 gigavatios de nueva capacidad renovable, lo que representa un incremento anual del 300%. En cifras de inversión, se movilizaron cerca de 16.800 millones en 2012. El grueso fue al sector eólico, con más de la mitad de la inversión total.


Freno en el crecimiento


El de 2012 fue el segundo año al alza en términos de inversiones a renovables. Aunque los organismos internacionales anticipan una moderación del crecimiento económico, los relatores no esperan bruscas caídas en la financiación de proyectos. "Vemos una actividad robusta, especialmente fuera de Brasil", apunta Ethan Zindler, desde Bloomberg New Energy Finance.


Brasil, como mayor potencia de la región, es también la que ocupa el primer lugar en el Climascopio. Captó cerca de 9.200 millones. Pero si antes se llevaba cerca del 80% de la financiación total, ahora baja al 55%. Esto se debe a que redujo un 36% la inversión en energía limpia, aunque también se explica porque la inversión se está diversificando hacia pequeños países.


Excluyendo Brasil, la financiación en la región se disparó un 164% en 2012, alcanzando 7.500 millones. Chile es el segundo del Climatoscopio, tras multiplicar por cuatro la inversión en energías renovables. República Dominicana y Uruguay también registraron incrementos muy altos. México, que aparece el quinto en la lista, es el segundo país que más invierte, con el 17% del total.


Nicarauga, la tercera


Destaca el tercer puesto de Nicaragua en la clasificación, pese a tener de las rentas por habitante más bajas mientras la que más avanzó en el ranking fue República Dominicana, al subir siete puestos. Por lo general, el costo de la energía sigue siendo alto, lo se ve como una oportunidad para invertir. También se cita la alta demanda y el deseo de estos países de ser autosuficientes.


De hecho, hay un factor geopolítico importante a tener en cuenta al analizar la posición de América Latina como futuro polo de inversión para las renovables. "Muchos países quieren dejar de depender de las importaciones de carbón, gas natural y petróleo, para no depender de sus vecinos", explica Zindler, "eso les motivará a sumar las renovables en el mix final".


Uno de los segmentos de mayor potencial de crecimiento es la energía solar, donde la inversión es del 7%. "Eso está empezando a cambiar, se está sumando capacidad", señala Zindler. Watson añade que el incremento de la demanda del consumidor meterá presión a los gobiernos para buscar nuevas alternativas energéticas a las tradicionales e incentivar las inversiones en renovables.

 

Por SANDRO POZZI Nueva York 16 OCT 2013 - 08:00 CET

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