Sábado, 01 Junio 2013 07:10

Doscientos millones contra Monsanto

Doscientos millones contra Monsanto

Fueron 2 millones de personas las que el 25 de mayo se manifestaron en 52 países, en más de 430 ciudades de todo el mundo, contra Monsanto. Pero muchísimos más acompañaron ese día y protestan cada día, de muchas formas, contra Monsanto, contra los transgénicos y el robo corporativo de nuestra alimentación. Por ejemplo, la Vía Campesina, que tiene más de 200 millones de miembros y ahora preparan su sexta conferencia internacional del 6 al 13 de junio, en Indonesia. Cumplen 20 años y son el movimiento campesino organizado más grande de la historia y un puntal de resistencia a Monsanto, a los transgénicos y a las corporaciones de agronegocios en el planeta.

 

Monsanto tiene mucha cola para pisarle en su larga historia de fabricante de venenos desde 1901. Es un ejemplo paradigmático de codicia, control corporativo y falta de escrúpulos. Entre muchos desastres, legó al planeta la contaminación con armas químicas, como el Agente Naranja usado en la guerra contra Vietnam, donde aún la tercera generación de la población sufre secuelas. Ocultó intencionalmente que su químico PCB (incluyendo askareles) es terriblemente tóxico, envenenando por más de 40 años –a sabiendas– el agua y a miles de familias en Alabama, donde se fabricaba. Para aumentar sus lucros, creó semillas transgénicas adictas a sus agrotóxicos y compró empresas semilleras por todo el mundo, para eliminar competencia y asegurar dependencia. Controla 27 por ciento del mercado mundial de semillas de todo tipo (no solamente transgénicas) y tiene más de 80 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas, un monopolio industrial que no tiene precedentes en casi ningún rubro industrial. Solamente Bill Gates, con Microsoft, tiene un porcentaje de mercado tan alto. Pero a diferencia de los programas de computación, las semillas son imprescindibles para la vida: son la llave de todas las redes alimentarias.

 

Por ello y mucho más, 2 millones nos manifestamos en el mundo contra Monsanto. Sólo una pequeña muestra del rechazo global a esa transnacional, que se extiende a todas las otras empresas de transgénicos (Syngenta, DuPont-Pioneer, Dow, Bayer, Basf).

 

La agencia Investigative Reporter Denmark reveló que Monsanto decidió abandonar la investigación, desarrollo y experimentos de maíz transgénico en Europa (aunque siguen las plantaciones que existen en España, Portugal y República Checa, menos de uno por ciento del maíz en Europa). Nueve países europeos han prohibido el maíz transgénico. Monsanto se suma a Syngenta, Bayer y Basf, que abandonaron en años anteriores la investigación y experimentación de papa y otros transgénicos en Europa. Sus declaraciones son significativas: según Brandon Mitchener, ejecutivo de Monsanto en Europa, sólo van a seguir con transgénicos en países “donde tengamos apoyo político” y sistemas regulatorios a su favor. Como México, por ejemplo, donde las protestas contra el maíz transgénico son cada vez más amplias, pero el sistema regulatorio y el gobierno favorecen a Monsanto, contra los intereses de su propia población.

 


En la misma semana, un informe de la organización estadunidense Food and Water Watch, basado en más de 900 mensajes de Wikileaks, mostró que Estados Unidos usó cuantiosos recursos públicos para promover a Monsanto y a los transgénicos, a través de sus embajadas, de representantes del ministerio de agricultura (USDA) y de USAID en muchos países. Sus estrategias incluyen desde conferencias “técnicas” de (des)información a periodistas y funcionarios, hasta presiones bilaterales para adoptar legislaciones favorables y abrir mercado a las empresas.

 

Pese a que Monsanto reporta grandes ganancias, las resistencias globales le significan un enorme gasto, más que económico. Cada día salen nuevas evidencias de daños a la salud y ambiente, de que solamente con engaños, corrupción y falseando datos, con científicos y gobiernos comprados, se pueden defender los transgénicos. Nos imponen los transgénicos con maña y fuerza, pero no han podido ni podrán colonizar nuestras mentes ni corazones a su favor, a la larga el arma más poderosa.

 

Por eso, aunque hay muchas y diversas resistencias por todo el globo, es importante destacar el papel histórico de La Vía Campesina, que cumple 20 años de lucha y organización, derrumbando mitos y mostrando caminos. Con más de 150 organizaciones campesinas en 70 países en África, Asia, Europa y las Américas, con más de 200 millones de campesinas y campesinos, el mundo nunca ha tenido una organización campesina de tal extensión y entidad. Independientes de partidos políticos e intereses corporativos, La Vía Campesina ha profundizado el análisis y la crítica del sistema agroalimentario, desde la visión y experiencia cotidiana de sus actores fundamentales. En estas dos décadas, Vía Campesina nos mostró, junto a sus aliados, que las y los campesinos, indígenas, pescadores artesanales, productores familiares, producen más de 70 por ciento de la alimentación en el mundo, con apenas 20 por ciento de la tierra arable; que son las y los que producen y cuidan las semillas y la biodiversidad, las y los que están enfriando al planeta contra el calentamiento global que nos afecta a todos, pese a ser provocado en su mayor parte por el sistema alimentario agroindustrial y sus transnacionales de agronegocios. El camino no es fácil, la articulación intercultural, intercontinental y la equidad de género han sido grandes desafíos, pero desde las raíces, la Vía Campesina sigue creciendo, dando flores y frutos, abriendo surcos, sembrando resistencias. Contra Monsanto y otras empresas que siembran muerte, globalizando la lucha, globalizando la esperanza.

 


Por Silvia Ribeiro, ivestigadora del Grupo ETC

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Domingo, 26 Mayo 2013 06:16

Jornada internacional contra Monsanto

Jornada internacional contra Monsanto

Diversas organizaciones ambientalistas y sociales exhortaron al gobierno federal a negar a la trasnacional Monsanto la siembra comercial de maíz transgénico en el país, luego de que el 15 de marzo pasado esa empresa presentó tres solicitudes para cultivar el grano genéticamente modificado, en “aproximadamente 33 millones de hectáreas de los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango”.

 

En el contexto de la Jornada Internacional contra Monsanto y por la soberanía alimentaria, realizada ayer en diversos países y en alrededor de 20 estados mexicanos, Mercedes López Martínez, representante en el Distrito Federal de Vía Orgánica y de la campaña nacional Sin Maíz no hay País, indicó que el actual gobierno debe mostrar mayor determinación para prohibir a Monsanto sembrar maíz transgénico, pues contaminaría el centro de origen del grano y porque estos productos no han demostrado ser inocuos.

 

Algunos manifestantes llevaban pancartas con leyendas como “Fuera Monsanto de México”; “De santo, nada, Monsanto mata”, y “Por un mundo sin Monsanto”. Otros recordaron que “en octubre pasado el científico Eric Seralini encabezó un grupo de investigación que alimentó ratas con maíz transgénico, y éstas desarrollaron cáncer y problemas de riñón e hígado” en cuatro semanas.

 

Entrevistada en el Carnaval del Maíz que se llevó a cabo ayer en la explanada de Bellas Artes, López indicó: “estamos atendiendo un llamado internacional, porque hoy (ayer) es el día internacional contra Monsanto, y por eso en México decidimos hacer un acto festivo, un carnaval en defensa del maíz”, y llamó a los funcionarios de las secretarías de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) y de Salud (Ssa) a “no dejarse comprar ni presionar por empresas trasnacionales como Monsanto”, y que “busquen preservar la salud y la cultura porque el maíz es nuestra sangre, somos hombres y mujeres del maíz”.

 


También indicó que es “importante que la gente se sume, que defienda su alimento y cultura”. De hecho, el colorido festival organizado ayer atrajo desde el comienzo a cientos de transeúntes, muchos de los cuales se detenían a escuchar los pronunciamientos y a observar los dibujos, las obras de teatro y a escuchar la música, pese al intenso calor.

 

Las manifestaciones en contra de Monsanto se realizaron en diversas ciudades de Estados Unidos, Canadá, Argentina, Chile, Colombia y España, entre otros países, y en el caso de México se perfilaban protestas en diversas ciudades, entre ellas Morelia, Guadalajara, Monterrey, Chihuahua, Ensenada, Cuernavaca, León, Salamanca, Celaya, Puebla, Durango, Oaxaca, Querétaro, Colima, San Cristóbal de las Casas, Mexicali, Jalapa y Cancún. En el Distrito Federal el carnaval también se realizó en el Monumento a la Revolución.

 

Thalia Guido, del movimiento YoSoy132, indicó que para los jóvenes es “muy importante defender la alimentación de nuestro país y sobre todo la soberanía y libertad alimentaria”, y acotó que la defensa del maíz criollo es una tarea que atañe a todos. “No es sólo cosa de campesinos; la alimentación influye muchísimo en nuestra manera de ser, de cómo percibimos al mundo en general y nos da identidad. Esta lucha no es una causa aislada y por eso es muy importante unirnos a esta lucha; nunca se había visto una manifestación mundial tan grande en contra de una sola corporación semillera transgénica”.

 

La joven de 23 años refirió que la estrategia de este tipo de empresas consiste en “contaminar los centros de origen” y advirtió que si eso sucede en México “seria perder nuestro patrimonio alimenticio”.

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Sábado, 25 Mayo 2013 12:05

¡Detengamos la locomotora minera!

¡Detengamos la locomotora minera!

Los hechos se precipitan velozmente, no han pasado cuatro meses desde el derrame de carbón de la Drummond en la Bahía de Santa Marta1 y ya el país se retuerce hastiado con los abusos de las transnacionales mineras. Por estos días la Contraloría General de la República ha saltado a la palestra lanzando el libro “Minería en Colombia – Fundamentos para superar el modelo extractivista”. Ha propuesto además que se revoque el arreglo de prórroga del contrato de Cerromatoso y pide que se investigue a los ministros responsables de dejar vencer el término fijado por la Corte Constitucional para presentar al Congreso un nuevo Código de Minas, ante la inconstitucionalidad de la Ley 1382 de 2010, que lo modificaba por haber omitido la consulta previa con los pueblos indígenas. Hace solo dos meses la protesta contra la minería en el páramo de Santurban se tomaba nuevamente las calles de Bucaramanga; en Tabio la comunidad logró que se cerrara una gravillera… la enumeración de los hechos se hace interminable.

 

Los minerales colombianos en la mira de las transnacionales

 

En la época del final del petróleo barato y en el pico o cenit de varios de los minerales para la producción industrial, un frenesí minero recorre al mundo. No es de extrañar entonces que el territorio colombiano, rico en estos recursos, esté en la mira de las compañías en su inmensa mayoría transnacionales que se dedican a la extracción, transporte y comercialización de los mismos.

 

Si bien Colombia ha sido un país minero desde la colonia española, aunque el peso de la minería no ha sido constante en la economía del país, las actuales formas de extracción con tecnologías altamente destructoras como la denominada “minería a cielo abierto”, constituyen la mayor amenaza sobre la frágil ecología de su territorio. Si los páramos del país son destruidos o fuertemente afectados, el ciclo hidrológico se estropeará para siempre, más cuando la deforestación a que ha sido sometida la zona andina ya constituye un problema mayor (como se puso de presente en las recientes inundaciones de 2010 – 2011), mostrando la aceleración inusitada de la escorrentía y la sedimentación del Magdalena y el Cauca, los desagües naturales del sistema andino.

 

Se destruyen los ecosistemas a cambio de muy poco

 

Los riesgos brevemente expuestos serían argumento suficiente para abandonar la locomotora minera. Sin embargo la profunda alteración que ella está generando –y generará en el futuro próximo– sobre los frágiles ecosistemas colombianos es más grave pues cercenará en definitiva la posibilidad de otro tipo de desarrollo para el país. En efecto, la pérdida de la biodiversidad y los suelos aptos para la agricultura, son irreparables. Quien quiera comprobarlo no tiene sino que mirar lo que ha pasado en el departamento del Cesar, convertido en un inmenso hueco y depósito de desechos de la minería del carbón que explota la Drummond contaminando también el mar, como ya se anotó.

 

Otro aspecto a tener en cuenta es que Colombia entrega sus recursos mineros a cambio de muy poco. Mientras otros países suramericanos han mejorado no solo el control directo sobre tales recursos sino las regalías y otras condiciones del negocio, los anteriores gobiernos, y el actual, facilitan al máximo la explotación de aquellos con regalías exiguas y todo tipo de ventajas tributarias para las empresas extractoras.

 

Esta desregulación y flexibilización ha conducido a un conjunto de irregularidades, sintetizadas por la experta Tatiana Rodríguez Maldonado, de Censat - Amigos de la Tierra de la siguiente manera:

 

Superposición de títulos mineros en áreas de páramos, parques naturales y otras zonas protegidas. Buena parte de las cuencas abastecedoras de agua se encuentran tituladas para la minería. Lo anterior va en contra del derecho fundamental al agua y de la destinación prioritaria del líquido al consumo humano.

 

La piñata de títulos y solicitudes para minería está concentrada principalmente en dos minerales, el carbón y el oro. El primero está destinado a la generación eléctrica, donde se constituye en uno de los principales motivos del cambio climático. El segundo es un bien completamente suntuario que para ser extraído requiere del uso de sustancias tóxicas como el cianuro, que fue prohibido por el Parlamento Europeo en el viejo continente2.

 

La cifra que recibe anualmente el país por concepto de regalías es tan irrisoria, que es menor incluso que la que se percibe por canón superficiario. Así, en 2009 se recaudaron 1,9 billones de pesos por regalías, mientras que solamente el canón superficiario debió ser de 2,8 billones de pesos.

 

A octubre de 2009, diecinueve resguardos indígenas se encontraban titulados para minería en más del 90% de su área.

 

La campaña por una moratoria de la explotación minera

 

El problema sin embargo es: ¿Qué hacer? ¿Cómo se moviliza la sociedad civil para frenar la máquina de destrucción que se ha instalado en el país con la complicidad del Gobierno “Nacional”?

 

En su libro, “Políticas mineras en Colombia”3, el geólogo Julio Fierro Morales, propone una moratoria en el país a la actividad minera hasta que se den unas condiciones que garanticen el menor impacto posible, excluyendo ecosistemas esenciales para el ciclo del agua y la biodiversidad. y posibilitando una real y efectiva regulación de la actividad.

 

Esta iniciativa está siendo retomada por organizaciones sociales como la Organización Nacional Indígena de Colombia –Onic–, Sintraemsdes, y ambientalistas como Unión Libre Ambiental, Censat–Agua Viva, el Grupo Semillas y organizaciones que promueven la paz como desde abajo e Indepaz, entre otras.

 

La meta es recoger por lo menos cien mil firmas de apoyo a los doce puntos que aparecen en el recuadro. Dichas firmas se entregarán a los máximos representantes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, a fin de que se pronuncien sobre el clamor ciudadano que expresan los firmantes, esperando que las organizaciones sociales y populares hagan propia esta iniciativa y la desarrollen por los más novedosos e insospechados caminos.

 

Por Rafael Colmenares, miembro de Unión Libre Ambiental.


1 Véase “Drummond y las debilidades de la gestión costera”, en Razón Pública, 18 de Febrero de 2013.
2 Resolución de la Unión Europea, adoptada el 5 de mayo de 2010.
3 Julio Fierro Morales, “Políticas mineras en Colombia”, ILSA, Febrero de 2012.


 

Recuadro

 

Firma en www.moratoriaminera.org para qué:

 

  1. Se revisen, por una comisión independiente y no gubernamental, los títulos mineros y licencias ambientales expedidas hasta hoy, y se revoquen o anulen los que violen la Constitución, la Ley o causen grave daño al agua, al ambiente o a la salud humana.
  2. Se excluyan de cualquier actividad minera los ecosistemas estratégicos, terrestres y marinos, especialmente los esenciales para el ciclo del agua, la soberanía alimentaria, los territorios de comunidades étnicas, las áreas protegidas, los perímetros urbanos y los suelos de protección y expansión urbana.
  3. Se prohíba el uso del cianuro y cualquier otro agente altamente tóxico utilizado en la actividad minera.
  4. Se garantice que el transporte terrestre, marítimo y fluvial de los minerales extraídos sea seguro para los seres humanos y el ambiente.
  5. Se reforme el Código de Minas, eliminando el carácter de actividad de utilidad pública y de interés social que actualmente tiene la minería, para que prevalezcan sobre la normativa minera los principios constitucionales y legales ambientales, los de autonomía territorial étnica, así como los derechos de los propietarios o poseedores de la tierra sobre las concesiones del subsuelo.
  6. La expedición de títulos mineros y licencias ambientales quede sometida a la revisión y decisión de una comisión independiente, con participación de la sociedad civil.
  7. Se respete la autonomía municipal para excluir la actividad minera en el territorio del municipio que así lo decida.
  8. Se garanticen y respeten los derechos laborales, la salud y la seguridad de los trabajadores de la minería.
  9. Se den garantías para que la pequeña minería se realice con respeto al ambiente y la salud de los mineros y las comunidades y, cuando esto no sea posible, se apoye la reconversión del pequeño minero y el minero artesanal a otra actividad tanto o más productiva.
  10. Se modifiquen la política y los porcentajes de regalías desventajosas que recibe el Estado por las concesiones mineras y se eliminen los incentivos tributarios y prerrogativas que tienen las actividades mineras por encima de las demás actividades económicas.
  11. Se garanticen los procesos adecuados de consulta previa con pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas en sus territorios y conforme a sus sistemas de derecho y gobierno propios.
  12. Se declare la emergencia ecológica para adoptar con prontitud las medidas que correspondan a los puntos anteriores.
Publicado enEdición 191

¿Lo qué le interesa a la mayoría de la Humanidad es lo que finalmente se ejecuta? Muchos pueden pensar que en la historia siempre ha sido así porque eso explicaría el enorme salto tecnológico que nuestra especie ha logrado a lo largo de su existencia. El fuego, la rueda, las herramientas de metales, los acueductos, la construcción de caminos, el telescopio, las máquinas, la utilización de la electricidad, el coche, la televisión, internet, etcétera, son los grandes inventos que nos han servido para mejorar nuestra vida.

 

Sin embargo, no todos los inventos, no toda la capacidad tecnológica de la que somos capaces se pone a disposición de las necesidades más prioritarias para la mayoría de la sociedad.

 

Ejemplifiquemos esta afirmación con la energía. La revolución energética que vivimos, obligados por dos hechos: la desaparición futura, pero próxima del petróleo y el cambio climático producido por un exceso de generación de CO2 tiene una meta de llegada lógica: las renovables. Sin embargo, la transición hacía el modelo 100 por ciento renovable en la que nos encontramos actualmente no se producirá con la celeridad que la Humanidad necesita y tampoco de la forma que sería necesaria.

 

El estúpido argumento de que las renovables no son tecnologías maduras es el “cuento” que los poderosos nos repiten a través de sus medios de comunicación, que reiteran sus “expertos” y ratifican sus gobiernos y partidos políticos. El único impedimento para que las renovables no ocupen con más celeridad todas las fuentes energéticas no es la incapacidad tecnológica de la ciencia como implícitamente se nos hace creer, más bien es el interés de las empresas petroleras y de la inmensa mayoría de los emporios eléctricos y energéticos del mundo de seguir recibiendo beneficios de las instalaciones ya realizadas para amortizar sus costes o disponer de más inversión y dividendos.

 

En contra de ellos y en pro del conjunto de la humanidad y de la naturaleza, es necesario operativizarlas. La colocación de las actuales tecnologías renovables en la cadena de producción industrial masiva posibilitaría la reducción constante de sus costes y la fabricación de máquinas más eficientes. El modelo energético 100 por ciento renovable se podría alcanzar en menos de 20 años si la apuesta política y empresarial fuera decidida. Sólo manteniendo el actual nivel de crecimiento en algunos países más innovadores en esta materia se podría conseguir ese objetivo… sin embargo, ¿se desea conseguirlo?

 

Las empresas directamente implicadas en el abastecimiento energético de nuestra sociedad planetaria han decidido que ese modelo se implante más allá del 2050 y eso después de grandes resistencias a que así sea. La Agencia Internacional de la Energía, aunque no sea su función, actúa en la práctica como el portavoz de esas empresas y han constatado el cambio descrito: hace unos años decían que las renovables eran fuentes que solo ocuparían un lugar marginal en el pool de producción, hoy reconocen que es inevitable el modelo 100 por ciento renovables. Al fin y al cabo los ricos viven en el mismo planeta que el resto de la Humanidad.

 

Pero no es solo un problema la lentitud de la implantación del modelo 100 por ciento renovables, también lo es la forma en la que se implementan las renovables. Las todopoderosas empresas energéticas pretenden que las “peligrosas” renovables sean monopolio exclusivo de ellas. Quieren salvaguardar el negocio para sus descendientes. ¡Qué se joda la Humanidad! Escucho cada vez que actúan.

 

La explotación del gas, el petróleo o la instalación de una central nuclear está al alcance solo de grandes corporaciones. El viento, las olas, el sol, el agua son fuentes “peligrosas” al alcance de cualquiera con instalaciones y máquinas capaces de aprovechar a pequeña escala la energía que generan esas fuentes a un precio asequible para cualquiera.

 

Cada local, cada edificio o cada vivienda puede ser la base de la instalación de equipos de producción energética: la fotovoltaica en techo, la minieólica, la minihidraulica o el aprovechamiento de la energía sobrante de las baterías de los coches eléctricos son elementos que la tecnología pone al alcance de cualquier familia o pequeña empresa para su explotación como pequeña central energética. Es la generación distribuida. Con ella la revolución de las renovables sería mucho mas inminente que es la velocidad que requieren las necesidades de nuestro vapuleado ecosistema.

 

Pero con la generación distribuida también se habrá descubierto una poderosa herramienta de distribución de la riqueza, porque la energía es riqueza. No solo para que en las sociedades desarrolladas, las familias y pequeñas empresas se distribuyan las enormes plusvalías que hoy se reparten los pocos dueños de las compañías energéticas, sino también para que en todos los rincones del Planeta en los que la pobreza castiga a sus habitantes, se establezcan estas instalaciones que traerían la prosperidad y los recursos. Y que con bajos costes posibilitarían una mejora de su nivel de vida.


La generación distribuida podría suponer una revolución social, un cambio en algunos de los pilares que hoy sostienen el sistema económico, pero mucho nos tememos que los guardianes de este sistema no permitirán que se implante esta revolución.

 

Ángel Rivera, Creativa

Publicado enEdición 191
Miércoles, 22 Mayo 2013 06:40

Yasunizar el mundo

Yasunizar el mundo

Cuando Svante Arrhenius, químico sueco y premio Nobel, publicó los primeros ar­tículos sobre el cambio climático en 1896, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 300 partes por millón (ppm). Está ahora llegando a 400 y subiendo 2 ppm al año. Arrhenius anunció que al quemar carbón que estaba bajo tierra, los países industrializados estaban poniendo más y más dióxido de carbono en la atmósfera y que esto haría aumentar las temperaturas. Él no podía saber que en el siglo XX la quema de carbón aumentaría siete veces mundialmente ni que al carbón se añadiría la quema de mucho más petróleo y gas natural. Además de los efectos de la deforestación.

 

Lo que ocurre es que la nueva vegetación y los océanos no absorben todo el dióxido de carbono que produce la economía humana. Los combustibles fósiles son como fotosíntesis embotellada hace millones de años. Los sacamos, los “descorchamos” y los quemamos con demasiada rapidez. El aumento del efecto invernadero (así le llamó ya Arrhenius) será más y más rápido.

 

Es, pues, razonable la propuesta de dejar bajo tierra una parte del petróleo, del carbón y del gas. Debemos disminuir a la mitad la velocidad de extracción de los combustibles fósiles. Esta propuesta viene de lugares donde la extracción de petróleo, carbón o gas está haciendo mucho daño. Por ejemplo, la Amazonia de Ecuador y de Perú o el delta del Níger. En México, el petróleo ha dañado el ambiente en Tabasco y en Campeche y la BP causó en el Golfo de México un gran derrame en 2010. Pero también hay desastres por la minería de carbón en Colombia, China e India y por la extracción de las arenas bituminosas de Canadá.

 

En Ecuador, en la mitad del mundo, la organización Acción Ecológica propuso en 2006 dejar en tierra 850 millones de barriles de petróleo de los pozos ITT (Ishpingo, Tiputini, Tambococha) sitos en el Parque Nacional Yasuní, en la frontera con Perú. La propuesta fue aceptada por el entonces ministro de Energía y Minas, Alberto Acosta, y también la hizo suya a regañadientes el presidente Rafael Correa. Se añadió una cláusula. Ecuador se sacrificaba económicamente por bien propio y de la humanidad, dejaba de extraer petróleo que al quemarlo produciría 410 millones de toneladas de dióxido de carbono, conservaba la incomparable biodiversidad local, respetaba los derechos indígenas. Pero pedía una contribución exterior equivalente aproximadamente a la mitad del dinero que dejaría de ganar, unos 3 mil 600 millones de dólares en total, que fueran llegando a lo largo de 10 o 12 años. Estas contribuciones serían depositadas en un fideicomiso con administración conjunta del PNUD, constituido el 3 de agosto de 2010. La oferta está en pie, el dinero llega lentamente, el presidente Correa amenaza con un plan B de extracción de petróleo en algunos de los pozos protegidos. Correa no es ecologista, pero ha defendido en foros internacionales la propuesta Yasuní. Pero amenaza ahora con correr los límites del Parque Nacional Yasuní en junio de 2013.

 


La idea de dejar el petróleo en tierra se ha difundido. En el delta del Níger, algunos hablan de “ogonizar” más que de “yasunizar” porque los ogoni, después de 1995 y la muerte de Ken Saro-Wiwa, consiguieron expulsar durante muchos años a la Shell. Dicen allí, leave oil in the soil. En otros lugares añaden: leave coal in the hole, leave gas under the grass, planteando propuestas similares a la de Ecuador. Tanto es así, que Acción Ecológica escribió a la Real Academia Española para que ponga la palabra “yasunizar” en el diccionario.

 

En Guatemala se ha propuesto no extraer el petróleo de la Laguna del Tigre, un sitio Ramsar en el Petén (un humedal catalogado internacionalmente). En las islas de San Andrés y Providencia, de Colombia (cercanas a Nicaragua), se ha decidido oficialmente dejar el petróleo en el subsuelo haciendo caso de las protestas locales. En la distante Nueva Zelanda, quienes se oponen a la bestial extracción de lignito a cielo abierto, conocen la palabra “yasunizar”. Lo mismo sucede en Quebec, en Francia, en Bulgaria, en el País Vasco, donde se ha logrado de momento parar la extracción de gas de esquisto que puede perjudicar la capa freática, argumentando que si el petróleo del Yasuni ITT se queda en tierra, ¿por qué no puede seguirse la misma doctrina en esos otros lugares? Hasta en las islas Lofoten, en Noruega, se propone dejar el petróleo y el gas bajo el fondo del mar.

 

Hay razones locales y razones globales (de cambio climático) para yasunizar el mundo.

 

Por Joan Martínez Alier, ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Un estudio augura catástrofes naturales causadas por el cambio climático

Aunque es poco probable que se cumplan los augurios más catastrofistas sobre el calentamiento global, según un estudio, la investigación prevé que se doble el aumento de la temperatura que los expertos consideran como límite seguro. Según los investigadores de la Universidad de Oxford, la temperatura se situará 4 grados por encima de la registrada antes de la Revolución Industrial si se toma en cuenta el crecimiento de los últimos diez años, es decir, dos grados más de los que garantizarían estabilidad climática al planeta, según los expertos.


 
El equipo internacional de científicos de la Universidad de Oxford asegura que esta situación provoca catástrofes en grandes zonas de la Tierra, causando sequías, tormentas, inundaciones y olas de calor, con efectos drásticos en la producción agrícola y sus consecuencias secundarias, como la migración masiva.
 


Los escépticos con el cambio climático apuntan a que, como la temperatura media anual más alta de la historia se registró en 1998, el calentamiento global está parado. El estudio, publicado en Nature Geoscience, muestra que sería necesaria una “pausa” más larga para poder sugerir que el planeta no se está calentando a una velocidad elevada.
 


Alexander Otto, de la Universidad de Oxford y autor de la investigación, ha declarado a The Guardian que hay muchos factores del cambio climático que no se pueden incluir en los modelos que manejan los climatólogos. Según el climatólogo, una gran parte del calentamiento reciente ha sido absorbido por los océanos, pero que no tardará en volver al aire ya que la expansión termal de los océanos es uno de los factores principales que asoman detrás del aumento del nivel del mar.


 
En 1998 se registró la temperatura media global más elevada desde que existen registros a causa de los efectos de El Niño, un sistema climático del sur del Pacífico basado en fuertes tormentas y temperaturas elevadas, combinados con los de La Niña, más suaves. Desde entonces, las temperaturas de la superficie terrestre han mostrado una clara tendencia a aumentar por encima de las medias a largo plazo –los 10 años más cálidos registrados han tenido lugar desde 1998-, pese a que los escépticos aseguran que el hecho de que no se haya vuelto a alcanzar el máximo de ese año, supone un parón en el calentamiento global.


 
Otto ha asegurado que las muestras más recientes no se pueden tomar como una evidencia de que el cambio climático se ha detenido. “Dado el ruido en el sistema climático y de temperaturas, sería necesario ver un período más largo para poder sacar la conclusión de que el calentamiento global no está sucediendo”, ha dicho. Se trataría de un registro de las temperaturas durante un lapso de 40 años.
 


Según Otto, el estudio demuestra que los modelos con los que están trabajando los científicos son “bastante precisos”. Está previsto que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU publique un estudio global sobre la evolución de este tema en septiembre. El primero salió a la luz en 2007 y es la referencia de todos los estudiosos.


 
Jochem Marotzke, profesor del Instituto de Meteorología Max Planck de Hamburg y coautor de la investigación, ha declarado: “Es muy importante no sobreinterpretar una sola década, dado lo que sabemos y lo que no sabemos sobre la variación natural del clima. Durante la última década, el mundo ha continuado a calentarse, pero el calentamiento está sobre todo en las capas submarinas, más que en la superficie”.


 
Otros investigadores también han alertado de que no se deriva mucho consuelo de las nuevas estimaciones –las emisiones de gases con efecto invernadero están aumentando a un ritmo superior al previsto para este momento del siglo XXI y seguirá creciendo. En consecuencia, las previsiones de calentamiento también tienen que elevarse.

 


Por Fiona Harvey Londres 20 MAY 2013 - 14:37 CET


 
© The Guardian

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Calentamiento global podría echar millones en algunos bolsillos

Muchos miran hacia el Ártico, algunos con horror ante los efectos del calentamiento global, sin embargo, otros anticipando con ansiedad los recursos sin explotar que yacen bajo la nieve y el hielo que se derrite paulatinamente.
 


“He trabajado en el norte durante 21 años, y la escala y la velocidad del cambio que se produce allí es asombrosa”, dijo Douglas Clark, de la canadiense Universidad de Saskatchewan.


 
“Estos cambios, tomados en su totalidad y reflejados en nuestro informe, me impiden dormir por las noches”, alertó a IPS.


 
Cambios rápidos e incluso abruptos ocurren en múltiples frentes del Ártico, según el Arctic Resilience Report (ARR, o Informe de Resiliencia del Ártico). Y lo que ocurre en el Ártico no se queda allí.


 
“Este es el primer informe internacional en decirle al mundo que se ajuste el cinturón de seguridad: estamos en una montaña rusa salvaje y no sabemos qué vendrá”, dijo Clark.
 


El ARR implicó un esfuerzo de dos años de colaboración entre expertos de los países nórdicos, más Rusia, Canadá y Estados Unidos, e incluye perspectivas indígenas. Se trata de una sofisticada evaluación de cómo interactúan los cambios en el clima, los ecosistemas, la economía y la sociedad.


El informe fue divulgado este miércoles 16 en la Reunión Ministerial del Consejo del Ártico en Kiruna, Suecia.


 
“Lo que ocurre en el Ártico tiene profundas implicaciones para todas las partes del mundo”, dijo Sarah Cornell, autora principal del estudio.


 
El recalentamiento planetario no solo está derritiendo la nieve y el hielo. También está calentando el océano Ártico y las tierras que lo rodean. Las estaciones están cambiando, el permafrost se está fundiendo, hay invasión de nuevas especies y las autóctonas se esfuerzan por sobrevivir, los lagos están desapareciendo y los ríos son redirigidos por el paisaje que se derrite, documenta el informe.


 
Algunos ecosistemas del Ártico atraviesan modificaciones catastróficas, algunos de los cuales son de gran escala e irreversibles, dijo a IPS la científica Cornell, del Centro de Resiliencia de Estocolmo.
 


Aunque para muchas personas el Ártico está tan lejos como la luna, está íntimamente interconectado con el resto del mundo.


 
“Los pueblos del Ártico no necesariamente se oponen al desarrollo económico, pero quieren estar en control de lo que ocurra”


 
El estado del tiempo está pautado ampliamente por las frías regiones ártica y antártica, equilibrado por los trópicos calientes.


 
Pero el Ártico se está derritiendo rápidamente. El pasado verano boreal, el hielo marino se redujo a la mitad de lo que era hace menos de 30 años y sigue en declive acelerado.


 
“Esto tiene y tendrá consecuencias espectaculares para el resto del mundo. No sabemos cuáles serán todas ellas”, dijo Cornell.


 
En el Ártico viven culturas y especies que no se hallan en ninguna otra parte y que tampoco pueden trasladarse más al norte para escapar del aumento de las temperaturas. Deben hacer un real esfuerzo por sobrevivir, dijo Tero Mustonen, presidente de la Cooperativa Snowchange, una red de culturas indígenas de todo el mundo.


 
“El Ártico está atravesando cambios fundamentales. Los alces están apareciendo por primera vez en la tundra, junto con nuevos insectos, plantas e incluso árboles”, dijo Mustonen a IPS desde su casa en el norte de Finlandia.


 
Mustonen, coautor del ARR, trabaja con comunidades chukchi de pastores de renos del nororiente de Siberia que han deambulado por esas tierras apartadas durante varios siglos.


 
Como muchas comunidades indígenas que viven en la tierra, poseen una profunda conexión ecológica, cultural y espiritual con su paisaje. Y ese paisaje está cambiando tanto que a veces no reconocen su propio hogar, señaló.


 
“Los chukchi no comparten fácilmente sus pensamientos. Pero los ancianos tienen un mensaje claro y poderoso que transmitir al mundo: ‘La naturaleza ya no confía en los seres humanos’”, planteó.


 
Sin embargo, las ocho naciones del Consejo del Ártico se centraron principalmente en futuras oportunidades de transporte marítimo, acceso a petróleo, gas y recursos minerales, y geopolítica. A China, Japón, India, Corea del Sur, Singapur e Italia les concedieron estatus de observadores, mientras que Canadá bloqueó la postulación de la Unión Europea.


 
El Consejo es el principal foro internacioal sobre asuntos del norte, y en los próximos dos años será liderado por Canadá, que dijo se centrará en el desarrollo económico.


 
Según algunas estimaciones, la región puede tener 13 por ciento del petróleo aún no descubierto del mundo, así como 30 por ciento de los depósitos no descubiertos de gas, y vastas cantidades de recursos minerales.


 
Las muy elogiadas investigaciones científicas del Consejo ahora se centrarán en cómo desarrollar los recursos del norte para beneficio de los habitantes de esa parte del mundo.


 
En los últimos tiempos, Canadá generó críticas por redirigir sus propias investigaciones científicas para apoyar a las empresas y a la industria.


 
El secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, John Kerry, representó a su país en el Consejo del Ártico, manifestando así el renovado interés en la zona de Washington, que también divulgó su nueva Estrategia Nacional para la Región del Ártico.


 
Aunque reconoce los impactos profundos del recalentamiento planetario sobre la región y sobre la población originaria, la Estrategia sostiene que la zona ayudará a cubrir las necesidades energéticas de Estados Unidos en el futuro.


 
En la reunión, los miembros adoptaron un acuerdo sobre preparación para la contaminación marina con petróleo. Algunas organizaciones indígenas y ambientalistas urgieron al Consejo a imponer una moratoria a las perforaciones en busca de crudo en el Ártico, dadas las peligrosas condiciones y las dificultades que implican las tareas de limpieza.


 
Según Greenpeace Internacional, ese acuerdo no ofrece ningún estándar mínimo, específico y práctico, y tampoco contiene disposiciones para que las empresas se hagan responsables de todos los costos y daños causados.


 
“Aquí hubo dos conferencias: una que advirtió sobre los peligros del cambio climático y la rápida industrialización en esta frágil región, y otra, a la que asistieron ministros de Relaciones Exteriores, que prácticamente no tomó medidas concretas para abordarlos”, dijo Ruth Davis, asesora de políticas en Greenpeace Internacional.


 
Los pueblos del Ártico no necesariamente se oponen al desarrollo económico, pero quieren estar en control de lo que ocurra. Sin embargo, las naciones árticas y las comunidades locales están en etapas muy diferentes. En Finlandia y Rusia, los pueblos originarios no tienen derechos oficiales sobre la tierra o el agua, a diferencia de Canadá o Alaska, dijo Mustonen.


 
Según él, “los derechos y las culturas de los pueblos indígenas en estas regiones tienen que tomarse en serio a fin de integrar su necesidades en cualquier forma de desarrollo”.


 
(Con información de IPS)

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Es hora de que los Grandes Verdes se vuelvan libres de fósiles

El movimiento que demanda que las instituciones de interés público desinviertan en combustibles fósiles está en plena actividad. La última vez que las contaron había campañas activas de desinversión en 305 campus en más de 100 ciudades estadunidenses. La demanda también llegó a Canadá, Australia, Holanda y Gran Bretaña.

 

Y a pesar de que oficialmente se lanzó hace seis meses, el movimiento ya cuenta con algunas victorias: cuatro colegios estadunidenses anunciaron su intención de desinvertir lo que poseen en acciones y bonos en combustibles fósiles, y a finales de abril 10 ciudades estadunidenses hicieron promesas parecidas, incluyendo a San Francisco (Seattle se unió hace meses).

 

Aún hay muchos detalles que tienen que ser trabajados para afianzar estos compromisos, pero la velocidad con la cual esta idea se ha esparcido deja claro que había mucha demanda contenida. Cito la declaración de la misión del movimiento Libre de Fósiles: "Si está mal arruinar el clima, entonces está mal lucrar con esos destrozos. Creemos que las instituciones religiosas y educativas, los gobiernos locales y estatales, y otras instituciones que sirven al interés público, deberían desinvertir de los combustibles fósiles". Estoy orgullosa de haber sido parte del grupo 350.org (http://350.org/) que trabajó con estudiantes y otros compañeros para desarrollar la campaña Libre de Fósiles. Pero ahora me doy cuenta de que falta una meta importante en la lista: las propias organizaciones defensoras del medio ambiente.

 

La omisión es comprensible. Los grupos verdes recaudan montones de dinero cada año, bajo el compromiso de que los fondos se destinarán a intentar prevenir un calentamiento global catastrófico. En cambio, las compañías de combustibles fósiles hacen todo lo posible para que sea inevitable la catástrofe. Uno pensaría que los grupos verdes querrían estar seguros de que el dinero que recaudan para salvar el planeta no es invertido en las compañías cuyo modelo de negocios requiere cocinar dicho planeta y que han saboteado todos los intentos por realizar una seria acción climática durante más de dos décadas.

 

Pero al menos en algunos casos esa es una suposición falsa. Quizá no debería ser una completa sorpresa, ya que algunas de las más poderosas y ricas organizaciones ambientalistas se han comportado durante mucho tiempo como si tuvieran intereses en la industria petrolera y del gas. Llevaron al movimiento climático a varios callejones sin salida: mercado del carbono, mecanismos de compensación de carbono, el gas natural como "combustible que sirva de puente". Lo que todas estas políticas tenían en común es que creaban la ilusión de progreso mientras permitían que las compañías de combustibles fósiles siguieran minando, taladrando y fracking sin control. Siempre supimos que los grupos que más promovían estas soluciones falsas recibían donaciones de y formaban sociedades empresariales con los grandes emisores. Pero argumentaban que era un intento, un compromiso constructivo, por usar el poder del mercado para corregir las fallas del mercado.

 

Ahora resulta que algunos de estos grupos hacen más que sólo tomar dinero de los combustibles fósiles. Son, literalmente, dueños parciales de la industria que provoca la crisis que supuestamente intentan resolver. Y el dinero que los grupos verdes tienen es cosa seria. The Nature Conservancy, por ejemplo, tiene 1.4 mil millones de dólares en títulos que cotizan en la bolsa y presume que su cochinito contiene "uno de los 100 mayores fondos de donaciones en el país". The Wildlife Conservation Society tiene un fondo por 377 millones de dólares, y el del World Wildlife Fund-US (WWF-US) vale 195 millones de dólares.

 

Permítanme dejar algo claro: muchos de los grupos verdes han logrado evitar este desastre. Greenpeace, 350.org, Friends of the Earth, Rainforest Action Network y muchas otras organizaciones más pequeñas, como Oil Change International y Climate Reality Project, no invierten en el mercado bursátil. Además, no reciben donaciones de empresas o imponen tantas restricciones que las industrias de la extracción fácilmente quedan fuera. Algunos de estos grupos tienen unas cuantas acciones en combustibles fósiles, pero sólo para poder causar problemas en las reuniones de los accionistas.

 

El National Resources Defense Council está a la mitad del camino. Tiene un fondo por 118 millones de dólares y, según su equipo de contabilidad, para inversiones directas "sacamos a las industrias de la extracción, los combustibles fósiles y otras áreas del sector energético". Sin embargo, el NRDC continúa teniendo acciones en fondos de inversión que no revisan que no haya combustibles fósiles.

 

Los puristas dirán que ningún grupo verde está limpio, debido a que prácticamente todos aceptan dinero de fundaciones construidas sobre imperios de combustibles fósiles. Buen punto. Piensen en la mayor fundación de todas: la de Bill y Melinda Gates. En diciembre de 2012 tenía al menos 958.6 millones de dólares –casi mil millones de dólares– invertidos en sólo dos petroleras gigantes: ExxonMobil y BP. La hipocresía es impresionante: una importante prioridad de la Fundación Gates ha sido apoyar la investigación sobre la malaria, enfermedad íntimamente ligada al clima. Los mosquitos y los parásitos de la malaria pueden prosperar en un clima más cálido, y cada vez hay más. ¿Tiene sentido luchar contra la malaria mientras alimentas una de las razones por las cuales puede estarse propagando con mayor ferocidad en algunas zonas?

 

Por supuesto que no. Y tiene aún menos sentido recaudar dinero en nombre de la lucha contra el cambio climático sólo para luego invertirlo en, digamos, acciones de ExxonMobil. Sin embargo, eso es lo que parece que algunos grupos están haciendo.

 

Conservation International, tristemente célebre por sus sociedades con compañías petroleras y otros malos actores, tiene cerca de 22 millones de dólares invertidos en títulos que cotizan en la bolsa y, según un portavoz, "no tenemos una política explícita que prohíba invertir en compañías energéticas". Lo mismo sucede con Ocean Conservancy, que tiene 14.4 millones de dólares invertidos en títulos que cotizan en la bolsa, incluyendo cientos de miles en holdings de "energía", "materiales" y "empresas de servicios públicos". Un portavoz confirmó por escrito que la organización "no tiene una política de inversión que pase por un filtro ambiental o social".

 

Ninguna de las organizaciones quiso informar cuánto de lo que poseen está en compañías de combustibles fósiles. Tampoco quisieron dar a conocer una lista de sus inversiones. Pero según Dan Apfel, director ejecutivo de Responsible Endowments Coalition, a menos de que una institución diga a sus directores de inversión que no inviertan en combustibles fósiles, es casi seguro que tendrán algunas acciones, simplemente porque éstas representan cerca de 13 por ciento del mercado estadunidense, según un índice estándar. "Todos los inversionistas invierten fundamentalmente en combustibles fósiles", afirma Apfel.

 

Otro grupo que parece estar lejos de desinvertir es el Wildlife Conservation Society. Su declaración financiera para el año fiscal 2012 describe una subcategoría de inversiones que incluye "energía, minería, perforación petrolera y negocios agrícolas". ¿Cuánto del fondo por 377 millones de dólares del WCS está en las compañías energéticas y de perforación? No dio esa información, a pesar de que se le pidió en reiteradas ocasiones.

 

El WWF-US me dijo que no invierte directamente en corporaciones, pero se rehusó a responder preguntas acerca de si aplica filtros ambientales a sus cuantiosos fondos. El National Wildlife Federation Endowment antes aplicaba filtros ambientales a sus 25.7 millones de dólares invertidos en títulos que cotizan en la bolsa, pero ahora, según una vocera, le dice a sus directores de inversiones que "busque las compañías mejores en su-clase que lleven a cabo prácticas ambientalistas, de conservación y sustentables". En otras palabras, no hay una política de desinversión de combustibles fósiles.

 

Mientras tanto, The Nature Conservancy –el más rico de todos los grupos verdes– tiene al menos 22.8 millones de dólares invertidos en el sector energético, según sus declaraciones financieras de 2012. Al igual que WCS, TNC también rehusó responder mis preguntas u ofrecer más detalles sobre lo que posee o sus políticas.

 

Será un poco sorprendente que TNC no invirtiera en combustibles fósiles, dados sus otros enredos en el sector. Un pequeño ejemplo: en 2010, The Washington Post reportó que TNC "aceptó casi 10 millones de dólares en efectivo y en contribuciones de terrenos de BP y empresas afiliadas"; tiene a BP, Chevron, ExxonMobil y Shell entre los miembros de su consejo de negocios.

 

El asunto sobre la desinversión toma por sorpresa a estos grupos, porque durante décadas pudieron hacer este tipo de negocios con empresas contaminantes sin bronca alguna. Pero ahora, al parecer, las personas se hartaron de que les digan que la mejor manera de luchar contra el cambio climático es cambiando sus focos y participando en el mercado de carbono, mientras nadie molesta a los grandes contaminantes. Y están ansiosos por llevar la batalla directamente contra la industria más responsable de la crisis climática.

 

No parece que sea demasiado pedir. Si la ciudad de Seattle desinvierte, ¿no lo debería de hacer también WWF? ¿Las organizaciones ambientales no deberían estar más preocupadas acerca de los riesgos humanos y ecológicos que plantean las compañías de combustibles fósiles en vez de por algún imaginario riesgo en su portafolio de inversiones? Lo cual lleva a otra pregunta: estos grupos, ¿para qué están acumulando tanto dinero en primer lugar? Si le creen a sus propios científicos, ésta es la década crucial para revertir la tendencia, en lo que respecta al clima. ¿Acaso TNC planea construir un arca de mil millones de dólares?

 

Algunos grupos, afortunadamente, están tomando el reto. Un pequeño pero creciente movimiento dentro del mundo de los fondos empuja a las grandes fundaciones liberales a que sus inversiones sean congruentes con sus misiones, lo cual implica no más combustibles fósiles. Es hora de que las fundaciones "se responsabilicen de lo que son dueñas", dice Ellen Dorsey, directora ejecutiva de Wallace Global Fund. Según ella, su fundación, ahora está "99 por ciento libre de fósiles y habrá desinvertido por completo en 2014".

 

Pero convencer a las más grandes fundaciones de desinvertir es un proceso lento y los grupos verdes –que al menos en teoría rinden cuentas a sus integrantes– deberían ser los primeros. Algunos ya comenzaron. Sierra Club, por ejemplo, tiene ahora una clara política contra invertir en o tomar dinero de las empresas de combustibles fósiles (antes no, lo cual causó mucha controversia). Esta es una buena noticia para los 15 millones de dólares en inversión en títulos que cotizan en la bolsa, de Sierra Club. Sin embargo, su organización afiliada, la Fundación Sierra Club, tiene un portafolio mucho mayor –61.7 millones de dólares invertidos– y aún está en el proceso de redactar una política de desinversión completa, según el director ejecutivo de Sierra Club, Michael Brune.

 

Durante mucho tiempo, formar sociedades con contaminadores fue como los grupos verdes demostraban que la cosa iba en serio. Pero los jóvenes que demandan desinversión –así como los grupos de base que luchan contra los combustibles fósiles en el lugar donde se minan, taladran, sacan mediante fracturación hidráulica, queman, entuban o embarcan– tienen una diferente definición de lo serio. Para ellos, va en serio ganar. El mensaje para los Grandes Verdes está claro: corta tus vínculos con los fósiles o conviértete en uno de ellos.

 

Traducción: Tania Molina Ramírez

Naomi Klein, es autora de La doctrina del shock y No logo.

www.naomiklein.org

Copyright Naomi Klein 2013. Fue publicado en The Nation.

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Sábado, 04 Mayo 2013 06:48

¿Así o más claro?

Seguro ya lo saben, lo han oído, leído o visto. O les crece del pecho, de las raíces más profundas, del corazón, de la razón: México, los pueblos del maíz, las mujeres, hombres, niños, jóvenes, campesinas, indígenas, estudiantes, amas de casa, trabajadores, artistas, científicos responsables, no queremos maíz transgénico. Cada día crece en cada rincón del país la indignación y la protesta, cada día conocemos más argumentos para cancelar toda siembra de maíz transgénico y para que no se autoricen las monstruosas solicitudes de Monsanto y otras trasnacionales para sembrar millones de hectáreas de esos granos manipulados en el país.

 

En ese río de resistencias confluyeron la semana pasada personalidades internacionales de conocida trayectoria: Vandana Shiva, de India; Pat Mooney, de Canadá; Camila Montecinos, de Chile. Los tres galardonados con el Premio Nobel Alternativo, que entrega el Parlamento sueco el día anterior del Premio Nobel, para destacar a quienes aportan al mundo conocimientos y acciones cruciales para la vida sustentable en el planeta.

 

Acudieron en el marco de una semana de Jornadas contra el Maíz Transgénico, organizadas por Jóvenes ante la Emergencia Nacional, YoSoy132 Ambiental, Red en Defensa del Maíz, Ceccam, Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, Vía Campesina, Unorca, Movimiento Urbano Popular, Uprez, Grupo ETC, Grain; a varias conferencias, actividades y una pre-audiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos en Oaxaca, sobre contaminación transgénica del maíz.

 

Vandana Shiva relató que con la entrada de Monsanto a los campos en India, primero con semillas híbridas y ahora transgénicas, los agricultores de algodón, antes conocidos por un buen nivel de ingresos, ahora forman la región donde hay más suicidios, por no poder pagar sus deudas. Son 270 mil suicidios de agricultores en los últimos años. Mientras que en México, dijo Shiva, pudo disfrutar de los colores y alegría de las luchas, de los cantos y rituales por el maíz, la única música que escucha en los pueblos donde plantan algodón transgénico es la marcha fúnebre.

 

La contaminación transgénica es intencional, explicó Camila Montecinos, de Grain, y es parte de la estrategia de las empresas para apurar la aprobación de los transgénicos. Empiezan con el contrabando de semillas para siembra –dándolas a agricultores dispuestos o engañados– o distribuyéndolas para alimentación, como en México ha hecho Diconsa, sin avisar que son transgénicas, desatando así la contaminación. Luego las empresas arguyen que es un hecho consumado que no queda más que legalizar. Los transgénicos se apoyan en mitos, agregó, que han quedado al descubierto: hay numerosas evidencias de que producen menos y usan más tóxicos. En países donde se han sembrado por años, como Argentina (segundo productor mundial de transgénicos) causaron una reforma agraria invertida: cada vez menos agricultores, con propiedades cada vez más grandes. De ser un país con buen nivel de alimentación, ahora es un país con creciente desnutrición. Los transgénicos, continuó Montecinos, no son para agricultores chicos, ni medianos, ni siquiera grandes individuales: son para agricultura industrial empresarial, para que toda la producción alimentaria quede en manos de grandes empresas. Incluso en Estados Unidos, agricultores grandes están protestando por el monopolio, por juicios al ser contaminados y otros abusos de Monsanto, al tiempo que sus semillas transgénicas producen menos y cuestan más.

 


El objetivo, dijo Pat Mooney, es apropiarse de toda la producción comercial de semillas y eliminar a quien tenga las suyas propias. Monsanto, Syngenta y DuPont controlan ya el 54 por ciento del mercado mundial de semillas y las 10 más grandes el 76 por ciento.

 

Los tres coinciden en que la contaminación del maíz en México, su centro de origen, es un hecho inusitado en la historia de la agricultura y la alimentación, con graves repercusiones a nivel global, por lo que la amenaza de contaminación masiva por la liberación comercial es un tema mundial, que va mucho más allá de México. Contaminar el centro de origen es una estrategia intencional de las empresas: si lo logran aquí, con un cultivo de tal importancia económica, cultural, alimentaria, podrán seguir en cualquier otra parte, arguyendo que no puede ser peor. Estamos en ciernes de un crimen histórico.

 

Mooney, quien por décadas ha participado en las negociaciones de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), estaba presente cuando hace treinta años el delegado de México a la FAO peleó duramente para crear la Comisión de Recursos Fitogenéticos en ese organismo, aludiendo que para México era imprescindible e ineludible defender el centro de origen del maíz, por la alimentación en México y el resto del mundo. Contrasta tristemente con la actitud de los gobiernos de México actuales, que han permitido, sin razón, ignorando incluso a sus propias instituciones especializadas, la experimentación con maíz transgénico, y ahora consideran su liberación masiva.

Este es el núcleo de la carta que entregaron las organizaciones mencionadas a José Graziano da Silva, director de la FAO, en su visita a México, reclamando que la FAO debe asumir su responsabilidad para impedir la destrucción programada del centro de origen mundial del maíz. En una protesta en las oficinas de FAO, demandaron también al organismo no avalar la Cruzada contra el Hambre, por ser un proyecto que favorece a las transnacionales y aumentará el hambre, culminando estas Jornadas. Pero la lucha sigue y no terminará. Como el maíz campesino, seguirá creciendo en muchas formas y colores.

 


Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Viernes, 03 Mayo 2013 07:04

Extractivismo en las grandes ciudades

Extractivismo en las grandes ciudades

Un hondo malestar asciende desde las entrañas de la ciudad. Pegajoso como este otoño cálido y húmedo. Irritante como las obras que están enrejando parques y destruyendo el paisaje de la convivencia. Un descontento generalizado que se escala en reproches, insultos y hasta se desborda en violencia contaminando la vida toda. Buenos Aires, ciudad atravesada por todas las contradicciones que genera el extractivismo urbano.

 

Enrique Viale, abogado ambientalista, miembro del Colectivo por la Igualdad, tiene el mérito de haber forjado este concepto en un reciente artículo en el que a dos semanas de las trágicas inundaciones reflexiona: “El extractivismo ha llegado a las grandes ciudades. Pero no son los terratenientes soyeros ni las megamineras, sino la especulación inmobiliaria la que aquí expulsa y provoca desplazamientos de población, aglutina riqueza y territorio”. Concluye que el modelo provoca “degradación institucional y social”.

 

Tiene mucho sentido hablar de extractivismo urbano en una ciudad como Buenos Aires, algo que vale para todas las grandes ciudades de nuestro continente. Tal vez del mundo. La particularidad del caso es que va de la mano, como a todo lo ancho y largo del modelo extractivo, de resistencia popular y represión. Vale la pena destacar un par de episodios.

 

El jueves 25 se realizaron 22 cortes simultáneos, sobre las seis de la tarde, impulsados por otras tantas asambleas urbanas agrupadas bajo una sigla: Asamblea en Defensa de lo Público. En la convocatoria se lee: “ Shoppings en lugar de espacios verdes, megatorres en lugar de urbanización, fiestas privadas en lugar de arte y cultura popular, complejos de oficinas en lugar de hospitales”. Diez días antes hubo una convocatoria similar contra “una ciudad excluyente, expulsiva, privatista y mercantilizada”.

 

No hace falta más que caminar por la ciudad para comprobarlo. Los parques y plazas, sin excepción, han sido o están siendo enrejados. Un sistema de transporte denominado Metrobús está siendo erigido en la avenida 9 de Julio, destruyendo áreas verdes. Y así. No resulta extraño que un puñado de asambleas sobrevivientes del levantamiento de diciembre de 2001 se estén rearticulando y que se vayan creando nuevos agrupamientos.

 

El viernes 26, el desastre. La Policía Metropolitana dirigida por el gobierno de la ciudad, a cargo de Mauricio Macri, ingresó al Hospital Borda (de salud mental) y atacó con extrema violencia a médicos, enfermeros, pacientes y periodistas, con un saldo de más de 30 heridos. La intervención policial fue para proteger el derribo de parte de las instalaciones del hospital para poder construir un centro cívico, que es denunciado como parte de la especulación inmobiliaria que alienta el gobierno de la ciudad.

 

Es la misma lógica que lleva a las autoridades a amenazar con el desalojo de las villas miseria donde se alojan cientos de miles de pobres urbanos, muchos de ellos paraguayos, peruanos, bolivianos y argentinos de las provincias del norte. La acumulación por desposesión, sabemos, provoca concentración de riqueza y marginalización de las mayorías; expropia el espacio público; destruye la ciudad; y eso sólo puede hacerse con represión.

 


El modelo extractivo desarticula incluso la justicia del sistema. La policía ingresó al Hospital Borda sin orden judicial. Derribó el Taller Protegido 19, cerrado por Macri, cuando la justicia de la ciudad había ordenado reabrirlo en enero de este año. El negocio inmobiliario, pata urbana de la acumulación por desposesión, es una aplanadora insaciable que no se detiene ante el interés colectivo ni ante las leyes. Sólo entiende el lenguaje de la fuerza.

 

El caso de Buenos Aires no es el único, por cierto. Ahí está Río de Janeiro y otras 11 capitales brasileñas, donde la especulación para el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 está destruyendo barrios enteros para levantar autopistas, aeropuertos y arenas para megaespectáculos. Cada uno y cada una encontrarán en su ciudad decenas de ejemplos de extractivismo urbano.

 

El modelo instalado en las grandes ciudades muestra por lo menos dos facetas a tener en cuenta. La primera es que la diferencia entre izquierda y derecha, entre progresismo y conservadurismo, se evapora. Los principales proyectos de especulación urbana en Buenos Aires fueron aprobados con los votos del oficialismo y de la oposición.

 

La segunda es que las grandes catástrofes, como las recientes inundaciones en La Plata y Buenos Aires, o la contaminación del agua en Montevideo, o el pésimo sistema de transporte de Santiago de Chile, por mencionar unos pocos ejemplos, revelan que el modelo afecta también a las ciudades que hasta ahora se creían a salvo del modelo de la megaminería y los monocultivos.

 

Según los medios, el núcleo de la Policía Metropolitana proviene de la Fe­deral, “de una tradición de Rambos”, que actúan con autonomía, órdenes abiertas y amplio “margen a los policías para que actúen según su criterio” ( Página 12, 28 de abril). Esa autonomía les permite disparar balas de plomo en vez de las reglamentarias de goma en disturbios.

 

Por cierto, tenemos mucho que aprender de esta escalada extractiva que ahora parasita las ciudades. La autonomía de los represores es parte del modelo, que va de la mano de la autonomía concedida por los estados al capital para acumular a su antojo. El segundo aprendizaje es que la represión no es un desborde puntual de un gobernante o de un jefe policial. Es la marca de fábrica del modelo: para robarle a la gente hay que someterla.

 

Por último, la potencia del modelo de despojo y guerra nos fuerza a establecer puentes entre los afectados del campo y de la ciudad, entre los que resisten la minería en lugares apartados, los que ponen el cuerpo al glifosato y el agronegocio, y los que vivimos en ciudades cada vez más caras, enrejadas y represivas. Es una misma lucha, pero los vínculos entre las poblaciones del campo y la ciudad no vienen dados, deben ser construidos. En eso están los movimientos.

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