¿Un «desorden global» sin alternativas?

El nuevo «desorden global» adopta la forma de una confrontación muy parecida a la del período de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Antes, el conflicto enfrentaba a dos revoluciones: una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. Ahora, en cambio, no hay ninguna alternativa real al capitalismo. Los límites de la imaginación son el mercado o la propia comunidad identitaria.

 

En la década de 1990, el conocido paleontólogo Stephen Jay Gould formuló la teoría del «equilibrio puntuado» que se ajusta a los registros fósiles mejor que el ortodoxo gradualismo darwiniano. Este modelo describe largos periodos de estasis o estabilidad de las especies biológicas bruscamente «puntuada» por breves períodos de cambios rápidos, intensos y decisivos a escala geológica. Los períodos de estabilidad duran millones de años mientras que los de cambio abarcan decenas de miles, cifras en cualquier caso inasibles para la imaginación humana. La vida evoluciona a trompicones, alternando las largas siestas (compuestas, eso sí, de luchas y tumultos) con los acelerones trágicos y las catástrofes vertiginosas. En este modelo ni la estabilidad ni el cambio concentran mayor verdad, justicia o progreso natural que su contrario.


Si se nos permite la licencia de extrapolar este modelo a la escala antropométrica, podríamos decir que la historia humana se comporta de la misma manera. La última siesta de la historia se llamó Guerra Fría y, como para confirmar que estabilidad y paz no son sinónimos, produjo cien guerras y millones de muertos. Contenía, en todo caso, una regla geopolítica y social que, a partir de 1990, se ha ido descomponiendo muy deprisa. Algunas veces lo he contado de esta manera: el rápido deshielo de la Guerra Fría, puntuado de reivindicaciones democráticas a escala mundial (las «revoluciones de colores», sí, pero también el ciclo progresista latinoamericano) tuvo su última expresión en el «mundo árabe», congelado desde la Segunda Guerra Mundial, donde se habían atrincherado las últimas dictaduras del planeta. En respuesta a la larga sacudida popular de 2011 –de Marruecos a Bahréin– distintas «contrarrevoluciones» enfrentadas entre sí acabaron chocando en Siria, con un enfrentamiento multinacional por vía interpuesta que reveló la debilidad de Estados Unidos como potencia hegemónica y abrió paso a un «nuevo desorden global». Tiene razón el intelectual sirio Yassin Al-Haj Saleh cuando insiste en la centralidad de Siria en este acelerón y desplazamiento del marco geopolítico, y no solo por los cambios que ha introducido sino por los que ha iluminado: de algún modo «hacía falta» la «guerra siria» para que tomáramos nota de las esperanzas fallidas y de las transformaciones ya acaecidas.


Este nuevo «desorden global» que, en el mundo árabe, ha restablecido bajo nuevas formas el viejo círculo vicioso y sin salida de dictaduras, intervenciones y yihadismo ha revelado, asimismo, la crisis política y civilizacional de Europa y EEUU y ha invertido el impulso popular democrático de 2011 en un proceso de «desdemocratización» general que, con la elección de Donald Trump, parece cerrar definitivamente un ciclo e inaugurar otro dominado ahora por el autoritarismo, la contracción identitaria y la erosión dramática de los Estados de Derecho. La rápida transición, preñada de otros mundos posibles y fallidos, ha desembocado –también muy deprisa– en un marco nuevo en el que todo lo que aún nos resulta familiar es peligroso y todo lo que nos resulta desconocido es, por eso mismo, amenazador.


La tentativa de aplicar los viejos esquemas de la Guerra Fría a un estallido cuya lógica era puramente interna dañó al mismo tiempo las esperanzas populares y la fortaleza de las potencias implicadas. Todas ellas reaccionaron con los atavismos reflejos de la política de bloques y, si echaron por tierra los cambios democráticos en la región «árabe», lo hicieron a costa de la propia estabilidad interna y externa en un mundo privado de pronto de verdadero hegemón. El caso, por ejemplo, de la América Latina progresista es ejemplar: en la periferia de un conflicto en el que siempre fue a remolque, abandonó a los pueblos en rebeldía para alinearse de manera instintiva en un bloque que ya no existía y que esa misma rebeldía cuestionaba. El posicionamiento de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba al lado de los dictadores «antiimperialistas», no solo facilitó en Medio Oriente la respuesta contrarrevolucionaria de los «imperialistas» sino que aceleró en el continente americano el fin del llamado «ciclo progresista». El nuevo marco en el que hoy celebran sus cumbres Vladímir Putin y Trump o Nicolás Maduro y Recep Tayyip Erdoğan es un mundo fluido y casi subatómico en lo que atañe a las alianzas y muy pétreo, uniforme y sombrío en su calidad democrática. En lugar de bloques hay cristales caleidoscópicos muy provisionales; en lugar de «socialismo del siglo XXI» tenemos retoños inquietantes del siglo XIX. Como he escrito en otras oportunidades, estamos retrocediendo a los comienzos de la centuria pasada: nos enfrentamos a un Weimar global de conflictos inter-imperialistas no ideológicos, como en la Primera Guerra Mundial, pero ahora con armas de destrucción masiva, crisis ecológica y nuevas tecnologías que aceleran los cambios al mismo tiempo que promueven la ilusión de cambio como motor a su vez de nuevos cambios.


Si dejamos a un lado los pueblos, el gran perdedor de este «acelerón» es Europa. Tanto la desdemocratización como la reconfiguración caleidoscópica de las alianzas debilitan la posición «semihegemónica» de Europa. El Brexit, la guerra comercial promovida desde EEUU, la rusofobia institucional y el «destropopulismo» neofascista amenazan la existencia misma de la Unión Europea y condenan a Europa a un papel cada vez más periférico. La respuesta, estrictamente neoliberal y crecientemente autoritaria acelera esta disolución entrópica. Habría que detenerse en un minucioso análisis económico y antropológico, pero la cuestión decisiva es esta: en algún sentido, la «regla de cambio» gouldiana que regía la historia de Europa desde 1789 se ha quebrado. Por contarlo de una manera sencilla y banal, podemos decir que desde hace 200 años la juventud europea transformaba –o intentaba transformar– la sociedad cada 30 años a través de una triple experiencia: una guerra, una revolución y un movimiento poético. Los movimientos poéticos han desaparecido en el seno de las nuevas tecnologías, cuyo proceso constituyente ininterrumpido hace imposible la mínima estabilidad que necesita todo estilo y toda ruptura estética con el pasado. En cuanto a las guerras, que vuelven a lamer la periferia (primero los Balcanes, ahora Ucrania), el esfuerzo que se ha hecho por mantenerlas «fuera» es inseparable de la experiencia misma de la UE, pero también ahora de su quiebra. Por fin y respecto de la revolución, el modelo «francés» dominante durante dos siglos murió precisamente en Francia en 1968. Quizás esta muerte sea buena además de inevitable –la discusión sería larga y no nos pondríamos de acuerdo– pero lo cierto es que la «regla de cambio» no es ya la histórica que asociaba juventud a revolución. En los últimos cincuenta años la juventud europea ha quedado absorbida en el imaginario del mercado al mismo tiempo que expulsada del mercado laboral, contradicción que hace tan necesaria como imposible la revolución y que –por cierto– deja fuera de juego a la izquierda (al menos a la realmente existente) en la construcción de cualquier nuevo marco de transformación que excogitemos.


En ausencia de la «regla de cambio» que haga efectivo el cambio social que la crisis demanda, la desdemocratización de Europa –y de buena parte del mundo– adopta la forma de una confrontación muy parecida a la del período de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Hace 90 años el conflicto enfrentaba a dos revoluciones, una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. Hoy no hay ninguna alternativa real –ni buena ni mala ni regular– al capitalismo. Tampoco hay ninguna revolución en marcha. O, mejor dicho: la única revolución real es precisamente la del neoliberalismo, con la devastación de los territorios –colectivos e íntimos– que acompaña su ininterrumpido proceso constituyente. La única alternativa real al capitalismo es la de una demanda de seguridad, muy conservadora e identitaria, de la que se han apropiado los «destropopulismos» y los neofascismos. Frente al capitalismo y sus horrores, los europeos no quieren democracia ni Estado de Derecho. Los europeos no quieren tampoco Europa. No quieren, desde luego, una revolución socialista o un «hombre nuevo»; quieren seguridad y bienestar en los límites de su imaginación. ¿Y cuáles son los límites de su imaginación? El mercado y la propia comunidad identitaria (nación, barrio o militancia especializada).


Desde un punto de vista geopolítico, a los bloques ha sucedido un desorden global caleidoscópico de conflictos interimperialistas sin ideología. En términos políticos se trata de una confrontación entre revolución capitalista y comunitarismo destropopulista que alimenta, cualquiera que sea el resultado, la «desdemocratización global» y deja fuera de juego a la izquierda, tentada unas veces por el progresismo neoliberal y otras por el comunitarismo autoritario. La batalla que se ha perdido es la de los límites –materiales de la imaginación.

 

Por Santiago Alba Rico
Nueva Sociedad

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Unos emprendedores chilenos fabrican bolsas plásticas solubles en agua que no contaminan

Con un ligero cambio en la fórmula del plástico, que permite sustituir el petróleo por la caliza, un grupo de emprendedores chilenos ha logrado fabricar bolsas plásticas y de tela reutilizables solubles en agua y que no contaminan.

 

Roberto Astete y Cristian Olivares, los dos artífices de este producto, empezaron con experimentos para fabricar detergente biodegradable, pero al final hallaron la fórmula química a base de PVA (alcohol de polivinilo, soluble en el agua) y que reemplaza a los derivados del petróleo, los causantes de la indestructibilidad de los plásticos que se han integrado en la cadena alimenticia de los animales que pueblan los océanos y deterioran el medio ambiente.

"Nuestro producto deriva de una caliza que no daña el medio ambiente", aseguró Astete, director general de la empresa SoluBag, que espera comercializar sus productos a partir de octubre en Chile, uno de los primeros países de América Latina en prohibir el uso de las bolsas plásticas convencionales por los comercios. "Esto es como hacer pan", agrega. "Para hacer pan se necesita harina y otros componentes. Nuestra harina es el alcohol de polivinilo y otros componentes, aprobados por la FDA (la agencia estadounidense para la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos, aparatos médicos, productos biológicos y derivados sanguíneos), que nos ha permitido una materia prima para hacer distintos productos".


El Gobierno de Chile ha puesto en marcha varias iniciativas para reducir el uso de las bolsas de plástico. Desde este mes está prohibido el uso de bolsas de plástico en los comercios chilenos.La iniciativa comenzó a discutirse con el gobierno anterior de la presidenta Michelle Bachelet y proponía que fuera solo en zonas costeras, pero luego el actual Ejecutivo, que preside Sebastián Pieñara, se amplió a todo el territorio después de un tira y afloja con la industria que fabrica este material.


Bolsas comestibles


Ante la prensa, los dos muestran la solubilidad inmediata de sus bolsas plásticas en agua fría o de las bolsas de tela reutilizables en agua caliente. "Lo que queda en el agua es carbono", asegura Astete, lo que las pruebas médicas realizadas han demostrado que "no tiene ningún efecto en el cuerpo humano". Y para demostrar que el agua turbia que queda es "inocua" y sigue siendo potable, se bebe unos cuantos vasos de agua.


"La gran diferencia entre el plástico tradicional y el nuestro es que aquel va a estar entre 150 y hasta 500 años en el medio ambiente y el nuestro solo demora cinco minutos. Uno decide cuándo lo destruye", sostiene Astete, antes de agregar que "hoy día la máquina recicladora puede ser la olla de tu casa o la lavadora". La fórmula hallada permite "hacer cualquier material plástico" por lo que ya están trabajando en la fabricación de materiales como cubiertos, platos o envases de plástico.


Las telas solubles en la misma agua caliente que sirve para preparar, por ejemplo, un té o un café, sirven para fabricar bolsas de compra reutilizables o productos hospitalarios como los protectores de las camillas, las batas y los gorros del personal médico y de los pacientes que suelen tener un único uso, dice por su parte Olivares. Y cuando llueve, ¿cómo llega la compra a casa? Los fabricantes pueden programar la temperatura a la que tanto las bolsas plásticas como las de basura se disuelven al contacto con el agua.


Otra ventaja de sus bolsas según sus fabricantes es que son antiasfixia, una causa en accdidentes domésticos con niños. Este tipo de bolsa se disuelve al contacto con la lengua o con las lágrimas. Con la fabricación masiva, que puede hacerse en las mismas empresas de donde salen los plásticos de ahora -basta con modificar la fórmula-, el precio de sus productos puede ser similar al de los actuales, aseguran.
Anteriormente también se han puesto en marcha iniciativas similares en otros paíes. El biólogo indonesio Kevin Kumala cuando, tras una década en Estados Unidos, volvió a su Bali natal en 2009 y vio las playas paradisiacas plagadas de plástico puso en marcha la compañía Avani Eco.


Si en 2014 se fabricaron 311 millones de toneladas de plástico en el mundo, las estimaciones indican que, de no cambiar el ritmo anual, para el 2050 se fabricarán 1.124 millones de toneladas, Astete y Olivares esperan dar al cliente las herramientas para ayudar a evitar la contaminación del medio ambiente porque "la gran ventaja es que el usuario decide cuándo destruirla", asegura. La iniciativa ha ganado el premio SingularityU Chile Summit 2018 como emprendimiento catalizador de cambio, lo que les ha valido una pasantía para los inventores en Sillicon Valley a partir de septiembre.

Después de 3 horas de viaje en lancha desde el puerto de Inírida, vemos como se alzan tres gigantes entre la selva, se trata de los cerros de Mavecure sobre las aguas del río Inírida. De izquierda a derecha: El cerro de Mavecure, el cerro del Mono, y el cerro Pajarito. En esta zona se grabaron partes de la película colombiana “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra.

“(…) y acababa de ver con ojos casi espantados un mundo virgen, un mundo exuberante, el milagro de la vida resuelto en millones de formas, flores inverosímiles, selvas inabarcables, ríos indescriptibles, de modo que lo que Bolívar vio surgir ante él, no fue la América maltratada por los españoles sino la América desconocida y desaprovechada por los propios americanos, el bravo mundo nuevo”

W. Ospina

 

El departamento de Guainía hace parte del territorio amazónico de Colombia, tiene una extensión de 78.365 km, equivalente al 6,3% -aproximadamente- del territorio colombiano y al 15,1% de la región amazónica colombiana (1), limita por el norte con el departamento de Vichada; por el oriente con Venezuela; por el sur con Brasil y por el occidente con los departamentos de Guaviare y Vaupés; hace parte del escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo (2).


En efecto, Guainía es la vida palpitando. Este departamento fronterizo, con alta presencia de pueblos indígenas, es aún desconocido en varios aspectos -afortunadamente-, razón por la cual hace parte de la larga lista de territorios abandonados por el estado y testigo del conflicto armado. Paradójicamente, al ser considerado una de las “zonas rojas” del país, se conservaron miles de especies de flora y fauna, entre ellas algunas especies de animales amenazadas de extinción como el Jaguar (Panthera onca), la Nutria Gigante (Pteronura brasiliensis), la Danta (Tapirus terrestres), el Águila Arpía (Arpia Harpija), entre otras; de igual manera se preservan resguardos indígenas de pueblos como Curripacos, Puinaves, Sikuainis, Piapocos, Cubeos, Tucanos, Yerales, Makú, Desanos, Piratapuyas (3), entre otros. No obstante, desde hace un tiempo el turismo ha ido incrementando, al igual que el interés por la explotación minera de coltán, oro y plata, poniendo en riesgo la polifonía de vida que allí habita.


Las siguientes 15 fotografías son un pincelazo de la majestuosidad de Inírida, la capital de Guainía, un viaje fotográfico por lugares paradisiacos que escapan a cualquier descripción.


1. Cerros de Mavecure: Los tepuyes de Guainía


Después de 3 horas de viaje en lancha desde el puerto de Inírida, vemos como se alzan tres gigantes entre la selva, se trata de los cerros de Mavecure sobre las aguas del río Inírida. De izquierda a derecha: El cerro de Mavecure, el cerro del Mono, y el cerro Pajarito. En esta zona se grabaron partes de la película colombiana “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra.


2. Cerro de Mavecure


El nombre del cerro –nos explica Wilmer, el guía indígena– se debe a que allí los antepasados encontraban dos materiales para la caza; el mave, un árbol del que sacaban la madera para fabricar las lanzas y el cure, curare o veneno para las puntas de las lanzas o flechas.


3. Cerro del Mono


Los Tepuyes, que en lengua indígenas quiere decir montañas, son territorio sagrado para los Curripacos. Desde la cima del cerro de Mavecure se puede ver la majestuosidad del cerro del Mono, que da paso a las extensas zonas de selva que se avizoran entre las rocas más antiguas de la tierra, las cuales se formaron para el caso de Colombia hace aproximadamente 1.800 millones de años (4).


4. El cerro de Pajarito y la princesa Inírida


Aunque el cerro de Mavecure es donde hicimos el ascenso, el enorme cerro de Pajarito no pasa desapercibido. Dice la leyenda indígena que en este cerro se perdió la princesa Inírida, de ella se enamoró un hombre indígena que no lograba tener su amor y por esto acudió a la “pusana”, una sustancia preparada para enamorar a otra persona (también conocida como shundul o chundú.) Cuando la princesa Inírida sintió la pusana salió huyendo y se perdió en el cerro, y allí ha estado desde entonces.


5. El vecino más viejo de la comunidad del Remanso


La comunidad del Remanso la habitan los pueblos indígenas de Curripacos y Puinaves, estos habitantes conviven con un gigante en su territorio, el vecino más viejo se llama Cerro Pajarito y está justo a espaldas de sus casas.


6. Wilmer, nuestro guía


En esta ocasión nos acompañó Wilmer, un curripaco de 28 años. Por la época de invierno es más complicada la subida, sin embargo, Wilmer podía subir y bajar corriendo sin ningún problema, mientras subíamos nos contó que estos cerros son territorios sagrados para ellos, pues aquí venían los abuelos para limpiar la maldad del mundo.


7. Serpentea el río Inírida


Desde la punta del cerro de Mavecure se ve como se mueve la enorme serpiente de agua amazónica, es decir, el recorrido del río Inirida, que serpentea entre la selva y que finalmente se une al río Guaviare para llegar juntos al río Orinoco.


8. Heliconius melpomene en el mariposario


El mariposario “Melpomene” de Inírida es un proyecto autónomo liderado por Pedro, un joven de la zona que se interesó en las mariposas y en la manera de armar un mariposario que dé cuenta de la gran riqueza biológica de Guainía, allí se desarrolla un proceso de colecta no invasiva de mariposas para su cuidado y reproducción. Lleva el nombre de Melpomene por la especie de mariposa Heliconius melpomene.


9. Pictogramas en la comunidad indígena El Coco


La comunidad indígena del Coco hace parte de los resguardos cercanos al casco urbano de Inírida, en esta comunidad conviven indígenas de las etnias Curripaca y Puinave. Es una comunidad de artesanos y artesanas del barro, madera y fibra de la palma de moriche o chiquichiqui, pero además se encuentran gigantescas rocas antiguas con enormes y variados pictogramas ancestrales que, según cuentan, son narraciones de dioses como Yuruparí o Dukjin.


10. Trampas artesanales de peces


Cae la tarde y es hora de revisar las trampas artesanales de madera que se han instalado en la orilla del río Inírida. En esta ocasión es una indígena curripaca quien selecciona los peces que serán sacados del agua para consumo o venta, esta selección se hace de acuerdo a la talla de las diferentes especies, los especímenes juveniles son devueltos al agua.


11. El encuentro de dos aguas: río Guaviare y río Inírida


Al fondo, el río Guaviare de color amarillo, río que nace en la cordillera Oriental y es considerado el límite hidrográfico entre la Orinoquía y la Amazonía, a este tipo de agua se le denomina “aguas blancas”, dado el alto contenido de sedimentos, producto de la influencia de los ríos que nacen en los Andes de origen sedimentario. Por otro lado, el agua más brillante corresponde al río Inírida, este tipo de aguas se conocen como “aguas negras” debido a que llevan gran cantidad de residuos vegetales, más adelante estarán desembocando en el gran río Orinoco.


12. Sabana de la flor de Inírida (Guacamaya superba)


Cerca al aeropuerto de Inírida se encuentra una extensa sabana con una especie vegetal muy particular; se trata de la flor de Inírida. En esta sabana crece de forma silvestre la flor endémica de Guainía, de hermoso color blanco y rojo, esta especie adorna la sabana de Inírida, sin embargo, realmente se trata de dos especies: una flor de invierno (Guacamaya superba) y una flor de verano (Schoenocephalium teretifolium).


13. Cae el sol y regresan los pescadores


Se aproxima el atardecer, y como es característico en la Orinoquia y la Amazonia, el sol va dejando una estela de naranjas y rojos increíbles, sobre el puerto de Inírida descansan grandes barcos de carga, voladoras, potrillos o bongos con motor de habitantes del sector, pues las vías fluviales son las vías por excelencia de estos territorios ribereños.


14. Espejos de selva sobre el río Inírida


Al ver la imagen podemos dudar de ¿cuál es el cielo y cuál es al río?, el espejo de agua es fantástico, navegar por el río Inírida es deleitarse con la espesura de la selva, sobre todo porque este territorio es una zona de transición entre la Orinoquía y la Amazonía y, por ende, la diversidad biológica es inimaginable.


15. Los viajeros del río Inírida


Al moverse por el río se ven algunos bongos con motor –canoas- que pueden mover de 10 a 20 personas, dependiendo del tamaño en viajes que pueden durar horas o días. En esta ocasión nos encontramos un bongo con indígenas que se desplazaban a la zona de votación de Inírida para la primera vuelta presidencial.


*Licenciada en Biología, docente investigadora


Referencias
1. Salazar, C., Gutiérrez, F., Franco, M. (2006). “Guainía en sus asentamientos”. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas- Sinchi. Bogotá, Colombia.
2. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia
3. Según el SINIC (Sistema Nacional de Información Cultural) http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=94&COLTEM=216
4. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia

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Inírida en 15 fotografías: tesoro selvático de la zona amazónica colombiana

“(…) y acababa de ver con ojos casi espantados un mundo virgen, un mundo exuberante, el milagro de la vida resuelto en millones de formas, flores inverosímiles, selvas inabarcables, ríos indescriptibles, de modo que lo que Bolívar vio surgir ante él, no fue la América maltratada por los españoles sino la América desconocida y desaprovechada por los propios americanos, el bravo mundo nuevo”

W. Ospina

 

El departamento de Guainía hace parte del territorio amazónico de Colombia, tiene una extensión de 78.365 km, equivalente al 6,3% -aproximadamente- del territorio colombiano y al 15,1% de la región amazónica colombiana (1), limita por el norte con el departamento de Vichada; por el oriente con Venezuela; por el sur con Brasil y por el occidente con los departamentos de Guaviare y Vaupés; hace parte del escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo (2).


En efecto, Guainía es la vida palpitando. Este departamento fronterizo, con alta presencia de pueblos indígenas, es aún desconocido en varios aspectos -afortunadamente-, razón por la cual hace parte de la larga lista de territorios abandonados por el estado y testigo del conflicto armado. Paradójicamente, al ser considerado una de las “zonas rojas” del país, se conservaron miles de especies de flora y fauna, entre ellas algunas especies de animales amenazadas de extinción como el Jaguar (Panthera onca), la Nutria Gigante (Pteronura brasiliensis), la Danta (Tapirus terrestres), el Águila Arpía (Arpia Harpija), entre otras; de igual manera se preservan resguardos indígenas de pueblos como Curripacos, Puinaves, Sikuainis, Piapocos, Cubeos, Tucanos, Yerales, Makú, Desanos, Piratapuyas (3), entre otros. No obstante, desde hace un tiempo el turismo ha ido incrementando, al igual que el interés por la explotación minera de coltán, oro y plata, poniendo en riesgo la polifonía de vida que allí habita.


Las siguientes 15 fotografías son un pincelazo de la majestuosidad de Inírida, la capital de Guainía, un viaje fotográfico por lugares paradisiacos que escapan a cualquier descripción.


1. Cerros de Mavecure: Los tepuyes de Guainía


Después de 3 horas de viaje en lancha desde el puerto de Inírida, vemos como se alzan tres gigantes entre la selva, se trata de los cerros de Mavecure sobre las aguas del río Inírida. De izquierda a derecha: El cerro de Mavecure, el cerro del Mono, y el cerro Pajarito. En esta zona se grabaron partes de la película colombiana “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra.


2. Cerro de Mavecure


El nombre del cerro –nos explica Wilmer, el guía indígena– se debe a que allí los antepasados encontraban dos materiales para la caza; el mave, un árbol del que sacaban la madera para fabricar las lanzas y el cure, curare o veneno para las puntas de las lanzas o flechas.


3. Cerro del Mono


Los Tepuyes, que en lengua indígenas quiere decir montañas, son territorio sagrado para los Curripacos. Desde la cima del cerro de Mavecure se puede ver la majestuosidad del cerro del Mono, que da paso a las extensas zonas de selva que se avizoran entre las rocas más antiguas de la tierra, las cuales se formaron para el caso de Colombia hace aproximadamente 1.800 millones de años (4).


4. El cerro de Pajarito y la princesa Inírida


Aunque el cerro de Mavecure es donde hicimos el ascenso, el enorme cerro de Pajarito no pasa desapercibido. Dice la leyenda indígena que en este cerro se perdió la princesa Inírida, de ella se enamoró un hombre indígena que no lograba tener su amor y por esto acudió a la “pusana”, una sustancia preparada para enamorar a otra persona (también conocida como shundul o chundú.) Cuando la princesa Inírida sintió la pusana salió huyendo y se perdió en el cerro, y allí ha estado desde entonces.


5. El vecino más viejo de la comunidad del Remanso


La comunidad del Remanso la habitan los pueblos indígenas de Curripacos y Puinaves, estos habitantes conviven con un gigante en su territorio, el vecino más viejo se llama Cerro Pajarito y está justo a espaldas de sus casas.


6. Wilmer, nuestro guía


En esta ocasión nos acompañó Wilmer, un curripaco de 28 años. Por la época de invierno es más complicada la subida, sin embargo, Wilmer podía subir y bajar corriendo sin ningún problema, mientras subíamos nos contó que estos cerros son territorios sagrados para ellos, pues aquí venían los abuelos para limpiar la maldad del mundo.


7. Serpentea el río Inírida


Desde la punta del cerro de Mavecure se ve como se mueve la enorme serpiente de agua amazónica, es decir, el recorrido del río Inirida, que serpentea entre la selva y que finalmente se une al río Guaviare para llegar juntos al río Orinoco.


8. Heliconius melpomene en el mariposario


El mariposario “Melpomene” de Inírida es un proyecto autónomo liderado por Pedro, un joven de la zona que se interesó en las mariposas y en la manera de armar un mariposario que dé cuenta de la gran riqueza biológica de Guainía, allí se desarrolla un proceso de colecta no invasiva de mariposas para su cuidado y reproducción. Lleva el nombre de Melpomene por la especie de mariposa Heliconius melpomene.


9. Pictogramas en la comunidad indígena El Coco


La comunidad indígena del Coco hace parte de los resguardos cercanos al casco urbano de Inírida, en esta comunidad conviven indígenas de las etnias Curripaca y Puinave. Es una comunidad de artesanos y artesanas del barro, madera y fibra de la palma de moriche o chiquichiqui, pero además se encuentran gigantescas rocas antiguas con enormes y variados pictogramas ancestrales que, según cuentan, son narraciones de dioses como Yuruparí o Dukjin.


10. Trampas artesanales de peces


Cae la tarde y es hora de revisar las trampas artesanales de madera que se han instalado en la orilla del río Inírida. En esta ocasión es una indígena curripaca quien selecciona los peces que serán sacados del agua para consumo o venta, esta selección se hace de acuerdo a la talla de las diferentes especies, los especímenes juveniles son devueltos al agua.


11. El encuentro de dos aguas: río Guaviare y río Inírida


Al fondo, el río Guaviare de color amarillo, río que nace en la cordillera Oriental y es considerado el límite hidrográfico entre la Orinoquía y la Amazonía, a este tipo de agua se le denomina “aguas blancas”, dado el alto contenido de sedimentos, producto de la influencia de los ríos que nacen en los Andes de origen sedimentario. Por otro lado, el agua más brillante corresponde al río Inírida, este tipo de aguas se conocen como “aguas negras” debido a que llevan gran cantidad de residuos vegetales, más adelante estarán desembocando en el gran río Orinoco.


12. Sabana de la flor de Inírida (Guacamaya superba)


Cerca al aeropuerto de Inírida se encuentra una extensa sabana con una especie vegetal muy particular; se trata de la flor de Inírida. En esta sabana crece de forma silvestre la flor endémica de Guainía, de hermoso color blanco y rojo, esta especie adorna la sabana de Inírida, sin embargo, realmente se trata de dos especies: una flor de invierno (Guacamaya superba) y una flor de verano (Schoenocephalium teretifolium).


13. Cae el sol y regresan los pescadores


Se aproxima el atardecer, y como es característico en la Orinoquia y la Amazonia, el sol va dejando una estela de naranjas y rojos increíbles, sobre el puerto de Inírida descansan grandes barcos de carga, voladoras, potrillos o bongos con motor de habitantes del sector, pues las vías fluviales son las vías por excelencia de estos territorios ribereños.


14. Espejos de selva sobre el río Inírida


Al ver la imagen podemos dudar de ¿cuál es el cielo y cuál es al río?, el espejo de agua es fantástico, navegar por el río Inírida es deleitarse con la espesura de la selva, sobre todo porque este territorio es una zona de transición entre la Orinoquía y la Amazonía y, por ende, la diversidad biológica es inimaginable.


15. Los viajeros del río Inírida


Al moverse por el río se ven algunos bongos con motor –canoas- que pueden mover de 10 a 20 personas, dependiendo del tamaño en viajes que pueden durar horas o días. En esta ocasión nos encontramos un bongo con indígenas que se desplazaban a la zona de votación de Inírida para la primera vuelta presidencial.


*Licenciada en Biología, docente investigadora


Referencias
1. Salazar, C., Gutiérrez, F., Franco, M. (2006). “Guainía en sus asentamientos”. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas- Sinchi. Bogotá, Colombia.
2. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia
3. Según el SINIC (Sistema Nacional de Información Cultural) http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=94&COLTEM=216
4. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia

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Defender la tierra costó la vida a 207 personas en un año

Son líderes indígenas, activistas y ecologistas asesinados por proteger sus comunidades. La agroindustria desplaza a la minería como origen de la violencia. Desde 2015, más de la mitad ocurre en Latinoamérica

El año 2017 ha sido el más letal para activistas y defensores de la tierra y el medio ambiente en 22 países, denuncia la ONG británica Global Witness en su tercer informe anual sobre las luchas por los derechos humanos ligadas a los recursos naturales. El reporte ¿A qué costo?, lanzado hoy, señala a la agroindustria como el sector más violento, a diferencia de la minería en los años anteriores: 46 personas murieron por enfrentarse a esta actividad.


Al menos 207 líderes indígenas, activistas comunitarios y ecologistas fueron asesinados por proteger sus hogares y comunidades de la minería, la agricultura a gran escala y otros negocios que ponen en peligro sus medios de vida y su modo de vida, indica la ONG.


Brasil fue el país con el mayor número de asesinatos: perdió a 57 activistas medioambientales —de los cuales un 80% defendía los recursos en la Amazonia— y Colombia a 24. “En México y Perú aumentaron los homicidios de tres a 15 y de dos a ocho, respectivamente”, refiere el reporte.


En 2015, Global Witness registró 78 casos de personas asesinadas, un 66% de ellas en América Latina. En 2017, el porcentaje llegó a casi 60%. Por otro lado, las víctimas en Filipinas fueron 48, la cifra más alta documentada en un país asiático.


“Un factor en común entre los países con mayor números de asesinatos son los altos índices de corrupción gubernamental. Y aunque se podría decir que hay menos ataques en contra de defensores en países más democráticos, vale la pena someter a escrutinio el papel de los países inversionistas que facilitan la entrada de sus empresas en contextos donde opositores y activistas son atacados. No hay tantos asesinatos en Canadá o España, pero tienen inversiones relacionadas con ataques en el extranjero”, explica a Planeta Futuro el encargado de campañas de Global Witness, Ben Leather.


Blancos de la violencia


“Una persona defensora de la tierra o del medio ambiente es alguien que toma medidas pacíficas, voluntaria o profesionalmente, para proteger los derechos ambientales o de la tierra”, describe el informe. A menudo son personas comunes y corrientes, “otras son líderes indígenas o campesinos que viven en montañas remotas o bosques aislados, que protegen sus tierras ancestrales y sus medios de vida tradicionales de proyectos mineros, agronegocios a gran escala, represas hidroeléctricas y hoteles de lujo. Otros son guardabosques, que abordan la caza furtiva y la tala ilegal. También podrían ser abogados, periodistas o personal de ONG, que trabajan para exponer el abuso ambiental y el acaparamiento de tierras”, añade.


En Colombia, por ejemplo, Hernán Bedoya se manifestaba contra plantaciones de palma aceitera y de plátano en tierras robadas a su comunidad y fue asesinado con 14 disparos de un grupo paramilitar en diciembre último.

De las 207 personas asesinadas el año pasado, la cuarta parte eran indígenas, en comparación con el 40% en 2016. La población indígena representa el 5% de la población mundial, por ello la ONG destaca que “siguen estando enormemente sobrerrepresentados entre las personas defensoras asesinadas”.


A diferencia de los habitantes urbanos, que pasan de una casa rentada a otra o se mudan de barrio sin sentir una desposesión, la relación con la tierra es muy distinta en el mundo rural e indígena. ¿Por qué es tan indispensable? Una frase de un investigador peruano de literatura andina puede dar una respuesta. “La tierra nos orienta, el árbol sabe más”, asegura el catedrático Mauro Mamani, nacido en Arequipa y que creció cultivando una parcela cedida por un terrateniente. “Ese pedazo de tierra no se cansaba de parir y alimentó a toda la familia”, relató en una conferencia.


2017 no fue solo el año más sangriento desde que se tiene registro de asesinatos de defensores de la tierra, también el de más masacres. En siete casos, más de cuatro personas defensoras fueron asesinadas al mismo tiempo. “Brasil fue el escenario de tres horribles masacres en las cuales murieron 25 personas defensoras. Ocho activistas indígenas fueron masacrados en Filipinas, mientras que en México, Perú y la República Democrática del Congo también tuvieron lugar incidentes, en los que murieron más de cuatro personas a la vez", informa Global Witness.


En una de esas matanzas en Brasil, 20 indígenas Gamela quedaron gravemente heridos, tras un ataque de agricultores brasileños que portaban machetes y rifles: a algunos les cortaron las manos.
En Filipinas, ocho miembros de una comunidad que se oponían a una gran plantación de café de la empresa Silvicultural Industries, en su tierra, fueron matados por miembros del Ejército. La ONG sospecha que esa fuerza armada es responsable del 56% de asesinatos en el país: el 67% de las muertes ocurrieron en la isla de Mindanao, rica en recursos; y el 41% está relacionado a la agroindustria.
“El telón de fondo de este creciente número de víctimas mortales incluye un presidente descaradamente anti-derechos humanos, la militarización de las comunidades, múltiples grupos armados y el hecho de que los organismos gubernamentales no brinden protección”, sostiene la ONG.


¿Cómo evitar más agresiones?


Ante el incremento de la violencia, la organización británica recomienda en casi todos los casos que los Gobiernos fortalezcan las instituciones que protegen los derechos de los pueblos indígenas y su acceso a la tierra, ofrezcan mecanismos de seguridad a las personas amenazadas, y garanticen la rendición de cuentas y transparencia del Estado, dado que la corrupción y la participación de agentes del orden en las muertes están asociadas al incremento de las agresiones.


Sin embargo, en América Latina, la mayoría de Gobiernos no tiene una práctica de transparencia ni da prioridad al balance de sus acciones. Pese a ello, Leather remarca algunas iniciativas. “Existen propuestas desde la sociedad civil que los Gobiernos de la región deben de aplicar. En Honduras, se ha solicitado una Fiscalía Especial para delitos en contra de personas defensoras de derechos humanos. En Brasil, se ha pedido la federalización de asesinatos emblemáticos de personas defensoras cuyas investigaciones no avanzan a escala local. En México también urgen a las fiscalías a cambiar la metodología para que consideren adecuadamente los motivos potenciales, relacionados con el activismo de la víctima”, detalla.


El informe cita los ineficientes mecanismos de protección para tres líderes mexicanos en el último año. “Las comunidades Coloradas de la Virgen y Choreachi, en la Sierra Tarahumara, estuvieron involucradas en una larga disputa legal contra el otorgamiento de concesiones madereras en sus tierras ancestrales. Según Isela González, directora de la Alianza Sierra Madre, siete miembros de estas comunidades fueron asesinados entre 2013 y 2016. Ninguno de los asesinos ha comparecido ante la justicia”, asegura.


En 2014, González empezó a ser amenazada de muerte por ser parte de una campaña contra las concesiones, las autoridades mexicanas le entregaron un botón de pánico y le ofrecieron la posibilidad de solicitar escolta policial, pero en marzo de este año la activista dijo a Global Witness que no se sentía protegida.


Para México, el informe plantea que el Gobierno garantice evaluaciones de impacto social, ambiental y de derechos humanos “antes del otorgamiento de cualquier permiso o concesión para proyectos de desarrollo o de explotación de recursos naturales”, dado que la imposición de proyectos en las comunidades “sin su consentimiento libre, previo e informado es la raíz de los ataques contra personas”.
El mismo diagnóstico es aplicable en Perú, donde decenas de proyectos mineros, de infraestructura o de agroindustria se han implantado sin procesos de consulta a los pueblos indígenas, una obligación porque el Estado es signatario del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo desde 1989, y aprobó la Ley de consulta previa en 2011.


Desde 2013, el Ministerio de Cultura de Perú ha realizado 41 procesos de consulta previa. La ministra Patricia Balbuena precisó a Planeta Futuro que esa entidad está esperando la decisión del Tribunal Constitucional para saber qué hacer con decenas de proyectos energéticos o mineros no consultados a pueblos indígenas entre 1995 y 2012. Dos comunidades de la región Puno (al sur de Perú) esperan, desde 2011 y 2014, respectivamente, que el Constitucional responda las demandas de amparo contra concesiones mineras que el Estado otorgó sin su conocimiento, y que se superponen a sus tierras.


El portavoz de Global Witness también ve “potencial práctico en las instituciones independientes internacionales cuando se les permite operar”, y pone como ejemplos a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, o el Grupo Asesor Internacional de Expertos (GAIPE) que acompañaba la investigación del caso de Berta Cáceres, la activista hondureña asesinada en 2016, por enfrentarse a la empresa construcción de una hidroeléctrica en tierras indígenas”.


La responsabilidad de los privados


Además de Silviculture Industries para Filipinas, el informe menciona también a Desarrollo Energético SA en Honduras como empresas privadas ligadas a los asesinatos. “El umbral de evidencia para poder acusar a una empresa es bastante alto, y ya es complicado nombrar los sectores a los cuales los defensores asesinados se habían opuesto”, comenta el jefe de campañas de la ONG británica.


“Sin embargo, queda claro que ciertas industrias —y en particular la agricultura a gran escala y la minería— no están haciendo el debido proceso para prevenir la violencia en contra de los activistas. Si Global Witness puede identificar este riesgo, quienes invierten en estos sectores también podrían hacerlo, y deberían evitar los países más peligrosos para personas defensoras hasta que sus Gobiernos tomen medidas genuinas para abordar las demandas de las comunidades afectadas”, agrega Leather.


“Somos parte de la coalición Defenders in development, que este año va a publicar un informe demostrando que muchos defensores de derechos humanos han sido agredidos por protestar contra un proyecto financiado por bancos de desarrollo, entre ellos el Banco Mundial, el Banco Holandés de Desarrollo y el Banco Interamericano. Hasta la fecha ningún banco de desarrollo ha generado una política específica sobre defensores y defensoras, solo el Banco Holandés se ha comprometido a hacerlo”, apunta el activista.


Una resolución del Parlamento Europeo aprobada el 3 de julio alerta de que, ante la “fiebre global por la tierra”, la Comisión Europea debe considerar mecanismos efectivos sobre las obligaciones de debido proceso de las empresas, “para asegurar que los productos importados no estén vinculados a acaparamiento de tierras y graves violaciones a los derechos de los pueblos indígenas”.

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El socialismo como significante vacío en Estados Unidos

Pocas ideas tan connotadas, y más en EE UU, como socialismo. Sin embargo, su uso por parte de dirigentes como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio Cortez ha logrado apelar a generaciones más jóvenes. ¿Qué otros significados puede guardar dentro esta palabra?

En la radio se oyen declaraciones de apoyo al socialismo democrático por parte de candidatos conversos, activistas, y mucha gente joven. Algunos dicen que el socialismo está conquistando el Partido Demócrata. Otros claman que en absoluto. ¿Qué significa este surgimiento del socialismo?

Mientras escucho, es obvio que al menos mucha gente defiende o está dispuesta a defender la justicia, una integridad sincera y empática, la sensatez ecológica, la capacidad de todo el mundo de vivir una vida plena, más educación y asistencia médica gratuitas para todos, entre otras políticas progresistas.


Esto es positivo pero no es nuevo. En cualquier momento de estos últimos cincuenta años, gran cantidad de personas hubiera dicho que estaban a favor de estos objetivos. Lo que sí es nuevo, gracias a Bernie Sanders [histórico senador socialista demócrata por el Estado de Vermont y candidato alternativo a Hillary Clinton en las primarias demócratas de 2016, N. del E.] y a los últimos cinco años de activismo, es que dichas personas ya no evitan la etiqueta socialista. Si se hubieran calificado de socialistas estos mismos valores hace diez años, y durante mucho menos tiempo, esta postura habría obtenido poco apoyo y provocado un estallido de indignación despectiva, mientras que, si se le hubiera llamado preocupación por la humanidad, progresismo, o lo que fuera, habría recibido tanto apoyo como hoy.


Otro de los cambios de sentido, menos semántico y mas sustancial, es que pocas personas con los mencionados valores sociales, progresistas y humanos toman como un evangelio indiscutible que todo el cambio que necesitamos es arreglar nuestras instituciones retirando a unas cuantas malas personas que las ocupan. Mucha gente rechaza no sólo el sexismo, el racismo y el autoritarismo sino también el capitalismo. Mucha gente rechaza las manzanas podridas pero también las instituciones podridas.


¿Hasta qué punto es importante esta creciente crítica sin tapujos y este rechazo abierto de las instituciones? ¿Desembocará en compromisos compartidos y generalizados a largo plazo lo suficientemente amplios como para sostener organizaciones participativas, de base, multi-estratégicas y multi-temáticas?


La izquierda sufre desde hace mucho de los búnkeres de los enfoques por separado. Los activistas opinan, de manera prácticamente universal, que las preocupaciones principales se cruzan e incluso se enlazan, y sin embargo pocos de los que se centran en cuestiones como la inmigración, la violencia contra las mujeres, la guerra, el feminismo, el racismo, el militarismo, las catástrofes climáticas, la contaminación, la distribución de la riqueza, la locura de los mercados, la violencia policial, las reformas electorales, u otras preocupaciones que valen la pena, defienden activamente no sólo su propia agenda, sino todas los demás ¿Por qué no ayudamos todos los objetivos de toda prioridad válida, no sólo de boquilla, sino con visión estratégica y compromiso constante?


Una de las razones es que no contamos con respuestas compartidas globales para contestar a la pregunta obvia: ¿qué queremos, no solamente hoy, sino a largo plazo? Un “ismo” podría ofrecer eso, así que ¿está el “socialismo democrático” a la altura? ¿Podría pasar de ser una simple invitación a un compromiso de unidad serio y tangible? ¿Nos ayudaría a aunar nuestras prioridades aisladas y a plantear con confianza objetivos que enriquezcan nuestra comprensión, generen esperanza y, como dice la expresión, planten las semillas del futuro en el presente?


Para conseguir todo esto, nuestra lealtad compartida necesita amplia sustancia institucional. Si rechazamos el sexismo, vale, pero ¿qué implica esto para el tipo de familias y sexualidad a las que aspiramos más allá de la igualdad material aportada y sostenida por otros cambios? Si rechazamos el racismo, vale, pero ¿qué implica esto para el tipo de interrelaciones culturales entre razas, nacionalidades e identidades étnicas a las que aspiramos más allá del progreso social aportado y sostenido por otros cambios? Si queremos acabar con el servilismo y la subordinación en el ámbito político, vale, pero ¿qué implica esto en la manera de plasmarlo en leyes, dirimir controversias e implementar programas compartidos más allá de la solidaridad aportada y sostenida por otros cambios? Y si rechazamos la explotación y la división entre clases sociales, vale, pero ¿qué implica esto a la hora de estructurar el trabajo y los centros de trabajo y de establecer la distribución de los productos, las recompensas, las responsabilidades y los costes más allá de la justicia aportada y sostenida por otros cambios?


Si el socialismo continúa siendo únicamente sinónimo de buenos valores y de políticas progresistas en el presente, conseguir que se apoye de manera más generalizada será un gran paso adelante, desde luego, y quizás esa sea la mejor manera de utilizar el término en estos momentos, pero, si es así, todos aquellos que anhelamos nuevas instituciones necesitamos un término más abarcador para un nuevo tipo de sociedad que no sólo mejore ciertos problemas, sino que acabe con sus causas estructurales y libere todo el potencial popular. Tendríamos que defender y celebrar la emergente tendencia socialista progresista, sin descartarla o denigrarla, al mismo tiempo que proponemos una perspectiva mas amplia y profunda para que, ojalá, siga avanzando. O, si el término socialismo debe ser la etiqueta de nuestro amplio conjunto de anhelos, entonces lo que expresa debe llenarse mucho.


Personas diferentes tienen ideas diferentes sobre la sustancia extra necesaria. Yo estoy a favor de algo llamado sociedad participativa o, si resultara más convincente que excluyente, socialismo participativo. En muy resumidas cuentas, sea cual sea el término elegido, a mi parecer debería contener: afinidad feminista y relaciones de género que enfaticen que hombres y mujeres no sólo tengan iguales derechos y oportunidades, sino también roles tanto de autoridad como de cuidado en la vida social; intercomunalismo racial, étnico y de cualquier otro tipo que haga prevalecer el acceso de todos a los medios necesarios para crear y alimentar lazos y compromisos culturales de su propia elección; políticas participativas que incluyan autogestión colectiva a través de asambleas desde el barrio a todos los niveles de la sociedad , así como renovados vínculos ejecutivos y legales; además de sistemas económicos participativos que incluyan consejos de empresas e industria federados, remuneración equitativa, una nueva división del trabajo que acabe con las jerarquías duras y planificación participativa en vez de planificación de los mercados o planificación centralizada.


Pero a lo que me estoy refiriendo ahora no es a cuál debería ser la sustancia de un necesario “ismo”, ya sea la recién expuesta u algo más, sino a que la sustancia debería ser mucho más sustancial que cualquier cosa que ahora sea ampliamente apoyada, lo cual significa que incluso cuando los activistas se oponen al vil trumpismo o defiendan el loable sanderismo, se le llame socialismo o no, deberíamos proponer, explorar y debatir de manera conjunta, activa e inclusiva para llegar a una visión compartida y comunicable de lo que apoyamos mucho más sustancial.


Fuente: Znet
Traducción: Tomás Pereira Ginet

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Viernes, 20 Julio 2018 08:54

La verdad sobre la basura

La verdad sobre la basura


En todos los países del mundo la gestión de la basura es un asunto más que polémico, es un asunto que enciende pasiones y que genera sonoros enfrentamientos. En ocasiones extremas, con agresiones y muertes a sus espaldas. Tenemos la necesidad imperiosa de dar un adecuado destino a las basuras si no queremos quedar enterrados en ellas; sin embargo, todo paso que damos es motivo de querella. La explicación a que aquello que de-sechamos y que necesitamos gestionar produzca tanto enfrentamiento es que, a pesar de que la basura sea eso, basura, puede ser fácilmente utilizada para alcanzar las dos aspiraciones básicas de la mayoría de nosotros: dinero y poder. En efecto, por una parte la basura mueve enormes cantidades de dinero, y por otra su gestión es siempre, siempre, un escenario de conflicto político.

El volumen de basura que producimos tiene ya un importante valor económico y lo tendrá cada día más, debido a las modernas técnicas y procedimientos de reúso y reutilización que nos permiten recuperar parte de lo usado para reincorporarlo al ciclo productivo, lo que contribuye a la denominada economía circular. En definitiva, la basura vale; lo que nos lleva a que, en esa dimensión económica, aparezcan muchos actores con intereses contrapuestos. La gestión de la basura hace aflorar de muy diversos modos estos conflictos económicos, desde el riguroso control que la mafia ejerce en algunas ciudades de Italia, hasta la más aséptica gestión que se hace en algunos países avanzados en este campo, en el que los agentes económicos son empresas identificadas, o modelos mixtos en los que se aprovechan las capacidades de algunos grupos marginales –caso de los pepenadores en México– para la identificación y aprovechamientos de la parte reciclable. Desde luego cualquier modelo que se proponga mejorar la gestión de la basura deberá tener en cuenta los intereses presentes.

Más, mucho más complicado es el uso que desde la política se hace de este problema monumental. Aquí no se trata de dinero, al menos directamente; se trata de poder. Se trata de cómo, demagógicamente o no, hipócritamente o no, atendiendo a los conocimientos científicos o ignorándolos supinamente, puedo utilizar cualquier proyecto en la materia para arañar un puñado de votos. Las condiciones son propicias: siempre habrá intereses en contra de cambiar las cosas; siempre hay argumentos –fundamentados o no, eso es lo de menos– que despierten la alerta de los ciudadanos, como la salud o los olores; siempre habrá colectivos a los que incomode tal o cual instalación –el conocido síndrome EMPN (en mi patio no). En definitiva, siempre cabe la agitación política. La planta de termovalorización El Sarape es ahora el objetivo.

En esto no hay distinciones. Desde que soy consciente izquierda y derecha han actuado igual en este campo, de modo populista, lo que, en esencia, consiste en especular con los temores y sentimientos de los ciudadanos. En todo momento es fácil encontrar algún científico que diga lo que convenga, sea en favor o en contra de cualquier cosa. Si hace falta ignoraremos la realidad y prometeremos un mundo ideal sin basuras, pero la realidad es tozuda. Nos asfixia la basura y nadie es capaz –salvo que mienta– de pronosticar cuándo seremos capaces en algún lugar del mundo de dar un destino socialmente útil, económicamente viable y ambientalmente impecable a toda la que producimos; lo único que hoy por hoy podemos hacer es reducir sus impactos negativos. Debemos, en la medida de lo posible y con todas nuestras fuerzas, aumentar el reciclado y el reuso. Igualmente, transformar en energía y en materia útil los restos orgánicos, pero por mucho que hagamos nos quedará un resto para el que en este momento no hay mejor –y posible– opción que proceder a su valoración energética en condiciones idóneas.

Por encima de cálculos electoralistas, los políticos deben gestionar con honestidad, esto es, sin distorsionar la realidad, los intereses de los ciudadanos, de los que ahora son y de los que aún no han nacido. Deben aprovechar lo que de bueno hayan hecho sus antecesores, mejorar lo mejorable y cambiar lo abiertamente equivocado. Sería muy de agradecer que quienes tendrán la responsabilidad de gobernar mantengan e impulsen los proyectos que pretenden situar a la ciudad en el camino intermedio entre la catastrófica realidad actual y la utopía. Sería, sin duda, una muestra de madurez digna de elogio.

 

*Profesor de derecho ambiental en diversas universidades europeas y americanas. Experto en residuos. Doctor honoris causa por UNIVALI (Brasil). Ha sido asesor de Naciones Unidas y de la Unión Europea, entre otras organizaciones.

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Bernd Röttger: “El coche eléctrico no es un vehículo de cero emisiones, por mucho que se insista en lo contrario”

En esta entrevista, el sociólogo alemán Bernd Röttger advierte de la ausencia de las condiciones necesarias para una conversión realmente democrática y ecológica de la industria automovilística desde una perspectiva histórica crítica.

 

En el verano de 2015, el uso por parte de Volkswagen (VW) de un software durante controles para manipular los niveles de emisiones diésel de sus vehículos trascendió a la luz pública. Este escándalo, que se conoce como ‘Diesel-Gate,’ es considerado como un síntoma de la crisis de la industria automovilística: ya desde 2009, se habla de una saturación del mercado en los países industrializados.

Al mismo tiempo, aumentan las regulaciones ambientales sobre los productos. Además, el cambio a nuevos modelos de movilidad, así como el avance de la digitalización, conllevan la entrada de nuevas empresas fuertes, como Google, en el mercado. En este contexto, la manipulación de las emisiones sería una estrategia de último recurso por parte de Volkswagen para salvar los obstáculos que le impiden mantener su cuota de mercado fabricando productos que han dejado de ser competitivos.

Frente a esta situación, la posibilidad de una “conversión” de la industria automovilística —es decir, producir nuevos productos para nuevos mercados con los medios de producción existentes— vuelve a estar sobre la mesa.

Mientras grupos como Volkswagen anuncian a bombo y platillo su “transformación ecológica”, algunos sectores señalan que los desarrollos actuales de la industria, tanto alemana como global, no son más que una conversión muy parcial condicionada por la lógica capitalista.

El Diesel-Gate muestra, en primer lugar, que hace mucho tiempo que debería haberse llevado a cabo una conversión ecológica de la industria automovilística. El Gobierno alemán, Volkswagen, y también el comité de empresa de VW, están apostando por la movilidad eléctrica. Usted alerta de que esta estrategia se está llevando a cabo en función de las necesidades del capital y a costa de los trabajadores. ¿Podría precisarlo y ejemplificarlo?

Lo que considero crucial es que la convulsión actual en el sector, que se vende como su transformación ecológica, agrava las asimetrías entre trabajo y capital. Para empezar, la transformación prevista en los sistemas de propulsión supone una brutal sacudida de la cadena de valor de la industria automovilística, un sistema global de proveedores, desarrolladores y productores finales altamente diferenciado en el cual trabajan actualmente alrededor de 90 millones de personas en todo el mundo. Para la producción de un motor de combustión interna se necesitaban, según mi información, unas 1.400 piezas; para el motor eléctrico solo se precisan unas 200.

Es decir: todo el entramado jerárquico que constituye la organización a nivel global la industria automovilística, con un poder consolidado de los productores finales frente a sus proveedores, está siendo cuestionando. Paralelamente, esto estrecha los márgenes de negociación de las estructuras de representación de intereses de los trabajadores en torno a cuestiones de política salarial y laboral, surgidos precisamente gracias a la competitividad productiva que ahora se está reduciendo.

Al dejar de emplearse engranajes, válvulas, bielas, generadores, turbocompresores, etc., y pasar a ser solamente necesario un software para la interconexión de la conducción y celdas para baterías, surgen nuevos actores estratégicos en este complejo industrial, que hasta ahora se habían articulado en torno a los grupos automovilísticos y las relaciones de poder que le son intrínsecas. Las reglas del juego de la cogestión están siendo recalibradas.

 

¿Es verdad que se esté produciendo la transformación ecológica de la industria?


Yo cuestiono que las transformaciones, sobre todo en el ámbito de los nuevos sistemas de propulsión, de la digitalización, y de los procesos de producción, así como los nuevos mercados comerciales (a los que los grupos automovilísticos aspiran a acceder como proveedores de movilidad), constituyan realmente una transformación socioecológica de las sociedades capitalistas.

En primer lugar, si se tiene en cuenta todo el ciclo de producción y funcionamiento del vehículo, es evidente que el coche eléctrico no es, en absoluto, un vehículo de cero emisiones, por mucho que se insista en afirmar lo contrario. Esto se debe a la sobreexplotación minera necesaria para la producción de las baterías, así como a la combinación energética disponible en las tomas de corrientes usadas para abastecer a los coches, compuesta solo en un 37% por energía renovable.

La normativa comunitaria de reducción de emisiones de CO2 del parque de vehículos producidos en la UE se basa en esta falsa categoría de "vehículos de cero emisiones." Esto permite en última instancia que los fabricantes continúen comercializando sus utilitarios todoterreno, mucho más rentables, mientras usan la producción de coches eléctricos para “reducir” el total de sus emisiones.

En segundo lugar, los nuevos servicios de movilidad como el carsharing, dominados por empresas subsidiarias tales como Drive Now (BMW), Car2Go (Mercedes), o Moia (VW), desplazan el transporte público y a modelos de movilidad eléctrica —el tranvía, por ejemplo— que ya existen desde hace tiempo en las ciudades. Utilizando, en algunos casos, estrategias de precios de dumping, la movilidad se convierte en un objeto lucrativo de valorización de capital privado.

 

¿Produce resistencias esta transformación de la industria?


La desmaterialización de la producción amenaza ya hoy en día a los proveedores de motores de combustión interna. En Alemania, por ejemplo, afecta a una planta industrial de Bosch en Homburg (Saar) con más de 5.000 personas trabajadoras que producen bombas de inyección. Otro ejemplo de esta reestructuración derivada de la movilidad eléctrica y la digitalización son, en el caso de VW, las negociaciones entre sindicatos y patronal que ha dado paso al llamado Zukunftspakt 2025 (“Pacto para el Futuro 2025”).

Este pacto, aprobado en otoño del 2016, prevé la desaparición de 14.000 puestos de trabajo, a pesar de que el aumento de productividad previsto en ese mismo periodo es de un 25% —si bien es cierto que la reducción de empleos tiene en cuenta la evolución demográfica y las consecuentes jubilaciones progresivas, y no se contemplan despidos. Paralelamente, se prevé la transformación de ciertos centros productivos en Centros de Excelencia para la nueva tecnología de propulsión.

El presidente del comité de empresa del Grupo VW, Bernd Osterloh, se muestra optimista: “El Zukunftspakt permite que Volkswagen [...] acceda al mercado de la movilidad eléctrica de nueva generación. Con estos coches nos pondremos a la vanguardia de la industria”. Yo soy un poco más escéptico: más de un tercio del valor agregado de un coche eléctrico reside en las baterías. No obstante, la producción industrial de las celdas es todavía prácticamente inexistente.

La recién fundada Plataforma Nacional de Electromovilidad (NPE), en la que participan grupos automovilísticos y grandes proveedores, ha desarrollado el plan estratégico de producción de celdas de batería (Roadmap Batteriezellenvertigung). Este plan prevé que la producción de celdas de batería comience en 2021, y que no genere beneficios hasta el 2030.

Consecuentemente, es previsible que la producción de las celdas de batería se desarrolle, al menos por el momento, a nivel mundial. Las líneas piloto establecidas hasta la fecha han puesto de manifiesto que las plantas de Volkswagen son principalmente de ensamblaje, y no áreas de producción que permitan generar un gran volumen de empleo. Además, hay que tener en cuenta que la transformación afectará a cada planta de manera particular: es probable que el antiguo ‘Motorenleitwerk’ en Salzgitter esté entre las perdedoras; al menos así lo teme su comité de empresa.

 

Las concesiones que el capital exige en las negociaciones colectivas se intensificarán.


Bajo este contexto de reajuste de las cadenas de valor automovilísticas, las presiones del capital en el marco de las negociaciones colectivas no van a reducirse, sino que tenderán a intensificarse.

Esto no es más que la continuación de un proceso que lleva ya en marcha cierto tiempo: debido a su alto grado de organización sindical y su posición clave en muchas de las economías capitalistas desarrolladas, la industria automovilística se convirtió en una locomotora de la negociación colectiva; en una precursora en el ámbito de conquistas laborales y salariales. Pero ya desde finales de la década de 1990 ha habido un cambio en ese sentido, debido a la cooperación tripartita orientada a evitar la deslocalización productiva y asegurar puestos de empleo.

La locomotora cambió de dirección. Las concesiones de las plantillas a los objetivos de rentabilidad de las empresas automovilísticas abrieron la puerta para que las facciones del capital en otros sectores forzaran también concesiones a sus plantillas. En el caso de VW es especialmente significativa la divergencia cada vez mayor de los convenios colectivos de las empresas filiales respecto al convenio colectivo principal de la casa matriz, presionando a éste último a la baja.

En este sentido, no es ninguna novedad que se están estableciendo sistemas contractuales y salariales duales, sobre todo en los nuevos servicios de movilidad externalizados por las empresas automovilísticas. Lo nuevo es que la composición de la plantilla cambiará profundamente a medida que se expande la tecnología digital y de almacenamiento de datos en la industria automovilística. La tasa de sindicalización y, con ella el poder de negociación de los sindicatos, disminuirá. Se vislumbra un desastre en el ámbito de la negociación colectiva, y esto supone un enorme reto para sindicatos, comités de empresa y delegados sindicales en lo que respecta a su estructura y estrategia organizativa.

Sin embargo, no en vano la automovilística es considerada por muchos una industria paradójica: por un lado, se caracteriza por una revolución prácticamente continua de sus modelos de gestión y producción y de su gama de productos. Al mismo tiempo, el sistema de relaciones laborales que le es característico parece ser tan resistente al cambio como estable es su posición dominante en el modelo de desarrollo económico de las economías en las que opera.

Al menos esto parecen creer los comités de empresa, al confiar en un posible efecto Lampedusa de la movilidad eléctrica: todo debe cambiar para que todo siga igual. En definitiva: para no acabar como “productores de latas” (es decir, meros montadores de carrocerías) en el aparentemente imparable proceso de electrificación y digitalización automovilística, mientras que su interior tecnológico es producido por otros, deberemos tragar con nuevas concesiones laborales.

Sin embargo, esto no es más que una ilusión fetichista que esconde la transformación inmanente del capital, así como el hecho que las condiciones que habían permitido los acuerdos interclasistas actuales están degradándose irremediablemente.

Sindicatos y comités de empresa ya no cuestionan los aspectos macroeconómicos ni la dinámica empresariales que enmarcan su margen de acción; la representación sindical ha quedado relegada a una posición subalterna como "socia júnior, pasajera en el asiento trasero, muy lejos del volante" (Wolfgang Streeck). Esto ha sido descrito por la psicología crítica como "capacidad de acción restringida", es decir, la subyugación del comportamiento social y político a un marco de acción impuesto externamente.

La conversión ecológica es necesaria, por descontado. En cierto modo, va de la mano de la transformación que le es inmanente al capital. En ese sentido no es más que un adorno verde a la intensificación del constante proceso de revalorización capitalista. Uno quisiera exclamar, como Walter Benjamin: ¡La catástrofe es que todo continúe igual!

Usted vincula el trucaje de motores no solo a los objetivos de lucro empresarial de, en este caso, Volkswagen, sino también al fracaso de los modos de control del modelo de producción capitalista. ¿Qué modelos de control ofrece el modelo de producción capitalista y por qué y en qué medida han fallado?

No puedo juzgar quién, con qué conocimiento, en nombre de quién o legitimado por qué personas manipuló efectivamente el control de las emisiones de los coches diésel. Además, debe tenerse en cuenta que la manipulación se llevó a cabo no solo en VW, sino en un marco de colaboración entre grandes grupos automovilísticos y proveedores.

Entonces, ¿quién falló? ¿Los gerentes de las empresas individuales, que apenas conocen ya los procesos de producción de 'sus' propias empresas y que han delegado hasta los objetivos empresariales a, por ejemplo, ”Profit-Centers”? ¿Los ingenieros que aspiran a la perfección tecnológica por deformación profesional pero se someten de hecho a las directrices de la junta directiva y sus expectativas de rentabilidad? ¿Las personas trabajadoras, que limitan su trabajo a acatar las órdenes de sus superiores? ¿Los consejos de administración, y los comités de empresa, que se dan por satisfechos con el aumento de ventas y beneficios y, en algunos casos, con la estabilidad laboral, pero no alcanzan a comprender las condiciones bajo las cuales se logran?

Lo que ha fracasado en relación a las cuestiones democráticas y ecológicas es el sistema de producción. Mientras impere el modo de producción capitalista el control de la producción estará al servicio del propio capital. Es el principio del control (descentralizado) capitalista lo que ha fracasado. Si es que puede hablarse de fracaso alguno, ya que es innegable su éxito a la hora de alcanzar su propósito final: la rentabilidad de la producción.


Estas cuestiones no van a solucionarse ni con la instalación de un nuevo software o nuevos motores en los vehículos manipulados, ni con la reorientación técnica de la industria automovilística hacia la movilidad eléctrica. En todo caso, estos procesos constituyen un intento de gestión a corto plazo de la crisis de la industria automovilística. ¿Qué constituiría, en su opinión, una conversión real de la industria automovilística que permita superar la crisis a largo plazo?


Yo me anticipé relativamente a esta discusión cuando, en el contexto de la crisis financiera del 2007, en la que el comercio mundial se desplomó y el sector de la ingeniería mecánica y el automovilístico (principales industrias alemanas orientadas a la exportación) se sumieron en una profunda crisis, reclamé la necesidad de un nuevo debate sobre la conversión, no solo de la industria, sino también del modelo de desarrollo económico.

No estaba solo: en 2009, Hans-Jürgen Urban, miembro de la Comité Ejecutivo Federal del sindicato IG Metall, advirtió que algunas empresas difícilmente iban a poder sobrevivir debido a su alto nivel de especialización. Por lo tanto, afirmó, era necesario "pensar sobre productos totalmente diferentes y un nuevo modelo productivo en el marco de una estrategia de reestructuración ecológica".

Sieghard Bender, fallecido representante de la IG Metall en Esslingen, respondió en 2009 al derrumbamiento dramático de la producción y a la extensión de las reducciones de jornada y salario en la industria mecánica (un sector compuesto mayoritariamente por empresas medianas enfocadas al sector automovilístico y al mercado estadounidense) impulsando mesas de dialogo en los organismos administrativos de la IG Metall. En estas mesas se invitó a representantes de plantillas y comités de empresa a discutir sobre producción alternativa: la posibilidad de producir, con los medios existentes, productos diferentes para otros mercados diferentes.

En el convenio colectivo de VW de febrero del 2010 se consiguió que la empresa se comprometiera, además de a mantener por varios años los puestos de trabajo (un compromiso prácticamente obligatorio en estos casos), a establecer un Fondo de Innovación. Este fondo pone 20 millones de euros al año a disposición del desarrollo de productos innovadores y nuevos sectores productivos. Este tipo de mediadas se están generalizando en medio del tumulto actual, como ejemplifica el caso de Bosch en Homburg, o la exigencia casi profiláctica del representante regional de IG Metall Jörg Köhlinger, que pide "propuestas concretas de conversión para cada planta en riesgo."

 

El debate en torno a la conversión no es de ahora.


El caso de referencia para todos los debates en torno a la conversión es el del proveedor de la industria aeroespacial británico, Lucas Aerospace, en la década de los 1970. Cuando descubrieron los planes de reducción de plantilla en esta empresa (altamente dependiente de contratos armamentísticos), los diferentes sindicatos de la empresa formaron conjuntamente el shop stewards combine comittee. Esté comité desarrolló en 1976 un plan para la reestructuración de la producción: el llamado corporate plan. Este plan aspiraba a luchar "por el derecho a trabajar en productos adecuados y razonables [...], con el objetivo de subsanar los problemas reales de las personas en lugar de contribuir a su creación". Por primera vez, una lucha sindical por la conservación de puestos de trabajo se vinculó a una lucha para desarrollar una nueva gama de productos. La plantilla se involucró intensamente en el plan, e incluso se desarrollaron programas individuales de formación.

A pesar de todo esto, se hizo patente relativamente pronto que esta alternativa solo podría ser implementada si se cuestionaba el derecho del capital a la disposición operativa y a la planificación empresarial (Betriebliches Dispositionsrecht). En ese sentido, las personas involucradas consideraban su plan como un paso hacia la democratización de la producción industrial. Estaban convencidas de que una "verdadera democracia industrial" no puede "limitarse a la representación sindical de los trabajadores en consejos de administración que toman decisiones en función de las directrices impuestas por la alta gerencia".

Lucas Aerospace fue el preludio de una multitud de proyectos productivos enfocados a la reconversión de la industria armamentística, también en la República Federal Alemana. En el otoño de 1981, mientras el proyecto alternativo de Lucas Aerospace fracasaba definitivamente ante la cerrazón de la dirección, los delegados de la IG Metall de Blohm & Voss fundaron el primer Arbeitskreis Alternative Produktion (grupo de trabajo de producción alternativa) en Hamburgo, una región que estaba por aquel entonces seriamente afectada por la crisis de los astilleros.

Hasta finales de 1983 se establecieron unos 40 grupos de trabajo de este tipo, principalmente (pero no solo) en el sector armamentístico y de la construcción naval, siguiendo el ejemplo del modelo británico: delegados sindicales y comités de empresa activaron todas las secciones de las plantillas para trabajar conjuntamente en modelos de producción alternativos. La oficina regional de la IG Metall abrió un Centro de Asesoría a la Innovación para las plantillas que, debido a su posición en la jerarquía productiva de su grupo empresarial, no dispusieran de los conocimientos o recursos necesarios.

 

¿Qué recorrido tuvieron estas experiencias?


Lo que todas las experiencias tuvieron en común fue que fracasaron: el sindicalista Mike Cooley, uno de los impulsores del debate en torno a la conversión en Lucas Aeroespace, se dio de bruces con el poder inquebrantable del capital cuando fue despedido en 1981 y la compañía volvió al business as usual.

En la República Federal Alemana la mera demanda de comisiones tripartitas para debatir propuestas de productos orientados a la producción alternativa se encontró generalmente con un “no” categórico por parte de la dirección. Las empresas estatales, como por ejemplo la Howaldtswerke-Deutsche Werft AG en Hamburgo, no fueron diferentes. Los modelos de producción alternativos fueron rechazados de plano. Tropezaron, en palabras de Marx, con el “poder social concentrado” que es el capital, así como con la constatación de lo evidente: constituir un contrapoder democrático es un proceso complicado.

Ocurrió lo que era de esperar: cuando, tras el final de la Guerra Fría en 1989 debido a la implosión del sistema socialista mundial, se habló largo y tendido de los llamados dividendos de la paz (que, se suponía, se obtendrían de la reconversión del sector armamentístico) éstos apenas se vincularon a la tradición del movimiento previo por la reconversión del sector.

La UE facilitó subvenciones y los líderes sindicales se centraron (siguiendo la línea convencional) en la gestión corporativista y tripartita, junto con las agencias gubernamentales y la patronal, de la crisis y la reconstrucción. No se consultó en ningún momento a los grupos de trabajo de producción alternativa que todavía existían. La conversión se convirtió en una estrategia de modernización monopolizada por las empresas que, si bien involucraba a los representantes sindicales en el marco de la cogestión, ahora estaba plenamente orientada a la innovación empresarial. El antaño carácter democrático de los movimientos de conversión fue completamente capado.

A la democracia en las empresas se le oponen tanto al derecho civil, con el derecho a la propiedad privada, como el derecho laboral, con el derecho al despido. Retrospectivamente, lo ocurrido no es tan sorprendente. Si se abandona la concepción romantizada de la conversión, de la cual quizás pequé yo mismo en 2008, y se analiza desde una perspectiva histórica y crítica, hoy en día llega uno a conclusiones diferentes, que no confunden conversión con formas democráticas de reestructuración económica.

La conversión (en el sentido más amplio, es decir, la modificación de la gama de productos, la diversificación de la producción, etc.) siempre ha existido. Es el resultado de lo que Marx y Engels formulan en El Manifiesto Comunista de tal modo: el modelo de producción capitalista y la sociedad burguesa solo puede existir mediante la “revolución constante de los instrumentos de producción, es decir, de las relaciones de producción, es decir, de las relaciones sociales en todo su conjunto".

No en vano, como afirma Marx en El Capital, es "el propio capital " el "verdadero obstáculo de la producción capitalista," ya que siempre acaba metiéndose en callejones sin salida. Pero, a su vez, el modo de producción capitalista logra superar estos obstáculos que sus propias leyes de desarrollo generan mediante la conversión, entre otros procesos.

Las conversiones que le son inmanentes al capital vienen determinadas principalmente por la competencia por un lado, y las tendencias de los mercados mundiales por otro. El caso del grupo Nokia en Finlandia es un buen ejemplo de ello: empezó como una fábrica de papel, en el marco de un capitalismo organizado [socialdemócrata] y ante el aumento progresivo de la alfabetización de la población y de la carga administrativa estatal (lo cual, consecuentemente, impulsó la demanda de artículos de impresión).

Durante el periodo fordista viró hacia la industria de los polímeros, fabricando neumáticos para la industria automovilística y productos para la floreciente industria del ocio (botas de goma), para pasar a convertirse, en el contexto del llamado “capitalismo de alta tecnología” moderno, en un operador de telecomunicaciones.

Este tipo de conversiones fueron a veces impulsadas directamente por el Estado mediante lo que constituye la forma de conversión más sencilla y menos problemática del capitalismo: la industria bélica y la cartera estatal de contratos de defensa. La industria automovilística estadounidense reorientó su actividad a la producción armamentística tras el ataque japonés contra Pearl Harbor. Y la propia industrialización fordista de Alemania, así como el desarrollo de sus industrias automovilística y siderúrgica, fue impulsada por políticas económicas fascistas orientadas a dinamizar la demanda interna. Este es el caso de las plantas Hermann Göring en lo que hoy en día es Salzgitter, así como de Volkswagen AG, que nació en 1939 como productora de Kübelwagen y de otro tipo de material militar.

 

¿Son democráticos estos procesos de conversión?


Rara vez. La realidad histórica muestra que este tipo de conversiones siempre se han sido impulsadas por una combinación de factores: un contexto marcado por problemas de valorización capitalista, intentos estatales de superación de esta crisis, y procesos de adaptación empresarial impulsados ​​por el mercado. En ese sentido, la reestructuración de la industria automovilística actual está determinada por la conjunción de un nuevo marco regulador social y estatal y de nuevas dinámicas del mercado mundial, sobre todo en lo que respecta a China.

Podemos considerarlo un proceso de conversión. Sin embargo, que Volkswagen venda ya hoy en día más salchichas (de sus cantinas) a supermercados que automóviles (alrededor de siete millones de salchichas frente a unos seis millones de automóviles), o que en la planta de Salzgitter, con condiciones laborales innovadores para los trabajadores mayores, se abriera hace poco una nueva línea de producción (de cogeneradores termoeléctricos) que entretanto ha ya ha sido liquidada, difícilmente puede considerarse un proceso de conversión democrática.

Incluso una reorientación productiva beneficiosa desde el punto de vista ecológico o de política de transportes, como es el caso de la fusión entre Alstom y la sección ferroviaria de Siemens, no implica una disminución de la presión sobre la plantilla. En cualquier caso: ¿qué opciones de producción alternativa existen con los medios de producción actuales? En el caso de Lucas Aerospace el objetivo era producir aparatos de climatización geotérmicos, equipos de ultrasonido, motores híbridos. Hoy en día tampoco hay mucho más.

¿O es que esperamos que la industria automovilística, altamente sofisticada, se reoriente hacia la producción de bicicletas eléctricas? ¿Con 90 millones de personas empleadas? Me temo que hoy en día limitarse a reivindicar una conversión es un tanto ridículo, y no motiva a las plantillas de trabajadores a movilizarse. Quizás deberíamos, en lugar de reivindicar un proceso de conversión, entender mejor la dialéctica en la que ésta se enmarca: cómo el capital logra subyugar nuevas líneas de productos a su lógica de valorización una y otra vez. Hay bien poco de democrático en ello.

El Estado federado de la Baja Sajonia es accionista en Volkswagen con un 20 % y los delegados de las personas empleadas tienen derechos especiales de cogestión. ¿Aumentan estas condiciones la posibilidad de una conversión democrática de VW, en comparación con otros fabricantes de automóviles?


Sí y no. La Ley Volkswagen [que estableció el control del 20 % de las acciones de VW por parte del Estado federado de la Baja Sajonia cuando dicha empresa fue privatizada en 1960] se enmarca sin roces en la estrategia de reestructuración y desarrollo adoptada por la dirección del grupo. Yo por lo menos no conozco ningún ejemplo de lo contrario. Por otro lado, todos los ataques a dicha ley están vinculados a intereses que abogan por la privatización e intentan socavar los derechos de cogestión.

En este sentido, debemos defender el statu quo, pero solo para luego retomar la ofensiva a partir del mismo. En sí mismo no es suficiente para avanzar hacia una reestructuración socio-ecológica sin que el capital se apropie del proceso una vez más.

Hoy en día, el Estado está llevando a cabo su función de "capitalista colectivo ideal" (Friedrich Engels) de manera prácticamente ejemplar

Echemos un vistazo al balance anual del grupo VW para el 2016, que se publicó precisamente bajo el lema "Redefinimos la movilidad". Allí leemos que en el ejercicio fiscal 2016 los ingresos respecto al año anterior (el año del Diesel-Gate) aumentaron en un 2,5%. Es decir, no es que pueda hablarse de una debacle. Al mismo tiempo, los costes de producción se redujeron en un 7,3% y los beneficios aumentaron en 5.100 millones de euros, un aumento en un 6,7% de la tasa de retorno de la inversión. Difícilmente podemos calificar esto de crisis.

En vez de buscar el futuro de la industria automovilística exclusivamente en la movilidad eléctrica, ¿qué papel podrían jugar las políticas públicas en una conversión democrática de la industria automovilística?


De la política estatal espero poco, como ya señalé con el ejemplo de la Ley VW. Probablemente mucho más relevantes sean los debates en torno a la industria automovilística que se dan en el ámbito de las políticas urbanas o de transportes, que permiten ampliar el margen de maniobra, limitado dentro de las empresas, y facilitar desarrollos alternativos. Esto también lo demuestran la experiencia de la conversión en el sector armamentístico en los años 70 y 80: si se extendió en las fábricas, es decir, si se convirtió en un movimiento amplio, fue sobre todo porque tuvo el apoyo social del movimiento pacifista de aquel entonces. En palabras de Bertolt Brecht: "Sobre la carne que os falta en la cocina/ no se decide en la cocina".

Hoy en día, el Estado está llevando a cabo su función de "capitalista colectivo ideal" (Friedrich Engels) de manera prácticamente ejemplar. Ejemplo de ello son las “prima por desguace” que concedió durante la crisis de 2009, o el llamado “bono ambiental” para el desguace de los vehículos diésel más antiguos, ambas medidas condicionadas a la compra de un nuevo vehículo.

De todo lo anterior queda claro que, para que la conversión ecológica de la industria automovilística no se realice a expensas de las plantillas, la conversión también debe ser democrática. Al mismo tiempo, una mera conversión democrática no garantiza la transformación ecológica; la sostenibilidad ambiental estaría sujeta, junto a los demás objetivos empresariales, a la discreción de la plantilla. ¿Cómo pueden pensarse juntos ambos modelos?
Es cierto que, históricamente, la sostenibilidad ecológica y la emancipación de la clase obrera han sido objetivos mutuamente excluyentes. El ascenso del movimiento obrero se debe a un modelo de desarrollo económico basado en la destrucción ecológica y en la represión de los movimientos democráticos en la periferia de la economía mundial para obtener ‘petróleo barato’.

Hoy en día, tanto la cuestión ecológica como la cuestión de clase están amenazadas. La producción capitalista se dispone a socavar "las fuentes de toda riqueza", es decir, “la tierra y el trabajador" (Marx). Por tanto, la contradicción histórica de ecología y emancipación de la clase trabajadora no constituye una contradicción sistemática, incluso si la historia “oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” (Marx).

Creo que no se trata de elaborar "recetas [...] para los figones del porvenir," como ya rechazó Marx, sino de señalar las nuevas contradicciones que resultan de la conversión inmanente al capital: por ejemplo, la dificultad cada vez mayor de las viejas estrategias sindicales instauradas para garantizar el empleo y evitar deslocalizaciones. Este es el humus sobre el que se pueden formar cosas nuevas, y sobre el que se pueden debatir nuevas formas democráticas de reestructuración o conversión económica. Las 'soluciones' las tienen que elaborar las personas, especialmente los 'productores directos.'

La conversión democrática y solidaria de las cadenas de valor automovilísticas es más compleja y más difícil de organizar que la conversión de los grandes astilleros en la década de 1980. Aun así, ya lo escribió Bertolt Brecht: "Las contradicciones son nuestra esperanza". Cuando el capital y sus estrategias minan las fuentes de toda riqueza es cuando nos toca estar a la altura de las circunstancias y buscar soluciones.

 

A finales de noviembre de 2017, la Fundación Rosa Luxemburgo organizó una conferencia sobre el futuro del trabajo en las cadenas de valor automovilístico. La conferencia se centró en la crítica a la conversión inmanente al capital, una conversión promovida por la empresa privada y los Estados. ¿Cómo evalúa el interés social en esta crítica? ¿Cree que es posible que la crítica influya en los muchos proyectos sociales (y municipales) que están trabajando en cambiar los modelos de movilidad?


La conferencia que tuvo lugar este noviembre en Hannover surgió de un grupo de debate fundado hace varios años por la delegación de la Fundación Rosa Luxemburgo en Baja Sajonia. Este grupo tenía la intención desarrollar las conclusiones de una conferencia organizada en octubre de 2010 en Stuttgart. La conferencia de Stuttgart giró en torno a las reivindicaciones por una conversión socioeconómica del modelo productivo que surgieron en el marco de la crisis. En una conferencia previa más pequeña, en la primavera del 2010, se había discutido con un importante número de representantes sindicales y de comités de empresa, principalmente de Daimler (Bremen), sobre producción alternativa.

Pero este impulso glorioso acabó tan pronto las jornadas reducidas, que se habían impuesto en el sector automovilístico y sus proveedores debido a la coyuntura del verano 2010, dieron paso a nuevas ofertas de horas extra.

En la conferencia de Stuttgart, a la que asistieron 400 personas, solo acudieron unos pocos representantes de los trabajadores. Las demandas de conversión, ahora vinculadas a la promoción incipiente de movilidad eléctrica y la eficiencia energética, fueron absorbidas relativamente rápido por la lógica capitalista y convertidas en una maquillaje verde del capitalismo. "La reacción política empieza por la redecoración" resumió sucintamente, en otro contexto, el poeta Peter Rühmkorf.

Esta transición restaurativa constituyó el punto de partida de la conferencia en Hannover el año pasado, en la que decidimos tematizar la cuestión del futuro del trabajo en la cadena de valor automovilística, así como establecer un diálogo en torno al tema con representantes de organizaciones sindicales, personas empleadas en la industria automovilística, academia, y organizaciones ecologistas. Que la 'solución' a la cuestión ecológica no se resolviera a costa de los intereses de los y las empleadas en la industria automovilística me parece un motivo para ser mínimamente optimista.

De todos modos, es solo el comienzo vacilante de una nueva cooperación entre movimientos sociales y ecologistas. El movimiento por la conversión en el sector armamentístico ya mostró que un proceso de transformación democrático necesita, sobre todo, mucha paciencia, así como la constitución de formas democráticas de cooperación y de trabajo, la elaboración de alternativas, y la organización de contrapoder para poder hacer prevalecer modelos de desarrollo alternativos. Ya lo decía Antonio Gramsci, en línea con su lema "Pesimismo de la razón, optimismo de la voluntad": "Hay que crear personas sobrias y pacientes...". Incluso cuando el tiempo apremia.

 

Traducción Marta Cazorla | Fuhem Ecosocial

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Multinacional minera amenaza con desplazar a 450 familias de Colombia

Con la militarización del territorio, con presiones de ejército y policía, la multinacional australiana METMINCO, que cuenta con filiales en Chile y Perú, busca presionar el desplazamiento forzado de 450 familias de mineros artesanales ubicados en la región de Miraflores, en el municipio de Quinchía, Risaralda.
Con la usurpación del territorio ancestral de la comunidad indígena Embera Karambá y de cientos de familias campesinas, la multinacional espera adelantar un inmenso proyecto de explotación minera que abarcará 6.043 hectáreas, lo que constituye el 80% del municipio de Quinchía, con un irreparable costo social y ambiental para la región.


Con una serie de estratagemas legales, en las que está involucrada la Agencia Nacional Minera, la Personería y la Alcaldía Municipal de Quinchía, se presiona por el desplazamiento forzado de las comunidades indígenas y campesinas. Con un amparo interpuesto por la multinacional METMINCO a la Agencia Nacional Minera se ordenó el cierre, la incautación de las herramientas de trabajo, y el desalojo de los mineros artesanales que han venido trabajando desde hace más de 150 años en la zona. Por otro lado, la multinacional ha realizado actividades de exploración con dinamita, lo que generó grave daño ambiental a la zona montañosa de Miraflores, entre ellos la destrucción de dos micro-cuencas que abastecían de agua a las veredas. Luego de los daños ambientales no se dio la suspensión de la licencia ambiental, por el contrario la multinacional presentó denuncia ante la Personería alegando alto riesgo de deslizamiento en la zona de Miraflores, daño que ellos mismos generaron, por lo que el 24 de mayo la Alcaldía Municipal de Quinchía ordenó el desalojo de 450 familias de la zona. Se quiere justificar el desalojo bajo la presunción de un posible deslizamiento de tierra, pero en realidad se trata de una estrategia legal para obligar al desplazamiento forzado de las familias, lo que permitirá iniciar en Miraflores las obras para la construcción de dos túneles exploratorios, cada uno de dos kilómetros de largo, al interior de la montaña.


Pero el drama del desplazamiento forzado en Quinchía no es algo nuevo, la planificación para la explotación del Bloque Aurífero del Cauca Medio, que involucra proyectos de explotación minera como el de La Colosa en Cajamarca, lleva décadas de planificación. Por un lado se encuentran los largos años de estudios de factibilidad técnica y financiera, la adquisición de los permisos y títulos legales de explotación que corresponden a 11 títulos mineros otorgados entre el 2008 y el 2013 pero, de manera paralela, se encuentran los procesos de violencia, las masacres y los asesinatos, para generar el desplazamiento forzado y el despojo de tierras de las comunidades indígenas y campesinas, necesarios para la realización de la explotación minera.


Como sucedió en casi todo el país, la intensa violencia paramilitar que se desató en Colombia de 1996 al 2003, funcionó como una maquinaria para el despojo de tierras y la posterior imposición de grandes megaproyectos. En el Chocó y el Urabá antioqueño la violencia antecedió la imposición de grandes cultivos agroindustriales de banano y palma de aceite, en el bajo Cauca antioqueño la violencia paramilitar antecedió la imposición de la Hidroeléctrica de Ituango, mientras que en Quichía las masacres y los asesinatos antecedieron la imposición del megaproyecto de explotación minera de oro y plata. Para mayo del 2002, el Frente Miraflores del Guáutica, adscrito al Bloque Central Bolívar, comandado por John Fredy Vega Reyes, alias “tiburón”, recorrió las veredas de Quinchía, en una acción paramilitar que dejó como saldo el asesinato de 6 campesinos. Pocos meses después, entre el 22 y el 25 de octubre del 2002, el mismo comando paramilitar asesinó a otras 9 personas por su paso por las veredas del Naranjal, entre ellos perdieron la vida dos indígenas de la comunidad Karambá. Luego del asesinato selectivo de 3 luchadores sociales en el 2003, y del desplazamiento masivo de la zona, la violencia obligó a que la Asociación de Mineros de Miraflores se viera obligada a “ceder” el título minero 010-87m a la Compañía Minera Miraflores, filial de la multinacional METMINCO.


La historia de sangre y despojo que se encuentra detrás de la imposición de la multinacional METMICO está directamente relacionada con la nueva victimización de las comunidades indígenas y campesinas en Quinchía, puesto que la “cesión” de los títulos de explotación minera del 2003, fue un acto ilegal e ilegítimo, no sólo por la violencia paramilitar que presionó tal cesión, sino porque los títulos originales fueron aportes del Gobierno Nacional a la comunidad y no son susceptibles de cesión alguna, por lo que la multinacional ha tenido que utilizar nuevos recursos para presionar el desplazamiento de las comunidades indígenas y campesinas de Quinchía.


La orden de desalojo emitida por la Alcaldía Municipal de Quinchía se debía ejecutar para el 13 de junio del presente año, sin embrago, pese a la militarización de la zona, el desalojo no se concretó, por lo que las 450 familias de campesinos, indígenas y mineros artesanales se encuentran en un permanente estado de zozobra. Pese a sentirse amenazadas las comunidades de Quinchía se encuentran en pie de lucha en defensa del agua y el territorio, reclaman la solidaridad de todas las organizaciones sociales y populares, como de la opinión pública en general para seguir su lucha por su derecho al territorio después de siglos de permanencia.

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Hidroituango. Carta abierta a la Gobernación de Antioquia

Viernes 22 de junio de 2018

 

Dada la incertidumbre de los habitantes del cañón del bajo Cauca en Antioquia afectados por el megaproyecto Hidroituango, el Movimiento Ríos Vivos hace un llamado urgente a Luis Pérez Gutiérrez, Gobernador de este departamento, mediante una carta publicada en el blog Debate Hidroituango.

Asunto: Incumplimiento de acuerdos de diálogo y solución de la problemática de Hidroituango por medio de la Mesa minero energética de Antioquia instalada después de las movilizaciones de comunidades afectadas por este megaproyecto.

En el año 2016, las comunidades afectadas por Hidroituango, organizadas en el Movimiento Ríos Vivos Antioquia, realizamos una movilización en la ciudad de Medellín que originó la promulgación del decreto por el cual se crea la Mesa de diálogo, análisis y búsqueda de soluciones de conflictos originados por la construcción de megaproyectos minero-energéticos en Antioquia. Después de un año de creada la mesa y por medio de presión jurídica, la Gobernación, por fin, la instala y los barequeros, arrieros, agricultores, paleros, areneros, organizaciones de mujeres y jóvenes que estamos articulados al Movimiento Ríos Vivos Antioquia presentamos las afectaciones en el marco de la misma, esperando respuestas concretas por parte de la Gobernación.

Esto nunca ocurrió, por el contrario, esta institución dilató los compromisos adquiridos, estigmatizando y señalando al Movimiento tratándonos de ilegales; desconociendo la Constitución Política de Colombia y la normatividad que permite múltiples formas para organizarnos, especialmente cuando se trata de víctimas del conflicto como es nuestro caso y re-victimizadas por Hidroituango y por la Gobernación de Antioquia.

Como si fuera poco el sufrimiento que tenemos que pasar al ver como caen asesinados nuestros compañeros, la Gobernación de Antioquia se toma la vocería de decir quienes pertenecen y quienes no a nuestro proceso organizativo ¿Desde cuándo es una gobernación o, peor aún, la Policía; los que deciden esto? Esto es propio de las dictaduras en donde imponen a los sujetos cuándo, cómo, para qué, quién y cuándo se organiza. Es importante que nos aclaren en qué tipo de Estado estamos.

Todo lo anterior busca, suponiendo que no vivimos en una dictadura, evadir la responsabilidad que tiene la Gobernación como garante de derechos, pero va más allá: busca deslegitimar nuestra voz para que nuestras denuncias como comunidades afectadas tengan menos eco en la sociedad colombiana, vulnera nuestro derecho a la libertad de asociación, entre otros. Además aumenta el riesgo para los integrantes del Movimiento, es decir, la Gobernación no sólo incumple con su responsabilidad de protegernos sino que además nos pone en mayor riesgo al propiciar con su estigmatización y deslegitimación los ataques en nuestra contra.

Múltiples reuniones y acuerdos incumplidos. Si se hubiese atendido las solicitudes de recorrido y caracterización de la población aguas arriba y aguas abajo de la presa, si se hubiese escuchado las preocupaciones de las comunidades, la tragedia que hoy vivimos sería de menor impacto para la población. Si se hubiese escuchado la preocupación por los cuerpos que hay enterrados en las riberas del río, si la Secretaría de Gobierno hubiese hecho algo cuando se le mostró al Director de Derechos Humanos en la playa El Arenal sector Ciruelar en el mes de febrero los restos óseos humanos; quizás una familia que busca a su ser querido, hoy tendría paz.

Comprobamos recientemente que no sólo no atendieron la crítica situación en relación al riesgo para la vida e integridad física de cientos de personas por la tala de bosque seco tropical; el riesgo para la verdad, la justicia, las garantías de no repetición y el rescate de cuerpos inhumados en el cañón del río Cauca y, por si fuera poco, ni siquiera dieron parte a la Fiscalía de las evidencias con las que cuenta hoy la Gobernación de Antioquia. Situación sin precedentes para un institución que dice estar de lado de las víctimas.

Hoy nos convocan a la Mesa como si nada hubiese pasado, sin concertar la fecha, ni las condiciones, la Secretaria da la orden y nada se puede considerar al respecto. La forma de diálogo que le sirve a la Secretaría es bajo la imposición y cuando por la contundencia de nuestros argumentos se logra concertar, entonces ella decide incumplir los acuerdos. De nuevo, Colombia parece más una dictadura que un Estado social de derecho.

Señor Gobernador, le ponemos en conocimiento esta situación para que sea corregida de manera urgente, con la esperanza de que la Secretaría de Gobierno no actúe de manera aislada. Le comunicamos que ante su compromiso en Valdivia con nosotros –hace más de un mes– de darnos participación en el PMU, nos respondieron que usted no decide en este espacio. Aún esperamos la reunión con usted, pues el irrespeto de la Secretaría de Gobierno hacia el proceso y los incumplimientos reiterativos son prueba de su falta de interés por dar soluciones a las comunidades afectadas por Hidroituango y que son representadas por el Movimiento Ríos Vivos Antioquia.

Así mismo, Señor Gobernador, la situación de incertidumbre, de crisis de las familias que lo perdieron todo, de cientos de familias que no han podido regresar a trabajar al río Cauca, de los auto-albergues; del destierro que ha significado Hidroituango, crece todos los días. Poco ha hecho Empresas Públicas de Medellín (EPM) aguas abajo y nada aguas arriba. Le pedimos que usted atienda al pueblo de Antioquia de manera urgente que esta sufriendo a causa de esta obra de destrucción.

Más que reuniones, necesitamos soluciones ¿Cuándo llegan las ayudas humanitarias como alimentos, elementos de aseo, colchonetas, cobijas, entre otros, a Ituango y Sabanalarga? ¿Cuándo inicia la restitución de los medios de vida para las familias articuladas en el Movimiento Ríos Vivos Antioquia? ¿Hacia cuáles tierras iremos a reiniciar nuestro proyecto de vida; las familias que lo perdimos todo con el represamiento irregular e ilegal del río aguas arriba y con la creciente provocada por EPM aguas debajo de la presa? ¿Cuándo terminará la angustia? ¿Cuándo sabremos la verdad de lo ocurrido? ¿Cuándo nos permitirán participar en la toma de decisiones que nos afectan? Esperamos cuanto antes su respuesta.

 

Atentamente,

 

Comunidades afectadas por Hidroituango organizadas en el Movimiento Ríos Vivos Antioquia

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