El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, saluda después de una conferencia de prensa el 6 de junio de 2021. REUTERS / Jose CabezasJOSE CABEZAS / Reuters

El Fondo Monetario Internacional alerta de los riesgos que surgen a partir de que El Salvador ponga en marcha legislación que obliga al uso de Bitcoin como moneda nacional

 

Tres días después de que el Congreso de El Salvador aprobase el uso oficial y obligatorio de la criptomoneda bitcoin en el país centroamericano, el Fondo Monetario Internacional alertó de los riesgos y aseguró que “en este contexto” el equipo del Fondo se reunirá con el presidente Nayib Bukele el jueves. “La adopción del Bitcoin como moneda genera una serie de cuestiones macroeconómicas, financieras y legales que requieren un análisis muy cuidadoso”, dijo Gerry Rice, portavoz del Fondo Monetario Internacional (FMI), en conferencia de prensa.

El Gobierno de El Salvador está buscando la aprobación de un préstamo para invertir en lo que considera una “oportunidad de oro” para que el país impulse su economía al salir de la pandemia. El monto y la duración se negocia entre las partes y ese proceso se está llevando a cabo actualmente, señaló Rice. En medio del proceso, Bukele envió al Congreso el fin de semana pasado una propuesta de ley que obliga al país a ofrecer bitcoin como forma de pago y a bancos a canjear deuda en dólares, la moneda que usa el país, por deuda en bitcoin, una criptomoneda sin regulación ni autoridad centralizada. Estados Unidos tiene la mayor participación de decisión en el FMI y la Casa Blanca ha alertado de los riesgos de ciberseguridad y confiabilidad de las criptomonedas.

 “La adopción del Bitcoin como moneda de curso legal plantea una serie de cuestiones macroeconómicas financieras y legales que requieren un análisis muy cuidadoso”, dijo Rice. “Estamos siguiendo de cerca los desarrollos y continuaremos la consulta con las autoridades. En ese contexto, puedo decirles que el equipo del FMI se reunirá con el presidente de el salvador hoy”.

“Lo que hemos dicho en general es que los activos cripto pueden traer riesgos significativos”, por lo que sugirió que debería haber “medidas efectivas de regulación”, agregó Rice.

Bukele anunció la propuesta el sábado en una conferencia sobre bitcoin, la criptomoneda mejor establecida en el mercado, cuyos precios se han disparado durante la pandemia de la covid-19 por ofrecer atractivos rendimientos. La moneda virtual no tiene un banco emisor central, como lo tienen la mayoría de los países y es, en muchas ocasiones, imposible de rastrear, por lo que se utiliza como moneda para cobrar rescate en casos de ciberataques.

 Por Isabella Cota

México - 10 jun 2021 - 13:12 COT

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Diputados votan la ley Bitcoin durante la sesión del martes en la Asamblea Legislativa de El Salvador. — Miguel Lemus / EFE

La Ley Bitcoin tiene como objeto la regulación del Bitcoin como moneda de curso legal, ilimitado en cualquier transacción y a cualquier título que las personas naturales o jurídicas públicas, o privadas requieran realizar.

 

La Asamblea Legislativa de El Salvador, de mayoría oficialista, aprobó el martes la Ley Bitcoin, que permitirá el curso legal de dicha criptomoneda, con lo que el país centroamericano se convierte en el primero en el mundo en reconocer este criptoactivo como una moneda legal de intercambio.

La iniciativa, que solo establece el curso legal del bitcoin y no de otras criptomonedas ni de los proyectos subyacentes, fue aprobada con los votos de 62 diputados de los 84 en el Parlamento y entrará en vigencia 90 días después de su publicación en el Diario Oficial. La medida no contó con los votos de 19 diputados, 14 parlamentarios de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha), 4 del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Arena, derecha) y uno del diputado Johnny Wright de Nuestro Tiempo, todos partidos opositores.

De acuerdo con el decreto, la ley tiene como objeto la regulación del Bitcoin como moneda de curso legal, ilimitado en cualquier transacción y a cualquier título que las personas naturales o jurídicas públicas, o privadas requieran realizar. La normativa, que fue dada a conocer por el presidente Nayib Bukele a través de Twitter, fue introducida a la sesión del Parlamento sin mayor discusión legislativa.

La ley establece que el cambio entre el bitcoin y el dólar estará establecido "libremente por el mercado" y no estará sujeta a impuestos sobre las ganancias de capital al igual que cualquier moneda de curso legal. Los usuarios de bitcoin lo utilizan principalmente como un refugio de valor a largo plazo a la espera de que su precio suba a lo largo del tiempo.

La legislación también indica que todo agente económico beberá aceptar el bitcoin como forma de pago "cuando así le sea ofrecido por quien adquiere un bien o servicio" y que el órgano Ejecutivo creará la estructura institucional necesaria para la circulación de la criptomoneda, de acuerdo a lo establecido en la ley.

"Mecanismo monetario volátil"

El diputado opositor Rodrigo Ávila señaló durante su intervención en el pleno que el bitcoin es "un mecanismo monetario volátil y su uso genera una situación grave si no se toman las medidas pertinentes". También señaló que en "varios" países se ha prohíbido el uso de criptomonedas, en especial el bitcoin, y en "otros" se ha alertado sobre el uso específico del bitcoin. Agregó que el bitcoin "se permite en varios países pero no ha sido oficializado como moneda de curso legal, lo que sí se está haciendo aquí sin un mayor análisis, ni la discusión debida".

Sin embargo, el presidente Bukele señaló en su Twitter que "la #LeyBitcoin es ambiciosa, pero sencilla, además está bien estructurada para que tenga riesgo 0 (cero) para quienes no quieran asumir riesgos". Apuntó que "el Gobierno garantizará la convertibilidad al valor exacto en dólares al momento de cada transacción".

"A su vez, traerá inclusión financiera, inversión, turismo, innovación y desarrollo económico para nuestro país (...) que nadie nos diga que somos muy pequeños para ser grandes", agregó.

El órgano Ejecutivo deberá crear el reglamento que rija la aplicación de la ley, por lo que se espera que en está queden aclarados algunos elementos que no explica la legislación, como la "convertibilidad automática e instantánea" de bitcoin a dólar. El Salvador se convierte así en el primer país del mundo en reconocer el bitcoin como una moneda legal de intercambio.

09/06/2021 09:38 Actualizado: 09/06/2021 09:58

EFE

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  El rapero Toni Mejías, autor de 'Hambre. Mi historia frente al espejo'. — Natalia Vázquez / Aguilar

Toni Mejías, miembro del grupo de rap Los Chikos del Maíz, publica Hambre. Mi historia frente al espejo (Aguilar), un libro duro en el que desgrana los pormenores de su lucha por superar la anorexia. Un relato íntimo que rompe tabúes y ahonda en cuestiones acuciantes como la omnipresencia de las redes, el culto a la imagen o la velocidad de lo cotidiano. 

¿Cuándo se da cuenta de que tiene un problema serio?

Notaba que el cuerpo me mandaba señales. Me sentía más cansado de lo normal y sentía dolor en las articulaciones al realizar esfuerzos ligeros. Algo no iba bien hasta que una amiga vallecana, que es médico, intuyó lo que me estaba sucediendo y me dijo que tenía que hacer algo, que lo que me pasaba se llamaba anorexia. Nunca pensé que sufría una enfermedad mental. Aquello fue un punto de inflexión, sentí que se me estaba yendo de las manos y me puse en manos de una psicóloga y una endocrina.

¿Hasta qué punto le pudo la presión social?

Esta presión yo ya la sentía antes. Recuerdo que cuando estaba rellenito ciertos comentarios a los videoclips iban dirigidos a mi forma física. Pero el problema no son sólo los comentarios ofensivos, también influyen los positivos. Cuando empecé a perder peso y sentí que por primera vez aceptaba mi cuerpo, noté que a la gente le gustaba lo que veía, de repente sus comentarios pasaron a ser positivos, de aceptación, lo que de algún modo me inducía a pensar que perder peso era la solución. 

Vivimos sometidos a la dictadura de las redes y al culto a la imagen. ¿Tuvo también algo que ver?

La redes sociales han potenciado el culto al cuerpo. Y si eres una figura semi pública mucho más. Parece que siempre tenemos que vender una imagen de perfección y felicidad que no existe, que es irreal. La mayoría de las personas no cumplimos con los cánones de belleza, y mucho menos con los sueños que teníamos de niños. Es terrible que tengamos esa presión social detrás, ese mantra de que si te esfuerzas tendrás éxito. También hace mucho daño la eficiencia, el que no tengamos derecho a aburrirnos, el que constantemente tengamos que estar haciendo cosas útiles. Nuestro ritmo de vida es frenético; si no frenamos, mucha gente se quedará por el camino.

Nos hemos convertido en responsables de nuestra propia marca... 

Da igual si eres músico o periodista, ahora también eres publicista. Tienes que comunicar en todo momento lo que haces, es algo terrible y es una parte que odio de las redes pero a la que no puedo renunciar porque es una herramienta para dar a conocer mi trabajo. Es agotador y no creo que sea positivo, al final esa dependencia de las redes hace que supeditemos lo viral a los contenidos de calidad.

¿Fue terapéutico escribir 'Hambre'?

El proceso de escritura fue parte de mi terapia. No fue una exigencia de mi psicóloga, pero en cierto modo consideré que me podría ser útil. Sentía que me ayudaba a situarme, a ver qué había aprendido y en qué seguía perdido. Mi formación como periodista me permitió darle un estilo claro y cuando la psicóloga me dijo que podía caminar sólo, pensé que estos textos podían servir para algo. 

¿Qué tal es su relación hoy día con la comida?

Todo lo que ingiero lo analizo al detalle. Es una pelea constante; comer sin sentirme mal. Cuando termina el día y me voy a la cama sé perfectamente las calorías que he consumido durante el día. Para mí comer fuera de casa es algo muy difícil, enfrentarme a un menú de un bar de carretera cuando voy de gira se me hace un mundo. Pero he aprendido que tengo que comer, cada día es una batalla pero al menos ahora consigo ganarlas.

Del tono beligerante de sus letras al confesional y frágil de este ensayo. ¿Le ha costado cambiar de registro? 

Lo llevo bien. Siento que la persona que escribe Hambre tampoco es tan distinta de la persona que se sube al escenario. Lo que sucede es que el formato condiciona el mensaje, para mí el escenario es un lugar en el que tiene cabida un discurso más político. También es cierto que el escenario me permite esconder una parte de mí, como el miedo al error y al ridículo, las inseguridades, la ansiedad previa, incluso algún que otro ataque de pánico. Todo eso no aparece bajo los focos. 

¿Cómo cree que será recibido este libro entre sus seguidores?, ¿teme que alguien le mande al psicólogo?

Yo creo que esa idea del macho alfa está remitiendo, al menos es algo que percibo entre la gente de izquierda que nos escucha. Siento que un libro como Hambre les puede ayudar a mostrar esa vulnerabilidad, por suerte estamos dejando atrás a ese hombre de palillo en la boca y carajillo en la barra. Es importante abrir el debate sobre la salud mental y reflexionar juntos sobre la vulnerabilidad y la derrota. 

¿Siente vértigo o pudor?, ¿cómo lleva lo de publicar sobre algo tan íntimo como una enfermedad mental?

No me lo planteé mucho, si te soy honesto. Tan sólo me pregunté si iba a hacerme daño publicar esto, pensé que si podía ayudar a otras personas habría valido la pena. Además, parece que de repente la salud mental ha irrumpido en el tablero político, incluso en el periodístico. Esto en cierto modo me ha quitado un poco de peso, me ha hecho ver que no soy el único que ha pasado por una enfermedad de estas características. Me siento contento de poder poner mi grano de arena, si este libro ayuda a alguien a reconocer que tiene un problema, con eso me basta. En este país parece que hablar de ellos nos hace débiles, y que los débiles no sirven en este sistema.

07/06/2021 22:36

Juan Losa@jotalosa

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Una pancarta con la frase "Aceptamos el bitcóin, libre, rápido y sin contagios" en una cafetería en una playa, La Libertad, El Salvador, el 25 de abril de 2021Jose Cabezas / Reuters

El presidente salvadoreño anunció este sábado que planea convertir a su país en el primer Estado en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal en su territorio.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, enumeró este domingo las ventajas de la vida en El Salvador, un día después de anunciar sus planes para convertir a su país en el primer Estado en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal en su territorio.

Como primer punto en la lista, el mandatario mencionó "buen tiempo, playas para hacer surf de clase mundial, propiedades frente a la playa en venta". Además, destacó a través de su cuenta en Twitter que El Salvador es "uno de los pocos países en el mundo sin impuestos a la propiedad".

Otros dos puntos en la lista están relacionados con la intención de las autoridades de usar al bitcóin como moneda de curso legal. De esta manera, Bukele reiteró que no habrá "impuestos sobre la ganancia de capital para el bitcóin", ya que será una moneda legal en el país, mientras los criptoemprendedores podrán contar con "la residencia permanente inmediata".

El presidente señaló este sábado que la próxima semana enviará al Congreso un proyecto de ley para darle al bitcóin un nuevo estatus. "A corto plazo, esto generará empleos y ayudará a proporcionar la inclusión financiera de miles [de personas] fuera de la economía formal", indicó.

Publicado: 7 jun 2021 01:32 GMT

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Las autoridades italianas localizan un cargamento de Captagon. Ciro Fusco/EFE

Siria se ha convertido en epicentro mundial de producción de fenetilina de una marca llamada Captagon y su comercio empieza a tener peso en el PIB de una economía dañada por la guerra

 

En el verano de 2015, un poderoso cargo de seguridad abordó a un empresario de la provincia siria de Latakia para pedirle un favor. Quería que el comerciante, un importador de suministros médicos, obtuviera grandes cantidades del extranjero de un medicamento llamado fenetilina. El régimen, dijo, estaría dispuesto a comprar el lote.

Tras una búsqueda en Internet, el comerciante tomó una decisión. Sacó a su mujer y a sus hijos del país y esa misma semana abandonó su casa y obtuvo lo que pudo de sus empresas para empezar desde cero en otro país. "Sé lo que me pedían", afirma desde su nuevo hogar en París. "Querían el ingrediente principal del Captagon. Y esa droga es un negocio turbio".

Otros empresarios del norte de Siria no han tenido tantas reservas morales. La fabricación de Captagon en el corazón del régimen se ha convertido en uno de los únicos éxitos empresariales recientes de Siria; una industria en crecimiento tan grande y sofisticada que está empezando a rivalizar con el Producto Interior Bruto (PIB) de la maltrecha economía nacional.

Desde un país en ruinas y el también desastroso colapso al otro lado de la frontera, en Líbano –donde a finales de abril oficiales saudíes encontraron un cargamento de Captagon escondido en granadas y exportado desde Beirut–, se está imponiendo una realidad: ambos países se están convirtiendo rápidamente en narco-Estados, si es que no encajan ya en esa definición.

La cocaína de los pobres

Antes de la incautación en abril de millones de pastillas de Captagon, lo que llevó a Arabia Saudí a prohibir todas las importaciones agrícolas procedentes del Líbano, en los últimos dos años se habían interceptado al menos otros 15 envíos de esta droga en Oriente Medio y Europa.

Seis agentes de policía y de los servicios de inteligencia de Oriente Próximo y Europa han declarado a The Guardian que todos fueron enviados desde el epicentro del Captagon en Siria o a través de la frontera del Líbano, donde una red de intocables –familias del crimen, líderes de milicias y dirigentes políticos– han formado cárteles transfronterizos que fabrican y distribuyen cantidades de droga a escala industrial.

Captagon es uno de los varios nombres de marca del compuesto farmacológico clorhidrato de fenetilina. Se trata de un estimulante con propiedades adictivas que se utiliza con fines recreativos en todo Oriente Medio y que a veces se denomina "la cocaína de los pobres". También es utilizada por grupos armados y fuerzas regulares en situaciones de combate, ya que se considera que tiene propiedades que aumentan el coraje y adormecen los miedos.

A todos los efectos, la frontera entre ambos países se difumina; una zona sin ley donde los traficantes operan con la complicidad de los funcionarios de ambos lados. Los traficantes mueven materia prima y productos acabados, tanto hachís como Captagon, a lo largo de una ruta que pasa por el valle libanés de la Bekaa, la ciudad fronteriza siria de Qusayr y las carreteras hacia el norte a través del corazón alauita del Gobierno de Asad, hacia los puertos de Latakia y Tartus.

El simil con el cártel de Sinaloa

Latakia ha estado bajo el intenso escrutinio de las agencias de policía e inteligencia europeas y estadounidenses. Samer al-Asad, primo del líder sirio Bashar al-Asad, es una figura influyente en el puerto. Según el comerciante exiliado y otros tres empresarios de Latakia, todo aquel que quiera operar debe pagar una importante tajada de los ingresos a cambio del acceso a las redes y la protección.

A pesar del escrutinio sobre el puerto, se han realizado pocas incautaciones en origen. En cambio, la lista de incautaciones desde 2019 compite con el apogeo del cártel de Sinaloa de México por su escala y eficiencia.

Entre estas incautaciones están cinco toneladas de pastillas de Captagon encontradas en Grecia en julio de 2019, dos alijos similares en Dubái en los meses siguientes y cuatro toneladas de hachís descubiertas en la ciudad egipcia de Port Said en abril de 2020, envueltas en el embalaje de la empresa Milkman. En ese momento la empresa era propiedad del magnate del régimen Rami Makhlouf.

También hubo un envío de Captagon a Arabia Saudí oculto en hojas de té, así como incautaciones en Rumanía, Jordania, Bahréin y Turquía. En julio del año pasado se interceptó en el puerto italiano de Salerno el mayor alijo de la historia de esta droga, con un valor en el mercado de más de 1.000 millones de euros, que se cree que estaba destinado a ser un punto de paso en la ruta hacia Dubai.

El cargamento estaba oculto en rollos de papel y maquinaria enviados desde una imprenta de Alepo y los funcionarios italianos atribuyeron inicialmente la importación al grupo terrorista Estado Islámico. En diciembre pasado, la autoría se atribuyó a la poderosa milicia libanesa Hezbolá. Ellos niegan su implicación y afirman que no tienen nada que ver con el comercio regional y mundial de Captagon, que se está asociando rápidamente con los dos países fallidos.

Siria, "epicentro mundial de la producción de Captagon"

La organización Centre for Operational Analysis and Research, que se centra en Siria, publicó recientemente un informe en el que destaca el papel del Captagon y el hachís en el país, cuya economía se ha visto paralizada por una década de guerra, las sanciones de Occidente, la corrupción arraigada y el colapso del Líbano, donde miles de millones de dólares han desaparecido en el pozo del sistema bancario del país.

"Siria es un narco-Estado con la presencia de dos drogas mayoritarias: el hachís y el estimulante de tipo anfetamínico Captagon", dice el informe. "Siria es el epicentro mundial de la producción de Captagon, que ahora está más industrializado, adaptado y técnicamente sofisticado que nunca.

"En 2020 las exportaciones de Captagon desde Siria alcanzaron un valor de mercado de al menos 3.460 millones de dólares. Aunque se trata de una conjetura, es posible que el techo del mercado sea mucho más alto. Aunque el tráfico de Captagon fue en su día una de las vías de financiación utilizadas por los grupos armados de la oposición, la consolidación del control territorial ha permitido al Gobierno de Asad y a sus principales aliados regionales consolidar su papel como principales beneficiarios del comercio de estupefacientes en Siria".

Un exinfiltrado del régimen en el exilio y que mantiene conexiones con algunos funcionarios dentro del país, afirma que "la guerra en Siria no solo ha causado la muerte de cientos de miles de personas, más de seis millones de refugiados, ocho millones de desplazados internos, alrededor de un millón de heridos y la destrucción total de pueblos y ciudades, sino que también ha provocado un colapso total de la economía tras la crisis bancaria libanesa, la pandemia y una ley de Estados Unidos que fija sanciones. Todo ello ha convertido al país oficialmente en un narco-Estado, con unos pocos empresarios próximos al régimen y señores de la guerra convertidos en señores de la droga".

"Al principio del conflicto, un dólar equivalía a 50 libras sirias. El tipo de cambio bajó, pero logró mantenerse en 500-600 libras sirias a lo largo de ocho años de guerra, hasta que comenzó la crisis libanesa en 2019. Entonces empezamos a ver el colapso total de ambas divisas simultáneamente, lo que demuestra lo interconectadas que están. El Líbano había estado actuando como el respirador de Siria. Y de repente perdió su suministro de oxígeno", dice.

Varios meses después de que el comerciante de Latakia huyera de Siria, un visitante llegó al Líbano en un jet privado procedente de Arabia Saudí. Era el príncipe Abdulmohsen bin Abdulaziz al-Saud, un miembro de la familia real, que entonces tenía unos 20 años. Cuando el príncipe se preparaba para volar a casa, el 26 de octubre de 2015, fue detenido, supuestamente con dos toneladas de pastillas de Captagon en su equipaje.

Durante los siguientes cuatro años estuvo recluido en una habitación situada encima de una comisaría de policía en el barrio de Hamra, en Beirut, donde recibió más prebendas que otros presos, mientras continuaban las negociaciones para su liberación.

Según un miembro de los servicios de inteligencia libaneses, "Hezbolá le tendió una trampa". "Cayó en una trampa y a Riad le llevó mucho tiempo liberarlo porque la gente de aquí quería una compensación. El Estado no estaba involucrado. Todo se hizo para que desapareciera. Se pagó a la gente adecuada y se fue a casa en 2019. El captagon tiene un gran poder para conseguir cosas".

Por Martin Chulov

30 de mayo de 2021 21:47h

Traducido por Emma Reverter

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Financial Times: Nestlé admite que la mayoría de sus productos no son saludables

La multinacional asegura que está trabajando para mejorar la calidad de sus productos, pero algunos expertos dudan sobre esas promesas.

 

La multinacional suiza de alimentos y bebidas Nestlé admitió que la mayoría de sus productos no son saludables, y que algunos de ellos nunca podrán considerarse saludables sin importar cuánto renueven, informa el diario Financial Times citando documentos internos de la compañía a los que ha tenido acceso el medio.

Según el periódico, el documento se preparó a principios de este año y se distribuyó entre los altos ejecutivos de la empresa. En él se indica que solo el 37% de los alimentos y bebidas producidos por Nestlé lograron una calificación superior a 3,5 puntos en un sistema de calificación australiano con un puntaje máximo de 5 estrellas, que es utilizado por expertos del sector en todo el mundo. De esos productos se excluyen alimentos para bebés, para personas con ciertas condiciones médicas, para mascotas y el café puro.

Dentro de la cartera general de alimentos y bebidas de la multinacional suiza, alrededor del 70% no logró las 3,5 estrellas necesarias para alcanzar una "definición reconocida de salud". De ellos, el 96% de las bebidas y el 99% de los productos del segmento de confitería y helados no alcanzaron los 3,5 puntos. Sin embargo, el 82% de las aguas minerales y el 60% de los lácteos obtuvieron un puntaje superior a dicha cifra.

"Generar dinero lo más rápido y en la mayor cantidad posible"

"Hemos realizado mejoras significativas en nuestros productos, [pero] nuestra cartera aún tiene un desempeño inferior al de las definiciones externas de salud en un panorama donde la presión regulatoria y las demandas de los consumidores se están disparando", destacó el documento de Nestlé. La empresa asegura estar trabajando para que sus productos ayuden a satisfacer las necesidades nutricionales de los consumidores y fomenten una dieta equilibrada.

Por su parte, una experta en nutrición citada por Financial Times considera que los esfuerzos de esa y otras compañías del sector difícilmente podrán concretarse. "El trabajo de las empresas de alimentos es generar dinero para los accionistas y generarlo lo más rápido y en la mayor cantidad posible. Van a vender productos [comida chatarra] que lleguen a una audiencia masiva y sean comprados por tantas personas como sea posible", dijo Marion Nestle, profesora de la Universidad de Cornell, en EE.UU.

Publicado: 31 may 2021 13:22 GMT

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Fuentes: El salto [Foto: Quinn Slobodian, historiador canadiense. © Tony Luong 2021]

Entrevista a Quinn Slobodian

El historiador canadiense Quinn Slobodian publica un recorrido por la historia del globalismo neoliberal y su uso de los Estados y las instituciones para proteger al libre mercado de la democracia.

“Quien solo sepa de economía no puede ser un buen economista”, dijo Frederick Hayek en su libro Economía, ciencia y políticas de 1962. Lo expresó en el momento en el que la corriente neoliberal de la Escuela de Ginebra seducía a gran parte de la corriente económica ortodoxa con la idea de que se necesita abordar el libre comercio y las teorías liberales desde un punto de vista político y jurídico. Cuando los neoliberales comenzaron a poner cada vez más en funcionamiento un mundo partido entre Estados y mercados, donde los primeros servirían para salvaguardar el buen funcionamiento de los segundos. Donde la economía de mercado estaría por encima de la democracia. Y, viendo el panorama actual, no parece que les haya ido muy mal.

La cita de Hayek es una de las muchas que recoge el extenso trabajo del historiador canadiense y profesor en la Wellesley College Quinn Slobodian y que se ha materializado en el libro Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo (Capitán Swing, 2021). Una historia que arranca hace 100 años, cuando caían los antiguos imperios y las guerras mundiales, los procesos de descolonización y los repliegues nacionales ponían en peligro el sueño de un libre comercio globalizado sin las ataduras de las barreras comerciales y las medidas proteccionistas.

Con su particular visión histórica de la corriente intelectual más influyente en nuestra vida cotidiana, Slobodian analiza el desarrollo conceptual de las ideas neoliberales hoy en día, el cisma que está sufriendo dicha corriente, el aparente giro keynesiano de los gobiernos más importantes del planeta o el futuro de un neoliberalismo que parece perder la batalla en los niveles más altos de la estructura social y política, pero que se vuelve más violento con las capas bajas de la población.

No sé si en Canadá o los Estados Unidos ocurre, pero en España, cuando yo uso el concepto “neoliberal” en redes sociales no tarda mucho en aparecer un trol que me dice que ese concepto lo inventó la izquierda. Pero tu libro explica lo contrario. ¿Qué le dirías o cómo le resumirías eso a esa gente? ¿Cómo les explicarías lo que es el neoliberalismo?

Yo siempre empiezo diciendo que el término se ha utilizado de muchas maneras diferentes. Por lo que es comprensible y justificable estar confundido por una gran cantidad de definiciones que conflictúan entre sí. Para mí, hay tres formas principales en la que se utiliza el término. Se utiliza para describir una especie de época de la historia global, más o menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Se dice que estamos en la era neoliberal. Luego se utiliza para describir una especie de relación que la gente tiene con el resto, eso de ‘los empresarios hechos a sí mismos’, de la gestión de activos para ser maximizados en el mercado, etc.

El neoliberalismo se trata realmente de un número limitado de personas que tienen un número limitado de conversaciones, pero durante muchas décadas y con una fuerte consistencia en su argumentario

Pero en tercer lugar, también se utiliza para describir un tipo de movimiento intelectual bastante discreto con un número limitado de personas involucradas y que comenzó en la década de 1930, a través de un acto en el que buscaron su autodefinición y lo hicieron como ‘neoliberal’. Un movimiento que sigue hoy en día, 70 años después. Mi definición de neoliberal está limitada a esta tercera. Uso el término para describir una ideología desarrollada por un conjunto de pensadores dentro de contextos específicos, pero que son contextos importantes. Y creo que al señalar que, en 1938, este grupo de personas se reunió y se describió a sí mismo como neoliberales, puede que sea buen punto de partida para que la gente comience a pensar “de acuerdo, tal vez hay algo más de sustancia aquí”. El hecho de que dejaran de llamarse neoliberales en los años 50 confunde un poco las cosas, por supuesto. Pero luego, en los últimos años, ha habido una mayor disposición de este mismo grupo de personas para volver a utilizar el término neoliberal para describirse a sí mismos. Y en Alemania, de hecho, no es tan inusual que la gente que está involucrada en discusiones ordoliberales y de economía social de mercado se llamen a sí mismos neoliberales. No es tan tóxico ni se le coloca una bandera roja como lo es en otros contextos lingüísticos.

Esa es mi forma de abordarlo normalmente, es decir, no es una teoría de todo, no es una afirmación sobre la historia del mundo o una supuesta nueva actitud que tenemos hacia nosotros mismos. El neoliberalismo se trata realmente de un número limitado de personas que tienen un número limitado de conversaciones, pero durante muchas décadas y con una fuerte consistencia en su argumentario.

Otro de esos términos muy utilizado por los neoliberales es “libertad”. En las recientes elecciones de la Comunidad de Madrid, el partido de la derecha conservadora ha usado el eslogan “Comunismo o Libertad”. ¿A qué se refiere un neoliberal cuando hablan de libertad?

Buena pregunta… Creo que aquí es útil distinguir entre las principales escuelas de pensamiento dentro del neoliberalismo. Las escuelas de pensamiento reconocidas son la Escuela de Chicago, principalmente alrededor de Milton Friedman y Gary Becker, la escuela de Friburgo, alrededor de Walter Eucken, y luego también tienes la Escuela Austriaca alrededor de Friedrich Hayek y Ludwig von Mises. En mi libro introduzco la idea de una Escuela de Ginebra, que se interesa sobre todo por las ideas de orden internacional y economía mundial. Así que la respuesta a lo que significa la libertad para cada una de ellas puede ser un poco diferente.

Para los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado

Creo que lo interesante de Hayek es lo explícito que es con lo que significa la libertad cuando dice que la libertad es una especie de libertad estructurada, en el sentido de que somos libres de responder a las fuerzas y señales del mercado. Y la libertad la define así: por responder correctamente a la forma en que se nos empuja a actuar dentro del mercado. Hayek utiliza el ejemplo de una hoja en la rama de un árbol que se mueve según el viento en una tormenta. Y ese espacio que tiene la hoja es su libertad. Tiene libertad de moverse con las fuerzas del viento que la está empujando. Así que la libertad siempre está supeditada a que un sistema más amplio se reproduzca de manera que aproveche partes de la vida humana que, previamente, son absorbidas por el mercado. Así que creo que, para todos los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado. Así que, para los neoliberales, libertad y la mercantilización no son opuestas, en realidad son una especie de sinónimos de la misma cosa. Para experimentar la libertad, tenemos que hacerlo dentro de un espacio de intercambio monetario. Y eso es muy diferente de la forma en que otras personas piensan en la libertad, en particular lo que defienden los socialistas.

Para los neoliberales, la libertad es poder poner un precio a todo, que haya libertad para más intercambio, que se puedan cubrir más aspectos de la vida mediante transacciones del mercado. Y en cierto modo y visto desde su argumentación, tiene sentido. Porque para ellos, el mercado permite el anonimato, permite la equiparación, la entrada de cualquier en ese mercado. También dicen que ello permite romper con las jerarquías del patriarcado, la tradición o la opresión religiosa. Piensan que el mercado es el lugar donde escapamos de estas cosas que son parte de la vida tradicional. Y, al mismo tiempo, dicen que ese mercado en sí mismo no es algo que existe solo para el individuo, sino que siempre requiere de una especie de sistema más grande. Y, de hecho, creo que este es el punto clave para entender el neoliberalismo como una filosofía del individualismo. Porque el punto clave del neoliberalismo es que si quieres un sistema basado en el individualismo, entonces necesitas diseñar un sistema dentro del cual el individuo pueda ser libre. Así que el liberalismo se convierte en ese proyecto de diseñar leyes y diseñar Estados de tal manera que los individuos puedan actuar de manera mercantil pero con mínimas restricciones.

En tu libro hablas mucho sobre ese diseño del Estado, sobre el equilibrio entre Estado y mercado que buscaron esos primeros ideólogos del neoliberalismo. ¿Cuál crees que es el equilibrio que buscan los neoliberales en la actualidad?

No sé si lo describiría como un equilibrio, porque eso implica que esas partes estén de alguna manera estructuralmente separadas, ambas iguales pero separadas o que tengan un estatus autónomo en sí mismas, pero yo no lo veo así, ni creo que lo hagan los neoliberales. La idea que defienden es que los mercados no están liberados de la supervisión del Estado, los mercados sólo son posibles a través de la regulación del Estado, la protección del Estado y la producción de ciertos resultados en lugar de otros. Así que creo que lo que puede parecer en su propia retórica como un equilibrio, una armonía o una especie de separación de esferas, es en realidad algo muy diferente. Es un Estado que está constantemente vigilando, supervisando y reproduciendo espacios de actividad de mercado y de intercambio de mercado. Y la ley trabaja para proteger los activos. Para protegerlos de la expropiación de otras partes del Estado a través de los impuestos. Así que el Estado es cómplice cotidiano de la racionalidad neoliberal y esto no es algo en lo que se haya dado ni un paso atrás.

Las campanas de alarma para los neoliberales es siempre ese ‘¡que viene la inflación!”, sin importarles lo más mínimo lo que realmente está sucediendo en los mercados

Así que creo que la actualidad es un momento fascinante para este movimiento intelectual neoliberal, porque están experimentando un verdadero cisma, están experimentando una verdadera división. Entienden que no son populares en este momento. Entienden que están bajo la amenaza de nuevas formas de utilizar el Estado de manera diferente a la forma en que quieren utilizarlo ellos.

Están respondiendo básicamente de dos maneras diferentes. La primera forma de responder es decir que el Estado debe simplemente atenerse a las reglas que dice seguir. Por ejemplo vemos que ocurre esto con el Banco Central Europeo y la gestión del euro. Para la mayoría de nosotros, miramos la crisis de la eurozona y parece que el BCE actuó de forma demasiado disciplinada con respecto a Grecia especialmente, pero también con otros países, incluyendo España. Para los neoliberales, el BCE fue demasiado débil y demasiado pasivo en su tratamiento de los países del sur de Europa. Y al rescatar, entre comillas, a los prestamistas alemanes en lugares como Grecia, en realidad rompieron sus propias reglas, rompieron su propio mandato. Y se produce este nuevo mundo de tasas de interés cero, de la flexibilización cuantitativa, y siguen alarmando, contra toda evidencia, que inevitablemente conducirá a la inflación. Las campanas de alarma para los neoliberales es siempre ese ‘¡que viene la inflación!”, sin importarles lo más mínimo lo que realmente está sucediendo en los mercados. 

Por lo que hay un lado de los liberales que su respuesta se centra en cómo el Estado solo necesita tomar más medidas y que los bancos necesitan seguir sus propias reglas. Quieren que haya un límite de déficit que se mantenga, incluso para Alemania y Francia. Y por eso se oponen a los fondos de estabilización y todo lo relacionado con la respuesta al coronavirus. Piensan que el Estado solo tiene que cumplir con sus propios principios y que el Tratado de Maastricht tiene que ser seguido al pie de la letra.

Los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande

Todo esto es lo que piensa una parte del movimiento liberal. La otra ala básicamente lo que dice es que este proyecto de crecimiento y escalabilidad, ese experimento de ampliación, ha fracasado. El movimiento hacía lo supranacional al que me refiero en el libro, la idea de que puedes encerrar a los Estados nacionales haciéndoles firmar tratados en Bruselas o Frankfurt, se ha demostrado que es un error, que los gobiernos nunca siguen realmente las reglas. Y estos gobiernos estatales supranacionales o entidades supranacionales se convertirán en otra cosa pasado un tiempo. Así que los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande. Así que la opción más popular en este momento para algunos de los liberales es salir de estas instituciones supranacionales.

La principal oposición en Alemania a los gastos de la UE es la gente que fundó el partido AfD. Son los que están presentando demandas ante el Tribunal Constitucional para evitar que Alemania participe en el gasto expansivo de Frankfurt y Bruselas, y además quieren volver al marco alemán. Quieren volver a controlar sus propias fronteras. Y esa es la solución más popular ahora mismo entre los intelectuales neoliberales, desconectar el movimiento supranacional, volver a la nación y usar eso como base para gestionar el capitalismo y fomentar la competencia. Hacer que se compita entre Estados para bajar los impuestos y salarios. Ven que esta opción es mejor que la ampliación supranacional, donde sólo produce más hinchazón burocrática y, tal vez, un cambio político hacia la izquierda.

Entonces crees que ese punto es en el que las élites nacionales se empiezan a convertir en nacionalistas. Yo creo que ese punto también es en el que ese nacionalismo de las élites se convierte o mezcla con las ideas de extrema derecha y empiezan a defender ideas y políticas racistas. ¿Estamos en ese punto?

Creo que esta es una historia bastante antigua. Si nos remontamos 30 años atrás, a la caída del Muro de Berlín, el final de la Guerra Fría, puedes ver muchas de esas cosas muy similares a las suceden en la actualidad. Con el Frente Nacional en Francia, el partido liberal austriaco o, como ya he comentado, en Alemania. Es la misma historia. La política económica era neoliberal: tenemos que cortar el Estado de bienestar y bajar los salarios, romper los sindicatos, etc. Y luego la política cultural era etnonacionalista y racista: El problema son los musulmanes, el problema son los no franceses que vienen a nuestro país. Eso se ha repetido por toda Europa. 

En los años 90, los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó

Lo mismo ocurrió en los años 90. Los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó. Y así, estos partidos que empezaron como partidos defensores de la austeridad junto con la protección de los partidos raciales, se convirtieron en una especie de partidos raciales protectores. Y eso sucedió también en el caso del Brexit. Quiero decir que fue iniciada por personas que querían que el Reino Unido fuera más Singapur, pero al final trató de echar a los extranjeros del país. Es realmente lo que les hizo ganar el referéndum. Así que creo que lo primero que hay que tener en cuenta es que los politólogos e historiadores están de acuerdo en que la tendencia de estas protestas, de los partidos no establecidos, ha sido comenzar como coalición etnonacionalista neoliberal y luego el etnonacionalismo parece tomar el control empujándolo hacia lo que llamamos la extrema derecha.

Pero lo que señalo en el libro y que creo que es importante ver es que muchas de estas facciones neoliberales que iniciaron estos partidos en realidad no necesitaban ser convencidas de que la cultura importa y la raza importa, porque esto, en realidad, ya era un compromiso que hicieron en esa alianza, ya era parte de su pensamiento. Así que una de las cosas que estoy leyendo ahora y sobre la que ya he escrito algo es que el tipo de ordoliberales que se llaman a sí mismos hayekianos, ya en la década de 1980, ya hablaban de cómo la cultura podría importar más de lo que habían pensado anteriormente, que los humanos no son todos iguales. La cáscara económica está en realidad marcada por los rasgos culturales y las diferencias culturales. Y en los principios de los 90 era realmente muy común, incluso en la corriente principal de la economía, decir que la historia, las instituciones o las evoluciones durante largos períodos de tiempo importan.

Así que los neoliberales que han formado estos partidos de extrema derecha, desde Austria a Gran Bretaña, ya llevan años argumentando en este sentido, incluso antes de que hicieran alianzas con los neonazis. Ya decían que no se trata solo del mercado, sino que también se trata de la cultura. Y están usando el mismo argumento. El AfD en Alemania está compuesto por personas que se ven a sí mismos como buenos hayekianos y a la vez chauvinistas culturales, y no ven ninguna contradicción en ello. No es una especie de matrimonio de conveniencia que estén apretando los dientes… simplemente lo hacen porque es perfectamente coherente ideológicamente con sus ideas. Así que creo que actualmente estamos en un punto importante, ya que no es solo una especie de alianza incómoda entre la gente del mercado y la cultura, sino que en realidad es intelectualmente coherente. Es muy importante verlo, porque no hacerlo provoca que sea más difícil averiguar cómo se podría enfrentar este tipo de cosas. Porque creo que normalmente lo que ocurre es que la gente piensa que hay algunas personas buenas que solo se preocupan por el capitalismo, incluso si son un poco extremas. Y luego están los malvados, ya sabes, los racistas… pero claro, ¿cómo podemos hablar con los buenos capitalistas sin confrontar a estos malvados racistas? Porque no es tan fácil trazar una línea entre los dos.

¿Qué opinas de los paquetes de medidas de gasto y monetarias que se están empezando a aplicar tras el covid, como los Next  Generation UE o el Plan Biden? ¿Hay un cambio de paradigma y los Estados se están volviendo keynesianos? ¿Está el libre mercado en peligro?

Lo que creo es que no todos los partidos de extrema derecha en la UE en este momento se puedan catalogar en la misma categoría, ni que tengan esas hojas de ruta neoliberales culturales. Partidos como La Liga italiana no tienen ningún problema con el BCE y su inyección de dinero, en realidad lo que quieren es que les den más dinero a ellos. Así que lo que quiero decir es que no toda la extrema derecha europea actual tiene el mismo perfil cultural neoliberal. La mitad lo tiene, pero la otra tiene ideas más abiertas a la política monetaria europea.

Creo que, de todas maneras, quien tiene la voz cantante es la Reserva Federal Estadounidense, ya que es el prestamista de última instancia, ya no solo de Estados Unidos sino de todo el planeta, como pudimos ver tras la crisis financiera mundial de hace una década. Por lo que si algo tiene que cambiar, está claro que esos cambios tienen que venir de los Estados Unidos. La UE siempre ha respondido más o menos reactivamente a lo que sucede en los Estados Unidos, siempre con un poco de retraso pero aún más neoliberal, en mi opinión, como pudimos ver en la respuesta a la crisis del 2008.

Por lo que aquí podemos ver dos factores clave. El primero es la erosión de las normas neoliberales de las políticas comerciales. Bajo la administración Trump, la única desviación del neoliberalismo fue esa ruptura de la globalización económica en la confrontación con China. Una guerra comercial enorme, la mayor desde los años 30. Fue denunciada rotundamente por todos en el Partido Demócrata e incluso dentro del Partido Republicano cuando empezó en 2017. Pero para 2020 ya todo el mundo lo veía normal. Y eso es ahora la nueva normalidad. La nueva normalidad es que protejas tus propios productos, que intentes romper las cadenas de suministro internacionales para traerlos a tu propia casa, se espera que se desarrolle algún nivel de autosuficiencia y desacoplamiento, etc. Estados Unidos está en ello y Canadá se ha sumado. Así que ese es el primer gran cambio. Creo que esto señala el fin del estilo de globalización mundial de los años 90. El desafío chino como principal fuerza productora del resto del mundo, o mejor dicho del mundo atlántico, ha hecho que los Estados Unidos y la UE se unan para contener a China y su actividad económica. Y eso es muy diferente a todo lo que le precedió. Puede seguir siendo agresivamente capitalista, pero es diferente del tipo de globalismo que he descrito en mi libro. Así que ese es el gran cambio.

Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington

Aun más grande que eso, el otro factor importante es el fin del miedo a la inflación. Quiero decir, después de 2008, la suposición de la izquierda y la derecha en los Estados Unidos seguía siendo que si el Estado gasta demasiado, la gente lo pagaría a través de la inflación. Es la ortodoxia económica. Pero, obviamente, no sucedió. Llevamos más de una década sin inflación, es más, hay más movimientos hacia la deflación y parece que es imposible hacer que la inflación suceda. Y ahora que sabemos que no sucedió, significa que cualquier cosa es posible. Y me refiero a los paquetes de medidas de los 100 primeros días de Biden. Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington, al menos por el momento. Por lo que creo que ha habido una fuerte ruptura a la racionalidad neoliberal en un nivel superior. 

Pero aquí hay que matizar algo. Sí que puede que haya ese cambio a un nivel superior. Lo vemos cuando Biden, Ursula von Der Leyen e incluso las élites corporativas hablan sobre el cambio climático y la necesidad de respuesta, que hay que hacer algo con la desigualdad creciente o que los ricos tienen que pagar más impuestos. Ves eso y puedes pensar que el neoliberalismo está medio muerto o luchando para no terminar de morir. Pero cuanto más bajas en la escalera socioeconómica, menos parece que el neoliberalismo esté muriendo. Cuando ves a la gente que necesita varios empleos para vivir, tiene que estar pagando facturas médicas, necesita que su suegra cuide de sus hijos que no tienen escuela por el covid y está vigilado por cuatro jefes diferentes, pues da la impresión de que todavía queda mucho neoliberalismo.

El único tipo de libertad que se está ganando es la de tener cuatro trabajos y apenas dormir o ver a tu familia

El lugar de trabajo es el lugar donde se pueden observar muchas de las cosas que justificadamente hemos criticado en las últimas décadas y es ahí donde tiene que ser impugnada. Por lo que creo que este es el momento de la verdadera lucha de clases y que no necesariamente se tiene que dar en los niveles superiores, sino en la parte inferior. Porque ahí es donde hay una disminución de la autonomía y de la libertad para la gente común. El único tipo de libertad que se está ganando es la de tener cuatro trabajos y apenas dormir o ver a tu familia. Pero no es el tipo de libertad que la mayoría de gente quiere. Así que, por resumir, a un nivel superior sí que el neoliberalismo está luchando por continuar, pero en la parte inferior sigue formando parte de nuestra vida diaria. 

Con esta confrontación entre Estados Unidos y China, donde Europa es solo un campo de batalla pero no parece ser un jugador decisivo, con una crisis que está afectando, como bien acabas de comentar, a las clases bajas y una extrema derecha ganando popularidad, ¿qué crees que puede ocurrir en la próxima década?

Creo que esa idea que había antes de 2020 de producir donde fuera más barato y no preocuparse por dejar de tener acceso a esos productos ha cambiado. Crecerá la tendencia de traer esas cadenas de producción y suministros a casa porque la pandemia demostró que eso no es cierto. Los países buscarán su propio interés y detendrán la exportación de todo, desde las mascarillas hasta las vacunas y se molestarán por producir esas cosas en casa. Y no solo productos relacionados con la sanidad y las futuras pandemias, también los semiconductores, chips, etc. Esa guerra está ocurriendo ahora mismo y Europa, India o Estados Unidos están en proceso de producir chips en sus propios países, cuando antes solo se producían en Asia. Todo esto hará que se empiece a relocalizar la industria en países que antiguamente eran industriales, como Estados Unidos, y puede que se cree algo de empleo. Aunque lo más probable es que sean grandes fábricas automatizadas y robotizadas controladas solo por unas pocas personas. 

Este momento postliberal creo que puede producir una mayor brecha entre países ricos y pobres en términos de producción, lo que provocará otras brechas como la del acceso a vacunas

Otra cosa a tener en cuenta es la cuestión del carbono y el clima. si la gente se empieza a preocupar de verdad por el clima, se necesitará mucha cooperación internacional. Pero no tiene por qué ser así. La preocupación por el clima puede tener tanto un efecto nacionalista como internacionalista. Las propuestas que hay ahora mismo sobre la mesa son medidas como los ajustes fronterizos del carbono, que básicamente significa que se graven los productos de países que no estén cumpliendo con las exigencias climáticas. Esto puede fomentar la producción doméstica, algo que en realidad puede perjudicar específicamente a los países pobres que tal vez no pueden adaptarse a estas medidas de emisiones cero a la misma velocidad que los países ricos. Por lo que este momento postliberal creo que puede producir una mayor brecha entre países ricos y pobres en términos de producción, lo que provocará otras brechas como la del acceso a vacunas. Así que ese supuesto de que después del neoliberalismo la desigualdad mejorará de alguna manera, no sé si es cierto. Creo que se puede conseguir cosas mejores tras la dominación neoliberal, pero porque la gente se toma ahora más en serio la resiliencia, la política climática, etc.

También creo que es bastante probable que la contención de China se desborde hacia una militarización más belicosa. De hecho, creo que ya está ocurriendo cuando vemos que la Comisión Europea y los Estados Unidos empiezan a preocuparse por los derechos humanos en China. Antes nunca se hablaba de esto, pero ahora que China es un competidor económico, de repente todos se preocupan mucho por las violaciones de derechos humanos allí. Este hecho ya está socavando los intentos de la UE de firmar un acuerdo bilateral con China, tal y como han estado haciendo antes de que llegara Biden firmando un gran acuerdo entre sus bancos de inversión que ahora está en peligro.

Lo que creo que vamos a presenciar es la división de ese mundo globalizado hacia uno de grandes bloques económicos, con libertad de inversión y comercial dentro de ellos. China está haciendo lo mismo con la promoción de la Ruta de la Seda. Y creo que este tipo de bloques económicos podrían tener éxito a la hora de contener el desafío populista de la derecha. Lo creo porque si los centristas se van un poco más a la izquierda, como parece que está ocurriendo ahora, y desarrollan una especie de chovinismo cultural del bienestar, en el sentido de ofrecer servicios sociales a las personas que están cabreadas por haber sido jodidas por la globalización, entonces, tal vez, puedan ganar algo más de simpatía de nuevo. Creo que se les ocurrirán soluciones tecnocráticas para ello. Creo que en Estados Unidos ya se pueden ver cosas así y se ve la posibilidad que haya algo así como una renta básica universal combinado con el trabajo precarizado que ya existe. Pones un suelo por debajo pagado por el Estado para el nivel más bajo de subsistencia. Aunque la gente sigue teniendo que buscar múltiples trabajos de mierda, pero esa combinación de la intervención del Estado mantiene a las grandes empresas felices, porque no tienen que lidiar con la fuerza de trabajo organizada. Así parece que tenemos una combinación de un Estado más generoso, más punitivo con los empresarios… creo que esos dos factores podrían combinarse bien juntos.

No es nada nuevo, como tú explicas en tu libro, pero ahora parece que uno de los principales mantras neoliberales es la protección de las inversiones. Eso que la economista Daniela Gabor llama el consenso de Wall Street. Salvaguardar las inversiones, protegerlas, que la democracia no se interponga en lo económico mediante legislaciones internacionales que escapan a su poder. ¿Es este el nuevo mantra neoliberal dominante?

Creo que hay una especie de rotura de la clase capitalista y sus componentes. Quiero decir que antes había un dominio tradicional del sector de los combustibles fósiles, pero ahora están recibiendo un duro golpe. Además, una de las cosas más extrañas de ese supuesto final del neoliberalismo es que la riqueza se está concentrando cada vez más en un pequeño número de personas muy ricas. Así que todo ese activo que han creado la Reserva Federal y otros bancos centrales tras el estallido de la crisis del covid ha sido capturado por una parte muy pequeña de personas que se encuentra en la cima. Lo que ha producido que haya inflación en el valor de las acciones de un pequeño número de empresas tecnológicas que están muy por encima del valor que probablemente deberían tener. Por lo que, como tú has dicho, no es nada nuevo que el Estado actúe como una especie de respaldo o una salvaguarda para las acciones especulativas y de riesgo en Wall Street. Y no creo que eso vaya a cambiar. Pero creo que lo que se considera una apuesta segura y lo que se considera una apuesta arriesgada sí que se encuentra en un proceso de cambio.

Lo que parece que va a suceder es que habrá un gran impulso para realizar una transición energética en los Estados Unidos, cosas como los vehículos eléctricos y así sucesivamente. Por lo que los productores de litio se van a convertir en entidades extremadamente importantes e invaluables. Al Estado y la FED les convendrá proteger y supervisar estos sectores de la economía, mientras que puede que descuiden otras que antes priorizaban, como por ejemplo la industria del petróleo. 

Por lo que creo que va a ser más de lo mismo. Lo mismo que lleva ocurriendo desde el fin de la era de Bretton Woods en la década de los 70. El papel de la FED ha sido el de rescatar al sistema financiero de su propio colapso y esas crisis periódicas que llevan ocurriendo cada diez años desde el comienzo de la década de los 70. Y creo que va a seguir haciéndolo porque no parece que este post neoliberalismo tenga mucha intención de regular la especulación financiera. Además vemos cosas como el caso de GameStop o las de otras acciones de empresas subiendo por la nubes, que sugieren que hay una atmósfera parecida al salvaje oeste en Wall Street. Por lo que parece que desde Wall Street sí que estén interesados en llegar a un consenso al estilo de Biden en esta transición neoliberal.

Es curioso que este tipo de postneoliberalismo todavía se basa en un mercado de valores masivamente sobrevalorado, bienes raíces masivamente sobrevalorados, unos pocos mercados inmobiliarios en el país y un auge insostenible de construcción de viviendas. Se parece mucho a todo lo que lo ha precedido. De hecho, la única idea que está cambiando parece ser la de una política fiscal unificada para tratar de frenar la evasión de impuestos, lo cual es bastante importante. Creo que si hay una política fiscal para redistribuir algunas de esas ganancias a la gente trabajadora a través de cosas cotidianas, como el cuidado de los niños, el preescolar, la universidad… ahí puede que presenciemos algo diferente.

Por Yago Álvarez Barba | 28/05/2021

Publicado enPolítica
Bitcoin y ethereum, de estrellas a estrelladas

La montaña rusa de las cotizaciones de las criptomonedas

El bitcoin tuvo un desplome de más del 30 por ciento en pocas horas y se acercó a los 30 mil dólares. Su pico había sido hace unas pocas semanas cuando cotizó por encima de los 63 mil dólares. Con el correr de la tarde revirtió algo de la pérdida para posicionarse en 38 mil. 

 

Las criptomonedas dieron una nueva muestra de la volatilidad extrema. El bitcoin tuvo un desplome de más del 30 por ciento en pocas horas y se acercó a los 30 mil dólares. Su pico había sido hace unas pocas semanas cuando cotizó por encima de los 63 mil dólares. Con el correr de la tarde revirtió algo de la pérdida para posicionarse en 38 mil.

El resto de las monedas digitales como ethereum también marcaron fuertes caídas de más del 20 por ciento, que se suman a pérdidas de más del 15 por ciento en los últimos días. En el mercado empezaron a aparecer las voces que alertaban de una burbuja en el mundo de las criptomonedas y aseguran que así como valían cero volverán a valer cero.

En las últimas jornadas se sumaron distintas noticias que potenciaron el desplome de valor de estos activos digitales. Por un lado la empresa Tesla que había sido la primera firma grande en el mercado internacional que aseguró que aceptaría bitcoin para la compra de sus autos dio marcha atrás en la decisión con la excusa del daño medioambiental.

Luego se supo que en China sancionaron una nueva regulación para limitar el uso de los criptoactivos como el bitcoin. El país impulsa una moneda digital propia que se llamará yuan digital y muchos la consideran como la próxima gran alternativa al dólar a nivel global.

En el China las transacciones de criptomonedas estaban prohibidas desde 2019 para evitar la salida de capitales del país. Pero ahora se refuerza esta situación a través de un comunicado de tres entidades chinas: la Asociación Nacional de Financiamiento de Internet, la Asociación Bancaria y la Asociación de Pagos y Compensación.

Aseguraron que “los precios de las criptomonedas se han disparado y caída y las actividades de especulación rebotaron. Estas fluctuaciones violan gravemente la seguridad de los activos de las personas y alteran el orden económico y financiero normal”.

El comunicado fue difundido a través de las redes sociales por el Banco Popular de China. En la publicación se mencionó además que “las pérdidas causadas por estas transacciones de inversión son asumidas por los propios consumidores”. Con ello se reiteró que los bancos y los proveedores de pago tienen prohibido ofrecer servicios basados en criptomonedas. 

Algunos de los inversores de Wall Street más importantes de las últimas décadas vienen vaticinando hace tiempo un colapso para las criptomonedas. Por ejemplo Warren Buffet fue uno de los más críticos sobre estos activos digitales y asegura que su precio no tiene ningún fundamente. En otras palabras plantea que pueden llegar a valer "cero" luego de haber sido una gran estafa para muchos inversores minoristas.

Sin embargo no todos los economistas e inversores se muestra escépticos del valor de las criptomonedas. En Wall Street comenzó a operar un de las plataformas de intercambio de criptoactivos más grande del mundo. Se llama Coinbase y batió record en su salida al mercado. El gran interrogante es si occidente seguirá siendo igual de flexible con las regulaciones de estas monedas digitales o avanzará en una línea similar a la que tomaron países como China o incluso India. 

Publicado enEconomía
Un vendedor ambulante de fruta, la semana pasada en Yakarta (Indonesia).BAY ISMOYO / AFP

El Banco Mundial avisa de la correlación entre economía sumergida, bajo desarrollo y niveles elevados de pobreza y de desigualdad

Que el manto de la informalidad sobre el mundo en desarrollo es enorme se sabe desde hace décadas, pero cuantificarlo es una tarea titánica que solo se aborda de cuando en cuando. El Banco Mundial lo ha hecho este martes en una extensísima investigación de más de 300 páginas que concluye que el sector informal supone cerca de la tercera parte del PIB y más del 70% del empleo total de los países emergentes y en desarrollo, un epígrafe bajo el que está incluida toda África y la mayor parte de Asia y América Latina, así como algunas naciones de Europa del Este.

En su primer monográfico sobre informalidad, el propio organismo con sede en Washington califica el dato de “sorprendente” por lo elevado que es. Y recuerda que el hecho de tener una fracción tan importante de la economía en zona de sombra, fuera del rango de acción de los propios Estados —que no pueden recaudar ni regular todo aquello que escapa de su control—, está altamente correlacionado con un desarrollo más bajo, así como con altos niveles de pobreza y de desigualdad y con una —lógica— peor gobernanza.

Freno para la recuperación poscovid

Con la economía aún sufriendo las penalidades de la pandemia, el Banco Mundial alerta de que la informalidad “probablemente frenará” la recuperación de los países que exhiben unas tasas mayores. El motivo: al tener una parte tan sustancial de la actividad fuera del campo visual de las autoridades, la capacidad de recaudación cae y, con ella, el margen de maniobra de los Estados para poner en marcha políticas contracíclicas. Según sus datos, en los países en desarrollo que tienen una tasa de informalidad mayor que la media del bloque los ingresos públicos rondaron el 20% del PIB. Esa cifra es entre cinco y 12 puntos inferior a la de sus pares, y está a años luz del alrededor del 50% de recaudación fiscal de los países más desarrollados del mundo, como los escandinavos.

Pero no solo la potencia de fuego de la política fiscal se ve mermada: los técnicos del ente también subrayan que la precariedad del sistema financiero, directamente aparejada a la informalidad, inhibe los esfuerzos de la política monetaria, el otro gran cortafuegos disponible contra el derrumbe de una economía cuando pintan bastos.

Rezago de los colectivos más afectados

“Los trabajadores informales son, sobre todo, mujeres y jóvenes poco calificados que en medio de una crisis como la de la covid-19 a menudo quedan rezagados y tienen un acceso limitado a las redes de seguridad social cuando pierden el empleo o sufren graves pérdidas de ingresos”, subraya Mari Pangestu, directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial.

Esa necesidad de ir al trabajo ha complicado aún más la lucha contra la pandemia, que ha contribuido a agravar en muchos países: ante la imposibilidad de desempeñarse desde casa, millones de empleados de diversos sectores (desde vendedores ambulantes hasta repartidores por cuenta propia o transportistas y conductores no registrados) se han visto abocados a seguir con su rutina ajenos a la pandemia para poder llevar algo de sustento a casa. Las rentas básicas temporales puestas en marcha por varios Gobiernos —muchos de ellos en América Latina— han ayudado a mitigar este problema, pero se han demostrado insuficientes en amplias capas de la población, que también son las que más han sufrido el azote del virus.

Mejora reciente, aunque demasiado lenta

El bloque emergente, que suma el 90% del empleo, está lejos de ser monolítico; más bien al contrario, es un abanico de realidades muy distintas entre sí. También en lo tocante a la informalidad. Los niveles más altos de economía en la sombra están en África subsahariana, con cerca del 36%, frente al 22% de Oriente Medio y el Norte de África, donde se contabilizan los niveles más bajos del bloque.

La informalidad no es un destino esculpido en piedra. Así lo demuestran las tres últimas décadas, en las que esta variable se redujo en cerca de siete puntos porcentuales en los países emergentes, hasta el actual 32% del PIB. Un descenso reseñable, aunque demasiado lento dados los todavía muy elevados niveles de economía sumergida, que los economistas del multilateral achacan “parcialmente” a las reformas aplicadas por los Gobiernos para aumentar el atractivo del sector formal a ojos de los trabajadores o para reducir el coste del tránsito de uno a otro. Aún queda un largo camino por recorrer.

Por Ignacio Fariza

Madrid - 11 may 2021 - 16:30 CEST

Publicado enEconomía
La economía neoliberal, el polizón en nuestro cerebro

¿No es extraño? Los mismos que se ríen de los adivinos se toman en serio a los economistas.

Comenzaremos con el ingenioso inventor Buckminster Fuller para dar una imagen de lo que queremos explicar. Este investigador decía: “Nunca se cambian las cosas luchando contra la realidad existente. Si quieres cambiar algo, construye un modelo nuevo que vuelva obsoleto el modelo actual”. En base a esta frase, la idea es comenzar a desbaratar algunos de los preceptos sobre los que se fundamenta la economía actual. Queremos comenzar a discutir una nueva economía, una economía para el siglo XXI.

Nadie duda que el modelo actual es obsoleto, pero de ahí a aceptarlo hay un trecho. Olvidar lo que nos han susurrado durante años: leyes, principios, preceptos y máximas económicas, no es un tema menor. Es verdad que esas ideas nos han conducido a perseguir falsos objetivos. Las imágenes tan perfectamente depositadas en nuestro cerebro permanecen como tatuajes, son los polizones de nuestro equipaje intelectual y saldrán a la luz como reflejo ante cualquier debate. Recordemos, por ejemplo, la afirmación, repetida hasta el cansancio, que el déficit fiscal es nocivo para cualquier país. ¿Alguien lo duda? Si la respuesta es no, deberíamos desconfiar.

Para desarrollar las ideas tomaremos algunas ideas del libro “La economía dona” de Kate Raworth, economista que intenta exponer múltiples maneras de pensar la economía del siglo XXI,  olvidando las normas económicas preestablecidas y creando una mentalidad para esta centuria. No es posible pensar este siglo en términos económicos si los manuales de economía fueron escritos en 1950, con raíces teóricas que van a 1850, o más atrás.

Aunque no parezca, hay en el mundo una cantidad de universitarios y técnicos importantes que se reciben habiendo cursado o rendido economía. Y para su formación, ya sean chinos o chilenos, según detectó la autora mencionada, echan mano de los mismos manuales (en su versión original o traducidos) de Cambridge o Chicago, y con los mismos preceptos, aunque varíen los autores. Lo cierto es que, a lo largo del siglo XXI, políticos, empresarios, periodistas, líderes sociales van a repetir las mismas normas y leyes que en 1850, todas, por cierto, fracasadas.

Resultado más nocivo acompaña a los propios economistas. La economía constituye el lenguaje de las políticas públicas, de la austeridad, la desigualdad y la pobreza, y entre fines del siglo XX y principios del XXI ha sido la dueña de las disputas dominantes. Ya sea en consejos económicos de los países centrales o en la primera fila de los organismos internacionales, los economistas no son esquivos a asesorar al poder, ya sea para depositar sus ideas, o porque el establishment les paga para demostrar las bondades de la concentración del ingreso. Muchos hombres prácticos que se creen exentos de cualquier influencia económica, al decir de Keynes, “son generalmente esclavos de algún economista difunto”.

El primer problema al que nos enfrentamos es que ciertos elementos de la teoría económica ortodoxa han sido introducidos a lo largo de años de batalla cultural y han quedado tan arraigados en nuestra memoria que resulta muy laborioso modificarlos o sustituirlos. Quizás quien mejor lo expresó fue uno de los más brillantes y desconocidos economistas, Joseph Schumpeter, quien comprendió la dificultad de deshacerse de las ideas que se nos transmiten.

“En la práctica todos iniciamos nuestra propia investigación a partir del trabajo de nuestros predecesores, es decir, que casi nunca partimos de cero. Pero, supongamos que partiéramos de cero, ¿qué pasos tendríamos que dar? El trabajo analítico comienza con el material proporcionado por nuestra visión de las cosas, y dicha visión es ideológica casi por definición.”

La idea es que todo punto de vista nos da una interpretación del mundo o de nuestra realidad social, la que intentamos resolver. Para solucionarla, los científicos o estudiosos del tema elaboran ideas a partir de modelos adquiridos a través de la educación. Es decir, hay un análisis anterior que toma en cuenta un marco teórico establecido. No existe ninguna visión preanalítica correcta, ningún paradigma verdadero o marco perfecto con leyes para su aplicación, nacional o mundial. Repensar los preceptos económicos no nos va a permitir encontrar la economía correcta, sino una que sirva para el contexto que afrontamos y que sea adecuada a nuestros fines.

Esta idea está dirigida a anular y descreer de las leyes económicas existentes, pero quizás, en la misma medida, se encuentren las palabras. Pongamos un ejemplo: para los políticos una buena iniciativa sería un “alivio tributario”, una idea harto conocida para los conservadores americanos, adoptada por un sinnúmero de filibusteros del subdesarrollo.

Lo interesante resulta que la sociedad jamás se opone a un alivio de ese tipo. ¿Quién se enfrentaría a tan noble causa como un alivio tributario o a cualquier mitigación, desde la pobreza hasta enfermedad? Aunque la pregunta debería ser: este alivio tributario, ¿a quién consuela? Los impuestos, por lo general, son progresivos, se les cobran a los que más tienen, por lo que aliviaríamos a los ricos, aunque no sabemos de qué pesada carga podríamos paliar a tan nobles contribuyentes, porque en realidad nunca pagan.

Esta idea de anteponer el “alivio” al tributo la tendríamos que pensar ante la posibilidad fiscal de moda en los países centrales y organismos internacionales de grabar a la opulencia. La imposición tendría que ser tratada como una colaboración, una ayuda, una asistencia a los desbarrancados del mundo. O sea, habría que poner algo como “limosna tributario a la pobreza”, pero como limosna no encuadra en tributo, tendría que ser un “aporte” para dejar perfectamente clara la colaboración, la asistencia indulgente de los ricos a la pobreza. Hay que colaborar para combatir esta pobreza, esta desgracia caída del cielo, y siempre pedir disculpas, a tan noble colaboración, por única vez. Lo importante es que sea una aportación, colaboración, auxilio, cualquier palabra difícil de desterrar.   

¿Cómo llegamos a este mundo donde 1 % de la población acumula el 82 % de la riqueza global o alguien que para ingresar al listado de millonarios de la revista Forbes necesita tener como piso 1.000 millones de dólares? Quien tuviera esta cifra y gastara al mes 50 000 dólares, tardaría 1.667 años en agotar su fortuna. Llegamos a este estado de cosas por el simple triunfo del neoliberalismo y la aplicación de sus políticas. Y por si faltara algo, por creer en sus leyes económicas.

Una de las primeras cosas que reconocimos fue que el libre mercado tenía ventajas sobre los servicios públicos. Lo público pasó a ser un negocio privado, en las privatizaciones le regalamos clientes cautivos, sin regulación, al sector privado. Este es uno de los debates actuales en Argentina, por ejemplo, sobre quién paga los aumentos de la energía: el Estado (los contribuyentes) con subsidios aumentando el déficit público desbalanceando de esta manera la ecuación ingresos – gastos = pago intereses de deuda, o que lo paguen las usuarias + aporte a los intereses de deuda vía impuestos al consumo. En síntesis, de una forma u otra, siempre los pagan los usuarios. Aquí hay varios preceptos y leyes de la antigua economía que debemos respetar. Que los mercados son más eficientes que los privados, que las tarifas publican no son políticas, que los que no reciben luz se la pidan a Dios y que achicar el gasto es más eficiente que cobrar impuestos. El alivio tributario.    

La teoría consisten en no restringir las capacidades y las libertades empresariales de los individuos, en un marco de derechos fuertes a la propiedad privada, los mercados libres y las libertades de comercio”. Pero el neoliberalismo es más que eso, es también “una tradición intelectual, un programa político, y un movimiento cultural. Es, pues, una transformación en la manera de ver al mundo y en la manera de entender la naturaleza humana (Fernando Escalante, Historia mínima del neoliberalismo).

Ninguna de estas leyes diseminó las bondades de sus promesas; de hecho, los resultados están a la vista. A esta dosis de estupidez le agregamos que en la actualidad la desigualdad es un atributo para impulsar el espíritu emprendedor. La cúspide del 1% de los multimillonarios del mundo está abierta para todos. O sea, el trabajo duro (si se encuentra), la actitud y los méritos son los caminos para la movilidad de clase. Pero si esto fuera cierto, como dice George Monbiot, “si la riqueza fuera el resultado inevitable del trabajo duro y el emprendimiento, todas las mujeres en África y en Latinoamérica serían millonarias”.

Lo que nos lleva a repensar las leyes y las ideas. La austeridad no ha dado resultado desde su implementación, solo ha consolidado que los pobres sean más pobres y lo ricos más opulentos. El análisis de las proyecciones fiscales del FMI muestra que se esperan recortes presupuestarios en 154 países este año, y hasta en 159 países en 2022. Esto significa que 6.600 millones de personas, o el 85 % de la población mundial, vivirá en condiciones de austeridad el próximo año, tendencia que probablemente continuará hasta 2025.

Durante más de setenta años la economía ha tenido una especie de fijación por el PIB, o producción nacional, como su principal indicador de progreso. Esa fijación se ha utilizado para justificar desigualdades extremas de renta y riqueza, junto con una destrucción sin parangón del medio ambiente. Para el siglo XXI se necesita un objetivo mucho más ambicioso: crear economías —desde el nivel local hasta el global— que ayuden a llevar a toda la humanidad a un espacio seguro, más justo y sustentable. En lugar de perseguir un PIB que sólo aspire a cercer, como los neoclasico creen, sino cual es el modelo de desarrollo mas equitativo. Es hora de descubrir cómo prosperar de forma equilibrada y no va a ser siguiendo las leyes anteriores.

Por Alejandro Marcó del Pont | 10/05/2021

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