La clase de Davos selló el destino de Estados Unidos

Le echarán la culpa a James Comey y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Le echarán la culpa a la supresión del voto y al racismo. Le echarán la culpa a Bernie y a la misoginia. Le echarán la culpa a los otros partidos y a los candidatos independientes. Le echarán la culpa a los grandes medios por darle una plataforma, a las redes sociales por ser un altavoz y a Wikileaks por sacar los trapitos al sol.

Pero todo esto no toma en cuenta la fuerza más responsable de crear la pesadilla en la cual estamos bien despiertos: el neoliberalismo. Esa visión del mundo –encarnada por Hillary Clinton y su maquinaria– no le hace competencia al extremismo estilo Donald Trump. La decisión de poner a competir a uno contra el otro es lo que selló nuestro destino. Si no aprendemos nada más, ¿podemos por favor aprender de este error?

Esto es lo que necesitamos entender: mucha gente está adolorida. Bajo las políticas neoliberales de desregulación, privatización, austeridad y comercio empresarial, sus estándares de vida han caído drásticamente. Han perdido sus empleos. Han perdido sus pensiones. Han perdido buena parte de la seguridad social que permitía que estas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro aún peor que su precario presente.

Al mismo tiempo, son testigos del ascenso de la clase de Davos, una ultraconectada red de multimillonarios de los sectores banquero y tecnológico, líderes electos por el voto popular que están terriblemente cómodos con esos intereses, y celebridades de Hollywood que hacen que todo se vea insoportablemente glamoroso. El éxito es una fiesta a la cual no fueron invitados, y muy dentro de sí mismos saben que esta creciente riqueza y poder de alguna manera está conectada con sus crecientes deudas e impotencia.

Para la gente que asumía la seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –sobre todo los hombres blancos–, estas pérdidas son insoportables.

Trump le habla directamente a ese dolor. La campaña del Brexit le habló a ese dolor. También lo hacen todos los partidos de extrema derecha en ascenso en Europa. Responden a ese dolor con un nacionalismo nostálgico y un enojo contra las lejanas burocracias económicas, ya sea Washington, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Organización Mundial del Comercio o la Unión Europea. Y, claro, responden a él atacando a los inmigrantes y las personas de color, vilipendiando a los musulmanes y degradando a las mujeres. El neoliberalismo de élite no puede ofrecer algo contra ese dolor, porque el neoliberalismo dio rienda suelta a la clase de Davos. Gente como Hillary y Bill Clinton son el brindis de la fiesta de Davos. De hecho, ellos la organizaron.

El mensaje de Trump fue: "Todo está del demonio". Clinton contestó: "Todo está bien". Pero no está bien: está lejos de estarlo.

Las respuestas neofascistas a la desenfrenada inseguridad y desigualdad no se van a ir. Pero lo que sabemos de los años 30 del siglo pasado es que lo que hace falta para enfrentar al fascismo es una izquierda verdadera. Se le podría quitar buena parte del apoyo a Trump si hubiera una auténtica agenda de redistribución sobre la mesa, que enfrente a la clase multimillonaria con algo más que retórica y que use el dinero para un nuevo pacto verde. Un plan de este tipo podría crear una oleada de empleos sindicalizados bien pagados; llevar recursos y oportunidades, tan necesarios, a las comunidades afroestadunidenses e insistir en que quienes contaminan paguen para que los trabajadores vuelvan a ser capacitados y sean incluidos en este futuro.

Podría crear políticas que luchen, a la vez, contra el racismo institucional, la desigualdad económica y el cambio climático. Podría enfrentar los malos acuerdos comerciales y la violencia policiaca, y respetar a los pueblos indígenas como los protectores originales del territorio, el agua y el aire.

La gente tiene derecho a estar enojada, y una poderosa agenda de izquierda, intersectorial, puede canalizar ese enojo adonde debe estar, mientras lucha por soluciones holísticas que unifiquen a una crispada sociedad.

Una coalición así es posible. En Canadá comenzamos a construirla bajo la bandera de una agenda popular llamada El Manifiesto Dar el Salto, suscrito por más de 220 organizaciones, desde Greenpeace Canadá a Las Vidas Negras Importan-Toronto y algunos de nuestros mayores sindicatos.

La impresionante campaña de Bernie Sanders avanzó en la construcción de una coalición de este tipo, y demostró que hay hambre de un socialismo democrático. Pero al inicio la campaña falló en conectar con votantes latinos y negros de mayor edad, quienes son el sector demográfico que más sufre con nuestro actual modelo económico. Esa falla no dejó que la campaña alcanzara su máximo potencial. Esos errores pueden ser corregidos, y una audaz y transformadora coalición ya está ahí para construir sobre ella.

Esa es la principal tarea por delante. El Partido Demócrata necesita ser arrebatado de manos de los neoliberales pro empresariales o ser abandonado. Desde Elizabeth Warren a Nina Turner, a los egresados de Ocupa que llevaron la campaña de Bernie a escala supernova, este el más fuerte conjunto de líderes progresistas, promotores de una coalición, que haya habido en mi vida. Estamos "llenos de líderes", como dicen muchos en el Movimiento por las Vidas Negras.

Así que salgamos del shock lo más rápido posible y construyamos un movimiento radical que tenga una auténtica respuesta al odio y al miedo que representan los Trumps de este mundo. Hagamos a un lado lo que sea que nos separa y comencemos ahora mismo.

Traducción: Tania Molina Ramírez

Por Naomi Klein, autora de This Changes Everything

(Thischangeseverything.org). @NaomiAKlein

Este artículo se publicó en The Guardian

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No hay cambio posible sin debilitar a las grandes empresas y fortunas

 

Las empresas gigantes y las grandes fortunas. Estos son los actores más importantes de una economía crecientemente globalizada, los que determinan las reglas del juego y los que cosechan los mayores beneficios.

 


Según la Conferencia de Naciones Unidas y el Desarrollo (UNCTAD) las 100 empresas transnacionales (ET) más importantes tenían en 2015 activos valorados en cerca de 13 billones de dólares, una cantidad superior al Producto Interior Bruto (PIB) de los países que forman parte de la Unión Económica y Monetaria, superaba en un 159% el de toda Latinoamérica y el Caribe, en un 789% el del África Subsahariana, en un 973% el de la economía española y en un 3174% el del conjunto de los países de ingreso bajo, según la clasificación utilizada por el Banco Mundial.


Si las comparaciones se hacen teniendo en cuenta las diez ET más importantes, atendiendo al volumen de activos que manejan (Royal Dutch Shell, General Electric, Total, British Petroleum, Exxon Mobil, Chevron, Volkswagen, Vodafone y Apple) las asimetrías son asimismo muy destacadas. Este selecto grupo de grandes corporaciones atesora activos por valor de 3,3 billones de dólares, lo que equivale al 28% del PIB de la zona euro y al 63% del de Latinoamérica y el Caribe, el 108% del contabilizado en el África Subsahariana, el 272% del de España y el 731% del registrado en los países de ingreso bajo.


Las grandes empresas no sólo lo son por su tamaño, medido por el volumen de activos que controlan y por las exportaciones que realizan. También tienen conexiones accionariales, entre sí y con otras muchas firmas, creando una tupida malla de intereses y relaciones, revelando un panorama corporativo mucho más concentrado que el reflejado por las estadísticas oficiales.


La tendencia a la concentración empresarial –empresas cada vez más grandes para competir con éxito en los mercados, doméstico y global- y también a la formación de alianzas y grupos de presión que refuerzan el poder oligopólico de las grandes corporaciones forman parte del adn del capitalismo. La crisis económica, lejos de atenuar este proceso concentrador, lo ha impulsado, con el aumento de las fusiones y adquisiciones empresariales, la mercantilización de los espacios públicos y el debilitamiento de la capacidad reguladora de los estados nacionales. El capitalismo que emerge de la crisis es más corporativo y oligárquico.


El Credit Suisse (Research Institute, 15 de octubre de 2015) aporta información regular sobre la distribución mundial de la riqueza. Dada la carencia de la datos fiables y contrastados –ante la capacidad que tienen los poderosos para ocultar una parte de su riqueza e ingresos- y la falta de interés mostrada por los gobiernos y las agencias internacionales al respecto, la información aportada por esta institución es del máximo interés.


Encontramos en este ámbito un panorama similar al referido a las ET (en realidad, forman parte del mismo proceso, la concentración empresarial y la de la riqueza se retroalimentan). Según el Credit Suisse, en Europa, algo más de 10 millones de personas, el 1,7% de la población adulta, acumulaban una riqueza superior a un millón de dólares. En el estado español gozaban de la misma situación de privilegio 360 mil personas, el 1% de los adultos.


Centrando nuestra atención en los mega ricos, los que concentran una riqueza superior a los mil millones de dólares, el Credit Suisse contabiliza en 2015 a 439 adultos; si se amplía el abanico a todos aquellos cuya riqueza se sitúa entre los 500 y los mil millones habría que añadir otros 696. En nuestro país, 20 personas se encuentran en el tramo superior, más de mil millones, y 33 en el siguiente.


Nada de esto es relevante para la economía estándar, que permanece instalada en un relato donde los actores son los países y donde el libre juego de la oferta y la demanda, alimentado por una supuesta mano invisible, se configuran como el motor de la economía. Un capitalismo sustentado en la competencia perfecta, donde ninguna empresa puede operar, de manera duradera, con beneficios extraordinarios, y donde no influyen en los procesos de toma de decisiones, en la operativa de los mercados y en la gestión de los asuntos públicos las enormes y crecientes diferencias en la distribución de la renta y riqueza.


Este es el discurso de los poderosos, que oculta, deliberadamente, la existencia de las “manos visibles” de los mercados, que son las de las grandes corporaciones y fortunas, con el inestimable apoyo de las redes y medios de comunicación (intoxicación, más bien) que controlan y, sin el menor pudor, ponen a su servicio. No solo condicionan de manera decisiva las agendas de los gobiernos, sino que han ocupado, en el sentido más literal del término, el espacio de la política y de lo público.


Sin debilitar su poder, ningún cambio es posible.

 

Fernando Luengo, profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del colectivo Reinicia Podemos

https://fernandoluengo.wordpress.com.

@fluengoe

 

 

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Posee cerca de la mitad de la riqueza global sólo uno por ciento de la población

Los millonarios representan solamente uno por ciento de la población mundial, pero se reparten cerca de la mitad de la riqueza privada global, según el informe anual del bufete financiero Boston Consulting Group (BCG).


En total, 18.5 millones de familias afortunadas detentan 47 por ciento de la riqueza acumulada en ingresos en el mundo, detalla el informe publicado el martes. Ese porcentaje equivale a 78.8 billones de dólares, superando el producto interno bruto (PIB) mundial.


Estados Unidos alberga por lejos el mayor batallón de hogares multimillonarios (8 millones de familias), seguido por China (2 millones), pero son Liechtenstein y Suiza los países que en proporción a su población, les siguen. La extrema concentración de riqueza es particularmente marcada en América del Norte, donde 63 por ciento de 60.4 billones de dólares acumulados en fortunas privadas pertenece a los millonarios.


Esa proporción –la mayor del planeta– debería incluso alcanzar 69 por ciento en 2020, según el Boston Consulting Group.
De acuerdo con el informe, la riqueza acumulada en inversiones offshore repartidas en el mundo, que ofrecen baja o nula fiscalización y discreción a los inversionistas no residentes, aumentó 3 por ciento en un año, alcanzando casi 10 billones de dólares actualmente. Suiza sigue siendo el destino offshore privilegiado de las grandes fortunas, seguido por Singapur y Gran Bretaña.


El informe proyecta que el sector continuará creciendo en los próximos años, pese a medidas regulatorias para combatir la evasión fiscal. Las revelaciones de los papeles de Panamá sacaron a la luz la utilización a gran escala de los paraísos fiscales para escapar al fisco, llevando a la comunidad internacional a anunciar un nuevo plan de lucha contra esas prácticas.

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Viernes, 22 Enero 2016 06:51

"El modelo económico ha fracasado"

"El modelo económico ha fracasado"

Sesenta y dos multimillonarios son tan ricos como la mitad del mundo, según el informe de Oxfam. El consejero Maslennikov sostiene que la desigualdad demuestra el fracaso del modelo y exhorta a los países a redefinir el sistema fiscal.


El informe de la organización internacional Oxfam sobre la desigualdad en el mundo, "An economy for the 1%" (una economía para el 1%), difundido esta semana, muestra que las 62 personas más ricas del mundo –53 de ellas hombres, con los estadounidenses Bill Gates y Warren Buffet y el mexicano Carlos Slim a la cabeza– detentan en conjunto la misma riqueza que 3600 millones de pobres del mundo. Esto equivale a decir que poseen la riqueza de casi la mitad de la población mundial que hoy suma poco más de 7300 millones. Las cifras son espeluznantes si se agrega además que esta brecha está creciendo más rápido de lo que la misma Oxfam había predicho hace un año y que las mujeres están desproporcionadamente afectadas por esta desigualdad. Oxfam –cuyo nombre deriva de Oxford, Inglaterra, donde fue fundada en 1942, y de famine que en inglés significa hambre o hambruna– es una confederación de 17 organizaciones no gubernamentales que trabaja en 94 países para encontrar soluciones a la pobreza. Mikhail Maslennikov es un matemático y econometrista que trabaja en Oxfam Italia como policy advisor (consejero político) sobre temas de desigualdad económica y justicia fiscal.


–Según el informe de Oxfam 62 multimillonarios tienen la misma riqueza que casi la mitad del mundo. ¿Cómo se ha llegado a esta conclusión?


–Hemos analizado la distribución del rédito a escala global. La desigualdad es un síntoma de gran malestar social y por otra parte ahora se está transformando en un argumento llevado adelante por organizaciones económicas internacionales como el FMI, Ocde (Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico), Banco Mundial. Porque si las desigualdades económicas no fueran tan extremas como ahora, se habría favorecido el crecimiento económico interno en distintas regiones del mundo. En Italia, por ejemplo, se estima que la pérdida del PIB (Producto Bruto Interno) del 8 por ciento en estos años se debió también a las desigualdades económicas. Por eso hay un gran interés en las organizaciones internacionales por la reducción de las desigualdades económicas, para favorecer así un crecimiento duradero y sostenible.


–Y los gobiernos, ¿qué rol han cumplido en todo esto?


–Los gobiernos en general han subestimado el fenómeno y en cierto sentido lo han favorecido con ciertas decisiones a nivel de política pública. Oxfam se ha concentrado en los efectos producidos por las políticas fiscales, especialmente en los sistemas fiscales nacionales que no son lo suficientemente progresivos (más se gana, más se paga). En muchos países

–un caso llamativo es Estados Unidos– en los últimos 30 años las alícuotas fiscales para los réditos más altos han sido llevadas al mínimo. Esto ha permitido la concentración del rédito en los sectores más altos de la población que pagaron menos tasas al estado. Un ejemplo de poca progresividad en materia fiscal es Italia, donde la alícuota que paga al estado una persona que gana 80.000 euros al año y otra que gana 8 millones, es la misma.


–Usted mencionó también los salarios...


–Para analizar la desigualdad hemos visto también el rédito del trabajo en los últimos 25 o 30 años, hemos analizado el rédito global debido al rédito del trabajo. Y concluimos que sobre la amplia desigualdad económica inciden también las variaciones retributivas. Entre los que ocupan cargos de directivos y los empleados medios la brecha se ha ampliado con el pasar de los años. En el informe hemos analizado casos significativos de grandes compañías estadounidenses. Hay datos de varios países, como Estados Unidos, India o Reino Unido, pero no todas las compañías tienen obligación de publicar los salarios de los grandes managers. En otros países no están obligados a hacerlos públicos. En los países que se pudo ver, la diferencia se está acentuando.


–¿Otros factores que han influido en agrandar la brecha entre ricos y pobres?


–Han influido también las políticas económicas de los últimos 30 años. Ha habido una reducción de las inversiones en los servicios públicos esenciales en general. La de- sigualdad económica para nosotros es también una demostración de que este modelo económico ha fracasado. Cuanto más poder económico se tiene, más riqueza se posee y más se pueden condicionar las decisiones en materia de política económica de parte de los gobiernos.


–¿Cuál ha sido el rol del dinero enviado a los llamados paraísos fiscales?


–Cuando la concentración de la riqueza llega a la cúspide de la pirámide, se trata de conservarla. Una de las formas para hacerlo es defender los privilegios fiscales o bien esconder esa riqueza en algún paraíso fiscal. Algunos economistas y Oxfam han estimado que unos 7600 billones de dólares están escondidos en los paraísos fiscales. Si sobre esta riqueza se pagaran los impuestos, los introitos fiscales para los gobiernos serían de unos 190 mil millones por año. Además los paraísos fiscales son el punto de llegada de las ganancias transferidas por las grandes multinacionales pero también por individuos, fuera de las jurisdicciones fiscales de los países donde realmente hacen su actividad. El ejemplo es el reporte 2012 de grandes compañías estadounidenses que han declarado réditos en las islas Bermudas –un paraíso fiscal– por 80.000 millones de euros, que es el 3,3 por ciento de sus réditos globales. Pero esa cifra no refleja la real presencia económica de esas compañías en las Bermudas donde tienen apenas el 0,3 por ciento de sus ventas globales y el 0,01 por ciento del costo laboral global.


–En estos días se hace el tradicional Foro de Davos, en Suiza, que concentra a políticos, economistas y empresarios de todo el mundo. ¿Qué planteará Oxfam allí?


–Queremos hacer un llamado a las elites y a los gobiernos, lanzando una petición por una mayor justicia fiscal, y queremos también recordar a las elites el nivel de desigualdad en el que vivimos y la responsabilidad que ellos tienen. Oxfam ha demostrado que de las 200 compañías analizadas –entre las que están incluidas las 120 más grandes del mundo y unos 100 socios estratégicos del Forum–, 9 de cada 10 están presentes en los paraísos fiscales. No se pretende demonizar con esto las compañías, pero queremos decir que el dinero enviado a los paraísos fiscales exacerba la desigualdad. O sea, habrá un llamado de atención sobre los niveles insostenibles de la desigualdad y por otra parte se apuntará el dedo de forma provocadora contra la evasión fiscal de las corporaciones que estén presentes en Davos.


–¿Según usted qué debería hacer cada país para tratar de disminuir las diferencias entre ricos y pobres?


–Como prioridad creo que sería necesaria una redefinición del sistema fiscal para que sea más progresivo y un análisis del impacto de ese nuevo sistema sobre los niveles de desigualdad. También mayores inversiones en servicios públicos esenciales como educación y salud, y políticas de apoyo al trabajo. Y a nivel internacional, los gobiernos deberían contribuir a una reforma de la fiscalidad internacional, poniendo fin a los paraísos fiscales.

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Se incrementa la desigualdad de manera dramática: Oxfam

Davos.


Oligarcas, jeques petroleros y herederos de miles de millones de dólares, quienes conforman las 62 personas más ricas del mundo, poseen exactamente lo mismo que la mitad más pobre de la población global, según el estudio Una economía al servicio del uno por ciento, de la organización humanitaria Oxfam.


Hace un año ese patrimonio estaba en manos de las 80 personas más ricas del planeta.


Los beneficios políticos han generado que cuatro multimillonarios en México hayan visto aumentar su riqueza, equivalente a 2 por ciento del producto interno bruto del país en 2002, a 9 por ciento en 2014. Es decir, más de 50 millones de habitantes están en la pobreza.


Una parte significativa de las fortunas de los cuatro individuos se deriva de sectores que han sido privatizados, concesionados y/ o regulados por el sector público.


Oxfam denunció que en ese ámbito se genera un sistema regido por el amiguismo, en el cual ciertos sectores son privilegiados y protegidos con consecuencias económicas y sociales graves, que resultan excluyentes. Las personas más ricas deben dejar de pretender que sus fortunas están beneficiando a todos, apuntó.


Explicó en el informe Desigualdad extrema en México, concentración del poder económico y político, que la acumulación de riqueza en pocas manos lastra el crecimiento, genera sociedades más injustas y violentas y limita las políticas de reducción de la pobreza.


Añadió en su texto sobre México que entre 2002 y 2015 las cuatro principales fortunas del país han pasado a multiplicarse por cinco. Esta tendencia de acumulación de riqueza en pocas manos es global y provoca sociedades más desiguales y violentas, en las que la combinación de falta de inversión en políticas sociales, fiscalidad regresiva y regulación deficiente de sectores estratégicos lastra las posibilidades de los más vulnerables a llevar una vida digna y tener las mismasoportunidades de partida, afirmó Consuelo López Zuriaga, directora de Oxfam México.


En casi todas partes crece de manera dramática la desigualdad social, denunció Oxfam en la investigación, que comienza a ser difundida este lunes.


De acuerdo con los autores, algunas de las causas son la aplicación de impuestos totalmente insuficientes a los grandes capitales y sus ganancias, así como la continua transferencia de beneficios a paraísos fiscales.


El uno por ciento de la población mundial tiene un patrimonio mayor que el del resto del mundo, subraya el texto al citar datos del Informe sobre la riqueza 2015, del banco Credit Suisse. En otras palabras, el patrimonio de unos 70 millones de súper ricos es superior al de los más de 7 mil millones de personas en la Tierra.


Sólo en los pasados cinco años el patrimonio de los 62 más ricos, entre ellos 53 hombres, aumentó 44 por ciento, a 1.76 billones de dólares (1.61 billones de euros). Al mismo tiempo, el patrimonio conjunto de la mitad más pobre de la población se redujo en alrededor de un billón de dólares. Un descenso de 41 por ciento, a pesar de que en el mismo periodo la población mundial aumentó en 400 millones de personas, indica la organización humanitaria en su informe sobre el desarrollo social, que siempre presenta en vísperas de la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos.


Oxfam llamó a los aproximadamente 2 mil 500 políticos, directivos empresariales y científicos de más de 100 países que se darán cita del 20 al 23 de enero en la localidad suiza a utilizar su influencia para lograr que la brecha entre ricos y pobres se reduzca en vez de que se ensanche.
Reglas, para los ricos


Vivimos en un mundo cuyas reglas están hechas para los súper ricos, afirma Tobías Hauschild, miembro de Oxfam Alemania. Ello hace más difícil la lucha contra la pobreza y las enfermedades. Lo que se necesita es un sistema económico y financiero que beneficie a todos.


Ese sistema, según el texto de Oxfam, debe impedir que las grandes compañías eludan su responsabilidad. Nueve de cada 10 grandes empresas tienen filiales en al menos un paraíso fiscal, asegura la investigación.


Oxfam exige que los impuestos sobre los beneficios se paguen únicamente en el país donde éstos se obtienen. Además, la responsabilidad de los políticos es acabar con los paraísos fiscales, que permiten a los súper ricos ocultar sus gigantescos capitales.


Con el fin de crear un sistema tributario internacional justo es necesario, sostiene Oxfam, obligar a las empresas a que informen públicamente y por países sobre los beneficios obtenidos y los impuestos pagados. Además, la organización humanitaria exige que los estados pongan fin a una competición ruinosa para ofrecer las tasas impositivas más bajas y que hagan públicos todos sus incentivos fiscales.


Debemos encarar a gobiernos, empresas y élites económicas presentes en Davos para que se comprometan a poner fin a esta era de los paraísos fiscales, que alimentan las desigualdades mundiales e impiden a centenares de millones de personas salir de la pobreza, afirmó Winnie Byanyima, directora general de Oxfam International, que estará en el encuentro suizo.

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La crisis dispara la desigualdad entre ricos y pobres a un nivel récord

Las desigualdades entre ricos y pobres se han situado en su máximo nivel desde la OCDE (Organización para la Cooperación el Desarrollo Económico) inició su medición hace 30 años. La diferencia se ha disparado durante la crisis en países como España, entre otras razones por los ajustes fiscales, las subidas de impuestos y los recortes sociales. En los 34 países de esa institución, el 10% de los más favorecidos posee el 50% de la riqueza, mientras el 40% de los más pobres solo tiene el 3% de la misma.


En un informe titulado Por qué menos desigualdad beneficia a todos, la OCDE destaca que "nunca fue tan elevada la diferencia entre ricos y pobres". El pormenorizado análisis se detiene especialmente en lo ocurrido entre 2007 y 2011, los años más duros de la última crisis económica mundial. En ese periodo, los ingresos en los hogares descendieron prácticamente en todos los países de la organización, pero en mucha menor medida en las capas más privilegiadas.


Las pérdidas fueron especialmente elevadas en los países más golpeados por la crisis. En España, por ejemplo, los ingresos en las familias descendieron una media del 3,5% anual en ese periodo. Como en Irlanda o Islandia. En el caso de Grecia, llegó al 8% anual.


En España, el 10% de los hogares más desfavorecidos perdieron un 13% anual de sus ingresos entre 2007 y 2011, mientras el 10% de los que más tenían solo perdieron un 1,5% anual de sus ganancias.


En el periodo previo a la crisis, la desigualdad antes de impuestos y beneficios estaba bastante estabilizada, recuerda la OCDE, pero se disparó cuando golpeó de lleno. Y continúa haciéndolo en estos últimos tiempos de leve recuperación. La razón es doble: el elevado desempleo que apenas se reduce y los ajustes fiscales que afectan al seguro de desempleo, al sector educativo y a la escasez de inversiones. Es lo que está ocurriendo en Grecia, Irlanda o España.
Recortes laborales en España


En el caso de España, además, se han registrado otras medidas que han incrementado las desigualdades. La consolidación fiscal, señala la OCDE, incluyó aumentos de impuestos sobre los ingresos y el consumo (en 2011 y 2013), a la vez que se producían recortes sociales (2013) para las capas más bajas. El incremento de empleos temporales o las diferencias salariales entre hombres y mujeres también han contribuido. En este caso, los países con peor nota son, por este orden, Alemania, México y España.


Como consecuencia de todo ello, el documento destaca que la pobreza ha aumentado de forma preocupante entre 2007 y 2011. En toda la OCDE, la población por debajo del nivel de pobreza ha pasado del 1% al 9,4%. En España, está en 18%, casi el doble que antes de la crisis. En Grecia, en el 27%. Y un dato alarmante: quienes más caen en esta fosa ya no son ciudadanos de mayor edad, sino los jóvenes.

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Lunes, 17 Noviembre 2014 07:22

Plus ça change

Plus ça change

Fue la elección federal intermedia más cara de la historia y fue la menos concurrida en más de 70 años; fue la elección en la que los multimillonarios gastaron más dinero y lo más notable en las encuestas fue la desilusión del electorado con todo el proceso y con la cúpula política. Y nada cambió.


La tasa de participación en la elección entre los ciudadanos con derecho a voto fue de 36.3 por ciento, el nivel más bajo desde la elección federal de 1942, en medio de la Segunda Guerra Mundial. Todos opinan sobre por qué sólo poco más de un tercio del electorado pensó que valía la pena participar en lo que siempre se proclama como la expresión suprema de esta democracia: el voto.


A un par de semanas de las elecciones intermedias en las que el Partido Republicano capturó el control de ambas cámaras del Congreso y amplió el número de gubernaturas estatales, se debate el significado de este ejercicio político, que muchos concluyen tendrá implicaciones mínimas o nulas. Casi 4 mil millones de dólares gastados para que todo quede más o menos igual, señalan algunos. Pero tal vez ese era, más o menos, el objetivo. Los ricos que gastaron millones tal vez no querían más que eso, ya que como están las cosas, para los más ricos, es el mejor de los tiempos.


Ese famoso uno por ciento más rico, tiene más riqueza que nunca, tanto en este país como a escala mundial. Ese uno por ciento controla un tercio de la riqueza nacional, y con ello la desigualdad económica ha regresado a niveles de esa era de oro (para los más ricos) justo antes de la gran depresión. A nivel mundial, Oxfam emitió nuevos cálculos la semana pasada que se resumen en que los 85 multimillonarios más ricos del mundo tienen concentrada en sus manos una riqueza equivalente a lo que tienen 3.5 mil millones de humanos en este planeta.


Mientras tanto, todos los expertos pronostican que Washington seguirá operando de manera disfuncional después de estas elecciones, con el Congreso bajo control republicano y la Casa Blanca con el mismo demócrata, a causa de lo que afirman es una polarización entre los dos partidos que llevan a un estancamiento donde casi nada se puede lograr en la negociación política.

Pero eso tampoco es cierto. Se pueden señalar por lo menos dos rubros donde prevalece un consenso bipartidista casi absoluto: guerra y Wall Street.

Las guerras más largas en la historia de este país continúan en Irak y Afganistán, a pesar de proclamaciones grandilocuentes de que estaban por llegar a su fin. No sólo esto, sino que las políticas bélicas se han ampliado a otros países, como Siria. Con muy pocas excepciones, ni demócratas ni republicanos obstaculizan, y mucho menos, cuestionan la aparentemente infinita guerra contra el terrorismo.

En torno a Wall Street, después de que banqueros cometieron algunos de los fraudes más grandes de la historia, y provocaron la mayor crisis económica desde la gran depresión, casi todo sigue igual en el sector financiero y vale subrayar que ningún alto ejecutivo involucrado en los fraudes masivos que provocaron la crisis ha sido encarcelado.
Aunque el gobierno de Obama se autoelogió por su fiscalización de casos de abuso del sector financiero, y festejó que se han llevado más de 60 casos contra instituciones financieras por prácticas relacionadas con la crisis financiera, el hecho es que todas estas acabaron en multas masivas, pero pagadas no por los responsables, sino por accionistas y el público en general, y todos fueron casos penales civiles, no criminales.


Matt Taibbi, el periodista de Rolling Stone, cuyo trabajo extraordinario ha detallado estos abusos financieros desde los inicios de la crisis, comentó en entrevista en el programa Democracy Now, que sospecha que parte de la falta de entusiasmo en esta última elección tiene que ver con que el presidente y su gente decidieron no declarar acto criminal lo que ocurrió en el sector financiero, que no promovieron casos para encarcelar a ejecutivos, y que en lugar de ello, "barrieron todo y lo echaorn debajo del tapete... y la gente siente que no se hizo nada".

Vale recordar que ha pesar de los elogios a la labor del procurador general Eric Holder al anunciar su retiro del puesto hace unas semanas, también tiene la distinción de que decidió no proceder con cargos criminales contra los banqueros. Muchos recuerdan que en 2013, en un momento de indiscreción, declaró ante el Senado: me preocupa que el tamaño de algunas de estas instituciones es tan grande que se vuelve difícil para nosotros fiscalizarlos cuando nos pegan indicaciones de que si uno procede penalmente, si uno presenta un cargo criminal, tendrá un impacto negativo sobre la economía nacional, tal vez hasta la economía mundial.


Para muchos, como Taibbi, esta fue una confesión dramática, ya que el encargado máximo del sistema de justicia del país estaba diciendo que los bancos son tan poderosos que no se puede aplicar la ley contra ellos.


Tal vez la única conclusión, con base en los hechos, es que en algunas cosas muy básicas, sí hay un consenso en la cúpula política y económica del país: no cambiar nada en lo fundamental. Tal vez por ello no les molesta que la gran mayoría de los ciudadanos no participe en esta democracia, o que una masiva mayoría repruebe la forma en que se gobierna en este país.

Mientras tanto, la cúpula política promueve más de lo mismo en el futuro para esta democracia ya que, al parecer, ofrecerá un menú de opciones en las próximas elecciones con algunos de los mismos apellidos –Clinton (Hillary) y Bush (Jeb)– que estuvieron entre los responsables de la situación actual. Seguro que todos emplearán la palabra mágica cambio en sus campañas.

Pero en francés eso se traduce en: plus ça change, plus c'est la même chose.

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Los más ricos de EE UU tienen una fortuna como la economía de Brasil

Las grandes fortunas de Estados Unidos siguen amansado riqueza. Hasta tal punto que los 400 integrantes de la lista anual de multimillonarios que publica desde hace tres décadas la revista Forbes tienen un patrimonio que se acerca al producto interior bruto de Brasil, una de las cinco grandes economías emergentes y que se nutre de la actividad que generan sus 200 millones de habitantes.


En lo más alto sigue Bill Gates, con una riqueza personal valorada en 81.000 millones de dólares (64.000 millones de euros). El fundador de Microsoft lleva 21 ediciones consecutivas al frente. Le sigue su amigo el inversor Warren Buffett, con 67.000 millones. Larry Ellison, que acaba de dejar la presidencia ejecutiva de Oracle, es el tercero con un patrimonio de 50.000 millones.


La fortuna combinada de los 400 más ricos es de 2,29 billones de dólares, un 10% más que en 2013. Como señalan los editores de Forbes, este incremento de la riqueza hace cada vez más complicado entrar en el club. Para esta había que tener como mínimo 1.550 millones para ser elegible. Si se hubiera mantenido el nivel del año pasado, la lista debería ampliarse a 513 miembros.


El mayor incremento lo tuvo Mark Zuckerberg, gracias al alza de las acciones de Facebook. El fundador de la red social dobló su fortuna en un año, hasta los 34.000 millones. Eso le permite estar ahora el decimoprimero en la lista. Por porcentaje es Nick Woodman el que de benefició de la mayor escalada, del 200%, con 3.700 millones, tras el estreno bursátil de GoPro.


Una cuarta parte de los miembros del Forbes 400 vieron crecer su fortuna personal. La renta media es de 5.700 millones. Hay nuevas caras, como la de Elizabeth Holmes. Con 30 años de edad, la fundadora de Theranos es la mujer más joven de la lista. Su patrimonio ronda los 9.000 millones. Hay once estadounidense con menos de 40 años que son multimillonarios.


Dustin Moskovitz, otro de los creadores de Facebook, aparece de nuevo entre los juniors. Otro nuevo entrante, joven y relacionado con Facebook es Jan Koum, el creador de WhatsApp. También se estrena Travis Kalanick, de Uber. Comparten lista con ya viejos conocidos como Sean Parker o Jack Dorsey. El que se quedó fuera por poco fue Evan Spiegel, de Snapchat.


Entre las mujeres, la más rica es Christy Walton. La viuda de uno de los herederos de la cadena comercial Walmart es la sexta fortuna de EE UU con 38.000 millones. Le sigue Alice Walton en el noveno lugar, con 34.900 millones. Jacqueline Mars es la tercera más acaudalada en la mayor economía del mundo. Hay 47 mujeres entre los 400 multimillonarios.

Publicado enEconomía
Los multimillonarios, la sociedad y la historia

Con regularidad asistimos a noticias alimentadas por diversas fuentes acerca de las listas de multimillonarios. Un millonario se considera a aquel que tiene como mínimo un millón dólares. Un multimillonario es todo aquel que tiene por lo menos mil millones de dólares. Ésta vez el turno le corresponde a la Revista Forbes, una acuciosa seguidora y generadora de esta clase de rankings.

 

En el más reciente escalafón de los multimillonarios, en la lista aparecen con ligeras variaciones, básicamente los mismos. Con movilidad, hacia arriba o hacia debajo de uno que otro nombre. Pero sin que haya cambios dramáticos.

 

En el caso de Colombia, acontece exactamente lo mismo. Los nombres destacados son los de Luis Carlos Sarmiento (grupo AVAL), Alejandro Santodomingo (el heredero del clan de los Santo Domingo, propietario de Valórem, antes conocido como Grupo Empresarial Valores Bavaria), Jaime Gilinski (del grupo Gilinski, justamente), y Carlos Ardila Lulle (conocido por sus propiedades en medios –RCN– y varios sectores industriales estratégicos).

 

Lo que no destacan estas clasificaciones son los sectores económicos que representan los más multimillonarios del mundo, así como tampoco la forma como se han acumulado estos capitales. Lo cual desborda ampliamente, claro, a un artículo descriptivo de esa clase.

 

Como quiera que sea, tres reflexiones saltan a la vista inmediatamente, así: a) ¿constituye eso, en cada caso, un motivo de orgullo nacional? ¿Algo así como un motivo de orgullo patrio, a la manera de los premios Nobel, los científicos, cantantes o deportistas que de tanto en tanto conjugan emociones y voluntades sociales? Difícilmente. Ni siquiera en el periodismo económico se exaltan estos liderazgos como un tema importante para el desarrollo de un país.

 

En la misma línea, b) se traducen esos nombres en algo así como un motivo para identificar el crecimiento, la calidad de vida, la dignidad o la sensibilidad social de aquellos nombres? El capitalismo es un sistema literalmente despiadado, con nulos desarrollos acerca de política social o humanitaria. Los logros que ha conseguido la sociedad a lo largo de la historia –seguridad social, educación gratuita, apoyo a la ciencia y la tecnología, y otros más– se deben a reclamaciones justas por parte de sus trabajadores, llevadas a cabo en muchas ocasiones en el curso de varios años e incluso décadas, y como dádivas que buscan mejorar las condiciones laborales pero sólo con la finalidad de garantizar más y mejor crecimiento del capital.

 

El motivo básico consiste en distinguir crecimiento económico y desarrollo económico y social y, en esta misma línea, justamente la tercera consideración:

 

c) más fuertemente aún, la acumulación de inmensos capitales no oculta, y por el contrario, se corresponde con el más grande de todos los defectos del capitalismo en general y del capitalismo financiero en particular: la inequidad. Bien entendidos los problemas de inequidad representan la cara más sensible y dramática de todos los temas, problemas y retos relativos a la justicia –la justicia humana. La justicia de un sistema político, o económico. La historia del capitalismo es la historia misma mediante la cual los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, ampliando los márgenes o las distancias de equidad entre los seres humanos.

 

En términos rasos y simples, los multimillonarios acumulan una tal cantidad de dinero que no es posible gastar en una sola vida –por lo menos no de manera razonable, esto es, humanamente.

 

Las listas seguirán saliendo, con seguridad. A nivel mundial, a nivel continental o nivel nacional. Pero ello no alterará para nada los tres pilares mencionados.

 

Desde una óptica radicalmente distinta, a la luz, por ejemplo de los nuevos planteamientos aportados por Francisco desde Roma, ser multimillonario es evidente señal de un pecado capital. Pero eso es pedir demasiado. Ni siquiera los nuevos atisbos de la teología de la liberación han llegado a tanto. A la luz de la más humana de las sensibilidades, listas y escalafones semejantes no generan absolutamente ningún motivo de orgullo, sino la mayor indignidad habida cuenta de las necesidades reales, los márgenes de miseria y pobreza, en fin, los grados y modos de la violencia económica del capitalismo. ¿Indignidad? Sí, un motivo para el levantamiento social.

 

Algunos datos:

 

El salario mínimo en Colombia para 2014 es de 616.000 pesos (aprox. 308 USD). La fortuna de Sarmiento Angulo es de 12.400 millones de dólares.
4 multimillonarios tiene Colombia, en una población de 44 millones, en los que, de acuerdo con cifras oficiales 14.662.000 personas viven pobreza y 4.596.000 en miseria ("pobreza extrema").

Las fortunas sumadas de los cuatro multimillonarios colombianos es de 14.900 millones de dólares mientras que la deuda externa de Colombia llegó en octubre de 2013 a 90.424 millones de dólares.

Publicado enEdición Nº200
Causas y consecuencias de que un país tenga super-ricos

La revista de negocios estadounidense Forbes publica información periódicamente sobre los super-ricos del mundo, considerando como tales a aquellas personas que ingresan más de 50.000 millones de dólares al año. El Institute for Policy Studies de Washington D.C., EEUU, y la revista económica Dollars and Sense han publicado una reseña basada en los datos de Forbes que da una imagen certera de la distribución de los super-ricos (Robin Broad y John Cavanagh, "The Rise of the Global Billionaires", Enero/Febrero 2014). Y lo que se observa de una manera muy clara es el cambio desde los años noventa en la distribución de los super-ricos. Desde después de la II Guerra Mundial, los super-ricos se concentraban en EEUU, Europa Occidental y Japón. La situación actual, sin embargo, es muy diferente. EEUU continúa siendo el país con un mayor número de super-ricos (442), un número que en proporción sobre el total de super-ricos del mundo no ha variado a lo largo de los últimos años. Estos 442 representan alrededor del 31% de todos los super-ricos del mundo. Ahora bien, donde ha habido un cambio enorme ha sido en la República de China (122) y Rusia (110), que pasaron de no tener ninguno a ser el segundo y tercero en tener super-ricos. Alemania es el cuarto país (58), seguido de India (55), Brasil (46), Turquía (43), Hong Kong (39) y el Reino Unido (38). Estos datos muestran el número de super-ricos, pero no señalan el nivel de riqueza que alcanza cada super-rico. Si miramos estos datos, podremos ver que el individuo más rico del mundo, el Sr. Carlos Slim (73.000 millones), vive en México (un país donde la pobreza es muy extensa), seguido de Bill Gates en EEUU y Amancio Ortega en España (57.000 millones), uno de los países con una mayor tasa de desempleo y una mayor tasa de pobreza en la OCDE.


El significado de estas cifras va más allá de los números señalados, pues que existan super-ricos quiere decir que hay una enorme concentración de la riqueza, ya que cuando hay super-ricos –la cúspide de la pirámide– quiere decir que hay también ricos y casi ricos. En otras palabras, es un indicador de que aquel país tiene una enorme concentración de la riqueza y, por lo tanto, grandes desigualdades.


El segundo significado de la existencia de super-ricos es que también hay muchos superpobres. En realidad, desigualdad quiere decir, en la mayoría de casos, gran pobreza. En realidad, los primeros –los super-ricos– no se pueden explicar sin los segundos –los superpobres–. Es decir, los primeros gozan de enormes riquezas precisamente porque los no ricos tienen menos riqueza. La riqueza de los primeros ha sido extraída de los segundos. Soy consciente de que esta expresión choca con la sabiduría convencional que asume que la desigualdad es una cosa, y otra lo es la pobreza. La evidencia, sin embargo, de que las dos son dos lados de la misma moneda es clara. Si analizamos, por ejemplo, la distribución de las rentas que existen en un país, podemos ver que estas derivan o bien de la propiedad (es decir, de la riqueza, o sea, de la posesión de recursos que generan renta) o bien del trabajo. Pues bien, la gran división en las sociedades es entre el primer grupo de propietarios y gestores de las mayores cantidades de propiedad, y los que trabajan para poder vivir. Estos últimos son, por cierto, los productores de la riqueza, de cuya distribución depende su grado de concentración. Cuando la renta generada por esta producción va predominantemente a los rentistas del capital, es cuando nos encontramos con el gran número de super-ricos, los cuales han copado esta abundante riqueza debido a que han expropiado la riqueza y la renta derivada del mundo del trabajo. No es por casualidad que aquellos países en los que hay más super-ricos, sean también aquellos en los que hay más pobres y superpobres.


Y lo que ocurre en cada país, ocurre a nivel internacional también. De esta situación se derivan varias observaciones:


1. No hay países pobres. En realidad, algunos de los países llamados pobres tienen una gran cantidad de super-ricos. El argumento de que la riqueza que se acumula en la cúspide filtra hacia todos los otros estamentos de la sociedad no se ajusta a la realidad.


2. La pobreza no se debe a la falta de recursos de un país, sino al control de estos recursos por parte de los super-ricos del país, que siempre están en alianza con los super-ricos de otros países.


3. Es denunciable que en España, donde uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza, exista un grado de concentración de la riqueza tan elevado, lo cual se podría resolver fácilmente redistribuyendo los recursos, hoy en propiedad de los super-ricos.


4. Su pobreza está basada en su falta de control de la propiedad de los super-ricos, que estos utilizan para su propio enriquecimiento en lugar de asignarla a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población.


5. El incremento de las desigualdades se debe principalmente a factores políticos y, muy en especial, al enorme poder que los super-ricos tienen sobre los Estados, que son los que están imponiendo políticas públicas que los favorecen.


6. El enorme desprestigio de la Unión Europea y de los gobiernos de sus países miembros se debe precisamente a este hecho: la enorme influencia de los super-ricos (bien sea de la banca o de la gran patronal) sobre los políticos.


Una última observación. Se me dirá (ya se me ha dicho), que el hecho de que el tercer super-rico del mundo sea español no tiene nada que ver con el elevado porcentaje de pobreza y/o el alto nivel de desempleo. Esta postura ignora que el Estado que facilita que haya super-ricos es el mismo que favorece los salarios bajos, la política fiscal regresiva, el escaso desarrollo del Estado del Bienestar y la limitadísima capacidad redistributiva del Estado. Hay, pues, una relación directa entre los primeros y los segundos, por mucho que este hecho evidente se intente ocultar. Así de claro.

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