El capitalismo, un obstáculo para la igualdad y la democracia: la historia de EEUU

La Guerra Fría acabó con el legado del New Deal. El paso del tiempo y Trump están destruyendo ahora el legado de la Guerra Fría. Mientras que el capitalismo era cuestionado y desafiado en las décadas de 1930 y 1940, hacerlo se convirtió en tabú después de 1948. Sin embargo, a raíz de la crisis de 2008, se recuperó el pensamiento crítico acerca del capitalismo. En particular, un argumento está ganando terreno: el capitalismo no es el medio para alcanzar la igualdad económica y la democracia, sino más bien el gran obstáculo para su realización.


Durante el New Deal, la administración Roosevelt presionada desde abajo por una coalición de sindicatos (Congress of Industrial Organizations) y por la izquierda política (dos partidos socialistas y un partido comunista), revirtió la dirección tradicional (de desigualdad creciente) de la distribución de la renta y de la riqueza en Estados Unidos. Se produjo un cambio hacia una mayor igualdad. Así, la historia de los EEUU ilustra la idea que defiende Thomas Piketty en su libro El Capital en el siglo XXI (2014) sobre la profundización de la desigualdad a largo plazo, que únicamente se ve interrumpida puntualmente. De hecho, la transformación que provocó el New Deal fue una de esas interrupciones, y estuvo basada en el tipo de impuestos hacia las empresas y los ricos que Piketty defiende ahora para corregir o revertir las desigualdades capitalistas.


Tras la Segunda Guerra Mundial, la reanudación del proceso de acumulación capitalista abatió al New Deal y ha llevado desde entonces al capitalismo global contemporáneo a una nueva profundización de la desigualdad. Lo que Piketty propone ahora de nuevo como una solución, ya ha demostrado ser un remedio meramente temporal. La transformación ha sido a su vez revertida. Después de 1945, las empresas y los ricos utilizaron sus beneficios y sus altas rentas y riquezas para comprar todavía más control de los dos principales partidos políticos. Ese control adicional les permitió desmantelar el New Deal y mantenerlo derribado.


Así, la historia de Estados Unidos ejemplifica algo más que la tendencia capitalista a profundizar en la desigualdad y cómo el uso de los impuestos estuvo en grado de revertir esa desigualdad. También nos muestra cómo y por qué esa transformación no pudo ser más que temporal. La lección de esta historia invita al escepticismo acerca de si las políticas progresistas basadas en impuestos -o, de hecho, cualquier política progresista- puede ser algo más que temporal, dado el probado éxito del capitalismo para revertirlas. Tal escepticismo se fortalece cuando las transformaciones que se han dado en otros países capitalistas se revelan, del mismo modo, como meras interrupciones temporales de una tendencia básica hacia desigualdades cada vez más profundas.


La conclusión que se extrae de la historia de EEUU no es que los esfuerzos para revertir la profundización de la desigualdad estén predestinados al fracaso. Más bien muestra que las meras reformas, como los cambios en la legislación fiscal, son inadecuadas para alcanzar dicho objetivo. Para que las reformas se mantengan -para superar una fragilidad que ya se ha repetido varias veces a lo largo de la historia-, es necesario ir hacia un cambio del sistema de base. Puesto que el capitalismo tiende a profundizar la desigualdad y ha demostrado que puede derrotar las inversiones de esta tendencia -convirtiéndolas en temporales-, es el capitalismo lo que debemos superar para resolver su inherente problema de desigualdad.


Lo mismo puede decirse respecto a la contradicción estructural del capitalismo con la democracia. La etiqueta de “democracia” que muchas naciones modernas usan para describirse a sí mismas ha sido siempre inapropiada. La esfera política es, en efecto, al menos formalmente, un lugar donde las decisiones gubernamentales las toman personas que rinden cuentas, finalmente, en unas elecciones basadas en el sistema una-persona-un-voto. En este preciso sentido, es cierto que los ciudadanos ejercen el derecho democrático a participar en la toma de decisiones que les incumben, por medio del control electoral que ejercen sobre los funcionarios gubernamentales.


Sin embargo, la esfera económica nunca se organizó de una forma democrática. Los líderes de las empresas -los propietarios, los accionistas y los directores que ellos eligen- toman todas las decisiones básicas que afectan a la empresa. Esto incluye decidir qué, cómo y dónde producir, así como qué hacer con los ingresos netos (o excedentes o ganancias) de la empresa. Los líderes no rinden en absoluto cuentas a las personas -todos los demás empleados- que deben que vivir con los resultados de esas decisiones empresariales básicas. Estos empleados son excluidos de participar en las decisiones económicas clave que les afectan y que configuran sus vidas. En resumen, se ha aplicado la etiqueta “democracia” a sociedades cuya esfera política es democrática, al menos formalmente, pero cuya esfera económica no lo es en absoluto.


La rigidez ideológica de la mayoría de las tendencias anti-estatismo en la historia de los Estados Unidos sirvió muy bien para mantener el foco en la oposición entre Estado/público e individuo/privado a la hora de pensar y actuar en favor del cambio social. La democracia se redefinió, en términos prácticos, como la liberación del individuo/privado de la intrusión del Estado/público. La calidad democrática de la empresa individual/privada -la estructura central de la economía- estaba exenta del análisis, en lo que se refiere a su incompatibilidad estructural con la democracia. La naturaleza jurídica de las empresas capitalistas, que tienen personalidad individual igual que las personas de carne y hueso, también ayudó a distraer la atención de su estructura antidemocrática. Del mismo modo, el compromiso del gobierno estadounidense con una “política exterior democrática” fomentó la reproducción en otros lugares de la misma estructura económica antidemocrática que caracterizaba a los EEUU.


El ala derecha de la política estadounidense ha entendido y ha reaccionado desde hace tiempo a los movimientos sociales por la igualdad y la democracia como amenazas al capitalismo. Sus líderes construyen coaliciones tratando de movilizar a la opinión pública contra esos movimientos, en tanto que amenazas al “American way of life”. Esta derecha ha construido su ideología sobre la noción de que la democracia significa que el Estado evite entrometerse en las vidas y las actividades de las personas y las empresas, consideradas ambas como “individuos”. Para ellos, igualdad significa igualdad de oportunidades, no de resultados. Entienden la oportunidad como algo estrictamente desconectado de la riqueza, los ingresos y la posición social de nacimiento de cada individuo.


El ala izquierda de la política estadounidense ha intentado siempre mantener la idea de que el capitalismo es compatible con el igualitarismo y la democracia. También ha defendido que el capitalismo se fortalecería, y no se vería amenazado, si se acercara más a la igualdad y la democracia. En términos prácticos, compitió contra la derecha insistiendo en que las masas -los trabajadores de las empresas capitalistas- perderían la ilusión y la lealtad al capitalismo si este se entregaba a sus tendencias anti-igualitarias y antidemocráticas. El capitalismo, argumentaba y argumenta, se fortalecería y no se vería amenazado por una rebaja de la desigualdad y por una mayor democracia.


Tanto la izquierda como la derecha -y su concreción en la dirección de los partidos Republicano y Demócrata- viven temerosas, conscientes o no, de que la masa, la clase trabajadora, se distancie del capitalismo. “Populista” es el epíteto que expresa actualmente este miedo. Ambos partidos compiten por el apoyo de los líderes del capitalismo -los principales accionistas y las juntas directivas empresariales que éstas seleccionan-, ofreciendo sus estrategias alternativas como una forma de evitar, controlar o canalizar de forma segura la desafección masiva con el capitalismo.


El Partido Republicano ofrece una mezcla de (1) represión a los movimientos sociales igualitarios y democráticos (es decir, populistas), (2) apoyo y subsidio a los capitalistas, y (3) gestos y políticas simbólicas para complacer a ciertos sectores de la opinión pública (fundamentalistas religiosos, patriotas, nacionalistas anti-inmigración, etc.). El Partido Demócrata ofrece una combinación de apoyo gradual y limitado a los movimientos contra la desigualdad y a favor de más democracia política. Se ofrece a sí mismo como el medio para llevar a los grupos marginales a una participación plena en el capitalismo, manteniéndolos así alejados del populismo. La dirección de cada partido condena a los populistas e intenta asociarlos con el adversario. Los Demócratas ven el populismo representado en Trump; los Republicanos y bastantes Demócratas centristas, en Bernie Sanders. Ambas partes rara vez se refieren al “capitalismo” per se. Ambos se comportan como si no existiera crítica o alternativa alguna al capitalismo, o como si éstas no tuvieran sentido.


No solo el Partido Republicano, sino también el apoyo del Partido Demócrata, sirven y refuerzan al capitalismo, que es un obstáculo básico para la igualdad económica y la democracia. Como ni la igualdad económica ni la democracia han sido nunca alcanzadas, han servido durante mucho tiempo como objetivos a los que ambas partes se han comprometido “de boquilla”. La absurda contradicción de esta posición compartida ahora está dando paso al reconocimiento de que la lección que nos ha dado la historia estadounidense es que existe una necesidad de cambiar el sistema. Si, en lugar de las estructuras empresariales capitalistas, se produjera una transición hacia las cooperativas de trabajadores con organizaciones y procedimientos democráticos -lo que con toda probabilidad supondría una distribución de los ingresos netos entre los participantes de la empresa mucho menos desigual que la que se da en las condiciones actuales- se habría eliminado un obstáculo clave para un movimiento social más amplio hacia la igualdad y la democracia.

Por Richard D. Wolff
03/03/2018
es el autor de "Capitalism Hits the Fan y Capitalism’s Crisis Deepens". Es fundador de Democracy at Work.
Fuente:
https://www.counterpunch.org/2018/02/23/capitalism-as-obstacle-to-equality-and-democracy-the-us-story/
Traducción:
Sara Suárez Gonzalo

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Los grandes grupos económicos de América Latina

Durante un largo tiempo, los grandes grupos económicos han sido la forma de organización corporativa dominante en América Latina. Tal como menciona Grosse (2007), estos grupos se caracterizan por estar controlados por un pequeño número de inversores – típicamente por una o dos familias- y por lo ampliamente diversificadas que se encuentran sus actividades.

En la región, los grandes grupos económicos dominan buena parte de las industrias nacionales, exceptuando el sector de hidrocarburos, donde las empresas estatales tienden a ser predominantes. Además, la influencia de estos grupos y de las multimillonarias familias que, por lo general, están tras de ellos, trasciende el ámbito económico e incide directamente en las decisiones políticas que se adoptan en sus países.


Si echamos un vistazo al ranking de las mayores empresas de América Latina en 2014 encontraremos que dieciséis de las veinticinco mayores empresas de la región, pertenecen a grandes grupos económicos locales. A su vez, estos grupos están controlados mayoritariamente por individuos o por ciertas familias. La mexicana América Móvil, por ejemplo, cuarta empresa más grande de la región en 2014 (detrás de tres petroleras estatales), pertenece al grupo Carso, controlado por Carlos Slim, uno de los diez hombres más ricos del mundo. El grupo Carso controla, además, empresas en el sector comercial, industrial, aeronáutico, de telecomunicaciones, entre otros. La brasileña JBS Friboi, líder en la venta de carne y sexta en el ranking regional, es controlada por la familia Batista a través del grupo JBS. La argentina TECHINT, que opera en el sector siderúrgico y de metalurgia y que es duodécima en el ranking, es controlada por Paolo Rocca. En Chile, Empresas Copec, decimoquinta en el rankingregional, es controlada por la familia Angelini, a través del grupo del mismo nombre.


Pero el capital de los grandes grupos económicos de la región no solamente se concentra en la industria o en el comercio, sino también en el sector financiero y en el sector de la comunicación (entre otros). Por ejemplo, de los veinticinco mayores bancos de la región, según el listado de América Economía para el año 2017, doce son de propiedad privada local, mayoritariamente en manos de grandes grupos económicos. El banco brasileño Itaú, por ejemplo, que es el banco privado más grande de América Latina, pertenece al grupo Itaúsa, con participación en el sector inmobiliario, financiero, químico, entre otros. A su vez, el grupo Itaúsa es controlado mayoritariamente por dos familias: Setubal y Villela. En México, el banco privado más grande, Banorte, pertenece al Grupo Financiero Banorte, controlado en buena parte por la familia Gonzalez Barrera.


Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de América Latina. De hecho, el que una notoria cantidad de empresas estén controladas por grupos locales, usualmente familiares, ha sido observado en algunas partes de Europa, Asia y otras regiones del mundo, como lo señalan Faccio y Lang (2002) y Morck, Wolfenzon y Yeung (2005). Una causa probable para ello es que los mercados de capitales no están tan ampliamente desarrollados en estos lugares como sucede en países como Estados Unidos.


Adicionalmente, en América Latina, al igual que en otras regiones en vías de desarrollo, el financiamiento para nuevos emprendimientos suele provenir de la propia riqueza familiar de los empresarios. Esta situación, que tiende a persistir, pone límites a la entrada de nuevos competidores, ocasiona la aparición de monopolios y permite la expansión de los grupos económicos a otros sectores diferentes a aquellos en los que se iniciaron.


Este problema, si bien es parcialmente ocasionado por la desigualdad estructural que ha caracterizado a América Latina desde tiempos de la colonia, contribuye también a reforzar la misma. El problema se agrava cuando consideramos que los extremos niveles de desigualdad de renta y de riqueza en la región son una amenaza sobre el crecimiento sostenible, sobre la cohesión social y representan un serio desafío a la democracia. De hecho, el que existan altos niveles de concentración de riqueza implica que también existan altos niveles de concentración de poder político en la región.


La influencia de los multimillonarios y de los grandes grupos económicos en América Latina se extiende, por tanto, mucho más allá de la esfera económica. Hay una gran variedad de casos en que muchos de los grupos económicos más poderosos de la región han utilizado su poder para incidir en las decisiones políticas nacionales, para obtener protección gubernamental o para acceder a información privilegiada. Sus medios de comunicación suelen ser usados para promover sus intereses y su posición privilegiada para defender su statu quo. Pese a todo ello, llama la atención el hecho de que muy pocas de las empresas de propiedad de estos grupos destaquen en el listado de las más grandes a nivel global.


Por Pablo Quiñonez Riofrío, @paquinonez , investigador CELAG.


Referencias:


Faccio, M., y Lang, L. (2002). The Ultimate Ownership of Western European Corporations. Journal of Financial Economics, 65(3), 365-395.
Grosse, R. (2007). The Role of Economic Groups in Latin America. En R. Grosse & L. Mesquita (Eds.), Can Latin American firms compete? Oxford: Oxford University Press.
Morck, R., Wolfenzon, D., y Yeung, B. (2005). Corporate Governance, Economic Entrenchment, and Growth. Journal of Economic Literature, 43(3), 655-720.

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Sábado, 17 Febrero 2018 18:47

El retorno de los mercenarios

El retorno de los mercenarios

El Estado-nación ya no monopoliza el uso de la fuerza ni pretende ser el proveedor de servicios sociales y asistencia humanitaria. El ejercicio de la violencia y de la benevolencia se privatiza con alianzas coyunturales de mercenarios y organizaciones no gubernamentales.


En 2000 la actriz estadounidense Mia Farrow, distinguida con numerosos honores por su militancia humanitaria en África, fue designada embajadora de buena voluntad del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Ocho años más tarde, frustrada por la incapacidad de la llamada “comunidad internacional” para detener el genocidio en Darfur, Farrow se puso en contacto con la firma de mercenarios Blackwater para una intervención humanitaria.


“Blackwater tiene una idea mucho más clara que los gobiernos occidentales de qué es una misión de paz efectiva”, declaró Farrow a la cadena Abc News.


Apenas unos meses antes de la gestión de la actriz, Blackwater había ganado notoriedad internacional después de que un grupo de sus empleados matara a 17 personas e hiriera a 20 en un confuso incidente en la plaza Nisur, de Bagdad. En 2005 Blackwater envió 200 empleados al área afectada por el huracán Katrina para “confrontar a los criminales” en los barrios damnificados.


Blackwater, fundada en 1997 por Erik Prince, un ex oficial de las fuerzas especiales de la marina, los famosos Seal, pasó a llamarse Xe Services en 2009, y en 2011 cambió de nombre a Academi, después de ser adquirida por un grupo de inversionistas privados.


Que Farrow buscara contratar a Blackwater no fue un hecho extraordinario: numerosas Ong han recurrido en las últimas dos décadas y media a los servicios de empresas militares privadas, Private Military Companies (Pmc), o empresas de seguridad privadas, Private Security Companies (Psc). La mayoría de estos contratos de protección se mantiene casi secreta porque las Ong los consideran un mal necesario que mancilla su imagen.


Una excepción es Armour Group International, una Psc británica cuya lista de clientes es pública e incluye agencias de las Naciones Unidas, la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea (Echo), la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid), el Departamento Británico para el Desarrollo Internacional (Dfid), el Comité Internacional de la Cruz Roja, el Comité Internacional de Socorro, la laica Care y la católica Caritas. La Ong evangélica Worldvision y la irlandesa Goal también han recurrido a los servicios de Pmc como Control Risks Group, Global Risk Strategies, Eryns, Hart Security, Kroll, Lifeguard, Mpri, Olive, Ronco, Triple Canopy y Southern Cross.


“Mi organización, una Ong pequeña que trabajaba para fortalecer la sociedad civil en Irak, no era una excepción”, señaló Corey Levine, una consultora canadiense en derechos humanos que fue contratada por Usaid. “Aproximadamente el 40 por ciento de nuestro presupuesto de unos 60 millones de dólares fue destinado a proteger a los 15 empleados internacionales. Nuestra compañía de seguridad era sudafricana”(www.counterpunch.org, 26-VIII-2010).


VOLVER AL FUTURO.

La colaboración entre profesionales de la guerra y vocacionales de la caridad es una realidad consolidada en un proceso que numerosos autores, por décadas ya, pronosticaron como una nueva Edad Media.


En 1924, el ruso exiliado Nicolái Berdiaáyev publicó su libro Un nouveau Moyen Âge. Réflexions sur les déstinées de la Russie et de l’Europe, y en 1973 el italiano Umberto Eco su ensayo Documenti su Il nuovo medioevo. Del asunto también se han ocupado otros, como el geógrafo Giuseppe Sacco, el historiador Furio Colombo, el sociólogo Roberto Vacca y el filósofo José Ángel Livraga Rizzi.


Para algunos el neomedievalismo significa caos y el triunfo de los bárbaros, como puede verse en los escritos de Leo Gross, Francis Wormuth, Arnold Wolfers, Martin van Crevel, Robert Kaplan y, especialmente, el francés Alain Minc, quien produjo sus conclusiones observando los conflictos bélicos en los Balcanes en la década de 1990.


Otros estudiosos, como Philip Cerny, Mark Duffield, Stephen Kobrin, Jörg Friedrichs Andrew Gamble y Gregory O’Hayon, opinan que la nueva Edad Media representa la alternativa al sistema de Estado-nación que emergió primero en Europa tras la Guerra de los 30 Años (1618-1648).


La historia tiene ejemplos de transiciones similares, a las que la humanidad sobrevivió. En el momento de su apogeo, la Grecia clásica se sumió en una guerra de casi tres décadas que pronto derivó en masacres, torturas, bandidaje, coaliciones tan fluidas como las traiciones y el fin del imperio ateniense.


La lenta disgregación del imperio romano fue seguida por siglos de geografía política fragmentada, con una multiplicidad de poderes con jurisdicciones superpuestas. En un sistema político y económico que duró casi ocho siglos, la Iglesia ejercía en diferentes grados su autoridad sobre reinos y feudos, y las órdenes militares congregaban a caballeros guerreros de distintas nacionalidades.


El proceso de centralización monárquica y unidad ideológica en la Europa católica estalló con la Reforma, con la multiplicación de órdenes religiosas que tenían diversos grados de subordinación o insubordinación al papa. Y también con el surgimiento de la banca internacional y las grandes casas mercantiles, cuyas operaciones atravesaban reinados y feudos.


Esto condujo a guerras dinásticas, guerras por adquisiciones coloniales, y guerras religiosas con el florecimiento de los ejércitos privados, condotieros, soldados profesionales que se contrataban al servicio de tal o cual ciudad, señor feudal, rey o papa. A falta de pagos, los mercenarios saqueaban ciudades y aldeas o combatían entre sí.


NACE EL ESTADO.

Es a esta ausencia de poder centralizado que dio respuesta la paz de Westfalia. Se reconoció la soberanía sobre un territorio y al rey como fuente de autoridad investida con el monopolio del uso de la fuerza, la defensa de las fronteras y la aplicación de las leyes.


El término “mercenario” adquirió connotación criminal, y las nuevas naciones se especializaron en hacer la guerra con enormes ejércitos sujetos al mando de los gobernantes. La revolución independentista de Estados Unidos y la revolución francesa incorporaron la novedad de trasladar la fuente de soberanía a esa entidad llamada “pueblo”, lo cual permitió la movilización nacional, la levée en masse, y las guerras por patriotismo típicas de los siglos XIX y XX.


Este es el orden internacional que empezó a caducar tras el final de la Guerra Fría. Las grandes potencias –y las medianas también– redujeron el contingente de sus fuerzas armadas, dejando a cientos de miles de soldados desempleados.


La incesante batalla de la derecha contra el Estado redujo en buena parte del mundo la autoridad de aquél en el ámbito de la economía, y su capacidad para mantener la infraestructura y el orden público. La responsabilidad por la seguridad urbana se ha ido transfiriendo a guardias privados, la protección de los ricos y los famosos se encarga a guardaespaldas, la custodia de convoyes en zonas de guerra está a cargo de contratistas privados.


CONTRATISTAS.

Cuando en 1978 este periodista llegó a Venezuela le sorprendió la ubicuidad de los “guachimanes” (del inglés watch man, vigilante) armados y apostados en los centros comerciales, los bancos y las garitas a la entrada de residencias rodeadas de rejas. Procedente de un sur donde el Estado mantenía celosamente su monopolio del ejercicio de la fuerza, esa privatización de la función policial lucía chocante.


Cuatro décadas después las policías privadas –bien uniformadas y mal pagadas– están por todas partes en cualquier país, y los mercenarios de hoy se llaman contratistas. Sus funciones varían desde la mera vigilancia estática de edificios o instalaciones industriales hasta la protección de funcionarios y empresarios en movimiento, y desde la instrucción a ejércitos nacientes hasta la ejecución de campañas militares.
Estados Unidos, el país con la fuerza militar más poderosa del mundo, es también el mayor cliente de las Pmc y las Psc. Según el Servicio de Investigación del Congreso, durante la Segunda Guerra Mundial aproximadamente el 10 por ciento de las fuerzas armadas del país lo componían contratistas privados, pero durante las guerras en Irak y Afganistán la proporción ha subido al 50 por ciento.


En julio pasado el gobierno del presidente Donald Trump convocó a Prince, el fundador de Blackwater, y a Stephen Feinberg, dueño de Dyna Corp International –la empresa que creó el nuevo ejército de Liberia–, para que elaboraran estrategias militares alternativas en Oriente Medio, apoyadas primordialmente en fuerzas mercenarias.


La firma Private Security Monitor, que analiza esta “industria”, indica que hacia 2009 había en zonas de guerra un contratista privado por cada soldado regular. Esa proporción ha subido a tres por uno. En 2014 el 64 por ciento de todas las bajas estadounidenses en Afganistán correspondió a contratistas privados (50 soldados regulares y 101 contratistas muertos).


Los contratistas privados no están sujetos a, ni protegidos, por las convenciones internacionales de guerra –un legado obsoleto de la paz de Westfalia–, ni reciben los honores que se adjudican a los soldados regulares cuando retornan en un ataúd.


CÓDIGO DE CONDUCTA.

En 2015 el Departamento de Defensa estadounidense gastó un monto de 274.000 millones de dólares en contratistas privados, lo que equivale al 7 por ciento de todo el gasto federal. Pero el negocio no se limita a Estados Unidos. Las Pmc y las Psc son empresas trasnacionales, con una fuerza laboral internacional, oficinas en diversos países, y sus propias reglas de conducta.


La Asociación del Código Internacional de Conducta para Proveedores de Servicios de Seguridad Privada (Icoca), que cuenta entre sus miembros a los gobiernos de Australia, Canadá, Noruega, Suecia, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos, lista también entre sus miembros a empresas de seguridad privada de Estados Unidos, Irak, Singapur, Francia, Holanda, Chipre, Seychelles, China, Guatemala, Reino Unido, Polonia, Paquistán, Finlandia, Emiratos Árabes Unidos, Trinidad y Tobago, Colombia, Ghana, Nigeria, Sri Lanka, Palestina, Somalia, India, Haití, Mauricio, Suecia, Malta, España, Perú, Hong Kong, Egipto, Italia, Georgia y Turquía.


El código de conducta de Icoca y sus miembros, que incluyen “organizaciones de la sociedad civil”, está disponible para todo el mundo en nueve idiomas (www.icoca.ch/en/the_icoc).


Rusia no está en la lista, pero ha usado combatientes sin bandera ni insignias para su expansión en Ucrania. El parlamento ruso discute actualmente un proyecto de ley para regular a las Pmc después de que un ataque aéreo estadounidense en Siria mató a un número indefinido de “contratistas militares” rusos.


Durante la última década, tanto gobiernos como empresas internacionales recurrieron a Pmc y Psc para combatir a los piratas que pululaban en el Golfo de Adén y el noroeste del océano Índico, operando desde las costas de Somalia, un ejemplo sobresaliente del colapso del Estado-nación y el retorno al medievalismo.


LA WEB. Internet es uno de los instrumentos que dan a las Pmc una ventaja enorme sobre las fuerzas militares convencionales, porque les permite movilizar rápidamente un contingente, desplazarlo al área de conflicto, y desmovilizarlo una vez terminada la misión. Cualquier persona en el mundo a quien le interese una carrera como mercenario encontrará vacantes en la web. La experiencia laboral en grupos paramilitares, guerrillas y misiones internacionales de paz es altamente cotizada.


Los contratistas privados poco hablan de sus sueldos, porque sus clientes incluyen entidades como la Cia, pero según un informe de Cnn, las remuneraciones van de los 15 mil a los 22.500 dólares por mes. En el Ejército de Estados Unidos un soldado raso gana 1.468 dólares por mes, y un capitán percibe 4.952 dólares mensuales.


La eclosión de los contingentes militares privados es la consecuencia de la obsolescencia del Estado-nación y un síntoma de que no alcanzó su condición totalitaria en la era de la globalización. “Tenemos que aprender a vivir aun a través de las deficiencias que ya va planeando la sociedad medieval”, escribió el escritor, filósofo y educador argentino Jorge Ángel Livraga Rizzi. Una de las posibles soluciones, según Livraga, es la creación de módulos de supervivencia. “Cada cual tiene que tratar, en lo posible, de rescatar todo aquello que sea válido para sí y para los demás.”


Por su parte, la antropóloga María Dolores Fernández Figares-Romero de la Cruz, directora académica de la Escuela Superior de Comunicación de Granada, opina que “ante una imagen histórica como es la de la nueva Edad Media, lo único que cabe también es una actitud y una imagen histórica que impliquen una forma de comportamiento que sea la de ese hombre neomedieval que va buscando las semillas salvadoras (…). Aprender a vivir (…)en una sociedad donde hay deficiencias: ser capaz de anticipar la posibilidad de un fallo eléctrico sin que esto nos desestabilice, la posibilidad de una escasez de combustible, de una carestía de alimentos, de una inseguridad cada vez mayor, sin que ninguna de estas deficiencias del sistema nos limite a nivel psicológico” (revista Esfinge, 2-IX-09).

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Davos, el gobierno mundial de los negocios

“El mundo está harto de grandes soluciones.
Está cansado de gente que sabe exactamente
lo que hay que hacer. Está aburrido de
gente que anda con el portafolio lleno de soluciones
buscando problemas que encajen en esas soluciones”.


Manfred Max-Neef


Luego de 18 años de ausencia, un presidente norteamericano retornó al Foro Económico Mundial, fundado en 1971 por Klaus M. Schwab (profesor de negocios internacionales en Suiza). Entre otras actividades, el popularmente conocido “Foro de Davos” (por la ciudad que acoge al evento) reúne -en enero de cada año- a líderes empresariales, políticos, representantes máximos de organismos multilaterales, periodistas y a intelectuales seleccionados por sus organizadores, para analizar al mundo. Además de esa élite económico-política, al Foro llegan -cual mendigos- ministros de países proveedores de materias primas “suplicando” por inversiones o presidentes rastreros como el argentino (que, para sentirse más cercano a los capos del mundo, negó los orígenes indígenas y mestizos de su país). Y en este año se destacó un grupo de mujeres que en Davos “juegan al feminismo”, pero “que simbolizan -como anota Paula Ortega, en Diario El Salto- el poder y la 'emancipación' desde el individualismo y para sus carreras” en organismos multilaterales, como el FMI, u otros organizaciones políticas, económicas o sociales de poder mundial.
Con semejantes protagonistas, Davos -lugar donde Thomas Mann escenificó La montaña mágica- cada año atestigua charlas, talleres, discusiones y banquetes donde los poderosos del mundo -y sus súbditos- dizque buscan medidas a los problemas globales que ellos mismos crean… Problemas a los cuales aplican viejas recetas, imposibilitando cualquier auténtica solución. Y luego de una parafernalia inútil, prometen volver el próximo año a seguir pensando y discutiendo sobre esas grandes soluciones que ocultan sus reales intenciones.


Davos -el Foro- no ha perdido relevancia como creen algunos analistas, ni curará los problemas del mundo, como sugieren “ingenuamente” otros. La presencia simultánea de gobernantes de las grandes potencias, así como de gerentes generales de muchísimas transnacionales e inclusive de los “emprendedores sociales” -acolitados siempre por la gran prensa mundial- ratifica la significación de este espacio en el que confluyen los poderosos del mundo. Allí estaba ampliamente representado aquel 1% -33 millones- de personas que en 2017 acapararon el 82% de la riqueza producida en dicho año, mientas la mitad de los habitantes del planeta -3.600 millones- no obtuvo beneficio alguno, según el reciente informe de Oxfam. Y aunque duele aceptarlo, Davos pesa más que muchas cumbres de Naciones Unidas, incluyendo sus asambleas anuales (fiel reflejo de que los intereses del capital mundial pesan más que los intereses de las naciones del mundo).


Para valorar mejor lo que representa este espacio de poderosos cabe escudriñar sus entrañas y conocer sus reales objetivos. Si el Estado es el garante de la propiedad privada y sus negocios en los diversos países, el Foro de Davos -parafraseando a Carlos Marx y Federico Engels- solo es la junta “mayor” en la que se cuidan los negocios comunes de la burguesía global y transnacional, mientras hablan hasta por los codos de un interés general de la humanidad. Interés general que simplemente no existe…


Respecto al Foro de este año, quizá Donald Trump fue quien se llevó todas las luces, interviniendo con la frescura y la solemnidad propias de un vendedor ambulante. En efecto, Trump -quien recién cumplió un año en funciones- presentó al mundo el mensaje de que “ahora es el mejor momento para llevar su dinero, sus empleos y sus negocios a Estados Unidos” y “hacer negocios” en un país que, según él, estaría en franca recuperación (¿o en franca especulación?).


De paso, Trump aclaró algunas de sus posiciones que generaban recelo e incertidumbre en el mundo de los negocios. Por ejemplo, para tranquilizar a la fanaticada globalizadora del capital, planteó que “primero Estados Unidos no significa solo Estados Unidos”, pues “cuando Estados Unidos crece, también lo hace el mundo”. Eso sí reclamó, en paralelo, una aplicación más estricta de las normas comerciales, acusando a países que no mencionó de prácticas “desleales”, incluido el robo de propiedad intelectual y de ofrecer ayuda estatal a sus industrias. “Solo insistiendo en un comercio justo y recíproco podemos crear un sistema que funcione no solo para los Estados Unidos, sino para todos los países”, dijo Trump. “No podemos tener un comercio libre y abierto si algunos países explotan el sistema a expensas de otros. Apoyamos el libre comercio pero debe ser justo y recíproco” concluyó, al tiempo que dejó entreabierta la puerta para posibles acuerdos comerciales multilaterales, que serían negociables si benefician a los Estados Unidos.


Es difícil anticipar el real alcance de estas declaraciones. Pero la experiencia histórica hace intuir que muchas veces estos discursos, en apariencia simplones, ocultan potenciales estrategias y acciones políticas de largo aliento. Un ejemplo “célebre” es el discurso del presidente Harry Truman el 20 de enero de 1949, cuando los Estados Unidos asumieron la tarea de superar el subdesarrollo en el mundo, lo que luego devino en una suerte de mandato global.


Además, semejante lírica trumpista omite el hecho de que nunca hay igualdad entre países y pueblos frente a los tratados comerciales internacionales. En una economía capitalista globalizada -como reconoció Trump- no cabe un comercio mundial libre y abierto. Si bien el comercio es uno de los motores de la civilización capitalista, como afirmó Rosa Luxemburg, éste nunca será justo ni recíproco mientras el capital se imponga en el mundo. No olvidemos que los países “desarrollados” como Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia o China, aseguraron y aseguran su participación en el mercado mundial con múltiples y complejos mecanismos de protección. La historia demuestra hasta la saciedad -como en 1841 anticiparía con absoluta claridad el alemán Friedrich List- que la estrategia de “desarrollo” ha sido la de “patear la escalera” para impedir que los países capitalistas empobrecidos -hasta por el propio comercio mundial- alcancen el pedestal siguiendo la senda de los países capitalistas industrializados.


Lo que sí cabe reconocer es que Trump sabe de lo que habla al invitar a hacer negocios y a fomentarlos. Nadie duda que él sabe de negocios pues domina las técnicas para acumular sea al crear o fusionar empresas, al quebrar empresas o al recuperarlas, sea al no pagar tributos o al explotar a sus trabajadores, al aprovecharse de los apoyos estatales o al escabullirse por las hendijas que dejan las leyes… en fin, sabe de los negocios en el mundo capitalista. Una economía en la que, como escribió carlos Marx en el tercer tomo de El Capital, citando a un banquero: “todo lo que facilita el negocio, facilita la especulación, los dos en muchos casos están tan interrelacionados, que es difícil decir, dónde termina el negocio y empieza la especulación”.


Trump y los poderosos reunidos en Davos ven a la economía no como espacio para satisfacer las necesidades humanas (¿alguna vez lo fue?), aceptando los límites biofísicos de la Naturaleza, sino como un campo en donde los negocios mandan. Eso mismo explicaría también su “ingenua” posición negacionista sobre el cambio climático.


En síntesis, Davos es un espacio poco formalizado y nada democrático -no el único- donde los poderosos del globo controlan la economía y política mundiales, para proteger sus privilegios y asegurar la acumulación de sus capitales, buscando siempre nuevos espacios de enriquecimiento vía nuevas tecnologías, vía formas cada vez más sofisticadas para exprimir a los mercados, o inclusive -de forma perversa- vía la obtención de ganancias hasta en la mitigación, la adaptación o la remediación de los efectos del cambio climático provocado por ese mismo mundo de los negocios capitalistas.


Superar estas confabulaciones mundiales es urgente para las fuerzas populares del mundo. Penosamente esfuerzos como el Foro Social Mundial perdieron fuerza, pues ese Foro fue ocupado por grupos afines a gobiernos progresistas, algunos de cuyos cuyos gobernantes corrieron a Davos a la vez que impulsaban “revoluciones” para modernizar el capitalismo en sus países…


Con más capitalismo no superaremos la civilización de la desigualdad y la destrucción, menos aún desde la lógica estrecha de los negocios. Es hora de respuestas radicales que aniquilen a uno de los más grandes poderes creados por la humanidad y que augura su propia extinción: el capital.
El autor es economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República del Ecuador.

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"Los precios de la comida basura son bajos porque cultivamos monopolios industriales con nuestros impuestos"

"La agroecología va mas allá del producto ecológico, porque une al productor con la soberanía alimentaria, la justicia social y un sueldo digno", dice Vandana Shiva, filósofa y activista de la agroecología.


"Si queremos verdaderamente ser dueños de nuestras vidas, hemos de ser dueños de nuestras semillas. Los biopiratas las acumulan todas por su importancia estratégica"

El 15M le pilló en el despacho de Zapatero. Su consejo al presidente fue que bajara a la calle a dialogar, a escuchar. Vandana Shiva era la única mujer en aquel grupo de asesores. Los demás desaconsejaron rotundamente su propuesta.


En India las mujeres profesionales y universitarias ya no llevan sari, sin embargo ella, en medio de su agenda internacional de élite, aun siendo una intelectual, viste como visten las campesinas más pobres. Es una mujer menuda con una tremendo confianza en sí misma y en ser la voz de los vencidos por la industria agrícola mundial.
Han pasado cuatro décadas desde que empezó a predicar cosas consideradas insólitas en su tiempo. Ahora, tanto en su país como en el resto del mundo, se la lee y escucha con fervor en salas abarrotadas de un público que, gracias a su esfuerzo, ya conoce a la perfección conceptos agrarios y bioéticos, de soberanía alimentaria, de justicia social y, sobre todo, de justicia ambiental.


Shiva ha acuñado términos como biopiratería, agroecología y democracia de la tierra, y se ha convertido en la pesadilla de los gigantes de la ingeniería genética (en particular Monsanto), luchando por la protección de la biodiversidad mundial y por los campesinos que se suicidan o se arruinan a causa de ellos. Ha triunfado contra la piratería del arroz Basmati, del árbol Neem y del trigo en India, así como en la reducción del número de suicidios de campesinos en Kerala, India.


Mientras en su país muchos la descalifican como "antiprogreso", ella se mueve con agilidad entre universidades, gobiernos, ONG y activistas. Tiene un premio Right Livelihood, es autora de 22 libros, y fundadora de muchas redes políticas (muchos son bancos de semillas), además de su granja instituto Navdanya.


Capitan Swing acaba de publicar en España Quién alimenta realmente al mundo. El fracaso de la agricultura industrial y la promesa de la agroecología. Actualmente se bate contra el gigante que ha emergido de la fusión de Bayer y Monsanto.


Científicos del entorno de National Geographic parecen estar adelantando el final del deshielo de los polos a una horquilla entre 4 y 10 años, eso es...


Eso no es el futuro, como nos dicen, ni una pesadilla, eso es nuestro presente. No queremos verlo pero así es. Por eso insisto en que lo primero que puede revertir sus consecuencias es preservar la biodiversidad de la tierra. Y no disminuir la biodiversidad, como hacemos con el modelo extraccionista y de producción industrial de alimentos en el que aún seguimos. El camino a seguir es aumentar la resiliencia de los ecosistemas preservando su equilibrio natural. Sin diversidad genética no podemos sobrevivir al cambio climático.


La agricultura ecológica comenzó buscando un modelo socioagroalimentario, pero ahora parece importar más el aspecto saludable y el reciclado, dejando atrás reducir el transporte kilométrico y la explotación económica. Cuando llega a las ciudades el producto ecológico todavía es caro y a veces ha dado la vuelta al mundo. ¿Qué lo diferencia del modelo agroecologico?


La producción ecológica no es un producto, es un proceso con retorno para la tierra y la comunidad. El modelo agroecológico es la aplicación de la visión ecológica a la economía. Necesitamos que ambas partes, las comunidades que producen y las redes honorables que distribuyen, sean reconocibles por la otra. El comer y el mercado se han de encontrar y permanecer unidos, esto es imprescindible para que se dé el cambio que asegure la biodiversidad y la fertilidad de la tierra y el acceso al alimento de todas las comunidades planetarias.


Lo agroecológico va mas allá del producto ecológico, porque une al productor con la soberanía alimentaria, la justicia social y un sueldo digno. Va más allá de producir sin residuos. Por ejemplo el cultivo hidropónico no es más ecológico por no consumir terreno, pues es altamente dependiente de la química y se hace en bandejas de porexpan. Pero la industria lo está adoptando a grandísima escala y dice que es más ecológico, pero son plantas que no tocan la tierra y están pensadas por el hombre en su totalidad desde una idea de carencia.


En mi libro desmitifico cada uno de los principios del modelo industrial y las falsas creencias, como que los pesticidas son imprescindibles, que nos llevan a una destrucción planificada de nuestra existencia. Uno de ellas es que la tierra escasea. Los cultivos hidropónicos, hechos sin tierra, no pueden darnos la cosecha mundial que necesitamos. Pero la tierra fértil esta siendo destruida por la agricultura industrial que es un sistema que niega la fertilidad de la tierra y defiende que sólo con fertilizantes químicos es capaz de producir. Con el agua pasa lo mismo. No escasea, la hemos destruido. Por eso Bill Gates ha sido convencido para repetir el modelo fallido de la Revolución Verde en África.


Si la producción ecológica supone absorción de gases invernadero, ¿reconocerlo lo desvirtuaría para hacer bonos de aire puro?


La agricultura industrial rompe muchos ciclos y uno de ellos es el de la emisión de gases y absorción de las emisiones. Absorbe menos carbodióxidos, cosa que sí hace la agricultura ecológica que sirve para absorber y cerrar el ciclo. Desde que publiqué Soil not oil, he sido contactada por algunos gobiernos y debo decir que el más proclive a promover esta idea es Alemania.


Estoy a favor de que se promocione la agricultura ecológica como la solución, pero estoy en contra de hacer bonos ecológicos y que los pequeños agricultores sean controlados por la filosofía de Wall Street, porque la Bolsa produciría explotación y para crear certificados limpios aparecerían granjas gigantes que requieren mucha demanda de petróleo, como ya hemos visto en Kioto.


Yo prefiero pensar en grandes zonas del mundo proclamando que no van a emitir, zonas libres de emisiones, apoyadas por la economía pública. Respecto a la contaminación producida por las granjas cárnicas industriales, creo que toda persona no vegana debiera declarar públicamente su rechazo a la existencia de estas granjas.


La reciente fusión de Bayer y de Monsanto ha provocado el repentino control del 35% del mercado global de semillas de maíz, el 28% de las de soja, el 70% de las de algodón y el 69% de las tolerantes a herbicidas.


Solo la firma de la fusión ya ha subido el precio de todas las semillas un 5,5%, y las de algodón un 20%. Si queremos verdaderamente ser dueños de nuestras vidas, hemos de ser dueños de nuestras semillas. Nos estamos quedando sin semillas, los biopiratas las acumulan todas por su importancia estratégica.
Hoy la concentración de poder es de tres grandes empresas mundiales que monopolizan este bien de la humanidad. Hemos de preguntarnos ¿quiénes son los grandes zares y quiénes los nuevos siervos? Si miramos el caso de el inexplicable uso del veneno glifosato en Europa, la razón detrás de esta victoria solo se llama poder económico e influencia política.


Monsanto también ha comprado la gran base de datos Clime Data, que le proporciona algoritmos y patrones del clima. Plantix es una aplicacion informática que detecta plagas, y proporcionando una foto de la planta te indica qué producto aplicar, cuando 200.000 personas mueren al año por el efecto de los pesticidas. Seguimos exportando pesticidas y devastación.


Dice usted que el 75% de las enfermedades crónicas viene de la comida industrial.


Cuando la comida contiene todos sus micronutrientes, la gente no tiende a enfermar. Cuando el sistema que los produce no se autocuestiona los métodos abusivos que utiliza para crear alimento barato, la enfermedad es una consecuencia inmediata y epidémica de tanta avaricia.


Seguimos colonizando y toxificando sobre falsas premisas y nuestra tierra no está muerta, está bien viva. Hoy incluso sabemos que sus raíces soportan y llevan nutrición a todo el ecosistema mas allá de 12 kilómetros por debajo del suelo. La supuesta Revolución Verde, que dio una segunda vida a la industria armamentística de la II Guerra Mundial, poniéndola otra vez en circulación en forma de productos químicos para la tierra, es la base ideológica de nuestra catástrofe ambiental, climática y de salud humana.
Un ejemplo es que la agricultura química industrial es dependiente de los subsidios públicos europeos. Los precios de la comida basura son bajos porque cultivamos monopolios industriales con nuestros impuestos sin saberlo. Lo que recibimos a cambio son enfermedades crónicas.


El coste real de lo que comemos se ha camuflado detrás de sus precios tan baratos durante mucho tiempo, pero el número de enfermedades que están aflorando y el coste que eso supone para la sanidad de nuestros países sigue interesando a las grandes fusiones de industrias alimentarias y farmacéuticas.


Amazon acaba de comprar Whole Foods, que fue el supermercado pionero en comercializar alimento ecológico en EEUU, y tiene la red de consumidores específicos para el sector que ya quiere comer orgánico mas grande del país. El mercado se está asegurando también a los que no quieren comer su comida basura.


En mi red de agricultores en India (Navdanya) los agricultores ganan 10 veces más, por el simple hecho de ser dueños de sus semillas y tener un mercado propio y una comunidad de apoyo.


Acaba usted de presentar ante la Comisión India de la Competencia sus últimas objeciones contra el efecto de la fusión de Monsanto y Bayer para la soberanía y alimentación mundiales y para los derechos de los campesinos indios y de todo el mundo.


No es difícil hacer la revolución. La lucha de la gente contra el poder es la lucha de la gente contra el olvido. Cuando era estudiante y durante 11 años después, dos compañeros de universidad y yo conseguimos que una gran multinacional agrícola se doblegara ante nuestro sencillo poder de resistir. La verdadera revolución es decir al mundo que, aunque hayamos cruzado los límites, esta es nuestra casa y la de las futuras generaciones por venir. Rechazar extinguirnos es la más alta de las revoluciones.

 

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Publicado enMedio Ambiente
Martes, 23 Enero 2018 05:59

Los ultra ricos

Los ultra ricos

“En 2017 establecimos un nuevo récord: registramos 2043 fortunas de más de 10 dígitos, una cifra superior a las 1810 del año pasado.” Con una mirada ideológica opuesta a la ONG Oxfam, la revista Forbes también da cuenta del avance de los ultra ricos. “En total, las fortunas de los multimillonarios se estiman en 7,7 billones de dólares, otro récord, lo que equivale a 1,2 billón de dólares más que el año pasado. Los mercados de valores en auge, el mayor precio en los productos básicos y el emprendimiento llano al estilo old fashioned fueron los factores que marcaron el debut de 195 multimillonarios en el listado de este año”, describió Forbes.

Forbes pone nombre y apellido a las 20 personas más ricas del mundo. Si el ranking se extendiera hasta las 42 personas con más dinero, ese stock de riqueza equivaldría a las posesiones materiales de 3700 millones de personas. En el puesto número uno de los más ricos está Bill Gates (Microsoft, Estados Unidos) con 86 mil millones de dólares. Le sigue Warren Buffett (Berkshire Hathaway, Estados Unidos), con 75.600 millones de dólares y Jeff Bezos (Amazon.com, Estados Unidos), con 72.800 millones. Completan el podio de los diez más ricos Amancio Ortega (Zara, España), con 71.300 millones; Mark Zuckerberg (Facebook, Estados Unidos), con 56 mil millones; Carlos Slim Helú y familia (Telecom, México), con 54.500 millones; Larry Ellison (Oracle, Estados Unidos), con 52.200 millones; Charles Koch (Koch Industries, Estados Unidos), con 48.300 millones y Michael Bloomberg (Bloomberg LP, Estados Unidos), con 47.500 millones de dólares.

Publicado enEconomía
Sábado, 13 Enero 2018 07:02

Boeing a la caza de Embraer

Boeing a la caza de Embraer

La principal empresa aeronáutica del mundo, la estadounidense Boeing, pretende comprar la tercera del sector, la brasileña Embraer, que es la empresa clave del incipiente complejo industrial-militar del Brasil. El gobierno posee una acción de oro (Golden share) que puede bloquear la venta, lo que ha abierto un fuerte debate en el país.

 

Uno de los momentos más críticos surgió el 26 de diciembre, cuando el CEO de Embraer, Paulo Cesar Silva, difundió un mensaje a la directiva de la empresa en el que pretendía tranquilizar a los brasileños. "Cualquiera sea el formato del acuerdo, el objetivo será el éxito y el crecimiento de la compañía y la preservación de los puestos de trabajo".


El directivo no despejó las principales dudas. Si habrá fusión con la Boeing, si se producirá la absorción de la empresa brasileña por la estadounidense o si se llegará a algún tipo de acuerdo menor que involucre aspectos secundarios, como la fabricación conjunta de algunos modelos. El futuro de Embraer es, de alguna manera, el futuro de la industria brasileña, la más poderosa del sur del planeta y de América Latina.


El tema central en debate es quién controlará la empresa. Embraer, siglas de Empresa Brasileña de Aeronáutica, fue fundada en 1969 por el Ministerio de Aeronáutica del gobierno militar de la época, con el objetivo de conseguir autonomía en la producción de aviones comerciales y dominar las tecnologías de vanguardia. En la década de 1990 sufrió una crisis que redujo su capacidad de producción y fue privatizada en 1994.


El gobierno brasileño conservó la "acción de oro" que equivale al 1%, con capacidad para vetar decisiones, sobre todo las relacionadas con secretos tecnológicos. El control de Embraer pasó a tres grupos brasileños, los fondos de pensiones Previ y Sistel, y el grupo de inversiones Bozano.


Bajo el gobierno de Lula, en 2006, hubo una nueva distribución de acciones a favor del capital brasileño, de modo que el estatal BNDES controla alrededor del 20%, el fondo del sindicato de la banca estatal Previ el 16,4% y un grupo privado el 11%, aunque actualmente la presencia estatal sigue siendo minoritaria.


En 2016 Embraer facturó siete billones de dólares, casi el 60% en aviación comercial y el 15% en el área de Defensa. Tiene dos fábricas en Sao Paulo, 18.000 empleados y figura entre las tres principales exportadoras del país desde hace dos décadas. Es vanguardia mundial en aviones ejecutivos y en aviones de hasta 150 asientos. En los últimos cinco años, invirtió cinco mil millones de dólares en el avión comercial E-2 y en el carguero KC-390 destinado a sustituir a los míticos Hércules de EEUU.


Las razones para la fusión de ambas empresas o la compra por Boeing de Embraer se relacionan con los cambios en el mercado de aviones regionales. Tiempo atrás el fundador y ex presidente de Embraer, Osiris Silva, dijo a la revista Istoé que aunque Embraer está bien situada, están ingresando otras empresas en el mismo segmento, lo que la llevará a realizar enormes inversiones si pretende mantener su lugar.


Boeing tiene interés en el mercado de aviones regionales, el que crece con mayor velocidad. Pero allí debe competir con las empresas que están ingresando, como la rusa United Aircraft, la japonesa Mitsubishi y la china Comec. El avión más pequeño de Boeing, el 737-700 con más de 140 asientos, "no consigue aprovechar el crecimiento de la demanda entre compañías aéreas de bajo costo y el incremento del número de aeropuertos menores que no reciben aviones de gran tamaño", como acaba de señalar el diario empresarial Valor.


La europea Airbus está mejor posicionada en ese segmento, pero además acaba de llegar a un acuerdo con la canadiense Bombardier, la cuarta empresa de aviones comerciales del mundo y competidora directa de Embraer. En esta coyuntura la opción de Boeing era desarrollar un avión regional nuevo, ya que en 2006 cerró la línea de producción del 717 con cien asientos, precisamente porque había perdido espacio en el mercado por la pujanza de Embraer.
Lo que Boeing pretende es hacerse con la capacidad de innovación y el conocimiento de Embraer de los aviones regionales. "La brasileña partió de una participación cero en 2000, para alcanzar los 1.700 aviones en operación apenas 17 años después". Boeing tiene interés en el dominio de software de Embraer y en su equipo de ingenieros que es mucho más joven que los suyos.


Pero el gran tema es cuál será el papel de EEUU en la Embraer. Entre 2001 y 2016 la empresa recibió préstamos de 30.000 millones de dólares (85.000 millones de reales) para ampliar su producción, exportar más y destinar a innovación. Es la segunda empresa brasileña que más dinero recibió del BNDES, el banco estatal de fomento.
El problema es que Embraer empezó a trasladar su producción a EEUU, con la instalación de un centro de ingeniería avanzado en Florida y la fabricación de la totalidad de aviones ejecutivos. En paralelo, casi todas de las exportaciones de productos manufacturados de Brasil a EEUU son aviones de Embraer, con un 60% del valor total producido en EEUU (turbinas y otras partes). Por eso la página militar Defesanet asegura que Brasil exporta "productos norteamericanos financiados por el contribuyente brasileño".


Por otro lado, el centro de desarrollo Uber-Embraer, que desarrollará alternativas al transporte urbano, se quedará en EEUU con financiación brasileña, pero para emplear jóvenes ingenieros norteamericanos.


El especialista polaco Tomasz Hypki, de la Agencia del Aire Altair, sostiene que el ministerio de Defensa está "alimentando un cáncer que destruye las industrias aeroespaciales y de defensa polacas, al promover la cooperación militar con EEUU".


Hypki se pregunta: "¿Porqué los funcionarios del ministerio no extraen conclusiones sobre lo que sucedió en Canadá, Turquía, Argentina, República Checa o Gran Bretaña? En todos esos lugares, las empresas locales tuvieron que ser salvadas después de su bancarrota luego de un período de estrecha cooperación con EEUU, y sus presupuestos tuvieron grandes pérdidas de billones de dólares".


Al parecer el futuro de Embraer puede ser muy similar al de las empresas de esos países. Si así fuera, décadas de empeño en el desarrollo de una gran empresa nacional serían echados por la borda.

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Estados Unidos vuelve a permitir las investigaciones que pueden producir virus letales

La Administración de Trump levanta una moratoria de Obama a la financiación de experimentos con gérmenes peligrosos


Los experimentos de riesgo vuelven a los laboratorios de Estados Unidos. El Gobierno de Donald Trump ha levantado esta semana una moratoria a la financiación de investigaciones que pueden incrementar el peligro y el contagio y los gérmenes. En otras palabras, abre la puerta a una serie de ensayos controvertidos que pueden convertir los virus en un arma letal, algo que llevaba prohibido desde 2014 por de Barack Obama.


La medida desbloquea la manipulación y refuerzo de patógenos como el síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio (MERS), gripe o el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS) y extiende este tipo de métodos a otros virus como el ébola. Los Institutos Nacionales de Salud (NIH, en sus siglas en inglés) anunciaron la decisión el pasado martes y recalcaron que estas investigaciones solo podrán llevarse a cabo previa consideración de un grupo de expertos de la agencia, que deben concluir que los méritos científicos y beneficios potenciales justifican el riesgo.


Los defensores de este tipo de experimentos (conocidos como gain-of-function en la jerga científica) ponen el acento en su mayor capacidad de hallazgo y desarrollo de vacunas, mientras que los detractores se llevan las manos a la cabeza por el peligro que supone cualquier error o fuga de virus de semejante calibre. La moratoria de Obama llegó, de hecho, en un momento de mucha polémica sobre este asunto, el mismo año en se supo que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades habían expuesto de forma accidental a los trabajadores de su laboratorio de Atlanta a un brote descontrolado de ántrax.
El director del NIH, Francis Collins, resaltó este martes que las investigaciones de este tipo se recuperan tras un proceso de deliberación de tres años llevado a cabo por expertos del sector público y privado.

“Tenemos la responsabilidad de asegurar que la investigación con agentes infecciosos se lleva a cabo de forma responsable”, afirmó Collins, que dirige esta agencia pública desde 2009, al inicio de la era Obama.
Además, durante el tiempo que duró la moratoria, 10 de los 21 proyectos que quedaron paralizados obtuvieron una dispensa para seguir adelante extremando la seguridad porque se consideraron excepcionales. Se trataba, en concreto, de unos experimentos sobre el MERS y la gripe. Para Collins, el nuevo marco de trabajo aporta garantías adicionales que “maximizan el beneficio” y minimizan el riesgo.

 

Washington 22 DIC 2017 - 12:40 COT

Lunes, 18 Septiembre 2017 08:05

Una reforma agraria al revés

Una reforma agraria al revés

La investigadora Silvia Ribeiro, una de las mayores investigadoras latinoamericanas, sostiene que Argentina y Brasil tienen el 21 por ciento del consumo de agrotóxicos. Seis multinacionales gigantes se reparten el mercado de semillas.

 

La amenaza que implica la fusión de las grandes empresas (como Bayer-Monsanto), el rol de la ciencia al servicio de las compañías, el peligro de los nuevos transgénicos y la necesidad de más agricultura campesina-indígena. Algunos de los temas que trabaja desde hace treinta años Silvia Ribeiro, una de las mayores investigadoras latinoamericanas sobre el agronegocio. Y una definición de los países de la región: “Han perdido soberanía por su dependencia extrema a un puñado de empresas biotecnológicas”.


Investigadora del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración), Ribeiro fue una de las disertantes en el Encuentro Intercontinental Madre Tierra, una sola salud, organizado en Rosario por la materia Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas.


–¿Cómo evalúa la situación del agro en la región?


–América latina está dividida en dos en la situación agrícola. Está la república unida de la soja (Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil) y el resto. Hay que recordar que luego de 20 años de transgénicos, sólo diez países tienen el 90 por ciento de la producción. Quiere decir que los transgénicos nunca llegaron a ser el fenómeno omnipresente que nos quieren hacer creer.


–¿Cuáles son las características de estos países dominados por el modelo transgénico?


–La estructura agrícola ha sufrido un proceso de concentración corporativa y de reforma agraria al revés, concentró la tierra en menos manos. A eso hay que sumarle las enfermedades provocadas por los agrotóxicos. Un dato elocuente es que Argentina y Brasil tienen el 21 por ciento del consumo global de agrotóxicos. Si Monsanto-Bayer quieren poner condiciones inaceptables, las va a poder poner por el nivel de vulnerabilidad altísimo del país al depender de esas compañías. Han perdido soberanía por su dependencia extrema a un puñado de empresas biotecnológicas. El resto de América Latina se parece más a la media mundial. La mayor parte de alimentos la siguen produciendo los pequeños agricultores urbanos, campesinos, la pesca artesanal. El 70 por ciento del mundo se alimenta mediante la agricultura familiar y hay que profundizar ese camino.


–¿Cómo es el proceso de “megafusiones” de las empresas transgénicas?


–Una referencia es que hace veinte años Monsanto no tenía semillas y hoy es la más grande del mundo. Hace treinta años había más de 7000 empresas de semillas. Y ahora Monsanto tiene el 25 por ciento del mercado de todo tipo de semillas. Lo que ha pasado es que en 20 años se han dado más de 200 fusiones. Que terminan en lo que llamamos las seis gigantes genéticos. Son Monsanto, Syngenta, Dupont, Dow, Basf y Bayer. Estas empresas dominan el mercado mundial de semillas. Y todas son productoras de venenos. Primero concentran el mercado y luego comienzan las megafusiones. Monsanto-Bayer, Syngenta-ChenChina, Dow-Dupont controlan más del 60 por ciento del mercado total de semillas (no solo transgénicas) y el 71 por ciento del mercado de agrotóxicos. Cifras descabelladas. Ninguna oficina antimonopolio debiera aprobar esas fusiones.


–¿Cuál es el riesgo?


–Controlan precio, innovación e impacta en las políticas agrícolas. Países que están con un alto grado de agricultura industrial, como Argentina, pasan a estar en situación de vulnerabilidad. Incluso en términos de soberanía. Estas empresas tienen un poder de negociación que es mucho más que de negociación, es de imposición sobre un país, incluso con leyes a medida.


–Empresas y medios están con una campaña sobre los “nuevos transgénicos”. Ustedes remarcan críticas.


–Le llaman edición genómica. Cuenta con una gran maniobra de propaganda para no pasar por ninguna ley de bioseguridad.


–¿De qué se trata y qué riesgos implica?


–El desconocimiento que hay sobre las funciones del genoma es bastante amplio. Ahora nos quieren hacer creer que lo que hacen con los genes es como cambiar un texto, con pequeños cambios, que no impactaría en el sentido total. Y eso es mentira. Un ejemplo para entenderlo es como si tomaras los diez mandamientos en un idioma que no conocés, y le sacas una palabra, un “no”. Ellos te dicen que no implica nada. Pero es fundamental, modifica todo el sentido.


–¿Es una manipulación genética que no se conoce cómo impactará?


–Hay un desconocimiento muy grande no solo de para qué sirven los genes, se conocen algunas funciones, y no las interacciones entre sí ni las interacciones de los genes por razones externas, como ambientales. El genoma no es un mapa estático. El grado de incertidumbre es muy alto y claro que tampoco se sabe su impacto en la salud y el ambiente.


–¿Cuáles son estas nuevas tecnologías transgénicas?


–Son varias. La estrella es una que descubren en 2012, Crispr (“Repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas”). Una manera muy burda de explicar es que se trata de un GPS con un par de tijeras. Crispr es un GPS que te lleva a una parte específica del genoma, y Cas9 son las tijeras. Es una modificación genética con impactos impredecibles.


–¿Implica más transgénicos?


–Con estas nuevas tecnologías pueden producir cualquier tipo de transgénico. Resistencia a herbicidas, silenciar genes, agregar genes distintos. Lo quieren usar tanto en alimentos como en salud. Ellos dicen que es previsible, pero es todo lo contrario. Incluso con estas tecnologías pueden eliminar especias que ellos consideran molestas, como el amaranto, que no pueden controlar con los agrotóxicos. Monsanto y Dupont son los que más están impulsando.


–¿Cuál es el rol de la ciencia en este modelo?


–Con los científicos críticos ha habido una caza de brujas brutal. Dos ejemplos son (Gilles-Eric) Seralini en Francia y Andrés Carrasco en Argentina. El ataque mediático, económico y político es feroz con las voces críticas.
–¿Y sobre la ciencia dominante?


–En términos de política científica dominante es una ciencia mercenaria, vendida a los intereses de las corporaciones. Es una tecnociencia que busca resultados para las empresas.
–¿La opción?
–La parte esperanzadora que tiene que ver con este congreso, donde hay cada vez más personas, de muchas partes del mundo, críticas. Y también hay esperanza porque los campesinos están decididos a quedarse en la tierra que siempre vivieron.

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Resistencia a los antibióticos, la oculta responsabilidad de las grandes farmacéuticas

Está en el origen, anualmente, de 25.000 muertes en la UE (en 2050, si no se adoptan medidas, podría causar más fallecimientos que el cáncer) y 1.500 millones de euros en pérdidas económicas. La Comisión Europea anunció el pasado 29 de junio un plan para afrontar la resistencia a los antibióticos. Entre los factores que explican el incremento de esta resistencia a los antimicrobianos, la institución comunitaria cita su uso “excesivo” e “inadecuado” en la medicina, su “abuso” en la veterinaria, las deficientes condiciones higiénicas en centros sanitarios o en la cadena alimentaria y la falta de sensibilización suficiente entre las poblaciones.


De hecho, según el Eurobarómetro de junio de 2016, más de la mitad de los europeos (57%) desconocen que los antibióticos no son eficaces contra los virus; y un 44% no saben que carecen de efecto frente a la gripe y los resfriados. Esta resistencia de los microorganismos a un fármaco que, teóricamente, debería destruirlos, es un fenómeno que ocurre hasta cierto punto de modo natural; cuestión diferente son las disfunciones que generan factores como el uso y la comercialización masiva señalados por la UE.
Asimismo la Comisión Europea constata, durante los últimos años, el aumento de las infecciones que presentan resistencias a la politerapia y los tratamientos de último recurso; menciona como ejemplo los carbapenémicos (antibióticos para el tratamiento de la neumonía), cuya tasa de resistencia pasó del 6,2% en 2012 al 8,1% en 2015. Pero el problema trasciende el territorio europeo. Cerca de 700.000 personas fallecen cada año en todo el mundo por infecciones resistentes a los antibióticos.


En el estado español, el pasado 30 de marzo el Ministerio de Sanidad suspendió la autorización para comercializar 17 medicamentos, tras la recomendación de la EMA (Agencia Europea de Medicamentos). Entre los productos retirados del mercado figuraban el “Tadalafilo”, de la empresa Aurovitas; y tanto el “Amlodipino/Valsartán” como el “Naproxeno”, de la compañía Aurobindo. En abril de 2014 el grupo farmacéutico indio Aurobindo adquirió la compañía Actavis Spain, que tomó entonces la denominación Aurovitas. Según su página Web, esta empresa farmacéutica comercializa en el mercado español marcas y genéricos para el tratamiento del sistema nervioso central, digestivo y cardiovascular, entre otros.


En los discursos, campañas e iniciativas institucionales suele omitirse la responsabilidad de la industria farmacéutica. “Aurobindo contamina”; “Aurobindo responde: la resistencia a los antibióticos no espera”; “Aurobindo dispara la resistencia a los antibióticos”. Los carteles de protesta aparecieron en la sede de la mencionada empresa en Madrid, a primeros de abril; la acción pretendía denunciar las responsabilidades de la industria farmacéutica y, en concreto, de este grupo empresarial indio. En un comunicado que explicaba el acto reivindicativo, Ecologistas en Acción apuntó a esta compañía, con sede en la ciudad india de Hyderabad, como “la más contaminante” por el historial de vertidos que registran sus factorías en este país.


Para la elaboración de antibióticos, Aurobindo importa materias primas de factorías –contaminantes- radicadas por ejemplo en China. Además, se la considera “muy bien relacionada” con gigantes estadounidenses de la industria farmacéutica, como Mckesson y CVS Health, y cuenta con una densa red de filiales –como Aurovitas- para su acceso a Europa.


Precisamente los activistas denunciaban que las factorías de India y China, en las que se producen la mayoría de antibióticos distribuidos por el mundo, “no tratan adecuadamente los residuos o los vierten sin ningún control a ríos y lagos”; estos abocamientos favorecen la proliferación de superbacterias, cepas bacterianas que se han vuelto resistentes a los antiinfecciosos. El factor de la contaminación industrial se revela capital, según el documento “Resistencia a los antibióticos: Cómo la contaminación de las fábricas de medicamentos en India y China está disparando la aparición de las superbacterias”, realizado por Changing Markets y Ecostorm, difundido en España por Ecologistas en Acción en abril de 2017. El informe explica que el volumen enorme de antibióticos que arrojan las fábricas con sus vertidos, añadidos a la escorrentía que proviene de los residuos generados por granjas y residuos humanos, llegan a los ríos y plantas de depuración; esto supone “un excelente caldo de cultivo para las bacterias resistentes a los antibióticos”.


Pero en la época del comercio transoceánico y los viajes a escala global, la cuestión trasciende a los dos gigantes asiáticos: “Una vez creadas las superbacterias, pueden expandirse rápidamente por el planeta”. Ello no obsta para que en India puedan constatarse de manera singular algunos de los impactos. Así, estudios citados por Changing Markets y Ecostorm apuntan que cerca de 60.000 recién nacidos fallecen anualmente en India por el efecto de las bacterias resistentes a los antibióticos “de primera línea”. Además, el informe “Estado de los antibióticos en el mundo” (2015), del Center for Disease Dynamics, Economics and Policy (CDDEP) pone de manifiesto casos de patógenos como el “Klebsiella pneumoniae”, que puede provocar neumonía, meningitis o infecciones en la sangre; es uno de los numerosos patógenos cuya tasa de resistencia a los fármacos ha aumentado en India, al pasar del 29% en 2008 al 57% en 2014.


Los carteles contra la actividad de Aurobindo son la síntesis de diferentes informes e investigaciones. Entre otras, la realizada en junio de 2016 por la agencia de investigación periodística Ecostorm, con la supervisión de la Universidad de Cambridge. ¿Con qué resultados? Del análisis de las tomas de agua, se desprende unos “altos niveles” de bacterias resistentes a los medicamentos en las fábricas de antibióticos de Hyderabad, Nueva Delhi y Chennai, en India. De los 34 lugares analizados, en 16 se hallaron bacterias resistentes a los antibióticos; llama la atención la existencia de cuatro puntos, en los que pudo constatarse la resistencia a los tres principales antibióticos: cefalosporinas, carbapenemos y fluoroquinolonas. El informe de Ecostorm cita nombres de concretos de compañías. Entre las fábricas analizadas, figuran tres propiedad de las compañías indias Aurobindo, que emplea a 15.000 personas en 30 países y ha incrementado sus beneficios un 800% en la última década; Orchid Chemicals, que ha firmado acuerdos con empresas de 70 países; y la empresa Asiatic Drugs and Pharmaceuticals, ubicada al suroeste de Nueva Delhi y especializada en la producción de sustancias farmacéuticas activas (APIs ); tras la investigación sobre el terreno, el informe las califica como “focos de resistencia”. Los antibióticos producidos por estas empresas se exportan directa o indirectamente a la Unión Europea (Gran Bretaña, Francia o Alemania) y Estados Unidos.


Otra circunstancia de interés es que el 50% del consumo total de antibióticos se concentra en la cría de animales para la alimentación. Sin necesidad de que haya contraído enfermedades, se utilizan para que el ganado crezca de modo acelerado. Aunque no ocurre así en la UE, que prohibió el uso de los antiinfecciosos como suplemento alimenticio para animales en 2006, recuerda el informe difundido por Ecologistas en Acción. En el ámbito europeo se han venido utilizando, en la ganadería intensiva, como mecanismo preventivo. En India los antimicrobianos se utilizan sin limitaciones, al igual que en otros países, en las granjas intensivas. Así, el CDDEP apunta que en pollos y aves de corral del país asiático se ha detectado una tasa de resistencia a la sulfadiacina del 100% (se trata de un antibiótico que la Organización Mundial de la Salud considera esencial para el ser humano).


Mientras esto ocurre, las fábricas de antibióticos en India continúan campando a sus anchas. La investigación de Changing Markets y Ecostorm se hace eco de estudios académicos que revelan cómo las concentraciones de antimicrobianos en el entorno de la ciudad de Hyderabad (donde se ubican la mayor parte de fábricas de medicamentos de India) y el río Musi, que la recorre, es mil veces superior a las que se hallan habitualmente en ríos de países del Norte; las muestras tomadas en río por los investigadores permitía observar “la espuma de los efluentes en la superficie”. El informe se refiere asimismo al complejo industrial Patancheru Bollaram, en la periferia de Hyderabad, que se halla en estado “crítico” por la contaminación. Un estudio de 2014 centrado en el lago Kazipally, próximo a Patancheru, reveló que por razones como los vertidos de las farmacéuticas los genes resistentes son hasta 7.000 veces superiores a los de un lago de Suecia.


En China un estudio de Yezli y otros autores de 2012, del que se hacen eco Changing Markets y Ecostorm, ya apuntaba la tendencia creciente a la resistencia a los antimicrobianos: un aumento, como media, del 22% en seis años, mientras que en un periodo de tiempo equivalente el incremento en Estados Unidos se situó en el 6%. Los investigadores atribuyen el crecimiento al uso “incorrecto” de los antibióticos, así como a los ingresos que supone la venta de medicamentos para los hospitales en la potencia oriental; pero también al desarrollo de la cría intensiva de la ganadería y al impacto sobre el medio ambiente de las farmacéuticas.

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