A partir de hoy estos teléfonos no recibirán mas WhatsApp

1 de Febrero - Según un anuncio en la sección de preguntas frecuentes del blog de WhatsApp en 2019, desde este sábado 1ero de febrero de 2020, la plataforma inhabilitará del sistema y les quitará el soporte a teléfonos celulares que no hayan actualizado el sistema operativo o teléfonos con mas de 6 años de uso. Esto impedirá la posibilidad de hacer descargas a teléfonos que ya alcanzaron la obsolescencia programada según los fabricantes que rigen las leyes del mercado.

Esta medida de la famosa red social perteneciente a Facebook no podrá ser instalada en celulares con sistemas operativos como Android Gingerbread 2.3.7 o anterior, que fue lanzado en 2010, y en las versiones anteriores a iOS 7, lanzado en 2013.

Otros equipos como los Windows Phone, aparatos de Microsoft que tuvieron poco éxito en el mercado y fueron retirados ante el dominio de Android y IOS. A su vez, Blackberry 10 ya no tendrá soporte de WhatsApp.

Usualmente, estas actualizaciones se realizan de manera automática con solo tener una conexión WiFi o de datos móviles para efectuarla.

Ahora, si desea saber cuál es el sistema operativo que está utilizando solo debe entrar en Android a: Configuración>Sistema>Acerca del teléfono; mientras que en Apple puede seguir la siguiente ruta Configuración>General>Información. Para ambos casos le aparecerá la versión adecuada.

En estos momentos, los desarrolladores de la aplicación indican que para usar todas sus funciones, recomiendan que los teléfonos al menos tengan Android 4.0.3 o posterior y iOS 8 o posterior.

Una vez mas el mercado de los teléfonos junto a las plataformas de la informática imponen a los consumidores quiéranlo o no a adquirir nuevos dispositivos para poder gozar de los beneficios "gratis" que brindan dichas corporaciones.

 

Por: Aporrea | Sábado, 01/02/2020 12:48 PM

Publicado enSociedad
Sábado, 01 Febrero 2020 06:13

La emergencia climática como negocio

La emergencia climática como negocio

Justo antes de que los super-ricos del planeta se reunieran en el Foro Económico Mundial en Davos el mes pasado, la trasnacional Microsoft anunció sus planes de volverse una empresa “negativa en emisiones de carbono” para 2030. Poco antes, BlackRock, la billonaria y mayor gestora de inversiones especulativas del globo, aseguró que cambiaría parte de sus inversiones para atender el cambio climático. La “emergencia climática” fue uno de los temas centrales en las sesiones del Foro de Davos este año. Otras grandes empresas, muchas culpables del caos climático, como las de agronegocios, energía, automotoras, plataformas digitales, han hecho recientemente declaraciones similares.

¿Significa esto que las trasnacionales, principales causantes del cambio climático, finalmente asumirán la gravedad de la situación y cambiarán sus causas? Claro que no. Lo que están haciendo es asentar una nueva ola de oportunidades de negocio. Por ejemplo, nuevas formas de apropiarse de la tierra y los ecosistemas –con graves impactos sobre las comunidades y el ambiente– y el desarrollo de tecnologías de geoingeniería.

Engloban estas propuestas con expresiones engañosas, como “soluciones basadas en la naturaleza”, “reducción neta de emisiones”, “carbono neutral”, “cero emisiones” netas o el aún más absurdo “emisiones negativas”. Absurdo porque no existe ningún gas que una vez emitido sea menos que cero. Todas son trampas de lenguaje, ya que no reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que alegan compensar esas emisiones para justificar el seguir contaminando. No son reducciones, sino malabarismos contables para que la suma termine en cero o incluso en “negativo”, caso en el cual la humanidad quedará debiéndoles el favor a las empresas que causaron el desastre.

Microsoft, justamente, afirma que para 2030 tendrá emisiones de carbono negativas y para 2050 habrá removido toda la huella histórica de carbono de la empresa, incluso la de los usuarios de sus productos. Para ello, por una parte, continuará con “compensaciones” de carbono (por ejemplo, invertir en monocultivos de árboles u otras actividades que compensen sus emisiones supuestamente absorbiendo carbono). Además, anunció nuevas acciones, como el cambio en sus instalaciones a transportes eléctricos o basados en agrocombustibles. Medidas similares anunciaron también Amazon, Apple y Alphabet (dueña de Google), ya que las plataformas digitales consumen una enorme cantidad de energía. Es poco conocido, pero todas están entre los principales consumidores de energía en Estados Unidos. Este cambio podría parecer positivo, pero debe ser analizado a la luz de a qué fuente de energía se refieren y cómo se obtiene. Por ejemplo, la bioenergía y los biocombustibles, si se analiza su ciclo de vida completo, usan más petróleo y emiten más gases de lo que dicen sustituir.

Microsoft explica que no sólo compensará emisiones, sino también removerá carbono de la atmósfera, usando una mezcla de “soluciones basadas en la naturaleza” y “soluciones” tecnológicas. Lo primero debe traducirse como la intención de apropiarse de territorios que considere fuentes significativas de absorción y retención de carbono, de bosques a humedales, turberas y mares. Además, promoción y cabildeo para que los suelos agrícolas sean aceptados como sumideros de carbono, algo que actualmente no sucede, porque la absorción en suelos no es permanente. No sólo Microsoft, sino todas las empresas que ahora hablan de “soluciones climáticas basadas en la naturaleza” se proponen abrir nuevos frentes de disputa por el control de campos agrícolas y territorios, que esperan les sirvan para obtener nuevos créditos comerciables en los mercados de carbono, pese a que está demostrado que esos mercados no han funcionado para combatir el cambio climático.

En cuanto a “soluciones” tecnológicas, Microsoft anunció el aumento exponencial de apoyo a tecnologías de geoingeniería. Bill Gates, fundador de esta empresa, es actualmente el principal financiador privado de investigación en estas tecnologías de manipulación del clima. Ahora Microsoft anunció la creación de un fondo por mil millones dólares para desarrollo de tecnologías de geoingeniería. Comenzarán con bioenergía, con captura y almacenamiento de carbono (Beccs, por sus siglas en inglés), y “captura directa de aire”, que son megainstalaciones que filtran aire y separan el dióxido de carbono con sustancias químicas. No está claro dónde lo almacenarían para que no retorne a la atmósfera. Como todas las tecnologías de geoingeniería, requieren grandes cantidades de energía, son de alto costo y no está técnica ni ambientalmente probado que puedan funcionar a la escala necesaria para afectar el cambio climático. El fondo estará abierto a financiar también otras técnicas de geoingeniería, incluso la modificación de radiación solar, con lo cual se convertirá en el mayor fondo de promoción de la geoingeniería hasta ahora.

Por sus altos riesgos e incertidumbres, el despliegue de geoingeniería está bajo moratoria en Naciones Unidas, algo que será necesario afirmar ante estos nuevos ataques corporativos (https://tinyurl.com/vztyloz).

Por  Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Julian Assange: 'Google es el Gran Hermano al servicio de EEUU'

Entrevistamos al fundador y alma máter de Wikileaks, Julian Assange, sobre el espionaje masivo de Estados Unidos con ayuda de Google y otras grandes empresas de Silicon Valley. Además nos habla de Snowden, Manning y el futuro de la filtración de secretos.

 “Google tiene más influencia que la que ha tenido nunca la Iglesia. Es como un confesionario global que guarda todos nuestros secretos y está conectado con el gobierno de Estados Unidos”. Es Julian Assange quien nos habla al otro lado del teléfono en la primera entrevista que concede a un medio español tras la publicación en España de su último libro, “Cuando Google encontró a Wikileaks” (Clave Intelectual). Desde la embajada de Ecuador en Londres, en la que sigue refugiado después de dos años, el hacktivista que revolucionó el periodismo con la filtración de secretos, nos habla de la estrecha colaboración de Google y las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley con la Administración estadounidense.

Según el fundador de Wikileaks, las herramientas de control y espionaje global a la ciudadanía son cada vez más sofisticadas, pero también las formas de revelar sus prácticas de vigilancia y de protegerse de ellas. “El problema es que la vigilancia es invisible e intangible y la mayoría de la gente no se da cuenta de los riesgos. Para hacérselo ver, estamos los tecnólogos”, nos cuenta Assange, quien está convencido de que las represalias sufridas por él, Manning o Snowden no reducirán la filtración de secretos por parte de los “whitleblowers”: “La persecución que hemos sufrido no nos detiene, al contrario, es una motivación, como se ha visto en el caso de Snowden”, al que por cierto Wikileaks ayudó en su huida, según nos cuenta Assange.

Sobre su organización y su situación personal, se mostró optimista porque están empezando a ganar sus procesos judiciales y han recuperado la financiación después del bloqueo al que fueron sometidos. “Nuestro papel ha sido importante en procesos políticos en todo el mundo. Wikileaks es el rebelde contemporáneo. Estamos recuperando la Historia suprimida del mundo. Es una enciclopedia de cómo funciona la política actual y eso dará lugar a reformas”, concluyó.

Tras la apasionante conversación con el director de Wikileaks,  en nuestra Mesa de redacción analizamos la revolución que la revelación de secretos ha supuesto para el periodismo y la democracia.  Hablamos de iniciativas como Fíltrala o Buzón X, de la información cifrada y de otras formas de hacktivismo. Nos ayudan a desenrrollar la madeja  Juanlu Sánchez, compañero y subdirector de eldiario.esYolanda Quintana, periodista y autora de “Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas” y Víctor Sampedro, Catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos y autor, entre otros, de “El cuarto poder en Red”.

De las noticias de la Red a las reality news que llegan desde Ulan Bator de la mano de nuestros compañeros de la revista Mongolia. La visión más ácida y satírica de la realidad una semana más.

Y cerramos este programa dedicado al universo de la información con “malas noticias”: Berri Txarrak, el grupo navarro nos presenta su último disco “Denbora da polígrafo Bakarra” (El tiempo es el único polígrafo), un disco triple con tres estilos diferentes,  tres maneras de interpretar el rock por la banda que cumple 20 años sobre los escenarios. Trallazos de hardcore amargo para entender el mundo.

Por: Radio Voces Libertarias 97.3 f.m. | Domingo, 12/01/2020 02:37 AM 

Programa Carne Cruda 18:16/12/2014  

 

Publicado enInternacional
Coche volador: objetivo, despegue en cinco años

Proliferan las 'startups' y las inversiones dedicadas a desarrollar el coche volador. Toyota se sube a un carro en el que ya están Hyundai y Uber

Ver coches voladores parece cada vez una realidad más cercana, aunque esta es una promesa que lleva haciéndose desde hace ya años por innumerables empresas de todo tipo. La apuesta, sin embargo, parece acelerarse: muchas compañías dedicadas a desarrollar este ingenio han recibido fuertes inversiones y aspiran a comercializarlo en los próximos cinco años. El último gran pelotazo lo ha protagonizado Toyota, que ha invertido 394 millones de dólares en la startup Joby Aviation en una ronda de financiación total que alcanzó los 590 millones de dólares. Antes que la compañía nipona, con una capitalización bursátil de 232.000 milllones hubo otras: La china Geely (con un valor de 14.400 millones en la Bolsa de Hong Kong) invirtió 55 millones de dólares en septiembre en Volocopter. Durante el pasado CES 2020 en Las Vegas, Hyundai presentó los frutos de su colaboración con Uber en el prototipo Elevate.

En lo que más se parecen a un coche es en el tamaño. El resto se toma prestado del helicóptero o del avión. El resultado son vehículos que parecen importados de cualquier tecnoutopía. Pero quizá no haya que esperar tanto, porque las empresas que trabajan en el coche volador barajan lanzamientos comerciales entre el 2022 y el 2025. Alguna incluso aspira a hacerlo este mismo año. Los ingenieros han realizado con éxito vuelos de prueba en Singapur y San Francisco. "Sus defensores dicen que, en comparación con el helicóptero, los coches voladores son más fáciles de controlar, además de ser más limpios y silenciosos, cualidades que aprecian los reguladores de la aviación", asegura Katrina Hamlin, analista de Reuters.

A finales de 2018, el Gobierno de Japón y varias empresas tecnológicas y automovilísticas acordaron una hoja de ruta que situaba en 2023 el punto de partida para la comercialización de vehículos voladores y su uso extendido en el ámbito urbano. Esta fecha se fijó tras medio año de reuniones, un comité público-privado formado por unas veinte compañías y los ministerios de Economía, Comercio e Industria y Tierra, Infraestructura, Transporte y Turismo terminó de definir un plan de negocio que contempla normalizar la circulación por el aire en un plazo de cinco años

La inversión de Toyota en Joby indica la confianza del país en unos vehículos que pocos esperan ver pronto en el cielo. “A medida que nos estamos transformando para pasar de ser una empresa automovilística a una empresa de movilidad, nuestro objetivo es proporcionar soluciones de transporte para todas las personas, ya sea por tierra, mar y, ahora, por el aire”, explica Rebeca Guillén, directora de comunicación en España.

Los progresos de Joby hasta ahora se llevaban con bastante secretismo. Esta política se rompió el pasado diciembre, cuando la empresa anunció un acuerdo con Uber. Ambas compañías se comprometían a introducir taxis aéreos en al menos dos ciudades para 2023. Joby pondría los vehículos y los vuelos se reservarían a través de la aplicación de Uber.

La startup aún tiene que obtener la certificación correspondiente de la Federal Aviation Administration, el regulador estadounidense en aviación civil. Inició el proceso en 2018 y espera recibir la aprobación una vez transcurridos entre tres y cinco años. 

La posición de Uber en el sector naciente del coche volador es central. La compañía no fabrica, pero colabora con varias empresas a quienes ha encargado vehículos para lanzar su servicio de taxis aéreos urbanos. Hyundai ofrecerá coches voladores a Uber. Y también lo harán Aurora Flight Sciences (subsidiaria de Boeing), así como una ristra de startups: Bell Nexus, Pipistrel o Embracer X.

El apoyo de Toyota, cuyo fondo de inversión ya había financiado previamente a Joby, trae la cafeína para industrializar la producción de coches voladores de la startup. Para el grupo de automoción se trata de un complemento al transporte urbano por tierra. “El objetivo es explorar nuevas formas de movilidad que permitan solucionar los problemas actuales, como las congestiones de tráfico, la falta de alternativas de transporte en las zonas más alejadas del centro de la ciudad o la contaminación.”, apunta Guillén.

Joby no es la única que ha reunido fondos últimamente. La china Ehang, pionera en estas lides al lanzar su vehículo volador en 2016, salió a Bolsa a finales de 2019 para obtener capital. Su Ehang 184 ha realizado ya más de 1.000 pruebas de vuelo llevando a personas. La compañía ha firmado un acuerdo con las autoridades de Dubái para introducir su modelo en la ciudad, aunque aún no se han dado detalles sobre la ejecución del proyecto.

El Ehang 184 es un vehículo VTOL (de despegue y aterrizaje vertical) semejante a un dron con hipertrofia. Tiene cuatro brazos que soportan dos rotores cada uno. Con ellos vuela a una velocidad máxima de 100 km/h y sus baterías aguantan 23 minutos. Pesa 260 kg y, en cuanto a sus dimensiones, mide cuatro metros de largo con las hélices y 1,4 metros de alto.

Los modelos mostrados por Joby Aviation están a medio camino del helicóptero y del avión. Pero aún no se conocen los prototipos finales. En general las empresas que han diseñado coches voladores han optado por vehículos VTOL, con motores eléctricos y preparados para trayectos cortos. Su conducción es autónoma, con rutas programadas, o dirigida por radiofrecuencia. Solo montan los pasajeros.

En busca de los inversores

Durante los últimos años las empresas de coches voladores han recibido cada vez más atención del capital riesgo. El informe 2020 Emerging Technology Outlook, de la firma de inversión PitchBook, concluye que estos proyectos apresarán este año una parte de la inversión que de otra forma estaría dedicada a servicios de transporte terrestre.

La empresa alemana Lilium, que espera tener su servicio de taxis aéreos en varias ciudades en 2025, ha reunido ya más de 100 millones de dólares. No están solos en su ambición. “Ha habido mucho progreso real en el sector recientemente, desde la presentación de nuevos modelos de aeronaves a la consecución de algunos avances legislativos”, afirma un portavoz de Lilium.

La compañía ya ha hecho pruebas con su prototipo, con capacidad para cinco personas. También ha terminado de construir su primera planta de producción. “Hay una creciente confianza del resto del mundo en que esta es una forma de tecnología que puede tener un impacto genuinamente positivo”, añaden desde Lilium en un discurso que encaja con el optimismo tecnológico de Silicon Valley.

Otra alemana es la citada Volocopter, que hará pruebas en los próximos meses en Singapur y Dubái. Su objetivo es lanzar un servicio de vuelos comerciales en 2022, para lo cual ya tienen construido un puerto en Singapur. Han recibido 50 millones de dólares en una ronda liderada por el fabricante de coches chino Geely. En total, llevan reunidos unos 100 millones, igual que sus compatriotas.

La eslovaca Aeromobil tiene la intención de adelantarse a los planes de sus rivales. Su AeroMobil 4.0 estará disponible este año para desplazamientos comerciales, según la empresa. Con el foco puesto en dar servicio a un público de alto standing, la startup lleva 24 millones reunidos.

Los obstáculos

No todo es dinero y voluntad, sin embargo. Desde Lilium afirman que las mayores dificultades técnicas se encuentran en la gestión de la batería. José Antonio Álvarez, secretario general de la asociación de empresas de drones Droneiberia, confirma que la cuestión técnica parece resuelta aún con algunos flecos. “Tienen un problema real de autonomía. Un helicóptero ya tiene problemas, pero menos que estos vehículos. Aunque tienen un problema técnico mucho menor en lo que respecta al mantenimiento. Un helicóptero necesita un mantenimiento mucho más caro”.

Pero para Álvarez el principal escollo se encuentra en la regulación. “La legislación está muy lejos de permitir estos vuelos. Y la vocación de la legislación, creo que también”. En España los drones tienen prohibido llevar carga sobre suelo urbano, así que resulta difícil imaginar que se regule el sobrevuelo de vehículos de cientos de kilos. “En España yo lo veo imposible en 15 años al menos”, continúa Álvarez. “Igual que no se pueden volar helicópteros en Madrid. Solo vuela la policía, el rey y el presidente de Gobierno. El dueño de una gran compañía no va desde la Torre Picasso al aeropuerto en helicóptero”.

Desde Lilium se muestran optimistas. “Continuamos trabajando estrechamente con los cuerpos reguladores para llevar a cabo los cambios requeridos. También, por supuesto, tenemos que generar una aceptación pública en los próximos meses y años”.

Álvarez opina que estos vehículos no volarán en ciudades, al menos en España. “Fuera de las aglomeraciones creo que sí. Acabaremos viéndolos como una aeronave más o como un helicóptero evolucionado”.

Desde Toyota no se arriesgan con plazos ni detallan su visión del panorama, pero defienden su inversión como un movimiento estratégico. “En Toyota creemos que los eVTOL (VTOL eléctricos) tienen el potencial de evolucionar como un nuevo tipo de movilidad que mantiene sinergias reales con la automoción”, indica Guillén.

Por Pablo G. Bejerano

26 ENE 2020 - 13:51 COT

Domingo, 26 Enero 2020 05:46

Capitalismo verde, exterminio amable

DAVID ARENAL

Si la COP25 fue un claro ejemplo de cómo las grandes compañías deforman la realidad e imponen su falaz relato mientras nos abocan al desastre, la Cumbre Social por el Clima y toda la panoplia de movilizaciones ecologistas que han sacudido el globo durante el pasado 2019 evidencian que la sociedad civil ha abierto los ojos.

 

Si el planeta Tierra fuese un ente consciente, habría dicho “basta” hace muchos —muchísimos— años. Basta de permitir que una de las especies a las que ha regalado la existencia destruya sistemáticamente todos y cada uno de sus ecosistemas, de sus especies, de su vida. Como no lo es, el final no lo marca su hartazgo, sino sus límites físicos; y permitidme el spoiler tempranero: esos límites ya han sido traspasados.

Los seres humanos hemos vivido por encima de las posibilidades de nuestro planeta durante demasiado tiempo, y de ninguna forma existe ni existirá una solución viable a la crisis climática que se encuadre dentro de esta lógica del crecimiento sostenido e ilimitado. Es física y científicamente imposible, y todas las propuestas que se muevan dentro de esos parámetros son falsas. Todas. Es así de sencillo.

LA CEGADORA BURBUJA VERDE

“Refugiado” en 2015, “Populismo” en 2016, “Aporofobia” en 2017 y “Microplástico” en 2018. Son los términos elegidos por la Fundéu como palabras más destacadas de los penúltimos cuatro años y, curiosamente, todas ellas reflejan a la perfección distintas aristas de la realidad de la crisis climática. El conflicto que enfrenta a las élites político-económicas contra la vida en el planeta está generando millones de refugiados, un fenómeno que el neofascismo está aprovechando para ganar votos mediante un populismo que criminaliza a las personas que huyen de la destrucción originada por esas mismas élites. La aporofobia patológica que sufren —y disfrutan— los grandes multimillonarios les permite observar, impasibles, cómo se cierne la catástrofe climática sobre las clases menos privilegiadas, mientras siguen cercenando vidas humanas y especies al completo con sus microplásticos.

 “Emoji” ha sido la palabra galardonada en 2019, pero siguiendo la tendencia que se ha ido dibujando desde 2015, “greenwashing” habría sido un perfecto colofón a este lustro. No solo por su creciente presencia fuera de los círculos más especializados del ecologismo, sino también por la importancia vital —literalmente— de su significado. Como lo que no se nombra, no existe, hay que introducir el greenwashing en la opinión pública con toda la fuerza que sea posible, porque sus implicaciones semánticas señalan con firmeza a Gobiernos y grandes corporaciones como responsables últimos de un desastre climático que, aunque sea víctima de una inusitada campaña de ocultamiento y negación, ha permeado profundamente en la sociedad, como bien demuestra la Fundéu.

El greenwashing —que podríamos traducir como “ecoblanqueamiento” o, más literalmente, “lavado verde”— alude a una serie de estrategias a través de las cuales los adalides del capitalismo, principales responsables de la crisis ecológica, construyen una suerte de burbuja en la que la lógica del crecimiento ilimitado es la única realidad viable; se autoerigen como los únicos actores que pueden revertir la gravísima espiral de destrucción de ecosistemas, y anuncian a bombo y platillo que, de hecho, ya lo están haciendo. Desgraciadamente, los ejemplos nos rodean allá donde estemos, así que la comprensión del concepto es automática.

El blanqueamiento puede llevarse a cabo en forma de operación de falsa bandera, como la que intentó Ecoembes al publicar un vídeo en su perfil oficial de Instagram en el que podía verse el logo de Juventud por el Clima —Fridays for Future España, una de las plataformas de activismo ecologista más importantes a nivel mundial—. La respuesta fue inmediata, con un comunicado en el que denunciaban públicamente la utilización ilícita de su nombre y aprovechaban para dejar una definición cristalina del comportamiento paradigmático de greenwashing: “No toleraremos el uso de nuestro trabajo para blanquear sus más que cuestionables políticas”.

Las posibilidades de lavar la propia imagen crecen de forma paralela a la dimensión de la empresa en cuestión, llegando a límites difícilmente imaginables que, sacando la cabeza fuera de la burbuja verde, se tornan risibles e insultantes por lo evidente de sus intenciones. Endesa, en el contexto del inicio de la Cumbre del Clima (COP25) en Madrid, hizo una ostentación de su poder de autoblanqueamiento, situado en una esfera superior incluso a derechos fundamentales del ser humano, como lo es el acceso a la información.

Su logo copaba las portadas de todos los diarios impresos más importantes del país —El Mundo, ABC, El País, La Vanguardia, El Periódico y La Razón, entre otros—, acompañado de titulares que, de una forma u otra, colocaban a la compañía como líder en la lucha contra el cambio climático. “Endesa lidera el cambio hacia una sociedad libre de emisiones” o “Endesa presenta sus soluciones para una sociedad libre de emisiones”. Lo que no aparecía —ni aparecerá— en ninguna de esas cabeceras es la clasificación de empresas españolas más contaminantes. Curiosamente, ahí, Endesa también es líder.

El liderazgo tiene esta cosa tan adictiva que hace que, una vez liderado algo, ya se quiere liderar todo. Incluso —y especialmente— si las realidades lideradas son una y su contraria, porque así se puede ocultar su inevitable colisión y beneficiarse de ambas. Al menos, hasta que una sea devastada por la otra.

EL NEOLIBERALISMO PRESENTA: LAS CONTRADICCIONES DE LIDERARLO TODO

La COP25 convirtió Ifema en un teatro en el que, durante casi dos semanas, se representó día tras día la misma obra: las contradicciones de liderarlo todo. Líderes en contribución a la destrucción del planeta, como Coca-Cola o Chevron —segunda empresa del mundo con más emisiones desde 1965—, fueron, igual que Endesa, los grandes protagonistas del evento.

El gigante de los refrescos, que por segundo año consecutivo se situó en 2019 como empresa más contaminante (en términos de desechos plásticos) del mundo, empapelaba las paredes con un greenwashing grotesco en el que pedía “reciclar juntos”; mientras que la petrolera organizaba charlas y encuentros para buscar soluciones al mismo desastre del que es subcampeona en responsabilidad. Liderar una realidad —la lucha contra el cambio climático— y su contraria —el capitalismo sádico de crecimiento ilimitado—.

Las élites político-económicas pusieron todo su empeño en interpretar al dedillo su papel en la función y, entre bambalinas, se informó al activismo ecologista de que su presencia en el escenario estaba prohibida.

La denominada “Zona verde”, espacio reservado para albergar la voz de la sociedad civil, estuvo repleta de directivos de las grandes corporaciones que diluían cualquier tipo de reivindicación con un mínimo cariz anticapitalista. Cuando no bastaba con eso, la seguridad del recinto acudía a expulsar del mismo a activistas que tratasen de liderar alguna de las líneas de discusión con ideas exoburbuja. ¿Quién se atreve a liderar en una reunión de líderes?

En este sentido, quedan pocas dudas respecto a la supremacía dogmática de las élites en la construcción del relato de la crisis climática. Una tarea que llevan a cabo en base a una meta incontestable: establecer unos marcos de realidad que logren mutilar la capacidad de cuestionamiento del modelo actual de producción y consumo, so pena de recibir, rápida y eficazmente, el estigma de figura disruptiva, antisistema y, por ende, despreciable.

EL COCHE, EL MURO Y EL DESDICHADO REMOLQUE

La batalla por el dominio de dicho relato es, sin ningún género de duda, condición sine qua non para poder siquiera soñar con la posibilidad de frenar el cambio climático y eludir sus secuelas más graves. Si la lógica capitalista de crecimiento ilimitado es, a la vez, causa última de la crisis climática y razón de ser de las élites político-económicas, darles a estas todo el poder de decisión es una contradicción con una dosis de autodestrucción absurda.

La humanidad se encuentra a bordo de un coche que se dirige frontalmente hacia un muro indestructible e imposible de atravesar. La sociedad civil ha sido relegada a viajar en el remolque, tapada con una lona que impide ver qué hay delante; los dueños de las grandes multinacionales, en cambio, manejan el volante. Su estrategia de conducción solo puede definirse como kamikaze, sabedores de que la dirección escogida tiene un único final: el muro.

En una incomprensible huida hacia adelante, han dejado pasar todas las salidas que permitían cambiar el rumbo, desviándolo del siniestro total, hasta llegar a un punto en el que solo queda frenar. Cuanto más tiempo se tarde, más dolorosa será la deceleración; pero el acelerador sigue pisado a fondo, quizá con la única esperanza de alcanzar una velocidad tal que permita al coche despegar del suelo y superar el muro por encima. En ese caso, el remolque quedará descolgado, con una inercia vertiginosa que nos hará papilla contra la pared. Todos muertos. Todas muertas. 

A veces, las metáforas y las analogías son herramientas cuyo uso periodístico —analítico, objetivo— corre el serio riesgo de alejarse de la realidad y adentrarse en el terreno de la dramatización. Mala cosa. En otros casos, la existencia toma unos derroteros que solo pueden explicarse dejando que la imaginación trace un camino paralelo, exponiendo su verdad a modo de espejo ficcionado. La crisis climática es uno de estos casos, y el ejemplo del coche contra el muro no deforma ningún aspecto de lo que está ocurriendo, solo lo extrapola. De hecho, la necesidad de contarlo en forma de fábula es, en sí misma, la constatación de esa lona que tapa los ojos de la sociedad civil.

El coche no es un coche, sino la vida en el planeta tal y como la conocemos. El volante que controla su dirección adquiere, en el mundo real, una forma mucho más abstracta y difícil de identificar: decisiones que se ocultan, cambios de cromos que condenan a millones de muertes y escenificaciones de democracia tras las que se esconden las más crueles tiranías. La figura del remolque representa la absoluta supresión de la voluntad popular, relegada a sufrir en silencio el traqueteo del camino escogido por el coche, cuya suspensión le permite atravesar todo tipo de baches sin que sus ocupantes sean apenas conscientes, mientras detrás nos descalabramos unos contra otras.

El papel de la ya mencionada lona es, quizá, el más relevante. En origen, fue concebida para evitar las protestas de aquellos ocupantes del remolque que veían cómo pasaban de largo, uno tras otro y cada vez a más velocidad, todos los desvíos que permitían salir de la ruta hacia la devastación. Con el paso del tiempo, su efectividad resultó ser aún mayor, pues las nuevas generaciones nacidas bajo su oscura inopia empezaron a olvidar la existencia de otras carreteras y, como mecanismo de defensa de su salud mental —cobarde y conformista—, ignoraron la existencia de ese muro del que advertían sus mayores con vehemencia.

Añadir el personaje de la lona es una forma de ponerle nombre a toda esa manipulación, desde los discursos políticos hasta los medios de comunicación, pasando por literatura, series, películas y toda referencia cultural, con la que se ha logrado falsear la imagen del capitalismo como único sistema viable. “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, dijo una vez Žižek. O Jameson. O este lo escribió porque se lo escuchó decir a alguien. En la penumbra es difícil distinguir quién habla, más aún si se está refiriendo a la propia negrura que se intenta ignorar. Negro sobre negro, sobre negro.

Por último, el vuelo del coche. “Eso sí que no”, ¿verdad? “Eso tiene que ser pura retórica. Cosa de los escritores y su ansia irrefrenable por dejar una impronta estilística en la realidad cuando la describen”. Que ese sea el tipo de respuesta que se activa al procesar la imagen de las élites económicas huyendo del colapso climático solo demuestra una cosa: la lona funciona a las mil maravillas.

Allá por 2017, Douglas Rushkoff, escritor y profesor de la Universidad de Nueva York especializado en nuevas tecnologías, fue contratado para dar una charla a cinco magnates, de la que sacó una conclusión tan clara como espeluznante. “No tenían ningún interés en evitar la desgracia; están convencidos de que ya no hay tiempo para ello. (…) Sencillamente, se limitan a aceptar el más oscuro de los escenarios y a reunir la mayor cantidad de dinero y tecnología que les permita aislarse, sobre todo si se quedan sin sitio en el cohete rumbo a Marte”, escribió.

El progreso ilimitado es un pie sobre el acelerador que no cesa de empujar, disminuyendo las ya pocas posibilidades de evitar “el acontecimiento” —eufemismo empleado por los multimillonarios que hablaron con Rushkoff—; sin embargo, también es concebido por quienes conducen como una posibilidad de mantener su asiento y lograr hacer volar el coche. Poco —nada— les importa que, en ese caso, el remolque quede desenganchado y se despedace contra el muro por culpa de la velocidad que ellos mismos le han conferido. Al fin y al cabo, nunca ha sido más que una carga. 

DECRECIMIENTO VOLUNTARIO O HECATOMBE

La inminencia del desastre está rebullendo los ánimos aquí, bajo la lona. El activismo ecosocial ha logrado abrirse camino hasta la parte delantera del remolque, y está haciendo pequeños agujeros a través de los que se puede observar cómo se cierne la sombra del muro. De la misma forma en que la oscuridad cegó a las generaciones nacidas bajo el yugo ideológico del capitalismo, las franjas de realidad que han empezado a atisbarse alimentan el espíritu contestatario de una juventud que, al fin, parece haber descubierto la verdad: su única opción de salir con vida pasa por hacerse con el control de ese coche que es, en realidad, la organización social de la especie humana en el planeta Tierra.

Conceptos como Capitalismo Verde, ecocapitalismo o Green New Deal nacen al amparo de unas desesperadas élites que ven amenazadas sus despóticas posiciones por vez primera. Manteniendo el símil, pretenden tapar los agujeros de la lona, sumiendo de nuevo a la sociedad en una ignorancia tan dócil como lucrativa y erradicando la más mínima intención de llegar hasta el volante. El destino será el mismo: el muro; mas el rumbo suicida será amenizado con una apacible sensación de estar arreglando las cosas.

Dicho de otro modo: nos están dando a elegir entre morir, así, a pelo, que a nadie le apetece, y morir con Bajo la piel, de Alice Wonder, sonando en bucle en nuestros oídos y llevándonos a un éxtasis rayano en el síndrome de Stendhal. El hedonismo es una debilidad muy poderosa, pero es vital desvelar que, tras esas dos funestas opciones, existe una tercera vía que evitaría la mortal colisión: la desaceleración. O, como la llama Jorge Riechmann, “metamorfosis y autoconstrucción decrecentista”.

Urge esclarecer que lo que está en juego no es la supervivencia del capitalismo como sistema hegemónico, eso es insalvable. El colapso llegará de forma temprana e inminente cuando el agotamiento de los recursos naturales sea irreversible, obligando a la humanidad a un empobrecimiento traumático. El combate que se está librando tiene como objetivo reducir la violenta desigualdad en el reparto de las consecuencias del cambio de modelo, si es que este llega a tiempo.

La trampa del greenwashing está en ocultar dicho colapso, jugando al trile con falsas soluciones como el capitalismo verde, un oxímoron que se desmonta con una aseveración tan sencilla como la siguiente: es físicamente imposible sustituir el parque automovilístico actual con coches eléctricos, porque la cantidad de minerales existente en el planeta es insuficiente. No hay ecocapitalismo que valga sin una reducción en los niveles de producción y consumo. Ni más ni menos.

En términos técnicos, el físico Antonio Turiel sitúa el potencial máximo de las fuentes renovables entre un 30% y un 40% del consumo energético mundial actual. Es decir, la extenuación de los combustibles fósiles, un fenómeno en el que ya estamos inmersos, traerá consigo un decrecimiento energético de entre 60 y 70 puntos porcentuales.

La complejidad del término “autoconstrucción decrecentista” no es una cabriola caprichosa de Riechmann, sino que define con acierto el reto que la humanidad tiene por delante: empezar a construir su empobrecimiento de forma paulatina y equitativa antes de que este llegue por la fuerza. Es cuestión de vida o muerte. En un mundo en el que 26 personas acumulan la misma riqueza que 3.800 millones (según un informe de Oxfam), con un índice de pobreza extrema —incapacidad para satisfacer necesidades básicas como la alimentación o el acceso a agua potable— que azota al 10% de la población total, un acontecimiento rupturista tan radical podría suponer el exterminio de cientos de millones de seres humanos que, sobreviviendo ya en el alambre, verían sus vidas literalmente cercenadas.

Por ello, la cuestión de clase debe ser el elemento central de la lucha climática, y algunas investigaciones están dejando evidencias de lo que ocurrirá si las clases trabajadoras no logran articular una fuerza suficientemente sólida como para ejercer presión. Suficientemente sólida como para llegar al volante. Phillip Alston, Relator Especial sobre pobreza extrema y derechos humanos de la ONU, elaboró un informe en el que hablaba de “apartheid climático”, un concepto con el que pretende aludir a los abyectos intentos de las élites de salir indemnes de su propia calamidad. “De manera perversa, mientras que los pobres son responsables de solo una fracción de las emisiones globales, son los que pagarán el precio del cambio climático y tendrán la menor capacidad para protegerse”, concluye el australiano.

Si la COP25 fue un claro ejemplo de cómo las grandes compañías deforman la realidad e imponen su falaz relato mientras nos abocan al desastre, con el único objetivo de poder seguir llenando a manos llenas sus ya rebosantes bolsillos, la Cumbre Social por el Clima (o contracumbre del clima) y toda la panoplia de movilizaciones ecologistas que han sacudido el globo durante el pasado 2019 evidencian que la sociedad civil ha abierto los ojos. Llegar hasta el volante, pisar el freno y tratar de equiparar las consecuencias de la desaceleración es el único camino. El resto son eufemismos, circunloquios destinados a desviar las miradas hacia eso que llaman capitalismo verde, pero que también podrían llamar exterminio amable.

 

Por DIEGO DELGADO GÓMEZ

@DIEGODELGOM

2020-01-26 06:35

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Sábado, 21 Diciembre 2019 06:32

COP25: si no hubiera sido un fracaso

COP25: si no hubiera sido un fracaso

La COP 25 sobre cambio climático, que se acaba de realizar en Madrid, España, fue toda una metáfora de la actitud de gobiernos y empresas frente a la devastación ambiental y social que provocan: nada detendrá sus negocios, ni aunque estén aserrando la rama del árbol donde están sentados. Pese a la abundancia de evidencia sobre el desastre climático y a las multitudinarias protestas por todo el mundo, la vigesimoquinta conferencia del Convenio de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP25) mostró al mundo nulos resultados para parar el cambio climático. Eso es gravísimo, pero podría haber sido aún peor.

Podrían además haberse puesto de acuerdo –bajo la presidencia de un gobierno brutalmente represor y criminal como el de Chile– en cómo establecer un nuevo mecanismo global de mercados de carbono, que empeorará todo aún más. Podrían haber creado nuevas formas para seguir vendiendo aire con grandes lucros para las empresas contaminantes que han causado la catástrofe y para convertir cada pedacito de la naturaleza en una nueva mercancía, e incluir por ejemplo océanos y suelos agrícolas, algo que aún no han logrado meter en esos mercados. Podrían haber también sentado las bases para que en lugar de acciones reales para detener el cambio climático se legitimen y legalicen técnicas de geoingeniería para remover el carbono de la atmósfera o para bloquear la luz del sol abriendo un negocio adicional de alto riesgo. Todo estaba en la mesa de negociaciones de este convenio y se fue a la COP26, que será en noviembre de 2020 en Glasgow, Escocia. El gobierno de Reino Unido ya anunció que conducirá con mano firme los acuerdos para crear estos nuevos mercados de carbono.

Según 150 organizaciones de las redes globales de justicia climática, desde antes de la COP25 estaba claro que los grandes contaminadores, incluidas las industrias de combustibles fósiles, agricultura, plantaciones y mercados de carbono, planean condenar al mundo a un calentamiento catastrófico en los próximos años (https://demandclimatejustice.org/). Un informe de la Global Gas and Oil Network, de diciembre de 2019, analiza los planes de expansión de la industria de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y muestra que para 2030 sus planes nos llevarían al menos a 50 por ciento por encima del objetivo del Acuerdo de París de no sobrepasar el aumento de 2˚C y a 120 por ciento más de lo compatible con el compromiso global de limitar el calentamiento a 1.5˚C. La mayoría de esta expansión provendría de Estados Unidos y Canadá (https://tinyurl.com/sbj5oq5).

Esta industria tiene una infraestructura instalada de más de 55 millones de dólares estadunidenses y reservas por un mínimo de la mitad de esa suma. Es la industria que recibe más subsidios públicos: según un cálculo del FMI en 2015, recibía anualmente 10 mil dólares por minuto. Es claro que esta industria no va a permitir ningún cambio en sus negocios que no sea para aumentar sus ganancias. Por ello inventaron los llamados mercados de carbono, para que los grandes contaminadores puedan pagar a otros que supuestamente no generan emisiones de gases de efecto invernadero. Esto generó, a su vez, un exitoso mercado secundario de bonos y créditos de carbono, con lo que los contaminadores siguieron contaminando y además lucraron con los mercados de carbono.

El convenio de cambio climático les dio la coartada legal a través de secciones del Protocolo de Kyoto y el cínicamente llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio. El Protocolo de Kyoto se cierra en 2020, luego de haber fracasado estrepitosamente, ya que el calentamiento global ha empeorado notablemente. El Acuerdo de París (AP), firmado en 2015, acordó trabajar para mantener la temperatura muy por debajo de 2˚C. Sin embargo, no exige reducciones reales, sino un equilibrio entre emisiones y sumideros, abriendo así a una nueva contabilidad en lugar de cambios reales. En su artículo sexto, el AP prevé que pueden haber transferencias internacionales de emisiones (un país que emite mucho negocia con otro que no emite o supuestamente puede absorber carbono), colocando así las bases para una nueva plataforma de transacciones de mercado. La forma de estas transacciones es lo que estaba en el núcleo de las negociaciones que no se concretaron en Madrid.

En locales aledaños a las salas de negociación las trasnacionales organizaron numerosos eventos para prefigurar y apropiarse de este incipiente mercado. Por ejemplo, Chevron, BP, Shell, BHP Billiton y varias forestales inauguraron la Alianza para los mercados de soluciones climáticas naturales. Bayer-Monsanto presentó planes para que los suelos puedan entrar a los mercados de carbono como soluciones basadas en la naturaleza. Otros presentaron iniciativas de geoingeniería, pese a que están bajo moratoria o prohibidas por otros convenios de la ONU.

Dentro y fuera de las negociaciones, tanto en Madrid como en Santiago de Chile, hubo continuas protestas populares contra estos atropellos. Centenares de organizaciones sociales, indígenas, campesinas, sindicales y ambientalistas se manifestaron contra los mercados de carbono, contra los nuevos asaltos a la naturaleza y la geoingeniería. Además del cuestionamiento al sistema que causa el cambio climático, es en esos pueblos y organizaciones que están las verdaderas soluciones. En Chile, Madrid o Glasgow no está en su agenda rendirse.

Por Silvia Ribeiro *

* Investigadora del Grupo ETC

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Jueves, 19 Diciembre 2019 06:37

Los seis avances científicos del decenio

 El vehículo de exploración espacial Curiosity Mars se tomó una selfi el 12 de mayo de 2019.Foto Afp

La inmunoterapia contra el cáncer, el hallazgo del Homo denisova, la detección de ondas gravitacionales y la inteligencia artificial, entre otros, dieron el carácter a esta década

Washington. Astronomía, genética, medicina, paleontología, informática: Afp seleccionó seis avances o hallazgos científicos de la década (que en realidad terminará el 31 de diciembre de 2020) que han comenzado a cambiar los libros de texto escolares. Científicos entrevistados por la agencia de noticias también se aventuran a hacer predicciones sobre lo que el próximo decenio podría aportar al conocimiento.

Los ingredientes de la vida en Marte

Todavía no sabemos si Marte albergó vida, pero gracias a un pequeño robot estadunidense de seis ruedas (llamado rover o astromóvil) sabemos que el planeta rojo ha sido habitable.

Poco después de posarse sobre la superficie marciana el 6 de agosto de 2012, el astromóvil Curiosity descubrió piedras, una nueva evidencia de que por allí fluyeron ríos hace miles de millones de años. Las pruebas se han multiplicado: hubo mucha agua en Marte, en fuentes termales, lagos y tal vez océanos.

Curiosity también encontró lo que la NASA llama componentes básicos para la vida, moléculas orgánicas complejas, en 2014.

Los científicos pasarán ahora a la siguiente pregunta: ¿ha habido realmente vida en Marte? Dos nuevos robots se lanzarán hacia mediados de 2020 (el estadunidense Mars 2020 y el europeo Rosalind Franklin) para, quizás, desenterrar microbios antiguos.

La ciencia espacial de la próxima década estará dominada por la Luna, Marte y los asteroides, asegura Emily Lakdawalla, de la Planetary Society. Ella espera que las agencias espaciales decidan ir a explorar los confines olvidados del Sistema Solar, Venus, Urano y Neptuno para la década de 2030.

El cosmos se revela

Durante largo tiempo, la humanidad creyó que habitaba un sistema solar apartado. Un telescopio espacial llamado Kepler, lanzado en 2009, ha permitido descubrir 2 mil 300 planetas en sistemas vecinos, conocidos como exoplanetas, y los astrónomos estiman que probablemente haya uno por estrella, o sea, miles de millones. El sucesor de Kepler, Tess, fue lanzado por la NASA en 2018.

¿Qué esperar de la década que está por empezar? Análisis finos de las atmósferas de estos exoplanetas para descubrir quizás cuáles de ellos albergan vida, sugiere Tim Swindle, director del laboratorio de estudios planetarios de la Universidad de Arizona.

Los terrícolas también tuvieron acceso este año a la primera imagen de un agujero negro, producida por el proyecto Event Horizon Telescope. Su director, Shep Doeleman, promete para la próxima década la primera película de uno de estos fenómenos. Imaginen ver evolucionar un agujero negro en tiempo real, señala.

Pero un evento ha marcado sin duda la década más que el resto: la primera detección, el 14 de septiembre de 2015, de ondas gravitacionales. Dos agujeros negros se fusionaron en un remolino hace mil 300 millones de años, una colisión tan poderosa que propagó en el resto del cosmos ondas que contraen y expanden el espacio, viajando a la velocidad de la luz, y que finalmente llegaron a la Tierra esa mañana. Einstein tenía razón. Tres pioneros de las instalaciones Ligo y Virgo fueron galardonados con un Nobel en 2017 por esta y una decena de otras detecciones desde entonces.

En cuanto al origen y la composición del Universo, los cosmólogos continúan debatiendo. La materia oscura, invisible, que constituye la gran mayoría del Universo, sigue siendo uno de los mayores enigmas. Nos morimos de ganas de saber qué es, explicó en octubre el cosmólogo James Peebles, ganador del Nobel de física 2019.

Tijeras moleculares Crispr

En biomedicina, hay un antes y un después de Crispr. La modificación genética por Crispr está por muy lejos a la cabeza, sostuvo el premio Nobel de Medicina 2019, William Kaelin, cuando se le preguntó sobre los descubrimientos de la década.

Antes de que Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna descubrieran y manejaran un mecanismo molecular llamado Crispr/Cas9, modificar el genoma era una tarea laboriosa y costosa. El sistema que ellas describieron en la revista Science en junio de 2012 es más simple, más eficiente y programable para cortar el ADN en un lugar determinado. Imbatible, resume Kiran Musunuru, de la Universidad de Pensilvania.

Las dos investigadoras han sido ampliamente galardonadas con los premios Breakthrough (2015), el Princesa de Asturias de Investigación Científica (2015) y el Kavli para las Nanociencias en Noruega (2018).

La técnica aún está lejos de ser infalible y hace temer por los aprendices de brujo, como el científico chino que causó un escándalo al probarlo en embriones humanos que se convirtieron en gemelos, a pesar de los riesgos.

Pero Crispr ahora está en todos los laboratorios. Kaelin prevé una explosión de su utilización para curar enfermedades.

Inmunoterapia contra el cáncer

Durante décadas, los médicos tuvieron tres opciones para atacar un tumor: la cirugía, el veneno (quimioterapia) y la radiación (radioterapia).

La década de 2010 ha validado una cuarta idea que ha sido cuestionada durante mucho tiempo: la inmunoterapia. El principio es tratar los glóbulos blancos que forman el sistema inmunitario para que detecten y ataquen las células cancerosas, dado que el cáncer es experto en permanecer de incógnito en el organismo. La técnica más avanzada se llama CAR-T y modifica genéticamente los linfocitos T antes de reintroducirlos en grandes cantidades en el cuerpo, mejor armados.

Una ola de medicamentos ha sido autorizada en el mercado desde mediados de la década para más y más cánceres, como melanoma, linfomas, leucemias y cáncer de pulmón. La inmunoterapia no funciona en todos los pacientes y puede tener efectos secundarios importantes, pero las remisiones son impresionantes en una minoría.

Para William Cance, director científico de la American Cancer Society, la próxima década traerá inmunoterapias mejores y más baratas.

Otras especies humanas

La década comenzó con la adición de una nueva especie importante en la raza Homo: en una caverna en Denisova, en las montañas de Altai en Siberia, fragmentos de huesos de dedos, que fueron analizados genéticamente, revelaron que el individuo pertenecía a una especie de homínidos hasta ese momento desconocidos, y que bautizaron Homo denisova o denisovianos.

La especie se une así a las otras conocidas de Homo que poblaron diferentes continentes del planeta: Homo neanderthalensis en Europa, Homo erectus en Asia, Homo soloensis en la isla de Java, los pigmeos de Homo floresiensis en la isla de Flores (anunciado en 2004), Homo naledi en Sudáfrica (2015) y la última especie, descubierta en la isla de Luçon, Filipinas, y clasificada este año: Homo luzonensis.

Con respecto a los neandertales, la imagen conocida durante años de una especie primitiva y atrasada definitivamente se hizo añicos con el hallazgo en España de cuevas pintadas y el descubrimiento de que estos humanos llevaban joyas y enterraban a sus muertos con flores.

La humanidad moderna (Homo sapiens), por tanto, completa un árbol genealógico que muestra claramente que la evolución humana no ha sido lineal y que, hasta tiempos recientes, diferentes especies humanas coexistían, se cruzaban y se reproducían entre sí. Hace sólo 10 mil años que ganaron los sapiens.

Las nuevas técnicas para el análisis genético del ADN antiguo han abierto el espectro de posibilidades a los antropólogos, que ahora pueden secuenciar fósiles de decenas de miles de años. Este avance supuso una revolución en nuestra capacidad de estudiar la evolución humana y explicar de dónde venimos, subraya Vagheesh Narasimhan, genetista de Harvard.

Para la próxima década, un camino a seguir es el análisis no del ADN, sino de las proteínas de esqueletos de millones de años. Con esta técnica podremos remplazar una serie de fósiles cuya posición en la evolución es desconocida, dice Aida Gómez-Robles, antropóloga del University College London.

Inteligencia artificial en todas partes

La inteligencia artificial –el aprendizaje automático de las máquinas o machine learning– llegó a la madurez en la década de 2010. Es el motor de los asistentes de voz y de las recomendaciones de Netflix, una eficiencia que resulta del procesamiento de montañas de datos con el enorme poder de cálculo de las computadoras modernas.

La etapa siguiente es el aprendizaje profundo, el deep learning, que trata de imitar el funcionamiento neuronal del cerebro humano y resuelve tareas más complejas. La tecnología ha acompañado avances espectaculares en esta década, desde el primer robot que le ganó al campeón mundial de Go –un juego de mesa oriental– en 2017 (Google AlphaGo) a los software de traducción en tiempo real o de reconocimiento facial en Facebook.

Los mundos de la medicina (para hacer diagnósticos más exactos que los humanos), de las finanzas, del automóvil e incluso de los recursos humanos para clasificar currículos y evaluar candidatos se apoyan en la tecnología.

En 2016, Google dio un salto en la calidad de sus traducciones automáticas gracias a la inteligencia artificial (IA).

“El mayor avance de la década de 2010 fue el deep learning, el descubrimiento de que las redes neuronales artificiales pueden adaptarse a muchas tareas del mundo real”, estima Henry Kautz, profesor de ciencias informáticas en la Universidad de Rochester. La IA tiene el potencial de alimentar muchos descubrimientos científicos en los campos de los materiales, de los medicamentos e incluso de la física fundamental.

Miércoles, 18 Diciembre 2019 07:02

Cambio climático: sainete y gran fiasco en Madrid

Cambio climático: sainete y gran fiasco en Madrid

El Acuerdo de París sobre cambio climático fue presentado al mundo en 2015 como un gran logro al finalizar la vigesimoprimera Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención sobre Cambio Climático. Se dijo que por vez primera todos los países del mundo se habían unido en un esfuerzo común por mantener el cambio climático por debajo de los dos grados centígrados respecto de la era preindustrial. Además, se acordó realizar esfuerzos por limitar a 1.5 grados dicho cambio climático. Para lograr lo anterior todos y cada uno de los países miembros definirían de manera voluntaria e independiente sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Formalmente el Acuerdo de París (AP) entró en vigor en noviembre de 2016, al ser ratificado por el número requerido de países. Pero lo que nunca se ha dicho con toda claridad, y los medios no han sabido entender, es que ese acuerdo ya entró en vigor, pero todavía no puede aplicarse. Ya llevamos cuatro años en esta especie de limbo que convierte el AP en un tratado internacional que ya entró en vigor pero no puede aplicarse. La razón es que le falta lo que sería el equivalente a una ley reglamentaria.

Las implicaciones de lo anterior son devastadoras. En los últimos cuatro años, los 192 países miembros del Acuerdo de París han estado ocupados en negociar las reglas precisas de aplicación de ese instrumento. Leyó usted bien: tenemos cuatro años negociando el contenido del “Libro de Reglas” que define los procedimientos para uniformar los informes nacionales sobre reducción de emisiones, las reglas de cooperación financiera, la forma en que un país podrá cumplir sus metas de reducción de emisiones al ayudar a otras naciones a disminuir las suyas y las modalidades que deben regir las transacciones en los mercados de carbono y en los mecanismos de compensación de emisiones, etcétera.

Hace un año concluyó la COP24 en Katowice, Polonia, y se dijo que ya por fin habían concluido las negociaciones para definir el Libro de Reglas. Pero nuevamente el mendaz lenguaje diplomático sirvió de cortina de humo. Resulta que las reglas para la implementación de uno de los más importantes componentes del Acuerdo de París, definido en su artículo sexto, quedaron sin ser definidas y la tarea se dejó para la COP25. Y ésta tampoco pudo llegar a un acuerdo sobre ese artículo.

¿Qué dice este famoso artículo? Se trata de uno de los más importantes y contenciosos del Acuerdo de París. Es un texto breve que abre las puertas para que un país que haya rebasado sus metas o compromisos nacionales (voluntarios y definidos de manera independiente) pueda vender su excedente de emisiones a una nación que no ha podido cumplir con sus metas. Esos objetivos pueden estar relacionados con diferentes tipos de proyectos, como reducciones de emisiones, expansión de fuentes renovables o plantaciones forestales.

El artículo sexto también abre la puerta a la creación de un nuevo mercado de carbono internacional para intercambiar reducciones de emisiones en cualquier parte del mundo por los sectores públicos y privados. Al igual que el caso anterior, esas disminuciones pueden provenir de múltiples tipos de proyectos.

El principal problema es que estos mecanismos de mercado facilitan que las cosas sigan como están y no han servido para frenar las emisiones. El mercado de carbono más desarrollado es el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones, y ese régimen ha estado en crisis desde hace años. Apenas este 2019 comenzó a repuntar el precio de la tonelada de carbono (equivalente), pero múltiples problemas de origen no han facilitado su funcionamiento.

Mantener el statu quo es muy mala opción en estos momentos. Ya sabemos que los compromisos nacionales no alcanzan para el objetivo inicial del acuerdo, y cuando se hacen cuentas se observa que colocan al mundo en la trayectoria de tres grados centígrados, lo cual tiene implicaciones de dimensiones catastróficas y constituye una amenaza existencial para la humanidad.

Antes y durante la COP 25 muchas organizaciones y algunos países habían esperado que los grandes emisores de GEI anunciarían que estaban redoblando esfuerzos para reducir dichas emisiones. Esas notificaciones nunca llegaron y es claro que Estados Unidos (que ha denunciado el AP, pero todavía tuvo derecho a participar en esta COP), Brasil, China, Australia y Arabia Saudita encabezaron el grupo de países que, francamente, no escatimaron recursos para sabotear los esfuerzos de la COP 25.

¿Cuál es el balance? Cuatro años después de cumplido el Acuerdo de París, las emisiones de GEI siguen aumentando. Tenemos ya un cuarto de siglo discutiendo y negociando un verdadero régimen regulatorio para enfrentar la amenaza del cambio climático. Este esfuerzo no ha fructificado y no parece que las cosas vayan a cambiar pronto. La COP 25 recuerda la época de los sainetes que frecuentemente hacían reír al público en los teatros madrileños, porque terminaban en un grandioso fiasco. Sólo que esta vez el fiasco se traducirá en tragedia.

Twitter: //twitter.com/@anadaloficial">@anadaloficial

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Dos mundos, los negocios de los gobiernos y las empresas y los pueblos con sus alternativas reales: Silvia Ribeiro

«Desde Madrid, Silvia Ribeiro del ETC Group, nos muestra por dentro la cumbre y le da forma a los debates reales; desmenuza el 2.0 de los mercados de carbono y la ofensiva por instalar falsas soluciones con técnicas de geo-ingeniería». 

Así como cuando hablamos de crisis climática nos preguntamos ¿qué es lo que realmente está en crisis?, el fracaso rotundo de la COP25 de Madrid en un contexto de la mayor sensibilización mundial que tengamos registro, con enormes movilizaciones, con el negacionismo contra las cuerdas, con las alianzas novedosas entre sectores de lo más disímiles, nos lleva a preguntarnos ¿Quiénes realmente fracasaron?

Desde Madrid, Silvia Ribeiro del  ETC Group, nos muestra por dentro la cumbre y le da forma a los debates reales; desmenuza el 2.0 de los mercados de carbono y la ofensiva por instalar falsas soluciones con técnicas de geo-ingeniería. Mientras las potencias globales escalan su disputa como borrachos peleando en la cubierta del Titanic; y los dueños del capital, el famoso 1%, sólo atina a intentar nuevos negocios con el desastre que hicieron; los pueblos del mundo estamos llenos de alternativas concretas y andando para enfriar el planeta.

Su fracaso no es el nuestro. Sacar conclusiones y ampliar las experiencias en marcha es fundamental para quienes en Argentina hemos sido parte de la derrota del proyecto neoliberal, y buscamos evitar el inicio de un nuevo ciclo extractivo. Hay alternativas concretas y potentes frente al hambre y la crisis energética, pero no vienen de la mano del capital.

#COP25 | Mientras las evidencias del cambio climático son cada vez más contundentes y se reconocen niveles de emisiones que lejos de disminuir aumentan…

Huerquen: ¿De qué nos habla la crisis climática? ¿Qué es lo que realmente está en crisis?

Silvia Ribeiro: Es importante entender a la crisis climática como una de las principales crisis que enfrenta la humanidad. La situación es realmente grave porque efectivamente hay un desequilibrio del clima, pero es parte de una crisis generalizada, tanto ambiental, de salud y económica en todo el planeta; económica en el sentido de injusticia, pero también dentro del propio capital digamos que hay crisis. La crisis climática responde a que hay una concentración mucho mayo del dióxido de carbono y de otros gases que se llaman “de efecto invernadero” (GEI) en la atmósfera y que jamás en la historia de nuestra especie sobre la tierra hay registro de tanta concentración de ellos. Esto hace el efecto de invernadero con la energía solar que entra a la tierra y no sale por estos gases produciendo el calentamiento global.

Es una crisis que no está separada a la crisis que hay en cuento a la devastación de la biodiversidad, la contaminación de las aguas, la liberación de tóxicos y químicos a los que estamos expuestos; contaminación aérea, de suelos, de alimentos… quiero decir que todo se trata en realidad del sistema de producción y consumo industrial que es la base del capitalismo, y que está dominado por muy pocas corporaciones. De hecho la concentración económica nunca ha sido tan grande. En este momento el 1% más rico de la población mundial tiene lo mismo que el 50% más pobre. Este afán de lucro es lo que hace que estemos ante esta crisis ambiental, de recursos, de salud y de enorme, enorme injusticia, que es el contexto de la crisis climática.

El clima del planeta interactúa con todos los sistemas vivos del planeta, entonces el desequilibrio del clima está significando un aumento de los fenómenos como huracanes, sequías e inundaciones; todos síntomas del cambio climáticos. En realidad de lo que depende es de la emisión de gases que son producidos por un sistema energético basado en combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón, y del modelo agroalimentario industrial.

Las empresas petroleras de ninguna manera están dispuestas a renunciar a las enormes inversiones que tienen en infraestructura ni a las enormes reservas que poseen. Se calcula que a nivel de reservas hay unos 28 billones (millones de millones) de dólares de petróleo y hay una infraestructura instalada de alrededor de 55 billones de dólares a nivel mundial. Además la industria de los combustibles fósiles es la industria que más subsidios públicos reciben en el mundo. En 2015 varias organizaciones calcularon que la industria petrolera recibe 10.000 dólares por minuto de subsidios públicos… cada minuto, todos los días. O sea que además de estar destruyendo el planeta y a la vida de la gente reciben enormes cantidades de dinero que pagamos todos y todas.

Hqn: Justo ahora estás en Madrid en la COP25. ¿Podrías compartirnos algo del clima en el que se desarrollan las deliberaciones? ¿Hay cuestiones en debate sobre las que los pueblos podemos esperar algún elemento concreto para mejorar la situación?

SR: Ahora estoy hablando a fines de la cop25, del convenio marco del cambio climático. La parte de las Naciones Unidas que se dedica a este tema y teóricamente a enfrentarlo pero este convenio que se inició en la cumbre de Río de 1992 en estos 25 años no ha logrado, no sólo parar el cambio climático, sino que en muchos casos lo ha empeorado porque han permitido la instalación de los mercados de carbono.

Los Mercados de Carbono (MdC) permiten que alguien que produzca enormes emisiones de GEI (que son sobre todo dióxido de carbono pero también es el metano o el óxido nitroso) en lugar de reducirlas, en lugar de cambiar, lo que hacen es pagarle a otro país o a otro lugar bonos o créditos de carbono en supuesta compensación. Y construyen un mercado donde estos bonos se pueden comerciar. El MdC que se instaló a partir del Protocolo de Kioto no ha tenido ningún efecto en bajar las emisiones de gases porque solamente funciona como un nuevo negocio. Permite que los contaminadores sigan contaminando porque en teoría le pagan a otro para que no contamine, cuando ese otro ya no estaba contaminando. Y tienen un efecto peor porque además todos estos bonos y créditos se venden en mercados secundarios para cumplir con legislaciones como las europeas que tienen un “techo” de emisiones. Por ejemplo la Shell que es una de las principales empresas petroleras del mundo puede estar (y lo ha hecho) matando gente que se opone a la explotación petrolera en Nigeria, que además son indígenas que están en su territorio, o la  Texaco en Ecuador; y al mismo tiempo decir que están conservando un bosque en ese mismo país o en el país de al lado, y por conservar sus bosque limitan y desplazan a la gente que vive ahí. O sea que además que no hacen nada para el clima tienen una cantidad tremenda de impactos sobre los pueblos que viven en los bosques o que dependen de los ciclos hidrológicos. Y después lo venden como si fueran proyectos que están “ayudando frente al cambio climático”.

Lo que hay ahora es una presión grande a partir de la firma del Acuerdo de París, que firman los gobiernos en el marco de convenio de cambio climático de Naciones Unidas, donde se comprometen a evitar que la temperatura suba más de 1,5 grados hasta el año 2100 (mantenerla por debajo de los 2 grados). Lo malo es que este Acuerdo de París en su artículo 2 dice que no se comprometen a bajar directamente las emisiones de GEI sino que tiene que haber un “equilibrio entre las emisiones y lo que se reabsorbe”, o sea entre emisiones y sumideros. Eso en vez de tomar medidas reales para cambiar lo que provoca el cambio climático, plantea una contabilidad que abre la puerta a nuevos mercados de carbono. Intercambios en vez de verdaderas reducciones.

Hasta ahora estaban referidos sobre todo a las normativas del Protocolo de Kioto, dentro del convenio de naciones unidas, y el convenio termina en el año 2020. Entonces una de las cosas centrales que se está discutiendo en esta COP25 es que, como ya termina el marco que permitía el intercambio de carbono, es como se va a sustituir ese mecanismo y nuevamente… (esto está en el artículo 6 del Acuerdo de París) se habla de cómo van a ser estas transferencias entre países con la participación de empresas; cómo se van a transferir estas responsabilidades. Esto es una locura. Para ponerlo claro: se acaba el marco de mercado de carbono que daba el Protocolo de Kioto e iniciaría un nuevo mecanismo con la misma lógica. Los países que emiten mucho pueden hacer acuerdos con los países que emiten poco y “compensar”.

A esto se han opuesto todas las organizaciones de la sociedad civil, salvo las grandes ONG conservacionistas como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), The Nature ConservancyConservation Internacional, el World Resources Institute que son grandes organizaciones sobre todo internacionales o basadas en Estados Unidos, que se llaman “conservacionistas” y son las únicas que apoyan el uso de los mercados de carbono. En general todas las demás organizaciones ambientalistas, sociales e indígenas se oponen al uso de mercados de carbono por los impactos que tienen en el medio ambiente y sobre los territorios.

Entonces en esta COP lo que se ha discutido un poco como tema central es ese y es una de las cosas que se han rechazado. Hubo incluso una protesta muy grande que se dio adentro del convenio, no solamente afuera como siempre pasa y como no estaba autorizada (porque hay que pedir hacerlo) hubo una represión violenta por parte de la policía de naciones unidas.

Lo cuento porque la paradoja de esto es que mientras en todo el mundo hay una cantidad de alzamientos porque la gente no soporta los regímenes de explotación instalados, que no se hacen cargo de las necesidades frente a las crisis de lo que sean, por otro lado dentro de naciones unidas alrededor de uno de los temas que ha levantado más protestas en el mundo (todo el movimiento juvenil etc) hay como una burbuja. Aquí se sientan los delegados de los países y lo que piden es cómo instalar nuevos mecanismos de mercados de carbono, no se ha dado ninguna respuesta a la necesidad de financiamiento de los países del sur para, por ejemplo reconversiones tecnológicas o para hacer frente a los daños que ya ha provocado el cambio climático. La paradoja es que por un lado está la gente realmente en la calle protestando por lo que vive directamente por el cambio climático o lo que entendemos que va a suceder, y por otro lado los gobiernos y las empresas adentro utilizando a la policía española y de naciones unidas para reprimir a la gente.

Dentro de la conferencia están Iberdrola, Santander, Repsol que son las compañías españolas que han pagado la infraestructura de la COP, y estaban adentro de las salas de reunión junto a los ministros de los gobiernos hablando de las contribuciones que van a hacer.

Hqn: Frente a este escenario los mismos responsables de la crisis climática proponen “soluciones” como la geoingeniería. ¿Qué es?

SR: En esta COP ha aparecido claramente y que venía de antes, que es la relación entre las industrias sobre todo de combustibles fósiles y la geoingeniería, o sea la manipulación del planeta a través de tecnologías de gran escala que teóricamente servirían para absorber carbono y enterrarlo, o crear nubes volcánicas para reflejar la luz del sol por ejemplo. Entonces de nuevo, son formas técnicas que la industria petrolera ha estado estudiando desde hace mucho tiempo y que les sirve como una nueva fuente de negocios y como una manera de decir “sí, vamos a seguir emitiendo pero tenemos tecnologías para manejar los síntomas del cambio climático”.

Sobre esto pueden leer mucho más en el  Monitor de Geo-ingeniería en donde varias organizaciones, entre ellas el  Grupo ETC, colocamos información sobre lo que es la geo-ingeniería, las técnicas propuestas, los impactos que tienen, y que tengamos una idea más precisa de lo que nos estamos refiriendo.

En esta COP en particular por lo menos dos tecnologías estuvieron por primera vez muy presentes a través de diferentes eventos. O sea, eventos paralelos mientras están las negociaciones. Las COP son como un gran festival donde las empresas, como por ejemplo la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones de Carbono, los bancos internacionales, las empresas, tienen sus propios stand donde muestran lo que ellas piensan que sería oportunidades de negocios con el cambio climático. Es muy preocupante porque ha habido una directa manifestación con respecto a técnicas de geo-ingeniería como la “captura y almacenamiento de carbono”. Esta es una técnica inventada por la industria petrolera. En ella inyectan grandes cantidades de carbono a grandes profundidades, por lo menos 1.500 metros en pozo petroleros que tienen reservas profundas, entonces es una manera de empujar el petróleo de las reservas profundas hacia la superficie. O sea explotan más petróleo pero como el dióxido de carbono se liquidifica y se queda en el fondo (es una técnica petrolera que existe desde hace décadas para recuperar reservas profundas) le cambian el nombre y le ponen “captura y almacenamiento de carbono” y lo venden como una “técnica climática”. Esto no es que sucedió en esta COP, pero en esta COP han habido muchas menciones a que esta técnica como una solución. Que se emita el carbono pero después sacarlo del aire e inyectarlo para, paradójicamente, sacar más petróleo o dejarlo en fondos submarinos. El tema con estas tecnologías además son todos los peligros que implican; porque el dióxido de carbono en grande condiciones es tóxico y de ninguna manera está garantizado que se va a quedar en el fondo; puede incluso producir movimientos de tierra o temblores, un poco parecido al fracking aunque es otra tecnología que va mucho más profundo. Pero sobre todo es una estafa porque es un nuevo negocio para mismas industrias que provocan el cambio climático y al mismo tiempo se hace cree que con esto no es necesario hacer reducciones de emisiones de GEI reales. Hay que agregar que incluso si se usara este tipo de tecnología no sería suficiente: en este momento hay instalados unos 15 proyectos en el mundo y se necesitarían decenas de miles para que tuvieran un impacto. Entonces son tantos los aspectos de falsedad en cuanto a que es una tecnología que explota más petróleo, que además es una técnica para hacer negocios de las mismas empresas y además ni siquiera está realmente disponible, pero que da la imagen de que se puede usar esto para no tener que hacer reducción de emisiones reales.

Otro tema que es sumamente preocupante es que están hablando no solamente de captar carbono y enterrarlo sino también de hacer plantaciones masivas de biomasa, así le llaman. O sea biomasa con captura y almacenamiento de carbono (que en inglés  BECCS). De esta manera dicen que habría que plantar millones y millones de hectáreas de monocultivos de árboles u otra biomasa que podría ser soja, para después eso quemarlo y producir “bioenergía” capturando el carbono con las plantas. Todo esto es una vuelta más de la perversión, de la falsedad, porque da la imagen de que se está haciendo algo cuando tendría todos los problemas de las grandes plantaciones. Para que tuviera algún efecto en el cambio climático tendría que plantarse una superficie como 3 veces México o 2 veces la India… o sea, que no hay la cantidad de tierra para hacer eso, y habría que avanzar sobre territorios que ahora se usan para producción de alimentos o bosques naturales, y esto provocaría deforestación de ecosistemas y desplazamiento de indígenas y comunidades donde los bosques son parte de su modo de vida. Entonces la cantidad de impactos sería enorme.

Todo esto se habla como parte de la geo-ingeniería y como una opción posible que además fue señalada por el panel intergubernamental de cambio climático IPCC, que es como la referencia científica del convenio, diciendo de que si no se reducen las emisiones en el tiempo que hay que hacerlas habría que usar este tipo de tecnologías. Esto está subyacente también en las negociaciones que se están haciendo en este convenio.

Hqn: En tu opinión ¿de qué depende que podamos revertir el rumbo de abismo que representa el aumento de la temperatura global?

SR: Lo paradójico es que no hay necesidad de desesperarse porque aunque la situación es grave, como en tantas otras cosas, sí tenemos soluciones reales y las planteamos tanto adentro como afuera de la COP. Yo estoy hablando desde Madrid pero esto se ha planteado en la  Cumbre de los Pueblos en Chile, como acá en la Cumbre Social. Adentro lo hemos planteado tanto la Red Ambiental Indígena, la Red de Justicia Climática de Estados Unidos, organizaciones de África como la Fundación Home, nosotros de ETC Group, todos los que estamos en la campaña “ No Manipulen La Madre Tierra” que es una campaña internacional de organizaciones que nos oponemos a la geo-ingeniería.

Las soluciones al cambio climático pasan por supuesto en cambiar ese modelo extractivista y basado en la producción y el consumo industrial; o sea a las bases del capitalismo y el capitalismo en sí mismo. La más potente de todas las alternativas es la producción de alimentos; cambiar la cadena agroindustrial reafirmando lo que hoy ya alimenta a la mayoría de la población del mundo, que son la redes campesinas e indígenas de producción de alimentos descentralizados, a través de la agroecología y la agricultura urbana. La organización GRAIN demostró que  más o menos la mitad de los GEI están relacionados al sistema alimentario agroindustrial, no solamente la producción, sino el procesamiento y los desplazamientos a nivel mundial.

Hqn: Hay alguna experiencia de organización popular concreta que te de esperanzas en medio de este caos sobre la que te gustaría hablarnos

SR: Hay muchísimas. La producción descentralizada y localizada, agroecológica, que ya existe en muchas partes del mundo aunque no se llame así, existe y llega a la mayor parte de la humanidad. Esto está amenazado porque aunque es la mayoría de la gente solamente dispone del 25% de la tierra, apenas accede al 10% de agua, tiene poca energía aunque mucho lo recicla o es eficiente energéticamente, no produce desperdicios. Entonces todo ese sistema no solamente está produciendo alimentos y formas de vida buenas para la salud y el ambiente, sino que previene el cambio climático y la contaminación.

Acá también se presentaron grupos que trabajan con energías renovables de distinto tipo a nivel local. Aunque cuidado porque bajo las energías renovables, tanto solar como eólica que serían menos contaminantes, también están en manos de empresas trasnacionales. Pero también hay muchísimos ejemplos de soluciones locales en manos de la gente y en pequeña escala.

Es importante entender que la clave no está en una sola tecnología o un solo tipo de energía, sino que justamente se basa en la diversidad, en la comunidad, en la posibilidad de que las comunidades urbanas y rurales seamos capaces de tomar decisiones colectivas sobre cómo queremos y podemos producir todo, nuestra energía y nuestra comida.

Esto realmente está avanzando en muchos lugares. Entonces es muy paradójico, como si hubiera dos mundos: por un lado el mundo de los gobiernos y de las empresas que usan el represión en muchos niveles y el avance de estos modelos que no son soluciones; pero por otro lado se mantienen y crecen en muchos lugares no sólo las formas de resistencia sino las propuestas y alternativas reales a todo esto y que se contraponen a lo anterior.

Lo que vemos en la COP25 es que los gobiernos en lugar de avanzar hacia lo que es urgente y necesario hacen lo contrario y pretenden establecer mercado de carbono y tecnologías sumamente peligrosas como la geo-ingeniería; además garantizar que siga la explotación petrolera con enormes subsidios públicos. Pero como contraposición hay una crítica cada vez más extendida y redes concretas de solidaridad de jóvenes, de indígenas, de campesinos de ambientalistas, de sindicatos, de organizaciones feministas; todo eso estaba acá presente y seguimos en redes de justicia climática.

Fuente: Huerquen, comunicación en colectivo

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¿Y ahora qué? La agenda del cambio climático tras la COP25

En una COP donde ni las evidencias científicas ni el clamor de la sociedad civil han bastado para acercar posiciones, donde lo urgente ha dejado paso a los intereses de los grandes grupos y países contaminantes, la pregunta es ¿y ahora qué?

Ni el lema de la conferencia “Tiempo de actuar” ni las apelaciones a la emergencia climática han ayudado a evitar un acuerdo “decepcionante” o “débil” como lo han calificado miembros de algunas delegaciones. La Agenda de partida de la COP25 no era fácil, pero ante una emergencia climática un acuerdo débil, no es un acuerdo.

El texto final «alienta» a los países a «aprovechar la oportunidad en 2020» para mostrar la más alta ambición ante «la urgencia de abordar el cambio climático». Sin embargo, en las declaraciones finales no se hace un llamamiento explícito a los países a presentar planes nacionales más duros en 2020 por la resistencia de los grandes países emisores. En todo caso, según el Ministerio para la Transición Ecológica el texto, «sienta las bases» para que el próximo año en la Cumbre del Clima de Glasgow, «los países presenten compromisos de reducción de emisiones» más ambiciosos.

El texto final también fracasa en el desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París que regula los mercados de derechos de emisiones de CO2 . El desarrollo de estos mecanismos de intercambio de derechos de emisiones que permiten a países y empresas compensar los gases de efecto invernadero que expulsan ya se atascó hace un año en la Cumbre del Clima que se celebró en Katowice (Polonia).

Y es que la expansión prevista de combustibles fósiles para 2030 es al menos un 50% más allá de un objetivo de 2ºC y un 120% más de lo que puede ser compatible con el compromiso global de limitar el calentamiento a 1.5ºC. El hecho de que hace unos días, la petrolera saudí Aramco protagonizara una subida del 10% en su salida a la bolsa y que la mayor empresa del mundo por beneficios se convierta también ahora en la mayor compañía del mundo por capitalización bursátil es un signo de que la transición energética parece estar lejos de los mercados financieros y por tanto, de la arena política internacional.

Junto a ello, los mercados de carbono eran y son una solución de transición, de “compensación” de emisiones, y no de reducción, y que a falta de métricas sólidas y mecanismos robustos, trasladan las cargas a través del comercio de carbono hacia el Sur, aumentando la brecha de la desigualdad de los pueblos indígenas y las comunidades más vulnerables.

Es por ello que en la COP25 se presentaron los Principios de San José para la Alta Integridad de los Mercados Internacionales de Carbono con el objetivo de crear un mecanismo «justo y sólido en los mercados de carbono», principios que van desde asegurar la integridad ambiental hasta evitar la doble contabilidad, evitar el traspaso de créditos anteriores a 2020 al nuevo sistema, bloquear tecnologías incompatibles con la reducción de emisiones o garantizar financiación para los países en desarrollo*.

Pero ¿qué es necesario que cambie para lograr un mínimo de éxito en la próxima Cumbre del Clima?

«Finaliza una cumbre del clima complicada, que reafirma el valor de la cooperación internacional, de la ciencia y la exigencia de más acción climática y su incidencia social«, ha afirmado a través de su cuenta de Twitter, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

En efecto, en primer lugar, la Cumbre refleja el fracaso del multilateralismo, de la capacidad del ser humano para consensuar decisiones aún vitales para la humanidad.

Pero en esta cumbre solo se ha conseguido que 84 países se comprometan a presentar planes más duros en 2020. Dentro de ese compromiso están Alemania, Francia, España y el Reino Unido, pero están ausentes EEUU, China, la India y Rusia (que suman alrededor del 55% de las emisiones mundiales de efecto invernadero).

La ONU ha advertido de que se deben multiplicar por cinco los esfuerzos globales previstos si se quiere que el incremento de la temperatura se quede por debajo de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Y por tres si se aspira a que ese incremento esté por debajo de los 2 grados (la otra meta que se establece en el Acuerdo de París). En el mejor de los escenarios, si se cumplen los planes actuales, habrá al menos un incremento de 3,2 grados.

Desde los grupos activistas se ha denunciado el secuestro de los intereses globales por parte de países contaminantes como EEUU, Brasil, Australia, Arabia Saudí y de las principales compañías de petróleo, gas y carbón por socavar la ambición climática.

Los resultados de esta COP reflejan así mismo una importante brecha entre la voz de la calle y de la ciencia pero a la sociedad civil nos queda seguir luchando. Joaquín Araújo, nuestro gran naturalista, me comentaba estos días en la COP que nunca había visto una sociedad civil tan concienciada y con la fuerza que tenía ahora.  

A las empresas, habrá que exigirles que una vez pasada la exposición a los focos de la COP25, mantengan su compromiso con el clima y traducirlo en acciones efectivas para la transición energética. La Agenda de la emergencia climática ha venido para quedarse en los compromisos de responsabilidad social empresarial.  

Es difícil imaginar medidas audaces, innovadoras e inmediatas para una transición justa. Las soluciones tecnológicas todavía no son viables y las tecnologías basadas en la naturaleza como la quema de biomasa a gran escala o el almacenamiento de carbono, pueden tener consecuencias en la seguridad alimentaria y la integridad de los ecosistemas aumentando aún más la brecha de la desigualdad.

A los Estados que se han unido en la Alianza por la Ambición climática, rechazar la agenda de los contaminadores pero sumar aliados a su causa, asegurar que los países desarrollados proporcionen fondos y tecnología para evitar y minimizar los impactos del cambio climático, respetar los derechos humanos, los derechos de los pueblos indígenas y aplicar los compromisos medioambientales y sanciones comerciales en los tratados de comercio.

El secretario general de la ONU, António Guterres, se mostraba frustrado con los resultados de esta Cumbre pero nos quedamos con el inciso final de sus declaraciones: «Estoy decepcionado con los resultados de la COP25. La comunidad internacional perdió una oportunidad importante para mostrar una mayor ambición en mitigación, adaptación y financiamiento para enfrentar la crisis climática. Pero no debemos rendirnos, y no me rendiré».

Por Helena Ancos

Ágora

* Paises que han presentado los principios de San José: Costa Rica, de Suiza, Belice, Colombia, Paraguay, Perú, Islas Marshall, Vanuatu, Luxemburgo e Islas Cook

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