Soldados vigilan la planta de llenado de gas del estado Senkata, en El Alto, La Paz.Foto Ap

El "litio-golpe" militar/ policiaco/mediático, con bendición de EU y su vulgar instrumento de la OEA, obliga a retroceder en el túnel del tiempo a Bolivia de "Evo al Medio-Evo" (https://bit.ly/37eiWmu), mientras la fiebre del metal cunde en Sonora y en Alemania, donde penetró Tesla, asentada en Silicon Valley, para promover los vehículos eléctricos, sin contar los celulares inteligentes y laptops.

Según el ranking de Mining Technology, el primer depósito mundial de litio del “ top ten (cinco son de la anglosajona Australia)” se encuentra en Bacadéhuachi (https://bit.ly/2NYlJbX): sierra alta de Sonora, a 275 kms al oriente de Hermosillo, capital de Sonora, y a 98 kms de La Mora, donde ocurrió la carnicería de mormones de la familia LeBaron (https://bit.ly/2QBGAUh).

"Proyecto Litio de Sonora" es desarrollado por una asociación conjunta de la británica Cadence Minerals (70 por ciento) y la canadiense Bacanora Minerals (30 por ciento). Se trata de una "operación a cielo abierto" en dos fases: la primera, con capacidad de producción de 17 mil 500 toneladas al año de carbonato de litio, por 420 millones de dólares; y la segunda,duplicará la capacidad de producción a 35 mil toneladas anuales.

La mina sonorense cuenta con una reserva de carbonato de litio por 300 años (sic). Se ha construido una planta piloto de litio en Hermosillo, según Forbes, que señala su destinación al noreste asiático: Japón/Sudcorea/China, donde se concentra 95 por ciento del consumo.

Otros analistas arguyen que la producción "podría servir al mercado de Norteamérica (sic) debido a la proximidad"(https://bit.ly/2QyOZaP).

Forbes explaya la identidad de sus inversionistas cuando "por el momento, la mayor parte del capital proviene de Gran Bretaña". Pareciera que las trasnacionales anglosajonas de GB/Canadá se han especializado en la minería mexicana, en particular en el nuevo "Proyecto Litio de Sonora" que tiene un valor de mil 253 millones de dólares y está integrado por 10 zonas, que cubren 100 mil hectáreas, concesionadas a las mineras anglosajonas MSB (filial de Bacanora), Mexilit (70 por ciento de Bacanora y 30 por ciento de Cadence).

¿Ya no hay empresas mexicanas en México, ya no se diga en mixtas privadas/estatales?

¿Cuánto litio existirá en México?

Según un reporte de la Secretaría de Economía en la etapa aciaga del entreguista Ildefonso Guajardo –que operó y firmó el ignominioso T-MEC que daña los intereses de México de la Internet, del sector agrícola y del farmacéutico, sin contar el sector automotriz– existen tres yacimientos en etapa de exploración en Baja California (Cierro Prieto), por Pan American Lithium, en San Luis Potosí/Zacatecas y Sonora.

Llama la atención el supino entreguismo de la kakistocracia de Calderón y Videgaray/Peña que obsequiaron las minas de toda índole de México cuando se vaticinan sus mejores tiempos históricos.

Pues parece que los gobiernos entreguistas neoliberales de México carecen de la cultura del litio, la cual abunda en la mente creativa de Elon Musk, quien ya penetró Berlín para construir los carros eléctricos de Tesla, lo cual ha sacudido el otrora mercado inexpugnable de automóviles de ensueño en Alemania (https://bit.ly/37kbWV2).

A quienes no le den la importancia que merece la "geopolítica del litio" desde México hasta Bolivia, cabe instruirles que los carros eléctricos de Tesla modelo S requieren 45 kilogramos del "oro blanco".

Tesla ha construido una "giga-fábrica" en Nevada (EU) para producir baterías de litio iónico y ahora penetra en forma sorprendente el mercado alemán.

Para Der Spiegel, el arribo de Tesla constituye "una humillación para la industria automotriz alemana" y sus portentosos automóviles convencionales Mercedes/BMW/Volkswagen/Audi que pueden quedar enterrados por el litio.

Alemania, que ostenta una de las óptimas culturas ambientales del planeta, ha registrado en forma exponencial su nueva dotación de carros eléctricos que alcanzó 52 mil 882 hasta octubre.

Tesla va también por el mercado de Shanghái y sus acciones bursátiles se incrementaron al día siguiente del "litio-golpe" en Bolivia.

Tesla se escribe con "l" de litio.

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El golpe de Estado y los escenarios de impotencia critico-práctica

Si se escinden los planos característicos del análisis político (de uno que contenga una perspectiva de clase) y se establecen jerarquías absolutas más que estratégicas, se corre el riesgo de delinear distintos escenarios de impotencia crítico-práctica.

Desde hace ya algunos años, muchos y muchas intelectuales-militantes se anclaron en las condiciones imperantes en el sistema interestatal, revindicaron su especificidad, las absolutizaron y las blandieron como excusa para justificar el bloqueo sistemático de toda práctica emancipatoria radical, auto-afirmativa y no institucionalizada por parte de los Estados administrados por gobiernos dizque progresistas. Ciertamente, las razones geopolíticas no pocas veces fueron esgrimidas para justificar proyectos neo-desarrollistas (extractivismo incluido) y la integración subordinada de las organizaciones populares y los movimientos sociales a los esquemas ministeriales. Peor todavía: estas razones, desvirtuadas en grado máximo, han servido (y sirven) para justificar alianzas y acuerdos con los futuros verdugos. Son razones pragmáticas que hacen que los y las intelectuales-militantes pierdan rigor crítico y que la izquierda se torne “sistémica”.

Ahora bien, desde espacios políticos que podríamos catalogar como “anarco-exóticos” –no se nos ocurre otra designación, por ahora– desde extrañas configuraciones que combinan ultra-izquierdismo con formalismo liberal-republicano, desde algunos esencialismos identitarios (étnicos, de género, etc.), el dogmatismo que desdeña la relevancia de las razones geopolíticas y las condiciones imperantes en el sistema interestatal, también incurre en la misma escisión, propone igualmente jerarquías absolutas más que estratégicas y delinea su propio escenario de impotencia crítico-práctica.

Consideramos que el antiimperialismo y las condiciones imperantes en el sistema interestatal absolutizadas jamás deberían erigirse en la excusa para justificar las políticas que pretenden la “erradicación” o el control vertical y estatal de la lucha de clases y que conspiran contra la autonomía popular. En concreto: las políticas antiimperialistas sólo pueden sostenerse en políticas anticapitalistas. El anticolonialismo es incompatible con el extractivismo y la proliferación de multinacionales. Comunizar y privatizar son prácticas antagónicas aunque puedan convivir por un tiempo. Sin la “desestructuración” del universo material, simbólico y represivo de las clases dominantes y sin la construcción de un contra-universo propio de los y las de abajo, será imposible consolidar el poder popular.

Un gobierno “popular” y “antiimperialista” puede oponerse a la instalación de una base militar estadounidense, puede promover una redistribución del ingreso más justa y avances en diversos órdenes. Pero si al mismo tiempo le abre las puertas al capital financiero y a las grandes corporaciones; si resguarda los privilegios de las clases dominantes y las elites; si pretende la subordinación de los espacios de autogestión económica, autogobierno (y autodefensa) del pueblo al viejo Estado y a la institucionalidad burguesa, corre el riesgo de tornarse conservador, o de ser derrocado por coaliciones reaccionarias en las que, indefectiblemente, se destacarán sus ex aliados. En toda la historia de Nuestra América, en la vieja y en la reciente, abundan los ejemplos.

Ahora bien, abrigamos la certeza de que en Bolivia difícilmente existirán las condiciones más adecuadas para debatir estos y otros asuntos sin la reposición de Evo Morales y Álvaro García Linera al frente del gobierno del Estado plurinacional.

Luego, la lucha de clases, las luchas identitarias, la autonomía popular, jamás deberían erigirse en excusas para relativizar el hecho imperial y para negar el peso propio de las condiciones imperantes en el sistema interestatal. Un gesto que no ha escaseado entre algunos y algunas intelectuales-militantes de izquierda críticos y críticas del progresismo que, en estos días, en torno al golpe de Estado en Bolivia, están sosteniendo posiciones de una superficialidad manifiesta y que lindan con el delirio y/o la aberración.

¡Cómo si no existiera el terrorismo global de Estado, una voluntad hegemónica imperialista y unipolar, en fin: contrainsurgencia estadounidense alimentada en la creencia de un excepcionalismo estadounidense!

¡Cómo si no existiera una estrategia centrada en destruir todos los focos de resistencia de los y las de abajo, las luchas contra-hegemónicas y por la autodeterminación y el poder popular!

¡Cómo si las limitaciones del gobierno de Evo Morales alcanzaran para negar los avances populares en planos materiales y simbólicos muy significativos!

¡Cómo si la estabilidad de algunas estructuras claves del sistema de dominación capitalista y patriarcal y las insuficiencias de una izquierda estatalista en el gobierno, justificaran la instalación de una dictadura abiertamente pro-imperialista, racista, patriarcal y clasista!

¿Por qué la incapacidad del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) para defender las posiciones adquiridas por pueblo pobre, trabajador, campesino e indígena de Bolivia es presentada cuasi como un aval al golpe de Estado cívico-militar-policial?

No deja de ser sintomático que se reconozcan esas conquistas solamente a la hora de destacar la incapacidad del gobierno del MAS para defenderlas.

¿Acaso alguien supone que el neofascismo y esta nueva “cruzada extirpadora de idolatrías” en curso generará mejores condiciones para la sincronía entre el espíritu y la realidad?

Es un tremendo error no captar el significado más profundo del golpe de Estado y creer que ha sido derrocada una figura menor y circunstancial en la historia boliviana.

Paradójicamente, la relativización del hecho imperial en nombre de la lucha de clases, de las luchas identitarias y de la autonomía; la negación del peso propio de las lógicas del sistema interestatal en nombre de unos fragmentos de realidad romantizada o de hipotéticos procesos puros e incontaminados, está colocando a estos y estas intelectuales-militantes por fuera de los combates más sustanciales –y reales–, condenándolos y condenándolas a la insignificancia. O, peor aún, los y las está ubicando del lado de las clases dominantes y, claro está, del Imperio, que ya ha comenzado a exhibir grados de impudicia desfachatados y algo extemporáneos en sus procedimientos.

Lamentablemente, una pasmosa falta de timing político-histórico, una fidelidad a los conceptos más que a los sujetos, un pánico a los espectros estalinistas que pretenden contrarrestar con puros formalismos, un afán de no manchar sus bellas almas con el apoyo a un gobierno que consideran “deficiente e incompleto”, conspira a la hora de la activa solidaridad con el pueblo pobre, trabajador, campesino e indígena de Bolivia.

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Un miembro de Hezbolá reacciona mientras dispara un arma en el oeste de Qalamoun, Siria. REUTERS / Omar Sanadiki

El presidente de EEUU ha reconocido que la presencia de las tropas de Washington en el nordeste del país obedece a intereses petroleros. Coincidiendo una vez más con los intereses de Israel, Trump prefiere que el dinero se lo queden los kurdos antes que el gobierno de Damasco.

Hace solo unos meses el presidente Donald Trump anunció la inmediata retirada de las tropas estadounidenses de Siria, pero poco después revertió la decisión empujado por sus aliados. Si al principio dijo que la misión de las tropas americanas, la erradicación del Estado Islámico, había concluido, solo unos días más tarde se desdijo y aseguró que seguía vivo el peligro de los yihadistas en la zona. 

La presencia militar de Estados Unidos en el nordeste de Siria tiene poca justificación si se considera que el Estado Islámico no representa ningún peligro de entidad para la estabilidad regional. El problema de fondo es muy distinto: Washington no quiere que el gobierno de Damasco extienda su presencia allí por varios motivos. 

Aunque el primer ministro Benjamín Netanyahu no abrió la boca cuando Trump manifestó su intención de abandonar Siria, un gran número de políticos israelíes, y americanos afines a Israel, pusieron el grito en el cielo. Su argumento principal era que Washington no debía abandonar a sus aliados, tanto en referencia a los kurdos como en referencia a los propios israelíes. 

Aunque la capacidad productiva de los pozos petrolíferos de Siria no es excepcional, representa una fuente no despreciable de ingresos para los kurdos, y los israelíes también prefieren que ese dinero vaya a parar a bolsillos kurdos antes de que termine en manos de los gobernantes de Damasco. 

La revista Newsweek ha indicado que la presencia de los militares estadounidenses ha dejado de responder a la misión que Washington adujo cuando desplazó sus tropas a Siria, añadiendo que ahora "se parece más a las acusaciones que los críticos han hecho a Washington respecto a su política en Oriente Próximo: invadir y ocupar con el fin de controlar los recursos naturales". 

El propio Trump declaró no hace mucho tiempo que el Estado Islámico había sufrido una derrota completa y que le interesaba perder de vista los costosos conflictos de Oriente Próximo que no tienen principio ni fin. No obstante, a la postre, el presidente ha sucumbido a los intereses políticos y energéticos de sus aliados, unos intereses que, en el caso de la producción de petróleo siria, apenas representan una gota de agua en el océano. 

Evgeny Buzhinskiy, un exgeneral y experto ruso citado por Newsweek, considera que la historia "ha probado que todas las interferencias de Estados Unidos solo han conducido al desastre, no a nuevas democracias, no a nueva prosperidad, no a nada nuevo con excepto de la violencia, los refugiados, las víctimas y cosas por el estilo. Libia, Irak e incluso Yugoslavia después de bombardeo de Estados Unidos…" no se han convertido en “zonas de paz y prosperidad”. 

Buzhinsky apostilla que Washington se presenta a sí mismo como defensor de la ley internacional, pero su comportamiento en Oriente Próximo muestra que no es tal defensor. "Cuando el presidente Trump dijo Me gusta el petróleo y voy a proteger los campos de petróleo que legalmente pertenecen al gobierno sirio, eso, por supuesto, no tiene nada que ver con la ley y las normas internacionales". 

La única realidad contrastable es que Trump ha sacado las tropas del norte de Siria pero enseguida ha enviado personal militar a la zona rica en petróleo que controlan los kurdos en detrimento del gobierno de Damasco. Y se da la paradoja, que en realidad no es tal paradoja, de que los kurdos, aliados de Estados Unidos e Israel, han acabado pidiendo ayuda al presidente Bashar al Asad, enemigo de Estados Unidos e Israel, y que incluso le están vendiendo petróleo. 

El verdadero interés de Israel, y por ende de Estados Unidos, es aislar a Asad, y si para ello los americanos tienen que mantener una presencia militar en el Kurdistán con el fin de bloquear la llegada de las tropas sirias, no se lo han pensado mucho. La identidad última de los intereses de Estados Unidos se llama Israel, y esto no ha cambiado un ápice desde la llegada de Trump a la Casa Blanca hace casi tres años. 

Las revueltas de Siria que se iniciaron en marzo de 2011 fueron espoleadas vivamente por el entonces embajador americano en Damasco. Robert Ford recorrió el país de arriba abajo incitando a las revueltas desde antes que estas comenzaran. Y resulta que ahora Ford denuncia que la política de Trump, más transparente que la de ningún otro presidente, alimenta las críticas de aquellos que sostienen que Estados Unidos solo está interesado en el petróleo de Oriente Próximo. 

En este contexto, parece obvio que la presencia de los americanos va a continuar en el nordeste de Siria, quizás indefinidamente, con independencia de la derrota del Estado Islámico, puesto que la justificación de esa presencia no son los yihadistas sino los mismos intereses que han movido las políticas desestabilizadoras de otros presidentes americanos y que, a diferencia de ellos, Trump no oculta.

jerusalén

19/11/2019 07:24 Actualizado: 19/11/2019 07:24

EUGENIO GARCÍA gascón

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Salar de Uyuni, en Potosí. Base de un proyecto de industrialización que generó reacciones y hasta un golpe.

El proyecto de Evo Morales, con explotación 100% estatal y control sobre la industrialización. El proyecto de fabricar baterías para autos eléctricos generó denuncias en Potosí de los mismos que después le exigieron la renuncia.

 

"No hay ninguna duda del papel central que tuvo el litio en la motivación del golpe contra Evo Morales; pero se da por el proyecto de industrialización soberana que viene desarrollando Bolivia, que dejaba afuera a Estados Unidos, más que por el control de la materia prima", sentenció Federico Nacif, sociólogo y docente de la Universidad de Quilmes, donde está al frente de un grupo de investigación sobre el litio en Argentina, Chile y Bolivia. Este último es el único de los tres que desarrolló, a partir de 2008, un proyecto de explotación del litio (llamado, con fundamentos, el "oro blanco") "cien por ciento estatal", y a través de la creación de YLB (Yacimientos de Litio Bolivia), ya logró poner en marcha una planta productora de cloruro de potasio (subproducto del litio) y tiene en estado muy avanzado otra para fabricar carbonato de litio. "El gobierno había acordado con una firma alemana hacer, en conjunto, una planta industrial para fabricar baterías de litio, bajo control del Estado, socio mayoritario y que además designaría al director de la empresa, garantizando también la transferencia tecnológica y el uso de patentes a favor del Estado boliviano", repasó Nacif. "Pero este proyecto empezó a ser combatido por el Comité Cívico de Potosí (ComciPo), al que absurdamente calificó de "entreguista"; antes de las elecciones, Evo dio de baja el acuerdo con Alemania con el criterio de privilegiar el orden interno, y ahí salió a la luz la verdadera intención de estos grupos: el ComciPo no aceptó la resignación del proyecto y empezó a agitar el pedido de renuncia del presidente", señaló el investigador del Departamento de Economía de la UNQui.   

Es importante tomar en cuenta el rol de los comités cívicos en la vida política de Bolivia. Se conforman por departamentos (provincias) como pequeños grupos de empresarios y profesionales, generalmente vinculados a las principales corporaciones pero también con presencia de medianas empresas. No participan de ellos los sindicatos de trabajadores ni pequeños productores (mineros, cocaleros)  y son fuertes en los distritos "blancos". Luis Fernando Camacho, presidente del de Santa Cruz, encabezó la agitación que derivó en el golpe de Estado. Marco Pumari, titular del ComciPo, articuló el reclamo de la renuncia de Evo a partir de las acusaciones de "entrega" que le enrostró al gobierno por el acuerdo con Alemania por la planta para fabricar baterías. 

Se calcula que las reservas de litio que acumulan los salares del NOA argentino, norte de Chile (Atacama) y SO de Bolivia (Uyuni) representan el 70 por ciento del total mundial. Su aplicación a las baterías de celulares y de autos eléctricos lo convierten en una materia prima estratégica. Así lo interpretó Bolivia y lo expresó en el proyecto nacional de 2008, que prohíbe la participación privada en la explotación primaria (extracción), declarando además al Salar de Uyuni como reserva fiscal. Esta concepción es opuesta a la de Argentina, en la que el litio sigue considerándose un "commodity" (materia prima de exportación, sin restricción para su explotación privada). 

Para su industrialización en suelo boliviano, la empresa estatal YLB le compró a Alemania, llave en mano, la planta de cloruro de potasio. Para la de carbonato de litio utilizó un criterio, podría decirse, más "pragmático": le compró el diseño a Alemania y encargó la construcción a China. La financiación corrió enteramente por cuenta del Banco Central de Bolivia, y el deudor fue YLB. Es decir, no generó deuda externa. La irrupción de YLB en el mercado mundial del litio aemnazaba con romper el oligopolio controlado, hasta entonces, por Estados Unidos y China. 

Del salar a la batería

Pero el gran salto en este desarrollo estratégico estaba dado por el inicio de la fabricación de baterías. Bolivia ya había dado el primer paso, con la instalación de una planta piloto de investigación y desarrollo en La Palca, Potosí, única en la región (ni Argentina ni Chile tienen algo parecido). Luego vino el acuerdo con la alemana ACI Systems para levantar una planta industrial para fabricar baterías, con una inversión prevista de 1300 millones de dólares. Las condiciones que demandó YLB  (control accionario y dirección de la empresa en manos bolivianas, transferencia tecnológica y derecho de patentes también a favor del país sudamericano) se impusieron luego de duras negociaciones, de las que además resultó que el gobierno de Angela Merkel quedara como garante del cumplimiento de la firma alemana. 

El acuerdo fue bombardeado desde el principio por fuerzas empresarias de Potosí. "Este acuerdo fue el que salieron a denunciar como entreguista, absurdamente, desde el ComciPo", señaló Nacif a Página 12. "Históricamente, los sectores locales se sustentaban en la exigencia del cobro de regalías, vistiéndolo de reivindicación regionalista", explicó el especialista, que visitó en varias oportunidades la zona y tiene un trato frecuente con las autoridades de YLB como parte de sus investigaciones. 

Las regalías son el porcentaje que los concesionarios le pagan a las autoridades locales sobre el valor del mineral extraído. En este caso, las empresas privadas no tuvieron en ningún contrato acceso al litio, por lo cual las regalías no existían. El desarrollo de un proyecto soberano de explotación e industrialización aparecía, así, extrañamente enfrentado los supuestos intereses regionales. En realidad, los reclamos ocultaban otras intenciones. Detrás de varios de estos artículos "críticos" aparece el interés de consultoras y promotores de inversiones bursátiles, para los cuales lo cuestionable era que el negocio del litio boliviano quedara lejos de su alcance. 

En los meses previos a las elecciones presidenciales de octubre, las denuncias y acusaciones de los medios y sectores económicos de Potosí fueron levantando temperatura. El rechazo se tradujo en revueltas, en las que se acusaba al presidente Evo Morales de "robarse las regalías" del litio de Potosí. Ante esta situación, relató Federico Nacif a este diario, "Evo toma la decisión de ceder y anula el convenio con ACI Systems, de Alemania, buscando privilegiar cuestiones de orden interno". Lo que se estaba resignando, o postergando quizás, era concretar el gigantesco salto estratégico de convertir a Bolivia en productor y exportador de baterías de litio para coches eléctricos. Un paso atrás excesivo, quizás, supuestamente motivado por la incomprensión de una parte de la población. 

Sin embargo, inmediatamente después del paso atrás de Evo, salió a la luz el verdadero propósito de quienes combatían el proyecto de producir baterías. Marco Pumari, presidente del comité cívico de Potosí, rechazó el gesto del presidente aymara y reveló su real intención: reclamó su renuncia. A partir de allí, se puso al lado de Luis Fernando Camacho, líder del movimiento golpista que desplazó a Evo, y se constituyó en su principal aliado. Los intereses extranacionales, particularmente de Estados Unidos, contra el proyecto soberano de producción e industrialización de litio en Bolivia fueron el combustible del golpe, según observa Nacif. "Si el golpe contra Evo se consolidara, no me cabe duda de que entre las primeras medidas estará la anulación de estos proyectos de industrialización independiente, un mal ejemplo para el resto de la región", sentenció. 

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Sábado, 16 Noviembre 2019 07:39

Un largo proceso de degradación

Un largo proceso de degradación

Es clave para entender lo que está sucediendo ahora en Bolivia entender, a su vez, el proceso de división creciente y la degradación que durante los gobiernos de Evo Morales sufrieron los llamados movimientos sociales –que fueron el respaldo inicial del presidente– por una izquierda que permitía una sola posibilidad y no permitía la autonomía


Es una historia que comenzó entre 2009 y 2010, aproximadamente, cuando se armó otra forma de gobierno, otra forma de Estado, distinta a la que se venía proponiendo en las bases. Es un Estado crecientemente autoritario, que va a monopolizar el poder y no va a permitir ningún margen de autonomía a las organizaciones.


Este proceso fue deteriorando la relación del gobierno con los movimientos sociales. En 2010 esos malestares se dieron en organizaciones indígenas que adoptaron una posición autónoma y pidieron una mesa en la cumbre de Tiquipaya, una cumbre con la que el oficialismo pretendía mostrar que Evo Morales tenía una actitud de respeto para con la Madre Tierra y la protección de derechos indígenas. Allí, una de las mesas tenía que tratar el tema de la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (Iirsa) y la contaminación minera, y el gobierno se negó a tocar esos temas. Allí estaba planteada la contaminación de los campos y las aguas de riego, que ya estaba produciendo graves problemas, sobre todo en Potosí, Oruro y Huanuni, que se sumó a la patética destrucción y la desaparición del lago Poopó, el segundo más grande del país.


Obviamente, se trata de procesos cuyos orígenes datan de mucho tiempo atrás, pero que estaban siendo promovidos por la intensificación del extractivismo. Este proceso llevó a que se destruyera la noción de tierras comunitarias de origen (Tco), que fueron en su momento la base de la autonomía indígena. A fines de 2010 se dictó un decreto que establece que esas tierras indígenas, además de “originarias”, son “campesinas”, lo que permitió la invasión de parques nacionales por cocaleros, como en el caso del Territorio Indígena y el Parque Nacional Isiboro‑Sécure (Tipnis). Se firmó luego un protocolo de financiamiento, cargado de corrupción, con la constructora brasileña Oas para construir en ese parque una carretera. Es mucho lo que se podría detallar de ese episodio en particular, pero vale recordar que el gobierno optó por reprimir a los indígenas del parque y favorecer la invasión cocalera y la construcción de esa carretera.


Ese fue un momento de quiebre. A partir de entonces y en 2013, el gobierno dio la instrucción de invadir la sede del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), y se instaló como dirigente, contra los procedimientos indígenas de rotación de las autoridades que allí había, Hilarión Mamani, un empresario minero.


Es un proceso largo, de muchos años, que tiene entre sus últimas manifestaciones el incendio de la Chiquitanía (véase “La otra frontera”, Brecha, 30‑VIII‑19), originado en un decreto del gobierno que alentaba la invasión por colonos del occidente del país de ese ecosistema único. Ya el año pasado se había dado un enorme acercamiento del gobierno con los ganaderos en un plan de exportación de carne a China. Obviamente es mucho más barato quemar el bosque, como habilitaba ese decreto, que traer tractores o retroexcavadoras. Con la sequedad que hay en la Chiquitanía, el fuego se les fue de las manos. Fue una tragedia sin nombre y el más grande detonante de la debacle de Evo Morales.


Luis Fernando Camacho y la derecha que él encabeza viven ahora un momentáneo estrellato, gracias a haber logrado articular diferentes broncas hacia el Mas. Pero la disputa más grande todavía está en la acaparación de tierra y en la expansión de la frontera agrícola, que ha sido pactada entre la derecha y Evo Morales. La derecha no va a deshacer este pacto, no va a entregar a los indígenas la tierra que Evo Morales les arrebató, sino que, con la euforia momentánea de estas horas, está preparando la consolidación de la economía de la soja, del agronegocio, ya empezado con Evo.


Lo que se avecina es un proceso de mucha incertidumbre, de fragilidad institucional, de sabotaje, de liquidación económica. Los masistas van a tratar de dejar un país en ruinas para volver triunfantes. Ha sido un gravísimo error de la clase política prescindir del Mas y darle un viso de ilegalidad a este gobierno. Este gobierno de transición que ahora se ha posesionado nace cojo y manco, no es legítimo. No se puede borrar de un plumazo a un 40 por ciento del electorado. Una cosa es reconocer las fallas del gobierno de Evo Morales y otra es desconocer que efectivamente el Mas tiene un electorado y que ha tenido un papel simbólico muy importante por la dignificación de lo indígena.

 


Aquí cayó toda la clase política, no sólo Evo Morales. Y hay un vacío de poder porque la gente no ha reconocido aún su propia energía, su propia fuerza organizativa. Lamentablemente, hemos perdido muchos años en esta disputa por el control corporativo de los movimientos y las organizaciones sociales, lo que nos ha dejado fuera de combate en un momento en que la derecha está levantando cabeza y el ejército sigue intacto con todos sus negocios y todas sus empresas dolosas y corruptas. Estamos en una situación muy crítica.


A pesar de todo, en estos últimos años ha habido un reconocimiento y un autorreconocimiento de lo indígena como una fuerza moral. Aunque ha sido, hasta cierto punto, degradado por el gobierno del Mas, en la vida cotidiana se reconoce que lo indígena es valioso en cuanto a idioma, comida, cultura, y formas comunitarias y solidarias. Toda una serie de colectivos está saliendo con la whipala para dejar claro que no vamos a retroceder 17 años. Camacho ha ido al viejo palacio de gobierno, como para decir que no existió este proceso de reconocimiento y autorreconocimiento, para intentar tapar el sol con un dedo. Pero no hay vuelta atrás.


Lo que sí hay es una necesidad imperiosa de reencausar las movilizaciones populares, quitándoles aquellos aspectos muy fuertes de misoginia y autoritarismo fomentados por el gobierno del Mas. La negación de la democracia horizontal de las organizaciones y la degradación de estas están cobrándonos la cuenta en este momento, una cuenta que se llama parálisis y estupor.


En medio de eso, en la lucha contra eso, las mujeres estamos en la primera fila en cuanto a pensamiento y acción. Y en cuanto al dolor que nos produce toda esta situación. Las mujeres estamos en todos lados, articulando formas más locales de democracia y bregando por que la idea de la indignación, la idea del cabildo, la idea del Parlamento de Mujeres se fragmente en miles de parlamentos, miles de cabildos para que podamos deliberar qué país queremos, qué es democracia, qué es ser indígena. ¿Ser indígena es vestir poncho y organizar una gran borrachera? Nosotras, en nuestra posición como mujeres, no lo creemos así. En varios colectivos hemos creado una especie de plataforma para hacer de cada esquina un espacio de deliberación.


Nos vamos a apoyar en la Constitución, una Constitución que ha sido maltratada por el propio gobierno del Mas. Estamos ahorita en la defensa de la Constitución, en la defensa de la whipala, en la defensa de la democracia comunitaria de los ayllus* y la defensa de las mujeres.

*Comunidades tradicionales de los pueblos originarios de la región andina (N de E).Silvia Rivera Cusicanqui 15 noviembre, 2019

Por Silvia Rivera Cusicanqui, historiadora y socióloga boliviana, especializada en las cosmologías quechua 

15 noviembre, 2019

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La periodista Sharon Lerner.

Una investigación en The Intercept muestra las estrategias de las compañías de petróleo y de bebidas para evitar las regulaciones contra el plástico

 

La neoyorkina Sharon Lerner lleva años investigando por qué hemos acabado rodeados de plástico. Su experiencia en reportajes sobre medio ambiente y  productos químicos, algunos de ellos ganadores de varios premios como el que realizó sobre el Teflon, le han demostrado que hay que buscar más allá de lo que vemos.  Como buena periodista, Lerner ha aplicado la famosa máxima de su oficio: “sigue el rastro del dinero” y ha advertido que los 4 billones de dólares que mueve la industria del plástico han ejercido un papel fundamental para que hoy en día se generen más de 300 millones de toneladas de este material. Uno de sus últimos trabajos, que acaba de aparecer en la publicación de periodismo de investigación The Intercept, relata las estrategias de las compañías de petróleo y de bebidas para evitar las regulaciones contra el plástico y revela que la medida favorita de los supermercados y de muchas políticas, el reciclaje, tiene en realidad un lado mucho menos conocido.

¿Quiénes están detrás de los enormes beneficios del plástico?

Los plásticos están compuestos en su mayoría por combustibles fósiles, bien sea carbón, petróleo o gas. Aunque normalmente no lo relacionamos, muchas de las compañías que asociamos a estos combustibles, como Exxon Mobile, Chevron o Shell, están detrás de la producción de plásticos. De hecho, constituyen una de sus mayores fuentes de beneficios.

¿Cómo no nos dimos cuenta de que acabaríamos con un problema de basura tan inmenso?

En realidad sí que hubo una reacción entre los años 50 y 70, al menos en Estados Unidos. Con el aumento de la producción, se empezó a tener conciencia de que los plásticos tenían que desecharse en algún sitio, ya que era un material que no se desintegraba fácilmente, y hubo oposición. Muchos entendieron que, la misma durabilidad que hacía atractivos a los plásticos, creaba un problema ya que podían tardar cientos de años en desaparecer. Y hoy hasta esto es discutible porque parece que lo que ocurre es que el plástico se va descomponiendo en piezas cada vez más pequeñas que acaban en el aire, el agua, la tierra, nuestra comida y hasta nuestros cuerpos.

También en esa época surgió una campaña de anuncios financiada por las compañías de bebidas que empezó a responsabilizar al consumidor de la basura que se estaba generando, ¿qué ocurrió?

A finales de los años 60, varios activistas propusieron un impuesto para las botellas de usar y tirar, y sugirieron que fueran las propias compañías las que se responsabilizaran de la gestión de su propia basura. Como respuesta,  las empresas de bebidas y envases crearon una campaña de marketing con anuncios en televisión a través de la organización Keep American Beautiful, que denunciaba a las personas por no ocuparse de su basura.

¿Qué es lo que pretendían?

Se buscaba responsabilizar al consumidor de la basura y hacer que se sintiera culpable. Uno de esos spots, The Crying Indian (El indio que llora), se convirtió en un anuncio emblemático en Estados Unidos y he encontrado otro anuncio muy representativo de la misma campaña, en el que directamente se compara a la gente con cerdos. Lo curioso es que  las compañías que estaban financiando estos spots, Coca-cola, Pepsi-cola y otros fabricantes de bebidas, al mismo tiempo luchaban contra los impuestos en las botellas de usar y tirar, que es lo que realmente hubiera creado una diferencia.

Coca-Cola ha vuelto a ocupar el primer lugar en el ranking de compañías que más contaminan, según el nuevo informe global que elabora cada año la organización Break Free From Plastic.

Coca-cola es la empresa que más contamina, produciendo hasta tres veces más plástico que las siguientes tres compañías juntas. Hoy en día produce 117.000 millones de botellas de plástico al año. Es importante que miremos la historia para saber por qué estamos aquí, ya que las cosas podrían haber sido diferentes.

Aunque las estrategias se han refinado, ¿por qué la industria del plástico defiende el reciclaje?

Es una manera de dar una imagen de preocupación por el medio ambiente y al mismo tiempo no implica ninguna responsabilidad financiera por su parte ni supone la reducción de la producción de plástico. Las compañías han ensalzado el reciclaje como la única solución pero, aunque parezca una medida fantástica, en la realidad no es posible.

¿Qué problemas tiene el reciclaje del plástico?

En Estados Unidos, por ejemplo, en el año que más plástico se recicló no se llegó ni al 10% de lo que se había consumido. Aunque estamos promoviendo el reciclaje, en realidad no tenemos un sistema para gestionarlo. Y esos plásticos que usamos muchas veces acaban en países más pobres donde se exportan.

En su investigación, usted ha hablado con muchos representantes de la industria. ¿Acaso ellos no están también preocupados?

Yo creo que mucha gente en la industria es consciente de la envergadura del problema. El público está más preocupado y la prohibición de China a seguir aceptando el plástico de Europa y Estados Unidos ha contribuido a que se haga más visible. Además, las redes sociales ofrecen imágenes devastadoras como las del video de la tortuga con la pajita de plástico incrustada en su nariz. Muchas de las personas que trabajan en la industria del plástico viven en una especie de conflicto.

Sin embargo, las soluciones no llegan. ¿Hay avances en las medidas que se proponen?

Las soluciones al plástico que propone la industria siempre implican continuar con su producción e incluso incrementarla exponencialmente. Una de sus propuestas favoritas, el reciclado químico –que se trata de un proceso en el que los plásticos se descomponen en sus elementos para ser usados de nuevo como combustible– supone un sistema muy ineficiente que requiere del uso de mucha energía y para el que aún no se tiene la tecnología para hacerlo rentable. No se proponen medidas genuinas que, como la mayoría de los expertos señalan, solo puede venir de crear menos plástico.

Por Laura Rodríguez

03/11/2019 - 17:42h

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Jeremy Rifkin

El autor de 'El green new deal global' pronostica el colapso de los combustibles fósiles en una fecha que puede oscilar entre 2023 y 2030

Afirma que los grandes capitales ya están abandonando la economía del carbono en favor de las renovables y que los gobiernos deben prepararse para la transición a una nueva economía

Cree que estamos inmersos en la transición hacia la tercera revolución industrial, que espera que sea "distribuida, abierta y transparente"

 

El estadounidense Jeremy Rifkin (1945) es uno de los sociólogos más conocidos y mediáticos. También es economista, escritor y activista contra el cambio climático. Lleva décadas estudiando el impacto de los cambios tecnológicos en la economía y el medio ambiente.

"Estamos ante una emergencia global" es la frase con la que arranca su último libro, que presenta estos días en España. Se titula El green new deal global. Por qué la civilización de los combustibles fósiles colapsará en torno a 2028 y el audaz plan económico para salvar la vida en La Tierra' (Paidós). Rifkin se refiere a la sexta extinción masiva inducida por la quema de combustibles fósiles, la primera desde que hace 65 millones de años un meteorito (según una de las hipótesis más aceptadas) favoreciera la desaparición del 75% de los géneros biológicos. La previsión es que si la temperatura global crece medio grado más (ya ha subido uno respecto a los niveles preindustriales) los ecosistemas de La Tierra volverán a ser diezmados.

El 'green new deal' que propone, a imagen del "new deal" que sacó a la economía estadounidense de la gran depresión en los años 30, debe suponer que el 100% de la electricidad se genere por fuentes limpias y renovables, actualizar la red de energía, los edificios y la infraestructura de transportes. Rifkin, que asesora a varios gobiernos en la transición a una nueva economía, cree que la Unión Europea y China se están preparando mejor que EEUU. Preguntado sobre qué opina sobre los escépticos con el cambio climático, explica que prefiere no perder el tiempo en contestarles.

Como explica Rifkin en su libro, en 2015 Citigroup provocó un seísmo en la industria de la energía y la economía global al predecir 100 billones de dólares en activos en combustibles fósiles obsoletos (que sufren una depreciación antes de que su ciclo de vida acabe su curso normal) si la Cumbre del Clima de París lograba imponer un compromiso vinculante a las naciones del mundo para limitar el calentamiento global "muy por debajo" de los dos grados centígrados. Tres años más tarde, en 2018, la cuestión de los activos obsoletos ya no se vinculaba a los compromisos contra el cambio climático, que son voluntarios y a menudo no se cumplen. La actual preocupación de la industria es la caída del coste de las tecnologías solar y eólica y la generación de energía verde y su almacenamiento.

Rifkin tiene un discurso relativamente optimista y describe un panorama en el que los principales sectores de la segunda revolución industrial (telecomunicaciones; energía y electricidad; movilidad y logística de vehículos de combustión interna y parques de viviendas residenciales, comerciales, industriales e institucionales) han empezado a desvincularse de la civilización de los combustibles fósiles y a aceptar energías verdes y tecnologías limpias. "Hasta ahora, más de 1.000 inversores institucionales en 37 naciones han desinvertido 8 billones de dólares en fondos de la industria de los combustibles fósiles y los han reinvertido en energías verdes, tecnologías limpias y modelos de negocio que nos llevarán a un futuro de carbono cero. Está siendo la mayor campaña de desinversión/inversión en la historia capitalista".

Usted mantiene que la civilización de los combustibles fósiles podría colapsar en torno a 2028 ¿puede explicar qué quiere decir con esto?

Toda nuestra civilización está basada en combustibles fósiles. Hemos invadido el subsuelos de la era carbonífera, hace 300 millones de años, y tomamos esos cuerpos de animales y plantas en forma de gas o carbón. Con esto hacemos pesticidas, fertilizantes, productos farmacéuticos, materiales de construcción, energía, transporte. El calor y la luz. Todo es combustible fósil desde hace dos siglos.

Pero este mismo año el coste de la energía solar y eólica ha caído por debajo del de los combustibles fósiles y va a seguir bajando. Según Citigroup puede haber 100 billones de dólares en activos obsoletos. No combustibles fósiles, sino toda la industria que le rodea, como los vehículos de combustión interna. Todas las refinerías, los gaseoductos que no se usarán. Ya hay sectores clave que se alejan de los combustibles fósiles y dependen de energías renovables más baratas.

Hay una burbuja del carbono que si no se desinfla podría provocar una pérdida de la riqueza mundial de entre uno y cuatro billones de dólares. La mayor de la historia. Esto no son solo mis proyecciones, hay estudios que lo avalan. El colapso de la revolución industrial basada en combustibles fósiles podría ocurrir en algún momento entre 2023 y 2030.

¿Cómo se puede desinflar esta burbuja?

Los fondos de pensiones son la mayor bolsa de capital en el mundo, con un valor de 41 billones de dólares. Y están saliendo de este tipo de inversiones en industrias del petróleo. Lo que ha pasado con la industria del carbón en mi país (EEUU) en los últimos cuatro años es que ha entrado en bancarrota porque el gas natural es más barato, la energía solar y eólica es más barata. Inversores institucionales han empezado a retirar dinero y a invertirlo en energías renovables. La industria financiera tiene pánico. La ruptura está teniendo lugar en gran medida por imposición de los mercados y los gobiernos tendrán que seguirlos o afrontar las consecuencias. La burbuja del carbono debe desinflarse o puede ser el mayor estallido de la Historia.

Los gobiernos ni siquiera tienen que subir los impuestos de la energía. Pero sí deben acabar todas las subvenciones a los combustibles fósiles. Deben preparar la transición hacia una tercera revolución industrial de carbono cero: el "Green new deal". Cada país debe establecer una hoja de ruta y construir la infraestructura verde necesaria para la tercera revolución industrial y la era postcarbono.

En todo caso, los gobiernos nacionales deben establecer los códigos y las regulaciones. Pero el trabajo debe ser el de las regiones. Ahí España, como Alemania, como EEUU, está en una buena posición, con regiones acostumbradas a controlar su propia infraestructura.

La transición a la tercera revolución industrial

Rifkin relata que todas las transformaciones económicas de la historia necesitan un medio de comunicación, una fuente de energía y un mecanismo de transporte. La primera y la segunda revolución industrial estaban diseñadas para ser centralizadas, con propietarios integrados verticalmente. En el siglo XIX fueron la imprenta y el teléfono, el carbón, y las redes ferroviarias. Se formaron las naciones–estado. En el siglo XX convergieron la electricidad, el teléfono, la radio y la televisión con el petróleo barato, los coches de combustión y las redes de carreteras. Se formó la globalización.

"La tercera revolución industrial debe ser distribuida, abierta, transparente. Necesitamos un internet alimentado con energía solar y eólica, vehículos eléctricos autónomos y edificios y personas integrados en el "internet de las cosas". Puedes intentar monopolizarla, pero perderás el efecto de red", afirma.

Su pronóstico es que la transición desde una segunda revolución industrial hacia la tercera "será formidable –comparable al cambio de la agricultura a la sociedad industrial urbana– y requiere de las habilidades y los talentos de dos generaciones. Para que ocurra tendremos que formar a millones de personas. Tendremos que desmantelar y desarmar toda la infraestructura de la energía nuclear. La red de comunicaciones tendrá que actualizarse, el sector del transporte y la logística ser digitalizado...".

¿Qué encaje tienen estos cambios que pronostica en el sistema económico capitalista y en el empleo?

Está emergiendo otro sistema económico. Yo lo llamo capitalismo distributivo o capitalismo social. También se podría llamar cooperativo. En el nuevo sistema la propiedad se sustituye por el acceso. La transacción de bienes es sustituida por un flujo constante de servicios. El coste marginal (el coste adicional de producir una unidad adicional de un bien o servicio, una vez absorbidos los costes fijos) se acercará a cero. La economía compartida es un aspecto central del Green New Deal.

En cuanto al empleo, la realidad es que la tercera revolución industrial implicará tanto destrucción de empleo como una fuente de oportunidades laborales. El sector de la energía renovable en China ya emplea a 3,8 millones de personas.

Creo que a medio y largo plazo muchos empleos se transferirán del ámbito comercial al sector sin ánimo de lucro, la economía social y la economía compartida. Ya hay países con un 10% de su fuerza laboral en el sector sin ánimo de lucro, no hablo solo de los voluntarios que entregan su tiempo, sino de los 56 millones de empleados a tiempo completo en 42 países. Espero que a mediados de siglo una mayoría de empleados en todo el mundo pertenezca al sector sin ánimo de lucro.

[El llamado sector sin ánimo de lucro o tercer sector incluye a las empresas que no son ni públicas ni privadas, sino entidades cuyo fin no es un beneficio económico sino social, altruista, humanitaria, artística y/o comunitaria. Por lo general se financian gracias a ayudas y donaciones derivada de personas físicas, empresas, e instituciones y organizaciones de todo tipo, y en algunos casos también reciben ayudas públicas].

¿Qué le parecen las protestas contra el cambio climático protagonizadas sobre todo por jóvenes?

Estas protestas son como nunca había visto en mis 45 años como activista. Los jóvenes ni siquiera son conscientes de que esta es la primera revuelta planetaria. Esta es la primera vez que una generación entera, millones de personas en ciento treinta y siete ciudades salieron de las clases a las calles para declarar una emergencia climática. Es la primera vez que una generación en toda la historia humana comienza a verse a sí misma como una sola especie. No les importan las fronteras. Esto es grande y muy esperanzador.

Los jóvenes dicen a los políticos, ¿nos estáis tomando el pelo? ¿Cómo podría haber otras prioridades cuando vemos la extinción masiva de la vida en la Tierra? Lo que tienen que hacer es mantener las protestas, mantener la presión.

Por Marina Estévez Torreblanca

02/11/2019 - 20:45h

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Soja, palma, azúcar... Monocultivos para que crezca el dinero, no para alimentar

Estos tipos de monocultivos son un ejemplo de cómo el agrocapitalismo especula con las tierras de los pueblos del globo sur. 

 Los campos ya no siembran alimentos. Las grandes extensiones de tierra del planeta se vuelven uniformes. El huertito de aquel pequeño campesino autónomo se extingue ante el despliegue de un imperio agrario que se extiende por todo el globo sur. Las plantaciones hace tiempo que dejaron de dar comida para los pueblos. Ahora, las semillas, homogéneas, se cultivan como monedas. Esta realidad es fruto de un modelo de negocio ligado a grandes rasgos a los monocultivos, cuyos impactos están generando problemas sociales y medioambientales en los territorios del globo sur.

El aceite de palma, la soja –el oro rojo–, la caña de azúcar o el maíz son algunos ejemplos de estos productos recogidos en el libro Los monocultivos que conquistaron el mundo (Akal) de las periodistas Nazaret Castro, Aurora Moreno y Laura Villadiego. Se trata, en cualquier caso, de materias primas que han cambiado de manera radical la vida de las sociedades campesinas y han derivado en multitud de problemas medioambientales, fruto de la deforestación que se requiere para su siembra intensiva.

En cierta medida, todo se remonta al momento en el que el colonialismo llegó a América, cambiando las estructuras socioeconómicas de las poblaciones que había en el continente. “Aunque ya existía un comercio internacional, ese fue el primer momento en el que se destinaron enormes cantidades de terreno a una producción que iba a ser consumida en otro lugar, en este caso en Europa”, explica Nazaret Castro. Pero este sistema de plantaciones al que Eduardo Galeano calificó de “monarcas agrícolas” se fue transformando hasta culminar en el siglo XX, tras la denominada Revolución Verde, en un modelo agroindustrial donde los cultivos, más que para alimentar, sirven para especular.

En una coyuntura en la que la agricultura está altamente financiarizada, la palma, la soja –la cual está detrás de los incendios de este verano en la Amazonia– o la caña de azúcar son lo que las autoras del libro denominan como “materias primas fléxibles”, es decir, las flex crops, cuyas utilidades en diversos sectores, más allá del alimentario, se prestan como un elemento atractivo para los inversores. Es decir, la alta demanda de los productos en los dispares mercados propician que sean productos capaces de superar los riesgos y la volatilidad de los precios.

“El aceite de palma es el caso paradigmático. Está en la mitad de los productos que encontramos en el supermercado, no es sólo en los ultraprocesados comestibles, sino también en cosméticos, pinturas, shampoo y inciensos y otros productos. Por supuesto, también los conocidos agrocombustibles”, enfatiza Castro. Todo ello en un mercado que, según añade Aurora Moreno, está “muy concentrado en pocas empresas” que poseen prácticamente todo el control de la producción, “desde la plantación hasta el supermercado”.

El 90% de las calorías que se consumen en el mundo proceden de tan solo una treintena de variedades de especies de alimentos

Ahora mismo la agricultura no está dirigida a recoger comida, está dirigida a recoger dinero. El sistema está enfocado a ello”, comenta Laura Villadiego, que, de una forma incisiva, carga contra un modelo en el que lo “fundamental no es sobrevivir, sino que un puñado de empresas tengan beneficios”. Este sistema de negocio tiene un impacto directo en el estilo de alimentación mundial, en tanto que el crecimiento de las plantaciones de monocultivos ha ido en detrimento de la biodiversidad de especies vegetales –también animales– derrumbando la pluralidad de especies que se puede consumir. Tanto es así, que el 90% de las calorías que se consumen actualmente en el mundo proceden de tan solo una treintena de variedades, según detalla la publicación.

“La visión más clara para entender la pérdida de biodiversidad es en una zona llena de vegetación, de selva, en la que se ve multitud de tipos de vegetación, aves y otros animales. Pues, justo al lado de ello, se encuentra un terreno grande en el que sólo se siembra un tipo de planta, perfectamente alineada y a siete metros una de otra. Esto visualmente se aprecia más, pero también se percibe con la subida de temperatura, ya que hay menos sombras”, narra Moreno.

Estas plantaciones son, quizá, como un cáncer en los bosques que acaban con la vida en todas sus formas. Tanto, que las especies de animales y plantas no son las únicas damnificadas. La agroindustria que se extiende por el cono sur asiático, americano y africano supone también una amenaza para las tradiciones de los pueblos campesinos que a menudo se ven desposeídos de sus territorios y de sus modos de supervivencia. "A fin de cuentas —puntualiza Castro—, es un proceso de proletarización del campesinado, que deja de tener autonomía y se ve obligado a trabajar en condiciones análogas a la esclavitud en estas plantaciones”.

El uso de fertilizantes termina infectando las fuentes de agua, lo que deriva en multitud de enfermedades dermatológicas y estomacales

La contaminación del agua es otro problema derivado del agribusiness. El uso de fertilizantes termina infectando las fuentes de agua más cercanas de las poblaciones agrícolas, lo que deriva en multitud de enfermedades dermatológicas y estomacales. “Además hay un impacto sobre las mujeres, ya que estas, debido a la división sexual del trabajo, son las encargadas de proveer agua a los hogares. Al contaminarse los ríos más cercanos, deben trasladarse a otras zonas lejanas para el suministro”, matiza Castro.

Soberanía alimentaria

Las soluciones fáciles no son soluciones. El camino hacia la soberanía alimentaria no es sencillo y la lucha contra este sistema que de manera indirecta está presente en las vidas cotidianas de las sociedades industriales se presta tan complicado como utópico. Sin embargo, las acciones individuales pueden marcar un camino a seguir antes de conseguir una legislación fuerte que consiga apretar el cinturón a los monarcas del agroliberalismo.

La elección de un consumo de cercanía puede ser un grano de arena que ayude a liberar a los pequeños agricultores de las cárceles de monocultivos. Sin embargo, las acciones potentes que cambien todo deben manar de las instituciones. “Si solamente dependemos de las nuestras decisiones de compra es imposible que estos cambios sean realmente profundos”, recalca Villadiego, que pone el foco en los gobiernos y sus contradicciones legislativas.

25/10/2019 07:40 Actualizado: 25/10/2019 11:14

Por ALEJANDRO TENA

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Cambio climático: a pagar por las mentiras

Hace unos años conocí a Polly Higgins, la famosa abogada ecologista, hoy difunta, que en 2009 propuso la inclusión del ecocidio como crimen en las cortes internacionales, que hasta hoy sólo reconocen el ecocidio como crimen en casos de su empleo como arma bélica (a partir del uso que en la guerra de Vietnam se hizo del herbicida conocido como agent orange). Lo cierto es que la lucha por tipificar el ecocidio como crimen internacional no ha triunfado aún, aunque ha ido avanzando la propuesta en foros internacionales, y varios países ya han criminalizado el ecodicio. Se trata en todo caso de una lucha internacional que continúa, y sin duda irá ganando apoyos hasta triunfar; el ecocidio está destinado a ser perseguido en las cortes criminales de todo el mundo.

Mientras, la lucha legal contra la devastación ecológica cobra cada vez más fuerza, aunque sea por otras rutas. Las demandas judiciales relacionadas con el cambio climático, en especial, se multiplican a diario, sólo que usualmente apelan a otras leyes y recaen en otros mecanismos legales que no son precisamente el del ecocidio. Hoy, tan sólo en Estados Unidos hay más de mil demandas contra agentes y compañías responsables del cambio climático.

De hecho, ayer mismo comenzó un juicio de especial importancia en el estado de Nueva York contra Exxon-Mobil. Se trata apenas del segundo litigio ligado al cambio climático que llega a la fase de tribunales en ese país. Por eso hay muchas miradas puestas en el caso, que interesa además no sólo por la cantidad de dinero en juego (entre 600 y mil 600 millones de dólares en daños), sino sobre todo por la ruta legal que han escogido los litigantes. Así, según el alegato del fiscal, Exxon habría deliberadamente engañado a sus inversionistas respecto del costo futuro que para ellos implicará el cambio climático generado por la corporación. Exxon va a juicio por haber escondido a sus accionistas los efectos financieros que tendría el cambio climático que ellos generaban. Según la fiscalía, la firma conocía en detalle los resultados de las investigaciones científicas que calculaban el monto de esos daños; las conocían entre otras razones porque ellos mismos las habían financiado. Y habrían escondido el dato a sus inversionistas para proteger el valor de las acciones bursátiles de la compañía.

De resultar cierto el alegato, entonces, Exxon tendrá que compensar a sus propios accionistas por los costos que la compañía tendrá que absorber como resultado del cambio climático, generado por sus emisiones de carbono. Se juzga a Exxon, en otras palabras, por haber mentido deliberadamente sobre la magnitud y los costos de la contaminación generada por la compañía, y específicamente por los costos que el cambio climático tendría para los propios accionistas de Exxon. El razonamiento es que la compañía ocultó los resultados de la investigación científica a sus accionistas, para evitar una caída en el valor de mercado de las acciones de la compañía.

Esta es una avenida legal bien interesante para empezar a obligar a las corporaciones y a los gobiernos a pagar por sus mentiras del pasado, es decir, por lo que han contaminado a sabiendas de lo que hacían los grandes emisores de carbono. Así, los principales responsables del calentamiento global, entre los cuales, recordemos, nuestro Pemex ocupa un noveno lugar mundial, deberán comenzar a pagar por las mentiras que llevan esparciendo durante décadas respecto de los efectos contaminantes de su actividad.

Hoy decimos a cada rato que vivimos en la "era de la posverdad". No cabe duda de que la mentira es la moneda de cambio más frecuente de los gobiernos de casi todo el mundo. El New York Times ya se cansó de contar los números de mentiras diarias, mensuales y anuales emitidas por el presidente Donald Trump. El hábito de tener siempre "otros datos" ante la ciencia, ante las estadísticas o ante el periodismo, es ya lugar común para los jefes de quién sabe cuántos gobiernos. Sí... Y, sin embargo, mienten.

Y han mentido muy señaladamente en lo que atañe al cambio climático. Así, en Estados Unidos, el Partido Republicano se dedicó durante décadas a burlarse de quienes se preocupaban por este asunto. Los acusaban de afeminados y de elitistas. Decían que los científicos eran unos buenos para nada, dedicados sólo a buscar su propio financiamiento, y adoctrinar estudiantes. Y fueron golpeando tanto al prestigio de los científicos que se comenzó a relativizar hallazgos perfectamente sólidos, con tal de poder seguir explotando los recursos de siempre.

Todo eso servía, además, a un doble propósito. Finalmente, atacar a los científicos era divertido y popular. Entre la envidia que les tenían unos, y el rencor que generaba su sabiondez para otros, resultaban ser un blanco fácil. Atacarlos servía, además, para consolidar la alianza que forjaron los republicanos con las iglesias evangélicas. Pero sobre todo, deslegitimar a la ciencia sirvió para seguir contaminando a gusto. Sirvió para seguir talando bosques. Para seguir invirtiendo en petróleo y en la minería del carbón.

Ahora, algunas de las compañías que participaron de esa costumbre de mentir tendrán que vérselas en la corte. Ojalá que paguen y que paguen caro.

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John Martinis posa en el ICMAT delante de un esquema de circuitos dibujado por él mismo. / Álvaro Muñoz Guzmán (SINC)

John Martinis fue fichado por Google para construir el primer ordenador cuántico. El físico ha visitado esta semana Madrid en medio del revuelo causado por la filtración de un artículo científico, aún no publicado oficialmente, en el que se afirma que la compañía habría logrado lo que se denomina 'supremacía cuántica', algo que ponen en entredicho sus competidores.

 

John Martinis es uno de los mayores expertos del mundo en computación cuántica, un campo científico y tecnológico en auge, cuyo objetivo es procesar información a altísimas velocidades basándose en los quantum bits (cúbits), que es la intersección de la física y la información. 

Este profesor de física y científico de la Universidad de California en Santa Bárbara está desde hace cinco años al frente del equipo que está construyendo el hardware del primer ordenador cuántico de la firma en el Google Quantum A.I. Lab, que también tiene sede en Santa Bárbara. 

Martinis ha estado esta semana en Madrid para participar en unas jornadas sobre simulación y computación cuántica, organizadas por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). En la entrevista con Sinc comentó que había venido unos días antes para poder visitar tranquilamente el Museo del Prado y ver la colección de cuadros de El Greco, uno de sus pintores favoritos. 

Su visita se produce unas semanas después de la filtración de un artículo embargado en el que Martinis y otros coautores exponen los resultados de su procesador cuántico. El documento, que apareció brevemente en un sitio web de la NASA antes de ser eliminado, afirma que el nuevo chip cuántico de Google es capaz de realizar un cálculo en tres minutos y 20 segundos, algo que al superdordenador clásico más avanzado le llevaría unos 10.000 años. Según el estudio, esto supone haber logrado la 'supremacía cuántica', que se obtiene cuando los ordenadores cuánticos realizan cálculos que antes habían sido imposibles. 

Sin embargo, en recientes declaraciones al Financial Times, el español Darío Gil, director mundial de IBM Research, señalaba que esta afirmación era "sencillamente errónea". En su opinión, este sistema "es una pieza especializada de hardware diseñada para resolver un solo problema y no un ordenador cuántico de propósito general, a diferencia de los desarrollados por IBM".

Sabemos que hay un artículo sobre este tema que no podemos mencionar porque está embargado y pendiente de publicación [ríe], pero ¿podría decirme cuál es la posición actual de Google en la computación cuántica?

Google comenzó a desarrollar su computador cuántico hace unos seis años y un año después decidieron contratarme para que me encargara del hardware. Estamos muy emocionados por haber sido capaces de construir este procesador cuántico y de que funcione bien. Los resultados se publicarán antes de que acabe el año en una revista científica. Creemos que es una tecnología muy potente, que será de gran utilidad para avanzar en este campo. 

Usted no puede hablar, pero el estudio se filtró y el contenido ha salido en medios. ¿Qué ocurrió?

Nosotros enviamos el artículo a la revista (Nature). Lo que pasó después es que uno de los coautores publicó el artículo sin querer en un sitio web y la gente lo cogió. La información salió en el Financial Times. Todos leímos la noticia (risas). Está siendo duro porque no paran de comentar y preguntarnos sobre el tema y nos gustaría responder a todas esas cuestiones, pero aún no podemos. Cuando se publique el estudio, es importante que la gente se enfoque en los resultados científicos. Lo hemos escrito muy cuidadosamente. Hay un total de 60 páginas de material complementario que entra muy en detalle de lo que hemos desarrollado.

Empresas como IBM y Rigetti Computing tienen ya prototipos de ordenadores cuánticos. ¿En qué se diferencia su propuesta

Al igual que estas compañías, también planeamos ponerlo en la nube. Creemos que nuestro ordenador cuántico tendrá menos errores que los de sus rivales y que este menor nivel de errores será lo suficientemente significativo como para que se puedan ejecutar algoritmos más complejos. Lo que necesitamos ahora es que los usuarios empiecen a probar el ordenador para saber cómo es su experiencia y ver qué necesitamos para mejorarlo.

Entrevistamos recientemente al director mundial de IBM Rersearch y nos comentó que uno de los principales retos de la computación cuántica actual es la corrección de errores.

También estamos trabajando en esto, pero pensamos que nuestro sistema tiene mejoras significativas que nos van a permitir hacer más fácilmente esta corrección de errores.

La computación cuántica está todavía en una fase muy inicial y se están creando muchas expectativas, pero, en realidad, lo que por ahora hacen los prototipos existentes es lo mismo que un ordenador convencional, pero más rápido.

Así es. Ahora las operaciones que se llevan a cabo en los experimentos de computación cuántica los podrías hacer tú fácilmente en un laptop. Nosotros esperamos llegar al mercado comercial con ordenadores cuánticos mucho más potentes. Cuando podamos hablar de nuestro experimento, explicaremos sus capacidades, pero puedo adelantar ya que será un avance significativo en el campo. Insisto, podremos entrar en el detalle cuando se publique el paper, que será antes de que acabe el año.

Una de las aplicaciones más esperadas es la de la simulación de moléculas, ¿no?

 Sí, unos de los campos de aplicación más interesantes estarán en la química cuántica, que describe cómo calcular cuál será la energía de unión y las propiedades de una molécula. Si esto se intenta hacer con un ordenador clásico, incluso el más potente, resultará ineficiente y muy lento y solo se podrá hacer con las moléculas más simples. 

En cambio, con un ordenador cuántico se podrán resolver estos problemas. Esto todavía está lejos y tenemos que recorrer un largo camino para lograrlo, pero los científicos están empezando a hacer cálculos y podría ser una aplicación muy importante.

¿Y cómo se traslada esto al mundo real?

Como decía, ahora me gusta mucho pensar en las aplicaciones de química cuántica porque es algo que sabemos que debería funcionar. Uno de los problemas de los que se habla en este campo es cómo sintetizar el amoniaco, que es una sustancia química muy importante para producir fertilizantes, pero su producción consume una buena fracción del total de los combustibles fósiles de la Tierra. 

La idea sería construir catalizadores y otras vías químicas que nos permitan ser mucho más eficientes. Podría ser estupendo usar un ordenador cuántico para saber cómo sintetizar mejor esa molécula y tener un impacto positivo, ya que estaremos usando menos combustibles fósiles para generar amoniaco. Este es un buen ejemplo de una posible aplicación.

¿Cómo está resultando trabajar para una gran compañía como Google?

Cuando Google contactó conmigo nuestro trabajo en la Universidad de California en Santa Bárbara iba muy bien y estábamos obteniendo muy buenos resultados, pero pensé que si queríamos desarrollar un ordenador cuántico, íbamos a necesitar más recursos, más personal permanente, etc. 

Así que cuando me propusieron unirme a la empresa me pareció una gran oportunidad. Ahora mismo, en el grupo de hardware cuántico somos unas 30 personas y, si incluimos software, algoritmos y negocio, seremos en torno a 50. Irme a Google ha resultado muy fácil porque me ha permitido juntar un equipo y los recursos para enfocarnos en este gran proyecto de construir un ordenador cuántico.

madrid

18/10/2019 10:18 Actualizado: 18/10/2019 10:18

Por ana hernando / sinc