Sábado, 04 Julio 2015 07:23

"La hora de empezar a escuchar"

"La hora de empezar a escuchar"

Claudia Salcedo Vásquez, de la Dirección de Política contra las Drogas, disertó en el Senado en una jornada organizada por Intercambios. "Las penas no curan las adicciones", dijo y propuso enfrentar los problemas de drogas "desde una perspectiva distinta".

 

"Después de 50 años aprendimos que no podemos insistir en la represión para todos los eslabones de la cadena del narcotráfico." Claudia Paola Salcedo Vásquez, del Ministerio de Justicia y del Derecho de Colombia, explicó de esta manera la nueva visión de su país y el compromiso para aportar a la modificación de la política mundial sobre drogas. La definición fue pronunciada en el marco de la decimotercera Conferencia Nacional Sobre Políticas de Drogas, organizada por la asociación civil Intercambios.


Salcedo Vásquez, que se desempeña como coordinadora del área de Asuntos Internacionales de la Dirección de Política contra las Drogas y Actividades Relacionadas, contó que Colombia "no es escéptica a las posibilidades" que presenta la Sesión de Naciones Unidas sobre drogas (Ungass) prevista para 2016 y que trabajará en conjunto con otros países de la región "para revisar las políticas frente a las drogas".


Según la funcionaria, "Colombia enfrentó a los carteles de narcos y los derrotó a precios muy altos de muchas vidas desde la declaratoria de guerra", aunque consideró que "se han ganado algunas batallas pero sigue sin conseguirse erradicar esta problemática".


"El planeta ha sido dividido de manera artificiosa entre países consumidores y vendedores", sin embargo, la cadena de la industria se reparte en "todos lados", observó. Además, agregó que en los últimos años, "Colombia sigue produciendo cocaína, pero a la vez el consumo se ha acrecentado", de manera tal que ya no puede considerarse ese país como "productor, sino que entra en la categoría de consumidor", por lo que debe modificar su estrategia.


La funcionaria colombiana agregó que en el gobierno se llegó a la conclusión de que "las penas no curan las adicciones". "Luego de cinco décadas, quizás es hora de empezar a escuchar", manifestó y agregó que "el 2016 en Nueva York constituye una oportunidad única para enfrentar los problemas de drogas desde una perspectiva distinta".


Según Vásquez, esta decisión descansa en que los resultados de "las políticas no deben ser evaluadas sólo por sus fines, sino también por sus resultados adversos". Además, agregó que es tiempo de que las políticas para combatir al narcotráfico y las adicciones "comiencen a poner en el centro a las personas, su salud y su bienestar".


"En el año 2003 contábamos con 86 mil hectáreas de plantaciones de coca" de las que, mediante la política de fumigación aérea con glifosato "y tras rociar un millón y medio de hectáreas, se supo hace poco que hay aún 64 mil". En conclusión, "en 12 años y tras invertir muchos recursos, se logró una reducción de sólo 22 mil hectáreas".


De acuerdo con lo expresado por Vásquez, "el balance general es que en doce años tenemos casi las mismas cantidades de hectáreas de cultivos ilegales, en una política que no tiene en cuenta al pequeño cultivador que termina por trasladarse, junto con los ilegales, a áreas de parques nacionales, zonas indígenas y de frontera" donde los aviones fumigadores no pueden operar. Según la funcionaria, "el 73 por ciento de los cultivos ilícitos se encuentra en zonas límite para el Estado".


Hace poco, "se decidió por orden de la OMS dejar de fumigar los cultivos. Ningún mecanismo de lucha contra el delito debe ser empleado si es posible poner en riesgo los derechos fundamentales como el derecho a la salud". Es ante este estado de situación que Colombia decidió "concentrarse en fortalecer los programas de desarrollo para que el Estado provea a los pequeños cultivadores otras oportunidades dentro del marco de la legalidad" y repensar su política de drogas.


Colombia se presentará ante la Ungass 2016 con "políticas de drogas más humanas y eficientes". Según el informe del Ministerio de Justicia y del Derecho de Colombia que fue presentado en la conferencia, se tratará la temática desde varios enfoques. "Es por ello que el enfoque de la salud pública considera a los consumidores como sujetos de derecho y no enfrenta su situación con políticas de abstinencia."


Por otro lado, desde el enfoque de la Justicia "el uso de sanciones desgasta el aparato judicial. Hay que diseñar alternativas al encarcelamiento para los infractores, dado que el sistema penitenciario tiene un alto grado de hacinamiento y el 21 por ciento de los presos en Colombia están penados por temáticas de droga".


Colombia propondrá también un enfoque de drogas desde el "desarrollo. Se trata de un país con una situación propicia para los cultivos de marihuana, coca y amapola". Según la funcionaria, "la represión ha resultado una herramienta insuficiente, debe enfrentarse este problema de una forma integral con un enfoque territorial. Es necesario pensar en el desarrollo alternativo", explicó.


Finalmente, Vásquez expresó que "llevar una posición unificada sobre drogas a nivel regional no ha sido fácil, pero hemos logrado alguna posición común con aquellos países que queremos modificar la política de drogas (entre los que se cuentan la Argentina y Uruguay) frente a aquellos que creen que el camino debe seguir igual", concluyó la funcionaria.

Publicado enColombia
Reduciendo la demanda de "drogas de sangre" en las Américas

En Washington hubo caras de asombro cuando, hace poco, Colombia anunció la suspensión de la fumigación aérea. La fumigación ha sido durante mucho tiempo una de las armas que utiliza la campaña de ambos países contra el narcotráfico, pero es un arma controvertida, y el gobierno de Juan Manuel Santos, uno de los más estrechos aliados de Estados Unidos en América Latina, decidió que era suficiente. Los expertos predicen que la decisión hará que se extienda aún más el cultivo de coca. La producción ya se ha incrementado porque, en su intento de lograr un acuerdo de paz con las FARC, el gobierno ha bajado la guardia en varias regiones del país donde la guerrilla mantiene especialmente activa en el narcotráfico.


Aunque la decisión puede revocarse, debería ser un aviso para las autoridades estadounidenses, acostumbradas desde siempre a centrar sus esfuerzos en la oferta más que en la demanda que impulsa el narcotráfico. Si a eso se le une la investigación que llevan a cabo las fuerzas policiales sobre la posibilidad de que altos miembros del gobierno y el ejército de Venezuela hayan facilitado el tráfico ilegal de drogas, los brotes de violencia y corrupción en Centroamérica y el Caribe y los conflictos relacionados con las drogas en varias zonas de México, es evidente que las estrategias actuales no parecen eficaces a la hora de reducir ni mucho menos eliminar la plaga de las drogas. Mientras tanto, países enteros están en peligro.


El interés tradicional de Estados Unidos ha sido ofrecer incentivos económicos para reducir la oferta. Programas unilaterales como la Ley de Preferencia Comercial Andina y la Ley de Promoción del Comercio Andino y Erradicación de Drogas prometían el acceso al mercado estadounidense a cambio de la cooperación en la lucha contra las drogas. La ayuda directa era relativamente abundante y el proceso de certificación, muy criticado, exigía el apoyo en las operaciones antidrogas como requisito para recibir esa ayuda. Ahora, sin embargo, los programas comerciales unilaterales han desaparecido para ser sustituidos por acuerdos de libre comercio más amplios, y el volumen de ayuda que proporciona Estados Unidos a la región disminuye cada año. Además, nuevos actores con abundantes recursos, como China, han reducido la influencia de EEUU y, por ende, su capacidad de impulsar sus políticas.


La región ha experimentado grandes cambios. Algunos países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, rechazan cooperar con Estados Unidos en la lucha contra las drogas y no parecen muy preocupados por las consecuencias económicas, gracias a la generosidad china; desde el punto de vista político, plantar cara al imperio es un triunfo para su causa. Otros, incluidos países amigos como Colombia y México, han observado con atención las tendencias dentro del propio Estados Unidos, incluyendo las campañas para la legalización de la marihuana en Colorado, Washington y el Distrito de Columbia. Estos y otros países de América Latina y el Caribe se preguntan por qué se les sigue pidiendo que hagan lo que consideran el trabajo sucio, con menos incentivos, acosados y sin recursos suficientes, después de décadas de pedir a Estados Unidos que haga algo para reducir la demanda de drogas, lo cual debilita sus propios gobiernos democráticos a ojos vistas.


La raíz del problema está en los millones de norteamericanos y europeos comunes y corrientes que consumen drogas
La demanda insaciable de Estados Unidos y otros consumidores ricos es lo que mueve el narcotráfico. El dinero obtenido de forma ilícita enriquece y provee de armas a los cárteles. Los funcionarios estadounidenses trabajan con diligencia, pero la raíz del problema está en los millones de norteamericanos y europeos comunes y corrientes que consumen drogas. Para muchos, consumir drogas ha dejado de acarrear un estigma social. No es más que algo que se supone que "todo el mundo hace" en algún momento de su vida. Las campañas educativas en los colegios suelen centrarse solo en las repercusiones físicas y neurológicas del consumo, además del posible efecto que puede tener en el futuro el uso descuidado de las redes sociales.


Pero el consumo de drogas no es un delito sin víctimas, sobre todo en el caso de las drogas más adictivas y destructivas que se encuentran en el mercado. Los daños pueden ser importantes en mayores costes sanitarios, deterioro de las facultades mentales en la escuela y el trabajo, y en vidas malogradas. Cualquiera familiarizado con los efectos del alcoholismo conoce las trágicas consecuencias que pueden tener incluso las sustancias legales, no solo para quienes las consumen sino para sus seres queridos.


Ha llegado el momento de probar algo que ha demostrado su éxito en el comercio de diamantes: hay que empezar a hablar de las drogas de sangre, que contribuyen a la muerte, la corrupción, el caos y la pérdida de oportunidades económicas en toda la cadena de suministro, desde los países productores hasta los consumidores, pasando por los países de tránsito. Reducir la demanda de esas sustancias disminuiría esos efectos. Pero la reducción de la demanda depende de decisiones personales tomadas cada día por millones de consumidores, que en general piensan poco —y se preocupan menos aún— en las repercusiones que tienen sus actos sobre otras personas más allá de las fronteras de su país.


Por desgracia, no podemos seguir ignorando todas esas consecuencias. Lo mismo sucedió en un momento dado con los diamantes procedentes de zonas de conflicto en África, pero una información eficaz ha ayudado, si no a eliminar el problema, al menos a controlarlo. Es posible que a veces sea más sencillo presionar a los países productores para que corten el flujo de drogas, pero la máxima responsabilidad es de quienes demandan el producto. Hace ya mucho tiempo que se debían haber reconocido y abordado la causa y el efecto.


Por Eric Farnswoth, vicepresidente de Americas Society / Council of the Americas en Washington DC. Lo expresado aquí es en carácter personal.

Twitter @ericfarns


Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Publicado enSociedad
Ilustraciones:  Justin Van Genderen Artista gráfico Técnica: video, fotografía,  diseño minimalista http://www.advancedphotoshop.co.uk/user/JustinVG/1
 

Para Ediciones desde abajo

 

Cordial saludo.

 

Mi nombre es Eusebio Santa Cruz. Fui el abogado del doctor Augusto Trujillo Botero quien falleció de un fulminante ataque cardiaco el 24 de septiembre de 2005. En su portátil encontré un archivo etiquetado irónicamente: “El cuento del doctor Trujillo”. Hoy en Colombia cuando comienza a existir la voluntad de conocer la génesis del conflicto armado, sus cambios y vicisitudes, este testimonio es un documento que contribuye a esa tarea. Sugiero el siguiente título: “Colombia la estrella que falta en la bandera de Estados Unidos”. El lector captará el sentido del título en el curso de la lectura. A ese respecto simplemente afirmo que el doctor Trujillo fue especialmente lúcido en la valoración del alcance que iba a tener para nuestra política el acontecimiento del 11 de septiembre de 2001. Espero que ustedes publiquen este valioso testimonio.

 

Atentamente

 

Eusebio Santa Cruz

 

Cédula: 23.456.712

 

 

El enfermero diagnosticó: la herida está fea pero no parece grave. Yo esperaba el atentado pero creí que nunca lo ejecutarían. Lo que me sucedió lo he rumiado una y otra vez y por eso puedo contarlo con cierta nitidez.


Todo comenzó cuando me encarcelaron. Estudié derecho, me sedujo la misión trascendental del jurista y especialmente los ritos de autoridad que acompañan los actos en donde el profesional del derecho pone en juego las majestuosas decisiones de la justicia. La práctica del derecho fue una experiencia poco sublime. Se trataba de resolver el dilema de quebrantar la ley sin padecer la carga de la pena. Me enriquecí defendiendo a la mafia y pensé que la ley nunca me caería encima. Sin embargo, no siempre es posible controlar los negocios. En el narcotráfico se mueve mucho billete y son inevitables fechorías leves y graves.


Las consecuencias se van acumulando y quedan como congeladas en el olvido pero de repente nos cae todo el peso de lo hecho y comienza entonces la tarea de tapar e impedir a toda costa que la ley nos atrape. Esa era ya mi situación y la del cartel cuando resultó el gran negocio de elegir un presidente de nuestra entera confianza.


Muchos políticos locales y regionales fueron fichas nuestras pero elegir un presidente nunca pasó por nuestras cabezas. Lo imposible sucedió. En diciembre de 1994 nos llegó un pedido clandestino de recursos de última hora para inclinar la balanza a favor de uno de los candidatos.


En las elecciones los 'hermanos' Escobar Gacha siempre ayudaron financieramente las campañas de los candidatos con opción de ganar la presidencia. Pero esas ayudas no alcanzaban a generar compromisos de gobierno. En esta ocasión el asunto era totalmente distinto.


Yo fui de los más entusiastas con esta oportunidad como caída de la mano de dios. Tener un presidente agradecido por el favorcito, nos garantizaba seguridad jurídica y poder para borrar las consecuencias de nuestros delitos leves y graves. El acto de clausura de nuestra delirante empresa fue el pacto de palabra que celebramos en el restaurante La Mezquita en Madrid con el jefe de finanzas de la campaña ocho días antes de las elecciones.


Se dice que la ambición rompe el saco y así fue. Un negocio de esa magnitud se vuelve inmanejable; se involucra demasiada gente. Eso nos pasó: hasta la DEA se enteró. Quedamos entrampados en un delito electoral que al final obligó al presidente a llevarnos a la cárcel. La decisión que tomaron los 'hermanos' Escobar Gacha fue la de negar de modo rotundo la financiación y mantener desde la cárcel una posición negociadora con el presidente.


Yo caí en una redada general que hizo la policía y el ejército. Todavía no me acostumbraba a la celda cuando hubo un alboroto en el patio donde estamos los presos que pagamos las comodidades necesarias para que la cárcel sea una pena simulada.


El Escorpión gritaba: ¡detuvieron a Salinas!


Yo estaba conversando con el mayor de los 'hermanos' Escobar Gacha. Me preguntó a quemarropa: ¿doctor Trujillo, usted qué creé que va a pasar?
Le dije sin vacilar: nada, señor.


Pues yo espero lo peor. El doctor Salinas nunca se comprometió del todo con nosotros. Ese hombre cuenta lo que sabe.


Hablamos sobre la situación política. Bueno realmente él no hablaba, yo hablaba sin parar. ¿Qué otra cosa podía hacer? Ya no podía rumiar con tranquilidad las justificaciones de la traición que estaba armando. Cálmate, me decía, es necesario no perder los estribos: ¡a lo mejor Salinas no confiesa!
Mientras yo seguía con mi bla bla bla un guardián se le acercó respetuoso y le susurró algo al oído.


Está en la Fiscalía contando todo, me dijo.


No puede ser, respondí sin convicción.


Se fija, doctor, y usted aquí echándome el cuento de que no iba a pasar nada.

 


Las versiones de lo sucedido eran totalmente incoherentes. ¿Qué Salinas no estaba en la Fiscalía sino en el Departamento Administrativo de Seguridad? ¿Qué el abogado de Salinas era amigo del ministro del interior y estaban asistiéndolo para que no la embarrara? ¿Qué no era cierto, que Salinas había pedido un abogado de oficio porque ya no confiaba en el Presidente, ni en el ministro y estaba decidido a cantar?


En los periódicos que tengo el costoso privilegio de recibir a primera hora, la detención de Salinas era noticia de primera página. "Salinas prendió el ventilador", tituló El Heraldo. "Acusa Salinas", decía El Espectador. "Salinas se destapa" puso, El Tiempo. Hacia las 6 p.m de ese día, llegó Salinas a nuestro patio.


Al otro día me reuní con los hermanos Escobar Gacha y sus más cercanos colaboradores: Bernal y Herrera. Se trataba de tomar una decisión frente a la confesión de Salinas. Lo sorprendente de la situación era tener ahí, en las manos de los Escobar, la indagatoria completa de Salinas. El mayor dirigió formalmente la reunión pero quien orientó la discusión fue Alfonso.


¡Oigan esto!, dijo. Leyó apartes del expediente en los que Salinas declaraba: mi familia nunca tuvo problemas económicos. Mi madre heredó tierras muy fértiles. Puedo decir que soy una persona de bien. Nunca he tenido enredos con la justicia y tengo amigos en las más altas esferas de la vida social. Los expresidentes Romero, Ayala, y Rico pueden dar fe de mi honorabilidad. Yo no pertenezco a las clases humildes de la sociedad, no me pueden considerar un criminal cualquiera. Alfonso siguió leyendo con tono monótono apartes de la confesión en donde Salinas detallaba la llegada de la plata a la campaña del presidente, su monto y el modo como se distribuyó el dinero entre los dirigentes del partido.


Al terminar nos miró y comentó: ¿Qué tal el angelito? y agregó: la confesión de Salinas no tiene sino dos puntos preocupantes. El primero tiene que ver con el pacto de la Mezquita en Madrid. Ese temita le queda muy difícil comprobarlo, dice que se lo escuchó al periodista Jaime Peláez. Simplemente negamos la existencia de tal acuerdo.

 


El segundo punto, dijo, es el central: nuestro aporte a la campaña presidencial. En ese asunto mantenemos nuestro punto de vista. Somos empresarios y con nuestro dinero hacemos lo que estimamos conveniente. Sobre los chismes y las especulaciones debemos mantener silencio como siempre lo hemos hecho.


¿Qué piensa doctor Trujillo?


Su interpelación me tomó de sorpresa. Estaba pensando en cómo diablos habían obtenido el expediente; quise preguntar cómo lo habían hecho pero no fui capaz. Respondí simplemente: estoy de acuerdo con usted, señor.


Herrera molesto, gritó: yo creo que ese tipo no debe hablar más.


El mayor de los Escobar Gacha mirando hacia el vacío respondió: lo de Salinas es grave pero controlable.


Herrera no pudo contenerse e insistió: hay que darle, eso no se puede quedar así.


No vale la pena, le replicó. Finalmente dijo: nosotros somos gente responsable, no una banda terrorista.


Herrera se calló y Bernal comenzó una conversación sobre el mundial de fútbol. En ese momento sentí que Herrera tenía razón y quise fervientemente que a Salinas le dieran un tiro en la nuca.


Esa reunión me dejó exhausto. Los días siguientes fueron de calma chicha.


De Salinas me sorprendió la fácil manera que tenía de hablar con las personas a pesar del deterioro físico que estaba sufriendo. Salinas perdía el conocimiento con frecuencia y estuvo en cuidados intensivos en dos ocasiones. La cárcel le había agravado un viejo problema renal.


Un día Salinas como si fuera a vivir mil años, me tomó del brazo y me dijo: doctor Trujillo le salí adelante, ya terminé mi libro. ¿Entiendo que usted también está escribiendo algo para publicar? Sin esperar respuesta dijo: mi libro se llamará "La Verdad de las Mentiras". Está por salir y yo también. Mi abogado consiguió que me dieran la casa por cárcel debido a la enfermedad. Espero que lo lea.


Con gusto, fue lo único que acerté a decir.

 


La rutina de la cárcel me estaba atontando cuando reventó lo inesperado: Bernal y Herrera se fugaron. El asunto debió suceder a la hora del desayuno. La operación fue perfecta. Los dos salieron escondidos en los tarros de la basura. Entonces comprendí el sentido de una serie de detalles. Un día Bernal me preguntó qué pensaba de la caída del presidente y de cómo eso afectaría la política de extradición. No quise contestarle. Yo ya tenía claras hipótesis acerca de la nueva situación desencadenada por la confesión de Salinas pero a Bernal nunca le hubiera comentado nada. Ese hombre sólo hablaba de fútbol. Me pareció sospechoso su interés en el tema.


La situación de Herrera era distinta. Herrera estaba totalmente convencido de la caída del Presidente. No mandó a matar a Salinas porque los 'hermanos' Escobar Gacha lo amenazaron. Siempre decía, nos jodimos, más temprano que tarde vamos a ir a parar a una cárcel gringa y yo no me mamo eso.


Lo de Herrera y Bernal era gravísimo. A esta situación se sumó el libro de Salinas. Me lo entregaron a la hora del almuerzo. Salinas había cumplido, cuando lo recibí recordé al psicópata norteamericano que enviaba libros bombas: el unabomber. Esta serie de acontecimientos rápidamente los sepultó en el olvido la rutina carcelaria.


Una noche estábamos en el salón de la televisión viendo una telenovela y en lugar de los cortes publicitarios pasaron un avance informativo del noticiero de las 9:30. Las tomas de primer plano mostraban un cuerpo cubierto con una sábana. La presentadora con el retrato al fondo de Herrera, informaba que un operativo de los organismos de inteligencia había copado el restaurante donde estaba acompañado de unas modelos. No quiso entregarse y salió disparando.


La cosa fue absurda. No hubo la más mínima alteración de la situación; seguimos frente al televisor disfrutando de la telenovela. Sentado ahí, tratando de asimilar la muerte de Herrera, no pude resistir la necesidad de hablar.


Fui donde el mayor de los Escobar Gacha y cuando lo tuve al frente no supe qué decir. Se me ocurrió, entonces, preguntarle por Bernal. Me sentí estúpido. ¿Qué mierda podía interesar Bernal cuando el muerto era Herrera uno de los hombres más cercano a los 'hermanos' Escobar? Dijo, sin mirarme, con un tono seco: Bernal negoció con la DEA. Estuve deprimido: una semana, dos, tres, ¿no sé?


Salinas murió durante mi depresión. Lo llevaron de urgencias al hospital y falleció cuando lo intervenían quirúrgicamente. La manera como vivimos la muerte de Salinas fue extrañísima, cuando lo de Herrera sólo silencio y con Salinas se habló, se charló animadamente como en un velorio.


El Escorpión, en uno de los corrillos que se armó, dijo: el doctor Salinas sí no se llevó ningún secreto a la tumba. Todos se rieron. Yo sentí un desasosiego total.
En esa semana hubo una ola de especulaciones sobre la caída del presidente. Se decía que estaba en marcha un golpe de estado. Mi abogado el doctor Santa Cruz, me trajo un documento, un galimatías jurídico que pretendía justificar el derrocamiento del presidente.


En tono confidente me contó que el cerebro de la acción era el doctor Álvaro Gómez Hurtado el dirigente histórico de la derecha colombiana. No pude creerle.
Le dije a Santa Cruz: Álvaro Gómez no se va a enredar en un golpe tan mal diseñado, su inteligencia se lo impedirá. Cuando hice este comentario, Santa Cruz me replicó contundente: los militares respaldan el golpe y tu amigo el senador Alberto Carrasquilla también está comprometido.


Al otro día de la visita de Santa Cruz atentaron contra uno de los consejeros del presidente. Se salvó de milagro pero mataron al chofer y a dos guardaespaldas. El hecho sucedió a media cuadra del palacio presidencial.


Fue un tiempo donde dormí poco. Una mañana, después de una noche en vela y contra todo pronóstico razonable, me levanté aliviado, fresco. Estuve bromeando con el Escorpión durante el desayuno; luego caminé y silbé.


Vi a los 'hermanos' Escobar Gacha juntos y los abordé sin la más mínima prevención; siguieron caminando como si yo hubiera estado allí desde siempre. En ese estado de gracia, solté esta pregunta: ¿y qué nos pasará si tumban al presidente?


Yo no creo que el presidente se caiga, respondió Alfonso.


¿Tu qué piensas?, le preguntó al hermano mayor.


Hasta el momento, nada es seguro, dijo.


Insistí: ¡pero ustedes están actuando!


Se quedaron en silencio. El mayor le guiñó un ojo a Alfonso y dijo: doctor Trujillo, quienes están actuando son algunos generales y remató sonriendo: creo que el presidente también conspira. Hasta ahí me duró la seguridad y la euforia. Sí, sí, balbuceé.

 

 


En la tarde sucedió algo que nunca creí pudiera pasar. Estaba escuchando boleros en mi transistor cuando un boletín de última hora informó del asesinato del senador Alberto Carrasquilla, mi amigo de infancia. Me había visitado después que Santa Cruz me contó lo del golpe de estado. Su presencia fue una sorpresa. Visitar a un abogado de narcotraficantes era un riesgo demasiado grande para un senador.


Carrasquilla siempre me pasó al teléfono y escuchó mis difíciles peticiones de colaboración pero nunca las atendió. Sentí un gran placer al verlo. Estuvo como siempre cáustico y divertido. Son muy extraños los lazos que unen a los amigos de infancia.


Le pregunté por el golpe de estado. Confirmó lo que Santa Cruz había dicho y, entonces, agregó impasible: el golpe fracasó. Asumió una pose doctoral, me llamó por el diminutivo (Trujillito) y soltó lo que llamó su ecuación a cinco bandas. Primera, hay militares que necesitan el golpe para encubrir sus vínculos con el narcotráfico. Segunda, el presidente tiene el respaldo de la policía pero debe evitar que éstos golpeen a los militares comprometidos. Tercera, los 'hermanos' Escobar Gacha amenazan al Presidente con un silencio a punto de derrumbarse. Cuarta, los norteamericanos están felices con ese equilibrio precario que les permite presionar al presidente desde todos los frentes. Quinta, Álvaro Gómez Hurtado tenía en sus manos todo el entramado y podía modificarlo con un simple gesto de voluntad. Entonces agregó sonriendo: un hombre que piensa demasiado es un pésimo político. Fracasado el golpe, concluyó, Álvaro Gómez Hurtado tiene que ser eliminado.


No puede ser, no van a tocar a un hombre como Gómez Hurtado: hijo de presidente, jefe histórico de la derecha, uno de los artífices de la constitución de 1991 y, además, un hombre de ochenta años. Tú estás loco, le dije.


¡Ya verás!, contestó.


Conversamos de otras cosas y cuando se iba a despedir, comencé a burlarme de su ecuación a cinco bandas. Sin perder su aplomo, me dijo: Trujillito tu eres un imbécil profundo.


Le repliqué: me parece que tú estás demasiado enterado. Efectivamente, respondió.


Eso es muy peligroso Carrasquilla, le dije. Me replicó: al contrario, gracias a que soy un hombre enterado, soy un intocable.


Sin pensarlo, le dije: mira, yo creo todo lo contrario. A ti te pueden matar por saber tanto. Me replicó, no Trujillito, tú te has vuelto muy sonso.


La conversación era tan frívola que le insistí con un dejo cariñoso: ¡te van a matar!


Dijo, bueno Trujillito, te voy a reconocer algo ya que insistes en tu pendejada ¡si me matan me joden!


Asesinado Carrasquilla el siguiente era Álvaro Gómez Hurtado. Esa lógica implacable se me imponía como una alucinación. Aunque no lo podía imaginar comenzaba a saber que Gómez Hurtado era hombre muerto. Le hicieron el atentado cuando salía de dictar una conferencia en la Universidad del Santísimo Rosario. No alcanzó a llegar al hospital.


Las noticias de los diarios no informaban nada. Los titulares de prensa eran verdaderos jeroglíficos. El domingo me visitó el abogado Santa Cruz. Trajo una carta firmada por un supuesto comando patriótico en la que insultaban y sentenciaban a muerte al senador Carrasquilla, a Álvaro Gómez Hurtado, a dirigentes gremiales y políticos y lo más sorprendente: yo estaba en la lista.

 


Santa Cruz trató de explicar con argumentos absolutamente ridículos por qué mi nombre aparecía. Sostuvo que debido a mi vieja amistad con Carrasquilla, se suponía que desde la cárcel formaba parte de los golpistas para beneficiar a los 'hermanos' Escobar Gacha.


Santa Cruz me decía: la situación es muy complicada doctor Trujillo. Ya mataron al senador Carrasquilla y acaban de asesinar al doctor Gómez Hurtado y, me recalcaba, usted sabe doctor que en esta cárcel ya hubo varios ajustes de cuentas. Mire, tenga mucho cuidado porque se dice que quienes están detrás del tal comando patriótico son de la inteligencia. Gente muy peligrosa.


Contesté: brutos es lo que son.


Nos soltamos a reír enloquecidos como dos cómplices que celebran una fechoría perfectamente ejecutada. Cuando Santa Cruz se despidió comprendí que el azar me ponía en la mira de los asesinos.


Lo que me sorprendió fue cómo el asesinato de Gómez Hurtado cambió todo. El hecho me hizo evocar el artículo 64 de nuestro código civil: "Se llama fuerza mayor o caso fortuito el imprevisto al que no es posible resistirse como un naufragio, un terremoto, el apresamiento de enemigos, los autos de autoridad ejercidos por un funcionario público, etc...".


El presidente para enfrentar la situación creada con el magnicidio declaró turbado el orden público. Aprovechó así el fracaso de la conspiración y el asesinato como un caso fortuito para recuperar la gobernabilidad. En las nuevas condiciones pudo terminar su mandato y entregarle el mando con la ritualidad del caso al nuevo presidente; éste decidió extraditar a los 'hermanos' Escobar Gacha para marcar una diferencia tajante con su antecesor.


Sentí que la providencia trabajaba a mi favor; centré, entonces, todas las energías en la búsqueda de un arreglo con la Fiscalía. Hice con mucho cuidado algunos contactos y organicé con el doctor Santa Cruz, una estrategia de negociación para obtener beneficios que me permitieran salir de la cárcel en un tiempo razonable. Nunca más volvería a trabajar para narcos.


Me alegraba la expectativa de un futuro nuevo pero mi ánimo era melancólico. Sucedió, entonces, el atentado. Fue un día de fiesta, el patio estaba lleno de visitantes. Vi un adolescente fornido caminando rápido, mirando a ninguna parte pero directo donde yo estaba. Me pareció extraño pero no sospeché nada; cuando lo tuve cerca supe que era hombre muerto. Traté de correr y caí al suelo. Me miro y disparó. Recibí un fogonazo abajo del hombro; me desvanecí y desperté en la enfermería.


En la cama del hospital pensaba: mi asesinato es inevitable y esto puede sonar banal pero escuchaba la voz de mi amigo Carrasquilla decir ¡si me matan me joden!
Pero nada es definitivo mientras uno no esté muerto. Meses después del atentado me visitaron unos abogados. Vinieron a nombre de las Autodefensas Unidas de Colombia. Querían disculparse por el atentado. Me dijeron: fue un error de juicio de un jefe militar que les hacía inteligencia. Acepté las disculpas. Uno de los abogados me preguntó por la negociación que el nuevo gobierno estaba adelantando con la guerrilla. Le dije que la negociación fracasaría porque ese grupo se había montado en un cuento inviable: se llamaban ejército del pueblo y se creían un estado. Esas convicciones, le dije, conducían a un callejón donde la única salida era la guerra de nuevo.


A la semana me llegó una carta proponiéndome que los asesorara y acompañara en un proyecto que tenían acordado con el exgobernador de Antioquia para organizar un movimiento de oposición a las negociaciones del gobierno con las guerrillas. No respondí pero insistieron. Les mandé un memorando reiterándoles la tesis del fracaso inevitable de la negociación y sobre esa base les exponía mi escepticismo sobre el valor político de un movimiento que se oponía a un proceso que iba fracasar sin necesidad de ayuda.


Me dediqué a preparar mi defensa y a organizar una agenda tentativa para cuando saliera de la cárcel. En un lapso relativamente breve logré arreglar mis cuentas con la justicia con la valiosísima ayuda de mi abogado, el Doctor Santa Cruz. Mi salida, la planeamos de tal manera que se hiciera en el más riguroso sigilo. No me interesaba que se filtrara a los medios y se convirtiera en una especie de chiva periodística de mal gusto. Estaba decidido a disfrutar plenamente de mi condición de persona de bien, sin cargos de conciencia y sin cuentas con la justicia. En mi euforia alucinatoria comenzaba a paladear el placer de un yo totalmente renovado. Comenzar de nuevo a mis casi cincuenta años era una experiencia deliciosa.


Sucedió, entonces, lo del 11 de septiembre de 2001. Esa mañana estaba en la oficina del doctor Santa Cruz cuando explotó la noticia, en una salita de juntas muy bien equipada estuvimos mirando en la televisión lo que iba sucediendo. Que un grupo imaginase un ataque de esa magnitud y pudiese armar un equipo capaz de sacrificar las vidas de todos sus integrantes para sacar adelante el proyecto, era un acontecimiento que me recordó la voluntad apocalíptica de Pablo Escobar. En el curso de esos minutos se me instaló en la mente un sentimiento extrañísimo de omnipotencia e invulnerabilidad. Dije en voz alta: Santa Cruz, la política norteamericana va a cambiar radicalmente, es una gran oportunidad para nosotros.


Santa Cruz me miró asombrado y me replicó: no le entiendo doctor Trujillo, se supone que usted no vuelve a la actividad política.


Le repliqué: me iba a retirar pero ahora tengo una intuición, un sueño. Vamos a organizarnos doctor San Cruz y lo primero es contratar una traductora para que nos resuma el registro del ataque por la prensa norteamericana. Mañana nos reunimos y hacemos un primer análisis de las medidas tomadas por Bush. En esos días nos sumergimos en un océano de especulaciones, plegarias, maldiciones y amenazas: un coro humano planetario sobrecogedor.


El 14 de septiembre Bush hizo pública la proclama 7463 en la que declaró el Estado Nacional de emergencia. Ese documento le entregaba al presidente recursos extraordinarios para ejercer un poder sin antecedentes en la historia de los Estados Unidos. El 18 de septiembre se promulgó la Ley de autorización para el uso de la fuerza militar. Luego hubo una pausa de casi un mes en la labor normativa del gobierno. El 13 de noviembre se expidió la Orden Militar relativa a la detención, tratamiento y enjuiciamiento de extranjeros en la guerra contra el terrorismo. La lectura de ese documento aclaró mi intuición. Los parágrafos d) y f) de esa Orden Militar proclamaban lo que yo medio sabía pero no podía decir. Leamos:

d) La capacidad de Estados Unidos para protegerse a sí mismos y a sus ciudadanos de futuros ataques terroristas, y para ayudar a sus aliados y a otras naciones cooperantes a fin de protegerse a sí mismas y a sus ciudadanos de dichos futuros ataques terroristas, depende en gran medida del uso de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos: para identificar a los terroristas y los que los apoyan, interrumpir sus actividades, así como para eliminar su capacidad para llevar a cabo o apoyar tales ataques.
f) Dado el peligro que supone para la seguridad de Estados Unidos la naturaleza del terrorismo internacional, y dada la amplitud y el alcance de la presente orden, considero no contradictorio con la sección 836 del título 10 del Código de Estados Unidos que en virtud de esta orden no sean aplicables los principios legales y las reglas probatorias de los casos criminales en los Tribunales de Distrito de los Estados Unidos.
Ahora se trataba de asumir las consecuencias de esas decisiones. Elaboré un memorando para el jefe de las autodefensas unidas de Colombia. En esta ocasión, lo felicité por el proyecto político y le presenté un plan de decisiones tendientes a desligar el aparato militar de todo vínculo con el narcotráfico y con las acciones terroristas del pasado. Luego le propuse un conjunto de tesis políticas de lo que sería un nuevo gobierno para que el candidato pasara de plantear un proyecto de oposición a formular un proyecto de gobierno, un proyecto que llamé de Refundación de la Patria.


Recibí a los pocos días una nota acusando recibo de mi memorando y un cheque con una cifra generosa. Me gustó ese modo simple de evaluar mi trabajo. Pensé que pronto me contactarían pero no, hubo un silencio de semanas. Creí que mis recomendaciones habían sido archivadas. Esa situación me disgustó profundamente. Se estaba perdiendo un tiempo precioso para actuar. En política el tiempo oportuno de la decisión es fundamental. El kayros de los griegos.

 


Estaba equivocado. En noviembre comenzó la ofensiva mediática. Castaño, el jefe militar de las autodefensas apareció en noticieros, en programas de opinión argumentado operativamente lo que les propuse en mis tesis. En diciembre salió un libro reportaje en donde planteaba extensamente el nuevo proyecto, tomaba mis ideas y las ponía en sus propios términos. En una respuesta al periodista sobre la amenaza de extradición para ellos, respondió Castaño: "Nosotros ya rompimos con el narcotráfico y hemos suspendido toda acción que se pueda etiquetar de terrorista. Creo que el gobierno norteamericano es consciente de que las Autodefensas no son un grupo terrorista, ni una amenaza internacional de ninguna clase. Los discursos que respaldan la actuación de la comunidad internacional después de los atentados en los Estados Unidos, fundan su validez en la legítima defensa. Es un discurso de autodefensa aplicado a la comunidad internacional, y eso al mismo tiempo que valida nuestras tesis, nos exige más y más a la hora de ajustar nuestra actuación a las exigencias del nuevo contexto mundial."


Esas declaraciones me sabían a gloria, eran mis tesis vueltas realidad política. Pero también entendí que yo estaba obnubilado asumiendo que mis conclusiones eran sólo mías. Castaño proclamó en el libro reportaje que él y las autodefensas tenían un sanedrín de notables que los asesoraba. Quienes llegamos a las mismas conclusiones sobre el impacto del 11 de septiembre fuimos muchos. La mesa estaba servida y los comensales de primer rango estábamos ya sentados. Pero comencé a sentir la vieja desazón. ¿Qué significaba hacer pública la asesoría de los notables? ¡Una amenaza¡ Eso pensé y sé que cuando se amenaza, los arreglos siempre son precarios. A pesar de esas aprehensiones lo sucedido fue impactante. El proyecto que había intuido se estaba transformando en proceso político.


La noticia que le dio el acabado final a este ciclo fue la ruptura de las negociaciones con la guerrilla. El miércoles 20 de febrero el presidente de la república anunció el fracaso de las negociaciones. Mi pronóstico se había cumplido aunque el modo como sucedió ni siquiera lo imaginé. Los desencuentros se acumularon vertiginosamente a un ritmo frenético; la negociación que cuajó después de varios años de intentos fallidos, se hizo añicos en horas. Volvimos a la guerra como lo anuncié.


Tenía que sacarle beneficio a mi perspicacia, haría valer mi reforzada autoridad como consejero. Me reuní con Santa Cruz para hacer un ejercicio de persuasión. Le expuse una pauta de acción para las nuevas circunstancias. Estaba tenso pero entusiasmado. Hizo dos observaciones de detalle. Había que escribir un nuevo memorando. El núcleo de toda la argumentación era que el candidato debía pasar a la ofensiva y toda la campaña volcarse al electorado con la confianza absoluta en el triunfo. Así lo hice.


Ya no puedo decir que los abogados de las autodefensas me visitaron, vinieron pero no como personas que aparecen sino como invitados, mejor dicho cómplices en una obra común. Discutimos como viejos conocidos y propusimos compromisos de trabajo a cumplir. La nueva reunión que se programó, les dije, tenía que contar con Castaño. Y así fue.


La campaña de nuestro candidato se transformó radicalmente, quien hablaba era el futuro presidente de la República de Colombia. Esa convicción se hizo evidente en todas las reuniones, manifestaciones, entrevistas. Las encuestas registraron la nueva situación política. Los otros candidatos y especialmente el candidato del partido liberal, doctor Horacio Esparza quien se había perfilado como ganador, parecía un náufrago chapoteando inútilmente antes del desastre final.


Mi situación cambió por un pedido de Castaño, me integré a uno de los equipos fundamentales de la campaña: la sala de la victoria. Allí conocí al primito de Pablo Escobar. Un tipo bajito, contrahecho y avispadísimo. Era uno de los personajes inevitables en las sesiones de trabajo. Aunque no me gustó, hice buenas migas sociales con él. La experiencia de la campaña fue alucinante. Aunque sabíamos que estábamos ganando cada instante, cada hora, cada día sucedían pequeños episodios que alteraban el curso de los acontecimientos a nuestro favor. La Fortuna con mayúscula nos favorecía: un don divino. Lo digo sin ironía. En la cúpula de la campaña, se instaló una retórica mística. Nunca imaginé que unos políticos curtidos en el clientelismo, la picaresca electoral, el aprovechamiento de los recursos públicos en beneficio propio, echaran camándula para agradecer la buena voluntad del Sagrado Corazón de Jesús.


Los de la autodefensa no se aparecían en las sedes centrales pero hacían un trabajo efectivísimo en las regiones, los departamentos y los municipios. Castaño me invitó a una reunión en el departamento de Córdoba y allí estuve con su séquito de bandidos. Fue una sesión operativa, no se discutió nada. Todo estaba sobreentendido. Me gustó al principio pero luego me comenzó la desazón.


Mis dudas eternas socavaban el entusiasmo del momento. ¿Sí tendrá futuro esta junta de bandidos, tan distintos todos? Un sentido de la realidad me ponía alerta. Lo mismo le ocurría a Castaño. En el libro reportaje al caracterizar el acuerdo de las Autodefensas, dijo con una clarividencia que me desconcertó lo siguiente: "Yo creo que algunos están aquí por fortalecer su patrimonio económico, otros quieren salir de la cárcel detenidos por causas ajenas a la causa o de la causa. Otros quieren evitar llegar a la cárcel por conductas de la causa y fuera de ella. Algunos quieren prioritariamente destruir la subversión, otros quieren además poder político y algunos quieren ganar la guerra como sea y pase lo que pase. Para otros es simplemente un modus vivendi y para algunos es causa de patria". Dónde me ubicaría a mí este bandido. Elaboramos mentalmente nuestra experiencia en esa ondulante imprecisión, en esa incertidumbre del juicio ajeno que nos fija en el lugar indicado de una taxonomía atemporal. Pero esas especulaciones se desvanecían al golpe de los incidentes, los sucesos, los acontecimientos. Y el gran acontecimiento fue la victoria. Ganamos la presidencia. Nuestro candidato quedó ungido. Ahora era el Señor Presidente.


En el balance íntimo de esta empresa magnífica, imaginé un premio: embajador en los Estados Unidos. Sabía que no era posible pero era mi premio. De todos modos podría alcanzar que me ubicaran en la burocracia de la embajada. El jolgorio de celebración de la victoria fue breve. Era indispensable asumir la administración del Estado, tomar medidas, consolidar un equipo, proponer un plan de desarrollo, darles confianza a los banqueros, refrenar apetitos burocráticos desmedidos como el mío. En fin, gobernar. Lo imposible se había materializado. Hasta miedo me dio.


El nuevo presidente tenía el sentido de la minucia administrativa y de los ritos de la cultura política de la élite. Lo hacía de un modo desmañado pero cumplía bien la tarea. Me recordó uno de los presidentes del antiguo régimen político: el Frente Nacional. El viejo Turbay. Le quedaba grotesco el frac, su organismo lo rechazaba pero lo usaba como lleva la ropa un gordo del pintor Botero. La nueva era política comenzaba bien y de nuevo la fortuna nos favoreció.


El gobierno norteamericano inició una ofensiva mediática contra Hussein, el presidente de Irak. Luego de la guerra del padre de Bush contra Hussein en 1991 por su invasión a Kuwait, su hijo parecía preparar el terreno para una nueva intervención. Las intenciones nunca fueron explícitas y estaban envueltas en falsas imputaciones: una gran mentira. Los embustes denunciaban una amenaza química y biológica (armas de destrucción masiva). El ciclo pudo empezar a principio de 2002 pero se fue agudizando y un año después el clima de guerra hacía previsible una intervención. Ésta era una oportunidad de oro para sellar una alianza definitiva con el Estado norteamericano y consolidar nuestro proyecto de refundación de la patria.


Había que respaldar al presidente Bush en su decisión sin importar lo que las cancillerías de los otros países plantearan. Conversé con el primito, nombrado primer consejero del presidente, y le expuse mis argumentos. Me escuchó con frialdad, con distancia pero me reconoció que era acertada la decisión de respaldar al presidente Bush. Me atreví a ir más allá y le solté un deseo íntimo, le dije: hay que hacerle saber a Bush que esta alianza puede desembocar en un hecho que cambie la historia de toda la América, hay que decirle que Colombia puede ser la estrella que falta en la bandera de la Unión.


El 19 de marzo la guerra se declaró. El desenlace fue meteórico: en menos de cuatro meses el ejército norteamericano derrotó a Hussein y comenzó la tarea de democratización de la sociedad iraquí y de construcción de un estado en correspondencia. Esta victoria, la sentí como propia pero me molestaba la ignorancia en que me mantenía el primito de Escobar respecto a qué pensaba el presidente Uribe de mi propuesta de convertirnos en estado de la unión.

 

 


Estaba de nuevo asediado por la incertidumbre que mata. ¿Qué pasaba realmente? Especulaba, imaginaba escenarios con opciones variadas para mí y los otros hasta que alcancé la siguiente evidencia: me habían sacado del círculo donde el presidente tomaba las decisiones fundamentales. Es decir yo, Castaño y sus paramilitares. En una de las reuniones periódicas del grupo decisorio de las autodefensas, tratábamos pormenores del proceso de negociación con el gobierno. No recuerdo con precisión qué desencadenó una discusión airada entre quienes estábamos allí. Pero un abogado caldense de apellido Páez le dijo a Castaño: Comandante en jefe, estamos rodeados de amigos desleales. Castaño le replicó seco: ¡No jodas¡ Eso no es cierto.


Esa sonora sentencia me dejó frío. Era la confirmación de mi propia conclusión pero nunca hubiera podido decirla de ese modo tan afortunado. A Castaño lo asesinaron el 16 de abril de 2004. Esa noticia la mantuvieron oculta y solo se conoció a principio de 2005. Supe, entonces, que necesitaba pasar al lado de la gente de bien. De algún modo debía ingresar a uno de los círculos cercanos al presidente.


La única opción que tenía era la de contactar al primito. No me gustaba pero la necesidad nos impone deberes estratégicos. No obtuve mucho al principio porque el primito se mantuvo distante aunque cordial. Nuestras conversaciones las dirigí siempre hacia una finalidad que califiqué de suprema: el futuro histórico. Insistía siempre que era indispensable trascender la coyuntura sin perder la sintonía con ella. Pero no podíamos enredarnos en lo inmediato, refundar la patria implicaba pensar los ciclos largos de la historia. La estrategia que hasta el momento nos había llevado hasta la presidencia y permitía enfrentar los primeros años de gobierno, era insuficiente. Había que crear una doctrina. Una retórica política que trabajando lo inmediato hiciera inteligible el proceso de refundación. Había que desmontar la retórica enemiga que deslegitimaba nuestra democracia. Había que desmontar los silogismos del terrorismo. Necesitábamos un centro de pensamiento que elaborara la doctrina de un patriotismo renovado. Y simultáneamente iríamos resolviendo un asuntico operativo: la reelección de Uribe en el 2006.


El asunto comenzó a surtir efecto a mediados de 2005, pasamos de las argumentaciones al diseño de propuestas. Ahora en septiembre tendremos reuniones definitivas. Esta perspectiva me tiene, de nuevo, confiado. Aunque no hay que bajar la guardia, hay que mantenerse siempre alerta.

Viernes, 27 Febrero 2015 05:25

Noticias que no tienen quien las cuente

Noticias que no tienen quien las cuente

¿Qué tiene que pasar para que el mundo vea a México como lo que es: la tumba de los derechos humanos? La pregunta del periodista italiano Federico Mastrogiovanni queda en el aire frente a escritores, ensayistas y periodistas nacionales y extranjeros que el fin de semana participaron en una jornada de protesta organizada por PEN México, como parte de las actividades de la misión que realizó durante esta semana el PEN Club International.


El escenario no es alarmista ni mucho menos gratuito: en sólo ocho años, más de 162 mil personas han sido asesinadas y por lo menos 22 mil están desaparecidas. Y la prensa que debería contar estas historias está sometida a la censura criminal o a la autocensura de sobrevivencia. Plata o plomo ha sido la alternativa para muchos reporteros, fotógrafos y editores. Según cifras oficiales de la Procuraduría General de la República (PGR), en los últimos quince años, 103 periodistas han sido asesinados y 25 están desaparecidos.


La administración del priísta Enrique Peña Nieto debe garantizar la libertad de expresión y la libertad de prensa "antes de que la violencia se trague a la democracia mexicana", advirtió el canadiense John Ralston, presidente del PEN Club International, ante senadores de la Comisión de Justicia, cuyo presidente, Roberto Gil Zuarth, del derechista Partido Acción Nacional, reconoció que el país padece la violencia criminal "en un contexto de debilidad institucional".


México se hundió en una espiral de violencia que costó la vida de 121.683 personas en el sexenio de Felipe Calderón, entre 2006 y 2012. En los primeros 23 meses en Los Pinos del priísta Enrique Peña Nieto asesinaron a 41.015 personas. Dentro de estas cuentas, los casos de los periodistas asesinados y desaparecidos parecieran diluirse, pero según Ralston el 90 por ciento de los crímenes cometidos contra periodistas mexicanos queda impune, en gran medida debido a la "falta de voluntad política para lidiar con el problema".


En la que fue la tercera misión de PEN Club International en este país por tercer año consecutivo, miembros de esta organización sostuvieron encuentros con senadores, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y los secretarios de Gobernación y de Relaciones Exteriores. En conferencia de prensa, el escritor y ensayista John Ralston aseguró que en México existe una "no santísima trinidad" de corrupción, violencia e impunidad que "sólo va a resolverse cuando haya una masa crítica de investigaciones, arrestos, juicios y sentencias en contra de los responsables de las agresiones contra periodistas, y no sólo criminales o policías, sino también altos funcionarios".


En la reunión con integrantes de la Comisión de Justicia del Senado de la República se presentó un reporte estadístico de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión de la PGR, el martes pasado. El registro abarca los 103 periodistas asesinados y los 25 de-saparecidos entre el 1º de enero de 2000 y el 31 de enero de este 2015, pero no incluye el creciente fenómeno de periodistas desplazados de sus lugares de origen ni mucho menos el exilio de una veintena de reporteros y fotógrafos que han debido huir del país –algunos con todo y familia– en busca de asilo en Canadá, Estados Unidos, España y Alemania, entre otros países.


Todo esto ocurre porque en México "hay una 'no santísima trinidad' de corrupción, violencia e impunidad que sólo va a resolverse cuando haya una masa crítica de investigaciones, arrestos, juicios y sentencias en contra de los responsables de las agresiones contra periodistas, y no sólo criminales o policías, sino también altos funcionarios", dijo Ralston.


Al menos cinco casos han ocurrido en la administración de Peña Nieto, según datos de Reporteros Sin Fronteras. Para la Fiscalía Especial, Chihuahua y Veracruz son los estados más peligrosos, con 16 periodistas asesinados en cada Estado, seguidos por Tamaulipas, con 13, y Guerrero, con 11.


La postura de PEN coincide con el informe sobre derechos humanos presentado esta semana por Amnistía Internacional, en el que se denunció que los periodistas y defensores de derechos humanos en México continúan sufriendo hostigamientos, amenazas e incluso asesinato.


El presidente del PEN Club International dijo que la administración de Peña Nieto "ha malgastado por dos años el tiempo y el bienestar de su gente al pretender que podían lidiar con la crisis negando o apagando la discusión pública de la misma, como si fuera un problema de relaciones públicas". Aun más, el gobierno mexicano rápidamente perdió "todo sentido de la realidad", como lo demostró "de una manera inesperada" la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.


Previamente, el fin de semana, el PEN premió al periodista italiano Mastrogiovanni junto al reportero español Pablo Ferri, ambos por investigaciones periodísticas relacionadas con desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales a manos del ejército mexicano. Una reportera mexicana fue premiada, pero debió permanecer en el anonimato, ante el riesgo que corre tras haber expuesto una red de prostitución dedicada a complacer al presidente del PRI en el Distrito Federal. También se reconoció a la oficina de Artículo 19 para México y Centroamérica. El premio más emotivo se entregó a la escritora y periodista Elena Poniatowska, por toda su obra.


En realidad, no fue una celebración, sino un reclamo por libertad de expresión irrestricta y una protesta contra la corrupción sistémica que alienta los asesinatos y las desapariciones por todo el país. El tono de la acción "PEN pregunta" lo dio Mastrogiovanni: "Después de ver políticos grotescos que venden su país a empresas y criminales o empresas criminales; después de ver la mentira del Estado como única forma de hablarle al pueblo; después de ver a 43 estudiantes desaparecidos, a un Estado buscar respuestas inaceptables, ridículas, grotescas, para cubrirse después de practicar la tortura impunemente. Después de todo esto, ¿qué tiene que pasar para que dentro y fuera de este país se empiece a hablar de crímenes de lesa humanidad? Después de todo esto, ¿qué más tiene que pasar para que se empiece a ver a México y se le califique como lo que es: la tumba de los derechos humanos?".


Poniatowska remató: "Quienes estamos aquí amamos a México y nos resulta imposible desligar este premio de las desapariciones de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y de la gran fosa en la que se ha convertido el Estado de Guerrero –dijo–. Gracias a los jóvenes y a sus marchas admirables, surge un movimiento que ya no es de desahogo, sino de rabia".

Publicado enInternacional
Viernes, 05 Diciembre 2014 06:09

El Plan Colombia y la Iniciativa Mérida

El Plan Colombia y la Iniciativa Mérida

El 26 de septiembre del presente, seis personas fueron asesinadas, 25 resultaron heridas y 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecieron en ataques a tiros por parte de la policía municipal de Iguala y fueron entregados al grupo criminal Guerreros Unidos, según informaron los medios de comunicación. [1] Más tarde resultaron implicadas Fuerzas del Ejército Nacional, particularmente, el 27º Batallón de Infantería acantonado en Iguala, quien dos horas después del primer ataque, al producirse uno nuevo, sin evitar el primero, se presentaron en el segundo agrediendo a los estudiantes cuando intentaban escapar o pedir auxilio, dándoles culatazos, cortando cartucho y acusándolos de allanamiento de morada. "Los soldados –contó el estudiante normalista Omar García a Tele Sur– "nos dijeron: 'ustedes se lo buscaron. Ustedes querían ponerse con hombrecitos, "amárrensen " los pantalones. Eso les pasa por andar haciendo lo que hacen. Nombres. Y denos sus nombres reales. Sus nombres verdaderos, cabrones, porque, si dan un nombre falso, nunca los van a encontrar" [2].


Esta acción criminal de asesinatos masivos y de desaparición forzada, se debe circunscribir en el marco de la "nueva contrainsurgencia" instaurada en América Latina con Reagan cuando declaró, en febrero de 1982, la Guerra contra las drogas, como "objetivo urgente" de Seguridad Nacional, donde se califica como meta central la detención de la cocaína que ingrese a Estados Unidos, con lo cual se responsabilizará a partir de entonces a la oferta, es decir, a los países productores, y no a la demanda (los países consumidores), generándo, desde entonces, aparte de los "terroristas", al narcotraficante como un nuevo enemigo externo, alterno al comunismo y al terrorismo, pero particularizado para el patio trasero de Norteamérica [3].


De forma tal que la guerra contra las drogas le ha permitido continuar a Norteamérica, en América Latina con la doctrina de contrainsurgencia, implementada por John Fitzgerald Kennedy en los años de 1961-1963 [4], en la cual los ejércitos latinoamericanos pasaron de la "defensa del hemisferio" [5] , a una misión de "seguridad interna" dando forma a la llamada vietnamización de Latinoamérica que ha significado en los hechos, que los ejércitos de cada país sean los principales responsables del combate contrainsurgente rural o urbano y ya no las tropas estadounidenses. En segundo lugar están las fuerzas policiacas, constituyendo la primera línea ante situaciones complicadas. Y tercer lugar, EEUU, se abstiene de invadir, aunque no descarta del todo, esta posibilidad en casos de emergencia [6] . Todo ajustado al esquema de la redemocratización-militarización, que se dio en El Salvador, Honduras, Guatemala, Panamá [7] , cuando las dictaduras militares en América Latina se fueron desgastando, mostrándose incapaces, incluso allí donde fueron efectivas en la detención del movimiento revolucionario, de asegurar las condiciones de una dominación política estable que por supuesto, fuera acorde a los intereses norteamericanos en el curso de 1980. Así, la difusión del término Narcotráfico como un mecanismo homogenizante ha permitido asimilar y dramatizar una gran serie de elementos disímiles, con lo cual se ha construido hasta la fecha un sinónimo del Imperio del Mal. [8]


Además, los "regímenes democráticos" han prevalecido tanto tiempo, a pesar de las políticas neoliberales que han impulsado afectando a una gran parte de la población latinoamericana, gracias además del manto democrático, ha el apoyo que han recibido las Fuerzas Armadas latinoamericanas por parte de los estadounidenses. En este sentido, Reagan en la búsqueda de dar continuidad a una política exterior norteamericana para América Latina, que restableciera el énfasis en la cuestión de la seguridad, la implantación de democracias viables en la región, con particular interés en Centroamérica, impulsa la relación Fuerzas Armadas-narcotraficantes en Colombia que se logra después de que declara la guerra al narcotráfico, ya que encubierta en esta guerra se da la relación de varios cárteles colombianos como el de Medellín y Cali, con agencias de seguridad norteamericanas como la CIA, para desatar una devastadora guerra sucia y terrorista contra el pueblo de Nicaragua, después de que la guerrilla sandinista tomara el poder en 1979. Para financiar a "La Contra", Pablo Escobar Gaviria entregaba cocaína a la CIA, que viajaba en aviones pertenecientes a esta agencia de seguridad para ser camuflados, hasta Centroamérica, para luego ser enviadas hasta aeropuertos militares en Estados Unidos. De ahí salía para la venta en las calles, y con las ganancias se financiaba a la "Contra".

Asimismo, la guerra al narcotráfico ha servido toda vez que el Estado colombiano y sus aparatos represivos fueron cuestionados por su relación con el paramilitarismo y la guerra sucia, ya que el Estado: "...aparece como el gran pacificador dentro de una situación de violencia generalizada, lo cual justifica cualquier reforzamiento autoritario del mismo [...] En nombre de la "guerra a la mafia" y aprovechando el consenso frente a la lucha contra el narcotráfico, se justifica la expedición de medidas autoritarias que finalmente afectan a sectores mucho más amplios de la población [...] El nuevo ambiente de guerra ha permitido así que las Fuerzas Armadas recuperen y amplíen sus facultades políticas e investigativas, al tiempo que su imagen ante la opinión pública surge de tal forma que inhibe la capacidad crítica frente a los potenciales desmanes de las tropas. No solo aparecen ahora ante la ciudadanía como la institución con la cual hay que solidarizarse para hacer frente al narcotráfico sino que, además [...] la militarización de la vida política aumenta considerablemente [...] De esta manera las Fuerzas Armadas han comenzado a utilizar las facultades concedidas por los nuevos decretos para allanar y capturar a miembros de organizaciones populares, sindicándolos de apoyar a grupos guerrilleros y de tener alianzas con el narcotráfico". [9]

La guerra contra las drogas circunscrita en la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada por EE.UU, de esta manera ha servido en Latinoamérica para la instauración de "modelos estables" que restablezcan la hegemonía burguesa en la sociedad y la hegemonía norteamericana en la región. Particularmente en Colombia, que aun sin contar con una dictadura formal en los años sesenta y setenta, se impuso esta doctrina llegando hasta los cimientos del Estado mismo, por las élites y las Fuerzas Armadas de ese país. A esto respondieron los nombramientos de alcaldes militares, designados en reuniones de mandos militares con gobernadores, quienes estos últimos se encargaban de designarlos.

Y dentro de la guerra contra el narcotráfico, el eje central de su estrategia ha sido la "guerra sucia". Dentro del terrorismo de Estado colombiano han jugado un importante papel las estructuras criminales clandestinas y el paramilitarismo. Al tener como objetivo camuflar acciones para que no sean atribuidas a personas que trabajen dentro de la estructura estatal, y por lo tanto lo comprometan: "Este objetivo de encubrimiento de responsabilidades, respecto a actos que no tienen ninguna presentación legal ni legítima, ni siquiera dentro de fuertes confrontaciones bélicas, hace que se confundan y se complementen dos tipos de procedimientos: el accionar de los militares camuflados de civiles y el accionar militar de civiles protegidos clandestinamente por militares. Ambos procedimientos tienden al mismo objetivo: el encubrimiento que salvaguarde la impunidad". [10] Este accionar fue inaugurado por Belisario Betancur Cuartas, presidente colombiano quien en 1982 después de decretar una amnistía que saca de la cárcel a aproximadamente 500 presos políticos, se lava las manos por el asesinato, desaparición, o exilio, de estos liberados, y se responsabiliza de estos actos a paramilitares, sicarios, pistoleros a sueldo o escuadrones de la muerte.


Así, en Colombia, tras el impulso de los paramilitares que se ponen al frente del narcotráfico de drogas, remplazando a los tradicionales carteles y la violencia generada por estos grupos conforma el discurso de que el Estado débil, casi indefenso es victima, tanto como la población de los "violentos", sin embargo las Fuerzas Armadas no actuaban para evitar las masacres cometidas por los paramilitares, y con su omisión aportaban a su realización: "El cinismo del terrorismo de Estado en Colombia es inimaginable. Ello fue palpable durante las masacres cometidas por los paramilitares contra los pobladores de varios caseríos a orillas del río Naya, en las selvas del suroeste del país, no lejos del océano Pacífico. Cuando las autoridades judiciales al fin llegaron hasta esos lejanos y olvidados parajes, "las escenas que encontraron fueron macabras: una niña de 16 años con los brazos serruchados, unas tenían el estómago abierto y otros con señas de tortura [...] Sucedió en abril de 2001, en plena Semana Santa...Era otra masacre anunciada, pues desde meses antes se había denunciado ante las autoridades esa posibilidad y, como en tantas otras ocasiones, no se movió un dedo para la protección de la población. Al final fueron asesinados unos 130 afrocolombianos e indígenas y más de tres mil tuvieron que desplazarse". [11]

Consolidada esta estructura en Colombia, en la supuesta lucha contra el narcotráfico se atacó primero a consumidores de droga y a ladronzuelos, acciones conocidas en Colombia como "limpieza social", para luego desplazar su violencia hacia campesinos, activistas comunitarios, miembros de base de la iglesia y políticos de izquierda. El complemento fundamental de este accionar fue la legalización de mercenarios y la elaboración de su conflicto interno de manera privatizada. Acción impulsada por George Walker Bush, quien a mediados de 2005 anuncia la ampliación del Plan Colombia, sustentado en los atentados del 11 de septiembre a las torres gemelas, con lo cual desde entonces lo que se intenta permee es que: "...no existe un conflicto armado en Colombia sino una "guerra contra el terrorismo". Todo el aparato estatal y la población deben estar al servicio del esfuerzo militar y político del Estado para derrotar a los terroristas. Se debe otorgar los más amplios poderes a las Fuerzas Militares para vencer "al enemigo terrorista". Deben reajustarse los recursos judiciales, las facultades de la Corte Constitucional y de los órganos de control del Estado para que no sean un obstáculo de la acción del Poder Ejecutivo en la guerra contra el terrorismo". [12] Así, en el 2002 el presidente Álvaro Uribe Vélez, impulso en Colombia como premisa fundamental los cánones prescritos por Washington respecto a que no existe en Colombia un conflicto armado interno, sino una amenaza terrorista, para lo cual afirmaba que quien sostuviera que en el país existía un conflicto armado le hacia el juego al terrorismo.


Acorde ha esta lógica, el Plan Colombia tuvo como complemento el Plan Patriota, que elimina el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las Compañías Militares Privadas (CMP). Lo cual solo sirvió para aumentar y agudizar los graves efectos el Plan Colombia; desplazamiento forzado, confinamiento de poblaciones e incremento de la pobreza y la miseria en el sur del país.

Para el caso de México es preciso que recordemos como en la década de los ochenta las instituciones públicas en los sectores de salud, educación, trabajo y desarrollo social fueron privatizadas de facto, para ser entregadas a mafias privadas legalizadas, así como a mafias legales empresariales que unieron sus intereses con grupos criminales, que a su vez comienzan a competir por el poder político como extensión de su fuerza económica [13] . En este contexto se han enriquecido un puñado de familias a costa del futuro del país, a este respecto publicó Mr. Harry Hurt la manera en que Salinas le permitió a su amigo Slim Helú adquirir Teléfonos de México en 400 millones de dólares, siendo que en realidad valía 8,000 millones. A un hijo de Carlos Hank González le remató en 10 millones una concesión de telefonía celular que luego fue revendida en 100 millones [14] .


Conforme estos ejemplos, se puede observar como en el México neoliberal, el aparato de justicia se ha puesto al servicio de los intereses de los grandes empresarios, algunos de ellos ligados al sector financiero, y mientras saquean a la nación, hacen fraudes millonarios y evaden impuestos han impuesto en nuestro país la visión de lo que es la delincuencia así como la manera de combatirla, mediante políticas de mano dura. Acorde con esta visión conservadora y empresarial en materia de seguridad pública, durante su campaña Felipe Calderón ya prometía mano dura contra la delincuencia, y ya una vez que asume la presidencia declara una lucha frontal contra el crimen organizado, sacando al ejército para combatir a la delincuencia.

Más aun, en nuestro país viene causando conflictos la insistencia de empresarios por reactivar la explotación minera en lugares como el predio La Revancha, del ejido Gracia, en el municipio de Chicomuselo, ubicado en el estado de Michoacán. Lo cual ha derivado en confrontaciones según reportan desde el 21 de septiembre de 2013, cuando se presento el señor Fernando Coello Pedrero, abuelo del gobernador Manuel Velazco Coello, ante un grupo de jóvenes amenazando con que se explotarían las minas de esa región "aun sin el permiso de las comunidades que ahí habitan" [15] .


En esta misma lógica, desde 2010 se ha venido presentando la extracción "irregular" de hierro en los estados de Jalisco, Michoacán y Colima, según indica la Secretaría de Economía. Lo relevante es que ésta extracción se le achaca a él cártel de los Caballeros Templarios y su predecesor, el de la Familia, al estar robando u obteniendo por extorción contenedores de mineral de hierro, o extrayéndolo ellos mismos, para venderlo en los puertos sobre el Pacífico [16] . Ante estos hechos y la ausencia de autoridad en Michoacán (como en otros Estados de la República) se ha sumado al conflicto el surgimiento de las llamadas "autodefensas comunitarias". Lo cual pese a sus buenas intenciones, se corre el riesgo de que estos grupos de autodefensa no lo sean, y que sean infiltradas por Los caballeros templarios, la familia michoacana, zetas o el cártel Jalisco nueva generación conformando en realidad brazos armados de estos, para realizar distintas actividades ilícitas y de despojo en algunas comunidades. En un contexto donde políticos pactan con narcotraficantes,

narcotraficantes financiando grupos de alzados, políticos acusándose de pactar con criminales, y criminales afirmando que ellos no pactan con políticos [17] .


Esto ha devenido de manera tal que desde los inicios del gobierno de Enrique Peña Nieto el estado de Michoacán, resulto ser el laboratorio de lo nuevo en materia de seguridad. Ya que Fuerzas armadas "disfrazadas de carteles" que fueron activadas por el ejército, los gobiernos locales y el gobierno central durante el sexenio anterior, se resistieron a pasar a una nueva etapa dictada por la política de las transnacionales, cuyo objetivo último es concentrar el poder en el gobierno y desaparecer a las autonomías para repartirse los territorios y los recursos. Más aun, bajo las confrontaciones, se intenta ocultar que es una política útil para el reparto de tierras y recursos, ya logrados entre pequeños grupos de grandes capitalistas, sobre todo los vinculados a mineras, trazado de carreteras y presas, que lucran con políticas estatales [18] .


Así, refuncionalizada la estrategia de Guerra de Baja Intensidad en la "guerra contra las drogas", tenemos que recordar que cuando el michoacano Felipe Calderón asumió el poder, surgió el cartel la Familia Michoacana, cartel "que en su primera aparición pública dijo que no estaba contra el gobierno federal ni contra las instituciones armadas, como el ejército, que simplemente querían practicar la ley y la seguridad donde el Estado no alcanzaba a resguardar la seguridad de los ciudadanos, y que enfrentaría a expresiones foráneas –como los Zetas o el cartel de Sinaloa". Y dentro de los mismos parámetros se destaca que, los grupos La Familia Michoacana, los Caballeros Templarios, Jalisco Nueva Generación y los Zetas cumplieron una función dentro del plan de guerra de Calderón, "que por vía paralela fue la expresión no armada para la guerra sucia de los organismos de seguridad del Estado; es decir, que fueron funcionales a la política represiva que bajo la pantalla de la guerra a las drogas, se llevó a cabo bajo el gobierno de Calderón" [19].


De esta manera los operativos contra el narcotráfico en México han tomado forma institucional a partir de la "Iniciativa Mérida". Con este plan en el sexenio de Calderón, 50% de los recursos de las fuerzas de México fueron destinados a combatir el narco. Además de que le abrió las puertas a la intervención directa de diversas agencias de seguridad norteamericanas. Desde abril de 2009, opera en el Distrito Federal una Oficina Binacional de la Iniciativa Mérida; donde trabajan "45 funcionarios estadounidenses de distintas agencias con sus contrapartes mexicanos. A este respecto en febrero de 2009, el entonces secretario de Seguridad Pública (SSP) de Calderón, Genaro García Luna, le prometió a Michel Chertoff, secretario de Seguridad Interior de EEUU: "Usted tendrá acceso libre a nuestra información de inteligencia en seguridad pública". Lo cual confirma la forma en que México ha puesto a disposición del Pentágono los sistemas de inteligencia de nuestra nación sin autorización del Congreso, resultando en una violación de la soberanía, estipulado en el artículo 123 del Código Penal como un acto de traición a la Patria [20] . Además de que Calderón según un informe dado el 15 de diciembre de 2013, por agentes de la DEA, CIA, FBI, señalan otorgó permiso a aviones espías estadounidenses al espacio aéreo mexicano para operaciones de inteligencia, de vuelos de drones (aviones no tripulados) desde bases estadounidenses en apoyo a operaciones militares y de policías federales mexicanos, como también una amplia gama de aparatos de alta tecnología para recopilar información de inteligencia. De manera tal ha sido el uso de los drones incrementándose desde el 2010, que según The Washington Post las autoridades mexicanas han comprado sus propios drones [21] .


Esto unido al armamento, adquirido de distribuidores y en las mismas fábricas por los cárteles mexicanos en EEUU, por su volumen, (imposible de escapar detección), alto calibre, junto con un probable despliegue de mercenarios y/o fuerzas especiales bajo cubierta, han sido ingredientes centrales de los esquemas de "ampliación militar" por la vía de un programa de "estabilización y reconstrucción" del Departamento de Defensa en curso en México [22] . Conformado el enorme trauma humano que abarrota las morgues del país y la aun más grave multiplicación de cementerios clandestinos, de lo cual ahora forma parte Ayotzinapa, entre otros casos como los siguientes, sin que ahonden las investigaciones en los factores de las muertes violentas:

• "Sonora 18 de enero. Cinco cadáveres (dos mujeres y tres hombres) fueron ubicados entre Rosario Tesopaco y Esperanza, unos 200 kilómetros al sur de Hermosillo, en Sonora, junto a un campo de tiro, baleados y maniatados.
16 de marzo. Los cuerpos de Rafael Samaniego, El Lito, Tiburcio Olivares y dos de sus hijos, Manuel Ángel y Eduardo, aparecieron sepultados en un ejido cercano a agua prieta. Los tres últimos habían sido levantados el 4 de octubre de 2009.

10 de abril. A espaldas de las colonias CTS-CROC y Colinas del Sol, una narcofosa con al menos cuatro cadáveres fue descubierta tras una denuncia anónima, en Nogales.

28 de abril. Se hallan seis cuerpos enterrados clandestinamente en el ejido Agua Zarca, por la carretera que va de Puerto Peñasco a Caborca" [23].


Así, la guerra contra las drogas ha venido marcando una nueva manera de intervenir en asuntos internos por parte de Norteamérica en México, perfilándose como una estrategia global estadounidense desde 2006. Que toma forma en la doctrina de guerras irregulares, a partir de que en 2008, la Estrategia de Defensa Nacional de Washington ha planteado que <>. Pero para poder realizar estas metas, las guerras convencionales, no son la prioridad, además de resultarle más caras e insostenibles:

-Hasta agosto de 2009, Estados Unidos había gastado más de 173 billones de dólares en la guerra de Afganistán (unos 20 billones anuales).


-Mantener una semana las guerras de Irak y Afganistán costaba 3.5 billones de dólares en 2009.

-EL nobel Joseph Stiglitz calcula que la guerra de Afganistán costará más de 3 billones de dólares ($3, 000, 000, 000, 000.00) y podría llegar a 5 o 7 trillones [24] .


Por lo tanto, en su intento de controlar a las masas de inconformes por las políticas económicas neoliberales, y bajar los costos de la guerra convencional, desde 2009 la Casa Blanca ha venido reformulando la estrategia de guerra irregular, que tiene como particularidad: usar fuerzas no militares; guerra de guerrillas; guerras mercenarias; intervención paramilitar; guerras contra las drogas. Donde también incluye operaciones mediáticas o guerras de cuarta generación, impulsadas desde 1991, por el teórico especialista en guerra, Martín van Creveld, quien publico "La transformación de la guerra", en la que planteó que, ante la ineficacia de los grandes ejércitos, la población podría ser controlada por medio de una guerra que maneje una combinación de propaganda y terror: las guerras de cuarta generación, también llamadas guerras asimétricas o guerras sin fusiles, donde las operaciones militares son reemplazadas, o complementadas, por operaciones con unidades mediáticas y operativos sicológicos dirigidos por expertos en comunicación y psicología de masas [25].


Bibliografía
-Barajas Rafael, "Narcotráfico para inocentes. El narco en México y quien lo U.S.A". El chamuco y los hijos del averno, 2011.
-Calvo Ospina Hernando. "El terrorismo de Estado en Colombia." Editorial el perro y la rana, 2007.
-Oikión Solano Verónica, García Ugarte Marta Eugenia. (Editoras) "Movimientos armados en México, siglo XX". Vol. I, El Colegio de Michoacán CIESAS, 2006.
-Marini Ruy Mauro. "La lucha por la democracia en América Latina". www.marini-escritos.unam.mx/018_democracia_es.htm
-Álvarez Gómez Ana Josefina (compiladora), "Tráfico y consumo de drogas. Una visión alternativa." UNAM, ENEP ACATLAN, 1991.
-Reveles José, "Levantones, narcofosas y falsos positivos". Grijalbo, 2011.
-Saxe-Fernández John, " Diseños imperiales sobre México y América Latina". Trabajo presentado a las Jornadas Bolivarianas, Instituto de Estudios Latino Americanos, Universidad de Sta. Catarina, Florianópolis, Brasil, Abril 6-10, 2009.
-Borrego Salvador, "México en guerra ajena". México D.F, 2ª edición 2011.

Hemerografía
La Jornada, "Ajustes en inteligencia entre México y EU pondrían en jaque la cooperación: TWP. Política, lunes 29, de abril de 2013. Pág. 8
En Desinformémonos, periodismo de abajo. "Michoacán, el laboratorio peñista para acabar con las autonomías". Por Carlos Fazio.
La Jornada, viernes 8 de sep. De 2013. "Chicomuselo, bajo asedio de mineras".
La Jornada, domingo 1 de dic. De 2013. "Reconocen autoridades la incursión de cárteles de la droga en la minería: Ap".
La Jornada, domingo 1 de dic. De 2013. "De cárteles y autodefensas".
Excélsior en línea, especiales. "Cronología: Paso a paso del caso de los normalistas de Ayotzinapa". 17-11-2014.
La Jornada en línea, opinión. " La matanza de Iguala y el Ejército". Hernández Navarro Luis. Martes 18 de noviembre de 2014.
González Ortiz Ramón César. "La Iniciativa Mérida: Estado, militarización y contrainsurgencia en México". Tesis de Maestría, UNAM, FCPyS. 2014.
Notas
[1] Excélsior en línea, especiales. "Cronología: Paso a paso del caso de los normalistas de Ayotzinapa". 17-11-2014.
[2] La Jornada en línea, opinión. " La matanza de Iguala y el Ejército". Hernández Navarro Luis. Martes 18 de noviembre de 2014.
[3] González Ortiz Ramón César. La Iniciativa Mérida: Estado, militarización y contrainsurgencia en México. Tesis de Maestría, UNAM, FCPyS. 2014. Pág. 63
[4] En la academia militar de West Point, en 1962 Kennedy dejaba en claro sus intenciones: "La subversión es otro tipo de guerra, nueva en su intensidad aunque de antiguo origen [...] Estamos obligados a emplear una nueva estrategia para contrarrestar este tipo de guerra, una fuerza militar diferente, una preparación y adiestramiento militar nuevos y distintos."
[5] Calvo Ospina Hernando. "El terrorismo de Estado en Colombia." Editorial el perro y la rana, 2007. Pág. 89
[6] Oikión Solano Verónica, García Ugarte Marta Eugenia. (Editoras) "Movimientos armados en México, siglo XX". Vol. I, El Colegio de Michoacán CIESAS, 2006.
[7] Ruy Mauro Marini, "La lucha por la democracia en América Latina". www.marini-escritos.unam.mx/018_democracia_es.htm
[8] Álvarez Gómez Ana Josefina (compiladora), "Tráfico y consumo de drogas. Una visión alternativa." UNAM, ENEP ACATLAN, 1991. Pp. 54-55
[9] Citado en: Calvo Ospina Hernando. "El terrorismo de Estado en Colombia." Editorial el perro y la rana, 2007. Pág. 205.
[10] Citado en: Calvo Ospina Hernando. "El terrorismo de Estado en Colombia." Editorial el perro y la rana, 2007. Pág. 142
[11] Ibíd. 265
[12] Ibíd. 296
[13] Reveles José, "Levantones, narcofosas y falsos positivos". Grijalbo, 2011. Pág. 10
[14] Borrego Salvador, "México en guerra ajena". México D.F, 2ª edición 2011. Pág. 74
[15] La Jornada, viernes 8 de sep. De 2013. "Chicomuselo, bajo asedio de mineras".
[16] La Jornada, domingo 1 de dic. De 2013. "Reconocen autoridades la incursión de cárteles de la droga en la minería: Ap".
[17] La Jornada, domingo 1 de dic. De 2013. "De cárteles y autodefensas".
[18] En Desinformémonos, periodismo de abajo. "Michoacán, el laboratorio peñista para acabar con las autonomías". Por Carlos Fazio.
[19] En Desinformémonos, periodismo de abajo. "Michoacán, el laboratorio peñista para acabar con las autonomías". Por Carlos Fazio.
[20] Barajas Rafael, "Narcotráfico para inocentes. El narco en México y quien lo U.S.A". El chamuco y los hijos del averno, 2011. Pp. 46-47 Citado en: González Ortiz Ramón César. "La Iniciativa Mérida: Estado, militarización y contrainsurgencia en México". Tesis de Maestría, UNAM, FCPyS. 2014.
[21] Ibíd. La Jornada, "Ajustes en inteligencia entre México y EU pondrían en jaque la cooperación: TWP. Política, lunes 29, de abril de 2013. Pág. 8
[22] Ibíd. Saxe-Fernández John, " Diseños imperiales sobre México y América Latina". Trabajo presentado a las Jornadas Bolivarianas, Instituto de Estudios Latino Americanos, Universidad de Sta. Catarina, Florianópolis, Brasil, Abril 6-10, 2009.
[23] Reveles José, "Levantones, narcofosas y falsos positivos". Grijalbo, 2011. Pág. 45
[24] Barajas Rafael, "Narcotráfico para inocentes. El narco en México y quien lo U.S.A". El chamuco y los hijos del averno, 2011. Pp. 110-111
[25] Barajas Rafael, "Narcotráfico para inocentes. El narco en México y quien lo U.S.A". El chamuco y los hijos del averno, 2011. Pp. 124-125

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Martes, 25 Noviembre 2014 17:57

Peña Nieto, en el centro de la crisis

Peña Nieto, en el centro de la crisis

Enrique Peña Nieto se encuentra justo donde no quería estar desde que asumió como presidente de México: en el centro de una crisis de seguridad y violencia que reventó como crisis de derechos humanos y que, a estas alturas, ya es una crisis social, política y moral que exhibe los endebles pilares sobre los que se sostiene. El retorno del viejo PRI a Los Pinos está resultando una pesadilla que se padece por todo el país y que se percibe claramente desde todo el mundo.

Desde dentro, las movilizaciones crecen junto con la represión: once jóvenes, detenidos indiscriminadamente tras la manifestación del pasado 20 de noviembre, fueron enviados a prisiones de máxima seguridad este fin de semana, como escarmiento, mientras algunos de los padres de los estudiantes normalistas desaparecidos parecen llegar al límite y, luego de una reunión el sábado en Chilpancingo con funcionarios del gabinete de seguridad de Peña Nieto, avisan: "Si no aparecen nuestros compañeros desaparecidos, lo que sigue es un movimiento armado".

Ayer, el secretario de Marina condenó los "actos mezquinos de quienes, enmascarados, en grupos minoritarios y el rostro encubierto laceran nuestra nación". El discurso del almirante Vidal Francisco Soberón Sanz se suma al endurecimiento mostrado también por el Ejército el pasado 20 de noviembre, en la conmemoración del 1040 aniversario de la Revolución Mexicana.


Desde lejos, México no se ve mejor. "A uno le da la sensación, a la distancia, de que se trata de una especie de Estado fallido", dijo José Mujica, el presidente de Uruguay, a la edición Latinoamérica de la revista Foreign Affairs. Peor aún, dijo uno de los mandatarios con mayor autoridad moral en el mundo, pareciera que "los poderes públicos están perdidos totalmente de control, están carcomidos".

No es el único que opina así. Apenas el fin de semana pasado, el diario francés Le Monde dedicó un amplio despliegue en primera plana a las movilizaciones sociales en demanda de la aparición con vida de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa que mañana cumplen dos meses desaparecidos. El periódico parisino la llamó "La revuelta de los mexicanos contra el Estadomafia" y además dedicó un texto en interiores a la ostentosa mansión de la esposa de Peña Nieto y las sospechas de corrupción que despertaron.

Le Monde forma parte del vuelco de opinión pública internacional sobre la figura del presidente mexicano. Uno a uno, los principales diarios del mundo han ido cambiando el desmedido apoyo editorial que le brindaron a Peña Nieto durante sus primeros dos años de administración por una visión menos complaciente y hasta con críticas severas ante la ineficacia para responder a la crisis de derechos humanos que le estalló en Ayotzinapa. La revista Time, The Wall Street Journal, The Economist, The New York Times, por citar sólo a los últimos, lo mismo que casi el resto de la prensa mundial, parecen despertar a la realidad mexicana. Es el caso de Le Monde, que apenas el 8 de septiembre elogiaba la gestión de Peña Nieto y sus once reformas estructurales de envergadura. El diario francés de referencia decía entonces que Peña "da una imagen de jefe de Estado pragmático y eficaz". El sábado pasado, en un editorial, dijo que ahora la imagen de Peña Nieto "quedó en entredicho".


La desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, en Guerrero, desnudó a Peña Nieto. Por eso no tiene otra salida que la verdad y la justicia. Esto "no es negociable", ha dicho Mujica, casi en los mismos términos en que el presidente del Banco Mundial se lo dijo en su cara a Peña Nieto, hace apenas una semana. El presidente de Uruguay fue menos condescendiente que el coreano Jim Yong Kim y atribuyó la descomposición en México a una "gigantesca corrupción" que pareciera haberse instalado en el país "como una tácita costumbre social".

La entrevista de Mujica en Foreign Affairs Latinoamérica será publicada en la edición de enero 2015 de la revista, que adelantó una parte en su web, lo que provocó la molestia de la administración de Peña Nieto, que expresó su "sorpresa y rechazo". La cancillería mexicana llamó el fin de semana al embajador uruguayo. La presidencia de la República Oriental del Uruguay emitió un comunicado de prensa diciendo siempre no, México "no es un Estado fallido".


Apenas hace 10 meses, Peña Nieto otorgó a Mujica la Orden Mexicana del Aguila Azteca. En un acto realizado en La Habana, Cuba, el presidente mexicano alabó a su homólogo uruguayo: "Es admirable su forma de entender y hacer política; su experiencia y filosofía de vida lo hacen un gran estadista de nuestro siglo, como hombre sobrio, líder social y ciudadano del mundo. Estoy seguro de que usted seguirá siendo ejemplo para ésta y futuras generaciones de uruguayos y latinoamericanos".

A Mujica no le es ajeno México. "Me siento un amigo de corazón de México. Por razones culturales, por los compatriotas en el exilio que recalaron allí, algunos compañeros de mi alma, otros compatriotas todos", dijo el 28 de enero, al recibir de Peña Nieto la máxima condecoración que otorga el Estado mexicano a un extranjero. Tampoco desconoce la represión, él mismo vivió en la clandestinidad y fue preso político de la dictadura cívico-militar uruguaya.


Por eso apela a "lo mejor de México" a hacer que el caso Ayotzinapa se resuelva y dé pie para seguir con los casos de los 22 mil desaparecidos que reconoce el gobierno mexicano, con los demás muertos "que no están ni siquiera reclamados".
Mujica no oculta el escándalo que significa que en México "la vida humana es menos que la de un perro", ni las causas de fondo que lo propician: "Es muy difícil que esto suceda en una sociedad moderna, porque además no es ninguna lucha política, es corrupción de cabo a rabo. Es todavía peor que la dictadura, porque las dictaduras, siendo feroces, por lo menos tienen un enfoque que pretende ser político. Esto es corrupción, esto es un negocio, es plata". Si uno atiende las reflexiones de Mujica, el caso Ayotzinapa explica la reacción global ante la barbarie en México. El problema no es sólo interno, "tiene un nivel que ya traspasa lo de México. Es un problema de la humanidad. Son cosas que en el mundo de hoy no deberíamos permitir, porque la civilización que tenemos tiene muchísimos defectos, pero el progreso y la marcha de esa civilización no tiene que atar las manos. Hay cosas que no se pueden permitir. Estas cosas podrían ser en el Medioevo, pero no pueden ser en el mundo de hoy".

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Domingo, 16 Noviembre 2014 10:52

La normalidad es la guerra

La normalidad es la guerra

La quema de la puerta de Palacio Nacional fue una acción coordinada de la gente y su genuina furia por derrumbar a al aparato directamente responsable de la desaparición de los 43 normalistas y de miles más de los que no se sabe nada. Que el acto lo hayan provocado infiltrados del gobierno, que ellos mismos hayan calculado que la situación da para incendiar el palacio nacional, sólo puede señalarnos el hecho mismo de que el gobierno habrá de provocar en lo subsecuente los escenarios de su propia destrucción. El Narco-Estado agoniza...

 

La noche del sábado, había personas ahí, de diversas orientaciones políticas, con vidas distintas, con contextos muy heterogéneos en lo cotidiano; hubo personas ahí tomando decisiones, en función de varios clamores que apuntan en varias direcciones, el clamor de justicia, el clamor de una libertad que se ve amenazada, el clamor de una dignidad humana que no quiere dejarse avasallar, el clamor de un cambio en el rumbo de los acontecimientos, la búsqueda de una ruptura que vuelva más accesible a la esperanza, el alumbramiento de un futuro que no esté descuartizado.


Los hechos históricos rebasan cualquier voluntad, la del individuo, la del grupo, la de la multitud, la de un pueblo... las condiciones objetivas del caso ya han vuelto evidente que cualquier interpretación de aquellas condiciones no detendrá el curso de los acontecimientos, esa es la naturaleza de la historia, por lo tanto, ante lo sucedido nos queda comprender el ¿por qué?, sólo después estaremos en condiciones de emitir un juicio que nos conduzca al constante, inevitable y natural replanteamiento de nuestra posición personal frente a lo sucedido y a su consecuencia práctica, la dirección de nuestra actividad en lo posterior, nuestro deber frente a aquellxs que se exponen en representación de sí mismxs y de una identidad que hoy nos aglutina, la identidad de los miles de desparecidos de este país... y nuestro deber frente a aquellxs que sólo desean aprovecharse de esta situación.

 

Lo que sucedió la noche del sábado en el Zócalo capitalino tiene como actores, para un amplio sector de la población que cuenta con algún elemento informativo para construir una lectura propia de la cuestión, tanto a la parte acusada de estar provocando la violencia, representada en los policías encubiertos que incitan a quemar la puerta, como a la parte que solemos reivindicar como la resistencia legítima a esa violencia, representada en la figura de los manifestantes que legítimamente acudieron a expresar su repudio a la administración genocida encabezada por EPN. Se dice de los primeros, en general, "...son individuos con órdenes directas de arriba de incitar a la violencia", cumplen una función de irrupción y desarticulación de las formas "pacíficas" que se plantea el movimiento como las opciones para estructurar la resistencia, pienso... ¿el movimiento se plantea la movilización pacífica como método único? Habría que aceptar, con el contundente ejemplo de las acciones emprendidas por los compañeros normalistas en Guerrero que esto no es así... La pacífica, es una forma particular de articular acciones al interior del movimiento, y en general requiere para existir un contexto con algún grado de tolerancia por parte del poder establecido, un margen para la acción política pública en el marco de ciertas garantías para el libre ejercicio de la resistencia o de la aceptación las condiciones de nuestro país, según nos oriente el buen criterio ... Consideremos que tales condiciones no existen más, que en el diminuto centro que resguarda "la razón pacífica" de los embates de la "barbarie periférica", ya han comenzado las detenciones arbitrarias, la imputación de delitos sin ningún fundamento, y que a esto se suma, la violencia urbana cotidiana, el secuestro, el robo, la extorción, la trata de personas, la corrupción de funcionarios y demás embates cotidianos delineados por el horror que nos causa, la completa ausencia de información confiable sobre las características específicas, con las que se manifiesta la problemática actual en cada región de la unidad política y territorial a la que nombramos México, nuestro país, por el horror que causa la ignorancia, para decirlo bien.

 

Tal incertidumbre nos invita a resguardarnos en nuestra normalidad y a acurrucarnos en un discurso que nos conforte, obviamente vemos ventajas en permanecer mediante la frágil o audaz organización de un discurso, en nuestras zonas protegidas, -nuestras zonas mentales y físicas- aún cuando la descomposición del tejido que da sustento a la posibilidad nuestra vida pacífica en esta zona, esté completamente destrozado, es así, el centro económico del poder establecido es nuestra ciudad y ella depende directamente de la riqueza que los pueblos generan en todas las regiones del país y que hoy, para llegar hasta aquí, está requiriendo del uso de un tipo de violencia que ha degradado hasta la médula la vida social en todas las regiones, a tal punto que las salidas pacíficas al conflicto, parecen hoy canceladas.

 

Esto no quiere decir que la acción pacífica no tenga lugar en otros contextos de esta misma guerra, pero sí que la acción no pacífica debe ser considerada en su justa dimensión, en su coyuntura o contexto específico. La violencia que hoy emplean los estudiantes, las autodefensas, y todas las comunidades que se alzan frente a las fuerzas del narco-Estado, es completamente distinta de la ejercida por éste para mantener el clima de pánico entre la población y así asegurar la libre implementación de sus reformas, de su robo, de su impunidad. No es lo mismo la violencia objetivada de una acción directa organizada , que la violencia que desata la acción irreflexiva y aislada de sujetos presos del miedo, sometidos a una orden que no comprenden y de la cual no reconocen posibles consecuencias.

 

La acción irreflexiva y aislada se distingue por su despropósito social, una acción de este tipo no cabe en este movimiento, y no por cuestiones morales, sino por cuestiones que nos remiten a la propia naturaleza de este momento histórico, una acción de este tipo, no nos moviliza y es fácilmente distinguible, la torpeza del narco-estado es inmensa. Las acciones de este tipo no sirven más que a los intereses de quienes quieren que nada pase, que en este caso son los autómatas que están dominados por el miedo a tal punto, que se pasan el día reciclando justificaciones para dar sentido a su "actividad pacifista", que se traduce, en un contexto de devastación y despojo, en una actividad sumamente violenta, una actividad que no contribuye más que a la reproducción del modelo civilizatorio en los términos que la razón dominante demanda, que se manifiesta en el profundo deseo de regresar a la normalidad. La razón del terror es la razón de la normalidad a toda costa, la parálisis normalizada, normalidad que nos condena a reírnos de nuestra degradación ética, de nuestra perversidad, de nuestra dictadura perfecta. Normalidad que nos condena a saber que así como vamos, no vamos a ninguna parte y aún así seguir deseándola.


La quema de la puerta del Palacio Nacional, puede representar el inicio del fin de la normalidad obligada, no cometamos el error de confundir los actos de la voluntad, con los actos del poder, los actos de personas hartas y valientes, con los actos del Estado para reproducir su lógica terrorista. Del reconocimiento de esa distinción depende directamente la posibilidad de mantener la unión de un movimiento que corre el riesgo de ser dividido y diluido de nueva cuenta por las estrategias mediáticas del Estado genocida, como tantas veces antes ha sucedido.


¿De qué dependerá esta posibilidad de seguir unidos? Nuestra confianza en este movimiento de resistencia, debe fundarse en la aceptación de la autonomía de la acción con la que cuenta cada individuo, y del acompañamiento y respaldo de todas aquellas acciones que tengan como objetivo, debilitar material y simbólicamente el discurso hegemónico y construir situaciones donde la recuperación de ciertos espacios ocupados por el poder se vuelvan factibles, desde los territorios y sus recursos en juego, hasta los edificios desde donde los siervos del terror despachan, como el Palacio Nacional.

 

Está claro, que aun habiendo conseguido tomar simbólicamente el Palacio, al cabo de un tiempo, las fuerzas del Estado hubieran acudido a su recuperación con su habitual lujo de brutalidad, que los costos hubieran sido cualitativamente distintos, y estaríamos hablando de otras repercusiones, quizá más lamentables aún.


No creo que el día de hoy, alguien piense que un hecho como el del sábado vaya a resolver nuestro problema como nación, ni mucho menos, la autonomía de la acción requiere considerar minuciosamente el margen de la propia libertad en relación a la libertad de terceros, fundamento de su efectividad real, -fundamento de una autonomía personal, comunitaria y nacional realmente funcional, la persona o grupo que ejerce su autonomía con conciencia busca siempre la unidad de la teoría y la acción, en ese sentido, una responsabilidad total con la situación. Una autonomía autoconsciente se desmarca por sí sola de cualquier infamia o falsedad, y es por esa facultad de la acción autónoma que podemos distinguir entre la gente que actuamos en función de un genuino impulso transformador, y la gente que nos es mandada por el Estado para provocarnos. Porque aquel que está ahí por ordenes exteriores, no será capaz de defender con su palabra y su presencia los intereses que hoy nos convocan.

 

Así que las etiquetas tan socorridas de vándalos, provocadores e infiltrados con los que fácilmente se hace tabla raza de las personas involucradas en este hecho, deben ser puestas con nombre y apellido, o sólo contribuirán al sospechosismo, a la falta de confianza y a la desintegración del cuerpo que hoy defiende su integridad arriesgando su propia vida y su propia libertad. Es muy fácil señalar desde la comodidad del no lugar, de la no situación. Desde ahí, claro que todos podemos ser muy objetivos y analizar con detenimiento las formas más adecuadas de acción directa, pero hace falta estar ahí y estar harto de vivir aterrorizado por tu gobierno, para tomar parte en una acción de ese tipo, hace falta valor para coordinarse en el momento con otros para defenderse de la embestida de los amables granaderos, aún cuando corras el riesgo de que los mismos que dicen estar a favor de tu causa, se desgarren las vestiduras por tu decisión, y pasen más tiempo discutiendo y polemizando sobre lo inapropiado de tu accionar, que planificando una organización tal que nos permita generar acciones que tomen en cuenta los intereses de todas las partes involucradas en la circunstancia actual del país, para el deslinde de responsabilidades y para la construcción de un nuevo escenario, donde la paz sea real y no esta normalidad inconsciente a la que aspiran los que se perciben a sí mismos como intocables.

 

Ante la torpe reacción del Estado frente a este hecho y todos los que han venido sucediéndose para colocarnos en esta triste y desolada realidad nacional, es nuestro deber declarar nuestra solidaridad con toda acción que tenga en su espíritu la liberación de este pueblo, de estas multitudes nuestras, que desean avanzar unidas en la búsqueda de nuestrxs desaparecidxs y en la reparación del daño que esta violencia de Estado está provocando en todos los niveles de nuestra vida social.

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Narcopolítica: &quot;Ya no se puede diferenciar quién trabaja para quién&quot;

La periodista mexicana Marcela Turati lleva varios años reportando los efectos de la narcoviolencia en México, esa guerra interna que en la última década ya lleva 100 mil muertos y más de 27 mil desaparecidos. Desde uno de los cortes de carretera en el estado de Guerrero este miércoles, habló con Brecha.


Turati piensa que el caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala significa un "punto de quiebre", porque ha dejado en evidencia como nunca antes "el rostro más descarnado de la narcopolítica". Pero lo más importante, dice, es que se le hizo una grieta a la impunidad y ahora el gobierno tendrá que enfrentar, bajo la lupa internacional, las denuncias de otras desapariciones "la efervescencia de otros papás, que ahora rompieron el silencio y salen a denunciar que a sus hijos nunca nadie los buscó".


—El caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala ha despertado la indignación en un México acostumbrado a la violencia extrema. Hubo manifestaciones en 29 ciudades, marchas de decenas de miles de personas, protestas internacionales... ¿Qué tiene este caso de diferente al resto de las matanzas y desapariciones que se han denunciado en estos años?
—Llevamos desde el año 2006 viendo cómo se deteriora el país y cómo se vuelve más violento. Ya era violento en algunas zonas, pero se generaliza la violencia a partir de la declaratoria de "guerra contra las drogas" del ex presidente Felipe Calderón, que ha tenido un costo humano muy alto. Se calculan 100 mil personas asesinadas y más de 27 mil desa­parecidas. Ya habíamos visto hechos que nos habían impactado. En 2010 la masacre de unos estudiantes en Ciudad Juárez a manos de unos sicarios que los confundieron, luego la de los 72 migrantes de Tamaulipas; en 2011 en la misma zona se encontraron fosas con casi 200 cadáveres. El hallazgo de fosas comunes ha sido constante y es algo que incluso perdió notoriedad en la prensa, porque se normalizó. Pero en este caso sentimos que ha habido un punto de quiebre. Por muchas razones. El gobierno siempre dice: "Son narcotraficantes, se matan entre ellos". Pero estos son estudiantes, son 43, es muy alto el número de víctimas. Hubo además otros tres asesinados. Iguala es de los lugares más pobres del país. Estudiaban en escuela normal rural de Guerrero. Estas escuelas defienden la educación pública contra las privatizaciones, son de ascendencia más socialista y sus alumnos son siempre los que están en las manifestaciones oponiéndose a las políticas privatizadoras. Fue a la vista de todos: los policías municipales los detienen, los torturan y se los entregan a los narcotraficantes. Había periodistas presentes. Fueron cuatro horas de balacera donde murieron seis personas, tres de ellos estudiantes. Al otro día apareció otro estudiante del grupo desollado y tirado en la calle. Estamos viendo el rostro más descarnado de la narcopolítica, vemos por primera vez en directo lo que ya sabíamos: hay muchas autoridades que trabajan al lado del narcotráfico o para el narco, o son lo mismo. Ya no se puede diferenciar quién trabaja para quién y quién infiltró a quién. En este caso la orden la dio un presidente municipal, del partido de izquierda. Y lo vimos casi en vivo.


Agrava lo que veníamos viviendo en el país, una fuerte crisis de los derechos humanos, sobre todo con las desapariciones de personas. Se ha intentado mostrar al mundo un México moderno y ocultar bajo el tapete a las víctimas. Con este caso, que es una desaparición forzada (porque actuaron funcionarios públicos y es masiva), se destapó el tema de las desapariciones. Ya lo sabíamos, pero ahora lo vimos casi en vivo.


—En esa lógica de la narcopolítica ¿qué interés puede tener el narco en asesinar o hacer desaparecer estudiantes que se manifiestan en una protesta? El trasfondo parece netamente político, ¿cómo se articulan?
—Muchas veces los narcotraficantes se alquilan, están al servicio del gobierno, de civiles o de empresas. Se alquilan para lo que se los necesite. Muchas veces están en la nómina de la policía, o por lo menos pueden usar sus uniformes y tienen permitido todo.


—¿Se podría decir que es el brazo criminal de la política?
—Sí, por un lado, y por otro intervienen de distinta manera en las campañas políticas. Llega un grupo de narcotraficantes y pone su candidato, porque los partidos están tan corrompidos que ofrecen las candidaturas a quien pueda pagarles la campaña. Otras veces pagan la campaña y piden a cambio el manejo de las policías municipales. O nomás llegan a algún municipio y les dicen que los van a dejar trabajar si les dejan controlar a la policía. En este caso quedaron claras muchas cosas. El presidente municipal tenía vínculos con esta pareja vinculada al narcotráfico, la señora tiene tres hermanos narcotraficantes. Dos de ellos fueron asesinados y uno de ellos era el jefe del cártel de Guerreros Unidos. Ella tenía contactos estrechísimos con ese cártel.


—Y esa práctica sucede también en otros estados...
—En algunas partes a los policías no les dicen policías, les dicen "polizetas": porque están al servicio del cártel de Los Zetas. Estamos tratando de entender quién corrompe a quién. Ya no nos cabe que los pobres políticos sean víctimas de estos grupos. Más bien está pareciendo que los políticos son los que mandan y protegen. Vemos indicios cada vez más frecuentes de eso.


—¿Qué papel jugó el gobernador (renunciante) de Guerrero, Aguirre Rivero, del Prd, un partido de izquierda llamado a ser la alternativa al Pri?
—Era amigo y cómplice de esta pareja. Los dejó escapar y tenían negocios entre ellos.


—Los padres de las víctimas no creen en las versiones oficiales, de hecho este miércoles el grupo argentino de forenses que estudiaba los restos hallados en una fosa común descartó que fueran de los estudiantes desaparecidos. Muchos manifestantes aseguran que "fue el Estado" el responsable.
—El gobierno mexicano exhibe su incapacidad de responder. Se están sumando día a día exigencias de organismos internaciones pidiéndole que resuelva este conflicto. Las marchas en las calles no ceden, en todo México. Hay mucho enojo también por cómo se ha manejado este caso. No es nomás que no hicieron nada. Es el manejo político que se le ha dado, hubo declaraciones muy irresponsables, se ven algunas perversiones. Un día declaran que hay una fosa y que podrían ser, un día dicen que la fosa no tenía cuerpos y luego que sí, un día avisan a los medios que los quemaron... y los papás están pasando por emociones muy fuertes.


—¿Y qué está pasando hoy en Guerrero? ¿Estás ahí en este momento?
—Sí, estoy aquí en Guerrero. Hay unos 20 municipios ocupados por pobladores, apoyados por maestros y policías comunitarios. No hay ayuntamientos funcionando hasta que no aparezcan los jóvenes. Hay tomas de rutas, quemas de oficinas del gobierno y de sedes de partidos políticos. Recién venimos de una toma de casetas (peajes), que dejan pasar a los automovilistas gratis, la Autopista del Sol –la que conecta México con Acapulco– está cortada, hay manifestaciones en el aeropuerto internacional... Está muy movido..., y esto seguirá subiendo de tono. Los enfrentamientos son cada vez más constantes y violentos.


—Quedó en evidencia que existe una fuerte crisis institucional, ¿hasta dónde está en juego el cargo del presidente Peña Nieto?
—Creo que estamos lejos de eso, aunque todo puede pasar. Son 45 días y las manifestaciones no bajan. Todos esperamos que se detenga esta violencia. Se está manifestando gente de todas las clases, gente que no es la que sale siempre a manifestar, ha salido gente distinta que se siente muy indignada o que está descubriendo la violencia, que ya es inocultable. Ya lo sabíamos, pero ahora fue evidente. Llevamos años diciendo: "esto pasa, esto pasa". Era muy efectiva la campaña de simulación del gobierno, de decir que aquí no pasaba nada. Pero ahora se destapó. Human Rights Watch declaró que México había tenido un retroceso de 30 años, que desde hace 30 años no se tenía una noticia como esta en Latinoamérica. El Pri es experto en simulación, vendiendo una imagen de que en México ya no había violencia, que estaba todo bajo control, que se trataba de casos aislados. Ahora eso cayó.


—Hace 30 años en Latinoamérica se daban este tipo de episodios, pero eran prácticas de las dictaduras, que pasaban por arriba de todas las garantías institucionales, pero el mexicano es un gobierno formalmente democrático.
—Eso es lo que decimos, esto no es una dictadura, pero esto pasa en la democracia mexicana, en el país moderno, y se trató de ocultar. Y un hecho importante que está sucediendo ahora es que luego de la desaparición de los estudiantes, muchos papás, que también tienen hijos desaparecidos, han salido por primera vez a las calles. Ayer mismo, gente que no se había atrevido a decir que era víctima de desaparición, rompió el silencio. Hubo una reunión de 70 familiares que llegaron a una iglesia a denunciar que ellos también son víctimas. En todo el país está la efervescencia de los familiares que salen a denunciar y dicen que a sus hijos nunca nadie los buscó. Y a pesar de que el gobierno ahora dice que tiene toda la fuerza del Estado buscando a los normalistas, es ridículo. Porque si esta es toda la fuerza del Estado ¿entonces qué Estado tenemos? Con toda la presión que hay ahora y con la lupa internacional encima, igual no han podido dar resultados. Es que nunca les importó el tema de las desapariciones de personas, llevamos años denunciándolas, cada vez más masivas y más frecuentes. Eran horrorosas las investigaciones, descubrir cómo las queman, cómo las torturan, cómo las echan en ácido... y cómo políticos, policías y militares están metidos en eso. Ahora se abrió esa grieta y quedó todo en evidencia.

 



Guerra sucia en Guerrero


"Guerrero es el Estado más afectado por las desapariciones de la guerra sucia de los setenta. Aquí es una zona guerrillera, aquí surgieron varias guerrillas (algunas todavía activas), es una zona movida popularmente, es la zona más pobre del país, con mucha movida social y manifestaciones. En los setenta nunca se investigaron las desapariciones, siempre hubo impunidad. Entonces cada vez que escarban buscando a estos estudiantes, hallan restos de otros años. Hay quien dice que ya no se quiere seguir buscando porque quién sabe todo lo que va a salir. Es un territorio muy golpeado desde los setenta por las desapariciones. No es casual que sea aquí, en esta zona tan dolida, que hayan desaparecido a los 43 estudiantes."

Ficha


En sus crónicas y en su libro Fuego cruzado, Turati ha narrado la historia de las víctimas del narcotráfico en México. Buscando dar voz a aquellos que no tienen poder y acceso a los medios, ha sido colaboradora de periódicos y revistas de Perú, Chile, Colombia, Argentina, Uruguay, Ecuador y Estados Unidos. Ha sido premiada por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos y por la Fundación Nieman, de la Universidad de Harvard; este año recibió el Reconocimiento a la Excelencia Periodística que otorga la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo (Fnpi).


En 2007, junto a otros periodistas mexicanos, Turati creó la organización Periodistas de a Pie, grupo que se encarga de capacitar a profesionales mexicanos de la información en técnicas de seguridad digital y física, así como de darles herramientas de periodismo investigativo para cubrir temas de violencia.

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Viernes, 14 Noviembre 2014 07:10

Los que sobran y la nueva insurgencia popular

Los que sobran y la nueva insurgencia popular

Para mejor controlar a la sociedad civil, el Estado mexicano asume dos formas: pública y clandestina. La segunda es la que emerge con toda su crudeza en la masacre de Ayotzinapa, e incorpora formas no convencionales de dominación. El terror de Estado paraliza a través del crimen. El procurador general de esa república intentó disparar la "solución final" de carácter legal, sin éxito por la tremenda deslegitimación que sufren las instituciones.

Arde Guerrero. Cada día la lumbre devora edificios públicos, sedes partidarias y automóviles. Se multiplican las manifestaciones y los cortes de carreteras. El 10 de noviembre el aeropuerto de Acapulco fue bloqueado durante cuatro horas. Dos días antes, la ira, la rabia, el coraje social habían llegado a las propias puertas del Palacio Nacional, en la ciudad de México, y ardió la puerta Mariana, que data del siglo XIX. Todo México hierve. En una multitudinaria marcha en el Distrito Federal un grupo de jóvenes pintó en la explanada del Zócalo una consigna con letras blancas: "Fue el Estado". Desde un edificio alguien le tomó una foto. Circuló masivamente, causó gran impacto y la frase se volvió viral en las redes sociales. El hashtag #FueElEstado ha sido multiplicado miles de veces en Facebook, Twitter e Instagram y se convirtió en un lema unificador.
La insurgencia ciudadana va en ascenso. En su epicentro, Guerrero, la revuelta popular agrupa a los normalistas de Ayot­zinapa, policías comunitarios, maestros de la disidencia magisterial y organizaciones campesinas y urbanas. Y a un nuevo actor: los padres y las madres de los 43 estudiantes detenidos-desaparecidos, los lesionados y los tres ejecutados de manera sumaria extrajudicialmente.
El pantano de Iguala ha sumido en una profunda crisis al Estado mexicano. El 7 de noviembre, la víspera del viaje del presidente Enrique Peña Nieto a China para participar en el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, el informe del procurador general de la república, Jesús Murillo Karam, confirmando el peor de los escenarios (que los muchachos normalistas están muertos), enardeció más los ánimos. Los padres de las víctimas calificaron como farsa y un montaje la declaración del procurador; como un intento por querer darle "carpetazo" al caso. No obstante, por acción u omisión, la responsabilidad del Ejecutivo federal es ineludible.
UN ESTADO CON DOBLE FAZ. Según el Programa para la Seguridad Nacional 2014-2018, publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 30 de abril, las fuerzas armadas, por sus características –"entrenamiento, disciplina, inteligencia, logística, espíritu de cuerpo, movilidad y capacidad de respuesta y de fuego"−, son el estamento "necesario" e "indispensable" para reducir la violencia y garantizar la paz social en México. Desde las 21 horas del 26 de setiembre el Gabinete de Seguridad Nacional recibió reportes y comunicaciones sobre qué estaba ocurriendo en Iguala. La detención y desaparición de los 43 normalistas ocurrió con el conocimiento, en tiempo real, de agentes de la Procuraduría General de la República y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen, la policía secreta de la Secretaría de Gobernación), y de los mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional. No se puede argüir fallas de inteligencia; tampoco dudar de la movilidad y capacidad de respuesta del Batallón de Infantería número 27, bastión de la contrainsurgencia acantonado en esa ciudad desde los años setenta. Y es previsible que alguien haya informado al responsable de la cadena de mando y comandante supremo, el presidente de la república.
Al comenzar su mandato en diciembre de 2012 Peña Nieto cambió la narrativa sobre la violencia, pero no la esencia represiva del Estado y su gobierno. Huelga decir que la figura de la desaparición forzada, como instrumento y modalidad represiva del poder instituido, no es un exceso de grupos fuera de control sino una tecnología represiva adoptada racional y centralizadamente, que entre otras funciones persigue la diseminación del terror. El Estado terrorista encarna una filosofía que aparece cuando la normatividad pública autoimpuesta por los que mandan es incapaz de defender el orden social capitalista y contrarrestar con eficacia necesaria la contestación de los de abajo. Por ende, debe incorporarse una actividad permanente y paralela del Estado mediante una doble faz de actuación de sus aparatos coercitivos: una pública y sometida a las leyes (que en México tampoco se cumple) y otra clandestina, al margen de toda legalidad formal.
Es un modelo de Estado público y clandestino. Como un Jano bifronte. Con un doble campo de actuación, que adquiere modos clandestinos estructurales e incorpora formas no convencionales (o irregulares) de lucha. Un instrumento clave del Estado clandestino es el terror como método. El crimen y el terror. Se trata de una concepción arbitraria pero no absurda. Responde a una necesidad imperiosa del imperialismo y de las clases dominantes. Aparece cuando el control discrecional de la coerción y de la subordinación de la sociedad civil ya no resulta eficaz, y el sistema necesita una reconversión. No tiene que ver con "fuerzas oscuras" enquistadas en los sótanos del viejo sistema autoritario. Tampoco con "grupos de incontrolados" o "algunas manzanas podridas" dentro del Ejército y la policía.
Tiene que ver, fundamentalmente, con la reconversión del modelo de concentración del capital monopólico y la imposición de políticas de transformación del aparato productivo acordes con la nueva división internacional del trabajo. Y con la imposición del paquete de contrarreformas neoliberales, que incluye la apropiación de la tierra por grandes latifundistas y corporaciones trasnacionales que profundizarán el saqueo de los recursos geoestratégicos de la nación.
Pero el terror del Estado es también una respuesta al ascenso de las luchas políticas y reivindicativas de las masas populares; a la protesta de los de abajo, como la de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, que agrupa a los jóvenes de las escuelas normales rurales. Frente a la resistencia y la contestación, los amos del país necesitan una adecuación del Estado represivo. Entonces aparece el terror como fuerza disuasoria; la otra faz del Estado, la clandestina, la que recurre a fuerzas paramilitares, a los escuadrones de la muerte, a los grupos de limpieza social y los sicarios, a la guerra sucia. A los fantasmas sin rostro que ejecutan operaciones encubiertas de los servicios de inteligencia del Estado, que gozan de una irrestricta impunidad fáctica y jurídica. Aparece la otra cara de un Estado que construye su poder militarizando la sociedad y desarticulándola mediante el miedo y el horror. De manera selectiva o masiva, según las circunstancias. Pero siempre con efectos expansivos; haciéndole sentir al conjunto social que ese terror puede alcanzarlo.
Iguala exhibe la cara oculta de un Estado que hace un uso sistemático, calculado y racional de la violencia, de acuerdo con una concepción y una ideología que se enseñan en las academias militares. Que forman parte de una doctrina de contrainsurgencia.
LA SOLUCIÓN FINAL. Durante el sexenio de Felipe Calderón la narrativa gubernamental fue que la violencia no afectaba de manera negativa a la economía del país. Los dos primeros años de Peña Nieto estuvieron dedicados a gestionar las contrarreformas estructurales, y su imagen de "reformador" y "estadista" creció en el exterior. La revista Time le dedicó una portada con el título "Saving México" (Salvador de México), que ahora, ante el incendio de edificios públicos y vehículos, resulta patética.
Ante los hechos de Iguala la revista británica The Economist dijo en una reciente edición que "México está lejos de ser un país de leyes". The Wa­shington Post describió la sierra de Iguala como un "basurero humano". El diario concluyó que eso "ha destrozado la campaña de relaciones públicas" de Peña Nieto, al desviar la atención internacional hacia los fracasos en materia de seguridad. Y sentenció: "Se ha pasado del Mexican moment al Mexican murder".

Foto: AFP, Pedro Pardo
En la coyuntura, la envoltura fabricada durante los últimos años se desvaneció y emergió la verdadera consistencia de Peña Nieto. Entre contradicciones y lagunas, y bajo la presión internacional, sus hombres de confianza tuvieron que salir a hacer un de­sesperado "control de daños" centrado en refutar que se trató de un crimen de Estado. El 7 de noviembre asistimos a la puesta en escena de la "verdad oficial" sobre los crímenes de lesa humanidad de Iguala.
Mezcla de ficción y realidad, la representación mediática de Jesús Murillo Karam fue concebida por los estrategas del marketing político de Enrique Peña como una preparación para la "solución final" del régimen a la detención-desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa. En su papel de hechicero mayor de la aldea, Murillo anunció que los muchachos habían sido quemados y sus restos óseos triturados, lo que hará muy "difícil" la extracción de Adn para la identificación genética. Ergo, nunca aparecerá el cuerpo del delito de los 43 homicidios y se consumará la "segunda desaparición" de los desaparecidos, prolongando de manera indefinida la "tortura" (como la llamó Felipe de la Cruz) a los familiares, a quienes no se les permitirá hacer el trabajo de duelo.
Pensada para el consumo de masas, la novelesca actuación del procurador –con sus dislates histriónicos y el carpetazo del caso incluidos– remite al "Decreto noche y niebla" (Nacht-und-Nebel-Erlass) del Führer Adolfo Hitler, del 12 de diciembre de 1941, reconocido como el primer documento de Estado con órdenes para detener-desaparecer personas de manera furtiva o secreta, bajo el cobijo u ocultamiento de la oscuridad y la niebla. El decreto fue complementado por otros del mariscal Wilhelm Keitel, que especificaban cómo debían hacer desaparecer a personas sospechosas de resistir la ocupación nazi en Europa: sin dejar rastro de su paradero, ninguna pista, ningún atisbo de esperanza y "sin proporcionar información alguna" a sus parientes. El cadáver debía ser inhumado en el sitio de muerte y el lugar no sería dado a conocer. El objetivo, instruyó Keitel, era generar "un efecto aterrorizante" (abschreckende Wirkung) eficaz y perdurable sobre los familiares y la población, que debería permanecer con la "incertidumbre" sobre el destino de los detenidos.
En esos decretos que los ideólogos nazis preconizaban como "innovación básica en la organización de Estado", el propósito era "paralizar" a la población a través del "terror". Los desaparecidos eran un medio; el objetivo principal era desarticular cualquier forma de resistencia y mantener a la población en una incertidumbre duradera. Un esquema que parece repetirse en México a través de la simulación e instrumentalización de la búsqueda de los 43 desaparecidos, con el objetivo encubierto –pero hasta ahora no logrado– de aniquilar psíquicamente a los familiares y compañeros de las víctimas y a la población en general, e inhibir cualquier oposición o resistencia a la colonización, ocupación y despojo del territorio que habitan.
La finalidad del Estado terrorista es el disciplinamiento del cuerpo social. Ese "ocultar mostrando", perverso y deliberado (que no logra hacer desaparecer el negacionismo oficial), obedece a una técnica de sometimiento y dominación social. Como indican muchos análisis sobre prácticas de violencias extremas, hay un proceso previo de clasificación y simbolización que impregna a la sociedad y la divide en "ellos" y "nosotros". Es un proceso previo de deshumanización del "otro" a exterminar; de deshumanización y polarización extremas. Es necesario llevar al máximo las tensiones sociales para crear la sensación de que ningún proceso de diálogo es posible y lo único que cabe es una solución final que resuelva la cuestión. Porque al exterminio se llega. Se llega de manera premeditada a través de un proceso minuciosamente preparado, muchas veces por años. Y en eso los medios de difusión masiva tienen una función específica en la demonización y estigmatización del "grupo objetivo". En la fabricación de una víctima que, según la ideología de la criminalización del disenso (Vattimo), es clasificada como una "amenaza" social.
Reproductores y amplificadores de la violencia simbólica (Bourdieu) y todo un sistema de mentiras clasista y racista, los medios son usados para acelerar el proceso de deshumanización y des-individualización del otro, considerado enemigo; para la manipulación de la información y la simbolización de la violencia asimétrica –invisible, implícita o subterránea– del poder y la organización del exterminio. Y luego, para la negación. En general, y más allá del outsourcing o subrogación de la violencia oficial en boga con fines exculpatorios, los responsables de las desapariciones forzadas son los aparatos estatales. Es el mismo Estado, que lo puede hacer de modo directo o indirecto, como ocurrió en Iguala y antes en Oaxaca, Acteal, Aguas Blancas, Tlatelolco y un largo etcétera.
EL TERROR DE ESTADO Y LOS MATABLES. Los estudiantes de Ayotzinapa fueron baleados por agentes del Estado y luego entregados a personal tercerizado. A Julio César Mondragón lo detuvieron, lo torturaron y ejecutaron. Lo desollaron y vaciaron las cuencas de sus ojos. El cuerpo no fue ocultado sino expuesto, abandonado en una calle de Iguala. La técnica utilizada se planificó y ejecutó para ser vista. Los torturadores quisieron enviar un mensaje, un mensaje de terror.
En México se libra una guerra contra los que sobran, los jóvenes. Agamben los llamó "matables" (uccidibiles), como se dice en Colombia. El pretexto es la lucha contra las drogas. Su destino: la fosa común, clandestina, sin nombre. Los jóvenes sobran, el sistema del Estado los descarta. Vivimos la sociedad del descarte guiada por su razón cartesiana: descartar lo que sobra. Artaud señaló que Hitler haría lo que hoy hacen los cárteles tercerizados del Estado: el capitalismo produce sobras y ellos los eliminan por su goce herético. No se soporta el estilo de vida de los jóvenes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa y se los elimina con la anuencia de la clase política, sus partidos e intelectuales orgánicos.
Viene luego la etapa de la negación, de la mentira y las manipulaciones. Negacionismo como expresión de un mundo turbio donde lo verdadero y lo falso se confunden, donde el sentido de las palabras se transforma o se invierte. En el caso de Iguala, la esquizoide negación gubernamental ha estado dirigida desde un principio a intentar eludir toda responsabilidad en lo que ha sido calificado como un crimen de Estado. De allí que en la fabricación de la solución final del caso Iguala-Ayotzinapa la única hipótesis en las investigaciones haya estado dirigida a fortalecer la unión "crimen organizado-fosas comunes", complementada con otro mecanismo perverso, luego desechado: la inversión de la acusación. Esto es, las pretendidas víctimas (los normalistas asesinados, lesionados y desaparecidos) eran "culpables", ya que en el expediente se los quería presentar como "parte" o "auxiliares" de un grupo criminal. Esa inversión de la acusación es el argumento más cínico de la negación.
México configura hoy un Estado macabro, donde la imbricación de violencia, corporaciones que devastan y despojan, y grupos de la economía criminal, empuja para que nada se aclare, para que todo se sumerja en un no lugar y en un no tiempo coludidos contra la esperanza de la gente. El Estado y sus instituciones se han convertido en baluarte del crimen, la decadencia y el espanto, donde lo bárbaro y sus atrocidades reinan. Dice el poeta Javier Sicilia que México se parece cada vez más a un rastro, a una inmensa fosa clandestina, a un campo de concentración al aire libre.
En ese contexto, debemos recordar que un Estado perpetrador de crímenes contra la humanidad rechaza siempre reconocer su evidencia. Desvanece datos, fabrica testimonios, disimula hechos a la justicia y sustrae criminales a una sanción; por eso es un delito. Además, el negacionismo es un acto deliberado de destrucción de la memoria y una ofensa a las víctimas, a los sobrevivientes y sus familias. Enfrentar la realidad implica aceptarla en toda su crudeza, y con Georges Bernanos podríamos decir que la verdadera esperanza comienza cuando hemos aprendido a desesperar de todo.

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Martes, 11 Noviembre 2014 06:17

Las movilizaciones por todo México no cejan

Las movilizaciones por todo México no cejan

Mientras el presidente Enrique Peña Nieto inicia una gira por China y Australia, la indignación en México no encuentra reposo. Nada alcanza para restañar a una sociedad herida: ni el arresto del ex alcalde de Iguala, a quien se le imputa la autoría intelectual de la desaparición forzada y, aparentemente, el asesinato de un total de 46 estudiantes normalistas de Ayotzinapa; ni la caída del gobernador del estado, Angel Aguirre Rivero, sustituido por un académico que fue secretario general de la Universidad Autónoma de Guerrero; ni mucho menos el anuncio del hallazgo de restos incinerados que podrían corresponder a los 43 estudiantes desaparecidos.


Las movilizaciones por todo el país no cejan. A media tarde de ayer, normalistas y familiares de los 43 estudiantes desaparecidos bloquearon durante poco más de tres horas los accesos al aeropuerto internacional de Acapulco, en una toma simbólica que se tradujo en la cancelación y demora de una docena de vuelos. Por la mañana, 16 policías estatales resultaron heridos en un enfrentamiento con normalistas y maestros disidentes, a quienes se pretendía contener para que no llegaran al aeropuerto. Unos 500 elementos de la Policía Federal formaron un muro que abrieron después cuando se negociaron los términos de la protesta. La condición fue no ingresar al aeropuerto, aunque se permitió cerrar entradas y salidas.


Durante este lapso, maestros, normalistas y padres de los 43 estudiantes desaparecidos, y otros tres asesinados el 26 de septiembre, realizaron un mitin en el estacionamiento del aeropuerto internacional de Acapulco, uno de los principales centros turísticos del país que hace más de medio siglo era punto de encuentro de celebridades de todo el mundo. El turismo extranjero se ha desplomado en Acapulco en todo lo que va de este siglo: el número de viajeros a sus playas cayó 88 por ciento entre 2000 y 2013, y la tendencia se mantiene casi mes y medio después de la desaparición de 43 normalistas y una alerta de viajes emitida por Estados Unidos para que se evite esta ciudad.


El enfrentamiento de la mañana de ayer con la policía estatal en la avenida principal de Acapulco dejó también heridos a varios manifestantes, aunque hasta el cierre de esta edición no se pudo precisar cuántos.


En medio de esta crisis política, lo que empieza a ser una constante son los actos de provocación alrededor de las manifestaciones pacíficas, particularmente en la capital del país. Alguien juega con fuego en México. Las tres últimas movilizaciones –en las que en total han participado cerca de 250 mil personas, la mayoría estudiantes de los principales centros de educación superior del país– han sufrido embates de personas ajenas que han provocado disturbios. Primero, incendiando camiones del sistema Metrobús, en las inmediaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, y la última con el incendio de la puerta principal de Palacio Nacional, en el zócalo de la capital del país, mientras que casi al mismo tiempo otros hacían lo mismo con el acceso al Palacio de Gobierno de Guerrero, en Chilpancingo. En todos los casos ha habido detenciones arbitrarias por parte de la policía, incluyendo a menores de edad.

Tras el fuego en el portal de Palacio Nacional, provocado con bombas molotov, Peña Nieto aprovechó una escala en Alaska para condenar esos "actos de violencia" y alegar que la sociedad mexicana "dice no a la violencia; decimos sí a la justicia, al orden, a la armonía, a la tranquilidad; decimos sí a la aplicación de la justicia ante estos hechos atroces y abominables". De paso, justificó el viaje internacional en el que se encuentra ahora mismo, pese al clamor porque permaneciera en el país atendiendo la grave crisis de derechos humanos que se ha transformado ya en una severa crisis política que el propio Peña Nieto no ha sabido encarar, según algunos analistas, incluso simpatizantes del régimen priísta, pero que a estas alturas empiezan a ver con preocupación la falta de recursos políticos del presidente.

De hecho, la revelación de la PGR sobre el asesinato masivo en el basurero municipal de Cocula, a menos de 20 kilómetros al sudoeste de Iguala, donde los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa fueron víctimas de desaparición forzada, se hizo en vísperas del viaje de Peña Nieto a China, para participar en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y una rápida visita a Australia para participar en la cumbre del Grupo de los Veinte (G-20), como para despresurizar la creciente atención internacional en la crisis de derechos humanos que azota a México.

Lejos de eso, la indignación aumentó con un viaje que simboliza la falta de sensibilidad y capacidad política para enfrentar la crisis. Un botón de muestra son las expresiones espontáneas del público y artistas en conciertos, obras de teatro y exposiciones. Uno de los grupos más activos ha sido Café Tacvba, cuyo vocalista, Rubén Albarrán, incluso ha participado como orador en uno de los primeros mitines que cobijaron a los padres de los 43 normalistas desaparecidos. El sábado pasado, León Larregui, vocalista del grupo Zoe, estalló ante 40 mil espectadores en el Foro Sol: "¿Qué más tenemos que aguantar para decir basta? El país está secuestrado por una pandilla de neandertales, ladrones y asesinos. ¿En qué país quieres vivir tú: en el que el simple hecho de exigir tu derecho a una vida digna y justa signifique que te van a desaparecer y a matar? ¿Qué chingada madre es eso?", dijo el cantante, entre aplausos y gritos de repudio a Peña Nieto. El vocalista de Zoe fue detenido al finalizar el concierto, según reportó él mismo en su cuenta de Twitter. Mientras, a menos de siete kilómetros de ahí, ardía el portal de Palacio Nacional.

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