Viernes, 15 Febrero 2019 06:48

La lección de los pueblos indígenas

La lección de los pueblos indígenas

Tauli-Corpuz es líder de la comunidad Kankanaey Igorot de Filipinas y trabaja para la ONU. Afirma que en México, Colombia y Brasil es donde más se criminaliza a los pueblos originarios, y que éstos están en armonía con el ecosistema.

 

 

Desde Roma. El cuarto Foro Mundial de los Pueblos Indígenas organizado por el FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola), institución de Naciones Unidas que ayuda a pequeños agricultores e indígenas de todo el mundo, concluyó esta semana en Roma con un llamamiento a los gobiernos para que reconozcan la contribución de los pueblos indígenas en la lucha por reducir el impacto del cambio climático y estimular el desarrollo sostenible.


“El asociarse con los pueblos indígenas es parte del ADN del FIDA y ha sido fortalecido a lo largo de estos años”, dijo el presidente de la institución, Gilbert F. Houngbo. “Ustedes tienen mucho por enseñarnos sobre todo cómo respetar, proteger y conservar los recursos naturales”, agregó. Durante el encuentro se habló, entre otros temas, sobre cómo promover la difusión de los conocimientos indígenas sobre la naturaleza, en especial de las mujeres, y cómo estrechar lazos entre el FIDA y los pueblos indígenas a nivel nacional y regional.


En una ceremonia en la FAO (Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación) que se hizo ayer en Roma y de la que participaron los asistentes al Foro, Francisco dijo unas palabras tras encontrarse con los delegados de los pueblos originarios. “Los pueblos indígenas son un grito viviente a favor de la esperanza que recuerdan que los seres humanos tenemos una responsabilidad compartida en el cuidado del medioambiente”, sostuvo el Papa. Además, les agradeció su lucha por afirmar que la tierra no sirve solo para “explotarla sin miramiento alguno” y que tiene que ser defendida “por encima de intereses exclusivamente económicos y financieros”.


Además de los representantes de los distintos países miembros del FIDA, en el Foro participaron 38 indígenas de 30 países, varios de ellos latinoamericanos pero ninguno argentino.
En el grupo se destacaba la filipina Victoria Tauli-Corpuz, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas desde 2014. Tauli-Corpuz es una indígena y líder de la comunidad Kankanaey Igorot de la Región Cordillera de Filipinas y ha trabajado en pos de la defensa de los derechos indígenas desde 1970. PáginaI12 conversó con Tauli-Corpuz, quien fue presidenta del Foro Permanente de Naciones Unidas sobre Asuntos Indígenas que se hizo entre 2005 y 2010 y trabajó en la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas que la ONU adoptó en 2007.


–¿Cuál es la situación de los indígenas en el mundo hoy?


–Buena parte de los recursos naturales del mundo hoy son encontrados en territorios indígenas porque ellos protegen esos territorios. Y ahora, las grandes corporaciones invaden esos territorios y los indígenas son criminalizados si tratan de resistir.


–¿El gran problema son los gobiernos que no entienden a los pueblos indígenas y/o quieren quedarse con sus tierras?


–Sí, creo que la mayoría de los gobiernos siguen creyendo en la ideología de la extracción de los recursos naturales para el desarrollo. Ellos no piensan en el uso sostenible de esos recursos. Ellos quieren extraer y vender. Esta es la forma que principalmente usan los gobiernos respecto a los recursos naturales en general y a los recursos naturales de los pueblos indígenas. Es una parte importante del problema pero no la única. La otra parte son las grandes corporaciones privadas que actúan en connivencia con los gobiernos, los que a su vez les permiten llegar a las comunidades indígenas y extraer los recursos naturales que quieren.


–¿Cuál es la situación de los pueblos indígenas en Latinoamérica?


–En Latinoamérica hay un altísimo grado de criminalización y de impunidad contra los indígenas. Yo visité Guatemala y México, y lo vi con mis propios ojos. Visité indígenas que están en las cárceles pese a que los cargos de los que se les acusan son falsos. Esto es lo que sucede en Latinoamérica donde tres países tienen el más alto nivel de criminalización e impunidad: México, Colombia y Brasil. El cuarto en el mundo es mi país, Filipinas.


–¿Qué debería hacer la comunidad internacional para ayudar a esta gente?


–La comunidad internacional debería manifestarse de manera enérgica contra estas formas de racismo y discriminación. Deben hablar, denunciar, y así hacer presión sobre los gobiernos para que se respeten las obligaciones a nivel de los derechos humanos.


–¿Qué pueden hacer los pueblos indígenas para hacerse respetar?


–Los pueblos indígenas deben continuar las cosas que ya estan haciendo en cuanto a la protección del ambiente, del ecosistema, en materia de valores culturales, de la solidaridad y el vivir en armonía con la naturaleza. Yo creo que los pueblos indígenas deben enseñar al gran mundo cómo ellos tratan a la naturaleza


–¿Es decir, el mundo y los que tienen el poder, que a menudo creen saber todo, tienen que aprender de los indígenas?


–Sí, eso pienso. Y debemos reforzar sus comunidades porque ellos viven en armonía con la naturaleza. Ellos realizan la paz y la sostenibilidad que todos nosotros buscamos.


Testimonio de mujeres indígenas de la región

Invasión y violencia

Por Elena Llorente

No importa si viven en Paraguay, en Brasil, en Colombia, en México, los pueblos indígenas de todo el mundo, y los latinoamericanos en particular, sufren violencias, acusaciones infundadas, la usurpación de sus tierras, el asesinato de sus dirigentes. Y ellos, aunque no siempre obtienen resultados, lo denuncian, como lo hicieron cuatro indígenas entrevistadas por PáginaI12 en Roma en ocasión del cuarto Foro Mundial de los Pueblos Indígenas realizado en el FIDA. Las cuatro entrevistadas coincidieron en un punto: el principal problema de los indígenas latinoamericanos es la usurpación de sus tierras, donde vivieron siempre, pero de las que no poseen títulos de propiedad. Y los gobiernos no los ayudan, no les dan los títulos para que ellos se puedan defender legalmente.


Liz Carolina Orue Cruzabie es una indígena guaraní de Paraguay. Viene del departamento de Boquerón. Tuvo la suerte de poder estudiar y ahora trabaja en un estudio jurídico en Asunción. Pero no se ha olvidado de sus orígenes y colabora con una organización que defiende a las mujeres guaraníes. “Estamos trabajando en una escuela de formación, porque la mayoría de ellas no saben que están siendo quebrantadas, no saben cuándo están siendo violentadas físicamente y no saben que eso está penado por la ley. No hay conciencia. Hay muy pocas mujeres indígenas que estudian y buena parte de ellas viven en comunidades alejadas de todo, tienen poca información. No tienen luz, no tienen agua. En la ciudad es diferente. Los indígenas urbanos son diferentes de los que viven en el monte”.


Rayanne Cristine Maximo Franca (foto) forma parte de la red de jóvenes indígenas de Brasil. En Brasil hay aproximadamente un millón de indigenas que pertenecen a numerosos pueblos y hablan 374 lenguas distintas, contó. Según ella, los indígenas brasileños están viviendo la invasión de sus territorios porque allí hay muchos recursos minerales. “Y los que violan el derecho a nuestra tierra están violando nuestro derecho a la vida”, subrayó. Contó asimismo que las cosas se han complicado últimamente y están tratando con el Ministerio Público Federal “para que el gobierno nos deje exponer nuestras razones”. “Antes había un ente que se ocupaba de la demarcación del territorio, el FUNAI, Fundación Nacional del Indigena, dentro del Ministerio de Justicia. Pero ahora ese órgano, que servía para proteger los derechos de los indígenas, ha pasado a depender del Ministerio de la Agricultura. Y el ministerio de Agricultura de Brasil está más preocupado por las grandes empresas que por nosotros”, explicó.


Clemencia Herrera es una indígena de la amazonía colombiana. “En Colombia somos 102 pueblos indígenas que hablan 68 lenguas. Yo soy de la amazonía, hay 56 pueblos indígenas en la zona que hablan las 68 lenguas y más de 300 dialectos”, contó. “El principal problema de los pueblos indígenas en Colombia es la violencia –añadió– que tiene que ver con actores armados que aparecen en nuestros territorios. Pero también los grandes proyectos de minería. Con los acuerdos de paz que se firmaron (entre el gobierno y las guerrillas), al principio el país se tranquilizó pero ahora nuevamente se levantó la violencia que asesina a los líderes sociales, a los líderes indígenas”. Según Clemencia no se trata de traficantes de droga ni de guerrilla. “El mismo Estado es el que está violentando a toda la sociedad a través de diferentes actores, el mismo ejército, la misma polícía. En los últimos seis meses ha empeorado todo, tenemos el nivel más alto de violencia de los últimos tiempos. Y las comunidades indígenas lo sufren, no sólo por el asesinato de sus líderes sino por el hambre, la desnutrición y la muerte de los niños”, concluyó.


Dali Nolasco Cruz, es una indígena nahua de la Sierra Norte de Puebla, en México. Forma parte de una red de mujeres indígenas de México que ayudan a las mujeres que han sufrido violencias. También forma parte de una empresa de economía social y solidaria, Mopampa, cultivan chiles serranos que transforman en salsas secas. “En México uno de los principales problemas es el acaparamiento de tierras, por empresas multinacionales de extracción. Los gobiernos trabajan para un sistema capitalista que sólo está interesado en los recursos naturales que están en territorios indígenas. El número de defensores indígenas asesinados en México es muy alto. Hay muchísima impunidad sobre este tema”, dijo. Dali al mismo tiempo se manifestó optimista sobre la participación de mujeres en eventos como el Foro: “Ver en los espacios internacionales como éste a más mujeres, me da mucho gusto porque habla de que las mujeres estamos siendo escuchadas y es un paso adelante para asegurar más alianzas y espacios para otras mujeres”.

Publicado enSociedad
Evitando el imperialismo climático: una visión izquierdista de la geoingeniería

Las técnicas de geoingeniería necesitan ser revisadas y examinadas cuidadosamente, pero ya es fácil discernir que algunas de ellas técnicas serán más conducentes a un enfoque izquierdista, mientras que otras probablemente reforzarán las estructuras de poder capitalistas.

Todas las personas están familiarizadas con el caos climático en desarrollo. Los niveles de dióxido de carbono han superado las 410 partes por millón (ppm), la posibilidad de evitar 2°C de calentamiento global es cada vez menor, y un Planeta Tierra Invernadero parece cada vez más probable.

El cambio climático ahora amenaza el proceso de acumulación de capital y el escenario sin introducción de cambios (business-as-usual). La geoingeniería, la manipulación a gran escala de los sistemas de la naturaleza no-humana, ahora es invocada por el IPCC como una solución de emergencia.


En realidad, el calentamiento global es geoingeniería; el capitalismo es geoingeniería —un proyecto a gran escala y de siglos de duración, que ha modificado la naturaleza, ha abierto fracturas metabólicas, y ha alterado la composición de la atmósfera como parte de una guerra de clases, persiguiendo la acumulación de capital y fuentes de naturaleza barata. En su mayor parte ha sido un proceso involuntario —la modificación climática como una externalidad es lo que nos ha traído hasta este precipicio— pero al igual que la geoingeniería intencional, ha afectado a la totalidad de la biósfera.


¿Tiene sentido probar y conducir esta geoingeniería en un intento por enmendar las heridas del capitalismo en la biosfera? En una palabra: sí.


La geoingeniería fácilmente podría perpetuar las estructuras de poder existentes, y exacerbar las injusticias que enfrentamos, pero estas tecnologías no deberían ser rechazadas de plano. Estas “exigen precaución y prudencia”, pero dirigidas hacia objetivos izquierdistas pueden ayudar tanto a mitigar el cambio climático como a crear un orden social, político y económico más justo.


Finalmente quizás no tengamos opción. Una cantidad de aumento de la temperatura está “atrapada” debido a la inercia acumulada, y una “una gran porción del cambio climático es en gran parte irreversible en escala de tiempo humana” a menos que ocurra una eliminación masiva del carbono atmosférico. Algunos modelos del cambio climático futuro plantean que la biodiversidad global sufriría más por el cambio climático que por la geoingeniería. Las emisiones de aerosoles por décadas de actividad industrial han estado enmascarando el “verdadero” calentamiento asociado con las emisiones de gases de efecto invernadero durante algún tiempo. Limpiar esta contaminación de aerosoles (y por lo tanto mejorar la calidad del aire y reducir las muertes asociadas con la contaminación del aire) llevará a un aumento de 1°C de calentamiento global.


La clase capitalista se puede adaptar fácilmente a un mundo más caliente hasta un punto: la riqueza puede comprar búnkeres subterráneos y oasis cerrados; el poder consigue muros fronterizos y robo de tierras. Una atmósfera compartida no significa que estemos juntos en esto.


No involucrarse en alguna forma de geoingeniería es tomar una posición privilegiada y condenar a los más pobres y vulnerables de nosotros a la desesperación y la degradación (0.1 grado Celsius puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para millones de personas). No sorprenderá a nadie el hecho de que la geoingeniería implica riesgos. Modificar el clima o el tiempo metereológico, incluso a pequeña escala como en la siembra de nubes, tironea el tejido de la vida —y no siempre vemos qué hilos tiramos. Pero no toda geoingeniería es igual. Hay grandes diferencias entre reflejar la luz solar de vuelta al espacio y secuestrar dióxido de carbono.


Echemos un vistazo por algunas de las formas más problemáticas de geoingeniería.


La “gestión de la radiación solar” involucra la modificación de la cantidad de energía solar que entra al sistema atmosférico, a través de la inyección de aerosoles en el aire, potenciando el efecto albedo de la superficie de terrestre, o a través de reflectores espaciales. Es mejor comparada con la energía nuclear: requiere centralización y un sistema de gestión tecnocrático.


A pesar de las décadas de investigación, aún no está bien comprendida, y el entendimiento científico de los potenciales impactos “sigue siendo pobre”, según la American Geophysical Union. La idea de reflejar la luz solar lejos de la tierra con espejos espaciales gigantes o la “opción Pinatubo”, reduciendo las temperaturas mundiales mientras que se mantienen los niveles de consumo y emisiones de combustibles fósiles, es una solución atractiva para la clase capitalista. En vez de una transformación económica, promueve un enfoque de solución rápida, dotando a los procesos y entidades tecnológicas con el poder de resolver problemas hasta ahora intratables —un problema que David Harvey ha llamado tecno-fetichismo.
¿Qué impactos podemos esperar en un mundo que utilice la gestión de la radiación solar? Para empezar, no revertiría el daño en la agricultura causado por el cambio climático.

Tampoco evitaría una mayor acidificación de los océanos, ni tendría efecto en los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Lo que sí haría, sería aumentar la frecuencia de los huracanes, y eso provocaría descensos gigantes en las lluvias tropicales, y alteraría los monzones de verano, impactando negativamente en las precipitaciones sobre los cultivos que abastecen a millones de personas, quienes históricamente han tenido poca responsabilidad en provocar el cambio climático.


Los ciclos de temperatura y precipitación de la Tierra están tan fuertemente atados que incluso si el aumento de las temperaturas es revertido, el ciclo del agua no reaccionará de la misma forma: es poco probable que la gestión de la radiación solar vaya a restaurar el clima original del planeta.


También está el problema del “efecto de término”, un efecto de rebote donde las temperaturas mundiales subirán repentinamente si se despliega la gestión de la radiación solar y luego es detenida prematuramente. Esto nos amarraría a un programa de regulación antropogénica de la temperatura, porque sería muy peligroso detenerse —según estimaciones, se podrían inducir aumentos de la temperatura equivalentes a décadas en solo cinco años. Otros investigadores señalan que tal geoingeniería es más robusta de lo que se piensa, y podría ser eliminada lentamente sin desencadenar un efecto rebote en las temperaturas. Esto simplemente destaca las incertidumbres que rodean tales métodos de modificación del clima.


Los desafíos administrativos de un proyecto como ese serían inmensos, y podrían crear fácilmente una burocracia de expertos e ingenieros con una estructura de mando y control. La gestión de la radiación solar arriesga la reproducción de una agenda tecno-científica reminiscente de la Guerra Fría sin garantizar ningún resultado positivo.


¿Existen formas más razonables de geoingeniería?


La “remoción de dióxido de carbono” es la otra ala de la geoingeniería, bajando y secuestrando el carbono desde la atmósfera más que reflejando el sol de vuelta. Sus métodos abarcan desde la reforestación, el biocarbón (almacenar carbono en el suelo), la fertilización del mar con hierro y la captura de aire ambiental, apuntando a enfrentar la fuente de la crisis climática: las emisiones de gases de efecto invernadero.


Mientras que la deforestación es una fuente significativa de emisiones de gases de efecto invernadero (según algunas estimaciones es la segunda fuente de emisiones de dióxido de carbono, detrás de los combustibles fósiles), la forestación y reforestación de zonas de la Tierra es un método obvio para reducir los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Descrita como el método de geoingeniería más eficiente y ambientalmente benigno, puede tener un “impacto significativo” en los niveles de dióxido de carbono atmosférico en el largo plazo.


El “cultivo de carbono” es una técnica de geoingeniería. Esto involucra cambios en las prácticas agrícolas, incluyendo el uso del biocarbón y la agroforestería para potenciar la captura de carbono. Esto, junto con la reforestación puede ayudar incidentalmente además a revertir la desolación de los suelos del mundo, y mitigar la declinante habilidad para capturar carbono de los bosques existentes, además de contribuir a lo que Murray Bookchin llamó la agricultura radical.


Moviéndonos de la tierra al mar, la “fertilización” de florecimientos de fitoplancton con nutrientes de hierro es otro método para disminuir el carbono que evita conflictos por el uso de las tierras, aunque la incertidumbre científica persiste. La captura de carbono como un detritus orgánico que cae hacia la superficie oceánica, puede remover carbono del ciclo de carbono por miles de años, pero a medida que decae el plancton se pueden crear zonas muertas sin oxígeno.


Algunas especies de fitoplancton pueden producir dimetilsulfuro lo que a gran escala podría potenciar la cobertura de nubes y aumentar el efecto albedo de las nubes, pero tal como las otras formas de gestión de la radiación solar, podría afectar negativamente las precipitaciones y los recursos hídricos en Europa y partes de África y el Medio Oriente. Las plantaciones de alga son otro método de bajar el dióxido de carbono y al mismo tiempo evitar la competencia por tierras agrícolas o agua fresca, y pueden ser extremadamente efectivas si se integran con el uso de bioenergía.


Otro método es utilizar lo que la Royal Society llamó “la infraestructura de captura y almacenamiento de carbono”. Esto involucra extraer el dióxido de carbono desde el aire, y usar los gases capturados para la agricultura o para combustibles fósiles sintéticos. Esta captura de carbono llevada a cabo por máquinas podría ser necesaria si se alcanzan los límites biológicos, pero es fácil ver cómo estos enfoques pueden ser absorbidos dentro de las prácticas capitalistas existentes (en 2015 Bill Gates fue el mayor financiador a nivel mundial de la geoingeniería).


Todas estas técnicas son pasos enormes hacia la reducción de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Pero la necesidad de escalarlos hasta hacerlos efectivos tendrá efectos negativos. A partir de las estimaciones actuales, las exigencias de tierra para la captura de carbono con bosques serían inmensas, afectando la seguridad alimentaria al competir por tierras fértiles de la misma forma en que ocurrió con los biocombustibles a inicios de este siglo.


Los investigadores detrás del Atlas para el Fin del Mundo son más directos: no habrá tierras suficientes para usar la silvicultura como único mecanismo para secuestrar carbono. Como Holly Jean Buck señala, la Remoción de Dióxido de Carbono es compleja y posiblemente arriesgada —y se necesita hablar de esto—.


Todas las formas de geoingeniería necesitan ser revisadas y examinadas cuidadosamente, pero algunas de estas técnicas serán más conducentes a un enfoque izquierdista, mientras que otras probablemente a reforzar las estructuras de poder capitalistas. Ya sea que la geoingeniería sea un proyecto izquierdista o uno capitalista depende del grado hasta el cual pueda ser usada para maximizar la democracia y la responsabilidad, la amplia participación, y producir una distribución justa de sus consecuencias.


Si una técnica fuera a fortalecer más la desigualdad económica, dar poder a una pequeña elite gobernante, y mantener un enfoque extractivista y ecocida hacia el mundo natural, debe ser arrojada por la borda. Una geoingeniería capitalista es otra forma para el capitalismo de extender sus tentáculos hacia la red de la vida, manteniendo su naturaleza extractivista, unos niveles de producción derrochadores y de paso arrojar una “cuerda de rescate” a la supervivencia del statu quo climático (business as usual). Es una geoingeniería que ya está ocurriendo.


Decenas de países en la actualidad mantienen programas de siembra de nubes, entre los que se destaca la modificación del clima por parte de China en el Tíbet, que se ubica en la frontera entre un ajuste de la lluvia y la geoingeniería en toda regla. En el futuro, países individuales — persiguiendo sus propias agendas e intereses— no dudarán en implementar programas de geoingeniería para salvarse en un mundo más caliente, reducir los impactos locales sin tener consideración por el impacto en sus vecinos. Esto impulsaría la armamentización del clima, la convención Enmod sobre modificación ambiental estaría condenada:“la emergencia de una nación puede ser la oportunidad de otra”.


Este sería un mundo disciplinado no solo por el capital, sino que por una élite tecnocrática obteniendo ganancias de la pasividad climática y las patentes de tecnologías de geoingeniería, mientras permite la escasez producida por el clima para saquear al resto de nosotros: un mundo de oasis de abundancia verdes y cerrados rodeados por una población sitiada.

Pero, ¿cómo sería una geoingeniería izquierdista?


El socialismo es la democratización de la producción. Esto involucraría un control descentralizado y organizado democráticamente sobre las tecnologías que pueden modificar la atmósfera, a pequeña y gran escala. También involucraría el control colectivo sobre las tecnologías energéticas y los procesos industriales, quitando la búsqueda de ganancia de toda la toma de decisiones. Sería una economía planificada de alta tecnología, en la que los niveles de gases de efecto invernadero serían monitoreados a través de tecnologías de sensores y observatorios locales por medio de comités de coordinación horizontales.


La ciencia detrás de la geoingeniería propuesta debe ser clara y transparente. Bajo el capitalismo hay un desincentivo a comunicar la información —el conocimiento es patentado, oculto, alejado por la competitividad a corto plazo, alentando el culto tecnocrático—. Necesitamos una “ciencia socialmente responsable” en interés de la sociedad en general, no para el interés del capitalismo y el estado. Algo como la Resolución Durham, escrita por la Sociedad Real para la Responsabilidad Social en la Ciencia, es un buen punto de partida.


La infraestructura requerida para una geoingeniería socialmente justa está en las manos de la clase capitalista – como todos los medios de producción, y necesita ser tomada y utilizarse para el bien mundial. Costará trillones de dólares secuestrar suficiente dióxido de carbono para evitar la catástrofe climática. Esto será una hazaña de Hércules, algo nunca antes hecho. Es imperativo que la clase trabajadora controle e impulse estos programas, o la biosfera será la víctima más reciente (y quizás la última) sacrificada al apetito del capital.


Parafraseando a Albert Camus, la geoingeniería es un peligro solo en el modo en que sería utilizada bajo el capitalismo. Los beneficios deben ser aceptados incluso si sus estragos son rechazados.


Izquierdista o no, la geoingeniería no es una bala de plata. Las soluciones tecnocráticas, que rechazan la participación o comprensión populares, no harán nada por rectificar la crisis climática. Como el autor de ciencia ficción Kim Stanley Robinson enfatizó, la mejor tecnología de geoingeniería es “un giro rápido hacia la justicia social y el fin del capitalismo”. Y tenemos razones para ser optimistas: ya sabemos cómo mitigar apropiadamente la crisis climática. No será fácil, pero es posible.


Pero la geoingeniería tiene solo una parte en una estrategia izquierdista más amplia para detener la biocrisis y evolucionar más allá del capitalismo. Tiene que trabajar junto con sistemas de decrecimiento, reduciendo el crecimiento económico y redistribuyendo la riqueza. La geoingeniería se puede mezclar fácilmente con la meta de una descarbonización completa y la generación del 100% de la energía a partir de fuentes renovables.


Al mismo tiempo, puede ayudar a debilitar los impactos del cambio climático que ya no se pueden detener, ayudándonos a crear infraestructuras de adaptación socialmente justas, promoviendo redes de apoyo mutuo, resistencia y comunismo de desastres.


La izquierda no debe tener miedo de hacer demandas a favor de una geoingeniería progresista. Los proyectos de reforestación con participación pública masiva, la mejora de la disponibilidad de carbono en el suelo en granjas locales, demandar la propiedad pública de la infraestructura de captura de carbono y la investigación de los riesgos e incertidumbres de la geoingeniería —estas son solo algunas formas de integrar la geoingeniería dentro de nuestras demandas climáticas y al mismo tiempo educar al público sobre cómo se vería un proyecto de geoingeniería izquierdista.


Ignorar la posibilidad de modificación ambiental a gran escala deja el campo de batallas de las ideas abierto a la explotación por parte de fuerzas reaccionarias, de tecnócratas indiferentes y capitalistas despiadados.


No podemos dejar que el termostato del planeta sea controlado por la mano invisible. Somos cuidadores de este mundo, queramos asumir ese rol o no.

Por James Wakefield

Traducido por Daniel Ruilova.

2019-02-13 06:16:00

Hidroituango y el gran fracaso del modelo antioqueño

A la destrucción de miles de hectáreas de bosque, al desplazamiento sistemático y violento de las comunidades, a la persecución y asesinato de sus líderes, se suma ahora la desaparición y muerte del río Cauca tras la construcción de una represa en Colombia

Hay un pasaje de Primero estaba el mar, la turbia y perfecta novela de Tomás González, donde J., el protagonista, agobiado por la mala situación económica, decide cortar y vender la madera del terreno donde él y su mujer se han refugiado de la vida urbana. Es uno de los momentos más tristes de todo el libro porque J. se ha pasado varios capítulos admirando la belleza de la selva. "Mientras más miro estos árboles menos me entusiasma la idea de cortarlos. Pero como vamos no habrá más remedio. Tocará participar en la Gesta del Hacha, como dicen los poetas de la raza. ¡Paso a la civilización, ceibas de mierda!", escribe J. en su diario con un tono que quiere ser sarcástico pero que a duras penas es melancólico y resignado. En esa contrariedad, en esa melancolía donde la autoconciencia del destino manifiesto del paisa se revela con ironía, uno percibe que J. habría querido hacer las cosas de otra manera, pero sencillamente no sabe cómo: al fin y al cabo, J. es, aunque renegado, un antioqueño de la cabeza a los pies. La tensión inicial entre el rechazo a la socialidad de Medellín y el impulso de la huida a la naturaleza —el impulso de vivir de otra manera, de romper con el legado de la "raza"— va cediendo poco a poco ante las leyes de una economía política que J. lleva consigo, inscrita en su cuerpo. Para J. no hay alternativa porque para él, en el fondo de su espíritu, solo existe una única manera de estar en el mundo y es transformando el territorio en propiedad, los seres vivos en mercancías, los cuerpos en pura fuerza de trabajo.


Uno se pregunta entonces si las cosas no habrían podido suceder de otra manera, qué habría pasado si J., por ejemplo, hubiera entablado una relación diferente con los habitantes de la zona, si en lugar de verlos como posibles peones, sirvientes, objetos pasivos de la explotación laboral o sexual, J. les hubiera preguntado al menos cómo vivir allí, cómo usar los recursos, cómo aprovecharlos de una manera que no pasara necesariamente por una visión estrecha del negocio y el lucro.


Pues bien, este ejemplo prestado de la literatura nos permite comprender mejor el horror humano y medioambiental de la represa de Hidroituango, una nueva repetición a gran escala de aquella tragedia atávica de la antioqueñidad encarnada por J. en la novela de González. Sus impulsores visibles e invisibles —entre los primeros, el expresidente Álvaro Uribe y el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo— han insistido en mostrar que la construcción de esta obra era algo inevitable, prioritario, esencial y, por supuesto, imposible de detener. En suma, que no había alternativa. Entretanto, el movimiento Ríos Vivos lleva años denunciando el acoso a las comunidades ribereñas y se calcula por centenas la cifra de cuerpos de desaparecidos que fueron arrojados al agua durante el largo y violento proceso de instauración del gran proyecto hidroeléctrico en la zona. A la destrucción de miles de hectáreas de bosque tropical seco —un ecosistema en vías de desaparición en el planeta y, por eso mismo, vital para la regulación del clima—, al desplazamiento sistemático y violento de las comunidades, a la persecución y asesinato de sus líderes, se suma ahora el que quizás sea el mayor desastre ecológico de la historia de Colombia: la desaparición y muerte por estrangulación del río Cauca, el segundo más importante del país, ocasionado por el cierre de las compuertas de la represa, en riesgo de derrumbe desde mayo pasado, cuando una falla estructural puso al descubierto una serie de irregularidades en la gestión del proyecto.


Pero los responsables del desastre, la EPM (Empresas Públicas de Medellín) y la Gobernación de Antioquia, sus principales inversores, repiten que la hidroeléctrica es indispensable y que se trata de una demostración más de su compromiso con el progreso, cuando toda la evidencia apunta a una oscura cadena de corrupción, crimen, irresponsabilidad y chambonería.


En los últimos días el cauce del río ha descendido tanto que el paisaje cambió drásticamente: ya no hay río, sino una planicie de arenales secos donde las canoas aparecen varadas sobre los cientos de miles de peces que mueren atrapados en el fango. Y por si no bastara con esa imagen desoladora, la empresa no tuvo mejor idea que enviar a unos empleados con cubos de plástico para “salvar” a la fauna moribunda del río.


Desde hace más de siete meses, se habla incluso de la posibilidad de que los diques se rompan, lo cual provocaría una catástrofe de proporciones difíciles de calcular en términos de pérdidas humanas y daño medioambiental, de ahí que algunos expertos no duden en comparar este caso con Chernóbil.


Hidroituango, un proyecto concebido como un símbolo del modelo colonizador antioqueño, ha acabado por convertirse en lo contrario: representa el fracaso de ese modelo, de esa gesta del hacha que, bajo la mitología del individuo y la civilización, ha traído en las últimas décadas destrucción y muerte por todo el país.


¿Existen alternativas a ese modelo? Por supuesto, aunque no se prevé un cambio de paradigma en el futuro inmediato, mucho menos en este gobierno desdeñoso de la paz, errático en su modelo de desarrollo y falto de imaginación a la hora de proponer algo distinto a una repetición mecánica de la guerra uribista de hace quince años.


De momento, al menos, podríamos empezar por escuchar a la gente de los territorios, a los líderes y técnicos de los movimientos sociales como Ríos Vivos, a gente como don Antonio Oliveros, un campesino y trovador del municipio ribereño de Cáceres, que viene advirtiendo en sus versos: “Y sí es muy cierto que hace falta la energía / pero EPM nunca pensó en los demás/ el daño grande que le causa a nuestras vidas/ si esa represa un día les llega a fallar.”

Por JUAN CÁRDENAS
12 FEB 2019 - 02:33 COT

Publicado enColombia
Lunes, 11 Febrero 2019 06:51

Un crimen ambiental en el río Cauca

Tres personas intentan rescatar peces en el río Cauca

El cierre de compuertas del embalse ocasiona un ecocidio. “Dejen vivir al río”, exclama Richard Sierra, consejero de la Organización Indígena de Antioquía. Son 12 los pueblos afectados por el proyecto.

 

“El mono” rugía, “el mono” danzaba. Ahora “el mono” agoniza. Los campesinos le llaman “mono” al río Cauca, el segundo más importante de Colombia y del cual dependen de manera directa unos diez millones de colombianos. El cierre de compuertas ordenado por Empresas Públicas de Pública (EPM) y la Sociedad Hidroeléctrica Ituango que construye un embalse a su paso –el mismo que desvió por la fuerza y llenó de cemento ahuyentando flora y campesinos por décadas– ocasionó el ecocidio actual. “El crimen ambiental más grande en la historia de Colombia”, recalcan desde el Movimiento Ríos Vivos que, además de soportar los embates del desarraigo de la tierra desde que empezó el proyecto hace 20 años y la hambruna que llegó con la muerte de los peces, esquiva las balas y amenazas que recibe por ser una de las pocas voces que se levantaba hasta hace unos días en Antioquia contra el proyecto HidroItuango. 

Esta semana, el horror cometido tras cerrar las compuertas del embalse en plena sequía nacional, no pudo oculturse más que este megaproyecto está acabando con la vida. Y por eso, a una voz casi solitaria en Colombia hasta ahora y estigmatizada como la de Ríos Vivos, se sumaron los más reconocidos líderes de opinión, columnistas, abogados, profesores universitarios, jóvenes y gentes de toda clase que condenan las imágenes que muestra un río seco y miles de peces y especies animales muertos. “Lo advertimos, no solo hace un año cuando empezó la última crisis, sino desde siempre, cuando metieron los paramilitares a hacer masacres para desocupar las montañas y montar este proyecto sin gentes que les estorbaran, este llamado desarrollo es sinónimo de muerte”, cuenta una voz desde Puerto Valdivia, una mujer que pide omitir su nombre mientras la llamada celular se cae y vuelve a caer pues está intentando ubicarse lejos de la ribera del río pues, tras la sequía, este viernes EPM anunció que se alejaran por seguridad. Están intentando una nueva maniobra para que el caudal suba aún más y detener el daño que están causando y ya no pueden evitar. No son los años 90 cuando las masacres de “paras” eran denunciadas apenas por unos valientes sin Twitter ni whatsapp. Jesús María Valle y otros tantos defensores de derechos humanos fueron señalados de mentirosos y luego condenados a muerte, sí, por atreverse a hablar. Del movimiento Rios Vivos, varios líderes también han recibido esa sentencia, al igual que esos que esperan bajo los sedimentos del río que encuentren sus cuerpos y que, estarían en el cañón del Rio Cauca que EPM pretendía inundar a finales de 2018 sin lograrlo gracias a una serie de errores técnicos que aún no se conocen en detalle.


Pérdidas de vidas humanas a lo largo de años de guerra entre paras, guerrillas y Estado en esta zona hermosa de Colombia, no ha sido la única tragedia de los 12 pueblos afectados por HidroItuango. Las pérdidas de dinero son millonarias y la Casa de Máquinas que inundaron el año anterior en un acto “heroico”, según sus voceros de prensa, está siendo hoy descubierta de nuevo de agua, tras el cierre de compuertas. Secaron pues el río para salvar la casa de máquinas. Mataron las especies para, quizá, salvar algo de los costosísimos objetos que inundaron por su propia torpeza cuando el año anterior –tras desviar de manera forzada el caudal del río– una amenaza de avalancha obligó a tomar decisiones apresuradas que hoy le cuestan la vida al ecosistema y por ende a las personas.


“Dejen vivir al río”, es el mensaje de Richard Sierra consejero de la Organización Indígena de Antioquia en los medios de comunicación que reciben de EPM millonarias pautas y han cubierto el tema hasta ahora de manera favorable al supuesto “heroísmo” que está intentando salvar el proyecto. Esta semana, ante la avalancha de fotos de campesinos en redes sociales –no precisamente de agencias de prensa internacionales– el país se conmovió ante la tragedia ambiental y voces independientes empezaron a exigir el desmantelamiento del Proyecto. Que desmonten este mega embalse cuyo futuro es incierto es el pedido de Rios Vivos desde años pues, además, la inundación amenaza la búsqueda y el hallazgo de los desaparecidos que, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, serían 400 a lo largo de los 12 municipios según registros de las últimas dos décadas.


Los derechos de las víctimas que buscan sus desaparecidos, además de quienes perdieron su territoria, sus aguas, sus prácticas culturales ancestrales por la llegada de EPM están en riesgo desde hace décadas. Esta situación es más grave hoy pues el comercio cesó, la continua amenaza y zozobra han llevado a la gente a salir de sus casas, a refugiarse en las ciudades o pueblos vecinos, a los niños a suspender estudios, a los transportadores a no poder andar las vías, y a toda una comunidad a verse confinada ente el riesgo de que el río los ahogue, o como esta semana, sea secado por orden de un gerente y un alcalde que se siente orgullosos, pese a todo la evidencia de tragedia, de su megaproyecto. “Sabíamos que iba a ocurrir el daño del rio pero nos pareció el mal menor”, dijo Jorge Londoño gerente de EPM en declaraciones que levantaron todo tipo de rechazos. “Se secó el río, sí, pero logramos recuperar parte de la casa de máquinas”, aseveró el alcalde de Medellín Federico Gutiérrez poniéndose también medio de la crítica. Desde Rios Vivos hicieron circular este mensaje en rechazo a las pasadas y recientes actuaciones y decisiones de EPM, en medio del dolor que siente al ver su mono agonizar.


“Contrario a lo dicho en rueda de prensa por el gerente de EPM (Jorge Londoño de la Cuesta) en presencia del gobernador de Antioquia ( Luis Pérez) y el alcalde de Medellín(Federico Gutiérrez) el río no volverá a ser el mismo y nosotros tampoco porque su vida y la fuerza que hoy le arrebataron, los sedimentos que están quedando represados, su abundante caudal, la temperatura de sus aguas y las riberas hidratadas que hoy sufren erosión con tantas fluctuaciones; todo esto se da por su insensatez, porque no conocen no tienen ni idea que es un río, un ecosistema muy complejo para que se entienda con los ojos de la avaricia y la destrucción”.

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La descolonización sentipensante desde las rondas campesinas de Perú

Las históricas rondas campesinas de Perú son una forma de organización y resistencia que, desde sus sentires y pensares, nos ayudan a seguir trazando caminos descolonizadores para los pueblos de nuestra América Latina.

Uno de los grandes problemas que actualmente enfrentan los pueblos latinoamericanos se ve reflejado en el gran nivel de conflictividad con los estados debido a la imposición de proyectos extractivos de manera violenta. En este sentido, Lander nos dice que, a pesar del ascenso de gobiernos -autodeclarados- de izquierda o progresistas en parte de Latinoamérica, no hubo cambios en términos de mercantilización y privatización de la naturaleza sino que, independientemente del tipo de gobierno, la destrucción de la Madre Tierra se ha acelerado.

En medio de ello, gran parte de los pueblos originarios y campesinos más vulnerables son los que se ven más afectados ya que se encuentran en lugares donde las grandes empresas mineras transnacionales realizan sus actividades. Prueba de ello es el caso del Megaproyecto Minero Conga situado en la región de Cajamarca en Perú donde la empresa minera Yanacocha, cuyos capitales son transnacionales, pretende operar pese al gran rechazo expresado por la población afectada. Gracias a las luchas, resistencias y formas de organización se pudo detener este megaproyecto en el año 2012 aunque, lamentablemente, costó la vida de cinco personas debido a la represión del Estado peruano, el cual empleó fuerzas policiales y del ejército de una manera desproporcionada.


Por la defensa del agua y de la vida: ¡Conga no va!


Tanto daño, tanto engaño, no más minería en Cajamarca, no más contaminación, seamos libres como el agua, como el viento. ¡Jallalla Pachamama! ¡Jallalla!
GRUPO TINKARI, 2012


“¡Agua Sí, Oro No!”, “¡Conga No Va!” o “el agua es un tesoro que vale más que el oro” son algunas de las arengas que retratan parte de las luchas y resistencias contra el Megaproyecto Minero Conga. Éste fue impuesto de manera violenta a los pueblos originarios de Cajamarca en el año 2011 por parte del Estado y la empresa minera. Cada una de las expresiones citadas enaltece y recuerda, como si fuera ayer, uno de los episodios de lucha y resistencia histórica más conocidos en América Latina, con venas abiertas todavía. En medio de todo, gran parte de las mujeres, hombres, niños, niñas, jóvenes, ancianos y ancianas, y la sociedad civil, nacional e internacional, han venido manifestándose firmemente en contra de la minería de las formas más originales y valiosas.


En especial, en estas líneas nos gustaría alabar e indagar mejor el aporte de las rondas campesinas en esta región del Perú. Ellas constituyen la base de la organización comunal de defensa que surgió de manera autónoma en las zonas rurales del norte del Perú en los años de 1970 frente al frecuente robo de ganado (abigeato). Así, ejercían su derecho consuetudinario en el cuidado de su territorio al “rondar” y/o cuidar sus territorios. Esa es la misma forma que emplean hoy en día al ser guardianes y guardianas de las lagunas, las cuales se ven amenazadas por la destrucción de la empresa minera.


Asimismo, estas organizaciones de autoprotección del campo y de las ciudades se autodenominan democráticas, patrióticas, justas y moralizadoras, guiadas por sus prácticas, tal como lo señala la Central Única Nacional de Rondas Campesinas del Perú CUNARC-P, la cual es su instancia legítima de representación política. Es por ello que esta significativa experiencia, muy semejante a otras resistencias de los pueblos del Perú y de Latinoamérica, nos ayuda a continuar construyendo las alternativas descolonizadoras desde esta parte del Sur del continente.


Sentir y pensar desde América Latina: la descolonización sentipensante


Entendemos la descolonización como un conjunto de alternativas y proyectos necesarios que cuestionan las estructuras elementales de las problemáticas latinoamericanas. Para Fanon es una noción referida a trasformaciones en el plano epistémico y ético-político. Autoras feministas como Galindo contribuyen a pensarla como el ejercicio de poner en cuestión las estructuras, lógicas y sentidos coloniales de todas y cada una de las instituciones. En el análisis de Quijano, se trata de irrumpir y atacar a la colonialidad del poder, la cual es entendida como un conjunto de patrones de dominación que se ven expresados en la conformación estructural de las sociedades latinoamericanas. He ahí la importancia de mapear alternativas descolonizadoras desde diferentes aspectos.


Tras haber estudiado las experiencias de lucha y resistencia frente al extractivismo protagonizadas por las rondas campesinas es de gran importancia tomar y rescatar los conocimientos que ellas traen para la comprensión de sus realidades. Es así que esas experiencias expresan, por ejemplo, sus visiones propias del Buen Vivir.


El intelectual indígena Javier Lajo, nos dice que este paradigma (que en términos andinos-amazónicos sería el Sumaq Kawsay-ninchick) plantea un distanciamiento entre la visión occidental y la indígena de la relación de la persona y la naturaleza, donde el cuidado de la vida es lo más importante. Para las rondas campesinas esta noción permea su modo de vida y existencia donde se enaltece el respeto a la Madre Naturaleza, especialmente, a la Yacumama o Madre Agua. Ejemplo de ello es la manera de organizarse frente a megaproyectos extractivos como la minería donde una de las acciones fue cuidar y/o rondar las fuentes de agua que serían impactadas de forma irreversible por la empresa Yanacocha. En ese sentido, como señala Yrigoyen, las rondas campesinas son sujetos colectivos que hacen uso legítimo de su derecho consuetudinario en la protección de sus territorios jurisdiccionales. Esto quiere decir que conciben y practican el derecho desde sus conocimientos ancestrales, lo cual es amparado por la propia Constitución Política del Perú, la cual reconoce ese sistema jurídico al mismo nivel que el sistema jurídico ordinario. Por lo tanto, las rondas campesinas nos ayudan a ver cómo esta forma de organización abre caminos para repensar la propia descolonización del derecho en América Latina.


Lucha contra la minería y descolonización


El papel de las mujeres ronderas es, sin duda, uno de los pilares más importantes en el gran camino de lucha y resistencia. Ellas afirman que siempre se han dedicado a actividades como la agricultura, la ganadería o el comercio, por ello el impacto de las actividades extractivas les afecta como mujeres, pues son ellas las que utilizan el agua y ven cómo su carencia puede afectar a sus familias. Del mismo modo, la organización como rondas campesinas femeninas vienen a ser espacios donde ellas mismas se ven representadas con sus mismas pautas y propuestas al reivindicar sus derechos como mujeres. Todo ello podría considerarse como parte de las múltiples miradas propias de una descolonización despatriarcalizadora.
Rescatamos también que las experiencias de lucha y resistencia frente a la minería constituyen procesos de descolonización, pues son en estos escenarios donde se visibilizan los conocimientos ancestrales sobre el control de sus territorios que las rondas campesinas poseen. Ellas mismas lo expresan señalando que sus conocimientos ancestrales, sus múltiples saberes y las capacidades de los pueblos tienen de unirse para construir otro mundo basado en la defensa de la dignidad humana, el respeto a los derechos ambientales y de todos los seres vivos acogidos por la Madre Tierra o Pachamama.


Otro aspecto interesante es que los episodios de lucha y resistencia resignifican las propias prácticas que como sujetos colectivos poseen. Valores como la solidaridad, reciprocidad y organización comunal cada vez forman parte de un pensamiento local que se expande a otras experiencias similares, por ejemplo en la formación de redes a nivel nacional e internacional donde la defensa del agua y de la vida son el centro de la lucha. Por ejemplo, podemos citar a la Vía Campesina como una red de resistencia a nivel mundial en la defensa del agua, el territorio y la vida. Todo ello con un trabajo conjunto entre hombres y mujeres donde la descolonización también vaya de la mano de senderos despatriarcalizadores.

Por Shyrley Tatiana Peña Aymara
Docente en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y encargada de Relaciones Internacionales del Instituto Internacional de Derecho y Sociedad (IIDS)

publicado
2019-02-08 10:00:00

Publicado enMedio Ambiente
"Catástrofe global": Activista antirradiación advierte sobre las redes 5G

Una petición a las principales organizaciones internacionales para que se impida el despliegue de 5G ya ha recogido más de 40.000 firmas.

 

La introducción de las redes de trasmisión de datos 5G es un "experimento masivo sobre la salud" que podría "conllevar una catástrofe global", asevera Arthur Robert Firstenberg, uno de los principales activistas contra la radiación electromagnética.

Firstenberg sostiene que ese tipo de redes de banda ancha podría causar cáncer en humanos y animales, y agravar los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética.

El activista está promocionando una petición a la Organización Mundial de la Salud, la ONU y la Unión Europea para que "se ponga un freno urgente al desarrollo de 5G". El documento ya ha recogido más de 40.000 firmas.


"El despliegue de 5G constituye un experimento sobre la humanidad y el medio ambiente, que bajo el prisma del derecho internacional puede definirse como un crimen contra la humanidad", reza la petición.


En EE.UU., la nueva red superrápida ya está siendo adoptada en ciudades como Houston, Indianápolis, Los Ángeles y Sacramento.
"Esto podría convertirse en una catástrofe global. Cuando fueron lanzados los primeros satélites de comunicación móvil a finales de la década de 1990, el primer día las personas sensibles a estas cosas se enfermaron gravemente. La tasa de mortalidad creció del 5 % al 10 % en EE.UU. y hubo informes de que las aves no volaban", afirmó Firstenberg a The Daily Star.

Firstenberg también sostiene que, en áreas del mundo donde ya ha comenzado el despliegue de antenas 5G, la población local, así como insectos y otros animales salvajes, ya están enfermos. Se refiere a la hipersensibilidad electromagnética, que incluye síntomas como mareo, náuseas, amnesia, insomnio, temblores, arritmia cardíaca, dolores agudos y crónicos, entre otros, aunque esto no ha sido reconocido científicamente.

Oposición pública


El activista presentó en 2010 una demanda por 1,4 millones de dólares contra una vecina por perjudicar su salud usando su iPhone y su conexión wifi.

Igual que los teléfonos celulares de las décadas de 1980 y 1990, el 5G ha experimentado una fuerte oposición del público en general desde que fue anunciado.
En septiembre de 2018, el consejo municipal de Mill Valley, en California, votó por bloquear el desarrollo de torres 5G y nodos intermedios de acceso móvil en las zonas residenciales, arguyendo "graves impactos adversos para la salud y el medioambiente causados por la radiación de microondas emitida por estas torres 4G y 5G", informa Motherboard.
Sin embargo, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades asegura que "no hay pruebas científicas que proporcionen una respuesta definitiva a esa pregunta", y que "hace falta más investigación antes de saber si el uso de teléfonos celulares causa efectos en la salud".

En el mundo científico


A pesar de que una serie de estudios de gran alcance sobre los efectos potenciales de la radiación de los teléfonos celulares no dan pruebas convincentes de ningún riesgo significativo para la salud humana, ni hablar de los insectos, son muchos dentro de la comunidad científica los que se muestran escépticos sobre que los beneficios de la tecnología 5G superen el potencial daño a los humanos.


Dos estudios recientes también mostraron un riesgo elevado del desarrollo de tumores cancerosos en ratas machos expuestas a campos electromagnéticos por nueve horas al día durante dos años.


Unos 215 científicos de 40 países han firmado un llamamiento para solicitar protección internacional contra la exposición a campos electromagnéticos no ionizantes, cuyos efectos incluyen, entre otros, "mayores riesgos de cáncer, estrés celular, aumento de radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficits de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos e impactos negativos en el bienestar general".

Por su parte el doctor Martin Pall, profesor de bioquímica en la Universidad Estatal de Washington, afirmó en una carta que había efectos biológicos y a la salud graves, incluido un mayor riesgo de cáncer a través de mutaciones de ADN, debido a la exposición a redes 5G. Además, indicó que la Comisión Federal de Comunicaciones es una "agencia capturada" sujeta a la voluntad de la misma industria que se supone que debe regular.

El 5G proporcionaría velocidades de banda ancha 100 veces más rápidas que las velocidades de transmisión de datos actuales. Pero para proporcionar su despliegue harán falta 300.000 nuevas antenas solo en EE.UU. Eso equivale aproximadamente a tres décadas de desarrollo de torres de telefonía celular.

Las redes requieren un conjunto más denso de nodos de acceso móvil porque sus ondas de alta frecuencia no van tan lejos.

Publicado: 6 feb 2019 22:20 GMT

Brasil vuelca su indignación contra la empresa minera Vale y exige justicia

Cinco ingenieros que evaluaron en diciembre la presa que se quebró fueron detenidos por orden de una juez que se plantea acusarles de homicidio, crimen ambiental y falsedad

El impacto inicial por la catástrofe de la mina de Brumadinho, en Brasil, ha ido derivando con el paso de los días en una creciente indignación e ira de los familiares, los ambientalistas, los políticos, sus propios accionistas y la ciudadanía en general hacia Vale, la empresa propietaria que ya estuvo implicada en un desastre similar en 2015. La exigencia para que se haga justicia, esta vez sí, es ya un clamor. Cinco ingenieros que evaluaron en diciembre la presa que se quebró fueron detenidos cautelarmente este martes por orden de una juez que se plantea acusarles de homicidio, crimen ambiental y falsedad. Tres de ellos, empleados de Vale, estuvieron directamente implicados en la última autorización de la mina Córrego do Feijão, en diciembre. Los otros dos trabajan para la auditora alemana Tuv-Sud, encargada de evaluar el riesgo de la instalación. Todos los permisos estaban en regla.


El rastreo en busca de las víctimas prosigue mientras tanto en Brumadinho, en el estado de Minas Gerais, donde el 10% del PIB depende de la minería. Las autoridades sostienen que es probable que no todos los cadáveres puedan ser recuperados, dada la extensión que alcanzó la marea de lodo y su densidad. Los muertos son ya 84, según el último balance oficial, pero aún permanecen desaparecidas 276 personas, en su mayoría empleados de Vale o de subcontratas que trabajaban en la instalaciones en el momento en que el dique cedió y surgió una lengua de barro que devoró todo y a todos.


Las detenciones, a primera hora de la mañana, se produjeron después de que la víspera arreciaran las críticas a la cúpula de la mayor empresa minera de Brasil por la magnitud de la tragedia y porque es reincidente. Inmediatamente después de conocerse el desastre de este viernes, esta compañía, un gigante de 100.000 empleados entre directos e indirectos, empezó a ser castigada en la Bolsa en la de Nueva York. Ese día, la de São Paulo estaba cerrada porque la ciudad celebraba su 465 aniversario, pero el lunes las acciones llegaron a caer un 22% en el índice Bovespa.


El presidente de Vale, Fabio Schvatsman, ha anunciado a última hora de la tarde que la firma va a acabar con las represas como las de Brumadinho y de la mina Mariana, a la que la compañía Vale también estaba vinculada. Esta sufrió un desastre similar hace tres años. En ambos casos cedieron los diques que contenían inmensas balsas de residuos de la actividad minera generando un tsunami de lodo devastador. Menos de 100 kilómetros separan a una mina de la otra. El impacto ambiental fue entonces mucho mayor; murieron 19 personas. En Brasil existen unas 4.000 represas que están oficialmente consideradas de “alto potencial dañino”, de esas 205 contienen residuos minerales, según ha explicado el ministro de Desarrollo Regional, Gustavo Canuto. El ministro ha precisado que, como el Gobierno no tiene capacidad de auditarlos todos, va a dar prioridad a los que entrañan mayores riesgos.


Vale había echado mano antes de diversos recursos para parar el golpe y aminorar el dolor de los afectados. Ha anunciado una donación de 100.000 reales (27.000 dólares, 23.000 euros) para las familias de cada uno de los fallecidos y de las personas que no han sido localizadas independientemente de si trabajaban en la mina o no, ha anunciado la contratación de médicos del hospital Albert Einstein —precisamente donde el presidente, Jair Bolsonaro, se recupera de la operación para retirarle la bolsa de colostomía tras el atentado sufrido en la campaña electoral— para atender a los afectados y el pago de más tasas a los municipios donde desarrolla sus actividades mineras.


Un grupo de inversores ha presentado una demanda civil en Estados Unidos contra Vale a la que acusan de la pérdida de valor de sus acciones ADR, que el lunes perdieron el 27% de su valor en ese país.

NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR
São Paulo 30 ENE 2019 - 04:30 COT

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Minería, desastres ambientales y accidentes

En Brasil se ha repetido otro accidente minero de un alcance terrible, 254 personas sepultadas por la rotura de una represa de residuos, al tiempo que ha supuesto una catástrofe ambiental. Ambos desastres, humanos y ambientales, provocados por accidentes, suelen ir de la mano afectando a las poblaciones más vulnerables.


Una vez más un accidente que hemos visto una y otra vez en las minas a cielo abierto: la rotura de la presa de los residuos del tratamiento del mineral y el vertido al medio ambiente de millones de toneladas de fangos con alto contenido en metales pesados. En España vivimos el drama de Aznalcollar y los vertidos tóxicos sobre Doñana.


Esta vez ha sido en Brumadinho, la tragedia mil veces repetida y no sólo en Brasil, donde hacía sólo tres años que Minas Gerais había sufrido otro accidente similar, la tragedia de Mariana. En este caso el impacto ha sido brutal, con cientos de víctimas humanas; pero también lo será el ambiental, por la contaminación que causarán las miles de toneladas vertidas a lo largo de kilómetros de cauce del río.


Las investigaciones de estos grandes accidentes deben servir para que se apliquen medidas de control de los riesgos y no se vuelvan a repetir, pero lo cierto es que ni se pagan las multan ni se aumentan los controles ni se paraliza la actividad cuando el riesgo es intolerable. En algunos casos, aunque se realicen comisiones de investigación en el Parlamento, alguno de sus integrantes han recibido fondos de la minería para sus campañas políticas. En el Brasil de Bolsonaro hay pocas esperanzas siquiera de que se exijan responsabilidades a la empresa, porque Bolsonaro ha hecho del antiecologismo una de sus banderas. ¿Quién se puede creer ahora que hará algo contra los responsables de este desastre?


La legislación de la minería en materia de seguridad siempre ha sido objeto de controversia, como lo ha sido ligar los sueldos a la producción bajo cualquier condición laboral y sin prevención de riesgos. La cuestión cobra especial gravedad en lo que a baldas de residuos mineros se refiere, porque son infraestructuras inseguras y peligrosas.


La amenaza del desempleo se convierte en el mantra que las empresas extienden como un virus por las poblaciones donde se instalan. La falta de visión de alternativas ligadas a los escasos recursos de esas poblaciones, las convierte en doblemente vulnerables.


Tenemos varios factores subyacentes donde se gestan las catástrofes: pobres legislaciones en materia de seguridad unidos a la financiación de campañas políticas o legislaciones que siendo correctas no se hacen cumplir, inspecciones complacientes, connivencia con representantes de trabajadores que han de elegir entre susto o muerte, entre desempleo o empleo miserable, poblaciones con pocos recursos, en situación de vulnerabilidad y por último empresas que sólo invierten para enriquecerse, depredan el lugar y llevan al límite los riesgos sin invertir en seguridad.


El debate sobre las explotaciones mineras a cielo abierto está muy presente en España. Decenas de nuevos proyectos mineros se extienden por toda nuestra geografía. Sus promotores se aprovechan de dos factores: el abandono del territorio que deja campo libre a su explotación más impactante, y las necesidades de empleo.


Razmig Keucheyan, en su libro “La Naturaleza es un campo de batalla” comienza el capítulo dedicado a la ecología política que viene, con estas palabras: “Si a las asociaciones ambientalistas tradicionales les cuesta trabajo reconocer la dimensión social de la ecología, el movimiento obrero, por su parte, mantiene desde los orígenes una relación ambivalente con las problemáticas ambientales”. Tras la explosión de la planta química AZT en Toulouse, los sindicatos y los damnificados se dividieron, mientras los primeros gritaban que la química era una necesidad y la seguridad una exigencia, pidiendo seguridad y empleo, las víctimas, los ribereños y asociaciones ambientalistas clamaban “Nunca más, ni aquí ni en otra parte”.


Continúa diciendo Keucheyan “Esta ruptura es reveladora de una división que estructuró el campo político en el siglo XX. A los sindicatos la defensa de los empleos y de la industria que los proporciona, a veces con exclusión de otras preocupaciones como la seguridad de los vecinos o de los mismos asalariados. Una lectura productivista del marxismo también influyó en esto así como la distinción entre el trabajo (sindicatos) y “fuera del trabajo”(sociedad civil).


La naturaleza no escapa a las fuerzas sociales, es la más política de las entidades. Por ello las explotaciones mineras están ligadas no sólo a las crisis ecológicas sino a los incumplimientos repetidos de las medidas de seguridad que acaban afectando tanto a trabajadores como a la población. Todo ello teñido de un “clasismo ambiental” donde la ubicación de las grandes explotaciones mineras perpetúa las desigualdades vulnerando derechos cívicos, como son la seguridad, la salud y el ambiente, justamente en los territorios o comunidades más pobres.


Bhopal, un drama de consecuencias que aún perduran, Chernóbil o Fukushima tienen en su génesis causal pobres medidas de seguridad. Tantos accidentes mineros, como dice el cantautor asturiano en La Planta 14 la tragedia repetida, una tarde amarilla, los hombres no volvieron.


Contra la mercantilización de la naturaleza se necesita de una revolución política y social en cuanto a la rebelión contra la sociedad de consumo, y ahí es donde no debemos dejarnos vencer para evitar que las tragedias se repitan.

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Al menos nueve muertos y 300 desaparecidos tras romperse una represa minera en Brasil

El dique de contención se ha quebrado y el lodo ha sumergido el comedor de las instalaciones, según el presidente de la empresa propietaria

 

Al menos nueve personas han muerto y casi 300 permanecen desaparecidas después de que la rotura de un dique de contención de residuos de una mina brasileña inundara este viernes una amplía extensión de terreno de lodos férreos. La catástrofe ha ocurrido en el municipio de Brumadinho, en Minas Gerais (sudeste de Brasil) y las probabilidades de encontrar vivos a los desaparecidos son "mínimas", según aseguró el gobernador del Estado, Romeu Zema antes de que se diese a conocer el último balance oficial de víctimas. 

La compañía propietaria del complejo minero, Vale, ha precisado que el accidente sucedió a primera hora de la tarde en la conocida como mina Judía. El presidente de Vale, Fabio Schwartsman, ha explicado en una rueda de prensa que había algo más de 400 empleadas de la mina (propios y subcontratados) en el momento del colapso. Las primeras imágenes muestran la zona convertida en un mar de barro.


La rotura del dique de contención se produce poco más de tres años después de la tragedia ambiental de Mariana, la más grave de la historia del país sudamericano. Schwartsman ha asegurado que la empresa desconoce por qué ha colapsado la presa, que está vigilando otros diques en la mina. El máximo directivo de Vale ha añadido que "el impacto ambiental puede ser menor que aquel pero el coste humano, mayor".


El presidente brasileño, Jair Bolsonaro,lamentó la catástrofe en nota compartida en sus redes sociales. "Nuestra mayor preocupación en este momento es atender eventuales víctimas de esta grave tragedia", afirmó. El Gobierno activó un gabinete de crisis, coordinado por los ministerios de Desarrollo Regional y de Medioambiente.


La empresa minera Vale movilizó al cuerpo de bomberos y activó su plan de emergencias. “La prioridad total de Vale, en este momento, es preservar y proteger la vida de empleados y de miembros de la comunidad”, explicó la compañía en un comunicado. La catástrofe de Brumadinho hizo caer un 8% las acciones de la minera en la Bolsa de Nueva York este viernes.
La rotura de la presa de Vale en Brumadinho sucede tres años después del desastre de Mariana, la mayor tragedia ambiental del Brasil, ocurrida en noviembre de 2015. Entonces, la presa de Fundão, de la Samarco (propiedad también de Valle y de BHP Billiton), se rompió, matando a 19 personas y provocando un tsunami de barro que avanzó sobre el río Doce hasta llegar al litoral de Espírito Santo.


Alrededor de la 13.30 (hora local) el Ayuntamiento de Brumadinho alertó en sus redes sociales a la población de que se mantuvieran alejados del lecho del río Paraopeba.
El Instituto Inhotim, un museo a cielo abierto de arte contemporáneo localizado en Brumadinho, informó a través de sus redes sociales que fue evacuado por precaución. “Debido a la rotura en Brumadinho (MG), el Instituto Inhotim comunica que evacuó el área de visitas del museo" siguiendo las recomendaciones de las autoridades, explicó la institución. Inhotim es uno de los principales destinos turísticos del Estado de Minas Gerais y recibe miles de turistas todos los meses.


También a través de una nota, el Ministerio de Desarrollo Regional informó de que está "en contacto constante con los equipos de Defensa Civil".

 

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Las hormigas obreras trabajan sin comunicarse para ahorrar energía

Entre las hormigas obreras no hay capataz alguno. Estos insectos construyen sus senderos sin recibir ninguna consigna y sin intercambio de información que valga, según un estudio publicado este miércoles en la revista Proceedings, de la Real Sociedad B.

“Es sorprendente, porque los comportamientos colectivos suelen organizarse a través de la comunicación”, explicó Thomas Bochynek, de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, uno de los autores del estudio.


Las hormigas son insectos sociales y se considera que poseen una verdadera inteligencia colectiva.


La construcción de los caminos que emplea la colonia para llevar alimentos hasta el hormiguero requiere miles de obreros, según el estudio.


Cada colonia puede despejar hasta tres kilómetros de caminos por año, invirtiendo hasta 11 mil horas de trabajo anual.


Tal organización (o, más bien, falta de ella) permite ahorrar energía, pues comunicar, ya sea por contacto o mediante feromonas (que hay que producir, almacenar y segregar), genera un gasto energético, precisa Thomas Bochynek.

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