Feria barrial El Salado

 

El presente ensayo, expone el proceso comunicativo y organizativo de la comunidad de El Salado, que para los años 60's hizo parte del área rural de la ciudad de Ibagué, Tolima. En este periodo, Colombia todavía sufría los resagos del conflicto armado entre liberales y conservadores, que para esta década aun operaban grupos armados. Esta localidad campesina, no solo vivía entre la guerra sino también sufria el abandono estatal, impidiendo gozar de los derechos básicos como agua, salud, vías, educación entre otros. A raíz de estos problemas, la comunidad decide organizarse e impulsar soluciones dentro de un ejercicio de empoderamiento y movilización propias.

 

Encontrar la manera de mejorar las condiciones de vida es una constante en las comunidades que sufren los ataques de un régimen que prioriza la acumulación del capital ante la preservación y reproducción de la vida digna. Por eso, hay que revisar la historia de las comunidades en búsqueda de alternativas que sirvieron en otros momentos, y pueden tener vigencia para enfrentar los problemas impuestos hoy en día.

En el presente artículo, conoceremos la experiencia de El Salado, corregimiento de Ibagué, capital del departamento del Tolima, que en la década de los 60' se vieron obligados a solucionar el conflicto de guerra civil entre liberales y conservadores, desatada después del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 28 de julio de 1945, por medio de la organización comunitaria propia y el papel de un medio de comunicación local; Identificaremos el papel de un megáfono utilizado por el párroco de la época, como medio de comunicación y agitación en pro de la reconstrucción del tejido social local.

En esta experiencia conoceremos los procesos comunicacionales gestados en la práctica de la comunidad de El Salado y que contribuyen no solo a la unidad de las personas para tener un bienestar propio, sino también es hervidero de relaciones sociales que en la mayoría de las veces crean poder de base, que forman sujetos críticos capaces de interlocutar con las instituciones de igual a igual, en clave de exigencia y no de mendicidad.

La metodología utilizada es la entrevista a profundidad, realizada a dos habitantes de El Salado, quienes vivieron esta época y dan cuenta los hechos mencionados más adelante. Rómulo Obando y Bruno Ramírez compartieron su memoria para este escrito, por lo demás se utilizó bibliografía del campo de la comunicación social y acerca del poder y la organización social.

 

Guerra civil liberal-conservadora del siglo XX

 

Colombia tenía una desigual pero estrecha relación con EE.UU en el siglo XX. En la década del 40´, la potencia norteamericana compraba el 90% del café, el 100% del oro y platino, y el 81% de banano, junto al área militar en donde también se establecieron relaciones estrechas por ambas naciones (Randall, 235: 1992). A raíz de esta dependencia con el país del norte, el gobierno de Ospina Pérez, representante conservador de la burguesía criolla, continuó con la política de sangre y fuego anti-liberal y anti-comunista por el territorio, como medida de proteger y consolidar el capital norteamericano establecido en enclaves económicos, como la zona bananera.

En el campo y la ciudad, se persiguió a los campesinos y trabajadores con el señalamiento de comunistas a las expresiones populares que exigían mejoramiento de las condiciones de vida en los territorios como tierras para trabajar, salarios dignos, carreteras, servicios básicos. Poniendo la ley y las fuerzas militares de lado de los terratenientes, extirpando cualquier aspiración democrática del campesinado. Por su parte, en las ciudades los trabajadores, estudiantes y demás sectores que se movilizaban también fueron reprimidos (Randall, 236: 1992).

Al imponerse el gobierno del general Rojas Pinilla y seguidamente del Frente Nacional, en la década del 50 y entrado el 60 se le llamó bandolerismo, caracterizándose por el accionar de pequeños grupos armados, liberales o conservadores que actuaban bajo el poder de gamonales locales, o por cuenta propia, fueron comunes en las zonas del eje cafetero y Tolima.

La radiografía de Colombia en este periodo, resalta la entrega de territorios y riquezas naturales a EE.UU por medio de beneficios económicos y legales a las multinacionales, por parte de los diferentes presidentes representantes del bipartidismo. Al tiempo, que la desintegración del tejido social se expandía en las comunidades, llegando a dividir núcleos sociales como la familia, cuyos miembros eran obligados a buscar trabajo lejos de su territorio, por la pobreza que se vivía y por la presión de la guerra civil.

 

Un rincón de Ibagué llamado El Salado

 

El departamento del Tolima, tiene como capital la ciudad de Ibagué. Este vasto territorio del centro de Colombia, fue nacedero de grupos armados liberales y conservadores enfrentados entre sí. Entre los líderes militares se encontraban “Chispas”, “sangre negra”, “Mariachi”, “Tarzán” entre muchos otros retratados en libros de historia (Manual de Historia del Tolima, 46 :2007).

Ubicándonos en el corregimiento de El Salado, zona rural de Ibagué cuya economía se basaba en la producción de ladrillos, panela y comercialización de productos agrícolas, vendidos directamente por los campesinos en la plaza de mercado. Al igual que el resto del país sufría las consecuencias del conflicto bipartidista, se le sumaban las graves condiciones de vida por la ausencia de acueducto, alcantarillado, suministro potable de agua, luz eléctrica, carreteras, precaria infraestructura educativa, lo que impedía tener una convivencia digna en este territorio, en la década de los 60 (Obando, 2013. Entrevista).

Si por un lado, la comunidad era azotada por la violencia directa de los grupos armados que asesinaban, desplazaban y expropiaban fincas, por el otro eran víctimas de la violencia estructural que el Estado imponía al priorizar en sus políticas nacionales el fortalecimiento de la propiedad privada y la inversión norteamericana, generando exclusión y empobrecimiento en la mayoría del pueblo.

Esta ambivalencia propia de la organización territorial moderna, donde se administra y elimina los recursos físicos, financieros, comunidades y demás factores de un territorio, se refleja en este caso donde el área rural de Ibagué esta en la cara de la eliminación o exclusión. Así mismo, los grupos armados liberales y conservadores en El Salado tampoco eran la alternativa a un Estado excluyente, pues no plantearon soluciones concretas a los problemas de la localidad ni motivaron la organización o movilización de las personas para crear salidas a sus dificultades inmediatas.

Es por eso que la comunidad al estar en un callejón sin salida, brotó en su seno la necesidad de organización propia a manera de encontrar ella misma soluciones, o por lo menos caminos viables que cambiaran su conflictiva realidad. En este proceso, se identifican la creación paso a paso de espacios reducidos de reunión y deliberación de los habitantes, casi que de carácter familiar en algunas casas de líderes natos. A estos espacios se les denominó Juntas de Mejoras Públicas (JMP), lo que vendrían ser el semillero de la Junta de Acción Comunal establecida para el año 1964 (Ovando, 2013. Entrevista).

El otro factor importante en este proceso organizativo, fue el papel del megáfono del corregimiento que se ubicaba en la iglesia. Este medio de comunicación cubría toda la localidad, se ubicaba en la cúpula de la iglesia y era manejado por el Cura José Antonio Oviedo, de quien no se puede ignorar su trabajo dedicado al bienestar de la comunidad. Así que, en el desarrollo de este artículo se mencionará el rol que tuvo Oviedo como líder social y representante de la Iglesia, que para la época esta institución tuvo responsabilidad en el sostenimiento y agudización del conflicto armado bipartidista. Por lo que en el caso El Salado, se proyecta otra cara de la iglesia.

 

El megáfono expande la voz y la esperanza

 

El complemento comunicativo al proceso organizativo local, lo hace el medio de información manejado por el padre José Antonio Oviedo, quien llega a la localidad en 1960 sin hacer ninguna actividad comunitaria al inicio. A través de este medio comienza a transmitir a diario la programación de la misa, el contenido de la biblia, noticias, complacencias y mensajes que rechazaban las acciones de los grupos armados como asesinatos, despojos, desplazamientos, amenazas cometidos en la zona.

Con mensajes a favor de restablecer el tejido social en la comunidad, el Padre Oviedo influenciaba a los habitantes para dialogar entre sí alrededor de los contenidos emitidos por el megáfono. La solidaridad, el respeto, la sana convivencia eran valores que enfatizaba el Padre Oviedo. Para contrarrestar los efectos de los actores armados, generó una dinámica de diálogo entre los habitantes en los espacios públicos como el parque, antes y después de la misa semanal, y por supuesto en los hogares del territorio, tanto en la parte de la cordillera central como en la parte baja del corregimiento.

Era normal que en las emisiones diarias, El padre Oviedo rechazara los asesinatos ocurridos durante la semana en alguna vereda, haciendo denuncias dirigidas a los grupos armados liberales o conservadores responsables de los hechos. Por estas denuncias el padre Oviedo recibió amenazas de muerte, las cuales rechazaba, a su vez “contaba los días que faltaban, todos los días hasta que llegaba la fecha de la amenaza” (Ramírez, 2013. Entrevista), pero el objetivo de asesinarlo nunca se llegó a cumplir.

Los mensajes bíblicos concernientes a las misas semanales eran transmitidos por el megáfono de manera diaria, siendo bien recibidos por la comunidad, “todos los días hablaba a las cinco de la mañana con el sermón” (Ovando, 2013. Entrevista). Sin tener una programación establecida como una emisora, estos temas eran los principales en el funcionamiento del megáfono. La aceptación de las personas del uso del megáfono era alta, porque el padre Oviedo trabajaba por el bienestar de la comunidad azotada por la violencia directa y estructural, palpada y sentida en la cotidianidad (Ovando, 2013. Entrevista).

A pesar de recibir y leer otros medios como la prensa liberal de la época, como La Tribuna, y otros, no tenían la misma resonancia como el megáfono que era de carácter local, y estaba en función de la comunidad, además el papel del padre Oviedo invitaba a asistir a las emisoras de Ibagué a denunciar lo que estaba pasando en El Salado, en temas de violencia y otras problemáticas (Ovando, 2013. Entrevista).

Por consiguiente, el padre Oviedo aprovechó su función en El Salado para reconstruir los valores y sentidos de una comunidad que veía como los avances propios en materia de economía, tejido social arraigado entre las familias, apropiación del espacio público (parque y plaza de mercado) se destruían paulatinamente. De manera que las dificultades provenientes de la ausencia de servicios básicos y del conflicto armado, no impidieron que la comunidad buscara como sobrellevar un plan de vida colectivo (Ovando, 2013. Entrevista).

A pesar de la creación de un contenido diario con el objetivo de reconstruir el tejido social, al tiempo que se denota una comunicación entendida como proceso, por buscar el mejoramiento de la vida de la comunidad, el megáfono de la iglesia no trasciende a un medio radiofónico local, faltan partes técnicas como antena, amplificador, consola, grabadora, equipo humano encargado de locución, producción y gestión para que en la localidad se estableciera una radio propia. Sin embargo, ambos medios comparten funciones y cualidades que vale la pena destacar.

En ese sentido, la similitud del megáfono con los medios radiofónicos, está en la manera de comunicarse con la palabra y en la generación de relatos, articulado con los tejidos que se entrecruzan en las personas, cohesionándolos por medio de la palabra informal, cuando por ejemplo comentan los sermones o los mensajes de reconciliación en el desayuno, o en el parque principal; Producido por los mensajes que provienen de la iglesia. Por otro lado, la diferencia yace en la tecnología que implica una cobertura mayor, junto a una dirección colectiva que inspecciona una parrilla de programación integral dentro del marco de una visión y misión, además de la participación del público, que en cierta medida incide en el tipo de contenidos comunicados por una radio.

En el contexto conflictivo se desarrolla esta forma alternativa de comunicación, alrededor del megáfono, que promueve la conversación de las personas, a intercambiar ideas sobre la realidad que se vive y se sufre, haciendo énfasis en la construcción del tejido social. Fue común abordar problemas cotidianos que envolvían a El Salado desde el megáfono. Según Bruno Ramírez “el Padre Oviedo decía todo lo que el hacia, cuando regañaba a los maridos que les pegaba a las señoras, por ahí los regañaba, habían complacencias, la mayoría de gente la pasaba complaciendo el uno al otro, a la mamá, el papá, al que estaba cumpliendo años” (Ramírez, 2013. Entrevista).

Más aun, el megáfono es un elemento en la construcción cultural del corregimiento, al insistir en la religión católica impulsada por el padre Oviedo, sosteniendo la tradición de asistir a misa, escuchar y reproducir los mensajes bíblicos, ya que “las misas se escuchaban por esos parlantes” (Ramírez, 2013. Entrevista) y esa práctica permitió que la religión se incluyera en la cotidianidad de los habitantes del corregimiento, desde aquellos que vivían a lo largo de la vía principal, hasta las familias que residían en la zona montañosa.

A pesar de este rasgo sobresaliente en la cultura local, no se llegó a consolidar una postura conservadora, por el conocimiento de quien era conservador o liberal entre los habitantes del corregimiento, junto a la actividad social que realizaba el cura Oviedo en la comunidad, priorizando el bienestar de las personas. A diferencia de otros pueblos del país donde fue hegemónica la tradición católica y todos los factores de la vida comunitaria, giraban en torno a la iglesia y regían las relaciones sociales. Caso del departamento de Boyacá, uno de los focos de grupos Chulavitas (denominados así a los grupos armados conservadores) que agudizaron el conflicto armado.

Cabe señalar la diferencia en los relatos de los habitantes del corregimiento que vivenciaron este periodo, a la hora de caracterizar de liberal o conservadora la localidad, Don Rómulo afirma que “El Salado siempre fue liberal” (Obando, 2013. Entrevista) y Don Bruno no asegura la filiación política mayoritaria, al argumentar que “cuando venían los liberales, se le avisaba a los conservadores, y lo mismo cuando venían los conservadores, se les avisaba a los liberales para que no se encontraran. Siempre hubo gente de ambos partidos en El Salado (Ramírez, 2013. Entrevista).

Siendo así, no importaba la postura general de los habitantes de El Salado porque sufrieron las consecuencias explicitas de este periodo de la violencia, introduciéndose en el plano cultural y subjetivo de la comunidad, viéndose afectados todos los aspectos de la vida que desarrollaban, con nuevos conflictos en su interior y relaciones sociales desarticuladas que históricamente se habían consolidado entre los individuos.

De esta manera en una convivencia compleja, la mediación del megáfono tuvo un papel sustancial en esa disputa de legitimidad a favor de la vida de los habitantes, contribuyendo al impulso de prácticas propias como el diálogo y el encuentro, como nuevos factores que influenciaron en la forma de vivir, en la problematización de la realidad local y en la necesidad de solucionar las problemáticas que esa perspectiva crítica alimentaba.

 

¿Cómo se ha usado el megáfono?

 

La historia del megáfono es confusa desde su invención, porque no es una persona la que invento el medio, éste fue producto de un proceso de largo tiempo, en el que diferentes creadores hicieron trabajos relacionados con el megáfono, explicando las características y usos de los diseños; es el caso de Samuel Morland y Atanasio Kircher, quienes en el siglo XVII describieron dispositivos con forma de tubo y con forma de espiral respectivamente, que ampliaban la voz humana y se lograba escuchar a larga distancia. Y en 1878 Thomas Edison también inventa un medio con forma de bocina que sirve para amplificar el sonido ayudando a las personas con sordera, y posteriormente lo adapta para ser escuchado a mil metros la voz de quien habla por el medio, aunque el tamaño limitaba su movilidad.

Después se agrega al megáfono la función de guiar grandes multitudes y transmitir información de manera práctica, porque se facilita su movilidad entre las personas, o puede ser instalado a dispositivos eléctricos que reproducen sonido para ser amplificado y cubrir grandes distancias de difusión. De acuerdo con esto, las experiencias en el mundo varían en objetivos, criterios, contenidos, protagonistas y contextos, contribuyendo a la comunicación en las comunidades, con medios propios que impulsen el mejoramiento de los planes de vida en los territorios.

Por ejemplo, en Filipinas existe la experiencia de la comunidad de Tacunan, donde se creó el proyecto de altavoces comunitarios (Community Audio Towers, en inglés, CAT) (Gumucio, 119: 2001) para mejorar la comunicación comunitaria e impulsar el desarrollo social en esta comunidad rural. Este sistema promueve la discusión de problemas locales y movilización de la comunidad en torno a temas como niñez, salud y nutrición, educación, ganadería, agricultura, religión, política y todo acontecimiento social importante que surja en la comunidad y los habitantes reciben formación en manejo técnico del megáfono, guiones, entrevistas, anuncios, cuñas, programas dramáticos para que los miembros de la comunidad realicen una programación dinámica sin dejar de lado la identidad cultural de la localidad (Gumucio, 129: 2001).

Es así como este proyecto nace de las condiciones de exclusión y marginalidad de las comunidades de Filipinas, común denominador en los países periféricos, sumándole las características de entretenimiento, privilegio y poder de los medios masivos de información filipinos, aumentando su número con la llegada del neoliberalismo sin cambiar la realidad de los pueblos marginados. Se buscó entonces con estos altavoces comunitarios (megáfonos) impulsar la organización comunitaria y abordar las problemáticas de desarrollo social, fortaleciendo además la identidad cultural.

En 1992 se instaló el proyecto en Tacunan, resolviendo el problema del agua, y dos años después fue instalado el servicio de electricidad con el impulso del proyecto de comunicación. En la agricultura ayudó, por medio de campañas para erradicar la plaga del escarabajo rinoceronte que afectaba a los cocoteros, y a controlar la peste del banano (Gumucio, 123: 2001).

 

La opinión pública es caldo de cultivo para ideas y acciones

 

Con el traslado de las ideas creadas en el ámbito privado al escenario público, la burguesía implantó la necesidad de hacer conocer las percepciones sobre la política, los estados absolutistas, y otros temas que concernían a la sociedad, cimentando la democracia liberal en la llamada opinión pública, fortalecida por la tradición de la Ilustración que racionaliza la concepción del mundo. Esta condición humana, se muestra exclusiva de círculos sociales que tienen las condiciones socio-económicas para alimentar el conocimiento y tener los escenarios para deliberar (Habermas 136: 1981).

A finales del siglo XVII e inicios del siglo XVIII, se presentaron factores que abonaron el terreno para que la opinión pública empezara a implementarse como concepto, el ascenso del capitalismo, la creación de una burguesía europea, relevancia y aumento de instituciones sociales como los salones para conversar sobre literatura y el arte, donde valía más la autoridad argumentativa que la autoridad de un título (Price, 25: 1992).

En estos escenarios se empezaban a tener nuevas prácticas que alimentaban la capacidad de razonar y la argumentación, exponiendo un conocimiento ascendente en la persona, lo cual en la práctica se intercambiaba libremente. La información y la crítica logran un espacio en la mente de las personas que frecuentaban estos sitios, sobretodo la crítica al estado absolutista y su restricción al individuo en su libertad. Por ello en los cafés y sitios de conversación los sujetos iniciaban una autoafirmación en asuntos políticos.

Otro elemento fundamental de esta génesis de la opinión pública es el debate como ejercicio público, en el sentido que se dirige a determinar una voluntad común; abierto a cualquier persona que quiera participar en él; soberano e igualitario, al ser independiente del estado económico y social, prevaleciendo las ideas por encima de la clase; sin prejuicios, al tener la información completa de los asuntos políticos, sobre todo a la hora de crear nuevos juicioso sobre estos (Price, 26: 1992).

Así mismo con la prensa masiva, se crean redes de opinión encauzándose hacia determinadas posturas políticas, para influir en el rumbo de las nacientes sociedades modernas, llevando consigo el carácter liberal de la democracia de legitimar la representatividad de algunas personas por sobre los intereses y valores de las mayorías votantes.

Se resalta que la creación de ideas y enfoques para analizar la sociedad, provienen de determinados personajes aptos para interpretar y opinar sobre la realidad de un país, este conjunto de ideas sustentados por valores e intereses propios de estos círculos, se trasmiten a la mayoría de ciudadanos que las reconocen como válidas para el quehacer diario (Habermas 133: 1981).

Otro rasgo que se identifica en los medios de información masiva, es la fijación de la atención del pueblo sobre las acciones de los actores políticos que hacen las leyes, para que exista una “vigilancia” sobre el tipo de política que se lleva en el país, organizando sus respuestas para mostrárselas a los que hacen política, tendiendo puentes para la interacción entre estos dos sectores sociales (audiencias y dirigentes políticos). Encuestas, partidos políticos, y medios masivos de información son los mecanismos que permiten a las audiencias llevar sus asuntos a las esferas altas de los asuntos políticos (Price, 113: 1995).

Ahora bien, en la opinión pública prevalecen ciertos arreglos y nuevos elementos, como el sondeo estadístico basado en pregunta y respuesta a individuos, para rechazar o legitimar ciertos temas, y mostrar las respuestas como la opinión general. De fondo, la manipulación de las preguntas y su direccionamiento convenientes con el poder hegemónico, reemplaza las verdaderas opiniones de sujetos que en su realidad cotidiana, contrastan los sentidos que los medios masivos de información imponen. Aun así se construyen significados direccionados desde los líderes de opinión formal (congresistas, gobierno nacional, estado, periodistas, académicos, etc.) para legitimar el orden social vigente (Miralles, 73: 2001).

En esencia la opinión pública sigue siendo una trasmisión de valores, intereses e ideas de unas pocas personas a las mayorías, para crear una confianza en el orden social imperante y así reproducir su funcionamiento, legitimando las contradicciones creadas por ese régimen y cuyo actor principal en esa manipulación son los medios masivos de información.

Simultáneamente, la opinión pública en estrecha relación con el espacio público, impone que la coexistencia en esta última no es auténtica en ninguna forma, al existir leyes internas imperceptibles que distancian a los individuos deliberadamente, generan breves entrecruzamientos entre las personas tales como saludos, dudas sobre algo que se busca (la hora, una dirección o una persona), conversaciones mínimas que se esfuman en poco tiempo, prevaleciendo así un conocimiento mutuo mínimo entre los transeúntes que impiden estrechar lazos (Delgado, 38: 2007).

Es necesario decir que la individualización de las personas y su manipulación masiva en términos de opinión, sustentan fundamentalmente el proyecto moderno, buscando siempre mil y un formas de legitimar el orden de cosas alienante. El Estado juega un papel importante para evitar el cambio de sistema económico capitalista por otro distinto. En ese orden de ideas, la sociedad moderna, se organiza en clases sociales funcionales a la producción del capital y a su vez reorganiza el espacio en función de la acumulación inequitativa del capital.

Concerniente a los medios masivos de información, el poder acumulado en ellos les permite suplantar los sitios de debate y a sus participantes, al mostrarse como las fuentes de información, y únicos lazos de interacción entre las clases sociales, desintegrando de esta manera la esencia de los escenarios de debate y análisis colectivo. Las condiciones en las que se gestó la opinión pública fueron reemplazadas por los medios masivos de información, al convertirse en los nuevos referentes de deliberación y reflexión.

Sin embargo, se tiene en cuenta la concepción de lo público, como el lugar de circulación de intereses y discursos, con el carácter heterogéneo de las personas que confluyen allí (Barbero, 79: 2001), intercambiando y reconstruyendo las ideas que circulan, posibilitando la reflexión y el análisis de la realidad social. Esta concepción nos lleva al territorio donde se crea la historia por medio de la acción colectiva, basado en la reciprocidad, rasgo fundante de la comunicación humana.

Continuando con esta concepción, lo público es el escenario de encuentro entre las personas, un espacio común construido por las diferencias individuales por medio de la comunicación, re-aprendiendo uno del otro, creando consensos, disensos, valores e intereses contrapuestos o acordados colectivamente. Esta base sustenta una opinión pública renovada y coherente con el carácter heterogéneo de la sociedad.

Un puente entre la heterogeneidad, es la deliberación entre los sujetos que permite intercambiar los propósitos para decidir colectivamente sobre algún tema o problema (Miralles, 83: 2001). Es así como desde la iniciativa de las Juntas de Mejoras Públicas (JMP), los participantes deliberaban sobre las problemáticas del corregimiento para encontrar alguna solución,”hacíamos las reuniones en Ambalá para hablar sobre los problemas de El Salado, como aseo, embellecimiento de las casas y eso después lo hablábamos con los amigos, la familia. Nos reuníamos Fustino Ramírez, Drigelio Debia, Gabriel Robayo, Carlos Arturo pero no me acuerdo el apellido de él” (Obando, 2013. Entrevista). Esto generó un proceso de comunicación con redes de opinión cuya referencia eran las JMP a inicios de la década de los 60´s.

También el megáfono del cura Oviedo, fortaleció este proceso deliberativo impulsado por las JMP, al incorporarlo como un medio de información que dinamizó el diálogo en los habitantes de El Salado, para que abordaran los problemas de violencia que se presentaban en el plano local, impulsando el diálogo, en la plaza de mercado, en las casas, veredas, y demás sitios donde tuvieran las condiciones para el encuentro.

De igual modo, el parque de El Salado, era un escenario permanente para el encuentro de los habitantes, donde se sentaban a charlar acerca de temas y experiencias que pasaban en la localidad, los tradicionales chismes, la actualidad, asuntos de familia, y otros que nacen en las condiciones del parque, donde el encuentro no cumple un horario institucional. Como cualquier escenario de paso de las personas, el parque es un espacio constituido por los movimientos de los habitantes que transcurren en diferentes direcciones y están allí en distintas horas, no tiene un orden establecido ni una estabilidad a comparación del lugar (De Certeau, 129: 2000).

Aun así, el parque era el espacio público sobresaliente para que los habitantes del corregimiento abordaran los temas que rechazaban la reproducción de la violencia directa y sus consecuencias en la convivencia de la comunidad, gracias al padre Oviedo y su megáfono que a diario emitía mensajes a favor de la paz y la reconstrucción del tejido social.

Este espacio público local, fue protagonizado por los habitantes del corregimiento y sus movilizaciones allí, que a su vez lo hace común y excepcional al tiempo, común porque son personas comunes que concurren diferenciando en el tiempo y espacio este habitar, y excepcional porque implican una transformación de los momentos y lugares utilizados, impregnándoles una plusvalía simbólica, un estatuto sentimental, que los hace especiales al implantarles un valor de ritual (configura una jerarquía de valores que afecta a las personas, los lugares, los momentos y los objetos que involucra y a los que dota de un valor singular en el espacio público) (Delgado, 156: 2007).

Estas movilizaciones dentro del espacio público, se centran en un sujeto colectivo que se encuentra con otros, que es susceptible de experimentar estados de ánimo, desencadenar reacciones y llevar a cabo iniciativas aglutinadas por objetivos comunes que se construyen dentro de esa dinámica. El sujeto es un agente de acción social (Delgado, 157:2007).

Otro elemento de la naturaleza del espacio público, es su infraestructura práctica hecha por las acciones individuales, conflictivas, mecánicas y pronosticables de las personas, pero en medio de estos movimientos se escapan argumentos y hechos que develan injusticias, verdades ocultas, se desmienten discursos preestablecidos puestos en circulación (Delgado, 40: 2007), generando que dentro de ese complejo rio de movimientos, surjan posibilidades de rechazar aspectos del orden social vigente.

Esta dinámica cotidiana a simple vista, acarrea la capacidad creativa del relato, que contiene la fuerza performativa (hacer lo que se dice) al incluir el pasado representado en experiencias traídas al presente, para canalizar el ahora hacia un futuro (De Certeau, 135: 2000) adecuado para la vida. Al navegar por las aguas del relato, los temas impulsados por el Padre Oviedo, permitió crear un escenario que estaba afuera del orden de cosas violentos y desquebrajados, un estado donde la convivencia volvía a ser como era antes de la llegada de los actores armados y donde el bienestar fuera un derecho gozado plenamente, este escenario creado por medio del relato en el parque y otros espacios, legitimó las acciones que se realizaron para crear ese estado de cosas soñado, protagonizado por la comunidad de El Salado.

Es así como el relato partiendo de acciones pasadas, articula el presente para construir un futuro, con la palabra narrada y con las acciones que trae consigo, las cuales se materializan, abren caminos furtivos dentro de los movimientos del espacio público, para que sirvan de base a las acciones creadoras de nuevos lugares, y de nuevas fronteras que amplíen el radio de acción de los sujetos conscientes. El relato es transversal en la vida del corregimiento, y es fortalecida por el proceso comunicativo emprendido por sus miembros, afianzando la legitimidad de ese lugar ideal.

Basándose en lo anterior, la experiencia concreta de El Salado, empezó a vislumbrar los procesos comunicativos propios del lugar, motivados por los problemas causados en las condiciones políticas, socio-económicas, locales y nacionales. El ejercicio local de iniciar apuestas por el mejoramiento del corregimiento instó a que sus habitantes impulsaran su opinión pública propia basados en las capacidades de comunicación y acción, sin tener un sustento teórico para la época que cobijara esta experiencia, tal como lo dice Luis Ramiro Beltrán, primero fue la práctica (2005) en teorías del campo de la comunicación nacidas en Latinoamérica.

 

¿En la comunicación se puede construir poder?

 

Dentro de la dinámica conflictiva y de abandono de El Salado, las relaciones de poder creadas por los actores armados, generaron prácticas colectivas que incidieron en todos los campos de la vida de sus habitantes de forma negativa, tales como proyectos productivos familiares, culturales, sociales, ambientales, modificando así la convivencia entre ellos, desencadenando la destrucción del tejido social. Fue común, el abandono de fincas por presión de los grupos armados, la filiación liberal o conservadora genero conflictos entre vecinos, amigos, familias, dividiendo la comunidad, el trabajo en los chircales disminuyó porque era común que los trabajadores abandonaran el trabajo por miedo a ser asesinados o perseguidos por los grupos armados (Obando, 2013. Entrevista).

En primer lugar, el poder según Castells (23: 2009), es la capacidad de relación de un actor social sobre otro de forma asimétrica para influir en los otros actores sociales, para favorecer sus intereses, voluntad y valores, la comunidad de El Salado empezaba a sentir y vivenciar los intereses y valores de los actores armados que llegaban al territorio, implantando relaciones sociales mediadas por la violencia directa, traduciéndose en una imposición de su voluntad por medio del accionar militar, lo cual implicaba en términos de correlación de fuerzas la división entre los habitantes.

En consecuencia, la violencia directa de los actores armados en la localidad, impuso una disciplina en la comunidad para asumir las normas extra-institucionales de los primeros, viéndose afectados en la cotidianidad el conjunto de valores, sistemas productivos locales, la seguridad, la movilidad de los habitantes, el núcleo familiar, la convivencia entre vecinos y amigos, y todas las relaciones sociales establecidas antes y durante el conflicto bipartidista.

A su vez, otras relaciones de poder se registraron paralelamente desde la comunidad misma, pues las relaciones de poder no se crean desde el uso exclusivo de la violencia y discursos disciplinares (Castells, 40: 2009), también el diálogo y la deliberación colectiva permiten ser un punto de encuentro en los intereses y valores de los actores que son reunidos por un tema y circunstancias específicas.

Por eso los actores reunidos en las JMP iniciaron el proceso deliberativo y de consenso que lleva implícito relaciones de poder entre ellos, pero no para destruir, sino para construir perspectiva del lugar, objetivos comunes y un discurso cohesionado capaz de tener resonancia fuera de ese escenario, basado en la realidad problematizada de El Salado y la necesidad de encontrar soluciones.

En este proceso no se identificaron intenciones de armarse y reaccionar a la violencia directa (Obando, 2014. Entrevista) creando contingentes armados dentro de la comunidad para que hicieran resistencia frontal a los actores armados. Por el contrario, en las alternativas realizadas no se usó la fuerza, y se buscó tener una línea directa de comunicación con la administración municipal en torno a los problemas de abandono del corregimiento, y el tema del conflicto armado.

La otra cara del poder es crecer en conciencia, organización y capacidad de acción de los sujetos protagonistas (Rauber, 95: 2011), estos tres elementos configuran la formación de una subjetividad distinta a la hegemónica, con otros valores, otros intereses, un desarrollo en el análisis de la realidad para problematizar las circunstancias, e impulsar la toma autónoma de decisiones fuera del radio de la institucionalidad establecida, omitiendo en cierto momento la normatividad vigente, porque se percibe que esta no concuerda con los objetivos planteados desde los sujetos y por el contrario, esta normatividad vigente hace parte del conjunto de causantes de las condiciones indignas o injustas que se padezcan.

Es así como la conjunción (integral-integradora) de relaciones sociales, económicas, políticas, culturales (Rauber, 95: 2011) y demás emprenden un camino complejo y lento dentro de las personas que protagonizan los cambios, porque es de forma integral que se configura su ser, pensar y hacer de la mano con los otros sujetos, con quienes se organizan horizontalmente para alcanzar los objetivos de cambio.

Nuevos sujetos se van proyectando en estos escenarios organizativos y políticos, aunque dentro del poder hegemónico construyen otra forma de observar la realidad y crean maneras de incidir en ella, realizan escamoteos entre las fisuras que posee la estructura social imperante. Se erige una institucionalidad paralela, con base en esas nuevas subjetividades que plantean sus propias relaciones de poder, legitimándose entre ellos mismos como comunidad, creyendo en ello, trabajando en ello y poniendo sus esperanzas en ese proyecto colectivo que protagonizan.

Este proyecto colectivo no nace amparado en el marco legal vigente, porque en sí fue creado y erigido al margen de ese marco, pues fueron las comunidades desde abajo quienes construyeron ese conjunto de valores, prácticas, perspectivas, con conciencia problematizadora, y capacidad de acción autónomas, y con ese carácter propio se asumen como sujetos cuestionando las instituciones establecidas y enfrentándolas con sus acumulados que van incrementándose integralmente, dentro de un proceso de construcción de poder contra-hegemónico.

En este escenario los intereses y valores nuevos calan en los miembros de las familias y personas cercanas a los actores de las JMP, su capacidad de influir en la comunidad inició cadenas de diálogo para apropiarse de la realidad del corregimiento y de manera colectiva observarlo y analizarlo. Así la construcción de sujetos empoderados se inicia desde los espacios cotidianos y privados, donde se charla y comparten las visiones de El Salado, asumiendo el compromiso de no solo dialogar sino de tomar acciones concretas para alcanzar las metas comunes de bienestar.

También se presentó en este proceso un fortalecimiento en el habitar de las personas del corregimiento, porque cuando estas construyen infraestructura se habita al mismo tiempo ese lugar, pues apropian el espacio físico donde llegan, construyendo planes de vida individuales y colectivos, bajo el sentido del empoderamiento de la comunidad, y así se sigue el ciclo de habitar-consolidar el territorio.

El habitar el corregimiento se hace a través de las prácticas de trabajar la tierra, comerciar los productos, establecer lazos afectivos, luego se suma el proceso de las JMP, donde las prácticas se hacen enclave del territorio y el bienestar de la comunidad, en un nuevo lugar, con nuevos sentidos y objetivos, impulsando la formación de sujetos protagonistas de la vida individual y colectiva en El Salado.

Además, habitar en el sentido radical de la palabra, significa cuidar (Heidegger) el crecimiento y sostenimiento de aquello que se construyó y se construye, tomándose en cuenta la cuestión causal del objeto, ya sea una casa, una carretera, un alcantarillado, o algo que no exista físicamente pero tiene un significado personal, tradiciones, familia, recuerdos, vivencias, etc. La causa de tener prevalece en la noción de habitar.

No se trata de hacer énfasis en satisfacer la necesidad de habitar con una cantidad infinita de viviendas, o infraestructura vial, sino de partir de la pregunta ¿cómo se habita?, completando el cuadro de construir y habitar con la capacidad de pensar, dónde se ubica la conciencia de los sujetos sobre su realidad y la búsqueda de salidas a los problemas que la constituyen.

Por eso con la pregunta anterior, no se aborda la preocupación de construir más casas, sino de mejorar las condiciones de vida del corregimiento, exigiendo los derechos que toda institucionalidad administrativa debe cumplir.

Con lo anterior, cabe resaltar el criterio legal con que los actores de las JMP realizaban las acciones, las cuales eran ir hasta la sede de la administración municipal, y reunirse con los funcionarios encargados de los temas enmarcados en las exigencias de los habitantes del corregimiento. Trabajando dentro del marco formal de adecuarse a una agenda, y aprovechar el tiempo dedicado como institución a ciudadanos preocupados por la comunidad, y luego esperar la respuesta o gestión de los funcionarios hacía las demandas llevadas.

Don Rómulo no nombró otro tipo de acción que no estuviera fuera del marco normativo (2013. Entrevista), como movilizaciones masivas u otras acciones de hecho que obligaran a actuar a la administración municipal, predominó en estas acciones la influencia de individuos en cargos públicos, junto al acatamiento de las reglas.

Aun así, la iniciativa de reunirse, deliberar, conocerse, asumir compromisos, proyectar objetivos creaba otro tipo de poder dentro de la comunidad y en los actores de estos escenarios (JMP), logrando construir en la localidad, legitimidad
hacia ellos, quienes iniciaban un actuar político con carácter comunitario y de poder.

Alrededor de la complejidad del territorio y de la comunidad, se da cuenta que en términos de poder, se crearon relaciones sociales solidarias que legitimaron el actuar de sus habitantes para buscar soluciones de bienestar en las JMP, pero estas acciones que llevaron a cabo, también hablan de la legitimidad que tenían los habitantes sobre las funciones de la institucionalidad, porque no se apartaban del marco normativo que se tenía para informar y diligenciar las demandas de la comunidad ante la alcaldía o gobernación, por el contrario, se apegaban a ellas para hacer conocer su realidad a los funcionarios públicos. Fue cuestión de tiempo e insistencia, para crear un órgano institucional comunal que tuviera una interlocución fructífera con la administración municipal.

No hay que olvidar el aporte del megáfono utilizado por el Padre Oviedo, para crear nuevas relaciones de poder, ya que facilitó el intercambio de información en las personas a diario, haciendo énfasis en reconstruir el tejido social y la paz. La mediación para el diálogo en los espacios públicos del corregimiento aportó a la construcción de significados que alimentaron la convivencia sin violencia y la voluntad de reconocer al otro(a) en medio de la diferencia política o ideológica.

Hay que advertir que los espacios públicos del corregimiento (parque principal y la plaza de mercado) no se entienden desde el enfoque espacial físico, que hace énfasis en la infraestructura, omitiendo el sentido político del espacio público, (Miralles 37: 2001), aunque el parque y la plaza de mercado son los escenarios principales donde se dialogaba alrededor de la información del Padre Oviedo, aquí se toma el enfoque plural de lo público, que habla del encuentro en la diferencia y la construcción de sentidos entre las personas (Barbero 79:2001).

Al observar el proceso comunicativo que se emprendió en la comunidad de El Salado, se puede identificar el alcance de los objetivos de la comunicación, al observar que moviliza a los sujetos que la apropian y aplican en colectivo, que cuestionan el orden de cosas que tiene el territorio en aquel periodo haciéndole frente entre todos a la realidad que analizan, y porque alimenta un creciente proceso de toma de conciencia sobre el estilo de vida que tiene El Salado, adoptando una voluntad de trabajar para cambiar ese estilo de vida injusto (Kaplún, 27: 2002).

Este proceso comunicativo desde el enfoque construido por autores e investigadores latinoamericanos junto a experiencias históricas que ha tenido el continente, se articula a un proyecto de sociedad distinto al que impone el capitalismo, porque los sujetos protagónicos están en los pueblos y ellos forjan desde sus procesos organizativos el tipo de sociedad y país consecuente con su visión de la vida. Claro está que un proyecto de sociedad distinto al capitalista, no se plantea en las JMP, ni tampoco es la utopía que moviliza a la comunidad de El Salado, y mucho menos es la intención del Padre Oviedo transformar la estructura social colombiana partiendo de esta localidad. No obstante, hay que reconocer el proceso comunicativo y de desarrollo local llevado a cabo en la localidad, más que un proyecto de país como meta a alcanzar.

En este mismo sentido, cabe citar aquí a Isabel Rauber cuando dice, “la práctica de los sujetos históricos es un acto generador y desarrolla su propia teoría, además de ser un acto creador del mundo (innovador) existente, y se transforman así mismos como sujetos libres y liberadores, una transformación en doble vía” (Rauber, 2011).

Se asume con esto, que la práctica de vivir de los sujetos populares es un ejercicio crítico de su alrededor, incide en la correlación de fuerzas y busca transformar el mundo. Además, la práctica de los sujetos populares es de carácter integral, que los auto-constituyen en protagonistas de la historia, reconociéndose en sujetos políticos que construyen sociedad (Rauber, 121: 2011), dentro de la hegemonía imperante de sectores económicos representados en los gobernantes, que se hacen elegir para manejar la administración pública de un municipio, un departamento y de una nación.

Tal vez los habitantes de El Salado, hubieran planteado objetivos de transformación social con una conducción diferente en el proceso comunicativo, partiendo de las condiciones de abandono y violencia (estructural, cultural y directa) a las que estaban sometidos, sin embargo, el proceso en sí generado desde la comunidad, pone en la historia local y nacional las prácticas hechas por los miembros de este sector popular, que buscaban cambiar la realidad concreta del territorio, la cual en esencia, estaba articulada a la dinámica social continental de esa época.

Las relaciones de poder creadas en El Salado, son de un carácter comunitario y contra-hegemónico, al centrarse en la comunidad sin ninguna intervención institucional, se gesta desde los habitantes perspectivas integrales de la localidad, un relacionamiento de paz y unidad, acobijados por objetivos que buscan el bienestar de las personas, al tiempo que reconstruyen el territorio. Desde abajo se cimenta nuevas relaciones de poder dentro de un proceso comunicativo que se integra en las nuevas prácticas colectivas, tendiendo puentes entre los sujetos activos que estrechan sus afectos y valores, enfrentando la desarticulación generada por la violencia, y que en ese nuevo poder yacen las soluciones al conflictivo contexto que vive el corregimiento.

 

Conclusiones

 

Lo anterior es un aporte a la memoria de la humanidad, con la experiencia de El Salado en materia de construcción de vida digna en el marco de un conflicto armado, que a nuestros días en Colombia no desaparece. Por consiguiente, vale la pena dejar algunas interrogantes abiertas para ser fortalecidas con otras experiencias y reflexiones que se desarrollan en nuestro continente.

En la práctica, los pueblos de Latinoamérica crean conocimiento propio pero hace falta el ejercicio de sistematización y análisis de dichas prácticas, por ende El Salado es otra muestra de ello. Para la comunicación social, es importante valorar lo realizado por el cura Oviedo con su megáfono, convertido en puente con la comunidad para incidir en el sentido colectivo de las personas de solucionar los problemas generados por el conflicto armado. Por medio de valores como respeto, solidaridad, principios de unidad y hermanamiento eran los mensajes incisivos de Oviedo para reconstruir el tejido social.

Lograr que sus mensajes fueran conversados y reflexionados por el saladuno en su cotidianidad, demuestra el alcance de este medio para crear opinión pública en la localidad. Un aspecto que no se puede obviar, pero tampoco esta completo. Ya que la organización en las JMP, se entrelazan en el proceso organizativo general de la comunidad.

Con la apropiación de un lugar (El Salado) para proyectar acciones conjuntas, impulsar colectivamente estrategias de interlocución con la administración municipa, paralelo a ello la deliberación cotidiana refuerza este proceso e inherenteme reconstruye las ideas que van aflorando entre los sujetos. Así que ¿se construyó poder desde abajo en El Salado? ¿la creación de la Junta de Acción Comunal en 1964 fue el resultado de un proceso organizativo?

Además ¿no hubo objetivos de transformación social por parte del cura Oviedo y en las JMP, este proceso aporta a ese horizonte?

 

Asociación Nacional Coordinador Nacional Agrario

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*Comunicador social de la Universidad del Tolima, estudiante de la Maestría de Gerencía educativa de la Universidad Pedagógica Experimental Libertadora de Venezuela. Miembro de la Secretaría de Comunicaciones y Formación del Asociación Nacional Coordinador Nacional Agrario (CNA).

 



Bibliografía:

 

Barbero, Jesús Martín (2001). Reconfiguraciones comunicativas de lo público. México. Análisis.

Beltrán Salmon, Luis Ramiro (2005). La comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo. Buenos Aires. Carrera de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.

Castells Olivan, Manuel (2009). Comunicación y poder. Madrid: Alianza Editorial.

Delgado, Manuel (2007). Sociedades movedizas, pasos hacia una antropología de las calles. Barcelona. Editorial Anagrama S.A.

De Certeau, Michel, (2000). La invención de lo cotidiano. México: Universidad Iberoamericana, Instituto tecnológico y de estudios superiores de occidente.

Gumucio Dagron, Alfonso (2001). Haciendo olas: Historias de Comunicación participativa para el cambio social. New York. The Rockefeller Foundation.

Habermas, Jurgen (1981). Historia y crítica de la opinión pública. Barcelona. Editorial Gustavo Gili S.A.

Heidegger, Martin, Construir, habitar, pensar. http://www.artnovela.com.ar/

Kaplún, Mario (2002). Una pedagogía de la comunicación (el comunicador popular). La Habana. Editorial Caminos.

Manual de historia del Tolima, Tomo 2, La violencia política y social (2007). Ibagué. Pijao Editores.

Miralles, Ana María (2001). Periodismo, opinión pública y agenda ciudadana. Bogotá: Norma.

Price, Vincent (1992). Opinión Pública. México. Universidad de Guadalajara, Desarrollo de Opinión pública S.A, Prospectiva Estratégica A.C.

Randall, Stephen J. (1992). Aliados y distantes. Historia de las relaciones entre Colombia y EE.UU desde la independencia hasta la guerra contra las drogas. Bogotá. Tercer mundo editores.

Rauber, Isabel (2011). Dos pasos adelante, uno atrás: Lógicas de superación de la civilización regida por el capital. Bogotá, D.C, Colombia: Ediciones desde abajo.

Referencias de entrevistas

Obando, Rómulo (Agosto de 2013) (Agosto, Septiembre de 2014) (Febrero de 2015). Habitante de El Salado. Ibagué.
Ramírez, Bruno (Agosto de 2013). Habitante de El Salado. Ibagué.

Publicado enColombia
“Llegamos a esta situación cansados definitivamente de tanta explotación”
 

El pasado 13 de febrero, al cierre de esta edición, los trabajadores de Indupalma lograron su formalización laboral, propósito central de la huelga que ya sumaba 20 días, por lo cual la levantaron.

Según lo acordado con la patronal, para el 7 de septiembre del año en curso esta formalización laboral debe ser un hecho. Para que así sea, el sindicato recogerá el listado de todos los trabajadores tercerizados para presentarlo en la primera reunión de la comisión (“para la evaluación funcional”) establecida para tal fin, por reunirse los días 21 y 22 del mes en curso. La comisión tendrá que presentar sus conclusiones el 7 de marzo, en las cuales incluirá “el cronograma de la ejecución a la que hubiere lugar, que no podrá exceder 6 meses calendario a partir del 07 de marzo”, según el acta firmada para levantar la huelga.

 

Mientras muchos colombianos festejaban el mes de diciembre, en el municipio de San Alberto, Cesar, distante 520 kilómetros por carretera de Bogotá, cerca de mil doscientos trabajadores cooperativizados y que prestan servicios misionales a la Empresa Industrial Agraria La Palma Ltda. Indupalma estaban pensando en llamar a la huelga. El día 5 de diciembre entregaron a los directivos de la Empresa el pliego de peticiones y en la madrugada del pasado 25 de enero finalmente iniciaron la huelga general. Frente a las instalaciones de la sede empresarial, instalaron una carpa, cambuches y fogones, reeditando uno de los conflictos laborales más importantes del país y al cual, poca o nula atención le prestan a nivel nacional.

 

No aguantamos más…

 

El 11 de junio de 2017, un grupo de 248 trabajadores se reunieron en San Alberto y crearon la organización. “Desde entonces no han parado de recibir afiliados, al punto de que al día de hoy ya son más de 1.000 los trabajadores afiliados a Ugtta”. (Agencia de información Laboral Alai)

La huelga es liderada por la Unión General de Trabajadores Tercerizados de la Agroindustria Ugtta. En el pliego de peticiones se registran las siguientes exigencias: firmar por parte de la empresa, la convención colectiva de trabajo; reconocer los viáticos de los negociadores y el permiso sindical; reconocer el recién creado sindicato; la contratación directa de los trabajadores y el reintegro de Andrey Piñares Zapata, trabajador despedido sin justa causa.

El informativo Picalengua, que circula por WhatsApp, citaba en su edición número 1 que se trata de: “[…] trabajadores que prestan el servicio a Indupalma por medio de cooperativas […] tenemos un desconocimiento total por parte de los empresarios palmeros para con los trabajadores que estamos vinculados por medio de las cooperativas desde hace más de una década […] con la llamada tercerización no se nos reconoce las garantías legales laborales, pero tampoco se nos reconoce como trabajadores de la empresa, presentamos pliego de peticiones más de 1.200 trabajadores que sostienen la huelga y hasta el momento no tenemos respuesta, tampoco con la huelga los señores de Indupalma quieren reconocer a ninguna comisión negociadora para tratar de resolver este conflicto” (edición Nº. 1. enero de 2018).

Una trabajadora empleada de la Cooperativa indicaba que:


“…somos trabajadores de cooperativas, somos tercerizados […] trabajadores sin ningún beneficio laboral. La empresa donde prestamos los servicios no nos ha reconocido como trabajadores directos de Indupalma. Los oficios son oficios misionales que se hacen a diario: cosecha, guachapeo […], control de enfermedades que es sanidad, poda, mantenimiento, polinización […] en general prácticamente los trabajadores tercerizados de las cooperativas son los que realizan estas labores. Mujeres habemos bastantes trabajando, como el 30 o 40% […], la mayoría cabeza de hogar.


El ingreso mensual depende de los días laborados. A veces por la lluvia no trabajamos, pero a veces cerramos con 7 u 8 días de la quincena. La mayoría se queda en los descuentos de la cooperativa. Serían de $ 80.000 o $ 100.000 por mucho. La cooperativa se queda con el 12 o el 14% más los descuentos de la seguridad, de compensaciones y lo que descuente la cooperativa. De los $80.000 quedan unos $50.000 o unos $20.000, dependiendo de los días laborados y de los descuentos de la cooperativa. Si se labora toda la quincena 12 días más o menos, llegan por ahí $250.000 o $300.000 en jornadas de trabajo de 5 de la mañana a 1:30 o 2 […] y en cosecha de 5 am a 3 pm […]”.

La huelga fue votada en Asamblea General efectuada el día 5 de enero del 2018. La misma trabajadora indicaba que:

“Hoy estamos realizando la asamblea para presentar el pliego de peticiones a Indupalma para ver si se sienta con nosotros, para que […] nos reconozca como trabajadores directos. A parte de eso, que nos reconozca como sindicato. (hay) mayoría de hombres que han dedicado prácticamente toda la vida trabajando en Indupalma y lamentablemente nosotros no tenemos ningún beneficio a largo tiempo.  
 
La verdad llegamos a esta situación cansados definitivamente de tanta explotación, es muy verraco cuando uno tiene hijos, tiene familia y la verdad que uno trabaja los días y la plata no le alcanza a uno para sostener la familia”.

 

Desde hace mucho tiempo, ya se veía venir…

 

Según el Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social (Mintrabajo) en evidencias consignadas en la resolución número 4259 del 27 de octubre de 2017, desde septiembre de 2013 se venía desarrollando una indagación preliminar por parte de la territorial del Cesar contra las empresas Indupalma, Agrocampo, Certiagros, Agrosanalberto y 26 empresas cooperativas más, constituidas en la región para la prestación de servicios de distinta naturaleza a la agroindustria de la palma de aceite. La indagación se establecía por:

“[…] presunta conducta de intermediación laboral, incumplimiento de las normas del sistema de seguridad social y riesgos laborales, ordenándose la práctica de pruebas” (Mintrabajo, 2017. pp. 2 y ss.).

El 27 de noviembre del 2013 el Ministerio del trabajo consideró que existían méritos para sancionar a Indupalma

“[…] por presunta conducta irregular de intermediación laboral con Cooperativas de Trabajo Asociado, Empresas Asociativas de Trabajo y Sociedades por Acciones Simplificadas” (Mintrabajo, 2017. pp. 2 y ss.).

Igual pliego de cargos fue formulado contra las empresas cooperativas y sociedades por acciones simplificadas. Algunas de las empresas, cooperativas y sociedades por acciones, nombraron una sola apoderada al parecer impuesta por Indupalma, la cual solicitó la anulación del auto de formulación de cargos. Dicha solicitud fue negada en febrero 5 de 2014 por la Dirección Territorial del Mintrabajo. Mediante solicitudes efectuadas por los apoderados de las cooperativas y de Indupalma directamente al viceministerio del trabajo fue suspendida la actuación de la territorial del Cesar, siendo asumido el caso por la Unidad de Investigaciones Especiales de la Dirección de Inspección, Vigilancia, Control y Gestión Territorial, retrotrayendo el proceso al estado de averiguación preliminar. En abril y mayo de 2014, los funcionarios del ministerio visitaron las instalaciones de algunas de las empresas, principalmente de Indupalma. El 3 de julio del 2014 se formularon cargos contra las empresas antes referidas por parte del Mintrabajo, instando a las empresas a corregir actuaciones que debían ser resueltas, las cuales fueron señaladas en los distintos momentos del proceso. Entre septiembre y octubre del 2014 se efectuaron visitas administrativo–laborales a distintas empresas cooperativas. Estas diligencias cubrieron las plantaciones e instalaciones localizadas en los municipios de San Alberto y algunas de Puerto Wilches y Sabana de Torres. En los siguientes años se recibieron testimonios de los distintos directivos cooperativos como de funcionarios de Indupalma.

 

Negando la realidad…

 

En el caso de Indupalma, el Mintrabajo identificó los siguientes procesos misionales: Innovación y Mercadeo; Gestión Comercial; Gestión Agronómica, Implementación y aseguramiento de negocios; Servicio al Cliente; Gestión de la producción1; Gestión de la cadena de abastecimiento. (Mintrabajo, Resolución 4259, página 11). El cargo formulado por el Mintrabajo a Indupalma fue:

“[…] presunta contratación de procesos o actividades misionales permanentes a través de cooperativas, contrario a lo señalado en el artículo 2 del decreto 2025 de 2011 que establece que a partir de la entrada en vigencia del artículo 63 de la ley 1429 de 2010, las instituciones o empresas públicas y/o privadas no podrán contratar procesos o actividades misionales con Cooperativas o Precoperativas de trabajo Asociado” (Mintrabajo, 2017. p. 4).

Este modelo de contratación, a juicio de los funcionarios del Ministerio afecta los derechos constitucionales, legales y prestacionales vigentes.

Para otras Cooperativas2 el cargo único fue el de:

“[…] proveer presuntamente servicios que corresponden a procesos o actividades misionales permanentes de la EMPRESA INDUSTRIAL AGRARIA LA PALMA LTDA–INDUPALMA LTDA. Contrario a lo previsto a lo señalado en el artículo 2 del Decreto 2025 de 2011…” (Mintrabajo, 2017. p. 5)

Para las Empresas Asociativas de Trabajo y las Sociedades por Acciones Simplificadas3 el cargo único fue el de:

“[…] presunta violación a lo señalado en el artículo 63 de la Ley 1429 de 2010 que a la letra reza: CONTRATACIÓN DE PERSONAL A TRAVÉS DE COOPERATVAS DE TRABAJO ASOCIADO. El personal requerido en toda institución y/o empresa pública y/o privada para el desarrollo de actividades misionales permanentes no podrá estar vinculado a través de Cooperativas o Precoperativas de Trabajo Asociado que hagan intermediación laboral o bajo ninguna otra modalidad de vinculación que afecte los derechos constitucionales legales y prestacionales consagrados en las normas laborales vigentes (Mintrabajo, 2017. p. 5.)

Indupalma presentó descargo el 7 de julio de 2016. El mismo día lo hizo la apoderada de las otras empresas. Indupalma argumentó que desarrollaba proyectos económicos bajo la lógica de la economía solidaria, soportándose en la Constitución Política y otra serie de normas reglamentarias del trabajo en Colombia. Afirmaba su apoderado, que, si una cooperativa no hacía intermediación laboral, podría desarrollar actividades misionales para terceros, y que muchas de estas cooperativas se trataban de:

“[…] verdaderas Unidades Autónomas Empresariales, es decir C.T.A. que no hacen intermediación laboral […] no hay sustento fáctico y jurídico alguno para afirmar que hay mérito para iniciar procedimiento administrativo sancionatorio contra una empresa que contrata tales CTA en actividades misionales permanentes” (Mintrabajo, 2017. p. 7).

Afirmaba Indupalma que ellos le:

“[…] apuestan a una visión social del capital mediante programas de valor compartido, generando un desarrollo social en el campo” (Mintrabajo, 2017. p. 7).

EL 11 de febrero de 2015, la dirección del Viceministerio de Trabajo, notificó a las partes interesadas de la existencia de méritos para adelantar proceso administrativo sancionatorio, formulándo cargos en mayo de 2016 contra Industrial Agraria La Palma Ltda Indupalma, Agrocampo, Sertiagros, Agrosanalberto y 22 empresas cooperativas y Sociedades por Acciones Simplificadas.

El modelo empresarial y productivo genera la tempestad…

Indupalama lleva más de 20 aplicando este modelo de “emprendimiento social”, y argumenta en su defensa que los modelos cooperativos y solidarios.

“[…] han sido avalados por la OIT como un elemento importante en la construcción de trabajo digno” (Mintrabajo, 2017).

La apoderada de las otras empresas argumentó que no existía intermediación laboral alguna, ni mucho menos tercerización, afirmando que lo que se da es la prestación de servicios cooperativos agrícolas de una parte de la cadena productiva de la agroindustria de Indupalma sin que llegue a ser la totalidad del proceso ni mucho menos lleguen a reemplazar a personal de planta de Indupalma.

De hecho, indicaba la abogada que en la empresa Indupalma no existía personal calificado para el desarrollo de tales actividades y que, por tal motivo, debían contratar los servicios con las Empresas Cooperativas. Esta lógica de venta de servicios opera no solamente con Indupalma. Para esta abogada, todas estas relaciones laborales están reguladas por la normatividad mercantil, sin que se llegue a probar la vulneración de derechos laborales, prestacionales o de otra índole a los trabajadores. Otro elemento fundamental argumentado por la representación legal de estas empresas indica que no se constituye relación laboral con Indupalma puesto que:

“[…] no confluyen los elementos propios que la ley laboral exige para hablar de un contrato realidad” (Mintrabajo, 2017. p. 9).

Igualmente arguyen los empresarios cooperativos que:

“[…] el objeto que desarrollan no puede estar atado al requisito de ser dueños de la tierra, puesto que si ellos fueran los propietarios pasarían a ser empresarios que producen y no necesitan de terceros” (Mintrabajo, 2017. p. 9).

Enfatizan, que las empresas Cooperativas y empresas Asociativas de Trabajo se constituyeron por voluntad de los asociados y que los trabajadores gozan de total autonomía en la realización de sus labores. Igualmente, que los medios de producción y herramientas son de propiedad de las cooperativas siendo utilizados algunos de ellos bajo la modalidad de comodato. Dicen, además, que en la realización de los contratos no hubo injerencia alguna de la empresa contratante, por ejemplo, de Indupalma, a pesar de ser esta la principal empresa demandante de los servicios prestados por las cooperativas y los trabajadores afiliados a ellas.

Sin embargo, el único cliente de todas las Empresas, Cooperativas y Sociedades es Indupalma. En otras palabras, esta empresa tiene el monopolio del mercado laboral en San Alberto y posiblemente en Puerto Wilches y Sabana de Torres. Así estén constituidas otras empresas, estas le venden servicios o la materia prima a Indupalma. Por ejemplo, Cootrapalma le presta servicios a Indupalma desde el año 2000, es decir hace 17 años. Otras cooperativas como CooSanalberto y Siglo XXI trabajan con Indupalma desde 1997 y 1998 respectivamente. Es decir, cerca de 20 años, coincidiendo con la transformación productiva y empresarial liderada por el entonces gerente de la empresa Rubén Darío Lizarralde, exministro de agricultura y líder empresarial.

Otras empresas fueron fundadas a mediados de la década del 2000. Sin embargo, la creación de nuevas empresas obedece en muchos, casos como lo han denunciado los trabajadores, a fraudes cometidos por los gerentes, quienes se apropian del dinero recaudado y para no responderle a los trabajadores, liquidan la empresa. En otros casos, el cierre y creación obedece a los reclamos de los trabajadores. En cualquier caso, el objetivo es no cumplir con las obligaciones laborales que exige la ley o que fueron conquistadas por los trabajadores mediante acciones colectivas y jurídicas.

Cuando los trabajadores reclaman, no solo cierran o liquidan las empresas y cooperativas. También les cierran el mercado laboral evitando que sean contratados por otras empresas. Esto sucede en virtud del monopolio que tienen del mercado laboral. También opera el despido injustificado o sencillamente, la no renovación del contrato. Se han dado casos en que personas no pueden volver a trabajar en la agroindustria de la palma en virtud de las reclamaciones realizadas contra las empresas. En otros casos, como es sabido por la opinión pública, recurren a la violencia: amenazas e intimidación; desplazamiento forzado e incluso, asesinato selectivo hacen parte del repertorio que han empleado contra los trabajadores sindicalizados y cooperativizados.

Claro está, que también se crean nuevas cooperativas y empresas en la medida en que se expande el cultivo de la palma de aceite. Este es el caso de la Cooperativa Cooyire, creada en 2005 y quien amplió su trabajo a la localidad de Minas

“[…] para ofrecer servicios en los proyectos Coosabana y Coopalmag, en los que están involucrados pequeños productores de palma que a su vez le venden la materia prima a INDUPALMA (Mintrabajo, 2017. p. 14).
O Serviagro, que lleva un año de ser fundada y vende servicios a seis clientes

“[…] todos representados por INDUPALMA […]” (Mintrabajo, 2017).

Es decir que, a pesar de existir varias empresas, el apoderado de todo el proceso es una sola persona jurídica, que a la vez es el operador logístico de todo. Al parecer las cooperativas y las otras empresas han sido especializadas para la prestación de servicios correspondientes a las distintas tareas misionales de Indupalma. En este sentido, no se contratan las mismas actividades con todas las cooperativas, ya que ofrecen servicios distintos funcionales a las necesidades productivas y empresariales del modelo productivo. En esta lógica no solo ordenan el mercado de trabajo. También inciden necesariamente sobre el uso y propiedad del suelo, el acceso a bienes de uso común como el agua; la infraestructura productiva y de transporte y la prestación de otra serie de servicios. En su conjunto, todos estos aspectos hacen parte del ordenamiento territorial. En otras palabras, Indupalma a voluntad empresarial, incide en el ordenamiento territorial.

Esta acción empresarial, afecta igualmente la realización de derechos como el de Asociación. Bajo la fachada de la economía solidaria y el bien común, se esconde el monopolio del proceso productivo y la acumulación de ganancia particular. Cuando no se cumplen los requisitos de la empresa o se intenta ampliar la contratación con otros oferentes, Indupalma toma acciones y no renueva el contrato de prestación de servicios con la cooperativa en cuestión. Este fue el caso de la cooperativa Agrocampo J.S. S.A.S. quien vio suspendido su contrato con Indupalma desde el año 2014, tres años después no tenía ningún otro contrato con tal empresa. Según la denuncia interpuesta ante el Ministerio de Trabajo por el representante legal, a propósito del proceso sancionado por el Mintrabajo en 2017:

“… nos cerraron la puerta por habernos presentado en la Dirección Territorial de Valledupar con un apoderado diferente al que INDUPALMA nos quería imponer” (Mintrabajo, 2017. p. 21).

En otros casos no solo se sanciona a la empresa sino al trabajador. Esto en relación con el proceso productivo. Uno de los gerentes cooperativos denunciaba que:

“[…] En la ficha técnica dice los términos de referencia de cómo se debe realizar la labor, mas no que hay una sanción o penalización llamada sanción que consiste en que si corto un gajo verde hay un descuento monetario equivalente a 35.000 pesos y en los extractos que envía INDUPALMA aparece el código de la empresa y el código asignado a cada trabajador para realizar el respectivo descuento, en el caso nuestro no podíamos descontárselo al trabajador y lo asumíamos, mientras que en las cooperativas si se lo descuentan a cada asociado, igualmente sucedía por el reguero de pepas, por hoja picada, por no colocar la malla en la posición adecuada, la decisión de sancionar al trabajador la tomaba INDUPALMA, no el gerente de la SAS e igualmente las COOPERATIVAS” (Mintrabajo, 2017. p. 21) De hecho Agrocampo va a entrar en liquidación por no encontrar ofertas laborales de contratación y por el hecho de que sus afiliados o están laborando en otras partes o se encuentran desempleados.

Para el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social,

“[…] es la contratante quien lleva acabo la planificación, implantación y el control de las actividades desarrolladas por estas Cooperativas dentro de sus propios terrenos y plantaciones. Segundo, que las cooperativas de trabajo sí realizan labores de intermediación laboral para la empresa INDUPALMA, la cual, a su vez, representa distintas empresas del Sector” (Mintrabajo, 2017).

Es de cierta forma un símil de la santísima trinidad: tres personas distintas y un solo dios verdadero. Esto se logra, además, en la medida en que Indupalma es el único contratante de los servicios que prestan los trabajadores por medio de las Cooperativas, Sociedades y Empresas. Las cuales, al no cumplir con las expectativas de Indupalma, se ven en la obligación de ser liquidadas y los trabajadores trasladados a otros predios, sean o no propiedad de Indupalma. En otros casos, los trabajadores que reclaman o que son sancionados pueden quedar vetados para trabajar por cuatro meses o de por vida en las distintas empresas controladas por este emporio.

El tiempo de contratación es por 4 meses. Al terminar se contrata otra cooperativa. De cierta forma, el proceso productivo no para, pero la oferta de trabajo sí para ciertas cooperativas, empresas y sociedades. En otras palabras, se recrea de forma permanente un ejército de reserva laboral, el cual se rota durante el año para el desarrollo de todo el proceso productivo, con la pretensión de no generar relación laboral de subordinación alguna entre la Indupalma y los trabajadores. La oferta mercantil a 4 meses la hace Indupalma. Es decir que esta empresa determina las condiciones del mercado laboral a nivel regional. También operan con contratos de prestación de servicios.
El Ministerio concluyó que Indupalma incurrió en la violación de los derechos a la estabilidad laboral, la Asociación y la Libertad Sindical,

“[…] pues al ser trabajadores asociados o independientes e indirectos con respecto a la Empresa INDUPALMA no pueden ejercer libremente sus derechos” (Mintrabajo, 2017. p. 25.).

También concluye el Ministerio que Indupalma

“[…] ha sido negligente y con falta de voluntad de solucionar la problemática que se presenta con el personal que desarrolla actividades misionales permanentes […]” (Mintrabajo, 2017. p. 25).

Violando la normatividad laboral existente desde el año 2010 –sin hablar de la vulneración y violación de derechos constitucionalmente y del conjunto de la legislación nacional–, Indupalma ha podido desarrollar su modelo productivo. Por esta razón, el Ministerio la multó a pagar 4.000 salarios mínimos legales vigentes del año 2017, equivalentes a $2.950.868.000, los cuales se destinaran al Servicio Nacional de Aprendizaje Sena. En el caso de las Cooperativas de Trabajo Asociado y de las Sociedades tambien se evidencia la violación de derechos y garantías laborales. Por tal razón las multó a pagar 1.000 salarios mínimos legales vigentes, equivalentes a $737.717.000 millones de pesos, destinados igualmente al Sena. Es muy probable que con el músculo financiero y político que tienen los empresarios de la agroindustria de la palma de aceite en Colombia, impugnen la sanción o, sencillamente, sigan violentando la ley y a la población.

Trabajadores misionales y sin derechos alguno, pero con dignidad. Sus razones para declararse en huelga son muchas, su resistencia siembra esperanza, así como han sembrado vida con sus manos a través del trabajo cotidiano con la tierra. Su huelga recuerda que la explotación laboral, y la estrecha relación patrón-Estado no es una imagen del pasado sino que es un cuerpo vivo en el presente colombiano.
* “A la memoria de Chucho Peña y los demás compañeros”. Febrero 7 de 2018
1 En este aspecto, el Ministerio identifica que de esta labor misional hacen parte las siguientes actividades: nutrición vegetal, sanidad vegetal, polinización asistida, cosecha, aplicación de subproductos; labores agronómicas que son contratadas mediante ofertas mercantiles con C.T.A; S.A.A. o E.A.T- y que las labores de mantenimiento de la palma africana tales como cosecha, guachapeo, círculos mecánicos, químicos, fertilización, aplicación de abonos, siembra, poda de la palma, reconstrucción de drenajes, labores de siembra de palma, limpieza de terreno, limpieza de círculos, drenajes, cercas entre otros, se realizan mediante la figura de oferta mercantil o constituyen sin lugar a dudas labores misionales de la empresa, las cuales sub contrata de forma indirecta con las Cooperativas, Sociedades y Empresas de Trabajo Asociado.
2 Cooperativa de Trabajo Asociado de Trabajadores de la Palma Asopalma; Bonanza, Coofuturagro C.T.A.; Cooporvenir; Coopreservir C.T.A.; Cooptecpal; Coopnorte; Copptraasopal; Cooreforespal; Cooservittec C.T.A.; Cootracos C.T.A.; Cootrapalma; Cooyirec; Cotraces; El Edén C.T.A.; El Palmar; Mujeres Mano Amiga; Palmares C.T.A.; Palmesan; Serviagro C&C C.T.A.; Siglo XXI; Vellasan y Cooperativa de Trabajo Asociado SC&C C.T.A.
3 San Bernado Abad; Trapalsac; y las Sociedades por Acciones Simplificadas Agrocampo S.A; Sertiagros S.A.S

Referencias:
- Acta de acuerdo de 1977 Indupalma–Sintraproaceites.
- Informativo digital Picalengua, Nº. 1.
- Fundesvic-Minga-Sintraproaceites. (2016) Las familias trabajadoras de La Palma contamos nuestra historia. ¡Quién ganó? ¡Quién perdió? Cartilla Nº. 3.
- Revista Semana. (2000) El antidoto de la violencia. En: Http://www.semana.com/especiales/articulo/el-antidoto-de-la-violencia/51934-3

- Revista Semana. (1988). ¿Qué quiere el M-19?. Recuperado de: http://www.semana.com/nacion/articulo/que-quiere-el-m-19/10434-3
- (Agencia de información Laboral Alai). Arrancó la huelga de trabajadores tercerizados en Indupalma. Recuperado en: http://ail.ens.org.co/movilizaciones/arranco-la-huelga-en-indupalma/

- Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. (2017) Resolución 4259 del 27 de octubre de 2017. Recuperada de http://ail.ens.org.co/wp-content/uploads/sites/3/2018/01/Resolucion4259de2017.pdf.

 


Recuadro


A sangre y fuego

 

La lucha de los trabajadores de Indupalma tiene historia. El 12 de septiembre de 1977, en el marco de una huelga general que habían declarado, se firmó la convención colectiva que rigió las relaciones laborales entre trabajadores y empresarios, hasta la década del 90. La contratación directa de cerca de 1.000 trabajadores indirectos, fue el principal de los logros alcanzados con esta firma. Muchos de ellos habían sido incorporados con edades entre los 14 y 15 años, sin experiencia sindical ni formación académica ni política.

En la década del 90 fue modificada la convención colectiva de trabajadores en virtud de la presión empresarial ejercida por las directivas de Indupalma, Simultáneamente fueron liquidados laboralmente gran número de trabajadores y creada la figura de la cooperativa para el desarrollo de labores misionales. Para muchos trabajadores que en su momento se encontraban amenazados de muerte y que de alguna u otra forma fueron intimidados principalmente por paramilitares, esto se trató de un retiro forzoso. La otra estrategia fue motivar a los trabajadores afiliados al sindicato y a otros, a convertirse en socios del proceso productivo agroindustrial de la palma de aceite.

Desde los años setenta los trabajadores denunciaban el desarrollo de prácticas violentas para la apropiación de las tierras sobre las cuales creció el cultivo de palma y se expandió. Esta situación se fue agudizando con el tiempo, a la voluntad de los capataces y mayordomos de las plantaciones. En los años noventa, la violencia entró, según sus palabras, a ser empleada como un instrumento de intervención para la solución de conflictos laborales, siendo favorecida en este proceso la Empresa cultivadora de Palma, principalmente al llegar a establecerse un batallón militar dentro de la plantación y, posteriormente, con la creación del Bloque Sur del Cesar de los paramilitares.

La reforma laboral y del modelo empresarial coincidió con el fortalecimiento de la acción paramilitar en la región y en el municipio. Los trabajadores fueron intimidados, amenazados, desaparecidos, obligados a renunciar y a desplazarse forzadamente.

Al finalizar la década del 2000, algunas investigaciones realizadas en la región indican que 93 trabajadores y 5 de sus familiares habían sido víctimas de asesinato; 16 directivos y afiliados al sindicato lo fueron de secuestro; 115 integrantes de la organización fueron víctimas de desplazamiento forzado, algunos de ellos previamente habían sido amenazados o tuvieron intentos de asesinato. 7 trabajadores fueron exiliados.

Publicado enEdición Nº243
Refundar la política. Desafíos para una nueva izquierda indoafrolatinoamericana

El territorio revolucionario está en las calles, en los barrios, en las comunidades, en las comunas, en las fábricas, en el campo. Es decir, donde habitan los trabajadores informales, los obreros, las mujeres, los jóvenes, los trabajadores del campo, los pequeños campesinos, los comuneros, las poblaciones indígenas originarias, los pobladores urbanos de barrios históricamente marginados... y sus organizaciones sociales. El nuevo poder popular instituyente nace y crece allí, en la creación y construcción de lo nuevo por los protagonistas sociopolíticos del proceso: los pueblos. Este proceso constituye, simultáneamente, la base material que posibilita la articulación intersectorial popular hacia la (auto)constitución de sus integrantes en sujetos políticos de los cambios. Atender constantemente a ello es uno de los desafíos políticos centrales de todo el proceso de cambios y no puede obviarse o secundarizarse.

De la autonomía a lo común. Entrevista a Christian Laval y Pierre Dardot

El filósofo greco-francés Cornelius Castoriadis (1922-1997) desarrolló su reflexión política a la luz de dos claves: la burocracia y la autonomía. Por un lado, el fenómeno burocrático -en esencia, la división entre dirigentes y ejectutantes- entendido y descrito como una forma de organización social extendida a todos los niveles (escuela, universidad, trabajo, partido) y a todos los lugares (al este y al oeste, tanto en EEUU como en la URSS). Por otro lado, el anhelo de autonomía –la capacidad individual y colectiva de darse las propias normas de existencia- como principal motor de las luchas de los años 50-60-70: en los movimientos de trabajadores, de colonizados, de mujeres, de jóvenes, etc.

Muchas cosas han pasado entre los análisis de Castoriadis y nuestro presente. Las luchas y los movimientos citados desbarataron de alguna manera el dispositivo burocrático y el capitalismo respondió con deslocalizaciones, cierre de fábricas, privatizaciones, precariedad, etc. Es la “metamorfosis ofensiva” que conocemos hoy como neoliberalismo. Nuevos movimientos surgen a su vez en respuesta, encontrando en el término de “lo común” un nuevo principio de acción, explicación y orientación.


Repensar el capitalismo a la luz del pasaje entre burocracia y neoliberalismo. Repensar la autonomía a la luz de “lo común”. Son dos de las líneas de fuerza que podemos encontrar en los últimos trabajos de Christian Laval y Pierre Dardot, tales como La nueva razón del mundo o Común (ambos en la editorial Gedisa). El neoliberalismo es descrito ahí, no sólo como una doctrina o una política económica, sino como una norma general de los comportamientos (tanto de los Estados como de las empresas y de los propios individuos) que hace de la competencia el elemento y el motor principal. Por su lado, “lo común” es pensado como un principio político (en primer lugar práctico, no sólo teórico) que conjuga la democracia radical (más allá de la representación) y el derecho de uso (más allá de la propiedad).


Christian Laval y Pierre Dardot forman una “extraña pareja” en el panorama intelectual contemporáneo. Sociólogo y filósofo respectivamente, desarrollan juntos un poderoso trabajo de investigación y escritura, lo que ya es una verdadera anomalía entre las formas de hacer individualizadas de la producción intelectual. En octubre de 2015, una serie de amigos (con el apoyo de la editorial Gedisa) invitamos a Laval y Dardot a Madrid, no sólo a presentar su trabajo, sino a discutirlo con personas y grupos que están pensando-haciendo lo común en la ciudad. Es decir, les propusimos salir un poco de las formas tradicionales de la charla-conferencia y ponerse en diálogo con realidades, experiencias y prácticas de lo común. Nos encontramos con dos personas humildes y accesibles, muy capaces de escuchar y aportar, a la vez de discutir teóricamente al máximo nivel y de aportar nociones e imágenes útiles para los problemas concretos de la construcción cotidiana de lo común. Es decir, descubrimos a dos personas capaces de relacionarse con otros en igualdad, deshaciendo con cierta manera de estar en común las relaciones de poder y desigualdad tantas veces ligadas a lo teórico.


Uno de los autores más citados en Común es el propio Castoriadis. Más allá del simple comentario o la interpretación, hay un diálogo vivo con el pensamiento filosófico-político de Castoriadis, en especial en torno al problema de “la institución”. ¿Cómo pensar las instituciones de lo común, esas instituciones radicalmente democráticas mediante las que nos hacemos cargo de los asuntos colectivos de la vida? Con esta entrevista, hemos querido conocer (y dar a conocer) más sobre la lectura que hacen Laval y Dardot de Castoriadis. Un lectura que, a nuestro juicio, actualiza y vivifica (intensifica) la obra de Castoriadis al ponerla en con los desafíos presentes de la transformación social. En esa tensión histórica entre la burocracia y el neoliberalismo, la autonomía y lo común.


Quizá, para empezar, les preguntaría qué lugar ocupa hoy Castoriadis en la escena intelectual francesa y cómo fue su encuentro con él.


Castoriadis se encuentra en una posición extraña, difícil de precisar. No está en el centro de las discusiones intelectuales y políticas en Francia, no es un “maestro” reconocido en ninguna disciplina particular, ni siquiera, y sobre todo, en el dominio del psicoanálisis. Permanece como lo que fue durante su vida: un marginal importante, un “outsider” si se quiere, que viene a chocar ortogonalmente contra una serie de campos teóricos y de posiciones políticas.


Pero es importante decir que su obra está cada vez más “activa” a medida que nos alejamos de su desaparición en 1997. El reconocimiento de su obra progresa a medida que las grandes ortodoxias marxistas o lacanianas, y las teorías críticas dominantes, son menos pregnantes, menos arrogantes, menos dominadoras. O más exactamente aún, es la transformación de la escena intelectual y política francesa, menos dividida entre “escuelas” y corrientes estancas, lo que permite a la obra de Castoriadis “trabajar” transversalmente como consecuencia de la mayor hibridación de las teorías. Particularmente, son testimonio de este impulso los coloquios y las obras colectivas a los que dan lugar jóvenes investigadores, como Autonomía y barbarie, bajo la dirección de Manuel Cervera-Marzal y Eric Fabri, que está centrado sobre el concepto de democracia radical.


Por nuestra parte, nos encontramos con el trabajo de Castoriadis siendo muy jóvenes, cuando todavía estábamos en la Liga Comunista Revolucionaria. Primero lo leímos como un autor antiestalinista radical, más radical que el trotskismo ortodoxo de la organización política a la cual pertenecíamos, lo cual no nos disgustaba. Éramos más que escépticos sobre la caracterización hecha por Trotsky de la URSS como “Estado obrero degenerado”, pero todavía teníamos dudas sobre la caracterización del régimen estalinista como dictadura de una nueva clase. Lo que contaba para nosotros era sobre todo la toma en consideración de la realidad de la burocracia. Su aporte —en realidad la aportación colectiva del grupo Socialismo o Barbarie (SoB)— fue hacer del poder burocrático un hecho histórico fundamental que no había sido tomado en cuenta como tal por la teoría marxista, no evidentemente por la corriente estalinista dominante pero ni siquiera por las diferentes variantes del trotskismo. La burocracia no era un accidente de la historia, sino un fenómeno nuevo que implicaba reelaborar la doctrina revolucionaria a la luz del totalitarismo burocrático.
Socialismo o Barbarie, marxismo, URSS


¿Todavía puede servirnos de algo la crítica de Castoriadis al comunismo burocrático?


Por un lado, vemos cómo la han utilizado durante años algunos pensadores liberales, conservadores o neoconservadores, purificada de su otra cara, la crítica al capitalismo occidental (el “capitalismo fragmentado” o la “oligarquía liberal” en palabras de Castoriadis). Estos pensadores resitúan esa crítica en la alternativa democracia representativa/totalitarismo que Castoriadis mismo rechazó con firmeza.
Por otro lado, una vez caído el bloque soviético, vemos a algunos pensadores radicales coquetear provocadoramente o afirmar como positivos algunos elementos del comunismo burocrático contra el consenso neoliberal (pienso ahora en Žižek o Badiou). ¿En qué sentido entonces ese trabajo teórico crítico —uno de los ejes centrales en la vida de Castoriadis— puede tener hoy alguna fuerza, actualidad, interés, una vez desaparecida la URSS? Ustedes lo retoman por ejemplo en la primera parte del libro Común (Gedisa, 2015).


La crítica radical del comunismo burocrático es más pertinente que nunca. Castoriadis percibió mejor que otros la amplitud de una de las tragedias más grandes del siglo XX: la transformación en su contrario del proyecto socialista revolucionario que, desde el siglo XIX, buscaba extender la democracia a todas las esferas de la actividad social. El trabajo realizado sobre el comunismo de Estado en la URSS o en China, a pesar de un cierto número de errores como la sobrestimación del poderío soviético, le permitió comprender que esta regresión iba a favorecer los éxitos del neoliberalismo en el mundo entero y de ahí la tonalidad tan sombría de sus últimos textos. En virtud de la matriz marxista revolucionaria de la que había salido, y a la que permaneció fiel, Castoriadis no cayó en el neoconservadurismo como un cierto número de antiguos izquierdistas más o menos mundanos convertidos en “intelectuales mediáticos” de una gran mediocridad de pensamiento. Castoriadis siguió siendo un intelectual revolucionario. Es lo que hace a su grandeza. Hizo suya la aspiración socialista fundamental a la autonomía, la cual implicaba una doble crítica: la de la burocracia soviética y la del capitalismo moderno. En su espíritu, las dos críticas son indisociables. En este sentido, su relectura permite poner en su sitio todas las tentativas contemporáneas de rehabilitación disimulada del estalinismo a las cuales asistimos hoy (con el motivo de que “Stalin metía miedo a la burguesía” y que es ese su principal mérito...). Al escribir el capítulo 2 de nuestro libro Común, nos sentimos particularmente tocados por la justeza de su crítica de la racionalidad productivista presente en Lenin y Trotsky: el comunismo de Estado sacrificó todo al culto de esta racionalidad y, en ese sentido, dio la espalda a una auténtica revolución.


Pienso que la crítica de Castoriadis al marxismo le reprocha fundamentalmente una ceguera con respecto al “hacer” humano y, en particular, al hacer político. Por un lado, su carácter “determinista” (sucesión lineal y necesaria de los modos de producción motorizada por la evolución tecnológica) anula la capacidad humana de creación (de hacer surgir lo nuevo). Por otro lado, la teoría de Marx en El capital considera objetos a los seres humanos y es incapaz de ver cómo sólo la lucha obrera cotidiana da contenido a la noción misma de “ley del valor” y le fija un sentido concreto (determinando el reparto del producto social). “La lucha de clases está ausente de El capital”, llega a decir Castoriadis (Capitalismo moderno y revolución, con el seudónimo de Paul Cardan, en Ruedo Ibérico, 1970).


Por todo ello, según Castoriadis, el marxismo sería incapaz de acompañar las luchas prácticas (en su hacer concreto, en su creación específica) al asignarles a priori un sentido y una finalidad. ¿Cómo leen, al día de hoy, la crítica de Castoriadis al marxismo? ¿Qué podemos recuperar y qué conviene descartar?


En efecto, Castoriadis identificó en el pensamiento de Marx una contradicción entre una pretensión cientificista que consiste en explicar todo por el juego de las leyes del autodesarrollo del capital y un llamado a la acción revolucionaria que apunta al derribo del capitalismo. En nuestra obra, Marx, nombre de pila: Karl [Marx, prénom: Karl] (Gallimard, 2012), nosotros mismos indicamos que una tensión irreductible atraviesa toda la obra de Marx: por una parte, la lógica supuestamente orgánica del sistema que tendía a reproducirse a sí mismo indefinidamente, ampliando siempre más sus propias bases; por otra parte, la lógica estratégica del enfrentamiento entre las clases que producía sus propios sujetos sin que esta producción estuviera determinada por adelantado a causa de las condiciones materiales. A pesar de todos sus esfuerzos, Marx nunca llegó a soldar las dos lógicas, por ejemplo deduciendo la lógica de la lucha de clases de la lógica del sistema. Según nosotros, este fracaso teórico es justamente lo que lo vuelve actual: nos ayuda a pensar nuestro presente renunciando de entrada a la esperanza de tal deducción pretendidamente científica. Pero fuimos cuidadosos al indicar que esta tensión entre las dos lógicas trabajaba todos los grandes textos de Marx: no es pertinente, pues, distribuir los dos aspectos del pensamiento de Marx entre dos grupos de escritos, de los cuales unos serían “científicos” y los otros “políticos”.


Desde este punto de vista, la afirmación de Castoriadis según la cual “la lucha de clases está ausente de El capital”, una frase que apunta muy directamente a la interpretación althusseriana de El capital, es típica de una forma demasiado simple de arremeter contra Marx. Esta crítica, sobre todo, no acierta su objetivo. En realidad, la lucha de clases está presente en El capital. Pero está presente de una manera extraña. Aparece como un motor del capitalismo, contribuye a transformarlo, a reformarlo, a hacer que la explotación se haga más sutil e inteligente, a que el proceso de trabajo esté mejor organizado, a que la productividad aumente con el maquinismo y la incorporación de la ciencia en la producción. De este modo, la lucha de clases conduce a diario a una mayor integración en los engranajes del “gran autómata” al punto que se tiene el derecho de preguntar cómo una pérdida de autonomía tan radical en el trabajo podría ser compatible con la tesis marxista del carácter revolucionario de la clase obrera. Un proletariado más numeroso pero cada vez más integrado y sometido al capital no permite entender —salvo por un salto imaginario o por la creencia en el colapso final del capitalismo— cómo va a realizarse “la expropiación de los expropiadores” en los países más avanzados. Y de hecho, como es sabido, ella nunca tuvo lugar.


En retrospectiva se puede decir, entonces, que Castoriadis había visto perfectamente que el marxismo contenía un “necesitarismo” de tipo cientificista que funcionó como un objeto de creencia y como un medio de poder de las organizaciones “marxistas-leninistas” en el seno del movimiento obrero. Y es también por esta comprensión que pudo anticipar antes que muchos otros que la crisis del bloque soviético iba a desembocar en una crisis muy profunda del marxismo.


Relacionado con lo anterior: pienso que el trabajo teórico de SoB (una organización que se pretendía revolucionaria, no un grupo puramente intelectual) es muy potente en el sentido de que inventaron modos prácticos de ponerse en contacto y escuchar (en lugar de presuponer o precomprender) las luchas efectivas del movimiento obrero de la época. Por ejemplo, la rúbrica “la palabra a los trabajadores” de la revista (un germen de la práctica de la encuesta obrera) o la importancia en el grupo de trabajadores como Daniel Mothé o Henri Simon junto a los intelectuales como Lefort, Lyotard o el propio Castoriadis. ¿No les parece que esto es una dimensión que se ha perdido en el trabajo intelectual en la actualidad (también en el “radical”)? Me refiero a esa invención de dispositivos concretos de escucha y contacto con la lucha y la experiencia de la gente común, de modos de teorización a partir y en base a las prácticas. Esos modos y dispositivos concretos, ¿les parecen necesarios? ¿Se reinventan hoy de algún modo?

La escisión intelectuales / trabajadores manuales es una de las más difíciles de superar. Esta antigua cuestión no está completamente olvidada, pero hoy es difícilmente audible en tanto y en cuanto el trabajo académico clásico de los especialistas, universitarios por lo general, ocupa el espacio y monopoliza el discurso. Después de las grandes huelgas de 1995 en Francia, Bourdieu lanzó un llamamiento para asociar a los investigadores y los trabajadores. Pero no logró encontrar la forma institucional que permitiera este trabajo común. Universitarios y sindicalistas se fueron cada uno por su lado. Hay algunas excepciones en Francia. Entre algunos de nuestros amigos sociólogos —especialmente Stéphane Beaud y Michel Pialoux— existen experiencias de investigación sobre la condición obrera que van en esta dirección asociando obreros o viejos obreros.


Sin embargo, observamos que este acercamiento tuvo lugar progresivamente en Francia pero en sentido inverso, y esto en ocasión de las grandes movilizaciones contra las políticas neoliberales (1995, 2003, 2010). No son los investigadores los que se ponen “a la escucha” de los trabajadores, sino organizaciones sindicales (Solidaires, FSU esencialmente) o asociaciones de educación popular (ATTAC) las que hacen intervenir a investigadores en dispositivos de formación o de investigación.


SoB realizó una experimentación a muy pequeña escala que siempre puede servirnos de referencia, pero que no debe ser sobrevalorada. La gran pregunta planteada por la experiencia de SoB o de otros sigue siendo en todo caso muy actual: ¿cómo se puede evitar el doble escollo del populismo demagógico y de la dominación de los expertos detentores exclusivos del saber? Por un lado, el populismo demagógico se resume en la fórmula: el pueblo no necesita de sabios porque ya sabe lo suficiente por su propia condición; por otro lado, la relación de dominación expertocrática es expresada por la fórmula: el sabio siempre sabe más que el pueblo, lo que lo habilita a enseñar al pueblo. Inventar, en ocasión de las movilizaciones sociales, lugares y métodos de co-construcción de los saberes críticos, apoyándose sobre las experiencias previas o aún en vigor, determinará ampliamente el porvenir del movimiento social. Por lo tanto, para llevar esta tarea a buen puerto hay que romper con la idea de saberes prefabricados que estarían dados de entrada en un lugar social determinado.


El enfoque de Común me ha recordado por momentos al largo trabajo de Castoriadis en “El contenido del socialismo” (SoB, 1955). Castoriadis explica la originalidad del enfoque de ese trabajo diciendo que, en lugar de partir de la denuncia del estado de cosas, empezará planteando el modelo positivo de la autogestión (no especulativamente, sino a partir de las experiencias cotidianas y de las luchas obreras más avanzadas, como Hungría en el 56). Y al trasluz de “lo positivo” (la autonomía) se desvelará lo negativo (la dominación). ¿Tiene algún parecido o resonancia con su trabajo en Común?


La tarea a llevar a cabo es del mismo orden pero se inscribe en un período muy diferente. Lo “negativo” no puede ser identificado más que a la luz de lo “positivo”. Una buena parte de la izquierda crítica se encerró durante mucho tiempo en una denuncia estéril de los estragos del sistema sin tomarse el trabajo de abrir la vía a una alternativa positiva a partir de los movimientos en curso. Según nosotros, es esencial partir de las experimentaciones para imaginar a una escala más vasta lo que podría ser otro sistema social y político.


Sin querer disminuir la importancia de su texto sobre el “contenido del socialismo”, no obstante hay que precisar que Castoriadis no hizo más que recuperar una tradición mucho más antigua en el movimiento obrero que consistía en instituir un nuevo derecho, nuevas formas de actividad, nuevas relaciones sociales. Nosotros damos un lugar importante al derecho proletario en nuestra obra Común, siguiendo la misma línea de una obra importante de Maxime Leroy (La coutume ouvrière [La costumbre obrera]). No hay que ser proudhoniano para recordar que la “capacidad política” de los trabajadores y de los ciudadanos puede y debe comenzar a ejercerse desde hoy, sin esperar la hora hipotética de la “revolución social”.


Se trata de partir de prácticas alternativas, de mostrar sus aportes, pero también sus dificultades y sus límites. No se trata de dar un “modo de empleo” generalizable de los comunes a instituir. Contrariamente a lo que dicen ciertos autores, no basta con aplicar recetas o reglas para que poco a poco toda la sociedad se transforme por la sola virtud contagiosa del ejemplo. En realidad, lo importante en la experimentación es la puesta en marcha de una vía alternativa posible que no pueda ser extendida, incluso generalizada, sin pasar por un enfrentamiento con las estructuras de poder.


No haremos la economía de la cuestión del poder incluso si esta ya no se plantea en los términos de la “conquista del poder”, sino más bien en los de la construcción de nuevos poderes capaces de una coordinación democrática. En todo caso, la experimentación de prácticas nuevas es importante sobre todo porque el “socialismo” ha sido profundamente desacreditado como solución general a los problemas de la economía y de la sociedad, debido al desastre del comunismo de Estado en los países del Este. Conviene, entonces, volver a empezar sobre nuevas bases, en nuevos sectores, con nuevos conceptos. A eso intentamos contribuir con la elaboración de lo que llamamos el “principio de lo común”.


Castoriadis y la institución


Para ustedes, la política de emancipación ha de replantearse (en la teoría y en la práctica) el problema de la institución, por fuera de la alternativa entre burocracia o espontaneidad. En ese sentido encuentran un aliado fundamental en Castoriadis. En las concepciones más clásicas de la institución, lo que está (lo instituido) subordina o aliena lo que está en camino o deviene (lo instituyente). La institución se piensa (y practica) entonces de modo conservador como un canal, un estabilizador, un acumulador. Ustedes mismos recuerdan el significado de statuere: poner de pie, establecer, con su carga de inercia. El proyecto de democracia radical requiere otra idea y otra práctica de lo institucional. ¿Cuál sería? ¿Qué han aprendido de Castoriadis en este replanteamiento de lo institucional? ¿Qué le debe su concepto de “praxis instituyente” a Castoriadis? ¿En qué puntos difieren de él en este tema? ¿Es Castoriadis un “pensador de lo común” avant la lettre?


Es un hecho que Castoriadis tomó la dirección contraria a la que había seguido toda una tradición de pensamiento que consiste en privilegiar lo instituido a expensas de lo instituyente, muy a menudo reducido a un efecto de la transformación de lo instituido. En este sentido hemos aprendido mucho de su concepto de institución. En el Capítulo 10 de Común explicamos lo que le debemos y lo que nos separa de él.
Instituir (in-statuere) es sin lugar a dudas hacer existir de nuevo, pero nunca es una creación ex nihilo, o sea una creación a partir de nada, contrariamente a lo que dice Castoriadis. La actividad instituyente siempre se lleva a cabo a partir de condiciones que ya están dadas y que competen en gran parte a lo instituido mismo. Nosotros procuramos mantener juntos estos dos aspectos. No pretendemos “corregir” a Castoriadis a través de Marx, pero somos sensibles al argumento de Marx según el cual toda praxis debe ejercerse en condiciones que son “encontradas ya ahí” por los actores de la historia. La creación de “lo absolutamente nuevo” no excluye, sino que, por el contrario, presupone la preexistencia de estas condiciones y de su carácter condicionante. Basta con que estas condiciones, siendo condicionantes, no sean causalmente suficientes, ya que admitirlo nos conduciría a negar la irrupción de la novedad haciendo de esta otra vez una simple modificación de lo viejo.


Dicho esto, hacer de Castoriadis un pensador de lo “común” sería muy exagerado, ya que lo común emerge precisamente en un período que ya no es el de Castoriadis. Lo común, la manera en la que es formulado, pensado, puesto en práctica hoy, constituye una respuesta práctica y teórica al neoliberalismo en su plena madurez. Castoriadis es un pensador de la autonomía. Es el concepto en torno al cual giran su reflexión política, su ontología y su metapsicología. Pero entre lo común y la autonomía hay relaciones evidentes. Esta relación es la tradición de la democracia radical, o como nosotros preferimos decirlo, del auto-gobierno en todos los sectores de la sociedad.


Castoriadis nos aportó mucho al oponerse a la visión estrecha que no quiere concebir la praxis más que en el dominio político stricto sensu. Hay otro aspecto muy interesante en Castoriadis que articula democracia radical y ecología política y que no es llevado hasta sus últimas consecuencias en sus artículos. Esta articulación está precisamente en el corazón de la problemática de lo común.


Cultura y política


En el pensamiento de Castoriadis, el proyecto político de autonomía está estrechamente vinculado a la cuestión cultural. Castoriadis privilegia un sentido antropológico del término cultura: es el hecho social mismo. Las significaciones imaginarias sociales (siempre instituidas) establecen en cada caso, en cada sociedad, lo que vale y lo que no, lo que cuenta y lo que no, lo que importa y lo que no. La misma definición de la realidad. Los movimientos políticos que más interesan a Castoriadis tienen un pie en la creación cultural (de nuevas significaciones) y otro en la política (entendida aquí como autonomía): el movimiento obrero, el movimiento de mujeres, etc. Política y mutación antropológica van de la mano. ¿Qué piensan ustedes al respecto? En Común plantean la dificultad de intervención política (consciente) en un nivel que va por debajo o más allá de la conciencia (lo cultural en el sentido antropológico amplio que usa Castoriadis). ¿Cómo articular entonces esos dos planos, la creación de nuevas significaciones y valores, y la política como autoactividad consciente y explícita de autonomía?


Tiene toda la razón en subrayar hasta qué punto Castoriadis busca articular el proyecto político de la autonomía y la creación de nuevas significaciones sociales imaginarias. Quizás el término “cultura” es demasiado general o demasiado impreciso para expresar esta dimensión de creación de lo “social-histórico”. La dificultad es que esta creación, para Castoriadis, es la obra del colectivo anónimo e impersonal que es la sociedad. En este sentido, escapa al control de la conciencia y de la voluntad, depende del hecho social y no de una intencionalidad cualquiera. Castoriadis insiste sobre este punto para destituir de su primacía al poder explícito (del tipo poder constituyente o legislativo) y afirmar la primacía del “poder instituyente” o “poder implícito”. Pero, por otra parte, da una definición de praxis muy positiva: es una actividad consciente organizada en torno al objetivo de la autonomía.


Castoriadis retoma de Freud la idea de los tres “oficios imposibles” (gobernar, educar, analizar) y ejemplifica el concepto de praxis con las tres actividades de la política, de la pedagogía y del psicoanálisis. Del psicoanálisis dice que es creación, más exactamente “auto-alteración creadora” del analista y del analizado. Hay, pues, dos formas de “creación”: la creación propia del imaginario instituyente y la creación propia de la praxis. Hay una cierta equivocidad en la noción de “creación” que es tanto creación inconsciente de significaciones imaginarias, como aparición de un nuevo ser por auto-alteración de lo viejo, lo que supone una actividad consciente incluso si el fin de esta actividad no puede ser definida por adelantado. ¿Se puede hablar en este último caso de una “creación absoluta”, es decir que se haría ex nihilo? No parece, ya que la auto-alteración es una auto-transformación y no se lleva a cabo a partir de nada. De ahí este problema que identificamos en Común: ¿cómo la institución que en su fondo es inconsciente puede convertirse en una praxis, es decir en una actividad consciente organizada en torno al objetivo de la emancipación? ¿Cómo pensar lo que Castoriadis llama una auto-institución consciente (la fundación de la polis griega) a partir de la transmisión inconsciente de los usos y costumbres?


Por nuestra parte, pensamos que la creación de las significaciones imaginarias debe poder ser comprendida como un proceso de cristalización que opera a partir de la difusión y de la extensión de prácticas conscientes, de lo contrario hay que renunciar a influir sobre esta creación. El término medio está constituido por la co-determinación de las reglas de uso común: esta co-determinación es necesariamente consciente, y es gracias a ella que podemos no decidir nuevas significaciones imaginarias pero al menos contribuir a su emergencia.


Castoriadis dice que una de las entrevistas recogida en Una sociedad a la deriva (Katz, 2006): “No pienso que los seres humanos se movilizarán jamás para transformar la sociedad, sobre todo en las condiciones del capitalismo moderno, y para establecer una sociedad autónoma, únicamente con el objetivo de tener una sociedad autónoma. Querrán verdadera y efectivamente la autonomía en tanto que es portadora, condición, acompañamiento casi, aunque indispensable, de algo sustantivo que querrán verdaderamente realizar, que tendrá para ellos valor y no pueden hacer en el mundo actual. Esto significa que es preciso que nuevos valores emerjan en la vida histórico social”. Quería preguntarles si creen que lo mismo se aplica a “lo común”. ¿Queremos “lo común” por sí mismo (es lo común ese nuevo valor sustantivo al que se refiere Castoriadis)? ¿O lo queremos también para hacer cosas, y cuáles?


En cierta forma, esta pregunta nos reenvía a la respuesta anterior. Lo común no es algo que se podría desear por sí mismo, no es un fin que se bastaría a sí mismo, una suerte de equivalente de lo que era el “bien soberano” para los filósofos de la Antigüedad griega. Adquiere sentido únicamente en la medida en que emerge de los movimientos actuales, en la medida en que es su principio, y no un ideal abstracto e intemporal. Es, pues, un nuevo valor que está emergiendo de las experimentaciones y de las prácticas colectivas.


Todavía no es una significación social imaginaria que predomine sobre aquellas de las que se alimenta el capitalismo, pero puede llegar a serlo bajo ciertas condiciones. No queremos lo común por lo común, sino que queremos emanciparnos de las condiciones que nos son impuestas por el capitalismo neoliberal. Lo común no debe ser entendido como un medio de la emancipación que sería el fin último y dominante, tampoco es un principio formal de deliberación y de decisión que estaría por sí mismo desprovisto de todo contenido. Es la forma específica que hoy toma el deseo de emancipación. Es más bien la relación de medio a fin lo que otra vez debe ponerse en cuestión aquí.


Castoriadis y el presente


Un eje esencial del trabajo teórico de Castoriadis (y SoB) fue el análisis crítico de la burocracia, del devenir burocrático del capitalismo y el mundo. El capitalismo después de la segunda Guerra Mundial, pensaban SoB y Castoriadis, ya no estaba definido tanto por la oposición entre propietarios de capital y trabajadores desposeídos, como por la jerarquía entre dirigentes y ejecutantes. Y ya no sólo en la producción, sino en toda la vida social: hombres/mujeres, padres/hijos, maestros/alumnos, etc. La “contradicción fundamental” del capitalismo es para Castoriadis la siguiente: el capitalismo necesita la participación y la implicación de los seres humanos (de los trabajadores en el trabajo, etc.), pero a la vez la niega, reifica a los seres humanos, los pasiviza y excluye. Castoriadis, sorprendentemente, nunca movió ni una coma de este análisis del devenir del capitalismo, pero creo que el capitalismo sin embargo ha mutado enormemente.


Ustedes han escrito La nueva razón del mundo (Gedisa, 2013), una reconstrucción de la historia y el presente del neoliberalismo. ¿Cómo sitúan los análisis de Castoriadis en esa historia? ¿Cuál es su vigencia y actualidad? ¿No es precisamente el neoliberalismo una respuesta a las luchas contra la burocratización de las mujeres, los jóvenes y los trabajadores en los 60 y 70? ¿No trata de “desburocratizar” y “flexibilizar” el neoliberalismo las formas de funcionamiento del capitalismo, deslocalizando la producción, desmontando las pirámides jerárquicas y tomando la forma de una red? ¿No trata de superar esa “contradicción fundamental” que señala Castoriadis, absorbiendo la autonomía a través del neomanagment y de la presión constante a volverse “empresario de uno mismo? ¿No es hoy de nuevo la precariedad una de las mayores fuentes de malestar y ya no tanto la “alienación” (la sumisión pasiva a formas rígidas de dominación) de los años 60 en Europa?


En ciertos aspectos, la crítica de Castoriadis parece inscribirse en un período pre-neoliberal del capitalismo y de su crítica: el período del taylorismo triunfante, de la burocratización, de la alienación generalizada en el trabajo, etc. Castoriadis, como todos, pertenece a su tiempo. Por ejemplo, interpretó las luchas obreras de los OS (los “obreros especializados” [ouvriers spécialisés] de la cadena taylorista) y la revuelta del ’68 como una expresión de la contradicción entre el “trabajo vivo” y las prescripciones jerárquicas de la organización burocrática. Castoriadis interviene, pues, en un momento en que la sociología del trabajo y de las organizaciones se apoya tanto en Marx como en Weber para pensar el “capitalismo moderno” o el “neocapitalismo”, como se decía entonces.


El neoliberalismo, asumiendo el cuestionamiento de las formas más jerárquicas y burocráticas de poder, buscó dos cosas: atacar las formas organizadas de los asalariados (los sindicatos, el derecho del trabajo, la protección social, etc.) mediante la individualización de la relación con el trabajo y la precarización del estatus del empleo, e implantar lógicas de mercado, es decir, de competencia, en el corazón de las organizaciones productivas. Ya no tenemos que vérnosla para nada con el “capitalismo organizado” del período fordista en que la organización de la gran empresa parecía pura y simplemente reemplazar la competencia en los mercados, sino con una nueva configuración más compleja. La organización burocrática y el poder de la gran empresa no han desaparecido en absoluto, por el contrario. Y las formas del trabajo neotaylorista tampoco. La idea según la cual el capitalismo en su totalidad se habría convertido en “cognitivo”, “inmaterial”, “digital” o “reticular” es una idea falsa y estratégicamente peligrosa. Hubo, sin embargo, cambios importantes. ¿De qué naturaleza?


La empresa desarrolló en su seno formas de trabajo, modos de compromiso subjetivo, relaciones entre personas que reduplican a un nivel “micro” la propia forma empresa y el tipo de relaciones existentes entre empresas en los mercados competitivos. Es lo que Foucault vio con claridad en 1979 en su curso sobre el neoliberalismo cuando anticipaba la extensión de la “cultura de la empresa”, del modelo del “emprendedor de sí mismo” y, cada vez más, de la lógica del “capital humano” (FCE, 2008).


Es por eso que el análisis que se puede hacer del neoliberalismo ya no puede reutilizar completamente los mismos esquemas explicativos que en los años ‘50 o ’60. Más exactamente, porque nos la tenemos que ver con un capitalismo que combina lo viejo y lo nuevo, es decir, el viejo taylorismo y las nuevas formas de trabajo más flexibles, las categorías clásicas de la opresión, de la privación y de la alienación con las que se pensaba la relación capital-trabajo deben ser completadas por categorías susceptibles de dar cuenta de las nuevas formas de dominación y explotación. Es necesario comprender que los dispositivos neoliberales están modificando las subjetividades llevándolas a identificarse como capitales que no tienen otra razón de ser y de funcionar que la acumulación de valor. Y esto no solamente entre los asalariados de arriba sino también entre los “infra-asalariados”, entre los precarios.


La “contradicción fundamental” tiende a desplazarse desde el momento en que los sujetos en el trabajo se viven como capitales valorizables. Son sus inversiones las que no encuentran el “retorno” esperado, y ya no una parte del valor creado en el trabajo que no recibe el salario justo. Y sobre todo, el sufrimiento no viene de que no se les deje iniciativa o campos de acción, sino de que se los evalúe y se los “responsabilice” individualmente por cada una de sus decisiones. El concepto de “privatización” del individuo, tal como lo entiende Castoriadis, si se lo aplica al dominio del trabajo, no está muy alejado de nuestro análisis, incluso si es demasiado general.


Otro de los puntos en los que creo que coinciden con Castoriadis (al menos en Común) es la insistencia en plantear la cuestión de la institución global de la sociedad (ya no sólo las “contraconductas”, etc.). Pero, ¿cómo hacerlo de modo que esa perspectiva globalizante no acabe pesando sobre las luchas concretas? Pienso por ejemplo que Castoriadis tendió a considerar esta cuestión casi como una especie de deber-ser y a condenar desde ahí a los movimientos (por ejemplo, ecologistas, pacifistas o antimilitaristas) que a su juicio se “desentendían” del problema global de la institución de la sociedad (cegándose así a sus aportaciones desde una crítica exterior y trascendente). Entonces, ¿cómo ir más allá de las luchas específicas sin recaer en los enfoques que consideran que, fuera de las estrategias totalizantes y abstractas, sólo hay “fragmentación” y “dispersión”?


Es una cuestión de estrategia. En ciertos aspectos, incluso si rápidamente se desmarcó de la idea leninista del partido, Castoriadis permaneció marcado por una concepción vanguardista de la política que nosotros mismos compartimos cuando éramos jóvenes militantes trotskistas. De ahí la tentación de adoptar una forma de crítica exterior respecto de todos los movimientos que no inscribían explícitamente sus combates en la perspectiva de la auto-institución de la sociedad.


Nos parece que hoy tenemos necesidad de una crítica muy detallada de la forma del partido en cuanto tal. Esta forma nació en condiciones históricas muy particulares, aquellas de la constitución del Estado Nación en siglo XIX. La competencia electoral entre los partidos para el ejercicio del poder no adquiere sentido más que al interior de este cuadro. Los partidos son, pues, desde este punto de vista, instituciones oligárquicas y un instrumento muy eficaz de la profesionalización de la política. Por tanto, no se puede esperar de ellos que ayuden a la coordinación de movimientos de inspiración a menudo muy diferente.


El problema es que hay que remediar la fragmentación y la dispersión sin centralizar, sin subordinar la diversidad de las experiencias a un único punto de vista de “estado mayor” que supuestamente las unificaría a partir de un saber pretendidamente superior. Nos hace falta, entonces, reflexionar sobre las “coaliciones democráticas” capaces de combinar la acción política a diferentes escalas y la institución de los comunes, bases concretas de la alternativa, dándole al término “coalición” el sentido que podía tener en el siglo XIX. Tales coaliciones podrían juntar en su seno fuerzas políticas, pero también sindicatos, asociaciones ecologistas, científicas y culturales comprometidos en una misma lucha sobre una plataforma común, tanto a escala local como nacional o internacional.


Por último, otro punto de coincidencia sobre el que me gustaría pedirles opinión es la insistencia de Castoriadis en mantener una “perspectiva revolucionaria”. Quizá era el único intelectual público en Francia en los años 80 y 90 que se afirmaba como “revolucionario”. Para ustedes, según explican en la última parte de Común, hoy es fundamental “reabrir la cuestión revolucionaria”. Volver a hablar de revolución. Pero, ¿cómo? ¿En qué términos? ¿Qué le debe esa reflexión suya a las consideraciones sobre la perspectiva y el hecho revolucionario de Cornelius Castoriadis?


La cuestión de la revolución es central. Sí, Castoriadis fue uno de los pocos intelectuales en no ceder sobre este punto. Y nosotros le rendimos homenaje por eso mismo. Pero entendámonos bien. Él tiene derecho a mantenerse firme sobre este punto porque no tiene ningún pesar, ningún remordimiento, ningún arrepentimiento. Él no tuvo ninguna indulgencia con el comunismo de Estado. La revolución, para él, es inseparable del proyecto democrático moderno. Renunciar a la revolución es renunciar a la democracia como dinámica histórica. Es aceptar todos los retrocesos inflingidos por el capitalismo, los fundamentalismos religiosos, las diversas formas de autoritarismo y de neofascismo. He aquí sin duda el mensaje político más importante de Castoriadis.


Queda por saber qué se entiende por revolución y qué lecciones sacar de los regímenes degenerados y corruptos en los cuales desembocó. La revolución de la que habla Castoriadis es la reinstitución de la sociedad por sí misma. Es, pues, el acto democrático por excelencia. La revolución es traicionada desde el momento en que un partido, los expertos o los poderes económicos sustituyen la capacidad política de la sociedad, la praxis instituyente de sus miembros. Por lo tanto, la cuestión de la revolución consiste en saber qué instituciones debe y puede darse la sociedad para mantener en su más alto nivel esta capacidad política y esta praxis instituyente. Y la respuesta no puede ser dada más que por el propio movimiento histórico. Mantener abierta la pregunta por la revolución no quiere decir que un día la humanidad encontrará la respuesta. Nadie puede saberlo por adelantado.


Traducción: Daniel Alvaro


Amador Fernández-Savater, editor, investigador independiente y activista de los movimientos sociales madrileños, ha leído, editado y escrito sobre Cornelius Castoriadis y el grupo Socialismo o Barbarie, siendo ambas referencias claves en la formación de su imaginación, pensamiento, sensibilidad y práctica política. La presente entrevista fue publicada por primera vez en la revista argentina Diferencia(s).
Entrevista publicada originalmente en Lobo Suelto

Publicado enPolítica
Viernes, 01 Diciembre 2017 10:28

Vámonos de Vuelta

Vámonos de Vuelta

La coyuntura política, asociada al período social, económico, nacional e internacional en que hemos entrado, enfrenta a los actores alternativos colombianos ante el inmenso reto de cómo proceder para lograr: 1. Reencontrarse con el país nacional, o las mayorías de pobres y excluidos; 2. Propiciar la unidad de la izquierda; 3. Crear y desplegar una metodología que permita que estas mayorías tomen el futuro en sus propias manos, dejando a un lado las delegaciones y, como efecto inverso, las suplantaciones.

Para lograr el primero de estos propósitos, esta vez la coyuntura abre un interrogante: ¿Cómo construir una metodología que lleve a las mayorías a actuar desde una agenda propia, sin dejarse distraer por la agenda institucional que, como se sabe, entra en el ciclo del formalismo electoral?

Y la preocupación que subyace en esta ruptura con lo formal-institucional no es de segundo plano ni se reduce al dilema eterno: votar vs. abstenerse, ni implica, por tanto, adelantar campaña en favor de uno u otro proceder. No. La preocupación va mucho más allá, situándose en el dilema: ¿construir y desplegar un accionar político propio, que devele y contradiga los procederes y limitantes del poder o limitarse al discurso y lógica institucional, a sus tiempos y propósitos, a sus formas y métodos?

La alternativa es el accionar político propio, cuyo objetivo en los días que corren es procurar el reencuentro con el país nacional. Para materializarlo, nos preguntamos por lo que es más procedente en la coyuntura: ¿tensionar los lazos institucionales (electorales), que, como se sabe, no logran movilizar a las mayorías nacionales? o, haciéndole un vacío a tal realidad, buscando no encallarnos en la inmediatez de tal coyuntura, ¿tendrá mejor recibo desplegar una agenda de reencuentro con ese país de excluidos que desde hace más de 60 años no se identifica con una opción nacional?

En desdeabajo nos inclinamos por esta segunda opción. Un primer paso en tal dirección, en procura del reencuentro nacional, lo denominamos Vuelta a Colombia. Un recorrido por el país del ‘centro’ y de la ‘periferia’, un viaje al país profundo para compartir opiniones entre iguales; para desentrañar pesares, angustias y esperanzas que disponen para la movilización a los siempre negados(as); para aprender a escuchar, estructurando en común una plataforma de acción o de combate que identifique un norte por perseguir.

De la misma manera, se trata de concentrar fuerzas y de poner en práctica formas alternas de poder y de gobierno con las cuales tejamos una real dualidad de poderes, cimentándola a través de los espacios y las prácticas necesarias para recuperar y potenciar la confianza en que otro mundo sí es posible. En nuestro caso puntual, para reconocer que otra democracia sí posee posibilidades de tomar forma, una democracia mucho más allá de la realmente existente e imperante, la desplegada por una clase dominante valida de ella para propiciar la concentración de poder en unos pocos, así como para justificar la injusticia extendida por siglos entre los nuestros, sometiéndolos(nos) unas veces con el discurso y las formas institucionales, otras con la “violencia legalmente instituida”, pero a lo largo de nuestra historia con una combinación de ambos procederes (garrote y zanahoria le dicen a tal accionar del poder).

Tras estos propósitos, para potenciarlos, planteamos una metodología de diálogo y compartir que torne a la democracia en tema central de toda la sociedad, develando las limitaciones que hoy porta, y diseñando entre todas las manos aquello que consideramos que la recupera y potencia en su real y necesaria configuración.
¿Por qué la democracia, como tema central? Porque en ella, como columna vertebral del régimen político, descansa la legalidad y la legitimidad del proyecto burgués. Pero principalmente porque, radicalizándola, podremos vivir de modo diferente en este país, de forma mucho mejor que como vivieron nuestros antepasados inmediatos (primera y segunda mitad del siglo XX) y como han vivido las nuevas generaciones (finales del siglo XX y lo corrido del siglo XXI).

Como podrá recordarse, en su lucha contra reyes y monarquías, la burguesía reclamó igualdad y otros derechos fundamentales, ofreciendo justicia y participación al conjunto social. Participación social, como formalidad a través de las elecciones, sí garantizó(a), pero el resto de promesas en ello quedaron. La participación le sirvió para justificar el dominio de la minoría sobre la mayoría, en el siglo XIX a partir del voto condicionado (por capacidad patrimonial, porque sólo votaban quienes sabían leer o eran hombres, quienes tenían esclavos, etcétera), y en el siglo XX-XXI a través de la aplicación de la tensión de todos sus recursos económicos, mediáticos, clientelares, etcétera o, de ser necesario, mediante la misma tensión abierta y sin disimulo de la fuerza.

Este ejercicio y concreción de democracia parcial, dejó un vacío por llenar: la intervención de las relaciones de producción y de distribución, que la democracia se torne vida allí donde se produce vida; en todos los puntos de trabajo, debatiéndose allí, entre todos, cómo administrar lo colectivo, planificando la alocada producción que hoy llena todos los rincones del mundo de cosas innecesarias que nos están ahogando entre necedades y consumos compulsivos, garantizando con ello, con la producción ordenada y colectiva, que la riqueza generada entre el conjunto social también tenga una redistribución social, equitativa, bajo la máxima “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

La democracia real que hoy padecemos, sumón del poder oligárquico, acumuló un agravante en las últimas décadas, producto del despliegue neoliberal: la riqueza terminó (re)concentrada de manera evidente en cada vez menos manos, las que a la vez determinan el poder político. Ambas realidades –la económica y la política– implican una tercera realidad/negación de la democracia: la militarización de sociedades como conducto privilegiado para contener opositores y disidentes; conducto por medio del cual, como consecuencia evidente, hasta la mismísima participación terminó desnudada en su real ineficacia, pues quedó reducida a su mínima expresión –el voto.

Entonces, alrededor de la temática de la democracia, de todos y cada uno de los derechos conquistados por la humanidad –arrebatados al poder, no concedidos sin lucha ni sangre–, reflexionando sobre las formas de actuar del poder para perpetuarse, procederemos a la discusión colectiva, explicándonos cómo se articula y funciona el poder entre nosotros, e imaginándonos cómo actuar para confrontarlo.

A partir de esas reuniones-diálogo como concreción de la Vuelta a Colombia, de ese conversar alrededor de sorbos de líquidos fríos o calientes, de risas y caras duras, proponemos que se vayan constituyendo comités de impulso de la campaña en favor de otra democracia que sí es posible y necesaria, y que, de acuerdo a la acogida y la multiplicación que logre la propuesta, entre el conjunto interesado, se cite a la realización de asambleas periódicas (como mínimo semestrales), citaciones de las cuales deberán emerger los planes de acción colectivos, las consignas, las acciones puntuales y/o las campañas de acción pública o de formación de amplios sectores sociales. Las vocerías, cada vez más colectivas, descentralizadas si fuera necesario, rotativas, también.

Proceder de otra manera muy seguramente será para instrumentalizar e imponer criterios e intereses de grupo, actuando, por tanto, de espaldas al país nacional. De lo que se trata acá, tanto como metodología, como propósito, es de invertir lógicas y prioridades: a quienes les corresponde diseñar y liderar la confrontación contra aquellos que han negado la felicidad de las gentes deben ser, precisamente, esas mismas gentes, con el afán y los ritmos que ellas mismas impongan, sin los afanes ni las agendas que despliega el calendario institucional. Hay que tomar el tiempo de la realidad, que es muy distinto al de los activistas, mucho más cuando son profesionales de los partidos de izquierda.

La izquierda tiene el deber histórico y moral de alcanzar la unidad, pero ésta, más allá del deseo y la buena voluntad, es imposible por fuera de las dinámicas y los procederes sociales: así lo ha demostrado la historia. Las lógicas de izquierda que hacen creer a cada grupo que el suyo es el fundamental, solamente pueden romperse por acción de las gentes, que en sus procederes desnuda las formas del poder y de la negación incubadas también en quienes se dicen alternativos. Unidad que, para ser posible, también requiere un tiempo de rupturas donde no prevalezca la ideología sino el proceder y la prioridad social –el encuentro con el país nacional–, una política de irrupciones demandada por la realidad, donde la confrontación con el poder dominante, con su violencia “legalmente desplegada”, obligue al accionar común de todos, como forma de protección pero igualmente de concentración de fuerzas, de todo lo chico y “despreciable” para neutralizar y superar a los aparatos del poder ungidos por la formalidad democrática.

De manera tradicional y rutinaria la izquierda cree que puede construir la unidad por fuera de la agenda social, pero las matrices ideológicas, así como las lecturas dispares de la coyuntura atentan contra su buena voluntad. Impuesta la realidad, terminan distantes por la manera de proceder en la coyuntura electoral. Una vez más, todas las veces, la agenda institucional impone sus determinantes. De lo anterior cabe sacar una enseñanza: hay que construir una agenda propia, con una metodología y unos tiempos que estén más allá del reloj institucional.

Si así se despliega una y otra vez la realidad, ¿por qué seguir haciéndole el juego?

Es un tema de procederes y de primacías-, en los cuales no hay lugares yuxtapuestos, pero sí prioridades. Las de los tiempos que hoy corren invitan a tres cosas: 1. Darle partida a la Vuelta a Colombia; 2. Definir como premio mayor Otra democracia sí; 3. Decidir como premio de montaña la unidad de la izquierda.

La diferencia en esta Vuelta es que aquí no caben los espectadores; aquí hombres y mujeres, de cualquier edad, pedaleamos para hacer realidad el encuentro de iguales y la construcción de sueños. Pero también el batirse por su concreción. Aunque esto es cuestión de tiempo, pues sin escucharnos y sin definir entre el conjunto no es posible pasar a la confrontación en contra del poder realmente existente.

¿Cómo imagina, todo aquel que haya leído este texto, que pudiéramos darle partida y concretar esta Vuelta a Colombia? ¿Cuáles debieran ser sus etapas? ¿Cruzando cuáles territorios? ¿Bajo cuáles consignas y referentes? ¿Cuál el ritmo por imprimir en cada una de ellas?

Todos tenemos algo por decir y proponer. No deje de escribir a desdeabajo sobre ello.

Publicado enColombia
Jueves, 23 Noviembre 2017 11:55

Vámonos de Vuelta

La coyuntura política, asociada al período social, económico, nacional e internacional en que hemos entrado, enfrenta a los actores alternativos colombianos ante el inmenso reto de cómo proceder para lograr: 1. Reencontrarse con el país nacional, o las mayorías de pobres y excluidos; 2. Propiciar la unidad de la izquierda; 3. Crear y desplegar una metodología que permita que estas mayorías tomen el futuro en sus propias manos, dejando a un lado las delegaciones y, como efecto inverso, las suplantaciones.

Para lograr el primero de estos propósitos, esta vez la coyuntura abre un interrogante: ¿Cómo construir una metodología que lleve a las mayorías a actuar desde una agenda propia, sin dejarse distraer por la agenda institucional que, como se sabe, entra en el ciclo del formalismo electoral?

Y la preocupación que subyace en esta ruptura con lo formal-institucional no es de segundo plano ni se reduce al dilema eterno: votar vs. abstenerse, ni implica, por tanto, adelantar campaña en favor de uno u otro proceder. No. La preocupación va mucho más allá, situándose en el dilema: ¿construir y desplegar un accionar político propio, que devele y contradiga los procederes y limitantes del poder o limitarse al discurso y lógica institucional, a sus tiempos y propósitos, a sus formas y métodos?

La alternativa es el accionar político propio, cuyo objetivo en los días que corren es procurar el reencuentro con el país nacional. Para materializarlo, nos preguntamos por lo que es más procedente en la coyuntura: ¿tensionar los lazos institucionales (electorales), que, como se sabe, no logran movilizar a las mayorías nacionales? o, haciéndole un vacío a tal realidad, buscando no encallarnos en la inmediatez de tal coyuntura, ¿tendrá mejor recibo desplegar una agenda de reencuentro con ese país de excluidos que desde hace más de 60 años no se identifica con una opción nacional?

En desdeabajo nos inclinamos por esta segunda opción. Un primer paso en tal dirección, en procura del reencuentro nacional, lo denominamos Vuelta a Colombia. Un recorrido por el país del ‘centro’ y de la ‘periferia’, un viaje al país profundo para compartir opiniones entre iguales; para desentrañar pesares, angustias y esperanzas que disponen para la movilización a los siempre negados(as); para aprender a escuchar, estructurando en común una plataforma de acción o de combate que identifique un norte por perseguir.

De la misma manera, se trata de concentrar fuerzas y de poner en práctica formas alternas de poder y de gobierno con las cuales tejamos una real dualidad de poderes, cimentándola a través de los espacios y las prácticas necesarias para recuperar y potenciar la confianza en que otro mundo sí es posible. En nuestro caso puntual, para reconocer que otra democracia sí posee posibilidades de tomar forma, una democracia mucho más allá de la realmente existente e imperante, la desplegada por una clase dominante valida de ella para propiciar la concentración de poder en unos pocos, así como para justificar la injusticia extendida por siglos entre los nuestros, sometiéndolos(nos) unas veces con el discurso y las formas institucionales, otras con la “violencia legalmente instituida”, pero a lo largo de nuestra historia con una combinación de ambos procederes (garrote y zanahoria le dicen a tal accionar del poder).

Tras estos propósitos, para potenciarlos, planteamos una metodología de diálogo y compartir que torne a la democracia en tema central de toda la sociedad, develando las limitaciones que hoy porta, y diseñando entre todas las manos aquello que consideramos que la recupera y potencia en su real y necesaria configuración.
¿Por qué la democracia, como tema central? Porque en ella, como columna vertebral del régimen político, descansa la legalidad y la legitimidad del proyecto burgués. Pero principalmente porque, radicalizándola, podremos vivir de modo diferente en este país, de forma mucho mejor que como vivieron nuestros antepasados inmediatos (primera y segunda mitad del siglo XX) y como han vivido las nuevas generaciones (finales del siglo XX y lo corrido del siglo XXI).

Como podrá recordarse, en su lucha contra reyes y monarquías, la burguesía reclamó igualdad y otros derechos fundamentales, ofreciendo justicia y participación al conjunto social. Participación social, como formalidad a través de las elecciones, sí garantizó(a), pero el resto de promesas en ello quedaron. La participación le sirvió para justificar el dominio de la minoría sobre la mayoría, en el siglo XIX a partir del voto condicionado (por capacidad patrimonial, porque sólo votaban quienes sabían leer o eran hombres, quienes tenían esclavos, etcétera), y en el siglo XX-XXI a través de la aplicación de la tensión de todos sus recursos económicos, mediáticos, clientelares, etcétera o, de ser necesario, mediante la misma tensión abierta y sin disimulo de la fuerza.

Este ejercicio y concreción de democracia parcial, dejó un vacío por llenar: la intervención de las relaciones de producción y de distribución, que la democracia se torne vida allí donde se produce vida; en todos los puntos de trabajo, debatiéndose allí, entre todos, cómo administrar lo colectivo, planificando la alocada producción que hoy llena todos los rincones del mundo de cosas innecesarias que nos están ahogando entre necedades y consumos compulsivos, garantizando con ello, con la producción ordenada y colectiva, que la riqueza generada entre el conjunto social también tenga una redistribución social, equitativa, bajo la máxima “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

La democracia real que hoy padecemos, sumón del poder oligárquico, acumuló un agravante en las últimas décadas, producto del despliegue neoliberal: la riqueza terminó (re)concentrada de manera evidente en cada vez menos manos, las que a la vez determinan el poder político. Ambas realidades –la económica y la política– implican una tercera realidad/negación de la democracia: la militarización de sociedades como conducto privilegiado para contener opositores y disidentes; conducto por medio del cual, como consecuencia evidente, hasta la mismísima participación terminó desnudada en su real ineficacia, pues quedó reducida a su mínima expresión –el voto.

Entonces, alrededor de la temática de la democracia, de todos y cada uno de los derechos conquistados por la humanidad –arrebatados al poder, no concedidos sin lucha ni sangre–, reflexionando sobre las formas de actuar del poder para perpetuarse, procederemos a la discusión colectiva, explicándonos cómo se articula y funciona el poder entre nosotros, e imaginándonos cómo actuar para confrontarlo.

A partir de esas reuniones-diálogo como concreción de la Vuelta a Colombia, de ese conversar alrededor de sorbos de líquidos fríos o calientes, de risas y caras duras, proponemos que se vayan constituyendo comités de impulso de la campaña en favor de otra democracia que sí es posible y necesaria, y que, de acuerdo a la acogida y la multiplicación que logre la propuesta, entre el conjunto interesado, se cite a la realización de asambleas periódicas (como mínimo semestrales), citaciones de las cuales deberán emerger los planes de acción colectivos, las consignas, las acciones puntuales y/o las campañas de acción pública o de formación de amplios sectores sociales. Las vocerías, cada vez más colectivas, descentralizadas si fuera necesario, rotativas, también.

Proceder de otra manera muy seguramente será para instrumentalizar e imponer criterios e intereses de grupo, actuando, por tanto, de espaldas al país nacional. De lo que se trata acá, tanto como metodología, como propósito, es de invertir lógicas y prioridades: a quienes les corresponde diseñar y liderar la confrontación contra aquellos que han negado la felicidad de las gentes deben ser, precisamente, esas mismas gentes, con el afán y los ritmos que ellas mismas impongan, sin los afanes ni las agendas que despliega el calendario institucional. Hay que tomar el tiempo de la realidad, que es muy distinto al de los activistas, mucho más cuando son profesionales de los partidos de izquierda.

La izquierda tiene el deber histórico y moral de alcanzar la unidad, pero ésta, más allá del deseo y la buena voluntad, es imposible por fuera de las dinámicas y los procederes sociales: así lo ha demostrado la historia. Las lógicas de izquierda que hacen creer a cada grupo que el suyo es el fundamental, solamente pueden romperse por acción de las gentes, que en sus procederes desnuda las formas del poder y de la negación incubadas también en quienes se dicen alternativos. Unidad que, para ser posible, también requiere un tiempo de rupturas donde no prevalezca la ideología sino el proceder y la prioridad social –el encuentro con el país nacional–, una política de irrupciones demandada por la realidad, donde la confrontación con el poder dominante, con su violencia “legalmente desplegada”, obligue al accionar común de todos, como forma de protección pero igualmente de concentración de fuerzas, de todo lo chico y “despreciable” para neutralizar y superar a los aparatos del poder ungidos por la formalidad democrática.

De manera tradicional y rutinaria la izquierda cree que puede construir la unidad por fuera de la agenda social, pero las matrices ideológicas, así como las lecturas dispares de la coyuntura atentan contra su buena voluntad. Impuesta la realidad, terminan distantes por la manera de proceder en la coyuntura electoral. Una vez más, todas las veces, la agenda institucional impone sus determinantes. De lo anterior cabe sacar una enseñanza: hay que construir una agenda propia, con una metodología y unos tiempos que estén más allá del reloj institucional.

Si así se despliega una y otra vez la realidad, ¿por qué seguir haciéndole el juego?

Es un tema de procederes y de primacías-, en los cuales no hay lugares yuxtapuestos, pero sí prioridades. Las de los tiempos que hoy corren invitan a tres cosas: 1. Darle partida a la Vuelta a Colombia; 2. Definir como premio mayor Otra democracia sí; 3. Decidir como premio de montaña la unidad de la izquierda.

La diferencia en esta Vuelta es que aquí no caben los espectadores; aquí hombres y mujeres, de cualquier edad, pedaleamos para hacer realidad el encuentro de iguales y la construcción de sueños. Pero también el batirse por su concreción. Aunque esto es cuestión de tiempo, pues sin escucharnos y sin definir entre el conjunto no es posible pasar a la confrontación en contra del poder realmente existente.

¿Cómo imagina, todo aquel que haya leído este texto, que pudiéramos darle partida y concretar esta Vuelta a Colombia? ¿Cuáles debieran ser sus etapas? ¿Cruzando cuáles territorios? ¿Bajo cuáles consignas y referentes? ¿Cuál el ritmo por imprimir en cada una de ellas?

Todos tenemos algo por decir y proponer. No deje de escribir a desdeabajo sobre ello.

Publicado enEdición Nº241
XIX Congreso del PCCh: el tercer tiempo chino

El próximo 18 de octubre el Partido Comunista Chino se reune para decidir la configuración de sus máximos órganos de dirección: el Comité Central, el Buró Político y el Comité Permanente.

Una cierta y en gran medida inevitable expectación rodea el XIX Congreso del Partido Comunista de China que iniciará sus debates el próximo 18 de Octubre en Beijing. Como es habitual, muchas miradas se dirigen hacia la configuración de sus máximos órganos de dirección, es decir, el Comité Central, el Buró Político y, sobre todo, su Comité Permanente, un proceso que transcurre en medio de la no menos habitual opacidad.


A estas alturas, la única certeza es la continuidad del secretario general Xi Jinping y del primer ministro Li Keqiang, aunque en este caso, algunas especulaciones sugieren que podría pasar a desempeñar otro cargo (presidente de la Asamblea Popular Nacional). Es improbable. Como también lo es la continuidad de Wang Qishang, el jefe de la lucha anticorrupción, a jubilarse, como los otro cinco miembros del actual Comité Permanente, por razones de edad. Por otra parte, la defenestración de Sun Zhengcai, ex jefe del Partido en Chongqing y uno de los llamados a dirigir el PCCh a partir de 2022, deja abierta más de una incógnita con respecto a la composición del nuevo Comité Permanente e incluso sobre la posibilidad de que Xi opte a un inusual tercer mandato.


Entre los que se dan como prácticamente seguros en el nuevo Comité Permanente suele citarse a Hu Chunhua, jefe del Partido en Guangdong, y al viceprimer ministro Wang Yang, quien podría presidir la Asamblea Popular Nacional. Los dos son afines a Hu Jintao, secretario general entre 2002 y 2012. Entre los próximos a Xi, podría entrar Li Zhanshu, que asumiría la lucha contra la corrupción, y la gran revelación, Chen Min´er, actual jefe del Partido en Chongqing. El jefe del Partido en Shanghai, Han Zheng, podría presidir la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.


La hora del xiísmo


Pero más allá de los nombres y las especulaciones, la importancia del XIX Congreso se deriva del afán por solemnizar un tercer tiempo en la trayectoria de la República Popular China, que en 2049 celebrará su primer centenario. Así, se trataría ahora de seguir profundizando en la reforma iniciada por Deng Xiaoping pero auspiciando un nuevo modelo de desarrollo que pase página de la “fábrica del mundo” para instaurar una economía moderna y sostenible, basada en la innovación y el conocimiento. Esa voluntad, plasmada ya en los últimos años de Hu Jintao, ha estado en la agenda del PCCh en el último lustro, promoviendo la reducción de los excesos de capacidad, la reforma del sector público, el salto tecnológico, el aumento de los salarios, la ampliación de los servicios, el fomento del consumo o un nuevo enfoque de los problemas ambientales.
Dicha reforma económica tendría su complemento en lo político en dos frentes principales. Primero, un ajuste interno en el PCCh resucitando la “línea de masas”, la disciplina, la lealtad y otros atributos del modus operandi habitual en la era maoísta con vistas a tensar el compromiso de los casi 90 millones de militantes del Partido que deben afrontar una etapa crucial en la que está en juego la culminación de la modernización balbuceada a finales del siglo XIX y gestionada por el PCCh desde mediados del siglo XX. Segundo, la actualización del sistema institucional introduciendo conceptos, políticas y procedimientos que aporten nuevos esquemas que mejoren el funcionamiento general del aparato estatal con la máxima prioridad de garantizar la condición hegemónica del PCCh.


El xiísmo, que será incorporado de forma extraordinaria a los Estatutos del PCCh en este congreso, concretará la voluntad del PCCh de propiciar una mejor gobernanza de cuño propio y por lo tanto sin concesiones al liberalismo occidental, con una economía que una vez ajustada podría dar un salto definitivo a la cima mundial, con una sociedad con más acceso a ciertos derechos de orden social y con un papel internacional diseñado para ocupar una posición central en el sistema global.
La China y el PCCh de Xi Jinping acarician el sueño de haber encontrado la fórmula para establecer una síntesis dinámica y en equilibrio entre lo tradicional y lo moderno, entre la planificación y el mercado, entre el autoritarismo y la democracia, que debe servir para asegurar que el XXI será su siglo.


Cierto que las quiebras de dicha prescripción no son menores y que arrojan poderosas sombras sobre la estabilidad pero la envergadura histórica del radiante momento, con la modernización al alcance de la mano en contraste con aquella China postrada y humillada por Occidente de hace dos siglos, obnubila cualquier matiz que pudiera hacerse al optimismo oficial y, en buena medida, también cívico.

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Laudato si'. (El papa Francisco y el cuidado de la Común)

... “No puedo haber tierra, no puede haber techo, no puede haber trabajo si no tenemos paz y si destruimos el planeta. Son temas tan importantes que los Pueblos y sus organizaciones de base no pueden dejar de debatir. No pueden quedar sólo en manos de los dirigentes políticos.Todos los pueblos de la tierra, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, tenemos que alzar la voz en defensa de estos dos preciosos dones: la paz y la naturaleza”.

 

Papa Francisco

 

Incluye: "Discursos a los movimientos sociales"

 

https://youtu.be/6k7UexcPWYE

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Sistemático, como acción y en defensa del poder tradicional

El gobierno nacional insiste en que es un fenómeno aislado. Las organizaciones sociales y de derechos humanos, aseguran que es sistemático. Los informes les dan la razón. El asesinato de líderes y restituyentes de tierra es alto y continuo. Torpeza o maldad de altos funcionarios inestabiliza aun más la dichosa paz.

 

Que el registro arroje uno o dos asesinados, puede suceder. Cuando son docenas, por lo menos debe causar sospecha. Pero cuando los crímenes superan cien, la alarma no debe apagarse. Los crímenes son más dolosos cuando los quieren negar.

 

No le bastaron los 60 estudios propios, realizados por el Ministerio de Defensa, para que el ministro Luis Carlos Villegas, asegure que entre el mar de crímenes contra dirigentes sociales sólo encontraron tres atentados. También para que el antiguo ministro del interior y hoy precandidato liberal Juan Fernando Cristo, salga al paso negando lo sistemático de lo ocurrido e indicando que los casos aislados tienen como origen la minería ilegal y el narcotráfico.

 

Se suma al coro oficial. El Fiscal General también que señaló tras “investigaciones pertinentes” no encontraron sistematicidad. La obstinación por negar lo evidente, los llevó en marzo pasado incluso a extender su versión sobre esta tragedia que enluta a la sociedad colombiana (en particular a los movimientos sociales y a las fuerzas alternativas), ante la misma Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde aseguraron que es muy prematuro calificar como “acción prematura” el continuo de asesinatos.

 

Sorprendente. Entonces, ¿qué entienden por sistemático? Sin argumentos creíbles desconocen lo afirmado sobre el particular por tres informes independientes entre sí: Defensoría, Centro Nacional de Memoria y el Cinep.

 

De los 120 líderes asesinados en los últimos 14 meses, así confirmados por las propias organizaciones sociales, el Estado, según la vicefiscal María Paulina Riveras, solo reconoce 60 casos. ¿Por qué no prenden el macabro metrónomo y pasan por alto su sistematicidad? Manipulación. Ahora señalan que los paramilitares fueron franquicias de matones del crimen común, según el Tribunal de Justicia y Paz.

 

 

El informe

 

El 2 de junio presentaron el informe “Asesinato a líderes sociales y restituyentes en el periodo 2005-2015”, a cargo del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria, que es un programa de investigación en el que participan cuatro universidades: Nacional, Sergio Arboleda, Rosario y Sinú. El periodo que comprende el informe puede llevar a pensar que las muertes registradas corresponden, en su mayoría a los gobiernos encabezados por Uribe. Pero, sorpresa, las cifras más dramáticas las arroja el gobierno Santos. “Este fenómeno se mantiene, no ha cambiado e incluso tiende aumentar”. Así lo advirtió el profesor Francisco Gutiérrez del Iepri de la Universidad Nacional, quien pronostica la fatalidad de que en el próximo trimestre tengamos más muertes que lamentar. “No hay trimestre que no se hayan registrados asesinatos a líderes rurales y restituyentes de tierras”.

 

El hecho que los asesinatos no disminuyan no quiere decir que no estén localizados. En 10 departamentos se concentra el 77 por ciento de los casos registrados; sólo cinco de ellos –Antioquia, Cauca, Valle del Cauca, Córdoba y Nariño– concentran el 55 por ciento de las víctimas. Pero, más allá de la versión gubernamental, lo que está ocurriendo, sin duda, es sistemático, porque si bien puede que no exista un libro negro con listado rojo de sentencias, el hecho factual es que ocurre de manera reiterada. Frecuencia que, para la Corte Penal Internacional, ya significa sistematicidad, es decir, un patrón de violencia regular.

 

Sucesos que ocurren en zonas rurales donde predomina el paramilitarismo, donde, además, su realidad socioeconómica indica que predomina la desigualdad en la tenencia de la tierra, con población con necesidades básicas insatisfechas, con predominio de cultivos ilícitos, así como economía legal donde domina la ganadería extensiva. Zonas donde existe un acumulado de secuestros.

 

Llama la atención, en lo informado por estas universidades, que el 77 por ciento de los afectados son integrantes de organizaciones locales de base, curiosamente las víctimas participaban en espacios institucionales auspiciados por el Gobierno dignatarios de juntas comunales y consejos municipales, restituyentes del Programa del Ministerio de Agricultura (este último con 70 casos). Otras de las víctimas participaban de organizaciones campesinas, eran líderes de comunidades étnicas y afros, sindicatos rurales y agrícolas. También sufren los ataques parientes de líderes, que suman ya 31 casos.

 

En el 14 por ciento de los homicidios, los ataques son atribuidos a los herederos de grupos paramilitares, pero en el 58 por ciento de los casos se desconoce el atacante. La probabilidad de ocurrencia de este tipo de ataques se duplica si en la zona tienen presencia estos grupos armados; posibilidad que persiste y aumenta 13 veces más en los sectores más pobres según Necesidades Básicas Insatisfechas (viviendas inadecuadas, con hacinamiento, niños desescolarizados e inaccesibilidad a servicios públicos). La relación entre el Gini de concentración de tierras y la presencia de herederos del paramilitarismo triplica el fenómeno en los territorios señalados.

 

La evidencia es rotunda. El discurso oficial lo único que busca es negar la crueldad de las cifras, ocultando con su retórica que al Estado no le interesa o es débil para ejercer soberanía. La justicia es de papel. En los territorios locales dominan sectores económicos que acumulan matando. Los actores armados dominan sin que las autoridades del orden local y nacional intervengan. De hecho las muertes no inciden en los indicadores de desempeño de las instituciones locales. Que las víctimas hayan creído en la institucionalidad deja en el piso la garantía de la reparación.

 

Un reto y una esperanza es acatar con urgencia las recomendaciones del Observatorio: fortalecer los programas para la protección a líderes y lideresas, propiciar el acceso a tierras, fortalecer las instituciones para la implementación de los acuerdos, y poner en marcha una pedagogía de paz.

 

Edición N°236, junio 20 - julio 20 de 2017

Publicado enColombia
Viernes, 23 Junio 2017 17:16

Ecos de un despertar

Ecos de un despertar

Las últimas semanas del mes de mayo y las primeras de junio, con diversidad de movimientos y conglomerados sociales movilizados en defensa de sus reivindicaciones, desnudaron el verdadero espíritu del Gobierno que encabeza el señor Santos –por si alguien tenía dudas sobre el particular–, aireando al país con una ventisca de necesaria democratización e indicando desde ahora que esta será la pauta que marque al país en los años por venir.

 

De los conglomerados sociales movilizados, Buenaventura (ver página 11) y Quibdó dan la pauta. Dos territorios que otrora fueron uno solo –parte de lo conocido como Gran Cauca–, poblados por descendientes de esclavos, mirados por el poder como tierra de Misiones y así entregados a la Iglesia para su adoctrinamiento, de lo cual no dudaron los ‘enviados divinos’.

 

Aquel territorio, desde el centro del poder nunca fue valorado en su real dimensión –¡indios y negros!, rodeados de animales y selvas. Los gringos sí sabían parte de lo allí existente, y en particular en el Chocó construyeron sus enclaves mineros. Esa población, pese al desinterés oligárquico, logró sobrevivir con parte de sus saberes y tradiciones conservados. Apenas hace pocas décadas la crisis mundial del capitalismo descubre su verdadero potencial en biodiversidad, con territorios cruzados por variedad de fuentes de agua, con minerales diversos en sus entrañas. El surgimiento de China como potencia también redescubre la importancia geopolítica de esta parte del país (de ahí el puerto de aguas profundas localizado en Buenaventura), recordando que al fin y al cabo una fortaleza del país es la salida que tiene por dos mares. Cuando permitieron el desmembramiento de Panamá, a pesar de lo visionado por Bolívar en su Carta de Jamaica, los ‘ilustres’ radicados en la Sabana de Bogotá ni entendían el país que tenemos ni imaginaban que hacíamos parte del mundo. Ignorancia prolongada en el tiempo.

 

Olvidados por siempre, de manera ininterrumpida sus pobladores sufrieron la desidia oficial. Sus territorios padecieron (padecen) la extracción de materias primas y ganancias para llenar los bolsillos de unas pocas familias. La extracción devastó todo aquello que tocó: Andagoya y otros municipios chocoanos así pueden testimoniarlo, pero también las cuencas de innumerables ríos, entre ellos el San Juan y el Atrato.

 

Aunque todo tiene un límite, y así lo reafirma el dicho que enfatiza que “no hay mal que cien años dure/ ni cuerpo que lo resista”, y para la muestra dos botones, los cuales, pese a sus reclamos y acuerdos con el alto gobierno, fueron objeto de burla del mismo, incumpliendo la palabra empeñada. El irrespeto despertó desconfianza y decisión de lucha, hasta la declaratoria de paros cívicos indefinidos. La capacidad para sostener la decisión ciudadana, colectiva, terminó por torcer, así fuera en parte, el discurso oficial de que “no hay plata”, de que “la regla fiscal” no nos permite comprometer más recursos. Pues, quebrantando la Regla, los acuerdos exigidos se firmaron, enseñando a todo el país que un tipo de protesta como el paro cívico debe ser preparado con mucha antelación, estructurando una entramada red que lo soporte, con exigencias claramente establecidas, así como los liderazgos por exponer, siempre debidos en sus negociaciones a la decisión última de las asambleas ciudadanas.

 

Como en 1977, cuando el país fue estremecido por el primero y único de los paros cívicos que conoce, en realidad nacionales y paralizantes, estos de ahora externalizan un factor organizativo de nuevo tipo, donde diversos movimientos sociales, entretejidos con sus poblaciones, logran aislar al establecimiento, permitiendo divisar quién(es) es/son los contrarios por enfrentar y cómo hacerlo.

 

Resalta en ambos casos que sus pobladores perdieron credibilidad en el gobierno de turno (queda por identificar si también en el establecimiento), así como el miedo sembrado allí por el paramilitarismo. Tanta manipulación oficial, con tantos incumplimientos, no da para menos. Un interrogante por esclarecer es si esta ruptura fue posibilitada por la participación del paramilitarismo en las protestas, que, de ser así, ubica a los actores políticos y sociales alternativos ante la realidad de un proyecto de poder fascista con base social. La participación de la Iglesia, con su profundo enraizamiento, también realza un factor de poder, superador de su simple visión y misión ideologizante tan reiterativa y destructiva hasta los años 80, para transformarse en factor de esperanza para miles de familias arrinconadas por el desgreño estatal, así como por el factor paramilitar y el conjunto de la guerra desatada en sus territorios.

 

El papel de las iglesias, como espacio para compartir el dolor y la memoria, tan evidentes en Quibdó y otras poblaciones situadas a lo largo del río Atrato, al igual que en Buenaventura y todo el territorio que cubre la diócesis allí existente, así como su acompañamiento a los miles de desplazados y expropiados de todo lo suyo, son las bases evidentes para la movilización que hoy toma forma.

 

Con el tablero a la calle

 

La pérdida de credibilidad también resalta en la protesta de los docentes responsables de la educación pública en todo el país. Con renovada energía y decisión de lucha por sus derechos, las bases del magisterio llevan a la dirección de Fecode a no ceder en lo demandado, abriendo un espacio social a través del cual, como no se veía desde hace varias décadas, docentes y comunidad educativa podrían reencontrarse, dejando el espacio abierto para que un nuevo movimiento urbano tome aliento en el país en los años por venir.

 

La desinformación que emana de la Casa de Nariño de la disputa en curso, y el eco que los medios oficiosos le garantizan al discurso gubernamental, difícilmente creíble, también abren un espacio en la sociedad para que Santos pierda la escasa credibilidad que le quedaba. Con el sol a cuestas, esta realidad bien pudiera darle paso a cualquier protesta social, de grande o pequeño calado, cuestionando a su paso a la totalidad del establecimiento en procura de democracia económica pero no sólo formal –política o electoral. Una democracia de nuevo tipo en cuya consecución la sociedad colombiana pueda dar un salto de calidad en sus luchas, rompiendo la unidad del establecimiento. Falta imaginación y vocación de lucha para que así sea. ¿O tal vez es el factor electoral el que maniata a unos y otros?

 

La agenda de paz, en el cumplimiento de lo acordado entre Gobierno y Farc, sin duda es un elemento que ayuda a que esto no ocurra. Es sorprendente cómo se dividen las agendas de lucha, perdiendo la mirada de país al quedar ensimismados en el factor particular. Sin superar errores de siempre, organizaciones alternativas de diverso cuño siguen priorizando su agenda particular como el propósito fundamental por encarar, dejando a un lado al país nacional, que una y otra vez les recuerda que deben renovar sus formas de analizar y proceder.

 

En medio de estas luchas, que también congregan a los trabajadores estatales (ver página 14) en procura de estabilidad y mejora salarial, así como otro cúmulo de reivindicaciones sectoriales, llama la atención el surgimiento y el posicionamiento de la consulta popular como una nueva forma de lucha irrigada por decenas de poblaciones pequeñas y medianas, en defensa de sus territorios y de la vocación agrícola de sus suelos. Las consultas populares, para que sus habitantes decidan si allí se llevan a cabo o no, explotación minera, va dejando en claro que la conciencia ambiental gana cada día más espacio, y que la gente prefiere lo poco pero perdurable, a lo mucho pero efímero.

 

De las formas de lucha se ha escrito mucho, y aquí una vez más queda reafirmado que nadie en particular las inventa sino que aquéllas toman forma a la luz de los sucesos particulares, para luego, desde un sitio puntual, extenderse como referente por todos los lugares donde se vivan iguales circunstancias.

 

De lo escrito aquí deberán pasar meses para que se sepa con toda propiedad el rumbo que toman los acontecimientos y si, como todo parece indicarlo, los movimientos sociales del país empiezan a transitar la senda de la recuperación de su iniciativa. Mientras ello sucede, no se puede perder tiempo: la democracia directa y refrendataria aparece como una necesidad imperiosa. Como canal para facilitarlo, se requiere darle cuerpo a un sistema nacional de comunicación alternativa, desde el cual la naturaleza del poder quede al desnudo, a la par que se entreteja una gran diversidad de agendas sociales, dejando su particularidad para saltar en calidad hacia un común referente nacional.

Publicado enEdición Nº236