Los acueductos comunitarios exigen reconocimiento

El asunto nos resulta rutinario, en la casa o en el sitio de trabajo: cuando necesitamos agua abrimos el grifo y fluye el “manantial”, para saciar nuestra sed o para llenar el recipiente para cocinar o limpiar cualquier parte de la casa. Parece un acto de magia, pero no lo es. Mientras así sucede estamos tranquilos. Gastamos, pagamos la cuenta, fin del asunto.

Pero en esto no hay nada de magia. Tras el vital líquido hay todo un proceso natural, además de un inmenso esfuerzo humano, en algunas ocasiones fruto de una labor colectiva de comunidades organizadas para procurársela.

La visión del agua como un servicio público que una empresa nos provee, puede apartarnos de tener una relación más profunda con este elemento esencial de la vida, y también puede distanciarnos del reconocimiento de que el agua es un bien común y un derecho humano fundamental.

Alrededor de esto existen múltiples experiencias. En varias zonas rurales y urbano-populares, el suministro de agua no está en manos de una empresa estatal o mixta, sino que es la misma comunidad quien la autogestiona en su territorio, a través de organizaciones conocidas como acueductos comunitarios. En Colombia, según datos recientes de la Superintendencia de Servicios Públicos, se estima que existen cerca de 15.000 organizaciones de este tipo, conformadas por vecinos y vecinas, que trabajan para garantizar el suministro y acceso al agua a sus familias. Los diferencia el sentido de trabajar en comunidad y lo que esto conlleva: la cooperación mutua, la solidaridad, la necesaria construcción colectiva. También se caracterizan por contar con escaso apoyo institucional, y porque ven al agua como un bien común, no como una mercancía.

Una labor noble, pero sin duda compleja. Por eso, los acueductos comunitarios se han organizado en asociaciones y redes, para discutir la gestión comunitaria del agua y defenderla. ¿De qué? De la política nacional que busca privatizarla, tanto en el suministro como saneamiento; de la minería, que afecta a las fuentes hídricas que abastecen a las comunidades; de las exigencias normativas, que imponen requisitos administrativos y tecnológicos que no se ajustan a las realidades y necesidades de estas organizaciones comunitarias. A eso hay que sumarle las problemáticas específicas de cada territorio y los conflictos por la propiedad de la tierra donde se encuentran las microcuencas o la infraestructura de un acueducto.

Con muchos temas en la agenda, la Red Nacional de Acueductos Comunitarios de Colombia (1) realizó en Medellín, en las universidades de Antioquia y Nacional, durante los días 23, 24 y 25 de septiembre de 2016, la sexta edición del Encuentro Nacional de Acueductos Comunitarios, durante el cual más de 300 personas deliberaron sobre las problemáticas, resistencias y alternativas para la gestión comunitaria del agua. Además, trabajaron en avanzar en su siguiente objetivo: presentar ante el Congreso de la República un proyecto de ley para el reconocimiento del derecho a la autogestión comunitaria del agua.

 

Un trabajo en red: unidos como las aguas

 

Así como el arroyo llega a la quebrada, la quebrada se conecta con el río y éste entrega sus aguas a uno más caudaloso o desemboca en el mar, los acueductos comunitarios de Colombia han tejido una red para defender sus intereses, formarse sobre distintos temas y trabajar de forma articulada a través de asociaciones municipales, departamentales, regionales y una Red Nacional de Acueductos Comunitarios. Allí, además de encontrarse entre organizaciones comunitarias asociadas, cuentan con el respaldo de diferentes organizaciones sociales y ambientalistas de todo el país que comparten sus principios.

“Lo que propició que nosotros nos encontráramos tanto a nivel regional, como nacional, fue el referendo por el agua”, dice Maya Astrid Pinzón, gestora de proyectos de Retaco (Red Territorial de Acueductos Comunitarios de Bogotá y Cundinamarca). La propuesta de un referendo por el agua, tomó forma en 2006 con la campaña “El agua un bien público”. “Esta movilización creativa logró llegar al corazón de la ciudadanía desde una sin igual articulación de organizaciones sociales, pueblos indígenas, ambientalistas y acueductos comunitarios”, expresa Javier Márquez, coordinador del Programa de Cultura y Política Ambientalistas de la Corporación Penca de Sábila, en su artículo “¡A la codicia, resistencia, a la privatización, autogestión!” (2).

A pesar de los esfuerzos y de la movilización nacional, el referendo del agua no fue aprobado en el Congreso de la República. Desde entonces, las asociaciones locales y las redes regionales que se unieron en la campaña del referendo, han continuado trabajando como una Red Nacional de Acueductos Comunitarios, que no abandona la lucha por una ley de iniciativa popular. El antecedente del referendo les permitió tener un acuerdo político sobre su apuesta programática, y les ayudó a edificar la confianza entre organizaciones y sectores, que ahora confluyen en asambleas territoriales y nacionales como el pasado VI Encuentro Nacional.

 

Aguas para la paz

 

El VI Encuentro Nacional de Acueductos Comunitarios tuvo como eslogan: “Aguas para la paz: por el derecho a la gestión comunitaria del agua”, porque ante un próximo escenario de posacuerdos hay que reconocer que las asociaciones comunitarias también son actores de la convivencia en los territorios. “Los acueductos comunitarios son un ejemplo de que a través del manejo de un bien común la gente tiene que hacer pactos, llegar a acuerdos, tranzar conflictos, resolverlos adecuadamente, porque tienen que convivir alrededor del agua, y porque ninguna familia se puede quedar sin agua”, dice Javier Márquez.

Los acuerdos de paz proponen un desarrollo rural integral. Y, ¿qué es desarrollo rural integral sin agua? Márquez plantea que la gestión comunitaria del vital líquido ha garantizado que haya agua para el consumo humano y para la agricultura, para lo pecuario, y para otras actividades de la economía familiar campesina. El proyecto de una “Ley propia” para defender la gestión comunitaria del agua, quiere precisamente reafirmar que es intrínseco a la persona tener derecho a un mínimo vital de agua, y que los acueductos comunitarios necesitan reconocimiento y acompañamiento en esa labor para seguir garantizando ese derecho.

“La constitución y las distintas normas nacionales no reconocen y no visibilizan lo que hacen los acueductos comunitarios, a pesar de que se hacen cargo del 50% de la gestión del agua en el país”, afirma Maya Pinzón. Hasta ahora a los acueductos comunitarios les aplican las mismas normas de control y los parámetros que a las empresas prestadoras de servicios públicos, según lo consignado en la ley 142 de 1994. “La propuesta de Ley propia surge después de analizar el impacto que tiene en la cotidianidad una ley que nos compara con las empresas y que tiene exigencias de todo orden”, comenta Bibiana Salazar, abogada de la Comisión Jurídica de la Red Nacional, quien estuvo a cargo de la compilación y redacción del proyecto de ley.

Según Salazar, desde la asesoría jurídica y política, no es posible evitar los efectos de una ley, si no es a través de un instrumento jurídico, porque ésta tiene una fuerza de obligatoriedad que los acueductos comunitarios no pueden evadir. Así que lo que la Ley propia plantea es una alternativa para hablar de una gestión comunitaria del agua y no de servicios públicos, de una garantía de derechos, antes que de una prestación de servicios y de costos por el vital líquido. Entonces, aunque no pueden sustraerse del modelo neoliberal, las asociaciones abogan por una mirada diferente a la mercantilista. Ellos defienden la posibilidad de mantener su relación con la naturaleza de ecología política.

El trabajo de construcción de la Ley propia va desarrollándose en los encuentros nacionales y regionales, las dos audiencias públicas llevadas a cabo en el Congreso, los foros, asambleas y talleres jurídicos. “En un encuentro se analizó la política de aguas y su relación con el marco legal, en otro momento se decidió empezar a recoger los insumos para un proyecto de ley (en el encuentro de Villavicencio en 2015), y en este último, se socializó y se debatió en grupos de trabajo sobre la pertinencia, la necesidad de sustracciones o modificaciones al proyecto de ley”, comenta Salazar.

Para Claudia Cadavid, asociada del Acueducto Comunitario de San Andrés (Girardota), el VI Encuentro fue un espacio para seguir fortaleciendo la confianza en ese trabajo en red, ella dice: “es muy bueno saber que hay un grupo de personas de distintas partes del país que está proponiendo cómo defendernos, cómo decirle al Estado, al Congreso, que nosotros existimos y que cada vez somos más personas que defendemos la gestión comunitaria del agua”.


Después del VI Encuentro la discusión sobre la Ley propia continúa. Las personas que participaron ya empezaron a realizar talleres y asambleas para socializar el proyecto de la Ley propia en sus territorios, y los representantes de distintas organizaciones y asociaciones que hacen parte del taller jurídico de la Red han estudiado lo construido hasta el momento, revisando la pertinencia de cada artículo y vislumbrando cuál será la manera más acertada de presentar el proyecto de ley ante el poder legislativo y la opinión pública. “Es una ley de iniciativa popular que, independientemente de cómo la presentemos, tiene el valor de ser una propuesta de la comunidad”, concluye Claudia Cadavid.


Los acueductos comunitarios llevaran su Ley propia a todos sus territorios y asambleas, como mensajeros y mensajeras del este líquido vital. Con sus propuestas y demandas, le dirán al país que son un caudal que no pueden detener, porque sin su gestión comunitaria no podrá haber paz en los territorios. Y por último nos repetirán, eso que de tanto oír parece que ha perdido sentido, que el agua es fuente de vida. Por ello, el acceso y suministro de agua es un derecho humano fundamental, y defenderlo es su compromiso.

 

* Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila.
1 Para conocer más sobre la Red Nacional de Acueductos Comunitarios visite el sitio web: http://redacueductoscomunitarios.co
2 Revista Agua Nº3, 2016.

 



Quiénes integran la Red Nacional de Acueductos Comunitarios de Colombia:

 

  • Red Territorial de Acueductos Comunitarios de Bogotá y Cundinamarca –Retaco–
  • Federación de Acueductos Comunitarios Rurales del Valle del Cauca –Fecoser–
  • Red de Acueductos Comunitarios Región Caribe
  • Proceso de Articulación Acueductos Comunitarios de Pasto, Nariño
  • Comité de impulso de acueductos articulados del Meta
  • Asociación Departamental de Acueductos Comunitarios de Antioquia –Adaca–
  • Enda América Latina
  • Corporación Ecológica y Cultural Penca Sábila
  • Corporación La Ceiba
  • Instituto Mayor Campesino –Imca–
  • Corporación de Desarrollo Solidario –CDS–
  • Censat Agua Viva
  • Asociación para el Desarrollo Campesino –ADC–
  • Areco –Asamblea Regional Centro Oriente de Ecofondo–
  • Ecofondo Nacional
Publicado enEdición Nº232
Martes, 24 Enero 2017 17:20

Bandera para izar

Bandera para izar

Bajo el efecto y entorno nuevos de la ciencia y las fuerzas productivas, soñar con un país cualitativamente diferente implica resolver un gran interrogante: ¿Cómo comunicarnos y conectarnos, con el país nacional, el país real –las mayorías, a las que aludía Gaitán? Las organizaciones alternativas y militantes deberían asumir como propósito central en 2017-2019, llevar a cabo discusiones, talleres, foros, tertulias, etcétera, para consultar, comprender, procesar y politizar acerca del por qué la democracia realmente existente, o burguesa, llegó a su límite.

 

“Cambia lo superficial/Cambia también lo profundo/Cambia el modo de pensar/Cambia todo en este mundo”, así canta Mercedes Sosa, quien luego dice que “Cambia todo cambia”. Y no se equivocó, pues así parece reafirmarlo lo que está sucediendo en la sociedad, donde lo que conocimos hace apenas 30 o 40 años ya no existe o está desechado (ver recuadro), dándole paso a toda una renovación en infinidad de campos. Y estos cambios, que afectan la vida cotidiana de todos los que hoy habitamos este planeta, también afecta la forma cómo se sustenta el régimen capitalista, su régimen económico y político, colocando en aprietos su columna vertebral: la democracia realmente existente, para nuestro entender, formal, superflua e improcedente.

 

“Cambia todo cambia”, si la realidad es esta, ¿cómo actuar para que el sistema que hoy domina e impone desigualdad por doquier, de paso a uno otro, donde la justicia y la solidaridad sean su piedra angular? Si la ciencia es la que está propiciando todos los cambios que cada día nos sorprenden, ¿por qué no echar mano de ella para atrevernos a lo “imposible”?

 

Cambios y avances, comprendidos y apropiados en nuestras vidas cotidianas por el uso de innumerables artefactos que nos deslumbran con su versatilidad, los mismos que nos deben permitir, a todos aquellos que soñamos con una sociedad distinta, disputar y construir una opinión y un país en justicia y con soporte de vida digna para el conjunto social de colombianos. Un inmenso reto que conlleva uno no menor: ¿Cómo construimos el territorio, la convocatoria y los referentes de convocatoria que conjuguen el proyecto social, político y cultural que nos permitiría la comunicación con el país nacional, con las mayorías? Los diseños políticos para responder a este interrogante son varios. Son tantos como expresiones orgánicas de izquierda existen.

 

Unos apuestan por construir y consolidar antes un aparato político vertical y luego, ahí sí, tratar de comunicarse con aquellos a quienes desean movilizar o dicen representar. Esta es la fórmula o el diseño orgánico más común entre nosotros, pero también allende nuestras fronteras. Un diseño de “aparato y jerarquía” que una y otra vez, aquí y allá. ha fracasado. Por tanto, sólo queda como opción, la vía inversa: construir el proyecto orgánico al tiempo que logramos el conocimiento y la conexión con el país nacional. ¿Y para qué considerar esta conexión?

 

Considerarla para que entre todos y todas podamos enfrentar y emplazar la iniciativa al establecimiento, al poder reinante, a las clases sociales que lo concentran, y que excluyen y oprimen a las mayorías. Pero, ¿cómo lograr esa conexión con las mayorías? ¿Cuáles serían las reivindicaciones que exigen estas mayorías para hacer posible su movilización? Es otra pregunta por resolver, al encarar el propósito comunicativo/organizativo/movilizador de las mayorías nacionales con cimiento en sus regiones. Y las respuestas también son tantas y variadas como lecturas existen sobre la coyuntura y/o la realidad económica, política, social, que atraviesa el país, en su realidad interna y externa.

 

Metámonos entonces en la pregunta ¿cuál es la reivindicación que más motiva a las mayorías? ¿Será la necesidad de empleo –e ingresos? ¿Será el sueño de techo propio?, ¿el deseo de libertad?, ¿la necesidad de salud oportuna y adecuada?, o ¿la necesidad de tierra? Tal vez sean todas, o sólo una. En todo caso, cualquiera que sea, bien sea una o varias de ellas, por efecto de los niveles de riqueza que hoy genera la humanidad, todas pueden ser satisfechas por el establecimiento. Con respuesta, ya sea para neutralizar y desinflar por esa vía cualquier movimiento de protesta, alternativo o anti establecimiento. Ojo con esto. El aspecto y contenido que no puede satisfacer el establecimiento, así lo desee, es cumplir, realizar y concretar una democracia real. Y menos, una democracia de nuevo tipo, radical, directa, refrendataria. ¿Por qué no puede satisfacer este tipo de demanda?

 

La democracia realmente existente, o burguesa, llegó a su límite

 

La democracia, columna vertebral del régimen burgués que le sirve para propagar a los cuatro vientos un cuento imposible de igualdad, justicia y libertad, está totalmente rota. Está en crisis de posibilidad, como resultado de la transformación de la matriz económica capitalista, ahora potenciada y determinada por un motor financiero y de especulación que fija al conjunto social, a través del mecanismo que han dado en llamar financiarización del sistema. Así la situación, ¿cómo llegó acá el sistema capitalista?

 

Llegó por conducto y consecuencia de la mayor revolución científica conocida hasta ahora. Revolución que le permitió avanzar hacia una globalización creciente, a través de la cual el sistema penetró en todos los rincones del mundo. Penetra cosificando todas las cosas. Cala con una interconexión en tiempo real de toda relación mercantil, entre ellas el intercambio del dios dinero, ahora irreal –no representa la producción efectiva que realizamos los humanos–, a pesar de los billetes estar impresos.

 

Esta interrelación y dominio del capitalismo –y del sistema financiero– en todos los rincones, ahora, también potencia la concentración de la riqueza y del poder. De este modo, lleva al sistema político, en su afán por mantener y prolongar su dominación, a un nivel de autoritarismo nunca visto. Producto de esto, hoy son menos los ricos que determinan el rumbo económico mundial, llevando al planeta hasta la frontera de su autodestrucción. Y, el afán de los estados por controlar a sus sociedades, hacen de la intimidad y la libertad una lejana reivindicación, hoy confundida con la libertad de compra y venta.

 

A extender nuevos niveles de democracia con participación y poder

 

Está visto que hoy la “democracia” es un simple aviso que decora los edificios donde sesionan los legisladores, queda así como un lejano sueño nunca realizado a plenitud. Democracia que en el presente será menos factible de concretar, dado que la participación quedó relegada al simple rito político de votar. Rito que sucede cada cierto tiempo, sin tocar ni variar la columna y continuidad de cada régimen político. Ajeno, sin motivar a las mayorías, razón de ser de la democracia que ayer dio al traste con las monarquías. Por eso, en estas circunstancias, levantar la bandera de la democracia es izar la más radical y revolucionaria de todas las banderas.

 

Hacerlo precisamente, cuando la transformación técnico científica permite no solo la participación de las mayorías en la discusión y diseño de todos los órdenes de la vida política y económica de su sociedad, sino que también permite actuar para que ningún compatriota padezca necesidades materiales.

 

Los retos que abre esta potencialidad son muchos: Estados plurales y descentralizados, gobiernos participativos en todos sus niveles de decisión, economías con fuerte arraigo local, con matriz ambiental y asimilación de su relación de respeto con la tierra y todas las especies que la habitan, reducción del tamaño de las ciudades y revalorización y minimización del carro como centro de la vida humana, y valorización de lo pequeño y de lo local, entre otros.

 

Aparece entonces un interrogante fundamental: quién levanta esta bandera, ¿las organizaciones políticas o el pueblo –genérico que parece resolver todo? Sin duda, un ideal consecuente es que las mayorías llamadas pueblo sea quien la reclame y dispute. Las organizaciones políticas deberían asumir que ningún proyecto político se considere (auto)suficiente, y que actúe y hable a nombre de todos, sin concitarlos ni dominar ni contar con legitimidad en la vida cotidiana de quienes habitan los diferentes territorios que integran nuestro país.

 

Conectarse con la sociedad con la aspiración de que la bandera de la democracia –no la realmente existente– sino una refrendataria, radical, directa, participativa, que aplique un ascendente poder popular, sea ondeada por las mayorías. Ahora la única opción del sistema para contener los cambios en marcha producto de los avances científicos ya considerados, es el autoritarismo y la violencia más desenfrenada. Por ende, cada día es necesario que sea más la cantidad de gente interesada por la política –por la llamada cosa pública– rompiendo la constante hoy dominante; pues nada puede ser decidido por las minorías ni a espaldas de la mayoría.

 

A la par, cabe diseñar y poner en marcha iniciativas de todo orden cotidiano, con miras a resolver desde la base las necesidades básicas de la gente: alimento (con el reto de soberanía alimentaria), salud integral, techo, educación, recreación, ingresos, vía indispensable para construir o recobrar la confianza de la sociedad en el discurso alternativo, anticapitalista, hasta emparentarlo con el socialismo verdadero, que es garantía y soporte de la más amplia y meridiana democracia.

 

Socialismo con su base de socialización hoy presente en infinitud de empresas –muchas de ellas multinacionales– y procesos sociales, así esta realidad no sea ni evidente ni reconocida por la mayoría de la humanidad. Mucho menos, por los propietarios de estas empresas ni por los políticos de turno.

 

El reto es inmenso, “Cambia el sol en su carrera/Cuando la noche subsiste/Cambia la planta y se viste/De verde en la primavera”. “Cambia todo cambia”, nos enfatiza la canción, fiel resumen de la vida en toda su realidad. La política también debe transformarse, el Estado y los gobiernos. Hagamos con nuestros actos y relación con nuestros vecinos/as en nuestros barrios, así como en nuestros sitios de estudio y trabajo, que la canción se haga realidad. Vivimos un tiempo de cambio, del cual no puede quedar exenta la democracia realmente existente. ¡No seamos inferiores al reto ni al momento histórico que estamos viviendo!

 


 

Recuadro 1

 

El nuevo momento de la ciencia y las fuerzas productivas

 

Vivimos tiempos de cambio. Tiempos de avance para la humanidad. Es una certidumbre, sin dejarnos apabullar por la dificultad de los asuntos inmediatos, puesto el ojo en la línea de tiempo. Quien dude de la novedad, también puede mirar en su entorno inmediato y comprobarlo, certificar si algo de las cosas que conoció en sus años mozos aún se conserva. Para quienes ya cuentan con cuatro o más ‘pisos’ a cuestas, la tarea es elemental: televisor a blanco y negro, máquina de escribir, enciclopedias; mecanismos de comunicación (telegramas, postales, correo aéreo, etcétera), radios de transistores y de onda corta, cámaras fotográficas de rollo, tocadiscos, desinterés por el medio ambiente, y la manera de comprender y relacionarse con la naturaleza, la función y comprensión de las ciencias; un otrora, y mucho más, que descansa ahora en el cuarto de San Alejo.

 

Para quienes tienen menos años y no conocieron esto: el tamaño de los celulares, la capacidad de trabajo y la velocidad de las computadoras, la manera de relacionarse entre alumno-docente, las pantallas que no eran táctiles, la imagen del mundo (en tamaño y posibilidad de recorrerlo), la conquista del espacio más allá de la luna, etcétera. Todo esto y mucho más cambió y arruma en el mismo cuarto de los trastos.

 

Lo que no arruman en Colombia es la injusticia, sostenida, multiplicada, presente sin pausa.

 

Como una enredadera se estira amparada en viejos y nuevos argumentos, y en la misma violencia institucional de siempre. ‘Justicia’ soportada, aupada y defendida por quienes a través del curso de dos siglos, han llevado a nuestra sociedad a niveles de pobreza y de miseria –con índices de muerte de menores de edad que son vergüenza para cualquier sociedad–, y con récord en sus indicadores de concentración de riqueza, de propiedad de la tierra, de los medios de comunicación, de los medios productivos, que arrinconan a las mayorías; desconociendo sus potencialidades y saberes. Es decir, aplicando la antidemocracia sin reparo alguno. Contrarios a los avances y evidencias de nuestro tiempo, más concentración de la riqueza y menos democracia es la norma que los de siempre imponen por doquier.

Publicado enEdición Nº231
Rosa Luxemburgo, la rosa roja del socialismo

Espada y llama de la revolución, su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional


Mehring dijo una vez que Luxemburgo era “la más genial discípula de Carlos Marx”. Brillante teórica marxista y polemista aguda, como agitadora de masas lograba conmover a grandes auditorios obreros. Uno de sus lemas favoritos era “primero, la acción”, estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Una mujer que rompió con todos los estereotipos que en la época se esperaban de ella, vivió intensamente su vida personal y política.


Era muy pequeña cuando su familia se muda desde la localidad campesina de Zamosc hacia Varsovia, donde transcurre su niñez. Rozalia sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que la deja convaleciente durante un año y le produce una leve renguera que dura toda su vida. Perteneciente a una familia de comerciantes, siente en carne propia el peso de la discriminación, como judía y como polaca en la Polonia rusificada.


La actividad militante de Rosa comienza a los 15 años, cuando se integra al movimiento socialista. Según su biógrafo P. Nettl, tenía esa edad cuando varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó profundamente en la joven estudiante. “En su último año de escuela era conocida como políticamente activa y se la juzgaba indisciplinada. En consecuencia, no le concedieron la medalla de oro por aprovechamiento académico, a la que era acreedora por sus méritos escolares. Pero la alumna más sobresaliente en los exámenes finales no solo era un problema en las aulas; para entonces era, de seguro, un miembro regular de las células subsistentes del Partido Revolucionario Proletariado”.


Alertada de que había entrado en el foco de la policía, Rosa emprende una huida clandestina hacia Zúrich, donde se convierte en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoce a Leo Jogiches, quien será amante y compañero personal de Rosa durante muchos años, y su camarada hasta al final.


Después de graduarse como Doctora en Ciencias Políticas -algo inusual para una mujer en ese entonces-, finalmente decide trasladarse a Alemania para integrarse en el SPD, el centro político de la Segunda Internacional. Allí conoce a Clara Zetkin, con quien sella una amistad que dura toda la vida.


La batalla por las ideas


En Berlín desde 1898, Rosa se propone medir sus armas teóricas con uno de los integrantes de la vieja guardia socialista, Eduard Bernstein, quien había comenzado una revisión profunda del marxismo. Según él, el capitalismo había logrado superar sus crisis y la socialdemocracia podía cosechar victorias en el marco de una democracia parlamentaria que parecía ensancharse crecientemente, sin revoluciones ni lucha de clases. El “debate Bernstein” sumó muchas plumas, sin embargo, fue Rosa Luxemburgo quien desplegó la refutación más aguda en el folleto “Reforma o Revolución”.


La Revolución Rusa de 1905, la primera gran explosión social en Europa después de la derrota de la Comuna de París, fue sentida como una bocanada de aire fresco por Luxemburgo. Escribió artículos y recorrió mítines como vocera de la experiencia rusa en Alemania, hasta que logra introducirse de forma clandestina en Varsovia para participar de forma directa en los acontecimientos. Es el “momento en que la evolución se transforma en revolución”, escribe Rosa. “Estamos viendo la Revolución Rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella”.


La Revolución de 1905 abrió importantes debates que dividieron a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Trotsky y Lenin frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura Revolución Rusa, enfrentada a la burguesía liberal. El debate sobre la huelga política de masas atravesó a la socialdemocracia europea en los años que siguieron. El ala más conservadora de los dirigentes sindicales en Alemania negaba la necesidad de la huelga general mientras que el “centro” del partido la consideraba como una herramienta únicamente defensiva, válida para defender el derecho al sufragio universal. Rosa Luxemburgo cuestiona el conservadurismo y el gradualismo de esa posición en su folleto “Huelga de masas, partido y sindicatos”, escrito desde Finlandia en 1906. Este debate reaparece hacia 1910, cuando Luxemburgo polemiza directamente con su anterior aliado, Karl Kautsky.


Socialismo o regresión a la barbarie


La agitación contra la Primera Guerra Mundial es un momento crucial en su vida, un combate contra la defección histórica de la socialdemocracia alemana que apoya a su propia burguesía, en contra de los compromisos asumidos por todos los Congresos socialistas internacionales.


En su biografía, Paul Frölich señala que cuando Rosa se entera de la votación del bloque de diputados del SPD, cae por un momento en una profunda desesperación. Pero, como mujer de acción que era, rápidamente responde. El mismo día que se votaban los créditos de guerra, en su casa se reunían Mehring, Karski y otros militantes. Clara Zetkin envía su apoyo y poco después se suma Liebcknecht. Juntos editan la revista La Internacional y fundan el grupo Spartacus.


En 1916 Rosa Luxemburgo publica “El folleto de Junius”, escrito durante su estadía en una de las tantas prisiones que se han transformado en residencia casi permanente. En este trabajo plantea una crítica implacable a la socialdemocracia y la necesidad de una nueva Internacional. Retomando una frase de Engels, Luxemburgo afirma que si no se avanza hacia el socialismo solo queda la barbarie. “En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie.”


En mayo de 1916, Spartacus encabeza un mitin del 1 de mayo contra la guerra, donde Liebknecht es arrestado, pero su condena a prisión provoca movilizaciones masivas. Se anuncia un tiempo nuevo.


1917: atreverse a la revolución


La revolución rusa de 1917 encontró en Rosa Luxemburgo una firme defensora. Sin dejar de plantear sus diferencias y críticas sobre el derecho a la autodeterminación o acerca de la relación entre la asamblea constituyente y los mecanismos de la democracia obrera --sobre esta última cuestión cambia de posición después de salir de la cárcel en 1918--, Luxemburgo escribe que “los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la socialdemocracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional.”


Cuando la sacudida de la revolución rusa impacta directamente en Alemania en 1918 con el surgimiento de consejos obreros, la caída del káiser y la proclamación de la República, Rosa aguarda impaciente la posibilidad de participar directamente de ese gran momento de la historia.


El Gobierno queda en manos de los dirigentes de la socialdemocracia más conservadora, Noske y Ebert, dirigentes del PSD --este partido se había escindido con la ruptura de los socialdemócratas independientes, el USPD--. En noviembre de ese año, el gobierno socialdemócrata llega a un pacto con el Estado mayor militar y los Freikorps para liquidar el alzamiento de los obreros y las organizaciones revolucionarias. Rosa y sus camaradas, fundadores de la Liga Espartaco, núcleo inicial del Partido Comunista Alemán desde diciembre de 1918, son duramente perseguidos.


El 15 de enero, un grupo de soldados detuvieron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo cerca de las nueve de la noche. Rosa "llenó una pequeña valija y tomó algunos libros”, pensando que se trataba de otra temporada en la cárcel. Enterado del arresto, el gobierno de Noske dejó a Rosa y a Karl en manos de los enfurecidos Freikorps --cuerpo paramilitar de exveteranos del ejército del Kaiser--. Se organizó una puesta en escena: al salir de las puertas del Hotel Eden, los dirigentes Espartaquistas fueron golpeados en la cabeza con la culata de un rifle, arrastrados y rematados a tiros. El cuerpo de Rosa fue tirado al río desde el puente de Landwehr a sus sombrías aguas. Fue encontrado tres meses después.


Un año antes, en una carta desde la prisión dirigida a Sophie Liebknecht, en la víspera del 24 de diciembre de 1917, Rosa escribía con un profundo optimismo sobre la vida: "Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (...) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (...) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (...) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla.”


Clara Zetkin, tal vez quien más la conocía, escribió sobre su gran amiga y camarada Rosa Luxemburgo, compartiendo ese optimismo después de su muerte: “En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (...) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional”.
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Por Josefina L. Martínez es historiadora y periodista. Pertenece a la redacción de La Izquierda Diario y es miembro del Colectivo Burbuja.

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Miércoles, 26 Octubre 2016 10:08

La razón de la sinrazón

La razón de la sinrazón

Pasó pronto la sensación de tristeza del día siguiente al del plebiscito, mezcla de sorpresa y desconsuelo. Hoy el panorama luce un tanto diferente. No hay más preguntas sobre el resultado. Del lado del gobierno, como era previsible, un reacomodo con la nueva carta que le proporciona el Nobel de Paz; su preocupación está puesta más que todo en la inminente imposición del programa de ajuste económico que comienza con la presentación del proyecto de reforma tributaria. En cambio, del lado de la izquierda y de las organizaciones sociales, que en su abrumadora mayoría promovieron el sí, la recuperación es más inquietante.

 

La reacción inmediata por parte de algunos fue tan simplista como desafiante: no vamos a entregar los logros democráticos de los acuerdos de La Habana por una exigua ventaja del No de alrededor de cincuenta mil votos; ventaja tan aleatoria que con un poco menos de abstención –por ejemplo en la costa Caribe, donde es evidente que la lluvia y las inundaciones debieron limitar la participación– hubiera podido ser al contrario. Algunos días después la argumentación puramente reactiva se había transformado en justificación tranquilizadora: la votación por el No, podía atribuirse, descontando el puñado de seguidores del Centro Democrático, al engaño que esta ultraderecha había logrado con su campaña publicitaria. Las declaraciones de su jefe de campaña, Luis Carlos Vélez Uribe, bastaban para comprobarlo.

 

Recientemente, se han intentado explicaciones un poco más sofisticadas. Al igual que en otras latitudes, los resultados plebiscitarios no hacen más que revelar la profunda crisis histórica de la democracia representativa. Desde luego, esto equivale a reconocer como un funesto error el haber aceptado el plebiscito como mecanismo de refrendación. Pero no importa. Siguiendo el viejo y conocido lugar común según el cual toda crisis encierra una oportunidad, bastaría con atender lo que las mismas fuerzas de la historia nos están indicando: es la hora de intentar un salto cualitativo. El Acuerdo de La Habana, que debe ser respetado en su integridad, se ha convertido ya en un punto de partida para una transformación profunda. El camino es la Asamblea Nacional Constituyente por la paz. ¡Es impresionante la capacidad que tienen algunos para hacer coincidir la línea del “progreso histórico” con su línea política!

 

Los enigmas de la actual movilización por la paz

 

El análisis de la historia, sin embargo, debería brindarnos otras explicaciones. Lo que realmente ha cambiado el panorama, al menos en lo referido a las sensaciones y sentimientos, son las enormes movilizaciones, principalmente juveniles, desarrolladas en todo el país, los días 5 y 12 de octubre; en esta última fecha, por cierto, con una reveladora participación indígena. La consigna agitada describe muy bien su propósito: ¡Acuerdo de paz ya! Evidentemente, es una reacción, hasta cierto punto desesperada, frente a la “sin salida” creada con los resultados del plebiscito y frente a la posible dilación, la cual podría conducir a un abandono de la negociación, con los riesgos de violencia que ello implica. ¿En qué medida es una crítica a la llamada clase política? Probablemente, y dado el componente juvenil, hay mucho de eso, pero en la práctica su alcance es limitado. Se les exige, a los negociadores, que no se levanten de la Mesa hasta que se firme el acuerdo, y que lo hagan lo más pronto posible. En todo caso, lo más significativo es la tensión puesta de manifiesto entre el plebiscito y la movilización, entre la democracia electoral y la democracia callejera. –Aunque es obvio que en este caso la disputa de legitimidades no puede saldarse aquí estadísticamente, es decir, con números, la verdad es que tampoco da para salidas de hecho. Otra cosa hubiera sido en la circunstancia de que las movilizaciones hubiesen antecedido o acompañado la campaña plebiscitaria.

 

La explicación de esta singularidad se encuentra en el marco político en el cual se ha presentado la tensión. Basta con examinar la línea narrativa que recorre todas estas manifestaciones de protesta y exigencia: simplemente el reclamo de paz frente a la realidad de la guerra. En nombre de las víctimas que, como se ha repetido hasta el cansancio, deben “estar en el centro”. Todos debemos arrepentirnos de nuestros errores (¿de intolerancia?). Lo que se impone es un ejercicio de perdón y reconciliación. Por eso lo que menos importa es el contenido del acuerdo. Muy explicable, pero con ello se esfuma el reconocimiento de las causas del conflicto, es decir la comprensión de lo que está en juego en estas negociaciones, y hace que las manifestaciones se orienten en un sentido problemático.

 

En efecto, se ha operado aquí un doble desplazamiento. De una parte, la negociación, se ha desplazado de la contradicción Farc-Gobierno a la aparente “polarización” Santos-Uribe. De otra, el escenario de la paz ha pasado de La Habana a Bogotá, con lo cual, peligrosamente, de llegarse a un acuerdo sobre el contenido del Acuerdo entre estos “polos”, las Farc quedan como un tercero cuya posición puede ser vista con los ojos de quien va a juzgar con toda severidad cualquier respuesta negativa como expresión de intransigencia y terquedad. Es el resultado lógico, como se verá más adelante, del marco que se impuso a lo que debió haber sido una salida política negociada del conflicto armado.

 

Pero el plebiscito sigue ahí...

 

El tipo de movilizaciones en curso, no están, pues, muy lejos de lo que nos indican los resultados del plebiscito. La abstención, que superó el 60 por ciento, fue ciertamente muy alta, pero, en principio, dada la tradición electoral colombiana, no debería sorprendernos. Es más, así había sido previsto por los promotores del plebiscito en La Habana que se cuidaron muy bien de modificar los requisitos, reemplazando el umbral de validez por uno de aprobación de tan sólo cuatro millones y medio de votos. Si acaso, tendría que explicarse la fracción de abstencionistas que en esta oportunidad superó la “normalidad”. Probablemente, bastaría con reconocer dos componentes, uno involuntario, ocasionado por los factores climáticos ya mencionados y otro voluntario atribuible a que esta vez no operaron, por falta de incentivos, en toda su capacidad, las conocidas maquinarias clientelistas.

 

En general, los determinantes de la abstención son los mismos de siempre. Y no es poco lo investigado y escrito sobre este fenómeno, que ciertamente no es una característica original de Colombia. Pero no es necesario detenerse en este punto y mucho menos explayarse en una disquisición sobre los rasgos estructurales de la democracia burguesa en crisis, cuando la coyuntura nos está exigiendo un análisis concreto. La democracia electoral no es, o no debería ser, la expresión por excelencia de la participación popular; es más, como régimen político no es otra cosa que una expresión de la dominación sobre los trabajadores y en general sobre los sectores populares. Pero sí es un indicio de las condiciones en que se encuentran estos últimos y del clima político existente en tal o cual coyuntura y así debe ser tomado. En serio. A veces la participación electoral indica un descontento y una voluntad de cambio que debe ser valorado aunque sólo sea para su transformación. O si no, qué otra cosa nos muestran las victorias de Chávez, Correa, Evo Morales o Lula. Es impensable, porque sería indigna de los intelectuales orgánicos de la izquierda, la actitud cínica de validar la democracia sólo “cuando nos sirve”. Y a veces los plebiscitos han jugado un papel fundamental en el desenlace positivo de ciertas situaciones políticas como, para mencionar apenas un ejemplo, el que se realizó en Chile en tiempos de Pinochet. Por eso han convocado una alta participación. Lo cierto, lo verdaderamente importante, es que hoy en Colombia, a juzgar por lo sucedido, para la población esta consulta, y en contra de la publicidad, no representaba un hecho histórico. No pudo vencer ni el rechazo ni el escepticismo. Ese es un dato de la realidad política que estamos obligados a tener en cuenta.

 

Un principio de explicación se encuentra en la forma como hemos llegado, después de más de cuatro años de negociación, a este momento decisivo. Anteriormente hemos hablado de solución política negociada del conflicto armado. Pues bien, esto es justamente lo que no ha estado presente en el imaginario político del país. Contrariamente a lo que se suele argumentar, más con el deseo que con la razón, el proceso ha sido conducido, de manera abrumadora, por el establecimiento. Santos y Uribe por igual. No es cierto, como se dijo en las elecciones presidenciales pasadas, que si bien compartían el enfoque de política económica neoliberal se diferenciaban en el tema de la paz. En este enfoque también han estado de acuerdo; la diferencia, exagerada por razones político-electorales, es de puro pragmatismo. Para ambos se trata del sometimiento de un grupo criminal que si bien ha sido debilitado militarmente, conserva una capacidad significativa de destrucción y desestabilización. Para Santos, a diferencia de Uribe, había llegado el momento de poner fin a la amenaza a través de una negociación porque los costos del enfrentamiento bélico ya eran superiores (e inconvenientes desde el punto de vista del modelo económico) a las ventajas de una posible pero lejana rendición del enemigo. Tal es el significado de la expresión “paz imperfecta” que terminaron por aceptar hasta los demócratas y progresistas, todos partidarios del Sí, lo cual equivale a que el referente de perfección es la rendición o sea el mínimo de “concesiones” para las Farc. Es el contenido de las discusiones sobre la “impunidad” y lo que es peor, de las reclamaciones actuales, al parecer aceptadas por la mayoría de los movilizados, de “perfeccionamiento” del Acuerdo a través de los “ajustes” al famoso texto de las 297 páginas.

 

¿Hasta qué punto se ha visto como una resolución histórica?

 

Esta es la realidad innegable. No existe un clima, un ambiente cultural, una sensación de cambio histórico que debería, en el plano de la teoría, suceder a la inminencia de la finalización de un conflicto armado que hunde sus raíces en lo más profundo de la historia del país. Ni siquiera como sucedió con el Frente Nacional, o con la Asamblea Constituyente a principios de los años noventa. Por eso es tan grave la ignorancia o la omisión deliberada de las causas del conflicto, para no mencionar la referencia a la resistencia campesina que sólo está en boca de algunos pocos. Es cierto que no podíamos esperar que los militantes de las Farc fuesen recibidos como unos héroes, pero tampoco es admisible, ni justo, que terminaran convertidos en un grupo de criminales cuyo único destino tenía que ser el arrepentimiento y la búsqueda de perdón. –Para quienes se preocupan de la “impunidad”, por cierto, habría que decirles que, así como están las cosas, ya han recibido un castigo, uno que ya ha sido excluido de muchos ordenamientos constitucionales, el escarnio público que es lo peor que le puede suceder a una organización política–. Y lo que es más importante. Para que este desenlace de la confrontación militar fuese un hecho histórico tendría que haberse planteado un juicio de conjunto. Un juicio de las relaciones de poder que han existido hasta hoy. Es verdad que la izquierda, en general, insiste en una caracterización como ésta; sin embargo, por desgracia, lo que se impuso como narrativa y condiciones de la pugna política ha sido la otra. Cuando se habla de víctimas, por ejemplo, se refiere, en la práctica a las “víctimas de las Farc”. La estrategia paramilitar, de la cual son sólo una expresión los grupos paramilitares, parece haber quedado en un pasado olvidable, como si la ley de sometimiento de Uribe hubiese sido la primera cuota del esfuerzo de paz.
En fin, el acontecimiento que estamos viviendo y que condujo a la consulta ha quedado como un simple trámite para el desarme de un grupo armado ilegal. Pese a la magnificación que han intentado tanto Santos como las Farc. El primero para vender la idea de paz (nacional e internacionalmente) indispensable para la atracción de inversión extranjera y de la “ayuda” de la comunidad internacional tan necesaria en épocas de crisis. Y las Farc, seguras, ellas sí, del significado histórico, para ponderar las virtudes del acuerdo cuyas potencialidades democráticas, a su juicio, solamente necesitarían del esfuerzo ulterior de los movimientos sociales. La realidad, sin embargo, es tozuda. La idea de la gran transformación histórica no ha convencido ni siquiera a la mayoría de los votantes por el sí. No fue posible vencer el escepticismo, sobre todo el de quienes creen que todo es una nueva mentira y nada va a cambiar.

 

 

 

Las razones ocultas del No

 

Son, pues, estas circunstancias del contexto político las que explican también buena parte del voto por el No. Es cierto que el Sí triunfó en las áreas rurales, especialmente las más afectadas por el conflicto, y el No en las grandes ciudades con la notable excepción de Bogotá. Pero no es una constatación propiamente tranquilizadora. La reacción rural no forzosamente corresponde a una comprensión del hecho histórico, en los términos en que acabamos de proponerlo, sino más bien al desgaste producido por tantos años de dolor. Salvo algunas contadas excepciones, es posible que tal reacción se acerque a la actitud de quienes piensan que es preciso intentar la paz, de una vez por todas. Como sea. Pero más revelador aún es el hecho incontrovertible de que, rural o urbano, el número de votos por el No haya sido tan alto. Sin ninguna consideración pragmática y corriendo el riesgo de una prolongación de la guerra. Algo tiene que haber en la mentalidad del pueblo colombiano. La campaña publicitaria del Uribismo (por cierto menos poderosa, en un hecho sin precedentes, que la propaganda oficial y de muchas empresas nacionales y extranjeras) debió incidir en alguna medida, pero ¿qué razones hicieron que cayera en un terreno fértil?

 

Dadas las circunstancias mencionadas, es claro que incluso la motivación del Sí era débil. Basta releer las declaraciones de los políticos y las columnas de muchos de los que consideramos demócratas y progresistas. ¡Queremos desarmar las Farc! Como sea. Aunque tengamos que “tragarnos algunos sapos”. Pero la mayor contribución al No, la hizo la campaña oficial del Sí. En efecto, Santos presentó siempre, hábilmente, el voto afirmativo como un respaldo a su gestión de Gobierno. Escaso efecto tuvo la campaña desesperada de la fracción del Polo que acuñó la consigna “plebiscito Sí, Santos No”. De manera que la oposición terminó canalizada por el uribismo. Y éste, a su vez, tuvo la inteligencia de confundir sus críticas al Acuerdo con las críticas a las políticas de Santos.

 

Muchos de los temas ni siquiera estaban en el Acuerdo, por lo menos como puntos fundamentales. Tal el caso de la “ideología de género” que se apoyaba, más bien, en la ridícula disputa de las cartillas. O la amenaza de la reforma agraria que, en realidad, tenía que ver con la aplicación de la Ley de víctimas y restitución de tierras. Y lo más impactante en relación con los temores de los trabajadores: la reducción de las pensiones que tiene que ver, en verdad, con el anuncio de comenzar a gravarlas, y los incrementos de impuestos que no demoran en decretarse por cuenta de la reforma que se acaba de presentar. Casi no hubo tema de la política económica y social, pasada y futura, que no se le cargara a la cuenta del Acuerdo. Entre tanto, Santos mentía descaradamente, pregonando que el fin del conflicto traería un escenario paradisíaco. La única excepción ha sido el asunto de la “impunidad”, que no hubiera tenido tanto éxito si no fuera por las circunstancias en que se propuso la negociación. En términos pedestres, una discusión sobre el tamaño del “sapo”.

 

El revoltillo, bien organizado, tuvo éxito. Entró en sintonía con los fundados temores de los sectores populares. No se tiene en cuenta, por supuesto, que ya existe una enorme crisis fiscal; el recorte del gasto público y el incremento de los impuestos se atribuyen falsamente a la necesidad de “financiar a las Farc”. Y Santos no está interesado en corregirlo. Lo peor es que la dilación tiende a dar la razón a Uribe en la medida en que ya se están viendo claras las amenazas. Así las cosas era difícil vencer el escepticismo. Y lo es todavía.

 

Hacia una recuperación de la política

 

En fin, utilizando el socorrido tópico, podríamos concluir que los retos que se nos plantean no son pocos. Así como hay una real fatiga con la violencia, que ha dado lugar a una de las mayores movilizaciones de los últimos tiempos, también es cierto que hay una mentalidad que, superficialmente, puede calificarse de “derecha”. Desde la época de Uribe, con sus grandes manifestaciones y sus no despreciables volúmenes de votación. Una ilustración es el rechazo al imaginado engendro del “Castro-chavismo”. Probablemente influye la desastrosa situación en que se encuentra Venezuela, que para los colombianos no es un simple rumor lejano. No es tan generalizado como se cree pero toca un aspecto que, para quienes seguimos buscando una transformación radical de la sociedad, resulta fundamental. Se trata de la necesaria ideación de una posible alternativa social y política.

 

Porque, en realidad, la mentalidad descrita no está exenta de complejidad. No falta allí el rechazo frente a muchas de las características del actual modelo económico. No sería extraño encontrar muchas personas que, simultáneamente, rechazan y enfrentan la gran minería o el latifundio; la especulación financiera o la precarización laboral; las múltiples discriminaciones o la crisis del sistema de salud, y hasta la política económica. Es por eso que el uribismo, al igual que en su momento el fascismo, se presenta, en los discursos, como una derecha populista. El problema consiste, entonces, en que estas personas, que pueden ser muchas, no logran reconstruir en su conciencia el modelo que habría de rechazarse. Y mucho menos alcanzan a representarse la imagen de un orden alternativo. Pero no es imposible. Se trata de retomar los hilos de las resistencias, locales, parciales, individuales, para tejer un amplio movimiento que, abandonando el reivindicacionismo egoísta, esté en capacidad de redefinir la política. Es, entre otras cosas, una condición imprescindible de cualquier proceso popular Constituyente. El punto de partida, eso sí, es una simple y coloquial recomendación: ¡Por favor, no nos digamos mentiras!

Con grandes expectativas llegaron a Bogotá, localidad de Bosa, colegio Claretiano, 7.000 indígenas, entre ellos 781 delegados oficiales (hombres y mujeres con derecho a voz y voto), provenientes de los 102 pueblos indígenas que habitan Colombia. Su objetivo, sesionar en el IX Congreso de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), orientado por el objetivo de mandatar sobre lo que deben hacer en los próximos cuatro años a través de su Consejo de gobierno –integrado por 10 consejeros; 2 por macro región en que están organizados–. Temáticas como recomposición interna, experiencias de economía propia, autonomía y cómo resistir al capitalismo, estaban en el orden del día.

 

Provenientes de otros pueblos indígenas del Continente, llegaron delegaciones, como la Conaie (Ecuador), pero también de otros procesos y experiencias organizativas –como el Centro Martin Luther King (Cuba). Además de distintos movimientos sociales del país.

 

Por los salones y auditorios también se dejaron ver caras reconocidas del gobierno, como Juan Fernando Cristo, ministro del Interior, o como Gustavo Petro que al intervenir insistió en la necesidad de una Asamblea Constituyente como factor decisivo en la actual coyuntura del país; pero también el exmagistrado de la Corte Constitucional Eduardo Cifuentes, quien reafirmó la importancia de los cabildos abiertos como mecanismo de refrendación de los acuerdos de La Habana. Pablo Catatumbo expresaría posiciones vía virtual.

 

Opiniones

 

El domingo 9 empezaron las deliberaciones, antecedidas, claro está, de la Armonización (ver recuadro) y de la instalación del evento que corrió a cargo de Luis Fernando Arias, Consejero Mayor de la Onic. El llamado a la acción conjunta del actor social, a través de un Bloque Popular o Frente Amplio, quedó sobre la mesa para el debate.

 

Hasta el jueves 13 se extendieron los debates, con receso el día 12 para la deliberación, pues es día de memoria y lucha. Conscientes de ello, desde temprano alistaron instrumentos musicales, banderas, corotos, y movilizados, organizados, ubicados en más de cincuenta buses, fueron trasladados hasta la Universidad Nacional, para cruzar desde ahí a pie hasta el centro simbólico del poder (Plaza de Bolívar), donde se reunieron en una sola voz con campesinos, población en general, estudiantes, víctimas y otros actores de la actual coyuntura nacional, para demandar respeto a los Acuerdos de Paz.

 

En su memoria, sus antepasados. Todos aquellos que cayeron ante el fuego del arcabuz o el filo de la espada con que fueron atacados por los invasores provenientes desde el Imperio de España. Ataque y muerte: miles de miles cayeron a lo largo de décadas que sumaron siglos, para finalmente sumar el mayor genocidio cometido contra población alguna a lo largo y ancho de este planeta.

 

Este octubre, 524 años después, sobreponiéndose a todo tipo de violencia vivida en el pasado y en el presente, aquí están parte de los habitantes primeros del continente. Pero no sólo sobreviven, además siguen organizándose y luchando por permanecer en el mundo como actores de primer orden del presente y del futuro. Entre ellos no impera una sola visión ni manera de ver y entender el cosmos, ni el presente del país, como quedó patente el día 11 de octubre, cuando los Misak arribaron al Palacio de Nariño y se reunieron con Juan Manuel Santos, mostrándole apoyo irrestricto en la manera como conduce los diálogos de paz y los avances logrados en La Habana.

 

Hacia un Bloque Popular o un Frente Amplio

 

En la sesión de inauguración Luis Fernando Arias, Consejero Mayor, resaltó diferentes aspectos de la coyuntura nacional, de la situación actual del movimiento social-popular, retomando distintas propuestas para los pueblos indígenas, entre algunas de ellas: la importancia de empezar a consolidar un sistema económico propio alternativo al hegemónico. Además realizó un llamado de unidad a todos los sectores alternativos para consolidar un bloque popular o un frente amplio “Es tiempo de consolidar la unidad en medio de la diversidad, son tiempos de lucha indeclinable, son momentos de seguir globalizando la resistencia” sostuvo. Solo queda esperar y ver qué tanto de estas palabras se llevarán a la práctica.

 

Una vez instalado el evento, las delegaciones tomaron sus responsabilidades en todas y cada una de las 9 comisiones previamente definidas para el debate (ver recuadro), las cuales arrojaron mandatos como –mesa de salud– darle mayor dinamismo al Sistema indígena de salud propia (Sispi), y resaltar la labor de los médicos tradicionales en los territorios, con la búsqueda de recursos para su manutención y para su participación en eventos políticos. Así como, buscar fuentes de financiación, para el caso de la mesa de gestión administrativa con autonomía indígena, en la cual hubo consenso para sacar adelante proyectos de embotellamiento de agua mineral y manantial, congelamiento de frutas y certificación de semillas y productos propios.

 

Tensión al cierre

 

El día decisivo del Congreso fue el jueves 13, donde se llevó a cabo la conclusión y elección de la nueva Consejería de la Onic. Por una parte, cada una de las mesas entregó sus respectivos mandatos y conclusiones. Entre las propuestas más importantes leídas, destacan: consolidación de una guardia indígena nacional, que debe contar con una formación política vinculada a la Escuela de formación indígena nacional –Efin. La consolidación de autonomía y gobiernos propios estuvo en la mayoría de los mandatos, pero la propuesta que más causó debate fue la de realizar una reforma estructural a la Onic, que pretende transformar sus estatutos, descentralizar el poder, cambiar perspectiva política, consolidar mecanismos de control y rendición de cuentas, añadir o eliminar consejerías, y buscar nuevos mecanismos de participación e incidencia en las bases.

 

La decisión de esta propuesta se debatió en una asamblea de delegados por región, la que finalmente decidió abocar tal reto dentro de una asamblea nacional por realizar dentro de dos años. Lo así decidido que causó prevención en muchos de los asistentes, pues temen que la asamblea pueda ir “amañada”, sin incidencia real en las bases de la organización, reduciéndose a “una reunión de burócratas”. La reforma organizativa aprobada, en todo caso, puede ser decisiva para el rumbo y continuidad de este proceso social que ya suma 34 años, y que ahora acusa críticas por su excesiva concentración en Bogotá y en los Consejeros, y por el debilitamiento del proceso de toma de decisiones colectivas.

 

Contradicciones en medio de la diversidad

 

Las horas corrían y el tiempo atentaba contra la posibilidad de cerrar con éxito el Congreso. Con esa realidad en contra, las discusiones tomaron mayor ritmo. Ya era el amanecer del viernes y el ambiente se caldeó al momento de abrirse la elección de los Consejeros. Al así anunciarse, una vez más fue visible la tensión al interior del movimiento indígena, donde la disputa por hegemonía resalta entre el Cauca organizado (Cric), contra una mayoría que aún no define un bloque concreto. Algunas regiones iban por consejerías específicas, por ejemplo, la Orinoquia exigió la de territorio y planes de vida, también requerida por las delegaciones provenientes del Tolima. Al final, la Orinquía logra su propósito, con lo cual se evitó repetir lo acaecido en el Congreso del 2012 y su intento de ruptura. La importante Consejería de comunicaciones –que ha perdido protagonismo en los últimos años– quedó en manos del pueblo Koreguaje –Caquetá–.

 

Llegada la hora para la elección de la Consejería Mayor, la tensión creció. Los ánimos, a pesar del cansancio, estaban a flor de piel. Como candidatos/as: Aída Quilcue y Luis Fernando Arias (repitente). Por parte del Cric hicieron calle de honor para su candidata, lo que elevó ánimos y creó un ambiente de fuerza y triunfo. Por su parte, Luis Fernando fue presentado por su padre, vocero de la macro regional norte. Se escuchaban gritos del Cauca que decían “no a la reelección”, pero al momento de la decisión fue ganador absoluto el cancuamo. Uno de los cambios significativos fue el del secretario general, Juvenal Arrieta, quien fue reemplazado por Higinio Obispo.

 

Así, con la luz del sol casi despuntando en el oriente bogotano, las decenas de cuerpos cansados que aún aguantaban el debate y la tensión, levantaron sus humanidades para ir a buscar descanso, y tras un corto sueño tomar bus rumbo a sus respectivos destinos. Por mi parte, meditando en el bus con destino a la casa, ubicada en el opuesto de la localidad de Bosa, entre cabeceo y cabeceo, bostezo y bostezo, no me dejaba dormir la intensidad de la imagen que había visto: hablar de unidad es muy fácil, pero llevarla a la práctica es un proceso largo que necesita de verdadera disposición para lograrlo.

 


 

Recuadro 1

 

 


 

Recuadro 2

 


 

Recuadro 3

 

 


 

 

 

 


 

 

 

Publicado enEdición Nº229
Un FSM para soñar el otro mundo necesario y reactualizar desafíos

Una manifestación festiva abrió el martes 9 de agosto en Montreal, Canadá, la 12da edición del Foro Social Mundial (FSM). Por primera vez desde su origen en el 2001 en Porto Alegre, el mismo se realiza en el “norte desarrollado”. Varios miles de participantes lanzaron así este encuentro internacional en el que el movimiento altermundialista se confronta no solo a reflexionar sobre sus utopías estratégicas sino también a compartir sus desafíos locales/diarios e interpelaciones de fondo. Y preguntarse sobre su propio futuro.



Los organizadores, positivos



Aunque parezcan lejanas e irrepetibles las grandes movilizaciones de apertura de las ediciones anteriores, sea en Brasil, India, Senegal, Kenia o Túnez, el joven Colectivo de Organización de Montreal reitera su mirada optimista. “Es erróneo decir que el FSM se está estancando. Vemos una vitalidad creciente”, anticipa Carminda Mac Lorin.



“Hay que superar la fractura entre el Norte y el Sur...las desigualdades humanas aumentan en todas partes”, subraya por su parte Raphael Canet, otro de los obstinados albañiles de esta convocatoria.



“Los problemas que vivimos en el Sur se viven de la misma manera en los países industrializados”, insiste por su parte Chico Whitaker, uno de los co-fundadores del FSM y uno de los intelectuales-militantes sociales más identificados con este espacio en construcción.



De la retórica a la realidad, una hipótesis preocupante que se barajaba ya desde el anterior FSM en Túnez (2015) parece sin embargo corroborarse. La política migratoria restrictiva de Canadá restringió la participación de representantes del Sur. Los datos lo comprueban: el 70 % de las solicitudes de visas para participar fueron rechazadas por las autoridades migratorias a pesar del esfuerzo gigantesco de los organizadores por destrabar esta encrucijada restringente.



Con los ojos del Sur




Tal vez los organizadores pecaron de cierta ingenuidad, pensando que como la convocatoria propugnaba valores como la solidaridad, se flexibilizarían las exigencias migratorias, reflexiona Filomena Siqueira, una de las responsables de Ação Educativa, pujante ONG brasilera implicada desde el inicio mismo en la dinámica forista.



En los primeros días de agosto ante la constatación de las dificultades para obtener el permiso de entrada, decenas de organizaciones canadienses e internacionales enviaron una misiva al Gobierno solicitando rápidas soluciones. Señalaban que los más perjudicados habían sido dirigentes sociales de República Democrática de Congo, Marruecos, Irán, Haití, Nigeria y Nepal. Las negativas de visas había también perjudicados a ciudadanos de Benín, Brasil, Burkina Faso, Ghana, Malí, Palestina y Togo.



Esa decepción explica la indignación y críticas a las autoridades de muchos de los participantes en la marcha de apertura que “fue muy colorida y participativa, con temas variados y bella participación ciudadana” enfatiza Siqueira, sorprendida positivamente de lo que se vivió el 9 de agosto.



Las primeras actividades se están desarrollando exitosamente, explica la dirigente brasilera que participó antes en una media docena de foros en distintos países del mundo. “Todo muy organizado a pesar de la amplia dimensión de la universidad que cuenta con varios campus lo que no facilita ubicarse bien en un primer momento”. Más de 1000 actividades auto-gestionadas se desarrollarán en los cinco días del Foro, en una maratón participativa, que, según los organizadores, podría reunir unos 50 mil participantes de un centenar de países.



Desafíos abiertos



El FSM, y Montreal lo está demostrando, sigue siendo un importante espacio para compartir ideas y prácticas en la perspectiva de construir sociedades más justas y un mundo mejor, posible y necesario, enfatiza Filomena Siqueira.



En ese sentido, aunque saluda la organización de varias conferencias centrales temáticas en esta edición –retomando lo que se vivió en las primeras ediciones de los FSM en Brasil-, advierte “que no se debe crear la expectativa que de las mismas va a llegar la verdad absoluta y que se va a promover una toma de posición en tanto Foro”.



Las reflexiones e intercambios que lograremos promover en Canadá, deben “ayudarnos al regresar a cada uno de nuestros espacios locales y nacionales, para seguir promoviendo la participación y el cambio”, insiste.



¿Podrá dar respuesta la edición de Montreal a la pregunta sobre el real estado del FSM y su potencialidad de futuro? Es una interrogante esencial, responde la dirigente de Ação Educativa de Brasil. “Pero no estoy de acuerdo con los que pregonan la muerte del Foro o anticipan que en Montreal se realizará el duelo del mismo”.



El FSM es “un espejo, un reflejo directo de los movimientos y organizaciones sociales, de la sociedad civil mundial. Los que anticipan la muerte del FSM deberían entonces decretar la muerte de dichos movimientos y organizaciones... No hay que olvidar que el FSM no es una institución en sí misma. Es un espacio que congrega, las luchas, pensamientos y sueños que se dan a nivel local”.



Mundo globalizado



Participar al movimiento altermundialista y apostar a otro mundo posible y necesario, implica reconocer que estamos todos en el mismo barco y todos sentimos los efectos de la mundialización en nuestra “Tierra Patria”. Pero es también cierto que las consecuencias sociales y medioambientales de esa globalización son diferentes en cada lugar, reflexiona el sociólogo suizo Jean Rossiaud, co-responsable del Foro Democrático Mundial.



“Y la sociedad civil que se organiza para defender o ampliar sus derechos es diferente en cada sitio, así como los movimientos sociales que transforman sus luchas según relaciones de fuerzas culturales, sociales y políticas”, continúa.



En ese sentido, hoy, aquí, en Montreal, “percibimos la diferencia con otros foros anteriores”, explica. En los cuales, como en Porto Alegre, se sentía la dinámica fuerte del Movimiento de los Trabajadores rurales sin Tierra (MST); o en Mumbai la de los Dalits, o en Belem de Pará, de los pueblos autóctonos. “Aquí es especialmente el movimiento estudiantil el que lo promueve para relanzar la dinámica de movilización creada hace tres años, ampliarla a otros actores e internacionalizarla”.



En cuanto a la reflexión sobre el futuro del FSM a promover en Montreal, Jean Rossiaud aporta claves de interpretación y propuesta.“Los FSM no deben desaparecer pero no pueden limitarse a ellos mismos y deben ser superados por otras formas de movilización social. Las mismas deben ser más descentralizadas y más continuas en el tiempo. Demostrando que ya existen soluciones inmediatas y concretas para vivir en un mundo solidario”. Hay que ver por ejemplo el impacto del film /Mañana/, puntualiza. Dichas movilizaciones deben convocar más inteligencia colectiva; construcción ideológica compartida y más política, es decir, interesarse más a la gobernanza mundial, pasando de lo local a lo global”, concluye.



 

Sergio Ferrari, colaborador de prensa de UNITE, Asociación suiza para el intercambio de personas en la cooperación.

Publicado enInternacional
Turquía: el movimiento Gülen o la amenaza de un Estado dentro del Estado
El presidente Recep Tayyip Erdogan ha responsabilizado de la asonada a Fethullah Gülen, el guía de una organización religiosa moderada que cuenta con un gran apoyo. Gülen está en el exilio desde 1999, pero desde allí mueve hábilmente los hilos a su disposición.

 


JERUSALÉN.- Fethullah Gülen, de 75 años y salud delicada, raramente habla con la prensa pero es un hombre muy activo dentro de Hizmet (Servicio), la líquida y exitosa organización que dirige desde su madriguera en Pensilvania. Después de permanecer en silencio durante varias horas después del fallido golpe de Estado del viernes, ha sugerido que detrás del levantamiento militar se encuentra el propio presidente, Recep Tayyip Erdogan.

 

Aunque no siempre fue así, los dos hombres son desde hace años enemigos mortales, de ahí que no sea sorprendente que la primera reacción de Erdogan tras tener noticia del golpe fuera acusar a los gülenistas. De hecho, Erdogan acusa a Gülen de haber creado un “Estado paralelo” dentro del Estado, una acusación que no parece exagerada.

 

Se desconoce completamente el número de asociados con que cuenta el movimiento Hizmet. Algunos estiman que son un millón de personas, mientras que otros le adjudican ocho millones. La dificultad para contarlos estriba en que numerosos gülenistas obran de manera discreta y no dan a conocer públicamente su filiación, una circunstancia que se incita desde la dirección del grupo. Además, los gülenistas se ayudan entre ellos como si de una secta se tratara.

 

Gülen vive en Pensilvania desde 1999 porque asegura que en Turquía no hay libertad, y que sus seguidores son “perseguidos y reprimidos”. El 18 de junio de ese mismo año varios canales de televisión difundieron un video presuntamente grabado por los servicios de inteligencia en el que Gülen hablaba con libertad en el marco de una reunión privada con sus principales asesores.


La imágenes del video son muy claras y también el sonido. Gülen aparece diciendo a su círculo más próximo que los seguidores de Hizmet deben infiltrarse sigilosamente en todas las instituciones del Estado, en todos los cuerpos de la administración, y que sus miembros deben acceder a los puestos clave de manera que más adelante se consiga cambiar el régimen, todo ello mediante un proceso de infiltración callada.

 

Este video, que Gülen dice que fue manipulado por los servicios de inteligencia, causó una gran conmoción en Turquía y dividió aún más a la opinión pública entre gülenistas y antigülenistas. Sin embargo, la tarea del movimiento Hizmet ha seguido adelante y las diferencias entre Gülen y Erdogan se han incrementado significativamente en los últimos años.

 

Recientemente, en 2013, Erdogan acusó a Gülen de orquestar una campaña contra la corrupción desde la policía, los medios de comunicación y la judicatura. La campaña, según Erdogan, se dirigía contra él mismo y una de las denuncias que se llevaron a cabo y en las que la prensa gülenista puso más saña fue la que se dirigió contra Bilal, uno de los hijos de Erdogan.

 

Hizmet es un movimiento muy popular que cuenta con el servicio de numerosos intelectuales, de medios de comunicación poderosos, de negocios financieros de alta estatura, de escuelas, de universidades y de los inefables “centros de estudios estratégicos” que diseminan su ideología en las cuatro direcciones. Todo ello le proporciona una influencia enorme en los distintos ámbitos de la sociedad turca.

 

La ideología religiosa de Gülen es un islamismo moderado, es decir más moderado que el de Erdogan, de ahí que amplios sectores de la sociedad se sientan identificados con Hizmet, incluso dentro del ejército, puesto que los laicistas ven en Gülen un contrapeso para lo que consideran una deriva religiosa peligrosa por parte del presidente.

 

En sus primeras palabras tras el golpe, Erdogan justamente prometió hacer una “limpieza” dentro del ejército, donde todavía hay muchos laicistas que no soportan el islamismo de Erdogan y quieren acabar con él. El ejército ha sido siempre el impulsor del laicismo, pero los sentimientos del país están cambiando y haciéndose cada vez más islamistas, algo que rechazan los oficiales de la vieja escuela.

 


Esta circunstancia puede explicar las acusaciones de Erdogan, es decir que los gülenistas y los laicistas se hayan aliado para acabar con el “autoritarismo” del actual presidente en un intento de golpe de Estado que al final ha resultado fallido y que ahora parece más difícil que vuelva a producirse, al menos en el futuro más inmediato.

 

Erdogan ha pedido a Estados Unidos que detenga a Gülen o que lo extradite a Turquía. Los americanos han respondido que están dispuestos a extraditarlo si Ankara aporta pruebas de que Gülen ha estado implicado en el golpe. Todo parece indicar que Gülen continuará en su exilio dorado y que desde Pensilvania seguirá dirigiendo el movimiento Hizmet.

 

Un hecho que no ha pasado desapercibido es que el secretario de Estado, John Kerry, en sus primeras declaraciones tras el golpe manifestó que Washington quería una Turquía unificada y estable, pero no hizo ninguna referencia a la democracia. Solo más adelante la Casa Blanca divulgó una declaración hablando de la democracia y añadiendo que Kerry también estaba a favor de la democracia en Turquía.

 

Otra circunstancia que se ha comentado es la publicación por parte del diario hebreo Yediot Ahronot de que el principal general de la revuelta, Akin Öztürk, estuvo destinado en Tel Aviv como agregado militar durante varios años. Gülen ha mantenido contactos sólidos con Israel desde hace muchos años e incluso criticó a Erdogan por permitir la flotilla de la libertad que en 2010 fue abordada por el ejército israelí cuando llevaba ayuda humanitaria a Gaza.

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Los rostros otros de las iglesias protestantes en Bogotá

Organizaciones religiosas protestantes de corte pentecostal o neopentecostal dominan el campo religioso secundario en Bogotá, incluso en toda Colombia. Importante incidencia en un país donde el 94 por ciento de sus habitantes manifiestan ser creyentes (1). Estas organizaciones –sobre las cuales apenas existen estimaciones en el número de fieles que congregan, así como sobre los multimillonarios montos de dinero que manejan–, poseen características mucho más “terrenales” que aquellas en las que inscriben los objetivos de funcionamiento y sus misiones organizacionales. La lectura cualitativa (2) aquí expuesta puede motivar la ampliación del debate sobre las mismas, enfatizando en otros significados e influencias poco consideradas en las discusiones.

 

Las categorías de Mega iglesia, Multinacionales de la fe, Denominaciones, Empresas Religiosas Centralizadas Multisedes e Informalidad Religiosa resultan útiles para aproximarse a la comprensión del denominado “campo (3) religioso secundario” en la ciudad de Bogotá. Aunque esta interpretación pueda resultar confusa, adquiere relevancia en la medida que es útil para analizar comparativamente un tipo de organizaciones religiosas no católicas (4) que producen, administran, distribuyen bienes simbólicos de salvación, al tiempo que compiten por la apropiación de capitales religiosos.

 

Bogotá es otro de los escenarios donde tiene lugar esta lucha por feligreses y sus capitales entre estas instituciones que promueven el acceso a bienes inmateriales y/o simbólicos como la prosperidad, la redención de los pecados y la salvación, además de otros intangibles a los que suelen restringir los objetivos y el sentido ulterior de sus operaciones. Sin embargo, no son los ámbitos subjetivos o religiosos donde exclusivamente influyen estas instituciones: desbordan los espacios inmateriales introduciendo determinaciones sobre ordenamientos políticos, económicos y sociales en la capital y en el resto del país.

El debate acá propuesto sobre estas organizaciones prescinde de juicios valorativos sobre su veracidad, pertinencia o validez, mediante el uso de acepciones éticas o morales particulares. Pretende aproximarse a la interpretación secular de estas instituciones en aspectos como sus relaciones con los fieles, sus vínculos con el Estado y las incidencias en la sociedad, aspectos que contribuyen a develar una faceta mucho más terrena que la autopromulgada por estas empresas religiosas.

 

Las piezas del campo religioso secundario

 

Beltrán Cely, en su trabajo “De la informalidad religiosa a las multinacionales de la fe. La diversificación del campo religioso en Bogotá” (5) define: “Según el grado de burocratización alcanzado, el número de seguidores, la infraestructura material, y el poder económico y político el campo religioso secundario en Bogotá puede estructurarse en cuatro grandes tipologías 1) las Mega iglesias, 2) las Multinacionales de la fe, 3) las Denominaciones, 4) la Informalidad Religiosa” (6).

Las Mega iglesias pueden definirse como organizaciones religiosas de corte pentecostal o neopentecostal, conformadas por un número elevado de feligreses, propietarias de millonarios templos con capacidad para albergar miles de integrantes; iglesias organizadas de acuerdo a los principios racionales de la burocracia y provistas de sofisticadas estrategias de marketing para disputar capitales en el campo religioso. Cuentan además “[...] con una infraestructura ampliada que incluye templos, seminarios, colegios, hasta pequeñas organizaciones informales que funcionan con una precaria infraestructura material en garajes, locales o viviendas” (7). Entre algunas de estas iglesias se encuentran: Misión Carismática Internacional, Centro Misionero Bethesda, Iglesia Casa sobre la Roca, Avivamiento Centro para las Naciones, El Lugar de su Presencia.

Estas Iglesias se caracterizan por su religiosidad cálida y afectiva donde el contacto con Dios o la presencia del Espíritu Santo prevalecen sobre la posibilidad de aprender una doctrina con sistematicidad. En ellas las emociones, al igual que las palabras, se imponen sobre los textos escritos. Este tipo de instituciones se caracterizan por buscar su reconocimiento social y legitimidad a través de su crecimiento numérico, a ello se debe la plasticidad de sus estrategias de organización, liturgia, y doctrina.

Predicación y glosolalia (8) son elementos fundamentales en su liturgia, de la misma manera que la música moderna dotada de sentido religioso y producida en vivo sobre escenarios provistos de sofisticados sistemas de luces, máquinas de sonido y video, escenifican en conjunto una especie de “concierto masivo”. Amplía Beltrán: “Esta forma de adoración musicalizada que integra ritmos contemporáneos (pop, rock), folclóricos y tropicales, ha hecho que el neopentecostalismo sea especialmente atractivo para jóvenes y adolescentes, pues permite los movimientos rítmicos corporales y la manifestación de emociones” (9).

Otra característica se encuentra en sus líderes. Los pastores de las Mega iglesias en Bogotá –y en todo el país– son hombres, pero sus esposas, reconocidas como pastoras, desempeñan un papel fundamental en estas empresas religiosas. A este modelo de las “parejas pastorales” alude Beltrán Cely: “[...] constituye un cuestionamiento implícito al celibato de los católicos. [...] En tanto las Mega iglesias pentecostales constituyen el paradigma de las empresas religiosas exitosas, el modelo de las “parejas pastorales” tiende a imponerse entre los evangélicos como modelo legítimo de liderazgo religioso” (10).

Modelo de liderazgo sustentado en el carisma de los pastores que erigen su autoridad sobre el pretendido hecho de ser portadores de las revelaciones divinas, acreedores de bienes espirituales susceptibles de ser constatados. Son estos líderes los que a su vez desempeñan como fundadores, pastores y gerentes de sus Iglesias que en general cuentan con una organización eficiente, buenas estrategias de crecimiento, y una poderosa “economía del diezmo” capaz de conducirla por el sendero de la acumulación de enormes capitales destinados a ampliar su infraestructura religiosa y financiar millonarios espacios en los medios masivos de comunicación

La categoría de Multinacionales de la fe integra a un tipo de organizaciones transnacionales dotadas de un gran poder económico, productoras de bienes simbólicos de salvación y servicios religiosos en todo el mundo. Tienen una organización mundial centralizada desde donde coordinan sus estrategias de funcionamiento, de expansión, su unidad corporativa y doctrinal de forma estandarizada. Entre algunas de las Multinacionales de la fe en Bogotá, y en Colombia, se encuentran: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días y los Testigos de Jehová.

Este tipo de organizaciones tienen millones de fieles en decenas de países. En términos de organización, comparten similares características a las Mega iglesias, pero en este caso son capaces de enlazar sus sedes en diferentes países a través de una red de administración centralizada y transnacional. Beltrán Cely, señala: “Teniendo en cuenta que, históricamente, la acción de las iglesias cristianas no ha estado sujeta a las fronteras nacionales y que la tendencia transnacional de las empresas religiosas se ha acentuado gracias a la globalización, podemos añadir, como uno de los indicadores de éxito de las empresas religiosas contemporáneas, su capacidad de superar su carácter de ofertas locales para constituirse en empresas religiosas transnacionales o, en el mejor de los casos, “multinacionales” (Beltrán, 2006)” (11).

El crecimiento es la prioridad. Tal como pude mostrarlo el caso paradigmático de la Misión Carismática Internacional, con más de 40 sedes en diferentes países, exhibe la tendencia de las Mega iglesias para convertirse en Multinacionales de la Fe; precisa Beltrán: “Inicialmente consolidan una sede principal en una de las ciudades más importantes del país. Paso seguido fundan nuevas sedes en otras ciudades, preferiblemente en las capitales de los departamentos; para este propósito utilizan las mismas estrategias exitosas de su sede principal. Por último abren sedes en el extranjero, con la intención de consolidarse como empresas religiosas multinacionales” (12).

Otro tipo se encuentra en las Denominaciones, estas comprenden: “[...] organizaciones religiosas doctrinalmente homogéneas que cuenta con sedes en diferentes lugares de la ciudad y el país, cada una de las sedes se conocen como "congregaciones locales" y funcionan de forma similar a las parroquias católicas", gozan de un grado relativo de autonomía a la vez que responden a una organización central”. Algunas de las denominaciones que destacan por su número de congregaciones y por la cantidad de miembros, son: las Asambleas de Dios, la Iglesia Cuadrangular, la Iglesia Adventista del Séptimo Día y la Iglesia Pentecostal Unida.

Las Denominaciones se diferencian de las Multinacionales de la Fé, y de las Mega Iglesias, por el tipo de vínculos que se mantienen cuando son abiertas nuevas sedes en regiones o nuevos países. A diferencia de las Mega Iglesias, las iglesias en las Denominaciones se independizan en términos administrativos, se vuelven autónomas al tiempo que suelen mantener afinidades doctrinales con las iglesias madres. Algunas de las grandes Denominaciones, como las Asambleas de Dios, permiten cierta diversidad de “matices y tendencias en su seno” y “[...] el grado de las congregaciones locales es tan alto que las funciones de la denominación a nivel central se limitan primordialmente a representar a las diferentes congregaciones ante el gobierno y la sociedad” (13).

Las Empresas Religiosas Centralizadas Multisede (14) son “[...] grandes organizaciones pentecostales de estructura centralizada, que funcionan bajo la autoridad de un líder carismático. En estas organizaciones, cada una de las sedes es un eslabón que replica los planes y estrategias de la autoridad central; por lo tanto, tienen una escasa autonomía local y pueden ser observadas como «sucursales» de una única empresa centralizada” (15).

No funcionan en torno a una sede principal multitudinaria, pero a su vez comparten muchas de las características de las Mega iglesias: fueron creadas por la iniciativa de un líder carismático, emplean los medios masivos de comunicación, están especializadas en segmentos del mercado religioso, tienen una poderosa infraestructura y también tienden a convertirse en Multinacionales de la fe.

Tres de estas organizaciones con presencia en Bogotá integran este tipo: La Cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia (Cepc), la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y la Iglesia Universal del Reino de Dios. Sobre ellas precisa Beltrán Cely. “Ninguna de estas organizaciones hace parte del Consejo Evangélico de Colombia (Cedecol) y ninguna se identifica como protestante o evangélica; no obstante, cada una de ellas constituye una versión específica del pentecostalismo” (16).

Por último, encontramos la categoría de Informalidad Religiosa donde se encuentran “iglesias de garaje” que han nacido por la iniciativa de un líder carismático, o por la fragmentación de una iglesia ya instituida. Son congregaciones que nacen a partir de inversiones económicas bajas, en locales alquilados, en pequeños espacios dispuestos para tal fin. Pueden ser descritas dos tipos de organizaciones informales: pequeñas congregaciones con una clara curva de crecimiento en busca de convertirse en Mega iglesias o Denominaciones, por otro lado se encuentran pequeñas congregaciones que no crecen, pero tampoco dejan de existir manteniéndose en los límites de la informalidad religiosa.

La mayoría de estas iglesias están ubicadas en barrios de estrato bajo y en sectores periféricos de la ciudad, según Beltrán: “[...] puede considerase como una forma de resistencia social dada la precariedad de espacios de participación social y política para los sectores marginales de la ciudad. Estos movimientos religiosos propician espacios de organización comunitaria para todo tipo de población pero especialmente para los pobres, desplazados y marginados que encuentran en el seno de la comunidad la posibilidad de reestructurar el sentido de su existencia y su identidad” (17). Al mismo tiempo, estás iglesias se constituyen en alternativas para el ascenso social para quienes no disponen de los recursos o capitales culturales para hacerlo a través del empleo formal. En la actualidad el pentecostalismo representa, incluso estas pequeñas organizaciones religiosas, una alternativa para que individuos en comunidades vulnerables transformen su carisma social en valores como el dinero y el reconocimiento social.

Las aristas terrenales de las organizaciones religiosas protestantes

 

Un capital que se homologa

 

Entre los determinantes comunes a este tipo de organizaciones se encuentran el hecho que compiten por capitales en el mercado religioso. A estos capitales se refiere William Mauricio Beltrán: “Como cualquier capital simbólico, el capital religioso se puede convertir en privilegios, autoridad, prestigio y riquezas; esto motiva a los agentes en competencia a implementar diversas estrategias para su apropiación, monopolización o desmonopolización” (18). La lucha por estos capitales a través de estrategias debe entenderse a partir de la consideración que también es una lucha por autoridad, prestigio y riqueza en situación de pluralismo religioso (19).

El capital religioso no se mantiene en su versión intangible, también se objetiva, se vuelve concreto en la capacidad de movilización social que puede engendrar, la misma que otorga soporte material, legitimidad y capacidad de reproducción. Pero esta capacidad necesita para hacerse efectiva la configuración de un aparato burocrático y racional, es decir, que se instituyan iglesias eficientes, capaces de volver cotidiano el carisma de sus líderes fundadores para asegurar su conversión en bienes tangibles que determinen la expansión de la organización. Tal determinación parece haber sido entendida muy bien por empresarios religiosos del talante de Cesar Castellanos, Jorge Enrique Gómez o María Luisa Piraquive.

 

El sostenimiento del orden

 

Otro de los aspectos más importantes de estas organizaciones, en semejanza a la Iglesia católica, tiene que ver con el hecho que contribuyen al sostenimiento del orden político de diferentes maneras: inculcando matrices de percepción, pensamiento y acción orientadas hacia la legitimación y perpetuación de las estructuras políticas, o empleando su autoridad para contrarrestar la subversión al orden dominante desde iniciativas proféticas y sectarias que puedan presentarse (20). A pesar de la secularización, en la sociedad colombiana la religión se resiste a circunscribirse a los límites de la esfera privada, y sigue actuando en la esfera pública como un factor de presión política y social (21). Con pocas excepciones, la aceptación del orden político dominante es tacita en las organizaciones religiosas pentecostales o neo pentecostales en Colombia, a menos que las disposiciones provenientes de ámbitos de gobierno controviertan su doctrina o la imagen de sus líderes (22).

Decisión estratégica. No es rentable generar controversias políticas con el Estado en ámbitos que van más allá de lo religioso cuando es el mismo que instaura normas para garantizar su viabilidad, funcionamiento, reproducción e igualdad. Un ejemplo de ello se encuentra en el “concordato evangélico” (23), donde fueron concedidos algunos derechos como el reconocimiento de los derechos civiles de los matrimonios, la posibilidad de impartir su doctrina en instituciones educativas del Estado y su participación como capellanes en cárceles, hospitales y establecimientos asistenciales. Es de manera precisa esta capacidad de convivir con el Estado lo que ha potenciado la victimización de algunos de sus líderes en escenarios del Conflicto Armado en Colombia.

 

El mercado y los bienes religiosos

 

El mercado religioso sigue siendo el espacio de mayor interés para todas las doctrinas religiosas en Bogotá y en Colombia, pues en una situación pluralismo se enfrentan a los desafíos de retener o aumentar sus membresías y, tal como lo precisa Beltrán: “Para este propósito, recurren a los mismos métodos que utilizan las demás empresas que enfrentan problemas similares, es decir, a las estrategias de marketing (Berger, 1971, pp. 169 – 174) (24)”. A esto se debe el hecho que la mayoría de las iglesias protestantes hayan adaptado su liturgia para poder reclutar y satisfacer a feligreses de segmentos juveniles y profesionales de la población, adaptándose a la demanda de sus consumidores.

El tema de la regulación estatal del mercado religioso también es imprescindible para comprender el funcionamiento de estas organizaciones. En Colombia este mercado se encuentra virtualmente desregulado, pero en términos prácticos el Estado continúa proporcionando privilegios superiores a la Iglesia católica. Sin embargo, como lo muestra el concordato mencionado, no ha sido poco lo avanzado en la instauración de una situación de pluralismo religioso. Esto ha estimulado la competitividad por los fieles, la baja regulación interna de estas ofertas religiosas, así como una mayor incidencia (empoderamiento) de los individuos en el mercado de la religión.

A este, u otros mercados, no puede accederse si se adolece de mercancías para efectuar intercambios. Aquí la mercancía encarna en los denominados bienes religiosos (25) que pueden ser: a) promesas de compensación futuras o trascendentales (curaciones, disfrutar del cielo); b) beneficios que se desprenden de la membresía del grupo religioso (privilegios, contraprestaciones, acceso a capitales sociales y beneficios de sus dinámicas solidarias); c) servicios (bautismos, matrimonios, funerales, visitas a enfermos consejerías); d) actividades colectivas o bienes comunitarios (cultos, coros religiosos, oraciones comunitarias, fiestas religiosas); e) bienes públicos o servicios caritativos (servicios a los sectores vulnerables); e) estatus (beneficios económicos y simbólicos a sus fieles relacionados con las posibilidades que otorgan a sus miembros para alcanzar puestos de prestigio, influencia o autoridad dentro del grupo religioso).

Tales son los bienes que encarnan el objeto de los intercambios con los feligreses, quienes aportan en contraprestación sus capitales humanos, energías vitales, trabajo, voluntades y valiosos recursos económicos, que constituyen uno de los pilares materiales más fuertes de estas organizaciones ofrendados en el contexto de las doctrinas de la “teología de la prosperidad” y “súper fe” donde, según Beltrán: “El dar actúa de forma análoga a la siembra: "el que abundantemente siembra, abundantemente cosecha", suelen decir los predicadores de la prosperidad citando el texto bíblico. En la medida en que el creyente done (ofrendas y diezmos) a su congregación garantiza la bendición divina (26).

Este es precisamente una de las determinaciones que sesga muchos análisis hacía la hiper significación de los mecanismos de apropiación de recursos latentes en estas organizaciones religiosas, así como las posibilidades de enriquecimiento individual proporcionada por sus economías del diezmo ,pobremente reguladas en términos tributarios por parte del Estado. Al igual que con la Iglesia católica, los gobiernos las hicieron declarantes pero “no contribuyentes”, es decir, las exoneraron de pagar impuestos sobre la renta, el patrimonio o ganancias, incluso, hicieron extremadamente permisiva a su principal agencia de tributación (Dian) ante el incumplimiento del compromiso de declarar renta y patrimonio, su única obligación.

Aunque pueda ser objeto de encarnizadas discusiones, los bienes religiosos ofrecidos tienen pleno valor para miles de feligreses que han encontrado en estos la fuente de sentido, familia sustituta o comunidad terapéutica, el Estado –a quien nunca han conocido–, espacios de construcción de nuevas solidaridades (así como los beneficios derivados), instituciones mediante las cuales han mejorado objetivamente las condiciones de su existencia.

Es necesario tomar en cuenta estos matices en el debate, pues el desenvolvimiento de estas organizaciones religiosas no puede reducirse a su naturaleza económica, política, financiera, pero tampoco, como pretenden algunos de sus líderes, reducir su operación a las subjetividades y la espiritualidad sobre los feligreses que las integran, recibiendo un trato gubernamental pletórico en consideraciones y laxitudes. Hay una compleja interrelación entre estos ámbitos, una transferencia de bienes y contraprestaciones capaces de otorgar esta compleja corporalidad a instituciones religiosas que proliferan hasta en los más recónditos lugares del país.

 

La voz del sociólogo de la religión

 

William Mauricio Beltrán Cely habló con el periódico desdeabajo. Es un destacado investigador del Centro de Estudios Sociales (CES) y profesor del departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, artífice de las obras retomadas para este artículo, las mismas que han llamado la atención en la comunidad académica latinoamericana. A continuación el diálogo sostenido:

Allan Bolivar. (AB): Existe mucha resistencia entre los líderes protestantes a ser definidos y tratados conceptualmente como empresas religiosas, ¿cuál es el motivo de esta oposición?

William Beltrán (WM): Esta resistencia tiene que ver con que ellos tratan justamente de negar que sus proyectos religiosos tienen algún interés de lucro (los pastores especialmente). Es decir, hay un vínculo muy fuerte entre lógicas empresariales y proyectos religiosos porque las iglesias, sobre todo las grandes, las que llamamos Mega Iglesias, movilizan cantidades inmensas de dinero, no se sabe cuánto porque ellos tienen mucha reserva con esos datos [...]; que nadie sepa puede ser preocupante. La Dian ha tratado de indagar al respecto, pero es difícil, habría que ver hasta dónde llegó la Dian. Obviamente, en mi papel de investigador, no les puedo preguntar a los pastores cuánto dinero ingresa a sus iglesias, eso no es información que ellos suministren, o la dan con mucha desconfianza. Todo tipo de información que puede implicar para ellos alguna posibilidad de ser gravados con impuestos, pues la manejan con mucha prudencia [...].

 

AB. Enormes cantidades de dinero que no son objeto de tributación, ¿por qué no ha sido posible gravar a este tipo de organizaciones religiosas ni aún ahora, cuando son requeridos tantos recursos para financiar la paz?

WM. Cualquier intento de gravar las nuevas organizaciones religiosas implicaría, por la Ley de Libertad Religiosa, aplicar los mismos gravámenes financieros a la Iglesia católica. Eso no va a ocurrir, la Iglesia católica no aceptará que la graven. Las grandes iglesias, sobre todo la Católica, tienen –todavía– un gran poder de movilización social, de protesta [...]. Esto implica que cualquiera de estas propuestas tiene un costo político muy alto. Es decir, que un senador, un congresista, no quiere medírsele a eso por el costo político que le implica [...] además porque las organizaciones religiosas manifiestan que son entidades sin ánimo de lucro y que sus servicios son para la comunidad. [...]. Puedo equivocarme, pero veo muy difícil cualquier intento de gravar con un impuesto para la paz, a las organizaciones religiosas. Siempre será una cuestión voluntaria, les pueden proponer que contribuyan voluntariamente, pero como una obligación no me parece realista.

 

AB. Una de las críticas a estas iglesias tiene que ver con la contribución de la mayorías de las organizaciones religiosas (ubicadas entre las categorías de Informalidad Religiosa y Multinacionales de la fe) al sostenimiento de los ordenamientos establecidos, ¿qué puede decirnos usted al respecto?

WM. Algo propio del cristianismo en general (incluso del catolicismo). El protestantismo ha considerado un valor someterse a las autoridades legalmente instituidas, es un valor cristiano que está presente en el evangelio y que se expresa un poco en el mandato que le da Jesús a los discípulos cuando les dice, “dad a Dios lo que es Dios y dad al César lo que es del César”. Las iglesias mantienen ese principio, hay argumentos bíblicos que usan para decir que una institución religiosa debe obedecer al gobierno, incluso cuando éste es un infiel o un impío. A menos de que ese gobernante los obligue a hacer algo que vaya en contra de sus demás convicciones religiosas. Pero si ese orden no los obliga a negar su fe o actuar en contra de su fe, ellos creen que deben someterse.

En general, esta ha sido la actitud tomada por las iglesias cristianas, con muy pocas excepciones; de hecho, una excepción se observa en lo sucedido hoy con la Misión Carismática Internacional (MCI) que ha hecho parte del bloque constituido por el Centro Democrático para oponerse al proceso de paz. En ese sentido la MCI se ubica más en la oposición al Gobierno. Digamos que han existido otros casos en América Latina –como la Teología de la Liberación–, donde sectores de la Iglesia católica se pusieron del lado de la protesta, de la revolución, del movimiento social. Pero [...] las iglesias cristianas, en general, han tratado de mantenerse dentro del orden establecido, y de verse en muchos aspectos como aliadas del Estado, lo cual le ha generado muchos conflictos en zonas donde hay presencia guerrillera, porque allí su afinidad con el Estado se lee como contrarrevolucionaria. Hay episodios recientes de nuestra historia –finales de los años 90 e inicios de la década del 2000– donde se multiplicó el asesinato y secuestro de pastores evangélicos, vistos por la guerrilla como “objetivo militar” [...] en buena medida porque se oponían a que la guerrilla reclutara a sus jóvenes o que estos portaran armas, y porque no se identificaban con la propuesta política de la insurgencia.

 

AB. Considerando que también han sido víctimas en el conflicto armado, ¿cuál es la posición de estas organizaciones religiosas frente al postacuerdo?

WM. Dentro del protestantismo evangélico hay un sector que está muy a favor del acuerdo, y ya se está movilizando para buscar la reconciliación. Ese sector está liderado por figuras muy reconocidas, entre ellas Viviane Morales, Jimmy Chamorro y Darío Silva Silva, tal vez ellos son los más destacados [...]. Un abanderado de la reconciliación que es muy influyente en el mundo protestante es Darío Silva Silva, él tiene programas de televisión donde promueve todas las ventaja de la reconciliación. De hecho, él estuvo presente en momentos simbólicos importantes, como la campaña de Santos por la reelección, o la sanción presidencial de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.

De hecho, usted puede consultar en la página Web de la “Casa Sobre la Roca”, donde aparecen registros de escenarios donde esta organización religiosa ha propiciado encuentros con guerrilleros, con paramilitares, con excombatientes, en zonas de conflictos, haciendo pedagogía por la paz. En otras palabras, ya hay iglesias muy comprometidas con el proceso de reconciliación. Por ejemplo, ésta ha sido durante muchos años la bandera de la Iglesia menonita y de su ONG Justapaz [...]. Allí hay procesos muy interesantes, hace poco celebraron jornadas de oración por la paz, muy de estas minorías, de iglesias muy pequeñas, que muestran mucho compromiso con las víctimas, movilizan recursos, difunden a nivel internacional lo que está sucediendo en Colombia cuando las amenazas a las víctimas se multiplican.

 


 

Una importante afluencia de protestantes llega al país

 

Entre 1930-1946, durante el periodo de dominio liberal, arribó al país una ola importante de misiones protestantes procedentes de Estados Unidos y Canadá. Tal como detalla Beltrán Cely en su libro, “Del monopolio católico a la explosión pentecostal”, durante este periodo la Iglesia luterana inició labores en Boyacá, también las primeras misiones pentecostales se instalaron en el país: las Asambleas de Dios en Boyacá (1932) y la Iglesia del Evangelio Cuadrangular en Santander.

Vinieron estimuladas por las políticas de diversidad y modernización de los gobiernos para desarrollar ambiciones proyectos de evangelización con los que pretendieron “civilizar” áreas apartadas y marginales en Colombia. Sin embargo trajeron consigo un estilo de adoctrinamiento fundamentalista que poco contribuyó con la difusión de ideas modernas, estilo que proliferó pues los misioneros usaron las potencialidades de la radio como medio masivo de comunicación para expandir sus ideas. Fue así como inauguraron emisoras protestantes en Barranquilla y en Bogotá, de la misma manera que lo hizo el evangelista Paul Epler en los años 40 en Sogamoso.

Beltrán Cely destaca de las misiones, respecto a los programas de desarrollo impulsados desde los Estados Unidos que: “Las misiones protestantes norteamericanas se autoproclamaron defensoras de la democracia, del libre comercio y de los derechos individuales. Al mismo tiempo, se opusieron al catolicismo, al que acusaban de ser responsable del atraso y del autoritarismo político en América Latina. Las políticas del «buen vecino» promovidas por el gobierno Roosevelt (1933-1945) observaron las iniciativas misioneras como funcionales al mejoramiento de las relaciones comerciales y políticas entre las dos Américas (Damboriena, 1962, vol. 1: 26-27; Bastian, 1989: 14; Piedra, 2002, vol. 2: 9-10, 129-130)”*.

 

* BELTRÁN CELY, William (b), op. cit., p. 60

 


 


El estigma y persecución del protestantismo

 

A finales de la década de los 40, y durante los 50, los protestantes tuvieron que afrontar la persecución de la Iglesia católica, del Estado y de la sociedad. El clero lo asoció al comunismo diciendo que juntos pretendían desestabilizar la Nación; el mismo Gustavo Rojas Pinilla, en su discurso de posesión, pretendió granjearse la simpatía de los jerarcas católicos denunciando al movimiento protestante, y sectores de izquierda empezaron a asociarlos desde aquella época con una estrategia de expansión del imperialismo norteamericano.

Uno de los más importantes focos de combate al protestantismo fue la Revista Javeriana, usada por los jesuitas como medio para denunciar su avance. Todo desencadenó en una persecución religiosa abierta entre los años 1948 – 1958, que los protestantes recuerdan bastante bien. Durante este periodo fueron destruidos sus templos e iglesias, cerradas sus escuelas por orden del Gobierno, asesinados protestantes por motivo de su credo y sufridas considerables pérdidas materiales.

 


 

Algunas Megas iglesias en Colombia

 

 Tomada de  BELTRÁN CELY, William (b), op. cit., pp.233-235.

 

1 En una encuesta realizada en el 2010 (consultar obra “Del monopolio católico a la explosión pentecostal”) sobre 3.853 persona en las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Maicao, Bucaramanga, Barrancabermeja y varios municipios del Urabá, el 94 por ciento de los encuestados de declararon creyentes, el 73 por ciento asisten a una iglesia o grupo religioso. El 70, 9 por ciento de los encuestados se identificó como católicos, el 16.7 por ciento como protestante, el 4.7 por ciento como ateos y agnósticos, el 1.8 por ciento como Testigos de Jehová. El 68.3 por ciento de las mujeres encuestadas pertenecían a una membresía religiosa y el 78.8 por ciento de los hombres también.

2 Se aclara que el manejo teórico propuesto de las temáticas no es estrictamente cualitativo, pero se enfoca en él para efectos de los propósitos expositivos en el presente artículo.

3 El campo, se refiere al espacio teórico donde se lleva a cabo la competencia por apropiarse de capitales religiosos entre las empresas que producen, administran y distribuyen bienes simbólicos de salvación.

4 No se incluyen en estas las propias de la denominada “nebulosa místico – esotérica” que incluye movimientos de raíces diversas como los inspirados en las religiones orientales, sincretismos esotéricos, religiosos y los pertenecientes a las artes de la adivinación como la astrología y el tarot. Este artículo no aborda a la Iglesia católica por motivos metodológicos, pero el tema no puede considerarse como fruto de un sesgo analítico pues lo concerniente a esta empresa multinacional religiosa está siendo trabajado y será publicado en próximas ediciones del periódico desde abajo.

5 BELTRÁN CELY, William (a). “De la informalidad religiosa a las Multinacionales de la fe”. Revista Colombiana de Sociología, No. 21. Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2003. pp. 141-173

6 Ibíd., p. 143.

7 BELTRÁN CELY, William (b). “Del monopolio católico a la explosión pentecostal. Pluralización religiosa, secularización y cambio social en Colombia”. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Centro de Estudios Sociales (CES). Maestría en Sociología, 2013. p. 148

8 Capacidad o acto de hablar en lenguas que desde el pentecostalismo se percibe como un don, una señal de poseer bienes espirituales otorgados por Dios. “Estas señales acompañaran a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas;” (Marcos 16:17). “a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas” (1era Corintios 12:10).

9 BELTRÁN CELY, William (a), op. cit., p. 145.

10 BELTRÁN CELY, William (b), op. cit., p. 187

11 BELTRÁN CELY, William (c). “La teoría del mercado en la pluralización religiosa”. Revista Colombiana de Sociología, No. 33. No 2. Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Julio - Diciembre 2010. p. 60.

12 BELTRÁN CELY, William (b), op. cit., p. 252.

13 BELTRÁN CELY, William (a), op. cit. P. 163.

14 Esta categoría se agrega de manera complementaria debido a su inclusión en la obra “Del monopolio católico a la explosión pentecostal” publicada con posterioridad a las demás referidas. 

15 BELTRÁN CELY, William (b), op. cit., p. 260

16 Ibíd., p. 261.

17 BELTRAN CELY, William (a), op. cit., p. 166

18 BELTRÁN CELY, William (c), op. cit., p. 42

19 Situación en la que un Estado tolera, sin hacer suyo, diferentes grupos religiosos en competencia. En términos teóricos no existe ningún el monopolio religioso y ninguna organización de este tipo hace uso de la fuerza legítima para excluir a sus rivales.

20 BELTRÁN CELY, William (c), op. cit., p. 45

21 BELTRÁN CELY, William (b), op. cit., p. 369

22 Movimiento Mira y su  iglesia protestan en apoyo a María Luisa Piraquive http://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/movimiento-mira-y-su-iglesia-protestan-en-apoyo-a-maria-luisa-piraquive/20140126/nota/2063329.aspx. 26 de enero del 2014.

23 Decreto 354 de 1998. “por el cual se aprueba el Convenio de Derecho Público Interno número 1 de 1997, entre el Estado colombiano y algunas Entidades Religiosas no Católicas”.

24 BELTRÁN CELY, William (c), op. cit., p. 48

25 Ibíd., p. 55

26 BELTRÁN CELY, William (a), Óp. Cit., p. 145

Leonila Murillo, madre comunitaria

Hace un clima agradable en Buenaventura, el sol en el puerto aún no se ha asoma, ni acosa, solo se siente una atmosfera húmeda con un ligero olor a salinidad que dejan entrever un ambiente tranquilo donde nos hallamos.

Las mujeres convocadas van llegando una en una donde se agrupan en el salón. Entre un tiempo y otro, los minutos pasan hasta que aparece Leonila Murillo, representante de las madres comunitarias perteneciente al sindicato de Sintracihobi.Su figura fina, delgada se impone bajo un paso lento, avanzando con firmeza, ella tranquila y de manera rítmica llega al recinto, allí con su carisma reposado, invita bajo su voz apiñada por los años un saludo que con gran fuerza invita a mirarla, de manera discreta se sienta en la parte de atrás del grupo. Las mujeres a su alrededor se fijan en ella, la saludan dejando ver un agrado, una admiración por su presencia en el lugar. Todas allí están reunidas con un gran gesto, con sentido que colma el trabajo y el amor colectivo.

En el trasegar y hacia el final del día hablo con ella nuevamente, ella amablemente me concede una pequeña entrevista –se sienta a mi lado– y ligeramente se sonríe, le expreso:

MF: Dígame sobre usted...

Con un gesto amable, me reposa su brazo sobre mí espalda se sonríe y agrega:

Soy Leonila Murillo madre comunitaria, se ríe con gran amplitud como mujer chocoana –dice– tengo 80 años...soy del Chocó, del río San Juan, hace más de 60 años vivo en Buenaventura. Nunca nos vinimos por cosas de violencia, sino porque quisimos.

 

MF:¿Hace cuánto es madre comunitaria?

Leonila: Soy madre comunitaria hace 27 años, tengo 3 hijos.

 

MF: ¿Qué es lo más mejor de ser madre comunitaria?

Leonila: Es la relación con los niños.

 

MF: ¿Cuál ha sido su lucha al interior de la organización de las madres comunitarias?

Leonila: El enfrentamiento con el Instituto de Bienestar Familiar–ICBF, por los derechos de nuestros trabajos, por el derecho laboral. Lo vengo haciendo desde 1999.

 

MF: ¿Cómo se llama el sindicato y cuantas mujeres comunitarias lo integran?

Leonila: Se llama Sintracihobi, somos 1.200 integrantes de los ríos y las veredas de Buenaventura.

 

MF: ¿Qué es lo más bello de ser sindicalista?

Leonila: Es tener poder para reclamar los derechos como madre comunitarias

 

MF: ¿Cuáles son los avances sobre la reivindicación y el reconocimiento de los derechos de las madres comunitarias ante el gobierno?

Leonila: La aceptación del trabajo como madre comunitaria, el reconocimiento de un salario mínimo, contratar a las madres comunitarias actualmente vinculadas, un proyecto de pensión para las madres comunitarias y aún una pelea para que se reconozca a las madres comunitarias antiguas, sin los términos que se debe ser “profesional” para contratar o reconocer nuestros derechos, nosotros empezamos a trabajar con mínimas condiciones y somos madres. Esperamos que el ICBF cumpla lo pactado.

 

MF: ¿Cuál ha sido la mayor dificultad que atravesado el sindicato estos últimos tiempos?

Leonila: el enfrentamiento con el Instituto de Bienestar Familiar- ICBF

 

MF: ¿Qué le diría a las nuevas generaciones?

Leonila: Para enfrentar la vida hay que tener bien el corazón y no tener miedo. Invito a muchas madres comunitarias que se unan al trabajo de lucha. La unión hace la fuerza.

 

MF: ...en la lucha..?

Leonila: Si, cuando se inicia hay que llevarla en el corazón y con fuerza de trabajar, unirnos y no desfallecer.

Debemos detener la entrevista ya es tarde y ella debe regresar. No despedimos, no sin antes agregarme... “que algunos políticos como Dilian Francisca –gobernadora del Valle– ahora quiere abanderarse del tema de las madres comunitarias cuando realmente, los logros son de las madres comunitarias bajo una lucha sindical, pero no por la intervención de políticos ya que muchos se quieren apropiar de la causa..”. Mientras la escucho viene a mi pensamiento como el expresidente Alvaro Uribe Vélez, implicado en graves violaciones de derechos humanos, hoy senador del partido de extrema derecha Centro democrático, ha tomado la causa de las madres comunitarias, él habilidosamente el pasado 11 de mayo radicó un proyecto de ley que busca formalización laboral de madres comunitarias (173-2016). Sigo atenta y la escucho.

 

Leonila dice, seguiré luchando como sindicalista hasta el final de mis días, pues el derecho laboral es inalienable, se debe seguir luchando por los derechos de las mujeres –asegura–, ninguna mujer debe tener miedo y siempre debemos estar en pie de lucha. Ella finaliza allí, se para de la silla, se despide con un gran abrazo fraternal. La veo silenciosamente como avanza hacia la puerta donde nos encontramos...

 

Jornada de la mañana, Buenaventura Mayo-2016

* Geógrafa e Investigadora social: Memoria–Territorio y Derechos Humanos.

Publicado enEdición Nº225
Autoorganización, emergencia y acción social

Hacer visibles a los invisibles, darles voz a los sin–voz, lograr dignificar a los marginados y excluidos, en fin, combatir la pobreza en todas sus formas es un asunto de humanidad tanto como de orden político.



El orden total o cuasi–total equivale a la muerte. El orden sin más asimila los procesos y sistemas al equilibrio y, muy cerca del equilibrio, la vida cesa de existir. En contraste, como es sabido por una parte de lo mejor de la ciencia actual, lejos del equilibrio emergen procesos autoorganizativos, se hace posible la vida, en fin, nuevas redes configuran vectores y posibilidades antes insospechadas. Este lenguaje debe y puede ser traducido a la sociología, la historia y la política.


Políticamente hablando, el orden equivale al imperio de la ley —"estado de derecho"—, y sociológica y filosóficamente se trata del triunfo del institucionalismo y el neo–institucionalismo. Con todos sus representantes, vertientes y estamentos.


La oposición, la rebeldía y el disenso constituyen elementos nutrientes de una democracia. Incluso alguien tan excesivamente conservador como K. Popper así lo reconoce abiertamente en La sociedad abierta y sus enemigos. Con una condición: que los elementos de disenso y rebeldía sean activos y libres y no hayan sido institucionalmente cooptados, o normalizados. En Colombia prácticamente toda oposición fue eliminada, físicamente, o bien cooptada a través de los mecanismos de la democracia representativa.


Hace mucho tiempo, en medio de una historia de estado de excepción normalizado, del que emerge el paramilitarismo y sus distintas facetas hasta llegar actualmente a las bandas criminales (bacrim) (= más de lo mismo), los sindicatos fueron neutralizados y cooptados por el sistema, las organizaciones estudiantiles fueron suprimidas o su acción fue altamente delimitada, los partidos de oposición fueron neutralizados y mantenidos "en sus justas proporciones" (para citar las palabras de un nefasto expresidente), en fin, las guerrillas fueron eliminadas o conducidas a aceptar "un mal arreglo antes que un buen pleito".


Digámoslo en una palabra: la acción colectiva fue perseguida y prohibida, golpeada y cooptada. Hasta el punto de que es preciso tener autorización de la autoridad competente, según el caso, para llevar a cabo una manifestación. No sin cinismo, mucha gente prefiere concentrarse, antes que movilizarse. La acción colectiva en Colombia ha sido, en el mejor de los casos, reducida a las redes sociales, lejos, muy lejos de las calles.


El movimiento campesino ha sido fuertemente golpeado, y la minga indígena parece no haber alcanzado el oxígeno suficiente, en un país en el que los indígenas jamás han logrado ser protagonistas de una historia social. En contraste con otros países del subcontinente.


En estas condiciones, la protesta social ha quedado reducida al marco de los defensores de derechos humanos, algunos intelectuales, alguna denuncia periodística —supuesta la autoedición— y unos cuantos artistas, siempre algo marginales. Ocasionalmente, se aprecian las protestas de la comunidad LGTBI. Existen múltiples pequeños movimientos aquí y allá de diversa índole, pero todos se encuentran, a la fecha, desagregados.


Vale recordar: no hace mucho el principal asesor de un expresidente escribió —y se puso en práctica— que los enemigos del Estado son: en primer lugar los guerrilleros y los auxiliadores de la guerrilla; luego también, las ONG, principalmente las defensoras de derechos humanos; y finalmente, los intelectuales y académicos.


Pues bien, es, más o menos, en este marco que se entienden las pujas, cada año, en las negociaciones en torno al salario mínimo. Más la imposición de fuertes políticas fiscales, los programas económicos, en fin, la neo–institucionalización del país, en toda la línea de la palabra, para no hablar de la privatización de los (últimos) bienes del Estado.


La protesta social y la acción colectiva son en Colombia, según todo parece indicarlo, cosas del pasado. O por lo menos esa es la idea que se quiere presentar desde los grandes medios de comunicación. Porque la verdad es que movilización hay; y protesta también existe.


La protesta social y la acción colectiva pueden ser dichas de dos maneras, así: de un lado, es el derecho a la rebelión. Y de otra parte, es la forma misma de unión y defensa de los sin–voz, los invisibles, los marginados, los pobres.


Hubo una época en que algunas iglesias tomaron la vocería por estas mayorías. Hubo momentos en que algunos partidos políticos les dieron la mano. Pero hoy día ellos siguen careciendo de voz, siendo invisibles, marginados y excluidos. Todo, en un país históricamente fracturado e inequitativo. La defensa de los excluidos es un tema de ética tanto como de política, y la historia no es ajena al tema. De ética, por cuanto es un tema de humanidad; y de política en cuanto se trata del reconocimiento de que los dramas personales son fenómenos comunes que competen a todos.


Con razón sostiene A. Camus en El hombre rebelde que cada época histórica tiene una forma distinta de rebelión. Ese libro, ya hoy clásico en el que el autor francés estudia las formas de rebeldía o rebelión en los últimos doscientos años.

Correspondientemente, las formas de rebelión habidas en la historia del país no serán, jamás, las mismas en el futuro. No tanto por determinismo histórico, sino porque el mundo ha cambiado y con él, el país. Con el paso del tiempo, los agentes sociales han cambiado, y las formas de organización que ayer fueron posibles hoy parecen no ser ya necesarias.


Nuevas formas de organización social, nuevas formas de acción social, nuevas formas de protesta y acción colectiva serán posibles en un futuro razonablemente previsible. Aun cuando, al parecer, nadie las avizore claramente en el presente inmediato. El drama de la sociedad es que el presente de la política no es nunca linealmente compatible con la historia como medida de largo plazo.


Dicen los analistas que se requieren formas imaginativas de acción y de organización, nuevos lenguajes, nuevas formas de comunicación y acción. Seguramente es cierto. Pero mientras no tengan vida orgánica, se trata de palabras que se las puede llevar el viento.


Hacer visibles a los invisibles, darles voz a los sin–voz, lograr dignificar a los marginados y excluidos, en fin, combatir la pobreza en todas sus formas es un asunto de humanidad tanto como de orden político. Se requiere una acción imaginativa, o bien decisiones radicales e inesperadas. Mientras tanto, en una parte del mundo, aparecen los indignados. Todo parece indicar que existe un vaso comunicante directo entre la indignación y la rebelión.


La rebelión y la disidencia, la oposición y la lucha por el cambio: con todo ello se trata de una sola cosa. Contra quienes son partidarios del orden, que han sucumbido ante el peso de lo real, se trata de aquellos individuos que sueñan por un mundo mejor, por una vida diferente, por un horizonte distinto. Y nada nos hace más humanos que soñar que las cosas pueden ser mejores, o diferentes. Pero los sueños se alimentan de ideas.

Publicado enSociedad