Martes, 24 Julio 2012 07:19

Posmanifiestos

Posmanifiestos
La crisis, las primaveras, los movimientos estudiantiles, los ocupas, los indignados, plazas y calles llenas de gente, otros movimientos antisistémicos: la situación desde hace tiempo parece turbulenta, pero lejos de ser revolucionaria. ¿Hace falta algún manifiesto para aglutinar las diferentes luchas y darles un fervor necesario?


El Manifiesto del Partido Comunista, de Carlos Marx y Federico Engels, fue publicado en las vísperas de “la primavera de los pueblos” de 1848. Pero en vez de “hacer la diferencia” fue opacado por la dinámica de los hechos y el fracaso del ciclo revolucionario. La revolución burguesa no fue el camino a la revolución proletaria, sino al avance global capitalista. Quedó desapercibido y resurgió sólo décadas después como un importante documento que conservó su relevancia teórica y potencial político.


Es llamativo que nunca hubo un “manifiesto capitalista”, aunque Ayn Rand estuvo cerca de escribir uno y aunque un libro de Walter Rostow –Stages of economic growth (1960), una “biblia del desarrollo”– tiene por subtítulo A non-communist manifesto. Los capitalistas prefieren la práctica, sin teoría (“no saben lo que hacen, pero lo hacen”, es la definición de la ideología de Slavoj Zizek).


Theodor Adorno y Max Horkheimer –otra famosa pareja de intelectuales– pensaban en escribir una nueva versión del Manifiesto que tomaría en cuenta los cambios en trabajo, fuerzas productivas y tecnología, y que “haría justicia a la manera en que las cosas están hoy”. La discusión sobre el tema realizada en 1956 está contenida en un librito, Towards a new Manifesto (2011).


Su diálogo, a veces confuso y enigmático, más que de análisis, está lleno de aforismos. Entre divagaciones sobre la función social del trabajo, tiempo libre, la naturaleza del ser humano, destaca el llamado a la búsqueda de una nueva teoría que refleje la realidad (el propósito de Marx) y su relación con la práctica (para Adorno su separación es ideología). Pero salvo un indefinido llamado al restablecimiento de un “partido socialista”, la política está casi ausente y las referencias a los acontecimientos mundiales son vagas.


Desconfiando del proletariado, ambos lamentaban que, a diferencia de Marx y Engels, no tenían un agente a quién dirigirse y que la situación no sólo no era revolucionaria, sino “peor que nunca”, y que “por primera vez era imposible imaginarse que pudiera mejorar” (sic). Tal vez 1956 estuvo lejos del clima de 1848, pero este pesimismo tenía que ver también mucho con lo particular de la teoría crítica.


En medio de todo es curioso ver a Adorno reivindicando a Lenin, que en su opinión tenía más razón que Marx sobre el enfoque político hacia la sociedad. Su intención de hecho era preparar un “manifiesto estrictamente leninista” (sic).


Al final, quizás por suerte, la idea no prosperó. El pesimismo y la convicción de ambos de que el capitalismo carecía de alternativas podrían resultar en un documento que, en vez de “justicia”, traería más confusión.


En su momento El imperio (2000), de Michael Hardt y Antonio Negri –¡otro dúo!– fue debatido como una suerte del “manifiesto comunista para el siglo XXI”. Sin embargo, a parte de la izquierda le resultó un escrito problemático. Se criticó su negación de Lenin y la visión del imperio sin imperialismo (y colonialismo).


Estudiando las recientes movilizaciones en todo el mundo, los dos publicaron ahora un documento titulado Declaration (2012). Aunque aseguran que “Esto no es un manifiesto”, su lectura es como mirar el cuadro de Magritte Ceci n’est pas une pipe.


Según los autores, los manifiestos y los profetas crean sus propias visiones del mundo y sus propios sujetos, agentes del cambio. Pero los movimientos sociales de hoy ya han revertido este orden, rebasando a los manifiestos y a los profetas. Los agentes ya están en las calles ofreciendo visiones de un mundo nuevo más allá del capitalismo que buscan pasar de la declaración a la constitución.


Sus teorizaciones pretenden contribuir en ello. Hay puntos interesantes: Declaration identifica cuatro “figuras subjetivas” de la crisis: el endeudado, el mediatizado, el asegurado y el representado, subrayando la importancia de la acción colectiva y apuntando a la figura del comunero que contrarrestará el sistema dominante. Y hay aspectos debatibles: por ejemplo, el énfasis en el trabajo “inmaterial”, cuando el “material” no ha perdido su relevancia, al igual que el proletariado “viejo”.


Una curiosidad: tan hostiles al poder del Estado, Hardt y Negri parecen dar el “beneficio de la duda” a la interesante relación entre gobiernos progresistas y movimientos sociales en América Latina.


En fin: la lección de Adorno y Horkheimer es que fuera del contexto favorable, sin agentes y sin poder imaginarse las alternativas al capital, ni siquiera es posible producir un escrito revolucionario. En este sentido la situación de hoy es perfecta: hay agentes y hay imaginación.


Pero la lección del mismo Manifiesto comunista es que para el cambio no basta un documento (aunque la teoría es necesaria y aquí incluso la aportación de Hardt y Negri es bienvenida).


Lo que hace falta son las estrategias políticas sofisticadas, la construcción de alianzas de clase, disciplina y organización.


Ya lo decía Lenin.


Por Maciek Wisniewski*

*Periodista polaco

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Viernes, 18 Mayo 2012 16:56

Nace una esperanza

Nace una esperanza
Con gran fuerza social se presentó ante el país el pasado 23 de abril el Movimiento político y social Marcha Patriótica, luego de sesionar durante los días 21 y 22 en su Consejo Patriótico Nacional.

El lunes 23, desde las primeras horas de la mañana, diversos puntos de Bogotá se vieron copados por las delegaciones dispuestas a marchar hacia el centro de la ciudad. A medida que pasaban las horas, decenas de buses y camiones arribaban a la capital con miles de activistas, hasta juntar –según la Alcaldía de la ciudad– no menos de 35 mil personas (70 mil, según los organizadores), quienes colmaron la Plaza de Bolívar hasta bien entrada la tarde.

La movilización, integrada por delegaciones procedentes de los más diversos lugares del país, dejó claro ante propios y extraños que fuerzas sociales de base campesina, indígena y negra raizal, con importantes aliados urbanos, están convencidos de la necesidad de la paz negociada en Colombia: “Marcha Patriótica manifiesta su compromiso ético y político con la búsqueda de una solución política al conflicto social y armado. […] Aunar esfuerzos para transitar caminos que permitan hacer realidad los anhelos de paz de las gentes del común y del pueblo colombiano en general”.

Según sus organizadores, el nuevo movimiento está constituido por no menos de 1.700 organizaciones de base. Esta expresión de fuerza social les recuerda a todos los que habitan Colombia que en su territorio subsiste un conflicto armado sin resolución efectiva, a pesar de las décadas transcurridas en medio de operativos armados para liquidar a la insurgencia, en intentos reiterados y desesperados de los gobernantes por desconocer las causas que han propiciado el alzamiento de miles de personas.
Y esta misma fuerza social, movilizada en Bogotá, compuesta de rostros color de la tierra –como dijera el Subcomandante Marcos de los indígenas de Chiapas–, le recuerda a todo el país que es posible y necesario otro modelo social para que la justicia, la fraternidad, la igualdad y –como síntesis– la felicidad sean factibles en Colombia.

Contradicciones de la propuesta

Miles de pies se movilizaron al son del nuevo país. Pese a su convicción, la nueva fuerza política y social que ha visto la luz en este abril en Bogotá, bienvenida como la que más, pese a su fortaleza humana movilizada deja a lo largo de sus primeras declaraciones importantes vacíos y contradicciones que es necesario retomar, para bien de la propia fuerza como del conjunto social alternativo. Algunas de estas son:

1. ¿Llamamiento retórico?

“Marcha (…) llama a la más amplia unidad del pueblo colombiano y, en especial, a los diferentes procesos sociales y populares existentes […]. Y enfatiza: “Marcha Patriótica considera de vital importancia y de suma urgencia lograr acuerdos entre los diferentes procesos políticos y organizativos del campo popular”. La pregunta es fundamental si esta es la convicción: ¿Por qué no se propició la discusión plural y el proceso de coordinación o unidad durante los dos años que se han tomado sus impulsores para la constitución de la nueva fuerza? ¿Por qué esperar hasta ahora para proclamar tal disposición?

2. ¿Sin claridad de lo que se busca?

El objetivo sustancial del nuevo movimiento es “producir el cambio político que requiere nuestro país, superando la hegemonía impuesta por las clases dominantes; avanzar en la construcción de un proyecto alternativo de sociedad y al logro de la segunda y definitiva independencia”. Si bien el objetivo parece ser nítido, no lo es, ya que en ninguna parte de las primeras declaraciones dadas para la sociedad colombiana se expone la manera como esto se hará realidad. En ninguna parte se explica cómo funcionarán las fuerzas productivas, cuál será el papel del Estado y cómo se concretará, cuál es el papel de la sociedad, cómo hacer vigente la soberanía en momentos en que la misma se redibuja por doquier, cómo llevar a cabo la siempre reclamada y vigente reforma agraria, y cómo hacer realidad “la transformación estructural del Estado, de la economía y de la cultura”. Sobre estos propósitos se puede generalizar en el momento de foros o similares, pero una vez que se dice liderar una nueva propuesta de país es un deber pasar de lo general a lo concreto.

3. Un soporte para el activismo y para el país que no da cuenta de los tiempos que vivimos

El nuevo movimiento, como su nombre lo confirma, reivindica el patriotismo. En su declaración afirma: “En Marcha hemos llegado las y los patriotas para afirmar la existencia de sueños colectivos […]”, reivindicación contradictoria toda vez que, por un lado, desde la izquierda siempre se ha reivindicado la superación de fronteras –el internacionalismo–, consigna con mayor vigencia en la actualidad, cuando se han roto de facto las fronteras nacionales, cuando las multinacionales borran los Estados –dejándolos como simples legitimadores de sus operaciones–, lo que pone a la orden del día la necesidad de una sociedad cada vez más abierta e integrada, en que se reconstruya el concepto de país y de Estado, y, por tanto, en que la patria –y con ésta el patriotismo– pasa al cuarto del olvido. Podemos decir que la reivindicación mínima de país, de parte de alguien que se reivindica de izquierda, es la superación de fronteras, hermanándose como un solo pueblo con sus vecinos. El futuro, que se puede construir en el presente, es sin localismos. La soberanía es regional e incluso más extensa, como sin límites son los negocios de las multinacionales, verdaderos poderes de nuestro tiempo.

4. ¿Forma de lucha como principio?

Desde hace más de un año, en espacios como la Comosocol y otros, los impulsores del nuevo movimiento insisten en la necesidad de llevar a cabo en el país un Paro Cívico Nacional. La respuesta obtenida de parte de sectores sociales y políticos alternativos indica que no hay consenso sobre el particular. Pese a ello, no se desiste. Tanta es la insistencia en el tema, que pareciera que el nombre de la protesta fuera lo sustancial. Ahora se vuelve con lo mismo: “[…] se trata de juntar esfuerzos y de avanzar en la construcción de acumulados hacia la movilización como principal vía del accionar colectivo y tendientes a la realización de un gran Paro Cívico Nacional (PCN)”.

El énfasis en la forma de lucha obliga a preguntar –con el deseo de que algún día se aclare– ¿por qué un PCN? ¿Qué significa y cómo se concreta éste? ¿No hay otras formas de protesta y de tensión de fuerzas que puedan hacer realidad lo que se pretendería con el PCN? ¿Existe alguna explicación sobre por qué las diversas convocatorias que se hicieron en el país para la realización de un PCN (con excepción de aquel de 1977, liderado en buena medida por liberales y conservadores) han fracasado? Todos estos interrogantes son necesarios de aclarar si de verdad se aspira a que la sociedad colombiana se sacuda del yugo que la oprime.

5. La paz. Entre el deseo y la realidad

La paz es una necesidad para nuestra sociedad. Así lo declaran desde hace décadas los diversos actores políticos nacionales, pese a lo cual el tiempo pasa y la guerra continúa.

Conscientes de los tiempos que se viven y de las necesidades y los anhelos de las mayorías nacionales, para la Marcha la paz aparece como objetivo central de su esfuerzo: “[…] manifiesta su compromiso ético y político con la búsqueda de una solución política al conflicto social y armado. En consideración a que ésta debe ser apropiada socialmente, Marcha manifiesta su decisión de impulsar procesos constituyentes regionales y locales por la solución política y la paz con justicia social, tendientes a la realización de una Asamblea Nacional. Asimismo, les propone a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales aunar esfuerzos para transitar caminos que permitan hacer realidad los anhelos de paz de las gentes del común y del pueblo colombiano en general”.

Hasta aquí el propósito, que está bien, pero hay signos de interrogación que es bueno resaltar. Por un lado, se identifica la realidad económico-política. Dicen los impulsores de Marcha en su declaración oficial:

“El gobierno de Santos ha venido profundizando el proceso de neoliberalización de la economía y de la sociedad, iniciado hace más de dos décadas.”. Es decir, nos encontramos ante un gobierno con claros intereses y acuerdos con los más importantes grupos económicos nacionales y sus aliados internacionales, los mismos que han impedido por décadas que la paz se cristalice en nuestro país. La pregunta obligada sería: ¿Cómo piensan actuar los impulsores de la Marcha –más allá del deseo– para romper esa llave (poder político-poder económico) y crear las condiciones para una negociación política real, que abarque, más allá de las armas, la transformación del modelo económico-político en auge?

Más urgente es esta respuesta cuando la caracterización que hacen del régimen identifica que éste se integra por “los sectores más guerreristas y ultraderechistas, ligados al narcoparamilitarismo (por lo cual) no se aprecia –más allá de la retórica– el surgimiento de nuevas condiciones que permitan afirmar que se está en camino de superar las estructuras autoritarias, criminales, mafiosas y corruptas que caracterizan el régimen político colombiano”.

El diagnóstico de Marcha es claro: la paz es un asunto social, por lo cual –pudiéramos pensar– no se reduce a un asunto de armas. Si así fuera, la posible negociación política por darse en nuestro país debiera romper tradiciones e historias al abrir una dinámica que centre en los actores sociales esa posible coyuntura, de la cual debiera surgir una nueva coyuntura político-económica que deje a un lado el reino del neoliberalismo, la concentración de la riqueza –entre ella la tierra–, los privilegios cada vez mayores otorgados a las multinacionales, etcétera.

Este reto es inmenso y novedoso ante el cual tienen la palabra los impulsores de la Marcha. ¿Romperán la dinámica histórica o se impondrán las constantes del poder dominante?

6. Las cárceles y quienes las padecen

Un imperativo que tienen ante sí las diversas organizaciones sociales colombianas es el cuestionamiento y la transformación del Código Penal y la visión represiva y carcelera que domina el pensamiento de los grupos de poder en el país. El resultado de tal concepción son los miles de prisioneros políticos, de conciencia y de guerra que abarrotan las cárceles nacionales, las cuales, pese a la construcción de nuevos centros de encierro y destrucción de seres humanos, no garantizan condiciones de dignidad para quienes las padecen, generalmente en hacinamiento.

Por ello, es necesario abrir un debate sobre el pensamiento que rige la ‘justicia’ en Colombia y, de su mano, la creencia de que todo se arregla incrementando penas y castigos. La cárcel no ha cumplido con la misión que la soporta; por tanto, y como un reto para las sociedades modernas y futuras, debe dejar de ser.

El telón da un respiro

Por ahora enfaticemos que Bogotá y Colombia vivieron este 23 de abril un día de esperanza. Para que la misma no se diluya en otro sinsabor, es necesario superar esquemas y acometer de verdad los objetivos propuestos con real vocación unitaria y sentido cabal de los tiempos que corren. Es necesario actuar así para que –por demás– el cambio económico, político y social propuesto y buscado no se quede en estatización –aunque le digan revolución–, como ahora sucede en distintos países de Suramérica.

Publicado enEdición 180
Sábado, 12 Mayo 2012 18:51

Caminante, no hay camino

Caminante, no hay camino
No hay forma de explicarlo. Las organizaciones sociales, desde los rumbosos médicos, pasando por los nada pobres transportistas, hasta los fabriles afiliados a la COB, están en huelga. El Vicepresidente ha dicho que se trata de la vitalidad de un proceso de cambio y que, el gobierno, tiene la suficiente solvencia para manejar la situación sin muchos sobresaltos. Ahí está el quid de la cuestión.
 
En el rostro de nuestras ciudadanas y nuestros ciudadanos, se perciben los sobresaltos que causa esta inestable situación. Es probable que muchos esperemos que haya un momento en el que se rectifiquen posiciones y vislumbremos, una vez más, el camino a seguir en este proceso de cambio. Pero hay que advertir que son muchos y muchas quienes descreen de tal rectificación. ¿Por qué? Unos por la rutina; se acostumbraron a vivir, aunque sea en la miseria, pero sin sobresaltos. Otras, porque apoyaron un proceso de cambio que soñaron como una avenida donde no había ningún obstáculo, ningún rompemuelles, ningún hueco ni siquiera desportilladura. Los hay, finalmente, quienes vemos la realidad: el camino está por hacerse porque, según decía el poeta, se hace camino al andar.
 
Claro que no se trata de andar en cualquier dirección, porque así podemos llegar a cualquier parte, menos a la meta que nos propusimos. No es simple hacer camino al andar, pues al menos debe seguirse determinada orientación. El proceso de cambio tiene una dirección: vivir bien como norma para todos los bolivianos y las bolivianas. Los que viven aquí, originarios o recién llegados. Los que habitan el campo y los que se alojan en la ciudad. Los pobres y los que nada tienen. Por supuesto, quienes están más necesitados precisan una atención inmediata y mayor. Todo esto en función de las posibilidades de nuestro país. Que esas posibilidades han mejorado, es muy cierto, como lo es que hay un visible mejoramiento en el vivir de la gente.
 
¡Falta! Claro que hace falta mucho más y no es precisamente lo que está haciendo nuestro gobierno. La carretera por el TIPNIS, ¿acaso no es un enfrentamiento grosero? Hay mucha gente dispuesta a apoyar la construcción de esa vía. Pero las disposiciones de la consulta previa fueron hechas para proteger la vida, los usos y costumbres de las minorías. Por eso no es una consulta general, sino una particular a los pueblos que viven allí. Seguramente, si se hubiese hecho a tiempo, antes de iniciar los trabajos, esta tempestad de reclamos no se hubiese producido.
 
No es posible que haya tal desentendimiento con la Central Obrera Boliviana. Seguir dando vueltas al tema salarial, puede llevarnos a medio año sin una solución. No es correcto. No lo es, mucho más si revisamos los balances presentados hace poco más de un mes, por los bancos y nos chocamos con sus sustanciosas ganancias, a las que debe agregarse el aumento de sus patrimonios. Se ha reducido la miseria, pero distamos mucho de haber logrado una redistribución regular de la riqueza. Ésta sigue estando en manos de los grandes empresarios.
 
Pedir 8.300 bolivianos como salario básico, es irracional. Lo saben los dirigentes de la COB. Pero tampoco es apropiado un simple resarcimiento de la inflación ocurrida el año pasado, según el conteo del INE. ¿Para qué mostramos ingresos que son, cada año, mayores? El pueblo quiere ver esos ingresos en sus manos. Gastamos en inversión; muy bien. Pero esa inversión debe sentirse en el bolsillo de las personas. Se ha ampliado la clase media; de acuerdo. Pero debemos dar un paso más hoy día. Nos estamos enfrentando a nuestra propia gente, a las organizaciones sociales que son la base sobre la que descansa nuestro gobierno.
 
Hemos dejado que, la exigencia de los médicos, se convierta en una reivindicación de la COB. ¿Cómo puede ocurrir esto? Los médicos no pertenecen al movimiento popular. Los trabajadores en salud, los universitarios, se comprometen en defensa de los médicos; no es entendible. Si estos profesionales logran su objetivo, no compartirán absolutamente nada con quienes los están apoyando: universitarios, trabajadores en salud, COB. La trama se hace más densa, más intrincada. Alguien ha perdido la orientación y no es precisamente ésta o aquella organización social ni tampoco los profesionales que saben cuáles son sus intereses y cómo lograrlos.
 
Debemos hacer el esfuerzo. Que la gente que está desorientada, aquélla que tiene susceptibilidades, la que ha sufrido desencantos y quienes, por último, dejaron de creer en el proceso de cambio, comiencen a tener la visión de lo que puede ser este proceso. No se trata solamente se saber manejar la situación. Hay mucho más que eso, está la gente a la que nos debemos.
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La “calle boliviana” y el nuevo Estado
Estado débil, sociedad fuerte. Evo Morales, pese a encabezar el Gobierno más sólido de los últimos años, no pudo escapar a esa maldición boliviana, o bendición, depende desde dónde se lo mire: la fuente crónica de revoluciones y al mismo tiempo de inestabilidad política.


Si al Gobierno le fue relativamente fácil derrotar a la “oligarquía cruceña” y hasta pudo echar al embajador de EEUU y nacionalizar el gas, demostrando su autoridad, el 64% de los votos con el que fue reelecto parece no alcanzar para evitar retroceder una vez más frente a los sindicatos y sectores sociales variopintos.


El gasolinazo de finales de 2010 marcó un punto de inflexión. Luego vino el seguir permitiendo la importación de ropa usada, autorizar legalización del contrabando de autos, acceder al pedido de no construir la carretera por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure' en todos los casos la dinámica fue la misma. Primero, prueba de fuerza, decisión de avanzar “sí o sí” y dar una imagen de autoridad en favor del “Estado fuerte”. Poco después: anulación de las medidas y convocatoria a algún tipo de negociación o cumbre social.


En este caso, era claro que el aumento de seis a ocho horas en la jornada laboral de los médicos no era suficiente para cambiar el malogrado sistema de salud boliviano (había mucho voluntarismo en eso, así como mucho corporativismo en la respuesta de los médicos). La demanda provino de los campesinos, carentes de un sistema de salud adecuado. Luego el Gobierno avanzó, decreto en mano, con la finalidad de derrotar a la huelga médica. Pero 36 días de paro, huelga de hambre de unos 4.000 médicos (en ayunos mediáticos de dudoso cumplimiento), medidas simbólicas como las crucifixiones y hasta “tapiarse”, y especialmente bloqueos, le torcieron el brazo al Gobierno y este retroceso corrobora un mensaje incómodo: cualquiera de las poderosas corporaciones populares (y no tanto) sabe que basta tener capacidad de resistencia y de generación de desbordes públicos –de ser posible violencia mostrados por TV– para conseguir parar cualquier iniciativa oficial.


Obviamente, sería mejor que en muchos casos las cumbres se convoquen antes de decretar las medidas. Evo Morales, con su olfato sindical, sabe cuándo retroceder. Conoce la “calle boliviana”. Pero ello no quita que cada retroceso reavive la luz amarilla de que refundar Bolivia es más complicado de lo que esperaba. Junto con el riesgo de que la imagen de la “Bolivia ingobernable” reaparezca y erosione más la aun elevada popularidad de Evo. Estos conflictos –muchos de ellos no estrictamente económicos– coinciden con una buena situación macroeconómica. La mejor quizás de la historia.


Pese al orientalismo con el que a menudo se lee la imagen de radicalidad y de “revolución permanente” de Bolivia que tanto atrae a los militantes radicales de todas las latitudes, en el país convive esta tendencia con fuertes inclinaciones conservadoras y corporativas. Todo esto es bastante comprensible dada la historia económica y social nacional. El problema es que la fuerza de veto de los “movimientos sociales” a menudo no va acompañada de acciones propositivas a favor de cambios sociopolíticos efectivos más allá de grandes líneas de acción como Asamblea Constituyente, Estado plurinacional, etc.


Pero si los médicos siguen trabajando seis horas, si no se hace la carretera del TIPNIS, si siguen entrando autos chutos, si, si, si' pueden convertirse en victorias contra iniciativas erradas' o en triunfos corporativos contra reformas necesarias. O en una mezcla de ambas cosas. Pero en todos esos casos significa la pervivencia del status quo anterior a esas luchas, no cambios hacia el futuro.


Ojalá la cumbre de la salud sea tomada en serio. Junto con la educación deberían ser el eje de esta etapa de la “revolución democrática cultural”. Y ojalá también muchos de nuestros intelectuales comiencen a citar menos a Deleuze o Zizek y a construir mediaciones más efectivas entre la utopía del cambio y los necesarios avances en las condiciones de vida de los bolivianos, la densidad estatal y un modelo económico más preciso que dé pistas de un perfil productivo para Bolivia más allá de grandes saltos industriales.


Página 7 - La Paz

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¿Qué es la horizontalidad en una organización?

Con el surgimiento del 15-M, la horizontalidad ha vuelto a ser un concepto motor en la construcción de nuevos movimientos sociales y políticos. Sin embargo, ¿qué entendemos por “horizontalidad”?
 

Al repasar algo de bibliografía, constato que se suele definir en negativo como oposición o rechazo a otros términos como la verticalidad o la jerarquía, puesto que, de forma consciente o no, entendemos mejor las implicaciones de tales conceptos que culturamente impregnan nuestras sociedades y nuestros cerebros. Asimismo, tanto en el espacio público (Estado, escuela, hospital, trabajo remunerado, etc.) como en el privado (como la familia), vivimos en un mundo principalmente jerarquizado donde en el mejor de los casos elegimos nuestra cadena vertical de mandos (la democracia representativa) o en el peor sufrimos una dominación no deseada (véase el parto medicalizado o el significado de la relación asalariada). Sin embargo, pocas veces encuentro definiciones en positivo de la horizontalidad. Con esta voluntad constructiva, definiré la horizontalidad de la manera siguiente: una profundización de la ética de la liberación, una actitud (y un camino) y un modelo organizativo.
 

La profundización de la ética de la liberación


André Gorz solía conceptualizar la ecología política como una ética de la liberación donde “la expansión de la autonomía [del sujeto] se halla en el centro de la exigencia ecologista. Ello supone una subversión de la relación de los individuos con sus herramientas, con su consumo, con su cuerpo, con la naturaleza” (1975). En esta óptica, desarrollada también por Illich y Castoriadis, la ecología política es una apuesta decidida por la autonomía del sujeto y por su capacidad de cooperar de forma voluntaria y en igualdad de condiciones con otros sujetos para oponerse a cualquier deriva liberticida e insostenible de las “mega-máquinas” mercantiles, estatales o tecnócratas y para construir alternativas concretas al productivismo actual.
 

De esta visión emancipadora nace la voluntad de poner en pie sociedades —u organizaciones— autónomas, hechas de individuos a su vez autónomos y cooperativos. Estas sociedades (u organizaciones) se convierten en ágora permanente sobre lo que es conveniente producir (y cómo), además siempre dentro de la capacidad de carga de los ecosistemas. Por esta razón, las empresas tendrían que ser controladas por sus personas empleadas, un partido o un sindicato por el conjunto de sus militantes y la esfera política por el conjunto de la ciudadanía. Es un llamamiento hacia organizaciones donde los sujetos autónomos no estén subordinados a ninguna estructura, ni órgano de ésta. En este tipo de horizontalidad también existen límites, pero no provienen de una autoridad superior (el Líder, el Órgano central, la Tradición, la Autoridad, etc.) sino que se basan en la deliberación y la decisión colectiva.
 

Una actitud (y un camino)


Encontramos en la educación horizontal una gran ayuda para conceptualizar la “actitud horizontal”. Esta rama educativa entiende la horizontalidad “como una disposición psíquica y social, interior y exterior al sujeto, en la cual ningún hombre y mujer anula la libre expresión de otro, de manera que todos pueden manifestarse sin hallar un obstáculo en el otro, sino más bien un apoyo para el propio crecimiento” (Santos, 2006). Así, primero, es una facultad del sujeto a vivir su libertad desde el encuentro positivo con la libertad de otras personas que a su vez, dentro una dinámica ganador-ganador, refuerza el propio desarrollo personal. Dicho de otro modo, “se puede concebir el aspecto interno (…) de la horizontalidad como una suerte de receptividad y apertura al otro.” Exactamente lo que los manuales de educación no violenta o de resolución pacífica de los conflictos aconsejan, respectivamente, a los padres y madres con su prole o a los negociadores con las partes en conflicto o con otros negociadores: respeto, escucha activa y empatía.
 

Además, en una organización social, política, sindical, etc. sus formas de proceder —es decir su actitud que la definirá y le dará credibilidad en el día a día— tienen que ser acordes en cualquier momento con los objetivos planteados. Obviamente no se puede llevar la paz o la emancipación con métodos violentos que sea aquí o en el Sur, no se puede enseñar a nuestros hijos el respeto desde la metodología de la bofetada, ni se puede pedir a las instituciones transparencia y participación sin aplicarlo internamente. Dicho de otro modo y parafraseando a Gandhi, podríamos decir que “no hay camino para la horizontalidad, la horizontaliidad es el camino”.
 

Un modelo organizativo


No se trata de un concepto totalmente nuevo: tiene mucho en común con —y hereda de— las teorías y las prácticas de la autogestión del sindicalismo de finales del siglo XIX, de los consejos obreros húngaros o de las experiencias post-68. Sin embargo, las posibilidades abiertas por las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) y, sobre todo, por las dinámicas cooperativas en torno al conocimiento, la cultura y el software libres o en las actuales dinámicas post-crecentistas (colectivos de decrecimiento, de ciudades en transición, de cooperativa integral, etc.) aportan a la horizontalidad su plena capacidad como modelo organizativo. En las brechas del sistema, la propia existencia y praxis diaria de una organización horizontal son pruebas de insumisión y gérmenes de alternativa a la megamaquina técnica, económica y política.
 

Dicho esto, destaco algunas características de una cooperativa política funcionando sobre el modelo de la horizontalidad:
 

Trabajo en red: “La red” es ante todo una mentalidad y una forma de trabajar adaptada al siglo XXI: prima la inteligencia colectiva y la propriedad común, como puede ser la lógica cooperativa del software libre. Es una búsqueda de sistemas organizativos basados en la igualdad, la participación activa de todo/as y la voluntad de consenso. En esta estructura líquida y partidaria de la adhocracia, todos los miembros pueden tener autoridad para tomar decisiones y llevar a cabo acciones. Asimismo la fuerza de las redes, físicas o virtuales, reside en su capacidad de mover y mezclar personas y organizaciones de diferentes intereses o círculos, con compromisos flexibles según objetivos y afinidades, desde lo territorial a lo sectorial. Dicho así, no hay que confundir el uso intensivo de Internet (o de comunidades virtuales) con alcanzar una estructura en red presencial y virtual.
Flujos de información y transparencia: la información es poder, y el poder es compartido entre todos los miembros en igualdad de condiciones. Lo que significa que la información tiene que fluir en cualquier momento hacia todos los miembros del a organización sin exclusión, dentro de un marco que hace de la transparencia un pilar de su desarrollo. No solo requiere un fácil acceso a las fuentes de información sino una política activa personal y colectiva de transmisión de la información a todas las partes de la organización-red sin que ellas las tengan que pedir. Es también la capacidad de poner en marcha la información peer to peer, donde cada neurona se convierte en un nudo de información seguro para otras neuronas. Con unas reglas de juego claras y sin necesidad de un órgano central, la red valida la veracidad y legitimidad de la información.


Confianza multidireccional y cooperativa: tal y como lo desarrollo más en detalle en el artículo Reflexiones sobre la confianza en un partido horizontal, no solo se trata de una confianza undireccional desde las personas asociadas hacia los cargos (y órganos) electos sino también de una “confianza de todas a todas”. Tanto las personas electas como cualquier persona asociada “depositan” en cada una de las personas de la organización o de la red, con o sin responsabilidad interna o externa, la misma confianza. De esta manera, damos un margen de confianza a la inteligencia colectiva que emana de la conexión de nuestras energías y reflexiones.


El conocimiento libre: más allá de tener transparencia e información disponible para todas las neuronas, la inteligencia colectiva —es decir el resultado del trabajo cooperativo y en red (que va más allá de la suma de las individuales de la organización)—, pertenece a todos y todas. Decimos que se trata de una propiedad común, cuyo código fuente y posibles mejoras están en la organización, en la red o en el espacio público a un coste nulo.


En resumen, una organización horizontal es un nodo más de una sociedad que pugna por la “democracia de lo común” (véase Subirats, 2011), es decir que favorece los bienes comunes, la lógica cooperativa y la capacidad de compartir.
 

Referencias:

Gorz, A. (1975): Ecologie et politique, Galilée.
Santos, M (2006): “De la verticalidad a la horizontalidad, reflexiones para una educación emancipadora”, Revista de ciencias sociales y humanidades, enero-marzo 2006.
Subirats, J. (2011): Otra sociedad, ¿otra política? Del “no nos representan” a la democracia de lo común, Icaria Asaco.

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¡El poder está en la calle,
no en el Parlamento!

Grafiti Mayo 68


Un temporal de lluvias y vientos álgidos ha golpeado toda la mañana a la ciudad. En la Nacho, la lluvia minuciosa cae sobre los pocos estudiantes que atraviesan la Plaza Che Guevara. Como náufragos emergidos de un diluvio, uno a uno arriban los dirigentes de la Mane (Mesa Amplia Nacional Estudiantil). Me imaginaba que en medio de todo ese raudal de micrófonos, entrevistas, llamadas, conferencias de prensa, lamparazos, fotos, cámaras y visajes en periódicos, revista y noticieros iba a ser difícil reunir los pelados, pero no hay tal: los manes (por lo de Mane) llegan tranquilos e iniciamos la conversa. A nuestra invitación acudieron Boris Duarte, de Identidad Estudiantil; Brayan Camilo Rojas del Sindicato de Estudiantes de Colombia, y Jairo Rivera, de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).




da: ¿Qué es lo nuevo de este movimiento estudiantil del 2011?
Boris. Sin duda, la formación de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane), que surge desde el trabajo de base que ya teníamos las organizaciones en las universidades, en las regiones, en secundaria, y a su vez es producto de la madurez política de las formaciones estudiantiles que entendieron la importancia de caminar hacia un mismo norte. ¿Qué pasó en los movimientos del 2007, 2005 y 2001? Cada organización estudiantil o cada universidad entraron en una dinámica de movilización y de lucha por sus reivindicaciones, y esa dispersión nos hizo muy débiles y vulnerables porque las rectorías de cada universidad y las administraciones regionales llevaron a los estudiantes y sus organizaciones a negociar por separado, con lo cual no se logró una fuerza nacional.



En un primer momento se trataba de consolidar lo que algunos llamaban la “unidad de acción”. Sin embargo, cuando la propuesta avanzó, se tomó la decisión de marchar hacia la unidad organizativa y programática. Y aunque es verdad que en estos dos temas hemos avanzado menos que en lo referente a la movilización (en la movilización hemos desarrollado formas muy creativas de expresión y acercado a otros sectores de la sociedad colombiana a nosotros). En lo programático, construimos un Programa Mínimo que es necesario desarrollar en todos sus puntos. En el tema de lo organizativo, tenemos diferentes visiones: algunos dicen que debe darse el salto a la organización única estudiantil, cuyos miembros deben salir de las asambleas estudiantiles. Algunos dicen que lo mejor es que la Mesa Amplia siga siendo un acuerdo de coordinación, y otros afirman que la Mane debe ser un espacio del movimiento social, amplio y sin tantas normas.

Jairo. José Martí decía: “Todo está dicho ya, pero cuando las cosas se dicen con sinceridad son nuevas”. Este movimiento estudiantil es el acumulado de las luchas estudiantiles de las décadas de los 60, 70 y 80, y las más recientes que vienen desde 2001, 2005 y 2007. Incluso, al interior de la Universidad Nacional nos habíamos movilizado contra la reforma académica. Nos unimos en el “¡fuera Palacios!”. Habíamos convocado al estudiantado y los demás estamentos de la Universidad a discutir el tema del déficit presupuestal. Veníamos de una década muy dinámica y de mucha actividad. Sin embargo, es la presentación de la nueva ley de reforma a la Ley 30 lo que cataliza y une a los estudiantes. El hecho de que el gobierno de Santos proponga convertir la educación en una mercancía es lo que saca a miles de estudiantes a la calle. Lo nuevo de este movimiento es que varias organizaciones estudiantiles encontramos unos puntos en común, los potenciamos, nos trazamos un derrotero conjunto, constituimos la Mane y acordamos un Programa Mínimo.




Brayan. Haciendo un balance, considero muy significativa la cohesión del movimiento estudiantil, es decir, el hecho de haber logrado acercar a la universidad pública con la universidad privada, con el Sena y con secundaria. Esto nos dio una gran fuerza y visibilizó al movimiento. Ocurre que también logramos interpretar esa profunda desesperanza de los jóvenes; muchos jóvenes que hoy día ni estudian ni trabajan. Los famosos “ni ni”. Jóvenes que aún ven en la educación superior una salida y se sienten excluidos de la posibilidad de ingresar a una universidad.

da. Un hecho relevante de este movimiento fue la forma como los estudiantes comunicaron sus demandas. Hasta hoy los partidos tradicionales de la izquierda y los sindicatos entendían la marcha como un instrumento de presión: ‘sacar’ las bases a la calles para exigir algo. El movimiento estudiantil resignificó la marcha y exploró la posibilidad de utilizar la marcha como un medio de comunicación de masas.
Boris. Digamos que, cuando empezamos, algunos compañeros decían: hagamos esto o esto otro. Algunos propusieron marchas con antorchas o marchas de disfraces, cosas que no siempre había hecho el movimiento estudiantil. Pero el movimiento ha tomado su dinámica, innovando la forma de expresar las solicitudes. Muchas organizaciones estudiantiles han hecho balances de las anteriores luchas y movilizaciones, y esto nos ha llevado a ir más allá de las tradicionales lecturas ideologizantes, para así poder hacer lecturas más centradas en el mensaje que queremos llevar al país. Aquí lo importante es cómo comunicar en forma diversa nuestras solicitudes y encontrar otros medios para decir las cosas; que el mensaje se transmita de otra manera, y dejemos atrás el discurso panfletario. Debemos revolucionar la movilización.

Brayan. Inicialmente, el discurso se centró en lo político. Me refiero al hecho de denunciar la reforma a la Ley 30 y sus consecuencias sobre la educación del país. Pero, con el paso de los días, fue derivando a lo cultural. Donde mejor se vio este cambio fue en las manifestaciones, en las calles. Incluso el tema de las consignas y las pancartas fue más allá de lo tradicional, pues se utilizaron consignas que acercaron a los transeúntes, cuando en el pasado muchas de estas consignas repelían a los ciudadanos. También es cierto que se lograron nuevas formas de expresión como la besatón, el abrazatón y otras nuevas formas de protesta. Recuerdo que al principio sólo se pensó en abrazarnos entre nosotros y abrazar a los transeúntes. No pensábamos que se debía abrazar a la policía; pero los muchachos tuvieron la iniciativa y esa misma noche la opinión pública dijo: “Estos pelados están haciendo cosas nuevas, muy diferentes y muy bacanas”. Aquí también influyó lo internacional, los “Indignados” de España y el movimiento de Occupy Wall Street (Ocupemos Wall Street), el movimiento de Chile, pero a la vez recogió también mucho de lo nacional, las papayeras, la marcha carnaval que se había desarrollado en el 2007 y otras expresiones desplegadas por muchos colectivos los Primeros de Mayo.

da: Un movimiento nuevo, con nuevas formas de expresión, demanda nuevas formas de organización. Me refiero a una organización como la que se dan a sí mismos los zapatistas, el MST (el Movimiento de los Sin Tierra, de Brasil) o los “Indignados”. Una organización asamblearia, de dirección colectiva, de consensos y que consulta sus bases. ¿La Mane funciona de esta manera?
Boris. El proceso es muy nuevo y las discusiones sobre la reforma y la Ley 30 nos ha desbordado. Hemos tratado de articular las asambleas de base con las reuniones nacionales. Tenemos que lograr un equilibrio entre estos dos escenarios. Creemos en los procesos de base y en que las asambleas tracen la dirección, pero no se puede fetichizar el asambleísmo, decir que sólo la voz de la asamblea es genuina, idealizar la asamblea como el único espacio que puede tomar decisiones. La dirección de la Mane representa a las organizaciones y los procesos estudiantiles agrupados en ella, y sus decisiones son legítimas. Tenemos que balancear todos los espacios de participación y decisión.

da: ¿Cómo creen ustedes que se va a desarrollar el proceso de construcción de la propuesta de ley de educación alternativa?
Jairo. Este movimiento supo ganarse el corazón de la gente, y la nueva ley alternativa debe salir de esa gente que nos ha respaldado. El proyecto no puede ser construido exclusivamente por académicos y estudiantes: debe participar todo el país. Debe ser construido desde lo regional hacia el centro, donde participen todos los sectores: los indígenas, los afros, los campesinos, las mujeres, los obreros, la gente de los barrios y de las veredas. Creemos que se debe dar un gran debate público, y que finalmente le preguntemos al país qué opina sobre este proyecto, para que sea la nación quien refrende esta nueva ley de educación nacional.

No creemos que sólo cuando cambie el sistema cambiará la educación. Consideramos que un cambio en la educación contribuye al cambio del sistema, ya que todos aquellos que han sido oprimidos sentirán que ganaron una gran reivindicación. Cambiar el modelo de educación es también cambiar el modelo fiscal, el modelo económico (que hoy ve a la educación como una mercancía); cambiar lo social y lo político. Y lo más importante es obtener la gratuidad de la educación y mejorar su calidad sin crear nuevos impuestos, porque los estudiantes no estamos de acuerdo con que se creen nuevos impuestos. Es necesario cambiar las prioridades del Gobierno, que hoy invierte más en la guerra y menos en educación; cambiar las prioridades del Gobierno, que destina muchos recursos al pago de la deuda externa y pocos a la educación.

El construir una ley alternativa de educación con la gente, en las calles, en los barrios y en las veredas es poner en práctica una democracia participativa, democracia que hoy no existe en Colombia. Por esto, se debe construir una ley alternativa de educación surgida de la gente, es decir, que el poder constituyente resida en la gente. En este proceso de construcción de la ley alternativa vamos a poner en marcha un modelo de democracia participativa en Colombia.

Brayan. Lo importante es lograr una metodología donde se puedan recoger todas las discusiones, que se logre la participación en todos los procesos. Debemos crear mesas de unidad estudiantil por facultad, por localidad, por regiones, por universidades, por instituciones, que todos y todas podamos hablar y ser tenidos en cuenta. Pero la discusión no puede estar sólo en los estudiantes, profesores y demás estamentos universitarios: la ley debe surgir de un diálogo con todos los colombianos sobre qué modelo de educación queremos todos y todas, y cuál ley debe contener ese modelo. El reto del año 2012 es hacer una ley con todos y todas.
Viernes, 20 Enero 2012 18:36

Introducción a la teoria de conjuntos

Hacer un rastreo meticuloso de las diversas organizaciones y grupos que se mueven en el universo estudiantil colombiano es una labor ardua y tal vez interminable. Las diferentes congregaciones y colectivos no están ahí para siempre, y se recomponen cada noche y se transforman cada día. desde abajo entrevistó a cuatro de estas expresiones organizativas que hoy se manifiestan dentro del estudiantado colombiano. Se trata de la FEU (Federación de Estudiantes Universitarios) e Identidad Estudiantil, las dos organizaciones que más se fortalecieron durante este proceso de 2011, y al Sindicato de Estudiantes de Colombia y la Red de Estudiantes Universitarios Independientes, como las algunas de las expresiones más nuevas del movimiento estudiantil(1).

La OCE (Organización Colombiana de Estudiantes), vinculada con el Moir (Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario), también se robusteció en forma ostensible en el medio universitario. Por el contrario, la ACEU (Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios), ligada con la JUCO (Juventud Comunista), no contó para nada en estas jornadas. Los grupos trotskistas, tan destacados en el movimiento universitario de 1971, pasaron inadvertidos en los acontecimientos del año pasado. Otro tanto ocurrión con los diversos maoísmos, que hace escasos 10 años eran la corriente más sólida dentro del estudiantado (Guardias Rojos, Brigadas Internacionales, Partido Comunista-Maoísta, etcétera), hoy muy disminuidos, no se dejaron ver en esta nueva insurgencia juvenil. Los colectivos anarquistas no consiguieron consolidarse en la Unión Libertaria Estudiantil, que solo agrupó a un sector de la militancia anarquista. Por el contrario, Identidad Estudiantil contó con más suerte, y allegó a varias redes y coordinaciones del movimiento juvenil libertario.


Red de Estudiantes Universitarios Independientes (Reui)



da.: ¿Qué es la Red de Estudiantes Univer-sitarios Independientes?
Reui.: La Red es un esfuerzo de coordinación estudiantil que se desarrolló a partir de la coyuntura de la reforma a la Ley 30 y se da en algunas universidades públicas del país. Quienes formamos parte de la Red somos estudiantes y procesos organizativos regionales que no nos encontramos vinculados con ninguna de las formaciones estudiantiles nacionales (FEU, ACEU, OCE, etcétera). A su vez, la Red forma parte de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane). Somos uno de los actores que trabajan en el impulso de la movilización, y la construcción política y programática del movimiento.

da.: ¿Para qué crear una organización estudiantil más?
Reui.: Porque tenemos diferencias con los otros sectores (FEU, ACEU, OCE…) y consideramos que el escenario Bogotá, como ciudad capital, ha centralizado a la Mane. Es fundamental que las regiones no perciban que desde Bogotá se dan la directrices sino que la Mane central hace eco de las voces regionales y desarrolla las propuestas de las bases. La Mane, como entidad coordinadora nacional, no debe dar órdenes desde arriba (cosa que ha ocurrido en el pasado en todos los procesos sociales en Colombia) sino que debe expresar la voz del estudiante de a pie. No es lo mismo que se realicen reuniones regionales, o en las facultades y universidades, y de allí salgan los mandatos, es decir, que las bases orienten a la dirección (el mandar obedeciendo), a que la dirección de la Mane desde Bogotá les dé órdenes a las bases. Sin embargo, debemos reconocer que las regiones han trabajado en descentralizar los debates, la comunicación ha sido permanente y se ha trabajado en lograr una mayor descentralización. Una segunda diferencia está en el hecho que nosotros no creemos que existan dos momentos, uno de movilización y otro de construcción del proyecto de ley alternativa de educación. Hemos venido planteando que el paro era el escenario ideal para la construcción de una propuesta educativa del movimiento estudiantil, es decir, que el paro es un escenario espléndido para discutir un modelo educativo, y un proyecto alternativo de ley. Por tanto, no era necesario levantar el paro para pasar a la fase de construcción de propuestas. La otra parte de nuestra propuesta de Red de Estudiantes Independientes es la realización de una Constituyente Universitaria donde todas las regiones hablemos de igual a igual en una construcción colectiva, desde abajo, y desde la periferia, de esta manera el proceso le dará la voz a todo el país.

da.: ¿Cuál pudiera ser la metodología para construir un proyecto alternativo de ley?
Reui.:En la Universidad del Tolima se ha vivido una tras otra, una serie de crisis en los últimos cuatro o cinco años. Crisis ética, administrativa, económica, académica, en fin, y es allí donde los estudiantes hemos decidido por consenso, en una asamblea multiestamentaria, la realización de una Constituyente Universitaria. Se desarrolla así una discusión sobre los ejes temáticos que debe tener tal constituyente, sobre el tipo de universidad que queremos y sobre cómo llegamos a ese tipo de universidad. También hemos definido los actores que pueden participar en la Constituyente. En un principio, éstos deben ser todos aquellos que tienen que ver en forma directa con la universidad. Nos referimos a estudiantes, padres, profesores, trabajadores, egresados, pensionados y otros. En un segundo momento, aspiramos a vincular a sectores populares como indígenas, afros, trabajadores, desempleados, transportadores, habitantes de los barrios y las veredas, etcétera. Creemos que este es un mecanismo adecuado para recuperar la Universidad del Tolima, y esperamos que esta experiencia sea recogida por la Mane en la construcción de una nueva ley de educación que integre a personas cuyas ideas y opiniones nunca han sido tenidas en cuenta y siempre se les ha excluido de la posibilidad de mandatar sobre la educación del país.

Consideramos que la Constituyente es un proceso. No es una sola asamblea sino un proceso que esperamos que se construya desde los salones, desde las universidades, desde las regiones, desde los barrios, desde las calles. Un proceso en que se puedan reunir quienes consideren que tienen algo que decir sobre la educación en Colombia. De esta manera, cada uno aportará los elementos que debiera contener un nuevo modelo educativo. Es fundamental que se les dé la voz a los escenarios regionales y que se tengan en cuenta los documentos que ya se han venido trabajando en las universidades.

Al final, veremos un gran escenario nacional al cual llegarán todos los que tengan que ver con la educación, además de todos los sectores populares que se sientan interesados en aportar a este tema, para así definir el modelo y la ley que corresponde a ese tipo de educación. Luego se convocaría a la nación para que refrende esa ley. Es decir, que ésta se convierta en un mandato popular.ν


Sindicato de Estudiantes de Colombia (SEC)



da.: ¿Cuál es el origen del Sindicato de Estudiantes de Colombia?
Sec.: El Sindicato nace el 12 de octubre de 2010. Somos un grupo de estudiantes que veníamos de hacer trabajo de base al interior del Sena, una labor juiciosa y constante de varios años. El Sindicato de Estudiantes de Colombia es un escenario que nos ha permitido integrar lo obrero y lo estudiantil, en razón de que el trabajo del Sena así lo permite (esta institución articula el proceso estudiantil y el medio laboral). Sin embargo, no somos solo Sena. Hoy en día tenemos organización en universidades, empresas, instituciones técnicas y colegios, en un trabajo amplio en que podemos abarcar temas como el primer empleo, la formación profesional, la desregularización laboral, el contrato de aprendizaje, el desempleo, la seguridad social. Eso nos permite considerarnos como un escenario amplio de carácter obrero-estudiantil dentro de una misma organización. Nuestro origen es la necesidad de encontrar puntos de acción entre el movimiento obrero y el estudiantil que en apariencia tienen problemas diversos pero que de fondo son similares.

da.: ¿Para qué crear una nueva organización estudiantil cuando ya existen muchas organizaciones gremiales?
Sec.: Son dos nuestras razones. La primera, que el sindicato no obedece a la estructura política de un partido, es decir, el sindicato no es la correa de transmisión de una organización política (caso ACEU, como expresión estudiantil de la Juco o la OCE del Moir). El Sindicato es una organización que nace desde los estudiantes independientes, estudiantes que no nos sentíamos representados en las organizaciones estudiantiles que expresan a tal o cual proyecto político.

En segundo lugar, porque la organización estudiantil tiene muchos procesos, pero casi todos centrados en lo universitario. Pensamos que hacía falta una colectividad que articulara secundaria, instituciones técnicas, Sena, y lo universitario público y lo privado. Nacemos con la idea de integrar el discurso de lo educativo como algo transversal, la educación, su calidad, su cobertura, la inversión pública en educación, etcétera, como un debate dentro de la sociedad colombiana. Estimamos que el nombre de “sindicato” nos permite reivindicar nuestro carácter de clase y unir lo estudiantil con la lucha de los trabajadores. Por tanto, somos una organización no sólo estudiantil sino también de trabajadores en formación.

da.: ¿Además de estas particularidades, cuál sería su proyecto de trabajo?
Sec.: Tenemos una plataforma que tiene dos grandes escenarios: el primero, el de reivindicar formas alternativas de ver tanto el trabajo como la educación en el país, y así trabajar propuestas que les permitan a trabajadores y estudiantes ser sujetos decisivos en las definiciones que se toman sobre estos temas; el segundo, la posibilidad de integrar las diferentes luchas sociales, procesos que vayan más allá de lo estudiantil. El problema del país no es sólo la Ley 30, la Ley 100 o la Ley del primer empleo. El problema de fondo es el sistema económico y político que hoy tiene el país.

da.: ¿En el curso del movimiento estudiantil contra la reforma a la Ley 30, qué le aportó el Sindicato al proceso?
Sec.: El hecho de no pertenecer a ninguna de las organizaciones tradicionales de la izquierda nos permite darle una visión heterodoxa al proceso, pues se han dado debates que van más allá de lo gremial, aportando así elementos que superan los fríos cálculos de grupo político que busca créditos electorales o de aparato. También, trascender lo universitario, que la sociedad colombiana no percibiera que los universitarios éramos los únicos que luchan por una educación pública, gratuita y de calidad sino que esta lucha vinculara, por un lado debates como el empleo y la salud, y por otro lado al conjunto de la nación colombiana.


Federación de Estudiantes Universitarios (FEU)*



La Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia (FEU) nace en 2005 como una organización político-gremial orientada a recoger todas las experiencias del movimiento universitario y estudiantil: grupos de trabajo, colectivos de trabajo, grupos de estudio, grupos de investigación, grupos culturales, pero también con la intención de acercar a las diversas expresiones de lo juvenil en Colombia. Aquí encontramos los colectivos juveniles que trabajan temas como el rechazo a la tauromaquia, las reivindicaciones de género, lo cultural, lo ambiental, el arte, y todas las nuevas expresiones y manifestaciones de los jóvenes. Entonces construimos un proceso federado, proceso que hoy aglutina lo universitario público (estamos en todas las universidades públicas del país) y tenemos presencia en las universidades privadas, centro técnicos y secundaria.

Apenas surge la FEU, ésta es víctima de una campaña de estigmatización y señalamiento emprendida por el gobierno de Álvaro Uribe. La totalidad de la dirección es amenazada y muchos de sus miembros se ven obligados a exiliarse por temor a ser asesinados, como ocurrió con el compañero Martín Hernández en Medellín. Nos encontramos con que al mismo tiempo que hacíamos un trabajo muy bello, muy creativo, amplio, vinculando todas las expresiones culturales, científicas y organizativas del movimiento estudiantil, éramos perseguidos y señalados, vinculándonos con la insurgencia. Recordemos que este es un período de gran violencia contra el movimiento estudiantil, en que son asesinados Óscar Salas, Johnny Silva, Nicolás Neira y otros compañeros.

Realizamos el Segundo Congreso en Bogotá en 2008 con la consigna “Construyendo caminos de unidad”, buscando una mayor convergencia estudiantil. A partir de este momento se da una segunda fase de la represión contra la FEU. La Directora del DAS (hoy prófuga en Panamá) nos acusa de tener nexos con la insurgencia, y crecen las amenazas del paramilitarismo. A pesar de esto, la Federación llega a nuevas regiones y departamentos. El Tercer Congreso se desarrolló en Bogotá en septiembre de 2011 con la participación de 2.500 delegados de todo el país. Emitimos una declaración que recoge muchos de los elementos que se han trabajado en la Mane y decidimos impulsar el proceso de unidad de las organizaciones estudiantiles. También construimos un programa de lucha y trabajo que en gran medida se recoge en el Programa Mínimo de los Estudiantes. Nuestro interés es que se fortalezca la Mane como plataforma de lucha y que esto contribuya al fortalecimiento del movimiento social.

Creemos que el aporte que hemos hecho al movimiento estudiantil y al movimiento social en general es haber demostrado que es posible hacer movimiento social desde una resistencia radical, no desde una resistencia media, tibia, conciliadora y funcional al sistema. Una resistencia radical, a partir de la desobediencia de la gente decimos que las comunidades tienen derecho a la indignación y que esta resistencia radical puede transformar las estructuras sociales.

* Entrevista con Jairo Rivera, vocero y dirigente de la FEU.


Identidad Estudiantil




Identidad Estudiantil es un proceso que articula nacionalmente a diferentes colectividades juveniles y estudiantiles. Nacemos en 2002 en Neiva, en el curso de una asamblea que logra acercar una serie de procesos regionales que estaban dispersos hasta ese momento. La primera propuesta se orientaba a desmarcarse de las organizaciones tradicionales que existía dentro del movimiento estudiantil, y que a nuestro juicio habían utilizado y manipulado la organización gremial.

Debido a la represión estatal y paraestatal, se da un reflujo hasta 2005, año en el que realizamos una Segunda Asamblea Nacional de Identidad Estudiantil. Este encuentro se desarrolló en la ciudad de Bucaramanga. Entre 2006 y 2008, los trabajos locales toman más cuerpo y jalonan el desarrollo de Identidad Estudiantil. En 2009 se hace una nueva asamblea en la cual logramos concretar una propuesta organizativa que podemos resumir en temas como:
  • Concebir la organización gremial como incluyente y plural, que permita recoger la diversidad existente en el estudiantado.
  • Considerar una organización estudiantil autónoma, lo que implica que son los estudiantes quienes definen cómo se construye y se estructura, y que sean los estudiantes los que elaboren sus principios, programas, propuestas y acciones.
  • Trabajar por una educación pública con financiación estatal y que en la dirección de la U participe la comunidad educativa. Una U que dialogue con la sociedad, y no esté mediada por la empresa privada. Muchos de estos elementos están hoy en el Programa Mínimo de los Estudiantes.
  • En lo ideológico, Identidad Estudiantil tiene una influencia fuerte del pensamiento de personas como Camilo Torres y otros pensadores latinoamericanos.
  • Desde su fundación, hemos tratado de mantener el espíritu horizontal del proceso. No tenemos una dirección ejecutiva o una presidencia sino que somos más colectivos. Dos o tres veces al año hacemos una reunión de una Coordinadora Nacional donde participan al menos dos delegados por cada proceso o localidad, y se hace un plan de trabajo. Actuamos por una organización estudiantil horizontal y nos oponemos a que se tomen decisiones a puerta cerrada, de espaldas a los estudiantes.
  • Otra diferencia con las organizaciones estudiantiles tradicionales es que no nos consideramos la única organización de estudiantes de los colombianos. Reconocemos que somos otro proceso, pero no el único o el más grande o el más representativo. Finalmente, ratificamos que le apostamos a fortalecer la Mane como un espacio nacional que integra y coordina las organizaciones estudiantiles.

Rebeldía Estudiantil Organizada (REO)



¡Por la vida, la cultura y la libertad, vamos [email protected], compas, a estudiar y luchar por la liberación nacional!

Un pueblo sin historia es un pueblo sin futuro. Y esto es también válido para el aguerrido Movimiento Estudiantil y las organizaciones que en su seno nacimos y crecemos. Así que nos presentamos: somos Rebeldía Estudiantil Organizada, una formación política de estudiantes de Derecho, humanidades, ingenierías, ciencias y secundaria, estudiantes como tú o como yo, con una gran historia que contar.

Falso de toda falsedad es que la historia de las organizaciones empieza de repente; que nacemos por capricho y que nacemos sin otra gran historia detrás. Nadie es hijo de la nada, y eso también es aplicable a nosotros, a nosotras. Además, las organizaciones, como expresiones organizadas del estudiantado que somos, nos entrelazamos estrechamente con la historia del movimiento estudiantil y hacemos parte de ella.

Pues, bueno, les contamos que nuestra historia se remonta a más de 30 años atrás, a finales de los años 70, esos años subsiguientes a la desaparición de la histórica Federación Universitaria Nacional (FUN) de los 60 –y resonancia de otros procesos, muchos años antes–, cuando las banderas de ¡A estudiar y luchar! empezaban a mostrarse como factores de agitación y concientización en las universidades. En aquellos años, el Movimiento Estudiantil reflexionaba profundamente sobre cómo dejar de ser un bafle de resonancia de los conflictos sociales colombianos, para pasar a constituirse como uno nuevo, desde el sector estudiantil y de la mano del pueblo. Así que somos también producto de esa gran discusión en la que se debatía intensamente acerca del papel del Movimiento Estudiantil y de cada uno de nosotros, de cada una de nosotras, como estudiantes, en el proceso de transformación social.

Por todo ello, afirmamos que, como expresión política, somos resultado de una corriente de reagrupación y reconstrucción. De reagrupación, como expresión organizada permanente, como experiencia de vivencia colectiva, como escuela de formación que ha buscado desde sus comienzos ser centro de agrupación política de estudiantes que entienden la necesidad de ir mas allá de la lucha reivindicativa del Movimiento Estudiantil, que buscan traspasar los muros de las universidades y colegios para fundirse con el pueblo. De reconstrucción, porque nos consideramos hijos e hijas de una doble tendencia a la unidad y la rectificación; a la unidad, porque desde nuestros comienzos hemos entendido la necesidad de constituir una gran organización política que recoja la línea política a la que nos adscribimos; y de rectificación, como expresión no sólo de una concepción particular hacia el trabajo estudiantil sino también como foco de preocupación por la Colombia que buscamos. ¿Y cómo conseguir estos propósitos? Rompiendo con viejas fórmulas y corazas que solían presentarse como camisa de fuerza de la revolución en Colombia.

Nuestra historia y nuestra línea política, como expresión organizativa, se adscriben firmemente a la tendencia guevarista en el país, que recoge creativamente las experiencias, vivencias y enseñanzas del Che Combatiente, síntesis del marxismo latinoamericano, y las funde con las banderas y las luchas de José Antonio Galán y Camilo Torres Restrepo en Colombia. Esta adscripción implica, además, que luchamos por un proyecto político específico: la Liberación Nacional y la construcción del Socialismo en Colombia.

Como quintaesencia de esta línea política y de esta tendencia guevarista, levantamos como consigna central ¡A estudiar y luchar por la liberación nacional! Buscamos tener claridad acerca del proyecto político al que con amor y dedicación le entregamos sonrisas y suspiros, pero, además, convencidos de que ser estudiante y ser revolucionario no es excluyente sino todo lo contrario, convergente; convencidos de que estudiar y luchar son más que unos verbos que expresan acciones determinadas que necesariamente se desarrollan en lugares y momentos diferentes, entrelazándose, encontrándose y complementándose.

Para nosotros, para nosotras, como estudiantes, tales asuntos tienen un momento y un lugar concretos: aquí y ahora, en el aula y en la calle. Buscamos recoger esa voz a veces silenciosa, tímida o airada del estudiante ‘corriente’, descubriendo nuevos canales, mejores rumbos, más amplios horizontes; procurando, en fin, soluciones alternativas y concretas para reivindicar lo nuestro, lo que nos corresponde y pertenece como estudiantes; para reencontrar nuestra lucha con el torrente obrero y popular que en campos y ciudades, poco a poco, inunda a la patria de un futuro soberano y digno.

Entonces, ¿qué hacemos los muchachos y las muchachas de Rebeldía Estudiantil Organizada? Pues, como veníamos contándoles, somos estudiantes que viven y sienten que la escuela, tal como existe, no corresponde al país que queremos; no responde a las necesidades del pueblo pobre y la clase trabajadora, a las necesidades de aquellos y aquellas que todo lo hacen y nada tienen. Decidimos organizarnos como fuerza colectiva que busca proponerle algo al estudiantado, y asimismo a nuestro pueblo luchador y rebelde: sí es posible cambiar el mundo; sí es posible la lucha organizada por aquel país de nuestros sueños; sí es posible que, como estudiantes, nos acojamos al pensamiento del Che Combatiente cuando invitaba al pueblo a romper las barreras que lo separan de la Universidad, haciéndola suya, del tamaño de sus necesidades y esperanzas.

¿Qué es, entonces, lo que queremos decirles? Pues, precisamente que, como organización, como estudiantes rebeldes organizados, somos un centro de agrupación, un espacio colectivo en el que buscamos hacer realidad todo esto; que somos el espacio en el que, como un liberador grito atronador de batalla, debe resonar el ¡A estudiar y luchar! Y lo fundimos como una sola cosa, como un cuerpo organizado de rebeldes militantes que construyen compromisos y aportes a la transformación radical de la sociedad, un objetivo que incluso debe sobrevivir a nuestro tránsito estudiantil y prolongarse en los lugares sociales que señalen, que muestren nuevos roles.
Hördur Torfason (Reikiavik, 1945) es un actor profesional islandés que un sábado de octubre de 2008, al estallar la brutal crisis financiera en su país, se plantó frente al Parlamento y empezó a plantear a los transeúntes que tenían que tomar cartas en el asunto. La presión popular ha logrado que banqueros y políticos rindan cuentas. Para muchos indignados, Islandia y los islandeses (que son 320.000, equivalente a los vecinos de Valladolid) son el modelo.
 
Pregunta. ¿Qué le trae por España?
 
Respuesta. Vine porque me pidieron que viniera, la gente me ha invitado. Vengo a título personal porque me interesa lo que está pasando, aprender, compartir.
 
P. Usted, sus compatriotas, son el ejemplo para muchos manifestantes. ¿Qué les ha convertido en unos héroes para el Movimiento 15-M?
 
R. Que reaccionamos inmediatamente, en octubre 2008. Yo promoví manifestaciones del 11 de octubre de 2008 al 14 de marzo de 2009. Fue un éxito. Planteamos tres exigencias. Las elaboré a base de hablar con la gente. Les pregunté ¿Qué queréis hacer? El resultado fue: el Gobierno islandés, el consejo de administración del banco nacional y el consejo de administración de la autoridad supervisora monetaria deben dimitir. Mantuve las manifestaciones durante cinco meses hasta que estas demandas se cumplieron.
 
P. Ha estado ya en Barcelona, Córdoba y Palma, ¿qué impresión tiene del movimiento de protesta, de los indignados?
 
R. Estoy alucinado de lo organizados que están, de lo claras que tienen las ideas, de cómo debaten… En Islandia caminé por aquí y por allá preguntando a la gente. Me llevó tres o cuatro semanas que calara el mensaje. Aquí tenéis 46 millones de personas y os llevará tiempo.
 
P. ¿Qué les recomendaría a los indignados, qué pasos les aconseja?
 
R. Ellos mismo los descubrirán. Son listos. Lo que les diría es: Resistencia. Seguid, no os rindáis y entremedias descansad, id a dormir a casa. Es muy necesario. La gente que he conocido sabe lo que hace. Yo no traigo soluciones, traigo experiencia.
 
P. ¿Cómo se le ocurrió hacer un saludo en vídeo para los manifestantes españoles justo después del 15-M y colgarlo en Internet?
 
R. Unos españoles que viven en Islandia vinieron y me lo propusieron. Me pidieron que les enseñara dónde empezó todo. Yo no lo he visto. Odio verme. Pero mi marido me ha dicho que quedó muy bien.
 
P. Regresemos a Islandia, ¿cómo va el juicio al ex primer ministro?
 
R. Él ha enseñado su poder, su riqueza, con un alarde de propaganda quejándose, diciendo que es inocente, cosa que tiene derecho a hacer. Tenemos que esperar a que hable el tribunal. Pero lo que más les interesa a los islandeses es que elegimos a 25 personas para elaborar una nueva Constitución. Y eso es lo que están haciendo, les seguimos por Internet, les escribimos, hacemos sugerencias y ellos nos responden.
 
P. ¿Cómo fueron elegidos?
 
R. Cualquiera podía presentarse voluntario. Hubo unos 500 y elegimos a 25 en una votación muy dura. Pero nos las arreglamos y ya están trabajando. Estamos muy ilusionados.
 
P. ¿Hay algún político entre ellos?
 
R. Hay gente de todos los ámbitos sociales. ¿Político profesional? No recuerdo que haya ninguno, probablemente lo hay, cosa que está bien.
 
P. ¿Acabará el ex primer ministro entre rejas?
 
R. Eso espero.
 
P. Usted no está contra el sistema ¿verdad?
 
R. No. Los seres humanos necesitamos un sistema. El asunto es cómo prosperamos. Y ahora vemos cómo los políticos nos han engañado y ése es el problema mundial.
 
P. ¿Cómo de importante es Internet para estos movimientos de protesta?
 
R. En los ochenta, hubiera quedado en una protesta local. Cuando empecé estas protestas, unas de las primeras cosas, algo vital, fue dar con gente joven que se encargara de la parte de Internet.
 
P. En su mensaje a los manifestantes les advierte de que no usen la violencia porque entonces el Gobierno recurrirá a la fuerza…
 
R. Y entonces se enreda y acaba en guerra. Y a nadie sensato le interesa hoy la guerra. Debemos ser pacíficos, lógicos y razonables con los políticos. Lo que hicimos en Islandia fue reunirnos, me reuní con muchos políticos, con ministros, con el presidente, para debatir la situación, les escribimos cartas, tuvimos contactos con ellos. No creo que nadie con quien yo he hablado en España esté interesado en la guerra o en violencia. Por mi experiencia, cuando la policía llega es porque los políticos tienen miedo. Somos gentes luchando pacíficamente contra la corrupción y ellos lo saben.
 
P. ¿Ha visto las imágenes del Parlamento catalán rodeado de indignados y los parlamentarios llegando en helicóptero?
 
R. No las he visto. Sé lo que pasó en Islandia. Allí la gente, los manifestantes, caminábamos con algo naranja, para decir: yo apoyo la no violencia, la gente protegió a la policía. Siempre hay gente que quiere destruir estos movimientos incluso los puede mandar la policía. Hay que tener cuidado.
 
P. ¿Usted vota?
 
R. ¡Cada vez que tengo la ocasión!

Naiara Galarraga Madrid 22 JUN 2011 - 20:40 CET
Publicado enInternacional
Domingo, 29 Agosto 2010 07:11

Amor virtual

Llegó en el momento justo. Después del derrumbe, después de la tragedia, después del terremoto que despertó a Chile del sueño de la Concertación. Todo un país posa sus ojos solitarios sobre el pozo con 33 mineros atrapados.

El comienzo de la historia ya lo sabemos de memoria. Treinta y tres mineros chilenos se internan en las entrañas del monstruo que acaba de sacudir al país. Quieren llevarse oro y cobre. Pero no para ellos. Trabajan para unos empresarios truchos y abandónicos que les pagan un sueldo decente, pero no los cuidan ni los protegen, y a la primera de cambio se mandan a mudar. Quedan atrapados a 600 metros bajo una roca gigantesca. Diecinueve días después aparecen todos vivos y sanos, cuando algunos ya los daban por muertos. Son simpáticos. Están tranquilos. Hablan con palabras sencillas, destilando una sabiduría ancestral. Chile se enamora de ellos en un santiamén.

El amor es amor verdadero cuando es correspondido. Aunque sea a través de cartas, mensajes, audio o imágenes de video. Los mineros gritan “Chi-chi-chi-le-le-le”, cantan el himno, cuelgan banderas de su país. Los mineros aman a Chile tanto como Chile ama a los mineros. Hay euforia. Acaban de enterarse de que van a sobrevivir. Un minero le propone matrimonio a la novia. Otro le escribe al padre perdido diciéndole que lo quiere ver. Ponen cosas hermosas. Poco a poco los personajes se van mostrando.

Está Luis, el líder del grupo. El más admirado pero no por eso el más amado. Luis era el jefe de turno cuando ocurrió el derrumbe. Fue el que racionó la comida: día por medio, medio vaso de leche y dos cucharadas de atún. “Desde chico fue mandón y ordenado”, cuenta la madre. Uno lo imagina pegando un par de gritos en la primera arenga, después de constatar que todos están bien.

Está Mario, el caradura. La prensa de Chile prefiere decirle “carismático”. Fue el que agarró la camarita que les bajaron y se paseó por el refugio, mostrando los distintos rincones mientras los describía deslizando algunos chistes, para terminar con una serie de entrevistas a los compañeros. Está Franklin, el futbolista. Tuvo una carrera para el olvido, pero cumplió su sueño de jugar en la selección. Suya es la camioneta que alumbra el pozo. Marcelo Bielsa ya le mandó a la familia una camiseta de la roja firmada por todos los jugadores.

Está José, el líder espiritual, el que armó el círculo de oración. “Saludo al pueblo de Dios, que clama por nosotros. Que Dios los siga bendiciendo y fortaleciendo”, escribió en su primer contacto con el afuera. Está Víctor, el escritor, que ya está escribiendo el best-seller con todo lo que ocurrió día a día. Está Carlos, el único extranjero, que se come algunas cargaditas de los compañeros, pero igual se animó a saludar “a todo el pueblo de Bolivia que me está siguiendo”.

Se sabe que hay dos enfermeros recibidos, todavía no se conocen sus nombres, pero uno solo asumió el control de la salud del grupo. O sea, están el enfermero líder y el enfermero tranqui. Está el enfermo, tiene diabetes. Está el emotivo que llora cuando le habla a la cámara y está el sucio que no se quiere bañar. Ya iremos conociendo sus nombres, y también a los demás.

Están en carne viva. Dicen que la familia minera está unida y, sobre todo, que Chile es un gran país. Romance, drama, aventura. Política, economía, deporte y espectáculos. Picos de rating, tapas agotadas, chismes, transmisión en vivo 24 horas: Los mineros le dan de comer a todo el universo mediático chileno, y encima les sobra material para seducir a la prensa internacional.

Ahora se puede decir. Antes no, porque pintaba para catástrofe. Pero ahora se sabe que están bien y confiados, que son hombres de montaña acostumbrados a estos trances. Se sabe que van a salir. Ahora sólo queda disfrutar del show.

El jueves pasado les bajaron una camarita equipada con la última tecnología, “Full HD”, jadeó La Nación. Dicen que sirve para filmar los ojos irritados de los mineros, pero ya se sabe que sirve para mucho más. El viernes aparecieron las primeras imágenes, 45 minutos de video. Impresionante. Demasiado, casi. El presidente chileno Sebastián Piñera sabrá dosificarlas, porque también es hombre de medios; hasta hace unos días era el dueño de Chilevisión.

“Mineros” es la mezcla perfecta de Survivor con Gran Hermano, pero mejor, porque el formato es irresistiblemente familiar. Chile es un país minero. Entonces algunas cosas ni hace falta explicarlas. Por ejemplo, que existen tres clases de mineros en Chile. Están los que trabajan para Codelco, la gigantesca minera estatal. Son los que ganan más, los que tienen mejor pensión y mejores condiciones de seguridad. Después están los mineros de empresas privadas, como los treinta y tres. Trabajan para pymes de minería, muchas de ellas en manos de especuladores y buscavidas. Meten una inversión de dos, tres, diez millones de dólares, que apenas alcanza para comprar un par de máquinas y pagar los sueldos, y se juegan a todo o nada. Cuando pasa un accidente, no lo pueden bancar.

Todo eso salió a la luz con el derrumbe. La semana pasada el gobierno cerró 1500 emprendimientos mineros privados por falta de seguridad. Los dueños de la mina colapsada, los de la empresa San José, son los más malos de los malos. Se pasean por tribunales y las tapas de los diarios y todo Chile espera que terminen en la cárcel. (El otro villano es el director del ente regulador de minería, que permitió la reapertura de la mina colapsada, pese a las pobres condiciones de seguridad. Piñera ya lo destituyó.)

Después, en el fondo de la cadena minera, están los llamados “pirqueros”. Son los mineros pobres que se meten por cuenta propia en minas abandonadas, afrontando grandes riesgos, para raspar los restos cuando ya no queda casi nada.

Cuando ocurrió el derrumbe fueron los pirqueros quienes se ofrecieron a internarse en la mina para rescatar a los treinta y tres a fuerza de pico y pala. La oferta de los pirqueros conmovió a la audiencia, sobre todo porque llegó cuando la tecnología aún no daba resultados. Pero la oferta fue rechazada, lo cual generó un duro debate y un aluvión de críticas al plan del gobierno.

Laurence Goldborne, el ministro de Minería chileno, es el Tinelli de este espectáculo. Como Marcelo, hace de cuenta que se hizo famoso por casualidad. Era un ejecutivo de una cadena de supermercados, sin experiencia en minería, cuando Piñera lo convocó para ocupar la cartera por su pasado gerencial. Al principio no daba pie con bola. Al día siguiente del derrumbe, cuando una piedra gigantesca tapó la chimenea, se mostró apesadumbrado ante las cámaras, casi dando a los mineros por muertos. El abucheo fue unánime. Un pueblo minero sabe que los derrumbes existen y que a veces los rescates tardan varios días.

Pero poco a poco Golborne le fue tomando la mano al trabajo. Goldborne se quedó a vivir en el llamado campamento Esperanza con las familias de los mineros durante más de dos semanas, hasta que fue reemplazado el otro día y por el momento por el ministro de Salud. Como buen conductor, Goldborne manejaba todo, desde las conferencias de prensa hasta el reparto de sánguches. Twittea en la madrugada mensajes como “rescate x chimenea era asunto de horas, sondaje es de días. ¿Simultáneo? Alto riesgo al perturbar cerro con 40 rescatistas adentro”.

Designó a un ingeniero de Codelco para diseñar el rescate, se trajo una supermáquina de Codelco para perforar el agujero. Hoy en Chile, aun con gobierno de derecha, nadie habla de privatizar Codelco. Ni de la falta de competitividad del sector estatal.

Golborne hizo algo más. Puso al gerente de sustentabilidad de Codelco, Jorge Sanhueza, en el rol de Gran Hermano. Sanhueza administra todo el contacto con los mineros. Es el que decide lo que sube y lo que baja. El que pone las reglas. Sanhueza y su equipo de médicos, psicólogos y expertos en supervivencia. Mandan los juegos, los naipes, las minibiblias. Marcan precisas rutinas de ejercicio, coro, teatro, técnicas de relajación. Los mineros piden vino y cerveza, Gran hermano les manda sopa deshidratada. Pero no habrá desánimo. En la mina la voz anónima se escucha firme, decidida. “Les prometo que para festejar el Bicentenario les bajamos unas empanadas de pino.” Esto es, el rescate va para largo, por lo menos un mes. Pero es también, vamos a festejar el bicentenario con empanadas de pino, las clásicas empanadas de pino infaltables para las fechas patrias, compartiendo la mesa con todos los chilenos. Además prometieron ponerles un cine. Toda la tecnología de la NASA al servicio de sus juguetes.

Piñera hace de invitado especial. No se mete en el pozo, pero casi. Y juega con sobria solemnidad el destacado papel de anunciarles a los mineros que serían rescatados antes de Navidad. Luis lo llama señor presidente, pero le habla como si le estuviera hablando a su hermano. “Señor presidente, estamos esperando que todo Chile haga fuerza para que nos puedan sacar de este infierno”, le informó al mandatario. “Nosotros necesitamos que tengan fuerza y nos rescaten los antes posible y que no nos abandonen”, lo alentó.

En medio de los saludos y la emoción, Piñera aprovechó para bajar línea. “No vamos a hacer nada que comprometa su vida”, le dijo a Luis. “Ustedes no van a estar solos ni han estado solos un solo momento: el Gobierno está con ustedes. Está todo el país con ustedes y quiero que estén tranquilos porque sus familias van a estar acompañadas y apoyadas.”

Los mineros captaron rápido el mensaje. Piden fumar. Saben que aire no es lo que sobra, pero se declaran adictos a la nicotina. Ya la juegan de taquito. Gran hermano les manda parches de nicotina. Todo queda registrado en High Definition para ser editado por el ex dueño de Chilevisión. Coraje, planeamiento y tecnología marca Chile al servicio de la supervivencia.

¡Y lo que está por venir! ¿Mostrarán las peleas? ¿Habrá romances o rupturas a distancia? ¿Qué sorpresa recibirán el día de su cumpleaños?

El final ya fue anunciado: subirán de a uno en una jaula por un túnel de poco más de medio metro que la máquina de Codelco ya está perforando en este mismo momento. Lo que no se sabe es quién hará las nominaciones. ¿Decide Luis? ¿Decide Sanhueza? ¿Decide el médico? ¿Sorteo? ¿Teléfono?

Visto desde el Facebook, el YouTube o el MSN puede hasta parecer gracioso. Pero se sufre, y mucho. Por las familias que siempre acompañan pero sobre todo por ellos. Están en peligro. La tierra tiembla. Y ellos no eligieron estar ahí, así.

Hay que tener ganas de limpiarse el polvo de los ojos y decir “vamos a salir adelante”. Ahogados, sofocados, diecisiete días sin noticias del mundo, en estado de inanición. Hay que mirarse, repasar cada instante de la vida y agarrarse de lo que sea, porque del pozo más profundo se puede salir. Las cartas de los mineros a los familiares revelan mucha angustia. Los mineros piden casi a gritos que no los abandonen.

Queda para el final la última prueba de valor. Cuando vuelvan a la superficie y se vean las caras a la luz del sol, ¿qué habrán aprendido de la experiencia? Y mientras sigan prendidas las cámaras y se escuchen los aplausos, ¿se animarán a tomarse en serio? Y cuando vuelvan a la montaña, ¿volverán convertidos en políticos, escritores o meros personajes mediáticos?

Amar es fácil por Internet.

Por Santiago O’Donnell

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Tuércele el cuello al cisne
de engañoso plumaje…

Enrique González Martínez, acerca de Rubén Darío

Con inmensos costos para la imagen y la identidad de la izquierda colombiana y lejos de la esperanza que el Polo significó en 2002, con su ahora alcalde bandera sancionado por incompetencia e investigado por omisión, no estamos ante un grito de ¡playa! ¡playa! En medio de la vasta corrupción unista que sin reelección de Uribe trata de imponer la impunidad, del pasmo por una cascada de denuncias que dejan el sabor de que la mafia se tomó la estructura estatal misma, con la diligencia de la Procuraduría frente al Alcalde de Bogotá –la misma Procuraduría que dio visto bueno al referendo para reelegir a uribe–; no es el interés público en posición de puntero el que se puso la camiseta amarilla.

¿También la izquierda es y seguirá siendo clientelista, marrullera y deshonesta? Es un interrogante que está en el aire y en la conciencia de muchas comunidades honradas.

En la capital nada menos, para la izquierda y la nación es un factor más que hace palpable la ausencia urbana y rural, y la crisis de un “liderazgo legítimo”, y de protagonismo popular que otorga toda la ventaja al acomodo y la sucesión oligárquica que intenta el actual gobierno en una contradicción por relegitimación del régimen –tras la acción delectiva de Uribe durante ocho años–, que unos buscan (élite capitalina) y otros consideran innecesaria (uribismo).

Para ambos, despojar al Polo de su ‘capital’ es un paso más, importante, en la política contrainsurgente. Una política que a 2014 espera que toda organización política y social rechace la independencia social, la movilización y la resistencia, y admita sólo la discusión de pliegos –sin huelgas– y el vaivén electoral. Mucho está em iuego. Todo el entramado alrededor de la suspensión y la terna o cedazo permite ver la realidad del país, de Bogotá, del Polo, el juego del poder y la distancia, y el refundido lugar en que está la “paz justa”.

Sin un cambio en el curso de la historia nacional, con el Polo fuera de posibilidad para conservar en octubre próximo la Alcaldía de Bogotá y su efecto en el resto del país; sin una alternativa visible, democrática, participativa, los recursos y las formas tradicionales de la politiquería que sirven como telón de fondo del actual round de la disputa interburguesa interna Santos-Uribe –que necesita agarrar todos los espacios de gobierno– están al descubierto. Desde ahora, aunque temprano, los diferentes factores político-económicos del poder buscan mejorar su posición para la elección de 2014.

Sobre el mantel está que Bogotá será para la “aristocracia de Bogotá” y sus jugosos proyectos y pactos multinacionales. Ahora, para nadie más.

El poder. Como un relámpago que dejó en la opinión pública el sabor de que la decisión de la Procuraduría tenía el visto bueno de la Casa de Nariño, el presidente Santos encargó a la ministra de Educación, María Fernanda Campo, otrora y por 10 años presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá, el gremio que representa a los mayores emporios con asiento en la ciudad.

El Polo. Con rutina, sin un método de emergencia y de ocasión para señalar la corrupción de la alta esfera oficial, en tono suave, de aparato electoral, sin un novedoso relacionamiento social que abone medida tras medida, día tras día una vocación de gobierno y poder, a cambio; y, como si pasara poco, con una ‘confianza’ en las instituciones y los procedimientos oficiales –legalistas–, el comité ejecutivo del PDA declaró confianza en “que el señor Presidente al designar el reemplazo del Alcalde Mayor, actúe conforme” a las normas: “debe recaer en una persona del mismo partido”. Y para el efecto, sin sensibilidad ante el desafío moral y de opinión, y sin romper con métodos, designó la terna reglamentaria como cualquier partido en cualquiera de las situaciones. Sin arriesgar frente a la opinión y los electores un balance de la situación ni la formulación de un quehacer para el reemplazo de tres meses que en definitiva irá hasta octubre-enero. ¡Sólo candidatos!

Sin decir palabra sobre cómo Samuel Moreno definió pactos y gobierrno. Sin discutir las forma de comprometer a los elegidos en el cumplimiento de un programa, y la sujeción a las tareas y los ideales del partido. Porque es necesario recordar que tanto Garzón como Moreno actuaron en la alcaldía como ‘jefes políticos’, ‘personalidades’, ruedas sueltas. ¿Cómo hacer política sin depender en todo de los intereses de las figuras? El Polo sigue girando alrededor de ‘intereses’ y personas, la forma clásica como nos desenvolvemos políticamente desde cuando, en la Patria Boba, nos dividimos en pateadores y carracos.

Y de nuevo, para mal, tuvimos una comprobación. Bajo la inercia que enseñaron e impusieron los partidos tradicionales, el juego de las aspiraciones de los integrantes del Polo mismo también demostraron el ejercicio del canibalismo político que trasluce personalismos, vanidades individuales y figuraciones mezquinas como una característica sin superación por nuestra izquierda: sin una convicción de “gobierno y poder” a favor de la mayoría, pareciera complacerse en hacer política, ganar votos –o incrementar sus diferentes organizaciones o vanguardias–, luchando más contra quienes son afines y necesarios para una unidad popular y antioligárquica, que contra sus contradictores y causantes de la situación de nuestro pueblo.

Presidente-Vicepresidente. Con zancadas en su iniciativa, sin dejar aparecer fisuras en el estamento militar y su dispositivo de complemento paramilitar –a pesar de la ausencia de Álvaro Uribe Vélez en la Casa de Nariño–, dosificando el factor colaborador de los paramilitares-bandas criminales aún con golpes como la eliminación de Cuchillo, dando cobijo a fortunas como la de las esmeraldas; afirma su gobierno la élite con el presidente Santos y el Vicepresidente como factor para obtener una base social en un reacomodo del régimen que a cuatro, cinco, seis… años pueda prescindir de Uribe, lavarse las manos y llevarlo a la cárcel como a Pinochet, Fujimori, los generales argentinos, cuando lleguen a la conclusión de que perjudican y ya no son útiles.

Uribe. Con ruego a manos juntas por un próximo triunfo republicano en los Estados Unidos, es figura y lobbysta en el continente de la estrategia ultraderechista: aparatos de inteligencia del Estado sionista-contrarrevolución en Miami y su brazo en Panamá, y las facciones desestabilizadoras en Venezuela, Bolivia y Paraguay. El ex presidente, a la cabeza de la facción terrateniente mafiosa, puja por confirmar en las elecciones municipales y de gobernadores en octubre venidero su acción pública y ‘cubierta’ de ocho años y sus avances de poder político-paramilitar local que les permita un cogobierno y renegociación de una fórmula de gobierno para 2014. Desplazar al Polo de sus lugares de gobierno es la consigna.

Las tres dinámicas sociales. Separadas o en coordinación, el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica y la Comosoc aún no constituyen una presión o un referente que con su poder directo impidan los juegos politiqueros y las maniobras del poder. A su vez:
Las expresiones por una paz justa. En sus diferentes expresiones no conmueven el cuerpo de la sociedad.

Un esquemático retrato de la realidad que muestra cuán lejos estamos de una verdadera dinámica de cambio. Y eso es válido para quienes se han ubicado en las dos orillas, pues, salvo la búsqueda de candidatos y las acusaciones mutuas, poco se ha señalado sobre las lecciones que debemos extraer de los impases. En todo caso, los factores con dinámica social y por la “paz justa” son el mayor acumulado de un sentir social, y determinan los puntos para el esfuerzo y la acumulación por alcanzar un poder con naturaleza diferente.
Publicado enEdición 169