"No nos queda mucho tiempo", el grito de una comunidad hondureña a punto de ser sumergida por el mar

Eric Pineda sirve pescado con arroz en un modesto restaurante frente a la playa, un negocio que se enfrenta a una destrucción inminente.

El reciente aumento de la marea ya inundó el bar de al lado, del que solo quedan los escombros de color rosa. En los dos últimos años varios negocios entre el de Pineda y el Océano Pacífico han sido destruidos por el mar. "Cada año el océano se acerca más y aumenta de nivel. Creo que tenemos uno, quizá dos años, hasta que el agua nos lleve también a nosotros. No queda mucho", describe Pineda, de 24 años.

La arena dorada de las playas ayudó a transformar esta comunidad de pescadores en el Golfo de Fonseca en un prometedor destino turístico. Hoy, apenas quedan unos metros de playa y el aumento de la marea y el nivel del mar ha borrado del mapa carreteras, viviendas y negocios.

La población local estima que se pierde aproximadamente un metro de suelo al año y eso significa que la comunidad al completo estará pronto bajo el agua. El mismo destino aguarda a otras comunidades del pacífico hondureño donde tanto población como tierra desaparecen velozmente. 

Durante los últimos años, millones de personas han huido de la pobreza extrema, el colapso de las instituciones y la violencia desatada en América Central. De entre todos los factores que expulsan a la población, hay uno que ha quedado desatendido: los conflictos por los recursos naturales han aumentado por la expansión de la actividad empresarial y el cambio climático.

El nivel del mar aumenta en todo el planeta pero en esta región hay un factor más que ayuda a que aumente la degradación costera: amplias franjas de manglar costero han sido devastadas para abrir espacio a las camaroneras que se multiplican incluso dentro de espacios naturales protegidos. Gran parte del camarón hondureño se exporta a Estados Unidos y Reino Unido donde se venden grandes superficies como Waitrose, Sainsbury's o Marks & Spencer.

Dina Morel, responsable de Coddeffagolf, una organización local centrada en el conservacionismo marino cree que "la industria destruye amplias extensiones de manglar mientras promete desarrollo y crea, en realidad, muy pocos empleos. Al mismo tiempo aumenta la pobreza al restringir el acceso de los pescadores locales a los recursos pesqueros".

Según Morel, las camaroneras se instalan con autorización en zonas protegidas. Las violaciones de la leyes de protección del medio ambiente rara vez son castigadas por las autoridades, que a menudo comparten intereses con una industria que proporciona grandes beneficios. "Las consecuencias de perder un ecosistema tan importante son claras: vulnerabilidad medioambiental, inseguridad alimentaria y descomposición social, factores que llevan a la migración forzada", explica el biólogo Víctor Bocanegra. 

Los manglares son necesarios para la supervivencia de costas sanas y resilientes. Los robustos árboles que los caracterizan protegen la tierra de tormentas e inundaciones y contribuyen a disminuir la erosión a través de la estabilización de sedimentos que afirman sus densas y fuertes raíces. Son actores fundamentales de la biodiversidad marina en tanto proporcionan comida, agua limpia, refugio y seguridad para peces e invertebrados como cangrejos, langostas y gambas. 

Para beneficiarse de este proceso de simbiosis natural, se han abierto grandes camaroneras en entradas del océano que una vez fueron refugio seguro para recibir los flujos de las mareas. Y esas instalaciones interfieren con el flujo natural del mar provocando aumentos en la marea y que los impactos de las tormentas fluyan hasta sumergir las comunidades a pie de playa.

Un refugio en movimiento

En la playa de Cedeño, Ariana Tees, de 70 años, fríe el pescado que trae su marido, Manuel, de 67, en una cocina improvisada bajo una lona a pocos metros del mar. Aquí es donde viven, trabajan, comen y duermen, el refugio que cada mes deben colocar unos metros más atrás a medida que el océano penetra en la tierra.
"Por supuesto que estamos asustados", reconoce Tees. "Pero no tenemos otro lugar al que ir y el gobierno no nos protege. Ni un muro pone", critica. 

Manuel, que pesca desde niño, agrega que "cada año hay menos pescado y las mareas no tienen donde ir así que el agua pasa por aquí buscando una salida. Hemos llegado a despertarnos en plena noche rodeados de agua". Hace una pausa y concluye: "Estamos jodidos".

La industria del camarón en el sur de Honduras data de la década de los años setenta pero creció de manera exponencial en los noventa. Como resultado de ese crecimiento sin freno aparente, a partir del año 2000 varios manglares que cubrían una extensión superior a los 600 kilómetros fueron designados zonas protegidas.

Pese a eso y según Coddeffagolf, la mitad de los manglares de la zona fueron destruidos entre el año 2000 y el año 2010 en su mayor parte debido a las concesiones pesqueras en el golfo, aprobadas antes del decreto de protección. Nadie sabe con exactitud la extensión de las zonas protegidas que aún permanece intacta pero las imágenes por satélite sugieren que la situación es crítica.

La extensión de la zona deforestada se ve desde la cima de una montaña en San José de las Conchas, unos 30 kilómetros al norte de Cedeño. El panorama solo ofrece ya unas cuantas líneas estrechas de aquel manglar protegido atrapadas entre lagunas artificiales para el cultivo del camarón y el océano turquesa.

Los habitantes del pueblo dicen que las empresas camaroneras construyen en secreto, tras anillos sucesivos de manglar que protegen sus instalaciones de la vista y que solo una vez levantadas, solicitan los permisos. Las cifras de ventas sugieren que el negocio se expande: las exportaciones de 2018 ascendieron a 216 millones de dólares (casi 194 millones de euros), una cifra que esperan aumente en un 20% en 2019.

Escasos programas de reforestación

FundeSur, una fundación para el desarrollo social creada por la industria camaronera en 2014, afirma que invierte 0,04 dólares (0,036 euros) por cada kilo de camarón exportado en proyectos relacionados con salud, educación y medioambiente. Sin embargo, los programas de reforestación son escasos y requieren de años de cuidados para garantizar manglares resistentes. Tras numerosas peticiones, FundeSur no quiso aportar su punto de vista para este reportaje.

Nelson Martínez, activista de Guapinol, una comunidad cercana que resultó seriamente afectada por un aumento de la marea hace tres años, insiste en que "hay más deforestación que reforestación y es evidente, cualquiera puede verlo. A menos que se salve el manglar, Guapinol también desaparecerá".

Como estrecha lengua de tierra atrapada entre los océanos Atlántico y Pacífico, América Central es una región muy vulnerable a la emergencia climática global.
Entre 1998 y 2017 Honduras fue el segundo territorio más afectado por fenómenos climáticos extremos como inundaciones, tormentas, sequías o incendios según el Índice de Riesgo Global, que clasifica Puerto Rico como el lugar más afectado.

El Huracán Mitch, la tormenta más devastadora y mortal de los últimos dos siglos en América, que golpeó Honduras en 1998, dejó un saldo de más de 8.000 muertos y millones de afectados que perdieron tierras y hogares. Hizo retroceder al país más de 50 años en su desarrollo y lanzó la primera ola migratoria después de la guerra fría desde América Central a Estados Unidos.

Pero la inversión en mitigación y adaptación a los impactos del clima a través de la reforestación o la protección ante inundaciones no avanza. Solo el 0,5% del presupuesto del gobierno de Honduras está destinado a protección del medioambiente. Se ha visto reducido desde el 1,2% que se gastaba en 2010 según Hugo Noé Pino, analista que fue Ministro de Hacienda y Gobernador del Banco Central.

Desde el golpe de estado de 2009, el incremento de los megaproyectos relacionados con agua, embalses, minas o plantaciones de palma africana, han alimentado conflictos sociales, represión y migraciones. Berta Cáceres, defensora del medioambiente y ganadora del premio Goldman a la defensa del medioambiente, fue asesinada en marzo de 2016 en represalia por liderar la oposición a la construcción de una planta hidroeléctrica en el río Gualcarque, fuente acuífera, alimenticia y medicinal del pueblo Lenca.

"El principal conector entre cambio climático y políticas públicas es la gestión del agua, las decisiones políticas sobre quienes tienen prioridad a la hora de recibir agua de calidad", explica el profesor Raúl Pacheco-Vega, especialista en políticas medioambientales del CIDE (Centro de Docencia e Investigación Económica).

En Honduras, el resultado de esta interacción alrededor del uso del agua es claro: cada año durante la temporada de lluvias, un sinnúmero de comunidades se quedan sin suministro, muere gente y se registran daños en carreteras, puentes y escuelas. Se trata de un ciclo de destrucción ambiental que aumenta la pobreza y provoca movimientos migratorios cuando las familias comienzan a buscar comida, agua y seguridad.

En octubre, seis personas murieron después de dos días de lluvias torrenciales que provocaron deslaves de tierra y que el río Choluteca se desbordara. Marcovia, a unos 20 kilómetros tierra adentro desde Cedeño se inundó y sus habitantes tuvieron que evacuar la localidad. Poco después, cientos de personas del departamento de Choluteca se unieron a la caravana migrante que se aventuró rumbo norte a través de México y hasta la frontera de los Estados Unidos.

Medio millón de hondureños han sido detenidos por las autoridades mexicanas y estadounidenses desde octubre de 2006. Los motivos del flujo migratorio son complejos pero en esta zona del planeta, el factor medioambiental es importante.

Pedro Landa, del Eric, una organización de la Compañía de Jesús que investiga y defiende los derechos humanos afirma que no se ha tomado nota de las lecciones que dejó el Huracán Mitch. "Desde el golpe de 2009, el Estado ha caído gradualmente bajo control de políticos mafiosos que no tienen ningún interés en garantizar el suministro de agua o el desarrollo económico de la población. Solo piensan en ellos mismos", sentencia.

Por Nina Lakhani - Cedeño, Choluteca

07/08/2019 - 20:51h

Publicado enMedio Ambiente
Colombia: ¿Cuántos y cómo somos? ¿Dónde estamos?

El Dane reveló, a principios del mes de julio de 2019, los datos oficiales del Censo de población y vivienda realizado durante 2018. De acuerdo con la entidad encargada de las estadísticas oficiales de Colombia, 48’258.494 es la cifra de las personas que habitamos el territorio nacional, un registro superior al estimado por la misma entidad en noviembre del 2018: 45,5 millones; pero mucho menos de los 50 millones que vaticinaban las proyecciones con base en el censo de 2005.

 

La polémica va para largo. La oficialización, el pasado 4 de julio, de las cifras arrojadas por el Censo Nacional de Población y Vivienda (Cnpv-2018), motivó de inmediato su crítica por parte de funcionarios territoriales, como la gobernadora del Valle y el de Bolívar, así como el director de planeación de Bogotá y los alcaldes de Soacha y Cartagena. Según estos, el tamaño de la población que les establece el Censo en su jurisdicción es inferior a los registros oficiales de sus propias entidades.

La inconformidad no es casual: a menores cifras de población por departamento o municipio, menores serán los dineros que les transferirá el gobierno nacional para salud, educación, vivienda, servicios públicos, empleo, vías y demás asignaciones de subsidios y acceso a programas sociales. Otras voces críticas se sumarán con el paso de los días a esta inconformidad, toda vez que el impacto del Censo extenderá sus efectos en toda la gobernabilidad territorial.


Pero la polémica también se prolongará ya que aún falta por saber dónde habitan 4.094.077 de connacionales que no fueron censados pero sí identificados global y regionalmente de su existencia por la Encuesta de Calidad de Vida a cargo también del Dane. Viene ahora, por tanto, la realización de una evaluación de cobertura en todos los municipios del país, para saber en qué lugares están estas personas no empadronadas.
 
Las 4,1 millones de personas excluidas del censo fueron identificadas con la “Encuesta de calidad de vida” realizada entre octubre y diciembre de 2018, que no solo caracterizó la forma en que viven las personas en el país sino que sirvió de medición poscensal, pues en ella se les preguntó a los hogares si habían sido censados, “es a partir de ahí que podemos establecer la omisión”, señaló el director del Dane, Juan Daniel Oviedo. Según el funcionario, la omisión censal fue de 8,5 por ciento, cifra significativamente alta pues el promedio simple de la omisión en los censos ronda el 5 por ciento. Este ajuste, que hasta ahora se hizo a nivel nacional, debe replicarse también por ciudades. En Bogotá, por ejemplo, se censaron 7,2 millones de habitantes, pero aún no se sabe en realidad cuántas personas más viven en la capital. Lo cierto es que difícilmente ese número alcanzará las proyecciones que vaticinaban 8,1 millones de habitantes para 2018 (diagrama 1).

 

 



Por otra parte, el próximo 30 de septiembre saldrá al público la base de datos anonimizada (permite acceder a las respuestas en detalle, pero protegiendo la identidad de los encuestados) y las proyecciones para 2019, pues el censo se hizo con corte a 2018. Los resultados del censo modificarán a su vez otras operaciones estadísticas del Dane, como la gran encuesta integrada de hogares, que es la base para calcular el desempleo.

Una vez que se tengan todos los resultados oficiales, más las encuestas de hogares adaptadas al nuevo censo, todas las metas que usan valores absolutos poblacionales tienen que cambiar como, por ejemplo, la de pobreza monetaria, analfabetismo, tasa de homicidios, PIB per cápita, o número de médicos por habitante.

Con la nueva fotografía del país no solo se renovarán indicadores sociales en materia de salud, educación, empleo, vivienda o movilidad, entre otros, sino que también se podrán reasignar entre las regiones los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) o del Sistema General de Regalías (SGR). En general, cambiarían todos los indicadores que tengan como denominador común la población.

De manera adicional, el nuevo retrato de Colombia 2018 también tendrá repercusiones en la implementación de los Acuerdos de Paz porque habría que revisarse la asignación de recursos hacia los municipios que hacen parte de los priorizados para el posconflicto (municipios Pdet). Incluso, también podría afectar a la representación política en la Cámara de Representantes que depende de la cantidad de población de cada departamento.



¿Cuántos somos?

El Censo Nacional de Población y Vivienda 2018 (Cnpv) es la operación estadística más compleja e importante que hace el país, conducto por medio del cual se recoge información de las personas, hogares y viviendas en todo el territorio colombiano. Su propósito es el de establecer cuántos somos, dónde estamos y cuáles son las principales características socio-demográficas de la población residente habitual en Colombia.

El operativo comenzó en enero de 2018 con 41.097 encuestadores; la recolección de datos terminó en octubre del mismo año. Su realización costó $403.000 millones. El Cnpv 2018 abarca la totalidad del territorio nacional, correspondiente a 32 departamentos, 1.101 municipios, 20 áreas no municipalizadas y el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Tratando de calmar las demandas de información arrojada por este Censo, en octubre de 2018 el director del Dane, Juan Daniel Oviedo, daba razones para explicar que la población de Colombia podría estar alrededor de 43,8 millones, cifra que sorprendió a todo el mundo por encontrarse bastante lejos de los 50 millones proyectados de acuerdo con la información del censo de 2005. En noviembre, la cifra defendida con argumentos técnicos fue 45,5 millones; al dato inicial se le sumaron 329.093 personas que habitan lugares especiales de alojamiento como, entre otros, los 123.434 presos (tanto hombres como mujeres) que hay actualmente en el país, según el reciente  censo de la población carcelaria realizado por el Inpec1. En julio de 2019, el Dane brinda nuevas razones para explicar que en realidad somos 48,2 millones, cifra resultante de cruzar los datos del censo con los de la encuesta de calidad de vida de 2018, y con la cual estamos más cerca de las proyecciones de 50 millones (Gráfico 1).

 



Es decir, como buen prestidigitador el director del Dane sacó de su sombrero, al igual que brotan conejos, 2,8 millones de personas adicionales entre noviembre de 2018 y julio de 2019, con el fin de aplacar la exasperación que provocaron las primeras cifras.

Frente al censo del 2005, cuando se realizó el último empadronamiento, la población pasó de 42’888.592 personas a 48’258.494 en 2018, esto es, en los trece años hubo un incremento de 5’369.902 habitantes; el crecimiento relativo intercensal fue de 12,5 por ciento (equivalente a un aumento poblacional promedio anual de 0,96 puntos porcentuales).



¿Dónde estamos y cómo somos?


Las características estructurales y la ubicación de la población también cambiaron en el tiempo de publicación de los diferentes reportes oficiales del Dane (cuadro 1). Las cifras definitivas muestra una tendencia hacia la concentración urbana de la población, el abandono de las grandes ciudades y la conurbanización resultante de la emigración hacia los municipios circundantes a las capitales, el cambio en la estructura por edades con propensión al envejecimiento, el fin del “Bono demográfico”, la concentración de la población joven en zonas periféricas y atrasadas del país, la reducción en el tamaño de los hogares (cada vez hay menos niños) y la adquisición de un rol protagónico mayor de la mujer en la sociedad.

 

Cuadro 1. Resultados del Cnpv-2018 según estructura y ubicación poblacional


Género

Las mujeres siguen siendo el género predominante dentro del total nacional, con una participación de 51,2 por ciento; el restante 48,8 por ciento corresponde a los hombres. En el conteo del 2005, las mujeres eran el 51 por ciento de la población y los hombres, el 49 por ciento.


Urbanización

En las cabeceras municipales habita el 77,1 por ciento de connacionales. La población rural que representa el 22,9 por ciento restantes, se distribuye, de una parte, en un 7,1 por ciento en centros poblados y, de otra, el 15,8 por ciento que vive en zonas rurales dispersas. De acuerdo con los resultados del Censo de 2005, el 76 por ciento correspondía a los habitantes de las cabeceras; 5,6 por ciento a los centros poblados y 18,4 por ciento a la población rural dispersa.


Envejecimiento


Desde 2005 se alertó por el ritmo rápido de envejecimiento de la población colombiana. En cuanto a su composición a 2018, un 9,1 por ciento corresponde a mayores de 65 años de edad (cerca de tres puntos porcentuales más que en el 2005, cuando representaban el 6,3 por ciento); 13,3 por ciento tienen más de 60 años; población entre los 14 y 28 años (juventud) 26,1 por ciento; 22,6 por ciento son menores de 15 años, y el 8,5 por ciento tiene menos de 5 años. El Cnpv-2018 corroboró el aumento en los índices de envejecimiento del país; significa que por cada 100 personas menores de 15 años hay 40,4 mayores de 65; en 2005 era de 20,5 personas por cada 100. El índice de envejecimiento para los mayores de 60 es de 58,6 por ciento. En resumen, hay menos población joven de la que creíamos tener y estamos envejeciendo mucho más rápido que antes, generando consecuencias económicas, fiscales, sociales y psicológicas (Gráficos 2 y 3).

 

Gráfico 2. Distribución departamental del índice de juventud, 2018

 

 

Gráfico 3. Índice de envejecimiento (mayores de 65/60 años como fracción de menores de 15 años)


En departamentos como Quindío el índice de envejecimiento llega a ser de 72,2 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años de edad; a este grupo pertenecen también Caldas y Risaralda, con índices de envejecimiento de 67 y 60 por ciento, respectivamente. Por el contrario, los departamentos con mayor cantidad de menores de 15 años de edad son Amazonas, Putumayo y Guainía.

El envejecimiento es una tendencia mundial y Colombia no ha escapado a ella. Según la publicación inglesa “The Economist”, en 2019 la población mayor de 65 años va a ser de mayor tamaño que la población menor de cinco años en el promedio de todos los países. En consecuencia, el país debe implementar una política pública acorde con esta realidad e incluyente de tal población. Es evidente la necesidad de apurar unas políticas de asistencia y atención en salud, seguridad y protección social universal que proporcionen calidad de vida y vida digna a las personas en esta etapa de la existencia.

En Colombia el 74 por ciento de los adultos mayores no tiene pensión y padece depresión. Según un estudio de la Universidad de La Sabana,  lo anterior deja en vilo a la mayoría de la población mayor, pues su falta de acceso al sistema pensional la convierte en una población vulnerable. De hecho, ya son vulnerables a varias enfermedades que requieren de un trato especial. Adicionalmente, al menos el 20 por ciento de los colombianos de 80 o más años de edad (unas 150.000 personas de esa edad, según las cuentas de la Asociación Colombiana de Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantía, Asofondos), tiene que seguir trabajando porque no acumuló las 1.300 semanas de trabajo para pensionarse y no cuenta con ahorros o apoyo familiar para sobrevivir.

De otra parte, tener una menor población joven, pero con mayor acceso a la educación superior, plantea retos en el modelo educativo, así como en materia de oportunidades laborales dignas, las cuales deben responder a las nuevas necesidades de los jóvenes en cuanto a su preparación, expectativa de ingresos, calidad del trabajo y ubicación espacial. En 2018, el porcentaje de desocupación para las personas de 18 a 28 años, según el Dane, se situó en 17,7 por ciento; las estadísticas indican que las mujeres son quienes presentan un mayor índice de desocupación: el número de hombres jóvenes desocupados fue 13,7 por ciento, y para las mujeres del 23 por ciento. Adicionalmente, 29 por ciento de los jóvenes no estudian ni trabajan, esto es, los llamados Ninis


Los resultados permiten evidenciar que en gran parte la condición de discapacidad y dificultad para realizar ciertas actividades cotidianas está asociada con el fenómeno de envejecimiento, de hecho es la principal causa. El 7,1 por ciento de la población que respondió al censo dijo presentar alguna dificultad funcional para realizar sus actividades diarias. La prevalencia en los hombres es de 6,8 por ciento y en mujeres de 7,5.



Repoblamiento


Las ciudades y cabeceras municipales albergan cada vez un mayor volumen de habitantes. El 77,1 por ciento de los habitantes del país ocupan esas zonas, según el Dane, y si bien la diferencia no es mayor frente al 76 por ciento del 2005, es claro que se mantiene la migración interna de las zonas rurales y rurales dispersas hacia los centros urbanos en busca de mejores oportunidades educativas, sociales, económicas, laborales y de seguridad, lo que plantea, de una parte, la necesidad de apurar una reforma laboral que combata la informalidad y proporcione condiciones de oferta acorde a la nueva realidad del país y, de otra, aumentar la oferta de vivienda de interés social, en un marco de desarrollo urbano sostenible, incluyente, democrático y a escala humana. En las principales ciudades, laboran de manera precaria e informal más de 5 millones de personas.

Bogotá está a la cabeza del escalafón con el mayor número de pobladores, cerca de 7,2 millones. Le sigue Medellín, con 2,4 millones, mientras que Cali cuenta con 1’822.871 personas. En Bogotá, la población contada aumentó 5,6 por ciento, incremento que reporta el mayor aporte al aumento en la población censada en todo el país, pues pasó de 6,8 a 7,2 millones de habitantes contados.

Sin embargo, el Distrito Capital registra como una ciudad “altamente expulsora de población” hacia municipios aledaños como La Calera, Funza, Madrid, Cota, Chía, Zipaquirá, Cajicá, Mosquera, Tocancipá, Sopó y Gachancipá, considerados parte del área metropolitana de Bogotá y donde se evidencian crecimientos de la población de dos dígitos al comparar las cifras de 2005 con 2018. En efecto, la conurbanización2 de la “Gran Bogotá” recoge municipios como Soacha, Sibaté, La Calera, Fusa, Mosquera, Madrid, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá y otros cuantos ubicados sobre la autopista Norte que son utilizados por miles de personas para pernoctar, pero trabajan en la capital; esta realidad se comprueba al detallar que el departamento de Cundinamarca ya tiene 2’792.877 de personas (cuando en 2005 apenas eran 2’280.037), la inmensa mayoría de las cuales se concentran en los pueblos conectados con el Distrito. Según cifras de la más reciente “Encuesta de Percepción Ciudadana de Sabana Centro Cómo Vamos”, 25 por ciento de las personas vivieron en Bogotá antes de llegar a la subregión, la mayoría se trasladaron, de hecho, por motivos laborales, económicos, ambientales, de movilidad, habitacionales y familiares.

En conjunto, el peso de las capitales dentro de la población censada en todo el país tuvo una pequeña reducción, pues pasó de 46,8 a 45,9 por ciento entre el 2005 y el 2018. Casi la totalidad de esa reducción se explica por el menor tamaño de la población de Cali, en donde se contaron 1,8 millones de personas, frente a 2,1 millones 13 años atrás. Entre tanto, en Cartagena se bajó de 895.000 personas contadas en el censo anterior a 888.000 el año pasado. Y en Pereira, de 428.000 a 410.000. En cambio, en Inírida, capital de Guainía, la población casi se duplica en 13 años, con un aumento de 92 por ciento; algo parecido ocurrió en Mitú, Vaupés, y Puerto Carreño, Vichada, con 63 y 53 por ciento (ver mapa).

 

 


Hogares y vivienda

El número de viviendas3 creció más rápido que el de los propios hogares4. Mientras que en estos 13 años los hogares aumentaron en 700.000 para sumar 14,2 millones en 2018, el número de viviendas se incrementó en 3,1 millones hasta alcanzar las 13,5 millones de unidades. Muchos hogares que habitaban en inquilinatos o en las casas paternas se fueron a vivir independientes y otros han decidido vivir solos, tendencia cultural y sociológica fuerte que se observa en las grandes ciudades y realidad que corresponde no sólo a jóvenes sino también a población adulta y vieja.

El 96,3 por ciento de todos esos hogares cuentan con servicio de energía eléctrica, 3 puntos porcentuales más que los del 2005. También ha aumentado el acceso al agua potable (86,4%) y al alcantarillado (76,6%), casi que en las mismas proporciones en estos 13 años. Pero el mayor avance ha sido en acceso al gas natural, pues hoy 7 de cada 10 hogares cuentan con este servicio, mientras que en 2005 eran solo 4 de cada 10, según el Dane, que también advirtió que el 81,6 por ciento de los hogares tienen acceso a la recolección de basuras y el 43,3 por ciento cuentan con internet.

Y si bien hoy siguen siendo más las familias que viven en casas (6 de cada 10), las que prefieren los apartamentos van en alza, pues mientras que en el 2005 cerca del 25 por ciento los habitaban, hoy esa cuota ronda el 33 por ciento. También es revelador el crecimiento de los hogares unipersonales, pues hoy son el 18,5 por ciento frente al 11,1 por ciento del 2005.


Mujeres y desigualdad social

Según el censo, el porcentaje de hogares encabezados por mujeres pasó en el período intercensal 2005-2018 de 29,9 a 40,7 por ciento, mientras la jefatura masculina disminuyó de 70,1 a 59,3 por ciento5. Esto quiere decir que cuatro de cada diez hogares están encabezados por mujeres, uno más que en 2005. Las mujeres tienen mayores niveles de alfabetización que los hombres; y las entidades territoriales con mayor proporción de mujeres son, a la vez, las que tienen niveles más altos de desarrollo (Gráficos 4 y 5).

 

Gráfico 4. Distribución de la población censada por sexo a nivel departamental, 2018

 

Gráfico 5. Empoderamiento de la mujer: jefatura de hogar según sexo



No obstante, el propio Dane ha establecido que las mujeres al frente de sus hogares viven en peores condiciones. La ECV registra que el 77,7 por ciento de ellas no tienen cónyuge, por lo tanto, no hay otro proveedor de ingresos para las familias y deben asumir las cargas domésticas y laborales al mismo tiempo, cosa que no suele suceder con la mayoría de hogares con jefatura masculina. Adicionalmente, en 2018 se encontró que la incidencia de la pobreza es más alta en los hogares con jefatura femenina, con 21,7 por ciento, frente al 18,5 en los de jefatura masculina.

Si bien las cifras indican que las mujeres están más educadas, la realidad es que se emplean menos que los hombres. Para el trimestre febrero-abril de 2019, la tasa de desempleo para las mujeres fue 14,0 por ciento y para los hombres 8,7 por ciento. A ello se suma la brecha salarial de 20 por ciento entre hombres y mujeres que cumplen las mismas funciones, según el Ministerio de Trabajo.

Las cifras del censo también revelaron que con un mayor nivel educativo se incrementa la edad promedio en que las mujeres están dispuestas a tener hijos; aquellas que tienen educación preescolar, primaria o ninguna, deciden ser madres a los 25 años, en promedio; esta edad va en aumento a medida que registran un mayor grado de escolaridad, con 29 y 31 años en niveles de formación superior o de posgrado. El número de nacimientos también registró cambios importantes en relación con el acceso a la educación: aquellas con pocos o nulos estudios tienen en promedio 3,5 hijos, mientras las que alcanzaron un posgrado tienen 1,5.

Si bien es indudable que las mujeres ocupan un papel protagónico en las dinámicas sociales y económicas del país, las cifras del Dane permiten concluir que las condiciones en que vive buena parte de esta población todavía distan de ser un ejemplo de empoderamiento femenino. Los avances en materia de alfabetización, equidad de género en las empresas o reducción en el número de hijos con relación al tipo de formación de la madre indican además que las mejoras todavía suelen ser para aquellas que están más preparadas o tienen los recursos para acceder a un tipo de vida distinto (Gráfico 6).

 

Gráfico 6. Alfabetismo por sexo


 
¿A qué se dedica la gente?


Los cambios demográficos y en la situación socio-económico de los hogares se reflejan en las conductas disruptivas en cuanto a la ocupación durante los últimos trece años. En 2018, la población que trabaja representa el 46,6 por ciento mientras que en 2005 era de apenas el 39,8. El 51 por ciento de la población se encuentra ocupada; por sexo, los hombres se encuentran ocupados en el 66,1 por ciento y las mujeres el 37,4. También se encuentra más proporción de gente buscando trabajo: 2,8 por ciento en 2005 y 5,4 en 2018. El porcentaje de población estudiando aumentó de 17,6 por ciento a 18,1 durante los últimos trece años. La población que se dedica a los oficios del hogar se redujo de 21,5 por ciento a 19,0 en el período intercensal. Otra expresión del proceso de envejecimiento de la población es el crecimiento relativo que registra la población jubilada: pasó de 2,3 por ciento en 2005 a 3,6 en 2018 (Gráfico 7).

 

Gráfico 7. Ocupación según principal actividad económica realizada la semana anterior

 



Por último, una vez que se tramite el proyecto de ley para oficializar las cifras del recién conocido Censo de Población y Vivienda 2018, las proyecciones que se estipularon en el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Iván Duque serán sujetas a revisión, tal y como se determina en las bases del mismo.



1    Lugar Especial de Alojamiento (LEA): Es una edificación o parte de ella en la cual habita un grupo de personas, generalmente no parientes, que participan de una vida en común por razones de procesos de rehabilitación, carcelaria, estudio, trabajo, culto religioso, hospitales, disciplina militar, labores administrativas, entre otras.
2    Una conurbación es una región que comprende una serie de ciudades, pueblos grandes y otras áreas urbanas que, a través del crecimiento poblacional y su crecimiento físico, se fusionan.
3    Vivienda (Unidad de uso vivienda): Espacio independiente y separado, habitado o destinado para ser habitado por una o más personas. Independiente, porque tiene acceso directo desde la vía pública, caminos, senderos o a través de espacios de circulación común (corredores o pasillos, escaleras, ascensores, patios). Las personas que habitan una unidad de vivienda no pueden ingresar a la misma a través de áreas de uso exclusivo de otras unidades de vivienda, tales como dormitorios, sala, comedor, entre otras. Separada, porque tiene paredes u otros elementos, sin importar el material utilizado para su construcción, que la delimitan y diferencian de otros espacios.
4    Hogar: Es una persona o grupo de personas, parientes o no, que ocupan la totalidad o parte de una vivienda; atienden necesidades básicas con cargo a un presupuesto común y generalmente comparten las comidas. También constituyen un hogar las personas que se asocian para vivir bajo el mismo techo, aunque no compartan las comidas. Los empleados del servicio doméstico y sus familiares, los trabajadores y sus familiares forman parte del hogar siempre y cuando duerman en la misma vivienda donde trabajan.
5    Jefe o jefa de hogar: es el residente habitual que es reconocido por los demás miembros del hogar como jefe o jefa, teniendo en cuenta los siguientes criterios: la persona de mayor edad, el que mayor aporte económico le hace al hogar o el que goce de mayor respeto entre los miembros del hogar.
*    Escritor e investigador independiente. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia, y desdeabajo.

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Colombia: ¿Cuántos y cómo somos? ¿Dónde estamos?

El Dane reveló, a principios del mes de julio de 2019, los datos oficiales del Censo de población y vivienda realizado durante 2018. De acuerdo con la entidad encargada de las estadísticas oficiales de Colombia, 48’258.494 es la cifra de las personas que habitamos el territorio nacional, un registro superior al estimado por la misma entidad en noviembre del 2018: 45,5 millones; pero mucho menos de los 50 millones que vaticinaban las proyecciones con base en el censo de 2005.

 

La polémica va para largo. La oficialización, el pasado 4 de julio, de las cifras arrojadas por el Censo Nacional de Población y Vivienda (Cnpv-2018), motivó de inmediato su crítica por parte de funcionarios territoriales, como la gobernadora del Valle y el de Bolívar, así como el director de planeación de Bogotá y los alcaldes de Soacha y Cartagena. Según estos, el tamaño de la población que les establece el Censo en su jurisdicción es inferior a los registros oficiales de sus propias entidades.

La inconformidad no es casual: a menores cifras de población por departamento o municipio, menores serán los dineros que les transferirá el gobierno nacional para salud, educación, vivienda, servicios públicos, empleo, vías y demás asignaciones de subsidios y acceso a programas sociales. Otras voces críticas se sumarán con el paso de los días a esta inconformidad, toda vez que el impacto del Censo extenderá sus efectos en toda la gobernabilidad territorial.


Pero la polémica también se prolongará ya que aún falta por saber dónde habitan 4.094.077 de connacionales que no fueron censados pero sí identificados global y regionalmente de su existencia por la Encuesta de Calidad de Vida a cargo también del Dane. Viene ahora, por tanto, la realización de una evaluación de cobertura en todos los municipios del país, para saber en qué lugares están estas personas no empadronadas.
 
Las 4,1 millones de personas excluidas del censo fueron identificadas con la “Encuesta de calidad de vida” realizada entre octubre y diciembre de 2018, que no solo caracterizó la forma en que viven las personas en el país sino que sirvió de medición poscensal, pues en ella se les preguntó a los hogares si habían sido censados, “es a partir de ahí que podemos establecer la omisión”, señaló el director del Dane, Juan Daniel Oviedo. Según el funcionario, la omisión censal fue de 8,5 por ciento, cifra significativamente alta pues el promedio simple de la omisión en los censos ronda el 5 por ciento. Este ajuste, que hasta ahora se hizo a nivel nacional, debe replicarse también por ciudades. En Bogotá, por ejemplo, se censaron 7,2 millones de habitantes, pero aún no se sabe en realidad cuántas personas más viven en la capital. Lo cierto es que difícilmente ese número alcanzará las proyecciones que vaticinaban 8,1 millones de habitantes para 2018 (diagrama 1).

 

 



Por otra parte, el próximo 30 de septiembre saldrá al público la base de datos anonimizada (permite acceder a las respuestas en detalle, pero protegiendo la identidad de los encuestados) y las proyecciones para 2019, pues el censo se hizo con corte a 2018. Los resultados del censo modificarán a su vez otras operaciones estadísticas del Dane, como la gran encuesta integrada de hogares, que es la base para calcular el desempleo.

Una vez que se tengan todos los resultados oficiales, más las encuestas de hogares adaptadas al nuevo censo, todas las metas que usan valores absolutos poblacionales tienen que cambiar como, por ejemplo, la de pobreza monetaria, analfabetismo, tasa de homicidios, PIB per cápita, o número de médicos por habitante.

Con la nueva fotografía del país no solo se renovarán indicadores sociales en materia de salud, educación, empleo, vivienda o movilidad, entre otros, sino que también se podrán reasignar entre las regiones los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) o del Sistema General de Regalías (SGR). En general, cambiarían todos los indicadores que tengan como denominador común la población.

De manera adicional, el nuevo retrato de Colombia 2018 también tendrá repercusiones en la implementación de los Acuerdos de Paz porque habría que revisarse la asignación de recursos hacia los municipios que hacen parte de los priorizados para el posconflicto (municipios Pdet). Incluso, también podría afectar a la representación política en la Cámara de Representantes que depende de la cantidad de población de cada departamento.



¿Cuántos somos?

El Censo Nacional de Población y Vivienda 2018 (Cnpv) es la operación estadística más compleja e importante que hace el país, conducto por medio del cual se recoge información de las personas, hogares y viviendas en todo el territorio colombiano. Su propósito es el de establecer cuántos somos, dónde estamos y cuáles son las principales características socio-demográficas de la población residente habitual en Colombia.

El operativo comenzó en enero de 2018 con 41.097 encuestadores; la recolección de datos terminó en octubre del mismo año. Su realización costó $403.000 millones. El Cnpv 2018 abarca la totalidad del territorio nacional, correspondiente a 32 departamentos, 1.101 municipios, 20 áreas no municipalizadas y el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Tratando de calmar las demandas de información arrojada por este Censo, en octubre de 2018 el director del Dane, Juan Daniel Oviedo, daba razones para explicar que la población de Colombia podría estar alrededor de 43,8 millones, cifra que sorprendió a todo el mundo por encontrarse bastante lejos de los 50 millones proyectados de acuerdo con la información del censo de 2005. En noviembre, la cifra defendida con argumentos técnicos fue 45,5 millones; al dato inicial se le sumaron 329.093 personas que habitan lugares especiales de alojamiento como, entre otros, los 123.434 presos (tanto hombres como mujeres) que hay actualmente en el país, según el reciente  censo de la población carcelaria realizado por el Inpec1. En julio de 2019, el Dane brinda nuevas razones para explicar que en realidad somos 48,2 millones, cifra resultante de cruzar los datos del censo con los de la encuesta de calidad de vida de 2018, y con la cual estamos más cerca de las proyecciones de 50 millones (Gráfico 1).

 



Es decir, como buen prestidigitador el director del Dane sacó de su sombrero, al igual que brotan conejos, 2,8 millones de personas adicionales entre noviembre de 2018 y julio de 2019, con el fin de aplacar la exasperación que provocaron las primeras cifras.

Frente al censo del 2005, cuando se realizó el último empadronamiento, la población pasó de 42’888.592 personas a 48’258.494 en 2018, esto es, en los trece años hubo un incremento de 5’369.902 habitantes; el crecimiento relativo intercensal fue de 12,5 por ciento (equivalente a un aumento poblacional promedio anual de 0,96 puntos porcentuales).



¿Dónde estamos y cómo somos?


Las características estructurales y la ubicación de la población también cambiaron en el tiempo de publicación de los diferentes reportes oficiales del Dane (cuadro 1). Las cifras definitivas muestra una tendencia hacia la concentración urbana de la población, el abandono de las grandes ciudades y la conurbanización resultante de la emigración hacia los municipios circundantes a las capitales, el cambio en la estructura por edades con propensión al envejecimiento, el fin del “Bono demográfico”, la concentración de la población joven en zonas periféricas y atrasadas del país, la reducción en el tamaño de los hogares (cada vez hay menos niños) y la adquisición de un rol protagónico mayor de la mujer en la sociedad.

 

Cuadro 1. Resultados del Cnpv-2018 según estructura y ubicación poblacional


Género

Las mujeres siguen siendo el género predominante dentro del total nacional, con una participación de 51,2 por ciento; el restante 48,8 por ciento corresponde a los hombres. En el conteo del 2005, las mujeres eran el 51 por ciento de la población y los hombres, el 49 por ciento.


Urbanización

En las cabeceras municipales habita el 77,1 por ciento de connacionales. La población rural que representa el 22,9 por ciento restantes, se distribuye, de una parte, en un 7,1 por ciento en centros poblados y, de otra, el 15,8 por ciento que vive en zonas rurales dispersas. De acuerdo con los resultados del Censo de 2005, el 76 por ciento correspondía a los habitantes de las cabeceras; 5,6 por ciento a los centros poblados y 18,4 por ciento a la población rural dispersa.


Envejecimiento


Desde 2005 se alertó por el ritmo rápido de envejecimiento de la población colombiana. En cuanto a su composición a 2018, un 9,1 por ciento corresponde a mayores de 65 años de edad (cerca de tres puntos porcentuales más que en el 2005, cuando representaban el 6,3 por ciento); 13,3 por ciento tienen más de 60 años; población entre los 14 y 28 años (juventud) 26,1 por ciento; 22,6 por ciento son menores de 15 años, y el 8,5 por ciento tiene menos de 5 años. El Cnpv-2018 corroboró el aumento en los índices de envejecimiento del país; significa que por cada 100 personas menores de 15 años hay 40,4 mayores de 65; en 2005 era de 20,5 personas por cada 100. El índice de envejecimiento para los mayores de 60 es de 58,6 por ciento. En resumen, hay menos población joven de la que creíamos tener y estamos envejeciendo mucho más rápido que antes, generando consecuencias económicas, fiscales, sociales y psicológicas (Gráficos 2 y 3).

 

Gráfico 2. Distribución departamental del índice de juventud, 2018

 

 

Gráfico 3. Índice de envejecimiento (mayores de 65/60 años como fracción de menores de 15 años)


En departamentos como Quindío el índice de envejecimiento llega a ser de 72,2 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años de edad; a este grupo pertenecen también Caldas y Risaralda, con índices de envejecimiento de 67 y 60 por ciento, respectivamente. Por el contrario, los departamentos con mayor cantidad de menores de 15 años de edad son Amazonas, Putumayo y Guainía.

El envejecimiento es una tendencia mundial y Colombia no ha escapado a ella. Según la publicación inglesa “The Economist”, en 2019 la población mayor de 65 años va a ser de mayor tamaño que la población menor de cinco años en el promedio de todos los países. En consecuencia, el país debe implementar una política pública acorde con esta realidad e incluyente de tal población. Es evidente la necesidad de apurar unas políticas de asistencia y atención en salud, seguridad y protección social universal que proporcionen calidad de vida y vida digna a las personas en esta etapa de la existencia.

En Colombia el 74 por ciento de los adultos mayores no tiene pensión y padece depresión. Según un estudio de la Universidad de La Sabana,  lo anterior deja en vilo a la mayoría de la población mayor, pues su falta de acceso al sistema pensional la convierte en una población vulnerable. De hecho, ya son vulnerables a varias enfermedades que requieren de un trato especial. Adicionalmente, al menos el 20 por ciento de los colombianos de 80 o más años de edad (unas 150.000 personas de esa edad, según las cuentas de la Asociación Colombiana de Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantía, Asofondos), tiene que seguir trabajando porque no acumuló las 1.300 semanas de trabajo para pensionarse y no cuenta con ahorros o apoyo familiar para sobrevivir.

De otra parte, tener una menor población joven, pero con mayor acceso a la educación superior, plantea retos en el modelo educativo, así como en materia de oportunidades laborales dignas, las cuales deben responder a las nuevas necesidades de los jóvenes en cuanto a su preparación, expectativa de ingresos, calidad del trabajo y ubicación espacial. En 2018, el porcentaje de desocupación para las personas de 18 a 28 años, según el Dane, se situó en 17,7 por ciento; las estadísticas indican que las mujeres son quienes presentan un mayor índice de desocupación: el número de hombres jóvenes desocupados fue 13,7 por ciento, y para las mujeres del 23 por ciento. Adicionalmente, 29 por ciento de los jóvenes no estudian ni trabajan, esto es, los llamados Ninis


Los resultados permiten evidenciar que en gran parte la condición de discapacidad y dificultad para realizar ciertas actividades cotidianas está asociada con el fenómeno de envejecimiento, de hecho es la principal causa. El 7,1 por ciento de la población que respondió al censo dijo presentar alguna dificultad funcional para realizar sus actividades diarias. La prevalencia en los hombres es de 6,8 por ciento y en mujeres de 7,5.



Repoblamiento


Las ciudades y cabeceras municipales albergan cada vez un mayor volumen de habitantes. El 77,1 por ciento de los habitantes del país ocupan esas zonas, según el Dane, y si bien la diferencia no es mayor frente al 76 por ciento del 2005, es claro que se mantiene la migración interna de las zonas rurales y rurales dispersas hacia los centros urbanos en busca de mejores oportunidades educativas, sociales, económicas, laborales y de seguridad, lo que plantea, de una parte, la necesidad de apurar una reforma laboral que combata la informalidad y proporcione condiciones de oferta acorde a la nueva realidad del país y, de otra, aumentar la oferta de vivienda de interés social, en un marco de desarrollo urbano sostenible, incluyente, democrático y a escala humana. En las principales ciudades, laboran de manera precaria e informal más de 5 millones de personas.

Bogotá está a la cabeza del escalafón con el mayor número de pobladores, cerca de 7,2 millones. Le sigue Medellín, con 2,4 millones, mientras que Cali cuenta con 1’822.871 personas. En Bogotá, la población contada aumentó 5,6 por ciento, incremento que reporta el mayor aporte al aumento en la población censada en todo el país, pues pasó de 6,8 a 7,2 millones de habitantes contados.

Sin embargo, el Distrito Capital registra como una ciudad “altamente expulsora de población” hacia municipios aledaños como La Calera, Funza, Madrid, Cota, Chía, Zipaquirá, Cajicá, Mosquera, Tocancipá, Sopó y Gachancipá, considerados parte del área metropolitana de Bogotá y donde se evidencian crecimientos de la población de dos dígitos al comparar las cifras de 2005 con 2018. En efecto, la conurbanización2 de la “Gran Bogotá” recoge municipios como Soacha, Sibaté, La Calera, Fusa, Mosquera, Madrid, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá y otros cuantos ubicados sobre la autopista Norte que son utilizados por miles de personas para pernoctar, pero trabajan en la capital; esta realidad se comprueba al detallar que el departamento de Cundinamarca ya tiene 2’792.877 de personas (cuando en 2005 apenas eran 2’280.037), la inmensa mayoría de las cuales se concentran en los pueblos conectados con el Distrito. Según cifras de la más reciente “Encuesta de Percepción Ciudadana de Sabana Centro Cómo Vamos”, 25 por ciento de las personas vivieron en Bogotá antes de llegar a la subregión, la mayoría se trasladaron, de hecho, por motivos laborales, económicos, ambientales, de movilidad, habitacionales y familiares.

En conjunto, el peso de las capitales dentro de la población censada en todo el país tuvo una pequeña reducción, pues pasó de 46,8 a 45,9 por ciento entre el 2005 y el 2018. Casi la totalidad de esa reducción se explica por el menor tamaño de la población de Cali, en donde se contaron 1,8 millones de personas, frente a 2,1 millones 13 años atrás. Entre tanto, en Cartagena se bajó de 895.000 personas contadas en el censo anterior a 888.000 el año pasado. Y en Pereira, de 428.000 a 410.000. En cambio, en Inírida, capital de Guainía, la población casi se duplica en 13 años, con un aumento de 92 por ciento; algo parecido ocurrió en Mitú, Vaupés, y Puerto Carreño, Vichada, con 63 y 53 por ciento (ver mapa).

 

 


Hogares y vivienda

El número de viviendas3 creció más rápido que el de los propios hogares4. Mientras que en estos 13 años los hogares aumentaron en 700.000 para sumar 14,2 millones en 2018, el número de viviendas se incrementó en 3,1 millones hasta alcanzar las 13,5 millones de unidades. Muchos hogares que habitaban en inquilinatos o en las casas paternas se fueron a vivir independientes y otros han decidido vivir solos, tendencia cultural y sociológica fuerte que se observa en las grandes ciudades y realidad que corresponde no sólo a jóvenes sino también a población adulta y vieja.

El 96,3 por ciento de todos esos hogares cuentan con servicio de energía eléctrica, 3 puntos porcentuales más que los del 2005. También ha aumentado el acceso al agua potable (86,4%) y al alcantarillado (76,6%), casi que en las mismas proporciones en estos 13 años. Pero el mayor avance ha sido en acceso al gas natural, pues hoy 7 de cada 10 hogares cuentan con este servicio, mientras que en 2005 eran solo 4 de cada 10, según el Dane, que también advirtió que el 81,6 por ciento de los hogares tienen acceso a la recolección de basuras y el 43,3 por ciento cuentan con internet.

Y si bien hoy siguen siendo más las familias que viven en casas (6 de cada 10), las que prefieren los apartamentos van en alza, pues mientras que en el 2005 cerca del 25 por ciento los habitaban, hoy esa cuota ronda el 33 por ciento. También es revelador el crecimiento de los hogares unipersonales, pues hoy son el 18,5 por ciento frente al 11,1 por ciento del 2005.


Mujeres y desigualdad social

Según el censo, el porcentaje de hogares encabezados por mujeres pasó en el período intercensal 2005-2018 de 29,9 a 40,7 por ciento, mientras la jefatura masculina disminuyó de 70,1 a 59,3 por ciento5. Esto quiere decir que cuatro de cada diez hogares están encabezados por mujeres, uno más que en 2005. Las mujeres tienen mayores niveles de alfabetización que los hombres; y las entidades territoriales con mayor proporción de mujeres son, a la vez, las que tienen niveles más altos de desarrollo (Gráficos 4 y 5).

 

Gráfico 4. Distribución de la población censada por sexo a nivel departamental, 2018

 

Gráfico 5. Empoderamiento de la mujer: jefatura de hogar según sexo



No obstante, el propio Dane ha establecido que las mujeres al frente de sus hogares viven en peores condiciones. La ECV registra que el 77,7 por ciento de ellas no tienen cónyuge, por lo tanto, no hay otro proveedor de ingresos para las familias y deben asumir las cargas domésticas y laborales al mismo tiempo, cosa que no suele suceder con la mayoría de hogares con jefatura masculina. Adicionalmente, en 2018 se encontró que la incidencia de la pobreza es más alta en los hogares con jefatura femenina, con 21,7 por ciento, frente al 18,5 en los de jefatura masculina.

Si bien las cifras indican que las mujeres están más educadas, la realidad es que se emplean menos que los hombres. Para el trimestre febrero-abril de 2019, la tasa de desempleo para las mujeres fue 14,0 por ciento y para los hombres 8,7 por ciento. A ello se suma la brecha salarial de 20 por ciento entre hombres y mujeres que cumplen las mismas funciones, según el Ministerio de Trabajo.

Las cifras del censo también revelaron que con un mayor nivel educativo se incrementa la edad promedio en que las mujeres están dispuestas a tener hijos; aquellas que tienen educación preescolar, primaria o ninguna, deciden ser madres a los 25 años, en promedio; esta edad va en aumento a medida que registran un mayor grado de escolaridad, con 29 y 31 años en niveles de formación superior o de posgrado. El número de nacimientos también registró cambios importantes en relación con el acceso a la educación: aquellas con pocos o nulos estudios tienen en promedio 3,5 hijos, mientras las que alcanzaron un posgrado tienen 1,5.

Si bien es indudable que las mujeres ocupan un papel protagónico en las dinámicas sociales y económicas del país, las cifras del Dane permiten concluir que las condiciones en que vive buena parte de esta población todavía distan de ser un ejemplo de empoderamiento femenino. Los avances en materia de alfabetización, equidad de género en las empresas o reducción en el número de hijos con relación al tipo de formación de la madre indican además que las mejoras todavía suelen ser para aquellas que están más preparadas o tienen los recursos para acceder a un tipo de vida distinto (Gráfico 6).

 

Gráfico 6. Alfabetismo por sexo


 
¿A qué se dedica la gente?


Los cambios demográficos y en la situación socio-económico de los hogares se reflejan en las conductas disruptivas en cuanto a la ocupación durante los últimos trece años. En 2018, la población que trabaja representa el 46,6 por ciento mientras que en 2005 era de apenas el 39,8. El 51 por ciento de la población se encuentra ocupada; por sexo, los hombres se encuentran ocupados en el 66,1 por ciento y las mujeres el 37,4. También se encuentra más proporción de gente buscando trabajo: 2,8 por ciento en 2005 y 5,4 en 2018. El porcentaje de población estudiando aumentó de 17,6 por ciento a 18,1 durante los últimos trece años. La población que se dedica a los oficios del hogar se redujo de 21,5 por ciento a 19,0 en el período intercensal. Otra expresión del proceso de envejecimiento de la población es el crecimiento relativo que registra la población jubilada: pasó de 2,3 por ciento en 2005 a 3,6 en 2018 (Gráfico 7).

 

Gráfico 7. Ocupación según principal actividad económica realizada la semana anterior

 



Por último, una vez que se tramite el proyecto de ley para oficializar las cifras del recién conocido Censo de Población y Vivienda 2018, las proyecciones que se estipularon en el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Iván Duque serán sujetas a revisión, tal y como se determina en las bases del mismo.



1    Lugar Especial de Alojamiento (LEA): Es una edificación o parte de ella en la cual habita un grupo de personas, generalmente no parientes, que participan de una vida en común por razones de procesos de rehabilitación, carcelaria, estudio, trabajo, culto religioso, hospitales, disciplina militar, labores administrativas, entre otras.
2    Una conurbación es una región que comprende una serie de ciudades, pueblos grandes y otras áreas urbanas que, a través del crecimiento poblacional y su crecimiento físico, se fusionan.
3    Vivienda (Unidad de uso vivienda): Espacio independiente y separado, habitado o destinado para ser habitado por una o más personas. Independiente, porque tiene acceso directo desde la vía pública, caminos, senderos o a través de espacios de circulación común (corredores o pasillos, escaleras, ascensores, patios). Las personas que habitan una unidad de vivienda no pueden ingresar a la misma a través de áreas de uso exclusivo de otras unidades de vivienda, tales como dormitorios, sala, comedor, entre otras. Separada, porque tiene paredes u otros elementos, sin importar el material utilizado para su construcción, que la delimitan y diferencian de otros espacios.
4    Hogar: Es una persona o grupo de personas, parientes o no, que ocupan la totalidad o parte de una vivienda; atienden necesidades básicas con cargo a un presupuesto común y generalmente comparten las comidas. También constituyen un hogar las personas que se asocian para vivir bajo el mismo techo, aunque no compartan las comidas. Los empleados del servicio doméstico y sus familiares, los trabajadores y sus familiares forman parte del hogar siempre y cuando duerman en la misma vivienda donde trabajan.
5    Jefe o jefa de hogar: es el residente habitual que es reconocido por los demás miembros del hogar como jefe o jefa, teniendo en cuenta los siguientes criterios: la persona de mayor edad, el que mayor aporte económico le hace al hogar o el que goce de mayor respeto entre los miembros del hogar.
*    Escritor e investigador independiente. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia, y desdeabajo.

Publicado enEdición Nº259
Alerta secretario de la ONU sobre crecimiento y envejecimiento poblacional

Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, alertó hoy en el marco del Día Mundial de la Población, que entre los problemas demográficos del mundo figuran el crecimiento y envejecimiento de la población, la migración y la urbanización.

 

En su mensaje con motivo del Día Mundial de la Población, que se celebra cada año el 11 de julio desde 1989, Guterres indicó que el mayor desafío es el envejecimiento de la población, que hace necesario promover el envejecimiento activo y con salud, así como proporcionar una protección social adecuada.

 

Sostuvo que el Día Mundial de la Población es la ocasión para refrendar los compromisos globales en favor de un futuro mejor para todos en un planeta sano, contemplados en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

 

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dijo que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es el plan que ha adoptado el mundo y que su misión guarda una estrecha relación con las tendencias demográficas.

 

A medida que el mundo siga urbanizándose, según las previsiones el 68 por ciento de la población mundial vivirá en zonas urbanas en 2050, el desarrollo sostenible y el cambio climático dependerán cada vez más de una gestión adecuada del crecimiento urbano, agregó.

 

En su mensaje publicado en la página web de la ONU, Guterres resaltó la necesidad de gestionar estas tendencias demográficas teniendo en cuenta la relación existente entre población, desarrollo y bienestar de las personas.

 

Hace 25 años, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de El Cairo, los dirigentes mundiales enunciaron por primera vez los vínculos entre población, desarrollo y derechos humanos, incluidos los derechos reproductivos.

 

Este año, el Día Mundial de la Población busca llamar la atención del mundo sobre los asuntos pendientes de la Conferencia de El Cairo.

 

Reconoció que a pesar de los progresos en la reducción de la mortalidad materna y los embarazos no planeados, aún quedan muchos problemas por resolver, en especial los relacionados con los servicios de salud esenciales.

 

Las complicaciones del embarazo siguen siendo la principal causa de muerte entre las niñas de 15 a 19 años, mientras la violencia de género, que tiene sus raíces en la desigualdad, sigue causando estragos.

 

El Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estableció en 1989 el Día Mundial de la Población, con el que se pretende centrar la atención en la urgencia e importancia de las cuestiones relativas a la población.

 

La población mundial actual es de siete mil 600 millones de personas y se calcula que alcanzarán los ocho mil 600 millones para el año 2030, según la ONU, que destaca que China e India siguen siendo los países más poblados.

 

(Con información de Notimex)

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Martes, 09 Julio 2019 06:10

China. Un país, dos sueños

China. Un país, dos sueños

Las protestas vividas recientemente en Hong Kong contra la propuesta de una ley de extradición que permitiría la entrega de fugitivos al gobierno central, evidencian un claro aumento de la fractura entre el nacionalismo Han, hoy sustentado en el programa del Partido Comunista para lograr la revitalización de la nación china, y las demandas democráticas que afloran en su periferia territorial. Igualmente, ponen de manifiesto el carácter estructural de una protesta que en tres episodios (2003, 2014 y 2019) plasman una severa advertencia a Beijing de los riesgos asociados a las políticas recentralizadoras en curso en los últimos años.

A estas alturas, lo de menos es ya que va pasar con la ley de extradición o el futuro de Carrie Lam, a quien le reclaman la dimisión. Ambos han sido finiquitados, aunque no pueda admitirse públicamente para no perder la cara. Aun así, el problema de fondo radica en la pérdida de confianza de buena parte de la población local no solo en la jefa de esta región administrativa o en su Consejo Legislativo sino, sobre todo, en la sabiduría y mano izquierda del poder central para lidiar con estas situaciones. Y en ello debieran meditar las autoridades de Beijing a la hora de reconducir su política de “frente unido”, la tercera arma mágica del Partido, según Mao.

En origen, la fórmula “un país, dos sistemas” fue otra genialidad de Deng Xiaoping; no una concesión graciosa sino un imperativo necesario para preservar la condición de Hong Kong como ventana abierta al mundo. Deng se comprometió a preservar su singularidad tras la retrocesión por cincuenta años. “Lo que decimos lo cumplimos”, apostilló. Ahora corre peligro. Incluso buena parte de la sociedad continental no entiende de qué se quejan los hongkoneses (como tampoco las nacionalidades minoritarias díscolas); a fin de cuentas, ellos gozan de “privilegios” que a la mayoría le son negados. Y por si fuera poco, protestan. Que en dicho contexto se alcen voces reclamando la implantación de un solo sistema (al igual que la eliminación de las autonomías de las nacionalidades minoritarias), no es de extrañar. ¿Renunciará China a su compromiso? En la situación actual, ni las condiciones ciertamente poco democráticas del colonialismo británico le pueden servir de ayuda ante una generación de jóvenes muy movilizados que no vivió esa época.

Pero la iniciativa para favorecer las extradiciones no es un hecho aislado. Otras propuestas abundan en la idea de atar en corto Hong Kong al continente. Ya hablemos del tren de alta velocidad inaugurado el año pasado y que conecta al ex enclave británico con 44 ciudades chinas o el nuevo puente sobre el delta del río de las Perlas que une Hong Kong a Macao y Zhuhai, un asombroso ejemplo de la ingeniería civil china, se enmarcan en el proyecto de la Gran Bahía de Zhuhai que Beijing ansía convertir en una gran área económica pero también más homologable en lo político. Estos proyectos anclarán definitivamente a Hong Kong en el continente hasta diluirlo. Las diferencias en términos de desarrollo económico que en su día pudieron servir de justificación para admitir un status especial pronto perderían su razón de ser.

Probablemente Beijing ha cometido un enorme error de cálculo al no calibrar la capacidad de indignación política de los hongkoneses. Pero también en el exterior se ha cometido otro error similar al considerar irremediable que el continente evolucionaría hacia la adopción de un modelo similar al vigente en Hong Kong. El gobierno central no cejará en su empeño para promover un amorfismo centrado en la mejora general de vida al margen de las peripecias políticas mientras avanza su mayor control de forma sostenida.

La percepción no ya de ausencia de progresos sino de una lenta erosión de ciertos derechos básicos afea a China en su propia casa primero e internacionalmente después, cundiendo la duda acerca de sus intenciones últimas a propósito del rechazo de las experiencias liberales, cualquiera que sea su signo o emplazamiento. Sobre Hong Kong ejerce una soberanía indiscutible pero no debiera pasar por alto que el eco de sus acciones y de su impaciencia trasciende su territorio inmediato. Y en un momento en que se le señala con el dedo por las más diversas razones, un torpe manejo de este asunto dando rienda suelta a las posiciones más hostiles, ignorando los anhelos expresados por miles de personas contra las derivas autocráticas, pudiera depararle mayores costos de los estimados. Y no solo en términos de imagen global.

Dos personas pueden dormir en la misma cama y no compartir el mismo sueño, dice un refrán chino. El arraigo de las convicciones democráticas en Hong Kong no debiera infravalorarse, so pena de agrandar el foso que separa a significados sectores sociales del resto del continente. Nadie puede discutir que Hong Kong sea parte de China pero a los hongkoneses les preocupa que el sueño chino suponga una merma en sus derechos fundamentales. No reniegan de su pertenencia a la etnia china pero políticamente se sienten diferentes y desmienten con su protesta la propagada máxima de que esos derechos que estimamos universales deben ser tamizados a la luz del relativismo cultural.

 

Por Xulio Ríos. Observatorio de la Política china

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La explosión demográfica global se ralentiza

El mundo albergará casi a 9.700 millones de personas en el año 2050. Son 2.000 millones más que en la actualidad, según las proyecciones publicadas este lunes por la ONU

Los seres humanos nacen, crecen, envejecen y mueren desde que habitan el mundo. Pero sobre todo, se multiplican. Así lo constata el informe bianual de la ONU sobre perspectivas de población publicado este lunes. En 2050, habrá 9.700 millones de personas en el planeta, según sus estimaciones. Son 2.000 millones más que hoy. Y serán muchas más en 2100, cuando se alcanzará el pico demográfico con 10.875 millones. Ambas proyecciones son ligeramente inferiores a las que calcularon y publicaron en la anterior edición del estudio, en 2017. Lo que significa que la humanidad crecerá a lo largo del siglo a un ritmo levemente menor del previsto hace dos años. Una ralentización que explica el descenso de la tasa de fecundidad global, que ha pasado de 3,2 nacimientos por mujer en 1990 a 2,5 en 2019. Y en 2050 caerá a 2,2 nacimientos por mujer.

“Muchas de las poblaciones de más rápido incremento se encuentran en los países más pobres, donde el crecimiento demográfico presenta desafíos adicionales en el esfuerzo para erradicar la pobreza, lograr una mayor igualdad, combatir el hambre y la desnutrición, y fortalecer la cobertura y la calidad de los sistemas de salud y educación para no dejar a nadie atrás”, analiza Liu Zhenmin, secretario general adjunto para asuntos económicos y sociales de las Naciones Unidas en un comunicado. En este sentido, añade, el informe ofrece una hoja de ruta que indica hacia dónde orientar la acción y las intervenciones para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, acordados por los 193 países de la ONU en 2015 para conseguir un mundo más justo, pacífico y un planeta todavía habitable en 2030.

"Se dice que la Agenda 2030 pone a las personas en el centro del desarrollo sostenible. Y este informe da información clave: dónde están, cuántos hijos tienen y cuánto viven. Por tanto, puede ser usado por los Gobiernos y ONG para anticipar tendencias demográficas y tenerlas en cuenta en sus programas", ha dicho Maria-Francesca Spatolisano, subsecretaria general de Coordinación de Políticas y Asuntos Interinstitucionales, UN-DESA, en la presentación del documento en sede de la ONU en Nueva York y que se ha retransmitido en directo a través de Internet.

Basándose en estas tres variables —fertilidad, mortalidad y migraciones internacionales—, los autores estiman que el país que más crecerá será India, que en 2027 superará a China como el más poblado del mundo y alcanzará los 1.450 millones de personas en 2100, mientras que el segundo tendrá 1.064 millones esa misma fecha. El resto de naciones que más incrementarán su población están predominantemente en África. Son, por este orden: Nigeria, Pakistán, República Democrática de Congo, Etiopía, Tanzania, Indonesia, Egipto y Estados Unidos. Todos ellos representarán la mitad del incremento demográfico global hasta 2050.

Por regiones, Europa es la única que perderá población entre 2019 y 2050 (con unas 25.000 personas menos), mientras que África casi la duplicará pasando de 1.300 millones a 2.500 de almas para esa fecha. Asía seguirá como la más poblada con 5.300 millones. Una primera posición que mantendrá a final de siglo a pesar de la reducción que experimentará hasta 4.700 habitantes en 2100, pero con el continente africano muy cerca, con menos de medio millón de habitantes de diferencia.

"África crece porque el número de nacimientos es mayor que el de muertes. Y eso se debe, en gran parte, a que se ha aumentado la supervivencia de los bebés al nacer como de las madres al dar a luz", ha analizado durante el lanzamiento John Wilmoth, director de a división de población de UN-DESA. Si bien ha reconocido que todavía queda trabajo por hacer en cuanto a acceso a servicios de planificación familiar y contraceptivos, pese a los avances en esta materia en el continente. En 2019, la mayor tasa de fertilidad la registra de hecho África subsahariana con 4,6 nacimientos por mujer, muy por encima del 2,1 que se calcula (en ausencia de migración) necesario para asegurar el reemplazo generacional, tal como anotan los autores.

"Una cuestión importante es que la población está envejeciendo", ha agregado John Wilmoth, director de a división de población de UN-DESA. Gracias al aumento de la esperanza de vida al nacer, en 2050, una de cada seis personas en el mundo (16% de la población) tendrá más de 65 años, frente al 9% actual. En Europa y América del norte, esa ratio será aún mayor, con un 25% de ese grupo edad.

"El descenso en la proporción de población en edad trabajar está ejerciendo presión sobre los sistemas de protección social", alertan los autores. Un fenómeno muy acusado en Japón, donde hay 1,8 personas en edad laboral por cada mayor de 65. Es la relación de apoyo potencial (como se conoce este dato) más baja del mundo. Pero no va a estar solo en unos años. "Para 2050, se espera que 48 países, principalmente en Europa, América del norte y Asia oriental y suroriental, tengan relaciones de apoyo potencial por debajo de dos", apunta el documento.

En otras regiones, sin embargo, "hay largas cohortes de jóvenes", ha anotado Wilmoth. "En la mayor parte de África subsahariana, y en partes de Asia y América Latina y el Caribe, el descenso reciente de la fecundidad ha provocado que la población en edad de trabajar (25-64 años) crezca más rápido que la de otras edades, lo que, gracias a una distribución favorable de la población por edades, crea oportunidades para acelerar el crecimiento económico", se lee en el informe. Para beneficiarse de ese dividendo demográfico, la ONU sugiere en el documento que los gobiernos inviertan en educación y salud, especialmente para los jóvenes.

Madrid 17 JUN 2019 - 13:00 COT

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Informe de la Cepal  Emigración, empujada por debacle de modelos económicos

 

La alta densidad poblacional en los países de Centroamérica, con 136 habitantes por kilómetro cuadrado –el doble que en México o el quíntuple que en Perú–, ha generado una explosión en los centros urbanos de la región, exenta de industrialización y paralela al debilitamiento de la economía rural, con un mercado laboral que sólo ofrece empleos formales a cuatro de cada 10 trabajadores y salarios que representan la décima parte de lo que se paga en Estados Unidos, detalla la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre las causas del fenómeno migratorio.

 

Los migrantes de El Salvador ya representan 22 por ciento del total de la población de su país, los de México 8.9, los de Honduras 6.9 y los de Guatemala 5.8, dice el organismo en su Diagnóstico, áreas de oportunidad y recomendaciones del Plan Nacional de Desarrollo Integral que elaboró para las cuatro naciones.

 

"Encuestas recientes sobre migrantes y remesas mostraron que cerca de 40 por ciento de esas personas de Guatemala, Honduras y El Salvador tenían empleo cuando decidieron salir de sus países. Su interés no era la búsqueda de empleo, sino de una ocupación con mayor productividad laboral que les permitiera generar ingresos más altos, aunado a la demanda de mano de obra en Estados Unidos", indica la comisión al sostener que el desempleo no debe considerarse el factor fundamental de las migraciones.

 

Además, señala que una tercera parte de los sin papeles originarios de El Salvador, Guatemala y Honduras deportados por Estados Unidos vía área son mayoritariamente varones, casi una cuarta parte habla inglés, tiene en promedio 28 años y 70 por ciento cuenta con estudios de bachillerato, técnicos o incluso de universidad.

 

Poca inversión física se realiza en la zona, ya que apenas representa 15 por ciento del producto interno bruto (PIB) de los tres países y la población carece de seguridad social.

 

La Cepal agrega que dichos problemas están vinculados con las secuelas de guerras, violencia e inseguridad con altas tasas de homicidios y feminicidios, así como con las sequías cada vez más prolongadas y lluvias intensas por los efectos del cambio climático que ocasionan la pérdida o abandono de tierras por campesinos que padecen hambre y desnutrición, entre ellos los caficultores, para quienes ya no es rentable cultivar el aromático por el desplome de su precio internacional.

 

"La composición de las recientes caravanas de migrantes indica que una parte eran campesinos e indígenas cultivadores de café en sus regiones de origen (aproximadamente 30 por ciento de la caravana que cruzó México en noviembre de 2018), afectados por la crisis del producto en 2018, en la que se combinaron los impactos del cambio climático y la caída del precio internacional del grano por la concentración de la industria", indica.

 

Desde 2014, precisa, han aumentado la pobreza y el daño ecológico en la región a consecuencia del fenómeno El Niño, ya que las familias campesinas han perdidos sus cosechas, se han endeudado e incluso han tenido que vender sus tierras y viviendas, por lo que su única opción para sobrevivir ha sido emigrar a los centros urbanos de sus países o al extranjero.

 

El modelo económico actual, sentencia la Cepal, está agotado y así lo demuestran "el crecimiento económico insuficiente, la falta de empleos y su precarización; la prevalencia de bajos ingresos; las malas condiciones de trabajo; las crecientes brechas salariales con Estados Unidos y la divergencia en Centroamérica; la alta propensión al consumo, y el sesgo importador del modelo".

 

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Los tres faros de la conciencia ecológica

La cuestión o preocupación ambiental, no es más que la re-aparición de la Naturaleza, la Madre Tierra, el antiguo enlace con la dimensión femenina, en las sociedades modernas. La naturaleza es la fuerza que los seres humanos debemos tomar en cuenta y respetar para seguir existiendo. En efecto, la Naturaleza estuvo presente en el imaginario de las culturas ancestrales, como una entidad viva y sagrada desde sus orígenes hace 300 mil años, y fue sólo con el advenimiento de la modernidad, materialista, tecnocrática, patriarcal y mercantil que la Naturaleza se convirtió en un ente a ser eliminado y explotado, en un recurso natural externo, en un "capital natural", en una máquina a ser analizada y escudriñada por el ojo frío, objetivamente frío, de una ciencia al servicio de la acumulación de la riqueza. Esta conciencia ecológica, que suma día con día, a millones y millones de seres humanos en todo el mundo, nos permite visualizar de manera diferente a la política, al tiempo, a la gobernanza y a las relaciones sociales. Tres dimensiones alcanzo a visualizar.

Primero, bajo la perspectiva de la conciencia ecológica, la habitual geometría política de izquierda y derecha desaparece para ser remplazada por una sola disyuntiva. No hay más que políticas por la vida y políticas para su destrucción, políticas para la muerte. Visto globalmente, a la luz del calentamiento del planeta, este dilema se traduce en políticas que enfrían el clima y políticas que lo calientan. Es decir, políticas que enfrentan y remontan la crisis ecológica actual o bien que abonan el camino hacia el abismo. O defendemos la vida o la continuamos aniquilando en nombre del mercado, la tecnología, el progreso, el desarrollo, el crecimiento económico, etcétera.

La segunda, es que ahora vemos el devenir, el transcurso del tiempo de otra manera. Ya no son los simples años, décadas o sexenios, ahora están puestas las miradas en lo que pasará de aquí a 2050, en sólo 30 años. Para esa fecha, la humanidad alcanzará 9 mil millones de habitantes, es decir, 2 mil millones más de seres humanos que requerirán, aire, agua, alimentos, energía, educación, cultura, hábitat y esparcimiento; el petróleo llegará a su fin (y le siguen gas, carbón y uranio), el cambio climático, que no se ha detenido a pesar de las advertencias de los científicos, desde hace ya varios años, estará generando catástrofes de todo tipo, y los alimentos que serán necesarios tendrán que generarse bajo métodos agroecológicos, y no más bajo las pautas insanas y destructivas de la llamada agricultura moderna o industrial. Estos cuatro procesos, incontrovertibles, al combinarse generarán escenarios complejos de alto riesgo para toda la humanidad.

Lo tercero, que surge de lo anterior, nos obliga a indagar la verdadera naturaleza de las fuerzas profundas que provocan este panorama actual y del futuro próximo. No somos todos los seres humanos los culpables de la crisis actual, como nos lo indica un ambientalismo superficial y una ciencia que se niega a abordar las relaciones de poder en las sociedades contemporáneas, sino una minoría de minorías. Y esa minoría tiene nombre: se llama neoliberalismo. No se trata ya de la especie humana, sino de una fracción de esa, que bien podemos denominar Homo demens: el mono demente. Se trata por supuesto de la suma de decisiones de unos cuantos individuos y sus instituciones corporativas, obsesionados por la acumulación de su riqueza a toda costa. Esa obsesión que opera como una máquina indetenible (apuntalada por estructuras gubernamentales, militares, financieras, e ideológicas) y que ha sido denunciada por igual por políticos radicales, humanistas y filósofos, gente de ciencia, la encíclica Laudato si, películas y series de televisión, y recientemente por los niños del mundo.

La conciencia ecológica nos dota entonces de tres faros para enfrentar la espesa oscuridad del mundo actual. De tres verdades para orientar nuestra presencia y la de nuestras familias, comunidades, audiencias y sociedades, así como nuestro activismo y, por qué no, la de las políticas públicas. Y es que, cuando ya no logremos nombrar las cosas por su nombre, no sólo estaremos negando nuestra esencia de mono sentipensante ( Homo sapiens), sino caminando en un sentido contrario al de la historia. Nosotros, el 99 por ciento, nuestro planeta, nuestros hijos y demás descendientes, y los otros seres con los que compartimos, tenemos derecho a la vida.

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En Irak los fantasmas promueven la unidad

En una tierra que ha experimentado tanto sufrimiento –bajo Saddam, los estadunidenses, los ataques del Isis– Robert Fisk encuentra profunda dignidad a pesar de los restos.

 

En el camino a Amara las cigüeñas hacen sus nidos sobre los postes de luz. Algunos de estos hogares en lo alto miden 1.80 m de ancho; racimos de varas y paja sobre las instalaciones de acero de los descendientes del señor Siemens. Desde esas casas como de cuento, los pájaros se espían unos a otros. También pueden verse sus largos picos apuntando hacia abajo, cuando miran a la pequeña gente de Irak que pastorea a sus ovejas u –asombrosamente, y al comenzar el calor del verano– ondean banderas verdes a la orilla de la carretera como invitación a los peregrinos musulmanes chiítas a detenerse en las aldeas para comer y tomar agua gratis. Esta generosa tradición es verdad.

Los habitantes de estas poblaciones realmente se reúnen a y un lado de la carretera y llaman la atención de los conductores que van hacia al norte, muchos de ellos iraníes que van camino a Najaf o Kerbala. Una vez quedé atrapado en un embotellamiento de peregrinos que esperaban para comer. No se paga ni un dinar por este acto de generosidad. Quizá las cigüeñas que bajan de los postes, con sus alas de cometa, aprecian la extraña arquitectura de la piedad y el dinero, la habilidad humana de construir altares de magníficos azulejos azules y blancos a un lado de estacionamientos grises y mueblerías de concreto barato que están a los lados del viejo camino a Basora.

¿No podemos crear belleza y absolver la fealdad del área rural en que las aguas de la inundación están filtrándose de nuevo a los pantanos árabes "desecados" por Saddam en los terribles años 90? Recuerdo cómo se construyeron casuchas para los pobres junto a las catedrales europeas durante la Edad Media. Tal vez lo uno da significado a lo otro.

Es lo mismo con las grandes ciudades sagradas aquí. Uno puede ir tambaleándose entre el polvo y la contaminación de los autos y encontrar el lugar en que fue sepultado el imán Ali, el yerno del profeta. En Kerbala, las mezquitas de Hussain y Abbas anidan entre las calles repletas de mugre y animales colgados de ganchos sobre la calle y que fueron sacrificados en las carnicerías. Me acostumbré a todo esto.

Cada noche, iba a tomar té en un viejo establecimiento en que los ancianos fumaban en pipas hookah. En una ocasión me atreví a encender un habano que un amigo me regaló en Beirut. Un granjero de mediana edad estaba sentado a mi derecha y me preguntó de dónde venía eso. Le respondí que de Cuba. Dos hombres discutieron sobre esta lejana nación. Sí, sabían quién era Castro y yo preferí olvidarlo en el momento en que recordé que a Saddam le gustaban los habanos. Los tres hombres debatieron sobre esto... con un extranjero entre ellos. Uno tuvo un hermano, quien fue torturado y asesinado en una de las prisiones de Saddam, otro hermano que fue muerto en la insurrección chiíta de 1991. El granjero se buscó algo en el bolsillo de la pechera de su bata y sacó un teléfono móvil. Los tres se reunieron a mi alrededor. Querían una selfie con el extranjero y su habano en la ciudad santa de Kerbala.

Dudo en recordar cuántas veces los chiítas sacudieron las cabezas con horror y lúgubre estupor ante el recuerdo de Saddam. Los corresponsales siempre tememos el encabezado obvio –"El fantasma de Saddam aún se aparece sobre el Irak devastado por la guerra"– cuando fue la invasión de Bush y Blair la que en realidad destrozó a la antigua Mesopotamia. En efecto, Saddam sigue entre los chiítas.

Un conocido recordó los 10 años que pasó en las prisiones de Saddam, y cómo veía por entre los barrotes de su celda y de los respiraderos en el techo cómo los misiles crucero volaban en dirección a Bagdad.

Es notable con cuánta frecuencia surgen chispas de honor en estos recuerdos, desde tiempos distantes cuando la integridad y el respeto eran tan poco frecuentes como lo eran bajo la ocupación estadunidense. Aquí están, por ejemplo, las palabras de un amigo iraquí al hablar de su padre, fallecido hace mucho:

“A principios de los años 50, el gobierno expulsaba a los judíos de Irak. Decenas de miles de ellos fueron obligados a vender sus propiedades lo más baratas posible y, por supuesto, los iraquíes se aprovecharon de esto y compraron hermosos hogares a precios ridículamente bajos. Básicamente le robaron esas casas a los judíos, pero mi padre se rehusó a esto. Ofreció comprarle una casa a un judío, pero insistió en pagársela al precio real, al costo que tenía antes de que los judíos empezaran a irse. Incluso fue al banco con este hombre para asegurarse de que recibiera el dinero que valía la casa. Y ¿sabe que mi padre jamás me dijo esto? Su hermana –mi tía– fue la que me contó lo que mi padre hizo, después de que él murió”.

Esa misma noche, en Kerbala, estaba yo leyendo un montón de periódicos franceses que compré semanas antes en París. Tengo el hábito de juntar artículos y leerlos más tarde. Y –en una extraordinaria obra del azar– me encontré una reseña en Le Figaro de una exhibición, en Francia, de arte judío de tiempos del nazismo entre 1940 y 1944. En la exhibición había una fotografía de la galería Carpentier de París, en julio de 1944 –del Día D, según mi reflexión–, que mostraba a la élite de la sociedad parisina sentada en varias filas mirando lo que parce ser un retrato de Renoir.

En la fotografía las damas elegantes llevan sombreros de plumas y los hombres de negocios usan lentes, se quitaron los bombines y los tienen sobre sus rodillas.

Los franceses, pensé, compraron este botín nazi a precios tan baratos como los de las casas de judíos que los iraquíes compraron a principios de los 50. En el caso de los franceses, muchos de los judíos ya habían sido exterminados. Un estimado sugiere que 2 millones de objetos –obras de arte, vinos, edificios enteros– fueron rematados bajo la ocupación francesa.

Pero el padre de mi amigo mantuvo la fe en su familia en el Bagdad racista de los años 50, y pagó el precio real por un hogar judío. Es sólo una anécdota, lo sé, pero de alguna manera renovó la esperanza de que en una tierra con tanto sufrimiento –primero bajo Saddam y luego bajo los estadunidenses y sus apparátchiks en los primeros años de gobiernos de ocupación, y luego bajo los ataques del culto del Isis– una profunda dignidad debe existir; un valor que mi amigo entendía muy bien.

Cuando llegamos a Bagdad al día siguiente, sacó los brazos por la ventana del auto en el calor de horno de la ciudad. "Es mucho más segura, Robert. Ya se puede caminar por las calles. Hasta la Zona Verde está abierta al tráfico en la noche".

Y por todos los cielos, estaba en lo cierto. En el centro de Bagdad tomé taxis , y después de la siete de la noche conduje por la Zona Verde sin que ni siquiera me catearan. Por toda la ciudad, esos enormes muros de angustia y miedo –construidos entre grupos sectarios, entre ocupación y pueblos ocupados, entre familias– ya fueron retirados.

Hay policías que con silbatos le llaman la atención a los conductores por pasarse los altos –bienvenidos a Medio Oriente–, pero se veía como una ciudad cuyo corazón ha vuelto a latir tras un accidente coronario masivo, luego de años de desolación y escuadrones de la muerte.

Pero la ocupación estadunidense permanece, no sólo en la famosa base de Donald Trump desde la cual él cree que puede ver las profundidades de Irán, sino en las aguas estancadas de las políticas de Estados Unidos hacia Irán en las que Washington se alineó con la ecuación de Mohamed bin Salman, de Arabia Saudita, y Benjamin Netanyahu, una peligrosa y nada confiable alianza en la que Irak está atrapado entre las arenas de Arabia y la antigua Persia.

Para los iraquíes la ecuación Trump-Bin Salman-Netanyahu es absurda. El ministro del Exterior iraní, Javad Zarif, fue muy claro al hablar en la conferencia de seguridad celebrada en Munich hace tres meses. Estados Unidos afirmó que Irán estaba "interfiriendo en la región" y respondió: "¿Pero ya alguien preguntó la región de quien? El ejército de Estados Unidos ha viajado 10 mil kilómetros para dejar todas nuestras fronteras llenas de sus bases. Es un chiste decir que Irán interfiere con las bases estadunidenses".

Es una observación que se ve más terrible tras el aparente ataque contra dos barcos petroleros sauditas que zarparon de los Emiratos esta semana. Si Estados Unidos en efecto tiene una "obsesión patológica" con Irán, como asegura Zarif, es Irak el que está en la línea de fuego hacia Irán. Y pese al deseo del gobierno iraquí y su primer ministro, Adil Abdul Mahdi, de aferrarse a una especie de neutralidad amistosa, esto se volverá más difícil si un portaviones o un grupo de buques de guerra y los misiles estadunidenses se acercan demasiado.

En teoría –y a pesar del deseo de Estados Unidos de destruir al gobierno iraní– las relaciones entre Irán e Irak han mejorado. ¿No se reunió el gran ayatola Ali al Sistani con el presidente iraní Hassan Rohani en marzo, en un claro signo de que el liderazgo chiíta iraquí prefiere la influencia más laica y civilizada del liderazgo iraní? ¿Será que Irak quiere aumentar su capacidad petrolera dentro del liderazgo iraní? ¿Acaso Irak no está tratando de incrementar su capacidad de producción de petróleo para reducir su dependencia hacia Irán? Un mes después,cuando el primer ministro Mahdi visitó Teherán, el "líder supremo" ayatola Ali Jamenei, le dijo que expulsara de Irak "lo más pronto posible" a las fuerzas estadunidenses que permanecen en su territorio. Mahdi no respondió.

No puede uno culpar a las autoridades iraquíes de no exigir esto. ¿No es la ciudad de Basora, con su sobrepasado drenaje, masivos cortes de electricidad, y el descontento inmenso y violento (además de sus muy rentables reservas de petróleo) más importante en Bagdad que en Irán? ¿No son todavía los gestantes grupos del Isis en los desiertos de Anbar y alrededor de las aldeas más al norte una amenaza mayor que una guerra entre Estados Unidos e Irán? Irak ha pedido a Estados Unidos exentarlo de las sanciones económicas contra Irán hasta el final de este verano, para que pueda importar más gasolina y electricidad.

Pero ¿es necesario torturar a Irak nuevamente? Hay precedentes históricos en juego en todo esto; los iraquíes –y no menos los kurdos– se han escapado del puño militar de Estados Unidos. Nadie sabe cuánto sur del país aún está bajo el control de las milicias chiítas. Un día noté que, al sur de Kerbala, una patrulla del gobierno pasaba sin problemas por los puestos de control chiítas. "No deberían estar aquí" me dijo mi chofer y señaló a los soldados que llevaban cascos modelo Kevlar de fabricación estadunidense y chalecos antibalas. Pero lo que fue perturbador es que los soldados del gobierno estaban encapuchados con máscaras negras. Y luego recordé que sigue sin haber ministro de Defensa en Irak. Tampoco ministro del Interior.

En cierto sentido Saddam es el sangriento pegamento de la unidad. Cuando escuché que las milicias descubrieron otra fosa común de víctimas del Isis en Kirkuk, me preparé para ir al norte de Bagdad, pero luego se informó que la más reciente tumba masiva fue hallada a 100 millas al oeste de Samawa y que las decenas de cuerpos no eran de chiítas asesinados por el Isis, sino kurdos muertos por Saddam durante la campaña de Anfal en 1988.

El presidente de Irak, Barhem Saleh –quien es kurdo– estuvo presente en la exhumación. Estos mártires murieron porque deseaban una vida digna y libre, declaró. "El nuevo Irak no debe olvidar los crímenes cometidos y que costaron vidas a iraquíes de todas las comunidades", dijo.

Y así el "nuevo" Irak es instado a recordar al viejo fantasma que en 1980, recordemos, declaró la guerra a Irán alentado por Estados Unidos en un intento por destruir la revolución iraní la cual Donald Trump, casi 30 años después, quiere destruir de nuevo.

Recuerdo cuando en 1980 los sauditas apoyaron la guerra de Saddam lo mismo que Kuwait –Israel estaba muy contento de ver a dos poderes musulmanes inmolándose mutuamente– y luego las flotas de guerra estadunidenses fueron enviadas al Golfo y nos dijeron que Irán representaba la más grande amenaza a la paz en Medio Oriente en generaciones.

Es la misma vieja historia y por lo tanto, en cierto sentido, Saddam aún vive, sus legiones siguen surtiendo gasolina a lo largo de la frontera iraní, aún destruyen a los kurdos y amenazan a los chiítas. Las naciones con largas historias tienden a sobrevivir. Por eso Irán sobrevivirá. No estoy tan seguro sobre Irak, Siria, Líbano y Jordania. ¿Qué podemos decir de Israel? ¿O Arabia Saudita? Y contra todo esto, realmente importan los más recientes bramidos de Washington? ¿No nos están pasando la repetición de la misma vieja guerra?

En retrospectiva, la guerra entre Irán e Irak entre 1980 y 1988 fue el primer intento occidental de destruir al Irán revolucionario. La guerra israelí de 2006 contra el Hezbolá armado por Iran pudo haber sido el segundo. La guerra civil en Siria –el único aliado árabe de Irán– pudo ser el tercero. ¿De dónde podemos esperar el cuarto intento?

Puede ser que Irán haya tenido que pasar por pruebas muy duras, pero su pueblo, durante estos 30 años, ha pasado por un purgatorio profundo –y hasta ahora ha sobrevivido. Puede parecer una levedad –quizá un poco demasiado periodístico–, pero quisiera que las cigüeñas pudieran hablar.

The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

 

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Edgar Insuasty, Patera (Cortesía del autor)

El personaje parece extraído de un programa de humor de la televisión colombiana. El país entero ríe a mandíbula batiente. Y, sin embargo, es el Director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. ¿Cómo fue posible que se llegara a semejante situación? Es claro que no se trata de una anomalía y que resulta enteramente funcional en el actual contexto de gobierno. Una ojeada a la historia tal vez nos ofrezca algunos elementos de juicio.

 

El debut de Juan Daniel Oviedo como nuevo Director del Dane consistió en un par de declaraciones, calculadamente escandalosas, sobre los resultados del Censo Nacional de Población que recibió de su antecesor. “Los colombianos somos muchos menos de lo que habíamos pensado”, afirmó, dejando de lado el hecho de que las proyecciones son hechas por el propio Dane y haciendo la comparación, más bien, con los datos de la Registraduría Nacional (1).


Actuaba así, con perfecto conocimiento de que si por alguna razón suelen preocupar estos resultados es porque determinan la repartición de las curules en el Congreso e inciden en los montos de las transferencias a las regiones en el Sistema General de Participación. Estas diferencias, que pueden ser positivas o negativas, no son raras, lo sorprendente en este caso es la magnitud (2). Un ejemplo lo tenemos con el Valle del Cauca donde la respuesta, a veces airada, no se hizo esperar. Casi 900.000 personas menos que las proyectadas para 2018 y lo que es más grave, la población resulta ser inferior a la registrada en el anterior censo de 2005. Las mayores diferencias se concentran en la ciudad de Cali donde es ostensible la inconsistencia con las afiliaciones al régimen contributivo de salud (3). Se ponen pues en duda, no sólo las proyecciones sino el censo de 2005 y por supuesto el que acaba de realizarse. El impacto sobre la credibilidad de la Institución es notable.


La segunda declaración tiene un impacto político menos evidente pero resulta igualmente “noticiosa” y revela o una enorme ignorancia o el poco respeto que le inspira el campo del conocimiento en el cual, se supone, debería ser experto. Es preocupante el alto índice de envejecimiento, comentó, con el énfasis de quien acaba de comunicar un descubrimiento. Dicha constatación no es ninguna novedad y ha sido motivo de análisis desde hace mucho tiempo. De hecho, el Ministerio de Salud de la pasada administración había presentado un completo informe sobre el tema en 2013 (4). Y ya en el 2007 el gobierno de entonces había presentado la primera Política Nacional de Envejecimiento y vejez en la cual se resalta el trabajo desarrollado desde 2003 (5). Pero además, es claro que la investigación sobre las tendencias que, como ésta, provienen de la llamada transición demográfica, tiene ya un larguísimo recorrido, como lo saben no sólo los demógrafos sino quienes se ocupan de la defensa de los derechos de las personas de edad. Baste mencionar las memorias del seminario sobre este tema realizado por el Departamento Nacional de Planeación en 1994 (6). Una nueva duda sobre la credibilidad, en este caso del Director, salta a la vista. Pero fácil es descubrir las razones de semejante insistencia. Se trata de contribuir a crear el clima favorable a la próxima reforma pensional en la cual uno de los puntos sugeridos es el aumento en la edad de retiro.


Si algo queda claro es, pues, que el nuevo director puede no saber mucho sobre estos temas, pero entiende perfectamente para qué pueden servir las estadísticas en términos políticos. En principio, esto tampoco debería sorprendernos: como lo indica hasta su propio nombre, la estadística nace de una necesidad del Estado; una necesidad de registrar y contabilizar los recursos, tanto los propios como los de la sociedad bajo su jurisdicción. Sin duda planteó siempre el problema de qué es lo que deja para sí mismo el gobierno y qué es lo que permite conocer al público. Su evolución, desde aproximadamente el siglo XVII en Europa, ha conducido, sin embargo, a formas mucho más complejas. Lo que permanece, en todo caso, es una necesaria pero frágil corriente recíproca de legitimación. El Estado canaliza una suerte de validación social (pública) de la información estadística, pero, a su vez, la calidad de ésta contribuye a la legitimación del Estado (7), Pero éste no es el problema. Lo que estamos viendo en Colombia es una forma cruda y burda de utilización que resulta, por ello mismo, de ridículo cinismo. Probablemente es el resultado de todo un proceso de descomposición que el país está en mora de reconocer y analizar.


El recurso de la historia


En efecto, como bien lo señala Desrosières, la historia de la estadística, en cierto modo, arranca como un conjunto de historias nacionales. En ese sentido es posible abordar también el caso de Colombia (8). Con una precisión indispensable: mientras que para los países del centro es claro que sólo al llegar a cierto punto se plantean la internacionalización como problema, en los de la periferia la determinación internacional se encuentra presente desde el principio. –No es propia la cultura estadística como no lo es tampoco la teoría económica, lo cual no representa de por sí un problema mayúsculo pues estamos hablando en todos los casos del capitalismo–.


Un rasgo de esta historia se refiere a que son indispensables arreglos institucionales que aquí también conducen, al mismo ritmo mundial, a la consolidación de administraciones específicas dotadas de relativa autonomía como corresponde a las necesidades de validación social –discurso, lenguaje y función pública– de las estadísticas. Es por eso que, a partir de cierto momento, esta historia puede identificarse con la del Dane.


En este sentido resulta clave, prescindiendo de los antecedentes, que no dejan de ser importantes, tomar como punto de partida el año 1951 que es cuando se separa la Oficina Nacional de Estadística de la Contraloría General de la República, convirtiéndose en la Dirección Nacional de Estadística, dependencia directa de la Presidencia de la República. Transformación que se completa en 1953 con la creación propiamente del Dane (9). La importancia de esta transformación radica en que pese a adquirir identidad propia pierde autonomía pues ya en ese momento, y a partir de 1945, la Contraloría había dejado de depender de la Presidencia para pasar, como institución verdaderamente de control sobre el Ejecutivo, a la órbita del Congreso. Hubiera sido mejor una completa independencia. Lo que sí se inaugura ahí, desde luego bajo gobiernos autoritarios, es su relación con un modelo económico intervencionista, esto es, de Planeación, aunque dicha relación sólo se hace efectiva y explícita durante el Frente Nacional con el Plan decenal de 1960, inspirado en las doctrinas desarrollistas de la Cepal.


Conviene aclarar que a pesar de su importancia como el productor por excelencia de las estadísticas, el Dane siempre ha estado acompañado de otras instituciones que también lo hacen como la Contraloría (información fiscal), los Ministerios y, especialmente el Banco de la República, encargado de las estadísticas monetarias pero además competidor y aspirante permanente a centralizar, desde otro enfoque, la oferta de estadísticas. No gratuitamente conservó hasta 1983 el control de la elaboración de los cuadros de las cuentas nacionales. Téngase en cuenta que en Colombia siempre ha sido una rémora engorrosa el asunto de la “oficialización” de las estadísticas. Esto es, la versión simplista del principio comentado de la validación social, colocado al servicio de un trámite de control.


De la edad de oro al comienzo del fin


No obstante, la transformación fundamental se dio en 1968 como parte de una serie ambiciosa de reformas en perspectiva desarrollista (Decreto-Ley 3167 de diciembre de 1968). Empero, la vocación planificadora del proyecto, al venir de la mano de un presidencialismo extremo, introduce indeseables elementos de desconfianza pues hace ver las estadísticas como una fabricación del gobierno que amarraría así los indicadores con los cuales iría a ser evaluado.


De todas maneras la edificación que trazó, no sólo en lo referente a la estructura orgánica e institucional sino en cuanto a las grandes líneas de operación estadística, incluyendo objetivos, metodologías y herramientas tecnológicas, representó una notable modernización destinada a perdurar por lo menos dos décadas. Lo más importante, sin embargo, fue que el diseño se hizo realidad en la práctica. Un punto de vista independiente y hasta cierto punto crítico en lo teórico y en lo político le dio vida al proyecto. El hecho no fue ajeno a dos fenómenos que confluyeron en los años setenta. De una parte, la incorporación al funcionariado de una capa notable de jóvenes profesionales y estudiantes, bien calificados, que venían de las experiencias de un gran movimiento nacional universitario y de otra, la dinamización de un gran movimiento social que, bajo formas sindicales o no, agrupaba a los trabajadores del Estado. Estos dos fenómenos, obviamente interrelacionados, garantizaban la independencia institucional –no solamente en el Dane, cabe aclarar– y protegían de la manipulación gubernamental, al menos en sus formas más abiertas. Lo que no se logró fue la ilusión, muchas veces acariciada, de edificar una institución pública de alto nivel, productora de estadísticas, con una autonomía comparable a la que se exigía para las universidades. En cambio, sirvió para señalar al Dane de manera sesgada y resaltar supuestas o reales diferencias de enfoque con otras instituciones. Desde luego, nunca se explicitaban los contenidos políticos y las discusiones parecían centrarse en asuntos teóricos, metodológicos y hasta prácticos.


Una manifestación fue precisamente la controversia a propósito de las Cuentas Nacionales que el Dane sólo asumió en 1983 a pesar de que venía elaborándolas desde 1970 con la metodología más completa y actualizada de la época (Nuevo Sistema de Cuentas Nacionales -Revisión 3) (10). En realidad, lo que estaba en juego, bajo un ropaje académico, era el control no sólo sobre la producción de las estadísticas sino sobre los cuadros de síntesis que permiten orientarse en el análisis de la dinámica económica y por tanto en las propuestas de política pública. En efecto, el Dane continuó en esta labor pero, de alguna manera, bajo sospecha. Años después, en un libro del Banco de la República en el que se resumen los resultados de sus investigaciones con base en largas series de los principales agregados de las cuentas nacionales, se tomaría como punto de partida una crítica, que pretendía ser demoledora, a los resultados obtenidos por el Dane (11). Había sido el comienzo del fin.


Si se toma este ejemplo, es porque el Banco de la República condensa, desde el punto de vista sociológico pero con implicaciones políticas, lo que ha sido un crucial enfrentamiento. A diferencia de lo que ocurría en el Dane, en el emisor central tanto la dirección como los equipos técnicos provenían (y provienen) de la élite, mayoritariamente formados -desde el principio dentro de la corriente dominante de la Economía, de factura norteamericana– en universidades privadas y han pertenecido, casi sin solución de continuidad, desde fines de los años cuarenta hasta hoy, a una corriente que podríamos calificar de liberal en lo económico (hoy neoliberal). Sobra decir que ya la diferencia entre las dos instituciones no es significativa.


Durante los años ochenta y noventa, sin embargo, la discusión principal parecía versar sobre asuntos de eficacia. Lo que se necesita, ya no para la planeación sino para la política económica de corto plazo, no son robustas estadísticas básicas sino indicadores de coyuntura. En principio no podía cuestionarse la labor del Dane desde ese ángulo ya que tenía a su cargo los indicadores más tradicionalmente utilizados: los precios y el empleo. Obviamente, los fiscales y monetarios correspondían por definición a otras instituciones. Pero además, el Dane se dedicó desde entonces a fortalecer su dispositivo encaminado a ofrecer indicadores de corto plazo, multiplicando las encuestas por muestreo y aprovechándolas al máximo, y desarrollando nuevas y complejas metodologías estadísticas, posibles desde luego gracias a las nuevas herramientas tecnológicas, hasta el punto de lograr, por ejemplo, estimaciones del PIB trimestral basadas en modelos matemáticos. Con todo, se consideraba insuficiente. Pero la discusión no era realmente de naturaleza práctica. Lo que la “demanda” estaba exigiendo era, más que estadísticas, una oferta de indicadores y estimaciones “sobre medidas”, encuestas de opinión y sondeos, y variadas formas de “proxis”. Un terreno en el cual tenían ventaja diversas instituciones y fundaciones privadas, especialmente la principal de ellas, Fedesarrollo, que ha trabajado con notable dedicación y eficacia, desde principios de los setenta.


Los diferentes rostros del fin


El encargado de diseñar el programa para el nuevo siglo, en materia de producción estadística, fue justamente Miguel Urrutia quien fuera durante muchos años gerente del Banco de la República. Decía, al respecto, en el 2003: “En diferentes momentos el Departamento Administrativo Nacional de Estadística ha querido tener el monopolio de la estadística. Esto es un error. La demanda de información es siempre mayor que la oferta, y por esa razón la priorización es importante. El sector privado puede producir estadísticas, y diferentes agencias estatales producen cierta información especializada. Los bancos centrales producen las estadísticas financieras, monetarias y, frecuentemente, las cifras de la balanza de pagos. Dadas las actuales limitaciones de presupuesto, el Dane debe concentrarse en garantizar la producción de estadísticas básicas de alta calidad” (12).


Tal es la hoja de ruta que se ha seguido hasta ahora. Incluida su propuesta institucional que era la creación de un Sistema Nacional Estadístico (descentralizado, público, privado, en red) presumiblemente encabezado por el Dane. Es claro que durante la década de los noventa el Dane había sido sometido a un notorio y radical debilitamiento en personal y presupuesto. En esta filosofía de “mercadeo de las estadísticas” para atender a la “demanda”, podría interpretarse que se había buscado, como en otras entidades estatales, su progresivo marchitamiento (13).


Pero en este caso no parece haber predominado el fundamentalismo neoliberal sino la necesaria subsidiaridad y la hoja de ruta se ha seguido; no sin dificultades, o interrupciones claro está. En su último informe de gestión, el anterior Director, Mauricio Perfetti destacaba que por fin se había logrado conformar el sistema en 2016 y la aprobación en 2017 del Plan Estadístico Nacional para cinco años. Casi sobra señalar que todo ello ha sido en el marco de las exigencias internacionales, en particular las formuladas por la Ocde. Sin duda, durante todo este tiempo se ha seguido la orientación neoliberal; muy lejos han quedado ya las veleidades planificadoras; en los medios académicos y empresariales muy poco se critica al Dane. Quizás no suceda lo mismo en los medios populares.


No obstante, y a propósito de las dificultades aludidas antes, es evidente que una sombra singular aparece en la primera década del siglo. Una sombra de sospecha sobre la fiabilidad de las estadísticas, y ya no sólo las del Dane, que apareció como denuncia una y otra vez. Una manifestación ostensible fue el hecho de que por primera vez en la historia algunos Directores fueron despedidos u obligados a renunciar. El primero fue César Augusto Caballero en el 2004 y el segundo, su sucesor, Ernesto Rojas Morales en el 2007. Entre uno y otro se llevó a cabo el Censo de 2005, prácticamente la única realización importante durante ese periodo. Significativamente, el informe de quien les siguió, H. Maldonado, es de puro trámite, perfectamente formal y anodino.


Hasta aquí el recurso de la historia. La alusión que se acaba de hacer nos permitiría entonces volver a la anécdota con la que iniciamos. Pero bastaría con recordar al latino: “Mutato nomine de te fabula narratur”.

 

1. www.elespectador.com/economia/ 6 Nov 2018 - 9:00 PM
2. Se refería el Director a resultados “preliminares”, pero llama la atención que en el momento de escribir este artículo todavía no contemos con resultados definitivos.
3. Des-censo en Cali y el Valle 2018/11/14 www.semana.com/opinion/articulo/censo-2018-en-el-valle-del-cauca-columna-de-esteban-piedrahita/590668
4. Ministerio de Salud y Protección Social. ENVEJECIMIENTO DEMOGRÁFICO. COLOMBIA 1951-2020 DINÁMICA DEMOGRÁFICA Y ESTRUCTURAS POBLACIONALES Bogotá, D. C., abril 2013
5. Ministerio de la Protección Social. “Política Nacional de Envejecimiento y Vejez” Bogotá, 2007
6. DNP-FNUAP, Memorias del Seminario Nacional sobre población y desarrollo, Bogotá, 1994
7. Desrosières, A.“La politique des grands nombres, histoire de la raison statistique”, La Decouverte, Paris, 1993
8. Es lo que intenté hace algunos años. Ver: Moncayo S. Héctor-León, La construcción institucional de los hechos sociales y económicos. En: “La sociedad colombiana: cifras y tendencias”. B. Castro (Comp).Universidad del Valle. 2009.
9. En el ensayo citado sugerí una propuesta de periodización que se apoya en ciertos hitos. Hoy los reformularía así: 1923-24; 1934-38; 1951-1953; 1968; 1983; 1991; 2003. Para una presentación completa, ver: Moncayo S. Héctor-León, La construcción institucional de los hechos sociales y económicos, op. cit.
10. Una explicación de la controversia se presenta en el ensayo citado. Moncayo S. Héctor-León, op. cit.
11. Grupo de Estudios sobre el crecimiento económico, GRECO, “El crecimiento económico colombiano en el siglo XX” Banco de la República, Fondo de Cultura Económica. Bogotá, 2002
12. Urrutia, M. “Nota Editorial”. Revista del Banco de la República, 912, Vol. LXXVI, Octubre de 2003
13. Ver Moncayo S. Héctor-León, La construcción institucional de los hechos sociales y económicos, op. cit.

*Integrante del Consejo de Redacción, Le Monde diplomatique,ecición Colombia.

 

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