Trump muestra una portada de periódico sobre su impeachment.- EFE

El Senado de Estados Unidos absuelve al expresidente en su segundo juicio político por 57 votos a favor de la condena y 43 en contra, aunque se necesitaban 67 votos favorables.

 

El expresidente de EEUU Donald Trump ha sido absuelto este sábado por el Senado, bajo control demócrata, de cualquier culpa en el asalto al Capitolio del 6 de enero, una de las jornadas más convulsas de la historia del país y en la que murieron cinco personas.

Los votos republicanos del Senado, constituido como jurado en este juicio político  o impeachment, salvaron a Trump e impidieron que los demócratas se hicieran con suficientes votos para condenarle.

El propio Trump ha dado la bienvenida a su absolución y ha avisado de que su movimiento para "Hacer a EEUU grande de nuevo" ("Make America Great Again") solo "acaba de empezar".

"Nuestro movimiento histórico, patriótico y hermoso para 'Hacer a EEUU grande de nuevo' solo acaba de empezar. En los meses venideros, tengo mucho que compartir con ustedes y espero continuar nuestro increíble viaje juntos para lograr la grandeza estadounidense para toda nuestra gente. ¡Nunca ha habido nada igual!", dijo en un comunicado

Los siete republicanos contra Trump

Solo siete republicanos votaron a favor de condenar a Trump por "incitar a la insurrección": Susan Collins, Lisa Murkowski, Mitt Romney, Ben Sasse, Bill Cassidy, Pat Toomey y Richard Burr.

El marcador final quedó con 57 a favor de la condena y 43 en contra, unas cifras insuficientes para los demócratas que necesitaban una mayoría de 67 votos para condenar al examandatario, algo que desde el principio parecía altamente improbable debido a la influencia que Trump aún tiene en su base de votantes.

A favor de absolver al expresidente votó el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, una figura muy influyente en el partido y que al principio se había mostrado abierto a una condena.

Sin embargo, esta mañana, el equipo de McConnell filtró a la prensa que pensaba absolver al exmandatario, lo que con toda seguridad influyó en el voto de algunos de sus correligionarios.

En las últimas horas del juicio político, la defensa de Trump se esforzó por defender el derecho a la libertad de expresión del expresidente y lo retrató como un garante de "la ley y el orden" en un retrato manipulado de los hechos, en el que culpó a los demócratas de incitar a la violencia, algo que es falso.

"Este juicio político ha sido una farsa completa de principio a fin. Todo este espectáculo no ha sido más que la búsqueda desquiciada de una vendeta política de larga data contra el señor Trump por parte del partido de la oposición", dijo uno de los letrados del exmandatario, Michael Van Der Veen.

Por su parte, en su alegato final, los legisladores demócratas que hacen de "fiscales" en el juicio político intentaron demostrar que Trump incurrió en un patrón de incitación a la violencia y que lo ocurrido en el Capitolio el pasado 6 de enero no es un incidente asilado.

Para ello, se valieron de horas de vídeo, cientos de documentos y capturas de pantalla de los mensajes en Twitter de Trump.

En un último intento por ganar una batalla que ya se veía perdida, el legislador demócrata Jamie Raskin, que lidera la acusación contra Trump, pidió a los republicanos que pensaran en el futuro del país y votaran su conciencia, poniendo a EEUU por encima de sus colores políticos.

"Si no podemos resolver esto juntos como un pueblo, si no podemos resolver esto olvidando las líneas partidistas, la ideología, la geografía y todas esas cosas, entonces ¿cómo vamos a conquistar otras crisis de nuestro tiempo?", preguntó al hemiciclo, que aguardaba en silencio.

"Senadores -rogó Raskin,- este no puede ser nuestra nueva normalidad. Esto tiene que acabar".

El final del juicio político estuvo rodeado de drama debido a que, esta mañana, de manera inesperada, el Senado aprobó que se citaran testigos a propuesta de los legisladores demócratas que hacen de "fiscales"; pero, finalmente, optó por recular en esa decisión.

Desde el principio, los dos partidos habían optado por un juicio rápido sin testigos, ya que los demócratas querían centrarse en la agenda legislativa del presidente, Joe Biden, y los republicanos deseaban pasar página del asalto lo antes posible.

washington

13/02/2021 21:52 Actualizado: 13/02/2021 22:44

EFE

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En un mundo machista los hombres no son los enemigos.

Hombres que cuidan, protegen, quieren, expresan sus emociones, desprecian sus privilegios, profanan los roles que se les otorga socialmente, apoyan y resisten ante una sociedad patriarcal y machista son hombres aliados de la feminidad. Esta tesis es un llamamiento a no perder de foco que el machismo más que una cuestión de géneros es una patología estructural que carcome las entrañas mismas de las instituciones sociales, políticas y económicas que por acción u omisión sostiene la exclusión y la invisibilización de lxs cuerpxs feminizadxs como el principal foco del trabajo enajenante y explotador, fundamento del Estado, a saber: el trabajo reproductivo (maquila de cuerpxs) y sus derivados es decir, trabajos de cuidado, trabajos domésticos, trabajos donde exigen “el instinto maternal”, el “carisma”, “la ternura” y “la docilidad” sean características propias de las trabajadoras.

Toda profesión de cuidado o trato con la otredad exige del devenir mujer un carácter materno de manera implícita, ejemplo de ello son el trabajo de las profesoras, de las enfermeras, de las vendedoras, de las empleadas domésticas. También se pide de otras labores la fuerza, el liderazgo y el autoritarismo que suelen asignarles a los hombres.Así, estructuralmente el patriarcado se traslapa tras roles y modelos de conducta esperados en las mujeres y los hombres que asumen determinados trabajos y, en personas que se espera los exijan. En consecuencia, a todxs nos afecta esta estructura machista toda vez que demanda actitudes de nosotrxs que oprimen nuestro ser auténtico en el mundo. Por tanto, el machismo no es cuestión de géneros y poco o nada ayuda a la erradicación del mismo una encarnada “guerra de géneros”.

Cada persona tiene maneras propias y únicas de asumir su vida que son invisibilizadas cuando somos reducidos a ser “una cuestión de género” y a sentir rechazo por otrxs a partir de esta categoría. Sin embargo, más acá del género hay que fortalecer la tesis de que el problema del machismo no son los hombres cis*sinosu estructura ampliamente represora de toda persona que no asuma la dicotomía machista de su estela de “géneros binarios” y su consiguiente caracterización.

He visto mujeres llorar por “hombres” golpeadores,misóginos y defenderlos. He visto como mujeres se sienten incompletas sino tienen el cariño de un “hombre”. Esas mismas mujeres cuyos deseos corresponden a una sobre codificación de la máquina capitalista (Deleuze y Guattarri, 1998), patriarcal y misógina son las que señalan que una mujer soltera no es una mujer plena como tampoco lo podrían ser aquellas que no quieren ser madres o no son cisgénero.

Esas mujeres, las mismas que dicen que hay que soportar todo tipo de maltratos por razones sexo-afectivas son víctimas-aliadas del machismo al llevarlo en sus ovarios y posesionarse desde allí como mujer cisdeterminadas en su ser por la estela patriarcal.Es cierto que hay grados de alienación en las víctimas que reproducen el machismo de manera inconsciente que no les permite ver que ningún maltrato es soportable en una relación. No obstante, también hay mujeres deliberadamente conscientes de ser aliadas del machismo. Mujeres con cargos políticos pueden ser verdugas absolutas de políticas del cuidado, de la reivindicación del derecho a una maternidad libre, de otras formas de ser mujer no cis, por ejemplo, y que, a lo sumo, lo que exigen es la conservación de la familia heteropatriarcal como la primera y más retrógrada institución base de la sociedad machista.

A las mujeres aliadas del machismohay que hablarles desde el cuidado y sobre la deconstrucción de la mujer patriarcal y la fuerza del devenir mujer para que ellas mismas comprendan desde su ser/cuerpx que toda fuerza reactiva que aplica el sufrimiento, la humillación, el maltrato y la opresión sobre las propias carnes violenta el propio ser y lejos está del amor que potencia, amplía y fortalece la libertad.

El feminismo como resistencia práctica contra la opresión femenina no puede ser un soso discurso de clase. Tampoco una pueril exigencia sobre derechos ante el Estado.Cabe decir aquí que el feminismo de Estado es insuficiente porque olvida que la emancipación de la mujer tiene que ser económica, cultural, educativa y no solo política.

Se reconoce el feminismo de Estado como toda tendencia que aboga por la eliminación de las desigualdades entre hombres y mujeres fundando instituciones cuyo principal objetivo es mejorar las condiciones de las mujeres como colectivo político. Dice Celia Valiente, a propósito de El Feminismo de Estado en España (2006), que este también es conocido como “feminismo institucional”, “feminismo oficial” y a las mujeres que están en estas instituciones se les reconoce como “feministas de Estado”.

Asumo que esta categoría puede desconocer los diferentes matices existentes en el feminismo. Sin embargo, también logra mostrar el quid por el cuál muchas mujeres pueden sentir cierto rechazo, apatía o indiferencia por el feminismo al privilegiar el mejoramiento de las condiciones sociales para un colectivo y no para toda la comunidad (pueblo, oprimidxs, explotadxs, locxs, lxs nadie, etc.) que, también sufren la crueldad de las desigualdades sociales.

De hecho, según Dora Barrancos, anarquista y feminista argentina, las mujeres anarquistas, por ejemplo, en la Argentina de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, no abrazaron tan precozmente el feminismo como las mujeres de la alta sociedad. Las anarquistas, la mayoría de ellas obreras o cercanas a la causa obrera, exigieron su independencia, su emancipación, su libertad al amar más acá de los convencionalismos sociales; de aquí su grito de “Ni Dios, ni patrón, ni marido” proclamado por la icónica y valerosa Virginia Bolten.

Dora Barrancos menciona que la relación entre feminismo yanarquismo ha estado presente desde el origen de éste último y sus anales teóricos en el siglo XIX al pugnar por relaciones basadas en la libertad –como autodeterminación– de cada persona que se expande solo en una comunidad que cesa de instaurarse a partir de la explotación y la dominación[1].

En este sentido, para algunas mujeres desde el Estado no se puede establecer relaciones de igualdad entre hombres, mujeres, niñxs, sexualidades disidentes y agentes sociales en general, toda vez que él es el fundamento y garantía del sostenimiento de las desigualdades entre las personas. En consecuencia, el Estado no puede sino reducir, a lo sumo, las relaciones de desigualdad a partir de la aceptación de unos derechos (libertades otorgadas por el establecimiento), pero no establecer relaciones completamente libres (libertad como facultad individual) e iguales (fortaleciendo unas condiciones económicas generosas para todxs).

El feminismo como práctica que reivindica la emancipación y la liberación de lxs cuerpxs feminizadxs (de aquí que el feminismo abiertamente cis es un discurso excluyente que desconoce las diferentes maneras de ser mujer) tiene que ser la realización del devenir mujer libre de toda violencia coercitiva en todos los escenarios sociales y, en cuyo origen la materialización de una comunidad libre de opresión es necesaria.

Sin que se trate de coherencia, pero sí de cohesión, el feminismo en su práctica tendría que tender a la negación de toda institución social. La realización de la corporalidad asumida como mujer exige el aniquilamiento de las relaciones de opresión y dominación que gesta el Estado bajo la concepción del derecho y su abstracción de base y fundamentalista: la propiedad privada como factor determinante de la pobreza y la mercantilización de la reproducción.

Cuando las mismas instituciones crean “espacios” para la mujer se circunscriben en un plano amplio de una democracia pluralista. Sin embargo, ni la democracia ni un contexto ético pueden potenciar el rol de la mujer dentro del Estado sino es a costa de la supervivencia del propio patriarcado. El origen del argumento radica en una contradicción entre lo que se “debe” hacer y lo que “se puede” realizar.

Por supuesto es un “deber” la inclusión de todos los agentes sociales en una sociedad idealmente democrática. En cualquier caso, el deber con toda y su retórica de la obligación no es vinculante porque las condiciones de posibilidad que le preceden tanto económicas como jurídicas son mendigantes ¿es viable la inclusión de lxs cuerpxs feminizados en el Estado coautor de la pobreza,principal factor determinante de los embarazos adolescentes?, ¿es posible la inclusión de las mujeres en el Estado que niega el derecho a una maternidad escogida?, ¿es permisible la inclusión en el Estado que precariza la vida de las mujeres en diferentes esferas social es al reducirlas a un rol y objeto puramente sexual-reproductivo?

Hay que decir que no se asiste en este texto aopiniones comunes como que son los victimarios y no las víctimas los responsables directos de las relaciones de abuso, no. Tampoco es una mera crítica al machismo en ciertos feminismos y una salvaguarda a los hombres traidores del patriarcado, ni una invitación a que los hombres “defiendan”la feminidad porque no necesita de defensores sino de agentes críticos contra el patriarcado.Este escrito es un intento por llevar la discusión a un nivel estructural donde la violencia machista no es solo cuestión de géneros sino, ante todo, un problema afincado en el mismo origen de las instituciones de la sociedad que estableció el trabajo doméstico y reproductivo como fenómeno normalmente violento, enajenante y explotador de todx cuerpx feminizadx.

No se trata de ser o no feminista. Lo que se trata es de no seguir siendo o dejar de ser machista, cómplice de la institucionalidad patriarcal. No se puede exigir desde un discurso del privilegio que se hagan instituciones de cuidado solo para las mujeres cuando tantos otrxs cuerpxs ni siquiera se lo pueden pensar. También cabe hacer autocrítica a ciertos feminismos que reivindican el autoritarismo al subordinar y disminuir la importancia de corporalidades disidentes y/o animales ciñendo su discurso al biopoder y sus ya famosas formas de exclusión-excepción desde la nuda vida[2].

El acabamiento del machismo pasa por el acabamiento de toda institución autoritaria (disculpen el pleonasmo), de todo Estado, de todo modelo político-económico-social que requiera la explotación de lxs cuerpxs para su beneficio porque ninguna institucionalidad ha mostrado que puede acabar con el trabajo reproductivo (sea para la producción de obrerxs o de carne para su consumo) como el principal foco del capitalismo, partiendo así del desconocimiento de que la construcción de una comunidad femenina surca espacios que van más allá del género.

Pero no solo esto.Las corrientes feministas contemporáneas tendrían que fortalecer la articulación de sus propuestas con movimientos antiespecifistas, ácratas, ecologistas, ambientalistas, en definitiva, con todxs aquellxs que sientan el problema de lxs cuerpxs que sufren como origen de su resistencia vital.

Me llama la atención la reflexión que realiza Silvia Rivera Cusicanqui sobre “la mujer tejedora”, en la cual menciona que nosotras como mujeres tendríamos que experimentar en nuestro ser la respuesta a la pregunta ¿qué significa ser mujer?, específicamente ¿qué significa ser mujer en el mundo andino? Estos cuestionamientos tocan el punto más sensible de esta reflexión porque el ser mujer no tiene que reducirse a asumir un rol políticamente asignado, biopolíticamente administrado y socialmente exigido, todo lo contrario. Ser mujer es una experiencia que comulga con nuestro estar en el territorio, con nuestro ser para el mundo en un experenciar el cuerpx en las originarias relaciones con las otredades. Tampoco el ser hombre comulga necesariamente con el machismo sino en cuanto se asume en su ser social, político y económico como sujeto del privilegio. De aquí que algunas masculinidades no pueden ser tenidas como machistas por su mero devenir hombre.

La invitación es a cuestionar la significación del género como un papel subsiguiente a los propios modos de expresión en los cuales asumir la lucha de un mundo sin dominación es un llamado que nos convoca a todes y ante el cual somos aliades, cómplices creadorxs de relaciones vitales,cuidadoras, solidarias, amorosas, en un mundo donde el machismo funge como herramienta de opresión de lxs cuerpxs que en su vulnerabilidad, unicidad y devenir animal/corporalidades-disidentes/mujer/hombre/ individuo/singularidad/ han de ser cuidadxs de la mano dura del patriarcado.

*Es un neologismo que intenta presentar a lxs individuxs cuya identidad de género coincide con su sexo biopolíticamente dado.

 

 

Referencias bibliográficas:

-Barrancos, Dora, “Mujeres de “Nuestra Tribuna”: el difícil oficio de la diferencia”, Mora, nº 2/noviembre, 1996, 125-143.

------------(1990) Anarquismo, educación y costumbres en la Argentina de principios de siglo. Buenos Aires: Contrapunto.

-------------(2005) entrevista. Recuperado 02-2021 de https://www.lai.fu-berlin.de/es/e-learning/projekte/frauen_konzepte/projektseiten/frauenbereich/barrancos/transcrip/transcrip2/index.html

-Deleuze, G., & Guattari, F. (1998). El antiedipo. Barcelona: Paidós

-Quintana Porras, Laura (2006)De la Nuda Vida a la 'Forma–de–vida'. Pensar la política con Agamben desde y más allá del paradigma del biopoder. En: Dossier: Lógicas del poder. Miradas críticas. (Méx.) vol.19 no.52 México sep./dic. Recuperado: 02-2020 de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-57952006000300003

-Rivera Cusicanqui, Silvia (2018) Un mundo ch'ixi es posible: ensayos desde un presente en crisis. Buenos Aires: Tinta limón.

---------------------------------(2019) entrevista. Recuperado el 02-2021 de: https://www.elsaltodiario.com/feminismo-poscolonial/silvia-rivera-cusicanqui-producir-pensamiento-cotidiano-pensamiento-indigena

-Rouco Buela, Juana(1924) Mis proclamas, Santiago de Chile: editorial Lux. Recuperado el 02-2021 dehttp://ideasfem.wordpress.com/textos/e/e09/.

-Valiente, Celia (2006) El feminismo de Estado en España:el Instituto de la Mujer (1983-2003)España: Universitat de València.

 

[1] La exigencia de la libre asociación política y la eliminación de todas las relaciones de explotación y dominación fueron las consignas de las mujeres anarquistas del siglo XIX, incluso, dentro de los mismos movimientos sindicales o libertarios, sin sujetarse a una postura feminista, pero sí como anarquistas, como mujeres anarquistas. A este hecho lo llama Dora Barrancos: contra-feminismo del feminismo anarquista.

[2]La nuda vida es un concepto utilizado por Agamben para mencionar que hay vidas que las formas de poder totalitario reducen a su condición orgánica siendo despojadas de todo reconocimiento político. Es la vida limitada a ser pura vida separada de todo contexto y no atendida como forma de vida, así se puede disponer de la misma para excluirla. Para ampliar este concepto recomiendo el artículo de Laura Quintana De la Nuda Vida a la 'Forma–de–vida'. Pensar la política con Agamben desde y más allá del paradigma del biopoder (2006).

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Viernes, 12 Febrero 2021 06:43

Contrainsurgencia 4T

Contrainsurgencia 4T

Las estrategias contrainsurgentes son flexibles, se adaptan a cada tiempo y lugar, a cada sector de la población que deben combatir. Actúan con modos distintos en áreas urbanas y rurales, ante actores armados o pacíficos, despliegan en cada caso los dispositivos adecuados para cada situación.

Las estrategias contrainsurgentes son múltiples, como lo demuestra su acción durante el último siglo en América Latina. Combinan masacres con programas sociales, feroces dictaduras que en cierto momento promueven "aperturas democráticas" que se reducen a convocar elecciones.

La contrainsurgencia moderna tiene un sólo objetivo: abatir a las y los diferentes, despojarlos de sus territorios, reconstruirlos para la acumulación salvaje de capital y tener a la población absolutamente controlada. En síntesis, buscan aniquilar cualquier atisbo de autonomía de abajo.

Estamos asistiendo a un despliegue feroz de la contrainsurgencia denominada "guerra de desgaste" en Chiapas, contra la comunidad Nuevo San Gregorio y la región Moisés Gandhi, en total seis comunidades autónomas zapatistas pertenecientes al municipio autónomo Lucio Cabañas del Caracol 10.

Esta guerra decidida bien arriba, se enfrenta a procesos organizativos pacíficos. En estos casos la contrainsurgencia no puede desplegar políticas como la "tierra arrasada" que se instauró en Guatemala contra los pueblos originarios de raíz maya, porque caería en la más completa deslegitimación.

Impedidos, por ahora, de arrasar comunidades a través de un genocidio, ensayan otras estrategias que persiguen exactamente el mismo objetivo, pero de manera lenta, sofocando pueblos para despojarlos y convertir sus bienes comunes en mercancías.

Desde abril de 2019 vienen atacando a las comunidades mencionadas, invadiendo y alambrando las tierras recuperadas por las bases de apoyo zapatistas, robando sus cultivos, materiales de trabajo y tiendas comunitarias. Disparan sus armas durante horas, a veces desde el amanecer hasta la noche, con agresiones físicas y verbales.

El 22 de agosto de 2020 integrantes de Orcao (Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo) incendiaron la bodega y la tienda comunitarias en el crucero de Cuxuljá, todo ello en el municipio oficial de Ocosingo. Han secuestrado comuneros y comuneras, los amenazan y torturan.

Como documentan las caravanas de solidaridad, integradas por 15 colectivos y acompañadas por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), a las familias zapatistas se les está haciendo imposible cultivar sus tierras (https://bit.ly/2NiBaOo).

Esta misma semana la última caravana constató que los paramilitares armados ingresaron a las tierra comunitarias recuperadas para sacar el ganado y quemar su leña. Antes ya habían cercado escuelas, espacios de salud, fuentes de agua y tierras donde pasta el ganado.

Como puede observarse, se trata de microacciones contrainsurgentes que representan una guerra de altísima intensidad para las familias campesinas. Todo esto sucede con el apoyo de las fuerzas armadas, de los gobiernos estatal y federal que no han hecho nada para impedirlo.

Estamos ante una política consolidada para aislar, debilitar y ahogar toda resistencia. No se busca matar de un machetazo como en las masacres de la tierra arrasada del general Ríos Montt, sino con la exasperante gradualidad del goteo criminal, del hambre y la muerte por asfixia. Es una guerra mundial.

El 3 de febrero la comunidad de paz San José de Apartadó (Antioquia, Colombia), emitió un comunicado donde denuncia la complicidad estatal en los acosos, violaciones y asesinatos que suceden cada semana desde hace 23 años. El comunicado es testimonio de que estamos ante una estrategia global contra las y los diferentes (https://bit.ly/3a6T5R2).

Pese a ser un grupo de campesinos sin armas, los paramilitares asesinaron y desaparecieron más de 300 personas de todas las edades, incluyendo niñas y niños por el delito de resistir la muerte, el desplazamiento y la lógica de la muerte (https://bit.ly/3rG63Li).

"No les bastó con la violencia directa", luego "impidieron el paso de alimentos para la comunidad", señala el documento sobre su historia. Con el desgaste hoy quedan 35 familias repartidas en veredas y 35 niños y niñas que asisten a la escuela comunitaria propia.

En todos los casos son varones armados contra niñas, niños y mujeres, que son la mayoría absoluta de las comunidades.

Debemos comprender el amplísimo abanico de la contrainsurgencia: desde bombardeos aéreos en Turquía, Siria y Palestina, hasta el implacable goteo cotidiano contra comunidades zapatistas, pasando por asesinatos masivos y desapariciones como en Ayotzinapa.

El capital aprendió que los asesinatos masivos generan amplias movilizaciones de repudio, pero mediante el goteo que promueve el terrorismo de Estado progresista, puede avanzar con menos obstáculos, ahogando en vida a las comunidades. Es hora de tomar la palabra para nombrar crímenes y criminales.

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El exjefe del Ejército brasileño reveló que la cúpula castrense conspiró contra la liberación de Lula da Silva

Contenido escandaloso del libro "General Villas Boas: conversaciones con el comandante"

Villas Boas admite que el texto disparado vía Twitter que amenazó a los ministros de la Corte Suprema fue elaborado por todo el Alto Comando del Ejército, sin consultar a las demás fuerzas armadas. 

 

Revelaciones y declaraciones surgidas en los últimos días sacuden Brasil. La revelación más contundente, que apareció el miércoles, está a la venta en Amazon por poco más de tres dólares: el libro General Villas Boas: conversaciones con el comandante.

Ya la declaración que sorprendió vino un día antes, a través de Gilmar Mendes, uno de los veteranos integrantes del Supremo Tribunal Federal.Frente a las revelaciones sobre la manera con que el exjuez Sergio Moro actuó en el juicio que condenó el expresidente Lula da Silva a la cárcel, Mendes admitió sentirse “perturbado”. 

Dijo además que se pregunta cómo permitieron (en referencia a sus colegas de la corte suprema de justicia) que ocurriesen las manipulaciones y los absurdos ahora comprobados a través de grabaciones de intercambio de mensajes entre juez y fiscales. Mucho más que juez, Moro – quien luego sería ministro de Justicia del ultraderechista Jair Bolsonaro – actuó todo el tiempo como verdadero jefe de la acusación.

El objetivo único de las maniobras absolutamente ilegales era precisamente impedir que Lula fuese candidato en las elecciones de 2018.

A la omisión de la corte suprema frente a las manipulaciones ya bastante visibles en el juicio a Lula, se suma ahora otra revelación explosiva: Villas Boas, entonces comandante general del Ejército (bajo Dilma Rousseff), admite con una serenidad impactante que conspiró todo el tiempo, primero para alejar a su entonces jefa, y luego para impedir que un pedido de hábeas-corpus elevado por la defensa de Lula fuese aprobado por la corte suprema.

En el libro escrito por Celso de Castro, profesor de la prestigiosa Fundación Getulio Vargas, Villas-Boas revela algo aún más grave: el texto disparado vía Twitter que amenazó a los ministros de la corte suprema fue elaborado por todo el Alto Comando del Ejército, sin consultar a las demás fuerzas armadas – Marina y Aeronáutica –, y divulgado a tiempo de aparecer en el “Jornal Nacional”, noticiero de mayor audiencia en Brasil.

En otra de las entrevistas reunidas en el libro, Villas Boas admite haberse reunido muchas veces con el entonces vicepresidente Michel Temer, cuando la conspiración para desfechar el golpe institucional contra Dilma Rousseff estaba en plena marcha.

El argumento para justificar su omisión frente al golpe que se armaba gira alrededor de dos puntos: lo que él clasifica como “desastre económico” del gobierno, y la instauración de la Comisión de la Verdad que investigó crímenes cometidos por militares y agentes públicos a lo largo de la dictadura que duró 21 años, de 1964 a 1985.

Con relación a la política económica de Dilma, bastante criticable por cierto, no hay nada que justifique la participación de un general en la preparación de un golpe institucional.

Ya la referencia a la Comisión de la Verdad muestra la ambigüedad moral con que se mueven los militares brasileños.

En el twitter lanzado en vísperas de que la corte suprema analizase el pedido de hábeas corpus solicitado por la defensa de Lula, está dicho con todas las letras que el Ejército brasileño “juzga compartir la ansia de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad”.

Ironías de la vida: hace años la misma corte suprema, con otros integrantes, aseguró a todos los militares y agentes públicos de seguridad que cometieron crímenes de lesa humanidad exactamente la impunidad, con base a una ley de amnistía negociada al cerrarse las luces de la dictadura.

Hay muchas otras revelaciones lanzadas por el general retirado Villas Boas en el libro, relacionadas inclusive sobre cómo el Ejército en particular, pero con respaldo de la Fuerza Aérea y la Marina, optó por tragarse la candidatura de Jair Bolsonaro y luego integrar su gobierno.

Por más que las revelaciones y declaraciones no tengan mayor repercusión frente a la tragedia sanitaria padecida por los brasileños, quedan claras dos cosas.

La primera: la corte suprema actúa de manera omisa y luego el más contundente de sus integrantes se pregunta cómo permitieron que ocurriese lo que efectivamente permitieron.

La segunda: considerar que luego de la redemocratización los militares volvieron a los cuarteles determinados a cumplir su función constitucional ha sido, en el mejor de los casos, pura ingenuidad.

Siguen igualitos a lo que siempre han sido.

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Jueves, 11 Febrero 2021 06:16

Vietnam, covid-19 y socialismo de mercado

Vietnam, covid-19 y socialismo de mercado

Con más de 95 millones de habitantes, Vietnam solo contabilizó algo más de 2.000 casos y 35 muertes con covid-19. ¿Qué nos dice la experiencia de este país del sudeste asiático donde la pandemia no es el principal factor político y que viene enfrentando diversos cambios y tensiones en su modelo político-social controlado aún por el Partido Comunista?

 

Corea del Sur y Taiwán han sido constantemente elogiados como modelos de combate contra el covid-19. Pero Vietnam, una nación mucho más pobre y con 97 millones de habitantes, lo ha hecho por lo menos igual de bien, a pesar de atraer mucha menos atención. Esto se debe, en parte, a que el estricto control del Partido Comunista sobre los datos oficiales genera dudas –comprensibles– sobre las cifras. Sin embargo, aunque no pueden hacerse predicciones sobre una tercera o una cuarta ola, Vietnam parece haber logrado hasta ahora un grado real de éxito. 

Mientras que en marzo pasado los gobernantes de Estados Unidos y del Reino Unido restaban importancia al virus, Vietnam destacó sus riesgos mediante una efectiva estrategia de comunicación, que incluía un video musical viral que obtuvo 67 millones de visitas. Se impusieron de inmediato restricciones a los viajes, rastreo de contactos y medidas de cuarentena. Las fronteras se cerraron a todos, excepto a los ciudadanos vietnamitas y a algunos expertos invitados el 24 de marzo, y siguen estando cerradas, mientras que las escuelas y las universidades cerraron de enero a mayo. ¿El efecto? Solo se necesitó un breve confinamiento, que duró dos semanas a escala nacional y tres en áreas de alto riesgo. La primera ola había sido eliminada a mediados de julio, y los brotes más pequeños desde entonces han sido aplastados rápida y eficazmente. En total, ha habido 35 muertos.

Algunos han argumentado que el autoritarismo de Vietnam le permitió erradicar el virus, y algo de ello seguramente hubo. Pero especialistas como Guy Thwaites, director de la Unidad de Investigación Clínica de la Universidad de Oxford en Vietnam, desestimaron esta sencilla explicación del éxito del país. De hecho, la respuesta ante el covid-19 se ha caracterizado por un inusual nivel de transparencia estatal, con lo que se ganó la confianza de una población que, contrariamente a lo que suele creerse, no confía mucho en las autoridades. Otros han afirmado que, mientras las naciones europeas pasaron décadas tercerizando funciones estatales, Vietnam mantuvo un aparato estatal unificado que ha apuntalado su exitoso programa de salud pública. Sin embargo, el Estado vietnamita no está tan cohesionado como podría suponerse. Entre 2006 y 2016, años entre los que gobernó Nguyễn Tấn Dũng –cuyo yerno es dueño de la franquicia McDonald’s en el país–, Vietnam experimentó lo que se ha descrito como un «giro hiperliberal». Aumentó la dependencia del capital extranjero, se extendió la privatización de empresas estatales y se alentó a las provincias a competir entre sí para crear el entorno más propicio para los negocios. El resultado fue una rápida fragmentación de su capacidad, lo cual despertó la preocupación nada menos que del Banco Mundial. A pesar de los crecientes niveles de inversión pública, el sistema nacional de salud de Vietnam ha sido remodelado por la mercantilización, y los particulares tienen que pagar cada vez más por la atención médica.

Cuando Dũng renunció en 2016, el secretario general Nguyễn Phú Trọng y sus aliados se impusieron en medio de una lucha entre facciones dentro del Partido Comunista. Trọng era percibido como un conservador de la vieja guardia, escéptico de la agenda de reformas de Dũng. Pero ya en el cargo, ha continuado en gran medida el legado de su predecesor: abandonó ciertas políticas industriales, monitorió una agresiva campaña contra la corrupción y reprimió a la disidencia para proteger a los principales conglomerados privados, cuya influencia ha crecido constantemente.

Por tanto, el éxito de Vietnam en la lucha contra el virus no puede atribuirse a la represión estatal o la centralización económica. Su rápida respuesta estuvo a la altura de lo que habrían podido hacer naciones democráticas liberales más ricas, si hubiesen tenido voluntad política. De hecho, en una entrevista reciente, Mai Tiến Dũng, jefe de la Oficina de Gobierno de Vietnam, no atribuyó el éxito del país a ninguna característica política ni económica, sino al hecho de que en enero de 2020 fueron mucho más allá de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y armaron desde el principio una estrategia de contención completa. Tal como ha señalado Thwaites, el ingrediente clave de su éxito fue, lisa y llanamente, un «buen uso de la epidemiología».

Esto también fue acompañado por un plan económico, cuya nave insignia fue un paquete de ayuda de 62 billones de dongs (más de 2.600 millones de dólares) que brinda exenciones de impuestos y préstamos a baja tasa de interés para las empresas, junto con apoyo financiero a los hogares en aprietos. Los pagos fueron modestos, entre 250.000 y un millón de dongs por mes (11 y 43 dólares, respectivamente), y su distribución se vio obstaculizada por una serie de rígidas condiciones burocráticas. Se pedía a los trabajadores y trabajadoras migrantes informales que presentaran licencias comerciales inexistentes si querían calificar para el plan, mientras que otros grupos –como trabajadoras y trabajadores sexuales– fueron excluidos casi por completo. Aun así, las ayudas siguieron siendo un salvavidas crucial para gran parte de la población. 

Las transferencias de efectivo se complementaron con la asistencia de grupos de la sociedad civil dirigidos por el Estado: las organizaciones de masas del Frente Patriótico de Vietnam, alineado con el Partido Comunista. Si bien fueron bastante ineficaces en la campaña por el cambio social y político, estas instituciones paraestatales estaban bien equipadas para distribuir provisiones materiales al inicio de la crisis. La federación de sindicatos, por ejemplo, proporcionó equipamiento de protección personal, información y apoyo financiero a los trabajadores, mientras que el Sindicato de Mujeres ayudó a las pequeñas y medianas empresas dirigidas por mujeres a acceder a préstamos y apoyó a las sobrevivientes de violencia doméstica en medio de un aumento en las agresiones.

Los mayores gastos relacionados con el coronavirus se financiaron principalmente con las reservas en efectivo y bonos del Tesoro, ahorrándose tener que pedir préstamos en el mercado internacional o solicitar asistencia presupuestaria. Combinado con la supresión del virus, esto convirtió a Vietnam en la economía de más rápido crecimiento del mundo en 2020 y en el único país del Sudeste asiático que registró tasas de crecimiento positivas. Sin embargo, los sectores más pobres de la población aún enfrentaban serias dificultades. El cierre de las fronteras internacionales asestó un duro golpe a la industria del turismo y el sector perdió aproximadamente 23.000 millones de dólares en 2020. Un impulso al turismo interno bajo el lema «Los vietnamitas viajan en Vietnam» logró amortiguar el golpe, pero no pudo compensar los ingresos que generalmente aportan los arribos internacionales. Tanto las aerolíneas públicas como las privadas han solicitado rescates, mientras que las exportaciones de manufacturas disminuyeron –particularmente en los sectores claves del vestido, teléfonos inteligentes, y pescados y mariscos–, lo que provocó un aumento del desempleo. Otros que dependen de estas industrias, como quienes se dedican a la venta ambulante dirigida a los turistas o al personal de las fábricas, también sufrieron pérdidas sustanciales. Además, hubo una gran caída en la exportación de mano de obra; una fuente vital de ingresos para las comunidades que dependen de las remesas de los trabajadores expatriados.

A fines de 2020, 32,1 millones de vietnamitas se habían visto afectados por el impacto económico de la pandemia sufriendo desempleo, despidos o ingresos reducidos: 71,6% de los trabajadores del sector de servicios, 64,7% de la industria y la construcción y 26,4% de la agricultura, la silvicultura y la pesca. Las «huelgas salvajes» se incrementaron por primera vez en años, ya que los trabajadores y las trabajadoras reclamaron por condiciones seguras en los primeros días de la pandemia, así como por salarios justos y una consecuente compensación. En una medida sin precedentes, el Consejo Nacional del Salario, que negocia incrementos anuales del salario mínimo, decidió no aumentarlo este año. La caída de los ingresos, a su vez, benefició a los usureros ilegales, que cobran tasas de interés exorbitantes y dejan a sus clientes sometidos a un sometimiento permanente por sus deudas. Como resultado, algunos vietnamitas se han suicidado.

Mientras tanto, una grave crisis de deuda ha afectado al fondo de seguridad social del país, responsable del seguro médico, las pensiones y las prestaciones por desempleo. En tiempos normales, la configuración de la seguridad social de Vietnam facilita el robo por parte de los empleadores. Las cuotas de los trabajadores son deducidas automáticamente de sus salarios, y se confía a los empleadores que las transfieran al fondo junto con sus propios pagos. Por lo tanto, los estos pueden retener sus contribuciones y quedarse con las de sus empleados, muchas veces sin consecuencias. Esta práctica se hizo aún más frecuente en 2020, ya que se aprovecharon las exenciones para las empresas afectadas por covid-19 para reducir los pagos de los empleadores. Como resultado, los niveles de deuda del fondo se dispararon a aproximadamente 20 billones de dongs (más de 800 millones de dólares). El déficit se agravó porque los trabajadores retiraron la totalidad de sus cotizaciones para su jubilación futura o empeñaron sus libretas de la seguridad social para conseguir dinero en efectivo y mantenerse a flote.

Sin embargo, hacia fines de 2020 había indicios de que la economía vietnamita se había estabilizado relativamente. El mercado laboral comenzó a recuperarse; el VN-Index, índice bursátil de Vietnam, alcanzó sus niveles más altos desde noviembre de 2019; y algunas corporaciones multinacionales comenzaron a trasladar la producción al país. Su balance económico es ahora, en términos generales, la envidia de sus vecinos. De hecho, que la pandemia no haya sido de ninguna manera el hecho dominante de la política nacional el año pasado es una clara señal del logro de Vietnam. En octubre y noviembre, las tormentas azotaron las regiones centrales del país, causando daños materiales generalizados y muchas más muertes que el coronavirus. Al mismo tiempo, Estados Unidos inició una investigación sobre las exportaciones de madera vietnamita y la presunta manipulación de su moneda, poniendo en peligro una de las relaciones bilaterales más importantes del país. El gobierno tendrá que negociar estos asuntos con la administración entrante de Joe Biden, además de animarlo a mantener la postura de línea dura de Donald Trump frente a China, que ha sido muy popular entre los vietnamitas.

Otros acontecimientos de este mes pueden eclipsar aún más al covid-19. El 1º de enero comenzó a regir un nuevo Código Laboral, que permite por primera vez la existencia de organizaciones representativas de los trabajadores independientes, no afiliadas a la Confederación General del Trabajo, controlada por el Estado. Esto podría marcar un cambio significativo en las relaciones laborales, liberando potencialmente a los trabajadores organizados del dominio del Partido Comunista. Pero esta victoria aún puede ser contrarrestada por la Asociación Económica Integral Regional, un acuerdo de libre comercio negociado en secreto durante los últimos siete años, que ha sido ampliamente condenado como un intento de erosionar los derechos de las trabajadoras y los trabajadores. Por lo tanto, está por verse si la tradición de décadas de militancia laboral autoorganizada de Vietnam subsistirá en 2021, o si las libertades consagradas en el Código Laboral se enfrentarán a mayores obstáculos.

Quizás lo más significativo sea que, entre el 25 de enero y el 2 de febrero, más de 1.500 delegados se reunirán en Hanoi para que el XIII Congreso del Partido decida sobre un nuevo liderazgo. Por lo general, la decisión se toma antes del Congreso y luego los delegados dan su acuerdo, pero esta vez no hay ninguna certeza. Se suponía que Trọng no volvería a postularse como secretario general. Según las reglas, no se le debería permitir un tercer mandato consecutivo. Además, ya tiene una edad muy avanzada y está bastante enfermo. Se esperaba que el nuevo Secretario General fuera el primer ministro Nguyễn Xuân Phúc, un habitué del Foro Económico Mundial, descrito por un analista como un «pragmático conocedor de políticas», o Trần Quầc Vượng, que ha sido un actor importante en la reciente campaña anticorrupción del gobierno. Los procedimientos son poco transparentes, pero los últimos rumores sugieren que Trọng podría tener éxito en forzar al congreso –y el reglamento– para permanecer como secretario general [Esto, en efecto, es lo que ocurrió, ante la falta de consenso para encontrar un sucesor, pese a que las normas vigentes no le permitían un tercer mandato, N. del E.]. Si bien el lanzamiento de la vacuna puede dar los toques finales a la respuesta vietnamita ante el covid-19 –un caso de éxito que avergüenza a los países occidentales–, no determinará la manera en que estos cambios entrelazados reformularán la política y la economía del país.

Este artículo fue publicado originalmente en New Left Review, el 22 de enero de 2021, con el título «Vietnam's Pandemic». Puede leer el artículo original aquí. Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Israel: un actor importante en la militarización del mundo

Israel es un importante distribuidor internacional de tecnologías y estrategias militares. Los datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz) entre 2015 y 2019 muestran que Israel fue el octavo mayor exportador de armas del mundo y que sus ventas mundiales aumentaron un 77 % (Estados Unidos + 23 %, Rusia -18 %, Canadá + 33 %).

Jeff Halper, en su investigación crítica sobre las armas militares avanzadas de Israel, escribe que a Israel «le va bien» debido a su indispensable especialización en armas, estrategia y vigilancia mundiales.

El alcance mundial de Israel implica ahora la militarización de la policía con la venta de tecnologías de vigilancia, armas y estrategias de control de multitudes y disturbios. Gaza es un laboratorio y un escaparate para las armas y métodos probados en combate de Israel para controlar poblaciones civiles altamente concentradas a medida que la población mundial se urbaniza cada vez más y se concentra en barrios marginales urbanos. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE. UU. construyó el Centro de Entrenamiento de Guerra Urbana en el Negev, donde Estados Unidos e Israel se entrenan para atacar en áreas densamente pobladas. Las tecnologías y estrategias de defensa perimetral israelíes se aplican a núcleos financieros, distritos gubernamentales y centros de reuniones, embajadas y depósitos de combustible en todo el mundo.

La guerra sin fin contra el terrorismo es una mina de oro política y económica para Israel, que conduce a acuerdos bilaterales y multilaterales – en los campos de la ciencia, la tecnología, la defensa y la seguridad – y a asociaciones e inversiones industriales con los principales fabricantes de sistemas de armas / seguridad / vigilancia. La práctica israelí de librar una guerra total contra Gaza, es decir, contra la población civil altamente concentrada de Gaza, sirve como laboratorio y escaparate para el armamento y el comercio militar de Israel.

El alcance mundial de Israel también implica controles fronterizos, vigilancia, monitoreo y control de la migración. Al final de la Guerra Fría, había quince fronteras amuralladas; hoy en día, hay 77. Muchas fronteras amuralladas recientes están equipadas con tecnologías de seguridad y pacificación compradas a Israel. Al usar esta tecnología, cada vez es más común que las y los refugiados sean monitoreados y detenidos mucho antes de llegar a los cruces fronterizos. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estimó que a mediados de 2020, 80 millones de personas, algo sin precedentes, habían sido desplazadas por la fuerza, un número que se ha duplicado en la última década.

Armas nucleares

Israel sigue una política de secreto y ambigüedad con respecto a sus armas nucleares. Israel nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación. Por lo tanto, a diferencia de Irán e Iraq, Israel no es inspeccionado ni regulado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Las reuniones internacionales oficiales previstas para crear una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio incluyen a todas las naciones árabes, pero no a Israel, el único país con armas nucleares en Oriente Medio.

Según estimaciones actuales, Israel tiene entre 100 y 300 ojivas nucleares, desplegables por tierra, aire o mar. Los misiles tierra-tierra de largo alcance israelíes Jericó I, II y III tienen una capacidad nuclear y un alcance de hasta 7800 km.

Actualmente, las armas nucleares de Israel apuntan a Irán. A pesar de la falta de pruebas, los líderes israelíes desde el final de la Guerra Fría han advertido repetidamente al público israelí, a Estados Unidos y a la ONU de que Irán está a punto de producir armas nucleares. La repetida advertencia de Israel de que «todas las opciones están sobre la mesa» viola una opinión de la Corte Internacional de Justicia de que incluso la amenaza del uso de armas nucleares es una violación del derecho internacional. Los asesinatos de científicos nucleares iraníes por parte de Israel, el más reciente en noviembre de 2020, también pueden estar vinculados a la estrategia militar de Israel en Gaza y Líbano en la que Israel utiliza secuestros y asesinatos para provocar una reacción, y luego lanza un ataque de represalia masiva en nombre de la legítima defensa, como si Israel fuera la víctima.

Israel y todos los países de la OTAN se han negado hasta ahora a firmar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, que entra en vigor el 22 de enero de 2021.

Por Judith Deutsch, extractos de un texto publicado en Socialist Project 21 de enero de 2021. http://alter.quebec/israel-an-important-player-in-the-militarization-of-the-world/

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur (https://vientosur.info/israel-un-actor-importante-en-la-militarizacion-del-mundo/)

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La ONU denuncia a Daniel Ortega por arrestos, violaciones y torturas a disidentes políticos en Nicaragua

La oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos considera que el presidente no ha cumplido con las recomendaciones que le hizo el organismo tras la crisis política de 2018

El Gobierno de Daniel Ortega no ha cumplido con 14 recomendaciones emitidas por la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos tras la crisis política de 2018, cuando el exguerrillero sandinista desató una brutal represión contra las manifestaciones que exigían el fin de su mandato. En un informe publicado este lunes, la OACNUDH cataloga de “deficiente” la respuesta gubernamental ante sus recomendaciones y advierte de que en el país centroamericano se siguen cometiendo violaciones a las libertades civiles, incluyendo arrestos y detenciones arbitrarios de personas percibidas como opositoras al Gobierno y limitaciones en el ejercicio de las libertades de reunión pacífica, expresión y asociación.

La Oficina de la ONU emitió en 2018 un demoledor informe contra el régimen, acusándolo de cometer violaciones generalizadas de los derechos humanos, incluyendo arrestos arbitrarios de manifestantes por parte de las huestes armadas bajo órdenes de Ortega. Algunas de estas personas detenidas de forma arbitraría fueron luego violadas y torturadas bajo custodia. El documento alertaba, además, del uso desproporcionado de la fuerza y de ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía, desapariciones, detenciones arbitrarias generalizadas e instancias de tortura y violencia sexual en centros de detención. El grado de represión “tan alto”, continuaba, ha forzado al exilio a ciudadanos por el simple hecho de expresar opiniones contrarias al líder sandinista.

Tras la publicación del documento, la OACNUDH emitió 14 recomendaciones al Estado nicaragüense para mejorar las condiciones de los derechos humanos en el país, pero “la Oficina ha observado que el Gobierno ha implementado pocas medidas sin mostrar, lamentablemente, avances notables hasta el momento”, advierte el organismo. Según el informe presentado este lunes, el Gobierno solo ha “cumplido parcialmente” con poner fin a las detenciones y liberar a todas las personas “privadas arbitrariamente de libertad” en el contexto de las protestas o por manifestar opiniones críticas con el régimen. La OACHUDH reconoce que desde el 30 de diciembre de 2019, “el Gobierno ha otorgado medidas alternativas a la detención a 86 hombres y 9 mujeres”, pero afirma que, según cifras de la sociedad civil nicaragüense, “a diciembre de 2020 al menos 106 personas (103 hombres y 3 mujeres) que participaron en las protestas o que fueron percibidas como opositoras continuaban privadas arbitrariamente de su libertad”.

El informe también advierte que “los arrestos y detenciones arbitrarios de personas percibidas como opositoras al gobierno continuaron. Actualmente, el patrón principal consiste en breves detenciones policiales, tras las cuales las personas detenidas son puestas en libertad dentro de las 24 horas siguientes sin ser presentados a las autoridades judiciales”.

El organismo, además, alerta de las continuas violaciones a las libertades civiles, incluyendo la libertad de expresión. “La Policía Nacional ha impedido sistemáticamente las manifestaciones públicas de personas o grupos críticos con el Gobierno. En al menos seis casos, la ONU registró que los agentes de policía recurrieron al uso innecesario o desproporcionado de la fuerza, causando lesiones menores a manifestantes y periodistas. Desde el 1 de agosto de 2019, la OACNUDH documentó 83 casos de ataques, amenazas, acoso y actos de intimidación por parte de agentes de policía y elementos progubernamentales contra defensores y defensoras de derechos humanos. Además, registró 30 casos en los que las víctimas fueron periodistas o trabajadores y trabajadoras de los medios. Cuatro medios de comunicación sufrieron allanamientos, destrucción de equipos o sanciones administrativas”, resalta el documento.

El Gobierno de Ortega tampoco ha investigado y enjuiciado a los responsables de las violaciones a los derechos humanos en el contexto de la represión contra las protestas de 2018, ni ha garantizado el acceso a la justicia y reparación a todas las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Por el contrario, la OACNUDH lamenta la aprobación de una amnistía que, afirma, “allanó el camino a la impunidad de los responsables de graves violaciones a los derechos humanos”.

En ese contexto, a la ONU le preocupa que el Gobierno siga negando la existencia de grupos armados paraestatales y “turbas violentas” que participaron la represión de las manifestaciones. “Desde el 1 de agosto de 2019, la OACNUDH ha documentado por lo menos 11 casos (incluido un asesinato) en los que partidarios del Gobierno atacaron físicamente y/o amenazaron a personas percibidas como opositoras. En la mayoría de esos casos, los autores vestían los colores o portaban banderas del partido gobernante y las violaciones se produjeron con la tolerancia de los agentes de policía que no impidieron ni detuvieron los ataques”, alerta el informe.

Otra de las recomendaciones incumplidas es la reactivación de un diálogo inclusivo con la oposición, así como implementar reformas electorales para garantizar unas elecciones justas y transparentes. Nicaragua celebrará comicios generales en 2022, con Ortega controlando todo el sistema electoral.

En las conclusiones del informe, la OACNUDH solicita al Gobierno que autorice la entrada al país de una misión del organismo, una solicitud hecha desde septiembre de 2020, antes de la presentación de un nuevo informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. “Ello permitiría realizar una evaluación más profunda de los progresos y los desafíos relativos a la situación de los derechos humanos en Nicaragua”, concluye la OACNUDH

Por Carlos Salinas Maldonado

México - 08 feb 2021 - 10:24

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EFE/EPA/NYEIN CHAN NAING

 

La junta militar de Myanmar (ex Birmania) impuso este lunes la ley marcial en varias ciudades en respuesta a la huelga general y las manifestaciones que, por tercer día consecutivo, inundaron las calles del país para protestar contra el golpe de Estado del 1 de febrero.

 

Después de que el país quedara este lunes prácticamente paralizado por la huelga general y protestas masivas, protagonizadas y dirigidas por trabajadoras de la salud, estatales, estudiantes y las combativas obreras textiles en primera línea, los militares declararon la Ley Marcial en al menos seis localidades.

Allí se impone un toque de queda y estarán prohibidas las reuniones de más de cinco personas y discursos públicos. Una nueva medida represiva junto al corte de internet y de redes sociales. La medida, que afecta a varios distritos de Rangún, la mayor ciudad y el centro económico del país, comenzó este lunes también en Mandalay, Monywa, Loikaw, Hpsaung y Myaungmya.

El anuncio llegó después de que los militares, a través del canal de la televisión estatal MRTV, amenazaran con tomar acciones contra los manifestantes a los que acusan de “dañar la estabilidad del país, la seguridad y el Estado de derecho”.

Las protestas a nivel nacional en Myanmar son las manifestaciones más grandes del país desde la “Revolución Azafrán” liderada por monjes budistas en 2007. En aquel entonces, los militares tomaron medidas represivas contra los manifestantes, matando al menos a 31 personas. En esta oportunidad las autoridades solo han recurrido a cañones de agua para dispersar a las multitudes evitando un alzamiento mayor.

La oleada de protestas públicas contra el golpe militar de la semana pasada -cuando gran parte de los líderes políticos democráticos del país fueron arrestados en redadas antes del amanecer- ha ido creciento durante estos días. El miércoles pasado, los trabajadores médicos de todo el país se declararon en huelga, lo que provocó una primera campaña de “desobediencia civil” que se ha extendido a otras ramas de trabajadores.

Hasta ahora, los medios estatales o próximos al Ejército habían evitado cualquier noticia sobre las movilizaciones pacíficas contra los uniformados, el nuevo anuncio hace temer una escalada de detenciones y represión que puede plantear una reacción de masas aún más fuerte.

En su primer discurso a la nación, el jefe de las Fuerzas Armadas, Min Aung Hlaing, pidió hoy a los birmanos que permanezcan "unidos como país" y que se fijen "en los hechos y no en las emociones". El general golpista, que teniendo en cuenta los resultados electorales (7%) tiene poco apoyo popular, aún así continúa justificando el levantamiento militar, que calificó de "inevitable", por el supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre.

Richard Ehrlich en un artículo de Asia Times plantea que el general Hlaing llevó adelante el golpe para defender los intereses financieros de su familia y de la cúpula militar quienes controlan los principales resortes de la economía. Centralmente mantienen bajo su dominio los principales fondos de inversión vinculados a la extracción minera de jade y rubí, depósitos de contenedores, bienes raíces, construcción e industria militar entre otras ramas del país. Por otro lado, debemos tener claro que todos estos intereses fueron sostenidos por el gobierno de la Liga Nacional para la Democracia, el partido de la depuesta Aung San Suu Kyi.

Huelga General y la lucha de clases en el sudeste asiático

Millones de personas salieron a las calles a manifestarse en Myanmar culminando este lunes en un huelga general extendida por todo el país. Como señala Josefina Martínez, a la huelga se han sumado, además de los sectores textiles, médicos, enfermeras, el sector educativo, el transporte y muchos otros, como los bomberos, que participan de la movilización de Yangon.

La huelga de trabajadores que tuvo gran repercusión en Yangón, paralizó prácticamente la antigua capital mientras decenas miles de personas se concentraron en el casco histórico. Las manifestaciones estuvieron protagonizadas principalmente por jóvenes trabajadores y a trabajadores de todos sectores, incluidos bomberos y maestros uniformados, personal sanitario e incluso pancartas y banderas del colectivo LGTBI o de las minorías étnicas del país.

Una mención especial para las destacadas columnas de los jóvenes sindicatos del sector de la industria de la confección, una red de talleres que ocupan una mano de obra muy joven y super explotada, en su mayoría mujeres, que producen para las grandes marcas europeas o norteamericanas como Zara, Primark, H&M, o Dell.

Andrew Saks, un activo organizador sindical que reside en Yangon y que colabora con el movimiento de organización sindical en este sector, en una entrevista exclusiva con La Izquierda Diario nos dijo:

“Los trabajadores de la confección convocaron y dirigieron una protesta el sábado por la mañana que catalizó la ola de protestas en todo Myanmar que estamos viendo ahora. Había un cierto vacío de liderazgo, ya que la LND no convocó manifestaciones callejeras a pesar de la detención de sus líderes. El sindicato de trabajadores de la confección entró en ese vacío y asumió el liderazgo a pesar del extraordinario riesgo que supone hacerlo en este momento en Myanmar. La imagen del sindicato de trabajadores de la confección desplazando a cientos de trabajadores desde las zonas industriales al centro de Yangon inspiró y envalentonó a las masas de Myanmar”.

Esta reflexión de Sacks es muy interesante como punto de apoyo para superar a una dirección que en todo momento negoció con la dictadura y permitió que continuaran todos sus negocios y justificó la represión a las minorías étnicas como los rohingya.

La resistencia al golpe en Myanmar despertó la simpatía de los movimientos democráticos ya existentes en todo el sudeste asiático. Desde Tailandia a Corea del Sur e Indonesia se han organizado manifestaciones en apoyo con la participación de trabajadores migrantes de Myanmar. En este sentido puede ser la punta de lanza para que se levante la nueva clase obrera que sufre altos niveles de explotación y ve que los gobiernos se enriquecen extremadamente mientras sus salarios son los más bajos del planeta de toda la región. Es fundamental que los sindicatos rompan con política e ideológicamente con la líder Aung San Suu Kyi y el LND.

El tigre del sudeste asiático se está levantando.

 

Por Salvador Soler

@SalvadorSoler10

Lunes 8 de febrero | 22:20

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Fotografía: Daniel Mora/El Comercio

¿Aumentarán aún más los nacionalismos y las desigualdades? La brillante filósofa Adela Cortina, que introdujo en el pensamiento contemporáneo el concepto de aporofobia (‘fobia al pobre’), nos ayuda a anticipar los retos del mundo pospandemia, en el que será clave, dice, una gobernanza global.

“Elijamos unir el poder de los mercados con la autoridad de los ideales universales. Elijamos reconciliar las fuerzas creadoras de la empresa privada con las necesidades de los menos aventajados”. A la filósofa Adela Cortina (Valencia, 73 años) le emociona recordar estas palabras de Kofi Annan, antiguo secretario general de la ONU. Las pronunció hace más de veinte años, pero Cortina considera que nunca han estado tan de actualidad. La catedrática de Ética y directora de la Fundación Étnor, una de las mentes que más agudamente han reflexionado sobre las repercusiones sociales de las decisiones de las empresas, considera que la pandemia ofrece una oportunidad única: impulsar una auténtica gobernanza global que no dependa de los intereses de unos pocos países y corporaciones. Esto ayudaría a la recuperación económica y a recobrar la confianza en las instituciones democráticas.


XLSemanal. Habíamos visto luz con las vacunas, pero la tercera ola vuelve a ensombrecer el panorama. ¿Cuándo se acabará esta pesadilla?
Adela Cortina. Sabremos que la pandemia se ha acabado cuando los abuelos vuelvan a llevar a los nietos al colegio.


XL. Desde luego, eso sería un síntoma de normalidad. De momento cuesta imaginar cómo será ese nuevo mundo pospandemia…
A.C. Habrá un mundo ‘pos-esta pandemia’. Pero seguirá habiendo patógenos y hemos de aprender a estar preparados. Todos los países deben tener un mínimo de reservas estratégicas para hacer frente a estas situaciones. No podemos depender del exterior.


XL. ¿Estamos ante el principio del fin de la globalización?
A.C. No lo creo. Hay que mejorar algunos aspectos para generar más igualdad y ayudar a los más vulnerables. Pero la globalización nos permite estar en cualquier lugar del planeta en tiempo real gracias a la conectividad. Esto ha permitido que durante la pandemia continuasen las clases, las reuniones de trabajo… El mundo se hubiera congelado de no ser global. Cerrar fronteras solo se justifica en una situación de emergencia como esta. Pero los inconvenientes de la globalización no se solucionan volviendo a un nacionalismo pacato. Los problemas de la globalización vienen de quien la gobierna.


XL. ¿Y quién lo hace?
A.C. Ahora son unas cuantas grandes corporaciones las que dirigen la globalización. Empresas poderosas que solo buscan su propio beneficio. Por eso hay que trabajar para que haya una gobernanza global.


XL. Ahí están la ONU, la OMS…
A.C. La ONU es un buen organismo, pero son unos pocos países los que toman las decisiones y algunos tienen derecho a veto. Hay que ir un paso más allá. Me refiero a hacerlas globales de verdad, con todas las consecuencias. Que no sean las naciones las que manden sobre ellas, sino que tengan autonomía.

XL. Es todo un salto mental…
A.C. Pero hay gente trabajando en ello. Es el futuro. Un mundo global necesita una gobernanza global. No que unas naciones decidan por encima de otras.


XL. Sin embargo, también vemos una tendencia muy fuerte en sentido contrario, hacia lo que se ha llamado ‘nacionalismo estratégico’. El cierre de fronteras o incluso el brexit son dos ejemplos. ¿No cree que muchos optarán por la independencia frente a la interdependencia?
A.C. El nacionalismo estratégico no opta por la independencia. Hay una confusión ahí. De lo que se trata es de que cada país tenga unas reservas para no depender de otros. En especial, de China; o de la India, que es el mayor proveedor de medicamentos genéricos del mundo, y que al principio de la pandemia decidió restringir las exportaciones de una docena de principios activos de fármacos; entre ellos, el paracetamol. Pero eso no es nacionalismo, es necesidad de supervivencia. Y es una actitud legítima, de prudencia.


XL. ¿Y el nacionalismo, entonces?
A.C. El que me preocupa es el que subyace en el eslogan «América primero» (o «España primero»). Eso es un retroceso.


XL. Dicen que en las crisis siempre surgen oportunidades, ¿vislumbra alguna?
A.C. Tenemos una oportunidad de relanzar la España vacía. Algunos, huyendo de la peste, como sucedió en el Decamerón, de Boccaccio, se han ido al pueblo y han decidido quedarse y trabajar desde allí. Si la España vacía se va llenando de gente, les harán más caso.


XL. Dentro de las ciudades son los barrios con menos recursos los que están llevándose el peor golpe, tanto sanitario como económico…
A.C. No sé si seremos capaces de construir una sociedad sin aporofobia, sin fobia al pobre. El ser humano, casi por instinto, intenta relacionarse solo con aquellos que le van a reportar algún beneficio y deja de lado a los que le van a suponer problemas.


XL. Hemos superado los dos millones de muertos en el mundo; la mayoría, ancianos. Mientras tanto, en Silicon Valley investigan para alargar la longevidad más allá de los límites biológicos. Algo no me cuadra…
A.C. La pandemia debería ser una cura de humildad. Pero en Silicon Valley consiguen una cantidad de dinero impresionante vendiendo que el envejecimiento es una enfermedad que se puede tratar y que la inmortalidad es la meta. ¿Cuándo aprenderemos que la fragilidad y la vulnerabilidad son parte sustancial del ser humano? Nos irá mejor si dejamos de hablar de vencer a la muerte y cuidamos mejor la vida.


XL. ¿Cree que se ha agrandado la brecha generacional entre los mayores y muchos jóvenes?
A.C. Desgraciadamente, creo que hemos visto algo de gerontofobia, de fobia a los ancianos. Y empezó ya con la desescalada, que se hizo por grupos de edad. Los jóvenes no podían mezclarse con los mayores de 65. Eso va creando una cierta mentalidad.


XL. ¿La mentalidad de que los ancianos son un lastre?
A.C. Es lo que han dicho siempre los fascismos y los comunismos. El aprecio al joven por encima de todo. Los mayores están de más. Su obligación es apartarse y desaparecer… Lo peor es que mucha gente se sintió muy aliviada cuando vio que la mayoría de los afectados por el virus desarrolla síntomas leves, excepto los ancianos y los grupos de riesgo. Por otra parte, las relaciones intergeneracionales son muy importantes porque aprendemos unos de otros. Y se nos olvida que en España a los nietos los han criado los abuelos porque la conciliación familiar es difícil. Y que en la crisis de 2008 fue la pensión de los abuelos la que sostuvo a las familias.


XL. En el dilema entre salud y economía, ¿qué debe pesar más?
A.C. En la vida no hay dilemas, sino problemas. Un dilema implica que hay que elegir entre dos posibles soluciones: o salud o economía. No, mire, no hay que elegir entre las dos cosas. Hay que tratar de ver, entre dos opciones, un camino para conservar lo mejor de ambas. Hay que conservar vida y hay que hacer buena economía.


XL. ¿Y entre seguridad y libertad?
A.C. Otro falso dilema. La seguridad y la libertad son indispensables. Y compatibles. ¿Cómo puede una población ser libre si no está segura? Por otra parte, una sociedad que solamente busca la seguridad, y para ello se entrega al servilismo, es una sociedad suicida.


XL. Algunos regímenes totalitarios presumen de su gestión de la pandemia.
A.C. Da la impresión de que China ha afrontado mejor el problema. Sin embargo, es una idea falsa. Porque en un sistema totalitario no hay información fiable. En los países democráticos vamos teniendo información, más o menos, de las cosas que ocurren. Y la gente que se siente perjudicada puede protestar.

De China solo vemos lo que el régimen quiere enseñar.

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Lunes, 08 Febrero 2021 06:06

Slavoj Zizek y el coronacapitalismo

Slavoj Zizek. Imagen: Gentileza David Levene Eyevine

Experto en tirar frases contundentes, Zizek sostiene que "el capitalismo global no puede contener esta crisis" y que "en la pandemia las divisiones de clase han explotado". El pensador que construyó su obra mixturando y aggiornando conceptos de marxismo y psicoanálisis lacaniano dice que "exigir hoy una vuelta a la normalidad implica una exclusión psicótica de lo real del virus: seguimos actuando como si las infecciones no se estuvieran produciendo realmente”.

 

Algo huele a podrido en Occidente. El filósofo esloveno Slavoj Zizek practica la audacia intelectual con ese estilo que patentó desde su Liubliana natal: la combinación de marxismo y psicoanálisis lacaniano. “La pandemia ha afectado a la economía. Por un lado ha forzado a las autoridades a acciones que casi apuntan al comunismo: una forma de renta básica universal, sanidad para todos. Pero es solo una cara de la moneda. Paralelamente hay grandes corporaciones amasando riqueza y siendo rescatadas por los Estados. Los contornos del coronacapitalismo emergen y con ellos nuevas formas de lucha de clases (...) Lo que más necesitamos es un nuevo orden económico que nos permita evitar la debilitante elección entre resurgimiento económico y salvar vidas”, advierte Zizek en Pandemia 2. Crónicas de un tiempo perdido, publicado en inglés por OR Books, aún sin fecha de edición en España y América Latina.

Descarada concentración

A los 71 años, el filósofo esloveno --que en 2020 publicó el primer volumen Pandemia. La covid-19 estremece al mundo por Anagrama, en traducción de Damià Alou-- acaba de publicar Como un ladrón en pleno día (Anagrama), donde alerta sobre los cantos de sirena de la agonía del capitalismo. La covid ha hecho más visible al ladrón. “La descarada concentración de la riqueza ya no es secreta. Es repugnantemente visible. En el ultracapitalismo, Gates, Soros y el resto son presentados como el consejo de sabios, una nueva aristocracia”, afirma Zizek en una entrevista reciente con el diario El País de España. “Amazon o Microsoft no ejercen la explotación clásica —yo trabajo y tú te llevas el beneficio extra—, sino que privatizan lo que Marx llamaba el bien común, el espacio compartido donde nos comunicamos, y se benefician de las rentas. El capitalismo cambia hacia uno más feudal y digital, donde un par de megacompañías controlarán todo en complicidad con los aparatos de seguridad de los Estados. Ya no es que te tengan geolocalizado (…), eso no da miedo. Es que saben por dónde vas del libro que estás leyendo, la tele reconoce tu expresión facial para ver si te gusta un programa; en Estados Unidos, China o Israel las conversaciones privadas se graban; en Europa ya es difícil encontrar billetes de 100 euros, al final pagaremos mirando a cámara y sonriendo. Y el Estado lo sabrá todo”.

El polémico filósofo arroja preguntas que van al grano de algunas cuestiones: ¿Qué economía no puede sostener las necesarias medidas sanitarias? “El capitalismo global que pide permanente autoexpansión, obsesionado con tasas de crecimiento y beneficio”, responde Zizek. “Como explica Marinov, ‘el instinto de no herir la economía nos ha traído una economía arruinada y un virus que se ha expandido por todas partes y será muy difícil de erradicar’”. Como en el primer volumen vuelve a la carga con una idea: la crisis que generó la pandemia es una oportunidad para instalar un nuevo sistema social. “Creo que algo como una nueva forma de comunismo deberá emerger si queremos sobrevivir (...) El capitalismo global no puede contener esta crisis porque en su centro el capitalismo es sacrificial, en vez de consumir el beneficio inmediatamente debes reinvertirlo, la satisfacción completa debe ser pospuesta (...) Con la pandemia se nos solicita sacrificar nuestras vidas para que la economía continúe, como la petición de algunos trumpistas de que los mayores de 60 años deberían aceptar la muerte para salvar el modo de vida capitalista (...) ¿Puede el capitalismo sobrevivir a este giro en la vida diaria en la que estamos mucho más expuestos a la muerte? No creo. Mina la lógica de posponer el disfrute que le permite funcionar”, escribe Zizek en Pandemia 2.

La nueva clase trabajadora

Zizek (Liubliana, 21 de marzo de 1949) coincide con lo que anunció el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus: “La mayor amenaza a la que nos enfrentamos ahora no es el virus en sí. Más bien, es la falta de liderazgo y solidaridad a nivel mundial y nacional. No podemos derrotar esta pandemia como un mundo dividido (…) El virus prospera con la división, pero se frustra cuando nos unimos”. Para el filósofo esloveno hay que tener en cuenta también las divisiones de clase. “Como escribió Philip Alston en The Guardian: ‘El coronavirus simplemente ha levantado la tapa de la pandemia preexistente de pobreza. La Covid-19 llegó a un mundo donde prosperan la pobreza, la desigualdad extrema y el desprecio por la vida humana, y en el que las políticas legales y económicas están diseñadas para crear y mantener la riqueza para los poderosos, pero no para acabar con la pobreza’. Conclusión: no podemos contener la pandemia viral sin atacar también la pandemia de pobreza”, plantea el autor de Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock, A propósito de Lenin, El títere y el enano, Mis chistes, mi filosofía, La nueva lucha de clases y La vigencia de El manifiesto comunista, entre otros títulos.

“El verdadero problema de la pandemia no es el aislamiento social sino la excesiva dependencia de otros, de lazos sociales. ¿Podemos ser más dependientes que en una cuarentena? La crisis vírica nos ha hecho totalmente conscientes de lo que David Harvey llama la nueva clase trabajadora: cuidadores en todas sus formas, desde las enfermeras a los que nos entregan comidas y paquetes, vacían nuestras basuras. Para los que pudimos confinarnos, estos trabajadores se convirtieron en nuestra principal forma de contacto con otros en su forma corporal”, subraya el filósofo esloveno. “Contra el lema barato de que todos estamos en el mismo barco, en la pandemia las divisiones de clase han explotado (...) Somos bombardeados por celebraciones sentimentales de enfermeras en primera línea de la lucha contra el virus. Pero las enfermeras son solo la parte más visible de una entera clase de cuidadores explotados a los que la pandemia ha visibilizado”, agrega Zizek para dejar en claro las diferencias de clase.

No es la primera vez que Zizek expresa su apoyo a Greta Thunberg, la activista medioambiental sueca de 18 años. “El lazo entre la pandemia y nuestros problemas ecológicos es cada vez más claro. Podemos llegar a controlar la covid pero el calentamiento global exigirá medidas mucho más radicales. Greta Thunberg acertaba al señalar que ‘la crisis climática y ecológica no puede ser resuelta con los sistemas político y económico actuales’”, reconoce el filósofo esloveno. “No estamos ‘destruyendo la naturaleza’, solo cocreando una nueva en la que no habrá sitio para nosotros. ¿No es esta pandemia un ejemplo de nueva y siniestra naturaleza? No nos deberíamos preocupar mucho por la supervivencia de la naturaleza, sobrevivirá, solo que cambiada más allá de nuestro reconocimiento (...) Una nueva ética global es necesaria”.

Rastros del racismo y el sexismo

La corrección política “es una forma de autodisciplinamiento que no permite verdaderamente superar el racismo” para el filósofo esloveno. “Las protestas antirracistas fallan al estar dominadas por la pasión políticamente correcta de borrar los rastros de racismo y sexismo, pasión que se acerca mucho a su opuesta, el control del pensamiento neoconservador (...) ¿Qué quedará si descartamos todos los autores en los que hallemos trazas de racismo y antifeminismo? Todos los grandes filósofos y escritores desaparecerán (...) Descartes es visto ampliamente como el iniciador filosófico de la hegemonía occidental, que es inmanentemente racista y sexista. Pero no debemos olvidar que la posición de Descartes de duda universal es precisamente una experiencia multicultural de cómo la propia tradición no es mejor que las tradiciones que nos parecen excéntricas: para un filósofo cartesiano, las raíces étnicas y la identidad nacional simplemente no son una categoría de verdad (...) No hay feminismo moderno ni antirracismo sin el pensamiento cartesiano. Pese a sus ocasionales lapsus racistas y sexistas, merece ser celebrado”, escribe Zizek en uno de los capítulos de Pandemia 2. Crónicas de un tiempo perdido.

La pandemia se ha convertido en un conflicto de visiones globales sobre la sociedad. “Al inicio, parecía como si cierto tipo de solidaridad básica, con el acento en ayudar a los más amenazados, prevaldría; pero esa solidaridad ha dado paso, como dice John Authers, a ‘una amarga batalla fraccional y cultural en la que principios morales rivales silban como metafísicas granadas –recuerda Zizek-. ¿Somos libertarios que rechazan cualquier cosa que limite nuestras libertades individuales? ¿Utilitaristas prestos a sacrificar miles de vidas por el bienestar económico de la mayoría? ¿Autoritarios que creen que solo el control y la regulación estatal nos pueden salvar? ¿Espiritualistas New Age que creen que la pandemia es un aviso de la naturaleza, un castigo por nuestra explotación de los recursos naturales? ¿Creemos que Dios nos está probando y al final nos ayudará a encontrar una salida? Todas esas ideas se asientan en una visión específica de lo que son los seres humanos. Por eso, para enfrentar la crisis, primero todos debemos convertirnos en filósofos”.

Ese oscuro objeto del deseo

El filósofo esloveno busca materiales para reflexionar en películas o series. En su nuevo libro se refiere a varios títulos de Luis Buñuel que se construyen en torno a la “imposibilidad inexplicable de la realización de un simple deseo. “En La edad de oro, la pareja quiere consumar su amor, pero una y otra vez se lo impide un estúpido accidente; en La vida criminal de Archibaldo de la Cruz, el héroe quiere realizar un simple asesinato, pero todos sus intentos fallan; en El ángel exterminador, después de la conclusión de una fiesta, un grupo de ricos no puede cruzar el umbral para salir de la casa; en El discreto encanto de la burguesía, tres parejas quieren cenar juntas pero complicaciones inesperadas siempre impiden la realización de este simple deseo; y, finalmente, en Ese oscuro objeto del deseo, tenemos la paradoja de una mujer que, a través de una serie de trucos, pospone continuamente el momento final del reencuentro con su antiguo amante… Nuestra reacción a la pandemia de Covid-19 es bastante similar: todos sabemos de alguna manera lo que hay que hacer, pero un extraño destino nos impide hacerlo”, compara Zizek.

Meter el dedo en la llaga es algo que el filósofo esloveno suele hacer con cierta saña metódica. “Con las infecciones por Covid-19 nuevamente en aumento, se están anunciando nuevas medidas restrictivas, pero esta vez acompañadas de la condición implícita (y a veces explícita) de que no habrá retorno al cierre total: la vida pública continuará. Esta condición se hace eco de una protesta espontánea de muchas personas: ‘¡No podemos volver a hacerlo (cierre total)! ¡Queremos recuperar la vida normal! ‘¿Por qué? ¿Fue el confinamiento, para dar la vuelta a la ‘dialéctica en un punto muerto’ de Benjamin, un punto muerto sin dialéctica? Nuestra vida social no se detiene cuando tenemos que obedecer las reglas de aislamiento y cuarentena; en momentos de (lo que puede parecer) quietud, las cosas están cambiando radicalmente. Los rechazos al confinamiento no son un rechazo a la quietud sino al cambio”, analiza Zizek.

Las páginas de cualquier libro son un territorio donde se disputan interpretaciones. “Escucho en las protestas contra el confinamiento una confirmación inesperada de la afirmación de Jacques Lacan de que la normalidad es una versión de la psicosis –precisa Zizek-. Exigir hoy una vuelta a la normalidad implica una exclusión psicótica de lo real del virus: seguimos actuando como si las infecciones no se estuvieran produciendo realmente”.

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