Lunes, 24 Junio 2019 06:46

El camino a la radicalización

El camino a la radicalización

El filósofo analiza los actuales enfrentamientos sin fronteras, el uso político de la religión y la penetración de las ideas jihadistas entre los jóvenes de familias musulmanas nacidos y criados en Europa.

 

Una definición rápida y estándar de “mártir” dirá que se trata de una persona que se sacrifica en defensa de sus creencias. Y así se autoidentifican quienes adoptaron una visión radicalizada del islamismo y se unieron a grupos fundamentalistas como, por ejemplo, el Estado Islámico. Poner el cuerpo en un asesinato a sangre fría, en un atentado suicida o en un combate con poderosas fuerzas militares son actos heroicos que los diferencian de sus enemigos, proclives a los ataques selectivos con drones. En su libro El sueño de los mártires. Meditaciones sobre una guerra actual, Premio Anagrama de Ensayo 2018, el pensador, ensayista y crítico literario argentino Dardo Scavino propone partir de estas posiciones contrapuestas sobre la vida y la muerte para entender los enfrentamientos sin fronteras, el concepto mismo de martirio, el uso político de la religión, las transformaciones en los países árabes, la penetración de las ideas yihadistas entre los jóvenes de familias musulmanas nacidos y criados en Europa, el devenir geopolítico tras el fin de la Guerra Fría y la reconfiguración del vínculo entre ciudadanos y Estado en el capitalismo posmoderno.

 

“No cambiaron los motivos por los cuales surgieron los grupos yihadistas”, dice Scavino –que fue profesor en las universidades de Buenos Aires, Burdeos, Versailles Saint Quentin en Yvelines y de Pau et des Pays de l’Adour–, un intelectual que no hace concesiones ni cae en posturas ingenuas o simplistas a la hora de enfrentar una investigación.

 

–El sueño de los mártires parte de la idea de que los conflictos globales son producto de entender la relación entre individuo y sociedad de distinta forma.

–En la propia disimetría del combate se ve eso. Pongo el ejemplo del mártir y el telepiloto de dron. El primero sacrifica su vida en el nombre de una causa mientras que el otro puede matar preservándose como combatiente, sin sacrificar para nada su persona. Estas dos modalidades de combatientes, o de un combatiente y un no combatiente, revela un poco el estatuto de esta relación del individuo con la sociedad. No es sensato que pueda oponer a la cultura musulmana y a la cultura occidental ya que en la cultura occidental esa relación de sacrificio individual en nombre de los hermanos también existe. El propio himno de los Estados Unidos termina hablando de la patria del valiente. Y el valiente es el que defiende la libertad de la patria. Como dice Olivier Roy, uno de los especialistas del jihadismo aquí en Francia, no hay una radicalización del islam sino una islamización de la radicalidad. Esa posición de radicalidad, de contestación de lo que podemos llamar el capitalismo occidental, hasta los años 90 estaba en organizaciones más cercana al marxismo o a las luchas de liberación nacional. En el caso de los jóvenes musulmanes hubo una suerte de desplazamiento hacia las posiciones islamistas.

–¿Por qué habla de una primera guerra global? 

–El terrorismo es una clasificación que hace alusión a una táctica de combate, pero no dice nada de la estrategia más general que esa táctica supone. Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico utiliza la misma táctica terrorista pero la estrategia política no es igual. Además, el terrorismo se utilizó en muchos momentos de la historia. Fue utilizado por pasiones de derecha, de izquierda, de extrema derecha y extrema izquierda. Después está el tema de cómo calificar a un país que arroja miles de toneladas de bombas sobre una población civil. Prefiero hablar de guerra global porque es una guerra donde los contrincantes, en este caso los islamistas, no luchan en nombre de un Estado nación. Estados Unidos no le declara la guerra a un Estado nación. Interviene en muchos países, sobre todo con sus drones, sin declarar la guerra a otro Estado. No supone una guerra internacional en el sentido de que es entre naciones, sino global, porque no son las naciones en sí mismas las que están en conflicto.

–Hay una historia interesante en su libro que refleja el desencuentro entre dos realidades. Cuando en 2004 se produce el atentado de Atocha, en España, se crea una división entre sus alumnos. Los estudiantes de origen árabe se niegan a ir al acto que se organizaba en la universidad para prestar un minuto de silencio por las víctimas.

–Todos eran universitarios franceses y en apariencia, al menos, no eran chicos radicalizados religiosamente. Ahí se da una línea de ruptura. Mi hipótesis es que no es la conversión religiosa la que va a producir la guerra sino la guerra la que va a producir la conversión religiosa. El conflicto político va a arrastrar a una buena cantidad de jóvenes franceses y de otros países de Europa que tienen grandes comunidades musulmanas a convertirse al islam radical o por lo menos al islam. Es el razonamiento inverso al de muchos politólogos y especialistas en la cuestión, o a grandes rasgos al de Samuel Huntington: es porque comenzó la guerra que hay una radicalización de los musulmanes. Hay una identificación con ese campo atacado por los occidentales de unos jóvenes que, en principio, no tenían mayores razones para convertirse, porque no eran grandes practicantes religiosos, como lo demuestran casi todos los especialistas del tema y los propios documentos oficiales del antiterrorismo. 

–Su libro traza una continuidad entre la lógica del héroe y la del mártir, opuesta a la del telepiloto de dron. ¿Se trata de la misma lógica?

–Acá hay un cambio que pasa por esta división entre una ideología liberal, occidental, y esa otra ideología que no es estrictamente musulmana. La propia palabra martirio viene de Occidente. El mártir del que hablan los musulmanes actualmente no es más que el héroe que muere por la patria. En el caso de los musulmanes es por la umma, la tierra de los creyentes musulmanes. El mártir es el héroe que muere por la patria, frente a la otra figura del martirio que adquirió mucha más importancia a partir de los años 80 y 90 en Occidente: la de la víctima. Es lo contrario. La persona que muere pero que es la víctima inocente, que no muere por su propia causa sino por la causa de otro. Esa figura se volvió más relevante que la del héroe en Occidente, donde durante siglos fue mucho más importante. Acá en Francia lo que se conmemora en casi todas las plazas es a los muertos de la primera y la segunda guerra mundial. Son los héroes, los combatientes de esas guerras. En el caso de la segunda, se recuerda también a los que resistieron a los nazis. Pero murió mucha más cantidad de gente en los bombardeos alemanes sobre Francia. Sin embargo, esa gente no está contabilizada como víctimas de la segunda guerra mundial y no figura en las conmemoraciones. Sesenta años después se va a invertir: la muerte de las víctimas se destaca como un hecho fundamental. Las comunidades, siguiendo un poco el modelo de la Shoá, ya no se identifican con sus héroes sino con sus víctimas. 

–Esta idea del sacrificio se sustenta en mitos. Y muchos mitos se basan en la religión.

–Ahí hay una zona casi fronteriza entre la religión y la política. El mito funciona de esa manera. Establecí ese puente entre el mito sionista y el mito norteamericano del destino manifiesto porque ambos se inician con la figura de los mártires. En Estados Unidos, la figura de los puritanos como mártires de los católicos e incluso de los mismos anglicanos va a ser un factor fundamental. Ellos se van a ver como mártires y, por consiguiente, se van a equiparar con los judíos esclavizados en Egipto. En este caso van a atravesar el Atlántico hasta llegar a la tierra prometida. La misión de esos puritanos es ocupar esa tierra que dios les prometió de alguna manera. Eso va a quedar como un trasfondo muy poderoso del mito nacional norteamericano a tal punto que el día de acción de gracias es una conmemoración muy importante en Estados Unidos. Lo que ocurrió ese día es que los indios del actual Massachusetts los salvaron dándoles comida. Los padres peregrinos habían llegado completamente hambrientos y a medio morirse por el escorbuto. Ese acontecimiento se invierte y se convierte en el día en que dios salvó a esos padres peregrinos y es un signo premonitorio de que efectivamente era el pueblo elegido. Los indios desaparecen de repente del relato y en ese lugar aparece dios dándoles alimentos. 

–¿Piensa que el desafío pasaría por contrarrestar estos relatos?

–Los argumentos racionales no hacen mella desde el punto de vista de la memoria de un pueblo. Es muy difícil contrarrestar los mitos que constituyeron un país.

–¿Y cómo opera el mito para tener eficacia?

–La fuerza de los mitos viene de su origen, que es oral, es decir, que no tiene un autor reconocible, y que circula de alguna manera por la sociedad sin saber de dónde viene. Un poco como los chistes. Mis trabajos están influidos por el pensamiento de Georges Sorel, que fue un teórico de la política marxista de principios del siglo XX que tuvo mucha influencia sobre Gramsci, que tuvo mucha influencia sobre Mariátegui por ejemplo. Mariátegui invertía completamente la lógica del marxismo más ortodoxo diciendo que los burgueses eran racionalistas y materialistas y en cambio los proletarios eran místicos y religiosos. Lo que necesitaba el proletariado era una especie de mito religioso secularizado. Esa posición va a tener mucha influencia en la extrema derecha. Mussolini va a poner a Sorel como un teórico del fascismo. Pero durante mucho tiempo esta idea de que la política es una especie de versión secularizada de la religión va a ser muy importante. Cuando Alain Badiou escribe un libro sobre lo que es la militancia revolucionaria, escribe un libro sobre San Pablo, el teórico por excelencia del mesianismo cristiano, el que va a inventar de alguna manera el nombre Jesucristo, que quiere decir “Jesús es el mesías” y por qué el Cristo vino a salvarnos. Y cuando Walter Benjamin decía que detrás de esa marioneta mecánica que era el marxismo se seguía escondiendo la teología, que era una enana jorobada y fea que había que esconder pero que en realidad manejaba la marioneta que era el materialismo histórico, estaba planteando que lo que alimenta al marxismo sigue siendo un relato de redención de la humanidad.

–En relación con esto usted también plantea la necesidad de una división.

–Hay relato cuando hay un héroe y un enemigo. Es la base de cualquier narración. Eso a nivel colectivo es lo que Carl Schmitt llamaba los amigos y los enemigos. Es decir, la política es la división entre amigos y enemigos. La humanidad como grupo no puede tener un enemigo, salvo que venga una invasión extraterrestre. Por eso decía que quienes hacen política en nombre de la humanidad están mintiendo. Curiosamente, los propios nazis, que él apoyó, lo que van a hacer para convertir a un grupo en su enemigo es deshumanizarlo. Van a decir que los judíos eran subhumanos. Y ellos se ponían en defensores de la humanidad. Siempre hace falta una oposición, una grieta. Sin antagonismo no hay política, no hay pueblo que se constituya. El pueblo hispanoamericano primero, y argentino después, se va a constituir en el momento de las revoluciones de independencia, por oposición a los godos. En la independencia va a haber una alianza entre los criollos y los indígenas a partir de esa oposición común a los españoles, hasta el punto que los criollos que se designaban como descendientes de los conquistadores, por otro lado van a decir que los españoles habían robado sus tierras. Se van a identificar con la posición de los indios. Pero al mismo tiempo hay otros mitos que intervienen. En Argentina, el de civilización y barbarie. Ahí el pueblo se va a constituir sobre la base de la identificación con la civilización. Los indios van a quedar del lado de la barbarie. Ahí la división es otra. Los mitos se superponen y pueden convivir incluso en una misma persona. Según en qué momento la persona esté hablando puede recurrir a uno u otro mito. A veces se identifica al pueblo con el que lucha contra el imperialismo, que es un relato que convocó en su momento a una buena cantidad del pueblo argentino. O Alfonsín, con democracia o dictadura. Esa dicotomía tuvo un poder de convocatoria enorme, donde dictadura eran los militares y también los sindicatos que habían pactado con ellos. El pacto sindical-militar que denunciaba Alfonsín. Con Menem los enemigos van a ser los ñoquis y todos los que viven del Estado, y va a poner en un mismo campo de amigos, de aliados, tanto a los trabajadores del sector privado como a los patrones del sector privado. Por eso son falsas esas políticas que supuestamente hablan en nombre de la unidad. Eso es lo que hacía Videla. Cuando uno lee su primer discurso al momento en que asume como presidente de facto, dice que se llegó a un golpe de Estado porque era un país dividido y había que unir a los argentinos. Ese discurso de la unidad quiere decir que hay alguien que quiere dividir a los argentinos y esos son los enemigos. Es decir, se vuelve a reintroducir el antagonismo siempre. En esa época lo que dividía a los argentinos era la subversión. Ahora es el kirchnerismo. Hay política, hay división.

Publicado enSociedad
Walter Tello, detalle (Cortesía del autor)

Dicen que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. Parodiando este refrán, es posible aseverar que “no hay peor ignorante que aquel que no quiere aprender”. Uno y otro resumen de manera meridiana la manera como el poder realmente existente en Colombia encaró –y continúa encarando– la extradición de connacionales hacia los Estados Unidos desde hace cerca de cuatro décadas.


En la memoria nacional todavía anida, no sin estupor, la ofensiva de los narcos con secuestros selectivos para afectar y presionar de manera puntual a factores del poder tradicional: bombas que, más allá de sus destinatarios específicos, produjeron decenas de víctimas de simples transeúntes o trabajadores de ciertas empresas, que nada tenían que ver con el propósito de las mismas; atentados contra políticos, jueces, agentes de inteligencia y otros, así como la lapidaria frase: “Preferimos una tumba en Colombia que una celda en Estados Unidos”.


Era aquella una ofensiva prolongada por varios años y que resumía la respuesta de los ‘emergentes’ ante la autorización de la extradición, en 1985, por parte del gobierno de Belisario Betancur. Una luz verde encendida por el poder tradicional vigente en nuestro país, que desde entonces no cesa de decir que esa es la mejor manera de enfrentar el narcotráfico. Un poder entremezclado desde sus primeros asomos con quienes en forma rápida amasan una inmensa fortuna que deben legalizar –lavar–, para lo cual numerosos bancos disponen sus conductos, así como el propio establecimiento a través de la llamada “ventanilla siniestra”, abierta en el Banco de la República, con el favor de industriales que les importan las materias primas necesarias para transformar la coca en cocaína, o simplemente al realizar lucrativos negocios con quienes querían alardear de su inesperada riqueza, compra-ventas concretadas en la transacción de infinidad de muebles e inmuebles –como cuadros y obras de arte en general–, así como aceptando su dinero para aceitar las campañas electorales.


Se establecía así una relación poder-narcos por conveniencia, como lo recuerda, además, el nacimiento de “Muerte a Secuestradores” (MAS), aparato armado que estructuran sicarios al servicio de un amplio número de mafiosos, reunidos para enfrentar a quienes atentaban contra sus intereses, teniendo como referente inicial el secuestro por parte del M-19 de Marta Nieves, integrante de la familia Ochoa, parte relevante del Cartel de Medellín. El aparato armado se utiliza desde ese momento por el ejército colombiano, como lo testifican algunos integrantes de la otrora guerrilla nacionalista que fueron secuestrados por el MAS para aparecer posteriormente torturados en Bogotá en las caballerizas de Usaquén. Es la dupla de la mafia –poder en cierne– y el poder tradicional, entrelazados por un mismo enemigo y objetivo.


Aquel aparato armado es, a la luz del tiempo, una especie de antesala y base de lo que luego sería conocido como paramilitarismo: ejército financiado por la mafia y puesto al servicio del poder dominante en Colombia para llevar a cabo todas las operaciones –inicialmente clandestinas– que la fuerza oficial no debía ejecutar de manera abierta y permanente.


Como lo testifican infinidad de sucesos, la mafia y sus efectivos militares –transformados en fuerza rural de combate, por la decisión estratégica de factores del poder tradicional, como el generalato colombiano, los terratenientes, políticos de primer nivel, gobernantes de diferentes instancias, obispos y otros– terminan como brazo armado, no ya para la protección y la defensa de sus familias e intereses sino para la defensa del poder tradicional, el mismo que, finalmente, una vez aquellos cumplen con su trabajo sucio –asesinar, desaparecer, exterminar, desplazar, robar, atemorizar, concentrar aún más la propiedad de la tierra–, los niega y desprecia, actuando en este caso tal como ha procedido siempre con todos sus sirvientes.


Desde aquellos años, la ecuación extradición–cultivos de coca y su transformación en cocaína, así como su exportación a otros países, de manera relevante a los Estados Unidos, no muestra efecto alguno: ni los cultivos de coca dejan de crecer en cantidad de hectáreas utilizadas para ello ni las toneladas de coca se comprimen ni los millones de dólares dejan de ingresar al país.


Así, por ejemplo, en 1991 el país registra 37.500 hectáreas dedicadas a tal siembra, 10 años después ya eran 144.800, para el 2011 decaen a 83.000, estirándose tras otros seis años –último reporte en línea– a 209.000, pasando de un potencial de producción de toneladas métricas de cocaína de 320 en 2008 a 921 en 2017.


De manera contradictoria, durante estos mismos años los gobernantes de turno autorizaron la extradición de no menos de 2.423 connacionales, la mayoría de ellos durante los gobiernos de Álvaro Uribe –1.149– y Juan Manuel Santos –1.200–, quien no dudó en hacer ostentación de ello: “(hemos extraditado) ¡más que ningún otro gobierno!” (1).


A la luz de estos resultados –sin considerar los miles de muertos, violentados, presos, desaparecidos, desplazados– y de la confiscación de embarques, por acción de la llamada “guerra contra las drogas”, es necesario preguntar: ¿Dónde está la efectividad de la extradición? ¿Por qué no decae el negocio que dice combatir? ¿Por qué el establecimiento continúa aferrado a una estrategia totalmente inocua?


Esa estrategia que está en contravía de la lógica del capital, aquella que indica que donde existe demanda hay oferta; demanda que, como en todo mercado, hace fluctuar los precios, en este caso también por calidad y/o pureza, oportunidad, incluyendo un factor que finalmente inclina la balanza: el riesgo –ligado a su prohibición–, lo que le abre campo a la especulación en el extremo de la cadena, cuando ya está el producto al por menor ante el consumidor.


Estrategia de criminalización, que, además, no repara en el factor natural que motiva a quienes, como campesinos, ven en la siembra de la coca una oportunidad para mejorar sus menguados ingresos, en un ejercicio agropecuario en el cual no están obligados a desplazarse cientos de kilómetros con su producto en procura de un posible comprador, que tal vez no esté dispuesto a adquirir el producto o que tal vez le quiebre el precio de su cosecha ante la abundancia de la misma.


Choca esta estrategia estatal de poder y violencia, nacional y extranacional, contra la realidad del mercado, como acaba de suceder en México, donde los campesinos cultivadores de amapola ven cómo el negocio desaparece como producto del mercado gringo inundado por fentanyl, sustancia química “[…] que produce los mismos efectos que la heroína natural, pero 10 veces más poderosa, cuesta la tercera parte y su saldo es fatal. En Estados Unidos, por el uso de fentanyl, mueren al año entre 35 mil y 45 mil personas” (2). Inundado por esta droga, el mercado “[…] trajo consigo la debacle de las cosechas de amapola a lo largo de todo el territorio mexicano. La razón es estrictamente económica: la caída del precio del kilogramo de la goma de mil 350 a 300 dólares (aproximadamente). La cantidad no alcanza ni para cubrir los gastos de la siembra”.


Resultado final de aquellas circunstancias: la erradicación de la amapola, imposible para el ejército, el gobierno mexicano y la DEA, lo consiguió en pocos meses el mercado. Lo mismo ha resultado con la marihuana, ahora en competencia con la producción local de Estados Unidos y su legalización en varios estados de la Unión, así como en diversidad de países que ven en tal mecanismo la mejor estrategia para desinflar un negocio que da pie al fortalecimiento de las mafias, así como al debilitamiento del establecimiento, producto de la violencia creciente que propicia y de la corrupción que alimenta.


Así, en contra de la realidad del mercado, de la naturaleza y de la vida misma, vuelve una y otra vez el interrogante ¿Por qué persisten con la extradición?


Años 80 del siglo XX


No está de más recordar que, cuando Richard Nixon acuña la expresión “Guerra contra las drogas”, lo hace en contravía de las conclusiones de la Comisión Shafer –que había sido conformada para evaluar las relaciones de la drogadicción con las diversas formas de criminalidad en los Estados Unidos–, que no vio relación directa alguna entre consumo de psicotrópicos y delito. Un acto bélico convertido posteriormente en “Guerra contra el terrorismo” sería el sucedáneo que llenaba el vacío de un “enemigo de la civilización” derrotable.


Para nuestra desgracia, ‘emprendedores’ colombianos, finalizando los 70, vieron que el comercio ilegal de psicotrópicos en Estados Unidos era un gran negocio, y que tanto la marihuana –especialmente la sembrada en La Guajira– como la hoja de coca contaban con ecosistemas favorables para su siembra, conformando un vector sinérgico para la generación de enormes ganancias que los llevaron a posicionarse rápidamente como líderes de ese comercio.


Cuando el narcotráfico mostró inicial y desenfrenadamente su poderío en Colombia, corrían los primeros años de la década del 80 del siglo XX, tiempo para el cual nuestra sociedad acumulaba en sus entrañas la lava de un volcán social. Así lo reflejaba la aparición de paros, sobre todo cívicos, que se multiplicaban a lo largo y ancho de su territorio; el descontento social propiciaba el crecimiento de las guerrillas urbanas y rurales, que, tras una quimera socialista y/o nacionalista insuflaba la imaginación y la multiplicación de las energías de miles de jóvenes y no tanto; la coordinación de variados movimientos sociales proyectaba la imagen de una capacidad de acción y de confrontación del poder tradicional por parte de los negados de siempre: la constitución de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), así como de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), al tiempo de la inicial coordinación de movimientos por el derecho a la ciudad. La superación de la dispersa acción insurgente, como Coordinadora Guerrillera de Colombia, no estaba por fuera de esa dinámica.


La confianza de que una Colombia de nuevo tipo estaba por tomar forma también encontraba aire, por un lado en la incapacidad del régimen político para desmontar el descontento social y, por otra, en el por entonces reciente triunfo sandinista contra la dictadura somocista, pero también en los avances de la guerrilla salvadoreña. Una América insurgente ganaba espacio y audiencia tras una movilización por ideales de justicia e igualdad.


En tales circunstancias, la emergencia del narcotráfico como opción efectiva para resolver aquí y ahora, no en un tiempo impreciso –en este caso de manera individual y no colectiva–, las necesidades familiares, sobre todo de casa, así como el goce diario del dinero que no falta, aparece como el camino por seguir, tras el cual se desfoga en un principio un considerable porcentaje de jóvenes, en particular de Medellín y Cali. La escalada violenta que coparía varias de las principales ciudades del país, primero con acciones de las bandas mafiosas contra representantes del poder tradicional, luego contra las fuerzas de policía, y después entre los propios carteles –en particular el de Medellín y el de Cali–, termina por desestructurar tejidos sociales construidos en décadas de resistencia social por un país de nuevo tipo.


Tras aquello, en particular la guerra vivida en comunas y barrios populares de Medellín, entre milicias guerrilleras y bandas al servicio del narcotráfico, potenciadas con el apoyo del aparato armado oficial, termina por hacerse evidente –para el poder tradicional, criollo e internacional– la capacidad de control político y destructiva del tejido social desprendido del narcotráfico, en toda la extensión de su palabra y proceder.


Pasados los años, una vez derrotadas las milicias de corte insurgente en Medellín, e impuesto el reino paramilitar, y con éste el imperio de las “fronteras invisibles”, queda sellada la destrucción de la organización comunitaria. La extensión de tal fenómeno por barriadas populares de Cali, Bogotá y otras de nuestras principales ciudades, a la par de multiplicar el negocio del menudeo de estupefacientes, conlleva, con conciencia o sin ella, iguales resultados. Cárceles hacinadas por jóvenes, muchos de ellos asesinados en su interior, adictos en su gran mayoría a algún psicoactivo, así como al alcohol, terminan por darle forma al círculo “vive pronto y muere”, imaginario cultural que es propiciado por un modelo de control social que potencia el individualismo, afinca la vida en el presente, y rompe con el futuro por construir y vivir.


El narcotráfico al servicio del poder, que por extensas regiones rurales de la patria dejó una estela de terror, despojo y desplazados, transforma por muchos años el mapa del poder territorial, también como producto de la destrucción del tejido social hilado a lo largo de décadas de lucha campesina por el derecho a la tierra y una vida digna.


Se hace evidente entonces la capacidad destructiva del narcotráfico, a la vez que de control político, leída e interpretada por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos, que no sólo utilizaron a los narcotraficantes colombianos para reunir los dineros necesarios para llevar a cabo sus operaciones secretas –caso Irangate– (3) sino que además inundaron las barriadas populares de ciudades como Los Ángeles, con la clara conciencia de drogar y volver adicta a la población negra allí residente, que también terminó por perder el foco de la organización colectiva para defender sus derechos y mejorar su calidad de vida, así como el referente de la necesaria destrucción del sistema que los niega y oprime, para un porcentaje importante de ellos pasar a inundar el sistema carcelario de su país, como lo testimonió en sus reportajes sobre este tema, y el posterior libro Alianza oscura, el laureado y ‘suicidado’ Gary Webb (4).


Son estas mismas agencias de espionaje de Estados Unidos, en especial la DEA, las que en todo momento buscan infiltrar y controlar el mercado de narcóticos, conservando bajo su manga la amenaza de la extradición de sindicados por comerciar con narcóticos con destino a aquel país, en una estrategia que terminó por convertirse en mecanismo para negociar con los capturados el precio de su libertad, que se hace efectiva tras el pago de pocos años de encierro y la confiscación de bienes, entrega de rutas y delación de conocidos incursos en el negocio. La verdad sobre la guerra y sus víctimas –por ejemplo, para el caso de paramilitares extraditados– poco les interesa o la acumulan para cuando requieran apretarles el cuello a ciertos personajes del país, garantizando así la sumisión en las esferas del alto gobierno, como en las Fuerzas Armadas y otros factores del poder realmente existente y dominante.


Esa sumisión asume rasgos grotescos, como en el caso del actual procurador general de la Nación, Fernando Carrillo, quien en defensa de su apelación a la decisión de la JEP de negar la extradición de Jesús Santrich, en forma vehemente y sin timideces dice defender los intereses judiciales de los Estados Unidos: “No es, y perdónenme la analogía, el papelito de un funcionario de tercera del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Es un documento formal que tiene fuerza y cuya legalidad estamos defendiendo”, como una muestra más de que, en los procesos de extradición –como en muchos otros de diferente índole–, los agentes del Estado colombiano no son más que dóciles ejecutores de los dictados extranjeros.


La pregunta no tarda en aparecer: ¿Si han capturado una cantidad creciente de narcos, con los cuales concretan tal estrategia de negociación, cómo es que la DEA no controla todas las rutas e intersticios del negocio que dice combatir, acabando de una vez y para siempre con el mismo? ¿Acaso estamos ante el juego del gato y el ratón, en el cual el felino no destruye su presa para que el juego no llegue pronto a su fin?


Estamos ante una estrategia que, luego de procesada en todas sus variables, es trasladada y copiada para realidades similares a las de Colombia, como México, donde el poder de los carteles del narcotráfico, con iguales y peores prácticas que las copiadas a sus pares suramericanos, arrolla como un tsunami, llevándose a su paso el tejido social, extendiendo el miedo por doquier, desuniendo, hastiando a su población sometida a una violencia sin límite, fijándoles frontera a los poderes insurgentes venidos de abajo, debilitando su gobierno nacional, quebrando la moralidad y la ética ante el atractivo del billete del vecino del norte.


Poco a poco, la estrategia muestra raíces en Argentina y otros países de la región, todo con una clara pretensión: arruinar el tejido social y solidario para desvirtuar con ello la esperanza en un cambio del sistema sociopolítico. La experiencia adquirida con la extradición de colombianos lleva ahora, cuando ven que el imperio afronta revalidad global, a fortalecer la idea del derecho del sistema judicial estadounidense a la extraterritorialidad, que en el caso del fifagate y ahora con Julian Assange y Meng Wanzhou, ejecutiva de Huawei, señala su proyección como una forma de intimidación y, por tanto, de control del comportamiento de cualquier persona por fuera de sus fronteras.


La estrategia de dominio político y control social, de destrucción de referentes colectivos, de proyección de temor y desconfianza en la vida diaria, en que cada uno debe resolver lo suyo sin pensar en los demás, pasa a ser utilizada en la lucha contra la propia insurgencia, ahora como un recurso de “lucha contra el terrorismo”, extendido para el caso de los Acuerdos de Paz firmados en Colombia como un recurso para explosionarlos.


Son entonces, narcotráfico y extradición, una realidad social y económica, utilizada además como estrategia en la geopolítica del poder global, en la que nuestro país actúa, como en otros muchos sucesos, como simple peón.


1. Palabras del presidente Juan Manuel Santos en el balance del sector de infraestructura y vivienda. 14 de marzo de 2017.
2. Semo, Ilán, “Lo que el opio se llevó”, La Jornada, México,mayo 18 de 2019.
3. Estalla el Irangate, https://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20161125/412132963656/irangate-oliver-north-venta-armas.html
4. En agosto de 1996, Webb, con una serie de reportajes sobre el tráfico de drogas entre Estados Unidos y Nicaragua, reveló cómo la CIA vendió toneladas de crack en los barrios de Los Ángeles y utilizó ese dinero de comercio criminal para financiar las operaciones de la contra nicaragüense, que trataba entonces de derrumbar al gobierno sandinista en Nicaragua. Webb hizo esos trabajos con abundantes entrevistas a narcotraficantes hoy detenidos en Estados Unidos (entre ellos, uno a quien llaman Ricky Ross, uno de los más grandes narcos de la costa oeste) y con agentes de la DEA. Webb recibió en 1990, con el diario San José Mercury News, el Premio Pulitzer (máximo galardón anual para los periodistas de Estados Unidos).

 


Extradición en Colombia

 

¿Herramienta de justicia?




por Enrique Santos Molano



El Tratado vigente de Extradición entre Colombia y Estados Unidos se firmó en Washington el 14 de septiembre de 1979 por el embajador Virgilio Barco Vargas y el secretario de Estado, Cyrus Vance. En él se contempla la extradición a Estados Unidos de colombianos solicitados por la justicia de aquel país en razón de que estuvieran sindicados de delitos de narcotráfico, lavado de dinero o cualesquiera otros que se hubieran cometido dentro de la Unión Americana, o que de alguna manera afectaran sus intereses económicos y sociales.


El Congreso colombiano aprobó en 1980 la Ley 27, que incorpora el Tratado de 1979 a la legislación nacional, pero el presidente Belisario Betancur, al asumir en 1982, declaró que por motivos filosóficos no aplicaría la extradición de colombianos. En efecto, negó varias solicitudes de extradición formuladas por los Estados Unidos. El asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla (abril de 1984), por orden del cartel de Medellín (contra el que Lara había emprendido una persecución en regla), hizo que Betancur cambiara de filosofía y ordenara aplicar “con todo rigor” el Tratado de 1979. En 1985 fueron extraditados a Estados Unidos los primeros cinco colombianos, entre ellos el presidente del Club Atlético Nacional, Hernán Botero Moreno, a quien Lara había señalado de utilizar el Club para lavado de dinero.


Los capos del Cartel de Medellín, liderados por Pablo Escobar Gaviria, se agruparon en una sociedad criminal de tipo ideológico (“Preferimos una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”), denominada “Los Extraditables”. Tal sociedad tenía por objeto procurar la derogación de la Ley 27 y echar abajo el Tratado de Extradición. Al fallar una demanda contra la citada ley, la Corte Suprema de Justicia la declaró inexequible en 1986 por vicios de forma y violaciones de fondo a la Constitución, que ese año celebraba su centenario en medio de una crisis política, social y económica, derivada de la guerra de Los Extraditables contra el Estado colombiano, conflicto que había dejado un número de víctimas aterrador, aunque no todas atribuibles a Los Extraditables, pues la mayoría de los líderes políticos y defensores de Derechos Humanos que cayeron en esa época (1984-1986) fueron asesinados por motivos puramente políticos, distintos de la extradición, y por elementos paramilitares formados para hacer que fracasaran las conversaciones de paz iniciadas en 1984 entre el gobierno de Belisario Betancur y la guerrilla de las Farc.


Al asumir en 1986 la presidencia, Virgilio Barco, quien como embajador de Colombia firmara en Washington el Tratado de Extradición de 1979, declaró que la inexequibilidad de la Ley 27 de 1980 no le ataría las manos, y que utilizaría las normas del Estado de Sitio para aplicar la extradición por vía administrativa. Tal decisión mereció el aplauso del gobierno estadounidense pero reactivó la guerra de Los Extraditables, que, mezclada con la guerra paralela de los paramilitares contra la guerrilla y los movimientos de izquierda política, originó una nueva temporada de crimen, terrorismo, secuestros, crisis y confusión. Finalmente, la Asamblea Constituyente de 1991 elevó a norma constitucional la prohibición de extraditar colombianos. Eso sí, puso fin a la guerra de los narcos, y también fue el punto de partida de nuevas crisis políticas, económicas y sociales. Las presiones del gobierno de Estados Unidos consiguieron que una ley del Congreso restituyera la extradición en 1997 aunque con carácter no retroactivo, lo que no satisfizo por completo las aspiraciones del entonces embajador en Colombia, Miles Frechette, quien consideraba indispensable el carácter retroactivo de la misma.


Muchos colombianos han sido extraditados desde 1985 hasta hoy, al socaire del tratado de 1979. Muchos de ellos todavía purgan sus penas en cárceles de los Estados Unidos, generando dolor, miseria y muerte. La pregunta es si ha servido efectivamente como herramienta de apoyo eficaz a la justicia y al Estado colombiano en la guerra contra el narcotráfico y otros delitos, o es un instrumento más que refuerza la intromisión de una potencia extranjera en la política y los asuntos internos de Colombia. Si observamos bien, en el curso de las últimas tres décadas las actividades del narcotráfico no han disminuido y, además, en la práctica se han adueñado del país, y se extienden a otras naciones de Latinoamérica, como México y Argentina.


Asimismo, si vemos que la mayoría de los crímenes (un 90 por ciento) de diversa índole que se cometen en Colombia quedan en la impunidad, tristemente la respuesta es negativa en el primer interrogante y positiva en el segundo. Así nos lo demuestra la reciente crisis generada por la extradición, como en el caso del exjefe guerrillero Jesús Santrich, desmovilizado por los Acuerdos de Paz de La Habana entre el Estado colombiano y la hoy extinta guerrilla de las Farc, que ha enfrentado a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) con el Gobierno, la Fiscalía y la embajada de Estados Unidos, cuyo fondo oculto parece ser el de acabar con la JEP y con los Acuerdos de Paz, e imposibilitar el posconflicto.

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David Harvey: "Veremos un resurgimiento de la izquierda, pero tiene que buscar una nueva voz"

"Tenemos que quitarnos el capitalismo de nuestras cabezas", asegura uno de los científicos sociales de referencia para los movimientos de izquierdas

 

David Harvey (Gillingham, 1935) es un geógrafo marxista de origen británico que  trabaja como profesor en la City University of New York (CUNY) y que se ha convertido en uno de los científicos sociales de referencia para muchos movimientos de izquierdas. Estos días visita Barcelona para presentar su nuevo libro La lógica geográfica del capitalismo (Icaria Editorial), una obra biográfica en la que se ofrece un repaso histórico de la trayectoria del autor, una entrevista realizada en 2015, nuevos textos traducidos al castellano y un capítulo inédito.

 

Usted se define como anticapitalista antes que socialista, comunista, anarquista o populista. ¿Por qué?

El capital tiene mucha influencia sobre muchos aspectos de la vida diaria. No es solo la economía. Es la cultura, la forma de pensar o las estructuras de conocimiento. Conceptos como el comunismo o el socialismo suelen estar muy asociados con una concepción del mundo muy rígida. Las relaciones sociales entre las personas deben ser transformadas, pero esto requerirá muchas transformaciones mentales. Por eso pienso que tenemos que quitarnos el capitalismo de nuestras cabezas, así como de las calles y de la vida.

¿Y el anticapitalismo es un término que engloba más aspectos que conceptos como el socialismo o el comunismo?

Sí. Creo que no estamos en una posición como para describir ahora una alternativa al capitalismo y quiero escapar de la caja que es el comunismo, el socialismo o el anarquismo.

Después de un periodo de silencio, parece que en los últimos años ha habido un interés creciente por el comunismo. Aquí en España, por ejemplo, en 2017 Alberto Garzón publicó Por qué soy comunista. ¿Cómo se materializa el comunismo hoy?

No lo sé. Tampoco sé qué piensa Garzón sobre el comunismo. De lo que estoy seguro es de que los niveles de desigualdad actuales son inaceptables. No creo en una absoluta igualdad, creo que ciertas desigualdades son interesantes, pero ciertamente las desigualdades de ingresos están revirtiendo muchas de las cosas que deberíamos poder alcanzar.

Una de las cosas en las que pienso más al final del día es en la calidad de las relaciones sociales entre las personas. Uno de los efectos de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha sido la degradación de las relaciones entre grupos de inmigrantes o entre grupos con diferentes orientaciones sexuales. La transformación de estas relaciones sociales está yendo en una dirección muy negativa.

¿El comunismo ha evolucionado desde la caída del muro de Berlín en 1989 o la disolución de la Unión Soviética en 1991?

El comunismo es crítico, obviamente ha evolucionado desde 1989 y creo que, de alguna forma, el colapso de la Unión Soviética y todo lo que ello supuso permitió la reevaluación de lo que debía ser el proyecto comunista. Tenemos un gobierno en China que se llama a sí mismo comunista. Mucha gente no se lo toma en serio, pero deberían hacerlo. Lo que deben hacer o hacia dónde tienen que ir es una gran pregunta para mí.

¿Cree que es una sociedad comunista?

No, no es una sociedad comunista, pero ideológicamente ellos han reivindicado que para el año 2050 serán una sociedad plenamente socialista. Yo me tomo muy en serio esa proclamación, a pesar de algunas medidas que han adoptado, como el intercambio mercantil capitalista. Hay problemas de desigualdad social y de degradación ambiental, pero todos los países los tienen. Ellos han dicho que serán plenamente socialistas para el año 2050 y esto significa combatir el problema medioambiental y la desigualdad social.

Una de las cosas que sabemos de China es que cuando dicen que van a hacer algo lo hacen y lo hacen muy rápido, no son demócratas para nada, pero no hay que subestimar las posibilidades que tiene China. Trump está organizando una política antichina ahora mismo y es un profundo error por parte de los Estados Unidos, porque está empujando a China a ser más autónoma.

Dos de las corrientes de pensamiento más recientes son el feminismo y el ecologismo. ¿Cómo coexisten estos dos movimientos con el sistema económico actual?

Una de las cosas interesantes de estos dos movimientos es que el neoliberalismo ha puesto desde 1970 un gran énfasis en el emprendimiento y ha abierto la posibilidad a que el feminismo use esta ideología para crear lo que podríamos llamar un feminismo corporativo. Ese es el feminismo de Hillary Clinton, un tipo de emprendimiento satisfactorio en el que, por supuesto, hay la posibilidad de que las mujeres ocupen posiciones importantes en el mundo académico, por ejemplo. Lo mismo podría ocurrir con el multiculturalismo y la orientación sexual.

El neoliberalismo puede ser visto como una apertura que permite un progreso en los derechos del colectivo LGTBI y de las mujeres. De todos modos, creo que muchas feministas se están dando cuenta de que el neoliberalismo no es la solución sino que es su enemigo prioritario. Hay una transformación en algunas pensadoras feministas que dicen que no pueden lograr sus objetivos desde el neoliberalismo y que hay que moverse hacia unas posiciones anticapitalistas. Lo mismo se puede decir del movimiento ecologista.

Entonces, ¿es compatible defender el capitalismo a la vez que el feminismo y el ecologismo?

Si defiendes el sistema económico actual te encontrarás defendiendo un tipo de feminismo que se basa en incorporar más mujeres en empresas, pero el problema ahora mismo son las condiciones salariales de las mujeres trabajadoras, que están viviendo en unas condiciones muy difíciles. Ellas son las que están sufriendo las políticas neoliberales. Mientras que una mujer de clase media se puede beneficiar del neoliberalismo, muchas de las trabajadoras están sufriendo mucho bajo las políticas de austeridad. Algunas mujeres y ecologistas se benefician del neoliberalismo, pero las problemáticas principales están fuera de la dinámica capitalista.

¿Usted cree que en los próximos años el capitalismo evolucionará y defenderá el ecologismo, en aras de generar un beneficio económico de ello, o se mantendrá en el mismo punto en el que está ahora?

El ecologismo forma parte de un gran negocio, hay sectores del mercado que están tratando de lidiar con el cambio climático. No digo que el capitalismo no haya prestado atención a las cuestiones medioambientales, lo que cuestiono es el límite del beneficio capitalista. La industrialización de la agricultura, por ejemplo, ha creado un serio efecto secundario. Estos son problemas que llevan al límite la capacidad del sistema económico capitalista.

¿Las problemáticas que van más allá de lo material invisibilizan la lucha de clases?

Hay una tendencia que consiste en evitar la cuestión de clase, particularmente desde la caída de la Unión Soviética había una tendencia que decía que Marx y el conflicto de clases sociales estaban muertos. Si preguntamos ahora mismo cuáles son los agentes activos, en términos de políticas de izquierdas, ya no son los trabajadores fabriles. La clásica visión del proletariado que se va a emancipar es el trabajador de una fábrica.

El problema principal es preguntarse quién es el proletario hoy en día. Cuando nos hacemos esta pregunta tenemos que pensar en una configuración distinta. El otro día, cuando estaba en un aeropuerto, miré por la ventana y vi la fuerza del trabajo. ¿Quién hace funcionar un aeropuerto? Cuando miras a los Estados Unidos, ves a mucha gente de color, muchos inmigrantes y mujeres asalariadas. Si toda esta gente de golpe deciden hacer huelga, el aeropuerto tiene que cerrar. El capital estaría completamente bloqueado. Este es el nuevo proletariado.

En esta década los partidos de extrema derecha han crecido. De hecho, en las últimas elecciones europeas han ganado en Francia, el Reino Unido, Italia, Hungría y Polonia. ¿Cómo deben responder los partidos de izquierdas, ya que una parte de los votantes de extrema derecha son antiguos votantes de izquierdas?

Hace falta una reorientación de las políticas de izquierdas y creo que las bases institucionales de las políticas de izquierdas no han sobrevivido demasiado bien. Las políticas de izquierdas han fallado en gran medida en los últimos 10 o 15 años, con algunas excepciones. Por ejemplo, el auge inicial de Podemos fue una cosa muy positiva, pero creo que está aún en formación. Hay una vasta parte de la población descontenta con las políticas neoliberales. Es un momento muy interesante. Tengo la sensación de que en un futuro muy próximo veremos un resurgimiento de la izquierda, pero tiene que buscar una nueva voz y hablar de un modo distinto. La conversación debe estar basada en una configuración ideológica distinta.

¿En qué se debe basar esa conversación?

Tiene que estar basada en cómo entender las políticas anticapitalistas en la actual conjunción. Las transformaciones revolucionarias no serán violentas. En los últimos 20 años hemos vivido una presión en la calle muy fuerte, un ejemplo actual de ello son los chalecos amarillos en Francia. La gran pregunta es hacia dónde va políticamente. Tenemos que repensar cómo deben ser las políticas. Para eso hay que tener una conversación sobre qué es el anticapitalismo.

Usted concibe la historia y la geografía como dos disciplinas inseparables que, juntas, explican qué está sucediendo en el mundo. De todos modos, hoy en día se estudian por separado. ¿Esto es un error del mundo académico?

Es un profundo error, sí. La especialización es importante, pero lo que realmente no me gusta es la creación de aprendizajes que se supone que no se deben comunicar con otras disciplinas. ¿Por qué estamos segmentando de esta forma? Una cosa peculiar en el mundo académico en Estados Unidos, no sé si también ocurre aquí, es que hay una constante demanda de multidisciplinaridad.

¿Por qué cree usted que la geografía es una disciplina útil para comprender la realidad?

Uno de los motivos es que el hecho de que la geografía no sea una disciplina muy organizada crea una gran oportunidad. Dudo que me pudieran haber dejado hacer en otra disciplina todo lo que he hecho en geografía. La geografía es más abierta, un poco porque la gente no sabe exactamente lo que es, eso está bien, pero a su vez está mal porque los administradores académicos no saben qué hacer con ello.

No sé si está muy pendiente de la situación política en Barcelona. Después de las elecciones municipales, Ada Colau tratará este sábado de ser reelegida alcaldesa con el apoyo del PSC y de la lista de Manuel Valls, que está apoyada por Ciudadanos. Si eso ocurre, ERC, que ganó las elecciones, se convertiría en el principal partido de la oposición. ¿Cuál sería el mejor escenario para gobernar Barcelona, según su opinión?

La gestión de Colau fue muy importante para la gente que, como yo, cree que la organización del poder municipal es parte de un proceso político muy crítico en el mundo ahora mismo. Creo que lo que pasa en el nivel municipal es importante y la administración de Colau ha sido una muestra importante para el resto del mundo, enseñando que las cosas se pueden hacer.

La cuestión independentista se tiene que abordar, este es un hecho muy particular que hace las cosas difíciles, no es una cosa de partidos de izquierdas contra partidos de derechas. Personalmente no me emociona demasiado la idea de una Catalunya independiente, creo que no va a suceder y no creo que la Unión Europea lo vaya a aceptar, pero eso es solo mi opinión desde fuera. Puedo ser persuadido [ríe].

Por Edgar Sapiña

14/06/2019 - 22:30h

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Viernes, 14 Junio 2019 08:37

Un capricho estadounidense

Walter Tello, detalle (Cortesía del autor)

Un Estado que, sin un motivo real, denuncia un acuerdo internacional de desarme que negoció durante largo tiempo, ¿puede luego amenazar con agresión militar a otro Estado signatario?, ¿puede ordenar a los otros países que lo sigan en sus posiciones caprichosas y belicosas porque de no hacerlo también ellos padecerán sanciones desmesuradas? Cuando se trata de Estados Unidos, la respuesta es “sí”.


De modo que es perfectamente inútil perder el tiempo estudiando las razones invocadas por la Casa Blanca para justificar su escalada contra Irán. Uno se imagina que John Bolton, consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, y Michael Pompeo, secretario de Estado estadounidense, les encomendaron a los diplomáticos y a los servicios de informaciones de la gran potencia una misión que se podría reducir en la siguiente frase: “Busquen pretextos, nosotros nos encargamos de la guerra”.


Las estrategias de siempre


Bolton no carece ni de experiencia ni de perseverancia. En marzo de 2015, cuando su fanatismo a favor de la invasión a Irak disminuyó su influencia, publicó en The New York Times una columna titulada: “Para detener la bomba iraní hay que bombardear Irán”. Tras haber aseverado que Teherán jamás negociaría el fin de su programa nuclear, concluía: “Estados Unidos podría efectuar un trabajo cuidadoso de destrucción, pero sólo Israel puede hacer lo que sea necesario. […] El objetivo será el cambio de régimen en Teherán” (1).


Tres meses más tarde, un acuerdo nuclear con Irán era firmado por todas las grandes potencias, inclusive Estados Unidos. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, Teherán respeta escrupulosamente sus términos. Sin embargo, Bolton no da el brazo a torcer. En 2018, adelantándose a las posiciones provocadoras del gobierno israelí y de la monarquía saudita, se empeñaba más que nunca en su “cambio de régimen”: “La política oficial de Estados Unidos –escribía– debería ser el fin de la Revolución Islámica iraní antes de su 40 aniversario. Eso lavaría la vergüenza de haber tenido a nuestros diplomáticos retenidos como rehenes durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Y esos antiguos rehenes podrían cortar la cinta en la inauguración de una nueva embajada en Teherán” (2). El actual presidente de Estados Unidos hizo campaña contra la política de los “cambios de régimen”, es decir, de las guerras de agresión estadounidenses. Por lo tanto, lo peor todavía no es seguro. Pero la paz ha de ser muy frágil si ha de depender de la capacidad de Trump para controlar a los consejeros rabiosos que él nombró. Al asfixiar económicamente a Irán con la ayuda de los capitales y de las grandes empresas occidentales (coercionadas y sometidas), Washington pretende que su embargo obligue a Teherán a capitular. En realidad, Bolton y Pompeo no ignoran que esa misma estratregia de guerra económica fracasó en Corea del Norte y en Cuba. Más bien cuentan con una reacción iraní que luego presentarán, triunfalmente, como una agresión que requiere una “réplica” estadounidense.


Intoxicaciones, falsificaciones, manipulaciones, provocaciones: después de Irak, Libia y Yemen, los neoconservadores ya eligieron a su presa.

 

1. John Bolton, “To stop Iran’s bomb, bomb Iran”, The New York Times, 26-3-15.
2. John Bolton, “Beyond the Iran nuclear deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 15-1-18.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

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El big data cambió la política (y el poder y la guerra) para siempre

A medida que ha evolucionado la globalización neoliberal en las últimas décadas, la industria de medios de comunicación se ha afianzado como un poder global tan preponderante (y a veces superior en su capacidad de influencia) como los Estados-nación.

Esta industria ya no actúa como un intermediario o interlocutor entre las distintas tendencias y fuerzas sociales que hacen vida en una sociedad determinada. Ni siquiera lo hace a nombre de los partidos políticos o instituciones clásicas de la democracia representativa contemporánea.

“Su poder, ahora mismo, reside en su capacidad para influir en el poder: el poder de los gobiernos, jueces y legisladores; el poder de la política; el poder de decisión de los ciudadanos”, resalta un artículo de Estefanía Avella y Omar Rincón en la revista Nueva Sociedad.

Ya en el siglo XVIII, los medios de comunicación eran catalogados como el “Cuarto Estado”, por su influencia cada vez más decisiva en los asuntos de gobierno en cierta condición de horizontalidad con los poderes clásicos de la democracia moderna: el poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Tres siglos después, esta descripción adquiere un mayor grado de realismo, toda vez que los medios de comunicación pasan a ser un factor central en tiempos electorales y en la definición de las inclinaciones políticas y culturales de la sociedad global.

La industria de medios, de igual forma, no escapa de la concentración y centralización que actualmente vive el sistema capitalista como tendencia general.

Según el brazo comunicacional del Foro Económico de Davos, sólo nueve corporaciones privadas (en su mayoría estadounidenses) controlan el panorama de medios globales televisivos y digitales. Entre las corporaciones más resaltantes se encuentran News Corporation, Time Warner, Disney, Comcast, entre otras, que han copado casi a totalidad el tablero mediático.

La conclusión política de este fenómeno es tan obvia como preocupante: la capacidad de influencia del cartel mediático estadounidense es parcialmente incontenible por parte de las instituciones clásicas del Estado-nación y de la democracia contemporánea, logrando un enorme poder de penetración sobre las expectativas, inclinaciones políticas, gustos y comportamientos culturales de la sociedad global en su conjunto.

***

Pero sin lugar a dudas estamos en una nueva etapa de este fenómeno de mediatización de la vida política y social en general. Se le conoce como Big Data.

“Google es más poderoso de lo que la Iglesia nunca fue”, sentenció Julian Assange en alguna oportunidad. Quien hoy está sufriendo diversas torturas por las razones que todos sabemos, ampliaba esa hipótesis afirmando:

“¿Por qué es más poderoso (refiriéndose a Google)? Porque antaño no era tan fácil que el centro controlase a la periferia, puesto que en la Iglesia existía el Vaticano, pero también representantes locales. En Google todo está mediado por el centro de control, como si solo el Vaticano existiese, como si cada persona tuviese contacto directo con un solo confesionario”.

Las transformaciones científicas y tecnológicas en tiempos recientes que ha experimentado el capitalismo global, han hecho de la información un escenario de batalla estratégico donde se disputan desde intereses políticos locales, hasta grandes tendencias del tablero geopolítico actual.

Allí es donde entra el Big Data, la última gran tecnología de procesamiento de datos informáticos que está cambiando notablemente no sólo las capacidades para influir en el comportamiento político, sino en la filosofía (y aplicación) de la guerra moderna.

En una entrevista realizada por el medio The Clinic al experto en Big Data, Martín Hilbert, éste comentó sobre el uso de esta herramienta por parte de Donald Trump, a partir de la infraestructura de Facebook, Google y otras compañías.

Hilbert afirmó:

“Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección”.

Hillbert complementó argumentando que “usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada”.

Por último, el experto comentó:

“Por ejemplo, si Trump dice estoy por el derecho a tener armas, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia (…) te dicen exactamente lo que quieres escuchar”.

***

Por otro lado, esta tecnología también está cambiando las estructuras de la guerra moderna y su aplicación en el terreno. Como dato material tenemos el lanzamiento del proyecto Jedi (2018), con el cual el Ejército de los Estados Unidos plantea una nueva etapa de “guerra algorítmica”.

Este tipo de guerra consistiría en una sinergia entre datos informáticos en zonas de conflicto, inteligencia artificial militarizada y uso de drones y otros armamentos a distancia, para identificar objetivos y mejorar las operaciones terrestres y aéreas en países denominados “hostiles” a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos.

El uso de la tecnología de datos abre paso a nuevos métodos de guerra y combate militar, donde la superioridad en el manejo de la información y el procesamiento de la misma puede cambiar los equilibrios de poder en la guerra del futuro.

Contrario a los parámetros clásicos de la guerra moderna, los combates del siglo XXI sustituyen los enfrentamientos abiertos por los ataques quirúrgicos, la ventaja técnica del armamento por el manejo informativo de la situación, y los bombardeos a gran escala por la guerra cibernética o digital que pueda socavar la estabilidad y el apresto del Estado víctima.

El uso de la tecnología de datos ha logrado combinar, como en ninguna otra etapa de la historia humana, las fronteras entre espionaje, política y guerra. Sobre ello el exfuncionario de la CIA y la NSA, Edward Snowden, afirmó que el gobierno de los Estados Unidos tiende a secuestrar y militarizar las innovaciones en el ámbito de las telecomunicaciones, aprovechándose del deseo humano natural de comunicarse y explotándolo para conseguir poder ilimitado.

Concretamente, Snowden afirmó: “Tomaron nuestra capacidad nuclear y la transformaron en el arma más horrible que el mundo había presenciado”, argumentando que en el siglo XXI se está observando la misma tendencia, pero con las ciencias de la computación: “Su alcance es ilimitado… ¡pero las medidas de su salvaguardia no! (…) Es a través del uso de nuevas plataformas y algoritmos (…) que pueden cambiar nuestro comportamiento. En algunos casos, son capaces de predecir nuestras decisiones, y también pueden empujarlas hacia diferentes resultados”, declaró Snowden.

También afirmó que “tienen cientos y cientos de páginas de jerga legal que no estamos calificados para leer y evaluar y, sin embargo, se consideran vinculantes para nosotros. Y ahora estas instituciones, que son tanto comerciales como gubernamentales, (…) lo han estructurado y afianzado hasta convertirlo en el medio de control social más efectivo en la historia de nuestra especie”.

***

La relación entre los gigantes tecnológicos de Google, Facebook y Amazon con el gobierno de los Estados Unidos es simbiótica desde sus orígenes. Las sanciones recientes contra la empresa de telecomunicaciones china Huawei, y el acompañamiento a la retórica antirrusa luego de las elecciones de 2016, en las que resultó electo Donald Trump, así lo confirman.

Estas corporaciones tecnológicas concentradas forman parte del poder geopolítico estadounidense y están siendo empleadas para sostener la hegemonía (en etapa de crisis frente al ascenso de China y Rusia) del Imperio estadounidense.

Las consecuencias materiales del poder de estas corporaciones no sólo concluye en las labores de espionaje e inteligencia abusiva de la privacidad de los propios ciudadanos estadounidenses, bajo la narrativa de mejorar la “lucha contra el terrorismo”. Va mucho más allá.

En términos geopolíticos, este poder tecnológico se ha instrumentado para bloquear, en el marco de una ofensiva global de censura, el funcionamiento de medios alternativos, propiedad de “Estados rivales” como Rusia e Irán.

Recientemente, las plataformas de Facebook y Youtube censuraron a la estatal rusa Russia Today y las iraníes Press TV e Hispan TV, con el objetivo de reducir su audiencia y contrarrestar las narrativas antihegemónicas que han venido surgiendo en los últimos años desde centros geopolíticos enfrentados a Washington.

***

Pero en lo que corresponde a operaciones políticas e informativas en tiempos electorales, estas grandes empresas también están transformando las herramientas de influencia, captación de votantes y penetración en el electorado, a los fines de solidificar determinadas inclinaciones políticas.

El caso más resaltante y actual de este nuevo fenómeno fue el uso de WhatsApp en la elección presidencial brasileña de 2018, que culminó con la victoria del derechista Jair Bolsonaro.

El signo de esta elección fue la desinformación, por un lado, y el uso del WhatsApp como una notable herramienta para remodelar el comportamiento político y electoral de la sociedad brasileña, por otro.

El medio The Conversation relató cómo funcionó la estrategia: “Usando WhatsApp, un servicio de mensajería propiedad de Facebook, los partidarios de Bolsonaro entregaron una avalancha de desinformación diaria directamente a los teléfonos de millones de brasileños”.

Esto fue desarrollado a tal punto que “incluían fotos ilustradas que retrataban a miembros del Partido de los Trabajadores que celebraban con el comunista Fidel Castro después de la Revolución Cubana, clips de audio manipulados para tergiversar las políticas de Haddad y verificaciones falsas que desacreditaban las auténticas noticias”.

“La estrategia de desinformación fue efectiva porque WhatsApp es una herramienta de comunicación esencial en Brasil, utilizada por 120 millones de sus 210 millones de ciudadanos. Dado que los mensajes de texto de WhatsApp son reenviados y reenviados por amigos y familiares, la información parece más creíble”, apuntó el medio.

***

Sin embargo, el uso de estas nuevas estrategias no deben verse como hechos aislados. Corresponden al portafolio de operaciones políticas y de propaganda de nuevo tipo de la mediatizada derecha alternativa, capitaneada por el exasesor de Donald Trump, Steve Bannon.

Un artículo del británico The Guardian sobre las estrategias de Bannon, recalcó el uso de plataformas de Big Data como Cambridge Analytica para mejorar la penetración de determinadas ofertas electorales, el empleo de la desinformación para abrumar al adversario y la instrumentación de políticas de identidades audaces, acompañadas de un discurso polémico, disruptivo y de impugnación al orden.

A escala política, son diversas las lecciones que deben extraerse de estos nuevos fenómenos sociales y el uso político que las fuerzas de extrema derecha le han dado en época reciente.

Los canales de comunicación han abandonado los espacios tradicionales (televisión, radio, prensa, etc.) para abrir paso a nuevas tecnologías que ahora se introducen en el consumo masivo de jóvenes.

Siendo así, la estrategia para una comunicación nacional-popular, de orientación crítica y movilizadora, debe hacer un uso creativo de estas herramientas para contrarrestar el vaciamiento político que se propone desde la derecha.

La desconfianza en los medios tradicionales debe asumirse como una realidad. Y ante eso, es prioritario buscar en las nuevas tendencias culturales de la juventud, en sus exigencias y aspiraciones colectivas, los insumos para disputar el sentido común y los contenidos socioculturales e informativos que le dan forma.

Dejar estos espacios vacíos es un error estratégico.

(Tomado de Misión Verdad)

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Rusia lanza su ley de la soberanía del Internet: balcanización global de las redes

En la Cumbre Económica Internacional de San Petersburgo, el zar VladyPutin fustigó el veto de EU contra Huawei que catalogó de Primera Guerra Tecnológica de la Era Digital: “Nos preocupan las prácticas destructivas que afectan a los mercados tradicionales –energía, productos básicos, bienes de consumo– y que están virando hacia nuevos mercados en desarrollo”.


Putin fue puntual: Huawei no sólo está siendo desplazada, sino forzada sin contemplaciones a abandonar el mercado global.


Agregó que “el modelo actual de las relaciones económicas internacionales está en crisis hoy en día y que se trata de una ‘crisis integral’” ya que “EU está tratando de ‘imponer su poder legal’ en todo el planeta ”(https://bbc.in/2Ixsb5U)”.


Durante la visita del mandarín Xi a Moscú llamó la atención que Putin permitiera un acuerdo con la firma rusa de telecomunicaciones MTS para que Huawei desarrolle su tecnología 5G y su lanzamiento piloto de redes de la quinta generación en Rusia.


La rusófoba dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña (GB), en la fase del Brexit/Trumpismo, repite la misma propaganda negra que le dio resultado durante la guerra fría mediante su trivial maniqueísmo: la dualidad ultrareduccionista de libertad/derechos humanos contra los antónimos abultados de autoritarismo/sofocación de libertades de sus contrincantes. Como si la libertad y los derechos humanos fueran radiantes y plenos en EU y GB…


Justin Sherman, del portal Wired, alega que Rusia e Irán planean fundamentalmente aislar al Internet: encabezan un nuevo nivel de fragmentación del Internet que amenaza la arquitectura de la red global (cables, servidores) y permite a los gobiernos controlar mayormente los flujos de información y someter las libertades, lo cual podría ser imitado con implicaciones geopolíticas (https://bit.ly/2wH1N40).


Irán anunció en mayo que su Red de Información Nacional –su Internet doméstico– está 80 por ciento completo, mientras que Rusia lanzó su ley de la soberanía del Internet, también doméstico, para defenderse de las amenazas a su ciberseguridad.


Justin Sherman arremete contra China que “ha apretado el control de su Internet y que pasó de su Proyecto de Escudo Dorado (Golden Shield Project), como vigilancia de la base de datos de carácter policiaco, y ahora ha pasado a un nivel más sofisticado como un Gran Cortafuegos (Great Firewall) que filtra los flujos de información que entran al país.


James Reston, feroz crítico de la ley de la soberanía del Internet de Rusia –que juzga en forma unidimensional como persecución de la disidencia y la oposición–, señala que el Kremlin desea invertir 50 mil millones de dólares o 17 por ciento del presupuesto federal anual de Rusia para crear un Internet soberano en los próximos cinco años con “20 mil 800 millones de dólares, específicamente dedicados al equipamiento que garantice la seguridad del segmento ruso del Internet (https://bit.ly/2Ze9Uku).


Rusia se dispone a crear un “Internet soberano (Financial Times; 01/05/19 y 04/06/19)” que constituye una red paralela manejada enteramente en los servidores rusosque permite a Moscú mantener la operación del Internet durante un discapacitante ciberataque foráneo.


En su diatriba, más que un extenso artículo de corte vulgarmente rusófobo, el globalista Financial Timesfustiga que la dependencia rusa en los sistemas foráneos sería ampliamente reducida, acelerando una balcanización global del Internet, donde la influencia de Occidente (sic) es fragmentada.


Refiere que en 2014,“Putin declaró al Internet como un proyecto de la CIA capaz de debilitar la soberanía de Rusia”.


Hace seis años, lo cual quizá tuvo mucho que ver con la destrucción de un Brasil soberano por el evangelismo sionista ( https://sptnkne.ws/kx7p ), los BRICS, hoy una agrupación alicaída, pregonaron la balcanización del Internet para contrarrestar el espionaje del NSA (National Security Agency; https://bit.ly/2XzedGE).


Ahora resulta que si los gobiernos no se dejan espiar por la dupla NSA/CIA, pues son vilipendiados por la prensa libre como autoritarios.


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Experimento en Japón: la fatiga del capitalismo

Hace dos días concluyó la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del Grupo de los 20 (G20). La reunión se llevó a cabo en Fukuoka, Japón, excelente localidad para ese tipo de reuniones. Después de todo, Japón podría ser catalogado como el mejor laboratorio para economías capitalistas avanzadas. Y si el experimento japonés, que ya dura unos 30 años, nos dice algo, es que la fatiga del capitalismo conduce al estancamiento.


Hace 30 años colapsó el mercado de bienes raíces en Japón. Los precios de casas, locales y terrenos habían estado aumentando de manera acelerada, pero a finales de la década de 1980 la burbuja reventó y la economía japonesa entró en crisis deflacionaria. A lo largo de los años 1990 se comenzó a hablar de la década perdida de ese país, pero la situación de estancamiento se ha mantenido durante tres décadas. Para tratar de revertir la situación, las autoridades japonesas han intentado todo, desde estímulos fiscales hasta política monetaria no convencional. De hecho, Japón fue el primer país en introducir la flexibilización cuantitativa en la política monetaria. A pesar que el primer ministro, Shinzo Abe, ha tratado de combinar políticas macroeconómicas de corte keynesiano con medidas típicas del neoliberalismo, el resultado ha sido el mismo y la economía japonesa se ha mantenido en estado letárgico.


Ya es casi un lugar común señalar que algo parecido ha comenzado a ocurrir en las economías capitalistas desarrolladas. El comunicado final de la reunión de ministros de finanzas en Fukuoka señala que los indicadores sugieren que hacia finales del año el crecimiento de la economía mundial podría estar estabilizándose. Los mercaderes de ilusiones que escriben estos comunicados son unos magos cuando se trata de recurrir a eufemismos. Estabilizar es una bonita palabra. Cuando se está saliendo de una crisis, estabilizarse puede ser una buena noticia. Pero esa palabra puede decir muchas otras cosas. Por ejemplo, en este contexto sería más apropiado interpretarla en sentido negativo: la expansión está frenándose y los nubarrones amenazan con desatar una recesión.


Las principales economías del G20 muestran claros síntomas de perder impulso. Por ejemplo, China ya tiene la tasa de crecimiento más baja (6.2 por ciento) de los últimos 10 años. La tendencia declinante del comercio internacional no es una buena señal para la economía del gigante asiático.


Alemania experimenta ya una caída en sus exportaciones, y en 2018 su tasa de crecimiento (1.5 por ciento) fue la más baja desde 2013. Para 2019 se pronostica una tasa de expansión de 0.6 por ciento. Definitivamente, el estancamiento económico se ha instalado en la economía más fuerte de la eurozona.


La economía de Estados Unidos mantiene una expansión positiva récord, que arrancó desde que se inició la recuperación en 2009. Pero los ciclos no duran para siempre y hoy se multiplican los síntomas de que ese periodo de expansión está a punto de concluir. Por cierto, si alguien menciona que la tasa de desempleo es baja (3.8 por ciento) hay que recordarle que ese indicador siempre ha mantenido un nivel muy bajo justo antes de que comience una recesión. La Reserva Federal ya dio marcha atrás en su programa de normalización de las tasas de interés para combatir la ralentización.


Las perspectivas de endurecimiento de la guerra comercial con China no ayudan a mejorar el panorama. La rivalidad por la hegemonía no se va a detener. La guerra de los aranceles con China no busca corregir un desequilibrio comercial. Washington (y no sólo Trump) quiere doblegar a su adversario y obligarlo a abandonar su estrategia de desarrollo industrial, científico y tecnológico. Eso no lo va a poder hacer, así que la guerra comercial promete recrudecerse. Eso va a perturbar gravemente la economía mundial.


Por cierto, uno de los rasgos característicos de las economías capitalistas desarrolladas es el envejecimiento de su población. Además de presentar un problema macroeconómico por el lado del financiamiento de la seguridad social, eso conlleva un lento crecimiento. Es difícil para una economía crecer rápidamente cuando su fuerza de trabajo se expande muy lentamente. En los años 1970 la fuerza de trabajo en Estados Unidos crecía a 2.6 por ciento, y hoy apenas alcanza 0.2 por ciento. Los flujos de migrantes son clave para mantener la tasa de crecimiento de las economías capitalistas avanzadas. En la medida en que hoy se arremete contra los flujos de migración, se está garantizando la ralentización de la economía mañana.


Después del frenesí de la globalización neoliberal, la economía capitalista mundial podría estar adentrándose en una trayectoria similar a la de Japón en los últimos tres decenios. Las consecuencias serán muy graves, pues significa que la promesa de que el capitalismo puede seguir mejorando el nivel de vida de las grandes masas no se va a materializar. El desencanto político de grandes segmentos de la población va a incrementarse.


Twitter: @anadaloficial

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Sábado, 08 Junio 2019 09:03

Cartografía geopolítica de Trump

Cartografía geopolítica de Trump
La reciente amenaza de Estados Unidos de imponer un arancel de 5 por ciento (que puede crecer cada mes hasta 25) a las exportaciones mexicanas es sólo la punta del iceberg de la política exterior de la administración Trump, que a diferencia de la de Obama (o lo que pudiera haber sido la de Hillary Clinton) no responde tanto a los intereses de Wall Street –sólo parcialmente a los del complejo industrial-militar– como a diferentes intereses políticos y comerciales, que impulsan guerras de nueva generación.
 

Ahora mismo, el foco de la política exterior estadunidense está puesto en la relación con China y el affaire Huawei. El veto al segundo mayor fabricante global de telefonía móvil bajo la excusa de la seguridad nacional ante un presunto espionaje nunca comprobado es similar a los decretos de Obama y Trump declarando a Venezuela peligro para la seguridad nacional de EU. Tras ese veto en primer lugar está la posición de avanzada que Huawei tiene en el desarrollo de la tecnología 5G, clave para la inteligencia arti­ficial y la robotización de la sociedad en un futuro cercano, y la determinación de que esta tecnología no sea suministrada a diversos países europeos; y en segundo lugar, un intento de impedir la posición de delantera sobre EU que China está tomando no sólo a escala comercial, sino también en el ámbito tecnológico, posición que puede ser aplicada en un futuro a las ciberguerras. Tampoco podemos olvidar que China tiene 55 por ciento de las reservas mundiales de tierras raras, fundamentales hoy para producir celulares o las baterías de los autos eléctricos, elementos químicos que podrían convertirse en piezas de ajedrez en la guerra de aranceles que libran EU y China.

El segundo foco de atención geopolítica está precisamente en Venezuela. No es casualidad que en el momento histórico (2013-16) en que se produjo una distensión de las relaciones con la revolución cubana, se declare a Venezuela peligro para la seguridad de EU. La teoría del enemigo externo implica pasar de Cuba a Venezuela para mantener un enemigo en este hemisferio. Si además ese enemigo es el país con las reservas petroleras más grandes del orbe, pues ya tenemos el juguete perfecto para entretener a los halcones del Pentágono experimentando operaciones de guerra híbrida.

El tercer vórtice geopolítico en la política exterior de EU lo podemos hallar en Irán, donde la designación el pasado abril de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista es sólo la culminación de la escalada de posiciones de Irán como principal enemigo externo en Medio Oriente, y una excusa para seguir aplicando sanciones, al no poder demostrar que Irán haya violado el acuerdo nuclear. Al igual que en Venezuela, se busca ahogar la economía iraní actuando contra el petróleo y el sistema financiero. Además, Irán, de mayoría chiíta, es clave en la estabilidad de Medio Oriente y el golfo Pérsico, bien sea apoyando a Líbano como contrapeso a Israel, o a Yemen frente a la agresión, con apoyo estadunidense, de Arabia Saudita.

Otros ejes de la política exterior estadunidense son las contradictorias relaciones con Rusia, el apoyo a Israel para que continúe el genocidio sobre el pueblo palestino, y el diálogo iniciado con Kim Jong-un que busca una distensión en la península de Corea, donde se encuentran desplazados 28 mil 500 soldados estadunidenses. Pero sin duda China, Venezuela e Irán serán los tres principales ejes de la política exterior estadunidense el próximo año y medio hasta que en noviembre de 2020 se celebren las elecciones presidenciales en las que Trump aspirará a su segundo mandato.

Un Trump que, a pesar de su excentricidad, no ha abierto ningún frente de guerra nuevo, a diferencia de Obama, que según fue sentenciado por el New York Times, se convirtió en el único presidente en la historia de EU en ejercer su mandato de ocho años con el país en guerra continua. Incluso la guerra no convencional abierta contra Venezuela fue inaugurada, en esta última etapa, por la orden ejecutiva del propio Obama.

La política exterior estadunidense estará supeditada, por tanto, a las presidenciales 2020, donde el escenario más probable es una victoria de Trump, que sigue contando con más apoyo popular que el que tenía Obama en su tercer año de mandato, frente una opción demócrata que de momento no parece consolidarse.

Pasado el momento político de lo que el feminismo neoliberal de Hillary Clinton representa, parece aún temprano para que el socialismo de Bernie Sanders ceda el testigo al nuevo progresismo y la propuesta de New Green Deal que encabeza Alexandria Ocasio Cortez, nacida en el Bronx y de madre puertorriqueña, la nueva rock star de la política estadunidense. El proyecto de AOC, Rashida Tlaib, Ayanna Pressley o Ilhan Omar, ala progresista del Partido Demócrata, de un neokeynesianismo verde, basado en el impulso al sector público, fomento de las energías renovables, lucha contra el cambio climático y justicia social, está, valga el juego de palabras, demasiado verde para la política estadunidense. Quizás en 2024, con una hegemonía estadunidense en lo económico y militar en decadencia, sea su momento.

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Sábado, 08 Junio 2019 08:45

El nuevo Führer del siglo XXI

El nuevo Führer del siglo XXI
Varias parecen ser por ahora las similitudes entre el señor Donald Trump y Adolf Hitler, el lamentablemente célebre Führer de la Alemania nazi, que a mediados del siglo XX llevó al mundo a la mayor tragedia de la historia. En días pasados nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, envió a este personaje una carta fuerte, a la vez que respetuosa, haciéndole ver con claridad la posición de nuestro país ante sus injustificables amenazas de castigar las ventas de productos mexicanos, supuestamente para crear más empleos en su nación, y consecuentemente reducirlos en el nuestro, sin comprender que ello significaría, de facto, el incremento de la migración hacia Estados Unidos. ¿Se trata de un mero teatro demagógico orientado a lograr su relección o en verdad considera que este tipo de estrategias son necesarias para continuar explotando a los países latinoamericanos, considerándolos sus cotos de caza?
 

En este sentido, la carta de López Obrador toma muy en serio las amenazas y provocaciones del mandatario yanqui contestándole con un lenguaje respetuoso, directo y firme, en el que le da como ejemplo a dos mandatarios de Estados Unidos a quienes el país vecino debe mucho de su grandeza y poderío económico. Cuando leí la carta pensé que más que un mensaje para el mandatario incapaz de comprenderlo, lo era para los círculos políticos estadunidenses, al mostrarles que su presidente desconoce la historia de su propio país y los riesgos a los que lo está llevando, con sus odios generalizados contra las naciones que en su opinión no merecen existir. Me siento desconcertado al percatarme de que esos círculos vean las amenazas directas de su presidente, como simples estrategias electorales para asegurar los votos que le permitan mantener el poder otros cuatro años, recordándome una actitud parecida a la que diversos políticos europeos manifestaban ante las declaraciones y acciones de aquel personaje siniestro, creyéndolo incapaz de cumplir sus amenazas.

Pero las semejanzas no se reducen a este altercado por la conducta de nuestro gobierno al rehusarse a obedecer sus órdenes, los juicios y actitudes del presidente gringo, reflejan de manera clara sus prejuicios y actitudes racistas contra la población no solo mexicana, sino de origen iberoamericano en general, y de otras regiones de la Tierra, mientras que sus mensajes homofóbicos incitan a la violencia a una parte de la población estadunidense en contra de otros grupos étnicos, tal como lo hizo Hitler hace 75 años ¿Cuánto tiempo habrá de pasar para que los supremacistas blancos de Estados Unidos comiencen a atacar a los mexicanos y centroamericanos residentes en Estados Unidos, de manera parecida a los actos cometidos contra los judíos por la población alemana y lossimpatizantes de los nazis en otros países de la Europa de aquellos tiempos. Me parece grave que un porcentaje importante de la población estadunidense educada y consiente, no se percate de la gravedad del peligro que amenaza a su propio país, y de paso a muchas otras naciones ante las posibilidades reales de un conflicto armado, conociendo la capacidad de destrucción de las armas actuales. Cuando los alemanes con mayor preparación de aquellos tiempos se percataron de la magnitud del desastre que amenazaba a Europa y al mundo, era ya demasiado tarde, el costo en vidas y daños materiales fue el resultado directo de aquellas omisiones. Ello no debiera repetirse.

Considero que vale la pena examinar el origen del problema que ha dado lugar a las migraciones centroamericanas provenientes de Guatemala, El Salvador y Honduras como resultado de la pobreza y la falta de empleo y de oportunidades en esas naciones, encontrándonos que tal situación se originó hace más de 70 años como resultado de las actividades de algunas empresas estadunidenses como United Fruit, dedicadas a la especulación y a la explotación de la población campesina dedicada a la producción de bananas y a desestabilizar a los gobiernos de esos países para ponerlos a su servicio. Si realmente Mr. Trump quisiera resolver el problema, la solución estaría a su alcance sólo con financiar a esos países para que estén en condiciones de generar los empleos que hoy les hacen falta.

Al igual que Hitler en su tiempo, Trump amenaza ahora y hace responsables de sus propios problemas, a naciones y gobiernos que considera más pobres y atrasados, como es el caso de Centroamérica y del nuestro, ignorando que ha sido Estados Unidos que, aprovechándose de su poderío, ha generado los problemas que tienen los países centroamericanos y del Caribe, al igual que nosotros. Por otra parte, es difícil ignorar los intentos, afortunadamente fallidos hasta ahora, de apoderarse de Venezuela para explotar sus inmensas riquezas petroleras, utilizando traidores a su patria con un mensaje hipócrita según el cual su motivación es liberarlos de su mal gobierno, tal como en su tiempo hiciera Hitler con Checoslovaquia y Hungría, con la pretensión de crear un nuevo gobierno afín a sus intereses. Igualmente, sus deseos de intervenir en Cuba, replicando las acciones de anteriores gobiernos de Estados Unidos, no se diferencia mucho de las prácticas y movimientos realizados por los nazis con algunos de los países de su entorno. ¿Qué debemos hacer hoy los mexicanos y nuestro gobierno para proteger nuestra soberanía y desarrollo económico? Para responder a estas preguntas, es necesario conocer lo que le sucedió a los vecinos de Alemania, incluyendo a Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Bélgica, Holanda y los países bálticos durante la época de florecimiento del nazismo.

La diversificación de nuestro comercio con naciones de Asia y Europa, así como la conformación de una comunidad estrecha con los países de la región, que nos permita fortalecer nuestras actividades de colaboración en materia educativa, de salud y bienestar, debieran ser objetivos de nuestra política exterior.

*Director del Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa

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Viernes, 07 Junio 2019 09:13

Álvaro Uribe. El psicópata ejemplar

Álvaro Uribe. El psicópata ejemplar

Treinta años ininterrumpidos de uribismo han terminado por configurar en Colombia un proyecto de Estado autoritario, que llevó a la práctica una contrarrevolución, en donde no había tomado forma una revolución. Apoyado en todo tipo de violencia, hoy prolonga una ofensiva antisocial, la que además de generar terror entre amplios grupos sociales –obligándolos al destierro y el exilio–, amplia su base cultural e ideológica para arrasar con todo lo que pueda entenderse como pluralismo, derechos humanos y democracia formal.

Desde hace varias décadas no hay día en que un personaje que se impuso a sangre y fuego en el panorama nacional no sea noticia, de manera directa o indirecta. Su poder es tal que, como todo “jefe supremo”, dictador, “mesías”, etcétera, levanta odios y amores. Es por ello, en perspectiva de acercarnos al fenómeno que padecemos, que requerimos preguntar/nos: ¿Qué es el uribismo y a quién representa?

Para cuya respuesta no existen dudas: el uribismo es Uribe en persona e ideología, quien a su vez es jefe, una especie de adorado Zar, y un comandante en jefe de sus seguidores materiales y espirituales. Pero hoy, de la persona se ha pasado a una ideología, la cual ha permeado a toda la sociedad colombiana, y quiere quedarse para siempre a través de terceros o interpuestas personas, consolidando sus políticas autoritarias.

Pero no solo esto. El uribismo también es un proyecto histórico de corte agrícola/ganadero feudal, apoyado por el capital industrial, minero extractivo y financiero, a los cuales atrae con beneficios económicos tributarios, al tiempo que se apoya en los grandes medios de comunicación de propiedad de los anteriores, y se refuerza con el poder ideológico dominante de las seudo iglesias cristianas o mercaderes de la fe, así como de la tradicional concepción católica del país conservador.

Tras la comprensión de este personaje, Gustavo Petro cataloga al uribismo como “una fuerza reaccionaria […]. Dentro de la cual Uribe significa algo: los terratenientes improductivos de Colombia que crecieron sus propiedades originarias del feudalismo español con el narcotráfico, (y) quienes terminan convirtiéndose en megaterratenientes. Es una fuerza arcaica, premoderna. Hoy cada megaterrateniente tiene su ejército privado, le llaman paramilitares, y quieren dominar la sociedad en función de sus intereses. Comprometidos con una violencia salvaje, la Justicia Especial para la Paz –JEP– no les sirve y la única manera para que una fuerza tan retardataria siga gobernando es con la violencia, no con la razón, eso es Uribe, eso es el uribismo”.

 

Psicópata y sociópata

 

El origen del uribismo descansa en el personalismo encarnado en el líder carismático de la persona resentida, megalómana, desequilibrada emocionalmente y con amplios rasgos que combinan al psicópata y al sociópata de Álvaro Uribe, quien en su momento convirtió a Antioquia en el centro territorial para el experimento de violencia, combinando entre sus aliados paramilitares de los hermanos Castaño, los combos del tenebroso “Don Berna”, los reductos lúmpenes de exguerrilleros maoístas del Epl y, por supuesto, las fuerzas militares y de policía, todos estos, convertidos en ejército de choque contra la supuesta avanzada guerrillera de las Farc y el Eln, a las que había que detener, así hubiera que demoler lo poco que había de democracia y derechos humanos en nuestro país, como en efecto sucedió. Pero esta trama antiguerrillera no fue sino un sofisma, en el fondo estaba el aniquilamiento del precario movimiento popular existente para entonces, y que a pesar de todo sigue aguantando los embates aniquiladores de un sistema político que asesina gota a gota a los líderes sociales. Que quede claro, Colombia no es un país democrático, y nunca lo ha sido.

¿Por qué decimos que los rasgos sicológicos y psiquiátricos de Álvaro Uribe son los de un psicópata con visos sociópatas? Por la sencilla razón que su característica central es su controvertida personalidad, alimentada por el constante deseo de hacer el mal a todos sus contradictores, y en este caso a la sociedad colombiana en general, sin que exista en su interior la más mínima acción de remordimiento por sus malignas ejecutorias. Su personalidad, de acuerdo a tal carácter, es violenta por naturaleza y convicción. Ese es este personaje y con él, el uribismo como filosofía de vida y proyecto histórico.


Como complemento, el sociópata padece de trastornos de personalidad antisocial, con tendencia a mentir constantemente, quebrantar las leyes y comportarse de forma impulsiva; asimismo, quienes comportan tal carácter, no se preocupan por su propia seguridad ni por la de los demás. Los síntomas pueden disminuir con la edad, pero en este caso en particular sucede lo contrario. Para su proceder se apoya con gran influencia en los medios de comunicación que le retrasmiten sus constantes mentiras, meditadas, bien planeadas, haciendo uso de gran habilidad, al estilo del jefe de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, para quien una mentira repetida varias veces, debía convertirse en verdad.

La Antioquia paramilitar y uribista

La Antioquia uribista fue la viva expresión de las más grandes violaciones de los derechos humanos, con la muerte de miles de líderes sociales –por ejemplo, Jesús María Valle–, sindicalistas, estudiantes, docentes, periodistas, campesinos, jóvenes de barrios populares, vendedores ambulantes, niños y niñas.

Ni que decir de cientos de masacres que azotaron el Urabá antioqueño, donde hasta cabezas rodaron bajo la egida del ejecutor –hoy con signos de “remordimiento”–, el nefasto “Pacificador de Urabá”, Rito Alejo del Río. Además, bandas asesinas, como la denominada “Doce Apóstoles”, en las cuales acusan de militancia a Santiago Uribe, hermano del “psicópata ejemplar”, estuvieron a la orden del día, con el garabato encima, en tiempo del gobierno departamental y nacional del personaje en cuestión. Masacres incluso en plena ciudad, como la ejecutada en la Comuna 13, llamada “Operación Orión”, por la que cientos de madres aún esperan recoger los cadáveres de sus hijos, asesinados y tirados como perros en “La Escombrera” por la política uribista de tierra arrasada, bajo el comando del general Mario Montoya.

De lo regional a lo nacional

Si en Antioquia pudieron exterminar a todo el que no estuviera con Uribe, entonces ¿por qué no agrandar el experimento ante una Colombia que parecía rendida a una guerrilla equivocada que nunca atacó al bloque de poder, sino que asesinaba a su propio pueblo, entre ellos campesinos inermes y desposeídos de todo bien material? De esta manera, con un proceso de paz muerto, producto de la soberbia y la irracionalidad de las Farc, la Colombia equivocada, la analfabeta educativa y políticamente, con medios de comunicación incendiarios y propensos a una política de muerte como RCN, y un capitalismo salvaje que necesitaba de la fuerza para contener cualquier protesta social, mientras se aplicaban políticas de beneficios tributarios para grandes empresarios y comerciantes, banqueros, terratenientes, ganaderos y multinacionales mineras, gasíferas y petroleras, en contraposición de la cascada de impuestos para los sectores populares y medios, al tiempo que se reducía casi a cero lo poco que quedaba de beneficiosos sociales (como fue el desmote de las horas extras laborales, para solo citar un ejemplo). En medio de la aplicación de este proyecto a favor del capital nacional e internacional, es cuando surge y se consolida el caudillo mesiánico, y es a partir de ese momento cuando el uribismo se afianza como política de Estado, y hoy, casi consolidada como proyecto histórico, quiere ir más lejos. No importa cómo, ya que a decir del uribismo, Colombia está con Uribe.


Tras tal proyecto se toman todo el Estado, en principio a favor de intereses personales y familiares, y luego, para responder al apoyo de los grupos económicos Ardila Lule, Santodomingo, Sindicato Antioqueño, Luis Carlos Sarmiento Ángulo, y gremios como Fedegan, Fenalco, Sociedad de Agricultores de Colombia y, por supuesto, a diversas multinacionales, entre ellas las mineras, a todos los cuales les conceden amplias garantías y beneficios de todo tipo. En todo este enriquecimiento personal y del tradicional capital, se aplica y refuerza una dura política represiva contra todo aquel que pretendió oponerse a tal ofensiva, sin pudor alguno ante los valores sociales y los derechos humanos cada día violentados, teniendo todos los aparatos del Estado: justicia, Congreso, órganos de control, y por supuesto, las Fuerzas Amadas, al servicio de su proyecto. El Congreso no queda exento, al cual lo compran, como siempre ha sucedido, para eso están los puestos burocráticos de contratos a término fijo –la nueva forma de explotación del siglo XXI–, y uno que otro contrato de obras. Todos los congresistas de estirpe liberal/conservador solo piensa en lo inmediato, en ellos y sus familias. El país no les importa. Nunca les ha importado.

Un dominio reafirmado una y otra vez en lo electoral, en cuya última experiencia presidencial (2006) Álvaro Uribe reunió 8 millones, apoyado en los cuales ahondó la persecución, a sangre y fuego, en contra de la oposición, para lo cual potenció los servicios secretos como el DAS, colocados al servicio de la represión, el chantaje y asesinato de líderes sociales y políticos. No escaparon a esta persecución opositores como Gustavo Petro, Iván Cepeda, Piedad Córdoba y el Colectivo de Abogados José Alvear entre otros, quienes casi en solitario se fajaron contra viento y marea a denunciar la alianza paramilitar/Uribe. Por cierto, nadie en su momento los apoyó con firmeza, salvo un sector de la izquierda. Pero al final, la luz brilló a favor de las denuncias de Petro y demás, hasta el punto que hoy es información en algunos textos escolares.

El proyecto de Estado del uribismo

Uribe en su gobierno, y con ello su filosofía de vida política, fue la respuesta fascista a lo poco que hemos tenido de democracia, ya que en Colombia nunca ha existido la misma de manera plena, la cual, por cierto, nos la quieren disfrazar aún más mediante elecciones compradas en las cuales prima el llamado voto de Registraduría. Esa política fascista fue patentizada en la persecución contra periodistas, magistrados, jueces, sindicalistas, estudiantes, docentes, intelectuales en general, y todo aquel sector que se opusiera al proyecto uribista. Pero, más que las cientos de masacres perpetradas por paramilitares con apoyo de las Fuerzas Militares y de toda la seguridad del Estado, el uribismo encarna la muerte en cientos de asesinatos de jóvenes inermes, y a veces hasta con discapacidad mental, como fueron los mal llamados “falsos positivos”, con los cuales el país se llenó de sangre; y a la par de ello 8 millones de compatriotas fueron sacados a la fuerza de sus casas en las zonas rurales, obligados a refugiarse en ciudades, sin arraigo cultural, social y familiar, padeciendo, en símil, lo sufrido por los judíos bajo el dominio dictatorial de Hitler, llevados a la muerte en hornos crematorios. Eso fueron los 8 años de gobierno del sociópata y psicópata Álvaro Uribe Vélez.

Mientras esto sucedía, el uribismo se afianzaba en lo personal, como quien dice, yo vine a llevar a cabo un trabajo sucio, y tengo que cobrar por ello. Colocó la legislación a su favor, no solo para reelegirse y por ende perpetuarse en el poder al mejor estilo de un dictador bananero, sino que enriqueció a su familia como ya anotamos, como fue el sonado caso de la Zona Franca de Occidente en Mosquera-Cundinamarca, para solo citar un referente de los varios que existen. Proceder con el cual también se enriquecieron sus amigos.

De esta manera este personaje se convirtió en el artífice de lo hoy conocido como los grandes robos al Estado, casos Odebrecht, Saludcoop, Reficar, Hidroituango, antiguo y extinto Seguro Social, crisis hospitalaria, quiebra del sistema de salud con la Ley 100, y cientos de robos más, entre estos la mermelada repartida a montón en el Congreso para tenerlo de su lado, expresión de lo cual es la famosa frase que alguna vez soltó: “no me importa que los vayan a meter presos (a los congresistas paramilitares), sino que voten por mis proyectos mientras estén libres”. La repartición de notarías para su elección y la compra descarada por unos puestos entregados a desconocidos politiqueros de entonces, como Yidis Medina y el difunto Teolidondo Avendaño, demuestra que el Estado es de poco valor para el uribismo.

Hoy se ha demostrado que con el uribismo se llevaron a cabo grandes transacciones económicas con multinacionales de la minería y el petróleo a favor de éstas y en detrimento del país y su medio ambiente, en las que primaron las coimas, dinero que seguramente, quienes las alimentaron intelectualmente y quienes las concretaron en directo, lo enviaron a paraísos fiscales. El bloque en el poder desde siempre se enriqueció a través de esquilmar lo público, y así también sucedió con lo creado por y alrededor de este personaje.

Pero el uribismo va por más. Ya el Estado casi les pertenece, quiere el dominio ideológico y una Colombia joven educada en sus valores fascistas. Quiere el Estado definitivo a sus pies. La guerra y con ello la muerte es su filosofía de vida, por eso desprecia y patea el proceso de paz, y no en vano quienes ayer apoyaron a Santos por la paz, descaradamente capitalistas sin corazón y nombre, feudales ganaderos y terratenientes agrícolas, medios de comunicación, todos a merced de la pauta oficial, iglesias que son mercaderes de la fe, burócratas de pacotilla, políticos de bolsillo como conservadores y liberales, y lamentablemente masas incultas como porteros, taxistas, vendedores ambulantes, profesionales de bajo rasero, amas de casa rezanderas, curas de pueblos, obispos y cardenales, gacetilleros y locutores, futbolistas y ciclistas, narcotraficantes y comerciantes de lo que queda del ocaso de San Andresito, tenderos de bajo mundo, bebedores de cervezas, cantantes paisas, prostitutas de mala muerte, pueblo en general, le aplaude a la muerte, con Uribe a la cabeza.

Un pueblo equivocado

La mirada del pueblo sobre la realidad que vive es inmediatista, pese a soportar todo tipo de injusticias, pese a que lo poco que le quedaba le ha sido arrebatado. Y es que la miserableza de un pueblo que vive del rebusque, donde el Código de Policía los patea, lamentablemente vota y son uribistas. Ese es la idiosincrasia popular, la que es sometida en lo político y militar, y ahora en lo cultural y educativo. Para el uribismo pensar de manera diferente y contradecir al Supremo, es subversivo, por eso tanto a los colegios y las universidades públicas las quieren cerrar en medio de la asfixia presupuestal, pretenden vigilar la libre cátedra y el libre pensamiento, y no en vano están proponiendo que los estudiantes graben a todos los profesores que supuestamente los estén ideologizando. Incluso, se avecinan tiempos para la quema de libros y la confiscación de computadores, o la vigilancia a través de la empresa Claro –de propiedad del magnate mexicano Slim–. Todo está por llegar.

Uribe y con ello el uribismo, lograron consolidar un proyecto político ideológico, propósito para el cual la complacencia de los medios de comunicación oficiosos, escritos, visuales y orales fue y es fundamental, no solo por lo que informan o dejan de informar, sino por toda su contribución a la despolitización de nuestra sociedad.

Precisamente, el uribismo se refunda y afianza en la pobreza espiritual de una inmensa masa de colombianos que siguen a más de 5.000 seudo iglesias cristianas de corte pentecostal existentes por todo el país, las que han terminado como grandes negocios, incluso, sindicadas algunas por evasión de impuestos o la par de servir para acumular inmensas fortunas, tal como lo demuestra el enriquecimiento de la familia Castellanos y su famoso Grupo G12, y el escándalo de la familia Piraquive, donde la mentora María Luisa Piraquive y sus hijos poseen todo tipo de propiedades en los Estados Unidos. A esto se agrega una iglesia católica que esconde la pedofilia debajo de sus sotanas en una supuesta defensa de los valores familiares, y que ha resultado aliada del uribismo con el sofisma de defender a la familia conservadora y rezandera en medio de la hipocresía, una Iglesia en donde afloran todas las aberraciones sexuales de altos ejecutivos del sistema, escondidos en sus closet.

Ofensiva en ascenso

El uribismo es estratégico, porque permanece unido en relación a un solo caudillo, mientras el pensamiento progresista colombiano es y permanece disperso –todos quieren ser jefes–, mientras tanto, el uribismo se impone a sangre, fuego y dominio ideológico. Está ganando.

El uribismo, en Uribe, concentran el poder del Estado –mafioso–, todas las Ramas del poder les pertenecen, y las que no, las amedrantan con acusaciones falsas. Avanzan, ahora con el exterminio de líderes sociales, a fin de copar el campo, para luego pasar al aniquilamiento de líderes como @petrogustavo y finalizar con el absoluto dominio ideológico de la sociedad. Casi 100 líderes sociales asesinados en menos de un año de gobierno del llamado subpresidente Duque, reafirma que no somos democracia. Ningún país del mundo que se denomine democrático asesina a la oposición, y menos a líderes comunitarios que lo único que hacen es exigir derechos básicos, para salir de la marginalidad y vivir en dignidad, como es el caso de los indígenas.

El uribismo, primero, nos definió el Estado que quería: paramilitar/capitalista. Después nos explicó su forma: poder mafioso caso @FiscaliaCol. Después nos dijeron que la familia y la religión, y ahora nos quieren coartar el poder de pensar libremente, y si es el caso, vigilarnos en nuestros propios hogares. Realidad que abre un reto inmenso para quienes no hacemos parte de ese nefasto proyecto de sociedad: solo una gran fuerza social, incluso en unidad con políticos y capitalistas pisoteados por Uribe, podrá liderar un proceso social que lleve a librarnos de una lacra psicótica y sociópata como es el personaje acá tratado.

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