El Covid-19 quita y pone Presidentes. Desata guerras de Trump contra China y Venezuela
  1. Controlar el virus igual a ser presidente

En mi artículo "COVID-19 define al próximo presidente de México" formulé la "prueba decisiva" de la política actual: sólo los presidentes que sepan frenar la pandemia rápidamente, garantizan su permanencia en el poder. Frenar la epidemia y ser –o llegar a ser-- presidente, es prácticamente lo mismo. Es la ecuación que rige la política del mundo y lo hará hasta que termine la pandemia.

  1. Política sin ciencia

La verdad de esta ley es evidente a escala global y es el resultado de una política sin ciencia. Una política que administra, en lugar de conducir con ciencia, previsión y comprensión estratégica. Y que improvisa cuando los jinetes apocalípticos se presentan. Trump moviliza un millón de reservistas para sobrevivir, comete "piratería moderna" robando las mascarillas a sus "aliados" Alemania, Canadá y Francia en los aeropuertos y endeuda aún más a la quebrada Unión Americana para salvar a su capitalismo insostenible; Bolsonaro se acerca a la sustitución por una alianza del gobernador de Sao Paulo, Joao Doria (derecha), con Lula (PT) y los militares, con los jefes de las favelas aplaudiendo; el ecuatoriano Moreno no sobrevivirá a la apocalipsis de Guayaquil; el Kirchnerismo, en terapia intensiva con el ventilador oligárquico La City y el gurú de la derecha criolla Durán Barba, oscila entre Bolsonaro y AMLO, sin futuro estratégico; el populista en jefe de Her Majesty, Boris Johnson, minimizador de la pandemia como Trump, está hospitalizado, dejando el Reino Unido en una crisis estructural de liderazgo político post-Brexit y COVID-19; y México, carente de una política anti-epidémica holística clara, firme y convincente en los tres niveles del Estado, vive un ominoso proceso de bicefalización y descomposición de la 4ta Transformación, sin actores emergentes a la vista, para impedir la implosión.

  1. Guerra contra China y Venezuela

Tal es la ecuación política del virus en el Nuevo Mundo, a la cual Donald Trump agregó ahora el clásico recurso del poder político imperial: la agresión a otros pueblos y Estados para desviar la atención de sus propios fracasos. El blame game como lo llaman en Estados Unidos. En este caso, usa una pérfida guerra psicológica mundial contra China y la preparación anunciada de la invasión militar contra Venezuela, con el apoyo de la Unión Europea. El D-day de la intervención militar está correlacionado con las elecciones de noviembre. Trágicamente es obvio, que Maduro y su camarilla --como lo hicieron Saddam Hussein, Noriega y Gadafi-- utilizarán al pueblo como carne de cañón en una guerra sin sentido contra la OTAN, antes de renunciar a su usurpación de la nación venezolana. Maduro y Trump, dos delincuentes políticos hechos uno para el otro, se encontraron. Con la diferencia, de que Maduro es un tigre de papel y el imperialismo es un tigre real con dientes nucleares.

  1. El Instructivo secreto de Trump

El 21 de marzo, el periodismo investigativo estadunidense, The Daily Beast, informó, que la Casa Blanca había lanzado "un plan de comunicaciones a través de múltiples agencias federales", que se centra en acusar a Beijing de crear una pandemia global y orquestar su "encubrimiento". Las fuentes de la información son dos funcionarios estatales y un cable del gobierno. El cable parece haberse redactado en el Consejo de Seguridad Nacional (NSA). Dice en una parte: "NSC Top Lines: [República Popular de China] Propaganda y Desinformación sobre la pandemia del virus Wuhan."

Los memes propagandísticos que deben usar todos los funcionarios estadounidenses incluyen los siguientes: "Los funcionarios del Partido Comunista Chino en Wuhan y Beijing tenían la responsabilidad especial de informar al pueblo chino y al mundo de la amenaza, ya que fueron los primeros en enterarse de ella"… "En lugar de eso, el...gobierno ocultó noticias del virus de su propia gente durante semanas, mientras suprimía la información y castigaba a los médicos y periodistas que levantaron la alarma. El Partido se preocupaba más por su reputación que por el sufrimiento de su propio pueblo".

Los funcionarios entrevistados informaron que: "Nos dicen que tratemos de sacar este mensaje de cualquier manera posible, incluyendo mediante conferencias de prensa y apariciones en televisión". También: "El [Partido Comunista Chino] está llevando a cabo una campaña de propaganda para tratar desesperadamente de trasladar la responsabilidad de la pandemia global a los Estados Unidos. Este esfuerzo es inútil". "Gracias al encubrimiento...los expertos chinos e internacionales perdieron una ventana crítica para contener el brote en China y detener su propagación mundial. Salvar vidas es más importante que salvar la cara".

"Estados Unidos y el pueblo estadounidense están demostrando una vez más que son los mayores humanitarios que el mundo haya conocido", según el cable. "Estados Unidos está dispuesto a proporcionar más asistencia a China, si el Partido Comunista Chino nos permite hacerlo".

  1. Guerra sucia en el Ciberespacio

Los dos epicentros de la guerra sucia mundial son Washington y Londres. De ahí arrancó la actual ofensiva propagandística contra China, con incesantes mentiras del evangélico carismático Pompeo, reforzadas por el propio Trump, Nancy Pelosi y demás mandarines sistémicos. Después de este fuego de ablandamiento discursivo arreció la pandemia propagandística imperialista con un video apócrifo (falso) de una supuesta entrevista de Telesur a Noam Chomsky, seguido por panfletos que aparecieron en la alcantarilla, que por alguna extraña razón se llama "prensa inglesa".

Continuó la ofensiva de lodo de la CIA y de los servicios británicos con la reaparición de un video fake news del programa TGR Leonardo, de la televisión pública italiana RAI, de 2015 (¡!), que reportaba que un grupo de investigadores chinos habría creado artificialmente un "supervirus" que causa SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y que es capaz de "traspasarse a los humanos directamentedesde un murciélago sin pasar por una especie intermedia". La revista científica Nature se encargó de desmentir la falsedad de RAI, publicando que no hay evidencia para afirmar que el COVID-19 fue "diseñado artificialmente".

Después le tocó el turno al diario italiano de derecha, La Stampa, propiedad de la transnacional Fiat Chrysler, que publicó "con referencia a fuentes anónimas de alto rango", que el 80 por ciento de la ayuda de Rusia contra la pandemia en Italia era "inútil". Va bene, bambini. Un pequeño ingreso extra de "fuentes anónimas de alto rango" siempre es bienvenido en la economía del hogar. De ahí, la estafeta pasó a la cloaca británica donde el amarillista tabloide Daily Mail apareció con la "noticia", de que "fuentes de alto nivel" (high-ranked sources) informaron al diario, que "reportes de inteligencia" no excluían la posibilidad de que la mortal enfermedad fuera un producto humano (man-made): "Perhaps it is no coincidence that there is that laboratory in Wuhan. It is not discounted," the unnamed source told the British paper.

  1. Objetivo estratégico de la mentira COVID-19

El objetivo final de la campaña de Trump está claro. Lo reveló el bufete de abogados "Berman Law Group" en la Florida, al presentar una demanda colectiva (class action lawsuit) en Florida y Texas contra China. Fiel a la libreta secreta de la Casa Blanca acusa a Beijing "por encubrir el brote de Coronavirus en Wuhan". Pide que China sea declarado legalmente responsable (legally accountable) para obligarla a pagar billones de dólares por "su negligencia". El asesor estratégico de la empresa corrió la cortina en una entrevista con un canal reaccionario de la televisión hindú, confesando que trabajan en la organización de una alianza global con Gran Bretaña contra China. Subrayo, que de particular importancia en este proyecto es la India. La razón es evidente. El virus causará probablemente millones de muertos en ese país, que no cuenta con la infraestructura médica, sanitaria y habitacional urbana necesaria para evitar la hecatombe. Una resolución condenatoria de la justicia de clase gringa contra China sería impagable. Como la cobrarían a una superpotencia nuclear, que no es Cuba, ni Venezuela, es otra cuestión. Por ahora dan el primer paso: controlar las cabezas de aquellos que andan en el ciberespacio sin entender lo que pasa. O sea, la mayoría de los internautas.

  1. La Fauna del Ciberespacio

El transmisor principal (vector) por el cual el patógeno propagandístico anglosajón infecta a la opinión pública mundial es el ciberespacio: televisión, las plataformas de redes sociales, smartphones y radio. Es el caldo de cultivo idóneo para los manipuladores, porque el cyberspace está básicamente poblado por las siguientes especies. 1. Los mercaderes gran-capitalistas. 2. Los controladores políticos, cuyos trolls, bots y comentocracia son pagados por el capital y los gobiernos reaccionarios. 3. Los influencers, que promueven toda clase de fake news y amarillismo, con tal de tener "vistas" en su página y aumentar sus tarifas. 4. Los licenciados y doctorcitos, cuya sabiduría suele ser inversamente proporcional a su prepotencia. (Lo doctor no quita lo pendejo, dice acertadamente el pueblo mexicano.) 5. Finalmente, la cohorte mayoritaria, que usa las redes como un hub digital global de activismo auto-erótico, reminiscente del bíblico Onán, que en paz descanse. ¿Exagero? No, las pruebas empíricas están a la vista de todos, en los comentarios. Alrededor del 90 por ciento de los que "comentan" no leen los textos que "comentan". Ven el título y ejecutan su vulgar actividad catártica vía un reflejo condicionado pavloviano.

  1. Psicopatología del Internauta

La psicopatología detrás de este comportamiento es evidente. Como la gran mayoría de ciudadanos no tiene ninguna importancia real en el mega-sistema de procesamiento de datos que llamamos "sociedad", la posibilidad de emerger con nombre en la red les permite una dosis de autoestima y narcisismo que les confirma que existen. Una milagrosa transubstanción digital, que convierte a un cero social de la sociedad capitalista moderna --con menor importancia que un cero digital en un lenguaje binario-- en una realidad objetiva. Tal ritual es legítimo, porque cumple una función de higiene mental pública. Obliga, sin embargo, a los demás a diferenciar el acto exhibicionista del homo videns de la decisión razonada del homo sapiens, conducido por algoritmos inteligentes.

  1. El Arcángel COVID-19

En su infinita dialéctica, la historia ha tenido a bien emplear al Covid-19 como vengador del Socialismo con características chinas. Los respetables ciudadanos de la Zona Administrativa Especial de China, conocida como Hong Kong, tienen décadas queriendo vivir el American Dream (el sueño americano) o la refinada cultura de Her Majesty en Londres. En 1961 todavía, la Gran Bretaña protegía ese sueño considerando un ataque nuclear a China, si Mao Zedong se atreviera a tomar la colonia británica por la fuerza. Por suerte, no se llegó a esto.

Sin embargo, Dios es Grande y finalmente concedió a los hongkongeses acaudalados --muchos de ellos felices víctimas de las sectas evangélicas gringas-- su sueño del país donde "corre la leche y miel" (Kanaan), como decía el bíblico Moses. Fracasadas sus violentas manifestaciones de la contrarrevolución de color de Soros, emigraron a Estados Unidos, donde disfrutan ahora el mayor epicentro mundial de la pandemia: gracias al capitalismo neoliberal, que no tiene dinero para los sistemas de salud pública y dónde ni siquiera pueden comprar mascarillas, salvo si consiguen alguna de las importadas de China o de las que donó el billonario Jack Ma, miembro del Partido Comunista de China. Mientras tanto, China es el único país seguro del virus.

Cantaron con fervor el himno estadounidense en sus manifestaciones violentas. Qué bueno, que ahora vivan su realidad. Porque, como dice la Coca Cola: "You can´t beat the real thing."

Por:Heinz Dieterich  | Lunes, 06/04/2020 03:33 PM 

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Netanyahu negó que sus advertencias sobre colapso en el sector salud busquen apanicar a la gente en Israel para retener su cartera de primer ministro.Foto Ap

En un abordaje multidimensional/plural/dialéctico, impactaron dos declaraciones incendiarias del primer ministro israelí Bibi Netanyahu –con cargos criminales a cuestas(https://bit.ly/34f9wpU)–, debido a sus estrechos lazos con el eje Trump/Kissinger/Jared Kushner, además de sorprendentes juegos de poder en Israel, que en su conjunto reflejan la dinámica de los "nuevos órdenes" locales/regionales/global.

Dejo para otra ocasión el artículo de Kissinger al WSJ –dislocado, a mi juicio– sobre el nuevo orden mundial post-Covid-19 (https://on.wsj.com/2wTuRZO).

Algo muy fuerte debió haber ocurrido tras bambalinas para que el general y ex jefe del Estado mayor, Benny Gantz (BG), seleccionado por el presidente Reuven Rivlin para formar el nuevo gabinete, haya preferido presidir el Congreso. Quienes conocemos el Medio-Oriente, a sus países y actores, entendemos que no es común que un general, de la talla de BG, haya sucumbido a muy fuertes presiones del eje Trump/Kissinger/Jared Kushner cuando Israel y su complejo militar industrial son tan dependientes de la ayuda de EU.

El mismo eje "nacionalista" Trump/Kissinger/Jared Kushner, en franca confrontación con los banqueros globalistas Rothschild y George Soros, fustigan a los respectivos “ Deep State” de EU e Israel.

El hijo de Trump ha comentado que “solamente un ‘loco (sic)’ niega al “ Deep State” (https://bit.ly/3aLjUb4)”.

Netanyahu –cuyo hijo expuso el control globalista de George Soros(https://bit.ly/39KdS9B)–, comentó a puerta cerrada que en Israel "no existe democracia" ya que está controlado por el “ DeepState”: un "gobierno de burócratas y juristas", según el rotativo opositor Haaretz, muy cercano a Soros, que se burla de sus “teorías conspirativas (https://bit.ly/39Cbemc)”.

Días antes de su espectacular arreglo con BG, Netanyahu lo instó a "salvar a Israel" conforme los "países se hunden como Titanics".

Esta declaración no es menor, debido a los lazos estrechos de Netanyahu con el eje Trump/Kissinger/Jared Kushner y, también, debido a la omnipresencia de sus servicios secretos en varias naciones de Latinoamérica y Europa, en estrecha alianza con su diáspora que lo mantiene muy bien informado.

Netanyahu advirtió que "los sistemas de salud de los países en el mundo (sic) enfrentan un inminente colapso (sic)" cuando planea la "mayor amenaza a la humanidad desde la Edad Media (sic)".

Su rival, líder de la oposición, BG del partido "Azul y Blanco" finalmente sí escuchó la imploración de Netanyahu para formar un "gobierno de unidad de emergencia".

En su entrevista al Canal 12, Netanyahu emitió "una serie de predicciones terribles sobre el posible (sic) impacto global del virus", cuya precisión no puede ser definitivamente determinada en esta fase, pero negó que estaba intentando apanicar al público israelí para retener su cartera de primer ministro, según The Times of Israel (https://bit.ly/34bcpYx).

A diferencia de los diletantes funcionarios de otros países que tardaron "en cerrar sus fronteras", Netanyahu considera que "Israel, que cerró sus fronteras, se encuentra en una mucho mejor situación".

Juzga que "nadie sabe" –y nadie es nadie– los alcances devastadores del virus y aceptó que "como van las cosas, estamos destruyendo la economía", por lo que su "objetivo es realizar el máximo número de pruebas, para establecer que las personas que desarrollen anticuerpos para resistir el virus sean liberadas del aislamiento".

Cuando fue cuestionado de exagerar el peligro para permanecer en el poder, Netanyahu adujo que estaba “navegando entre icebergs” y que “detrás de él, habían otros países hundiéndose como Titanics”. !Qué fuerte!

Llama profunda y perturbadoramente la atención que hable del hundimiento de muchos países como Titanics con sus alcances simbólicos y metafóricos, naciones indestructibles en el papel y que acabaron por desaparecer, lo cual converge con la afirmación del ideólogo ruso Alexander Dugin, muy cercano al zar Vlady Putin y a los militares, quien advirtió sobre la extinción de muchos países (https://bit.ly/39GcdSs). ¿Será?

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Domingo, 29 Marzo 2020 07:29

El mundo en hibernación busca salidas

El mundo en hibernación busca salidas

La triple conmoción por el coronavirus —sanitaria, económica y política— une a la humanidad bajo la misma amenaza pero la divide en las respuestas

 

El planeta, para un extraterrestre que aterrizase estos días, ofrecería una imagen extraña, entre apacible e inquietante. Más de un tercio de la humanidad está en casa, privada de la libertad de moverse, tan esencial y que todos damos por hecha. Las calles, vacías, como las carreteras sin coches. Los cielos claros, sin aviones. Las fronteras, cerradas. ¿Los líderes? Encerrados también y gestionando como pueden —primero cada uno por su cuenta, atolondradamente, casi siempre tarde pese a las señales— la mayor crisis que seguramente les habrá tocado afrontar en sus vidas. ¿Los ciudadanos? Desconcertados por el virus que se detectó en China el pasado diciembre y que ha matado a más de 28.900 personas y afectado a unos 200 países. Angustiados por su salud y la de sus prójimos, y por el batacazo económico que, según la unanimidad de los expertos, se avecina. El mundo ha entrado en hibernación.

 “Vivimos un momento histórico de desaceleración, como si unos frenos gigantes detuviesen las ruedas de la sociedad”, explica, desde su confinamiento en la Selva Negra, el filósofo alemán Hartmut Rosa, que ha dedicado buena parte de su obra a estudiar lo que él llama la “aceleración” desenfrenada de las sociedades capitalistas. “En los últimos doscientos años o más, el mundo cada vez iba más rápido”, argumenta. “Si usted observa el número de coches, trenes, barcos, aviones, sin cesar aumentaba el tráfico y el movimiento. Es cierto que había bolsas de desaceleración, por ejemplo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001: el tráfico aéreo fue más bajo durante unas semanas. Pero todo esto se ha interrumpido. Vivimos un momento único de calma”.

El electrochoque ha dejado a los humanos aturdidos, en un estado que mezcla la calma, como dice Rosa, con el desasosiego, sin espacio físico para moverse ni espacio mental para saber cómo será la vida, la ciudad, el país, el mundo en dos o tres meses, o en un año.

Es una sacudida triple. Sanitaria, primero: la enfermedad desconocida, la Covid-19, y el virus que la causa, el temible SARS-Cov-2. No existe una vacuna, por lo que son las medidas llamadas no-farmacéuticas las que se aplican, en su modalidad más extrema: el confinamiento. No solo de infectados o sospechosos de estarlo, sino de ciudades y regiones enteras al principio —Wuhan en China desde enero, Lombardía y buena parte del norte de Italia el 8 de marzo— y, en los días siguientes, como si las piezas de dominó cayesen una detrás de otras, países grandes y pequeños, desarrollados y en vías de desarrollo. De Italia entera a la India, pasando por España, Francia, el Reino Unido y una parte considerable de Estados Unidos y de América Latina: unos 3.000 millones de personas quietas y encerradas.

La segunda sacudida es económica. Los Gobiernos asumen que el frenazo en la actividad —las rutas del comercio mundial, ya interrumpidas cuando el coronavirus no parecía más que un mal chino, se han bloqueado— provocará una recesión global. En 2020, la contracción del PIB será de un 2,2% en la zona euro, según la agencia de calificación Moody’s, y de un 2% en Estados Unidos. Las cifras de demandantes de subsidios de desempleo en este país han batido un récord: nunca, desde que hace medio siglo empezó a registrarse, había sido tan alta, más de tres millones. Las sumas que se han inyectado o inyectarán para amortiguar el descalabro de las empresas y de los trabajadores —cinco billones de dólares solo para los países del G20— y las intervenciones de los bancos centrales dan una idea de las dimensiones del desastre que se intenta evitar, o suavizar. Vuelve a entonarse el whatever it takes (lo que sea necesario), el estribillo mágico que Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, pronunció en 2012 para salvar al euro, y funcionó. Todos, no solo los bancos centrales, prometen “lo que sea necesario”, pero ocho años después de la intervención de Draghi, el primer acto de la crisis escenifica una respuesta en orden disperso. Las fracturas de la Unión Europea reaparecen en toda su crudeza. El virus es global; las reacciones, nacionales.

Se plantea un cambio de modelo económico. ¿El fin de la globalización? “Posiblemente sea inevitable pasar por una fase de desglobalización, es decir, de comercio y flujo de capitales reducidos entre los países”, escribe el economista francés Thomas Piketty en un correo electrónico a EL PAÍS. “Continuar como si nada no es una opción. En caso contrario, el nacionalismo triunfará”, avisa.

El tercer golpe, además del sanitario y el económico, es político. El virus ha irrumpido en un momento de repliegue de EE UU y de afirmación nacionalista de China. La batalla, que no distingue fronteras y sobre el papel une al mundo en una misma causa, es una batalla por la influencia entre las potencias mundiales. “Ahora la lucha es contra el virus. Pero el virus será derrotado. Y la gente volverá a trabajar y a subirse en aviones. Cuando esto ocurra, la posición de Rusia y de China se habrá reforzado comparativamente, mientras que la de Estados Unidos se habrá debilitado”, analiza el ensayista estadounidense Robert D. Kaplan. “Como China es autoritaria”, añade Kaplan, “ha sido capaz de imponer cuarentenas extremas como ninguna democracia es capaz. Al tener tantas empresas estatales, estas han podido absorber el choque económico del virus. Y Rusia, al estar sometida a sanciones, ha sido capaz de ser más autosuficiente desde el punto de vista económico. En cambio, Estados Unidos y Europa, totalmente inmersas en el sistema de libre mercado, han sufrido una devastación económica por el virus”.

En unas semanas, la historia se ha acelerado, como en 1989 al caer el Muro de Berlín, o en 1914 al ser asesinado el archiduque Francisco Fernando. Y, al mismo tiempo, se ha congelado. Nunca la humanidad se había detenido al alimón. Nunca se había visto una decisión colectiva semejante, aunque, paradójicamente, no coordinada: cada país se iba confinando a su ritmo, ignorando las lecciones del vecino, repitiendo sus errores y tropiezos y, finalmente, confluyendo, con variaciones en la intensidad del confinamiento y excepciones en países como Corea del Sur, que lo han gestionado con medidas menos drásticas.

No hubo largas discusiones parlamentarias ni tampoco presión social antes de decretarse la decisión de mayor trascendencia, quizá, de este siglo. La presión que condujo al cierre de las fronteras y a la clausura de los ciudadanos no era la de los votantes sino la de la locomotora sin frenos que —se temía— iba a causar centenares de miles o millones de muertos.

“Esto es una pandemia, por primera vez en la historia, en la que el mundo está interconectado tecnológicamente y en el que los mercados financieros están interconectados. Por eso ha causado una disrupción como nunca se había conocido”, dice Kaplan.

La política soberana —el Estado— retoma un papel central. En paralelo, arrollada por el enemigo invisible, ha quedado expuesta su impotencia. De ahí las críticas por la lenta reacción de las autoridades. “En los países democráticos, los Gobiernos son tan débiles que no podían imponer la decisión antes de que esta se impusiese por sí misma. Por eso llegamos tarde”, defiende en París la socióloga Dominique Schnapper. “¿Se imagina lo que habría sucedido si hace veinte días el Gobierno hubiera decretado el confinamiento? No se habría aplicado y habría causado un escándalo. Ahora se le acusa de haberse retrasado”.

El mundo hiberna, sí, pero los contornos del mundo posterior al coronavirus empiezan a dibujarse. Mientras los sanitarios luchan por las vidas de los enfermos y los investigadores persiguen contra el reloj la vacuna, los dirigentes se enfrentan al endemoniado dilema entre la preservación de la salud pública y la supervivencia de la economía. “Este es el verdadero problema”, señala Schnapper. “Hay que encontrar un equilibrio entre ambos imperativos: el sanitario, que es inmediato, y la necesidad de que la sociedad siga funcionando: seguir alimentando a la gente y que no haya un crac económico. No hay fórmula simple. La política consiste en conciliar dimensiones contradictorias”.

Cuanto más duren los confinamientos, más probabilidades de atenuar la pandemia y menos de evitar la depresión económica: este es uno de los debates. No el único. El virus y la carrera por derrotarlo disparan la competición entre modelos políticos. Enfrenta a autoritarios (China) y democráticos (Europa y EE UU). Y, dentro de los democráticos, opone a populistas y moderados. La gestión de los Trumps o Bolsonaros se medirá con la de la alemana Angela Merkel o el francés Emmanuel Macron.

Al erigirse nuevas fronteras y responsabilizarse a la globalización de la propagación de la epidemia, parecería que el populismo y el nacionalismo saldrán fortalecidos. No está tan claro. Porque el miedo —en este caso, a una amenaza real, no imaginaria— refuerza la confianza en los científicos y los médicos: no es tiempo de experimentos ni de soluciones fáciles.

“Se podría decir que la crisis genera los anticuerpos del populismo”, dice por teléfono Laurence Morel, politóloga en la Universidad de Lille. “No digo que vaya a hacerlo desaparecer: lo decisivo será la capacidad de los Gobiernos para resolver la epidemia y evitar consecuencias económicas demasiado graves. Serán los resultados. Sabemos que los populistas prosperan cuando los Gobiernos son impotentes”.

París - 28 mar 2020 - 18:30 COT

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La geopolítica en los tiempos del coronavirus

Doce años después de la crisis financiera de 2008 la historia se repite, no sabemos aún si como tragedia más profunda o directamente como farsa. Tres mil millones de personas en el mundo confinadas por un coronavirus, llamado SARS CoV-2, que ha pateado el tablero mundial, pero también ha logrado lo que el socialismo no pudo: que se asuma la imperiosa necesidad del Estado como herramienta para garantizar la reproducción de la vida ante al avance depredador del capital.

La pandemia que arrasa al mundo, deja al descubierto cómo el neoliberalismo fue desmantelando el Estado y su sistema de salud, privatizando y entregando el control a farmacéuticas privadas donde pudo. Y donde aún quedaba Estado del bienestar, como en España e Italia, el sistema de salud ha colapsado.

El maremoto geopolítico ha obligado a Estados Unidos, y a pesar de Trump, a aprobar un rescate en forma de inversión pública de 2 billones de dólares, mientras el número de contagios supera ya los cerca de 82 mil de una China que mediante un Estado autoritario y eficiente con control sobre los medios de producción y alta tecnología, ha podido neutralizar los contagios locales del Covid-19. Camiones rusos entran en Roma, al mismo tiempo que en Alemania y Francia se habla de nacionalizar empresas, mientras Japón posterga los Juegos Olímpicos hasta 2021 e India confina a mil 300 millones de personas. En América Latina los médicos cubanos retornan a Brasil, tras haber sido expulsados por Bolsonaro, a quien se le rebelan unos gobernadores que impulsan una renta básica lulista como medida para afrontar la crisis. Mientras tanto en Chile siendo éste el Israel de Sudamérica, Piñera decreta el "estado de excepción constitucional de catástrofe".

Pero todos los anteriores son países del G20 u OCDE. Debe ser por eso que hablamos tanto del coronavirus y no mucho de la malaria, que tan solo en 2019 mató a 400 mil personas en África. Perdón, donde dije personas quise escribir 400 mil pobres y negros. Porque ese es el debate subyacente en México hoy y en muchos otros países. El aislamiento puede ser necesario en muchos lugares para contener la pandemia, pero sólo puede ser sostenible si no condena al hambre a los más vulnerables, quienes no cuentan con redes de protección social ni son parte de la economía formal.

Y es que después de la crisis sanitaria viene la crisis económica y social, una vez que se interrumpa la oferta por la interrupción de las cadenas de suministros y haya un shock de demanda interna y externa.

Sin ir más lejos, en Estados Unidos subsisten 27 millones de personas sin seguro médico y 11 millones más sin documentos. El coronavirus ya ha disparado las peticiones de prestaciones por desempleo hasta el récord histórico de 3.28 millones. Esto sólo en Estados Unidos, porque a escala mundial la OIT calcula un crecimiento del desempleo de 5.3 millones de personas en su hipóte-sis más prudente, y de 24.7 millones en la más extrema. Por comparar, la crisis de 2008-2009 dejó 22 millones de nuevos desempleados. En América Latina la crisis del Covid-19 podría hacer pasar el número de personas en situación de pobreza y extrema pobreza de los 250 millones actuales a 310, la mitad de los 620 millones de personas que habitamos en el subcontinente.

En el plano estrictamente económico, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo calcula perdidas globales por 2 billones de dólares, pero otros estudios hablan de hasta 9 millones, lo que significaría 10 por ciento del PIB global en un mundo en crisis donde la deuda global ya supera los 250 billones de dólares.

Estamos ante una bifurcación con dos posibles salidas: una es el camino que vislumbra Slavoj Zizek, una sociedad alternativa de cooperación y solidaridad, basada en la confianza en las personas y en la ciencia; el otro camino lo define Byug Chul Han como un mayor aislamiento e individualización de la sociedad, terreno fértil para que el capitalismo regrese con más fuerza.

Pero antes de la bifurcación ya estamos en un momento donde como bien define Carlos Fernández Liria, nos preocupa más que el coronavirus infecte a los mercados que a las personas. Todo ello en un escenario definido por Boaventura de Sousa Santos con el aparente oxímoron de la crisis permanente, donde hemos normalizado la excepción que permite justificar el despojo, la acumulación por desposesión y la doctrina del shock permanente contra nuestros pueblos.

Lo que está claro es que la reproducción del capital, dificultada por la crisis de un capitalismo en fase de descomposición, puede encontrar una ventana de oportunidad en la medida en que desaparece una parte de la población mundial y se crean nuevos mercados.

La salida ante esta nueva crisis debe ser en un primer momento keynesiana, (re)construyendo estados fuertes que rescaten a las personas y no a los bancos ni a las trasnacionales, estados que aprovechen el momentum para transitar hacia otras energías no basadas en combustibles fósiles, mientras se siguen profundizando todas las alternativas posibles posneoliberales.

O quizá no hacen falta tantos malabares teóricos y debemos guiarnos por Britney Spears citando a la escritora Mimi Zhu: "Nos alimentaremos mutuamente, redistribuiremos la riqueza, haremos huelga. Comprenderemos nuestra propia importancia desde los lugares donde debemos permanecer. La comunión va más allá de los muros. Todavía podemos estar juntos".

Por Katu Arkonada, olitólogo vasco-boliviano

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El neoliberalismo en crisis mundial por el covid-19

Una de las grandes verdades que ha demostrado la enorme pandemia de coronavirus que recorre ya todos los continentes, es que el neoliberalismo ha llevado a los países que adoptaron ese sistema a una crisis social de incalculables dimensiones.

El corolario que se desprende de esa realidad es que el neoliberalismo ha entrado en crisis mundial al ser incapaz de resolver los problemas socio-económicos de las grandes mayorías pues sus beneficiarios son una pequeña capa de la sociedad y las multimillonarias compañías transnacionales.

El caso más significativo resulta el de Estados Unidos, país impulsor del neoliberalismo donde más de 30 millones de personas no cuentan con seguro médico y otros 40 millones solo acceden a planes deficientes, con copagos y seguros de costos tan elevados que solo les sirve para pequeñas atenciones por los enormes costos de los servicios de salud.

El negocio de las privatizaciones ha dejado desamparadas a millones de personas en el gigante del norte pues la premisa en las clínicas y hospitales resulta completamente discriminatoria: Si no tiene dinero no lo atienden, si cuenta con un buen seguro las puertas se abren.

Antes de la pandemia del covid-19 Raúl Garnica llegó al hospital de Kendall, en Miami, porque presentaba fiebre y continencia urinaria. Los análisis preliminares determinaron que padecía una posible insuficiencia renal. Debió pagar 455 dólares solo por los análisis y como su seguro no cubría los gastos de atención por esa enfermedad el hospital no lo siguió tratando. Ahora se encuentra en compás de espera sin tratamiento médico.

En un país con más de 328 millones de habitantes donde no existe control sanitario generalizado y los servicios médicos y farmacéuticos están controlados por particulares o empresas transnacionales, solo funcionan 79 laboratorios estatales para detectar infectados por coronavirus.  

Desde enero, cuando se detectaron los primeros casos, hasta marzo, cada Estado debía enviar las muestras de posibles contagios por correo postal a la sede del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, único lugar autorizado para realizar pruebas, y no fue hasta mediados de ese mes que los 50 Estados contaron con capacidad técnica autónoma.

Se espera que al incrementarse los análisis, el número de contagiados se incremente estrepitosamente y la infraestructura de salud quedará casi colapsada, lo cual aumentará el número de enfermos graves y de muertos.

Otro factor que impulsa la proliferación de la enfermedad es el miedo de los ciudadanos a no poder sufragar las costosas consultas y tratamientos por lo que no concurren a los lugares de atención. O sea, un círculo vicioso pues la infección se expande con mayor celeridad. 

El presidente estadounidense, acostumbrado a mentir, ha sido centro de numerosas críticas por el mal manejo de la situación.

En sus primeras declaraciones afirmó que el coronavirus era solo una influenza pasajera y acusó a los demócratas y a los medios de comunicación de aupar el temor; después insistió en que todo estaba bajo control, se autovanaglorió de su “inteligencia” para enfrentar la enfermedad; subrayó que ya se habían reducido los niveles de infestación y que toda la culpa la tenían China y los países europeos. Semanas después tuvo que declarar una emergencia nacional. 

Las nuevas medidas tomadas por Washington aseguran que los CDC ofrecen gratis el examen de coronavirus, siempre que el individuo esté autorizado por un médico, pero esa supuesta bondad federal esconde el resto de las dificultades, como reportó al The Miami Herald el cubanoamericano Osmel Martínez Azcue.

Osmel contó al periódico que al volver con síntomas de gripe de un viaje a China acudió a un hospital de Miami a hacerse las pruebas de coronavirus. Resultó que tenía solo gripe, pero apenas llegó a su casa se encontró con una factura de 3 270 dólares. Y se preguntaba: ¿Cómo podremos contribuir a reducir el contagio si los hospitales nos van a cobrar más de 3 000 dólares solo por un análisis de sangre y una muestra nasal?

Un reporte del Departamento de Viviendas y Desarrollo Urbano de Estados Unidos indicó que en 2019, más de 560 000 ciudadanos viven como desamparadas en todo el país. Cálculos conservadores aseguran que solo en  Miami-Dade, alrededor de 1 300 personas deambulan por las calles, sin contar las que viven en refugios.

El director del Homeless Trust, informó de que la mayoría de las personas están yendo a dormir a las calles pues tienen miedo de contagiarse en los refugios.

En Estados Unidos el número de infestados aumenta diariamente y el 26 de marzo se contabilizaban más de 60 000 personas y 910 fallecidos. Otros países con políticas neoliberales donde la salud pública primordialmente esta privatizada, también se encuentran en un caos sanitario. Por ejemplo, en esa misma fecha, Italia reportó 80 520 afectados y 8 165 fallecidos; España, 57 000 y 4 150 muertos; Brasil, 2 700 y 57; Francia, 25 200 y 1 702:                 

Pero esas cifras no son solo resultado de la pandemia, sino también de las decisiones políticas y económicas que imponen las leyes del neoliberalismo en contra del bienestar social de sus pueblos. China (donde comenzó y azotó con mayor fuerza el virus) Cuba, Rusia y Venezuela, por citar algunos, con sistemas públicos de salud, han logrado tener bajo control la epidemia.

Los datos mostrados por la ONG inglesa Oxfam son patéticos: El 1 % más rico de la población mundial posee más del doble de la riqueza que 6 900 millones de personas. ¿El covid-19 ayudará a disminuir esas cifras al abrir los ojos a los indolentes?

Por Hedelberto López Blanch | 28/03/2020 |

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

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Más virus y enfermedades por el cambio climático

 Durante este siglo, prestigiosos científicos, centros de investigación y la Organización de las Naciones Unidas han alertado sobre los efectos que ocasiona el cambio climático en la salud pública. Todos ofrecen pruebas suficientes de que las actividades humanas contribuyen a elevar la temperatura en el planeta, lo que incide de diversas formas en los suministros de agua y alimentos, la distribución de los brotes de enfermedades infecciosas y la aparición de otras relacionadas con la alteración del ambiente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta desde hace cuatro lustros sobre las repercusiones sanitarias del cambio climático y sus estragos en el planeta: aumento del número de fallecidos por olas de calor, más desastres naturales, entre los que destacan las inundaciones por lluvias torrenciales y cambios de la distribución de enfermedades potencialmente mortales transmitidas por vectores. El paludismo como caso más sobresaliente por las 600 mil víctimas que deja cada año.

Los expertos de la OMS insisten en que la elevación de las temperaturas tiene consecuencias muy negativas en factores sociales y ambientales directamente vinculados con la salud, como los alimentos, el aire y el agua. Advierten que las regiones ubicadas en países que no cuentan con una infraestructura sanitaria sólida, como sucede en la mayoría, serán las menos aptas para prepararse y responder a los problemas derivados de las enfermedades conocidas y nuevas. No dudan en recalcar la necesidad de hacer reales los compromisos aprobados por la comunidad internacional para luchar contra el calentamiento global y así aumentar la seguridad sanitaria de la población mundial.

La OMS advierte que el cambio climático ya causa decenas de miles de defunciones cada año por las modificaciones en las características de las enfermedades, especialmente por las olas de calor intenso, la sequía y su contraparte: las inundaciones nunca registradas; la mala calidad del aire en las ciudades y en regiones con actividades que deterioran mucho el medio, como la minería a cielo abierto y la industria cementera; además de deficientes sistemas de abasto de agua potable y saneamiento.

Algunos datos: más de 7 millones de personas mueren cada año por enfermedades ligadas a la contaminación del aire. Con normas más exigentes sobre las emisiones y mayor eficiencia técnica de los vehículos, se salvarían de fallecer unos 2.4 millones de personas cada año. Se estima que entre 2030 y 2050 el cambio climático aumentará en otras 250 mil defunciones anuales por paludismo, diarrea, calor extremo y desnutrición. Ya que mencionamos el paludismo, depende mucho del clima. Transmitido por mosquitos del género Anopheles, mata sobre todo a niños africanos menores de cinco años. Los mosquitos Aedes, vector del dengue, son también muy sensibles al clima. Los estudios más puntuales confirman cómo el calentamiento de la Tierra aumentará su riesgo de transmisión en México.

Como siempre, son los niños, las mujeres y los pobres del mundo subdesarrollado los más afectados, pues cargan con las desigualdades en los servicios básicos de salud. Por lo que se refiere a los menores de cinco años, las enfermedades diarreicas debido a la falta de agua de buena calidad matan cada año a casi 760 mil. Además, la escasez del líquido por las sequías causa estragos en el medio rural. Y hambruna, como suele ocurrir en África.

Desde diciembre, un nuevo virus recorre el mundo y su origen todavía se desconoce, sólo dónde surgió y que ningún país está blindado contra él. Llega cuando menos se piensa y deja su estela de muerte, como ahora en Italia, España, Irán, Francia... Nada valen rezos ni estampitas de presuntos dioses o santos. Ni limpias de chamanes o brujos. Se desconoce su relación con el cambio climático. Pero el coronavirus es una advertencia de lo que vendrá si los ciudadanos de todo el mundo no exigimos, y logramos, cambiar el actual modelo económico por uno que vaya en armonía con la naturaleza. Y que eleve la calidad de vida de la mayoría de la población, hoy sumida en la pobreza y la desigualdad.

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Rueda prensa virtual, 18 de marzo de 2020. Cortesía Alcaldía de Bogotá.

En vísperas de un simulacro obligatorio ordenado para Bogotá y Cundinamarca, sobresale que para el 41 por ciento de informales y el 11 por ciento de desempleados que según el Dane habitan en la capital del país, no se han diseñado medidas eficientes para afrontar una medida de estas características, a lo largo de 4 días de encierro.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López y el gobernador de Cundinamarca, Nicolás García Bustos, en rueda de prensa virtual el 18 de marzo de 2020, detallaron las medidas que traerá el decreto que regulará el simulacro de aislamiento obligatorio de la población que habita en los dos territorios. El simulacro, en síntesis, es para preparar a la ciudadanía para una cercana cuarentena y también para evaluar errores y aciertos de estas medidas en lo que concierne con los bienes y servicios. Por ejemplo, medir el volumen de compra de una ciudadanía ansiosa y así conocer qué tipos de productos están más desabastecidos. Para implementar estas medidas, ¿han pensado en las personas de abajo?

Tanto en Bogotá, como en Cundinamarca, el simulacro de aislamiento iniciará el viernes 20 de marzo a las 00:00 e irá hasta el lunes 23 a las 00:00 horas.

“Quien incumpla la restricción del simulacro, se expone desde sanciones económicas hasta cárcel […] porque la cuarentena en algún momento nos va tocar hacerla y no estamos preparados”, dijo la alcaldesa Claudia López. La alcaldesa agregó que se restringe la libre movilidad de personas y vehículos en Bogotá y Cundinamarca. Taxis pueden operar pero solo por llamadas telefónicas. Transmilenio y Sipt tendrá servicio pero el viernes operará con la misma flota que suele usar un sábado y domingo y, se irá haciendo una reducción escalonada.

Las únicas personas que podrán usar estos servicios y tener libre movilidad son domiciliarios, personal de medios de comunicación, trabajadores de la salud pública, trabajadores de servicios públicos domiciliarios –como alcantarillado, aseo, energía etcétera–, todos debidamente acreditados por sus empresas”.

Personas vulnerables y pobres sin medidas efectivas para el simulacro

La Emisora Comunitaria de Guasca, Cundinamarca, preguntó a la alcaldesa sobre ¿qué pasará con los habitantes de calles? Para ironía del momento, la alcaldesa comentó que la población habitante de calle también está exenta del decreto porque es una población que vive en constante estado de alerta amarilla. El personal de salud y voluntarios que atiende a sector social están incluidos dentro de la excepción. Pero la alcaldesa no notificó medidas específicas para estos trabajadores/as, que están en alto riesgo.

En la rueda de prensa virtual llegó el turno para desdeabajo, quien preguntó: ¿Qué va a pasar con las personas independientes, comerciantes, desempleados, adultos, informales y mayores que no están en ningún programa social del Estado? ¿Cuáles serán las medidas de apoyo económico directo para ellos en Bogotá y Cundinamarca?

Y la alcaldesa contestó: “Lo van a tener a través del Sistema Distrital de Transferencias Unificadas por la contingencia social que estamos viviendo, pero deberán vincularse a los programas porque nosotros no somos adivinos y si no están vinculados no sabemos que ni existen […]”. Por parte del gobernador Nicolás García, no hubo precisión alguna.

Una vez transcurrida la rueda de prensa, nos dimos a la tarea de indigar sobre el Sistema Distrital de Transferencias Unificadas y no encontramos información alguna sobre esto en la página oficial de la Alcaldía de Bogotá, tampoco en los buscadores. Si la ausencia de información específica sobre este programa es lo que sobresale en la página oficial de la Alcaldía, entonces, ¿cómo hará esta población, el 41 por ciento de quienes habitan Bogotá según el Dane, para incribirse a este sistema y programa sino no hay información de fácil acceso?

Si bien lo dijo la alcaldesa, “no somos adivinos”, es claro que tampoco lo son los desempleados, comerciantes, informales y ancianos que no pertenecen a un programa social de Estado.

desdeabajo habló con fuentes del gobierno que comentaron que éste Sistema Distrital de Transferencias Unificadas lo que se propone es juntar en una misma caja programas como Familias en Acción o el Programa de Alimentación Escolar (PAE) con focalización en pobres y vulnerables, el Sistema lo ejecutará la Secretaria de Integración Social en 1: transferencias monetarias, 2: bonos (bienes y servicios) 3: subsidios en especie. Pero por temas de urgencia, de coyuntura, el Sistema todavía sigue en proceso de estructuración. ¿Estará listo para antes de que empiece el simulacro? ¿Cómo harán los miles de miles de empobrecidos por el sistema socio-económico dominante para pasar en condiciones dignas el encierro a que quieren someternos, el cual, todo lo indica, irá más allá de cuatro días? Y después de pasada la crisis, con miles de miles de familias aún más empobrecidas y llevadas a la marginalidad, ¿qué programas se implementarán para que salgan de tal situación a la que los lleva este sistema?

Con seguridad no hay programas de tal índole pensados y mucho menos diseñados. Y para que se llegue a ese punto le toca a los empobrecidos, a quienes están siendo arrojados al precipicio, demandar, arrancar medidas urgentes a los mandatarios de turno, así como arrancar un cambio de sistema a quienes detentan el poder en Colombia.

Por lo pronto, es urgente que la alcaldía de Bogotá y la gobernación de Cundinamarca apliquen estos programas de inmediato, y para empezar en esa dirección abran canales de comunicación de fácil acceso, donde enfaticen y divulguen su existencia, sus beneficios y la manera de vincularse a los mismos. Y como todo ese procedimiento administrativo que debe recorrer un ciudadano que quiere beneficiarse del mismo toma semanas, pues deben aplicar medidas de choque: ni un ciudadano ni ciudadana pasando penurias durante los días que duren las medidas de aislamiento obligatorio.

En la rueda de prensa, la Alcaldesa también precisó sobre el despliegue de controles para evitar desabastecimiento en Bogotá, medida implementada por la Secretaria de Desarrollo Económico, en apoyo con Fenalco, Andi y Corabastos, Y han establecido que no hay desabastecimiento. Eso está bien, pero ¿cómo harán quienes viven al día, los miles de desempleados e informales, y otros muchos y muchas –el 53 por ciento de la población de Bogotá, según el Dane– para reunir el dinero para comprar los víveres y resolver otras demandas que trae cada día para las familias?

A su vez, el borrador del decreto, hasta a la hora de escritura de esta nota (7:30 pm), dice que el abastecimiento, cargue y descargue de víveres, productos de aseo, suministros médicos y agua potable, incluidos los asociados a la distribución de raciones del Programa de Alimentación Escolar –PAE; en todo caso regirán las restricciones de movilidad decretadas por alerta amarilla ambiental.

En esa línea desdeabajo habló con fuentes de directivas escolares que comentaron que, en tanto los profesores fueron enviados a sus casas, los/as rectores/as quedaron encargados de distribuir la alimentación en los horarios que cada institución considere más conveniente, y que el horario en que lo están haciendo va de 7:00 am a 1:00 pm.

Por su parte, el gobernador Nicolás García Bustos indicó que los 116 municipios del departamento se unen al simulacro con Bogotá; también agregó que cada alcalde puede optar por aplicar otras medidas dependiendo de su necesidad, por ejemplo, en municipios turísticos cerrarán balnearios y en otros habrá ley seca. Agregó que habrá servicios intermunicipales entre los municipios, pero sólo llegarán hasta puntos donde se interconecten con el sistema de Transmilenio o Sitp, no podrán movilizarse dentro de la ciudad. Además, el terminal de transporte de Bogotá y terminales satélites estarán cerrados este fin de semana.

Como puede deducirse de lo relatado, resalta que el simulacro de aislamiento obligatorio y por cuatro días en Bogotá y Cundinamarca, está dominado por una manifiesta improvisación en cuanto a programas efectivos para mitigar las necesidades de la población que desde hace años padece la negación de sus derechos fundamentales, para miles de miles para quienes la democracia no es más que simple letra alejada de la realidad.

Recordemos que lo conocido como la «doctrina del shock», es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder, según la periodista Naomi Klein.

Es el momento de exigir que la democracia sea una realidad, no una mofa; que los derechos humanos se cumplan a cabalidad; que la brecha entre ricos y pobres se cierre, y que la vida se goce a plenitud, con pandemia o sin ella.

 

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Ómar Rivillas, sin título (Cortesía del autor)

El establecimiento colombiano está resultando un mal hechicero pese a sus muy experimentadas habilidades, puestas a prueba durante décadas que son siglos. Tales habilidades han sido comprobadas en repetidas oportunidades, con hechizos en los que sabe mezclar sustancias enceguecedoras, asperjar conformismos –en no pocas ocasiones, validos del apoyo de las armas– y soplar alientos paralizantes. Es hechicería con efectos descontrolados, como permiten colegirlo los coletazos desprendidos de las declaraciones de la exsenadora Aída Merlano y del coronel Álvaro Amórtegui.


Química electoral. Es un conjuro con el que crean, mantienen y amplían su clientela. Para desatarlo con toda su potencia, deben contratar una base social que intermedie la búsqueda y la identificación de personas dispuestas a vender su voto, reunir cédulas, reclutar pregoneros y ayudar a mover dineros para pagar miles de votos en una u otra campaña, así como a dinamizar la estructura organizativa y logística que todo ello demanda. Es un conjuro usado por décadas y con efectos evidentes a lo largo de todo el país, pero que en los últimos años, ante el espacio ganado por nuevas tecnologías y formas de control social, ya no es tan enérgico, pese a lo cual y para variados sectores de la clase política no ha pasado al olvido.


En el conjuro de sus palabras mágicas –potenciadas por el riego de miles de millones acumulados en negocios mayormente impuros– y en la conjugación de energías e invocación de diferentes espíritus –con respaldo en instituciones estatales y privadas–, no está de más que aparezca alguna joven que a la vez les despierte apetitos sanos e insanos, con quien terminen mezclados el trabajo de pregonera, pagadora de votos y administradora de secretos, así como de cultivadora de satisfacciones y alegrías privadas, ganando con todo ello la confianza requerida para llegar a representar a un clan regional en el Congreso de la república. Una decisión, un ascenso de la base a la dirección del clan que terminó por romper su propia unidad.


Precisamente, esta práctica y las formas de proceder para el control político regional y del Estado en general saltó en esta ocasión por los aires luego del hechizo deshecho, producto del allanamiento de la “Casa Blanca” (1) en marzo de 2018, doce días después de las recientes elecciones legislativas y la posterior orden de detención preventiva que recayó sobre Aída Merlano por mandato de la Corte Suprema de Justicia el 19 de abril de 2019.


Con las paredes de su feudo al piso y la información de todos sus movimientos contables y de otro orden en manos de la Fiscalía, no le quedaba como protección sino el poder de quienes la habían llevado hasta el Senado, el mismo que para ese momento estaba neutralizado entre contradicciones intestinas de la clase política del Atlántico. En estas circunstancias, ¿qué hacer con esa aprendiz de hechicera? La fuga apareció como recurso óptimo para evitar que decidiera declarar ante la Corte y denunciar a sus protectores, opción de ‘arrepentida’ ante los 15 años de prisión a que fue condenada el pasado 13 de septiembre. ¿Por qué solamente yo? era seguramente un interrogante que acosaba a la detenida. Pero también como mecanismo expedito para que, una vez prófuga la inculpada, dejara de existir, como ella misma lo ha testimoniado. ¿Por qué siguió viviendo? es una pregunta sin respuesta clara y que tiende neblina sobre gran parte de su testimonio.


No cabe duda de que, entre gamonales y caciques, el temor a lo que pudiera salir de su boca ante un juez, en caso de arrepentimiento, no los dejaba tranquilos, sobre todo cuando las aspiraciones de algunos de ellos llegan, incluso, hasta la campaña presidencial de 2022. De por medio estaba, entonces, la supervivencia misma de varios clanes y su proyección como poder nacional, realidad que podían potenciar los contradictores, también con aspiraciones presidenciales, atizando las pugnas intestinas que desde años atrás libra la clase dominante colombiana con dos expresidentes a la cabeza, cada uno de ellos con visiones encontradas, por ejemplo, sobre la cuestión agraria, las formas de la guerra, o la cuestión internacional, entre algunos de los aspectos que los mantienen distantes.


Este era el marco que rodeaba el embrujo deshecho, pese a la destreza de los hechiceros mayores, caciques y potentados regionales, a quienes algo les salió mal entre sus conjuros y convocatorias de energías superiores, toda vez que la fuga fue un éxito pero no así la vida oculta de quien no podría ser recapturada. ¿Mala decisión optar por Venezuela como territorio para permanecer oculta? ¿Por qué no fue valorado el posible interés del régimen vecino en contar a su haber con una ficha como esta, puesta a jugar en el tablero de la geopolítica regional y global?


En tales circunstancias, sucedido lo que no debía ocurrir, una vez Aída en manos de la autoridad venezolana, el frío volvió a recorrer la piel de los gamonales de los clanes Gerlein y Char, mucho más cuando el ventilador Merlano, como viento huracanado, optó por su pellejo sin importar el precio de su decisión. Y habló, haciendo realidad lo temido reiteradamente. Los vientos desprendidos por su ventilador golpearon por todo el país, aunque su impacto mayor tuviera como epicentro a Barranquilla, y en menor medida a Bogotá y otras ciudades.


Con las aspas del ventilador a todo dar, con energía controlada desde un lugar distante de la mano de los poderes criollos, la declarante no ahorró denuncias en contra de unos clanes que concentran de manera espuria el poder político, económico y de otros órdenes en Barranquilla y mucho más allá. Se trata de un poder ampliado con empresas de diverso orden, de la salud y el deporte, pero también con otras destinadas a la contratación pública, mecanismo para enriquecer a unos pocos y no para servir a la sociedad, y por su conducto mantener un círculo infernal de: compro votos, gano elecciones, controlo la cosa pública, gano licitaciones, amplío la base social, someto conciencias, compro votos, gano elecciones…


Un poder debilitado. En el intento por parar el ventilador y sus vientos huracanados, no resultaron suficientes los contraconjuros rezados desde distintas orillas del poder político del país, ni la solicitud de su Cancillería ante Juan Guaidó –“el presidente reconocido por cerca de sesenta países”, como dicen una y otra vez los medios de comunicación cuando a él se refieren– para que extradite a la detenida, prófuga de la justicia colombiana. Tampoco sirvió la intermediación de la OEA e instancias semejantes, no reconocidas por el país en el cual ahora está en prisión la denunciante, a la espera de ser declarada perseguida política y, por tal razón, no extraditable.


La diplomacia colombiana, es meridiano, ha sido ‘elevada’ al ridículo como efecto de un suceso que en otro momento sería un simple caso policivo y de trámite diplomático menor. Como están las cosas, es un asunto que a la vez extiende sus efectos sobre la diplomacia de los “cerca de sesenta países” que reconocen al “legítimo presidente de Venezuela”, ahora, una vez más, desnudo en su parafernalia.


El ventilador, en su batir de aspas, le recuerda a todo el país que hay sectores políticos y personas como Álvaro Uribe, Germán Lleras y el propio Iván Duque –un sector amplio del establecimiento que hoy tensa las riendas del poder en Colombia– que actúan a la sombra, sin ahorrarse procedimientos ilícitos para ahondar y prolongar el poder que acumulan personas y sectores políticos aliados de los clanes ahora en la picota pública.


Nada nuevo bajo el cielo podrá refutar el lector desprevenido, ya que es vox populi que el poder político en Colombia compra votos siempre, corrompe al elector intimidado violentamente, coopta el establecimiento, desangra las arcas del Estado, impone un modelo socioeconómico que lleva a millones a la pobreza, haciendo mofa de la democracia, incluso la formal, además de infiltrar y manipular las delegaciones de la Registraduría. “Quien escruta elige”, alcanzó a decir alguien a propósito de esta práctica; esto en el mejor de los casos, pues en otros no renunció al impulso, la configuración y el mantenimiento del paramilitarismo, y así, con la conjunción de todas las ‘formas de lucha’, controló en forma absoluta el poder en departamentos y municipios del país, al igual que el Legislativo y el Ejecutivo mismo. Una real privatización del Estado, en medio de la cual quedó un río de cadáveres como testimonio de que los hechizos del poder desatan violencias descomunales que mantienen al país en duelo permanente.


Parte de esto quedó al desnudo en reciente declaración ante el poder judicial venezolano de la excongresista Aída Merlano, dolida por los malos tratos recibidos de sus otrora protectores, declaraciones ofrecidas una vez que comprendió que era una simple ficha dentro del juego de poderes del cual hizo parte, pero para el cual ahora es un estorbo.


El poder de la muerte. Este conjuro, de amplia y subrepticia utilización en la historia de la humanidad por todo tipo de poderes, que evidencia de modo inmediato su fuerte y desmoralizador impacto, no deja de ser puesto a prueba en Colombia en distintas etapas de su historia, corroborando una y otra vez su potencia aniquiladora de contradictores y enemigos, luego de lo cual, bajo alegatos de la defensa del “orden legalmente constituido”, sus pócimas son resguardadas en punto seguro.


La memoria y los resortes para su control y su utilización son transmitidos intergeneracionalmente por quienes detentan el poder, que se forman en los rituales para su uso, el recurso de los sicarios o la acción de agentes secretos de organismos de espionaje al servicio del Estado, sabiendo –y así se lo explican– que su uso puede desmovilizar y desmoralizar, pero también desatar cóleras incontrolables, todo dependiendo de la correlación de fuerzas y el eficiente manejo tanto de los legalismos en que se ampara la clase dominante para su control y operatividad del Estado, como de los medios de comunicación.


Miles de miles son los muertos que este recurso de hechicería estatal ha dejado en el país, pero, para conseguir ese reguero de cadáveres, desde hace unos años se ha acudido al asesinato aleve de personas indefensas por parte del ejército nacional –verdaderos crímenes de Estado–, muchas de ellas llevadas a su tumba con engaños de falsos trabajos o promesas de mejor vida, y presentadas a la sociedad como ‘enemigos’ –guerrilleros– “muertos en combate”.


Así lo dejó claro el teniente coronel Álvaro Amórtegui el pasado 19 de febrero en denuncias contra el general Mario Montoya, otrora comandante de la Cuarta Brigada y luego comandante del Ejército, recordando con sus declaraciones lo que otros oficiales también han testimoniado a lo largo de varios años (2): que ese cuerpo uniformado, constituido supuestamente para cuidar las fronteras nacionales, está transformado en una máquina de guerra contra su propio pueblo. Es esta una demencial transformación en la cual, de la mano de terratenientes, empresarios y comerciantes, la fuerza pública perdió toda referencia ética y moral, derivando por tanto en un ejército de ocupación, enemigo de aquel a quien debiera proteger.


¿Qué sucedió aquí con los hechiceros que, desde su refugio en la Casa de Nariño y otros lugares de acción con que cuentan a lo largo y ancho del país, manipulan sustancias y rezan trabalenguas que conjuran la muerte? ¿Cómo actuaron para que sus rezos produjeran ese tipo de monstruo humano, encarnado en miles de oficiales y soldados que, amparados en una ideología anticomunista, y fanatizados en una causa que consideran cruzada contra el mal, llegan al extremo incluso de liquidar la vida de quien saben y son conscientes que nada tiene que ver con el enemigo que pretenden vencer?


Precisamente, la actuación de este tipo de oficiales, con órdenes sobre sus subordinados, desangrando al país que debieran proteger para que en tales tierras germinaran siempre la justicia y la paz, a la par de la clase política que ha privatizado el Estado en todos sus niveles e instancias, dibuja al régimen político que ha tomado forma en Colombia desde las décadas finales del siglo XX y comienzos del XXI: policivo-militarizado y por tanto autoritario, soporte de su carácter excluyente, neoliberal en lo político-económico y social, un régimen, por consiguiente, de minorías y para minorías.


Esta desavenencia de sus hechizos es una realidad que seguramente tiene cavilando, con signos de angustia, a los brujos mayores en su refugio gubernamental, batiendo inciensos y rezando conjuros, concitando energías y reclamando el apoyo de sus antecesores ya difuntos y de quienes aprendieron y heredaron sus malas artes de dominio, buscando con todo ello que aquellos a quienes mantienen bajo su potestad no se zafen. Todas sus potencias actúan y contienen energías que braman bajo el piso y en sus alrededores, con furia y con pasión, pues cada vez es más evidente que quienes controlan el Estado colombiano están carcomidos por todos los males de quien gobierna de espaldas a su pueblo: la violencia, el terror, la injusticia, los privilegios, la corrupción, la privatización de lo público, la manipulación, el engaño…

1. Así era conocida la base de operaciones que coordinaba Aída Merlano.
2. Entre los militares que han dejado tal testimonio ante la JEP figuran: “[…] Gabriel de Jesús Rincón Amado, Santiago Herrera Fajardo, Álvaro Tamayo Hoyos, Paulino Coronado Gámez, Sandro Mauricio Pérez Contreras, Juan Carlos Chaparro Chaparro, Rubén Darío Castro, Gustavo Enrique Soto Bracamonte, Jaime Alberto Rivera Mahecha, Zamir Humberto Casallas Valderrama, Alexander Valencia y Henry William Torres Escalante. https://www.eltiempo.com/justicia/jep-colombia/mario-montoya-se-reservo-su-derecho-a-guardar-silencio-ante-la-jep-461560.

 

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Alejandro Forero, detalle sin título (Cortesía del autor)

La reciente publicación de Capital e ideología (Ariel, 2019) del economista francés Thomas Piketty –quien sorprendió años atrás con El capital en el siglo XXI–, ha generado remezones y reflexiones dentro de un amplio espectro de pensadores y economistas, entre otros, aquellos pertenecientes a la “izquierda brahmánica” que el propio Piketty se encarga de fustigar a través de las 1.230 páginas del texto. La pretensión principal en este nuevo ensayo es explicar las raíces, causas, métodos y prácticas que la desigualdad ha tenido a través de la historia y plantear de qué manera es posible superar el capitalismo actual y buscar formas de sociedad más igualitarias.


¿Cómo definir a Piketty y su pensamiento en un pincelazo? Es decir, ¿desde dónde nos habla? Podríamos comenzar por decir que, en esencia, es un socialdemócrata que quiere devolverle el buen nombre que la social democracia perdió tras el colapso del Estado de bienestar social a fines del siglo pasado. Por otra parte, es un federalista con una visión trasnacional de la democracia, basada en la construcción de normas de justicia socioeconómica a escala regional y mundial, que aboga por un socialismo participativo, con un Estado social ambicioso y con altos grados de progresividad fiscal. Por último, admitamos que Piketty es fundamentalmente un optimista, convencido de que es posible buscar una sociedad menos desigualitaria que la actual y que, insistimos, es posible superar el capitalismo actual. ¿Y qué entiende Piketty por socialdemocracia? Es un conjunto de prácticas institucionales políticas destinadas a proporcionar un encaje social del sistema de propiedad privada y del capitalismo.


Enfoque metodológico

Piketty es heredero de la escuela francesa de los Annales de Bloch y de Lefebre, pero también de Braudel con sus ambiciosos análisis de periodos de larga duración para vislumbrar cambios, continuidades, evoluciones y rupturas de la historia. Adicionalmente, Piketty usa el método del análisis comparativo, entre naciones, y sociedad, tomando datos y cifras de un amplio repositorio, la World Inequality Database. La obra se inicia con un extenso estudio de las sociedades ternarias o trifuncionales del medioevo, divididas en clérigos, nobles y pueblo llano y cómo este esquema ha permeado a través de la historia en las sociedades desigualitarias hasta el presente.


La esperanza de una coalición igualitaria


El autor parte de un supuesto fundamental: La desigualdad es ideológica, no es económica, política, ni social. Por tanto, hay que buscar la salida de la desigualdad en las mismas ideologías. En ese sentido, Piketty reconoce la ideología como positiva y constructiva, “un conjunto de ideas a priori plausibles y buscan el modo en que debería estructurarse una sociedad en lo económico, social y político” (1). En otras palabras, la ideología es un intento de presentar respuestas a un conjunto de cuestiones extremadamente complejas y extensas. Por lo anterior, no es posible conseguir la unanimidad en las ideologías por la naturaleza de los temas que abordan; por ello, el conflicto y el desacuerdo le son inherentes.


Piketty defiende una trama que atraviesa su argumentación: para que una coalición igualitaria pueda volver a emerger algún día, se requiere de una redefinición radical en su base programática, ideológica e intelectual. Dicho en otras palabras, hay una luz. Es posible construir un relato, un horizonte igualitario de alcance universal, una nueva ideología de igualdad, de la propiedad social, de la educación, del conocimiento y del reparto del poder que sea más optimista con el ser humano.

Deuda foucaltiana. El orden del discurso


La desigualdad se ha mantenido a través de la historia mediante prácticas discriminatorias, a veces violentas, entre estratos sociales y orígenes étnico-religiosos. Un régimen desigualitario se caracteriza, según Piketty, por un conjunto de discursos y de mecanismos institucionales que buscan justificar y estructurar las desigualdades económicas, sociales y políticas. Consecuente con su supuesto básico de la fuerza de las ideologías, el hilo conductor del libro es que las sociedades desigualitarias se han sostenido, preservado y perpetuado gracias al éxito de producir un relato predominante. Recordemos que Foucault, afirma la importancia del discurso:

“en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad” (3).
El asunto es, para Piketty, de primer orden. Hay que tomarse en serio el papel que las ideologías y sus discursos respetivos han tenido en la historia. Es sobre las justificaciones históricas y actuales que la sociedad se ha dado a sí misma es que la desigualdad existe y es “normal”. Además este discurso predominante sostiene que no es necesario intervenir la desigualdad, que esta tiende a resolverse por sí misma. Sobre esta justificación, y mediante relatos, narrativas y explicaciones racionales, es que se ha construido el edificio de la civilización actual, sostiene Piketty. Adicionalmente, el relato dominante para explicar la desigualdad es de carácter propietarista, empresarial y meritocrático.


La sociedad actual parece decirnos: “La desigualdad de hoy es justa puesto que deriva de un proceso libremente elegido en el que todos tenemos las mismas posibilidades de acceder al mercado y a la propiedad.” O también: “Siempre ha habido desigualdad y hoy estamos mucho mejor que hace siglos” o si no: “Todos obtenemos un beneficio espontáneo de la acumulación de riqueza de los más ricos, que son los más emprendedores, los que más lo merecen, y los más útiles (a la sociedad)”. Dicho de otra manera, el discurso desigualitario, ensalza a los ganadores y estigmatiza a los perdedores por su supuesta falta de mérito, talento y diligencia.


Es un discurso siempre esgrimido por las élites para justificar su posición. En similar sentido, la desigualdad ha aumentado a medida que la culpabilización de los pobres ha aumentado. Este es uno de los principales rasgos de la sociedad desigualitaria, culpar a los pobres de su condición. Lo que ha cambiado son los métodos para perpetuar la desigualdad. Al pasar los pobres de esclavos y siervos a súbditos, se hizo necesario dominarlos por otros medios, básicamente a través del discurso y el argumento del mérito.


Es explicable entonces, que cada régimen desigualitario repose sobre su propia teoría de la justicia. Desde esas perspectiva las desigualdades no solo deben justificarse por parte de quien está en el extremo acumulacionista, sino que estas desigualdades deben ser plausibles y dar coherencia a la organización social y política ideal.


Discurso identitario vs. discurso clasista

Piketty hace una aguda observación de lo que llama el social-nativismo o la trampa identitaria poscolonial3 de cómo las élites desigualitarias han logrado cambiar la marea para desincentivar la teoría y las argumentaciones que derivan de la lucha de clases. Esta ha sido relegada como un arcaísmo que corresponde a remotas épocas de consignas de los defensores de las sociedades igualitarias. A partir de la década de 1980-1990, el discurso se ha centrado con mayor énfasis, no en las diferencias de clase –como si estas hubieran desparecido milagrosamente– sino en el tema identitario que abarca argumentos nacionalistas, étnicos y religiosos. En otras palabras, con el fin de socavar la conciencia de clase, las élites han desplazado el punto de atención hacia lo identitario, y con ello, logran, casi de manera paradójica, cautivar la atención y los votos de las clases populares que se dejan llevar por la seducción identitaria con el efecto de situar en segundo plano la desigualdad.


El discurso desigualitario en la educación


Pero el discurso desigualitario abarca mucho más. Toca, de manera principal, la educación. El autor demuestra la forma cómo hay mecanismos de legitimación del sistema de enseñanza superior, bajo la apariencia de “dones” y “méritos” que se perpetúan en privilegios sociales porque los grupos desfavorecidos no disponen de los códigos culturales y las claves que permiten alcanzar el reconocimiento. Es, en pocas palabras, una dominación cultural simbólica. Por dar un ejemplo, un joven talentoso no logra acceder a la educación superior de primer nivel por cuanto desconoce del sistema de códigos simbólicos necesarios para ingresar a los círculos cerrados de una élite que monopoliza los mejores centros educativos.


Piketty sostiene que el asunto de la desigualdad educativa es una de los principales causas para el colapso de la coalición socialdemócrata de fines del siglo pasado. Estos partidos, con frecuencia en el poder, no consiguieron revocar el discurso desigualitario ni generar transformaciones profundas en los sistemas educativos. Por contraste, la conclusión es evidente: es el combate por la igualdad y la educación lo que ha permitido el desarrollo económico y el progreso humano, y no, como pueden sostener algunos, la sacralización de la propiedad privada y la desigualdad.


El discurso meritocrático


Por otra parte, la actual ideología meritocrática va de la mano de un discurso de exaltación empresarial y de admiración por los multimillonarios. El discurso imperante es que aquellos que ascienden, progresan y llegan a la cima es porque poseen los méritos, talentos y capacidades necesarias y, por ello, son “premiados” –dentro de una ética de corte protestante bastante análoga a la descrita por Weber– por una sociedad basada en el éxito, el esfuerzo y el sacrificio personal. Como si no fuera suficiente, el discurso meritocrático y empresarial se usa como arma, un argumento de los ganadores del sistema actual y en contra y estigmatización de los perdedores.


La década de 1980-1990: Punto de inflexión o ruptura


Piketty demuestra, a través de series históricas y económicas, cómo la década de 1980 a 1990 marcó un punto de quiebre en los sistemas del Estado de bienestar social que había logrado avances significativos entre 1950 y 1980. Tras la caída del muro de Berlín y del régimen soviético se dio paso a un hipercapitalismo con fuerte tendencia desigualitaria y, en consecuencia, acompañado o sustentado por un relato hiperdesigualitario.


No es extraño entonces que siempre haya existido una subestimación, por parte de los gobernantes y dirigentes de los problemas ligados a la desigualdad. Sin embargo, ya en pleno siglo XXI, y en especial a partir de la crisis del 2008-2009, cualquier argumento a favor de la desigualdad se ha convertido en un relato frágil. Es en los tiempos actuales cuando quizás más se ha visto la relevancia de discusiones propositivas para reversar de manera efectiva la desigualdad en el mundo. La obra de Piketty es una contribución en esta dirección.


Otro aspecto importante para Piketty es el relativo a las fronteras. El autor logra demostrar, al efectuar un análisis transnacional, de qué manera se pone en evidencia el relato desigualitario. No es un asunto al interior de fronteras sino que al contrario, las trasciende dado que hoy todas las naciones están estrechamente entrelazadas.


Edad de oro de la social democracia


Si el período de 1950-1980 fue un periodo igualitario, al menos en Europa, ¿cuáles son las razones de su fracaso? Piketty encuentra tres razones: los intentos de instaurar nuevas formas de reparto de poder y de propiedad social en las empresas quedó reducido a casos específicos en Alemania y Suecia; segundo, la socialdemocracia no logró ni ha logrado abordar con eficacia la necesidad de igualdad en el acceso a la información y al conocimiento y, tercero, los límites del pensamiento socialdemócrata sobre fiscalidad y específicamente sobre fiscalidad progresiva impidieron una transformación profunda y duradera en Europa, y por añadidura, en el resto del mundo. Se necesita sentar las bases de nuevas formas federales transnacionales de soberanía compartida y de justicia social y fiscal.


Hacia una propuesta igualitaria en siglo XXI


Después de la década de 1980-1990, Piketty demuestra prolijamente, mediante gráficos y series, cómo el mundo ha regresado a altísimos niveles de desigualdad con concentración de riqueza en el decil superior y disminución significativa del porcentaje que recibe el 50 por ciento de la población más pobre.


A la vez, mediante el enfoque de larga duración, logra demostrar cómo, al final de toda sociedad propietarista, se dan transformaciones políticas e ideológicas debido a profundas reflexiones y debates en tres frentes: la justicia social, la fiscalidad progresiva y la redistribución de rentas y de la propiedad. Pero Piketty no cae en la ingenuidad, es consciente de que las grandes transformaciones políticas y sociales se dan no solo a partir de la teoría. De allí se desprende que el autor de Capital e ideología encuentre un cruce entre esta evolución intelectual y una serie de crisis políticas, financieras y militares.


Para decirlo de una vez, lo que Piketty propone es una sociedad justa que permite a todos sus miembros acceder a los bienes fundamentales de la manera más amplia posible: educación, salud, derecho al voto, participación plena en todas las formas de la vida. En esa línea, prefiere un socialismo participativo para alejarse de todo socialismo estatal hipercentralizado estilo soviético. La manera de superar el capitalismo actual, con su desacralización de la propiedad privada y establecer un sistema con tres tipos de propiedad: la propiedad pública, es decir aquella encabeza del Estado y de las entidades administrativas y territoriales, la propiedad social (aquella donde existe una cogestión efectiva de los trabajadores en las empresas, como sucede en Suecia y Alemania, y, por último, lo que él llama la propiedad temporal.


¿Qué es esta última? Se trata de un sistema en que los propietarios privados más ricos deben devolver cada año a la sociedad una parte de lo que poseen con la finalidad de facilitar la circulación de bienes y una menor concentración de la propiedad privada y del poder económico. Esto se consigue a través de un impuesto progresivo sobre el patrimonio que permita financiar una dotación universal de capital destinada a cada joven adulto. La propiedad temporal facilita que la propiedad privada circule y evita que la concentración excesiva de la misma se perpetúe. Para Piketty, repetimos, es posible superar el capitalismo actual mediante una combinación de estas tres formas de propiedad.


Dilemas sociales que se plantean


Es imposible resumir en tan poco espacio la magnitud y extensión de esta obra. Basta decir que al final de la lectura quedan interrogantes abiertos. Preguntas que se convierten en dilemas sociales nada fáciles de resolver y para las que ni el mismo Piketty ofrece respuestas claras y únicas. Él mismo confiesa que sus propuestas son provisionales, sujetas a la deliberación constructiva y propositiva.


El principal dilema que se desprende de Capitalismo e ideología es ¿cómo desmontar el discurso desigualitario/meritocrático? Si esto se logra se habrá ganado un buen trecho en el camino hacia el socialismo participativo. El segundo es lo que Piketty llama el miedo al vacío, o abrir la Caja de Pandora al entrar en un tema tan complejo y espinoso donde no son fáciles las respuestas satisfactorias y duraderas. En otras palabras, muchos piensan que sería demasiado arriesgado poner en entredicho el sistema actual, y casi que de manera paradójica, habría que agradecer que existen los Bezzos, los Gates, y los Zuckenberg, pues gracias a ellos la sociedad progresa.


Por otra parte, sigue siendo necesario para la socialdemocracia superar el efecto de la caída del comunismo y de cierta manera “el complejo de culpa” que aqueja hoy al pensamiento crítico que no ha conseguido articular una alternativa clara y convincente para las grandes mayorías. Y por último, cómo lograr consensos para que esa coalición igualitaria, aquella llamada a superar el capitalismo, tome la suficiente fuerza y se imponga frente al discurso desigualitario. Para ello, entre otras cosas, será necesario trascender las limitaciones de pensar mediante fronteras. Todo esto encarna un desafío de persuasión a elites, políticos, gobernantes y electores. No es necesario esperar a que ocurran grandes cataclismos –como la Gran Depresión del treinta o las guerras mundiales– para aspirar a sociedades menos desigualitarias, sería demasiado absurdo y de tono muy conservador. Piketty, casi que de manera socarrona, dice: “Lo ideal sería que el retorno a la progresividad fiscal y el desarrollo del impuesto a la propiedad privada se llevaran a cabo en el marco de una gran cooperación internacional. La mejor solución consistiría en un registro financiero público capaz de permitir a los Estados y a las administraciones fiscales intercambiar toda la información necesaria sobre los titulares de los activos financieras…”.. Pero antes ha admitido que las grandes transformaciones sociales y económicas no se dan a partir de los libros y las recomendaciones de expertos sino de los grandes movimientos sociales… Por tanto, sí hay esperanza de que podamos vivir en una sociedad más igualitaria.

 

1. Piketty, T., Capital e ideología, Ariel, 2019, Bogotá, p. 14
2. Foucault, M.. El orden del discurso. México: Tusquets, 2013. p. 14
3. Piketty, p. 1024 y ss.

*Escritor. Integrante del consejo de redacción de Le Monde diplomatique edición Colombia.

 

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Martes, 17 Marzo 2020 15:59

Loros de la Casa Blanca

Édgar Insuasty, Bóveda patera , óleo sobre tela, 200 x 200 cm. (Cortesía del autor)

La decisión británica de dejar la Unión Europea llega demasiado tarde. La partida de un Estado que fue encarnando el libre cambio desde la Revolución Industrial del siglo XVIII, el alineamiento con Washington desde la “relación especial” anglo-estadounidense alabada por Winston Churchill, la financiarización desde que la economía y la política británicas están dominadas por la City de Londres, el neoliberalismo puro y duro desde Margaret Thatcher, habría podido constituir una excelente noticia para la Unión. Sobre todo, si recordamos que no es una cárcel. Si algunos Estados todavía pueden entrar, otros deberían poder salir algún día. En este plano, al menos, los representantes británicos, tras haber dado vueltas durante mucho tiempo, respetaron el veredicto de su pueblo. Este tipo de lección democrática tiene su valor en los tiempos que corren.


Relaciones públicas


Sin embargo, quienes esperan que la salida del Reino Unido libere a la Unión Europea, y a Alemania en particular, de sus inclinaciones liberales y atlantistas podrían verse decepcionados. La “comunidad atlántica colosal bajo dependencia y dirección estadounidense” que temía el general De Gaulle en 1963 ya no necesita a los británicos para dictar su ley en el Viejo Continente. En particular desde que, a partir de 2004, la Unión recibió a una docena de Estados suplementarios, de los cuales la mayoría acababa de enviar soldados a Irak a pedido de Washington. Algunos de estos nuevos miembros siguen siendo incapaces de balbucear dos palabras en otra lengua que no sea el inglés –y, preferentemente, palabras escritas por el Departamento de Estado estadounidense–.


¿Se trata de una exageración? No realmente, a juzgar por la reacción de los europeos al “plan de paz” entre Israel y Palestina presentado el pasado 28 de enero en la Casa Blanca. Justo después de haber formulado propuestas que violan el derecho internacional –anexión israelí de Jerusalén y del valle del Jordán, colonización de Cisjordania (ver página 10)–, Washington preparó los elementos de un comunicado que sus aliados debían difundir para anunciar su entusiasmo: “Agradecemos al presidente Trump por sus esfuerzos en pos de hacer avanzar este viejo conflicto”; “Una propuesta seria, realista y de buena fe”; “Esperamos que, gracias a esta visión, este conflicto pueda encontrar una solución”. Ahora bien, al comparar estas “recomendaciones” estadounidenses con las reacciones de las cancillerías occidentales tras el anuncio del plan, Le Figaro identificó “numerosas similitudes en el lenguaje que ponen de manifiesto –como si hiciera falta– la influencia de Washington sobre sus aliados”*.


Como es habitual, el Reino Unido fue uno de los más dóciles. Pero varios Estados –que, por su parte, siguen siendo miembros de la Unión Europea– le disputaron el rol de loros de la Casa Blanca. Y la reacción de París sorprendió a muchos. Ciertamente, Francia no “le agradeció al presidente Trump”, pero sí... “saludó los esfuerzos del presidente Trump”. ¿Tenemos que pensar entonces que, decididamente, con o sin Londres, la independencia de la Unión Europea no tendrá lugar?

 

* Georges Malbrunot, “Comment les États-Unis ont demandé à la communauté internationale de soutenir leur plan israélo-palestinien”, Le Figaro, París, 1 de febrero de 2020.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Aldo Giacometti

 

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