El banquero Lasso venció al correísta Arauz 

En Ecuador se abre una etapa de profundización del neoliberalismo

El candidato de la derecha obtuvo 52.51% de los votos contra 47.49% de su rival progresista, un resultado que no anticiparon las encuestadoras. 

 

Guillermo Lasso ganó las elecciones presidenciales frente a Andrés Arauz en Ecuador. Obtuvo 52.51% de los votos contra 47.49% con 93.29% de actas válidas del total de 97.60% escrutadas. Los resultados fueron entregados en tempranas horas de la noche del domingo de elecciones por el Consejo Nacional Electoral (CNE), luego de una jornada que se desarrolló a lo largo del país entre las siete de la mañana y las cinco de la tarde.

El resultado contradijo que lo que habían pronosticado la mayoría de las encuestas, quienes, durante semanas, dieron como ganador a Arauz con porcentajes variables. En cuanto al voto nulo fue de 1.660.802 y el blanco 163.913, sobre un total de 10.211.652 votantes. De esta manera el candidato de la alianza CREO y el Partido Social Cristiano se quedó con la victoria para asumir la presidencia el próximo 24 de mayo.

“Vamos a trabajar desde mañana en el proceso de vacunación, vamos a trabajar con decisión para que los 17 millones de ecuatorianos, sin dejar nadie atrás, nos beneficiemos con el cambio de un país democrático, libre, próspero, un país de libertades, donde nadie tiene que tener miedo, hoy de noche todos podremos dormir en paz y en calma. Yo no llego con una lista de a quienes quiero perseguir ni ver en la cárcel, quiero ver a todos los ecuatorianos libres, que no tengan miedo al gobierno”, señaló.

“Gracias por darme la oportunidad de ser su presidente y poderlos servir. Hoy es un día de celebración, la democracia ha triunfado, todos ustedes han usado su derecho a elegir y han optado por un nuevo rumbo muy diferente al de los últimos 14 años en Ecuador. Desde el 24 de mayo próximo asumiremos con responsabilidad el desafío de cambiar los destinos de nuestra patria y lograr para todos el Ecuador de oportunidades que todos anhelamos”, destacó.

“Quiero despedirme pidiéndoles a todos que nos sintamos cobijados por el tricolor nacional, la única bandera que nos une a los 17 millones de ecuatorianos, quiero pedir a dios que nos siga bendiciendo (…) queridos amigos que dios bendiga al Ecuador.”.

Arauz, por su parte, afirmó en sus declaraciones: “hoy ha llegado el momento de avanzar, tenemos que tender puentes y construir puentes, este es un traspié electoral, pero de ninguna manera una derrota política y moral, porque nuestro proyecto es de vida. Realizaré una llamada telefónica al señor Guillermo Lasso, le felicitaré por el triunfo electoral obtenido el día de hoy, y le mostraré nuestras convicciones democráticas”.

“Los más de cuatro millones de votos que me acompañan hoy son un mandato, un compromiso de defender políticas que acompañen y promuevan la justicia social, la dignidad, la educación y la salud pública. Con toda nuestra fuerza política y legislativa, que nos hace ser la principal fuerza política de la República del Ecuador estaremos atentos ante cualquier intento de usar al Estado para beneficio de pocos privilegiados, estaremos como siempre lo hemos hecho defendiendo a las grandes mayorías”, señaló.

“Tenemos el objetivo de poder construir esa nueva mayoría, ese bloque histórico, representado por el progresismo, la plurinacionalidad y la socialdemocracia, son elementos constitutivos de nuestro Estado, de nuestra Constitución, y debe verse reflejada en la mayoría popular progresista que requiere el Ecuador. Hoy no es el final, es el comienzo de una nueva etapa del poder popular”.

El porcentaje obtenido por Lasso significó haber revertido una distancia de más de 12 puntos que lo habían separado de Arauz en la primera vuelta. Las razones de ese recorrido pueden explicarse por varias razones, como el aglutinamiento de un voto anti-correista en un país marcado por el clivaje correísmo/anti-correísmo, la migración de votantes de Yaku Pérez y Xavier Hervas -tercero y cuarto en la primera vuelta- a favor de Lasso.

La derrota de Arauz puede explicarse también por limitaciones en su campaña, en el marco de un movimiento con políticos perseguidos, con dirigentes fuera del país y escasa estructura organizativa. “Llegamos a estas elecciones en condiciones muy complejas, todos sabemos que hemos sido víctimas de la persecución, del acoso, de los insultos, del odio, el intento de proscribir nuestro movimiento, ataque a la persona, a la familia”, afirmó Arauz.

El día de las elecciones transcurrió sin incidentes. Ambos candidatos se hicieron presentes en diferentes centros de votaciones. El primero, quien no tiene la residencia en Ecuador, y por lo tanto no pudo sufragar, estuvo en el sur de Quito -zona popular de la ciudad- junto a su compañero de fórmula para la vicepresidencia, Carlos Rabascall. Ambos acompañaron a votar a Silvia, una comerciante endeuda con un microcrédito, a punto de perder su casa y su negocio.

“Hemos acompañado a Silvia a votar, para ejerza su derecho, su obligación constitucional, su oportunidad para poder recuperar su dignidad, su futuro, su esperanza en nuestro país (…) necesitamos un gobierno de unidad nacional, hoy estamos aquí junto a todo el pueblo ecuatoriano, hacemos una convocatoria a esa unidad, ya basta de peleas, ya basta de broncas, queremos un gobierno que atienda a la mayoría, que dé soluciones a los problemas, y nosotros estamos aquí para eso”, afirmó Arauz.

Lasso, por su parte, votó en el otro centro de poder electoral, la ciudad de Guayaquil, acompañado por su esposa, María Lourdes Alcivar. Allí afirmó: “este es un día donde todos los ecuatorianos, con el poder del voto, podamos escoger el futuro que vivirán nuestros hijos, nuestros nietos, todos aspiramos a un Ecuador de oportunidades, libre y democrático, donde todas las familias puedan alcanzar la prosperidad”.

Ambos candidatos llamaron a la conformación de un “gobierno de unidad” en el contexto de un país en crisis económica, sanitaria, marcado por el clivaje correísmo/anti-correísmo que atraviesa al conjunto de la política incluido al movimiento indígena, la traición política del presidente saliente Lenín Moreno, el despliegue de un lawfare contra el correísmo que, en ese movimiento, significó una degradación institucional y una reducción de la democracia.

Con la victoria de Lasso comenzará ahora una nueva etapa de profundización del neoliberalismo en Ecuador, que ya tiene su anticipo en el proyecto de privatizar el Banco Central de Ecuador, que podría realizarse antes de que Moreno deje el palacio presidencial de Carondelet el próximo 24 de mayo. El mapa continental continuará, por su parte, en el mismo punto de correlación entre fuerzas progresistas y gobiernos de derecha, con las limitaciones consecuentes para la reconstrucción de instancias de integración latinoamericanas.

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Pedro Castillo en campaña.  ________________________________________ Imagen: AFP

Pedro Castillo aseguró que "el cambio y la lucha recién comienzan" en Perú. Keiko Fujimori llegaría así por tercera vez consecutiva a una definición electoral tras sus fracasos por llegar al poder de 2011 y 2016.

 

El líder del partido de izquierdas Perú Libre, Pedro Castillo, y la candidata a la presidencia por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, van a la segunda vuelta en las elecciones del país, celebradas este domingo.

Castillo, que ha irrumpido como un huracán en esta votación, lidera con holgura tanto las estimaciones de conteo rápido (18,1%) como el escrutinio real, que con un 11% de los votos contabilizados lo mantiene en primer lugar con un 15,8% de los sufragios.

Con esos márgenes, Castillo, un maestro y líder de una facción radical del sindicato de profesores, tiene asegurado su acceso al balotaje salvo una muy improbable sorpresa estadística.

Los primeros datos provisionales también favorecen a Fujimori, quien llegaría así por tercera vez consecutiva a una definición electoral tras sus fracasos por llegar al poder de 2011 y 2016.

El recuento oficial pone hasta el momento a la heredera del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) en cuarto lugar, por detrás de Hernando de Soto y Rafael López Aliaga, pero con el matiz de que el porcentaje escrutado responde solo a zonas urbanas y próximas a los centros de recuento, alejadas de los núcleos de voto fujimorista. El recuento estadístico rápido, más acertado que el recuento inicial, ubica a la política con un 14,4%, cómoda con un pie dentro del balotaje.

Ascenso meteórico 

La presencia de Castillo en la definición presidencial coincide con las estimaciones que durante las últimas semanas habían detectado un ascenso meteórico y sorpresivo de este candidato, cuyas propuestas son de una izquierda en el campo económico y conservadoras en lo social.

En una alocución a sus seguidores desde la plaza de Armas de Tacabamba, aseguró tras reconocer los resultados de este domingo electoral que "el cambio y la lucha recién comienzan" en Perú y reafirmó su compromiso en establecer una alianza con "el mismo y verdadero pueblo peruano" para preservar sus raíces.

"Hoy al pueblo peruano se le acaba de quitar la venda de los ojos. Han tenido tiempo suficiente, décadas, pero ¿cómo dejan al país? Llegas a Lima Metropolitana, a las grandes ciudades, y encuentras a los lugares con opulencia que no miran más allá de su nariz", expresó el candidato.

Vieja candidata

Fujimori es de momento la candidata con mejores opciones para ocupar el segundo lugar ante De Soto y Aliaga, si bien el recuento aún puede deparar sorpresas en ese sentido.

Ante lo ajustado que se prevé el recuento, Fujimori ya salió al paso para ofrecer a De Soto "trabajar juntos" para confrontar a la "izquierda radical" representada por Castillo.

"Más allá de las diferencias que tengamos, también hay grandes coincidencias", afirmó la candidata antes de señalar que entre ellos "no importa quién pase a la segunda vuelta. Espero que podamos trabajar juntos".

Fujimori también tendió puentes a otros partidos que "no quieren que (el país) se convierta en Cuba o Venezuela". "Vamos a confrontar al populismo y a la izquierda radical, seremos muchos los peruanos que se van a sumar", expresó Fujimori.

La candidata se presentó en esta ocasión con una propuesta de derecha autoritaria, reivindicando la presidencia de su padre, preso por violaciones a los derechos humanos y a quien ya dijo que piensa indultar si llega al Palacio de Gobierno, y apostando por aplicar "mano dura" para resolver los problemas de los peruanos.

Sobre Fujimori pesa una acusación por el delito de lavado de activos vinculada a la supuesta financiación ilegal de las campañas de su partido en 2011 y 2016 a cargo de la empresa brasileña Odebrecht, entre otras.

Congreso dividido

En tanto, la votación al Congreso dejaría, tal y como estaba previsto, un Parlamento con hasta 11 grupos políticos distintos, con una votación de entre el 10,7% y el 5,4% de votos, liderados por Acción Popular, el partido de Yonhy Lescano el candidato que hasta hace pocos días era el gran favorito por llegar a la segunda ronda pero que se quedó por el camino.

Perú Libre, de Castillo, obtendría un resultado similar, seguido por el fujimorismo y la derecha radical de Renovación Popular, de López Aliaga. En cualquier caso, las encuestas confirman que Perú tendrá un poder legislativo muy disperso, polarizado y que tendrá dificultades para coordinar muchas bancadas, ninguna de las cuales tendrá un gran peso en una cámara compuesta por 130 diputados.

El resultado en las encuestas también apunta a que el expresidente Martín Vizcarra (2018-2020) podría obtener una plaza en el Congreso por el partido Somos Perú.

Día complejo

La jornada electoral se dio bajo una complicada situación, con la pandemia de covid batiendo récords de muerte y contagios y el país sumergido en una profunda crisis económica. A esto se añadió un retraso en la apertura de un gran número de mesas de votación debido a la incomparecencia de los miembros de mesa designados.

Si bien casi todas las mesas pudieron finalmente recibir votos, lo hicieron casi cinco horas después de lo establecido y eso generó largas filas y aglomeraciones, además de exponer a los adultos mayores, embarazas y personas con discapacidad  que, precisamente por protocolos de seguridad anticovid, habían sido convocados a votar a primera hora. Más de 25 millones de peruanos fueron llamados a votar en estos comicios, obligatorios para todos los ciudadanos de entre 18 y los 70 años de edad.

12/04/2021 09:47 Actualizado: 12/04/2021 09:54


 

El maestro de izquierda que aspira a la presidencia

¿Quién es Pedro Castillo? La gran sorpresa de la elección en Perú

El candidato presidencial Pedro Castillo, del partido Perú Libre, aseguró al cierre de este domingo electoral que "el cambio y la lucha recién comienzan" y reafirmó su compromiso en establecer una alianza con "el mismo y verdadero pueblo peruano" para preservar sus raíces.

El candidato, maestro y líder sindical, encabeza tanto el recuento de votos divulgado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) como las bocas de urna, que lo ubican con casi total seguridad en la segunda vuelta electoral del próximo mes de junio.

Entre ovaciones de sus seguidores y gritos de "Pedro presidente", Castillo señaló que "la gran alianza para sacar adelante" el Perú "no es obedeciendo a planes programáticos, la gran alianza se tiene que hacer con el mismo y verdadero pueblo peruano".

Así, marcando distancias del resto de candidatos bien posicionados en los resultados preliminares, los derechistas radicales Keiko Fujimori y Hernando De Soto, el candidato insistió en que no irá a "tocar las puertas de quienes tienen intereses cerrados".

El candidato del sombrero de paja

Luce siempre un sombrero de paja y un lápiz, plantea propuestas como el cierre del Congreso y acudió a votar montado en una yegua.

Sigilosamente, Castillo, de 51 años, irrumpió en la recta final de la campaña. Es maestro de primaria en la región andina de Cajamarca, de donde es originario, y ganó notoriedad a partir de 2017, cuando encabezó una gran huelga nacional de docentes, que detuvo las clases durante tres meses, para reclamar mejoras salariales y eliminar las evaluaciones al desempeño laboral de los maestros.

En esa gran movilización, Castillo lideró una facción disidente del tradicional Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep). Para desprestigiarlo, en ese momento fue acusado de mantener nexos con el Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), brazo político del grupo Sendero Luminoso, algo que el candidato siempre ha negado.

Por primera vez aspirante a la presidencia en estas elecciones, Castillo inició su carrera política en 2005, cuando pasó a integrar el comité de Cajamarca del partido Perú Posible (PP), del expresidente Alejandro Toledo (2001-2006) que, tras llevar adelante un gobierno neoliberal que lo alejó del apoyo popular,  en 2019 fue detenido en Estados Unidos acusado de corrupción.

Tras cancelar su inscripción al PP en 2017, Castillo saltó al movimiento Perú Libre, liderado por Vladimir Cerrón, un exgobernador regional que se proclama marxista y mariateguista y que arrastra una condena por corrupción. De hecho, Cerrón integró la boleta de Castillo como vicepresidente, hasta que el Jurado Electoral Especial (JEE) declaró improcedente su solicitud al existir una sentencia vigente en su contra.

En defensa del fundador de su partido, el candidato presidencial defiende que Cerrón "ha sido condenado, no por corrupción, sino por la corrupción", en sintonía con su plan de gobierno, que sostiene que "la corrupción es el nuevo terrorismo de Estado".

Por un Estado socialista

Con una campaña inicialmente discreta, Castillo figuró durante meses entre los rezagados, pero su popularidad subió en las últimas semanas, impulsado por un sector de votantes de izquierda que no terminaron de aceptar a Verónika Mendoza, la candidata de izquierda progresista que presenta el bloque de Juntos por el Perú.

Su discurso radical y populista plantea propuestas como un "Estado socialista", una ley que "regule los medios de comunicación" y elevar del 3,5 al 10 % del producto interior bruto (PIB) el presupuesto educativo. Con ello, garantizaría una mejor infraestructura, equipamiento, aumento de sueldo a los docentes y la creación del programa Perú Libre de Analfabetismo, que convocaría a 50.000 maestros jóvenes para erradicarlo.

Durante la campaña electoral, también advirtió que, en caso de llegar al poder, el Congreso sería cerrado si no acepta una Asamblea Constituyente para sustituir la Constitución de 1993, surgida tras el "autogolpe" del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).

Además, Castillo promete la conformación de un nuevo Tribunal Constitucional elegido por el pueblo, en consulta popular, en lugar de por el Congreso, porque los magistrados "están defendiendo una Constitución que ha terminado con todos los derechos y con el saqueo del país".

En repetidas ocasiones, se ha manifestado en contra del enfoque de igualdad de género en la educación, así como de derechos sociales como el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo. En el tema del aborto aseguró que aunque el no está de acuerdo lo trasladaría a la Asamblea Constituyente para que lo decida.

El hombre del interior andino

Por poco ortodoxas que sean sus propuestas, le sirvieron para cautivar al interior rural andino del Perú, en donde su dominio fue abrumador según las cifras de la votación.

El candidato se esforzó durante la campaña en destacar sus orígenes humildes y andinos, encarnados en el símbolo del sombrero que siempre luce, de ala grande y hecho de paja, típico de los campesinos de su natal Chota, una provincia del norte de los Andes, pertenecientes a la región de Cajamarca.

En la mano suele cargar un lápiz gigante, que no es sólo símbolo de su profesión sino del logotipo del partido que representa. Con el sombrero pero sin lápiz, Castillo acudió a votar este 11 de abril en la ciudad de Tacabamba, montado en una yegua que, en medio de la multitud de sus seguidores, estuvo a punto de encabritarse.

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Simpatizantes del correísta Andrés Arauz en su cierre de campaña en Quito, el jueves pasado.Foto Ap

Quito. La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Ecuador tiene lugar hoy en un escenario marcado por la incertidumbre sobre cuál de los dos contrincantes, surgidos de la primera vuelta del 7 de febrero, se alzará con la victoria: el izquierdista Andrés Arauz, delfín del ex presidente Rafael Correa (2007-2017), o el ex banquero de derecha Guillermo Lasso.

Un total de 13.1 millones de ciudadanos están habilitados para votar, en medio del avance de la pandemia de coronavirus y las restricciones derivadas para tratar de controlarla.

El ganador de los comicios reemplazará al actual mandatario Lenín Moreno, quien era cercano a Correa, pero se distanció de él poco después de llegar al poder.

Al margen de los dos candidatos punteros, otros 14 sumaron 47.5 por ciento de los votos en la primera vuelta, un porcentaje significativo que puede decantar la balanza hacia uno u otro lado.

Además, y para aumentar las dudas sobre el resultado electoral, la abstención fue de 19 por ciento en la primera vuelta. Estos votantes podrían sacudir el tablero político si deciden acudir a las urnas.

Como resultado, Arauz, de la coalición progresista Unión por la Esperanza, y Lasso, de la alianza de centro-derecha CRO-Partido Social Cristiano, restructuraron sus agendas para llegar a estos electores, entre quienes figuran las minorías, campesinos e indígenas.

Los indígenas, en concreto, representan un grupo electoral importante, con relevancia renovada precisamente por los resultados de febrero, que dejaron al candidato por el movimiento político Pachakutik, Yaku Pérez, en tercer lugar, tras un ajustado recuento, en el que estuvo gran parte del tiempo por delante de Lasso.

El presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), Jaime Vargas, respaldó la candidatura de Arauz, lo que le costó la expulsión del organismo, cuyo brazo político es Pachakutik. La Conaie reafirmó su intención de impulsar el voto nulo el domingo, al argumentar que su proyecto político y sus demandas "trascienden el escenario electoral". Pachakutik también se expresó en esta línea.

La vacunación contra el Covid-19, el rol del Banco Central de Ecuador, la reactivación económica y el empleo, los derechos ambientales, la educación y el aborto son algunos temas que se han discutido en la campaña electoral, que culminó el jueves.

Las autoridades electorales informaron que se instalarán 39 mil 985 juntas en todo el país y el exterior, que estarán funcionando entre las 7 y 17 horas. En estos comicios no habrá conteo rápido y los primeros resultados oficiales se esperan a partir de las 19 horas.

Las elecciones de hoy deben cumplirse con estrictas normas sanitarias debido a la pandemia de coronavirus, que obligó a aplicar medidas de restricción de tráfico, reuniones sociales y reducción de aforo de establecimientos públicos, como supermercados, en ocho de las 24 provincias del país.

Al igual que en la primera vuelta, los votantes han sido invitados a portar mascarilla, usar con frecuencia su propio alcohol o gel desinfectante y llevar bolígrafo personal, además de guardar siempre al menos dos metros de distancia social.

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Domingo, 11 Abril 2021 05:14

Perú fragmentado como nunca

Keiko Fujimori, con apenas once por ciento de intención de voto, casi seguro en la segunda vuelta.  ________________________________________ Imagen: AFP

La increíble dispersión del voto en las elecciones de este domingo

 

Este domingo, en medio de la grave crisis por la pandemia del coronavirus que en estos días alcanza su peor momento en el país, los peruanos van a las urnas. Elegirán un nuevo presidente entre dieciocho candidatos y un Congreso unicameral para los próximos cinco años. Son elecciones que cierran un convulsionado quinquenio, con cuatro presidentes que se sucedieron en el cargo y el Congreso disuelto. Todo indica que estas elecciones, con un voto muy dividido, prolongará la inestabilidad, con un futuro Ejecutivo sin mayoría parlamentaria y un Congreso atomizado en alrededor de una docena de pequeñas bancadas.

Con una población agobiada por la pandemia y el colapso del precario sistema de salud, y con una clase política muy desacreditada por sucesivos escándalos de corrupción, que alcanzan a seis expresidentes y varios candidatos, hay una fragmentación del voto nunca antes vista. Quienes pelean por el triunfo apenas bordean el diez por ciento.

“En la base de esta fragmentación del voto hay un problema de representación política. Ha habido un desinterés en la campaña por el desinterés que hay por la política y porque la gente está preocupada en cómo pasa el día a día, cómo sobrevive a esta pandemia”, señala Patricia Zárate, del Instituto de Estudios Peruanos.

Con este bajo respaldo a los candidatos, se da por seguro que habrá una segunda vuelta. Pero hay una gran incertidumbre de quiénes pasarían al ballottage. Hay hasta siete candidatos con opción de ocupar esos dos lugares que dan el pase a la instancia decisiva.

De acuerdo a dos sondeos conocidos el jueves, que no se pueden publicar en el país por una prohibición legal para difundir encuestas en la última semana de la campaña, entre el primero y el séptimo lugar hay menos de cuatro puntos de distancia, una diferencia que está dentro del margen de error de los sondeos.

Un simulacro de votación realizado por la encuestadora Ipsos pone en primer lugar a Keiko Fujimori, con 11 por ciento. Nunca antes un candidato había estado primero con tan poco respaldo. Segundo se ubica el dirigente docente Pedro Castillo, de la izquierda radical, con 10,8 por ciento. Es la sorpresa. Tercero está el excongresista Yonhy Lescano, un populista que se mueve entre la centroizquierda en lo económico y la derecha en lo social, con 10,3 por ciento. Luego vienen el veterano economista neoliberal Hernando de Soto, quien fuera asesor de la dictadura de Alberto Fujimori, con 9,7 por ciento; la exlegisladora Verónika Mendoza, una izquierdista moderada candidata de la coalición Juntos por el Perú, con 9 por ciento; el ultraderechista Rafael López Aliaga y el exfutbolista de centroderecha George Forsyth, ambos con 7,4 por ciento. Un 15 por ciento señala que votaría blanco o anulado.

Un simulacro de votación de la encuestadora Datum pone primero a Lescano, con solamente 9,3 por ciento, y segunda a Keiko, con 9 por ciento. Los siguen, López Aliaga (8,9 por ciento), Castillo (8,6), De Soto (7,2), Mendoza (5,6) y Forsyth (5,5). Un 28 por ciento no elige a ningún candidato. Un amplio margen de indecisos que abona a la incertidumbre.

Alfredo Torres, director de Ipsos, asegura que estas elecciones “son las más fragmentadas de la historia”. “Nunca antes hemos llegado a la hora de la elección con tantos candidatos con opción de ganar. Hay siete candidatos en un virtual empate técnico, cualquiera de ellos puede pasar a la segunda vuelta”, dice Torres.

“Ha sido una campaña atípica por la pandemia, con electores que no han podido tener mucho contacto con los candidatos. Hay un elector muy descontento con las opciones que tiene. Todos los candidatos tienen un respaldo muy bajo. Lo que tenemos son mini candidatos”, afirma Urpi Torrado, directora de Datum.

Con las grandes manifestaciones prohibidas por las restricciones debido a la pandemia, esta vez no hubo mítines de cierre de campaña. Los candidatos optaron por hacer caravanas o encuentros sin grandes multitudes.

Verónika Mendoza cerró su campaña en la andina región de Cusco, donde nació. Hizo una ofrenda a la Pachamama y rindió homenaje a Túpac Amaru, líder de la gran revolución indígena contra el dominio español. “Este 11 de abril no solo se trata de elegir un nuevo gobierno, se trata de lograr un verdadero cambio para nuestro pueblo. Convocaré a todas las fuerzas democráticas, honestas, para salir juntos adelante”, fue su mensaje final.

Mendoza venía subiendo y estaba bien colocada para pasar a la segunda vuelta, pero el sorpresivo crecimiento en los últimos días de una candidatura que se ha colocado a su izquierda, la del profesor de escuela rural Pedro Castillo, le ha comenzado a quitar votos en el decisivo tramo final. Castillo viene ganando respaldo especialmente en las zonas andinas y rurales, bastión de la izquierda, lo que lo ha metido en posición expectante en la pelea por pasar a la segunda vuelta. Castillo, ligado a las rondas campesinas, cerró su campaña con un recorrido a caballo por las calles del centro de Lima. Dijo que si es elegido y el Congreso no lo respalda, cerraría el Parlamento. “Gobernaré con el pueblo”, señaló.

A pesar de su descrédito por denuncias de corrupción en su contra -está procesada por lavado de activos- y por la conducta obstruccionista que tuvo su mayoría parlamentaria, lo que originó una grave crisis política, Keiko Fujimori, que cerró su campaña en Lima con una caravana de automóviles, tiene, según las encuestadoras, buenas opciones de pasar a segunda vuelta. Los tropiezos en el tramo final de otros dos candidatos de la derecha que están en la pelea, Hernando de Soto y el extremista Rafael López Aliaga, la favorecen. Sería la tercera ocasión consecutiva que se meta al ballottage. En la dos anteriores, 2011 y 2016, perdió en esa instancia definitiva.

La hija y heredera política del encarcelado exdictador Alberto Fujimori, condenado a 25 años por crímenes de lesa humanidad y corrupción, ha perdido mucho del apoyo que tuvo, pero con todos muy abajo esta vez no necesita un gran respaldo para pasar a la segunda vuelta. En esta campaña, Keiko ha reivindicado la figura de su padre, del que se había distanciado en la elección de 2016, y ha amenazado con un gobierno de mano dura y el indulto para su padre. En su última presentación pidió el voto para defender la Constitución heredada de la dictadura fujimorista.

“Como todos quieren enfrentarse a Keiko en segunda vuelta, porque según los sondeos perdería ante todos, ella no ha recibido muchas críticas y ha estado tranquila subiendo de a poco”, indica Torres.

Yonhy Lescano, que hasta hace poco parecía seguro en la segunda vuelta, pero ahora la tiene complicada, también cerró su campaña con una caravana en Lima. Anunció que de pasar al ballotage no haría alianzas con otras agrupaciones. El exarquero George Forsyth quedó fuera de la cancha en estos días decisivos al caer contagiado por el coronavirus el último domingo.

Llega a su fin la campaña más extraña, reñida e impredecible que se recuerde. Nadie se atreve a pronosticar un resultado.    

Por Carlos Noriega

Desde Lima

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Viernes, 09 Abril 2021 05:45

El voto indígena, clave en Ecuador

El voto indígena, clave en Ecuador

El principal movimiento aborigen llamó a un “voto nulo ideológico”

Sin embargo, el presidente del movimiento, Jaime Vargas, anunció su apoyo a Andrés Arauz en un acto junto al candidato.

 

Desde Quito. Ecuador está a las puertas de las elecciones presidenciales. La mayoría de las encuestas dan favorito a Andrés Arauz, candidato de la Unión por la Esperanza, con un promedio de cuatro puntos por arriba de su contrincante, Guillermo Lasso, de la alianza Creo y el Partido Social Cristiano. Cada uno cerró la campaña el día jueves, el primero en Manabí y Quito, el segundo en Guayaquil, centros de la sierra y de la costa, puntos centrales del mapa electoral.

Los números indican además que existe porcentaje elevado de votos en blanco y nulos, alrededor del 27 por ciento del electorado. Se trata de votos que au se disputan los candidatos, que han realizado los últimos días de campaña bajo el estado de excepción decretado por el gobierno de Lenin Moreno que, sin embargo, no ha impedido la realización de las actividades.

La composición del voto nulo y blanco es una de las preguntas centrales. Uno de los actores políticos que se ha posicionado a favor de un “voto nulo ideológico” ha sido la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), el principal movimiento indígena del país. La decisión fue tomada el 10 de marzo en un Consejo Ampliado y luego adoptada por su instrumento electoral, el partido Pachakutik, quien, en la primera vuelta llevó la candidatura de Yaku Pérez, tercero en el resultado.

Esa decisión de la Conaie tuvo un giro el sábado tres, cuando el presidente de la confederación, Jaime Vargas, anunció el apoyo a Arauz en un acto junto al candidato. Su declaración pública, recibido positivamente en las filas del correismo, generó numerosas reacciones dentro del movimiento indígena que pusieron sobre la mesa las diferentes disputas que venían desarrollándose en su interior.

En primer lugar, la Conaie volvió a ratificar su decisión de llamar al “voto nulo ideológico” en una conferencia de prensa: “ningún partido representa a los pueblos indígenas (…) “nuestro voto es por la dignidad, contra el fraude, por la corrupción que está empapada en el país, por eso hacemos el voto nulo, para tener una conciencia tranquila y salir con mucha dignidad a las calles a reclamar por nuestros derechos”.

Similar posición fue adoptada por Pachakutik, que, además, procedió a separar del partido tanto a Vargas, como a quien acompañó a Pérez en la fórmula presidencial por haber, en ese caso, hecho un llamado a votar por Lasso. El ex candidato presidencial, presente en la conferencia, anunció que comenzará “una limpieza dentro de Pachakutik”, y denunció la existencia de un pacto entre Vargas y el correismo: “como candidato presidencial y como Pachakutik no hemos recibido ningún apoyo en lo absoluto de la dirigencia de la Conaie, del señor Vargas, o si hemos recibido ha sido contra-campaña”.

Las partes enfrentadas se acusaron mutuamente de alianzas que no cuentan con la aprobación de la mayoría. Por un lado, Vargas señaló que “Pachakutik está atado por la derecha, los dirigentes siguen apoyando a la derecha y nosotros no vamos a apoyar a una derecha que nos atropelló”. Esa misma crítica fue hecha por Leonidas Iza, uno de los principales dirigentes de la Conaie, quien se pronunció en medio del conflicto: “desde hace cuatro años hay una clase dirigencial, siendo indígenas, están de acuerdo con esa derecha fascista que nos asesinó, nos ha perseguido”.

Por otro lado, quienes se encuentran centralmente en Pachakutik, acusaron a Vargas, así como a Iza, de tener acuerdos no declarados con el correismo, proceso político descrito durante la conferencia como “dictadura de Rafael Correa quien humilló al movimiento indígena de Ecuador”. Ese sector del movimiento indígena, volvió a plantear la imposibilidad de cualquier acercamiento con Arauz y la revolución ciudadana.

Quedó así expuesta la disputa que venía ocurriendo puertas adentro del movimiento, agudizada centralmente a partir de la candidatura de Pérez, que, según Vargas e Iza no fue producto de la decisión de los pueblos y nacionalidades que conforman la Conaie -como debería haber sido-, sino únicamente de los coordinadores de Pachakutik.

Aún resulta difícil saber cómo será el impacto electoral del giro de Vargas, así como del sostenimiento del voto nulo ideológico, ratificado por la Conaie, Pachakutik y dirigentes del peso de Iza, que llamó públicamente a mantener la unidad ante los peligros de división. Otra pregunta, que tendrá respuesta más adelante, es cuál será la relación del principal movimiento indígena respecto al próximo gobierno, algo que dependerá tanto de quién gane el domingo, así como también de la elección de autoridades de la Conaie que tendrá lugar a principios de mayo.

Por el momento todas las miradas están puestas sobre la elección del domingo, que será un parteaguas en Ecuador. Las alertas respecto a maniobras de última hora aún se mantienen, en particular debido, por ejemplo, a declaraciones de fuentes del Consejo Nacional Electoral que dieron cuenta de un intento de fraude que se estaría gestando desde dentro del poder electoral. Se trata de una contienda que ha estado marcada por irregularidades desde el primer momento y en la cual está en juego el camino que tomará el país en los próximos años: una profundización neoliberal, vía Lasso, o el regreso a un proyecto progresista, con Arauz.

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Yonhy Lescano, Hernando de Soto y Verónika Mendoza.   ________________________________________ Imagen: AFP

Hay seis candidatos con posibilidades de pasar a segunda vuelta

Consultores anticipan que el 11 de abril será la votación con el apoyo más bajo a los candidatos punteros y con la mayor fragmentación del sufragio. 

 

El Perú ingresa a la última semana de la campaña electoral para las elecciones presidenciales y parlamentarias más reñidas e impredecibles que se recuerden. En medio de la grave crisis por la pandemia, que estos días golpea con especial fuerza al país, y un alto nivel de descrédito de la clase política por denuncias de corrupción que involucran a seis expresidentes y otros altos dirigentes, incluyendo a cuatro postulantes a la presidencia, es también la elección con el apoyo más bajo a los candidatos punteros y la mayor fragmentación del voto. 

A una semana de los comicios, la única certeza es que habrá segunda vuelta, la que se realizará en junio. De acuerdo a dos encuestas publicadas este domingo, los últimos sondeos que se pueden difundir en el país antes de las elecciones del 11 de abril, hay seis candidatos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta. Todo está muy apretado.

Para la encuestadora Ipsos, en primer lugar está el excongresista Yonhy Lescano, con 12,1 por ciento, de acuerdo a una simulación de votación secreta que realizó con una cédula igual a la que se usará el día de las elecciones. Segundo se ubica el economista neoliberal Hernando de Soto, con 11,5 por ciento. El tercer puesto es para la candidata de izquierda Verónika Mendoza, con 10,2 por ciento. Luego vienen el exfutbolista de centroderecha George Forsyth con 9,8 por ciento y Keiko Fujimori con 9,3 por ciento. Tomando en cuenta el margen de error, es un quíntuple empate técnico. En esta simulación de votación, un 17,3 por ciento votó blanco o viciado.

El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) también publicó una encuesta este domingo. En el primer lugar igualan Keiko Fujimori y Hernando de Soto, con 9,8 por ciento. Tercero aparece el candidato de la ultraderecha Rafael López Aliaga con 8,4 por ciento, cuarto Yonhy Lescano con 8,2 por ciento y en quinto lugar Verónika Mendoza con 7,3 por ciento. También un quíntuple empate técnico, aunque con un nombre cambiado. Los indecisos llegan al 28 por ciento.

Las dos encuestas coinciden en un crecimiento del economista Hernando de Soto en este último tramo de la campaña, lo que lo deja bien posicionado para la recta final. Es el que más sube. Paradójicamente, a De Soto, el candidato de mayor edad con 79 años, es al que mejor le va entre los jóvenes, de acuerdo al IEP. El economista de derecha, que en 1990 formó parte del equipo que lanzó la candidatura presidencial de Mario Vargas Llosa, que luego fue asesor económico de Alberto Fujimori, quien en esa elección derrotó al escritor e impuso una reforma neoliberal amparada en el autoritarismo, y que en 2011 y 2016 apoyó la candidatura de Keiko Fujimori, tiene su principal base electoral en Lima.

Por la cantidad de candidatos, el Jurado Nacional de Elecciones organizó un debate en tres días, que se realizaron entre lunes y miércoles últimos, dividiendo a los candidatos por sorteo en tres grupos de seis. De Soto estuvo opaco cuando le tocó participar el martes, pero el hecho que López Aliaga, conocido como "Porky”, con quien disputa un mismo espacio electoral, haya tenido un desempeño desastroso en su participación el miércoles, leyendo en todas sus intervenciones, con la cabeza enterrada en sus papeles, enredado y balbuceante, parece haber terminado favoreciendo al economista. “Porky”, el “Bolsonaro peruano” de 60 años, entra a la etapa decisiva con una tendencia a la baja.

Las dos encuestadoras también coinciden en un descenso de Lescano, que desde hace semanas venía como puntero relativamente cómodo y que, aunque Ipsos lo sigue colocando primero, ya no tiene asegurado su pase a la segunda vuelta, como parecía hasta hace sólo unos días. Lescano, de 62 años, ha sido 18 años congresista por el partido de centroderecha Acción Popular. En contra de la cúpula de su partido, en esta campaña ha cuestionado el modelo neoliberal y ofrecido reformas, aunque sin llegar a proponer un cambio de modelo, lo que, en un escenario dominado por los discursos de derecha, lo ha colocado en la centroizquierda en términos económicos, pero en aspectos sociales se ubica a la derecha, con posturas conservadoras.

Verónika Mendoza, candidata de Juntos por el Perú, que a los 40 años postula por segunda vez a la presidencia, es la principal figura de la izquierda en estas elecciones, en las que hay tres candidatos de ese sector político. Tuvo una actuación destacada en el debate del pasado lunes, día que le tocó participar. Una semana antes había sido la clara ganadora, según los analistas y una encuesta, de un debate organizado por un canal de televisión entre cinco candidatos. Luego de ese primer debate comenzó a subir, y con ese crecimiento se reforzaron los ataques en su contra desde los grandes medios, que una vez más agitaron el miedo a la izquierda y los fantasmas de Hugo Chávez, Maduro y Venezuela para repetir que “si gana la izquierda nos convertiremos en otra Venezuela”.

En 2016, Mendoza quedó en tercer lugar con 18,7 por ciento, muy cerca de pasar a la segunda vuelta, lo que no consiguió porque una candidatura de izquierda radical obtuvo cuatro por ciento y le quitó los votos que necesitaba para ir a la elección definitiva. Esta vez esa historia se puede repetir. En este último tramo viene levantando sorpresivamente la candidatura del radical dirigente magisterial Pedro Castillo, que ha subido a 6,6 por ciento, según los dos sondeos citados, ganando apoyo especialmente en las zonas andinas y rurales, crecimiento que erosiona la base electoral de Verónika Mendoza.

En su tercer intento de buscar el retorno del fujimorismo al poder, Keiko, la hija de 45 años del encarcelado exdictador Fujimori, que está procesada por lavado de activos, ha perdido una gran parte del apoyo que tuvo en las elecciones de 2011 y 2016, pero, con todos muy abajo, mantiene posibilidades de pasar a la segunda vuelta, como ocurrió en esas otras dos elecciones, en las que perdió en esa instancia final.

Aprovechando su popularidad y jugando a ser la figura nueva contraria a la clase política, el exfutbolista George Forsyth, de 38 años, estuvo varios meses en primer lugar, pero comenzó a caer cuando sus apariciones públicas y en medios para exponer sus propuestas dejaron al descubierto su notoria debilidad argumental. Ha logrado detener su caída y recuperarse algo, con lo que todavía sigue en el partido.

“Hernando de Soto tiene la ventaja de haber crecido a lo último, y cuando crecés al final las críticas que te hacen pueden ser menos dañinas. Lescano si bien ha caído algo está mejor ubicado que otros porque su ambigüedad le permite ganar votos por izquierda y por derecha. Forsyth está más al centro y eso lo puede ayudar. Si bien Keiko Fujimori aparece primera en la encuesta del IEP, su nivel de rechazo es el mayor de todos y eso la complica. Verónika Mendoza ha ido creciendo, pero de la misma manera también ha crecido desde su izquierda Pedro Castillo y eso la puede dejar afuera de la segunda vuelta. Castillo crece en esta etapa final porque hay un voto radical que no ha sido cubierto. Veo muy difícil que López Aliaga pase a la segunda vuelta. Tuvo un crecimiento y eso puso la atención sobre él y ahí aparecieron sus claras debilidades y ha comenzado a bajar”, le señaló a PáginaI12 Fernando Tuesta, politólogo de la Universidad Católica.

Para Tuesta, “esta es la elección con el mayor nivel de incertidumbre que hayamos vivido”. “En esta última semana en la que no van a haber encuestas vamos a entrar al túnel oscuro”.

Por Carlos Noriega

Desde Lima 

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Jaime Durán Barba sobre las elecciones en Ecuador: “Creo que va a ganar Guillermo Lasso por unos cinco puntos”

Aseguró que el gobierno de Lenín Moreno "es el más impopular de la historia del país”

El consultor y analista político ecuatoriano, Jaime Durán Barba, se refirió este sábado a las elecciones previstas para el 11 de abril en su país y consideró que ganará el candidato Guillermo Lasso por “unos cinco puntos”. A su vez, habló sobre la situación política en Argentina y manifestó que “el macrismo y el kirchnerismo deben repensar sus proyectos porque sino aparecerá una tercera fuerza que los barrerá”.

En diálogo con AM 750, Durán Barba aseguró desde su departamento situado en Quito, que se encuentra “encerrado, hipocondríaco y asustado por la pandemia” y consideró que la gente está atravesando un momento de cambio, en el que se volvió “más autónoma y pasa por encima de las instituciones”.

Al referirse a las elecciones de Ecuador, cuya segunda vuelta se realizará el próximo 11 de abril, dijo que “hay distintas variables en juego” y aseguró que el gobierno nacional, al mando de Lenín Moreno, es el “más impopular de la historia del país”. “Se dedicó a perseguir de manera absurda a Rafael Correa y eso ayudó al candidato del expresidente, Andrés Arauz. Nunca hubo un gobierno con tanto rechazo, ni tampoco uno que se haya dedicado tanto a perseguir a un político”, detalló.

 “A Moreno le fue espantosamente mal, pero a su vez la gente tiene un recuerdo complejo de Correa, quien vivió un momento económico estupendo del país con el petróleo a 100 dólares, pero su temperamento, su violencia y sus amenazas fastidiaron a los electores. Ese es el elemento negativo más fuerte. Correa tiene un 23% de apoyo y un 65% de personas que no lo votarían jamás”, agregó.

Sobre Arauz, quien resultó ganador en la primera cita en las urnas el pasado 7 de febrero con 32,72% de los votos, dijo que hizo una buena campaña en la que le funcionó “ser distinto” y explicó que “si un político es igual a los que vivían hacen 30 años, no se tiene ningún futuro”. “Arauz hizo una campaña bonita y su juventud le favoreció mucho. Sin embargo, Correa estropeó su avance, no por mala fe, sino por su temperamento”, analizó.

A su vez, sostuvo que de “no ocurrir algo muy imprevisto que importe a los electores”, cree que las elecciones las terminará ganando por unos cinco puntos Lasso, quien fue el segundo en las primeras elecciones con el 19,74% de los votos, seguido de muy cerca por el candidato indígena Yaku Pérez, apenas 35 décimas por debajo del banquero.

Respecto a Yaku Perez, dijo que el candidato “hizo algo rarísimo”, que fue “asomar varias veces tocando el saxo en sus videos y bailando de una manera muy occidental”. “Esto le dio una entrada muy importante en sectores juveniles y urbanos del país. Yaku terminó siendo una mezcla del voto indigena más el de los electores del siglo XXI, con ideas ambientalistas. El resto tiene sensaciones mezcladas”, detalló.

Tras hablar sobre la estrategia de Yaku en las redes sociales, consideró importante “estudiar la política de clicks” y dijo que “el tema del Internet es mucho más difundido de lo que creemos los académicos. Hubo una experiencia con el expresidente de Argentina, Mauricio Macri, cuando fue a visitar a un grupo indígena y le pidieron una foto para subir a Facebook y él no entendía cómo iba a hacerlo. Ahora los pibes indígenas tienen su teléfono y navegan por las redes.

Luego, al hablar sobre la situación política en Argentina, Durán Barba dijo que la discusión en nuestro país está “muy atrasada” y aseguró que “el macrismo y el kirchnerismo deben repensar sus proyectos porque sino aparecerá una tercera fuerza que los barrerá”.

 “Ni el macrismo ni el kirchnerismo se han reformulado. Yo creo que, si no repiensan su situación, se va a sumar un tercer grupo que los barra”, aseguró. Y cuestionó que el país esté “todavía discutiendo cosas del siglo XX”. “No digo que Ecuador esté mejor, pero estamos muy atrasados, muy convencidos de que cuando se produjo el Big Bang, ya estaban las 10 verdades peronistas. No es así, son mucho más recientes”, agregó.

Al concluir, consideró que “hay que pensar en un mundo distinto que incorpore la tecnología, sin que la tecnología mate a la gente, porque es un gran progreso que también implica riesgos. Hay que reformular la revolución, el cambio. La clase obrera va extinguirse en 10 años, hay que pensar qué hacemos ahora”.

Ecuador entra esta semana en la recta final de la campaña electoral, en la que los candidatos presidenciales al balotaje, Arauz y Lasso, dejaron de lado el discurso polarizador y los vínculos partidistas e incorporaron propuestas más inclusivas para captar a los más de cuatro millones de ecuatorianos que votaron por otras opciones en la primera vuelta.

En la primera cita a las urnas, el último 7 de febrero, Arauz resultó ganador con 32,72% de los votos, insuficientes para evitar el balotaje. Por su parte, Lasso fue segundo con 19,74%, seguido por Pérez, apenas 35 décimas por debajo. En el cuarto puesto, figuró Xavier Hervas, con 15,68% de los sufragios. 

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Ecuador: campaña, operaciones y denuncias

Faltan menos de dos semanas para el ballottage del 11 de abril

Andrés Arauz lidera los sondeos y su rival, el banquero Guillermo Lasso, busca proyectar una imagen distinta de la mano de Durán Barba. 

 

Andrés Arauz es recibido en un pueblo pequeño de la provincia de Azuay, en la sierra. Las personas se acercan, toman fotos, lo abrazan, levantan el índice para indicar uno, es decir el número de su lista electoral, hay euforia. De fondo se ven las montañas verde lluvia, el final de otro día maratónico de campaña que lleva al candidato de la revolución ciudadana a través de ciudades, pueblos, reuniones, y entrevistas.

Quedan ya menos de dos semanas para el ballottage del 11 de abril, la línea final donde, se sabe, pueden definirse porcentajes electorales decisivos, en particular en una contienda donde el voto nulo ronda el 25%. Arauz, quien lidera los sondeos, enfrenta a Guillermo Lasso, el candidato banquero, así conocido por su pasado como presidente del banco de Guayaquil, uno de los principales en el país.

La dinámica de campaña es incesante, tanto en las diferentes provincias, como, a su vez, en uno de los territorios centrales para cualquier campaña actualmente: las redes sociales, tanto Twitter, como Facebook, Instagram, Tik Tok, Youtube, y Google para anuncios que aparecen en páginas o aplicaciones. Es allí donde se juega una de las claves, la posibilidad de llegar a diferentes públicos, romper los círculos propios, diseñar mensajes particularizados con precisión de big data.

Ese terreno es central para cada candidato, en particular para Lasso, debido a la necesidad que tiene de construirse una identidad distinta a la que ha sido durante sus más de veinte años de vida política y económica, dos esferas profundamente imbricadas en su caso. Lasso debe aparecer como cercano a pueblos indígenas, a las mujeres, a la juventud, preocupado por las mayorías sociales, los trabajadores, el ambiente, empático, en lo que conforma una operación de simulación/engaño que recuerda a la realizada por Mauricio Macri en su campaña electoral. No es casualidad que el asesor de ambos sea la misma persona: Jaime Durán Barba.

El objetivo de la operación mediática es construir un candidato con un proyecto diferente al que encabeza, y, a su vez, borrar tanto su pasado como su presente. Acerca de lo primero, se busca presentarlo como inocente en la principal crisis que vivió el país, en 1999, conocida como el feriado bancario, cuando miles de ecuatorianos tuvieron que emigrar del país mientras la banca acumulaba fortunas, como el banco de Guayaquil, que pasó de un patrimonio de 54 millones de dólares en 1998 a 75 millones en el 2002, según los datos de la superintendencia de bancos.

Acerca de lo segundo, su campaña política busca presentarlo como ajeno al actual gobierno de Lenín Moreno, y esconder la repetición de lo ocurrido en 1999: su enriquecimiento personal en un momento de crisis nacional. En efecto, según el servicio de rentas internas, sus ingresos en el 2020 fueron de 6,4 millones de dólares, mayores al 2019 con 2 millones, al 2018 con 2,3 millones o al 2017, con 4,3 millones. Durante esos años, en simultáneo, fueron despedidos 130 mil trabajadores del Estado y 600 mil en el ámbito privado.

Pero Lasso no solamente aumentó en millones su patrimonio, sino que, además, fue y sigue siendo parte del diseño de las políticas del gobierno de Moreno. Esto es particularmente notorio en el actual intento de privatizar el Banco Central del Ecuador (BCE) que impulsa Moreno a través de la denominada Ley de Defensa de la Dolarización, un proyecto que busca autonomizar al BCE del poder ejecutivo, y ponerlo en mano de sectores privados, un intento que proviene desde la década del 90.

El proyecto de Ley, que ya había sido rechazada dos veces por el Consejo de Administración Legislativa de la Asamblea Nacional, fue aceptado este lunes, para ser tratado en el seno del poder legislativo de forma urgente. El intento de Moreno/la banca es una de las últimas maniobras económicas fuertes antes de dejar el gobierno el 24 de mayo, que, en caso de resultar, dejaría al próximo ejecutivo en una situación de aún mayor fragilidad y manos atadas. No es la única, también busca, por ejemplo, concretar la privatización de la refinería de Esmeraldas antes de abandonar el palacio presidencial de Carondelet.

Ese programa de gobierno es el que encabeza tras bastidores el sector bancario, es decir el de Lasso, ahora transformado en candidato con poncho y pinturas amazónicas. Su campaña, tanto la pública como la sucia, cuenta, al igual que en la primera vuelta, un fuerte financiamiento que, según Arauz proviene de vías ilegales: “ese despliegue enorme con vayas, publicidad en las radios, una campaña de redes con trolls ubicando en diferentes países del mundo (…) es pagado con recursos de depositantes del banco de Guayaquil”, por lo cual realizó una denuncia penal por delito de peculado bancario.

Se espera que las menos de dos semanas restantes puedan verse atravesadas por diferentes operaciones de difamación y campaña sucia contra Arauz, al igual que la preparación vía encuestadoras -en particular Cedatos, de Lasso- del terreno para la jornada de votación, en una acción similar a la de las presidenciales del 2017. En aquella oportunidad la maniobra consistió en instalar con anticipación una victoria de Lasso, y anunciarlo como ganador tempranamente el día de la elección a través de diferentes canales, como Ecuavisa, para crear el engaño de su victoria seguido de la denuncia de fraude.

Esa vertiginosidad en ámbitos de campaña y actividades no parece, sin embargo, tener un correlato en la sociedad. Quito, así como Cuenca -capital de Azuay- no ofrecen la imagen de un país en campaña, y las conversaciones diarias tampoco dan cuenta de pasiones electorales. Esa baja expectativa política parece ser otro de los legados de Moreno, quien pasará a las páginas de la historia como un caso modelo de traición política.

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Las democracias bajo asedio en América Latina

Desde Quito. Las alarmas se encendieron cuando la vicefiscal de Colombia llegó a Quito días atrás con la causa montada contra Andrés Arauz en las manos. Situación de crisis, análisis de escenario, y, finalmente, una noche calma y fría. Fue una nueva amenaza en la campaña presidencial, que desde la hora cero estuvo marcada por las maniobras contra la candidatura de quien busca llegar al Palacio de Carondelet para reconstruir el proyecto de la revolución ciudadana.

El cuadro es similar al de las elecciones bolivianas del 2020, con la victoria de Luis Arce: nada puede darse por seguro hasta que sea puesta la banda presidencial, ni la realización de las elecciones, tampoco un desarrollo estable de acontecimiento en los días posteriores a los resultados, en caso de ganar Arauz. La diferencia entre un proceso y el otro es que en Bolivia existía un gobierno de facto, mientras que en Ecuador se trata de un presidente elegido constitucionalmente.

El caso ecuatoriano es paradigmático: el gobierno de Lenín Moreno no solamente traicionó el proyecto por el cual fue elegido y a muchos de sus antiguos compañeros -otros lo acompañaron en la puñalada-, sino que abrió las puertas a un proceso de cierre interno de vías democráticas. La persecución abarcó los diferentes niveles: el liderazgo principal, es decir, Rafael Correa, las segundas y terceras líneas, los sucesivos partidos luego de la pérdida de Alianza País, con causas desde corrupción hasta delitos de rebelión.

Ese proceso conllevó un diseño institucional con puntos neurálgicos, como la Fiscalía. Allí está ahora la principal causa montada contra Arauz, en una operación trabajada junto con a la Revista Semana y la Fiscalía de Colombia, un medio y una institución bajo mando de factores del Centro Democrático, partido de Álvaro Uribe, al frente del gobierno. La situación en Colombia es trágica: según los datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, entre el 2020 y los meses del 2021 han ocurrido 110 masacres con un total de 446 víctimas, el asesinato de 342 líderes sociales y defensores de derechos humanos, 12 familiares de líderes, y 74 firmantes de los acuerdos de paz.

La causa, montada desde esa Fiscalía, es la principal carta pública para intentar golpear la candidatura de Arauz. Ya fueron sorteadas otras amenazas, como un pacto entre Guillermo Lasso y Yaku Pérez -segundo y tercero respectivamente- para un recuento de votos que finalmente no ocurrió luego de un giro de Lasso, o un llamado público por parte de Pérez, en representación de un sector de poder, a una intervención de las Fuerzas Armadas en el proceso electoral para criminalizar a Arauz, cambiar el Consejo Nacional Electoral y anular la primera vuelta.

En Ecuador se concentran los principales elementos de lo que conforma una democracia restringida, donde la principal fuerza política es perseguida y obstaculizada para poder participar. Los paralelismos con el caso argentino son varios: el despliegue mediático y político para acusar de corrupción sistemáticamente al anterior gobierno articulado al intento de disciplinamiento vía Poder Judicial. ¿Qué hará Arauz ante esos poderes en caso de victoria? Es una de las principales preguntas, al igual que en Argentina luego de más de un año de gobierno.

Las similitudes en la utilización de un dispositivo mediático-judicial para perseguir a los principales liderazgos en países donde existieron gobiernos populares son ya conocidas: Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador. El caso venezolano se sitúa en otra escala, la de bloqueo desde Washington, robo de activos, operaciones armadas encubiertas, institucionalidad paralela, el arrastre del conflicto al terreno de las trincheras, el precipicio, la crisis permanente y prolongada.

En cada caso la pregunta es la misma: ¿cuáles son las reglas del juego? ¿hacia dónde buscan avanzar los poderes fácticos nacionales, internacionales, y sus representantes políticos? Puesto en perspectiva, se puede ver que en trece años ocurrieron cuatro golpes de Estado en el continente contra gobiernos progresistas -Honduras, Paraguay, Brasil, Bolivia-, el despliegue del lawfare, una comunicación de asedio, la construcción de instancias electorales en escenarios de desestabilización, la mutación de las derechas con exponentes como Jair Bolsonaro, que representa una tendencia en desarrollo en el continente, afianzada en diferentes países de Europa y en Estados Unidos.

No existe respuesta única ante la otra gran pregunta: ¿qué hacer ante eso? La situación es diferente según las fortalezas de los movimientos y gobiernos populares, la institucionalidad, o el lugar que ocupa cada país según el mapa estratégico estadounidense en el marco de las disputas globales con China y Rusia.

Las coordenadas cambian si se analiza Argentina, con la existencia de un movimiento obrero, territorial, feminista, de derechos humanos, y el entramado del peronismo, Bolivia, con fuertes movimientos indígenas, campesinos, mineros y el MAS, o Ecuador, con la ausencia de estructuras de organización popular y partidaria dentro de la revolución ciudadana, y un movimiento indígena en disputa entre sectores de izquierda y de derecha -siendo Pérez expresión de lo segundo-. El objetivo de la derecha en este caso es doble: desterrar al correísmo y desplazar dentro de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador a quienes encabezaron el levantamiento en el 2019.

Desde ese diagnóstico de escenario pueden situarse los acontecimientos recientes en Bolivia, con la detención de Jeanine Añez, exministros del gobierno de facto, altos mandos militares, policiales, y el dirigente de la Resistencia Juvenil Cochala, Yassir Molina. Este último factor es clave, se trata de neutralizar una estructura armada dentro de Bolivia, creada antes del golpe del 2019, desplegada en sus días de asalto con asesoramiento internacional y amparada luego por el gobierno de facto. No es la única formación armada -su ubicación en Cochabamba, centro del país, es estratégica-, el principal punto de acumulación de fuerzas de la derecha golpista es Santa Cruz, con el golpista y ahora gobernador Luis Fernando Camacho.

La evolución de los conflictos en varios países pone en duda la posibilidad de que pueda existir un acuerdo con los factores de poder dominante económico y político, que implicaría -seguramente- mantener un statu quo profundamente y cada vez más desigual. Esa dificultad de acuerdo no reside en la voluntad de diálogo de los gobiernos progresistas. El caso de Argentina es una muestra clara.  

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Brasil: la batalla comunicacional que se viene

Hay un debate en curso en Brasil sobre el uso de la palabra genocida para nombrar a Jair Bolsonaro. Militantes del PT detenidos en una protesta frente al Palacio del Planalto e influenciadores digitales convocados por la justicia fueron dos ejemplos de esta semana en la cruzada paradójica de no llamar las cosas por su nombre. Interesante la preocupación reciente de Bolsonaro por las palabras, viniendo de alguien que las desprecia, que no mide efectos ni consecuencias, empatía bajo cero.

Bolsonaro dominaba la comunicación política del país hasta hace diez días, cuando el expresidente Lula recuperó sus derechos políticos, provocando un tsunami. Si separamos las barbaridades que enuncia, de las formas de hacer política, tres territorios eran dominados por completo por el actual presidente, como ningún otro actor político: las “lives” de los jueves en sus redes sociales, los charlas informales con seguidores en el “corralito” que se monta diariamente en el Palacio de la Alvorada, y las apariciones públicas inesperadas, como la visita que hizo a la Corte Suprema en septiembre del año pasado. Los dos primeros son los palcos por excelencia que generan la catarata de declaraciones. Hablamos de la política como “acting”, como puesta en escena, como teatralidad.

Como aquello que genera una pauta permanente de información y define la agenda. Esta hipótesis fue descripta por Joao Santana en octubre de 2020. A partir de la semana pasada, esa naturalidad con la que ocupaba todo el espectro comunicacional se pone en disputa. Lula habló por más de tres horas y lo obligó a hacer dos giros casi que inmediatos: reconocer la vacuna como una realidad imprescindible, y cambiar por cuarta vez su ministro de Salud. El reciente apoyo a las vacunas vino con una marca que es todo un signo de descalabro del bolsonarismo más explícito: “nuestro arma es la vacuna”, fue la primera divulgación. Eso dio pie a un meme difundido por su hijo Eduardo con una adaptación del personaje Ze Gotinha, logomarca de las campañas de vacunación en el país, creado en 1986. En la imagen, Ze Gotinha tiene un fusil-jeringa, un abierto apoyo a las armas. La muerte se celebra, es el “viva la muerte” de Franco, tropicalizado. Entra en el territorio de lo perverso, en el medio de la crisis sanitaria más importante del país, enaltecer un arma. La vorágine por querer responder rápido al nuevo escenario y sobre todo hacer malabarismo por mantener su discurso armamentístico aggiornado a la nueva realidad pandémica, producen deslices. Ese meme condensa el bolsonarismo comunacional, es una metáfora de una época.

Un segundo ejemplo: el miércoles 17 de marzo, Lula le pide a Biden ayuda para conseguir vacunas, a través de una reunión del G-20 para discutir la redistribución del inmunizante para países que más lo precisen, como Brasil. Bolsonaro reacciona al día siguiente mostrando una carta del 26 de febrero donde Biden promete colaboración en este nuevo capítulo de la relación bilateral. Lo pone a la defensiva, lo obliga a mover las piezas a posteriori.

Este movimiento no es gratuito. Si Bolsonaro se muestra impermeable a la ciencia y el conocimiento, claro está que mira las encuestas y actúa en consecuencia. La caída de su popularidad, sumada a los escenarios de posible derrota frente a Lula (34% seguramente votaría a Lula vs 25% a Bolsonaro, según datos del Instituto Ipec de Marzo 2021) configuran este nuevo escenario. La adhesión al discurso provacuna entra mucho más en esa lógica que en estar convencido. Los principales actores de la economía le hacen saber que que no hay retorno del crecimiento sin vacuna.

Un análisis más detallado de la encuesta señala un elemento posiblemente central en la batalla comunicacional que se viene. Bolsonaro crece de 25% a 39% su potencial de voto entre los evangélicos, y en forma inversa, Lula cae del 34% al 27%. Cuando el PT fue fundado en 1980, los evangélicos representaban el 6,6% de población. En 2000, dos años antes de la victoria de Lula, el 15,4%. En 2021, son el 31,8%. Son uno de los pilares fundamentales de lo que se denomina la “nueva derecha brasileña”. Tres grupos que convergen en el actual bolsonarismo: la derecha más reaccionaria y retrógrada, que pide intervención militar y cierre de la Corte Suprema, la volátil “derecha liberal”, que hoy adhiere al bolsonarismo pero surfea la ola de quien defienda su agenda neoliberal, con el ministro de Economía Paulo Guedes como mayor exponente. Y el enorme contingente de evangélicos. En esa batalla argumental se dirimen parte de las chances de Lula de consolidar el potencial de voto actual, aunque tenga que correrse naturalmente más al centro. Coquetear con el voto “evangélico” es una tarea ardua. Pensar que uno de los mayores referentes de la iglesia evangélica, Edir Macedo, decía en marzo 2020 que el coronavirus era una “táctica de Satanás”, y se vacunó esta semana en Miami. Satanás vacunado y de paseo en Disney.

Eduardo Sincofsky es consultor en opinión pública. 

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