Lunes, 22 Febrero 2021 05:39

Filosofía de la salud

Filosofía de la salud

Una sociedad enferma se lucra incluso con las enfermedades

Mientras la salud (o las enfermedades) de los pueblos sean un negociado de mercachifles en el que estén prendidos como vampiros muchos laboratorios, universidades, instituciones gubernamentales, hospitales y médicos… mientras existan personas y pueblos enteros sin seguridad médica… mientras reinen los hábitos y las manías patológicas que inoculan las mafias publicitarias en contra de la salud pública… viviremos una injusticia monstruosa que se ha naturalizado como parte del decorado miserable de las sociedades divididas en clases. Todos los días, durante las madrugadas, las filas de personas a las puertas de los hospitales, en espera de una consulta, padecen listas enromes de violaciones a los derechos humanos mientras, por ejemplo, la industria farmacéutica (13 de los 20 más voraces) instalada en Puerto Rico, recibe beneficios fiscales caimánicos y mueve saludables fortunas en el orden de 60 000 millones de dólares.

El capitalismo entrena a los médicos, a las enfermeras y a los trabajadores de la salud como se entrena a un ejército de mercenarios vendedores de análisis cínicos, estudios diagnósticos, cirugías, medicamentos y terapias. Las materias y reflexiones humanísticas, la conciencia social, brillan fulgurosamente por su ausencia y precariedad. Les uniforman las cabezas con aspiraciones y sueños burgueses (estereotipados hasta las náuseas) para que exhiban impúdicamente su lealtad convenenciera a los negocios de dueños de los laboratorios que ya antes entrenaron a sus jefes. «Pfizer es actualmente la mayor compañía farmacéutica, y se reporta 45 mil millones de dólares de rentabilidad. Las empresas multinacionales entre ellas Glaxo Smith Kline, Merck & CO., Bristol-Myers Squibb, AstraZeneca, Aventis, Johnson & Johnson, Novartis, Wyeth y Eli Lilly, acapararon el 58,4% del mercado alrededor de 322 mil millones de dólares en ganancias».1

Hay que ver los desplantes de prepotencia y petulancia que pasean muchos jefes de sección, de guardia, de departamento… en cada clínica, hospital o laboratorio frente a las enfermeras, los estudiantes y los trabajadores que deben aprender primordialmente a convertir su humillación en buenas calificaciones, diplomas, nombramientos especiales o premios… como la asistencia a congresos, la publicación de «papers» y los regalitos de los laboratorios. No nos asustan, ni silencian, los medicuchos que se envuelven con enjambres terminológicos y estadísticos par inmolarse en el reino de la erudición archi-especializada y donde no sólo no se aceptan las denuncias más obvias sino que éstas son vistas como desplantes de «mal gusto». De esos bonzos demagogos, tecnócratas y burócratas, están repletas las academias y asociaciones de especialistas… y muchos hospitales. No todos, claro… claro. Pero. Muchos estudiantes son adiestrados con excelencia «técnica» para sustentar la servidumbre de clase que justifica el negocito y justifica también algunas dádivas de la filantropía médica que, con su ética mesiánica, beneficia a algunos pobres en hospitales para pobres y con burocracia para pobres.

¿Es esto muy exagerado?

Los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud suelen ser amaestrados para que adopten, como suyas y originales, ideas reaccionarias y conductas mediocres. Su heroicidades se reduce a ser serviles y mansos con el negocio y llevar al reino de su individualismo las glorias de las cuentas bancarias y los bienes terrenales. Su heroicidad tiene por alma mater una vanidad inmisericorde entrenada diariamente en el campo de concentración a que someten a sus «pacientes» y a los familiares de ellos. Muchos «doctorcitos» se hacen pagar su magnanimidad con agradecimientos eternos, y halagos, gracias a extorsionar a todo mundo con el viejo truco de regatear información, hablar con tono didáctico y condescendiente, jugar a que el tiempo nunca les alcanza y sacarse de la manga soluciones milagrosas. Muchas bajo el método de la escopeta… algún perdigón le pegará a la perdiz. Cuantos más medicamentos ensayen… mejores regalitos mandarán los laboratorios. Existe un ranquin internacional de premios en hoteles, líneas aéreas y merchandising variopinto. Lo aprenden los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud desde las primeras lecciones.

Sueñan con infectarnos la vida con saliva de burócratas serviles a la carnicería neoliberal son «doctores» de inoculados de epidemia usurera entre los mercados farmacéuticos caldo infecto de la demagogia neoliberal el peso de la miseria y el crimen, el hambre, el desempleo, la injusticia galopante. Nosotros lo pagamos. Ellos se autonombran «doctores» para esconder su prepotencia y suficiencia de ignorantes funcionales indolentes a la miseria, desnutrición, hospitales destruidos, escuelas desvencijadas, podredumbre y hediondez a diestra y siniestra. Depresión, mal humor, desesperanza, hartazgo, tristeza, melancolía rabia… furia… odio. Cansancio y soledad, trabajadores humillados. Ancianos victimados con indolencia… enfermos carcomidos por la burocracia. Los niños miran atónitos el futuro que les heredamos. Es una Monstruosidad. Vivimos infestados de negligencia. Los más pobres están más desprotegidos, no están bien alimentados, no pueden ir al doctor, imposible pagar medicamentos y en general no tienen posibilidad de atender su salud. No es poca cosa.

Nosotros sabemos que la guerra contra la medicina corrupta debe ser una guerra contra el capitalismo, también. El negocio de los laboratorios farmacológicos ha sacado una tajada monstruosa. Y no hemos visto lo peor. Sabemos que las corporaciones fabricantes de medicamentos son dueñas de la seguridad de miles o millones de personas. Reina el cinismo. Sabemos que la crisis sanitaria expresa la irracionalidad capitalista. Los monopolios imponen sus negocios como si fuesen políticas de salud e imponen condiciones de mercado para especular con medicamentos y precios. Son dueños de la salud de millones de seres humanos.

¿Y el pensamiento ético en materia de salud?

Está claro que la pachanga obscena de comerciar con las enfermedades, al alcanzar sumas millonarias en cualquier moneda, requiere gerentes gubernamentales encargados de legalizar la tranza e idear mecanismos creativos para sacarle más jugo a las víctimas. Por eso construyen hospitales cuyo sello de clase garantiza un modelo de consumo perfecto para el nivel de corrupción alcanzado por los «doctorcitos» y sus compinches. Por ejemplo construyen hospitales para consumir los mil y un productos que, encarecidos a precio de gobierno, mejor convengan a las empresas proveedoras; por ejemplo gastarán a manos llenas los impuestos de los pueblos para congraciarse con empresas fabricantes de aparatologías y artículos de toda índole, para, recurrentemente, tapizar la ruta de las entregas con diezmos a granel para los intermediarios; por ejemplo pondrán salas de espera, quirófanos, habitaciones, pasillos, oficinas y salas de urgencias… al servicio de la lógica «fordista» aplicada a la atención médica. Todo esto tributario de desentenderse rápido de los «pacientes» para que no engorden los gastos que pudieran amenazar la pachanga de las corruptelas. Hoy, en la obscenidad extrema del sistema de corrupción médica, los pacientes son obligados a llevar a los hospitales sus sábanas, tenedores, agua, vendas y bacinicas… no hay muchos médicos protestando por eso.

Muchos médicos, y sus compinches, gustan de celebrar cifras de eficiencia y atención a los pacientes. Se embriagan en estadísticas exitosas que desbordan gráficas powerpoint, libros, tratados y enciclopedias. Si cada página editada con guarismos triunfalistas implicara a una persona atendida con eficiencia… no habría crisis sanitaria en el mundo. Y la medicina habría dejado de ser una industria burguesa para ser un derecho socialista inalienable.

En la cúspide del alma mater en los médicos medicamentalizados (es decir con la mente puesta en ayudar a vender medicamentos muchos de ellos innecesarios) están los laboratorios farmacéuticos anudados todos en una red multinacional de inversionistas que, cómo en todo comercio, rigen sus tareas por las leyes capitalistas de la oferta y la demanda. ¿Nos sorprendería saber cuántas veces han inventado epidemias, pandemias y contagios para hacer circular millones de vacunas, jeringas, pastillas, cremas o ungüentos? La base material capitalista de esta industria mundial sustenta una cúspide ideológica -metodológica- vestida de «ciencia» en la que se han protocolizado operaciones técnicas con operaciones financieras donde los que ganan son los dueños del negociado. ¿Se ofenderán mucho con este retrato?

¿Es poco filosófico?

No son pocos los médicos que viven de mentir y de mentirse. Fabrican fantasías y explicaciones desopilantes para ganar la «confianza» de sus pacientes-clientes. Si hubiese una colección mundial sobre las fantasías inventadas por muchos médicos sobre el comportamiento del organismo humano, y su relación con los químicos prescritos, tendíamos una enciclopedia del horror monumental. La «filosofía» burguesa de la «industria de salud» ha producido durante su historia un monstruo insaciable enredado con las más deplorables anécdotas de corrupción e impunidad. Lo que menos les importa es la erradicación de las enfermedades porque tal cosa disminuye los ingresos farmacéuticos. No importa que muchos de los productos «médicos» (de quirófanos, farmacias, hotelería hospitalaria y toda la parafernalia) no tengan eficacia probada… lo importante es cubrir las metas mensuales en materia de ventas y cobros. Es esa su «filosofía» y punto.

Su «filosofía» no se compromete con una lucha efectiva contra las enfermedades que agobian a los trabajadores, lo que importa son las regalías y el secuestro de las patentes para gozar de exclusividad en el usufructo de una enfermedad y más si se vuelve epidemia. Sin importar (hay casos de infamias insondables) cuán tóxicas sean para las personas las medicinas, las operaciones o los tratamientos, ni sus consecuencias colaterales, las enfermedades asociadas ni la muerte (que el capitalismo también ha convertido en negocio)

Su «filosofía» también consiste en invertir millonadas, para esconder bajo el tapete, los planes de negocios relativos a la investigación que ellos llaman «científica». No es el bien social lo que determina inversiones ni lo que determina las políticas sanitarias… es descarnadamente, la búsqueda de beneficios financieros privados para un puñado de monopolios alcahueteados por los gobiernos serviles. Si para eso hay que manipular y falsificar datos, si para eso hay que publicar revistas, organizar congresos y entregar «premios nobel»… no se detendrá una industria tan pesada. No tendrá pruritos metodológicos o morales, una industria deshonesta que se disfraza con la palabra Ciencia para esconder su «filosofía» de los negocios.

La lista de ligerezas y errores con que se maneja la fabricación industrial de medicamentos es enorme. Hay denuncias y debates que generalmente se esconden porque afean el panorama. La industria farmacéutica tiene controles sobre la inmensa mayoría de publicaciones especializadas y las revistas de divulgación científica. La industria farmacéutica gasta fortunas en publicidad y en regalos para sus médicos favoritos. Se trata de una dictadura del negocio farmacéutico.

Los médicos son la tercera causa de muerte en los EE.UU.: causan 250.000 muertes por año.2 No todos, claro, no todos.

¿Está todo tan mal?

Contamos con Cuba, por ejemplo. Algunas tareas indispensables para superar las patologías generadas por la industria médico-farmacéutica del capitalismo deberían pasar a estas horas por la expropiación, sin pago, y bajo control obrero, de todo el negociado obsceno que hoy deambula impunemente por el mundo. No hay alternativas. El capitalismo es un delito3 y una maquinaria infernal de producir crisis ecológica, enfermedad y muerte. A estas horas es preciso reformular todas nuestras concepciones teórico-metodológicas en materia de salud y de políticas socialistas de salud. Aprovechar los mejores logros, los que son realmente útiles y liberarlos de las garras del capitalismo. Reformular nuestras ideas y preconcepciones sobre el organismo humano sus interdependencias con la naturaleza toda, su desarrollo y su situación actual. Reformular la investigación científica y los principios mismos de la actividad médica adaptados a la realidad concreta y las urgencias de esta etapa. Transformar los modelos de enseñanza y la educación médica en todos sus niveles. A estas horas es inexcusable garantizar la salud y los servicios en condiciones que permitan soberanía política en políticas concretas, democracia médica revolucionaria, erradicación del rezago médico y de las enfermedades de la pobreza. Prevención socialista y planificación, educación y la cultura de la salud, empleo digno para los trabajadores de la seguridad social… afincar una Filosofía socialista de la salud que privilegie la vida digna como un derecho concreto e inalienable. Vincular el problema de la salud con la preservación de los ecosistemas. Garantizar condiciones materiales de existencia, justas y democráticas. Los más avanzados descubrimientos de la medicina no pueden ser propiedad privada de un puñado de capitalistas. El movimiento obrero debe exigir su nacionalización inmediata al lado de la nacionalización de los grandes bancos, los latifundios y los monopolios que someten nuestras vidas a la dictadura del Capital. Sólo una economía socialista planificada racionalmente podrá desarrollar la riqueza de los conocimientos en materia de salud para ponerlos realmente al servicio de la humanidad y su desarrollo. Eso será realmente curativo.

22 febrero 2021

Notas

1http://www.militante.org/medicinas-laboratorios-monopolios-y-nuestra-salud
2http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_industryweapons02.htm
3 Antonio Salamancahttp://www.aporrea.org/ideologia/a97634.html
Publicado enSociedad
Jueves, 11 Febrero 2021 06:16

Vietnam, covid-19 y socialismo de mercado

Vietnam, covid-19 y socialismo de mercado

Con más de 95 millones de habitantes, Vietnam solo contabilizó algo más de 2.000 casos y 35 muertes con covid-19. ¿Qué nos dice la experiencia de este país del sudeste asiático donde la pandemia no es el principal factor político y que viene enfrentando diversos cambios y tensiones en su modelo político-social controlado aún por el Partido Comunista?

 

Corea del Sur y Taiwán han sido constantemente elogiados como modelos de combate contra el covid-19. Pero Vietnam, una nación mucho más pobre y con 97 millones de habitantes, lo ha hecho por lo menos igual de bien, a pesar de atraer mucha menos atención. Esto se debe, en parte, a que el estricto control del Partido Comunista sobre los datos oficiales genera dudas –comprensibles– sobre las cifras. Sin embargo, aunque no pueden hacerse predicciones sobre una tercera o una cuarta ola, Vietnam parece haber logrado hasta ahora un grado real de éxito. 

Mientras que en marzo pasado los gobernantes de Estados Unidos y del Reino Unido restaban importancia al virus, Vietnam destacó sus riesgos mediante una efectiva estrategia de comunicación, que incluía un video musical viral que obtuvo 67 millones de visitas. Se impusieron de inmediato restricciones a los viajes, rastreo de contactos y medidas de cuarentena. Las fronteras se cerraron a todos, excepto a los ciudadanos vietnamitas y a algunos expertos invitados el 24 de marzo, y siguen estando cerradas, mientras que las escuelas y las universidades cerraron de enero a mayo. ¿El efecto? Solo se necesitó un breve confinamiento, que duró dos semanas a escala nacional y tres en áreas de alto riesgo. La primera ola había sido eliminada a mediados de julio, y los brotes más pequeños desde entonces han sido aplastados rápida y eficazmente. En total, ha habido 35 muertos.

Algunos han argumentado que el autoritarismo de Vietnam le permitió erradicar el virus, y algo de ello seguramente hubo. Pero especialistas como Guy Thwaites, director de la Unidad de Investigación Clínica de la Universidad de Oxford en Vietnam, desestimaron esta sencilla explicación del éxito del país. De hecho, la respuesta ante el covid-19 se ha caracterizado por un inusual nivel de transparencia estatal, con lo que se ganó la confianza de una población que, contrariamente a lo que suele creerse, no confía mucho en las autoridades. Otros han afirmado que, mientras las naciones europeas pasaron décadas tercerizando funciones estatales, Vietnam mantuvo un aparato estatal unificado que ha apuntalado su exitoso programa de salud pública. Sin embargo, el Estado vietnamita no está tan cohesionado como podría suponerse. Entre 2006 y 2016, años entre los que gobernó Nguyễn Tấn Dũng –cuyo yerno es dueño de la franquicia McDonald’s en el país–, Vietnam experimentó lo que se ha descrito como un «giro hiperliberal». Aumentó la dependencia del capital extranjero, se extendió la privatización de empresas estatales y se alentó a las provincias a competir entre sí para crear el entorno más propicio para los negocios. El resultado fue una rápida fragmentación de su capacidad, lo cual despertó la preocupación nada menos que del Banco Mundial. A pesar de los crecientes niveles de inversión pública, el sistema nacional de salud de Vietnam ha sido remodelado por la mercantilización, y los particulares tienen que pagar cada vez más por la atención médica.

Cuando Dũng renunció en 2016, el secretario general Nguyễn Phú Trọng y sus aliados se impusieron en medio de una lucha entre facciones dentro del Partido Comunista. Trọng era percibido como un conservador de la vieja guardia, escéptico de la agenda de reformas de Dũng. Pero ya en el cargo, ha continuado en gran medida el legado de su predecesor: abandonó ciertas políticas industriales, monitorió una agresiva campaña contra la corrupción y reprimió a la disidencia para proteger a los principales conglomerados privados, cuya influencia ha crecido constantemente.

Por tanto, el éxito de Vietnam en la lucha contra el virus no puede atribuirse a la represión estatal o la centralización económica. Su rápida respuesta estuvo a la altura de lo que habrían podido hacer naciones democráticas liberales más ricas, si hubiesen tenido voluntad política. De hecho, en una entrevista reciente, Mai Tiến Dũng, jefe de la Oficina de Gobierno de Vietnam, no atribuyó el éxito del país a ninguna característica política ni económica, sino al hecho de que en enero de 2020 fueron mucho más allá de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y armaron desde el principio una estrategia de contención completa. Tal como ha señalado Thwaites, el ingrediente clave de su éxito fue, lisa y llanamente, un «buen uso de la epidemiología».

Esto también fue acompañado por un plan económico, cuya nave insignia fue un paquete de ayuda de 62 billones de dongs (más de 2.600 millones de dólares) que brinda exenciones de impuestos y préstamos a baja tasa de interés para las empresas, junto con apoyo financiero a los hogares en aprietos. Los pagos fueron modestos, entre 250.000 y un millón de dongs por mes (11 y 43 dólares, respectivamente), y su distribución se vio obstaculizada por una serie de rígidas condiciones burocráticas. Se pedía a los trabajadores y trabajadoras migrantes informales que presentaran licencias comerciales inexistentes si querían calificar para el plan, mientras que otros grupos –como trabajadoras y trabajadores sexuales– fueron excluidos casi por completo. Aun así, las ayudas siguieron siendo un salvavidas crucial para gran parte de la población. 

Las transferencias de efectivo se complementaron con la asistencia de grupos de la sociedad civil dirigidos por el Estado: las organizaciones de masas del Frente Patriótico de Vietnam, alineado con el Partido Comunista. Si bien fueron bastante ineficaces en la campaña por el cambio social y político, estas instituciones paraestatales estaban bien equipadas para distribuir provisiones materiales al inicio de la crisis. La federación de sindicatos, por ejemplo, proporcionó equipamiento de protección personal, información y apoyo financiero a los trabajadores, mientras que el Sindicato de Mujeres ayudó a las pequeñas y medianas empresas dirigidas por mujeres a acceder a préstamos y apoyó a las sobrevivientes de violencia doméstica en medio de un aumento en las agresiones.

Los mayores gastos relacionados con el coronavirus se financiaron principalmente con las reservas en efectivo y bonos del Tesoro, ahorrándose tener que pedir préstamos en el mercado internacional o solicitar asistencia presupuestaria. Combinado con la supresión del virus, esto convirtió a Vietnam en la economía de más rápido crecimiento del mundo en 2020 y en el único país del Sudeste asiático que registró tasas de crecimiento positivas. Sin embargo, los sectores más pobres de la población aún enfrentaban serias dificultades. El cierre de las fronteras internacionales asestó un duro golpe a la industria del turismo y el sector perdió aproximadamente 23.000 millones de dólares en 2020. Un impulso al turismo interno bajo el lema «Los vietnamitas viajan en Vietnam» logró amortiguar el golpe, pero no pudo compensar los ingresos que generalmente aportan los arribos internacionales. Tanto las aerolíneas públicas como las privadas han solicitado rescates, mientras que las exportaciones de manufacturas disminuyeron –particularmente en los sectores claves del vestido, teléfonos inteligentes, y pescados y mariscos–, lo que provocó un aumento del desempleo. Otros que dependen de estas industrias, como quienes se dedican a la venta ambulante dirigida a los turistas o al personal de las fábricas, también sufrieron pérdidas sustanciales. Además, hubo una gran caída en la exportación de mano de obra; una fuente vital de ingresos para las comunidades que dependen de las remesas de los trabajadores expatriados.

A fines de 2020, 32,1 millones de vietnamitas se habían visto afectados por el impacto económico de la pandemia sufriendo desempleo, despidos o ingresos reducidos: 71,6% de los trabajadores del sector de servicios, 64,7% de la industria y la construcción y 26,4% de la agricultura, la silvicultura y la pesca. Las «huelgas salvajes» se incrementaron por primera vez en años, ya que los trabajadores y las trabajadoras reclamaron por condiciones seguras en los primeros días de la pandemia, así como por salarios justos y una consecuente compensación. En una medida sin precedentes, el Consejo Nacional del Salario, que negocia incrementos anuales del salario mínimo, decidió no aumentarlo este año. La caída de los ingresos, a su vez, benefició a los usureros ilegales, que cobran tasas de interés exorbitantes y dejan a sus clientes sometidos a un sometimiento permanente por sus deudas. Como resultado, algunos vietnamitas se han suicidado.

Mientras tanto, una grave crisis de deuda ha afectado al fondo de seguridad social del país, responsable del seguro médico, las pensiones y las prestaciones por desempleo. En tiempos normales, la configuración de la seguridad social de Vietnam facilita el robo por parte de los empleadores. Las cuotas de los trabajadores son deducidas automáticamente de sus salarios, y se confía a los empleadores que las transfieran al fondo junto con sus propios pagos. Por lo tanto, los estos pueden retener sus contribuciones y quedarse con las de sus empleados, muchas veces sin consecuencias. Esta práctica se hizo aún más frecuente en 2020, ya que se aprovecharon las exenciones para las empresas afectadas por covid-19 para reducir los pagos de los empleadores. Como resultado, los niveles de deuda del fondo se dispararon a aproximadamente 20 billones de dongs (más de 800 millones de dólares). El déficit se agravó porque los trabajadores retiraron la totalidad de sus cotizaciones para su jubilación futura o empeñaron sus libretas de la seguridad social para conseguir dinero en efectivo y mantenerse a flote.

Sin embargo, hacia fines de 2020 había indicios de que la economía vietnamita se había estabilizado relativamente. El mercado laboral comenzó a recuperarse; el VN-Index, índice bursátil de Vietnam, alcanzó sus niveles más altos desde noviembre de 2019; y algunas corporaciones multinacionales comenzaron a trasladar la producción al país. Su balance económico es ahora, en términos generales, la envidia de sus vecinos. De hecho, que la pandemia no haya sido de ninguna manera el hecho dominante de la política nacional el año pasado es una clara señal del logro de Vietnam. En octubre y noviembre, las tormentas azotaron las regiones centrales del país, causando daños materiales generalizados y muchas más muertes que el coronavirus. Al mismo tiempo, Estados Unidos inició una investigación sobre las exportaciones de madera vietnamita y la presunta manipulación de su moneda, poniendo en peligro una de las relaciones bilaterales más importantes del país. El gobierno tendrá que negociar estos asuntos con la administración entrante de Joe Biden, además de animarlo a mantener la postura de línea dura de Donald Trump frente a China, que ha sido muy popular entre los vietnamitas.

Otros acontecimientos de este mes pueden eclipsar aún más al covid-19. El 1º de enero comenzó a regir un nuevo Código Laboral, que permite por primera vez la existencia de organizaciones representativas de los trabajadores independientes, no afiliadas a la Confederación General del Trabajo, controlada por el Estado. Esto podría marcar un cambio significativo en las relaciones laborales, liberando potencialmente a los trabajadores organizados del dominio del Partido Comunista. Pero esta victoria aún puede ser contrarrestada por la Asociación Económica Integral Regional, un acuerdo de libre comercio negociado en secreto durante los últimos siete años, que ha sido ampliamente condenado como un intento de erosionar los derechos de las trabajadoras y los trabajadores. Por lo tanto, está por verse si la tradición de décadas de militancia laboral autoorganizada de Vietnam subsistirá en 2021, o si las libertades consagradas en el Código Laboral se enfrentarán a mayores obstáculos.

Quizás lo más significativo sea que, entre el 25 de enero y el 2 de febrero, más de 1.500 delegados se reunirán en Hanoi para que el XIII Congreso del Partido decida sobre un nuevo liderazgo. Por lo general, la decisión se toma antes del Congreso y luego los delegados dan su acuerdo, pero esta vez no hay ninguna certeza. Se suponía que Trọng no volvería a postularse como secretario general. Según las reglas, no se le debería permitir un tercer mandato consecutivo. Además, ya tiene una edad muy avanzada y está bastante enfermo. Se esperaba que el nuevo Secretario General fuera el primer ministro Nguyễn Xuân Phúc, un habitué del Foro Económico Mundial, descrito por un analista como un «pragmático conocedor de políticas», o Trần Quầc Vượng, que ha sido un actor importante en la reciente campaña anticorrupción del gobierno. Los procedimientos son poco transparentes, pero los últimos rumores sugieren que Trọng podría tener éxito en forzar al congreso –y el reglamento– para permanecer como secretario general [Esto, en efecto, es lo que ocurrió, ante la falta de consenso para encontrar un sucesor, pese a que las normas vigentes no le permitían un tercer mandato, N. del E.]. Si bien el lanzamiento de la vacuna puede dar los toques finales a la respuesta vietnamita ante el covid-19 –un caso de éxito que avergüenza a los países occidentales–, no determinará la manera en que estos cambios entrelazados reformularán la política y la economía del país.

Este artículo fue publicado originalmente en New Left Review, el 22 de enero de 2021, con el título «Vietnam's Pandemic». Puede leer el artículo original aquí. Traducción: Carlos Díaz Rocca

Publicado enInternacional
Diez razones para ser realistas sobre la vacuna de la covid-19 y no esperar un milagro

"A ver si sacan la vacuna ya y termina todo esto" es una de las frases más escuchadas de la pandemia. La gente está cansada de vivir con miedo y no poder salir a la calle con tranquilidad. Por ello, el hallazgo de un vacuna contra la COVID-19 que ponga fin a la crisis es una esperanza con la que sueñan miles de personas.

Actualmente hay más de 150 vacunas candidatas en desarrollo en el mundo, por lo que es posible que en algún momento aparezca una lo bastante efectiva como para frenar el número de contagios. Aunque sea parcialmente.

Sin embargo, aunque hay señales para ser optimistas, no hay garantías de que se vaya a encontrar en un futuro cercano una vacuna lo suficientemente buena como para parar la pandemia. Por este motivo, contemplar todos los posibles escenarios y tener en mente un plan B en el que no haya vacuna es un ejercicio necesario de responsabilidad y transparencia.

Lamentablemente, si de algo podemos estar casi seguros en esta pandemia es de que este coronavirus ha venido para quedarse.

Crear la falsa esperanza de que vamos a contar en breve con una vacuna o tratamiento efectivo contra la COVID-19 puede ser un alma de doble filo que podría causar una gran decepción si las expectativas no se cumplen. Anuncios que aseguren que tendremos una vacuna este año pueden suscitar desconfianza en la población si no se alcanzan los plazos prometidos.

Por otro lado, un exceso de optimismo podría crear una sensación de falsa seguridad y dar lugar a una relajación de las medidas de prevención y control del virus que sí se han demostrado eficaces para evitar su propagación.

No hay duda de que las vacunas son uno de los grandes avances de la historia de la humanidad y la mejor forma de prevenir y reducir las enfermedades infecciosas. De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima que evitan de 2 a 3 millones de muertes al año.

Gracias a las vacunas se ha conseguido erradicar una enfermedad tan letal como la viruela y poner al borde de la extinción una dolencia tan temida y contagiosa como la poliomelitis. Por ello, no es de extrañar que al oír la palabra "vacuna" pensemos que será la solución perfecta para la COVID-19.

Una vacuna se podría definir como "cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos". Sobre el papel, desarrollar un candidato parece algo sencillo, pero a la hora de ponerlo en práctica es un proceso mucho más complejo.

El desarrollo de vacunas presenta muchos desafíos para lograr que sean seguras y efectivas, y este caso no es una excepción. Por ello, es importante conocer las limitaciones y problemas que se pueden encontrar para no caer en un exceso de confianza en su efectividad y plazos de entrega.

Estas son diez de las múltiples razones por las que hay que ser realistas y no esperar que aparezca una vacuna milagrosa que nos libre de esta pandemia de forma inmediata.

1. Las prisas no son buenas

El proceso normal para hacer una vacuna es de entre 10 y 15 años. No se puede esperar tener una perfecta en menos un año y que nos permita volver automáticamente a nuestra vida anterior.

Por ejemplo, el acortamiento que estamos viendo de la fase de investigación preclínica en la que se estudia la vacuna en cultivos celulares y en animales es algo inusual y un reflejo de la urgencia por dar con la vacuna.

2. Tiene que proteger en humanos

Es fácil de decir, pero es donde la mayoría de los candidatos suele fallar. Una vacuna puede estar muy bien diseñada, ser segura, proteger al 100 % en modelos animales e inducir una respuesta inmune fuerte y anticuerpos neutralizantes, pero ofrecer un nivel de protección mucho más bajo del esperado cuando se prueba en humanos.

3. Querer no siempre es poder

En 1984, cuando se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como el responsable de la pandemia de sida, la secretaria de salud y servicios humanos de Estados Unidos declaró que la vacuna estaría disponible en un plazo de 2 años. Hoy, 36 años después, todavía no hay vacuna.

El desarrollo de vacunas no siempre da frutos. Aunque comparar el VIH con este nuevo coronavirus no sea lo más acertado porque son muy diferentes, hay veces en las que –por mucho que se busque– no se encuentra la manera de desarrollar una vacuna efectiva.

De hecho, aunque hay buenos candidatos a vacuna con resultados prometedores en modelos animales, hasta el momento no hay ninguna vacuna disponible para ninguno de los otros coronavirus que afectan a humanos.

Las razones son múltiples, desde falta de interés comercial hasta la observación de efectos adversos en los diferentes estudios. La buena noticia es que sí hay vacunas disponibles frente a diferentes coronavirus que infectan a animales.

4. Efectos adversos

Las vacunas, al igual que cualquier medicamento, pueden provocar efectos secundarios. Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los investigadores es la potenciación de la infección dependiente de anticuerpos, más conocida como ADE.

Se trata de una reacción no deseada en la que la generación de anticuerpos frente a un agente infeccioso, por ejemplo usando una vacuna, da lugar a síntomas mucho peores. Esto se traduce en que la enfermedad se vea potenciada en caso de infección por el virus.

Los mecanismos de ADE son aún muy poco conocidos y la buena noticia es que es bastante infrecuente. Se ha descrito frente al virus respiratorio sincitial y el del dengue. La mala noticia es que también se ha descrito en otros coronavirus, como el virus de la peritonitis infecciosa felina, y coronavirus que infectan a humanos, como los responsables del SARS y el MERS.

Por lo tanto, la posibilidad de que se produzca ADE es una preocupación real y se está evaluando activamente en las distintas fases de desarrollo. Principalmente en la fase 3, donde participa un número considerable de voluntarios..

5. Producción a gran escala

Uno de los principales retos que nos encontraremos si se obtiene una vacuna efectiva contra el coronavirus será su producción masiva a gran escala para que llegue a la mayor parte posible de la población mundial.

Estamos hablando de producir miles de millones de dosis. Eso sin tener en cuenta que muchas de las vacunas en estudio requieren de dos dosis por individuo. Además, otro problema añadido sería producir masivamente dosis suficientes sin afectar la producción de otras vacunas importantes.

6. Distribución de la vacuna

Imaginemos que se consigue desarrollar una vacuna efectiva contra el SARS-CoV-2 y se consigue producir a gran escala. El siguiente problema sería su entrega eficiente a miles de millones de personas en el mundo. De nada sirve tener una vacuna si no llega al usuario final.

Conseguir una distribución mundial eficiente plantea importantes problemas logísticos. Las empresas fabricantes de vacunas, los gobiernos de distintos países y las empresas de transporte deberían trabajar coordinadamente y ponerse de acuerdo.

Por lo general, la mayoría de vacunas deben mantenerse refrigeradas a una temperatura de entre 2 °C y 8 °C. Por esta razón, uno de los principales retos a superar consistiría en no romper la cadena de frío. Este problema podría agravarse, porque hay candidatos a vacuna que requieren una cadena de ultrafrío con temperaturas cercanas a -70 °C.

7. La inmunidad natural parece durar poco

Durante meses han circulado anuncios de posibles reinfecciones desde distintos lugares del mundo. Hoy es ya un hecho que personas que pasaron la enfermedad pueden volver a contagiarse. Esto es algo relativamente habitual en enfermedades infecciosas. De hecho, no existe ninguna enfermedad viral respiratoria descrita en la que no se produzcan reinfecciones.

Una posible explicación sería que, al igual que para otros coronavirus que infectan a humanos, la presencia de anticuerpos va desapareciendo paulatinamente en el transcurso de unos pocos meses después de la infección.

El principal problema de las reinfecciones es que, a pesar de que las vacunas suelen desarrollar una respuesta inmune más fuerte que la infección natural, los resultados esperables no serían los mejores si ya se sabe de antemano que la inmunidad natural es poco duradera.

Aunque aún falta por ver el papel que juega la respuesta celular en las vacunaciones y su relevancia en la protección frente a infecciones, todo parece indicar que muy probablemente habría que volver a vacunarse cada cierto tiempo.

8. La edad es importante

Un desafío para esta vacuna es que las personas de avanzada edad son más susceptibles a la infección y conllevan un riesgo particularmente alto de enfermedad grave o letal.

Por ello, proteger a los adultos mayores de 60 años de la COVID-19 es una de las metas más importantes de los investigadores. El principal problema es que, a medida que vamos envejeciendo, nuestro sistema inmune se vuelve menos eficiente y las vacunas son menos eficaces.

9. Tecnología demasiado reciente

La mayoría de las vacunas que utilizamos suponen la inyección de un virus debilitado, inactivado o simplemente componentes del virus que se producen y purifican en el laboratorio.

Sin embargo, muchos de los candidatos a vacuna que se están probando ahora en humanos están basados en tecnologías genéticas relativamente recientes. Son las conocidas como "vacunas genéticas", las cuales pueden ser de ADN o ARN.

En este caso, en lugar de inocular virus completos o subunidades del virus para inducir una respuesta inmunitaria como hacen las vacunas tradicionales, la idea es hacer que nuestro propio cuerpo produzca la proteína del virus.

Para ello, nos inyectarían directamente la parte del código genético viral que contiene las instrucciones para elaborar la proteína de interés. Finalmente, nuestras células producirían esta proteína alertando al sistema inmunológico.

Las vacunas genéticas tienen muchas ventajas. Por ejemplo, un menor coste y la necesidad de una infraestructura de producción mucho más reducida. El principal problema es que hasta el momento no se ha comercializado ninguna para humanos, por lo que su eficacia está aún por comprobar.

10. ¿Protección? Sí, pero parcial

Todo parece indicar que, en el caso de tener algún candidato exitoso, las primeras vacunas protegerían parcialmente frente a la infección, la inmunidad sería de corta duración y no funcionarían para todo el mundo.

Sin embargo, siempre es mejor tener una vacuna que funciona parcialmente que no tener ninguna. Sería muy útil para proteger a parte de la población y disminuir el ritmo creciente de infecciones. Además, al tener candidatos tan diferentes en desarrollo es posible que se pudieran cumplir distintos objetivos.

Por otro lado, es posible que en un futuro más lejano se desarrollen vacunas más complejas que consigan mejores resultados.

Por Ana María Ortega-Prieto

Research Fellow, Departamento de Enfermedades Infecciosas, King's College London

07/10/2020

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Putin afirma que Rusia ha registrado la primera vacuna contra la Covid-19 en el mundo

La medida prepara el camino para una vacunación masiva, mientras continúan las fases finales de los ensayos clínicos para probar la seguridad y la eficacia

 

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció este martes que su país ha logrado ser el primero en el mundo en registrar una vacuna contra el nuevo coronavirus.

”Esta mañana se ha registrado, por primera vez en el mundo, una vacuna contra el nuevo coronavirus”, dijo el jefe del Kremlin en una reunión con el Gabinete de Ministros.

Según el mandatario, la vacuna rusa es “eficaz”, ha superado todas las pruebas necesarias y permite lograr una “inmunidad estable” ante la Covid-19.

El ministerio de Salud de Rusia ha dado este martes la aprobación regulatoria a la primera vacuna contra Covid-19, desarrollada por el Instituto Gamaleya de Moscú, después de menos de dos meses de ensayos en humanos. La medida prepara el camino para una vacunación masiva, mientras continúan las fases finales de los ensayos clínicos para probar la seguridad y la eficacia.

La velocidad a la que Rusia se está moviendo para desplegar su vacuna pone de relieve su determinación de ganar la carrera mundial por un producto eficaz, pero ha despertado la preocupación de que pueda estar poniendo el prestigio nacional por encima de la ciencia y la seguridad.

11/08/2020 10:52 | Actualizado a 11/08/2020 11:37

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Lunes, 27 Julio 2020 08:14

No es el virus

No es el virus

La crisis del virus llegó para quedarse y dejar secuelas. Su prevalencia será mayor que la mera gripe estacional, y anuncia una época donde las viremias y otros males “nuevos”lloverán cada vez más y no serán tan impredecibles como quieren hacernos creer los gobiernos, los medios y las iglesias. Conforme se desenvuelven las cuarentenas, las resistencias a ella, los “retornos” a un nuevo futuro, la necesidad de hacerse a la idea de demasiados cambios en la cotidianidad, también se adquiere una perspectiva de las cifras de muertos, heridos y desaparecidos, como en una guerra. Un mayor realismo ante la muerte misma, sus otras causas, sus otras estadísticas, permite relativizar (¿normalizar?) el impacto sicológico y de salud causado por el Covid-19 a su paso por el mundo.

Tanto o más se muere por cáncer, hambre, afecciones asociadas a los absurdos del consumo, los brutales daños al medio ambiente, o por las guerras, casi todas delincuenciales. Con otros datos nos tranquilizamos: ah, bueno, de por sí estamos jodidos, de por sí a todos nos toca. Silvia Ribeiro no deja de alertarnos en estas mismas páginas y en otras, como Desinformémonos, sobre las pandemias que vienen, los inminentes caminos de todos nuestros venenos.

En un mundo en el que mantenerse sano se dificulta progresivamente, aunque los “avances” de la medicina parecieran significar lo contrario, queda claro que la gran derrotada es la medicina alopática o científica. Como fuente de pensamiento, no de mero conocimiento. Prefirió la insensatez del poder al bien colectivo. Desechó la prevención como base de sus acciones. Abrazó los efectos y desdeñó las causas. El punto de quiebre se fraguó hace unos 40 años, cuando otra alopatía pareció posible, mas se orientó a la lógica del neoliberalismo en ciernes.

La noción de que la salud dependía de cuidarla, no de curar padecimientos, ganaba terreno en escuelas, hospitales e instituciones. Más médicos familiares y menos hiperespecialistas. Más cuidados en la vida diaria de cuerpo y mente y menos medicamentos industriales. Más y mejores servicios de primer nivel y menos elefantes blancos para gente que no pudo evitar enfermarse. Por el contrario, se dio un pacto entre el gremio médico y la industria farmacéutica, monstruo hipetrofiado en la bolsa de valores, sobre todo por razones económicas (el vil negocio), así como militares y políticas.

La alopatía erigió muros para aislar y devaluar cualquier otro pensamiento y otra práctica ante el hecho clínico y la construcción del bienestar humano. El mundo se inundó de medicamentos/drogas en carácter de mercancía que tanto salvan como matan, tanto alivian como agravan, que rara vez previenen y son enfermedad en sí mismas (hasta nombre en griego tiene: iatrogenia). En vez de aprovechar el manojo de caminos diferentes, que no tendrían que ser rivales, la medicina institucionalizada negó cualquier alianza con los enfoques homeopáticos, acupunturales, holísticos, las prácticas chamánicas, donde la magia procede de la experiencia y no al revés. Tampoco aceptó reformarse y cambiar el enfoque de curativo a preventivo, según la percepción sensata de Pasteur, Ehrilch et al. Los males de la salud se pueden evitar o moderar, lo cual resulta mejor para la vida y sale más barato.

Ariel Guzik es una de las mentes más interesantes hoy en México. Iridiólogo, inventor, científico y músico que trabaja con los sonidos y las canciones de la naturaleza (viento, agua, ballenas, fuerzas electromagnéticas), en un texto reciente reflexiona sobre la pandemia y lee en su trama “un enunciado de la ingenuidad humana y su capacidad de sometimiento”. En cuanto a los virus mismos, concluye que “son rastros encontrados en la escena del crimen”. Apunta que “la declaración de pandemia que de golpe determina y desdibuja nuestras vidas y que de un día a otro eclipsa calamidades, castiga los encuentros y acalla manifestaciones de viva voz, ha sido manejada mediáticamente desde la estrecha y circular perspectiva del virus, el control y los números. Exalta los imaginarios que hemos forjado desde el vasto universo preparatorio de la ficción. Me parece necesario exonerar al virus de su papel de causa única y foco central de este fenómeno”: https://diecisiete.org/expediente/la-humeda-virtud- del-llanto/?fbclid=IwAR29A5xH43ZqDTjN2ls3 DGy6CkNr9C- a24nnO3oAUN8Kt-IIn1a3f25ezQY

Desde su experiencia en la herbolaria y las medicinas tradicionales, Guzik cuestiona la concepción que tenemos de la pandemia, de nuestras rendiciones ante lo que nos presentan como “racional”. Su escrito abona la sensatez en una situación dirigida por la razón de Estado, el costo y beneficio para los mercados, el control represivo, el combate focalizado y medicalizado de un evento biológico que transcurre en diversas dimensiones.

Ingresamos a una nueva era de salud y enfermedad que redibuja los rostros de la vida, la muerte y el buen vivir deseable. Urge pensar todo de nuevo, antes de que se nos haga tarde. El problema no es el virus, sino lo que hace posible todo lo que desencadena.

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El Dengue: Una epidemia silenciosa en América Latina que ya tiene 1,6 millones de contagios y 580 muertes

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reveló que durante este año en América se han reportado 1,6 millones casos de dengue, epidemia que ya dejó un saldo de 580 muertes y que todavía continúa expandiéndose en la región.

En su informe “Actualización epidemiológica: dengue y otras arbovirosis”, el organismo explicó que el país más afectado es Brasil, ya que registra el 65 % de los casos, seguido por Paraguay (14%), Bolivia (5,0 %), Argentina (5,0 %) y Colombia (3,0 %), con altas incidencias también en Honduras, México y Nicaragua, y con menor impacto en Centroamérica y El Caribe.

Estos datos, advirtió, ponen de relieve la necesidad de los países de la región de seguir con las acciones para eliminar los criaderos de los mosquitos que pueden transmitir el dengue, al mismo tiempo que se desarrolla la pandemia de coronavirus, que ha provocado una emergencia sanitaria a nivel mundial.

“Si bien existen medidas de distanciamiento social, se debe alentar a trabajar juntos dentro y alrededor de los hogares para eliminar el agua estancada, reducir y eliminar los desechos sólidos y garantizar la cobertura adecuada de todos los contenedores de almacenamiento de agua. Estas medidas pueden hacerse como una actividad familiar”, señaló la OPS.

La convivencia de ambas enfermedades se refleja, por ejemplo, en países como Brasil, en donde hay 1.085.000 casos de coronavirus y un 1.040.000 contagios de dengue. Es decir, que el impacto ha sido similar.

En Paraguay, en cambio, hay solo 1.392 casos de coronavirus frente a 218.798 de dengue; en Bolivia, la comparación es de 24.388 frente a 82.460; y en Argentina, de 42.785 a 79.775.

Epidemia a la baja, pero aún grave

La OPS aclaró que las cifras sobre el dengue representan una disminución del 10 % en comparación con el mismo período de 2019, que fue un año epidémico.

Además de esta enfermedad, agregó, durante los primeros cinco meses del 2020 se registraron 37.279 casos de chikungunya, el 95 % de ellos en Brasil, y 7.452 casos de zika.

De acuerdo con el organismo, la pandemia de Covid-19 pone una carga importante en los sistemas de salud, pero ello no debe reducir los esfuerzos para abordar el dengue y otras arbovirosis con acciones de manejo, epidemiología, atención al paciente, laboratorio, gestión integrada de vectores y medio ambiente.

“Estar confinado también es una buena oportunidad para limpiar los criaderos de mosquitos. Si todos actuamos sistemáticamente para eliminarlos podemos dar un golpe al dengue, al reducir la cantidad de mosquitos y el riesgo de transmisión”, afirmó Luis Gerardo Castellanos, jefe de la Unidad de Enfermedades Desatendidas, Enfermedades Tropicales y Enfermedades Transmitidas por Vectores de la OPS.

(Con información de RT)

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Jueves, 18 Junio 2020 06:03

Vacuna y multilateralismo

Vacuna y multilateralismo

Apenas el domingo pasado nos desayunamos con la nada halagüeña noticia de que la Unión Europea (UE) pactó con la farmacéutica privada AztraZeneca, el suministro de cerca de 400 millones de dosis de la tan ansiada vacuna contra el coronavirus.

El contrato prevé la distribución de las dosis de manera proporcional a la población de cada país de la UE, en cuanto la vacuna esté disponible en el mercado, lo cual podría ocurrir, en el mejor de los casos, hacia finales de este año o principios de 2021.

Dicho acuerdo se suma al que la farmacéutica anglo-sueca había signado en días previos con los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña para suministrar algo así como 700 millones de dosis.

Tales convenios consisten en que los gobiernos de los países firmantes, todos ellos poderosos, aportan generosas cantidades de dinero que se invierten en la mejora de la capacidad de producción de la empresa y, de esa manera, aseguran que sus poblaciones tengan acceso privilegiado a la vacuna.

Estos hechos han despertado ya la preocupación y la inconformidad de diversos gobiernos y organismos multilaterales, pues en sí mismos representan una evidencia más de las asimetrías, las desigualdades y el egoísmo de las naciones ricas.

El gobierno y la población mexicanos, al igual que los gobiernos y los habitantes de los países más pobres del mundo, tienen motivos de sobra para inquietarse y manifestar su malestar ante semejante acopio. De ello da cuenta puntual Michael Kremer, premio Nobel de Economía 2019, en una magnífica entrevista publicada recientemente en La Jornada.

Los países de América Latina y de ingresos medios, advierte Kremer, corren el riesgo de quedar marginados en la distribución de vacunas contra el Covid-19. En la medida en que las naciones más ricas ya realizan inversiones millonarias que les garantizan el suministro, las más pobres apenas podrán cubrirlas parcialmente a través de fundaciones.

Dice que las pérdidas por el coronavirus en términos de salud y económicas son tan grandes que realmente vale la pena intentar inversiones sin precedente en la investigación de diferentes vacunas. De lo contrario, señala, se corre el peligro de generar un cuello de botella en la producción y distribución, una vez que exista un único fármaco probado.

Hace un par de meses, ya previendo las intenciones acaparadoras por parte de los países ricos, la cancillería mexicana impulsó, a través del embajador ante Naciones Unidas, Juan Ramón de la Fuente, un relevante acuerdo político que mereció incluso el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La iniciativa mexicana –avalada por 179 de los países miembros de la ONU– se refiere en resumidas cuentas a la indispensable cooperación internacional que asegure el acceso global y equitativo a los medicamentos, vacunas y equipos médicos necesarios para hacer frente a la pandemia del Covid-19.

El nuestro es un país populoso, desigual, injusto socialmente, que sin duda requerirá de decenas de millones de dosis de la vacuna para ser aplicadas en cuanto ésta salga al mercado, por lo que el gobierno se sabe obligado a realizar grandes esfuerzos y acciones imaginativas que tiendan a garantizar el suministro para todos, ricos y pobres.

Y es aquí precisamente donde cobra particular relevancia el asiento conseguido apenas ayer por México en el Consejo de Seguridad de la ONU, la instancia más importante de Naciones Unidas –por momentos superior a la Asamblea General–, responsable de la nada fácil misión de mantener la paz y la seguridad en el planeta.

Sin duda, el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU otorga a nuestra nación una importancia estratégica en la diplomacia internacional, de la cual carecía hasta hace unas horas. Durante los próximos dos años, México tendrá un lugar en la mesa junto a las superpotencias, como Estados Unidos, China, Francia, Rusia y Reino Unido, quienes con un sitio permanente en el consejo, conforman la principal fuerza de paz y seguridad en el mundo.

Apoyado por los países latinoamericanos, México se ha posicionado de golpe como un actor principalísimo dentro del concierto de Naciones Unidas, situación que, a querer o no, le confiere una moneda de cambio ante coyunturas de política internacional tan complejas como la del Covid-19.

Tanto el gobierno como los grupos económicos mexicanos deberán tocar las puertas necesarias y explorar caminos que reditúen en apoyos concretos, de la misma manera en que la diplomacia internacional tendrá que jugar su nuevo rol político en el multilateralismo, con mayor aplomo y decisión, pero al mismo tiempo con humanismo y con la sensibilidad, el tacto y la precisión de un cirujano.

México enfrenta ahora el reto de sacudir de una buena vez la anquilosada diplomacia que lo tiene sujeto de tiempo atrás, apostar al multilateralismo y pugnar por el cumplimiento de los compromisos adquiridos por los estados respecto al acceso global y equitativo a las vacunas, a las medicinas y al equipamiento médico, que permita a todos contender de manera eficaz y eficiente con la pandemia. A ricos y pobres. Sin distingos.

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Suecia, el país que no confinó: los pros y los contras de no dejar reinar al miedo

En todo momento, entre un 20% y un 30% de las camas de cuidados intensivos han permanecido sin ocupar. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo tras no aplicar medidas restrictivas de confinamiento.

 

El email llega a las diez y media de la noche, aunque en teoría la oficina de prensa de la Autoridad Nacional para la Salud Pública de Suecia cierra cinco horas antes. Todo apunta a que trabajan contra reloj, pues la citación para poder entrevistar al que quizás sea hoy el epidemiólogo más cuestionado del mundo es solo unas pocas horas más tarde, en la mañana siguiente. Anders Tegnell, científico al frente de la excepcional estrategia sueca, llega al encuentro con un escolta del servicio secreto, algo inusual en Suecia, el único país de la Unión Europea que, a pesar de sugerir ciertas medidas de prevención, decidió no confinar a su población. “El confinamiento da resultados a corto plazo —indica—, pero no es sostenible en el tiempo, así que hemos optado por ser una sociedad que permanece abierta”. Aparte del alarmante número de muertes por covid-19, que ya suman 4.395, el doctor Tegnell ha sido criticado por no alcanzar el objetivo de tener en mayo a un 40% de la población de Estocolmo inmunizada, extremo que él admite, aunque con matices. “Puede que mis cálculos fueran un poquito optimistas, pero no demasiado. Tenemos ahora en marcha una investigación que podría apuntar a un 20 o 25% de la capital, lo que se acerca bastante a la cifra que anunciamos hace unas semanas”.

A menos de un kilómetro del lugar donde nos encontramos, se escucha a un helicóptero volar. Acude al helipuerto del Instituto Karolinska, una de las más prestigiosas instituciones médicas del mundo, con hospital, universidad y varios centros de investigación punteros. Los afectados por el virus son llevados de un hospital a otro según las necesidades, habiendo mantenido el país, en todo momento, entre un 20% y un 30% de camas libres en cuidados intensivos. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo. Una sensación que se aprecia al caminar por las calles, donde prácticamente nadie lleva mascarilla, o en los parques y plazas, donde los ancianos salen a pasear y tomar el sol junto a los niños que juegan en los columpios. Tomando un café tras una rueda de prensa, Karin Tegmark-Wisell, jefa de Microbiología del Departamento de Salud Pública, explica y recuerda aspectos beneficiosos del no confinamiento, como “mantener las escuelas abiertas, que es fundamental para la salud de los niños”, entre otros factores que Suecia no ha sabido explicar al mundo, pero que aquí son recordados a menudo por las ONG, como seguir operando en hospitales, realizar nuevos diagnósticos de enfermedades graves o evitar que las mujeres y los niños víctimas de abuso queden aislados en casa junto a sus maltratadores.

En relación a una supuesta búsqueda de la inmunidad de grupo que la Autoridad Nacional para la Salud Pública —y ella misma— ha negado una y otra vez que sea su objetivo, admite con benevolencia que desde el exterior “ha habido malentendidos sobre ello”. Defiende que a esta inmunidad “se llegaría de forma natural” y, en ese proceso, lo vital para ellos sería “cuidar de la salud pública sin que afecte a otras áreas también de la salud pública”.

En relación al miedo que los daneses y noruegos tienen de los suecos, quienes no pueden cruzar la frontera e ir a sus países (no así al contrario, pues ellos sí tienen libre ingreso a Suecia), la microbióloga aporta detalles interesantes sobre las comparaciones hechas entre países por la prensa. “Creemos que es demasiado pronto para compararnos con Dinamarca y Noruega, pero si se hacen comparaciones habría que tener en cuenta que Suecia tiene 21 regiones, de las cuales muy pocas están afectadas. Por ejemplo Skåne, sueca, está muy cerca de la región de Selandia, en Dinamarca. En Skåne no ha habido confinamiento y hay menos infectados que en Selandia, que sí se cerró. Así que hay que analizarlo todo bien y ver qué ha pasado”.

Un aspecto fundamental que, por el motivo que sea, se ha ignorado en la narrativa del exterior, es que la Constitución sueca no permite instaurar medidas draconianas, como confinamientos y toques de queda en tiempo de paz. En este aspecto, el consenso del arco político es pleno, desde la ultraderecha hasta la izquierda pasando por la coalición de socialdemócratas y verdes que gobiernan en este momento. Tanto es así que hasta la fecha ningún grupo parlamentario ha abogado por lanzar una propuesta que busque la forma de alterar nada de esto.

La idea de imponer algo que requiera amplia presencia de la fuerza pública en las calles es difícilmente contemplable en un país que no solo lleva 200 años de paz, sino que mantiene una fórmula de probado éxito social y económico gracias a un modelo de confianza entre Estado y ciudadanos. El ejemplo más claro son las vacunaciones de los niños. No son obligatorias pero las llevan a cabo el 97% de las familias. El ya conocido como “experimento sueco” busca transmitir el mensaje de que su decisión de no confinar a la población no ha sido un error y, para ello, las páginas web de algunas de sus embajadas ponen como ejemplo (sin citar nombres) a otros países que,  pese al confinamiento, tienen más víctimas por cada 100.000  habitantes..

En Sollentuna, un municipio 15 kilómetros al norte de Estocolmo, una ambulancia abre sus puertas traseras para dejar pasar a una nueva víctima del  coronavirus. Las paramédicos que la atienden llevan trajes especiales y la enferma es montada en una camilla cubierta por una cápsula. Según se calcula hoy, más de la mitad de las muertes por covid-19 se han producido en residencias de ancianos. Muchas de ellas, incluida esta de Sollentuna, han venido siendo privatizadas, en un proceso iniciado en 1992 por Moderaterna, el partido de centro-derecha. Consultados sobre este extremo, han declinado ofrecer respuestas, no así la directora general de la Inspección del Sistema de Salud Público, Sofia Wallström, quien acude al Instituto Karolinska para dar cuenta de la investigación en curso, la cual comprende a 1.045 residencias de las 1.700 que tiene Suecia. Según indica, hay deficiencias que ya se veían antes y se han visto ahora, y si bien aún no disponen de un informe completo que señale cuáles han sido las causas que han hecho de las residencias el talón de Aquiles de la “estrategia sueca”, no duda en señalar la falta de formación de los trabajadores como uno de los factores clave.

Sentado en una butaca de la Biblioteca Parlamentaria, el líder del Partido de Izquierda, Jonas Sjöstedt, va mucho más allá y resalta aspectos que la prensa viene publicando desde hace unas semanas: la precariedad laboral como consecuencia de las privatizaciones en los cuidados a la tercera edad. “Es obvio que es por esto. La mayor parte de las muertes se han producido en Estocolmo, que es donde más se ha privatizado de todo Suecia. Hay muchos actores que solo buscan el beneficio económico. Cuando la gente tiene que ir a trabajar porque tiene inestabilidad y contratos temporales y además no tienes formación o te manda a trabajar estando enfermo”. Este ex europarlamentario habla de “historias de horror como las de los trabajadores que han tenido que ir a trabajar enfermos, sin protección. O que han tenido que desplazarse de una residencia donde está el virus a otras que no lo tenía”.

Respecto a la imagen de un país en el que apenas se había cambiado el modo de vida, o la gente era enviada a trabajar para satisfacer los intereses de los grandes capitales, el líder de izquierda es claro y ahonda en aquello que los diferencia de otros países sin confinamiento como Brasil y Estados Unidos. “Suecia ha cambiado el modo de vida drásticamente. La gente sigue las recomendaciones sin necesidad de toques de queda. Me gusta este método no autoritario. La confianza en las autoridades es grande y se han salvado trabajos”.

 
Expresso
3 jun 2020 06:00

eXPRESSO

Reportaje original publicado en portugués en el diario Expresso y traducido para El Salto por su autor, Unai Aranzadi. 

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Personal sanitario en Bingzhou (China) se abraza durante un turno en un hospital con pacientes de coronavirus TPG via ZUMA Press/dpa

Naciones Unidas solicita a los países aumentar su inversión en salud mental puesto que las consecuencias del coronavirus en este sentido serán "a largo plazo"

 

La pérdida de seres queridos por la enfermedad, las consecuencias del aislamiento físico, el miedo a contagiarse, el efecto de semanas sin ver a la familia y los amigos, la angustia por los problemas económicos, la preocupación debido a la incertidumbre y la desinformación. Naciones Unidas ha alertado este jueves de que, si no se toman medidas, los países pueden asistir a una crisis de salud mental a causa de la pandemia de coronavirus. "La salud mental debe estar al frente y en el centro de la respuesta y la recuperación de todos los países. El bienestar de sociedades enteras se ha visto severamente impactado por esta crisis y son una prioridad que tiene que abordarse con urgencia", insiste la ONU.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los Gobiernos que incrementen "urgentemente la inversión en servicios de salud mental" o de lo contrario, aseguran, pueden arriesgarse a un "aumento masivo de las condiciones de salud mental en los próximos meses". "El impacto de la pandemia en la salud mental de las personas ya es extremadamente preocupante", ha dicho Tedros Adhanom Ghebreyesus, su director general. "El aislamiento social, el miedo al contagio y la pérdida de miembros de la familia se agrava por la angustia que causa la pérdida de ingresos y, a menudo, del empleo", afirma en un comunicado.

Como recuerda el organismo, ya hay informes que apuntan a un aumento de los síntomas de depresión y ansiedad en varios países. Un estudio elaborado en Etiopía el pasado abril concluyó que la prevalencia de los síntomas de depresión se había triplicado en comparación con las estimaciones antes de la epidemia, cita la OMS. Pero no todos corren el mismo riesgo: los trabajadores sanitarios se están enfrentando a una gran carga de trabajo, al riesgo de contagio y a decisiones de vida o muerte. En Canadá y China ya se ha informado del impacto psicológico de la crisis del coronavirus en el personal sanitario. Un 47% de los sanitarios canadienses han solicitado ayuda psicológica y la mitad de los trabajadores de la sanidad en China padecen depresión y ansiedad.

Además, la ONU apunta a un riesgo específico para el desarrollo cognitivo de niños y adolescentes. "Los efectos del confinamiento y de guardar las distancias de seguridad preocupan" entre estos sectores de la población. Un estudio realizado en Reino Unido concluye que un 32% de los adolescentes británicos consideran que su salud mental ha empeorado durante esta crisis. Entre los factores que han contribuido estas también el cierre de centros educativos, la preocupación por la salud familiar, la pérdida de una rutina o la falta de contacto social. La incertidumbre sobre su futuro y cuánto tiempo van a permanecer estas circunstancias extraordinarias provocan también cuadros de ansiedad y estrés en los jóvenes

En España e Italia, un 77% de los padres asegura que a sus hijos han perdido capacidad de concentración y más de un 30% dice que sus hijos tienen un sentimiento de soledad debido a las medidas de confinamiento.

Asimismo, los expertos se muestran preocupados por el aumento del consumo de alcohol. En Canadá, un estudio ha cuantificado que un 20% de las personas de entre 15 y 49 años han incrementado su consumo de alcohol durante la epidemia. 

Naciones Unidas explica en su informe que las mujeres sufren también un especial impacto en su salud mental. En India, un 66% de las mujeres dice estar estresada, frente al 34% de los hombres, principalmente por un incremento en las tareas domésticas y de responsabilidad familiar. Según estimaciones del propio organismo, 31 millones de mujeres en todo el mundo pueden sufrir violencia machista si las medidas restrictivas continúan seis meses más. 

 

El miedo a contagiarse reduce las visitas al médico

 

La ONU detalla también que las personas mayores, que son el grupo poblacional más vulnerable frente al coronavirus, "están extremadamente preocupadas por infectarse y no poder acceder a unos cuidados apropiados". Algunos de ellos, especialmente aquellos con problemas cognitivos podrían presentar también problemas de acceso a medidas de prevención y tienen un mayor riesgo de quedar aislados socialmente, lo que supone un "gran riesgo" de mortalidad entre los mayores. 

Otro de los problemas del coronavirus es la atención médica a personas con enfermedades mentales. El cierre de algunos centros de salud mental para reconvertirlos en centros de atención a pacientes de COVID-19 y la reducción de las consultas presenciales a pacientes con este tipo de patologías han generado un impacto en la salud de la población. Uno de los ejemplos que pone el organismo es la ciudad de Madrid, donde "más del 60% de las camas para pacientes con enfermedades mentales se utilizan para pacientes con coronavirus" lo que ha provocado una caída de las personas que acuden a los de los servicios de salud mental de emergencia "del 75%", y tuvieron que ser trasladados a centros privados.

Además explica Naciones Unidas, se crean desigualdades entre la población: la reconversión de terapias a consultas online imposibilita que las personas que no tienen conocimientos tecnológicos, carezcan de conexión a internet y, especialmente, las personas mayores, tengan que renunciar a esos servicios.

 

Salud mental incluida en la respuesta a la COVID-19

 

La ONU ha elaborado una serie de recomendaciones para minimizar las consecuencias que la pandemia pueda tener en la salud mental de la población. Entre ellas se encuentran la inclusión de la salud mental dentro de los programas nacionales de respuesta al coronavirus. En la aplicación medidas de confinamiento y desescalada se debe tener en cuenta el bienestar mental de la ciudadanía para reducir los efectos negativos que puedan tener, así como medidas de protección económica y social que puedan acarrear desigualdades que posteriormente ocasionen este tipo de problemas.

Asimismo, ha pedido que los gobiernos implanten medidas para proteger la violencia machista, así como la violencia hacia niños y la estigmatización a los mayores, y se evite por todos los medios la discriminación a los sanitarios por tratar a pacientes con coronavirus.

"La salud mental requiere una mayor inversión", explican en su informe, por ello, han solicitado que se aumenten las partidas presupuestarias dirigidas a estos fines –actualmente se invierte de media un 2%– porque la pandemia provocará "necesidades a largo plazo". "Es hora de abordar las desigualdades y organizar unos servicios comunitarios básicos efectivos y que protejan los derechos humanos como parte de la respuesta al coronavirus", concluye la ONU.

Por Álvaro García Hernández

14/05/2020 - 23:12h

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Teich y Bolsonaro, en tiempos mejores, antes de que el ministro renunciara este viernes.  ________________________________________ Imagen: AFP

Por "incompatibilidades con el gobierno" respecto a la crisis sanitaria

Se agudiza la crisis política del presidente brasileño, que enfrenta un complicado panorama judicial por presunto encubrimiento de actividades delictivas que involucran a sus hijos.

 

El ministro brasileño de Salud renunció el viernes por "incompatibilidades" con el presidente Jair Bolsonaro en la lucha contra el nuevo coronavirus, profundizando una crisis política de proporciones con la salida del segundo titular de la cartera en menos de un mes, la ruidosa renuncia del otrora “superministro” de Justicia Sergio Moro y la denuncia judicial contra el presidente por presunta injerencia en investigaciones policiales que involucran a tres de sus hijos. Todo esto se da en un contexto de crisis económica severa y en medio de la incertidumbres de una población sometida a órdenes contradictorias en pleno auge de la pandemia, mientras la cifra de contagios y muertes se dispara . El oncólogo Nelson Teich, de 62 años, había reemplazado el 17 de abril había reemplazado a Luiz Henrique Mandetta, otro médico, favorable a medidas de aislamiento social que según Bolsonaro pueden ser peores que la enfermedad, debido a sus consecuencias económicas.

Teich "pidió ser exonerado del cargo esta mañana. Por la tarde anunciará una conferencia de prensa", indicó una nota del ministerio, sin mayores explicaciones. Una fuente ministerial dijo que la dimisión se debió a "algunas incompatibilidades" con Bolsonaro en la estrategia contra la pandemia, que hasta el momento dejó casi 14.000 muertos en Brasil. Al asumir, Teich había prometido un "alineamiento total" con el mandatario ultraderechista, pero en los últimos días las discordancias entre ambos se hicieron manifiestas. 

El ministro había sufrido un serio desplante la semana pasada, cuando Bolsonaro incluyó, sin consultarlo, a los gimnasios y peluquerías en la categoría de "actividades esenciales" que podrían permanecer abiertas en estados donde los gobernadores impusieron medidas de cuarentena o aislamiento social. Teich se enteró de la medida al ser consultado por periodistas durante una conferencia de prensa en la que se lo vio sorprendido por la decisión del mandatario. Según la fuente ministerial, la gota que hizo desbordar el vaso fue la presión de Bolsonaro para que el ministerio autorizase el uso de la droga cloroquina en el estadio inicial del tratamiento a pacientes contagiados por el nuevo coronavirus, pese a que las pruebas con ese medicamento no se revelaron concluyentes.

"La vida es hecha de elecciones y hoy elegí salir", dijo Teich en un pronunciamiento público tras su renuncia, en el que no terminó de aclarar las razones de su salida. Sin embargo, aunque Teich no lo precisó, su renuncia ocurrió un día después de que el mandatario anunció que iba a "cambiar el protocolo de la cloroquina", reservada por el Ministerio de Salud para casos críticos, e imponer su uso hasta en pacientes con síntomas leves de COVID-19, a lo que el ministro se resistía.

Teich dijo que deja un "plan listo" para "auxiliar" a estados y municipios en el combate al coronavirus, que a nivel local implica diversas medidas de aislamiento social adoptadas por gobernadores y alcaldes y censuradas por Bolsonaro, quien sostiene que el "desastre económico" que vendrá con esa parálisis será "peor" que la pandemia. 

Por el momento, Teich será sustituido por el general Eduardo Pazuello, viceministro de Salud, quien tiene apenas un mes en ese puesto, acompañó al oncólogo en su pronunciamiento y le aplaudió junto los funcionarios del despacho, así como ocurrió con la salida de Mandetta, quien tenía apoyo de casi el 70 por ciento de los brasileños.Mandetta se pronunció inmediatamente después de la renuncia de su sucesor. "Oremos. Fuerza SUS (Sistema público de Salud). Ciencia. Paciencia. Fe. Quédense en casa", escribió en una red social.

De esa manera, pareció reflejar lo que considera la mayoría de los analistas políticos y expertos sanitarios del país, que está convencida de que el negacionismo de Bolsonaro, que ha llegado a calificar al coronavirus de "gripecita", ha puesto a Brasil en rumbo de colisión con la ciencia.

El gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, que promueve medidas de aislamiento, lamentó la salida de Teich y afirmó que Brasil se encuentra a la deriva. "Otro ministro de la Salud, que cree en la ciencia, deja el gobierno de Bolsonaro. En el momento en que la curva de muertes por coronavirus se acelera, Brasil pierde con la salida de Nelson Teich. El barco está a la deriva. Que Dios proteja a Brasil y a los brasileños", tuiteó Doria.

La Bolsa de Sao Paulo, que operaba sin tendencia definida, se orientó a la baja tras la renuncia de Teigh, con pérdidas de más del uno por ciento a inicios de la tarde. Según las últimas previsiones del gobierno, el PIB de la mayor economía latinoamericana se contraerá este año un 4,7 por ciento. El FMI lleva esa proyección a -5,3.

En una reunión con empresarios el jueves, Bolsonaro pidió "jugar pesado" contra el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, que apoya las medidas de confinamiento, alegando que se trata de una "guerra. "Un hombre está decidiendo el futuro de Sao Paulo, está decidiendo el futuro de la economía de Brasil. Ustedes, con todo respeto, tienen que llamar al gobernador y jugar pesado, jugar pesado, porque la cuestión es seria, es guerra. Es Brasil en juego", dijo Bolsonaro.

El presidente ve inevitable que haya cierto número de muertos para evitar el colapso económico del país, en una línea similar a la del estadounidense Donald Trump."Tenemos que tener coraje para enfrentar el virus. ¿Está muriendo gente? ¡Está! ¡Lo lamento! Pero va a morir mucha, mucha, mucha más si la economía continúa siendo destrozada por esas medidas", dijo el jueves.

Las crisis sanitaria y económica en Brasil alimentan la crisis política que explotó tras la renuncia en abril del entonces ministro de Justicia, Sergio Moro, la figura más popular del gobierno. El también exjuez denunció tentativas de Bolsonaro de interferir en investigaciones policiales. Esas denuncias dieron paso a una investigación que podría conducir a una acusación de Bolsonaro por crímenes comunes, y acentuaron la presión para que el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, acepte alguno de los numerosos pedidos de impeachment que se acumulan contra el jefe de estado.

 #ForaBolsonaro piden desde los balcones


La partida de Teich, con menos de un mes en el cargo, generó nuevos pedidos de renuncia contra Bolsonaro y gritos desde los balcones en varios barrios de Río de Janeiro y São Paulo. "Bolsonaro es un irresponsable, que está llevando a Brasil a un pozo sin fondo", cuestionaron.

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