Los “vuelos humanitarios” que gestiona la Cancillería de Colombia

Solo de 20 de los 92 países donde están atrapados colombianos alrededor del mundo, como resultado del cierre de aeropuertos tanto en Colombia como en otros países, han regresado connacionales en los últimos días. Con una gestión ineficaz la canciller Claudia Blum congela en la angustia y la desazón a hombres y mujeres, adultos y no tanto. Un mapa realizado, por los cerca de 4.500 compatriotas dispersos por doquier, ante la falta de voluntad de los cónsules que representan los intereses nacionales, indica que hay presencia de viajeros, estudiantes, residentes, en 43 países de Asía, 17 de Europa, 28 de América y 4 de Oceanía. (Ver mapa al final de la nota).

La Agencia Anadolu, informó que la canciller Blum declaró: “Han sido 20 vuelos, en los que los costos de los tiquetes fueron pagados por los viajeros a compañías comerciales y privadas, y que se aprueban por razones humanitarias”.


La decisión de la Cancillería se acobijada en el artículo 3° y el numeral 3.3 de la Resolución No. 1032 de 2020, "Por la cual se establece el Protocolo para el regreso al país, de ciudadanos colombianos y extranjeros residentes permanentes, que se encuentren en condición vulnerable en el extranjero y se dictan otras disposiciones”, la cual obra adjunta, los nacionales que “pretendan ser objeto de la repatriación humanitaria, deberán […] Asumir los costos de transporte desde el exterior”.


Dónde queda el nombre de “vuelos humanitarios” cuando lo único que hace el gobierno es autorizar la entrada de los aviones pero los pasajes van por cuenta de los colombianos atrapados, sufriendo hambre como producto inmediato del agotamiento de sus recursos desde hace más de un mes.


Además, ¿dónde se ven entonces los COP 7.000 millones, equivalentes a USD 1,8 millones, girados a 94 consulados que registran colombianos atrapados con insolvencia económica, que Blum declaró a través de medios de comunicaciones y que el gobierno colombiano ha girado?


USD 2.700 para poder regresar al país


desdeabajo sostuvo una entrevista con un colombiano atrapado en India, que prefirió no dar su nombre, y que preocupado contó sobre el manejo de éstos dineros: “Hay un tema muy delicado del giro de los dineros para los colombianos vulnerables. La primera dificultad es que quien está atrapado en un país extraño, bloqueado con cuarentena y toque de queda, no tiene posibilidades de salir a la calle y buscar comida. Eso para nosotros, los 130 colombianos atrapados en India, es una situación de vulnerabilidad total”.


Entonces, le preguntamos, ¿qué está pasando con las personas más desprotegidas, como los adultos mayores, las mujeres gestantes, las familias con niños que la Canciller dijo que les iba a dar prioridad?


“En el caso práctico, solo las personas que están con niños, adultos mayores y mujeres embarazadas serían los catalogados como vulnerables. Resulta que la embajada les pide una documentación como si estuvieran, no sé, contratando para hacer un edificio o pagar un carro blindado. La cosa es que muchos de los hostales y los lugares donde estamos hospedados no tienen esa oficialidad para manejar tal clase de facturas, porque el recurso se lo entregan es a los dueños de almacenes y restaurantes donde se esté comprando la comida. En ese sentido, un colombiano que está encerrado en una habitación, que no tiene un computador, que no tiene forma de hablar con los administradores de un establecimiento –porque a ellos (los locales) les da físicamente miedo que uno se les acerque– no pueden tramitar las facturas”.


¿Se pueden, entonces, conseguir esa cantidad de facturas que exige el Consulado para girarles el dinero?


“Las condiciones en India de muchos hoteles y restaurantes son informales. Y no hay forma de elegir un restaurante que tenga toda la documentación al día; aquí es: aproveche lo que tiene y no lo deje perder porque si lo sacan de donde está va a pasar unos 2 o 3 días muy mal. Esa es la realidad de los colombianos que estaban deseosos de pagar los días o comidas que tienen en mora. Y que comen 1 o 2 veces al día una comida muy baja en nutrientes. Hay gente que está realmente sufriendo, la mayoría la está pasando muy mal”, terminó de narrar nuestro entrevistado, que agregó que un “vuelo humanitario” gestionado por la Cancillería de Colombia y autorizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, saldrá el 13 de mayo de Nueva Delhi y que tendrá un costo estimado de USD 2.700 por silla.


Sillas pagadas, hasta el 2 de mayo de 2020, solo por 20 de los 130 colombianos atrapados en India.


A continuación puede verse en vídeo el testimonio de Óscar Uribe, atrapado con su esposa e hijo y quien exige ayuda al gobierno colombiano porque no tiene los cerca de 30 millones de pesos que le costaría regresar con su familia en el “vuelo humanitario”.


Acá iría enlace del vídeo:

 

 Ver aquí

 


En el siguiente enlace también se encuentran artículos, entrevistas, vídeos y testimonios de nuestro cubrimiento especial sobre colombianos atrapados por el mundo:
https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39323-repatriacion-ya.html

 


-Mapa de colombianos atrapados por el mundo:
https://www.google.com/maps/d/u/0/viewer?mid=1dnYEmsFMO-W4TpBdrBBckaLm8WBlcy13&ll=10.273440911434037%2C45.25717980129045&z=2

 

Publicado enColombia
Viernes, 13 Julio 2018 07:26

Philip Roth: del éxodo al retorno

Philip Roth: del éxodo al retorno

El bizarro “éxodo a re bours” –el abandono de Israel y el “retorno” de los judíos a sus pueblos de origen en Europa– la figura central de Operación Shylock (1993) y la igualmente ficticia doctrina del “diasporismo” pregonado por el falso “Philip Roth”, un doppelgänger del carácter principal de la novela que, al final, trata de detener a su doble asumiendo su falsa identidad e involucrándose en una misión de la inteligencia israelí ( vide: el título) –al parecer Roth, el autor, no perdía ninguna ocasión para complicar y “apilar” aún más la trama...– no eran las únicas razones por el escándalo que en su tiempo desató el novelista estadunidense. También importaba como hablaba de todo esto. Igual que el retrato del movimiento de los colonos judíos en Cisjordania, un breve motivo en La contravida (1986), el retrato de los métodos del Mosad en Operación... eran claramente más del gusto de los críticos de la ocupación que de sus defensores.

Y no era todo. “Roth”, el verdadero, en la novela venía a observar al sonado proceso de John Demjanjuk, en Jerusalén, pero iba también a Ramallah para ver como la corte militar israelí trataba despiadadamente a los jóvenes palestinos: “Mi segunda sala de la corte judía en dos días. Los jueces judíos. Las leyes judías. Las banderas judías. Y los acusados no-judíos. Las cortes tal como los judíos se las imaginaban en sus sueños por siglos, respondiendo a las añoranzas incluso más inimaginables que las de tener un Estado o el ejército propio. ¡Alguna vez determinar la justicia!” (p. 140). Poner en el mismo nivel el juicio de un criminal nazi y el de unos chicos acusados de tirar piedras a los militares fuertemente armados era un cuestionamiento en sí mismo (“¿de veras se trataba de este tipo de justicia?”).


Pero para que no todo fuera tan simple –al parecer Roth, el autor, tenía una aversión a lo simple...– la figura de Ziad, el principal protagonista palestino en Operación... dejaba mucho que desear. Relegado a una condición de subalterno, representaba todo lo negativo: fanatismo, fundamentalismo y antisemitismo. Su visión del conflicto árabe-israelí –los palestinos en la novela abrazan el “diasporismo” del falso “Roth” como una vía para obtener finalmente su propio Estado– se inscribía perfectamente en la visión colonial y occidental de lo que “han de pensar los palestinos de todo esto”. Su política quedaba reducida a los histéricos reproches de como Israel –en contexto del proceso de Demjanjuk– usaba y abusaba la memoria el Holocausto. No es que no sea cierto (Finkelstein, et al.). Pero la perspectiva palestina es mucho más que esto.


Allí está precisamente la cuestión del “retorno” el motivo central en la novela, pero del lado palestino injustamente poco desarrollado. El ficticio e iconoclasta “retorno de los judíos a Europa” a cuya sola mención a los sionistas les hervía la sangre en las venas parecía bien como una crítica (indirecta). Pero la triste realidad del conflicto israelí-palestino que igual puede ser plasmado en una flagrante asimetría entre la Ley de retorno (1950) que garantiza a cada judío libre “retorno” a Israel y la permanente negación del “derecho a retornar” a los refugiados palestinos echados de sus casas por las milicias sionistas en 1948 (la fundación de Israel/la Nakba) garantizado por la ONU (Resolución 194), pero ampliamente ignorado, ya es otra cosa.


El “derecho al retorno” sigue siendo una de las centrales demandas de los palestinos, no porque estos creen que Israel de un día para mañana aceptará de vuelta a millones de los refugiados y/o sus descendientes, sino por la necesidad del reconocimiento que una expulsión tuvo lugar y que un mal ha sido cometido.


Edward W. Said (1935-2003), el eminente académico palestino que se oponía a los acuerdos de paz de Oslo (1993) porque justamente ignoraban en sus ojos a la suerte de los refugiados, recordaba: “La guerra de 1948 fue una guerra de desposesión. Lo que tuvo lugar fue la destrucción de la sociedad palestina, el remplazamiento de ella por otra y la evicción de los que fueron considerados no-deseados”.


Y continuaba: “Israel tiene que reconocer el problema de los refugiados. Y creo que los refugiados deben tener el derecho a retornar. No sé cuántos realmente querrán retornar, pero creo que han de tener este derecho. Yo [como palestino] tengo el derecho a retornar igual que mi colega judío tiene el derecho a esto bajo la Ley de retorno israelí” ( Haaretz, 18/8/00).


La Primera Intifada, el telón de fondo de Operación..., un movimiento de masas y sin líderes que estalló por la ocupación militar israelí fue, según Said, “una de las más extraordinarias insurrecciones anticoloniales de toda la historia” ( The politics of disposession, 1994, p. 137). La reciente Gran Marcha del Retorno en Gaza una extraordinaria iniciativa pacífica resucitó este espíritu anticolonial combinándolo a la vez con la central e inalienable demanda palestina: el derecho de retornar de los expulsados a sus casas.

 

*Periodista polaco

 

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La Jornada, 29 de junio de 2018

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