Martes, 29 Junio 2010 06:52

La tinta sobrevive

La letra impresa vivirá más de lo que la gente piensa, asegura Mathias Döpfner, director de la compañía alemana Axel Springer. Tal vez sea así en Europa central. El editor de Bild y Die Welt registró hace poco el primer trimestre más lucrativo de su historia. El margen de utilidad de sus periódicos nacionales alemanes es un asombroso 27%. La firma se expande hacia Polonia. Si los periódicos están en crisis, dice Döpfner, entonces le gusta la crisis.

Hace un año la mera supervivencia de muchos periódicos parecía dudosa. Se había vuelto claro que los jóvenes, en particular, consiguen gran parte de sus noticias en Internet. Los lectores saltaban de nota en nota y rara vez pagaban. También la publicidad se traslada a la red, pero no a los sitios web de los periódicos. Más bien es absorbida por los motores de búsqueda. El mercado de los avisos clasificados ha sido invadido por sitios gratuitos en línea, como Craiglist. El sentido común decía que una recesión profunda acabaría con los periódicos, que tienen altos costos fijos en periodistas y rotativas.

Caen circulación y anuncios

En algunas formas el dolor ha sido mayor de lo que los analistas esperaban. La Asociación de Periódicos de EU reporta que la publicidad impresa y en línea ha caído casi 35% a partir del primer trimestre de 2008. La circulación también ha disminuido de manera alarmante. Sin embargo, casi todos los periódicos han sobrevivido, si bien a veces con alguna ayuda de los tribunales de quiebras. Empresas periodísticas estadunidenses como McClatchy se han mantenido rentables pese al descenso en ingresos. Algunas valen ahora 10 veces más que en la primavera de 2009, si bien están lejos de las alturas que alcanzaron antes de la recesión.

El fuerte aumento del precio del ejemplar ha ayudado, pero en su mayor parte los periódicos han sorteado la crisis con base en recortes. El año pasado McClatchy redujo su nómina en 25%. Muchas publicaciones cerraron corresponsalías y otras obligaron a los periodistas a irse sin indemnización. También ha habido algunas ingeniosas adaptaciones. En otra empresa estadunidense, Gannett, 46 títulos locales ofrecen ahora las noticias nacionales e internacionales de USA Today, el periódico nacional de la firma. Un grupo de periódicos de Nueva Jersey produce en común sus editoriales y reportajes especiales. Bob Dickey, quien dirige los periódicos comunitarios de Gannett, explica que se han dado cuenta de que no hay necesidad de pensar siete veces qué decir acerca del derrame de petróleo en el Golfo.

Otro bono inesperado es que el gasto en papel –el segundo en volumen en muchas firmas, detrás de la nómina– se ha desplomado hasta en 40%, porque un bache global en las materias primas ha deprimido los precios. Las compañías periodísticas usan menos papel e imprimen menos palabras en menos páginas. Los lunes en particular, los diarios son a veces tan delgados que es difícil lanzarlos desde un auto o bicicleta a la puerta de una casa.

La posibilidad de que los precios del papel tengan una fuerte subida una vez que la economía mundial se acelere es sólo uno de los peligros que enfrentan las empresas periodísticas. Podrían verse abrumadas por costos de jubilación. Los lectores podrían de pronto negarse a pagar precios altos por productos más delgados. Sin embargo, también es posible que la publicidad comience a recuperarse de los niveles severamente deprimidos actuales. Si eso ocurre, los márgenes de utilidad se inflarían con rapidez.

Fuera de EU le ha ido mejor a esta industria, según muestra un reporte de la OCDE en la materia. Los periódicos japoneses, los de mayor circulación en el mundo, pierden lectores poco a poco, pero tienen un enorme tramo por recorrer en la caída, y es de suponerse que los conglomerados mediáticos a los que pertenecen los protegerán. Fuera del mundo de habla inglesa los periódicos enfrentan a menudo menos competencia de los agregadores de noticias en línea y otros inventos tecnológicos. En países como Alemania, han sufrido lo que Paul Zwillenberg, socio de la firma Boston Consulting Group, llama un solo golpe de infortunio: recesión, pero sin rápido cambio estructural.

En mercados emergentes hay que mirar con detenimiento para detectar algún signo de crisis. En Brasil la publicidad decayó sólo por breve tiempo durante la recesión. La circulación total de periódicos en ese país se elevó en un millón de ejemplares en los 10 años pasados, a 8.2 millones. La creciente clase media brasileña es adicta a un puñado de nuevos diarios baratos, cargados de asesinatos y bikinis. En 2003 sólo tres de los 10 principales diarios brasileños eran tabloides; hoy son cinco.

El énfasis en dar a los lectores lo que quieren leer, en vez de lo que arrogantes nociones de responsabilidad cívica sugieren que deben leer, es parte de una tendencia global. Los periódicos se vuelven más distintivos y más enfocados a su clientela. Más que tratar de llevar el mundo a tantos lectores como sea posible, están abriendo nichos. Propietarios y directivos tratan de identificar valores distintivos e invertir en esas zonas el dinero con que cuentan.

Muchos periódicos en EU se han concentrado en las notas y deportes locales, dejando lo demás a diarios mayores o a agencias como Associated Press. Varios rehúsan entregar ejemplares a suscriptores ubicados lejos del centro urbano, porque es caro llegar a ellos y tienen menos atractivo para los anunciantes. También cortejan a pequeñas empresas locales con tecnologías que les permiten diseñar en forma económica sus propios anuncios. En suma, la prensa metropolitana se vuelve prensa de ciudad. Eso podría ayudarla a largo plazo. Jim Chisholm, analista de la industria periodística, señala que a los pequeños diarios locales les ha ido mejor que a los regionales en muchos países, como EU.

Los editores de periódicos esperan que el énfasis en contenido distintivo facilite la transición de la distribución impresa a la digital. Sea que la plataforma sea un teléfono inteligente, una computadora de tablilla como la iPad o la Internet abierta, la clave del éxito para muchas publicaciones será contar con una corriente dual de ingresos. Como lo hacen en su edición impresa, tendrán que atraer publicidad y lectores dispuestos a pagar. Hasta ahora los pocos que han persuadido a sus lectores de pagar por noticias en línea tienden a distinguirse por su contenido especializado. El Financial Times (copropietario de The Economist) y el The Wall Street Journal tienen posiciones líderes en las noticias de negocios y financieras, y sus sitios de acceso pagado funcionan bien. Periódicos más pequeños tendrán que explotar sus ventajas en áreas como deportes locales.

La supervivencia de los periódicos no está garantizada en absoluto. Todavía enfrentan grandes obstáculos estructurales: aún no está claro, por ejemplo, si los jóvenes pagarán por las noticias en alguna forma. Sin embargo, la recesión trajo consigo una impresionante e inesperada capacidad de adaptación. Si los periódicos pueden mantenerla en tiempos mejores, tal vez puedan contemplar algo más que la mera supervivencia.

Fuente: EIU
Traducción de texto: Jorge Anaya
 
Publicado enInternacional
En la sala del hotel porteño recibe con una sonrisa. ¿Café?, ¿coca?, dice, vestido de traje oscuro. Cuando se sienta apenas se ve en su cara una señal de cansancio. Hace minutos Alvaro García Linera dejaba la Facultad de Derecho en donde dio una charla después de recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Antes, se había reunido con la presidenta Cristina Fernández. El vicepresidente de Bolivia podría ser un personaje de una novela revolucionaria: fue guerrillero, estuvo preso y hoy forma parte de un proceso de transformación estructural de su país que, según afirma, será a largo plazo una sociedad comunitaria, poscapitalista. García Linera dice que en Argentina encontró un hermano y que se decepcionó con Obama. “Sigue el chantaje, sigue la presencia de distintos despachos del Estado norteamericano y sus intermediarios para entrometerse en nuestro país reclutando dirigentes sociales, inculcándoles una formación deformada del concepto de democracia y de desarrollo.”

–En las elecciones del domingo pasado el gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS) ganó, pero no avanzó todo lo que hubiera querido hacia el Oriente del país. ¿Esto a que se debió?

–Yo diría que se avanzó mucho. En el 2005, el presidente Evo obtuvo el 54 por ciento del electorado, en gobernaciones sacamos el 18 por ciento y logramos tomar el control de tres prefecturas. Hoy nuestro voto de gobernaciones llega al 53 por ciento, pasamos de tres a seis. Hubiéramos querido avanzar más, pero en términos realistas es una triplicación del porcentaje y una duplicación del número de gobernaciones. Igual sucedió en municipios: en 2004 llegamos a obtener 100 alcaldías de un total de 330, hoy solamente como MAS tenemos entre 240 y 250 municipios. Quisiéramos tener los 330, ¿quién no?, pero es una fuerte presencia territorial en el país, incluso en regiones de la zona del Oriente en donde teníamos cero de presencia como en Santa Cruz, en donde ahora vamos a bordear las 26 alcaldías.

–¿Y qué pasó con la alcaldía de La Paz, que quedó en manos del ex aliado del MAS, Movimiento Sin Miedo?

–Nos hubiera gustado ganar. En 2005 ni siquiera ganamos la prefectura y un años antes perdimos la alcaldía. Lo que pasa que en elecciones municipales y regionales entran en juego otros elementos. No se pusieron en juego proyectos de sociedad, de Estado ni de economía, sino el ámbito doméstico de la gestión municipal. Más que una elección de carácter político ha sido una votación en torno de personalidades locales vinculadas con la capacidad de gestión local. La oposición presentó un candidato con una buena experiencia, frente a la candidata nuestra que no tenía esa trayectoria.

–Parece evidente que fuera por la ruptura con el MSM y este llamado del presidente a votar solo por el partido gobernante.

–Es probable que haya influido esta separación. Mayor experiencia, mayor conocimiento de ellos. Hicieron una gestión interesante en alcaldía y la gente votó la continuidad. Fue una victoria del MSM pero, como le dije, en ningún momento estuvo en juego un proyecto de sociedad, sino en el desarrollo urbanístico de las ciudades.

–¿Qué responde a las críticas que se le hace al gobierno de que existe un personalismo de Evo Morales y que el partido se transformó en el único posible?

–En ningún momento el MAS tiene la intención de convertirse en partido único, porque incluso internamente es una coalición de múltiples movimientos: campesinos, indígenas, barriales, obreros, en sí mismo es la expresión de la amplia diversidad clasista y cultural de nuestra sociedad. Adentro hay pluralidad, nosotros estamos convencidos de la importancia de la pluralidad política. Buscamos una mayor presencia territorial para mejorar la gestión. Tuvimos gobernadores que se dedicaron a hacer golpes de Estado y no a gestionar. Habiéndose resuelto el gran debate político estructural de qué tipo de sociedad deseamos construir quisiéramos que avance la industrialización, porque tenemos buenos recursos. Queremos que la modernización avance rápido, sin los obstáculos que tuvimos en 2007, 2008 y 2009.

–¿Y hacia dónde va este proceso socialista?

–Son tres pilares de transformación estructural que han sido definidos por la Constitución: la plurinacionalidad, el régimen de autonomías y la economía social comunitaria. Inauguramos una Constitución que establece que nuestro Estado es plurinacional, que las culturas, los idiomas y los saberes diversos de la población tienen igualdad y el reconocimiento en el ámbito público. Esto tiene que volverse práctico en el ámbito escolar, en la publicación de textos, en el aprendizaje del idioma indígena por parte de los funcionarios públicos; es un proceso de descolonización lingüística, cultural y conceptual. La desconcentración del Estado es el Estado autonómico. Celebramos la elección de gobernadores en la que la asamblea departamental fue electa y no elegida a dedo. Y no solamente elegir autoridades. Es hacer acuerdos y pactos fiscales, compatibilizar funciones, en España andan 30 años mejorando ese proceso. El tercer eje es el de la economía social comunitaria, de una modernidad tridimensional, que es en el ámbito de los recursos naturales procesos de industrialización acelerada. Minerales, gas, agua: uso y gestión industrializada, primera dimensión. Segundo, que las empresas pequeñas vean potenciados sus emprendimientos y lo tercero es lo comunitario. Que sea un uso común de los recursos naturales. Potenciar, irradiar y liberar las fuerzas comunitarias que existen en las estructuras agrarias. En la medida en que las tareas las conduzcan los movimientos sociales, puede llevar a un horizonte socialista poscapitalista, como horizonte a largo plazo.

–¿Cuánto afecta este proceso la crisis mundial?

–Bolivia ha sido la economía que más creció el año pasado en América latina por dos motivos. El primero es el énfasis en la importancia del mercado interno a través de la ampliación de la demanda, las políticas sociales a los más excluidos, a los asalariados, a los sectores agrícolas, que han ampliado el consumo de bienes y de servicios y eso ha dinamizado la economía. La mitad del crecimiento se debe a la propia dinámica de la demanda interna. Una parte del excedente económico de la explotación de los recursos naturales se la retiene en el país. En el 2005, el porcentaje de la ganancia del gas con el que se queda el Estado era del 30 por ciento, actualmente es entre el 68 y el 80. El otro tema son las reservas internacionales. Cuando llegamos al gobierno eran de 1700 millones de dólares, hoy tenemos 8500 millones de dólares. Hay una retención al excedente que le permite, aun en tiempos de crisis, disponer de flujos monetarios que pueden ser utilizados por el Estado para dinamizar la economía tanto en las exportaciones como supliendo la caída de precios o en el ámbito del consumo interno. Crecimos 3,5 por ciento, sin crisis hubiéramos crecido más. Redujimos la pobreza extrema en ocho puntos en tres años.

–¿Cómo ve las relaciones con Argentina?

–Muy cordiales. No podemos dejar de valorar el espaldarazo que nos dieron el Gobierno y el pueblo argentinos en momentos complicados. Una vez en la confrontación con las empresas petroleras, cuando hicimos la nacionalización que nos permitió aumentar la retención, las empresas amenazaron con detener la explotación de los campos y el gobierno argentino dijo que nos apoyaba, financieramente si era necesario. Otra vez fue cuando se dio el golpe de Estado en el 2008 por parte de la coalición cívica y rápidamente se realizó un encuentro de emergencia de la Unasur para respaldar la democracia en Bolivia. Aquello fue decisivo para derrotar las tendencias golpistas y antidemocráticas. Argentina es un hermano que acompaña los procesos de transformación en el marco de la soberanía.

–¿Cómo ve la región, ahora que en Chile cambió el signo político y es probable que suceda en Brasil?

–Es un momento excepcional para América latina. Hay una oleada general de desneoliberalización de sus estructuras económicas y políticas, unos más radicalmente y otros menos. Un nuevo protagonismo del Estado, un reforzamiento de las políticas sociales en el país, una búsqueda de equilibrio entre gestión y recursos estratégicos. Es probable que quizá en algún país se dé un retroceso. Eso es justamente lo previsible. Los países no son soldados, tienen ritmos distintos, pero hay un humor colectivo, un sentido de hacia dónde se tiene que ir. El sentido de la época es hacia adelante. El hecho de que cada uno de nuestros países busca vías propias abandonando el recetario neoliberal de los noventa hace que cada país enfrente de mejor manera el bajón de la economía mundial.

–¿Mejoraron las relaciones con Estados Unidos con la administración Obama?

–No. Lamentablemente, no. La nueva gestión de Obama trajo esperanza porque creíamos que podía haber un giro de timón en esa actitud antagonista y en momentos conspirativa que tuvo la administración Bush contra nosotros. Pero no sucedió. Encontramos una continuidad de esas políticas: sigue el chantaje, sigue la presencia de distintos despachos del Estado norteamericano y sus intermediarios para entrometerse en nuestro país reclutando dirigentes sociales, inculcándoles una formación deformada del concepto de democracia y de desarrollo, promoviendo divisiones al interior de los movimientos sociales, dejando de lado sus responsabilidades en la lucha contra el narcotráfico, haciendo que recaigan todos los gastos en nuestro país. Y en otras partes del continente Estados Unidos incrementa su presencia militar con las bases en Colombia, el aumento de efectivos en Perú, el uso de fuerzas armadas de modo innecesario en la crisis haitiana. El apoyo al golpe en Honduras. No vemos un cambio de actitud con el continente y menos hacia Bolivia. Continúa la actitud contenciosa y agresiva. Pese a ello nosotros tendemos la mano.

–En Argentina se aprobó una ley que apunta a desmonopolizar los medios de comunicación. ¿Prevén impulsar algún proyecto en este sentido?

–Fue un gran avance lo que aprobó Argentina. En Bolivia hay un debate interno de los periodistas para modificar la legislatura sobre los medios de comunicación. Más que la concentración de medios, existe una partidización que es igual de nefasta. Ante el colapso de los partidos tradicionales, algunos medios, amparándose en la libertad de expresión, convirtieron sus canales de televisión y radios en plataformas de campaña política permanente. Hemos denunciado ese hecho y esperado un debate del gremio de los periodistas. Lo vemos saludable. En algún momento ese debate en la sociedad civil podría trasladarse a una norma legal. Es importante que emerja como iniciativa de la sociedad civil para que no sea asumida como una intromisión.

Por Mercedes López San Miguel

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Publicado enInternacional
Para Marco Aurelio García, el libro Brasil, entre pasado y futuro no ambiciona llenar un vacío, “que sólo puede llenar un movimiento más intenso de la sociedad”, sino que sólo pretende llamar la atención el sobre Brasil actual: “Gran parte de la llamada intelectualidad progresista, en la que me incluyo a mí y a Emir Sader, está si no callada, al menos un poco retraída. El actual espacio de debate ha sido ocupado por infraintelectuales de derecha, decididos a hacer de su mediocre actividad intelectual una manera de fabricarse una carrera en los principales medios de comunicación del país.” 
 
Río de Janeiro.- El lunes 22 de marzo se celebró en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ) el lanzamiento del libro Brasil, entre pasado y futuro, acto que se convirtió en un animado debate sobre las perspectivas de la izquierda al final del gobierno de Lula. Coordinadores de su edición, el sociólogo y secretario ejecutivo de Clacso, Emir Sader, y el asesor especial de la Presidencia para Asuntos Internacionales, Marco Aurelio García, hicieron un llamado a la sociedad para discutir las posibilidades de profundización, en el periodo post Lula, de los logros económicos y los derechos sociales alcanzados por el actual gobierno.
 
“En las grandes transformaciones que Brasil experimentó en su pasado, siempre hubo un cierto grado de simultaneidad entre la reflexión sobre el país y las manifestaciones artísticas. Esto sucedió en los años 30, a finales de los años 50 hasta mediados de los 60, y sucede en los momentos vividos en los últimos años”, dijo García. Después de citar algunas “contribuciones inestimables”, como las de Gilberto Freyre, Sérgio Buarque y Caio Prado en los años 30, y las de Raymundo Faoro y Celso Furtado a finales de los años 50, García hizo público un lamento: “Resulta curioso que en la actualidad, cuando estamos experimentando una transformación más intensa gracias a los cambios en la economía y la estructura social del país, el pensamiento brasileño sea tan pobre.”
 
El libro, según García, no está destinado a llenar un vacío, que “se llenará sólo a partir de un movimiento más intenso de la sociedad”, sino que pretende llamar la atención sobre el actual Brasil: “Gran parte de los llamados intelectuales progresistas, en los que me incluyo a mí y a Emir [Sader], están si no en silencio, sí sumidos en una cierta timidez. El ámbito del debate actual ha sido ocupado por subintelectuales de derecha que han decidido convertir su mediocre actividad intelectual en una manera de fabricarse una carrera en los principales medios de comunicación del país. Cada día te tropiezas con esa pobreza intelectual, cuando no con la ira que este sector expresa en sus ideas.”
 
Según Emir Sader, realizar un análisis del gobierno de Lula es fundamental para que Brasil siga avanzando. “Toda valoración del gobierno de Lula, habrá de reconocer que ha sido un período de profundos cambios. Vivimos una etapa en la que lo viejo insiste en perdurar y lo nuevo tiene dificultades para encontrar su manera de existir. Lo viejo es el neoliberalismo, y lo nuevo es lo que va a superar el neoliberalismo”, dijo.
 
En Brasil, el enfrentamiento con el neoliberalismo, según Emir, ya se está produciendo, pero puede ir más allá: “Ellos proponen un ajuste fiscal, nosotros proponemos dar prioridad a las políticas sociales; ellos proponen un acuerdo de libre comercio, nosotros proponemos la integración regional. Se trata de dos pasos importantes, pero hemos llegado a un cierto límite, no sólo porque esté finalizando el mandato de Lula, sino porque tenemos que pensar más profundamente cuál es el Estado y la sociedad que queremos, pensar en cuáles son las transformaciones que Brasil necesita y cuál es el bloque social, político y cultural que puede llevarlas a cabo.”
 
Para ello, dice el sociólogo, es preciso que tenga lugar un amplio debate en la sociedad: “Podemos ganar las elecciones, según parece, simplemente comparando un gobierno con otro. Pero hemos tenido un gobierno relativamente moderado y que, sin embargo, recibió una dura reacción de la derecha. Imagínate lo que va a pasar con las transformaciones que se avecinan. Tenemos que democratizar la relación entre el Estado y la sociedad, y crear nuevos vínculos entre el poder político y las movilizaciones sociales “.
 
Emir afirma que hay nuevos sectores sociales que están llegando a la ciudadanía económica y social. “Ahora es preciso alcanzar la ciudadanía política. La tarea más importante de la izquierda, hoy, es restablecer sus relaciones con los nuevos sectores sociales. El gobierno está cumpliendo su parte al desarrollar políticas económicas y sociales distributivas que están cambiado positivamente el mapa de la desigualdad en Brasil. Pero, quién tiene que organizar y apoyar a estos sectores son los movimientos sociales y los partidos políticos. El Estado está fomentando derechos fundamentales que antes no existían, ahora necesitamos nuevos sujetos políticos para cambiar la configuración. No hay manera de hacer una política de esta envergadura para luego tener que negociar con Temer y Stephanes (1) en un universo minúsculo. Es preciso desarrollar temas económicos y sociales que superen los obstáculos que actualmente enfrentan, por ejemplo, la política agraria y la política de comunicaciones.”
 
Avanzar la democracia
Marco Aurelio García está de acuerdo en que la sucesión de Lula es una oportunidad para el avance de la democracia en el país: “Estamos haciendo cambios en el marco democrático y con la profundización de la democracia, lejos de las visiones apocalípticas de algunos que afirman que el país está al borde de un proyecto totalitario. Los que esto afirman pueden repetirlo todos los días, y seguirán repitiéndolo, pero se enfrentarán al descrédito de la sociedad brasileña, que ya se ha dado cuenta de que la opinión pública no es la opinión publicada. Hay una discrepancia mayor cada día, y quien insista en esta tesis corre el riesgo de aislarse políticamente cada vez más.”
 
Decir que el actual gobierno se ha limitado a continuar la política económica del gobierno del PSDB, como afirma García, es otro argumento condenado al fracaso: “El gobierno de Lula tiene puntos importantes de ruptura con la política anterior. No hay una ruptura total, pero es un salto sustancial, y una preparación de futuros cambios más relevantes “.
 
Transformaciones
Emir Sader señala algunos cambios que, en su opinión, todavía tienen que producirse: “El banco central, de hecho, sigue siendo independiente. Lula está a favor del Corinthians (2) y de que las tasas de interés no suban. Tenemos que acabar con este juego de tensiones, porque la política monetaria debe estar vinculada a un mayor desarrollo político. Brasil sigue teniendo la tasa de interés más alta del mundo.”
 
Otro problema grave pendiente de resolución, ha dicho Emir, es el modelo de la agroindustria: “No es un asunto que pueda resolverse mediante un decreto. La producción de soja para la exportación y el uso de organismos modificados genéticamente (OMG) no se limitan a algunas grandes empresas, sino que afectan también, desgraciadamente, a gran número de pequeñas y medianas empresas. Este gobierno ha hecho más cosas al respecto de lo que se dice por ahí, pero debemos ir más al fondo del asunto.”
 
“Otro factor es algo que no depende del gobierno, pero espero que llegue a depender de él, como es la democratización de la prensa. No habrá democracia en Brasil mientras no se constituya una opinión pública democrática formada por las múltiples voces del país, y no sólo las de cinco o seis familias propietarias de empresas y financiadas en gran medida por las agencias de publicidad. Las empresas privadas están impulsadas por la dinámica del beneficio”, dijo Emir.
 
Avanzar en la democratización de los medios de comunicación debe ser una de las tareas fundamentales de un eventual gobierno de Dilma Rousseff, según Emir: “Los medios manejan la opinión pública, en Jardins, en Sao Paulo; en la Zona Sul de Río de Janeiro, sólo que la gente ya no los respeta. La gente vota a quien realiza política social, sólo que en la vida cotidiana no hablamos de las cuestiones más importantes del país. En un momento dado, parecía que Renan Calheiros era el principal problema en Brasil; luego llegó el turno de Sarney. Hay que permitir que estas nuevas fuerzas sociales dispongan de una prensa política dirigida a ellas, que hable de su mundo y que les permita expresarse.”
 
Derrota estratégica
Emir Sader admite que “no faltarán quienes digan que es un libro oficialista”, pero defiende la reflexión sobre el Gobierno. “Teníamos razón cuando, en un momento difícil al comienzo de este gobierno, elegimos este espacio para continuar. Pensamos que era posible que el gobierno cambiase, y el gobierno cambió para mucho mejor. Aquellos que afirmaron que el gobierno había mordido la manzana de la traición y que había sido expulsado del paraíso de la izquierda, y que querían crear una alternativa revolucionaria estaban equivocados. No sólo teóricamente, sino que también desaparecieron de la escena política. Fue el fracaso de un diagnóstico equivocado.”
 
El camino, según el sociólogo, es profundizar en los logros alcanzados: “El que se pregunte si Dilma estará a la izquierda de Lula debe darse cuenta de que el Lula está más a la izquierda de que lo que estuvo a comienzos de su mandato. Tenemos que profundizar lo que tenemos ahí, con mucho debate y mucha movilización. Estamos en un momento extraordinario, en vísperas de infringir una derrota estratégica importante de largo plazo a la derecha, y de ganar un gran espacio de avance. Ahora ya no se trata de la herencia maldita, sino de una herencia bendita. Tenemos que ganar las elecciones, pero tenemos que ganarlas para transformar Brasil. El gobierno de Lula será un paréntesis o será un puente para finalmente salir del atraso. Creo que estamos en condiciones de avanzar hacia la superación del neoliberalismo.” 

Por Mauricio Thuswohl
Carta Maior www.cartamaior.com.br
 
Traducido por S. Seguí
 
 
Economistas y políticos brasileños pertenecientes al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que forma parte de la coalición gubernamental. (N. del t.)
Club de fútbol paulista. (N. del t.)
Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/materiaMostrar.cfm?materia_id=16478
 
Publicado enInternacional
Martes, 19 Enero 2010 07:51

AL: retos para el Año Nuevo


Muchos países de América Latina están en el camino de la recuperación económica, pero el panorama para 2010 no es positivo para todos. Algunos gobiernos sufrirán merma de popularidad, derrotas electorales y un significativo riesgo de perturbación social. Otros desafíos en la región son las tensiones diplomáticas, la violencia criminal y la secuela del golpe de Estado en Honduras.

La crisis económica ha elevado el deseo de los electores de cambiar de gobernantes. Ya en 2009 Centroamérica vivió dos cambios históricos en el poder. En El Salvador, el Frente Farabundo Martí ganó las elecciones legislativas y presidenciales, mientras en Panamá Ricardo Martinelli derrotó por amplio margen a Balbina Herrera, candidata del gobernante Partido Revolucionario Democrático (PRD). Los partidos en el poder en México y Argentina también sufrieron significativas pérdidas en las elecciones legislativas de medio término.

Estímulo económico

En contaste, otros gobiernos se han beneficiado de su manejo de la recesión. En Uruguay, José Mujica, candidato del gobernante Frente Amplio, venció a Luis Alberto Lacalle, del derechista Partido Nacional. En las próximas elecciones en Costa Rica, Colombia y Brasil, es probable que los partidos en el poder lo retengan, gracias al menos en parte a la aplicación de medidas de estímulo económico.

La perturbación social continuará siendo un desafío en muchos países, pues la crisis de 2009 revirtió las paulatinas mejoras que se habían logrado en años anteriores respecto de las crónicas desigualdades de ingreso. El ambiente político es inestable en la región andina –en particular en Perú, Bolivia y Ecuador–, así como en Argentina y Venezuela, países todos donde existe un fuerte arraigo de la protesta pública y el desencanto con los partidos políticos tradicionales.

También gran parte de América Central es vulnerable a un marcado deterioro de los indicadores sociales, al igual que varios países del Caribe, entre ellos República Dominicana y Haití, ahora devastado además por el terremoto del martes 12 de enero.

Pocos países de la región enfrentan la amenaza de una intervención militar al estilo de Honduras. Sin embargo, el golpe de junio de 2009 tuvo enorme significado regional al exponer una persistente debilidad de liderazgo. El manejo de la crisis ha suscitado cuestionamientos a la política estadunidense en el hemisferio, a la significación de la diplomacia latinoamericana y a la capacidad de los gobernantes tanto de EU como de AL de desalentar transiciones ilegales del poder en el futuro. El cambio de postura que tuvo Washington ante las presiones domésticas hizo perder la oportunidad de que el presidente Obama cambiara la percepción de que su país apoya a regímenes antidemocráticos cuando así conviene a sus intereses.

La aceptación de la elección organizada por los golpistas hondureños también sienta un preocupante precedente para otras zonas de la región donde los gobiernos son acosados y existe alta polarización política. En Nicaragua, la decisión tomada por la Suprema Corte el pasado octubre de permitir al presidente Daniel Ortega postularse a la relección en 2011 tiene el potencial de crear inestabilidad y conflicto, con riesgo incluso de un derrocamiento semejante al de Honduras.

Los esfuerzos de algunos gobiernos por desviar la atención de las críticas internas han dado pábulo a periódicas disputas diplomáticas. Un ejemplo son las crecientes críticas del presidente peruano, Alan García, hacia Chile sobre el añejo tema de la pérdida de territorio frente a este país en el siglo XIX, seguidas por acusaciones de que Santiago está desatando una carrera armamentista en la región con su alto gasto militar.

Las relaciones entre Colombia y sus vecinos Ecuador y Venezuela seguirán siendo tensas. El motivo más reciente es el acuerdo entre EU y Colombia para que los estadunidenses usen siete bases militares en territorio colombiano para actividades antinarcóticos y antiterrorismo. En algunos puntos fronterizos esta crispación podría conducir a hechos de violencia.

El crimen violento, un reto aún mayor

En muchos países, instituciones estatales de seguridad lastimosamente inadecuadas (en parte debido a la debilidad de las finanzas públicas) complicarán también los esfuerzos por contener una intensificación de los niveles de criminalidad. En México, el gobierno de Felipe Calderón ha presentado el fuerte aumento de los crímenes violentos como un efecto colateral inevitable del combate militar a los cárteles de la droga, pero ese tema ha contribuido a la erosión de la autoridad política del presidente y será un factor importante en las elecciones generales de 2012. Frenar el aumento del crimen y el tráfico de drogas en la frontera con México es prioritario para Estados Unidos en su agenda bilateral.

El narcotráfico también se desparrama cada vez más hacia el sur y afecta a varios países de Centroamérica, donde las fuerzas de seguridad están mal equipadas para encarar tales retos. Esta situación es también un grave problema en el Caribe, que depende en gran medida del turismo. La perspectiva de un continuo ascenso del crimen podría ahuyentar a visitantes extranjeros, en un momento en que muchas islas ya enfrentaban fuertes caídas en llegadas a consecuencia de un decremento de la demanda de Estados Unidos y Europa. El deterioro de las posiciones fiscales dificultará dedicar recursos adicionales a la seguridad pública, y algunos países podrían incluso verse obligados a recortar el gasto en las fuerzas policiacas.

Traducción de textos: Jorge Anaya
Fuente: EIU

Publicado enInternacional
Es difícil creer que hace ya diez años nos estábamos manifestando en Seattle (EE UU) y también que nos estemos acercando rápidamente a la décima edición del Foro Social Mundial. Aunque el movimiento alterglobalización –o de justicia global– tiene raíces más profundas, la mayoría de la gente considera esos acontecimientos como su origen e inspiración. Puede parecer mucho tiempo cuando lo estás viviendo, pero una década no es nada en términos históricos. En estos tiempos de crisis, de incremento de las desigualdades y el desempleo, estamos justificadamente impacientes por ver resultados, pero debemos recordar que durante estos diez años se han plantado semillas en innumerables lugares del mundo entero. Como quiera que se presenten las cosas –y para muchas personas se presentan de hecho muy sombrías– estas semillas han producido ya árboles resistentes y flores hermosas; otras pueden mantenerse inactivas por meses o años, pero no se han destruido.

Uno de los aspectos más valiosos de los foros sociales es la manera en que se ha fomentado la construcción de redes. La movilización masiva que se ha producido en Copenhague (Dinamarca) se basa en el trabajo de la red por la justicia climática que se ha ido constituyendo a partir de los foros sociales europeos o mundiales. El movimiento global de activistas por el comercio justo, que se ha opuesto a las políticas destructivas de la Organización Mundial del Comercio y a los incluso más nocivos Acuerdos de Asociación Económica de la UE, nació en los foros sociales. En otros campos de acción –ya sea sobre cuestiones de justicia financiera, de desarrollo, de pobreza, de derechos humanos o sobre problemas de justicia social– nuestras redes se han consolidado inconmensurablemente, de modo que es muy normal ahora que españoles trabajen con activistas de América Latina; franceses y alemanes con coreanos o filipinos y así sucesivamente. Aunque no lo hemos conseguido todavía –y estamos lejos– vamos construyendo las bases de un mundo más justo y más verde. Hay quienes creen que los foros deben ser un espacio donde la gente interactúe libremente, una especie de vasto receptáculo cuyo contenido sea lo que los participantes quieran poner en él: del caos aparente emergerán resultados apropiados y una práctica democrática auténtica. Hay quienes son escépticos respecto de ese enfoque y desean que los foros estén más estructurados y más conscientemente orientados a alcanzar resultados identificables. Creo que ambos enfoques pueden ser posibles. Todas las personas estamos sufriendo la crisis actual. El capital financiero se ha revelado como el enemigo común; viejos o jóvenes, del Norte o del Sur, mujeres u hombres, granjeros o trabajadores, estudiantes o jubilados. Todos queremos y necesitamos justicia financiera, social y climática. Todos sabemos que el G-20 no proporcionará nada de eso. Mientras tanto, los medios de comunicación están anunciando que el movimiento alterglobalización está muerto, y tienen razón al menos en que es mucho menos visible, pero no obstante puede que mucho trabajo se esté desarrollando en la sombra. ¿No podría el Foro ponerse de acuerdo en un día de acción global para protestar contra las falsas promesas que se han hecho y las falsas soluciones propuestas; para exigir un mundo más justo, más verde y más democrático? ¿Recuerdan el 15 de febrero de 2003, cuando el mundo entero salió a las calles para protestar contra la invasión de Iraq? Con una preparación cuidadosa, si el FSM así lo decide, podríamos mostrar otra vez nuestro poder de convocatoria, nuestra determinación y nuestra convicción de que otro mundo es realmente posible.

Por Susan George (presidenta de honor de Attac Francia y del Comité de Planificación del Transnational Institute de Amsterdam)
Publicado enInternacional
Domingo, 10 Enero 2010 08:59

Desafíos actuales del feminismo

Las otras: la periferia existente

Ya en los 60, las negras estadounidenses denunciaron que la tercera ola del feminismo se sustentaba en blancas de clase media que se concebían como sujeto feminista universal. Frente al fundamentalismo cultural que practican algunas exponentes del feminismo de la igualdad, antropólogas como Dolores Juliano y grupos vinculados con la diferencia se acercan a mujeres de otras culturas con escucha y respeto. Latinoamericanas como Ochy Curiel claman por la descolonización del feminismo y el protagonismo de las mujeres de clases populares, que a menudo no se consideran feministas, en un movimiento que supere el elitismo de clase media. Los distintos grupos de la Red Mujeres de Negro contra la Guerra, que desde 1985 tejen alianzas entre mujeres de diferentes países como motor de prevención y resolución de conflictos, han sido fundamentales para urdir un feminismo que incluye a las mujeres orientales y que trasciende la noción de la cultura islámica como intrínsecamente opresora de las mujeres.

La crisis de los ciudadanos

Uno de los grandes aportes del feminismo es nombrar la crisis global como una crisis de los cuidados, de las personas y del propio planeta. De un lado, aumenta la pobreza y hay un recorte de las condiciones laborales y servicios públicos, a los que se suma un envejecimiento de la población y la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, así como una ruptura de un modelo de familia nuclear. De otro lado, el cambio climático, la crisis energética o la pérdida de biodiversidad ponen en evidencia los límites físicos de la atmósfera. Ante este panorama, la economía feminista y el ecofeminismo hablan con la misma radicalidad: la estructura patriarcal capitalista cuya prioridad es el beneficio económico individual no es compatible con las necesidades de la vida. El reto del feminismo es el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidados, que históricamente ha sido asignado a las mujeres. Un sistema público y universal que atienda las necesidades, o cómo decrecer con equidad, son algunas reflexiones abiertas.

El cuerpo político del feminismo

Ya lo dijo Simone de Beauvoir (en la imagen) hace 60 años: “No se nace mujer: llega una a serlo”. Sus herederas gritaban en los ‘60: “La biología no es destino”. Si diferenciábamos lo biológico –el cuerpo– de lo construido –la cultura–, podíamos escapar de aquella cárcel que presuponía una identidad estereotípica por el hecho de nacer con unos determinados genitales. Si durante años gran parte del feminismo se apoyó en esa separación porque permitía pensar en cambiar nuestro destino, desde hace dos décadas el binomio sexo/género ha hecho aguas. En los márgenes del feminismo hay cuerpos que ponen en cuestión esa tranquilizadora división –inter y transexuales, transgéneros, chicazos, señoritas con bigote...–; que no se conforman con el blanco o el negro y juegan en la amplia escala de grises; que muestran con sus parodias que feminidad o masculinidad no son más que una ficción que adquiere vida cuando la representamos... Entonces, ¿quién es el sujeto político del feminismo?, ¿se puede hablar de ‘mujeres’? ¿Quiénes se pueden/quieren considerar mujeres? ¿No se corre el riesgo de diluir ese sujeto político que nos une? Ésta es una de las encrucijadas que tomaron cuerpo en Granada.

La violencia de género

La violencia contra las mujeres, también llamada de género o machista, ha sido y sigue siendo piedra angular del debate y la acción feminista. Durante décadas las organizaciones feministas han luchado por visibilizarla y exigido al Estado políticas y fondos para apoyar a las mujeres que la sufren e impulsar su recuperación. En 1997 se inició el cómputo de asesinadas por violencia de género, que aún es incompleto. En 2004, la Ley Integral contra la Violencia de Género fue la primera que promulgó el nuevo gobierno socialista. Sin embargo, diversos sectores la consideran insuficiente y poco ajustada a las necesidades de las mujeres: establece la denuncia como condición para acreditar la violencia en un contexto en que sólo el 40% de las maltratadas denuncia, y excluye a las inmigrantes sin papeles, así como a las víctimas de agresiones o abusos sexuales, delitos que no entran en la ley. Además, no contempla las agresiones en relaciones esporádicas por concebir la violencia de género como la que infringe un hombre a su compañera durante una relación de pareja. Abogan por una lectura no heterosexista y no victimizadora.

Nuevos imaginarios y otras formas de producción cultural

Videocreación, fotografía, literatura, pintura, cómic… Todas las prácticas culturales son válidas para desestructurar un discurso dominante heteropatriarcal. En las mesas redondas sobre arte y en los trabajos artísticos que se presentaron en Granada esto quedó patente. También que la performance, la acción que bebe de las artes escénicas y plásticas para presentar una situación desde un aquí y un ahora, se perfila en este siglo como una poderosa expresión artística. Pero falta permeabilidad entre prácticas culturales y movimientos feministas, y también una crítica estructurada al propio sistema del arte y la gestión cultural. ¿Qué diría una postura feminista sobre los derechos de autor? ¿Sobre la propia idea de autor?

Por Joana García Grenzner, Laura Corcuera, Irene G. Rubio, Soraya G. Guerrero
Diagonal
Publicado enInternacional
Miércoles, 23 Diciembre 2009 07:15

Caminos históricos: la memoria y el olvido

–Usted actualmente dirige un proyecto de investigación sobre la relación entre historia y memoria. ¿Por qué no me cuenta de qué se trata?

–Bueno, en los últimos años ha habido un auge del tema de la memoria no sólo en la filosofía de la historia propiamente dicha, sino en la sociedad en general: la novela histórica, los films que tienen que ver con la reconstrucción del pasado, son sólo algunos ejemplos. Para la teoría tradicional de la historia también ha sido un desafío, porque la memoria trae al conocimiento del pasado una cuestión que no estaba muy presente en la historiografía clásica, en el sentido de que ésta tenía que ver con un discurso más anónimo, más apegado a los documentos. La memoria, mientras tanto, es otro tipo de acceso, que permite una comprensión diferente del pasado y que se complementa con la historia. El auge como fenómeno cultural tiene indudablemente que ver con el Holocausto, con el concepto de trauma, con todas estas cuestiones que han cuestionado la idea del progreso...

–La memoria individual en realidad es muy falible... La memoria social, ¿no es algo también de corto plazo? ¿Qué puede recordar una sociedad?

–Es un fenómeno muy complejo, porque entre esa memoria individual y la memoria colectiva hay una interacción. Lo que hay son ceremonias sociales del recuerdo. La noción de memoria está muy unida al concepto de identidad: todos los pueblos construyen su identidad a partir de una selección de acontecimientos, de hechos significativos que adquieren un carácter emblemático y que definen lo que uno es.

–Pero la memoria es selectiva. Decide qué guardar.

–No sólo eso: incluso hay memorias en conflicto. El historiador, por eso, trata de dar una imagen de la totalidad, aunque su discurso también puede ser sesgado. La memoria, desde el momento en que es selectiva, es conflictiva, lo cual no significa que todo sea relativo o que los hechos no hayan existido. Para eso es necesario contrastar distintos testimonios.

–¿Hasta dónde llega la memoria colectiva? ¿Qué puede recordar un colectivo de sujetos sobre Yrigoyen, por ejemplo?

–Prácticamente nada, salvo la gente muy mayor. Pero la memoria colectiva no es sólo una memoria directa, sino también legada por una generación anterior.

–Y desde el punto de vista metodológico: ¿cómo trabaja con la memoria?

–Bueno, yo soy filósofo: mi trabajo es puramente teórico y consiste en el análisis de textos, de teorías, de hipótesis. El material empírico también es la obra del historiador, y las preguntas que nos hacemos, por ejemplo, tienen que ver con la significación de términos como “objetividad” o “verdad” en Historia.

–A ver, a ver..., ¿qué son la objetividad o la verdad en Historia?

–Son temas polémicos. Existe una corriente muy fuerte de epistemología de la historiografía que se basa en el análisis del discurso del historiador, o sea, de las narraciones (porque los historiadores cuentan cosas). Esas narraciones muchas veces están vinculadas con géneros literarios específicos. Llevado esto a una posición extrema, se llega a un relativismo absoluto que le quita toda cientificidad. Yo trato de defender un punto de vista que tiene en cuenta la pretensión científica de la historia, pensando que un relato puede ser objetivo sin dejar de ser controversial y revisable.

–¿Qué controversias hay sobre la dictadura acá?

–En general, son controversias que tienen que ver con las formas de legitimación del poder. Sin duda, la dictadura es un referente central del discurso político actual. Esa época sirve como el momento al que no se debe volver, lo cual está muy bien expresado en la fórmula “Nunca más”. Pero también es cierto que todavía estamos lejos de haber elaborado históricamente lo que pasó en aquella época: tenemos discursos muy unilaterales. Habría que hacer un trabajo de memoria, en palabras de Freud...

–Yo creo que se está construyendo una imagen de la dictadura que empieza el 24 de marzo y que vino a romper un mundo idílico. Y eso no fue así. Había una situación predictatorial, con un gobierno civil que administraba las muertes... ¿Usted cree, como yo, que se está haciendo un recorte falso?

–Yo creo que la memoria hay que revisitarla y revisarla. Uno debe oponerse siempre a las llamadas “historias oficiales”, que se ofrecen como modos de legitimación de determinadas políticas. El trabajo del historiador es paradójico, porque si bien se ocupa del pasado, puede condicionar fuertemente el presente. Lo que yo creo es que la época de la dictadura aún no está bien elaborada y no se puede observar con la debida distancia crítica. La Historia, a diferencia de otras disciplinas, tiene un papel importantísimo en el ámbito del discurso público, y la revisión de la historia contemporánea es, por lo tanto, fundamental. Esto sonará a verdad de perogrullo, pero el trabajo de comprender el pasado es vital para definir el futuro.

–¿Y esta preocupación por la memoria es global o es propia de Argentina?

–Es global, es un tema muy actual en todos los campos.

–¿Por qué es tan actual?

–Es una pregunta difícil de contestar. Por un lado hay una desilusión con respecto a la esfera pública y, por lo tanto, un intento de rescatar la dimensión humana, personal, sentimental de lo que vivieron los protagonistas de determinados hechos. Hay un horror frente a lo acontecido: como paradigma de reflexión en torno de los acontecimientos del pasado, el Holocausto es central. Pareciera que, aunque estamos desorientados respecto de nuestro futuro, sabemos que hay ciertas cosas que no queremos que vuelvan a suceder...

–¿Quiénes no queremos que sucedan de nuevo esas cosas?

–Creo que hay una opinión pública formada a través de lecturas, de contemplación de obras de arte, con los museos de la memoria... Creo que es un fenómeno cultural abarcador: digamos que hay una visión actual que es compartida en el mundo. Es “lo que se piensa ahora”. De cualquier modo, no puedo explicarle contundentemente cómo es que surgió este “boom memorialista”.

–¿No tiene que ver con todos los horrores del siglo XX?

–Pero fíjese que surgió mucho tiempo después del Holocausto. Hasta los años ’60 el tema del Holocausto casi no figuraba, no se le da la importancia que se le da ahora (que se ha convertido en el acontecimiento del siglo).

–Usted trabaja con otra línea, que tiene que ver con la globalización, ¿no?

–Sí. Después de la crisis de la idea del progreso, se consideraba que toda pregunta acerca del sentido de la Historia formaba parte de una mala metafísica de la historia. Más aún después de la caída del Muro de Berlín; el marxismo había sido el gran heredero de la Ilustración, y la caída del Muro produjo un enorme escepticismo. Ya eran visibles, por supuesto, las consecuencias negativas de los regímenes proclamados marxistas...

–No fueron simplemente consecuencias negativas: hubo una masacre pavorosa.

–Exactamente. Ahí tenemos una visión de lo que aconteció que durante mucho tiempo se trató de tapar...

–Con bastante eficacia...

–Sí. Con mucha eficacia. Yo recuerdo que una vez llevé un libro sobre los crímenes de la Unión Soviética a la facultad y un alumno se acercó y me dijo: “No conviene traer esto acá, porque es hacerle el juego a la derecha”. Pero esas son cosas que, de cualquier manera, pasaron, y uno no puede darle vuelta la cara.

–Me decía lo de la mala fama que se había ganado el sentido de la historia...

–Sí, claro. Por eso los filósofos de la Historia dejaron de dedicarse a eso y empezaron a dedicarse a la explicitación de la metodología del trabajo de escritura histórica. El giro memorialista y el fenómeno de la globalización están conduciendo a algo unitario: el mundo se parece cada vez más en todos lados. Eso tiene consecuencias positivas y negativas.

–¿Existe la Historia? ¿Hay un ente, una fuerza real, existente, llamada Historia?

–La palabra Historia (con mayúscula) es una creación de la época de la Ilustración, hoy muy cuestionada. Esa visión fue muy criticada y, con el tiempo, volvió a hablarse de “historias”. El tema de la globalización vuelve a hacer plausible esa manera ilustrada de ver las cosas en la cual todo está encadenado a un fenómeno general. Hay una enorme necesidad de teorías, de abandonar viejos esquemas interpretativos y considerar nuevas maneras de dar cuenta de la realidad. Creo que en general la gente no está contenta con el mundo en el que vive...

–Tal vez muy equivocadamente, por falta de memoria... Porque si se repasa lo que era el mundo hace un tiempo, incluso hace cincuenta años, es fácil ver que vivimos una situación mucho más pacífica que antes, entre otras cosas.

–Yo creo que hemos avanzado mucho más de lo que creemos pero mucho menos de lo que deseamos. Y esa paradoja es la que impulsa el pensamiento.

Por Leonardo Moledo

www.leonardomoledo.blogspot.com
Publicado enInternacional
Jueves, 12 Noviembre 2009 08:24

Una historia de Ciencia Ficción

Como lamento tener que criticar a Obama, conociendo que, en ese país, hay otros posibles Presidentes peores que él. Comprendo que ese cargo en Estados Unidos es hoy un gran dolor de cabeza. Quizás nada lo explica mejor que lo informado ayer por Granma de que 237 miembros del Congreso de Estados Unidos; es decir, un 44% de los mismos, son millonarios. No significa que cada uno de ellos tenga obligación de ser reaccionario incorregible, pero es muy difícil que piense como cualquiera de los muchos millones de norteamericanos que carecen de asistencia médica, están sin empleo o tienen que trabajar duramente para ganarse la vida.
 
Obama, desde luego, no es un pordiosero, posee millones de dólares. Como profesional fue destacado; su dominio del idioma, su elocuencia y su inteligencia no se discuten. A pesar de ser afroamericano fue electo Presidente por primera vez en la historia de su país en una sociedad racista, que sufre de una profunda crisis económica internacional, cuya responsabilidad recae sobre sí misma.
 
No se trata de ser o no antiestadounidense, como el sistema y sus colosales medios de información pretenden calificar a sus adversarios.
 
El pueblo norteamericano no es culpable, sino víctima de un sistema insostenible y lo que es peor: incompatible ya con la vida de la humanidad.
 
El Obama inteligente y rebelde que sufrió la humillación y el racismo durante la niñez y la juventud lo comprende, pero el Obama educado y comprometido con el sistema y con los métodos que lo condujeron a la Presidencia de Estados Unidos no puede resistir la tentación de presionar, amenazar, e incluso engañar a los demás.
 
Es obsesivo en su trabajo; tal vez ningún otro Presidente de Estados Unidos sería capaz de comprometerse con un programa tan intenso como el que se propone llevar a cabo en los próximos ocho días.
 
De acuerdo con lo programado, un amplio recorrido lo llevará a Alaska, donde hablará con las tropas allí desplegadas; Japón, Singapur, la República Popular China y Corea del Sur; participará en la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN); sostendrá conversaciones con el Primer Ministro de Japón y su majestad el Emperador Akihito, en la Tierra del Sol Naciente; los primeros ministros de Singapur y Corea del Sur; el presidente de Indonesia, Susilo Bambang; el de Rusia, Dmitri Medvédev, y el de la República Popular China, Hu Jintao; pronunciará discursos y conferencias de prensa; portará su maletín nuclear, que esperamos no tenga necesidad de usar durante su acelerado recorrido.
 
Su asesor de Seguridad informa que discutirá con el Presidente de Rusia la reivindicación del Tratado START-1, que vence el 5 de diciembre de 2009. Sin duda, algunas reducciones en el enorme arsenal nuclear se acordarán, sin trascendencia para la economía y la paz mundial.
 
¿Qué piensa abordar nuestro ilustre amigo en el intenso viaje? La Casa Blanca lo anuncia solemnemente: el cambio climático, la recuperación económica, el desarme nuclear, la guerra de Afganistán, los riesgos de guerra en Irán y en la Republica Popular Democrática de Corea. Hay material para escribir un libro de ficción.
 
Pero cómo va a resolver Obama los problemas climáticos si la posición de su representación en las reuniones preparatorias de la Cumbre de Copenhague sobre las emisiones de gases de efecto invernadero fue la peor de todos los países industrializados y ricos, tanto en Bangkok como en Barcelona, porque Estados Unidos no suscribió el Protocolo de Kyoto, ni la oligarquía de ese país está dispuesta a cooperar verdaderamente.
 
Cómo va a contribuir a la solución de los graves problemas económicos que afectan a gran parte de la humanidad, si la deuda total de Estados Unidos -que incluye la del Gobierno Federal, los gobiernos estatales y locales, las empresas y las familias- ascendía, al cierre del 2008, a 57 millones de millones, que equivalían a más del 400% de su PIB, y si el déficit presupuestario de ese país se elevó a casi un 13% de su PIB en el año fiscal 2009, dato que sin duda Obama no desconoce.
 
¿Qué le puede ofrecer a Hu Jintao si su política ha sido francamente proteccionista para golpear las exportaciones chinas; si exige a toda costa que el gobierno chino revalúe el yuan, lo cual afectaría las importaciones crecientes del Tercer Mundo procedentes de China?
 
El teólogo brasileño Leonardo Boff -que no es discípulo de Carlos Marx, sino católico honesto, de los que no están dispuestos a cooperar con el imperialismo en América Latina- afirmó recientemente: “…arriesgamos nuestra destrucción y la devastación de la diversidad de la vida.”
 
“…casi la mitad de la humanidad vive hoy por debajo del nivel de miseria. El 20% más rico consume el 82,49% de toda la riqueza de la Tierra y el 20% más pobre se tiene que sustentar con un minúsculo 1,6%.” Cita a la FAO advirtiendo que: “…en los próximos años habrá entre 150 y 200 millones de refugiados climáticos.” Y añade por su cuenta: “la humanidad está hoy consumiendo un 30% más de la capacidad de reposición… La Tierra está dando señales inequívocas de que ya no aguanta más.”
 
Lo que afirma es cierto, pero Obama y el Congreso de Estados Unidos no se han enterado todavía.
 
¿Qué nos está dejando en el hemisferio? El problema bochornoso de Honduras y la anexión de Colombia, donde Estados Unidos instalará siete bases militares. También en Cuba establecieron una base militar hace más de 100 años y todavía la ocupan por la fuerza. En ella instalaron el horrible centro de tortura, mundialmente conocido, que Obama no ha podido cerrar todavía.
 
Sostengo el criterio de que antes de que Obama concluya su mandato habrá de seis a ocho gobiernos de derecha en América Latina que serán aliados del imperio. Pronto también el sector más derechista en Estados Unidos tratará de limitar su mandato a un período de cuatro años de gobierno. Un Nixon, un Bush o alguien parecido a Cheney serán de nuevo Presidentes. Entonces se vería con toda claridad lo que significan esas bases militares absolutamente injustificables que hoy amenazan a todos los pueblos de Suramérica con el pretexto de combatir el narcotráfico, un problema creado por las decenas de miles de millones de dólares que desde Estados Unidos se inyectan al crimen organizado y a la producción de drogas en América Latina.
 
Cuba ha demostrado que para combatir las drogas lo que hace falta es justicia y desarrollo social. En nuestro país, el índice de crímenes por cada cien mil habitantes es uno de los más bajos del mundo. Ningún otro del hemisferio puede mostrar tan bajos índices de violencia. Es conocido que a pesar del bloqueo, ningún otro posee tan elevados niveles de educación.
 
¡Los pueblos de América Latina sabrán resistir las embestidas del imperio!
 
El viaje de Obama parece historia de ciencia ficción.
 
Fidel Castro Ruz
Noviembre 11 de 2009
7 y 16 p.m. 
Publicado enInternacional

¿Cómo explica el debilitamiento de la oposición después de más de dos años de pruebas de fuerza?

El gobierno del presidente Evo vio a la Asamblea Constituyente como la posibilidad de armar un gran ensamble colectivo de todas las fuerzas sociales del país. Nos metimos de cabeza en este proyecto pactista. Internamente al seno del pueblo, había que cohesionar al bloque popular, con muchas dificultades, porque había mucha diversidad corporativa, y luego había que dar como siguiente paso la apertura hacia los otros sectores sociales opositores, minoritarios pero importantes.

Y en ello dimos muestras de voluntad de flexibilizar posiciones políticas, de ceder en demandas e incluir a todos. Pero el bloque social opositor había definido una estrategia de bloqueo o suspensión constituyente, esto es de irresolución de la estructura de poder, y optó por el rechazo a los pactos constituyentes una y otra vez. Su objetivo consistía en prolongar la crisis de Estado iniciado en el año 2000, debilitando al gobierno a la espera de un momento donde la correlación de fuerzas le fuera favorable para la resolución de la crisis.

Y nosotros aun así insistimos. El debate sobre los llamados “dos tercios” a fines de 2006 fue un primer amague de lo que estaba en juego, y de la decisión de un sector que no estaba dispuesto a aceptar su posición de minoría política democrática. En los dos tercios y en el tema de la omnipotencia de la Constituyente cedimos, fuimos para atrás, pero a la vez, como contraparte, empujamos la consolidación de una mayoría social y política que también se convertía en una mayoría decisoria constituyente.

El segundo gran momento de confrontación fue el tema de la capitalidad de Sucre. Se desenterró un tema centenario, causante de una guerra civil en 1899, como punta de lanza para volver a suspender la Constituyente. Ahí el bloque opositor cívico-prefectural de derecha nos mostró que estaba dispuesto a todo, incluso a poner en riesgo la vida de constituyentes con tal de inviabilizar la posibilidad de un pacto nacional. Y nosotros, frente a ese escenario, volvimos a ofrecer enormes concesiones.

Visto a la distancia, la dirigencia cívica sucrence, que era empujada por atrás por las elites cruceñas, estaba obteniendo una gran cantidad de logros: casi un tercio de las sesiones de Congreso a Sucre, las oficinas del Defensor del Pueblo, de la Procuraduría, quizás de la Corte Nacional Electoral, un con-junto de instituciones que le daban una relevancia administrativa y económica a Sucre, además de una viabilización más rápida de un conjunto de obras de infraestructura. Pero tampoco aceptaron. Y comprobando que no había ningún interés en acordar, sino en antagonizar indefinidamente, es que nos lanzamos ala aprobación de la Nueva Constitucion, primero en la Calancha, en grande, y luego ya en Oruro. Es decir, resolvimos definir por vía de las mayorías constituyentes la estructura del poder estatal.

En esta época usted habló de “punto de bifurcación”.

Sí, enseguida llego ahí. Pese a todo esto, hicimos un nuevo intento y fuimos a buscar a Rubén Costas, a Leopoldo Fernández a su hacienda, fuimos a buscar a Branko Marin-kovic y, por último, le propusimos a la gente de Jorge Quiroga un proceso de destrabamiento. Ahí, de manera incontrastable, estaba claro que había un sector minoritario que iba a impedir por todos los medios la solución, vía el proyecto nacional-popular, de la crisis estatal iniciada en 2000.

Y claro, nosotros necesitábamos la Constituyente para constituir el nuevo Estado, para anclar en las instituciones y relaciones de mando duraderas del Estado la nueva correlación de fuerzas alcanzadas por el movimiento indígena-popular en el ciclo de movilizaciones de 2000-2005. En el fondo, una Constitución, lo que hace es solidificar una serie de puntos de apoyo irreversibles, de conquistas y mandos alcanzados históricamente por la trama de las luchas de poder de una sociedad. Y la prueba final de esta voluntad confrontacional de la oposición minoritaria de derechas vino cuando se lanzaron a la convocatoria a las consultas departamentales sobre los estatutos autonómicos a realizarse en mayo de 2008. Se trataba de una búsqueda de disputa de facto del poder político regional, de una suerte de poder dual regionalizado o escisión vertical antagonizada de la estructura del Estado. Llegado ahí, no había punto de retorno: la derecha no estaba dispuesta a ser incluida en el proyecto nacional-popular como fuerza minoritaria y dirigida, y optaba por la conflagración territorial.

La lucha por el poder se acercaba al momento de su resolución bélica o última, en la medida en que, en última instancia, el poder del Estado es coerción. A esto es que denominamos “punto de bifurcación”, o momento en que la crisis de Estado, iniciada ocho años atrás, se resuelve ya sea mediante una restauración del viejo poder estatal o bien mediante la consolidación del nuevo bloque de poder popular. Es el momento de inicio del nuevo orden estatal de manera autoproducente.

Y todo ello mediante el despliegue, medición o confrontación de fuerza desnuda de los dos bloques polarizados. El punto de bifurcación es el momento excepcional, corto de duración, primario pero decisorio, en que el “príncipe” abandona el lenguaje de la seducción y se impone por sus tácticas bélicas de coerción. Entonces, ya era cuestión de tiempo la llegada de ese día de fuerza y nosotros entre mayo y septiembre de 2008 nos preparamos para ese momento.

Fue un momento bélico o potencialmente bélico. La derecha golpista realizó sus consultas e inició gradualmente la conformación de pequeños poderes regionales que desconocían al gobierno. Nosotros entendemos esa señal y nos desplegamos en una estrategia envolvente, como la llaman los militares. Tanto por el lado de los mecanismos coercitivos del Estado como por la vía de la movilización social.

Para mayo, se hace un análisis con las organizaciones sociales y con las propias Fuerzas Armadas evaluando los principales riesgos que había en el país y se instruye la preparación de planes de contingencia ante la eventualidad de una radicalización de la estrategia golpista de la derecha.

Ahí se hace un primer plan de contingencia de una gran movilización nacional en defensa de la democracia que no se lo ejecuta pero ya estaba elaborado tanto en lo social como en lo militar. En agosto, apostaron por una derrota electoral del gobierno, a fin de restarnos legitimidad democrática, pero ganamos el referéndum (revocatorio de agosto de 2008). Lejos de retroceder en el apoyo democrático, el gobierno incrementará su aceptación del 54 al 67%, consolidando una mayoría social en todo el territorio nacional, incluyendo en regiones anteriormente dominadas por la oposición.

Esto desquicia a la derecha. Después de dos años de estrategia de bloqueo constituyente, ahora pretendían una rápida recuperación del poder, comenzando desde el ámbito departamental. Pero el revocatorio ampliaba la legitimidad nacional del gobierno del presidente Evo e irradiaba la fuerza política del bloque indígena-popular a la totalidad de los departamentos.

En vez de entender el momento, la derecha decidió atacar. Las reglas de la guerra, y la política es la prolongación de la guerra por otros medios, enseñan que cuando un opositor es fuerte no se lo debe atacar directamente, y cuando un ejército es débil nunca debe promover ni aceptar entablar batalla ante uno más fuerte. La derecha hizo exactamente todo lo contrario a este ABC de la lucha por el poder. Enceguecida, se lanzó a la confrontación en el momento de mayor fortaleza política-electoral del gobierno y de mayor incertidumbre de la extensión de la base de apoyo de la derecha; y ahí comenzó su derrota.

Tras los resultados del referéndum aprobatorio de agosto, el bloque cívico-prefectural inicia su escalada golpista: toman las instituciones, esperamos; atacan a la policía, esperamos; destruyen y saquean las instituciones públicas en cuatro departamentos, esperamos; desarman a soldados, esperamos; toman aeropuertos, esperamos; destruyen ductos, esperamos. Ellos mismos se lanzan des-bocados a un callejón sin salida. Usan la violencia contra el Estado, dando el justificativo moral de una respuesta contundente del Estado contra ellos, que se la comenzará a desplegar en una escala gigantesca. Además, a medida que incendian y saquean instituciones públicas, se deslegitiman ante su propia base social quedando en horas como un puñado de violentos. Y viene Pando… El prefecto desata la masacre de Pando en un intento de dar una señal de escarmiento a los líderes populares… y este acto colma la tolerancia de la totalidad de la sociedad boliviana.

La masacre de campesinos igualará a los prefectos con sus mentores Sánchez de Losada o García Meza, y pondrá en manos del Estado la obligatoriedad de una intervención rápida, contundente, en defensa de la democracia y la sociedad.

Y sin dudar un solo segundo, se lo hará en el eslabón más débil de la cadena golpista, Pando. Se tratará del primer estado de sitio dictado en defensa y protección de la sociedad, encontrando el pleno apoyo de la población horrorizada por la acción de los golpistas.

Esto, sumado al rechazo internacional de los golpistas, detendrá en seco la iniciativa cívico-prefectural, dando lugar a su repliegue desordenado. Es el momento de una contraofensiva popular, cuya primera línea de acción serán las organizaciones sociales y populares del propio departamento de Santa Cruz. No sólo campesinos y colonizadores se movilizaran sino pobladores de los barrios plebeyos de Santa Cruz y especialmente jóvenes urbanos, quienes en memorables jornadas de resistencia a las bandas fascistas, defenderán sus distritos y quebrarán el dominio clientelar de las logias cruceñas.

La contundencia y firmeza de la respuesta político-militar del gobierno contra el golpe, sumada a la estrategia de movilización social en Santa Cruz y hacia Santa Cruz creó una articulación virtuosa social-estatal pocas veces vista en la historia política de Bolivia.

Esa era la dimensión y la extensión general del “ejército” y las “divisiones movilizadas” en contra del golpe. Esa era la fuerza de choque que el proyecto indígena-popular desplegaba para el momento definitorio de fuerza.

La derecha evaluó sus fuerzas de choque aisladas y en desbandada, comprobó la voluntad política del mando indígena-popular que estaba dispuesto a todo y prefirió abdicar de sus propósitos y rendirse. De este modo, se cierra el ciclo de la crisis estatal, de la polarización política y se impondrá, en una medición bélica de fuerzas sociales, la estructura duradera del nuevo Estado. Una cosa parecida sucedió en 1985, cuando los mineros, que eran el núcleo del Estado nacionalista, se rindieron frente a las divisiones del ejército que resguardaban el proyecto neoliberal.

Hoy, le tocó al bloque empresarial-terrateniente asumir la derrota y dar paso a la nueva correlación de fuerzas políticas de la sociedad. A su modo, septiembre-octubre de 2008 tuvo el mismo efecto estatal que la derrota de la “marcha por la vida” de los mineros en 1986. Sólo que ahora es el bloque plebeyo el que festeja la victoria y las elites adineradas tendrán que asumir su derrota histórica. Lo que vino después fue la validación político parlamentaria de ese triunfo popular. Sobre la marcha de victorias electorales y militares, el gobierno indígena-popular llevará a la consagración institucional de la correlación de fuerzas lograda en el momento del “punto de bifurcación” Y eso lo hará mediante la aprobación congresal de la Nueva Constitución Política del Estado.

El Congreso se transformó por unos días en una especie de Congreso constituyente que articuló el trabajo de la Asamblea Constituyente cerrada nueve meses atrás, los acuerdos gubernamentales con el bloque minoritario de prefectos conservadores en las semanas previas, y la deliberación popular de la marcha emprendida por las organizaciones obreras, indígenas, campesinas y populares que a la cabeza del presidente Evo llegaron a la ciudad de La Paz desde Caracollo. Bajo las nuevas circunstancias, era claro que el eje articulador indígena-popular del Estado se imponía por su propio peso en el orden estatal constitucional. Pero a la vez, el resto de los sectores sociales eran articulados a partir de su propio debate en la Asamblea Constituyente (clases medias, sectores empresariales medianos y pequeños, etc.) Incluso el bloque conservador rentista de la tierra, expresado políticamente por los prefectos y cívicos, fue tomado en cuenta, pero claro, como sujeto social dirigido por el nuevo núcleo estatal indígena-popular, y en menor intensidad que lo que podía haber logrado si asumía la convocatoria pactista de 2006-2007. No se puede olvidar que este trabajo político también serviría para arrebatar a la derecha la bandera autonómica, detrás de la cual había disimulado la defensa del latifundio y el rentismo empresarial.

De esta manera, el bloque de poder nacional-popular no sólo se consolidaba materialmente en la estructura estatal, sino que asumía el mando de los tres ejes discursivos del nuevo orden estatal que guiarán todos los debates políticos en las siguientes décadas: plurinacionalidad, autonomía, conducción estatal de la economía. Visto a la distancia, pese a toda la conflictividad de los tres años, en términos de los resultados duraderos, las cosas no podrían haber sucedido de mejor forma para el bloque nacional-popular en el poder. Al final, las condiciones de concesión a los adversarios hubieran sido mucho mayores en un pacto constituyente que los reconocimientos e inclusiones cedidas a un adversario abdicante y derrotado, por lo que la historia no siempre transcurre por el lado malo como creía Hegel.

Así, en agosto se consolida la victoria electoral, en septiembre la victoria militar y en octubre (con la aprobación congresal del referéndum constitucional) la victoria política. Y con eso, ciertamente, se cierra el ciclo constituyente y a partir de ese momento se inicia la estructura de orden unipolar del nuevo orden estatal.

¿Hasta dónde el debilitamiento tan notorio de la oposición podría trasladar las tensiones hacia el interior del bloque oficialista, habida cuenta que una oposición al acecho siempre es muy efectiva para cohesionar a las propias bases?

Yo no creo, no obstante, que la oposición haya sido desbaratada definitivamente. La oposición hoy no tiene un proyecto de poder, carece de discurso movilizador con efecto estatal pero tiene aún mucho poder económico, mucho poder mediático y tiene un poder de veto gigante en muchas cosas.

Sigue siendo un adversario riesgoso. Ciertamente que en el ámbito económico el Estado ha logrado dar golpes contundentes en el desmontamiento de una parte del poder económico conservador: la burguesía rentista e intermediaria ya no tiene a las empresas petroleras como generosas financistas. La red clientelar agraria que los rentistas de la tierra crearon en el ámbito agroindustrial se ha debilitado enormemente con la presencia de la empresa estatal de alimentos EMAPA, y la presencia pública en la cadena soyera, triguera, arrocera llega al 20 o 30% del total de la producción. Pero aún el bloque opositor irreductible conserva otros espacios importantes de poder agrario, comercial y financiero, y eso le da a la larga capacidad de agregación, presión y confrontación. Pero hoy, y eso puede durar unos años, lo que no tiene es un proyecto de Estado; cuánto tiempo no lo tendrá, quién sabe, pero tiene un proyecto de impedir que siga avanzando el proyecto popular.

A diferencia de las clases populares, que en 1985 son derrotadas, y materialmente desestructuradas para dar lugar a un ciclo lento de reorganización, la derecha no. La derecha ha sufrido un golpe político, ha perdido el mando del Estado, ha perdido la capacidad de seducir estatalmente a la sociedad, pero tiene mucho poder económico todavía. Es distinta la forma de consolidación del punto de bifurcación cuando es el sector popular el derrotado, política y materialmente, que cuando se trata del sector empresarial, porque puede perder en lo político pero conserva poder económico que le permite tener poder de veto permanente. Entonces, ahí sigue ese adversario, fragmentado, desorientado, pero como adversario, y con capacidad de bloqueo. Ahora, en ese escenario en el que la contradicción fundamental se ha apaciguado, se ha debilitado surgen mayores posibilidades de tentaciones al interior del núcleo central, eso es verdad.

¿Pero por qué no lograron prosperar lo que en la historia de muchos partidos son tendencias escisionistas al interior del núcleo dirigente?

Por varios motivos. En primer lugar, sin duda, por el liderazgo apabullante del presidente Evo en la estructura política y social del Estado y de la propia sociedad. Hoy, la figura, el carisma y la adhesión que ha alcanzado el presidente Evo es de tal magnitud que limita objetivamente la existencia de otro liderazgo que pudiera disputar la base social del gobierno y de la sociedad.

Pero hay otro elemento relevante que explica los límites materiales de un fraccionalismo al interior del gobierno: la ausencia de facciones con poder económico. El control de ministerios habilita a tener influencia, redes, que permiten conformar facciones económicas.

No hay que olvidar que somos un Estado que ha pasado a invertir de 600 a 2.300 o 2.400 millones de dólares, y es normal que en cualquier parte surjan facciones de poder económico, núcleos que controlan inversiones, decisiones, fábricas, ingresos, fuerza laboral. Se da en Brasil, se da en Argentina, se da en Venezuela. Pero aquí se ha creado, hasta ahora y de una manera sistemática y vigilada, una estructura laboral gubernamental que impide, que ha impedido, la consolidación de núcleos consolidados de influencia y de poder económico, no digamos de propiedad, con capacidad de desempeño y presencia política autónoma al interior del gobierno. En ello varios factores han intervenido: elevada rotación de funcionarios, un control presidencial del funcionamiento diario de los ministerios, pero también una moral interna, una especie de espartanismo gubernamental reivindicador de una ética del servicio público que ha limitado, hasta hoy, la cristalización de facciones de poder económico que son las que alientan potencialmente el fraccionalismo político.

Eso ha permitido que haya un núcleo muy duro y cohesionado alrededor del Presidente que ayuda a que internamente no emerjan tendencias centrífugas. Este es el intento de construir una moral del servicio público en el núcleo decisional del gobierno, ¿pero qué pasa en la base? Víctor Paz Estenssoro explicó el fin de la Revolución Nacional cuando las pegas a repartir eran menos que los militantes del MNR,

¿No puede pasar lo mismo con el gobierno del MAS?

Paz Estenssoro asumía esa presión del militante arrivista como un hábito político, en continuidad con una lógica política prebendal que nunca buscó superar. En Bolivia, desde el siglo XIX, la actividad política ha sido vista como un medio de ascenso social más que un medio para el servicio a la res publica. De hecho, la estructura material de las clases sociales en Bolivia pera de tal manera que los procesos de enclasamiento y desclasamiento no dependan tanto del capital cultural para ascender socialmente sino del capital político, esto es, de las redes e influencias políticas que garantizan el acceso a bienes privados. Esto, que era un monopolio exclusivo de casta y alcurnia hasta 1952, desde entonces se amplió a clases medias y niveles dirigenciales del sindicalismo obrero.

En la actualidad, hay sectores que presionan por una mayor “democratización” de esta forma prebendal de la acción política y reclaman el derecho a un puesto público por el hecho de pertenecer a alguna dirección regional del MAS. Frente a esa presión y degeneración de la militancia política, el gobierno ha sido muy contundente en su rechazo y sanción.. ¿Por qué expulsamos a Adriana Gil en 2006? Por eso, porque entonces se formó un núcleo de militantes masistas que se fueron a tomar una institución para pedir que sea para que ellos ocupen puestos de trabajo.

En abril del mismo año, se expulsó a quienes querían continuar con el viejo hábito de la militancia como acceso a un cargo público. A partir de ese momento, el propio Presidente no sólo puso en pie una ética política de la gestión pública como servicio, sino que además ha sido clarísimo en que los compañeros que se inscriben como militantes del MAS no deben esperar formar parte de las estructuras administrativas del Estado y que, por el contrario, deben esforzarse por fortalecer la estructura organizativa e ideológica del partido.

Si uno compara históricamente los cambios en el personal del Estado, entre nuestra gestión de gobierno y las precedentes, comprobará que nosotros no hemos realizado ni un 20% de los cambios que anteriores administraciones implementaban. En tiempos del MIR, ADN, MNR, ni los porteros ni las cortinas de los despachos se salvaban del “barrido” partidario. Entonces, para nosotros, no es una preocupación que haya muchos militantes y pocos cargos; al contra-rio: eres militante, entonces no tienes cargo. Y esto lo hemos enfatizado bajo la concepción de la política como una especie de largo “servicio militar” para servir a la sociedad.

¿Pero esto no impide la formación de cuadros al interior del propio MAS?

Ese es un gran problema, pero no es tanto por este tema. Una de las grandes debilidades de nuestra estructura política, de este proceso, es la ausencia de cuadros políticos y técnicos. En las revoluciones mundiales los partidos que han ascendido al gobierno han tenido previamente décadas de preparación y selección de cuadros que les permitió asumir con mayor musculatura organizativa los cambios de la sociedad.

El mismo MNR que se forma en los años 30 tendrá más de quince años de formación antes de acceder al gobierno. Pero el MAS, que surge el año 1995 como estructura política local, recién en 2000-2001 se planteara la temática de una estructura nacional con voluntad de poder, y en 2005 ya es gobierno.

Son apenas cuatro años de preparación. Y eso ha generado dificultades, ya que en el núcleo político básico, el MAS no es una estructura de cuadros sino una coalición flexibles de movimientos sociales. Se ha hecho esfuerzo por potenciar la parte organizativa de los cuadros, pero el rápido crecimiento en niveles urbanos ha obligado a reafirmar la disciplina militante sindical frente a prácticas más liberales y prebendales en el ámbito de los niveles urbanos. Cuando se forma el partido la estructura, digámoslo así, de cuadros funcionales urbana, era paralela a la estructura sindical agraria y compartían los niveles de decisión política . Pero ya en gobierno, una parte de la estructura urbana se dedicará a buscar cargos, por lo que para limitar este tipo de desviaciones y prácticas se decide, desde 2007, que en los niveles nacional, departamental y regional de las estructuras partidarias asuman el mando las organizaciones sociales.

Entonces, ¿de dónde vienen los cargos?

Desde que somos gobierno, se han reforzado los mecanismos de selección meritocrática en los niveles técnicos de la administración pública, en tanto que los cargos de confianza política pasan por el tamiz de las organizaciones sociales nacionales. Desde 2007, la postulación a cargos de confianza política ya no pasa por las listas de las direcciones departamentales.

Con respecto al affaire Santos Ramírez,¿cómo afectó al proyecto económico del gobierno considerando que YPFB es una empresa emblemática de este proceso?

YPFB no es sólo la empresa emblemática, es la empresa que sostiene económicamente al país y la base material de la soberanía reconquistada. Tiene un flujo de caja de unos 3.500 millones de dólares, y, para Bolivia esto es muchísimo dinero. En términos de propiedad, YPFB controla, a nombre del Estado, entre 2.200 y 2.300 millones de dólares. Hoy, 50% de nuestras exportaciones son petróleo y gas y esas exportaciones pasan por YPFB. Es el corazón de la economía boliviana y debe ser una de las veinte empresas más importantes de América Latina.

Por ello, las primeras informaciones sobre la corrupción en YPFB fueron un golpe muy duro porque golpeó a la empresa emblemática del país, pero encima se la afectó de la mano de un compañero que era a futuro uno de los más posibles sucesores del presidente Evo en el liderazgo político del MAS.

Y ante esa dureza, se respondió de manera inmediata y con la misma dureza: apartar a Ramírez, instantáneamente, del mando de la empresa y apoyar públicamente las investigaciones del Ministerio Público. Rompiendo, así, la vieja tradición de los partidos tradicionales de ocultar, dilatar o por último encubrir los actos de corrupción de sus militantes con peso político; nosotros decidimos dar una nueva señal: en gobierno y ante los intereses del pueblo no hay amigos, no hay familiares, no hay militantes, no hay compadres ni comparseros. Hay servidores o corruptos, y estos últimos deben ir a la cárcel sin consideración alguna. No podemos permitir ni un atisbo de error o sospecha en el núcleo dirigente. La instrucción fue clara: que se haga cargo la Justicia y que nadie presione. Se estuvo muy atento a que ningún nivel del Estado interfiera, presione, insinúe para nada en favor de Santos. Pero el daño está hecho. Tuvieron que pasar meses para ir curando esa herida.Pero, otra vez, se nota la ausencia de cuadros.

De ahí que hayamos tenido que aprobar una ley que habilite salarios más elevados que el del Presidente para cuadros técnicos de empresas estratégicas. Es nuestra forma local de la NEP leninista (Nueva Política Económica, en la Rusia pos revolucionaria). El objetivo de la NEP, además de la alianza con los campesinos, era fundamentalmente reclutar técnicos para administrar los niveles subalternos del Estado, habida cuenta que si bien el Estado es una estructura política tiene niveles burocrático-administrativos y técnico-científicos que requieren de conocimientos y saberes que no pueden ser adquiridos ni transformados rápidamente.

Lenin, para terminar la catástrofe económica que se dio inmediatamente después de la revolución, tuvo que recontratar a los técnicos del antiguo Estado, hasta crear gradualmente una administración más simple. E instruyó: debajo de cada técnico pongan un joven que aprenda, y nosotros estamos haciendo lo mismo.

Ya lo iniciamos en 2006: se cambia la organización y las personas de los niveles decisionales de la administración pública (ministros, viceministros y algunos directores), pero no se toca la estructura secundaria de la administración estatal, hasta formar cuadros estatales, jóvenes, que sustituyan a los antiguos. Ahora tenemos nuevos retos: empresas estatales nuevas que se agigantan en uno, dos o tres años.

Necesitamos gente competente, que hay que reclutar en el mercado laboral. De ahí la ruta que hemos adoptado: mando político comprometido en los niveles de decisión y funcionarios técnicos de primera, con sueldos muchas veces superiores a los propios gerentes de las empresas donde trabajan. Eso le pasa a Carlos Villegas, él gana 13.000 Bolivianos y un gerente de Andina puede ganar 60.000 Bolivianos o 15.000 dólares; de momento no nos queda otra opción, hasta que se logre formar una nueva generación de servidores públicos con gran eficiencia técnica pero, además, con compromiso político que permita nuevamente igualar la escala salarial.

En el gobierno hay una narrativa muy fuerte en torno a la descolonización ¿cómo se mediatiza este objetivo en términos de políticas culturales y educativas?

La descolonización tiene varias dimensiones y es un hecho fuerte del proyecto de poder de los movimientos sociales. Hemos recibido una sociedad colonizada hasta los tuétanos; en lo económico había que pedir limosna a países extranjeros para pagar salarios, en lo político había que pedir permiso a las embajadas para escoger ministros, en lo espiritual la gente creía que el poder era un argumento de piel y apellido, en lo mental la gente pensaba que todo lo que venía de universidades extranjeras era saber y el resto folclore. Para derrumbar esta loza que aplastaba la energía vital de los bolivianos, el primer paso que adoptamos ha sido la descolonización política: tomar decisiones como país sin consultar a gobiernos extranjeros.

Acá el ministro de Gobierno tenía que pasar por el visto bueno de la embajada de Estados Unidos, el ministro de Hacienda por el visto bueno del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. Un segundo momento es la descolonización económica, lo que en términos generales significa romper con el flujo de externalización del excedente: la sociedad genera un excedente y por distintas vías –poéticamente, las venas abiertas de América Latina– ese excedente se transfería en ingentes cantidades hacia el exterior.

La descolonización significa, entonces, la ruptura de esos flujos de desangramiento, para que el excedente generado se reinyecte otra vez en el país, que es lo que hemos hecho con el decreto de nacionalización y con la gradual recuperación de las empresas públicas y con las políticas de tipo de cambio, con las políticas impositivas respecto de las remesas de las ganancias… el mejor ejemplo es el government take petrolero. El government take varía entre 65 y 77% cuando antes era del 27%, es decir de la ganancia de los hidrocarburos sólo 27% se quedaba en Bolivia. Hoy de cada 100 dólares de ganancias, entre 65 dólares en los campos más pequeños y 77 en los grandes campos se queda en el país. Esta es la base material de la soberanía económica. Luego viene el otro ámbito, más duradero y más complicado, quees la descolonización cultural y espiritual de la sociedad. El quiebre del paradigma colonizador lo dio la propia sociedad al elegir, por primera vez en la historia del país, a un presidente indígena. Y a partir de ese momento, toda la simbología colonial que aprisiona la vida y el alma, ha comenzado a quebrarse irreversiblemente.

Hoy tenemos a un indio campesino gobernando Bolivia, ante el que los militares tienen que cuadrarse, los funcionarios deben cumplir instrucciones, los empresarios deben solicitar audiencias, y cortes y gobernantes rendir honores… La descolonización cultural tiene entonces, dos ejes que deben ser abordados complementariamente. Uno referido a la diversidad de culturas, de idiomas, de historias y memorias. Y el otro eje referido a la diversidad de civilizaciones, esto es de modos de producción del sentido de la vida, del tiempo, de la política. La descolonización en el primero de los ejes, el cultural, es más fácil de lograr, y ya hay experiencias en otras sociedades multiculturales (Bélgica, India, Canadá):

enseñanza en varios idiomas, administración pública plurilingüe, narrativa histórica plural dentro de la historia común nacional, que viene a ser una historia nacional de varias naciones, etc. La escuela y la universidad van a enseñar obligatoriamente entres idiomas: castellano –como idioma de integración–, una lengua extranjera –como idioma de comunicación con el mundo– y un idioma indígena dominante en la región (aymara en La Paz, quechua en Cochabamba y guaraní en Santa Cruz).

En el ámbito del Estado, los funcionarios públicos deben aprender un idioma indígena también de acuerdo a la zona. Lo mismo en la atención, las

publicaciones, los discursos estatales públicos. Y siguiendo en el plano cultural, la descolonización de la memoria, la reivindicación oficial de otros héroes, de las fechas de los pueblos indígenas. La historia diversa, mestiza e indígena, tiene que oficializarse en textos de enseñanza. Lo que es más complicado es la descolonización desde el punto de vista civilizatorio; eso tiene que ver ya con la matriz organizativa y cognitiva de las personas. En el ámbito de la educación, se trata de reivindicar otros saberes, otras construcciones discursivas, no necesariamente escritas, del conocimiento; cómo vamos a lograr eso, es parte de un debate interno en el gobierno; cómo vamos a preservar como patrimonio público lo que está escrito en los textiles (tejidos aymaras), como saber del Estado. Es un debate complicado.

En el área de salud ya se han dado pasos más grandes, por ejemplo colocando junto al médico al “naturista”, o al lado de la enfermera la partera, y la gente puede optar en el centro médico. Es un prototipo de saber y de procedimiento médico que el Estado está comenzando a institucionalizar, aunque no hay aun una reglamentación de este saber local disperso pero que corresponde a otra civilización, no solamente a otra cultura.

Otra lógica de entender lo que es la muerte, la vida, la sangre, la comida. En el ámbito político también hemos avanzado al incorporar la democracia comunitaria comouna de las democracias legítimas en el modo de producción de decisiones del Estado. O la incorporación del control social vía las estructuras sindicales, asociativas, comunitarias, hacia la administración del Estado.

Y en lo económico hemos incorporado, reconocido, fomentado y financiado las estructuras comunitarias como parte del área productiva que tiene que decidir una parte de la inversión del TGN. Se trata de un proceso complejo y largo. Pero ya hemos comenzado a dar pasos decisivos.

“Junto al derecho de las comunidades está el derecho del Estado”

Al escuchar a Evo Morales se advierte un desfase entre sus discursos en defensa de la Pachamama, la tierra y el territorio, más hacia fuera, y un discurso más desarrollista hacia adentro, incluyendo denuncias de las ONGs que promueven una Amazonía sin petróleo ¿cómo lo explica usted?

Está claro que la lógica productiva campesina y comunitaria se basa en un tipo de racionalidad productiva localmente sostenible con la naturaleza, porque tiene como fundamento una lógica de adelantos y restituciones entre generaciones. Se trata de un hecho material que para garantizar el alimento de los hoy presentes, se lo tiene que hacer preservando las condiciones alimenticias para los que vendrán después, lo que lleva a una lectura dialógica y a un vínculo sostenible a largo plazo con la naturaleza.

La forma como se racionaliza y se verbaliza eso da lugar a la ritualidad dialogante con la naturaleza, en tanto cuerpo vivo al que se le pide permiso, se le pide lo necesario para la reproducción y se devuelve luego y se mantiene ese cuerpo para garantizar a largo plazo este intercambio metabólico entre ser humano y naturaleza. Tomando un concepto de Marx al estudiar la comuna rural en la India en los Grundisses, en la civilización campesina la naturaleza se presenta, entonces, como una externalización orgánica de la subjetividad. Por tanto, tu no puedes destruir tu propio cuerpo a no ser que seas suicida. El movimiento campesino ha defendido y va a defender una forma de uso que hoy llamamos racional de la naturaleza,opuesto a los procesos de depredación propia de la civilización del valor-ganancia.

De ahí que en América Latina en el movimiento indígena-campesino haya habido una construcción discursiva de militante defensa de las potencias de la naturaleza frente a la depredación expansiva de la explotación capitalista. Con el tiempo, esta lógica productiva agraria y campesina devino una lógica política de enfrentamiento con el Estado desarrollista neoliberal. El tema se complejiza cuando los campesinos indígenas, anteriormente excluidos de la ciudadanía y del poder económico, se vuelven bloque dirigente y conducente del Estado y la comunidades devienen en parte del Estado, que es lo que nos está pasando en Bolivia.

Entonces, por una parte, se lleva hacia el ámbito estatal esta lógica de la relación dialogante con la naturaleza; pero a la vez, en cuanto eres Estado, necesitas recursos y excedentes crecientes para atender necesidades básicas de todos los bolivianos, y de los más necesitados, como las comunidades indígenas y populares urbano-rurales. Y ahí, evidentemente, se genera una tensión. Por tanto, tienes que caminar con los dos pies. Expandir como política de Estado la protección del medio ambiente, el uso sostenible dela naturaleza, pero a la vez necesitas producir en gran escala, implementar procesos de industrialización expansiva que te habiliten excedente social para su redistribución y para el apoyo a otros procesos de modernización campesina y comunitaria y artesanal.

En el caso de la exploración de gas y petróleo en el norte paceño, lo que buscamos es producir hidrocarburos para equilibrar geográficamente las fuentes de riqueza colectiva de la sociedad, generar excedente estatal y simultáneamente preservar el entorno espacial en coordinación con las comunidades indígenas. Hoy no estamos abriendo paso en el norte amazónico para que entre Repsol o Petrobras. Estamos abriendo paso en la Amazonía para que entre el Estado.

¿Y quién asegura que el Estado no sea tan depredador como las empresas transnacionales?

Hay que cuidar que no lo sea. Ciertamente habrá una tensión entre lógica social-estatal de un uso sostenible de la naturaleza, y la necesidad social-estatal de generar excedentes (ganancias) económicas a cargo del Estado. Se trata de una tensión como lo es el “Estado de movimientos sociales”, entre democratización del poder y monopolio de decisiones (movimiento social/ Estado). Hay que vivir con esa contradicción vital de la historia. No hay receta. ¿Es obligatorio sacar gas y petróleo del norte amazónico de La Paz? Sí. ¿Por qué?, porque necesitamos equilibrar las estructuras económicas de la sociedad boliviana, porque el rápido desarrollo de Tarija con el 90% del gas va a generar desequilibrios a largo plazo. Se necesita, por tanto, equilibrar a largo plazo las territorialidades del Estado. Igualmente, se requiere excedentes económicos para reforzar estructuras comunitarias, para expandirlas, para buscar modos de modernización alternativos distintos a la destrucción de las estructuras comunales, como viene sucediendo hasta hoy. Y a la vez, es necesario impulsar, en acuerdo con las comunidades, una producción hidrocarburífera no depredadora del entorno.

¿Si las comunidades dicen que no, igual el Estado va a entrar?

Aquí viene el debate, ¿qué ha pasado? Cuando hemos consultado a la CPILAP (Central de Pueblos Indígenas de La Paz), nos ha pedido que vayamos a negociar a Bruselas con su buffet de abogados y que respetemos unos enunciados medioambientalistas publicados por USAID. ¿Cómo es eso? ¿Quién está impidiendo que el Estado explore petróleo en el norte de La Paz: las comunidades indígenas Tacanas, una ONG, o países extranjeros? Por ello, hemos ido a negociar comunidad por comunidad y allí hemos encontrado el apoyo de las comunidades indígenas para llevar adelante la exploración y explotación petrolera. El gobierno indígena-popular ha consolidado la larga lucha de los pueblos por tierra y territorio.

En el caso de los pueblos indígenas minoritarios de tierras bajas, el Estado ha consolidado millones de hectáreas como territorialidad histórica de muchos pueblos de pequeña densidad demográfica; pero junto al derecho a la tierra de un pueblo está el derecho del Estado, del Estado conducido por el movimiento indígena-popular y campesino, de sobreponer el interés colectivo mayor de todos los pueblos. Y así vamos a proceder hacia delante.

Por Maristella Svampa, Sociologa; Pablo Stefanoni y Ricardo Bajo, DIRECTOR Y SUBDIRECTOR, RESPECTIVAMENTE, DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, EDICION BOLIVIANA (agosto 2009).

M.S., P.S., R.B. © LMD ed. Boliviana, agosto 2009.

http://www.lemondediplomatique.cl/

 

Publicado enInternacional


San Salvador, 30 de mayo. En medio de una crisis global como ésta, iniciar un nuevo gobierno que representa una ruptura con la derecha histórica del país significa, por lo menos, entrar a la jaula del tigre que el presidente electo Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se ganó en la rifa electoral del 15 de marzo.

Por eso, “para poder sobrevivir en el primer año del nuevo gobierno –opinó Héctor Silva, ex alcalde de la capital durante dos periodos y que será uno de los artífices de la política social– tendremos que hacerle como Barack Obama: aterrizar y echar a correr. Sabemos que no tendremos periodo de gracia, necesitamos presentarle al pueblo resultados en un año”.

Lo que sí va a tener Funes a sus 49 años y ocupando por primera vez un puesto de elección popular, ya que saltó directamente del periodismo a la presidencia, es un enorme capital político.

La última encuesta de aceptación le dio un porcentaje de 82 por ciento. Es un índice de popularidad muy poco común. No lo tuvo Obama, no lo ha tenido en los últimos años ningún gobernante latinoamericano. Si lo utiliza bien lo va a poder invertir para que en el corto plazo la gente nos tenga paciencia y valore los pequeños pasos que demos, agregó Silva.

El equipo de transición había anunciado que el viernes se daría a conocer el futuro gabinete pero finalmente la noticia del día quedó en suspenso. Será, afirma hoy Héctor Silva, un gabinete en que al menos 85 por ciento de nosotros nos sentiríamos muy cómodos si nos llaman de izquierda.

El jueves se anunció el gabinete económico, diverso y pluripartidista, en el que Funes busca una mezcla de equilibro y máxima eficiencia, con peso del FMLN en puestos importantes, pero también destacan otros sectores.

Por ejemplo, Alexander Segovia será una especie de superministro en su carácter de secretario técnico, pero no sale de las filas del FMLN sino de la estructura ciudadana Amigos de Funes.
Por la cuota no militante figura además el ministro de Hacienda Carlos Cáceres, ex presidente de la Asociación de Banqueros; Héctor Dada Hirezi, del Partido Socialdemócrata, y Guillermo López, empresario gerente de Pollo Campero que fue ministro en el gabinete de Antonio Saca, quien estará al frente de la administración de puertos y aeropuertos.

Ellos tendrán que coordinarse con funcionarios de signo opuesto, como lo es Gerson Martínez, nombrado ministro de Obras Públicas, sector clave para la estimulación del empleo intensivo. Gerson fue uno de los jefes de los comandos urbanos que dirigieron las operaciones insurgentes en la ofensiva de San Salvador en 1989.

Ese anuncio ya tiene tres días y no hemos recibido críticas negativas. Lo máximo que ha dicho el partido perdedor, Arena, en boca de su líder Alfredo Cristiani, es que habrá un compás de espera antes de opinar, dijo el ex alcalde.

Otros nombramientos son comentados extraoficialmente. Por ejemplo, el viceministro electo Leonel González, el único líder histórico que aún sigue como dirigente activo en el partido, será ministro de Educación, en atención a su pasado como maestro rural.

Pero el nombramiento más significativo para marcar los nuevos tiempos que corren en el país, es el de Manuel Melgar al frente del Ministerio de Seguridad Pública, posición estratégica ante la crisis de criminalidad que se vive.

Melgar formó parte del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, una de las cinco formaciones armadas del FMLN, y comandó un operativo en la Zona Rosa de esta ciudad, en 1985, en la que se dio muerte a varios marines estadunidenses.

Al conocer anticipadamente este nombramiento, la embajada estadunidense respingó y de Washington llegó el consabido veto. Se negoció y se acordó. Al final, Melgar va a Seguridad Pública.

BPor, lanche Petrich

Publicado enInternacional