Sábado, 26 Septiembre 2020 05:59

Injusticia climática y pandemia

Injusticia climática y pandemia

Un informe de Oxfam de septiembre 2020 sobre los responsables del cambio climático entre 1990 y 2015, expone la lacerante desigualdad en el tema, que está directamente relacionado con la salud de los ecosistemas y de las personas (https://tinyurl.com/info-oxfam). Las causas del cambio climático se entretejen con las de la pandemia: en ambos casos el sistema alimentario agroindustrial es uno de sus principales causantes.

Según el informe, el 10 por ciento más rico de la población mundial (630 millones de personas) generó 52 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, por sus siglas en inglés) acumuladas, mientras la mitad del mundo más pobre (3 mil 100 millones de personas) generó tan sólo 7 por ciento de los gases. O, expresado de otra manera, la mitad más adinerada del mundo ha generado 93 por ciento de las emisiones acumuladas.

En el lapso 1990-2015 las GEI anuales (como dióxido de carbono y otros que calientan la atmósfera en forma permanente) se incrementaron 60 por ciento, pese a que ya existía claro conocimiento de sus causas y el riesgo de colapso climático.

De la población más rica, 5 por ciento (aproximadamente 315 millones de personas) fue responsable de 37 por ciento de este aumento. El repunte total de las emisiones de apenas el uno por ciento más adinerado fue, en volumen, tres veces mayor que el de todo el 50 por ciento más pobre.

Solamente 10 países son responsables de dos terceras partes de las emisiones históricas de GEI acumuladas desde 1850, aunque esa referencia es engañosa, ya que la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero se realizaron en los 50 años recientes, y se aceleraron después de 1990. Estados Unidos encabeza esa lista.

Con menos de 5 por ciento de la población mundial, consume cerca de 25 por ciento de la energía global. En la década pasada, China se convirtió en el principal emisor de los referidos gases y Estados Unidos pasó a segundo lugar, seguido de la Unión Europea e India. No obstante, medido en emisiones per cápita, Estados Unidos sigue emitiendo 10 veces más GEI que India y más del doble que China.

Lo más terrible es que más de 100 países del sur global y la mitad de los habitantes más pobres del planeta prácticamente no emiten gases de efecto invernadero, pero son los que más sufren las consecuencias del cambio climático, con inundaciones y sequías extremas, migraciones obligadas y por quedar sin casa ni vías de sustento, entre otras.

En el mundo, dentro de cada país, los efectos del calentamiento global provocado por las minorías más ricas los sufren los más pobres y marginalizados, tanto en comunidades urbanas como rurales e indígenas, como, entre otros, los efectos de huracanes en Nueva Orleans, las inundaciones en Reino Unido o los incendios descontrolados de la costa Oeste de Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina e Indonesia.

Las causas del cambio climático son ya bien conocidas. Es una consecuencia del sistema de producción y consumo industrial a gran escala basado en combustibles fósiles.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), los principales sectores emisores, por orden de magnitud, son la extracción y generación de energía, la deforestación y agricultura industrial, así como la construcción y transportes.

Si de estas fuentes extrapolamos el uso de energía, uso de suelo, deforestación, transportes, emisión de gases por desechos orgánicos, se muestra que el sistema alimentario agroindustrial (desde las semillas y agrotóxicos a los supermercados con empaques, refrigeración, transportes, desechos) es responsable de 40 a 55 por ciento de las emisiones de GEI. Ese mismo sistema agropecuario industrial es el factor principal en la generación de epidemias y pandemias. (https://tinyurl.com/ycfcksva).

Pero ni en el cambio climático ni en las pandemias, las políticas oficiales se dirigen a eliminar las causas: en ambos casos se privilegia volver a subsidiar a las poderosas industrias causantes de tan tremendas crisis, apoyando salidas tecnológicas que les garantizan nuevos mercados.

En la pandemia, con enormes inversiones públicas en vacunas escasamente evaluadas y que plantean nuevos riesgos (Ver Covid y vacunas transgénicas, https://tinyurl.com/yxzlpxv9), dejando intocadas las causas.

En políticas climáticas, permitiendo que, en lugar de reducir emisiones reales, las empresas y países se basen en el concepto perverso de "emisiones cero netas"; es decir, que puedan seguir contaminando con GEI, pero que supuestamente lo compensen con otras medidas.

En la reciente Semana del Clima, realizada en Nueva York paralela a la Asamblea de la ONU, las mayores corporaciones globales expusieron varios proyectos en ese sentido, como tecnologías de geoingeniería y lo que llaman "soluciones basadas en la naturaleza", que es un concepto para disfrazar megaproyectos de plantaciones y otras formas de explotar y mercantilizar áreas naturales (https://tinyurl.com/y2te9eco).

Ni la injusticia climática ni las pandemias son naturales. Son producto de sistemas de producción y consumo que nos enferman y que tenemos que terminar.

Por Silvia Ribeiro. investigadora del Grupo ETC

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Bill Gates. Credito: EP

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, lamentó este domingo 9-A "la locura de pruebas" del coronavirus SARS-CoV-2 que hay en EE UU, que ha sobrepasado ya los cinco millones de contagios de covid-19.

"Una variedad de pasos tempranos en falso por parte de EE UU y luego la atmósfera política han supuesto que no hicimos que nuestras pruebas comenzaran a funcionar", dijo Gates a la CNN.

"Ningún otro país tiene la locura de pruebas -agregó-, porque no hablarán de arreglarlas, debido a que piensan que simplemente deben seguir actuando, como si hubieran hecho un trabajo competente".

En su opinión, las prohibiciones de viaje desde otros países -como los vetos impuestos por el presidente Donald Trump a los visitantes desde China o desde algunos países de la Unión Europea- no han contribuido a evitar la expansión del virus en EE UU.

"Es una tontería que cualquier tipo de prohibición de viaje que hicimos fuera beneficiosa -agregó-. Eso no pasa la prueba del sentido común. Y ahora hemos ejecutado cierres en todo el país con menos fidelidad que en otros países".

Gates, copresidente de la fundación que lleva su nombre y el de su esposa, Melinda, subrayó que los laboratorios comerciales han hecho que haya largas colas de personas para hacerse las pruebas, mientras que los ricos tienen acceso a tests rápidos.

"Es alucinante que no se pueda lograr que el Gobierno mejore las pruebas, porque solo quieren (desde el Gobierno) decir lo buenas que son", indicó Gates.

También les ha pedido otras medidas: "No reembolsen ningún test donde el resultado tarde más de tres días. Están pagando miles de millones de dólares de esta manera muy desigual para conseguir los resultados de los test con menor valor del mundo".

EE UU, el país más afectado por la pandemia, rebasó este domingo los 5 millones de contagios, con 5.036.387 casos confirmados hasta ahora, y 162.851 fallecidos.

Estimó que "para el mundo rico, deberíamos ser capaces de acabar con esto para finales de 2021, y para el mundo en general para finales de 2022".

Con información de agencias.

09.08.20 -

Por Aporrea

 

 

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La Cepal cifra en 325.000 millones de dólares la evasión fiscal en América Latina

El incumplimiento tributario alcanza el 6,1% del PIB en un momento en el que los erarios de la región más recursos necesitan para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia

 

Las arcas públicas latinoamericanas llevan décadas ingresando menos de lo que necesitarían para cerrar las brechas sociales y económicas históricamente abiertas en la región. Pero el zarpazo económico derivado de la crisis sanitaria ha empeorado aún más las cosas: las necesidades se multiplican y, con un fondo de caja menor que en Europa y Estados Unidos, la respuesta contracíclica se complica. Ese es el cuadro general que pinta este lunes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su panorama anual sobre la situación fiscal del subcontinente, que cifra en 325.000 millones de dólares el dinero que se evade cada año a los fiscos latinoamericanos, el equivalente al 6,1% del PIB. “Es una de las principales barreras para una mayor movilización de recursos internos en la región es el elevado nivel de evasión fiscal”, constatan los técnicos del organismo.

Las últimas cifras disponibles, de 2018, apuntan a los gravámenes que pagan las empresas sobre sus beneficios (el conocido como impuesto sobre la renta corporativa o de sociedades) y a los tributos que abonan las personas físicas por sus ingresos como la principal fuente de evasión: el 3,8% del PIB. El IVA es la segunda, con alrededor del 2,3% del PIB. “Las pérdidas recaudatorias representan un desafío importante desde el punto de vista de la capacidad de reacción de la política fiscal ante choques macroeconómicos y de la movilización de recursos nacionales para el financiamiento del desarrollo sostenible”, escriben los economistas del ente con sede en Santiago de Chile.

El brazo de Naciones Unidas para el desarrollo económico de la región ve “alentadores” los “avances” registrados en los últimos años en el combate contra la evasión, pero sitúa esta lacra como “uno de los principales obstáculos que afectan a las finanzas públicas y, por ende, al proceso de desarrollo”. Y llama a un mayor rigor analítico para saber, con mayor nitidez, el tamaño del problema que enfrenta cada uno de los países de la región, donde la difusión de los resultados “ha enfrentado resistencias recurrentes y sigue siendo tarea pendiente”. Resulta, remarca, “difícil encontrar información sistemática sobre las evidencias acerca de su magnitud”.

Financiación para hacer frente a la crisis

En plena pandemia —“la mayor crisis sanitaria, humanitaria, económica y social que la región haya enfrentado en el último siglo”— la Cepal ve “clave” movilizar más recursos públicos para hacer frente tanto a las consecuencias sanitarias como al parón económico derivado de los confinamientos, tan necesarios para frenar la expansión del coronavirus como dañinos para el desempeño económico. Hasta ahora, la respuesta fiscal ha sido importante pero mucho menor que en las economías más maduras: la media de América Latina lleva gastado hasta ahora poco más del 3% de su PIB, más de cinco veces menos de lo desembolsado (entre estímulos y avales) por algunos países europeos para garantizar el sustento a quienes se han quedado sin ingresos y asegurar que el tejido productivo sobrevive a la tormenta. Las diferencias intrarregionales son, sin embargo, notables: Chile lidera la tabla de grandes países por paquetes de estímulos con el 5,7% seguido por Perú (4,8%) y Brasil (4,6%), mientras México (1,1%) y Colombia (1,7%) quedan a la cola, con una respuesta mucho más timorata ante un reto que marcará a toda a una generación.

Cerrar la vía de agua que suponen la elusión y la evasión tributaria es un imperativo desde ya. Pero en el muy corto plazo, el dinero para los planes contracíclicos tendrá que salir de otro sitio. “El financiamiento de los paquetes de medidas actuales y los que probablemente se requieran en el mediano plazo precisará de un mayor acceso a fuentes de financiamiento en condiciones adecuadas”, subraya la Cepal. A diferencia de en grandes crisis anteriores, esta vez los principales países de la región no han dejado de tener acceso a los mercados en ningún momento de la pandemia, un punto clave para que las arcas públicas latinoamericanas hayan sido capaces de levantar fondos para sus, con todo, muy limitados planes para hacer frente a una recesión bíblica.

Pero los problemas estructurales siguen ahí. En 2019, el último año precoronavirus, la debilidad económica regional contrajo aún más los ya de por sí bajos niveles de recaudación de la región. Y, ampliando algo más el foco, la tónica general sigue siendo la misma: lejos de aumentar los ingresos, las Haciendas latinoamericanas llevan una década con las entradas de caja prácticamente estancadas en el entorno del 18% del PIB, muy por debajo de la media de las economías avanzadas: atrás quedan ya las reformas fiscales en varios países del área para tratar de ganar músculo fiscal. Los técnicos del organismo ponen el foco sobre la tributación directa, “excepcionalmente débil”, con una “baja recaudación del impuesto sobre la renta y de los impuestos sobre la propiedad que no solo limitan la generación de ingresos, sino también el poder redistributivo del sistema tributario en su conjunto”. Es el mayor reto tributario que deberá afrontar el subcontinente cuando las aguas sanitarias bajen algo más calmadas.

Por IGNACIO FARIZA

Madrid - 06 JUL 2020 - 22:14 COT

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Domingo, 28 Junio 2020 07:38

La sico-segmentación maniquea de EU

La elección en Estados Unidos podría agudizar aún más la confrontación entre los partidos políticos. En la imagen, apoyo a Joe Biden en New Hampshire.Foto Ap

Se discute si la revuelta de 40 ciudades en EU es una revolución cultural, un levantamiento de masas, una guerra racista o una guerra civil, en medio de su proto-balcanización (https://bit.ly/2BEXPyz).

A mi juicio, se trata de la “segunda guerra civil (https://bit.ly/31kzM2z)”, que engloba los anteriores componentes citados y desnuda al mediodía lo que parece su irreversible sico-segmentación maniquea, como postula persuasivamente el británico Alastair Crooke (AC), quien fue espía del MI6 y luego asesor principal del español Javier Solana, quien fuera el encargado de las relaciones exteriores de la Unión Europea.

Hoy, AC despacha en Beirut, centro importante del espionaje británico medio-oriental, desde su muy solvente portal Conflicts Forum.

Según AC, "el balance de fuerzas a nivel doméstico es tal que ningún partido puede, como deseara, forzar la sumisión del otro a su cosmogonía, ninguno puede prevalecer en forma decisiva" cuando "ni siquiera la elección de noviembre arreglará las cosas en una forma final" y, al contrario, "podría agudizar aún más la confrontación".

Formula dos vectores para tal escisión: 1. No existen más “hechos ( facts)”, sino que se han convertido en una "ideología que ha separado a dos campos irreconciliables", y 2. No existe ninguna "autoridad o fuente" para validar un “hecho ( fact)” cuando lo que prevalece es la "emocionalidad síquica (filósofo escocés Alasdair Macintyre dixit)". ¡Se extinguieron, cuando no mataron, a los árbitros en EU!

AC cita al historiador Michael Vlahos (MV), quien define el momento como una “nueva guerra civil (https://bit.ly/31iVGDc)” y aduce que “EU se ha dividido en dos diferentes naciones y se ha separado en dos sectas religiosas ( sic) incompatibles”: 1. El partido en el poder, que visualiza la identidad nacional arraigada en "una Era dorada temprana que preserva la propiedad, el comercio y la libertad", de tónica protestante calvinista, y 2. Una visión progresista del futuro, de tono apocalíptico, que vislumbra la perfección y la pureza por delante.

MV concluye que "en la definición del bien (sic) y el mal (sic), no existe lugar para un compromiso".

AC extrapola las "dos imágenes síquicas en conflicto a la geopolítica global", cuando "los estadunidenses se agitan fácilmente y se exasperan con las nociones de que China o Rusia pueden acuñar el vacío".

A juicio de AC, en Israel –país consubstancialmente supremacista/racista/Apartheid/paria, donde urge también un "Palestinian Lives Matter (PLM: Las Vidas de los Palestinos Importan)"– "se encuentran aterrados (sic) por el discurso liberal de BLM (Las Vidas de los Afro Importan), por la lucha venidera contra el racismo y la opresión".

Asiste la razón a AC si vislumbramos los resultados electorales de las primarias del Partido Demócrata en Nueva York –conglomerado urbano más importante de israelíes en el mundo y sede de Wall Street– donde la "ola insurgente" apoyó al afro Jamal Bowman –gran defensor de los derechos palestinos (https://bit.ly/3dwW4R6)–, respaldado por la reluciente estrella ascendente Alexandria Ocasio-Cortez, desbancó al legislador israelí-estadunidense Eliot L. Engel –zelote del irredentismo de Israel que preside el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara– quien representó a su distrito Bronx/Westchester County durante más de 30 años (https://nyti.ms/3g2Mp6C), lo cual repite el éxito de 2008 de los rebeldes del ala "izquierda" del Partido Demócrata: aliada al judío-progresista "socialista" Bernie Sanders, quien ha sido dos veces defraudado por el establishment del antidemocrático Partido Demócrata.

A mi juicio, se trata de un clásico epifenómeno de las transiciones que denotan la mentalidad maniquea del tercer siglo a. C., cuando una de las partes se autoarroga el derecho inmanente de la verdad absoluta y divina que exige la extinción de su contraparte y no da pie para los compromisos de colores diferentes al blanco y al negro. Así, el "otro", quien fuere, es linchado con todo un diluvio de epítetos peyorativos gracias a la ayuda de quien controle mejor los multimedia.

http://alfredojalife.com

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Jueves, 18 Junio 2020 06:11

Impuestos a los que pueden pagar

Impuestos a los que pueden pagar

La reforma que proponen Stiglitz, Piketty y otros expertos

Una comisión internacional de economistas postula cobrar más tributos a sectores concentrados y combatir los paraísos fiscales.

 

Las consecuencias económicas de la pandemia resultan una buena oportunidad para establecer un sistema tributario progresivo a nivel internacional. El economista francés, especialista en distribución del ingreso, Thomas Piketty; la experta en finanzas internacionales Jayati Gosh; el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, y el ex ministro de Hacienda de Colombia, José Antonio Ocampo, presentaron un informe elaborado por la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (Icrict), donde proponen medidas para mitigar la crisis económica mundial. 

En teleconferencia, los especialistas hablaron en primer lugar del desplome que han sufrido los Estados en los ingresos fiscales por la caída de la actividad. A ello se suma el incremento del gasto tanto para fortalecer los sistemas de salud como para asistir a empresas y a la población vulnerable. Esta situación se ve magnificada en muchos países- como la Argentina- por la caída de las exportaciones, la ruptura de las cadenas de suministro, el parate del turismo y la baja en los precios de las materias primas. Existe una necesidad urgente de recursos públicos que no podrá sostenerse con las estructuras tributarias actuales. “Las medidas tributarias no solo son razonables, sino urgentes”, sentenció Ghosh.

Dado este contexto, algunas de las medidas que Icrit propone a los gobiernos son:

-Introducir impuestos progresivos sobre los servicios digitales, que se apliquen sobre las rentas económicas generadas por las compañías multinacionales, como Amazon, Netflix, Facebook y Google, entre otras que fueron las ganadoras de estos últimos meses. “Son las que más se han beneficiado en este tiempo, porque su consumo no requiere del cara a cara, indica. “Desde antes de la crisis no están pagando lo justo en impuestos y eso distorsiona la economía, impactando negativamente en la creación de trabajos”, explicó Stiglitz. 

-Incorporar mayor progresividad en los tributos sobre beneficios empresariales: que sean más altos para las empresas más grandes y con especial foco en los monopolios y oligopolios y más bajos para las más pequeñas de sectores competitivos.

-Exigir más transparencia a las empresas que reciban apoyo del Estado. Cuando las grandes empresas se sitúan en paraísos fiscales para reducir al mínimo su contribución fiscal, deberían renunciar a su pretensión de contar con apoyo de los gobiernos. Sin embargo, en la práctica no es así: un contraejemplo es el de las líneas de cruceros que operan bajo banderas de conveniencia, pero que reclaman el apoyo público de los Estados Unidos. Parece por tanto lógico prohibir el apoyo con fondos públicos a las empresas que tienen su sede o sus filiales en paraísos fiscales y que la ayuda pública a grandes empresas esté condicionada a la publicación de los datos financieros y tributarios en cada territorio en el que operan.

-Gravar a la riqueza offshore.  En tiempos de crisis globales, se suele producir un efecto de fuga de capitales, sobre todo en los países en desarrollo. Las grandes empresas retiran sus activos de capital y lo sustituyen por deuda de contando, en muchos casos, con el respaldo de los gobiernos. Para que esto no suceda, es necesario acceder a la información de los paraísos fiscales para que cada jurisdicción pueda gravar de forma efectiva y progresiva el patrimonio neto de sus residentes.

Para finalizar, José Antonio Ocampo sostuvo que se requiere “más gasto para pobres y vulnerables. No es el momento para la austeridad, es el momento para gastar más, sobre todo en salud”. En esa línea, Stiglitz remató: “Si los gobiernos quieren que la recuperación dure diez años, pongan medidas de austeridad”.

El Icrict es un grupo de economistas, expertos fiscales, especialistas en derechos humanos que ocuparon cargos estatales que tiene como objetivo promover el debate sobre la reforma fiscal internacional a favor del interés público mundial. 

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Gravar riqueza es ruta contra la crisis que desató el virus

No hay lugar para la austeridad como medida para combatir la crisis causada por el Covid-19. En vez de esa salida, para atenuar la caída de los ingresos, se necesitan esquemas fiscales sin beneficios para las grandes empresas, incluidas las tecnológicas, e impuestos progresivos a la riqueza, expusieron ayer integrantes de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (Icrict, por sus siglas en inglés).

En videoconferencia, Jayati Ghosh, Joseph Stiglitz, José Antonio Ocampo y Thomas Piketty, miembros de esa comisión, recalcaron que los incentivos fiscales a empresas son regresivos y no han mostrado ser vehículo para atraer la inversión. Así, de cara a la recuperación, propusieron fijar impuestos a los servicios digitales y gravar los "beneficios extraordinarios" en los "sectores oligopolizados".

Además, imponer 25 por ciento de tasa mínima efectiva de impuesto a las compañías, que las beneficiarias del Estado reporten la principal información financiera y tributaria en cada país en el que operan y establecer bases de datos mundiales sobre la riqueza offshore.

Respecto a México, Ocampo, presidente del Icrict y ex secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, subrayó que el país arrastra “uno de los peores casos de la región en gestión de la crisis actual (…) No hay argumento para la austeridad en las condiciones de hoy día. Necesitamos más gasto para los más pobres y vulnerables, dado que ellos terminan sin ingresos”.

Jayati Ghosh, economista especializada en desarrollo, sostuvo que reducir el gasto de gobierno acarreará "riesgos horribles" para la actividad económica y el empleo en los países en desarrollo. No obstante, ese tipo de medidas en tiempos de crisis hacen más lejanas las recuperaciones, completó Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001.

"Ahora no es el momento para la austeridad (...) Si quieren que la recuperación dure 10 años, pongan medidas de ese tipo", expresó el investigador. Añadió que una de las causas de que la Gran Depresión se extendiera 10 años fue la política de recorte al gasto que realizó el presidente estadunidense Herbert Hoover.

Thomas Piketty, investigador y autor de El capital en el siglo XXI, recalcó que no sólo es necesario garantizar el pago de impuestos de las empresas, que hasta ahora se han basado en concesiones inmorales, sino fijar un sistema progresivo a los ingresos y patrimonio de las personas.

“El impuesto de sociedades mínimo de 25 por ciento es bueno y útil, pero como parte de algo más grande (…) Tenemos una crisis sin precedente ahora y un sistema fiscal más equitativo tiene que ser parte de la solución”, aseveró.

El sistema fiscal era regresivo antes de la crisis, por el trato a las grandes tecnológicas, por las prácticas de las trasnacionales de mudar sus ganancias a paraísos fiscales y porque los propios esquemas tributarios implican que las pequeñas y medianas compañías paguen más que los corporativos.

De hecho, explicó Stiglitz, es necesario fiscalizar a las grandes ganadoras de esta crisis, las tecnológicas, porque la magnitud de recursos que se necesitan en la coyuntura actual y el riesgo de no gravar lo suficiente es 100 veces mayor que en 2008 y 2009, cuando ocurrió la crisis financiera mundial. Volver a un "sistema injusto dañará la recuperación".

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Una mujer y dos niños con mascarilla en Jiquilisco, municipio de El Salvador.MARVIN RECINOS / AFP

El coronavirus, como todo lo demás en Centroamérica, llega contagiado de clasismo en una de las regiones más desiguales del mundo

El coronavirus ya llegó a Centroamérica, pero con timidez. Llegar, llegar, aún no. Honduras ya confirmó los dos primeros casos. Guatemala, uno. El presidente de El Salvador ha solicitado a los diputados declarar estado de excepción (que permite restringir libertad de tránsito, expresión, asociación y hacer capturas selectivas) y Guatemala declaró un menos severo estado de calamidad. Una de las regiones más pobres del continente asume que la pandemia se propagará entre sus habitantes. Las redes sociales son monotemáticas y las primeras quejas de quienes tienen teléfonos inteligentes llegan desde los centros de cuarentena para las personas que recién llegaron al país. Los hospitales privados están repletos de personas que creen tener algún síntoma y los espectáculos cancelados van a titulares de prensa. El coronavirus, pues, como todo lo demás por estos lares, llega contagiado de clasismo en una de las regiones más desiguales del mundo.

Desde que hace tres días en El Salvador se decretó cuarentena para todo nacional que arribe, pareciera que uno de los principales problemas de la pandemia global que ha matado a más de 5.000 personas en el planeta es que hay un albergue muy incómodo y caluroso en el oriente del país, donde los recién llegados de un viaje deben dormir en catres, en un hangar junto a otras personas y compartiendo baños austeros.

Muchos medios de comunicación entrevistan a los viajeros que se quejan de la incomodidad de tener que someterse a 30 días de esas precariedades si pretenden quedarse en el país.

El debate con más eco ha sido la incomodidad, no la idoneidad. Se discute que no hay ventiladores más que el hecho de que la medida quizá no sea la mejor: un viajero que llega de El Salvador, donde no hay casos confirmados, puede terminar durmiendo al lado de un viajero que llegó de Estados Unidos, donde hay más de 700 casos.

El acaparamiento en los supermercados es otra de las recurrentes noticias. La gente ha corrido a vaciar estanterías de comida enlatada, papel higiénico, agua, lo que sea, pero mucho. No, corrijo, la gente no; sino la gente que tiene los recursos.

Ese es el punto.

Ni las largas filas en los hospitales públicos ni las condiciones de albergue para los que regresan de un viaje ni el descontrol consumista en los supermercados son el problema de la mayoría en estas sociedades centroamericanas, porque esa gran mayoría nunca va a hospitales privados, no viaja más que en autobús y a sus trabajos y no compra nada en demasía, porque lo que les pagan no les alcanza, si es que alguien les paga un salario.

En El Salvador, dos millones de personas viven en pobreza, siendo un país que ronda los siete millones de habitantes. En Honduras y Guatemala, alrededor de la mitad de la población vive en pobreza, no cubren lo básico. O sea, redondeando a lo conservador, hay unos 13,5 millones de pobres en esta pequeña región donde el coronavirus aún no hace lo que puede hacer. Los tres países del norte de Centroamérica desfilan con constancia desde hace décadas en el top 5 de las listas de los más miserables del continente.

Si hablamos de viajeros, hay gente fuera del país ahora mismo cuyo dilema no es si viajar y aceptar la cuarentena en el caluroso hangar del oriente salvadoreño. Hay gente que viajará sí o sí y enfrentará la cuarentena porque sí. Los de siempre, los que pase lo que pase viajan: los deportados.

Este 12 de marzo, en una conferencia de prensa telefónica en la que El Faro participó, el comisionado interino de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, Mark Morgan, dijo que los vuelos para deportar centroamericanos continuarán con regularidad a pesar de las cuarentenas, calamidades y estados de excepción.

Y no solo los deportados. Cuatro horas antes de que el presidente de El Salvador anunciara la cuarentena nacional, el medio estadounidense Buzzfeed News reveló que el pasado viernes 6 de marzo el presidente salvadoreño se reunión con funcionarios de Trump para afinar los detalles para que El Salvador reciba a migrantes que pidan refugio en Estados Unidos, para que esperen su trámite desde aquí. Sí, como se lee: El Salvador, país del que huyen miles a pedir refugio por el mundo, es un “país seguro” que recibirá a más de 2,000 personas que pidan refugio a Estados Unidos este año. Honduras también recibirá a esas personas. Guatemala ya recibió a unos 800 de esos peticionarios desde noviembre pasado. La administración Trump y sus villanas ideas. Las administraciones centroamericanas y su “ni modo”.

México, en esto de ser muro y expulsor de migrantes, no pretende quedarse atrás. El Instituto Nacional de Migración anunció que seguirá deportando centroamericanos en autobuses y aviones. Durante 2019, unas 3,200 personas fueron deportadas a un paisito como El Salvador, principalmente desde México y Estados Unidos.

O sea, en esta pandemia se recomienda no viajar, mucho menos desde países que tengan casos de coronavirus, como México o Estados Unidos. Eso sí, si usted es migrante centroamericano olvide lo que hemos dicho.

Se recomienda también lavarse las manos varias veces, con detenimiento y detalle. Pero en estos países un gran porcentaje de la población no recibe agua potable. Miles de esas personas pagan el servicio, pero la falta de planificación urbana que permitió la construcción de colonias obreras encaramadas en cerros, los sistemas de tuberías viejos y dañados y el acaparamiento han llevado a que esa gente no tenga más que un pequeño hilo de agua una hora o dos por las madrugadas. Otros, nada. Si en estos países uno vive en las zonas pudientes y tiene una cisterna que chupe agua para acumular en las horas que el servicio llega, puede lavarse las manos tal como indican los manuales. Si uno vive en las comunidades y cantones centroamericanos y el agua que acarrea del pozo es a base de sudor y músculo, quizá no vaya a cumplir a rajatabla las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud.

Saludarse con el codo, dicen. Mejor aún, de lejitos, si es posible. En Honduras, por ejemplo, una de cada cinco personas vive en pobreza extrema en zonas rurales. O sea, con menos de $1.90 al día. Esa gente, muchos de ellos vendedores informales de lo que cosechan, viajará en autobús al pueblito más cercano, tomado de la barandilla más a la mano, sin alcohol-gel por ninguna parte, que cuesta unos centavos el botecito, se refundirá en algún mercado e intentará vender de puesto en puesto lo que cultivó. Esa gente dará la mano a quien deba darla para cerrar un trato y extenderá la palma para recibir monedas cuando se las ofrezcan a cambio, porque si no lo hace no será el coronavirus el que lo matará, sino el hambre.

Esa misma gente, no se preocupen, no acaparará nada en ningún supermercado.

El coronavirus ya llegó a esta región, plagada de calamidades. Ahora, hará lo suyo. Porque lo otro, lo de construir sociedades con un abismo profundo entre unas clases y los de abajo, ya está hecho desde hace décadas.

Por Óscar Martínez (El Faro)

13 mar 2020 - 22:47COT

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Dick y Liz Uihlein en la toma de posesión del presidente Trump en Washington. Antes de unirse a la campaña de Trump, Uihlein respaldó las candidaturas de Scott Walker, el gobernador de Wisconsin y el senador Ted Cruz de Texas. Foto: Katherine Skiba / The New York Times

Grupos de gasto político independientes (PAC) están preparando sus arsenales para inundar las ondas con anuncios electorales de 2020 que elogian a sus candidatos preferidos o atacan a los que no les gustan. Millonarios y multimillonarios de derecha y corporaciones de combustibles fósiles los están ayudando a hacerlo.

Liderando el grupo están Richard y Elizabeth Uihlein, los ejecutivos del medio oeste del gigante de suministros de embalaje gigante Uline, que donaron un total de $ 19.4 millones a siete súper PAC desde enero de 2019 hasta enero de 2020.

El conglomerado de petróleo y materiales Koch Industries ha donado la mayor parte de cualquier corporación hasta el momento, dando casi $ 5.3 millones a tres súper PAC, incluidos $ 4 millones a AFP Action, que es el grupo hermano de la organización sin fines de lucro política de Charles Koch, Americans for Prosperity . También financiando a AFP Action está el predecesor del grupo, Freedom Partners Action Fund, que dio casi $ 6.5 millones.

Los súper PAC conservadores deben gracias no solo a Koch Industries sino también a otras compañías de combustibles fósiles, un grupo comercial, ejecutivos de combustibles fósiles y sus cónyuges, y herederos de fortunas de combustibles fósiles. Los intereses de los combustibles fósiles donaron casi $ 18.8 millones a los súper PAC conservadores y los PAC híbridos, comités que operan tanto un súper PAC como un PAC tradicional, desde enero de 2019 hasta enero de 2020.

Chevron, ConocoPhillips y Valero dieron más de $ 1 millón a los Súper PAC del Partido Republicano. Ejecutivos como el presidente de Western Refining, Paul Foster, el CEO de Midland Energy, S. Javaid Anwar, y el CEO de Alliance Resource Partners, Joe Craft, dieron sumas de seis o siete cifras.

Los megadonantes

Richard Uihlein se ha convertido en un megadonante republicano clave en los últimos años. En 2010, ocupó el puesto 36 en la lista de los principales donantes a grupos de gastos políticos externos a nivel federal. Durante esa década, subió la escalera hasta que aumentó enormemente sus gastos en 2018 , dando casi $ 38 millones a grupos externos.

En las elecciones actuales, las donaciones de Uihlein parecen continuar esta tendencia al alza. Desde el año pasado, Richard y su esposa, Elizabeth Uihlein, han dado la mayor cantidad de dinero ($ 12.5 millones) de cualquier donante a Club for Growth Action . Pero también dieron grandes cantidades a los pro-Trump America First Action ($ 1.5 millones), Americas PAC ($ 1.5 millones), House Freedom Action ($ 1 millón), Kentucky Tomorrow ($ 250,000), Restoration PAC ($ 2.5 millones) y Senate Conservative Acción ($ 125,000). En total, la pareja ha entregado $ 19.4 millones a super PAC conservadores.

En mayo de 2016, Elizabeth Uihlein llegó al Comité de Victoria de Trump, que recaudó dinero para la campaña de Trump y el Comité Nacional Republicano, después de un gasto político considerable.

Los Uihleins también han gastado mucho en las elecciones estatales, impulsando la campaña de 2014 del republicano Bruce Rauner, quien se convirtió en gobernador de Illinois. Richard Uihlein ha expresado puntos de vista anti-gay y anti-transgénero y ha respaldado a candidatos extremistas como Roy Moore de Alabama, un evangélico de derecha acusado de mala conducta sexual por parte de múltiples mujeres.

Timothy Mellon , el propietario mayoritario de la compañía de transporte Pan Am Systems y heredero de la fortuna de acero Mellon, donó $ 10 millones al Fondo de Liderazgo del Congreso, que gasta dinero para impulsar a los candidatos republicanos de la Cámara, por segundo ciclo electoral consecutivo. Además, Mellon dio $ 2.5 millones al principal súper PAC de los republicanos del Senado, el Fondo de Liderazgo del Senado.

Mellon es un gran donante del Partido Republicano que donó $ 1.5 millones en 2010 al fondo de defensa legal de Arizona, ya que luchó contra las demandas por su severa ley antiinmigrante SB 1070. En 2014, puso $ 30,000 en el Comité Nacional del Proyecto Ben Carson para el Presidente y donó el monto máximo permitido para la campaña presidencial de Carson el año siguiente. En el ciclo electoral actual, Mellon ha donado principalmente a candidatos republicanos, pero entregó la cantidad máxima permitida de $ 2,800 a la campaña del representante demócrata Tulsi Gabbard (D-HI).

Mellon está relacionado con la familia Scaife, que, a través de las fundaciones de la familia Scaife, es uno de los principales financiadores del movimiento de derecha, incluidos varios grupos de odio .

Otros donantes principales que han donado varios millones de dólares a los Súper PAC del Partido Republicano incluyen:

Jeff Yass, director gerente de la firma de inversión Susquehanna International Group: $ 4.1 millones. Club for Growth Action ($ 2 millones) y Protect Freedom PAC ($ 2.1 millones).

Warren A. Stephens, CEO del banco de inversión Stephens, Inc .: $ 3.6 millones. 1820 PAC ($ 250,000), America First Action ($ 500,000), Fondo de Liderazgo del Congreso ($ 750,000), Security is Strength PAC ($ 50,000), Fondo de Liderazgo del Senado ($ 1.5 millones), Waiting for Women Action Fund ($ 500,000).

Paul E. Singer, presidente de la compañía de fondos de cobertura Elliott Management Group: $ 3.5 millones. Fondo de Liderazgo del Congreso ($ 1 millón), Fondo de Liderazgo del Senado ($ 2 millones), Fondo de Acción de Mujeres Esperando ($ 500,000).

Stephen A. Schwarzman, CEO de la firma de capital privado Blackstone: $ 3 millones. 1820 PAC ($ 500,000), Fondo de Liderazgo del Congreso ($ 2.5 millones).

En total, 24 personas y parejas han donado $ 1 millón o más a super PAC conservadores desde 2019.

Algunos grandes donantes contribuyeron individualmente y a través de sus empresas. El CEO de Mountaire Farms, Ronald Cameron, donó $ 2.8 millones de su propio dinero, incluyendo $ 1 millón a AFP Action, mientras que su compañía donó $ 500,000 a los fondos de liderazgo del Congreso y del Senado.

Seis miembros de la familia de la Secretaria de Educación Betsy DeVos , incluido su esposo, Dick DeVos, se combinaron para donar un total de $ 2.3 millones a super PAC: America First Action ($ 400,000), Better Future MI Fund ($ 700,000), el Fondo de Liderazgo del Congreso ($ 450,000) y el Fondo de Liderazgo del Senado ($ 750,000).

Koch Industries lidera las contribuciones corporativas

El Centro para los Medios y la Democracia (CMD) realizó un seguimiento de $ 23.5 millones en donaciones corporativas directas a súper PAC conservadores desde 2019, gran parte de las cuales provienen de compañías de combustibles fósiles, más prominentemente, de Koch Industries.

Además de donar $ 4 millones a AFP Action, Koch Industries entregó $ 500,000 al Fondo de Liderazgo del Congreso y $ 750,000 al Fondo de Liderazgo del Senado. La compañía donó casi $ 5.3 millones a super PAC desde 2019 hasta enero de 2020.

El conglomerado inmobiliario Hillwood Development Co. otorgó cerca de $ 3.1 millones a los GAC PAC, incluidos $ 1.1 millones al Fondo de Liderazgo del Congreso, $ 1 millón al Fondo de Liderazgo del Senado y $ 1 millón a Engage Texas, un súper PAC financiado por empresas con sede en Texas y ejecutivos de negocios que se lanzaron en junio de 2019 "con el objetivo de registrar cientos de miles de nuevos votantes y convencerlos de ayudar a mantener el estado rojo en noviembre".

El fundador de Hillwood Development, Ross Perot, Jr., dio $ 10,000 a los Tejanos para una mayoría conservadora, un súper PAC que fue fundado en 2013 por un cabildero corporativo para ayudar a reelegir al senador John Cornyn (R-TX) y salió de la hibernación el año pasado para ayudar el senador mantiene su asiento nuevamente.

El gigante petrolero Chevron agregó $ 1 millón al Fondo de Liderazgo del Senado, $ 750,000 al Fondo de Liderazgo del Congreso y $ 15,000 al PAC Maverick. ConocoPhillips ANS Marketing Company, una subsidiaria de ConocoPhillips, donó $ 1 millón al Fondo de Liderazgo del Senado y $ 250,000 al Fondo de Liderazgo del Congreso. La compañía de oleoductos y gasoductos Energy Transfer donó $ 1 millón a Engage Texas y $ 100,000 a los tejanos para una mayoría conservadora.

Treinta y siete empresas y un grupo comercial donaron más de $ 100,000 a super PAC conservadores desde 2019 hasta enero de 2020.

El grupo comercial American Fuel and Petrochemical Manufacturers dio $ 100,000 al Fondo de Liderazgo del Congreso y $ 10,000 al Black Bear PAC con sede en Virginia Occidental.

(Tomado de Truthout / Traducción Cubadebate)

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Sábado, 29 Febrero 2020 05:03

Refundar el capitalismo (otra vez)

Ilustración de Pep Boatella.

Una década larga después de que los políticos avanzasen la idea, son los economistas, filósofos y sociólogos los que pretenden suprimir los excesos y abusos del mercado para que éste sobreviva

 

Pocos días después de la quiebra de Lehman Brothers, el gigantesco banco de inversión norteamericano, en septiembre de 2008, un acobardado presidente francés, el conservador Nicolas Sarkozy, hizo unas declaraciones célebres que retumbaron en el mundo entero: “La autorregulación para resolver todos los problemas se acabó: le laissez-faire c’est fini. Hay que refundar el capitalismo (…) porque hemos pasado a dos dedos de la catástrofe”.

Se superó aquel momento crítico en el que todo parecía posible, incluida la quiebra del sistema. El sector financiero, a trancas y barrancas, salió de la crisis mediante paladas y paladas de ayudas públicas (en forma de dinero, avales, garantías, compras de activos malos, liquidez casi infinita a precios muy bajos, etcétera), y aquellos verbos que se conjugaron voluntariosamente una y otra vez —refundar el capitalismo, reformar el capitalismo, regular el capitalismo, embridar el capitalismo, etcétera— se olvidaron. De la Gran Recesión se pasó a una época de “estancamiento secular” (Larry Summers), que es la que estamos viviendo. De la primera, la mayor parte de los ciudadanos salió más pobre, más desigual, mucho más precaria, menos protegida y con dos características políticas que explican en buena parte lo que se está afianzando ante nuestros ojos: más desconfiados (en los Gobiernos, los partidos, los Parlamentos, las empresas, los bancos, las agencias de calificación de riesgos…) y menos demócratas. El resultado ha sido la explosión de los populismos de extrema derecha y la descomposición del sistema binario de partidos políticos que salió de la segunda posguerra mundial, y una concepción instrumental —no finalista— de la democracia: apoyaré la democracia mientras resuelva mis problemas; si no, me es indiferente.

Después de ese paréntesis de casi una década, cuando ya empieza a existir la distancia temporal suficiente para analizar los efectos de la Gran Recesión como una secuencia de acontecimientos que han llevado a una gigantesca redistribución negativa de la renta y la riqueza a la inversa en el seno de los países (el llamado efecto Mateo: “Al que más tiene, más se le dará, y al que menos tiene se le quitará para dárselo al que más tiene”), son los académicos y no los políticos los que multiplican las teorías sobre las características del capitalismo del primer cuarto del siglo XXI y protagonizan un gran debate extremo entre ellos: si el capitalismo está tocado de muerte porque no funciona; o, por el contrario, si una vez más en la historia está mutando de naturaleza y esa transformación lo llevará a ser de nuevo el sistema político-económico más fuerte y único. Hay dos coincidencias en la mayor parte de los libros publicados: el capitalismo se ha propagado a todos los escenarios geográficos del planeta y direcciones (no tiene alternativas), y anida en cualquier actividad y mercado, incluida la política.

El capitalismo es ahora el único sistema socioeconómico del planeta (antes se llamaba a esto imperialismo) y apenas quedan rastros del comunismo como una posibilidad sustitutiva, como ocurrió en la primera mitad del siglo XX. A esta característica central se le añade el reequilibrio del poder económico entre EE UU y Europa por un lado y Asia por otro debido al auge experimentado por los principales países de esta última región. El dominio planetario ejercido por el capitalismo se ha logrado a través de sus diferentes variantes. Algunos autores distinguen entre el capitalismo meritocrático liberal, que ha venido desarrollándose gradualmente en Occidente a lo largo de los últimos 200 años, y el capitalismo político o autoritario ejemplificado por China, pero que también existe en otros países de Asia (Singapur, Vietnam…) y algunos de Europa y África (Rusia y los caucásicos, Asia Central, Etiopía, Argelia, Ruanda…).

En los últimos tiempos se ha hecho popular otra tipología, que ha tenido su momento de gloria en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos en el mes de enero de este año. El Manifiesto de Davos 2020 desarrolla básicamente tres tipos de capitalismo: el de accionistas, para el cual el principal objetivo de las empresas es la maximización del beneficio; el capitalismo de Estado, que confía en el sector público para manejar la dirección de la economía, y el stakeholder capitalism, o capitalismo de las partes interesadas, en el que las empresas son las administradoras de la sociedad, y para ello deben cumplir una serie de condiciones como pagar un porcentaje justo de impuestos, tolerancia cero frente a la corrupción, respeto a los derechos humanos en su cadena de suministros globales o defensa de la competencia en igualdad de condiciones, también cuando operan dentro de la “economía de plataformas”.

Hasta ahora, el capitalismo de accionistas ha sido ampliamente hegemónico. Recibió un apoyo teórico muy fuerte a principios de los años sesenta, cuando el principal ideólogo de la Escuela de Chicago, el premio Nobel Milton Friedman, escribió su libro Capitalismo y libertad, en el que sentenció: “La principal responsabilidad de las empresas es generar beneficios”. Friedman sacralizó esta regla del juego a través de diversos ar­tículos que trataron de corregir algunas veleidades nacidas en EE UU acerca de la extensión de los objetivos empresariales a la llamada “responsabilidad social corporativa”. En el capitalismo de accionistas, el predominio es del corto plazo y de la cotización en Bolsa, lo que en última instancia llevó a la “financiarización” de la economía.

Esta filosofía dominante ha durado prácticamente hasta la actualidad. Hace poco tiempo, la British Academy hizo público un informe sobre la empresa del siglo XXI, fruto de la iniciativa colectiva de una treintena de científicos sociales bajo la batuta del profesor de Oxford Colin Mayer, que hablaba de “redefinir las empresas del siglo XXI y construir confianza entre las empresas y la sociedad”. Y la norteamericana Business Roundtable, una asociación creada a principios de la década de los años setenta del siglo pasado en la que se sientan los principales directivos de 180 grandes empresas de todos los sectores, publicó un comunicado en el que revocaba, de facto, el solitario criterio de la maximización de los beneficios en la toma de decisiones empresariales, sustituyéndolo por otro más inclusivo que además tuviera en cuenta el bienestar de todos los grupos de interés: “La atención a los trabajadores, a sus clientes, proveedores y a las comunidades en las que están presentes”. Pronto, las principales biblias periodísticas del capitalismo, Financial Times, The Economist, The Wall Street Journal, comenzaron a analizar este cambio que no se debe a la benevolencia y la compasión de los ejecutivos de las grandes compañías, sino al temor a la demonización del capitalismo actual y de las empresas, por sus excesos: financiarización desmedida, globalización mal gestionada, poder creciente de los mercados, multiplicación de las desigualdades. El capitalismo ha ido demasiado lejos y no da respuesta a problemas como estas últimas o la emergencia climática. Recientemente, un sondeo elaborado por Gallup y publicado en The Economist revelaba que casi la mitad de los jóvenes estadounidenses prefieren algún tipo de “socialismo” al capitalismo rampante. Quizá ello explique lo que está sucediendo alrededor de Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata.

El capitalismo de hoy es un capitalismo tóxico y está en crisis al menos desde que comenzó la Gran Recesión en el año 2007. En términos tendenciales, el capitalismo ha fomentado un rápido crecimiento; en relación con la renta per capita, ha enriquecido al mundo de modo casi constante (con picos de sierra) y la esperanza de vida actual prácticamente duplica la de, por ejemplo, hace dos siglos. Ha sido el psicólogo americano Steven Pinker uno de los que más han desarrollado estas tendencias positivas: “Si creía que el mundo estaba llegando a su fin, esto le interesa: vivimos más años y la salud nos acompaña, somos más libres y, en definitiva, más felices; y aunque los problemas a los que nos enfrentamos son extraordinarios, las soluciones residen en el ideal de la Ilustración: el uso de la razón y la ciencia” (En defensa de la Ilustración; Paidós). Haciendo uso de las cifras, Pinker muestra que la vida, la salud, la prosperidad, la seguridad, la paz, el conocimiento y la felicidad han ido en aumento no sólo en Occidente, sino en todo el mundo.

¿Por qué muchos científicos sostienen que el capitalismo no funciona, a pesar de las descripciones de Pinker? Esencialmente porque las distintas desigualdades no paran de crecer, polarizan las sociedades y ponen en peligro la calidad de la democracia. En algunos de los textos se defiende que el capitalismo realmente existente es incompatible con la democracia: aumenta el sentimiento ciudadano de que la civilización tal como la conocemos, basada en la democracia y el debate, se encuentra amenazada. Lo que hace que la situación actual sea particularmente preocupante es que el espacio para ese debate se está reduciendo; parece haber una “tribalización” de las opiniones no sólo sobre la política, sino sobre cuáles son los principales problemas sociales y qué hacer con ellos.

La principal credencial del capitalismo —­mejorar el nivel de vida de todos de manera ininterrumpida— está en entredicho. Para quienes se quedan por el camino, el capitalismo no está funcionando bien. Por ejemplo, la mitad de la generación nacida en la década de los ochenta está rotundamente peor que la generación de sus padres a la misma edad. La ansiedad, la ira y la desesperación de esas cohortes de edad (y la de los mayores de 45 años que se queda sin trabajo) hacen trizas las lealtades políticas de antaño, sean del signo ideológico que sean. El síndrome del declive personal comienza con la pérdida de un empleo satisfactorio. La apoteosis del capitalismo actual se debería, en buena medida, a la debilidad creciente del poder de la fuerza de trabajo (los asalariados y los sindicatos). Desde antes de la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX no había vuelto a suceder, en una escala tan grande, que el segmento más acaudalado de la sociedad se quedara con una porción más grande de los ingresos. Joseph Stiglitz dice, refiriéndose a EE UU pero con validez casi universal, que “evolucionamos de manera resuelta hacia una economía y una democracia del 1%, por el 1% y para el 1%”. Es por ello por lo que el Nobel de Economía abomina de la política de Donald Trump y piensa que las políticas públicas activas que deberían practicarse son la antítesis de las existentes, una especie de mezcla contemporánea de Teddy Roosevelt (presidente republicano) y Franklin Delano Roosevelt (presidente demócrata). Las brechas que escinden a la sociedad son tan profundas (entre el campo y la ciudad, las élites cualificadas y aquellos que no han tenido acceso a una educación superior, los ricos de los pobres, hombres y mujeres, y la brecha de expectativas que albergan las clases medias…) que cree que el gradualismo para cerrarlas es inadecuado porque ésta es una época de cambios fundamentales en la que se precisan transformaciones drásticas en el seno de una democracia sólida que refrene el poder político de la riqueza concentrada en pocas manos. Se debe abandonar la confianza ciega y errónea en la “economía del goteo” que predica que, al final, todo el mundo se beneficia del goteo. La experiencia empírica dice que los beneficios del crecimiento muchas veces no llegan a todos.

Del conjunto de los libros analizados se desprende una idea fuerza: un alegato contra el capitalismo abusivo de nuestros días, que gobierna para las élites. Existe el poder de reconstruir los cimientos del capitalismo, pero no posee una alternativa viable, y las que se han intentado poner en práctica han resultado peores y, en algunos casos, mucho peores. Hay que huir de lo que Paul Krugman denomina las “ideas zombis”, ideas que van dando tumbos, arrastrando los pies y devorando el cerebro de la gente pese a haber sido refutadas por las pruebas. Por ejemplo, la idea insistente (e ideológica) de que gravar a los ricos es sumamente destructivo para la economía en su conjunto, o que las rebajas fiscales a las rentas altas generarán un crecimiento económico milagroso. O la de quienes se oponen a que los Gobiernos desempeñen un papel mayor en la gestión de la economía, argumentando que dicho papel no solo es inmoral, sino también contraproducente e incluso tumoral. Y si los datos no avalan su opinión, atacan tanto a los datos como a quienes los presentan.
Krugman no es optimista pues entiende que, en nuestros días, aceptar lo que dicen los datos sobre una cuestión económica es visto, en muchos casos, como un acto partidista; incluso formular determinadas preguntas se considera también un acto partidista. Se apoya en el sociólogo David Patrick Moynihan, cuando escribió que “todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión, pero no sus propios hechos”.

Leer tanta literatura sobre la saga y fuga del capitalismo actual permite establecer una analogía entre “el fin de la historia” de Fukuyama, de principios de los años noventa, y el “fin del capitalismo” de los años veinte del siglo XXI. Aquella seguridad que daría la victoria del liberalismo sobre el autoritarismo ha devenido en una inseguridad global y multiplicación de la vulnerabilidad individual. No se puede separar la economía de la política si se pretende avanzar en un examen certero de las circunstancias. La economía es demasiado importante para dejársela solo a los economistas.

28 FEB 2020 - 12:50 COT

Publicado enSociedad
Empleados en una oficina bancaria. E.P.

Un estudio sobre el "estado del poder" analiza la naturaleza cambiante de las corporaciones y pregunta cómo se podría enfrentar mejor su poder y construir alternativas.

Con el fin de minimizar su responsabilidad, 50 de las empresas con más ganancias en el mundo emplean únicamente a un 6% de los trabajadores de forma directa. A estas conclusiones ha llegado el informe State Of Power 2020, elaborado por The Transnational Institute (TNI). El estudio analiza cómo las corporaciones dominan la economía, distorsionan la política y remodelan la sociedad.

En esta línea, la investigación hace hincapié en cómo las empresas se han ayudado entre sí para construir una estructura legal internacional que actúe en su beneficio. Así, los estados han firmado 2.658 acuerdos de inversión internacional para proteger a las grandes empresas y estas han utilizado los derechos adquiridos mediante estos acuerdos para demandar a los estados hasta 942 veces.

En los diferentes ensayos se analizan también los cambios que se han dado en las grandes corporaciones. Por ejemplo, uno de los textos analiza cómo se han incorporado a los planes de empresa los compromisos de responsabilidad corporativa, en la línea de la sostenibilidad y de lo social. Ante este supuesto, el profesor Joe Bakan sostiene que la "nueva corporación" es "probablemente aún más peligrosa" que su predecesora.

El informe también analiza cómo las grandes empresas convierten los datos en capital. Dada esta situación, las autoras Anita Gurumurthy y Nandini Chami inciden en la necesidad de que los movimientos sociales comprendan el poder de "los datos en red" para cambiar de marcha en sus luchas. Además, siete de las empresas más valiosas del mundo son corporaciones tecnológicas y algunas de ellas son más grandes que algunos estados en lo que a términos económicos se refiere. 

Sobre la localización de estas, tradicionalmente ubicadas en Estados Unidos y Europa y la situación en cambio actual con el crecimiento del mercado chino, también habla el estudio. En concreto, el informe trata de explicar en qué se diferencia una transnacional china de una occidental y cuáles son las implicaciones para los movimientos a los que afectan sus movimientos.

Por último, el informe se detiene a analizar en qué manos se encuentran estas empresas y concluye en que las firmas privadas son propiedad de una pequeña élite de bancos e inversores: 147 compañías controlan el 40% del negocio global.

madrid

27/01/2020 17:57

público

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