Fabian Scheidler: “La idea de que hay una economía libre y por otro lado un Estado regulador es un mito”

La megamáquina, el sistema capitalista, está conduciendo el planeta a una serie de crisis ecológicas, económicas y sociales. Pero ¿cómo se formó dicho sistema? ¿Dónde hunde sus raíces históricas? Hablamos con Fabian Scheidler, historiador, escritor y periodista alemán.

 

El fin de la megamáquina desvela las raíces de las fuerzas destructivas que amenazan el futuro de la humanidad en nuestros días. La primera parte de este ensayo, que aún no se ha publicado en castellano, nos guía hacia los orígenes del poder económico, militar e ideológico desde hace 5.000 años. La segunda y más importante parte repasa la formación y expansión del sistema-mundo moderno a través de los últimos cinco siglos.


Scheidler desmantela las mitologías del progreso de occidente, mostrando cómo la lógica de la acumulación infinita de capital ha devastado desde el principio tanto a las sociedades humanas como a los ecosistemas. Piezas clave de este proceso: el desarrollo evolutivo del poder estatal y del capital, la ofensiva contra los movimientos igualitarios, el rol de los ejércitos mercenarios y el “complejo metalúrgico”, la Reconquista, la esclavitud y el colonialismo, la emergencia de la ciencia mecanicista, el advenimiento de la disciplina estatal y del trabajo remunerado, la revolución de las energías fósiles, el alzamiento de los movimientos de trabajadores, mujeres y anticoloniales y el correspondiente ascenso del nacionalismo y el fascismo, los filtros de la “democracia guiada”, los movimientos antisistema después de la Segunda Guerra Mundial, la involución neoliberal, y por último los límites económicos y ecológicos del sistema.


El capítulo final muestra las nuevas posibilidades para el cambio sistémico, así como los nuevos peligros que aparecen con el incremento de la inestabilidad y el colapso venidero de la megamáquina en el siglo XXI.


Fabian Scheidler nació en 1968 en Bochum (Alemania), estudió historia y filosofía en la Universidad Libre de Berlín y dirección teatral en Frankfurt. Desde 2001 trabaja como autor para medios impresos, televisión, teatro y ópera. En 2009 fundó con el periodista David Goeßmann el magazine televisivo alternativo Kontext TV. Entre sus invitados se encuentran Noam Chomsky (que además es patrocinador oficial de Kontext TV), Vandana Shiva, Immanuel Wallerstein, Jeremy Scahill, Amy Goodman, Yanis Varoufakis y muchas otras personalidades.
Fabian Scheidler publica regularmente en la revista Blättern für deutsche und internationale Politik (editada por Saskia Sassen, Jürgen Habermas y otros). En 2009 obtuvo Premio Otto Brenner para el periodismo crítico, en 2010 trabajó como coordinador del “Tribunal de los bancos” para Attac en el teatro Volksbühne en Berlín. Como dramaturgo y autor de teatro trabajó muchos años para el conocido teatro Grips en Berlín. En 2013 se representó su ópera “Muerte de un banquero” (Música: Andreas Kersting) en el teatro Gerhart-Hauptmann en Görlitz. En 2015 se publicó su libro El fin de la megamáquina. Historia de una civilización fracasada y en 2017 Caos. La nueva era de las revoluciones.


En tu libro te concentras en el periodo de los últimos cinco siglos, pero en la primera parte llegas hasta cinco milenios antes, ¿porqué te propusiste esta ambiciosa tarea?


Porque tenemos que confrontarnos con procesos y crisis globales, en las cuales hay que preguntarse si no estamos ante una crisis civilizatoria y si podemos seguir adelante con un modelo como el que venimos implementando desde los últimos cinco milenios. También tenemos la crisis financiera que aún está ahí con cada vez mayores crashes financieros. Al parecer las élites globales no son capaces de controlar esas crisis globales. Es decir, las respuestas a esa crisis global no son proporcionadas de forma sistemática. Por eso me pregunté dónde están las raíces de esa crisis. Las respuestas a menudo se remontan a la década de los setenta o los ochenta y hablan de la vuelta del neoliberalismo, pero lo cierto es, como trato de demostrar, que se remonta a un periodo mucho anterior.


¿No se corre entonces el riesgo de caer en el reduccionismo catastrofista?


Necesitamos un análisis más profundo de la realidad de —al menos— los últimos cinco siglos para comprender dónde tiene su origen todo ello y cuáles fueron los movimientos de resistencia desde el principio. Me remonto mas atrás en el tiempo para preguntar cómo se crea la dominación, ya que esto no es algo que haya existido siempre en la historia de la humanidad.


En los 200.000 años durante los cuales el homo sapiens ha existido sobre la faz de la tierra, lo que llamamos civilización en el sentido de una sociedad estructurada de forma jerárquica con estructuras de poder, que ha existido los últimos 500 años, es en relación muy poco tiempo.


El foco de tu investigación está en la dominación, ¿cómo podemos solucionar a ese respecto la crisis en la que nos encontramos?


La pregunta está en qué estructuras nos bloquean. No nos falta el conocimiento. Por ejemplo, en el caso del cambio climático, su existencia está clara desde hace 30 o 40 años. Tenemos este problema y tenemos que abandonar los elementos fósiles combustibles. En el caso del hambre global tenemos conferencias sobre el hambre desde hace décadas. Sin embargo, sigue aumentando la brecha entre pobres y ricos y 800 millones de personas pasan hambre. No falta conocimiento y hay que preguntarse qué estructuras de poder están fomentando esta situación.


¿Cuál es tu crítica a la economía de mercado?


Hay una historia que es el mito de que la economía de mercado se ha desarrollado de forma libre a partir del espíritu precursor y que, por otro lado, está el Estado que lo regula, que es malo y despótico. Desde el punto de vista histórico, sin embargo, se puede reconocer que las instituciones estatales y las instituciones económicas, como las primeras sociedades de acciones en el siglo XVII, estaban muy relacionadas.


Las primeras sociedades de accionistas estaban muy militarizadas y perseguían el objetivo de sacar dinero para los accionistas con métodos militares. O un poco antes, la forma primitiva del sistema capitalista en la Alta Edad Media. Las ciudades-estado de Venecia y Génova eran estructuras que tenían una gran flota militar. Mas tarde fueron los grandes comerciantes y las casas financieras, los bancos.


La idea de que tenemos una economía libre que se desarrolla y por otro lado un Estado que la regula más o menos es un mito que nos ocupa hasta hoy: ¿porqué los gobiernos no pueden poner límites a las energías fósiles o a los negocios del capital transnacional? En mi libro distingo entre cuatro clases de poder que se han ido formando en la historia. Uno es la violencia física, que se puede manifestar de formas muy diversas, entre ellas por supuesto, la militar o estatal. En la Edad Moderna los Estados se militarizaron cada vez mas de forma muy íntimamente ligada a las instituciones de acumulación del capital.


¿Por qué le das tanta importancia en el libro al concepto de acumulación infinita del dinero?


Porque en realidad es una curiosidad en la historia de la humanidad. Hay muchas sociedades en las que se acumuló riqueza. Pero la lógica del capital sobrepone la acumulación de dinero por encima de cualquier otra cosa y a cualquier precio. Eso se ha desarrollado a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media era normal acumular una determinada riqueza y dedicarse a no hacer nada, a exhibir dicha riqueza o disfrutarla. Los negociantes trabajaban cuatro a seis horas al día porque querían disfrutar la riqueza. Al mismo tiempo, debido a la competencia entre diversos actores, comenzó la tendencia de reinvertir el dinero.


La invención de la contabilidad doble es un buen ejemplo, pero sobre todo la aparición de las sociedades de accionistas muestran la separación de la riqueza de las personas concretas y cómo ésta se convirtió en una institución allá por el siglo XVII.


La situación de las sociedades de accionistas hoy es que en el derecho, ya sea alemán o americano, sus jefes están obligados por ley a multiplicar la riqueza del accionariado independientemente de si la sociedad en su conjunto se beneficia con ello o no. Con independencia de los daños sociales o ecológicos. Las mayores 500 empresas del mundo suponen un 40% del producto social mundial. Yo las llamo monstruos, máquinas en cuyo código genético se encuentra la orden de crear dinero a partir de dinero por todos los medios posibles. Y estamos ante la pregunta de si podemos sacar ese código de la economía porque es destructivo y por los límites del propio planeta.


El origen del dinero y su relación con la guerra es otro de los aspectos principales de tu libro, ¿podrías explicarlo?


La versión estándar en los libros de economía es la de Adam Smith, que aseguraba que a partir de la inclinación natural del ser humano al trueque, desde hace 250 años apareció la economía de mercado. Para esta versión no hay pruebas históricas o antropológicas. No se encuentran sociedades de cazadores en las cuales de una forma natural se desarrolle una economía de mercado a partir de la economía del trueque.


Una de las primeras sociedades que tuvo un sistema monetario verdadero fue la antigua Grecia. El dinero se utilizaba para pagar a los soldados. El ejército se utilizaba para llevar a cabo guerras y para hacer esclavos que a su vez se empleaban en las minas de plata con las que se hacían las monedas. Era un círculo de guerra, esclavitud y monetarización de los Estados.


El Estado necesitaba dinero para pagar a su ejército. Ello lo vemos en la Antigüedad así como en la Edad Moderna. Los Estados eran dependientes de una monetarización creciente de la sociedad porque su poder dependía del ejército y éste estaba compuesto por soldados, que solamente se pueden financiar con dinero.


La financiacion de los Estados dependió desde muy pronto del crédito, que se utilizaba para financiar las guerras. El crédito se extendió desde el siglo XIV por toda Europa, influyendo de forma masiva en la política. Se necesitaba mucho dinero para comprar los grandes cañones. Y este dinero lo emprestaban casas de crédito, que al mismo tiempo tenían las minas de plata y cobre en su posesión.


Por supuesto, lo importante es qué entendemos por dinero. Si una sociedad está intricada de la economía financiera en el sentido de que todo se vuelve posible comprar, entonces normalmente se da una gran polarización social según vemos en la historia.


En tu libro describes con detalle el rol de España en el desarrollo de la Megamáquina, ¿podrías enumerar los puntos principales al respecto?


España fue uno de los primeros poderes hegemónicos del sistema-mundo moderno, de la megamáquina capitalista. Pero no era independiente para desarrollar su imperio militar y colonial, sino que fue financiada por los bancos genoveses. Colón no nació por casualidad en Génova.


El Estado español y el expolio fueron en aquel momento una especie de precalentamiento para el capital transnacional. La brutal fiebre del oro y la plata de los conquistadores en Latinoamérica, y el genocidio asociado a ella, fue espoleada por los bancos acreedores de Génova, pero también de Ausburgo y de Amberes, que querían recuperar su inversión. Ello explica por una parte la monstruosidad de la conquista, como describe por ejemplo Bartolomé de las Casas.


Solo en las minas de plata de Potosí, en la actual Bolivia, cientos de miles de indígenas fueron explotados hasta la muerte, para extraer la plata para las economías capitalistas y los ejércitos de Europa. Metales preciosos, como explico en el libro, jugaron un rol esencial en la historia del poder y la dominación ya desde los imperios más antiguos.


Las minas de plata de Las Médulas en el norte de España eran centrales para el imperio romano, ya que con la plata que se extraía de ellas se pagaba a los ejércitos con los cuales Roma devastó el Mediterráneo y media Europa. Ya por aquel entonces las minas estaban relacionadas con violaciones extremas de los derechos humanos y con la destrucción de la naturaleza. En ellas trabajaban esclavos y dejaron unos paisajes ruinosos, que aún pueden ser observados hoy día.

 

Carmela Negrete

publicado
2018-04-01 06:25:00

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El secretario del Tesoro de EE UU recibe una caja de estiércol por Navidad

Un hombre deja una caja de regalo llena de excrementos en la puerta de la mansión de Steve Mnuchin en Bel Air para "devolverle" la reforma fiscal

 

Un equipo de artificieros de la policía de Los Ángeles acudió en Nochebuena a la mansión en Bel Air de Steve Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, para investigar un paquete sospechoso que alguien había dejado en la puerta. Se trataba de una caja decorada con motivos navideños, a modo de regalo. Cuando la abrieron, se encontraron con que estaba llena de estiércol. Llevaba una nota que decía: “Señores Mnuchin y Trump, les devolvemos el “regalo” de la reforma fiscal de Navidad. Es mierda. Con los mejores deseos, el pueblo americano”.
El responsable de la broma asegura ser un tipo llamado Robert Strong. El 24 de diciembre publicó una foto suya en Twitter con una pala, frente a un montón de estiércol y la caja en cuestión. “Un día de trabajo. Si el Partido Republicano puede desplumar al pueblo americano de una forma tan desvergonzada, tenemos que denunciarlo de manera desvergonzada. Como dijo Hunter S. Thompson: “Cuando el camino se vuelve raro, lo raro triunfa”.


Poco antes, había tuiteado una foto de la tarjeta de felicitación, en la que califica la reforma fiscal como bullshit (mierda de toro, estiércol), el genérico despectivo norteamericano para decir que algo es ofensivo.

Mnuchin se encontraba en su casa de Bel Air por Nochebuena, según confirmó la policía a la NBC local. Fue informado de la situación. Bel Air, una zona de las montañas de Los Ángeles entre Westwood y Beverly Hills, es uno de los barrios más excusivos del mundo.


El Servicio Secreto, la policía especial que protege al Gobierno, se hizo cargo de la investigación e interrogó al sospechoso, aunque no divulgó el nombre. Es el propio Strong el que reivindicó su acción en las redes sociales y en entrevistas durante el domingo.


“Me gustaría comparar lo que hice con lo que hizo Jesús cuando entró en el templo y volcó las mesas de los usureros, que estaban explotando económicamente a la gente en nombre de la religión. Siento que eso es lo que el Partido Republicano ha hecho con los americanos”, dijo Strong a la radio pública de Los Ángeles, KPCC. Según Strong, consiguió el estiércol de un amigo suyo que tiene caballos.
Steve Mnuchin trabajó en Goldman Sachs y había hecho fortuna como gestor de fondos y financiero de Hollywood antes de ser nombrado secretario del Tesoro por el presidente Donald Trump en enero. Es uno de los principales promotores de la reforma fiscal aprobada esta semana, el cambio más profundo en décadas en las normas fiscales de Estados Unidos y que ha sido criticada como una gran rebaja fiscal para millonarios, al tiempo que recorta servicios sociales y no está claro que beneficie a la clase media. Mnuchin ha sido criticado además por la ostentación de su riqueza, especialmente tras su boda con la actriz Louise Linton.

Los Ángeles 25 DIC 2017 - 22:15 COT

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Norcorea lanza otro misil; la vía diplomática sigue abierta: Tillerson

Casi como un favor, el régimen norcoreano lanzó otro misil intercontinental de prueba en desafío a Estados Unidos y la llamada "comunidad internacional", permitiendo que Donald Trump se disfrazara otra vez de comandante en jefe y con ello distraer de problemas como la investigación a su equipo, sus tropiezos públicos y otras desventuras.

Y hablando de favores, el proyecto de ley que regala reducciones de impuestos a los más ricos –individuos y empresas– del país fue remitido este martes al pleno del Senado, después de varios arrestos de manifestantes en el Congreso que protestaban por los efectos de tal propuesta en la asistencia social, sobre todo en el sector salud, mientras en Wall Street festejaron la noticia con avances récord en las bolsas de valores.

"Nos encargaremos de ello, es una situación que manejaremos", aseguró Trump en la Casa Blanca a reporteros en torno al lanzamiento de lo que fue identificado por el Pentágono como un misil intercontinental lanzado por Corea del Norte, el primero desde mediados de septiembre. Algunos expertos consideraron que el alcance de ese tipo de misil técnicamente podría llegar hasta Washington, aunque se debate sobre el grado de sofisticación, al darse una vez más esa conversación macabra –pero realizada como si fuera algo casi técnico e incluso aceptable– sobre las probabilidades y dimensiones de una guerra nuclear.

La noticia fortaleció a halcones en Washington, aunque el secretario de Estado, Rex Tillerson, aseguró este martes que "opciones diplomáticas permanecen viables y están abiertas, por ahora", e insistió en que Estados Unidos busca un camino "pacífico" a la "denuclearización" de Corea del Norte. El secretario de Defensa, James Mattis, informó que el misil tuvo la trayectoria más alta jamás usada por los norcoreanos y consideró el lanzamiento como parte del esfuerzo de construir cohetes "que pueden amenazar a todo el mundo".

Al cierre de esta edición, se informó que Pyongyang lanzó otro misil intercontinental.

Hace un par de meses, Trump amenazó con "destruir totalmente" a Corea del Norte si continuaba con sus esfuerzos bélicos nucleares. Esas declaraciones renovaron preocupaciones entre políticos y militares sobre cómo controlar a un presidente "mentalmente inestable", quien, según los protocolos existentes, tiene el poder exclusivo y absoluto de lanzar un ataque nuclear. De hecho, el actual comandante de las fuerzas nucleares, y su antecesor, expresaron que no necesariamente cumplirían con las órdenes de un comandante en jefe si éstas no son consideradas "legales".

A la vez, este martes se anunció que Hawaii, por primera vez desde el fin de la guerra fría, está reactivando su sistema de alerta de ataque nuclear para la población.

Al mismo tiempo, ex altos funcionarios, diplomáticos y expertos sobre "seguridad nacional" siguen expresando alarma –algo que se intensificó con la noticia del lanzamiento del misil– sobre el éxodo de diplomáticos y las propuestas del gobierno de Trump de reducir el presupuesto del Departamento de Estado, incluida la asistencia al extranjero, en más de 30 por ciento. Dos ex altos funcionarios, Nicholas Burns y Ryan Crocker, advirtieron en un artículo de opinión publicado este martes en el New York Times, que el servicio exterior está "enfrentando tal vez su mayor crisis", justo en momentos en que es más importante que nunca, a causa de las reducciones de presupuesto, la "actitud desdeñosa" de Trump hacia los diplomáticos "y la diplomacia misma".

Tillerson, en un foro, rechazó las críticas y aseguró con optimismo casi increíble que una razón para los recortes de presupuesto y de personal es "la expectativa de que tendremos éxito en algunas zonas de conflicto, que podríamos resolver".

Regalos

Por otro lado, en su esfuerzo por lograr la aprobación a la reducción de impuestos en beneficio de los sectores más ricos del país y, por separado, aprobar fondos adicionales de manera temporal para mantener en funciones al gobierno federal antes del 8 de diciembre, el día empezó con Trump descarrilando un encuentro que él citó con el liderazgo legislativo de ambos partidos. Esta mañana tuiteó que el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, y la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, “quieren que inmigrantes ilegales inunden a nuestro país... son débiles sobre crimen, y quieren incrementar sustancialmente los impuestos” y agregó que, por tanto, no vislumbraba poder llegar a un acuerdo con ellos.

Los líderes demócratas informaron que, ante ese mensaje, no asistirían a dicha reunión, y propusieron que mejor negociarían con sus contrapartes republicanas en el Congreso. Éstos, el senador Mitch McConnell y el representante Paul Ryan, calificaron de “muy lamentable que los demócratas no llegaran, y el presidente apareció ante reporteros con dos sillas vacías a su lado con los nombres de Schumer y Pelosi, y acusó: "son todo palabras y nada de acción".

Trump declaró que los demócratas tendrán la culpa si el gobierno tiene que suspender operaciones en caso de que el Congreso no logre aprobar el proyecto de ley para extender el financiamiento del gobierno federal. "Si eso sucede será por (la disputa sobre) ilegales ingresando al país, el crimen ingresando al país, sin un muro fronterizo, el cual todos quieren". Acusó que el lanzamiento del misil que hicieron los norcoreanos debería llevar a que los demócratas renueven negociaciones sobre el proyecto de ley sobre el gasto, pero "probablemente no lo harán porque no hay nada más importante para ellos que elevar los impuestos".

Algunos demócratas amenazan con que no votarán por ninguna extensión del gasto federal si no incluye algún tipo de solución para los llamados dreamers, los inmigrantes que llegaron siendo niños y gozaban de legalización temporal gracias a un programa implementado por Barack Obama, pero anulado por Trump.

El voto para aprobar la reforma tributaria podría darse esta semana, aunque podría postergarse si el liderazgo republicano no considera contar con el apoyo completo de su bancada (los republicanos no pueden perder más de dos votos de sus filas en el Senado si quieren ganar). El sector financiero, inversionistas y empresarios esperan con gran anticipación su regalo.

Defensor de inmigrantes se retirará

El representante federal Luis Gutierrez, entre los políticos nacionales más reconocidos como un campeón de los inmigrantes y promotor de una reforma migratoria y, más recientemente, de promover el rescate de Puerto Rico (de donde llegaron sus padres) anunció que no buscará la relección en los comicios intermedios de 2018. Aunque esta semana ya había registrado los papeles para buscar su relección (fue electo por primera vez en 1992), Gutierrez sorprendió con este anuncio al afirmar: "es hora de proceder a otras cosas". Aseguró que no se retira de la lucha política y que continuará con su defensa de los inmigrantes y de Puerto Rico. A la vez, indicó que el mexicano-estadunidense Jesus Chuy Garcia –quien estaba a su lado en la conferencia de prensa en Chicago– debería ser su sucesor. Garcia, hoy comisionado del Condado Cook, es el político de origen mexicano de mayor perfil en Chicago.

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Odebrecht aparece ligada a 17 empresas en paraísos fiscales

La constructora brasileña Odebrecht, cercada por procesos judiciales por corrupción en varios países de América Latina, aparece ligada a 17 empresas con sede en paraísos fiscales, reveló este martes la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) conocida como los Papeles del Paraíso

La cantante colombiana Shakira y la actriz estadunidense Keira Knightley se sumaron a la lista de famosos mencionados en esta nueva filtración, en la que aparecen personajes como Wilbur Ross, secretario estadunidense de Comercio, y Juan Manuel Santos, presidente colombiano.

También se aclaró la naturaleza de las inversiones en paraísos fiscales de la reina Isabel II de Inglaterra y de su hijo, el príncipe Carlos.

El portal Poder360, que forma parte del ICIJ, informó que el gigante brasileño de la construcción posee firmas offshore (empresas fachada establecidas en paraísos fiscales) en Bahamas, Islas Caimán y Malta, y que éstas fueron abiertas entre las décadas de 1970 y 2000.

Según Poder360, cinco de esas empresas ya fueron cerradas y no ha sido posible identificar cuántas siguen abiertas. En el reportaje, el portal detalló la lista de las compañías en paraísos fiscales que, afirma, están relacionadas con Odebrecht.

La página de Internet informó sobre las firmas offshore de la constructora que operaban en África, entre las que citó a OSEL-Odebrecht Serviços no Exterior Ltd., registrada en Caimán, pero cuya sede está en Maputo, capital de Mozambique.

Asimismo, Odebrecht Oil and Gas Angola Limited, abierta en enero de 2002 y ya cerrada, y Odebrecht Africa Funds, abierta el 13 de febrero de 2015, están registradas en Caimán pero operan en Angola.

En un comunicado publicado por Poder360, Odebrecht reconoció que todas esas empresas tienen un "vínculo directo o indirecto con el Grupo Odebrecht", aunque aclaró que "todas fueron legalmente constituidas y ejercen sus actividades de forma regular".

El portal informó que ejecutivos de la empresa que firmaron acuerdos de colaboración judicial con la fiscalía de Brasil (mediante el método de "delación premiada" con la que implicados denuncian a otros culpables a cambio de que se les reduzca su sentencia) relataron que Odebrecht usaba a las compañías en paraísos fiscales para lavar dinero y ocultar el pago de sobornos a políticos.

Poder360 detalló que el Sector de Operaciones Estructuradas, una sección de la constructora brasileña destinada exclusivamente al pago de sobornos, era el encargado de controlar las transacciones de esas empresas.

El portal citó al ex director de Odebrecht, Fernando Migliaccio, quien explicó que la trama funcionaba por "camadas" de empresas, una relacionada con otra. El objetivo era dificultar el flujo de dinero de las operaciones con la finalidad de legalizar los recursos por medio de facturas y contratos falsos.

"El sistema de camadas funcionaba para evitar que las personas y actividades desarrolladas en una esfera fueran del conocimiento de los involucrados en otra camada", declaró Migliaccio en su "delación premiada".

Odebrecht es la principal empresa constructora de Brasil que también aparece implicada en la operación Lavado Rápido, que desde 2014 investiga tramas de corrupción entre políticos y empresarios del país a partir de contratos con las empresas del Estado. La investigación se extendió a otros procesos relacionados con este caso en México, Venezuela, Argentina, Ecuador, Perú y República Dominicana, entre otros.

Los ministros del gabinete del presidente brasileño, Michel Temer, mencionados en los Papeles del Paraíso son Henrique Meirelles (Hacienda) y Blairo Maggi (Agricultura), informó Poder360. Sus nombres aparecieron en una gran filtración de información de la compañía Appleby, con sede en Bermudas, especializada en crear empresas offshore.

El caso de los Papeles del Paraíso surgió de la filtración de millones de documentos de la firma Appleby, una de las mayores especialistas en crear empresas offshore en el mundo y cuya sede está en Bahamas.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, aseguró que nunca invirtió ni fue socio de la compañía en Barbados en la que se le involucra, según la investigación de los Papeles del Paraíso.

Santos figura en un listado de 127 líderes internacionales vinculados a sociedades en paraísos fiscales.

El mandatario colombiano aparece vinculado a la firma Nova Holding entre el 14 de abril y mayo de 2000, y como integrante de la junta directiva de Global Tuition entre abril de 1999 y mayo de 2001, cuando era ministro de Hacienda del gobierno de Andrés Pastrana.

Santos subrayó que la relación con esas compañías terminó antes de asumir como ministro de Hacienda en el año 2000 y que nunca invirtió en ellas ni fue socio.

Agregó que los temas de educación siempre han sido de su interés y "por ese motivo fui invitado a ser parte de la junta de Global (Tuition) y participé como miembro por poco tiempo, hasta que asumí como ministro de Hacienda con Pastrana".

Este martes trascendió que la implicación de la reina Isabel de Inglaterra en los Papeles del Paraíso está vinculada al ducado de Lancaster, un dominio privado de la soberana y una de sus fuentes de ingresos, mediante el cual tiene invertidos unos 10 millones de libras esterlinas en las Islas Caimán y en Bermudas. Su hijo, el príncipe Carlos, habría hecho campaña para que se modificaran algunos acuerdos sobre cambio climático, sin revelar que el ducado de Cornualles, una de sus fuentes de ingreso, acababa de invertir en una empresa basada en Bermudas que se beneficiaría de las propuestas que él mismo hizo en favor de la protección al ambiente.

Por lo pronto, el opositor Partido Laborista británico pidió que se abra una investigación pública sobre Isabel II. Michael Anthony Ashcroft, miembro de la nobleza británica y principal donante del Partido Conservador, “ignoró todas las reglas de administración de sus inversiones offshore”, según la emisora BBC, que aseguró que invirtió cientos de millones de dólares en un fideicomiso en Punta Gorda, Bermudas, en el año 2000, por lo que podría ser investigado penalmente.

Shakira transfiere sus derechos de autor a Malta y Luxemburgo

La cantante colombiana Shakira, quien reside en Barcelona, estaría domiciliada en Bahamas por razones fiscales, y transfirió a Malta y Luxemburgo sus derechos de autor, unos 31.6 millones de euros, según el diario francés Le Monde.

Bono, el cantante del grupo británico U2, es mencionado por haber usado una compañía en Malta para pagar por acciones de un centro comercial en Lituania, mientras la actriz británica Keira Knightley invirtió en una firma de bienes raíces en la demarcación inglesa de Jersey. La cantante Madonna aparece como accionista de una compañía de insumos médicos en Bermudas, que cerró en 2013.

Lewis Hamilton, el cuatro veces campeón de Fórmula Uno, evadió, según los Papeles del Paraíso, 16.5 millones de libras esterlinas en impuestos sobre su jet privado. Sus abogados aseguraron a la BBC de Londres que su cliente no ha incurrido en ningún movimiento ilegal.

Amitabh Bachchan, el más reconocido exponente de la industria fílmica de Hollywood, es nombrado como accionista de una compañía de medios digitales fundada en Bermudas en 2002. Según las leyes en India, toda inversión de un residente en India en el extranjero debía ser aprobada por el Banco de la Reserva, cosa no está claro si sucedió en este caso.

Asimismo, los nombres de los ex primeros ministros de Canadá Brian Mulroney, Jean Chrétien y Paul Martin, figuran en las investigaciones sobre paraísos, de acuerdo con la televisora CBC.

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Miércoles, 20 Septiembre 2017 06:56

La culpa es de los pobres

La culpa es de los pobres

En 1758 el gobernador de Carolina del Sur, James Glen, reconoció en una carta a su sucesor: “Ha sido desde siempre una política de nuestro gobierno alentar el odio de los indios hacia los negros”. En las generaciones previas, el racismo no había alcanzado el nivel de odio suficiente como para evitar que indios, negros y blancos pobres se unieran para el trabajo, la intimidad y, sobre todo, para rebelarse contra el poder de los poderosos.

Aunque el dinero y el poder en principios son abstracciones incapaces de emociones humanas como el odio y el amor, las emociones, como todo lo demás, forman parte de su mecánica. Los instrumentos se convierten en sujetos y los sujetos en instrumentos. Así, el racismo y los intereses de clases han estado relacionados desde los tiempos del antiguo Egipto.


Hoy en día esa relación se justifica de otras formas, a veces de formas tan mitológicas y sagradas como “la mano invisible del mercado” (que por lo general es solo la mano invisible de los poderosos), “el consumo y el nivel de vida”, “la eficiencia y la productividad” y hasta “la patria y la libertad”.
Dos de los negocios más importantes y más lucrativos del mundo son el tráfico de drogas y la venta de armas.


Porque la producción de droga está en los países pobres y el consumo en los países ricos, la culpa de la violencia es de los productores, es decir, de los pobres.
Porque la producción de armas está en los países ricos y el consumo en los países pobres, la culpa de la violencia es de los consumidores, es decir, de los pobres.
Cuando la economía en los países ricos prospera, los pobres son los únicos culpables de su propia pobreza, como si el mundo fuese plano y todos tuviesen las mismas oportunidades.


Cuando la economía en los países ricos se estanca o retrocede, entonces los pobres son los culpables de que los demás no tengan trabajo. Sobre todo, si son pobres migrantes.


La culpa es siempre de los pobres.


Hace dos mil años, un profeta rebelde fue crucificado, junto con otros dos criminales, por desafiar al imperio de la época pregonando la no violencia, rodeándose de marginados y asustando a los poderosos con frases como “es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico subir al cielo” o “ustedes han menospreciado al pobre. ¿No son los ricos quienes los oprimen y personalmente los arrastran a los tribunales?”.


Por los siguientes tres siglos, los primeros cristianos fueron inmigrantes pobres, ilegales y perseguidos. Hasta ser oficializados por otro emperador, Constantino, y de perseguidos se convirtieron en persecutores, olvidando la advertencia de los antiguos Proverbios: “Aun por su vecino es odiado el pobre, pero son muchos los que aman al rico”; “La riqueza añade muchos amigos, pero el pobre es separado de los suyos”; “El rico domina a los pobres, y el deudor es esclavo del acreedor”; “La fortuna del rico es su ciudad fortificada, con altas murallas en su imaginación”.


Incluso la estatua de la Libertad de Nueva York, recibió a millones de inmigrantes (europeos), sin visas ni pasaportes, con la frase “Denme los pobres y los cansados (...) denme los que no tienen techo”.


Sin embargo, ahora, según las leyes en los países ricos, si alguien es rico tiene garantizada una visa o la residencia. Si alguien es pobre y su bandera es el trabajo, se les impedirá el ingreso a los países ricos de forma automática. De hecho, la sola palabra trabajo en cualquier consulado del mundo es la primera clave que enciende todas las alarmas y le cierra las puertas a un trabajador honesto. Porque un mundo obsesionado con el crecimiento, donde el capital produce más capital, no cree que el trabajo pueda producir más trabajo. Porque el dinero es más libre que los seres humanos y un ser humano sin dinero no es libre sino esclavo.


Para justificar este apartheid global, ya no se recurre al concepto de raza sino el de naciones y se confunde legalidad con legitimidad, como si las leyes no fuesen la expresión de las conveniencias del poder de turno, como si las leyes no fuesen, con frecuencia, elegantes formas de legalizar la corrupción del poder.


Incluso, hasta las mejores leyes suelen ser injustas, especialmente con aquellos que no están en el poder. Como ejemplo bastaría con la observación que hiciera hace cien años el novelista francés Anatole France: “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”.

 

Por Jorge Majfud, escritor y profesor uruguayo estadounidense. Su última novela es El mar estaba sereno.

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"El principal condicionante del nivel de salud de una población es su nivel socioeconómico"

El doctor Jaime Breilh cuestiona el modelo tradicional de salud pública. Teórico de la epidemiología crítica, impulsa una universidad que adopte los valores culturales de la sociedad a la que pertenece. Y rescata la resistencia cultural de los pueblos de América.

 

“No hay enfermedades de la pobreza. Hay enfermedades de la riqueza con desigualdad. Es necesario cambiar el punto de vista, porque si no aparecen los pobres como responsables de las enfermedades. Lo que el modelo de salud pública dominante llama ‘enfermedades de la pobreza’ debería llamarse ‘enfermedades generadas por un sistema social que necesita de la desigualdad’.”


El doctor Jaime Breilh es un teórico reconocido como uno de los mayores impulsores, desde la década de los 70, de una nueva visión de la epidemiología crítica –rama fundamental de la nueva salud pública– y promotor de la aplicación sistemática de la categoría “determinación social de la salud”. Sus obras circulan en tres idiomas y varias de ellas están reconocidas como clásicos de la literatura científica en salud de América Latina. Establece cuestionamientos esenciales al modelo de investigación convencional (positivista) ligado al funcionalismo y abre caminos innovadores para la metodología científica. Estudiosos de la salud pública y epistemólogos lo han catalogado como uno de los cuatro teóricos sobresalientes de América Latina en el campo de la Epidemiología junto a Asa Cristina Laurell, Naomar Almeida y Cecilia Donnangelo. La Organización Panamericana de la Salud ha incorporado su obra Epidemiología Crítica a su programa de textos.


–Usted habla de epidemiología crítica, de medicina social y de salud colectiva. ¿Podemos desarrollar un poco estos conceptos?


–Son nombres distintos para un proyecto que fue cambiando con el tiempo, pero que básicamente se opone al concepto de salud pública imperante. La medicina social está en el camino de Ramón Carrillo, de Salvador Allende... Como ministro de Salud, Allende publicó La realidad médico-social chilena, obra sobre la salud pública con énfasis en la medicina social, en la que se señalaba claramente que el principal condicionante del nivel de salud de una población es su nivel socioeconómico. La medicina social busca entender cómo las condiciones sociales y económicas impactan en la salud, así como su importancia en la medicina. Y también fomentar las condiciones en las cuales la comprensión pueda conducir a una sociedad más sana. Ahora hablamos de salud colectiva, entendiendo salud como el articulador de las características personales con los condicionamientos sociales.


–Ajá, por eso es importante hablar de enfermedades de la riqueza con desigualdad si hablamos de diarrea infantil, mal de Chagas...


–Es que la salud pública tradicional no mira el contexto social. Por ejemplo, las poblaciones infantiles en América latina están sometidas a productos químicos desde la vida intrauterina. Hay innumerables obras, estudios, trabajos científicos sobre este tema. Basta recordar a Andrés Carrasco...


–Con su lucha contra el glifosato y los problemas que eso le acarreó...


–Bien. Ahora veamos las diferencias entre los enfoques de la salud de los que hablábamos al comienzo. La salud pública tradicional descubre que hay muchísimos chicos anémicos en América latina, y los trata con suplementos de hierro. La salud colectiva, además de tratar la anemia, llama a suspender las fumigaciones, busca cortar la causa.
–De ahí su referencia a Carrasco...


–Pero el modelo imperante, el farmacobiológico, es muy poderoso. No estudia los problemas de salud como una totalidad sino que lo divide todo, y para cada porción tiene un medicamento.


–Es un negocio que cierra bien redondito... Las fumigaciones favorecen su renta y aumentan las ventas de medicamentos.


–Y así es como las matrices de poder determinan las potencialidades de defensa y los problemas. La agricultura se torna entonces una economía de la muerte por destrucción ecológica. Los recursos naturales se toman sólo como recursos para hacer negocios. Muchas de las actividades económicas actuales, como la minería extractivista, la agroindustria con transgénicos, están ligadas a grandes intereses. Y todo se reduce a una cuestión de ganancias, no hay un enfoque ecológico.
–Y volvemos a las verdaderas causas de las enfermedades...


–Sí. Hay que cambiar el objeto de la salud. Se debe trabajar sobre el proceso de enfermedad, cómo y por qué se enferman las personas. Voy a darle un ejemplo claro. Una cosa es estudiar el dengue y cómo combatirlo. Y otra muy distinta es entenderlo en relación con los sistemas de producción que hacen que prolifere el vector. Los determinantes sociales de la salud son las condiciones sociales y económicas que influyen en las diferencias individuales y colectivas en el estado de salud. Son los riesgos asociados a las condiciones de vida y de trabajo –por ejemplo, la distribución de ingresos, bienestar, poder–, más que factores individuales –como sería el estilo de vida individual o la herencia genética–, que aumentan la vulnerabilidad hacia las enfermedades.


–Entonces esa imagen bucólica del campo como un lugar sano, con la naturaleza en su esplendor..

.
–Ya no. Ya hablamos de la agricultura de la muerte. Se produce lo que llamamos hoguera tóxica, que es desencadenar los efectos deletéreos del calentamiento global en zonas cada vez más chicas. Con el uso de agrotóxicos, se destruye la naturaleza.


–¿Y qué justifica esa destrucción? ¿Sólo el afán de riqueza?


–Sí. La biodiversidad es un pésimo negocio.


–Es cierto... Impide la explotación a gran escala, el trabajo en serie... Exige métodos casi artesanales...


–¡Por supuesto! El monocultivo eleva la renta. Y está también el tema de la aplicación de la tecnología. La mala aplicación va destruyendo la vida, al destruir la biodiversidad.
–Pero sigue siendo económicamente rentable.


–Ya empieza a quedar en evidencia que no es así, por los enormes gastos que exige la salud pública. Esto demuestra que el actual modelo no sirve.
–Usted es rector de la Universidad Andina de Ecuador. ¿Cómo juega la universidad en este contexto? No se forma igual a los profesionales en esquemas tan distintos.
–Claro que no. Pero el tema del modelo universitario es mucho más amplio. Queremos cambiar el concepto de riqueza académica. No todos los modelos de universidad son igualmente válidos en todas las circunstancias. Queremos una universidad abierta a la comunidad, que sea un proveedor de pensamiento crítico, no un proveedor de datos.
–Hay que repensar, entonces, nuestras universidades.


–Sí. No todos tenemos que parecernos o imitar a Harvard. Pero tampoco vale la actitud cerril de rechazar o negar todo lo que venga de Harvard, que es una institución maravillosa y muy valiosa. Nosotros propugnamos una metacrítica del poder capitalista, con la articulación de los “buenos saberes”.


–¡Qué lindo eso de adaptar las universidades a nuestras comunidades! Es un alivio que haya catedráticos para los cuales nuestra cultura sea valiosa.
–Es que yo rescato algo muy importante en nuestra América, que es el concepto de resiliencia en lo social y en la vida cultural.


–Tiene razón... Más de quinientos años después de ese genocidio que la cultura dominante llama Descubrimiento, las culturas indígenas en América.
–Y sus aportes tienen que ser integrados a nuestro corpus académico.

Renata Padín
Página/12

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Lunes, 19 Junio 2017 07:01

Las ‘favelas’ de Londres

Las ‘favelas’ de Londres

En el barrio de Kensington conviven millonarios y familias hacinadas en edificios similares al siniestrado

Charles Dickens situó su Historia de dos ciudades en el Londres y el París de los tiempos de la Revolución Francesa. Pero el título encajaría perfectamente con el Kensington del 2017, el Kensington Sur y el Kensington Norte. En el primero, con la renta per cápita más alta del país, tiene una mansión David Beckham y es el paraíso de oligarcas rusos, jeques del Golfo y millonarios de todas partes del mundo. En el segundo familias enteras viven hacinadas en bloques como la torre Grenfell, es habitual que cinco niños duerman en una misma habitación, que dos inquilinos con trabajos compatibles compartan una cama –uno de día y otro de noche– o que las casetas de los jardines se alquilen como habitaciones con un camastro, pero sin luz ni agua corriente. Son las favelas londinenses.


“Todo el mundo importa lo mismo o nadie importa”, es el eslogan del detective Harry Bosch, protagonista de las novelas policiacas de Michael Connelly. Pero en Kensington, como ha puesto en evidencia el incendio del pasado miércoles, no todo el mundo importa igual. Los más pobres, entre ellos inmigrantes y asilados, son dejados de la mano de Dios. Cuando advierten de que en su vivienda hay problemas de seguridad, las quejas son ignoradas. Cuando ocurre la tragedia, la primera ministra (al contrario que la reina o el jefe de la oposición) ni se digna a hablar con ellos, los concejales no están localizables, y menos aún los administradores del edificio. Se les amenaza con desplazarlos a hasta diez kilómetros de distancia para darles una nueva vivienda. Se les alberga en condiciones lamentables. Se topan con un muro de silencio cuando preguntan por sus amigos y familiares desaparecidos. Son los grupos comunitarios locales los que se organizan para que tengan techo, ropa, comida, algo de dinero. El Gobierno no aparece por ninguna parte.


La prensa de derechas, con su infinita falta de escrúpulos, ha intentado echar la culpa de la tragedia a “las regulaciones de la Unión Europea y del lobby medioambiental”. Pero Grenfell puede ser a los conservadores británicos lo que el Katrina, a una escala de destrucción mucho mayor, fue para la administración Bush, un símbolo de todo lo que está podrido en el Reino Unido. Un juicio al Estado pequeño que los tories patrocinan desde Thatcher, a los 15.000 millones de euros en recortes, a la desigualdad rampante en la que un 1% de la población acumula más riqueza que el 99% restante. El juicio político tal vez sea más complicado, pero el veredicto del juicio popular ya está en la calle. ¿Austeridad? Culpable de todos los cargos. ¿Desregulación? Culpable. ¿Privatizaciones? Culpables. ¿Deslocalizaciones? Culpables. ¿Libre mercado sin controles ni cortapisas?

Culpable. ¿Especulación y subcontratos? Culpables.


La St. Ann’s Road divide, a grandes trazos, el Kensington rico del Kensington pobre. En uno están la embajada griega, las mansiones estilo ¬Regencia de Holland Park, los apartamentos victorianos de dos habitaciones que se venden por casi dos millones de euros, el Royal Crescent, el centro comercial de Whitefield, los jardines privados como el que visita Hugh Grant saltando una valla en la película Notting Hill. En otro, Latimer Road, rascacielos para inmigrantes como la torre Grenfell o el complejo del Lancaster Estate (en Inglaterra cuando algo se llama estate, mal asunto), los siniestros pasadizos por debajo de la autopista A40, y las favelas. Y los habitantes del lado pobre denuncian una campaña de “limpieza social” para expulsarlos del barrio, derribar sus viviendas y en su lugar construir otras de lujo para deleite de los especuladores. Es una forma de apartheid, no por la raza sino por el dinero.


Las calles tienen sus nombres oficiales, como Ladbroke Road, Pembury Villas o Portobello Road, escenario del icónico mercadillo. Pero también nombres extraoficiales como “la avenida fantasma” o “el paseo de las luces apagadas”, en referencia a que están llenas de pisos de lujo comprados como inversión y virtualmente abandonados por sus propietarios, ya sean fondos de pensiones, millonarios ingleses o personajes vinculados a la clase dirigente de Azerbaiján, Ucrania o Qatar. El líder laborista, Jeremy Corbyn, ha propuesto meter en ellos a los supervivientes del incendio.


A los pobres de Kensington les enfurece especialmente que los administradores del edificio se ahorrasen 6.000 euros en no utilizar un revestimiento antiinflamable, cuando se trata de la autoridad municipal más rica del país, con 350 millones de euros de reservas, gracias en gran medida a la especulación inmobiliaria. Pero Kensington no fue siempre un barrio así de rico. A mediados del siglo XIX era de clase trabajadora, y más adelante, en oleadas sucesivas fue poblado por inmigrantes irlandeses, por españoles que huyeron de la dictadura franquista y se instalaron en Notting Hill (donde se encuentra el colegio Vicente Cañada Blanch y el supermercado García e Hijos), por disidentes checos y húngaros, y por caribeños de las colonias británicas traídos como mano de obra barata. Fruto de esa mezcla es una cultura de diversidad y multiculturalismo antes de que esos términos se incorporasen al lenguaje político, que se refleja en el carnaval que tiene lugar el último fin de semana de agosto.


Ello no significa que no haya habido tensiones. Tras los disturbios raciales de 1958, el líder fascista londinense Oswald Mosley se presentó al escaño en el Parlamento de Westminster y fue derrotado. Los terroristas que pusieron las bombas en el metro y los autobuses de Londres en el 2005 vivían en pisos de North Kensington, no lejos de la torre Grenfell. Y aquel barrio idílico de clase obrera, en el que las puertas se dejaban abiertas y unas madres cuidaban de los hijos de otras, hace tiempo que pasó al olvido. Hoy la St. Ann’s Road divide el lado étnico, afrocaribeño e islámico, el de los desposeídos, del blanco, en parte bohemio y juvenil (Notting Hill), en parte ostentosamente rico (Holland Park), donde en vez de pubs hay bistros y wine bars.


“Stay away, Theresa May” (no vengas, Theresa May), es uno de los gritos que más se oyen en el centro comunitario y la iglesia metodista que atienden a las víctimas del incendio. Es una denuncia de la aparente indiferencia de la primera ministra, del desprecio con el que las clases altas miran a las bajas, pero sobre todo de un sistema en el que nadie asume la responsabilidad, las autoridades cierran puestos de bomberos para ahorrar, no se instalan extintores porque es muy caro, los presupuestos de los ayuntamientos han sido recortados en un 40%, los ricos acumulan cada vez más riqueza, y todo se subcontrata. Hasta la culpa. Kensington Norte, Kensington Sur. La historia de dos ciudades.

 

Por Rafael Ramos, Londres. Corresponsal
19/06/2017 01:29 | Actualizado a 19/06/2017 12:17

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¿Cuáles son los 5 países con mayor desigualdad de América Latina?

La desigualdad es un fenómeno que se expresa en múltiples dimensiones y que se encuentra presente en América Latina, siendo la distribución del ingreso una de sus principales aristas.


Según datos publicados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su informe de 2016 sobre el Panorama Social de América Latina, los 5 países con mayor desigualdad de la región en 2015 fueron: Guatemala, Colombia, Brasil, Panamá y México, que promediaron un coeficiente de Gini superior a 0,5.


La Cepal utilizó el coeficiente de Gini para medir en base a dos variables absolutas el nivel de desigualdad, que toma valores entre 0 (que representa la ausencia de desigualdad) y 1 (para representar la desigualdad máxima). América Latina mostró para 2015 un valor promedio de 0,469, evidenciando un poco más de igualdad que en 2014, cuando presentó un 0,473, señala la organización.


Si bien en general el índice disminuyó 1,2 % anual en promedio entre 2008 y 2012, el ritmo de descenso bajó a la mitad entre 2012 y 2015, demostrando solo un 0,6% anual. La Cepal especifica que estos avances fueron impulsados por una mejoría relativa de ingresos laborares, gracias a políticas activas como la formación de empleo y el aumento real de los salarios mínimos.


En este informe el organismo también dedica un capítulo al gasto social, señalando que este último alcanzó su máximo histórico de 10,5 % del PIB (Producto Interno Bruto) para el gobierno central y 14,5% del PIB para el sector público (promedio regional). No obstante, señala que este todavía se mantiene muy por debajo de otras regiones como Europa, que direcciona un 34 % de su PIB.


Al igual que en 2012, los países con el mayor nivel de igualdad en la región siguen siendo Uruguay, Venezuela y Argentina, con un valor promedio del coeficiente de Gini de aproximadamente un 0,4.

 

Publicado: 31 may 2017 06:08 GMT

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Lunes, 26 Diciembre 2016 08:42

La batalla por un pelo

La batalla por un pelo

Ya me he acostumbrado a recibir ciertas visiones coloniales de Cartagena en la que hay “gente de bien”, emprendedores, cívicos y cultos y una masa grande de “gente”, usualmente negra, que vive en los barrios populares, que es la causa fundamental de los grandes problemas por su comportamiento poco cívico y que si no progresan es porque simplemente se beben todo el dinero que ganan.

 

Algún tiempo atrás, en medio de una fiesta, terminé sentado un buen rato al lado de uno de los miembros de una de las familias más poderosas de Cartagena, de las que tienen, de lejos, mayor incidencia en su vida económica y política. De tanto escuchar en distintos escenarios a hombres y mujeres de esas familias ya me he acostumbrado a recibir ciertas visiones coloniales de la ciudad en la que hay “gente de bien”, emprendedores, cívicos y cultos –unos cuantos repartidos en los mejoresbarrios– y una masa grande de “gente”, usualmente negra, que vive en los barrios populares, que es la causa fundamental de los grandes problemas por su comportamiento poco cívico y que si no progresan es porque simplemente se beben todo el dinero que ganan.


Aquella fiesta se llevaba a cabo en una discoteca gigantesca ubicada en la calle del Arsenal, en Getsemaní, convertida con los años en el epicentro de la fiesta paga en la ciudad: tres manzanas sobre lo que antes fue el puerto y el mercado popular, retirado de allí en los años setenta, llenas de bares, discotecas y restaurantes.


Hablábamos de cosas intrascendentes cuando algo que le escuché me obligó a quedarme en suspenso, escuchando la continuación de una frase que dicha en sus labios me pareció luminosa: “es que la negra es una subcultura...”.


Por primera vez escuchaba que alguien de una familia así pudiera enfocar el tema con una categoría conceptual que, al menos, ayuda a pensar de otra manera. Aquello significaba un atisbo de comprensión, el comienzo de otro enfoque. Alcancé a imaginar que hablaría de las subculturas urbanas, quizás del hip hop local, muy arraigado en Cartagena.


Abrí los ojos, los oídos y el espíritu para escuchar lo que seguía. Él pareció notarlo y completó con mayor énfasis el resto de la frase: “... sí, por eso tenemos que trabajar para subirla al nivel de la cultura”, dijo haciendo con las manos la mímica de elevar, para seguir luego con el tópico de esas conversaciones sobre cómo esa “gente” bota el papelito de la empanada en la calle y de volver sobre la idea de que la administración de una ciudad de un millón de habitantes, con los peores índices de necesidades básicas insatisfechas, pasa por el tema fundamental de recoger el papelito. El alcalde como un operador de las basuritas en los barrios tradicionales. La cultura como sinónimo de un civismo recortado a su mínima expresión.


Sí, todo eso en Getsemaní, el que fuera el barrio de los esclavos, el de mayor tradición negra de la ciudad. Nosotros, unos extraños, de cabello liso: unos advenedizos.


* * *


Hace algunos años un grupo de amigos reparó en que Pedro Romero no tenía rostro. Fue el único negro líder en la lucha local por la independencia de España, en el temprano siglo XIX, como en buena parte del continente. Sin embargo, era el único prócer cuyo busto de mármol no figuraba, ni aun hoy lo hace, en el Camellón de los Mártires, el paseo insignia de la ciudad, flanqueado a lado y lado de severos y heroicos hombres blancos. Al parecer nunca estuvo. Nunca hubo un mármol para él ni tampoco un óleo, carboncillo o dibujo en alguna parte. Se rastreó pero ¡nada! De los otros sí que había.


Ideas en mano, se propusieron hacer un colectivo a medio paso entre lo social y lo artístico para darle rostro al héroe sin rostro. Le pusieron pelucas afro a aquellos mártires y a otras estatuas ilustres, como la del fundador de la ciudad, el muy español don Pedro de Heredia, que quedó orondo y quieto con sus pelos rizados ondeando al viento caribe, inmune a la previsible oleada de indignación que ese acto simple desató entre los defensores de la tradición cultural, sea lo que eso signifique para ellos.


Su intervención más exitosa fue intentar ponerle una cara, de la mano de la gente, a Pedro Romero. Cada año tomaban una calle en forma de L bastante deteriorada en Getsemaní, el viejo arrabal de negros. Proveían a niños y adultos de pintura para que lo dibujaran según les diera la imaginación y la inspiración.


Luego unos muchachos bogotanos, del interior centralista del país, andinos cargados de buenas intenciones –de esas mismas que está empedrado el camino al infierno, según la tradición– pensaron en hacer algo para protestar por la gentrificación (esa horrible palabra sin equivalente en lengua castellana, aunque se le ha llamado elitización residencial) de Getsemaní. Aquí hay que recordar que Cartagena es la meca del turismo en Colombia y la ciudad de las segundas casas de la clase con más medios económicos del país. Una especie de patio trasero vacacional para muchos chicos de clase alta que la conocen mejor que muchos locales, de los que viven en las periferias y para quienes el centro amurallado es otra ciudad.


Los muchachos bogotanos de esta historia pensaron que una posibilidad era intervenir con grandes pinturas murales las viejas paredes del barrio. En efecto, si el lector malpensado intuyó que de todas las posibles calles la que escogieron para hacer su intervención fue aquella L deteriorada, está en lo cierto: a nadie le preguntaron y nada les sugirió ese rostro negro pintado de tantas maneras y en tantas versiones, como una obsesión.


Simplemente lo borraron con sus buenas intenciones.


* * *


En Cartagena el aliser es un artículo de primera necesidad. Cada tres o cuatro meses miles de mujeres se someten a un potente tratamiento químico que les cuesta entre 15 y 50 dólares para mantener aplacado el afro. “Cada tres o cuatro meses iba sagradamente a ser menos negra”, me dice una de las que ya saldó cuentas con esa nueva esclavitud: la de blanquearse, no solo en lo físico sino también, y principalmente, en lo mental.


Si es temporada de graduaciones en colegios y universidades hay que reservar con tiempo en los salones de belleza o comprar con antelación porque los botes de crema pueden de-saparecer por días de los estantes. “Y yo cómo voy a ir allá con este ‘paraco’” es el tipo de frase que se escucha cotidianamente, con la mujer señalando los rizos desordenados. El cabello liso es a ellas lo que la corbata a un japonés de oficina. Desmontar una tradición así, de casi cinco siglos, no se logra de la noche a la mañana.


Cirle Tatis Arzuza lo está intentando. Hace siete meses creó Pelo Bueno, una iniciativa para hablar del cabello afro y por esa vía inocular temas de fondo sobre ser negra en la ciudad. En tan corto tiempo ha logrado más de 11 mil seguidores en su página de Facebook, es entrevistada con frecuencia, está nominada a un premio nacional de la cultura afro, hace videos con mensajes fuertes sobre el autorreconocimiento de las mujeres negras. Con una mezcla de emprendimiento digital y activismo social, ha logrado meter en la conversación temas como descolonización, discriminación o autoestima al mismo tiempo que habla del pelo “rucho” y del aceite de coco para embellecerlo en sus rizos naturales, en lugar del aliser.


Junto con otras emprendedoras sociales, como las creadoras de Belleza en Rizos y Rosa Caribe, cuyos nombres se explican por sí mismos, se juntaron para crear Afroaquelarre, un colectivo como aquel de Pedro Romero, pero con otro enfoque. Hace un par de semanas abrieron las actividades públicas de una gran biblioteca barrial con un taller al que asistieron unas setenta mujeres, desde niñas hasta abuelas, que terminaron hablando de sus propias vivencias de discriminación a partir de su color de piel, incluso las infligidas por ellos mismos. Aquello surgió como respuesta a una mamá del barrio que señalaba la cabellera muy rizada de su niña e insistía que era “su decepción”.


Aquella pequeña, de 7 años, retraída y con necesidad de reforzar su propia imagen, resultaba uno más de muchos casos cotidianos, en esta ciudad de más de un millón de habitantes, con uno de los mejores indicadores de ingreso per cápita del país, que se quedan en el papel al contrastarlos con los datos de inequidad y de necesidades básicas insatisfechas, entre los peores de las 13 grandes ciudades de Colombia.


Lo último que se les ocurrió fue un “afropicnic navideño” en el único parque verde del Centro. Al llegar, el pasado domingo 18, fue fácil reconocerlas, con una imagen que sería demasiado cliché si no hubiera sido real: recortadas entre las palmeras, un cielo deliciosamente azul, con la clásica postal del atardecer frente al mar Caribe, se destacaban un montón de pelos afros a la distancia. Cuando ya habían comenzado el evento alcancé a contar más de ochenta personas, casi todas mujeres de todas las edades: pieles negras de todos los tonos, incluso casi blancas, con afros de muy diversas formas y colores que llegaban hasta el rubio platinado o mechones de un azul eléctrico.


Hablaron las fundadoras del colectivo, hasta que al final Cirle tomó la palabra. Empezó por decir que resultaba absurdo hablar en Cartagena de gente blanca, cuando todos tienen un ancestro en su sangre, así sea escondido, de un racismo estructural, de los estereotipos y los procesos de blanqueamiento más allá de la piel, de reivindicación, de cómo las esclavas escondían entre el afro las semillas que llevarían al palenque donde, libres, podrían sembrarlas para dar la primera cosecha. “No lo olviden, este pelo tiene historia”, dijo.


Todo eso en las goteras de la histórica muralla: a poca distancia del Camellón de los Mártires, sin su Pedro Romero; cerca de las zonas de bares o discotecas donde, de cuando en cuando, vuelve a surgir un nuevo escándalo porque se hizo demasiado evidente la actitud de no franquearle la puerta a gente afro; cruzando la calle, el puerto de aguas mansas por donde entraron los miles de esclavos que son sus antepasados, que hoy sirve de puerto turístico y en el que suelen permanecer atracados un par de barcos con aires de la Colonia, que ahora solo sirven como escenario para matrimonios y fiestas dando algunos giros por la bahía de otra Cartagena, llena hoy de esbeltos edificios de un casi invariable blanco con ventanería azul: una apretada Miami del otro lado del Caribe.


Parece otro momento de la larga historia de unos modos sociales que aún no terminan. Ya se verá.

 

Por José Luis Novoa S., cronista colombiano y habitante de Cartagena. Es director de Programas de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano.

 

 

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'Esos idiotas peligrosos': los medios progresistas, Trump y los estadounidenses de clase obrera

Los partidarios de Trump no son la caricatura que presentan los periodistas. Sarah Smarsh, una periodista de origen humilde de Kansas, critica los estereotipos y el clasismo que se cuela en las redacciones
"Los medios han presentado a los blancos de clase trabajadora como un todo y han creado un imaginario caduco y traicionero que resulta muy conveniente para el capitalismo. Según este mensaje, los pobres son unos idiotas peligrosos"

 

En marzo mi abuela Betty, una anciana de 71 años, hizo tres horas de cola para poder votar a Bernie Sanders en el caucus del Partido Demócrata en el estado de Kansas. Era la primera vez que votaba en unas primarias y aunque fue un suplicio, en ningún momento se planteó regresar a casa sin haber votado. Betty, una mujer blanca que no terminó sus estudios de secundaria, que tuvo a su primer hijo a los dieciséis años y vivió en la más absoluta pobreza la mayor parte de su vida, quería votar.


Esperó su turno a pesar de sus debilitadas rodillas; las mismas que en el pasado la mantuvieron de pie durante horas en una fábrica. Esperó su turno a pesar del enfisema pulmonar provocado por el tabaquismo y de la dentadura postiza que ha lucido desde que era una veinteañera, dos señales claras de la clase social a la que pertenecemos. En la década de los sesenta, antes de la sentencia Roe contra Wade, la mujer que esperó su turno pagó a un desconocido para que le introdujera un gancho de alambre en el útero tras descubrir que estaba embarazada de un hombre del que huyó después de que le rompiera la mandíbula.


Durante muchos años, Betty trabajó como funcionaria de libertad condicional para el sistema judicial de Wichita, en Kansas. Su trabajo consistía en hacer un seguimiento de violadores y de asesinos. Por eso, está curada de espantos. Sin embargo, no ha dudado en afirmar que el candidato republicano Donald Trump es un sociópata “con la boca llena de mierda”.


Nadie detesta a Trump más que ella. El candidato dijo que debe castigarse a las mujeres que aborten y ha dicho cosas horribles de colectivos que ella conoce desde su infancia y con los que ha trabajado codo a codo. Su estilo pomposo e indecente ofende su sensibilidad humilde y del medio oeste americano.


La clase trabajadora, integrada por personas como Betty, se ha convertido en la obsesión de todos aquellos que cuando comentan estas elecciones presidenciales hablan de “clases”: ¿Quién está detrás de esta bestia feroz y por qué apoya a Trump?


Los votantes de Trump no son tan pobres


Las cifras cuantitativas ponen en duda, o niegan de plano, la tan regurgitada teoría de que el nivel de educación o de ingresos permite predecir el apoyo a Trump, o la afirmación de que la clase trabajadora blanca lo apoya desproporcionadamente.


El mes pasado, el resultado de una encuesta elaborada por Gallup sobre una muestra de 87.000 personas dejó entrever que los partidarios de Trump no tienen más problemas económicos o derivados de la inmigración que aquellos que se oponen al candidato republicano.


Según este estudio, sus seguidores no tienen ingresos más bajos o una tasa de desempleo más alta que otros estadounidenses. La información relativa a los ingresos se pierde elementos importantes: aquellos con ingresos altos también pueden tener problemas de salud o ser propensos a empeorar económicamente.


Sin embargo, la mayoría de encuestados no se aferraban a trabajos que podrían perder. Uno de los analistas de Gallup explicó que, sorprendentemente, “parece no haber ningún tipo de relación entre sufrir la amenaza de la competencia comercial con otro país y apoyar políticas nacionalistas en Estados Unidos”.


El típico grandullón que amenaza a personas todavía más débiles que él y que amenaza a las personas de color para que huyan del pueblo, insulta a las mujeres y utiliza pistolas de aire comprimido para disparar contra gatos. Así sería Trump si hubiera nacido donde yo nací.


A principios de año, los sondeos que se llevaron a cabo antes de las primarias mostraron que aquellos que votaron a Trump tienen un mayor poder adquisitivo que el resto de estadounidenses, con unos ingresos familiares de 72.000 dólares, lo cual supera los ingresos de los que votaron a Hillary Clinton o a Bernie Sanders. El 44% tiene un título universitario; en comparación con la media nacional, que es del 29% para el conjunto de la población, o del 33% en el caso de la población blanca.


En enero, el politólogo Matthew MacWilliams indicó que uno de los factores que permite predecir el apoyo a Trump es una cierta tendencia al autoritarismo , mientras que los ingresos, la educación, el género, la edad o la raza no son factores determinantes.


Sin embargo, todos estos hechos objetivos no han servido para que los expertos y los periodistas dejen de repetir hasta la saciedad que la clase obrera blanca ha decidido apoyar a un demagogo que se distingue por su grandilocuente verborrea.


Para explicar correctamente por qué parte de la ciudadanía se siente atraída por Trump, una cobertura mediática equilibrada debería incluir más reportajes sobre el racismo y la misoginia en los barrios acomodados donde viven algunos votantes de Trump. O, en el supuesto de que se esté valorando la amargura de la clase trabajadora causada por la situación económica, también deberían publicarse reportajes sobre legisladores demócratas que en las últimas décadas han decidido destruir la red de bienestar, se subieron al carro de Wall Street y se olvidaron de los trabajadores estadounidenses cuando negociaron acuerdos comerciales internacionales.


Sin embargo, para los medios de comunicación nacionales, integrados, en su mayoría, por progresistas de clase alta o de clase media, eso supondría tener que mostrar los rostros de sus semejantes.


Si bien es ciert o que los rostros que los periodistas muestran en televisión –rostros enfurecidos que hacen comentarios sexistas cerca de una bandera de la Confederación– se merecen algún tipo de cobertura mediática, no son un reflejo de las comunidades que yo conozco tan bien. El hecho de que los medios de comunicación hayan ignorado comunidades como la mía ha creado una falta de comprensión tan grave que con un primer vistazo a un blanco con problemas económicos parece servir para describir a la totalidad.


El ejemplo antropológico de JD Vance


Un vistazo a la actualidad nos lleva hasta JD Vance, autor de una autobiografía que ha sido éxito de ventas, Hillbilly Elegy (Elegía del palurdo) . Es la historia de un abogado de éxito que creció en una pequeña ciudad siderúrgica de Ohio y cuya familia, a pesar de ser de clase media, lidiaba con la precariedad. El libro nos habla del caos que suele perseguir a una familia que ha quedado atrapada en un ciclo de pobreza durante generaciones.


Vance se autodefine como conservador y afirma que no votará a Trump. Sin embargo, intenta comprender por qué muchas personas de clase trabajadora sí lo harán. Tiene que ver con una ansiedad cultural que surge cuando muchos amigos consumen opiáceos y mueren por sobredosis y la casta política ya te ha dejado claro que no te ayudará. Si bien su experiencia es extrapolable a la de otras personas de zonas concretas, los periodistas de la Costa Este han convertido a Vance en portavoz de toda la clase obrera blanca.


Los entrevistadores y los críticos literarios parecen sentirse aliviados por el hecho de haber encontrado a alguien que tiene unas opiniones que confirman las suyas. The Run-Up, el podcast de las elecciones del The New York Times, afirmó que la autobiografía de Vance también es un estudio de antropología cultural de la clase obrera blanca que ha apoyado la candidatura de Trump (al tuitear la crítica del libro, el The New York Times ironizó con la pregunta: ¿Quieren saber más sobre las personas que le han dado alas a Donald Trump?”.

 

Fuente: theguardian

22/10/2016 - 19:28h

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