Por qué la Salud chilena se acerca al colapso a pesar de la vacunación

Chile vive el peor momento de la pandemia pese al programa vacunación puesto en marcha por el Gobierno de Sebastián Piñera.

 

Pese al programa vacunación puesto en marcha por el Gobierno de Sebastián Piñara, el virus sigue en expansión. Chile vive el peor momento de la pandemia, más que a fines de junio donde se marcó el pico de pacientes hospitalizados y en tratamiento intensivo así como conectados a respirador.

Alta ocupación de camas críticas y alza de contagios es lo que se ha visto durante esta semana. Con estas cifras el Gobierno de Sebastián Piñera ha reforzado medidas de restricción de movilidad, como el paso a cuarentena en 28 comunas de todo el país desde las 5 horas del jueves pasado.

En la fase de cuarentena (fase 1) las personas no pueden salir de sus casas, solo para hacer compras o trámites puntuales y esenciales con un permiso individual de Carabineros.

Este viernes el Ministerio de Salud reportó 99 nuevos fallecidos por Covid-19 inscritos por el Registro Civil, de acuerdo a la información entregada por el Departamento de Estadística e Información de Salud (DEIS), lo que eleva el total nacional a 22.087.

Esta situación ha generado debate entorno a la reconversión de las camas de cuidados intensivos y la necesidad de contratar más personal en el sistema de salud pública, pese a que las condiciones laborales de las y los trabajadores de la salud es cada vez más agobiante.

En una entrevista para La Izquierda Diario Chile el médico epidemiólogo y académico de la Universidad de Valparaíso, Aníbal Vivaceta explicó por qué el sistema de salud se encamina hacia un colapso a pesar de la aceleración del proceso de vacunación.

"Las vacunas no impiden el contagio, sí mejoran la probabilidad de las personas al momento de enfrentar el virus, pues rebaja los riesgos de enfermedades graves, pero a la gente se le ha vendido una imagen exitosa por la vacuna sin decir que sus efectos no se darán ahora", afirmó Vivaceta.

El plan "Paso a Paso" con el que el Gobierno viene manejando las medidas y restricciones hacia la población ha sido fuertemente criticado. "El Gobierno no ha explicado cómo se transmite el virus y cómo evitar la transmisión, y así las personas no sabrán bien cómo afrontarlo", afirmó Aníbal Vivaceta, médico epidemiólogo y académico de la Universidad de Valparaíso en una entrevista para La Izquierda Diario.

Otra crítica hacia el diseño del plan ha surgido desde el Colegio Médico: "La Fase 2 tal como está planteada –a pesar de que se ha endurecido– necesitamos rediseñarla, porque no está cumpliendo el objetivo de generar disminución de contagios, porque está muy laxa, necesitamos cortar muchas más actividades que no sean esenciales en la Fase 2 para poder disminuir los casos y evitar justamente llegar a la Fase 1", dijo el secretario nacional del Colmed, José Miguel Bernucci.

La mayoría de las medidas apuntan a las restricciones de la movilidad. Sin embargo el transporte público continúa lleno y los puestos de trabajo siguen sin medidas de seguridad e higiene.

Sobre esto el epidemiólogo Aníbal Vivaceta afirmó que "lo de restringir la movilidad se está utilizando por el Gobierno para restringir libertades. (...) Las personas que se desplazan, se contagian porque van en el Metro o Transantiago hacinadas a sus trabajos, entonces se empiezan a distorsionar conceptos como la "movilidad".

La agrupación de trabajadores de la salud Abran Paso señaló la necesidad de un Plan de Emergencia que beneficie a las y los trabajadores de la salud y a la población, que ha sido la más golpeada por el desempleo.

"El plan de emergencia consiste en cobrar un impuesto extraordinario a estas grandes ganancias y destinar esos recursos a las necesidades de la población para poder controlar la pandemia y para inyectar recursos inmediatos a la salud pública", señaló Nestor Vera, médico del hospital regional de Antofagasta y candidato a la convención constituyente por la lista [email protected] Revolucionari@s.

Por otro lado, Néstor Vera apuntó la necesidad de desfinanciar a Carabineros para que estos recursos públicos se destinen para combatir la pandemia. "Con los fondos que hoy se destinan a la brutal represión contra quienes luchan podemos ayudar a muchos. Ningún peso a Carabineros", señaló.

La Izquierda Diario Chile

Viernes 19 de marzo | 23:48

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Viernes, 19 Marzo 2021 06:18

Vietnam, la guerra continúa

Tran To Nga encabeza una movilización en París por reclamos sobre las terribles secuelas del agente naranja en la población vietnamita COLLECTIF VIETNAM-DIOXINE

UNA VIETNAMITA CONTRA LAS MAYORES FIRMAS AGROQUÍMICAS DEL PLANETA

 

Tran To Nga se ha atrevido a llevar a la Justicia a quienes produjeron el agente naranja con el que Washington devastó el sudeste asiático y que aún hoy provoca horrores sanitarios y desastres ambientales. Su victoria cambiaría el destino de muchos.

Una tarde de 1966, cuando tenía 24 años, Tran To Nga vio cómo un avión C-123 estadounidense, que sobrevolaba a baja altura la aldea de Vietnam del Sur en la que vivía, lanzaba una carga de lo que parecían ser unos herbicidas como tantos de esos que se rocían habitualmente sobre los campos agrícolas. «¿Qué podía representar la fumigación de un banal herbicida en medio del apocalipsis que rodeaba a nuestro querido Vietnam en llamas?», escribió en su autobiografía, Mi tierra envenenada, publicada en Francia en 2016. El avión dejó «una estela blanca en el cielo azul» y en el cuerpo de Nga una sustancia viscosa, pegajosa. Su madre le gritó que se sacara de inmediato la ropa. Ella obedeció, pero no le prestó demasiada atención a lo sucedido. «Con esa ducha tóxica, sin embargo, el mal comenzó a anidar en mi cuerpo», contó en el libro. Tiempo después sería nuevamente fumigada con esa misma sustancia, cuando cubría como periodista los combates en el delta del Mekong.

Lo que los C-123 habían lanzado era una poderosísima arma química. Se la conocería como agente naranja, por la franja de ese color que atravesaba los bidones en los que se la transportaba. Durante la guerra de Vietnam, el Departamento de Defensa había concebido una serie de armas químicas a partir de sustancias como esta, a las que llamó «herbicidas arcoíris». Además del agente naranja estaban el verde, el blanco, el rosa, el violeta.

El objetivo confeso del gobierno yanqui (de los gobiernos yanquis, desde el de John F. Kennedy hasta el de Richard Nixon, pasando por el de Lyndon Johnson) era defoliar las zonas boscosas y rurales en las que los combatientes del Vietcong podían refugiarse. También privar a los campesinos vietnamitas de sus medios de sustento. El agente naranja fue la más letal de las armas usadas para ese fin. Era mucho más que la mezcla de dos herbicidas hormonales reconocida por el Departamento de Defensa. A uno de los plaguicidas que intervenía en su fabricación, el 2, 4, 5-T, se le había agregado un compuesto de dioxina, el TCDD, que lo convertía en particularmente dañino. Cuando se conoció su composición, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo catalogó entre los «peores venenos existentes» y lo calificó como «altamente cancerígeno en humanos», al igual que lo hizo el Departamento de Salud de los propios Estados Unidos. Como las dioxinas son mutagénicas, no sólo produce espantosas enfermedades en quien lo recibe en su cuerpo, sino también en su descendencia.

Entre 1962 y 1973, Estados Unidos derramó sobre Vietnam del Sur decenas de millones de litros de herbicidas y defoliantes. El agente naranja representó el grueso de las fumigaciones, alrededor del 62 por ciento. Según un informe oficial estadounidense de 2003, elaborado por la química Jeanne Stellman, el número de vietnamitas afectados directamente se situó entre 2,1 y 4,8 millones. Incalculables fueron los afectados indirectos (hijos, nietos de los fumigados). André Bouny, un francés que desde hace años investiga sobre el tema y que ha publicado libros extremadamente documentados, entre ellos, Apocalipsis Vietnam, dice que las cifras del Informe Stellman son un mínimo, que los afectados directos son «al menos» 5 millones y que Estados Unidos desparramó sobre el país asiático mucho más veneno que el que reconoce.

Vietnam estima en medio millón el número de niños nacidos con malformaciones como consecuencia del agente naranja. Hasta la tercera o cuarta generación de posguerra se hacen sentir los efectos de este veneno calificado en informes científicos de «insidioso, silencioso, invisible»: deformaciones, tumores, ausencia de algún miembro, insuficiencias cardíacas, problemas graves en la piel, ceguera, calcificaciones, abortos espontáneos son algunas de las linduras que provoca.

Bounypreside el Comité Internacional de Apoyo a las Víctimas Vietnamitas del Agente Naranja, una de las pocas organizaciones responsables de que algo de ayuda les llegue a las decenas y decenas de miles de personas que nacen aún hoy en Vietnam «con una apariencia que escapa a la morfología genérica de la especie humana» y que sobreviven aisladas, casi sin cuidados, porque «avergüenzan» incluso a sus familias, en su gran mayoría compuestas por campesinos pobres que han perdido todo y que dicen no querer, cuenta Bouny, perder también su «dignidad». «La culpabilidad personal es la clave de la existencia de estas personas», consigna un informe de fines de enero de la revista francesa Politis. «La revelación de su envenenamiento llegó demasiado tarde y algunos aún no están convencidos. Hay, todavía hoy, mucho desconocimiento y vergüenza con relación al agente naranja y sus efectos, ligados a las creencias populares: el nacimiento de un hijo deforme o enfermo sería un castigo enviado por los ancestros […]. Las parejas con uno o varios hijos malformados esperan con avidez el nacimiento de uno que no lo sea. Si no lo logran, la aldea podría excluirlos aún más de la vida social.»

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Y hubo en Vietnam también un ecocidio, un concepto nacido, precisamente, a partir de la guerra química lanzada por Estados Unidos en el sudeste asiático para describir los atentados deliberados y a gran escala contra el medioambiente. Millones de hectáreas de tierras fértiles y de selva tropical vietnamitas resultaron arrasadas y envenenadas por los herbicidas arcoíris, una contaminación que se prolonga hasta ahora. Hechos similares, en la frontera entre el genocidio y el ecocidio, pasaron en la misma época en Laos y en Camboya (véase, por ejemplo, «Vivir las bombas», Brecha, 13-I-17) como consecuencia de las fumigaciones estadounidenses, pero son países tan pobres, apunta Bouny, que no han contado con medios para documentarlos.

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Por todos esos horrores, por los padecimientos propios –que transmitió a sus tres hijas y que pasaron a sus nietos– y de muchísimos otros, Tran To Nga inició en 2014 un juicio civil contra las empresas estadounidenses fabricantes del agente naranja. «Tengo muchas de las 16 enfermedades» que la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos reconoció en 1996 como ligadas a la exposición a esa sustancia, dijo a la prensa francesa. En 2011, análisis hechos en el laboratorio alemán Eurofins revelaron que Tran presentaba una alta tasa de dioxinas en sangre y que padecía de diabetes, de cloracné, de una enfermedad genética de la hemoglobina, de calcificaciones, de nódulos subcutáneos, de una malformación cardíaca transmisible, de problemas pulmonares. Patologías, todas ellas, incluidas en la lista de la academia estadounidense. Sus hijas también las tienen. O las tenían: la primera, nacida en 1967, murió a los 17 meses por una malformación cardíaca, que en aquel momento no se podía ni se sabía a qué atribuirla.

Tran hizo su demanda en Francia, país en el que vive desde 1992 y del que tiene la nacionalidad. El suyo es el primer juicio emprendido por un civil contra esas megacompañías, así como el primero que se hace en un país que no intervino en la guerra. Veteranos de guerra estadounidenses llevaron ante los tribunales de su propio país a algunas de esas transnacionales, logrando en 1984 que se los indemnizara con unos 180 millones de dólares, porque ellos también habían sido afectados por los agentes químicos que manipularon. Pero a los civiles vietnamitas reunidos en la Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja (VAVA, por sus siglas en inglés) que intentaron seguir su camino invocando el Protocolo de Ginebra de 1925 contra el uso de armas químicas, la Justicia estadounidense los dejó en la antesala: un juez les dijo que un herbicida no era un arma de guerra ni un veneno, un tribunal de apelaciones lo confirmó y la Suprema Corte les cerró definitivamente el paso. También hubo procesos en Corea del Sur por iniciativa de 39 exsoldados coreanos que combatieron junto a los invasores de Vietnam. En 2013, las empresas demandadas resultaron condenadas, pero maniobras diplomáticas de «la embajada» en Seúl hicieron que hasta ahora esos veteranos no hayan cobrado un solo dólar, según indicó Politis.

A Tran To Nga las transnacionales le ofrecieron «arreglos» extrajudiciales para no llegar a los tribunales. Los rechazó. Con 78 años avanzados dice que está librando «la última gran batalla» de su vida, que la está llevando a cabo «en nombre de todas las víctimas del agente naranja» y que pretende sentar un precedente para que «quede bien claro que estas empresas son tan responsables como el Estado estadounidense» –contra el que no puede litigar en esta instancia– en los asesinatos y otras atrocidades que cometieron. Y busca abrir así una puerta para que otros sigan su camino. «No quiero que estas multinacionales escapen por la tangente, como demasiadas veces logran hacerlo. Ni ellas ni los gobiernos de Estados Unidos han reconocido lo que les hicieron a los vietnamitas», dijo a medios franceses a fines de enero, cuando se entró en la etapa decisiva del juicio. «El eventual éxito de Nga jamás se limitará a su propia reparación. Comprenderá el reconocimiento jurídico de la responsabilidad de las empresas, pero también una nueva jurisprudencia utilizable por todas las víctimas de armas químicas y pesticidas», afirmaron en una declaración publicada el 18 de enero en el diario Libération una docena de asociaciones y centrales sindicales que integran el Colectivo Vietnam Dioxina.

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Seis años pasaron desde aquel 2014 en que Tran To Nga inició su demanda ante un tribunal de Evry, en la periferia de París. Trascurrieron entre las presentaciones de documentación de una parte y de la otra y entre chicanas múltiples de la pléyade de abogados contratados por las empresas, que intentaron cuestionar la competencia de un tribunal francés en el caso y acusar de difamación a la querellante. El 25 de enero, tras 19 aplazamientos (¡19!) tuvo lugar la audiencia de lectura de los alegatos y se entró en el fondo del asunto. De las 26 empresas acusadas inicialmente por madame Tran, como la llaman sus abogados, quedaron 14: las otras 12 o bien desaparecieron o bien lograron demostrar que no tenían relación con el agente naranja. Pero entre las que quedaron figuran algunas de las agroquímicas más poderosas del mundo, incluidas Dow Chemical y Monsanto, hoy propiedad de la alemana Bayer y famosa por haber fabricado otros venenos, como los pesticidas a base de glifosato catalogados como cancerígenos en humanos por la OMS, pero con los que se siguen fumigando las tierras agrícolas de buena parte del planeta, en especial en América Latina (véase «Monsanto, Bayer, el glifosato y el imperio de los sentidos», Brecha, 13-VII-18). Entre los 12 integrantes del Comité Vietnam Dioxina aparecen varias de las asociaciones que han denunciado en Francia las prácticas y los crímenes de Monsanto.

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Nacida en el sur de Vietnam en tiempos de la guerra de Indochina, en la que sus padres fueron parte de la resistencia al colonialismo francés, Tran pasó su adolescencia en un país que ya estaba partido en dos. Creció en el norte liberado, a donde su familia la mandó para protegerla, pero cuando era todavía muy joven volvió al sur para combatir contra el invasor estadounidense. Durante cuatro meses recorrió a pie los más de 1.000 quilómetros que separan el norte del sur, atravesando la hoy llamada pista Ho Chi Minh, por entonces pista Truong Son, a través de regiones selváticas y montañosas fumigadas y napalmeadas. Combatió primero con las armas y luego con la pluma, cuando la agencia de prensa para la que trabajaba la envió a seguir a los milicianos del Frente Nacional de Liberación. Además de fumigada, Tran fue detenida y torturada en una prisión estadounidense, donde en 1974 nació en cautiverio su tercera hija.

«Soy hija del Mekong, del colonialismo y de la guerra. Soy hija de una tierra mágica y envenenada», escribió en su autobiografía.

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Fue hacia mediados de la primera década de los dos mil que Tran se resolvió a «hacer algo» contra las empresas fabricantes del agente naranja. Debió convencerse primero de que las enfermedades que sufría estaban ligadas a él, vincularlas a las que sufrían sus hijas y nietos y tantísima otra gente. Consultó a especialistas, se informó. Y se convenció. Más aún luego de que visitó, en 2008, en Thai Binh, cerca de Hanoi, uno de los campamentos asistidos por la VAVA, donde tuvo frente a sí «a adolescentes sin manos ni piernas, bebés deformes, gente sin edad», relata Politis.

Decidirse a enfrentar a las megaempresas fue otro paso: demasiado poderosas y resueltas a hacer cualquier cosa. Dow Chemical y Monsanto-Bayer, las dos más ricas, tienen un volumen de negocios superior al PBI de Vietnam, y cualquiera de las 14 –especialmente Monsanto– tiene abundante capacidad de lobby y un cargado historial en materia de manipulaciones, campañas de difamación, acoso, ataques físicos a través de sicarios, etcétera, etcétera (véanse, por ejemplo, «Natural killer», «Ciencia para quién y para qué», «Periodismo transgénico», Brecha, 5-X-12, 16-V-14, 20-I-17).

En una conferencia llevada a cabo en París en 2009 sobre el agente naranja, Bouny logró que Tran aceptara demandar a las transnacionales. Pero habría otro obstáculo: el judicial. En 2010, bajo el gobierno de Nicolas Sarkozy, el Parlamento votó una ley que quitaba toda competencia a los jueces franceses en materia de derecho internacional. Tres años más tarde, esa competencia se restableció y, al siguiente, Tran presentó su demanda. Sus abogados descartaron la vía penal –más larga y engorrosa, según consideraron– y optaron por la civil.

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Uno de los argumentos de las transnacionales que fabricaron los agentes arcoíris, en especial el naranja, es que «no sabían» sus efectos. Otro es que «no podían» negarse a participar en los «esfuerzos de guerra» de su país. Los dos son falsos. En el juicio, los tres abogados de Tran («somos como D’Artagnan y los tres mosqueteros, combatiendo unidos», dijo la vietnamita) probaron con documentos que, antes de fumigar en Vietnam, Monsanto tuvo que indemnizar a muchos de sus propios trabajadores que se habían contaminado manipulando esos productos. Fueron arreglos extrajudiciales, que no trascendieron y que «quedaron en los ámbitos de la industria» para no provocar un escándalo entre los consumidores estadounidenses, dijo otra abogada, Amélie Lefebvre. «No quiero vivir eso otra vez», llegó a decir por entonces en un mensaje interno un jerarca de la transnacional. Los abogados de Tran accedieron también a otra comunicación corporativa, esta vez de Dow Chemical, correspondiente a 1965 –año en que comenzaron las fumigaciones con el agente naranja–, en la que la empresa reconocía la «extraordinaria toxicidad» de ese producto y mencionaba algunas de las patologías que podía desencadenar.

En cuanto a que las empresas estaban «obligadas» a fabricar esos venenos, uno de los tres mosqueteros, William Bourdon, demostró que nadie les puso un revólver en la cabeza. El gobierno hizo un llamado para la fabricación de estos defoliantes «especiales» y todas ellas se presentaron como un solo hombre porque olían el jugosísimo negocio que tenían ante sus narices y la solvencia de su contratante: el Ejército de Estados Unidos. «No hubo requisición militar, sino una licitación, y ellas respondieron como una banda organizada», dijo Bourdon. «Fueron todos cómplices: el gobierno y las compañías», agregó.

Los abogados de las corporaciones alegaron también que Estados Unidos tenía «derecho a protegerse por todos los medios de los ataques del Vietcong», que nada probaba que las enfermedades de Tran hubieran sido causadas por el agente naranja, que ya habían pasado «demasiados años» de aquello como para ir a juicio… Lefebvre, Bourdon y su otro colega Bertrand Repolt respondieron evocando la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad, apuntando que «nada justifica el recurso a armas químicas en ninguna guerra» y trayendo a colación documentación científica sobre los efectos del agente naranja. «Están acorraladas», afirmó Bourdon refiriéndose a las transnacionales. El 10 de mayo, cuando el tribunal de Evry comunique su fallo, se sabrá en la realidad real si eso es así.

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«A mis casi 80 años estoy cansada, pero no tengo derecho a parar. Y soy la única persona que puede hacer esto. Si desaparezco, ya no quedará nadie», dijo a la prensa Tran To Nga a la salida de la audiencia de fines de enero. Bouny está de acuerdo. Y dice que ni siquiera el Estado vietnamita, demasiado ocupado en recomponer sus relaciones con Estados Unidos con el fin de «protegerse» de China, hará algo por las víctimas vietnamitas de la guerra química de los años sesenta y setenta, a pesar de que se siguen reproduciendo y de que las zonas devastadas por los agentes arcoíris tardarán muchos años más en regenerarse. Ese abandono: otro de los horrores de la (pos)guerra.


19 marzo, 2021

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Denuncian otro caso de aplicación de una jeringa vacía durante la vacunación de una anciana en Colombia

Un segundo caso de aplicación de una jeringa vacía durante la vacunación contra el coronavirus fue denunciado esta semana en la ciudad colombiana de Medellín.

Los hechos tuvieron lugar el pasado 3 de marzo en la comuna de La América. Aquel día, Carolina Rojas acompañó a la abuela de su esposo, María Emma Uribe, de 94 años, a una clínica para que le aplicaran la dosis, informa El Tiempo.

La mujer decidió grabar cómo la anciana recibía su inyección. "En la grabación se puede observar que cuando le ponen la jeringa para aplicarle supuestamente la vacuna, pero dentro de esta no hay ningún líquido, el émbolo no se mueve en ningún momento, cuando la enfermera se da cuenta que la están filmando procede a tomar otra jeringa, que sí tiene líquido, y le aplica la vacuna", relató posteriormente en las redes sociales, citada por el medio.

Por su parte, la sanitaria afirmó que cambió la jeringa porque la primera estaba taponada, recogen medios locales.

En ese contexto, la entidad promotora de salud Sura, encargada de que se realice la inmunización contra el coronavirus en el centro de salud Confama-Sura de la capital antioqueña, donde la anciana recibió su inyección, emitió un comunicado en el que afirmó que "se identifica que la usuaria fue vacunada, se encuentra bien de salud y ya tiene su segunda dosis programada".

"El equipo médico que hace parte del proceso de vacunación cuenta con todas las capacitaciones técnicas para la aplicación de las dosis y desde las instituciones velamos por el cumplimiento de todos los protocolos antes, durante y después del proceso", indicó la empresa, agregando que, no obstante, "el proceso de vacunación es realizado en su totalidad por un equipo humano", por lo que "pueden existir errores, los cuales buscamos reducir al máximo para evitar incidentes en el proceso".

No es el primer hecho de estas características denunciado en Colombia. El primer caso fue revelado esta semana y tuvo lugar en la Clínica Foscal, en el municipio de Floridablanca, en el departamento de Santander. El centro de salud se disculpó por el error y aseguró que después había inmunizado de manera correcta a la anciana de 80 años.

Publicado: 15 mar 2021 07:59 GMT

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Logran reprogramar células para crear otras que estimulen la recuperación en lesiones de médula espinal

Mediante ingeniería genética, investigadores del Centro Médico de la Universidad de Texas Suroeste (UTSO) y la Universidad de Indiana, en Estados Unidos, reprogramaron las células formadoras de cicatrices en la médula espinal de ratones para crear nuevas células nerviosas, lo que estimula la recuperación luego de una lesión en esa parte del organismo.

Los hallazgos, publicados en línea en la revista Cell Stem Cell, podrían ofrecer esperanza a los cientos de miles de personas en el mundo que sufren una lesión en la médula espinal.

Las células de algunos tejidos corporales proliferan después de una lesión, remplazando a las células muertas o dañadas como parte de la curación. Sin embargo, la médula espinal normalmente no genera nuevas neuronas después de un daño, obstáculo clave para la recuperación, explicó Chun-Li Zhang, el líder del estudio, profesor de biología molecular y becario en investigación biomédica en la UTSO.

Debido a que la médula espinal actúa como un transmisor de señales entre el cerebro y el resto del cuerpo, agregó, su incapacidad para autorrepararse detiene de forma permanente la comunicación entre estas dos áreas, lo que provoca parálisis, pérdida de sensibilidad y, a veces, consecuencias potencialmente mortales, como la incapacidad para controlar la respiración o la frecuencia cardiaca.

Zhang señaló que el cerebro tiene cierta capacidad limitada para producir nuevas células nerviosas, dependiendo de las células progenitoras para activar distintas vías regenerativas. Utilizando este conocimiento, él y sus colegas buscaron células que pudieran tener un potencial similar de regeneración en la médula espinal.

Con un modelo de ratón, buscaron un marcador que por lo general se encuentra en neuronas inmaduras, pero no sólo estaba presente en la médula espinal después del daño, sino hay células que lo producen: células no neuronales llamadas glía NG2.

Esas células actúan como progenitora de las llamadas oligodendrocitos, que producen la capa de grasa aislante que rodea a las neuronas. También son muy conocidas por formar cicatrices gliales después de un daño.

El equipo de Zhang demostró que cuando se dañó la médula espinal estas glías adoptaron transitoriamente marcadores moleculares y morfológicos de neuronas inmaduras.

Para determinar qué causa el cambio de la glía NG2, los investigadores se centraron en SOX2, proteína de células madre inducida por una lesión.

El equipo utilizó una técnica de manipulación genética para hacer que la glía de NG2 produjera en exceso SOX2. En las semanas posteriores a la lesión de la médula espinal, los ratones tenían decenas de miles de nuevas neuronas maduras. Estudios posteriores mostraron que esas neuronas se integraron al área lesionada, haciendo las nuevas conexiones con neuronas necesarias para transmitir señales entre el cerebro y el cuerpo

La nueva ola brasileña de coronavirus es un peligro para el país y un riesgo para el mundo

Con nuevos récords diarios de muertes, una nueva cepa más contagiosa, un sistema de salud al borde del colapso y una campaña de vacunación con retrasos, Brasil se está convirtiendo en el mayor centro mundial del difusión de la COVID-19

 

Las dos cifras llegaron al mismo tiempo, el mismo miércoles. La primera es el precio pagado por la segunda: el alto número de muertes que hizo que el PBI brasileño fuese el que cayera menos en la región -menos incluso que el 5,3% negativo vaticinado por el FMI-. Quienes en Brasil piensan que pagaron carísimo lo que finalmente resulta demasiado poco son cada vez más. Pero si hay alguien que todavía parece situarse en un horizonte remotamente lejano a esta persuasión, y que no parece que vaya a acercarse ni un palmo en el futuro próximo, es el propio presidente brasileño. Más aún, Jair Bolsonaro es un creyente de estricta observancia en que existe un salto cualitativo y una diferencia categorial infranqueable entre la pandemia y la cuarentena.

Desde hace más de un año, cuando el 26 de febrero de 2020 Luiz Henrique Mandetta, entonces ministro de Salud, informó del primer caso de COVID-19 en Brasil, Bolsonaro ni cambió de opinión, ni la varió. Su doctrina tiene la ventaja de ser simple e inamovible. La nueva enfermedad contagiosa virósica es una gripe como las anteriores. Así como llegó, se irá, y dejará su tendal de muertes. Las medidas de aislamiento que el Gobierno pueda disponer en contra son inútiles por artificiales, por limitadas, o son ensayos de cuyos resultados ignoramos todo de antemano salvo lo que sabemos a ciencia muy cierta: la cuarentena daña irreparablemente a la economía nacional.

Según los datos del miércoles del Conselho Nacional de Secretários de Saúde (CONASS), Brasil es el país con más contagios de Latinoamérica: casi 11 millones (10.718.63).  Y más muertes: más de un cuarto de millón (259.271), el país del mundo con más muertes después de EEUU. Y el miércoles el record de muertes diarias se acercó a dos mil por día (1912), después de semanas de un millar de muertes diarias. El mismo miércoles, el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) informó que la tasa de crecimiento económico del año pasado ha sido la menor desde 1996: el PBI de 2020 cayó 4,1% respecto a 2019. Incluso así la economía brasileña ha sido también la que menos ha caído entre todas las del hemisferio. Pero sobre las dos cifras pesa la amenaza mayor y arrolladora de que la crisis sanitaria brasileña se vuelva una crisis global, alimentada a su vez en su aceleración por la mayor velocidad de contagio y letalidad por la nueva cepa nacida justamente en Brasil.

El primer caso brasileño era un hombre de negocios paulista de 61 años, internado en el Hospital Israelita Albert Einstein, donde había presentado los síntomas ahora clásicos de tos seca, fiebre, dolor de garganta y secreción nasal. Había regresado, en avión, de un viaje que había hecho por su trabajo y que lo había llevado a la más rica región de Italia, Lombardía, cuya demografía de promedio etario elevado fue la mayor víctima y el mayor foco de contagios y muerte del país.

Ese primer caso brasileño fue también el primer caso latinoamericano, en un momento en que esta región y la antártica eran las dos únicas a las que todavía no había afectado la pandemia. Tras el anuncio, la bolsa brasileña se derrumbó un 5% por el temor a los efectos que podría tener el virus en los mercados. A lo largo del año, la pandemia que había llegado para quedarse creció en Brasil, y no sólo por este ‘paciente cero’, sería la salud pública la que se vería más dañada, en un crecimiento que conoció pocas treguas, y menos, aunque sólo proporcionalmente, la economía.

En países como Brasil o regiones como Lombardía (Italia), una pandemia como la de la COVID-19, cuya mayor mortalidad se da entre las personas de mayor edad y beneficiarias del sistema público de pensiones, o, como acaba de revelarse el jueves en el informe de World Obesity, personas con obesidad como comorbilidad, con las demandas de atención especial que ejercen sobre la seguridad social, el pago de las erogaciones que significan sus jubilaciones, pensiones y servicios se ha discontinuado con los fallecimientos, aunque la demanda y presión sobre el sistema hospitalario haya aumentado.

Un campo de batalla

Para algunos científicos, como para el neurocientista brasileño Miguel Delelis de Duke University, en diálogo con el diario británico The Guardian, la comunidad internacional debe intervenir en la crisis sanitaria brasileña. Si se permite proliferar al virus en los niveles en que está proliferando, favorecerá la aparición de nuevas mutaciones y de variantes aún más letales, es el pensamiento de Delelis, que pasó la mayor parte del año pasado confinado en su departamento del oeste de San Pablo, monitoreando la enfermedad.

El origen de la variante brasileña particularmente preocupante ha sido encontrado en Manaos, en la capital del estado de Amazonas, y ciudad más importante de la región amazónica brasileña, con más de dos millones de habitantes, que en enero sufrió un aumento de las internaciones, la ocupación total de las camas de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), y, lo que aún era peor, la carencia de tubos de oxígeno, al punto de que las UTI habían sido equiparadas con cámaras de asfixia. Una decena de casos de esa variante había cruzado el Atlántico y llegado a Gran Bretaña. En buena parte, la Zona comercial Franca de Manaos (ZFM), con su tránsito aéreo internacional, es responsable de la dispersión de los contagios.

“Es un campo de batalla”, según dijo Luiz Antônio Nasi, superintendente médico del Hospital Moinhos de Vento, el mayor de la red privada en Porto Alegre, al noticiario local de la red Globo. No sólo en el Amazonas hace estragos la crisis sanitaria brasileña, también en los estados del Sur, los más ricos del país. Sao Paulo, el estado más rico y poblado del país, con 46 millones de habitantes, es también el que cuenta con mayor número de muertos (60.014) y de casos (2 millones desde el inicio de la pandemia, de entre los 10,6 millones de contagios registrados en todo Brasil). El gobernador paulista, João Doria, decretó el miércoles el retorno durante dos semanas a la "fase roja" de restricciones.

Según Nicolelis, el fracaso de Bolsonaro para detener el rebrote, que sigue a los días de celebraciones clandestinas de un carnaval que sí fue prohibido, por primera vez en la historia del país, se une el fracaso para lanzar una campaña masiva y sostenida de vacunación. Todo esto contribuye para que la nación más poblada de Latinoamérica se hunda en la pandemia en condiciones de las que parece poco verosímil que se levante hasta fines de 2022, pero a la vez emerja como punta de lanza de una crisis global. Nicolelis anticipa que en marzo del año que viene ya se habrá superado la frontera del medio millón de muertes. En un mundo, dice, donde las cumbres de tragedia fueron las de Bergamo en Lombardía y la de Manaos hace unas semanas, lo que ocurra en Brasil en los próximos meses tendrá un protagonismo de la catástrofe cuyos contornos y profundidades nos rehusamos a ver hoy.

Enemigo, amigo

En un país federal como Brasil, la creación de una comisión nacional de respuesta al COVID-19 y una cuarentena nacional de tres semanas son las propuestas de Nicolelis. El presidente Bolsonaro sigue denunciando las cuarentenas. La crisis nacional se vuelve global en la medida en que el gobierno de Brasil se ha vuelto un riesgo exterior y no sólo interior. Después de la derrota de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre, Bolsonaro, quien como su colega, modelo y aliado se enfermó y se curó de la COVID-19, y quien como él ha saboteado la distancia social, ha promocionado, como si fueran curas mágicas, remedios de efectos benéficos no demostrados como la la hidroxicloroquina, y ha menospreciado o subvalorado el uso de barbijos, parece merecer sin exageración el título que le confieren pasacalles y pancartas de los opositores que piden su impeachment, el de enemigo global número 1 de la pandemia. O amigo, según se mire.

Sin embargo, Bolsonaro cuenta con apoyos clave, en las Fuerzas Armadas, en el Congreso, pero también en sus bases. Este ex diputado derechista y ex capitán del Ejército debe su llegada al poder en las presidenciales de 2018 a una campaña antipolítica en contra de la vieja partidocracia brasileña y muy en especial en contra del recuerdo de los años de Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y de Dilma Rousseff. Es con el mismo argumento que defiende Bolsonaro su posición ante la pandemia: todo lo que hice, insiste, lo hice para defender a la economía de Brasil y la vida y el bolsillo de los brasileños. "Desde marzo del año pasado, no hubo ni una sola cosa en la que me equivocara", les dijo a sus partidarios esta semana el presidente de 65 años de edad.

No sólo en las calles piden el impeachment de Bolsonoro. Otras figuras del mundo de la política y de la salud pública también piden su cabeza. Ministro de Salud Pública de Brasil durante la pandemia de fiebre porcina de 2009, José Gomes Temporão sostiene que el desempeño de Bolsonaro ha sido tan deficiente que tanto el presidente como los mayores responsables de su administración deben ser llamados por el Congreso o la Justicia a rendir cuentas de sus actos.

No hay un plan nacional en el Ministerio de Salud sobre cómo combatir la COVID-19 en todo el territorio. Después del ensayo con el laboratorio chino Sinofarm, el gobierno de Bolsonaro no se aseguró la provisión de dosis suficientes ni firmó contratos con empresas como Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson. Hasta ahora, sólo el 3,3% de la población brasileña está vacunada, en comparación con el 15,2% de EEUU y el 18% de Chile. 

Por Alfredo Grieco y Bavio / elDiarioAR

Primero faltó espacio para tumbas, ahora falta en Brasil lugar en las morgues para los cadáveres

6 de marzo de 2021 13:13h

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Con una campaña de vacunación en cámara lenta, Brasil vive la fase más mortífera de la pandemia.   ________________________________________ Imagen: AFP

Récord de muertos por coronavirus y más de 10 millones de contagios

 

Con récords de muertos, hospitales al borde del colapso y una campaña de vacunación en cámara lenta, Brasil vive la fase más mortífera de la pandemia de coronavirus sin una estrategia nacional para contenerla.

El gigante sudamericano registró 1.641 muertos por coronavirus el martes y 1.910 el miércoles, dos récords consecutivos desde el primer caso reportado en febrero de 2020. El total de víctimas de la enfermedad roza los 260.000, un balance superado solo por Estados Unidos, y los 10,7 millones de contagios.

"Por primera vez desde el inicio de la pandemia, se verifica en todo el país un agravamiento simultáneo de diversos indicadores", señaló esta semana la prestigiosa Fundación Fiocruz, del Ministerio de Salud. Se trata de un "escenario alarmante" con un aumento de casos y muertes, altos niveles de síndromes respiratorios agudos graves (SRAG) y una ocupación de más del 80 por ciento de camas en las unidades de cuidados intensivos (UCI) en 19 de los 27 estados brasileños, explicó la institución.

En los últimos siete días el promedio ha sido de 1.331 decesos diarios, una cifra que hasta febrero se mantenía cerca de los 1.100. Desde enero, el país no ha logrado bajar de los 1.000 fallecidos al día, como ocurrió entre junio y agosto del año pasado, durante la primera ola. El número de víctimas demuestra que las restricciones a la circulación ordenadas en recientes semanas por alcaldes y gobernadores -y criticadas por el presidente Jair Bolsonaro- han sido insuficientes para frenar la pandemia.

El preocupante repunte resulta, según los expertos, de la falta de distanciamiento social durante las fiestas de fin de año y de las aglomeraciones del verano austral y el Carnaval, pese a que estas últimas estaban formalmente prohibidas. Algunos estudios apuntan igualmente a la nueva variante de coronavirus procedente de la Amazonia, denominada P.1, dos veces más contagiosa, detectada ya en 17 estados y que causa alarma mundial.

"La punta del iceberg" 

Brasil, un país de 212 millones de habitantes, lleva un mes y medio de lenta vacunación contra el covid, debido a una falta de dosis: hasta ahora, 7,4 millones de brasileños fueron vacunados y solo 2,3 millones de ellos con la segunda dosis. "Esta emergencia no es una sorpresa: se debe a no habernos preparado, porque este escenario estaba previsto. Sabíamos que había una nueva variante y debió haber un lockdown", dijo la vicepresidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunología (SBIM), Isabella Ballalai.

Este jueves, Río de Janeiro reimpuso restricciones en bares, restaurantes y playas a partir del viernes para, según su alcalde Eduardo Paes, "evitar que se repita el genocidio" de 2020 en la capital carioca. El estado Sao Paulo, el más rico y poblado, regresará el sábado, por dos semanas, a la "fase roja" de restricciones, que permite el funcionamiento de servicios de salud, alimentación, transportes públicos y escuelas, pero prohíbe la apertura de centros comerciales, restaurantes y salas de espectáculo.

En Brasilia y en los estados de Mato Grosso, Pernambuco, Rondonia y Acre, entre más de una decena, la actividad ya se redujo a los servicios esenciales o se limitaron los horarios de apertura de los comercios, con eventuales toques de queda nocturnos. Incluso los estados más ricos y con más infraestructura como Paraná y Santa Catarina (sur) están en "alerta crítica" de ocupación de camas UCI. Fiocruz advirtió sin embargo que el escenario actual "representa solo la punta del iceberg de un nivel de transmisión intensa" del coronavirus.

Autogestión 

La emergencia y la falta de coordinación por parte del gobierno federal empujó a alcaldes y gobernadores a articularse por su cuenta para comprar vacunas. Los secretarios de Salud de los estados pidieron el lunes implementar un toque de queda nocturno a nivel nacional y un "lockdown" en las zonas más críticas.

Pero esa postura choca con la de Bolsonaro, quien promueve aglomeraciones con sus seguidores, cuestiona el uso de mascarillas y la eficacia de las vacunas y critica a las autoridades que aplican medidas de aislamiento social por su impacto económico. Ahora, el país enfrenta simultáneamente una agravación de la pandemia y una nueva y fuerte ralentización de su economía.

El mandatario ultraderechista, con la mirada puesta en las elecciones de 2022, afirmó la semana pasada que los gobernadores que decreten cierres de actividades "deberán pagar" con sus propios presupuestos las ayudas económicas a la población más pobre. "Esa discordancia entre lo federal y lo estatal ha sido uno de los grandes problemas, con mucha politización del tema, y sin duda eso convirtió al país en uno de los peores lugares de gestión de la pandemia", dijo Ballalai.

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Miércoles, 03 Marzo 2021 05:41

Poco a poco Brasil se va aislando del mundo

Poco a poco Brasil se va aislando del mundo

Crece la desconfianza internacional por el manejo de la pandemia de Bolsonaro

La OMS tomó nota de la forma agresiva con que el virus se disemina en Brasil frente a la indiferencia del capitán retirado Bolsonaro y de Eduardo Pazuello, su ministro de Salud.

 

Trascendió que Jair Bolsonaro ganó el apodo de "loco" en los mentideros diplomáticos de la ONU, donde están espantados frente a sus medidas y declaraciones respecto del Covid-19. La noticia de este martes fue la publicación de un decreto presidencial vetando la urgencia para la aprobación de vacunas con lo cual, de hecho, obstruyó el camino del inmunizante ruso Sputnik V, sobre el cual están interesadas una decena de provincias. El mandatario libra una guerra con los gobernadores urgidos por comprar fármacos a fin de remediar la lenta vacunación del gobierno nacional.

Los números brasileños son analizados con lupa en algunos despachos de la ONU en Ginebra, Suiza. Es el caso de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde no se descarta que Brasil, que actualmente es el segundo país del mundo en la lista de fallecimientos y el tercero en la de infectados ascienda a lo alto del podio, termine desplazando a Estados Unidos, que lidera los dos rankings globales.

La OMS tomó nota de la forma agresiva con que el virus se disemina en Brasil frente a la indiferencia del capitán retirado Bolsonaro y de Eduardo Pazuello, su ministro de Salud, que en vez de respetar los protocolos internacionales, optó por seguir a pies juntillas asneras de su jefe.

Así el general en acitividad Pazuello ordenó que sean distribuidos miles de kits con hidroxicloroquina en los puestos de salud pública de varios estados a pesar de que la OMS informó que el fármaco no sólo es ineficaz contra el coronavirus sino que puede causar efectos colaterales graves. Bolsonaro afirmó que el titular de la OMS, Tedros Adhanom, no tiene autoridad para hablar de la pandemia.

Bolsonaro llegó a ofrecer hidroxicloroquina a una avestruz que retozaba en el parque de la residencia oficial y se pone de mal humor cuando algún ministro se presenta con barbijo a las reuniones en el Palacio del Planalto. Periodistas que frecuentan el palacio presidencial cuentan que suelen ser objeto de ironías cuando llevan las mascarillas que son detestadas por el jefe de Estado, quien la semana pasada afirmó que éstas causan "efectos colaterales".

COMPARACIÓN

La comparación entre la situación sanitaria en Brasil y EEUU fue uno de los temas tratados por expertos de la OMS durante una reunión a puertas cerradas realizada en los últimos días, reportó hoy la corresponsalía en Suiza del sitio UOL, vinculado al diario Folha de San Pablo.

EEUU tiene unos 28 millones infectados y 514 mil muertos contra 10,5 millones de contaminados y 255 mil defunciones registrados en Brasil. A partir de esos números los especialistas analizaron la evolución de la dolencia en cada país antes de dejar trascender la hipótesis de que los sudamericanos podrían convertirse en los peores del mundo dentro de algunos meses.

Veamos las curvas estudiadas por la OMS : en diciembre EEUU mostraba 18.000 muertes semanales y Brasil contabilizaba 5.200 , pero la semana pasada EEUU bajó a 14 mil fallecimientos cada siete días y Brasil subió 8.200. Y los datos de la semana pasada están en armonía con un constante crecimiento, ya que lleva e 40 días consecutivos con alza de promedio de víctimas fatales. De esa comparación surge que los norteamericanos cayeron un 20 % y los brasileños subieron más del 50  por ciento en dos meses.

A la vez en diciembre EEUU registró 1,6 millones de nuevos infectados cada semana y Brasil 326 mil, mientras tanto la semana pasada hubo 471 mil contaminados estadounidenses y 378 mil brasileños. Nuevamente una baja pronunciada en el país del norte y un alza fuerte en el gigante latinoamericano.

Otro elemento visto con atención por la OMS y diplomáticos de varios países es el lento ritmo de vacunación brasileña, donde fueron inmunizadas unos 7 millones de personas mientras en EEUU lo hicieron cerca de 50 millones. A lo anterior se agrega que tanto en la OMS como en otros organismos multilaterales tienen reservas sobre las informaciones oficiales y los controles para impedir la circulación del virus dentro y fuera de las fronteras brasileñas.

A pesar de que varios países europeos bloquearon los vuelos brasileños la cepa surgida en la Amazonia penetró en el Reino Unido a través de pasajeros llegados desde San Pablo tras hacer escala en Suiza." La desconfianza con Brasil va a aumentar", comentó una fuente británica, que mantuvo su identidad preservada ante la consulta de UOLLo que el portal no precisó es si Bolsonaro es tenido como un "loco" en la OMS o en otra agencia de la ONU, ya que las denuncias contra él también llegan a menudo al Consejo de Derechos Humanos. Este lunes un representante de la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil dijo ante el Consejo que los pueblos originarios están entre las principales víctimas del coronavirus y acusó a Bolsonaro de llevar una "política de exterminio" contra esas comunidades.

"BRASIL AISLADO DEL MUNDO"

Ante el agravamiento de la pandemia la entidad que nuclea a los ministros de Salud de los 27 gobiernos estaduales brasileños solicitó al Planalto que implemente un "lockdown" en las provincias donde se haya superado el 85 por ciento de ocupación de las salas de terapia intensiva.

Sin embargo el presidente afirmó el lunes que el aislamiento es una medida inadecuada para combatir el Covid-19 y aseguró que hubo un aumento de suicidios debido a los confinamientos decretados en algunos estados. Lo dijo sin citar fuentes o estudios científicos, los que tampoco había mencionado la semana pasada cuando habló de las contraindicaciones del tapabocas.

Para la profesora brasileña Marcia Castro, titular del Departamento de Salud Global de la Universidad de Harvard, tiende a crecer el número de países que establecen barreras a los vuelos procedentes Brasil, que se ha convertido en una suerte de ogro mundial. "De aquí a poco tiempo nadie va a querer recibir a alquien venido de Brasil," pronosticó

Castro mencionó que la variante amazónica, o cepa P1. comenzó a diseminarse en varias provincias brasileñas y fue exportada a otros paises debido a que Bolsonaro y Pazuello no impusieron restricciones a la circulación de personas entre las provincias y boicotearon los lockdowns.

"Podemos tener una situación como la de Manaos replicada en el resto Brasil", alertó Castro y citó que la variante P1 ya causó estragos en la ciudad de Araraquara, en el interior del estado de San Pablo, el más importante y populoso, cuyo gobernador Joao Doria, dijo ayer que evalúa la posibilidad de declarar un lockdown severo.

Ante las críticas lanzadas por la OMS, gobernadores y científicos, el senador Flavio Bolsonaro, hijo del presidente, echó mano de un argumento casi religioso. Junto a la estatua del Cristo Redentor, en Rio de Janeiro, el congresista de ultraderecha dijo, " cerrar una ciudad, cerrar un estado es una medida dictatorial, es cerrar las iglesias donde las personas buscan fe, el lockdown causa deseperación a las familias".


También posee "un poder duplicado de contagio"

Un estudio reveló que la variante amazónica tiene una fuerte capacidad de reinfección

La variante de Covid-19 detectada en Manaos tiene la capacidad de eludir el sistema inmunológico y es entre 1,4 y 2,2 veces más transmisible que las cepas que la precedieron. Ya se encuentra en casi todo Brasil.

Un estudio realizado por las universidades de San Pablo (USP) y Oxford reveló que la variante del coronavirus detectada en el Amazonas tiene capacidad de reinfectar a quienes ya fueron víctimas de Covid-19 y posee "poder duplicado de contagio".

Este informe se suma a otro de la USP y de la Universidad de Campinas que indica la existencia de la versión de Amazonas en ocho pacientes que hicieron la prueba con la vacuna CoronaVac, la más aplicada en el país para frenar la pandemia.

La segunda ola de coronavirus en Brasil, con 1200 muertos diarios de promedio, está vinculada a la explosión y diseminación de esta variante, que según el nuevo estudio brasileño-británico, surgió en noviembre en la ciudad de Manaos, capital de Amazonas.

Investigadores del Centro Brasil-Reino Unido para el Descubrimiento, Diagnóstico, Genómica y Epidemiología de Arbovirus (Cadde) explicaron que la variante P.1. es entre 1,4 y 2,2 veces más transmisible que las cepas que la precedieron.

Los científicos estimaron, además, que en una parte importante de las personas que ya están infectadas con el SARS-CoV-2 -entre el 25 por ciento y el 61 por ciento-, la nueva variante de Manaos puede eludir el sistema inmunológico y causar una nueva infección.

Manaos es la ciudad más grande de toda la región selvática sudamericana. Tiene una zona franca industrial con gran flujo de extranjeros y apenas una ruta terrestre, siendo que todo el transporte es aéreo y fluvial.

A mediados de enero colapsó por un brote inédito que provocó la falta de oxígeno y actualmente el Gobierno nacional de Jair Bolsonaro es investigado en la Corte Suprema porque supuestamente el Ministerio de Salud hizo caso omiso a los alertas de las autoridades sanitarias de Amazonas.

“En solo siete semanas, P.1. se convirtió en la cepa más prevalente de SARS-CoV-2 en la región", expresó la Fundación de Ayuda a la Pesquisa del estado de San Pablo.

El grupo de investigación del Cadde fue coordinado por Esther Sabino, de la Universidad de Sao Paulo, y Nuno Faria, de la Universidad de Oxford, de Reino Unido, teniendo como base el análisis genómico de 184 muestras de secreción nasofaríngea de pacientes diagnosticados de Covid- 19 en un laboratorio de Manaos entre noviembre de 2020 y enero de 2021.

“El mensaje que envían los datos es: incluso aquellos que han tenido Covid-19 deben seguir siendo cautelosos. La nueva cepa es más transmisible y puede infectar incluso a quienes ya tienen anticuerpos contra el nuevo coronavirus. Esto es lo que pasó en Manaos. La mayoría de la población ya tenía inmunidad e incluso entonces hubo una gran epidemia ”, explicó Sabino.

La variante del Amazonas, sostuvo el comunicado, tuvo un período de rápida evolución molecular y se desconocen las razones. “Rápidamente han aparecido varias mutaciones que facilitan la transmisión del virus, algo inusual”, afirmó la científica.

Ya a fines de enero, otro estudio de investigadores del laboratorio estatal brasileño Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) había indicado que en individuos infectados con P.1. la carga viral en el cuerpo puede ser hasta diez veces mayor.

Una de las claves del estudio de la Universidad de Sao Paulo y Oxford conocido este martes es la diseminación de la nueva cepa al resto de Brasil: se han contabilizado que viajaron desde Manaos hacia regiones del país 92.000 personas, un tercio a San Pablo, la mayor ciudad del país y principal centro económico internacional del territorio.

En paralelo, se conoció otro estudio que aún debe ser revisado por pares científicos y que hace referencia a la vacuna china CoronaVac que aplica Brasil junto con la de AstraZeneca.

"Los resultados sugieren que la P1 puede escapar de anticuerpos neutralizantes inducidos por una vacuna de virus inactivo" como la CoronaVac, sostuvo el estudio, repudiado por conocidos infectólogos en las redes sociales por tratarse de una mínima muestra pero que tuvo impacto al ser publicado por el diario O Estado de Sao Paulo.

Este trabajo fue divulgado en la página pre-prints (antes de revisión) del portal The Lancet por científicos de la USP y de la UNICAMP, y se basa en apenas ocho casos.

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Pfizer, Moderna y AstraZeneca fracasan ante la "variante sudafricana" del Covid-19

Un servidor ya había advertido sobre las ominosas "nuevas variantes" del Covid-19 que emergieron en Gran Bretaña (GB), Sudáfrica y Brasil (https://bit.ly/3aQHwhb).

Washington Post reporta que las dos vacunas de EU, Pfizer y Moderna, "mostraron una capacidad disminuida para neutralizar la cepa ahora dominante en Sudáfrica" (https://wapo.st/3dJHmdh).

New York Times confirma que la vacuna de AstraZeneca "no funciona bien (sic) contra la variante de Sudáfrica" y sufre un "fuerte tropiezo", tras el arribo, una semana después, del millón de dosis (provenientes de India) de la vacuna británica a Sudáfrica que “cesó su uso después de que emergió la evidencia de que no protegía a los voluntarios en pruebas clínicas, con enfermedad leve o moderada, causada por la más contagiosa variante (https://nyti.ms/3ks90Nd)”.

Financial Times (FT, 17.02.21) no tiene más remedio que admitir que "la vacuna Pfizer es menos potente frente a la variante de Sudáfrica" cuando "produce solamente (sic) la tercera parte de los anticuerpos que produjo para el virus original". El rotativo británico globalista FT cita al respecto a la excelsa publicación de EU The New England Journal of Medicine (https://bit.ly/2MlS52e).

La variante de Sudáfrica ahora se encuentra presente en 32 países (https://bit.ly/3bDymDM) y "se ha vuelto la forma dominante del virus en otros lados", lo cual se complica en los "países más pobres" que "podrían convertirse en focos infecciosos de las nuevas mutaciones" (https://nyti.ms/3bAlnmv).

Una mala noticia: las dos nuevas vacunas muy prometedoras de EU, Novavax y Johnson & Johnson, "tienen menos eficacia contra la cepa sudafricana" (https://bit.ly/3uwd3ww).

El problema en Sudáfrica, con una población de 57 millones, se complica por la prevalencia del sida –¡el cuarto del mundo, con 17.3 por ciento!–, que se exacerba con la inoculación de las vacunas contra el Covid-19 cuando los primeros sitiales en el mundo del sida pertenecen al continente africano (https://bit.ly/2Pahtco).

A propósito, funcionarios de Sudáfrica se le fueron a la yugular al Big Pharma por acaparar las vacunas contra el Covid-19 en detrimento del resto del mundo (https://bit.ly/3urZnTj).

Perturba que no se atienda la nueva variante de Brasil, el país más poblado de Sudamérica con más de 213 millones de habitantes, cuya gran parte ha sido asolada y desolada por el virus original y ahora por su reciente mutación.

En un corte de caja reciente, no existen datos concluyentes sobre el desempeño de la vacuna rusa Sputnik V frente a las tres nuevas variantes de Sudáfrica, Brasil y GB (https://bit.ly/3bQLN3B). Sputnik V usa un "doble vector viral", cuyo adenovirus reduce sustancialmente el riesgo de que el sistema inmunológico desarrolle resistencia al vector inicial, lo cual ayuda a crear una respuesta más vigorosa.

En franco contraste, la vacuna china Sinovac exulta "tener buenos resultados contra las nuevas variantes de Sudáfrica y Gran Bretaña" que han puesto de cabeza a los fabricantes de los biológicos.

SCMP, con sede en Hong Kong, expone la versión del mandamás de Sinovac de que las "vacunas atenuadas ofrecen un amplio espectro de protección", pero "sin exhibir los datos que respalden su aserto" (https://bit.ly/3kn2nvq).

Independientemente de los ajustes obligados a sus vacunas, que los fabricantes anglosajones ya empezaron a implementar, el vendedor globalista de vacunas, el apocalíptico Bill Gates (BG, http://bit.ly/2ZXVuYc), quizá para paliar los recientes descalabros propone ahora una tercera (sic) inoculación de las cinco empresas de vacunas de EU sin aportar pruebas fehacientes para ello (https://bit.ly/2MncqEt).

Al rato, quizá para vender más biológicos, el controvertido BG –dueño de la vacuna Inovio, que ha quedado muy rezagada– propondrá una inoculación anual de por vida.

Lamentablemente, el eje anglosajón de EU y GB ha optado por la "guerra de propaganda" de sus vacunas, en el umbral de una guerra total, en lugar de la tan anhelada colaboración internacional con China y Rusia.

Fue mucho soñar. Ahora quien se adueñó de la ideología anglosajona es BG.

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Prensa Diputados – 05/08/2020.- El pleno de la Cámara de Diputados aprobó con modificaciones el Proyecto de Ley 219/2019-2020.

Todo parece indicar que su uso es más generalizado que lo evidente, pero hasta el 26 de enero de 2021 no había logrado en Colombia un eco mediático.

En efecto, aquel día los medios oficiosos de comunicación le dieron eco a una conversación que Natalia París, reconocida como modelo, DJ y publicista, sostenía con alguno de sus amigos y en la cual le invitaba a una rumba en un yate. Cuestionada por un periodista por estar invitando en medio de la pandemia a reuniones donde puede generarse infección con el covid-19, su respuesta fue espontánea y franca: (no pasa nada) “Yo tomó dióxido de cloro”.

Su confección no pasó en vano. Como cascada le llovieron rayos y centellas: por un lado, algunos periodistas la trataron de irresponsable por tomar un líquido que no es reconocido por la autoridad médica como remedio para tratar nada; por otro lado, un día después la Superintendencia de Industria y Comercio le ordenó dejar de promocionar el mencionado líquido.

Al mismo tiempo, por redes circularon numerosos comentarios, unos valorando el derecho que tiene la gente a darse opciones para su salud cuando el Estado no responde de manera pronta y adecuada ante una crisis como la que estamos viviendo; pero, además, en cuanto a reconocer y valorar el saber popular, que no puede ser desconocido por una supuesta autoridad científica o de otro orden que en mucho de lo realizado ante la actual crisis pandémica ha demostrado improvisación, desconocimiento y sometimiento ante los interés económicos de los grandes conglomerados farmacéuticos. Por su parte, otros descalificaban el uso de medicamentos no avalados por la autoridad científica.

Paralelamente a estas respuestas, también circularon las de quienes usan y defienden el uso del dióxido de cloro como oportuna solución alternativa para prevenir el contagio infeccioso por covid-19, como para su tratamiento. Una de ellas partió de la doctora Claudia Cepeda, vicepresidenta de la Coalición Mundial de la Salud capítulo Colombia, y en la cual expresa:

“Estamos trabajando fuertemente por defender a nuestros ciudadanos, tenemos presencia en 45 países y somos un poco más de 7.500 médicos en diferentes ramas y en Colombia estamos agendados 440. Alrededor de 800 profesionales de la salud, 350 profesionales en otras áreas inscritos y registrados en la comusav (sede Colombia).


Entre los métodos alternativos, todos ejercemos el consumo del dióxido de cloro (CDS), lamentablemente ninguno lo formula por las prohibiciones y amenazas por parte del gobierno, pero nadie nos puede prohibir contar nuestra historia personal. Mi familia, mis amigos y yo tomamos dióxido de cloro (CDS), pero debo compartir que desde la comusav mundial tenemos una curva científica seria y estructurada, la misma que el invima no ha querido aceptar, nuestros médicos científicos han solicitado en repetidas ocasiones al ministro de salud, al invima, para que abran la investigación sobre el oro líquido para nuestra salud “dióxido de cloro” (CDS), ellos han hecho caso omiso, y sus comunicados carecen de soporte científico, han hecho que nuestros centros hospitalarios violen incluso tratados que se firmaron a favor de los Derechos Humanos como el de Helsinki, el cual se supone está por encima de las Constituciones de todos los países (donde todos los ciudadanos del mundo tienen derecho de implementar sus propios remedios cuando el Estado no está en condiciones de suministrarlo). hoy estamos viviendo esta difícil situación. […]


[…] Hoy no podemos tapar el sol con un dedo, el dióxido de cloro (CDS) no Lo podrán detener, ya que sin temor a equivocarme más de 5 millones de personas en mi país consumimos el preciado oro líquido, tengo amigos que lo toman desde hace 13 años, otros desde hace 10 años, […].


Debo contar que no es una pócima milagrosa. Es una carga de oxígeno puro que le damos a nuestro organismo. Yo era una paciente oxígeno dependiente, requería cipac para dormir; hoy gracias a Dios no lo necesito, tomo dióxido de cloro (CDS), y como yo tengo varios testimonios que soportan lo mencionado.


Tengo testimonios de personas curadas de cáncer, VIH, lupus, niños autistas y más de 1.000 casos soportados con historias clínicas, y ni hablemos de las enfermedades cardíacas y del sistema respiratorio. Tantas enfermedades que han sido superadas gracias a Dios y al dióxido de cloro CDS […].”


En Suramérica

De acuerdo a lo retomado por algunas publicaciones de circulación periódica en el país, en las citadas declaraciones de Natalia París, ella también aludió al beneficio en salud pública logrado en Perú por el uso de CDS, que, de acuerdo a la modelo, sirvió para salvar miles de vidas.

Algo similar sucedió en Bolivia, donde el amplio uso por parte de su población llevó a su Cámara de Diputados el 2 de agosto de 2020 a la aprobación de un proyecto de ley que “[…] regula la elaboración, comercialización, suministro y consentido del dióxido de cloro de manera preventiva y como tratamiento para pacientes de coronavirus”.

La aprobación en cuestión evidencia que el dióxido de cloro es una opción para la salud a la cual acude la gente desde hace tiempo, pero que en la actual coyuntura ganó mayor reconocimiento por los efectos arrojados ante la creciente ola de infectados y muertos por la infección producida por el coronavirus.

La solución alternativa para la salud también ganó espacio en Ecuador, al punto que el 9 de julio de 2020 el impulsor pionero del CDS, Andreas Ludwin Kaleker, fue invitado a participar en un debate sobre esta expectativa para la salud pública en sesión de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea Nacional de este país, para explicar su potencialidad y valorar la posibilidad de asumirla para contener la creciente del covid-19. En la sesión, donde no hubo acuerdo para su reconocimiento y comercialización, se informó de la realización en Guayaquil, entre el 27 de marzo y 10 abril, de un ensayo con CDS que incluyó un grupo de 104 voluntarios entre 18 y 80 años de edad, y verificado por una organización afin a la que reúne a los médicos alternativos reunidos en la Asociación ecuatoriana de médicos expertos en medicina integrativa (aememi). Tal ensayo, realizado en pleno pico de la pandemia en la capital costera de Ecuador, no fue aceptado como prueba científica por no regirse a los parámetros de la OMS.

En la misma sesión, Kaleker dijo contar con por lo menos 6 mil casos comprobados de resolución positiva de crisis de salud por covid-19.

Una realidad tal tiene asiento también en Colombia con el uso de moringa y otros brebajes caseros, como los procesados a partir de jengibre y otras hierbas, todas con propiedades de estimular las defensas del cuerpo, o el consumo periódico de aspirina para diluir la sangre y con ello impedir su coagulación, facilitando así la oxigenación del cuerpo.

Como es conocido, estos y otros recursos se volvieron más comunes por estos días, no solo en barrios populares sino también en cárceles, espacios donde la salud como fundamental derecho humano es burlada cotidianamente. Estamos ante realidades desconocidas por las prestadoras de salud pública, que abandonaron la prevención y el trabajo de salud territorializado con lo cual ni conocen ni dialogan con los saberes populares.

Pero igualmente estamos ante el seguimiento y el manejo dado por los medios oficiosos a estos medicamentos populares que, para el caso del dióxido de cloro, son descalificados sin argumentos de peso, simplemente amparados en las siglas de la Organización Mundial de Salud, la cual funge como incuestionable autoridad mundial.

Lo cierto de todo esto es que nuestra sociedad debiera reclamar que el Ministerio de Salud y el Invima inviten al personal médico que defiende el uso del CDS a que sustenten y comprueben su eficacia, sin desconocer de primerazo sus argumentos ni criminalizar la comercialización de una forma de enfrentar la infección por covid-19. Al fin y al cabo, como debieran defender los actores sociales alternativos, la ciencia en todo caso no es neutra y responde a poderosos intereses, como lo vemos por estos días en el negociado creado con las vacunas para paliar la citada crisis de salud pública.

El debate está abierto y lo peor que pudiera suceder es desconocerlo, minimizarlo, despacharlo con calificativos y/o criminalizarlo, amenazando con cancelar licencias a quienes defienden posturas diferentes de las difundidas por los grandes medios de comunicación y la OMS.

 

 

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Publicado enEdición Nº276
Vacunación en Chile: detrás del proclamado éxito de las cifras

En las estadísticas mundiales, Chile apareció como uno de los países con mayor número de vacunación en el mundo contra el Covid-19 en las tres últimas semanas. Las estadísticas son claras. A la fecha, casi 3 millones han recibido al menos la primera dosis del antiviral, es decir, una tasa de 15.66 por cada 100 habitantes, cuando en la Unión Europea la tasa es de 6.09.

Frente a lo que se presenta como una campaña exitosa y un consenso mediático, urge alertar sobre tres elementos clave que cuestionan la perspectiva hegemónica y alertar a tres actores centrales en la lucha contra la pandemia: los epidemiólogos, cientistas sociales y periodistas; los políticos, y los ciudadanos.

Detrás de las cifras. Las estadísticas oficiales pintan un panorama muy exitoso para Chile. Sin embargo, detrás de la cifra de 2.87 millones de inoculaciones al 20 de febrero hay una realidad más dispar. Se presentan las estadísticas como si todas las vacunas fueran igual de efectivas y se habla de población inoculada cuando sólo 55 mil personas han recibido las dos dosis de las 2.88 millones de vacunaciones realizadas. Las cifras entregadas por el DEIS indican que 18.6 por ciento de las personas se ha vacunado, pero el cálculo de la población objetivo considera un universo de poco más de 18 millones, cuando las estimaciones del INE a 2020 señalan que somos casi 19.5 millones de personas. Del total de vacunas 2 millones 777 mil 252 son Coronavac y 112 mil 696 Pfizer/BioNTech.

El consenso científico es que estas vacunas tienen distinto desempeño en su respuesta a la inoculación, algunas son más efectivas que otras. Los estudios más recientes demuestran que Pfizer/BioNTech es la vacuna más eficaz, con 95 por ciento de protección efectiva. Siguen Moderna (94), Sputnik V (92), Novavax (89), AstraZeneca (70), Johnson &Johnson/Jannsen (66). Mientras la vacuna CoronaVac/Sinovac, producida en China, tiene resultados menos destacables, quedando en último lugar con 50 por ciento de eficacia. Es decir, que de 100 personas que se vacunaron con las dos dosis, la mitad va a volver a contagiarse.

Es una responsabilidad de los epidemiólogos, cientistas sociales y periodistas interpretar las estadísticas con precaución y distancia, e informar a la población que detrás de las estadísticas de vacunación hay distinciones entre vacunas de acuerdo con su eficacia.

La Unión Europea no ha autorizado esa vacuna porque no se ha comprobado una eficacia suficiente. En otros países del mundo, como en Filipinas, se denuncia que a las clases populares se aplican la vacuna CoronaVac cuando las privilegiadas se reservan los mejores biológicos. Mientras en Chile todos los medios celebran el éxito de una campaña de vacunación con 96 por ciento de CoronaVac.

Peligrosos usos electorales. Con la celebración de las estadísticas nacionales, surge otra pregunta. ¿El objetivo de esta campaña masiva de vacunación en Chile es proteger a la población frente al virus o tener las mejores estadísticas en términos de número de vacunaciones?

Las cifras son alentadoras y es fácil dejarse seducir. Esconden una batalla frente a la pandemia que es más compleja y está lejos de acabarse. Aclarar estos puntos es aún mas importante en este año electoral cuando se elijen a constituyentes, gobernadores y consejeros regionales, alcaldes, concejales, diputados, senadores y al presidente.

Poco se ha hablado de las implicaciones que tiene la vacunación en un periodo de elecciones y es fácil caer en el manejo político de las estadísticas. Las distintas temporalidades de las epidemias hace aún más importante este punto. Cuando las estadísticas de vacunación son de uso inmediato, la tasa real de protección de la población sólo se conocerá varias semanas después y no es antes de meses que se verá reflejado en el número de muertos el éxito o el fracaso de la estrategia del gobierno frente a la pandemia.

Más allá de usos electorales, la difusión y amplificación por líderes políticos y mediáticos de un mensaje que lleva a muchas personas a considerarse protegidas del virus cuando no lo son, o sólo parcialmente, puede resultar en una nueva ola de contagios y, por tanto, a numerosos muertos adicionales del Covid-19.

A escala colectiva puede tener sentido usar masivamente una vacuna que sólo es 50 por ciento efectiva para bajar la circulación del virus entre la población. Pero si las personas que recibieron esta vacuna se creen protegidas del virus, bajan la atención a las protecciones sanitarias y retoman su vida activa como si el virus ya no les afectara. El riesgo es alto, de ser así esta campaña de vacunación podría tener el efecto inverso, hacer subir el número de contagiados y de muertes por Covid.

Mantengamos las precauciones sanitarias. Tercero, es crucial que los ciudadanos no bajemos la guardia frente al Covid-19. Todos podemos dejarnos cautivar por las atractivas cifras y la esperanza de un pronto regreso a la vida social activa. El virus no ha desaparecido y la pandemia está lejos de acabarse. Muchas personas vacunadas pueden ser infectadas por el virus y, por tanto, propagarlo. Si estas personas disminuyen las precauciones sanitarias y retoman una vida activa “como antes”, lejos de estar a punto de vencer la pandemia, como lo dejan creer las estadísticas de vacunaciones, estamos al borde de una tercera ola de contaminación. Es indispensable y urgente llamar a los ciudadanos a mantener las medidas de cuidado, respetar la distancia social, usar correctamente la mascarilla, el lavado constante de manos, el uso de alcohol gel y seguir con las acciones de solidaridad y ayuda mutua que salvaron a muchos durante esta pandemia .

Karla Henríquez Ojeda* y Geoffrey Pleyers**

Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Bernardo O’Higgins

** Profesor de sociología, Universidad Católica de Lovaina, Bélgica

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