“Sin posibilidades de sublimar a través del trabajo, es muy difícil conservar la salud mental”

Es psicoanalista, pero plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: el trabajo como base de la identidad, fuente fundamental de sentido para la vida y mediador para la autorrealización en lo social

 

El histórico teatro IFT de la ciudad de Buenos Aires se llenó. No había un recital ni una obra de teatro sino la conferencia “Trabajo, precarización y subjetividad”, brindada por el prestigioso psicoanalista francés Christophe Dejours, que llegó al país invitado por la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA) y la editorial Topía. El público variopinto que acudió a escucharlo estaba compuesto por personajes del ambiente psi (profesionales, profesores, intelectuales, estudiantes), pero también por integrantes de sindicatos varios interesados en las ideas de Dejours sobre el trabajo y su relación tanto con la salud como con la enfermedad.


Considerado el padre de la Psicodinámica del Trabajo, este especialista plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: que el trabajo es la base de la identidad, una fuente fundamental de sentido para la vida y un mediador irreemplazable para la autorrealización en lo social. “El capitalismo actual viene intentando imponer sentidos para naturalizar su degradación, con el fin de abaratar costos y aumentar ganancias”, advierte en conversación con PáginaI12. “De la forma en que nos apropiemos del trabajo y de lo producido, de las estrategias de defensa colectiva construidas por trabajadoras y trabajadores, dependerá que el trabajo pueda o no constituirse en un medio de experimentación de la solidaridad y como antídoto a la alienación que impone el neoliberalismo”.


–Para la concepción clásica del psicoanálisis la explicación de las conductas humanas se plantea a partir de la centralidad de la sexualidad. Pero desde su perspectiva el trabajo también ocupa un lugar central tanto como fuente de sufrimiento como de placer. ¿De qué manera el trabajo deja de tener un lugar marginal en la constitución de la subjetividad?


–Siendo esquemático se puede decir que hay dos ejes en la realización de uno mismo. La realización personal en el campo erótico pasa por el amor, que es el campo habitual del psicoanálisis. El segundo campo es la realización de uno en el campo social, eso pasa por el trabajo. En estos dos campos delimitan dos tipos de destino para la pulsión: uno sexual y el otro sublimatorio. Cuando uno se refiere a la concepción freudiana, la sublimación fue considerada como exclusiva de seres excepcionales, los grandes hombres, Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci. Pero la clínica del trabajo muestra que la cuestión de la sublimación se encuentra presente en todos los que trabajan. En cada oficio la cuestión de la sublimación está presente. La clínica muestra que cuando se puede aprovechar o tener la suerte de contar con una buena organización del trabajo, que permite su desarrollo, la sublimación se beneficia, funciona. Esa es la forma principal de la transformación del sufrimiento en el trabajo en el placer en el trabajo. Pero no es solamente generador de placer, la victoria sobre el sufrimiento es una victoria desde el punto de vista de la salud. Cuando uno está forzado a trabajar mal, porque las condiciones son malas, porque está la presión de la productividad cuantitativa contra la cualitativa, las condiciones de sublimación se rompen, y mucha gente se enferma. Donde no hay posibilidades de sublimar a través del trabajo, se torna muy difícil conservar la salud mental, y muchas veces hay que desarrollar estrategias muy complicadas para protegerse contra los ambientes deletéreos en el trabajo.

–¿Qué sucede cuando no se tiene la posibilidad de trabajar, cuando se está desempleado/a?

–Cuando uno es privado de la posibilidad de trabajo uno pierde la posibilidad o el derecho de traer su contribución a través del trabajo a la construcción de la sociedad, y consecuentemente si uno pierde esa posibilidad, no se puede más tampoco beneficiar de la retribución, y generalmente la retribución en el sentido común es el salario. Pero en la clínica del trabajo, como yo la entiendo, uno se da cuenta de que hay otra forma de retribución, que pasa por la sublimación. Si no podemos hacer un aporte de una contribución a la sociedad o a la empresa o a los colegas, o eventualmente a los subordinados, perdemos el derecho de beneficiarnos con el reconocimiento, que es una forma de retribución extremadamente importante desde el punto de vista psíquico y que desde el punto de vista de la salud es más importante que la retribución material a través del salario. Cuando uno no puede aportar una contribución a través del trabajo, se pierde el beneficio posible de esa retribución simbólica a través del reconocimiento, y en esta cuestión el porvenir desde el punto de vista de la salud mental se vuelve mucho más precario. La gente que está desempleada de manera crónica tiene una incidencia de perturbaciones psíquicas mucho más elevadas que aquellos que están empleados, que están trabajando. Creo que es igual en todas partes del mundo, no es algo nuevo.

–¿Qué patologías y qué posibilidades de encontrar placer en el trabajo encuentra en las condiciones actuales del neoliberalismo?

–Pequeño problema (se ríe)... El trabajo puede ser generador de lo peor, por eso hoy en día llega a provoca suicidios en los lugares de trabajo; pero también puede generar lo mejor, de manera tal que gracias al trabajo la salud metal mejora. Y el problema, entonces, consiste en comprender por qué, por un lado, pasamos a la desolación, la desesperanza, y por qué en algunos casos se vuelve felicidad. Y hay una razón que es muy precisa, que es el rol decisivo en la organización del trabajo. Hay algunas organizaciones del trabajo que son particularmente deletéreas para la salud mental y vemos cómo progresivamente cada vez hay más patologías mentales del trabajo, sobre todo desde el comienzo del siglo XXI, con el surgimiento de nuevas patologías que antes no existían. En la organización del trabajo hay un cambio mayor que corresponde a lo que llamamos el “giro de la gestión”, que es la manera en la cual dentro del mundo del trabajo se concreta el arribo masivo del neoliberalismo. Se introducen nuevos métodos, nuevos dispositivos, que cambian completamente la organización del trabajo: la evaluación personal de los desempeños; la noción de calidad total; la normalización o estandarización del trabajo, el tema de las normas como las ISO; la precarización; y también la manipulación comunicativa producida por las mismas empresas. Esta manipulación es muy importante, no solamente respecto de lo externo, de la empresa para afuera, haciendo publicidad, por ejemplo mostrando los resultados de la empresa en la bolsa; sino que también es una comunicación que está destinada al interior, porque se vuelve un sistema de prescripciones, al cual los mismos trabajadores asalariados deben estar muy atentos, para poder utilizar las buenas formas del lenguaje, las maneras en las que hay que implicarse en las relaciones jerárquicas, lo que uno puede o no decir, todo eso está dictado por la comunicación interna.

–Este sistema de presión y control ideológico está vigente tanto en las empresas privadas como en organismos públicos, ¿verdad?

–Sí, claro. Y estos nuevos métodos tienen unos impactos muy poderosos, muy fuertes, no solamente sobre la manera de trabajar de manera individual, sino también sobre la manera de trabajar junto con los demás, sobre todo de los colectivos de trabajo. Ese giro de la gestión, de los números, se traduce por una voluntad de romper todo lo que sea colectivo, y romper las cooperaciones, para poder tener únicamente individuos que en la jerga de la gestión llaman “los individuos responsables”. Y los métodos en cuestión son muy fuertes, muy poderosos, y han logrado desestructurar esas cooperaciones. Al hacer eso, al desestructurar esa cooperación, se destruyen cierto tipo de vinculaciones entre las personas, sobre todo las relaciones de convivencia, que tienen que ver con estar atento a lo que necesita el otro, la ayuda, el saber vivir juntos y la solidaridad. Todo está destruido por estos nuevos dispositivos. Ahora cada uno está solo en un mundo que es hostil, y donde cada persona está en competencia con su vecino, y también incluso en el modo de la competencia desleal. Y esto se ve tanto en el nivel inferior de la escala, porque la competencia es extremadamente dura respecto de la cuestión del empleo, pero también es muy duro en la cima de la jerarquía, donde los cuadros superiores pasan su tiempo vigilándose unos a otros, por ejemplo. Esta cuestión de lo colectivo y la solidaridad, esta cuestión de vivir juntos, es una cuestión social y política por supuesto, pero es también una cuestión que tiene que ver con la salud.


–¿Por qué?


–Porque la mejor manera de prevenir contra riesgos psicosociales, contra las patologías mentales del trabajo, es justamente esta convivencia, el vivir juntos, la solidaridad. Hay dos grandes fuentes en la salud en el trabajo, la primera es el vínculo individual con la tarea, que está relacionado con la sublimación, pero también está el hecho de poder entrar en un vínculo, en una relación de pertenencia en un equipo, pertenencia a un oficio, una profesión, porque todas estas pertenencias nos remiten siempre a sistemas de valores. Cada profesión está estructurada por ciertas reglas, esas reglas de trabajo no son nunca únicamente normas para tratar la cuestión de la eficacia; esas normas de trabajo organizan también los vínculos y los lazos entre los miembros de un equipo. Al desestructurar esos colectivos, se les hace perder a los trabajadores todo el beneficio de la ayuda mutua, que no es solamente en favor de la eficacia, sino que también es una ayuda mutua respecto del sufrimiento.

–¿Por qué en relación a las patologías en el trabajo usted prefiere no hablar de estrés?

–Porque en la concepción del estrés el trabajo se presenta como un entorno, es decir algo que está alrededor y que contiene cierto número de prescripciones, reglas, restricciones, inconvenientes. De esta manera, el trabajo es una cuestión externa que actúa sobre un individuo considerado como un ser aislado. Pero lo que la clínica del trabajo nos está mostrando es que el trabajo no está únicamente por fuera del individuo, para que yo pueda hacer un trabajo de calidad el trabajo tiene que volverse interno, es necesario subjetivar el trabajo, tengo que aceptar sentirme invadido por el trabajo, mucho más allá del tiempo concreto de trabajo, por fuera del trabajo también, hasta cuando vuelvo a mi casa por ejemplo. Esto también es parte del trabajo, son todas las perturbaciones que ocasiona el trabajo, por fuera de él. Entonces, el trabajo está en el interior, no por fuera, no es un entorno, pero la teoría del estrés considera al trabajo como un entorno prácticamente material, y considera al individuo como un individuo prácticamente biológico. La teoría del estrés es una teoría que está destinada no a hacer psicología o, en el mejor de los casos, es psicología animal, el modelo es comportamental, extremadamente simplista. Para comprender la sutilidad de los vínculos entre el trabajo y la subjetividad es necesario una estructuración conceptual extremadamente sofisticada en al menos tres disciplinas. Primero es necesario tener una teoría del sujeto que no sea simplista, esto lo hace el psicoanálisis; pero también es necesaria una teoría del trabajo. Hay disciplinas del trabajo que dan cuenta de la complejidad del trabajo vivo que no tiene nada que ver con lo que se dice del estrés. También es necesario un tercer tipo de conocimiento sobre la teoría social y la teoría de la dominación; no solamente la dominación entre clases, sino también la dominación de género. De acuerdo con la teoría del estrés los hombres y las mujeres son lo mismo, pero la clínica del trabajo muestra que para los hombres y las mujeres el trabajo no implica lo mismo, el sufrimiento en el trabajo para hombres y mujeres no es igual, y las estrategias de defensa que construyen hombres y mujeres son diferentes.

–Algunos teóricos tan disímiles como André Gorz o Jeremy Rifkin habían previsto una reducción del tiempo de trabajo social y una expansión del tiempo libre, pero lo que sucedió a partir de los años 90 es exactamente lo contrario: para quienes tienen trabajo, la jornada laboral se volvió prácticamente ilimitada.


–Creo que las declaraciones de Jeremy Rifkin son parte de una manipulación de la opinión pública para inculcar el miedo, pero sus análisis son completamente falsos. Un año después de la publicación de su libro (El fin del trabajo, 1995), se anunció el pleno empleo en los Estados Unidos. Pero el trabajo de André Gorz y Dominique Meda, en Francia, es más serio, son dos intelectuales reconocidos. Rifkin es solo un consultor exitoso que está al servicio de la ideología neoliberal.


–A comienzos de este siglo, el filósofo italiano Franco Berardi postulaba que la sociedad industrial construía máquinas de represión de la corporeidad y del deseo, mientras que la sociedad posindustrial funda su dinámica sobre la movilización constante del deseo, por eso la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio ha sido progresivamente cancelada. ¿Está de acuerdo con estas ideas? ¿Cuáles serían las consecuencias de poner a trabajar la libido en pos del capital y de la identificación total con la empresa?


–No estoy convencido de los planteos que hace Berardi. El problema no está en el deseo más o menos bien dominado por la sociedad posindustrial. Sobre todo porque la sociedad actual no es posindustrial, sigue siendo muy industrial. La industria solo se ha trasladado de norte a sur, pero la masa de trabajadores industriales ha crecido en todo el mundo. El problema radica más bien en el giro neoliberal de finales del siglo XX. En el mundo del trabajo, este punto de inflexión tomó la forma de un “giro en la gestión”, con nuevos métodos y organización del trabajo. Estos métodos, extremadamente efectivos resultan en un mayor poder de dominación. Lo que me interesa investigar es un control poderoso de los pensamientos y comportamientos de los individuos, que no pueden construir fuerzas significativas para luchar contra estas nuevas formas de dominación. El resultado es que los trabajadores se ven obligados a trabajar cada vez más duro y más tiempo. Desde el punto de vista de la salud, esto se traduce en una explosión de patologías: burnout, Karoshi (muerte súbita por accidente vascular), Karôjisatsu (suicidio por exceso de trabajo) y abuso de sustancias psicoactivas, entre otros. Creo que el dramático deterioro de la salud mental en el trabajo no aboga por la movilización del deseo o la libido, más bien significa la agravación de la servidumbre, el aumento del sufrimiento, el desbordamiento de estrategias individuales y colectivas de defensa contra el sufrimiento en el trabajo y la incapacidad para defenderse contra los efectos nocivos de las nuevas formas de gestión.

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A la sombra del Brexit, un modelo desaparece

Unos 14 millones de británicos, la quinta parte de la población, son pobres, y un millón y medio vive en condiciones de extrema pobreza.

A primera vista no hay más que Brexit. Hace más de tres años que el debate público y mediático británico está dominado por este tema en una sociedad polarizada entre los que quieren seguir en la Unión Europea (UE) a través de un nuevo referendo y los que quieren salir cuanto antes del bloque europeo, con o sin acuerdo.

A la sombra de este debate, oculto tras tanto sonido y furia, la sociedad británica está experimentando una silenciosa transformación del Welfare State (Estado de Bienestar) creado a finales de la segunda guerra mundial.


Un informe del Rapporteur de Naciones Unidos sobre “Extreme Poverty”, que será presentado ante la ONU, a fines de junio deja en claro el deterioro que ha sufrido el Estado de Bienestar tras nueve años de austeridad conservadora. En un intento de ilustrar la situación, el Rapporteur neoyorquino Philip Alston recurre a la célebre definición de la vida que dio Thomas Hobbes, uno de los padres de la filosofía política moderna. “Hobbes hizo notar que la vida de los más relegados de la sociedad era “solitaria, pobre, horrible, brutal y corta”. A medida que se evapora el contrato social británico, estas predicciones se están convirtiendo en la nueva realidad”, señaló a la prensa británica.


El estudio de la ONU halló que unos 14 millones –una quinta parte del total de la población– son pobres y un millón y medio vive en condiciones de extrema pobreza. La línea de la pobreza en el Reino Unido abarca a los que ganan un 60 por ciento menos que el ingreso medio (un padre con dos chicos e ingresos equivalentes a 1000 dólares mensuales). Extrema pobreza o “destitution” son los que sobreviven con menos de 13 dólares diarios.


Estas cifras de la pobreza deberían escandalizar en una de las siete máximas potencias del planeta, miembro del G7. El congelamiento salarial vigente desde que asumieron los conservadores en 2010, el bajo nivel del salario mínimo y el deterioro de los servicios públicos debido a los fuertes recortes presupuestarios son factores cruciales de este deterioro del “contrato social británico”. En los últimos años los conservadores le han sumado un kafkiano sistema universal de beneficios sociales que, escudado en una supuesta simplificación burocrática, terminó generando demoras y virtuales exclusiones del sistema que empujaron a miles de británicos a situaciones de emergencia.


Uno de los rasgos más visibles de este deterioro social es la proliferación de bancos de alimentos convertidos en alternativas para cubrir los agujeros de la austeridad. Hoy la red más importante es el Trussel Trust que suministra alimentos de emergencia en más de 400 puntos del país. En los dos primeros años de la gran austeridad conservadora –2011 y 2012– unas 128 mil personas recurrieron a esos bancos. En 2017-2018 la cifra se quintuplicó a más de 666 mil personas.


En su recorrido del Reino Unido, el Rapporteur de la ONU encontró instancias de hambre y prostitución vinculados a estas reformas burocráticas del Estado de Bienestar. El endeudamiento, la usura, la pobreza energética, el impacto en la salud son parte de este sórdido cocktail de pobreza extrema de primer mundo. El ex director de la Trussell Trust, Chris Mould, lo ejemplificó así. “Hay gente que tiene que elegir entre comer y prender la calefacción, hay padres que apenas comen para alimentar a sus hijos. Es increíblemente fácil caer en esta situación. La pérdida del empleo, una cuenta muy alta de electricidad, una reducción de los beneficios sociales, un drama familiar resultan en la destitución de una persona. Si a esto se le suma que los salarios son muy bajos y los empleos son temporales o de medio tiempo, mucha gente entra y sale de situaciones de extrema necesidad”, señaló Mould a PáginaI12.


El desmantelamiento del Estado de Bienestar a la sombra del Brexit alcanza a una de sus baluartes: el estatal Servicio Nacional de Salud, el NHS. El embate contra el NHS viene de lejos porque su existencia siempre puso en tela de juicio el apotegma de que privado bueno, estatal malo. En los 80 el Thatcherismo lanzó una reorganización interna del NHS a través de la creación de un mercado interno, proceso que siguió con una creciente subcontratación de servicios y el lanzamiento de las iniciativas público-privadas en los 90.


La Oficina de Auditoría de la Nación señala que la subinversión llevada adelante por los conservadores han resultado en un sustancial déficit en las cuentas del NHS. Especialmente ruinoso para sus finanzas ha sido la construcción de hospitales, rebautizados por el ingenio mediático–popular como “uno por dos”: por el costo de cada hospital bajo la iniciativa público–privada, se podrían haber construido dos si solo lo hubiera hecho el estado. Un caso típico es el del University Hospital Coventry en el que la autoridad regional a cargo debió pedir prestado dinero incluso antes de que entrara en funcionamiento para pagar unos 60 millones de dólares de deuda. En el año del referendo a favor del Brexit, 2016, el sector privado obtuvo 267 de los 386 contratos licitados por el NHS.


El célebre físico Stephen Hawkings, que sufría una enfermedad degenerativa neuromuscular, advirtió poco antes de su muerte en marzo del año pasado que se estaba buscando convertir al NHS es un “sistema de seguros al estilo de Estados Unidos, gerenciado por organizaciones privadas”. Hawkings, que dependió desde los 21 años del NHS, escribió un artículo para el matutino The Guardian en el que llamaba a evitar “que haya un sistema de salud desigual” mientras reivindicaba al NHS como el “sistema más justo para el suministro de atención sanitaria”.


La visita de estado de Donald Trump a esta tierra del Brexit que comienza este lunes 3 de junio es un paso de este proceso. Los conservadores están desesperados por demostrar que la salida de la Unión Europea es su reingreso al mundo: cualquier palabra que diga Trump a favor de un tratado de libre comercio posbrexit favorecerá su causa. Raramente Trump se priva de opinar sobre cualquier tema, pero en el caso británico su interés central es muy claro: el NHS.


En más de una ocasión el gobierno británico se negó a confirmar que un tratado de libre comercio con Estados Unidos excluiría al NHS de la mesa de negociaciones. El servicio británico que cubre a los 65 millones de británicos “de la cuna a la tumba” es el tesoro más codiciado por el sector privado estadounidense. A la sombra de un Brexit sin acuerdo que invisibiliza los estragos que están ocurriendo a nivel social, la estrategia de las multinacionales estadounidenses se puede hacer realidad.

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EEUU Johnson & Johnson, condenado a pagar 325 millones a una mujer que desarrolló cáncer de pulmón por sus polvos de talco

"En lugar de advertir a los consumidores o poner un ingrediente alternativo, como almidón de maíz, J&J adoptó métodos de prueba que no eran capaces de detectar el asbesto", señalan los abogados de la mujer.


Un jurado de Nueva York ha ordenado a la multinacional Johnson & Johnson (J&J) pagar 325 millones de dólares a una mujer que desarrolló una forma rara de cáncer de pulmón vinculada al asbesto, de lo cual responsabilizó a los polvos de talco de la firma, que planea recurrir el dictamen judicial.


La empresa confirmó la decisión del jurado, la última novedad en un caso que se dirime en la Corte Suprema de Nueva York, y señaló en un comunicado que el juicio "ha sufrido significativos errores legales y de evidencias", por lo que planea apelar. Además, negó que los polvos contengan asbesto o causen cáncer.


Levy Konigsberg, bufete que representa a la denunciante Donna Olson y a su marido Robert, anunció el veredicto contra Johnson & Johnson: 20 millones por el sufrimiento "pasado y futuro" de la mujer, 5 millones por el cierre de la empresa de su esposo debido a la enfermedad y 300 millones por daños.


El bufete indicó en una nota que, durante los cuatro meses de. juicio, el jurado vio documentos internos según los cuales la firma "sabía que había asbesto en el talco utilizado para fabricar el Johnson's Baby Powder y los productos J&J's Shower to Shower ya en los años 60 y 70".


"En lugar de advertir a los consumidores o poner un ingrediente alternativo, como almidón de maíz, J&J adoptó métodos de prueba que no eran capaces de detectar el asbesto", señalaron los abogados, que alegaron que esos resultados se utilizaron para comunicar al público y las autoridades la ausencia del mineral.


Se trata de una importante suma de dinero, una de las más altas alcanzadas en casos de este tipo contra la multinacional, que a finales de 2018 estaba inmersa en unos 13.000 casos en EE.UU., en general por su supuesta responsabilidad en el desarrollo de cáncer, según su informe anual entregado a la Comisión de Valores (SEC).


La firma remitió a "cincuenta años de evaluaciones científicas independientes hechas por dependencias del Gobierno" de EE.UU. y por instituciones académicas, como Princeton o el MIT, y aseguró que todas concluyen que los polvos de talco son seguros.
nueva york
31/05/2019 22:40 Actualizado: 31/05/2019 22:40

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Glifosato, transgénicos y un experimento a cielo abierto

El herbicida más usado del mundo acumula denuncias y condenas millonarias en Estados Unidos. La multinacional Bayer (que compró Monsanto en 2018) con futuro incierto. Sentencias en Argentina, empresarios que proponen cerrar escuelas (para poder sembrar transgénicos), la ONU cuestiona el modelo y campesinos muestran que otro modelo es posible (y necesario).


“El glifosato es como agua con sal”. Lino Barañao, Ministro de Ciencia de Argentina.


“La ignorancia no mata, solo hace sufrir”, Jorge Gattini, ministro de Agricultura de Paraguay (en referencia a los campesinos que denuncian las fumigaciones con agrotóxicos).
«Es un herbicida de clase menos tóxica. Los humanos podrían incluso beber y no morir porque no tenemos la vía metabólica de las plantas. Además, es biodegradable en el suelo». Edilson Paiva, presidente de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (Ctnbio) de Brasil.


El herbicida glifosato, el más utilizado del agronegocio, ha tenido las defensas más insólitas de los gobiernos pro transgénicos, desde funcionarios hasta periodistas.
Cientos de estudios científicos, fallos judiciales y, sobre todos, miles de afectados por fumigaciones son la prueba de los efectos del herbicida.


Patria grande transgénica


Sólo diez países del mundo concentran el 98 por ciento de los cultivos transgénicos (con uso de agrotóxicos): Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá, India, China, Pakistán, Paraguay, Sudáfrica y Bolivia(1). Cuatro de ellos de América Latina y, junto a Uruguay, forman lo que la multinacional Syngenta llamó en una publicidad corporativa (2003) “la república unida de la soja”.


La patria grande sojera cuenta con 47 millones de hectáreas con soja transgénica(2). Abarca:


– El 66 por ciento de la tierra cultivada de Paraguay.
– El 52 por ciento de Argentina.
– El 35 por ciento de la tierra cultiva de Brasil.
– El 30 por ciento por ciento de Uruguay.
– El 24 por ciento de Bolivia.


Uno de los argumentos centrales de las empresas transgénicas era que, con las semillas modificadas genéticamente, se utilizarían menos químicos.
En Argentina, según datos oficiales del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), en 1995 se utilizaron 42 millones de litros de herbicidas. En 1996 se aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto) y el crecimiento del uso de herbicidas fue geométrico: 252 millones de litros en 2011 (último año publicado por el INTA). El glifosato es el principal herbicida utilizado. En 2016, datos de la Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes) llegó a 290 millones de litros anuales.

El aumento del uso no se corresponde con el aumento de la superficie, sino con la necesidad de aumentar la cantidad por hectárea. El mismo INTA reconoce que en la década del 90 se utilizaba 1,95 litros por hectáreas. En la campaña agrícola 2011/2012 llegó a utilizarse nueve litros por hectárea. Se debe a la aparición de “malezas”, plantas no deseadas que crearon resistencia al glifosato. Por lo cual los productores utilizan cada vez más cantidad y además mezcla de venenos (2-4D y paraquat, entre otros)

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Negar la realidad


“No pueden ocultar la realidad. Quieren tapar el sol con la mano”, explicó el científico Andrés Carrasco en 2009. Jefe del laboratorio de Embriología Molecular, ex presidente del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), confirmó en laboratorio que el glifosato producía malformaciones en embriones anfibios y alertó que era traspolable a humanos.


Sufrió una campaña de desprestigio mediática y política. El periodista Matías Longoni, desde Clarín, llamó “supuesto estudio” al trabajo de Carrasco. Puso en duda su existencia y la reputación de unos de los mayores embriólogos de Argentina. “La industria agrícola se puso en alerta. Las cámaras Casafe y Ciafa aclararon que el glifosato ‘está clasificado en la categoría de menor riesgo toxicológico’. En voz baja, el sector asegura que se trata de una nueva ofensiva oficial para ‘demonizar’ a los productores de soja”, escribió el periodista que cubrió el tema agro durante 18 años en Clarín, que rara vez cuestiona las consecuencias del agronegocios y funciona como agencia de prensa de las compañías del agro.


El diario La Nación también apuntó contra Carrasco y, al igual que los “periodistas del agro”, salieron en defensa del glifosato, los transgénicos (y de las empresas que los venden y, casualidad, pautan en esos medios).


El 27 de noviembre 2017, ya desde su pyme periodística “Bichos de campo”, repleta de publicidades de las empresas de agrotóxicos, Longoni celebró: “¡Larga vida al glifosato! O mejor, un poco más de vida al glifosato. Los alemanes, cuando quieren, golean. Lo hicieron con Brasil en el mundial de fútbol y ahora lo hacen con Francia, en la disputa dentro de la Unión Europea (UE) por prohibir o prorrogar la vida útil del controvertida herbicida glifosato. La votación para decidir si se renovaba la licencia del producto fue ganada, una vez que los alemanes se decidieron a jugar, por 18 a 9.”.


Desde el sector político, la defensa al glifosato fue (y es) encabezada por Lino Barañao, ministro de Ciencia durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y titular de la cartera con Mauricio Macri. En 2009 descalificó a Carrasco desde el programa de TV de Héctor Huergo, uno de los mayores lobbistas del agronegocio (director del suplemento Clarín Rural) y desde el Congreso de Aapresid (Asociación de Productores de Siembra Directa). “El glifosato es como agua con sal”, señaló en un entrevista en la Radio AM 530, de las Madres de Plaza de Mayo. Ningún funcionario kirchnerista lo cuestionó.


A fines de 2015, días previo a asumir como ministro de Ciencia de Mauricio Macri, volvió a defender el uso de químicos, con un argumento poco científico: “Con los antibióticos también hay mal uso y muertes, y nadie se queja”.


Carrasco falleció en mayo de 2014 y dejó la mejor definición para el glifosato y los transgénicos: “Es un experimento masivo a cielo abierto”.


El relato transgénico


Acto 1. El agroquímico (en este caso el glifosato, en la década del 60 fue el insecticida DDT) no afecta la salud ni el ambiente.
Acto 2. No hay pruebas científicas.
Acto 3. La pruebas científicas no son concluyentes o “existen dos bibliotecas” (a favor y en contra).
Acto 4. Son nocivos pero si se utilizan bien no hay riesgos (en ese momento proponen soluciones técnicas para su uso, hoy llamadas “buenas prácticas agrícolas”).
Acto 5. Reemplazo de ese químico por otro (y vuelta al “acto 1”).


El agronegocio utiliza la misma estrategia que las tabacaleras (durante décadas negaron que producían cáncer) y que las petroleras (durante medio siglo negaron el cambio climático).


El teatro del agronegocio se monta sobre un mito principal: los transgénicos son necesarios para alimentar la creciente población mundial. Argumento desmentido incluso por la propia FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), espacio que apoyó el avance transgénico en el mundo. El hambre del mundo no se debe a la falta de alimentos, sino a su injusta distribución.


“Paren de fumigar”


En los primeros años de la década del 2000 nació en Argentina la “Campaña Paren de Fumigar”, espacio de referencia en la producción de material y debates sobre el impacto sanitario de los agroquímicos. Asambleas, charlas, movilizaciones y todas las acciones imaginables para proteger la salud de la población. En decenas de localidades lograron ordenanzas que limitan las fumigaciones y, en otras impulsaron la vía judicial.


La ONG Naturaleza de Derechos(3) sistematizó los fallos que frenan las fumigaciones con agrotóxicos:


2003. Loma Senés (Formosa).
2008. Alberti (Buenos Aires) e Ituzaingó Anexo (Córdoba).
2009. San Jorge (Santa Fe) y Alberti (Buenos Aires).
2010. La Leonesa y Las Palmas (Chaco). Alberti (Buenos Aires).
2011. Las Antillas (Salta).
2012. Alberti (Buenos Aires) e Ituzaingó Anexo (Córdoba).
2013. Alberti y Mar del Plata (Buenos Aires), Merlo (San Luis).
2014. Paraná (Entre Ríos), Coronel Suárez y Mar del Plata (Buenos Aires).
2015. Guernica (Buenos Aires) y Totoras (Santa Fe).
2016. Alberti (Buenos Aires) y Piamonte (Santa Fe).
2017. Santa Ana (Entre Ríos).
2018. Entre Ríos y Chascomús (Buenos Aires)
2019. Pergamino y Exaltación de la Cruz (Buenos Aires) y Entre Ríos.


Jueces y fiscales tienen herramientas para frenar las fumigaciones, sobre todo la Ley General del Ambiente (25.675), donde se establece el “principio precautorio”: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”.


Estados Unidos


La multinacional Bayer compró Monsanto en 2018 por 63.000 millones de dólares. Se transformó así en la mayor empresa de semillas transgénicas y agrotóxicos del mundo.
Su primer anunció fue que desaparecería el nombre de Monsanto (aunque seguirá comercializando todos sus productos) y comenzó una campaña publicitaria para mejorar su imagen. Utiliza los mismos argumentos que Monsanto para aumentar sus ventas de agroquímicos: niega los cientos de estudios independientes que confirman los efectos en la salud.
La Coordinación Contra los Peligros de Bayer es una red europea de organizaciones y activistas que difunden denuncias sobre el accionar de la compañía, tanto en su aspecto farmacéutico como del agronegocio. «El modelo de negocio de Bayer y Monsanto carece de escrúpulos. Ambos obtienen sus beneficios con pesticidas y técnicas de manipulación genética, dañan la salud de agricultores y consumidores, alteran el clima, destruyen la biodiversidad y ponen en peligro las bases de la alimentación y subsistencia de las generaciones futuras. Bayer, al fusionarse con Monsanto, potencia este amenazador modelo de negocio y busca aumentar los beneficios de sus grandes accionistas a costa de la gente y la naturaleza», afirmó la organización.


Bayer cuenta con nuevo eslogan: «Ciencia para una vida mejor».


En agosto de 2018, en Estados Unidos, se dio la primera condena contra Monsanto-Bayer. Dewayne Johnson fue indemnizado con 78 millones de dólares por contraer cáncer al utilizar glifosato en su trabajo como jardinero.


El 27 de marzo de 2019, un jurado de California condenó a la empresa a pagar80 millones de dólares por «negligencia», al haber ocultado los riesgos de su herbicida Roundup (marca comercial del glifosato de Monsanto). La demanda fue presentada por Edwin Hardeman, un jubilado de la ciudad de Sonoma. Fue la segunda parte del juicio. En la primera, diez días antes, se había concluido que el agrotóxico fue un «factor determinante» en el Linfoma No Hodgkin (cáncer) que se le diagnosticó a Hardeman en 2015.


«El jurado responsabilizó a Monsanto por sus 40 años de conducta delictiva corporativa», explicaron las abogados del demandante, Jennifer Moore y Aimee Wagstaff en un comunicado a la prensa.


El 13 de mayo, tribunales de California (Estados Unidos) determinaron que la multinacional debe pagar 2000 millones de dólares a un matrimonio (Alva y Alberta Pilliod) que utilizó Roundup y contrajo cáncer. La sentencia afirma que la empresa actuó con “negligencia”, al ocultar las consecuencias del veneno. El jurado determinó que el “diseño” del Roundup (marca comercial de Monsanto) fue la causa principal del daño, confirmó que el químico representa “un peligro importante” para las personas que lo utilizan, afirmó que Monsanto “no proporcionó una advertencia adecuada sobre los riesgos potenciales” y ésto representó un factor importante para provocar el daño en la salud de los Pilliod.
El jurado de Estados Unidos determinó que Monsanto diseño, fabricó y distribuyó Roundup de “forma negligente”, afirmó que la compañía sabía (o debía saber) que Roundup era peligroso o que podría provocar daños y no advirtió de forma apropiada. El otro punto clave, que elevó la condena de 2000 millones de dólares, el fallo confirma que Monsanto actuó con “vicio, dolo o mala fe” al poner su herbicida en el mercado y no advertir sobre los riesgos que implicaba.


Monsanto-Bayer acumula, sólo en Estados Unidos, más de 13.000 demandas. Una muestra de la crisis de la compañía alemana: perdió casi el 40 por ciento de su valor bursátil desde que adquirió a Monsanto.


¿Escuelas o transgénicos?


El Foro Ecologista de Paraná (Entre Ríos) y el sindicato docente Agmer (Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos) presentaron en agosto de 2018 un amparo ambiental para proteger de agrotóxicos a los niños y trabajadores de las escuelas rurales. El juez Oscar Daniel Benedetto, de la Cámara II de la Sala II se expidió el 1 de octubre: en un fallo judicial sin precedentes, prohibió fumigar con agrotóxicos a menos de 1000 metros de las escuelas de Entre Ríos. Y la distancia de protección se extiende a 3000 metros si las aplicaciones son aéreas. La protección abarcó a todas las escuelas de la provincia.


«Es imposible de obviar que el modelo de producción agrícola puede generar un creciente problema de salud pública, debido a que los plaguicidas contienen sustancias químicas tóxicas que afectan a los cultivos, pero que muy probablemente también tengan efectos nocivos en la salud de la población rural», se lee entre los fundamentos del fallo, de 21 páginas.
El juez Benedetto tuvo presente el principio precautorio vigente en la Ley General del Ambiente (25675): «En materia ambiental se impone la necesidad de adoptar un criterio de precaución (…) El peligro inminente se materializa en la amenaza de la aplicación de los agrotóxicos. Y destacó que la falta de certeza científica sobre sus consecuencias no me parece un argumento que justifique la improponibilidad de la acción, sino todo lo contrario, ya que no es posible soslayar que se trata de una situación extremadamente delicada y sensible, estando en juego la salud de miles de niños entrerrianos».


El amparo que protege las escuelas fue apelado cuestionado por el gobernador Gustavo Bordet, que el 2 de enero de 2019 publicó un decreto contrario al fallo y redujo a sólo 100 metros la protección de las escuelas rurales.


El Foro Ecologista de Paraná, ya como parte de la «Coordinadora por una Vida sin Agrotóxicos en Entre Ríos. Basta es basta» (reúne a asambleas socioambientales, organizaciones sociales y docentes), presentó un amparo contra el decreto. En marzo de 2019 una sentencia judicial anuló el decreto del gobernador Bordet.


El presidente Macri, en apoyo explícito al agronegocio, cuestionó al Poder Judicial: “Es un fallo irresponsable. Pone en peligro el trabajo de muchos entrerrianos».


La Coordinadora «Basta es Basta» le contestó en un comunicado: «Señor presidente, nuestros gurises merecen el mismo ambiente que su hija Antonia».


El miércoles 15 de mayo, el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, máximo tribunal provincial, declaró la inconstitucionalidad del decreto del gobernador Gustavo Bordet, que permitía fumigar a solo 100 metros de las escuelas rurales. De esta forma, continua vigente el amparo ambiental que aleja las fumigaciones terrestres a 1000 metros de las escuelas (3000 si son aéreas).


El jueves 23 de mayo se produjo una insólita manifestación en Paraná: productores sojeros exigieron que el Poder Judicial que revierta el fallo y propusieron cerrar las escuelas para poder seguir fumigando con agrotóxicos.


Pruebas


Un argumento recurrente de los defensores del agronegocio es que “no existen pruebas” de los efectos del glifosato. A nivel internacional son muy conocidos los estudios del investigador francés Gilles-Eric Seralini, especialista en biología molecular y docente de la Universidad de Caen (Francia). Confirmó que el herbicida Roundup estimula la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones,abortos, problemas hormonales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres. También demostró la conformación de tumores en roedores alimentados con transgénicos.

Le implicó réplicas personalizadas de Monsanto, con campaña mediática de difamación incluida.


La estocada mayor sucedió en marzo de 2015. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) es un ámbito especializado de la Organizaciones Mundial de la Salud (OMS). Luego de un año de trabajo de 17 expertos de once países, emitió un documento inédito: “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)”. Detalló que la evidencia en humanos corresponde a la exposición de agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia, con publicaciones científicas desde 2001. Y destacó que el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas” (situación que tiene relación directa con el cáncer).


Con la nueva evaluación el glifosato fue categorizado en el “Grupo 2A”, que significa en parámetros de la Organización Mundial de la Salud: “Probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esta categoría se utiliza cuando hay “pruebas limitadas” de carcinogenicidad en humanos y “suficiente evidencia” en animales de experimentación. La evidencia “limitada” significa que existe una “asociación positiva entre la exposición al químico y el cáncer” pero que no se pueden descartar “otras explicaciones”. El IARC-OMS trabaja sobre cinco categorías de sustancias que tienen relación con el cáncer. El “Grupo 2A” es el segundo nivel de peligrosidad, sólo superado por “Grupo 1”, donde se ubican, por ejemplo, el asbesto y la radiación ionizante.


Monsanto, que entre sus argumentos utilizaba hasta ese momento informes de la IARC, pasó a acusarla de hacer “ciencia basura”

.
A nivel local, en 2018 se publicó “Antología tóxica del glifosato”, una minuciosa recopilación de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta de los efectos del glifosato y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras consecuencias.


«Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, es decir: informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación, resúmenes de congresos, que han sido objeto de publicación en revistas o journales científicos. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos», explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe, que se decidió a analizar y estudiar todas las publicaciones para desmentir los dichos de los publicistas del agronegocios.


De 182 páginas, se puede acceder vía Internet (https://bit.ly/2mewyYH ), cuenta con el detalle y link de de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre «mecanismo de fisiopatología celular de cáncer». El capítulo tres se dedica a «toxicidad en los sistemas orgánicos», con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto «en la biodiversidad», con 336 investigaciones.


«No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad», alerta el trabajo.

La recopilación recuerda que Monsanto publicitó «con información falsa que el glifosato era biodegradable». En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa.

Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida «es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua».
Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.


La antología recuerda que la autorización de los agrotóxicos (llamado «fitosanitarios» por las empresas y funcionarios) se realiza en base a estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, «Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores». En base a ese estudio, la empresa aseguró que el herbicida no producía efectos adversos.


«Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores», explica la recopilación.


Más de un centenar de trabajos científicos son de universidades públicas de Argentina, entre ellos el grupo de investigación de Rafael Lajmanovich (doctor en ciencias naturales de la Universidad Nacional del Litoral), que confirmó el efecto letal del glifosato en anfibios, y el Equipo Multidisciplinario de Interacción Socioambiental (Emisa), de la Universidad Nacional de La Plata, que demostraron la presencia de glifosato en alimentos, ríos, patios de escuelas y hasta en la lluvia.

El modelo


El problema de fondo no es el glifosato. Se hace eje en él porque es el más utilizado, el que más facturación produce a las compañías y, al mismo tiempo, que más denuncias provoca.
Las voces críticas al agro transgénico (campesinos, indígenas, asambleas socioambientales, académicos) cuestionan el modelo de agronegocio, en base a transgénicos y decenas de agrotóxicos, y en manos de un puñado de multinacionales.


Cuatro empresas que dominan el mercado de semillas y agrotóxicos: Bayer-Monsanto, ChemChina-Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y Basf. En 2015 facturaron 85.000 millones de dólares y, según proyecciones de Bayer, llegarán 120.000 millones en 2025.


“Controlan precio, innovación e impacta en las políticas agrícolas. Países que están con un alto grado de agricultura industrial, como Argentina, pasan a estar en situación de vulnerabilidad. Incluso en términos de soberanía. Estas empresas tienen un poder de negociación que es mucho más que de negociación, es de imposición sobre un país, incluso con leyes a medida”, explicó Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración).


La Relatoría Especial sobre el Derecho a la Alimentación es el máximo espacio de Naciones Unidas dedicado al tema. Al frente está la especialista Hilal Elver, de origen turco. Visitó la Argentina en septiembre de 2018 y confeccionó un informe para el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.


«En el marco de la agricultura industrial a gran escala, es esencial que se tome en cuenta el verdadero costo de los métodos de producción en relación con el suelo y los recursos hídricos, y el impacto de la degradación ambiental sobre generaciones futuras, en lugar de concentrarse únicamente en la rentabilidad y el crecimiento económico a corto plazo», alertó la relatora especial de Naciones Unidas.


Dedicó un apartado especial al glifosato: «Se aplica indiscriminadamente en la Argentina, sin tener en cuenta la existencia de escuelas o pueblos en las cercanías. Como resultado de ello, se me ha informado acerca de un aumento en la cantidad de personas que han perdido la vida o padecen enfermedades que ponen en riesgo su vida (…) La exposición a plaguicidas puede tener efectos muy peligrosos para la salud de los seres humanos, en especial para niños y mujeres embarazadas que son más vulnerables».


Hilal Elver cuestionó que la agricultura industrial está controlada por pocas y grandes empresas, y alertó que el Gobierno ya decidió su rol: «Durante las entrevistas con funcionarios de la Secretaría de Agroindustria observé una tendencia a apoyar el modelo agroindustrial y a realizar serios recortes en el apoyo, el personal y el presupuesto del sector de la Agricultura Familiar, incluido el despido de casi 500 trabajadores y expertos».


Reivindicó el papel de la agricultura campesina. En la conclusión resaltó: «Reitero la importancia de la agricultura familiar para lograr el objetivo de una alimentación adecuada y saludable para todos los argentinos. Debería ponerse empeño en promover la agricultura familiar como prioridad. Es la única manera de lograr un equilibrio, única manera de lograr una solución sostenible y justa para el pueblo argentino».


En mayo pasado, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó un inédito “foro agrario”, que reunió durante dos días a más de 3000 campesinos, indígenas, productores familiares. Impulsado por la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), entre otras organizaciones, elaboró propuesta concretas de políticas públicas para el sector rural, con una urgente democratización de la política agropecuaria.


Entre las políticas a implementar: acceso a la tierra, basta de fumigaciones con agrotóxicos, fomento de la agroecología como política de Estado, soberanía alimentaria y un tema que irrita a los conservadores transgénicos argentinos: reforma agraria integral.


Este artículo es parte del proyecto Atlas del Agronegocio Transgénico en el Cono Sur realizado con el apoyo de Misereor

Por Darío Aranda
30 mayo 2019 0

Notas

1 Pengue, W. 2005. Cultivos transgénicos: ¿hacia dónde vamos? Agricultura Industrial y Transnacionalización en América Latina. PNUMA. Serie Textos Básicos para la Formación Ambiental.
2 http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Transgenicos_en_el_Cono_Sur._Boletin_N_485_de_la_RALLT
3 https://naturalezadederechos.org/
Publicado originalmente en biodiversidadla.org

Publicado enMedio Ambiente
Inmunoterapia activa en el camino contra el cáncer

Científicos argentinos y uruguayos detectaron una molécula que podría incidir en la eficacia de los tratamientos en el corto plazo.

La investigación de un equipo de científicos argentinos y uruguayos sobre inmunoterapia activa como respuesta al cáncer logró un “avance fundamental” en el campo, un estudio que fue publicada en la revista Cancer Cell. “El avance es fundamental porque cada vez tenemos más conocimientos respecto de los blancos terapéuticos que frenan las respuestas del sistema inmune ante el cáncer”, explicó a Página/12 Gabriel Rabinovich, director del Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Conicet) y docente de la UBA. La investigación surgió como resultado del trabajo conjunto con miembros del Laboratorio de Inmunoregulación e Inflamación del Instituto Pasteur (Montevideo) y el aporte del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (Inserm, de Francia). De acuerdo con los investigadores, la inmunoterapia, que propone estimular las propias defensas del organismo para eliminar a los tumores, revolucionó la medicina en las últimas décadas y podría ser la llave para combatir el cáncer.

-Este paper es el fruto de la colaboración entre investigadores argentinos y uruguayos.


Sí, la idea surgió de Mercedes Segovia, Sofía Russo y Marcelo Hill del Laboratorio de Inmunoregulación e Inflamación del Instituto Pasteur de Montevideo. Hill realizó un posdoctorado en el Laboratorio de Cristina Cuturi del Inserm, en Francia, y concentró sus esfuerzos en la molécula “TMEM176b”, denominada de una manera más sencilla como “Torid”. Ellos habían demostrado su efecto inhibitorio sobre el sistema inmune en modelos de trasplante de órganos. Nos conocimos, nos llevamos bien y surgió la idea de colaborar. A la distancia, puedo confirmar que una buena manera de salir de las crisis es aliarnos entre latinoamericanos, en definitiva, practicar el ideal de la patria grande, conformar una red de inteligencia regional.


-¿Qué es la inmunoterapia activa?


-Las inmunoterapias han causado una revolución enorme, ya que modificaron el abordaje para el tratamiento de pacientes con cáncer. Se trata de estimular nuestras propias defensas para que eliminen al tumor. Durante muchos años, las respuestas de la medicina se estacionaban solo en estrategias como la quimioterapia, la radioterapia y las cirugías. A diferencia de ello, en vez de eliminar al tumor a partir de mecanismos externos se potencia al sistema inmune para que los linfocitos sean quienes realizan el trabajo.


-¿Cómo se activa el sistema inmune?


-Supongamos que crece un tumor en un individuo, las células dendríticas –que todo el tiempo censan, patrullan y reconocen a los enemigos que pueden aparecer– son las que dan aviso de la situación. Como los tumores producen antígenos son fácilmente reconocibles, por lo tanto, estas células los toman, viajan por los vasos linfáticos, llegan a los ganglios (donde suceden las respuestas inmunológicas, por eso es que los tenemos agrandados cuando el propio cuerpo reconoce que algo no anda bien) y se encuentran con los linfocitos que provienen de la sangre. Las dendríticas le presentan el problema y activan a los linfocitos que, de inmediato, producen miles de millones de clones. Como si fuera un ejército que marcha directamente al sitio donde crece el tumor para eliminarlo. Desafortunadamente hay problemas en el medio. En el tumor existen muchísimos “frenos” que hacen que los linfocitos no puedan actuar, queden paralizados al lado del tumor sin poder eliminarlo. Nuestra tarea siempre ha sido identificar cuáles son esos frenos. Con la Galectina venimos trabajando desde hace décadas, pero resulta que ahora, por intermedio de este trabajo, hemos avanzado en la identificación de otra, la molécula Torid.


-¿Cómo actúa Torid?


-Opera como un intercambiador de calcio. En las células dendríticas, este es necesario para activar el inflamosoma –un complejo multimolecular– que, a su vez, permite activar a los linfocitos que eliminan el tumor. En cambio, cuando el inflamosoma está desactivado las células dendríticas se debilitan y no pueden actuar. En este sentido, descubrimos que la molécula Torid inhibe la entrada de calcio; al hacerlo, el inflamosoma no responde; y, como resultado, no ingresan en acción nuestras defensas. De modo que reflexionamos un poco y nos preguntamos por la posibilidad de diseñar una droga que fuera capaz de inhibir este freno llamado Torid para que el sistema inmune se desempeñe normalmente sin ataduras.


-Es decir que le colocaron un freno al freno.


-Sí, fue Hill quien halló un inhibidor –“BAYK8644”– entre 90 compuestos químicos que habitualmente inhiben canales de calcio. Lo encontró y pudimos comprobar de qué manera cuando se inhibe a Torid ingresa el calcio, se activa el inflamosoma y actúan los linfocitos. Una vez que el hallazgo se realizó in vitro, siguieron las pruebas en ratones con distintos tipos de cáncer (piel, pulmón y colon). Se los trató con la inmunoterapia clásica (de la cual se benefician un 30% de los pacientes) más el inhibidor de Torid y tuvimos resultados sorprendes ya que mejoró la eficacia del tratamiento de manera notable. El avance es fundamental porque cada vez tenemos más conocimientos respecto de los blancos terapéuticos que frenan las respuestas del sistema inmune. A partir de aquí siguieron los análisis de bioinformática preparados por gente de nuestro equipo comandado por Romina Girotti.


-¿La ciencia está cerca de transformar este conocimiento en tecnología que permita otro tratamiento?


-Debemos ser cautos para no ilusionar a la gente. Falta una etapa de unos cinco años de análisis preclínicos para evaluar la toxicidad y la seguridad de la droga y, luego, siguen las fases clínicas para poder comprobar si, efectivamente, este compuesto que funcionó en animales también lo hace en humanos con el mismo grado de eficacia. Si no se hace ciencia básica y se descubren mecanismos nuevos como acabamos de demostrar es muy difícil que alguna vez los pacientes tengan alguna respuesta desde el consultorio. Lo que siempre le intentamos explicar a los gobernantes es que el emprendedurismo –como forma de respuesta rápida– sin ciencia básica no existe. Se requieren décadas de trabajo por detrás. Un ejemplo palpable en el área, sin ir más lejos, es el avance alcanzado por James Allison y Tasuku Honjo que obtuvieron el Nobel en Medicina el año pasado.


-¿Por qué hay casos de personas que no responden a la inmunoterapia?


-Cada individuo constituye un universo aparte y, a su vez, cada tumor es completamente diferente. A futuro, la posibilidad de tomar una biopsia de un tumor y poder trazar la firma molecular –que establece qué mecanismos se producen en cada caso y les permiten sobreponerse a las defensas del cuerpo– permitiría advertir por qué un paciente responde y otro no. La quimioterapia se aplica a todos por igual sin tener en cuenta las características singulares de cada persona, por ello, combinar todos los recursos disponibles es la mejor opción que tenemos hasta el momento.


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Los genes de la depresión no aparecen por ningún lado

Un nuevo mega estudio rechaza 25 años de indicios e investigaciones sobre una predisposición genética simple al estado depresivo.


Centenares de investigaciones que apuntaban a que la depresión, una enfermedad tan importante como frecuente, tiene una causa genética relativamente simple están a punto de desaparecer del mapa científico, tras las conclusiones de un gran estudio que no ha encontrado relación alguna entre los 18 genes candidatos más estudiados y los estados depresivos.
El análisis se ha hecho sobre nada menos que 620.000 personas, en las que no se ha encontrado que las variantes de estos genes que se han asociado a la depresión a lo largo de los últimos 25 años lo estén en mayor medida que las de cualquier otro gen elegido al azar, de las decenas de miles que tiene el ser humano.


Los autores del nuevo análisis aseguran que los estudios previos eran incorrectos (daban falsos positivos) y que la comunidad científica debe abandonar ya definitivamente la hipótesis de los genes candidatos, informa la Universidad de Colorado. “No estamos diciendo que la depresión no sea hereditaria en absoluto. Lo es. Lo que estamos diciendo es que muchísimas variantes influyen en la depresión y que individualmente cada una tiene un efecto minúsculo”, asegura Matthew Keller, que ha dirigido la investigación. Se confirma así lo que numerosos genetistas sospechaban y se ha comprobado en otros desórdenes: en los rasgos complejos, como son la mayoría de las enfermedades y también capacidades como la inteligencia, intervienen miles de genes, que interactúan con los factores ambientales a lo largo de la vida del individuo.


“¿Cómo hemos podido gastar 20 años y centenares de millones de dólares en estudiar el puro ruido?”, se pregunta en la revista The Atlantic. Es una pregunta más bien retórica, porque la ciencia suele avanzar con pasos adelante y pasos atrás, a medida que se confirman algunas cosas y se rechazan otras, pero en este caso es verdad que ya habían sonado voces de alarma.


Para detectar la depresión en los sujetos estudiados, Keller y sus compañeros midieron muchos aspectos de la enfermedad, como el diagnóstico, la gravedad, el número de síntomas y el número de episodios. También recabaron datos sobre la experiencia vital de los sujetos, que puede influir en los episodios depresivos. Sin embargo, no encontraron relación alguna entre los genes que tenía cada uno de ellos y el riesgo de tener depresión, fuera cual fuera su experiencia, según explican en The American Journal of Psychiatry.


Otros colegas creen que el tema es tan complicado que no se puede aceptar sin más el nuevo estudio solo porque está hecho sobre un altísimo número de personas, ya que posiblemente las preguntas sobre el ambiente no fueran las correctas. A pesar de que los genetistas vienen abandonando el enfoque de genes candidatos para rasgos complejos, son sus trabajos anteriores los que han servido de base para una gran cantidad de investigaciones en otros sectores, como la psicología. Muchas de estas investigaciones se han realizado sobre muestras muy pequeñas, y se han publicado cosas como que los traumas de la infancia interactúan con los genes de predisposición a la depresión y se desarrolla la enfermedad.

El gen que históricamente se asocia más a la depresión es una versión corta del SLC6A4, relacionado con el transporte de serotonina en el cerebro, pero los investigadores también se fijaron en este reciente estudio en genes relacionados con la formación de los nervios y con el neurotransmisor dopamina, entre otros. La principal hipótesis sobre la causa de la depresión es que se trata de un desequilibrio bioquímico en neurotransmisores como la serotonina, pero esto no está claro porque los antidepresivos, en su mayoría medicamentos ya antiguos que se desarrollaron sobre esta hipótesis, tardan semanas en hacer efecto y solo son eficaces en la mitad de los pacientes, según la experta Lisa Kalynchuk, de la Universidad de Victoria en Canadá.


La conclusión es que la depresión es una condición de base muy compleja y que hay que abandonar las esperanzas de encontrar una forma fácil de diagnóstico o tratamiento genéticos. Lo que nadie dice es que haya que abandonar la investigación sobre la base genética de la depresión o de otros desórdenes como el trastorno bipolar o la esquizofrenia. Al público en general Richard Border, primer autor del artículo, avisa que hay que desconfiar de los que afirman que unos pocos genes tienen grandes efectos sobre comportamientos complejos, porque esto no es lo que sucede en la inmensa mayoría de las enfermedades más comunes.


Aunque no haya causa genética a la vista, el desarrollo de la depresión sigue siendo de sumo interés para los investigadores. Una nueva línea de investigación apunta a unas culpables, las mitocondrias, que proporcionan la mayor parte de la energía a las células. Su mal funcionamiento produciría efectos en cascada con el resultado de depresión, señala un artículo publicado en Frontiers of Neuroscience.

madrid
28/05/2019 07:48 Actualizado: 28/05/2019 07:48

La OMS incluye en su clasificación de enfermedades el 'burnout' o síndrome del trabajador agotado

La Organización Mundial de la Salud ha declarado que esta enfermedad hace específicamente referencia a los fenómenos relacionados con el contexto profesional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido en su Clasificación Internacional de Enfermedades el síndrome del trabajador o también conocido como burnout.


Esta enfermedad se refiere a un estado de agotamiento y fatiga constante que implica una falta de eficacia y rendimiento en el trabajador poco motivado, según ha explicado Tarik Jaserevic, portavoz de la OMS. El burnout es un síndrome que se caracteriza por tres elementos: un sentimiento de agotamiento, cinismo o pensamientos negativos y menor rendimiento profesional.


La decisión de incluir el burnout en la clasificación de enfermedades ha sido tomada el sábado por los Estados miembros de la OMS. El listado, conocido como ICD-11, sirve de base para establecer tendencias y estadísticas sanitarias a nivel mundial.


La OMS ha declarado que esta enfermedad hace específicamente referencia a los fenómenos relacionados con el contexto profesional. La nueva clasificación entrará en vigor el 1 de enero de 2022.


Como novedad, la OMS saca de la lista de enfermedades mentales la transexualidad para clasificarla en el capítulo de disfunciones sexuales. También ha añadido los trastornos relacionados con los videojuegos en la sección de los desórdenes de dependencia, como informa El País.

madrid
27/05/2019 16:46 Actualizado: 27/05/2019 16:46

Publicado enSociedad
“Si no creamos nuevos antibióticos la gente morirá a los 50 o 60 años, como antes”

La científica alerta de que las resistencias bacterianas provocarán muertes en las edades medias de la vida

La Nobel de Química Ada Yonath se antoja especial nada más verla. Alrededor de la silla de ruedas —el vuelo desde Israel ha maltratado su cadera de cuasi octogenaria— despliega un pequeño caos integrado por un bolso, varios pañuelos de papel, un bastón plegable y una mochila atestada en la que rebusca y que no abandonará ni cuando suba al estrado del encuentro El futuro del envejecimiento, celebrado la pasada semana en Madrid y organizado por la Fundación Ramón Areces. “¿Es que no estás siguiendo la jornada?”, espeta a la periodista, mirando de reojo el monitor donde otros Nobel analizan el gran desafío demográfico del siglo XXI. Sobre esta mujer de ojos de niña cabalga una indómita cabellera rizada gris objeto de debate nacional en su país ante el viaje a Estocolmo en 2009 para recoger el galardón. Todo el mundo quería mandarla a la peluquería. Inevitable pensar en Einstein.

Pregunta. Es usted una mujer pionera...


Respuesta. ¿Puede quitar el término mujer? Soy una científica pionera, pero podría ser un hombre.


P. ¿Ha tenido las mismas oportunidades?


R. No, pero fue porque el proyecto era difícil, no por ser mujer. Durante los 20 años que duró la investigación muchas veces pensamos en dejarlo.


Yonath fue laureada con el Nobel junto a otros dos científicos por el descubrimiento de la estructura y la función del ribosoma, el orgánulo celular que fabrica proteínas al traducir la información del ADN. Desnudó el componente mediante cristalografía, en contra de la opinión de sus colegas. Al año siguiente de publicar el descubrimiento, los equipos que ella dirigía revelaron cómo algunos antibióticos eliminan a las bacterias uniendose a sus ribosomas e impidiendo que fabriquen proteínas. Es una de las cinco mujeres galardonadas entre los 176 hombres premiados en el olimpo de la química.


R. Nunca decidí ser científica. Pasó. Siempre fui muy curiosa. Desde niña, quería saber qué pasaba. Deseaba convertirme en escritora pero sentía que lo que tenía dentro de mí no podía expresarlo bien, así que tiré por la ciencia. Podía pensar y hacer. Más sencillo.


Las becas que la hicieron científica, cuenta con la sorna reconocible en las personas felices, fueron limpiar escaleras, hacer sándwiches o enseñar Matemáticas y Física a sus compañeros de clase en el instituto. Sus padres, inmigrantes polacos en Israel, eran extremadamente pobres.


R. Quería ser profesional, trabajar en una empresa química o dedicarme a la enseñanza. La ciencia era una afición para mí y pensé que nadie iba a pagar por una afición.
P. ¿Sigue siendo una afición?


R. Por supuesto.


P. ¿Qué hace ahora?


R. Lo mismo. En el auditorio dicen que hay una edad para que nos retiremos, pero en Israel hay excepciones y yo soy la excepción.


P. ¿Qué edad tiene?


R. Dentro de un mes cumpliré 21 [risas].


A sus largos 20 sigue nadando y subiendo montañas. Solía celebrar su cumpleaños haciendo regalos a su madre y llevándola a cenar porque considera que era a ella a la que había que honrar. “Ahora que no vive, no haré nada. Será un día normal”. Sigue al frente, a punto de cumplir los 80 años, de un equipo de científicos en el Instituto Weizmann de Israel.


P. ¿Qué tiene que decir sobre la longevidad?


R. La longevidad se disparó gracias a los antibióticos, en la mitad del pasado siglo. Evitó las muertes de quienes no habían cumplido los 50... antes de esa edad murieron Mozart o Kafka... Entonces afloraron las enfermedades relacionadas con la edad como el cáncer o el alzhéimer. Luego se dan fallos de funcionamiento, como la hipertensión que pueden ser controlados. Las farmacéuticas proveen a esos enfermos de medicamentos muy caros que los mantienen con vida. Lo que ocurre es que la gente muere de infecciones. Un tercio de las muertes atribuidas al cáncer en realidad se deben a una gripe normal porque la persona no puede luchar contra ella, ya que su sistema inmune está dañado y los antibióticos no funcionan porque hay resistencias. Los laboratorios no quieren sintetizar nuevos antibióticos, porque son muy caros de fabricar, se venden muy baratos y se utilizan pocos días, no como otros tratamientos caros, como los del cáncer. Y hay resistencias, porque las bacterias son listas, encuentran el camino para sobrevivir.


Los microorganismos resistentes son los nuevos asesinos en serie. Más de 33.000 europeos mueren al año por ese hecho. Un impacto mayor que el del sida, la tuberculosis y la gripe. En casi la mitad de los casos (39%) las bacterias letales fueron inmunes a los antibióticos más recientes.


R. Algunos laboratorios pequeños están mejorando los antibióticos existentes, pero son muy pocos. En los últimos 20 años solo se han desarrollado tres nuevos. No es nada. El último de ellos, uno completamente nuevo, ya tenía resistencias al año de usarse. Las grandes compañías han dejado de hacerlos, pero deben continuar en ello. La longevidad es algo fantástico, pero puede ser detenida por cosas estúpidas.


P. ¿Qué es lo bonito de la investigación?


R. Que es como una afición. Un juego en el que descubres algo nuevo y se lo regalas al mundo. Existe esa montaña de conocimiento y tú tienes una piedra en ella. Es fantástico.


P. ¿Qué le diría a una niña que quiera seguir sus pasos?


R. ¿Le preocupa la niña? A mí, sus madres. Me preocupa la sociedad, que piensa que las mujeres no deben dedicarse a la ciencia. Tenemos que reeducar a los padres.


P. ¿Se ha sentido sola?


R. No por ser mujer. Me he sentido sola en la comunidad científica porque no esperaban los resultados que conseguí. Aunque dicen que si yo fuese un hombre hablarían de mí de una manera menos desagradable. Ahora son más respetuosos, pero todavía algunos dicen que soy una mujer estúpida. Pienso que hay muchos científicos, hombres y mujeres, mejores que yo.

P. ¿Por dónde tendría que ir la investigación con antibióticos?


R. En mi laboratorio estamos buscando posiciones distintas a las habituales que ocupan los antibióticos en las bacterias. Son dianas para las que podamos diseñar antibióticos que penetren a través de ellas. Antibióticos que sean muy específicos para cada patógeno, incluso para cada cepa, que sean absolutamente biodegradables, de tal manera que no contaminen. Y que sepan distinguir entre bacterias dañinas y las que no lo son, la microbiota. No es fácil. Es lo que estamos haciendo. Los laboratorios me odian. Les digo que están tomando malas decisiones al no diseñar nuevos antibióticos, entiendo que necesitan ganancias para sus inversores pero si más y más personas vuelven a morir a los 50 años o a los 60, ya no van a tener consumidores para los tratamientos caros.


Acaba la entrevista. Yonath va a intervenir. Contará que su laboratorio ya ha identificado 25 puntos diana para atacar a las bacterias. El representante de la Fundación Nobel que la acompaña toma la silla de ruedas:

Madrid 27 MAY 2019 - 01:47 COT 
—¿Salimos?
—¿A dónde, a bailar?

Espionaje de Monsanto y nueva sentencia millonaria

Dos mil millones de dólares por daños. Es la cifra que un tribunal de Oakland, California, sentenció a Monsanto (ahora propiedad de Bayer) a pagar al matrimonio Alberta y Alva Pilliod, más 55 millones de dólares por costos médicos y de juicio, por haberles causado cáncer con su herbicida RoundUp. Al mismo tiempo, en Europa, el diario francés Le Monde reveló extensas operaciones de espionaje de Monsanto a periodistas y funcionarios públicos.

El abogado de los Pilliod –que tienen actualmente 70 años y han tenido cáncer linfoma no-Hodgkin por más de una década– pidió compensación por daños punitivos por mil millones de dólares, pero el juez, siguiendo las declaraciones unánimes del jurado, decidió doblar la suma. Esto, según explicó el jurado, para sentar ejemplo, porque de acuerdo con las evidencias presentadas Monsanto actuó a sabiendas de los efectos que tendría sobre los afectados y ocultando información intencionalmente. Según la agencia Bloomberg, es la octava suma más alta en Estados Unidos de compensación por daños debido a un "producto defectuoso".

Sin embargo, no se trata de un "producto defectuoso". Es un agrotóxico herbicida que cumple el objetivo biocida para el que fue diseñado. Además de matar plantas y otras formas de vida en los cultivos, también es cancerígeno para animales y humanos. Monsanto lo sabía desde la década de 1980, pero en lugar de advertir sobre el riesgo se dedicó a ocultarlo, tanto en el etiquetado como a través de manipulaciones mediáticas, pagando a académicos para escribir artículos "científicos" falseados y corrompiendo o engañando funcionarios en agencias regulatorias (https://usrtk.org/monsanto-papers/).

El principal ingrediente de RoundUp es glifosato, inventado por Monsanto y por el que tuvo una patente monopólica por 20 años que le rindió cuantiosas ganancias. Cuando la patente estaba por vencer inventó los cultivos transgénicos tolerantes a su propio herbicida RoundUp, con lo que siguió dominando el mercado con la venta casada de la semilla y el agrotóxico.

Un elemento importante que quedó claro en este juicio es que además de la toxicidad propia del glifosato, los surfactantes y otros ingredientes del RoundUp –agregados para enfrentar la resistencia de malezas al glifosato– son también altamente tóxicos. Esto es muy relevante, porque las regulaciones sobre agrotóxicos, tanto en Estados Unidos como en América Latina, no exigen a las empresas evaluaciones de inocuidad de estos componentes secundarios, cuyo uso ha aumentado vertiginosamente debido a la resistencia por la expansión de cultivos transgénicos tolerantes al herbicida.

Como refiero en un artículo anterior (El veneno que nos legó Monsanto, La Jornada, 11/05/19), este es el tercer juicio contra Monsanto-Bayer ganado por las víctimas. Bayer apelará esta sentencia, pero hay otros 13 mil 400 juicios en proceso y siguen creciendo (https://tinyurl.com/y6y5xaor).

Poco antes de esta sentencia, el diario francés Le Monde denunció que Monsanto había contratado en 2016 a la firma de relaciones públicas FleishmanHillard, que realizó un fichaje de 200 personas que consideraba relevantes en la regulación de glifosato, agrotóxicos y transgénicos. El expediente se conformó mientras la Unión Europea estaba discutiendo si suspendía la autorización de uso de glifosato, que finalmente decidió prolongar cinco años más, debido justamente al masivo cabildeo empresarial.

El fichaje confidencial realizado por FleishmanHillard para Monsanto en Francia abarcó periodistas de Le Monde y otros medios, funcionarios públicos, parlamentarios, dirigentes de organizaciones civiles, ambientalistas y de agricultores, académicos y científicos. En la lista figura también Ségolène Royal, ex candidata a presidenta. Más de la mitad de los espiados son periodistas. La empresa seleccionó y agrupó en una tabla a 74 "objetivos prioritarios", dividos en cuatro grupos: personas a vigilar, personas a educar, aliados y potenciales aliados a reclutar. Además de nombre y lugar de trabajo incluyeron sus direcciones y actividades personales, gustos, preferencias y opiniones políticas. Registrar este tipo de información sin consentimiento es ilegal en Francia, por lo que la justicia francesa inició una investigación a partir de la demanda de Le Monde. Podría ocasionar multas de 300,000 euros y hasta cinco años de prisión.

Bayer dijo desconocer las actividades de espionaje de Monsanto, pese a que tenía hasta ese momento un contrato con la misma firma, pero luego de encargar una investigación, el 21 de mayo, se disculpó por el espionaje. Informó además que "partían de la base" de que FleishmanHillard había realizado actividades similares en Alemania, Italia, Holanda, Polonia, España y Reino Unido, además de Francia.

Tanto Monsanto-Bayer como FleishmanHillard son empresas trasnacionales, por lo cual es lógico pensar que las actividades de espionaje y fichaje de opositores no se restringen solamente a estos países, ni solamente a Monsanto y Bayer. Todas las empresas de transgénicos, DuPont, Dow, Syngenta, además de Monsanto y Bayer, han contratado firmas, como FleishmanHillard, para campañas encubiertas en favor de transgénicos y agrotóxicos. No tienen argumentos para dar un debate abierto y honesto.

Por Silvia Ribeiro *

 Investigadora del Grupo ETC

 

Contaminación ambiental afecta desarrollo cerebral con graves efectos en la fertilidad

Experimentos muestran que sustancias químicas también dañan el comportamiento materno

La exposición a contaminantes ambientales puede causar alteraciones en el desarrollo cerebral que afectan la evolución sexual y la fertilidad en varias generaciones, según los hallazgos que se presentarán en Lyon (Francia), en la reunión anual de la Sociedad Europea de Endocrinología (ECE) 2019.

La descendencia de ratas embarazadas expuestas a una mezcla de las sustancias químicas disruptoras endocrinas comunes (EDC, por sus siglas en inglés), en dosis equivalentes a las que comúnmente experimentan las personas, mostraron esas alteraciones y en el comportamiento materno transmitido a través de varias generaciones.

Los hallazgos sugieren que los niveles de sustancias químicas que afectan el sistema endocrino en nuestro medio ambiente ya pueden estar causando daños duraderos y que las personas y las agencias deberían tomar medidas para minimizar la exposición.

Los químicos de alteración endocrina pueden interferir con la función normal de las hormonas y se han vinculado con la infertilidad y el desarrollo sexual alterado en animales y personas.

Estamos expuestos a cientos de estos contaminantes en nuestra vida diaria, ya que se utilizan en la fabricación de plásticos, pesticidas y medicamentos.

Sin embargo, el grado de daño que se está causando a nuestra salud y las consecuencias para las generaciones futuras sigue sin estar claro. Los estudios con roedores han sugerido que la exposición a EDC puede afectar el desarrollo cerebral a través de varias generaciones, pero los efectos generacionales sobre el desarrollo sexual y la reproducción no se han investigado.

En este estudio, David López Rodríguez, estudiante graduado en el laboratorio de padres Anne-Simone en la Universidad de Lieja, en Bélgica, supervisó el desarrollo sexual de tres generaciones de ratas; la paterna sólo estuvo expuesta a una mezcla de EDC comunes durante el embarazo y la lactancia. Las hembras nacidas en la primera y segunda generaciones mostraron deficiencias en el cuidado de sus cachorros.

No obstante, las ratas hembras en la segunda y tercera generaciones mostraron un inicio tardío de la pubertad y alteración del ciclo reproductivo y el desarrollo del folículo ovárico, lo que indica que su fertilidad se vio afectada, aunque nunca estuvieron expuestas a los EDC. Estos cambios se asociaron con la expresión génica alterada en sus cerebros que se sabe que afectan la forma en que se regulan las hormonas reproductivas.

"Nuestros resultados plantean preocupaciones reales sobre los efectos de esos contaminantes en el medio ambiente. Hallamos las afectaciones de los EDC en generaciones de animales que no habían estado directamente expuestos a los productos químicos. Exponemos a la generación principal y descubrimos a largo plazo efectos en la fertilidad. Por supuesto, en la vida cotidiana esto no sucedería y la exposición a estos químicos dañinos continuaría, lo que significa que podría hacer más daño", destacó.

Publicado enMedio Ambiente