Visitantes recorren la exposición de fotografía del patrimonio cultural mundial en el Museo de Hainan, en el sur de China. La actividad social empezaba a tomar estabilidad, en esa nación hasta que ayer se anunció un brote de Covid-19 en la central de abasto de Pekín. Foto Xinhua

Asegura el abasto de una de las 10 fórmulas inmunológicas que están en desarrollo // Espera el biológico para finales de este año

 

Berlín. Alemania, Francia, Italia y Países Bajos firmaron un acuerdo con el grupo farmacéutico AstraZeneca para garantizar el suministro a la Unión Europea (UE) de 300 millones de dosis de una vacuna contra el coronavirus, indicó el gobierno alemán.

El contrato prevé la distribución de las dosis de forma proporcional a la población de cada país de la UE en cuanto esté disponible la vacuna, que en el mejor de los casos se espera para finales de este año.

Para que los inmunológicos estén disponibles en gran cantidad y muy rápido tras su aprobación este año o el próximo, la capacidad de producción debe ser garantizada desde ya por contrato. Muchos países del mundo tienen ya garantizada su vacuna, pero Europa aún no, explicó el ministro de Salud alemán, Jens Spahn, su homólogo italiano, Robert Speranza, también se refirió al acuerdo, pero indicó que la cifra de dosis pactadas es de 400 millones que estarán a disposición de toda la población europea. La estadística del Banco Mundial sitúa en 447 millones los habitantes de la Unión Europea.

La vacuna de AstraZeneca es desarrollada en colaboración con la Universidad de Oxford y es sólo una de las 10 vacunas en proceso de pruebas clínicas. La empresa anglo-sueca firmó recientemente acuerdos similares con Gran Bretaña, Estados Unidos y diversas organizaciones para fabricar 700 millones de dosis.

Confinan barrios de Pekín por rebrote

Por otra parte, las autoridades chinas detectaron seis casos de infección local, vinculados en su mayoría al mercado Xinfadi, en el distrito de Fengtai, al sur de Pekín, que fue cerrado mientras las 11 zonas residenciales que lo rodean fueron confinadas.

Otros nuevos 57 casos fueron identificados tras realizarse pruebas a unos 2 mil empleados del mercado, indicó una responsable de salud local, Pang Xinghuo. Xifandi, el mayor centro de abasto mayorista de productos agrícolas en la capital, será sometido a labores de desinfección.

España mantiene congelada desde el 7 de junio su cifra de fallecidos, lo que genera incertidumbre sobre el estado real de una pandemia que dejó, según el gobierno, más de 27 mil decesos.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se declaró totalmente sereno y subrayó que no teme ser investigado por la justicia por su gestión del coronavirus, en una entrevista publicada por el diario La Stampa.

Alemania, Francia y Grecia levantará mañana los controles fronterizos con sus vecinos europeos. Al tiempo que cientos de turistas volvieron a Venecia con motivo de la reapertura del Palacio de los Dogos, tras cuatro meses de confinamiento.

Más de 225 mil personas se han contagiado y más de 6 mil han fallecido en África, de acuerdo con las últimas estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del continente.

La Organización Mundial de la Salud, el Programa de Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre VIH/Sida y la agencia de la ONU para Refugiados emitieron un comunicado conjunto en el que urgieron a líderes políticos a atender el incremento en la vulnerabilidad de la población carcelaria y de otras personas privadas de la libertad durante la pandemia y a reducir el hacinamiento en estos entornos. Hasta ayer, a escala global, había 429 mil 161 muertos por la pandemia, 7 millones 757 mil 740 contagiados y 3 millones 679 mil 534 pacientes recuperados, según la Universidad Johns Hopkins.

Publicado enInternacional
Foto: Vandana Shiva © Romain Guédé

Entrevista a la ecologista india Vandana Shiva, figura de la lucha contra los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y muy crítica con el “filantrocapitalismo” que encarnan sobre todo Bill Gates y su Fundación.

En su última obra publicada el pasado otoño 1 %, reprendre le pouvoir face à la toute-puissance des riches [1 %, retomar el poder frente a omnipotencia de los ricos] (editado por Rue de l’échiquier, 2019) Vandana Shiva define de la siguiente manera el “filantrocapitalismo”: “El filantrocapitalismo […] tiene poco que ver con la caridad o con hacer donaciones, más bien tiene que ver con el beneficio, el control y el acaparamiento. Se trata de un modelo económico de inversión y de un modelo político de control que asfixian la diversidad, la democracia y las soluciones alternativas, y que atribuyendo ayudas financieras ejercen una dominación y proporcionan nuevos mercados y monopolios a los multimillonarios”. Bill Gates, la segunda fortuna mundial, simboliza este “filantrocapitalismo”. Su Fundación Bill y Melinda Gates, su principal instrumento para las donaciones, está muy activa en India. Su visibilidad mediática frente a la crisis actual y los millones que ha invertido en la investigación de una vacuna la convierten en un objetivo privilegiado de las teorías de la conspiración. No obstante, conviene preguntarse (y criticarlo) por este nuevo poder que ha adquirido el fundador de Microsoft junto a otros multimillonarios como Jeff Bezos (Amazon, primero fortuna mundial), Mark Zuckerberg (Facebook, séptima fortuna mundial) o, en Francia, Bernard Arnault (LVMH, tercera fortuna mundial). Un nuevo poder que está lejos de ser muestra de una generosidad desinteresada.

Esta entrevista, que se realizó antes de que apareciera esta pandemia, se ha actualizado con dos preguntas al principio a las que Vandana Shiva respondió por correo electrónico el 7 de mayo.

Basta ! : ¿Cómo analiza la crisis del COVID-19? ¿Se puede hablar de crisis ecológica?

Vandana Shiva : No estamos ante una sola crisis, hay tres que intervienen simultáneamente: la del COVID-19, la de los medios de subsistencia y, de rebote, la del hambre. Son las consecuencias de un modelo económico neoliberal basado en el beneficio, la avidez y una globalización que llevan a cabo las multinacionales. Esta situación tiene un fundamento ecológico: por ejemplo, la destrucción de los bosques y de sus ecosistemas favorece la aparición de nuevas enfermedades. Estas tres crisis llevan a la creación de una nueva clase, la de las personas a las que denomino “las dejadas a su suerte”, explotadas por el neoliberalismo y la emergencia de dictaduras digitales. Hay que tomar conciencia de que la economía dominada por el 1 % no está al servicio del pueblo y de la naturaleza.

¿Puede la crisis del coronavirus reforzar, precisamente, el poder de este “1 %” y de los “filantrocapitalistas” como Bill Gates, figura central de su libro?

Esta crisis confirma mi tesis. Bill Gates lleva a cabo sus planes de salud, agricultura, educación e incluso de vigilancia. Durante 25 años de neoliberalismo el Estado se ha transformado en Estado-empresa y ahora se observa una transformación en un Estado de vigilancia apoyado por el filatrocapitalism. Este 1 % considerá inútiles al 99 %: su futuro es una agricultura digital sin campesinos, unas fábricas completamente automatizadas sin trabajadores. En estos tiempos de crisis del coronavirus tenemos que oponernos, e imaginar nuevas economías y democracias basadas en la protección de la tierra y de la humanidad.

Usted equipara este control con una nueva forma de colonización e incluso califica a Bill Gates de “Cristóbal Colón de los tiempos modernos”, ¿a qué se debe esa comparación?

A que Bill Gates no hace otra cosa que conquistar nuevos territorios. No es simplemente filantropía, en el sentido de un don a la colectividad, como siempre ha existido en la historia. En realidad son inversiones que le permiten crear unos mercados en los que Gates adquiere unas posiciones dominantes. En el capitalismo hay unos interlocutores que hacen beneficios, pero con la filantropía Bill Gates dona algunos millones ¡pero acaba por tomar el control de instituciones o sectores que valen varios miles de millones! Esto se ve claramente en la sanidad o la educación, que él contribuye a privatizar y a transformar en verdaderas empresas.

También es el caso de la agricultura en la que Bill Gates utiliza las tecnologías digitales como nuevo medio para hacer entrar las patentes. La primera generación de OGM, que se suponía iba a controlar los parásitos y las malas hierbas, no ha cumplido sus promesas, pero Bill Gates continúa poniendo dinero para financiar la edición del genoma, como si la vida no fuera más que un copiar y pegar, como en Word. Impulsa esta técnica e incluso ha creado una empresa especialmente para ello, Editas. Bill Gates quiere jugar a ser el amo del universo imponiendo una sola y única forma de hacer las cosas: una sola agricultura, una sola ciencia, un solo monocultivo, un solo monopolio. Es también lo que trata de hacer ala abordar el problema del cambio climático.

¿Cómo?

Promueve su solución: la geoingeniería, que es la modificación a propósito de las condiciones meteorológicas y del clima. Es una idea estúpida, no es ecológica y es completamente irresponsable porque ataca la luz solar para hacer mecánicamente un “enfriamiento planetario”. El problema no es el sol, que nos es indispensable, sino los combustibles fósiles y nuestro sistema industrial y agrícola. Habla a todos los jefes de Estado de la geoingeniería. Recuerdo sobre todo la COP 21 (Conferencia sobre el Cambio Climático) en París en 2015, en la que estaba por todas partes. Era increíble, estaba en el escenario con los jefes de Estado, se comportaba como si fuera el cabeza de cada gobierno. Nunca había visto algo parecido en 40 años de carrera en las instituciones de la ONU, es una auténtica transformación.

¿Diría usted que ahora es más poderoso que algunos Estados o instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial?

Es mucho más poderoso. Cuando el Banco Mundial quiso financiar la presa de Sardar Sarovar en India a finales de la década de 1980 hubo protestas y el BM acabó por recular [Narendra Modi inauguró la presa en 2017 gracias a otros circuitos de financiación y se convirtió en la segunda presa más grande del mundo, ndlr]. La impunidad del Banco Mundial tiene sus límites, no se puede librar de sus responsabilidades, mientras que Bill Gates, por su parte, sigue evitando los obstáculos, siempre. Aunque fracase en un lugar, tratará de desregularizar en otro.

Me he dado cuenta de que lo que logramos detener en India Bill Gates lo financió para implantarlo en otro lugares, como los OGM: por ejemplo, en 2010 Monsanto trató de introducir una berenjena OGM. India ha sido un terreno de experimentación para desarrollar nuevas tecnologías destructoras. El ministro de Medioambiente organizó audiciones públicas para saber qué opinaban de ello los campesinos, los consumidores y los científicos. Siempre digo que es la primera vez que una verdura era objeto de un debate democrático profundo…

La berenjena OGM se prohibió a raíz de estas consultas, pero Bill Gates encontró después un medio de financiarla y promoverla en Bangladesh. Ahora bien, si se aprueba en Bangladesh, inunda obligatoriamente India puesto que se trata de una frontera no controlada. Ahora Bill Gates la emprende con África, donde mete miles de millones de dolares para promover una nueva revolución verde, con productos químicos y OGM, y obligando a los países africanos a cambiar sus leyes para autorizar estas semillas.

¿Cómo explica semejante poder hoy en día?

Gates ha creado e invertido 12 millones de dólares en la Cornell Alliance for Science, que se presenta como una institución científica, pero que no es sino un órgano de comunicación. Cada vez que hay un debate, trae a esta “institución” que elabora una propaganda engañosa a favor de la biotecnología. Como es Bill Gates, el New York Times y CNN hablarán de ello y le dedicarán la portada… Para él la filantropía es solo un pretexto, a través de ella favorece sus propios intereses e influye en las políticas gubernamentales. Es una forma muy inteligente de entrar en el juego sin plegarse a sus normas, porque si una empresa dijera a un gobierno “aquí está mi dinero, haz esto”, no funcionaría, con toda seguridad se echaría a la empresa. Bill Gates, en cambio, juega con su imagen. La gente todavía lo ve a través de Microsoft, como un genio y un gigante de la informática. Sin embargo, hay ingenieros brillantes que lo han hecho mucho mejor y han luchado para mantener softwares de libre acceso y un Internet abierto, al contrario que él. Bill Gates no es un inventor, ha introducido las patentes y así es como ha levantado su imperio.

En su libro insiste también en la utilización de la tecnología y de los algoritmos…

Se ha elevado la tecnología al rango de religión. Se ha convertido en la religión del 1 %, del mismo modo que en Estados Unidos la cristiandad dio legitimidad al 1 % de la época para exterminar al 99 % de las personas amerindias en nombre de la “misión civilizadora”. Actualmente hay millones de personas a las que se quiere “civilizar” con estas nuevas herramientas de comunicación o de pago. Por otra parte, la tecnología es algo más que una herramienta. Es un instrumento de poder muy poderoso para reunir información que después se puede manipular para diferentes propósitos. Estas tecnologías se utilizan a diario, pero son sobre todo otra forma más de controlar.

También detrás de esta revolución digital encontramos a Bill Gates. Por ejemplo, ¡desempeñó un papel fundamental en la desmonetización de India! Obviamente, hacer desaparecer el dinero en efectivo para desarrollar las transacciones digitales es una forma de acelerar la revolución digital de la que él se beneficia. Ahora bien, de la misma manera que las patentes de las semillas son un intento deshonesto cuyo objetivo es poner a los agricultores “fuera de la ley” al declarar ilegal el guardar las semillas, la “desmonetización” perturba directamente las prácticas económicas de la mayoría, que representa el 80 % de la economía real de India. Es una forma de dictadura tecnológica. En ninguno de los dos casos el resultado de ello es una elección soberana del pueblo indio.

Y al mismo tiempo la gente acaba votando en las urnas a los representantes de esta política del 1 %, como, por ejemplo, en India donde Narendra Modi fue reelegido por un amplio margen el año pasado. ¿Es como si hubiera una nueva forma de “servidumbre voluntaria”?

¡Ya no estamos realmente en una democracia electoral honesta, donde la gente vota con pleno conocimiento y conciencia de lo que está en juego! Hoy en día los algoritmos conforman en gran medida al sistema electoral. En las últimas elecciones en India se autorizó a las empresas y a los particulares a hacer donaciones anónimas a los partidos políticos, lo que significa que las mayores empresas del mundo pudieron financiar las elecciones, algo que hasta entonces era ilegal. El resultado de ello es que la gran mayoría de estas donaciones llegaron a las arcas de un solo partido [el BJP, la derecha nacionalista, actualmente en el poder, ndlr]. Las elecciones indias costaron más caras que las estadounidenses, a pesar de que India está lejos de ser un país rico. Por consiguiente, podemos preguntarnos de dónde viene ese dinero… Es imposible tener una democracia honesta y funcional si el pueblo ya no vota de forma soberana. Todo el reto político para el 1 % es esta pérdida de autonomía, en todos los ámbitos.

La elección del término “1 %” puede parecer un tanto simplista, ¿por qué le parece un término apropiado hoy en día?

El 1 % es en sí un valor aproximativo, yo hablo sobre todo de unos pocos multimillonarios que controlan la mitad de los recursos del planeta. Estos miles de millones van directamente a unos fondos de inversión. Antes las entidades más grandes eran algunas empresas: Monsanto, Coca-Cola… Hoy son enanas. Son propiedad de los mismos fondos de inversión: BlackRock, Vanguard, etc. En realidad hay una sola economía, la del 1 %. Ellos son quienes destruyen, los demás, el 99 %, está excluido. Son los parados de hoy y de mañana, los campesinos desarraigados, las mujeres a las que se deja de lado, los pueblos indígenas a los que se asesina. Las personas que conforman el 99 % no son las responsables, son las víctimas. El 1 % es el responsable de los daños. Y nombrar a este “1 %” es formar un “nosotros” que, juntos, puede pedirles cuentas. Tenemos el derecho, el deber y el poder de hacerlo. Es una invitación a la solidaridad y a la acción. Es necesario que el 99 % se alce.

Por Barnabé Binctin y Guillaume Vénétitay | 13/06/2020 |

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Fuente: https://www.bastamag.net/Vandana-Shiva-fondation-Bill-Gates-philanthropie-capitalisme-neo-colonialisme-covid-Inde

Publicado enInternacional
Las precarias condiciones de las prisiones de América Latina aumentan los riesgos para los reclusos. Christiano Antonucci / SECOM MT

El hacinamiento sigue marcando el combate frente a la covid-19 en los centros penitenciarios de América Latina. El aumento del estrés en los centros ha provocado irremediables motines.

 

Dignificar contrarreloj el sistema de prisiones en América Latina para evitar subir un nuevo peldaño en la tragedia provocada por la covid-19 está resultando ser exactamente tan improbable como se imaginaba. La pandemia representa un cruel desafío para repensar el cómo, el porqué y el para qué de los centros penitenciarios en la región, pero ninguna innovación importante ha venido al rescate.

No se puede corregir de la noche a la mañana el primer problema de la lista: el hacinamiento. El encarcelamiento en masa es marca de la casa y cuna de violencia. La mitad de los internos está a la espera de juicio, y el objetivo de la reinserción se ha dejado de lado. Las celdas colectivas de las cárceles latinoamericanas no se definen por la división del espacio para dos, tres o cuatro personas, sino que se calculan para acoger a cuarenta y cincuenta presos, llegando incluso a cobijar a más de ciento cincuenta en las prisiones más sobrepobladas.

La mayoría de los obstáculos estructurales proceden de este hacinamiento. Enfocando exclusivamente a aspectos de higiene, fundamental siempre y vital frente a la pandemia, el sistema de suministro de agua de prisiones diseñadas para ochocientos internos pero que amparan a dos mil quinientos no soporta semejante demanda. En esos casos, el agua corriente solo está disponible una serie de horas al día, y hay que disputársela.

La cancelación de las visitas fue una de las primeras medidas cuando la covid-19 cruzó el océano Atlántico, una resolución lógica ante la amenaza desconocida, pero ha derivado en un creciente malestar entre los presos, que agita una tensión ya de por sí elevada. Lo primero que se denunció fue la ruptura de la comunicación entre los internos y sus familias. Llevan dos meses y medio sin noticias de ellos. No se han articulado las debidas alternativas telefónicas, ni mucho menos las opciones de comunicación a través de internet.

Son esas visitas, por otro lado, las que "palían las necesidades básicas, como la alimentación, la medicación o la vestimenta", recuerda para este reportaje Alcira Daroqui, directora del Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos de la Universidad de Buenos Aires (GESPyDH). "Y los que hacen visitas no solamente asisten a sus familiares, sino que los presos ponen bastante de lo que les llevan al servicio del grupo con el que están en el pabellón, lo que se llama la ranchada". En la provincia de Buenos Aires, al menos, se ha autorizado que los familiares puedan enviar paquetes. "Eso y reconocer que no les damos de comer es lo mismo", se lamenta Daroqui.

El estrés fue en aumento en los presidios hasta desembocar en bruscas insurrecciones. Sucedió en Villa Devoto y Florencio Varela, en Argentina (treinta heridos), en Manaus, Brasil (17 heridos), y también en Perú. "El Estado comenzó a tomar acciones cuando se produjeron una serie de motines en los centros, que culminaron con el principal, que fue el de Castro Castro (Lima)", comenta para Público el investigador Stéfano Corzo, del Instituto de Defensa Legal (IDL). Nueve muertos hubo en Castro Castro, politraumatismo por proyectil de arma de fuego. A ochocientos kilómetros de allí, en la penitenciaría de Picsi, se repitió la misma situación de revuelta, con otros dos fallecidos. Solicitaban los presos un trato humano y digno frente a la pandemia, y solo así el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) comenzó a publicar información transparente, aunque con cuenta gotas, de lo que sucedía en sus centros.

Perú fue el primer país de la región que canceló visitas a los internos, pero ni aun así ha conseguido controlar la situación. "Donde no se tomaron medidas suficientemente adecuadas fue en el equipamiento de bioseguridad con el que debía contar los 11.000 funcionarios del INPE que trabajan dentro del sistema carcelario peruano", indica Corzo. "Fue un sector atendido tardíamente, y cuando fue atendido el virus ya había entrado en las cárceles".

La transparencia esporádica que ha ido surgiendo del INPE peruano deja resultados tan sorprendentes como los de las 450 pruebas rápidas (350 para reclusas y 100 para empleados) que se aplicaron este miércoles en la cárcel para mujeres de Chorrillos. "De ese total, 310 pruebas en internas resultaron positivas. 303 son asintomáticas y 7 presentan algún síntoma leve", notificaba el informe oficial. El porcentaje de contaminación en Chorrillos es del 88,6%.

En México hay datos que también inquietan. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos está siendo la encargada de visitar los centros penitenciarios y exigir el cumplimiento de las medidas básicas para proteger a la población privada de libertad. "Preocupa a este Organismo el índice de letalidad en las prisiones en comparación a los datos nacionales reportados", alertaban en su último informe hasta la fecha, publicado el 4 de junio. 60 fallecimientos entre los 429 casos confirmados sitúan la tasa de mortalidad en el 15,9% dentro de las cárceles mexicanas. El índice nacional es de 11,8%.

En el caso específico de Brasil, las unidades sanitarias prisionales transitan ajenas al sistema público de salud, funcionan en paralelo y, por si fuera poco, sin el armazón más básico. La población privada de libertad no se encuentra entre las prioridades, por eso algunos reclusos enfermos han llegado ya sin vida al ambulatorio de destino tras una atención insuficiente en su centro penitenciario. Por otra parte, ante la falta de datos fiables, sobre todo tras los intentos de maquillaje de las cifras oficiales por parte del Ejecutivo de Jair Bolsonaro, las organizaciones de la sociedad civil tratan de calcular los estragos de la pandemia en las cárceles cotejando las estadísticas de fallecidos por neumonía o síndrome de respiración agudo.

32.500 personas liberadas en el sistema prisional brasileño

La Pastoral Carcerária Nacional es una de las instituciones más activas por los derechos de los presos en Brasil. Organizaban visitas quincenales, hasta mediados de marzo. "Poco o nada sabemos de ellos ahora", explica el Padre Gianfranco Graziola, uno de los asesores de la organización. "Tenemos información cuando alguien va a salir, o a través de algunos parientes". Graziola acepta amargamente que el trato digno dentro de los muros de la prisión es prácticamente una causa perdida, porque a la sociedad poco le importa: "Continúa la mentalidad excluyente, siempre se les tratará como delincuentes, y, en realidad, solo son personas que erraron".

La Recomendación 62, redactada por el Consejo Nacional de Justicia brasileño (CNJ), nació al inicio de la crisis como un incentivo a los magistrados para reformular las condenas de "personas en grupos de riesgo y en la fase final de las penas que no hubieran cometido crímenes violentos o con grave amenaza como robo con resultado de muerte, homicidio o violación, y que no pertenezcan a organizaciones criminales". 32.500 personas han sido retiradas de las unidades prisionales brasileñas en los últimos tres meses atendiendo al dictado, señala el informe del CNJ, con la adaptación para otros formatos como prisión domiciliar o monitoramiento electrónico. "Se trata del 4,78% del total de personas privadas de libertad, excluidos el régimen abierto y los detenidos en comisarías". La Recomendación 62 acaba de ser renovada por otros 90 días.

Para el Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos de la Universidad de Buenos Aires, al final la mirada se vuelve a dirigir, de una forma u otra, hacia el encarcelamiento en masa. Porque inexorablemente "el debate que trae la pandemia es a cuántos se debería liberar, cuando lo que se debería debatir es cuántos no tendrían que haber ingresado nunca". En las prisiones federales argentinas, cuenta Alcira Daroqui, hay personas "condenadas a ingresar en la cárcel por quince días".

río de janeiro

13/06/2020 11:06 Actualizado: 13/06/2020 11:13

víctor david lópez

@VictorDavLopez

Publicado enSociedad
Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

¿Cómo ha sido afectada y ha respondido Cuba a la pandemia por covid-19? Este artículo brinda luces sobre el particular, con mirada hacia países de América del Sur, buscando aprender lecciones sobre las condiciones en que los sistemas de salud aprovechan las capacidades de la Atención Primaria en Salud (APS) en la prevención y control de la infección por el Sars-COV-2 que, al decir de la OMS, llegó para quedarse. Una dimensión importante por explorar dado que en nuestra región, tras las reformas neoliberales, muy pocos sistemas de salud han dado un lugar a la APS –descalificada, desfinanciada, invisibilizada.

Con su avance que va copando territorios, el 11 de marzo el gobierno cubano confirmó los tres primeros infectados en la isla, seis días después el primer fallecido. Setenta y tres días después, el pasado 23 de mayo, la pandemia registraba 1.916 casos certificados, 81 fallecidos, 1.631 recuperados y una prevalencia en el sexo masculino del 52 por ciento.


A diferencia de países como Brasil, Perú o México, donde la pandemia se ha disparado, en Cuba la tasa general de incidencia acumulada de nuevos casos confirmados de covid-19 por 100 mil habitantes era de 17.1 y la tasa de incidencia en los últimos 15 días de 1.67. De estar por encima del 4 por ciento de casos nuevos confirmados en el algún momento, para finales de mayo había disminuido su cantidad al 2 por ciento en las muestras estudiadas. La isla, además, ha ostentado un reducido porcentaje de casos graves (7,6%) y críticos (3,3%), un alto porcentaje de recuperados hospitalizados (87.9%) y un bajo porcentaje de desenlace letal (4,08%).


“Viven como pobres, pero mueren como ricos”

“Es un logro de la revolución”, lo dicen propios y extraños. En Cuba la salud pública es considerada un derecho de todas las personas, con el Estado como el responsable de garantizarlo. Para materializarlo, se ha creado un sistema público estatal de salud de acceso universal en todos los niveles, con énfasis en servicios de prevención y educación, con participación de la sociedad y las familias, y sustentado en los valores de solidaridad, equidad y derecho a la salud.


El gobierno, que es de orientación comunista, ha priorizado la salud en el desarrollo humano del país. Según declaración reciente en Prensa Latina de José Luis Ponce, embajador de Cuba en Colombia, el sistema tiene “150 hospitales: 22 pediátricos, 54 generales, 27 clínico-quirúrgicos, 13 gineco-obstétricos y 12 institutos de investigación; además, 449 policlínicos y 10 mil 869 consultorios médicos comunitarios con atención domiciliaria de cercanía, base fundamental del sistema preventivo de salud, con más de 95 mil médicos, 85 mil enfermeros y 58 mil técnicos y auxiliares de la salud”. Actualmente tiene una relación de 90 médicos por 10.000 habitantes. Con su sistema de salud, Cuba materializa el ideal de salud integral para todos y todas. Por eso es común oír decir a su gente que “Viven como pobres, pero mueren como ricos”.


La respuesta

La movilización en Cuba para detener el avance del virus, es múltiple, integrando políticas de Estado, de gobierno y al conjunto social. Una acción combinada, que con el apoyo de una parte de la comunidad internacional ha logrado los resultados acá retomados.


A la cabeza de esa acción múltiple están el Presidente de la República y el Primer Ministro. Guían su acción los principios de prevención y control de la pandemia, para lo cual organizan el trabajo de las instituciones, el funcionamiento de las diversas áreas, la regulación del comportamiento de las personas, la vigilancia activa en salud pública y la atención médica oportuna, la ayuda a los grupos vulnerables a través de la acción intersectorial, y la solidaridad y participación de las comunidades y de las organizaciones de masas.


Con una acción incluyente, al principio de la pandemia se organizaron audiencias sanitarias en las cuadras, centros de trabajo y de estudio para explicar a la población de qué se trataba esta situación, socializar las propuestas de respuesta del gobierno, y con la ayuda del personal de salud, definir cómo enfrentar la propagación del virus. Los medios de comunicación y las redes sociales han difundido información científica y reforzado las políticas oficiales de confinamiento y prevención en general.


Garantías

Tanto el Partido Comunista, el gobierno, los expertos y las organizaciones de masas contribuyen a la decisión e implementación de las medidas de aislamiento social y distanciamiento físico. Pese al impacto que sobre su economía tendría la suspensión de vuelos internacionales turísticos, fue una de las primeras medidas tomadas, condición fundamental para evitar la importación recurrente del virus. En simultáneo se procedió facilitando el regreso a sus países de los turistas, con todas las medidas de prevención y control por parte del personal médico. Las mismas medidas fueron adoptadas con respecto al transporte marítimo y terrestre.


Al mismo tiempo, y buscando crear condiciones para garantizar que la población cumpla las medidas de aislamiento y distanciamiento social, los núcleos corrientes de personas vulnerables –concepto que no está asociado a ingresos insuficientes– se han ampliado con otros como los adultos mayores que viven solos, personas en discapacidad, madres solteras con hijos menores y los enfermos crónicos, de los cuales tienen contabilizados 606 mil 945. Los grupos vulnerables son asistidos por el Ministerio de la Seguridad Social a través de trabajadores sociales, personas que han tenido que reubicarse laboralmente, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).


Para que no tengan que salir de sus casas, los trabajadores sociales y los otros trabajadores vinculados a esta acción, apoyan a los vulnerables en actividades como trámites personales, entrega de ayudas monetarias, servicio de alimentación organizado en la comunidad, entrega de alimentos controlados, pago de pensiones y prestaciones de la seguridad social. Las personas con ingresos insuficientes, en condiciones corrientes unas 112 mil, que no están en condiciones de trabajar ni tienen apoyo familiar, también son atendidas por estos trabajadores.


Una acción preventiva y solidaria que integra más sectores. Es así como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación Médica de Cuba (FMC) enfatizan en la atención y entrega de alimentos a grupos vulnerables, confección y entrega de tapabocas, apoyo a la enfermera y médico de familia en la pesquisa de sintomáticos y contactos, limpieza e higienización de hogares de ancianos con ayuda de jóvenes activistas, fomento del compartir el cuidado doméstico, prevención de la violencia de género, apoyo a las familias de las trabajadoras de la salud expuestos, apoyo a los equipos básicos de salud para que lleguen a las embarazadas en zonas de riesgo, traslado de alimentos a hogares maternos y centros de aislamientos y atención a niños sin amparo, prisiones y centros de aseguradas.


Por su parte, la Federación de Estudiante Universitarios (FEU) participa en las labores de detección temprana del virus en las comunidades a través de estudiantes de medicina y otras áreas, en la distribución de alimentos y medicamentos, tareas de higienización y limpieza de calles en zonas declaradas en cuarentena, organización de las colas y vigilancia de calles, preparación de desinfectantes, producción de alimentos, trabajo en los laboratorios con la aplicación de pruebas PCR, instruyen a la población en cómo usar el pesquisador virtual, y obviamente en promover quedarse en casa.


Quien viole las medidas de aislamiento y distanciamiento social y se convierta en agente de contagio del virus, o entre en actividades ilícitas (revendedores y acaparadores), recibe sanciones drásticas como multas y hasta cárcel, no sin antes haber sido educado en la práctica correcta de las medidas de higiene, protección personal y desinfección, así como cuidar de la violación de las medidas de aislamiento social. Para los cubanos “el momento que se está viviendo reclama el esfuerzo de todos para cumplir con la principal misión: salvar vidas”.


Respuesta del sistema de salud


De manera simultánea, el consolidado modelo de medicina familiar con que cuenta el país despliega un fuerte componente de vigilancia en salud pública, apoyado en la asistencia de una aprestigiada red hospitalaria integrada a la salud pública y a la atención primaria a través de los policlínicos comunitarios.
Acción para la cual las capacidades hospitalarias dispuestas ante la covid-19 incluyen 20 hospitales con 5.000 camas de hospitalización que hoy sólo tienen un 29 por ciento de ocupación, y 477 camas de cuidados intensivos con un 8 por ciento de ocupación. Además, 54 centros para sospechosos, 248 de vigilancia de contactos y 40 para la atención de viajeros. Lo anterior indica que la sobrecarga del sistema de salud por pacientes en necesidad de hospitalización y terapia intensiva no ha sido fuerte y la oferta para atenderla es más que suficiente.


Para este proceder, la fuerza de trabajo en salud dispuesta para atender la pandemia es significativa, mucha de la cual, como en otros países, ha sido afectada por el virus en los distintos espacios de trabajo. La mayor dificultad para evitar el contagio está en la disponibilidad de Equipos de Protección Personal. Para el 17 de abril había 92 trabajadores de la salud positivos, 5 estudiantes de medicina y 5 colaboradores, la mayor parte de ellos médicos y enfermeras.


La APS


Según su organización, la base del sistema de salud y la puerta de entrada al sistema de atención reposa en el Programa de Trabajo del Médico y la Enfermera de Familia –que es un modelo de APS centrado en la persona, la familia y la comunidad, con proyección territorial e intersectorial de salud–. El modelo incluye un Equipo Básico de Salud (EBS) integrado por un médico y una enfermera de familia –que trabaja en un consultorio de familia de barrio–, 15 a 20 EBS por Área de Salud (Grupo Básico de Trabajo -GBT) de entre 20 a 30 mil personas, articulados con un policlínico comunitario y un hospital de referencia.


Las actividades básicas de los EBS son los dispensarios, el análisis de la situación de salud de la comunidad, la atención domiciliaria y de personas en estadio terminal. Cada EBS tiene a cargo una población de 1.500 habitantes, organiza su trabajo a través del modelo de planificación de acciones en salud, y el médico de familia prioriza las actividades de consulta y realiza dos visitas en terreno por semana. Los GBT, apoyados en especialistas básicos y técnicos en salud, comparten la responsabilidad de atender la totalidad de la población de su área, de estudiar sus problemas comunes y resolverlos.


La operatividad de los EBS –puerta de entrada– y del Policlínico –primer nivel de atención que además sirve de centro de apoyo y coordinación de las actividades de los EBS– mejoró desde la implementación de la formación en medicina general con perfil de salida orientada a la APS y una nueva especialidad –la medicina general integral, que es la especialidad de todos los médicos de familia– con competencias y desempeño centrados en la atención individual, familiar, comunitaria y del ambiente.


La operatividad ha mejorado, hay que resaltarlo, al vincular varias especialidades al policlínico del primer nivel de atención –pediatría, ginecología, obstetricia, medicina interna, piscología, optometría, entre otras– y al acercar a éste varios servicios de salud –ultrasonido, endoscopia, drenaje biliar, optometría, estomatología, rehabilitación integral, medicina natural y tradicional, entre otros–; al articular mejor los EBS y los policlínicos en perspectiva de complementariedad, y al modernizar la coordinación de las acciones entre la red, y entre ésta y la población, mediante el uso de la tecnología electrónica y digital. La continuidad de la atención se garantiza a través de la red integrada de consultorios de familia, policlínicos y los respectivos hospitales de referencia. En esta estructura y proceder, las acciones de vigilancia en salud pública también forman parte integral de los procesos locales de la APS en los EBS y en los policlínicos comunitarios.


La APS y su papel en la pandemia


Acá tenemos el proceder fundamental. La APS participa en las labores de prevención y control de la pandemia a través de acciones de vigilancia en salud y de atención de pacientes infectados desde un enfoque de manejo sindrómico de la infección respiratoria aguda. La búsqueda activa de personas con esta sintomatología y sus contactos se hace de modo geo-referenciado en los domicilios y comunidades a través de los servicios de atención primaria comunitaria, y mediante aplicaciones virtuales de libre uso ciudadano.


Los EBS definen si los pacientes sospechosos se quedan en casa para observación, se les remite a sitios de aislamiento –si su estado clínico es leve o moderado– o si se remiten a más altos niveles de complejidad por riesgos de ser enfermos graves o en estado crítico. En Cuba no se atienden pacientes confirmados ni sospechosos por la covid-19 en los domicilios, son ingresados en hospitales. Los contactos estrechos son sometidos a vigilancia permanente en centros de aislamiento designados. Los pacientes confirmados, sospechosos y sus contactos no deben acudir a espacios habituales de atención de pacientes con otras patologías.


Desde los consultorios barriales los médicos y enfermeras de familia, y desde las policlínicas comunitarios otros profesionales, incluidos los estudiantes de medicina y estomatología, con apoyo de la comunidad, hacen vigilancia oportuna, búsqueda activa y seguimiento diario casa a casa de casos sospechosos y contactos estrechos, incursionan en lugares silenciosos, y vigilan la población del área respectiva de los territorios de los policlínicos para observar su estado de salud, aplicar las medidas de prevención, y detonar estrategias de cuidado, protección y desinfección. Este personal educa en las comunidades y en los sitios de trabajo. En esta lógica se realizan cercos sanitarios completos con aislamiento intensificado de la población en lugares con brotes de la infección como instituciones de transporte, tiendas, barrios, hospitales, hogares de ancianos, centros de protección social y poligráficos.


La atención de los sintomáticos respiratorios que llegan por voluntad propia o remitidos a los policlínicos, comienza con el triaje que hace una enfermera a la entrada, cumpliendo las medidas de higiene del paciente (lavado de manos, desinfección) y de protección personal (uso de tapabocas); a partir del triaje se derivan los pacientes sospechosos a un área diferenciada de enfermedades respiratorias donde son atendidos por un médico y una enfermera, personal que está disponible 24 horas. Allí mismo se dispone una sala especial de aislamiento de los pacientes que lo requieran. De esta sala el paciente puede ser remitido al nivel de complejidad correspondiente, según la severidad de la enfermedad y la nacionalidad de la persona. Los pacientes asintomáticos son vigilados en su domicilio por el respectivo equipo básico de salud, conformado por un médico y una enfermera de familia, que les toman la temperatura dos veces por día durante dos semanas, y los contactos de pacientes sospechosos y confirmados se mantienen en centros de aislamiento designados.


Este personal también recomienda las medidas de lavado de manos, uso de tapabocas, desinfección de lugares y objetos con agua clorada. Tienen una aplicación tecnológica virtual de uso ciudadano para la auto pesquisa, que permite identificar en tiempo real casos sintomáticos y sospechosos y adoptar conductas de vigilancia en salud desde los policlínicos, Grupos Básicos de Trabajo y Equipos Básicos de Salud. Se prioriza la atención del personal de salud que está en la primera línea de combate con equipos de protección personal, descanso, alojamiento y alimentación en los hospitales y centros de aislamiento, y aseguramiento de las familias.


Una acción pública, integral y que vincula a toda la población, que además lleva a cabo atención sicológica por teléfono a quien llame y promueve la solidaridad y el compañerismo frente a las personas en aislamiento o cuarentena. Con frecuencia en las noches hay escenas de aplausos colectivos a los vecinos de viviendas en vigilancia por casos sospechosos o con familiares que habiendo estado en centros de aislamiento retornan a sus hogares. Personas que saben usar máquinas de coser, con retazos de tela apropiada fabrican tapabocas para uso familiar, de amigos y vecinos, y los entregan como un granito de arena de cada cual al cuidado de todos y todas.


Fundamental en el papel de la APS ha sido poder contar con un sistema de salud estatal, universal y de acceso gratuito, que en la base de su construcción ha decidido colocar la prevención y control de las epidemias, el tratamiento oportuno de las mismas y la promoción de la salud, a través de un modelo de medicina familiar y comunitaria con mirada territorial e intersectorial. Junto a la APS, distingue a Cuba su importante inversión en investigación, innovación tecnológica, producción y uso de medicamentos, lo que explica en parte que más del 86 por ciento de los pacientes hospitalizados hayan sido salvados y la alta proporción que no ha tenido que llegar a estado grave y crítico.


En su conjunto, el camino efectivo de Cuba en la prevención y control de la pandemia desde el sistema de salud y la APS puede muy bien resumirse en el argumento de Ricardo Pereda González, coordinador de expertos del Ministerio de Salud Pública: “El uso de los protocolos adecuados, las acciones preventivas, el intercambio constante entre los equipos de trabajo y el uso de la información actualizada para optimizar los tratamientos ha permitido que en Cuba el índice de los pacientes que pasan a la gravedad sea la mitad del promedio mundial y que se hayan logrado éxitos en la recuperación efectiva de pacientes graves y críticos”.

*Profesor Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá - Colombia

“Impacto de cambio climático será similar a efectos de covid-19”

Entrevista a Paulo Artaxo Netto, miembro del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)

La pandemia del nuevo coronavirus y sus efectos socioeconómicos indican que el sistema económico actual, basado en la explotación de los recursos naturales para obtener más ganancias, necesita cambiarse urgentemente, advierte el físico brasileño Paulo Artaxo, profesor del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo y miembro desde 2003 del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático.

Para él la pandemia de covid-19 es una muestra de la sobreexplotación de la naturaleza practicada durante varias décadas, que facilita la transmisión de miles de virus que existen en los bosques. Y si bien actualmente el mundo confronta una emergencia de salud, nos encaminamos también a una emergencia climática, alerta.

En el contexto del Día Mundial del Ambiente (este viernes 5 de junio), SciDev.Net habló con Artaxo sobre el impacto de la covid-19 en el tema ambiental y los peligros de la destrucción de los ecosistemas naturales. O el sistema económico cambia en su conjunto o no hay solución para el planeta, advierte.

*

¿El vínculo entre epidemias y problemas ambientales es más evidente ahora?

Está claro que la pandemia de covi-19 no se produjo por accidente ni es un accidente en el camino. Es producto de la sobreexplotación de la naturaleza practicada durante varias décadas. Una consecuencia de este modelo productivo es el contacto muy estrecho entre nuestra sociedad y los ecosistemas naturales, lo que facilita la transmisión de los virus que existen en los bosques.

El Amazonas, por ejemplo, tiene miles de virus, quizás similares al nuevo coronavirus, presentes en la fauna y la flora. La gran mayoría aún es desconocida para los científicos. Otro efecto de la exploración desenfrenada de la naturaleza es el cambio en la composición de la atmósfera en áreas urbanas o remotas, con un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero. Esto también está llevando a una crisis de emergencia climática que nuestra sociedad aún no ha comenzado a abordar.

¿Qué lecciones podemos aprender de esta pandemia?

Esperemos que los fuertes impactos de la covid-19 alerten a los gobiernos, las industrias y la clase dominante acerca de los peligros de exponer a la sociedad a los efectos de un sistema económico basado en la explotación de la naturaleza. El modelo socioeconómico actual puede comenzar a desmoronarse si crisis como esta se vuelven más frecuentes.

La covid-19 puede durar hasta dos años, pero la crisis climática se extenderá durante varios siglos. Y la crisis de pérdida de biodiversidad es para siempre. El impacto potencial del cambio climático es tan grande como los efectos de la pandemia y costará millones de vidas. El problema es que no vemos actuar al sistema económico, porque solo le interesa una cosa: obtener el mayor beneficio en el menor tiempo posible. Esto va en contra de los intereses de la humanidad.

Los efectos inmediatos de la crisis climática ¿serán menos notorios que los de una pandemia?

Los impactos de la crisis climática son muy notorios hoy. La temperatura promedio del planeta ya ha aumentado en un grado centigrado y no hay nada más evidente que eso.

Además, el aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos es muy claro.

El problema es que los empresarios solo están interesados en obtener ganancias a corto plazo. No hay emprendedor que planifique para más allá de 5 o 6 años. Las próximas generaciones sufrirán las consecuencias de estos 50 o 100 años a partir de ahora.

No tenemos un sistema de gobernanza que pueda articular los intereses a corto plazo del capital con los intereses a mediano y largo plazo de la humanidad en su conjunto.

¿Cuál es la importancia de las acciones locales destinadas a adaptar y mitigar el cambio climático? ¿Cómo articular contextos locales y globales?

El cambio climático es global. No creo que haya un problema tan local. Por supuesto, hay efectos regionales, pero no locales. Por ejemplo, la región noreste de Brasil experimentará un aumento de temperatura de 4 ºC a 5 ºC con una reducción de 30 por ciento en las precipitaciones en las próximas décadas.

Entonces, Brasil tendrá que pensar dónde ubicar a los 20 millones de brasileños que viven en esa región, porque obviamente será imposible vivir bajo esas condiciones climáticas.

Ahora, ya no existe esta dicotomía entre lo global y lo local. No importa, por ejemplo, si la ciudad de São Paulo electrifica su flota de autobuses y automóviles, pero Estados Unidos continúa aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este caso, no importa lo que la ciudad de São Paulo pueda hacer para mitigar el cambio climático. Esto aporta otra dimensión al problema.

Pero las responsabilidades, sí son locales, ¿no?

Sí, por ejemplo el caso de Brasil en relación con la deforestación en la Amazonía. Básicamente, estamos limpiando 10.000 kilómetros cuadrados al año y emitiendo una gran cantidad, en gigatoneladas, de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. Esto agrava y acelera el efecto invernadero. E incluso conociendo todos los posibles impactos, no hay forma de evitar que Brasil haga este genocidio con el planeta en su conjunto.

Lo mismo se aplica a Estados Unidos, China e India. Necesitamos urgentemente establecer un sistema global que pueda manejar estos fenómenos, porque la economía está globalizada, pero las decisiones sobre el medio ambiente siguen siendo municipales, estatales o nacionales.

Entonces, ¿de nada servirán los esfuerzos tecnológicos y de investigación si el sistema económico prevaleciente no se transforma?

Evidentemente. La pandemia detuvo el transporte urbano durante dos meses en la mayoría de ciudades del mundo. La caída en las emisiones de CO2 fue solo del 4 por ciento. ¿Qué lección podemos aprender de esto? Si electrificamos la flota de todas las ciudades importantes del mundo, la reducción de CO2 seguirá siendo muy pequeña.

Por lo tanto, es necesario promover cambios profundos en la industria, en la agricultura y en la producción de energía a gran escala. Y esto no solo se hace con programas nacionales.

En cuestión de días, el aislamiento social ayudó a reducir las tasas de contaminación en las grandes ciudades. ¿Qué se puede hacer para preservar estas ganancias que ha generado la cuarentena?

Sin cambios profundos en el modelo actual, siempre estaremos dentro del debate sobre el cambio climático, sin poner en práctica acciones globales y concretas para mitigar su daño.

Varios países europeos están considerando aprovechar esta oportunidad pandémica para repensar los límites del desarrollo económico. Esto se debe a que el crecimiento económico hasta el infinito en un planeta con recursos naturales finitos solo existe en la mente de los economistas.

No hay ciencia para apoyar esto. Es así de simple. O el sistema económico cambia en su conjunto, o no hay solución.

Aun así, la sociedad pone sus esperanzas en la ciencia.

Los científicos no tienen poder ni la sociedad nos ha dado la capacidad de tomar decisiones. El científico hace ciencia, no hace políticas públicas. Los científicos dicen que es peligroso aflojar el aislamiento social en este momento, porque podríamos tener miles de muertes adicionales. Esta es una de las principales funciones de la ciencia: alertar a los funcionarios del gobierno. Sin embargo, muchos de ellos están rompiendo el aislamiento social con el argumento de que la economía debe reanudarse.

Es un discurso que gana fuerza en Brasil. Me pregunto: ¿para quién reanudar la economía? ¿Quién va a trabajar en la industria, el comercio y la calle? Ciertamente no serán los poseedores del capital. Estos se encuentran en sus mansiones, en sus hogares y permanecen protegidos. Los trabajadores estarán expuestos a la muerte.

Lo mismo puede decirse sobre el cambio climático global: serán los países más pobres los que sufrirán debido a su capacidad limitada para adaptarse al cambio climático. Los Países Bajos, por ejemplo, han estado planeando durante más de 50 años aumentar el tamaño de sus diques debido al aumento del nivel del mar.

Países como Gran Bretaña tendrán los recursos financieros y humanos para solucionar algunos de los problemas climáticos. Pero, ¿qué pasa con países como Nigeria, Sudáfrica, Paraguay, Bolivia o Brasil? Las desigualdades sociales y las injusticias políticas deben tenerse en cuenta cuando se trata de la adaptación y mitigación del cambio climático.

¿Es optimista sobre el futuro?

Lo que está sucediendo hoy en Brasil es que, como la ciencia no respalda lo que el gobierno actual quiere hacer con la salud, el medio ambiente y la selva amazónica, la ciencia se ha convertido en un enemigo. Los gobiernos de extrema derecha escapan de la verdad tanto como sea posible y se vuelcan exclusivamente para servir sus propios intereses.

La ciencia dice que es muy importante preservar a los pueblos indígenas, porque las áreas mejor conservadas de la Amazonía hoy en día son áreas indígenas. En contraste, lo que el gobierno actual muestra es que no le interesan las recomendaciones de los científicos.

Lo mismo sucede en los Estados Unidos y otros países gobernados por representantes de la extrema derecha. Son gobernantes que se apropian del conocimiento científico solo cuando la ciencia se dirige hacia sus objetivos financieros, y niegan la ciencia cuando muestra un lado diferente al que quieren ver.

Es importante que nos demos cuenta de que no se trata de desacreditar a la ciencia misma. Es otra cosa: es el mal uso de la ciencia para lograr objetivos políticos y económicos turbios. Por lo tanto, no es posible ser optimista hoy, imaginando que, de repente, estos gobiernos promoverán el desarrollo científico y tecnológico de países como Brasil. No creo que este escenario cambie pronto.

¿A qué se refiere con mal uso de la ciencia?

Por ejemplo, la ciencia dice que la deforestación del Amazonas traerá grandes pérdidas al flujo de lluvia en Brasil en las próximas décadas. Además, el Amazonas almacena alrededor de 150 gigatoneladas de carbono en su ecosistema.

Esto equivale a 10 años de todos los combustibles fósiles que se queman en el planeta. Y Brasil está limpiando este bosque tropical a razón de 10 000 kilómetros cuadrados por año.

La ciencia advierte al gobierno que esto traerá grandes pérdidas a las próximas generaciones, no solo de los brasileños y los pueblos indígenas, sino de todo el mundo. Sin embargo, esto no va de acuerdo con los intereses de los terratenientes que explotan ilegalmente el Amazonas y, por lo tanto, la ciencia es vista como un enemigo y necesita ser debilitada, de acuerdo con la lógica del gobierno actual.

Por esta razón, los programas de becas de las principales agencias nacionales de promoción de la investigación se extinguieron y el presupuesto científico sufrió enormes recortes. La ciencia brasileña fue una de las más avanzadas del planeta, pero hoy vemos que los laboratorios están cerrados y los estudiantes abandonan sus carreras científicas, comprometiendo la formación de las próximas generaciones de investigadores. Y todo esto se está haciendo porque la ciencia no legitima lo que el gobierno federal en particular quiere escuchar.

En Estados Unidos vemos una situación similar a esta, pero en Brasil esto se está llevando a las últimas consecuencias. Lleva décadas construir la estructura de investigación en un país, pero desafortunadamente lleva unos pocos años destruirla. Reconstruir la ciencia brasileña llevará muchas décadas.

Por Bruno de Pierro | 09/06/2020

Publicado enMedio Ambiente
“La pandemia va terminar pero el confinamiento va a continuar”

El filósofo observa el aislamiento social, preventivo y obligatorio provocado por el coronavirus en términos de riesgos y oportunidades a futuro. Los temores y la incertidumbre frente a lo desconocido, el barbijo de la pospandemia y la ocasión para repensarse.

 

Su modo es cercano y claro, y entonces la filosofía se vuelve más terrenal, más accesible. Darío Sztajnszrajber es licenciado en filosofía, ensayista y docente. Actualmente conduce “Seguimos Educando”, por Canal Encuentro. Junto a Luciana Peker, por Nacional Rock, “Lo Intempestivo”, y cada lunes “Demasiado Humano”, en la Futuröck. Desde 2011 conduce “Mentira la verdad”, por Encuentro, un programa de filosofía para jóvenes. Es autor de “¿Para qué sirve la filosofía? Pequeño tratado sobre la demolición”, “Filosofía en 11 Frases” y “Filosofía a martillazos”.

--¿Cómo está percibiendo el transcurrir de la cuarentena?

--Creo que la cuarentena no puede ser analizada en sí misma porque no se termina de definir su extensión. Entonces la falta de definición hace que todo lo que digamos sobre el proceso esté siempre abierto al cambio. Una cosa es que la cuarentena dure una semana más, y entonces uno va a pensándose a sí mismo en función de dos meses de confinamiento; otra cosa es saber que puede durar seis meses y uno de algún modo se prepara en función de eso. Pero hay algo de la pérdida de los límites que tiene que ver con la incertidumbre de su final. O sea que no solo no sabemos cuándo va a terminar sino que estamos cada vez más convencidos de que va a quedar en términos espectrales, que hay algo de ese confinamiento que va a quedar de alguna manera impregnando mucho de nuestros lazos sociales. Esa sensación de incertidumbre hacia el futuro genera lo que es típico de las angustias existenciales. No nos olvidemos que una angustia es siempre angustia frente a una nada inasible, hacia la indeterminación. Creo que algo de eso nos pasa.

--En este contexto, ¿qué lugar pasó a ocupar el tiempo?

--Hay un viejo texto de Giorgio Agamben, Infancia e historia, donde dice que cualquier revolución tiene que empezar por una revolución en nuestra concepción del tiempo. Suscribo porque creo que uno de los lugares donde se construye el sentido común hegemónico es en la idea de tiempo lineal y productivo. Ese tiempo lineal y productivo está colapsado, está desquiciado. En el texto de William Shakespeare, cuando ve el fantasma de su padre muerto, Hamlet dice que el tiempo está fuera de quicio. Es muy fuerte la idea de algo desquiciado para hablar del tiempo porque no solo tiene que ver con su desanclaje de los lugares en los que estamos acostumbrados a percibir y vivir la temporalidad sino que también hay una sensación de deriva, de que no podemos terminar de ordenarnos. Frente a este texto, Jacques Derrida escribe Espectros de Marx, tomando justamente la idea del tiempo desquiciado; de algún modo Marx nunca muere, sino que se volvió un fantasma que nos asedia todo el tiempo. Creo que el tiempo desquiciado nos coloca en la figura del fantasma. O sea, nos volvimos medio fantasmas.

--¿Fantasmas en qué sentido?

--En el sentido de que aquellos lugares en los que estábamos acostumbrados a vivir desde ese orden normalizado y cotidiano de algún modo está en crisis. Entonces no entendemos bien la diferencia entre el afuera y el adentro, entre el trabajo y el ocio, no entendemos bien la diferencia, ni hablar, entre el amor y la necesidad. Algo de esas líneas divisorias muy propias de la sociedad normalizada de alguna manera empiezan a perder sus límites. No nos olvidemos de que un fantasma es justamente el que rompe la línea divisoria más fundamental, que es entre la vida y la muerte. En ese sentido hay algo de ese tiempo productivo que está detenido y que entonces nos genera dos opciones: o nos entregamos a otra versión del tiempo con lo que de angustia, incertidumbre, pero también de oportunidad esto trae, o uno se resiste a esta idea y lo que hace es querer volver productiva la vida en cuarentena como inoculando esa productividad propia del sistema en un paréntesis que realmente nos permitiría movernos en otra dimensión. Dadas las resistencias que la situación suscita muchas veces uno sigue poniéndose el despertador cuando no lo necesita, sigue comiendo en los horarios consabidos cuando el cotidiano cambió totalmente de esquema y sobre todo quiere hacer de su paso por el confinamiento un acontecimiento productivo cuando me parece que lo más interesante de lo que sucede es que se pone en jaque la idea de productividad.

--¿A qué le parece que le tememos más, al virus, a lo que pasa dentro de nuestras casas y en nosotros mismos en soledad, a no volver a esa normalidad conocida?

--En realidad la pandemia y la cuarentena son dos acontecimientos completamente distintos. En todos los análisis en los que nos enganchamos lo tomamos como un acontecimiento único. La cuarentena es la forma en que se decidió reaccionar y tomar decisiones preventivas en función de la cuestión médica o biológica, la pandemia. El hecho de la pandemia nos genera obviamente un montón de interrogantes que analizamos desde el punto de vista médico e, incluso, desde el punto de vista filosófico, acerca de lo que son los límites del individuo. Ahora, la cuarentena excede esto porque tiene que ver además con formatos de ordenamiento sociopolítico que variaron en distintas sociedades y donde se ve la diferencia es en lo siguiente: yo creo que en algún momento la pandemia va terminar pero el confinamiento va a continuar. Va a continuar simbólicamente en sus distintas formas y en el modo en que va a terminar impregnando nuestra subjetividad.

--¿En términos de mirar al otro con temor y recelo?

--En el sentido de que en algún momento la pandemia va a terminar pero por ejemplo la construcción del otro como agente de contagio permanente e inminente va a quedar. Y va a quedar durante mucho tiempo. La pandemia va a terminar pero el barbijo va a quedar. Y va a quedar no solo porque lo necesitemos realmente sino porque va a resignificarse en nuestra relación con un otro que se volvió en la pandemia, y desde antes diría, un agente peligroso. ¿Entonces qué me da más miedo a mí? Me da miedo todo, obvio, pero más allá de la pandemia visualizo también, y me da más miedo, estas consecuencias o derivaciones sociales que van a permanecer más allá de la pandemia. Me preocupa que este estado de acuarentenamiento exceda la misma pandemia y se vuelva un formato posible. De alguna forma los que apostamos siempre a la prioridad del otro vemos como que de algún modo estamos perdiendo ahí una batalla.

--Decía recién que cierto aislamiento precede a este momento. En este sentido la tecnología, así como conecta y acerca, también desconecta y aleja.

--Si lo tomamos en términos conceptuales, una concepción individualista de alguna manera ya parte de un aislamiento en términos conceptuales, porque la idea primigenia de que todo descansa en última instancia y como fundamento primero de todo en la idea de individuo supone el encerramiento del sujeto sobre sí mismo. La misma idea de individuo es una idea de aislamiento social que de algún modo pone las relaciones con los otros en un lugar secundario, es decir, todos los otros se vuelven medios a disposición para que uno en términos individuales decida sobre uno y sobre los otros. Muy diferentes es pensarnos en términos comunitarios, donde en realidad el individuo es más bien un efecto, un producto, y donde hay un otro que te está constituyendo todo el tiempo. Por eso digo que hay una idea de aislamiento que está en nosotros desde que nos pensamos en términos individualistas, no en términos individuales. El tema es cuando uno lo coloca o lo endiosa como fundamento primero de todo. En una sociedad, que a mí me gusta llamar neoindividualista, porque tiene estas características nuevas, la tecnología y las distintas situaciones del cotidiano contemporáneo ayudan mucho a esta sensación permanente de estar de algún modo en ciertos confinamientos. Trabajé en algunos libros esta idea del amor mismo que, en lugar de ser una apertura y una entrega al otro, termina siendo siempre la proyección que uno hace de sí mismo en el otro. Y en ese sentido también hablamos de aislamiento, en términos existenciales.

--¿Qué le preocupa más de los vínculos pospandemia?

--Hacia el futuro me preocupa esta especie de espíritu de delación, que es policíaco, es de vigilancia, y de construir sentido en el acto de delatar cuando se supone que el otro transgrede y uno se vuelve juez de las prácticas del vecino. Es decir, que se instale ya ese espíritu de delación como una manera de vínculo social. Una cosa es el Estado teniendo que cumplir un rol de ordenamiento y de cuidado del cumplimiento de la cuarentena y otra cosa son las fuerzas de seguridad copando la vía pública y generando un empoderamiento tal que permanentemente está en la frontera del desbordamiento de sus propias funciones. Una cosa es entender lo que sucede con el coronavirus desde la narrativa militar, y otra cosa es que vuelva a circular en nuestra sociedad la metáfora del enemigo invisible, que la conocemos hace décadas en nuestro país y que realmente no es muy democrática. Por eso creo que una cosa es cuidarse con el barbijo y estar a más de un metro de distancia, y otra cosa es que el barbijo se te vuelva un barbijo mental. Entonces cualquier cosa que pienses en relación con el otro parte de esa idea tan fuerte que expresó Paul Preciado, que dijo que la nueva frontera se ha vuelto el barbijo. Es muy fuerte la idea de que hoy la frontera dejó de ser la frontera nacional y pasó a ser, primero, la frontera de tu casa, y después, la mascarilla.

--¿Cuánto ayudan las narrativas en situaciones como las actuales?

--Creo que los acontecimientos que van sucediendo los terminamos acomodando en las narrativas necesarias para que las cosas nos cierren. No es casual que hoy tengan tanta fuerza las narrativas militares para hablar de la pandemia, o la narrativa religiosa. La narrativa religiosa en el sentido de que esto no lo podemos vivir sino como un apocalipsis o una pandemia de dimensiones bíblicas. Las narrativas se las añadimos nosotros a los hechos. Se produce esa interacción entre el hecho y la interpretación que da esa narrativa que de algún modo por algo surge, para algo vamos por ese lado, algo nos calma y algo nos tranquiliza.

--¿Hay una mayor presencia de este espíritu de delación que describe que de actitudes de solidaridad auténticas?

--En términos generales, yo no he visto hasta ahora una reacción social que implicase una nueva idea de solidaridad o una especie de conversión “evangélica” donde el ser humano frente a todos los acontecimientos de la pandemia se haya vuelto más amoroso o más consciente de las desigualdades y por lo tanto con una práctica proactiva de altruismo generalizado. Esto no significa que no haya compromisos fuertes de mucha militancia y mucho movimiento social que de algún modo sigue haciendo el trabajo que venía haciendo antes. La gente que está ayudando al otro es la gente que ya venía ayudando al otro. Creo que en la mayoría de los casos se respeta la cuarentena más pensando en que no me contagien a mí que en el bien común. En ese sentido creo que en términos de ordenamiento social vivimos en esto que decía antes del neoindividualismo. Hay un cumplimiento de la cuarentena por un cumplimiento de la normativa, además de un convencimiento que tiene que ver con que es un cuidado para uno. Entonces me cuesta que de esa actitud primigenia que tiene que ver con cuidarse uno podamos encontrar la fórmula para poder pensar en una revolución social y en la prioridad del semejante. Esto no quita que, en una hipótesis si se quiere absolutamente temeraria, podamos pensar hacia el futuro inmediato no en un capitalismo que se termine, para nada, pero sí en un capitalismo de algún modo más moderado.

--¿Cómo sería un capitalismo más moderado?

--Cuando digo moderado pienso en lo siguiente: calculo que ninguna sociedad hoy se está pensando a sí misma sin una inversión de acá a los próximos cinco años en salud pública más elevada de lo que había sido hasta ahora. En ese sentido creo que hay lugares de la presencia del Estado, que si se quiere estaban más en conflicto o en polémica, que hoy ganaron su derecho a plasmarse. Entonces me parece que se viene un capitalismo con una presencia del Estado más fuerte, que eso siempre tiene que ver con la redistribución y entonces con la posibilidad como mínimo de una tendencia hacia cierta justicia social. Ahora, no creo que el objetivo o que el propósito de esta presencia del Estado, como mínimo en salud, ni hablar en ciencia, tenga que ver con motivaciones altruistas o de solidaridad sino que en una sociedad capitalista incluso a los sectores hegemónicos les conviene hoy que no les explote el mundo. También creo que van a volver a tener peso las fronteras nacionales porque hay algo del Estado nacional que volvió a tener una soberanía que estaba desdibujada. Es decir que hay algunos cambios que lejos están del fin del capitalismo pero sí de una nueva mutación.

--¿Cómo evalúa este momento desde lo pedagógico, y en paralelo, cómo imagina la escuela venidera?

--Con respecto a lo que vendrá hay una incertidumbre primigenia que hace que uno tampoco pueda planificar porque no se sabe para qué lado va. La presencia inminente del coronavirus obviamente va a generar un tipo de lazo donde va a tener consecuencias directas al interior de la escuela. Ahora, si de acá a unos meses ya hay una vacuna contra el coronavirus entonces la cosa cambia, porque todos se vacunan y a la escuela, se terminó el problema. Lo que me parece es que no se puede pretender que un chico emule y reproduzca en su casa, frente a una pantalla, el tipo de productividad que se le exige en la escuela y menos el tipo de normalidad que se le exige en la escuela. Esto implica también una posibilidad de reinventarse a uno en relación al aprendizaje. También puede ser una oportunidad para recuperar algo que se vino perdiendo hace tiempo en la escuela, que es el deseo. De algún modo la situación ayuda a ese deseo por el saber, que es la base del conocimiento. Por otro lado me preocupan los docentes, sobre todo aquellos que cumplen ese doble rol a los que se le sigue exigiendo un trabajo similar al de la vida pre cuarentena pero que al mismo tiempo están en sus hogares teniendo que hacerse cargo ahora de la vida cotidiana. Ni hablar del lugar de la mujer en toda esta trama, y ni hablar del lugar de la mujer docente. No es que ya vivimos en una sociedad pospatriarcal o posproductiva.

--¿Qué otras oportunidades nos da el contexto?

--Creo que nos da oportunidades porque son situaciones límites, que son aquellas que te golpean contra una realidad enajenada y entonces hay como una especie de corrimiento de las formas en que uno se viene pensando a sí mismo. Ahí pueden presentarse oportunidades. Creo que la cuarentena más que la pandemia tiene esta dualidad: en términos de confinamiento proyectivamente para mí despierta una posibilidad muy negativa que tiene que ver con la continuidad del aislamiento social y la negación del otro; pero en términos existenciales nos movió. Se resquebrajó algo de la solidez de ese muro en el que estamos de algún modo adentrados. Tal vez sea un caso donde se den muchas más transformaciones en lo micro que en lo macro. Son tiempos para la introspección; son tiempos para repensarnos. Probablemente muchos cambiemos en la expectativa que tenemos de nuestro cotidiano y eso ya es un montón; eso también es algo revolucionario.

Publicado enCultura
En Salvatierra podemos encontrar la esperanza

E.T. (Extra-Terrestre) viene al planeta Tierra a ver qué está pasando. Va primero a Nueva York, donde el número de casos Covid-19 es el más alto; a China y, en particular a Wuhan, donde se originó la pandemia y donde ahora está controlada; a Brasil, que ocupa ahora el 2° lugar en número de contagiados; al estado de Kerala, en India, y a Vietnam, que han derrotado a la pandemia. Lee mucho y, adoptando apariencia de humano, platica con muchas personas, de muchos países, con los encargados de controlar la pandemia y con expertos: virólogos, epidemiólogos y matemáticos que hacen modelos de evolución de las epidemias. Identifica mucho desacuerdo entre los expertos. En su planeta no hay virus y nunca han tenido una epidemia. Han desarrollado ampliamente todas las ciencias. Por tanto, parte de cero en cuanto a las epidemias y a este virus, pero de un nivel científico muy alto. En los meses que ha estado en la Tierra, ha tratado de responder a las preguntas que se formuló a lo largo de esos diálogos y lecturas, pero no lo ha logrado del todo. Entre sus preguntas están:

¿Qué es un virus? ¿El SARS-Cov-2 es distinto a otros virus? ¿En qué? ¿Por qué esta epidemia parece más grave que otras cuando el número de muertos es mucho menor al de otras epidemias? ¿Cómo se contagia? ¿Cuánto tiempo dura la incubación? ¿Cuánto dura el mal después del contagio antes de resolverse en recuperación o muerte? ¿Por qué se recupera la mayoría de enfermos? ¿Es por las defensas que produce el sistema inmunológico? ¿Desde qué punto y hasta qué punto del ciclo completo de la enfermedad, el enfermo puede contagiar a otras personas? ¿Los recuperados pueden seguir contagiando? ¿Los cadáveres pueden contagiar? ¿Los recuperados son inmunes? ¿Qué grado de confiabilidad tienen las pruebas de anticuerpos (tipo serológico), las PCR (que detectan el ARN, ácido ribonucleico del virus) y las pruebas rápidas de antígenos? ¿Se pueden mejorar? ¿Pueden diseñarse pruebas altamente confiables? ¿Cuándo debe elegirse una u otra? ¿Los equipos protectores disponibles (mascarillas, guantes, caretas) son eficaces? ¿Y los respiradores cómo ayudan al enfermo a sobrevivir y a recuperarse? ¿Cuáles son los mejores tipos de respiradores? ¿Pueden mejorarse y abaratar su producción? ¿Por qué es tan lenta la producción de vacunas? ¿Se podrían hacer más rápido? ¿Por qué son tan desiguales territorialmente la incidencia (contagiados/población) y la letalidad (muertes/contagiados) de la pandemia? ¿Por qué no hay una única política, sino centenares o miles de diferentes políticas en el planeta? ¿Por qué algunos países han sido más exitosos en frenar el aumento de contagios que otros?

E.T., como todos y todas en su planeta, lee a la velocidad de una computadora, por lo cual en pocos días asimiló casi toda la información disponible del tema. Le han sorprendido muchas cosas de nuestro planeta y de nuestra especie. Una es la división en países y las frecuentes guerras entre ellos. En su planeta no existen países ni guerras y hay un gobierno único. También le sorprende que, habiendo sufrido muchas epidemias en el pasado, en un planeta con 8 mil millones de habitantes, según la información disponible (que no incluye China) sólo se han aplicado pruebas a 181 millones (2.26 por ciento). Y que, además, la política de salud en general y la aplicación de pruebas en particular es muy variable entre países, de mayor a menor (sólo mencionando países grandes o de altos ingreso): 21.7 por ciento de la población en Emiratos Árabes Unidos; 8.7, en España; 8.3, en Portugal; 8.04, en Rusia; 7.8, en Bélgica; 7.1, en Reino Unido y en Irlanda; 7, en Singapur; 6.6, en Italia, y 5.8 por ciento en Estados Unidos. De abajo hacia arriba (sin ser exhaustivos), desde 0.03 por ciento en Nigeria; 0.11, en Afganistán; 0.13, en Egipto e Indonesia; 0.24, en México; 0.28, en Pakistán; 0.31, en India, y 0.44 por ciento en Brasil. En su planeta, se imagina que ante una situación similar hubieran aplicado pruebas a toda la población o a una o varias muestras muy grandes y representativas. Se acuerda que en su país rige el principio contar (medir) y entender primero, después modelar y predecir. Por ello le extraña mucho la existencia de múltiples modelos que pretenden predecir cualquier pandemia con pocos datos o sin ellos. E.T. encontró en el ejemplo de Kerala (Estado meridional de India, con 33 millones de habitantes) algunas respuestas. Lo ocurrido en Kerala lo narra Yadul Krishna en Sin Permiso (cito extractos):

“Quizás el mejor ejemplo de cómo superar una crisis sean las experiencias del estado indio de Kerala, que ha demostrado una gran eficiencia en la lucha contra el virus. Kerala, que había superado una serie de desafíos como grandes inundaciones o el virus Nipah en los últimos dos años, ha demostrado al mundo la importancia de disponer de un sistema sanitario público y robusto. En claro contraste con las medidas inadecuadas que tomó el gobierno central indio, Kerala se preparaba incluso antes de que se declarase su primer caso para el enorme desafío que se avecinaba; las autoridades hicieron todos los esfuerzos posibles para frenar la expansión del virus, incluyendo la realización de exámenes a los pasajeros de los cuatro aeropuertos internacionales del estado y la formación de un equipo de respuesta rápida que decidiese sobre el aislamiento y el tratamiento de pacientes potencialmente infectados. La capacidad del estado para gestionar la crisis destacó sobre el resto del país. Cuando el virus golpeó, Kerala realizaba ya una vigilancia estricta. Disponía de una sala de control en funcionamiento, con expertos siguiendo los casos sospechosos y confirmados. El personal de salud recibió formación adecuada, y con medidas estrictas como el confinamiento (con las excepciones de acudir por bienes básicos) y restricciones de movimiento, el número diario de casos en los hospitales empezó a decrecer rápidamente. La transmisión en tiempo real de la información recogida resultó muy eficaz, ayudando al gobierno estatal a mantener la situación bajo control y a ganarse la confianza de la gente. El gobierno anunció el adelanto del pago de pensiones, créditos a familias vulnerables a través de una comunidad de ayuda vecinal centrada en la mujer, fortaleció las infraestructuras médicas y se aseguró de que las personas no perdieran dinero por no poder trabajar. Busco asegurar que nadie pasara hambre. Anunció también que repartiría alimentos de manera gratuita a todos los ciudadanos, independientemente de su ingreso. Las pruebas de Covid-19 realizadas en Kerala, que tiene sólo 2.4 por ciento de la población de la India, representan 30 por ciento del total de pruebas en el país, mientras estados (grandes) como Gujarat (con 62.7 millones) o Maharashtra (con 114.2 millones ) han realizado un número ínfimo de pruebas a su población.” (https://www.sinpermiso.info/textos/ como-el-estado-indio-de-kerala-ha- conseguido-aplanar-la-curva-del-coronavirus)

E.T. nombró a Kerala (y a Vietnam con logros equiparables) Salvatierra, pues la vida humana en el planeta Tierra se salvaría si siguiéramos sus ejemplos.

Publicado enSociedad
La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern EFE

Más de 90.000 jóvenes no acuden a la escuela cuando menstrúan porque no pueden permitirse compresas o tampones, según la primera ministra de Nueva Zelanda

 

Las alumnas de las escuelas secundarias de Nueva Zelanda ya no tendrán que pagar por los productos de higiene íntima. El Gobierno ha anunciado que asumirá los costes con el objetivo de erradicar la pobreza menstrual generalizada. "Sabemos que casi 95.000 niñas de nueve a 18 años pueden quedarse en casa durante sus períodos debido a que no pueden permitirse productos menstruales", ha dicho la primera ministra.  

Jacinda Ardern ha señalado que los productos sanitarios para la menstruación no son un lujo sino una necesidad, y que demasiadas chicas no acuden a la escuela porque no pueden permitirse comprar compresas y tampones. "Al ponerlos a disposición gratuitamente, apoyamos a estas jóvenes para que continúen aprendiendo en la escuela", ha aseverado.

Según escuelas de zonas desfavorecidas, muchas niñas se ven obligadas a a utilizar papel higiénico, periódicos y trapos como alternativa para controlar el período. Quince escuelas de Waikato, identificadas como las más necesitadas, tendrán acceso a productos gratuitos a partir del tercer trimestre de este año, y el programa se extenderá a todo el país con carácter voluntario en 2021.

Desde Dignity, una ONG local que provee a algunas escuelas de suministros sanitarios, dicen estar "extasiados" por la decisión del Gobierno. "Para las estudiantes, la falta de acceso a los productos menstruales no solo exacerba los sentimientos de vergüenza y la carga financiera de género, sino que se ha demostrado que aumenta el absentismo", asegura Jacinta Gulasekharam, cofundadora de Dignity.

"Es una fantástica inversión de nuestro Gobierno. Sin embargo, esto es sólo el comienzo. La pobreza menstrual no afecta solo a las estudiantes", prosigue. "Es un subconjunto dentro de la pobreza generalizada, y muchos otros grupos, como quienes sufren la falta de vivienda y la pérdida de ingresos, sufren profundamente las implicaciones de la falta de acceso a los productos".

"Cuando tú, sin tener culpa alguna, no tienes acceso a las necesidades humanas básicas, se trata de algo que realmente impacta en cómo te ves a ti mismo, erosiona tu sentido del valor, tu sentido del yo", afirma Caro Atkinson, consejera escolar de la escuela He Huarahi Tamariki.

Una "diferencia inmediata" en la vida de las niñas

El Gobierno de coalición laborista tiene como objetivo reducir la pobreza infantil a la mitad en una década, y Ardern dice que, si bien esa tarea se ha hecho más compleja por las repercusiones de la COVID-19, es importante invertir en programas que marquen una "diferencia inmediata" en la vida de las niñas que se encuentran en situación de pobreza en todo el país.

Julie Anne Genter, ministra de la Mujer, opina que el coste de los productos sanitarios puede ser "prohibitivo" para algunas familias, lo que puede llevar a ausencias mensuales en la escuela para niñas que no pueden pagarlos ni gestionar su periodo de forma higiénica. "La menstruación es un hecho para la mitad de la población y el acceso a estos productos es una necesidad, no un lujo", incide Genter.

Según una encuesta realizada por Yputh19 Survey, el 12% de las estudiantes de 9 a 13 años que menstrúan afirmaron tener dificultades para acceder a los productos sanitarios, mientras que aproximadamente una de cada 12 estudiantes dijo haber faltado a la escuela por no poder pagar los productos. Por otra parte, un estudio de Universidad de Otago asegura que las niñas que sufren pobreza menstrual se enfrentan implicaciones de por vida "para su salud, desarrollo emocional, educación y perspectivas profesionales".

Por Eleanor Ainge Roy

03/06/2020 - 16:54h

Traducido por Clara Giménez

Publicado enInternacional
Suecia, el país que no confinó: los pros y los contras de no dejar reinar al miedo

En todo momento, entre un 20% y un 30% de las camas de cuidados intensivos han permanecido sin ocupar. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo tras no aplicar medidas restrictivas de confinamiento.

 

El email llega a las diez y media de la noche, aunque en teoría la oficina de prensa de la Autoridad Nacional para la Salud Pública de Suecia cierra cinco horas antes. Todo apunta a que trabajan contra reloj, pues la citación para poder entrevistar al que quizás sea hoy el epidemiólogo más cuestionado del mundo es solo unas pocas horas más tarde, en la mañana siguiente. Anders Tegnell, científico al frente de la excepcional estrategia sueca, llega al encuentro con un escolta del servicio secreto, algo inusual en Suecia, el único país de la Unión Europea que, a pesar de sugerir ciertas medidas de prevención, decidió no confinar a su población. “El confinamiento da resultados a corto plazo —indica—, pero no es sostenible en el tiempo, así que hemos optado por ser una sociedad que permanece abierta”. Aparte del alarmante número de muertes por covid-19, que ya suman 4.395, el doctor Tegnell ha sido criticado por no alcanzar el objetivo de tener en mayo a un 40% de la población de Estocolmo inmunizada, extremo que él admite, aunque con matices. “Puede que mis cálculos fueran un poquito optimistas, pero no demasiado. Tenemos ahora en marcha una investigación que podría apuntar a un 20 o 25% de la capital, lo que se acerca bastante a la cifra que anunciamos hace unas semanas”.

A menos de un kilómetro del lugar donde nos encontramos, se escucha a un helicóptero volar. Acude al helipuerto del Instituto Karolinska, una de las más prestigiosas instituciones médicas del mundo, con hospital, universidad y varios centros de investigación punteros. Los afectados por el virus son llevados de un hospital a otro según las necesidades, habiendo mantenido el país, en todo momento, entre un 20% y un 30% de camas libres en cuidados intensivos. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo. Una sensación que se aprecia al caminar por las calles, donde prácticamente nadie lleva mascarilla, o en los parques y plazas, donde los ancianos salen a pasear y tomar el sol junto a los niños que juegan en los columpios. Tomando un café tras una rueda de prensa, Karin Tegmark-Wisell, jefa de Microbiología del Departamento de Salud Pública, explica y recuerda aspectos beneficiosos del no confinamiento, como “mantener las escuelas abiertas, que es fundamental para la salud de los niños”, entre otros factores que Suecia no ha sabido explicar al mundo, pero que aquí son recordados a menudo por las ONG, como seguir operando en hospitales, realizar nuevos diagnósticos de enfermedades graves o evitar que las mujeres y los niños víctimas de abuso queden aislados en casa junto a sus maltratadores.

En relación a una supuesta búsqueda de la inmunidad de grupo que la Autoridad Nacional para la Salud Pública —y ella misma— ha negado una y otra vez que sea su objetivo, admite con benevolencia que desde el exterior “ha habido malentendidos sobre ello”. Defiende que a esta inmunidad “se llegaría de forma natural” y, en ese proceso, lo vital para ellos sería “cuidar de la salud pública sin que afecte a otras áreas también de la salud pública”.

En relación al miedo que los daneses y noruegos tienen de los suecos, quienes no pueden cruzar la frontera e ir a sus países (no así al contrario, pues ellos sí tienen libre ingreso a Suecia), la microbióloga aporta detalles interesantes sobre las comparaciones hechas entre países por la prensa. “Creemos que es demasiado pronto para compararnos con Dinamarca y Noruega, pero si se hacen comparaciones habría que tener en cuenta que Suecia tiene 21 regiones, de las cuales muy pocas están afectadas. Por ejemplo Skåne, sueca, está muy cerca de la región de Selandia, en Dinamarca. En Skåne no ha habido confinamiento y hay menos infectados que en Selandia, que sí se cerró. Así que hay que analizarlo todo bien y ver qué ha pasado”.

Un aspecto fundamental que, por el motivo que sea, se ha ignorado en la narrativa del exterior, es que la Constitución sueca no permite instaurar medidas draconianas, como confinamientos y toques de queda en tiempo de paz. En este aspecto, el consenso del arco político es pleno, desde la ultraderecha hasta la izquierda pasando por la coalición de socialdemócratas y verdes que gobiernan en este momento. Tanto es así que hasta la fecha ningún grupo parlamentario ha abogado por lanzar una propuesta que busque la forma de alterar nada de esto.

La idea de imponer algo que requiera amplia presencia de la fuerza pública en las calles es difícilmente contemplable en un país que no solo lleva 200 años de paz, sino que mantiene una fórmula de probado éxito social y económico gracias a un modelo de confianza entre Estado y ciudadanos. El ejemplo más claro son las vacunaciones de los niños. No son obligatorias pero las llevan a cabo el 97% de las familias. El ya conocido como “experimento sueco” busca transmitir el mensaje de que su decisión de no confinar a la población no ha sido un error y, para ello, las páginas web de algunas de sus embajadas ponen como ejemplo (sin citar nombres) a otros países que,  pese al confinamiento, tienen más víctimas por cada 100.000  habitantes..

En Sollentuna, un municipio 15 kilómetros al norte de Estocolmo, una ambulancia abre sus puertas traseras para dejar pasar a una nueva víctima del  coronavirus. Las paramédicos que la atienden llevan trajes especiales y la enferma es montada en una camilla cubierta por una cápsula. Según se calcula hoy, más de la mitad de las muertes por covid-19 se han producido en residencias de ancianos. Muchas de ellas, incluida esta de Sollentuna, han venido siendo privatizadas, en un proceso iniciado en 1992 por Moderaterna, el partido de centro-derecha. Consultados sobre este extremo, han declinado ofrecer respuestas, no así la directora general de la Inspección del Sistema de Salud Público, Sofia Wallström, quien acude al Instituto Karolinska para dar cuenta de la investigación en curso, la cual comprende a 1.045 residencias de las 1.700 que tiene Suecia. Según indica, hay deficiencias que ya se veían antes y se han visto ahora, y si bien aún no disponen de un informe completo que señale cuáles han sido las causas que han hecho de las residencias el talón de Aquiles de la “estrategia sueca”, no duda en señalar la falta de formación de los trabajadores como uno de los factores clave.

Sentado en una butaca de la Biblioteca Parlamentaria, el líder del Partido de Izquierda, Jonas Sjöstedt, va mucho más allá y resalta aspectos que la prensa viene publicando desde hace unas semanas: la precariedad laboral como consecuencia de las privatizaciones en los cuidados a la tercera edad. “Es obvio que es por esto. La mayor parte de las muertes se han producido en Estocolmo, que es donde más se ha privatizado de todo Suecia. Hay muchos actores que solo buscan el beneficio económico. Cuando la gente tiene que ir a trabajar porque tiene inestabilidad y contratos temporales y además no tienes formación o te manda a trabajar estando enfermo”. Este ex europarlamentario habla de “historias de horror como las de los trabajadores que han tenido que ir a trabajar enfermos, sin protección. O que han tenido que desplazarse de una residencia donde está el virus a otras que no lo tenía”.

Respecto a la imagen de un país en el que apenas se había cambiado el modo de vida, o la gente era enviada a trabajar para satisfacer los intereses de los grandes capitales, el líder de izquierda es claro y ahonda en aquello que los diferencia de otros países sin confinamiento como Brasil y Estados Unidos. “Suecia ha cambiado el modo de vida drásticamente. La gente sigue las recomendaciones sin necesidad de toques de queda. Me gusta este método no autoritario. La confianza en las autoridades es grande y se han salvado trabajos”.

 
Expresso
3 jun 2020 06:00

eXPRESSO

Reportaje original publicado en portugués en el diario Expresso y traducido para El Salto por su autor, Unai Aranzadi. 

Publicado enInternacional
Sábado, 30 Mayo 2020 10:54

¡Negociazo!

¡Negociazo!

Imagínese que usted tiene un sitio de diversión el cual funciona en toda hora y tiempo. Imagínese que un día cualquiera le llega una notificación con la cual le informan que por lo menos por el próximo año, o tal vez más, no puede ofrecer los servicios que le han caracterizado. Un año o más, tiempo durante el cual usted no prestará servicios pero sí tendrá que pagar impuestos de todo orden, celaduría, además de hacerle mantenimiento a su local pues, como todos sabemos, el paso del tiempo deja sus huellas: humedades por aquí, goteras por allá, caída de la pintura, y muchas cosas más.

Bien. Usted tendrá gastos pero no ingresos. Y en eso pasa una persona cualquiera y le dice: arriéndeme ese local y pongo ahí un servicio que requiero y para el cual usted no está impedido. Arriéndeme, pero le pago un poco menos de lo que me está diciendo. Claro, usted se hace el duro mientras piensa que con el dinero por recibir podrá darle mantenimiento al menos por un año al local, pagar la celaduría, cancelar servicios públicos, además de ganar algo, y el tiempo que le piden en arriendo el local es por tres meses. ¡Solo tres meses! Usted mira a su futuro arrendador, parece mostrar cara de duda, pero por dentro sabe que lo que tiene ante sí es un negociazo.

Algo similar le sucedió a Corferias con la alcaldía de Bogotá. Con 90 mil metros cuadrados construidos, este recinto de ferias, propiedad de importantes capitalistas de Bogotá y del resto del país, varios de ellos asociados en diversas compañías (Cuadro 1. Algunos de sus propietarios), quedó como elefante muerto tras desatarse la crisis de salud producto del covid-19. Un año o más sin funcionar, ¿cuánto vale mantener 90 mil metros cuadrados construidos? Y en eso aparece la ciudad, a través de su Alcaldía, y le propone que le alquile 15 mil metros cuadrados para instalar allí un centro hospitalario con 2.000 camas para atender los miles de infectados que se supone tendrá la ciudad producto de la pandemia en los meses inmediatos, los que superarán la capacidad instalada de camas para emergencias respiratorias con que cuenta la urbe.

El contrato alcanza la cifra de $ 5.079.920.823 pesos y cubre un periodo de tres meses. Corferias gana, y se supone que la ciudad también. (Cuadro 2. Lo que cobra Corferias)

Todo parece estar bien, pero pensando en la necesidad que tiene la urbe de ampliar la capacidad hospitalaria con que cuenta, la inquietud es, ¿por qué el gobierno de la ciudad, no optó por lo público fortaleciendo sedes hospitalarias ya existentes, algunas con espacio físico por adecuar e instalar allí las unidades de emergencia que demanda la crisis del covid-19? Es conocido que una parte del San Juan de Dios está en condiciones de entrar en funcionamiento con doscientas camas, ¿por qué no se consideró esa opción? ¿Por qué se privilegió lo privado a lo público, en momentos donde es evidente el deterioro de la red pública hospitalaria de la capital del país?

La inquietud vale la pena ya que la cifra comprometida en el contrato de marras le facilitaría a la ciudad conservar, una vez pasada esta crisis, una mejor y mayor capacidad de atención de urgencias, algo que en todo momento le hace falta a cualquier urbe. Es decir, era necesario valorar la posibilidad de una inversión con beneficio por años y no, como en el caso de Corferias, para un beneficio medible en el corto plazo. Una inversión que, por demás, demandará más dinero ya que como es evidente, ante la no resolución de la crisis de salud en curso tendrá que firmarse un otro sí para prorrogar el contrato de marras, el cual, por la cantidad de meses que faltan para que el covid-19 no sea amenaza muy seguramente le demandará a la ciudad invertir en Corferias muchos miles de millones de pesos (Recuadro 3. Condiciones para otro sí).

Además, ¿por qué no se le informó a la ciudadanía sobre este particular? Tal vez no sea asunto de corrupción pero sí de administración pulcra y eficiente, para que exista la cual hace mucha falta la participación directa y determinante de las organizaciones sociales, tanto para perfilar los proyectos como para hacerles seguimiento.

¿Este tipo de contratos le facilita a la alcaldesa la gobernabilidad? ¿neutraliza y gana con ello posibles y poderosos contradictores? Si así fuera, ¿cómo catalogar este proceder?

 


Recuadro 3.

 

Condiciones Otro Sí

 

“PARÁGRAFO PRIMERO: El presente contrato podrá ser prorrogado por acuerdo escrito de LAS PARTES treinta (30) días antes de su finalización, caso en el cual además de mantenerse vigentes todas las obligaciones iniciales se reconocerá como valor adicional el alquiler de los bienes utilizados para el montaje, las adecuaciones básicas y los equipos sanitarios por un valor proporcional al indicado en la cláusula cuarta, esto es, tomando el valor total indicado en la citada cláusula dividido por tres y multiplicado por el número de meses adicionales acordados por LAS PARTES en la prórroga”.


 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

 

Publicado enEdición Nº268