Guédiguian: "Es la hora de escribir el 'Manifiesto comunista' del siglo XXI"

 

"El colmo de la alienación es que el propio obrero ha adoptado el discurso del patrón", lamenta el cineasta

Alejandro Luque - Sevilla

11/11/2019 - 22:14h

Cuando todavía no había empezado el recuento de los votos en la noche del pasado 10N, el cineasta francés Robert Guédiguian (Marsella, 1953) presentaba en el marco del Festival de Sevilla su último filme, Gloria Mundi. El veterano y agudo retratista de las clases trabajadoras marsellesas vuelve aquí a proyectar su mirada sobre una realidad en la que la solidaridad parece el último foco de resistencia frente a los abusos del capital. Y aunque el foco se ponga una vez más sobre su ciudad natal, el cineasta cree que las lecturas son válidas a nivel global.    

"En España, en cuatro años, han tenido cuatro elecciones, y la derecha se aprovecha de ello para rebozarnos como croquetas", afirma. “Ante esto, creo que lo que la izquierda debe hacer es reinventarse. Debe haber una izquierda con puntos claros en un programa, y que sea también capaz de soñar, algo que ahora no hay. La izquierda que tenemos es plana. Es la hora de escribir el Manifiesto comunista, como en 1848, pero en el siglo XXI. Han pasado 150 años, y es hora de que la izquierda vuelva a ofrecer algo. Y que nos hagan sentirnos con ganas de apoyarla".

¿Qué ha hecho mal la izquierda para que hayamos caído en este desencanto?

De entrada, ha seguido pagando el precio de la caída del Bloque soviético, con todos los defectos que tenían esos países, y también sus virtudes. Pero ese desmoronamiento sigue pasando factura. Mientras estaba ese bloque, los empresarios, los burgueses, la clase capitalista, siempre que había una huelga pensaban que había que dar un poco al menos, o podía pasar lo mismo que pasó en la Unión Soviética. Cuando se desmoronó el Bloque, dijeron en cambio: el mundo es nuestro. Cuando hablo de reescribir el Manifiesto comunista, quiero decir que volvamos a tener un imaginario, una esperanza, un sueño. Volvamos a unirnos, a tener sindicatos reales. La historia nunca es uniforme, va a ocurrir algo, algo tiene que cambiar. Participemos de ese cambio.

En Gloria Mundi se reflejan situaciones en las que el poder transformador del proletariado parece hoy bastante limitado. ¿Qué opciones hay?       

El colmo de la alienación es que el capitalismo ha conseguido algo fantástico: que el propio obrero tenga el discurso del patrón. En la película, Matilda, que está de pruebas en su trabajo y sabe que la van a echar dentro de unos meses, lo dice muy claro: "Si yo estuviese en su lugar, haría lo mismo". Es la victoria absoluta por parte del capital. Esto es lo que hay que cambiar. Luego los chicos que se ponen en huelga para pedir dos o tres euros más al día que les permitan pagarse la comida, refleja hasta qué punto es grave lo que tenemos ante nosotros. Todo el mundo se considera empresario, quiere ser jefe. Ahora en Francia vas a la taberna de la esquina, y oyes a trabajadores decir que no hay que aumentar el salario mínimo, porque si se aumenta, no podremos competir contra las empresas chinas. Por boca de la gente, de pronto, habla el dinero. Y confío en que esto va a cambiar, hay pequeñas bolsas de gente que no está de acuerdo. Todo el asco que da este mundo va a crear una bola y cualquier día va a explotar.       

Francia tiene ya una larga experiencia con la ultraderecha. ¿Qué consejo pueden darnos a nosotros, los españoles, que empezamos a ver su ascenso?

La única forma, creo, para combatir la extrema derecha es volver a pensar una construcción popular de extrema izquierda. No hablo de socialdemocracia, ni mucho menos, sino una izquierda real con un programa preciso, que favorezca los movimientos populares. Nada de "hagamos un poco para la clase trabajadora", sino un programa dirigido de veras a la clase obrera. Solo así se puede hacer que la masa popular quiera adherirse. Una vez nos hayamos hecho con esto, podremos explicar cosas más sutiles o filosóficas. Pero al principio hay que ser muy concreto, al servicio de esta gente.

¿Eso puede hacerse en la actual situación de Francia, con los partidos de izquierda muy debilitados?

Es una catástrofe, en efecto. Hay que reconstruir todo, mezclando los movimientos ciudadanos. Ahora mismo hay, de cara a las municipales, intentos de hacerlo, y espero que funcione en algunos casos. Hay colectivos de base que se están reuniendo con partidos de izquierda, que han perdido mucho pero siguen teniendo buenos elementos. Intentan fusionarse para hacer listas comunes, mixtas. Porque los partidos quizá no tengan la verdad absoluta, pero los colectivos ciudadanos tampoco. La gente desorganizada en la calle, que participa de movimientos espontáneos, no tiene más ni mejores ideas que los partidos. No hay una solución milagrosa.

Un éxito de la extrema derecha es sin duda que se haya normalizado su discurso. ¿Podemos decir que en Francia se ha perdido del todo el miedo a este movimiento?

No, no lo creo. La extrema derecha en Francia está menos viva, tiene menos fuerza que hace 25 años. Al contrario, para justamente ganar votantes, ha tenido que suavizar bastante su discurso, al contrario que aquí en España. Por ejemplo, la oposición entre Marine Le Pen y su padre es evidente. El padre le reprochaba que ella se hubiera ido demasiado a la izquierda, ¡por favor!  

¿Qué propuestas puede hacer el cine para ayudar a estos cambios?

[sonríe] El cine puede, si no cambiar las cosas, sí participar en la creación de ese imaginario del que hablaba antes. Hacer propuestas para despertar de nuevo ese sueño. Marius y Jeanette, mi película de hace veinte años, sería lo opuesto a Gloria mundi. Toda la película se desarrollaba alrededor de un patio, y de hecho la hice para que existiera ese patio, para que fuera una idea concreta. Por eso se hace cine. Todos los movimientos sociales necesitan una bandera, un estandarte, un himno, algo donde reconocerse. Tal vez el cine pueda proporcionarlos.  

¿Por qué cree que existen más propuestas de distopías que de utopías en el cine actual?  

Siempre es más fácil criticar que construir. [Nicolas] Boileau, el autor del XVII francés, decía que criticar es fácil, hacer arte es más difícil. Aunque la crítica también puede ser constructiva.

Coinciden en cartelera Ken Loach, usted y otros cineastas cuyas propuestas no dejan mucho espacio a la esperanza, ¿la hay?

Es cierto que no hay mucha esperanza en mi película, y la de Ken Loach no la he visto, pero por supuesto sigo su cine y me gusta mucho. Pero yo creo que si decides adoptar una mirada como la de Gloria mundi, una tragedia, no puede aparecer de repente un militante de izquierdas que vaya a salvar el mundo. No funcionaría. Tienes que ir hasta el final del tema que has escogido. Lo ideal sería alternar una Marius y Jeanette, una Gloria, una Marius, una Gloria… Crítica, construcción, crítica, construcción…

Estará usted al tanto de la polémica que hay en Francia en torno a la islamofobia, y cómo ese concepto está desplazando el de "racismo" para acabar segregando a una población en razón de sus creencias. ¿Qué opina usted?

Evidentemente, no creo en la islamofobia, no es verdad. Lo que hay es racismo de toda la vida, y los racistas no están en contra del islam, ¡no saben ni lo que es! Pero efectivamente utilizan esa idea, dicen vaguedades en torno a la doctrina… Pero es racismo, y nada más.

Su esposa Amine dedicó el premio de Venecia "a todas las personas que duermen el sueño eterno en el Mediterráneo". ¿Cómo podemos evitar que se manipule también el drama de los muertos y explotados en las migraciones?

En mi película anterior, La casa junto al mar, trabajamos este tema, y somos muy militantes de esta causa. Formo parte de SOS Mediterráneo. No es una cuestión de izquierdas o derechos, es un reto para el hombre. No puedes pensar ni por un momento que dejar morir a alguien que se agarra a un barco, es una cuestión de humanidad, punto. Además, en términos científicos, la emigración en el mundo se hace en su 95 por ciento se produce entre países pobres, dentro del continente africano. Lo que queda aparte de eso no es un problema, es mínimo. Y frente a eso, es como si el mayor especialista del mundo en una enfermedad dijera que está controlada, y todos los cretinos y todos los borrachos respondieran que no es así. El problema de la emigración no existe, no es un problema. Un cinco por ciento entre 500 millones de habitantes es nada, una gota de agua. Y hay que decirle a todos esos cretinos que la tierra no es suya. Siempre nos hemos movido, Francia no me pertenece, España no te pertenece a ti tampoco, la tierra pertenece a la Humanidad. Si proteges tu territorio como un león, un lobo, no somos hombres.

Y en concreto Europa, que se construyó sobre esa base. ¿Cuántos años se hace a sí misma rechazando la emigración?

No ve que es una riqueza enorme acoger a gente, si se quedan siempre los mismos, los pueblos se debilitan. Nos pudrimos como el agua estancada.   

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 Despliegue policiaco en el sur de La Paz para contener a manifestantes partidarios de Evo Morales.Foto Ap

Voces disidentes en Washington denuncian "un golpe más en AL que es apoyado por EU"

 

Nueva York. El presidente Donald Trump festejó la "renuncia" de Evo Morales en Bolivia como un triunfo de la democracia y advirtió que es un mensaje para Nicaragua y Venezuela; su gobierno argumentó que lo ocurrido no fue una asonada, sino una expresión de "la voluntad del pueblo", pero voces disidentes de políticos nacionales y figuras públicas estadunidenses denunciaron lo que calificaron de un golpe más en América Latina apoyado por el régimen en Washington.

"Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir la libertad y a los militares bolivianos por cumplir su juramento de proteger no sólo a una persona, sino la Constitución de Bolivia", declaró Trump.

Agregó en la declaración por escrito, difundida por la Casa Blanca, que después de casi 14 años y el intento de ignorar la Constitución de su país, la renuncia de Morales "preserva la democracia y pavimenta el camino para que el pueblo boliviano sea escuchado".

Trump concluyó: "estos eventos envían una señal fuerte a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua, de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán. Ahora estamos un paso más cerca a un hemisferio occidental completamente democrático, próspero y libre".

El Departamento de Estado sub-rayó que lo ocurrido en Bolivia no fue un golpe de Estado, según explicó un alto funcionario de la dependencia en una teleconferencia con periodistas, sino que "el pueblo bolivariano se hartó de un gobierno que ignoraba su voluntad".

El alto funcionario subrayó que el informe preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA) concluyó que el proceso electoral fue marcado por "serias irregularidades" y recomendó nuevas elecciones, evaluación apoyada por Washington.

Indicó que Washington "trabajará con los bolivianos para establecer una democracia en su país", y apremió a todas las partes de descartar la violencia para proceder hacia la transición política con la participación de todos los partidos. Otro funcionario estadunidense comentó que espera que la legislatura logre nombrar un mandatorio interino este martes.

Insistió en que "no tenemos alguna preferencia entre los candidatos" y dijo que el Departamento de Estado no ha tenido "contacto directo" con ningún líder político boliviano desde el 20 de octubre. Al mismo tiempo que convocó la participación de todos los actores, con el vocabulario diplomático reiteró la posición de su jefe, el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien antes de la renuncia de Morales sugirió que "todo oficial del gobierno" implicado en la elección "fallida" no debería participar en nuevos comicios "para restaurar credibilidad al proceso".

Los medios estadunidenses y gran parte de la clase política rehuyeron calificar de "golpe" lo ocurrido en Bolivia. Incluso, el editorial del Washington Post ayer declaró que la "anarquía" y el "caos" en Bolivia era, a fin de cuentas, responsabilidad del "cada vez más autócrata" Morales.

Pero algunas voces disidentes de alto perfil nacional no evitaron la palabra que marca tanto la historia estadunidense en el hemisferio. El senador y candidato presidencial demócrata Bernie Sanders tuiteó: "estoy muy preocupado por lo que parece ser un golpe en Bolivia, donde los militares... intervinieron para remover a Evo Morales". La diputada y nueva estrella del ala progresista del Partido Demócrata, Alexandria Ocasio Cortez, tuiteó que lo sucedido en Bolivia "no es democracia, es un golpe de Estado". Su colega, la diputada Ilhan Omar, expresó lo mismo.

Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy and Research, comentó que lo ocurrido fue un golpe militar que no podría haber prosperado sin el apoyo de Washington y la OEA, junto con una narrativa de fraude electoral "sin presentar jamás ninguna evidencia" que "se repitió una y otra vez en los medios, con lo cual se aceptó como verdad". En entrevista con Democracy Now, Weisbrot afirmó: "es obvio", aun sin pruebas concretas, por ahora, que la CIA apoyó este golpe, al igual que lo hicieron en ese mismo país en 1952, 1964, 1970 y 1980.

Noam Chomsky, junto con el analista Viaje Prashad, ya habían alertado desde el sábado que en Bolivia se estaba gestando "un golpe de Estado". Señalaron, en declaración pública, que la promotora de la asonada es la oligarquía boliviana que "cuenta con el total apoyo del gobierno de Estados Unidos, que desde hace mucho tiempo está ansioso por expulsar a Evo Morales, y a su movimiento, del poder". Advierten que "por más de una década, el Centro de Operaciones de la embajada de Estados Unidos en La Paz ha expresado que tiene dos planes: el plan A, el golpe de Estado; el plan B, el asesinato de Morales. Se trata de una grave violación a la Carta de Naciones Unidas y a todas las obligaciones internacionales".

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"El lenguaje es una base constitutiva de la asignación de género"

La investigadora Sara Pérez analiza los motivos profundos del uso del lenguaje inclusivo

La especialista en análisis de discurso explica los motivos del lenguaje inclusivo, su confrontación con el discurso hegemónico, y la profundidad de las raíces que hace falta conmover para alcanzar la inclusión y la igualdad.

 

Profesora, investigadora y especialista en análisis del discurso, Sara Pérez explica a qué se llama “lenguaje inclusivo” y de qué depende que nuevos términos se popularicen e instalen. Analiza, además, la “ideología de género” como estrategia discursiva, el discurso político en la construcción de valor, y la prevención de la violencia de género dentro y fuera de las aulas.

--¿Qué se entiende por “lenguaje inclusivo”?

-A mí me gusta mucho la discusión sobre lenguaje inclusivo desde el momento de la propia denominación. Esta denominación de lenguaje inclusivo tiene que ver con un reclamo de un colectivo de seres humanos que no se sienten interpelados, interpeladas, interpelades, por algunas formas de uso del español, por ejemplo, el uso del plural “nosotros” para incluir a nosotras, nosotros. Por otro lado, la dicotomía entre masculino y femenino, o y a, no agota las expectativas, las necesidades y las posibilidad de identificación de personas que no desean ser interpeladas como o o como a, sino que prefieren una situación de transición o intermedia. Esto tiene que ver básicamente con un supuesto de partida: el lenguaje es una de las formas en las que vamos construyendo nuestra identidad; no es menor, el lenguaje es constitutivo. El lenguaje es una base constitutiva de la asignación de género, y entonces es ineludible. Toda discusión que tenga que ver con el género en el lenguaje en última instancia está teniendo que ver con cómo construimos nuestras identidades y cómo atravesamos esta experiencia subjetiva. Esto ocurre siempre de la mano del lenguaje, ineludible en nuestra vida social e individual.

--¿Por qué ahora?

--Esto no es nuevo. Tiene muchísimos años en distintos países y distintas lenguas. El uso no sexista del lenguaje antecede al lenguaje inclusivo. Lo primero en que coincidimos una gran mayoría de personas es en que el lenguaje es una facultad de todos los seres humanos. Su uso supone una representación acerca del mundo. Durante los '90 empezaron a pulular manuales de uso no sexista del lenguaje, esto es, usos que no discriminen a un conjunto de mujeres por su sexo. ¿Qué quiere decir uso no sexista? Por ejemplo, en los viejos diccionarios de la Real Academia Española (RAE) figuraba “embajadora” como esposa del embajador. Pensemos en las metáforas, arraigadas en nuestra vida. “Toro” alude a un tipo potente; “vaca”, a una mujer gorda. Y cuestiones vinculadas a “no llores como una nena”. Ahora las jóvenes feministas han resignificado esto último como “pelea como una nena”, “pelea como una abuela”. Lo que está en juego es si mediante el lenguaje reforzamos o reproducimos relaciones de poder o si tratamos de cambiarlas. Lo que están haciendo les chiques hoy es poner en tela de juicio, cuestionar, desafiar, un orden sexogenérico imperante, y junto con ese desafío, desafían la forma en que esto se pone de manifiesto en la lengua, en lo nodal del sistema de la lengua. Y esto es lo que más perturba.

--¿Qué hace que la lengua se modifique?

--Hay dos etapas. La primera, una etapa de visibilización de las mujeres, con el “todos y todas”, que comenzó con fuerza hace cosa de diez años. Luego aparece el uso de la e con las más jóvenes. Algunas compañeras dicen que no quieren que se las interpele con la e por lo que costó llegar al “todos y todas”, porque consideran que así se nos invisibiliza de nuevo. La e aparece en adolescentes de clases medias básicamente, con las chicas, pero se extiende muy rápidamente a todes les chiques. En Capital Federal cuesta mucho no decir “les pibes”. Hasta suena perturbador decir “los pibes”. Lo han impuesto a su manera con el propio uso. El problema del lenguaje inclusivo es que el “todos y todas” usaba de manera distinta un recurso que ya nos daba el sistema. En el sistema ya estaban la a y la o; su uso estaba habilitado, lo que hicimos fue empezar a usarlo un poco más. Pero la e como tal, como un género, no está en el sistema morfológico del español; está como una excepción para ciertos casos. Les pibes se agarraron de esa excepción, la explotan y la reproducen. Eligen esa forma y al hacerlo tocan una cuestión medular del sistema. Por eso es tan resistido y por eso cuesta tanto aprenderlo. Hay que aprender a hablar con la e. Probablemente el tiempo tome la decisión. El tiempo y el poder.

--¿En qué sentido el poder?

--Los cambios son más rápidos en la medida en que los discursos legítimos y las instituciones acompañan y respaldan esos cambios: la escuela, los medios masivos de comunicación, la literatura, todos aquellos lugares de construcción de variedades de prestigio de la lengua. Si la escuela prohíbe puede generar un movimiento de resistencia y no habilitar su uso en el ámbito escolar. Hay grupos conservadores, antiderechos, que se organizan en torno a exigir que se prohíba el lenguaje inclusivo en las escuelas. Hay otras escuelas que lo habilitan. En esto se cruzan muchos conflictos. La cuestión es hasta qué punto las personas estamos dispuestas a cambiar relaciones de poder para lograr que sean menos desiguales. Y en muchos casos, ser menos desiguales, para muchas personas supone conceder privilegios y cambiar el status quo, y hay personas a las que no les gusta cambiar el status quo. Es como los conflictos que tenés en tu casa cuando decís que a partir de ese día todes van a lavar los platos. A lo mejor todes van a la marcha a favor del aborto legal, seguro y gratuito, pero de ahí a levantar la mesa hay una distancia, porque una cosa es estar de acuerdo con una política pública y otra cosa es modificar nuestras propias prácticas. Cuando desde los estudios del lenguaje hablamos de un discurso hegemónico y de poder estamos hablando de la internalización en nuestras subjetividades de ese discurso hegemónico. El discurso hegemónico nos interpela a todes por igual. Cuando hablamos del discurso hegemónico, hablamos de ese discurso que se reproduce en los medios, en la escuela, en la esfera pública, en los partidos políticos, en casa, en las redes...

--Hay quienes hablan de “ideología de género”. ¿Qué hay detrás de esa consideración?

--Al estigmatizar la palabra “feminismo” se estigmatiza esa identidad, se estigmatiza y neutraliza la posibilidad de que algunas personas que reivindican esas ideas adopten ese cuerpo de ideas de manera sistemática. El movimiento de mujeres ha logrado avanzar muchísimo, soy optimista y también soy realista. Hay muchas resistencias todavía. He estado en reuniones con compañeras de barrio que me preguntaban cómo hacer, porque tenían vecinas que estaban de acuerdo con todas las reivindicaciones pero cuando las invitaban a sumarse decían “no, porque son feministas”. Una respuesta de distancia, que da cuenta del poder del discurso hegemónico. La “ideología de género” como categoría en español plantea que las cuestiones de género son una ideología, y que esta ideología la promueve el feminismo radical y tiene que ver con cuestionar el orden sexual biológico natural, donde hay varones y mujeres cada uno con sus roles específicos vinculados con sus capacidades biológicas.

--¿De qué manera se materializa esta posición?

--Esta construcción discursiva se presenta como una conceptualización científica, no religiosa, basada en lo que dice la ciencia, entonces construyen y desarrollan sus propias fuentes científicas, apelan a representaciones de gran divulgación y sostienen que la diferencia absoluta entre varones y mujeres tiene un respaldo genético, biológico. Que los roles están dados porque las mujeres tenemos la responsabilidad de ser madres y deseamos ser madres porque es nuestra función. Y que todo aquello que sale de allí es una ideología. Entonces cuestionan la categoría de género y usan la interpretación negativa de la palabra ideología como algo que no es científico y construyen esta categoría “ideología de género”. Dicen que la “ideología de género” es lo que defienden las feministas radicales y que es la “ideología de género” la que está detrás, por ejemplo, de la Educación Sexual Integral (ESI). Entonces, es una estrategia discursiva muy sofisticada para neutralizar cualquier tipo de discusión o avance que se busque en políticas educativas que lo que tratan de hacer precisamente es avanzar en la igualdad de derechos.

--Dentro de estos sectores hay quienes sostienen que el feminismo excluye.

--Hablar desde el feminismo no excluye a nadie. Como feminista, lo que estoy tratando es de construir una sociedad en la que todas las personas tengamos derecho a todos los derechos. Sucede que un montón de mujeres nos tuvimos que construir como feministas porque existe un orden sexogenérico que nos excluye de la toma de poder y nos genera situaciones económicas en las que somos siempre las perjudicadas. Las personas que hablamos de género y de igualdad de género hablamos de que existe un orden social desigual, de dominación, estructurado en función a cómo son construidas, percibidas y asignadas genéricamente ciertas cuestiones vinculadas con la construcción generizada de la sexualidad o del sexo. Hablamos de la identidad de género porque es la forma en la que nos autopercibimos respecto a esta dimensión identitaria. Hablar de una perspectiva de género supone pensar cada una de las instancias, por ejemplo de política pública, a partir de tener presente que existe una desigualdad estructural y una relación de dominación, que la identidad genérica es una identidad construida, que supone desigualdad en la sociedad contemporánea y que hay que tratar de modificar esa situación de desigualdad. No me gusta hablar de feminismo y machismo, prefiero hablar de un orden sexogenérico patriarcal. Y porque existe es que es necesario el feminismo. Para que la sociedad sea más justa necesitamos que sea feminista.

--¿Cómo interviene la iglesia en este tema?

--La iglesia construye las bases intelectuales de esta denominación pero repercutió muy rápido en grupos que se auto denominan organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil preocupadas por nuestros hijos. Estos grupos conservadores, por ejemplo en España, han avanzado cuestionando la designación misma de la violencia de género. Prefieren hablar de la violencia contra las mujeres o violencia doméstica; porque hablar de violencia de género supone asumir que hay tratos diferenciales y discriminatorios e incluso violentos en la vida pública y privada por el mero hecho de nuestra identidad de género o de nuestra opción.

--¿Podrías ampliar la distinción entre violencia de género y violencia contra las mujeres?

--Hablar de violencia de género supone asumir que hay tratos discriminatorios e incluso violentos por el mero hecho de nuestra identidad de género. Por ahora nuestra ley, que es una gran ley, es una ley de violencia contra las mujeres, pero aclara que es por motivos de género, y esto es muy importante. Cuando hay un femicidio en Argentina hablamos de que alguien mata a una mujer por el hecho de ser mujer, no para robarle la cartera, por el tipo de vínculo que tenía. ¿Por qué un ex novio mata a una mujer? Porque no tolera la posibilidad de que esa mujer tenga una vida autónoma. En el fondo de ese vínculo lo que hay es una relación sexogenérica de poder. Cuando hablamos de violencia de género estamos hablamos de violencia en el ámbito de las relaciones socioafectivas primarias y vinculares pero también estamos hablando de violencia laboral, económica, mediática, institucional.

--¿Qué grado de influencia tiene el discurso político en la construcción de valor?

--Hay algo muy interesante que dice George Leicoff, un escritor norteamericano. En 1992 fue Clinton el que dijo: “es la economía, estúpido”. Es cierto, la economía es un factor importante. Sin embargo, Leicoff advierte que en el discurso político tienen mucho peso lo que él llama los valores y la moral. Y que mucha gente está dispuesta a votar en contra de sus intereses económicos siempre y cuando se le garanticen ciertos valores éticos y morales. Lo dice para Estados Unidos, estudiando el discurso de Trump, pero vale para lo que pasa acá. El problema es la corrupción. No importa si gano el 50% menos que antes, no importa si le pegan a los senegaleses en la calle, lo que me importa es que no vuelva tal. Esa construcción es discursiva. La categoría “corrupción” es fascinante. Implica que el corrompido es el que está mal; el corruptor nunca aparece. Como fenómeno discursivo es un concepto muy interesante y la metáfora también funciona productivamente. Vamos construyendo valores. Desde los '90 tenemos a la corrupción construida como valor. Esto es un valor internacional. El poder que tienen los grandes medios de comunicación es muy grande; el poder que tiene el discurso hegemónico también. Y con esto no me refiero a un canal de noticias, me refiero a las novelas, las series, las canciones. El discurso hegemónico nos permea; permea al Estado, permea a la educación... ¿Por qué tanta resistencia a la ESI?

--¿Por qué?

--Porque la Educación Sexual Integral permite una reflexión crítica y sistemática sobre la sexualidad, sobre nuestros deseos y nuestros derechos. La ESI en el marco de una perspectiva de género, de derechos humanos finalmente, te permite tomar conciencia de tus derechos.

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Domingo, 10 Noviembre 2019 05:38

El desborde en Chile

El desborde en Chile

 El gobierno de Piñera acaba de quebrar el record mundial de heridos en los ojos, y hay palizas, torturas, muertos, acoso sexual y denuncias de centros clandestinos. Hay casi dos mil heridos y el Instituto de Derechos Humanos chileno recibió 2300 denuncias.

 

Las violaciones a los derechos humanos abarcan en Chile un espectro amplio. Hay un récord mundial de heridos en los ojos, veinte muertos registrados en el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) --cinco en manos de agentes del Estado--, violencia sexual. Niños y adolescentes son detenidos y reciben disparos y gases todos los días, incluso en los colegios. Hay golpizas, torturas, denuncias de la existencia de centros clandestinos de detención, familiares que desconfían de las autopsias. Los heridos son al menos 1915. El Instituto recibió 2300 denuncias por vulneraciones de derechos humanos desde que comenzó el estallido. La Organización Naciones Unidas difundió un comunicado en el que condena el uso excesivo de la fuerza y los actos de violencia.

Van tres semanas del despertar de Chile y la represión recrudece, despojando a la sociedad de su derecho a manifestarse. Esta semana, el presidente anunció proyectos de ley que criminalizan la protesta y convocó al Consejo de Seguridad Nacional (Cosena). El pueblo sangra pero responde con marchas --el viernes hubo una masiva, que según Interferencia reunió a medio millón de personas-- y cabildos. Según cifras del Ministerio del Interior, hubo cuarenta lesionados. Los intentos de Sebastián Piñera de desgastar la movilización no dan resultado. “Manda cada vez más violencia a la calle. Quiere apagar el fuego con bencina. Pero están cada vez más fuertes las ganas de luchar y de bajarlo”, dice a Página/12 Lenny Montanares, 18 años, herido con veinte balines de goma en Parque Bustamante. 

La percepción de la mesa de Unidad Social, conglomerado de sindicatos y organizaciones que de algún modo canaliza la voz del pueblo, es que Piñera sigue sordo al reclamo de las calles, que es la asamblea constituyente: “Insiste en su política represiva, agudizando el conflicto”, opina Carolina Espinoza Tapia, de NO+AFP. Después de la gran marcha del viernes, Piñera dijo que prepara “un proyecto de cambios” a la Constitución. La dirigente cuestiona la reforma tributaria por “insuficiente y cosmética” e informa que los sindicatos harán huelga el martes. “Estamos siendo perseguidos, reprimidos; seguimos sumando heridos y detenciones ilegales. El abuso policial se extiende especialmente a los chiquillos”, advierte. Este martes, los Carabineros dispararon en un colegio secundario femenino. Dos menores resultaron heridas. Según los medios, una recibió el impacto de quince perdigones.

 

Un Estado que extirpa ojos

 

El 23 de octubre, Alejandro Muñoz Fuentes había combinado con sus compañeros de la banda Anarkía Tropikal para marchar a Plaza Italia. En la esquina de Santa Rosa y Alameda se encontró con barricadas y peleas entre policías y manifestantes. “Yo estaba apagando bombas lacrimógenas con un tarro de agua”, cuenta el hombre de 36 años a este diario. De pronto sintió un zumbido. Vio una lacrimógena a punto de impactar. No alcanzó a moverse. “Me pegó de frente en mi ojo y caí al suelo con mi tarro”, recuerda. Mientras un grupo de jóvenes lo arrastraba por la Alameda para auxiliarlo, los Carabineros seguían disparando gases. Detrás de unos árboles del cerro Santa Lucía fue atendido por la Cruz Roja y estudiantes de medicina. En la clínica le diagnosticaron explosión ocular con desprendimiento de retina y globo. Lo trasladaron y lo operaron. “Me reconstruyeron el ojo. Me lo habían desmembrado. Parece uno normal y lo puedo mover, pero no veo. Una oscuridad absoluta.”


“Salí a protestar por la injusticia y ahora es todo más injusto. Antes tenía una pequeña empresa, me estaba yendo muy bien. Voy a tener que buscar una nueva forma de vida. Tengo que seguir adelante. Si me quedo me pudro”, expresa el obrero de la construcción, gasista, plomero y artista plástico. “El Estado me extirpó un ojo. Necesito que se haga responsable. Tiene que pagarme hasta el último peso (del tratamiento)”, exige Alejandro, que tiene tres abogados.


El suyo es un trauma que comparten 182 personas, según el último reporte del INDH. El número de heridos con lesiones oculares, en su mayoría a causa de perdigones y balines, “es totalmente inusual para la historia de Chile y del mundo”, afirma Enrique Morales, presidente del departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico. Ahora mismo esa cifra está creciendo, a pesar de los llamados de atención de médicos y referentes de derechos humanos. Es un récord mundial si se compara con otras áreas de conflicto como Israel y Palestina. “Varias decenas han perdido no sólo la visión, sino también el ojo. Es una catástrofe. Una emergencia sanitaria. Para las víctimas, un daño físico y psicológico, porque esto no tiene mejoría”, advierte Morales. 

El promedio de edad de los afectados es de 29 años. En su mayoría fueron alcanzados por balines de goma con centro metálico. “Por lo que nos relatan y lo que podemos ver en videos no se siguen protocolos. Hay cierta gradualidad que se debiera utilizar y muchas veces ésta es la primera herramienta a la que se recurre”, asegura Morales. Este afán de disparar directo al ojo se ha vuelto habitual hacia quienes registran con cámaras episodios violentos. En las performances artísticas de las calles de Santiago este trauma colectivo es representado. También está en fotos pegadas en los edificios. El decano de Medicina de la Universidad de Chile, Manuel Kukuljan, acusó al Estado de usar la “mutilación” como herramienta de control público. Por redes sociales circula la versión de que un estudiante de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano fue herido el viernes en ambos ojos.

 

De la paz a las lacrimógenas



Son poco más de las 17 en Plaza Italia, epicentro de la protesta social en Santiago. Un grupo pequeño de jóvenes copa Plaza Baquedano, salta y grita contra los pacos. Es una marcha autoconvocada, sin la masividad de otras ni presencia sindical o de organizaciones. Además, es pacífica. Como todas las movilizaciones pacíficas del pueblo chileno termina mal. En pocos minutos la violencia arrasa con la paz. Bien temprano llegan los hidrantes. “Cabros, no nos movamos”, agita una morocha. Comienzan los chorros de agua --los jóvenes creen que contienen pis y caca de uniformados--, los manifestantes corren adonde pueden, y muy rápidamente comienzan a explotar lacrimógenas que caen desde varias direcciones. 

En Parque Bustamante se oyen disparos. Una madre ve cómo caen las bombas. Sujeta fuerte a su hija de la mano. Le ordena que se coloque gafas. En esta zona, en que la Policía suele generar picantes encerronas, Lenny Montanares recibió nada menos que el impacto de veinte balines de goma. Su caso es uno de los que aparecen en el Archivo de Memoria Audiovisual (AMA), un documento en desarrollo en el que vale la pena detenerse, elaborado por un grupo de periodistas con la intención de dar rostro y voz a las víctimas de violencia civil, militar y policial

(https://uploads.knightlab.com/storymapjs/cff39c5ecb6c7254a4be4cc095ebcd66/probando/index.html ). “Nosotros no estamos yendo con armas. Estamos yendo a lo máximo con piedras. Los jóvenes son los que menos miedo tienen entonces van con más fuerza. Son unos grandes, súper guerreros”, expresa Lenny, que marchaba por las pensiones de sus abuelos y la educación de su hermano menor. Todavía tiene una bala en la pierna. Cojea “todo el día”.


Morales se refirió a la utilización de lacrimógenas, armas químicas prohibidas en los tratados de algunos países para su uso en las guerras, pero que se emplean para controlar y dispersar manifestaciones. En Santiago es tal el abuso que ya parecen normales, parte del paisaje. No hace falta estar cerca de una explosión para padecer sus consecuencias. Los ojos arden y lagrimean, se produce una sensación de ahogo y es posible que aparezca una persistente tos combinada con náuseas y sangrado de nariz. “Son complicadas. Hay dudas muy serias respecto de los daños que provocan en forma crónica, de distinto tipo, incluida la generación de problemas respiratorios y cuadros neurológicos. Tienen efectos inmediatos en términos de toxicidad”, describe Morales. Su impacto ha causado fracturas y contusiones. Hace poco, un vendedor ambulante padeció un impacto tan cercano que le causó una severa lesión craneal. Lo último que se supo es que se encontraba en coma inducido.

 

Violencia político-sexual



La violencia sexual ejercida por Carabineros y militares es otro de los sellos de la represión chilena. Abarca “una amplia gama de prácticas”. Muchas veces ocurre en el contexto de detenciones irregulares. “Se han hecho procesos de desnudamiento a menores de edad y a mujeres, incluso bajo amenaza de que si no lo hacían iban a quedar detenidas por más tiempo. Hay víctimas de golpes y tocaciones, hemos visto moretones alrededor del área genital. La violencia ha llegado hasta la introducción de elementos, por ejemplo armas, y violaciones”, informa Libertad Márquez, ginecóloga feminista, integrante de la Red Chilena de Profesionales por el Derecho a Decidir, la Mesa de Acción por el Aborto y la flamante Agrupación de Salud por Derechos Humanos. Desde el despertar chileno ha estado atendiendo víctimas en puntos cercanos a las concentraciones.


Según el último informe del INDH, se presentaron 52 querellas por violencia sexual (por desnudamientos, amenazas, tocaciones y cuatro penetraciones). Las que más la padecieron son mujeres de entre 20 y 25 años, según lo que pudo observar Márquez, y de las clases sociales más vulnerables. “Hay muchos más casos de los denunciados, pero las víctimas no se animan a hablar porque han sido amenazadas”, asegura.


También hay hombres entre las víctimas. No obstante, se puede hablar de un ataque específico hacia mujeres y la comunidad LGBTIQ. “Hay veces que en las detenciones a las mujeres se les pide desnudarse y a los hombres no. Y si la mujer representa el estereotipo de alguna disidencia es más violentada. Hay testimonios de violación con intención correctiva en una paciente lesbiana”, destaca Márquez. En este sentido, uno de los casos más resonantes es el de Josué Maureira, estudiante de medicina de 23 años que denunció haber sido apaleado hasta quedar inconsciente, vejado por su orientación sexual, nuevamente golpeado hasta que se le quebró el tabique, violado con una porra, amenazado de muerte y encarcelado por supuestas agresiones a agentes.


“Todavía me siento encima como para sacar conclusiones. Con dolor digo que seguimos recibiendo testimonios y atendiendo. Estamos demasiado en la trinchera como para poder ver qué está significando para esta generación tener bajo el alero de un título de democracia acciones que no se habían visto desde la dictadura. Bajo una supuesta normalidad se han desatado las más atroces prácticas realizadas por personas que visten uniforme”, concluye Márquez. Menciona el caso de una víctima que después de sufrir vejámenes sexuales se suicidó. Una historia que “nunca” verá la luz con nombre y apellido, porque la persona no alcanzó a denunciar, y su familia ante el miedo prefiere el silencio.

Son varias las agrupaciones trabajando en esta problemática, como Abogadas Feministas y Ni Una Menos Autónoma. La ONG Amaranta llamó la atención respecto de la cantidad de víctimas que dicen haber sido tocadas “en plena calle, mientras marchaban, por efectivos de Fuerzas Especiales”. Memorias de Rebeldía Feminista es un colectivo de ex presas políticas. Reciben denuncias y están dando talleres en colegios y liceos de la capital chilena. Ellas afirman que la violencia actual no es más que “el fiel reflejo de la impunidad de la violencia político-sexual o tortura sexual” de los tiempos de dictadura.



Dirigentes y periodistas en la mira



El fotógrafo tucumano Jeremías González, corresponsal del diario Der Spiegel, estuvo detenido en Chile durante seis horas, el domingo 3. Estaba retratando una marcha de ciclistas rumbo a la casa del presidente en Las Condes. Al principio le dijeron que se lo llevaban por estar sacando fotos. Un colega chileno, Alvaro Santa Ana, comenzó a retratar la escena y también se lo llevaron. Los acusaron de desorden público. Con Sant Ana fueron más lejos: “usurpación de funciones”, porque no contaba con acreditación (es reportero free lance). Compartieron este episodio con cuatro manifestantes. Por otra parte, tres periodistas argentinos de medios alternativos fueron retenidos en el aeropuerto de Santiago y según denunciaron la Policía de Investigaciones los mantuvo encerrados en una habitación y los amenazó con deportarlos con el argumento de que había fotos en sus redes que “incitaban al odio”. El caso más grave en materia de periodismo y derechos humanos es el del camarógrafo chileno Alejandro Torres, baleado en el ojo izquierdo con un perdigón. Podría perderlo. Por su parte, los dirigentes sociales de base están siendo vigilados por la Policía. Se supo por un documento de Carabineros que se filtró.

 

Un ataque masivo

 

Torturas, personas atropelladas y golpeadas, heridos que no paran de crecer y que evitan los centros de salud por miedo a represalias, denuncias de la existencia de centros clandestinos de detención, sospechas de montajes en las muertes, violencia sexual, represión, detenidos (en todo el proceso 5565 según INDH, de los cuales más de 600 son niños y adolescentes; 9 mil ha dicho el Ministerio del Interior). Un ataque que se vuelca fuertemente sobre niños y adolescentes. En las redes pueden aparecer posteos aislados de personas que buscan familiares pero no existen cifras oficiales de desaparecidos. “Las acciones que se están llevando a cabo por agentes del Estado no son aisladas. Están cometiéndose conductas generalizadas. Podría decirse que es un ataque masivo, una coordinación de distintos entes del Estado”, analiza el abogado Francisco Ugás Tapia, del estudio de Nelson Caucoto Pereira, dedicado a los derechos humanos.


El INDH informó el jueves que recibió unas 2300 denuncias por vulneraciones de derechos humanos desde el inicio de las protestas, que según el organismo dejaron un saldo de 20 muertos y 1915 heridos (más de mil por disparos de armas de fuego). La mayoría de las querellas apuntan al actuar “vulneratorio” de Carabineros durante las tres semanas de manifestaciones y también de miembros de las Fuerzas Armadas durante el estado de emergencia. De las denuncias, 72 acusan a las fuerzas de seguridad de torturas. El viernes, Fiscalía Nacional informó que abrió 1080 investigaciones penales por denuncias de violencia institucional que acusan a Carabineros, el Ejército, la Policía de Investigaciones y la Armada.

“La explicación de mucho de lo que está ocurriendo ahora, esta desproporción de las Fuerzas en su actuar y los distintos delitos imputables a agentes del Estado, se encuentra en lo que ocurrió en la dictadura. La formación en derechos humanos de las fuerzas policiales y armadas ha sido bastante escasa. También en términos de los protocolos institucionales actuales”, explica Ugás Tapia, quien lleva los casos de un colombiano de 16 años baleado en la espalda con 13 perdigones y de un hombre golpeado por 12 carabineros en Ñuñoa (por el que los policías están siendo investigados).

Aparte de la represión en el Liceo 7, otro hecho impactante de esta semana fue la denuncia de un estudiante que dijo haber sido secuestrado por Carabineros de civil y torturado en Antofagasta en lo que podría ser un centro clandestino de detención. Además, en los últimos días, Interferencia planteó diversas dudas respecto de la calidad de los peritajes del Servicio Médico Legal a los cuerpos de fallecidos en manifestaciones, disturbios y saqueos. Se supo, por ejemplo, que Yoshua Osorio Arias, menor de 17 años encontrado al interior de Kayser, falleció por asfixia pero tenía tres orificios en su tórax, que no habían sido ahondados en la autopsia.


Con todo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitó al Estado chileno autorización para visitar el país y están llegando organizaciones y personalidades de derechos humanos, como Nora Cortiñas, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT). El viernes, la prensa consultó a Piñera por la preocupación de expertos de la ONU en torno al uso de perdigones y balines. El mandatario no respondió la pregunta. Simplemente sonrió.

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Sábado, 09 Noviembre 2019 06:39

Un siquiatra para los geopolíticos

Un siquiatra para los geopolíticos

Entre los numerosos exabruptos que se circulan estos días, de todos los colores y sinsentidos, algunos merecen ser destacados porque ilustran un tipo de pensamiento elitista. Ante la oleada de rebeliones, estallidos y levantamientos que está atravesando el continente, los gobiernos acusan siempre a sus enemigos por fomentarlos; la derecha a la izquierda y viceversa.

Unos y otros no pueden imaginar que la gente que se manifiesta lo hace por propia voluntad, que los pueblos no son marionetas cuyos hilos manejan los grandes países o los caudillos. Desestiman la autonomía, que existe, y sólo pueden ver la heteronomía, que también existe, pero que en modo alguno puede explicar las rebeliones en curso.

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, culpa sin pruebas a Nicolás Maduro y al ex presidente Rafael Correa, por el levantamiento que durante 12 días sacudió al país. "Lo que ha sucedido en estos días en el Ecuador, no es una manifestación social de descontento y protesta frente a una decisión de gobierno, no. Los saqueos, el vandalismo y la violencia demuestran que aquí hay una intención política organizada para desestabilizar el gobierno", dijo Moreno (https://cnn.it/2C8Givm).

De ese modo cree que puede eludir los reales problemas del país, que han llevado a cientos de miles a las calles, con inusitada rabia, forzándolo a dar marcha atrás con su paquete del medidas inspiradas por el Fondo Monetario Internacional.

El inefable secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, denunció que existe un "patrón" de desestabilización que viene de Venezuela y de Cuba. "Las brisas del régimen bolivariano impulsadas por el madurismo y el régimen cubano traen violencia, saqueos, destrucción y un propósito político de atacar directamente el sistema democrático y tratar de forzar interrupciones en los mandatos constitucionales", dijo el 24 de octubre. (https://bit.ly/2pDRrlp).

El Departamento de Estado de Estados Unidos manifestó que hay claras señales de personas que están "aprovechando el debate" para "fomentar el conflicto" en los países sudamericanos, principalmente "mediante el uso y abuso de las redes sociales y de alborotadores", apuntando a Rusia y a sus aliados en la región (https://bit.ly/36rhOvt).

Desde el lado opuesto, el progresismo latinoamericano, se procede exactamente del mismo modo. El mandatario de Nicaragua, Daniel Ortega, acusa a Washington de inspirar las manifestaciones estudiantiles contra su gobierno y, de paso, acusa de "terroristas" a quienes se lanzaron a las calles contra su régimen (https://bit.ly/2PQCzef).

El gobierno de Vladimir Putin acusa en la misma dirección a Estados Unidos por desestabilizar a sus aliados en América Latina, denunciando "un nuevo modelo de injerencias de todo tipo en asuntos soberanos, intentos de golpes ilegítimos, cambios de régimen" (https://bit.ly/2WVXbmV).

"La crisis que atraviesa Bolivia por las denuncias de fraude en las elecciones" es atribuida por el gobierno de Evo Morales a Washington, actuando de modo simétrico a los demás gobiernos que acusan de sus problemas al imperio (https://bit.ly/2r9zLyB).

La lista es interminable y se puede incluso retrotraer a crisis anteriores. Creo que esta lógica tiene consecuencias nefastas para los pueblos. Es una pervivencia de la guerra fría, en la que toda acción popular era atribuida a una de las superpotencias, porque todo debilitamiento de un campo beneficiaba al otro. Si esta actitud tuvo escaso asidero durante la guerra fría, ahora no tiene el menor sentido.

En primer lugar, este pensamiento que antepone la geopolítica a la emancipación, permite aplastar pueblos, clases, géneros y generaciones porque su lucha es considerada como un obstáculo para resolver la "contradicción principal" (nocivo concepto de Mao), que sería la que enfrenta a las naciones con el imperialismo y a la clase obrera con la burguesía.

En segundo lugar, revela profunda incomprensión de las nuevas realidades de los pueblos. La emergencia de los pueblos originarios y del movimiento feminista deslegitima el colonialismo y el patriarcado y le da vuelos autónomos a los sectores populares.

La negativa de los pueblos ecuatorianos a dejarse utilizar por el gobierno de Lenín Moreno o por el ex presidente Rafael Correa, habla de esta nueva manera de pararse en el mundo. Se niegan a que algunos de los bandos políticos se beneficien de sus luchas, lo que revela madurez y aprendizajes.

En Chile las mujeres están realizando sus propios cabildos, porque buscan "una profunda transformación económica, social, política y cultural" que no puede contenerse en un cambio de gobierno, ni siquiera en una asamblea constituyente, porque "en un momento de crisis política, a las mujeres y disidencias sexuales nos asalta el miedo fundado de que vuelvan a dejarnos fuera" (https://bit.ly/34ByzCa).

Observamos una lucha por debajo de la lucha, el intento de cada pueblo y cada sector de la sociedad de hablar por sí, sin mediadores ni representantes.

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Sábado, 09 Noviembre 2019 06:31

Un desafío policial para Evo

Un desafío policial para Evo

Motines en Cochabamba y Chuquisaca contra el presidente

 

Efectivos de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) de Cochabamba se rebelaron ayer a la tarde y quisieron nombrar otros comandantes. Fue la distrital que hizo punta y con el correr del día se fueron sumando los regimientos policiales de Chuquisca y otros departamentos. El gobierno podría mandar a los militares a tomar la UTOP a nivel nacional y se espera el anuncio de un estado de emergencia.

En medio de una convulsión generalizada por parte de la oposición al presidente Evo Morales tras los resultados electorales del 20 de octubre, la UTOP de Cochabamba se sumó a las intentonas golpistas agitadas desde hace semanas por la derecha boliviana. Según el diario "El Deber", más de cinco mil efectivos de la repartición son parte de esta nueva avanzada contra la democracia. Familiares de los policías y manifestantes de grupos que responden al Comité Cívico Nacional vitorean a los insurrectos que por decenas se asoman desde los techos del edificio.

Un memorándum de los amotinados, con firma del General Comandante Vladimir Yuri Calderón, indica que "se destina como nuevo comandante departamental de la Policía de Cochabamba a Jaime Edwin Zurita Trujillo para cumplir la misión encomendada en el término estipulado por reglamento y desempeñar las funciones en el cargo mencionado, cumpliendo estrictamente con la Constitución Política del Estado".

La noticia llegó hasta la ciudad de La Paz, donde los presidentes de los comités cívicos de Santa Cruz, Fernando Camacho; de Potosí, Marco Antonio Pumari y de Beni, Fernando Llapiz, protagonizaban un cabildo en la zona sur. Los cívicos celebraron junto a los asistentes a la concentración. Camacho señaló que "el mensaje de la Policía es que queremos un pueblo unido", insistió con que deben anularse las elecciones e "ir a nuevos comicios, con otro Tribunal Electoral y sin Evo Morales". Hasta las 19,30 no se habían expresado las autoridades del gobierno central.

Los motines se producen a pocos días de que la OEA brinde las conclusiones de la auditoría del discutido escrutinio y en una jornada plagada de cruces entre el gobierno y la oposición y entre los propios opositores como Carlos Mesa y el cívico Luis Fernando Camacho. Horas antes, el presidente Evo Morales había reiterado que no renunciará y volvió a llamar al pueblo a defender el voto popular y la democracia.

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A treinta años de la caída del Muro de Berlín. ¿Qué nos dejó el evento?

En Berlín, faltaban pocos minutos para las siete de la tarde cuando Günter Schabowski, funcionario del Partido Comunista de la República Democrática de Alemania (RDA), terminó de leer un comunicado significativo, pero al no ser de aplicación inmediata, carecía de espectacularidad.

Hacía meses que los países del bloque comunista en Europa Oriental venían tomando medidas de distensión y en ese marco Schabowski anunció un cambio: los alemanes de la RDA podrían viajar a la Alemania capitalista “sin trámite previo”. De repente un periodista preguntó “¿A partir de cuándo?”. El funcionario que no había leído previamente el texto completo del decreto titubeó. Primero buscó atolondradamente los datos y, como no los encontró, respondió: “Enseguida”.

Aún sin celulares ni conectividad global, la noticia atravesó el mundo como un rayo: “¡Cayó el Muro de Berlín!”. Uno de los lugares más peligrosos del planeta; la frontera donde capitalismo y comunismo habían confrontado durante décadas por la hegemonía mundial y, por eso mismo, estaba siempre al borde del estallido nuclear, había dejado de existir.

Esa noche, cientos de alemanes de uno y otro lado escalaron ese muro que durante 28 años había separado Berlín oriental y occidental, ese símbolo de la Guerra Fría largamente citado en las novelas de espionaje de John Le Carré o Ian Fleming y que aparecía en películas memorables como Octopussy (1983), con Roger Moore interpretando a James Bond, el personaje de Fleming o El espía que vino del frío (1965), basada en una novela de Le Carré) y actuada por Richard Burton.

A partir de la noticia, familias enteras pasaron de uno al otro lado de la Puerta de Brandenburgo. Algunos rompían pedazos de hormigón y se los llevaban de recuerdo. Los ossies (como se denominaba despectivamente a los berlineses orientales) que llegaban a la RFA recibía 100 marcos de regalo (50 dólares de la época) pero pronto descubrieron que Berlín Occidental estaba bien aprovisionado, pero era carísimo y con ese dinero no se podía adquirir casi nada. En cambio, los occidentales que también cruzaron el muro para curiosear Berlín Oriental compraban libros, discos y muchas otras cosas, a menos de la tercera parte de lo que pagaban en el sector capitalista.

Aquel 9 de noviembre de 1989 se cerró un ciclo abierto en 1945, cuando la Alemania nazi, derrotada, fue dividida y ocupada por los vencedores. El sector oriental estaba controlado por la Unión Soviética y el occidental por Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Berlín tenía una situación particular ya que estaba situada dentro de la zona de ocupación soviética, pero internamente reproducía el mismo esquema Este /Oeste. En agosto de 1961 el gobierno de la RDA erigió una pared entre ambos, con el argumento de que, desde Berlín occidental, se incitaba a sus ciudadanos a la fuga. El muro se extendió unos 120 kilómetros y tenía 3,60 metros de altura, una nimiedad si se piensa en el que levantó Estados Unidos contra México de 3.180 kilómetros y una altura que va de 5,5 a 9,1 metros. En cuanto al muro entre Israel y territorios palestinos, mide unos 800 kilómetros con un promedio de 7 metros de altura y características altamente inexpugnables. 

También las cifras de muertos por estos “muros de la vergüenza” estremecen. En plena Guerra Fría, muchos alemanes orientales intentaron llegar al oeste de formas muy osadas: hubo quienes cruzaron a nado por los ríos que bordeaban la pared; otros intentaron burlar la prohibición viajando en globos aerostáticos o dentro del baúl camuflado de un auto. En 28 años, 41.000 personas lograron llegar a Berlín Occidental y 136 perdieron la vida en el intento. En cambio, en la frontera méxico-norteamericana en un solo año (2017) murieron tres veces más: 412 personas según la Organización Internacional de Migraciones. Y el número va en aumento, sin contar con el sufrimiento de hijos pequeños separados de sus padres y otras violaciones a los derechos humanos.

El cambio en el orden mundial que significó la caída del muro todavía hoy sigue impactando. Paulatinamente medio siglo de Estado de Bienestar entró en su ocaso. Desde los ámbitos académicos y mediático se instaló la idea de que el Estado era un obstáculo y la iniciativa privada una panacea. Creció el poder de las multinacionales y la injerencia de lo económico/financiero por sobre lo político y lo productivo.

Dos años después, con el colapso de la URSS, un acervo importante de teorías, valores e ideas defendido durante décadas por una parte importante de la sociedad del siglo XX quedó, como mínimo descalificado. Las utopías de transformar colectivamente la realidad para alcanzar un mundo igualitario, sin hambre ni explotación, más justo y pacífico fue reemplazado por un discurso de individualismo impiadoso, por la teoría del crecimiento indefinido y por la compulsión al consumo.

Hoy, 30 años después, vemos la cara descarnada de aquellas esperanzas. Hay muchas preguntas, pero basta una: aquel “mundo libre” que se prometía ¿era éste donde 26 millonarios tienen la misma riqueza que 3.800 millones de personas?

* Autora de “Todo lo que necesitás saber sobre la Guerra Fría” Editorial Paidós.

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Sábado, 09 Noviembre 2019 06:14

El derecho de vivir en paz

Pintada en una pared de Santiago de Chile, año 2008. Imagen: Andrés Osojnik

Lo que pasa en Chile está más visto que contado. No cesan los relatos visuales escalofriantes, a su vez documentos sobre la represión descontrolada que castiga a hombres, mujeres, ancianos, niños, estudiantes, discapacitados; que castiga sin relación entre el balazo y el castigado. Lo que pasa en Chile nos envía también a nosotros al recuerdo de las épocas más oscuras y salvajes del siglo XX. Lo que vemos además nos reconfirma que la pelea con los grandes medios no fue un episodio argentino de la década pasada, sino que se trata de un dispositivo de blindaje que existió siempre, pero hace poco que tenemos conciencia colectiva de que los grandes medios, cuando se concentraron, fue para ser una pata más del neoliberalismo.

Los medios no sólo han actuado sólo contra los chilenos: le han ocultado al mundo qué había atrás de aquello a lo que le hacían propaganda. Y seguimos sin ver nada de Haití, seguimos sin coberturas sobre el genocidio por goteo en Colombia, no tenemos idea de lo que pasa en Africa. El nuevo intento de golpe en Bolivia se hizo visible también por las redes, en videos movidos, mostrando una de las escenas más bárbaras y asquerosas que puedan concebirse, con la alcaldesa de Vinto retenida por la turba de la derecha, vejada, golpeada, teñida de rojo. El odio es profundo y está acicateado, estimulado y otra vez quieren muertes. Y uno piensa, mientras escucha a los chilenos cantar de a miles El derecho de vivir en paz, que sí, que basta ya, que se traguen su odio y que se calmen, que a veces se gana y a veces se pierde, y que si pierden que soporten, como acabamos de hacer en la Argentina, a gobiernos que detestan. Pero la derecha no soporta no ganar. Y derroca, invade, injuria, encarcela, censura, miente, roba, mata.

Sin embargo, lo que pasa en Chile no viene sólo con el olor de la opresión, sino también con el perfume de las primaveras. Por muy poco menos que esto la prensa mundial habló de la primavera árabe, que terminó siendo su propio reverso. Y es una confesión de parte que los medios hoy no hablen de la primavera chilena: ven vándalos donde, cuando a sus mandantes les convenía, veían pueblos rebelándose contra la tiranía. Entendámoslo: el neoliberalismo es una forma de tiranía.

Lo que pasa en Chile viene con el olor turbio de la opresión, pero también con el perfume de aquella resistencia que, como en Chile nunca fue reivindicada institucionalmente, reaparece ahora con una fuerza acojonante. Ver tocar ante una multitud a la Sinfónica de Chile los temas de Víctor Jara es un fenómeno de renacimiento. Lo reprimido, lo aplastado, lo hundido a sangre y fuego por la vara de la normalidad de los militares y la elite, retoma su énfasis en un pueblo que hoy es otro y es el mismo. Eso es un pueblo, una cadena transgeneracional que conserva el fuego de su identidad encendido aun en las peores circunstancias. Hay varias generaciones que no son contemporáneas a Víctor Jara. Pero la cultura popular también tiene sus clásicos, que son los que en cualquier latitud, en cualquier idioma y en cualquier época expresan lo que necesita cantar el pueblo para hacer comunión con sus emociones. Y uno ve pibes de secundario cantar sus letras y entonar sus melodías, y ve y escucha un Te recuerdo Amanda que son ellos mismos, que son los de antes y los de ahora y serán los de mañana. La identidad chilena que fue condenada guardó sus íconos y sus tótems. Guardó su espíritu.

Decían que la historia había muerto. En uno de los lugares donde anclaron esa idea fue en Chile. Que la historia había muerto significaba que habían implantado un orden inmodificable. Y a ese orden le llamaron, desde entonces, “normalidad”. Atrás quedaban los crímenes de Pinochet. Como en España los de Franco. Durante décadas los impulsores del fin de la historia nos aturdieron con los magníficos atributos del Pacto de la Moncloa y con la Concertación chilena. El modelo exitoso que nunca acercaba el foco a la población de Chile sino que mostraba planillas con números. Cada tanto las revueltas eran tan grandes, especialmente las de los estudiantes y las de los mapuches, que teníamos noticias pero luego se apagaban, porque había vuelto la “normalidad”.

Esa normalidad incluye y siempre incluyó el abuso de poder. Chile hasta ahora ha sido un gran abuso, como lo han sido los últimos cuatro años argentinos. Somos pueblos abusados por elites. Están convencidas de su supremacía. No hay supremacía posible si no se aplasta a otro. Y el otro de las elites es el 99 por ciento de la población. Pero al parecer hay una sincronía histórica que nos hace vivir a muchos pueblos al mismo tiempo un despertar de lo que parecía la vigilia y era un ensueño, un folleto, una cáscara, la publicidad de un producto que éramos nosotros mismos, vendidos como trabajadores baratos.

El Chile que vemos muestra a un gobierno y unas fuerzas de seguridad cometiendo a los ojos del mundo un monstruoso delito de lesa humanidad contra todo el pueblo chileno. Se pueden pretextar asesinatos diciendo que fueron enfrentamientos, se pueden justificar represiones salvajes diciendo que hubo vándalos, pero allá ya son más de veinte las denuncias comprobadas de violaciones a mujeres y homosexuales detenidos. Es algo que no es nazismo ni fascismo pero que pertenece a esa familia de regímenes de bajos instintos morales: es el neoliberalismo defendiéndose en el poder.

La dignidad, la claridad conceptual y la conciencia política con la que el pueblo chileno ha salido a la calle tienen mucho que ver con haber preservado, como vemos, la memoria. No tuvieron juicios a genocidas, como aquí, pero preservaron la cultura que les dejó esa generación, y con Víctor Jara hoy cantan los vivos y los muertos.  

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Tribunal Supremo anula prisión en segunda instancia y Lula podría ser liberado

Por 6 votos contra 5, la Corte brasileña siguió el principio constitucional que garantiza presunción de inocencia

Por mayoría, el Supremo Tribunal Federal (STF) revocó este jueves (7) la ejecución de pena después de condena en segunda instancia. Iniciado el 23 de octubre, el juzgamiento se cerró con un marcador de 6 a 5 a favor de la posición, expresa en la Constitución brasileña, de que la prisión de un acusado sólo puede ser autorizada después de agotar todas las instancias.

Considerada la decisión más importante de este año, podrá resultar en la liberación de casi 5 mil personas encarceladas sin condena en firme, entre ellas el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, preso político desde abril del año pasado.

El Tribunal Federal Supremo deberá aún debatir como tal decisión será puesta en práctica. Hay divergencias, por ejemplo, sobre si la libertad debe ser decretada automáticamente por la propia Corte Suprema o evaluada por los jueces de ejecución penal caso por caso, pudiendo convertir el cumplimiento de pena en prisión preventiva.

Los votos

En la sesión de este jueves –la tercera de la Corte dedicada a analizar el tema–, iniciada con un marcador parcial de 4 a 3 a favor de la prisión después de segunda instancia, votaron Carmen Lúcia, Gilmar Mendes, Celso de Mello y el presidente de la Corte, Dias Toffoli.

Carmen Lúcia reiteró su posicionamiento tradicional con relación al tema, votando a favor de la prisión después de condena en segunda instancia.

Gilmar Mendes presentó un voto en que explicó la evolución de su posición, ya que, en el pasado, votó a favor de la prisión en segunda instancia y, este jueves, consolidó sus críticas más recientes a la medida.

Siendo el único además de Toffoli en citar el “caso Lula”, Mendes, que se mostró simpático a la idea de prisión en tercera instancia, afirmó que la actuación del Superior Tribunal de Justicia en el proceso del petista también influenció en su cambio de posición.

“El caso Lula contaminó la discusión. Eso no contribuyó para el debate racional. Puedo ser sospechoso de todo, menos de ser petista. El caso Lula muestra como el sistema funciona mal. Y aún no estoy hablando deThe Intercept. El combate a la corrupción se debe hacer dentro de los marcos del debido proceso legal”, dijo.

Celso de Mello, que votó después de Mendes, también fue contrario a la prisión después de segunda instancia. El afirmó que, a pesar de la gravedad de la corrupción en el país, las directrices establecidas por la Constitución deben ser plenamente observadas, contrariando también algunos argumentos de defensores de la medida.

Dias Toffoli, último en votar por ser presidente de la Corte, inició su posicionamiento afirmando que la cuestión técnica en los presentes procesos es la adecuación de las reglas del Código de Proceso Penal a la Constitución.

En ese sentido, afirmó que la "voluntad de los representantes del pueblo" estaba de acuerdo con el texto constitucional al establecer el agotar todas las instancias como marco. Indicó, por otro lado, que no vería problema en caso de que el Congreso desee, a futuro, modificar ese momento procesal.

Lula

En una nota divulgada enseguida de terminada la sesión, la defensa del ex presidente informó que, con base en la decisión del STF, ingresará este viernes (8) un pedido de liberación inmediata de Lula. La decisión de ingresar el pedido habría sido tomada después de conversar con el ex presidente.

Por ley, Lula ya podría estar en régimen semiabierto, pero se había negado a pedir la conmutación de pena por entender que eso heriría su dignidad. "Quiero que sepan que no acepto regatear mis derechos ni mi libertad”, afirmó Lula en esa ocasión.

"Necesitamos recuperar el espíritu rebelde del pueblo", dijo Lula a BdF; lea la entrevista completa

Este jueves, los abogados del petista, Cristiano Zanin Martins y Valeska Martins, también afirmaron que van a reiterar la solicitud para que el Tribunal Supremo juzgue los habeas corpus que piden la nulidad del proceso alegando la "improbidad del ex juez Sergio Moro y de los fiscales de la Operación Lava Jato, entre otras innumerables ilegalidades".

Primer día de votación

El relator del caso, Marco Aurélio Mello, votó contra la prisión después de condena en segunda instancia. En la ocasión, él afirmó que la armonia entre el Código de Proceso Penal y la Constitución es "completa", así, la prisión sólo es posible después de agotar todas las instancias, o sea, después del fin de todos los recursos.

Alexandre de Moraes presentó un posicionamiento divergente. El apuntó que la posición a favor de la prisión en segunda instancia prevaleció por veinticuatro años y comenzó con la promulgación de la Constitución de 88.

Edson Fachin y Luís Roberto Barroso siguieron la posición de Moraes y el primer día de votación cerró con marcador de 3 a 1.

Segundo día

En el segundo día de votación, 24 de octubre, la expectativa era en torno al posicionamiento de Rosa Weber. Eso porque, en el juzgamiento del habeas corpus del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ella cuestionó el tema.

“El STF es el guardián de la Constitución, no su autor. Cuando el juez es más rígido que la ley, es injusto. No fuimos investidos de autoridad para declarar inconstitucional a la propia Constitución”, dijo Weber al posicionarse hoy por agotar las instancias.

En la misma fecha, Luiz Fux votó por la prisión después de condena en segunda instancia, mientras que Ricardo Levandowski se alineó con Rosa Weber, conformando 4 votos a 3 contra la interpretación literal de la Constitución.

Prisión después de segunda instancia

La mayoría de los magistrados del Supremo decidió, en 2016, que la Justicia podría pedir la prisión de acusados cuya condena fuera confirmada en segunda instancia. El inciso 57 del artículo 5º de la Constitución afirma, mientras tanto que, “nadie será considerado culpable hasta agotar todas las instancias de sentencia penal condenatoria”.

En comunicación con Brasil de Fato, juristas calificaron la prisión después de la condena en segunda instancia como “violación expresa, clara y frontal” de la Constitución y del Código de Proceso Penal y hasta incluso como una interpretación que “viola la lógica” fruto de un “debate vulgar”.

Por Rafael Tatemoto

Brasil de Fato

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Notas (sueltas) sobre la crisis post-electoral boliviana

Todo parece desmadrarse en Bolivia después del 20 de octubre. Las acusaciones cruzadas entre oficialistas y opositores son las mismas: golpe /golpe, racismo/racismo, dictadura/dictadura y ya hay enfrentamientos violentos entre grupos de bolivianos en las calles. Claramente, el gobierno no midió los efectos de haber forzado la postulación contra el resultado de un referéndum y haberse obsesionado durante cuatro años solo con la re-reelección. Y no mide el descontento más allá de las (aún) buenas cifras macroeconómicas. En este tiempo, la potencia social fue reemplazada por la “potencia estatal”, lo que fue implicando una burocratización del apoyo al gobierno, un fuerte debilitamiento de la capacidad de irradiación hacia fuera de los núcleos duros y los "creyentes" y un empobrecimiento del discurso oficial (se ve en las redes, en los post de quienes aún tratan de defender al gobierno y en el propio discurso en la cúpula oficialista) y de su capacidad de movilización (la energía se desplazó al bloque opositor). Las nuevas figuras del gobierno, como Canelas, que lo rejuvenecieron, fueron absorbidas por esta dinámica regresiva. Y así el MAS se desconectó también de las nuevas generaciones que vivieron toda su vida consciente bajo Evo escuchando los mismos discursos.

Frente a los resultados del 20-O, de la desconfianza en el conteo emergió lo que parecía ser un movimiento democrático con epicentro en sectores medios urbanos. Básicamente los que representó Carlos Mesa, aunque muchos de sus votos fueron “votos útiles” contra el MAS más que apoyo explícito al ex presidente. Pero la decisión del gobierno de ir a una auditoría de la OEA –sin acuerdo previo con Mesa– dejó al espacio moderado sin nada que mostrar y, en un contexto de protestas callejeras, sin estrategia frente a un nuevo polo opositor. Este se articula en torno al Comité Cívico cruceño – “renovado” y recuperado luego de la derrota de 2008– que ha logrado una irradiación, a diferencia de 2008, fuera de la Media Luna, e incluso en La Paz. Camacho parece tener una doble fuente de legitimidad –religiosa: dijo que Dios debía entrar nuevamente al Palacio, de donde Morales lo habría expulsado, y “viril”: el “macho Camacho” parece tener “las pelotas” para plantearse frente a la “dictadura de Morales”, "anotar a los traidores en una libretita como la de Pablo Escobar", etc. Veremos si este empresario cruceño pasa a integrar la lista mundial de “subestimados” (incluso por mí mismo) que luego sorprendieron a todos o es solo un instrumento pasajero e histriónico de una creciente y radicalizada oposición al MAS.

La retención del líder cívico –que convoca cabildos masivos en Santa Cruz– en el aeropuerto de El Alto por militantes del MAS, en medio de insultos y amenazas, para que no llegara al Palacio Quemado a llevarle la “carta de renuncia” que “debía firmar” Evo lo victimizó como “secuestrado por hordas de masistas” alentadas supuestamente por el propio Estado; y eso en Bolivia siempre es un buen capital político (Evo también lo usó en su momento e incluso ahora sigue apelando a la victimización). Lo cierto es que en otras partes de Bolivia parece haber crecido la popularidad de Camacho -que dice que llevará la renuncia para que firme Evo en una mano y una biblia en la otra.

Pero al mismo tiempo, este giro –y la desaparición de Mesa, segundo en las elecciones, como actor principal– llevó también a una mutación en las protestas: el movimiento democrático incipiente, que reclamaba por el “fraude electoral” mutó a un movimiento lisa y llanamente opositor. La idea ahora es que Evo se vaya como sea. De esta forma, estas protestas se conectan con varias en la historia boliviana, y con una dinámica insurreccional donde cada sector corporativo inscribe sus indignaciones en una economía moral explosiva (ahora está Potosí que quiere más beneficios del litio, cocaleros enfrentados a Morales, estudiantes, médicos que vienen protestando desde hace meses… y muchos bolivianos a quienes no les alcanzan las buenas cifras macro); se dibujan además complejas fronteras de clase, ofensas a las identidades regionalistas y/o gremiales, alianzas que pueden parecer sorprendentes y una escasez de vías institucionales para moderar los enfrentamientos. Los propios medios de comunicación, en líneas generales, están contribuyendo bastante a la polarización política y social.

Por estas horas, más que fuerzas de seguridad vs opositores, lo que se ven son enfrentamientos entre los dos bandos a menudo con pasividad o intervenciones modestas de la policía. Pero es difícil ver cómo el discurso radicalizado del liderazgo por Santa Cruz puede vehiculizar una mejor cultura democrática en el país. Fernando Molina mostró bien en su breve artículos “¡Crisis de octubre’: analogías históricas” como funcionaron históricamente las dinámicas de enfrentamiento clasistas/territoriales/ étnicas post-Revolución del 52 y los imaginarios que las acompañaron. Mujeres creando lo resumió bien en un grafiti: “Indignación y racismo no son lo mismo”. Y no es difícil ver la analogía entre la expresión “hordas de de masistas” –que pueblan las redes- y hordas de indios/campesinos; lo mismo que en las denuncias de que “trajeron gente” de otros sitios…Este tipo de racismo no puede justificarse por el uso de estereotipos sobre los "cambas racistas" o los qharas al que apela el gobierno. Es claro que en este contexto se debilitan las palomas de ambos lados y gana espacio los halcones: quienes creen estar haciendo “la revolución” (Quintana habló de un nuevo Vietnam) y los que se entusiasman con líderes con “pelotas”, como Jair Messias al otro lado de la frontera (aunque este esté sorprendentemente calmo sobre el tema Bolivia).

Quizás Evo gane y siga un tiempo más; quizás sean los opositores quienes ganen la pulseada y se abra algún tipo de transición más o menos inmediata; hoy es difícil saberlo y aún pueden pasar demasiadas cosas. Por ahora, el gobierno se muestra aún con poder pero a la defensiva, y la oposición más activa juega a la insurreción (alguno hasta parece fantasear con algún farol), y en el medio hay también algunos demócratas ahora muy entusiastas con que Evo caiga como si eso per se mejorara en algo la calidad democrática en ausencia de algún acuerdo político y horizonte democrático compartido. Hay un bloque “nacional-popular” hegemonizado por el MAS que ha perdido legitimidad e iniciativa y otro bloque multiforme pero hegemonizado por un núcleo conservador. Entremedio las voces son inaudibles y Mesa es presionado para alinearse, por motivos de supervivencia, con este último.

Rafo Puente lo sintetizó bien: “Hemos vuelto a los peores tiempos y está quedando claro que en nuestro país sólo se puede respirar un ambiente de paz y tranquilidad cuando los desacuerdos ideológicos y políticos son entre bandos desigualmente fuertes (de modo que el más débil no puede hacer otra cosa que someterse; sin pensar en diálogo ni en acuerdos socio-políticos)”.

 

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