Domingo, 21 Marzo 2021 05:47

Tercer sistema: la propuesta indígena

Tercer sistema: la propuesta indígena

El mundo indígena, en particular el de Abya Yala (América), ha abierto otra vía a las convencionales provenientes desde el eurocentrismo de derecha e izquierda, quienes impusieron el binarismo para delimitar dos únicas posibilidades de elección como sistema de vida para toda la humanidad, y con ello han colonizado el mundo desde arriba por la derecha y desde abajo por la izquierda.

A quienes se salen de esta dicotomía neocolonial, son calificados por la derecha como una posición de ultra izquierda, y a su vez la izquierda sentencia como una derechización. El dogma del pensamiento único o universal se resiste a un nuevo escenario y han pegado los gritos al cielo con diferentes estribillos juzgadores y sentenciadores: pachamamismo, abyayalismo, esencialismo, etnocentrismo, fundamentalismo, etc.

Esta propuesta indígena no es la “tercera vía” que alguna vez la propuso el ex presidente Tony Blair de Inglaterra y otros más que se han hecho eco, pues ésta continuaba dentro de la misma lógica o paradigma eurocéntrico. El tercer sistema desde el paradigma indígena es un giro ontológico y epistémico a lo propuesto por el mundo occidental. En realidad, es un segundo paradigma pues la izquierda y la derecha son parte de un mismo patrón constitutivo y su diferencia es tan solo de clase. Pero para no entrar en confusiones o en mayores explicaciones, se ha optado por hablar de tercer sistema, tercera vía, tercera línea, etc.

Este planteamiento es un cuestionamiento a los mitos fundantes y a toda la estructura que configura el auto denominado “sistema occidental”, y el cual, a su vez se estableció destruyendo el sistema indígena europeo. Es decir, quién dio el primer giro fue el sistema helénico, constituido por varias fuentes alimentadoras y entre las que destacan el mundo semita proveniente del Asia Occidental y el mundo griego en la Europa oriental. El helenismo tomó mayor auge en Grecia, desde donde se fue abriendo; sin embargo, fueron los romanos ya helenizados los que se encargaron de helenizar toda la Europa indígena, y a su vez los helenizados europeos al mundo entero.

El fundamento central del helenismo fue la supremacía de la razón (logos) sobre todo lo demás, esto es, las emociones, los afectos, la sensibilidad, la sexualidad, la madre tierra, las diosas, etc. Todo lo cual, construyó lo que se auto denominó la civilización occidental, la cual ha entrado en un caos estructural, habiendo voces al interior de ese mismo mundo que también claman otro rumbo, y en el cual hay varias propuestas: bienes comunes, ecología profunda, biocentrismo, decrecimiento, etc.. 

El helenismo destruyó casi completamente el mundo indígena europeo, pero no lo logró en el resto del mundo, en el cual resiste el “senti-pensar” indígena o el “pensasiento” milenario. El cual reemerge o luego de haber sido sumergido se va enarbolando y cada vez va tomando más protagonismo, incluso al interior del monoculturalismo occidental. Todo lo cual, implica un cuestionamiento a todas las teorías e instituciones creadas históricamente por el helenismo hasta nuestro tiempo, esto es, el Estado, la democracia, el sistema de partidos políticos, la economía extractivista, ja justicia, la religión, la educación, el desarrollo, etc.

El mundo indígena en todo el planeta también creó sus instituciones, las mismas que se constituyeron en un proceso de por lo menos 30.000 años, mientras el helenismo tiene apenas unos 5000 años desde sus primeros pasos. El sistema indígena tiene su matriz o estructura en la comunidad o la aldea, con diferentes variantes en todo el mundo indígena de la Madre Tierra, las mismas que sobreviven a diferentes niveles en distintas regiones.

En el caso de los Andes supervive todavía, especialmente en las comunidades bien alejadas y a donde no ha podido entrar la civilización con su helenismo colonizador. Especialmente en ciertas regiones de Bolivia y Perú se mantienen bastante vivas, a pesar e irónicamente de que en el caso del gobierno de Evo las ha diezmado con sus políticas progresistas del socialismo del siglo 21. Un buen porcentaje de la población han abandonado las comunidades y se han ido a vivir a los grandes centros poblados, por lo que el campo se encuentra bastante desolado. La ciudad les va absorbiendo y poco a poco se ha ido perdiendo el sentido de comunidad o de ayllu, aunque hay ensayos de formas de comunidad urbana.

Aquellos que se mantienen en el campo y no se han dejado atrapar por la modernidad y el capitalismo, siguen manteniendo el espíritu de la comunidad, siendo desde ahí que ha comenzado a reverdecer el pensasiento indígena con su tercer sistema. Es decir, inspirados en este mundo latente se promueve la re-expansión. Si en la colonia y en la república fueron replegados y cercados, ahora se ha empezado una implosión para propagarse por todo el mundo. Los periféricos hoy se convierten en la vía de escape ante el derrumbamiento del mundo occidental o de la civilización. Este modelo no solo que está en crisis sino en caos y amenaza la destrucción de la vida humana. Ante ello, se plantea una trans-civilización como una necesidad de vida o muerte.

El tercer sistema abre luces y guías para rebasar esta situación escatológica y suicida, de la que son plenamente corresponsables la derecha y la izquierda, con sus propuestas de capitalismo y socialismo. El fracaso de estos sistemas conduce a reposicionar al sistema indígena milenario y no a nuevas aventuras como pretende la mente eurocéntrica con otros modelos y teorías. Este tercer sistema tiene como punto central, el tipo de relación con lo que occidente denominó la “naturaleza” y que para el mundo indígena es la Madre Tierra. Esto quiere decir un cuestionamiento profundo al antropocentrismo o a la idea de que el hombre es el centro de la vida, como plantea la derecha a través del mercado y la izquierda por medio del Estado. Como consecuencia, es un cuestionamiento al privatismo y al estatismo, con sus modelos intermedios, como los únicos paradigmas para toda la humanidad.

Este tercer sistema tiene como punto central, el tipo de relación con lo que occidente denominó la “naturaleza” y que para el mundo indígena es la Madre Tierra. Esto quiere decir un cuestionamiento profundo al antropocentrismo o a la idea de que el hombre es el centro de la vida, como plantea la derecha a través del mercado y la izquierda por medio del Estado. Como consecuencia, es un cuestionamiento al privatismo y al estatismo 

Este milenario tercer sistema tiene varios nombres y formas en toda la Madre Tierra, sin embargo, en donde ha cobrado mayor fuerza y preponderancia es en los Andes. Todos los sistemas indígenas de Abya Yala están actualmente cobijados o transversalizados en lo que se ha dado en llamar el Buen Vivir. El cual, ahora tiene una segunda oportunidad de posicionarse luego del fracaso de Evo y Correa, a través de Choquehuanca en Bolivia y de Yaku Pérez en Ecuador si logra entrar como presidente. En la constituyente de Chile también hay muchas posibilidades de que entre este tercer sistema dentro de la carta política y todo lo que ello implica. Aunque lo más importante es que se consolide en la práctica y en las formas de vida cotidiana, antes que en las reformas constitucionales.

Como consecuencia de todo esto han aparecido más furibundos detractores, desde la extrema derecha hasta algunos decoloniales con una serie de críticas destructivas. Evidentemente, que al intentar configurarlo teóricamente hubo errores, pero la crítica no es para que se enmienda sino para destruir la propuesta. Incluso, algunos decoloniales se declaran anti eurocéntricos, pero siguen apoyando al progresismo de clara matriz occidental, y que en el caso de Bolivia y Ecuador fueron los que tergiversaron completamente al Buen Vivir. Lo que da cuenta de cuál es su posición en el fondo, por más que se auto declaren anti eurocéntricos.

Lo importante es que este tercer sistema ya ha hecho acto de presencia masiva y se va abriendo paso paulatinamente en el mundo colonial. El movimiento zapatista, y en general todo el movimiento indígena de Abya Yala, se han inscrito en este propósito, aunque todavía hay un felipillismo de derecha e izquierda, los que también se han convertido en detractores. Por cierto, cuando hablamos de indígena no nos referimos a un fenotipo o una raza o una etnia, sino a una forma de concebir la realidad y de vivir. Existen indígenas en todo el planeta y de diferentes colores de piel, no nos referimos a gente que no sea blanca pues esto está más allá de los racismos y las racializaciones.

Valga precisar, que dentro de la dicotomía capitalista por táctica el tercer sistema se ubica en la izquierda, pero fuera del capitalismo está más allá del esquema neocolonial derecha-izquierda. El tercer sistema reconoce que hay la lucha de clases al interior del capitalismo, pero fuera de ella la lucha es ontológica y epistémica, entre dos paradigmas totalmente excluyentes, siendo este el asunto principal y en el que el clasismo es una parte de ella. La lucha es integral y sistémica contra el patriarcado, el colonialismo, el racismo, el ecocidio, el sexismo, el capitalismo, etc.

20 marzo 2021

Publicado enSociedad
La coalición que va por la Presidencia de Colombia apostándole a la centro-derecha, pero lejos del uribismo

Son siete los exmandatarios que empezarán a trabajar en un programa de gobierno para presentarle como una opción a los colombianos. Se trata de una coalición de centro-derecha que le competirá directamente al uribismo y a la Coalición de la Esperanza.

 

En la tarde del viernes el exalcalde de Barranquilla Alex Char se reunió en su casa con seis exgobernadores de diferentes regiones del país, quienes están pensando en una coalición electoral para llegar a la Presidencia de Colombia en 2022.

En esta reunión participaron los exgobernadores de Antioquia, Luis Pérez; del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro; de Atlántico, Eduardo Verano; de Bolívar Dumek Turbay; de Norte de Santander, William Villamizar; y de Quindío, Carlos Eduardo Osorio.

 “Una voz desde las regiones”, fue el manifiesto que salió del encuentro. “Una propuesta de país que nace de las regiones, Colombia es multicultural y diversa. Con este equipo de trabajo proveniente de distintos rincones del país que conoce y ha sido cercano a su gente, trabajaremos por hacer realidad los sueños de colombianos que esperan ser escuchados”, aseguró la exmandataria del Valle.

Esta coalición claramente se ubica en la centro-derecha del panorama político en Colombia y entraría a competirle el voto al uribismo y a la Coalición de la Esperanza del partido Alianza Verde que también dicen estar fuera de los extremos.

Si bien Char y Toro se reunieron con el expresidente Álvaro Uribe dejando la sensación de una eventual alianza política con los precandidatos que salgan del Centro Democrático, los conservadores y los movimientos cristianos, según La Silla Vacía, la exgobernadora del Valle, dejó claro que esta sería una coalición independiente. “No queremos que nos asocien ni con la izquierda ni con la derecha”, agregó.

En esta misma línea de separarse del uribismo, Pérez dijo: “Nunca he entendido por qué relacionan a este grupo regional de independientes con Uribe. Creo que ninguno ha ganado elecciones con el apoyo de Álvaro Uribe. Lo que se aprobó en el equipo es que aquí no se acepta, por ahora, a nadie del grupo de Petro ni del Centro Democrático”.

Esta alianza de los exmandatarios puede que crezca en participantes en los próximos meses. Cabe recordar que el anfitrión de esta reunión Alex Char, también protagonizó una reunión con el exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, y el de Medellín, Federico Gutiérrez.

La Silla Vacía también conoció que la intención es que el candidato de esta coalición se elija a través de una consulta y no de una encuesta. Lo que también ayudaría a ver la cantidad de apoyo que tendrían por parte de los colombianos.

La ventaja con la que arrancan es que los exmandatarios han sido precisamente administradores públicos, la mayoría de ellos salieron del mandato con una buena imagen. Mientras que una desventaja podría ser el desconocimiento de los colombianos en general sobre sus gestiones o vida política, más aún si van como independientes y alejados de los partidos políticos.

Esta alianza entra a competirle directamente a la Coalición de la Esperanza, que igualmente busca desprenderse del uribismo y del petrismo. Sin duda, la estrategia de este grupo de exmandatarios será seducir a los votantes del centro político.

Pero el uribismo al parecer no desistirá en su idea de que haya una gran alianza entre la derecha y esta coalición antes de la primera vuelta. Así se lo dijo el senador del Centro Democrático, Ciro Ramírez, a La Silla Vacía: “Si no llegamos juntos, estamos fregados. Aún falta mucho tiempo y la idea es que nos unamos todos los que queremos defender la economía de mercado, con una agenda social fuerte”. Y fue más allá al relacionar a Char con el gobierno de Iván Duque, “hay un vínculo de amistad y una afinidad ideológica”.

20 de Marzo de 2021

Publicado enColombia
El monumento al General Manuel Baquedano en llamas, durante una protesta contra el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera, en Santiago de Chile. EFE/Esteban Garay

Tras derogar la Constitución de Pinochet, las marchas ciudadanas quieren desmontar los símbolos fundados por el militarismo, el patriotismo y las dictaduras. El monumento al militar, situado desde 1928 en la Plaza Italia, ha sido descabalgado de su pedestal para restaurarlo tras un año y medio de vandalización

 

Durante año y medio lo rayaron, disfrazaron, pintaron, intervinieron en él y, finalmente, lo quemaron. El monumento al general Manuel Baquedano (1823-1897), en la Plaza Italia de Santiago de Chile, rebautizada por la ciudadanía sublevada como Plaza Dignidad, ha sido vandalizado sin descanso, cada viernes, desde el estallido de las protestas el 18 de octubre de 2019, en un intento de reconversión simbólica del lugar.

El 8 de marzo, tres días después de rodearla con neumáticos y prenderle fuego, los manifestantes llegaron con una radial de batería autónoma a los pies de la estatua ecuestre de bronce, que honra desde 1928 la actuación del militar en la Guerra del Pacífico (entre 1879 y 1884, Chile luchó contra los aliados Perú y Bolivia). Sacaron la herramienta y durante unos minutos atacaron los tobillos de las patas delanteras de Diamante, el caballo del militar. Uno de los cortes quedó a dos centímetros de rebanar la pata por completo. La escultura de dos toneladas y media de bronce, que el escultor Virginio Arias (1855-1941) había fundido en Francia, quedó a punto de desplome. Hasta entonces no habían conseguido derribarla ni con sogas. 

“El monumento no tiene daño estructural y aquí hay terremotos fuertes. Toda construcción en Chile se hace para que no se caiga y los monumentos que se caen es porque están mal hechos. Esta escultura es una fundición perfecta”, asegura a este periódico uno de los técnicos implicados en el desplazamiento y bienestar de la estatua, que prefiere no desvelar su nombre.

Con las patas malheridas y el peligro de desmoronamiento, el Consejo Nacional de Monumentos (CNM) -que en enero de 2020 ya había recomendado su retirada preventiva para proteger el monumento y los riesgos de su posible volcamiento- se movilizó de urgencia para salvar la escultura. El plan diseñado por los técnicos con la supervisión de Consuelo Valdés, ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, consistía en actuar el viernes de madrugada, aprovechando el toque de queda que recluye a la población durante la pandemia de la COVID-19, y descabalgar la escultura de su pedestal para llevársela para su restauración. 

“No teníamos más tiempo, estábamos limitados a las horas del toque de queda y hubo que ejecutar un plan de urgencia para rescatar la escultura. Apenas cinco horas. Lo más rápido era separar la escultura de su base de bronce, unida al pedestal de piedra. Retirarla con la base habría sido mucho más complicado y lento. Decidimos cortar bajo las pezuñas del caballo y llevárnosla sin base para restaurarla. Todo salió tal y como estaba previsto”, explica a este periódico el mencionado técnico involucrado en la operación de salvamento. Los restauradores elaboran en estos momentos el diagnóstico de los daños, en el que ya se señalan capas de pintura, golpes de martillo en la pata trasera izquierda, en la pierna izquierda del jinete, la cola del equino y el sable. 

Valentina Rozas-Krause, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Michigan, critica la nocturnidad con la que fue retirada la pieza, “sin proceso ciudadano, sin presenciarlo, sin compartirlo”. Para la investigadora sobre monumentos públicos, anular a la ciudadanía en la extracción de la estatua fue un acto tan violento como quemarla. Cuenta que la salida de Baquedano es la prueba del nuevo símbolo que se está constituyendo en la plaza, epicentro de las manifestaciones desde el 18 de octubre de 2019. 

Una ciudad para todos

“Es una oportunidad otros relatos no representados en el espacio público, como la mujer y el pueblo mapuche. Ahora debemos pensar cómo vamos a diseñar la nueva ciudad. Debemos participar todos de una construcción no autoritaria. Porque no es un problema de esta escultura, sino del diseño de una ciudad, que debe ser más igualitaria”, añade.

Para Valentina Rozas-Krause, los monumentos no son capaces de resolver conflictos, sino de silenciarlos. Por eso dice que los procesos de memorialización son tan importantes, sobre todo en países como Chile, porque en ellos víctimas y ciudadanos construyen un relato común. “Pueden ser mecanismos de reconciliación, pero no de propaganda política”, explicó Rozas-Krause en un evento organizado este miércoles por el Instituto de Estética de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica. 

El director de este instituto es Ronald Harris y asegura que “en diversos países del mundo se han derribado estatuas en sintonía con el cuestionamiento a la oficialidad y a las instituciones”. En el contexto chileno, añade, “es necesario considerar que muchas esculturas hacen referencia al mundo militar y, debido a las experiencias traumáticas asociadas a la institución, se han visto desprestigiadas en el espacio público”. Harris también es partidario del debate público para definir las figuras homenajeadas en el futuro. “La historia está cambiando y la leemos de acuerdo a afinidades y sensibilidades actuales. Cada generación tiene derecho a modificar los héroes que se reconocen en el espacio público”, sostiene.

El Ejército de Chile no opina lo mismo. Tras el incendio de la figura, emitió un comunicado en el que definió a los manifestantes como “antisociales”, “cobardes desadaptados” y “antichilenos”: “Los cobardes desadaptados que cometieron este acto indignante y repudiable para todos nuestros compatriotas son antichilenos”. Les acusa de “ignorantes” de la historia y de los logros de Baquedano.

Sin embargo, la pelea por el símbolo ha superado al mismo símbolo original, transformado en nuevos significados. Es algo que no había ocurrido hasta el momento en otros procesos de conflicto monumental como el derribo de la estatua de Sadam Husein, las miles de Lenin tras la caída del Muro, el general confederado Robert E. Lee, el esclavista Edward Colston o Cristóbal Colón.

El subsecretario de Patrimonio Cultural, Emilio de la Cerda, en enero de 2020, declaró que el Ministerio de las Culturas ha sido “enfático” al señalar que “el patrimonio cultural es dinámico”. “Cada generación puede someter a revisiones, a debate o a nuevas miradas los bienes simbólicos, pero esa acción se debe hacer por la vía de un diálogo tolerante y respetuoso de la institucionalidad vigente, y no a través de la violencia. Rechazamos cualquier tipo de daño ejercido sobre los bienes públicos, que son parte del alma, de la memoria y de la historia de la sociedad”, dijo De la Cerda. Y reconoció daños en 230 monumentos nacionales en el último año. Valentina Rozas-Krause cuestiona el alma de los monumentos de bronce y de piedra, así como que sean la historia del país. Cree que desmonumentalizar no es perder la memoria y que los actos iconoclastas no eliminan necesariamente la memoria, sino que la transforman. 

Batalla de símbolos

El monumento a Baquedano fue inaugurado -algo más de cuatro décadas después de los acontecimientos que homenajea- por el dictador Carlos Ibáñez (pero aprobado por el Gobierno de Emiliano Figueroa), y se ha convertido en un punching ball golpeado por dos fuerzas que leen el símbolo de manera diferente (e irreconciliable). El escritor Rafael Gumucio escribió el día después de las llamas una columna de opinión, en The Clinic, en la que aseguraba, con ironía, que el incendio fue el “acto más bello de lo que ha ido ocurriendo todos los viernes” en la plaza: “Quemar algo que no se quema es la metáfora perfecta de lo que ha devenido el estallismo”.

A Gumicio, autor de Nicanor Parra, rey y mendigo (Literatura Random House), le parecen “patéticos” tanto manifestantes como Ejército, y apunta que en esa resignificación del monumento y del espacio público Baquedano se ha convertido en Pinochet, en los milicos, en las torturas, en la oligarquía y en las injusticias sin fin “de las que somos siempre víctimas y nunca responsables”. 

Las metáforas no dejan de sucederse in situ con cada movimiento de los manifestantes y sus réplicas gubernamentales. Mientras los restauradores realizan su trabajo -durante varios meses-, el Gobierno ha ordenado levantar un muro de acero de tres metros -y protección policial-, alrededor del pedestal decapitado, para encerrar la estatua cuando regrese reparada. Hasta entonces el vacío también alterará el sentido del símbolo.

La imaginación ciudadana también se ha desatado con esta medida del presidente Sebastián Piñera y los resultados pueden verse en el perfil de Instagram de la asociación Monumentos Incómodos, cuya portavoz es Magdalena Novoa, doctora en Arquitectura y profesora de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, y se muestra contraria a la restauración de la escultura, porque es volver a instaurar una representación cuestionada por una parte de la ciudadanía.

“Necesitamos desarrollar mecanismos de participación ciudadana para la construcción de la memoria pública y profundizar en el debate de la desmonumentalización de la ciudad. Debemos pensar estos monumentos en museos y no en el espacio público, donde violentan y borran otras historias de nuestro territorio”, explicó Novoa en el encuentro del Instituto de Estética. Habría sido una buena ocasión desplazar la estatua vandalizada al Museo Histórico de Santiago de Chile, como reflejo de un momento histórico único, en el que la presión de la ciudadanía fue capaz de derogar la Constitución de Pinochet

En el enfrentamiento entre monumento y reivindicación, el arte es una víctima de las víctimas usada por los intereses políticos y de la reacción que provocan. Los primeros lo usan para garantizar su inmortalidad, los segundos para acabar con un símbolo injustificable en el presente. El arte puede ser garante de ideologías trasnochadas sin pretende ser eterno.

La artista Catalina Mena, que acaba de inaugurar una instalación en el Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile sobre la violencia contra las mujeres, se siente dolida cuando el patrimonio es violentado. “No me parece que nadie tenga derecho a creer que su postura ideológica deba ser la predominante y que se sienta con derecho a vandalizar el monumento”, indica. “El escultor de dicho monumento proviene del campo, viaja con una beca a París, sobresale y todo ello gracias a sus méritos y perseverancia. Al violentar la escultura, se violenta su trayectoria y obra. Lo triste es que creo que los que hacen esto ni siquiera saben que tras un monumento como éste hay un artista”, añade Mena. 

Por Peio H. Riaño

20 de marzo de 2021 21:11h

@PeioHR

Publicado enInternacional
El ‘boom’ de los ‘podcasts’: esta revolución sí será radiada, ¿o no?

Medio de comunicación al alcance de cualquiera, versión siglo XXI de las radios libres o un soporte más que las grandes corporaciones usarán y tirarán en su búsqueda de beneficios, los podcasts radiofónicos viven una explosión que no oculta las múltiples caras de este fenómeno.

 

En 2020 se crearon dos nuevos podcasts cada minuto en todo el mundo, unos 17.000 a la semana. Un total cercano a los 900.000 programas de radio digitales y descargables se estrenó durante el año pasado, frente a los 300.000 que lo habían hecho en 2019. Aunque un tercio de esos nuevos podcasts no prolongó su vida más allá del tercer episodio —se trataba, sobre todo, de pruebas para chequear el funcionamiento de herramientas gratuitas—, el 23% ha superado los diez publicados durante los últimos meses, lo que refleja una voluntad de continuidad y la constatación de que el podcasting es una de las manifestaciones culturales más representativas de esta época. En ella confluyen elementos tan dispares como la recuperación del audio y la voz como herramientas sociales, el capitalismo de grandes plataformas, las nuevas narrativas digitales, la prescripción desde los márgenes o el consumo de medios de comunicación en el siglo XXI.

Casi la mitad de esos 900.000 nuevos podcasts se emite en idiomas que no son el inglés, con un importante incremento del hindi, el portugués y el chino. Los podcasts en español se multiplicaron por siete durante 2020. Los datos los ofrece el portal Chartable, especializado en la medición de audiencias, descargas, anunciantes y volumen de negocio en el mundo del podcast, que califica como “increíble explosión” lo sucedido en el último año con esta forma de comunicación y señala el telón de fondo en el que se produce: la creciente competencia corporativa y la consolidación de un sector industrial. La batalla entre compañías como Spotify, Apple, Amazon, iHeartMedia, Podium, Podimo, iVoox o SiriusXM por el pastel de los podcasts promete ser cruenta. Lo está siendo ya, con inversiones multimillonarias y compras de plataformas, productoras y aplicaciones. El riesgo, evidente, reside en la uniformidad de contenidos que imponen estas grandes empresas y sus algoritmos. También en la más que posible conversión de contenidos hasta ahora de distribución gratuita en servicios de pago, como los de las plataformas de vídeo bajo demanda.

En 2001 Apple lanzó iPod, uno de los primeros reproductores portátiles de audio digital, y en 2004 Ben Hammersley utilizó en The Guardian por primera vez el término podcasting, mezcla de iPod y broadcasting (radiodifusión). Ese mismo año, Comunicando, de José Antonio Gelado, fue el primer podcast nativo digital en España, si bien anteriormente ya emitían por internet proyectos como Radio Gladys Palmera o Scanner FM. Uno de los hitos en la historia de los podcasts fue Serial, una investigación periodística de Sarah Koenig sobre el asesinato de una adolescente en Baltimore (Maryland, Estados Unidos) cuya primera temporada, emitida durante el otoño de 2014, logró cerca de 70 millones de oyentes.

Según el Digital News Report 2020, encuesta online realizada entre finales de enero y principios de febrero, cuatro de cada diez internautas escuchan podcasts en España. Lo que más aprecian es la comodidad del formato para informarse (54%), la variedad de temas y puntos de vista que ofrece (53%), el modo entretenido de conocer las noticias (53%) y la profundidad (51%) en el tratamiento de los temas.

Por edad, es significativa la diferencia de consumo entre los internautas hasta 44 años, entre los que la mitad (51%) es oyente. A partir de 45 años, la mayoría no lo es (67%). Entre 18 y 24 años, seis de cada diez internautas escuchan podcasts.

La encuesta también encuentra variaciones en el consumo según el género. Entre los hombres, hay un mayor porcentaje de oyentes de podcasts sobre actualidad (17%), deporte (16%) y especializados en temas de ciencia, salud, tecnología, negocios o medios de comunicación (15%). Las mujeres escuchan más podcasts de temas relacionados con los estilos de vida, arte, literatura, viajes, ocio y gastronomía. 

Según la selección de plataformas, sitios web y aplicaciones consideradas en este estudio, YouTube (55%), Spotify (32%), iVoox (17%), Google Podcasts (17%) y los de Radiotelevisión Española (14%) son los más utilizados por los internautas que escuchan podcasts en España.

Estamos en el aire

Georgina Marcelino ha encontrado en el podcast un espacio seguro, un lugar de aprendizaje y un altavoz más efectivo que otros para expresar sus preocupaciones y las de mujeres como ella, negra e inmigrante. Junto a Yania Concepción acaba de terminar la primera temporada de La güira, un programa de radio en internet que responde a la “necesidad de las dos, y de otras compañeras, mujeres racializadas, de un espacio en español que sirviese como punto de encuentro para hablar y comentar nuestras experiencias”.

Ninguna tenía experiencia previa y han ido aprendiendo sobre la marcha a escribir guiones, grabar y editar. La respuesta obtenida les dibuja una sonrisa en la cara: “Nos escuchan compañeras, mujeres que sienten ese espacio que queríamos crear. Nos escriben mensajes diciendo que les representa, que les gusta, que tal episodio les encantó, que están aprendiendo mucho… Nos ha permitido llegar y conocer a mujeres que están en otros países como Colombia o República Dominicana. Estamos recibiendo muchísimo apoyo de la comunidad negra de aquí, es muy agradable sentir esto”.

Lo que se escucha en La güira son “voces negras que ponemos en común cosas que se han silenciado durante mucho tiempo: nuestras experiencias a viva voz, sin paternalismos, sin la guía de una voz blanca que se imponga”. Como objetivo, este proyecto aspira a crear comunidad entre las mujeres negras y afrodescendientes, pero Marcelino sabe que al otro lado puede haber una audiencia amplia: “Nos dirigimos a todas las personas que están interesadas en escuchar y descubrir, desde voces negras, lo que es la experiencia de la mujeridad y la negritud, desde nuestros propios cuerpos”.

La güira está disponible en Spotify e iVoox, “plataformas abiertas, gratuitas para el público”, señala Marcelino, quien explica sus motivos para estar ahí: “Spotify es muy utilizada, todo el mundo la tiene instalada y es fácil seguir podcasts por allí, e iVoox es la plataforma más importante de podcasts en español, el público que te encuentra allí ya está acostumbrado a escuchar podcasts y los busca intencionadamente”. De momento, no obtienen un retorno económico, aunque han recibido algunas propuestas que están estudiando de cara a la segunda temporada. Marcelino concluye con una reflexión general, más allá de su programa: “El podcast es un espacio que nos está abriendo las puertas a muchas mujeres para hablar de las cosas que nos interesan, no solamente de modo experiencial y testimonial. Permite bastante libertad y llegar a personas a las que no llegarías tanto con otras actividades”.

A Isabel Cadenas Cañón le intriga cómo el pasado influye en el presente. También le atrae el silencio, como materia informativa y para romperlo. Lo materializa en(De eso no se habla), un podcast en el que han cristalizado varios conceptos con los que trabaja desde hace tiempo. “Me interesa entender cómo una guerra civil, una dictadura y una transición hecha de aquella manera siguen determinando los silencios que hay hoy en nuestra sociedad”, explica.

Mediante la narración de relatos personales, (De eso no se habla) se ha integrado en la comunidad que se afana por recuperar la memoria histórica en España. Esa mirada, admite su creadora, facilita llegar a un público que pudiera ser reacio a escuchar un programa sobre esta temática. Además de encontrar la financiación necesaria, localizar esas historias personales y a sus protagonistas es lo que más le está costando: “Es la parte más compleja, siempre, también una de las más emocionantes, porque en el fondo lo que más me gusta es escuchar historias de gente y los mundos que se abren con ellas”.

(De eso no se habla) forma parte de PRX y Google Podcasts. Cadenas detalla el vínculo con estas empresas: “Hace dos años, lanzaron un programa de profesionalización, con apoyo económico, formación y la creación de una comunidad internacional de creadores y creadoras de podcasts. Google puso el dinero y el programa lo llevó a cabo PRX, así que con Google no tuve relación más allá de conocer a algunas personas durante las formaciones en Boston. Con PRX sigo teniendo mucha relación, porque nuestro podcast es parte de su red y además usamos su plataforma de publicación para nuestros episodios”.

Para ella, no deberían existir grandes diferencias entre la radio y el podcast puesto que la materia prima es la misma: contar historias con audio. Pero considera que las emisoras convencionales no están apostando por la creación de contenidos, así que quienes quieren probar nuevas experiencias han encontrado su lugar en los podcasts. “No hay nadie poniendo límites al formato, ni a la duración, ni al tiempo que dedicas a cada historia. El podcast nos ofrece libertad. Ojalá eso cambie algún día y la radio convencional decida tomar más riesgos”.

La pandemia y el confinamiento para evitar su expansión se llevaron por delante el estreno de la segunda temporada de Invisibles, previsto para abril de 2020. Finalmente fue en noviembre cuando se empezó a emitir. “Ese parón inesperado nos sirvió para pensar qué queríamos hacer y cómo, y sacar una temporada distinta y mucho más rica”, valoran desde el equipo que realiza este podcast narrativo en forma de documental de no ficción cuyo primer episodio se lanzó en 2019 con el propósito de “hacer un periodismo en profundidad y reflexivo que también adoptara herramientas de las ciencias sociales”.

Invisibles se centra en tres inquietudes: el género, la migración y el racismo. En la primera temporada abordaron el trabajo del hogar y los cuidados, teniendo en cuenta que “debían ser las mujeres atravesadas por esta realidad las protagonistas y las que hablasen: escapar así del victimismo que a veces tiñe estas historias y de esa idea de que el periodismo es ‘dar voz’”.

En la segunda temporada, con cinco personas a cargo del programa, han tratado temas como el asilo en la población lgtbi, el problema de la vivienda, el trabajo sexual, los ataques racistas a centros de menores migrantes, la salud mental... “También en este tiempo le hemos dado más peso al diseño sonoro”, apuntan.

Invisibles está en Podium, Spotify, iVoox, Google Podcast y Apple Podcasts. Con Podium tienen un acuerdo para esta segunda temporada: “Publicar el podcast a través de ellos nos ha ayudado a amplificar el proyecto y su distribución y llegar a más personas, además de mejorar en algunos aspectos por el acompañamiento de Jimena Marcos, su editora jefa”.

En cuanto al futuro, se ven haciéndolo a largo plazo aunque, por el momento, “todo el retorno económico se invierte en el proyecto. Es decir, no vivimos de Invisibles. La primera temporada contó con el apoyo de Alianza para la Solidaridad. Y la segunda la pudimos realizar porque hicimos un crowdfunding y porque contamos con el apoyo de Podium Podcast”.

Trincheras de la cultura pop comenzó en mayo de 2018 como laboratorio de ideas, un work in progress sonoro desde el que abordar diferentes aspectos de la cultura popular con ánimo crítico, según lo describen sus responsables, Elisa McCausland y Diego Salgado, periodistas culturales y colaboradores de El Salto con su sección Ruido de Fondo.

En el podcast, que graban en casa, se plantean analizar en cada programa una faceta de la cultura popular, o la relación de la misma con otros imaginarios colectivos como la religión, la ecología, los totalitarismos o las pandemias. Reconocen que el alcance obtenido les resulta sorprendente: “Después de 28 episodios, solo en iVoox cada uno de ellos alcanza una media de mil escuchas que, dada la naturaleza de nuestro programa, nos parece una barbaridad”. Y encuentran una explicación en la diversidad de perfiles a la que llega una propuesta como la suya: “Queremos pensar que Trincheras, que nunca ha tenido más promoción que la justa y necesaria, ha crecido en oyentes gracias al efecto boca-oreja, la recomendación personal. Y eso implica tipos muy variados de personas, un oyente que visualizamos casi como un gran interrogante, lo que nos estimula mucho”.

Además de en iVoox, Trincheras de la cultura pop se puede escuchar en Spotify y en Apple Podcasts, pero de la distribución de este podcast se encarga consonni, productora de arte contemporáneo y editorial afincada en Bilbao. De hecho, forma parte de su proyecto radiofónico desde que este dio comienzo. McCausland y Salgado consideran que no tendría sentido fuera de allí y agradecen el trato dispensado: “Hay un retorno económico porque las amigas de consonni son muy legales en esto y no habrían dejado de ninguna manera que hiciésemos el programa gratis, pero tenemos claro que no lo hacemos por la remuneración”. 

Como uno de los motivos para el auge de los podcasts apuntan que “en estos tiempos convulsos, a la gente le gusta sentirse acompañada por el sonido de la voz humana, como antaño ocurrió con la radio o la televisión en su vertiente más social”.

¿La nueva radio libre?

Tras más de 200 programas y ocho temporadas, Sangre fucsia se encuentra en una fase de reajuste. Veterano programa de perspectiva feminista emitido en radios libres, el proyecto afronta ahora una reestructuración. Aunque les dé cierto pudor, la etiqueta de podcast feminista pionero se ajusta a lo que han lanzado a las ondas en este tiempo. “El podcast Hacia el sur en el Atlántico fue una inspiración directa y explícita cuando creamos Sangre fucsia pero es cierto que en 2013, cuando empezamos, el ecosistema feminista y de podcasts —y de podcasts feministas, claro— no tenía, ni de lejos, la efervescencia que experimenta actualmente”, recuerda Laura Gaelx, una de sus realizadoras.

Según ellas lo entienden, el formato podcast es propicio para amplificar las voces e ideas de sujetos no hegemónicos. “Siempre decimos que la radio es un medio especialmente feminista o accesible, ya que —en resumen— es barata y fácil de hacer y, además, nos libra de la dictadura de la imagen. Por supuesto, como en cualquier otro canal, conviven mensajes de todo tipo”.

Sangre fucsia, que sus creadoras suelen definir como fanzine sonoro, habita en varios mundos. “En el lado más activista —señala Gaelx—, lo subimos a Archive.org, un repositorio de materiales bajo licencias libres; a la web de nuestra emisora, Ágora Sol Radio; a nuestro propio blog y a la página de Pikara Magazine, con quienes colaboramos. Pero también se puede escuchar en plataformas más mainstream, como iVoox y Spotify”.

Para ellas, no hay duda de que los podcasts cumplen la función que en los años 80 y 90 cumplieron las radios libres: “El espíritu DIY [do it yourself, hazlo tú misma] se mantiene, al menos en nuestro caso, pero, al trasladarse a internet, lo que se logra es ampliar los públicos. Es indudable que los podcasts, en comparación con las radios libres, llegan a mucha más gente”.

La escritora Silvia Nanclares comparte esa apreciación sobre los podcasts y las radios libres: “Alguien dijo que el podcast es la radio sin todo lo que la radio no te permite hacer. La radio, no las radios libres, está sujeta a muchos corsés: anunciantes, editoriales, casi hasta morales, y temáticos. En el podcast no siempre hay esos límites, es mucho más libre. De hecho, tiene mucho más que ver con la tradición de las radios libres y la cultura digital”. Ella vaticina que los podcasts no van a ser flor de un día sino que permanecerán. “Son como hijos gamberros de la radio y la cultura digital, conviven perfectamente. E irán mutando con soltura”.

Nanclares lleva una temporada estudiando el universo de los podcasts para “SModa”, la revista de moda y tendencias de El País, tras aficionarse a la escucha después de ser madre. En sus indagaciones, se deja llevar para encontrar regalos para sus oídos. “Busco calidad técnica, parece una chorrada pero me condiciona mucho que el sonido me meta o no, y no hablo solo de buenos micros, sino de una propuesta de diseño sonoro, que no sea hablar sin más, que haya una creación en ese sentido”, asegura. Como oyente atenta, Nanclares separa el grano de la paja y advierte de algunos riesgos: “En todos los formatos acaban acampando los forococheros, pero sin duda, y sobre todo por esa genealogía que trazan con las radios libres, los podcasts tienen una vocación subversiva muy marcada, partiendo también de esa posibilidad que da el Juan Palomo o do it yourself. Pero, vamos, que morralla de contenido te encuentras también a espuertas”.

La comunicadora mexicana residente en Vallecas Susana Albarrán opina que el podcast es ya un lenguaje propio y que eso hace que se distancie de lo que significa hacer radio, aunque siga bebiendo de ahí. “Cumplen su función en la realidad de su tiempo: escucha a la carta, soportes individualizados, comunidades identitarias cada vez más segmentadas, lo que te lleva a ser un oyente mucho más selectivo”, explica y destaca que las radios libres y comunitarias siguen siendo la escuela para mucha gente que ahora hace podcasts, como lo fueron antes para muchas personas que acabaron trabajando profesionalmente en la radio.

Sin nostalgia, pero con ojo crítico, señala algunas diferencias entre los modos de hacer. “El tiempo de aprendizaje de las herramientas se ha acortado y con ello se pierde cierto sentido precisamente de vivir el proceso y de hacerlo en comunidad: el hecho de reunirse en las instalaciones de unos estudios, de una emisora, que te permitía socializar con gente muy diversa. Actualmente veo muchos podcasts con equipos de producción muy reducidos, y en una buena parte individuales”.

Albarrán participa activamente en El Salto Radio, donde destaca que “estamos casi experimentando y dando espacio a mucha gente que empieza, de nuevas, la experiencia de hacer podcast, eso trae frescura y te permite abrir bastante la mente”.

Por Juan Vallecillos

Jose Durán Rodríguez

@j_duran_r

20 mar 2021 06:00

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Por qué la Salud chilena se acerca al colapso a pesar de la vacunación

Chile vive el peor momento de la pandemia pese al programa vacunación puesto en marcha por el Gobierno de Sebastián Piñera.

 

Pese al programa vacunación puesto en marcha por el Gobierno de Sebastián Piñara, el virus sigue en expansión. Chile vive el peor momento de la pandemia, más que a fines de junio donde se marcó el pico de pacientes hospitalizados y en tratamiento intensivo así como conectados a respirador.

Alta ocupación de camas críticas y alza de contagios es lo que se ha visto durante esta semana. Con estas cifras el Gobierno de Sebastián Piñera ha reforzado medidas de restricción de movilidad, como el paso a cuarentena en 28 comunas de todo el país desde las 5 horas del jueves pasado.

En la fase de cuarentena (fase 1) las personas no pueden salir de sus casas, solo para hacer compras o trámites puntuales y esenciales con un permiso individual de Carabineros.

Este viernes el Ministerio de Salud reportó 99 nuevos fallecidos por Covid-19 inscritos por el Registro Civil, de acuerdo a la información entregada por el Departamento de Estadística e Información de Salud (DEIS), lo que eleva el total nacional a 22.087.

Esta situación ha generado debate entorno a la reconversión de las camas de cuidados intensivos y la necesidad de contratar más personal en el sistema de salud pública, pese a que las condiciones laborales de las y los trabajadores de la salud es cada vez más agobiante.

En una entrevista para La Izquierda Diario Chile el médico epidemiólogo y académico de la Universidad de Valparaíso, Aníbal Vivaceta explicó por qué el sistema de salud se encamina hacia un colapso a pesar de la aceleración del proceso de vacunación.

"Las vacunas no impiden el contagio, sí mejoran la probabilidad de las personas al momento de enfrentar el virus, pues rebaja los riesgos de enfermedades graves, pero a la gente se le ha vendido una imagen exitosa por la vacuna sin decir que sus efectos no se darán ahora", afirmó Vivaceta.

El plan "Paso a Paso" con el que el Gobierno viene manejando las medidas y restricciones hacia la población ha sido fuertemente criticado. "El Gobierno no ha explicado cómo se transmite el virus y cómo evitar la transmisión, y así las personas no sabrán bien cómo afrontarlo", afirmó Aníbal Vivaceta, médico epidemiólogo y académico de la Universidad de Valparaíso en una entrevista para La Izquierda Diario.

Otra crítica hacia el diseño del plan ha surgido desde el Colegio Médico: "La Fase 2 tal como está planteada –a pesar de que se ha endurecido– necesitamos rediseñarla, porque no está cumpliendo el objetivo de generar disminución de contagios, porque está muy laxa, necesitamos cortar muchas más actividades que no sean esenciales en la Fase 2 para poder disminuir los casos y evitar justamente llegar a la Fase 1", dijo el secretario nacional del Colmed, José Miguel Bernucci.

La mayoría de las medidas apuntan a las restricciones de la movilidad. Sin embargo el transporte público continúa lleno y los puestos de trabajo siguen sin medidas de seguridad e higiene.

Sobre esto el epidemiólogo Aníbal Vivaceta afirmó que "lo de restringir la movilidad se está utilizando por el Gobierno para restringir libertades. (...) Las personas que se desplazan, se contagian porque van en el Metro o Transantiago hacinadas a sus trabajos, entonces se empiezan a distorsionar conceptos como la "movilidad".

La agrupación de trabajadores de la salud Abran Paso señaló la necesidad de un Plan de Emergencia que beneficie a las y los trabajadores de la salud y a la población, que ha sido la más golpeada por el desempleo.

"El plan de emergencia consiste en cobrar un impuesto extraordinario a estas grandes ganancias y destinar esos recursos a las necesidades de la población para poder controlar la pandemia y para inyectar recursos inmediatos a la salud pública", señaló Nestor Vera, médico del hospital regional de Antofagasta y candidato a la convención constituyente por la lista [email protected] Revolucionari@s.

Por otro lado, Néstor Vera apuntó la necesidad de desfinanciar a Carabineros para que estos recursos públicos se destinen para combatir la pandemia. "Con los fondos que hoy se destinan a la brutal represión contra quienes luchan podemos ayudar a muchos. Ningún peso a Carabineros", señaló.

La Izquierda Diario Chile

Viernes 19 de marzo | 23:48

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Sábado, 20 Marzo 2021 05:49

Francisco calificado de “hipócrita”

Francisco calificado de “hipócrita”

Una reconocida publicación vinculada a la Iglesia Católica de Estados Unidos se pronunció editorialmente en contra la decisión vaticana de no bendecir las uniones homosexuales y advirtió que el papa Francisco, elogiado por sus iniciativas en otros temas, corre el riesgo de convertirse en un “hipócrita” al avalar esta resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

El National Catholic Reporter (NCR), una publicación de los Estados Unidos que refleja la posición de los sectores católicos más progresistas de ese país, hizo una dura crítica en su editorial señalando que “el decreto del Vaticano sobre las uniones homosexuales corre el riesgo de convertir a Francisco en un hipócrita” 

El texto comienza señalando que “hay muchas palabras y frases elogiosas que podríamos usar para describir al Papa Francisco que el mundo ha llegado a conocer en estos últimos ocho años. Genuino. Pastoral. Mente abierta. Preocupado por los pobres, la humanidad, el medio ambiente. Amigo de los marginados”. Sin embargo, se señala, “la decisión del Papa de aprobar el decreto del 15 de marzo de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano que ordena a los sacerdotes católicos que no ofrezcan bendiciones a parejas del mismo sexo recuerda una palabra que es mucho más amarga en la garganta. Hipócrita”.

Días atrás la Congregación para la Doctrina de la Fe, el máximo organismo vaticano en asuntos doctrinales, respondió negativamente a una consulta que le fue realizada acerca de algunas iniciativas que “proponen caminos de crecimiento en la fe, con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida”. 

La determinación, que tuvo la aprobación del Papa, reconoce que las uniones homosexuales pueden tener "elementos positivos", pero que "no están ordenadas al plan del Creador" y, en consecuencia, la Iglesia "no bendice ni puede bendecir el pecado".

En su editorial NCR se pregunta si Francisco, que respaldó esta decisión, es “el mismo hombre que, cuando se le preguntó en 2013 sobre un sacerdote gay en el servicio del Vaticano, respondió : ‘Si una persona es gay y está buscando al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?’”.

NCR sigue cuestionando a Francisco cuando duda si se trata del mismo hombre “que se ha reunido con parejas LGBT a lo largo de su papado, incluso durante su visita a Estados Unidos en 2015 “ y “¿El mismo que le dijo al sobreviviente de abuso chileno Juan Carlos Cruz en 2018 que ‘no importa que seas gay’ y ‘Dios te hizo así y te ama como eres’?”. Para concluir con la pregunta acerca de si es el mismo Papa “que intervino personalmente por una pareja gay italiana para asegurarse de que sus tres hijos pudieran ser criados como católicos”.

El editorialista reconoce que las mencionadas actitudes de Jorge Bergoglio no modificaron la doctrina de la Iglesia Católica porque para que ello ocurra se necesita una revisión acerca de la doctrina de la sexualidad que se inició en el concilio Vaticano II (1962-1965) pero que aún permanece inconclusa y también una reconsideración del papel que la Congregación para la Doctrina de Fe tiene que jugar en estos temas.

No obstante lo cual, sigue afirmando NCR en su editorial, “llegamos al punto del absurdo, y la hipocresía, cuando un Papa dice que quiere dar la bienvenida a las personas LGBT a la iglesia, pero luego simplemente no puede tolerar que quieran tener relaciones amorosas, al igual que el resto de la humanidad”.

En otro pasaje del texto se señala que “seguramente, mientras el mundo se tambalea para salir de la mayor crisis de salud y económica en un siglo, hay asuntos más urgentes en los que el Vaticano debe enfocarse en lugar de considerar cómo Dios ve o no las uniones homosexuales”. Sin embargo, sigue diciendo el NCR, “para las parejas católicas LGBT y sus familias, el momento es especialmente desafortunado”. Porque el Papa que se propone "construir puentes y no muros" con su determinación ahora él mismo “ha erigido otra barrera”.

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La izq diario

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Srecko Horvat, filósofo: "La izquierda tiene mucho trabajo que hacer para entender la importancia de las emociones"

El filósofo y activista croata, discípulo de Slavoj Žižek, ha fundado diversos movimientos internacionalistas de izquierda y analiza sus principales desafíos en la nueva geopolítica que deja la pandemia. Memes de producción, semiocapitalismo y apocalipsis.

 

Srecko Horvat, filósofo croata sub 40, está aprendiendo a manejar. La decisión le genera sentimientos encontrados, pero la considera inevitable después de un año de pandemia que lo obligó a hacer base en su país natal y a considerar un medio de transporte individual más seguro en términos sanitarios y también más rápido: “En Croacia la red de trenes está destruida. Te toma más tiempo ir de Zagreb a Belgrado hoy que lo que tomaba hace 200 años en el Imperio Austrohúngaro”. Mirar al mundo desde Croacia y desde los países considerados “periféricos” es una constante en su análisis como filósofo y también como activista. En 2016 fundó con Yanis Varoufaris, ex ministro de finanzas de Grecia y fundador a la vez del partido Styriza, el Movimiento Democracia en Europa 2025, que apuntaba a una unión de movimientos de izquierda para repensar instituciones globales como por ejemplo la Unión Europea. Junto con Varoufakis también armó la Internacional Progresista, compuesta por representantes de distintos países del mundo como Noam Chomsky, Naomi Klein y Fernando Haddad. Las representantes argentinas son Elizabeth Gómez Alcorta y Alicia Castro. 

Cómodo en el cruce entre el lenguaje de la filosofía y las referencias a la cultura popular, habitualmente vinculado a Slavoj Žižek, este año de pandemia Horvat publicó dos libros. Uno se llama ¡Todo debe cambiar! , que consiste en una serie de conversaciones sobre el mundo post Covid-19 con celebridades variopintas, desde Gael García Bernal hasta Vijay Prashad, pasando por Brian Eno, Saskia Sassen y Shoshana Zuboff. El otro es Después del apocalipsis, en donde vincula distintas amenazas -desde la crisis climática hasta la pandemia, el fascismo y el capitalismo- y llama a una reinvención del mundo. 

Su mirada internacionalista observa con pasión y preocupación la nueva geopolítica que acentúa la pandemia, entre vacunas escasas y encadenadas, nuevos órdenes globales y una reorganización del poder: “No creo que la globalización esté cerca de terminar, pero me parece que vemos un nuevo tipo de globalización. En lugar de Estados Unidos exportando sus productos a todo el mundo y siendo tan poderoso financieramente a través del FMI o el Banco Mundial, la situación está cambiando por la influencia de China en la periferia, en el Sur Global, no solamente en África sino también en los Balcanes, que están conectados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Es una globalización diferente. Si eso es bueno o malo, no lo sé”. 

¿Hasta qué punto la pandemia reforzó ideas que ya tenías, como por ejemplo la idea del apocalipsis?

Lamentablemente confirmó muchos de mis miedos y los análisis que hemos hecho con muchos teóricos críticos por años o décadas, en el sentido de que si privatizás las instituciones estatales de salud, educación, cuidado, etcétera, cuando una catástrofe sucede, sea o no causada por seres humanos, vos necesitás un sector público fuerte, una infraestructura que se preocupe por el devenir de las personas. Lo que vemos, lamentablemente, es que la catástrofe fue usada como una especie de terapia de shock, como diría Naomi Klein, en el sentido de que así como Palantir está penetrando en el Sistema Público de Salud Británico, privatizando la data de las historias clínicas, en otras partes de Europa podemos ver otras compañías de Silicon Valley haciendo uso de la pandemia. Y después hay otra cosa interesante pero a la vez preocupante que es la geopolítica de las vacunas. Ves un escenario raro -aunque más que raro esperable- en el que en Europa dos países son los primeros cuando se trata del avance en la vacunación: uno es el Reino Unido y el otro es Serbia. Uno porque se fue de la Unión Europea y el otro porque no es parte. Lo que está haciendo Serbia es buscar dosis de la vacuna china, de la vacuna rusa, etc. El primer ministro de Hungría dijo hace poco la frase de Deng Xiaoping "No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”, refiriéndose a las vacunas rusas y chinas. Croacia está también negociando con China, así que creo que debido a la pandemia toda esta esfera geopolítica está cambiando. Las cosas que estaban mal empeoraron, y creo que algunas cosas que estaban bien estuvieron un poco mejor cuando uno habla de solidaridad, cooperación, ayuda mutua, resistencia, la gente abriendo los ojos sobre algunas cosas que están podridas.

En los últimos años se hizo claro que había un movimiento de derecha extrema. El último año de cuarentenas, hubo casos en los que las derechas de diferentes países rechazaron medidas de aislamiento, ¿los movimientos progresistas quedaron en cierta medida despolitizados o invisibilizados al retirarse del espacio público?

Sí y no. No diría que hay una despolitización, diría mejor que fue una posición difícil para la izquierda, especialmente la que no está en el poder. En las cuarentenas, la mayor parte de la oposición estaba en su casa. Incluso los parlamentos en algunos países estaban cerrados. En muchos países todavía tenés un estado de excepción. Pero si te fijás en el último año después del asesinato de George Floyd, hubo un gran movimiento de Black Lives Matter que fue más allá de eso al punto de canalizar la energía progresista en las calles. Pero después obviamente si hacés fast forwarded y llegás hasta ahora podés ver dónde la energía, esa economía libidinal, la frustración, el enojo fueron canalizados: hacia el Capitolio, con esa performance de los seguidores de Trump. Creo que hay una pregunta más profunda sobre cómo la izquierda es capaz o incapaz de usar y entender la economía libidinal, qué hacer con las emociones acumuladas, la frustración, el enojo de la gente que está desempleada e insatisfecha con el sistema. Viendo a Bolsonaro en Brasil, a Orban en Hungría o a Polonia, que prohibió el aborto ahora, podemos ver que esa energía es a menudo secuestrada, usada y manipulada por la derecha populista radical. Creo que la izquierda tiene mucho trabajo que hacer cuando se trata de entender las emociones y cómo las políticas en esta época de las redes sociales, cuando todo está mediado y puede ser manipulado, cuánto los deseos, el inconsciente, las emociones son importantes. Creo que la izquierda hasta ahora es incapaz de usar eso en el modo en que lo hace la derecha. 

¿Qué quedó de la experiencia de movimientos de izquierda como Occupy Wall Street o Syriza en Grecia?

Yo estaba justamente en Nueva York cuando ocurrió y lo apoyé mucho, a la vez que también fui muy crítico, en el sentido de que no creo que la horizontalidad pura, solo ocupar las calles, sea suficiente para un cambio político radical. No creo que haya fallado, creo que muchos de esos movimientos a 10 años -como Syriza, la Primavera Árabe, Indignados, muchos de estos movimientos han capitulado, como Syryza en Grecia, otros comparten el poder como Podemos en España, pero creo que muchos de estos movimientos dejaron una influencia grande en nuestros días. Podés decir “fallaron, dónde está la izquierda excepto en algunos países”, pero creo que no se puede mirar a los movimientos progresistas de ese modo porque a veces cuando algo luce como una falla es difícil ver en las décadas siguientes cómo su potencial se ha cumplido. Si no hubiera habido Occupy Wall Street no estoy seguro de que habría una Alexandria Ocasio-Cortez y los demócratas socialistas en Estados Unidos. Lo mismo en Grecia, no hubieras tenido el movimiento DiEM 2025 que fundamos con Yaris. O lo mismo con el Foro Social de Porto Alegre hace 20 años. No tenemos que despreciar una lucha o un evento social histórico solo porque no tuvo “éxito” en un punto, lo importante para nosotros es no hundirnos en lo que Walter Benjamin llamaba la “melancolía de izquierda”: “nada es posible, todo siempre se corrompe”. Creo que esto no es verdad.

En la Primavera Árabe, las redes sociales fueron vistas como clave para la movilización. Ahora son vistas como vehículo de mensajes extremos y noticias falsas. ¿Conservan un potencial útil para la democracia? 

Si te fijás hoy, la primera impresión sería que las redes sociales están llenas de noticias falsas, manipulación, el mayor problema sería, en términos clásicos marxistas, quién es el dueño de los medios de producción. Los jóvenes empiezan sus días yendo directamente a Instagram o a Tik Tok, ni siquiera van a Google. Aunque es preocupante que muchos de nosotros googlelizamos el comienzo de nuestros días. En este sentido creo que esta esfera que está privatizada en manos de unas pocas compañías de Silicon Valley es percibida como una esfera pública. Hay otro problema ahora. Además de la derecha extrema usando redes sociales u organizándose para esparcir noticias falsas, tenés otro fenómeno muy interesante en la figura de Elon Musk: las redes sociales usadas ahora para la especulación financiera. Él pone la palabra “bitcoin” en la descripción de su perfil en Twitter y el Bitcoin crece 14.000 euros. Solo por un signo puro, el valor crece. Es lo que el filósofo Bifo Berardi llama semiocapitalismo: los signos y el capitalismo juntos donde los símbolos, mediados por las redes sociales, pueden crear una diferencia en el mundo material. Yo soy siempre pragmático: creo que tenemos que usar las redes sociales, incluso en contra de las compañías a las que pertenecen.

Solés hablar del uso de los “memes de producción” parafraseando a los “medios de producción”: ¿Creés que todavía es potente usar los códigos de la cultura popular para producir mensajes desafiantes?

Absolutamente: la historia de los memes vuelve. No empezó con internet o las computadoras. Si te fijás en la Revolución de Octubre o en la Revolución Francesa la forma en que diferentes afiches y obras de arte circulaban y muy habitualmente era un simple cambio en las imágenes para producir un mensaje crítico. Algo parecido está pasando hoy, de los dos lados. Pero por supuesto Bolsonaro y ese tipo de grupos lo están usando mucho mejor. Uno puede hablar del poder de los memes -o de la impotencia de los memes, no estoy seguro para ser honesto-, con Bernie Sanders en la asunción de Biden. Es bastante triste que Bernie Sanders haya devenido un meme. No pudo ser presidente de los Estados Unidos, porque es demasiado radical para ellos, entonces se convierte en un meme. Pero incluso este meme tiene una especie de potencial emancipatorio, como lo tiene un chiste, un mal chiste, tiene ese potencial emancipatorio porque por lo menos canalizás algo que es traumático para vos. No deberíamos subestimar el poder de los signos, de los símbolos, algo que atrae tu atención. Es una forma vieja de subversión simplemente cambiando una imagen para generar lo que Brecht llamaba efecto de distanciamiento, de extrañeza. 

Al comienzo de la pandemia, hablabas de sus consecuencias sociales en cuanto al miedo al otro, algo todavía más peligroso que el propio virus: ¿seguís pensando en esa dirección?

Creo que es todavía peor que al principio. La situación psicológica de que tenés algo que no termina es realmente dura para mucha gente, incluso si tenés la suerte de que todavía tenés un trabajo. Creo que es la naturaleza del homo sapiens socializar, tener contacto con el otro, sentir los olores, tener encuentros espontáneos que ahora desaparecieron. No tenés espontaneidad en un Zoom. Creo que los efectos son profundos en los miedos, la ansiedad, en el comportamiento social. En algún aspecto esto puede ser peor que el Covid-19, así de blasfemante como puede sonar. Odio muy seriamente el virus y la pandemia y creo que hay que protegernos, pero creo que hay que fijarse también en estos efectos, que a veces son más duros que el propio virus. Creo que esto abre muchas preguntas. Giorgio Agamben fue muy criticado, pero creo que hasta cierto punto tenía razón. Por supuesto que estaba equivocado en menospreciar el virus y decir que no era serio, pero sí tenía razón en que esto abría una nueva era en la biopolítica en el sentido que fuera lo que fuera el virus, lo que estábamos enfrentando ahora era una verdadera situación de estado de excepción de la biopolítica. En Israel ya tienen esta especie de biopolítica de vacunación, que si estás vacunado podés entrar a lugares; en Europa están hablando de pasaportes de vacunación que lógicamente significa que están creando ciudadanos de primera, segunda y tercera. 

El miedo al otro genera una atmósfera peligrosa. Depende quien esté en el poder y cómo use este miedo para manipular y para implementar medidas que pueden ser totalitarias.

 

Por Natalí Schejtman

17 de marzo de 2021 14:44h

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Cuando los obreros tomaron el cielo por asalto A 150 años de la Comuna de París

El 18 de marzo de 1871, los artesanos y los obreros tomaron el poder en la ciudad de París; mantuvieron el control durante 71 días. Aunque no respondió a un plan premeditado, la Comuna de París quedó asociada a la Internacional y la raíz común de «comuna» y «comunismo» favoreció el deslizamiento de sentidos. Aunque finalmente fue derrotada a sangre y fuego y muchos de sus participantes fueron fusilados, su difusión global capturó la atención tanto de las clases dominantes como de los sectores populares. Muchos de los símbolos de la izquierda surgieron de ella. Y los communards exiliados alimentarían a las corrientes socialistas en diversos países, incluso en América Latina.

 

El 18 de marzo de 1871, los trabajadores y los sectores populares de la ciudad de París tomaban el cielo por asalto. La metáfora homérica, que alude a los titanes que tuvieron la osadía de irrumpir en el Olimpo reservado a los dioses, quedó estampada en una carta que ese mismo año Karl Marx le enviaba a su amigo, el médico socialista Ludwig Kugelmann.

A partir del día siguiente, la prensa oficial francesa denunció ante el mundo la temeridad del «populacho» que había formado su propio ejército y convocaba a elegir su gobierno comunal. En pocos días, la prensa de todo el globo se hacía eco de las imputaciones de su par francesa: la Comuna de París era obra de la Internacional, la temible Asociación Internacional de los Trabajadores. Y tras la internacional obrera se escondía un sabio maléfico, empeñado en destruir la obra de la civilización: el «prusiano» Karl Marx, aquel Prometeo que había robado el moderno saber burgués –la Economía Política– para volverlo contra la propia burguesía y entregarlo al proletariado.

Aunque la investigación histórica pudo demostrar sobradamente que en modo alguno la Comuna había sido obra de la Internacional, nunca como entonces la historia de esta asociación obrera alcanzaba semejante difusión global. La prensa del mundo, en Occidente y en Oriente, informaba a sus lectores sobre los fines de la Internacional, de sus congresos sucesivos, de sus líderes. Algunos diarios transcribían incluso sus proclamas. «Gracias a la Comuna, la Internacional se ha convertido en una potencia moral en Europa», señalaba Friedrich Engels tres años más tarde en una carta a Friedrich A. Sorge fechada el 12 de septiembre de 1874.

Al mismo tiempo, el nombre de Marx aparecía por primera vez en la primera plana de la gran prensa internacional, acompañado por grabados que revelaban al mundo su melena leonina y su rostro barbado. El mundo burgués comprendía que el comunismo no era una amenaza potencial, el producto febril de oscuros conspiradores o la lucubración racionalista de los constructores de utopías, sino un peligro real que de pronto podía acontecer en la ciudad que era el símbolo mismo de la civilización moderna. La Comuna abrigaba el fantasma del comunismo. Y aunque la Comuna de París lejos estuvo de adoptar un programa comunista, la presencia fantasmática de la Internacional era para sus detractores la prueba evidente de su estrategia final. «Commune» en francés quiere decir comuna, ayuntamiento. La Comuna de París no es más, literalmente hablando, que el ayuntamiento de la Ciudad Luz. Pero la palabra «commune» compartía la misma raíz que «communisme», lo que favoreció el deslizamiento de sentido. El término «comunismo», si bien formaba parte del vocabulario político de las vanguardias desde la década de 1830, no se difundió a escala internacional sino con los hechos de la Comuna. 

El acontecimiento

La Comuna de París no respondió en modo alguno a un plan premeditado. Antes bien, fue hija de un encadenamiento de circunstancias imprevisibles: la Guerra Franco-prusiana, la derrota del ejército imperial francés, el sitio de París, el advenimiento de la Tercera República francesa al mismo tiempo que la unificación alemana bajo el Imperio de Guillermo I. 

La catástrofe de los ejércitos de Luis Bonaparte en Sedán, en septiembre de 1870, había significado el derrumbe del Segundo Imperio francés y la simultánea proclamación de la República. El proletariado así como los sectores más avanzados del pueblo manifestaban una abierta desconfianza hacia la nueva Asamblea Nacional –dominada por monárquicos y republicanos moderados– y hacia el Gabinete que presidía Adolphe Thiers, a cuyos integrantes consideraban no solo dispuestos a aceptar las más humillantes y onerosas condiciones de paz impuestas por Alemania, sino también a traicionar la recién fundada Tercera República en pro de una nueva monarquía borbónica.

París había resistido un sitio de cuatro meses que culminó en enero de 1871 con la victoria del ejército prusiano y la proclamación de Guillermo I como emperador de Alemania, nada menos que en Versalles, en territorio francés. Pero como los ejércitos alemanes solo tuvieron cercada la ciudad capital sin atreverse a tomarla, el combativo y organizado pueblo parisino pudo rechazar la rendición, desafiando así a su propio gobierno. Tanto fue así que el Ejecutivo que presidía Thiers y la Asamblea Nacional decidieron instalarse en Versalles, intentando doblegar desde allí a la ciudad rebelde. El proletariado parisino no solo aquilataba una extensa tradición de luchas sociales y políticas sino que, además, contaba ahora con pertrechos y experiencia militar: las circunstancias históricas lo habían convertido en un proletariado armado, mientras el enemigo alemán o los republicanos burgueses no lograran desarmarlo.

En una inédita situación de doble poder, París se vio obligada a darse una forma de organización y de gestión, no solo para sostener su resistencia al gobierno de Versalles, sino incluso para asegurar su funcionamiento y su abastecimiento. La estructura política aquí creada tomó por base la Guardia Nacional, que había sido movilizada en septiembre de 1870 para asegurar la defensa de la capital y cuya tradición revolucionaria se remontaba a 1789. No era otra cosa que una milicia ciudadana, compuesta por todos los varones mayores de 18 años, con amplia mayoría de proletarios y artesanos. En febrero de 1871, la Guardia parisina creó una estructura electiva y piramidal, la Federación de la Guardia Nacional (de allí que se designase a los comuneros como «federados»), compuesta por los delegados de las compañías y los batallones de la milicia parisina; su cúspide la ocupaba un Comité Central. 

La Comuna nació en París el 18 de marzo de 1871, cuando los artesanos y los obreros tomaron el poder en la ciudad. El pueblo parisino se había levantado al descubrir que el gobierno provisional intentaba arrebatarle por sorpresa las baterías de cañones que habían comprado por suscripción popular para defender la ciudad. Las fuerzas del ejército terminaron confraternizando con la población sublevada. Cuando el general Lecomte ordenó disparar contra la muchedumbre inerme, los soldados lo hicieron bajar de su caballo y lo fusilaron. Otro tanto hicieron con el general Thomas, veterano comandante responsable de la represión durante la rebelión popular de junio de 1848. En ese momento Thiers ordenó a los empleados de la administración nacional evacuar la capital. Ante el vacío de poder, la Guardia Nacional convocó de inmediato a elecciones comunales sobre la base del sufragio universal (masculino). Su Comité Central entregó entonces el poder provisional al consejo municipal elegido democráticamente, con predominio de republicanos radicales y blanquistas.

Sitiada París, primero por los prusianos y luego por los versalleses, los comuneros debieron gobernar una ciudad asediada. Promulgaron una serie de decretos (sobre educación popular, separación de la Iglesia del Estado, indulgencia con los alquileres impagos o abolición de los intereses por deudas) dictados por la urgencia y la necesidad antes que por la definición de un orden social cuyos trazos ni siquiera alcanzaron a definir durante sus dramáticos 71 días de vida. 

Cercada en parte todavía por las tropas prusianas, hostigada por la prensa de Versalles con calumnias que a su vez replicaba la prensa internacional, empobrecida, incomunicada, aislada del resto de las fuerzas progresistas de la nación, la Comuna de París soportó con heroísmo durante más de dos meses el bombardeo y el asedio del gobierno provisional. Finalmente, el 21 de mayo el ejército de Versalles logró franquear la Porte de Saint-Cloud, y a lo largo de una semana conquistó militarmente una ciudad que le ofreció una dramática resistencia. Los encarnizados combates se sucedieron barrio a barrio, calle a calle. Los últimos 147 resistentes se parapetaron detrás de un muro del Cementerio de Père-Lachaise, donde fueron fusilados y enterrados en una fosa común.

El 28 de mayo –una vez concluida la llamada «Semana Sangrienta» y con ella la experiencia comunalista–, el saldo era de unos 30.000 comuneros muertos y 43.000 prisioneros, de los cuales 10.000 fueron condenados, unos a la cárcel y otros al exilio en Nueva Caledonia. París se mantuvo bajo la ley marcial durante cinco años.

Las interpretaciones

La experiencia de la Comuna fue leída de los modos más diversos, incluso durante su mismo decurso. Sus enemigos más encarnizados –aristócratas y clericales, monárquicos legitimistas y orleanistas, republicanos conservadores y moderados– coincidieron en denostarla, pero con argumentos diversos. Para los ultramontanos era abominable por el simple hecho de ser una revolución, y la leyeron como una consecuencia de la secularización de las costumbres que había impulsado la burguesía liberal. Los republicanos, que no podían condenar a la tradición revolucionaria de la que habían surgido, la vieron como el producto de la liberación de los «bajos instintos» de una plebe incontrolada compuesta por turbas frenéticas libradas a su propia suerte.

En la vereda opuesta, todo el arco de la izquierda revolucionaria de su tiempo la reivindicó como un hito inaugural. Las lecturas que hicieron las izquierdas eran de algún modo proyecciones de las múltiples tendencias políticas que convivieron en su seno, desde republicanos radicales a mutualistas, pasando por socialistas de las más diversas escuelas (incluso de la positivista); desde adeptos de la centralización política a ultranza (como los blanquistas, los seguidores del revolucionario Auguste Blanqui) hasta partidarios de las diversas corrientes federalistas, unas más radicales, otras más moderadas. 

Como ya ha sido señalado, la Comuna no fue un producto de la Internacional. De acuerdo con lo que Engels expresaba en una carta a Adolph Sorge, fechada el 12 de septiembre de 1874, la Internacional «no había movido un dedo para darle vida». Y, a pesar de ello, la Comuna era «hija espiritual de la Internacional». Solo un tercio de los delegados y de los integrantes del Comité Central de la Guardia Nacional pertenecía a las secciones francesas de la Internacional. Y apenas 13 sobre los 90 fueron elegidos para la Asamblea comunal del 26 de marzo, en la que había emergido una «elite oscura» de ilustres desconocidos. Pero tampoco estos 13 revolucionarios llevaban adelante una estrategia común. Marx exhortaba desde Consejo General de la Internacional con sede en Londres a la clase obrera europea en general (y a la británica en particular) a la solidaridad con la Comuna, mientras que en la correspondencia que mantenía con algunos de los comuneros de París, como Auguste Serraillier, Léo Fränkel y Eugène Dupont, aconsejaba prudencia, señalando los inconvenientes que acarrearía el ataque abierto al gobierno republicano mientras durase la ocupación alemana así como el creciente aislamiento político de París. Marx consideraba imposible una victoria militar y aconsejaba a los comuneros negociar con Versalles una paz honrosa.

Pero no todos los dirigentes políticos franceses participaban del realismo de Marx; en especial, discrepaban los republicanos radicales y los blanquistas, los exponentes de la tradición jacobina. A esta vertiente insurreccionalista a ultranza se sumarían muy pronto los bakuninistas, con el propio Mijaíl Bakunin que había viajado a Francia apenas comenzada la guerra.

El 30 de mayo de 1871, apenas dos días después de concluida la Semana Sangrienta, Marx leía en el Consejo General londinense su célebre alocución, La guerra civil en Francia, una pieza magistral de equilibrio político. Había concebido un texto que, sin renunciar a sus ideas ni a su estilo, pudiera conformar a las distintas tendencias que convivían, no sin tensiones, en el Consejo. Antes que optar por una estrategia de debate público sobre las diferencias que separaban las diversas escuelas socialistas, Marx ensayó una lírica defensa de la experiencia comunera, en la que solo entre líneas es posible leer, por ejemplo, la crítica a los exponentes del insurreccionalismo neojacobino –«supervivientes y devotos de revoluciones pasadas»–, al exceso de escrúpulos democráticos de los republicanos moderados –que llevaron al Comité Central de los federados a delegar rápidamente el poder–, o a los herederos de Proudhon –que no se atrevieron a tocar la sacrosanta propiedad de la banca–. Estos y otros inevitables errores –como la demora de las milicias en marchar sobre Versalles– no podían oscurecer su mérito histórico, que no consistía en otra cosa que en su propia existencia. Ahora que había sido derrotada, que los hombres y las mujeres que la sostuvieron eran fusilados o detenidos, que la prensa burguesa derramaba por el mundo las calumnias más inicuas, la Comuna debía ser saludada por los trabajadores de todo el mundo como un primer ensayo, fallido pero heroico, de gobierno obrero, como «la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo».

En un primer momento, el Consejo General aceptó sin discusión la alocución de Marx y decidió su publicación en diversos idiomas. El comunero Charles Longuet, futuro yerno de Marx, tradujo al francés el texto original de Marx redactado en inglés, y más tarde Engels editaría la versión alemana. Pero en los días que siguieron, los dirigentes sindicales ingleses George Odger y Benjamin Lucraft retiraron su firma objetando los pasajes más duros sobre el gobierno republicano de Versalles. Marx se dio a conocer entonces como el autor intelectual de la alocución, pero su decisión no pudo evitar, junto con la renuncia de sus dirigentes, la salida de las trade unions británicas, uno de los dos pilares sobre los cuales se había fundado la Internacional en 1864. Esta defección, sumada al hostigamiento que las diversas secciones sufrieron después de la Comuna por parte de los gobiernos europeos y a la lucha de fracciones que comenzaba a desatarse abiertamente entre marxistas y bakuninistas, marcó el declive de la Primera Internacional.

Como señaló el historiador alemán Arthur Rosenberg, «el escrito de Marx sobre la Guerra Civil de 1871 tiene una importancia histórica excepcional». En desacuerdo con muchos de los métodos de la Comuna –en primer término, la insurrección misma–, le habría resultado tanto más sencillo deslindar cualquier responsabilidad sobre el curso que tomaron los acontecimientos. Sin embargo, no le importó mostrarse ante la opinión pública como quien tenía la razón, sino que, al contrario, «hizo suya audazmente la Comuna y desde entonces el marxismo tiene una tradición revolucionaria ante los ojos de la humanidad». Esta apropiación marxiana de la Comuna fue tan resistida por los anarquistas (para Bakunin no fue sino la expresión de un «travestismo verdaderamente grotesco») como canonizada por los comunistas de todo el mundo, desde los rusos que en 1917 hicieron de la forma comuna el precedente del sóviet, hasta los chinos de la Comuna de Cantón primero y de la Comuna de Shanghái después. 

El folleto de Marx circuló en cientos (sino miles) de ediciones; usualmente, con un prólogo escrito por Engels para la edición alemana de 1891 que (en franco contraste con el análisis de Marx) presentaba la experiencia comunera como un ejercicio de «dictadura del proletariado». Muchas ediciones añadían también artículos de Lenin, en los que la Comuna francesa era asimilada al sovietismo ruso.

La difusión internacional

Los días de la Comuna mantuvieron en vilo al mundo entero, tanto al orden burgués como a los sectores populares. Los medios de prensa transcribían en primera plana los bandos de una y otra parte, los modernos magazines ilustrados reproducían escenas de los combates o de la vida comunera bajo la forma de grabados y litografías. Mientras la gran prensa burguesa reproducía las noticias más fantásticas sobre hechos de violencia y destrucción atribuidos a la plebe de París, los medios de prensa minoritarios de los republicanos radicales, de los federalistas españoles y de los socialistas de todo el mundo se empeñaban chequear la información y en publicar fuentes fidedignas. La Comuna impactó fuertemente en la prensa española así como en toda la América Latina.

Los exiliados de la Comuna refugiados en Londres, en Bruselas o en Ginebra comenzaron a publicar sus testimonios y sus balances en el mismo año de 1871. Una intensa folletería popular de celebración de la experiencia comunera y de denuncia a los procesos judiciales nutrió la cultura de izquierdas de las últimas tres décadas del siglo XIX, tanto anarquista como socialista, proyectándose incluso a comienzos del siglo XX. El republicano federalista español Manuel de Cala publicó entre 1871 y 1872 dos volúmenes titulados Los comuneros de París, con prólogo de Pi y Margall, que todavía se reeditaban en Buenos Aires en 1929. La vibrante Historia de la Comuna de 1871 del periodista socialista Lissagaray, publicada en Bruselas en 1876 durante el exilio de su autor, fue un verdadero best-seller de su tiempo. Eleanor, la hija menor de Marx y por aquel tiempo pareja de Lissagaray, la tradujo al inglés. 

Del lado anarquista, la obra más popular fue la de Louise Michel, una educadora que había encabezado la manifestación de mujeres que impidió que los cañones parisinos pasaran a mano de los versalleses. La Commune. Histoire et souvenirs (La Comuna. Historia y recuerdos), publicado en París en 1898 cuando hacía ya varios años que su autora había retornado de su deportación en Nueva Caledonia, se tradujo enseguida al español en Barcelona, conociendo a comienzos del siglo XX sucesivas ediciones populares que se leían en todo el mundo de habla hispana. También alcanzó enorme popularidad La Commune (1904), una historia novelada de los hermanos Paul y Victor Margueritte, que fue traducida al español en Barcelona en 1932, en los albores de la Segunda República.

Los exiliados de la Comuna se esparcieron por Europa y América llevando sus relatos heroicos, sus programas políticos y sus rencillas internas. Allí donde se afincaban, lanzaban periódicos en francés, publicaban folletos y fundaban secciones de la Internacional. Fueron comuneros franceses quienes crearon la primera sección francesa de la Internacional en la Buenos Aires de 1872. Otros ex-communards se instalaron en Chile, Uruguay y Brasil, según las pistas que siguió Marcelo Segall. 

Alicia Moreau, una de las figuras señeras del socialismo argentino, era hija del comunero Armand Moreau, que se había exiliado en Londres con su familia antes de instalarse en Buenos Aires. El movimiento socialista internacional celebró el 18 de marzo como una jornada popular, al menos durante tres décadas. Jóvenes intelectuales socialistas como Leopoldo Lugones y José Ingenieros lanzaron en la Buenos Aires de 1987 el periódico La Montaña, fechándolo el 12 Vendimiario del año XXVI de la Comuna, conforme el calendario revolucionario adoptado en 1871. Todavía a comienzos del siglo XX la portada del semanario socialista argentino La Vanguardia correspondiente al 18 de marzo estaba dedicada a homenajear a la Comuna. En el México de 1874 aparece un periódico bisemanal, La Comuna, que poco después nacionaliza la experiencia parisina y pasa a titularse La Comuna Mexicana. Dos años después, el periódico mexicano El Hijo del Trabajo daba a conocer las biografías de los principales líderes de la experiencia comunera. 

La memoria de la Comuna se mantuvo viva en América Latina más allá del exilio francés. El socialista chileno Luis Emilio Recabarren y el anarquista peruano González Prada, entre muchísimos otros, le consagraron artículos en la prensa obrera de su tiempo. El Centenario de la Comuna fue celebrado en 1971 con reediciones de aquellas obras clásicas, con suplementos especiales que le consagraron periódicos y revistas, y con un Coloquio internacional realizado en París. El Berliner Ensable presentó entonces en París Los días de la Comuna, la pieza teatral de Bertold Brecht. 

Todavía resonaban los ecos de Mayo de 1968, cuando los estudiantes de la nouvelle gauche le disputaron a la tradición comunista la herencia de la Comuna. Tan constantes fueron las referencias de los enragès a los episodios de la Comuna de 1871 que la compilación de Alain Schnapp y Pierre Vidal-Naquet sobre Mayo del 68 llevó por título Journal de la Commune étudiante.

Los herederos de la tradición leninista –los comunistas, los trotskistas y los maoístas–, venían celebrando en la experiencia comunera la dimensión insurreccional y los atisbos de una «dictadura del proletariado», remarcando siempre la «gran lección» de 1871: la clase obrera no puede triunfar sin un partido revolucionario. En un camino abierto por el movimiento situacionista, el filósofo francés Henri Lefebvre ofrecía en 1965 a sus alumnos de la Universidad de Nanterre una lectura alternativa, en la que el final trágico de la experiencia comunera no debía opacar su decurso como un acontecimiento lúdico y festivo. 

Para Lefebvre, la Comuna habría sido una fiesta inmensa que el pueblo de París se habría regalado a sí mismo y al mundo, una fiesta «de los desheredados y de los proletarios, fiesta revolucionaria y de la revolución, fiesta total, la más grande de los tiempos modernos». Y a contrapelo de las lecturas hasta entonces dominantes, entendió que las notas que definían la experiencia comunera eran una espontaneidad incontenible, una gran pluralidad, su carácter internacionalista, su genio colectivo (desprovisto de grandes jefes), la ausencia de un partido que por detrás pudiera controlar todo lo que sucedía, así como un antibelicismo y anticolonialismo ejemplificados en el derribo de la Columna Vendôme, símbolo de las victorias napoléonicas. Lefebvre abrió el camino a aquellas lecturas contemporáneas que repusieron la historicidad de la Comuna, al extraerla de la genealogía que la inscribía como un prolegómeno de la Revolución Rusa de 1917. Esto no significa, ni mucho menos, que se trate simplemente de devolverla a Francia, porque la Comuna tampoco encuentra su lugar en la historia del republicanismo nacional francés. 

En el mundo globalizado del siglo XXI, las apelaciones a las formas comunales son cada vez más frecuentes en las más diversas experiencias políticas de resistencia al poder, en las que no faltan siquiera las referencias expresas a la experiencia de 1871. «La referencia a la Comuna –escribe Deluermoz, el último gran historiador de este acontecimiento– parece alimentar las demandas cada vez más presentes de un poder más horizontal así como el principio de un ‘movimiento sin líderes’ que caracterizan a muchas de estas protestas contemporáneas».

Estas demandas sociales alimentan nuevos significados y recuperan otras imágenes, más próximas a la subjetividad política contemporánea. Es el caso de la Comuna de Louise Michel y la de tantas mujeres que a pesar de quedar excluidas del sufragio «universal», jugaron un rol crucial en la defensa de París. O de la Comuna de los artistas y de los poetas, la de Gustave Courbet y Honoré Daumier, la de Rimbaud y Verlaine. También es la Comuna del poeta Eugéne Pottier, autor de aquellos versos de «La Internacional» que, años después, con música del belga Pierre Degeyter, iban a convertirse en el himno de los trabajadores de todo el globo. O la Comuna de los laicistas y de los educadores. Está también la Comuna del general Jarosław Dąbrowski y la de tantos polacos e italianos que se batieron en París por una causa que consideraban universal. Está la Comuna de los clubes políticos, de los periódicos revolucionarios que libraban una lucha desigual con los grandes medios de prensa, la Comuna de los pasquines pegados en la pared, la Comuna que adoptó la bandera roja convirtiéndola, 150 años atrás, en emblema universal del socialismo y estandarte internacional de la liberación de los trabajadores. 

La Comuna fue fecunda forjadora de imágenes y de símbolos que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía le dicen algo a nuestro presente. La historiografía del siglo XXI vuelve a los archivos y elabora nuevos relatos del acontecimiento de 1871. La literatura y el arte de nuestro presente vuelven a ponerla en escena, tal como lo ensayó a comienzos de nuestro siglo el director británico Peter Watkins con su docudrama monumental La Comuna de París, apelando a actores no profesionales. Una actualidad que disgustaba a François Furet. El historiador liberal francés había sostenido que «ningún acontecimiento de nuestra historia moderna, y acaso de toda nuestra historia, ha sido objeto de tal sobreinversión de interés en relación con su brevedad». Eric Hobsbawm coincidía en cierto modo al señalar que la Comuna «no fue tan importante por lo que consiguió como por lo que presagiaba; fue más formidable como símbolo que como hecho». Justamente por eso, señalaba, los historiadores deberían «resistirse a la tentación de despreciarla retrospectivamente».

Referencias bibliográficas

José Álvarez Junco: La Comuna en España, Siglo Veintiuno, Madrid, 1971. 

Mijaíl Bakunin: «Lettre au journal La Liberté de Bruxelles», Zúrich, octubre de 1872, en Œuvres, Stock, París, 1910, t. IV.

Quentin Deluermoz: Commune(s), 1870-1871. Une traversée des mondes au XIXe siècle, Seuil, París, 2020.

Diógenes de Giorgi: La Comuna de París en la prensa montevideana de la época, Biblioteca de Marcha, Montevideo, 1971.

François Furet: La Révolution. 1770-1880, Hachette, París, 1988.

Gastón García Cantú: El socialismo en México (siglo XIX), ERA, Ciudad de México, 1969.

Georges Haupt: «La Comuna como símbolo y como ejemplo» en El historiador y el movimiento social, Siglo Veintiuno, Madrid, 1986.

Heinrich Koechlin: Ideologías y tendencias en la Comuna de París, Proyección, Buenos Aires, 1965.

Eric J. Hobsbawm: La era del capitalismo, Guadarrama, Barcelona, 1981.

La Commune de 1871. Colloque de Paris (mai 1971), Éditions Ouvrières, París, 1972.

Henri Lefebvre: La proclamation de la Commune, Gallimard, París, 1965.

Karl Marx: «La guerra civil en Francia», en Karl Marx: Antología, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2015. 

Miklós Molnár: El declive de la Primera Internacional, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1974.

Boris Nicolaïevski y Otto Maenchen-Helfen: La vida de Carlos Marx, Ayuso, Madrid, 1973.

  1. Prosper-Olivier Lissagaray: Historia de la Comuna, Estela, Barcelona, 1971 (2 vols.).

Michèle Riot-Sarcey: Le procès de la liberté. Une histoire souterraine du XIXe siècle en France, La Découverte, París, 2016.

Jules Rocher (ed.): Lettres de communards et de militants de la Ie Internationale à Marx, Engels et autres dans les journées de la Commune de Paris en 1871, Bureau d’Éditions, París, 1934.

Arthur Rosenberg: Democracia y socialismo. Historia política de los últimos ciento cincuenta años, Cuadernos de Pasado y Presente, Ciudad de México, 1981.

Alain Schnapp y Pierre Vidal-Naquet: Journal de la Commune étudiante. Textes et documents: novembre 1967-juin 1968, Seuil, París, 1969.

Marcelo Segall: «La Comuna y los excommunards en un siglo de América Latina» en Boletín de la Universidad de Chile Nº 109-110, 4-5/1971. 

Edgar Straehle Porras: «Mayo del 68, la Comuna de parís y la tradición revolucionaria. Una aproximación desde Henri Lefebvre» en Oxímora. Revista Internacional de Ética y Política Nº 13, 7-12/2018.

Horacio Tarcus: Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2007

Publicado enInternacional
Jueves, 18 Marzo 2021 05:47

Lula vuelve: ¿y ahora qué?

Lula vuelve: ¿y ahora qué?

La anulación de las condenas contra Luiz Inácio Lula da Silva por parte de un juez de la Corte Suprema de Justicia alteró un escenario político ya atravesado por la crisis y la incertidumbre. El ex-presidente busca proyectarse nuevamente como estadista frente al desgobierno de Jair Bolsonaro en relación a la pandemia de covid-19. Pero hay que ver cómo opera el antagonismo «petismo»/«antipetismo» que atraviesa a la sociedad brasileña. Y si el Partido de los Trabajadores logra recuperar a sectores de clase media y trabajadora que perdió en los últimos años.

 

«Estoy viendo la destrucción del país. Estoy viendo la destrucción de la esperanza de los brasileños. Y estoy viendo que nosotros tenemos dificultades para reaccionar». Esa fue la primera definición política que dio Luiz Inácio Lula da Silva en Recife, Pernambuco, el 17 de noviembre de 2019, en su primer acto después de ser liberado de la prisión en Curitiba. Luego prosiguió hablando de su injusta prisión, del ex juez Sergio Moro, de la cadena O Globo y del «golpe» contra Dilma Rousseff. El énfasis —completamente justificable, dadas las circunstancias— estaba puesto en la persecución contra él y su partido. 

El Partido de los Trabajadores (PT) se encuentra desde hacía tiempo sin un discurso que interpele a las mayorías, como si no pudiese salir del arrinconamiento político y judicial y, por consiguiente, de la defensa de sí mismo. Del «no habrá golpe», al «Lula libre». Ahora, con la anulación de las condenas por parte de un juez de la Corte Suprema de Brasil, el ex-presidente recupera sus derechos políticos, lo que le ha dado al PT una posibilidad tangible de recuperar el poder y ello se reflejó inmediatamente en un cambio de postura. El partido fundado en 1980 ha estado enfocado principalmente en recuperar su carta más poderosa: el ex-presidente de origen obrero.

Con su liberación, el PT recuperó la capacidad de reacción. En el discurso de la semana pasada, luego de la anulación de las sentencias en su contra, Lula logró, después de mucho tiempo, poner el énfasis en el proyecto de país. La energía de la gestualidad estuvo centrada en criticar al gobierno y en desarrollar una propuesta, y no ya en la defensa de sí mismo. Lula logró recuperar densidad política y articular un discurso como construcción de sentido, pero también diálogo y articulación con otros sectores. No faltaron las referencias a la persecución, pero fueron como una introducción necesaria, dada la reciente anulación de las sentencias, para luego hablar de Brasil. «Vamos a dialogar con todos los actores políticos», anunció. Ese fue, evidentemente, el otro gran giro. Desde hacía mucho tiempo, el PT no mostraba vocación de dialogar con sectores más allá de los ideológicamente afines. Fernando Haddad, ex-ministro de Educación y ex-alcalde de San Pablo, fue mucho más contundente en una entrevista posterior a la CNN Brasil. En su opinión, Lula va a construir alianzas con un abanico lo más amplio posible de partidos, «no pensando en ganar las elecciones, sino pensando en gobernar».

Lula dejó el poder el 1 de enero de 2011 con un 83% de aprobación y 4% de desaprobación, según el instituto Ibope. No es necesario volver sobre los tantas veces mencionados logros de su gestión. Los millones que salieron de la pobreza, la sexta economía mundial, la clasificación de Brasil como país emergente. Sin embargo, el regreso de Lula al poder es posible, pero está lejos de ser sencillo. ¿Cómo se explica esa dificultad si Brasil vivió uno de los mejores momentos de su historia durante su gobierno? «Nunca fuimos tan felices», decía la tapa de la revista Isto É de agosto de 2010. «Los brasileños son llevados por el sentimiento de bienestar, comprando más autos, viajando más, comprando casa propia y realizando sueños hasta entonces intangibles», explicaba la portada. Analizar las posibilidades de Lula para 2022 requiere repasar, al menos sucintamente, qué sucedió en estos años, por qué el PT perdió terreno entre el electorado, la fuerza del antipetismo y la posición actual de los otros jugadores, incluyendo al presidente Jair Bolsonaro.

Lula da Silva fue electo presidente por primera vez en 2002 en un país en el que, como indican los estudios del Instituto Datafolha, la mayoría se autodefine como conservadora y de derecha, pero en el que la izquierda siempre tuvo un espacio político considerable. Para lograr el triunfo fue necesario un viraje hacia el centro, una política de alianzas con el empresariado nacional y la ya famosa «Carta al pueblo brasileño», que selló su compromiso con el mercado. Luego de tres derrotas en las presidenciales (1989, 1994 y 1998), el PT rompió su techo electoral y los votantes le dieron a Lula, líder de un partido claramente ubicado en la izquierda, su primera oportunidad como presidente.

En 2005, el caso de corrupción conocido como Mensalão pareció acabar con las posibilidades de reelección. Pero estaba teniendo lugar la reconfiguración electoral que el politólogo André Singer describió luego en su artículo «Raíces sociales e ideológicas del lulismo». Sectores de clase media y de la clase trabajadora tradicional dejaron de apoyar al gobierno, pero este incorporó a sectores de bajos ingresos, históricamente conservadores, como resultado de la combinación de una serie de políticas: el plan Bolsa Familia, los aumentos del salario mínimo, los créditos, el aumento del consumo, las inversiones, el crecimiento del trabajo registrado. El fenómeno sería más notorio en el Nordeste, desde entonces la región donde el PT sería más fuerte en detrimento de San Pablo. A pesar del escándalo del Mensalão, que dejó raída la bandera anticorrupción del PT, en las elecciones de 2006 el pueblo brasileño le dio a Lula una segunda oportunidad para presidir el país. Y lo mejor vendría en ese segundo mandato.

David Samuels y Cesar Zucco explican en su libro Partisans, Antipartisans, and Nonpartisans: Voting Behavior in Brazil (Partidarios, antipartidarios y no partidarios: El comportamiento electoral en Brasil) que para entender cómo se manifiesta el sistema de partidos brasileño entre el electorado es necesario ir más allá de la identificación partidaria de los ciudadanos y observar con mayor detenimiento el fenómeno del «antipartidismo» —entendido como la oposición a un partido determinado—. Según los autores, el PT es el único que cuenta con cantidades significativas de partidarios entre el electorado, convirtiéndose en el principal ordenador de las preferencias. Los petistas y su contracara, los antipetistas, le dan sentido al sistema. Desde 1994, las elecciones presidenciales se ordenaron a partir del binomio Partido de los Trabajadores/ Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, centroderecha), pero entre el electorado las identidades predominantes siempre fueron petismo/antipetismo. Esto explicaría la estrepitosa pérdida de votos del PSDB en 2018 y la emergencia de Jair Bolsonaro como representante del campo antipetista. Por consiguiente, analizar las posibilidades electorales de Lula en 2022 requiere, entre otras cosas, ponderar la correlación de fuerzas entre petismo y antipetismo.

Los últimos años de la política brasileña han sido de consecutivas victorias del antipetismo. La declinación del PT comienza, de hecho, luego de los gobiernos de Lula, con la ola de protestas de junio de 2013. En 2014, Dilma Rousseff ganó la reelección en segunda vuelta contra Aécio Neves por apenas tres puntos porcentuales de diferencia y, en 2015, la operación Lava Jato funcionó a todo vapor y el país entró en recesión al mismo tiempo que Dilma continuaba con el giro económico hacia la ortodoxia y el ajuste, abandonando sus propias banderas políticas. 

La consecuencia fue el derrumbe total de la aprobación del gobierno, las manifestaciones callejeras, la crisis económica y un escándalo de corrupción. Sin dudas, detrás del impeachment hay una serie de razones muy específicas. Como explica Fernando Limongi en su artículo «La crisis actual y el debate institucional», publicado en 2017, el objetivo de Michel Temer y Eduardo Cunha —los principales impulsores del impeachment— era escapar de la operación Lava Jato. Por ello, para destituir a la presidenta utilizaron el argumento del «maquillaje fiscal» y no los vinculados a las denuncias de corrupción. En 2016, la dimensión de la crisis era tal que hubo quien dentro del PT propuso cambiar el nombre del partido. En las presidenciales de 2018, el PT obtuvo 30% de los votos en primera vuelta, lo que lo situó en los niveles de la década de 1990. En las municipales de 2016, con todas las particularidades que tienen este tipo de comicios, el antipetismo fue contundente. En 2020 siguió mostrando, aunque en menor medida, su fortaleza. La semana pasada, según el Instituto de Opinión Pública Paraná Pesquisas, 57,5% de los brasileños dijo estar en contra de la anulación de las sentencias contra Lula. Según CNN/Real Time Big Data, el porcentaje era del 54%.

La operación Lava Jato no se reduce a la persecución judicial contra Lula y a todos los atropellos al debido proceso que fueron notorios desde el comienzo. La magnitud del esquema de corrupción descubierto hizo caer a políticos y ministros de diferentes colores partidarios, pero también a grandes empresarios. Eike Batista, el brasileño más rico, sexto en el ranking mundial de la revista Forbes en 2012, fue preso en 2017. La dimensión y el impacto del Lava Jato fue enorme. Lula puede no haber sido el jefe de la asociación ilícita como denunciaron los fiscales liderados por Deltan Dallagnol y su lamentable PowerPoint, pero los hechos de corrupción tuvieron lugar durante su presidencia. Su partido estuvo claramente entre los beneficiados.

La percepción de que esto es así parece ser el motivo por el cual la filtración de los chats entre Moro y los fiscales, iniciada a mediados de 2019 y que todavía continúa a cuentagotas, no movió el amperímetro de la opinión pública en favor de Lula. Pero la obscena parcialidad y las operaciones judiciales que muestran las filtraciones sí han cambiado la imagen que se tenía de Moro en la sociedad y el respeto a su figura que reflejaban los medios de comunicación. Lo más importante es que se incluyeron elementos que pueden carecer de valor probatorio (los mensajes fueron obtenidos de manera ilegal y ello los anula como prueba) pero que modificaron la actitud de los miembros de la Corte Suprema hacia Lula y la Lava Jato. Sin las revelaciones de los mensajes, era poco probable la anulación de las sentencias. Todo indica que la decisión del juez Edson Fachin de anular las condenas contra Lula por la cuestión de la jurisdicción tenía por objetivo evitar el tratamiento en la Corte de la falta de imparcialidad de Moro, tal vez dando la posibilidad de que la sentencia sea ratificada en el Distrito Federal. Fachin no pudo evitar que la Corte comience a tratar la falta de imparcialidad la semana pasada y el propio juez, otrora «lavajatista», dijo que los mensajes de Moro y los fiscales «no se pueden esconder debajo de la alfombra».

El clivaje petismo/antipetismo es fundamental, aunque tampoco lo explica todo. Lula tiene la capacidad de ampliar los apoyos del PT. De haberse podido presentar en 2018, su candidatura hubiese obtenido más que el magro 30% que consiguió Fernando Haddad en primera vuelta. Pero la fuerza del antipetismo impone límites. Y, al mismo tiempo, podría operar una disputa por la reconfiguración y el liderazgo del campo antipetista.

Es cierto que las preferencias políticas de los brasileños han ganado mayor complejidad con la emergencia del bolsonarismo, el cual ciertamente representa a la derecha radical. El bolsonarismo, que comenzó a tener volumen hacia 2016, tiene un núcleo del 20%. El 46% que obtuvo en la primera vuelta de 2018 fue un espejismo, algo que quedó de manifiesto con la inmediata caída de la aprobación una vez llegado al gobierno. Pero la aparición del bolsonarismo también ha dado lugar al surgimiento de los «ni-ni», aquellos que no quieren ni a Bolsonaro ni a Lula. De acuerdo a la reciente encuesta del IPEC, publicada en la revista Piauí, los «ni-ni» representan 20% del electorado.

Otro sector a considerar es el de los «si-sí», aquellos que expresan que pueden votar tanto a Bolsonaro como a Lula. Según IPEC, alcanzan un 10% de la población. Este otro sector es uno de los motivos por el cual el primer perjudicado con el «regreso» de Lula es Bolsonaro. La predisposición a votar a uno o al otro (en algunos casos sin excluir a terceros) es un problema para el actual presidente, que todavía no encuentra un Norte claro para su gestión. Son varios los aspectos donde ese déficit se hace más perceptible: desde la ambivalencia entre apoyarse en su núcleo radical o buscar ser más amplio, hasta los cambios en el estilo y la estrategia de comunicación del presidente. Pero donde más se nota es en el terreno económico. Más allá del fuerte apoyo al sector agropecuario y algunas reformas de tipo liberal, a grandes rasgos el gobierno de Bolsonaro siempre se encuentra a medio camino entre la responsabilidad fiscal y el aumento del gasto o las privatizaciones y la intervención estatal. 

Si no hay solución para la creciente inflación, el desempleo y la inminente recesión, los «si-si» podrían darle la bienvenida a Lula. Como escribió Márcio Coimbra en enero pasado, Bolsonaro es más intuición que estrategia y ante la complejidad del escenario actual no se puede descartar que no llegue a la segunda vuelta de las elecciones que tendrán lugar dentro de casi un año y medio. Más que favorecer a Bolsonaro por vía de la polarización, la elegibilidad de Lula le mueve el piso al actual presidente de la mano de los «si-si».

Esto nos lleva a analizar el campo de lo que podríamos denominar como el de la «derecha tradicional». Aunque no tiene ningún presidenciable fuerte, por su tamaño y estructura en el nivel municipal y estadual, el PSDB puede volver a ser parte de un armado que dispute con el PT. Por fuera, danzan en las encuestas de intención de voto los nombres del propio Moro, fuertemente debilitado luego de su paso por el gobierno de Bolsonaro como ministro de seguridad pero que mantiene 10% sin moverse de su casa. Y en menor medida, Luciano Huck, conductor de espectáculos en O Globo, con entre 6 y 9%. Este sector, que no tiene nombres definidos y en el que abundan los hipotéticos precandidatos y la falta de coordinación, es sin embargo un potencial ganador con la participación electoral de un Lula que le quita votos a Bolsonaro. Pero el escenario no está para nada definido. Con Lula en el ring y el actual escenario económico, la tendencia es que Bolsonaro pierda fuerza y que Lula pueda alcanzarlo en intención de voto. ¿Cuál va a ser el tamaño de la sangría para el actual gobierno? ¿Qué tan duro es el núcleo bolsonarista? ¿A la derecha tradicional le alcanzaría con ganar el campo antipetista? Bolsonaro tiene por ahora la maquinaria y la iniciativa a su favor.

En la centroizquierda se destaca la figura de Ciro Gomes, con su proyecto de «desarrollismo nacional» y su estrategia de absorber el voto de la clase media desencantada con el PT. Con el carismático Lula en la cancha, el trabajo es más difícil para Gomes, quien por otra parte tiene poca llegada a los sectores de más bajos ingresos. Marina Silva ya no tiene el potencial que alguna vez tuvo (20% de los votos en 2010 y 2014), pero podría sumar como vicepresidenta, tanto para Gomes como para Lula. El Partido Socialista Brasileño (PSB) también está en una encrucijada importante con la vuelta de Lula. Sin este, el PSB se encaminaba a construir «fuera de los extremismos»; pero con Lula en la vereda de enfrente se le puede complicar retener el gobierno de Pernambuco (en la región del Nordeste) y este estado suele definir la estrategia de los socialistas.

En lo que concierne al PT y su relación con el electorado, la óptica para analizar la posibilidad de que Lula da Silva vuelva al poder no es la de la narrativa del «golpe» contra Dilma y la del líder popular que fue perseguido judicialmente e imposibilitado de competir en una elección que de otro modo hubiera ganado. El proceso de Brasil de los últimos años indica que el PT ha perdido terreno y que Lula ya no goza de la confianza de una parte considerable de la sociedad. Con él en el poder, Brasil vivió una de sus mejores épocas ¿Tendrá Lula una tercera oportunidad? 

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Cuando la humanidad funciona como una peste genera pandemias

La Vida me había llevado hasta allí.

No podía discutirlo con Ella,

por eso terminé por aceptar,

algo necesitaba aprender en esa situación.

Así de simple.

Lo que las enfermedades vienen a decirnos, si es que aceptamos que La Vida, por medio de ellas, nos pueda estar diciendo algo, nos confirma que no existe distancia entre medio externo y medio interno, así como --afirma Nietzsche-- no existe distancia entre el hacer y el ser. Lo humano, a lo largo de su historia, ha ido creando y profundizando una distancia imaginaria entre él y el resto de los seres y las formas. Junto con este distanciamiento se ha ido perdiendo de vista a sí mismo, a la especie y a La Vida. Sus inicios los vemos allí donde los hombres --de manera principal-- y las mujeres, que debían velar por el bien de sus pueblos, pasaron a quererlo todo para sí. Esto comenzó cuando lo humano dejó de percibirse como una más de las formas, para dejarse guiar por ese otro en él, eso que llamamos, Yo. Fue así como esa función --degradación de sujeto, más egoísmo sin límites--, se sintió con el derecho de controlar todas las formas olvidando la importancia del bien común. Comenzó por su prójimo al que insiste en volverlo rebaño, en ajenarlo (1), en distanciarlo de aquello más propio y mejor. Así, una parte de lo humano ha terminado por declararle la guerra a La Vida, volviéndose peste y al fin pandemia. Un ser capaz de destruirlo todo con tal de incrementar sus buenos negocios.

¿Por qué un psicoanálisis nietzscheano ahora? Sucede que, al resultarnos el psicoanálisis, tal como se lo ha empleado o desvirtuado hasta hoy, adaptando y ajustando sujetos al sistema imperante, comprendimos que necesitábamos nuevas herramientas. Fue así como además de Freud y Nietzsche, hemos encontrado en las prácticas y cosmovisiones ancestrales que guardan en retazos ciertos curanderos y chamanes --hombres o mujeres-- en todo el mundo, que, ordenando ese conjunto de saberes, podemos, mediante las prácticas que de ellos surgen, ayudar a formar sujeto para sí, es decir menos atrapados por el sistema. Si bien la pandemia va a pasar ya nada será igual. Nadie puede ser el mismo luego de atravesar ciertos límites. La Pandemia, las necesarias cuarentenas y distanciamientos sanitarios han propiciado que lo humano asistiera horrorizado a las caídas sucesivas de sus máscaras.

Ya no hay forma de ocultarlo, para vivir de una forma que exprese lo más propio y mejor de cada sujeto hace falta vivir de acuerdo a lo deseado. Nadie puede lograr resultados distintos repitiendo sus conductas. De no animarse a trabajar para realizar todos los cambios necesarios, aquello que predominará será lo peor de esos seres horrorizados por las imágenes que les devuelven los espejos. Lo peor es más fácil, la deshumanización, su irracionalidad y brutalidad.

No se trata de optar entre la guerra y el amor, sino --nada más y nada menos-- de animarse a dejar el Yo en un discreto segundo plano. El objetivo es retomar los diálogos con La Vida, para dejar que sea Ella quien nos guie. Lo humano, hombres, mujeres o cómo cada uno se perciba, siempre tendrá la posibilidad de intentar --prescindiendo de todo pensamiento mágico, picaresco o negacionista--, siendo sujetos ordinarios, rozar, por momentos, lo extraordinario. Se trata de algo semejante a tener o no un orgasmo, ese increíble, ese brutal y súbito viajar al centro de la galaxia, sentir que se muere mientras se comprende que se está gritando, llorando y riendo a la vez. Después, poco a poco cada uno regresa a su carne, a su forma. Se puede trabajar para habitar lo extraordinario cada vez más tiempo, ejerciendo la propia humanidad.

Por Enrique Tosto, médico, escritor, psicoanalista nietzscheano, curandeador. Creador y director del Jardín y Reserva La Selvita en el Delta del Paraná.

  1. En la actualidad esta palabra ha sido desplazada por otra con el mismo sentido: enajenar, enajenado.
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