Cómo la creatividad en la educación fomenta el potencial transformador de nuestro cerebro

Ser creativos o morir. Este ha sido el dilema que se ha planteado la humanidad en momentos críticos. La creatividad es la capacidad que nos ha hecho afrontar y superar retos desconocidos y llegar hasta aquí.

l inicio de nuestro Universo (Big Bang) es un acto creativo de materia y energía, en constante expansión y complejificación en el espacio y el tiempo. Y, como el gran neurocientífico Antonio Damasio ha recordado en su libro El extraño orden de las cosas, muchas dimensiones creativas que creemos humanas aparecen ya desde el origen mismo de la vida en seres unicelulares.

No somos tan originales ni exclusivos como creíamos, aunque tampoco conocemos cotas más elevadas de creatividad que las humanas.

Ahora nos encontramos en una encrucijada más radical que cualquier otra conocida previamente, en el horizonte de una transhumanización, de una transformación profunda que hibrida lo cibernético y lo orgánico, en una era que –por el negativo impacto de lo humano– se ha llamado antropoceno.

Pero creemos con Hölderlin que "allí donde surge el peligro crece también lo que nos salva". Si somos capaces de reconocerlo y afrontarlo desde nuestra capacidad creativa. De ella depende nuestra vida y su calidad, tanto individual como colectivamente.

La creatividad nos salvará

Las difíciles circunstancias actuales han marcado un antes y un después en el horizonte de 2020, que exige transformaciones muy profundas con altas dosis de creatividad y plasticidad.

La indagación científica, los avances biotecnológicos, la reactivación económica o la reorganización política y social requerirán creatividad e innovación, valor y generosidad.

Pero las dinámicas y procesos educativos, de los que depende el mundo de la vida a corto, medio y largo plazo, exigirán el mayor cuidado, atención y consideración para que la creatividad sea el impulso mayor de cada ser humano, desde sus años iniciales hasta la actualización permanente que la educación requiere.

Educarnos es alimentar nuestra mente, y estamos en dicho proceso desde antes de nuestro nacimiento hasta los últimos instantes de nuestras vidas.

En sus 21 lecciones para el siglo XXI, el autor de Sapiens y Homo Deus, Yuval Noah Harari, sitúa la educación en la tríada final bajo el rótulo común de resiliencia, la gran virtud que se requerirá de los seres humanos para vivir en un mundo cambiante e incierto, junto a "significado" y "meditación".

Las cuatro ces

El nuevo sistema educativo debe ayudar a realizar el oráculo de Delfos: conócete a ti mismo. Y desde ese autoconocimiento, imprescindible para que no sean otros los que nos conozcan y manipulen, han de impulsarse las cuatro ces:

  1. Pensamiento crítico.
  2. Comunicación.
  3. Colaboración.
  4. Creatividad.

Esta última será imprescindible para soportar y responder a los cambios, reinventarnos y mantener el equilibrio mental. Creatividad, sí, para el arte, la ciencia, la interacción social… pero sobre todo para crearnos y recrearnos constantemente, para ser los artífices de nuestras propias vidas.

Gracias a las ciencias de la creatividad (neurociencia cognitiva, psicología, pedagogía, sociología, ética y estética, incluso paleontología de la creatividad humana, etc.) sabemos en la actualidad más que nunca acerca de las dinámicas creativas.

En una modernidad líquida, como la denominara Zygmunt Bauman, es importante saber fluir (flow), noción desarrollada por la psicología de la creatividad desde 1975 y que implica, según Mihaly Csikszentmihalyi, objetivos claros y alcanzables; concentración y enfoque en un limitado campo de atención; retroalimentación directa e inmediata; equilibrio entre el nivel de habilidad y el desafío. Finalmente, la actividad es intrínsecamente gratificante.

Csikszentmihalyi, en las páginas iniciales de su obra fundamental Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención la define así: "La creatividad es el resultado de la interacción de un sistema compuesto por tres elementos: una cultura que contiene reglas simbólicas, una persona que aporta novedad al campo simbólico y un ámbito de expertos que reconocen y validan la innovación (…)".

Sus diferentes dimensiones

La creatividad es algo sistémico y complejo: tiene diversas dimensiones y elementos, y conoce muchos tipos y posibilidades. Hablamos de creatividad artística, pero también de creatividad científica y –en un mundo de consumo– los publicistas han reclamado para sí el nombre de "creativos" por antonomasia (y tienen como referente a Edward De Bono).

Buena parte de los recursos creativos humanos están al servicio del control de nuestras mentes, en un mundo orientado hacia el tener y no hacia el ser, como advirtiera Eric Fromm hace décadas.

Las transformaciones fundamentales de los procesos educativos en el siglo XXI vienen de la estrecha colaboración entre neurocientíficos, psicólogos y psicopedagogos, sociólogos y comunicólogos, siempre con la aportación de especialistas en cada ámbito específico del conocimiento y de la acción.

Recomendamos, para un trabajo adecuado en este ámbito, las aportaciones del neurocientífico Francisco Mora, especialmente Neurocultura. Una cultura basada en el cerebro (2007) y Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama (nueva edición de 2017).

También, por la importancia extraordinaria de los procesos de lectura en el desarrollo mental humano, Neuroeducación y lectura: de la emoción a la comprensión de las palabras (2020), cuyas claves sintetizamos en esta reseña.

Hoy comenzamos a conocer una parte de las redes neuronales del cerebro que codifican el pensamiento divergente o creativo. Estas son las redes denominadas default (por defecto), salience(prominente) y executive (ejecutiva) conformando un posible conectoma.

Mora ha subrayado la importancia de las emociones en todos los procesos humanos, así como la necesidad de suscitar el interés, la motivación, la atención e implicación gozosa en los procesos de aprendizaje. Para aprender a aprender.

Y si el ser humano es lo que la educación hace de él (Kant), una nueva educación basada en nuestro conocimiento del funcionamiento cerebral debe poner en su centro el impulso de la creatividad.

A través del fomento gradual, abierto y comprensivo de dinámicas de lectura y escritura, de desarrollo psicomotriz, musical, plástico… de habilidades para el conocimiento interior y para la interacción y empatía con los demás.

Conexión con el mindfulness

Hoy sabemos que hay una profunda conexión entre creatividad y mindfulness, como tuvimos ocasión de desarrollar en este trabajo. Los positivos efectos de la práctica de atención plena para nuestro cerebro (desarrollo neuronal e incremento de la conectividad en los lóbulos prefrontales, mayor control del sistema límbico, entre otros) han sido acreditados científicamente.

La creatividad no es ninguna panacea. Como la ciencia, es un impulso que puede provocar consecuencias positivas o negativas. Hay creatividad para el bien y creatividad para el mal.

Por ello, cuando cerramos esta invitación a pensar en la clave esencial de nuestro presente y de nuestro futuro, animamos a que la creatividad se oriente hacia la verdad (creatividad científica), hacia la bondad (creatividad ética y social) y hacia la belleza (creatividad estética y artística). Todas ellas deben estar en el corazón de los imprescindibles nuevos procesos educativos. Desde la educación infantil a la universitaria.

 

Por Manuel Ángel Vázquez Medel

Catedrático de Literatura Española e Hispanoamericana, Universidad de Sevilla

07/12/2020

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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Un manifestante antigubernamental de los "chalecos amarillos" sostiene un cartel que dice "¡Viviendo, sí! Sobrevivir, ¡no! durante una manifestación por los 'derechos sociales' y contra el proyecto de ley de 'seguridad global' en París, Francia. Foto Afp

París. Una jornada de manifestacionesen Francia por la defensa de los derechos sociales y de las libertades acabó este sábado salpicada de incidentes, en particular en París, con coches incendiados, escaparates destrozados y decenas de detenidos.

Las protestas reunieron a 52.350 personas en unas 90 manifestaciones todo el país, según el ministerio de Interior, que informó de 64 detenciones y ocho policías heridos.

Francia vive un clima político tenso en plena pandemia del coronavirus. Un proyecto de ley gubernamental, de "seguridad global", que quiere restringir la toma de imágenes de policías, moviliza a la oposición de izquierda desde hace semanas.

A esa movilización, salpicada de incidentes de violencia policial que han provocado indignación, se ha añadido la precariedad social, con el aumento de del desempleo y la pobreza.

En París, la marcha de unas 5.000 personas comenzó en el norte de la capital, bajo un gran dispositivo de seguridad, una semana después de una protesta que acabó igualmente con violentos enfrentamientos.

Se lanzaron proyectiles contra las fuerzas de seguridad, que respondieron disparando gases lacrimógenos, constataron periodistas de la AFP.

Treinta personas fueron detenidas, según el ministro del Interior, Gérald Darmanin, que hizo referencia en su cuenta de Twitter a "individuos muy violentos".

"Los alborotadores están rompiendo la República", tuiteó el ministro. "Apoyo a nuestros policías y gendarmes, nuevamente atacados muy violentamente", agregó.

Entre "400 y 500 elementos radicales", indicó una fuente policial, cometieron numeroso daños.

"Todo el mundo odia a la policía", "anti, anti, anticapitalistas", corearon algunos participantes. También se montaron barricadas y prendieron fuego algunas.

Los altercados fueron igualmente graves en Nantes (oeste), donde dos policías resultaron heridos, uno de ellos por un cóctel molotov, durante una manifestación de 3.000 personas. La situación seguía siendo tensa en el centro de la ciudad por la tarde, según un fotógrafo de la AFP.

Derechos sociales y libertades

El polémico proyecto del gobierno del presidente Emmanuel Macron prevé restringir fuertemente la difusión de imágenes de policías, lo que sus detractores consideran como un golpe "a la libertad de prensa, a la libertad de expresión y a la libertad de manifestación", y va a instaurar "herramientas de vigilancia masiva".

Además de la brutal paliza propinada al productor negro, por la que tres policías fueron inculpados, otro episodio de violencia policial, la evacuación de un campo de migrantes en el centro de París, también generó controversia.

"En dos años he visto mucha violencia, no es normal que no podamos filmar", declaró a la AFP Nadine, una "chaleco amarillo", movimiento de protesta social surgido a finales de 2018.

'Gran mentira'

Estas manifestaciones tienen lugar al día siguiente de una entrevista del presidente francés con el portal en línea Brut, muy seguido por los jóvenes, para intentar calmar la situación.

Acusado de multiplicar las medidas "liberticidas", Macron denunció una "gran mentira".

"No puedo permitir que se diga que estamos reduciendo las libertades en Francia", afirmó. "No somos Hungría ni Turquía", declaró.

El presidente francés denunció además tanto la violencia de algunos policías como las cometidas contra las fuerzas de seguridad.

Macron explicó igualmente que quiere abordar la cuestión de los controles discriminatorios, y prometió el lanzamiento en enero de una plataforma nacional para señalar discriminaciones. Paralelamente se generalizarán las cámaras para los agentes.

AFP Tiempo de lectura: 3 min.

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Seguidores del gobierno de Nicolás Maduro. Foto Ap

Caracas. Diez elecciones atrás, un político venezolano dijo una gran verdad: “No ganamos nosotros, perdió Chávez”.

El político era Felipe Mújica, del Movimiento al Socialismo, y se refería a una de las dos únicas batallas que el imbatible Hugo Chávez perdió en las urnas: el referéndum de 2007, cuando sus asesores lo convencieron de una reforma constitucional que el pueblo chavista no entendió –o que entendió como una peligrosa concentración de poder.

Chávez intentó esa reforma en su plenitud. Un año antes se había reelecto con cierta comodidad, pero en el referéndum tres millones de chavistas decidieron quedarse en sus casas.

Chavistas, escuálidos o decepcionados de todo (una categoría que crece en Venezuela), los caraqueños no se quedaron este sábado en sus casas. La estrategia del gobierno contra el coronavirus ha consistido, entre otras cosas, en una semana de confinamiento estricto por una de “flexibilidad”.

Pero se atravesaron elecciones y el gobierno de Nicolás Maduro decidió que todo el mes de diciembre va a ser de “flexibilización”.

Los primeros días de tal relajamiento coinciden con el tradicional relajo decembrino, pletórico de aguinaldos, hallacas y güisquis. Así que muchos caraqueños se echan a la calle a comprar ropa y regalos.

Las filas son enormes. El proceso se complica por las modalidades de pago y las cifras enormes que trajeron el bloqueo y la hiperinflación.

En La Hoyada, una suerte de mini Tepito en el centro de la ciudad, los autobuses desembuchan gente uno tras otro. Un par de jóvenes madres miran juguetes de plástico, se acercan a los precios en dólares y prosiguen su camino.

En una tienda se piden, por ejemplo, dos baratijas: un encendedor y un rastrillo.

—¿Cuánto es?

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—830 mil.

—¿Y en divisa?

—Menos de un dólar.

Se paga con un billete de un dólar. El cambio, en bolívares, tres billetes que suman 110 mil.

Los taxis aceptan tres formas de pago: tarjeta de débito, transferencia o divisa, y en varios negocios hay letreros que anuncian el tipo de cambio del día: 1 dólar por un millón cien mil bolívares.

La gestión económica del gobierno de Maduro no ha sido, por supuesto, ejemplar. Pero esto que se ve se explica en buena medida por el bloqueo económico estadunidense y el robo en despoblado que Donald Trump practicó al quedarse con Citgo, la filial de Petróleos de Venezuela que funcionaba en Estados Unidos. O el robo de los británicos, que se quedaron con millones en oro, propiedad de la nación venezolana, con el argumento de que no sabían si el presidente era Maduro o Juan Guaidó, el joven derechista que suplicó todas las opciones contra su propio país (incluyendo la intervención militar extranjera), que se autoproclamó presidente y cuyo funeral político se celebra este domingo.

Sobre despojos imperiales y episodios electorales hablo con William Castillo, quien ocupa una posición de reciente creación en el gabinete de Maduro: es viceministro de Políticas Antibloqueo.

El cargo no tiene nada de extraño en un país donde hay tres órganos legislativos que difícilmente legislan: uno que preside un opositor desconocido por otros opositores; la Asamblea constituyente creada por el madurismo como contrapeso tras su aplastante derrota en 2015; y el congreso de Guaidó, que sesiona en la sede del diario El Nacional.

La elección de este día (6D, le llaman aquí) es justo para renovar el órgano legislativo unicameral, la Asamblea Legislativa, que Guaidó presidía cuando —con el decidido apoyo de una parte de la oposición de derecha y de EU— dijo al mundo que en adelante él sería el presidente de Venezuela.

Tras unos nueve meses de arrastre popular, comenzó la deriva que tendrá su punto culminante con estos comicios, aunque es probable que la figura política del autoproclamado tarde en consumirse unos cuantos meses más.

Es sabido que las intermedias no despiertan el entusiasmo que suele gestar una elección presidencial. Si a ese hecho se suman años de polarización, el llamado de la oposición más fuerte a no participar y la pandemia, el resultado puede ser uno que teme sobre todo el gobierno de Maduro: el triunfo del abstencionismo.

A principios de noviembre, Datanálisis, una casa encuestadora que generalmente se acerca a los resultados reales, anticipó que la participación rondará 30 por ciento. Un ex funcionario chavista asegura que los cálculos del partido en el gobierno (PSUV) van de 50 a 80 por ciento de abstención.

El viceministro Castillo reconoce que una de las preocupaciones del gobierno de Maduro es el peso de la abstención. Entre los factores, menciona la pandemia, los problemas “de distribución de combustibles por el bloqueo” (el desabasto de gasolina, pues) y “que la gente ha sido golpeada por la situación económica y eso la puede alejar de las urnas”.

El salario que hoy reciben los trabajadores, admite el viceministro, “es ínfimo”, porque “nos han arrebatado las empresas petroleras, los buques están parados y no nos permiten vender petróleo”.

—¿Las enormes filas del sábado se repetirán el domingo frente a las urnas?

—Toda esta afectación a la economía tendrá mañana una expresión política, vamos a ver cuál es”, admite el viceministro.

“El madurismo tiene un voto duro, que puede movilizar, de entre 15 y 20 por ciento. Con eso le alcanza para lograr la mayoría en la Asamblea”, me dice el ex funcionario chavista.

Por supuesto, el Partido Socialista Unificado de Venezuela y sus aliados no se han cruzado de brazos a la espera de lo que ocurra.

El gobierno alimentó la legendaria costumbre venezolana de crear partidos como se crean clubes de niños exploradores, de modo que en estos comicios concurren 107 fuerzas políticas, muchas de ellas bajo el paraguas de la organización más grande.

Pero esa peculiaridad no es la que marca el 6D.

Primera, que los partidos opositores más importantes decidieron no participar. El bloque conocido como G4, de los partidos de derecha, decidió no participar, amarrado a una lógica diseñada en Washington. Guardando distancias, en México sería como ir a una elección sin el PAN.

Segunda, entre las fuerzas que decidieron participar se cuentan un partido evangélico que ha obtenido votaciones nada despreciables y disidencias de partidos tradicionales, como una escisión de Acción Democrática (el PRI venezolano, para decirlo rápido), dirigida por el sindicalista Claudio Fermín,

Pero quizá la novedad mayor sea que, por vez primera, hay una opción todavía minoritaria pero que se reclama heredera del chavismo. “Va a haber una opción más de izquierda, y eso es sano para el país”, dice William Castillo.

Hugo Chávez intentó crear un partido único y al final desistió por resistencias como la del Partido Comunista, una fuerza ortodoxa, olorosa a naftalina, pero que ahora ha logrado reunir a grupos sociales y políticos que ya no se ven representados en el gobierno de Maduro.

Por lo demás, y para hacer contrapeso a la elección, Guaidó y los suyos han llamado a una consulta popular la semana próxima, pero aún entre sus bases, cada vez más menguadas, hay dudas sobre participar en un ejercicio que no tendría ninguna consecuencia práctica.

Ya sin quien le escriba los tuits, Juan Guaidó publica unas horas antes de unas elecciones equivalentes a las que ganó hace un lustro: “El fraude del 6D está derrotado diplomáticamente e internacionalmente”.


En las elecciones legislativas del domingo se ponen en juego las 277 bancas de la Asamblea

Elecciones en Venezuela: escenario de calma política

En esta elección estará en juego más que el poder legislativo, sino la posibilidad de asentar la reconfiguración del tablero nacional, con sus consecuencias internacionales y económicas.

Por Marco Teruggi

Página12

 

Desde Caracas.Todo está en su lugar para una elección legislativa determinante en Venezuela. El Consejo Nacional Electoral (CNE) realizó las auditorías de las nuevas máquinas de votación, la instalación de las mesas electorales, ya se encuentran los veedores electorales internacionales, invitados especiales, como Evo Morales y Rafael Correa. En total son 277 diputados y diputadas a ser electos, ampliando los 167 actuales, para lo cual participan 107 partidos.

El país llega a la jornada electoral en un escenario de calma política en superficie. Era un objetivo difícil de lograr, en un año marcado por la pandemia, una cuarentena en una economía en recesión y bajo bloqueo, el intento de un desembarco en mayo de mercenarios en la denominada Operación Gedeón, y elecciones en Estados Unidos, con la necesidad de Donald Trump de consolidar el voto en Florida, lo que significaba un aumento de presión sobre Venezuela.

Durante el año tuvo lugar el avance de la reconfiguración del tablero político, con el incremento de una oposición heterogénea dispuesta a participar electoralmente, consolidando un bloque de partidos que se formó en cuatro tiempos, alejándose de la estrategia golpista: primero fueron quienes participaron en las presidenciales del 2018, luego aquellos que formaron la Mesa Nacional de Diálogo en septiembre del 2019, en tercer lugar, quienes protagonizaron la disputa en la Asamblea Nacional en enero del 2020, y, finalmente, las diferentes rupturas que se sucedieron en estos últimos meses.

Así tomó forma lo que pasó a denominarse la oposición democrática, o, la oposición colaboracionista, visto desde lado de quienes sostienen la estrategia golpista del gobierno paralelo. Este sector, por su parte, encabezado formalmente por Juan Guaidó, quedó desplazado del centro político nacional, sin capacidad de reconstrucción de expectativa, con una reducción marcada de su base social. Su última carta, para este año, y tal vez en perspectiva, es la denominada “consulta popular” que será realizada, según los anuncios, de manera virtual del 7 al 12 de diciembre y, ese día, también será presencial.

La “consulta” será un mecanismo para buscar refrendar la “presidencia interina” en manos de Juan Guaidó o de algún posible recambio en su lugar. Si bien dentro del país el llamado no parece haber tenido eco, tiene el respaldo público del gobierno estadounidense que, en días recientes, ha vuelto a condenar la elección legislativa y ratificar su respaldo a Guaidó.

Pero, se sabe, se trata de los últimos meses de la administración de Trump, quien condujo una estrategia contra el gobierno de Maduro a través de una combinación de bloqueo económico, cerco diplomático, intentos de acciones de fuerza, puesta de precio a la cabeza de la dirección del chavismo, y un constante error de cálculo sobre la correlación de fuerzas interno, cuyo mayor exponente fue Guaidó.

La fallida estrategia de Trump ha dado como resultado una serie de cuestionamientos en Estados Unidos, que podría llevar a la administración de Joe Biden a cambiar de forma de abordaje, siempre con el mismo objetivo: un cambio de gobierno. Es entonces probable que, aunque exista un sostenimiento de la figura del “gobierno interino”, haya una modificación que permita un diálogo al cual no solamente está dispuesto el chavismo, sino también la oposición política y empresarial, que condena el bloqueo.

Por el momento el foco central está puesto en la contienda del 6. Maduro repitió en tres oportunidades que, en caso de perder, dejaría la presidencia. Su anuncio puede ser interpretado como un llamado al voto, tanto para la oposición como para el chavismo, en un contexto donde uno de los debates centrales es cuál será la tasa de participación. En la elección presidencial de mayo del 2018 la tasa fue de 46,1 por ciento, con 6.245.862 votos para el chavismo, en un escenario marcado por el llamado a no participar por parte de una oposición mayoritaria.

Las elecciones legislativas en Venezuela tienen, por lo general, una tasa de participación más baja que las presidenciales. La última contienda, del 2015, ganada por la oposición, había sido atípica, con 73,1por ciento de participación. La derecha estaba entonces unificada en la Mesa de la Unidad Democrática, la situación económica marcada por el desabastecimiento de productos de primera necesidad, el salario para diciembre de ese año era alrededor de 18 dólares, y se trataba, en general, de una sociedad mayormente movilizada.

Los cinco años transcurridos desde entonces fueron profundamente complejos, con la acusación de “abandono de cargo” hecha a Maduro desde la Asamblea Nacional desde el 2016, el intento de asalto al poder en el 2017, la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, operaciones armadas, un bloqueo en escalada sobre áreas estratégicas de la economía, inflación seguida de hiperinflación e inflación alta, creación de una ficción de gobierno paralelo, dolarización de facto de amplios sectores de la economía, migración masiva con las consecuentes remesas, descenso del salario a dos dólares, hasta llegar a este diciembre, con esos cinco años marcados sobre el cuerpo social.

Pero también en esos años el chavismo realizó un proceso de consolidación de lo que se conoce como maquinaria del Partido Socialista Unido de Venezuela, que, articulada a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, así como un conjunto de políticas sociales, afianzó su presencia en los territorios del país, en particular en zonas populares donde la oposición no suele tener presencia.

Esa maquinaria será clave durante estas elecciones del domingo donde estará en juego más que el poder legislativo, sino la posibilidad de asentar la reconfiguración del tablero nacional, con sus consecuencias internacionales y económicas.

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Sofia Coppola: "En Hollywood se están produciendo cambios"

Entrevista a la directora de "En las rocas"

A los 49 años, ya es una veterana con siete títulos que obtuvieron premios importantes. Su última película la reunió con Bill Murray, pero ya prepara nuevos proyectos.

 

Si existió alguna vez alguien que se dedica a la dirección y suena literalmente como sus películas, es Sofia Coppola. De tono tranquilo, la realizadora de 49 años tiene una voz meliflua y gentil que inmediatamente recuerda a su trabajo. A menudo Coppola hace películas climáticas que envuelven al espectador en atmósferas delicadas, sea la bruma de jet lag de Perdidos en Tokio a los suburbios bañados por el sol en Las vírgenes suicidas, su debut de 1999. Sus películas contemplativas se sitúan bien lejos de esas expresiones más grandes que la vida misma que supo fijar su padre Francis Ford Coppola, producciones como El Padrino y Apocalypse Now. Del mismo modo, ella no expresa ninguna de las intensidades de alto voltaje de su primo, el actor Nicolas Cage. La suya es una de las grandes dinastías de la realización cinematográfica estadounidense -están también su hermano Roman y su sobrina Gia-, pero el trabajo de Sofia se sostiene por su propio derecho, y la ha visto emerger como una de las más visionarias directoras de su generación.

Durante los últimos 21 años y siete películas, entonces, Sofia Coppola apareció como una personalísima voz en la escritura y la dirección. Ganó un Oscar por el guión para la pantalla de Perdidos en Tokio, apenas su segunda realización. En un rincón del corazón (2010) se llevó nada menos que el León de Oro en el Festival Internacional de cine de Venecia. Y en 2017 su remake de El seductor le dio el galardón a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes. Aún sus películas menos lucidas, como la despareja María Antonieta, con el correr del tiempo obtuvieron una nueva apreciación. "Creo que es reconfortante cuando se empiezan a apreciar cosas que en su momento fueron consideradas extrañas", dice ella. 

En el momento en que hablamos -primero por Zoom, luego directamente por teléfono- Coppola está en París, un cambio de escenario con respecto a la Nueva York en la que vive con su familia, compuesta por su marido, el músico francés Thomas Mars, y sus hijas Romy, de 13 años, y Cosima, de 10. "Estaba preocupada por venir aquí porque escuché que se estaba cerrando todo", señala. "Pero se siente bastante normal, está todo calmado" (esto, hay que señalarlo, fue dicho unos días antes del rebrote del virus en Europa).

De todos modos, Coppola logró escapar a lo peor de la pandemia de covid-19. Logró terminar la mezcla de sonido de su película más reciente, la odisea en tono de comedia En las rocas, justo antes de la cuarentena: aunque también llegó exhibirse en salas, la realizadora cerró un acuerdo con la plataforma Apple TV+ para proyectarla en streaming. "Realmente valoro el aspecto comunal de ver una película todos juntos en una sala de cine", dice, pero con tantas personas permaneciendo en sus hogares "siento que todos necesitamos tener algo para ver en este momento."

En las rocas parece además muy apropiada para el sistema de streaming, una película amable y llevadera "como para ver cómodamente en casa", según dice. "No es un film épico que tenés que ver sí o sí en una gran pantalla o algo así". Le cuento que la vi metido en la cama y lanza una aprobación. "Hay un canal en París que mi marido y yo acostumbrábamos ver llamado The Comfort Channel. Cada vez que lo prendías, sabías que habría alguna clase de comedia romántica que era ideal para... bueno, para cuando estás con ese estado de ánimo."

Su nueva película es lo más cerca que podría estar de una de esas historias neoyorquinas a la Woody Allen. Rashida Jones (una de las actrices de Parks and Recreation) interpreta a Laura, una escritora que hace malabares con la maternidad, el trabajo y el matrimonio. Ella empieza a sospechar que su esposo Dean (Marlon Wayans) la está engañando, e incitada por su padre Felix (Bill Murray), un malicioso comerciante de arte, empieza a espiarlo. "Es una especie de idea ridícula a la que intenté aproximarme con cierto realismo", dice Coppola. En otras palabras, la clásica farsa alocada.

Por más liviana que intentara su mirada, Coppola también quería echar un vistazo a la maternidad, y a los compromisos que inevitablemente se asumen en función de ella. "Simplemente intenté interpretar ese momento en el que estuve en mi vida en el que mis hijos eran más chicos... ese ajuste que tenés que hacer. Pienso que cuando sos madre atravesás una crisis de identidad, y pensé que tendría sentido que ella pudiera ser vulnerable y lo suficientemente insegura para seguir adelante con ese loco plan. Solo se trataba de estar con ese ánimo."

El cambio de vida de pasar de "ser capaz de estar escribiendo toda la noche a tener que levantarse muy temprano" se convirtió en un tópico común entre ella y otras artistas amigas. ¿Estaba preocupada por la posibilidad de que tener hijos le hiciera perder su "toque"? "No, nunca pensé realmente así", responde. "Pero sí empezás a darte cuenta de que tenés que ser mucho más organizada con tu tiempo. Y eso es un poco lo opuesto a lo que significa ser artista, donde necesitás solo divagar. No es algo que puedas hacer en una hora. Y para alguien dedicado a la creación, es un ajuste definitorio."

El gran argumento de venta aquí es la reunión de Coppola con Bill Murray, responsable de protagonizar Perdidos en Tokio, en su único personaje nominado a un premio Oscar hasta la fecha: un actor en decadencia embarcado en un nostálgico flirteo con la estudiante interpretada por Scarlett Johansson en un hotel de Tokio. La directora y el actor siguen siendo amigos, e incluso Coppola lo dirigió en el especial de comedia A Very Murray Christmas algunos años atrás. "¡Creo que ahora mismo necesitamos un poquito de Bill Murray!", dice ella. "Tiene un gran corazón, y es muy divertido, en una manera que es absolutamente única, solo de él."

Si Murray le imprime a su personaje una buena carga de ese encanto cómico que le sale sin esfuerzo, Coppola señala que el mujeriego Felix también proviene de una generación de la vieja escuela de los hombres "que beben martinis y fuman cigarros." En un mundo post #MeToo, ella es plenamente consciente de que esos dinosaurios patriarcales ya no caen bien. "También hay muchas críticas sobre ellos, no encajan en la vida moderna", señala. En las rocas no lleva a un castigo en extremo, más bien le pega una palmadita aleccionadora en la muñeca..

Más convincente es la dinámica padre-hija que aparece en la película, algo que ya ha asomado en sus trabajos anterioremente -sea el sobreprotector padre de James Woods en su debut de 1999, Las vírgenes suicidas, o el perverso actor que encarna James Dorff, reuncontrándose con su hija de 11 años -interpretada por Elle Fanning- en En un rincón del corazón. Incluso La vida sin Zoe -el segmento del film colectivo Historias de Nueva York que en 1989 escribió junto a su padre- presenta a una hija tratando de reunir a su madre con un padre distante.

"Supongo que es un gran tema, siempre presente, para mí", concede. "Pero creo que probablemente para un montón de mujeres eso tiene un gran impacto en cómo te conforma la manera en que te relacionás con los hombres en el mundo. Y probablemente teniendo una gran figura paterna es algo especialmente presente en mi cabeza, pero de todos modos creo que es algo universal." Aun así, el impacto de su padre sigue siendo enorme. Durante sus años de crecimiento en California, él solía llevarla "a lugares donde los niños normalmente no van", recuerda con afecto. "¡Me enseñó a jugar a las cartas en el casino!"

¿Se sintió tentada de tomar aspectos de su propio padre para dibujar a Felix? "No, no tiene la personalidad de mi papá, en absoluto", señala. "Pero creo que se trata del amor entre ellos, el lazo que los une... cuando él le habla como si fuera un bebé... eso sí viene de mi vida. Pero ese personaje en realidad es una combinación de muchos personajes. No es la personalidad de mi padre, no es mi padre. Pero por supuesto, una toma cosas de la vida para tratar de que todo se sienta real y conectado."

Curiosamente, su padre -quien tiene 81 años- acaba de hacer un nuevo corte de El Padrino III para un relanzamiento por su 30° aniversario. "El está muy contento con eso", dice. Como adolescente, ella fue reclutada para reemplazar a Winona Ryder, que se bajó del proyecto, para interpretar a Mary Corleone; las reseñas fueron muy duras con ella. "Para mí es muy duro ver mi versión de 18 años", admite. "Ha pasado mucho tiempo, pero es extraño verte con ese aspecto tan  juvenil. Es raro de ver... casi como si fuera otra persona."

Luego de eso, ella pasó cierto tiempo en busca de su propia voz, fuera apareciendo en un video de Madonna junto a Udo Kier para "Deeper and Deeper", o diseñando una línea de ropa en Japón con la música Kim Gordon. Fue precisamente el compañero de Gordon en Sonic Youth, Thurston Moore, quien le recomendó a Coppola que leyera la novela de Jeffrey Eugenides Las vírgenes suicidas... aunque una historia de cinco hijas en un pacto suicida no pareciera exactamente un prospecto de éxito comercial.

"Cuando estaba empezando, fue realmente muy duro conseguir hacerlo", dice ella. Incluso después, durante años, Coppola se sintió como una voz femenina muy solitaria en el cine estadounidense. ¿Siente que Hollywood cambió para mejor? ¿Hay una mayor representación detrás y delante de las cámaras? "Sí, ha cambiado muchísimo desde que empecé, veinte años atrás", concuerda ella. "Y también creo que toda esta conversación pública ayuda a que haya más puntos de vista dando vueltas ahí afuera, seguro." ¿Y qué pasa con la brecha salarial entre hombres y mujeres, una cuestión vivamente señalada por Patricia Arquette cuando recibió su Oscar en 2015? ¿Se ha resuelto? "Sé que se habla mucho de eso", responde. "No estoy investigando mucho cuánto realmente ha cambiado. Espero que así sea. Por supuesto, tengo la esperanza de que realmente esté cambiando, de verdad."

Entonces, ¿qué hay en el futuro? Su "escape de la realidad" en la cuarentena fue dedicarse a adaptar una historia tragicómica de ascenso social escrita por Edith Wharton, The Custom of the Country, nuevamente para Apple TV+. "Es un libro que siempre amé", asegura. "Es una de sus historias menos conocidas, pero es muy amada por aquellos que conocen su trabajo". Una mirada paralela sobre el mundo, a través de una novela admirada casi en secreto. Es algo que encaja muy bien con Sofia Coppola.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Sábado, 05 Diciembre 2020 06:19

El derecho a ser buenos

El derecho a ser buenos

 El catecismo de los neoliberales fue la autoayuda. Es la moral dominante. Un personaje solitario, expulsado de las instituciones y dejado a su desamparo, era la causa y solución de sus propios males. Armado tan sólo con su propia voluntad, el personaje debía sobreponerse y adaptarse a la nueva incertidumbre. Nada podría esperar de los demás. Como todos sus problemas con el mundo eran, en realidad, consigo mismo, se adhería al orden establecido sin exigir nada. Me lo imagino tiritando de frío en la tormenta del desempleo repitiéndose aquello de "el cambio está en ti mismo". O, como lo escribieron los sociólogos Ulrich y Elizabeth Beck, "buscando soluciones biográficas a problemas sistémicos".

El personaje de la auto-ayuda sigue instrucciones, recetas de éxito, relatos de experiencias que son estándares a seguir para extraer de su interior a un "emprendedor", que es lo mismo que decir, a alguien adaptable a la precariedad laboral, amorosa, política. El modelo de ser humano que se propone la autoayuda obtiene su prestigio de sobresalir sin ayuda de nadie más, por lo que una conquista colectiva no vale como propia. De ahí que célebremente Margaret Thatcher haya asegurado en una entrevista en 1987: "Le engilgan todos los problemas a la sociedad y no existe tal cosa como la sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y familias. Ningún gobierno puede hacer nada excepto a través de la gente. Y la gente debe cuidarse a sí misma". La supervivencia debe ser individual y no está bien pedir auxilio. Así, esta ideología del beneficio personal termina por encontrar una metáfora en el mundo biológico: el entorno es una jungla y hay que matar o ser cazado. Se trata, en resumen, de una ideología que no plantea un porvenir, sino "estar abierto a la contingencia que venga". Es una prueba, un desafío, y sólo quien sobresale no es un fracasado. Su personaje solitario jamás se plantea reflexionar su propia libertad en relación a los demás, es decir, a una ética.

Digo esto por la lánguida respuesta a la presentación de una "Guía Ética para la Transformación de México". Ninguna se refirió al texto mismo, sino a cómo se contrapone a la autoayuda como modelo de comportamiento propiciado socialmente durante todo el neoliberalismo. Eso subyace a la pretendida diferencia entre "ética" y "moral", tomada como una decisión individual contra un código social. ¿De dónde una decisión individual es mejor que una socialmente consensada? Uno puede decidir que la homofobia, misoginia, clasisimo o el racismo son su "propia ética", y eso no los hace más deseables para la vida en común. Como escribe el filósofo de la UNAM, Gustavo Ortiz Millán, la diferencia entre la "ética" como autogobierno de la persona y la "moral" como sistema impuesto desde afuera, no existe sino hasta mediados del siglo XX. Fueron palabras intercambiables desde Cicerón hasta Hegel. Sin embargo, nos recuerda Ortiz, hasta los existencialistas le encontraron un límite a la ética autodeterminada. Simone de Beauvoir lo enunció así: "Mi libertad aumenta cuando trato de expandir la libertad de los otros". No sería libre, por lo tanto, alguien que deja que a los demás se les oprima.

Otra de las críticas chatas a la idea de una guía ética para un nuevo proceso político mexicano en espera de su dimensión cultural y de comportamientos fue la de que no era necesaria porque bastaba "la aplicación de la ley". Imagínese el grado de confusión que tiene el que asegura que un sistema grotescamente injusto es "moral" porque es legal. Imagínese también la idea de que la impartición de justicia es sólo un mecanismo automático de "aplicación de la ley", sin ninguna consideración de la propia ética del juez. En México sabemos qué significa la venta de amparos y sentencias. Como escribió Anatole France: "La ley es igual para todos: le prohíbe a ricos y a pobres robarse un pan o dormir debajo de un puente".

Al final, sin referirse al texto mismo, la parte más rupestre de la crítica simplemente dijo que se trataba de "moralizar", en el sentido de evangelizar. La confusión está entre una relación de la libertad individual en relación a los demás y una de la persona con Dios. Sin duda, no es lo mismo decir que hay que hacer el bien por amor al prójimo, empatía, cuidado del otro, que porque Dios se enoja contigo y te castigará. No es por miedo al "mal karma" o al infierno que la ética se despliega, es por la convicción de cómo vivir y qué tipo de persona uno aspiraría a ser. No es sólo hacer el bien, sino hacerlo por las buenas razones. No hay que pedirle perdón a Dios por las ofensas, sino al ofendido. Ahí estriba la diferencia entre irte a rezar diez rosarios y enfrentar un proceso para justificar la vejación que cometiste, y que la víctima de ella decida otorgarte o no el perdón.

Al leer los 20 puntos de la Guía, lo que veo es una serie de preocupaciones genuinas que nos dejó no sólo la soledad y el aislamiento de las personas excluidas del cuidado social, sino también la violencia sicaria y feminicida, la crueldad, la humillación del sistema que consideró prescindible, inviable, a la mayoría de la población. Muchos de los temas se los debemos a la idea neoliberal de que el beneficio personal no debía responder nunca a sus responsabilidades para con los demás y el planeta. Reconozco que no sobran este tipo de textos en medio de una lápida de libros de autoayuda y su cultura de designar al logro colectivo como irrelevante y a los derechos sociales conquistados como compra de votos, pero me pregunto la forma en que un listado de valores puede articularse con los cambios para que sus comportamientos sean viables.

Por eso este artículo lleva ese título. Porque en muchos casos no importa que se tengan claros los principios (la diferencia con los prejuicios es que son argumentables) y los juicios hacia lo que es una acción mala o buena, sino que la propia dinámica social impide que actuemos con respecto a nuestra convicción. Pienso en las redes rígidas de enriquecimiento ilegal e ilegítimo, en los reconocimientos sociales mafiosos, en la supervivencia ante una ideología que premia la amoralidad con la notoriedad. Como en muchos casos en estos tiempos que corren, cosas tan legítimas como la ética resultan cuesta arriba, un pequeño freno a la amoralidad e inmoralidad cínica, que es la moral dominante. La obligación de no reproducir lo dado, de realizar algo que todavía no existe.

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Foto: Policías de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) cuando se amotinaron en Cochabamba (Archivo - Tarija 200, foto de Daniel James)

La Fiscalía Policial (Dirección General de Investigación Policial Interna), empezó un proceso de investigación de los motines policiales de noviembre del 2019. Sectores de la Policía se declaran en emergencia y Anssclapol advierte al Gobierno que "no jueguen con fuego".

 

Hace poco más de una semana, la Fiscalía Policial (Dirección General de Investigación Policial Interna), empezó un proceso de investigación a efectivos que participaron en los motines policiales de noviembre del 2019 cuando se consolidaba el golpe de Estado. Esta investigación empieza en Cochabamba que es donde se realizó el primer motín policial.

Como era previsible, esta medida motivó el rechazo de sectores de la policía. En declaraciones para el periódico Los Tiempos, Elia Cárdenas, vicepresidenta de la Asociación de Esposas de Suboficiales, Sargentos, Cabos y Policías, señaló que se declaraban en “emergencia”. En la misma línea, la sargento Cecilia Calani, según un reporte realizado para la Red ERBOL, se pronunció a nombre de la Asociación de Suboficiales, Sargentos, Cabos y Policías (Anssclapol) para advertir al Gobierno con que deben analizar bien la situación y que no “prendan fuego porque eso sería un paso más muy difícil para todo el país (…)”.

Por otra parte, las esposas de los policías de los departamentos de Cochabamba, Tarija y Potosí, se declararon en emergencia. Ruth Nina, que es la representante de las esposas de los policías a nivel nacional declaró que en los próximos días realizarán un ampliado nacional donde evaluarán la situación y tomarán decisiones. En palabras de Nina: “Este hecho está causando preocupación y se rechaza este accionar del Gobierno. Se está convocando a un ampliado nacional donde las representantes expongan las determinaciones que tomaron en cada departamento, aunque Potosí, Tarija y Cochabamba ya se declararon en emergencia y las otros departamentos se están reuniendo con las bases” [1].

Así también, Nina señaló que toman esta medida como una venganza del Gobierno y que están intentando amedrentarles.

A esto último se suma que el día de hoy, la Fiscalía, admitió la denuncia realizada por la ex diputada del Movimiento Al Socialismo (MAS), Lidia Patty, contra el ex líder cívico y ex candidato a presidente por la Alianza Creemos, el clerical Luis Fernando Camacho. Junto a Fernando Camacho, también se encuentra imputado su padre, el empresario José Luis Camacho, que según declaraciones de su propio hijo habría sido quien financió los sobornos para garantizar el motín policial. Así mismo, en la demanda interpuesta por Patty se incluye al excomandante de las FF.AA., el general Williams Kaliman que fue quién “sugirió” a Evo Morales que renuncie; al excomandante de la Policía, Yuri Calderón; y, al último ex comandante de las FF.AA. (nombrado por Áñez), Sergio Orellana, entre otros ex jefes militares y policiales. No olvidemos que Orellana en marzo de este año amenazó con cerrar el parlamento si no aprobaban los ascensos militares por ellos sugeridos. Cuestión que se produjo de todas formas vía decreto.

Hay que decir que la Fiscalía Policial inició la investigación, a miembros de la policía que promovieron los motines, recién a un año del golpe de Estado. Lo que provocó que se abran estos procesos fue la lista que dio a conocer el ex ministro de Gobierno de Evo Morales, Carlos Romero, en la que se encuentran los nombres de quienes habrían realizado los motines policiales. Romero además denunció, a medios de prensa, que la “estructura conspirativa de la policía permanece intacta”.

Frente a este proceso, la sargento Calani además expresó su rechazo a que el mismo haya sido iniciado por las denuncias de Romero señalando que: “El ex ministro Romero es parte del gobierno que quiso perpetuarse en el poder, no pude ser denunciante cuando ellos fueron los primeros causantes del desastre ocurrido el año pasado”.

Estos inicios en las investigaciones se dan a poco de haberse cumplido el primer aniversario de las masacres de noviembre (Senkata, Sacaba y Ovejuyo) y en medio de una presión importante de gran parte de ese 55% que votó por Arce y Choquehuanca y que busca justicia por los asesinados, heridos, detenidos y torturados durante el golpe de Estado.

Esta fuerte presión social socaba los intentos de Arce y Choquehuanca de armar algún tipo de pacto social con la derecha golpista ya que el malestar policial y militar expresado en las últimas semanas muestra la tensión permanente que se estableció entre el Gobierno y unas FF.AA. que actúan cada vez más autónomamente.

El Gobierno de Arce Catacora, como el mismo Romero lo afirmó, ha mantenido intacta “toda la estructura conspirativa del golpe de Estado”. Las amenazas vertidas por los policías y las alarmas en las FF.AA., así como la agitación en las filas derechistas pese a su profunda división, dificultan ver la manera que Arce pueda dar forma al pacto social que busca negociar con la oposición. ¿Cómo conciliar impunidad y justicia?

En este marco creemos que es fundamental no bajar la guardia por la exigencia de justicia y castigo a todos los responsables materiales y políticos de las vejaciones, vulneraciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. Menos aún en momentos en que se inician estas investigaciones no solo por parte de la Fiscalía sino a propósito de la llegada del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) convocado por la CIDH.

Cabe recordar que inicialmente la CIDH califició de masacres lo sucedido durante el golpe de Estado. En seis meses se espera el informe del GIEI cuya investigación contempla el periodo del 1 de septiembre al 31 de diciembre del 2019. El informe del GIEI será el cuarto informe de organismos internacionales de derechos humanos sobre lo sucedido en Bolivia luego de las anuladas elecciones de octubre del año pasado. A tiempo que escribimos esta nota empezó a conocerse, y es importante su difusión, el informe de La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que reconoce y detalla las graves violaciones a los derechos humanos cometidas entre el 20 de octubre y el 25 de noviembre.

Aunque son importantes estos informes para la exigencia de justicia para todas las víctimas del golpe de Estado, desde la Liga Obrera Revolucionaria, organización que impulsa La Izquierda Diario Bolivia, no depositamos ninguna confianza política en el MAS que no ha dejado de negociar sistemáticamente con los golpistas, no solo legalizando el golpe de Estado sino que también avaló las medidas criminales y la desastrosa gestión de la pandemia durante toda la gestión del Gobierno de facto de Áñez. Hoy el MAS busca desde el Estado cumplir ese rol amortiguador entre las clases y grupos sociales, y busca imponer un pacto social a costa de los intereses y derechos de las grandes mayorías.

Lo cierto es que la demanda de impunidad de todo el bloque golpista y del aparato policial y militar es muy difícil de conciliar, sino imposible, con la demanda de justicia que se ha instalado en la gran mayoría del pueblo trabajador ante los crímenes y vulneraciones a los derechos humanos ocurridos desde el golpe y durante los meses del Gobierno de Áñez.

Por Juana Runa

Militante de la LOR-CI y de Pan y Rosas

Sábado 5 de diciembre | 00:01

[1https://www.eldiario.net/noticias/2020/2020_12/nt201203/principal.php?n=39&-esposas-de-policias-en-emergencia-por-procesos-a-implicados-en-motin

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Viernes, 04 Diciembre 2020 05:47

Pensamiento crítico y pandemia

Pensamiento crítico y pandemia

Una de las principales características del pensamiento crítico ha sido su incomodidad, su capacidad para perturbar los lugares comunes, cuestionar saberes establecidos y sacudir la modorra de la inercia. Siempre fue un pensamiento a contracorriente, rebelde e insumiso.

Marx se dedicó a poner patas arriba, o boca abajo, la herencia teórica de Hegel. Lenin se empeñó en desobedecer a Marx, quien aseguraba que la revolución vencería primero en los países más avanzados industrialmente. Mao y los vietnamitas rechazaron las insurrecciones urbanas por la guerra campesina prolongada. Fidel y el Che fueron herejes respecto a los partidos comunistas que dominaban el escenario de las izquierdas.

El tan elogiado Walter Benjamin fue implacable con la idea de progreso y, más recientemente, los ecologistas cuestionan el desarrollo, mientras las feministas rehúsan las organizaciones verticales y los caudillos patriarcales.

El EZLN, por su parte, recoge aciertos y evita errores de revoluciones anteriores, por lo que hace a un lado la guerra para seguir transformando el mundo y defendiendo (por todos los medios) los territorios donde el pueblo manda ejerciendo su autonomía.

¿En qué situación se encuentra el pensamiento crítico en plena pandemia? ¿Cuáles deberían ser los puntos centrales de su análisis? ¿Quiénes lo formulan en este periodo?

Intentaré responder en pocas líneas.

La primera es que el pensamiento establecido, enunciado por academias, partidos y "autoridades intelectuales", está en plena decadencia, un proceso enlazado con las crisis civilizatoria y sistémica en curso. Quizá por ser parte de una civilización moderna, urbana, occidental, colonial y patriarcal. O sea, por haberse rendido al capitalismo.

El grueso de los llamados intelectuales se dedican a justificar los errores y horrores de los partidos de la izquierda electoral, más que a criticarlos, con el triste argumento de que no quieren favorecer a la derecha. Si criticar a la izquierda fuera eso, Marx y Lenin deberían ser despachados por derechistas, ya que dedicaron algunas de sus mejores obras a cuestionar a sus compañeros de ruta.

La segunda es que el pensamiento crítico debe quitar el velo de las causas estructurales y de larga duración de la situación que vivimos. No entretener audiencias con argumentos falaces. Ser capaces, por ejemplo, de vincular la pandemia con el modelo neoliberal extractivo, la brutal especulación financiera y la cuarta guerra mundial contra los pueblos, en vez de atribuir los fracasos, y los éxitos en el combate al virus, a tal o cual gobierno. A eso le llamo entretener en vez de analizar.

Además, el pensamiento crítico no debe conformarse con diagnósticos. Estamos desbordados de jucios del más diverso tipo, muchos de ellos contradictorios. Años atrás se mentaba el pico del petróleo ( peak oil) como clave de bóveda del fin de la civilización capitalista. Mucho antes, se aseguraba que el sistema caería víctima de inexorables leyes económicas.

Cada día aparecen diagnósticos que colocan los límites del sistema en el medio ambiente, el agotamiento de recursos, y un largo etcétera de supuestas "causas objetivas" que no hacen más que eludir el conflicto social como única forma de poner freno y derrotar al capitalismo. Ya lo dijo Benjamin: si el sistema cayera por razones objetivas, la lucha no tendría el menor sentido.

La tercera me parece la más importante. Hasta hoy los encargados de emitir pensamiento crítico eran varones, blancos, académicos y de clase media-alta. Por supuesto el tipo de ideas que divulgaron eran eurocéntricas, patriarcales y coloniales, aunque debe reconocerse que no por eso estaban todas erradas. Sólo debemos pasarlas por el tamiz de los pueblos, las mujeres y los jóvenes.

Ahora quienes emiten el pensamiento crítico no son ya "personalidades", sino pueblos, colectivos, comunidades, organizaciones y movimientos. ¿Quiénes son los representantes teóricos del pueblo mapuche o de los pueblos indígenas del Cauca colombiano? ¿Quiénes encarnan las ideas de los movimientos feministas y de mujeres antipatriarcales?

Todavía hay quienes creen que el pensamiento zapatista fue obra del subcomandante Marcos y ahora del subcomandante Galeano. Nunca aceptarán que son pensamientos nacidos de experiencias colectivas que son comunicados por voceros elegidos abajo. Nunca aceptarán que el vocero actual es el subcomandante Moisés.

Esta es la realidad del pensamiento crítico actual. Desvaríos arriba, creatividad abajo. Como la vida misma. No hay nada esencialista en esto. El conocimiento vivo surge entre quienes luchan. Sólo quienes están transformando el mundo pueden conocerlo a fondo, entre otras cosas porque les va la vida en ello, porque no pueden hacerse la menor ilusión con los de arriba, mucho más allá del color político y del discurso que emitan.

Benjamin lo dijo con absoluta claridad: "El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate".

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Jueves, 03 Diciembre 2020 06:04

Lecciones bolivianas para América Latina

Lecciones bolivianas para América Latina

Cada vez resta menos para que termine el año 2020; un año que ha tenido de todo: desde la pandemia Covid-19 hasta la muerte de Maradona. En este tiempo, Chile aprobó un plebiscito para enterrar definitivamente la constitución pinochetista; Trump perdió las elecciones desconociendo los resultados; Guaidó se quedó en eso, en seguir siendo Guaidó, sin más pena ni gloria que una autoproclamación sin efectos; en Perú modificaron el Congreso y luego el presidente, hasta dos veces, sin necesidad de acudir a las urnas; en Ecuador cambiaron varias veces de vicepresidente; se consolidó el eje progresista Argentina-México con dos presidentes muy protagónicos en lo geopolítico, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, cada cual a su manera. 

En esta América Latina tensionada, Bolivia nuevamente se convirtió en el epicentro en este 2020, sobre todo porque nos dejó varias lecciones imprescindibles para tener en cuenta en los meses venideros.

Primero, no se consigue tan fácilmente la desaparición de una identidad política arraigada en la ciudadanía, ni con un golpe de Estado, ni con proscripciones, ni con persecución.

Segundo, el neoliberalismo demuestra una vez más su incapacidad para consolidar democracias, gestionar la economía (en lo macro y en lo micro), administrar el Estado, garantizar estabilidad institucional, proporcionar seguridad jurídica.

Tercero, las convicciones son rentables electoralmente a pesar de lo que digan muchos manuales ortodoxos de comunicación política. Un corpus ideológico, bien traducido en propuestas cabales, cuando sintonizan con los sentidos comunes tienen alta probabilidad de tener mayorías

Cuarto, gobernar desgasta mucho y limita la posibilidad de reciclar la épica, el relato, la narrativa, los horizontes. En el caso del MAS, en este corto periodo de tiempo afuera de la gestión gubernamental, se regeneraron dinámicas que habían quedado relativamente oxidadas algún tiempo atrás.

Quinto, la derecha no siempre está unida, ni es tan monolítica ni homogénea como se presupone. Pasó en Bolivia y ha pasado en muchos otros países de América Latina. Existen muchos más matices en el universo conservador del que nos imaginamos (visiones regionales, intereses económicos, vínculos internacionales, etc.)

Sexto, los grandes medios de comunicación se han convertido en objetos de consumo masivo, de entretenimiento, pero no constituyen ninguna fuente de credibilidad. Si hiciéramos un ejercicio de correlación estadística simple entre cantidad de portadas y titulares en contra de Evo y Arce en Bolivia, o de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, e intención de voto, nos encontraríamos una relación inversa.

Séptimo, las redes sociales importan, pero resulta importante dimensionarlas en su justa medida. El crecimiento de ese universo es evidente, pero no hay que confundir ese progreso con considerar que todo el mundo decide su voto según lo que lea en Twitter, Facebook o Instagram. Aún resta mucho por conocer cómo ellas transforman nuestras mentes, nuestros pensamientos y nuestras preferencias políticas y electorales.

Octavo, y no por último menos importante: todos aquellos que pregonan que no hay relevo detrás de los liderazgos históricos de la izquierda latinoamericana vuelven a hacerse trampas al solitario. Lucho Arce y Alberto Fernández ya son presidentes. Hay muchas probabilidades que Andrés Arauz lo sea en Ecuador. Hay líderes como Daniel Jadue en Chile, Verónika Mendoza en Perú y Gustavo Petro en Colombia, que también tienen significativas opciones para ello.

Son todos aprendizajes útiles para lo que se viene en nuestra América Latina en disputa. 

Director, Celag     

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Un vendedor atiende a los clientes de un mercado en Caracas, Venezuela.Leonardo Fernández / Getty Images

El alza de los precios, contenida durante la pandemia, se acelera por la reapertura comercial y los gastos del Gobierno en las ayudas de fin de año

En Venezuela se necesita más de un millón de bolívares para comprar un dólar. Y es la segunda vez en los últimos dos años. La hiperinflación terminó de devorar a la divisa local y el incendio en la precaria economía venezolana sigue activo. El preocupante indicador se sitúa entre las crisis inflacionarias más duraderas de la historia económica moderna, solo superada en la región por la que vivió Nicaragua entre 1986 y 1991. En noviembre se cumplieron tres años desde que el país petrolero comenzó a registrar, mes a mes, tasas de más del 50% de inflación que han traído detrás un catastrófico aumento de la pobreza.

Después de algunos meses de aparente desaceleración del alza de precios por la reducción del consumo, durante el confinamiento decretado por la pandemia de coronavirus, la inflación vuelve a tomar fuerza por la presión del gasto para el pago de bonificaciones especiales que el Gobierno de Nicolás Maduro suele ingresar a finales de año y de la campaña electoral para las cuestionadas elecciones parlamentarias de este domingo, en las que el chavismo se dispone a recuperar el control de la Asamblea Nacional. El indicador volvió a desbocarse en noviembre.

“El Gobierno se quedó sin ingresos, porque la industria petrolera está destruida, porque no está recaudando impuestos y no tiene acceso a los mercados internacionales. Cualquier iniciativa que tenga, tendrá que financiarla con dinero del Banco Central de Venezuela. No tiene fuentes legítimas de financiamiento y lo que le queda es emitir esa cantidad de dinero”, explica el economista Omar Zambrano de la firma Anova.

Ese rebote del alza de los precios se siente en la calle, donde la flexibilización de la cuarentena que ordenó Maduro por las fiestas navideñas no ha generado un aumento significativo del consumo. En la última semana de noviembre, el precio de los alimentos subió casi un 40%, según las mediciones de Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional. Con un salario mínimo mensual —que se aumentó al triple el mes pasado, hasta poco más de un dólar— solo se compra un kilo de arroz.

La subida vertiginosa del dólar es justo el quebradero de cabeza diario de los venezolanos, sobre todo de aquellos —una enorme mayoría— que percibe el salario en bolívares y tiene dificultad para acceder a la divisa estadounidense, cuya circulación no es oficial y no está pactada con Washington. Álvaro Muñoz es ingeniero informático y profesor universitario. A diario registra la depreciación de sus ingresos como docente con doctorados en el escalafón más alto de una universidad pública. Tiene claros los inmanejables ceros que lleva detrás el bolívar, con dos reconversiones en veinte años: la de Hugo Chávez en 2008, que quitó tres ceros a la moneda, y la de Maduro en agosto de 2018, en la que se restaron otros cinco. En las conversaciones cotidianas este diciembre se escucha a muchos decir que, en realidad, un dólar equivale a 100 billones de bolívares, con sus 14 ceros, si se le suman los ocho que se le han quitado en esas dos grandes devaluaciones. La abismal expresión numérica evidencia cuánto se ha empobrecido un país que a finales de los setenta fue una de las naciones más ricas de América Latina.

“Un profesor titular de dedicación exclusiva, del más alto nivel, gana 7,5 dólares mensuales. El sueldo de un docente que recién inicia su carrera es de cuatro dólares. De ayer para hoy el sueldo se me devaluó un 14% por el salto del dólar”, contaba hace unos días Muñoz. En tres años, la hiperinflación no solo ha rebanado su salario, también le hizo abandonar un segundo doctorado en España porque no podía seguir pagando la matrícula. El profesor, de 54 años, sobrevive en Barquisimeto, en el occidente del país, junto con su madre con las ayudas de una hermana que envía remesas desde Chile y la cosecha que le comparte otro hermano agricultor. “El sueldo no me alcanza para pagar el servicio de Internet. La última vez que compré zapatos fue hace cuatro años”. En noviembre de 2017, cuando la Asamblea Nacional señaló que el país había entrado en esta situación, su remuneración mensual equivalía a 62 dólares. En 2018 se redujo a 46 dólares, el año pasado eran solo 20 dólares y este 2020 no llega a 10.

La caída del poder adquisitivo de la moneda ha conllevado a otra pérdida aún más dramática: la del valor del trabajo y de la profesión. En términos prácticos, Muñoz lo explica así: una persona que hace delivery en bicicleta gana tres dólares por entrega, que es lo que un profesor puede conseguir en un mes. Para Zambrano el país inició una transición económica sin cambio político. “Se tomó la decisión política de dejar que la economía se reduzca a su mínima expresión, sin motores de producción, donde se ven ciertos movimientos y transacciones para vender productos finales que se importan directamente de un Costco [una gran superficie] hasta Caracas. Esa es una economía que deja muy poco al país y es solo la fracción de lo que fue”.

El economista señala que de ser un país petrolero el tamaño de la economía venezolana se parece más al de una isla del Caribe o un país centroamericano como Honduras. “Esto va a seguir sometiendo a gran parte de la población a condiciones socioeconómicas adversas y va seguir expulsando a la gente, porque no hay cama para tanta gente, no hay capacidad de absorber la masa laboral del país”.

Al cierre de 2020, Venezuela tendrá una economía un 67,6% menor a la de 1999, según cálculos de la firma Ecoanalítica, una inflación del 6.500% y una tasa de desempleo del 54%, de acuerdo con las proyecciones de octubre del Fondo Monetario Internacional. Las ganancias del boom petrolero que hubo entre 2006 y 2012 se disolvieron totalmente a partir de la recesión que se vive desde 2013, cuando Maduro llegó al poder tras la muerte de Chávez y las crisis política y económica pisaron el acelerador.

¿Dolarización?

Hace unas semanas, la agencia Bloomberg reveló que el Gobierno estaba evaluando con un grupo de bancos privados la posibilidad de formalizar la dolarización que existe de facto, impulsada por la hiperinflación que lleva a la gente a deshacerse del bolívar. Hoy, los billetes de bolívares solo circulan en los autobuses del transporte público. El dólar es la moneda corriente en la Venezuela de 2020, luego de pasar 15 años con un férreo control cambiario durante el cual estaba prohibido comprar divisas. “La dolarización que hay ahora es incipiente y está limitada a ciertos círculos. Pero no hay un sistema financiero en dólares, ni contratos en dólares. Eso limita la capacidad que pudiera tener de hacer crecer la economía y frenar la hiperinflación del bolívar”, apunta Zambrano.

Cuando el episodio hiperinflacionario comenzó, los economistas estaban divididos sobre la dolarización como una vía de escape. Ahora, después de no haber hecho nada para contener la depreciación de la moneda venezolana, parece no haber otra opción. “El repudio al bolívar es total”, dice Zambrano. Implementarla, sin embargo, es un proceso cuesta arriba para un Gobierno prácticamente quebrado, sin fuente de ingresos en dólares y que tiene una enorme carga de empleados públicos y jubilados —una abultada nómina que aún con la migración forzada podría rondar los cinco millones de personas— a los que habría que llevar sus remuneraciones a dólares.

Esto permitiría reducir la brecha social que se ha creado entre quienes perciben ingresos en dólares y quienes no, lo que han exigido diversos gremios en protestas durante los últimos meses, pero que luce inviable para la economía de Maduro. Como parte del dramático sistema de distorsiones y controles que han llevado al foso al país, en los últimos días el Gobierno también ha dado señales contradictorias sobre el avance hacia una dolarización y un viraje hacia más libertades económicas, anunciando un nuevo impuesto a las transacciones en divisas, en un intento desesperado de resucitar el bolívar.

 

Caracas - 02 Dec 2020 - 18:07 COT

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“La Renta Básica tiene más apoyos por parte de partidos políticos cuando más alejados están del poder”. Entrevista a Daniel Raventós

Desde España, en una entrevista exclusiva para Revista Mugica, el doctor en Ciencias Económicas y presidente de la Red Renta Básica, Daniel Raventós, brinda los principales fundamentos de lo que, considera, debe ser una propuesta progresista que tenga como eje la renta básica.

Un elemento central de la Renta Básica es su condición de universal en sentido fuerte, esto es, para todos los ciudadanos y de manera incondicionada. ¿Por qué este tipo de renta sería más justa que una renta dirigida a sectores socioeconómicos desaventajados? Se lo pregunto porque intuitivamente no parecería del todo justo que el hombre más rico y el más pobre de un mismo país reciban la misma renta cuando evitando darle al más rico podría dársele el doble al más pobre.

La pregunta tiene una respuesta clara que voy a dar a continuación, pero antes es preciso decir que lo que a usted no le parece justo, en realidad nadie lo propone. Dice usted que no le parece justo que “el hombre más rico y el más pobre de un mismo país reciban la misma renta cuando evitando darle al más rico podría dársele el doble al más pobre”. No sería justo, efectivamente. En todo proyecto de financiación que en mi opinión valga la pena tener en cuenta, la RB debe financiarse mediante una reforma fiscal que suponga una gran redistribución de la renta de los más ricos al resto de la población. La confusión puede residir en equiparar el hecho de que la RB la recibe toda la población con la idea (errónea) de que todo el mundo gana. La recibe todo el mundo, pero no todo el mundo gana. Vayamos ahora a responder propiamente a la pregunta.

Los problemas asociados a la condicionalidad son diversos y su contraste con la RB son ilustrativos. Solamente voy a referirme a algunos: costos administrativos, trampa de la pobreza,  non-take-up y estigmatización.

Los costos administrativos. Los subsidios condicionados tienen unos costes de administración muy elevados. Esto es un viejo y conocido problema. Si se debe seleccionar quién “merece” y quién no un subsidio condicionado se debe controlar que las personas realmente encajen en el modelo condicionado. Costos inmensos en distintas vertientes, pero una es especialmente interesante: costos muy altos proporcionalmente a las pocas personas que perciben estos subsidios. La condicionalidad implica control, el control implica gastos de gestión y administración. La razón es muy conocida: se trata de controlar si la persona perceptora del subsidio condicionado cumple los requisitos legales y, no menos importante, si una vez que esta persona ha logrado sortear todas las condicionalidades burocráticas percibe el subsidio condicionado, sigue cumpliendo las condiciones que la continúan haciendo merecedora de la percepción. Control en el momento de conceder el subsidio y control posterior mientras se lo está percibiendo. Miles, decenas de miles, según la población y el lugar, de personas dedicadas a controlar la condicionalidad de los subsidios condicionados. Un monumento a la irracionalidad y a la ineficiencia. La RB no tendría costos derivados de la condicionalidad puesto que es incondicional y no se precisaría de un ejército de controladores para identificar quién debe y quién no debe recibir el subsidio condicionado. La recibiría toda la población, incondicionalmente. Pero los costes no solamente son para la administración, son también para los solicitantes. Aunque no formen parte de los costes administrativos, los sufren las personas que solicitan subsidios. A menudo deben desplazarse e incluso realizar algún viaje para acceder a las oficinas de prestaciones, esperar, hacer colas, rellenar formularios difíciles para determinadas personas. Y esto son costes no solamente económicos sino de tiempo: otro monumento a la irracionalidad.

La trampa de la pobreza.Este problema es muy grave. Cuando se es perceptor de un subsidio condicionado, existe un fuerte desincentivo a buscar y realizar trabajo remunerado, pues ello implica la pérdida total o parcial del subsidio. En claro contraste, la RB funciona como una base o un suelo, no como un techo: la realización de trabajo remunerado no implica la pérdida de la RB con lo que el desincentivo a la actividad desaparece. En 35 estados de EE.UU. la trampa de pobreza que surge de las ayudas condicionadas implica que las personas que reciben prestaciones en caso de aceptar un trabajo con un salario mínimo perderían dinero. Para evitar la trampa de la pobreza se han diseñado todo tipo de trucos, pero aunque puede mejorar algo determinadas situaciones, el problema de la trampa de la pobreza es intrínseco a la condicionalidad. La RB supera muy bien este grave problema de la trampa de la pobreza.

El non-take-up (NTU) o tasa de solicitud de prestaciones condicionadas: la fracción de las personas que no solicitan una prestación a pesar de cumplir todos los requisitos de elegibilidad y tener derecho, por tanto, a ser perceptores. Las proporciones de las personas que no solicitan las prestaciones son de unos porcentajes impresionantes, en algunos casos llega al 60%. Las razones son de distinto tipo: personales, de diseño del tipo de subsidio, de gestión, etc. Pero que un 60% de las personas potencialmente beneficiarias no pidan los subsidios condicionados es un grave problema. Para una RB no es necesario apuntar que el fenómeno del NTUdesaparece.

Estigmatización. Esta lacra está asociada a los subsidios condicionados: la obligación a la que se enfrentan los candidatos a perceptores de tener que significarse, en las ventanillas de la administración, como “pobres” o como “enfermos” para no decir como directamente “culpables” de ser unos “fracasados” o “extremamente” pobres. Los subsidios condicionados comportan a menudo preguntas intrusivas, incluso sobre las relaciones personales más íntimas de las personas solicitantes, que pueden ser complementadas con controles de visitas en el domicilio. A veces la administración burocrática parece tratar a las personas solicitantes de los subsidios condicionados como si se tratase de delincuentes potenciales a punto de defraudar a la menor ocasión. Este trato, qué duda cabe, estigmatiza. La RB no estigmatiza por una razón muy evidente: la recibe toda la población del área geográfica que se implante. Se estigmatiza a colectivos sociales o personas determinadas, no se puede estigmatizar a toda la población. No hay nada estigmatizador por el hecho de recibir una RB que se otorga a todos los miembros de la sociedad.

La Renta Básica no es necesariamente una propuesta de izquierda. De hecho hay sectores de derecha que son parte de una tradición que va desde Friedman hasta Murray y que encuentra en ella la posibilidad de acabar con el Estado de Bienestar. ¿Cuál es la diferencia entre las propuestas de izquierda y de derecha respecto a la Renta Básica?

Las propuestas y apoyos de la RB provienen de posiciones políticas, académicas y sociales muy diversas. Algunos partidos de derechas y otros de izquierda han defendido en algún momento la RB en distintos lugares del mundo. Hay partidos que circunstancialmente coquetean con la RB y la defienden durante un tiempo. Una de las razones de la brevedad temporal de la defensa de la RB por parte de algunos partidos está en lo que podríamos establecer como “ley de la lejanía del poder” que puede ser anunciada así: la RB tiene más apoyos por parte de partidos políticos cuando más alejados están del poder. O también: la RB recibe menos apoyos cuando más cerca están los partidos del poder. A ello se refieren Van Parijs y Vanderborght cuando hablan del “apoyo barato” de algunos partidos a la RB cuando están muy lejos del poder. Y la falta de apoyo cuando están cerca.

Pero aún así, sigue siendo cierta la afirmación de que algunos partidos y académicos de derechas, así como otros de izquierda han defendido en el pasado o defienden en la actualidad la RB. Esta realidad ha comportado que algunas personas se hayan sentido perplejas ante lo que este “prodigio” supone: ¿derechas e izquierdas defienden algo tan especial como la RB de forma común? No, no hay tal prodigio. Las diferencias más importantes entre las propuestas de RB de derechas e izquierdas pueden agruparse en los siguientes ítems.

En cómo se financia la renta básica. O, lo que es lo mismo, qué parte de la población gana y qué parte pierde. Para las propuestas claras de izquierda, la financiación de la RB significa una reforma fiscal que suponga una redistribución de la renta de las decilas más ricas al resto de la población. La derecha pretende otros objetivos, no precisamente una redistribución de la renta de los más ricos al resto.

En las medidas de política económica que adicionalmente se proponen junto a la RB. La izquierda asume la defensa de la sanidad y la educación públicas, y en general, del Estado de bienestar. La derecha no. Los defensores de derechas pretenden desmantelar el Estado de bienestar (o lo que queda en algunos lugares del mismo) “a cambio” de la RB —sería el caso por ejemplo del que usted cita, Charles Murray (Milton Friedman no defendía una RB, defendía un impuesto negativo sobre la renta también a cambio de desmantelar el estado de bienestar), el economista que defiende la RB en las páginas del Wall Street Journal: el título de uno de sus libros, de 2006, es suficientemente explícito In Our Hands: A Plan to Replace Welfare State.—, persiguiendo sus clásicos objetivos de “adelgazamiento” del Estado —excepto la policía, el ejército y los tribunales de justicia, significativamente— y de reducción de la presión fiscal a los ricos. La izquierda no concibe la libertad de forma independiente de las condiciones materiales de existencia. Para la izquierda, una RB podría, y debería, ir acompañada de más y mejores servicios públicos. La Red Mundial de Renta Básica (BIEN por sus siglas en inglés) que fue fundada en 1986 y que ahora tiene secciones en todos los continentes, es clara en este aspecto, afirmando en una resolución aprobada en la Asamblea General de la BIEN en Seúl en 2016, que su versión de la RB es:

“[E]stable en cantidad y frecuencia y lo suficientemente alta como para ser, en combinación con otros servicios sociales, parte de una estrategia política para eliminar la pobreza material y posibilitar la participación social y cultural de cada individuo. Nos oponemos a la sustitución de derechos o servicios sociales si esa sustitución empeora la situación de personas relativamente desfavorecidas, vulnerables o de ingresos bajos.”

Los defensores de izquierdas de la RB también entienden que aumentaría el poder de negociación de los trabajadores. Cuando la relación laboral es tan institucionalmente asimétrica aunque los contratos entre una multinacional o gran empresa y cualquier trabajador tomen legalmente a ambas partes como “iguales”, no es complicado ver cómo una RB mejoraría la posición de la parte más vulnerable, que al menos tendría un ingreso por encima o al menos igual al umbral de la pobreza sobre el que apoyarse. El aumento del poder de negociación de los trabajadores y de las mujeres que supondría la RB, según defiende la izquierda, no es admitido como bueno o deseable por la derecha. Adicionalmente, la derecha prefiere cantidades pequeñas de RB por debajo del umbral de la pobreza para “incentivar” el trabajo remunerado. Sobre el cada vez más desarrollado porcentaje de “trabajos de mierda”, como los catalogaba el recientemente fallecido David Graeber, la derecha es insensible a la cuestión puesto que justifica que siempre se han tenido que desarrollar trabajos desagradables y poco interesantes para hacer posible el crecimiento.

En la neutralidad del Estado. Para la derecha la neutralidad significa que el Estado no intervenga en las negociaciones y disputas de los distintos agentes y sectores sociales. Para la izquierda  significa que debe intervenir activamente para impedir que los grandes poderes privados, como las multinacionales gigantes, impongan su voluntad privada a los Estados, con el ataque a la libertad de la mayoría no rica que eso supone. Con una defensa de una renta máxima, por ejemplo. Un Estado republicano debe intervenir activamente para que la neutralidad sea un hecho, y no una superficial consigna de “equidistancia entre los distintos proyectos de buena vida”. Republicanamente, se presupone que el Estado deba ser equidistante entre las distintas concepciones de la buena vida, pero, cuando grandes poderes privados disponen de la capacidad de imponer a la ciudadanía su concepción privada del bien, cuando la constitución oligopólica de los mercados permite el secuestro del Estado por parte de los inmensos imperios privados, la neutralidad republicana significa intervención activa, no tolerancia pasiva y que gane el más fuerte.

En las medidas que deberían acompañar a una RB. La RB sería una medida propia de la esfera de la política económica, pero no es una “política económica” por sí sola, como ya se ha explicado. La diferencia entre las propuestas de izquierdas y de derechas también se hace evidente por la cantidad y tipo de medidas adicionales que éstas implican en el campo de la política económica. Por ejemplo, gravar con impuestos a los ricos para que éstos de hecho paguen la RB del resto de la población es inadmisible para la derecha. Para la izquierda republicana gravar de forma severa a las grandes fortunas sería una medida muy necesaria. El hecho de que tres personas en los Estados Unidos –Jeff Bezos, Bill Gates y Warren Buffett– poseían en 2017 más riqueza que la que tenía en conjunto la mitad más pobre del país es tout court inadmisible republicanamente.

¿Cómo se podría financiar un programa de Renta Básica? ¿Están pensando en algún tipo de impuesto progresivo en particular? ¿Acaso un impuesto sobre las grandes fortunas? 

Junto con Jordi Arcarons y Lluís Torrens llevamos años exponiendo con detalle algún modelo de financiación de una RB para el conjunto de la población del reino de España. Explicarlo aquí con detalle sería muy largo. Puede verse por ejemplo aquí: https://www.sinpermiso.info/textos/nuevos-modelos-para-financiar-una-renta-basica-incondicional-y-universal Lo que sí puedo es resumir los resultados. Es posible financiar una RB para todas las personas adultas que residen en el reino de España de 7.500 euros al año (cantidad que puede sufrir pequeñas modificaciones al alza o a la baja en el resultado final que estamos elaborando, pero que serían insignificantes) y del 20% a los menores de edad.

Para la financiación de esta RB, además de lo recaudado hasta ahora, es decir, sin tocar ni un euro de ninguna otra partida actual (sanidad y educación públicas no se tocarían, por si alguien tiene alguna duda) excepto las prestaciones monetarias que fueran redundantes con la RB, el dinero saldría de: una reforma del IRPF.

La gran mayoría de la población declarante actual en el IRPF y no declarante saldría ganando respecto a la situación actual. Solamente las decilas superiores perderían con la reforma propuesta. Un porcentaje cercano al 80% de la población situada en los niveles inferiores de renta por debajo del 20% más rico saldría ganando con la reforma. Quien realmente ganaría más de forma proporcional sería quien no tiene nada absolutamente: 7.500 euros anuales de RB que no quedarían sujetos al IRPF. Así que la reforma propuesta significa una gran redistribución de la renta de los sectores más ricos al resto de la población. Es decir, lo contrario de lo que se ha producido a lo largo de las últimas décadas, especialmente en los últimos años.

El índice de Gini pasaría de ser uno de los más desigualitarios de Europa a convertirse en uno de los más igualitarios del mundo.

Más allá de que la estructura y la presión impositiva varían en cada país, ¿han calculado cuánto más deberían aportar los sectores más aventajados para que el modelo sea sustentable?

En los modelos de financiación de una RB que anteriormente he resumido sus resultados, no se incluye una carga impositiva específica a las grandes fortunas. Si se implantase un impuesto del 10% a la decila de mayor riqueza de la población del reino de España (sin contar su vivienda de residencia por lujosa que fuera), podrían obtenerse más de 96.000 millones de euros. Exactamente sería aplicar un recargo al cruce de la decila de mayor patrimonio (riqueza) y de la decila de mayor renta, que según la Encuesta Financiera de las Familias del año 2014 acumula las nada despreciables cifras de más de 0,085 billones de euros de renta y de 0,96 billones de euros de patrimonio (descontando la vivienda habitual). La cantidad de 96.000 millones supone mucho más dinero que todas las pensiones de jubilación. Y solamente se trataría del 10%. Un 20% al 10% más rico patrimonialmente recaudaría claro está el doble, es decir, 192.000 millones. Aun así, este 10% de la población seguiría siendo rico en patrimonio, sin lugar a dudas. Otro ejemplo: también podría implantarse un impuesto según el nivel de riqueza, tal como propone Piketty en su último libro Capital e ideología: a quien disponga de 100 veces el patrimonio medio, se le aplicaría un tipo del 10%; a quien lo tenga de 1.000 veces, del 60%; a quien lo tenga de 10.000 veces, del 90%.

Hay otros recursos, claro está. Como por ejemplo los vergonzosos 11.000 millones que anualmente el Estado español, formal que no realmente laico, aporta a la iglesia católica. En fin, posibilidades hay más de una, por supuesto.

En general, las perspectivas liberales afirman que las rentas o subsidios brindados por el Estado, sean universales o a través de una discriminación positiva, quitan incentivos y promueven valores poco encomiables para la vida en sociedad. Si la renta básica es ambiciosa y pretende garantizar vivienda, comida y ocio en el marco de un Estado de Bienestar que paralelamente garantiza salud, seguridad y educación, ¿qué tipo de incentivos de mayor productividad encontrarían los beneficiarios? 

Esta crítica es habitual. Con una RB la gente no trabajaría, acostumbran a decir algunos de sus críticos. Los experimentos realizados en distintos lugares del mundo a lo largo de los últimos años (en Namibia, India, Barcelona, Finlandia…) muestran que esta crítica no se basa en hechos sino en perjuicios. En cualquier caso, acostumbra a preocupar a algunos críticos de la RB que los pobres puedan “perder los incentivos” para buscar otras fuentes de renta, en cambio los ricos, por mucho dinero que tengan, parece que nunca pierden estos incentivos. O  bien los ricos son más virtuosos, o bien tienen un amor al trabajo superior al resto, o bien los pobres son unos viciosos, o bien unos vagos casi genéticos… pero lo que sirve para unos no sirve para otros, parece ser. Sabemos que precisamente en los experimentos mencionados las personas, liberadas de la angustia vital para encontrar un trabajo aunque sea de mierda, por utilizar una muy buena y académica expresión del ya mencionado David Graeber, trabajo que en ocasiones no se llegará a lograr, se consideran capaces de emprender actividades que sin la RB no se veían capacitados o con ánimos de emprenderlas. Curioso: las evidencias no corroboran que con una RB las personas sean menos activas laboral y económicamente. En realidad, tienden a serlo más. Pero para algunos críticos de la RB si la realidad les lleva la contraria, peor para la realidad. Manera poco científica de evaluar la realidad.

24/11/2020

Daniel Raventós 

es editor de Sin Permiso. En enero, la editorial Catarata publicará su libro "Renta Básica: ¿Por qué y para qué?”, con prólogo de Guy Standing y epílogo de María Julia Bertomeu.

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