El 'acuerdo del siglo' de Trump excluye la creación de un estado palestino

Durante más de dos años EEUU ha estado preparando el "acuerdo del siglo" entre israelíes y palestinos. Su publicación es inminente pero las filtraciones que se han producido hasta ahora muestran una parcialidad de Washington a favor de Israel y que condena a los palestinos a vivir en los bantustanes que se han creado en Cisjordania en las últimas décadas.


El "acuerdo del siglo" entre Israel y los palestinos que la administración de Donald Trump tiene previsto anunciar en los próximos días no prevé la creación de un estado palestino soberano en los territorios ocupados por Israel en la guerra de 1967, informó el lunes The Washington Post.


Algunos detalles de ese plan elaborado durante dos años bajo la dirección del yerno de Trump Jared Kushner, se han filtrado en las últimas semanas, pero en medios palestinos ya se ha decidido que el acuerdo en realidad responde exclusivamente a las ideas del primer ministro Benjamín Netanyahu, unas ideas que son inaceptables para el presidente Mahmud Abás.
El domingo Abás declaró que las conversaciones con la administración estadounidense son "inútiles". "Los próximos días serán testigos de acontecimientos muy difíciles. El primer desafío del gobierno palestino es el ‘acuerdo del siglo’", añadió. El presidente palestino interrumpió los contactos oficiales con Washington en diciembre de 2017, cuando Trump reconoció unilateralmente Jerusalén como capital de Israel.


Abás continuó: "Hemos rechazado este acuerdo desde el principio puesto que no incluye Jerusalén (como capital del estado palestino), y no queremos un estado sin Jerusalén o sin Gaza". Este planteamiento lo han defendido los palestinos desde que se inició la conferencia de Madrid en 1991.


Según el Washington Post, los comentarios de Kushner y de otros funcionarios estadounidenses sugieren que "el plan descarta la estatalidad como premisa de partida de los esfuerzos de paz". De un plumazo, los estadounidenses echan por tierra la idea central de la paz entre Israel y los palestinos que ha estado vigente durante más de dos décadas.
Este lunes, la canciller Angela Merkel conversó telefónicamente con Netanyahu para felicitarlo por su reciente victoria electoral. Fuentes oficiales israelíes indicaron que la canciller evocó la creación de un estado palestino para resolver el conflicto, una idea que choca frontalmente con el contenido del artículo del Washington Post, donde solo se prevé una especie de "autonomía" limitada sobre ciertas zonas de Cisjordania.


Tras conocer la noticia, el líder palestino Saeb Erekat respondió que lo que plantea la Casa Blanca "no es un acuerdo de paz sino un acuerdo para destruir el proceso de paz y el derecho internacional". No cabe duda de que la dirección palestina deberá replantearse sus puntos de vista de una manera clara y quizás asumir que la vía del diálogo se ha agotado.
Un funcionario de Washington calificó el viernes el plan de "justo, viable, realista y aplicable", y añadió que puede mejorar la vida cotidiana de los palestinos y crear expectativas positivas en la región. Kushner y su equipo no mencionaron que a cambio de la paz los palestinos quedarán recluidos permanentemente en los bantustanes en los que están viviendo desde que Israel inició su empresa colonial, y sin poder poner los pies en Jerusalén.


La única salvación que los palestinos vislumbran en el horizonte, y que es muy débil, pasa por la Unión Europea. Para ello, Bruselas debería actuar con energía y estudiar la adopción de sanciones contra el estado judío por violación sistemática del derecho internacional y por incumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, un paso que parece imposible que Bruselas sea capaz de dar.


Lo contrario, es decir que la UE continúe como hasta ahora, con una parálisis completa, solamente sirve para que Israel siga practicando el "juego democrático", que es lo que vende sin descanso a Europa, y que tiene como contrapartida expandir sin descanso las colonias en los territorios ocupados, una situación que Israel presenta como irreversible, no solo Netanyahu sino también el líder de Azul y Blanco Benny Gantz.


El lunes más de una treintena de exaltos funcionarios europeos –incluidos seis exprimeros ministros, 25 exministros de Exteriores y dos exsecretarios generales de la OTAN- publicaron una carta en la que instan a aplazar el "acuerdo del siglo" argumentando que es injusto con los palestinos. Los firmantes aducen que la posición de la administración Trump es unilateral en favor de Israel y no contempla la creación de un estado palestino.


Los exaltos funcionarios piden a Europa que rechace el "acuerdo del siglo". "Ha llegado el momento de que Europa defienda nuestros parámetros de principios para la paz en Israel-Palestina", dice la carta. Y añade que Europa debería rechazar cualquier plan que no cree un estado palestino al lado de Israel con Jerusalén como capital de los dos estados.
"Desgraciadamente, la actual administración de EEUU se ha apartado de la tradicional política de EEUU", denuncian los firmantes, quienes añaden que al reconocer Jerusalén como capital de solo una de las dos partes en conflicto, Washington muestra parcialidad en sus decisiones. Además, EEUU "ha mostrado una preocupante indiferencia ante la expansión colonial israelí", concluyen los firmantes.

JERUSALÉN
16/04/2019 08:18 Actualizado: 16/04/2019 08:18
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

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La guerra de Libia en la geopolítica actual

La historiadora Claudia Gazzini alerta sobre el riesgo de una crisis humanitaria y el aumento de la migración hacia Italia.

Más de 140 muertos (al menos 35 niños entre ellos) y de 600 heridos además de unas 18.000 personas desplazadas, según la OMS (Organizacion Mundial de Salud), es el resultado de 14 días de batalla entre los dos gobiernos existentes en Libia, el de Trípoli reconocido por la ONU y dirigido por Fayez Al Sarraj, y el de Tobruk (este del país) dirigido por el general Khalifa Haftar. Si no se llega a un acuerdo, la situación promete ser mucho más grave en poco tiempo. La agencia ONU para los Refugiados (Acnurr) pidió ayer que se libere urgentemente a los 1500 refugiados y migrantes encerrados en campos de detención. Pero el ministro del Interior italiano, el derechista Matteo Salvini insiste en que los puertos italianos estarán cerrados para todos ellos.


¿Por qué se ha llegado a este punto en Libia? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de este conflicto?¿Qué sucederá con los miles de migrantes encerrados en cárceles de Libia? A éstas y otras preguntas respondió la experta en el país nordafricano, la italiana Claudia Gazzini, hablando con periodistas extranjeros en Roma y luego en una entrevista con PáginaI12. Gazzini es historiadora y trabaja desde 2012 para el International Crisis Group, una organización independiente que investiga y aconseja a los países sobre cómo evitar las guerras. En 2017-2018 fue consejera de Ghassan Salamé, el representante de la ONU en Libia.


–¿Por qué se ha llegado a este punto en Libia?


–Las razones que explican esta crisis son fundamentalmente tres. La primera es que el cuadro geopolítico ha cambiado en los últimos meses. Aparte de los aliados tradicionales de Haftar (Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Egipto) se ha visto en los últimos meses también un cierto apoyo de algunas naciones europeas. Francia, por ejemplo, en el último año se ha acercado a Haftar y de alguna manera también Italia, que ha tratado de establecer una relación con ambas partes a partir de la conferencia que se hizo con el primer ministro italiano Giuseppe Conte y los dos líderes libios en Sicilia hace unos meses. Los tradicionales opositores de Haftar (Turquía, Argelia, Katar), por su parte, se hacen notar menos ahora.


–¿Las otras razones?


–La segunda razón es el fracaso de las negociaciones de la ONU entre los dos gobiernos para intentar llegar a un acuerdo. En Abu Dhabi –capital de los Emiratos Árabes Unidos– Haftar y Serraj se encontraron el 27 de febrero durante tres horas. Pero no se llegó a nada y por eso el 4 de abril Haftar comenzó a avanzar con sus fuerzas hacia Trípoli. La tercera y última razón se refiere a la situación económica del gobierno de Haftar que en los últimos 4 años ha logrado financiarse sin petróleo (industria fundamental de Libia). Para poder sobrevivir emitió una moneda digital, es decir, una suerte de bonos del tesoro, pero ahora tiene problemas financieros.


–Algunos piensan que Haftar podría ser una suerte de nuevo Khadafi, ¿cuál es su relación con las tribus que son numerosas en Libia y con las cuales Khadafi tenía buena relación?


–Haftar cree que antes de hacer elecciones hay que crear estabilidad en el país y para eso es necesario reforzar las fuerzas militares y poner al frente un fuerte jefe militar como él. No hay dudas de que su proyecto prevé un régimen autoritario, tal vez más autoritario que el de Khadafi. A diferencia de Khadafi, que tenía ideas progresistas o socialistas, Haftar es un capitalista, un liberal. Pero ambos cultivaron sus relaciones con las tribus, un factor importante en Libia para una cierta estabilidad ya que son numerosas sobre todo en el sur del país y al este, pero no en los centros urbanos como Trípoli o Misratah. No creo que la relación con las tribus pueda cambiar la guerra, para la cual lo más importante es el escenario geopolítico, la relación con otros países.


–Si la guerra sigue ¿qué se puede esperar para los migrantes africanos que están en los campos de detención –de concentración como los llaman algunos– donde son esclavizados por los traficantes de seres humanos en espera de poder llegar a Europa?


–En el caso de una guerra, se corre el riego de una crisis humanitaria, porque escasearán los alimentos, no se podrán distribuir, los precios aumentarán. Y esto se aplica a libios y a inmigrantes. En momentos de guerra, además, aumenta la economía de guerra y parte de esta economía de guerra es comerciar con la vida de los seres humanos. En mi opinión toda esta situación aumentará los embarques de migrantes hacia Italia y si la guerra sigue, no serán sólo migrantes sino también libios.


–Países como Estados Unidos, Rusia, Francia, ¿de qué lado están?


–Washington ha intentado detener la avanzada de Haftar. Pero no ha quedado claro qué habrían hecho si Haftar continuaba. Ellos condenan la ofensiva pero no han implementado ninguna política de oposición a Haftar. En cuanto a Francia se dice que hay consejeros militares franceses con Haftar. También rusos. Pero eso no significa una intervención directa francesa en la guerra. Francia es muy ambigua y trata de mantener la propia ambigüedad. En cuanto a Rusia, mantiene buenas relaciones con los dos gobiernos. Desde el punto de vista militar, se dice que hay un flujo de material militar de Rusia y de estados limítrofes a Tobruk, basados en contratos establecidos en época de Khadafi y nunca antes respetados. Se habla también de importantes futuros acuerdos petrolíferos entre Rusia y Libia si la situación se soluciona. Rusia ha tenido además un rol a nivel financiero porque reconoció a la banca central de Tobruk, no reconocida internacionalmente, lo que permitió a ésta emitir dinero y financiar a Haftar.


–¿Cual es la política italiana hacia Libia?


–No se puede hablar de una verdadera política italiana hacia Libia en este momento. Italia no tenía una propuesta suya cuando se hizo la reunión en Sicilia y debió pedir asesoramiento a la ONU. Cuando estaba Khadafi y Silvio Berlusconi estaba en el poder en Italia, los intereses italianos estaban más tutelados que ahora. Pero también los intereses de otros países. En Libia –que fue una colonia italiana entre 1911 y 1947– Italia tiene además intereses económicos a través del ENI (Ente Nacional de Hisdrocarburos) que controla la explotación de varios pozos petrolíferos y de gas. Y los pozos petroleros pueden ser bombardeados en caso de guerra.


–¿Según usted qué se debería hacer para resolver la crisis?


– La cuestión prioritaria es detener los enfrentamientos y pedir al Consejo de Seguridad de la ONU que tome una posición más firme y reinicie las negociaciones entre las dos partes. Las potencias regionales no deberían intervenir. Si se llega a obtener el cese del fuego, la ONU debería iniciar las negociaciones políticas con un cuadro de actores más grande que antes para llegar a un acuerdo, así como el diálogo con los jefes militares de las dos partes y el diálogo económico con las instituciones financieras de los dos sectores.


–Un conflicto como éste en Libia ¿no facilitaría el avance de los terroristas islámicos?


–Ciertamente una guerra en Libia da la posibilidad a grupos islámicos de sumarse a esa guerra. Ellos ven como principal enemigo a Haftar que es el que más los ha combatido. Estos grupos se podrían aliar con Trípoli y así hacer avanzar su ideología. Además, en momentos de guerra quedan espacios vacíos porque los ejércitos no pueden cubrir todo, y estos podrían ser ocupados por los terroristas.

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Un hombre usa un puntero para explicar el mapa de la nueva capital egipcia. - MOHAMED EL-SHAHED / AFP


La ciudad promete convertirse en la primera urbe inteligente del país, y de momento sólo está previsto que se trasladen hasta allí los sectores más elitistas de la sociedad.


Abandonando El Cairo por una de las carreteras que conducen hacia la ciudad costera de Ain Sokhna, en el Mar Rojo, un puesto de control despunta en solitario a medio camino. Enfrente, un aburrido grupo de jóvenes uniformados custodia lo que parece ser solo el vasto y vacío desierto que se abre paso detrás de ellos.


A escasos kilómetros de la caserna, algunos edificios monumentales se empiezan a erigir en el páramo sin aparente coherencia. A simple vista podrían parecer un espejismo, pero los carteles que se alzan junto al asfalto les delatan. Las obras son parte del proyecto más avaricioso del régimen del ex jefe del Ejército y actual presidente de Egipto, Abdel Fatah Al Sisi: una nueva capital de 714 kilómetros cuadrados construida desde cero en el desierto, a unos 35 kilómetros al este de El Cairo y a unos 60 de la ciudad de Suez.


Fue durante una conferencia económica celebrada en Egipto a mediados de marzo de 2015 cuando saltó la noticia. Sin ningún tipo de consulta previa, el entonces ministro de Vivienda y actual primer ministro del país, Mostafá Madbuly, hizo pública la decisión del gobierno de construir una nueva ciudad que sustituiría El Cairo como capital del país.


Esquivando la espontaneidad que da forma y carácter a los barrios de ciudades como El Cairo, la futura capital de Egipto estará dividida en distritos temáticos que prometen convertirla en una urbe tan funcional como controlable. Haciendo las delicias del régimen, el espacio para la improvisación urbana, muy común en El Cairo, va a ser nulo.


Por si el proyecto base no fuese suficientemente ambicioso, las autoridades anticipan que la nueva capital será la primera ciudad 2.0 del país. El control inteligente del tráfico, las casas inteligentes o la gestión inteligente de recursos son algunas de las promesas de sus responsables, que aseguran que también habrá cámaras de vigilancia por toda la urbe.


Debido a la gran superficie reservada para el proyecto, todos los esfuerzos se concentran ahora en la primera fase de un total de tres. Estos 168 kilómetros cuadrados iniciales, sin embargo, se convertirán en el corazón de la ciudad, albergando los grandes centros de poder político y económico, y tendrán un coste de entre 20.000 y 25.000 millones de dólares.
Será también en esta primera fase donde se encontrarán algunos de los sueños más megalómanos del régimen, como la mezquita con más capacidad de Egipto y la catedral más grande de Oriente Medio, ambas ya construidas. Y totalmente vacías. Asimismo, la futura capital debería contar con la mayor ópera de Oriente Medio, la torre más alta de África, o una zona verde dos veces más extensa que el Central Park de Nueva York, que atravesará el centro de la ciudad imitando el paso del río Nilo por El Cairo.


Este multimillonario plan se está construyendo, según la versión oficial, con el dinero obtenido a través de la venta anticipada del terreno, y los responsables insisten en que no reciben fondos de las arcas del Estado y que el Ejército se limita a supervisar su ejecución. En la práctica, no obstante, ambas cuestiones resultan hasta cierto punto un enigma.


En este sentido, el Ministerio de Vivienda posee el 49% de la empresa encargada de desarrollar la urbe, y el Gobierno asume el coste de, al menos, el distrito gubernamental. Por otro lado, las filas castrenses ostentan el otro 51% de la compañía, son las promotoras de algunas partes de la ciudad y, aunque no construyen nada, es difícil pensar que su imperio económico no se beneficia indirectamente de unas obras tan gigantescas.


Lo que tampoco está claro a estas alturas es el calendario, puesto que en los últimos meses los responsables de las obras han pasado de señalar el año 2021 como fecha para finalizar la primera fase del proyecto a apuntar hacia 2024. Aun así, la presión que cargan sobre los hombros los cerca de 200.000 trabajadores que se desplazan cada día hasta el lugar es importante, puesto que las autoridades quieren trasladar allí cuanto antes el Parlamento, los ministerios y la Presidencia.
La capital de la élite


La principal razón argüida por las autoridades para justificar la nueva ciudad es que El Cairo es un caso perdido y que una nueva capital permitiría evitar los errores cometidos allí y al mismo tiempo ayudaría a descongestionarla. “Necesitamos urgentemente la nueva capital”, asegura El Husseiny, portavoz de la Nueva Capital Administrativa para el Desarrollo Urbano (ACUD), la empresa a cargo del proyecto. “El Cairo está superpoblada, hay mucho tráfico y la infraestructura ya no es útil para sus ciudadanos”, agrega el militar, en un intento de justificar las obras.


Para lograrlo, los planes de la nueva ciudad pasan por albergar, cuando se haya terminado, un total de seis millones y medio de habitantes y 1.750.000 empleos. La viabilidad de estas cifras, no obstante, resulta muy cuestionable, y en cualquier caso insuficientes.


Egipto cuenta con un largo historial de nuevas ciudades, especialmente diseñadas en la órbita de El Cairo, que se han ideado para descongestionar la capital y han acabado no solo fracasando estrepitosamente en el intento sino centralizando aún más el país. En este sentido, las ocho nuevas urbes ideadas alrededor de El Cairo desde los años setenta aspiraban acoger 16 millones de habitantes y ahora apenas alojan un 8% de ese objetivo.


La nueva capital no parece que vaya a ser una excepción, ya que por ahora no se sabe ni cuándo se construirán sus dos siguientes fases, donde está previsto que se concentren la mayoría de los barrios residenciales, y hay quien teme que esas obras nunca arrancarán. Además, en la primera fase del proyecto no habrá vivienda social, lo que reduce el espectro de potenciales residentes a las clases altas del país.


Incluso en un escenario en el que se cumplen los números prometidos inicialmente para la nueva ciudad, ésta sería incapaz de aliviar la presión sobre El Cairo. Así, en los próximos diez años, está previsto que el Gran Cairo crezca en cinco millones de habitantes y que 1.680.000 jóvenes entren en la edad de trabajar, de modo que la nueva urbe apenas sería capaz de absorber ese incremento cuando aún le faltarían muchos años para terminar completamente las obras.


“Necesitamos otra ciudad importante, sea o no capital, pero ya existen ciudades que tienen la infraestructura y el potencial para convertirse en un centro importante, alejado de El Cairo y que permita descentralizar, disminuir su población y empezar a tener cierta migración hacia [allí]”, observa un arquitecto de El Cairo en condición de anonimato.


Por estos motivos, muchos egipcios consideran que el principal objetivo del régimen con la nueva capital es alejarse de Gran Cairo, donde viven unas 24 millones de personas, y recluirse en una ciudad diseñada bajo una lógica securitaria que permita evitar que el colapso sufrido durante la Revolución de 2011 vuelva a repetirse. “La nueva capital va a ser una ciudad militar, a la que el régimen va a llevarse a sus seguidores mientras hace que físicamente sea muy difícil llegar hasta ellos”, prevé el reputado urbanista David Sims. “Es un sueño para un gobierno autoritario”, agrega.


En esta línea, los actuales progresos de la nueva capital están teniendo lugar mientras el Parlamento egipcio está inmerso en un proceso de enmiendas constitucionales. Cuando éstas se aprueben en un referéndum popular previsto dentro de pocos meses, se establecerá en el país un nuevo orden político que cimentará aún más en el poder a Al Sisi y al Ejército. Cuando llegue el momento, un búnker les estará esperando. “La nueva capital solo se construye con la lógica de asegurar el nuevo régimen”, considera la antropóloga urbana Omnia Khalil, que concluye: “No quieren que un enero como el de 2011 vuelva a suceder”.

Por MARC ESPAÑOL
@mespanolescofet

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Trump exhorta a un G-3 nuclear de EU con China y Rusia

Pareciera descabellado imaginar un arreglo nuclear entre las tres superpotencias EU/Rusia/China cuando Trump aprieta las tuercas contra China, en Taiwan (https://bit.ly/2UpRfng), y contra Rusia, desde el Báltico hasta Venezuela (https://bit.ly/2G3JnzV).

En el epílogo de las negociaciones entre EU y China para finiquitar la deslactosada "guerra comercial" de Trump, el presidente de EU se ha re-energizado con el final feliz del alucinógeno Rusiagate, cuyo corolario en México fue la hilarante y delirante "trama rusa" (https://bit.ly/2Ux9Qh2).

El mandarín Xi llegaría a su planeada cumbre con Trump en cuatro semanas con un triunfo regional de impacto global: su acercamiento con Europa y la incrustación de Italia a las Tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2YOaeag), mientras Trump se despoja de la lápida doméstica del Rusiagate que le permite suspirar por su relección y empujar su pugnaz agenda tanto contra Irán, para beneficiar a Israel, como contra los débiles del planeta: desde los mexicanos hasta los palestinos.

Son niveles diferentes cuando nada se asemeja a la confrontación nuclear donde Trump hizo una declaración inesperada, en presencia del viceprimer ministro chino Liu He, que apela a un G-3 nuclear de EU con Rusia y China: "Entre Rusia, China y nosotros, estamos dilapidando miles de millones de dólares en armas, incluyendo las nucleares, lo cual es ridículo (sic)". Agregó: “pienso que es mucho mejor si nos arreglamos y no fabricamos estas armas (…) estos tres (sic) países pienso pueden juntarse y frenar el dispendio y así gastar en cosas que son más productivas hacia una paz de largo plazo”. El viceprimer ministro Liu He festejó la propuesta de Trump como una "muy buena idea".

Llama la atención que Sputnik diera a conocer la sorprendente declaración de Trump, frente al silencio estruendoso de los multimedia de Occidente, y recalca su comentario sobre la "responsabilidad global (sic) de Washington y Pekín" cuando el acuerdo comercial de China y EU sería una "cosa (sic) tremenda para el mundo" (https://bit.ly/2KfRDRt).

Esa es justamente la cosmogonía del mandarín Xi, quien envió una carta a Trump sobre la necesidad de preservar la "estabilidad estratégica global" que rebasa el vulgar reduccionismo comercial y pone en tela de juicio el proteccionismo unilateral (https://bit.ly/2YVQMZa).

Llamó aún más la atención el título de Russia Today sobre la aprobación de China a la declaración pacifista de Trump (https://bit.ly/2VqOlMb).

La propuesta de Trump suena muy atractiva para los genuinos pacifistas y los abolicionistas de las letales armas nucleares: invertir en la paz en lugar de gastar en armas.

El grave escollo radica en los intereses del complejo militar industrial de EU, que si bien acepta a regañadientes el ascenso geoestratégico y militar de Rusia y China –que mantienen una "asociación estratégica" cuya envergadura y alcances secretos se desconocen, pero se infieren– no se ve cómo acepte un recorte del gasto militar nuclear sin que afecte sus ganancias misántropas.

¿Qué le habrá querido decir entre líneas el mandarín Xi en su carta a Trump sobre la "estabilidad estratégica global"?

¿Habrá insinuado Xi un mayor acercamiento con Rusia para defenderse de las jeremiadas bélicas de Trump?

Tres días antes a la pasmosa declaración pacifista de Trump, el mandarín Xi había exhortado públicamente a EU a colaborar con China "para ayudar a estabilizar y a reducir la incertidumbre en los asuntos globales" de las que forman parte las negociaciones para finiquitar la "guerra comercial" que propinó Trump a China: "como grandes países, nuestra relación uno con el otro pueden tener un gran impacto en la estabilidad estratégica global y todos debemos apuntalar nuestras responsabilidades especiales con el mundo".

Trump y el mandarín Xi coinciden sobre su "responsabilidad global", pero asombra mucho más que el presidente de EU exhorte a un "G-3 nuclear" con Rusia y China.

Trump acepta tácitamente la "estabilidad estratégica global" que propone el mandarín Xi, mientras Rusia toma nota, sin oponerse.

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De qué se trata realmente la gran marcha del retorno

A un año de la Marcha del Retorno en la Franja de Gaza.

Los objetivos de las protestas de la Gran Marcha del Retorno, que comenzaron en Gaza el 30 de marzo del año pasado, son poner un fin al sofocante cerco israelí e implementar el derecho al retorno de los refugiados palestinos que hace 70 años fueron expulsados de sus hogares y pueblos en la Palestina histórica.


Pero estas protestas encierran mucho más que algunas pocas demandas, especialmente si se tiene en cuenta el alto costo humano asociado con ellas.


De acuerdo al Ministerio de Salud de Gaza, más de 250 personas han sido asesinadas y 6.500 heridas, incluyendo niños, doctores y periodistas.


Más allá de la desproporcionada cobertura mediática sobre “cometas incendiarias” y jóvenes cortando de forma simbólica las alambradas que los han cercado por largos años, la marcha ha sido mayoritariamente no violenta. A pesar de ello, Israel ha asesinado y lisiado manifestantes con impunidad.


Una comisión de investigación de derechos humanos de la Onu descubrió el mes pasado que Israel podría haber cometido crímenes de guerra contra los manifestantes, resultando en la muerte de 189 palestinos en el período que va del 30 de marzo al 31 de diciembre de 2018.


La investigación encontró “motivos razonables para creer que francotiradores israelíes dispararon contra niños, médicos y periodistas, aun cuando eran claramente identificables como tales”, según reportó la Bbc.


Muchos medios de comunicación, sin embargo, todavía no entienden lo que realmente significa para los palestinos la Gran Marcha del Retorno.


Un informe del Washington Post intentó ofrecer una respuesta. El artículo, cínicamente titulado “Gazans have paid in blood for a year of protests. Now many wonder what it was for” (“Los gazatíes han pagado con sangre por un año de protestas. Ahora muchos se preguntan para qué”), cita selectivamente a heridos palestinos que, al parecer, sienten que sus sacrificios fueron en vano.


Aparte de brindar una plataforma a las tropas israelíes para culpar a Hamas por la marcha, de un año de duración, el largo informe termina con estas dos citas:


La Marcha del Retorno “no consiguió nada”, de acuerdo a uno de los palestinos lesionados.


“Lo único que puedo sacar en limpio es que hizo que alguna gente prestara atención”, dijo otro.


Si el Washington Post prestara atención, se habría dado cuenta de que el clima entre los palestinos no es de cinismo ni desesperanza.


El Post debería preguntarse: si la marcha “no consiguió nada”, ¿por qué todavía protestan los gazatíes? ¿por qué no ha sido puesta en cuestión la naturaleza popular e inclusiva de la marcha?


“El derecho al retorno es más que una posición política”, dijo Sabreen al-Najjar, la madre de la joven médica palestina Razan al-Najjar, quien, el 1 de junio de 2018, fue asesinada por un disparo del ejército israelí mientras intentaba ayudar a manifestantes palestinos heridos. Es “más que un principio: envuelta en él, y reflejada en la literatura y el arte y la música, está la esencia de lo que significa ser palestino. Está en nuestra sangre”.


En efecto, ¿qué es la Gran Marcha del Retorno sino un pueblo tratando de recuperar su papel, ser reconocido y escuchado en la lucha por la liberación de Palestina?
Lo que está ausente de la discusión sobre Gaza es la psicología colectiva detrás de este tipo de movilización y el por qué es esencial para cientos de miles de personas sitiadas redescubrir su poder y entender su verdadera posición, no como víctimas sin esperanza, sino como agentes de cambio en su sociedad.
La lectura superficial o la tergiversación de la Marcha del Retorno hablan mucho sobre la subestimación general del rol del pueblo palestino en su lucha por libertad, justicia y liberación nacional, que ya lleva un siglo.


La historia de Palestina es la historia del pueblo palestino, porque ellos son las víctimas de la opresión y el principal canal de resistencia, comenzado por la Nakba –la creación de Israel sobre las ruinas de pueblos y aldeas palestinas en 1948–. Si los palestinos no hubieran resistido, su historia habría concluido en ese entonces, y también ellos habrían desaparecido.
Quienes increpan a la resistencia palestina, o quienes, como el Post, no logran entender el valor subyacente detrás de un movimiento popular y sus sacrificios tienen poco entendimiento sobre las ramificaciones psicológicas de la resistencia –el sentido de empoderamiento colectivo y esperanza que se extiende entre la gente–. En su introducción a Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon, Jean Paul Sartre describe la resistencia, como fue apasionadamente defendida por Fanon, como un proceso a través del cual “un hombre se re-crea a sí mismo”.
Durante 70 años, los palestinos se han embarcado en un viaje de re-creación de su ser. Han resistido, y su resistencia, en todas sus formas, ha moldeado un sentido de unidad colectiva, a pesar de las numerosas divisiones que han sido levantadas entre la gente.


La Marcha del Retorno es la última manifestación de la continua resistencia palestina.


Es obvio que las interpretaciones elitistas sobre Palestina han fallado –los Acuerdos de Oslo se han revelado como un vano ejercicio de clichés vacíos, destinado a mantener el dominio político estadounidense en Palestina, así como en el resto de Oriente Medio.


Pero la firma de esos acuerdos en 1993 rompió la relativa cohesión del discurso palestino, debilitando y dividiendo así al pueblo palestino.


En la narrativa sionista israelí, los palestinos son descritos como lunáticos a la deriva, como un inconveniente que dificulta el camino del progreso –una descripción que regularmente define la relación entre todo poder colonial occidental y los nativos colonizados que se resisten.


Dentro de algunos círculos políticos y académicos israelíes, los palestinos sólo “existen” para ser “depurados”, para hacer lugar para un pueblo diferente, más merecedor. Desde la perspectiva sionista, la “existencia” de los nativos es meramente temporal. “Debemos expulsar a los árabes y tomar su lugar”, escribió el padre fundador de Israel, David Ben Gurión.
La asignación al pueblo palestino de los roles de dislocado, desheredado y nómade, sin considerar las implicaciones éticas y políticas de esa percepción, ha presentado erróneamente a los palestinos como un colectivo dócil y sumiso.


Por ello, es imperativo que desarrollemos un entendimiento claro de los significados detrás de la Gran Marcha del Retorno. Cientos de miles de palestinos en Gaza no arriesgaron sus vidas durante el último año simplemente porque requieren provisiones médicas y alimenticias urgentes.


Los palestinos lo hicieron porque entienden la centralidad de su lucha. Sus protestas son una declaración colectiva, un grito de justicia, un último reclamo para recuperar su narrativa como pueblo –todavía resistente, todavía poderoso y todavía esperanzado después de 70 años de Nakba, 50 años de ocupación militar y 12 años de sitio implacable.
* Periodista, escritor, editor de Palestine Chronicle y doctor en estudios palestinos por la Universidad de Exeter. El título original de esta columna es “‘The Essence of Being Palestinian’: What the Great March of Return is Really About”. Traducción y título de Brecha.

Por Ramzy Baroud
5 abril, 2019

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Viernes, 05 Abril 2019 05:33

Dodecálogo del éxito

Dodecálogo del éxito

Esta fórmula ha sido probada e implementada desde los orígenes de la política internacional hasta nuestros tiempos. Su vigencia es de absoluta actualidad.

 

1. Llama “régimen” a todo gobierno no alineado.


2. Acósalo y bloquéalo.


3. Destruye su economía.


4. Contribuye al caos social tanto como puedas.


5. Financia a los “luchadores por la libertad”.


6. Repite que el fracaso es prueba de que no existen alternativas.


7. Reemplaza sus gobiernos irresponsables por regímenes amigos.


8. Llámalos “restauración de la democracia”.


9. Suspende el acoso y el bloqueo económico.


10. Envía barcos con capitales con “ayuda para el progreso”.

 


11. Asegura la “libre competencia” para tus negocios.


12. Repite.

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Soldados israelíes se enfrentan con manifestantes palestinos sobre la cerca fronteriza entre Israel y la Franja de Gaza./Reuters

El ejército israelí ha diseñado un plan para reocupar toda la Franja de Gaza en solo cuatro horas, una posibilidad que Benjamín Netanyahu ha rechazado hasta ahora pero que podría cristalizar después de las elecciones de la semana que viene, según el informe publicado el lunes por un diario de Tel Aviv.


El ejército israelí tiene “prácticamente listo” un plan para invadir militarmente toda la Franja de Gaza, una decisión que podrán tomar los líderes políticos tras las elecciones del 9 de abril, según un informe que publicó este lunes el diario Maariv, un periódico muy cercano al primer ministro Benjamín Netanyahu.


El plan prevé una guerra a gran escala en la que participarían todas las ramas del ejército, especialmente personal de infantería y unidades especiales que llevarían a cabo operaciones confidenciales. También intervendría la aviación con intensos ataques aéreos y la marina bombardeando desde el mar, como ya ocurrió en la invasión parcial de 2014.


El objetivo inicial sería tomar el control completo de todo el territorio, desde la verja que separa la Franja de Israel hasta la costa mediterránea, algo que según el plan podría conseguirse en solo cuatro horas. En este sentido puramente militar, la misión es plausible, aunque lógicamente una operación de estas características conllevaría repercusiones importantes, incluidas consecuencias políticas, algunas de las cuales son difíciles de calibrar con antelación.


El liderazgo político que salga de las elecciones israelíes de la próxima semana debería decidir si la invasión pretende derrocar al gobierno de Hamás, lo que parece un objetivo lógico que, por lo demás, no es la primera vez que se plantea el gobierno de Israel, aunque hasta ahora lo ha evitado cuidadosamente.


Una de las preguntas que están sobre la mesa es quiénes sustituirán a Hamás, pero está claro que las ideas islamistas continuarán siendo seguidas por una buena parte de la población de la Franja. Con toda seguridad, habrá milicianos, y no solamente milicianos islamistas, que hostigarán permanentemente a las fuerzas israelíes y con toda probabilidad les causarán un número de bajas considerable.


Un escenario que permitiría la evacuación rápida de las fuerzas invasoras consistiría en entregar la Franja a la Autoridad Palestina. Sin embargo, esta posibilidad es remota puesto que Israel no confía en el gobierno del presidente Mahmud Abás. De hecho, el gobierno de Abás ya perdió la Franja en 2007 ante el empuje de Hamás. Contando con que las milicias, no solo las islamistas, estarán bien armadas y poseerán un número elevado de efectivos, es muy dudoso que la Autoridad Palestina pueda mantener un control efectivo sin presencia israelí sobre el terreno.


Además, es un interés supremo de Israel mantener la división interpalestina en la medida de lo posible con el fin de mostrar al mundo que los palestinos son incapaces de gobernarse, y justificar de esta manera que a Israel no le queda más remedio que seguir ocupando Cisjordania y seguir expandiendo las colonias judías.
El periódico de Tel Aviv indica que Israel ha considerado establecer en la Franja de Gaza una gobernanza árabe-internacional, y ha considerado que Egipto asuma la gestión del día a día después de la invasión. Pero aunque ha consultado esta opción en conversaciones privadas con líderes del mundo árabe, Netanyahu habría recibido respuestas negativas de sus interlocutores.


Ante este revés, cobra cierta fuerza la hipótesis de que las tropas israelíes se mantengan permanentemente en Gaza y establezcan un gobierno militar que se encargue de alimentar a dos millones de palestinos, una tarea que no sería fácil y que incluiría hacerse cargo de la salud, los alimentos, el combustible, la educación, etcétera. Naturalmente, esta situación hace dudar a los líderes israelíes. En la práctica significaría dar un viaje en el tiempo hasta el periodo previo de los acuerdo de Oslo de 1993, una situación que llena de las peores pesadillas las cabezas de los líderes israelíes, aunque no de todos.


Sin embargo, si el ejército se retira después de la invasión en un plazo razonable, la situación podría ser otra pesadilla quizás peor, ya que las armas y la preparación de millares de milicianos podrían convertir el sector en un terreno fértil para el caos, un caos que quizá fuera similar al de Somalia.


Si el 9 de abril Netanyahu es el único líder capaz de formar gobierno y obtiene su quinto mandato, las posibilidades de una invasión serán más elevadas, no a causa de Netanyahu, que siempre se ha mostrado prudente con la Franja, sino a causa de sus posibles aliados de la extrema derecha y nacionalistas que durante la actual campaña están exigiendo que se acabe de una vez por todas con Hamás, lo que requeriría entrar a fondo en la Franja.


La cautela de Netanyahu también tiene contraindicaciones. En los tres años y medio que siguieron a la invasión de 2014 hubo una calma casi absoluta en la Franja y Netanyahu no la aprovechó para establecer un diálogo político y llegar a un acuerdo de larga duración, o incluso para aliviar las extremas condiciones de

vida de la población civil, lo que revela que una solución política no entra en sus planes. En la práctica, la inmensa mayoría de los israelíes comparte la opinión del primer ministro.
Ha sido necesario que Hamás y las demás milicias lancen un gran número de cohetes en la víspera de unas elecciones para que Netanyahu haya entendido que conviene aliviar las condiciones de vida de los palestinos de Gaza. Esta decisión indica que Netanyahu es más sensible y vulnerable a los cohetes que a la calma.


El hecho de que Netanyahu haya accedido a que Qatar meta dinero en la Franja cada mes, y el hecho de se haya avenido a negociar ahora con Hamás, indica que el primer ministro está comprando una calma temporal. Su objetivo es abortar cualquier posibilidad de una negociación política que conduzca al establecimiento de un estado palestino. Si una invasión de la Franja es necesaria para ello, Netanyahu sin duda acabará dando ese paso.

JERUSALÉN
02/04/2019 08:07 Actualizado: 02/04/2019 08:07
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

Publicado enInternacional
Una mirada a la propuesta del POT para Bogotá. La felicidad de unos pocos a costa de la gran mayoría*

Causa sorpresa y algo de indignación después de leer los documentos de propuesta al Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para Bogotá, en donde se describe que la felicidad es el futuro que le espera a los bogotanos a partir de la adopción de dicho plan. No hay que ir más allá de las primeras cuarenta páginas para darse cuenta que esta felicidad solo podrá ser disfrutada por unos pocos a costa de la gran mayoría de los ciudadanos, situación más contraria a su política de eco-eficiencia y equidad. Veamos por qué:

Tomando lo pronunciado por la Organización de las Naciones Unidas, ONU, que define a la sostenibilidad así: “el desarrollo sostenible como la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, se puede entender que esta visión ha emergido como el principio rector para el desarrollo mundial a largo plazo. Propósito que está compuesto por tres pilares y trata de lograr de manera equilibrada: el desarrollo económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente. ¿será que la propuesta al proyecto de Acuerdo al POT si logra este equilibrio?

En la propuesta al POT se identifica en las políticas la eco-eficiencia y equidad a partir de la ocupación y consumo del territorio; destacándose el aprovechamiento de los recursos naturales. Es así, que el plan define el aprovechamiento del espacio público a partir de sus diferentes estructuras propuestas, aumento del transporte público a partir de la culminación de las redes de Transmilenio, en donde se identifica el uso de buses a gas y diésel, el desarrollo de grandes proyectos inmobiliarios que necesariamente implican la habilitación de suelo para la renovación urbana, la construcción de redes de servicios públicos, vías, equipamientos, espacio público, etc. Lo anterior plantea que la eco-eficiencia y la equidad en la ciudad solo tiene como premisa de alcance: la intervención en el territorio a partir de grandes proyectos urbanos que podrían menoscabar el equilibrio con las condiciones ambientales en el suelo, el agua y la calidad del aire.

En este mismo sentido, la política de competitividad identifica la promoción en la calidad de las actividades económicas a partir de la optimización de infraestructuras necesarias para su funcionamiento, situación que implica una atracción de mayor población flotante, sumada a la radicada en la misma, situación lógica para el desarrollo integral de la ciudad, propósito que pone en duda el tal equilibrio enunciado en todo el documento, en donde los principios y políticas son subsidiarias de la política de competitividad.

Frente a lo anterior es necesario referirnos a las condiciones demográficas que permiten sustentar la propuesta estratégica del POT. En años pasados la experiencia de formular planes a partir de datos sobredimensionados como es el caso de los Planes Maestros que no contaron en su formulación de proyectos con los resultados del censo de población Dane 2005. La fuente tenida en cuenta para la estimación de sus proyectos y por ende sus metas fue las proyecciones de población estimadas a partir del Censo de Población Dane 1993, realizadas al interior de la Secretaría Distrital de Planeación, que estimaba un crecimiento de población para el año 2004 de 7.395.600 personas. En otros documentos se estimó en 7.545.2311. Tiempo después, más precisamente en el año 2007 se logró obtener los resultados del Censo de Población Dane 2005, teniendo como resultado el total de la población para Bogotá Censo 2005 Dane: 6.778.6812, logrando identificar que los proyectos estimados en los Planes Maestros fueron sobredimensionados a una población adicional promedio de 691.734 de habitantes. Razón por la cual y en gran medida las metas de ejecución definidas en los Planes Maestros no lograron su esperada ejecución.

Si bien en la actualidad no es posible identificar datos oficiales del total de la población censada en Bogotá en el año 2018 (según datos Dane noviembre de 2018 la ciudad cuenta con 7.150.000 habitantes) y según el documento de “Análisis demográfico y proyecciones poblacionales de Bogotá” que es parte de los documentos que sustentan la formulación al Plan de Ordenamiento Territorial, la población estimada para el 2020 es de 8.380.801)3. De lo anterior se identifica una diferencia de más de un millón de habitantes en la población bogotana actual y que son sustento para la definición de los proyectos urbanísticos para los próximos 15 años en la ciudad.

En este mismo sentido, las cifras estimadas para determinar la base de sustento de proyectos de vivienda como: Lagos de Torca, Ciudad Río y la intervención en la reserva Thomas Van Der Hammen, presentan dudas por la necesidad de este tipo de proyectos en la ciudad, a cambio de mayores espacios destinados a zonas de reserva ambiental o zonas destinadas a protección de zonas pobladas por inminentes inundaciones. Por tanto, es preciso preguntarse: ¿La ciudad va a crecer de acuerdo a las cifras contenidas en la propuesta del POT? De ahí que pueda pensarse que esa sobreestimación estaría enfocada al desarrollo de proyectos inmobiliarios para una población imaginaria que beneficiarían en gran medida a los intereses privados, principalmente el sector de la construcción.

Luego el discurso del actual modelo de ordenamiento evidencia su inclinación, en mayor medida, a favor del desarrollo económico de la ciudad a partir de la explotación de los recursos naturales, en detrimento de la sostenibilidad de la misma, teniendo en cuenta las dificultades evidentes en las cifras que sustentan la propuesta de importantes proyectos inmobiliarios. Igualmente, se exacerban los patrones de consumo y se estima a la ciudad como una mercancía, o en el peor de los casos como un objeto para la satisfacción de necesidades económicas de grupos minoritarios.

La reflexión apunta a indicar que desde el concepto de calidad de vida y equidad socioespacial, el desarrollo económico generado en la ciudad es una condición necesaria para el crecimiento económico, el mismo que nos obliga a pensar en los beneficios –ante el soñado auge– para la población en general.

El proyecto de Acuerdo para la adopción del POT, presenta beneficios incuestionables en términos económicos, concentrado en los sectores de la construcción, la industria, y el sector terciario que son los que ofrecen bienes y servicios, sector financiero, banca, etc. Es decir, quienes tiene a su haber los modos y bienes de producción que finalmente serán quienes logren esa tan “anhelada felicidad”, a diferencia de una gran mayoría de gente que participaría marginalmente de la supuesta prosperidad generada en el plan propuesto, condenándolos a continuar en su papel pasivo de usurarios y/o consumidores.

Por otro lado, se identifica la política de gobernabilidad en donde se describen varias situaciones interesantes, como son:

Reducción en la participación del Estado como hacedor de la ciudad, ya que se evidencia en la propuesta de Acuerdo que en gran medida se entrega el proceso de construcción de la urbe al sector privado –con el apoyo y soporte de la Administración Pública como garante en la realización del plan–, limitando la participación de diferentes sectores de interés (organizaciones comunitarias de vivienda. Organizaciones de vendedores ambulantes en el espacio público) presentes en la ciudadanía en el ordenamiento del territorio.

Por otro lado, al revisar las condiciones de los equipamientos en la propuesta de POT, estos equipamientos en donde se localizan las actividades sociales (colegios, jardines infantiles, bibliotecas, Hospitales, etc.) se equiparán a las actividades comerciales. Esta apuesta es parte de la exacerbación de las actividades económicas en donde se incluyen las actividades sociales como parte de la dinámica del mercado; es decir, se miden por la generación de su capital económico, desestimando la producción de su capital social y cultural. Situación más desafortunada en principio para los servicios sociales ya que la estimación de su localización en este POT, solo la define la oferta y la demanda en términos económicos, perdiendo la esencia como servicio social.

De igual manera las zonas destinadas a la construcción de vivienda social, las cuales presentan riesgos ambientales para su localización en donde se incluyen como mitigables, pero en la realidad estos riesgos por inundación siempre estarán presentes, como es el caso de los bordes de los humedales Jaboque y La Conejera y algunas partes del borde del río Bogotá. De lo anterior, se deduce que en la presente propuesta de acuerdo al POT importan más la acción inmobiliaria y la habilitación de suelo para la construcción de proyectos de vivienda que los riesgos propios de la naturaleza, que son desestimados.

Pero esta acción inmobiliaria rapaz e insaciable no se limita a lo anterior, en la propuesta al POT utiliza las herramientas del ordenamiento para beneficio común –como es el caso de la enajenación voluntaria o expropiación por vía administrativa y judicial– como una herramienta del desarrollo urbano en Bogotá con fines de lucro para unos pocos (situación hoy vigente en el Decreto Distrital 621 de 2016, en los ejes viales de la Avenida NQS y calle 80).

El desarrollo inmobiliario así impuesto y con beneficio particular, a partir acciones de gestión por enajenación voluntaria o expropiación por vía administrativa en zonas de renovación urbana sobre los ejes viales más importantes de Bogotá, es una de las formas más agresivas del desarrollo urbano de las cuales hay noticia, en el cual y para el cual la Administración Pública –el Estado– se pone al servicio de la acción expropiadora de un gestor inmobiliario o de un constructor particular con objetivos netamente de beneficio particular. Es una realidad privatizadora del espacio y por tanto improcedente, por su lejanía de la equidad y felicidad enunciada en los principios de la propuesta de Acuerdo al Plan de Ordenamiento Territorial para Bogotá.

 

* El presente artículo es la segunda parte del publicado en la página: www.desdeabajo.info, titulado: “Bogotá, la ciudad del caos y la ciudad del orden”, sábado 19 de mayo de 2018.
1 Secretaría Distrital de Planeación. Evolución de los principales indicadores sociales de Bogotá (1990- 2003) Página 43. Secretaría Distrital de Planeación. Aglomeración y condiciones de vida en Bogotá. Página 19.
2 www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/demografia-y-poblacion/censo-general-2005-1. Información Tomada en febrero de 2019.
3 http://www.sdp.gov.co/micrositios/pot/proyecto-de-acuerdo

Publicado enEdición Nº255
De la Minga del Cauca a la Minga Nacional

El 27 de marzo, luego de 18 días de desarrollo de la “Minga por la defensa de la vida, el territorio, la democracia, la justicia y la paz” con epicentro en el departamento del Cauca y el suroccidente del país, la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), acompañada por múltiples organizaciones del país realizó un llamamiento a la “Minga Nacional por la defensa de la vida, los territorios y la paz”, ¿Cuáles son las implicaciones de este nuevo ejercicio a nivel nacional? ¿Logrará dar un aire a la Minga del suroccidente? ¿Qué pasará con el paro nacional previsto para el 25 de abril?


Tras más de 18 días de Minga ininterrumpida y más de 15 días del cierre de la vía Panamericana por parte de no menos de quince mil personas, el levantamiento social liderado por el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)* tiene un balance confuso y un desenlace difícil de prever.


En territorio es evidente la potencia de las comunidades a la hora de movilizarse; sorprende, asimismo, que sin una agenda preparada con encuentros previos que llamarán a múltiples sectores a discutir y así lograr una preparación de la movilización con visión integral y de largo plazo, la Minga avance con un escalonamiento de lo regional a lo nacional, que con el llamamiento de la Onic es inocultable. Sin embargo, aún no se alcanza a ver un cuerpo social y político que jaquee al gobierno de Duque, pues muchos sectores –incluidos los indígenas– tenían previsto un paro nacional para el 25 de abril (ver recuadro), lo que genera que la potencia de la Minga tenga límites y no aglutine a toda los movimientos sociales, menos al llamado país nacional, pues las razones de la movilización, sus objetivos y métodos aún no permean al conjunto del país.


Breve balance de la Minga hasta el momento


El ambiente en el departamento del Cauca cada día se caldea más, producto de la parálisis de la vía Panamericana, lo que genera conflictos con los sectores económicos de la región que días atrás –25 de marzo– se reunieron con el Centro Democrático y abrieron discusiones en torno a la “concentración de tierras por parte de los indígenas” así como sobre “la protección de la propiedad privada”, discusión que seria llevada al Congreso de la República para ser sustentada por la bancada uribista, que no ahorró palabras para asegurar que la Minga “está infiltrada por actores al margen de la ley”, estigmatizando, deslegitimando y criminalizando a los indígenas y campesinos que están movilizados.


Alzamiento indígena que reclama negociación directa con el jefe de Estado, la que al ser negada ha llevado la negociación a un callejón sin salida que no permite prever un desenlace próximo. Puja entre fuerzas sociales y el poder tradicional que domina en el país, que se ve atravesado por la confrontación directa entre quienes bloquean el paso normal de vehículos y las fuerzas armadas del establecimiento, con un saldo hasta ahora de decenas de heridos y no menos de 8 muertos. Como siempre, los reclamantes son los que sufren la mayoría de víctimas. Alrededor de esta confrontación, una ofensiva insurgente encabezada por fracciones de las Farc rearmada turbia el panorama de la región, en especial en los municipios de Caloto, Toribio, Santander de Quilichao, Miranda y Morales.


Tras siete días de negociación y tras la suspensión de la mesa por la retención de un militar infiltrado en las protestas, e identificado como tal por la guardia indígena –que posteriormente sería entregado en perfecto estado de salud–, no se ha logrado llegar a un acuerdo, pues ante la exigencia del cumplimiento de los más de 1.500 acuerdos incumplidos por parte del Estado con los pueblos indígenas y los campesinos del Cauca –que implican erogaciones por cerca de 4,5 billones de pesos–, el establecimiento se mantiene en la posición de no negociar más allá de lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo, donde estipulan 10 billones de pesos para los indígenas del país: así mismo, en cuestión de tierras, la Minga exige alrededor de 40 mil hectáreas mientras que el gobierno apenas ofrece 1.500.

Una confrontación de fuerzas reafirmada por parte del establecimiento el 28 de marzo, a través de una alocución presidencial, en la cual Duque reafirmó lo exigido hasta ahora para integrarse a la mesa de negociación: hasta que no desbloquen la vía no se trasladará al Cauca. La respuesta de los indígenas no tardó en llegar, y anunció la decisión de diversidad de pueblos indígenas de empezar de inmediato una Minga nacional: pueblos indígenas Pastos, Quillacingas, Ingas Kamentsa, Pijaos y otros empezaron de inmediato a movilizarse.


Llamamiento a la Minga Nacional propuesta por la Onic


En Bogotá, un día antes de la alocución presidencial, y como parte de la presión indígena para el buen desenlace de este conflicto, el 27 de marzo, la Organización Nacional Indígena de Colombia en rueda de prensa hizo el llamamiento a la “Minga Nacional por la defensa de la vida, los territorios y la paz”, llamamiento que invita a impulsar lazos de unidad entre todos los pueblos indígenas, así como a diversos sectores como afrodescendientes, campesinos, sectores populares, ambientalistas, estudiantes, para defender la vida.


Para sustentar su llamado, dirigentes de la Onic realizaron un ligero diagnóstico de contexto político indicando que estamos atravesando por una crisis consecuencia de la agudización del “modelo económico, social y político que continúa y acrecienta la acumulación de riqueza en pocas manos y aumenta la brecha de la desigualdad social”, producto del ascenso de la derecha en la región y en el país, que implican la gestación de guerras para despojar los territorios, violando derechos humanos y atacando las autonomías de los pueblos.


Frente al análisis de nuestro país y el gobierno de Duque, evidencian que hay un alto índice de líderes y lideresas asesinados/as en Colombia con un total de 584 casos entre el 1 de enero de 2016 y el 9 de febrero de 2019, de los cuales más del 50 por ciento pertenecen a pueblos indígenas y afrodescendientes. Cuestionan, de igual manera, el modelo del gobierno actual por su ataque directo a la Jurisdicción Especial para la Paz –JEP–, el rompimiento de diálogo con la insurgencia del Eln, el desconocimiento de los escenarios de dialogo pactados por el Estado con el movimiento social, la militarización de la vida, el impulso de un plan de desarrollo que atenta contra los derechos de salud, trabajo, educación, así como la intensificación del modelo extractivista que destruye los páramos, ríos, boques, vida y existencia de los pueblos.


Ante esto proponen juntar esfuerzos, unir luchas y actuar conjuntamente para “defender la vida, los territorios, la autonomía, el agua, los derechos humanos y los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, las garantías democráticas”, impulsando una Minga Nacional (movilización) de carácter político para confrontar al gobierno en el mes de marzo, confluyendo en el mes de abril en el Refugio Humanitario.


Estos son los temas propuestos por la Minga Nacional:


• Defensa de la vida, la paz y los derechos humanos.
• Defensa de los territorios para la vida.
• Defensa de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.
• Acuerdos incumplidos con el movimiento social colombiano.
• Posicionamiento político y exigibilidad frente Plan de Desarrollo 2018-2022.


Esta propuesta de Minga Nacional trae algunas preguntas para analizar: si el conjunto del movimiento social colombiano se adhiere a este llamado, como coyuntura óptima para impulsar los reivindicado por los indígenas y hacer cumplir las propias, ¿Hasta dónde están dispuestas a llegar las organizaciones indígenas para hacer cumplir todas las exigencias de los demás sectores? ¿Cuál va a ser el escenario de coordinación de esta Minga Nacional? Si lo que se desea es consolidar la unidad. ¿por qué no se ha propuesto un escenario de encuentro que aglutine al conjunto del movimiento social para escuchar de una manera horizontal todas las propuestas y agendas existentes? Al impulsar la Minga Nacional ¿seguirá siendo el Cauca el epicentro de negociación con el gobierno nacional? De ser así ¿esto implicaría que la mesa del Cauca debe cerrarse y por tanto abrir una nueva con negociadores de todos los sectores?


Retos y proyecciones para el conjunto del movimiento social


Aunque estos impulsos de movilización, gestados desde los pueblos indígenas deben ser valorados y apoyados por el conjunto del movimiento social, es necesario que se profundicen las discusiones y debates al interior de estas propuestas pues con más organización y coordinación seguramente este momento estaría posibilitando el encuentro de todas las inconformidades y movilizaciones en una sola agenda, superando así la persistente dispersión que la caracteriza.


En esta lógica, de dispersión y ausencia de coordinación efectiva, hay que ganar consciencia que las luchas parciales, cada una por su lado, no lograrán el o los propósitos que las animan. Una plataforma social común en lo nacional, con funcionamiento simultáneo por diversas regiones del país, es un reto indispensable de encarar, donde el afán de protagonismo, las urgencias particulares, las prioridades políticas, etcétera, den paso a una reflexión y accionar común, con un plan de gobierno alternativo que le evidencia al conjunto nacional que sí existe otra forma de vivir, de construir economía, realizado desde las mayorías y con beneficio para el conjunto social.


Posdata. La paradoja caucana


Vale la pena decir que lo problematizado en el artículo Minga indígena y popular. Retos y aprendizajes: El sur occidente colombiano intenta poner freno al gobierno de Duque, ¿Lograrán sus objetivos?, donde se cuestionaban diferentes aspectos de la realidad de los movimientos sociales en Colombia, entre ellas su perspectiva y valoración del poder en la política actual, queda reflejada con la actitud de la dirigencia del Cric en cabeza del hoy senador Feliciano Valencia, quien se negó a brindar información a nuestro medio sosteniendo que: “si quieren información vayan al Cauca”. De igual manera, ha sido imposible encontrar alguna entrevista con consejeros que se encuentran en la Minga.


Actitud que refleja, o su prepotencia o su errada valoración de los medios de comunicación alternativos, actitud explicativa de la dificultad reinante en el movimiento indígena para construir con ellos agendas comunicativas comunes, como lo ha propuesto nuestros medio desde años atrás.


Actitud displicente con medios alternativos que cambia de manera sustancial al tratarse de las plataformas oficialistas (Caracol, RCN, El Tiempo, El Espectador, Semana), en las cuales identifican al poder real. Pareciera ser que los medios populares solo son útiles para que cubran espacios y agendas a las cuales no concurren los medios oficiosos. Vaya paradoja y vaya sentido de la comunicación.


Toda una paradoja caucana, pues desde el Cric siempre se escucha el malestar por la desinformación que generan los medios del establecimiento, los cuales tergiversan información y mienten ante la realidad, pese a lo cual siempre son privilegiados para entregarle información.

Notas


*A la que se sumaron de inmediato los indígenas agrupados en el Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec), Consejo Regional Indígena del Huila (Crihu), Organización Indígena de Antioquia (OIA), así como los campesinos del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (Pupsoc), el Coordinador Nacional Agrario (CNA), Comité de Integración del Macizo Colombiano (Cima) y distintas organizaciones sociales, ambientales y populares de esta parte del país.

Ver artículo en: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/36420-minga-indigena-y-popular-retos-y-aprendizajes-el-sur-occidente-colombiano-intenta-poner-freno-al-gobierno-de-duque-lograran-sus-objetivos.html


Fuentes consultadas


https://www.onic.org.co/comunicados-onic/2884-llamamiento-minga


https://www.onic.org.co/minga/2879-organizaciones-sociales-defensoras-de-los-derechos-humanos-academicos-democratas-humanistas-y-lideres-politicos-exigen-al-presidente-de-colombia-ivan-duque-marquez


https://www.youtube.com/watch?v=zK7xaIOLd8A


https://www.semana.com/nacion/articulo/cauca-cinco-atentados-en-menos-de-12-horas/606941


https://www.semana.com/nacion/articulo/cinco-puntos-por-los-cuales-se-hace-tan-complejo-que-haya-humo-blanco-en-el-cauca/606965

http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/tolima/regional/430950-indigenas-del-tolima-se-unen-a-minga-nacional-de-reclamacion?fbclid=IwAR3DhpKjchuUqbJYUIDtfJI-WjeBPV6gbPt8mTWqCYkTQifp05WK9nuNFMg

https://www.semana.com/nacion/articulo/la-minga-no-se-rinde-ahora-convocan-a-los-indigenas-de-todo-el-pais-para-que-se-unan-al-paro/607041


 Recuadro


Entrevista a Jimmy Alexander Moreno, vocero Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular.

El movimiento social y la Minga.

desdeabajo (da). Los días 9 y 10 de febrero, se realizó en la ciudad de Bogotá el Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales y Políticas, el cual concluyó con el llamdo a la realización de un paro nacional para el 25 de abril, ¿qué fuerza podrá tener este paro nacional si el movimiento indígena encabezado por el Cric dio un impulso de movilización un mes antes de lo previsto?


Jimmy Moreno (JM). Bueno, ese escenario lo hemos venido valorando, entendiendo la fuerza generada por el proceso de la Minga por la defensa de la vida y el territorio. Entonces, lo que hemos acordado es que estamos en una dinámica en la cual se ha venido avanzando sobre el marco de movilizaciones que están convergiendo sobre una apuesta de país, en donde hemos definido unas líneas temáticas como la defensa de la vida, garantías a los derechos humanos, cumplimiento de los acuerdos incumplidos por parte del Gobierno, en contra el Plan Nacional de Desarrollo, entre otros temas que estamos agitando en todos los procesos de movilización.


Entonces, sobre ese marco, el escenario de paro camina con base en las acciones que definimos a principios de marzo y que tendrá un primer momento de articulación nacional hacia el 25 de abril, entendiendo que muchos procesos entrarían en un momento de desgaste, pero vendrían otros procesos que se suman, por ejemplo están los demás procesos de la Cumbre Agraria, el movimiento sindical, dignidades agropecuarias, entre otros, que estamos apostándole hacia ese marco del 25 de abril para hacer una acción nacional que hemos llamado “Refugio Humanitario”.


da. ¿Quiere decir que en el marco de la Minga Nacional el movimiento campesino no saldría con toda su fuerza?


JM. Lo que hemos conversado con los indígenas es que vamos a acompañar y nos solidarizamos con el escenario de Minga, y si hay posibilidades en algunas regiones de sumarnos pues no nos negamos a eso, pero nosotros tenemos el impulso para continuar en ese ejercicio de movilización hacia finales de abril, para llevar ese escalonamiento de las jornadas de movilización. Sobre esa base vamos moviéndonos, aunque vamos haciendo lecturas conjuntas de acuerdo a como avance la coyuntura y todo el escenario de movilización.


da. En los puntos que plantea la Minga se articulan múltiples agendas, por ejemplo, puede verse desde exigencias por la implementación del acuerdo con las Farc hasta la exigencia por el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, ¿Hasta donde creen está dispuesto a llegar el movimiento indígena para hacer cumplir las reivindicaciones de los otros sectores?


JM. Bueno, eso es un poco lo que le planteaba, es decir, tenemos una agenda de país en la cual todos estamos de acuerdo, pero por distintas visiones políticas, distintas apuestas, no logramos encontrar un escenario de movilización, pero entendemos que todos compartimos casi que los mismos criterios políticos. Entonces, sobre esa base creemos que es importante recoger todos esos escenarios y hemos visto que el Cric y la Onic siempre han estado abiertos a invitar a que el movimiento social acompañe sus movilizaciones y, por ejemplo, esta vez en el suroccidente del país están movilizados el Congreso de los pueblos-CNA, Marcha Patriótica, Fensuagro, Pupsoc y otros movimientos campesinos que se han articulado a esa agenda del movimiento indígena, lo que favorece el fortalecimiento de la movilización y de la misma estructura de unidad. Entonces, sobre esa base estamos mirando el escenario nacional, cómo convergemos en líneas políticas, pero entendiendo que la movilización va a ser escalonada.

da. Teniendo en cuenta la lógica de incumplimientos a los acuerdos firmados con organizaciones y con la misma implementación de los acuerdos con las Farc, el conjunto del movimiento social se encuentra en un espiral de negociación-movilización-incumplimiento-movilización-renegociación, ¿cómo se puede negociar de una manera diferente con este Gobierno, sin volver a caer en lo mismo?


JM. Digamos que los acuerdos que se han firmado desde el movimiento estudiantil, sindicatos, Cumbre Agraria, movimiento indígena, afros, camioneros, entre otros sectores, son valorados como algo no valido por parte del gobierno Duque; entonces, sobre esa base creemos que es a través de la movilización permanente con las cuales podremos obligar al Gobierno a que cumpla lo acordado.


Por ejemplo, con la Cumbre Agraria tuvimos un primer escenario de sentarnos con la ministra del Interior, e hicimos una agenda para volver al escenario de negociación en la Mesa Única Nacional, pero no podemos volver a caer en esa discusión técnica, sino que entendemos que debemos dar una discusión más de fondo y más política, pero es a través de la calle y la organización social que podemos avanzar en esos procesos de negociación.


No vemos otra forma de realizar lo acordado; el gobierno ha mostrado poca voluntad y además a mostrado su talante guerrerista, entonces estigmatiza, criminaliza la protesta, da un tratamiento militar a la movilización. Ante esta realidad es que nosotros decidimos fortalecer nuestros procesos organizativos, fortalecer la movilización social permanente, y también generar mecanismos de autoprotección, por lo cual avanzamos en los temas de guardias campesinas, indígenas y cimarronas, como mecanismo de protección y defensa de los territorios.


Pero también hacemos una reflexión: que si bien desde lo político y lo reivindicativo tenemos unas agendas y mecanismos de negociación con el gobierno, nuestra apuesta, desde nuestra visión de poder, va mucho más allá. Entonces, sobre esa base, estamos reflexionando en cómo avanzar en el fortalecimiento de nuestros gobiernos propios en los territorios y así consolidar nuestra propuesta de país desde nuestras visiones, que van más allá de seguir en el ciclo de movilización y generar negociaciones.

 

Publicado enColombia
La luz verde de Trump a Israel: primero los Altos del Golán, ¿luego Cisjordania?

Cuando el presidente Donald Trump mudó la embajada de Estados Unidos al Jerusalén ocupado el año pasado, saboteando así cualquier esperanza de establecer un Estado palestino viable, hizo saltar en pedazos el libro de normas internacionales.

 La semana pasada se dedicó a pisotear las páginas destrozadas. Lo hizo, por supuesto, vía Twitter.

En referencia a una larga franja de territorio sirio que Israel anexó en 1967, Trump escribió: “Después de 52 años, es hora de que Estados Unidos reconozca la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, algo de importancia estratégica crítica para el Estado de Israel y la estabilidad regional”.


Israel expulsó a 130 mil sirios de los Altos del Golán en 1967, durante la guerra de los Seis Días, y catorce años después anexó el territorio –en violación del derecho internacional–. Una pequeña población de drusos sirios es la única sobreviviente de esa operación de limpieza étnica.


Replicando sus actuaciones ilegales en los territorios palestinos ocupados, Israel inmediatamente estableció colonos judíos y emprendimientos comerciales en el Golán.
Hasta ahora, ningún país había reconocido ese acto de pillaje. En 1981, los miembros de la Onu, incluido Estados Unidos, declararon “nulos” los esfuerzos israelíes por cambiar el estatus del Golán.


En los últimos meses, sin embargo, el primer ministro israelí, Biniamin Netaniahu, comenzó a intensificar los esfuerzos para destruir ese consenso y ganar para su causa al único superpoder mundial.


Fue movido a actuar cuando Bashar Al Assad –con la ayuda de Rusia– empezó a revertir de forma decisiva las pérdidas territoriales sufridas por el gobierno de Siria durante la guerra que afecta a ese país desde hace ocho años.


Los combates atrajeron a una multitud de otros actores. El propio Israel usó el Golán como base desde la que lanzar operaciones encubiertas para asistir a los oponentes de Assad en el sur de Siria, incluyendo a combatientes del Estado Islámico. Irán y la milicia libanesa Hizbolá, entretanto, intentaron limitar el margen de maniobra de Israel actuando en nombre del líder sirio.


La presencia cercana de Irán fue el pretexto usado por Netaniahu para que Israel tomara posesión permanente de la zona, calificándola como una barrera vital contra los esfuerzos iraníes en pos de “usar Siria como una plataforma para destruir Israel”.


Previamente, cuando Assad perdía terreno frente a sus enemigos, el líder israelí hizo un alegato diferente. Entonces, sostuvo que Siria se estaba rompiendo en pedazos y que su presidente nunca estaría en posición de reclamar el Golán.


La actual racionalización de Netaniahu no es más persuasiva que la anterior. Rusia y la Onu ya han avanzado en reestablecer una zona desmilitarizada en el lado sirio de la línea de separación. Esto impediría que fuerzas iraníes puedan desplegarse en los Altos del Golán.


A pesar de ello, en una reunión entre Netaniahu y Trump en Washington este lunes, el presidente estadounidense convirtió su twit en una orden ejecutiva.


El momento elegido es significativo. Se trata de otro vulgar intento de Trump de intervenir en las elecciones israelíes, fijadas para el 9 de abril. Esto proveerá a Netaniahu de un gran incentivo en momentos en que enfrenta acusaciones de corrupción y una amenaza creíble desde un partido rival, Azul y Blanco, encabezado por ex generales del ejército.
Netaniahu apenas pudo contener su alegría tras el twit de Trump, y al parecer lo llamó para decirle: “¡Hiciste historia!”.


Pero, en verdad, no se trató de un capricho. Israel y Washington han estado apuntando en esta dirección desde hace tiempo.


En Israel, hay un entendimiento multipartidario para quedarse con el Golán.


Michael Oren, ex embajador israelí en Estados Unidos y confidente de Netaniahu, lanzó formalmente el año pasado un plan para cuadruplicar la cantidad de colonos en la zona y llevarla hasta 100 mil en el plazo de una década.


El Departamento de Estado dio su aparente aprobación el mes pasado, cuando incluyó los Altos del Golán dentro de la sección dedicada a Israel en su reporte anual de derechos humanos.


Este mes, el senador republicano Lindsey Graham hizo una gira por el Golán en un helicóptero militar israelí, junto a Netaniahu y David Friedman, el embajador de Trump en Israel. Graham dijo que él y el senador Ted Cruz intentarían convencer al presidente de Estados Unidos para que cambiara el estatus del territorio.


Mientras tanto, Trump no ha escondido su desdén por el derecho internacional. Este mes, sus funcionarios prohibieron la entrada a Estados Unidos a personal de la Corte Penal Internacional (Cpi) con sede en La Haya, que investigan crímenes de guerra estadounidenses en Afganistán.


La Cpi se ha visto enemistada tanto con Washington como con Israel tras sus iniciales y exiguos intentos de hacerles rendir cuentas.


Sea cual sea la versión de Netaniahu acerca de la necesidad de evitar una amenaza iraní, Israel tiene otras razones, más concretas, para quedarse con el Golán.


El territorio es rico en recursos hídricos y provee a Israel de un control decisivo sobre el Mar de Galilea, un gran lago de agua dulce de crucial importancia en una región que enfrenta grandes problemas con el agua.


Los 1.200 quilómetros cuadrados de tierra robada son explotados a destajo, desde florecientes viñedos y huertos de manzanas hasta una industria turística que, en invierno, incluye las laderas cubiertas de nieve del monte Hermón.


Según indica la organización israelí de derechos humanos Who Profits, en un informe de este mes, compañías israelíes y estadounidenses también están estableciendo parques eólicos comerciales para vender electricidad.


Además, Israel ha estado cooperando silenciosamente con el gigante energético estadounidense Genie para explorar potenciales reservas de petróleo bajo el Golán. El asesor y yerno de Trump, Jared Kushner, tiene inversiones familiares en Genie. Pero extraer el petróleo será difícil, a menos que Israel pueda argumentar de forma plausible que tiene soberanía sobre el territorio.


Por décadas, Estados Unidos había presionado regularmente a Israel para que entrara en conversaciones de paz con Siria, tanto a nivel público como secreto. Hace sólo tres años, Barack Obama apoyó una reprimenda del Consejo de Seguridad de la Onu a Netaniahu por afirmar que Israel nunca renunciaría al Golán.
Ahora Trump ha dado luz verde a Israel para que se aferre a él de forma permanente.


Pero, diga lo que diga, la decisión no traerá seguridad para Israel ni estabilidad regional. De hecho, convierte en un sinsentido el “acuerdo del siglo” de Trump –un plan de paz regional largamente demorado para poner fin al conflicto israelí-palestino que, según los rumores, podría develarse poco después de las elecciones en Israel.


En cambio, el reconocimiento de Estados Unidos será visto como una bendición por la derecha israelí, que clama por anexar vastas áreas de Cisjordania, lo que pondría el clavo final en el ataúd de la solución de los dos estados.


La derecha de Israel puede argumentar: “Si Trump ha dado su consentimiento para nuestra apropiación ilegal del Golán, ¿por qué no también para nuestro robo de Cisjordania?”.


(Tomado de Counterpunch.org, por convenio.)

Por Jonathan Cook
29 marzo, 2019

Publicado enInternacional
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