La India es el peón 'nazi' en la escalada de EEUU contra China

El reciente enfrentamiento militar entre la India y China en la región fronteriza de Ladakh (Cachemira), en el que murieron 20 soldados indios, debe ser analizado desde un punto de vista estratégico más que militar.

 

Si el análisis se circunscribiera a este aspecto, el balance de fuerzas no deja lugar a dudas: China es capaz de derrotar a la India, como lo hizo en la breve guerra de 1962.

El principal foco del conflicto es la carretera china NH 219 que une Xinjiang y Tibet atravesando la región denominada Aksai Chin, un enclave estratégico entre China, India y Pakistán que reclama Nueva Delhi, pero forma parte de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang para Pekín.

Una región desolada y despoblada de 37.000 kilómetros cuadrados de pedregales desiertos a una altitud mínima de 4.300 metros fue la causa de una guerra hace medio siglo y de las confrontaciones actuales, no por sus riquezas sino por su valor geopolítico.

Cachemira es el punto de fricción entre las dos naciones más pobladas del planeta y además con Pakistán, que mantiene un largo litigio con la India desde su separación en 1947. Entre los tres países reúnen el 40% de la población mundial en una región como Eurasia, en disputa estratégica entre Occidente (EEUU y sus aliados) y la alianza China-Rusia.

Cachemira es la única región de mayoría musulmana que no se integró a Pakistán cuando fue la partición, quedando en manos de la India. Es un punto tan conflictivo en las relaciones sino-hindúes, que mereció un duro editorial de Global Times el 21 junio. "India estará más humillada que después del conflicto fronterizo de 1962 con China".

No es, por cierto, el lenguaje habitual en los medios oficialistas chinos. Global Times llama al gobierno de Narendra Modi a "enfriar el nacionalismo" anti-chino que estos días barre la India y le recuerda que la brecha militar y económica entre ambas naciones es cinco veces mayor que en 1962.

"Intentar aventuras militares en esa área es pedir que se vuelvan a humillar en una escala cinco veces cinco veces mayor que en 1962", concluye el rotativo. Agrega que si hubiera una guerra, India sufrirá "un retroceso de décadas en su economía y su posición global".

Las relaciones se deterioraron abruptamente en agosto pasado, cuando India decidió acabar con la autonomía limitada de Jammu y Cachemira y redibujar el mapa de la región, una decisión duramente criticada por Pekín. De ese modo India creó una nueva región administrativa, Ladakh, que incluye Aksai Chin, el área que India reclama pero que controla China.

Un factor adicional de tensiones es la desconfianza de India ante la alianza de China y Pakistán, y la sospecha de Nueva Delhi de que Pekín ayudó a Islamabad a adquirir tecnología nuclear. China ha invertido alrededor de 60.000 millones de dólares en infraestructura en el corredor económico China-Pakistán, que parte de la Nueva Ruta de la Seda impulsada por el Dragón.

Para China el corredor es decisivo para la conexión con el puerto pakistaní de Gwadar, en la entrada al Mar Arábigo. Para India es un riesgo ya que la operativa china en ese puerto puede ser usada para apoyar las operaciones navales cerca de sus costas.

El ex diplomático indio M. K. Bhadrakumar sostiene que el conflicto sino-hindú comenzó con "la firma del tratado nuclear entre EEUU e India en 2008, cuando la relación entre Washington y Nueva Delhi experimentó una transformación histórica y la doctrina de la 'interoperabilida' con el ejército estadounidense comenzó a impregnar subrepticiamente el cálculo estratégico indio".

A partir de ese momento, escribe el diplomático, "la política exterior de la India quedó atada a la de EEUU". Entre las elites indias, arrasadas por un fervor nacionalista, existe la convicción de que el país puede derrotar a su adversario.

"Es una creencia delirante", sostiene Bhadrakumar, ya que China es una superpotencia que "ha modernizado fenomenalmente sus fuerzas armadas con tecnologías que tienen un efecto multiplicador de fuerza que está mucho más allá de la capacidad de la India".

En este clima, la abrogación del artículo 370 de la Constitución india para cambiar el estatuto de Jammu y Chachemira, fue una "línea roja" que Nueva Delhi se decidió a cruzar sin escuchar las quejas de Pekín. Autoridades indias declararon que "algún día" van a recuperar Aksai Chin, arrebatándole el control a China.

El análisis de Roy es más duro aún, al detenerse en la razones políticas y culturales de lo que denomina como "ascenso del nazismo hindú". Sostiene que el RSS (Rashtriya  SwayamsevakSangh), fundado en 1925, es "la nave nodriza del gobernante Partido Bharatiya Janata", influenciado "por el fascismo alemán e italiano".

Los miembros del RSS compararon a los 200 millones de musulmanes de la India "con los judíos de Alemania, y creyeron que los musulmanes no tienen lugar en la India hindú". Agrega que el RSS "tiene 57.000 shakhas (sucursales) en todo el país y una milicia armada y decidida de más de 600.000 voluntarios". Tiene además enorme influencia en las Fuerzas Armadas.

El primer ministro Modi fue miembro del RSS desde niño. En julio de 2013, un periodista de Reuters le preguntó si lamentaba el pogromo de 2002 en Gujarat, donde 2.500 personas, casi todas musulmanas, fueron asesinadas a plena luz del día y las mujeres violadas en grupo en las calles. "Respondió que lamentaría incluso la muerte de un perro si accidentalmente terminaba bajo las ruedas de su automóvil", escribe una indignada Roy.

Siete millones de personas habitan el valle de Cachemira, "un gran número de las cuales no desean ser ciudadanos de la India y han luchado durante décadas por su derecho a la autodeterminación, están encerradas bajo un asedio digital y la ocupación militar más densa en el mundo", denuncia Roy.

Con el régimen de Modi, "los musulmanes indios han sido privados de sus derechos y se están convirtiendo en las personas más vulnerables: una comunidad sin representación política, sin voz".

Tres consideraciones

  1. Los medios occidentales no se molestan en informar sobre la deriva ultraderechista de la India, aliada de los EEUU, mientras denuncian la persecución china de los musulmanes de Xinjiang.
  2. La ofensiva de la India en la frontera con China, sumada a la anexión de Cachemira y Jammu y la persecución de los musulmanes, dibuja un panorama irritante para Pekín, que observa cómo se cierra un cerco desde Japón, el mar del Sur de China y Taiwán, hasta el océano Índico y la India continental.
  3. El tono fuerte de los medios chinos y del Gobierno parecen más que justificados ante esta tremenda situación. El más reciente editorial de Global Times arremeta contra el nacionalismo hindú y advierte: "La mayoría de las armas avanzadas de China se fabrican en el país, pero todas las armas avanzadas de la India se importan".
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Foto: Un hombre protesta por los planes israelíes de anexar franjas de tierra de Cisjordania que dejarían a los palestinos en las zonas afectadas sin ciudadanía. Imágenes de Shadi Jarar’ah APA

Es -en las famosas palabras de posiblemente el mejor entrenador de fútbol de todos los tiempos- «el momento culminante» para el mundo sobre la situación de Palestina.

En julio el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu, prometió comenzar a aprovechar lo que describió descaradamente como una «oportunidad histórica»: la anexión formal por parte de Israel de grandes extensiones de la Cisjordania ocupada.

El ejército israelí está comenzando sus preparativos mientras los colonos israelíes están enojados porque la anexión propuesta no llegará lo suficientemente lejos.

Ante una intención tan obvia, varios países, políticos y actores internacionales elevaron sus protestas. Gran Bretaña «no apoyará» la anexión y Francia, Bélgica, Luxemburgo e Irlanda han propuesto medidas económicas punitivas en respuesta.

Joe Biden, el presunto candidato presidencial demócrata de Estados Unidos, quiere presionar a Israel para que no tome ninguna medida «que haga imposible una solución de dos estados».

Jordania ha protestado fuertemente y los países del Golfo también han dado la voz de alarma. La anexión sería un «serio revés para el proceso de paz», según el ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Anwar Gargash.

Arabia Saudita ha hecho protestas similares.

Nickolay Mladenov, Coordinador Especial para el Proceso de Paz de Oriente Medio nombrado por la ONU, ha instado a Israel a «abandonar las amenazas de anexión», lo que, advirtió, si se llevara a cabo, sería una violación «muy grave» del derecho internacional.

Todo enunciados

Con China «profundamente preocupada«, Rusia se opone enérgicamente e incluso el Vaticano advierte contra la anexión, parece haber un bloque sólido de oposición global a los planes de Israel.

¿Entonces? Nada de eso está disuadiendo a Israel, ya que comienzan a surgir planes cada vez más detallados de la anexión.

El Gobierno israelí ha sido bastante sincero con respecto a que los palestinos que viven en las áreas que anexará -cree que es el 30 por ciento de lo que queda de Cisjordania (fuera de Jerusalén Oriental), que incluye grandes bloques de colonias y el Valle del Jordán- no recibirán la ciudadanía y seguirán soportando derechos y estatus civiles de segunda o tercera clase.

Israel también se mantendrá alejado de las ciudades y otros centros importantes de población palestina, dejando algunos de ellos completamente rodeados de lo que se convertiría en territorio soberano israelí.

Israel confía y es abierto sobre sus planes porque goza del apoyo de Washington. Los funcionarios israelíes han dejado claro que la anexión seguirá el esquema del llamado plan de paz de Trump, llamado así por el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, ideado por su yerno Jared Kushner y en realidad escrito, según algunos derechistas israelíes por Netanyahu.

A Israel solo le importa la opinión de Estados Unidos. Y si la opinión de los Estados Unidos cambia, como sugieren algunos informes, entonces eso podría retrasar la anexión.

Pero la anexión no es una invención repentina de Trump o Netanyahu. Ha sido la intención de Israel desde que ocupó Cisjordania en 1967, y posiblemente antes, y la Administración de Trump simplemente está proporcionando un camino claro, a diferencia de las administraciones estadounidenses anteriores que sostenían la anexión progresiva.

Fin de un paradigma

El proceso de paz patrocinado por Estados Unidos que siguió a la firma de los acuerdos de Oslo en 1993 siempre fue realmente un debate entre los partidarios de Israel y los líderes estadounidenses e israelíes. La cuestión en debate era de cuánta tierra se apropiaría Israel y en qué circunstancias.

Los funcionarios de la Autoridad Palestina continúan manteniendo la esperanza, al menos en público, de que la ayuda está disponible en otros lugares. El jefe de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ha exigido una y otra vez un proceso de paz liderado internacionalmente para reemplazar el dominado por Estados Unidos.

Pero los países europeos no intervendrán. Francia y otros pueden hablar de medidas punitivas, pero para que la UE actúe colectivamente los 27 países miembros deben estar a bordo. Los aliados de Israel como Hungría y la República Checa podrían bloquear incluso las discusiones preparatorias sobre sanciones y, por lo tanto, evitar a los aliados más grandes como Alemania, que públicamente afirman apoyar el derecho internacional, cualquier malestar por tener que proteger las violaciones de Israel.

El Reino Unido, que regaló Palestina, puede decir que considera una anexión adicional una violación del derecho internacional, pero tampoco va a tomar ninguna medida. A Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido, se le han ofrecido varias oportunidades para exponer cómo defenderá el Reino Unido el derecho internacional, pero se ha negado a ofrecer algún detalle.

Rusia y China están ocupadas con sus propias esferas de influencia y los países árabes, desde Jordania hasta el Golfo, dependen demasiado del apoyo militar de los EE.UU. como para salirse demasiado de la línea.

Todos estos países tienen las nalgas apretadas, ya que el final del paradigma de Oslo pone de relieve su impotencia sobre Israel.

Los palestinos tienen que valerse por sí mismos. Los funcionarios palestinos saben dónde sopla el viento, pero en privado expresan su temor de que abandonar la AP, como lo exigiría el fin del paradigma de Oslo, socavaría la posibilidad de un liderazgo palestino unificado.

Sin una AP, el argumento es que Israel es libre de dividir a los palestinos al empoderar a los hombres fuertes locales en lugares separados para mantener el orden a cambio de intereses personales estrechos y la capacidad de repartir favores por lealtad, básicamente asumiendo el papel que la AP, a regañadientes o de otra manera, ha jugado hasta ahora.

Pero ese es el futuro que los palestinos deben enfrentar, divididos como ya están. Dichas tácticas municipales, además, en última instancia no son sostenibles para Israel, que, para garantizar una «victoria» absoluta, tendrá que participar en otra ronda de limpieza étnica masiva que supere la de 1947-49.

Israel puede o no tener esa apetencia. Para los palestinos cualquier liderazgo, existente o emergente, que quiera unificar e inspirar a su gente debe comenzar por reconocer que las viejas formas no sirvieron.

Una lucha vieja y nueva lucha enfrenta a los palestinos, una que comienza con mantener a las personas en su tierra y que debe terminar con una lucha por la libertad y la afirmación de los derechos nacionales en una Palestina completa.

Omar Karmi es excorresponsal de Jerusalén y Washington, DC, para el periódico The National.

Por Omar Karmi | 22/06/2020

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Fuente: https://electronicintifada.net/content/world-abandons-palestinians-eve-annexation/30381

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Cien millones de personas tuvieron que abandonar su hogar en la última década

Cada vez más personas deben de abandonar sus hogares a la fuerza mientras que son siempre menos quienes logran retornar. Una vez más, ACNUR ilustra cómo la mayoría de las personas refugiadas lo está en países en desarrollo, muchas veces limítrofes y con penurias alimentarias que complican su situación.

Las cifras que la Agencia de Naciones Unidas para las Personas Refugiadas (ACNUR) publica en suInforme anual de tendencias globalesmuestran un 2019 donde el desplazamiento de seres humanos alcanzó un record: 1 de cada 97 habitantes del planeta estaría desplazado. Por otro lado, resulta cada vez más dificil para quienes tuvieron que irse a la fuerza regresar.

La cifra total de personas desplazadas, 79,5 millones, prácticamente duplica la registrada hace una década. Según la descripción que brinda ACNUR, estas personas tuvieron que dejar sus hogares tras sufrir persecución como consecuencia de “conflicto, violencia, violaciones a los derechos humanos o eventos que alteraron gravemente el orden público”. Situaciones que afectan en gran medida a los menores, que sumarían según las estadísticas de la agencia de la ONU entre 30 y 34 millones, un 40% del total de personas desplazadas.

La mayor parte de estos casi 80 millones de seres humanos están desplazados dentro de su propio país: 45,7 millones. 26 millones son refugiados, una parte de ellos bajo el paraguas de las agencias de la ONU, 20,4 millones bajo el mismo ACNUR, y 5,6 millones de refugiados palestinos lo estarían bajo el mandato de la Agencia de Nacionas Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA).

Al margen de los miedos europeos y la securitización de las fronteras, las personas refugiadas llegan y se establecen fundamentalmente en países en desarrollo. El 85% de ellos se hallan en países de estas características, mientras que el 27% se encuentran de hecho en lo que el ACNUR considera como “países menos desarrollados”. En muchos casos el país de acogida es el estado vecino: sucede en el 73% de lo casos.

Preocupa en la agencia la dificultad cada vez mayor para el retorno de estas personas desplazadas y refugiadas. Son pocos los que consiguen volver, la mayoría desplazados internos: de los 5,6 millones que pudieron retornar en 2019, poco más de 300.000 habían llegado a salir del país.

De las personas que dejaron su país 4,2 millones han obtenido asilo. Durante el 2019 se presentaron dos millones de demandas de asilo. La mayoría en Estados Unidos, superando las 300.000, seguido de cerca por Perú con 259.000 demandas. En Europa, Alemania encabeza los países que reciben solicitantes de asilo, con 142.500, detrás va Francia con 123.900 y finalmente España con 118.300.

Venezuela se sitúa como segundo país de origen de desplazados, solo después de Siria, este último con 6,6 millones de nacionales fuera del país. La contabilización de las personas venezolanas se realiza aparte en el informe, irrumpiendo en los gráficos de manera desagregada por primera vez en 2019. Tras Venezuela, Afganistán (2,7 millones), Sudán del Sur (2,2 millones) y Myanmmar (1,1 millones), tres países que arrastran largos conflictos, completan el grupo de los cinco de donde proviene el 68% de las personas refugiadas.

Respecto a la acogida de migrantes, Turquía, limítrofe con Siria, va muy por delante en cuanto a refugiados viviendo en su territorio: 3,6 millones, el doble de Colombia, limítrofe con Venezuela y que recibió 1,8 millones. Pakistán, que comparte su mayor frontera con Pakistán recibió 1,4 millones de refugiados afganos mientras que Uganda, también limítrofe con Sudán del Sur, acoge a otros 1,4 millones de sus ciudadanos. Solo en quinto lugar aparece un país europeo, Alemania, con su 1,1 millones de refugiados.

En diez años, la década que arrancó en 2010, al menos 100 millones de personas fueron expulsadas de sus hogares. 16,5 millones solicitaron asilo y este se pidió para 400.000 niños que viajaban solos. 20 millones de personas fueron reconocidas con derechos de asilo, pero solo un cuarto de ellas accedió a protección internacional. Casi ocho de cada diez desplazados lo estaban dentro de sus países.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas, Filippo Grandi, apunta en el informe su preocupación por el hecho de que los desplazamientos se estén alargando en el tiempo. Una larga lista de conflictos activos en esta década está en el origen de este gran aumento en el número de desplazados: la persistencia de las guerras de Yemen y Siria, así como los conflictos en el Sahel, Burkina Faso o la República Democrática del Congo, empujan a miles de personas a abandonar sus tierras.

Inquieta además la creciente dificultad para el retorno de quienes se han vito obligados a marchar. Si en la década de los 90 la media de quienes volvían anualmente era de 1,5 millones, desde el 2010, la cifra es mucho menor, solo 390.000 lo consiguen cada año. Y no es porque vivan bien en los campos de acogida, muchos y muchas de ellos no se encuentran a salvo en su desplazamiento: ocho de cada diez personas desplazadas en el mundo están viviendo en estados afectados por inseguridad alimentaria y malnutrición, y en muchos casos sujetos a riesgo climático.

En su informe, ACNUR llama a los Estados a “que hagan un mayor esfuerzo por ofrecer un hogar para millones de refugiados y otras personas desplazadas por los conflictos, la persecución u otros eventos que perturban gravemente el orden público”. La organización recuerda además el compromiso de Desarrollo Sostenible de 2030 de “no dejar a nadie atrás” en el que ahora se incluyen explícitamente a las personas refugiadas.

ESPAÑA

España figura entre los cinco primeros países en los que se pide asilo, con 118.300 solicitudes en 2019. Un récord, según señala la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). La respuesta ha sido una disminución radical al menos en términos relativos de la concesión de asilo: solo un 5,2% de solicitantes resultan favorables. Este mínimo porcentaje supone una variación notable frente a los años precedentes, casi una de cada cuatro solicitudes fueron aceptadas el año anterior. Está además muy por debajo de la media europea, del 31%. Fuera del asilo se concedieron 40.000 permisos por razones humanitarias, una gran mayoría a personas venezolanas.

CEAR es crítica con la labor de España: señala las devoluciones en caliente en la frontera sur; las trabas a la reagrupación familiar; o la petición de visados de tránsito a quienes proceden de países en conflicto como Siria, Palestina o Yemen, país este último a cuyas peticiones, una vez en territorio español, son resueltas positivamente, pero a quienes les dificulta la llegada al país, exponiéndoles al tráfico de migrantes.

Por otro lado, los retrasos en la tramitación de la petición de asilo generan gran inseguridad a quienes solicitan protección, por no hablar de lo que supone la denegación del proceso de petición de asilo en la frontera sur. La reapertura de la ruta atlántica hacia Canarias, donde las llegadas se multiplicaron desde finales de 2019, es otro motivo de preocupación, dada la peligrosidad del camino. Las centros donde se les recibe están en muy mal estado sin contar con medidas higiénicas ni espacios. Además, son pocos los trasladados a la península.

Dada la situación descrita, CEAR apunta a la necesidad de trabajar en conjunto y llama a un nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo que amplíe derechos y vaya hacia un sistema común.

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¿Edwin Dagua, autoridad indígena de Huellas Caloto asesinado en vano?

"¿Cuál es el direccionamiento de nuestras autoridades a la guardia indígena frente a grupos armados?"

Los Kiwe Thegnas (Guardias Indígenas) se han pronunciando con dolor, valentía y frustración a partir de la Audiencia de juzgamiento y armonización realizada ayer 16 de junio de 2020, en el resguardo indígena de Huellas Caloto. Acá compartimos esa reacción y sus preguntas, así como la noticia de Comunicaciones CRIC al respecto.

Dados los hechos a partir de la captura de 7 personas que confiesan su participación en el asesinato de un comunero de Huellas;
Dado el transcurrir y los resultados de la audiencia mencionada;
Dados los hechos graves que se suman a muchos otros que se vienen presentando en diversos territorios indígenas del Cauca;
¿Podría asumirse que la guardia indígena y quienes arriesgan y entregan sus vidas en defensa del territorio, del proceso organizativo y de sus comunidades -haciéndole frente a la ocupación delincuencial, del narcotráfico y de toda clase de actores armados y no armados vinculados al despojo-; estarían siendo un estorbo a negociaciones y acuerdos entre algunas autoridades indígenas y estos actores que causan desarmonía, terror y muerte?

¿Cómo es posible que las armas con las que se intimida, amenaza, somete y asesina sean ofrecidas y entregadas a un tercero como prenda para convocar un diálogo con estos actores armados?

¿Si el diálogo se iniciara, les devolverían las armas con las que delinquen y asesinan?

Brilló por su ausencia durante la audiencia, un verdadero análisis de contexto que, sin lugar a dudas, tendría que empezar por la guerra en la que se está sumiendo el territorio y que tiene como telón de fondo el narcotráfico. Es, para decir lo menos, sorprendente que estos asuntos no se hayan abordado. Sin este análisis resulta incomprensible el accionar de los asesinos en estos territorios ancestrales:

¿Cuáles son las razones o intereses detrás de que estos temas de fondo no se aborden? ¿cuáles son las razones para que el CRIC no tenga una posición política clara frente al narcotráfico como la reclamó en su momento Sath Tama Kiwe?.

Ante estos y otros hechos, es obvio asumir que si las comunidades organizadas, el proceso como un todo incluidas sus autoridades a partir de mandatos asamblearios no asume con la guardia la defensa digna y consciente de sus territorios y lucha ancestral, el resultado inminente es la consolidación de la ocupación y reclutamiento a sangre y fuego de estos territorios y luchas por parte de actores armados al servicio del negocio y de la política integral del narcotráfico. Las preguntas que hacen y se hacen los Kiwe Thegnas no pueden ser ignoradas en esta hora de vida o muerte para una de las luchas más ejemplares, sabias y valientes de las y los hijos de la Madre Tierra. No es un Problema de indígenas en el Cauca. Si este proceso cae, ¿qué puede esperarse del resto del país? ¡Así No! ¡Ya Basta! Pueblos en Camino

 


 

El futuro de los Kiwe Thegnas frente al control territorial en el norte del Cauca

 

Con profundo dolor, tristeza, temor, indignación, preocupación e incertidumbre compartimos la palabra de Lxs Kiwe Thegnas de Huellas Caloto. Aquí preguntas concretas de las cuales depende la vida misma en los territorios

 

Se llevó a cabo la asamblea extraordinaria en el resguardo indígena de Huellas Caloto con los 7 disidentes de las FARC EP, columna móvil delincuencial Dagoberto Ramos, dando un veredicto final de: tres (3) disidentes condenados a patio prestado y cuatro (4) de ellos entregados a sus familias para que sigan matando guardias y autoridades.

 

Hoy surge una gran preocupación dentro del ejercicio de guardia indígena y nos hacemos las siguientes preguntas:

 

¿Cuál es el direccionamiento de nuestras autoridades a la guardia indígena frente a grupos armados?

 

¿Hay que dejar las armas para luego canjearlos con guardias y autoridades que detengan?

 

¿En dónde queda la muerte del gobernador Satwesx, EDWIN DAGUA IPIA, asesinado por el mismo grupo en el mismo resguardo?

 

¿Dónde queda la muerte de los 11 guardias asesinados y de la Autoridad Neejwesx Cristina Bautista?

 

¿Por qué no se destruyen las armas?

 

¿Será que están llegando a acuerdos con los delincuentes, mientras la guardia da su vida por un territorio libre de actores armados?

 

Hoy queremos hacer reflexión porque todo se ha convertido en protagonismo, hablan duro los mediadores políticos de control territorial pero ¿será que ellos son los que recorren el territorio o mandan a los más bobos a la guerra para que mueran por ellos?.

 

Lo argumentamos porque todas las acciones que se realizan en el marco del control territorial las realiza la guardia indígena pero no se les tiene en cuenta para nada, –les da lo mismo el guardia que piensa, que siente, que quiere, y que opina.

 

Hoy caímos en la estrategia del gobierno cuando decía que no había necesidad de gastar un tiro en un indígena porque ellos solos se acabarían, y hoy vemos que ese dicho se está haciendo realidad.

 

Hoy desde el posicionamiento del sentir y el actuar de la guardia indígena le decimos a los grupos armados que nuestra lucha continuará contra subestructura delincuencial, porque la muerte de nuestros compañeros guardia y nuestras autoridades no quedarán en vano. Si en verdad piensan en la defensa del pueblo, es hora que empiecen a reflexionar y a pensar si es conveniente seguirnos matando porque estamos dispuestos, nuestro territorio lo tiene que gobernar nuestras comunidades, NO los grupos armados así nuestros líderes continúen cargando sillas para el guadual a negociar.

 

Como guerreros milenarios NO estamos en contra de nuestras autoridades, al contrario los apoyamos y base sus orientaciones tratamos de llevar el control territorial, pero si estamos en contra del direccionamiento que les dan, hoy hablan duro los asesores, pero no son ellos los que enfrentan el control territorial.

 

A las comunidades y familias debemos sentarnos a reflexionar para ¿dónde va esta situación?

 

¿Quién estará ganando esta lucha milenaria?

 

¿La guardia, los grupos armados, la fuerza pública, ACIN, el CRIC, la ONIC? ¿O EL GOBIERNO?…… somos nosotros los que vivimos y sufrimos a diario la guerra, las muertes, amenazas y señalamientos, por lo tanto somos nosotros los que conjuntamente debemos plantear la ruta del buen vivir de nuestros hijos e hijas.

 

Somos guerreros milenarios”

Kiwe Thegnas Huellas Caloto

Junio 17 de 2020

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Jueves, 18 Junio 2020 05:51

Asia, un polvorín

Soldados del Ejército indio descansan junto a una batería de artillería las armas de artillería en un campamento cerca de Baltal, al sureste de Srinagar, en el valle de Cachemira. REUTERS/Stringer

Reavivamiento de las tensiones en la península coreana, escaramuzas en la frontera entre India y China con resultado de muertos entre los ejércitos de ambos países, aviones militares chinos y estadounidenses sobrevolando el espacio aéreo de Taiwán, tensiones entre China, Taiwán y Japón tras choques entre barcos pesqueros y destructores y decisiones de redenominación de las islas Diaoyu/Senkaku en Taiwán y Japón, peligrosas subidas de tono entre Taipéi y Beijing con crecientes interferencias atizadoras por parte de EEUU, interminables pugnas en el Mar de China meridional, inesperada renovación de la alianza militar de Filipinas con EEUU… Y el SIPRI alertando del incremento del poder nuclear en Asia, con varias potencias nucleares en liza (China, India, Pakistán y Corea del Norte)…

Todos estos trazos indican puntos calientes y factores de riesgo que advierten con toda claridad de que si bien el poder económico gira hacia Asia, su estabilidad en materia de seguridad presenta déficits graves. La eclosión de todas estas tensiones se produce en un contexto marcado por la voluntad china, referencial en la inmensa mayoría de todas estas crisis, de culminar este año las negociaciones para la Asociación Económica Integral Regional, conocida como RCEP por sus siglas en inglés, y también el acuerdo de libre comercio con Corea del Sur y Japón. De confirmarse ambas propuestas, serían un revulsivo con potencial suficiente para promover una nueva espiral de crecimiento económico en la región.

Aunque todos los diferendos citados se encuentran, por lo general, bajo control, a nadie escapa que los sobresaltos son posibles y que algunos podrían desbordarse especialmente en un momento como el actual, cuando la crisis económica y el riesgo de recesión, con sus devastadores efectos sociales, avanza por doquier a la par que la pandemia está lejos de ser vencida. Con las tendencias nacionalistas al alza en países importantes del área, la explicitación de desconfianzas reciprocas pese a los esfuerzos reiterados de diálogo, no acaba de mitigarse del todo.

En Asia, China tiene una especial responsabilidad en la habilitación de espacios institucionales para la gestión de estos contenciosos; no obstante,  no son pocos los países que recelan de su liderazgo. La práctica totalidad acepta su conveniencia económica y le considera un aliado comercial insoslayable, pero, en paralelo, en sus alianzas de seguridad confían más en EEUU como contrapeso indispensable para preservar sus intereses nacionales. El despertar del gigante lleva aparejada la demostración de una mayor ambición y la lentitud con que avanzan propuestas como la elaboración de un código de conducta para normalizar procedimientos en las disputas en el Mar de China meridional, por ejemplo, cuestiona su sinceridad. Mientras la política de hechos consumados tira beneficio de las maniobras de entretenimiento, la benevolencia de su liderazgo es objeto de controversia.

Algunas esperanzas se habían depositado en los últimos años en el papel de la CICA (Conferencia sobre Interacción y Medidas de Construcción de Confianza en Asia), que en 2017 cumplió su 25 aniversario. Emulando una especie de versión asiática de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), como plataforma intergubernamental de amplia representatividad y expresión de una nueva arquitectura de cooperación de seguridad regional podría amortiguar y encauzar las diferencias en torno a las áreas en disputa. Sin embargo, por el momento no ha sido así. Tampoco la Organización para la Cooperación de Shanghái ofrece mejores perspectivas.

Región prometedora y dinámica pero también muy vulnerable, urge que en Asia se dispongan alternativas institucionales creíbles para encauzar estos contenciosos y alejar la amenazante sombra del estallido de conflictos de gran envergadura. Potencial hay de sobra, con especial proyección en la península coreana o en el Estrecho de Taiwán. Lo ocurrido en la frontera cachemira advierte de la

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

seriedad del peligro. Si bien este marco brinda oportunidades a poderes extrarregionales para mostrar su influencia en la región, las soluciones debieran venir de la propia Asia.

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¿Cuál es la razón de la presencia abierta de tropas de los Estados Unidos en Colombia?

En un anuncio dado, no por el gobierno colombiano sino por la embajada de EEUU, nos enteramos de la presencia de tropas de élite gringas en el país, supuestamente para apoyar en la lucha antidrogas. El 1 de junio llegó al país una misión de 53 militares que integran una brigada de Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés), para apoyar labores de "lucha contra el narcotráfico" que se "centrarán principalmente" en las "Zonas Futuro". 

Surgen, entonces, variadas hipótesis e interrogantes acerca del por qué y el para qué de su presencia. La tan promocionada y fracasada guerra contra las drogas ¿qué intereses esconde? Y en esa guerra, ¿cuál es el enemigo real? ¿Esta decisión del gobierno colombiano permite un ahondamiento de la narcotización de las relaciones bilaterales?, ¿se relaciona este envío de tropas con el mutuo interés de EE.UU y Colombia con respecto a Venezuela?

Ricardo Vargas, investigador independiente, analista del tema de drogas, nos compartió su análisis crítico sobre la presencia de las tropas norteamericanas en Colombia. Pedro Arenas, investigador y dirigente social, nos explicó y brindó un panorama más amplio de la situación que viven los campesinos, como sus líderes defensores de derechos humanos, en medio de los operativos de erradicación forzada y violenta, en estos días de cuarentena. Y Alirio Uribe, abogado del colectivo CAJAR describió con detalle la tutela interpuesta para frenar una consulta malintencionada por parte del gobierno, que pretende lograr la aspersión con glifosato sin la debida participación de las comunidades afectadas. Alirio Uribe también habló sobre lo decidido por el Juzgado segundo administrativo de Pasto en relación a esta tutela.

Vea el informe ¿Cuál es la razón de la presencia abierta de tropas de los Estados Unidos en Colombia?, en la segunda emisión del informativo La vacuna, un antídoto contra la desinformación.

https://www.youtube.com/watch?v=qxjgtqjOx04&t=182s

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Los combatientes leales al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia. / EFE /EPA/STR

El desarrollo del conflicto libio está experimentando en los últimos días un vuelco por ahora limitado. Pese al avance del Ejército de Trípoli y sus mercenarios, ninguna de las dos partes parece estar en posición de controlar todo el país, lo que pone en el horizonte una partición que sería un mal menor para los contendientes y para las potencias regionales y mundiales implicadas.

 

En Libia se está cociendo otra guerra innecesaria en la que están implicadas las potencias regionales y mundiales. El Gobierno de Trípoli, de orientación islamista, y las milicias de Khalifa Haftar combaten por el dominio del país, pero ya no por el control de todo el país sino por el control de solo una parte del país, más exactamente combaten por su partición.

Después de una cadena de derrotas seguidas, el pasado sábado Haftar visitó de urgencia en El Cairo al presidente Abdel Fattah al Sisi, quien lanzó una propuesta de alto el fuego que debía haber comenzado el lunes, aunque lógicamente fue rechazada por el Gobierno de Trípoli puesto que sus tropas estaban avanzando rápidamente hacia el este.

Si hasta hace apenas unos días, las milicias de Haftar parecían estar a punto de ocupar Trípoli, hoy el horizonte de la guerra parece distinto gracias a la ayuda militar de Turquía, que se ha hecho decisiva y ha cambiado las expectativas de las dos partes, aunque a estas alturas no sabemos si está tendencia se mantendrá durante mucho tiempo. La propuesta de tregua de Al Sisi muestra cierta debilidad de Haftar, que hasta el sábado, desde su regreso a Libia en 2014, nunca había dado señales de buscar un compromiso.

Algunos analistas se preguntan si Egipto y/o Rusia, dos países que apoyan a Haftar, van a meterse directamente en el conflicto. Otros países que están en la misma trinchera son los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, que combaten el islam político allí donde surge. Con todo ese gran apoyo económico y militar es difícil entender cómo el Ejército de Trípoli ha sido capaz de dar un vuelco a la situación sobre el terreno.

Egipto está interesado en que en el país vecino no reine el islamismo. Al Sisi dio en 2013 un golpe de estado justamente para apartar a los Hermanos Musulmanes y no es cuestión de que ahora los Hermanos Musulmanes pasen a controlar Libia y el islam político cuente con una base segura a su lado. Esta circunstancia hace pensar a algunos analistas que si el Ejército de Trípoli sigue avanzando hacia la frontera con Egipto, Al Sisi dará luz verde a la aviación para detenerlo.

El problema de Rusia

Los rusos, por su parte, están metidos en un buen lío. Han enviado a Libia apoyo militar, en su mayor parte mercenarios sirios que han reclutado con el visto bueno del presidente Bashar al Asad, quien en principio no tendría nada que hacer en Libia, pero que no puede negar ese favor a los rusos ni a los Emiratos Árabes Unidos, el país que financia a los mercenarios y que al parecer está proporcionando ayuda económica a Damasco.

Por lo tanto, la pintoresca coalición que lucha contra el Gobierno de Trípoli apoyado por los turcos incluye a Rusia, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Siria e Israel, a través de los Emiratos Árabes Unidos, sin contar con el apoyo político, y seguramente más allá de político, que Haftar recibe de otros países occidentales como Francia.

En Rusia se reveló recientemente que su implicación está avalada por el ministerio de Defensa pero no por Exteriores. En Exteriores, con muy buen criterio, piensan que es una aventura que puede volverse contra Moscú, pero de momento quien lleva la batuta es Defensa. Aparentemente, los intereses de Moscú pasan por evitar el triunfo del islam político, por meter un pie en Libia como ya lo hizo en Siria y por participar en la explotación del petróleo libio.
¿Compensan esos intereses para que Rusia incremente su presencia en Libia? A esta pregunta tratan de responder en Moscú estos días. Hay analistas que sostienen que probablemente Rusia tirará adelante, aunque se trataría de una jugada arriesgada a medio y largo plazo.

En este contexto, el objetivo inmediato del ejército de Trípoli es conquistar la ciudad de Sirte, situada casi 400 kilómetros al este de Trípoli, en una zona rica en petróleo. Sin embargo, parece muy difícil que el ejército de Trípoli continúe avanzando mucho más hacia el este. En este escenario lo más probable es que el país quede dividido en dos partes, una para Trípoli, el oeste, y otra para Haftar, el este.

Una partición de este tipo no sería negativa para los intereses de Occidente ni para los intereses de la coalición árabe "moderada", puesto que el grueso de la riqueza petrolera seguiría en manos de Haftar, de 76 años y excolaborador de la CIA. Es decir, el Gobierno islamista de Trípoli no tendría unos ingresos holgados, lo que limitaría su eficacia considerablemente, así como su influencia en el norte de África, es decir sería débil e inestable.

Con la división de Libia saldrían ganando todas las potencias regionales y mundiales, o como mínimo sería un mal menor para ellas, de ahí que no se deba descartar tal escenario. La visita que el sábado realizó Haftar a El Cairo y la propuesta de un alto el fuego para esta semana, que de momento no se está observando, casan perfectamente con la hipótesis de la división.

Este martes la oficina del presidente Recep Tayyip Erdogan ha dado cuenta de una conversación telefónica con el presidente Donald Trump en la que ambos han alcanzado varios acuerdos en lo tocante a Libia. Aunque no se ha hecho público el contenido de la conversación, es posible que en los próximos días se aclaren las circunstancias de la guerra y la dirección que seguirá.

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Foto: Combatientes leales al gobierno reconocido internacionalmente de Libia celebran la recuperación de la ciudad de Tarhuna (Foto: IsmailZitouny/Reuters)

La contraofensiva del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) de Libia ha hecho que las fuerzas rivales de Jalifa Haftar se retiren a las líneas anteriores a abril de 2019.

Después de 14 meses y de la pérdida de cientos de vidas, se ha puesto fin al intento del comandante militar renegado Jalifa Haftar de apoderarse de Trípoli y convertirse en el gobernante de Libia.

El viernes, fuerzas leales al GAN, reconocido por las Naciones Unidas, barrieron la ciudad de Tarhuna, el último bastión de Haftar en el oeste de Libia, un día después de que el GAN anunciara la recuperación total del área del Gran Trípoli.

Al Jazeera echa un rápido vistazo a la fracasada ofensiva  y examina qué puede esperar al país rico en petróleo del norte de África.

¿Cuándo se inició la batalla por Trípoli?

En abril de 2019, pocos días antes de las conversaciones de paz patrocinadas por la ONU, Haftar anunció una campaña militar para arrebatar el control de Trípoli, la sede del GAN desde principios de 2016.

Al lanzar la ofensiva, el nativo de Ajdabiya y antiguo operativo de la CIA dijo que buscaba “limpiar” la capital de un gobierno comprometido con las milicias y los “terroristas”.

Pero el impulso tuvo que frenarse ante la fuerte resistencia, y las líneas de batalla se mantuvieron en gran medida fijas hasta una serie de victorias militares en las últimas semanas de las fuerzas del GAN, que contaron con el apoyo de Turquía.

¿Quiénes son los actores extranjeros involucrados?

Haftar cuenta con los apoyos de los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia, mientras que el gobierno con sede en Trípoli del primer ministro Fayez al-Sarraj dispone del apoyo de Turquía.

Francia apoya oficialmente al GAN, aunque en el pasado bloqueó una declaración de la Unión Europea en la que se pedía al militar de 76 años que detuviera su ofensiva.

Estados Unidos ha enviado señales contradictorias y el presidente Donald Trump elogió inicialmente a Haftar por su papel en la lucha contra el “terrorismo”.

Sin embargo, Washington parece haber retrocedido en su posición inicial de ambigüedad, y el Mando de EE. UU. para África ha acusado recientemente a Rusia de desplegar una docena de aviones de combate rusos en Libia para expandir “su huella militar” en África.

¿Qué objetivos persiguen los actores extranjeros en Libia?

Con 46.400 millones de barriles, Libia ocupa la cima de las mayores reservas probadas de petróleo de África.

Turquía intensificó su intervención después de firmar un acuerdo de demarcación marítima con el GAN a fines del año pasado para comenzar la exploración de petróleo y gas en el Mediterráneo oriental, en una zona rica en recursos.

Pero los intereses energéticos no están solos en la configuración de la participación de los países extranjeros en Libia, que ha estado sumida en el caos desde el derrocamiento del gobernante Muammar Gaddafi en 2011.

Los Emiratos Árabes Unidos y Egipto ven en Haftar un hombre fuerte capaz de restablecer el orden y obstaculizar la propagación del Islam político, en particular de la Hermandad Musulmana, que consideran una amenaza para su gobierno a nivel interno.

Rusia ve en Libia una oportunidad para afianzarse en una parte del mundo que ha estado tradicionalmente bajo el dominio de Occidente.

“La presencia de Rusia en la costa sur del Mediterráneo amenaza los intereses de Estados Unidos y la OTAN. Es un sueño que la URSS siempre tuvo”, dijo Mohammed Ali Abdallah, asesor del GAN para asuntos estadounidenses.

¿Qué puede pasar ahora?

Los analistas dicen que los avances militares del GAN no marcan el final de la guerra de Libia sino un retorno al statu quo anterior al lanzamiento de la ofensiva de Trípoli.

Rusia y Turquía se han involucrado en una oleada de actividades diplomáticas para asegurar el alto el fuego y cosechar dividendos de su inversión militar.

Funcionarios libios de ambas partes viajaron a Ankara y Moscú para discutir los detalles de un futuro acuerdo de alto el fuego.

Para Emadeddin Badi, miembro destacado no residente del Consejo Atlántico, esto es una prueba del éxito de los dos países al imponerse como interlocutores indispensables en cualquier acuerdo de paz futuro.

“Resulta revelador que las facciones libias no hayan visitado ninguna capital europea estos días”, dijo Badi.

“Estados Unidos y los europeos se han esforzado especialmente en mantenerse al margena lo largo del pasado año. Francia ha socavado a Europa al respaldar a Haftar y no tiene ahora nada que demostrar”.

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or Ramy Allahoum | 09/06/2020

Ramy Allahoum es un periodista argelino licenciado en Ciencias Políticas

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Fuente: https://www.aljazeera.com/news/2020/06/libya-battle-tripoli-explained-600-words-200605150707243.html?utm_source=scroll3

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EEUU no dispara a los petroleros iraníes en las aguas de Venezuela

Después de descargar 1,5 millones de barriles de gasolina en los puertos de Venezuela, que aliviarán durante un par de meses los problemas de su abastecimiento en este país, los cinco buques cisterna iraníes regresan sanos y salvos a las aguas del Golfo Pérsico. El viaje empezó el 25 de mayo, y ante una gran expectación la flota iraní atravesó el Canal de Suez, el Mar Mediterráneo, el océano Atlántico para entrar en el Caribe. EEUU había amenazado con duros castigos, tanto al vendedor como al comprador ambos bajo aplastantes sanciones ilegales impuestas por Trump sobre su industria petrolífera, y envió a cuatro buques de guerra al Caribe, bajo el pretexto de lucha "contra el narcotráfico", confundiendo Venezuela con su aliada Colombia.

Afortunadamente, no hubo sangre. En este regreso a la era de la piratería, el año pasado, la Armada británica paralizó en Gibraltar al petrolero iraní Grace 1 que se dirigía a Siria y no lo liberó hasta que Irán capturó el buque petrolero de bandera británica Stena Impero en el Estrecho de Ormuz. ¿Qué ley internacional consensuada prohíbe que dos países realicen la transacción de un producto imprescindible para la vida de sus ciudadanos?

¿Por qué EEUU no les atacó?

Es una extraña pregunta que revela hasta qué punto se han normalizado las acciones bélicas de esta superpotencia a otras naciones. Las razones podrían ser:

  1. Haber sopesado los pros y los contras de una acción contra ambos países, y los contras ganaban.
  2. Pactar, posiblemente, la contención con el propio Teherán, a través de la diplomacia de la segunda vía (track two diplomacy), o sea, mediante canales no oficiales. De hecho, ambos países han llegado así a varios acuerdos sobre Siria, Iraq, Afganistán y el Líbano. Por lo que las advertencias y las amenazas de sus mandatarios podrán estar dirigidas al consumo interno.
  3. La advertencia de Teherán al embajador suizo, que representa los intereses de Washington en Irán, de que cualquier amenaza a sus barcos por parte de EEUU se encontraría con una "respuesta rápida y contundente". Miles de soldados de EEUU instalados en Oriente Próximo no solo dan miedo sino también lo reciben, siendo rehenes en los países que han ocupado.
  4. Esta transacción carecía de importancia ya que no cambiará la grave situación económica por la que están atravesando Irán y Venezuela.
  5. Hundir los buques iraníes no provocaría el "cambio de régimen" en Venezuela, que es el objetivo de EEUU, señala Heather Heldman, ex funcionaria del Departamento de Estado, ni modificaría el "comportamiento de la República Islámica" en la región, que es asunto de la "máxima presión a Irán" (que no derrocar a su régimen). Por lo que Trump ignora las presiones de los lobbies proisraelíes y prosaudíes para acabar con la supuesta influencia de la República Islámica en América Latina y su búsqueda de una "ventaja posicional" en el patio traserode EEUU, en cumplimiento de la Doctrina Monroe. Pero, si a Trump no le preocupan las vastas relaciones comerciales de rivales como China y Rusia con América Latina, ¿Por qué debe preocuparse por Irán en América Latina? Para Juan Cruz, el ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, se está exagerando la amenaza de Irán, país convertido en "un hombre del saco" para asustar a la gente cuando conviene.
  6. Un ataque a los buques iraníes en el Caribe supondría una guerra tanto con Irán como con Venezuela, por lo que tendría que involucrar a la OTAN, que está dividida: los europeos mientras respaldan las conspiraciones de EEUU contra Venezuela se desmarcan de su política respecto a la República Islámica.
  7. Discrepancias en el gobierno de EEUU: unos reservan la acción militar si Irán vuelve a romper el bloqueo, tanto el suyo como el de Venezuela, y otros se conforma con la vigilancia del contenido de los envíos para que no sean armas, por ejemplo, pero todos se oponen a un conflicto antes de las elecciones de noviembre. En estos momentos Trump no busca guerra, por lo que no le hace falta un pretexto.
  8. Una acción anti-iraní en el Caribe, lejos de hacer daño a Irán, le ofrecería al gobierno islámico una victoria propagandística a nivel mundial, y pondría en serio riego la poca autoridad, prestigio y credibilidad que el quedaba a un Trump que recetaba la inyección de desinfectante y tomar una copa de lejía para curare del coronavirus.
  9. No conviene para la imagen de EEUU apretar aun más a los venezolanos provocando una "crisis humanitaria" en medio de la pandemia. Quizás, más adelante, vuelva a emplear a USAIDla mega agencia "humanitaria" de la CIA

 

¿Por qué Irán se arriesgó?

 

Teniendo en cuenta que los costos del viaje de los cinco pequeños barcos (los grandes, actualmente, están destinados a almacenar el petróleo que no es absorbido por un mercado apático), recorriendo durante 45 días una distancia de 12.000 km, además de los riesgos que corrían, superan posiblemente los beneficios de la venta de estos barriles, Teherán pretendía quizás tomar el pulso a EEUU para ver su reacción y saber si podía volver a romper las sanciones, y con otros posibles clientes. Por ello, en vez de enviar "barcos fantasmas" a Venezuela, no activar su sistema de transmisión de señales de seguimiento (AIS) y escaparse de los ojos de los satélites de vigilancia, hizo lo contrario: gritar a los cuatro vientos esta venta.

Irán necesita vender sus productos bloqueados, y aliviar la presión de las sanciones sobre su economía, que junto con una monumental corrupción y medidas neoliberales, han llevado a la miseria absoluta a la mitad de la población. De hecho, justamente cunado el gobierno decidió, en noviembre pasado, eliminar el subsidio sobre la gasolina, cientos de miles de la gente más humilde, que utilizan sus coches para "hacer de taxista" y ganar una extra para llegar al fin de mes en un pobreza extrema, se echaron a las calles en la  llamada "rebelión de gasolina" a pesar de la prohibición de cualquier "protesta contra el gobierno de Alá". Durante cinco días de protestas en más de un centenar de ciudades del país, cientos de personas -incluidos 12 menores de 11 a 16 años-, fueron asesinadas por las fuerzas de orden y hubo 8000 detenidos, según la policía. Tras negar meses de reconocer la magnitud de la masacre, el uno de junio, por fin el gobierno, en un país donde no existe la posibilidad de una investigación independiente, ofreció la cifra de 230 personas muertas entre ellas 6 policías. Que ayatolá Jamenei criticase la actitud de la policía estadounidense contra un ciudadano desarmado negro, provocó la sorpresa de hasta la ex diputada islamista, Faezeh Hashemí, la hija del expresidente Rafsenyani, por usar dos varas de medir.

En este contexto, si Teherán ha pensado que en el periodo preelectoral a Trump no le interesa un conflicto de envergadura con Irán, puede estar equivocado. Un presidente-candidato criticado duramente por la suma de la desastrosa gestión del COVID19, su impactante indiferencia ante la muerte de alrededor de 100.000 compatriotas infectados, la crisis económicas que ha enviado a cerca de 40 millones de personas al paro, y como guinda tener en la calle a millones de manifestantes ("terroristas" para él) que protestan contra el racismo, puede encontrar justamente en una guerra la cortina de humo perfecta para dar otra "sorpresa de octubre".  

Además de Irán, también Turquía, otro miembro del "Club de los sancionados por EEUU", tiene muy buenas relaciones con Caracas e ignora las sanciones a los venezolanos. Tayyab Erdogan al igual que Nicolás Maduro sufrió un intento de golpe de estado y asesinato por EEUU.

La cooperación y el intercambio de recursos, habilidades y tecnología entre los estados es un derecho internacional y cualquier intento de impedirlos es como poner puertas al campo.

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Un miembro del Ejército Nacional de Libia (LNA) comandado por Khalifa Haftar, apunta su arma a la imagen del presidente turco Tayyip Erdogan colgado de un vehículo blindado militar turco en Benghazi, Libia. REUTERS / Esam Omran Al-Fetori

Las alianzas que Benjamín Netanyahu ha establecido con distintos líderes árabes le están resultando decisivas para el control de Oriente Próximo. Su único rival en la región es el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien finalmente ha optado por plantar cara en Libia a la coalición árabe-israelí.

El pasado 21 de mayo el encargado de negocios de Israel en la embajada de Ankara publicó un artículo en un medio de internet local. Como es de esperar, Roy Gilad proyectó la imagen de un Israel moderado y dispuesto a colaborar con Turquía en distintas áreas. Sin embargo, la realidad es que ambos países mantienen planteamientos encontrados ante los principales problemas de la región, y que sus intereses no pueden estar más alejados.

A este hecho incuestionable se suma otro de importancia no menor: las relaciones personales entre el presidente Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro Benjamín Netanyahu son pésimas, lo que se suma a las ambiciones desmesuradas de Netanyahu por crear un Oriente Próximo a la medida de sus necesidades, unas ambiciones que en gran medida ya ha cumplido.
En el artículo, el encargado de negocios destacaba dos cuestiones en las que los dos países podrían cooperar y que servirían para romper el hielo: la presencia militar turca en la provincia siria de Idlib y la lucha contra la covid-19.

Y después de recordar que hasta ahora han muerto 50 soldados turcos en Idlib, Gilad metía la cuchara hasta el fondo señalando que la presencia iraní en Siria, que es muy reducida, choca con los intereses de Ankara, lo cual no está nada claro.

Las relaciones entre Turquía e Israel terminaron en mayo de 2010, cuando soldados israelíes mataron a una decena de activistas turcos que viajaban con suministros humanitarios a la Franja de Gaza a bordo del Mavi Marmara con el fin de romper el bloqueo israelí de la Franja. Tres años después, en 2013, el presidente Barack Obama logró reducir la tensión al forzar a Netanyahu a disculparse ante Turquía.

La vuelta de los embajadores a Ankara y Tel Aviv tardó tres años más, pero dos años después, en 2018, la tensión volvió a subir a causa de las actividades militares de Israel en Gaza. El sentido de justicia del islamista Ergogan y del sionista Netanyahu es muy distinto y está diferencia, que ha prevalecido durante la última década, ha causado el alejamiento entre los dos líderes. Desde 2018 no han regresado los respectivos embajadores y las relaciones se gestionan a nivel de encargados de negocios.

Las buenas palabras de Roy Gilad no guardan relación con la realidad cotidiana en todos los frentes, incluido el de los yacimientos de gas en el Mediterráneo oriental, donde Netanyahu se ha aliado con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Chipre, Grecia y hasta Francia para condenar las perforaciones turcas en la zona

Israel además ha conseguido que los EAU, Arabia Saudí y Egipto le sirvan de peones en el frente libio. Mientras Turquía apoya al gobierno de Trípoli reconocido internacionalmente, esos tres países están detrás, junto con Rusia, de las milicias de Khalifa Haftar en la lucha contra el gobierno de Trípoli. Es una guerra que dura años y a la que de momento no se le ve un final en el horizonte.

Los EAU, Arabia Saudí y Egipto no quieren que Libia sea gobernada por islamistas de ninguna clase, y otro tanto le ocurre a Israel. Unos y otros entienden que la presencia turca en ese país constituye un desafío para sus aspiraciones hegemónicas, de ahí que no tengan ningún reparo en enviar armas y mercenarios a Haftar. Por su parte, Ankara, cada vez más aislada en la región, no parece dispuesta a permitir que sus rivales metan el pie también en Libia.

Ahora mismo el único aliado regional de Turquía es Qatar, un país sobre el que desde 2017 recae un rígido bloqueo por parte de EAU, Arabia Saudí y otros países de su órbita. La culpa de Qatar consiste en tolerar a los Hermanos Musulmanes y en fomentar el islam político en la región, una cuestión que es línea roja para sus antiguos aliados.

El futuro inmediato no es muy halagüeño. Netanyahu ha dicho que la anexión del 30% de la Cisjordania ocupada se iniciará en cualquier momento a partir del 1 de julio. Aquí el peculiar y discutible sentido de la justicia que tiene el primer ministro israelí volverá a chocar con Erdogan y las tensiones bilaterales se incrementarán.

En su artículo, el encargado de negocios Gilad insistía en el principio básico de la política exterior israelí, que por ejemplo aplica con éxito con la desdibujada Unión Europea: no hay que estar de acuerdo en todo para cooperar entre los países. Lo que traducido al lenguaje coloquial significa que Erdogan debería dejar de ayudar a los palestinos o por lo menos renunciar a su sentido de justicia y adoptar otro más fluido y en sintonía con el de Netanyahu.

En otras palabras, lo que Gilad quería decir es que si Erdogan prescinde de su cabal y noble sentido de justicia, sería posible cooperar en áreas como el comercio, turismo, ciencia, tecnología y otras. Pero parece muy difícil que el presidente turco vaya a renunciar a sus principios mientras Israel estrangula y expolia a los palestinos ante la pasividad de la comunidad internacional.

A día de hoy Israel está ganando la batalla en todos los frentes menos el libio, sobre el que todavía es pronto para saber en qué dirección avanzará. La continuidad de los líderes árabes aliados de Israel, especialmente los EAU, Arabia Saudí y Egipto, depende en gran medida de la influencia de Israel en Washington, de modo que los líderes árabes se han convertido en marionetas al servicio de Netanyahu y de sus ambiciones hegemónicas.

JERUSALEN

07/06/2020 09:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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