Raúl Zibechi: “Todo el sistema neoliberal se basa en una publicidad falsa

El escritor, periodista y activista uruguayo analiza las políticas neoliberales en torno a la vivienda.

 

Raúl Zibechi, escritor, periodista y pensador-activista uruguayo, ha publicado una extensa bibliografía vinculada a los movimientos sociales de resistencia. Aprovechando su paso por València el pasado mes de marzo para asistir a la charla-coloquio 'El dret a l'habitatge a l'Amèrica del Sud davant de l'ofensiva del neoliberalisme' —celebrado en el CSOA L’Horta— y su participación en Ràdio Malva, planteamos al investigador cuestiones sobre el urbanismo, el turismo y la gentrificación que afectan a nuestros barrios.

En tu intervención abordaste las políticas neoliberales que se están produciendo en torno a la vivienda tanto en Latinoamérica como en Europa, ¿cómo funcionan estas políticas?


Las políticas neoliberales quieren mercantilizarlo todo, incluso la vida. Hablamos de un modelo especulativo que no tolera la diversidad, que trata de homogeneizarlo todo para poder mercantilizar mejor, hacer todos los productos similares para poder venderlos con mayor facilidad. En el caso concreto de la vivienda, se especula con el suelo urbano. Tratan de rediseñar zonas centrales que hace 30 o 40 años eran periferias y que ahora se han revalorizado, así que necesitan vaciarlos para hacer negocio y construir grandes edificios. Se expulsa a familias con el aumento de los alquileres o como me han contado que hacían en el Cabanyal, directamente con excavadoras.

Gentrificación y turistificación son las palabras que aparecen continuamente cuando hablamos de estos procesos. En nuestro país el desarrollismo enfocado al turismo es una política que viene de décadas atrás y que convierte a barrios y ciudades en escaparates para el visitante.


Estos procesos provocan la sobreutilización de las zonas más céntricas, las zonas monumentales o de playa y las convierte en grandes escaparates. Aumenta el número de apartamentos turísticos, se encarecen los servicios, las viviendas, los precios de los alquileres, se promocionan zonas bien conservadas, con buenos trasportes y grandes restaurantes... y el resto de la ciudad se queda en una situación mucho más vulnerable. Quienes finalmente se benefician del turismo son las aerolíneas y los grandes hosteleros: es el mismo capital financiero que está implicado en los procesos de gentrificación.

Sin embargo, el turismo siempre se nos vende como una fuente irrenunciable de riqueza.


Todo el sistema neoliberal se basa en una publicidad falsa, ya sea para construir una represa en una comunidad indígena o un hotel en la playa. Siempre se promete que generará empleo. Pero el turismo genera empleo temporal, precario, salarios bajos y malas condiciones laborales. Es muy difícil encontrar en la hostelería un empleo fijo, bien remunerado y con buenas condiciones. En general, el modelo actual provoca una enorme precariedad de vida a todos los niveles, no sólo a nivel laboral.


Este mismo modelo tiene también su impacto ambiental negativo, ya que con el turismo se sobreutilizan los recursos hídricos. Está ocurriendo en Mallorca, donde la calidad del agua es muy mala. Es la lógica del extractivismo de recursos en favor del gran capital: ya se habla de extractivismo urbano, si no logramos frenar este modelo nos arrinconarán en las periferias de las ciudades en pésimas condiciones.


Los movimientos sociales que luchan contra estos fenómenos de gentrificación y turistificación en sus barrios reivindican el derecho a una vivienda digna. Sin embargo, en este mismo sentido desde Latinoamérica nos llegan las luchas por el derecho al territorio, una filosofía con una lógica más comunitaria que en cierta medida se contrapone al sentido individualista que conlleva el derecho a la vivienda.

En mi opinión el concepto de territorio es clave. Toda vivienda se construye sobre un terreno, una tierra: no podemos legislar sobre el derecho a la vivienda sin abordar el terreno urbano, que es el principio para acceder a una vivienda. En muchos lugares de Latinoamérica se entiende que las viviendas están afincadas en territorios, vivimos en comunidades y el territorio nos debe permitir seguir siendo comunidad. La relación de los seres humanos con el territorio es importante para garantizar la vida. Quien vive y forma parte de un territorio lo cuidará. Nosotros decimos que el territorio no nos pertenece sino que nosotros pertenecemos al territorio. El territorio no es para usufructuarlo, es para sostenerlo. El territorio es agua, alimento, tierra, vida, comunidad, es todo lo que gira en torno a esa convivencia. Ninguna familia puede enfrentar el modelo de forma individual, tenemos que hacerlo en comunidad.


La vida en comunidad y el arraigo a un territorio es lo que nos permite hablar de la identidad de un barrio. Sucede que cuando hablamos de preservar esa identidad se nos acusa rápidamente de oponernos al progreso. En el debate sobre el desarrollo que defienden los grandes empresarios nos encontramos como muchos sectores populares y de trabajadores que piensan que el consumismo, lo moderno y el progreso son lo bueno. En la última crisis mucha gente ha llegado a replantearse las cosas, pero falta mucho trabajo por hacer en este sentido. El sistema tiene mucha fuerza y la cultura del consumo y la idea de modernidad tienen mucho peso. Van a faltar todavía muchas crisis y fallos del sistema para que aspiremos a una vida sencilla, un buen vivir, una buena calidad de vida sin mucho consumo, sin coches.


Has explicado como en Latinoamérica muchos gobiernos progresistas promovieron políticas desarrollistas en la últimas décadas que han resultado muy perjudiciales. Nosotros tenemos el caso del PEC en el barrio del Cabanyal o del PAI de Benimaclet con un gobierno progresista además de varios proyectos similares en el resto de la ciudad.


Algo común entre la izquierda y la derecha es que ninguno de los dos cuestiona el modelo de desarrollo. La izquierda sigue el modelo neoliberal. Se plantean pautas para paliarlo, pero no para cuestionar el modelo. Y si no se hace esto, vamos a ver una creciente polarización social como ya está ocurriendo en varias partes del mundo. El 1% es cada vez más rico y mientras que la desigualdad sigue creciendo. Sobre esta polarización social va a ver una polarización política. Y ahí vemos cómo aparece la ultraderecha.


Además, el modelo neoliberal genera una sociedad cada vez más militarizada donde la protesta se criminaliza, la policía tiene un gran poder y en un juicio su palabra vale siempre más que la de un ciudadano. Si las instituciones juegan a nuestro favor, mejor; pero el jugador no es el partido, ni el político, ni el diputado. Ellos pueden favorecernos o perjudicarnos, pero el actor principal es la gente. Lo que nosotros hagamos es lo decisivo. La nave ha de ser pilotada por las personas; los políticos son como el viento, que puede soplar o no a nuestro favor.

En ocasiones sucede que se tiende a la desmovilización cuando los gobiernos de izquierda están en el poder. Debemos hacer más cosas además de movilizarnos, no sólo hay que manifestarse sino ser capaces de crear espacios nuevos y propios. No basta con reclamar el derecho a la vivienda: hay que comenzar a crear las soluciones por nosotros mismos. Esto es lo decisivo: no podemos depender de la clase política.

Por Eleuterio Gabón
2019-05-11 07:00:00

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Al borde de la catástrofe humanitaria en la Franja

La agencia especializada de la ONU precisa U$S 1200 millones al año para mantener sus escuelas, clínicas y bancos de alimentos para cinco millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Siria, el Líbano y Jordania.

Gaza está al borde de una “catástrofe humanitaria” y un millón de palestinos pronto podrían pasar hambre, advirtieron las Naciones Unidas. Se espera que el presupuesto de la agencia de refugiados palestinos de la ONU (Unrwa) se agote “en un mes” y que necesite desesperadamente fondos adicionales, dijeron los funcionarios de la ONU. Cerca de 2.000 habitantes de Gaza que fueron baleados por el ejército israelí también pueden perder sus extremidades debido a la crisis de financiamiento. En total, Unrwa necesita 1.200 millones de dólares al año para mantener sus escuelas, programas médicos y de alimentos y apoyo financiero para cinco millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano y Jordania. El verano pasado se vio obligado a pedir donaciones adicionales de Europa y el Golfo después de que Estados Unidos, su mayor financiero, decidió recortar todos los fondos, dejando un déficit presupuestario de más de U$S 440 millones.


Sin nuevas donaciones, el golpe más duro será sobre Gaza, un enclave de 25 millas que alberga a casi dos millones de personas y está sujeto a un asedio de 12 años impuesto por israelíes y egipcios. La ONU estima que se necesitarían U$S 20 millones adicionales para tapar una crisis de salud que de otra manera sería inminente. “El peor escenario es que no podríamos continuar alimentando a la mitad de la población de Gaza”, dijo Elizabeth Campbell, directora de la oficina de UNWRA en Washington DC. “Tendremos que cerrar las escuelas, las personas no tendrían acceso a nuestros sistemas de atención médica. Tendremos que recortar empleos “. Después de la Autoridad Palestina, Unrwa es el mayor empleador de personas en Gaza. Campbell advirtió que una Gaza desestabilizada también representaría una amenaza directa para Israel. “Habrá una gran catástrofe humanitaria que se propagará fácilmente a través de los territorios”, dijo. “Estamos profundamente preocupados por las implicaciones de seguridad. Sus adevertencias tuvieron eco en Jamie McGoldrick, coordinador humanitario de la ONU para el territorio palestino ocupado, quién dijo el miércoles que sin fondos inmediatos hasta 1,700 personas en Gaza podrían perder sus extremidades en los próximos dos años.


Unas 29,000 personas en el enclave han resultado heridas por disparos israelíes en protestas y enfrentamientos cerca de las cercas fronterizas durante el año pasado. Al menos 7.000 personas han sufrido heridas de bala, principalmente en las extremidades inferiores. Cientos de ellos necesitan un tratamiento urgente proporcionado por la ONU para salvar sus extremidades. “Estas son personas que recibieron disparos durante las manifestaciones y que necesitan rehabilitación, y una cirugía de reconstrucción ósea muy, muy grave y compleja durante un período de dos años antes de que comiencen a rehabilitarse”, dijo McGoldrick. Sin tales procedimientos, estas personas corren el riesgo de necesitar una amputación, advirtió. Hay temores adicionales de salud si el programa de vacunación de la ONU en Gaza se ve obligado a detenerse.


Mientras tanto, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ya ha tenido que recortar la ayuda para 193.000 personas este año en Cisjordania y Gaza, que tendrá que reducirse aún más si es probable que la agencia enfrente una crisis de flujo de efectivo en junio. Las advertencias se producen cuando Israel y Gaza se tambalean en la cúspide de otra guerra en medio del estallido más violento de la violencia desde el conflicto de 2014. Los combates estallaron el sábado por la mañana cuando facciones armadas dentro de la franja dirigida por militantes lanzaron casi 700 cohetes al sur de Israel, lo que llevó a las fuerzas israelíes a atacar a cerca de 350 objetivos en el enclave. La violencia fue provocada por la muerte de cuatro palestinos, incluidos dos militantes, a lo largo de la frontera por el fuego israelí el día anterior, después de que un incidente de disparos dejó a dos soldados israelíes heridos. Al final del fin de semana, los ataques aéreos y los cohetes habían matado a 25 personas, incluidas dos mujeres y dos niños en Gaza. Cuatro civiles fueron asesinados en Israel. Egipto y la ONU lucharon para negociar un frágil alto el fuego que aún se mantiene. Pero muchos temen que solo será temporal ya que se espera que Estados Unidos entregue su tan esperado plan de paz el próximo mes. El llamado “acuerdo del siglo” ya ha sido rechazado por los palestinos por considerarlo pro israelí.


Los palestinos cortaron relaciones diplomáticas con Washington, un mediador histórico en la región, el año pasado, después de la decisión de Donald Trump de reconocer a la ciudad de Jerusalén como la capital de Israel.


El plan de paz de Trump, si se considera que favorece a un lado, puede ser el detonante para iniciar nuevos combates en el mismo mes en que Unrwa realizará una conferencia sobre promesas de contribuciones para cubrir su enorme déficit de fondos. La presión sobre la situación volátil es la crisis financiera de la Autoridad Palestina. En febrero, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional anunció que había cesado toda asistencia a Cisjordania y Gaza. La Autoridad Palestina también se ha negado a recibir remesas de impuestos de Israel. Además, deduce el cinco por ciento de los impuestos que recauda en nombre de los palestinos para se entregárselos a las familias de las personas relacionadas y encarceladas por Israel por delitos de seguridad.


Bel Trew: De The Independent de Gran
Bretaña. Especial para PáginaI12
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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La peor escalada entre Israel y Hamas desde 2014

Tras dos días de violencia y 27 muertos, el gobierno israelí y la facción palestina que controla Gaza negociaban un alto el fuego mediado por la ONU, Egipto y Qatar.

 

Tras dos días de violencia y 27 muertos, Israel y Hamas se acercaban ayer por la noche a un alto al fuego mediado por la ONU, Egipto y Qatar, informaron medios locales. En los ataques israelíes, en respuesta al lanzamiento el sábado de cohetes desde la Franja de Gaza contra territorio israelí, murieron 23 palestinos, entre ellos una mujer embarazada y dos bebés, según el ministerio de Salud palestino. Del lado israelí murieron cuatro personas, todas ellas civiles.


La web de información palestina Sama indicó que mediadores egipcios y una delegación qatarí alcanzaron un acuerdo con Hamas para un cese temporal de hostilidades. En el lado israelí, el diario Haaretz y el canal estatal Kan confirmaron la existencia de negociaciones y de una propuesta concreta, citando fuentes diplomáticas.


Sama informó que el alto al fuego se acordó tras el anuncio por parte de Israel de que aumentaría la violencia de sus ataques aéreos y de que no descartaba continuar con los asesinatos selectivos de líderes de Hamas y otras facciones palestinas. La organización palestina habría exigido que para esta nueva tregua se implementen los términos establecidos en el pacto similar acordado tras la última ola de violencia a fines de marzo, incluyendo la mejora de las condiciones en la franja, la expansión del área de pesca en las costas del enclave y la autorización por parte de Israel de la entrada mensual de dinero enviado por Qatar y de distintos bienes y ayuda humanitaria.


Desde la mañana del sábado las milicias palestinas en Gaza lanzaron más de 600 cohetes contra Israel. Los proyectiles palestinos tuvieron como blanco localidades del sur y del centro de Israel. Varias decenas de ellos fueron, sin embargo, interceptados por la defensa antimisiles, afirmaron las Fuerzas Armadas israelíes, y una gran parte impactaron en zonas deshabitadas, sostuvo la policía.


Israel respondió con más de 320 ataques a posiciones militares. Entre estos objetivos, se encontraban cinco residencias de comandantes de las milicias palestinas en las que las autoridades israelíes aseguraron que se guardaban armas y un bombardeo selectivo dirigido a matar “a un responsable de la transferencia de efectivo a gran escala de Irán a organizaciones terroristas de Gaza”. Esta nueva escalada de violencia se convirtió en la más importante desde la guerra de 2014.


Ayer por la tarde, el portavoz del ejército israelí, el teniente coronel Jonathan Conricus, había anunciado el despliegue de dos unidades de infantería en la frontera con Gaza. El vocero había afirmado, además, que tenían instrucciones de prepararse para un conflicto de varios días y que, aunque la intención no fuera necesariamente ir a la guerra, están preparados para una ofensiva terrestre.


Del otro lado de la frontera, en el enclave palestino, varios edificios fueron destruidos ayer, las calles estuvieron vacías de tráfico y peatones, y la mayoría de la población se quedó en casa, mientras colegios, universidades y bancos ya habían cerrado justo un día antes de que comience el mes sagrado de Ramadán.


A fines de marzo, bajo el auspicio de Egipto y la ONU, se había negociado un alto el fuego, anunciado por Hamas pero nunca confirmado por Israel. Esto permitió mantener una relativa tranquilidad durante las elecciones legislativas israelíes del 9 de abril. Pero la situación se degradó durante esta semana y, aunque los medios locales afirman que se llegará a un alto al fuego, la evolución de la situación es todavía incierta.

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Alcántara, una base en medio de los “quilombos”

Maranhao es un estado del nordeste brasileño donde se combinan ingredientes que parecen sacados de la Guerra Fría. Generoso en diversidad de paisajes y ecosistemas, lo gobierna Flavio Dino, un militante del Partido Comunista (PCdoB) que fue juez federal. En ese territorio se levanta la base aeroespacial de Alcántara, que Jair Bolsonaro le cedió para su uso a Estados Unidos. La decisión que ya provocaba tensiones antes de la firma del acuerdo con Donald Trump, ahora las agudizó más. El 25 de abril, Dino tuiteó: “Un tal Bannon (por Steve, el asesor del presidente de EE.UU) dirige ideológicamente al actual gobierno brasileño”. Aunque aún resta que el Congreso nacional ratifique el convenio, las críticas que levantó aumentan a medida que pasan los días. Sus consecuencias geopolíticas, económicas, militares y sociales se anticipan en actividades que ya se organizan en Maranhao como un foro que se convocó bajo la consigna “Alcántara, Quilombos y Base Espacial”. Quilombos no son lo que entendemos en la Argentina y sí las comunidades negras que podrían ser afectadas y viven hace siglos en la zona. Esa sería una de las tantas consecuencias locales entre varias más para Brasil y toda América del Sur.

Aunque el gobierno de Bolsonaro no dio a conocer los puntos del acuerdo, algunos especialistas lo cuestionan dentro y fuera del estado que conduce Dino, el único gobernador comunista del país y quien más cumplió sus promesas de campaña antes de los últimos comicios. Globo, a través de su portal G1, señaló en julio de 2018 que su índice de compromisos asumidos con el electorado llegaba al 94,59 %. Él fue crítico sobre el uso de Alcántara: “No estoy de acuerdo con ninguna ampliación de área de la base o con la remoción de más personas”. También señaló lo que trasciende a las fronteras de su estado: “El acuerdo no puede ser abusivo y contener cláusulas que violen la soberanía nacional”.


En el foro convocado el 30 de abril pasado se escucharon voces críticas sobre las consecuencias que podrían tener la cesión y la utilización de la base que se extiende por 620 kilómetros cuadrados. Francisco Gonçalves, secretario de Derechos Humanos y Participación Popular de Maranhao, comentó: “Es importante que quede claro para la sociedad brasileña y para la población de Alcántara cuál es el impacto social, económico y territorial de la Base”. Gerson Pinheiro, secretario de Igualdad Racial del estado, recordó: “Las poblaciones quilombolas residen desde hace siglos en el territorio de Alcántara y necesitan ser reconocidas. Cualquier acuerdo debe involucrar a esas comunidades”. Dino cerró con palabras parecidas: “Necesitamos definir ahora los avances sociales y contrapartidas que queremos en el acuerdo, defendiendo la lógica de desarrollo social para todos, en especial las poblaciones tradicionales de Alcántara”.


Más allá del estado nordestino –el octavo en tamaño de Brasil– los ataques al convenio firmado con EE.UU. se extienden por todo el país. Uno de los más duros partió de Samuel Pinheiro Guimarães Neto, ex ministro de Asuntos Estratégicos (2009-2010) y ex secretario general de Relaciones Exteriores (2003-2009): “El principal objetivo norteamericano es tener una base militar en territorio brasileño en la cual ejerzan su soberanía fuera del alcance de las leyes y de la vigilancia de las autoridades brasileñas, inclusive militares”. Para este ex funcionario “si los Estados Unidos logran instalarse en Alcántara, de allí no saldrán”.


La base tiene una ubicación ideal para el lanzamiento de cohetes y satélites. Se encuentra muy próxima a la línea del Ecuador (a 2°18’ de latitud sur), lo que a Estados Unidos le permitiría economizar hasta el 30% del combustible o llevar más carga en sus proyectos aeroespaciales. En toda América del sur solo hay otra base semejante. La de Kourou en la Guayana francesa que controla la Agencia Espacial Europea.


Claudio Olany Alencar de Oliveira, ex jefe de la base y docente del Instituto Tecnológico de Aeronáutica la definió hace un tiempo como “el mayor centro de lanzamiento del hemisferio sur” aunque agregaba que “desgraciadamente no todos tienen esa visión, pero su ubicación es estratégica, con una importancia enorme”. La chance de que prosperara el acuerdo con EE.UU. estaba vinculada a la suerte que tuviera un convenio anterior con Ucrania que había firmado el gobierno de Lula en 2003. En abril pasado ese camino se abrió cuando quedó extinguida la empresa binacional Alcántara Cyclone Space (ACS) que tenía en sus manos el negocio del lanzamiento de satélites comerciales.


Ahora el gobierno de Estados Unidos podrá enviar satélites al espacio, pero además cohetes y misiles - que se utilizan para destruir otros satélites que orbitan a la tierra-, según informa un artículo reproducido por la Cámara de Diputados brasileña. En ese ámbito la oposición del gobierno intentó sin éxito incluir una medida provisoria (MP) en el acuerdo con EE.UU. Era para preservar las tierras de las comunidades negras vecinas a la base y una garantía de que no se lesionará la soberanía nacional con el usufructo de Alcántara.


El convenio que firmaron Trump y Bolsonaro tiene diputados en la vereda opuesta, que lo consideran ventajoso. Aluisio Mendes, del pequeño partido Podemos (ex Laborista Nacional) y aliado del PSL que gobierna Brasil, declaró que “no debemos privar a Maranhao de ese gran avance que es el centro de lanzamientos aeroespaciales”. Otros diputados por el estado donde gobierna el PCdoB también lo apoyan, aunque detractores y facilitadores del acuerdo todavía no conocen su contenido.


La historia se repite. A fines de su gobierno en 2002, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso firmó un convenio con Estados Unidos por el uso de Alcántara con su colega George W. Bush. El Congreso brasileño se lo bloqueó porque consideraba que amenazaba la soberanía nacional. Pasaron diecisiete años y EE.UU. podrá usar la base espacial más importante de América Latina en el único estado gobernado por el Partido Comunista de Brasil. Las ideas sobre el mundo que comparten el ultraderechista Bolsonaro y el magnate Trump que gobierna la principal potencia militar del planeta lo hicieron posible.
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Tres muertos en ataques aéreos a la Franja de Gaza

Al menos tres palestinos murieron ayer a causa de ataques israelíes en la Franja de Gaza. Entre las víctimas hay un joven miliciano palestino del movimiento islamita Hamas y una mujer junto a su bebé. “Estábamos almorzando cuando la casa fue bombardeada por un avión israelí. Saba (la beba) murió de inmediato”, dijo Abu Mohamed Abu Arar, un familiar. “Falastin Abu Arar, de 37 años, embarazada, falleció por las heridas que recibió en la cabeza”, confirmó en tanto el ministerio de Salud de Gaza. Además de las víctimas mortales 17 palestinos resultaron heridos.


La escalada de violencia comenzó cuando las milicias palestinas en Gaza dispararon 200 cohetes contra Israel, que respondió con bombardeos sobre 120 objetivos militares, lo que produjo las tres muertes. En Israel, en tanto, dos personas sufrieron heridas graves. Una mujer de 80 años tiene lesiones por esquirlas de un cohete en Kyriat Gat al igual que otro israelí de 50 años resultó herido en Ashkelon.


Las sirenas antiaéreas sonaron de manera intermitente durante todo el día en comunidades periféricas a la franja, pero también en otras regiones del centro del país como Bet Shemesh, a unos 30 kilómetros al oeste de Jerusalén. La policía pidió a los habitantes que se dirigieran a los refugios en cada alerta.


Entre los lugares afectados por Isarel están las oficinas de inteligencia en la ciudad de Gaza, campos de entrenamiento, fábricas de armas y un túnel ofensivos transfronterizo que Palestina excavaba desde hacías semanas. “Hemos controlado la excavación del túnel y ahora hemos decidido atacarlo y neutralizarlo”, dijo el portavoz del ejército israelí, el teniente coronel Jonathan Conricus. El túnel, continuó, es una infraestructura de alta calidad en la que la Yihad Islámica invirtió mucho tiempo y esfuerzo para poder tener la posibilidad de usarlo para atacar.


Habitantes del barrio afirmaron por su parte que uno de los edificios afectados albergaba la oficina de la agencia de prensa estatal turca Anadolu, una información confirmada por Turquía que condenó “con firmeza” el ataque denunciando una “agresividad sin límites”. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan condenó el ataque en Twitter contra la oficina de la agencia y aseguró: “Turquía y la agencia Anadolu seguirán contando al mundo sobre el terrorismo y las atrocidades de Israel en Gaza y en otras partes de Palestina”. Según Anadolu, el personal de la agencia evacuó el edificio poco antes del ataque que estuvo precedido por un aviso. En este contexto Israel anunció el cierre de los pasos fronterizos de Gaza y la veda a la pesca en el litoral del enclave.


Según una fuente de Yihad Islámica Egipto, que oficia como intermediario entre Hamas e Israel, ya están intentando una mediación para bajar la tensión. En Bruselas, la Unión Europea (UE) pidió el “cese inmediato” de los disparos.


Israel y Hamas se enfrentaron en tres momentos desde 2008. A fines de marzo, bajo el auspicio de Egipto y la ONU, negociaron un alto el fuego anunciado por Hamas pero nunca confirmado por Israel. Esto permitió mantener una relativa tranquilidad durante las elecciones legislativas israelíes del nueve de abril. Pero la situación decayó durante esta semana cuando regresaron los disparos de cohetes y globos incendiarios palestinos, así como las represalias israelíes.


Tres factores podrían sin embargo empujar a Israel a calmar la situación: las negociaciones en curso para formar una coalición gubernamental luego de la victoria de Netanyahu en las elecciones, el concurso musical Eurovision previsto en Tel Aviv a mediados de mayo, y las celebraciones por la creación del Estado de Israel que tendrán lugar el jueves.


Desde marzo de 2018, los palestinos se manifiestan en la frontera entre la Franja de Gaza e Israel contra el bloqueo al enclave y por el retorno de los refugiados que fueron expulsados o tuvieron que abandonar sus tierras tras la creación de Israel, en 1948. Al menos 270 palestinos murieron desde el inicio de la movilización en las manifestaciones o en los ataques israelíes como represalia. Los organizadores de las manifestaciones y Hamas aseguran que el movimiento de la “Gran marcha del retorno” es independiente. Israel en cambio acusa a Hamas de orquestar estas movilizaciones.

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Marta Ruiz, integrante de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad

En noviembre echó a andar en Colombia la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), el organismo encargado de alimentar un “relato colectivo” en torno a más de medio siglo de conflicto armado. Marta Ruiz, comisionada del ente, explica los retos que el país enfrenta en un contexto de profunda división política y social.

La construcción de la paz en Colombia tiene un sinfín de frentes abiertos. Se podría decir que cada una de las historias de las más de ocho millones de víctimas directas del conflicto armado —según las cifras oficiales del Gobierno— contienen preguntas sin respuesta. ¿Quién ordenó el secuestro del campesino? ¿Por qué tuvo lugar la masacre en aquel pueblo de la sierra? ¿Qué objetivos escondía la extorsión continuada contra esta familia?

Tratar de aportar luz a cuestiones como esta es la razón de ser de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), un organismo público integrado en el sistema de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición que se creó tras el Acuerdo de Paz con la guerrilla de las FARC.

A través de la investigación de los hechos ocurridos durante medio siglo de guerra la CEV aspira a construir “un relato colectivo” en el que todos los colombianos, de alguna manera, se sientan incluidos. Una tarea que, por lo ambicioso del proyecto, no echó a andar oficialmente hasta noviembre pasado, dos años después de la firma de los acuerdos de La Habana.

En este intervalo la paz en Colombia ha transitado por un camino lleno de obstáculos. La victoria del No en el plebiscito que pretendía sancionar el Acuerdo, la persistencia de la violencia en muchas zonas del país y la llegada al Gobierno en 2018 del Centro Democrático, el más firme opositor a los diálogos con la ex guerrilla, son parte del continuado test de estrés al que se ha sometido el histórico documento. También la estructura institucional creada para su implementación ha sufrido este desgaste.


“Un lugar para la participación social”


“La expectativa en 2015 —cuando se acordó la creación de la CEV— era que Colombia iba a una transición entre la guerra y la paz; en la que se presuponía un clima de aceptación de la paz. Pero ese supuesto básico, sobre el que fue creada la Comisión, no se ha dado”. Así resume la periodista Marta Ruiz el actual clima de polarización política y social que vive el país latinoamericano y su efecto sobre el ente del que forma parte.

Ruiz es una de las once comisionadas y comisionados responsables de la CEV. Un cuerpo colegiado que integran perfiles de lo más variados. Desde un ex sacerdote jesuita (Francisco de Roux, presidente de la Comisión) a una líder social afrocolombiana, pasando por un mayor del ejército retirado, una experta en derecho constitucional de origen indígena o un médico español especializado en la atención a víctimas.

“La Comisión no es un espacio de intelectuales y académicos, sino un lugar para la participación social, que será más valioso si logra ser incluyente y participativo”, explica esta informadora con más de 15 años de experiencia cubriendo la guerra desde dentro. Un diálogo social que es uno de los “rieles” principales sobre los que la CEV trabaja, mediante encuentros y audiencias públicas en algunos de los puntos del país más golpeados por la guerra, como las regiones de Antioquia, Putumayo, Nariño o el Norte de Santander, entre muchas otras.

Pero también con reuniones privadas con actores estratégicos del conflicto, lo cual incluye a figuras políticas, del ejército y de grupos armados, “tratando de que haya un reconocimiento de cómo se implicaron en él, cómo coadyuvaron y cómo se beneficiaron. Y también para reconocer los heroísmos, las resistencias y la manera en la que se hizo frente a un conflicto tan largo”, asegura Ruiz.


Un consenso básico en torno a la paz roto


El otro riel, quizás el más inmediato, al que hacen referencia desde la CEV tiene que ver con la investigación y la recolección de testimonios. Para ello se han desplegado hasta el momento 17 casas o sedes territoriales donde se recoge la voz de las víctimas y los victimarios que están dispuestos a hablar. Además de asesorar a comunidades que ya llevan tiempo implicadas en esta labor.

Una tarea ingente que se ha visto diezmada, apunta Ruiz, por el desinterés del nuevo Gobierno sobre este organismo. El cual se tradujo en una reducción del 40% del presupuesto con el que inicialmente preveía contar la Comisión y que ha impactado en la manera de llegar a los territorios —“pensábamos estar en muchos más y con más gente”— y en el propio protagonismo de la Comisión —“la marginaliza y le quita centralidad”—. Precisamente en un momento de profunda discusión sobre la memoria del conflicto y la manera de juzgar lo acontecido.

A comienzos de marzo el presidente Iván Duque impugnó varios de los artículos que regulan la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal especial que juzga los crímenes del conflicto. La decisión provocó el rechazo de buena parte de la oposición política y de observadores internacionales, al entender que aumenta el grado de incertidumbre en torno a la ejecución del Acuerdo. Con la amenaza latente de que siga aumentando el número de ex guerrilleros que regresan a las armas.

“Creo que el gran avance que hubo en La Habana es reconocer que el conflicto estaba asociado a unos problemas estructurales, como la propiedad de la tierra, el narcotráfico, la no-presencia del Estado, la falta de participación democrática, etc. Ante la pérdida del plebiscito, el Acuerdo salió adelante pero el consenso básico alrededor de esto dejó de existir”, reflexiona Ruiz.

La comisionada sostiene que el actual Gobierno no comparte ese análisis multicausal de la guerra en Colombia. “Su manera de verlo es otra”, comenta después de reconocer las diferentes posturas –desde los que niegan el propio conflicto hasta los que lo reducen a un problema de legalidad o ilegalidad- que existen en el actual Ejecutivo. “Todo se ve desde una matriz meramente judicial y no como un problema social y político”, reflexiona.


El informe final y “la verdad” del conflicto


Igual que han hecho comisiones de la verdad de países como Sudáfrica, Guatemala o Perú, la CEV colombiana tiene el compromiso de entregar, una vez terminado su mandato de tres años, un completo informe que recoja las conclusiones de su investigación.


Sin menospreciar este documento final Marta Ruiz matiza que, antes de escribir una línea, su esfuerzo se centra en “contribuir a una apropiación social de todo ese conocimiento”. “En nuestra metodología, luego de los testimonios, vamos a identificar unos patrones y unos contextos explicativos. Luego queremos hacer un diálogo con la sociedad para construir las hipótesis. No ir a extraer testimonios y encerrarnos a escribir, sino ponerlo sobre la mesa con la gente, para que esto empiece a ser más una construcción colectiva”, explica.

La polarización de la sociedad colombiana y el carácter tan reciente de la guerra son obstáculos evidentes para la construcción de esa “verdad” o relato colectivo, reconocen desde la CEV. El comisionado Saúl Franco, médico de profesión, apuntaba en noviembre que la Comisión no pretende imponer ese proceso de memoria común, pero sí estimularlo. “Eso sí, queremos llegar a unas cosas concretas. Tenemos el reto, y lo vamos a cumplir, de entregar un informe creíble y conciso sobre el conflicto en el país”, señala Franco.

“Colombia no es un país donde no haya información sobre violaciones de derechos humanos. Incluso hay mucha. Lo que falta es un relato que tenga pretensión de ser un relato nacional. Que sea de alguna manera un piso, más sólido, menos fragmentario y más ambicioso, desde donde se pueda empezar a debatir sobre los hechos y las violencias”, añade Marta Ruiz.


La tarea de “tejer” las heridas abiertas


La persistencia de esa violencia es precisamente otro de los muros que habrá de saltar la CEV para cumplir sus objetivos. En 2018 más de 170 líderes sociales fueron asesinados en las áreas rurales de Colombia, confirmando una tendencia ascendente desde la firma de La Habana. El pasado 17 de enero la principal guerrilla todavía activa en el país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), mató a 22 jóvenes policías en una academia de Bogotá con un coche bomba que alimentó las demandas de una política de mano dura en amplios sectores de la sociedad colombiana.

De nuevo, sobre la mesa, el debate sobre la paz y la seguridad. “Creo que, sin que se hubiese afincado el discurso de la paz, en Colombia se ha vuelto a instalar el discurso de la seguridad como la solución a los problemas de convivencia. Y la paz es un concepto mucho más profundo, una construcción más colectiva y es un desafío muy grande para la sociedad en términos de transformación”, analiza Ruiz.

En este contexto de división política y con una elecciones regionales en el horizonte (octubre de 2019) ha arrancado la CEV colombiana su trabajo. Francisco de Roux, presidente de la institución, lanzó un mensaje con ánimo tranquilizador tras conocerse la impugnación parcial del Gobierno al tribunal especial para la paz, organismo hermano de la Comisión. “Esta marcha hacia la verdad no la vamos a detener por nada”, proclamó De Roux.

Un clima, en todo caso, que anticipa más dificultades en la titánica tarea que la CEV tiene por delante. Tal y como se desprende de las palabras usadas por Ruiz para explicar los verdaderos efectos del conflicto sobre la vida de millones de colombianos.


“Lo que me he dado cuenta saliendo al territorio es que las heridas que ha dejado el conflicto son demasiado profundas. No son las heridas que uno ve en la política, entre los partidos. No, son heridas más grandes, más en lo pequeño, en los barrios, en las veredas, en la gente… Hay un sentimiento muy profundo de haber vivido una injusticia y una sensación muy grande de abandono (…) Queda una tarea muy grande en reconciliar a la gente con sus propias instituciones y con el Estado. Y nuestro intento es el de poder tejer con un hilo narrativo esas heridas. Pero la cicatrización va a ser larga y requiere demasiados esfuerzos”.

2019-05-04 09:41:00

Publicado enColombia
Alternativas pospetroleras para Venezuela, necesarias, urgentes, posibles

A medida que proliferan las ideas sobre las posibles alternativas para salir de la crisis en Venezuela, llamativamente hay una persistencia. Una y otra vez se parte del petróleo, esto no está en discusión y desde allí es que divergen distintas opciones sobre cómo aprovecharlo. 

Por momentos parecería que es casi imposible imaginar una alternativa que no dependa de los hidrocarburos. En cambio pasan a ser posibles las distintas opciones sobre la propiedad de los hidrocarburos, los papeles del Estado o el mercado, los esquemas tributarios y así sucesivamente (1). No sólo eso y hay quienes redoblan la apuesta reclamando profundizar todavía más el extractivismo petrolero como medio para obtener rápidamente ingresos económicos.


Por ejemplo, la cámara empresarial petrolera ya tiene un plan para aumentar la extracción en un millón de barriles (2), los sindicatos concuerdan en fortalecer ese sector (3) y hay voces académicas en el mismo sentido. Esa profundización petrolera es reclamada en todo el arco político, desde los conservadores a los progresistas (4). Solo difieren en los modos de hacerlo.


Asumir que toda opción de cambio implica la petrolización tiene muchas limitaciones. Es anticuado, no resuelve viejos problemas del desarrollo ni las nuevas exigencias del cambio climático. De alguna manera se renuncia a promover alternativas reales a la esencia del desarrollo venezolano: ser proveedora de hidrocarburos a la globalización. Aún en el mejor caso, sería aliviar la crisis actual para sembrar una crisis futura.


Las voces de alarma sobre la adicción petrolera se han repetido en Venezuela por lo menos desde la década de 1960. Posiblemente la advertencia más popular sea “el petróleo es el excremento del diablo”, de Juan Pablo Pérez Alfonzo hacia 1976 (5). Pero no han sido atendidas. En paralelo, se han sumado muchos análisis sobre lo que ha sucedido en distintos países petroleros que muestran importantes desarreglos productivos, comerciales y financieros, descalabros políticos como sociales (como derivas autoritarias o la penetración de la corrupción) y muy serios impactos ambientales (6). La metáfora lanzada en 1936 por A. Uslar Pietri, “sembrar el petróleo”, por ahora no se cristalizó en América Latina.

Cuando el rentismo es insuficiente


Como la condición petrolera es indiscutible, los debates pasan a estar enfocados en los modos de mantener ese extractivismo. Se considera, por ejemplo, si se debe nacionalizar o privatizar el sector, cuáles serían los roles de las empresas petroleras, si éstas deben ser estatales, privadas o mixtas, el nivel de tributación, cómo manejar la inversión extranjera, y así sucesivamente.


Muchos alertan de que Venezuela tiene una estructura “rentista”, de donde el problema central sería esa dependencia de la renta petrolera pero no la centralidad de esa explotación. Se dice, por ejemplo, que en “el futuro Venezuela seguirá siendo un país petrolero, pero no podrá ser en ningún caso un país rentista” (7). Dicho de otro modo, habría alternativas posrrentistas pero no asoman en el horizonte opciones pospetroleras.


Los abordajes basados en la renta son herederos de posturas económicas del siglo XIX (sean las de David Ricardo como las de Karl Marx). En sus aplicaciones prácticas actuales, la renta corresponde a la diferencia entre el valor económico de un recurso natural según lo determinan los mercados globales y los costos totales de la extracción, que denominan “producción”. Ese es el tipo de cálculo que por ejemplo realiza el Banco Mundial. El éxito o fracaso económico de un país petróleo se mide usualmente con indicadores como este.
Sin embargo esas ideas de la renta están repletas de problemas. Comencemos por precisar que no existe una “producción” de hidrocarburos, sino que en realidad es una pérdida irreversible de patrimonio. El vocablo “producción” oculta que son recursos finitos y agotables, y su dinámica es muy distinta a lo que ocurre, pongamos por caso, en la agricultura, que tiene potenciales de renovabilidad (en lo que podrían ser rentas agrícolas se pueden calcular costos de reposición de la fertilidad del suelo, pero eso es imposible para los combustibles fósiles).


Paralelamente, en los cálculos convencionales de la renta los “costos” son siempre incompletos, ya que no incorporan lo que se gasta o pierde por impactos sociales y ambientales. Dicho de modo esquemático, el precio del crudo no incluye componentes como los costos económicos de la contaminación o del daño de la salud de las comunidades locales. Ese gasto sin embargo existe, y lo que sucede es que son transferidos a la sociedad. Esta es una de las razones por las cuales al Banco Mundial, muchas corporaciones y unos cuantos académicos, les encanta ese tipo de cálculo de la renta, ya que legitima u oculta las enormes cargas en dinero y patrimonio que los extractivismos transfieren a la sociedad y el Estado.
Estos y otros componentes muestran que la categoría de rentismo y la evaluación de la renta pueden ser útiles para problemas específicos que sin duda deben ser rectificados, pero no deberían impedir abordar la cuestión de fondo que radica en la dependencia petrolera y los efectos que desencadena. Hay otros abordajes, como los que se basan en reformular el concepto de “excedente”, que permiten incorporar dimensiones sociales y ambientales que vienen siendo rutinariamente excluidas, y que sirven para acceder a alternativas más profundas (9).


Contradicciones internas y externas


En efecto, no existe una petrolización no rentista que sea social y ambientalmente benévola. Bajo cualquier organización institucional o económica, los pozos de petróleo contaminan, su expansión afecta a pueblos indígenas, y cuando sus derivados son quemados, alimentan el cambio climático. La dependencia global es inevitable por el simple hecho de tener que exportar el crudo; esas exportaciones implican sumergirse en las reglas del comercio global y de los flujos de capital. Las empresas, sean estatales, mixtas o privadas, siempre buscarán aumentar sus ganancias, y por ello externalizan todos los costos sociales y ambientales que puedan. Las comunidades protestarán, y rápidamente serán acusadas de entorpecer el “desarrollo”, y allí donde insistan se apelará a la violencia, sea estatal o no, para asegurar esas explotaciones. Todo eso resulta en violaciones a los derechos humanos, tal como se observa en los países latinoamericanos petroleros. En los momentos de altos precios globales estos impactos se disimulan, pero no se anulan.


Pero es todavía más impactante que la insistencia en seguir siendo petroleros luce anticuada porestar desacoplada de los problemas del siglo XXI. Hoy sabemos que no es posible seguir extrayendo petróleo porque no puede ser quemado si realmente se desea evitar el cambio climático. Para impedir ese desplome ecológico planetario se identificó un límite a las emisiones conocido como “presupuesto de carbono”. Simplificando al máximo el asunto, la comunidad científica entiende que las emisiones netas de CO2 deben caer a cero en los próximos años, si es que realmente se quiere evitar cruzar el umbral de un desastre climático que pondría en riesgo a la vida humana.


Ante esto, profundizar la extracción de petróleo venezolano, bajo cualquier tipo de arreglo institucional o económico, resultaría en alimentar el recalentamiento global, violaría acuerdos internacionales en esa cuestión, y contribuiría a un problema ambiental que como es planetarioregresa para golpear a los propios venezolanos y su naturaleza.

Alternativas posextractivistas


Este tipo de argumentos muestra que la condición petrolera también se debe poner en cuestión. Las reales alternativas están en abandonar la dependencia petrolera. Ya se han intentado todo tipo de arreglos políticos y económicos sin éxito; ya no hay tiempo para ensayar otras opciones ilusionadas con un extractivismo “bueno” porque ni la ecología planetaria ni la local, lo resisten.


Es más, insistir en la petrolización es también riesgoso. En la actual oposición hay planteos de buscar recursos financieros del exterior, por ejemplo el FMI, para enfrentar la crisis, pero buena parte de ellos irían a recapitalizar el sector petrolero en lugar de asegurar beneficios concretos a la población. Otra vez se caería en que el Estado termina subsidiando las actividades petroleras. O bien, está el otro riesgo de usar la excusa de la crisis para una privatización generalizada, lo que cambiaría un extractivismo estatal por uno más subordinado al capitalismo global (10).


Bajo esas y otras condiciones han surgido las propuestas y debates sobre las llamadas transiciones posextractivistas. Existen antecedentes en varios países que muestran que es posible pensar más allá del petróleo, que eso cuenta con respaldo de importantes sectores ciudadanos, y que incluso se expresan en planes de acción concretos (como ocurrió con la moratoria petrolera en la Amazonia de Ecuador). En Venezuela ya hay algunas voces (11).


El posextractivismos se plantea como un conjunto de transiciones, ya que se admite que no pueden imponerse de un día a otro. Pero a diferencia de otras posiciones, esas transiciones se expresan en medidas que sean concretas, efectivas, replicables y entendibles por la opinión pública. Su meta es una erradicación real de la pobreza, asegurar la calidad de vida de las personas y conservar la naturaleza.Apuntando a ese objetivo ya existe un marco conceptual para transiciones pospetroleras para las regiones andino-amazónicas (12) que pueden servir como un insumo para los debates.

 


Si son esas u otras las opciones transicionales a considerar, eso es parte de la discusión que debe profundizarse. A pesar de que se intenta evitar ese debate, una real alternativa está en imaginar futuros inmediatos que no sigan dependiendo de la petrolización. Esa es la verdadera y necesaria discusión sobre las alternativas. No existe ninguna imposibilidad de hacerlo y las ataduras que lo impiden deben ser rotas.

Notas:


(1) Ver por ejemplo, Industria petrolera: un mapa de propuestas, ProDavinci, Caracas, 2 abril 2019, https://prodavinci.com/industria-petrolera-en-venezuela-un-mapa-de-propuestas/
(2) Cámara Petrolera de Venezuela presenta plan para elevar producción en 1 millón de barriles, A. Rojas Jiménez, Petroguia, 25 abril 2019, Caracas, http://www.petroguia.com/pet/noticias/petr%C3%B3leo-gas-natural-petroqu%C3%ADmica/c%C3%A1mara-petrolera-de-venezuela-presenta-plan-para-elevar
(3) Trabajadores petroleros de Venezuela rechazan sanciones de EE.UU., Telesur, Caracas, 31 enero 2019, https://www.telesurtv.net/news/trabajadores-petroleros-defensa-pdvsa-sanciones-eeuu-20190131-0024.html
(4) ¿Cómo recuperar el bienestar de los venezolanos?; por Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos, 25 de septiembre, 2017, Prodavinci, Caracas, http://historico.prodavinci.com/2017/09/25/actualidad/como-recuperar-el-bienestar-de-los-venezolanos-por-ricardo-hausmann-y-miguel-angel-santos/
Ministerio de Petróleo articula planes con PDVSA para potenciar producción en la FPO, Ministerio P.P. Petróleo, Caracas, 2018, http://www.minpet.gob.ve/index.php/es-es/comunicaciones/noticias-comunicaciones/29-noticias-2018/339-ministerio-de-petroleo-articula-planes-con-pdvsa-para-potenciar-produccion-en-la-fpo
(5) Hundiéndonos en el excremento del diablo, J.P. Pérez Alfonzo, El Perro y la Rana, Caracas, 2009.
(6) Un resumen con muchos ejemplos latinoamericanos en La maldición de la abundancia, A. Acosta, AbyaYala, Quito, 2009.
(7) Entrevista a M. Gerig en Revista Florencia, 22 marzo 2019, https://revistaflorencia.com/malfred-gerig-futuro-economia-venezolana/
(8) Cálculos disponibles en la base de indicadores del Banco Mundial, https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.TOTL.RT.ZS
(9) El manejo del concepto de excedente de ese modo se explica en Extractivismos. Un modo de entender el desarrollo y la naturaleza, CEDIB y CLAES, La Paz, 2015.
(10) Por ejemplo, desde la política conservadora, el economista Ricardo Hausmann, que asesora a Juan Guaidó, concibe la salida de la crisis por medio de un préstamos masivo del FMI por unos US$ 60 mil millones, y que el sector energético requerirá enormes ayudas financieras. Ricardo Hausmann habla de su plan de recuperación para Venezuela, Gestión, Lima, 31 enero 2019, https://gestion.pe/mundo/ricardo-hausmann-habla-plan-recuperacion-venezuela-257347. En un razonamiento similar, Francisco Monaldo sostiene que para recuperar la extracción en 200 mil barriles/día por año, es necesaria una inyección de US$ 20 mil millones al año por una década, lo que sólo es posible con una reestructuración de las deudas del país, el apoyo del FMI y una reforma de todo el sector que permita atraer inversores. La implosión de la industria petrolera venezolana, F. Monaldo, Pro Davinci, Caracas, 15 agosto 2018, https://prodavinci.com/la-implosion-de-la-industria-petrolera-venezolana/
(11) Una biblioteca de recursos sobre transiciones posextractivistas en www.transiciones.org; debates para Venezuela en www.ecopoliticavenezuela.org
(12) Cambio climático y transiciones hacia el buen vivir en américa del sur, G. Honty y E. Gudynas, Passerelle, Paris, No 13, 2015, http://transiciones.org/transiciones-en-energia-y-cambio-climatico-en-los-andes-y-la-amazonia/
Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una primera versión de este artículo se publicó en ALAI (Quito). Contacto Twitter @EGudynas

Publicado enMedio Ambiente
El Israel de Netanyahu se dispone a declarar un Estado de apartheid

La Tierra sigue girando sobre su eje, nada ha cambiado, incluso después de las recientes elecciones en Israel. 

Elegido para liderar Israel por quinta vez, Benjamin Netanyahu está preparado para instalar el gobierno más nacionalista y derechista de la historia del país y, mientras tanto, el mundo parece continuar como siempre.


Apoyo incondicional


Desde hace varias décadas, Israel ha estado continuamente escupiendo frente al resto del planeta, con un despreocupado desprecio por el derecho internacional y con un desdén absoluto por las decisiones explícitas y las políticas detalladas adoptadas por las instituciones mundiales y por la mayoría de los gobiernos nacionales del mundo.


Sin embargo, ahí afuera, en ese mundo, todos esos salivazos pasan de alguna manera por gotas de lluvia. Las elecciones vinieron y se fueron sin un efecto perceptible en el apoyo automático y ciego hacia Israel por parte de los gobiernos europeos y, por supuesto, también del estadounidense: incondicional, sin reservas, aparentemente sin cambios. Parece evidente que lo que fue es lo que será.


No obstante, Israel ha cambiado durante el curso del largo reinado de Netanyahu. Este habilidoso estadista israelí está dejando su huella sobre el perfil de su país con un efecto profundo y duradero, más aún de lo previsto o incluso aparente.


Sí, es cierto que los gobiernos de izquierdas en Israel hicieron también cuanto pudieron por preservar la ocupación israelí para siempre y no tuvieron la intención, ni por asomo, de ponerle fin, pero Netanyahu está llevando a Israel mucho más allá, hasta sitios aún más extremados.


Está dañando todo lo que pudiera constituir un gobierno aceptable dentro del territorio soberano reconocido de Israel, incluso con respecto a sus ciudadanos judíos. La propia cara de la “única democracia en Oriente Medio”, que durante mucho tiempo ha funcionado principalmente en beneficio de los israelíes judíos que constituyen su clase privilegiada, está siendo alterada ahora por Netanyahu y compañía.


El predilecto de Occidente


Mientras tanto, es increíble que la respuesta del mundo sea no alterar nada en el apoyo con el que ha estado obsequiando a Israel durante todos los años del gobierno de Netanyahu, como si en esta última ronda no hubiera variado nada, como si las cambiantes posiciones adoptadas por Israel no aumentaran ni disminuyeran tal apoyo.


Con o sin Netanyahu, Israel sigue siendo el predilecto de Occidente. Ningún otro país disfruta, sin condiciones, del mismo nivel de apoyo militar, económico, diplomático y moral. Pero la próxima administración israelí, el quinto gobierno de Netanyahu, se está preparando para anunciar un cambio que puede que el mundo ya no pueda finalmente ignorar.


El nuevo gobierno está dispuesto a arrancarse la última capa de la máscara de su verdadero rostro. El principal activo de Israel, al considerarse a sí mismo como una democracia liberal que comparte valores muy apreciados en Occidente, está a punto de saltar por los aires.


¿Seguirá apoyándolo entonces Occidente? Occidente, el mismo que exige a Turquía que adopte cambios profundos antes de admitirla plenamente en la Unión Europea, que impone sanciones a Rusia en el momento en que invade Crimea, ¿continuará apoyando a la nueva República de Israel que Netanyahu y sus socios gobernantes se preparan a lanzar?
Un cambio radical


El grado de cambio esperado no puede ser exagerado. Israel parecerá diferente. Donde el gobierno anterior prendió hogueras, este avivará las llamas a medida que vayan extendiéndose. El sistema judicial, los medios de comunicación, las organizaciones que defienden los derechos humanos y los derechos de los árabes en Israel experimentarán pronto una sensación abrasadora.


Mediante ley, se impedirá la publicación de artículos de opinión en los medios de comunicación israelíes si, por ejemplo, se les ocurre criticar a los soldados israelíes o si apoyan un boicot a Israel. El aeropuerto Ben-Gurion negará la entrada de manera más generalizada a los críticos con el régimen israelí.


Las organizaciones de la sociedad civil serán despojadas de su situación de legalidad. En el camino emprendido para materializar la visión de un Estado judío, cuyos legisladores son judíos, los árabes serán totalmente excluidos. Y, por supuesto, sin descontar la anexión, en espera actualmente entre bastidores.


El nuevo gobierno será el gobierno de la anexión israelí. Si el apoyo anticipado de Washington está a punto de materializarse (el primer paso, el globo sonda, fue el reconocimiento estadounidense de la anexión de los Altos del Golán), entonces Netanyahu dará el paso que se ha abstenido de dar, hasta el momento, durante todo su reinado: Anunciará la anexión de al menos una parte de los territorios palestinos ocupados.


La trascendencia será inequívoca: Israel admitirá por primera vez que su ocupación militar de 52 años en Cisjordania está ahí para quedarse; que no es, como siempre sostuvo, un fenómeno pasajero.


Cambios políticos espectaculares


Los territorios no son “moneda de cambio” en las negociaciones para la paz, como se afirmó al comienzo de la ocupación, sino propiedades coloniales destinadas a permanecer bajo el dominio israelí de forma permanente. No hay intención alguna de devolver a los palestinos los territorios ya anexados, que podrían después expandirse.


Así pues, el nuevo gobierno de Netanyahu declarará dos cambios políticos espectaculares. En primer lugar, el fin de la solución de dos Estados, que incluso Netanyahu apoyó y de la que se declararon partidarios todos los líderes mundiales.


Esa opción se declarará liquidada. En segundo lugar y al mismo tiempo, Israel se proclamará a sí mismo como un Estado de apartheid no solo de facto, sino ahora, por primera vez, también de iure.


Dado que ninguno de los que están a favor de la anexión tiene la intención de otorgar igualdad de derechos a los palestinos en los territorios de los que van a apropiarse, y como tal anexión de la tierra en la que se levantan los asentamientos es evidentemente fraudulenta, los estadistas del mundo no tendrán más remedio que reconocer, con pleno conocimiento y aceptación, que en el siglo XXI se ha declarado un segundo Estado de apartheid al estilo de Sudáfrica.


En este último supuesto, un régimen de apartheid fue derrotado milagrosamente sin derramamiento de sangre. ¿Se solidarizará el mundo en esta ocasión para repetir esa postura?


¿A qué Israel siguen aún apoyando?


Esta es la pregunta que debería plantearse ante todo a los líderes europeos, desde Angela Merkel hasta Emmanuel Macron, incluida Theresa May; a todos los dirigentes de la Unión Europea. Han repetido sin cesar el mantra de que su apoyo a Israel y a su derecho a existir con seguridad es firme e inmutable.


Han venido declarando de forma continuada su apoyo a una solución negociada de dos Estados. Entonces, ¿a quién apoyan ahora? ¿Qué es lo que apoyan? Exactamente, ¿a qué Israel? ¿En qué mundo se imaginan que viven? Tal vez en el mundo de sueños en el que evidentemente se sienten cómodos, aunque cada vez menos conectados con el mundo real.


¿Seguirá afirmando Europa que Israel comparte sus valores liberales cuando las organizaciones de la sociedad civil estén prohibidas en Israel? ¿Cuándo casi todos los políticos sionistas en Israel declaren que no tienen nada que discutir en el Parlamento con los legisladores árabes electos?


Intenten imaginar a un diplomático europeo declarando que los miembros judíos del Parlamento de su nación no pueden formar parte de ningún diálogo político. O que un diplomático europeo afirmara que los ciudadanos judíos de su país son traidores y quintacolumnistas.


Este tipo de cosas son políticamente correctas en Israel, en todos los partidos. ¿Y qué sucede con la libertad de expresión, tan sagrada en el discurso europeo, cuando el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2019 de Reporteros sin Fronteras clasifica ya a Israel con el número 88, detrás de Albania, Kirguistán y la Hungría de Viktor Orban?


Ese es el Estado de Israel que Vds. están apoyando.


La solución de dos Estados está muerta


El apoyo automático de Occidente a una solución de dos Estados exige también una actualización. ¿De verdad creen, queridos estadistas, hombres y mujeres, que el Israel actual tiene alguna intención, en algún momento, de poner en marcha tal solución?


¿Ha habido alguna vez un solo político israelí que quisiera, o pudiera, desplazar a unos 700.000 colonos, incluyendo la ocupada Jerusalén Este?
¿Creen que sin una retirada de todos los asentamientos, que representa un mínimo de justicia para los palestinos, existe la posibilidad de que tal solución pueda arraigar y convertirse en una realidad?


Uno podría señalar que la mayoría de los diplomáticos occidentales que están bien informados sobre lo que está sucediendo, saben ya desde hace mucho tiempo que tal solución está muerta, pero ninguno de ellos tiene el coraje de admitirlo.


Admitirlo les obligaría a reconfigurar todas sus posiciones sobre el conflicto en Oriente Medio, incluyendo el apoyo a la existencia de un Estado judío.
Con el advenimiento del nuevo gobierno de Netanyahu, el mundo occidental no puede seguir haciendo la vista gorda y seguir afirmando que todo va bien. Pero nada va bien.
Por tanto, la pregunta ahora es: ¿Están preparados para aceptar esta situación? ¿Van a seguir permaneciendo en silencio, continuarán mudos, prestarán su apoyo y harán la vista gorda ante la realidad?


Aquellos de Vds. que estén más preocupados por el futuro de Israel deberían ser los primeros en despertar y sacar las conclusiones necesarias. De hecho, toda persona de conciencia debería estar haciendo eso.

 

Middle East Eye

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

*Gideon Levy es columnista de Haaretz y miembro de la junta de editores del periódico. Ha recibido diversos premios internacionales e israelíes por sus trabajos. Su nuevo libro T he punishment of Gaza ha sido publicado por Verso.

Publicado enInternacional
Una misteriosa especie humana conquistó el techo del mundo hace 160.000 años

Hallado en China el fósil de un denisovano, la especie que se cruzó con los 'Homo sapiens' y les pasó genes que les permitieron vivir a gran altitud

 Científicos chinos y europeos han identificado un fósil como perteneciente a un denisovano, la misteriosa especie humana que pobló Asia hace miles de años y con la que los sapiens tuvimos una corta pero fructífera historia de sexo.


Un estudio publicado hoy en Nature describe los restos —la mitad de una mandíbula inferior y dos molares— que fueron encontrados en 1980 por un monje budista en la cueva de Baishiya, en la provincia china de Gansu, que comprende parte de la meseta tibetana. “Esta cavidad natural está considerada un lugar sagrado y los huesos humanos que aparecen aquí se suelen machacar para hacer medicinas tradicionales con supuestos poderes curativos”, explica Jean-Jacques Hublin, paleoantropólogo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y coautor del estudio. No se sabe por qué, "el monje prefirió salvar los restos y regalárselos al sexto buda viviente de Gung-Thang, una autoridad religiosa, quien a su vez los donó a una universidad china”, explica. Ahora, 39 años después y gracias a la colaboración entre investigadores chinos y europeos, se ha demostrado que el hueso no era de un santo, sino de un denisovano adolescente de sexo desconocido que vivió hace al menos 160.000 años.


Los denisovanos son una especie humana sin rostro. Fueron descubiertos en 2010 y de ellos apenas se conocían cinco restos fósiles de menos de dos centímetros, todos hallados en la cueva rusa de Denisova, al sur de Siberia, que no permiten conocer el aspecto físico de estos humanos. Sin embargo, el frío de la cueva preservó el ADN, lo que ha permitido ensamblar todo su genoma a partir del diminuto diente de una niña. La genética los identificó como una especie hermana de los neandertales que apareció hace unos 400.000 años. Mientras los neandertales ocuparon Europa, los denisovanos se expandieron por Asia.


Después de que los Homo sapiens salieran de África por primera vez, hace unos 100.000 años, se encontraron con los denisovanos y tuvieron sexo e hijos con ellos en varias ocasiones. Fruto de aquellos cruces hay unas gotas de ADN denisovano en los asiáticos, sus descendientes los nativos americanos (un 0,2% del genoma) y los habitantes de Oceanía (hasta el 5%). Por razones desconocidas, los denisovanos se extinguieron hace unos 40.000 años, el mismo destino que siguieron los neandertales en la misma época.


El nuevo hallazgo demuestra que los Homo sapiens no fuimos los primeros en ocupar la meseta del Tíbet, el techo del mundo sobre el que se asienta el Himalaya, la cordillera más alta del planeta. El trabajo, coliderado por Fahu Chen, de la Academia de Ciencias China, Dongju Zhang, de la Universidad de Lanzhou, y el equipo de Hublin, ha extraído proteínas de colágeno de uno de los dientes del fósil. Su secuencia de aminoácidos, aunque muy degradada, parece diferente de la de otras especies humanas e identifica los restos como denisovanos. Esto no solo implica que hubo otros humanos que conquistaron la meseta, con una altitud media de 4.500 metros, 120.000 años antes que nosotros, sino que probablemente fueron ellos los que nos pasaron algunas variantes genéticas necesarias para sobrevivir en este entorno hostil con escaso oxígeno, como han demostrado estudios recientes entre pobladores del Himalaya actuales.


“Neandertales y denisovanos vivieron durante cientos de miles de años en Eurasia y se adaptaron a estos entornos. Los humanos modernos llegaron de África y se mezclaron con ellos un poco, lo que les permitió adquirir variantes genéticas ventajosas. Esas variantes se hicieron cada vez más frecuentes. Por ejemplo, el 80% de los tibetanos actuales las portan”, resalta Svante Pääbo, genetista del Max Planck y autor principal de la secuenciación del genoma neandertal y denisovano. "Es muy interesante que se empiecen a encontrar denisovanos más allá de la cueva de Denisova. Presumiblemente ocuparon la mayoría de Asia en el pasado, así que espero que se encuentren muchos más restos en el futuro", comenta el genetista.


La técnica que analiza paleoproteínas puede ser la próxima revolución en evolución humana y probablemente permita aclarar qué aspecto tenían los denisovanos, si es que no lo ha hecho ya. “A juzgar por la mandíbula y lo que sabemos de otros fósiles ya conocidos de China como Maba [sur de China], Xujiayao [norte] y Penghu [Taiwán], que también pueden ser de denisovanos, estamos ante unos humanos muy parecidos a los de la Sima de los Huesos [en Atapuerca, Burgos], con una cabeza grande, los arcos de las cejas muy marcados, dientes voluminosos y frente huidiza”, explica Hublin.


El trabajo también confirma a Asia como una segunda cuna de la evolución humana más allá de África. “En China se conocen muchísimos fósiles humanos raros o inclasificables que ahora podrían ser adscritos a los denisovanos con las nuevas técnicas de análisis de ADN y paleoproteínas”, opina Antonio Rosas, paleoantropólogo del CSIC.


“Nuestra especie, aunque solitaria, es en realidad un crisol de humanidades ya extintas, y esa mezcla ha sido particularmente importante para nuestro éxito actual”, resalta María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos. “Es curiosa la forma en que relatamos siempre como hazañas muchas de nuestras capacidades. Sin embargo, es una cura de humildad descubrir que parte de nuestros superpoderes estaban presentes en otras poblaciones humanas mucho antes que en la nuestra y que de hecho les debemos a ellas su herencia”, destaca.

Por Nuño Domínguez
2 MAY 2019 - 01:39 COT

La lógica detrás de la humillación estadounidense a Palestina

En los últimos dos años, la administración Trump ha lanzado un ataque diplomático total contra el pueblo palestino, mientras prepara una nueva iniciativa para ‘resolver’ el conflicto de Oriente Medio. Ha afirmado que su plan es diferente de cualquier otro, ha descalificado todo lo que se dijo sobre él como especulación salvaje y ha acusado a los críticos de apresurarse a juzgar antes de haberlo visto. 

En efecto, las y los palestinos no han visto el plan real, pero tienen un buen presentimiento sobre lo que implicará. Han observado de cerca cómo la administración Trump ha escupido una política tras otra con la clara intención de humillarles y someterles.


Trump: El regalo a Israel que no cesa


Durante el último año y medio, la administración del Presidente estadounidense Donald Trump ha estado dando al gobierno de Benjamin Netanyahu un “regalo” político tras otro.
En diciembre de 2017, su administración reconoció a Jerusalén como capital de Israel y en mayo de 2018 trasladó la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv. En enero de 2018, congeló toda la ayuda a la UNRWA (la agencia de la ONU encargada de apoyar a millones de personas palestinas que viven como refugiadas), y en junio de ese año se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU después de acusarlo de tener una predisposición contra Israel a causa de sus políticas en Palestina ocupada. En septiembre, la administración Trump clausuró la oficina de representación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Washington.


Mientras tanto, le dio a Netanyahu luz verde para expandir las colonias judías en Cisjordania, a la cual el Departamento de Estado dejó de llamar “ocupada” en los documentos oficiales y pasó a designarla como “controlada por Israel”.


Luego, justo antes de las elecciones israelíes de este año, el Presidente Donald Trump firmó una proclamación en la que legitimaba la anexión por parte de Israel de los Altos del Golán sirio, la cual había sido anteriormente declarada “nula y sin efecto” por la administración Reagan y el Consejo de Seguridad de la ONU.


Quizás lo más alarmante es que su administración empujó a ciertos países árabes hacia la normalización de las relaciones con Israel, sin que Israel hiciera ninguna concesión a cambio.
Estas políticas estadounidenses han envalentonado a Netanyahu −que iniciará un quinto mandato como Primer Ministro− para jactarse de que mantendrá para siempre la soberanía israelí sobre una “Jerusalén unida”, como “capital eterna” de Israel, y a prometer que nunca renunciará al control israelí sobre ningún territorio palestino al oeste del río Jordán. También se ha comprometido a anexar todas las colonias judías ilegales en Cisjordania.


Entre tanto, los dirigentes palestinos y los gobernantes árabes han hecho poco más que emitir declaraciones inconsecuentes.


Zelotes con esteroides


Estos y otros cambios en la tradicional política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio se han producido por iniciativa de los tres principales asesores de Trump para Oriente Medio: su yerno Jared Kushner y sus dos ex abogados neoyorquinos, Jason Greenblatt y David Freedman, que han estado promoviendo activamente políticas pro israelíes durante décadas.
Estos tres orgullosos sionistas radicales han demostrado claramente su entusiasmo por las colonias ilegales de Israel en los territorios palestinos, y su rechazo a la denominación de “ocupadas” para Cisjordania y Jerusalén.


Pero el trío Trump sigue sorprendiendo, y no en el buen sentido. Kushner y compañía son tan extremistas que hacen que Netanyahu parezca moderado en comparación.
Forman parte de un grupo de sionistas estadounidenses de línea dura que se opusieron al “Proceso de Paz de Oslo” en los años Noventa, e incluso han comparado a los grupos pacifistas israelíes con los colaboracionistas nazis. También han desestimado de plano los derechos nacionales e históricos del pueblo palestino y han defendido las acciones de Israel como ordenadas por Dios. Al igual que sus socios evangélicos, creen que su jefe Trump ha sido ungido por Dios para cuidar de Israel, y consideran que su interpretación de la voluntad divina suplanta la voluntad de la comunidad internacional.


El año pasado, Friedman, que ha estado sirviendo como embajador de Estados Unidos en Israel, tuiteó: “Hace más de 2000 años, los patriotas judíos (macabeos) capturaron Jerusalén, purificaron el Templo Sagrado y lo volvieron a consagrar como sitio de culto judío. La ONU no puede rechazar los hechos: Jerusalén es la capital antigua y moderna de Israel.”
El hecho de que el trío Trump muestre semejante fundamentalismo religioso con esteroides, al tiempo que insiste falsamente en que se preocupa por los intereses del pueblo palestino, debería preocupar a todo el mundo en Oriente Medio y más allá.


Girando y negociando


En tanto Kushner ha permanecido en gran medida callado sobre el nuevo plan, Friedman y Greenblatt se han mostrado locuaces sobre sus méritos e implicaciones para las y los palestinos.


Con una chutzpah [1] inigualable, ambos abogados han estado acosando a los dirigentes palestinos y avergonzándolos por no preocuparse por su gente. También les han atacado indebidamente por “alabar” el terror y dar refugio a terroristas, y al mismo tiempo han defendido incondicionalmente a Israel contra cualquier mínima crítica a su violencia y represión, incluso proveniente de los medios estadounidenses.


Muy probablemente, el trío se ha basado en la infame guía mediática del “Proyecto Israel” para “los líderes que están en la primera línea de la guerra mediática a favor de Israel”, con el fin de avergonzar a la Autoridad Palestina liderada por Abbas y aplaudir al gobierno de Netanyahu. Ellos usan recurrentemente trucos de relaciones públicas tales como: “Estamos listos para ayudar a los palestinos, pero, ¿está lista la dirigencia palestina?”


Todo esto nos lleva a la pregunta: ¿Por qué deberían los palestinos considerar el plan de Estados Unidos cuando Kushner y compañía abogan por la expropiación de sus tierras, su capital y sus recursos, todo en nombre del realismo y la paz? ¿Por qué pensar de otra manera, cuando dos destacados expertos pro-Israel y antiguos asesores de la Casa Blanca consideran que el plan no es más que “economía y algo más”, es decir, “diseñado para el fracaso”?


Bueno, el trío Trump insiste en que están trabajando en algo completamente diferente a las iniciativas anteriores de Estados Unidos, como dijo Kushner a la Cumbre Time 100 esta semana: algo basado en la realidad y no en la fantasía; y cuanto antes lo acepten los palestinos, más rápido mejorarán sus vidas. Pero si las iniciativas del pasado fracasaron porque estaban inclinadas a favor de Israel, ¿cómo puede conducir a la paz hacerlas aún más favorables a Israel? Ni que decir tiene que ninguna nación ocupada o colonizada ha aceptado o aceptará jamás un consejo de este tipo que se base exclusivamente en la lógica del poder canalla.


Pero si la administración estadounidense quiere que los dirigentes palestinos se sumen al plan, ¿por qué sigue humillándolos en público y en privado? Después de todo, cualquier nuevo acuerdo, como cualquier acuerdo anterior, tendría que implicar la aceptación de dividir y/o compartir la tierra.
Hay una vieja sabiduría hebrea en juego aquí.


“El arte de la humillación”


En un intento de ofrecer su propia versión del viejo dicho: “No se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos”, Kushner escribió en un correo electrónico en enero de 2018: “Nuestra meta no puede ser mantener las cosas estables y tal como están; ¡nuestra meta tiene que ser hacer las cosas significativamente MEJORES! A veces hay que arriesgarse estratégicamente a romper cosas para llegar a la meta.”


Pero ¿romper qué exactamente?


Parece que el objetivo principal de Kushner es romper el espíritu del pueblo palestino y su esperanza de un Estado soberano en todos los territorios ocupados en 1967, con el fin de obligarlos a conformarse con una autonomía en partes de esos territorios, con la opción de un seudo-Estado “Gaza primero”, condicionada al buen comportamiento.


Todo esto me recuerda una vieja historia que Kushner seguramente conoce; es una parábola hebrea sobre un pobre hombre que se quejaba a su rabino de que vivía con su gran familia en una casa pequeña. El rabino le dijo que trajera todos sus animales a la casa. Aunque asombrado, el hombre hizo lo que se le dijo. Al día siguiente se apresuró a volver a ver al rabino y se quejó de que la situación había empeorado mucho. El rabino le sugirió al hombre que sacara los pollos. Sintiendo un ligero alivio, pero aún frustrado con sus condiciones de vida, el hombre se dirigió de nuevo al rabino, quien le aconsejó que sacara otro animal. Este vaivén se repitió hasta que el hombre sacó a todos los animales. Al día siguiente volvió al rabino con una gran sonrisa. “Oh Rabino”, dijo, “ahora tenemos una vida tan buena. ¡La casa está muy tranquila y tenemos espacio de sobra”.


La moraleja de la historia es que cuando cambias la forma en que ves las cosas, las cosas que ves cambian. En este sentido, el trío Trump está tratando de forzar a los palestinos a ver que su realidad no es tan mala en comparación con lo mala que podría llegar a ser.


Pero la verdad es que cambiar tu perspectiva no cambia tu realidad. De hecho, cada vez que los palestinos cambiaron la forma en que veían las cosas por insistencia de Estados Unidos durante el último cuarto de siglo, su situación no ha hecho más que empeorar. Se mire por donde se mire, Israel se ha seguido expandiéndose a expensas de Palestina durante décadas.
Ya es tiempo –hace rato− de que una nueva generación de líderes palestinos reconfiguren de manera drástica la realidad sobre el terreno, revirtiendo o superando las políticas pasadas y presentes de Estados Unidos e Israel.

Por Marwan Bishara
Al Jazeera

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