Cuando piensa en “terrorismo alimentario,” ¿qué es lo que se imagina? ¿Complots diabólicos para contaminar productos en las góndolas de los supermercados? Si usted fuera Buddy Dyer, el alcalde de Orlando, Florida, podría haberse imaginado a un grupo que sirve alimentos a personas sin hogar en uno de los parques de la ciudad. Por estos días se está mencionando mucho al alcalde Dyer precisamente por que consideró que los activistas del colectivo Food Not Bombs de Orlando son “terroristas alimentarios.” En las últimas semanas, al menos veintiún personas fueron arrestadas en Orlando, la ciudad de Disney World, por servir gratuitamente comida en un parque.

Food Not Bombs, o como se le llama en español “Comida, no bombas”, es una organización internacional de base que lucha contra el hambre. Como su nombre lo indica, es un movimiento que se opone a la guerra. En su página de internet dice: “Food Not Bombs comparte gratuitamente alimentos veganos y vegetarianos con personas que padecen hambre en más de mil ciudades alrededor del mundo como forma de manifestarse contra la guerra, la pobreza y la destrucción del medio ambiente. Habiendo más de mil millones de personas que pasan hambre cada día, ¿cómo es posible que gastemos más dólares en la guerra?” Los lunes a la mañana y los miércoles a la noche, el colectivo de Orlando coloca una mesa en el parque Lake Eola Park de esa ciudad y sirve allí la comida que prepara.

Desde hace un tiempo, la policía de Orlando viene arrestando a quienes sirven los alimentos. Hace poco, por ejemplo, arrestó a Benjamin Markeson, que estaba perplejo cuando me dijo: “Creemos que terrorismo es arrestar gente por intentar compartir comida con las personas pobres y hambrientas de la comunidad y satisfacer así una necesidad de la propia comunidad. Lo único que hacemos es venir al parque y servir comida a personas pobres que tienen hambre. No sé cómo pueden calificar a eso de terrorismo.”

El abogado Shayan Elahi tampoco lo sabe. Como representante del colectivo Food not Bombs de Orlando ante la justicia, presentó una petición para obtener una medida cautelar contra las acciones llevadas a cabo por la municipalidad ante el juzgado del noveno distrito judicial de Florida, presidido por el magistrado Belvin Perry Jr. El juez Perry apareció en las noticias últimamente como el sensato juez que entiende en el juicio por asesinato contra Casey Anthony, que se lleva a cabo actualmente en Orlando. Mientras que las cadenas de cable realizan una cobertura completa de lo que sucede en el juzgado, Elahi espera que Perry tenga tiempo para ocuparse en persona del caso.

En el centro de la cuestión se encuentra una ordenanza municipal, la ordenanza de “Alimentación a grandes grupos,” que exige la solicitud de un permiso a los grupos que deseen servir alimentos, aunque sea en forma gratuita, a grupos de veinticinco personas o más. Todo grupo puede gestionar dichos permisos sólo dos veces por año. Food Not Bombs Orlando ya utilizó las dos autorizaciones que recibió para este año.

La Asociación por los Derechos Civiles de Florida ha solicitado al Alcalde Dyer que ofrezca una disculpa por calificar al grupo Food Not Bombs de “terrorista”. El acto delictivo no debería ser ofrecer comida a más de veinticinco personas, sino que más de veinticinco personas necesiten alimentos.

El Dr. Elahi vincula estas medidas represivas al proceso de gentrificación que está planificado para el centro de Orlando: “El alcalde creó el Consejo de Desarrollo del centro de Orlando y su objetivo general es básicamente expulsar a todos aquellos que, según ellos son ‘los otros’ y no se adecuan a su idea de quién debería estar en el centro. Y estamos tratando de mostrarle al alcalde que los tiempos han cambiado, que estamos en un momento en el que todo el mundo sufre y que cada vez más personas de las que vienen cuando servimos alimentos de Food Not Bombs son trabajadores pobres.”

Una resolución aprobada la semana pasada por la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos expresa cabalmente el mensaje principal de Food Not Bombs. En la resolución, los alcaldes exhortan al gobierno a poner fin a las guerras en Afganistán y en Irak cuanto antes sea estratégicamente posible, y destinar el dinero a satisfacer las necesidades vitales que tenemos aquí, en Estados Unidos.

La región central de Florida se ha visto duramente golpeada por la recesión y figura entre los lugares con más altos índices de ejecuciones hipotecarias y quiebras del país. La Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación recientemente advirtió que se prevé que los precios de los alimentos se mantengan elevados durante lo que resta del año. La misma proyección se hace para los próximos. A principios de este año, los precios de los alimentos alcanzaron los niveles observados durante la crisis alimentaria de 2007 y 2008, que hizo estallar disturbios en varios países pobres del mundo. En Grecia, las masivas manifestaciones de protesta y la huelga general contra las medidas de austeridad han paralizado Atenas.

Una de las canciones más famosas de Disney, que no queda muy lejos de Lake Eola Park, se llama “Muy pequeño el mundo es” y dice así: “Compartimos tanto, que es hora de darnos cuenta, de que después de todo, el mundo es muy pequeño.” Hagamos que la fantasía se convierta en realidad. Compartir alimentos no debe ser un delito.

Publicado el 30 de junio de 2011

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


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El reinicio de las negociaciones entre palestinos e israelíes es una necesidad urgente para la comunidad internacional y la cuestión de los asentamientos continúa siendo un impedimento fundamental para que ese reinicio tenga lugar, especialmente cuando Netanyahu ha dado instrucciones para la construcción de 3 mil unidades habitacionales e insiste en dejar a Jerusalén oriental fuera de cualquier decisión sobre los asentamientos. La construcción de asentamientos es de la mayor importancia, no sólo por ser un obstáculo fundamental para la concretización de la paz, sino también por ser incompatible con todas las cartas de derechos humanos, las Convenciones de Ginebra y todos los valores de libertad, así como por la ilegalidad de la anexión de territorio por la fuerza y, mucho más, alterar sus características, la construcción de ciudades en territorios ocupados y traer inmigrantes de todo el mundo para sustituir a los originales y legales propietarios de la tierra.

Las resoluciones de la IV Convención de Ginebra de 1949 abordaron el tema de la aprehensión y confiscación de propiedades de la población de los territorios ocupados, así como las actividades de colonización y de transferencia y expulsión de población civil del territorio bajo la autoridad y el poder de la potencia ocupante. Por citar un artículo entre tantos, el artículo 49 establece que La potencia ocupante no podrá proceder a deportar o transferir a una parte de su propia población civil al territorio por ella ocupado.

Al construir asentamientos, Israel no se limita a violar el derecho internacional sino también todas las resoluciones de la legitimidad internacional que prohíben la anexión de territorios por la fuerza. Desde la creación del primer asentamiento hasta la colocación de la primera piedra del asentamiento de Jabel Elmokaber en Jerusalén, el 7 de octubre de 2009, Israel –con 440 asentamientos hasta la fecha– continúa creando hechos consumados en el territorio ocupado y de continuar todo así, no les quedará a los palestinos nada para negociar.

Hasta la fecha, decenas de resoluciones emitidas por el Consejo de Seguridad y por la Asamblea General de Naciones Unidas han condenado la construcción de asentamientos, negando cualquier estatuto jurídico para la construcción de los mismos y exigiendo su desmantelamiento. El mismo Acuerdo de Oslo firmado por Israel y que por fin incluye explícitamente los asentamientos, fue también violado por Israel insistiendo en no respetar la hoja de ruta que en su primer párrafo exige el fin de la colonización y de la creación de nuevos hechos consumados hasta la resolución de las cuestiones finales del conflicto.

Desde el inicio del proceso de paz y el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP hasta la fecha, el número de asentamientos se ha duplicado varias veces mientras todas las protestas, apelaciones e incluso la presión estadunidense y europea enfrentan una infinita arrogancia israelí y un conjunto de argumentos frágiles, como el de que las colonias fueron construidas en terrenos abandonados o de Estado. Nótese que esta afirmación surgió después de la clasificación de los terrenos como tales por parte de las fuerzas ocupantes israelíes. Los palestinos continúan teniendo en su posesión documentos de propiedad, no sólo antes de la ocupación sino antes de la misma creación del Estado de Israel. Se sabe que la ley militar israelí prohíbe la revisión de decisiones de confiscación.

Otro argumento es el del crecimiento natural de la población. Tal crecimiento natural es inaceptable para la población palestina en las zonas C que constituyen 61 por ciento de Cisjordania y que continúan bajo total ocupación israelí. La construcción en estas zonas es regulada por licencias de construcción otorgadas por las autoridades israelíes para que los ciudadanos palestinos puedan construir en sus propias tierras con su propio dinero. Un reporte elaborado por el movimiento israelí Paz Ahora indica que 94 por ciento de las solicitudes palestinas para licencias de construcción fueron rechazadas por la administración Israelí. Entretanto, el vaciamiento de Jerusalén oriental de sus habitantes con el fin de judaizar la ciudad continúa, violaciones diarias que arruinan el proceso de paz (En 2009, 4 mil 670 identificaciones de residentes de Jerusalén, musulmanes y cristianos, fueron decomisadas por las autoridades israelíes).

La colonización es el nombre que Israel da al robo y es el primer factor en la destrucción del sueño de paz en la región y del de los palestinos de tener su Estado independiente en las fronteras de 1967, garantizado por la legitimidad internacional.

Por Randa Nabulsi, embajadora de Palestina en México 
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Las políticas israelíes sobre los territorios ocupados palestinos son una "anexación de hecho" de esas zonas, afirmó hoy el relator de la ONU para los derechos humanos en los Territorios Palestinos, Peter Falk.

"Los asentamientos, el muro de seguridad y la red de carreteras para acceder a las colonias han convertido las condiciones de la ocupación en una serie de circunstancias que se entienden mejor como una anexación de hecho", dijo hoy Falk a la Asamblea General de la ONU, ante la que presentó una evaluación sobre la situación de los derechos humanos en Gaza.

Asimismo, consideró que "la prolongada ocupación (de los territorios palestinos), exhíbe formas de colonialismo y apartheid".

Falk indicó que "la situación en Gaza sigue siendo muy seria desde las perspectiva de los derechos humanos", al tiempo que subrayó que aunque el bloqueo israelí se ha aligerado en algunos aspectos, "la población palestina sigue bajo un gran estrés psicológico"

El experto de la ONU agregó que si antes del bloqueo, que ya dura tres años, la vida en Gaza era difícil, las políticas israelíes la han empeorado y destruido su economía.

Falk se refirió a que la situación de bloqueo virtual en que se encuentran las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos dificultan el objetivo final de que haya un estado palestino.

"La política real de Israel hace que éso, por ahora, no sea una posición viable", dijo el experto durante una conferencia de prensa.

En su intervención ante la Asamblea General, el relator subrayó que la mayor presencia de judíos en Jerusalén Este "mediante los asentamientos ilegales, la demolición de viviendas y las revocaciones de los derechos de residencia a palestinos dificultan cada vez más la posibilidad de que se constituya allí la capital palestina".

Falk consideró que aunque se había asumido que la ocupación sería temporal y reversible según la resolución 242 del Consejo de Seguridad que pide la retirada de Israel a las fronteras previas a la guerra de 1967, la realidad de la política hebrea muestra los obstáculos para lograrlo.

El relator de la ONU consideró que "si bien las condiciones de Cisjordania y Jerusalén Este son susbtancialmente irreversibles por razones políticas y prácticas, seguir pensando en el consenso sobre dos estados se ha convertido en algo engañoso".

Recordó que el establecimiento de colonias judías en los territorios palestinos ocupados es ilegal y que Israel está violando la ley internacional que expresamente prohíbe a la potencia ocupante trasladar a su población a los territorios ocupados.

Asimismo consideró que "Israel ha cometido un gran error al no considerar (al movimiento radical islamista) Hamás como un actor político. Hasta que no lo haga no habrá progresos" en las negociaciones de paz.

El experto de la ONU señaló las malas condiciones de vida de los palestinos y señaló que el 60% de la población de Cisjordania "vive bajo una completa administración militar israelí".

"Después de 43 años, ya ha llegado el momento de reconocer los efectos intolerables de la ocupación sobre la población civil", agregó.

Falk también dijo que lo que "Israel ofrece a los palestinos no les compensa por lo que han perdido en términos de agua y territorios".

El informe presentado por Falk a la Asamblea recomienda que el Consejo de Derechos Humanos (CDH), que tiene su sede en Ginebra, realice un estudio sobre el "impacto legal, político, social, cultural y psicológico de la prolonmgada ocupación" israelí de los territorios palestinos.

Redacción Internet - EFE 
Naciones Unidas
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Miércoles, 12 Mayo 2010 07:44

Globalización, un monstruo que pisa fuerte

–Su plan de investigación es sobre territorio y poder en la globalización, ¿verdad?

–Sí. En los últimos diez años estuve trabajando con eso. Cuando uno analiza la problemática del desarrollo, siempre hay cuestiones espaciales presentes. En el último período, la cuestión del territorio viene pisando fuerte, tanto desde el lado de la política como desde el lado de la academia. Se habla mucho de desarrollo territorial. De algún modo, nuestras investigaciones tratan de desmitificar esa asociación virtuosa entre desarrollo y territorio.

–¿A qué llama “desarrollo territorial”?

–Si nosotros lo comparamos con otros momentos de la historia de Argentina, en la época de la planificación se hablaba de desarrollo regional. Hoy se llama desarrollo territorial al desarrollo de determinados lugares que pueda surgir no tanto del Estado, sino de los actores locales.

–¿Por ejemplo?

–Los ejemplos vienen de la experiencia del norte de Italia, donde se habla del desarrollo de grupos de empresas medianas que tienen capacidad competitiva y se colocan en los mercados muy eficientemente. Eso se intenta trasladar a los espacios de nuestro tercer mundo. Un ejemplo es Rafaela, donde habría una confluencia de empresas, de actividad industrial y agropecuaria muy dinámica. La condición de que se genere desarrollo territorial es que los actores tengan una capacidad diferencial respecto de otros actores y a su vez la capacidad de generar exportaciones, es decir, de ser competitivos internacionalmente. Aquellos territorios que no son competitivos internacionalmente quedan por fuera del desa-rrollo territorial. Y en Argentina la mayoría de los territorios son así.

–¿Y qué es específicamente lo que hace usted?

–Nosotros estudiamos en profundidad cuáles son las relaciones de poder y cuáles son las contradicciones que se presentan en las políticas públicas y en el propio proceso de globalización que de algún modo avanza sobre los territorios buscando esas oportunidades diferenciales y los transforma. Y suele ocurrir que muchos de los sujetos que están en esos territorios no quieren sufrir ese tipo de transformaciones. Por ejemplo, tenemos el caso de la Quebrada de Humahuaca. Fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad y, por eso, confluyen dos propuestas: una de turismo internacional y otra de de-sarrollo rural para la población del lugar. Esta población se ve incluida en los dos modelos.

–¿Y qué pasa allí? Algunos actores deberán vender sus tierras... ¿qué hacen? ¿Se van a la ciudad?

–Eso pasa. Hay gente que vende la tierra porque no son competitivos en los mercados que se abren, no pueden producir el tipo de alimentos que demandan los mejores hoteles de la zona. Entonces a veces pasa eso: hay una gran cantidad de pequeños productores que, según los últimos dos censos, de-saparecieron.

–¿Y qué va a pasar con todo eso? ¿Se puede resistir a la globalización, ese monstruo grande que pisa fuerte? A mí me contaba un maestro de San Francisco que cuando lograron poner un televisor para toda la comunidad, el efecto fue devastador: se fue todo el mundo.

–Claro. Porque ven imágenes de facilidades que creen que hay en las ciudades, un acceso al consumo que ellos no tienen. De cualquier modo, esto no se transforma simplemente con computadoras y televisores, sino con procesos que tengan en cuenta las características culturales de esta gente, con una educación que posiblemente no sea la que están recibiendo. Hay otro ejemplo, que es el caso de Misiones, una provincia con mucha población minifundista de pequeños productores. Mientras hubo tierra pública, los procesos de colonización pública le fueron dando tierras. Pero hace varios años se ha quedado sin tierra pública. Entonces comenzó a producirse un proceso de avance y de ocupación de tierras privadas en el nordeste de Misiones. Eran tierras prácticamente abandonadas, producto de la deforestación y prácticamente improductivas si no fuera por las nuevas tecnologías.

–Ese es el viejo problema de la tierra.

–Sí. Ahora han adquirido un nuevo valor. Entre los propietarios y los ocupantes se genera una situación de conflicto que lleva, entre otras cosas, a la formulación de una ley de arraigo y colonización, que dictaba la expropiación de algunas parcelas. Es una ley que supuestamente favorecía a los ocupantes, pero las tierras todavía no se les han dado. Algunos grupos tienen conciencia de lo que está pasando y proponen modelos que no son ni los que les provee el gobierno ni los que les provee la globalización: quieren tener sus propias escuelas. No le voy a decir que es mayoría, pero hay algunas redes de grupos organizados de gente que se moviliza (sea por el agua, por el medio ambiente, por la tierra). Ellos plantean que todo lo que les viene del propio Estado o de muchas ONG es un modelo que no está de acuerdo con lo que ellos necesitan. Y ellos, entonces, buscan otra salida, como por ejemplo la educación alternativa a las instituciones (que, según dicen, perpetúa la dominación). Esos casos existen. Los territorios de los que hablamos son territorios de la globalización, de la modernidad y de la descentralización. Yo veo los territorios como un lugar donde uno visualiza de manera directa muchas de las contradicciones del modelo, de las propuestas, de la aplicación de las diferentes normas y leyes. Estos territorios, cuando uno los mira como si les pusiera una lupa y los agrandara, observa que son territorios atravesados por la globalización, por las nuevas propuestas y por la descentralización, que es una propuesta del modelo neoliberal. Son territorios de la modernidad en tanto y en cuanto todo esto que atraviesa las propuestas neoliberales, la globalización, la centralización, viene con una contrapartida: aparecen nuevos movimientos sociales, actores con demandas diferentes a las que nosotros tradicionalmente conocimos.

–¿Por ejemplo?

–En los ’90 empiezan a aparecer movimientos de reclamos que no están vinculados con lo productivo (que es el modelo clásico de los reclamos: por tierra, mejores salarios, etcétera). Están vinculados, por el contrario, con demandas asociadas con el deterioro del medio ambiente, con el uso y el abuso del agua por parte de determinados sectores, por problemas de polución resultante de la explotación minera a cielo abierto. Estas demandas son diferentes a los que tradicionalmente estamos acostumbrados a ver; por eso los llamamos territorios de la modernización, en donde los reclamos tienen características más universales y menos personales. No estoy luchando por mi salario, sino por cuestiones más globales. Hay que ver, entonces, las dos cosas: el avance del poder dominante y hegemónico que va arrasando con las poblaciones tradicionales, pero también la reacción de estas poblaciones tradicionales.

Por Leonardo Moledo

Informe: Nicolás Olszevicki
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Miércoles, 17 Febrero 2010 08:42

Historia en tres ciudades y un jinete

El jinete, en el fondo, es un idiota: lo suyo no es el asfalto, no se tendría que meter con el tema de las ciudades. Pero lo suyo también es la investigación. Un verdadero conflicto que lo lleva a preguntar sobre las transformaciones urbanas y los barrios privados.

–Cuénteme qué hace usted.
–Trabajo sobre transformaciones socio-territoriales de grandes áreas metropolitanas. Soy la coordinadora del módulo que se ocupa del Area Metropolitana de Buenos Aires en un proyecto que es conjunto con Brasil y con Santiago de Chile. El trabajo no consiste en un análisis cuantitativo, sino que intentamos meternos en los procesos de transformación que han tenido estas áreas, procesos tales como la fragmentación territorial, la segmentación socio-espacial, la hibridación de los bordes metropolitanos y la transformación del empleo metropolitano con sus consecuencias territoriales. Todo esto permite ver en los últimos treinta años la gran modificación que han tenido estas tres áreas que estudiamos (Santiago, Buenos Aires y San Pablo).

–¿Se parecen entre sí las transformaciones de las tres ciudades?
–En algunos aspectos, sí. Por ejemplo, el manejo de la planificación es realizado por el mercado inmobiliario, transformando lo que es lo urbano, segregando islotes de urbanización privada...

–¿Cómo es eso, por ejemplo, en Buenos Aires?
–En Buenos Aires tenemos más de 400 urbanizaciones privadas. Eso incluye barrios cerrados, clubes de campo, ciudades-pueblo, clubes de chacra. Estas urbanizaciones han venido de la mano del mercado y no de una planificación estatal. Se ha creado, por eso, una nueva forma de habitar en la ciudad. Santiago viene un poquito después que nosotros en este proceso, pero tiene características semejantes, con mayor cantidad pero menor superficie de estas unidades. San Pablo, por su parte, se nos adelanta con sus “condominios fechados”, en vertical o en horizontal, incluyendo un caso que tiene 120 mil habitantes pero que no por eso deja de ser una urbanización privada. Esas unidades se van instalando alrededor, dado que los emprendedores buscan suelo barato. Al mismo tiempo tiene que estar bien comunicado con el centro. Esta buena infraestructura aparece, en el Area Metropolitana, con el caso de las autopistas. Hay otro factor de coyuntura que es el tema de la seguridad. La percepción de inseguridad es aprovechada por los emprendedores para vender su “producto”: hacen de cuenta que en esas “islas” la seguridad está garantizada...

–Cosa que es falsa.
–Totalmente falsa. Porque hay robos, incluso ha habido violaciones... Son lugares que funcionan como blanco para determinado tipo de robos. Se sabe que allí, por ejemplo, se encontrarán aparatos electrónicos. Además hay otro problema. Si la “isla” es muy grande y hay poca circulación, desaparece lo que se conoce como “control social”, que no es necesariamente ejercido por la policía sino por todos nosotros en tanto que caminantes de la ciudad, por el que cuida los coches en la calle, por el que atiende el kiosco... Estos personajes anónimos están todo el tiempo controlando, aunque sin saberlo, y eso es algo que no se da en las nuevas urbanizaciones. Las urbanizaciones de la zona sur, que son las que más están tardando en consolidarse, por ejemplo, parecen muy peligrosas (por lo menos eso siento yo cuando viajo a Mar del Plata y las veo). Hay algo que es curioso: en la época de verdadera inseguridad, durante la dictadura, cuando la gente tenía derecho a sentirse más insegura que nunca, esas urbanizaciones no se multiplicaron...

–Es que no es esa gente la que se sentía insegura...
–Claro. Otra cosa que los sociólogos estudian es la búsqueda de este tipo de vivienda como una manera de mostrar un ascenso en el estatus social y un intento por constituir un “entre nos”, unificados por un cierto nivel socioeconómico...

–Y hay otro aspecto, que es el de escaparse del caos urbano.
–Sí, claro, porque ese desorden y ese caos tienen un acompañante bastante incómodo que es la incertidumbre. A medida que aumenta el caos, aumenta la posibilidad de que se den situaciones imprevistas, que no se van a dar en un pueblo tranquilo, donde todo es predecible. De cualquier manera, el escapar de las grandes ciudades hay que tomarlo hasta cierto punto solamente, porque en ciudades más pequeñas y no tan caóticas también aparece el fenómeno de las urbanizaciones. Aquí pesa el modo en que el mercado inmobiliario crea una demanda...

–¿Eso no es un derivado de la vieja casa de campo?
–La casa de fin de semana es una primera etapa, pero sigue conservando algo de incomodidad: en cambio, si la tengo en un club de campo, tengo menos tareas para hacer. Luego se piensa en establecer la vivienda permanente en lo que antes era casa de fin de semana. ... Es importante señalar que el hecho de que estas “islas” hayan proliferado no implica que los lugares de trabajo se hayan movido: sigue habiendo un flujo enorme de gente que viene hacia Buenos Aires a la mañana y que vuelve a la noche. Hay otro fenómeno que se está dando ahora, que es el retorno al cemento: familias que vivieron en barrios cerrados cinco años y se dan cuenta de que los agota ese movimiento pendular entre la vivienda y el trabajo.

–Además, en Buenos Aires están empezando a haber urbanizaciones de este tipo, con las grandes torres...
–Y eso, dentro de la ciudad, es mucho más cómodo. Y ahora hay otro movimiento: gente que compra su casa de verano en Villa La Angostura, o en Salta, o en Mendoza.

–Nosotros tenemos un conglomerado de 14 millones de habitantes. De esos, ¿cuántos son?
–Un uno por ciento.

–Y ese movimiento, ¿arrastra transformaciones en el modo de vida de la ciudad?
–Sí. Un ejemplo lo ponía usted mismo: los edificios que se construyen en la ciudad emulando el modo de vida propio de las afueras.

–Pero es un uno por ciento... ¿Cuánto puede pesar ese uno por ciento?
–En Buenos Aires no se ve tanto. Pero en el caso de Chile y en el caso de San Pablo pesa mucho en el imaginario colectivo, en la pretensión de las clases medias y medias bajas de emular el modo de vida de las clases medias altas, habitando un condominio cerrado que es una especie de reflejo del “entre nos” de la clase alta. Hay una transformación también en el tema transporte. Hay un grupo de gente para la cual la movilidad no va a ser nunca un problema (los que tienen uno o dos autos, y no dependen del transporte público), pero hay otro grupo de gente que sí depende del transporte público, al que le van a estar vedadas ciertas áreas de la ciudad. Ahí ya no pasa tanto la cosa por si puede o no puede entrar a un country, sino si puede llegar a las distintas áreas de centralidad que se van dando en distintos partidos del conurbano.

–Por un lado crecen los islotes, pero por otro lado crecen las villas.
–Sí, claro. Es algo que se da en paralelo. En un momento hicimos una superposición entre los islotes de riqueza y los bolsones de pobreza, que se dan muchas veces con una proximidad inmediata.

–¿Y eso por qué ocurre?
–En algunos casos la villa estaba previamente, porque eran tierras fiscales, y las urbanizaciones fueron ahí, ignorando el tema de la villa, simplemente porque la tierra era barata. Se da, también, otro fenómeno: cuando se produce la construcción de estas urbanizaciones, se genera trabajo (changas en la construcción, trabajo en servicios). Cuando el Estado se desentiende de la planificación urbana y el mercado planifica per se, el ciudadano queda en una especie de limbo: el de clase media no tiene acceso a los créditos que le permiten buscar una vivienda, los pobres estructurales siempre estuvieron sumergidos en la pobreza, la indigencia crece... Los nuevos planes de vivienda, por su parte, no dan abasto para paliar el déficit poblacional. Cuando miramos el área metropolitana, parece una especie de rompecabezas de distintas cosas, todas entremezcladas, no planificadas, y que va a costar mucho concertar para producir un crecimiento armónico.

–¿Hay arreglo para eso?
–Siempre hay arreglo. Pero el Estado debe proponer, a través de todos sus niveles, un ordenamiento territorial y urbano.

–De cualquier manera, lo hecho, hecho está.
–Pero se puede mejorar.

www.leonardomoledo.blogspot.com
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Viernes, 15 Mayo 2009 06:41

Bibi va a EE.UU. a ver a Obama

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, viaja a Estados Unidos la semana que viene para mantener conversaciones con el presidente Obama. Ya se le advirtió que no “sorprendiera” a Washington con una operación militar israelí contra Irán, de acuerdo con lo que publicó el diario liberal Haaretz.

La víspera de las conversaciones que son consideradas cruciales para definir el futuro del proceso de paz de Medio Oriente se dijo que el presidente Obama despachó a un enviado anónimo para advertir al líder israelí la preocupación de Estados Unidos de que Israel pudiera actuar unilateralmente contra Irán. Se dice que el mensaje fue transmitido a Netanyahu después de una reunión anterior en Washington, en la que un enviado que representaba al primer ministro israelí había discutido la iniciativa del presidente de Estados Unidos de dialogar con Teherán. Se dice que esa reunión tuvo lugar con la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, y el consejero de seguridad nacional del presidente, James Jones.

El informe escrito por el normalmente bien informado editor diplomático del diario, Aluf Benn, señalaba como motivo probable de la preocupación de Estados Unidos la promesa preelectoral de Netanyahu de “hacer lo que sea necesario” para evitar que Irán adquiriera armas nucleares. También citaba su comentario adicional después de asumir: “No permitiremos que los negadores del Holocausto lleven a cabo otro holocausto”. Anoche, la oficina del primer ministro se negó a confirmar el informe.

La reunión de Netanyahu en Washington llega en un momento de creciente expectativa de que el presidente Obama pueda decirle que las chances de construir una poderosa coalición –incluyendo los Estados árabes– para presionar a Irán a que abandone sus ambiciones de armas nucleares será mejorada por el progreso en las conversaciones entre Israel y los palestinos sobre una futura solución de dos Estados. El rey Abdullah de Jordania, una de las figuras clave en el mundo árabe que está de acuerdo con esa opinión, presionó ayer a Netanyahu para que se comprometa rápida y públicamente a un estado palestino en una reunión previa no anunciada entre los dos hombres en Aqaba, en Jordania, sobre el Mar Rojo.

Algunos diplomáticos creen que Netanyahu podría estar a punto de declarar por primera vez su apoyo a un Estado palestino. Mientras que ha dicho desde que asumió que realmente quiere hablar con los palestinos sobre seguridad, economía y política, hasta ahora no ha dado el paso. En tanto, Netanyahu le pidió al papa Benedicto XVI en una reunión en Israel que hablara en contra del presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad.

El premier dijo en la televisión israelí anoche: “Le pedí, como una figura moral, que hiciera escuchar su voz firme y perseverante contra las declaraciones provenientes de Irán sobre su intención de destruir a Israel”. Anteriormente, en una misa al aire libre que fue por lejos la más multitudinaria de su gira de cinco días por Tierra Santa, el papa Benedicto XVI saludó a cientos de miles de católicos y les pidió a los cristianos y a los musulmanes que “rechacen el poder destructivo de odio y prejuicio”.

El Papa fue recibido otra vez con calidez por los peregrinos de varios continentes, así como por un significativo contingente de cristianos árabes-israelíes. Pero varios cientos de feligreses decepcionados no pudieron recibir el sacramento en el Monte del Precipicio, aparentemente porque había pocos sacerdotes para darlo. Una de ellas, Isabel Agrilea, una española de 30 años, dijo: “Esta fue una mala organización para la eucarístia. Creo que es realmente muy triste”.

Después de la misa, el papa Benedicto XVI y Netanyahu se reunieron en Nazareth para analizar el proceso de paz en Medio Oriente y encontrar la forma de que éste avance. La reunión fue a solas durante quince minutos en el convento de los franciscanos en Nazareth.

Por Donald Macintyre *
Desde Jerusalén

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère. 

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Jueves, 05 Febrero 2009 09:37

Neocolonialismo agrario

Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación. Muchos países, importadores de comida, se ven afectados por el aumento de los precios. Los Estados ricos lo venían soportando; hasta que, en la primavera de 2008, se asustaron por la actitud proteccionista de naciones productoras que limitaron sus exportaciones. A partir de ahí, varios Estados con crecimiento económico y demográfico -pero desprovistos de grandes recursos agrícolas y de agua- decidieron asegurarse reservas de comestibles comprando tierras en el extranjero.

Al mismo tiempo, muchos especuladores se pusieron igualmente a comprar terrenos para hacer negocios. Convencidos de que la alimentación será el oro negro del futuro. Según ellos, de aquí a 2050, la producción de alimentos se duplicará para satisfacer la demanda mundial. "¡Invertid en granjas! ¡Comprad tierras!" repite Jim Rogers, gurú de las materias primas. George Soros apuesta asimismo por los agrocarburantes y ha adquirido parcelas en Argentina. Un grupo sueco ha comprado medio millón de hectáreas en Rusia; el hedge fund ruso Renaissance Capital, 300.000 ha . en Ucrania; el británico Landkom, 100.000 ha . también en Ucrania; el banco estadounidense Morgan Stanley y el grupo agro-industrial francés Louis Dreyfus, decenas de miles de hectáreas en Brasil, etc.
Pero quienes se han lanzado a comprar tierras por todo el mundo, son principalmente los Estados con petrodólares y divisas. Corea del Sur, primer comprador mundial, ha adquirido 2.306.000 hectáreas; le sigue China (2,09 millones), Arabia Saudí (1,61 millones), los Emiratos Árabes Unidos (1,28 millones) y Japón (324.000 ha .). Total: cerca de 8 millones de hectáreas de tierras fértiles compradas o alquiladas en el exterior. Regiones enteras han pasado a estar bajo control extranjero en países con escasa densidad demográfica y cuyos gobernantes están dispuestos a ceder partes de la soberanía nacional. Un fenómeno que preocupa. En un informe alarmante, la ONG Grain denuncia "un acaparamiento de tierras a nivel mundial" (1).

Sin campos fértiles ni agua, los países del Golfo son los que más pronto se han lanzado. Kuwait, Qatar y Arabia Saudí buscan parcelas disponibles donde sea. "Ellos poseen tierras, nosotros dinero", explican los inversores del Golfo. Los Emiratos Árabes Unidos controlan 900.000 ha en Pakistán; y están considerando proyectos agrícolas en Kazajistán. Libia adquirió 250.000 ha . en Ucrania a cambio de petróleo y gas. El grupo saudí Binladen ha conseguido terrenos en Indonesia para cultivar arroz. Inversionistas de Abu Dhabi compraron decenas de miles de hectáreas en Pakistán. Jordania producirá comestibles en Sudán. Egipto obtuvo 850.000 ha . en Uganda para sembrar trigo y maíz...
China es el comprador más compulsivo, pues debe alimentar a 1.400 millones de bocas cuando sólo dispone del 7% de las tierras fértiles del planeta. Además, la industrialización y la urbanización le han destruido unos 8 millones de hectáreas. Y algunas regiones se están desertificando. "Tenemos menos espacio para la producción agrícola, y es cada vez más difícil elevar el rendimiento", explicó Nie Zhenbang, jefe de la Administración Estatal de Granos (2).

China detenta tierras en Australia, Kazajistán, Laos, México, Brasil, Surinam, y sobre todo en África. Pekín ha firmado unos treinta acuerdos de cooperación con Gobiernos que le dan acceso a tierras. A veces, las autoridades de Pekín envían desde China la mano de obra; pagada a menos de cuarenta euros al mes, sin contrato de trabajo y sin cobertura social.

Por su parte, Corea del Sur ya controla en el extranjero una superficie superior a la totalidad de sus propias tierras fértiles... En noviembre de 2008, el grupo Daewoo Logistics, estableció un acuerdo con el Gobierno de Marc Ravalomanana, presidente de Madagascar, para alquilar 1,3 millones de hectáreas, o sea la mitad de las tierras cultivables de esa gran isla...

El Gobierno surcoreano también ha comprado 21.000 hectáreas para cría de ganado en Argentina, país en el cual el 10% del territorio (unos 270.000 kilómetros cuadrados) se encuentra en manos de inversores extranjeros, quienes "se han beneficiado de la actitud de los diferentes Gobiernos para adquirir millones de hectáreas y recursos no renovables, sin restricciones y a precios módicos" (3). El mayor terrateniente es Benetton, industrial italiano de la moda, que posee unas 900.000 ha. y se ha convertido en el principal productor de lana. También el millonario estadounidense Douglas Tompkins tiene unas 200.000 ha . situadas próximas a importantes reservas de agua.

En general, la cesión de tierras a Estados extranjeros se traduce en expropiaciones de pequeños productores y aumento de la especulación. Sin olvidar la deforestación. Una hectárea de bosque procura un beneficio de cuatro a cinco mil dólares si se plantan en ella palmas de aceite; o sea de 10 a 15 veces más que si se dedica a producir madera (4). Ello explica por qué los bosques de la Amazonia, de la cuenca del Congo y de Borneo están siendo sustituidos por plantaciones.
Es un retorno a odiosas prácticas coloniales, y una bomba con efecto retardado. Porque la tentación de los Estados extranjeros es la de saquear los recursos, como lo hace China, con mano de obra importada y poco beneficio local... Pero la resistencia se organiza. En Pakistán, los campesinos ya se están movilizando contra el desplazamiento de aldeas si Qatar compra terrenos en la región de Penyab. Paraguay ha aprobado una ley que prohíbe vender parcelas a extranjeros. Uruguay se lo está planteando; y Brasil estudia cambiar su legislación.

El neocolonialismo agrario le arrebata el trabajo al campesinado y crea un "riesgo de pauperización, tensiones sociales extremas y violencias civiles" (5). La tierra es un asunto muy sensible. Siempre ha provocado pasiones. Representa una parte de la identidad de los pueblos. Tocar ese símbolo podría terminar mal.

Notas:
(1) www.grain.org/m/?id=213
(2) China Daily , Pekín, 9 de mayo de 2008.
(3) Daniel Enz y Andrés Klipphan, Tierras SA. Crónicas de un país rematado , Alfaguara, Buenos Aires, 2006.
(4) Le Nouvel Observateur , París, 23 de diciembre de 2008.
(5) Le Monde , París, 23 de noviembre de 2008.

Por Ignacio Ramonet
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Unas cuatro décadas atrás surgió una nueva generación de movimientos, muy diferentes de los que hasta ese momento habían sido hegemónicos en América Latina. Este conjunto de movimientos, nacidos a comienzos de la década de 1970 y durante 1os 80, fueron muy activos en los 90, le plantaron cara al neoliberalismo, ocuparon el lugar vacante dejado por los partidos de izquierda, que se fueron plegando al modelo, y a los sindicatos, que hicieron más o menos lo mismo, con honrosas y escasas excepciones.

Estos movimientos le cambiaron la cara al continente; deslegitimaron el modelo neoliberal, o por lo menos las aristas más groseras del modelo; instalaron una nueva relación de fuerzas y modificaron el mapa político. Pese a sus diferencias, tienen algunos rasgos en común:

Convirtieron la lucha por la tierra (rural y urbana) en la conquista de territorios, o sea de espacios donde los pueblos (indígenas, campesinos, sectores populares urbanos) hacen sus vidas cotidianas y transforman las iniciativas para la sobrevivencia en modos y formas de resistencia al sistema.

Se proclaman autónomos, de los partidos, las iglesias, los sindicatos y los estados. Pero esa autonomía encarnada en territorios va de la mano de la creación de nuevos modos de vida y de ejercicio del poder, o sea de autogobierno.

Son movimientos de base comunitaria, en el sentido general del término. A diferencia de los movimientos anteriores, la pertenencia no es individual, sino familiar, y la base social de esos movimientos implica la organización colectiva de matriz comunitaria.

No son estrictamente movimientos sociales; son movimientos políticos o político-sociales, si se prefiere. La división entre lo social y lo político creada por las ciencias sociales y por la izquierda tradicional no resulta útil para comprender esta nueva generación de movimientos.

No se pueden comprender estos movimientos desde afuera, ni con una mirada fija en las estructuras visibles, aquellas que capturan la atención de los medios, las academias, las izquierdas institucionales. Hace falta una mirada interior, capaz de captar los procesos subterráneos e invisibles, lo que sólo puede hacerse en un largo proceso de involucramiento con los movimientos, no sólo con sus dirigentes. El concepto de “trabajo de campo” es limitado, ya que no contempla ni la convivencia ni la ligazón afectiva con los de abajo.

Son portadores del mundo nuevo porque producen sus vidas (de las familias y comunidades) con base en relaciones de reciprocidad y ayuda mutua, no para acumular capital ni poder, sino para crecer y fortalecerse como comunidades y movimientos. En ese sentido, creo que en los territorios de los movimientos predominan relaciones no capitalistas, no de forma pura e incontaminada por cierto, sino en pugna permanente contra los estados y el capital que buscan destruirlos. Dicho de otro modo, la producción (material y simbólica) de valores de uso ha desplazado a la producción de valores de cambio, no para siempre, ni absolutamente, sino tendencialmente.

Esto lo podemos ver en multitud de iniciativas, desde las que nacieron en ciudades como El Alto y el Plan 3000, en Santa Cruz, Bolivia, hasta los barrios piqueteros de Buenos Aires, donde construyeron sus viviendas, equipamientos colectivos, calles, servicios de agua, de salud, de educación. Miles de huertas urbanas, no sólo rurales; miles de emprendimientos productivos, cientos de fábricas recuperadas, nos hablan de que no sólo en las áreas rurales, sino también en las periferias urbanas existe enorme capacidad de producir sin patrones, sin capataces, sin división jerárquica del trabajo.

En estos mundos nacen pensamientos otros. No son ya las academias ni los partidos del sistema los que piensan a los de abajo, sino nosotros mismos nos estamos pensando. No para producir teoría o tesis, sino para potenciar el movimiento, para defenderlo mejor, para expandirlo y compartirlo con otros. O sea, no se produce teoría, sino apenas ideas fuerza para seguir caminando.

El mundo otro no puede ser representado en el mundo formal del Estado y el capital. Más aún: no puede ser representado, porque sólo es representable lo que está ausente. Creo, además, que participar en instancias estatales debilita a los movimientos y los desvía de su tarea principal, que es “fortalecer lo nuestro”. Sin embargo, hay muchos movimientos que siguen siendo combativos y que luchan por verdaderos cambios que mantienen relaciones con los estados. Éste es un debate que nos acompañará durante largo tiempo y que no tenemos otra alternativa que enfrentar del modo más unitario posible, siempre que sea un debate “entre nosotros”.

Por último, en estos territorios en resistencia existen mundos diferentes al mundo del capital y del Estado. Naturalmente, tienen sus formas de poder, con mayor o menor grado de desarrollo. La asamblea es la forma común de decisión colectiva. No parece posible un mundo sin poderes. Pero los hechos nos enseñan que puede haber poderes no estatales, o sea, poderes no jerárquicos ni centralizados; rotativos por turnos, de modo que todos y todas pueden aprender a mandar colectivamente y a obedecer colectivamente. En cada lugar y país adoptan formas diferentes, pero existen, tienen vida y ya no se referencian en el Estado como lo hicieron los sindicatos.

¿Cómo triunfa este mundo de valores de uso, femenino, comunitario, autocentrado y autodirigido, capaz de producir y reproducir la vida? No lo sabemos. Lo que vemos es que crece por expansión, dilatación, difusión, contagio, irradiación, resonancia… No crece solo, ni de forma simétrica al capital y al Estado, o sea aniquilando, destruyendo, imponiendo, digiriendo y dirigiendo. No podemos imponer el mundo otro porque lo estaríamos negando, pero podemos insuflarle vida, actuando como fermento y levadura, con la convicción de que los movimientos y los mundos otros son lo único que puede salvarnos de la catástrofe que preparan los de arriba.

Raúl Zibechii. Versión abreviada del texto leído en la Fiesta de la Digna Rabia, San Cristóbal, 3 de enero.
 

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Nació en Andahuaylas un día como hoy, en 1911 y vivió allí sólo tres años. Al perder a su madre, Victoria Altamirano, él y su hermano Arístides fueron llevados por su padre –Víctor Manuel, un abogado cusqueño– a San Juan de Lucanas. Como hijastros de Grimanesa Arangoitia viuda de Pacheco, tuvieron una niñez difícil por la dureza de ella y por la constante ausencia del padre. En la cocina, Cayetana le dio la ternura que necesitaba, y en las tierras lucaninas de músicos, danzantes y comuneros que trabajaban felices en sus faenas aprendió a cantar, enamorar en quechua y también admirar la fuerza comunera, siempre compitiendo para arar más profundamente la tierra, limpiar una acequia, bailar en la fiesta del agua o en su apoyo a los danzantes de tijeras.

Estudió su secundaria en colegios de Ica, Yauyos, Abancay y Huancayo. En 1931 ingresó en San Marcos para estudiar educación, al mismo tiempo como empleado de correos. Decidió escribir y ‘contar’ el mundo andino luego de leer lo que jueces y literatos decían sin conocer la realidad ni sentirla. Imaginemos su furia cuando López Albújar contaba que los ‘indios’ no querían a sus mujeres y sus hijos, y preferían sus animales. En los cuentos de su primer libro, Agua (1935), presentó, desde la cultura quechua, el gravísimo conflicto entre señores e indios, con poesía y ternura extraordinarias.

San Marcos lo acercó al debate político. Como simpatizante del Partido Comunista, tuvo una breve participación política organizada pero pronto abandonó la célula cuando su jefe le reprochó emborracharse con los indios y acompañar a los danzantes de tijeras, antes que cumplir con sus tareas. Cuando le dijeron que los comunistas sólo tendrían derecho a la alegría luego de la victoria, empequeñecido (chintirukuspa) pidió salir de la reunión por un momento y no volvió.

En 1937, por ir a un mitin de solidaridad con los republicanos españoles, fue apresado en San Marcos y encerrado en El Sexto, dura cárcel limeña donce conoció el conflicto político entre apristas y comunistas, costeños y serranos, entre ciudad y campo. Le servían de consuelo las canciones quechuas aprendidas en Puquio y San Juan, traducidas en Canto quechua (1938). Más tarde, en su novela El sexto, vuelve sobre los conflictos políticos, en particular entre apristas y comunistas. Casado con Celia Bustamante, para recuperar su salud vuelve a los Andes, como profesor de lengua y literatura en el Colegio Pumacahua de Sicuani.

Vivió feliz el reencuentro con las piedras trabajadas como si fueran de barro, la luz y belleza del Cusco, el descubrimiento de las danzas, cantos y cuentos de sus estudiantes, de la voz maravillosa de Carmen Taripha, cocinera del padre Jorge C. Lira en Calca, y los primeros estudios de folklore en el departamento de Antropología de la Universidad San Antonio Abad, con Efraín Morote Best y Josafat Roel Pineda. En Cusco escribe para La Prensa de Buenos Aires, artículos reunidos en Señores e indios, publicado en Cuba por Ángel Rama. En ese fértil período escribió la novela Yawar fiesta (1941) para presentar el mundo de señores indios en la provincia de Lucanas, sobre todo en Puquio, a través de los toreros y capeadores o jugadores andinos. Enriquecido con la experiencia cusqueña, JMA toma la decisión de ser antropólogo.

Luego de publicar Diamantes y pedernales (1954), vuelve a Puquio (1955) con Josafat Roel Pineda y el sociólogo francés François Bourricaud, y hace un trabajo de campo que le sirve para su libro Puquio: una cultura en proceso de cambio. En ese viaje, él y Roel recogen una segunda versión del mito de Inka Ri.
 
En 1959, la Editorial Losada de Buenos Aires publicó Los ríos profundos, de éxito inmediato, que lo sitúa entre los mejores escritores peruanos y le abre puertas para ser invitado a varios países. No conozco en Perú una prosa con más ternura que la de esa novela.

En 1958, JMA le pidió a la Unesco una beca para viajar a España y tratar de responder a la pregunta “cuánto de España hay en las comunidades peruanas”. Nunca un antropólogo latinoamericano había formulado un plan de trabajo como ese. Su libro Las comunidades de España y Perú fue su tesis doctoral en San Marcos (1963), luego de publicar en 1962 su cuento “La agonía de Rasu Ñiti”, precioso relato sobre la vida y la muerte de un danzante de tijeras, y su poema “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki” (A nuestro padre creador Túpac Amaru, himno-canción). En 1963, su amigo Paco Miró Quesada, ministro de Educación en el primer gobierno de Belaunde, crea para él “La Casa de la Cultura”. Deja ahí su huella en la revista Cultura y Pueblo, en la presentación múltiple y constante de música, canto y danzas indígenas, en especial andinas, en los mejores teatros de Lima y el registro de artistas andinos, como primer reconocimiento oficial de su historia. El 1964 publicó su novela Todas las sangres.

Después de su tesis, JMA debió ser nombrado profesor de antropología de tiempo completo en San Marcos, pero no fue así. Amigos de Humanidades de la Universidad Agraria le ofrecieron un puesto que sería el último. La tesis y Todas las sangres dejaron a JMA agotado, con pocos ánimos para seguir. Un viaje de algunas semanas a Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado, y varios viajes a Chile para recuperarse, marcan el momento de la crisis final. Su depresión, compañera constante desde su primera infancia, lo condujo en 1966 a un fallido intento de suicidio en el Museo de la Cultura Peruana, del que era director.

Con un nuevo amor y un segundo matrimonio, Sybila Arredondo, hace varios viajes a Santiago para ver a la psiquiatra Lola Hoffman. Su consejo de escribir para no morir lo embarcó en su último proyecto literario, la novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo. Si en Todas las sangres intentó una visión global del país, con la historia de los zorros asumió el desafío de ver el país dentro del capitalismo global en la medida en que Chimbote era el puerto mayor, convertido en primer exportador de harina de pescado del mundo.

A fines de noviembre de 1969, el tiro que se dio cerca de su oficina en la Universidad Agraria fue definitivo. Días después muere. En los 42 años transcurridos y ahora, en su primer centenario, JMA es héroe cultural, escritor de primera línea y cimiento firme para pensar el futuro del país. Miles de jóvenes lo toman como icono y mentor de lo bueno y mejor de nuestro pueblo, aunque, estoy seguro, muchos lo han leído poco o nada. Lo importante es que saben de él por sus frases que circulan como claves para entender el país. En particular una: Todas las sangres, esto es, todas las lenguas y culturas, todos los rasgos biológicos de la Costa, los Andes y la Amazonia; todas las naciones escondidas y sometidas a la occidental criolla que se siente y define como única. La visión unicultural del Perú criollo oficial, desde 1821 hasta ahora, expuesta en el ideal del Estado-nación de un Estado, una nación, un territorio, una lengua, una religión, importado de Europa y Estados Unidos, está en abierta contradicción con la realidad heterogénea y maravillosa del país, de una decena de culturas y por lo menos 50 lenguas, lo que se llama ahora diversidad cultural o multiculturalidad.

En Todas las sangres, la novela más importante del país, JMA inventa y deja las bases de solución de un gran conflicto entre el capitalismo y el mundo andino.

Martes 18 de enero de 2011
Publicado enEdición 165
Domingo, 28 Noviembre 2010 18:32

Minería: Locomotora para unos pocos

Colombia no ha sido un país minero y está lejos de Chile o Perú –países a los que quiere superar con una política al 2019. La última reforma del Código de Minas (Ley 1382 de 2010) les otorga plazos de hasta 11 años a los dueños de títulos mineros para hacer exploración.

Para continuar la política de Uribe, el gobierno de Juan Manuel Santos heredó nueve TLC con 47 países, así como las medidas de corte tributario para incentivar la inversión en activos fijos productivos (mineros), medidas que en forma paulatina redujeron las responsabilidades tributarias de las empresas y que actualmente se busca desaparecer con la misma intencionalidad1. Parte de la estrategia para garantizar la confianza inversionista, que según el gobierno gozamos todos los colombianos. En todo caso, y aun con la aparente mejoría de la economía, desde 2002 la desigualdad aumenta. En Colombia sobrepasa los índices de Brasil y Bolivia, países que se destacan en la región por tener los coeficientes de Gini más altos2.

Mientras el gobierno saliente difunde autohalagos porque mejoró las condiciones para la inversión en el país, en medio de una economía devastada3, y ante la insistencia del gobierno entrante de sostener que “la inversión extranjera reduce la pobreza”, debemos analizar algunas de estas cifras, especialmente las del sector minero, ya que Santos propone unas “locomotoras de la prosperidad”. La minero-energética, dice, le apuesta entre otras cosas a “la generación de empleo y al mejoramiento general de las condiciones de vida”.

Locomotora o aplanadora de la riqueza de nuestro subsuelo

Al mes de agosto de 2010, en el país había 8.827 títulos oficialmente otorgados por el Instituto Nacional de Geología y Minería (Ingeominas) a distintas empresas nacionales y extranjeras, así como a personas naturales. De tales títulos, según el propio Ministerio de Ambiente, al menos 571 (203 mil hectáreas) se refieren a zonas donde no se puede hacer minería de acuerdo con la legislación vigente, entre parques nacionales y regionales naturales, páramos, humedales y zonas de reserva forestal protectora.



Desde cuando se puso en marcha la política de Estado “Visión 2019: Colombia como un país minero”, se comenzaron a realizar acciones para favorecer las inversiones extranjeras y la creación de distritos mineros en buena parte del país, que atraen millones de dólares para la exploración minera. Es un plan con Perú como referencia, ya que, desde la década del 90, el gobierno de este país obligó a las comunidades campesinas a convertirse en obreros asalariados, bajo precarias condiciones laborales y la degradación de sus niveles de vida, principalmente de su salud, a raíz de la intensificación (en cantidad y tamaño) de esta actividad.



Colombia es un país aún inexplorado en este aspecto, y el boom minero constituye el impulso a un sector de la economía para alcanzar el desarrollo bajo los parámetros de la exportación de recursos naturales. Con excepción del complejo minero del Cerrejón (la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, que nos pone como cuartos productores mundiales del mineral) y de Cerromatoso (segunda productora de ferroníquel y quinta de níquel en el mundo), no tenemos minería de gran escala. Antes del diseño de la política de Estado a 2019, sólo había pequeñas e incluso medianas explotaciones aisladas de minerales. Unas minas más ligadas a intereses de terratenientes locales o regionales que a una política sistemática (expoliadora como la actual) de carácter nacional y transnacional.

La política económica para incentivar la inversión extranjera es contundente en la última década: la tasa de inversión privada total –nacional y extranjera– multiplicó hasta por cinco veces su valor en algunos sectores. Las medidas de exención tributaria desde 2003 fueron el estímulo para la inversión extranjera en un país con problemas de violencia, lo cual, decían, alejaba las posibilidades de inversión.

La inversión como porcentaje del PIB colombiano pasó de 16,5 por ciento en 2002 al 25,8 en 2009; mientras la IED4 en el mismo período, del 2,3 por ciento al 3 del Producto Interno Bruto (PIB). A la vez, el PIB en el mismo período pasó de 210 billones de pesos a 401 billones de pesos. En suma, en el período 2002-2009, la IED en el país se triplicó. Entonces, es válido preguntarle al gobierno ¿por qué si afirma “haber ganado la guerra y reducido la violencia armada a algunos pequeños focos en partes alejadas”, da más ventajas y aumenta la flexibilización de la tributación para los inversionistas extranjeros; si ya no estaría presente el peligro subversivo y desde su punto de vista somos una democracia profunda, económica, política y socialmente estable?



A la vez, durante el segundo trimestre de 2010, el Indicador de Inversión de Obras Civiles muestra que los pagos efectuados por este concepto aumentaron 6,2 por ciento con respecto al mismo período de 2009, resultado que es producto, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), del subrenglón de “Construcciones para minería”, que aumentó 44,2 por ciento y sumó 9,3 puntos porcentuales a la variación anual.

La minería (excepto los hidrocarburos) aportó al PIB en 2009 un 2,36 y un 2,44 por ciento hasta el primer trimestre de 2010, con un aumento de 8,3 por ciento entre el segundo trimestre de 2009 y 2010. A la vez, la minería acaparó el 17 por ciento total de la IED en 2008 y el 43 por ciento en 2009. Durante el primer trimestre de 2010, la IED dirigida al sector minero-energético (incluyendo hidrocarburos) alcanzó los 1.845 millones de dólares, que tradujo un incremento del 54 por ciento anual.



Sin embargo, y en clara contravía de los argumentos gubernamentales, la tasa (oficial) de desempleo está por encima del 12 por ciento. El boletín de la oficina de prensa del Dane de abril de 2006 indica una tasa de desempleo del 12,1 por ciento; mientras que para el mismo mes de 2010 la tasa de desempleo aumentó al 12,2. Como se lee, las cifras no guardan mayor correspondencia con el desempeño de la IED y el PIB.

Aunque quizá técnicamente no sea adecuado, si ignoráramos los picos de los meses de diciembre, teniendo en cuenta las altas tasas de crecimiento económico del país –producto de la IED–, es difícil encontrar una relación para pensar que una política de favorecimiento a la inversión extranjera ayude a la creación de empleo, particularmente en el sector minero. La minería, además de no generar empleo, por el tipo de ésta que tiene aplicación en el país (en gran escala), no tiene proyectos intensivos en mano de obra. Por el contrario5, busca acabar con el escaso empleo que genera la minería nacional (sin decir que el impulso a la minería nacional o de pequeña escala sea la solución al desempleo). (Ver recuadro 1).

La inundación de los recursos extranjeros por cuenta del sector minero que tienen sobrevaluado el peso deteriora los demás sectores de la economía y les da la razón a quienes anunciaron la “enfermedad holandesa” que amenazaba al país como producto de este boom.

Sin descuido del sinnúmero de violaciones de derechos humanos territoriales de nuestros afrodescendientes, campesinos e indígenas y del medio ambiente (ver recuadro 2), a esta “locomotora del progreso” debemos ponerle mucho ojo. Hay que prestar más atención a propósito de los escándalos de corrupción y tráfico de influencias conocidos en las minas de carbón y ferroníquel al norte de Colombia, propiedad de empresas transnacionales, que al día de hoy, tan solo en Cerromatoso, adeudan 24.892 millones de pesos (US$ 13.528.300 aproximadamente).

Un maquinista a favor del extranjero

Un gobierno serio, con sentido patriótico y de soberanía, pudiera estar pensando en cerrar varias de las minas que en sus distintas escalas funcionan mal (incluyendo proyectos de exploración); en la prohibición de la expansión de otras y la declaratoria de una moratoria minera en el país, en función de proteger ecosistemas estratégicos (como los páramos y acuíferos) y los derechos de las comunidades rurales del país, bastantes violados. La situación es inimaginable cuando todas las exploraciones entren a la fase de explotación.

De continuar esta tendencia, sin medidas económicas, sociales y ambientales que regulen la actividad –por ejemplo, fondos de estabilización con reglas fiscales claras que contribuyan al impulso de otros sectores productivos–, difícilmente saldremos de la miseria mientras unos pocos nacionales y extranjeros llenan sus bolsillos a costa del despojo de las comunidades.


1    Tal es el caso del impuesto de renta del 30 por ciento que tienen que pagar las empresas extranjeras que hacen compras de activos fijos, como maquinaria y tecnología, incentivo implementado transitoriamente en 2003 por la ley 863, prorrogado en 2006 por la Ley 1111 y ajustado en 2009 por medio de la Ley 1370.
2    Este indicador se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos, pero también pude utilizarse para medir cualquier otra distribución desigual. Este coeficiente se mide en porcentajes que van de 0 a 1, donde cero es la perfecta igualdad (el mismo nivel de ingresos) y 1 es la máxima desigualdad (donde, hipotéticamente, una persona tiene todos los ingresos y las demás ninguno).
3    Ver edición 161 de desde abajo, en: http://www.desdeabajo.info/index.php/ediciones/208-edicion-161.html.
4    Inversión Extranjera Directa.
5    TGP: Tasa General de Participación; TO: tasa de Ocupación, TD: tasa de Desempleo.
6    Durante el primer trimestre de 2010, la IED del sector minero sumó US$1.162 millones, con un decrecimiento del 17,98 por ciento con respecto al mismo trimestre en 2009, y representando el 28 por ciento de la IED colombiana.

Recuadro 1
Incurren en violaciones: Canadiense Greystar y Sudafricana Anglogold Ashanti (AGA)

Los acuerdos mineros no sólo violan las posibilidades de empleo y de mayores recursos en Colombia. El seguimiento a las denuncias por violaciones a derechos humanos, a causa del impulso de este sector de la economía por parte de las empresas transnacionales en materia de trabajo digno y consulta previa, es otra muestra de que estos proyectos mineros no favorecen la economía y mucho menos la paz para el país.

La minería en páramos, principalmente en el de Santurbán, al nororiente del país, en los municipios de California y Vetas, zona de la que por lo menos 1.700.000 personas dependen del agua que provee este ecosistema, tiene asignadas 40 titulaciones mineras, principalmente a la empresa Canadiense Greystar y asimismo a la Sudafricana Anglogold Ashanti (AGA). Los 20 títulos mineros en resguardos indígenas, otorgados a la AGA en Cauca, sin consulta a las comunidades o sin tomar en cuenta los conflictos socioambientales con afrodescendientes por la misma razón al norte de este departamento, junto a otros más en el sur de Bolívar o en la región del Catatumbo, al nororiente del país, son parte de las señales del ‘progreso’ que viene con la minería.

Recuadro 2
Economía y promesas de empleo insustentables


A través de la exportación de bienes primarios, es indudable que las economías se activan para favorecer a unos pocos. Sin embargo, el International Center for Trade and Sustainable Development plantea que también “han sido los patrones recurrentes de bonanzas y crisis por los precios de los bienes primarios lo que ha creado una incertidumbre significativa […] tanto para los exportadores netos como para los importadores netos”. Estamos ante una afirmación demostrable en Colombia al observar las exportaciones por capítulos arancelarios:

Hubo una caída del 19 por ciento durante 2008, recuperada en 2009 pero que conllevó la caída en ese mismo año del 61 por ciento de escoria y cenizas; el 24 por ciento en materiales de fundición, hierro y acero; 55,6 por ciento del cobre, 48,7 por ciento del níquel, 69,6 por ciento del plomo y 21,9 por ciento del cinc. Así, ¿hasta dónde la economía del país podrá tener sostenibilidad cuando depende de los precios del mercado mundial?

En medio de este panorama, el Banco Mundial y entidades como la Corporación Andina de Fomento no dudan en impulsar créditos y préstamos de cooperación para el impulso de este sector; y reivindican el aporte de las materias primas para el progreso de América Latina, con insistencia en la vieja, pero establecida fórmula alrededor de la cual los países de la región debemos especializarnos en la producción de materias primas, a pesar de sus consecuencias de desastre ambiental, cultural, económico y político.

Un reciente informe del Banco Mundial1 muestra que en 2008 más del 97 por ciento del PIB de América Latina provino de países exportadores de materias primas. Siete aportaron un aproximado 85 por ciento del PIB regional y seis (Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y República Bolivariana de Venezuela, y Brasil que crece), tienen una proporción sustancial de ingresos por bienes primarios. El mismo informe señala que el 24 por ciento de los ingresos fiscales de América Latina dependen de la exportación de materias primas, en comparación con el 9 por ciento para los países ricos2.

1    Emily Sinnott, John Nash, Augusto de la Torre. Los recursos naturales en América Latina y el Caribe. ¿Más allá de bonanzas y crisis?, agosto de 2010.
2    Ídem, p. 6.

*    Investigador de la Corporación para la Educación, el Desarrollo y la Investigación Popular-Instituto Nacional Sindical (CEDINS). Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Publicado enEdición 163