Venezuela pugna en el Consejo de Seguridad por el respeto a la soberanía: Rafael Ramírez

El embajador Rafael Ramírez, representante permanente de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas, ha encabezado este último año la presencia de la revolución bolivariana en el Consejo de Seguridad por primera vez en un cuarto de siglo, con la intención de cumplir con el objetivo del fallecido presidente Hugo Chávez de hacer valer la voz de los países en desarrollo, los países del sur en el organismo más poderoso de esta institución mundial.


En entrevista con La Jornada en sus oficinas de la misión de Venezuela ante la ONU, Ramírez recuerda que su país intentó ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad en 2006, "pero fuimos boicoteados por manipulaciones de Estados Unidos sobre todo... pero ingresamos el año pasado con una votación histórica en la que obtuvimos unos 184 votos, lo que nos dio gran legitimidad en la Asamblea General y nos permite hablar de manera clara y transparente".


Siempre apegado a la defensa de la soberanía como posición fundamental de su país, Ramírez enumeró una serie de principios que guían su presencia en el Consejo de Seguridad; destaca la exigencia de que todas las decisiones del Consejo cumplan con la Carta de la ONU, ya que se han tomado decisiones intervencionistas que violan el derecho internacional. Da como ejemplo reciente el caso de Libia, donde el resultado de la intervención internacional es un país sacudido por la ingobernabilidad, que crea un terreno propicio para el terrorismo, como ha ocurrido en otros países del norte de África y Medio Oriente.


Ramírez enfatizó la necesidad de que el Consejo de Seguridad se ajuste al respeto de la soberanía de los países, ante decisiones de intervención que se pretenden tomar, como en el caso de Siria "donde algunos miembros del Consejo de Seguridad se arrogan el derecho de decidir si un gobierno establecido en un país es legítimo o no... decisión que le corresponde al pueblo sirio".


Venezuela también se opone a que el Consejo de Seguridad pretenda tutelar a ciertos países, como es el caso de muchos en África. Más de 50 por ciento de las decisiones del Consejo se refieren a África, informa, y nosotros hemos dicho que la causa raíz de esta situación tiene que ver con el pasado colonial y los lazos que mantienen las antiguas potencias coloniales sobre esos países que pretenden tutelar.


A la vez, Venezuela aboga por una reforma tanto del Consejo de Seguridad como de otras entidades dentro del sistema de la ONU, para superar lo que se considera una estructura ya caduca que se estableció hace 70 años –con cinco países miembros permanentes con derecho de veto y otros 10 rotatorios– y que ya no refleja la realidad geopolítica actual en el mundo.


Por otro lado, junto con Chile en el Consejo se promueve el ejemplo de América Latina en muchos rubros, por ejemplo, que es una zona de paz, sin armas de destrucción masiva y que siempre privilegia la resolución pacífica de conflictos. Agregó que por los cambios políticos de los últimos años, el sur latinoamericano es una zona progresista en muchos sentidos, consolidada en mecanismos multilaterales –Unasur, el Alba, PetroCaribe, un Mercosur ampliado–, que sirve de ejemplo de una región que con cooperación y respeto a la soberanía resuelve sus conflictos, sin injerencias, comparada con otras regiones del mundo.


Hablando de conflictos regionales, se le pregunta sobre el contexto en que estalla la actual disputa venezolana con Colombia (donde, después de que contrabandistas colombianos mataron a tres militares venezolanos, Caracas cerró parte de la frontera y expulsó a unas comunidades colombianas de esa zona), y Ramírez respondió que es importante recordar que después de la muerte de Chávez, el país experimentó una agudización del asedio a nuestro proceso de cambio bolivariano bajo la concepción de que, desaparecido nuestro líder fundamental, nuestra revolución tenía sus días contados.
En ese contexto se realizaron las elecciones nacionales donde triunfó Nicolás Maduro, pero sectores de oposición rehúsan reconocer los resultados e intensifican sus ataques. El asedio, agrega Ramírez, también se da por el lado económico; nuestro país ha sido sometido a lo que calificamos como una verdadera guerra económica. Señaló que la economía enfrenta serios retos, pero no sólo por la caída del precio del petróleo, o por cuestiones estructurales, sino por un ataque económico, incluida una deliberada manipulación sobre su moneda, ataques a sus reservas, entre otras cosas, con el objetivo de "desestabilizar a nuestro país.


En este ataque a nuestro país han participado elementos de la extrema derecha colombiana, sobre todo los vinculados al ex presidente Álvaro Uribe, que han tratado de incidir en nuestra política interna con el objetivo de ampliar y extender su influencia dentro de nuestro territorio, acusó.


Cuenta que aunque se mantienen relaciones cordiales y muy respetuosas con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, dentro de Colombia hay fuertes sectores económicos enemigos de la revolución bolivariana, y fuertes actores vinculados al paramilitarismo que han buscado establecer zonas de influencia dentro de Venezuela.


Ante esto, argumentó Ramírez, en defensa de nuestra soberanía y de nuestra economía, el presidente Nicolás Maduro ha ordenado un conjunto de medidas para impedir que estos elementos al margen de la ley pasen de Colombia a Venezuela y atenten contra nuestra economía y estabilidad.


Agregó: está demostrado que esos elementos participan de manera directa en un masivo contrabando de nuestros productos con cálculos de que hasta 35 por ciento de la producción nacional de Venezuela se va hacia Colombia. Y es que existen dos modelos: nosotros tenemos uno que favorece a los sectores sociales más necesitados, y ahí en Colombia hay una economía de libre mercado, otro modelo completamente distinto. De manera tal que muchos sectores colombianos lucran e intentan aprovecharse de un conjunto de medidas diseñadas para el pueblo venezolano, al usar todo eso para un mercado negro.


Recuerda: nosotros abrigamos en nuestro territorio a cerca de 5 millones de colombianos y siempre los hemos acogido como hermanos. Somos un país profundamente bolivariano y para nosotros es una sola gran patria Colombia y Venezuela en el espíritu bolivariano. De hecho, cuando Chávez llegó al poder, regularizó a todos los inmigrantes colombianos y les otorgó todos los derechos venezolanos, porque sabíamos que muchos huían y huyen de la situación de violencia extendida de cinco décadas".

 

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Doce años de gobierno de la izquierda en Bogotá

En vísperas de octubre, tiempo de elecciones territoriales, no todo debe ser liderazgo individual, promesas, discursos, alianzas pasajeras, también es necesaria la reflexión, la evaluación, la pregunta por lo hecho en ciertos espacios de gobierno, tratando de identificar aciertos, errores y desde ellos, cómo proseguir el ejercicio de la administración pública con alcances cada vez más transformadores.

 

Pensando en ello, nuestro equipo organizó y llamó a distintas organizaciones y procesos sociales a llevar a cabo cuatro sesiones para evaluar el significado y los alcances de los doce años de gobierno que ahora suma la izquierda en Bogotá.

 

La pretensión no es fútil, pues no es posible reivindicar la continuidad del ejercicio alternativo de gobierno en esta ciudad, como podría también serlo en cualquier otra, cuando no valoramos de manera positiva la necesidad de una reflexión colectiva y pública para identificar posibles errores cometidos en estos años de labor, su origen, su posible reiteración, así como los aciertos, sus manifestaciones y la forma más adecuada para asegurar su profundización.

 

Lo primero que asombra, a la hora de intentar el ejercicio aquí aludido, es el poco interés de las organizaciones partidarias que han tenido que ver con estos doce años de gobierno alternativo en Bogotá, por responder de manera desprevenida e interesada al llamado. De su desinterés queda un interrogante, ¿han evaluado y sistematizado, en sus ejercicios de reflexión interna, estas experiencias públicas? Todo parece indicar que no, que los hechos los han superado y que, más allá de los buenos deseos, no existe una brújula estratégica con la cual se guíen. ¿Pesa más el afán electoral-clientelista por administrar la llamada cosa pública que el diseño de un proyecto de largo plazo que brinde el protagonismo a la ciudadanía para que asuma en sus manos su propio destino y la transformación de la ciudad, con todo lo que ello implicaría para un proyecto político frentista o partidista?

 

Superado el desdén organizativo por el llamado reflexivo, abordamos uno a uno los tres gobiernos liderados, surgiendo como interrogantes acumulados por el ejercicio de gobierno local, y por aclarar:

 

1. ¿Los gobiernos locales alternativos deben resignarse a la administración más eficiente y pulcra de lo público o pueden liderar rompimientos en las dinámicas históricas heredadas de sus ciudades, y en la relación nacional-local?

 

Este interrogante emana de la valoración contrapuesta que resalta entre los dos primeros gobiernos evaluados (Luis Garzón y Samuel Moreno) y el de Gustavo Petro, los primeros de los cuales aceptaron que su misión era la de garantizar su estabilidad y eficiente gestión social, en el marco del Estado Social de Derecho, pero sin intentar el cuestionamiento a la matriz urbana y de desarrollo territorial heredada. Distinto al gobierno de Petro, que sin haber logrado sus propósitos determina como central de su ejercicio la ruptura con el modelo urbano existente, volcado al copamiento cada vez más autodestructivo del territorio, sin matriz ambiental, sin valoración del cambio climático, donde los intereses de los urbanistas determinan los ejes de gobierno. Para hacerlo efectivo, ante el cerramiento que le hace el establecimiento, el alcalde se ve obligado a conectarse con los sectores populares, motivando lo protagonismo, aunque este propósito queda ahogado entre el caudillismo de su gestor y las maniobras y acuerdo que debe lograr con el gobierno central para impedir su expulsión del Palacio Liévano.

 

2. Esta disputa entre lo viejo y lo nuevo, entre el negocio y los intereses colectivos, pregunta por el papel de los movimientos sociales y la posibilidad de que la misma administración local propicie su fortalecimiento sin cooptarlos, ¿será posible? Por ello, ¿cuál debe ser la relación que propicie un gobierno local con los movimientos sociales?

 

De la evaluación realizada queda claro que las relaciones desprendidas de estas tres administraciones con lo social, sus manifestaciones son bastante diferentes. Por ejemplo, de sus principales ejecuciones en derechos –educación, salud– no se desprende la determinación por potenciar actores populares en cada uno de estos sectores, si bien en educación el sindicato distrital sale beneficiado por medidas como la decisión de terminar con los "Convenios de concesión" con instituciones privadas, asumiendo el proceso educativo de cero a once en manos del Distrito. Un faltante, entonces, es que las medidas tomadas para fortalecer lo público no corren al mismo tiempo de la mano con decisiones por implicar en tales realizaciones la participación activa, crítica y decisiva de la sociedad en su conjunto, o de comunidades barriales en particular.

 

3. Queda identificado también, en el ejercicio evaluativo llevado a cabo, que en las tres administraciones el alcalde, pese a pertenecer a un movimiento o partido, rompe en la práctica con el mismo una vez llega al alto cargo. Ni el Polo controló los suyos, y mucho menos lo hizo el movimiento Progresista. De esta manera, con funcionarios como ruedas sueltas, las organizaciones terminan por padecer las consecuencias de sus errores y en escasas ocasiones por favorecerse de los aciertos.

 

El caso más notorio de estos es el de Samuel Moreno Rojas, afanado por los negocios particulares, y un interés de lucro familiar. Esta misma actuación, debe preguntarse por las relaciones con los otros partidos con presencia en la ciudad, en nuestro caso los partidos tradicionales, verdaderos controladores del Concejo Distrital, y controladores de buena parte de la burocracia bogotana. No hay que dejar de lado el nefasto papel jugado por sectores liberales como el samperismo, verdadero Caballo de Troya en una administración supuestamente alternativa, siempre afanado por la clientela, beneficiada de la misma y blindado ante el escándalo y la censura pública por la efectiva privatización –robo– de lo público que propiciaron y llevaron a cabo diferentes funcionarios ligados a una u otra organización política.

 

¿Cómo lograr que los alcaldes rindan periódicamente a la ciudad informes de su gestión, informes más allá de la formalidad, que eduquen y entreguen herramientas para la comprensión de la gestión pública y para su control? ¿Cómo educar y potenciar los liderazgos comunitarios a través de estos informes? ¿Cómo debatir estos mismos informes con sus organizaciones de origen y pertenencia, para que los programas difundidos en las campañas electorales sirvan en realidad como matriz directora de la gestión, sin quedarse en el simple papel? ¿Y cómo debaten estas mismas organizaciones con la sociedad sus proyectos de corto, mediano y largo plazo? ¿Cómo poner en práctica aquello de mandar obedeciendo base de un real proceso democrático?

 

4. Un común determinante es la positiva gestión realizada en sectores vitales como educación y salud. Desde la primera administración (Lucho), hasta la actual (Petro), la línea de continuidad no se rompe, más bien parece profundizarse, obligando al gobierno central a retomar las conquistas en educación y particularidades en salud, es decir, el conjunto nacional sale beneficiado de la lucha contra el neoliberalismo liderada y vivida en Bogotá, con manifestaciones específicas en los campos aludidos, si bien con la actual administración tal pugna amplía sus objetivos a basuras, transporte, vivienda, territorio.

 

Pese a ello surgen interrogantes frente a lo realizado y lo que debe venir, en particular en salud: ¿qué tanto en estos tres periodos de gobierno fue posible enfrentar el modelo hegemónico de salud?, ¿qué tanto se avanzó en configurar una política de izquierda en salud?, ¿cuáles pueden considerarse como los principales logros y aprendizajes en esta materia?, ¿cuáles deberían ser los pasos a seguir para profundizar tales logros garantizando que los mismos estén cada vez más en manos de la participación y apropiación (conocimiento) de la ciudadanía en general, en particular de los sectores más excluidos de la urbe?, ¿cuáles son las proyecciones, posibilidades, retos en materia de salud?

 

5. También se resaltó en la deliberación sostenida, la corroboración de lo siempre reconocido a la izquierda colocada al frente de gobiernos locales: su sensibilidad y énfasis social –ahondamiento de una variable de la democracia liberal– y eficiencia para administrar las finanzas. Pero, ¿esta realidad está llegando a su límite? ¿Aguanta una ciudad como Bogotá el alza en los impuestos hasta ahora pagados? Si así fuera, ¿cómo proceder y garantizar que quienes más tienen sean en realidad quienes más paguen, exonerando a los sectores populares de una sobrecarga en este rubro, vía para empezar a superar las inequidades y segregaciones?

 

Este aspecto del debate es importante ahondarlo pues la ciudad parece encaminarse en una senda de amplío crecimiento en construcción vertical, lo que podría aprovecharse para que la plusvalía que ello propicia se irrigue en beneficio del conjunto social y no solamente tome la dirección de los bolsillos de los especuladores del suelo. Así mismo, y en este sentido, actuando con mucho cuidado para que el incremento del predial no termine desplazando de su territorio a sus históricos pobladores, porque la realidad hoy es que por esta vía se expulsa a los pobres de la ciudad, estableciendo de facto que grupos de ciudadanos no merecen vivir en la ciudad.

 

6. Desprendiéndose de lo anterior el interrogante por el modelo urbano por construir, un tema central en el programa liderado por el actual alcalde capitalino, terminó anulado al terminar en el limbo el Plan de Ordenamiento Territorial radicado en el Concejo.

 

Este aspecto reclama especial atención pues amplios sectores populares que la habitan están sometidos a constante presión para que abandonen sus tradicionales hábitats, no pocos de los cuales ya han terminado por habitar la periferia de La Sabana, estableciéndose en los municipios circunvecinos que rodean a la capital, donde el costo de la vida es un poco más liviano.

 

La disputa de modelo urbano entre capital y sociedad es evidente, pretendiendo el primero de éstos una reorganización del territorio más valorizado del país. Los interrogantes, por tanto, para el gobierno que ha de venir –si es de corte progresista– y para los actores sociales urbanos, ¿qué ciudad queremos?, ¿cómo la construimos?, pero también, ¿la ciudad para quién?

 

7. Pero también fue relacionado como interrogante, en perspectiva de un gobierno cada vez más volcado a los intereses sociales, en franco debate con el gobierno central, ¿cómo actuar para enfrentar y derrotar en otras áreas el neoliberalismo? La preocupación es por aspectos y temáticas como finanzas, participación, transporte, cultura, territorio, así como servicios públicos en general (agua, luz, telefonía, medios de comunicación). No olvidar que sectores estratégicos de la vida cotidiana como estos últimos, son ajenos a la ciudadanía en cuanto a su financiación, administración, gestión, rendimientos, planes de largo plazo, etcétera.
Estas son algunas de las reflexiones que dejaron los conversatorios sostenidos al momento de evaluar los doce años de gobierno de la izquierda en Bogotá, muchas enseñanzas quedan sin citarse y todas sin profundizarse. En la edición septiembre-octubre de este mismo periódico saldrá un informe especial sobre el particular, pues el debate debe continuar para que hagamos del ejercicio institucional, en lo posible, un mandato popular de hondo calado antineoliberal donde el que gobierna no se sirve sino que sirve, de tal manera que el actor social, con autonomía profundice su liderazgo, presionando siempre sin cortapisas para quien esté arriba gobierne con los de abajo.

 

A la luz de la experiencia

 

Guiados por las luces proyectadas desde la experiencia de los doce años de gobierno alternativo en Bogotá, y siempre con la vista proyectada a las elecciones de octubre próximo, debemos relacionar temas clásicos de la agenda política y social alternativa:

 

¿Para qué se gobierna? ¿Con quiénes debe gobernarse? ¿Cómo garantizar que los movimientos sociales, como sector más activo de la sociedad, se potencien y no terminen cooptados y minimizados? ¿Cómo lograr la politización del conjunto social? ¿El realismo político impide o niega a la utopía? ¿Cómo hacer para que la utopía oriente todas nuestras acciones sin sacarnos de la realidad efectivamente existente? ¿Qué implica y/o significa un gobierno de cara o abierto a la ciudad? ¿Cómo actuar para que lo electoral no termine por subsumir el conjunto de las energías de los sectores alternativos?

 

Es decir, ¿cómo actuar para no institucionalizar el conjunto de nuestras acciones y proyectos? E, incluso, así se integre el gobierno de la ciudad, ¿cómo actuar para mantener viva la disposición a la lucha social directa?

 

Podría también preguntarse, de acuerdo a lo anterior, ¿cómo gobernar garantizando la concreción cada vez más renovada de la democracia realmente existente? ¿Cómo construir una forma de gobernabilidad y de gestión pública propia de la izquierda? ¿Cómo forjar una forma de conducción de gobierno que controle los egos, personalismos y autoritarismos de los gobernantes?

 

Pistas para esa nueva democracia: deliberativa, asambleatoria, refrendataria, que priorice la justicia social y con ella la redistribución cada vez más amplia y efectiva de la renta social, que brinde cada vez más espacio a los sectores históricamente más excluidos de la sociedad: mujeres, las llamadas minorías sociales (negritudes, indígenas, pobres, sin techo), pero también a los excluidos (desempleados, presos).

 

Podemos concluir, el tema es apasionante, pero más que ello, urgente de abordar, tanto por la cercanía de las elecciones –que demandan en caso de continuar en el palacio Liévano un sector alternativo– superar errores y profundizar dinámicas que ahonden el cambio, como por la relación que el mismo mantiene con una temática que está al centro de la reflexión mundial: la democracia y porque se concluyó también que las grandes ciudades tienen un margen de maniobra con lo nacional que debe ser aprovechado.

 

Esto no es casual. Como es conocido el sistema de dominio, reproducción y control vigente vive una crisis sistémica y, como parte de la misma, la democracia, soporte y base de este sistema se quiebra por todos los costados. Todos y cada uno de sus componentes fundacionales e históricos están en derrumbe, de ello da cuenta que:

 

- Los gobiernos no son de mayorías sino de minorías.
- Las mayorías sociales se sienten cada vez menos convocadas a la participación real y decisiva; prima la forma sobre el contenido.
- La política cada vez es de menos, la han privatizado –sobre todo en su expresión electoral y legislativa.
- La riqueza social rellena cada vez menos bolsillos, concentra renta y poder político.
- Los poderes económicos y comunicacionales actúan de hecho como partidos, imponiendo su lógica e intereses. La sociedad no participa de la toma de decisiones, las padece.
- Las decisiones más trascendentales para la vida cotidiana de los pueblos no se toman en el ámbito local sino que provienen de imposiciones desprendidas de los grandes megapoderes existente en el mundo.

 

La realidad es que con la llamada democracia liberal lo máximo que puede hacerse es refrendar las formas y los mecanismos de dominación y control realmente existentes, de ahí que la pregunta que debe orientar una gran parte del quehacer social y política alternativo es, ¿cómo darle forma y robustecer una democracia realmente protectora, potenciadora y movilizadora de las mayorías sociales?

 

Podemos decir con toda seguridad que mientras este interrogante no sea resuelto, con nuestros buenos deseos al participar de las formas de la democracia restricta existente y disputar los espacios institucionales existentes, no logramos quebrar ese modelo sino, y por el contrario, reforzarlo. El problema, entonces, no es la participación sino hacerlo sin clara comprensión de las manifestaciones de la crisis sistémica que porta el actual sistema, una de cuyas expresiones más notables es la irrelevancia democrática liberal; el problema no es participar sino asumirla sin la disposición absoluta a mandar obedeciendo, como síntesis de una nítida vocación rupturista de los límites impuestos por la institucionalización gubernamental, soportados en una irrenunciable vocación de poder colectivo.

Publicado enEdición Nº 216
¿Ya no es el imperio el principal enemigo de la "Revolución Bolivariana"?

"La teoría del complot tiene el peligro de velar las causas profundas de los problemas y desdibujar la realidad". François Houtart

 

El presidente Chávez consideraba a Uribe un "peón del imperio". Y estaba en lo cierto. Uribe en ese momento tenía el Poder y el gobierno. EE.UU. lo respaldaba y contaba con una fuerza paramilitar organizada que, a su vez, era apoyada por el ejército oficial. La mayoría de empresarios y terratenientes nacionales y extranjeros habían decidido jugársela con su política guerrerista. Además, aprovechó los graves errores de la guerrilla para construir un fuerte apoyo popular que es lo único que parcialmente le queda en la actualidad.

Ahora, las circunstancias son diferentes. La estrategia imperial no está centrada en una intervención armada inmediata en Venezuela y menos desde el exterior. Eso es cosa del pasado. Las "revoluciones de colores" son su método actual. Para ello están implementando la guerra económica –la de verdad–, que tiene como eje el auto-abastecimiento de petróleo utilizando la tecnología del fracking (gas de esquisto), bajar artificialmente los precios internacionales del combustible y, de contrapeso, debilitar la economía de países productores de hidrocarburos como Venezuela, Ecuador, Irán y otros.

De esa manera, preparan condiciones para generar la inconformidad popular, estimulando sobre todo a las clases medias para derrotar o derrocar a los gobiernos "indóciles" o que muestren cierto grado de independencia y autonomía. Los estrategas del imperio han aprendido de experiencias pasadas (Cuba, Nicaragua, Vietnam) en cuanto a entender que las operaciones armadas imperialistas con fuerzas extranjeras o mercenarias generan fuertes resistencias nacionalistas que no son fáciles de derrotar.

Esa nueva estrategia imperial requiere de los pueblos y gobiernos que desean mantener su independencia y soberanía, unas respuestas internas de carácter integral. No basta la alerta sobre la intervención extranjera. Se necesita coherencia en el manejo económico, construir una base productiva propia, apoyarse realmente en el pueblo para profundizar la revolución democrática en todos los aspectos: sociales, económicos, culturales, políticos e incluso espirituales. Para ello se necesita coherencia ideológica y estrategia política.

La "pequeña" guerra económica interna en Venezuela, que causa escasez y desabastecimiento de algunos productos, es resultado, por un lado, de la incapacidad del gobierno para organizar a la población para construir un nuevo aparato productivo y, simultáneamente, controlar el comercio exterior apoyándose en empresas sociales (cooperativas, mutuales, solidarias) y en monopolios estatales. Pero por otro lado, dicha guerra económica es producto de la resistencia de la burguesía parasitaria que se niega a aceptar su derrota política y económica, y utiliza todos los mecanismos legales e ilegales para mantener un negocio lucrativo y especulativo de importación de mercancías del exterior. La burguesía emergente también quiere heredar ese fabuloso negocio y desde el gobierno ha saboteado la línea que trazó el presidente Chávez.

Estas verdades las conocen y las repiten a diario los principales dirigentes bolivarianos de Venezuela. Lo dejó escrito y grabado en sus discursos el presidente Chávez. Pero no ha sido fácil implementarlas por cuanto la burguesía emergente ha ido copando los espacios de dirección del "proceso de cambio", y ella no está interesada en profundizar la revolución. Sólo le interesa mantenerse en el gobierno, controlar la renta petrolera y reemplazar a la burguesía parasitaria entreguista y pro-imperialista.

Maduro es consciente de esta situación. Sin embargo, debido al deterioro de la situación interna, se ve obligado a recurrir al nacionalismo estrecho, a la demagogia anti-colombianista que todos los gobiernos venezolanos –de derecha o de izquierda– han utilizado en el pasado para ganar apoyo popular y triunfar en las elecciones.

Es por ello que Maduro hizo lo que hizo.

La campaña contra el paramilitarismo y la delincuencia de origen colombiano

Ahora Maduro quiere convertir a Uribe en el enemigo principal. Con la consigna de que la causa de los problemas de Venezuela está en la acción paramilitar que llega desde Colombia, y la utilización por esas fuerzas ilegales del contrabando, el bachaqueo y todo tipo de delitos, se pretende radicalizar a los venezolanos contra el supuesto enemigo externo, que ya no es el imperio sino un debilitado Uribe. Éste lo único que está buscando con su pataleo es negociar su propia impunidad y la de sus cómplices, y aprovecha el momento para generar ruido. Nada más.

Estudios muy serios de académicos venezolanos demuestran que la presencia de diferentes clases de violencias y de diversas expresiones de la delincuencia, no sólo se observa en la frontera con Colombia sino que está presente en todo el territorio nacional venezolano. Y además, identifican como las causas más visibles, primero, el deterioro de la situación económica del país y, segundo, a la corrupción de las mismas fuerzas armadas (Guardia Naciona y Ejército) y de las autoridades civiles (Ver. http://bit.ly/1NYyjPu).

Para enfrentar estos flagelos se requiere una política integral de seguridad que obliga al Estado a apoyarse en el pueblo. Pero esa línea política, que ideó el presidente Chávez, implicaba atacar al burocratismo, la corrupción y los intereses de la burguesía emergente, y ello no ha sido ni va a ser posible en el corto plazo. Es más fácil utilizar un enemigo externo, discriminar y golpear a inermes colombianos de la frontera, hacer apariencia de mano fuerte, mostrar shows mediáticos y paralelamente, engrandecer a Uribe.

Las consecuencias para el gobierno de Santos y el proceso de paz

El actual "incidente" con Venezuela, va a traer consecuencias inmediatas para el proceso de paz en Colombia. Es un hecho que el cierre de la frontera de forma unilateral es un acto inamistoso y grave. Afecta a colombianos y venezolanos de la frontera, lesiona intereses económicos, deteriora la confianza entre los dos gobiernos, y – de la forma como se realizó la expulsión de más de un millar de colombianos – es una violación flagrante de los derechos humanos de esas personas inmigrantes y desplazadas.

Santos, así él no lo quiera ni Maduro tampoco, es el gran damnificado. Su debilidad es manifiesta y trágica. Su cara de susto y la actitud temerosa de sus funcionarios en el discurso del pasado martes 25 de agosto, así lo delata. Le faltó decir que el presidente Maduro no le pasa al teléfono. Lo único que Santos realmente ofreció en esa intervención televisada, fue conseguir camiones y permiso con el gobierno de Venezuela para ayudarles a los colombianos a traer sus "corotos". ¡Qué desgracia y qué indignidad!

El presidente colombiano ha quedado en medio de un emparedado. Está atrapado entre la teoría del complot imperial y paramilitar, que respalda el expresidente Samper desde la UNASUR, las FARC y algunas fuerzas políticas de izquierda colombianas, y los análisis de diversos sectores políticos que identifican los problemas de Venezuela con la corrupción, la mala gestión económica, el derroche, la agudización de la dependencia del petróleo, el fracaso en la generación de nuevas áreas productivas y el paternalismo excesivo, entre otras.

Así, el presidente Santos ha mostrado una enorme indecisión y debilidad. No pudo identificar a tiempo que Maduro va con todo pensando en las elecciones de diciembre. Creía –equivocadamente–, que un tratamiento diplomático prudente y bilateral podría hacer recapacitar al gobierno venezolano para reabrir la frontera y darle un tratamiento legal y humanitario a los inmigrantes colombianos, especialmente a los ilegales e indocumentados. Pero se equivocó de cabo a rabo.

Se argumenta que Santos actuaba de esa manera para proteger el "proceso de paz". Sin embargo, los hechos demuestran que el mayor riesgo para ese proceso es la inmensa debilidad de Santos. Ahora, su posición se ha debilitado más, mucho más cuando las FARC han salido a respaldar al gobierno bolivariano. La tensión entre los dos gobiernos y países va a crecer, y la paz negociada entrará en un enfriador por un buen lapso de tiempo.

Uribe ha recibido un segundo aire de Maduro, una oportunidad de oro, no para sabotear el proceso de paz sino para debilitar a Santos. Así podrá obtener mayores ventajas en el proceso de negociación de su impunidad.

Mientras tanto, la crisis económica y fiscal que avanza a diario en ambos países le pondrá su toque de realismo a un ambiente político cada vez más caldeado y confuso, en donde la polarización juega a favor de quienes acusan a Santos de frágil e incoherente. La tormenta recién arrecia y el grifo que abrió Maduro tal vez se convierta en un río y en una avalancha. Ojalá no sea así.

 

NOTA: Los medios de comunicación colombianos han hecho su fiesta contra el régimen bolivariano. Ahora son solidarios con los colombianos expulsados de Venezuela pero nunca han dicho nada con los expulsados y desplazados de El Quimbo, Ituango, indígenas de Corinto o "invasores" de lotes en muchas ciudades que son desalojados a sangre y fuego.

Bogotá, 28 de agosto de 2015

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Hallados 200 nuevos cadáveres frente a la costa libia

Las cifras no paran de crecer. Si ayer aparecían más de 70 cadáveres en un camión frigorífico en el este de Austria, estacionado junto a la frontera húngara y con el conductor actualmente en paradero desconocido, y el miércoles eran medio centenar los encontrados en una barcaza con rumbo a la costa europea, en la que viajaban hacinadas más de 400 personas, hoy son en torno a 200 los cuerpos que han aparecido en el litoral libio.


Se trata de un nuevo episodio de la crisis de refugiados actual, que suma las personas que huyen de la guerra, el horror y el caos en Siria, Iraq y Libia a los habituales miles de personas que buscan una vida mejor en Europa llegados desde países africanos y asiáticos.


Tal como ha indicado al rotativo inglés The Guardian un representante de Médicos Sin Fronteras que se encuentra ayudando en el operativo de rescate, de los dos centenares de cadáveres hallados en el país africano esta noche, 40 se encontraban a bordo de una embarcación volcada y medio hundida, mientras que alrededor de 160 estaban flotando en los alrededores de la zona, a un kilómetro de Zuwara, en el oeste del país, uno de los principales puntos de salida de los botes que parten rumbo a la costa italiana. Más de 200 supervivientes fueron rescatados por las autoridades libias.


Al parecer, tal como ha indicado un funcionario de seguridad de la ciudad, el barco partió de la costa africana completamente sobrecargado –de migrantes procedentes del África subsahariana, Bangladesh, Marruecos, Pakistán y Siria, indica la misma fuente–, con más de 400 personas a bordo, lo que podría haber causado el hundimiento del mismo.


Muchos de los fallecidos parecen haber quedado en la bodega del buque, un lugar habitual en el que se hacinan decenas, a veces cientos, de migrantes en las destartaladas barcas. Ese es el espacio en el que también fueron encontrados los 52 fallecidos en otra barcaza, de madera, este miércoles. Los guardacostas del buque sueco Poseidón que encontró la embarcación, integrado en la Operación Tritón de la Unión Europea para el control de la migración en la Frontera Sur, que apuntaban a la asfixia producida por las altas temperaturas del compartimiento, debidas a la sobrecarga, el hacinamiento y la combustión del motor, como probable causa de la muerte.


Según la BBC, la tragedia en la zona podría ser peor, ya que otra embarcación con alrededor de medio centenar de personas a bordo ha naufragado en la misma zona del litoral libio.


El nuevo incidente implica que, en lo que llevamos de año, se han registrado más de 2.500 muertes oficialmente, una cifra superior al mismo período de 2014, año en que 3.224 perdieron la vida en el Mediterráneo, según el informe Derechos Humanos en la Frontera Sur 2015 de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía.


HALLAN DECENAS DE CADAVERES DENTRO DE UN CAMION EN AUSTRIA


Asfixiados y abandonados


Encontraron un camión cargado de migrantes muertos abandonado en una autopista. El avanzado estado de descomposición de los cuerpos impidió a la policía austríaca identificarlos y determinar la cantidad exacta de víctimas.

El horror de la crisis migratoria tocó tierra firme en Europa. Alrededor de 50 migrantes fueron encontrados muertos ayer en un camión abandonado por su conductor, que no pudo ser identificado, en la autopista A4, en Burgenland, Austria. El avanzado estado de descomposición de los cuerpos, apilados en el interior del acoplado, impidió a la policía austríaca identificarlos y determinar la cantidad exacta de víctimas. El macabro hallazgo coincidió con la celebración en Austria de una cumbre sobre refugiados en los países de los Balcanes occidentales, desbordados este año por miles de migrantes que huyen de guerras o represión en Medio Oriente y Africa e intentan entrar en Europa por su territorio. "Hoy es un día oscuro. Esta tragedia nos afecta profundamente a todos", señaló la ministra del Interior austríaca, Johanna Mikl-Leitner, en conferencia de prensa en la ciudad de Eisenstadt, cerca de Viena. La canciller alemana, Angela Merkel, también presente en la cumbre, dijo estar conmocionada por la noticia.


El vehículo que transportaba a los migrantes, un camión frigorífico con patente húngara, apareció en el carril de emergencia de la principal autopista que une Budapest con Viena, cerca de la frontera con Hungría. En el lugar del hallazgo, ubicado 40 kilómetros al sureste de Viena, la policía montó un operativo alrededor del camión –en uno de sus laterales tenía el logotipo de la compañía avícola eslovaca Hyza–, acordonado para mantener a distancia a curiosos y periodistas. Según el jefe de policía del estado federado de Burgenland, Hans Peter Doskozil, el estado que presentaban los cuerpos, sumado al caluroso verano austríaco, hacía presumir que la data de muerte por asfixia de los migrantes era de varios días.


El camión, que fue abandonado anteayer y salió de Budapest ese mismo día por la mañana, fue encontrado con la puerta trasera abierta. De su interior, según determinaron las primeras medidas de los sabuesos, salían los fluidos de cuerpos en descomposición. El operativo para dar con el conductor del vehículo, del que nada se sabía hasta ayer, fue lanzado en las últimas horas. La compañía checa Agrofert Holding, dueña de la eslovaca Hyza, se desligó como propietaria del camión al afirmar que lo había vendido en 2014 y que los nuevos dueños no le quitaron el logotipo, como habían requerido.


En Budapest, el gobierno de Hungría afirmó que la patente del camión fue registrada por un ciudadano rumano en la ciudad de Kecskemet. Janos Lazar, jefe de gabinete del primer ministro húngaro, Viktor Orban, adelantó que las policías de Hungría y Austria van a trabajar en estrecho contacto para tomar las medidas necesarias que permitan investigar qué fue lo que sucedió y dar con los responsables.


La ministra del Interior austríaca dijo que los muertos parecían ser víctimas de una operación de traficantes de personas. "Los traficantes de personas son criminales", señaló Mikl-Leitner, que prometió hacer todo lo posible para dar con los responsables. En declaraciones al margen de la cumbre sobre la crisis de refugiados, el canciller federal de Austria, Werner Faymann, dijo que la tragedia mostraba cuán urgente es la necesidad de que los países europeos trabajen juntos para buscar soluciones al drama migratorio. "Hoy, refugiados perdieron la vida que habían intentado salvar escapando, pero la perdieron a manos de los traficantes", dijo el jefe de gobierno en un encuentro con periodistas que tuvo lugar en Viena.
La canciller alemana, por su parte, afirmó que la tragedia "nos insta a afrontar el tema de la inmigración de forma rápida y con espíritu europeo, el de la solidaridad". Merkel recordó además que ahora, en el mundo, hay un número de refugiados que no encuentra parangón desde la Segunda Guerra Mundial. En rueda de prensa tras la cumbre en Viena, la mandataria reiteró que la normativa Dublín sobre asilo no funciona y que se requiere una solución común europea frente a la crisis. "¿Adónde vamos a devolver a los solicitantes de asilo? ¿A Hungría, a Austria, a Serbia, que ya tienen tantos o más refugiados que nosotros?", se preguntó Merkel.


Su ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, mostró en la misma cumbre la necesidad de reformar la normativa de Dublín, que determina que el proceso de asilo debe tramitarse en el primer país de la Unión Europea (UE) donde llega la persona que lo solicita, por lo que, en principio, se deduciría que un segundo país podría devolver al solicitante al país de entrada. En ese sentido, Steinmeier instó a los países europeos a realizar una distribución justa de los refugiados dentro de la UE, mediante un sistema de cuotas obligatorias que ya fue rechazado por numerosos países del bloque.


Cientos de miles de solicitantes de asilo llegaron a Europa en lo que va del año desde países en guerra de Medio Oriente, y más allá, como Siria, Irak y Afganistán, escapando de la pobreza o la represión en naciones de Africa, sobre todo Eritrea. Muchos siguen la ruta de los Balcanes: de Turquía a Grecia por mar; hacia Macedonia, al norte, en colectivo o a pie; por tren a través de Serbia y luego caminando los últimos kilómetros hacia Hungría, primer país miembro de la UE y del espacio europeo libre de pasaporte o zona Schengen.


Así evitan la más peligrosa ruta del Mediterráneo rumbo a Grecia e Italia, en la que, en lo que va del año, más de 2300 migrantes murieron ahogados o de hambre y sed a bordo de embarcaciones precarias, entre ellos 55 cuyos cuerpos fueron hallados anteayer en la bodega de un barco de traficantes rescatado cerca de Libia. Una vez dentro de la UE, la mayoría de los migrantes y refugiados trata de llegar a naciones europeas que, a priori, presentan un futuro más prósperas, como Alemania, Holanda, Suecia o Austria. En este país, precisamente, el número de solicitantes de asilo superó los 28.300, entre enero y junio pasado, y las autoridades esperan hasta 80.000 para este año. Alemania estima que también recibirá a 80.000 refugiados en 2015.


La policía húngara dijo que 3241 migrantes fueron detenidos anteayer por entrar ilegalmente al país, 700 más que el día anterior, y el número más alto en lo que va del año. Hungría está terminando de construir una valla de alambres de púas en su frontera con Serbia para mantener a raya a los refugiados.


PESE A LOS MAS DE CIEN MIL REFUGIADOS QUE CRUZARON EL MEDITERRANEO EN JULIO, EUROPA SE SUMIO EN EL SILENCIO


Europa calla ante el drama de los inmigrantes


Con una extrema derecha acechando las urnas y una derecha cada vez más dura, los sucesivos encuentros europeos consagrados al tema de la inmigración apenas disimularon la mordaza que cubre los labios de los líderes europeos.

Por Eduardo Febbro
Desde París

Página12


Hicieron falta miles de muertos y dramas espantosos, como los 50 migrantes muertos de asfixia encontrados en un camión en Austria ayer, para que los dirigentes europeos empezaran a salir de zona de retaguardia en la que se mantienen desde que los primeros migrantes llegaron a las costas de Sicilia. El comisario encargado de Inmigración dentro de la UE, Dimitris Avramopoulus, dijo el pasado 13 de agosto que "la inmigración no es un problema griego ni alemán, ni italiano, ni húngaro, ni austríaco" sino "europeo". Y sin embargo, pese a los más de cien mil refugiados (cifras oficiales del organismo europeo Frontex) provenientes de Siria, Afganistán, Eritrea, Irak y Su- dán del Sur que cruzaron el Mediterráneo para alcanzar territorio europeo en el pasado julio, Europa se sumió en el silencio y hasta dinamitó las iniciativas de la Comisión Europea.


Tan es así que el 23 de agosto, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, publicó una encendida columna de opinión en el diario conservador Le Figaro donde defendió los valores humanistas de Europa contra la indiferencia, las peleas, el racismo y los antagonismos que sesgan todo posición común ante la inmigración: Juncker recordó que esos migrantes huían de la "guerra en Siria, del miedo de Daesh en Libia o la dictadura en Eritrea" y afirmó: "Lo que me espanta es constatar el resentimiento, el rechazo, el miedo con los que se trata a esas personas. Incendiar los campos de refugiados, alejar los barcos de los puertos, violentar a los solicitantes de asilo o cerrar los ojos frente a la miseria y la pobreza, eso no es Europa". Pero eso es lo que pasa hoy.


Los sucesivos encuentros europeos consagrados al tema de las fronteras y la inmigración apenas disimularon la mordaza que cubría los labios de los líderes europeos.


Con una extrema derecha acechando las urnas y una derecha cada vez más dura que también saca provecho de la "amenaza migratoria", el tema es una bomba de tiempo política en cada país. Abordarlo es exponerse a una controversia pública y a la consiguiente pérdida de votos en un electorado ultra sensibilizado en torno de la temática de la inmigración. Los Estados repiten el mismo discurso "humanidad y firmeza". Casi nadie se adentra a destapar un problema complejo y cuyos orígenes son, a menudo, las mismas guerras que Occidente desencadenó o los conflictos en los cuales intervino (Afganistán, Siria, Libia, Irak).


En realidad, aunque mal les pese a sus masivos adversarios, la que rompió el pacto de inmovilidad fue la canciller alemana Angela Merkel. Por primera vez en diez años, el 25 de agosto Merkel visitó un campo de refugiados en Sajonia, donde escuchó el grito de 200 manifestantes que la trataban de "traidora". Antes, el 24 en Berlín, Merkel y el presidente francés François Hollande llamaron a Europa a adoptar una respuesta "unificada" frente a la crisis de los migrantes. Hasta ese momento, los demás responsables se habían mantenido en silencio. La misma canciller anunció que todos los refugiados sirios que habían llegado a Alemania a través de otros países europeos no serían expulsados. Por sorprendente que resulte, Merkel está transformando a la derecha alemana en lo que toca a inmigración con un discurso y acciones calcadas de las que antaño asumió el Ejecutivo rojo-verde, es decir, la alianza entre los socialdemócratas del SPD y los ecologistas de Die Grünen.


En Francia, durante el mes de agosto (vacaciones), los partidos políticos celebran una serie de reuniones llamadas "universidades de verano". En 2015, en plena catástrofe migratoria, el Partido Socialista, por ejemplo, no rozó el tema. El halo humanista, aunque retórico, ni siquiera se asomó en los debates. En cuanto a los ecologistas, más allá de una indignación verbal no hubo acción, formulaciones concretas o un programa para interpelar al Ejecutivo. En este desierto de buenas intenciones, de náufragos, de ahogados o aplastados por los trenes, de decenas de miles de personas en las fronteras de Grecia, Hungría, Serbia, Francia Italia, Austria o Alemania, la extrema derecha adoptó un perfil bajo. Como lo señala al diario Le Monde Jérôme Fourquet, director del departamento de opinión de la encuestadora IFOP: "Marine Le Pen (la líder de la ultraderecha del Frente Nacional) no tiene necesidad de decir mucho. El carburante está ahí". La derecha tradicional, agrupada ahora en el recién fundado partido Los Republicanos, tampoco salió de la cueva. El único que se destacó al principio del verano fue Nicolas Sarkozy. El ex presidente y jefe de Los Republicanos había comparado el flujo de los migrantes a una "fuga de agua".


El inmovilismo, las expresiones insultantes, las agresiones, la construcción de muros y barreras o la misma extrema derecha no podrán corregir el curso de los hechos, ni tampoco la nueva cita con la historia que tiene Europa. Según Jean-Christophe Dumont, el especialista de las migraciones en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo económico) más de un millón de personas ingresará clandestinamente de una u otra forma al Viejo Continente. Con más de 2000 migrantes muertos en lo que va del año, las fronteras europeas son hoy las más mortíferas del mundo. Europa se mueve a su vez entre varias fronteras inciertas: la de sus valores, la del humanismo, la de la solidaridad, la del miedo, la del racismo, la de los cálculos políticos y la de las medidas fuertes destinadas a detener el flujo migratorio rehusando recibir a los migrantes y forzándolos a volver a sus países. La complejidad del drama y de la crisis es tal que sin una síntesis entre todas esas fronteras delicadas los dramas como los de Austria se propagarán con una frecuencia destructora. El Mediterráneo seguirá siendo una tumba a cielo abierto y Europa se volverá un edén atrincherado.

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Jueves, 27 Agosto 2015 06:39

Decenas murieron asfixiados en un barco

Decenas murieron asfixiados en un barco

Las operaciones de socorro se multiplican, según reconoció la guardia costera italiana. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, instó a la comunidad internacional a solidarizarse e intervenir en la superación de este drama.

 

Al menos 50 cadáveres fueron hallados a bordo de una embarcación llena de inmigrantes que buscaban llegar a Europa por el Mediterráneo, informó la guardia costera italiana. Los cuerpos fueron encontrados en la bodega del navío: las personas murieron, al parecer, intoxicadas por las emanaciones de los motores del barco. Los socorristas italianos confirmaron la muerte de otras cuatro personas, entre ellas tres mujeres que se hallaban en una lancha neumática, con 120 refugiados a bordo, asistida por un buque de la marina italiana.


Los guardacostas italianos informaron que ayer fueron auxiliados 3000 migrantes que se encontraban a la deriva y se realizaron diez tareas de socorro a buques precarios o en dificultades, en el canal de Sicilia y no lejos de las costas libias. Según un vocero de la guardia costera sueca, el barco Poseidón, que integra la operación Tritón –coordinada por la Marina militar italiana, frente a las costas libias–, socorrió a 439 migrantes.


Según el diario Il Corriere della Sera, ayer llegaron al puerto de Catania, en Sicilia, 218 inmigrantes a bordo del barco croata Andrija Mohorovicic, que participa también en la operación Tritón. La mayoría de los migrantes proviene de Siria, Somalia y Eritrea e incluye numerosos menores de edad, cerca de unos 40, muchos de ellos sin acompañante. Un muchacho somalí de unos 20 años, que sufría de diabetes, murió en la nave croata durante la travesía, informaron las autoridades sicilianas.
La muerte de otro joven africano fue registrada a bordo de un barco de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF). Según los compañeros de travesía falleció por problemas de salud causados por las golpizas recibidas durante su estancia en Libia, antes de emprender el viaje.


La crisis migratoria está desbordando a Italia. Las operaciones de socorro se multiplican, según reconoció la guardia costera italiana. Los barcos de la operación Tritón tienen la misión de proteger las fronteras exteriores de la Unión Europea, aunque Italia los involucra en rescates humanitarios apelando al artículo 98 de la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, que obliga a salvar cualquier vida en peligro que se encuentre en aguas abiertas. Barcos de MSF patrullan también a diario la franja del Mediterráneo central, que se extiende entre Zuwara y Trípoli, a 30 millas de la costa de Libia, colaborando con las autoridades de Italia.


Respecto al conflicto migratorio, que ya se posiciona entre los más graves de la historia reciente de Europa, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, instó desde París a la comunidad internacional a solidarizarse e intervenir en la superación de este problema. En una conferencia de prensa que tuvo lugar en el Ministerio francés de Relaciones Exteriores, Ban estimó que los miles de migrantes que emprenden viajes peligrosos no deberían, al llegar, encontrarse con nuevas dificultades. "Hay hoy muchas más personas desplazadas de las que ha habido nunca desde la Segunda Guerra Mundial", dijo el representante de la ONU. "En Siria y en otros lados, millones de personas huyen de la violencia y la persecución.

Otros tratan de escapar a la pobreza y buscan medios de vivir con dignidad", sostuvo. Luego, felicitó a los países que manifiestan su solidaridad e invitó a los otros, en Europa y en otros lados, "a mostrar compasión y a hacer mucho más para superar esta crisis".


El secretario general de la ONU instó a salvar vidas. "Con nuestra intervención, debemos salvar vidas, luchar contra la trata y la discriminación, aportar soluciones jurídicas, examinar las causas profundas de los problemas y defender los derechos humanos".


Por su parte, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) rechazó ayer el pedido de iniciar una misión en las fronteras del bloque europeo, en el marco de la crisis migratoria que vive el continente. "No hay una solución militar para los problemas que son causados por los grandes movimientos migratorios", opinó un portavoz de la organización en Bruselas. La fuente subrayó que la alianza no es responsable de ese asunto. La declaración se da luego de que el vicejefe de Gobierno de la República Checa, Andrej Babis, exigiera una intervención de la OTAN en las fronteras exteriores de la UE a raíz del crecimiento exponencial de migrantes que llegan al continente europeo. "Debemos cerrar el espacio Schengen hacia afuera", dijo el también ministro de Finanzas, quien aseguró que el flujo de migrantes es el mayor peligro para Europa.


Más cerca del intervencionismo militar que muestra la OTAN, el gobierno húngaro anunció ayer su intención de desplegar al ejército para ayudar a contener el flujo de migrantes procedentes de Serbia, medida que será sometida a voto en el Parlamento en una sesión extraordinaria que tendrá lugar la próxima semana. "El Ejecutivo quiere utilizar al ejército en tareas relacionadas con la defensa de fronteras y la migración", afirmó Szilard Nemeth, diputado del gobernante partido Fidesz, que encabeza la comisión parlamentaria de Seguridad Nacional. "Los migrantes ilegales se están haciendo cada vez más agresivos, no podemos tolerar lo que ocurrió en Roszke, no podemos aceptar esta agresión", dijo en rueda de prensa.


Horas antes, la policía húngara lanzó gases lacrimógenos para impedir que 200 migrantes abandonaran un centro de recepción para refugiados en Roszke, localidad húngara fronteriza con Serbia. Según la policía, muchos refugiados rehusaban que se les tomara huellas digitales. "La policía intentaba calmar la situación, pero los migrantes seguían gritando", dijo un portavoz. El jefe de la policía húngara anunció que el próximo mes un grupo de agentes será enviado a la frontera de Hungría con Serbia para hacer frente al flujo migratorio. "La protección de la frontera se reforzará con 2106 policías suplementarios a partir del 5 de septiembre", dijo Karoly Papp a la prensa en Budapest. Hungría, que es miembro de la UE, registró 100 mil solicitudes de asilo desde enero y construye una valla metálica para cerrar su frontera.

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Una política de fronteras no puede ser construida sobre el chovinismo.

En la disputa fronteriza entre Colombia-Venezuela el blanco no puede ser el pueblo, el blanco es la estructura mafiosa fronteriza.

 

Es dolorosa la imagen repetida de colombianos expulsados de Venezuela, con miradas angustiadas y desesperanzadas, con sus corotos a cuestas. Los grandes medios colombianos dicen que parecen a los judíos bajo el régimen nazi, el gobierno venezolano dice que son base social del paramilitarismo. El chovinismo (nacionalismo cargado de odio) se expande en los dos países. Sin embargo una solución estable y duradera en este espacio social binacional, requiere poner fin a unas condiciones históricas y políticas impuestas por actores sociales que han generado la crisis social, económica y política fronteriza. Una mirada histórica puede ayudar a entender lo que está en juego.

Colombia y Venezuela comparten una frontera de 2.219 kilómetros. Esta frontera empezó a delimitarse a partir de la tercera década del siglo XIX para establecer acuerdos diplomáticos sobre el territorio de los dos Estados nacientes que estaban por entonces inventando una nación y un territorio, para lo cual requerían ejercer control sobre una región y una población con lazos históricos y culturales existentes con anterioridad a la existencia de la convención fronteriza. Particularmente la zona fronteriza Táchira-Norte de Santander ha sido históricamente un espacio de intercambios sociales, culturales y políticos, anhelado por la población como zona de flujos y oportunidades, pero usado por poderes políticos y económicos, legales e ilegales como espacio de usufructo y enriquecimiento particular. La frontera es un bien común, o por lo menos a eso aspira el pueblo que habita en el territorio binacional.

La frontera y sus cierres

Sin embargo las fronteras has sido vistas históricamente con recelo y sospecha por parte de todos los Estados, y Colombia y Venezuela no han sido la excepción. A lo largo del siglo XIX el espacio fronterizo se convirtió en un mundo de intercambios económicos, y en zona de refugio de los perseguidos políticos de ambos países. La élite tachirense siempre vio a Colombia como una oportunidad para formar a sus hijos en los colegios y universidades de Pamplona, Bucaramanga y Tunja. Y los comerciantes colombianos de cacao y el café cultivado en el departamento de Santander, encontraron por décadas en el puerto de Maracaibo en Venezuela, la principal salida para sus exportaciones. Así desde finales de siglo XIX y hasta mediados del siglo XX Cúcuta y Maracaibo fueron polos de un pujante entramado económico y social que dinamizo la vida binacional. Este auge tuvo un primer declive con la gran depresión de 1929 y los efectos de la segunda guerra mundial, tiempo en que disminuyó la exportación del café del oriente colombiano.

Para regularizar los intercambios económicos y controlar la inquieta población binacional, que no quería ser enmarcada como exclusivamente de un estado-nación, los gobiernos de los países establecieron en 1942 el Estatuto del Régimen Fronterizo, un primer intento de regulación comercial y de control laboral de la población que a ambos lados de la frontera mantenía intercambios sociales, culturales, comerciales y laborales.

Empero, a la decadencia del café del oriente, se le sumó la ola migratoria de refugiados colombianos que huían de la represión estatal de los años 40 y 50. Además en 1953 se cerró el Puerto de Maracaibo para la exportación cafetera colombiana, quedado miles de braceros colombianos en el desempleo. Población flotante, desempleo e inseguridad llevaron a los dos Estados a buscar soluciones comunes, para esto firmaron en 1959 el Tratado de Tonchalá, en el marco del primer gobierno del Punto Fijo (pacto oligárquico venezolano) y del primer gobierno del Frente nacional (pacto oligárquico colombiano). El bloque oligárquico binacional aspiraba con este tratado a regular el libre tránsito de la población entre las ciudades de Cúcuta, San Antonio del Táchira y Urueña, para lo cual se propusieron censar a la población de cada país residente en el país vecino, legalizar su situación, y sobre todo regularizar la situación de los trabajadores agrícolas e industriales principalmente colombianos, que recibían mal tratos laborales y sociales por los empresarios venezolanos. En los años posteriores para conmemorar el tratado, los gobiernos de ambos países promovieron festivales de la integración nacional en Cúcuta y San Antonio, con reinados, corridas de toros, bailes populares y fiestas en los salones exclusivos de las dos ciudades.

Pero las efusivas expectativas de integración se fueron deteriorando poco a poco. En 1960 seguidores del dictador Pérez Jiménez fracasaron en un intento de golpe de Estado y buscaron refugio en la frontera con Cúcuta. Para combatirlos el gobierno venezolano Rómulo Betancur ordenó un primer cierre de la frontera en abril de 1960, lo que le permitió capturar a los militares golpistas. Este cierre afectó a la población de ambos países, cuya cotidianidad era hasta entonces transfronteriza.

A lo largo de la década de 1960 y al amparo del Tratado de Tonchalá, aparecieron bandas de contrabandistas de ganado colombiano hacia el Estado de Zulia, por lo que el 9 de julio de 1972, el presidente venezolano Rafael Caldera ordenó un nuevo cierre de la frontera de Táchira para combatir a la mafia contrabandista.

En la década de 1970 y 1980 se juntaron dos dinámicas sociales, de una parte el boom petrolero venezolano que atrajo a miles de colombianos pobres en busca de una imaginada tierra de promisión. Simultáneamente se inició el ciclo de la siembra y exportación de marihuana en el espacio fronterizo. Para combatir la oleada migratoria y el naciente narcotráfico, que ya había penetrado a sectores políticos y policiales de Norte de Santander y Táchira, desde caracas se ordenó el presidente Herrera Campins ordenó la persecución y deportación de miles de colombianos indocumentados. La más mencionada fue el diciembre negro de 1980, sobre la que incluso se han escrito narrativas y se han hecho telenovelas colombianas. Luego en diciembre de 1982 ese mismo gobierno cerró nuevamente la frontera, pero esta vez en la zona limítrofe con la Guajira, en los municipios de La Playa y Paraguachón, argumentando que más de 30 mil colombianos habían ingresado como turistas, pero en realidad habían ido en busca de trabajando, dejando en la pobreza a los "nativos" venezolanos.

La frontera y el conflicto armado colombiano

A este espacio binacional ya de por sí conflictivo se le agrega el conflicto armado colombiano reciente. Desde la década de 1980 se empezó a registra presencia de las guerrillas colombianas en la zona de frontera, y en la década de 1990 apareció la respuesta paramilitar, apoyada por empresarios, políticos y militares, con intereses en la zona de frontera y que buscaban beneficiarse de las medidas de Apertura Económica decreta en Colombia por el gobernó neoliberal de César Gaviria Trujillo en 1991. Este proyecto neoliberal fronterizo acudió a la creación del Bloque Fronteras y del Bloque Catatumbo de los paramilitares colombianos, cuya presencia generó en la región una de las versiones más salvajes del capitalismo: libre comercio, desempleo, contrabando, prostitución, mafia de la gasolina, segregación espacial en la ciudad de Cúcuta: barrios de desplazados y barrios de los estratos más altos de la región, que sin ningún reparo ostentan su modo de vida ante la miseria de la mayoría. Defender este orden económico exigió la vía paramilitar y sus manifestaciones sociales, culturales, urbanas y políticas.

Al comenzar el siglo XXI la frontera va a ser objeto de nuevos conflictos. En Colombia se instaló un gobierno de ultraderecha y en Venezuela un gobierno de izquierda. Ambos proyectos políticos miraron con sospecha lo que sucede en ese espacio binacional. La desmovilización del bloque Catatumbo y el Bloque Fronteras en 2005, dio paso al surgimiento de nuevos grupos paramilitares, que operan en ambos países: urabeños, águilas negras, rastrojos. El gobierno venezolano tanto de Chávez como de Nicolás Maduro insistió en que estos grupos aprovechaban el marco del Tratado de Tonchalá, para asentarse en la región y establecer relaciones económicas y políticas con la oposición venezolana, que ha tenido uno de sus fortines políticos en el Táchira. Igualmente el gobierno de Uribe Vélez reclamó permanentemente a Venezuela que protegía campamentos de la guerrilla colombiana. Esta situación estuvo a punto de estallar como un conflicto mayor a lo largo de la primera década del siglo XXI.

El inició de las conversaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, distencionó inicialmente el conflicto fronterizo. No obstante el crecimiento mafioso del contrabando, la gasolina y el narcotráfico en manos de los Rastrojos y los Urabeños, sus continuos enfrentamientos, la perpetración de masacres asociadas al control de población de los municipios del se ha convertido en un nuevo elemento de tensión entre los dos países. Lo cierto es que ni las autoridades nacionales colombianas y de Norte de Santander han querido atender las reclamaciones venezolanas, tampoco el gobierno del Tachira, opuesto a Maduro ha buscado medidas para controlar la delincuencia. No gratuitamente Chávez en su tiempo denunciaba a la policía de Táchira, como bastión del paramilitarismo colombiano.

Un nuevo tratado binacional es urgente

La reciente crisis se genera en un contexto altamente complejo. Crisis económica en Venezuela, inestabilidad política del proyecto bolivariano, incremento de la mafia paramilitar, nexos entre mafias y políticos de oposición y próximas elecciones territoriales en Diciembre de 2015 en Venezuela. La decisión de Maduro de imponer un estado de excepción en la zona de frontera y las medidas contra los colombianos, la destrucción de sus propiedades, la deportación violente es desesperada y arbitraria, no es para nada justificable, pero se entiende en ese entramado de un conflicto fronterizo de larga data, desatendida por los Estados de los dos países y enmarcada en un tratado binacional a todas luces obsoleto. Las apelaciones al chovinismo en ambos países no contribuye a comprender lo que está en juego, el blanco no puede ser la población colombiana, el responsable de esta situación es la presencia mafiosa del paramilitarismo y sus vínculos con las autoridades políticas y líderes empresariales de Cúcuta y San Cristóbal. No sirve de nada el chovinismo al que apela el uribismo, la gran prensa y los políticos. Es urgente un nuevo tratado que se entronque en una apuesta de respeto a los derechos transfronterizos del pueblo, a la soberanía nacional y el principio de no injerencia en los asuntos internos y a la solidaridad e integración entre países hermanos

 

Por Frank Molano Camargo
Historiador y docente de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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Martes, 25 Agosto 2015 08:13

Nos faltan 72 migrantes

Nos faltan 72 migrantes

La noche anterior lo habíamos escuchado en las noticias, nos cayó como un balde de agua fría, en México habían asesinado a 72 migrantes centroamericanos. Hay que ser indocumentado y atravesar territorios en las migraciones forzadas y en absoluta clandestinidad para entender la ansiedad, la ira, la paranoia y el inmenso dolor que deja en un ser humano una experiencia de esta magnitud. Jamás se vuelve a ser igual.

Recuerdo que al día siguiente yendo hacia el gimnasio me encontré en la entrada a un conocido mexicano, que cuando me vio se me lanzó encima totalmente acongojado y me abrazó fuerte y me pidió perdón en nombre de su pueblo, él era oriundo de Tamaulipas. Se sentía avergonzado, lloró desconsolado en mis brazos, la muerte de los 72 nos pegaba fuerte a los dos y a los miles que hemos cruzado las fronteras de la muerte y por desgracia haberlas sobrevivido porque nos queda la memoria y el dolor de estar vivos. El preguntarnos todos los días, ¿por qué nosotros estamos vivos y ellos no?

La noticia se regó como pólvora y el mundo supo de un lugar llamado Tamaulipas y por unos segundos el peregrinar de los migrantes indocumentados que atraviesan territorio mexicano en busca de Estados Unidos. Lo cierto es que quienes llevamos las huellas de la frontera en nuestra piel sabemos que el número es lo de menos, que todos los días desaparecen y mueren indocumentados en territorio mexicano y en la frontera. Que violan, golpean, torturan migrantes tanto policías mexicanos como los estadounidenses de la Patrulla Fronteriza. Que todos estamos expuestos. Que las mujeres somos las más vulnerables. Que antes de los 72 hubieron miles más, por docenas, por montones que se denunció y las autoridades le dieron carpetazo. Que lo de los 72 fue la tragedia escalofriante, como las que hubieron antes y que están ocultas ahí en las fosas clandestinas por el mismo gobierno mexicano. En el desierto de Sonora-Arizona por el mismo gobierno estadounidense.

Si las aguas del río Bravo hablaran, si pudiera hablar la oscurana del desierto, si pudieran hablar los cactus, los caminos empolvados, aquellos cerros, las vías de tren. Ay, si yo pudiera olvidar, si pudiéramos olvidar todos los que somos post frontera. Se nos secó el alma en la travesía. Nos mataron a 72 hermanos, de ellos lo sabemos por las noticias. Pero nos han matado miles, han violado a miles de niños, niñas y mujeres. Les han quitado los órganos y desmembrado a miles y lanzado su carne a las llamas en un tonel lleno de gasolina para que no quede rastro alguno. Sus nombres han sido borrados de los registros de denuncias, las paredes de los centros de detención han sido testigos de la barbarie. Sus cuerpos cercenados quedan expuestos en las vías del tren. Se ahogan los gritos y el llanto de las niñas que son violadas en los vagones. Y los asaltan y los maltratan los mismos policías que forman parte de las bandas delictivas que se hacen millonarias a costillas del tráfico, tortura, violación, desaparición y asesinatos de migrantes indocumentados.

Por desgracia después de los 72 han sido más. Cinco años después de aquella tragedia se sigue criminalizando a los migrantes. Se ha triplicado en número de migrantes que emigran a fuerza de la denigración del sistema en sus propios países de origen. Se habla de país de origen, tránsito, llegada y retorno. Todos al final criminalizan al ser humano estigmatizado por su condición de indocumentado y extranjero. Lo re victimizan.

Nos faltan 72 migrantes indocumentados. Nos hacen falta miles alrededor del mundo. ¿Quién los nombra? ¿Quién los busca? ¿Quién los trata con humanidad? ¿Quién los visibiliza? ¿Quién los honra? Ningún ser humano es ilegal. ¿Quién será capaz de detener estas masivas migraciones forzadas? ¿Qué sistema? ¿Qué gobierno? ¿Qué humanidad?

Del ser humano indocumentado se aprovechan miles, directores de cine que con documentales se hacen un nombre y caminan en alfombras rojas y reciben distinciones presidenciales. También llenan sus cuentas bancarias con las regalías. Con el apoyo que reciben de organizaciones humanitarias que les creen lo de buena fe y honestos.

Del indocumentado se aprovechan los gobiernos, las redes de trata de personas, los mismos presentadores de noticias que brillan cuando masacres como la de la 72 los coloca en tarimas por la cobertura amarillista que jamás denunciará a os que debe, y los premia con distinciones en diplomas, trofeos y cheques.

Del indocumentado se aprovecha el chucho y el coche. Pero quién, ¿quién lo dignifica?

¿Y la sociedad? ¿Los intelectuales? ¿Los que pertenecen al gremio de los titulados y organizaciones sociales? ¿Los que oran día y noche? ¿Quién en potestad ocupa su espacio de difusión para nombrar a los migrantes indocumentados? ¿Para exigir sus Derechos Humanos? ¿Para exigir que se juzgue a los culpables de este genocidio mundial?

¿Y usted que lee estas letras, qué está haciendo para visibilizar esta barbarie? ¿Qué está haciendo para detenerla? ¿Usted se atrevería a nombrarlos?

Por los 72. Por los miles alrededor del mundo. Por los que ya no están, por los que están y por los que vienen. Por los que somos post frontera, qué el dolor de estar vivos nos sea breve.

#NosFaltan72

#NingunSerHumanoEsIlegal

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Agosto 25 de 2015.

Estados Unidos.

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Diálogo de paz en medio de las condolencias

La guerrilla colombiana condenó el asesinato del dirigente étnico y comunitario Genaro García, reconociendo que contradice la búsqueda de solución al conflicto. Las negociaciones continúan en La Habana.


Aunque las negociaciones de paz no se detienen en la capital de Cuba, esta semana empezó con un sabor amargo: las condolencias que los insurgentes ofrecieron a los afros del sur de Colombia, a cuyo líder –Genaro García– alcanzaron las balas guerrilleras el pasado 3 de agosto. Una vez más, las FARC se lamentan en Cuba por el desenlace de las acciones armadas de sus hombres en Colombia. Esta vez el Estado Mayor del Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano se pronunció para reconocer que, así como lo afirmaban la comunidad del poblado de Tumaco (Sur), Genaro fue asesinado por su ejército rebelde.


"Tal como nos habíamos comprometido, hemos adelantado investigaciones internas y en el terreno sobre el mencionado caso, las cuales conducen a la conclusión de que efectivamente unidades de la Columna Móvil Daniel Aldana se encuentran comprometidos en la comisión de tan condenable acto", dijo Pablo Catatumbo ante el micrófono que, cada mañana de jornada de negociaciones, los guerrilleros usan para pronunciarse públicamente. A su lado estaba, sin pronunciar palabra, otro integrante del Secretariado de las FARC, Rodrigo Granda. Al despachar sus excusas y comprometerse a "sancionar el hecho y a tomar las disposiciones y medidas correspondientes para evitar su repetición", ambos se marcharon sin recibir preguntas.


Los insurgentes se alejaron de las cámaras, ingresaron al recinto de reuniones del Palacio de Convenciones y tras ellos, sin importar el crimen apenas segundos atrás reconocido, arribaron los plenipotenciarios de gobierno: Humberto De La Calle, Sergio Jaramillo, el general del ejército Jorge Enrique Mora, el general de la Policía Oscar Naranjo, y la representante de las mujeres María Paulina Riveros. Qué ironía, se escuchó entre los corresponsales que registraban cómo, una vez, las FARC reconocen sus errores mientras dialogan con el Estado. "Para eso es el proceso, para que no haya más sangre", replicó un compatriota del hoy difunto Genaro que defendió hasta la muerte su territorio y su cultura afro.


De acuerdo con el diario El Tiempo, el de este abanderado de los derechos de la población fue un "asesinato infame". El día que lo mataron, Genaro acudió con dos compañeros a una cita en la zona rural del municipio de Tumaco para, supuestamente, conversar con una asociación campesina y "llegar a acuerdos con las FARC". En el camino, algunos rebeldes lo hicieron bajar del auto y, frente a sus acompañantes, le dispararon hasta apagar su vida. Días después, el 16 de agosto, desde la misma esquina y el mismo micrófono en el Palco de La Habana, Cuba, la guerrilla afirmó: "Categóricamente rechazamos y condenamos el asesinato del dirigente étnico y comunitario Genaro García. No es política de nuestra organización atentar contra la vida de líderes y dirigentes sociales o políticos". Ayer tuvieron que reconocer que, como lo aseguran los defensores de derechos humanos de Tumaco y otras zonas del país, la guerrilla sí asesinó este líder social. De acuerdo con un investigador social de Tumaco, "la de Genaro es la historia de otros líderes que no aceptan las imposiciones de las FARC. Ellas han insistido en quitarles poder a los consejos comunitarios y quienes se han negado han resultado amenazados, desplazados y muertos". Para este líder que pidió la reserva de su nombre por temor a las represalias de la guerrilla en este pueblo donde los mismos insurgentes causaron el daño ambiental con petróleo más grande de la última década hace un mes, la muerte de Genaro podría tener otra explicación. Según le contó a Página/12, detrás del silenciamiento por la fuerza del afrocolombiano estaría la presión de las FARC a los Consejos Comunitarios por apoyar a un candidato a la Alcaldía de Tumaco impuesto por la guerrilla.


Genaro coordinaba el consejo comunitario del Alto Mira, es decir, de esa zona de tierras exuberantes en las riberas más lejanas del río Mira, que desemboca en el mar, recientemente atestado de petróleo por un atentado al oleoducto que dejó sin agua a 180 mil personas –la mayoría pobres, desempleados y afros– por más de una semana. "Esto de las FARC agrediendo al pueblo, a los líderes, no es nuevo. Se sabe que desde hace años están trayendo campesinos cocaleros de Putumayo a crear nuevas asociaciones que suplanten a los consejos comunitarios promovidos por la Ley 70", asegura un líder para el que, por ejemplo, es claro que la Asociación Asominuma es controlada por las FARC. Para este hombre que recorre las calles de la urbe tumaqueña y las riberas de los ríos apoyando al pueblo empobrecido no sólo por la ausencia de Estado sino por la alta presencia de cultivos (legales) de palma y de hoja de coca (ilegales), la coyuntura política por las elecciones y por el giro que toman las conversaciones de La Habana tiene cada vez más en riesgo a la población civil de este rincón del Pacífico de Colombia. La ONU ha dicho recientemente que le preocupa que no sólo los líderes sino el pueblo en general están tan desprotegidos y vulnerados en sus derechos.


Desde La Habana, la guerrilla no pudo más que reconocer la contradicción que a tantos colombianos les cuesta comprender: mientras hablan de paz en la isla, derraman sangre inocente en su patria. "Hechos como éste, que golpean directamente los procesos de organización y de lucha popular con los que nos sentimos identificados, contradicen la política de las FARC-EP sobre el comportamiento con la población civil y el respeto a las comunidades étnicas, lo que constituye un preocupante agravante a la luz de nuestra legislación interna", pronunció el comandante Catatumbo, quien junto a los demás negociadores estará a puerta cerrada discutiendo las cuestiones de paz toda esta semana.


Entre tanto, las mujeres guerrilleras y otras que arribaron desde diversas organizaciones civiles de Colombia continúan en sesiones también privadas y presentarán hoy los avances de la Subcomisión de Género de la Mesa de Conversaciones de La Habana.


En Tumaco, mientras tanto, otros líderes que se negaron a opinar ante este diario por el temor a perder la vida a manos de las FARC, piden que se diga, eso sí, que esperan a los rebeldes en la vida civil de nuevo, que ayuden a reparar el daño ambiental, que quizá los perdonen una vez más, pero que, por favor, "respeten nuestra vidas y nuestra dignidad si de verdad están comprometidos con la paz".

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La violencia del Isil ciega a periodistas

Al observar la obscena fotografía del cuerpo decapitado del anciano arqueólogo Jaled Assad, atado a un poste de luz en Palmira –otra imagen de la biblioteca de pornografía que el Isil produce cada semana–, me impactó darme cuenta de la profunda puñalada que el califato islámico ha asestado al mundo del periodismo.


No hablo sólo de los reporteros a los que ha asesinado o del pobre John Cantlie, cuyos videos desde el interior del territorio del califato son una saga tipo Mil y una noches de cuentos de Scherezada, cada uno de los cuales le permite un día más de vida. En realidad, las furibundas objeciones de Cantlie a la negativa de Washington y Londres a tratar con el Isil para salvar vidas de rehenes son válidas, en particular cuando los estadunidenses sí han podido liberar prisioneros talibanes a cambio de los suyos.


No. Hablo de la manera insidiosa, dramática y sin embargo casi inadvertida en la que el Isil y sus propagandistas en el negocio cinematográfico del califato –y en su revista oficial Dabiq– han invalidado y en muchas formas borrado uno de los deberes primordiales del periodismo: relatar el otro lado de la historia.


Desde la Segunda Guerra Mundial, los periodistas hemos tratado en general de explicar el porqué además del quién detrás de la noticia. Si no lo hicimos después del 11-S –cuando las razones políticas de ese crimen de lesa humanidad habrían necesitado un examen de la política estadunidense en Medio Oriente y de nuestro apoyo a los dictadores israelíes y árabes–, a veces hemos sostenido nuestro campo cuando se ha tratado del terror.


Cada vez que oímos que se describe a los palestinos como terroristas, intentamos explicar a los lectores y televidentes que el pueblo palestino es víctima de una gran limpieza étnica que despojó de su patria a 750 mil de sus compatriotas –y por tanto a sus cientos de miles de descendientes– a manos del nuevo Estado de Israel. Al informar sobre las fuerzas marxistas kurdas del PKK en Turquía, todas las cuales son terroristas a los ojos del gobierno turco en la OTAN, hay la obligación de hablar del fracaso de Occidente en crear un Estado kurdo después de la Primera Guerra Mundial, y de los 40 mil muertos en la desastrosa guerra de Turquía contra sus propios kurdos en los 31 años pasados. Informamos que Saddam Hussein fue llamado Hitler por George W. Bush, por supuesto, pero también preguntamos por qué Estados Unidos apoyó a ese mismo Saddam en la guerra Irak-Irán.


El Isil ha cambiado todo eso. The Express ha agotado su diccionario de términos de repugnancia con el Isil. Sanguinario, enfermo, torcido, depravado, sádico, vil... esperemos que no surja otra cosa más horrible que ponga a prueba la elocuencia de ese diario.


En videos e Internet, el Isil publica con orgullo sus degüellos y masacres. Se complace en ejecutar en masa a sus prisioneros, filma a un piloto quemado vivo en una jaula y a prisioneros amarrados en un auto que sirven de práctica de tiro a un lanzagranadas. Muestra cautivos a los que se hace volar la cabeza con explosivos o atrapados en otra jaula que se sumerge lentamente en una piscina. Sus militantes se vuelven hacia el mundo del periodismo y claman: No somos sanguinarios, enfermos y depravados. ¡Somos mucho peor que eso!


¿Cómo pueden los periodistas escribir con algo menos que horror personal cuando Dabiq anuncia que después de la captura, mujeres y niños yazidíes fueron repartidos, conforme a la Sharia, entre los combatientes del Estado Islámico... este esclavizamiento de familias en gran escala es probablemente el primero desde el abandono de la ley Sharia (Número 4, año islámico 1435, si alguien quiere verificar)? Hasta la misma revista usa la palabra masacre cuando el Isil asesina a sus enemigos. Se usan citas de una variedad de prelados islámicos difuntos desde hace mucho tiempo para justificar este frenesí de crueldad. Y sí, claro, nosotros dijimos lo mismo de nuestros enemigos hace cientos de años.


¿Y entonces, cómo contamos hoy el otro lado de la historia? Desde luego, podemos remontarnos en busca de los primeros brotes de este culto de almas perdidas hasta las décadas de crueldad que los déspotas de Medio Oriente –por lo regular con nuestro apoyo total– infligieron a sus pueblos. O a los cientos de miles de muertes de musulmanes por las que en última instancia fuimos responsables durante y después de nuestra horrenda –o sanguinaria, torcida o vil– invasión de Irak en 2003.


Y podemos –debemos– pasar más tiempo investigando los vínculos entre el Isil y sus amigos islamitas y rebeldes (Nusrah, Jaish al-Islam, incluso el casi inexistente Ejército de Siria Libre) y los sauditas, qataríes y turcos, e incluso el grado en que se han enviado armas estadunidenses a través de la frontera de Siria casi directamente a las manos del Isil. ¿Por qué éste nunca ataca a Israel? De hecho, ¿por qué su odio a los cruzados, los chiítas, los cristianos y a veces a los judíos rara vez, si acaso alguna, menciona la sola palabra Israel? ¿Y por qué los ataques aéreos israelíes a Siria siempre tienen por blanco a las fuerzas del gobierno sirio o a las fuerzas iraníes pro sirias, pero nunca al Isil?


Y por cierto, ¿por qué los ataques aéreos de Turquía al Isil –con el gozoso apoyo de la OTAN– son muy pocos comparados con sus ataques aéreos al PKK kurdo, algunas de cuyas tropas en Siria combaten al Isil? ¿Y cómo es que la prensa turca ha publicado que un convoy de armamento fue llevado a través de la frontera siria al Isil por agentes turcos de inteligencia? ¿Acaso ingenieros turcos operan los pozos petroleros controlados por el Isil, como sostienen ingenieros petroleros sirios? ¿Y por qué los chicos de propaganda del Isil esperaron hasta este mes para denunciar –por conducto de un funcionario de bajo rango del califato– al presidente turco Erdogan, llamándolo Satanás y apremiando a los turcos a levantarse en armas contra su gobierno?


No es en la violencia de los videos del Isil y de Dabiq en lo que deberíamos concentrarnos. Es en lo que los dirigentes del Isil no dicen, no condenan, no mencionan, sobre lo que deberíamos lanzar nuestra mirada sospechosa. Estados Unidos, Arabia Saudita, Qatar e Israel. ¿Estamos dispuestos a ello? ¿O vamos a dejar que el Isil nos impida al fin cumplir uno de los primeros deberes de nuestro oficio: informar el otro lado de la historia?

Traducción: Jorge Anaya

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Lunes, 24 Agosto 2015 06:31

Ese mal que es el estado–nación

Ese mal que es el estado–nación

El estado–nación es un mal, y sin espacio a la teología, no es un mal necesario. Ha implicado ontológicamente guerra y destrucción, chauvinismo y sentido de "patria".



En la antigüedad, ciertamente a partir de los antecedentes de la Grecia antigua, una de las madres de Occidente —conjuntamente con Roma y Jerusalén, para decirlo de forma abreviada—, existían las ciudades—estados. Después vinieron los feudos y los shogunatos, antecedidos y sucedidos siempre por la emergencia de imperios diversos: el español y el portugués, el holandés y el británico, hasta la fecha, por ejemplo.


Desde el punto de vista evolutivo, la bondad de un órgano se funda exactamente en su función. En otras palabras, la racionalidad y justificación de un órgano estriban en lo que hacen; esto es, exactamente, en su función evolutiva.
Al estado–nación, ese engendro que nace en el siglo XIX —grosso modo—, no hay que comprenderlo por lo que dice de sí mismo, sino por lo que hace. Los mitos fundacionales siempre tienen algo de mágico y narrativo. En contraste, la bondad o maldad, la necesidad o no de un organismo estriba en lo que hace, y cómo lo hace. Ello le brinda ventajas selectivas, o bien revela adaptaciones indeseables, patológicas al cabo. Tal es el caso de las enfermedades, por ejemplo.


El estado–nación tan pronto nace revela sus patologías: la guerras de unificación, en Alemania, Italia o esa forma particular que fueron las guerras de independencia, por ejemplo, en América Latina. Y los hubo de todos los tipos: estados artificiales, como el Benelux (Bélgica, Luxemburgo y Holanda), o centrados en un imaginario centenario, como fue el caso de Alemania o Francia. Hubo numerosos estados en los que la lengua nacional no se habló propiamente hasta bien entrado el siglo XIX, pues, en ocasiones, la lengua oficial era extranjera: el francés en las cortes españolas, los numerosos dialectos, en el caso francés, y así sucesivamente.


Decir que el estado nacional es concomitante con las burguesías nacionales resulta ya, a estas horas de la vida, un truismo. El triunfo social y político, cultural y militar de las burguesías nacionales fue la constitución de su estado. A semejanza del medioevo, el estado–nación es la continuación de los territorios feudales por otros medios. Para ello, las distintas burguesías crearon o adecuaron modelos foráneos del derecho. Así, dicho de forma genérica, el derecho se convirtió en la gramática de la política. Y la política, sencillamente en la legitimación de la economía, esto es, de un sistema de propiedad. Nacía y se consolidaba así, filosóficamente, el liberalismo: derecho a la propiedad y la dignidad de la persona. Sobre las bases del estado–nación.


Como bien lo vio en su momento U. Beck, el estado–nación no es otra cosa que el estado como un contenedor (exactamente a la manera de los contenedores de los puertos marítimos alrededor del mundo, por ejemplo): todo es posible al interior del estado, y nada es posible por fuera del mismo.


Pero tan pronto nace, el estado–nación revela su verdadera esencia: la violencia en todas sus formas: las guerras justas e injustas (horribile dictum).


En perspectiva histórica —esto es, notablemente a largo plazo (longue durée)—, tan pronto nace el estado–nación divide y guerrea. Los mejores productos de la historia del estado–nación son, entre otros, sin lugar a dudas:


• La primera guerra mundial (1914–1918)
• La segunda guerra mundial (1939–1945)
• La guerra de Corea (1950–1953)
• La guerra de Vietnam (Vietnam, Laos y Cambodia) (1955–1975)
• Todos los sistemas de neocolonialismo (en África y regiones de Asia) (años 1960)
• Las dictaduras de América Latina (años 1970)
• Las diferentes guerras de los Balcanes (Eslovenia [1991], Croacia [1991–1995], Bosnia [1992–1995] Kosovo [1998–1999])
• Las guerras de Irak (2003 hasta la fecha)
• La guerra de las Malvinas (o islas Falkland)
• Las guerras de Afganistán (2001 hasta la fecha)
• La guerra en Ucrania (2013 a la fecha)


Y ello para no mencionar el conflicto árabe–judío y palestino–judío, la guerra de y entorno al Estado Islámico, las guerras religiosas entre católicos y protestantes en Irlanda, y muchas más.


No sin ironía, la Unión Europea se vanagloria del período de paz más extenso en la historia en territorio europeo. Cuando la verdad es que han exportado guerras y han mantenido los conflictos tan lejos como han podido. Sin mencionar esa guerra inhumana que es la tragedia de los africanos por entrar a Europa buscando condiciones para sobrevivir, una situación producto de la propia Unión Europea, y Estados Unidos.


Digámoslo directamente y sin ambages: el estado–nación es un mal, y sin espacio a la teología, no es un mal necesario. Ha implicado ontológicamente guerra y destrucción, chauvinismo y sentido de "patria" (sic). Desde luego que existen los albaceas y testaferros del estado–nación: su mito fundacional y su historia, sus signos y símbolos. La geografía nacional y el derecho administrativo, y siempre la tensión entre centro y periferia (la capital y la provincia). Con todo y los consabidos gastos y presupuestos militares y de seguridad onerosos, que tan sólo benefician a los grande fabricantes mundiales de armamento.


Cuando se escriba la historia de la infamia mundial, un capítulo central será ese engendro que es el estado–nación. Ese pequeño ego nacional y patriótico, esa identidad nacional y cultural, al cabo.


En contraste, la naturaleza no conoce de aduanas ni fronteras, de sistemas de seguridad y administración nacionales y regionales. Existe un concepto preciso que, desde la ecología, cabe perfectamente para la geopolítica mundial —con todos y sus flambeantes organismos multilaterales (sic)—. Se trata de la pathocenosis. La pathocenosis (un concepto que debemos originariamente a M. D. Grmek) designa la idea de que también los biomas y los nichos, los ecosistemas y los paisajes naturales enferman, como es efectivamente el caso. Pues bien, el estado–nación expresa, en el plano de la política, la geografía y los pequeños sentimientos nacionales, la sensación de pathocenosis. Enfermedad ecológica a gran escala. Y entonces, sí: el estado–nación se revela como una auténtica patología —en este caso, cultural y jurídica, administrativa y policial.


Digámoslo en categorías históricas: el estado–nación es una enfermedad producida por las burguesías nacionales, que es, en buena medicina, el lugar donde se incuba la pathocenosis.

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